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Marcelo Caimpagno Surgmiedte del Estado en Egipto (4993). Cap. T Coleccién Estudios, Nueva Serie, 6 icios: el parentesco como prictica dominante Permitasenos realizar aqui un par de consideraciones teéricas. El registro etnogréfico, etnohistérico y arqueolégico permite advertir una marcada reqularidad a propésito de la sociedades no-estatals: el marco mésamplio paral establecimiento Go relaciones sociales permanentes esté provisto alli por las comunidades de aldea. En efecto, fas comunidades constituyen el ambito méximo para la articulacién de practicas, mas alla del ccual ce abre un espacio exterior, signado por la negatividad, por la desconfianza que suscita el extranjero, el extrafio, ef otro, Bsa relacién negativa con el exterior es necesaria para la reproduccién de cada comunidad, cen tanto limite que, a la ver, refuerza la identidad de sus integrantes y excluye a fos que no lo son, De acuerdo con Clastres, “es justamente este Otro—los grupos vecinos~, el que devuelve Ola comunidad su imagen de unidad y de totalidad, (..) Cada comunidad, en tanto es indivisa, puede pensarse como un Nosotros. Este Nosotros, a su vez se piensa como totalidad en Ia relacién que sostiene con los Nosotros equivatentes, constituidos por los ‘otros poblados, tribus, bandas, etc. La comunidad primitiva puede plantearse como totalidad porque se constituye en unidad: es un todo finito porque es un Nosotros indiviso”®* ‘Ahora bien, si de cara al exterior la existencia de Otros permite reafirmar la existencia del Nosotros comunitario, de cara al interior la homogeneidad de la red de précticas que constituye clespacio comunal se mantiene en la medida en que esa red se halla articulada por une préctica que asume la funcién de prctica dominante, El registro etnografico y etnohistérico vuelve aqui a presentar otra regularidad: en las sociedades euyo mayor émbito para el establecimiento de précticas permanentes esta dado pot as comunidades aldeanas, el parentesco se constituye en préctica dominante, en la medida en que brinda un esquema a través del cual se expresan todas las relaciones basieas que dan cxistencia a esas sociedades. Lo que resulta de ello es una extensién de los principios que sustentan al parentesco” a toda la red de practicas que compone [a situacién, de manera que cada prctica que integra la red halla su modo de exprasién en los terminos del parentesco, que todas esas pricticas hablan el “idioma del parentesco'* astes, 1984, 202-3, % sos principios se hasan en le reciprocity rma de la sale aovendocon Gout, “plantea dos esigencias mininas relacionadas entre si: 1) a gente debe cyan aquien te ha ayncada, y2)lagenteno debe efudicar arquien fe hat ayuda” (Gouldnes, 1973, 282) {La prctica del parsntesco implica. pues. un deber de ‘enerosidad, de ayuda muta ents fs ineprantes de la fociedad cuya exisloncia regula. Implica también cn Jnerminable juego de dance y contraganes. em el qué cl receptor siempre se hala en deuda com el dado Webster, 1975. 465, aorta nt 1. y Colecciin Estudios, Nueva Serie, 6 Bsa posicién hegeménica de la préctica del parentesco puede verse claramente en el aspectotipico que adquiere el entramado de précticasinherente alas comunidades no-estatales. “A través de los términos del parentesco, por ejemplo, se establecen alli los crterios de pertenencia (parientes) ode exclusion (no-parientes) de los individuos en retacién con sus comunidades. La produccién se organiza también en unidades de parentesco. Los intercambios se establecen en funcién de la distancia parental. Al mismo tiempo, fa practica del parentesco proporciona wn modelo para las actividades politico-rituales, asi como también un “cddigo simbdlico para expresar a la vez las relaciones de los hombres entre sf y con ta naturaleza"™”. Dada la vastedad del registro, es dable esperar que ese papel dominante del parentesco se extienda por todas las sociedades organizadas en comunidades de aldea, aun por aquellas en Jas que tal dominancia no ha dejado huellas definidas, Ahora bien, zexiste algiin testimonio, centre aquellos que ha dejado la sociedad egipcia pre-estatal, que nos permita pensar que también all se ha dado esa extensisn de los principios det parentesco a las précticas constitutivas de las ‘comunidades aldeanas? En Egipto, la naturaleza de la evidencia disponible casi nos constrifie a intentar la busqueda en el Ambito funerario, Después de todo, puede resultar un mbito apropiado. Como venimos de ver, el campo de las précticas funerarias nos ha revelado una notable riqueza 4 la hora’ de intentar el reconocimiento de algunas caracteristicas relevantes del sistema de creeniias, de las representaciones del mundo forjadas por los primeros egipcios. En medio de esa riquez, si se hubiera dado la dominancia del parentesco, tal vez fuera posible encontrar alli algiin indicio. Volvamos, pues, a los cementerios. ‘Consideremos, ed primer lugar, los cementerios predindsticos, en tanto mayores espacios diferenciados para la realizacién de practicas funerarias. Consideremos los cementerios como tunidades de sentido. Qué podian significar para los habitantes del Nila pre-estatal? Mas alld de constituirel lugar fisico donde se debia colocara los muertos y donde se debia efectuar toda una serie de ritos asociados a la muerte y a la vida de ultratumba, las necrépolis significaban otra cosa. En palabras de Bard, “los cementerios representan como minimo un sentido de ‘membresia [de los descendientes de los muertos a Ja] comunidad, y tal vez una ideologia del derecho de esa comunidad de cultivar y controlar ta tierra circundante, legitimada por ef hecho de descender de unos ancestros comunes enterrados en el cementerio de la aidea”*. En efecto, “la idéologia del culto mortuorio era funcional para los agricultores tempranos en Egipto porque 1) legitimaba.los derechos exclusivas de acceso a la tierra de cultivo y 2) proveia cokesién social como un rito de pasaje para Jos miembros de una tmidad social”, De modo que las pricticas mortuorias podian detentar un plus de sentido que trascendiera el ambito estrictamente funerario: los lazos que trazaba la comunidad con la tierra {que habitaba e incluso consigo misma podian ser expresados a partir de los vineulos con los ancestros, con los parientes muertos. Ef parentesco parece presentarse, entonces, como el “idioma” que permite dar cuenta de la relacién individuo-tierra y de fa relacién individuo- comunided. Godelier, 974,236, mismo sentido of, Ansein, 1995.35, 38 Bad, 19925, 15. La raduecidn es nuestra. En et Bard, 1992, 15. La tradueeién es nuesta 40 Coleccién Estudios, Nueva Serie, 6 “Ahora bien, una vez que penetramos en los cementerios predindsticos ~por lo menos en algunos de ellos~es posible advertir una notable caracteristca en relacién aa distribucion del tspacio: se trata dela existencia de distntos seotoes en las neerépolis integrados por tumbas diferenciadas en funcién del tipo de ajuar funerario para los difuntos, Si bien existen pocos tstudios en este sentido, los enterramientos badarienses en la region de Badari (Cementerios Norte, Oeste y Sur) presentan este patrén, y lo mismo parece ocurrir entre las sepuituras querzeenses de las neerépolis de Armant (Cementerio 1400-1500) y de Nagada (Cementerio N). del conjunto de los cementerios u sn Nagada, ademés, ese mismo procedimiento clasificatorio pareve verificarse a la escala izados en el area, entre los cuales puede apreciarse una Visible disparided en cuanto a la cantidad y calidad de las ofrendas existentes y en cuanto al tamafio de las respectivas tumbas (Jos promedios de oftendas y tamafio de los seputcros del Cementetio T son marcadamente superiores a los que ofrecen los C Dementerios B y NY*. {2Qué indican e30s agrupamientos de tumbas con ajuares funerarios diferenciales? Al menos para cl drea de Badr, el andlsis de Anderson permite que nos formemos una idea. La ‘xistencia, en los distintos gripos, de esqueletos de ancianos, adultos y sub-adultos, asf eomo de hhombresyy mujeres, nos previene contra la posibilidad de inferr distinciones por edad o por sexo como pautas para establecer los aprupamientos. Tampoco se han hallado simbolos conocidos de autoridad, que nos permitieran pensar en diferencias de cardcter puramente'sociopol mismo modo, nada permite suponer que se trate de grupos diferenciados por sus actividades -0. Del “profesionales” (ertesanos, pastores, etc.) En funcién dello, Anderson concluye: “La fendencia a colocar las tumbas en sectores dentro de los cementerios podria reflejar, entonces, Ia txistencia de grupos clanices o familiares badarienses”™. Bard, por su parte, alcanza similares conclusiones respecto de los enterramientos en Armant y Nagada’® 's que, en efecto, Ia ‘existencia de distintos grupos de descendeneia podria explicar tanto [a separacién de las tumbas por grupos como las diferencias en los ajuares®. Si tal fuera el caso, estariamos ante un indicio Ue la presencia del parentesco como ef modelo subyacente para Ia realizacién de las précticas funer «s: la organizacién del espacio destinado a los muertos podria haber sido establecida asi cen los misinos términos de los eriterios clasificatorios inherentes a la préctica del parentesco, Ba relaeion a tos entertamientos badarienses, of ‘Anderson, 1992, 51-66. En lo respectivo alas nect6polis, Ge Armant y Nopada, cf Bard, 1989, 223-48 y 1994, 51= 109. Es nccesaria tener en consideracién que Tos cementesios de Aemant y Nagada, ariginados en las ‘ltinas etapas de Nagada , se extienden en el tiempo hasta fos eomienios de Ia época estate. Por otra part, co Tarkan se ha reportad laexistencia de una neecopals de tiempos del Estado incipiente (Nagada II), con un similar pateéa de agropamientas (ef Ellis, 1992, 241-58; Wilkinson, 1996, 72 ‘Anderson, 1992, 62. La traduccion s nuestra Fen relaein a los agrupannienios en el Cementerio 100-1300 de Arman, seBals Bard (1994, 69.105): “fox miembros de fos grupos de descendencia simplemente pueden haber enterrado @ sus muertos mds cerca de fas tumbas mds recientes de wn lado del cementerio 0 del ctr, dependiendo deta iaetén fe cada node ellos} Det mismo modo, “le evidencia mortworia deb Cementerio Pde Nagoda representa a Tos mienbras del arupode descendencia de status mds alto” (la waduccién snuestra).Respecto del cementeio de Tarkan (ef. nota {60 de este capitulo), Ellis (1992, 254) Nega aEdnticos resullados, © De acuerdo con Tater, a evidencia etnogrdtica parece indicar que, en los cmenterios, “le presencia de tireas formales de disposicin Je bas tumbas| se alla linimanente asaciode con grupaseofectvas qu practice tina descendencia linea” (ef, "Tanter, 1978, 123. La traduceidin cs nuestra