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Domingo, 21 de enero de 2001

Lectura Escritura: 1 Reyes 18:30-46


Título: Reparació n del altar arruinado

Cerca del siglo 9 A.C. hubo un profeta en el norte de Israel, cuyo nombre era Elías. El
Rey Acab se casó con Jezabel que adoraban ídolos, y que hizo que el Norte de Israel
sirviera a Baal y Asera. É l mató a los profetas de Jehová y echo abajo su altar. Como
resultado, la ira del Señ or fue contra el norte de Israel. Después de un largo tiempo, en
el tercer añ o, la palabra del Señ or vino a Elías y le dio este mensaje: « Ve y preséntate
ante Acab, que voy a enviar lluvia sobre la tierra.» Así que Elías se puso en camino para
presentarse ante Acab. En Samaria había mucha hambre. Por lo tanto, Acab mandó
llamar a Abdías, quien administraba su palacio y veneraba al Señ or. Como Jezabel estaba
acabando con los profetas del Señ or, Abdías había tomado a cien de ellos y los había
escondido en dos cuevas, cincuenta en cada una, y les había dado de comer y de beber.
Acab instruyó a Abdías: « Recorre todo el país en busca de fuentes y ríos. Tal vez
encontremos pasto para mantener vivos los caballos y las mulas, y no perdamos
nuestras bestias.» Así que se dividieron la tierra que iban a recorrer: Acab se fue en una
direcció n, y Abdías en la otra. Abdías iba por su camino cuando Elías le salió al
encuentro. Al reconocerlo, Abdías se postró rostro en tierra y le preguntó : —Mi señ or
Elías, ¿de veras es usted? —Sí, soy yo —le respondió —. Ve a decirle a tu amo que aquí
estoy. — ¿Qué mal ha hecho este servidor suyo —preguntó Abdías—, para que usted me
entregue a Acab y él me mate?10 Tan cierto como que vive el Señ or su Dios, que no hay
nació n ni reino adonde mi amo no haya mandado a buscarlo. Y a quienes afirmaban que
usted no estaba allí, él los hacía jurar que no lo habían encontrado. ¿Y ahora usted me
ordena que vaya a mi amo y le diga que usted está aquí? ¡Qué sé yo a dó nde lo va a
llevar el Espíritu del Señ or cuando nos separemos! Si voy y le digo a Acab que usted está
aquí, y luego él no lo encuentra, ¡me matará! Tenga usted en cuenta que yo, su servidor,
he sido fiel al Señ or desde mi juventud. ¿No le han contado a mi señ or lo que hice
cuando Jezabel estaba matando a los profetas del Señ or? ¡Pues escondí a cien de los
profetas del Señ or en dos cuevas, cincuenta en cada una, y les di de comer y de beber!
¡Y ahora usted me ordena que vaya a mi amo y le diga que usted está aquí! ¡De seguro
me matará! Elías le respondió : —Tan cierto como que vive el Señ or *Todopoderoso, a
quien sirvo, te aseguro que hoy me presentaré ante Acab. Abdías fue a buscar a Acab y
le informó de lo sucedido, así que éste fue al encuentro de Elías y, cuando lo vio, le
preguntó : — ¿Eres tú el que le está causando problemas a Israel? —No soy yo quien le
está causando problemas a Israel —respondió Elías—. Quienes se los causan son tú y tu
familia, porque han abandonado los mandamientos del Señ or y se han ido tras los
*baales. Ahora convoca de todas partes al pueblo de Israel, para que se reú na conmigo
en el monte Carmelo con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos
profetas de la diosa *Aserá que se sientan a la mesa de Jezabel. Acab convocó en el
monte Carmelo a todos los israelitas y a los profetas. Elías se presentó ante el pueblo y
dijo: — ¿Hasta cuándo van a seguir indecisos Si el Dios verdadero es el Señ or, deben
seguirlo; pero si es Baal, síganlo a é l. El pueblo no dijo una sola palabra. Entonces Elías
añ adió : —Yo soy el ú nico que ha quedado de los profetas del Señ or; en cambio, Baal
cuenta con cuatrocientos cincuenta profetas. Tráigannos dos bueyes. Que escojan ellos
uno, y lo descuarticen y pongan los pedazos sobre la leñ a, pero sin prenderle fuego. Yo
prepararé el otro buey y lo pondré sobre la leñ a, pero tampoco le prenderé fuego.
Entonces invocarán ellos el *nombre de su dios, y yo invocaré el nombre del Señ or. ¡El
que responda con fuego, ése es el Dios verdadero! Y todo el pueblo estuvo de acuerdo.
Entonces Elías les dijo a los profetas de Baal: —Ya que ustedes son tantos, escojan uno
de los bueyes y prepá renlo primero. Invoquen luego el nombre de su dios, pero no
prendan fuego. Los profetas de Baal tomaron el buey que les dieron y lo prepararon, e
invocaron el nombre de su dios desde la mañ ana hasta el mediodía. — ¡Baal,
respó ndenos! —gritaban, mientras daban brincos alrededor del altar que habían hecho.
Pero no se escuchó nada, pues nadie respondió . Al mediodía Elías comenzó a burlarse de
ellos: — ¡Griten más fuerte! —les decía—. Seguro que es un dios, pero tal vez esté
meditando, o esté ocupado o de viaje. ¡A lo mejor se ha quedado dormido y hay que
despertarlo! Comenzaron entonces a gritar más fuerte y, como era su costumbre, se
cortaron con cuchillos y dagas hasta quedar bañ ados en sangre. Pasó el mediodía, y
siguieron con su espantosa algarabía hasta la hora del sacrificio vespertino. Pero no se
escuchó nada, pues nadie respondió ni prestó atenció n. Entonces Elías le dijo a todo el
pueblo: — ¡Acérquense! Así lo hicieron. Como el altar del Señ or estaba en ruinas, Elías lo
reparó . Luego recogió doce piedras, una por cada tribu descendiente de Jacob, a quien el
Señ or le había puesto por nombre Israel. Con las piedras construyó un altar en honor del
Señ or, y alrededor cavó una zanja en que cabían quince litros de cereal. Colocó la leñ a,
descuartizó el buey, puso los pedazos sobre la leñ a y dijo: —Llenen de agua cuatro
cántaros, y vacíenlos sobre el *holocausto y la leñ a. Luego dijo: —Vuelvan a hacerlo. Y
así lo hicieron. — ¡Há ganlo una vez más! —les ordenó . Y por tercera vez vaciaron los
cántaros. El agua corría alrededor del altar hasta llenar la zanja. A la hora del sacrificio
vespertino, el profeta Elías dio un paso adelante y oró así: « Señ or, Dios de Abraham, de
Isaac y de Israel, que todos sepan hoy que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo
y he hecho todo esto en obediencia a tu palabra. ¡Respó ndeme, Señ or, respó ndeme,
para que esta gente reconozca que tú , Señ or, eres Dios, y que estás convirtiendo a ti su
*corazó n!» En ese momento cayó el fuego del Señ or y quemó el holocausto, la leñ a, las
piedras y el suelo, y hasta lamió el agua de la zanja. Cuando todo el pueblo vio esto, se
postró y exclamó : « ¡El Señ or es Dios, el Dios verdadero!» Luego Elías les ordenó : —
¡Agarren a los profetas de Baal! ¡Que no escape ninguno! Tan pronto como los agarraron,
Elías hizo que los bajaran al arroyo Quisó n, y allí los ejecutó . Entonces Elías le dijo a
Acab: —Anda a tu casa, y come y bebe, porque ya se oye el ruido de un torrentoso
aguacero. Acab se fue a comer y beber, pero Elías subió a la cumbre del Carmelo, se
inclinó hasta el suelo y puso el rostro entre las rodillas. —Ve y mira hacia el mar —le
ordenó a su criado. El criado fue y miró , y dijo: —No se ve nada. Siete veces le ordenó
Elías que fuera a ver, y la séptima vez el criado le informó : —Desde el mar viene
subiendo una nube. Es tan pequeñ a como una mano. Entonces Elías le ordenó : —Ve y
dile a Acab: "Engancha el carro y vete antes de que la lluvia te detenga." Las nubes
fueron oscureciendo el cielo; luego se levantó el viento y se desató una fuerte lluvia.
Pero Acab se fue en su carro hacia Jezrel. Entonces el poder del Señ or vino sobre Elías,
quien ajustándose el manto con el cinturó n, echó a correr y llegó a Jezrel antes que Acab.
Esta historia nos enseñ a muchas lecciones. Con el fin de tener una gran victoria en
nuestras vidas, en primer lugar, tenemos que reparar el altar de nuestra fe, que está
arruinado. Ya que hemos arruinado el altar de nuestra fe, no importa lo mucho que
oremos, ni el fuego ni la lluvia de bendiciones sobre a nosotros. A fin de contar con el
fuego del Espíritu Santo y la lluvia de bendiciones, tenemos primeramente que reparar
las ruinas altar en nuestras vidas. ¿Qué significa eso? Tenemos que reparar el altar de
nuestros corazones al aceptar a Jesú s como Señ or. Leemos en 2 Corintios 13:5,
"Examinaos a vosotros mismos si está is en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os
conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis
reprobados? "Si llegamos a la iglesia formal y ritualmente, olvidaremos que Jesucristo es
nuestro Salvador, y el altar que es la base de nuestra fe está en ruinas, ni el fuego del
Espíritu Santo, ni la lluvia de bendiciones será para nosotros. Por lo tanto, tenemos que
darnos cuenta de que siempre Jesucristo está en nosotros y confesemos nuestra fe ante
Dios. De esta manera, debemos reparar nuestro altar. También debemos reparar el altar
del servicio del domingo. Tenemos que reparar el altar de los diezmos y ofrendas. Si
robamos nuestros diezmos y ofrendas y oramos a Dios, el fuego del Espíritu Santo y la
lluvia de bendiciones nunca serán para nosotros. Malaquías 3:9 -- 12 dice: " Malditos sois
con maldició n, porque vosotros, la nació n toda, me habéis robado. Traed todos los
diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de
los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros
bendició n hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no
os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de
los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra
deseable, dice Jehová de los ejércitos. ", dice el Señ or Todopoderoso." También debemos
reparar el altar del estudio de la Palabra. Dice en 2 Timoteo 3:16-17, "Toda la Escritura
es inspirada por Dios, y ú til para enseñ ar, para redargü ir, para corregir, para instruir en
justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda
buena obra" Con el fin de hacer completa nuestra fe, debemos estudiar, leer y meditar
en la Palabra. La Palabra nos va a cambiar. Esa es la razó n por la que debe reparar el
altar del estudio de la Palabra. Si nosotros arruinamos el altar de la lectura, la
meditació n de la Palabra y de orar todos los días, la obra de Dios va a desaparecer.
También debemos reparar el altar de la oració n. Leemos en Lucas 21:34-36, " Mirad
también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y
embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.
Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.
Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas
estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre." A menos que
oremos, vamos a caer dormidos. Dado que la lujuria del mundo revolviendo todo como la
inundació n, vamos a dormir en la codicia. Só lo cuando oramos. Podemos ser despertados
de nuestra codicia. Por lo tanto, tenemos que reparar el altar de la oració n. No debemos
hacer caso omiso de la oració n, pero se adhieran al altar de la oració n. También debemos
reparar el altar de la evangelizació n. Está escrito en 2 Timoteo 4:1-2, "Te encarezco
delante de Dios y del Señ or Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su
manifestació n y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de
tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Este es el altar de la
evangelizació n. No debemos arruinar este altar.
En segundo lugar, después de que el fuego cayó sobre el altar, ¿que hizo Elías? É l dijo,
"agarren a todos los profetas de Baal." É l los trajo hasta el valle de Quisó n y los degolló
ahí mismo. Los 450 profetas de Baal simbolizan a Satanás. Ellos son los discípulos del
diablo y los demonios. Después de reparar el altar y el fuego del Espíritu Santo, tenemos
que expulsar a los demonios de nuestras vidas. Hoy en día, es innecesario decir, los
incrédulos son capturados por los malos espíritus, y muchos creyentes también viven con
los demonios. Aunque ellos dicen, "Señ or, Señ or". Caminan con los demonios. Después
de reparar el altar y el fuego del Espíritu Santo, tenemos que destruir a los demonios en
nuestras vidas. El Señ or dice, "echen fuera demonios en mi nombre." Si no hubiera
demonios, ¿por qué tendría que habernos dicho que expulsáramos a los demonios?
Después de que Jesú s comenzó a predicar el Evangelio, É l trabajó enérgicamente
expulsando a los demonios y curando a los enfermos. Hubo malos espíritus entre los
espíritus que Jesú s hecho fuera. "En la sinagoga había un hombre que estaba poseído
por, un espíritu maligno."Dice Lucas 4:33. Cuando el Señ or echo fuera el espíritu
inmundo, y gritó salió . En la regió n de los gadarenos, un demonio que poseía a hombre
estaba gritando y se hería a sí mismo cerca de las tumbas. Lucas 8:29 dice: "Jesú s
había mandado el espíritu malo de salir del hombre." También está escrito que cuando
los demonios salieron del hombre, y que entraron en los cerdos, el rebañ o se despeñ ó y
se ahogaron. Hoy en día la cultura del mundo está lleno de espíritus malignos. La cultura
del hombre pecador es hecha por los demonios. En cada campo, la gente está poseída
por malos espíritus. Hay mal pensamientos, palabras, hechos, novelas, videos y películas
en todos los lugares del mundo. Los malos espíritus aprovechan las personas en nombre
de la cultura y los hacen vivir con espíritus malignos, para que ellos perezcan. Tenemos
que expulsar a los malos espíritus. No debemos vivir con ellos. Los malos espíritus no
deben vivir con usted en su dormitorio. Además, hay malos espíritus. Jesú s dice,
"Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, pasa por lugares áridos buscando
descanso y no lo encuentra. Vuelve a la casa que dejo, y encuentra la casa barrida limpia
y puesta en orden. Luego de su viaje y toma otros siete espíritus más malvados que é l, y
van a vivir y allí. Y la condició n final de que el hombre es peor que la primera. "El mundo
malvado es así. Malos espíritus entren en los corazones de la gente y los hacen inicuos.
Espíritus malignos se tortura a sí mismos, entre sí, y otros. El marido poseído por un
espíritu inmundo tortura a su esposa e hijos. La esposa poseída por un espíritu inmundo
tortura a su marido. Estos poseídos por espíritus malignos hacen el mal en la sociedad y
el país y dondequiera que vayan, traen problemas y destrucció n. Tenemos que expulsar
a los malos espíritus. Hoy la sociedad coreana está lleno de espíritus malignos, y la toda
la gente se odia entre sí. Tenemos que expulsar al demonio que miente. Juan 8:44 dice,
"Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El
ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay
verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de
mentira." El diablo y los demonios son mentirosos. El diablo es el padre de la mentira.
Demonios vienen a nosotros y mienten. Por lo tanto, tenemos que expulsar a los
demonios de la mentira. Hoy nuestra sociedad coreana ha perdido la confianza. Nadie es
fiable: el gobierno, los bancos, los funcionarios, y los vecinos. Nos han engañ ado tantas
veces que no hay confianza en nuestra sociedad Es muy peligroso. A menos que
confiemos, no podemos hacer nada. Hay que expulsar los demonios que mienten.
También tenemos que expulsar los demonios que son adivinos. Deuteronomio 18:10-12
dice: " No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien
practique adivinació n, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni
mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominació n para con Jehová
cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas
naciones de delante de ti." El Antiguo Testamento dice que esas personas deben ser
lapidadas hasta la muerte. En nuestra sociedad, las personas toman a los adivinadores
como importante. Por lo general la gente visita adivinos para ellos y para sus familias. En
el comienzo del nuevo añ o y cuando están pasando por momentos difíciles en la
economía como en estos días, visitan adivinos. Iró nicamente, hay más de 400 casas de
adivinos en el valle de empresas en Kangnam, Seú l, donde fabrican bienes haciendo uso
de la ciencia moderna. Se ha informado de que alrededor del 80% de los visitantes a las
casas de adivinació n son hombres de negocios de empresas en sus añ os veinte y treinta,
y por lo menos más de 20 personas visitan un adivino de la semana. Empresas Venture
maneja la ciencia má s moderna. ¿Por qué los que tienen cerebro de científico visitan a
los adivinadores? Es debido al malestar acerca de la vida mortal y un futuro incierto. Por
lo tanto, hay tantas personas que han fracasado en sus vidas cuando siguieron a los
adivinos.
Tenemos que confiar en Jesú s y mantenerse firme en las promesas de Dios. Dado que
nos enfrentaremos a problemas cuando oímos lo que dice el demonio de adivinació n,
tenemos que expulsarlo. A continuació n, vamos a expulsar al demonio de las
enfermedades. Lucas 4:40-41 dice, "Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de
diversas enfermedades los traían a é l; y é l, poniendo las manos sobre cada uno de ellos,
los sanaba. También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo
de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.-
- "Lucas 13:11 dice y había allí una mujer que desde hacía dieciocho añ os tenía espíritu
de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. "Hechos
10:38 también dice," - có mo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesú s de
Nazaret, y có mo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el
diablo, porque Dios estaba con él.-- "La mayoría de nuestras enfermedades son del
poder del diablo. Por lo tanto, si expulsamos a los demonios, seremos sanados. Es por
eso que tenemos que expulsar el demonio de las enfermedades sin cesar. Efesios 6:10-
12 dice: " Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señ or, y en el poder de su
fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podá is estar firmes contra las
asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra
principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo,
contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. "Hay tantos malos
espíritus que nos rodea. Nos roban, nos matan y nos destruyen. Es por eso que tenemos
que reparar el altar, recibiendo el fuego del Espíritu Santo, y expulsar a los demonios.
Hoy, Algunas personas tienen el corazó n de los demonios, por lo que hacen las cosas que
los demonios hacen, odiar, abusar, peleas entre sí, por lo que son destruidos. Que
ustedes severamente expulsen a los demonios dependiendo del poder del Espíritu Santo.
En tercer lugar, tenemos que orar por lluvia. Después de que el fuego del Espíritu Santo
descendió sobre el altar, Elías mató a los discípulos del diablo y luego oró por la lluvia. La
lluvia simboliza las bendiciones. El cielo da la lluvia y la tierra da sus frutos, ¿no? Con el
fin de ser bendecidos en nuestras vidas, debemos pedir la dulce lluvia.
Sin embargo, la dulce lluvia de bendiciones no vendrá por sí sola. Tenemos que reparar
el altar, recibiendo el fuego del Espíritu Santo, expulsar al diablo, y confesar bendiciones.
Debemos orar por la lluvia y bendiciones. Tenemos que orar sinceramente. Elías oró por
lo que sinceramente puso su rostro entre sus rodillas. Si oramos sinceramente,
estaremos doblados. Elías oró , con su cara entre sus rodillas. É l le dijo a su siervo a fuera
a mirar hacia el mar siete
veces para ver cualquier cosa. Tenemos que orar hasta que veamos algú n indicio. Con el
fin de orar sinceramente,
podemos orar al amanecer. Marcos 1:35 dice: " Levantándose muy de mañ ana, siendo
aú n muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba."Jesú s también oró por la
mañ ana temprano. A pesar de que no van a la iglesia en la madrugada, tenemos que
orar en casa. Deberíamos comenzar un día con la oració n. Debemos también tener
tiempo para orar a Dios. Hechos 3:1 dice: " Pedro y Juan subían juntos al templo a la
hora novena, la de la oració n." Ellos sanaron a un hombre lisiado de nacimiento y cuando
predicaba, 5000 personas se arrepintieron en un día. Los judíos oraban tres veces al día:
9:00 am, 12:00 y 3:00 pm. Cuando Cornelio oraba a las 3:00 pm, el ángel se le apareció
y le dijo que llamara a Pedro. Por esto, invitó a Pedro y toda su familia se salvó y recibió
el Espíritu Santo. Deberíamos establecer tiempo para orar. Por la mañ ana, debemos orar
por lo menos 30 minutos, en la tarde al menos 10 minutos, y por la noche también
deberíamos fijar un tiempo para orar. No debemos orar unos días si y otros no. Por otra
parte, podemos orar toda la noche. Lucas 6:12 dice, " En aquellos días é l fue al monte a
orar, y pasó la noche orando a Dios." Jesú s siempre oró toda la noche. En tiempos de la
primera iglesia, justo antes de que Pedro fuera ejecutado, la asamblea de Jerusalén oró
toda la noche y el ángel apareció y le rescató . También se informa de que, si bien Pablo y
Silas oraban toda la noche en el calabozo, el Espíritu Santo vino sobre ellos y se produjo
un terremoto que agito el terreno y las puertas de la prisió n se abrieron. Eso fue hecho
por toda la noche la oració n. También hay una oració n con ayuno. Se escribe sobre la
oració n con ayuno en la iglesia de Antioquía. Hechos 13:2-3 dice, "Ministrando éstos al
Señ or, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a
que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los
despidieron" la oració n con ayuno es la má s poderosa. Esta dispuesto a morir. Dado que
es la más poderosa oració n, cuando nos encontramos en una
situació n desesperada, la oració n con ayuno será muy eficaz. ¿Entonces cuánto tiempo
debemos orar?
Debemos orar hasta que veamos una nube. No debemos dejar de orar só lo después de
una o dos veces.
Oren hasta que la nube aparece. ¿Qué es la nube? Es la confianza en nuestros corazones.
Aunque nuestros corazones están llenos de inquietud, ansiedad y miedo, si oramos,
tendremos
confianza. Hasta ese momento, debemos orar. Santiago 1:6 dice: " Pero pida con fe, no
dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada
por el viento y echada de una parte a otra" No debemos dudar, pero tienen fe en
nuestros corazones como la nube. Mateo 21:22 también dice, "Y todo lo que pidiereis en
oració n, creyendo, lo recibiré is." Tenemos que orar hasta que tengamos fe. En nuestro
caso, vamos a ver la nube de confianza. Cuando oramos con fe, vamos a ver la nube de
respuesta a nuestras circunstancias. Proverbios 3:6 dice: " Reconó celo en todos tus
caminos, Y é l enderezará tus veredas." Cuando oramos sinceramente, Dios nos ayudará.
Las personas pueden venir a nosotros, o nuestras circunstancias pueden cambiar. Hasta
ese momento, debemos orar. Después tenemos la nube de la confianza en nuestro
corazó n y vemos su pista en nuestras circunstancias, tenemos que confesar
valientemente con nuestras bocas. ¿Qué hizo Elías? "Y é l dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu
carro y desciende, para que la lluvia no te ataje." Aunque no lo hizo la lluvia, sin
embargo, confesó que si hubiera llovido. Marcos 11:23 dice, " Porque de cierto os digo
que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su
corazó n, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho." Leemos en
2 Corintios 6:1-2, "Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos
también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te
he oído, Y en día de salvació n te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he
aquí ahora el día de salvació n" En el momento del favor de Dios, si queremos tener la
dulce
la lluvia del Espíritu Santo y bendiciones, debemos reparar el altar en ruinas y pedir por
el fuego del Espíritu Santo, como lo hizo Elías. Y luego tenemos que expulsar los
demonios de nosotros en el nombre de Jesú s y orar sinceramente por la lluvia de
bendiciones. Entonces Dios se vierte la lluvia de bendiciones sobre nosotros. Aunque no
hubo lluvia durante tres añ os y medio, Dios derramo su lluvia, y la tierra dio sus frutos.
Del mismo modo, en nuestras vidas todas las cosas van bien con nosotros en buen
estado de salud y vida abundante.

Querido Dios, nuestro Santo Padre que tiene gran amor! Hoy en día, muchas personas
han arruinado el altar en su corazó n. El altar de Jehová está en ruinas y disperso de aquí
y para allá . Entonces no importa cuánto pueden orar, será en vano. Se creó el altar del
demonio de Baal, por lo que están abrumados por el demonio.
Querido Dios nuestro Padre, por favor, no nos dejes solo pedir bendiciones procedentes
de ti, sino reparar el altar en ruinas, a fin de que podamos orar en el nombre de Jesú s y
recibir el fuego del Espíritu Santo.
Sin el fuego del Espíritu Santo, no vamos a ser capaces de derrotar al diablo. Ayú danos a
recibir
el fuego del Espíritu Santo y echar a todos los demonios fuera de nosotros, que la dulce
lluvia de bendiciones
puede ser derramada sobre nosotros a través de la oració n persistente. Por favor,
bendícenos, para que podamos vivir con éxito y una vida victoriosa. En el nombre de
Jesú s oramos. Amén.