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La Voz De La Iglesia de DiosEnlace

15 de septiembre de 2012 ·

PROFECIA DE LAS

SETENTA SEMANAS

INTRODUCCIÓN

En el estudio de la profecía de los 70 años entendimos que el pueblo hebreo fue rebelde
desde su juventud (Jeremías 3:25). Y que por espacio de aproximadamente 900 años
manifestaron su desobediencia a la voluntad de Dios. Esto ocasionó que el juicio divino
fuera sobre ellos. Las diez tribus (Israel), la transportación a Asiria, y para las dos tribus
(Judá), la cautividad a Babilonia por 70 años (Jeremías 25:8-11).

Daniel el Profeta: Entre los cautivos iba un joven llamado Daniel de la tribu de Judá, éste
propuso en su corazón no contaminarse con el mundo babilónico, lo que le hizo acepto
delante de Dios (Daniel 1:6-9), prodigándole de dones en toda inteligencia, y aún en visión
y sueños (versículo 17). Era un varón de oración (Daniel 6:10) y además deseoso de
escudriñar la Palabra de Dios (Daniel 9:23).

Buscaba entendimiento de la profecía: Daniel se preocupaba por la condición de su pueblo,


escudriñando el libro del profeta Jeremías, para saber cuándo concluirían los 70 años de
cautividad de Judá.

Así leemos en Daniel 9:1-2 "...En el año primero de Darío (Ciaxares II) hijo de Assuero, de
la nación de los Medos, el cual fue puesto por rey sobre el reino de los caldeos; en el año
primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años del
cual habló Jehová al profeta Jeremías, que había de concluir la asolación en Jerusalem en
setenta años..." El profeta buscaba no solamente en el estudio, también en la oración, como
dice el versículo 3 "...Y volví mi rostro al Señor Dios buscándole en oración y ruego, en
ayuno, y cilicio, y ceniza..." y esta oración no la hacía solamente por Judá, sino por todo
Israel (versículo 20). Esta oración la elevó en el año 538 A. de C., es decir dos años antes
que se cumpliera la profecía de los 70 años, pues ya estudiamos que ésta se terminó el año
536.

El profeta quería saber qué pasaría dos años después, que sería de su pueblo, él reconoció la
culpa de sus padres y el pecado de los hijos y pide perdón al Altísimo (versículos 8 al 17).

UNA NUEVA PROFECIA, LAS SETENTA SEMANAS


El ángel la enseña: "...Aún estaba hablando en oración, y aquel varón Gabriel, al cual había
visto en visión al principio, volando con presteza, me tocó como a la hora del sacrificio de
la tarde. E hízome entender, y habló conmigo y dijo: Daniel, ahora he salido para hacerte
entender la declaración. Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para
enseñártela porque tú eres varón de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión..."
(Daniel 9:21-23).
El ángel venía a explicarle a Daniel, no solamente el cumplimiento de los 70 años, sino el
plan de Dios en favor de Israel, el cual fue trazado en la profecía de las 70 SEMANAS.
Consistía en una prórroga profética en favor de Israel.

DANIEL 9:24

"...Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu Santa Ciudad, para
acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia
de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los Santos..."

Notemos el plan de Dios en favor de todo el pueblo, el Señor quería concluir el pecado de
su pueblo y expiar la iniquidad pero él mismo daría el medio para ello, ése sería EL
SANTO DE LOS SANTOS, Jesucristo. Quiere decir que esta profecía nos lleva hasta el
ungimiento de Cristo (en el momento de su bautismo) y aún hasta su misma muerte.

Sí Israel había sido malo durante 900 años, seguiría siéndolo y en esta forma no habría
remedio, por lo tanto era necesario hacer un plan e intervenir en favor del pueblo, este plan
está explicado a través de esta profecía de las 70 semanas.

Para su mejor entendimiento el mismo profeta las presenta divididas en tres partes.
Analizaremos parte por parte.

Las tres partes que presenta el profeta son las siguientes:

7 semanas 62 semanas 1 semana


/-------------------------/---------------------------/-------------------------/

ANALIZANDO LA PRIMERA PARTE


"SIETE SEMANAS"

Dice así en Daniel 9:25 "...Sepas pues y entiendas, que desde la salida de las palabras para
restaurar y edificar a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe habrá SIETE SEMANAS..."

Esta primera parte es el inicio de la profecía, el pasaje nos da la clave para saber
cronológicamente cuándo principiaron, claramente dice: "...DESDE LA SALIDA DE LA
PALABRA PARA RESTAURAR Y EDIFICAR A JERUSALEM..."

Esta salida de la palabra es el DECRETO QUE DIO ARTAJERJES LOGIMANO, el año


457 A. de C. (Esdras 7:1-26).

A partir de este año 457 A. de C. se principian a cortar las setenta semanas. Pero como
estamos analizando la primera parte, concluiremos con ella.

Las primeras siete semanas proféticas equivalen a 49 años; puesto que una semana tiene
siete días, multiplicamos 7 x 7 nos da 49, proféticamente hablando un día equivale a un
año. (Ezequiel 4:6 y Número 14;34).
Siendo así la primera parte (las siete semanas) principió el año 457 A. de C. y terminó el
año 408 A. de C. Para sacar este último año basta simplemente restar a 457 los 49 años y
nos da exactamente 408. (No olvidemos que antes de la era actual la cronología viene en
descenso).

Ejemplo de la primera parte:

A. de C. 5 7

7 semanas

4
0 A. de C. 8
49 años

Las actividades de los judíos fueron las siguientes:


a) Edificaron el muro (Nehemías 2:17).
b) En 52 días (Nehemías 6:15).
c) Fueron tiempos angustiosos (Nehemías 4:1-3, 16-18).
d) Habitaron en Jerusalem (Nehemías 11:1-3).

ANALIZANDO LA SEGUNDA PARTE


"62 SEMANAS"
Volvemos a leer Daniel 9:25 "...Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra
para restaurar y edificar a Jerusalem HASTA EL MESIAS PRINCIPE, habrá siete semanas,
y sesenta y dos semanas".
Notemos que esta segunda parte formada por "62 semanas" es un eslabón cronológico que
nos lleva hasta EL MESIAS PRINCIPE.
Estas 62 semanas equivalen a 434 años, multiplique 62 por 7 y le dará exactamente 434.
Para saber a qué año nos llevan, restemos a 434 el año 408 y nos da exactamente el año 26
D. de C.

Ejemplo de la segunda parte:


4
A. de C. 0 8

62 semanas

2
6 D. de C.
434 años

Lo que se cumplió el año 26.


a) Se ungió a Cristo con Espíritu Santo en el bautismo (Daniel 9:24 y Mateo 3:21-23).
b)
c) y 4:25-26).
Lo que se cumplió el año 26.

d) Se ungió a Cristo con Espíritu Santo en el bautismo (Daniel 9:24 y Mateo 3:21-23).
e)
f) y 4:25-26).
El momento de expiar la

Lo que se cumplió el año 26.

a) Se ungió a Cristo con Espíritu Santo en el bautismo (Daniel 9:24 y Mateo 3:21-23).
b)
c) y 4:25-26).
El momento de expiar la iniquidad había llegado, Cristo era el cordero de Dios que quitaría
el pecado de su pueblo y luego de todo el mundo (Mateo 1:21 y 20:28).

El momento de sellar muchas profecías había principiado.

El plan de Dios por medio de Jesucristo daría principio y se cumpliría en la última semana.

Analizaremos ahora la última semana, la septuagésima

ANALIZANDO LA TERCERA PARTE


"UNA SEMANA"

Dice así en Daniel 9:26 (primera parte) "...Y después de las 62 semanas se quitará la vida al
Mesías, y no por sí..." Y el versículo 27 agrega: "...Y en otra semana confirmará el pacto a
muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda...".

Esta última semana está compuesta por 7 años, principió el año 26 y terminó el año 33 D.
de C. Para sacar esta conclusión basta sumar al año 26 los 7 años de esta última semana y
nos lleva al año ya indicado.

Ejemplo de la tercera parte:

2 Una semana 3

D. de C ---------------------- D. de C.

6 7 años 3

Esta semana principió como ya vimos con el ungimiento de Cristo por medio del Espíritu
Santo en el año 26 de nuestra era.
Como sabemos Cristo predicó por tres años y medio por cuanto celebró cuatro pascuas y
porque así estaba profetizado en esta última semana.

A la mitad de esta semana proféticamente hablando, tenía que morir, como efectivamente
así fue en el año 30 de nuestra era, el 14 del mes de Nisán.

Durante estos tres años y medio del 26 al 30 Cristo predicó exclusivamente a las ovejas
perdidas de la casa de Israel (Mateo 10:6, Mateo 15:24).

Este era el plan de Dios en favor de todo Israel, expiar el pecado de ellos por medio de la
sangre de Cristo, por esta razón la predicación fue parcial.

Naturalmente Cristo no podía abarcar en tan corto tiempo a los que tenían que ser salvos en
Israel. Por esta razón el resto de esta primera semana, es decir los otros tres años y medio la
predicación fue exclusivamente al pueblo israelita, llegando hasta el año 33, en cuyo año
murió Esteban (Hechos 7: todo el capítulo).

En este año concluía la prórroga profética en favor de Israel, a partir de este año, la gracia
de Cristo principia a brindarse al gentil.

Debemos entender que la predicación no terminó definitivamente en este año para Israel,
sino que más bien a partir de este año principiaron los medios para que el gentil recibiera el
evangelio.
Por esta razón en Hechos 8 leemos de la predicación a Samaria y en el capítulo 9 la
conversión de Saulo el cual sería el vaso escogido para predicar a los gentiles, y ya en el
capítlo 10 vemos a Cornelio recibiendo el Espíritu Santo.

Ciertamente leemos en capítulos posteriores que aún se les predicaba a los judíos, pero
notamos que fue para rechazar y muy pocos aceptaban el evangelio. Hechos 13:4548;
Hechos 18:6. ¿Por qué razón...? Porque la prórroga para el pueblo israelita había terminado.
El velo les fue puesto (2 Corintios 3:15-16).

Solamente 144,000 lograron participar de esta gracia divina de Dios (Apocalipsis 7:1-4), el
apóstol Pablo llama a éstos: Reliquias, la elección (Romanos 11:5-7). Pero este
endurecimiento de Israel es en parte hasta que entre la plenitud de los gentiles y luego Israel
volverá a recibir la gracia divina (Romanos 11:25-29).

DIAGRAMA COMPLETO 70 SEMANAS

7 semanas 62 semanas 1 semana


457______ 408 _____ 26______ 33
A. de C. A. de C. D. de C. 30 D. de C.

MUERTE DE CRISTO
NOTA FINAL: La última semana tiene dos aspectos, profético y literal, de tal manera que
Cristo murió a la mitad de la semana proféticamente en el año 30 y a la mitad de la semana
literal un día miércoles.

Capítulo 5
El Cautiverio de Judá

En Jeremías 23-30 el profeta le dijo al pueblo que si ellos se sometían al veredicto


de Dios, Él les permitiría permanecer en la tierra bajo el yugo de madera
solamente. Pero si se negaban a someterse a veredicto de Dios, entonces ellos
estarían bajo el yugo de hierro y serían deportados a Babilonia. En Jer. 27:2-3 el
profeta habló de este yugo de madera,

2 Así me ha dicho el SEÑOR: Hazte coyundas y yugos y póntelos al cuello, 3 y


envía palabra al rey de Edom, al rey de Moab, al rey de los hijos de Amón, al
rey de Tiro y al rey de Sidón por medio de los mensajeros que vienen a
Jerusalén a ver a Sedequías, rey de Judá.

Este fue un mensaje no sólo al rey de Judá, sino también a las naciones
vecinas. Dios estaba dando todas estas naciones a Nabucodonosor, rey de Babilonia,
para que fueran sus siervas. Todas esas naciones fueron amonestadas a someterse al
yugo de madera de Babilonia. En Jer. 27:5-8, Dios le dijo al profeta,

5 'Yo hice la tierra, los hombres y los animales que están sobre la faz de la
tierra con mi gran poder y con mi brazo extendido, y la doy a quien me place. 6
'Y ahora yo he puesto todas estas tierras en manos de mi siervo
Nabucodonosor, rey de Babilonia, siervo mío, y también las bestias del campo
le he dado para que le sirvan. 7 'Y todas las naciones le servirán a él, a su hijo,
y al hijo de su hijo, hasta que llegue también la hora a su propia tierra;
entonces muchas naciones y grandes reyes lo harán su siervo. 8 'Y sucederá que
la nación o el reino que no sirva a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no
ponga su cerviz bajo el yugo del rey de Babilonia, con espada, con hambre y
con pestilencia a esa nación castigaré'--declara el SEÑOR-- 'hasta que yo la
haya destruido por su mano.

En otras palabras, Dios dijo que Él le había dado todas estas naciones al rey de
Babilonia, Nabucodonosor, "mi siervo". Dios reclama Su capacidad de hacerlo por
derecho de creación. Dios declara su derecho a hacer esto en el versículo 5. Así,
vemos que Dios mismo reclamó el crédito por lo que el rey de Babilonia haría a
Jerusalén y por destruir el templo y de deportar a la gente a otra tierra. Dios tuvo, en
efecto, contratado al rey de Babilonia, para ejecutar su veredicto sobre la nación
pecaminosa de Judá. Pero Jeremías también dejó en claro en el versículo 11 que si el
pueblo de Judá se sometía al veredicto de Dios, se les permitiría una forma menor de
juicio-el yugo de madera.
11 'Pero la nación que ponga su cerviz bajo el yugo del rey de Babilonia y le
sirva, la dejaré en su tierra'--declara el SEÑOR-- 'y la cultivará y habitará en
ella.'"

En el siguiente capítulo, Jeremías 28, se nos dice la decisión de la gente a través de


su portavoz principal, el profeta Hananías. Aquí también aprendemos que Dios le
había dicho en realidad a Jeremías que caminara alrededor de Jerusalén con un yugo
de madera alrededor de su cuello para que la gente supiera lo que Él mismo había
decidido hacer. La decisión de Jeremías era someterse al rey de Babilonia y servirle
como a el Señor, sabiendo que Nabucodonosor era el siervo de Dios, o su empleado.

Judá rechaza el yugo de madera


El profeta Hananías se ofendió por el yugo al cuello de Jeremías, por lo que lo quitó
por la fuerza del cuello de Jeremías y lo rompió. Leemos en Jer. 28:10 , 11,

10 Entonces el profeta Hananías quitó el yugo del cuello del profeta Jeremías y
lo rompió.11 Y habló Hananías en presencia de todo el pueblo, diciendo: Así ha
dicho Jehová: Ciertamente voy a romper un plazo de dos años completos, el
yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, del cuello de todas las
naciones. Entonces el profeta Jeremías se fue por su camino.

Jeremías no opuso resistencia, sabiendo que esto era simplemente la respuesta del
pueblo ante Dios. No tenían intención de someterse a Nabucodonosor, pues
pensaban que Dios estaba de su lado y les ayudaría a derrotar al ejército de los
caldeos. Jer. 02:35 dice acerca de ellos,

35 aún dices [tu Judá]: "Soy inocente, ciertamente su ira se ha apartado de


mí." He aquí, entraré en juicio contigo porque dices: "No he pecado."

No creían que eran culpables de rebelión contra Dios, porque seguían adorándole
con todas las formas religiosas y rituales en el templo de Dios. Ellos no creían que
Dios permitiría que su hermosa casa (templo) fuera profanado o
destruido. En Jer. 7:04 el profeta les contesta,

4 No confíes en las palabras engañosas, diciendo: Esta es la casa de Jehová,


templo de Jehová, templo de Jehová.

Dios llamó a dos profetas, Jeremías y Hananías, para polarizar a la gente y hacer que
se manifestaran los corazones de la gente. Los que tenían la rebelión en su corazón
siguieron, naturalmente, las profecías de Hananías, éstos creían en la teología de la
rebelión. Al rebelarse contra Nabucodonosor, sin saberlo, se rebelaron contra Dios
mismo.
Los que creyeron el mensaje de Jeremías eran los que conocían y entendían la ley de
la tribulación, por la que Dios juzgaría a Israel y Judá por dejar a un lado su
ley. Estos creyentes estaban dispuestos a someterse al yugo de madera, como hizo
Jeremías. La mayoría rebelde, sin embargo, decidió que Dios nunca querría que
fueran esclavos del rey de Babilonia. Al parecer, se olvidaron de su propia historia
en el libro de Jueces. Ciertamente no creían en las leyes de la tribulación que se
encuentran en Deuteronomio 28. Así que lucharon y murieron. La ciudad, el templo,
y toda la tierra fue devastada. Los sobrevivientes fueron llevados a la fuerza a
Babilonia, a cumplir su condena de 70 años ( Jer. 25:11 ) bajo un yugo de hierro, así
como Deut. 28:48 habían advertido.

Judá Condenado a un yugo de hierro


En Jeremías 28:12-14 , leemos:

12 Y la palabra del Señor vino a Jeremías, después que Hananías profeta


quebró el yugo del cuello del profeta Jeremías, diciendo: 13 Ve, y habla a
Hananías, diciendo: Así ha dicho Jehová: Has roto yugos de madera, pero has
hecho en lugar de ellos yugos de hierro. 14 Porque así ha dicho Jehová de los
ejércitos, Dios de Israel, he puesto un yugo de hierro sobre el cuello de todas
estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia ; y le
servirán. Y yo también le he dado las bestias del campo.

La nación de Judá pudo haber evitado la desolación y la destrucción absoluta si


hubieran hecho caso a la palabra del Señor en Jeremías. Sin embargo, eran
demasiado patrióticos para someterse al juicio de Dios. No hay nada malo con el
patriotismo, pero cuando uno elige el patriotismo sobre la sumisión al juicio de Dios
por el pecado, esos patriotas hacen un flaco favor a su propio pueblo. Es por esto
que es tan importante hoy en día reconocer los juicios de Dios, en lugar de limitarse
a asumir que todos los enemigos o los opresores nacionales son "del diablo". En los
días de Jeremías, fueron los patriotas religiosos los que llevaron a las personas
como corderos a la masacre a manos de Babilonia.

Consejos de Jeremías para los higos buenos


Había dos hombres llamados Hananías. Uno representaba los higos buenos; otro
representaba a los higos malos. El Hananías que se opuso a Jeremías fue el profeta
de los higos malos, pues pensó que Dios bendeciría Judá incluso en su
rebelión. Pensó que ser "elegidos" significaba que ellos eran un pueblo de
privilegio, y que Dios, por tanto, nunca los pondría en cautiverio o esclavitud. El
otro Hananías era uno de los amigos de Daniel que se sometieron a Dios y fueron a
Babilonia como cautivos. Leemos de él en Dan. 01:06. Él representó a los higos
buenos como se describe en Jer. 24:7.

Jeremías escribió entonces una carta a los cautivos en Babilonia-es decir, a los
hombres de Judá que fueron los "higos buenos", incluyendo también a
Hananías. Les dijo cómo vivir en Babilonia durante su cautiverio. Su consejo no fue
el de organizar una revuelta o incluso una huelga general. No les ordenaba que
asesinaran a cualquiera de sus captores, ni complots contra el rey. Su consejo se
encuentra en Jer. 29:4-7,

4 Así dice el SEÑOR de los ejércitos, el Dios de Israel, a todos los desterrados
que envié al destierro de Jerusalén a Babilonia: 5 "Edificad casas y habitadlas,
plantad huertos y comed su fruto. 6 "Tomad mujeres y engendrad hijos e hijas,
tomad mujeres para vuestros hijos y dad vuestras hijas a maridos para que den
a luz hijos e hijas, y multiplicaos allí y no disminuyáis. 7 "Y buscad el bienestar
de la ciudad adonde os he desterrado, y rogad al SEÑOR por ella; porque en su
bienestar tendréis bienestar".

En otras palabras, Jeremías dijo a los cautivos que oraran por el bienestar de
Babilonia y su paz. No roguéis que Babilonia sea destruida, porque es sólo la
ejecutora del justo juicio de Dios sobre Judá. No funcionará tratar derrocar el rey
Nabucodonosor, porque él s un siervo de Dios. No traten de asesinar al rey, porque
Dios le ha dado a Judá en sus manos. Pedro dio el mismo consejo a los siervos,
diciendo en 1 Ped. 02:18,

18 Siervos, estad sujetos a vuestros amos con todo respeto, no sólo a los que son
buenos y afables, sino también a los que son insoportables.
Los higos malos se habrían burlado de los consejos de Jeremías, pero los higos
buenos tomaron atención. Ni Daniel ni sus amigos jamás hicieron ningún intento de
conspirar contra el rey de Babilonia. Vivieron para dar a luz hijos, que entonces
fueran capaces de volver a la vieja tierra después de 70 años de
cautiverio. Jer. 29:10 dice,

10 Pues así dice el SEÑOR: "Cuando se le hayan cumplido a Babilonia setenta


años, yo os visitaré y cumpliré mi buena palabra de haceros volver a este lugar.

Para un estudio completo que explica por qué Judá fue condenado a setenta años en
Babilonia, vea Secretos del Tiempo, Capítulo Siete.

El regreso del exilio


En años anteriores Babilonia había sido una de las provincias del imperio
asirio. Pero Babilonia fue capaz de rebelarse y derrocar Asiria, y capturar la ciudad
capital de Nínive en el año 607 antes de Cristo. Tres años más tarde conquistaron
Jerusalén y Judá, en el año 604 aC. Sin embargo, el Imperio Babilónico sólo duró
setenta años (607-537 aC), y la cautividad de Jerusalén fue igualmente sólo setenta
años (604-534 aC). Estas fechas son probadas en el capítulo ocho de nuestro libro,
Secretos del Tiempo.

Cerca de 50.000 hombres de Judá, Benjamín y Leví volvieron a la vieja tierra para
comenzar la larga y difícil tarea de reconstruir una nación bajo el liderazgo de
Zorobabel, el gobernador, con la ayuda de Esdras. También tuvieron la inspiración
de los profetas, Habacuc, Hageo, Zacarías y Malaquías. Sin embargo, durante los
siguientes 450 años las personas no tuvieron profetas conocidos para guiarlos antes
del nacimiento de Jesús. Muchos de ellos se olvidaron de la ley de la tribulación, y
pronto los higos malos de nuevo comenzaron a multiplicarse en la tierra.

Su situación era la siguiente: Babilonia cayó ante los medos y los persas en el año
537 aC. Este suceso se registra en Daniel 5. Darío de Media tomó la ciudad de
Babilonia y la gobernó durante unos años y organizó el nuevo imperio en 120
provincias (Dan. 6:01). Más tarde, el rey Ciro de Persia llegó, y Darío volvió a su
nación de los medos. Ciro emitió su famoso edicto en el 534 aC que permitió a los
exiliados de Judea volver a su tierra.

El Continuado Cautiverio de Yugo de Madera


Ciro el persa no le dio la independencia a Judá. Zorobabel fue nombrado
gobernador de Judea, pero permaneció bajo la autoridad de los monarcas persas. De
hecho, muchos años antes, Daniel ya había previsto una serie de cuatro grandes
imperios mundiales en Daniel 2, que controlarían el mundo hasta la venida del reino
de la Gran Piedra-el Reino de Dios en manos de Jesucristo y Sus vencedores (Dan.
2:44 , 45).

En Daniel 7 se nos dan más detalles, aprendiendo que estos imperios "bestia" (león,
oso, leopardo y la bestia sin nombre) se mantendrían en el poder hasta que "llegó el
tiempo cuando los santos tomaron posesión del reino"( Dan. 7 : 22 ). Estos imperios
bestia eran Babilonia, Medo-Persia, Grecia y el Imperio Romano. Daniel también
vio un "cuerno pequeño" que tomaría las riendas de la autoridad a la caída del
Imperio Romano en el año 476 dC. Esto se cumplió en la Roma papal, que luego
gobernó hasta hace poco. Por lo tanto, vemos que el cautiverio fue durante mucho
tiempo, y el Edicto de Ciro simplemente intercambió el yugo de hierro por un yugo
de madera.

Entonces Judá se convirtió simplemente en una de las provincias del Imperio Medo-
Persa. Mientras que Judá había estado bajo un yugo de hierro durante setenta años,
ahora se pusieron bajo el yugo de madera más suave. Dios les permitió permanecer
en su tierra como siervos de los medos y los persas. Este imperio fue fotografiado en
Daniel 2 como los dos brazos de plata, y en Daniel 7 como el oso.

Esto cambió de nuevo unos 200 años más tarde, cuando Alejandro Magno conquistó
Persia y formaron el Imperio Griego. La dominación del Imperio Griego fue
fotografiado en Daniel 2 como el vientre y los muslos de bronce (bronce) en la gran
imagen. Este imperio también fue representado en Daniel 7 como el leopardo. En el
cambio de Persia a Grecia, el yugo de madera Judá se mantuvo. Simplemente
cambiaron los amos.

Cuando Alejandro murió, su Imperio Griego fue dividido entre sus cuatro
generales. Ptolomeo seléucida recibió Egipto y Siria. Palestina fue atrapada en el
medio y se convirtió en el campo de batalla de estos dos imperios, a veces siendo
controlada por Siria, y en otras ocasiones por Egipto. Por último, aproximadamente
el 163 aC, después de algunas cosas particularmente odiosas que el rey sirio hizo al
templo en Jerusalén, los Macabeos se levantaron y se liberaron del yugo de Siria.
Por un siglo, la nación de Judá (o Judea, como se le llamaba en griego) se hizo
independiente. Es evidente que Dios permitió que el yugo de madera se retirara
temporalmente a causa de la blasfemia del rey sirio.

Luego, en el año 63 aC el ejército romano bajo Pompeyo capturó Siria y Judea, y


una vez más Judea quedó bajo un yugo de madera. El Imperio Romano fue
fotografiado en Daniel 2 como las dos piernas de hierro. En Daniel 7, se representa
como una bestia sin nombre con dientes de hierro.

Muchos de los judíos murmuraban y se quejaban bajo el dominio de Roma, no


aceptándola como sierva de Dios. Ellos no querían estar bajo el yugo de
madera. Muchos falsos mesías se levantaron, con la promesa de liberarlos y traer el
Reino de Dios, pero todos fracasaron. La Roma de grandes dientes de hierro y uñas
de bronce pisoteaba toda resistencia bajo sus pies ( Dan. 7:19 ). Si la gente hubiera
entendido las Escrituras, se habrían dado cuenta de que ellos mismos necesitaban
arrepentirse y orar por Roma, como Jeremías había dicho a orar por el bienestar de
Babilonia. Pero a medida que pasaba el tiempo, su rebelión contra Dios crecía, y
Dios respondió aumentando la opresión de Roma. Si el pueblo hubiera decidido ser
amable con Roma, los romanos les hubieran tratado mucho más amablemente-como
lo hicieron con otras naciones. Pero Judea era un país difícil de gobernar porque era
la más rebelde de todas las provincias de Roma. Roma no tomó amablemente a la
rebelión. Ellos creían en el aplastamiento de toda rebelión a fondo con el fin de dejar
claro a todos que la rebelión era inútil. Creían que sólo mediante la eliminación de
toda esperanza de éxito podrían desalentar la revuelta.

Los judíos, sin embargo, creían que Dios estaba de su lado, que su templo era la casa
de Dios, y que Dios quería que fueran libres e independientes. Vieron la Roma
pagana como un impío, idólatra y opresor-no como siervo de Dios para azotarles
hasta que se arrepintieran y creyeran el mensaje de Jeremías. Ellos no querían
someterse al yugo de madera de Roma más de lo que sus padres habían querido
someterse al yugo de madera de Babilonia. Y así la historia de Judea se movió
constantemente hacia ese enfrentamiento final en el año 70 dC, cuando se
volvería a conocer por todos, de una vez por todas, de qué lado Dios iba a
pelear. Dios peleó por Roma. Jerusalén fue destruida una vez más, y Dios puso
al pueblo bajo el yugo de hierro, una vez más.

La revuelta contra Roma (y Dios): 66-73 dC


En 1930 el libro de Abram Leon Sachar, Una historia de los Judíos, en la página
117, este autor judío escribe,

"En última instancia, la paciencia romana estaba completamente agotada y los procuradores
introducían medidas de severidad bárbara. Los soldados mataban a la menor provocación.
Líderes judíos eminentes fueron crucificados, mientras que pueblos enteros fueron arrasados.
Todo en vano. Fiebre de martirio parecía apoderarse de las personas acosadas. Fanáticos
subían y bajaban del país, con los ojos desorbitados y frenéticos, profetizando el fin del
mundo, y el advenimiento del Mesías. Multitudes estaban dispuestas a seguir cada visionario
imposible que afirmaba tener inspiración del cielo. Los zelotes se apresuraron a la muerte de
llanto en la exaltación histérica. ¿Qué hacer con una nación tal? Los romanos estaban
francamente desconcertados. Habían ocupado muchos pueblos turbulentos, pero ninguno tan
contrario-de tan increíblemente difícil solución".

La guerra comenzó en el año 66 dC, mientras que Floro era el procurador romano de
Judea. Judea era un hervidero de descontento y de odio hacia los romanos. Los
romanos creían que otra revuelta podría estallar en cualquier momento. Habían
tratado con la diplomacia, a su manera, pero habían fracasado. Ahora instruyeron a
Floro a ser firme e incluso despiadado, si era necesario. Josefo, el historiador de
Judea de la época, escribió en sus Guerras de los Judíos, II, xiv, 3, 4,

"Él [Floro], por lo tanto, cada día aumentaba sus calamidades con el fin de inducirlos a una
rebelión... Al mismo tiempo comenzó la guerra en el duodécimo año del reinado de Nerón y
el decimoséptimo del reinado de Agripa en el mes Artemisius o Jyar".

Según nuestra manera moderna de la verdad, el comienzo de la guerra se produjo en


la primavera del 66 dC. Si leemos la historia a través de los ojos de Dios, vemos que
la historia simplemente se cumplió la profecía. Por lo tanto, sin un cierto
conocimiento de la historia, no se puede entender realmente lo que los profetas
predijeron por la inspiración de Dios. Aquellos que no conocen la historia están
condenados a repetirla. En el caso de Judá en el siglo I, se habían olvidado las leyes
de la tribulación, y que no creían en el mensaje de Jeremías. Se olvidaron de la
razón del yugo de hierro de Babilonia, por lo que fueron condenados a volver a
su juicio pesado. Dios quiso juzgar a Jerusalén ya las personas por su religión
hipócrita (como Isaías lo expresó), que habían demostrado plenamente sus
dirigentes por el rechazo de Juan el Bautista y de Jesús mismo. Juan había sido
ejecutado en la Pascua del año 30 dC, y Jesús había sido crucificado en la Pascua del
año 33 dC. Ahora sus cuarenta años de gracia (obtenidos por Ezequiel en Ez. 4:6)
estaban llegando a su fin 70-73 dC.

Dios se movió sobre el corazón de Roma para nombrar a Floro sobre Jerusalén,
sabiendo que su política basada en el miedo sólo provocaría la rebelión judía, y que
la rebelión podría a su vez provocar una respuesta por parte de Roma, para el juicio
final. Floro no sabía que él no era más que un peón en manos de Dios, porque él no
podía ver la imagen más grande. Lo mismo puede decirse para el pueblo de Judea.

Alrededor de ese tiempo un grupo de extremistas judíos llamados sicarios


("asesinos" judíos) fueron expulsados de Jerusalén donde habían causado muchos
estragos. Se las arreglaron para tomar la fortaleza de Masada por el sigilo y matar a
los soldados romanos que estaban allí-después que los sicarios habían prometido
perdonarles la vida si se rendían. Josefo dice, "y por lo tanto fueron todos estos
hombres bárbaramente asesinados, exceptuando a Metilius" quien se salvó sólo
porque él aceptó convertirse en un judío. (Estos asesinos, o "terroristas", como los
llamaríamos hoy en día, se mantuvieron en Masada hasta que los romanos los
conquistaron en el año 73 dC).

Al mismo tiempo, el gobernador del templo de Jerusalén comenzó a negarse a hacer


sacrificios por los extranjeros, e incluso rechazó el sacrificio habitual de
César. Josefo nos dice entonces en sus Guerras de los Judíos, II, xvii, 2 "este fue el
verdadero comienzo de nuestra guerra con los romanos".

A los pocos meses, ya que las personas viajaban a Jerusalén para la fiesta de los
Tabernáculos, las hostilidades estallaron (Guerras, II, xix, 1). La 12ª Legión Romana
de Antioquía fue destruida bajo el liderazgo de Cestio Galo. Cinco mil trescientos
hombres de a pie y 380 jinetes fueron muertos. Roma no estaba contenta con esto y
dispuso a enviar un ejército mayor para sofocar la revuelta. Se puso de manifiesto en
ese momento que las palabras de Jesús en Lucas 21:20-22estaban a punto de
cumplirse:

20 Pero cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su


desolación está cerca. 21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes, y
los que estén en medio de la ciudad, aléjense; y los que estén en los campos, no
entren en ella; 22 porque estos son días de venganza, para que se cumplan
todas las cosas que están escritas.

Jesús estaba hablando de la destrucción de Jerusalén que fue profetizada en


Jeremías 19. Él también hablaba de los "días de retribución" profetizados
en Is. 34:8. Aunque estas profecías todavía no han visto su cumplimiento final, se
habían al menos parcialmente cumplido en la guerra de Babilonia y de nuevo en la
guerra romana.

La destrucción de la 12ª Legión Romana fue el acto final que selló el destino de
Jerusalén. Josefo dice en Guerras , II, xx, 1,

"Después que esta calamidad había caído sobre Cestio, muchos de los más eminentes de los
judíos nadaron lejos de la ciudad, como cuando un buque va a hundirse".

Eusebio, el historiador cristiano del siglo cuarto que era el obispo de Cesarea,
escribe acerca de esto en Eclesiastés. Hist. , III, 5:

"Por otra parte, los miembros de la iglesia de Jerusalén, por medio de un oráculo dado por
revelación a personas aceptables allí, recibieron la orden de abandonar la ciudad antes de que
comenzara la guerra y establecerse en una ciudad en Perea llamada Pella. Los que creían en
Cristo emigraron de Jerusalén hacia Pella".

Los cristianos de Jerusalén se trasladaron a Pella, una ciudad muchos kilómetros al


este del río Jordán al norte del Mar Muerto. En otras palabras, la tribulación no
diezmó la Iglesia de Jerusalén, que representó a los higos buenos de Judá. Dios trajo
la tribulación para juzgar los malos higos-los que se quedaron en el judaísmo, los
que apoyaron el sistema religioso sin ley, los hipócritas que habían rechazado a
Jesús como el Cristo. Roma rodeaba Jerusalén en la mañana de la Pascua en el año
70 dC. El sitio duró hasta agosto, cuando el templo fue destruido en Ab 10, el
mismo día en que los babilonios habían quemado el primer templo en el año 586 aC.
Josefo nos dice de nuevo en Guerras , VI, iv , 5,

"Así que Tito [el general romano] se retiró a la torre de Antonia y resolvió asaltar el templo
a la mañana siguiente con todo su ejército, y asentar sus tiendas alrededor de la casa santa.
Pero en cuanto a esa casa, Dios la tenía con certeza, hacía mucho tiempo, condenada al fuego
y ahora ese día fatal llegaba según la revolución de las edades; fue el décimo día del mes
Lous o Ab, en el cual fue anteriormente quemado por el rey de Babilonia".

El Yugo de Hierro Re-impuesto- sobre las malvadas figuras de Judá


Jerusalén fue destruida en el año 70 dC y la devastación final de la tierra se terminó
con la captura de Masada en el año 73 dC Durante todo este tiempo, los hombres de
Judá adoptaron la misma actitud de sus padres en los días de Jeremías. No podían
creer que Dios realmente luchaba contra ellos. No podían creer que Dios les estaba
juzgando por su pecado. No podían creer que era la voluntad de Dios para ellos que
presentaran a sus conquistadores odiados. Y así, una vez más, los fanáticos
religiosos y patriotas entre los llevaron a la nación en desastre total.

Pues bien, es claro por la historia que en el año 70 dC los judíos cayeron bajo el
yugo de hierro como se define en las leyes de la tribulación. Deut. 28:48-50 dice,

48 por tanto servirás a tus enemigos, los cuales el SEÑOR enviará contra ti: en
hambre, en sed, en desnudez y en escasez de todas las cosas; El pondrá yugo de
hierro sobre tu cuello hasta que te haya destruido. 49 El SEÑOR levantará
contra ti una nación de lejos, desde el extremo de la tierra, que descenderá
rauda como águila, una nación cuya lengua no entenderás, 50 una nación de
rostro fiero que no tendrá respeto al anciano ni tendrá compasión del niño.

El símbolo nacional de Roma fue el águila. El Imperio Romano fue también el


cuarto reino de la bestia en Daniel, que el profeta describe como teniendo piernas de
hierro. Así que esta profecía del yugo de hierro y una nación águila parece
particularmente descriptiva de Roma.

52 Y esa nación te pondrá sitio en todas tus ciudades, hasta que tus muros altos
y fortificados en los cuales tú confiabas caigan por toda tu tierra; y te sitiará en
todas tus ciudades, por toda la tierra que el SEÑOR tu Dios te ha dado.

El ejército romano sitió Jerusalén y todas las ciudades de Judea hasta que se sometió
a todos ellos, incluso como especifica Moisés.

62 Y quedaréis pocos en número, aunque erais multitud como las estrellas del
cielo; porque no obedeciste al SEÑOR tu Dios. 63 Y sucederá que tal como el
SEÑOR se deleitaba en vosotros para prosperaros y multiplicaros, así el
SEÑOR se deleitará en vosotros para haceros perecer y destruiros; y seréis
arrancados de la tierra en la cual entráis para poseerla. 64 Además, el SEÑOR
te dispersará entre todos los pueblos de un extremo de la tierra hasta el otro
extremo de la tierra; y allí servirás a otros dioses, de madera y de piedra, que ni
tú ni tus padres habéis conocido. 65 Y entre esas naciones no hallarás descanso,
y no habrá reposo para la planta de tu pie, sino que allí el SEÑOR te dará un
corazón temeroso, desfallecimiento de ojos y desesperación de alma.

Tome en cuenta que Moisés dijo que esto iba a pasarla a la gente a causa de su
desobediencia a Dios. Los que no creen las palabras de Moisés pueden culpar a los
romanos por esta calamidad en 70 AD. Otros culpan a las circunstancias. Algunos
cristianos culpan al diablo. Pero Moisés le da el crédito a Dios por traer esta
tribulación. Jesús dijo de ellos en Juan 5:45-47,

45 No penséis que yo os acusaré delante del Padre; el que os acusa es Moisés, en


quien vosotros habéis puesto vuestra esperanza. 46 Porque si creyerais a
Moisés, me creeríais a mí; pues él escribió de mí. 47 Pero si no creéis a sus
escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?
El yugo de hierro tal como se define por medio de Moisés hizo que los judíos fueran
desposeídos de la tierra. Más de un millón de judíos fueron asesinados en esta
guerra. Muchos más fueron vendidos como esclavos en otras tierras. Pero ellos aún
no estaban totalmente desposeídos de la tierra. Es decir, que aún no les estaba
prohibido poner un pie en esa tierra. Esta orden fue dada más tarde después de otra
revuelta conocida como la revuelta de Bar Kojba 132-135 dC.

A pesar de todas sus protestas en sentido contrario, los judíos no creyeron a Moisés
más de lo que creían a Jesús. Si hubiesen creído a Moisés, habrían comprendido que
no eran los romanos, sino Dios, quien traía el juicio y tribulación sobre ellos. Si
hubieran creído a Jeremías, se habrían presentado a los Romanos y prosperado bajo
el yugo de madera, así como sus antepasados habían prosperado en Babilonia. Pero
su reacción ante el ejército romano era idéntica a la reacción de los higos malos
hacia el ejército de Babilonia muchos años antes. No comprendían que Dios los
estaba juzgando. En lugar de ello, continuaron luchando hasta la muerte, pensando
que Dios siempre estaría de su lado. Parece que es un hecho de la historia que los
que están sin ley también son ciegos a su propia iniquidad. Por esta razón, se pelean
con los que Dios levanta para juzgar a la nación. Combaten contra el palo, en vez de
arrepentirse ante Aquel que lo emplea. Deut. 28:64 profetizó que iban a servir a
otros dioses en su cautiverio en otras tierras. El judaísmo cumple esta profecía
también, porque ellos no adoran al Dios de la Biblia, excepto con sus labios.

Y así, los libros de historia judía están llenos de quejas sobre cómo otras personas
los han tratado mal. Como cristianos no debemos ser de los que deliberadamente
maltratan a nadie, incluyendo a los judíos. Y sin embargo, también hemos de
reconocer que Dios levantó a personas de carácter impío contra ellos con el fin de
juzgarles de acuerdo a la ley de Moisés. Dios usa hombres malvados para sus
propósitos tanto como Él usa hombres de buen carácter, pero de diferente manera.

El Momento de la Sentencia de Jerusalén


Este juicio de Dios vino como un resultado directo de su rechazo y ejecución de
Juan el Bautista y Jesucristo. Dios les dio cuarenta años de gracia para arrepentirse,
pero ellos se negaron. En su celo religioso ciego, lucharon hasta que toda la tierra
fue devastada y millones muertos o vendidos como esclavos.
Juan el Bautista fue ejecutado en la Pascua del año 30 dC, unos seis meses después
de haber bautizado a Jesús. Mateo 14:1-12 nos dice que después de que Juan fue
ejecutado, sus discípulos se acercaron y le contaron a Jesús. Entonces Jesús alimentó
a los 5.000 con cinco panes de cebada y dos peces. (La misma historia se cuenta en
Juan 6, en la que aprendemos en el versículo 4 que este milagro fue hecho cerca de
la Pascua). Juan murió en la Pascua del año 30 dC.

Cuarenta años más tarde, en la Pascua del año 70 dC, los romanos comenzaron a
poner sitio a la ciudad de Jerusalén. Josefo, uno de los generales de Judea que
habían luchado contra los romanos hasta su captura, escribió sobre las 115.880
víctimas llevadas a través de una sola puerta de Jerusalén. En sus Guerras de los
Judíos, V, xiii, 7, escribió:

"No menos de ciento quince mil ochocientos ochenta cadáveres, en el intervalo entre el día
catorce del mes Xanthicus o Nisan [es decir, la Pascua], cuando los romanos acamparon por
la ciudad, y el primer día del mes Panemus o Tamuz".

Josefo registra que los romanos acamparon alrededor de Jerusalén para comenzar el
asedio en la Pascua en el año 70 dC. Esto fue precisamente cuarenta años después de
la ejecución de Juan el Bautista. La ciudad fue destruida a finales de agosto del
mismo año. El templo fue quemado. Todo el oro se fundió por el calor. Más tarde,
en la lucha por el oro, la gente separó cada piedra de la otra para rescatar el oro que
se había escurrido como el agua entre las rocas. Cuando la destrucción fue
terminada, ni una piedra quedó en pie sobre la otra, como Jesús predijo
en Mateo. 24:1 , 2,

1 Y Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle el
edificio del templo de Dios. 2 Y Él respondió y les dijo: ¿Veis todo esto? De
cierto os digo, que ni una piedra quedará aquí sobre otra, que no sea derribada.

Así se cumplieron las palabras de Jesús.

La captura de Masada: 73 dC
Los zelotes eran los extremistas judíos de la época. Ellos fueron
llamados sicarios, que significa "gente de la daga". Eran asesinos y terroristas. Todo
el mundo, que no ayudara a tratar de derrocar a las autoridades romanas era su
enemigo. Uno de los discípulos de Jesús, Simón Zelotes, había sido uno de ellos
( Lucas 06:15 ) antes de que Jesús le mostrara una mejor manera. Zelotes significa
"el Zelote".

En el 73 dC un hombre llamado Eleazar era el comandante de los sicarios. Antes de


ir a Masada, él y sus hombres mataron a miles de personas en Jerusalén,
aterrorizando a la gente para que se unieran a la revuelta contra los
romanos. Cualquier persona que era pacífica entre ellos fue asesinada. Cuando los
sicarios fueron finalmente expulsados de Jerusalén, se hicieron cargo de una
montaña fortaleza llamada Masada.

Tres años después de la destrucción de Jerusalén, los romanos finalmente capturaron


Masada. Los romanos tuvieron que construir una rampa hasta la fortaleza para poder
hacerlo. Terminaron la rampa en el día catorce del primer mes en el año 73 dC. Este
fue el día en el pueblo normalmente hubieran matado a sus corderos para la Pascua
para ser comido esa noche. Los romanos decidieron entonces tomar por asalto
Masada a la mañana siguiente. Pero esa noche los sicarios en Masada se asistieron
unos a otros para cometer suicidio en lugar de celebrar la Pascua. Sólo una mujer de
edad avanzada y sus cinco hijos se escondieron y sobrevivieron a la terrible
experiencia. El hecho de que tuvieron que esconderse para sobrevivir en la noche
demuestra que esto era algo más que un suicidio voluntario. También fue un
asesinato disfrazado de "suicidio asistido". No hay forma de saber cuántas de esas
personas fueron en realidad asesinadas. Josefo nos dice en Guerras de los Judíos,
VII, IX, 1,
"Esta masacre calamitosa fue hecha a los quince días del mes [Xanthicus] Nisan".

Uno no puede dejar de recordar la masacre de los primogénitos en Egipto, que se


produjo en la noche de Pascua original. La única razón por la que los israelitas se
salvaron fue porque habían puesto la sangre del cordero en los dinteles de las
puertas. Ex. 12:12 , 13 dice:

12 Pues yo pasaré por la tierra de Egipto en esa noche, y heriré a todo


primogénito en la tierra de Egipto, tanto de hombres como de animales; y
contra todos los dioses de Egipto ejecutaré juicios-Yo soy el Señor. 13 Y la
sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y
pasaré de vosotros, y ninguna plaga vendrá sobre vosotros para destruiros
cuando yo hiera la tierra de Egipto.

Los Sicarios no celebraron la Pascua en la primavera del 73 dC. En su lugar, se


ayudaban entre sí a suicidarse en la noche en conmemoración de la masacre de los
primogénitos de Egipto. Este evento identifica a los sicarios, no con israelitas justos,
sino con los egipcios que murieron en aquella primera Pascua. También es
significativo que los terroristas sicarios que murieron en Masada son
conmemorados por los israelíes hoy como héroes. Deberían más bien a ser
conmemorado como ejemplos de malos higos, cuyas actitudes y acciones han de
ser aborrecidas por todas las generaciones futuras.

Josefo deja claro que estos fanáticos religiosos (los sicarios) se encontraban entre los
más responsables de los desastres que vinieron sobre Jerusalén y la nación entera. Su
doctrina de la rebelión era "mirar a Dios como su único Señor y Maestro"(Las
guerras, VII, X, 1). Ellos no creían que Dios quería que ellos se rigieran por
cualquier extranjero. Con esto querían decir que estaban obligados por el mismo
Dios a hacer la guerra a cualquier nación que los hubiera conquistado. Ellos no
comprendían la ley de la tribulación de Deut. 28. Ellos no entendían el libro de
Jueces, donde Dios deja muy claro que no iba a permitir que fueran libres, mientras
que estuvieran en rebelión contra su ley y se mantuvieran en un estado
impenitente. Tampoco aprendieron nada de los escritos de Jeremías y de la
destrucción de Jerusalén a manos de Babilonia.

Por lo tanto, los higos malos de Judá, en el intento de liberarse del yugo de
madera, sólo tuvieron éxito en asegurar para sí el yugo de hierro. Muchos
fueron asesinados, la tierra fue devastada, la propia nación destruida, y las personas
enviadas a tierras extranjeras como cautivos y esclavos. Todo lo que Moisés
profetizó en la ley de la tribulación vino sobre ellos.

Este yugo de hierro continuó hasta el siglo XX, cuando nació el sionismo
moderno. El sionismo fue el intento de liberarse del yugo de hierro y para
volver a la vieja tierra sin antes arrepentirse de su hostilidad en contra de Jesús
Cristo, como exige la ley. El movimiento en sí mismo, por lo tanto, es ilegal. Sin
embargo, muchos judíos se convirtieron cansados de esperar, sin embargo,
permanecieron ciegos a las causas de su dispersión.

La pregunta es, ¿por qué el sionismo logró establecer el Estado de Israel, a pesar
de que la ley de la tribulación parecía hacerlo imposible? No hay precedente
bíblico para tirar fuera un yugo de madera o de hierro hasta que el pueblo se haya
arrepentido. La respuesta se encuentra en el hecho de que el judaísmo está
cumpliendo dos juegos de profecías, una para Judá, y otro para Edom. Bajo la
bandera de Judá, el pueblo tenía prohibido por la legislación divina quitarse el yugo
de hierro. Pero bajo la bandera de Edom, los judíos tenían un caso genuino que
presentar ante el tribunal divino. Dios había prometido a Esaú-Edom que se le daría
la tierra de Canaán. Jacob-Israel estaba obligado por ley a devolver la tierra a su
hermano, porque él la había tomado por medios fraudulentos. Y así, en 1948 se
retiró la bandera "Union Jack" (Unión Jacob) de Gran Bretaña de Palestina, y una
nueva nación había nacido, que se hace llamar Israel. El nombre de "Jack" es la
abreviatura de Jacob. En 1948 Jacob se vio obligado a devolver las tierras a los
judíos sionistas, no porque ellos eran descendientes de la Casa del norte de
Israel, ni tampoco debido a su descendencia de la casa del sur de Judá, sino por
el hecho de descender de Edom.
Pero antes de que podamos dar sentido a estas más recientes acontecimientos
ocurridos en el siglo XX, debemos explicar el significado del rechazo de Jesús
Cristo en su primera aparición.