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Arteaga Villalobos Marcos Francisco

El maestro ignorante.

Joseph Jacotot, quien era un renombrado maestro, se enfrentó a la barrera lingüística, cuando
llega a los Países Bajos a enseñar sus lecciones de Telémaco, el siendo francés y sus alumnos
ignorando la lengua, pensó que no podría dar la clase, pero de cierta forma entendió la lógica
de su método de enseñanza: que cualquiera podía aprender siempre y cuando se quisiera
aprender. Esto generó, que pudiera establecer lo que llamaría; método de enseñanza
universal, donde la enseñanza dependerá del anhelo de aprender.

Escogí este texto, por lo que propone Rancière, acerca de lo que se cree en torno a la
enseñanza, ya que al inicio habla de como se ve los roles de maestro y alumno, donde
jerárquicamente, se cree que el maestro es el poseedor absoluto del conocimiento, haciendo
quedar que el alumno solo sea un deposito del maestro. El maestro es, pues, mejor que el
alumno, ya que es quien lo sabe todo. En el caso de Jacotot, se da cuenta que esta jerarquía
convencional que se tenía, no es funcional, generando un método especifico para su
enseñanza, buscando un medio de comunicación en común y así produciendo en los alumnos
un pensamiento autocritico y autorreflexivo de lo que leen.

Me gusta la idea de la educación universal que se propone en el libro, pues creo que
exactamente la convicción de aprender es la necesidad que cada uno se genera en el
aprendizaje, ya que muchas veces la jerarquía de maestro-alumno, genera un proceso de
cohibición en el alumno, ya que se siente muchas veces tonto enfrente del maestro. Así, pues,
la idea de que cualquiera puede aprender por convicción de aprendizaje me parece una nueva
manera de pensar la enseñanza, viendo que debe de eliminarse la jerarquía convencional que
se tiene. Pienso que muchas veces, aunque los maestros hablen el mismo idioma que los
alumnos, pareciera que no existe realmente una comunicación, pues los maestros ven como
menos a los alumnos y esto genera una desconexión por parte del alumno.

Algo que creo que hay que pensar, es la función del maestro, puesto que, este debe
de buscar una forma de comunicación, un medio en común, una forma de entablar una
relación entre él y el alumno, incitando en los alumnos esta necesidad de aprender. La
necesidad de aprendizaje se generará por ambos lados, por un lado, el maestro que encuentra
la forma propicia de transmitir el conocimiento y de despertar la inquietud al alumno por el
aprendizaje. Por otro lado, el alumno que puede sentirse capaz de adquirir el conocimiento
sin importar cualquier cosa, dándose cuenta que es capaz de aprender, aunque haya una
barrera de por medio.

El libro me recordó mucho a lo que dice María Knebel en la Poética de la pedagogía


teatral, donde trabaja con gente sobreviviente de las guerras, gente que no proviene del teatro
y que busca poder trabajar en el teatro, ya que tiene la necesidad de expresarse y de
encontrarse dentro del medio teatral. Knebel se da cuenta que las bases técnicas que las
academias pedían, eran innecesarias, ya que cuando el cuerpo y el sentimiento piden poder
expresarse, lo único que se necesita es la necesidad de estar en el teatro. Knebel ve que
cualquiera puede hacer teatro y que el teatro genera una ayuda, ya que repara emocionalmente
a estos sobrevivientes de guerra.

Otra cosa que pensé cuando leía el libro era en lo que propone Paulo Freire en La
educación como práctica de la libertad, donde Freire cree que la educación es liberadora de
mentes, rompiendo las cadenas de la opresión y generando una critica a lo que se hace. Freire
establece, además, la visión de que el maestro no es el poseedor de todo el conocimiento,
sino que solo es un facilitador de conocimiento y el alumno va generando un pensamiento
crítico en torno a lo que se le dice, además de generar su propio conocimiento. En Pedagogía
del oprimido, justo Freire se da cuenta que la educación es una autorreflexión del actuar,
viendo a los alumnos como los verdaderos portadores del conocimiento.