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1.

Cachar

«Cachar ha sido mi suerte, cachar mi constante apuro; y si muero, yo lo

juro,+

que he de cachar a la muerte.»+

(Leónidas Yerovi, Parodia de Don Juan Tenorio, Acto primero, tercera

escena.)+

¿Será cachar forma abreviada, por aféresis, de encachar, en su segunda

acepción, o sea, encajar o empotrar? Uno puede, verbigracia, encachar un

clavo o una estaca en la pared; pero también puede haber un

encachamiento sexual: el del pene en la vagina, o en el recto, o en la

boca; al fin y al cabo, la idea básica es la de meter algo.+

Por su traza de conjetura fundada, lo antedicho puede ser atendible. ¿Lo

será también la ocurrencia del mexicano Trejo, según la cual cachar

proviene del inglés to catch? ([9], 140.)+

¿Del inglés to catch? ¿No se habrá extraviado el cuate por la similitud

fonética? El cach-ar criollo se parece, efectivamente, al catch inglés;

es decir, suena parecido; pero otra cosa es que el cache nuestro

provenga del catching gringo.+

Y, sin embargo, se podría argüir que el cachar de nuestra tierra es+

la transcripción criolla de to catch, porque to catch significa coger, y

hubo un tiempo en que coger significó entre nosotros lo que hoy cachar;

e imaginamos que éste, brioso por su mocedad, fue desplazando al


desgastado coger, y al cabo, coger obsolesció, y cachar pudo reinar

entonces soberano. Hasta ahora.+

El siglo diecinueve, Arona decía lo siguiente del verbo coger:+

«echado en mala parte desde quién sabe cuándo, no se le puede emplear

sino en su limitado y torpe sentido». ([2], II, s.v. «Moverse».)+

«Es indudable —observa Arona— que en nuestros días un español dice

'coger' en todos los casos en que un peruano diría 'tomar'». ([2], II,

s.v. «Tomar».)+

Véase al respecto el siguiente ejemplo de «El Murciélago»:+

«muchas veces [el toro] toma a uno de ellos [a uno de los mojarreros]+

en las astas y lo pelotea». ([5], 144.)+

«De muy buen castellano es este verbo —dice Arona de agarrar+

—, y no hay de malo, sino el abuso que de él hacemos empleándolo

constantemente por 'coger', verbo que parece no existiera entre

nosotros». ([2], I, s.v. «Agarrar».)+

Abusábase, pues, de agarrar, porque coger era obsceno; y de+

tomar, por lo mismo.+

En consecuencia, no es despropositada la presunción de Trejo.+

Cachar, efectivamente, puede ser anglicismo.+


La acepción sexual de coger, vale decir, «cubrir el macho a la hembra»

([1], I, s.v. «Coger», decimonovena acepción) es antigua y fue común en

la misma España (véanse ejemplos de los siglos XVII y XVIII en [3], II,

s.v. «Coger»); «pero en América, donde esta acepción se ha afirmado más,

ello ha sido causa, por razones de pudor, de la decadencia de 'coger' en

las demás acepciones». ([4], I, s.v. «Coger».)+

¿Pero hasta cuándo fue obsceno coger en el Perú? Cela, por atenerse,

según parece, a la información de Arona, supone equivocadamente que el

verbo de que se trata «suele evitarse» entre nosotros. ([3], II, s.v.

«Coger».) No; por estos lares coger ya no es+

vitando.+

El Diccionario de Peruanismos, de Pedro Paz Soldán y Unanue, alias «Juan

de Arona», se publicó en 1883, tras larga gestación que se había

iniciado en Londres en 1861. Coger, cuando se publicó el Diccionario de

Arona, era relativamente obsceno. Me expreso así porque en una

conferencia ofrecida por Ricardo Rossel en 1874, éste usa coger sin

incomodarse ([8], 235), y González Prada también es usuario, en su

artículo «Grau», de 1885 ([6], I, 83), y después lo usa muchas veces,

según he podido comprobarlo por lectura peratenta de los siete tomos de

las Obras de González Prada que ha publicado PETROPERÚ. González Prada

usa cuarenta y tres veces el verbo coger en los cuatro primeros tomos;

veinte veces en el quinto tomo; veinticuatro, en el sexto; y treinta y

dos, en el séptimo. En total, ciento diecinueve veces. No era, pues,

completamente cierto, como afirma Arona, que coger sólo podía usarse «en

su limitado y torpe sentido».+

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