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01 Categorías histórico socioculturales de la


humanidad (nociones de occidente, oriente,
América latina, colonial, poscolonial, decolonial)
Capítulo 1. La multiplicidad del arte.
Categorías histórico y socioculturales de la humanidad.
“Para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que
no son si o no existo, los otros que me dan plena existencia”.
Octavio Paz
¿Por qué una historia del arte desde América Latina, desde el Ecuador? ¿Por qué
transgredir una periodicidad histórica aceptada como norma?
El problema de la periodización histórica
Planteadas así, estas preguntas parecen anodinas, dignas de un respuesta “obvia”,
plagadas de “sentido común” (luego ahondaremos en la razón del uso de comillas en la
expresión sentido común y obvia) Vamos entonces a ponerlas en contexto, para poder
esbozar la forma en la que DESDE Europa fuimos pensados, construidos, forjados los
seres humanos de esta parte del mundo, de Abya Yala, conocida (ojo, conocida) como
América (no olvidar que los EEUU se hace llamar América traducida al español, esta
también es considerada una práctica colonial), o Latinoamérica. Es decir, cómo fuimos
concebidos desde el pensamiento y el accionar europeo, es necesario volcar la mirada a
sucesos históricos trascendentales en la historia.
En primera instancia partir de la periodicidad aceptada como válida, es decir como única.
Occidente divide al mundo en períodos históricos específicos, casi inamovibles: Edad
Antigua, que suele concentrar su interés en los sucesos greco-romanos, Edad Media,
Edad Moderna y Edad Contemporánea, entre la Edad Media y la Moderna se evoca como
sitio obligatorio de estudio al Renacimiento; todos estos momentos, tanto en su inicio como
en su fin están marcados por hechos que le suceden a Europa específicamente. A partir
de estos períodos se ha dividido el estudio de la historia como rama del conocimiento.
¿Cuál es el problema con esto? Esencialmente que se invisibilizan, se ignoran, se
marginan otras formas de entender la historia, otras historias; se establece una única
forma de construir memoria, de hacer ciencia, tecnología, arte y en esa única forma no
cabe lo otro, porque lo otro es lo diferente; entonces, a decir de Enrique Dussel, filósofo
argentino-mexicano, el latinoamericano no “es”, está fuera del ser, de la existencia, no se
lo reconoce, está borrado de la historia:
¿Quién pensó otra periodización para la historia? Nadie, todos han estudiado eso, pero
nosotros no tenemos nada que ver con eso, ni siquiera nos ponen en la antigüedad. No
ponen a los incas, aztecas, etc. Nunca estuvimos en la Edad Media, estamos en la Edad
Moderna pero como los conquistados y levantamos todavía una estatua a Colón. ¿Cómo
es posible poner una estatua a Colón? que es peor que Cortés, que es quien comenzó la
invasión de América. El descubrimiento… ¿Cómo descubrimiento? Si los indígenas ya
vivían acá. No habían descubierto América. Tenemos un eurocentrismo que desprecia lo
propio… (Dussel, citado en Ometochtzin, Carlos, 2018)
Colonialismo y Colonialidad. Surge la Raza y el Eurocentrismo.
Aníbal Quijano, sociólogo y filósofo peruano, va a ser el primero en acuñar la categoría
conceptual colonialidad del poder, pero no el primero en reflexionar las huellas de la
conquista española y la colonia en América Latina.
Para Quijano hay diferencias sustanciales entre los términos Colonialismo y Colonialidad,
aunque según sus palabras estén visceralmente relacionados.
* Para Quijano el Colonialismo es una: “Antigua experiencia de la especie” (Quijano, en
Arte y Cultura, 2017) que tiene su origen en la conquista invasiva y la colonización de los
pueblos que hoy conforman lo que conocemos como América, particularmente referido a
América Latina. Una violencia de dominación colonial surgida en 1492 (calendario
gregoriano), en donde se ejerció poder y dominio sobre todos los aspectos que pueden
conformar un grupo humano organizado: religión, género, sexo, arte, cultura, formas de
gobierno y formas de intercambio comercial, entre otros.
En este nuevo patrón de dominación social surge el constructo mental de Raza y con ella
también el patrón mental del Eurocentrismo. Es decir se gesta la idea de que hay una raza
superior y una raza inferior, y de que aquello que proviene de la raza superior, que para
estos efectos es la conquistadora, es “mejor”, es “referencia”, es “norma”. Así Bartolomé
de las Casas por ejemplo se pregunta: ¿Qué son estos que estamos conquistando?
(fijarse que se usa un pronombre demostrativo “estos” que designa también cosas y no se
usa un pronombre personal) ¿Son humanos? ¿Son bestias? ¿Son semihumanos?
¿Tienen alma? Al respecto Quijano menciona que no es solo sobre la idea de inferioridad
“natural” sobre la que se debate, sino sobre si los habitantes de esas tierras “descubiertas”
son o no humanos.
La idea de inferioridad natural de una población según los pensadores decoloniales, ha
penetrado en las prácticas sociales, finalmente no importa si son después considerados
humanos los habitantes del “nuevo” mundo, sino que son admitidos como humanos pero
en un nivel bajo, como si no lo fueran. Es así que hay una tendencia a la esclavización y la
servidumbre, los primeros en sufrir estas consecuencias fueron las personas a quiénes los
conquistadores llamaron indios.
Por otro lado, sin ese momento histórico, Europa no sería Europa, la Europa como la
reconocemos hoy en día como el centro de la civilización occidental, solo surge gracias a
la conquista de los pueblos de Abya Yala, ya que al llevar toda clase de materia prima para
comercializarla en Europa, va adquiriendo fuerza económica y presencia, llamémoslo así,
mediática, se van haciendo centro.
La Colonialidad en cambio se comprende como esa huella que no se borra, como esa
forma latente de colonialismo que persiste aún luego de las luchas de independencia.
Ramón Grosfoguel manifiesta que lo peligroso del sentido común en torno a este tema es
dar por hecho que la colonización terminó, que las independencias políticas superaron el
hecho de la colonia y que de hecho esto sería una falacia, ya que aún se reproducen
aspectos eurocéntricos en Latinoamérica y el mundo, que surgieron desde la colonización,
entre ellos: la idea del arte universal, del arte con mayúsculas que aún pensamos y
creemos que es privilegio europeo, esto hace por ejemplo que entendamos y
denominemos a otras formas de arte como arte primitivo. La idea del ser humano
moderno, es decir el ser humano de la razón y el progreso y que aquello que no es
europeo es antiguo, pagano, retrasado. Las ideas de la ciencia y la filosofía, aceptadas
como ciencia y filosofía, considerando otras prácticas también científicas y filosóficas,
como magia, saber, superstición o conocimiento inferior.
Todavía persisten las formas pedagógicas eurocéntricas, se reproducen temáticas
específicamente del territorio Europeo como temáticas mundiales, un ejemplo de ello es la
periodización de la historia. Todavía se mira a Occidente (Norteamérica-Europa) como
referentes, como modelos y todavía pensamos que a los pueblos desplazados hacia la
periferia nos falta mucho…¿Mucho para qué? Para ser como el modelo…
Perspectivas Decoloniales en la cultura.
El término decolonial surge especialmente, pero no únicamente, desde las críticas y
reflexiones de pensadores y activistas latinoamericanos (Silvia Rivera Cusicanqui, Enrique
Dussel, Ramón Grosfoguel, Boaventura de Sousa Santos, Anibal Quijano, etc), que
proponen como punto de partida la decolonización de varios aspectos, entre ellos el
cultural y el epistemológico (conocimiento).
La perspectiva decolonial supone otra forma de pensar, una forma de pensar desde
América Latina, desde las periferias. Un intento por superar la verticalidad (superior-
inferior) y considerar la diversidad.
Hacia una forma de arte decolonial.
Desde el Arte se ha llevado a cabo grandes manifestaciones de decolonialidad. Entre ellas
hemos traído dos ejemplos.
Uno de ellos es la muestra “Cuerpos que se miran” y “El espejo humeante”
“Cuerpos que se miran”
En este contexto, “pensar, es siempre pensar sobre la diferencia” dirá Néstor García
Canclini (La Plata, 1939. Filósofo, antropólogo, crítico cultural), pues, la flexibilidad
intercultural posibilita la hibridación sin la cual, no podemos entender el mundo hoy.
Y para evidenciar aún más evidentemente la necesidad de la diferencia como espacio de
reconocimiento del otro y de uno mismo a través del otro, la diferencia como espacio de
diálogo y transformación social, la muestra de arte “Cuerpos que se miran”, nuevas
representaciones de la discapacidad (abierta hasta el 29 de agosto en el Museo de la
Ciudad, Benigno Malo y Gran Colombia esq.) permite, en palabras de sus curadoras:
Paulina León y Karina Marín: “cuestionar los modos tradicionales de representar la
discapacidad, y el papel del arte en esas representaciones. (…) Frente a cada imagen, la
intención es impulsar el descubrimiento de otros modos de moverse, de hablar, de pensar,
de percibir. Son formas diversas de estar en el mundo que solemos negar (…)”.
“El arte se transforma en estrategia de diálogo y de provocación, porque facilita que estas
imágenes nos afecten y nos convoquen”.
En este sentido, el arte es un espacio de revisión y reflexión permanente de la realidad y
de los mecanismos que conforman el mundo, y a partir de ello, el inminente
cuestionamiento sobre cómo dichos mecanismos homogeneizantes intentan anular toda
diferencia como forma de coerción de nuestras libertades e individualidades.
No es posible cambiar el mundo a través del arte; no obstante, su presencia y cercanía,
sensibiliza, desde la interpelación sobre nuestro propio rol como sujeto social y las
capacidades de cambio desde nuestro personal accionar, pensar, sentir, experimentar…
en la realidad circundante, en el respeto y revalorización de la diferencia.
El espejo humeante.
En esta novela gráfica solo una pregunta realiza Eduardo Villacís: ¿Qué hubiera sucedido
si en lugar de que los españoles conquistasen Latinoamérica, los aztecas hubieran
conquistado Europa?
A partir de esta reflexión se desarrolla una serie de situaciones, una imposición religiosa,
lingüística, arquitectónica. ¿Cómo sería hoy Europa? ¿Cómo sería hoy Latinoamérica?

(DIAPS EN AULA VIRTUAL)


TEMA 2. NOCIONES SOBRE ARTE Y LO ARTÍSTICO
Humanos… ¿Distintos? … ¿A quiénes?
Hace unos meses circulaba el video de un pez que hacía algo parecido a lo que llamamos
mandalas, durante años no se supo qué o quiénes construían esas formas intrincadas en
las profundidades del mar, incluso se llegó a decir que los autores podían ser alienígenas,
pero luego se descubrió que era un pez y que lo que elaborada lo hacía posiblemente con
fines de apareamiento, ¿Pero cómo era capaz este ser de elaborar de forma tan precisa
algo tan intrincado y hermoso? La sorpresa se dio porque hasta ese momento se creía que
los seres humanos éramos los únicos capaces de producir algo así, ¿Entonces, qué es lo
que nos hace humanos?
Se suele pensar que el ser humano es el único capaz de transformar la naturaleza para
elaborar entornos artificiales, ese hecho de transformación se lo conoció como cultura
y esta idea por mucho tiempo funcionó para decir que es a gracias a ella que somos
humanos y no “animales”, creímos fervientemente que es la cultura la que nos diferenciaba
asumiendo que esta recaía también sobre la razón, que también la creemos exclusiva de
nuestra especie. Ahora se sabe que los chimpancés son capaces también de utilizar
elementos de la naturaleza como instrumentos, una piedra como un martillo por ejemplo, y
que la forma en la que los chimpancés aprenden es similar a la nuestra. El historiador
Felipe Fernández Arnesto, en una entrevista con Punset a través del programa Redes
mencionó:
Cuanto más sabemos de otros animales, más nos convencemos de que somos como ellos
(…) hay otros animales que emplean herramientas, que tienen una consciencia muy
semejante a la nuestra, que son capaces de formas de comunicación muy semejantes a
nuestros lenguajes, que tienen cultura. Esa idea que éramos únicos en el mundo por tener
cultura resulta es totalmente falsa (…) hay otros animales culturales que tienen
sociedades, que son capaces de aprender cosas, de transmitirlas por tradición…
Tal vez podamos aventurarnos a decir que una de las cosas que nos diferencian es que,
hasta el momento, sabemos que otras especies animales tienen cultura material,
instrumental, y que el ser humano además de esta, posee también una cultura intangible,
simbólica, cargada de signos, una historia cambiante, en impermanencia. Desde esa
perspectiva podríamos decir que el arte, una manifestación de esta cultura simbólica, es
una actividad que nos hace humanos, no solo nos conecta con la naturaleza, no solo la
representa, también expresa desde “el interior”, desde nuestros fantasmas, desde nuestras
inquietudes, sueños, cuestiona el entorno, lo cotidiano, es inconforme, construye y/o
deconstruye imaginarios.
Del instinto a la magia…
Cuando se encontró la Venus de Willendorf y se miró en esta pequeña estatuilla que
algunos rasgos femeninos (senos, caderas, genitales) se encontraban exagerados lo que
se preguntaron fue el por qué la exageración de algunos rasgos y prácticamente la
anulación de otros (brazos, rostro), la pregunta se hizo latente cuando alrededor del
mundo se encontraron otras Venus a las cuales se les interpretó como un culto a la
fertilidad que trae consigo la reproducción y con ella la supervivencia de la especie.
Fue un experimento con gaviotas el que acercó a una respuesta para la inquietud de la
exageración de rasgos. Los polluelos de gaviota se acercan al pico de su madre en busca
de alimento, el pico tiene una característica raya roja y es esa raya la que reconocen los
polluelos para acudir a su alimento, en el experimento a los polluelos se les acercó una
paleta de helado pintada con una raya roja, ellos acudieron a ella como si fuera el pico de
la madre, luego se les presentó otra paleta pintada con tres rayas rojas, entre la de una
raya y la de tres los polluelos escogieron la de tres a pesar de que el pico de su madre
solo tiene una. Era su instinto de supervivencia el que provocaba que escogieran las tres
rayas, el que les decía que hay más posibilidades en esas tres rayas; se piensa que con
las Venus pasó algo similar, el instinto básico presente en el ser humano en una época en
la que la especie estaba consolidándose.
Pero el tema de la exageración también encierra otras aristas y es una suerte de motor del
arte, la inconformidad, así lo han manifestado numerosas representaciones exageradas
del cuerpo humano a lo largo de la historia, desde los “guerreros de Riace” hasta los
cuerpos imposibles de mujeres y hombres en campañas publicitarias o los engañosos
rostros de millones de personas retocados para las redes sociales. Cuando los griegos
encontraron la forma de representar el cuerpo humano tal cual es, en seguida le dieron la
espalda porque era real, se requería algo que fuera más real, más humano, unas tres
rayas rojas en la paleta de helado y no solo una. Esto mostró un rasgo característico en el
ser humano, el de la inconformidad.
Ahora, tomemos como punto el Arte Rupestre. Durante el siglo XX se trató de comprender
cómo el ser humano llegó a producir estas imágenes, las primeras respuestas fueron que
representaban el entorno que les rodeaba, pero entonces ¿Por qué solo representar
bisontes, uros, alces?, luego se asumió que se representaban escenas de cacería pero se
comprobó que los habitantes del lugar no se alimentaban de los animales que pintaban,
por tanto no los cazaban. Sería el arqueólogo Lewis Williams quien tras analizar el arte
rupestre de la tribu de los San en Sudáfrica y su legado artístico concluiría que no se
representaba el mundo natural sino que se pintaban las imágenes que se veían en el
mundo “espiritual” en un momento en el que el chamán de la tribu entraba en un estado
alterado de la consciencia, es decir se dibujaba lo que se recordaba del momento del
trance en el que el chamán afirmaba que viajaba a un mundo espiritual. La función del arte
entonces era una función mágica, una función que acercaba al ser humano con su
imaginario simbólico, con un sentir colectivo.
Siguiendo esa línea, Alan Moore, un gran escritor y artista de novela gráfica
manifiesta: “La magia en sus formas más tempranas es habitualmente designada
como “el arte” (…) el arte es, al igual que la magia, la ciencia de manipular símbolos,
palabras o imágenes para lograr cambios de consciencia”. Para lograr cambios de
consciencia.
Un acercamiento a la idea de arte…
Quizá la palabra arte sea una de las palabras que constantemente acecha nuestro
vocabulario, no nos es un término ajeno, lo usamos para referirnos a situaciones de
naturalezas aparentemente diversas, la gran mayoría de personas suele tener una noción
de lo que es el arte, de lo que implica, por ejemplo, hace unos meses un vendedor de
perros calientes (hotdogs) en una entrevista respondió: “Este es mi arte” refiriéndose a su
receta y al resultado de ella, se refería al hecho de que ejecutó con perfección el oficio de
hacer perros calientes.
A veces se cree que una obra de arte es un instrumento decorativo, un cuadro que puede
combinar con los muebles de la sala, y también, con el tiempo se ha convertido en un
instrumento de distinción social; pero más allá de ello algo intrigante sucede con el
término, cuando tratamos de describirlo aparece una especie de bruma sobre él, talvez
esto se deba a que no tiene que ver solo con la ejecución, habilidad, decoración, prestigio
social o con lo que asumimos como bello, ¿Cuántas obras a lo largo de la historia del arte
han merecido la duda de si son o no arte, pensemos en Van Gogh, quién no fue valorado
en su época sino después de su muerte por una nueva generación con ansias de
distinguirse de la anterior, lo mismo le sucedería en su momento al Pop Art que tuvo el
desprecio de la academia de su época y cuántas veces hemos visto alguna obra y nos
hemos interrogado: ¿Es eso arte? ¿Un urinario? ¿Una caja de zapatos vacía?
En su maravillosa Historia del Arte, E.H. Gombrich dice:
No existe, realmente, el Arte. Tan solo hay artistas. Éstos eran en otros tiempos hombres
que cogían tierra coloreada (…) hoy compran sus colores y trazan carteles para las
estaciones del metro (…) No hay ningún mal en llamar arte a todas estas actividades,
mientras tengamos en cuenta que tal palabra puede significar muchas cosas distintas, en
épocas y lugares diversos” (Gombrich, 1997. Pág. 16)
El artista, sería por tanto un ser humano de su tiempo, resultado de su contexto, la
percepción del artista posiblemente esté configurada en el seno de la realidad cultural en
la que vive, en la que ha aprendido, en la que se ha desarrollado; sin embargo, no todo
artista hace arte, y con ello podríamos pensar en que el artista que no solo ha desarrollado
su habilidad sino que es alguien que ha girado la cabeza para ver en otras direcciones
talvez insospechadas, fijarse en direcciones que otros hemos decidido ignorar, rascar
entre los espacios fronterizos, escarbar hasta la profundo no solo para encontrar metales
valiosos sino también gusanos.
Algunas nociones sobre arte…
En el lenguaje de varios pueblos indígenas latinoamericanos el término, como lo
encontramos en el diccionario de la lengua española, no existe. En lenguajes ancestrales
es más un concepto que un término, es decir es una idea que se asume desde la
complejidad que encierra su actividad. Por ejemplo en lengua kichwa la comprensión del
arte se piensa y siente desde dos términos: sumak raray. Sumak se lo traduce al español
como bello, bonito, lindo, delicioso o distinguido, si se le ubica al término en el concepto
de Sumak Kawsay por ejemplo, no solo es el buen vivir, sino además saber vivir bien y ese
“bien”, implica saber vivir en comunidad, en armonía con la naturaleza; así debe
entenderse el Sumak en relación con el arte, una hacer que alberga una forma particular
de expresarse a través de lenguajes diversos (pintura, escultura, video, etc) y que esta
expresión también albergará la relación con el receptor, dejarle también a ese receptor
algo “bueno, bonito”, expandiendo más estas acepciones.
Rurana es entonces hacer, realizar, trabajar, manipular; en todo caso expresa una
actividad. Sumak Raray podría entenderse como esa actividad bonita, más allá de la
forma, es esa intención de que la actividad sea extracotidiana, extraordinaria y como tal,
produzca “algo” extracotidiano en quien la percibe.
Desde los griegos también se acuñó el término téchne que cubría una amplia gama de
oficios y técnicas, para ello tampoco existía tal cosa como el arte. La inexistencia de una
palabra para denominar arte, da cuenta que en Grecia, lo que hoy entendemos por arte
estaba muy integrado a la vida y la sociedad. El artista era un technítes = artífice (o
creador en tanto constructor, carpintero, artesano, arquitecto, etc.), es decir alguien que
manipulaba una materia, la téchne era un saber hacer, no solo un hacer. El arte no es
expresión sino construcción, operación con mira a un resultado, así también en lo que
conocemos como Edad Media el artista era tanto un carpintero como un poeta o un pintor
o un esquilador de ovejas, era un obrero.
El arte, como la intuimos actualmente es un producto de la razón y el progreso que implicó
el ser humano europeo del Renacimiento, esta idea se ha popularizado y enraizado, el
artista pasa a la categoría de genio, la obra de arte, que es el quehacer del artista, deja de
proceder de lo divino, es decir lo divino (superior a lo humano) deja de “ayudar” al artista a
producir, esa idea muere y pasa a entenderse el arte como producto esencialmente
humano, parte de su genialidad, de su talento, de su individualidad.
La necesidad del arte: Experiencia estética…
Lo estético históricamente se ha relacionado con lo bello, lo que tiene una “buena” forma,
una forma “correcta”, esto constituye un distorsión del término que en su traducción literal
del griego significa sensación, sensibilidad, misma que está conectada irremediablemente
a la percepción. En otras palabras la estética elabora maneras de percibir el mundo y el
impacto de estas maneras nos hace más o menos sensibles a determinado estímulos, en
este caso, artísticos, por ejemplo hay personas que son más sensibles a la música que a
la escultura, o que se emocionan más con una fotografía que con una obra de teatro. La
experiencia estética suele considerarse una vivencia ante la obra de arte, es decir qué
tanto nos ha afectado tal o cual obra, cómo nos ha movido el piso, qué ha hecho en
nosotros, qué nos pregunta. En ese sentido se puede asumir a la experiencia estética
como una “crisis” existencial.
Bibliografía y Videografía:

 Blackhuruu. (2014. Marzo 4). The mindscape of Alan Moore. Recuperado de


https://www.youtube.com/watch?v=VWWG5By6o3I
 Carrasat, P. Marcadé. I (2008). Movimientos de la pintura. Barcelona. Larousse
Editorial.
 El gran tesoro del arte universal. Nuevos horizontes. Barcelona. Ediciones Nauta.
 Gombrich, E.H. (1997). La historia del arte. New York. Ediciones Phaidon Press
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 Oliveras, E. (2012). Estética. La cuestión del arte. Buenos Aires. Emecé.
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