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El autoconocimiento es uno de los fundamentos de un buen liderazgo pues permite sopesar

debilidades y fortalezas, conectar con emociones y valores, delimitar juicios, enfocar intenciones y
aclarar los motivos de la acción. Si nos conocemos mejor sabremos navegar por el océano de la
inestabilidad, sin zozobrar.

El autoconocimiento abarca varios conceptos:

Conocer nuestros valores y a ser posible respetarlos.

Disponer de conciencia e inteligencia emocional y saber expresarla.

Saber autoevaluarse, reconocer recursos, fortalezas, talentos y debilidades.

Aclarar cuáles son los motivos que nos incitan a actuar y los objetivos que queremos alcanzar.

¿Para qué hago lo que hago? ¿A dónde quiero llegar? ¿Qué va a permitirme hacerlo? ¿Cómo
quiero hacerlo?

El autoconocimiento es un elemento fundamental de la Inteligencia emocional. Lo describe como


la habilidad de reconocer los propios estados internos, preferencias, recursos e intuiciones.

En segundo lugar, es importante elevar el nivel de consciencia y apertura para sí y para el mundo.
Permanecer en lo ya conocido, en la tan reconocida zona de confort solo permitirá responder a
situaciones cambiantes con las mismas estrategias de siempre. Y a nuevas situaciones, nuevas
soluciones. No podemos apegarnos al pasado o a lo que era pues careceremos de la suficiente
proactividad frente a lo desconocido. Abrirse al mundo, conocer su realidad, intervenir en él,
suelen ser buenos antídotos para la indolencia de lo ya conocido. No ayudamos al cambio,
conservando nuestra pequeñez.

Gestionar el cambio es tener la madurez para aceptar lo desconocido, lo que está por llegar por
muy incómodo que parezca. Salir de lo habitual pide aceptación. Y soltar lo ya conocido, pide
coraje.

El coraje es otro elemento para un cuestionamiento productivo. Ya sea en la vida profesional o


personal se necesitan buenas dosis de coraje para auto cuestionar estrategias y progresar frente a
situaciones no elegidas. Se necesita coraje y determinación para cambiar pues los viejos hábitos
constituyen una poderosa trama de enraizamiento en el sistema nervioso que no tardara en
manifestarse si se la provoca.

Y por último no bastan las buenas intenciones. Sin la fuerte decisión de mantener nuestro objetivo
y determinar las acciones adecuadas, será dificultoso llegar a cualquier fin.

Una decisión cada vez más transparente y enraizada permitirá superar las oposiciones al cambio
siempre y cuando se sepa liderar las oportunidades y amenazas que se presentan.