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Impulsivamente Keith

“Vuelco al Pasado”
T. R. Ketlyn

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Titulo original: Impulsivamente Keith “Vuelco al pasado”
1era edición: Diciembre 2010

Ilustración de portada: T.R. Ketlyn & Naomi

Derechos exclusivos del autor y coautor: T.R. Ketlyn & Isaly

Trketlyn26@gmail.com

Queda prohibida, salvo a excepción prevista a la Ley, cualquier forma de reproducción, distribución,
comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con autorización de los titulares de
propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra
la propiedad intelectual.

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A Todas Aquellas
personas que hicieron
de este Sueño Una Realidad…

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Prefacio

Me encontraba un poco retrasado para la cita que tendría en la tarde. Quede de verme
con mi nueva novia, es más doloroso de lo que creen. El solo saber que hoy, cumplimos
cuatro meses ha sido más complicado de lo que parece. Estoy confundido a pesar de que
esto no sea tan nuevo para mí, son muchas cosas en la cabeza las que llevo conmigo, lo
cual me pone a pensar en que es lo que dirían mis padres si supieran que salgo con
alguien como lo es ella ¿Podrían aceptarla?, ¿Me aceptarían a mí de vuelta?

Menos mal, tengo meses huyendo de ellos, poco más de un año. Perdí la cuenta en
realidad. Olvide la última vez que estuve en casa… mentira ¡jamás lo olvidare! Es solo
que no deseo del todo recordar, es doloroso y en cierto modo vergonzoso. Aquel mundo
en el que fui criado o al menos la familia donde crecí, desearía olvidar. Seguramente
pensarían que estoy loco como muchos ya lo deben creer; A decir verdad a mí no me
importa lo que el resto piense de mí, nunca terminas de conocer a una persona e incluso
puede que esa persona llegue a ser uno mismo. Nunca lograrían a comprenderme, no
hasta escuchar mi historia, así entenderían como es que termine metido en este lio. Mi
historia es larga y tediosa, espero no aburrirlos, evitare detallarles cosas sin sentido,
tratare de ser lo más breve para que conozcan lo que en realidad paso. ¿Quién soy yo?
Un chico como cualquier otro, solo que a diferencia de los demás mi vida es un
completo desastre desde el día en que llegue a este mundo y lo continuara siendo hasta
el final, y puede que incluso cuando no haya más. Encontrarme en una relación, creí que
me ayudaría, pero en vez de hacerlo me confunde, y debo admitir que cierta parte de
ella me aterra. No desearía formar parte del mundo del que por tanto tiempo hui, seria
regresar al inicio de todo este mal. Con el tiempo aprendí a amarla y a respetarla más
allá de lo que me enseñaron. Acepto que me costó trabajo, pero debemos en ocasiones
mantener nuestras mentes abiertas a lo que sea, sin importar que la situación esté o no a
su favor. Ser comprensibles, solemos juzgar sin conocer, la mayoría cae en aquel
circulo vicioso. Es una locura pero esas cosas pasan y todos las vivimos a diario.

Solía ser como cualquier otro chico, tenía una vida y una familia. Una a la que amaba
mucho, amigos y todo lo que un chico de mi edad quisiera, y a pesar de no tenerlo todo
esto me era suficiente, es lamentable que antes no lo viera de esta forma. Al cumplir
dieciséis años mi vida tomo un rumbo distinto al que alguna vez llegue a anhelar; mi
vida cambiaría por completo. Ahora me encuentro solo y confió en que saldré de esta.
Solo podrá ser posible si actuó y dejo a un lado lo que no es importante, dejar de
quejarme. Algo difícil para un chiquillo, aun lo soy. Iniciare donde todo empezó incluso
antes de llegar a Penticton, para llegar a esa parte regresare al presente, con aquella
llamada que cambio todo. Los recuerdos y el dolor me invadieron, sin saber que esto era
apenas el principio, lo que vendría después sería peor de lo que podría llegar a imaginar.

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Capítulo 1

Tal vez se preguntaran porque en ocasiones tomamos decisiones precipitadas, esa es una
de las tantas preguntas que me hago diariamente. Otra de ellas es el saber cómo es que
una hermosa chica como lo es Illian termino con un ser común como yo. Un chico
escuálido y larguirucho, un completo desgarbado. Mis labios sin chiste y delgados, casi
todas mis facciones son muy tiernas, aun luzco como un niño, un puberto en pleno
desarrollo, a excepción de mi horrible nariz en forma de bolita, agradezco que al menos
no es tan chata, al contrario es ligeramente respingada, cortesía de la genética de mi
madre. Mi cabello castaño ahora lo llevo un poco largo es rebelde y despeinado, no se
puede aplacar con nada, ¿para que esforzarme vanamente en tratar de peinarlo? Siempre
termino luciendo igual. Pero lo que me agrada más son mis ojos color topacio, aunque
en ocasiones tenga la mirada perdida, ya que suelo divagar, en este instante lo hago. Al
menos son lindos, o es lo que pienso yo. Me pregunto una y otra vez en por qué una
persona como ella se pudo fijar en un chico como yo, ¿qué puede un chico como yo,
ofrecer para que se haya interesado en mí?

Se hace tarde y como siempre estoy perdiendo el tiempo, haciéndome el tonto


divagando perdido en mis propios pensamientos. En que estaba, oh sí. Entre a la ducha
para tomar un baño rápido, se hace tarde y debo lucir presentable. Estoy harto de que mi
novia siempre me vea como a un sexy vago, deseo verme bien para ella aunque sea solo
por hoy. No quiero seguir con la ropa cubierta de harina, la mayor parte del tiempo me
ensucio a causa de los panquecillos que debo preparar en mi trabajo. No gano la gran
cosa, pero al menos es lo suficiente para mantenerme y como para invitar a mi novia de
vez en cuando al cine. Tal vez sea independiente pero no tengo aun la vida que quiero,
tendré que esforzarme si quiero seguir adelante, luchar por ello. Lo tenía todo y lo perdí
por un descuido, no volverá a repetirse, no tiene por qué.

Después de un largo y tedioso día de labores escolares en la Preparatoria Comunitaria


de mi nuevo hogar, Penticton. Y en Brownies & Muffins, voy a trabajo por las tardes al
terminar las clases, es de medio tiempo pero no me va tan mal. Hoy estoy molesto
porque solo fui literalmente a ensuciarme de harina, mi jefa me dio el resto del día libre.
En ocasiones suelo ser el repartidor, cuando Katrinna no está soy el cajero y en ciertas
ocasiones hasta repostero, maldita la hora donde se me ocurrió entrar a la cocina y
empezar a experimentar con los ingredientes. Como sea, al menos mi jefa reconoce mi
esfuerzo y mi sazón como para dejarme la responsabilidad de estar al cargo cuando
debe salir de viaje de negocios para llenar su despensa, me trata de maravilla incluso
hay ocasiones en las que suele tratarme como a un hijo, la estimo mucho, aunque nunca
será mi como mi verdadera madre. Me ofreció un buen empleo y un justo salario con
horas flexibles cuando necesitaba estabilidad para iniciar mi nueva vida, además de una
motocicleta Honda para repartir los pedidos a domicilio, e incluso una para usarla
durante el invierno en la época de nevadas. Lo más genial es que me permite usarla para
transportarme de un lado a otro fuera de horas de trabajo, me consiente demasiado, soy
tan afortunado. Si lo que aspiro es que algún día pueda ingresar a una Universidad de
verdad, es esforzarme al máximo trabajando.

El país vecino del cual provengo, en donde la educación es exageradamente costosa en


comparación con otros países vecinos como México, o este que se terminó convirtiendo
en mi nuevo hogar, y con la vida que llevo dudo realmente ingresar a una Universidad
decente. La escuela comunitaria será lo único que logre conseguir, tal vez no parezca la

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gran cosa contar con un oficio, pero al menos poder dedicar mi tiempo en algo
productivo. Me doy cuenta que la carrera de medicina no se encuentra a mi alcance, por
el momento no será lo mío, puede que lo más cerca que estaré de un hospital será siendo
enfermero, y eso si puedo costearla. Mi vida no es del todo perfecta pero al menos me
siento cómodo con ella.

Ya dentro de la regadera abrí la llave para verificar la temperatura del agua, esta es
agradable ni muy fría o exageradamente caliente, dejé el agua correr para que se
templara colocando una cubeta debajo del chorro de agua para que no se desperdicie.
Mientras regrese a la habitación para preparar mi ropa, un pantalón de vestir negro
exclusivo para momentos especiales, una camisa blanca que me hace ver más pálido de
lo que normalmente soy. Al final decidí cambiarla por color más vivo, elegí mejor una
azul, al menos este color hace resaltar una de las cosas que más aprecio de mí. Unos
bóxer, calcetines, y un par de zapatos negros que le hacen juego a la ropa de vestir que
llevare. Tome mi toalla del ropero y deje la ropa sobre la cama, para evitar escurrir agua
sobre el piso ni perder tiempo buscándola podría resbalar, suelo ser bastante torpe.
Ahora saben cómo termino siempre cubierto de harina después de trabajar, no soy nada
cuidadoso, mi hermana siempre decía que era debido a que soy una persona muy
impulsiva, actuó sin pensar, así soy y que puedo hacerle aunque esto me traiga como
consecuencia tantos problemas y lo estaré si no llego puntual a mi cita. Cuando mi ropa
ahora esta lista, me desvisto en el camino dejando la ropa tirada por todo el piso, si mi
madre me viera en este momento pegaría el grito, entro a la regadera cerrando detrás de
mí la cortina del baño, para evitar salpicar, me enjabono y coloco un poco de shampoo
sobre mi cabeza. En ocasiones silbo o canto, el agua caliente cae sobre mi cabeza y
cuerpo dándome una sensación de lo más agradable a pesar del frio clima que en
Canadá se vive a diario. Lamentablemente no cuento con una voz tan melodiosa pero
aquello no me limita para intentar relajarme mientras tomo un refrescante baño.

Escucho el sonar del teléfono desde afuera de mi habitación, por increíble que parezca
mi audición es bastante buena en comparación con mi visión y por ello en ocasiones uso
gafas para la vista cansada necesarias por lo menos al leer. El ruido me distrae y cae
jabón en mis ojos, debo lavarlos rápidamente o podría infectarlos. Como puedo trato de
lavarme el rostro, me arden horriblemente los ojos, sin querer jalo la cortina del baño
con mi mano rasgándola, el tubo golpea mi pie y reprimo un grito, estoy a punto de
resbalar pero mis reflejos están más activos, alcanzo a detenerme de las llaves. Doy
gracias a no haber azotado como res contra el piso. El teléfono continuo timbrando, no
parece haber nadie más en la Posada, si no ya el señor Benson habría contestado. Me
envuelvo en la toalla del baño para secar todo mi cuerpo al terminar la sujete a mi
cintura, salgo de mi habitación bajando las escaleras descalzo procurando ser precavido
evitando cualquier accidente. El teléfono deja de sonar y gruño lamentando el haberme
dado la molestia de bajar, una acción en vano. De regreso a mi habitación, debo
terminar de arreglarme para la cita de esta noche. Una de las cosas que más odio es
ocuparme de cosas que no me corresponden cuando estoy ocupado e indispuesto, aun
me encuentro desnudo y doy gracias a que nadie me vio, de lo contrario habría sido de
lo más vergonzoso, además el teléfono ha dejado de timbrar. Uno de los propósitos al
llegar a Penticton fue el de desaparecer del mapa para mis padres, ellos deben creer que
estoy muerto o perdido, ambas posibilidades deben rondar por su mente.

Ha pasado bastante tiempo desde el día en que hui de casa, y dudo realmente que sigan
buscándome, jamás me prestaron atención como quise, sería bastante irónico que a estas

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alturas de la vida las cosas cambiaran. Este es mi hogar ahora y dudo que logren
encontrarme. El teléfono vuelve a timbrar, esta vez ya me encuentro listo y ansioso por
irme, antes de salir por la puerta principal, me dedico a atender al llamado, podría
tratarse de Illian y ser algo de suma importancia, corro hasta llegar al mostrador donde
se encuentra el único teléfono que existe en toda la Posada.

Trato de olvidar mi pasado, es mejor dejarlo atrás. Por un lado es para mi propio bien y
el de mi nueva relación, pretendo que todo salga bien y que nada se interponga entre la
chica que amo y yo. De verdad que intento poner en práctica todo lo que mis padres me
inculcaron, esto va más allá de lo que puedan comprender, y no siempre sus decisiones
o incluso las mías han sido de todo correctas, de haberlo sido en este momento no me
encontraría en esta situación tan complicada. Tome el teléfono del mostrador de pino
viejo y sin barniz, preguntándome quién podrá ser. ¿Acaso sucedía algo? ¿Era Illian o
alguien más? Y de ser así, ¿Quién? Deje de hacerme estas preguntas para finalmente
contestarlas antes de continuar divagando más y de perder nuevamente la llamada.
Conteste sintiendo un extraño ardor en el estómago, me encontraba nervioso y no tenía
idea del porqué, un mal presagio. Pero, ¿Qué rayos? Eso fue lo único que pude pensar al
escuchar la voz al otro lado del auricular, abrí los ojos sorprendido, me sentí sumamente
nervioso e incluso mi mano que sujetaba el teléfono empezó a temblar. Esto no puede
estar pasando, ¿Cómo me encontraron? No podía creerlo. Es imposible, jamás daba mis
datos personales por completo, o al menos no a cualquiera, todo debía ser confidencial.
Procure no dejar rastro, para mis padres había muerto, lo hice para iniciar desde cero.
Incluso utilizaba mi nombre a medias. Keith no es un nombre usual, mi familia siempre
me llamo por mi primer nombre, John.

Mi segundo nombre jamás fue de total mi agrado, hubiera deseado ser solo John como
mi padre, a pesar de que él es un hombre de facciones más fuertes de las que podrían
llegar a ser las mías. Muchos creen que nos parecemos bastante o eso es lo que dice
madre. En cambio ella es una mujer castaña clara, de ojos azul cielo muy cristalinos
pareciera que llora todo el tiempo, yo sé que es una mujer fuerte. Siempre tiene una
sonrisa en el rostro es delgada y bajita mi padre en cambio le saca quince centímetros.
Él es un hombre alto y muy apuesto, yo jamás seré como él. Fue muy popular cuando
era joven en la escuela secundaria donde conoció a mamá, mis abuelos a los que nunca
conocí por que murieron eran de Inglaterra, pero mi padre se crio en Wisconsin con sus
tíos abuelos, no hay más familiares en Estados Unidos, solamente les conoció a ellos.
Su cabello es negro y a diferencia del mío el su logra peinarlo a pesar de ser ligeramente
ondulado, mi hermana Jessica es la que más se le parece en este aspecto puesto que es
idéntica a nuestra madre que al igual que mi padre ella quedo huérfana muy pequeña a
cargo de su hermana mayor con la que lleva años en conflicto, la única pariente cercana
que no he visto en años, nos odia, pero bueno eso no es importante para mí. Mi madre
se mudó desde Irlanda con unos parientes lejanos al perder a sus padres. Una trágica
historia para ambos, tal vez eso fue lo que los llevo a unir bastante a nuestra Familia.
Tal vez decidieron ponerme dos nombres, para que alguno de ellos se adecuara a mi
personalidad cuando creciera. El nombre a veces tiene mucho que ver, no es que crea
mucho en esa clase de cosas, pero a decir verdad poseo un enorme campo de batalla en
mi interior.

Cubrí la bocina con la palma de mi mano deteniéndome del mostrador para evitar caer
de golpe sobre el piso, gracias al sobresalto. Debía tomar un respiro antes de contestar.
No me quedo de otra más que hacerlo, era afrontarlo ahora o dejar que me encontraran

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por su cuenta, muy dentro de mi sabía que este día algún día llegaría, el día en que
sabrían la verdad acerca de mi paradero, no estaba muerto solo me había ido. Creerán
que estoy exagerando, como para haber llegado a tal punto, pero de verdad tuve que
hacerlo, dejarlo todo y mantener a salvo a quienes amo. Dejar a mi familia preocupada
no fue una opción. Yo jamás desee que las cosas terminaran de esta forma, no piensen
que soy un Holden, aquel chico rebelde protagonista de uno de mis libros preferidos, no
soy muy culto como otras personas pero ese libro en particular llamo mi atención, fue
corto y entretenido. Yo no soy Holden, y no terminare como él, esto es mucho más
complejo de lo que podría llegar a imaginar.

Levante la palma de mi mano para contestar, hice uso de una voz más seria e intente
hacerla más grave, a pesar de tener ya diez y ocho años mi voz aun no es de todo grave
y al paso que voy dudo que llegue a serla algún día, mi desarrollo es tan lento que me
siento un niño crecido, o un chico en plena pubertad, por dios, soy ya un adulto o al
menos eso he tratado de ser desde que escape de casa, hacerme cargo de mi nueva vida
independiente. Espere que la persona al otro lado se lo tragara y pensara que se había
equivocado de número, no debían notar que me encontraba de lo más nervioso o
podrían atraparme en mi propia mentira.

—Bueno— Dije tratando de ser frio y sereno, me levante del sobresalto al escuchar la
voz del otro lado de la bocina, una que había escuchado por dieciséis años, todos los
días con palabras de aliento y preocupación por mi
—Oh, padres. Lo hemos encontrado, es el. Estoy segura de que lo es. ¡Chicos es el!—
Grito afirmándolo.
—Es John— Escuche la emoción con la que gritaba mi hermana, lloraba de felicidad. El
escuchar aquello hacía de esto aún más doloroso de lo que es. Aquel nombre que tanto
quería y que poco a poco lo había olvidado se había quedado atrás para ser reemplazado
por uno que ya no me desagradaba del todo. Continuaba castrándome pero ahora daba
igual, había aprendido a vivir con él y todo porque para mi madre significaba bastante,
ella es de ascendencia irlandesa y lo único que yo tengo de irlandés es aquel nombre. En
cambio mi hermana Jessica es una chica pelirroja al igual que nuestra abuela, jamás la
conocimos pero mamá le tenía mucha devoción a sus raíces, a pesar de que mi padre sea
Norteamericano comparte con mamá esa devoción a sus raíces irlandesas ya que ambos
forman parte de un mismo secreto. Nuestra familia cuenta con algunas costumbres, unas
muy extrañas y extravagantes, por ellas es que termine huyendo de ellos, pero al final
termine al origen de todo esto. Más adelante entenderán de porque lo digo. Cuando
volví en sí, ya mi hermana había bombardeado de preguntas, yo solo había dicho
Bueno y enseguida me reconocieron.

— ¿Cómo estas Johnny? ¿Te encuentras bien? Contesta hermano. ¡Te necesitamos!—
Grito desesperada tratando de obtener una repuesta. No conteste, solo escuchaba su
desesperación por obtener una respuesta, cada vez se preocupaba más, llegando al grado
que mi padre le quito el teléfono.

—Hijo, ¿Dónde estás?, ¿Qué pasa?, ¡Te Amamos! Contesta hijo. Ya no importa nada.
Solo nos preocupamos por ti, si huiste para tener tu espacio comprendemos. Solo
queremos verte de nuevo saber que estas bien. Solo vuelve a casa hijo— Mi madre no
logro contenerse más y tomo el teléfono arrebatándoselo.

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—Déjame hablo con el—Sonaba triste, muy triste, demasiado. Trague saliva tratando de
contener el mar de emociones que golpeaba mis pensamientos.

— ¿Dónde estás? Sabes que te amamos ¿Por qué te fuiste, sin decir nada? No sabíamos
si estabas, estabas—No termino la frase, rompió en llanto, el tan solo escucharla decir
eso me hizo abrir la boca para decir.

—Hui, porque los amo. Los extraño, pero…— Conteste con debilidad tratando de
mantener la compostura, no sabía hasta qué grado podría continuar con esto, tal vez no
lo suficiente. Me basto con lo que había escuchado para estar a punto de derrumbarme.

—Pero ¿Qué? ¡Hijo, por favor contesta!— Exclamo exaltada tratando de conseguir una
respuesta de mi parte, preocupada y entre sollozos, se soltó a llorar con mayor
intensidad, estaba completamente destrozada al igual que yo, no sabía por cuanto más
tiempo podría soportarlo. Le paso el teléfono a… No puede ser la persona por la que di
todo, aquella amiga que alguna vez ame y que nunca olvidaría, no podía olvidarla
aunque lo intentara. Vinieron a mi mente tantas cosas y una voz casi angelical hablo…

—Hermano ¿Dónde estás?— Fue interrumpida por la voz de un chico alegre, una voz
que reconocería a estando a kilómetros de distancia, alegre a diferencia del resto de mi
familia, con un tono de preocupación grito estando a lo lejos de la bocina.
—Ya hermano deja de jugar. ¡Vuelve! ¿Cómo nos dejas a nosotros a hacer tu trabajo?—
Exclamo en un tono bromista.
—Vamos, tú lo haces mejor que todos nosotros juntos—
—Regresa pronto ya no soporto a Marion. Te extrañamos— Esta última frase la voz de
Erick al igual que la de Jessica término quebrándose.

Después de haber escuchado todo eso aun trataba de mantener una postura serena, pero
mi corazón se destrozaba. Fue tan doloroso, ningún otro dolor que haya sentido era tan
profundo como este, podía sentir como mi corazón era desgarrado desde el interior de
mi pecho y garganta. De nuevo escuche esa angelical voz.

— ¡Por favor vuelve! Estamos bien… ¿Lo estás tú? No pasó nada ese día— Dijo
optimista como si con esto yo fuera a decir si tomo un vuelo mañana para ir a
Baltimore. Eso tú crees, pensé con ironía.
— ¿Por qué te fuiste? Yo te amo, te sigo amando, como siempre lo haré—
— ¿Por qué lo hiciste, sin decir siquiera adiós? Todo tiene solución, te necesitamos. Tu
familia te necesita. ¡Yo te necesito!—
—John, Te Amo. Por favor vuelve— Sostenía su voz aunque por dentro sabía que
sufría al igual que yo, No podría volver, no hasta que todo esto terminara, hasta que
fuera seguro para ellos. Representaba un peligro para ellos y si volvía ahora todo sería
en vano.

—Lo siento, pero el chico a quien buscan, murió. Lo hizo porque los amaba, los ama
aun. Y esa parte de él no descansará hasta lograr salvarse. Lo siento. Pero será mejor
que sigan pensando que su amado John ha muerto. Al menos hasta que— Una parte de
mí no me dejo terminar la frase, esta se tornó oscura y eso me asusto.

— ¡Murió que no lo oyen!— Colgué el teléfono con tanta fuerza que sin querer lo tire al
suelo, pero no me importo, ni siquiera me moleste en levantarlo, el señor Benson podría

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hacerse cargo de él al regresar. Yo no me encuentro de humor para hacerme cargo de
cosas que él debe atender. Mis ojos topacio se tornaron vidriosos debido a las lágrimas
reprimidas, por mis mejillas corrían lágrimas de coraje y dolor, esto es tan frustrante.
Poco a poco me estabilice regresando a mi estado habitual, serio y sereno. Continuaba
sintiendo ese terrible dolor, uno que jamás lograría curarse, algo me lo decía y yo lo
sabía.

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Capítulo 2

Salí para buscar mi motocicleta, esta se encuentra estacionada en la parte trasera de la


posada, el sitio perfecto para echarle un ojo desde mi ventana. Me monte en ella y
enseguida la encendí, tomaría el camino largo a la casa de Illian, ella vivía a escasos dos
kilómetros de distancia, al otro lado del lago. Lo único que podía hacer en ese momento
acelerar para evitar que las lágrimas resbalaran sobre mi mejilla, y si lo hacían al menos
el viento las secaría al instante. Lloro por ser un inútil, me siento de lo más
incompetente al no poder hacer nada para evitarlo. Como pudo ser posible que me
encontraran, procure no dejar pista de mi existencia y aun así lo hicieron, no era más
que un chico ingenuo, como no se me ocurrió que mis padres a través de estos dos años
encontrarían la forma para encontrarme, mis coartadas no habían sido del todo buenas.
Ellos podían hacer cualquier cosa, expertos en un mundo que no cualquier humano
conocía. No éramos como cualquier familia normal que disfrutaba de una vida tranquila
y aburrida, hubiera deseado que fuera diferente. Conocíamos y hacíamos cosas que no
cualquiera haría, existían cosas en este mundo que eran difíciles de explicar. Creía que
con haber destruido toda evidencia de mí, era suficiente pero me equivoque. Una cosa
que pude asegurar fue que con todo esto les sería más difícil de encontrarme. ¿Como
fue que inicio toda la mala suerte? Todo inicio desde el día de mi nacimiento, nunca me
considere un chico afortunado, de cierta manera esta maldición la tenía desde el
comienzo de mi existir.

Cuando era pequeño, un niño de aproximadamente diez años. Oh estúpido campamento


de verano, y a pesar de que al final no fue tan malo como lo odie, contaba con un patrón
para que cada determinado tiempo mi vida se volviera más miserable. Aquel verano mi
vida dio un giro, comprendí que el del problema todo este tiempo había sido yo, siempre
tan despistado e impulsivo. Después de entrar a la escuela secundaria la enorme
responsabilidad que se me asigno de un día para otro, cambio mi vida por completo. No
tenía ni la más remota idea de que era de lo que mis padres hablaban, me explicaron
pero aún tenía mis dudas, no podía creerlo. Tuve que aprender con ello por el simple
hecho de ser un varón en una familia que había mantenido por siglos un secreto que no
todos conocían. Con el tiempo me adapte, mi vida se convirtió en algo muy distinto a la
vida normal que podrían tener el resto de los chicos de mi edad, ellos sufrían por cosas
insignificantes como el sobresalir en una sociedad que jamás los tendría en cuenta, su
aspecto físico y con problemas tan insignificantes como el acné lloraban por eso y otras
cosas sin importancia, cosas que ahora puede que me empiecen a preocupar pero en
aquella época no eran mi prioridad, mi vida es más “normal” ahora alejado de todo
aquel mundo. A diferencia de esos chicos yo debía luchar por mi propia vida, y la de
ellos y sus familias aunque no supieran ni siquiera de mi existencia o eso era al menos
en mi pequeña comunidad, cercana a Baltimore. Gracias a eso solo parecía ser un chico
“normal” e igual que el resto al menos en apariencia, solo que manteniendo una dura
tradición familiar materna.

Ahora ven por qué la gran devoción de mi familia para sus raíces, ellos continuaban
practicando o al menos mostrándome un mundo del que poco se conoce. Ocultando un
secreto que debía mantenerse así para que chicos como yo pudieran vivir en paz sus
vidas, mientras yo me partía el lomo haciéndome responsable de cosas que la verdad
poco me importan por el momento prefiero mantenerme alejado de ese mundo. Oh eso
creo, ya que mi novia forma parte del umbral de todo esto. Mi suerte pareciera estar en
contracorriente, estoy destinado a ser desdichado de por vida. Esta carga me hizo

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desaparecer de la vida de la gente que amaba, hizo que me convirtiera en lo que ahora
soy, gracias a mi terrible curiosidad natural, mi impulsividad, heredada por cortesía de
mi padre. Olvidando la terrible genética por cortesía de mi padre, lo tenía todo pero
ahora que tenía. Solo desgracia que me traía dolor, uno que no podía dejar atrás, me
hacía sufrir y ser un mocoso inútil. Era débil y no puede hacer nada, ni siquiera era
bueno para proteger a mi familia. Les había fallado a todos, esto era más grande que yo.
En este momento no pensaba en las cosas buenas que tenía como parte de mi presente,
todo lo que me agobiaba era pasado. Recordaba detalles de mi vida, todos aquellos
sucesos que quería y debía dejar atrás, olvidarlos de una buena vez.

La última semana que viví en mi hogar, Baltimore. Cumpliría dos años maravillosos
con el amor de mi vida, de hecho de mi infancia. Si eso, el amor de mi infancia. Mi
cumpleaños había sido semanas atrás, el mejor cumpleaños de toda mi vida fue cuando
la primera vez que experimente algo que por el momento prefiero no repetir, la extraño
aunque duela pensar en ella. El momento en que ambos dejamos aquellos juegos de
niños para crecer, cimentar nuestros sentimientos, lo que sentíamos en aquel momento
el uno por el otro, ahora no siento nada. La persona que hizo de aquel día el mejor de
todos, mi mejor amiga y confidente; fue mi compañera desde el preescolar. Llegamos a
ser novios después de tantos años, paso a ser parte de la familia que tanto amo.

Todo lo tenía bien planeado, sin fallas, debía ser perfecto, ambos estábamos de
vacaciones, un día como cualquier otro, normal o al menos eso creí. Mis padres y
Jessica junto con mi mejor amigo y casi hermano Erick, a él y a Marion los conozco
desde el preescolar ambos formaban parte de mi vida, estaban siempre conmigo, ahora
me encuentro solo. Él es un chico de tez morena y de labios gruesos, con un par de
vivos ojos oscuros, cabello rizado y siempre corto, cuando lo deja largo parece un
enorme trozo de brócoli o un micrófono. A Marion y a mí nos fascinaba hacerlo enojar
con esas bromas, es un chico carismático y todo un geek adicto a los videojuegos de
maquinitas, su favorito siempre será el clásico Pac-Man. Literalmente paso a formar
parte de la familia convirtiéndose en mi querido cuñado, semana atrás el empezó a salir
con Jess mi hermana aunque él sea dos años menor a ella, y de madurez más de diez,
ambos actuábamos como niños aun, hasta mi cumpleaños eso cambio al menos para mí.
Como sea, debo seguir concentrado en qué camino tomar para llegar más rápidamente a
casa de Illian, el bosque me causa cierto temor y a pesar de que viva en medio de la
nada, rodeado de árboles con un hermoso lago en el que puedo lanzarme para nadar o
remar y ejercitarme un poco, temo por mi vida, y casi nunca puedo estar solo, el solo
recordar a esa mujer me causa escalofríos. Aun sueño pesadillas con aquel hermoso y a
la vez espeluznante rostro, su gélida piel y esa voz tan melodiosa pero a la vez siniestra
me hace levantarme de sobresalto de solo recordarla. Trato de olvidar aquel lejano
pasado, pero es inevitable no hacerlo aunque lo niegue continua formando parte de mí.

El recordar a mi familia y aquella vida no de todo perfecta que llevaba solo hace que la
herida se vuelva más grande. Todo parecía ser perfecto, ahora sé que nada lo es. Nos
habíamos sincronizado para que el viernes fuera más que perfecto, la semana había sido
bastante tranquila, demasiada. Marion no se había dado cuenta de nada, no sospechaba
de la sorpresa que le estábamos organizando, ni mi hermana ni Erick tuvieron que
distraerla para que no se enterara, eso fue lo más extraño que ella estuviera tan apartada.
Esta era mi oportunidad para planear que todo fuera perfecto como aquella vez, en mi
cumpleaños, deseaba que aquel día se repitiera. Fui tan tonto, debía haberlo notado.
Deje de preocuparme, no había problema, no podía pensar mal de ella porque ambos

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nos amábamos, siempre estábamos juntos con excepción de esa semana. Si ella deseaba
tener su espacio se lo daría, no quería asfixiarla. Todos éramos como una gran familia,
ella y yo, Jess y nuestro mejor amigo. Más que un gran equipo, una familia. Todos me
ayudaban a hacer mi labor menos pesada, mi padre era el mejor cazador que había
conocido pero él decía que yo sería el mejor, nunca le creí. Mi padre me mostro esta
tradición, ambos continuamos con esta labor que paso de generación en generación, una
difícil tarea que alguien debía hacer.

Manteníamos la paz y el equilibrio en el lugar donde vivíamos, pero si aquel equilibrio


amenazaba con extinguirse, todos correrían gran peligro no solo mi familia.
Ambos continuamos con esto, poco a poco fui tomando mayor experiencia, gracias al
extenso y agotador entrenamiento. Todo siempre fue más divertido cuando lo llevaba a
la práctica en conjunto con mi familia, nunca estuve solo y jamás paso nada fuera de lo
normal. Con el pasar del tiempo meses después del extenso trabajo y esfuerzo logre
alcanzar mi objetivo, deje los lentes a un lado me estorbaban para practicar y empecé a
usar los de contacto. Inicie ayudando a mi padre hasta que logre superarlo, era curioso
que a pesar de que él me superara en tamaño y fuerza, yo fuera más escurridizo que él
en la práctica para cazar, en ese momento me di cuenta que algo iba mal y que él había
empezado a deteriorarse, enfermo así que se retiraría dejándome esta responsabilidad
solo para continuar con esto aunque en ocasiones mi familia continuaba detrás de mí,
llego el momento donde solo debía estar y fue haí cuando hui. Las cosas se salieron de
control y si deseaba que continuaran con vida, debía desaparecer y hacerles creer que
fue demasiado y había muerto. Teníamos ya todo preparado para el gran día, me
emocionaba ver a mi novia, todo el día a su lado desde el amanecer hasta el día
siguiente, solo ella y yo. Me levante temprano para arreglar hasta el últimos detalle, me
arregle cuidando cada detalle de mi aspecto, quería verme apuesto para ella.

Termine de cambiarme esta vez traía puesta una playera y unos pantalones de mezclilla
negros no quería verme tan informal así que tome un saco de mi armario esto le daba el
toque final, mi cabello estaba ligeramente peinado hacia arriba, ya todo estaba listo.
Solo me faltaba su regalo, un libro que deseaba leer junto con su flor favorita
previamente disecada para usarla de separador de libros, un tulipán. Siempre fui un
chico extraño, era fuerte en unos aspectos y en otro demasiado débil, el polen de las
flores me provoca una fuerte alergia, debía tratar su regalo con delicadeza aun estando
seca me provocaba un salpullido en la piel por extraño que pareciera. No me importo,
quería darle algo especial, era impulsivo y siempre terminaba saliéndome con la mía y
eso molestaba la mayoría de las veces a Marion. Cada vez que anteponía mi bienestar,
decía que era egoísta de su parte y de la mía, el permitir esto. Continuaba siendo
detallista aun cuando sabía que podría llegarse a molestar, ¿acaso es un crimen?

Baje corriendo las escaleras, fui un tonto al hacerlo, es mucho más sencillo bajarlas
deslizándose a través de ellas, como solía hacerlo cuando era niño. Mamá siempre me
gritaba porque creía que me lastimaría y tan equivocada no estaba ya que en más de una
ocasión resbale cayendo de lado, me di unos cuantos catorrazos en la frente y en el
trasero pero nada que implicara llevar un yeso. Odiaba ser tan frágil, mi padre decía que
algún día eso cambiario para convertirme en alguien más fuerte, solo era un niño y
crecería pronto, antes de darme cuenta. Este proceso parece eterno le contestaba y por lo
visto hasta la fecha sigue sin pasar nada. Puede que tenga razón, y que con el pasar del
tiempo todo mejora, incluso algún día podría llegar a ser como él, apuesto y fuerte, no
un fideo escurrido. El proceso tendría que ser gradual, solo debía ser un poco más

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paciente y esperar. Mi hermana ya se encontraba bien despierta, todos los días
incluyendo los fines de semana, su vida es el estudio. A veces no tiene tiempo para otra
cosa que no sea algo relacionado con las labores escolares y este sería el último verano
que la vería en casa ya que el próximo periodo ella ingresaría a la Universidad. Puede
que mi familia no cuente con los recursos que la de mi amada Marion pero eso no fue
impedimento para que la brillante de Jessica obtuviera más de una beca en las mejores
Universidades del país. Después de preguntarse una y otra vez que sería mejor, Yale o
Harvard decidió aceptar inscribirse en Harvard, por la cercanía a casa, de esta forma
podrá vigilarme y ver qué voy por el buen camino, esta algo tocada de la cabeza pero es
mi hermana y la quiero aunque a veces vuelva mi vida un martirio y crea que aun
continuo siendo un bebe.

— ¿Cómo me veo?— Me acerque interrumpiendo su estudio, estirando los brazos y


posando dando unas vueltas frente a ella para lucir mi ropa.
—Guapísimo, como siempre hermanito— Contesto sonriente apretando como siempre
mis mejillas, me trataba como si fuera un niñito.
— ¡Suerte hermanito!— Exclamo emocionada alzando sus pulgares en señal de apoyo.

— ¿Y papá y mamá?— Trate de contenerme para no sonrojarme, el solo pensar que


este día podría llegar a ser como lo había sido semanas atrás me ponía nervioso.
—Durmiendo, tienen poco que conciliaron el sueño, ya ves nuevo proyecto,
investigación compleja y poca información— Contesto en suspiro, mientras yo me
encontraba divagando pensando en los planes que tendría para que este día fuera el
mejor, Marion se había lucido en mi cumpleaños, debía superarla. Jessica se cruzó de
brazos, entrecerrando los ojos mirándome fijamente, como si pudiera leer mi mente y lo
que pensara fuese un plan maléfico.

— ¿Que estas planeando?, ¡He! No te precipites a lo que sea que pase por esa mente
precoz y adolescente. Los estaré vigilando— Trague saliva nervioso agachando la
cabeza ¿Lo sabría? Dudaba realmente que Marion le hubiese contado acerca de…

Antes de tener uno más de los aburridos sermones de mi hermana mayor decidí salir de
casa, lo hice sin despedirme. Salí de la casa corriendo y muy ansioso, daba gracias a que
la casa de Marion no se encontraba a más de seis calles de la mía, agradecía que fuera
un suburbio pequeño con calles con no más de ocho casas, todas se encontraban unidas
entre sí. Como departamentos, solo que estas eran casas independientes que compartían
pared. No tarde más de quince minutos en llegar a la entrada de la casa de la Familia
Foxworth. Toque el timbre esperando a que ella fuera la que me recibiera, y no, el
alzado y amargado de mi suegro. Mi pesadilla se volvió realidad cuando aquel hombre
rubio delgado y bajo se hizo presente, el señor Foxworth me recibió con una sonrisa
seca y más que eso, parecía ser de lo más forzada. El junto con su esposa Helene se las
ingeniaban para hacer de esta hermosa relación algo incómoda, además de odiarme
desde que era amigo de su amada hija rebelde, consideraban a mi familia como unos
excéntricos que rompían con el panorama al que ellos estaban acostumbrados.

La familia de Marion tenía un don para los negocios a veces me ponía a pensar si eran
descendientes de judíos, porque cuentan con un don increíble para los negocios. Tan
conservadores, tanto que sospechaban algo maligno venir de mi familia, ni en un millón
de años lograría agradarles. Recuerdo aquella vez que bromee con Marion acerca de la
procedencia de sus bienes familiares comentando y preguntando si se trataba de alguna

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Organización u Sociedad Narcotraficante Secreta, o algo por el estilo, ya que cuando
descubrimos Erick y yo que era rica, no lo creímos ya que ella siempre ha sido tan
sencilla y humilde que no lo parecía. De haber sido la típica niña rica de papá, puede
que jamás me hubiese hecho caso, no soy de esa clase de chicos a los que las chicas
bellas y lindas les agradan. No digo que Marion no sea bella y linda, solo que ella es un
tanto diferente. En un momento creí que ella podría llegar a ofenderse con aquel
comentario, pero en vez de ello sucedió todo lo contrario, ambos estallamos en
carcajadas, lo negó y me dijo que lo más cercano que estaba de drogas era en la empresa
farmacéutica en Boston, en la que invertía su padre. En cualquier aspecto su familia era
exitosa, yo no era el chico que esperaban para su amada hija, no les quedo de otra que
resignarse, aprendieron a aceptar nuestra amistad de años y al final nuestra relación. A
Marion jamás le importo lo que sus padres pensaran, era una rebelde según ellos, a lo
que yo agregaría más liberal que otra cosa. Ella contaba con un carácter más fuerte que
el mío, y por lo general ella parecía siempre tomar la iniciativa, eso me agradaba. Sus
padres eran todos unos escépticos y de su hermano ni hablar, Edward era un chico rubio
y aburrido, logro estudiar en una Universidad de excelencia gracias al dinero que sus
padres tenían, no es que yo fuera el chico más brillante pero ese chico de brillante no
tenía nada, si el hablar con cortesía y el saber expresarse ante personas alzadas como él
lo es, me retracto. Marion no mantenía una buena relación con él, por una extraña razón
no se odiaban pero evitaban hablar uno del otro. Menos mal Eddy como lo llamaban sus
padres, se encontraba en Inglaterra muy lejos de aquí, hasta Oxford. No toleraría mi
relación con su hermana y tenía años que no le veía, menos mal ellos lo iban a visitar de
vez en cuando.

Yo nunca sería como su hermanito Eddy, mi familia no tenía la gran fortuna pero
vivíamos bien, sin quejas, cómodamente en los suburbios fuera de la gran Ciudad. Me
preguntaba por qué su familia vivía en un lugar como este, tal vez por la tranquilidad.
Contaban con un departamento, un penthouse en Nueva York, al que solo iban cuando
se trataba de verificar como se encontraban sus finanzas, ellos no se preocupaban por
trabajar todos los días, invertían su dinero en la bolsa y veían desde la comodidad de los
suburbios crecer su fortuna. Edward al igual que sus padres todo lo que no le parecía lo
consideraba extraño, todo estaba mal para él, por esto y más razones el mantener una
buena relación con ellos era todo un reto. Aunque por otro lado Marion siempre
encontraba la forma de huir de esa vida de locura para vivir una más o menos normal, o
mejor dicho una más interesante como ella nos llamaba, su vida de niña rica era muy
monótona y carecía de vida misma, eso es lo que nos decía. Se mantenía cómoda con
nosotros mi familia es la que ella alguna vez deseo y a mi lado formaba parte de ella,
aun cuando éramos amigos ella siempre había formado parte de mi vida.

Los Fenton, una familia aparentemente normal la recibió sin pedir nada a cambio, lo
que fuera apara verme feliz, esperaba algún día que Marion pasara a ser parte de mi
familia de por vida, al casarme con ella, para eso hacía falta mucho tiempo. Deseaba
estudiar medicina en la misma Universidad de mi hermana, aunque con mis
calificaciones antes debía ponerme a trabajar para poder costear el dinero, no
conseguiría una beca con calificaciones tan bajas, todo por ser tan distraído. Sus padres
nunca estarían de acuerdo con que Marion y yo termináramos juntos, pero valía la pena
luchar para caerles bien seguramente ellos la dejaban estar conmigo para que al ligero
error se diera cuenta que yo no era la suficiente para su hija, y quien sabe tal vez tenían
razón después de todo.

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— ¿Se encuentra Marion en casa?— Pregunte demasiado formal, trataba de ser de lo
más “normal” posible, no era muy bueno fingiendo y ellos lo sabían.
—No Fenton. Marion salió temprano se dirigía a tu casa— Respondió con voz seca sin
verme siquiera, no era nadie para él solo era el chico que acosaba a su princesa, me
odiaban tanto que incluso me llamaban por mi apellido. No me quejaba del todo, era eso
o su mirada inexpresiva y mortífera, prefería mil veces que no me viera de frente, sería
más humillante e incómodo para mí.

— ¿Acaso no la viste?— Pregunto arqueando una ceja, esta vez viéndome de una forma
estricta. Estaba molesto, trague saliva nerviosa sonriéndole de igual manera.
—No, Señor. Tome otra dirección tuve que pasar por unas cosas antes así que no me la
tope— Mi excusa era de lo más mediocre si había pasado por algunas cosas se suponía
que debía traerlas.
—Debió ser por eso— Comente con inocencia sin dejar de sonreír ya un poco más
tranquilo.
—Bien, entonces en este momento ya debe estar llegando ya que tiene más de treinta
minutos fuera de casa— Genial, se lo trago todo. Tal vez Edward había salido a su
padre, y esto era para mí un punto a mi favor.
—Gracias— Dije antes de poderme quitar del marco de la puerta, mi querido suegro me
azoto la puerta en cara, di media vuelta sin decir ni pensar en nada más que no fuera
Marion. Era algo extraño ya que no debía tardar tanto tiempo ya tenía más de treinta
minutos en mi casa, se suponía que debía haber llegado antes de que yo saliera de casa,
a lo mucho hacia cinco minutos en auto, si es que lo llevaba consigo. Debió haber
pasado por algo antes, tal vez salió a comprar mi regalo. No pude evitar reír por ese
pensamiento tan estúpido por lo que me di una bien merecida cachetada.

— ¡En qué Rayos piensas Fenton!— Me regañe a mí mismo, como era que podía pensar
en esas cosas. Regrese a mi casa emocionado por la noticia de que ella ya debía haber
llegado. Entre a mi casa gritando.
— ¡Amor! Marion!, ¿Dónde estás?— Mi hermana escucho mis gritos y pregunto
sorprendida.
— ¿Que no irías tú por ella?— Pregunto alzando una ceja mirándome seria.
—Se supone, pero me dijo el señor Foxworth que ya estaría aquí, salió hace más de
media hora— Dije un poco preocupado debido a su demora.
—Entonces ya debería estar aquí— Afirmo alzando una ceja confundida.
—Debió entretenerse con otra cosa, hermanito. No debe tardar— Revolvió mi cabello
despeinándome, la mire entrecerrando los ojos, trate de peinarme nuevamente.

—Bien, la esperare— Conteste resignado.


—Debe de estarte preparando una sorpresa al igual que tú, la conozco— Expreso con
una enorme sonrisa en el rostro, mientras se regresaba al sofá para continuar leyendo
como acostumbraba durante las mañanas. Seguramente, siendo ella rica se preocupa por
hacerlo ella misma. Reí de solo pensarlo ya que ella siempre prefería hacerlo por si
misma a comprar algo, Marion era más detallista que yo.
—John, tranquilo. No debe tardar, mientras iré por nuestros padres—Dijo
tranquilamente, al parecer ya se había percatado de mi rostro nervioso y preocupado
porque no llegaba.

— ¿Dónde están? —

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—En el estudio, ya ves prefieren trabajar que hacer otras cosas, a menos de que sea
dormir— Reímos con su comentario, ya se habían levantado y antes de hacer cualquier
cosa ellos se iban a trabajar en sus investigaciones y esas cosas que hacían a mi familia
ser un poco excéntricos como nos llamaba la familia Foxworth.
—Mientras yo subiré a prepárame de nuevo—
—Tranquilo hermanito ya todo está perfecto—Trató de darme ánimos, me encogí de
hombros suspirando.

—Pero aun así— Paso una larga y eterna hora, estaba más que ansioso y preocupado
por su ausencia. Me preguntaba donde se encontraba, ya era tarde y aun no llegaba. Mi
mente solo podía preguntarse ¿Dónde y con quién estará? Me preocupa que le pudiera
haber ocurrido algo, sería mejor llamarle. Mi mente dejo de divagar interrumpiéndose
por el timbre de la entrada principal.

— ¡Marion!— Exclame emocionado creyendo que podría ser ella, baje las escaleras
deslizándose por el barandal, emocionado. Jess camino hacia la puerta pero yo fui más
rápido, le gane. Ella rodo los ojos negando con la cabeza. Una enorme sonrisa se dibujó
en su rostro al ver a mi mejor amigo entrar, se lanzó sobre el abrazándolo con fuerza
como si tuviera años de no verle siendo que una noche anterior él había cenado con
nosotros en casa. Mi hermana siempre tan emotiva, yo me cruce de brazos aburrido
esperando que la escena tan conmovedora terminara.
—Qué bueno que llagaste Erick, ¿Dónde está Marion?— Pregunte cuando terminaron
de “saludarse”, mire desesperado por detrás de ellos, buscándola pero nada. Marion no
estaba aquí.
— ¿No se supone que…tu irías por ella?— Pregunto algo sorprendido esto solo causo
que me preocupara y desesperara más de lo que ya estaba, mi impulsividad salía a
relucir solía salir de control rápidamente.
— ¡¿Qué?! ¿Dónde está?— Grite desesperado llevando ambas manos a mi cabeza.
— ¡Tranquilo no debe tardar!— Exclamaron ambos sincronizados y al unísono, me
conocían mejor que nadie y sabían que salía de control rápidamente. Me encendía más
rápido y peor que el papel según ellos.

—Pero hace más de dos horas que salió de su casa. Ya debía estar aquí, y según el señor
Foxworth venía en camino. ¡No se hace más de diez minutos a pie! — Exclame aún
más. Mi mente no podía creer otra cosa que no era el que ella se había hecho daño.
—Estas paranoico hermanito— Dijo mi hermana entre divertida y de igual manera
preocupada.

—Si amigo debe de haberse entretenido en algo, ya vez como es— En vez de
tranquilizarme solo causaban que mi mente continuara divagando creando locas teorías,
me sentía más nervioso y ansioso que antes, me preocupaba bastante por su ausencia.
Caminamos hacia la sala, Jess y Erick se sentaron en el sofá, mientras yo caminaba de
un lado a otro como león enjaulado. Trataron de cambiar de tema para relajarme para
evitar preocuparme tanto, pero por más que lo intentaban yo solo me ponía como
Jessica lo dijo, paranoico. Mis padres subieron a la sala después de escuchar todo el
escándalo causado. Todos estábamos ahora en la sala menos Marion, papá y mamá
notaron mi cara de desesperación ya que preguntaron.

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— ¿Que ocurre chicos?— Pregunto mi padre sonriendo divertido como si esto se tratara
de una pelea común entre hermanos, traía consigo una taza de café en mano, Jessica y
Erick respondieron nuevamente al unísono.
—No ocurre nada, bueno de hecho…— Trataron de hablar en murmullo para no
alterarme, no me importo los interrumpí antes de que digieran algo más.
—Marion, no ha llegado aún— Exprese con una cara llena de sufrimiento, mi papá solo
me dio una palmadita en la espalda.

—Tranquilo hijo no es para tanto y a todo esto. ¿No se suponía que irías por ella?—
Jessica y Erick le hacían señas por detrás, mi madre solo suspiro. Al pasar el tiempo mi
mente se planteaba preguntas como ¿Por qué?, ¿Por qué rayos no ha llegado?, ¿Dónde
rayos estaría? Pensé seriamente en marcar a su casa pero si no se encontraba haí solo
asustaría a sus padres. La cabeza me daba vueltas, y en un impulso de desesperación
grite.

—Marion, ¿Dónde estás?—


—No lo soporto más. ¡Iré a buscarla!— Exclame completamente exaltado y frustrado
por no saber nada de ella. Mi familia trato de controlarme pero ellos eran igual que yo,
se encontraban preocupados solo que el único que sufría era yo. El que había salido de
control era yo. Tomamos medidas más drásticas, mis padres nos enviaron a buscar a
Marion. Eso era lo que yo quería desde un comienzo. Llevaba horas de retraso, ya
pasaba del medio día y aun nada. Mi hermana y su novio se habían ido juntos, mis
padres igual mientras que yo la buscaría solo. Llevábamos el equipo necesario por si
esto era algo más que una simple desaparición, podría llegar a tratarse de algo más
peligroso y debíamos tomar las medidas de seguridad necesarias para cualquier
acontecimiento. Si este estilo de vida afectaba a Marion, jure por Dios que sería la
última vez que se vería involucrada en ello. Nunca volvería a ser lo que alguna vez fui,
no si con esto ponía en riesgo a mi familia.

Salimos armados como si fuéramos a ir de cacería, solo por si era necesario mi papá
creyó que sería lo mejor. No podía sentirme peor de lo que ya me sentía, trate de ser
fuerte y dejar de pensar en lo peor. Nos separamos para buscarla, inicie por sus lugares
preferidos, después busque en los míos, nos comunicábamos por medio de nuestros
modernos localizadores, yo era el único que contaba con uno satelital sujeto a mi
mochila. Después de este incidente pensé seriamente en pegarle uno a Marion en la
frente, seria por su seguridad. Corría por las calles, las personas me veían extraño, mi
mochila era enrome y parecía chico pueblerino no de una Ciudad como esta. La tarde
empezaba a caer, el Sol se ocultaba y para estas horas yo ya pensaba en lo peor,
frustrado y molesto, deseaba golpear a alguien para desquitarme. Mi localizador vibro,
me detuve para leer el mensaje. Al verlo mi rostro se ilumino con una sonrisa, me
emocione, me sentía más tranquilo pero aun la preocupación me agobiaba. Enseguida
un nuevo texto apareció con la dirección donde debía encontrarme con ellos:

Encontramos a Marion, estamos en la calle Winchester. Cerca del gran centro comercial, dentro de un callejón
veras la camioneta estacionada en la esquina, tranquilo todo estará bien.

Esto solo me preocupo más, ¿por qué pedirme tranquilidad? Esto solo podía significar
que algo andaba mal. Corrí en dirección al centro comercial, llegue después de unos
cuantos minutos al lugar indicado, no estaba tan lejos de la ruta que me llevaba a casa.
La fuerza que necesitaba seria la recompensa que obtendría al llegar, verla sana y salva,

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ansió abrazarla. Olvide el agotamiento a causa del desgaste al correr, no estaba en forma
como esperaba. Mire la camioneta de mis padres estacionada como Jess dijo, en la
esquina de un callejón a unos cuantos metros de la zona comercial, donde al parecer los
contendores de basura de las grandes tiendas se amontaban. Me acerque a ellos
mirándolos en busca de respuestas, al ver lo que ocurría no podía creerlo. Era peor de lo
que había imaginado.

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Capítulo 3

El Sol termino de meterse para cuando llegue al callejón, todos se encontraban


amontonados, los hice a un lado empujándolos desesperado, todos me veían con
preocupación, no estábamos solos en ese lugar había personas curiosas que veían
sorprendidos lo que había ocurrido. Mamá tenía entre sus brazos a Marion, cubriéndola
de la vista de todos, la cabeza de mi novia reposaba sobre sus piernas, mi madre tenía
una finta de preocupación en cambio mi padre se veía más seco y molesto. Me veía con
cara de desaprobación, decepción entre otras cosas, esto era mi culpa. No tenía idea de
lo que ocurría hasta que digerí su rostro y escuche sus palabras de forma tajante y fría.

—Vampiros— Murmuro entre dientes para que solo yo pudiera escucharlo, me


sorprendí ya que nunca ninguno había atacado, no se atrevían a caminar entre los
humanos, solo salían durante la noche para alimentarse, elegían muy bien a sus presas
por lo general a los más débiles. Jamás atacarían en un lugar concurrido y mucho menos
a la luz del día. Ellos son seres nocturnos, ¿porque que salir tan temprano? No me lo
explicaba. Contábamos con todo tipo de cosas para localizar y lograr destruir a esas
criaturas nocturnas, esto era a lo que mi familia se dedicaba, sentía entre ira, y
resentimiento. Gracias a mi descuido, esta semana no había cumplido con mi trabajo
que era vigilar y monitorear las zonas más solitarias de nuestro pequeño poblado y sus
alrededores, nunca ocurría nada fuera de lo normal. Y ahora todo esto era por mi culpa,
por esa razón papá estaba molesto conmigo, estaba decepcionado por haber arriesgado
así a todos, bastaba con un solo vampiro para destruir a toda una comunidad. Por
intentar hacer de este día uno de los mejores de toda mi vida, este se convirtió en el
peor. Con lo poco que aprendí a lo largo de cuatro años, estaba listo para enfrentarme a
uno de las tantas criaturas nocturnas que existían, me había enfrentado a su enemigo
natural pero nunca a un vampiro, ni siquiera creía que existían hasta que conocí a mi
primer ser de la noche. Ellos eran algo más complicado los lobos era como cazar a un
animal común y corriente. Inestables, terriblemente fuertes y muy agiles, cuando se
asesinan estos regresan a su forma humana y siempre se deben calcinar los cuerpos para
evitar alguna infección. Los seres hematófagos, eran desconocidos para mí, mi madre
alguna vez se enfrentó a uno junto a mi padre pero eso fue mucho antes de que yo
naciera. Mi hermana apenas era una bebe cuando se toparon con aquella vampiresa, no
la atraparon pero no volvieron a verla, huyo antes de enfrentarse a la familia de
cazadores de la Zona Norte del Este.

Sentí algo de miedo ya que no tenía idea de a lo que me enfrentaría, podría ser uno o un
grupo más grande, por lo general estaban solos o siempre acompañados de su creador,
estos cargaban con sus hijos. No tenía ni la menor idea de cuantos serían y papá no me
ayudaría esta vez. Estaba solo en esto, aceptaba mi error y lo afrontaría como debía ser,
como un hombre un cazador de los nocturnos. Emprendí mi viaje con la ayuda de la
rudimentaria tecnología que mis padres crearon para momentos como este, buscaría el
escondite del o los atacantes de Marion, este incidente destruyo mi vida, aquella fue la
causa por la que toda mi existencia se vino abajo. Mi culpa desde un principio, como
una cosa tan insignificante como descuidar una responsabilidad, una a la que hasta la
fecha huyo. Mi padre a pesar de estar muy molesto y decepcionado conmigo accedió a
ayudarme, pero no podía permitirlo no en su estado, podría ser peor, me negué. Tome
esto como un desafío, vengaría lo que fuera que ese maldito o maldita le haya hecho a
mi novia.

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Nadie volvería a ponerle una mano encima, no mientras yo estuviera para protegerla a
ella y a mi familia. Marion estaba muy débil así que la tratarían en casa, era un riesgo
llevarla a un hospital, los médicos preguntarían, quien pudo atacar a una chica en un
poblado tan pequeño donde nada extraordinario ocurría, al menos a simple vista.
Parecía ser mordida por un perro muy hambriento, pensarían que tenía rabia y le harían
estudios, me preocupaba que estuviera infectada y aun si lo estuviera, la protegería de la
decisión que tomaran mis padres. Estaba prohibido permitir que humanos infectados
vivieran, eran un riesgo a la población, podría propagarse muy rápido. Esto me hizo
enfadar aún más, no podían hacerle esto a mi novia no podían quitármela, yo era el
culpable y jamás me perdonaría si alguien le hacía daño, sin importar quién o quienes
fueran, aun cuando se tratara de mis propios padres, mi deber era protegerla y yo había
fallado. Le harían estudios al llegar a casa, para asegurarse de que continuara siendo
humana, no deseaba seguir escuchando. Me aleje de ellos buscando a ese maldito
monstruo, lo aniquilaría sin piedad, sería su culpa si algo le llegara a pasar a mi novia,
las pagaría y no volvería a permitir que tocara a nadie más.

Contábamos con pocos, conocíamos algunas cosas sobre estos seres, incluso llegamos a
creer que eran un poco más civilizadas que sus enemigos naturales, los lobos y que con
el paso del tiempo algún día pasarían a formar parte de nosotros, idea descartada de
momento. Continuaban comportándose como las bestias que eran, nunca encontrarían la
forma de vivir en paz entre humanos. Estábamos equivocados, no dejarían de ser los
mismos, aquello jamás cambiaria. Debíamos eliminar a todos, no daríamos segundas
oportunidades, no nos quedaba otra alternativa si no cumplían con lo que debían. Ellos
existían gracias a nosotros, por nuestra sangre derramada, en su mayoría de inocentes
que no tenían ni la más mínima idea de lo que ocurría. Eran algo más que simples
leyendas, existían realmente, pero como los cobardes que eran se mantenían ocultos ya
que al ser minoría jamás ganarían una guerra, ni siquiera podrían con una batalla, solo
era cuestión de tiempo para que fueran parte de esas leyendas, se extinguirían como el
fuego que era el único que podíamos utilizar a nuestro favor y llevar siempre con
nosotros para destruirlos de por vida. Temían al cálido Sol y se ocultaban entre las
sombras desde la creación. No habíamos tratado nunca con un ataque como este por lo
general ellos atacaban a muerte y los pocos humanos que lograban sobrevivir
terminaban convertidos en bestias como ellos, bestias a las que llamábamos hema-
neonatos. La primera etapa de un vampiro en el que eran prácticamente animales, los
peores asesinos que existían, incluso peor de salvajes que los hombres lobo en su primer
ciclo lunar, sedientos de sangre y de destrucción de cualquier cosa con vida, mis padres
tienen la teoría de que es debido a su frustración por perder la vida. Mis padres habían
investigado hasta donde pudieron y yo les contribuiría con algo para que continuaran
sus investigaciones, conseguiría su veneno mortal enfrascado, no teníamos idea de su
conversión siempre se hacía alusión a la sangre, no sabíamos que tan contagioso podría
ser esto, nunca nos habíamos enfrentado a algo similar y los libros antiguos eran
confusos, no tenían información muy específica acerca del proceso, deseaba jamás
presenciarlo aun fuera para aprender.

Trataba de no pensar en la idea de ver a mi novia convertirse en un monstruo como


ellos, me frustraba y enfurecía más conmigo. Lo poco que sabíamos era teórico ahora
pondría todos esos conocimientos en práctica, nunca creí que esto ocurrirá o al menos
no tan pronto. Deje de pensar para continuar con mi camino, lo hice toda la noche hasta
llegar en auto al lugar que mi buscador de alimañas marcaba. Esto me llevo hasta el
bosque, a las afueras cerca de la Ciudad colindante con Baltimore, a una distancia

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aproximada de San Diego a Los Ángeles, más o menos. Cuando era pequeño pasaba
mis vacaciones junto a Familia en ese lugar. Quién pensaría que un hermoso sitio de
recreación como este, se convertiría en una pesadilla, que albergaba a una de las peores
criaturas que pudieran existir sobre la Tierra. En el bosque se podían escuchar todos los
sonidos de la madre naturaleza, y apreciar las estrellas durante la noche, pescábamos
cada verano y papá me enseñaba a cazar venados, nunca fue de mi agrado el cazar
animales. Pero solo esto era para prepararme para algo aún más grande. Baje de la
camioneta adentrándome solo en el bosque con mi mochila sobre la espalda. Me sentía
un imbécil, de haber tenido más conocimientos sobre estos seres nada de lo que estaba a
punto de ocurrir habría pasado. No debí bajar del auto, con mi aroma sabrían mi
ubicación, y conforme me acercaba más a la ubicación del vampiro, mi corazón se
acelerada. No podía evitar el miedo, sin embargo el temor iba siendo desplazado por
coraje que sentía.

En realidad yo tuve la culpa desde un principio, por no haber llamado a mis padres para
pedir ayuda, no tenía idea de cuánto los necesitaría. Abríamos encontrado juntos la
forma de salir de esto, pero era tanto mi coraje, y la sed de venganza que no me
importo. Moriría en el intento, lucharía contra lo desconocido. Siempre fui y continuare
siendo un maldito egoísta, como Marion decía que era cuando nos molestábamos, era
demasiado orgulloso como para pedir ayuda ahora que estaba cerca de mi objetivo.
Recordé las palabras de aliento de Marion para tratar de sobrellevar aquel miedo que
amenazaba con invadirme. “No se puede comparar nada material, ni poderoso con la
voluntad de un ser humano, existen cosas que realmente importan. Y el contar con un
corazón que siempre nos da la razón es aquello que nos humaniza”; siempre llevare en
mente esta frase y algo me dice que en un futuro la necesitare más que nunca. No tenía
idea de cómo sería la criatura con la que me enfrentaría, de hecho sí, no conocía del
todo los trucos con los que me podría topar. ¿Por dónde atacaría?, ¿Cuan letal puede
llegar a ser su daño?, ¿Tendría un humano oportunidad contra una criatura como esta?

Ese maldito podría contar con años incluso siglos de experiencia, pueden llegar a ser
indestructibles por algo su longevidad, podría matarme en cuestión de segundos, esta
sería la primera vez que pondría en práctica mis pocos conocimientos del mundo
sobrenatural. En el bosque no se podía escuchar nada más que mis propios pasos y mi
respiración acelerada a causa del miedo, me preguntaba si ellos podrían percibirlo como
parte de su instinto animal. De repente la naturaleza se quedó en total silencio, ya ni
siquiera podía escuchar mi propia respiración ni el crujir del pasto al pasar sobre él,
como si me quedara sordo, el viento dejo de soplar, me sentí suspendido dentro de una
extraña dimensión, continuaba aun despierto o esto sería parte de una pésima pesadilla.
Nada parecía ser real, apenas y podía creer que caminaba buscando a un vampiro en
medio de la nada, perdí noción de tiempo y del espacio, me sentía extrañamente vacío y
débil. No tenía idea de que ocurría, algo no estaba del todo bien. Ni siquiera se podía
sentir el viento sobre mi rostro, era como si todo se quedara congelado. Volví a revisar
mi localizador, este contaba con un radar que me llevo hasta este sitio, una clase de
mapa digital algo rudimentario ya que no me daba coordenadas exactas del punto donde
debía llegar solo lo seguía como Dios me daba a entender.

Todo regreso a la normalidad de nuevo sentía el viento sobre mi rostro, y el sonido de la


naturaleza, no estaba soñando esto era real y estaba caminando hacia una cueva, dentro
se encuentra aquello que buscaba con tanto fervor. Rápidamente recolecte unas cuantas
varas y pedazos de madera para iniciar una clase de hoguera a unos cuantos metros de

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aquella cueva, tendría un punto a mi favor al hacerla, no tenía idea de en qué momento
podría llegar a necesitar el fuego cuando todo esto terminara. Entre a la cueva tomando
un respiro para enfrentar a lo desconocido, estaba a punto de encender una linterna
cuando lo mire, justo frente a mí a unos cuantos metros de distancia se encontraba un
hombre no más alto que yo, de finas y estéticas facciones el tipo parecía un sujeto muy
bien parecido de aquellos por los que las chicas de mi edad se derriten y aquellos a los
que tanto odio, de la clase del hermano de mi amada Marion, patanes como Edward.

Mi sorpresa no fue esta, sino el que no fue necesario que me adentrara demasiado para
encontrarlo, debía ser él. Esa cosa se encontraba reposando sobre una roca mirando en
mi dirección, como si todo este tiempo hubiera estado aquí esperando por que llegara a
destruirlo. Lo primero que pensé al verlo: Sé que aquel chico no lucia más viejo que yo,
al menos no en apariencia. ¿Porque ella?, ¿Por qué mi novia?, ¿Cómo llego hasta
Marion? ¿Por qué tantas chicas que existían en este lugar debía ser una que me
partencia y se encontraba bajo mi protección? Por si algo llegaba a ocurrirle, yo le
cobraría por adelantado, no podía darme el lujo de esperar a conocer los hechos.

En ese instante me deje llevar por todas las emociones que me invadían, en especial por
el odio, la ira y la sed de venganza que dominaban mi cuerpo. En un abrir y cerrar de
ojos, sentía como esas emociones se unían para terminar con esto, me encontraba al
límite, esto solo me lleno de fuerza y valor para acabar con su existencia. No permitiría
que atacara a otro inocente, ni permitiría dejarlo salir, no a menos de que estuviera
desmembrado y listo para reposar en la hoguera. Cada segundo que pasaba, la rabia que
sentía hacia que mi vitalidad aumentara, me convertía en algo casi como él, un maldito
inhumano. Mi mente no quería pensar en otra cosa que no fuera el destruirlo y quitar
todo lo que estuviera en el camino para conseguirlo. No pensé en hablar con él si había
atacaba, yo lo contraatacaría de la misma manera, estaba en mi naturaleza el responder
siempre de la misma manera en que era agredido. Lo extraño en todo esto fue que el
vampiro no opuso resistencia alguna, nadie era tan débil ni tan estúpido como para no
hacer algo. En ningún momento reclamo ni pidió piedad, no se defendió de ninguna
manera sus únicas palabras habían sido.

—Termina esto de una buena vez. No sabes en lo que te estas metiendo, no debiste
seguirme ahora pagaras. ¡Hazlo de una buena vez!, mátame que esto apenas comienza—
Ignore sus palabrerías y me deje llevar por su petición, no me importo el sentido con lo
que sus últimas palabras salieron de sus labios. Lo sujete con fuerza por el cuello
tratándole de quitar la cabeza con mis propias manos, pero era tan duro como si fuera
roca que me era imposible hacerlo, en un ataque de rabia logre conseguirlo. Su cabeza
rodo lo solté y su cuerpo azoto contra el suelo rocoso de golpe, tome su horrible rostro,
me daba asco ver la sangre color vino correr de su cuello, con la mano libre tome el
resto de su cuerpo arrastrándolo hasta aventarlo de una vez por todas al fuego. Su
desenlace fue rápido de lo que imagine, fue tan sencillo terminar con el que reí
divertido, no podía creer en todas esas cosas que decían mis padres después de esto. El
fuego consumió poco a poco su cuerpo desmembrado me daba tanto asco ver esto que
mejor di media vuelta evitándome el malestar.

Mire al cielo sonriendo divertido y con malicia el humo subía pintando el panorama de
un color grisáceo con unos tonos de violeta, un espectáculo que jamás olvidaría y que
disfrute con tanta dicha. Esperaba que ese imbécil, esa bestia bonita haya disfrutado
tanto de esto como yo. Me hubiera fascinado ver como el Sol quemaba su piel,

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volviéndola cenizas y escuchar sus gritos de dolor, esto hubiese sido una muerte más
lenta y dolorosa, habría disfrutado cada segundo de su dolor. No me quedo de otra que
conformarme con ver como sus pedazos eran consumidos con fuego y no luz solar
como los mitos lo decían. Deje de pensar en todo el rencor y el dolor que empezaba a
invadirme, me hubiera gustado escuchar respuestas a tantas preguntas. Estaba a punto
de irme cuando me percate que algo me faltaba, olvide mi mochila dentro de la cueva,
seguramente debí haberla dejado caer cuando saque la linterna para adentrarme a la
cueva.

—Esto es lo que merece toda tu maldita especie— Exclame antes de volver a la cueva
en busca de mi mochila, camine con tranquilidad mi radar no marco más de estos seres,
no tenía nada de qué preocuparme. Entre de nuevo en esa oscura cueva no lograba ver
nada excepto la escaza luz lunar que lograba atravesar las paredes de unas cuantas rocas
que se encontraban ligeramente separadas entre sí. Inspeccione minuciosamente cada
rincón con mis manos agachándome hasta lograr encontrarla.

— ¡Aquí estas! ¿Dónde rayos te habías metido?— Me sentía más relajado, no tenía idea
de cómo mi mochila había terminado tan dentro de la cueva si apenas y entre, solo
camine unos cuantos metros y esta parecía estar más profunda como si alguien o algo la
hubiese movido de su lugar. Una trampa pensé y me puse altera al instante. Saque una
luz de bengala de uno de los compartimientos, no encontré mi linterna, saldría
rápidamente de este lugar. En vez de hacer caso a mi instinto de supervivencia me deje
llevar por unos lamentos provenir de más allá del sitio que me encontraba, podría ese
vampiro tener a alguien más encerrado en este lugar, ya había fallado esta semana y si
alguien más necesitaba de mí no podría ignorarlo.

Voltee a todos lados tratando de buscar el origen de ese lamento, se escuchaba cada vez
más cerca y sin eco, como si estuviera en la entrada de la cueva. Camine hasta encontrar
a una mujer sentada sobre la misma roca, donde había estado ese maldito bastardo.
Cautelosamente me acerque a ella, tal vez había sido una víctima más de ese chico
como lo fue Marion. La mire y no parecía ser cualquier chica, era hermosa lucia como
una modelo de Victorias Secrets, su rostro angelical pero a la vez letal, no debía
dejarme engañar. Me dio mala espina, pero a la vez me sentí extrañamente atraído hacia
ella, como un marinero que se encontraba con una sirena, solo que no fue su canto lo
que me trajo hasta ella, sino su hermoso rostro y ese cuerpo, que no podía evitar ver
con ojos de deseo, me dejaba dominar por mi instinto varonil, me encontraba en pleno
mar de hormonas y mi mente se apagó por completo. Ella era uno de ellos, no pude ni
siquiera moverme, logro controlarme cuan títere, con un movimiento de manos me
obligo hincarme frente a ella como si fuera una virgen a la que le estuviera rezando.

Al hacerlo nuevamente regrese en sí, la mire con odio, sintiendo como mis músculos se
tensaban, no podía lanzarme sobre ella y atacarla al igual que lo había hecho con aquel
chico, ella parecía defenderse o atacar, no tenía idea de que movimientos utilizaba
contra mí, logro detenerme, en este momento me arrepentí de no haber pedido ayuda.
Me era difícil el saber qué es lo que pasaba por su mente, sabía que estaba perdido, no
podía darme el lujo de gritar, no le daría el placer de verme asustado y pasar por un
momento de debilidad. Años entrenando en balde, no me sirvió de nada, vulnerable y
sin saber qué hacer; Poco a poco sentí mi cuerpo relajarse, la necesidad de acercarme a
esa mujer, regreso. Ella jugaba conmigo, fascinada viéndome con diversión, como si yo

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fuera su nuevo juguete, bien pude haberme marchado, ahora saben por qué la curiosidad
mato al gato.

Quede frente a ella, anonadado por su increíble belleza. La carne y la mente humana son
tan débiles, yo lo soy, estúpidamente caí en uno de los trucos más antiguos de las
criaturas nocturnas de su especie, tan hermosas y letales. Su piel blanquecina como la
nieve, tal vez me había equivocado y no era lo que creía, me dejaba llevar por mis bajos
instintos humanos, un choque electrizante me invadía, su cabello era largo y ondulado,
color caoba, lo tenía hasta la cintura y esto acentuaba más sus hermosas y finas
facciones, su belleza no podía ser de este mundo. Mis ojos se fijaban en ella, mirando
cada detalle de su escultural cuerpo, incluso me avergüenza admitir que en un momento
la desee. Me doy asco por pensar en ello, mi mente empezaba a divagar como siempre
solía hacerlo, de un momento a otro Marion había desaparecido. Nunca antes había
visto a una chica de esta forma, yo no actuaba de esta forma, este no era yo. Quería
lanzarme sobre ella y comprobar con mis propias manos que aquella mujer era real,
deslizar mis dedos sobre su cuerpo y acariciar cada parte de ella, una gloriosa escultura
de mármol.

Toda mi vida fui curioso e impulsivo, unos defectos que juntos eran fatales y peligrosos,
siempre que tenían la oportunidad, me llevaban a mi propia destrucción, estos pequeños
errores me llevarían poco a poco, a arruinar mi vida. No podía hacer nada contra mi
naturaleza, sería como dejar de respirar. No podía apartar la vista de ella, la apreciaba
con lujo de detalle, ella me veía igualmente fascinada. Me sonreía ampliamente, no
tengo idea si le correspondía, fuera de mí, podría sonreírle o hacer una mueca, tal vez
mi mente luchaba para romper el hechizo en el que me mantuvo por minutos. Llegue a
preguntarme por qué no terminaba conmigo de una buena vez, una presa segura. Mi
mente poco a poco se despejo y de nuevo empezaba a ser racional, me preguntaba por
qué estaba haí lamentándose, podría serme de ayuda tal vez sabría por que el maldito
ataco a Marion, ¿o fue ella? No tenía idea de que ocurría, porque me sentía tan distante
y perdido, luchaba internamente para regresar por completo a la realidad. Trague saliva
nervioso, mis piernas temblaban. Su hechizo se rompió, ya no me sentía fascinado, el
miedo se apodero de mí, deseaba gritar. Salir corriendo de la cueva para no volver
nunca y cuando tuve control sobre mi cuerpo sin pensarlo más, hui como un cobarde, si
deseaba seguir viviendo sería mejor huir a morir como el héroe que no soy. Salvaría mi
pellejo antes de que ella tomara venganza y terminara conmigo.

Me lanzo una mirada asesina al ver como huía, se levantó de la roca y camino a paso
sereno, no mire atrás así que la perdí de vista, corriendo no llegaría a ningún lado debía
encontrar la camioneta y conducir hasta regresar a casa, seguro y donde tendría el apoyo
de mi familia. Abrí los ojos sorprendido al escuchar un fuerte impacto, un árbol cayó de
golpe justo frente mí y con ello la mujer. ¿Cómo rayos llego hasta aquí tan rápido? Sentí
pavor al ver su sonrisa maliciosa, me lanzo tierra en la cara que no vi llegar, talle mis
ojos, estos me ardían cegado por la oscuridad, por más que tratara de huir no lograba
ver hacia donde corría. Toco mi hombro recitando algunas palabras con su melodiosa
voz, parecía cantar su voz era tan serena que me provoco sueño, después de algunos
minutos, me relaje a tal grado de quedarme poco a poco dormido haí parado frente a
ella, me había vencido con un poco de tierra, parecía cantarme una melodía de cuna
porque mis músculos se relajaron tanto que quede inconsciente, no sé si caí en seco o
en sus brazos solo recuerdo que el golpe fue tan duro que me lastime la cabeza, me
golpee con algo duro que bien pudo ser su propio cuerpo o alguna roca o tronco de cual

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no me percate al caer desplomado inconsciente, después de ello no tengo idea de que
paso conmigo.

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Capítulo 4

Desperté hasta el día siguiente, puede que haya pasado un día o dos, incluso pude
dormir más, perdí por completo la percepción del tiempo. Me sentía muy adolorido de
todo el cuerpo y muy cansado, como si llevara días sin dormir siendo que acababa de
abrir los ojos. Me encontraba tan incómodo, sujeto de pies y muñecas contra la pared
con unos grilletes de metal que solo conocí por libros, parecía estar en una clase de
prisión medieval una mazmorra o peor dentro de la cueva con esa vampiresa loca que
me tenía atrapado en contra de mi voluntad en este patético lugar. Sentía como si
hubiese dormido toda la noche sobre una cama de piedra, y después de ello me arrollara
un camión. No podía ver más allá de los ciento ochenta grados de visión que me
permitía al mover la cabeza. Trate de moverme un poco más, pero estaba sujeto con la
espalda recta, y pegada contra la pared de roca cavernosa. Mis brazos estaban llenos de
rasguños y moretones y creo que tenía una mordida en el hombro, no podía verla muy
bien. Me sentía tan agotado que el que estuviera de pie era un milagro. ¿Pero, Como
rayos llegue aquí? pensé exaltado, eche un vistazo al lugar donde me encontraba, lo más
profundo de su escondite en la cueva.

El interior lucia deprimente, iluminado por unas cuantas velas. Me preguntaba ¿qué
hacía en este lugar?, ¿por qué seguía con vida?, ¿porque esa mujer no me asesino?, ¿qué
me depararía el destino? Estas y más preguntas surgieron en mi interior, haciéndome
estremecer. Olvidar la sensación de dolor, sin tener que pensar en nada más. De nuevo
la vi frente a mí, ni idea de donde salió. Aquella mujer que me había parecido hermosa,
ahora la odiaba, me repugna el solo recordarla. No volvería a caer en su maldito juego.
Al igual que a ese maldito, deseaba ser libre para eliminarla, como a la escoria de
vampiro al que prendí fuego.

Me sentía extraño cuando se dirigió de nuevo hacia mí, su mirada fría, una extraña
sensación de deseo me invadió, y a la vez me puso la piel de gallina, al imaginar las
cosas que ella podría haber hecho conmigo. Trate de alejar aquellos pensamientos,
empecé a creer que solo me había golpeado y probablemente mordido para desquitarse
por mis acciones. Nuevamente con sensaciones encontradas, poco a poco me invadían y
confundían más de lo que ya estaba, no lograba explicarme ¿por qué ocurría esto?
Acaso, no me dejaría en paz. Si de algo estaba seguro es que no podía confiar en ella, y
por qué había llegado a esa conclusión. Tal vez por el simple hecho de tenerme como
prisionero y atado a la pared, podía haber algo más lógico que eso, pensé con sarcasmo
rodando los ojos para mí mismo. Mire de nuevo mis ataduras, apenas y lograba mover
un poco las manos, solo para abrirlas y cerrarlas, la cabeza podía moverla hacia los
lados y de arriba abajo, el cuello incluso me dolía, esperaba que no me hubiese mordido
muy fuerte o dejaría marcas en mi piel. Me veía con diversión, observaba como
intentaba liberarme en vano, volteo de espaldas. Fruncí el ceño molesto al sentirme
ignorado, le grite.

—No sé quién seas, ¡Ni me importa! —


— ¿Para qué me tienes encerrado aquí? ¿Qué quieres de mí? ¿Que he hecho? ¿Qué te he
hecho a ti? — Se rio con dulzura, había algo de maldad en su risa, sarcasmo podría ser.
No estaba tan mal como para creer que una persona tan vil podría ser dulce, no caería en
su jueguito. Seguramente se vengaría por haber terminado con aquel nefasto vampiro,
terminaría por matarme, honestamente me dio lo mismo al menos mi familia estaría
segura. Deje de preocuparme por ello, y trate de idear una forma para escapar. Solo e

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indefenso, era demasiado débil como para escapar sin ayuda extra, no contaba con ella,
estaba perdido. De nuevo ella volteo mirándome de frente, se fue acercando hasta casi
juntar su frente contra la mía, lo cual me hizo estremecer, poso sus manos sobre mi
rostro acariciándolo, bajando hasta mi cuello. No pude hacer nada, más que mover la
cabeza hacia un lado, desesperado por qué no dijera ni una palabra y actuara de esta
forma tan ruin. Miro como me resistía y detuvo su mano en mi barbilla, la sujeto
fuertemente para que ya no me moviera y me vio a los ojos, eran los más hermosos ojos
que había visto antes, de un color violeta intenso, de nuevo ese maldito color se hacía
presente. ¿En qué rayos piensas Fenton?, ¡Te va a matar! Solo juega contigo
torturándote hasta que mueras de dolor, pensé con pesadez, esto era más lógico que el
creer que ella deseaba obtener algo de mí. Recobraba la consciencia de nuevo, intente
resistirme.

Continuo viéndome parecía que buscaba algo parecía que buscaba leer mis
pensamientos o la expresión de mi rostro, si quisiera información podría preguntarme,
dirigirme la palabra en vez de ese sucio juego de miradas y caricias. Se quedó en
silencio observándome, no solo quería eso quería saber lo que pensaba sino buscaba la
forma de penetrar en la mía. Me soltó, dándome unas palmaditas en la mejilla.

—Oh niño no sabes nada, ¿no sabes lo terrible que es el estar sola?—
Sonrió guiñándome un ojo.
—Pero igualmente gracias por haberme hecho compañía estas ultimas horas, lo que
quiero de ti ya lo obtuve no debes preocuparte de ello. Has pagado tu sentencia pero ya
que si cambias de opinión podemos extenderla— Me miro coqueta y yo solo hice una
mueca de dolor y asco, esperaba que bromeara.
—Gracias a ti estoy sola, alguien debe suplir el lugar de mi bello Alexander. O al
menos eso era antes de que tú lo mataras— Hizo un ademan dramático sin dejar de
verme con una mirada que me hacía sentir nervioso. No le permitiría continuar burlarse
de mí.

—Ni creas que me quedare contigo. ¡No seré tu mascota!— Exclame mirándola con
furia.
—Yo no quiero a un niño estúpido e inmaduro a mi lado. Yo ansió a un hombre—
Mirándome de forma perversa, se carcajeo maliciosa, si creyó que con esto me
intimidaría, estaba muy equivocada.
—Pero si tanto te molesta estar aquí, por mi lárgate. Eres libre — Me dijo con
tranquilidad acercándose a los grilletes que sujetaban con fuerza mis muñecas, antes de
liberarme, murmuro seductora sobre mi oreja.
—Ya no te necesito para nada, ya cumpliste con tu deber— Cambio su tono a uno más
dulce y coqueto. Comprendía sus indirectas, no pude evitar abrir los ojos como platos al
escuchar lo que decía, el imaginarme lo que pudo haberme hecho me hizo temblar.

— ¿Dime que me hiciste?, ¡Y Suéltame!, ¡Libérame para terminar contigo, de una vez
por todas!— Grite molesto realmente me hizo enojar, ella continuaba caminando
alrededor de mí, sin soltarme aun.

—Entonces nunca sabrás lo que paso realmente, tontito— Dijo de forma tierna con una
sonrisa en el rostro de oreja a oreja, acercándose a mí para besar mi mejilla. Hice un
gesto de asco e hice algo que jamás creí hacerle a una chica, le escupí.
— ¡No me toques! —

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—Vaya que si eres un niño, pero eso se te puede quitar gradualmente si sabes a lo que
me refiero— Me guiño nuevamente un ojo sonriendo maliciosa, jalo un pedazo de mi
playera para limpiarse con ella.

—Si continuas siendo un niño grosero terminaras nuevamente desnudo y tendré que
castigarte por ser malo— Rio divertida arrojándome ese trozo de tela, se alejó
finalmente de mí, hurgaba entre sus cosas buscando algo, trataba de ver pero mi
visibilidad no era a más de ciento ochenta grados y al estar todo iluminado por velas,
¿qué era de esperar? Regreso con un espejo, que poso frente a mí. Este era pequeño, lo
sujetaba con una de sus manos. En el solo podía apreciar mi propio reflejo, agradecía no
ver nada fuera de lo común, continuaba siendo humano, exhale tranquilo.

—Serias más guapo de lo que ya eres, si dejaras que encajara este par en ese lindo
cuello— Sonrió mostrándome sus enormes caninos, mi reacción fue de
estremecimiento, antes muerto a ser como ella.
— ¡Maldita seas!, ¡Súcubo!— Refunfuñe mientras gritaba desesperadamente por ser
liberado de una vez por todas.
— ¡Antes muerto que ser un monstruo como tú! ¡Mátame de una vez! Deja de jugar
conmigo, no caeré a tus pies, no de nuevo— Le gruñí.

—Oh pero que gruñón eres Keith, no menosprecies tus dotes naturales, podrías ser
alguien mejor si te lo propones, lo que te ofrezco, millones de chicos matarían por
tenerlo, solo piénsalo. Vivir por siempre y tal vez ser el mejor cazador de esas apestosas
bestias peludas, el mejor que haya existido, con todo lo que sabes más tus talentos eso
podría beneficiarnos. Tus padres se sentirían orgullosos y ya no tendrías que
preocuparte por cómo luces, siempre lucirías bien. Todos te amarían pero solo le
pertenecerías a una persona— Me sonrió optimista cruzándose de brazos esperando que
yo le digiera: “Muérdeme ya, maldita desgraciada que deseo ser un monstruo al igual
que tú”.

—Sabes pensándolo bien y ya que lo pones de esa manera— Le sonreí ampliamente a lo


que ella se acercó acariciando mi cuello.
— ¿Entonces qué dices Keith?— Sonrió emocionada, en cambio yo le escupí
nuevamente mientras reía divertido al ver la cara de asco que ponía.
—En primera deja de llamarme Keith como si fuéramos amigos de toda la vida y en
segunda nunca… ¡Nunca seré como tú! Antes prefiero que te bebas toda mi maldita
sangre y dejes mi cuerpo seco—
—¡Te lo advertí mocoso!— Gruño furiosa encajando sus largas uñas sobre mi pecho
fuera de mi playera, encajándolas con tal fuerza que parecían navajazos, me desgarro la
tela e incluso mi piel, grite por el dolor que me provocaba.
—Es una lástima que no gustes quedarte, me lo debes, ya que destruiste al otro chico—
Exclamo con una sonrisa llena de sarcasmo en el rostro y enseguida saco sus zarpas de
mi pecho. Hacia muecas de dolor.
— ¡No me digas nada, ni me ofrezcas nada!— Grite tratando de no llorar, pero me dolía
y mucho.

— ¡Libérame para poderme largar de aquí! ¡Suéltame ahora y no te haré sufrir!— Grite
furioso, tratando de soltar mi coraje y el dolor a gritos. La veía con frialdad, me
molestaba tener que continuar escuchando sus palabras sin sentido alguno, rio de nuevo
acercándose dando saltitos.

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—Oh no me hagas reír. El poderoso cazador de vampiros y otros seres de la oscuridad o
como es que nos llamas ¿Nocturnos? Llorando como una pequeña niñita. Que miedo me
hará sufrir. ¡Que alguien me salve!— Rio divertida golpeando mis mejillas que ya
estaban coloradas por la rabia que sentía.
—Ayer gritaba pero no porque me hicieras sufrir— Rio a carcajadas mirándome con
malicia.

—Pero si me harás sufrir como ayer, hazlo. Te esperare— Su sonrisa se tornó más que
maliciosa, deseosa. No tenía idea de que más decir estaba frente a ella y ni siquiera me
podía mover, no del todo.
—Estas frente a mí y no puedes siquiera moverte— Había tomado esas palabras que yo
previamente había pensado. Se alejó nuevamente de mí dando media vuelta dándome la
espalda.

— ¡Suéltame y te mostrare como!— Grite cada vez más furioso, la sangre me hervía de
coraje, quería descargar todo lo que sentía contra ella. En un cerrar y abrir de ojos ella
volvió sonriéndome divertida.
—Si querido descarga todo lo que tengas contra mí, descarga toda tu furia contra mí—
Gruñía de una forma seductora, y al fin me libero de las muñecas, estas se encontraban
muy marcadas por el óxido, esperaba que no se me infectara podría darme gangrena.
Antes de siquiera poderla golpear, ella me tomo por las manos colocándome contra la
pared para besarme en contra de mi voluntad aferrándome contra su cuerpo mientras
acariciaba mi espalda adolorida. Sus dedos eran asquerosamente fríos y me hacían
estremecer. Trate de quitármela de encima, pero su cuerpo era muy pesado, como si una
enorme roca hubiese quedado sobre mí, ahora me había dejado semidesnudo arranco mi
playera, podía sentir su fría piel a través de su tela, la sensación me dio repugnancia.
Llevo sus manos a mi pantalón bajando mi cierre, la mire impactado. ¿Qué rayos
intentaba hacer conmigo?

— ¡Suéltame! Detente, mátame pero no hagas esto. Bébeme, sé que deseas mi sangre—
Exclame desesperado en un intento para quitarla de encima. Ella se separó sonriente.
—Vamos, no seas aburrido tu sabes que lo deseas— Acaricio mi mejilla antes de dar un
paso hacia atrás, me daba asco. Su respiración se había agitado, no sabía que seres como
ella respiraban. Yo apenas tenía dieciséis años y ella era una mujer de unos veinticinco
o poco más, y trataba de abusar de mí, un mocoso. Era una pedófila, el sueño de todo
hombre hacerlo con una mujer mayor, el mío no. De solo recordar esa escena tiemblo de
miedo, no se volverá a repetir o definitivamente quedare traumado de por vida.

Estos seres vivían por siglos, no podía creer lo que estaba ocurriendo no dudada que ese
imbécil haya hecho algo similar con Marion lo que me hizo enfurecer y olvidarme de la
situación en la que me encontraba.
— ¿Prefieres ir con tu desabrida humanita? Que ternura— Esto último lo dijo con
sequedad y coraje.
—Marion, ¿Tú qué sabes de ella? ¿Para qué nos quieres? ¿Qué te hemos hecho? ¿Yo
que he hecho?— Pregunte bajando mi tono de voz a uno más tímido, porque hablaba de
más, hasta su nombre le dije, oh soy un tonto. Se acercó nuevamente hacia mí.

—Tú eres un chico muy especial— Trate de hablar, pero ella lo impidió. No tuve más
alternativa que continuar mirando el panorama si ella lo deseaba podría matarme o
convertirme, ¿para que pedir permiso si tenía poder sobre mí? Esto no era lógico.

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¿Porque lo hacía?, ¿Jugaba con mi mente?, ¿Acaso que buscaba reemplazar a ese
maldito desgraciado? No sería la pareja sentimental de nadie, mucho menos de una
inhumana como ella, si no aceptaba terminaría muerto por haber terminado con su
felicidad al lado de ese, descargaría toda su furia contra mí, se vengaría por terminar
con él. No podía evitar el sentirme asustado, mis pensamientos no se detenían. ¿Porque
rayos no terminaba con esto? Tardaba en actuar, si hoy iba a morir que más daba, mejor
que fuera pronto.

Su mirada se volvió más penetrante podía sentir su aliento sobre mi cuello, escuchar su
voz en mi mente. Me sentía extraño, era como si una fuerte energía me invadiera
provocando que poco a poco mi mente dejara de pensar en tantas cosas que parecían no
tener sentido, me sentía relajado y de un momento a otro viaje en el tiempo a una época
como las que las páginas de mis libros de historia tenían. El lugar al que llegue era
como del Siglo XVII, aunque no estoy del todo seguro, soy malo para recordar fechas.
Las clases de historia jamás fueron lo mío, una de las materias que acredite por milagro.
Camine por las calles aun con mi ropa andrajosa y desgarrada lucia como su tuviera
semanas vagando sin rumbo. A lo lejos la mire, no logre reconocer al hombre con el que
paseaba tranquilamente, no era el mismo hombre al que asesine, supuse que debía ser su
nuevo modelo, o acaso debía decir ¿viejo modelo? El chico era de estatura media, pero
esto parecía ser compensado por un rostro apuesto, y una larga y ondulada cabellera
castaña que caía sobre sus hombros, la cual llevaba bien peinada en una coleta de
caballo. El tipo parecía ser el perfecto cliché de un caballero de época, con una sonrisa
encantadora, una con la que cualquier humana caería, seducida bajo sus encantos
sobrenaturales, esa es la forma en la que actúan: Conquistar, asesinar y beber.

Como fuera el caso, este par huía de un grupo de simples y mortales cazadores. Ambos
corrieron para ocultarse y finalmente desparecer en el bosque. En la siguiente escena
emprendieron su viaje, nuevamente huían como lo cobarde que son, corriendo a una
velocidad sobrheumana, actuaban y deambulaban entre los humanos como si formaran
parte de ellos, todo bajo la luz de la luna. Al parecer fueron descubiertos, cualquier
persona con sentido común sospecharía de seres con una belleza extraordinaria, no
podían ser humanos. Ella siempre prometía que pronto recuperaría sus tierras, que
formarían una nueva vida alejados de los que no eran dignos de su poder. El muy
imbécil solo asentía creyendo en sus falsas palabras, la obedecía cuan fiel sirviente,
sonriendo con alegría como si eso algún día fuera a ocurrir. Me provoco tanto asco, ver
como estos monstruos conseguían todo aquella que deseaban desde sangre hasta sexo,
tenían toda clase de riquezas, pero para que si todo aquello lo perdían apenas eran
nuevamente descubiertos.

Repentinamente todo cambio, no pude evitar el quedarme boquiabierto al reconocer el


último lugar al que mágicamente fui transportado, me encontraba nuevamente en mi
pequeño poblado de Maryland, pude observar todos mis sitios favoritos tal como el
centro comercial, el parque, los restaurantes de comida rápida, mi escuela, entre otros.
¿Pero cómo? Un escalofrió me invadió, ¿cuánto tiempo llevaba siguiéndonos? Jugaba
con mi mente, todo daba vueltas por mi cabeza, hasta que mis pensamientos fueron
interrumpidos por algo que me dejo helado. Enfurecí ante la escena, no deseaba
continuar mirando, la ira se apoderaba de mi impidiéndome respirar correctamente. Ese
maldito, esta vez era el sujeto al que asesine hasta dejar nada más que cenizas apareció.
Hablaba con su señora, esta no deseaba cometer los mismos errores del pasado, por lo
que le ordeno no ir más allá de los límites del bosque, para buscar sustento. “La comida

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llegaría por si sola” le decía, más mentiras pensaba él. Con el tiempo los cazadores
dejaron de cazar en el bosque por temor lo que podrían encontrar en él, los rumores se
esparcieron rápidamente, poco a poco la gente abandono el bosque, finalmente los
recursos para los vampiros se agotaron. Una noche en la que ella salió de su bello
escondite, la cueva en la que ahora me encuentro. Ella buscaría un nuevo dominio en el
que podría controlar a su “leal” sirviente. El sediento y asqueado por beber sangre no
humana, la espero toda la noche hasta el día siguiente en el que aprovecho su ausencia
para desobedecerla, sin importarle que fuera de noche o no. Motivado por la sed que lo
invadía fue en busca de alimento, hasta llegar a los alrededores de la Ciudad, mi
Ciudad.

¿Cómo nunca lo vimos venir? Por mi mente jamás paso nada como esto, no creí que
realmente existieran vampiros rondando por una Ciudad como lo es Baltimore, en la
que jamás ocurre nada fuera de lo normal. Papá habría visto más allá de los límites de
nuestro poblado y yo al igual que él, debía prevenirlo. El vampiro salió al caer el
crepúsculo, encontraría algo con que calmar su sed. Después de toda una tarde de
asesinatos, ese desgraciado finalmente se topó con Marion. La siguió hasta una librería,
se encontraba un poco más tranquilo, él deseaba en el fondo continuar con su vida
“humana” en apariencia, por lo que se acercó a mi novia, como era de suponerse ella lo
ignoro, pero antes de que ese imbécil volviera a insistir; ella lo descubrió, salió con
tranquilidad del lugar. Dirigiéndose a mi casa, ella sabía perfectamente que hacer en
esta clase de casos, mi casa era el sitio más seguro. Se apresuró al sentir que aquel
sujeto la seguía, su presencia la hizo estremecer. Corrió por las calles no le faltaba
mucho para llegar, solo unas cuantas calles, solo unas no pude evitar gritar desesperado.

— ¡Tu puedes Marion! Solo un poco más, falta poco— Ve a casa, le gritaba pero ella no
podía escucharme, palabras mudas. Esto no era más que un juego mental de aquella
poderosa vampiresa. Me sentí ofendido y traicionado por que mi novia jamás me hablo
de aquel chico, un vampiro la acosaba y nunca dijo nada. Dudaba a estas alturas que ella
realmente me amara o por que nunca comentar nada. No importaba, ya estaba muerto
dejaría de acosar a mi novia. Ese tipo la siguió, mi rabia aumento al ver como la tomaba
fuertemente del brazo. Si es quedaban aun algunas cenizas en la hoguera, no dudaba en
quemarlas nuevamente para después patearlas.

Solté un grito del coraje, estaba furioso y lo peor es que yo pude haber hecho algo de no
haber sido tan estúpido. Me sentía un completo inútil, humillado y débil. Una parte de
mí se sentía traicionado, continúe mirando esa escena él estaba decidió a no soltarla la
apretaba con fuerza por lo que ella hacía gestos y gemía del dolor que le provocaba ese
tipo, Marion trataba de hacerse la fuerte pero no podía soportarlo más. Él se relajó un
poco al ver como sufría disculpándose como si lo que hacia fuera compensado con un
simple, lo siento. Él sonrió débilmente haciéndole una proposición que no debí escuchar
porque esto me puso colérico. Solo pude fruncir el ceño y gritar nuevamente, no me
importaba quien fuera pero sin duda mataría a quien fuera que estuviera pasando frente
a mi si pudiera hacerlo no lo dudaría, esto era la guerra contra esa maldita raza.

— ¡¿Cómo te atreves?!— Exclame furioso, le había propuesto ser una alimaña como él.
Ella se negó y la ataco enojado, la convertiría a la fuerza. Con todo esto ella trataba de
protegerse aún más, así que se liberó como pudo robándole un beso para tranquilizarlo,
sentí una daga atravesar mi pecho peor que las zarpas de esa temible mujer. Esto ya era
suficiente no quería saber más del asunto. La ira se apoderaba de mí, al menos ese

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maldito ya estaba muerto, y esperaba que continuara ardiendo en el infierno. Él percibió
algo vigilándolo pude verla, era esa mujer su pareja por lo que se alejó de Marion
golpeándola como si hubiera estado bebiéndola, dejándola tirada en un callejón, ese
mismo donde la encontraron mis padres, el cobarde se fue y dejo la marca de sus
colmillos a medias en su bolsa jamás toco su cuello, ella se protegió menos mal nunca
sería como él. El recuerdo termino regrese a la realidad mirando con sequedad y coraje
a esa maldita.
— ¿Ahora lo comprendes? Tantos siglos juntos… Y me traiciona con una ¡Simple
humana! Yo le di una nueva vida y así agradece siglos de riqueza y poder— Su voz
sonaba entre triste y un tanto furiosa.

—Si lo sabías debiste detenerlo…— Murmure sintiendo mi corazón quebrarse en


pedazos, pedazos que caían y se hacían cada vez más pequeños.
— ¡No es una simple humana! ¡Es mi novia! Ella no tiene la culpa de nada… ¡Estaba
hechizada por ese maldito! Así como tú me has hechizado en la controlaba— No puedo
creer lo estúpido que era, o tal vez solo trataba de hacerme sentir peor.

—En eso tienes razón… Poseía un encanto natural a pesar de no haberme sido del todo
útil, yo le di algo que nadie más podría ofrecer. Y ahora te ofrezco la oportunidad de ser
grande, poderoso y tú lo rechazas. Allá tú niño— Hizo un gesto sin decir nada más que
liberarme, quedaban muchas dudas en mi mente pero me sentí aliviado de ser libre al
fin, tenía una de dos. O marcharme y huir lo antes posible o quedar e intentar borrarla
del mapa como lo hice con su querido sirviente. Su rostro se mostró relajado en cambio
me sonrió, trataba de pensar en ambas posibilidades. La metió en un callejón
acorralándola, ahora lo veía todo con claridad. Él era mucho más fuerte y rápido que
Marion, era un chico y algo peor, un vampiro. No podía ella sola enfrentarse a un ser
como él. Como me odiaba por haber permitido todo eso, era muy temprano para que
alguien como él saliera en plena luz del día, durante la mañana cuando fuera menos
probable de encontrarse a uno de su raza y aun así rompió con el esquema. La
observaba con frialdad, su rostro cambio relajándose, no le puso las manos encima ni le
hizo daño, al contrario se presentaba con cortesía. Marion lo miro impactada era más
que obvio que no le creería, trato de hacer algo, escapar. No podía continuar siendo un
espectador, deseaba tanto poder ayudarla, si pudiera reviviría a ese desgraciado para
tener la dicha, de asesinarlo por segunda vez.

Estaba tan furioso que rechinaba los dientes trate de lanzarme contra él para golpearlo
pero solo los atravesaba como si yo fuera un fantasma no podían escucharme ni verme
estaba dentro de un recuerdo o algo por el estilo. Mi mente divagaba dentro de la mente
de esa vampiresa. Ese maldito sentía algo más por ella, lo note en su mirada, algo más
que una simple atracción de cazador hacia su presa, deseaba algo más y ella no. Menos
mal, pensé con tranquilidad, me preguntaba si realmente ¿Esas cosas podían sentir? No
son humanos, es imposible, se metió con la chica equivocada. Le provoco una clase de
hipnosis, para que al acercarse ella no saliera corriendo. Se acercó, y la toco. No pude
evitar gruñir del coraje, no quería imaginar que más podría haberle hecho.

La ira que sentía, se tornó más… como en un dolor sobre mi pecho, deseaba que todo
esto terminara. Esa última escena me impacto mucho más que la que presencie ayer
cuando había sido ya atacada. Ayer ella salió de su casa en dirección al centro comercial
donde ese sujeto la siguió muy de cerca ella lo percibió pero lo ignoro. El la tomo por
detrás jalándola del brazo, estaba tranquilo pero a la vez podía ver su cara colérica, ella

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trato de quitárselo de encima amenazándolo con que me diría todo. Ya tenía tiempo ese
imbécil cerca de nuestras vidas y no me había dado cuenta, estaba demasiado ocupado
con estupideces como para verlo. El idiota termine siendo yo por no haber prevenido
nada, me dolió esto. Marion nunca me diría nada, era muy calmada. Me pregunto por
qué espero tanto para amenazarlo ¿Acaso creía que me protegería? No es justo, esto
debe ser al revés, yo los protejo no ellos a mí, esa es mi misión no suya. Esto fue
demasiado para un adolescente.

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Capítulo 5

Por fin esa maldita termino de liberarme, mis pies estaban menos marcados que mis
muñecas. Solo me quería ofrecer una oferta que en la vida aceptaría y hacerme sufrir
con unas cuantas escenas de celos. Como sea, esa maldita me libero y antes de cometer
otra estupidez por hoy tenía suficiente de toda esta mierda. Me dirigí a la salida pero me
detuve para ver su expresión, pude haberla atacado y huir de haí, pero en vez de eso. Si
no hubiera sido tan tonto tal vez lo que me ocurrió jamás hubiera pasado, todo desde un
comienzo fue mi culpa, por ser distraído, impulsivo. Todo un completo imbécil. Ya
nada tenía marcha atrás, no era más que un mocoso imbécil que en aquella época no
pensaba en la magnitud de los problemas, que solo se dejaba guiar su impulsividad,
continuaba siendo así a pesar de todo esto. A partir de ese momento quedo marcada mi
vida, mi existencia por completo. Me libero mientras sonreía como si nada hubiera
pasado, no dije ni una sola palabra, solo quería salir corriendo de ese lugar a
desquitarme con lo que fuera, pero no quería que ella me viera sufrir, no quería que
viera que esto me había afectado. Debía ser fuerte, no permitiría que ella se burlase de
mí, aunque solo con verme el rostro cualquiera se hubiera percatado del cómo me
sentía. Al igual que el día anterior o peor, no sabía que me daba más coraje, el
asesinarlo antes de ver la realidad de la situación en la que me encontraba o el ser tan
estúpidamente impulsivo que era siempre y no haber prevenido nada.

Tarde tanto pensando en que haría y en asimilar bien los hechos, al final decidí largarme
de ese lugar, lejos. Di media vuelta pero antes de poder irme sentí su mano sobre mi
hombro, no voltee no quería que viera como me sentía.
—Comprendo cómo te sientes— Dijo con una voz dulce y compresiva. No me quede
callado y conteste molesto, quitando su mano con brusquedad.
—No tienes ni la menor idea— Dije entre dientes y con coraje, sentía ganas de llorar
por esto, seria débil no podía ocultar mi debilidad así era yo un chico débil. Un mocoso
que no podía hacer nada.

—Ya me ayudaste y de verdad gracias— Contesto aun con algo de dulzura, debí
haberme volteado para ver su rostro pero no lo hice.
— ¿Yo ayudarte cómo?— Pregunte confundido. Acaso que ella me mostrara mis
errores era una ayuda para ella.

—Tú me ayudaste a vengarme. Yo lo iba a matar justo cuando tu llegaste— Eso ultimo
hizo que volteara, la mire.
— ¿Entonces porque llorabas cuando termine con él?— Pregunte estupefacto, mi coraje
se tornó en sequedad. ¿Acaso se burla de mí? La mire con sequedad y ella sonrío.

— ¿Lamentarlo, llorar?— Rio con sarcasmo.


—Estaba furiosa porque alguien más había terminado con el— Contesto con coraje, la
observe con sequedad, esbozó una sonrisa y dijo.
—Pero entonces te vi a ti— Se acercó sigilosamente para acariciar mi rostro. Me aleje
de inmediato viéndola con coraje, como odiaba hiciera eso.
— ¡Tú me ayudaste!— Dijo tranquilamente.

— ¿De nada?— No estaba de todo convencido, la mire con sequedad, me prepare para
salir de ese lugar pero ella cerró el paso colocándose frente a mí.

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— ¡Ahora yo te ayudare!— Sonrío dulcemente pero después ese dulzor se tornó en
maldad, su semblante cambio por completo. ¿Está loca en que o que me podría ayudar?,
¿Qué es lo que haría?, ¿Revivirlo, acaso esa habilidad tenían? No lo creía posible. Pensé
como todo un imbécil, interrumpí mis pensamientos gracias a un miedo interno que
apenas surgía. No tenía idea de que ocurría, pero algo dentro de mí decía que saliera de
haí lo antes posible. Esa sensación no lo sabía pero con el tiempo descubrí que era el
mismo temor que tenía en el interior aquel sentido de supervivencia.
Cualquier ser la posee ya fuera viviente o no. Estaba cada vez más cerca, sentía un frío
recorrerme por todo el cuerpo, iba a dar un paso para salir cuando me agarro con sus
gélidas manos. De nuevo trate de salir huyendo sentía un temor mayor al de ayer.
Apareció cubierta con una capa color negro, su figura se asemejaba a la muerte, sus
manos eran tan frías podían sentirse tan delgadas como si su piel estuviera pegada al
hueso.

Empezó a pronunciar algo inteligible para mí o eso creía, cuando empezó a subir la voz.
—Tu lengua y mente siempre te traicionan. Corazón y mente, dividos. Sufre el delirio
de tus actos, no huyas de ello, no podrás ponerle fin a la condena que tendrás y desde
este momento pagaras por el resto de la eternidad. El castigo por ignorar una buena
oferta, tendrás ya que dices proteger y cuidar a los que amas, pero de ahora en adelante
tú mismo serás el que les traerá dolor y sufrimiento, caerás por tu mismo peso.
Condenado a una vida de mísera hasta que aprendas a dominarlo, ponte de rodillas por
tu liberación.

No te dejara ser feliz y juro que jamás te libraras de la maldición que te acabo de
lanzar— Golpeo fuertemente su mano esquelética contra mi pecho, del lado izquierdo;
mi corazón se aceleró mientras pedía a gritos explicaciones de lo que me ha hecho.
Estaba horrorizado esto parecía una clase de culto para convertirme en algo como ella o
mucho peor.
— ¡Déjame en paz, no me toques! ¿Quién te crees que eres?— Grite horrorizado.
— ¿Que fue toda esa sarta de tonterías?— La mujer empezó a reír con esa risa dulce
pero sarcástica, le divertía verme aterrado.

—Muchas peguntas, ¿es que jamás cierras la boca? Si tu familia te hace sufrir tanto, que
mejor que destruir la causa de tu sufrimiento— Esbozo una sonrisilla amarga. Este
teatro empezaba a hartarme, todo esto era más extraño de lo que podía llegar a creer. La
mire con la poca fuerza que me quedaba sus palabras empezaban a tomar sentido.
— ¡NO!— Grite exaltado. Yo nunca mataría a mi familia, no ellos. Nunca, lo último
que dijo me hizo pensar. Si explotaba nuevamente saldría de control, pero de una forma
más drástica.

Si me atacaban yo igualmente lo haría, cualquier cosa que hicieran en mi contra me


haría salir de control. La mire comprendiéndolo todo, ella se acercó a mi nuevamente,
con una voz dulce y llena de sarcasmo dijo.
—Te ayudo. ¿Y no das ni siquiera las gracias?— Termino de decir aquello con una
mirada fría y llena de odio hacia mi sin perder ese sarcasmo en cada frase que
pronunciaban esos gélidos labios.

— ¿Estás loca? Maldita loca. ¿Qué te hizo pensar eso?—


— ¡Estas demente!— Grite enfurecido, ella volvió a reír.
—Me lo pedías a gritos Keith— Me llamo por ese estúpido nombre.

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— ¡No me llames así!— Grite aún más exaltado y furioso.
—Bien si tanto te molestas conmigo te diré algo. Acércate— No quería saber nada de
ella, estaba loca y yo más aun por hacerle caso a lo que decía, no tuve de otra que
acercarme pues al frente de ella se encontraba la salida.

—Quítate de en medio— Le dije de forma agresiva haciéndola a un lado golpeándole el


hombro para quitarla de mi camino.
—Bien no te diré como revertir esto— Contesto de una forma aniñada y divertida sin
dejar de sonreír.
—Que te vaya bien Keith— Me lanzo un beso con la mano aun actuando como una
nena mimada, la mire con una cara de odio.

—Dime y no te hare nada— Aun… Pensé arqueando una ceja mirándola con recelo.
Ella se acercó a mí para decirme.
—Solo un Ser semejante a ti será capaz de revertir la maldición que sobre ti acabo de
inducir. Es eso o que accedas a la oferta que te hice— Susurro dulcemente en mi oído,
no sin antes darme un beso en la mejilla con sus fríos y asqueroso labios. No me
quedaría perdiendo más mi tiempo, así que pase a lado de ella para largarme de una
buena vez de ese horrendo lugar.

Creía que todo había terminado ¿pero en que debía creer realmente? esa era la pregunta
en sí. ¿Qué es lo que debía hacer ahora que era finalmente libre?, debía volver con mi
familia después de esto, no estaría en peligro si volvía. Esa mujer podría seguirme y
asesinarnos a todos apenas pisara mi casa, tal vez esta era una trampa para seguirme y
llegar hasta Marion. ¿Qué es lo que ella quería de mí?, me separa de las personas a las
que amo, de verdad que es siniestra, pero no puedo arriesgarme a hacerles daño, no sé si
creer en sus palabras o ignorarle. Estoy maldito por una maldita bruja, eso es. Algo me
dice que ellos solo estarán seguros si yo desaparezco de sus vidas, deben creer que he
muerto en mi intento por asesinar al vampiro, estoy confundido y temo por sus vidas
más que por la mía. Escape sano y salvo pero maldito, ¿Acaso puede existir algo peor
que esto? Tengo mucho miedo y no sé qué hacer, huir y ocultarme por el resto de mi
vida alejado de aquellas personas a las que intente proteger en cierta forma ella tiene
razón esto fue demasiado lejos. La única salida es hacerle pensar a mi familia que he
muerto intentando cazar al vampiro.

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Capítulo 6

Justo a tiempo logre escapar era un milagro que continuara con vida después de tan
perturbadora escena. El único problema es todo aquello de lo que nunca podría huir, de
mí mismo. En dado caso de que aquellas palabras fueran ciertas. Mi mente continuaba
cuestionándose, nada importaba más que el bienestar de mi familia, incluso más que el
mío. ¿Que sería ahora de ellos?, de mí debía que tomar una decisión una muy dolorosa
pero esto es lo correcto, o al menos eso creí. La única opción de la cual me apoye fue la
de huir para mantener sus vidas a salvo, si se tragaban mi muerte o mi desaparición
sufrirían, sería peor mi sufrimiento si decidía quedarme. Con el pasar del tiempo se
resignarían, como yo, se acostumbrarían y sus vidas volverían a ser las mismas de antes,
conocíamos a la perfección los riesgos, esto no es tan malo como creen.

La decisión estaba ya tomada. Si aquella loca me buscaba y sus palabras eran ciertas, mi
familia se podría entrar en un peligro mayor, por lo visto a esa mujer no le gustaba que
le desobedecieran y si lo que ella quería es que me fuera, lo haría fin de la encrucijada.
Daba gracias a que continuaba siendo humano, uno que respira y desprende calor, que
piensa con la cabeza y no se deja llevar por los instintos aunque a veces estos suelen
traicionar a la razón. Aun me preguntaba cómo pude haber sido tan estúpido y caer en
sus zarpas, no era mi culpa del todo, mi mente se nublo y cayó bajo su mortal hechizo,
no volvería a ocurrir. ¿Alguna vez pensaría dos veces antes de actuar?

El solo recordar aquella divertida pero maliciosa sonrisa, su cálida y dulce voz, hasta la
fecha me eriza la piel. Son parte de mis pesadillas y dudo superar esto algún día, pudo
ser peor pudo matarme. Me daba asco por no haberla detenido y haber permitido que
fuese aunque fuera por unas cuantas horas un juguetito más de su colección. Empezaba
a odiarme por caer en sus encantos como el débil humano que soy. De todo esto aprendí
algo, los hematófagos son mucho más poderosos de lo que creí. Sus palabras resonaban
una y otra vez por mi cabeza ¿A qué se refería?, ¿Un Ser semejante a mí? Otro humano,
tal vez por ello me alejo de mi familia para no romper la maldición, ellos podrían
ayudarme pero no la desafiaría o podría ser peor. Podría vivir solo, llevaba algo de
dinero conmigo, aunque debía volver por ropa y papeleo. No podía huir en blanco
necesitaba ciertas cosas para sobrevivir al menos por un par de semanas, hasta encontrar
algo estable. Alce la vista hacia el cielo, empezaba a caer la tarde lo cual me dio más
pánico y corrí hasta encontrarme con la camioneta. Volvería a casa ella pero la vendería
al alejarme lo suficiente, evitaría ser rastreado si me deshacía de mi localizador. Tome
mi chamarra de la camioneta, era de noche y a pesar de que estuviéramos en verano en
aquel lugar el frio y la oscuridad eran las que dominaban. Me encontraba semidesnudo,
mamá solía decir que si no cubríamos el pecho podríamos enfermarnos y no podía
enfermarme en una situación así.

Encendí la camioneta, encendiendo la calefacción, apenas me aleje del bosque y todo


parecía tomar un rumbo normal. Trate de continuar pensando en lo que podría haber
sido de no haber sido ya fuera por curiosidad o estupidez. Cualquiera que haya sido la
razón fue un descuido y pagaría por él. Conduje hasta el Norte, inicialmente esperaba
poder llegar hasta Nueva York, una de las Ciudades más grandes del país y donde
tardarían semanas en buscarme, lamentablemente el suministro de gasolina me permitió
a lo mucho llegar a las afueras de Filadelfia en el límite con Trenton. Y el dinero con el
que contaba lo guardaría para regresar en camión. Tome el localizador y lo coloque
dentro de la camioneta en una zona donde se consumiría por el fuego. Tome una reserva

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pequeña de gasolina y la chorree en los asientos encendí fuego con ayuda del
encendedor con el que había iniciado la hoguera y saque lo primordial de mi mochila
antes de echarla dentro de la camioneta cuando el fuego inicio. Corrí para evitar ser
tomado preso por la policía por vandalismo y contaminación ambiental, un riesgo que
pude que tomar. Pedí un aventón de regreso a casa y en cuestión de horas llegue,
esperaba que mis padres hubiesen interceptado mi radar, lo curioso es que tantas horas y
no volvieron por mi cuando me tuvieron encerrado, dure un día entero y ni siquiera un
mensaje de texto para preguntarse por mi bienestar. Tal vez se encontraban más
preocupados por Marion, yo estaría bien solo. Llegue a casa caminando después de que
el transporte que me recogió me dejo a escasos diez minutos de casa a pie, compartí el
viaje con un difunto, me infiltre dentro de una carroza, esto sí que daba miedo, pero
nada comparado con lo que pase en las últimas horas. Eran más de las 10:00 pm. Había
pasado todo un día, encerrado dentro de una cueva con una vampiresa que estaba loca.
Haí estaba al fin, mi casa era tan hermosa verla de nuevo aunque fuera una vez más.

Desde afuera de mi casa se notaba que dentro no había nadie, habrían salido apenas a
buscarme o sabrá dios para qué. Abrí la chapa de la puerta, todas las luces estaban
apagadas, una cálida sensación de bienestar llego a mí, me sentía feliz de haberlo
conseguido, había vuelto a casa, aunque fuera solo para despedirme de ella. Aquel lugar
que había sido mi hogar por dieciséis años. No había un solo ruido, mis padres nunca
me dejaron tener mascotas, porque mamá era alérgica al pelaje de ciertos animales si no
es que a todo. Mi sueño de la infancia además de algún día convertirme en astronauta o
en médico, fue el poder algún día poder tener un cachorro de cualquier raza desde un
chihuhaueño hasta un gran danés. No había ni un alma en casa, suficiente pérdida de
tiempo debía empezar a moverme para salir lo antes posible o podrían regresar y toparse
conmigo y todo se vendría abajo. Subí las escaleras con sigilo, cada segundo era
primordial ya que ellos podrían estar a estas alturas ya muy preocupados. Lo que más
dolía de todo esto, era el hecho de no poder despedirme, no dejaría ni una nota para
avisarles que me encontraba bien, lo mejor era hacerles pensar que su hijo había sido
tragado por la Tierra.

Mientras más me adentraba aquel dolor se hacía mucho más fuerte, no era esa sensación
de ardor sobre el pecho, esto no lo podía comparar con alguna otra cosa, iba más allá de
lo externo. La cabeza me punzaba a causa del hambre y de tanto pensar. Busque el
interruptor para encender las luces del pasillo, a tientas lo encontré, antes de entrar en
mi habitación abrí el closet del pasillo donde mamá guardaba los adornos navideños y
las maletas que usábamos las pocas veces que viajábamos para tener unas normales
vacaciones familiares. Desde que cumplí los catorce, ya no salía más que para entrenar
y conocer cómo sobrevivir en el bosque me sentía como un boy scout, pero mi trabajo y
vida era mucho más complejo que la de un niño cualquiera hasta para alguien de mi
edad esto era demasiado, una responsabilidad con la que había fallado. Saque un par de
maletas que se encontraban hasta el fondo mamá no notaria la diferencia, saque la casa
de campaña que había olvidado llevar la noche anterior esta era compacta y cabían
dentro al menos tres personas , muy apretados pero me seria de mucha ayuda.

Llegue a mi habitación, en la entrada sobre la puerta tenía un espejo pegado donde pude
ver lo mal que me veía, todo lleno de cortadas y mordidas, arañazos. Parecía que había
luchado contra un oso, esto sin duda dejaría marca. Mi figura es delgada y en este
momento lucia más débil de lo que en realidad era, pálido y con ojeras por no dormido
bien, tendría tiempo de recuperarme ya que terminara con esto. Aquel dolor poco a poco

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se fue apaciguando convirtiéndose en algo más intenso lo sentía como algo gélido y a la
vez hervía mi sangre, un odio que se convertía en ira. No tenía idea de dónde provenía
ese sentimiento, ese dolor, ese odio, el rencor. Todas estas emociones que había sentido
días atrás en esa caverna, esta sensación me atemorizo. Saque unas cuantas prendas de
mi armario llenado la maleta más grande, en el futuro podría comprar más ya que
encontrara un trabajo para pagar la nueva vida que tendría. No estaba listo o al menos
no me imagine una semana atrás tener que valerme por mi mismo, esto no estaba en mis
planes, pensé en vivir con mis padres hasta terminar la escuela preparatoria, me iría al
entrar a la Universidad, esto fue tan precipitado, que aún no me daba a la idea.

Busque dentro de mi armario una cajita donde solía guardar todos mis haorros, los
usaría el día en que nos graduáramos de la preparatoria para viajar al menos a California
y disfrutar de un poco de Sol también decían que México contaba con hermosas playas,
recomendado para vacacionar, todo era mucho más barato allá, incluso el hospedaje. En
fin ahora con este dinero, me bastaría para al menos vivir por unos cuantos meses en lo
que encontraba la forma de salir adelante. Introducía la mano para sacarle todo mi
dinero, los eche directamente dentro de mis bolsillos, deje la cajita en su lugar para que
nadie notara que alguien había estado husmeando en mi habitación entre menos
evidencia dejara de mi paradero, mejor. La caja resbalo hasta caer al piso dejando caer
algunos papeles y cositas que tenía guardadas en ella, como viejas fotografías, cartas y
hasta un dije, obsequio de Marion, tome estas cosas y de igual manera las guarde en mi
pantalón regrese la caja a su lugar tome la maleta llena de ropa y la vacía para bajar de
una vez.

Ya en la sala camine hacia la cocina para sacar unos suministros, tome algunos paquetes
de galletas, latas y botellas de agua, todo se veía tan apetitoso que mi estómago rujió
debido al hambre me mire en un espejo en el que mamá y Jessica solían verse antes de
salir a cualquier lugar, me veía muy demacrado y hasta mayor a lo que era no veía más
a ese chico de dieciséis lucia casi como papá, por lo que parpadee varias veces y haí
estaba yo de nuevo solo que me veía muy mal. Enfermo y deprimente, me encogí de
hombros tratando de olvidarlo todo, llene los compartimientos de la nueva mochila con
comida y algunos dulces de nuevo. Daba gracias a que la cocina de mi casa siempre
estuviera repleta de comida, esto gracias al voraz apetito de mi padre, yo lo había
heredado y casi nadie podía creer que en un solo día y sentada lograba hasta comerme
tres hamburguesas dobles con queso, de solo imaginarme una hamburguesa
acompañado de deliciosas papás fritas me provoco salivar, moría de hambre pero no
podía darme el lujo de hacer paradas para comer al menos de gastarme los suministros
de comida, así que husmee en la cocina buscando algo ya abierto para que no fuera
desperdiciado. Siempre deje rastros de mi paradero, dudaba que algún ladrón entrara a
casa y robara ropa de mi habitación, dinero de mi fondo de haorro y comida de la
cocina, pero poco me importo, debía arriesgarme.

Baje las escaleras tomando el pasadizo que había de la cocina hacia el sótano para tomar
algunas cosas de nuestra biblioteca familiar, mitad biblioteca mitad centro de
investigación privado donde teníamos más información que cualquier otro lugar del
Noroeste de los Estados Unidos acerca de las criaturas nocturnas que vivían entre
nosotros haciéndose pasar por simples humanos, habían cientos de ellos en todo el
mundo y nuestro trabajo, mantenerlos al margen y alejados de nuestra comunidad. No
tenía idea si en otras partes del mundo existían más familias como nosotras, o legiones
de cazadores, nunca le di la importancia suficiente. Me limite a los recursos y las

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enseñanzas de mis padres, una extravagante pero divertida tradición, o al menos lo fue
para mí. Gracias a lo que paso, mi vida tomo un rumbo totalmente diferente al que tenía
contemplado. El pasadizo hacia la cocina había sido creado por mi padre el busco la
forma más rápida para llegar al refrigerador, estaba harto de esperar por la cena. Así que
esta forma él podía subir y servirse lo que le placiera. Las luces estaban apagadas y al
estar por debajo de los cimientos de mi casa estaba peor de oscuro que en la planta alta,
menos mal en este lugar las luces se encendían con solo aplaudir, así que eso hice y
enseguida los cientos de libros que tapizaban el sótano, se iluminaron, me dio cosa
hurtar las viejas reliquias familiares en vez de eso preferí tomar prestado sin fecha de
devolución lo más nuevo como una computador portátil que es muy pesado, una vieja
cámara de baterías AA.

Tome uno que otro libro que tal vez podría serme de información, tome solo cuatro al
azar los más gruesos que podría llevar sobre la espalda, no quería ir lleno de cosas con
dos maletas llenas y la mochila tenia. Observe todo el lugar, repleto de valiosa
información, habían desde libros hasta armas que la noche anterior habían servido de
nada. Había mapas y demás cosas planos etc. todo lo tome además de algunas armas
que tenían repetidas y que podrían servirme para la caza al menos de animales, esperaba
no tener que toparme con ningún otro nocturno en mucho tiempo o mejor, nunca. En su
mayoría no eran más que armas modificadas como para asesinar animales comunes, a
veces servían y otras veces debíamos hacer más uso de nuestra inteligencia. Cosa en la
que falle, el lema de mamá era que a veces no se tenía que hacer uso de la violencia para
triunfar en una cacería, aunque siempre esta implicara armas. Quizá lo trato de decir es
que no siempre debía verse sangre derramada, hacer un trabajo sin derramar sangre
aunque cazar implicaba matar.

Al terminar regrese nuevamente a la cocina por aquel pasaje secreto, regrese por mis
maletas a mi habitación, me quede un par de minutos para apreciarla por última vez. Las
paredes pintadas de azul cielo, la misma fachada para mi habitación desde que era un
bebe. La pintura estaba carcomida por la humedad, y mi cama pegada contra la pared,
debajo de la pequeña ventanita por la que entraba el Sol para despertarme y que en días
nublados no funcionaba y terminaba levantándome hasta muy tarde. Tome ambas
maletas una en cada mano y baje las escaleras apreciando cada detalle de mi hogar. El
lugar de reunión familiar siempre fue la sala, habían ocurrido tantas cosas buenas y
malas, peleas, risas, caídas, de todo un poco.

Este siempre fue el punto de convivencia. Todo me resultaba de lo más doloroso, tome
un respiro para tomar algo de valor antes de salir por última vez, no me quedaban más
de quince minutos antes de salir huyendo como un fugitivo de mi propio hogar. No
pude ver por última vez las fotografías familiares solo un enorme cuadro que se
encontraba en medio de la sala con un retrato familiar, apenas contaba con diez años de
edad, mi hermana doce fue en esa edad cuando mi dulce y normal infancia termino,
desde aquel momento mi vida queda marcada, por un secreto que debía proteger.
Ya estaba preparado para irme sin embargo no listo para hacerlo. Nunca lo estaría y aun
así debía hacerlo.

—Ahora o nunca Fenton, ahora o nunca— Repetí levantando la cabeza manteniéndome


firme en mi decisión y seguro de lo que hacía. Salí a través del marco de la puerta sin

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mirar atrás. El gruñir de mi estómago no cesó y a eso le sumo el intenso ardor sobre mi
pecho, me invadía tanto mente como parte de mi corazón, apuñalándolo hasta destruirlo.
Con el alma partida por la mitad y agonizante, sería mejor dejar atrás las cosas, solo de
esta forma mi vida tomaría su curso de nuevo.

Dejar tantas cosas maravillosas, mi familia, la escuela, mis amigos, todo lo que conocía
y formaba parte de mi vida; no sería tarea sencilla. Abandonar a las cinco únicas
personas por las que daría la vida, cosa que hice en aquel momento, y con esto no
garantizaba del todo que estuvieran a salvo. ¿Creerían que de verdad desaparecí?, ¿Qué
será de mí?, ¿Podría sobrevivir, lejos de ellos? Tuve que armarme de la fuerza
suficiente para dejar todo como parte de un pasado al que deseaba aferrarme,
sobreviviría, para esto había sido entrenado en los últimos años, debía ser sencillo,
aunque al principio me costaría trabajo rheacer una vida como un chico independiente.
La parte más difícil, seria el no poder olvidarlos, enfrentarlo solo.

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Capítulo 7

Tome un taxi para que me llevara a la estación de autobuses. Si no quería ser


descubierto debía mudarme al Sur del país, tal vez podría cruzar la frontera y vivir en
México. Compre un boleto para Atlanta, Georgia. Descansaría un par de días hasta
llegar a mi verdadero destino, Los Ángeles. Sería un viaje largo, recorrer todo el Sur no
será sencillo. Llegando a Atlanta compraría un auto barato para seguir con mi camino
haciendo las paradas para descansar necesarias. Este viaje dudaba que fuera divertido,
sería muy solitario hubiese deseado traer conmigo a Marion o a Erick o ambos. Esta era
la segunda vez que viajaba solo a un lugar tan lejos de casa. Llegaría tal vez en el
mismo tiempo si tomaba un camión pero el viaje seria de lo más agotador y en cambio
si iba en mi propio auto podría desviarme para descansar y seguir con el viaje al día
siguiente.

El viaje a la capital de Georgia fue más pesado de lo que imagine tarde dos días en
llegar, apenas y sentía las piernas. Necesitaba una ducha caliente y algo de comer, papás
fritas y panquecitos de vainilla con relleno cremoso no me llenaban. Buscaría un lugar
donde pasar la noche, y el auto podría esperar no era urgente. Cruce la calle sumergido
en mis pensamientos, no mire el cambio de señalamiento del semáforo. Un auto freno
en seco frente a mí, escuche el impacto y solo pude poner los ojos en blanco al ver que
por unos centímetros no me alcanzo a golpear, de nuevo me salvaba de la muerte. Un
anciano bajito y calvo bajo de aquel convertible con capota, un auto clásico. Un
Oldsmobile 442 rojo de los 70`s, lindo auto pensé olvidando el incidente. El pobre señor
lucia muy pálido por el susto, creo que él estaba mucho más asustado que yo.

— ¿Te encuentras bien, chico? — Pregunto muy preocupado acercándose a mí para


revisarme, estaba perfecto pero aun así el anciano insistió en llevarme a su casa para
asegurarse de que tal vez no lo fuera a demandar. Accedí, necesitaba donde quedarme, y
el amablemente me ofreció un lugar donde quedarme aunque fuera solo para dormir esta
noche. Su casa era modesta y muy pequeña, solo vivían en ella él y su esposa. Al llegar
su esposa me miro con alegría, regaño a su marido por el incidente, insistí en que todo
marchaba bien. Ella me miro muy flaco y descuidado, se preguntaba como un chico de
dieciséis podía estar solo, les conté mi historia omitiendo el que era cazador y toda la
cosa sobrenatural, retomando lo esencial. No estuvieron de acuerdo de que escapara de
casa, ellos me ofrecieron pasar un par de noches en su casa, en lo que encontraban que
hacer conmigo, insistieron en hablar con mis padres para solucionar mis problemas pero
yo me negué. Menos mal no les di más datos de los necesarios. La Señora Connor me
llevo a una habitación en el segundo piso, parece ser que era de su hijo, esa misma
noche me confesó que yo le recordaba a su fallecido Fred. Quien había muerto al ser
militar, un orgullo para ellos, su único hijo y este murió. Me sentí mal por ello, ahora
comprendía porque su insistencia para que volviera a casa. Esa noche deje mis maletas
debajo de la cama. Saque mi pijama antes de darme una ducha, la primera que tomaría
después de días de no hacerlo. Ya fresco me puse mi pijama y fui a la cama, no tenía
idea de la hora pero no me importaba saberla, tan solo deseaba un lugar cálido donde
descansar.

Al día siguiente desperté casi al medio día eran las 11:00 am. La Señora Connor me
pidió bajar para almorzar algo, moría de hambre y era al igual que el baño de anoche la
primera comida decente que tenía en días. Pan tostado y un plato repleto de huevos
revueltos con jamón y tocino me esperaban en el comedor. Los comí de inmediato

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hambriento, el Señor Connor cuyo nombre es Paul me sirvió un vaso de jugo recién
exprimido de naranja, tenían un árbol en su patio trasero. Agnes, era el nombre de su
esposa, ellos dos tenían más de 30 años de casados vaya eso es demasiado, vivían
solos ambos pertenecían al Sur de Canadá de un pequeño poblado llamado Penticton,
fue allá donde se encontraron pero decidieron vivir en Atlanta por cuestiones laborales.
Termine mi almuerzo escuchando un poco acerca de sus vidas, ellos si habían tenido
una normal. Le di las gracias a la Señora Y ese día quise ser productivo así que me
ofrecí para lavar los platos sucios, y pregunte en que otra cosa podría ser de ayuda.
Ayude todo el día a la Señora Connor con su jardín en el patio trasero, era enorme en
comparación a su modesto hogar.

La noche llego y nuevamente me arreglaba para dormir, por un día me olvide de todo lo
que ocurría. Esa noche soñé con aquellos ojos violetas y esa gélida sensación de las
manos de esa mujer sobre mi cuerpo, tuve escalofríos, desperté de sobresalto en la
madrugada, no pude continuar durmiendo así que me levante para echar un vistazo en la
habitación de Fred. Había por todos lados viejas fotografías de su adolescencia y no
pude evitar sorprenderme por el parecido con él. Al igual que yo sus ojos eran color
azul, a pesar de que la fotografía no tuviera colores muy nítidos se apreciaban con
claridad, su cabello era corto y cobrizo al igual que el mío. Las fotos más recientes se
vieron un gran cambio ya que aquel chico menudo creció hasta volverse un miliar con
amplios hombros. Su traje tenía unas cuantas insignias había estado en servicio hasta el
día de su muerte, no tuvo familia, ni siquiera una novia. Apenas su vida iniciaba y
murió en servicio, eso debe ser feo. Suspire r egresando a mi cama para dormir un
poco.

Al día siguiente nuevamente el almuerzo esperaba, el Señor Connor saldría a comprar


algunas cosas para la despensa, Agnes insistió para que yo lo acompañara, el no quería
interrumpirme. Termine rápidamente de comer y subí al Oldsmobile rojo para
acompañar a Paul al supermercado. Platicábamos de algunas cosas, se interesaba por
mí. Le conté que deseaba convertirme algún día en medico pero debido a mi situación a
lo más que llegaría seria a ser enfermero. El hizo una mueca, al principio creí que era
por mi comentario tan pesimista, pero en ese instante el auto se movió bruscamente.
Paul trataba de aferrarse al volante así que lo hice a un lado para controlarlo, le estaba
dando un ataque al corazón. Conduje hasta el hospital más cercano, tuve que preguntar
por él, el Señor Paul quedo inconsciente no tenía idea de lo que le ocurría, me
preocupaba. Al llegar los enfermeros que lo atendieron en urgencias dijeron que tenía
minutos fallecido, murió de inmediato. Este era su segundo infarto en lo que iba del año
y al parecer su débil corazón no lo soporto. Dieron aviso a su esposa, me quede a su
lado para consolarla. Me sentía tan mal por todo esto, no fue mi culpa. No pude haberlo
salvado el murió al instante no por haberlo llevado demasiado tarde me lo decía una y
otra vez. Pero el sentimiento me invadió y me solté a llorar con Agnes, en vez de
apoyarla y con tantas cosas en la cabeza me derrumbe.

Me quede para el funeral fue muy sencillo solo unos cuantos vecinos y amigos cercanos
a Paul y Agnes, me sentía de mas pero en este momento ella necesitaba el apoyo de
alguien. Retrase mi viaje algunos días para apoyar a la Señora Connor, se iría a vivir
con una de sus amigas que al igual que ella estaba viuda, yo por mi parte debía seguir
con mi camino. Agradecí todas las molestas y ella me regalo algunas prendas de su
hijo, incluso algunas jamás las uso aunque estaban algo pasadas de moda porque tenían
al menos quince años, las acepte agradecido. Antes de marcharme me obsequio el auto

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de Fred, aquel convertible con capota rojo que conducía Paul el día que casi me
atropella, no podía aceptarlo pero aun así lo hice. Me deseo suerte y esa misma mañana,
la deje en casa de su amiga Marie. Me dirigí por la interestatal para dar un recorrido de
casi un mes por todo el Sur de USA. Conocí muchos sitios, tome muchas fotografías
con la vieja cámara de baterías, me hubiera fascinado tener una más profesional debía
conformarme con esto. Llegue por una extraña razón a San Diego, al equivocarme de
salida en Arizona debía tomar la ruta a Phoenix, llegaría directo a aquella enorme
Ciudad Californiana, en cambio el camino que tome que mucho más al Sur de lo que
imagine. Me quedaba poco dinero, había gastado demasiado en moteles y comida, sin
contar la gasolina que parecía durar muy poco. Termine en San Diego con escasos
quinientos dólares en el bolsillo, menos de lo que calcule tendría al llegar a mi destino.

Cuando llegue a Atlanta, trate de idear una vía de escape en la cual mis padres no
podrían encontrarme. No tenía idea de a dónde dirigirme y el Sur fue mi primera
opción, a pesar de no llegar a Los Ángeles como lo tenía contemplado llegue a una
Ciudad tranquila y linda, con muchos condados alrededor que eran igualmente
tranquilos. Los Ángeles, ya no estaba en mis planes, me sentía muy cómodo en este
lugar y dudaba que me fueran a encontrar, esta vez no me equivoque. En cierta manera
daba gracias al no contar con mi familia que con los que ya había perdido, de esta
forma mis padres no se contactarían con nadie más y mi búsqueda seria tardada, los
recuerdos invadían mi mente No tenía más amigos que los que había dejado atrás, en
aquel pequeño condado de Maryland a las afueras de Baltimore. Ahora me encontraba
en una cafetería, hice una parada para desayunar antes de pensar en cuál sería el
siguiente paso. Mi mente divago buscando entre todos mis recuerdos algún rostro
familiar o amigable aparte del de mis padres y claro, el fallecido Señor Connor y su
esposa Agnes. No podía creer que fueran las únicas personas en las que pudiera
refugiarme, estaba solo en el mundo y esto me deprimía aún más.

Cuando era pequeño mi vida era muy distinta a la que lo fue los últimos años, mi
infancia no fue como la hubiera querido. Mis padres eran bastantes descuidados en
cuanto a mí respecta y jamás me escuchaban, crecí prácticamente solo con el apoyo de
mi hermana. Hacían de nosotros lo que se les diera la gana, después de todo ellos son
los que mandan quien era yo para oponerme a sus reglas no era más que un infante.
Como todo niño yo contaba con sueños e ilusiones, desde mi origen mi vida fue un
tanto distinta, mi vida no fue normal. Oh tal vez ellos eran normales y yo era el único de
la familia que actuaba diferente, fui bastante solitario y tarde casi tres años en hablar, un
niño retraído y un poco despistado. Me llevaron con especialistas, ellos creían que era
normal, para que socializara me inscribieron de inmediato a la escuela, el preescolar.
Haí fue cuando conocí a mis mejores amigos de toda la vida, Marion y Erick. Los
únicos amigos que hice en toda mi vida escolar, la suerte de vivir en un pequeño
condado es que puedes crecer con tus amigos, estuve con ellos en cada situación y etapa
de mi vida, éramos felices hasta hoy.

Recuerdo aquella vez, la primera que permanecí alejado de ellos durante las vacaciones.
Todo inicio semanas antes de salir de vacaciones de verano, estaba tan emocionado
porque mis padres habían accedido al enviarme a un campamento de verano en Florida,
mi sueño en aquella época era como el de la mayoría de los niños de mi edad,
convertirme algún día en astronauta. Oh si claro. En aquel campamento conoceríamos
algunas instalaciones de la NASA ya que en una de las salidas la más esperada, además
de la excusión tendría al parque temático de Disneyland, playa con agua caliente no

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como en casa, entre muchas otras cosas. Marion también había tenido el permiso para ir
así que después de todo no iría solo, Erick me dio la sorpresa de que ese había sido un
obsequio de su mamá, oh esto era genial, junto una vez más con mis dos mejores
amigos.

Había tomado un volante de la mesa de la profesora ella los repartía, no todos los niños
contaban con el presupuesto o el permiso para asistir, al final por no ser obligatorio mis
padres optaron por tampoco permitirme asistir a mí. Ya habían firmado y al final me
negaron la salida, esa tarde hice berrinche pero ni así logre salirme con la mía. Mi
hermana que a veces lucia más como mi niñera o hasta mi segunda madre trato de
calmarme, ella solo tenía doce años pero siempre actuó como alguien más maduro. Es
una persona admirable y muy brillante, ella si obtenía siempre buenas calificaciones en
cambio yo, no. Esa seguramente fue la razón por la que me castigaron. Jessica trato de
calmarme y para que estuviera tranquilo esa noche me dejo dormir en su cama. Mi
hermana siempre fue un buen ejemplo a seguir y un orgullo para nuestra familia y para
toda la comunidad, no sería nunca como Jessica pero aprendí muchas cosas buenas de
mi hermana. No digo que mis padres hayan sido malos conmigo, solo digo que no eran
como quise que fueran, nadie está conforme con sus padres hasta que los pierde, como
yo. Desde mi nacimiento hasta el último día que viví con ellos, siempre fueron tan
despistados, todos lo éramos. Solo que ellos no veían todo el daño que me hacían,
exigían más allá de lo que podía lograr. Yo no era un orgullo como mi hermana siempre
los decepcionaba y aquella noche no fue distinto. Como ya lo había mencionado nunca
mantuve relación con nadie más que con ellos, algo que realmente impacto mi vida
cuando más necesité el apoyo incondicional de una madre o una amiga. Jessica no pudo
seguir cuidando de mí en vacaciones y yo me encontraba solo en casa, ella había salido
con chicos de mayor grado escolar, participo en un concurso fuera de la Ciudad quiso
llevarme con ella pero solo sería un estorbo.

Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, cuando mi corazón sintió por primera vez un
sentimiento que nunca antes había experimentado. No es como lo que sentí con Marion
o lo que siento por Illian, fue distinto. Quien de niño nunca se ha enamorado de aquella
persona que cuida de él, ya fuera niñera o la profesora de la escuela, dependemos y le
tomamos tanto cariño a esa persona que terminamos enamorándonos de ella. Eso me
ocurrió, en aquel campamento me enamore de mi guía de excursiones. Anali Márquez
es su nombre, una chica de procedencia latina de dieciséis años que adoraba a los niños,
en el buen sentido. A ella le gustaría dar algún día clases a pequeños de preescolar o
primaria, es muy divertida y yo le tome mucho aprecio. Les deje de hablar por días a
mis padres, seguía molesto con ellos por haberme prohibido asistir al campamento, no
quería hacer otra cosa más que estar encerrado en mi habitación jugando con mis
juguetes. Moldeando figuras de plastilina o cualquier cosa que considerara entretenida
un niño de diez años de mi época. Ese mismo día pensé en huir de casa, al parecer ya
contaba con aquel pensamiento desde pequeño solo que aquella noche hice mi maleta
para salir de casa y buscar ese campamento por mi cuenta si es que llegaba lejos o
alcanzar a mi hermana en la terminal de autobuses. Mis padres entraron a la habitación
sin tocar yo no los había escuchado seguía empeñado guardando unas cuantas cosas
dentro de una pequeña mochila escolar, ya no cabía casi nada dentro, me urgía irme.

—Keith, ¿Recuerdas el campamento al que te querías inscribir?— Preguntaron


haciéndose los misterioso, me voltee a verlos cerrando mi maleta ilusionado por que
hayan cambiado de opinión y siempre me dejaran asistir.

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—Si— Conteste con entusiasmo mirándolos con ojitos de cachorro triste.
—Bien, porque encontramos un campamento mejor—
— ¡¿Qué?!— Exclame impactado abriendo los ojos de igual manera, los mire
confundido. Mi rostro cambio en cuestión de segundos de felicidad a tristeza, me
desilusione como la navidad anterior cuando me regalaron un perro de peluche que
funcionaba con baterías en vez de uno de verdad como se lo había pedido a santa. Sabía
perfectamente que él no existía, no era tan iluso como la mayoría de los niños, pero les
hacía creer a mis padres que creía en mentiras que los adultos inventaban para
entretener a los ojos. Deseaba tanto que aquellos seres nocturnos hubiesen sido parte de
ellas.

—Hijo te mandaremos a California— Sonrieron de oreja a oreja, mamá empezó a armar


mi maleta porque esa misma tarde me llevarían al aeropuerto de Baltimore para llegar a
California mañana por la mañana, volaría yo solo y tendría un par de escalas. No me
daba miedo, pero esto no es lo que yo quería, algo a nada. No replique y acepte
gustoso, no tanto como me emocionaría de ser Florida. Al menos me mandaran a
Hollywood, podría ver como se filman las películas y vería astronautas de ciencia
ficción. En California también estaba el primer parque de Disneyland, debía ser mejor
que el de Florida, esto sería mejor.

Me mostraron el folleto y me lleve una sorpresa al ver el lugar que me mostraban no


tenía nada que ver con lo que mi mente había imaginado. Parecía un campamento para
aprender a sobrevivir en el bosque, una indirecta para lo que me depararía en el futuro.
Aprendería a ser un niño scout y esto solo me hizo sentir peor, yo no era muy amante de
la naturaleza y esas cosas, odiaba ir a pescar al lago con papá, era aburrido subirse a un
bote por horas y ser quemado por el Sol. Fue peor de lo que creí, me mandarían a un
bosque en medio de la nada. En California ni siquiera tenía idea de que tenía bosque, en
el Sur solo hay desierto. Odiaba el Sol, después lo amaría y años más tarde no podría ni
verlo o sentirlo. El bosque al que papá me llevaba a pescar a la fuerza era mejor que al
que me enviaban, mis padres trataban de entrenarme en toda clase de climas y probar mi
fuerza, mi resistencia. Si querían mandarme a un bosque más bonito podrían haberme
enviado al Norte, o a Canadá, donde al menos había árboles, la mayoría nevados todo
el año o en su mayoría.

— ¡Oh!, ¡Yupi!, ¡Que genial!— Exclame desganado. Todavía ni llegaba a California


cuando empecé a contar mentalmente los días para estar de regreso en casa, llegue en un
horrible autobús que me recogió del aeropuerto, no era el único niño que iría al
campamento de fuera del Estado, no podía creer que más padres enviaran a sus hijos tan
lejos a un lugar tan feo. Los asientos del autobús de mala suerte se encontraban
desgarrados y los resortes se insertaban en el trasero cuando entramos al bosque este
brincaba y al bajar sentía todo el trasero adolorido y entumido.

El campamento tenia por nombre Julian, que recuerdo me trajo. El nombre del niño que
me intimido los dos años, me quitaba mi almuerzo y me lanzaba tierra a la cara, a veces
me pateaba o me alzaba, yo era la mitad de él. La tortura termino cuando fue transferido
a otra escuela, menos mal me dejaría en paz. El resto de los niños bajaron del camión
cantando y emocionados por haber llegado en cambio yo parecía un amargado, más que
amargado estaba muy triste. No conocía a nadie, mis amigos estarían disfrutando del
cálido Sol de Florida, mientras yo me encontraba en medio de la nada. Me preguntaba

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cómo podían emocionarse por venir a un lugar tan aburrido como este, ¿Acaso no
conocían el campamento en Florida?

Nos pidieron orden para formarnos, acomodándonos por estatura, en aquella época yo
era muy bajito y algo llenito en comparación con mi complexión actual, di el estirón al
llegar a la pubertad y aunque continuara teniendo un rostro infantil crecí. Actualmente
mido poco más de 1.70 m, y luzco como un fideo. Tenía poco más de tres meses usando
gafas, me diagnosticaron miopía, esperaban que con esto ya no sacara tan malas
calificaciones, culpaban a mi mala visión por ellas, menos mal.

Los niños más grandes se fueron primero, que los más pequeños. Al parecer ya
conocían el camino, para muchos de nosotros era la primera vez en Julian, nuestra guía
campista tardo tanto en llegar que deseaba haber traído algo de comer conmigo como
una deliciosa barra de chocolate o unas galletitas del avión, estaba tan triste que hasta el
hambre se me quito al contrario me maree en el vuelo. Todo cambio cuando con una
nos saludó con enorme y hermosa sonrisa, y aquel acento tan lindo con una mezcla de
dulzura.

—Bien niños soy la señorita Márquez, y nos divertiremos juntos las próximas cuatro
semanas— Así es el campamento duraría un mes. Su sonrisa me cautivo, era un ángel
esa chica, un hermoso recuerdo que no olvidare. La primera actividad que tuvimos
después de instalarnos en nuestra cabaña, fue ir a la lago, solo éramos cinco niños el
grupo más pequeño del campamento. Nos recibieron en la cabaña con un desayuno
sorpresa y la sorpresa para mí fue que no hubo postre, todo era desabrido al ser
saludable. Leonard, Jacob, Christian, Daniel y yo éramos los únicos. La Señorita Anali
decidió que fuéramos los primeros en disfrutar de una aburrida excursión por el bosque,
mientras el resto del campamento disfrutaría de un refrescante chapuzón en el lago, no
quería riesgos y quería que moviéramos las piernas después de un largo viaje sentados
en el autobús del mal. El sendero era muy angosto, nosotros íbamos por delante de ella,
así nadie se podría perder. Nadie cantaba ni hablaba, todos éramos muy serios y
preferiríamos ver el panorama. Me distraje unos segundos para atar mis agujetas que
por poco hacen que tropiece, tan solo paso un minuto cuando me agache, al levantarme
note que me habían dejado. Hubiera sido mejor avisarles, no creí tardar tanto, me quede
perdido y lo que debí hacer fue quedarme, pero no. John no hace caso nunca y haí va a
tratarlos de encontrar. Apresure el paso en un intento por alcanzarlos más adelante, no
los encontré y termine saliéndome del sendero, ahora sí que estaba perdido. Me senté en
una roca para llorar desconsolado por qué no los veía, pasaron varios minutos y no tenía
idea de que más hacer. Me comerían los coyotes al caer la noche, las ardillas de ese
bosque podrían tener rabia y morderme, una presa fácil. Escuche un ruido, sabía que mi
fin se acercaba tuve tanto miedo que trate no gritar si era un oso estaba muerto, no era
un oso. Era Anali, sonreí ampliamente al ver quien era en realidad.

— ¿Keith te encuentras bien?— Pregunto dulcemente estirando los brazos para


abrazarme, me hice a un lado para dejarle un poco de espacio, aún estaba sentado en esa
roca, más suave que el asiento del camión. No fue mi intención soltarme a llorar al
sentir esos dulces brazos rodearme. Después de unos cuantos minutos termine de llorar
pero los sollozos continuaban haciéndose presentes.
—Bien, pequeño podrías explicarme… ¿Qué haces aquí?, y lo más importante, ¿Por qué
llorabas?— Se escuchaba bastante calmada, sí que tenía paciencia, parecía jamás
molestarse.

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—Porque mis agujetas se desataron así que me agache para sujetarlas, no avise, no creí
tardar tanto. Cuando me levante ya no estaban. Camine entre los árboles para poder
alcanzarlos pero me perdí. Me quede aquí para evitar ser almuerzo para los coyotes y
las ardillas rabiosas— Ella solo rio por aquel comentario, suavemente despeinando mi
cabello a lo que yo la mire molesto tratando de peinar nuevamente.
— ¡Me despeinas!— Me queje, odiaba que me despeinaran.
—Las ardillas no tienen rabia pequeñito, ellas solo juegan en los árboles y buscan
nueces para comer, no muerden. Es más ni siquiera se te acercan a menos de que fueras
una enorme nuez— Sonrió tomando mi mano invitándome a levantarme de la roca.

—Vámonos, tus amiguitos te están esperando— A lo que yo solo asentí, estaba bastante
avergonzado como para decirle que ellos no eran mis amigos, apenas y los conocía. La
mayor parte del camino de regreso al lago guarde silencio, continuaba contando
mentalmente los días para volver a casa. Se detuvo de inmediato soltando mi mano para
cruzarse de brazos y mirarme con los ojos entrecerrados.

—Nunca me había topado con un niño que parece tímido en exterior pero en sus
pensamientos son todo lo contrario— Lo dijo tan seria que me pareció escuchar a
Jessica. No pude evitar abrir los ojos sorprendido por escuchar cómo me hablaba, ahora
de seguro que estaría muy molesta por haberme salido del sendero correcto.
—Lo lamento mucho Señorita Márquez no fue mi intención desviarme del camino juro
que no volverla a pasar— La mire con ojos de cachorrito rogándole para evitar ser
acusado con mis padres, bastaba una llamada telefónica para que ellos vinieran por mí,
y recibiera el castigo de mi vida.

—Discúlpame, el error fue mío por no haberles prestado la atención correcta— Fue
todo lo que dijo antes de volver a tomar mi mano y en el trascurso hacia el lago
continúe hundido en mis pensamientos. Llegamos y en vez de darme gusto me puse
peor, los niños ya estaban nadando, jugaban entre ellos. Yo no encajaba por haberme
perdido ahora sería el exiliado del grupo al igual que en la escuela, no lograba encajar
en ningún lado. Nos quedamos acampando esa noche haí mismo, ella nos enseñó a
montar una tienda de campaña, a pesar de ser de los más pequeños era muy listo y hábil
para esta clase de tareas, les gane a todos mis compañeros, nos premiaron con
bocadillos para quemar en la fogata. Bombones y chocolate, unas galletas de salvado
una delicia de campamento. Me senté sobre un pedazo de tronco, mire al cielo
observando las estrellas, se veían muy bonitas, relucían, nunca antes las vi tan
relucientes. Deseaba tanto estar al lado de mis amigos en Florida y descubrir que había
más allá de esas estrellas. Todos los niños estaban cansados por nadar horas en el lago,
yo llegue tarde y no estaba tan cansado, me quede despierto mirando hacia el cielo
preguntándome tantas cosas. Anali se acercó, creía que me regañaría por no ir a dormir
cuando todos ya lo hacían. En vez de ello se sentó a mi lado en aquel pedazo de madera
rodeándome con sus brazos. Esta vez solo pregunto qué ocurría, yo seguía muy metido
dentro de mis pensamientos, pero al regresar pregunte. ¿Qué? Ella noto que no era
como el resto, yo siempre fui diferente.

—Pequeño Keith. Quiero que veas en mí a una amiga siempre que tengas que
deshaogarte búscame y platicaremos— Sonrió angélicamente besando mi mejilla y
frente. Desde ese día y durante las semanas siguientes fuimos muy unidos. Anali me
apoyaba en todo para que fuera muy feliz, ella me hizo perder el miedo a convivir con

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el resto de los niños de mi edad. Los días pasaron muy rápido, el campamento termino
antes de lo que creí, el mes paso muy rápido, aprendí muchas cosas acerca de cómo
sobrevivir en el bosque, tuve una buena instrucción, la separación entre mi guía
campista y yo fue inevitable.

— ¡Keith!— Grito cuando yo esperaba que mamá llegara por mí pero en vez de eso haí
estaba mamá y Jessica, amabas habían venido a recogerme de haí iríamos a Disney,
papá nos esperaba ya en un hotel de Anhaeim. Ella fue la primera persona a la que le
permití llamarme por aquel nombre que tanto odiaba. Nunca le conté que no me
agradaba, quería que fuera una persona especial la que me llamara de esa forma y ella
fue la indicada. Antes de irme corrí hacia ella para despedirme, abrazándola con fuerza
agradeciéndole por haberme dado las vacaciones más divertidas y entretenidas de toda
mi vida. Me dio un lindo regalo, coloco en mi muñeca una pulsera con el grabado de la
luna, esta era de piel y se veía muy linda aunque me quedaba algo muy grande en la
muñeca, la guardaría en mi bolsillo hasta que creciera para poder usarla.

—Toma, siempre que sientas tristeza espera a la noche, contempla la luna y recuerda
todo lo que te he enseñado. Vales mucho y si la noche es oscura la pulsera te mostrara la
imagen que te falta para que aprendas a apreciar la oscuridad— Yo no tenía que darle,
entonces recordé un regalo que tenía guardado para mi amiga Marion, pensaba dárselo
al volver, en vez de eso preferí dárselo a mi guía campista, era un regalo que yo mismo
había hecho. Un pequeño dije plateado con la forma de una flor no era la gran cosa.
Pero nos dieron buenos talleres.

Aquel hermoso recuerdo se desvaneció cuando el siga me permitió el paso, conducía


por la Ciudad buscando un motel u hotel al cual llegar. Me detuve frente a un parque
donde se alquilaban unos remolques por un precio bastante barato, no estaban tal mal
ubicados y de momento eso me serviría. Tal vez aquel recuerdo fue el que me hizo
volver a California, dudaba realmente encontrarme con Anali Márquez, dudaba que si
eso ocurría me recordara, había cambiado bastante, o al menos eso creía yo. Habían
pasado casi dos meses desde la última vez que estuve en casa, busque algún trabajo pero
no encontré nada donde pagaran justo.

Los quinientos dólares llegaron a su fin, termine de lavatrastos en un restaurante de


comida coreana en Chula vista, un condado muy lejano a San Diego, no me convenía
llevar el auto, gastaba más en gasolina que ni la miseria que ganaba. Así que en un
impulso desesperado decidí vender mi auto, era un clásico y se encontraba en buenas
condiciones. Pediría unos cinco mil dólares por el Oldsmobile 442. No tuve ninguna
oferta, todos negociaban y me querían dar menos de la mitad, las posibilidades se
terminaban. Me dolió dejar mi auto en malas manos, me lo habían regalado y no quería
venderlo pero necesitaba el dinero. Antes de decidir venderlo por menos de lo que
pedía, quise despedirme de mi auto dando un paseo por el parque.

Era Domingo en la mañana y deseaba comer un helado mientras veía a los perros correr
en el parque y a los niños correr. La tranquilidad del parque siempre me relajaba, me
sentía libre y es un buen sitio donde meditar y descansar, el lugar ideal para reflexionar
sobre los sucesos de los últimos dos meses. Ni siquiera pude ir al puerto para ver los
navíos embarcar, siempre quise subirme a un velero, pero no para pescar, sentir el
viento sobre mi cara y que este alborotara mi cabello. Sentirme libre en el mar abierto
en aguas californianas aunque la corriente fuera fría. Por fin pensaba en algo que no me

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deprimía, al menos mantenía la cabeza fuera de cosas que solo me deprimían, esto me
hacía recuperar las esperanzas de reiniciar una nueva vida. No volvería a tener una vida
“normal” de eso estaba seguro, solo me quedaba la resignación y disfrutar del nuevo
ritmo que tomaría mi vida. Me senté en una banca para descansar, deje el auto
estacionado frente a mí para vigilarlo, no pude evitar observar a los niños pequeños
jugando, se veían tan felices y despreocupados de la cruda vida que les esperaba, no
tenían ni la menor idea de lo que les esperaría en el futuro. Algunos pelearían con
amigos por estupideces, puede que aun ni siquiera los conozcan, sus padres podrían
llegar a separarse y otros no estudiarían la Universidad ni terminarían la escuela
preparatoria por problemas, algo más o menos como por lo que estaba pasando. Tantas
cosas podrían ocurrirles a esos pequeños, pero ni quién de ellos se preocupara por sus
vidas a futuro, eran solo niños que deseaba jugar y divertirse un rato, disfrutaban del
momento sin ver su pasado o imaginar un futuro no deseado.

Extrañaba ser un niño para ser como ellos y jugar, olvidarme de todo esto, borrarme del
mundo por escasos minutos, tantas cosas cambiaban de un momento para otro. Un día
estas con tu familia y al otro estas huyendo de ella, pareciera que el destino nos tiene
deparados a todos un destino cruel o al menos ese era el mío. Suspire y baje la cabeza
hacia el pasto, me sentía tan mal. Esto era más horrible de lo que hubiera imaginado y
además mis seres amados estaban expuestos sin mí. No sabía si ellos también se verían
afectados por la maldición que llevaba conmigo, mejor no arriesgarme y olvidar las
palabras de esa loca, llevaba dos meses ignorándolas y estaría mejor si no las recordaba.
Aun llevaba conmigo las marcas que me había infringido, ya no eran dolorosas y
esperaba se desvanecieran.

Escuche el camión de los helados acercarse levante la mirada para ver por dónde venía,
recordé que cuando era pequeño, mi madre me compraba un helado de chocolate
cuando yo creía que todo andaba mal, era para darme ánimos. Y en invierno cuando
hacia frio como para comprar helado, preparaba un delicioso te de limón. Todos los
padres cuentan con algún método similar a ese, menos una persona que años atrás había
conocido. Ella prefería hacerle frente a los problemas o así me había enseñado a
hacerlo. En este momento me siento demasiado preocupado y deprimido como para
hacerle frente a asuntos fuera de mi alcance, contaba con tantas limitaciones. Me
frustraba que las cosas se salieran de control, y que no pudiera hacer nada al respecto.

Me levante de la banca para ir por un helado, me apetecía uno de chocolate, me forme


delante de todos los niñitos, me sentí extraño siendo el primero de la fila así que les cedí
el lugar a los primeros tres niños de la fila, el resto de ellos se abalanzaron contra el
camión y en menos de cinco minutos se amotinaron de él, más de una docena de
pequeños alborotadores. Cuando llego mi turno era demasiado tarde todos los helados
se terminaron así que me quedaría con el antojo, suspire resignado. Mire a los niñitos
comer su helado, como odiaba no ser parte de ellos y ver sufrir a un pobre adolescente
como el que yo era. Una carriola capto mi atención no la había visto, la Señora Se había
sentado en mi banca, me quede sin helado y sin asiento. Hora de volver a casa, pensé.

La persona de a lado se levantó así que había un espacio, me llamo la atención él bebe
dentro de la carriola, como lo pueden ver soy demasiado curioso. Al acercarme note que
la mujer era nada más y nada menos que… Anali. No podía creer lo que veía, esto era
posible, era ella, ¿no?, ¿Alucinaba a casusa del antojo por un helado? Por supuesto que
no, era ella, lucia tal y como logre recordarla. Me acerque tímidamente a ella, tal vez la

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confundía con otra persona. Además estaba con un bebe, ¿Ya tendría hijos? Además si
fuera ella ¿Se acordaría aun de mí? Habían pasado ya seis años, demasiado. En todo
este tiempo cambie bastante como para que me recordara, había crecido bastante ya no
era un niño, ahora era un adolescente. Exhale decidido, acercándome a ella para tocar su
hombro, se sobresaltó, abrazando con fuerza a su bebe. Me asuste ante su reacción, ella
se quedó observándome. No dijo nada así que me di media vuelta suspirando. No me
reconoció, suspire resignado y triste. Me había confundido seguramente estaba a punto
de marcharme cuando escuche.

— ¡Keith!— Exclamo con su angelical y alegre voz, era tal y como la recordaba, dulce
y llena de alegría. Apenas voltee a verla cuando se lanzó sobre mí para rodearme con
sus brazos como cuando era niño.
— ¡Anali!— Correspondí a su abrazo con fuerza alzándola ligeramente del suelo. Era
hermosa más de lo que recordaba, había dejado a la bebe en su carriola, sonreí al verla.
Observe curioso a la pequeña de escazas semanas de nacida, o podrían ser días, dudaba
que fuera tan irresponsable como para sacar los primeros días de vida a su bebe, aunque
el día fuera soleado. Ella no era tan descuidada como yo. La hermosa bebe nos veía
extrañada, contaba con unos pequeños ojitos color miel, abiertos de par en par. ¿Cómo
has estado? me pregunto, exhale. Sin que ella me preguntara le conté toda mi travesía y
lo que había pasado los últimos dos meses lejos de casa, al igual que con los Señores
Connor me dedique a solo contarle lo esencial. No quería que me viera como a un loco.

Anali me observo preocupada y me invito a sentarme para que le platicara todo.


Termine de contarle acerca de lo que me había ocurrido, creí que pensaría que estaba
loco o que alucinaba, ella era una persona común como el resto del mundo. Y al final
no pude evitarlo y termine rompiendo el código de confidencialidad que mi familia
tenía. La pequeñita empezó a llorar, ella la levanto con cuidado para consolarla.

—Dios, pero que distraído soy— Arquee una ceja bromista, lo dije en forma de
sarcasmo.
—Oh no me digas, ¿Hablas, en serio?— Ella rio rondado los ojos. La acerco más hacia
mí para que pudiera apreciarla mejor.
—Mira saluda a un amiguito— Ella sonrío, movió ligeramente a la bebe para que me
viera, continuaba observándome con ese par de enormes ojos.
—Keith te presento a Liraly— La pequeña bebita tenía un impresionante parecido a su
madre. Ella me sonrió y yo igualmente correspondí.
— ¿Es tu hija?— Pregunte titubeando, no quería equivocarme y que me digiera que era
su sobrina o la hija de una amiga. Ella sonrío y afirmo.
—Es tan pequeñita— Dije sonriendo, mientras tomaba una de sus manitas, me dio un
poco de temor tocarla. Me sentía extraño, nunca antes había estado tan cerca de un bebe.

— ¿Quieres cargarla?— Pregunto, no espero a que le diera una respuesta, me paso con
delicadeza a la nena. La pequeña Liraly se acomodó entre mis brazos, hasta quedarse
bien dormida. Anali me devolvió la bromita de hacía unos segundos atrás diciéndome.
—Serás un excelente padre— Rodee los ojos al igual que ella.
— ¡Si!, ¿Cómo, no?— ¿Yo ser padre? No podría ni siquiera ayudar a cuidar a los
primos pequeños de Erick y Marion, mucho menos tener hermanos menores, nunca tuve
que cuidar de alguna mascota y ahora yo verme con hijos.

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— ¡Paso!— Exclame exaltado, rio dulcemente mientras yo la mire con recelo, ¿Padre
yo? Reí mentalmente, ni en un millón de años. Me miro curiosa y le pregunte qué
ocurría.

— ¿Aun lo tienes?— Pregunto curiosa mirando mi muñeca. Después del ataque del
vampiro llevaba siempre conmigo esa pulsera, me recordaba que no debía temerle a la
noche, la oscuridad formaba parte de todos, no debía dejar que me atemorizaba.
—Así es, me ha servido de gran ayuda— Conteste con una sonrisa, ya que era la
verdad. Era muy especial para mí. Ella tomo nuevamente a su hija con delicadeza para
colocarla con cuidado en su carriola.

Terminamos de hablar de lo ocurrido en nuestras vidas, me dio consejos, me dio ánimos


para continuar con mi camino. Continuaba apoyándome como años atrás, aunque ahora
mi vida era más complicada que cuando era niño. Nos pasamos toda la tarde hablando,
Liraly despertó de nuevo cuando terminamos de platicar, esta vez yo pedí cargarla. Era
tan pequeñita, me daba tentación cargarla, aun con pocos días de nacida su madre se
atrevía a sacarla a conocer al parque. Estaba a punto de irme, tenía que vender el auto y
se hacía tarde para mi cita.

Anali vio el auto quedando muy impresionada, le conté mi situación económica y ella
de inmediato accedió a comprarme el auto, no estaba seguro de que sería algo seguro
para la nena, ella aun así insistió, tal vez no lo usaría. Así que saco su billetera y me
entrego un cheque. Le di las llaves del convertible rojo y me despedí de la pequeña
Liry, el auto quedo en buenas manos después de todo. Antes de irme Anali me pidió un
favor, alce la ceja preguntándome que se le ofrecía, lo que fuera yo lo haría. Le sonreí y
me acerque, ella se quitó el dije, no me había fijado que aun llevaba aquella pequeña
rosa en su cuello. Me lo entrego y yo me negué a tomarlo. Le hice un trato, si quería
deshacerse de ese dije sería mejor que se lo heredara a su pequeña. Ella accedió y me
propuso que la próxima vez que nos viéramos, Liry debía devolver ese regalo que a ella
le costaba aceptar cuando se enteró que desde un comienzo debió pertenecerle a Marion,
mi ex novia. Sonreí ante esa idea, le coloque el dije a la pequeña Liraly. Esto sería la
prueba de que nos volviéramos a ver muy pronto, algún día no muy lejano, esperábamos
continuar platicando en otra ocasión, ella se mudaría a su lugar de origen, Uruguay. Me
despedí de la bebe con un besito en la mejilla y frente, igualmente hice lo mismo con su
madre.

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Capítulo 8

Días después de reencontrarme con Anali y de venderle mi auto. Decidí que era
momento de dejar el restaurante coreano y dedicarme a algo mejor, tenía lo suficiente
como para pagar un boleto de avión a cualquier parte del país, o incluso podría viajar
fuera, estaba muy cerca México, pero debido a rumores sobre aquel país, decidí optar
por dirigirme al país vecino del Norte. Haría menos calor y el idioma o sería un
problema, ni siquiera me di la molestia de dar mi renuncia en el trabajo, esos asiáticos
me tenían harto. Fue el colmo cuando trataron de cobrarme un plato de comida, se
pasaron. Tome mis cosas del camper que rente y como era de esperarse no me pagaron
el depósito de cien dólares que di por quedarme menos del tiempo que establecía el
contrato. Me importo poco, tenía suficiente dinero como para no alegar, cien dólares
eran lo de menos, ahora solo necesitaba un lindo lugar para tener una vida más estable.
Este solo había sido un intento, al menos me sirvió para reencontrarme con mi vieja
amiga de la infancia.

Buscaría un poblado pequeño al Norte del país, pero esta vez en el Noroeste o en el
centro, no podía volver a Baltimore, un mucho menos a Nueva York, tenía un mal
presentimiento si regresaba al Noreste. El lugar al que llegaría tendría que ser poco
conocido y con poca población. Estaba muy acostumbrado a los pequeños suburbios, las
grandes Ciudades no eran para mí, en ellas la vida de las personas era demasiado
acelerada para alguien tan reservado y tranquilo como yo. Partí hacia el aeropuerto
buscaría algún vuelo al azar el primero que saliera a la Ciudad más cercana, el primero
que apareció fue Seattle, hice una mueca. Ese lugar no me daba buena espina por alguna
extraña razón, presentía que en un futuro no muy lejano sería una de las Ciudades más
trilladas, así que opte por un viaje internacional a Canadá. Un vuelo comercial para
partir a Vancouver, Canadá. Por un momento pensé en irme a Alaska, pero ¿Que
encontraría allá? No tenía idea y Canadá era mucho más cercano a la frontera con USA
aunque Alaska aun fuera parte de tal. Como sea, el vuelo saldría en unas tres horas,
tenía el tiempo suficiente para pasar por algo de comer antes de partir, el vuelo seria
largo. Mis papeles estaban en orden así que no perdí más tiempo, me di un paseo por el
aeropuerto hasta encontrar algo decente que comer. Un pequeño restaurante de comida
italiana estaba harto de la comida oriental, al menos de la coreana. No es que no fuera
del todo mal pero el aroma, estar en la cocina por un mes me hizo asquearme. Pedí un
plato de lasaña acompañada de un refresco de cola frio, odiaba las cosas a temperatura
ambiente en cuanto a bebidas se refiere.

Observe el reloj que tenía al frente, aun me quedaba una poco más de una hora antes de
que mi vuelo partiera. Unos sujetos comían un plato de espagueti, hablaban de un
famoso triatlón en el que deseaban competir. Tenían un cuerpo atlético, ¿Pertenecerían a
alguna preparatoria? Oh cualquier persona podría competir, ni siquiera tenía idea de por
qué me hacia esta clase de preguntas. Esos chicos no se lucían de más de veinte,
continúe con mi comida cuando me dio el cuarto para que mi vuelo saliera decidí que
era hora de regresar a la sala donde partiría mi vuelo a Vancouver. Estaba emocionado y
a la vez aterrado por qué no conociera a nadie en Canadá, y fue cuando recordé a los
Señores Connor ellos se habían conocido en su natal Penticton, esto debía tratarse de
alguna señal. Un poblado pequeño donde seguramente mis padres jamás me
encontrarían, que tonto fui.

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Ya dentro del avión decidí dormir un poco, curiosamente después de comer bastante me
da mucho sueño, no es que estuviese mi estómago repleto de comida pero el solo pensar
que el vuelo seria de más de cinco horas me provoco sueño. Llegaría en la noche, por
fin sentía que mi cuerpo descansaría, estaba muy cerca de mi nuevo hogar. Una
aeromoza me despertó para avisarme que habíamos aterrizado, era momento de bajar.
Tome mi mochila y la lleve sobre mi espalda, estaba muy cálido dentro del avión, pero
al bajar de este sentí un choque de frio invadirme, la última vez que sentí tal cosa fue en
aquella cueva con esa loca. Lo cual me hizo estremecer, no sé si fue por la sensación
que sentía o por el recuerdo, como haya sido corrí por mi maleta, saque una chamarra
de plumas de ganso, en California no hacia tanto frio como lo estaba siendo ahora, al
menos no en Verano, faltaban pocos días para que terminara, menos de dos semanas
para que fuera Septiembre, las clases empezaban a mediados, justo a tiempo para lograr
inscribirme en la escuela pública. Tenía aun algo de dinero, y apenas lograra encontrar
donde vivir, buscaría un empleo para reunir lo suficiente para volver a la preparatoria y
terminar con mis estudios. Aun me faltaban dos años para terminarla, después de eso no
había nada más. Enfocarme en el presente, el futuro puede esperar.

Tome un taxi, le pedí amablemente al chofer que me llevara a la Central de Autobuses


para tomar un camión a Penticton, pregunte por el lugar, tal vez podría conocerlo. El
negó y me sentí decepcionado, pero a la vez alegre, estaba seguro que no estaba tan
lejos de Vancouver como para que alguien de la zona lo desconociera, así que si las
mismas personas de esta Ciudad no conocían un poblado cercano mucho menos mi
familia, esto me lleno de esperanza y sabía que había tomado una buena decisión. El
Taxista me cobro casi cincuenta Dólares un robo y todo por no tener el cambio correcto
de moneda, al llegar a la Central decidí cambiar todo mi dinero por la moneda
canadiense, no permitiría que me volvieran a estafar. El boleto a Penticton me salió más
barato que la ida a la Central, esto sí que fue un robo, pero aun así deje de quejarme aún
tenía dinero. Vender el auto me fue de gran ayuda, aunque algo me decía que me haría
mucha falta cuando me asentara en mi nuevo hogar.

Llegue en la madrugada el camión tardo mucho en partir y tuve que esperarme, hacia
bastante frio, me agradaba podría acostumbrarme a ello, me preocupaba el invierno.
Algo similar a cuando viví en Baltimore, casi era el mismo clima, me di cuenta que el
Sol de California fue lo que menos me agrado, no era lo mío. Canadá sería perfecto. Al
llegar a Penticton me di cuenta que era mucho mejor de lo que había imaginado, un
poblado muy pequeño y con poca población, incluso menos que el lugar del que
provenía. Esto era genial, sonreí emocionado. Entre a una cafetería, eran las 6:00 am y
ya tenía hambre. Dentro decidí sentarme en la barra, el lugar estaba algo vacío pero aun
así no me importo, debía ser por la hora. A lado de mi un grupo de hombres que se
veían muy rudos con finta de ser camioneros o motociclistas, lo mejor fue no verlos de
frente. Hablaban acerca de sus viajes por lo largo y ancho del Norte de América, USA
& Canadá. Yo había hecho un viaje por el Sur, lo mejor fue no comentar nada, a mí
nadie me llamaba en aquella plática. Ellos eran transportistas de una empresa de
camiones, tal como lo supuse. Bebían café y reían a carcajadas, mientras comían sus
enormes pilas de Hot-Cakes.

No pude evitar parar la oreja para escuchar su conversación, no eran tan malos sujetos
como creí, su plática se me hizo interesante hasta que hablaron de las leyendas urbanas
de este sitio, y con ello no me refiero a la cafetería sino a todo el poblado. Estaba punto
de dar mi primero bocado a mi pila de Hot-Cakes, cuando los escuche decir. Que todos

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los forasteros duraban poco, siempre terminaban perdidos y que nadie lograba
encontrarlos. No tenía idea si es porque aquel lugar era tan pequeño que aburría o
porque algo o alguien terminaba con ellos o les asustada como para que ya no volviera a
saberse nada de sus vidas.

Esto me interesaba, no creía que nada extraordinaria podría ocurrir hasta que los
escuche abrir la boca, dijeron que tenía un par de años esto y que ni siquiera el Triatlón
anual atraía turistas como antes, lo cual le daba un golpe duro a la economía y al
turismo de la región. Penticton es el centro de turismo del vino en el valle de Okanagan,
y su famoso equipo de Hockey que en Marzo de 1955 la pequeña Ciudad alcanzo fama
internacional cuando su equipo Los “Vees” trajeron a casa la Copa del Mundo tras
derrotar a la Unión Soviética 5-0. Vaya, todo esto yo no lo sabía así que quede
realmente muy sorprendido y más al escuchar lo que quiere decir Penticton: "Un lugar
para quedarse para siempre" o... "Un lugar donde la gente vive todo el año." Esta fue la
última señal que me hizo ignorar aquellas leyendas urbanas acerca de forasteros
desaparecidos. Yo deseaba quedarme a vivir en este sitio por siempre era simple pero
perfecto y contaba con escuelas preparatorias donde podría continuar con mis estudios,
ya que no pensaba a unirme al equipo de Hockey, tal vez alguno de atletismo, soy un
chico muy veloz gracias a mi arduo entrenamiento, no más que un nefasto vampiro, más
que cualquier otra persona normal, si lo soy.

Pague los ocho Dólares Canadienses de mi desayuno, pude pedir algo más, pero era tal
mi emoción de buscar algo para habituarme lo antes posible a esa hermosa Ciudad que
mi hambre ceso. Un enorme tablero, justo un lado de la salida, donde era más visible, se
podía ver el menú de día capto mi atención, entrecerré los ojos para visualizarlo mejor.
Me hacían falta mis gafas, no podía ver nada. En el tablero contaba con bastantes
anuncios, estaba tapizado con ellos, entre ellos mire uno de la Penticton High School, la
escuela Preparatoria de la región, una de las tantas con las que contaba, capto mi
atención la fotografía, Patrimonio histórico de Canadá. Una suerte que fuera una escuela
Pública. Arranque el folleto y lo guarde dentro de mi billetera sin que nadie me viera,
me pertenecía ahora. Mascotas perdidas, personas extraviadas y hoteles y moteles en los
podría hospedarme. Estaba a punto de arrancar el de un motel barato cuando un pedazo
viejo de papel llamo mi atención. Una Posada donde podría rentar una habitación por
tiempo indefinido, no había contrato, solo con pagar el alquiler bastaba. Cero
compromisos, anunciaba en letras remarcadas. Justo lo que necesitaba.

Camine por las calles, el viento soplo y una cálida onda de calor se hizo presente, eran
poco más de las 9:00 am, aún era muy temprano y no tenía idea de cómo llegar a la
famosa Posada. Tome un taxi, tal vez podrían llevarme, nadie estaba dispuesto ya que el
lugar se encontraba muy lejos de la Ciudad y la ruta no estaba en sus destinos. Le ofrecí
al tercer chofer que estuvo a punto de negarse veinticinco dólares canadienses con tal de
que me llevara, él se negó y estaba a punto de avanzar, cuando saque en lo alto un
billete de cien cambio de opinión abriéndome la puerta para que pudiera entrar. Al
menos esta vez era mi decisión el pagar más de la cuenta, valdría la pena, buscaría un
empleo pronto y entraría a la escuela para poder seguir con mi habitual vida. El viaje
fue largo, el taxista hizo casi dos horas para llegar al lugar, no estaba a treinta y cinco
minutos como lo indicaba el papel que llevaba doblado dentro de mi bolsillo junto al
folleto de la escuela. El taxista me dejo en la entrada del lugar, este se encontraba en
medio de la nada en el bosque, rodeo todo el lago de Okanagan.

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Le pague al chofer agradeciendo, el acepto traerme cuando todos se habían negado,
ahora los comprendía. Al bajar mis maletas de la cajuela del taxi me lleve una gran
decepción la dirección a la que me llevo era la correcta pero el lugar, se veía de lo más
horrible. Una antigua cabaña que parecía estar a punto de caerse, carecía de
mantenimiento externo y al entrar al lugar, mi pensamiento se mantuvo en pie. Lo
primero que mire fue la gruesa capa de polvo y las telarañas sobre el mostrador, se veía
tan sucio que tosí al tragar algo de polvo, le hacía falta un buen servicio de limpieza a
este sitio. Se veía tan deprimente y apagado que hice una mueca. Detrás de mí había una
pequeña sala de estar con sillas de madera y a mi izquierda, al fondo las escaleras que
daba al 1er piso, y estas continuaban extendiéndose hasta el segundo, vaya el lugar era
enorme pero era una lástima que se encontrara en tan malas condiciones, tal vez con
algo de mantenimiento podría verse mejor.

Toque la campanilla del mostrador, el dueño o la persona que atendía el lugar se acercó
después de agitarla tres veces, tardo más de die minutos en acercarse. El pobre anciano
estaba sordo porque al preguntar por el precio del lugar debía alzarle la voz para lograr
que me escuchara. Pague tres meses de alquiler por adelantado, me quedaría en este
sitio hasta encontrar algo mejor, el precio era muy económico e incluía todos los
servicios, teléfono, televisión y hasta amueblado por ciento cincuenta dólares al mes,
me pareció muy justo, tan solo de taxi ya llevaba gastado eso. De verdad que me vieron
la cara, lo mejor sería conseguir un auto ya que consiguiera un buen trabajo, porque
para transportarme de la Posada a al centro de la Ciudad y a la escuela que aún no tenía
idea de donde se encontraba, gastaría más de transporte que lo que pagaría de alquiler.

Me dio el recibo del alquiler donde en la parte trasera venían todas las reglas y
obligaciones al ser el nuevo inquilino de la Posada. Algunas medidas que debía tomar
para el uso adecuado de la cocina colectiva, en cuanto a aseo personal cada habitación
contaba con su propio baño personal. Solo debía compartir la cocina, no había problema
por mí, cada quien tenía su gaveta para tener dentro su despensa y se debía etiquetar con
nuestro nombre y número de habitación lo que estuviera dentro de refrigerador, al
parecer solo habíamos de momento unas cuatro personas en el lugar. Un par de chicas,
el Señor Benson el casero y yo.

La habitación que me fue asignada fue la 6277 vaya numero para una posada que
contaba con menos de veinte habitación, al caminar por el corredor pude observar que el
número de las habitaciones variaba demasiado y en cada puerta la serie de números era
distinta porque complicarse la vida para seguir una secuencia de uno, dos, tres, cuatro,
cinco. El casero me encamino a mi habitación en el segundo piso. Se encontraba al
final del pasillo del lado izquierdo. En la puerta se podían ver los números en color
dorado con la numeración 6277 y al frente la 8921 di un vistazo ya que todas las
habitaciones eran prácticamente iguales, la del frente estaba cerrada, lo cual me dio
cierta curiosidad. No quise preguntar a quién pertenecía, lo descubriría más tarde.
Echaría un vistazo, haí va de nuevo mi curiosidad. Gire la chapa de mi habitación, el
Señor Benson me entrego la llave, entre con la mochila sobre mi espalda y tres maletas.
Dos repletas con mi ropa y una que amablemente la Señora Connor me obsequio. Ni
siquiera la había usado, seria momento de estrenarla aunque estuviera vieja y pasada de
moda, agradecía de esta forma su hospitalidad en Atlanta.

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Entre a mi nueva habitación seria mía en los siguientes tres meses y podría ser que un
poco más, todo dependía de cuanto me quedaría en este lugar. Di un vistazo rápido por
la ventana, era fabuloso tenia vista a la laguna que se formaba, ¿Acaso era parte del lago
Okanagan? Ni idea pero la vista era fabulosa. Esto parecía ser lo mejor del lugar, afuera
había mucha vegetación, un bosque nos rodeaba y el lugar después de todo no era tan
malo. Penticton era el lugar donde quisiera vivir por siempre, eso pensé con una enorme
sonrisa en el rostro. Deje las maletas sobre la cama, iba a desempacar cuando algo llamo
mi atención, aquella numeración dorada frente a mi puerta lo era, la habitación estaba
cerrada así que gire la chapa y me sorprendió que no tuviera llave, entre con sigilo. No
parecía haber nadie, tenía apariencia de estar habitada por alguien, se veía muy limpia y
pulcra en comparación con mi habitación a la que le hacía falta una sacudida con un
trapo húmedo, estaba toda empolvada casi como el mostrador.

A juzgar por el aroma dudaba que perteneciera al Señor Benson que olía a orines de
gato, ahora sabia porque el lugar era tan sucio, que podía esperar de un hombre como él.
La habitación olía delicioso a una mezcla de lavandas y rosas, la cama estaba tendida el
cobertor que la cubría era de color rosa así que intuí que pertenecía a una mujer. El
closet parecía vacío así que me equivoque ya no lo habitaba nadie, olía fresca. Deje de
curiosear en la habitación del frente, regrese a mi habitación abriendo la puerta con
dificultad la chapa estaba tan dura o seria que mis dedos estaban fríos que no contaba
con la fuerza suficiente para abrirla, mire en la pequeña etiqueta que colgaba en mi llave
que tenía una serie de números equivocada pertenecía a una habitación de primer piso,
con razón no pude abrirla. Baje las escaleras corriendo por lo que el Señor Benson,
reclamo molesto que le haría un agujero a su piso de madera, me disculpe devolviéndole
la llave para que la cambiara el entro a su pequeño cuarto, regreso con una cajita llena
de llaves buscando la indicada. Le recordé que mi habitación asignada seria la 6277, el
refunfuño porque lo recordaba. Me pregunte entonces que por que se habría equivocado
de llave si la conocía tan bien, rodé los ojos y tome asiento mientras esperaba. En dos
sillas a mi derecha se encontraba sentada una chica leyendo una revista de moda.

La chica bajo su revista al ver al casero nuevamente ocupado, continuó con su lectura.
Algo necesitaba pero era paciente a diferencia de mí, yo rechinaba los dientes, me urgía
subir para desempacar tenía muchas cosas que hacer aun. Menos mal era la 12:00 am, el
casero buscaba entre todas las llaves hasta que finalmente encontró la que me
correspondía. Me levante al mismo tiempo en que lo hizo la chica dejando la revista a
un lado, pude observar mejor a la misteriosa chica. Quede sorprendido al ver lo hermosa
que era, desvié la mirada apenado cuando noto que la veía. No pude ni siquiera ver sus
facciones me puse tan nervioso que preferí no incomodarla. Nos acercamos al
mostrador ambos al mismo tiempo, parecía que estábamos sincronizados, voltee de
nueva para verla y apreciar esta vez mejor sus lindas facciones, sus ojos tenían un
hermoso color chocolate y sus mejillas eran lo único que contaban con color al ser su
piel tan blanca como la nieve, lucia como una chica extranjera. Su cabello de un color
rubio oscuro, vaya que sí era muy bonita, me preguntaba que hacía en un lugar como
este, su cuerpo era como para formar parte de pasarelas, a pesar de ser un poco bajita.
Le sacaba más de diez centímetros de altura y eso que yo no me considero un chico tan
alto. Ella llevaba unos tacones bastantes altos y gracias a ello nos veíamos de la misma
altura.

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— ¿Nuevo inquilino?— Pregunto curiosa a lo que yo asentí no tenía idea de cómo
hablarle a una bella chica como ella, ella soltó una risita al verme tan nervioso, tanto
que no podía responder.
— ¿Eres alguna clase de mimo? ¿O puedes decirme tu nombre?— Tenia un ligero
acento europeo, puede que inglesa, no lo distinguía del todo bien. Hablaba con
propiedad, lucia como una chica adinerada pero a la vez se veía muy sencilla, me
recordó a Marion. Solo que mi ex novia no hablaba de tal forma, ella era normal como
todos los chicos americanos. Olvidaba que ya no me encontraba más en Estados Unidos
ahora estaba en Canadá, los canadienses hablaban de esta manera me pregunte curioso.

—No. No soy mimo. Mi nombre es John Keith Fenton Señorita, ¿y usted es?—
Pregunte curioso tratando de hacer mi voz más propia, pero continuaba algo nervioso,
aun no podía verla a los ojos, estaba nervioso tanto que lleve mi mano al brazo
acariciándolo, un tic que tenía al estar nervioso en presencia de chicas tan lindas como
ella. Ella soltó una ligera risita, me escuchaba tan forzado que seguramente me
descubriría.
—Illian Renaldi, Un placer Keith— Alzo la mano para estrecharla, enseguida
correspondí. Su piel era tan suave y sus manos tan delgadas y pequeñas, sentía como si
tocara una suave muñeca de porcelana. Tan frágil que sentía que podía romperle la
mano. Le sonreí algo apenado por tanta formalidad, yo no suelo actuar pero debía
adaptarme a la situación, ella se sonrojo al soltar mi mano, me veía con sus enormes
ojos chocolate.

—Keith, extraño nombre para ser Norteamericano— Sonrió dulcemente. Yo continúa


sonrojado sin decir nada más. Illian era tan dulce y pequeña que me causaba ternura,
una pequeña y hermosa mujer, tenía a lo mucho dieciocho años, o podría tener menos,
no tengo la más remota idea. Y preguntarle su edad a una mujer es una descortesía.
El Señor Benson me toco la campanilla frente al rostro para que le hiciera caso y tomara
la llave de una buena vez, la tome mirándole con mala cara, me avergonzaba delante de
esta bella chica.
— ¿Dime Illian que haces en un lugar como este? ¿Vives aquí?— Pregunte curioso ella
lo pensó un poco y respondió después de unos momentos.
—Vaya yo ham vivía aquí hasta ayer, vine a liquidar mi renta pero sigo viviendo en
Penticton si a eso te refieres. Tuve la oportunidad de comprar una casa más cercana al
centro—

— ¿Vives sola?— Pregunte curioso, se me hacía extraño que una chica como lo era ella
viviera sola en un lugar como este, debía tener familia por aquí seguramente.
—Tengo unos cuantos añ...hm meses viviendo sola en este lugar— Estaba a punto de
decir años pero enseguida cambio a decir meses se había equivocado seguramente.
—No me puedo mantener quieta en un solo sitio, suelo salir. Pero Penticton tiene cierto
encanto, así que decidí al menos tener algo seguro en este lugar— Me sonrió, no sabía
que más hacer si invitarla a sentarse nuevamente en esa salita de estar o a mi habitación
esperaba no escucharme muy descortés ya que opte por la segunda.

— ¿Te importaría si voy a mi habitación? Acabo de llegar y debo desempacar, saldré a


buscar trabajo hoy o mañana, dependiendo de lo que tarde— No tuve el valor para
pedirle que me acompañara.
—Oh claro. Si gustas te puedo acompañar. ¿Traes más cosas en tu auto? Podría
ayudarte a llevarlas. ¿Qué habitación tienes?— Pregunto curiosa mirando alrededor de

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mi como buscando algo, miraba directamente a mis ojos, su vista provoco que me
estremeciera, se centraba en mí. Su mirada era tan dulce pero a la vez intimidante, no
estoy acostumbrado a que me vieran de esta manera. Me recordó a esa vez, esperaba
que jamás tuviera que volver a pasar por una situación traumatizante. Cerré los ojos con
fuerza y tragando saliva para controlarme.

— ¿Keith, te encuentras bien? Te ves muy pálido ¿Ya has comido algo?— Pregunto
nuevamente pero esta vez desviando la mirada al parecer había captado que me
incomodaba.
—Si estoy bien, solo que no me acostumbro al clima y a la altura— Mentí tratando de
excusarme diciéndole que era de California ella apretó los labios y empezó a caminar
subiendo las escaleras.

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Capítulo 9

Ella parecía conocer muy bien la posada ya que llego a mi habitación rápidamente sin
necesidad de decirle que estaba en el segundo piso.
—Conoces muy bien el lugar Illian— Comente, ella estiro las manos paraqué le diera
las llaves y abrir.
—Ves aquella habitación— Señalo la de frente, yo asentí y ella sonrió.
—La desocupe ayer, si no fuera por ello, seriamos vecinos— Rio divertida y la puerta
se abrió. Ambos entramos, ella se dirigió directamente hacia mi cama sin necesidad de
pedirle que tomara asiento lo hizo.

—Disculpa el polvo, como ves. Voy llegando, necesitare arreglarla este sitio un poco
más, por lo menos quitarle el polvo— Toque la cama con una mano, al hacerlo un
resorte salió disparado por lo que abrí los ojos impactado. Mi cama sería un arma
mortal para mi pobre espalda.
—Si gustas puedo dejarte mi colchón yo compre todo nuevo para mí nueva casa. Así
que dudo necesitarlo— La mire sorprendido, su habitación olía deliciosa me preguntaba
si en su colchón estaba impregnado su aroma, ella expedía el mismo aroma. Por esa
razón se me hizo familiar, soy tan distraído que apenas logre recordarlo.

—Gracias, eres muy amable Illian— Ella asintió.


—Vaya, olvidaba la hermosa vista que tienes desde tu ventanal. Vista panorámica al
bosque la mía daba hacia el garaje— Comento con alegría. Empezamos a charlar ya ni
me acuerdo de que, solo recuerdo que no dejaba de ver lo bella que era, me ruborizaba
con su sonrisa. Nos volvimos amigos rápidamente, ella se ofreció para ayudarme a
terminar de arreglar esta habitación. Juntos haríamos que se volviera habitable, ya me
había ofrecido su viejo colchón el cual acepte agradecido. Ella se puso a husmear en
mis cosas poniendo de pretexto que me ayudaría a desempacarlas, no traía tanto
conmigo solo lo necesario una mochila enorme y llena de cosas que pesaba más de
quince kilogramos. Y tres maletas repletas de ropa vieja, le pedí que dejara de husmear,
me daba vergüenza que fuera a toparse con mis calzoncillos, demasiado tarde encontró
el compartimiento de la ropa interior. La mire avergonzado, poniéndome rojo como un
tomate.

—Lindo bóxer— Se burló al ver cómo me puse, se los arrebate y volví a dejar en su
lugar.
—Si no es mucha mi incumbencia podría hacerte una pregunta— Pregunto con timidez,
yo continuaba apenado por aquel incomodo incidente.
—Ya estas preguntando Illian— Comente divertido, ella asintió.
—Pregunta lo que quieras, y si puedo contestarte con gusto lo hare. ¿Ya somos amigos,
no?— Le sonreí ampliamente y divertido, era gracioso el bromear con una amiga. Tenía
tiempo sin bromear con una, la última persona con la que me sentí así de cómodo fue
con Anali, y eso que solo la mire una tarde. Al contar con su compañía por una extraña
razón me sentí feliz, tenía tiempo sin sentirme de esta forma, estaba en casa de nuevo,
este era mi hogar, dejaría de huir. Aquí encontré lo que necesitaba. Illian se sonrojo
desviando la mirada instintivamente tome su mano para darle confianza.

—Adelante, pregunta— Insistí dándole ánimos. Me volteo a ver con timidez, que
podría ser tan malo como para quedarse callada. ¿Me preocupo?, que clase de pregunta
me haría.

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— ¿Huiste de casa o algo por el estilo?, ¿Porque vive solo un chico de dieciséis? — No
tenía ni idea de por dónde empezar. Sería mejor contestar antes de escuchar más
preguntas.
—Ham... Veras por donde inicio. Oh si hui de casa no asesine a mi familia si eso es lo
que crees, solo quise independizarme, me las arreglare por mi cuenta. Pienso estudiar en
la Preparatoria— De inmediato saque el folleto y se los mostré.
—Mañana iré a ver lo de la inscripción, y después buscare un lugar donde pueda
trabajar medio tiempo. Puedo trabajar tiempo completo los fines de semana, ya veré
como me las arreglo para sobrevivir— Suspire, ahora el que se mantuvo en silencio fui
yo, me sentía un fracasado.

—Pareces ser un buen chico, disculpa si te ofendí, eres muy dulce cuando tratas de dar
explicaciones las cuales yo jamás te pedí— Sonrió besando mi mejilla por una extraña
razón me dieron escalofríos, me sentí tan nervioso, trate de contenerme para no sudar ni
temblar ante la sensación. Después de esto, ella continuo preguntando cosas sin gran
importancia yo igual le hacía preguntas de vez en cuando, reíamos por tantas anécdotas
que teníamos para compartir. El tiempo a su lado corría tan rápido, la noche cayo y ni
siquiera lo note.

—Illian no es que no disfrute de tu compañía, pero es tarde para que una damita como
tu este fuera tan noche— Le dije tratando de no escucharme grosero o muy frio, me
preocupaba. Estábamos en medio de la nada y quién sabe si los rumores, eran ciertos.
—No te preocupes, tengo auto. Pero podría quedarme a dormir por última vez en mi
cama— Yo asentí y ella salió de la habitación. Esta noche me encajaría los resortes de
la cama sobre la espalda, no le di importancia me fui hasta el fondo de la cama para
evitar lastimarme. Cerró la puerta de su habitación y ni siquiera me dio las buenas
noches, puede que la haya ofendido, así que me disculparía mañana con ella.

Al día siguiente desperté muy temprano, antes de cualquier otra cosa me lave los dientes
en el baño, se veía bastante decente en comparación con otras partes de la Posada, lo
agradecí. Salí de mi habitación en pantuflas, me acerque a la habitación de Illian, ya no
estaba dentro, se había ido. Suspire sintiéndome muy mal, había ofendido a mi única
amiga en todo Penticton. Baje para desayunar, olvidaba que aquí cada quien tenía sus
cosas, así que compraría algo fuera, regrese a mi habitación para tomar una ducha
rápida antes de salir a ver lo de la escuela, me pregunte qué había pasado con Illian, no
me dijo donde viviría, en el centro. Si pero ni siquiera una dirección y no le pensaba
preguntar al casero, seguramente me diría que no fuera metiche o que no era de su
incumbencia y por seguridad de Illian, él tendría razón para no dármela. Salí de la
Posada, el camino por el bosque fue muy largo menos mal había una parada del camión
en la orilla de la carretera a unos veinte minutos a pie, no era tan lejos y el camión me
llevaría al centro.

La escuela preparatoria de Penticton se encuentra formada por dos grandes


edificaciones de ladrillo situadas uno junto a la otra. Frente a la calle principal entre la
Avenida Jermyn y la Avenida Eckhart. La Escuela Ellis es una escuela de alto nivel
académico fundada en 1912, vaya que sí era antigua. Con un estilo neo-georgiano con
tres bhaías de dos pisos y un sótano elevado. Las escuelas vecinas se encuentran
enmarcadas por una pared de fieldstone y una hilera de árboles de arce ya muy
maduras, los cuales datan de alrededor de 1915. Y es por esta razón que es patrimonio
cultural del país, vaya sí que quede impresionado con el recorrido histórico que me

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dieron en las instalaciones cuando llegue a la enorme escuela. Estaba muy emocionado,
me aceptaron de inmediato, en este lugar podría terminar mis estudios y la educación no
era extremadamente costosa como lo era en USA. El lugar era enorme más de siete
hectáreas una maravilla arquitectónica, contaba con tres bhaías de ladrillo, un arco
románico en entrada central y por encima ventanales en forma de arco. Se podía
apreciar el esfuerzo de la mano de obra en cada ladrillo que fue colocado para levantar
la escuela. La escuela de lado complementaba la vista esta cuenta con un diseño
victoriano ecléctico, esta es la característica de la Escuela Shatford. La cúpula de la
azotea en la Escuela Ellis y la linterna en la azotea de la Escuela Shatford las hacen ver
como edificaciones gemelas, ambas dentro de las siete hectáreas. Ambas edificios se
encuentran conectados desde hace diecisiete años. El auditorio de mi escuela fue
diseñado para tener la capacidad de quinientas personas, es enorme y muy hermoso
como el resto de la arquitectura, quede más impresionado de lo que ya estaba al ver su
arquitectura externa.

El papeleo fue extremadamente rápido, alcance a tiempo las inscripciones regulares, mis
papeles estaban bien en casa. Aun con ello le pedí al director en turno del plantel ser
discreta, le comente mi caso y ella acepto, no comento nada más, había confidencialidad
entre la escuela y sus estudiantes. Otro día continuaría el recorrido, tenía todas las
vacaciones para volver y echar un vistazo en cada una de aéreas del lugar, así como pata
conocer el plan de estudios y las actividades extracurriculares en las que me podría
integrar. Tome el autobús de regreso al centro de Penticton, deseaba darme una vuelta
por la zona comercial, buscaría un empleo de medio turno, no encontré nada que me
convenciera del todo. Entre en una pequeña tienda de abarrotes, debía comprar la
despensa que me correspondía. Tome unas cuantas latas de comida, cajas de galletas y
cereal, algo de jamón y pan para preparar sándwiches, leche, jugo, y huevos. Todo lo
necesario para llenar mi gaveta y la parte del refrigerador que me correspondía con
comida que tendría que durarme al menos una semana.

Así como ciertos productos de aseo personal que vaya que me hacían falta, pasta dental,
desodorante en barra, jabón y shampoo. Contaba con más de la mitad del dinero que
Anali me dio por el convertible rojo, este no me duraría para siempre, debía encontrar
un empleo rápido si quería sobrevivir. Tenía que comprar ropa nueva y todo lo
necesario para iniciar un nuevo ciclo escolar. Tome una empanada de manzana verde y
pedí un café americano para llevar, que a juzgar por el terrible sabor llevaban
demasiado tiempo recalentándolo. Pague casi cien dólares, dios mío. Gastaría tanto para
sobrevivir solo una semana, y faltaban muchas cosas por comprar para arreglar mi
habitación. La cajera pregunto con amabilidad si necesitaba algo más, negué.
— ¿No vives por aquí cierto?— Una amigable voz pregunto, me voltee para ver a una
chica, le sonreí negando. Me tomo por sorpresa, llevaba las bolsas de papel en los
brazos, bastantes cosas y ni siquiera tenía un auto.
—Soy nuevo en la Ciudad— Conteste con amabilidad, la mujer que me atendió en la
caja le regaño por cuestionarme de ese modo, parecía ser su madre.

—Mamá, déjame darle la bienvenida, últimamente no hay muchas personas nuevas por
aquí— Comento haciendo una mueca. La madre de la chica hizo una mueca y esta
guardo silencio. Trataba de detener con ambos brazos las enormes y repletas bolsas de
la despensa.
— ¿Iras a la escuela?, ¿Necesitas ayuda con eso? Podría llevarte a tu casa— Sonrió con
timidez, en esta Ciudad todos parecían ser tan amables, accedí a su aventón.

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—Vivo en La Posada en el bosque— Ella hizo una mueca y tomo de mi brazo, antes de
que su madre le reprochara el gaste de gasolina innecesario por llevar a un completo
extraño a un lugar en medio de la nada.

— ¿Cuál es tu nombre? — Pregunte con curiosidad, acepte que me llevara y ni siquiera


sabía a quién agradecería tan buena acción.
—Destiny, Destiny Castle— Abrió la puerta de su auto, un pequeño Volkswagen
escarabajo, color naranja. Ella al igual que su madre eran unas mujeres de estatura
media, de piel aceitunada, cabello y ojos negros muy expresivos, nariz aguileña, de
rasgos fuertes pero lindos, con una marcada ascendencia indígena.

— ¿Sueles llevar a todos los nuevos clientes a casa? — Pregunte en forma de broma,
ella rio un poco y me ayudo con las bolsas de papel.
—No, pero contigo será la excepción. Puedes irte solo, pero dudo que las bolsas resistan
mucho— Sonrió con amabilidad, yo asentí y exhale.
—Bien— Subí al pequeño escarabajo.

—Por cierto, chico. ¿Cuál es tu nombre? — Pregunto.


—Oh cierto. Me llamo John Keith Fenton, puedes llamarme como quieras— Suspire.

—Te llamare Keith, suena más lindo— Enseguida voltee, las mejillas de Destiny
estaban encendidas como tomate. No pude evitar reír pero de inmediato guarde silencio,
no era mi intención incomodarme o burlarme.

— ¿De dónde eres Keith? ¿Qué te trajo a Penticton? — Arranco el escarabajo y yo


mientras veía el panorama, la Ciudad era muy pequeña, me sentía como en casa.
—De Baltimore, vine para estudiar y ver si puedo encontrar trabajo— Conteste algo
dudoso, no sabía que decirle. Escape de casa porque una loca inmortal me amenazó con
matarme y matar a mi familia si no lo hacía, todo por no someterme a su indiscreta
petición de ser su esclavo por toda la eternidad, pensé con sarcasmo rodando los ojos
para mí.

—Vaya, eres el primer chico que conozco que viene solo a eso. La mayoría vienen para
entrenar hockey, ¿No estás, interesado en eso? — Yo de inmediato negué.
—No soy muy fanático del deporte, ni siquiera se patinar, ni en Tierra ni en hielo—.

—Oh ya veo, pues… No me queda más que decir bienvenido— Parecía que dábamos
vueltas por el centro, no le había dado señas de donde vivía en realidad.
—Vivo en La Posada— Ella asintió y estaciono el auto frente a una pequeña cafetería
no era donde había almorzado cuando llegue, esta era mucho más pequeña, desde
afuera se podían ver las vitrinas repletas de panquecitos, brownies y toda clase de
pastelería.

—Baja, quiero presentarte a alguien— Baje como Destiny me lo pidió, deje las bolsas
en el auto. Entramos al lugar que lleva por nombre Brownies & Muffins, este contaba
con un toque más femenino, lucia como alguna clase de cafetería francesa y huele
delicioso, a dulce y caramelo, chocolate vainilla, fresa y demás cosas deliciosas que me
abrieron el apetito de inmediato, seguía sin desayunar nada. Ella alzo la mano en forma
de saludo hacia la propietaria.

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—Kathrina, este es Keith Fenton. Es nuevo en la Ciudad y no tiene trabajo, ¿Aun
buscas repartidor? — A lo que yo abrí los ojos de par en par, como podría trabajar en
este lugar de repartidor sin auto, apenas y conocía la Ciudad, no podría. Kathrina me
miro directamente con su par de ojos grises, son intimidantes. Empecé a temblar y ella
rio divertida al ver mi expresión. Ella es una mujer alta, luce como alguien de fuera, no
como yo. Tal vez como Illian, al escuchar su acento reconozco de inmediato que es
rusa, su piel blanca como la nieve la delata y aquellas facciones toscas pero a la vez
hermosas le dan una finta intimidante, yo no me atrevería a pelear con ella.
—No conoces la Ciudad, pero me has caído bien Keith— Sonrió ofreciéndome un
muffin de moras, lo tome y mire el lugar impresionado.

—Eres Oficialmente el nuevo repartidor— Dijo Destiny con una sonrisa en el rostro.
Yo ni siquiera había pedido empleo y ya lo tenía.
—Te hare un mapa de los lugares más concurridos donde entregaras pedidos, la escuela
debes conocerla. ¿Estudias, no? — Pregunto mi nueva jefa.
—Las clases aun no inician, estudio en Ellis— Ella esbozo una sonrisa.
—Entonces puedes iniciar mañana mismo, cuando entres a la escuela trabajaras en las
tardes, ¿Te parece? — Le di una mordida al brownie, sabia delicioso una textura suave
y crujiente en la cubierta. Asentí y esa misma mañana llegamos a un acuerdo con el
horario y la paga no era tan mala. Me daría una motocicleta en donde haría los pedidos,
podría llevarla a casa y usarla incluso para ir a la escuela. El gasto de la gasolina seria
cubierto y podría llevarme a casa todo aquel panecillo que no fuera vendido aunque ella
dudaba que así fuera ya que siempre se vendía, y debía prepararse más. Todo en
Brownies & Muffins era fresco y delicioso, incluso el café lo era, sin ofender al café de
la tienda de la madre de Destiny pero no volvería a comprar café haí.

Kathrina llego a Penticton, un par de años atrás, ex-jugadora de hockey, por su


complexión robusta lo supuse. Era muy buena según Destiny, pero debido a una lección
en las rodillas dejo su apasionante deporte para dedicarse a otra de las cosas que ama
incluso más que el Hockey, la alta repostería. Me pregunto por qué no me unía a la
escuela especializada en aquel deporte, yo negué y repetí que no se patinar, ella rio y
dijo que cuando llegara el invierno aprendería o me despediría. Ella cuenta con un
sentido del humor muy negro y no tengo idea si en ocasiones me paso de inocente por
no decir pendejo, ya que todo me lo creo.

Destiny, continuo en pie con dame un aventón a La Posada, le agradecí de nuevo el que
me llevara, así mismo por haberme presentado con su amiga Kathrina. Ella me dijo que
no debía dar las gracias, su madre y ella son grandes amigas, así que seguramente las
veré seguido en la cafetería. Llegamos muy pronto, vaya no creí que fuera cada vez más
cercano el lugar donde vivo. Dest, como la empecé a llamar cuando tuve mayor
confianza con ella me ayudo a cargar una bolsa, entramos a la Posada y me ayudo a
acomodar las cosas en la gaveta correspondiente. La invite a comer, preparamos algo
sencillo, sándwiches. Bebimos jugo de naranja, ella se sintió mal por comer de la
comida que acababa de comprar en la tienda de su madre. Suspire y continuamos con la
plática, me sorprendí al saber que mi nueva amiga también estudiaba en Ellis, ella es un
grado menor que yo, pero aun así podremos siempre vernos en los pasillos, se ofreció a
mostrarme la escuela cuando las clases iniciaran, acepto de nuevo. Ella al igual que
Illian se convierte de inmediato en una de mis amigas, mi jefa también lo será, pero ella
no tiene mi edad. Destiny, tiene quince años, ni idea de cuál será la edad de Illian. Le
platique algunas cosas acerca de mí, con Illian me sentí más cómodo pero al mismo

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tiempo me sentía muy nervioso, es algo difícil de expresar. Mi nueva amiga creía que
vivía en La Posada con mi familia, un detalle que olvide mencionar. Hace una mueca
cuando le cuento de mi ex novia, y cree que al menos debería hacerle una llamada, no
puedo explicarle más así que ella asiente y se va agradeciendo los sándwiches y los dos
vasos de jugo de naranja que bebió, promete compensarme. Ya me ha ayudado
suficiente por hoy, le agradezco y la llevo hasta la puerta.
— ¡Adiós!— Me despedí gritándole desde el pórtico, ella subió a su escarabajo,
perdiéndose entre el bosque.

Subí la bolsa con mis cosas de aseo personal, las acomode en su respectivo lugar dentro
de una gaveta del baño. Me deje caer sobre la cama, olvidado el estúpido resorte, este se
encajó sobre mi espalda. Grite ante el dolor y la sensación que me provoca, recuerdo
cuando esa loca encajo sus garras sobre mi pecho, no me pondría llorar al recordar
aquel doloroso y enfermizo episodio, no me traumaría más. Trate de olvidarme de esa
loca, me levante de la cama para despejar mi mente y cambiar mi viejo colchón con el
que Illian me ofreció, le quite las cobijas y lo lleve arrastrando hasta su habitación.
Tarde poco más de veinte minutos en hacer el cambio, incluso me lleve la cobija rosa
que olvido llevarse consigo, la doblare para devolvérsela cuando vuelca a verla y
tratándose de un poblado pequeño como Penticton, seria pronto. Me preguntaba qué
sería de ella, porque se fue sin despedirse trataría disculparme, si es que en algún
momento la ofendí. Termine de acomodar las sabanas y las cobijas sobre el colchón, mi
cama estaba lista, dormí temprano ya que al día siguiente seria mi primer día de trabajo
como repartidor. Me sentía muy nervioso, pero el inhalar el dulce aroma a lavandas y
rosas de la cobija rosa de Illian, me dio tranquilidad. El saber este había sido su colchón
me iluminaba el rostro. No había más pesadillas, me sentía seguro, no lograba recordar
mi sueño pero debió ser algo muy bueno o al menos eso esperaba.

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Capítulo 10

Despierte y corrí a ducharme, me urgía comprar un reloj despertador, primer día de


trabajo y se me hizo tarde. Me golpee en una de las paredes del baño por mi
incompetencia. Salí corriendo, fue un milagro el no haber resbalado, saque lo primero
que tenía a la mano dentro del closet. Unos jeans viejos y una playera a cuadros roja que
me hacían ver como un leñador, primer día de trabajo, vistiendo la peor ropa que pude
haber elegido al azar, si me cambio llegaría mucho más tarde. Apresurado me puse mis
converse rojos, Salí disparado de La Posada, como alma que lleva el diablo. Corrí hasta
llegar a la parada del autobús, para mi suerte este paso de inmediato, baje frente a la
alcaldía, camine el resto del camino hacia la cafetería. Kathrina me esperaba en la
puerta, sonrió al ver que llegue. Sude por las prisas, o podría ser la misma humedad de
mi cabello por no haberlo secado, como es debido.

—Llegas tarde Fenton, mala impresión— Hizo una mueca seca, ¿parte de sus bromas?,
“Oh gran error”. Mi jefa estaba molesta, en serio. Trate de darle explicaciones, pero ella
se negó a escucharme, por un momento creí que me echaría del lugar, hubiese sido muy
patético ser despedido en mi primer día por llegar tarde. Me miro decepcionada,
entramos a la tienda, me castigo poniéndome a barrer y trapear todo el lugar, incluso
tuve que barrer la cocina, y la acera de la calle, los negocios de a lado estaban cerrados,
también tuve que barrer, me amenazo con que este sería mi castigo siempre que llegara
tarde a trabajar. Mintió porque hasta la fecha los fines de semana, yo soy el que barre y
trapea, aun cuando llego temprano.

A mi nueva jefa se le paso el coraje causado por su nuevo empleado, pidió que fuera a
la parte trasera de la cafetería, me sentí incomodo por esta metida de pata.
—Has hecho un buen trabajo con la escoba y el trapeador, pero te tengo una sorpresa—
Sonrió y enseguida se levantó del lugar en donde me observo muy de cerca hacer a la
perfección mi primera tarea, caminamos a la parte trasera de la cafetería en donde
descubrió una manta, dejando ver una hermosa motocicleta, no era nueva pero me
encanto, me recordada al auto que vendí, en un intento desesperado por obtener algo de
dinero para iniciar mi nueva e independiente vida, me preguntaba ¿que habrá hecho
Anali con él? La motocicleta, una Honda color rojo, tiene un casco del mismo color, el
cual debo forzosamente utilizar por mi propia seguridad. Le agradecí la motocicleta,
ella bromeo con que hubiese sido mejor comprarme un reloj despertador. Al día
siguiente llegue a tiempo, dentro de los diez minutos de tolerancia, de nuevo barro todo
el lugar, mi jefa me dio un nuevo obsequio. Un reloj digital solar para la mesita de
noche de mi habitación. Kathrina me mando a la bodega para cargar los sacos de harina
que acaban de llegar, al ser por el momento el único empleado que tiene, debo cumplir
con todas las tareas que me ordene. Temprano es cuando realizo mis entregas a
domicilio, por las tardes no hay mucho que hacer, para los pedidos me entrego un mapa
con las ubicaciones de los sitios que más nos hacían pedidos, algunos eran cercanos a
nuestra zona, en otros debía conducir por más de dos horas, estos pedidos eran
especiales y muchas veces terminaba realizándolos en el auto de mi amiga Dest.

El teléfono suena y ella contesta, es la madre de Destiny, Eleanor. Necesita que le lleve
seis muffins de plátano con chocolate, dos tartas de durazno y un brownie de triple
chocolate, el cual intuyo es para Dest, es su sabor preferido. Kathrina mete el encargo
dentro de una pequeña cajita donde todo queda perfectamente acomodado. Meto las
cosas dentro de mi mochila, la llevo en la espalda para poder manejar libremente. No

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quise adaptar la motocicleta porque perdería su encanto, es mejor si llevo las cosas en la
espalda. A mi jefa no le convence tanto pero me deja hacer lo que me plazca. Llego
rápidamente a la tienda de abarrotes con el pedido sobre la espalda, le entrego la cajita a
la madre de Destiny y ella me entrega el dinero, junto a tres dólares de propina los
cuales agradezco. No tenía idea que me darían propina lo cual me hace feliz, a este paso
tendré mucho dinero, eso sí tengo muchas entregas. Destiny entra detrás de mí tratando
de asustarme, yo solo suelto una risa al ver que ella falla.
—Soy muy difícil de sorprender— Digo al ver la cara que pone, su mamá solo niega y
le ordena barrer. Ella trabaja en la tienda durante las vacaciones, los fines de semana se
encarga de cosas del hogar.

Salgo de la tienda y Destiny va detrás de mí, me quiere invitar a comer en la tarde,


preparara pescado frito y quiere que lo pruebe. Le sonrió y le digo que llegare a la
tienda por qué no sé dónde vive, ella asiente y regresa a la tienda. Conduzco hasta la
cafetería, al llegar ya tengo otros tres pedidos. Menos mal no tarde tanto, llevo dentro
de la mochila tres cajas al igual que con la madre de Destiny todo queda perfectamente
acomodado dentro. Brownies, panquecillos, muffins entre otras cosas más. Una bolsa de
café en grano, doy gracias a que no llevo café ya preparado a domicilio o podría
derramarse y quemarme la espalda. Recibo en total ocho dólares de propino, al final del
llego a casa con veinte dólares de propina por todos los pedidos que atendí a lo largo
del día.

Hoy fue un buen día, pregunto al casero si ha venido Illian, el niega y dice que ya nada
tiene que hacer haí. Yo suspiro y subo las escaleras preguntándome si habrá salido de
viaje y si fue así porque no se pudo despedir de mí. El resto de la tarde me dedique a
separar mi ropa de trabajo y la de los fines de semana. Aunque trabajare todos los días,
quiero lucir menos pandroso dos días. El sábado y el domingo únicamente trabajare
medio tiempo, esto es provisional en lo que inician las clases. Me acuesto a dormir y
recuerdo que Destiny me había invitado a comer, hago una mueca al recordarlo, me
levanto del sobresalto y llamo a la tienda de abarrotes, ya no hay nadie seguramente.
Veo el reloj, pasan de las 10:00 pm. Regreso a mi cama y suspiro, así me siento al no
saber de Illian. Seguramente mañana me pedirá alguna explicación por haber olvidado
su invitación a comer. Antes de ir al trabajo pasó a una boutique para comprarle un
obsequio para disculparme por haberla dejado plantada. Voy al trabajo y Kathrina ya
me tiene listas cinco cajas con pedidos entre ellas, la tienda de abarrotes. Decido hacer
mi primera entrega con la madre de Dest, tal vez ella se encuentre ayudando. Llego al
lugar y la veo barriendo, ni siquiera voltea a verme. Saco la caja con el pedido y se la
entregó a su madre, hoy no hay propina y me lo tengo bien merecido. Me acerco a
Destiny y ella sigue sin verme, le entrego su obsequio sin decir nada, ni siquiera lleva
escrito una nota. Ella lo toma y me mira con una mala cara.

—Lamento no haber vuelto ayer, pero… estuve toda la tarde entregando pedidos— Ella
se molesta y me arroja el regalo.
—Mentiroso, le marque a Kathrina y ella te dejo salir temprano. Si no querías volver
podrías haberlo dicho— Yo me sorprendo por su reacción. Ella corre y su madre me ve
con enfado, antes de que algo más ocurra yo decido salir a terminar con mis pedidos, no
me di la molestia de recoger el obsequio de veinte dólares que arrojo a mi rostro. Llegue
a casa solo con diez dólares de propina, hoy no fue tan buen día como ayer y estoy
consciente de que lo merezco.

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Esa tarde me sentí muy mal por lo que paso, creo en que las cosas mejoraran. Destiny
me perdono una semana después del incidente, la invite a comer un helado, fuimos al
parque a dar un paseo. No tuve que rogarle para que me acompañara acepto de
inmediato y me pidió una disculpa por haberme arrojado el obsequio en el rostro.
Llevaba puesta aquella pulsera que le di, sonrió y toda la tarde nos quedamos charlando,
de nuevo le conté un poco de mi vida, como siempre solo lo esencial aun no le tengo
confianza del todo y no es mi intención involucrar a más personas en aquel mundo.
Regrese a La Posada, estaba muy cansado y deseaba dormir, debía levantarme temprano
para mi primer día de clases en la escuela Ellis. Con el dinero que gane esas dos
semanas termine de arreglar mi habitación, aun me faltaban unos detalles como pintar y
comprar muebles nuevos, para que gastar con los que tenía estaba bien. De momento
solo hacía falta la pintura. Subí las escaleras agotado, tendría que descansar para estar
fresco a la mañana siguiente, mi primera clase empezaba a las 7:00 am. Entre a mi
habitación bostezando me sorprendí cuando mire a Illian sentada sobre mi cama, me
talle los ojos al creer que la estaba imaginando, pero no fue así.

— ¿Illian? — Fue lo único que pude decir, ella sonrió y se levantó de inmediato como
si el que estuviera sentada sobre mi cama fuese algo malo.
—Lo siento— Dijo tratando de quitar las arrugas que quedaban sobre la cama. Me
acerque a ella con una sonrisa, me hacía tan feliz que hubiese vuelto.
—No te preocupes, antes de que salgas huyendo de nuevo. Lamento lo de la otra noche.
Perdona si dije algo que te haya ofendido, no fue mi intención— Ella negó y sonrió.

—Tuve que irme, mi vuelo salía temprano y debía volver a casa. No avise por que
volvería pronto, pero tarde un poco más de la cuenta. Lamento no haberte informado—
Se excusó y yo solo dije.
—Y no haberte despedido— Ella se puso colorada y volvió a sentarse sobre mi cama.
—Lo siento, para la otra prometo dejarte al menos una nota— Habría otra vez, ¿Se
volvería a ir?

— ¿Sales mucho de viaje? — Pregunte curioso, ella sintió.


—Ya te lo había dicho, salgo seguido de viaje— Contesto.
—Oh ok. Cierto— Nuevamente tendría que correrla sin querer, pero al día siguiente
tendría clases y no quería que nuevamente se ofendiera por pedirle que se vaya. Bostece
nuevamente, me talle los ojos, podría darle una indirecta de esta forma, moría de sueño.
Illian se quedó sentada, no había captado. Mi estómago gruñó, me sonroje mucho
porque esto no lo había hecho a propósito.
—No te preocupes suele pasarnos, yo también tengo hambre—Admitió levantándose de
la cama.

—Es tarde, deberías ir a la cama. Luces cansado— Yo asentí aliviado, aunque no quería
que ella se fuera yo tenía que dormir.
—Mañana entro a la escuela— Comente.
— ¿Ya tan pronto? — Pregunto sorprendida, asentí y ella exhalo resignada.
—Perdí la noción de tiempo, oh bueno. Tengo que irme, tal vez cuando salgas podamos
beber un café— Sonrió acercándose hacia mí para darme un espontaneo abrazo al cual
yo respondí.

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—Oh claro. Te veo en la cafetería de Brownies & Muffins, no te comente. Pero al día
siguiente cuando te fuiste, yo conseguí empleo— Ella sonrió y beso mi mejilla, es muy
emotiva.
—Me alegro mucho por ti, bien. Te veo mañana a las 5:00 pm, ¿Está bien? —Yo asentí
y se retiró. Esa noche olvide decirle de su cobija, ya seria para después. Dormí muy
cómodo, esa noche soñé tantas cosas, muy buenas.

La primera clase término, tendría escasos quince minutos para encontrar el siguiente
salón. La escuela es enorme y no tengo idea de dónde queda mi siguiente clase. Calculo
Integral, oh demonios matemáticas tan temprano, pensé quejumbroso. En el pasillo me
tropecé con una chica.
—Lo siento me disculpe— La mire y me sentí muy avergonzando al ver que se trataba
de Destiny.

—Tranquilo. ¿Dónde te toca tu siguiente clase? — Pregunta curiosa, le respondo


mostrándole mi horario de clases.
—Vaya, eso queda muy lejos. ¿Ocupas que te guie? — Se ofreció a llevarme de nuevo.
—Si eres tan amable. La escuela es enorme y siento que me pierdo— Hice una mueca.

—Tranquilo, Oh por cierto. Sigue en pie lo del recorrido, si quieres puede ser
terminando las clases de hoy— Sonrió y yo negué.
—No puedo, tengo que trabajar saliendo, ¿Recuerdas? —
—Cierto. Entonces siendo así, avísale a la jefa Kathrina de que tienes que recorrer la
escuela mañana. Oh no solo llegaras tarde al trabajo— Bromeo y yo le mire con cara de
pocos amigos.

—Es broma Keith, date prisa o llegaras tarde a la siguiente— Me jalo del brazo y yo la
seguí, Destiny me dejo dentro del salón acompañándome hasta mi banca como si me
fuera a perder. Todos hablaban, la mayoría se conocía, yo era el nuevo y al que nadie
pelaba. Veía muy mal la pizarra, necesitaba mis gafas de nuevo. Hice una cara de
disgusto, copie del pizarrón lo que entendí, muchas cosas continuaban siendo confusas,
y de por fin las matemáticas nunca habían sido lo mío, y si no copiaba bien los
ejercicios, peor.

Salí de clases temprano, al ser el primer día el profesor de Biología nos permitió salir
veinte minutos antes de que la clase terminara. Busque mi motocicleta en el
estacionamiento, los chicos me vieron sorprendidos al ver que tenía una motocicleta, la
sonrisa coqueta de una que otra chica, pero al ponerme el ridículo casco sus miradas
cambiaron a algo parecido a burla.
—Si búrlense todo lo que quieran, pero al menos no tengo que andar a pie como
ustedes— Gruñí por lo bajo. Mi primer día y ya me echaba enemigos encima, ahora
creerían que era un amargado. Llegue algo molesto al trabajo. Kathrina no tuvo que
preguntar cómo me fue al ver mi cara, me puso a ordenar unas cajas y asentí gustoso.
—No quiero usar el casco— Me queje y ella entrecerró los ojos viéndome sorprendida.

— ¿A qué se debe ese comentario? — Pregunto confundida.


—Estoy de malas por que los chicos se burlaron por usar uno— Ella negó y suspiro.
— ¿Es por eso? Oh vamos, no permitas que unas miradas acusadoras y de burla, te
amarguen el día— Trato de darme ánimos dándome unos golpecitos en la espalda.

70
—Tranquilo, y ordena bien esas cajas, te pondré a armarlas mañana. Hoy hare espacio
para tener donde colocarlas— Yo asentí y no dije nada más, a veces Kathrina actuaba
como una madre, más que como mi jefa. Se preocupaba por mí, y cuando se enteró que
vivía solo con mayor motivo. Preguntaba si había comido, y si estaba bien todo en La
Posada. Me miraba diferente como si fuera una clase de gatito o cachorrito perdido en la
calle o abandonado. Me hacía sentir mal esta clase de trato, hubiera sido mejor que no le
dijera, incluso me aumento la paga. Insistí en que era suficiente con las propinas pero a
ella no le importo y me pagaba más de lo que sentía merecer.

Mientras ordenaba las cajas volteaba a ver cada quince segundos si ya eran las 5:00 pm,
faltaban como veinte minutos aun. Al terminar de ordenarlas dio la hora. Kathrina me
pidió ayuda dentro de la cocina, antes de entrar eche un vistazo por si Illian se
avecinaba a llegar, pero no habían señales de ella. Suspire resignado y entre en la cocina
para ayudarle con la mezcla chocolatosa de brownies, ella salió para atender a los
clientes que bebían café y té. Yo me quede dentro revolviendo la mezcla, a los cinco
minutos regreso, pidiéndome el bowl con una sonrisa divertida, me pidió salir para
atender a los clientes.

—Al parecer alguien te busca afuera— Al escuchar sus palabras corrí de inmediato, con
la esperanza de que se tratara de ella.
—Keith, ¿Hablaste con Kathrina? — Pregunto Destiny con una sonrisa de oreja a oreja.
Yo negué y exhale resignado, pasaban de las 5:00 pm y ella no llegaba.
—Bien, dame tres brownies de triple chocolate, no mejor un muffin y dos brownies—
Me pidió señalando el muffin que se le antojo. Despache su orden y ella pago, saque el
cambio de la caja registradora cuando escuche la campanilla de la cafetería sonar. Haí
estaba ella, me apure para darle el cambio a Destiny para que se fuera rápido.
Illian se acercó al mostrador, me miro y sonrió.

—Hola Keith, aquí estas. Disculpa la demora— Se disculpó. Destiny la miro con mala
cara y después a mí, arrebato su cambio de mi mano y salió del lugar.
—No hay problema, por un momento creí que ya no llegarías— Ella negó y soltó una
risita.

— ¿Cómo crees?— Miro el tablón de bebidas.


— ¿Qué me recomiendas? — Pregunto y yo conteste.
—No sé, ¿Qué te gusta? — le devolví la pregunta.
—Las cosas dulces y chocolatosas— Contesto con una sonrisa.
—Bien, toma asiento. Te serviré algo que espero te agrade— Kathrina salió de la cocina
y me vio coqueteando con Illian. Entrecerró los ojos y me pidió ir a la cocina con ella.

—Fenton, está prohibido que coquetees con las clientas— Me regaño, yo me encojo de
hombros y me excuse.
—Yo la invite a beber café, era inquilina de La Posada, se fue cuando yo llegue— Ella
relajo su semblante y me quito la gorra de la cafetería.
—Siendo así, tienes la tarde libre. Ve a tomar un café con ella, no la dejes sola, hazle
compañía— Me miro confidente y yo asentí agradecido. Salí de inmediato de la cocina
y me fui a sentar a su lado.

— ¿Dónde está mi orden? — Pregunto al ver que no llevaba nada. Cierto, la orden la
había olvidado. Trate de levantarme pero ella no me dejo hacerlo.

71
—Es broma. Keith, no me importa el café— Sonrió y yo me sonroje. Si no le importaba
el café, entonces ¿Que le importaba?

Kathrina se acercó a nosotros dejando una carta como si fuera un cliente más. Me guiño
un ojo y volvió al mostrador.
—Por ahora no trabajo aquí— Bromee, Illian sonrió.
— ¿Qué pedirás? —Pregunto curiosa. Yo mire la carta y todo se me antojaba, desde que
había llegado a este lugar no había tenido la oportunidad de probar más que el brownie
que me regalo cuando Kathrina me ofreció el empleo.
—Creo que pediré un muffin de arándanos y un mokaccino— Ella asintió y pidió lo
mismo, solo que a excepción de un mokaccino, pidió un café late con leche descremada
y crema batida encima, eso fue extraño pero Kathrina se llevó las cartas y en menos de
diez minutos llego con la orden de ambos.

—Gracias— Dijo Illian con una sonrisa, tomando su muffin con delicadeza, tan pulcra
al hablar y al tomar las cosas. Parece una damita de sociedad actuando de esa forma, yo
trato de imitarla. A quien engaño, yo no actuó así, además de que me veo súper
homosexual siendo delicado.

—Dime Keith. ¿Cómo te fue en la escuela? — Sonrió al mismo tiempo en que tomaba
su taza de café para dar un sorbo.
—Bien, gracias por preguntar— Sonreí arrancando un trozo de arándano de mi muffin.

— ¿Tu no vas a la escuela? — Pregunte con curiosidad, y ella parece haberse quemado
por que dio un grito.
— ¡Ouch! — Se quejó, de inmediato le ofrecí una servilleta para que se limpiara los
labios. Hoy los llevaba pintados de un rojo muy intenso que la hacía verse mucho más
blanca de lo que ya lo es. Se ve tan hermosa con el cabello recogido y lleva poco
maquillaje encima, se ve muy sencilla. Suspiro al verla limpiarse los labios con la
servilleta.

—Me quedme da dengua— Dijo de forma graciosa y yo no pude evitar reírme.


—No te dias— Se quejó, dándome un golpecito en el hombro.
—Te escuchas muy graciosa— Sonreí y me incline para besar su mejilla, ella me miro
con los ojos bien abiertos, se sonrojo y al ver lo que hice yo igual me sonroje
alejándome rápidamente de ella. No respondió a mi pregunta, no quise insistir así que
cambie el tema.

— ¿A dónde fuiste? — Pregunte, era muy curioso y aunque no me competiera yo


quería saber a donde viajaba tanto.
—A Europa— La mire impresionado, vaya ahora comprendía porque se comportaba de
esta forma, debía ser inglesa o francesa, pero a juzgar por su acento no lo era y me
cohibía preguntarle más así que no quise ser insistente.
—Vaya, eso es muy lejos— Me preguntaba por qué no me dijo a donde fue
específicamente.

—Eres europea— Lo afirme. Ella asintió y continúo comiendo.


—Tú eres norteamericano— Afirmo y yo asentí, ¿Eso que tenia de especial?

— ¿De dónde específicamente? — Pregunte curioso, ella sonrió y contesto.

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—No soy adivina— Rio al responder.
—En serio, no ya dime. ¿De dónde eres? — Pregunte curioso y ella exhalo resignada.
—Rumana— Dijo con orgullo, a lo que yo la mire sorprendido. Nunca había conocido
a nadie de aquel país. Creo que no son tan comunes como los ingleses, franceses,
alemanes y rusos.

— ¿Y tú? — Pregunto curiosa.


—Yo, soy de Baltimore. De un pequeño poblado fuera de la Ciudad nada
sorprendente— Conteste sin darle mucha importancia.
—Tú eres sorprendente— Murmuro apenas y logre escucharla, por lo que me sonroje y
ella me descubrió sonrojándose al igual que yo.

Esa tarde continuamos charlando hasta que Kathrina casi nos corre, le ayude a cerrar.
Illian llevaba su auto consigo por lo que no pude darle un aventón a su casa, ella dijo
que sería para otra ocasión. Tenía un pequeño mini Cooper azul de año. Se veía graciosa
en él, como una pequeña muñequita Barbie dentro de su carro. Me despedí diciéndole
adiós hasta que se alejó. Kathrina me miro divertida.
—Se nota que la Señorita Te gusta— Resalto bastante su acento ruso, sonreí apenado y
asentí, no podía evitarlo Illian me gustaba, esa era la única razón para ponerme tan
nervioso cuando estaba cerca y para preocuparme tanto por su larga ausencia.

—Bien, ahora ve a casa. Es tarde y tienes escuela mañana, no quiero que llegues
tarde— Me regaño, haí va la Kathrina madre. Asentí subiéndome a mi motocicleta.
Llegue a la posada corriendo, era muy tarde y debía descansar, rayos.
— ¡La tarea! — Exclame, pero recordé que no tenía tarea aun, era el primer día, por
favor. Me fui a la cama sin ducharme, estaba muy cansado y deseaba dormir.

73
Capítulo 11

Las siguientes semanas, todo parecía normal, demasiado normal y aburrido. Trabajar
era lo único que me mantenía entretenido, mis notas no iban tan mal como solía serlo en
Baltimore, de hecho iba bastante bien. Tan bien que tuve la fortuna de poder solicitar
una beca, ahora podía comer gratis en la cafetería de la escuela, y darme lujos que antes
no podía darme. El dinero extra lo ocupe para comprar pintura y muebles que usaría
para darle un poco más de vida a mi habitación en la Posada, así como para el resto de
la fachada, me daba vergüenza ver como la pintura que la cubría estaba más que
desgastada. Ahora le daría un poco de color azul cielo uno muy claro y una capa para
cubrir la desgastada y vieja madera del techo. Aquel fin de semana de mediados de
Noviembre, mi primer fin de semana libre de Brownies & Muffins, se me ocurrió la
brillante idea de tratar de mejorar la imagen del lugar donde vivía, porque la próxima
vez que Illian volvería a visitarme, quería que viera lo que se perdía al haberse mudado.

El sábado en la mañana vino a echar un vistazo Destiny, ayudaría en las modificaciones


de la Posada, no necesitaba ayuda al menos eso creí en un principio antes de saber que
las termitas habían hecho de las suyas en la fachada externa e interna de este lugar.
Quería que empezáramos por mi habitación, esa la tenía reservada para otra ocasión, así
que la convencí para empezar por el exterior, trajo algunas cosas que podrían
ayudarnos, empezamos por tallar los viejos trozos de pintura anterior, lijamos las partes
más ásperas de la Posada para darle un mejor acababa, era más del medio día y apenas
íbamos en esta parte, la pintura nos llevaría bastante tiempo. El techo tendría que
hacerlo por mi cuenta el domingo, Destiny no podría ayudarme por que saldría de
compras a Vancouver con su madre.

El Domingo no fue muy distinto al Sábado, tome unas escaleras de metal para subir al
techo y empezar con las remodelaciones, tenía miedo de que la escaleras se cayera si
esto llegaba a ocurrir estaba perdido, El Señor Benson no se apareció, el perezoso no
quiso ayudar ni siquiera me daría las gracias seguramente, él es un viejo cascarrabias y
amargado, muy solitario pero bueno, seguramente tenia cosas más importantes que
hacer que encargarse de su propiedad, esperaba que al menos por todo esto me hiciera
un descuento o me dejara vivir un par de meses extras. Tal vez de esta forma atraería
más personas, ahora mi pregunta sería ¿Es lo que el casero desea?

Alguna vez escuche que cuando tratas de no llamar a la mala suerte la invocas o una
frase por el estilo, había terminado de impermeabilizar el techo cuando resbale por la
inclinación empujando las escaleras con mis propios pies, estas azotaron contra el suelo
dejándome colgado de la orilla del techado de la Posada.
— ¡Demonios! — Grite, aferrándome a lo que fuera que me estuviese deteniendo, la
caída era de poco más de diez metros, sería muy dura y seguramente me rompería
algún hueso, esto si corría con suerte. Trate de idear alguna forma para escaparme de
este lio, nada bueno se me ocurrió. La fuerza de gravedad reclamaba mi cuerpo y yo me
oponía contra sus deseos, mi mano se me entumió cuando escuche aquella voz que me
provocaba tantas sensaciones encontradas.

— ¿Necesitas esto? — Había subido en un tiempo record a mi ayuda, es curioso ya que


se supone que yo debía ser quien ayudara a una dama en apuros, no al revés. Pero
bueno, este es un Siglo diferente, cercano a una nueva era donde todo sería muy distinto
a como lo conocemos ahora.

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—Por favor— Gemí sintiendo mi mano adormecida por cargar mi propio peso. Illian
subió al techo y me ayudo a subir para enseguida bajar nuevamente, me ayudo muy
amablemente a bajar. Cuidando que no fuera tan torpe de resbalar de nuevo.
—Debes ser más cuidadoso— Sonrió divertida y después me abrazo, correspondí
acariciando su cabello, inclinándome un poco para besar su cabeza, es tan pequeña que
me siento altísimo a su lado.
—Lindo— Dijo separándose de mí, quedando muy impresionada por las mejoras del
lugar.

— ¿Tu lo hiciste solo? — Pregunto sorprendida, yo negué.


—Solo el techo, con el resto tuve un poco de ayuda por parte de mi amiga Dest—
Sonreí y ella alzo la ceja.
— ¿Y ya has terminado? ¿Necesitas ayuda con eso? — Pregunto curiosa acercándose
para ver un poco mejor el terminado de la casa.
—Justo a tiempo para las nevadas. Lo has hecho muy bien— Me felicito acercándose
hacia mí.

—Ahora que lo mencionas— Mire mi reloj para ver la hora.


—Es aun temprano, y tengo que terminar de pintar mi habitación. Esto es todo lo que
hare por la horrible Posada— Sonreí divertido, Illian rio un poco y me acompaño
dentro.

—Yo te quiero ayudar— Se ofreció. La mire de pies a cabeza, se veía bastante bien
arreglada como para ensuciarse por lo que yo negué.
—No gracias, te ensuciaras o arruinaras tu ropa. No es mi intención que tengas que
hacer algo que puede…— Antes de decir algo se quitó lo que llevaba encima, quedando
en unos cortísimos shorts rosados y una blusa de algodón blanca muy delgada, que
llevaba debajo de la otra. No pude evitar mirarla de pies a cabeza con las mejillas
encendidas se veía bastante hermosa, y provoco en mi algo que no podía explicarme,
bueno si pero se sobreentiende.

Subió las escaleras dejando la ropa que se quitó afuera, como si no le importara. La
seguí alejándome un poco para guardar mi distancia, no quería incomodarla ni que ella
me incomodara a mí.
Entre al baño donde había dejado la cubeta de pintura verde agua.
— ¡Espera! — Me detuvo Illian cuando trate de abrir la tapa
—Antes debemos mover las cosas para cubrir todas las paredes y asegurarnos de que no
manchemos la alfombra, hay que cubrirla con periódico, extenderlo y si podemos
levantar la misma alfombra— La mire impresionado, al parecer era mucho más delicada
para esta clase de cosas que yo. Asentí haciéndole caso en cada una de sus
instrucciones, al final terminamos un poco sucios, cubiertos en las piernas y brazos con
pequeñas gotas de color verdoso. Illian sonrió y aunque tratara de ocultar el hambre
que sentía debido a estar todo el día trabajando en las mejoras de La Posada, mi
estómago no pudo más y término gruñendo exigiendo ser alimentado.

—Creo que alguien tiene hambre— Bromeo limpiándose con una toallita humedecida
con disolvente, para quitarse la pintura de encima. Yo solo me sonroje desviando la
mirada apenado por aquel incomodo incidente.
—Te invito a comer, aunque a juzgar por la hora será cena—Rio un poco y yo solo
sonreí.

75
—Vayamos a mi casa, podrás conocer donde vivo. Debes estar muy hambriento—
Señalo la puerta para que la acompañara, le di las gracias y me negué a ir, ella
entrecerró los ojos indignad, tomo mi mano jalándome y alzándose para verme de frente
pero al ser tan pequeñita debía pararse de puntitas me incline un poco para verla a los
ojos de nuevo.

—Tienes dos opciones. La primera es ir a cenar donde tengo muchas cosas que
podemos preparar o la segunda es que te quedes aquí a cenar tu solo—Me dijo en un
tono algo estricto, así que lo pensé un poco. Me llamo la atención la idea de conocer su
casa, después de todo podría visitarla sin tener que esperar a que ella viniera a un lugar
que se veía no le agradaba del todo, para que gastar tiempo y gasolina para viajar al set
de la Mansión Embrujada, era mi oportunidad para hacer algo por ella.
—Bien acepto ir con una condición— Le sonreí inocente, ella me miro sorprendida
alzando una ceja mientras se cruzaba de brazos.

— ¿Y qué cosa es? ¿Se puede saber?—


—Yo te pongas un suéter antes de salir, que te ayude a preparar la cena, pero sin que tú
hagas nada. No pondré a trabajar a mi amiga, quisiera ayudarte como agradecimiento
por tu ayuda con la pintura de mi habitación y la invitación a cenar. Si no te parece me
temo que elegiré la opción dos—

Le mire malicioso y ella negó suspirando.


—Eso es más de una petición, pero dado que es la única forma de que aceptes esta
invitación, me temo que no me queda de otra más que la de aceptar— Sonrió divertida
hurgando dentro de mi closet, la pintura debía secarse por un día, sin duda esa noche me
doparía con el aroma, así que salir a tomar algo de aire fresco no le haría daño a nadie.
Illian tomo una de mis sudaderas, una que le quedaba enorme con bolsos a los costados
y capuchón de color negra, me lazo una al rostro de color azul marino y yo solo alcance
a quejarme. Enseguida me tomo de la mano jalándome, bajamos las escaleras
corriendo. Por lo que los dos reímos como niños malcriados, al saber que al casero le
molestaba, siempre suele gritar furioso por miedo a que le vayan a hacer un agujero a su
viejo piso de madera.

—No tenía idea de que eras una chica mala— Bromee mirándola, ella solo hizo una
carita de niña pequeña, como esas de: Yo no fui. Me sorprendí bastante al no ver su auto
estacionado por ningún sitio, me preguntaba si había caminado toda la mañana para
irme a visitar.
Me miro sorprendida como preguntándose si algo malo ocurría, negué para no
preocuparla. Pudiera ser que no necesitara auto, que tan lejos podía vivir, si vivía en el
pueblo sería mucho más de una hora y media en auto, y caminando no podría
imaginármelo unas cuatro o tres dependiendo. Señalo el lago.

—Al otro lado del lago, haí se puede decir que compre mi casa. No es muy grande pero
estoy rodeada de tanta naturaleza que bien vale la pena— Me preguntaba donde rayos
quedaba su casa, en el tiempo que llevaba viviendo en Penticton, no me había dado a
la tarea de recorrer los alrededores de La Posada, no creí que tuviéramos vecinos tan
cercanos, para mí nos encontrábamos en medio de la nada, me equivoque.

76
Mire hacia arriba y note que desde mi habitación podría observar mejor la vista y tal
vez con un buen telescopio ver su casa, aunque me sentiría acosador si compraba uno
solo para espiarla de lejos. Le ofrecí a Illian mi motocicleta para llegar más rápido pero
ella se negó, sería mejor caminar y rodear todo el lago, a lo lejos se encontraba un
puente de madera donde pudimos cruzar con facilidad. Después de minutos de mucho
caminar y charlar, apreciando la belleza del bosque en medio de la oscuridad,
acompañado por una linda chica, me olvide por completo del temor que le tenía a la
noche y al bosque. Illian había sido la primera amiga que había tenido en mucho tiempo
no era como esa chica Destiny, ella era otra clase de persona.

A su lado me sentía extrañamente seguro y cómodo, sabía que había llegado el


momento de confesar aquel oscuro secreto. No podía continuar guardando algo así,
esperaba que en verdad lograra comprenderme ella se veía una chica de mente abierta o
al menos eso quería creer. Al llegar a la puerta de su pequeña casita, me explico que
tenía casi 100 años, se empezó a construirse en 1887 y después de tres años la
inauguraron, seria parte de un rancho que nunca se montó, debido a la industrialización
del vino en las orillas del Rio Okanagan, no se continuo con el proyecto y esa pequeña
casita fue lo único que quedo de tal. Al entrar note que era casi tan grande como La
Posada solo que a diferenciar de esta, la casa de Illian solo contaba con un piso extra, un
sótano y el techo en diagonal al igual que en La Posada, tenían tanto en común como si
fueran parte de la misma construcción solo que esta era una Posada en buen estado y en
miniatura ideal para una pequeña muñequita que la habitara como lo es Illian. Abrió la
puerta de su casa con una sonrisa, me invito a entrar y enseguida me jalo a un sofá de su
sala sin pedirme siquiera que tomara asiento por mi cuenta. Me ofreció un vaso de agua,
estaría agotada por la caminata, a pesar de no tener tanta sed como hambre, decidí
aceptarlo y esperar a que me diera instrucciones para preparar la cena.

Me sentí cómodo en su casa a pesar de no haber querido aceptar desde la primera


petición de un momento a unos escalofríos invadieron mi cuerpo, todo estaba tan
tranquilo y ella no hacía otra cosa más que verme a los ojos como buscando algo. Los
entrecerré viéndola confundido y ella solo sonrió sonrojándose. Decirle o no aquel
oscuro secreto, debía pensarlo y analizar muy bien las consecuencias, lo primero
controlar los nervios, difícil pero no imposible. Si deseaba que creyera y confiara en mi
debía estar seguro y firme en lo que le diría o creería como todos que solo se trataba de
una mentira. Sería muy complicado de explicar, evitar el temor a ser rechazado y
tomado como un loco. Si no me creía, le daría pruebas suficientes para tener su
confianza. Lo intentaría, solo de esta manera mi alma se podría sentir libre sin nada de
culpa, es justo lo que necesitaba para sentirme bien conmigo mismo, y más que nada se
lo debía a mi consciencia. Aun cuando esto implicara traicionar el juramento del
cazador me daba lo mismo ya no pertenecía a ese grupo mi familia seguramente era de
las ultimas en el mundo.

A veces hasta llegaba a creer que todo lo que aprendí no eran más que mentiras bien
fundamentadas, de esas que te crees por que se escuchan o leen bonito, claro con
excepción de algunas cosas como esas criaturas, dudaba que fueran tan invencibles toda
bestia poseía alguna debilidad sin importar que tan fuerte pareciera ser y sin duda la o
las encontraría. La de todos aquellos que se atravesaran en mi camino. No es que
buscara venganza simplemente buscaba tranquilidad y estabilidad, si no terminaba con
esta plaga jamás la obtendría, mi única salida era compartir este secreto con personas de
confianza para que supieran que no estábamos solos en este mundo y que existían

77
bestias que atentaban contra nuestra vida. Esa era la mentalidad que me hice durante
estos años, la práctica me hizo pensar distinto a mis propios padres que trataron de
enseñarme, ahora yo forjaría mi propio camino.

Era momento de soltarle todo, empecé a hablarle de todas mis vivencias hasta llegar a
Penticton, primero lo más normal. Ella solo asentía y se notaba tranquila pero al
escuchar detrás de todo lo que represento, su rostro se volvió pálido, le comente mi idea
de erradicar con aquellos monstruos de la oscuridad. Ella me creía un loco por qué no
podía creer que un simple humano como yo lograra esa clase de hazañas, pero para mí
no habría límites, podría continuar preparándome, sería el mejor. Estaba en mi destino,
para esto nací, me entrenaron y ahora erigiría si mantenerlo oculto o no. Illian se levantó
del sofá caminando hacia la cocina no quería seguir escuchando, me sentí ofendido pero
igual seguía insistiendo en que esas criaturas no eran más que una plaga que debía ser
eliminada. Ella solo hizo una mueca de incomodidad y tomo un cuchillo para partir lo
que parecía ser un tomate enorme y rojo.

— ¿Esto es lo que quieres hacer? ¡Hazlo! ¡Hazlo con todos nosotros, destrúyenos por
haber nacido!— Exclamo furiosa de inmediato, al principio no entendí a que se refería,
la mire fijamente a los ojos. Sintiendo un escalofrió recorrerme de nuevo, y haí fue
cuando comprendí el significado de sus palabras, le arrebate el cuchillo, ella tomo otro
que parecía de carnicero, el que yo tenía sujeto entre mis manos era delgado y fino, si
me lo lanzaba seguramente podría hacerme daño y con el enorme que llevaba entre sus
manos podría destazarme o arrancarme la cabeza de un solo tajo, ellos tienen mejor
puntería que uno, son más fuertes, más veloces y bellos, por eso me tenía tan fascinado,
ella era un monstruo.

— ¡Tú eres una de ellos, lo sabía! Por eso me sentía tan extraño a tu lado— Y yo
creyendo que era amor, pensé con sarcasmo.
—Tú asesinaste a todas esas personas, ¿No es así? A todos esos forasteros y como yo
soy uno de ellos también me asesinaras. Crees que me vas a matar, pero que crees el
juego termino— Exclame furioso tratando de clavarle en el pecho el cuchillo que tenía
en la mano, fue inútil de un solo golpe me desarmo, ella continuaba con ese enorme
cuchillo sobre su mano izquierda. Lo tomaba con tanta fuerza que empezó a sangrar, la
sangre corroa manchado su blusa y shorts, resbalando desde su brazo hasta llegar a sus
piernas.

—Yo no soy vampiresa Keith, ¿Que no lo ves? Yo no soy como ellos, soy también
como tú, respiro, duermo, siento hambre como tú y envejezco de una forma extraña
pero igual algún día moriré porque no soy inmortal— Murmuro tomando su herida
cubriéndola con un pedazo de trapo que se encontraba encima de la mesa de la barra de
su cocina. Habíamos llegado a esto, obviamente no le creí y volví a tomar el cuchillo
esta vez tome con el que ella intento asesinarme.

—No te creo no puedes ser humana. Te sentí distinta cuando te mire, tus ojos me dan
escalofríos y tu belleza es…— No termine la frase desviando la mirada debía terminarla
de una vez, no podía hacerlo algo me detenía.
—Si lo sé, es similar a la de ellas, las he visto en más de una ocasión y no ha sido lindo
me han intentado matar como lo hicieron con tu novia— Murmuro con algo de dolor, la
sangre dejo de correr, la herida continuaba en su mano.

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—Para tu información mi ex novia, no sé si este o no muerta, así que no la metas—
Trague saliva sintiendo ese dolor en el pecho lo sentía quemarme consumiéndome de
nuevo en aquello que deseaba olvidar. Cerré los ojos con fuerza, me lance sobre ella
para matarla, fui un tonto al no ver por donde pisaba me resbale con su sangre y caí al
suelo golpeándome la cabeza.

—Tienes tan malos reflejos— Rio divertida, burlándose amargamente de mí. Trate de
levantarme pero me era imposible, no podía. Mi cuerpo estaba inerte solo abrí la boca
para exigir que dejara de hacer lo que estaba haciendo ella solo sonrió divertida
tomando otro o trapo para limpiar el suelo alrededor de mí.
—Gracias por ensuciar mi cocina, si tienes hambre vayamos a comer de una vez.
Quieres— Empezó con un tono sarcástico pero finalizo con un tono más tranquilo,
como si nada hubiese pasado. Me pude levantar en un abrir y cerrar de ojos, ni siquiera
me había tocado y de la nada ya era libre para controlar mi cuerpo.
— ¿Eres o no como yo? ¡Si me querías matar por qué no lo hiciste cuando tuviste
oportunidad!— Exclame furioso me sentía un imbécil de nuevo, tenía una mente tan
cerrada y a veces actuaba como un.

—Pareces un niñito ¿Qué edad tienes, quince? —


— ¡Dieciséis! — Exclame y ella solo rodo los ojos.
—Un año de diferencia, parecieran diez. Pero igual vayamos a comer muero de hambre
también y no tengas miedo. No te hare daño me agradas además es fascinante conocer a
un chico humano que conoce el mundo del que provengo, aunque no formes parte de él,
quisiera saber más sobre ti y tu familia— Sonrió amable ofreciéndome sentarme en el
comedor, yo solo gruñí mirándole con recelo.

—En unos momentos traeré la cena— Me sonrió amable y camino hacia el refrigerador.
—Y por cierto, ya lo había mencionado tienes unos muy malos reflejos para ser un
“cazador”. Eres lento oh si y eres también muy torpe para haber asesinado a un
vampiro, seguramente te dio ventaja. Papá jamás te hubiera dado esa clase de ventaja,
no son tan compasivos con los humanos y mucho menos pseudo cazadores— La mire
sin comprender nada de lo que decía que rayos, acaso su padre era un vampiro. Era
imposible, los vampiros no podían reproducirse solo convertir, era esa su maldición al
ser contaminados por alguien más, en cierta forma tenía razón ella era en parte humana,
en ese mismo instante comía una manzana, en ese mismo instante me mostro su
mascada al parecer no era tan damisela como la creí, solo la mire serio alzando una ceja
harto por todo esto, no me iba ir, me quedaría hasta obtener información. Después
podría deshacerme de una más y así aumentaría mi lista de exterminio. Le hacía un
servicio comunitario al mundo cuando los cazaba, y a pesar de ser tan mal cazador
como ella comento, no me rendiría hasta terminar con todos.

—Te preparare una ensalada de frutas y unos hot-cakes ¿Te gustan? Espero te guste la
miel de abeja por que la de maple se terminó y eso que vivimos en Canadá— Después
de un largo tiempo sin tener nada que decir, sonreí riendo por ese comentario tan
ocurrente, fue divertido debía admitirlo.
—Ves ya nos comprendemos mejor, ham no tardo y no pienses en huir. Que seré solo
mitad vampiresa, y eso significa que sigo siendo mucho más veloz que tú, veloz y
fuerte— Me guiño un ojo divertida.

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Termino de hurgar dentro del refrigerador, dejo las cosas sobre la barra de la cocina
para ponerse a batir huevos.
—Pero no eres más alta que yo— Sonreí divertido y malicioso, ella rodo los ojos y
señalo la alacena de arriba.
—Bien, Señor Alto, baje la harina y la azúcar— Ni siquiera tenía idea de por qué seguía
con su jueguito, yo debía largarme desde que me entere que su padre era un maldito,
estaba en su sangre, era una asesina al igual que él.
Escuche unos ladridos, Illian dejo el bowl en la barra. Encendió la luz del exterior y
abrió la puerta que daba al exterior de la cocina, salió y observe desde la ventana.
Quería ver que secretos guardaba afuera.
— ¡Cuidado! Yuki, es muy celosa y odia que traiga amigos a la casa— Dijo al entrar a
la cocina con un perro Golden Retriever, una hembra. Esta se deslizaba por delante de
sus piernas.

— ¡Fuera Yuki! — Exclamo jalándola del collar rosa de cuero que llevaba. La llevo
hasta afuera y yo las seguí, la puerta de la cocina se conectaba con una clase de pasillo
que daba directamente al jardín. Lo mire desde lejos, era hermoso. Un pequeño paraíso
a pesar de tener todo un bosque alrededor de la casa, cubierto de hermosas flores de
diferentes clases, colores y tamaños.

Trate de acercarme, pero al hacerlo Yuki salió lanzándose sobre mí, tomándome por
sorpresa. Sonreí cuando me arrojo contra el suelo por su peso, era justo como el
cachorro que desee alguna vez de niño, su pelaje era dorado y sus orejas colgaban a los
lados, me ladro y empezó a lamer el rostro. Alce la mano para acariciar su dorado
pelaje, reí al ver cuán juguetona era. Me hizo sentir como un niño pequeño nuevamente,
jugaba con la mascota del enemigo, Illian regreso y nos vio haí tirados acariciaba el
lomo y la cabeza de Yuki, su dueña le silbo y esta se quitó de encima.

— ¿Te gustan los perros?— Pregunto curiosa mientras acariciaba el lomo de su


mascota.
—Oh si mucho pero nunca pude tener uno, Yuki es muy linda— Le sonreí sincero.
—Bien, la cena esta lista. Arriba está el baño puedes lavarte las manos y después bajar a
cenar, ¿Quieres café o té, o leche tibia? —Pregunto ayudándome a levantar de suelo,
estábamos de nuevo en la cocina. Señalo las escaleras, sacudí mi ropa antes de entrar,
huellas de lodo las patas de Yuki me cubrían mis pantalones de mezclilla. Esto no me
importo había sido divertido, tanto tiempo sin poder sonreír de esta forma. Subí las
escaleras rápidamente y así como subí las baje ya estando bien aseado y listo para cenar.
Aun no me fiaba del todo de esta desconocida e hija de un maldito. Regrese sentándome
en el comedor, ella me sirvió un enorme plato con hot-cakes, los cenaríamos y era
demasiado para mí, pero vaya que estaba muy hambriento, los tome sin ponerle pero, la
vigilaba entrecerrando los ojos. Tome un bocado, pero antes de llevármelo a la boca lo
olí y robe con la punta de la lengua por si intentaba envenenarme o algo por el estilo.
Illian solo rodo los ojos al ver mi acción y enseguida me trajo una taza de café.

—No te matare, si eso es lo que piensas. De verdad me agradas, pero estas llevando esto
al extremo— Trajo una taza con te de limón caliente, un plato más pequeño con hot-
cakes y una vasija donde guardaba la miel de abeja, un poco de fruta picada, esto
parecía más un desayuno que cena, pero bueno no dije nada más. Comí en silencio, no
quería ni verla. Solo cenaría para irme de una buena vez. Acerco hacia mí el plato con
fruta y dejo la miel a mi lado.

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—Si gustas, podemos preparar más— Dijo en un tono mucho más amable, trataba de
hacerme la plática o de sacarme una sonrisa, no lo sé pero yo continúe frio y serio. Trato
de acercarse a mí al ver que no le conteste, ni las gracias le di. Se sentó frente a mí, la
mesita era redonda y pequeña solo cabrían cuatro personas a lo mucho.
—Ohh si claro, Gracias, hamm creo— Murmure entre sientes tomando un tenedor para
clavarlo sobre un pedazo de melón, lo metí en mi boca y lo probé, aun dudaba de su
amabilidad. Si el melón me sabia amargo de seguro estaría envenenado, este tenía un
sabor muy dulce, ni siquiera necesite miel para contrastarlo. Termine en menos de
quince minutos con mi plato deseando salir corriendo de su casa, pero al ver la enorme
torre de deliciosos hot-cakes, decidí cambiar de opinión. Tome unos cuantos con las
manos estaba hambriento demasiado y todo esto sabia tan delicioso. Illian solo rio al
verme comer como desesperado, no podía evitarlo estaba muy rico eso le dije aun con la
boca llena.

—Mmm... Delicioso— Mi voz salió graciosa y deje caer unos cuantos restos de comida,
genial ahora vendía mi dignidad por algo de harina y miel.
—Tranquilo hay más en la cocina, puedo prepararte todos los que quieras— Sonrió
acercando más hot-cakes a su plato, coloco un poco de melón encima, bañándolos con
un poco de miel. Comía con tal delicadeza y sin mover casi los labios, como toda una
dama, tan linda dando pequeños bocados. Termine con lo que quedo en el plato,
alejando esos absurdos pensamientos de mi mente.

— ¿Tu no comerás nada más?— Pregunte tratando de ser un poco más educado, no
quería rebajarme a su nivel. Ella negó y después de un rato de masticar lentamente,
termino de comer. La veía fascinado preguntándome si era verdad lo que decía, todo eso
acerca de su padre si era cierto o no me gustaría saber por qué era tan diferente a las
vampiresas como decía serlo. La mire esperando a que respondiera a mis preguntas,
guardo silencio por un largo momento y después suspiro.

—No es mi intención matar personas que no conozco. Sin embargo de vez en cuando
debo de beber sangre humana, al igual que mi padre. Por lo menos una vez al mes al
menos o matar animales con regularidad, no saben tan bien, pero te juro que hay
humanos que merecen ser asesinados, así como para ti hay muchos vampiros que no
merecen seguir existiendo— Sonrió sincera, tenía razón ella era una asesina a pesar de
no lucir como tal. Me sentí confundido lo único que pude hacer fue tragar saliva, no
sabía si esto era bueno o malo, acusarla a la policía o tal vez asesinarla para detenerla, si
lo hacía podría llegarme a convertir en alguien como ella, ¿Un asesino? No, yo no
mataba humanos. Por un momento deje estos pensamientos a un lado para interrogarla
con claridad.

—Dime Illian ¿Cómo es que tu padre es un vampiro? Y dices ser como yo, o al menos
en parte. Quisiera saber un poco más acerca de tu condición. ¿A qué te refieres? Y
¿Podrías explicármelo?— La mire un poco serio, aun me mantenía frio con ella a pesar
de haberme dado algo de comer, nadie compra a Keith Fenton con comida. Ni aunque
fuera una excelente anfitriona para invitarme y recibirme amablemente en su casa, no
por esa razón dejaba de ser una asesina. Me era imposible confiar en una mujer como
ella, por más débil que se pudiera ver, ocultaba muchas cosas y yo las descubriría.

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— ¿Eres tan enojón con todo mundo? Te veías un chico muy lindo pero da igual. Te
diré lo que quieres saber, ¿ok?— Suspiro resignada mirándome con su sonrisa aun bien
marcada en el rostro, aunque por otro lado este cambio de dulzura a sufrimiento, parecía
forzada. ¿Por qué mentir? , ¿Para disimular estar bien? Y ¿Por qué se sentía así? Podría
escucharla si me daba la oportunidad, pensaría bien las cosas si ella cooperaba.

—Veras yo soy una semihumana. Mitad humana mitad lo que tu llamas asesinos
nocturnos, bestias, monstruos, etcétera— Dijo con algo de amargura sin dejarme de ver
directamente a los ojos, ya no intimidaba por su mirada.
—No toda mi familia es así. Si escape de mi casa fue por lo estricto que era mi padre
conmigo y mi hermana. Él es líder de nuestra comunidad pero con tantas guerras y
conforme pasaron los años mi padre perdió algo de poder, este mundo ha cambiado a
través de los años y las cosas no son lo que eran siglos atrás, aun con todo esto él se
sigue creyendo rey— Rodo los ojos y prosiguió.

—Vine a América para crecer como las personas normales, ser como tú. Aquel mundo
donde crecí es tedioso, muy aburrido y monótono, pero no son animales como tú crees,
solo algo diferente. Yo no te asesinare ni hare daño, ni ellos deben hacerte nada a ti o a
tu familia, no tengo idea de con quienes te has topado pero no por unos cuantos,
generalices. Es como si a ti te dijera asesino por matar animales, solo porque unos
cuantos lo hacen o de tu misma raza, ¿No lo crees?— Aquel comentario no me agrado
en lo absoluto, nos comparaba con animales a nosotros o eso fue lo que me dio a
entender así que me indigne, mi rostro se volvió más frio hasta tensarse.

—No compares, no somos lo mismo. Estamos vivos y no necesitamos matar a nadie


para continuar estándolo— Ella negó y siguió con sus absurdas comparaciones.
—No mientas Keith, lo hacen todos. Sin importar raza o sexo, todos somos asesinos en
algún momento de nuestra vida, tú mismo lo dijiste mataste a un chico. Alguna vez fue
como tú, respiro y vivió. Así que mejor cállate— En cierta manera tenía razón, pero aun
así no éramos iguales, no podía ver a esas criaturas como amigos siendo que toda mi
vida me mostraron otra cosa y al enfrentarme a ellos fue peor, eran peores de lo que
creía. No dije nada más y ella solo continuo hablando diciendo cosas que ya no me
importaban o al menos no del todo.

—Mi madre vivía en esa comunidad, era joven y hermosa siempre lo fue a pesar de ser
humana. Mi padre la miro un día mientras daba un paseo montado a caballo y se
enamoró de ella desde que la miro, la cortejo como debía en esa época— Al decir
aquella época lo único que pude deducir es que su madre ya era muy vieja, habían
pasado ya muchos años desde que había sido humana si es que vivía. Al parecer Illian
se dio cuenta de que la estaba ignorando cuando en realidad no lo hacía, solo que mi
mente divaga y trabaja de una forma distinta, saco conclusiones antes de escuchar el
resto, debo obtener más información, ella solo hizo un sonido con su garganta para que
la dejara proseguir.

—Mi madre nunca supo lo que mi padre era hasta su noche de bodas cuando el no quiso
tu sabes, él era un caballero y quería hacer las cosas bien, pero temía que ella no lo
soportara y muriera, no deseaba convertirla, no sin antes explicarle las cosas, no le
quitaría su humanidad, para él era lo más importante. Dejo que mamá escogiera su
destino, ella le pidió algo de tiempo, el acepto y no ocurrió nada. Vivian una clase
distinta de amo, él debía ser muy delicado, como sabes los vampiros son muy fuertes y

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sin querer destruyen cosas y lastiman agrediendo físicamente— Sonrió segura de lo que
decía yo solo me cruce de brazos mirando con desacuerdo al decir sin querer.

—Los semihumanos somos como ya lo dije, mitad de esas dos razas, papá una noche no
soporto más y lastimo a mi madre. Salió de control y casi la asesina pero no fue así, días
después se dio cuenta de que me estaba esperando él tuvo miedo de eso, creyó que era
una abominación y se negó a que me tuviera, así que para evitar ser lastimaba mi madre
huyo. Llegue a lastimarla desde mi concepción y aun así siempre me quiso, meses
después papá nos encontró y reflexiono al ver que no éramos unos monstruos como
creía, pensó mejor las cosas pero fue demasiado tarde. Mamá murió al contraer peste
días más tarde de habernos encontrado, papá no pudo convertirla, somos resistentes y
por ello no enfermamos. Somos muy frágiles, como cualquier humano, tenemos
nuestras debilidades pero resistimos cambios de temperatura muy bruscos, y somos
inmunes a muchas infecciones o al menos eso creo. Mi sangre no es poderosa como la
de ellos, pero mírame aquí estoy, una muestra de lo que parece imposible— Sonrió
orgullosa, yo solo suspire. ¿Creer o no en su historia? Me levante de mi lugar para
acercarme a ella, la observe sin dejar de entrecerrar los ojos, ella me imito haciendo lo
mismo. Lleve mi mano al lugar donde debía estar su corazón ella hizo una mueca y me
dio una cachetada creyó que yo quería tocar otra cosa, al parecer su mano ya había
sanado. Hice una mueca de dolor, me golpe muy duro, logro empujarme y además de
dejarme el ojo izquierdo morado que pocos segundos después se hincho, al igual que mi
mejilla.

—Yo solo quería saber si tu corazón latía—Reclame llevando mi mano a la mitad de mi


rostro, me dolía bastante. Mi ojo se quedó entrecerrado no podía abrirlo del todo, ella
solo llevo ambas manos a su boca sorprendida.
—Oh vaya eso cambia las cosas, en verdad lo siento, perdón yo no quise—Se disculpó
acercándose a mí para ver mi rostro.

—Te traeré una bolsa con hielo, espera— No le haría más caso, me largaría de una
buena vez. M e golpeo y solo con un manotazo basto para dejarme la mejilla violeta y el
ojo lastimado, a pesar de tener unas manos tan suaves y pequeñas tenía mucha fuerza.
Nunca me habían golpeado ni siquiera en la escuela o al menos no así. No la espere con
su bolsa de hielos, camine a la puerta para volver a la posada. Al salir azote la puerta,
corrí por el bosque alejándome de su casa, escuche unos pasos seguirme y haí estaba
ella con una bolsa de hielo alzada al cielo, la mire molesto pero no me detuve. Continúe
con mi camino, ella me siguió acelerando el paso.

— ¡Keith espera! Te traje hielo— Exclamo arrepentida, no la quería ver. No alcance a


decirle gracias por la cena, por el momento era lo menos que deseaba hacer. Ni una
deliciosa y dulce cena compensaría la humillación de haber sido golpeado y llamado
animal, no lo era. Solo era un humano, no somos como ellos. Nos comparaba con su
especie, ¿Qué clase de cinismo es? Perdido en mis pensamientos me encontraba, no me
percaté de que había dejado de caminar y ni siquiera lo note, quien sabe cuánto tiempo
paso, caminada en mi lugar como si una caminadora imaginaria estuviese debajo de mí.
Illian coloco su mano sobre mi hombro y sonrió llevando esa bolsa de hielo sobre mi
mejilla y ojo.

—Se te hinchara más, si no te pones esto— No dejo de sonreírme, tomo mi mano


llevándome nuevamente a su casa no sabía que decir o hacer, me sentía extraño.

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—Dudo que se me hinche más de lo que ya está— Eres una tonta, pensé molesto sin
verla a los ojos, a ella no le importo mucho solo comento.
—Eres muy grosero conmigo solo trato de ayudarte— Me dejo la bolsa en la mano para
que yo me cubriera el rostro.

—Por mi vete solo quise ser amable con un chico que necesita ayuda— Se dio media
vuelta para volver sola a su casa, yo estaba muy molesto así que le arroje la bolsa de
hielo sobre la cabeza como venganza, a pesar de que mi acción no fuera la de un
caballero, yo era un mocoso de dieciséis que intentaba tragarse el mundo a puños, esta
vez sí me sentí como un Holden, terminaría como él.
— ¡No necesito de tu ayuda cosa!, ¡Ni de ti ni de nadie he vivido solo y puedo cuidarme
solo! Así que trata de ayudar a alguien que lo necesite o mejor síguelos tratando como
ganado— Exclame molesto mirándola con odio.
— ¡Eres un tonto!, ¡Creías que yo sería una cerrada, pero tú eres peor!— Exclamo
furiosa corriendo a su casa y escuche unos sollozos pero no dije nada, yo seguí con mi
camino a la posada.

—Por cierto gracias por la cena estuvo deliciosa— Sonreí hipócritamente fingiendo ser
cortes y caballeroso, así quería que esto fuera. Se perdió en el sendero que daba hacia su
casa. Yo por mi parte regrese a la posada, antes de subir a mi habitación tome una bolsa
con hielo que enrede en un trapo para evitar quemarme el rostro. Entre a mi habitación
arrojándome sobre la cama, no quería pensar en nada mas, deseaba dormir. Al día
siguiente tendría clases, me era imposible pegar el ojo por el moretón y el coraje que
sentía, me levante de la cama observando por el enorme ventanal de mi habitación,
mire los pequeños copos de nieve caer, este sería el comienzo de un frio y crudo
invierno, donde el clima es lo de menos.

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Capítulo 12

En solo una noche cayo una tremenda nevada, aun así tuve que asistir a clases y al
finalizar a trabajar. Al llegar a la cafetería de inmediato Kathrina pregunto qué es lo
que había ocurrido a lo que respondí con un.

—Me caí, resbale con la nevada afuera de la posada— Repetí, ella me miro
entrecerrando los ojos y me abrazo, tal vez me creyó o puede que no como sea. Yo me
quede parado sin decir nada, seguía de malas y no le diría la verdad, fíjate Kathrina que
mi novia, ¿Que estoy diciendo? ¿Novia? Esa mujer no es mi novia, esa chica o lo que
sea no lo es. ¿Cómo pude pensar en una estupidez como esa?, esto me hizo enfurecer
más y separe a Kathrina de mí, no podría hacer más pedidos, no llevaba mi motocicleta
conmigo. Entre a la cocina para cargar unos costales de harina que acaban de traer el
Viernes pasado, mi jefa no los había movido desde entonces, así que quise desquitarme
trabajando. Kathrina me miro extrañada, estaba más callado de lo usual y con una cara
de pocos amigos, al final del día me trato de poner contento regalándome una taza de
chocolate caliente y un panquecillo relleno de crema y zarzamoras. Lo acepte
agradecido, suspire sintiéndome destruido. No le hable de lo que ocurrió la noche
anterior, al menos no de todo.

—Oh pequeño, no es para que te pongas así— Es la primera vez en mucho tiempo que
alguien me llamaba de esa forma, no pude más, termine llorando. Me aferre a sus
brazos, esto era demasiado para mí, me sentía solo y no podía hablar más de la cuenta,
no era mi intención meter a mi jefa y a parecer de mis únicas amigas en esto.

Escuche la puerta abrirse, la campanilla delato a Destiny que me traía un ungüento


para el semejante moretón que tenía en el ojo, no la mire en todo el día en la escuela
pero al parecer ella a mi si, supuso que alguien me había dado una tunda en Ellis, no
fue así. Le conté lo mismo que a Kathrina, que había resbalado del piso de La Posada, al
igual que ella no creyó en mí. Kathrina se alejó de nosotros para que pudiera platicar,
mis lágrimas se detuvieron en cuanto le di la cara a Destiny, mis ojos se encontraban
hinchados a causa del moretón, no había llorado tanto como para que esto pasara.

— ¿Te encuentras bien? — Pregunto muy preocupada y pidió permiso para ponerme el
ungüento en el ojo, me negué pero insistió, termine cediendo, había venido desde muy
lejos a pie como para decirle no. Ella sonrió y acaricio con delicadeza mi mejilla y
después mi parpado.
— ¿Te duele? — Pregunto tratando de no ser brusca.
—Solo un poco— Conteste y ella suspiro.
—Sé que tienes que trabajar, pero de verdad me gustaría que esta vez aceptaras una
invitación a comer o cenar en mi casa— Sonrió quitando sus manos de mi parpado. Más
invitaciones a cenar no, así que acepte amablemente comer.

—Le pediré permiso a Kathrina, ok— No fue necesario había escuchado todo y me dio
el resto de la tarde libre, me pidió que llevara una bufanda conmigo que había mandado
a bordar con el logotipo del muffin y los respectivos cuadros de Brownies en ella, esta
era de n color azul cielo, muy linda. Ella misma la había tejido, quien lo diría, después
de todo creo que si me veía como un hijo. Salimos de la cafetería, subí al pequeño
escarabajo naranja de Destiny.

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—Me alegra que hayas aceptado esta vez— Sonrió y yo solo asentí, continuaba algo
serio, continuaba sintiéndome mal. Ella solo suspiro.
Trato de hacerme la plática preguntándome de que había hecho el domingo, cuanto
había avanzado en la remodelación de La Posada, y que justo a tiempo termine el
exterior, la primera nevada del año había caído. Yo solo asentía y suspiraba, ella de
verdad me vio muy mal. Por más que trataba de sacarme una sonrisa, fallo.

Llegamos después de un largo camino, no era tan largo en realidad vivía mucho más
cerca que yo del centro, solo que la diferencia es que íbamos en un auto con poca
seguridad para esta clase de clima. Su casa era pequeña de un solo piso, no la habían
pintado en un largo tiempo, la pintura gris tan desgastada como la de La Posada, solo
que a diferencia de esta no se veía tan mal. En la parte de enfrente tenía un montón de
llantas viejas, a la madre de Destiny le gustaba coleccionarlas por alguna extraña razón,
quería hacer una clase de jardineras con ella, no sabía cómo pero bueno cada quien y
sus locas ideas. La nieve había sido quitada y aun podía verse el pasto debajo de esta, la
nevada no había sido tan dura como de lado donde yo vivía, en aquel lugar parecía que
había sido derramado un camión de azúcar glass sobre el suelo alrededor de La Posada
y el bosque a lado. Me preguntaba que ocurría con los peces debajo del lago, cuando se
congelara este. ¿Qué es lo que pasaría con ellos? Una cerca de madera separaba la casa
de mi amiga de los vecinos, la cerca al igual que todas las construcciones en Penticton
parecían ser de madera con excepción de unos cuantos edificios esculpidos en hermosa
piedra. Como la escuela a donde asistíamos y demás de principios del Siglo.

Destiny me guio hasta el interior de su casa, le sonreí algo avergonzado a su madre


cuando esta le llamo la atención por no haber ido a la tienda ayudar, pero al verme
sonrió y me invito de inmediato a tomar asiento al pequeño comedor de madera, parecía
estar construida de trozos de leña, me trajo recuerdos muy crudos y por lo tanto me
estremecí.

—Pobrecillo, ¿Tienes frio? Encenderemos la chimenea— Ordeno a Destiny a hacerlo,


yo me negué y lo menor que pude hacer fue acercarme para ayudarle, había sido mi
culpa que le llamara la atención en más de una ocasión por un día.
—No es necesario de verdad Dest— Ella negó y sonrió.
—No hay problema Keith, no debes estar acostumbrado al frio— Sonrió y yo negué.
—En Baltimore también nevaba, estamos al Norte— Entonces fue cuando recordé que
ella creía que yo era del Sur. ¡Fuck! Pensé para mis adentros, al recordarlo, ella alzo una
ceja. Me descubrió.

— ¿Baltimore? Creía que eras de San Diego, ¿No es de haí de dónde eres? ¿De
California? — Yo negué, era momento de dejar de mentir, le contaría la verdad no
como a Illian, por que podría asustarla o no en esta ocasión, su madre nos observaba y
yo me murmure sobre el oído.
—Puedo explicarlo, pero podemos ir a un lugar más…— Antes de terminar la frase ella
me tomo de la muñeca jalándome hacia su habitación.
—Mamá, nos llamas cuando este la comida, le mostrare a Keith mi habitación—
Exclamo y la Señora Solo asintió.

—Me explicaras que es lo que ocultas Fenton— Oh demonios, ¿Por qué todos me
llamaban de esa forma cuando se molestaban conmigo? Suspire y le conté porque había
huido de casa, le invente que había peleado con mis padres porque yo deseaba estudiar

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en Vancouver, termine haciendo la mentira más grande, esto empeoraría, continuaba
guardando muchos secretos que jamás le revelaría.

—Vaya, eso explica muchas cosas— Fue lo único que dijo, ni siquiera yo me creía esas
mentiras, tantas cosas por las que había pasado y creerme algo tan normal de verdad que
no podía con ello. Ella sonrió y se acercó a mi haciendo un ademan que parecía ser un
beso, menos mal su madre nos llamó y fui salvado por ella. No es que Destiny fuera fea,
lucia como una hermosa Pochaontas, princesa del Nuevo Continente, pero no me atraía
como algo más que como para una amistad y aun así no podía serle del todo sincero,
ella es una muy buena persona tal vez se deba a eso. Es tan buena que no me gustaría
hacerle daño.

Ella se sonrojo y fuimos a comer, cenar o lo que fuera, ya no tenía idea de que era esto,
perdí una vez más la noción del tiempo. La mamá de Dest cocino un delicioso caldo de
trucha, estaba delicioso y eso que el pescado en caldo no era mi favorito aun así esteme
supo distinto, era como probar caldo de pollo pero con pescado en vez de pollo,
provocaba el mismo efecto cálido en mi cuerpo y pedí un par de platos más, siempre
estaba hambriento, no tenía fondo. De postre unas galletas de chispas de chocolate que
ella misma preparo, me regalo una docena para llevarla conmigo a casa, Kathrina no
preparaba galletas, es lo que le hacía falta a la cafetería según Eleanor. Yo asentí pero
me dijo que le diera la idea a Kathrina un día de estos, ella me lo agradecería y
compensaría, no podía tomar su idea, pero me alentó. Sentía que ya habían hecho ese
par de mujeres muchas cosas por mí, Kathrina me daba empleo y me consentía tal como
a un hijo, en cambio Eleanor me daba muy buenas propinas entonces me daba por bien
servido, además de una docena de galletas.

Me preguntaba donde se encontraba el padre de mi amiga, en todo este tiempo no lo


había conocido, él vivía en Alaska, era marinero de un barco pesquero y venia poco a
Penticton. Al parecer tenían poco de haberse separado, a su madre no le gustaba hablar
mucho de él, la ponía de malas y a juzgar por su carácter no quería incomodar con más
preguntas que no me competía hacer. Destiny se ofreció a llevarme a casa, pero su
mamá se negó, ella quería que ella fuera a la cama y que me quedara a dormir en el
sofá. La noche había caído y el clima empeoraba, así que decidí quedarme, iría al día
siguiente a clases con la misma ropa, pero no me importo. Mi suerte fue que no tuvimos
clases, debían condicionar las calles para que los carros y camiones circularan
libremente, mi amiga y yo salimos a dar un paseo. Fuimos hasta una pista de hielo, no
tengo idea de cómo se formó en un día pero haí me mostro a patinar, fue la primera vez
que lo hacía y no estaba tan mal.

Me resbalaba un poco pero nada que mi buen equilibrio no pudiera dominar, aprendí
muy rápidamente y juntos patinamos en la pista. Kathrina se había tomado la tarde
libre y nos acompañó, patinamos y competimos. Me dijo que tenía perfil de jugador de
Hockey, Destiny se burló y dijo que ya llevaba los moretones, yo reí por su comentario
tan ocurrente. Negué, ya que aquel deporte no me llamaba la atención, mi jefa se
decepciono pero le daba lo mismo, ya que después de todo era mi vida y aunque fuese
mi verdadera madre, mi idea no cambiaría, era libre de elegir que hacer y qué no. Esa
tarde fue una de las más lindas que había tenido, todo parecía regresar a la normalidad,
no había más Illian y el invierno a pesar de haber sido muy frio después de todo no fue
tan frio, aprendí a patinar, y me divertí con mi nueva amiga, con mi jefa incluso.

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Todo parecía ser perfecto, ese invierno lo fue, sería uno que me costaría olvidar. La
Navidad la pase en casa de Kathrina, el Señor Benson se quedaria solo en La Posada,
así que sería buena idea traerlo conmigo, invadido por el espíritu navideño. Las
vacaciones habían iniciado un par de días atrás, me dio tiempo para hacer compras para
Destiny, un bolso para que dejara aquella enorme mochila que llevaba al hombro, para
su madre una caja de dulces, ella era nuestra mejor cliente en la cafetería, sabía que le
gustaba, y para Kathrina unas orejeras de piel de conejo y unos patines para que
continuara patinando el resto del invierno en la pista de hielo. Incluso al Señor Benson
le toco obsequio, una caja de pañuelos.

La nostalgia me invadió, extrañaba a mi familia, era una lástima que ellos creyeran que
había muerto o estaba desaparecido, había huido eso es cierto. Ni una llamada ni una
carta, o postal ninguna señal de vida o sus vidas correrían peligro. Exhale mirando por
la ventana de la casa de mi jefa, ella me miro pensativo, me saco de mis pensamientos
mostrándome mi obsequio. Una motocicleta que podía usar en la nieve, una Jet-Ski
nueva, esto sí que no podía creerlo, me dijo que era para que continuara con los pedidos
del invierno, se tenían más porque a las personas les gustaba acompañar el frio con un
buen café y un delicioso brownie o muffin. La acepte con una enorme sonrisa en el
rostro. Me entrego una cajita que había recibido como parte de un regalo sorpresa en el
negocio días atrás, no podía abrirlo ni ella podía entregarlo antes. Así que lo abrí
preguntándome a que tanto misterio. Al abrirlo veía una nota en letra dorada que decía:

Keith no estoy bromeando cuando te digo que solo trate de ser amable contigo. Eres
único, no cualquiera conoce este secreto, creí que tal vez podrías comprender lo difícil
que es mantenerse al margen ya que tú también pasas por lo mismo. Lamento de verdad
lo que ocurrió, no fue mi intención. No podre estar contigo estas vacaciones pero
espero te diviertas mucho con tus nuevos amigos. Volveré a casa para celebrar las
fiestas.

Atte. Illian Renaldi

Ese era mi obsequio, una nota. Vaya regalo, pensé con sarcasmo. No necesitaba
justificarse, y quien deseaba que ella estuviese a mi lado. Yo no quería volver a verla
nunca. Esperaba que jamás volviera de Rumania o donde fuera que se encontrara.
Arroje la caja al cesto de la basura y Kathrina me regaño.
—No hagas eso— Recogió la cajita para ponerla de nueva en mis manos, esta estaba ya
muy sucia así que la volví a arrojar al cesto.

—Yo hago lo que quiera, no eres mi madre— Le dije con frialdad, ella no dijo nada y se
llevó la jet-ski. Illian tenía que arruinarme una solitaria navidad, era increíble, esto me
hizo sentir peor, salí para dar una vuelta por haí. Lleve solamente mi chamarra, mis
guantes sin dedos y la bufanda con el logotipo de la cafetería, por lo que quedaba de la
noche no quería saber más de fiestas o Navidad, extrañaba ya bastante a mi familia. Me
preguntaba qué sería de ellos, ¿Estarían bien? ¿Mí aun amada Marion seguiría con vida?
Mis padres la habían perdonado si se convertía en un monstruo, no quería seguir
pensando, me quede en el pórtico de la casa de mi jefa meditando y pensando en que
sería de mí, de ellos.

El año termino, esta vez lo festejamos en la cafetería donde Kathrina ofreció una clase
de cierre de media noche con descuentos y demás cosas. Fue algo extraño pero me

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divertí atendiendo a todos sus clientes invitados con fuegos artificiales en el centro de
Penticton y demás cosas. A las 12:00 pm le dije hola al nuevo año, esperaba que 1988
fuese mejor que el año anterior. Me preguntaba qué cosas podrían ocurrir, esperaba que
nada peor que por lo que ya había pasado, era hora de olvidar todo lo malo e iniciar
desde cero. Sin duda Penticton es el lugar donde quiero vivir todo el año.

Las vacaciones de invierno terminaron y en un par de semanas la nieve disminuyo, la


primavera amenazaba con anunciarse. Las clases tenían semanas de haberse reanudado,
no tenía noticias de Illian, no es que me importara, de hecho guardaba la esperanza de
que se hubiese marchado a casa con su familia de asesinos y dejara a mí amado nuevo
hogar tranquilo. Enero pasó volando y Febrero llego de una forma tan precipitada que el
temido 14 de Febrero, se encontraba cada vez más cerca en el calendario. Apenas
termino el mes del inicio del nuevo año, para qué mi jefa me ordenara a ayudarle a
decorar el lugar, con todo lo que odiaba San Valentín desde que vivía en Baltimore,
siempre lo odie. Con todas las calles, negocios incluso mi lugar de trabajo ahora se
encontraba tapizado con corazones, cupidos, adornos rosados y rojos, todo de una
forma tan cursi, que provocaba nauseas. Podía tolerar cualquier celebración incluyendo
Navidad, pero esto era demasiado embarazoso.

El horrendo día llego, incluso mi escuela se encontraba repleta por los pasillos con
adornos y globos, habría un baile para celebrar la ocasión en el cual no me enfoque ya
que no quería saber nada de esto. Al terminar las clases decidí ir a trabajar y ayudar a
Kathrina con los preparativos, tendríamos muchos clientes, según ella y vaya que no
bromeaba. Entre a la cafetería. Las mesas se encontraban repletas y el lugar que de por
fin era demasiado pequeño, como para recibir a tantos. La mayoría solo pedía cosas
para llevar, esa tarde tuve tantos pedidos como me fue posible, y debí haberlos
entregado desde temprano. Por hoy al parecer mi jefa no se daba abasto con un solo
ayudante, debía atender la cocina, el teléfono y la caja, yo le ayudaba hasta donde podía,
pero esto era demasiado. No pudimos más y decidió pedirle ayuda a Destiny, ella al
igual que yo no era muy fanática para este día. Su mamá no tenía mucho problema con
que nos echara la mano por el resto de la tarde. Llego de inmediato apenas tome el
teléfono a nombre de Kathrina para decirle que necesitábamos de ella.

— ¿En que soy buena? — Pregunto entusiasmada, le señale la caja. Mientras ella
atendía yo debía atender los pedidos que llegaban por montones, maldita la hora donde
a mi jefa se le ocurrió implementar un sistema de presentes para la ocasión. Bromeo con
que debía disfrazarme de querubín para hacer los pedidos, la mire entrecerrando los ojos
y ella solo rio.
—Tan mal no lucirías, eres un ángel— Sonrió Destiny, me cruce de brazos mirándole
con cara de pocos amigos.

—Oh si claro, uno caído— Hice una mueca, no era divertido.


—Basta de charla, y más trabajo que para eso te pago Fenton— Me miro estricta
Kathrina, salí de inmediato a entregar mis pedidos. Termine en cuestión de una hora,
regrese y ya tenía otros más en camino. Al final del día tenía más de cuarenta dólares
en propinas, lo cual me sorprendió, después de todo este día no fue tan malo.

En la cafetería mi jefa pregunto por qué Destiny y yo no acudiríamos al famoso baile


hice una mueca y negué.

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—No soy muy afectivo con esa clase de cosas. Me divertí recibiendo esto— Le mostré
los billetes, con los cuales me eche un poco de aire.
— ¿En qué piensas gastarlo? — Pregunto Destiny curiosa por lo que mire mi dinero y
pensé un poco.
—No lo sé, tal vez… podría comprarme una guitarra, sé que es poco pero he estado
haorrando para una— Le sonreí y ella me miro sorprendida.
—No tenía idea de que te gustara tocarla, de haber sabido eso te habríamos regalado en
Navidad, ya será para tu cumpleaños— Sonrió, se despidió de mi con un beso en la
mejilla, al igual con Kathrina. Salí para acompañarla hasta su escarabajo color
anaranjado.
—Falta poco para que ese día llegue— Le recalque su comentario y ella rio.

—No lo olvidare— Se despidió por la ventana y condujo perdiéndose entre las calles de
centro. Kathrina me pregunto por Illian por lo que yo decidí ignorarla, ella se conformó
con recibir mi ayuda para cerrar el lugar. Subí en mi motocicleta y regrese a La Posada,
en el camino por el centro pude ver a tantas parejas acarameladas. Me sentí mal por un
momento al recordar mi pasado a lado de Marion, la extrañaba y a pesar de que ella
tampoco fuera muy adepta a esta clase de celebraciones, podría haber sido diferente
estando juntos, hubiese sido nuestro segundo año juntos. Suspire al recordar el primer
año donde decidimos darle otro significado a este día. Quisimos realizar algo diferente a
lo que todos están acostumbrados, probamos algo nuevo. Fuimos de voluntarios a un
centro de animales para darles un día digno a unos cuantos perros y gatos sin hogar,
era una lástima que no me hubieran dejado adoptar ninguno en casa. A mamá no le
agradaban y era alérgica así que tuve que conformarme con inscribirme junto a Marion
a ese programa para visitar a nuestros peludos amigos los fines de semana.

Esa noche fue como cualquier otra, resolver tareas de la escuela después de un largo día
de trabajo, nada extraordinaria a excepción de haber recibido una excelente propina.
Dormí tranquilamente sobre mi cama pero al caer rendido sobre esta y empezar a soñar,
todo se tornó oscuro. Esa fue la noche donde mis pesadillas regresaron. Entre en un
oscuro camino en medio del bosque, en el cual no se podía ver nada. De repente un
lamento me acerque con algo de temor ya que recordaba a aquella escena, sabía que
ocurría al acercarme, no podía detenerme ya que algo me tenía fascinado, todo parecía
ser parte de un recuerdo pero al acercarme más a esa mujer pude ver su rostro. Se
trataba de Illian que me miro con una sonrisa malicioso para lanzarse sobre mí y encajar
sus uñas sobre mi pecho. Grite y al hacerlo desperté del sobresalto bañado en sudor,
mire la hora y eran apenas las 4:00 am. No quise continuar durmiendo, trate de olvidar
ese sueño pensando en cosas más importantes, debía olvidarme de aquel mundo y de esa
chica.

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Capítulo 13

La semana de exámenes parciales del segundo bloque, tuvo que ser lo que este año
pasara a joder mi cumpleaños número diecisiete. No podía ser posible, justo el 26 de
Abril tenía que tener dos exámenes, con toda la semana para aplicarlos y justo en mi día
tendría como regalo examen de Biología y Cálculo. Esto no podría empeorar, pensé
para mis adentros, faltaba muy poco para la fecha y contaba con poco tiempo para
estudiar. Menos mal en época de exámenes mi querida jefa se compadecía de mi
presión, dándome una semana libre para tener tiempo completo en la escuela y estudiar
en la biblioteca, me concentraba más que en La Posada, con los gritos del gruñón y
amargado señor Benson, empezaba a comprender porque Illian se había mudado. Eso
sin contar que desde que empecé a tener nuevamente pesadillas ahora lo menos que
deseaba era llegar a ese espantoso lugar en medio del bosque. Trataba de estar más
tiempo en el centro ya fuera en el trabajo o en las instalaciones de la escuela, donde
fuera. Sería mejor que pensar en cosas que solo me provocaban fuertes dolores de
cabeza y escalofríos.

Toda esa semana me dedicaría a estudiar dentro de la biblioteca, me daba un receso de


treinta minutos para almorzar algo en la cafetería de la escuela. Podía elegir entre tantas
cosas, de todas formas todo era gratis al menos para mí sí, gracias a mi beca. Tenía
beneficios esforzarse un poco más, y estos dos años me dedicaría a lo que no había
hecho el resto de mi trayectoria escolar, sacar adelante mi promedio para tener la
oportunidad de algún día asistir a una buena Universidad, aunque la posibilidad no
estaba del todo descartada, era algo tarde para pedir ayuda becaria en aquel aspecto, o
tal vez no del todo.

Lo que me detenía no era tanto la ayuda económica, sino el registro de mis papeles
circulando para ser encontrado nuevamente. Se me hacía increíble que a pesar de tener
meses en la Ellis High School mis padres aun no lograran localizarme, podría ser que el
director haya respetado aquel pacto de confidencialidad, oh podría que no. Como fuera
tenía muchas cosas en mente en este momento y lo que pasaría en un futuro respecto a
mi educación era lo menos de lo que debía preocuparme. Cosas más importantes en las
cuales pensar entre ellos el presente, aunque irónicamente tenía que ver con una
educación la Universidad bastante lejos para mí y eso es punto final. Decidí darme un
receso para almorzar, había estado repasando algunos textos de fisiología animal en
vertebrados, estaba agotado tanto física como mentalmente, necesitaba carbohidratos y
algo de glucosa para que mi cerebro volviera a retener un poco de información para
continuar. Faltaban dos días para estos exámenes eran los finales al menos de esta
semana, faltaban los del último bloque y los ordinarios, menos mal solo un periodo más
y era libre.

La clase de deportes era algo optativo, no quise meterme en ello pero tal vez el
próximo año podría obtener algo de créditos extras por tomarla, prefería esto a baile o
teatro, y el canto no era lo mío. Mi voz es horrible, no canto más que para ducharme
cuando quiero dejar de pensar y desconectarme del mundo perdido entre jabón y un
poco de agua caliente. Nuevamente divagaba, como odiaba perderme en cosas que no
debía. A veces mi hermana debía gritarme para traerme de regreso a la Tierra, me iba
muy lejos, la Luna estaba muy cercana, dudaba irme a aquel satélite natural, me iba a
otro planeta no tan lejos para que saliera del sistema solar, un poco más cercano tal vez
a Marte. Mi cabeza tomaba un vuelo directo a Marte y tardaba más de 30 segundos en

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volver, de hecho podría ser más o menos, mi mente trabajaba de una forma distinta a
veces solía más tiempo pensando o divagando que realizando cosas, por esto razón es
que era un tanto serio y callado, solo que cuando me lograban sacar de mis casillas era
todo lo contrario. Me volvía un chico impulsivo y actuaba irónicamente sin pensar, a
veces me perdía en pensamientos sin importancia pero a la hora de tomar decisiones
importantes parecía que esta parte se inactivaba o algo por el estilo. Mi vida es un tanto
compleja pero he aprendido a sobrevivir con ello, oh al menos intento hacerlo.

Olvide en que estaba antes de divagar, oh cierto. Le debía a la Señorita de la cafetería


mi credencial. No dinero, mi credencial. Me dije para mis adentros buscando mi
billetera, oh demonios la había olvidado en la biblioteca. La mujer no me conocía ya
que era muy poco común que comiera, no me quedo de otra que dejar mi bandeja con
el almuerzo del día para regresar corriendo a buscar mi dinero y las credenciales que
llevaba dentro. Esto era increíble, además de ser impulsivo era un tanto despistado y
solía olvidar las cosas en todos lados, Kathrina siempre me recordaba llevar mi suéter o
sudadera conmigo cuando quería subir en mi motocicleta para regresar a La Posada.
Destiny en más de una ocasión me correteo sabrá dios cuantos metros para entregarme
mi mochila que literalmente deje en el pasillo, en otra ocasión ella cerro mi casillero, si
no tenía alguien detrás de mí que se encargara de esto no tengo idea de lo que sería de
mí. En cierta forma por esta y muchas más razones es que Kathrina era como una madre
para mí, ahora comprendía a mis padres, si yo era despistado es porque efectivamente
yo era al igual que ellos, a alguien debía salir.

Regrese de inmediato a la biblioteca al llegar mi respiración se tornó muy agitada, había


perdido condición por andar tanto en motocicleta, tal vez debía salir los fines de semana
a correr para volverla a recuperar nunca se sabe para qué me podría ayudar. Ente
guardando silencio, tuve que buscar por todos los anaqueles de ciencias mi billetera no
la encontré asique suspire resignado, dudaba que me la devolvieran mucho menos con
cincuenta dólares dentro de esta, al menos esperaba que la persona que la encontrara
fuese alguien que necesitara el dinero, porque de no serlo me daría mucho coraje, y me
sentiría en cierta forma decepcionado, ya que tenía en un buen concepto mi vida en esta
pequeña Ciudad como para que una vampiresa y un ladrón de billeteras me arruinaran
mi nuevo hogar.

La escuela es un campo de Batalla, en mi caso esto no ocurre, ya que mi vida es distinta


a la de cualquier otro, aparentemente soy un chico normal, común si lo quieren llamar
de esta forma, y lamentablemente no lo soy. Suéter gris pantalones de mezclilla
deslavados y muy flojos. Es esta época la moda es tener todo flojo. Me senté en una de
las mesas, suspire resignado sacando de mi mochila un cuaderno para corregir algunas
anotaciones, ya había estudiado demasiado y creo que al menos para el examen de
Biología ya estaba más que preparado, al día siguiente podría dedicarme de lleno a
Calculo y una noche antes del examen repasar de ambas materias ya que tendría un
examen tras otro en mi cumpleaños, tendría que salir corriendo de un aula y correr hasta
el otro lado de la escuela para llegar a tiempo dentro de los diez minutos de tolerancia
para presentar el examen. Estaba perdido observando mis notas cuando escuche una
silla jalarse de un modo muy escandaloso a mi lado, hice un gesto. Estábamos dentro
de una biblioteca y hacían ruido, uno por cierto demasiado molesto así que separe mí
vista de mis notas para echar un vistazo y fue cuando la mire. Trague saliva, debía
marcharme antes de que dijera algo o de que tratara de dejarme alguna otra ridícula
nota. No podía creer que anduviera descaradamente por haí como si nada hubiese

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ocurrido. Ya habían pasado meses desde aquel incidente y llámenme inmaduro pero no
me convenía hacer amistad con una persona como ella, si es que se podía llamar
persona.

Se sentó a unas cuantas sillas del lugar donde me encontraba, solo nos separaba aquel
sujeto escandaloso que provoco ruido con su asiento a jalarlo. La mire de reojo
dirigiendo mi vista nuevamente a las notas, me esperaría unos minutos antes de salir de
la biblioteca, no quería verme tan obvio y que ella creyera que era un cobarde al huir de
su presencia, simplemente no deseaba establecer ninguna especie de contacto con su
especie. Ella me dirigió una sonrisa como si fuéramos amigos después de todo lo que
paso, es una cínica. Se levantó y se sentó adelante de mí, sin preguntar si la silla estaba
ocupada o no. Decidí continuar ignorándola pero ella coloco mi billetera frente a mí.

—Creo que has olvidado algo— Murmuro muy bajo para que no le llamaran la
atención. Sin ver el contenido de esta, la tome de mala gana sin verla, guardándola
dentro de uno de los bolsillos de mis pantalones y ella solo suspiro.
— ¿Seguirás sin dirigirme la palabra? — Pregunto de nuevo en forma de murmuro. Yo
solo hice una mueca y cerré mi cuaderno de notas, las correcciones ya estaban hechas,
no tenía ningún asunto más que hacer aquí.

—Tengo que irme— Conteste sin bajar la voz por lo que la bibliotecaria me
llamo la atención.
—Estas en una biblioteca debes hablar más bajo— Murmuro de nuevo, se burlaba de
mí. Rodé los ojos y me levante de mi asiento guardando el cuaderno dentro de mi
mochila, para macharme lo antes posible. Illian se levantó de inmediato y me siguió. Me
trate de escabullir entre los pasillos de la enorme biblioteca de Ellis, tenía una pregunta
a todo esto ¿Cómo es que ella había encontrado mi billetera?, pero lo más importante
¿Quién le dijo que esta tarde estaría aquí? Hice una mueca y me detuve frente a un
estante de libros de Historia Universal, tome uno al azar simulando consultarlo. Illian no
era tonta y sabía seguramente que hice esto a propósito para evitarla. Ella me imito y yo
lo deje, imitaba cada uno de mis movimientos, caminaba y ella igual, me detuve pero al
final termino acorralándome en una sección que esta tarde estaba de lo más desolada.
—Te atrape— Sonrió divertida, y yo solo exhale resignado.

— ¿Hasta cuándo dejaras de seguirme? — Murmure entre dientes, mirándole con


recelo.
—Keith, ¿Podemos hablar?— Pregunto a lo que yo solo gruñí mirándole de forma
seca.
—No, quiero— Trate de evitarla pero ella me había cerrado el paso. Se acercó hacia mí
hasta tenerla de frente. Trate de hacerla a un lado pero su cuerpo parecía ser muy
pesado. Gemí como queja y ella sonrió complacida.

—Bien, ya que tengo tu atención. Quiero decirte que no pienso irme hasta que no
hablemos— Se cruzó de brazos y yo me rendí haciendo una mueca.
— ¿Qué quieres? — Pregunte tajante, ella suspiro y me miro preocupada.
— ¿Cómo seguiste? Veo que se te quito el moretón— Ya habían pasado meses desde
aquel incidente era obvio que algún día, el color violeta se esfumaría de mi rostro. Trato
de acercarse para mover un poco mi cabello, tenía meses sin cortarlo. Desde que escape

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de casa no lo había cortado y ahora lo tenía casi hasta los hombros, no me veía tan mal
además estaba de moda tenerlo largo, así lo dejaría me agradaba.

—Por cierto me gusta tu nuevo look. Te ves más lindo— Sonrió, tratando de tocar mi
cabello. Me aleje de ella, no quería que volviera a tocarme.
— ¡No vuelvas a tocarme! — Le gruñí por lo que ella dio un paso atrás.
—Tranquilo, no te volveré a golpear. No pensé esa noche, de verdad lo siento— Me
miro apenada y con un rastro de dolor en sus facciones y voz.
—No tengo nada de que perdonarte. Lo hiciste por una razón, y en cierta forma
agradezco de que hayas tenido razones para hacerlo— Mi voz se escuchaba muy
cortante, la miraba con sequedad aunque en cierta forma no podía ocultar el miedo que
le tenía. No quería volver a pasar por una situación similar, no me refería a la cachetada
ni al tener hinchado el ojo por más de tres días ni mucho menos al moretón que se
desvaneció tras una semana de tratamiento con un poco de hielo.
— ¿Por qué actúas de esa forma? — Pregunto con voz quebrada, porque le podría doler
tanto mi frialdad.

—No tengo por qué darte razones, ya te di suficientes y tú me has dado las tuyas, así
que aléjate de mí— Ella negó y se acercó más hacia mí.
—Por favor Keith, sé que eres diferente. Me has demostrado ser diferente— No tenía
idea de por qué me decía esto.
—No, yo soy una persona normal y humana. Tu eres diferente— Trate de hablar lo más
bajo y tranquilo posible.

—No hablo de eso— Me miro haciendo una mueca, y después negó. Y justo cuando yo
estaba a punto de darle por su lado. Ella me beso, por lo que puse los ojos como platos,
sorprendido al sentir la calidez de sus labios posados sobre los míos. Un choque
eléctrico me recorrió a traes de estos, invadiendo todo mi cuerpo. La tome por la cintura
para continuar con aquel beso. Esto era lo único que necesitaba para darme cuenta de
que había perdido la cabeza.

—No, esto no está bien— Me separe mirándola sorprendido por mi propia acción. Ella
se sonrojo separándose de mí, yo continuaba con mi mano sobre su cintura, ella me hizo
a un lado.
—Estamos en una biblioteca, por supuesto que esto está mal— Bromeo.
—Hablo de oh rayos, otra cosa— Me queje y la bibliotecaria parecía rondar por los
pasillos, nos había atrapado besándonos por lo que nos arrojó personalmente fuera de la
biblioteca de la escuela.

—Esas cosas no se hacen aquí— Nos miró con frialdad, y regreso dentro cerrando la
puerta detrás de nosotros.
Illian sonrió sonrojada, yo por mi parte exhale sin saber que hacer o decir. Lo único que
podía pensar es que eso era justo lo que necesitaba para sentirme nuevamente vivo. Así
que me dio lo mismo y volví a besar a Illian sin darle aviso, era mi turno de cobrar
venganza.

—Creí que ya te ibas— Dijo al separarse de mí, entrecerré los ojos buscando algo
distinto en ella, continuaba siendo la misma chica amable y propia.
—Tengo examen dentro de dos días, dos exámenes de hecho— Exhale, me sentía el
mismo de antes, aquel chico tranquilo y relajado que había conocido a esa linda chica

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en La Posada. Pareciera que olvide por minutos lo que era en realidad, aquella criatura
de luz y oscuridad a la que le temían los de mi raza.

—Entonces, no te quitare más tu tiempo. Me alegra que hayas olvidado lo que paso—
Sonrió sonrojada, y llevo una mano a su cabello jugando con un mechón de este. Se
veía tan linda como una gatita jugando con una bola de estambre la mire y no pude
evitar suspirar todo el odio y desconfianza que le tenía desapareció. Empezaba a sentir
sentimientos encontrados, ya que por un lado la odiaba por ser en parte un monstruo,
pero al mismo tiempo me encontrada perdidamente atraído por algo más que su belleza.
Esto era tan extraño, parecía ser una persona normal aunque se comportara de una
forma tan peculiar. Esto es lo que provocaba que me sintiera así de extraño a causa de
esta bella chica.

—Bien, entonces supongo que nos veremos luego— Dije no muy seguro de lo que
decía. Una parte de mi deseaba huir pero la otra deseaba quedarse a su lado, me debatía
internamente para decidir qué hacer. Ella estaba a punto de irse, antes de que huyera
tome si mano para preguntarle.

— ¿Cómo es que supiste donde me encontraba? — Ella sonrió divertida.


—Te fui a buscar a la cafetería donde trabajas, y tu jefa me dijo que no irías en toda la
semana, el resto fue sencillo— Alce una ceja sin comprender, acaso eme seguía.
—No entiendo— Soltó una risa simpática y suspiro.

—Eso es lo que me fascina de ti, tu inocencia. Supuse que por estas fechas tendrías
exámenes o trabajos, estas por terminar el periodo escolar, si no me equivoco. Así que
supuse que estarías en la biblioteca estudiando o en La Posada, no tuve que buscarte
hasta allá, vine aquí primero porque me quedaba de paso— Beso mi mejilla y se alejó.
—Nos vemos luego— Se despidió y no me permitió decir más.

Los exámenes fueron más sencillos de lo que creí, estudiar sí que funciona, ahora
conocía la clave para obtener buenas notas. Esforzarse y aprender, no tenía mucho peso
si sabes ordenar tus prioridades y hacer ajustes en tu horario. Mi cumpleaños parecía
ser un día más que cualquier otro, al terminar los dos últimos exámenes del bloque, fui a
La cafetería donde cumpliría con medio tiempo de trabajo. Al llegar Kathrina me puso
un mandil y un gorro, y de inmediato sin decir nada más me metió dentro de la cocina
para que le ayudara con una mezcla de unos brownies.

—Veamos qué tan bueno eres en la cocina— Sonrió divertida y yo le mire sin
comprender. Me dejo a solas con una mesa llena con ingredientes para preparar la
mezcla, no tenía ni la menor idea de que hacer, en un par de ocasiones había visto como
preparaba la harina para los distintos Muffins y brownies. Todos eran diferentes, en
unas cosas ponía cosas de más y en otras de menos, unos tenían x ingrediente mientras
otros y, esto me permitió experimentar mis dotes culinarios. Al terminar con la mezcla,
estaba a punto de ponerlo dentro de un molde largo cuando Kathrina me detuvo.
— ¿Ya terminaste? — Pregunto curiosa quitándome el bowl de las manos. Ella sonrió
divertida y dijo:
—Bien, más te vale que esto quede delicioso, es tu pastel de cumpleaños— Pronuncio
maliciosa y me saco de nuevo de la cocina.

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— ¿Qué? —Le mire sorprendido, me había tendido una clase de trampa para que yo
mismo me hiciera algo por ser mi día, esto no era justo.
—Así como escuchaste Fenton, sal a saludar tus amigos, te están esperando. Yo
mientras terminare con esto— Alce una ceja sin entender por qué decía esto, ¿Amigos?
Yo no tenía amigos, a no ser que.
Salí de la cocina aun con el mandil puesto, en la cafetería había unas cuantas personas
que no tenía ni la menor idea de quienes rayos eran. Uno que otro rostro conocido de los
pasillos y aulas de la escuela, compañeros de Ellis, muchos de ellos amigos de mi amiga
Dest y unas chicas que se abalanzaron sobre mí para abrazarme. Esto sí que daba un
poco de miedo. Trate de actuar normal pero tenía una cara de susto que provoco que mi
amiga riera.

—Sorpresa Keith— Grito divertida, tomándome una fotografía con su cámara de 8 mm.
—Esto sin duda ira al anuario— Sus amigos se separaron de mi corriendo con Destiny
tratándole de quitar la cámara fotográfica. Voltee por todos lados buscando un rostro
conocido o que me causara confianza, solo el de algunos clientes que habían unido a la
celebración, no había señales de Illian. Por extraño que pareciera, una parte de mi
deseaba verla y la otra no tanto.

—Quítate ese mandil y únete a la fiesta— Me jalo Destiny acercándome al tumulto de


personas que eran en su mayoría amigos de ella, no míos. En aquella reunión había tres
enormes cajas de pizza y refrescos, todo esto con el fin de celebrar mi cumpleaños,
aunque a muchas de las personas de las que se encontraban haí, ni siquiera los conocía,
estos eran los amigos de los amigos, típico. Unas cuantas chicas lindas de la escuela
también asistieron, me abrazaron y besaron la mejilla, una casi me besa, me
sorprendió ver tantos rostros desconocidos.

A decir verdad en vez de alegrarme en cierta forma me dio algo de miedo, porque
habían organizado esto, solo por mí. Una hora más tarde Kathrina regreso con un
enorme pastel, hecho de dos docenas de pequeños muffins. Todos se lanzaron sobre
ella de inmediato para probar lo que llevaba en los brazos, sus panquecillos eran
famosos en la Ciudad y después de aquel día ya no solo los suyos, también los míos.
Prepare una delicia con el excelente olfato y paladar con el que cuento, todos quedaron
maravillados. Nadie creyó que podría sr mejor que Kathrina. Pase de ser el repartidor a
ser el repostero suplente, ahora mi jefa debía buscar a un nuevo repartidor. Esta fue la
sorpresa más grande que me lleve, aquel regalo de cumpleaños que realmente no me
esperaba, me sorprendí al ver entrar a Illian con un estuche de cuero negro con mis
iníciales grabadas en el en color dorado. Se veía de lujo y supuse que lo que se
encontraba dentro sería una…

— ¡Genial! Una Gibson— Exclame al abrir el estuche, acústica. Simplemente hermosa.


Yo tanto que deseaba una, pero esta marca era carísima y ni juntando todas las propinas
de una buena temporada me alcanzaría para un estuche como este, menos para lo que
llevaba en su contenido. Abrace a Illian con fuerza agradecido por su hermoso regalo,
Destiny sonrió y exclamo.
— ¿Quién crees que le dio la idea? — Sonrió orgullosa de sí misma, por lo que yo la
abrace a ella también. Recordé que ella me dijo que me regalaría una guitarra, no lo
había hecho pero al menos tenía una sin importar de done proviniera, estaba más que
feliz. Tome entre mis manos la hermosa guitarra de madera de cedro clara, poseía un

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cuello delgado color café y la cabeza de un tono ligeramente oscuro, cuerdas de acero
por lo que debía usar plumillas para evitar que mis dedos se llenaran de callos. Una
placa en la parte delantera café al igual que el mando. Verifique si se encontraba
afinada, y así fue, lista para darle uso. Muchos querían que tocara una canción, ya era
tarde y todos debían ir a casa. Me había salvado, dudaba que al día siguiente
continuaran insistiendo. Destiny se despidió al igual que el resto, deseaba ayudarle a
Kathrina a cerrar y a limpiar el lugar, solo que ella se negó por ser mi cumpleaños.
Asentí y me retire, Illian acepto acompañarme a continuar con la celebración en La
Posada, solo hablaríamos de unas cuantas cosas. Deseaba que las cosas volvieran a ser
lo de antes, aunque de cierta forma tenía pocas veces de haberla visto y si no mal lo
recuerdo en la segunda o tercera ocasión de haberla conocido fue cuando los problemas
empezaron, por esta razón acordamos empezar de cero nuestra amistad, el tema de
beso quedo en el pasado. Deseaba volver a sentir esa sensación, pero no era momento,
las cosas debían ir tranquilas. No quería presionarle, y mucho menos deseaba
presionarme, aun me guardaba ciertas dudas y luchas internas por lo que creí alguna
vez correcto.

En la semana había estado aprendiendo a preparar toda clase de panquecillos, incluso


trate de continuar experimentado y ahora que yo podía elegir que hacer y que no. Decidí
implementar galletas en el menú con un poco de ayuda de la receta de Eleanor. No
bastaba con mezclar los ingredientes en un bowl, debía aprender a moldear y a hornear,
los primeros intentos se me quemo la charola de las galletas por no hacer un buen ajuste
en la temperatura del horno. Kathrina me daba ánimos diciendo que mejoraría y así fue,
en pocos días todo lo que preparaba me salía excelente, y su sabor de igual forma.
Dejaba que los pedidos a domicilio fueran bajo un horario para continuar ayudando en
la cocina, todo había mejorado. Nuevamente le hablaba a Illian, sin importar lo que
fuera era mi amiga, de vez en cuando me iba a visitar. Le daba gracia sacarme de la
cocina para verme con mandil, se le hacía tierno a mí en lo personal me avergonzada.

La campanilla de la puerta timbro, un cliente había entrado y debía atender a su llamado


en lo que Kathrina se encargaba de sus horas dentro de la cocina. Illian se acercó al
mostrador.
—Aquí estas— Sonrió llevando una mano a su cabello, le gustaba juguetear con el de
vez en cuando, podría ser una manía. Una que se me hacía en cierta forma tierna de su
parte, no pude evitar verla perdido en cada una de sus acciones, hasta que su voz me
saco de mis pensamientos.

—Kathrina, secuestrare a tu repartidor por unas cuantas horas. El resto de la tarde si es


posible— Dijo al ver a Kathrina salir detrás de mí. Me voltee para ver qué es lo que
decía mi jefa con respecto a esto. No tenía idea del porque lo hacía, ¿Algo malo
ocurría?
—Eres afortunado chico tu novia ha venido a recogerte, y recuerda solo tienes una hora
para salir a comer, pero por el día de hoy hare una excepción ya que has preparado
panquecillos y horneado desde que llegaste. Te daré el resto de la tarde libre, hasta
mañana— Dijo quitándome la gorra que de vez en cuando usaba. Le guiño un ojo a
Illian, esta se sonrojo, no entendía nada de lo que pasaba. Su acción fue contagiosa ya
que yo la mire de igual forma, ella me tomo de la mano para que dejara el mostrador.
—Oh lo siento no quería que ella pensara que tú y yo— Se disculpó muy apenada por lo
que yo apreté su mano sonriéndole.

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—Tranquila no pasa nada. No me molesta ¿A ti si?— Pregunte en forma de un susurro,
ya habían pasado semanas desde el día en que no deseaba saber nada de ella y ahora le
decía esto. Ella se encogió de hombros, me había escuchado, continuaba sonrojada.

Salimos de la cafetería, dimos un paseo por el centro de Penticton. Tenía muchas


preguntas acerca de su vida, sus hábitos y sus gustos, decidí que era momento de
quitármelas de encima y preguntar, no la cuestionaría ni comentaría nada, la última vez
la juzgue mal y no deseaba incomodarla de nuevo, después de todo era mi amiga.
—Por cierto me gustaría que me llamaras Illi— Apretó mi mano sin dejarme de ver.
—Me gusta llamarte Illian, Illi me suena a enferma—Bromee un poco y ella negó
divertida.

—Siempre tienes algo que decir— Beso mi mejilla, esto era muy extraño pero no me
incomodaba, solo me hacía sentir diferente.
—Otra cosa, cuando te sientas incomodo puedes evitarme ver directamente a los ojos,
no me ofenderé si lo haces. Ya me acostumbre— Comento encogiéndose de hombros
por lo que alce una ceja mirándola confundido.

— ¿Por qué me dices esto? — Pregunte sorprendido.


—He notado que cuando me miras te cohíbes, sé que no confías aun en mí. Calma, no te
quiero obligar a que seas amigo de una cosa como yo— Esto no podía creerlo, yo había
tomado la decisión de serlo sin que nada me importara por lo que la solté exhalando
resignado.

—Si no quisiera ser tu amigo, no habría aceptado esa guitarra. Y mucho menos
escaparme de mi trabajo, para dar un paseo contigo— Ella tenía razón, siempre
comentaba algo al respecto. Soy una persona muy necia.
— ¿Y porque me evitas? — Pregunto confundida.
—Yo no te evito, ya no. No tengo idea de a que te refieres— Ella suspiro y soltó mi
mano.

—No quiero que creas que estás conmigo y creas que te estoy manipulando con mi
presencia— Nuevamente no entendí a qué se refería.
—Mejor explícate, porque no comprendo nada de lo que dices— Me queje, cruzándome
de brazos.
—Hay muchas cosas de las cuales hablar, ven— Me jalo llevándome nuevamente a la
cafetería, había dejado su auto estacionado unas calles adelante, entramos a su auto
cerrando ambas puertas.

—Sera mejor ir a un lugar más privado, no podemos hablar de esto aquí. Me


descubrirán— Dijo algo nerviosa mirando por el retrovisor del auto.
—Illian de verdad, que actúas muy extraño. Está bien, podemos ir a La Posada— Ella
negó, pero yo la convencí de ir.
—Espero no esté el casero. Nos puede oír, pero está bien— Exhalo resignada, ya que
ella deseaba invitarme a comer de nuevo, decía que me debía un trato más digno
después del último incidente en su casa.
—Mañana volveré por mi motocicleta— Murmure al recordar que estaba en el auto de
Illian.

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—Volveré a ir otro día, pero no siempre debes invitarme a comer. Esta vez es mi turno,
me sentiré mal si no aceptas que esta vez yo sea el que te invite a comer. No te he
invitado más que una taza de café y un muffin desde que te conozco, Por hoy yo podría
prepararte algo, se cocinar aunque no lo creas. Y no solo panquecillos, también se
prepararme de comer— Le sonreí amistoso para darle algo de confianza.

—Estaré feliz de aceptar tu invitación a comer— Acepto riendo por mi comentario,


cada vez que ella sonreía y reía; haciéndome sentir como un idiota, su voz tan hermosa
y melodiosa, aquella propiedad con la que se expresaba. Me hacía sentir en cierta forma
incomodo por ello, pero al mismo tiempo sentía que debía estar con ella para sentirme
realmente cómodo, pero más que ello sentirme lleno. Los dos éramos tan distintos,
comparado con ella yo era un ser insignificante.

Llegamos en cuestión de minutos, bajamos de su auto. Le dije que lo estacionara en la


parte trasera de La Posada para vigilarlo desde mi habitación, ella asintió y en lo que lo
acomodaba en una buena zona, yo entre para preparar algo de comer. Illian entro detrás
de mí, era muy sigilosa cuando se movía, parecía un felino a punto de atrapar a su presa,
esto me dio escalofríos pero en cuestión de segundos me relaje al sentirla a mi lado.
¿Cómo una persona que me provocaba miedo, a la vez me provocaba seguridad al estar
a su lado?, esto era de lo más extraño. Le sonreí de lado cuando se acercó preguntando.

— ¿Qué es lo que prepara el chef?— Pregunto divertida caminado hacia mí para ver por
encima de mí que es lo que llevaba en los brazos. Saque un poco de carne, fajitas de
pollo, del refrigerador. Un paquete de tortillas de exportación y aguacates, todo esto fue
realmente difícil de conseguir en el supermercado, así como chiles igualmente difíciles
de encontrar frescos, en el Sur todo esto se conseguía sin problemas por ser frontera con
México.

—Veras Illian, preparare unos tacos como se acostumbran a comer en el lugar de donde
provienen— Ella abrió los ojos sorprendida y después fue a tomar asiento.
—No sabía que conocieras México— Yo negué riendo.

—A decir verdad nunca he estado en ese país, pero cuando vivía en Baltimore tenía un
compañero mexicano. Él nos enseñó a preparar, guacamole y tacos, porque mi mejor
amigo y yo quedamos fascinados con ellos. No son como los que todo mundo conoces,
¿Tú los conoces, no? — Ella negó y deje de hablar, seguramente no entendía una
palabra de lo que hablaba, continúe dedicándome a preparar todo para los tacos.
— ¿Te ayudo en algo? — Pregunto curiosa al verme lavar las verduras para preparar los
clásicos tacos mexicanos. Yo negué y ella se encogió de hombros.

—Pero, quiero aprender— Sonrió y yo suspire, que podría ponerla a hacer. La mire
curioso y por ello decidí ponerla a que me ayudara a picar la verdura en lo que yo
calentaba sobre una sartén sin nada de aceite, lo usaría como un comal como decía Julio
que debía prepararse los tradicionales tacos de su país.

—Tú solo observa te encantaran. Llevan carne y guacamole, te fascinaran. En San


Diego, en toda California esto es muy famoso, solo que Julio decía que no los
preparaban como es debido— Sonreí divertido, era cierto. Fue difícil conseguir esta
clase de ingredientes en un lugar tan lejano a México. Termine de preparar los tacos en
cuestión de unos minutos, lo más difícil de hacer fue el guacamole, olvide la

99
preparación, pero no dejaba de ser aguacate seguramente no estarían tan mal, o al menos
eso esperaba. No me dio tiempo de terminar de preparar la salsa, era muy completo,
eche los chiles picados en pequeños trocitos a los tacos revueltos con el guacamole. Le
di un plato a Illian y ambos nos fuimos a sentar al comedor. Tome una jarra con agua
fresca, colocándola frente a nosotros al igual que un vaso para cada uno, algo me decía
que la necesitaríamos.

Ambos comimos nuestros tacos pero apenas llevaba una mordida Illian cuando se sirvió
enseguida un vaso lleno de agua bebiéndolo con desesperación. Sus ojos se
encontraban llenos de lágrimas por el ardor que le causo el picante.
—No te talles los ojos o te arderán— Ella asintió tomando una servilleta para limpiarse
el rostro que ya estaba todo rojo, no solo de las mejillas. Se lanzó algo de agua del vaso
sobre el rostro para refrescarlo, vaya nunca había visto esta clase de reacción en nadie.
Tal vez no estaba acostumbrada al picante.
— ¡Esto quema!— Exclamo tomando otro enorme sorbo de agua, la mire avergonzado
ni siquiera me quedaron ganas para terminar con el resto de mis tacos. Me prepare ocho
para mi estaban bien, contada con un gran apetito como el mío, apenas y pude con tres.
El resto se quedaría para el día siguiente, podría llevarle algunos a Kathrina y a Destiny.
—Lo siento Illian yo no quise ham debí preguntarte antes si te agradaba el picante—
Ella sonrió con dulzura, tomando mi mano sin dejar de sonreírme dejo el vaso con agua
a un lado.

—Tranquilo me encantaro. Cocinas muy bien, muy picantes pero deliciosos— Termino
por lamer sus dedos tenían algo de guacamole en ellos, le sonreí sonrojado.
—Mmm... Deliciosos ¿No terminaras los tuyos? Oh Fenton yo creí que aguantabas
más— Su sonrisa se volvió entre maliciosa y divertida, tomo uno de mis tacos para
meterlo dentro de mi boca.

—Vamos come te lo mereces, te esforzaste preparándolos— Lo comí con tan solo dos
mordidas, yo no necesite de tanta agua como ella.
—Me alegra que te hayan gustado— Le conteste alzándola de su asiento para que se
levantara.

—Vayamos arriba— Tome su mano para que me acompañara. Ella asintió pero desvió
la mirada, vio su reloj y se soltó de mi mano.
—Es tarde y debes ir a la escuela mañana— Se despidió de mi antes de poderle decir
que no era así, podría faltar un día, no quería que se fuera tan pronto.
—Te advertí que no me vieras— Se apartó de mí, agachando el rostro para que no la
viera. No comprendía a que se refería con esto.

—Keith no es mi intención, lo lamento debo irme. Gracias por los tacos— Se marchó
sin decir nada más, no pude decirle nada. Me dejo atónito su repentino cambio de
aptitud. Acaso había hecho algo malo.
—No lo hagas por favor quédate eres la única amiga que tengo, que me comprende—
Ella ya había salido de la cocina, la seguí hasta alcanzarla tomándola de la muñeca,
parecía huir, y no tenía idea del porqué.
—Oh si claro mi amigo— Aun continuaba con la mirada desviada no quería ni verme,
solté su mano para dejarla ir.

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—Bien te veré luego, ¿mañana?— Pregunte con algo de esperanza ella asintió, salió por
la puerta principal. No había comentado nada malo, esta vez de verdad que me dejo
confundido. Hablaríamos y no lo hizo ¿Por qué? No me quedo de otra, que esperar.
Regrese a la cocina para limpiar todo, después subí las escaleras para tomar un baño
antes de ir a la cama.

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Capítulo 14

Hoy es el último día de clases de la semana, tengo la esperanza de ver a Illian para
hablar de lo ocurrido anoche. No pude dormir del todo bien, tenía dudas acerca de aquel
tan extraño comportamiento, fui al trabajo como todos los días, tuve que tomar el
transporte público, había dejado mi motocicleta en La Cafetería, llegue puntual a pesar
de todo. Eran más de las 6:00 pm y no había señales de Illian. Cerramos a las 9:00 pm,
fui a darme una vuelta por la casa de mi amiga Destiny, dudaba que ella supiera algo del
paradero de ella, al llegar me ofreció algo para beber, acepte un té, recordando la vez en
que la había conocido y lo amargo que sabía el café de la tienda de Abarrotes de
Eleanor. Platicamos por dos horas, se ofreció a llevarme a casa, pasaban de las 11:00
pm y decía que era peligroso aun para un chico varón de diecisiete. Yo reí y negué, sería
mejor irme lo antes posible. Me sorprendí al no saber nada de Illian, el fin de semana
podría buscarla en casa ahora que sabía dónde vivía. Menos mal no fue necesario ella
fue a La Cafetería. Se disculpó por haberse ido de esa forma anoche, pero tenía asuntos
alimenticios que atender, por lo que asentí sin preguntar qué clase de asuntos. Ahora
comprendía mejor porque actuó de esa forma. No comente nada más al respecto, en
lugar de ello decidí invitarle una malteada de fresa y un brownie relleno de crema batida
con fresas, lo acababa de inventar esa mañana. Ella sonrió y acaricio mi mejilla
agradecida, provocando que me estremeciera ante su cálido tacto, tan suave. Suspire
internamente por aquella acción. No podía continuar distrayéndome, trabajaría todo el
día, ya que la tarde anterior mi jefa fue muy amable al permitirme salir temprano. Illian
se quedó todo el día hasta que Kathrina se fue, yo me ofrecí en cerrar, quería quedarme
a solas con Illian para terminar aquella platica que continuábamos teniendo pendiente.
Mi jefa estuvo de acuerdo entregándome las llaves del negocio, ella contaba con otro
juego de llaves en casa.

Me acerque con Illian debía estar muy aburrida, más de cinco horas sentada sin hacer
nada más que leer su revista de moda, me preguntaba si estaba subscrita a Vogue o algo
por el estilo, su auto siempre llevaba una diferente en el tablero, en el bolso y a donde
fuera que tuviera que esperar siempre llevaba una consigo. Tome asiento a su lado
llevando un par de tazas de café, una charola con distintos panquecillos para que
eligiera cuales comer. Esto iba por mi cuenta.
— ¿Que no dirás nada solo te quedaras haí mirándome? Yo creí que éramos algo así
como amigos, ya que fuiste tan amable de traer la bandeja por favor di algo —
Comento, me había perdido observándola, era tan hermosa que me fascinaba verla,
aunque el regreso a la realidad implicara que me sonrojara cuando ella notaba lo que
hacía.

—Oh, ham… ¿Yo? Lo siento no fue mi intención. ¿Qué pasa? Perdona me temo que de
nuevo divague— Ella hizo una mueca y rio divergida, tomo mi mano sonriéndome
amigablemente.
—Te diré un secreto. Acércate— Me acerque a ella, ella me jalo hacia ella para besar mi
mejilla y decir.
—Eres muy tierno cuando divagas— No pude evitar sentirme como un tonto por su
comentario
—Y de verdad haz caso. No me veas directamente a los ojos, ni a los míos ni a los de
ninguna otra chica que te haga sentir incomodo como yo, porque puedes ser su cena—
Sonrió divertida y coqueta, hice lo que ella me dijo de inmediato. Me preguntaba a que
venía su comentario, esta vez sin importarme nada preguntaría.

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— ¿Por qué me dices esto? ¿Contestaras a mi pregunta, esta vez? — Pregunte curioso y
ella suspiro resignada.

—Veras Keith, en el mundo existimos muchos como yo, supongo. Aunque la mayoría
son vampiresas, debes saber que estas son mucho más peligrosas que lo que crees.
Hermosas y atraen humanos, sin importar su sexo ni edad como no te das una idea, son
muy letales. Las nuevas y reales sirenas nocturnas, debes cuidarte de ellas o podrías
terminar siendo su presa— Ahora comprendía a que se refería con esos comentarios,
ella creía seguramente que yo estaba fascinado por aquella mitad, cuando en realidad lo
único que ocurría conmigo es que me sentía atraído por ella, termine enamorado de una
semihumana.

—No es eso, Illian. No me siento incomodo contigo, no actuó como una presa siendo
atraído por tu belleza, no digo que no lo seas, al contrario eres muy hermosa. Pero oh—
Suspire frustrado, porque me era tan difícil el admitir que me gustaba, que me sentía
atraído por ella. Puede que por esta razón haya sido que yo la rechace al principio. El
día en que la conocí ella capto mi atención, a quien engaño me gusta, y ahora que la
conozco un poco más, deseo saber que ocurría.

Cuando sus labios tocaron los míos me convencí, esperaba que esto nuevamente se
repitiera, había tardado demasiado en darme cuenta de ello. Tenía semanas desde lo
ocurrido, y cada día despertaba ansioso por verla, no estaba hechizado, oh tal vez sí. No
me importo, solo sabía que lo que deseaba era que ella estuviese a mi lado sin importar
que fuera o no peligrosa para mí.
—Sabes, debería irme— Dijo levantándose de su asiento, de inmediato la imite, no
sabía por cuánto tiempo más podría soportarlo.
—Me gustas, mucho. Illian, no te vayas. Yo tengo la culpa— Ella se detuvo mirándome
sorprendida y negó.
—No Keith, yo no te gusto. Eso es lo que tú crees, deberías mejor alejarte de mí, tenias
razón. Alguien como tú y como yo, no pueden ser amigos— Exhalo desviando la
mirada para evitarme de nuevo.

—Me equivoque, yo tenía miedo. Porque si eres diferente, yo soy diferente también, tú
misma lo dijiste. Y no quiero que te alejes de mi— La abrace para evitar que se fuera.
—Por favor no te vayas Illian, quiero estar contigo, que tu estés conmigo—Ella
correspondió mi abrazo hundiendo su rostro sobre mi pecho.
—Esto no puede ser, te puedo hacer daño. ¿Estás consciente de ello? — Pregunto en un
murmuro.

—No quiero alejarme de ti, pero eres muy importante para mí. Y puedes salir lastimado,
a mi padre no le agradan los humanos— Yo trague un poco de saliva al escuchar sus
palabras, era tan despectiva de nuevo conmigo, al grado de hacerme sentir mal. Puede
que aquel comentario, no lo hiciera a propósito; Lo sé o al menos eso quiero creer. Evite
aquel pensamiento egoísta y cerrado, cerré los ojos para mantenerme calmado, no podía
de nuevo desquitarme con Illian.

—No te alejes, entonces. Conozco los riesgos y sabes… No me importa. Siento algo por
ti y no te pienso dejar ir— Le sonreí besando su frente. Ella sonrió, acariciando mi
pecho. Una sensación cálida me invadió, no podía permitir que mi pasado continuara

103
dominando mi presente y futuro, debía seguir adelante. Illian se separó de mí
acariciando mi mejilla.

—Es hora de que cerremos este lugar—Asentí.


—Por cierto, ¿Podrías llevarme a casa? — Pregunto curiosa, yo la mire sorprendido,
¿Acaso no trajo su auto hoy?
— ¡Por supuesto que sí!— Exclame con una sonrisa de oreja a oreja, a pesar de ya no
comentar nada acerca de lo que ocurría entre nosotros, después de aquellas señales que
a pulso nos lanzábamos sin saber cómo reaccionar. Necesitábamos de un poco de
tiempo, habría oportunidad más adelante, por el momento no es lo indicado. Además de
impulsivo y necio, poco tolerante pero sobre todo desesperado entre otras cosas. Una
parte de mi deseaba lanzarse sobre ella para besarla de nuevo y aunque podía hacerlo,
no era correcto.

Me ayudo a cerrar la Cafetería, la ayude a subir a la parte trasera motocicleta, yo me


subí delante ya que debía conducir. Me rodeo con sus brazos, aferrándose con fuerza
contra mi espalda, me hizo estremecer, pero me hice el fuerte para evitar que esa
sensación me dominara. El camino fue bastante largo, o al menos eso fue lo que sentí
por la sensación tan incómoda pero a la vez confortante que me invadió. Tenerla así de
cerca me provocaba tantas cosas, y ni el viento sobre el rostro de una fría noche me hizo
sentir mejor, estaba muy caliente. Illian lo noto ya que al bajar toco mis mejillas y frente
preocupada.

—No estás abrigado, pescaras algún resfriado— Fue un alivio que llegáramos al fin, me
mando directamente a dormir. Ni siquiera había bajado de la motocicleta cuando sentí
sus labios rozar los míos, pero antes de poder hacer algo ella se retiró deseándome
buenas noches. ¿Eso había sido un beso?

—Tratare de cuidarme, entra a casa ahora que hace frio— Fue lo único que pude decir,
me sentía algo confundido. Enseguida encendí de nuevo mi motocicleta para dirigirme a
descansar a La Posada, ella entro a casa y pude retirarme con tranquilidad, aun
extrañado por aquel roce, pero de haí en fuera todo bien. Esa noche tuve un buen sueño,
donde Illian y yo nuevamente nos besábamos, yo la cargaba y ella enredaba sus piernas
alrededor de mi cintura, la ponía contra la pared alargando el beso, disfrutando cada
papila de su deliciosa lengua, degustando toda su boca. Lo lamentable de este sueño fue
el haber despertado, y tarde. La alarma no funciono o tal vez yo no la escuche,
demonios llegaría tarde al trabajo, la parte buena de esto fue que al menos por hoy las
pesadillas habían cesado.

Las semanas pasaron y de nuevo tenía tiempo sin tener noticias sobre Illian,
desaparecido de nuevo, como si fuera algo sorprendente. Ya me había acostumbrado a
sus repentinas desapariciones solo que esta vez me empeñaba de vez en cuando ir a su
casa en busca de señales de vida. Un día incluso me salte por la parte trasera de su
jardín, para ver si al menos podría ver a Yuki, pero nada se había ido también, esto se
me hizo raro. Incluso las flores de su jardín empezaban a verse marchitas, nunca había
tardado tanto en volver a excepción de las vacaciones de invierno, pero faltaban aun
semanas para que las de verano se acercaran. Arregle un poco su jardín, regando las
plantas y flores con para que al volver este no se viera tan muerto. Se había marchado, y
a pesar de que esta no fuera la primera vez, era la que realmente dolía.

104
Yo jamás le haría algo así, el día que tuviera que marcharme sin duda le avisaría. Al
menos tendría la decencia de dejarle una nota o avisarle directamente, esto es muy
injusto. Me preguntaba por qué había huido esta vez ¿Seria acaso que estaba molesta
conmigo por aquel roce? Cuando yo ni siquiera hice nada ¿Había sido un beso? Ella me
quería, sentía algo por mi podía verlo en sus ojos. Tantas señales y cada vez que eran
lanzadas, ella se marchaba ¿Y El que huía era yo?, ¿Acaso soy poca cosa para una chica
como Illian? Claro que sí, puesto que es lo que pensaría su familia de alguien de mi
calaña, su padre seguramente vendría para matarme, si se enteraba que había en un
principio amenazado a su pequeña princesa. Curiosamente esto parecía ya no
importarme, me daba lo mismo, solo quería sentir esta sensación invadirme de nuevo,
cada vez que estaba a mi lado.

Las siguientes semanas fueron terribles para mí, incluso Kathrina me miro muy triste.
Tenía semanas sintiéndome completamente solo, a pesar de estar ocupado trabajando o
en clases, nada parecía llenar aquel vacío. Las vacaciones de Verano llegaron en menos
de lo que imagine, creía que para entonces Illian volvería, pero no había señales de su
paradero. Semanas más tarde me entere que a Yuki la habían dejado en un refugio de
mascotas del Centro, y esto porque Destiny la miro mientras daba un paseo en bicicleta
justo frente a este lugar, ni siquiera tenía idea de su existencia.

Esto solo provoco que me sintiera peor, ¿porque dejarla en un lugar como ese?; ¿cuándo
podía encargármela? Al entrar al lugar la enorme Golden Retriever me reconoció,
aullando de alegría al verme, trato de saltarse la cerca del lugar donde la tenían
encerrada junto a otros perros de su misma raza, el lugar era bastante amplio como para
albergar bastantes más. La mascota de Illian era bien tratada, incluso contaba con su
propio plato con alimento seco y un tazón de agua, con su nombre inscrito en cada uno.
La cuidaban bien pero aun con ello me preocupada, pregunte cuanto tiempo llevaba haí,
y si tenían algún teléfono o dirección del paradero de la dueña, incluso intente traerla a
La Posada, pero no estaba autorizado para hacerlo. Después de despedirme de Yuki,
salo del refugio sintiéndome dolido por el hecho de saber que no me la dejo encargada o
al menos un aviso para que pudiera ir a visitarla, seria acaso que no confiaba en mí.
¿Dónde había quedado esa amistad?, ¿La confianza? Le había tomado demasiado cariño
a su perra y ahora ambos estábamos abandonados por Illian. Yuki era la única que
comprendía el cómo me sentía en este momento.

Con el pasar de los días empezaba a dudar que Illian volviera. Nunca había tardado
tanto en volver, estábamos a finales de Agosto, solo quedaba un mes para volver a la
escuela. Este sería mi último año de clases, el anterior se pasó de una forma tan rápida.
Me sentía decepcionado y en cierta forma deprimido, trate de sacarla de mi cabeza. Y
cuando empezaba a olvidarla ella regreso. Pareciera que a ella le gustaba hacerme sufrir.
Una noche al volver me encontré con Illian sentada sobre mi cama acariciando la cabeza
de Yuki, la había llevado a La Posada, esperaba que no fuera para dejármela por que se
tendría que irse nuevamente, no es que no quisiera a su mascota sino que simplemente
no deseaba que ella se volviera a ir, ¿Por qué salía tanto de Penticton?

Entre mirándola con normalidad, no quería demostrar que me emocionaba que ella
estuviera de regreso.
—Illian, volviste. Esto sí que no me lo esperaba— Sonreí sin poder evitarlo.
—Lamento de nuevo haberme ido de esta manera, pero fue urgente y no me dio tiempo
para avisarte— Se disculpó haciéndome una señal para que me sentara a su lado. No

105
acepte, ya que en cierta forma sentía en ese tono de voz que estaba ocultándome algo.
Ahora el que desconfiaba, era yo. Me aleje de ella recargándome sobre el marco de la
puerta de mi habitación, cruzándome de brazos.

—Oh si claro, lo que digas— Hice una mueca, ella suspiro y dijo.
—Es complicado, no puedo darte explicaciones siempre, sabes— Se quejó a lo que yo
la mire alzando una ceja sorprendido por aquel agresivo comentario.
—Yo no te estoy pidiendo explicaciones, eres mi amiga nada más me preocupo por ti.
No debes decir lo que no quieras, pero si tanto te molesta, no preguntare más, ok—
Inicie muy a la defensiva pero me fui relajando hasta exhalar tratando de calmarme, ella
debía ver que la que actuaba como una psicótica era ella, no yo. No le reclamaría, no
tenía por qué hacerlo. Y por más molesto que me sintiera por la poca confianza y mala
imagen que tenia de mí, era su problema.

—Lo lamento, pero te prometo que ya no tendré por qué salir más. Los asuntos que
debía arreglar están listos ya— Sonrió un poco más tranquila, se levantó de la cama
para acercarse a mí y abrazarme como algo más que una simple amiga. Me preguntaba
porque este juego de seducción y coqueteo si terminaba huyendo siempre y dejándome
meses solo, se alejaba de mí y regresaba como si nada. Esto me molestaba pero a la vez,
la hacía guardar ese toque de misterio que me atraía de ella.

Es esta situación contaba con dos opciones, una dar media vuelta para salir de la
habitación no sin antes separarme de ella para decirle.
—Por mi vete ahora veo que somos amigos, si como no. Un humano y algo como tú, no
lo creo— Le dije con recelo enfadado, estaba muy molesto por la forma en la que
siempre me trataba, esto no era sano para alguien como yo. Me largaría de ese maldito
lugar en cuanto tuviera algo más de plata, solo necesitaba juntar un poco, para no
volverla a verla nunca. La escuela no era del todo importante en estas circunstancias
siempre podría encontrar una mejor.

—Espera... ¿Qué rayos ocurre contigo Fenton?— Exclamo, pero no se detuvo haí, ya
que me siguió y lo único que pude hacer fue mirarla entrecerrando los ojos.
—Buen viaje Illian me saludas a la próxima criaturita que te encuentres en el camino
semejante a ti. Parecen reproducirse como plaga, todos ustedes son una que infecta al
mundo. ¿No es así?— Sonreí con malicia, descargaba mi ira nuevamente contra su
persona, no podía evitarlo.
— ¡Eres un idiota!— Me empujo haciéndome a un lado antes de bajar corriendo las
escaleras molesta.

—Sí, ¡Eso es lo que soy! Al creer que podríamos ser amigos, si creo que tienes razón
soy un completo idiota por intentar ser algo más para ti, aun cuando yo…— Mi voz se
fue debilitando poco a poco, agache la mirada avergonzado conmigo mismo.
Nuevamente ocurría, me debilitaba por causa de una mujer y no cualquier chica esta era
una que me genero luchas internas. Traicionaba a mi familia, mi único deber era una
cosa de lo más sencilla y yo no podía cumplir, les fallaba de nuevo.

Cerré la puerta de mi habitación para evitar verla o escucharla, ya que derramada


lágrimas y sus sollozos se escuchaban hasta arriba, hasta que salió de La Posada,
callándose y dejándome tranquilo. No deseaba saber nada más del mundo que me

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rodeaba, quería estar solo para poder pensar. Trataba de ser fuerte, un vano intento. Me
derrumbaba sintiendo como mi alma se consumía por sí sola, mi pecho empezaba a
arder al igual que mi corazón, me destruía este mar de sensaciones, desgarrado desde el
interior. Solo deseaba ser algún día realmente libre y poder decidir lo que deseaba para
mí sin limitaciones. Me eche sobre mi cama, escuche la puerta abrirse. Haí estaba ella
de nuevo con los ojos hinchados y el rímel corrido por haber derramado unas cuantas
lágrimas, no aguantaba nada. Al verla entrar me gire dándole la espalda.

—Ahora dejare de ser un chico educado y te pediré que te largues— Gruñí sin verla,
pobre de ella que se atreviera a tocarme.
—Aun eres un chico educado Keith, pero eso ya lo sabemos. Antes de irme quisiera
hablar contigo por última vez, ya que al salir si no es que desde ahora ya me odias,
terminaras odiándome— La sentía caminar sigilosamente hacia mí, dando pequeños y
silenciosos pasitos como si de un momento a otro yo me exaltaría y fuera a agredirla.
No era como ella, yo no le hacía daño a nadie.

—Vete no te lo volveré a repetir Illian, márchate antes de que cambie de opinión acerca
de ti— La amenace dándole la cara para que viera que en verdad hablaba en serio, ella
solo sonrió como siempre solía hacerlo de oreja a oreja como si lo que digiera fuera un
juego de niños para ella, ¿Es que jamás me tomaba en serio?
—Tú querías decirme algo más, y no me iré hasta escuchar todo, aquí estaré y no creo
que pienses en sacarme a patadas ¿Oh si?— Me reto sentándose sobre mi cama, que
asco. Apestaría a semihumana y ese olor no se iría en un largo tiempo, había notado que
su aroma era muy penetrante, dulce de lavandas y fresas. Hice un gesto de enfado
cruzándome de brazos, la mire entrecerrando los ojos y le advertí por última vez.

—No estoy bromeando niñita, si no te vas la pagaras muy caro— Murmure entre
dientes molesto, ella solo soltó una risita quedándose sentada sobre mi cama.
—Mmm... Lo dudo no le hacía caso ni a mi padre mucho menos a un chiquillo como tú.
No tienes idea de quién es el niño en esta habitación— Trato de imitar mis gestos, en
ella se veían muy graciosos, toda una boba, eso era para mí eso y más.

—Bien si no te vas no me dejas de otra que irme yo— Tome la correa de Yuki,
continuaba dentro de la habitación echada. No tenía idea de qué lado estar, si el de su
dueña o del mí. Le silbe a Yuki un tanto molesto por no decidir con quién ir, me ignoro
y en vez de hacerme caso, decidió por acercarse a su dueña colocando su cabeza sobre
sus piernas. Gruñí molesto, baje las escaleras con el ánimo decaído que nada, me sentía
de lo peor, literal no tenía perro que me ladrara. Illian continuo siguiéndome, no se
detendría.

— ¡No creas que escaparas tan fácilmente de mi Fenton!— Exclamo acelerando su


paso, me salte por el borde del pasamos de las escaleras. Después de esto, corrí para
huir de ella, un lugar seguro, pensé preguntándome. El bosque no lo era, debía tomar mi
motocicleta y regresar a la Cafetería que seguramente se encontraría cerrada, tenía
llaves, no. La casa de Destiny, no se atrevería a seguirme hasta el centro, a menos de
que tuviera en que transportarse. Corrí sin rumbo, olvidando mi Honda. Me alejaba del
mundo, de la posada, de todo incluyendo a mi familia, mi pasado.

Deseaba desaparecer y que la tierra me tragara, como creí lo había hecho con Illian, no
fue así tal vez hubiera sido mejor que no volviera. No me di cuenta de los obstáculos

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con los que me encontraba en el camino y sin querer tropecé contra una piedra cayendo
al suelo, mi cabeza azoto contra el piso haciendo un fuerte ruido menos mal, era más
fuerte que eso, no paso de ser un simple tropezón. Hice una mueca conteniendo la
jaqueca, los oídos me zumbaban como si una colmena de abejas estuviera pegada a mí.
Illian se acercó ofreciéndome su mano para que la tomara ayudándome a levantar, oh
era tan buena chica, pensé amargamente y con sarcasmo. Hice el mohín de aceptar su
ayuda pero en vez de eso me levante por mí solo, mirándola molesto me llamaba tonto,
pero deseaba que continuara siendo lindo con ella, estaba muy equivocada.

—No soy tan estúpido como crees, y mucho menos soy un niño, ¡La mocosa eres tú!—
Exclame mirándole con recelo, ella solo sonrió divertida soltando un bufido.
—Eso dices, pero lo dudo. Yo soy mucho mayor a todas las personas que conoces, me
conservo— Comento con orgullo llevando una mano a su cintura como si estuviera
posando, flexiono un poco sus rodillas relajándose.

—Bien regrese, por que como ya lo dije no me iré hasta que tú me digas que es lo que
no terminaste de decir— Sonaba bastante tranquila.
—Ya he terminado contigo no tengo nada más que decir, así que por qué no te marchas,
regresas a tu casa y me dejas solo. Déjame en paz no has dicho tu que estas mejor,
¡Lejos de mí!— Concluí gritándole furioso mirándola con advertencia si no se largaba
sabrá dios que podría hacerle en esta condición de ira reprimida.

—Yo no he dicho tal cosa Keith, te am... quiero ayudarte eres mi único amigo por favor
comprende, compréndeme como yo trato de hacerlo contigo, ¿Por qué no puedes hacer
lo mismo?— Pregunto con una carita triste y a la vez preocupaba, Illian era la primera
persona a la que pareciera importarle esta parte de mi vida, una en la que al parecer me
encontraba de lo más solo, a nadie le importaba un chico extraño como yo.

Di media vuelta dándole la espalda, si ella no se iba lo haría yo. Estaba desesperado por
huir de esta maldita vida y ser realmente libre, buscaba un milagro pero si una razón por
la cual levantarme. Una razón por la cual continuar, daba lo mismo ahora no tenía nada,
lo perdí todo. Me tomo del brazo instintivamente lo hice a un lado mirándola con recelo
fueron pocos segundos de este acto ya que enseguida continúe con mi camino
evadiéndola.

—Jodete Illian. ¡Tú y tu maldita raza! ¡Piérdanse todos y déjenme vivir en paz! ¡Me
tienen harto!— Solo quería sentirme libre, la felicidad ni siquiera me importaba,
deseaba de una buena vez por todas descansar de esto. Dudaba poder ser realmente feliz
algún día la felicidad era algo que solo era digno de todos aquellos que se lo habían
ganado y dudaba pertenecer a esa clase de personas, yo era el exiliado de ese tan
exclusivo grupo.

— ¡Si te vas bien!, ¡Vete ya de una vez!— Eso es lo que ella gritaba molesta y a punto
de derrumbarse lo mismo opinaba yo y me daba lo mismo lo que ella pensara para mi
eran todos ellos de lo peor.

Regrese a la posada sin decir nada más. Al llegar subí las escaleras corriendo azote con
fuerza la puerta de mi habitación y la cerré con llave como si fuera a entrar Illian detrás,
lo dudaba no le importaba solo podría algún día a ser su cena. No era una amiga para mí
y mucho menos otra cosa más, me daba lo mismo. Había sido un imbécil al creer que

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podríamos algún día llegar a ser buenos amigos y al pensar que una cosa como ella
podría gustarme, que asco me di al pensar en una cosa como esa. No pude soportarlo
más y apenas me deje sobre la cama empecé a romper en llanto no me importo ser
hombre toda mi vida lo seria y no me contendría por esos prejuicios hacia nosotros. No
hacer nada más ni pensar, en nada solo eso quería ser nada con lo que me rodeaba.
Odiaba a todos y lo más deprimente, en ocasiones me odiaba por permitir que todo el
peso del mundo cayera sobre mis hombros.

Caí sobre un estado de shock en el que solo podía gritar todo lo que mi oscura alma
mantenía oculto, me levante de la cama y me arroje por la ventana para mi suerte esta
estaba abierta me gustaba dejarla abierta para que tuviera un poco de ventilación para
ese deprimente y húmedo cuarto que daba hasta vergüenza, pero que podía esperar por
lo mínimo. Muchos podrán creer que estoy loco y puede que tengan razón, estoy
desquiciado por todo esto. Desesperado al tratar de huir de algo que cada vez me
corrompía más, salte del enorme ventanal de mi habitación, cayendo en seco sin
hacerme daño. Tan mala suerte tenia que no pude morir aquella noche en manos de ese
maldito, nuevamente t maldita vida se burlaba de mi escupiéndome en la cara y
poniendo en mi camino cosas que me hacían sufrir, más y más daño me hacia todos los
días con cada pensamiento con cada acción. Caí sobre algo esponjoso y el golpe no fue
tan duro me enfade tanto por esto que grite lleno de rabia. Unos brazos me rodearon y
yo no pude hacer otra cosa más que quitármelos de encima.

— ¡Suéltame!— Gruñí molesto mirando con odio a esa persona que tanto había llegado
a odiar a pesar de tener tan poco de conocerla la odiaba tanto como a esa loca con la que
me tope y que dio fin a mi “vida perfecta”. Regrese a la realidad pensando en que cada
pensamiento nos lleva a una decisión, y esta a su vez a una acción. A veces solemos no
pensar con la cabeza fría y por ello todo nos sale mal, pero es haí cuando uno aprende
de sus errores, si los repetimos es porque nos gusta la mala vida y sufrir. Nos
complicamos la vida cuando la respuesta está haí frente a nosotros, de nuevo divagaba
perdiéndome. Illian me trajo de regreso a casa.

—Keith, ¿Que te ocurre?— pregunto preocupada. Haí estaba de nuevo Illian


preocupándose por mí, sonreí acariciando su rostro.
—Tranquila, estoy bien— Ella negó.
—Tienes un rato así, no me iré si te sientes mal— Yo la abrace para evitar preocuparla,
estaba bien siempre y cuando ella estuviera a mi lado. No podía continuar tomando
malas elecciones, dudando de lo que realmente sentía, llegue a un punto en el que ya no
pude soportarlo más. Fue por esto que no me quedo de otra que el rodearla con mis
brazos sujetándola con fuerza, no podía enfrentarme más solo contra todo esto, estaba
harto de ser un fugitivo, deseaba vivir de nuevo mi propia vida.

—Illian por favor que esto termine, me canse de esperarte. Siempre que lo hago, tú te
marchas. ¡No puedo soportarlo más! Mátame, bébeme o haz lo que quieras conmigo
pero ya detenlo— Estas palabras no tenían sentido, le entregaba mi vida cuando lo que
yo deseaba es que me diera respuestas concretas. Illian acaricio mi cuello y en cuestión
de segundos sus labios estaban sobre el quitándome el aliento, el suyo era tan cálido y
terso que lo podía sentir como una suave caricia. Una parte de mí entro en pánico, al
sentir que mis palabras habían sido tomadas de forma literal. Lamio mi cuello
provocando que me estremeciera ante aquel delicioso tacto de su lengua contra mi piel,
dudaba que ella fuera un monstruo como el resto. Una sensación embriagadora, que solo

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podía provocarme una chica como ella. Me aferre a sus brazos dejándome llevar por la
confortante sensación de ella, inhale un poco de su aroma olía tan delicioso, un aroma
fresco como lavanda pero a la vez dulce como un huerto de fresas, tan delicioso que
dudaba poder olvidar. Me encontraba en un estado de paz tan gratificante, no deseaba
otra cosa más que tenerla entre mis brazos.

—Keith, no te vayas quédate conmigo— Murmuro sobre mi oído le sonreí buscando su


mirada para robarle un dulce beso, ¿Esto es amor? Estaba aquí con ella, no la aferraba a
mi pecho por aquel lado, ni mucho menos por sus acciones, sino por lo que sentía, por
mis acciones pero sobre todo por mis deseos más profundos de que fuera mía.

Todo este tiempo me estuve engañando acerca de mis propias emociones y


sentimientos, lo veía mal creía que estaba equivocado con tan solo pensarlo pero no
estaba en lo correcto.
—No lo hare— Susurre de igual forma, ella sonrió y succiono fuertemente mi cuello,
creí que en cualquier momento ella encajaría sus colmillos sobre mí, no me importo, ya
nada me importaba. Elegir quedarme en este mundo estaba mal o bien, sin duda yo
deseaba formar parte de él. Solo aquí me sentía vivo y parte de algo. Alce mis labios
para besarla de una forma intensa y apasionada, como tenía tiempo sin hacer esto me
sentí un inexperto pero rápidamente retome el ritmo. Se aferró de mis hombros
dejándome marcadas sus manos, me tomo con tanta fuerza que me distrajo de aquel
beso robándome aire, Illian se disculpó, era tan extraño que una chica fuera mucho más
fuerte que yo, esto me hizo sentir incomodo de cierta manera, podría superarlo. Era
momento de hablar, no huiría más y no permitiría que ella tampoco lo hiciera.

—Se que fui un tonto pero aun así me gustaría ham… tu sabes. Conocerte un poco más.
Quisiera que intentáramos llevar una mejor relación de… ¡Amigos! Oh si lo prefieres
podríamos incluso ser algo mas— Illian trataba de decirme algo pero yo la interrumpía
sin dejar de hablar, estaba tan nervioso. Ella me miro maliciosa, tomo mis labios con
fuerza hasta apretarlos para que callara.
—Keith… Si tratas de decirme que quieres que sea tu novia, solo asiente— De
inmediato lo hice, ella sonrió satisfecha, liberándome.
—Ok, siendo así la respuesta es sí— Su sonrisa se amplió más volviéndose de lo más
dulce hasta quedar completamente colorada de las mejillas. Se veía tan linda.
— ¿Hablas en serio? — Exclame emocionado, no me podía contener.
—No, es solo una mala broma— Dijo con sarcasmo, no pude evitar preocuparme al
escucharla, nunca he comprendido el sarcasmo femenino con ellas no se sabe si hablan
en serio o bromean.

—Claro que si tontito— Se lanzó sobre mí para darme un fuerte abrazo, quedando
colgada de mí como un pequeño mono.
Le robe un beso nuevamente sonriendo ansioso por que después de tanto dudar acerca
de lo que era o no correcto, aquí estábamos los dos, iniciando algo que esperaba fuera
duradero. Acaricio suavemente mi mejilla, yo por otro lado la imite pero en su cuello,
esta era la primera vez que lo hacía por lo que sentía algo de nervios y miedo.
— ¿Qué sucede?— Pregunto al verme de esta forma, yo exhale y tome su mano para
besarla.

—Así es como me pongo cuando me hacen sentir esta clase de cosas— La cargue
arrojándola sobre mi cama, ella cayo rebotando. Ambos reímos divertidos, volvía a

110
vivir. El resto de la noche hasta la madrugada nos quedamos charlando acerca de lo que
habían sido estas largas semanas lejos uno de otro. Ahora ambos podíamos decir
orgullosos al mundo que éramos algo más que simples amigos. Aunque por otro lado,
ser novio de Illian no sería tarea sencilla. Había cabos que atar, que con el tiempo iría
descubriendo.

111
Capítulo 15

Y con todo esto es como inicio está linda historia resumida en un suspiro. No podía
revisar mi reloj de pulso, me encontraba más concentrado en el camino que en cualquier
otra cosa, esperaba que mi impuntualidad no molestara a Illian, pero debido a ciertas
circunstancias por las que pase antes de llegar a nuestra primera cita de aniversario. Si
un mes es poca cosa, para algunos pero debido al tiempo que ahora pasamos juntos, vale
la pena celebrar nuestro primer mes sin estar separados el uno del otro, además de que
faltan tan solo algún par de semanas para que el último ciclo escolar empiece. Me
encuentro muy nervioso por ello, pronto será mi graduación de la escuela Preparatoria y
aun no tengo idea de lo que vendrá después. Me alegro de que Illian ya no salga de
viaje tan seguido, en todo este mes no salió y por ello me siento tranquilo. No volverá a
irse sin avisar, ahora que tiene que rendirme cuentas por qué me molestare si no lo hace,
bien. No tanto así, pero me gustaría saber que se encuentra bien, más que nada por su
propia seguridad y mi paz interna.

Con tan solo pocos días de noviazgo con Illian Renaldi me sentí de lo más confundido,
después de las dos primeras semanas todo pareció estabilizarse. Al principio de nuestra
relación me sentia incomodo por llamarlo de algún modo, el salir con una chica que no
es del todo humana es un poco raro, y más para alguien que toda su vida vivió con una
mente tan cerrada como la mía, no culpo a mi familia por ello sino a las circunstancias
por las que pase. Pero estos meses lejos de casa, me hicieron darme cuenta de lo tonto
que a veces podía llegar a ser, al comportarme como un completo estúpido. La cero
tolerancia hacia personas o seres que no comprendemos por ser distintos a nosotros, es
una mala costumbre con la que muchos contamos, poniéndola en práctica muchas veces
sin siquiera darnos cuenta de ello. En fin, fueron tantas cosas las que aprendí en tan solo
un año viviendo en Penticton, el lugar donde quisiera vivir por siempre. La más
importante fue que aprendí a amar a mi linda Illian, tratándola como si se tratara de
cualquier chica. No puedo negar que al principio tuve miedo porque en ciertas
ocasiones me llegaba a intimidar, las primeras noches ni siquiera pude dormir ya que mi
temor a esas criaturas nocturnas continuaba acosándome como si Illian entrara por mi
ventana para morderme, las pesadillas regresaron pero así como vinieron se esfumaron,
no eran más que estupideces mías.

Las vacaciones de verano casi habían llegado a su fin, pasaron de forma tan lenta con
mi bella chica lejos, pero apenas regreso y empezamos una relación para que recobraran
su cuso, maldita relatividad. Llegue estacionando la Honda roja delante del pórtico de
su casa, baje arreglando mi cabello haciéndolo hacia atrás estaba húmedo, menos mal.
Había olvidado afeitarme esta mañana, a pesar de ser algo lampiño no me gustaba tener
la típica barba de tres días, aun cuando me ayudaba a verme mayor con esto Tome un
respiro antes de tocar la puerta, pero antes de hacerlo esta se abrió. Illian estaba del otro
lado tan hermosa como siempre, sonrió al verme. La mire de pies a cabeza se veía tan
hermosa en aquel vestido clásico color rosa que lleva por encima de la rodilla,
ciñéndose por debajo del busto, a pesar de que no cuenta con mucho ella es perfecta
para mí. En la cabeza llevaba un peinado sencillo con un listón color negro en forma de
diadema amarrado con un lindo moño que hace juego con el único tirante de aquel
coqueto vestido.

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Le mire con una sonrisa de imbécil, me sentía como un vago a su lado y con este
aspecto lucia como tal. Trague saliva algo avergonzado, Illian igualmente me sonrió
tomando su clásico bolso rosado lleno de moños. ¿Las chicas acaso lo combinan todo?
Ahora resolvía la incógnita de por qué tardaban siglos arreglándose y el porqué de sus
horas matando tiempo leyendo revistas de moda.
— ¿Nos vamos? — Pregunto curiosa, yo asentí tomando su mano para ayudarla a pasar
el umbral de su puerta. Así mismo la ayude a subir en mi motocicleta.
—Espero que el motor no arruine tu lindo vestido— Me disculpe apenado, ella negó.
—No te preocupes, vayámonos que llegaremos tarde para ver la película— Antes de
pasar al cine la llevaría a cenar, así que si ya íbamos tarde, seguramente no
alcanzaríamos a ver la película que ella deseaba.

—Iremos a cenar antes, si no te molesta— Su boca se amplió formando una ligera


mueca de disgusto, exhalo y asintió.
—Mientras sea rápido, de verdad no me la quiero perder— No tenía ni la menor idea de
que me hablaba.

—Bien, ya sabes. Agárrate fuerte— Me dio curiosidad por que jamás llevaba
chamarras o suéteres de noche, es cierto que es verano pero estamos en Canadá, aquí
es fresco todo el año por ello es una excelente zona para cosechar uvas en los viñedos,
esperaba esta noche poder comprar una buena botella de vino a pesar de no tener
conocimientos en esto por continuar siendo un menor de edad, me agradaría poder
probar esa delicia de la que todos comentan. ¿Qué tiene de especial el vino que a todos
fascina?

Al final Illian gano y terminamos pasando al cine para ver aquella película de Tim
Burton que tanto ansiaba, Beetlejuice. Lo bueno de esto es que a mí como a todos los
chicos de mi edad nos gusta ir al cine como parte del pretexto perfecto para estar en una
habitación a oscuras con la chica de tus sueños y hacer cosas que en un lugar más
externo las personas verían mal siendo que ellos también en algún momento de sus
vidas hicieron prácticamente lo mismo. Además el cine es un lugar tranquilo, ya que es
rara la vez que encontrábamos el cine lleno, por lo general eran durante los estrenos y la
película tenía ya tiempo en cartelera, seguramente encontraríamos el cine vacío.
Nosotros éramos muy discretos aunque a veces mi respiración era la que nos delataba,
en una ocasión nos callaron por hacer demasiado ruido. El cine es un lugar perfecto para
iniciar una noche maravillosa.

Llegamos después de un largo camino a través del bosque por la carretera hasta el
centro de la Ciudad hasta llegar a la zona comercial. Estacionamos la motocicleta a unas
cuantas calles del cine, tome su mano estrechándola fuertemente muy sonriente.
Caminamos hasta la taquilla, Illian de inmediato pidió un par de boletos para ver la
película, como si yo fuera a elegir mal. Rodé los ojos por tal reacción, ella sonrió
divertida acercándose a mí con los boletos en mano. Se alzó ligeramente para besar mis
labios que se sentían cremosos, a ella le gusta mucho el lápiz labial rojizo la hace ver
mucho mas pálida de lo que es, le da un toque tierno pero a la vez seductor. Me dejo
manchado con labial, soltó una risita divertida, busco un pañuelo de papel dentro de su
bolso y me limpio delicadamente la mejilla, embarrándome el color carmín en toda esta.

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Era lindo ver como ella debía ponerse zapatillas con un tacón grande para alcanzarme,
cuando traía tenis era peor porque debía pararse de puntitas luciendo como una hermosa
bailarina de ballet. Me sentía tan feliz de tenerla a mi lado, este era el mes que más
tiempo pasamos juntos, ya ninguno de los dos debía huir. Ya con los boletos en mano
nos dirigimos a la fuente de sodas.
—Escoge lo que quieras— Le dije, mientras yo me acerque a la dulcería por algunas
golosinas las palomitas solo me provocaban gatos extras como refresco por la sed que
provocaba el exceso de glucosa y cloruro de sodio. Al mirar todos esos dulces no pude
evitar el que se me antojaran todos, se veía todo tan colorido y delicioso, termine
escogiendo solo una pequeña bolsita de cien gramos de gomitas en forma de lombrices
coloridas, se veían muy deliciosas.

Vaya gran sorpresa me lleve al ver todo lo que mi novia había elegido, eran tantas cosas
que tal vez no nos daría tiempo de hacer nada dentro de la sala, suspire resignado
ofreciéndome a cargar la bandeja donde tenía todas sus cosas, intercambiándosela por la
bolsa de lombrices. Mi novia me tomo de un brazo entrelazando el suyo con el mío,
entramos a la sala sin hacer mucho ruido. Elegimos nuestro lugar hasta el fondo de esta,
tenía razón no había personas más que unas cuantas, entre ellas parejas que estaban al
igual que nosotros ansiosos por que las luces fueran apagadas para “ver la película” Si
como no pensé divertido.

Illian tomo sus nachos devorándolos, me ofreció algunos como era obvio no pude
negarme, los gusanos de goma tendrían que esperar. Me dio a comer unos cuantos
totopos colocándolos dentro de mi boca, tenía la boca llena de queso fundido este estaba
muy pegajoso pero sabía tan delicioso, termino por lamer mis labios los restos de este.
Las palomitas y los nachos ya iban por la mitad cuando los promocionales terminaron.
Illian me robo un delicado y dulce beso en los labios, aun cuando se encontraban
cubiertos de queso fundido.

La película inicio, mi novia se acomodó en su butaca y enseguida tomo mi hombro para


recargarse sobre él, la abrace de costado rodeándola por detrás de su cuello, apoyo su
cabeza sobre mi torso, le sonreí sintiéndome extraño pero cómodo. Illian hurgo en mis
bolsillos hasta encontrar las gomitas en uno de mis bolsillos, hizo un puchero al creer
que las estaba escondiendo y por no quererle dar me dio de castigo un beso mirándome
divertida. Metió la mano dentro de la bolsita, dándome de nuevo en la boca como si
fuera un niño pequeño, suele ser tan tierna. No era tanto mi antojo por comer gomitas
aun cuando yo as había elegido, deseaba algo más. Mire a mi novia con malicia cuando
me pregunto qué era lo que más me apetecía para continuar comiendo, acabaríamos con
todo. Su mirada denotaba algo de picardía, me miro pícaramente, poco a poco me fui
acercando a sus labios para besarla y responder a su pregunta. En cambio a Illian le
pareció más divertido molestar a un par de personas que teníamos al frente, ellos
trataban de ver la película mientras ella les lanzaba palomitas de maíz.

—Pobres ilusos no saben de dónde vienen— Murmuraba entre dientes divertida, me


trato de incitar a hacer lo mismo pero me negué, me daba vergüenza y en cierta forma
pena ajena lo que hacía aunque ella lo considerara bastante divertido, hasta que la
detuve robándole un beso que ella correspondió sorprendida, volviéndolo más intenso
hasta dejarme sin respiración.

114
—Justo lo que necesitaba— Exhale satisfecho, creía que me había cambiado por
molestar a unos cuantos desconocidos. Tome un poco de aire para recuperar el aliento,
tomaba mucho más valor en la oscuridad cuando no podía verme del todo o eso creía
yo, desconocía del todo sus habilidades visuales ¿Sería igual o mejor que la de un
humano?

Vimos un poco de la película, era una comedia muy divertida. En algunas escenas
donde me aburría, se me hizo gracioso hacer la clásica maniobra, aquella que todo
adolescente masculino que en algún momento de su vida aplicara, es de ley. Pasar mi
brazo alrededor de su cuello bostezando por estar “muy aburrido” Illian capto aquella
escena por lo que me siguió el juego, tomando mi mano libre dentro del balde de
palomitas que ya no tenía más que semillas de maíz sin reventar. Ella continuaba siendo
una adolescente o al menos lucia como una, era mucho mayor. Años de diferencia a
pesar de no tener idea de cuál era su edad real, lo sabía por su historia que no pertenecía
a esta década. A pesar de todo como lo menciono se conversaba, debe ser una suerte
para cualquiera el lucir como una eterna adolescente.

Este mes me conto acerca de unas cuantas cosas extraordinarias acerca de su raza,
algunos crecían más rápido, otros un poco más lento de lo normal todo esto dependía de
la pureza de la sangre de sus padres. Existen en su mundo seres con habilidades
sobrheumanas, controlan ciertas cosas, parecieran tener una clase de habilidades
especiales parecieran ser superpoderes, eso me pareció tan genial aunque no todos los
poseían de nuevo la pureza de la sangre entraba en juego, podían heredarse y también
transmitirse en su mundo todo era valuado por tu sangre. Eso me pareció algo
asqueroso, es como si la sangre te dijera cuanto es tu valor, una etiqueta de mal gusto,
algo como para los humanos sería el equivalente a ser racista. No creía que existiera esa
clase de jerarquía en un mundo como al que ella pertenecía, cada día aprendía un poco
más de ella, sobre su pasado y presente. No todos los vampiros podían procrear esta es
una clase de habilidad especial adicional, aquellos íncubos o súcubos resultaban ser los
más débiles para convertir humanos en vampiros. Supongo que debía existir alguna
clase de equilibrio, no se puede todo en la vida, algunos podían heredar su carga
genética en la siguiente generación, muchos de ellos eran envidiados por poseer
habilidades que no merecían.

No tenía idea del por qué el engendrar hijos eran tan importante para una raza como
ellos ¿La supervivencia del más apto? ¿El ciclo de la vida se aplicaba para los No
Vivos? Illian respondió, los vampiros siguen viviendo, ya que su corazón late de una
forma más lenta después de todo son una extraña raza, que no creo comprender del
todo. Continuaba sin conocer el mecanismo por el cual los humanos podían terminan
convirtiéndose en seres de esa naturaleza. Algunos nacían siéndolo, los más antiguos
con la sangre más pura son los más poderosos. Su padre alguna vez fue humano,
muchos siglos atrás una atractiva mujer le ofreció el regalo de la inmortalidad a cambio
de protección de clanes cazadores como mi familia. Esto entre otras cosas aprendí tan
solo en un mes, genial ahora tenía cosas de las cuales preocuparme y que me habían
dejado con la curiosidad, debía investigar más, o podría dejarlo así.

Illian es una mestiza, no todos los de su mundo la admiran por ser mitad humana es
considerada de las mas impuras por debajo de los humanos que fueron convertidos en
seres de la noche. Todos son tan diversos, no existe nada que diga exactamente el cómo
serán en un futuro por ello eran negados muchas veces incluso con los padres por esa

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razón los íncubos y súcubos eran odiados y admirados, existían pocos antiguos con tal
habilidad por lo general eran los impuros los merecedores de aquel tan fascinante don.
No comprendía del todo ciertas cosas, todo era tan diverso y me confundía mas, aunque
por otro lado deseaba aprenderlo más que pudiera del mundo oscuro mas por mi chica
que por otra cosa, por ella estaba dispuesto a hacer cualquier cosa. Aunque a veces dolía
el ser diferente, en mi caso el ser “normal” un simple humano, continuaría envejeciendo
hasta que algún moriría. No podía ser el chico eterno como lo es ella, me dolía saberlo.
Illian me vería deteriorarme, morir poco a poco. Trate de no pensar más en esto y
disfrutar del presente. Mi novia me miro preocupada, estaba deprimido por pensar en
todo esto.

— ¿Keith? ¿Te sientes bien? — Pregunto en un murmuro para evitar interrumpir. Mentí
diciendo que todo estaba bien, solo divague y en cierta forma no lo hice.

Me estire un poco para acomodarla en la cuenca de mis brazos quedándonos en silencio


hasta el final de la película. Por mi parte no puse mucha atención mi mene continuaba
dándole vueltas al asunto. No podía soportar la idea de que algún día ella podría estarme
viendo sufrir o dejándome ir, debido a mi maldita culpa. Lo peor fue pensar en que ella
me podría dejar por ser diferente, pero sobre todo por ser un común y miserable
humano, que como todos contábamos con fecha de caducidad, una muy corta
comparada a la de su eterno mundo.

Termine con los jueguitos de niños y me puse serio, trate de acariciar el rostro de mi
novia y de robarle un beso pero no pude. No lo soporte más y me levante de la butaca
con el pretexto de necesitar ir al baño. Illian no me vio muy convencida pero no podía
acompañarme, esto se estaba saliendo de control, necesitaba un respiro. Ya en el baño
de caballeros, eche un poco de agua sobre mi rostro para refrescarme, me mire en el
espejo y mire que había cambiado bastante en tan solo un año, desde que deje
Baltimore. Mis facciones se habían madurado, finalmente dejaba de ser un puberto, y
daba paso a un joven que en pocos años se convertiría en un adulto, y que continuaría
envejeciendo hasta volverse un anciano.

Un año que se iba como agua, y seguramente los siguientes por igual, y ella continuaría
siendo la misma. Golpee el maldito espejo desviando la mirada molesto, no me
quedaron ganas para volver. Pasaron unos minutos antes de volverme a sentir más
relajado, el dolor desapareció volviéndose indiferente. Regrese a mi butaca mucho
mejor, sonreí sintiéndome mejor al tenerla nuevamente a mi lado disfrutando del
presente, no podía hacer nada contra esto. El ser un humano es mejor a ser una bestia
sin ofender a su familia, prefería morir a ser un monstruo sanguinario toda mi
existencia. Le robe un beso para después murmurarle sobre el oído todas aquellas cosa
que me hacía sentir, escuche como tosían unos chicos para callarnos, me moleste ya que
no hacíamos nada malo. Illian también estaba molesta, no se pudo contener. Tomo los
granos de maíz sin reventar para arrojárselos mientras reía, tomo nuevamente mi mano
para jalarme fuera de la sala cuando termino la película.

—¡Eres maravillosa!— Exclame sin dejar de reír por lo divertida que era, abrase
nuevamente a mi novia alzándola un poco mientras le daba vueltas aun nos
encontrábamos en el cine, en uno de los pasillos. La baje cuando el resto de las personas
salió de la sala, ella me miro sonriente tratando de acomodar su vestido rosado y
cabello. Nos tomamos de las manos caminando hacia la salida, mire mi reloj de pulso

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para ver la hora, era temprano para ir a cenar. Caminamos hasta llegar a un lujoso
restaurante a unas seis cuadras del cine, volveríamos después por la Honda. Este
contaba con un toque italiano, el aroma a especias y queso parmesano se hizo presente
lo que me abrió el apetito, veíamos a los meseros de un lado a otro bandejas repletas de
toda clase de pastas y platillos con esencia a aceite de olvida y especias. Nos asignaron
una mesa hasta el fondo del restaurante en un lugar muy privado, la mesera que nos
atendió me veía algo coqueta, como si me importara. Al retirarse mi novia le lanzo una
mirada amenazadora. No podría creer que Illian celara a una simple humana, cuando
ella era mucho más bella que cualquier mujer en este lugar. Sonreí divertido, negando
con la cabeza nos sentamos en la mesa, ella quedo frente a mí. Tome su mano por
encima de la mesa acercándome un poco para lograr besarla, pero en el momento menos
oportuno llego el mesero. Nos atendió de buena forma sin decir nada y sin mirar a mi
novia con otras intenciones, muy profesional. Nos dio la carta y se retiró, la observamos
detenidamente le insistí a mi novia que ordenara lo que deseara, no debía limitarse por
el dinero, contaba con lo suficiente para una hermosa velada. Se negó, excusándose con
que se encontraba llena por las golosinas del cine.

El menú era variado aunque lo que predominaba eran las pastas y la amplia variedad de
pizzas. Illian solo ordeno una ensalada, yo tenía hambre, por lo que ordene un plato de
lasaña y una pizza mediana de peperoni con champiñones, la cual haría que mi novia
me acompañara con una o dos rebanadas. El mesero regreso después de unos minutos,
fue de inmediato por nuestra orden pero antes de esto pregunto.
— ¿Desean algo para beber?— No podíamos pedir vino por que seguramente me
pedirían identificación, a pesar de todo continuaba siendo un mocoso.
—Un refresco de naranja— El asintió, esta bebida es la que por lo general pedían los
niños por lo que mire el mesero sonrió divertido, los niños que acompañaban a sus
padres a cenar, dos mesas a lado de la nuestra tenían toda la mesa cubierta por vasos de
refrescos de este sabor. Me dio vergüenza pero este es mi sabor favorito.
— ¿Y para la Señorita? — Illian pensó un poco pero finalmente contesto.
—Agua mineral— El mesero se fue por nuestra orden.

—Keith, si deseabas beber algo más de la carta, podrías habérmelo pedido, tengo
identificación— Me sonrió, lo cual me hizo sentir un niño, estaba rojo como un tomate.
No sabía que responderle.
—Pensarían que es falsa, yo no luzco como si fuera mayor de edad, ni tú tampoco.
Podrían no sé, meternos en problemas— Ella rio divertida acariciando mi mano.
—Keith, por si no lo has notado me fascina meterme en problemas— Recordé lo del
cine y negué.

—Eres tremenda Illian Renaldi— Reí divertido, enseguida las bebidas llegaron y
minutos más tarde nuestra comida. Illian estaba a punto de comer su ensalada cuando
recordó algo, pero negó y continúo con su plato de ensalada. Yo no hallaba por que
decidirme a comer primero si el plato con lasaña y poca ensalada que me sirvieron o
pizza, daba un bocado de cada cosa intercalando de esta forma nada estaría frio estarían
igual.

Al terminar me limpie con una servilleta de tela blanca, tenía salsa de tomate sobre sus
labios a causa de la lasaña.

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— ¿Quieres algo más Illian?— Esperaba que pidiera alguna clase de postre, pero ella
negó. Recordó nuevamente aquello que deseaba decirme, me dio una pequeña cajita de
cartón blanco con un moño de tela color azul.
—Ábrelo amor, espero te quede— Sonreí al ver lo linda que era, yo era un imbécil
había olvidado comprarle un presente, esperaba que con la cena y el cine se diera por
bien servida y si no la compensaría de alguna u otra manera.
—Lo siento, no tengo nada que darte— Admití apenado, ella negó y abrió la cajita por
mí. De esta saco una reluciente esclava de titanio ¿O seria plata? Lo que fuera era un
lindo gesto de su parte.

—Es hermoso— Sonreí aun sonrojado por aquel regalo. La tome para colocarla sobre
mi muñeca pero antes de hacerlo, coloco la esclava contra la luz de la lámpara para
mostrarse la inscripción que tenía oculta por dentro, mostrándome nuestras iníciales: I.R
& K.F 4EVER. La coloque sobre mi muñeca me quedaba un poco grande ya que se me
iba más allá de la muñeca pero podía ajustarla, Illian me mostro como hacerlo.

Pague la cuenta no fue tanto como creí, vaya volvería seguido. La comida estaba muy
buena y a este precio mucho mejor. Caminamos por las calles del Centro de Penticton
tomados de la mano, buscando la calle donde habíamos dejado estacionado la Honda,
recordamos donde la había estacionado y subimos a esta. Illian ya estaba acostumbrada
a viajar en motocicleta por lo que ya no necesitaba ayuda para subir, se sujetó con
fuerza a mi cintura haciéndome estremecer, al parecer aun yo no me acostumbraba del
todo a su tacto. La llevaría a casa, al llegar ella se negó a entrar deseaba dar un paseo
nocturno por lo que la mire sorprendido, no superaba del todo aquel temor que le tenía a
la noche al bosque en la oscuridad ya que me traía malos recuerdos, me estremecí de
solo pensar en la amarga sonrisa de aquella mujer.

— ¿Te parece si damos un paseo nocturno? — Sonrió emocionada tomándome de la


mano. Tenía suerte que al día siguiente Kathrina no abriría la tienda ya que haría
inventario y algunas modificaciones así que tendría libre el día. Asentí estrechando
fuertemente su mano, no quería que sintiera mi nerviosismo ella solo sonreía juntando
su pequeño y esbelto cuerpo contra el mío.

— ¿Tienes frio? — Pregunto con preocupación.


—Estas temblando— Yo trate de calmarme, si temblaba era por ver el frondoso bosque
tan sereno, las cosas tranquilas eran a las que más debías temer ya que no sabías cuando
te sacarían un susto. Pisábamos las hojas secas y ramitas, estaba alerta y a la menor
señal de sonido yo volteaba.
—Tranquilo cazador, no hay más que conejos en esta zona para cazar, y puede que
algunos mapaches— Rio divertida, exhale calmado. Estábamos a unos cuantos metros
del lago que separaba nuestras viviendas. Illian dejo de caminar y se quedó
contemplando el lago en silencio, me detuve enseguida y la abrace por la cintura
colocando mi mentón sobre su hombro.

— ¿Qué miras? — Pregunte curioso en forma de murmuro sobre su oído.


— ¿No es precioso? Todo esto lo es, tú lo eres, es perfecto— Volteo para verme
directamente a los ojos, tomando mi rostro entre sus manos para besarme, correspondí
tomando su barbilla entre mis manos. Llevo su mano al bolsillo mirándome divertida.

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—Me debes un obsequio— Me detuve al escucharla mirándole curioso ¿Que traía en
sus manos? Trate de ver pero la visibilidad era muy poca, si en el día no era del todo
buena, de noche era peor.
—Oh cierto. ¿Qué quieres? — Pregunte curioso, ella me miro algo sonrojada pero al
final hablo.
— ¿Eres virgen? — La mire sorprendido, vaya esto sí que no me lo esperaba. Nunca me
habían preguntado algo como esto, así de directo. Mis ojos estaban abiertos como
platos, ella suspiro desviando la mirada.
—Olvídalo— Murmuro, creo que sabía lo que trataba de decirme. Tome su mano para
responder.

—Sería poco caballeroso de mi parte preguntarte lo mismo. Pero bien, yo no lo soy, lo


deje de ser en mi cumpleaños dieciseises— No debía darle tantos detalles pero me
sentía tan nervioso que no tenía idea de cómo reaccionar ante la pregunta. Ella volteo
enseguida y sonrió.

—Solo lo he hecho una vez, pero recuerdo como se hace— Por dentro pensé, creo. La
cargue tomándola por sorpresa de la cintura, ella soltó un gritito de sorpresa sujetándose
de mi cuello, la aleje de la orilla del lago llevándola entre mis brazos. La noche era
hermosa y estrellada, simplemente perfecta para una ocasión como esta. La baje con
delicadeza colocando su cabeza sobre una pila de hojas secas, el pasto húmedo debido
al frio estaba sobre su espalda. Me senté a su lado para contemplar el panorama
tomando su mano para acariciarla, mientras mis ojos se concentraban en contemplar a la
bella mujer que yacía recostada sobre el pasto. Esta noche era el chico más afortunado,
dudaba que alguien como ella se pudiera fijar en un insignificante humano como yo y el
que ella me amara y deseara pasar esta noche conmigo me hacía tan feliz.

— ¿Es hermosa la luna, no?— Pregunto al verme tan pensativo, mi mente divagaba
tanto al mismo tiempo en que la veía, me había quedado muy callado.
—No tanto como tú— Sonreí llevando una mano a su mejilla para acaríciala, ella sonrío
e hizo lo mismo. La rodee con mis brazos pasándolos alrededor de su cuello, me incline
sobre ella acomodándome para quedar sobre su cuerpo. La bese apasionadamente como
nunca antes me había atrevido a hacerlo, siempre tomaba las cosas con tranquilidad.
Illian correspondió con la misma intensidad despeinando mi cabello, nuestras manos
empezaban a desenvolverse por sí solas. Gracias al peso extra que ejercía mi cuerpo
sobre el suyo la pila de hojas donde había dejado a Illian se levantó esparciéndolas por
todos lados a nuestro alrededor, reímos aun abrazados. Rodamos juntos sobre el pasto
húmedo debido el roció de la fría noche, la humedad se sentía a través de nuestra ropa,
hacía mucho frio pero esto no me importo, bien valdría la pena. Esa sensación a pasto
mojado se sentía muy confortante.

Esboce una sonrisa cuando Illian comenzó a besarme con ternura sobre el cuello
desabrochando los botones de mi camisa, me quede helado al ver sus ojos en ese
momento me separe sintiéndome extraño me faltaba la respiración. Por unos instantes
mire sus ojos de un color distinto y fue cuando la vi, la fría mirada de aquella
vampiresa. Me aleje de ella, de inmediato haciéndola a un lado. Recordé sus palabras,
como se burló de mí por haberme usado como un juguetito nuevo. Esto me hizo darme
cuenta de lo que trataba de hacer conmigo, me usaría como lo hizo o trato de hacer esa
maldita, gruñí para mis adentros mirándola con recelo.

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— ¡Aléjate de mí!— Exclame mirándola con odio, ella se sorprendió al ver como
cambiaba de aptitud, se trató de acercar pero le di la espalda tratando de abotonar
nuevamente mi camisa.

—Keith, ¿Te encuentras bien?— Murmuro preocupada arrastrándose por los codos para
verme desde el suelo. No podía volver a mirarla, no quería volver a sentir esa mirada,
me quemaba aquel sentimiento de duda y culpa, no podía continuar a su lado, no de esta
forma sentía que traicionaba a mi familia.
—Creo que será mejor que terminemos con esto, no estoy bien y no lo estaré así que
pues…— Suspire resignado, ella se levantó sentándose a mi lado para abrazarme.
Desviaba la mirada hacia otro lado mientras acariciaba mi rostro y hacia mi cabello a un
lado.

—Podemos ir más despacio si eso es lo que te preocupa, lamento precipitarme pero tú


me hiciste creer que…— Exhalo.
—Sabes que olvídalo— Murmure mirándola sin darle mucha importancia. Duele
sentirse así el verla tan preocupada, a quien engaño no puedo continuar con esto, digo
amarla y aun dudo de mis propias palabras. Nuevamente la mire buscando respuestas, la
luz de la luna se reflejaba en sus ojos y su piel al ser tan blanca pareciera que
resplandecía, resaltando su belleza. Soy un tonto, la hacía sufrir cuando en realidad no
tenía idea de lo que dejaba ir por estúpido ¿Cuándo alguien como yo encontraría a una
mujer así? la repuesta es sencilla, nunca. Todo mi cuerpo se debatía para poder
reaccionar, debía ser rápido para ganarle a la razón. Un impulso me hizo lanzarme sobre
ella quedando de nuevo sobre su cuerpo, apoyándome de los codos para evitar que todo
mi peso cayera completamente. Nuestras respiraciones en especial la mía, se volvió de
una forma regular a una acelerada, empezaba a sentirme agitado con cada beso, cada
caricia.

Aquellas sensaciones provocaban que mis sentimientos por ella se intensificaban, podía
mentirle a mi mente pero jamás a lo que mi cuerpo pedía a gritos, mucho menos al
corazón. Por más que mi mente se debatiera en lo que era bueno o no me, siempre
terminaría por dominarme mi maldita impulsividad, bendición y maldición, un arma de
doble filo. Mis manos acariciaban su espalda y cintura, subían y bajaban hasta
encontrarse con el cierre de su vestido, lo baje cuidadosamente. Illian no se quedó atrás
por lo que empezó a desabotonar mi camisa, introduciendo sus dedos dentro de esta,
acariciando mis hombros hasta despojarme por completo de mi camisa. Mi torso se dio
a notar, pude notar como ella mordía su labio inferior, viéndome de una forma que logro
que me estremeciera, sentí sus cálidas manos sobre él, pero al sentir sus uñas mi espalda
se arqueo. La intensidad de nuestros cuerpos rozándose entre sí aumento, perderíamos
el control.

Me detuve antes de continuar esto era muy precipitado y una parte de mí se echaba para
atrás, ella me miro sorprendida por esta repentina acción, en mis ojos se podía apreciar
el miedo, en los de ella preocupación y deseo.
— ¿Estás segura?— Murmure muy bajito algo tímido, no quería continuar pero temía
que ella se enfadara y el desenlace fuese peor.

—Nunca he estado más segura— Respondió con voz firme, arqueo una ceja de forma
seductora haciéndome temblar de ansias. Mordió su labio inferior, lo cual me excito.

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— ¿Tu lo estás?— Pregunto divertida y seductora a la vez, podría lastimarla si le decía
lo confundido que me sentía al respecto. Meses sin sentirme tan ansioso, continuaría
sin importarme nada más que el disfrutar de este presente perfecto.

—Te Amo Illian— Esa fue la primera vez en que pude decirlo sin temor, me sorprendí
cuando mis labios pronunciaron aquello. Mi razón era derrotada por mi corazón,
esperaba no tener que arrepentirme de esto después, n mi cabeza no me haría sentirme
culpable. No traicionaba a nadie más que a mí mismo, debía darme la oportunidad para
poder ser feliz, para lograrlo mi mente abierta a todas las posibilidades. Repetí una vez
más esta vez susurrando sobre su oído con voz rasposa y seductora para provocarla.
Bajo el manto de estrellas, el lago y el bosque como testigos, nos dejamos llevar por
nuestro instinto. Este sería el guía, esta noche no seriamos más un humano y una
mestiza, solo un chico y una chica enamorados que se deseaban más que a nada, libre y
amado sin que nadie interfiriera en ello.

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Capítulo 16

Todo a mi alrededor es claro, y no solo por los muebles blancos, sino porque la luz me
da directamente sobre el rostro afectando un poco mi visión. Lo único que me mantiene
relajado es aquel cómodo colchón debajo de mi cuerpo. Maldecí a las jodidas persianas,
¿porque rayos no están cerradas? Gruñía por lo bajo, apenas abría los ojos y el Sol ya
estaba molestando, así que me cubrí con una manta floreada y rosada, que olía bastante
bien, el aroma a fresas y lavanda impregnado en ellas. Tengo complejo de vampiro, es
lo que dicen. Cada vez que lo mencionan es inevitable gruñir o hacer caras. Es por esta
razón es que prefiero siempre mantener cerradas las cortinas de mi habitación en la
posada. No escuche el despertador, es porque no me encuentro más en la Posada, sigo
en casa de Illian.

Es sábado y los fines de semana son para despertar hasta tarde, al menos los días en los
que descanso. Inhale el delicioso aroma a fresa y lavanda de las mantas que me cubren
con calidez, enseguida me levante de la cama, me costó un poco de trabajo, lleve una
mano a mi costado izquierdo, el dolor en aquella zona es insoportable. Espero no tener
ninguna costilla fracturada, frente a mí se encuentra un enorme espejo con marco blanco
que hace juego con cada uno de los muebles de la habitación. Aun me encuentro
completamente desnudo, hice una mueca al notar el enorme moretón que cubre la palma
de mi mano para detener el dolor. A decir verdad en lo general todo mi cuerpo lo siento
magullado y adolorido, como si un tráiler me hubiese arrollado. Al parecer me hace
falta condición, la anterior noche había sido algo intensa y no podría olvidarla con
facilidad, después de todo lo que paso al final valió la pena. Es hora de dejar todo el
pasado atrás, no continuaría llorando como aquel pequeño niño que raspaba sus rodillas
y manos al tratar de aprender a montar en bicicleta.

Había olvidado que Illian era… Escuche un ruido, la perilla de la puerta se mueve, es
ella. No quiero que me vea de pie, así que corro de nuevo a la cama, es demasiado tarde
ella entro a la habitación negando la cabeza con una bandeja repleta de comida, algo de
fruta, un omelette relleno con jamón y champiñones, un enorme vaso con jugo de
naranja, todo huele y se ve delicioso. De inmediato regreso a la cama sintiéndome
apenado por que ella ya estaba arreglada, yo aún lo no estaba, ni siquiera llevo mi ropa
puesta, voltee a todos lados tratando de buscarla, pero nada.

—Tu ropa está en la secadora, en cuanto salga la traeré para que puedas usarla— Sonrió
acercando la bandeja a la cama, pareciera leer mi mente pensé suspirando.
—No debiste, pero gracias— Correspondí a su sonrisa sintiéndome algo avergonzado,
estaba sonrojado. El que me viera con aquellos ojos perversos por estar desnudo me
cohibía.

— ¿Cómo te sientes? — Pregunto preocupada acerándose a mi moretón para


acariciarlo.
—Bien, a decir verdad… ham ¡Excelente! — Exclame con alegría, me acerque a ella
abrazándola, la bandeja por poco y cae sobre la cama, pero sus reflejos son mejores que
los de cualquier ser humano.
—Cuidado— Me dice.
—Come algo Keith, necesitas recuperarte. Mañana iras a trabajar y no te ves muy
bien— Sonrió partiendo un pedazo del Omelette. Tome el tenedor para meter un bocado

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en mi boca. Muero de hambre, ella tiene razón necesitaba recuperar un poco de energía.
Estaba por terminar con toda la comida de la bandeja cuando Illian comento.
— ¿Te gustaría ir a nadar hoy en el Lago? — La mire haciendo una mueca, me sentía
muy adolorido ¿y ella quería continuar con actividades físicas muy pesadas?
—No me siento de ánimos, más bien con fuerza para nadar. ¿Podemos dejarlo para otro
día? — Le sonreí y ella suspiro encogiéndose de hombros.

— ¿Estás seguro de que te encuentras bien? Podemos ir al médico para que respalde lo
que dices. ¿Seguro que no te rompiste nada? Me preocupa que te duela— Dijo al mismo
tiempo en que acariciaba aquella zona, hice una mueca quejándome.
— ¡No me toques! — No quise gritarle pero me dolía, y sentía extraño cada vez que ella
posaba sus manos sobre mí. Fue muy brusca y era un milagro que continuara en una
sola pieza, creía que me rompería por la mitad, no creí que una chica como ella pudiera
ser tan intensa. Tenía muchas cosas que aprender, pero sobre todo mantener una
condición para soportarlo. Tal vez si corría todas las mañanas de la Posada a la escuela,
por el bosque podría obtener una mejor condición para soportar esta clase de trato, por
el momento deseaba dejar de pensar en ello, tenía suficiente.

—Calma, no te tocare— Se separó de mi tomando la bandeja ya vacía, como muy


rápido, a veces las personas creen que no disfruto de la comida. La llevó directamente a
la cocina, y enseguida regreso sentándose sobre la cama colocándose a mi lado. Me
abrazo por el cuello, besándolo por lo que me estremecí.

—Mi ropa— Murmure, no quería volver a intentarlo, soy inexperto en esto además de
sentirme de lo más agotado. Ella asintió separándose de mí de inmediato.
— ¿Deseas tomar un baño con agua caliente? — Me miro divertida, yo negué de
inmediato, no quería hacer nada, me sentía demasiado cansado como para seguir con
esto.

—No gracias— Suspiró decepcionada, salió de la habitación para buscar mi ropa, esta
ya se encontraba seca y limpia.
—Ok, vístete. Vayamos a dar una vuelta al Centro, claro si te sientes de humor para
hacerlo— Dijo haciendo una mueca, le molestaba que no cayera de nuevo en sus
encantos. Me vestí enseguida cuando me la entrego.
—No te enfades, quiero salir a estirar las piernas un poco. Pero me gustaría más dormir
todo el día. ¿Podemos dejarlo para después? — No tardo ni treinta segundos de haber
terminado la oración cuando ella me corrió de su habitación y de su casa, empujándome
hasta dejarme fuera.

—Duerme en La Posada. Nos vemos mañana Fenton— Azoto la puerta, todo fue tan
rápido que la mire sorprendido. Vaya, no esperaba esa clase de reacción en Illian, pero
bueno era mayor mi deseo a dormir un poco más que el salir a caminar y aun así
debía montar la Honda para volver a La Posada. Incluso el trasero me dolía, lo había
estrujado con tanta fuerza que sentía me había quitado más de lo que ya carecía.
Exprimió todo lo que pudo de mi cuerpo, excitante en su momento, ahora pagaba las
consecuencias.

El resto del día dormí hasta despertar en Domingo, esta mañana madrugue, estaba muy
hambriento ya que no había comido nada más que el desayuno que me preparo Illian un
día anterior. Hoy solamente trabajaría medio día, genial. Podría buscar a Illian para

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salir, no iríamos a nadar pero podríamos dar un paseo por el centro o que se yo. Esta
mañana llegue puntual a Brownies & Muffins, tanto que mi jefa se sorprendió al llegar
comento de forma bromista si es que me había caído de la cama. Le miro divertido y lo
afirmo siguiéndole el juego, me ordena que deje de bromear y que entre de inmediato a
preparar las ordenes de hoy, ella estuvo cocinando el Sábado y hoy me corresponde
hacer las entregas, menos mal no terminare todo lleno de harina. Caminaba un poco más
lento de lo normal, lo cual le preocupo a Kathrina, me pregunto si todo estaba bien
conmigo, comentado que ahora si creía que me había caído de la cama. Asentí y
continúe con mis labores, aquella broma era la coartada perfecta aunque mi realidad era
otra. Estaba preparando tres bandejas de brownies, me dolía el cuello, si lo movía
mucho empeoraba, no había notado la pequeña herida detrás de este, muy cerca a la
nuca. Deje de darle importancia al problema, no es como si fuera a convertirme en un
monstruo, eso jamás pasaría.

La campanilla de la cafetería se escuchó hasta la cocina, de inmediato así para ver quién
podría ser, era Destiny que entro con una enorme sonrisa en el rostro. Llevaba puesto un
vestido sencillo de mezclilla y un par de botas de gamuza ¿O seria piel? Color
caramelo. Me abrazo con fuerza lo cual yo correspondo haciendo una mueca de dolor,
me dolía un costado y por ello gemí, ella se separó de inmediato mirándome con
preocupación.
— ¿Te encuentras bien? — Pregunto mirándome sorprendida.
—Me alegro también de verte— Sonreí asintiendo.
—Tenía tiempo sin verte. ¿Porque ya no habías venido a vernos?—Pregunte curioso y
entusiasta, extrañaba a mi única amiga de la escuela, que a pesar de no ir en el mismo
grado escolar, la encontraba siempre en los pasillos. Su amplia sonrisa se desvaneció,
soltó un suspiro y dijo.

—Lo siento no es mi intención pero ya conoces a mamá. Últimamente ella cree que es
bastante extraño, tú sabes ham… tu novia. Ella no trabaja, no va a la escuela. No lo
tomes a mal, pero es de nuestra edad. Y me pregunto ¿a qué se dedica?, ¿no hace nada
de su vida?, ¿O qué?— Negué con la cabeza, tratando de ignorar sus comentarios no era
su intención pero Eleonor no tenía ni la menor idea de la vida tan distinta que teníamos
ambos. Illian y yo compartíamos algo más que una relación, un secreto que nadie debía
saber. Si ya no les agradaba por esto, me daba lo mismo, no necesito de la aprobación
de nadie.

—Ella es modelo y viaja mucho— Mentí, no tenía idea de que decirle y fue lo único
que se me vino a la mente por su afición por las revistas de moda, en cierta forma no le
mentí del todo a Dest. Ella me confeso, que uno de sus sueños era convertirse algún día
en modelo de revistas como aquellas que leía, admiraba a esas hermosas mujeres
humanas y no tan humanas, muchas de ellas son como ella, solo así se podría explicar
esa belleza. Debían retirarse antes de que el público se diera cuenta de su verdadera
naturaleza pero eso no es el punto.

—Oh vaya, tu novia es muy linda. Perdona no lo sabía, pero aun así debes saber que la
belleza no le durara para siempre. En fin no tengo por qué meterme, y no te preocupes.
Prometo venirlos a visitar, aunque dudo mucho que Kathrina nos permita platicar con su
único empleado. Últimamente esto esta llenísimo y necesita de ti— Me sonrió, cambio
rápidamente de tema, era lo mejor.

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—No todos los días está lleno Dest, se me hace que tu solo quieres poner pretextos para
no venir, ok se entiende— Bromee divertido haciéndole un puchero, ella entrecerró los
ojos y sin querer dejo caer unos libros que traía en los brazos. Faltaba poco para que la
escuela iniciara, no era de sorprenderme que ella fuera a la biblioteca a escasos días de
entrar a la escuela.

— ¡Oh no! Lo siento soy muy tonta— Grito apenada.


—Calma, ahora mismo los recojo— Los levante del suelo mirando el título.
— ¿Y esto qué es?— Pregunte curioso al ver uno de los libros, Problemario de Calculo
Diferencial e Integral era el título.
—Lo que veré el próximo año en la escuela. Aunque no lo creas me gustan las
matemáticas, si quieres algún día puedo enseñarte—
—Lo pensare— le sonreí colocando los libros nuevamente en sus brazos, eran muy
pesados.

—Como te habrás dado cuenta, mamá no me deja salir mucho de casa, y esto es lo
único en lo que puedo entretenerme— Se encogió de hombros, despidiéndose con un
beso en la mejilla. Salió sin pedir nada, daba gracias a que mi jefa estuviera ocupada
dentro con los encargos que debía llevar como parte del último envió de medio día.

Mi turno termino después de esa última entrega, tendría tiempo para lavar mi ropa en la
vieja lavadora de La Posada, y en lo que terminaba esta de secarse en el tendedero de la
parte trasera, ordenaría un poco mi habitación que era un desastre. Tome el camino más
corto para llegar a la posada sin perder tanto tiempo, debía ser rápido para llegar
temprano y alcanzar un poco de luz solar para que mi ropa estuviera lista para las clases
que iniciaban en pocos días. Los siguientes días, mis clases fueron ligeras. Conferencias
y actividades, todas referentes con el tema de cada año o al menos para los que debían
graduarse como lo es en mi caso. Este es mi último año en la Preparatoria Ellis, y no
tengo ni la menor idea de que rayos hacer al respecto, tantas cosas giran dentro de la
cabeza de mis compañeros, en la mía solo el deseo de conseguir créditos extras si lo que
quiero es elevar mi nivel académico para poder ingresar a una buena Universidad a
estas alturas. Conseguir una beca no es tarea sencilla, pero aun así espero lograrlo. La
cuestión es… ¿Cómo? ¿Qué tengo que hacer para conseguirla? Me preocupa en cierta
forma porque por lo general las peticiones a las distintas Universidades con o sin beca
se envían meses antes o incluso años, y durante transcurso de este último periodo
escolar se reciben respuestas. Muchos de mis compañeros se sentían muy nerviosos por
ello, en cambio yo estaba feliz de la vida sin ninguna otra preocupación que no fuera el
pagar la renta de la Posada y mantener a mi novia alegre.

Ya que tenía pocas esperanzas con respecto al ingreso a una buena Universidad o
cualquiera. La más cercana es la de Vancouver, podría estudiar Medicina allá, si contara
con el cerebro para ello para conseguir una beca como lo hizo o lo haría mi hermana,
me preguntaba qué sería de ella en este momento ¿Le irá bien? O ser rico como Marion,
ella si cuenta con los bienes para darse el lujo para conseguir algo mejor. En cambio
para había hecho mención a lo más que podría aspirar será a ser paramédico o
enfermero, no es lo mismo pero al menos en esto se ayuda a personas y aunque no lo
parezca me gustaría hacerlo. Mi vocación a pesar de ser una persona muy egoísta en
ocasiones, es tratar de devolverle un favor a la comunidad, si no pude como cazador en
Baltimore, espero poder siendo paramédico o enfermero en Penticton.

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Caminaba por los pasillos observando con curiosidad cada uno de los afiches pegados
en las enormes pizarras de corcho, fiestas en casas de personas que no conocía, mi vida
social no es precisamente la más actualizada y sociable de esta escuela. Soy un chico
tranquilo y con otra clase de prioridades, muchos dicen vive la vida, yo la vivo a mi
manera esa es lo que me diferencia del resto, además a ellos que. Es mi vida y yo
decido como llevarla, hasta la fecha eso es lo que he hecho y no me va tan mal, o al
menos eso creo. Uno de ellos en particular capto mi atención, la forma más sencilla para
obtener créditos extras era formando parte de alguna actividad extracurricular. Son
diversas las actividades en la escuela, pero la que más llamó mi atención ya se
encontraba saturada. Rayos, quería hacer uso de la nueva y genial guitarra que tenía,
pero el grupo estaba saturado y aun intentando hacer cualquier cosa para tener una
audición la oportunidad me fue negada. Su fuera pianista lo hubiese tenido, pero no soy
experto en ello, para que hacer el ridículo en algo para lo que no soy bueno. Y coro, no
es precisamente lo mío.

Hice una mueca cuando me ofrecieron un sitio. Continúe probando, en cada una de las
actividades, artes plásticas me agrado pero habían en clase chicos y chicas con mucho
más talento que yo, mi intención aparte de los créditos extras era el tratar de conseguir
una beca con un tiempo ya muy limitado. Maldita la hora en la que decidí a estas alturas
encontrar algo en lo que soy bueno, los deportes eran mi última opción, resignado
llegue al gimnasio de la escuela. En los meses que estuve asistiendo nunca me di la
oportunidad de conocerlo de lleno. Eran pocas las veces que corría, pero sin duda seria
uno de mis propósitos, demasiado ejercicio para mi gusto. No tenía otra opción, esto o
nada así que me acerque con el entrenador. Un hombre rubio, robusto y de estatura
media, intimidante pero es un buen sujeto cuando bromea. Al parecer le agrade, tenía la
mano muy pesada, me golpeo en la costilla que aun tenia secuelas. Casi me derriba
comentando de inmediato que no sería bueno para el equipo de Hockey ni siquiera para
Football, lucha o boxeo. Ningún deporte que implique el enfrentarme frente a frente con
otro oponente, menos mal él no sabía que meses atrás mi novia me había noqueado y
no hace mucho casi me rompe por la mitad, dejándome adolorido hasta la fecha.

— ¿Qué tan rápido eres, chico? — Pregunto observándome de pies a cabeza.


—Ham… no sabría decírselo— Conteste dudoso.
—Bien, 9:00 am mañana en la pista, son las pruebas de admisión al equipo de
atletismo. Si eres veloz estarás en el equipo, si no lo eres ni siquiera te molestes en
aparecerte— Comento algo frio, yo solo me limite a asentir. Genial, no quedaría en el
equipo dudaba ser muy veloz, atletismo no solo implica esto, debo hacer otra clase de
cosas de las que no tengo la mínima idea. Demonios, como me fui a meter en esto. Esta
es mi última oportunidad para obtener créditos extras, el resto de las actividades están
saturadas así que debo esforzarme para pasar la prueba. Solo cuento con un día para
prepararme, rayos demasiado tarde debí pensar en esto antes.

Por hoy es todo, las clases han terminado, es hora de ir de compras, pero antes pasare a
ver a mi novia, Illian podría ayudarme a elegir los mejores tenis para las pruebas de
atletismo de mañana. Antes debo pasar con Kathrina para cumplir con mi trabajo de
repartidor, menos mal cada vez es menos lo que debo hacer entre semana, sin embargo
son los fines de semana cuando me carga la mano. La paga continúa siendo la misma, y
con mi beca todo va de maravilla, no necesito de muchos lujos. Aunque por otro lado,
pienso seriamente en comprarme una grabadora nueva, una que contenga un reloj
despertador. De esta forma matare dos pájaros de un tiro, ya que hace algunos días sin

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querer tire el reloj que meses atrás mi jefa me regalo para evitar que continuara llegando
tarde al trabajo. No era tan necesario, me hice de una rutina y todos los días despierto a
la misma hora incluyendo los fines de semana, soy un chico madrugador. Fueron pocos
los pedidos de hoy, los termine en menos de dos viajes por todo Penticton, agradezco
que sea una Ciudad pequeña.

Después del trabajo me dirijo a la casa de mi novia, se siente tan bien el decir ella es mi
novia cuando debo presentarla, todos me miran sorprendidos, me pregunto si es porque
soy demasiado feo para ella o por qué no seré lo suficiente para una chica como ella.
Menos mal esas cosas me han dejado de importar, tengo la cabeza más fría y me vale lo
que los demás piensen de mí. Toco la puerta esperando a que Illian salga a recibirme, en
vez de eso su enorme mascota se lanza sobre mi cuanto ella abre la puerta, se arroja con
tanta fuerza que casi me tira, esta vez todo está bajo control y me alcanzo a detener del
pasamanos del pórtico.

—Hola— Saludo, mientras acaricio la cabeza y jalo las orejas de Yuki que sigue
tratando de juguetear conmigo. Illian trae en sus brazos un enorme bowl que huele
delicioso, parece estar batiendo algo con chocolate, la miro divertido.
—Vaya, que tenemos aquí. ¿Acaso quieres hacerle competencia a Kathrina en la
cafetería? — Pregunto divertido y entro a la casa cuando me deja el paso libre. Jalo a
Yuki para que entre, no quiere hacerlo le divierte algo de libertad es muy traviesa, debe
ser porque es joven solo tiene tres años de edad, lo que me gusta de esta raza es que
tiene mucha energía parecen que jamás se cansaran.

Illian rio negando, dejando el bowl sobre la mesa del centro de la sala.
—Eres muy ocurrente. Solo preparo un pastel de chocolate, gracias por pasarme la
receta— dice coqueta metiendo el dedo dentro de la cuchara para quitar el exceso de
mezcla.

—Creo que ya está listo, pero necesito la opinión del repostero estrella— Se acerca a mi
pasando la mezcla que embarro en su dedo por mis labios.
—Pruébala y dime qué te parece— Nuevamente sonríe, espera una respuesta.
—Pues…— Degusto la mezcla, no sabe mal. De hecho sabe deliciosa, pero no me
detengo hasta aquí.

—Le falta algo— Sonrió con malicia y ella se sorprende.


— ¿Qué? — Pregunta curiosa, le hago una señal para que se acerque y ella lo hace. Mi
sonrisa no se borra se hace más amplia, está muy cerca. La tomo por la cintura y le
planto un beso aun con algo de mezcla en él. Illian corresponde aferrándose a mis
hombros.

—Eso es trampa— Ambos reímos.


—No lo es, solo le faltaba esto a mi degustación. Esta perfecta la mezcla, llévala al
horno, y pon el temporizador con cuarenta minutos a una temperatura de…— No
alcance a terminar ya que mi novia me interrumpió.
—180 °C. Lo sé— Dijo haciendo una mueca.
—Mmm… Bien creeré en ti pero te hare un día de estos examen para ver si es verdad
que sigues al pie de la letra las instrucciones que Kathrina me obligo a aprender— Le
amenace entrecerrando los ojos.

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—Pongamos el pastel en el horno— Ella sonrió divertida, la acompañe para ver que tal
preparaba las cosas, la cocina se veía muy ordenada y limpia , no pareciera haber sido
utilizada para preparar un pastel. Me quede sorprendido, yo no soy tan ordenado, mi
ropa siempre termina cubierta de harina y de mezcla, incluso por cocoa. En cambio ella
se veía tan arreglada y pulcra como siempre.

— ¿Cómo le haces? — Pregunte después de que terminara las instrucciones para


hornear el pastel de chocolate y plátano.
— ¿Hacer qué? — Pregunto curiosa, llevaba en su mano izquierda un guante de cocina
para evitar quemarse con lo caliente del horno.

—Ser tan limpia y ordenada, no te ensuciaste. No haces desastre en la cocina, realmente


es sorprendente. ¿Es parte de ser mitad vampiro? — Pregunte divertido, ahora podía
decirlo a la ligera, siendo que en el pasado me hubiese mordido la lengua para evitar
decir sarta de estupideces, ahora esto es tan normal, que no le doy importancia.
—No es por esto, simplemente me agrada ser ordenada, además de que lo tengo en mis
genes. Soy chica, nosotros somos más ordenadas que ustedes— Beso la punta de mi
nariz y se alejó de mí riendo ligeramente. La seguí rodeándola por la cintura con ambos
brazos. Ella se sorprendió pero se dejó llevar por mi agarre.

— ¿Keith, que haces? — Yo sonreí divertido jalándola a la sala.


—Nada ¿Qué no puedo ser un novio cariñoso? — Respondí mirándole pícaro. Sus
mejillas se sonrojaron, y yo no pude evitar suspirar sin soltarla.
—Cuando termines de hornear ese delicioso pastel. Mientras esperamos a que esto se
enfriara, ¿podrías acompañarme al centro? Tengo que comprar unos tenis para correr—
Mi linda novia me miro alzando una ceja confundida pero a la vez curiosa.
— ¿Para? — Supongo que se refería a los zapatos tenis.
—Oh, tú no sabes. No te he contado, cierto— me excuse.

—Veras, yo quiero conseguir una buena Universidad para continuar estudiando— Illian
asintió alzando una ceja, pero se mantuvo callada escuchándome.
—No creas que me iré, estoy bien aquí. Tal vez mudarme a Vancouver, pero lo dudo.
No me importa lo único que quiero es conseguir una beca para seguir estudiando. Tengo
el tiempo encima y la única forma de conseguirla sin tener que pagar una exageración
monetaria— Esta vez mi novia interrumpió.
— ¿Qué es lo que piensas hacer? — Yo le hice una señal para que me dejara continuar.
—A eso voy, veras. Es difícil conseguirla a menos de que tengas un promedio de
excelencia académica como la obtuvo seguramente mi hermana Jessica. Si no es por
eso, ya sabes están las artes, deportes— Ella sonrió ampliamente.
—Genial, podrás demostrarles que bueno eres con la guitarra, deberías ser músico. Eres
bueno en ello— Me apoyo, yo negué.

—El grupo está lleno, y la única opción que me quedo es atletismo— Suspire resignado,
ella me miro algo decepcionada pero asintió.
—Y por eso, es que necesitas los mejores tenis que hayan en la tienda— Sonrió
ampliamente besando mi mejilla, es curioso que a pesar de que pensara que soy lento y
débil me apoye, lo hace por quedar bien seguramente, es mi novia ¿qué otra cosa puede
ser? El pastel término de hornearse huele delicioso, pero tenemos que esperar para
poder comerlo.

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—Bien Keith, podremos ir en mi auto— Sonrió mostrándome sus llaves, las cuales
tome de inmediato, tenía muchas ganas de conducir un auto, en un futuro podría
comprarme uno nuevamente. Vendí uno que me había regalado. Si lo sé, soy un tonto.
Subimos al auto, listos para visitar todas las tiendas del centro de Penticton, esperaba
conseguir a un buen precio la ropa necesaria para la prueba física de mañana. No estoy
acostumbrado a usar esta clase de ropa, pants, camisetas y sudaderas para llenarlas de
sudor no estaba en mis planes hasta hoy.

— ¿Nervioso Keith? — Pregunto Illian curiosa acercando su mano a la palanca de


velocidades.
— ¿Por qué habría de estarlo? — Pregunte alzando una ceja, sin quitar la vista del
camino.
—Estas muy callado, tu no sueles ser así— Comento divertida.
—Tiene tiempo que no conduzco y cuando lo hago suelo no hablar mucho— A decir
verdad, lo que pasa es que no me siento cómodo del todo dentro de este auto, está muy
pequeño y por más que allá hecho hacia atrás el asiento del conductor mis piernas están
muy flexionadas.

— ¿Te he dicho, que te ves adorable conduciendo un mini Cooper? Pareces un conejo
dentro de una pequeña jaula— Rio divertida. Yo solo hice una mueca y exhale.
—Recuérdame conseguir un auto más adecuado a tu tamaño— De inmediato dijo, a
manera de broma, sin poder evitarlo.
—Este está perfecto, se adecua muy bien a tu diminuto tamaño— Reí de forma
maliciosa. Después de un divertido camino al centro, finalmente llegamos a una tienda
donde vendían artículos deportivos. Todo tiene un precio algo elevado, la única cosa
donde sé que vale la pena invertir es en un par de tenis nuevos, estos son aerodinámicos
y los mejores que podrían tener, Illian insistió en que me los probara.
—Tienes unos pies muy grandes— Sonrió divertida colocando su pie a mi lado. Los de
Illian son del número tres, es muy pequeña en cambio yo calzo del ocho y medio desde
hace un par de años.

— ¿Comparados con qué? Si es con los tuyos como no— Me burle tomando sus
pequeños piecitos descalzos para hacerle cosquillas. Illian trato de zafarse de mi agarre,
no podía. No hay escapatoria pensé malicioso.
El chico envolvió las cosas que necesitaba para la prueba de mañana, pague solo
doscientos dólares con todo lo que había tomado.
—Listo— exclame tomando la bolsa. Illian no compro nada, ella era más feliz
comprando ropa en otra clase de tiendas, los artículos deportivos no van con su
personalidad, ni con la mía pero aquí estoy.
— ¿Tienes hambre? — pregunte curioso, deseaba invitarla a cenar, ella asintió pero
dijo.

—Se me antoja algo de comida china. Si es para llevar mejor— Tomo mi brazo para
recargarse sobre mi hombro o hasta donde me lograba alcanzar.
Caminamos hasta un pequeño restaurante de comida china, menos mal esta es comida
exprés mucho más rápida y eficiente en ocasiones que la misma comida rápida como las
hamburguesas y la pizza. Nos atendieron de inmediato, la comida fue para llevar. Illian
se encargó de cargar la bolsa con las cajas de comida dentro, ella pidió pato a la naranja
agridulce y yo algo de arroz frito con cerdo, ambos quisimos rollos primavera la orden
tenía cinco por lo que al final debíamos repartirnos uno a la mitad, por mí no habría

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problema, no pienso darle todo el rollo. De regreso en casa de Illian decidimos comer,
eso fue lo primero que hicimos, de postre nos deleitamos con el delicioso pastel que
había preparado un par de horas antes. Huele delicioso y sabe mejor, vaya que cuenta
con un buen toque, quede muy satisfecho con todo esto. Lo único que quería hacer
ahora, era echarme en el sofá para dormir. Estaba muy cansado y mañana debía
despertarme temprano para la prueba de atletismo.

—Puedes dormir en mi cama. Descansa Keith— Sonrió besando mi frente cuando me


negué a acompañarla. Illian se fe pero minutos más tarde regreso con una almohada y
un cobertor, hacia un poco de frio.
—Eres muy amable. Nos vemos mañana, me despiertas temprano— Le pedí algo
avergonzado, no llevaba mi reloj despertador y la única forma de despertarme a tiempo
seria que ella me avisara cuando despertar. Me conocía y no tenía fuerza de voluntad
necesaria para hacerlo por mí mismo.

—Hasta mañana, descansa Illian— Ella se despidió pasando una mano por mi cabello.
La bese con ternura antes de que se fuera hacia su habitación.
—Te Amo— Suspire antes de quedarme dormido en el sofá.

A la mañana siguiente Illian me despertó bastante temprano eran las 5:45 am, y había
intentado levantarme minutos atrás. Aun ni siquiera amanecía, pero mi novia parecía
estar fresca y muy activa desde temprano. En cambio yo tenía una cara de sueño y de
flojera que no podía con ella.
—Te dije temprano, pero no tanto— Me queje cuando ella decidió quitarme el cobertor
para decir.

—Despierta chico dormilón. Tiempo de levantarse para la prueba— Se escuchaba tan


entusiasmada que pareciera la prueba la haría ella y no yo.
—Es a las 9:00 am no a las 7:00 am— Le reproche haciendo una mueca.
—Aun así, debes ducharte, cambiarte, desayunar y salir a trotar paraqué estires las
piernas antes de presentarte a la prueba. No puedes llegar así nada más, hay que calentar
antes— Sonrió revolviendo mi cabello besando mi frente. No dije nada más, me termine
de despertar estirándome y bostezando fuertemente para quitar este sueño que aun
pesaba sobre mi cuerpo. Talle mis ojos y recibí en el rostro una toalla para ducharme.
—Que delicadeza— Comente después de escuchar la risa divertida de mi novia.
—Quiero que despiertes, será una pena que te haogues en la tina de baño. Oh te caigas y
resbales mientras te duchas por no estar bien despierto—
Sonrió divertida robándome un cariñoso beso.

—Vamos adelante, ya conoces el camino— Me entrego la bolsa con la ropa que


habíamos comprado, el resto de mi ropa interior la tenía en su habitación. Esta no era la
primera vez que dormía en su casa, los fines de semana solíamos ver películas que
rentábamos en el videoclub, y las noches de terror debía quedarme para evitar que mi
novia tuviera pesadillas, con la única condición de dormir en el sofá. No me sentía del
todo cómodo compartiendo cama con ella, desconozco la razón. Podría ser por el
compromiso que implicada dormir juntos, y aun me siento inmaduro para ese tipo de
relación, no creo que lo comprendan pero...

Entre en la regadera, no quería perder tiempo en la tina ducharme de pie fue la solución.
El agua estaba muy caliente, menos mal pero si deseaba mantenerme despierto por el

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resto de la mañana antes de presentarme en la pista de la Preparatoria Ellis, debía
despertar por completo. Abrí el agua fría lo cual me hizo gritar y a la vez despertar de
inmediato. Salí temblando de frio.

—Listo, lo que sigue— Exhale secando mi largo cabello y después el resto de mi


cuerpo, ahora comprendía por qué las chicas tardaban tanto arreglándose, mantener una
larga cabellera quita bastante tiempo y más cuando tratas de ordenarlo para que no se
vea despeinado. Solo me hacían falta mis zapatos tenis, y estaba listo. Si quedaba en el
equipo seguramente me tendrían que dar o vender un uniforme si no siempre podría
conservar este conjunto de pants color gris. Salí del baño vestido y listo, baje las
escaleras corriendo esperando no ser tan torpe como para tropezar y caer por ellas.
Entre a la cocina sentándome en el comedor de la esquina a lado de la barra, donde
Illian suele preparar la comida.

—Vaya eres muy rápido— Sonrió preparando omeletts de huevo con champiñones y
queso. Olían realmente deliciosos, quería serle de ayuda. Me levante para ver en que
podría ser bueno.
—Saca naranjas del refrigerador, te gusta el jugo fresco así que tú lo exprimirás—
Sonrió divertida dándole una vuelta en el aire al segundo omelette al ser huevo, este se
cocinaba rápido.

— ¡Ya te gane!— Exclamo divertida mirando como apenas yo me dedicaba a partir las
naranjas que antes tuve que lavar para exprimirlas en el procesador de jugos cítricos.
—Es trampa, yo antes tuve que ducharme— La mire entrecerrando los ojos.
—Oh, si no fueras tan perezoso lo habrías hecho antes— Sonrió divertida con un toque
de picardía que podía percibirse por su sonrisa y esa mirada seductora.
—Ok, ya termino— Le dije. El desayuno estaba listo sobre la mesa, mi linda novia se
sentó ya que tenía todo listo para acompañar a nuestros omeletts y un poco de yogurt
con fruta. Serví el jugo recién exprimido dentro de una jarra, tuve que utilizar como una
docena de naranjas para poco más de un mísero litro. Me senté frente a mi novia
mirándole divertido.

—Ahora si hora de comer— Ambos estábamos muy callados, deseaba beber algo de
café, pero ella se negó a servirme. Tenía que estar fresco para la prueba y la cafeína solo
me alteraría o esto es lo que dijo Illian. Terminamos de desayunar a las 7:00 am,
quedaban dos horas para la prueba unos veinte minutos para reposar la comida y el resto
calentaría como me recomendó mi novia.

Illian subió las escaleras, dejándome en la sala solo. No tenía idea de que era lo que
planeaba pero debía apurarme para salir a trotar antes de presentarme en la pista. Estaba
a punto de marcharme cuando escuche a Illian bajar las escaleras, se veía muy hermosa
en esa ropa deportiva algo ajustada que marcaba su figura haciéndola ver aún más sexy
de lo que ya era. Me quede sorprendido, solo en una ocasión la había visto en esta clase
de ropa, el día que pintamos mi habitación en La Posada, llevaba un corto short que no
podía quitarme de la cabeza. Mordí mi labio inferior de solo recordarla, Illian me miro
por que se sonrojo desviando la mirada apenada.

Yo hice lo mismo, me apenaba que pensara que era una clase de chico puberto
pervertido, cuando en realidad solamente esta es una acción normal. Sentir curiosidad
acerca de muchas cosas, es algo que a cualquier puede sucederle, no dudo que ella

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también tenga esta clase de pensamientos conmigo, sino porque me propuse darle tal
regalo de recompensa en nuestro primer aniversario. Y de un mes, no año. Las chicas
también tienen pensamientos perversos con nosotros.

—Hora de ir a trotar— Sonrió divertida jalando mi mano para qué saliéramos juntos. La
seguí riendo, y después empezamos a calentar haciendo estiramientos, unas cuantas
rutinas sencillas y después a trotar por el bosque dirigiéndonos hacia el centro de
Penticton. Solo estuvimos en movimiento por unos cuantos minutos, ella creyó que era
mala idea desgastar mi cuerpo antes de que iniciara la prueba, debía estar fresco.
Insistió para llevarme en su auto, tenía razón. Me presente puntual, le pedí a Illian que
no se presentara conmigo o me pondría nervioso, ella hizo una mueca pero se despidió
de mi besando mi frente y ambas mejillas deseándome suerte de forma dulce, la vería
más tarde en la Posada, después de todo ella también tenía cosas que hacer.

Me presente puntual con ropa deportiva y cómoda, un par de tenis especiales para
correr, todo estaba listo. Sin poderlo evitar me sentía muy nervioso, espere a que la
paloma me ayudara, y con ello no hablo precisamente del espíritu santo. En la pista se
encontraba el resto de los chicos que deseaban formar parte del equipo de atletismo. Los
mire curioso, todos ellos se veían mucho más fuertes y hábiles que yo, no tenía
oportunidad, pero aun así decidí a participar en cada una de las categorías. Fui
seleccionado, tal vez no haya sido el mejor de todos pero estuve dentro de los mejores y
por ello de inmediato fui elegido. Ni siquiera tuve que esperar resultados el entrenador
de inmediato fue descartando a los chicos que no cumplían con sus expectativas.

Después de todo si era veloz, la categoría en la que mejor me fue en carrera de relevos,
al saltar obstáculos fui el más hábil, lo hacía con gracia cuando no creí tenerla. Los
chicos con los que forme parte del equipo, todos fuimos elegidos, los afortunados. Si mi
novia pudiera verme no creería que el chico que corría y saltaba no era yo, al parecer no
soy tan torpe como creí o podría ser que la suerte esta de mi lado por el día de hoy, justo
lo que necesitaba una racha de buena suerte. Al final solo fuimos cuatro los que
selecciono, más los que ya estaban dentro desde mucho antes. El equipo estaba
conformado con ocho miembros.

Tenía una clase extra, si es que a tomar un deporte como actividad extracurricular se le
puede llamar clase, ahora tendría menos tiempo para trabajar, debía hablar con mi jefa,
se enfadaría o podría comprender la situación como fuera, esto era importante y al final
termine haciendo lo que quise. Después de terminar de hablar con el entrenador todos
nos pasamos a retirar, tenía un par de horas libres antes de iniciar clases ya que no
tendría por hoy la clase de biología, aproveche el tiempo muerto para ir al trabajo y
hablar con Kathrina, ella comprendió y a pesar de estar un poco molesta por no haberle
dicho nada antes me agradeció el que le avisara, ahora tendría que contratar a otro chico
que fuera mi reemplazo, ya que estaba oficialmente despedido. Me sorprendí por lo
crudo que se escuchó, no hice otra cosa más que encogerme de hombros suspirando.

Fue tanta mi sorpresa que decidí volver a casa temprano, me sentí mal por esto. Regrese
a la posada con la esperanza de hablar con Illian, le daría una mala y una buena noticia.
No estaba molesto con Kathrina aun seguíamos siendo amigos, pero no podría mantener
dos compromisos a la vez, esto era demasiado para mí. Ella tuvo sus razones y vaya
buenas razones para despedirme, no le convenía a ella ni a mi partirme en dos para
compromisos que no podría cumplir, quedaría al final mal en ambos.

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Al llegar a la posada note que alguien se había estacionado justo donde pensaba dejar
mi preciosa motocicleta, ahora la apreciaba más que nada, Kathrina decidió regalármela
como liquidación y me dijo que cuando necesitara algo aún podría buscarle, nuestra
amistad seguiría me deseo suerte en mis nuevos proyectos y agradecí alegremente sus
buenos deseos con un fuerte abrazo. Un bocho escarabajo estacionado obstruía mi lugar,
era Destiny así que solo por ello la perdonaba.

En vez de alegrarme un mal presentimiento me invadió, un escalofrió recorrió mi


espalda. Deje la Honda a un lado y entre normal a la posada. Me preguntaba por qué me
sentía así de extraño, como si algo muy malo estuviera a punto de ocurrir. Subí las
escaleras hacia mi habitación corriendo sin importarme lo que pudiera gritarme el viejo
casero, que no tardo en salir del mostrador para alzar su puño al aire gritándome furioso,
que arruinaría su piso. Llegue a mi habitación, sorprendido al notar que la puerta se
encontraba abierta, por lo general yo cerraba con llave para evitar algún “extravió”,
dudaba que el Señor Benson fuera deshonesto pero más vale ser prevenido, no tenía
idea de cuantos nuevos inquilinos había desde mi llegada. Entre sintiéndome mucho
más nervioso, de lo que ya me encontraba.

— ¡Aquí estas!— Exclamo Destiny con una sonrisa en el rostro, no pude visualizar de
sobresalto quien era la persona que se encontraba sobre mi cama. Algo apestaba y no
tenía idea de que era, todo esto era tan confuso.

Enseguida voltee y no pude evitar reprimir un grito de sorpresa, mis ojos estaban
abiertos ante la sorpresa. No podía evitarlo, me puse pálido y sentí que el piso se movía.
Mi hermana se encontraba sentada en la orilla de la cama cambiando a un bebe, que
emitía aquel apestoso olor. Hice una mueca, no sabía si acercarme a ellos o darme
media vuelta y salir por donde entre, seguramente ya me había escuchado fue
demasiado tarde. Volteo mirándome sorprendida, yo le mire de igual forma.

— ¡John! — Exclamo con alegría dejando el pañal sucio del bebe a un lado antes de
abrazarme, correspondí a su abrazo sin poder decirle nada, me tomo por sorpresa, estaba
atónito. ¿Qué podría decirle? No tenía ni la menor idea de cómo reaccionar ante esta
situación. Destiny alcanzo a detenerme del hombro seguramente creía que podría
desmayarme o no lo sé, se hizo un lado cuando mi efusiva hermana se lanzó sobre mí.
¿Cómo es que Jessica llego aquí? ¿Cómo me encontró? ¿Qué hacia Destiny en mi
habitación? Estas y otras preguntas inundaban mi cabeza con confusión y sorpresa,
miedo entre otras cosas.

— ¿Cómo estás?— Pregunto preocupada separándose de mi observándome como si


tuviera algo extraño, mi amiga se encontraba en silencio solo observándonos.
—Bien— Fue lo único que pude decir, de repente su aptitud cambio drásticamente.
—Así que aquí es donde te escondes hermanito. ¡Eres un maldito desconsiderado!—
Exclamo molesta, esto me impacto aun no lograba asimilarlo. ¿Esto podría ser real? Oh
se trataba de una más de mis pesadillas. No, esto en verdad ocurría ¿Cómo es posible?
Se suponía que debieron haberme olvidado y jamás encontrado, creer que estaba muerto
o desaparecido, es más que obvio que no volvería nunca, no después de todo por lo que
pase para llegar tan lejos y empezar de cero.

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— ¿Yo? Es difícil de explicar— Pronuncie algo nervioso, él bebe empezó a llorar a
causa de los gritos de mi hermana, esta de inmediato corrió para terminar de cambiar el
pañal, Dest corrió en su ayuda ofreciéndose a atender al bebe, Jess negó y se hizo cargo.
—Vete Jessica y llévate a esa pequeña cosa contigo— Le dije de mala gana cuando ella
me grito, no era nadie para gritarme. Ok, si puede hacerlo, ella es mi hermana mayor,
pero eso no le daba derecho. Mi amiga me lanzo una mirada asesina por mi acción.
Intente controlarme para no explotar. Mi hermana me miro impactada, con odio y de la
nada sus ojos se llenaron de lágrimas, sin decir nada, de nuevo se arrojó sobre mí para
rodearme con sus brazos mientras besaba mi frente y ambas mejillas, acariciando
suavemente mi cabello con sus manos.
—Hermanito, dime ¿Que paso, que te hicieron?— Fueron sus palabras que llevaban
consigo sentimientos encontrados ¿Y cómo no? Me dejo respirar hice un gesto de dolor
por que aun me sentía adolorido, ella no debía saber que paso. Empezó a cuestionarme
nuevamente después del respiro pasajero.

—Creímos que habías bueno tu sabes… muueerto— Su voz titubeaba a pesar de salir en
forma de susurro seguramente hablaba en este tono por el niño. Limpio sus lágrimas con
la manga de su suéter, no dije nada y aun trataba de asimilar lo que veían mis ojos.
—John, por favor compréndenos. No teníamos idea de cómo encontrarte te buscamos
por todos lados. Solo huiste ¿Por qué lo hiciste?— Trate de tranquilizarme para
contestar y explicarle todo pero me era imposible.

—Yo no hui— Mentira, pensé para mis adentros.


—Qué más da si ustedes me han olvidado. Marion me traiciono ¿Y qué quieres que
haga ahora volver como si nada? Puedo cuidarme por mí mismo. No los necesito— Ella
me vio sorprendida por lo que decía si algo nos enseñó nuestra familia fue que no había
nada más importante que esto; Familia. No tenía ni la menor idea de que decirle, solo se
me ocurrió culpar a Marion cuando ella no tenía nada que ver ¿Qué otra cosa podría
decirle? Nada, no tenía idea de que hacer o que decir. Estaba perdido.

—Creo, que será mejor que me vaya— Murmuro Destiny a lo que yo negué, mi
hermana hizo lo mismo, Dest exhalo.
—Explícate— Coloco ambas manos a sus costados mirándome entrecerrando los ojos.
—Eres pésimo mintiendo Johnny así que será mejor que confieses, ¿Por qué rayos te
fuiste? —

— ¿Tu lo sabías? — Llevo ambas manos a sus labios abriendo los ojos de par en par
mirándome con sorpresa.
—Los apoyaríamos, saldríamos de esto juntos. ¿Qué es a lo que le tienes miedo? —
Negó acercándose a mí.

—Sé que el ser padre no es sencillo, no todo en la vida es como uno lo planea a veces
las cosas cambian. Como yo por ejemplo que no estudie medicina, al final decidí que la
psicóloga era lo que más necesitamos en este momento. Sé que esto es difícil y que
estas asustado— No tenía ni la menor idea de que rayos estaba diciéndome ¿Ser padre?
¿Que tenía ver una cosa con la otra? No estábamos sintonizados ella decía algo y yo
otra cosa, por lo que le hice un ademan para que se detuviera.
—Creo que es hora de irme— Dijo algo sorprendida, y nuevamente Jessica y yo
negamos.

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—Espera… ¿De qué rayos estás hablando? No te entiendo nada, espera… ¿De quién
es ese niño?— Lo señale, el pequeño bodoque me veía con sus enormes ojos azules
sonriendo como si esto fuese divertido. Mi hermana suspiro y coloco una mano sobre
mi hombro.

—Es tu hijo— A lo que yo reaccione con una risa divertida.


—Esto es un mal sueño, estas bromeando. Tú no estás aquí, despertare de mi camita y
todo volverá a ser como antes— Me fui a acostar a la cama cerrando los ojos, el bebe
gateo hacia mí para jalar mi cabello. Esto no era un sueño, era real. Me levante del
sobresalto mirando al bebe, era idéntico a…
—John es idéntico a ti, solo que en rubio. Míralo que hermoso es— Sonrió acercándose
a ambos. Ahora el sorprendido era yo. Destiny puso los ojos como platos, creo que
incluso empalideció.

—Dime, ¿Huiste por esto? Lo superaras. Carga a tu hijo— Me miro de forma tranquila
acercándolo a mis brazos, lo dejo en ellos. Esto era de lo más extraño, yo no podía ser
padre. Soy muy pequeño para esto, ni siquiera he madurado, después de esto mi vida no
volvería a ser la misma. Trague saliva al tener al pequeño en mis brazos, es muy lindo y
alza su pequeña manita para tratar de alcanzar mi larga cabellera castaña. En cambio su
cabello es escaso y rubio, tiene unas mejillas rosadas y una piel muy suave, es un bebe
de pocos meses. Trate de hacer mis cuentas de forma mental, debía ser. Es muy
pequeño y lo han traído de muy lejos para que pueda conocerlo.

— ¿Cuál es su nombre? — Pregunte tranquilo, aunque esto pareciera parte de un mal


sueño, tan malo no era. Mi instinto paterno se activó a los diecisiete. Me preguntaba que
había sido de la madre, Marion. ¿Acaso aun sentía algo por mí? Tenía miedo de tantas
cosas, entre ellas por esta sorprendente noticia y de que algo malo pudiera pasar, Illian.
Ella no sabía esto, me mataría si se entera, lo peor es Marion me asesinara si se entera
que estoy con otra. Oh joder, tengo tantas cosas en las cuales pensar. La escuela es lo de
menos, ahora existen otras prioridades. Que rápido pueden cambiar las decisiones de
una persona en esta clase de situaciones.
—Caesar— Acaricio su manita.

—Ahora explícame ¿Qué fue lo que realmente paso? Todo, no omitas detalles tenemos
tiempo para hablar. Dejare de molestarte con preguntas si empiezas a dar respuestas.
Papá y mamá están muy preocupados, Marion también lo estaba y ahora…— Dejo salir
un suspiro de resignación se calmó un poco para continuar parecía que rompería en
llanto de nuevo. En cambio continúo hablando antes de que yo pudiera agregar algo.
—Me alegra haberte encontrado, perdimos la esperanza de que estuvieras vivo hasta
que localizamos tus papeles. Estudias, y aquí estas vivo. Me alegra que sea así— Yo me
quede helado al escucharla, ¿Qué es lo que podría decirles? Pensaran que estoy loco, no
lo estoy. No puedo decirles nada. No deben saberlo. A pesar de estar más tranquilo aun
trataba de asimilar algunas cosas, no podía negar que estaba preocupado por mis padres
y por la madre de Caesar. Continuaba amándola, puede que no como antes pero aun
sentía algo por ella y a pesar de que no fuera tan intenso como lo que ahora sentía
actualmente por Illian, dolía haberme ido sin despedirme.

—Es complicado— Exhale.


—John Keith Fenton Farrell. Te diré algo, todo es complicado en la vida. Deja de
quejarte y empieza a actuar, pero antes de cualquier otra cosa— Suspiro acercándose

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hacia mí. Asentí escuchándola, no deseaba respuestas, quería que hiciera algo. ¿Qué es
lo que se supone que deba hacer?

— No sé cómo explicarte esto, ¿Por dónde empezar? pero después de esa llamada—
Nuevamente hizo una pausa suspirando, solo me provocaba mayor nerviosismo, algo
muy malo se avecinada y yo no tenía idea de que rayos ocurría, ¿Ellos estarían bien?,
¿Mi familia estaría sanos y salvos?, por algo hui y si lo hice fue por ellos.
— ¡Habla de una buena vez, Jessica! — Por lo general, no llamaba por su nombre a mi
hermana, siempre le decía de cariño Jess, pero me encontraba demasiado exaltado como
para hacerlo.

—Espera. Te diré todo lo que no sabes. Todo lo que ocurrió incluso antes de que te
fueras, debes ser paciente y muy fuerte John— Otra pausa mas no podría soportarla.
—Antes de que Caesar naciera Marion enfermo, el nació antes de tiempo y es un
milagro que este sano y salvo. Estuvo semanas internadas bajo cuidados intensivos, se
recuperó pronto. Cuando te localizamos ella deseaba venir a buscarte, pero tenía otro
compromiso con sus padres. Tú nunca has sido una prioridad al menos no para ellos. La
graduación de su hijo es más importante que el haber encontrado al padre de su nieto, en
fin. Marion era la que más guardaba la esperanza de encontrarte con vida de nuevo,
deseaba que algún día pudieras conocer a tu hijo— Sonrió, aunque su cara denotaba
otro sentimiento, sufría y percibía dolor en sus palabras. Ella no solía hacer tantas
pausas al hablar, le dolía hacerlo, esto era tan difícil para ella como para mí el
escucharla.

—Lo que dijiste por teléfono le dolió mucho, así que no insistió más para venir a
buscarte. Ayer nuestros padres me localizaron en el hotel donde me hospede cuando
llegue a Vancouver, llamaron para informarme que la familia Foxworth fue asesinada al
salir de un restaurante en Inglaterra— Trago saliva al pronunciar aquellas palabras y yo
simplemente me quede sin habla. Destiny parecía querer dar su opinión pero se
reservaba este no era su problema y nosotros no queríamos que se fuera, como si al irse
la situación empeoraría. Esto era algo complicado, un tema delicado que debía tratarse
en familia y a pesar de que ella no fuera parte, a mi hermana le dio la confianza, que yo
no le permití, aun cuando se tratara de mi amiga más cercana, la única en realidad.
—Y si, entre ellos se encontraba Marion. No es mi intención que te culpes por lo que ha
ocurrido, pero es mejor que lo sepas. Caesar no lo sabe y eso no importa es un bebe aun
y no lo recordara, le hará falta su madre pero bueno… no podemos hacer nada al
respecto, al menos yo no pero tú sí. Solo debes volver a casa y hacerte cargo de la
responsabilidad que ahora tienes— Exhalo, no supe que decir.

—Caesar es un bebe que necesita de su padre. No estoy aquí para molestarte. Ni


siquiera mamá y papá me mandaron para buscarte, solo queremos saber que te
encuentras bien sin importar la razón por la cual huiste. Me alegra que estés vivo, sano
y salvo. No me queda más que decirte que nos tienes aun para apoyarte en todo.
Nuestros padres no pudieron venir porque papá como ya lo sabes no puede viajar,
mejora pero yo aún lo veo mal. Todo lo estamos, pero tratamos como podemos de ser
fuertes por el pequeño. Te extrañamos y necesitamos. Él te necesita Keith eres su padre.
Marion tuvo que contarnos todo cuando despertó, quiso decírtelo pero tú estabas
buscando venganza, nosotros tenemos la culpa por haberte enviado siendo un niño—
Agacho la cabeza sin decir nada más, su voz se fue apagando con cada oración. Yo solo
suspire llevando ambas manos a mi cabeza me dolía tanto no solo por el dolor físico,

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sino por el que llevaba sintiendo desde aquella vez, mi pecho ardía y no solo por los
moretones que aun llevaba sobre el cuerpo.

Mi gesto cambio de recelo a tristeza estaba destrozado por sus palabras, me dolía lo que
menos quería estaba ocurriendo los herí y en vez de hacerlos feliz solo les falle como
siempre. No tenía ganas de continuar deseaba morir, huir de este mundo cobardemente
y reencontrarme con Marion donde fuera que se encontrara ahora. Siempre supe que
una parte de mi murió el día que tome esa decisión, jamás volverá a ser el mismo. No lo
soporte más, empecé a llorar como nunca antes lo había hecho, sacaría todo lo
reprimido, que estuve guardando por tanto tiempo, esta era mi oportunidad para
deshaogarme, aunque sabía que la herida jamás cerraría.

Mi hermana me abrazo con fuerza, el dolor físico ya no sería más un problema


comparado con lo que sentía en este momento. Todo daba lo mismo y nada a la vez,
trate de zafarme de sus brazos, me daba asco el haber sido tan cobarde para no afrontar
esto de una forma madura. Huir no fue una solución, los abandone cuando más me
necesitaban. Jessica tomo asiento junto a mí en la cama, no dejo de abrazarme y al
igual que yo rompió en llanto. Después de unos minutos empecé a tranquilizarme a
pesar de no sentirme del todo bien, Dest salió de la habitación en algún con el momento
junto con él bebe. Deje de llorar por mi hermana, por mis padres, por Marion y sobre
todo por ese pequeño que era mi hijo. Tenía aun mis dudas, podría hacerme un examen
de ADN si era necesario para confirmarlo pero seguramente mis padres creían
ciegamente en las palabras de Marion, pero el solo hecho de pensar en que aquel niño
podría ser un monstruito como el imbécil al que asesine me hizo enfurecer. Lo menos
que podía hacer para mantener la memoria de Marion era cuidarlo aun cuando no fuera
mi hijo, me haría cargo de ese niño como ella lo hubiese deseado.

— ¿Te sientes mejor hermanito?— Me dijo con lágrimas en los ojos, yo solo asentí
limpiándome con las mangas de mi sudadera. Ya no tenía caso lamentarme por el
pasado, a pesar no desear sentir más dolor, ni continuar dañándolos. Mantenía una
buena vida en este momento repleto de ironías, por más cómoda que esto fuera no me
haría sentir mejor. Mi hermana hablo de nuevo al no escuchar nada más salir de mi
boca.

—Y bien ¿No hay nada que quieras decir, di algo lo que sea?—Eso se volvió algo
exigente trate de hablar pero mi garganta ardía al igual que mi alma.
—Que quieres que te diga excepto lo que ya sabes, tienes a un imbécil por hermano y
ese pobre niño tiene a un padre que no puede ni con su propia existencia. Como se
supone que cuide de otro ser humano cuando apenas y con lo que gano puedo
mantenerme— No pude decir nada más.

—Keith, sé que te esfuerzas y que no dejaste ni siquiera la escuela estamos orgullosos


de ti por eso. Damos gracias al haberte podido encontrar. Te apoyaremos para que sigas
adelante y sé que muy pronto ingresaras a una buena escuela. De momento
continuaremos cuidando del pequeño, si eso es lo que quieres. Así lo hemos hecho
desde que nació y así será Erick te manda muchos saludos. Él se encuentra fuera, ahora
que ingreso al ejercito— Suspiro un poco triste.

—Le alegra que estés vivo, y espera estarlo cuando te vuelva a ver— Hizo una mueca
de dolor, sabia cuanto mi hermana lo amaba y ahora él también se había ido, esto debía

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ser muy doloroso aun para la mas responsable de los Fenton. Antes de poderle dar
palabras de aliento respecto a mi mejor amigo, Destiny entro nuevamente en la
habitación con Caesar dormido en sus brazos. Jessica solía hablar demasiado, extrañaba
tanto escucharla de nuevo, continuaba sin saber que decirle, hasta que se me ocurrió
algo.

—Oh ya veo ¿Y tú, que tal Harvard?—


—Tal como lo soñé— Sonrió con orgullo, me alegraba mucho saber que al menos uno
de los dos cumplía con sus sueños, había olvidado cuales eran los míos. Suspire
sonriente aunque por dentro me sentía destrozado.
— ¿Y dime qué piensas de tu hijo? No es lindo es idéntico a ti pero en rubio. Marion
siempre decía que terminaría enamorándose de su hijo cuando este creciera, claro que
de broma— Rio divertida.

—Solo espero que Caesar no sea igual de despistado y testarudo como tú, eso sin
mencionar el manojo de nervios que eres— Rio más, mientras revolvía mi cabello, me
queje y ella negó.
—Por cierto me agrada tu nuevo estilo, hasta que estas a la moda. Te luce de maravilla
el cabello largo— Destiny solo rio y se acercó a nosotros con mi pequeño en brazos, me
ofreció pasármelo. Lo recibí con mucho cuidado, esto fue tan extraño era la primera vez
que cargaba a mi hijo y no tenía ni la menor idea de que sería lo que seguiría.
—Felicidades Señor Fenton tiene un hijo hermoso— Pronuncio Destiny con una sonrisa
a lo que yo me sonroje.

—No sé qué decir, sigo desconcertado con la noticia, no puedo creer que tenga… siento
que este es solo un sueño— Admití soltando un suspiro.
—Ya no soy un niño pero hacerme cargo de uno, sé que tuve la culpa y ya escuchare los
regaños de nuestros padres después— Exhale resignado.
—Tranquilo Keith ellos no dirán nada solo quieren que vuelvas, yo les dije que
esperaran a que terminaras la preparatoria en Canadá, y que sería mejor que volvieras a
Baltimore para poderte inscribir en la Universidad. Puede que no sea Harvard pero iras
a la Universidad— Sonrió efusiva abrazándome de costado para no despertar a Caesar.
—Sé que sigues mis pasos y deseas convertirte en médico. Espero que uno de los
Fenton vista de blanco y use zapatos de goma— Revolvió mi cabello como si fuera un
pequeño niño, yo solo sonreí y me defendí.

—Deja eso para tu sobrino, yo ya soy un hombre ham con un hijo así que eso ya no es
para mí— Sonreí orgulloso, pero a la vez hice una mueca. Estudiar medicina con un
hijo, debía estar bromeando.
—Sí que lo eres, pero aun así estudiaras aquello que deseas. Y jamás olvides que nunca
dejaras de ser mi hermanito menor—

Mi instinto paternal se activó desde el momento en que tuve a mi hijo en brazos. Caesar,
despertó mirándome con ese par de enormes ojos azul celeste, iguales a los míos a pesar
de esto su mirada era como la de Marion, aun le recordaba. Mi pequeño tomo uno de
mis dedos con fuerza con sus pequeñas manitas. En ese momento supe que la vida de mi
hijo dependía de mí y que mi mayor prioridad seria que él. Ahora tenía una causa por la
cual luchar. Se aferraba a mí y yo debía ser responsable ya que tenía una vida de la cual
hacerme cargo, fue aquel instante en que mi hijo se convirtió en lo más importante para

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mí. Sonreí besando su manita, lo arrulle para que pudiera conciliar el sueño de nuevo, el
cerro sus ojitos descansando tranquilamente entre mis brazos.

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Capítulo 17

Todo fue tan precipitado y confuso a la vez, no me quedo de otra más que la de
enfrentarlo y admitir que todo esto había sido culpa mía, a pesar de no tener ni la más
mínima respecto a la vida que tendría de ahora en adelante y a la dimensión de la
situación a la que me enfrentaría. En cuestión la parte complicada seria hablar con
Illian.

Difícil y si me ponía en su lugar seguramente podrían ocurrir dos cosas. Una que sería
no creer en mis palabras, pensaría que bromeaba y que nada de lo que digo es cierto,
conforme viera mi rostro se daría cuenta de la seriedad del asunto, podría incluso
reflejar temor ante ello y ante ella, temerle una vez más a la mujer que amo por aquello
a lo que hasta la fecha, no logro acostumbrarme o seguir adelante dejado todo a un lado.
Si ella podría comprender la magnitud de lo que vendría para mí, para ambos.

Debía irme dando a la idea de empezar por cambiar todo aquello que podría afectarle o
afectarnos, las cosas serían muy distintas a lo que era, pero juntos saldríamos de esto,
debíamos de intentarlo. Puede que me duela que ella no lo vea de esta forma, podría
superarlo o no, esto es mucho más complejo de lo que parece ni siquiera sé por dónde
iniciar. Jessica tenía pocos días en La Posada y desde su llegaba no había tenido tiempo
para visitar a mi novia, menos mal que sabía darme mi espacio por ello no me había ido
a visitar, ni siquiera me busco en la escuela supongo que ella debe pensar que ahora que
formo parte del equipo de atletismo de la escuela Ellis, tendré poco tiempo para verla,
seria sencillo buscarme en la Cafetería, al menos de esta forma ella podía verme trabajar
y comer mientras leía.

Jessica había pedido permiso este semestre para ayudar a su hermano menor con su hijo,
no tenía por qué hacerlo, no podía interferir en sus decisiones, ella quería enseñarme a
como ser padre y apoyarme al menos en este último año en la Preparatoria Ellis,
deseaba que consiguiera una beca como diera lugar para una buena Universidad así que
a cambio de que ella ayudara con Caesar, yo debía cumplir con mis deberes escolares,
¿ahora ven por qué siempre considere a mi hermana mayor como una madre? Los
entrenamientos de atletismo eran todos los días después de clases o incluso podía
entrenar un poco antes de que estas empezaran, no me gustaba esta opción ya que era
demasiado flojo para levantarme temprano. No hacia muchas preguntas a Jessica acerca
de mis padres, ni ella de por qué había huido, nuestras conversaciones se limitaban al
presente, menos mal.

Hoy es viernes el último día de la semana, doy gracias a que hoy es mi último día en la
escuela, termine agotado, llevaba un rato sin realizar ninguna actividad física, por lo que
esta semana se convirtió en un martirio. Sabía que con el pasar del tiempo, esto se
volvería algo rutinario y dejaría de sentirme tan agitado. En lo que eso llegaba debía
abstenerme a cumplir con mi deber y ser constante, curiosamente esta es la primera vez
que realmente soy constante en algo. Jessica solía decir que soy un holgazán que deja
todo a medias, no lo había visto de esa forma, pero que podía hacer no tenía tan fría la
cabeza para pensar en algo distinto a disfrutar de la vida. Cada decisión, cada acción
que hice me llevo a ser lo que soy ahora, y seguirán esos giros y cambios en mi vida
conforme lo continúe practicando, la vida se forja con cada pequeño detalle por más
insignificante que este parezca, en fin.

140
Me encontraba en la pista sumergido dentro de mis pensamientos una vez más como
suele pasar, una persona en las gradas llamo mi atención, no podía creerlo era ella.
Realmente Illian había venido a la escuela a buscarme, sonreí como un completo
imbécil alzando la mano para corresponder a su saludo. De inmediato me sonroje, me
encontraba en ropa deportiva muy apestosa y sudada, seguramente desde lejos podía
percibirlo. El entrenamiento término, di gracias a que no llego cuando practicaba el
saltar obstáculos o de haberla visto habría caído, y esto habría puesto final al respeto
que mis compañeros de equipo me tenían.

Fred es un chico rubio muy bien parecido, podría ser en cualquier escuela aquel típico
chico popular que podría formar parte del equipo de football, lacrosse, e incluso en un
lugar como este de hockey, pero en vez de ello estaba con el equipo más indiferente de
deportes de toda la escuela, después del equipo de ajedrez que también se encuentra
dentro de esta categoría el de atletismo es el que le sigue. En cuanto miro a Illian le
sonrió coqueto, a lo lejos y él le coqueteaba a mi novia, no los culpo ella es una criatura
hermosa, pero mía a fin de cuentas.

—Vaya que linda chica, ¿Quién es? ¿Le habías visto antes? — Aquel rubio el más
fornido de todos y además el mejor parecido, se encontraba en una charla con otro
colega, Edgar es después de mi el más alto de todos un chico moreno de cabello largo y
lacio color azabache que tiene finta de miembro de alguna banda de rock de garaje. Este
negó, ella veía intrigada aquella escena desde las gradas como si pudiese escuchar toda
esa palabrería, no pude evitar sentirme algo celoso, no es que desconfié de ella, pero al
ver a este chico y compararlo conmigo es inevitable pensar en otra cosa. No digo nada
solo me acerco a ella antes de que Fred la siga.
— ¡Hola! Illian, has venido a verme— Le sonreí estirando los brazos, en este momento
olvide la vergüenza que tenia de que mi novia me viera en pantalones deportivos
sudorosos.

—Aquí es donde estas, porque demonios. ¿No has ido a verme? — Hizo una mueca
pero correspondió a mi abrazo.
—He estado algo ocupado— Sonreí correspondiendo a su abrazo, haciéndole una seña
al rubio para que se alejara de mi novia, el solo alzo los brazos en señal de que no
intentaba nada, el otro chico se rio ante la escena y ambos se fueron sin decir nada.
—Espero que no sea buscando otra chica, oh tal vez eso es lo que debería hacer si
vuelves a desaparecerte de esa forma— Exhalo separándose de mí, llevando sus manos
a la cadera mirándome divertida.

—No, como crees. No es eso, lo que pasa es que tuve algunos cambios de planes—
Lleve mi mano al hombro acariciándolo, uno de los síntomas de que me encuentro muy
nervioso, ese junto el que me tiemblen las rodillas y me suden las palmas de las manos.
—Lo sé, tranquilo— Sonrió revolviendo mi cabello.

—No tiene nada que ver con el haber dejado de trabajar en la cafetería de Kathrina es
algo complicado— Exhale resignado agachando la cabeza, no sabía por dónde empezar,
debía pensar en algo bueno.
—Oh si no es eso, entonces dime de que se trata. Sabes que puedes confiar en mi—
Sonríe viéndome algo preocupada, tome su mano para besarla.
—Ya he terminado, podemos salir más tarde, tengo que arreglarme dudo que quieras
andar por haí con un novio sudoroso— Ella ríe y niega.

141
—No me importa que estés sudoroso, al contrario me agrada bastante. Hueles
exquisito— Lame sus labios mirándome perversa por lo que yo trago saliva mirándole
completamente sonrojado.
—Oh ok, lo tendré en cuanta para la próxima. Pero lo más conveniente sería que
volviéramos a casa. Yo te buscare más tarde, de acuerdo— Comente, antes debía saber
si mi hermana se encontraba dispuesta a hablar con mi nueva novia de la que no sabía
nada.

Días antes en lo que Jessica y yo hacíamos las compras en la pequeña de abarrotes de la


madre de Destiny, hable con ella para pedirle de favor que no abriera la boca aun de mi
nueva novia, gracias a mi hermana ella ya conocía la historia o al menos parte de esta y
entendió que se trataba de un tema delicado después de que la madre de Caesar acababa
de fallecer, eso era lo de menos pensé cuando me abrazo para hacer una señal de que
mantendría su boca cerrada , haciendo el ademan de cerrarlo con un cierre. A estas
alturas y mi amiga sin la menor idea, de aquella vida de la cual huía. Continuaba siendo
un chico normal que no ocultaba más secretos que los que ya había sacado a la luz mi
hermana, lo que ella no sabía es que detrás de todo esto, habían cosas que aun ni
siquiera yo comprendía. Serian secretos que me llevaría a la tumba y que jamás le
contaría a nadie, o al menos no conozco aun a alguien que me fomente la suficiente
confianza para abrir la boca, por el momento los mantendré dentro de mí.
—Te llevo— Me saco de mis pensamientos Illian, pasando su mano frente a mis ojos,
ya que me encontró como ido.

—Como divagas, te ves adorable pero me frustra que no me prestes atención cuando te
estoy hablando— Exhalo y sonrió amorosa.
—Tienes suerte de ser un encanto Keith Fenton— Apretó una de mis mejillas, ya me
encontraba de regreso pero esto me hizo reaccionar nuevamente.
— ¡Ouch! — Me queje acariciando mi mejilla magullada.
—Eres una nena— Rio divertida, le mire entrecerrando los ojos.
—Tú eres más nena— Ella asintió y dijo.

—Así debe ser, sería extraño que fuera al revés. ¿No? — Rio divertida una vez más.
—Bien tú ganas, y acerca de ir contigo en aquella pequeña jaula, no gracias. Traigo la
moto que me dio mi exjefa, así que te veo en casa. Gracias por venir— Le sonreí, ella
exhalo resignada y tome su mano para empezar a caminar.
—La encamino hasta el estacionamiento, es lo menor que puedo hacer. Démonos prisa,
solo me daré una ducha y te veré más tarde, ok— Ella asintió pero mordió su labio sin
poderse contener, creo que la ponía nerviosa, era verdad ese comentario de que mi
aroma le hacía sentirse diferente, no lo dijo tal cual pero podía percibirlo. Era distraído
muchas veces pero en esta clase de cosas ya tenía algo de experiencia.

— ¿Por qué no te duchas aquí? ¿No es más rápido? — Comento para distraerse, solía
cambiar de tema para evitar que lo notara, muy tarde ya la conocía, y no dudo que ella
desde que me conoció ya era todo un libro abierto para ella. No podía competir contra
una chica más perceptiva por naturaleza que un simple mortal.
— No me gusta que me vean, no me gusta ver a nadie. Cuando me ducho debo hacerlo
solo y ham solo me ducho en la escuela cuando de verdad es necesario, pero vivo cerca.
No hay problema— Ella sonrió divertida.

—Claro… Cerca, vivimos muy cerca— Usaba un tono sarcástico.

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—Bien, vivimos muy lejos, pero no permitiré que nadie me vea. Ok, eso es todo— Le
conteste serio, y ella guardo silencio. Fue un silencio muy incómodo hasta llevarla al
auto, tal vez pensó que me había enfadado. Para romper la tensión antes de que subiera
a este la bese, tomándola por la cintura, ella me rodeo por el cuello, aprovecho que
estaba lo bastante agachado para hacerlo. Mi mente se fue de nuevo, divagaba dentro
de mis pensamientos pensando en lo excitante que sería divertirse en el estacionamiento
de la escuela, dentro de aquel pequeño auto, incomodo pero realmente excitante. Negué
de inmediato y me separe, que rayos ocurría conmigo, debía dejar de hacerme preguntas
estúpidas y pensar en cosas que son más importantes.

—No vemos más tarde— Le sonreí, Illian asintió y cerró la puerta de su pequeño mini
Cooper.
—Más te vale que llegues, o te ira muy mal— Me amenazo y yo reí despidiéndome
cuando ella avanzo.
— ¡Llegare! — Le grite, y enseguida fui a buscar mi motocicleta, había dejado mis
cosas escolares dentro del casillero, no las necesitaría este fin de semana lo tendría libre,
sin tareas sin exámenes, un fin de semana bastante tranquilo, daba gracias a ello.

Llegue a la Posada gritándole a mi hermana que estaba en casa, no es realmente nuestra


casa pero bueno, lo hacía para sacar de quicio al casero, esto es divertido.
Lamentablemente de nada sirvió, el Señor Benson había salido de pesca al lago que
teníamos a unos cuantos metros, él tenía un amigo que vivía al otro lado del bosque, me
sorprendió que Illian no se lo hubiese cenado ya que vivían muy cerca, a ella le gustaba
la sangre de personas más jóvenes, entre más viejos más amarga y agria eso decía ella.
Por eso debía cuidarme, yo soy joven y por cómo me mira, siento que desea probarme,
y devorarme es fascinante pero a la vez da miedo, lo superare algún día. Jessica se
encontraba en la cocina preparando la comida junto a Destiny que le mostraba como
preparar estofado al estilo de su madre, Jessica nunca fue buena cocinando era tan mala
que incluso el agua se le quemaba, si es increíble pero una vez trato de preparar sopa y
se le reseco tanto ya que olvido apagar la estufa por pensar en entregar los libros de la
escuela, desde entonces mamá clasifico a mi hermana como un peligro para la cocina,
los únicos que sabíamos cocinar en casa éramos papá y yo, mamá también pero ella era
algo despistada y con mal sazón para la comida aunque papá admitía que no se había
enamorado de mi madre por como cocina, nos fascinaba aquel delicioso jamón que
cocinaba cada Navidad, y el pavo relleno de almendras y pasas bañando en jugo de
naranja que preparaba para el Día de Acción de Gracias.

Pobre de Erick algún día tendría que soportar a mi hermana si es que aun deseaba tener
planes de boda con ella, su madre cocina delicioso y él no come nada que sea verde o
que haya nacido de la tierra, es un carnívoro por naturaleza y a Jessica no le gusta de la
carne nada más que las aves y el pescado, las carnes rojas son malas por el Ácido Úrico
que contienen, por ello trata de evitarlas. Teme que algún día mi amigo se enferme de
gota por el exceso de carne que consume, pero eso lo ha hecho toda su vida y hasta
ahora que yo sepa él está sano, tanto que pudo incluso darse el lujo de enlistarse en el
ejército. Quien lo hubiera imaginado, aquel escuálido amigo, casi tan desgarbado como
yo, había pasado las pruebas para enlistarse y a juzgar por las fotografías que me
mostro Jessica él había cambiado bastante, la madurez llego a él antes que a mí, yo me
veía y me sentía un puberto apenas, aunque los últimos meses había cambiado un poco
me sentía aun un niño, solo por el cabello que me caía sobre los hombros, es lo único
distinto que tenia de ahí en fuera todo igual. En fin.

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Entro en la cocina llenando mis pulmones de aquel delicioso aroma que la enorme
cacerola expide. Destiny, tiene el mismo sazón que su madre. Sonrió divertido mirando
como mi hermana pica la verdura que va dentro, papás, zanahorias y otras cosas que no
logro identificar. Le aplaudo mirándole con malicia.

— ¡Bravo! Hasta que aprendes a cocinar Jess. Erick ya no tendrá que comprar comida
rápida cuando se casen— Rio divertido y mi amiga reprime una risita.
— ¡Cállate! — Se queja levantándose de la mesa para meterme una zanahoria sin picar
dentro de la boca.
—Así está mejor— Sonríe y noto que Caesar se encuentra en una sillita mirándonos
entretenido.

— ¿Te alegra que haya callado al parlanchín de tu padre?— Le hace una mueca
gracioso al bebe y este ríe, me mira y estira los brazos hacia mí. Es curioso que de una
forma tan rápida me haya encariñado de un niño que apenas y conozco, saco la
zanahoria de mi boca dejándola sobre la mesa y me acerco a él y trato de levantarlo.
Jessica niega haciendo una mueca de disgusto.

— ¡Iugh! Apestas John, ve inmediatamente a darte una ducha, con sosa si es necesario.
Pobre Caesar, dañaras su olfato. ¡Largo!— Me empuja fuera de la cocina, y yo como
puedo forcejeo.
— ¡Oye! Yo puedo solo, tranquila. Solo he venido a darme una ducha, debo salir pero
prometo regresar temprano, debo atender un asunto— Jessica me deja de empujar y me
ve con ambas manos sobre la cintura algo estricta.

—Todos los días estas fuera en la escuela, dedícale un tiempo a tu hijo, apenas y te
conoce, si no formas aquel lazo padre e hijo, no te reconocerá y serás un completo
desconocido para el— Sabia que muchas veces ella exageraba las cosas y que esto no
era posible, él me quería y dudaba que me fuera a desconocer, por favor es solo un
bebe.
—Mentirosa, no me desconocerá— Me queje y ella hizo una mueca.
—Bien, haz lo que quieras. Pero algún día te arrepentirás de no tomarte las cosas en
serio— Regreso a la cocina, exhale y camine escaleras arriba hacia mi habitación.

Tome una ducha rápida, lo suficiente para estar listo en menos de veinte minutos, bajo
corriendo las escaleras alegre por que el Señor Benson no ladra a levantarme la voz. Me
dirijo hacia mi motocicleta lista para montarla y dirigirme a casa de mi novia. Odiaba
tener que discutir con mi hermana y sobre todo cuando me llamaba la atención por no
tomarme en serio mis prioridades, tener novia era una de ellas, solo que ella no tiene ni
la menor idea. Llegue pronto a casa de Illian, tal y como se lo había prometido. Estoy
justo frente a su puerta pensando en tocar o no, mi mano aun ni siquiera se cierra para
rozar la madera con los nudillos. Sé que ella sabe que me encuentro cerca, me huele y
es extraño sentirse acechado por alguien a quien amas, o es acoso ni son celos es su
naturaleza distinta a la mía. Mis dientes tiemblan del frio que siento y mis rodillas a
causa de los nervios, mi respiración incluso parece agitada, no me sentía así desde hacía
mucho, pero el que Jessica y mi hijo se encuentren cerca de ella me hace temer. No me
costaría mucho esfuerzo enfrentarme a ella, no deseo hacerle daño eso es lo que pasa.
No tengo idea de que rayos sucede conmigo porque no toco la puerta, demasiado tarde
ella ya ha abierto. Me mira con aquellos ojos chocolate y una enorme sonrisa, sus labios

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están pitados de carmín, pareciera estar siempre lista y un paso adelante, pareciera que
me espera.

— ¡Keith eres tú!— Exclama con alegría, sé que por dentro ella sabía que no podría ser
alguien más, sus fosas nasales hacen un movimiento que pareciera me está acechando.
Tal vez nadie podría percibirlo, seré distraído pero tengo instinto cazador y sé que me
desea, de una y mil maneras. Esto me aterra debo confesarlo, ella lo sabe pero se hace
la tonta, ambos nos hacemos los tontos para no ofendernos. Su sonrisa constante como
siempre, me abraza y yo correspondo con un beso en la mejilla.

—Así es, aquí estoy. Tal y como lo prometí— Sonrió, aunque por dentro un mar de
sensaciones me invade, es hora de enfrentarme a ella y de decirle que es lo que ocurre, y
explicarle la razón por la cual me ausente toda la semana, al menos fue una semana y no
meses como antes ella solía hacerlo.
Sé que ella podrá percibir por mi tono y aquella mueca casi imperceptible que algo no
marcha muy bien, me encuentro algo nervioso. De inmediato se separa de mí y me ve
alzando una ceja, está preocupada.

— ¿Te encuentras bien? — Me lanzo sobre ella para darle un fuerte abrazo
aferrándome, no quiero que me deje, no deseo que se moleste, desearía que todo
volviera a ser lo de antes, no tanto pero lo suficiente para que mi familia no se hubiera
involucrado de nuevo, mi vida ya no es independiente, me han encontrado y sé que no
están de todo seguros, pagare por esto o puede que ellos lo hagan, deben huir y yo no
poder verles, por dónde empezar si abro la boca saldrán lastimados si no lo hago
lastimare a la persona a quien ahora es parte de mi vida. La única que me comprende y
que sabe todo acerca de mí, lo esencial. Aquel oscuro secreto que ambos compartimos
es parte de los dos, la amo y por ello debo abrir la boca decirle de una vez por todas que
su novio es el más grande imbécil de todos.

—Si— Miento, ella lo percibe, sin separarse de mí comenta.


—¿Por qué no me dices que ocurre? No parece que estés bien— Tomo un respiro y ella
duda más, se le nota.
—Veras— Ella toma de mi mano para jalarme a lasaña y que tome asiento, de
inmediato siento el peso de Yuki, se lanza a toda velocidad contra mí. Illian no puede
hacer nada, no puedo evitar sonreír por esto, me siento más tranquilo. Los tres tomamos
asiento. La enorme Golden Retriever se coloca a mi lado así que acaricio sus enormes
orejas, esta me babea las manos y su dueña hace una mueca de disgusto, la regaña y yo
sonrió callándola con un beso que corresponde gustosa.
—Te diré que ocurre— Interrumpo aquella muestra de cariño y ella asiente sonrojada.
Es increíble que a pesar de ser mitad vampiresa pueda bombear sangre cálida a través de
sus mejillas, son de un tono más tenue de lo que podrían ponerse las mías pero está viva
al fin de cuentas, es en parte humana y es por ello que deje de temerle.
—Eso espero— Murmura y espera a que yo abra la boca.

—Veras, mi hermana está en la Ciudad. Sé que esto es increíble, pero créeme cuando
digo que ella es lo de menos, tranquila ella no sabe nada aun— Ella hizo una mueca de
lo que al parecer es inconformidad tal vez a ella no le agrade el hecho de mantener
nuestra relación como un secreto, no debe comprender la complejidad acerca de ella. No

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es tan sencillo como parece ser, no cuando tú eres un humano de casta cazadora y ella
es en parte de aquellos seres a los que les damos caza.

—Ok, si ella no es tan importante. ¿A dónde quieres llegar? — Pregunto aun con esa
mueca y en un tono preocupado.
—Esto es muy delicado, espero me comprendas de verdad yo no tenia ni la mas mínima
idea de que— Illian no suele interrumpir pero esta vez no pudo evitarlo mirándome
confundida y algo molesta.

—Keith Fenton ya habla de una buena vez, ¿Qué ocurre? — Exhale resignado y le
conté toda la historia, acerca de Marion y por qué es que había huido de casa, lo que no
sabía antes de tomar esa decisión y que mi hermana había venido a informarme, ella se
encontraba en la Posada esperando por que volviera, debía darme prisa para evitar que
de nuevo Destiny la ayudara a encontrarme antes de presentarle a mi nueva novia debía
hablar con ambas por separado o esto se pondría muy feo.
Al terminar con mi relato Illian solo pudo hacer una cara de tristeza, me comprendía y
lo tomo mejor de lo que creí pudiera hacer. Sonreí abrazándola, ella correspondió
acariciando mi espalda.

—Tranquilo Keith. Entiendo, de verdad que comprendo. Debe ser difícil para ti
enterarte de esto y quiero que sepas que sin importar lo que venga yo aceptare tu
decisión— Esto parecía más una despedida que otra cosa, me separe de inmediato
mirándola.
— ¿Estas terminando conmigo? — Pregunte algo exaltado a lo que ella negó diciendo.
—No, pareciera que eso es lo que tú haces— Igualmente negué y ella sonrió.
—Entonces ¿Por qué lo dices en ese tono? — Ni siquiera tenía idea a lo que se refería
con el comentario.

—No tengo idea de que lo que tratas de decirme con ese comentario, pero ten por
seguro que no terminare contigo, no tengo por qué. Ahm siento que cada día que paso a
tu lado deseo estarlo, soy un chico enamorado, y tal vez sea precipitado, no recuerdo si
ya lo haya dicho antes pero te amo, de verdad lo hago— Trague saliva ya que no tenía
idea si esto era lo correcto, podría ofenderla o que se yo, a veces no comprendía a las
mujeres y vaya que Illian era algo compleja muy tierna pero puede que incluso fuera
más voluble que yo. Todo término mejor de lo que espere, regrese a la Posada, debía
presentarle a mi hermana mi nueva novia. Puede que haya sido una decisión precipitada
pero sería mejor ahora que nunca, además de que Destiny se encontraba con nosotros, y
dudaba que Jessica quisiera alterarse frente a alguien, el plan perfecto para evitar
situaciones incomodas y amargas, o al menos eso es lo que esperaba. Después de una
larga caminata finalmente llegamos a La Posada, el estofado olía delicioso apenas abría
la puerta para que Illian entrara cuando lo percibí. Como buen caballero deje que mi
novia entrara primero, caminamos hacia la cocina, el momento de enfrentarme a Jessica
había llegado, ahora o nunca, pensé decidido.

— ¡Jessica he vuelto! — Le sonrió y ella sale para ver que he llegado, sonría
ampliamente al ver a mi nueva novia.
—Lo tenías bien guardado hermanito— Se acerca a nosotros dándome un codazo por lo
que yo me quejo, se lanza sobre mi novia para darle un fuerte abrazo, todo marchaba
mejor de lo que espere.

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— ¿Te quedaras a cenar? — Pregunta mi hermana sonriente, Illian le ve sin comprender
del todo su comportamiento tan atento y lindo, lo que ella no sabe es que mi hermana no
tiene ni la menor idea de su condición por lo que actúa de esta forma. Ella asiente, y mi
hermana la toma de la mano llevándosela. Me dejan atrás, las sigo. Es extraño ver a mi
hermana actuar de esta forma después de lo que paso con la madre de Caesar. Al entrar
la mesa está siendo ordenada por Destiny, me molesta que haga todo esto por nosotros,
es mi amiga no la ama de llaves.

—Déjalo, yo terminare. Es lo menor que puedo hacer— Le sonrió y ella niega, pero le
hecho una mirada de pocos amigos así que finalmente se da por vencida y va a tomar
asiento a lado de mi hermana.
—Me han contado maravillas de ti ahm, ¿Illian? Cierto o acaso me equivoco— Jess,
jamás se equivoca. Suele preguntar más que preguntar confirmar información, es una
manía que tiene como muchas que yo me cargo. A ella parece que no quiere abrir la
boca para nada, es curioso ni siquiera sus colmillos son tan enormes, no tengo idea de
que tanto se preocupa. Otra de las cosas que me pregunto es…
— ¿Keith te ha hablado de mí? — Pregunta curiosa, voltea a verme divertida, parece
que cree que lo que le conté minutos atrás no fue más que una exageración, niego de
inmediato y Destiny alza la voz.

—Oh yo le conté a Jessy acerca de tu nueva novia— Sonríe hacia ambas y yo le miro
sorprendido, es curioso que pueda hablar cosas buenas de alguien que apenas y conoce
de vista, será que solo trata de ayudar.
—Oh bien— Murmuro para mí, Jessica niega y mira divertida a mi novia.
— ¿Por qué ocultar algo así? John eres un chico malo. Qué más da, no es como si me
fuera a molestar, me alegra que seas feliz— A veces mi hermana era tan emotiva que a
cualquiera que no la conociera creería que esta drogada o algo por el estilo, no existen
personas tan positivas en el mundo al menos no en el que yo conozco, solo mi hermana,
debe venir de un extraño planeta, de esta habitación es la que menos humana parece y
eso que ella es la mitad de uno.

—Quería, darte una sorpresa así que tada… Aquí esta ella— Hago una entrada y una
vocecilla un tanto infantil. Ella ríe pero sé que por dentro está casi tan confundida como
yo, ella por las cosas que le conté, tal vez crea que soy un exagerado, que me
avergüenza contarle a mi hermana sobre nuestra relación, oh que incluso he perdido la
cabeza e imagino cosas donde no las hay.

— ¿John? Regresa, baja de la luna y vuelve— Tenia años sin escuchar aquella frase.
—Aquí estoy Jess, no me he ido a ningún lado— Le contesto con el mismo tono infantil
que usa conmigo.
—Perfecto. Que empiece el interrogatorio— Finge una sonrisa malvada y las preguntas
comienzan. Menos mal que las evado quejándome diciéndole que muero de hambre.
—Es hora de cenar, cuando terminemos podemos iniciar. ¿Te parece?— Comento
tomando la olla donde se encuentra el estofado, hay elotes dorados tiernos y cocidos, un
pequeño recipiente con mantequilla dentro y bollos recién horneados, vaya que no los
había percibido. Siento que hace falta la presencia de alguien y al cuestionarme escucho
el grito de un bebe.
— ¡Caesar despertó! — Exclama Jessica que inmediatamente se levanta de su asiento
para ir por él, yo asigno y evito que lo haga. Ella nos ve sorprendida sin saber qué hacer,
pero me sigue.

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—Sera mejor que vayamos por el— Comenta dudosa, yo asiento y Jessica nos deja
subir por él bebe. Tomo la mano de Illian, me mira algo nerviosa, sus ojos me dicen
más que lo que pueda decirme con palabras, sé que siente miedo por él, no desea
hacerle daño y estoy más que seguro de que no lo hará.

—Tranquila, ahora lo conocerás— Exhalo y me detengo justo frente a las escaleras para
robarle un beso suave en los labios, me sigo hasta llegar a su frente y sonrió.
—No tengas miedo, todo va de maravilla. Jessica no sabe nada y dudo que intente algo,
le agradas— Ella asiente. Subimos las escaleras a paso ligero, no corrimos porque al
parecer mi novia quiere darse el tiempo para digerir todo esto, no la culpo. Hacia unos
cuantos momentos que ella no tenía ni la más mínima idea acerca de mi hijo, y ahora
estamos a unas cuantas habitaciones del lugar donde duerme.

Estamos justo frente a la puerta, ella espera a que yo del siguiente pasó y gire la chapa
de esta la percibo, algo ansiosa, muerde su labio inferior mirándome nerviosa.
—Calma, te encantara— Le sonrió ampliamente, un hormigueo me recorre, no puede
ser miedo, no le temo.

Caminamos hasta la cuna que compramos para Caesar, es de cedro y aun huele a
madera fresca, no soy muy bueno describiendo cosas como lo habrán notado, no nací
con el instinto femenino que les hace describir hasta las partículas de polvo que se
observan cuando un haz de luz del Sol pasa a través de la ventana, si he notado este
fenómeno es gracias a las descripciones de ciertos libros donde incluso describen esto,
aburrido. Las personas desean saber más allá de una descripción de partículas de polvo,
en un intento por tener empatía con la persona, que está detrás y más allá de las
partículas. En fin, cada quien y su vida para saber en qué enfocarse y en que no, si todos
nos guiáramos por lo mismo sería muy aburrida la vida. ¿No lo creen así?

— ¡Es hermoso! — Escucho un grito de emoción de parte de mi novia, no tengo idea de


cómo llego tan rápido al otro lado de la habitación, incluso ya tiene a mi hijo entre sus
brazos. Caesar le sonríe, lleva una de sus manitas hacia su cabello, tiene una cierta
fascinación por el cabello, creo que eso lo ha heredado de mí. Sonrió acercándome a
ellos, se ven tan lindos juntos, tomo a mi linda novia por la cintura observando la bella
escena formando parte de ella.

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Capítulo 18

Las siguientes semanas fueron mejor de lo que imagine, Jessica tuvo que irse de forma
inesperada a USA por asuntos escolares. No le hice caso a los detalles, siempre lo
mismo disculpa tras disculpa. Que no tenía idea de que yo la entendía y si debía irse no
importaba, Illian y yo podríamos hacernos cargo perfectamente del bebe. ¿Qué tan
difícil podría ser? Considerando que teníamos más de un mes haciéndonos cargo de él,
todo sería lo mismo solo que la tía estrella no se encontraría cerca para decirme, lo que
ya de antemano sé qué debo hacer. Illian salió de viaje para abastecerse de aquel líquido
vital que no podría continuar obteniendo de Penticton, debía ir más hacia el Sur o al
Norte para alimentarse, su viaje no duro más de un día en lo que ella se encontraba
fuera me di a la tarea de volver después de semanas de haber sido despedido de
Brownies & Muffins.

Llevaba a Caesar en una carriola, me veía un poco extraño, y había recorrido un enorme
camino desde La Posada hasta el centro de Penticton, en el transporte que esperamos
por más de veinte minutos a lado de la carretera tuvieron que esperar a que acomodara
la estorbosa carriola, pero ni loco pensaba llevarme a mi hijo pegado a mi pecho en un
canguro, luciría extraño, ya lo hacían al verme con un bebe en brazos y forcejeando con
una carriola que no deseaba ser desmontada. Lo logre finalmente gracias a la ayuda de
una buena señora que parecía ser experta en esto. Le agradecí con una cortes pero a la
vez avergonzada sonrisa. Caesar que se encontraba más que despierto balbuceaba como
si el también agradeciera que le hayan ayudado a su padre, esta se emocionó, me
recordó a mi hermana. Incluso se sentó a nuestro lado para continuar la extenuante
charla con un bebe, para tener unos cuantos meses ya se veía bastante grande de poco
más de un año.

El camino al Centro, fue más corto de lo que imagine, durante el trayecto una Señora
castaña y de largo cabello lacio, el cual llevaba suelto dejándolo caer hasta la cintura,
nos miró a ambos con una enorme sonrisa, sus ojos grisáceos muy brillantes la hacían
lucir más pálida de lo que era en realidad. Tomaba las manita de Caesar, cuando él se
estiraba para meter sus deditos dentro de mi nariz, odiaba que fuera tan escurridizo,
todo el tiempo estaba moviéndose, era casi imposible mantenerlo quieto. Margaret era
su nombre, ella creyó que se trataba de mi hermanito, no lo confirme ni tampoco lo
negué. Mejor mantenerme al margen, no por temor o vergüenza, solo que apenas y la
conocía, y no soy de la clase de personas que le cuentan su vida a la primera con la que
se topan en el camino. Siempre he preferido pasar desapercibido para no llamar tanto la
atención, es por esta razón que suelo entablar una conversación con personas que ya
conozco, soy un chico desconfiado porque suelo ser muy iluso y con cualquier cosa
pueden tomarme el pelo sin siquiera notarlo, reconozco mis errores y mis debilidades.

Todos los que me vieran junto con mi hijo pensarían seguramente que cuidaba a mi
pequeño hermano. Somos muy parecidos, esos enormes ojos color azul, sus facciones
tan finas y dulces, lo único que cambia es el color de su cabello, él es rubio y tiene unas
enormes mejillas rosadas. Es un bebe hermoso, lograba ganarse a cualquiera con su
ternura. Incluso a mí, antes de conocerlo los bebes y niños no eran de mi total agrado,
me daba miedo siquiera acerarme a ellos. Tan frágiles, pero desde el día en que levante
en brazos a la pequeña Liraly, tuve mayor confianza en mí para recibir a un niño en mis
brazos. Ahora daba gracias a que esta no era la primera vez que me hacía cargo de un
bebe, bueno en realidad si pero saben de qué hablo. No creí terminar de niñero, pero al

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menos Caesar es mi responsabilidad, es mi hijo, menos mal pensé suspirando. El
camión se estaciono frente a la alcaldía de Penticton, debía caminar unas cuantas calles
para llegar a mi antiguo trabajo. Margaret bajo solo para ayudarme a cargar a Caesar en
lo que yo tomaba la carriola, tan ostentosa y estorbosa, le agradecí amable y ella me
deseo suerte con el niño. Desmonte la carriola para dejar a Caesar dentro, sería la
primera y última vez que la traería cargando, prefería cargarlo. Cruzamos la calle
cuando el semáforo cambio a verde para peatones, el centro se veía tan vacío, podría
deberse a la hora o a que muchos habían salido a los poblados más cercanos por los
eventos que por estas fechas se acercaban.

Llegamos a Brownies & Muffins, tenía unas cuantas semanas sin pararme por aquí, al
entrar la campana que daba aviso de que un nuevo cliente estaba en camino, por si
Kathrina se encontraba dentro de la cocina horneando o decorando galletas y
panquecitos, mientras yo hacia la repartición de los pedidos por todo Penticton y sus
alrededores. Esta vez el lugar estaba repleto con todas las mesas llenas. Ya era bastante
tiempo el que tenía sin visitar este sitio, que ahora era mucho más amplio y totalmente
remodelado, el negocio creció, me daba gusto. Incluso los locales de a lado que estaban
vacíos, ahora estaban siendo ocupados por una clase de tienda de 99 centavos, y una
tintorería. Seguramente, era fue la razón por la que más personas curioseaban por la
zona, me alegro que el negocio fuera tan bien, camine hacia la caja arrastrando conmigo
la pesada carriola con Caesar en su interior, miraba todo a su alrededor, con sus
enormes y curiosos ojitos.

—Hola, ¿Que desea ordenar? — La voz de Illian salió del mostrador, la mire
sorprendido, no tenía idea que ella ahora trabajaba aquí.

— ¿Qué haces aquí? — Pregunte sobresaltado.


— ¿No es obvio? Trabajo aquí— Sonrió con su gorra color rosado con un panque
bordado, al igual que su nombre en un gafete que traía en su delantal del mismo color
que el resto de su uniforme. Me sorprendió que Kathrina los hubiera uniformado de un
color tan nena, tal vez deseaba dar un toque más dulce, pero tanto rosa empalagaba. Mi
novia no era la única que trabajaba en el recién remodelado lugar, y no dudaba que
dentro de la cocina tuvieran más personas trabajando. Vaya, pensé sorprendió. Sí que el
negocio ha crecido. Muy dentro de mí me sentí algo mal, tenía poco tiempo de haber
renunciado y las cosas parecían funcionar mejor sin que yo estuviera.
— ¿Desde cuándo? — Pregunte, mirándola tranquilo dejando de lado mis pensamientos
negativos, diría mi hermana.

—Desde hace algunos días, no te había dicho por qué no lo considere importante—
Alce una ceja y mire como Caesar estiraba las manitas hacia ella, él no podía verla pero
escuchaba su voz, ya lo tenía todo alborotado.
—Lo siento nene, pero ahora estoy trabajando. ¿Les consigo una mesa? — Yo negué y
exhale.

—Pediré algo para llevar, solo quise venir a visitar a Kathrina, creo que como veo las
cosas, necesitara nuevamente de la motocicleta— Apenas había terminado la frase
cuando la mire salir de la cocina con una charola de brownies que estaban decorados de
un color rosado, la veía bastante diferente, no lucia como mi exjefa. Esta era una mujer
sonriente vestida de rosa como el resto de sus empleados y con una enorme sonrisa de
oreja a oreja plagada de felicidad, y que llevaba en los ojos, sombras, Kathrina

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maquillada, eso sí que me saco de onda. Si no la conociera tan bien, diría que había algo
o alguien detrás de esto. Así fue, ha caído en las redes del amor, y ahora tenía un socio.

— ¡Keith! Milagro has regresado— Sonrió, y corrió para presentarme a su nuevo socio,
novio… como que sea. Le reconocí de alguna parte, antes de irme fue uno de los nuevos
distribuidores de la cafetería, note como ambos se coqueteaban, era de esperarse. El
sujeto no era feo, pero era mucho más bajo que ella, unos diez centímetros
aproximadamente. Su cabello color negro azabache y ojos castaños muy oscuros de tez
morena, me recordaba a mi compañero de la preparatoria de ascendencia india, no es
por discriminar pero juraría que es su padre o algún familiar, se parece bastante a él. Su
nombre es Rajesh lo recordé cuando me lo presento, siempre venia en busca de Kathrina
y ella huía de él, fue curioso ver que ahora parecía hechizada por el hindú. Las vueltas
que da la vida, y ahora incluso mi novia trabaja aquí y lo había omitido por no ser
importante. Que cosas…

—Este debe ser Caesar, no creí que lo fueras a traer, pensaba en irlos a visitar pero tú
sabes, mucho trabajo— Sonrió abrazándose a su socio. Oh si claro, mucho trabajo,
pensé rodando los ojos y desviando la mirada para que no viera mi sarcasmo mental.
— ¿Quién te dijo?— Mire a Illian y ella se dio media vuelta en el mostrador silbando,
delatándose de esta forma. Hice una mueca y suspire dirigiendo la mirada a ambos de
nuevo.

—Tu novia quien más. Tu tranquilo, la situación por la que debes estar pasando debe
ser difícil. El tener que cuidar a este pequeño panque— Sonrió agachándose para
apretar una de las mejillas de mi hijo, él sonrió estirando los bracitos hacia ella.
—Está lindo, no sé cómo paso. Pero, bueno… no es necesario que me devuelvas la
motocicleta ni las cosas que te di, creo que es mejor que regreses al trabajo, ustedes dos
lo necesitan. Puedes traerlo si quieres, conseguiremos un corral donde pueda jugar y
divertirse en lo que tú regresas a tus labores. O podrían turnarse para cuidarlo quienes se
hagan cargo de él— Todo sonaba de maravilla, contaba con otras responsabilidades, y
con el dinero que me daban mis padres, el cual recibía de mala gana, más la beca
deportiva que me ofrecieron en la Preparatoria por ser parte del equipo de atletismo, no
era la gran cosa pero con esto era suficiente para mí y para el pequeño Caesar. Además
de que no contaba con tiempo para trabajar, me encontraba en las últimas semanas de lo
que sería mi último año de escuela, por lo que pronto regresaría a trabajar aquí.

—Todo se escucha genial. Pero antes quiero terminar la escuela, sé que a mi hermana
no le gustara lo que diré… y puede que incluso a Illian tampoco, pero por el momento
no creo que me sea posible seguir estudiando, no quiero hacerlo hasta que bueno…
Todo nos sea más estable, mi prioridad ahora es el—Mire a Caesar y este se acomodó
dentro de su carriola, estaba cansado y deseaba dormir.
—Te comprendo, y está bien— Sonrió Kathrina colocando su mano sobre mi hombro
en señal de apoyo.
—Aceptare regresar, pero será hasta verano, cuando mi último año de Preparatoria
llegue a su fin. No falta mucho y cuando eso pase, estaré de regreso— Sonreí y ella
asintió.

—Antes de otra cosa, prueba esto— Metió uno de los brownies dentro de mi boca sin
darme tiempo de recibirlo. Apenas y pude disfrutar de la su suave textura del pan,

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estaba delicioso, pero sabía diferente muy blando para ser un brownie convencional,
parecía un malvavisco con sabor a fresa y plátano, nunca había probado nada igual.
—Tenemos que irnos, me alegra ver que el negocio prospere— Me despedí de Kathrina
y de Rajesh, me acerque al mostrador para mirar a Illian con los ojos entrecerrado ya
que estaba molesto por no haber dicho nada, pero no haría as preguntas hasta verla a
solas.
—Hablamos en La Posada cuando termines el turno— Hice una mueca y salí de
negocio arrastrando de nuevo la carriola, era hora de visitar a la madre de mi única
amiga en todo Penticton, de más o menos mi edad. Kathrina no contaba la consideraba
casi como a una madre, pero no se igualaría jamás a la mía, se queda como una tía,
nunca tuve más parientes que mi familia nuclear, es mi tía adoptiva.

Entre a la tienda de la madre de Dest, jalando la carriola frente a mí al hacerlo una


persona que iba de salida, me detuvo la puerta para evitar ser golpeado en el rostro. Le
agradecí con una sonrisa y note que se trataba de un Profesor de la escuela, me daba
Ciencias. Se percató del bebe pero no hizo ningún comentario solo sonrió y asintió
permitiéndome el paso. Ella escucho cuando entramos por que las ruedas de la carriola
hacían un ruido extraño cuando la jalaba, como que rechinaban contra el suelo.

— ¡Keith! — Exclamo corriendo hacia nosotros, le hice un ademan de silencio ya que


Caesar dormía cómodamente en su carriola. Ella inmediatamente cerró la boca y sonrió
avergonzada, murmurando muy bajito.

—Lo siento, no sabía que el pequeñín dormía— Asentí y camine jalando la carriola
hasta el lugar donde se encontraba su madre, esta sonrió de inmediato al ver a mi hijo,
Destiny le había comentado nuestra situación y enseguida quiso conocerlo fue de las
primeras personas en conocerlo. Amaba a mi hijo, e incluso creo que esto nos unió más,
cuando yo creí que yo no le agradaba del todo.
—Buenos Días Fenton— Sonrió amablemente, le gustaba a veces bromear y llamarme
Señor Fenton, a lo que yo solo sonreía nervioso.
— ¿Cómo están? — Pregunto agachándose un poco desde el mostrador para apreciar
mejor a Caesar.

—Mamá, está dormido, habla más bajo— Murmuro Dest a lo que yo negué. Es verdad
que dormía, pero tampoco había que exagerar.
—Estamos muy bien, gracias. Mi hermana regreso a la escuela, estaremos solos algunas
semanas— Comente a lo que la madre de Destiny hizo una mueca.
—Oh no puede ser, no se quedaran solos. Mi hija les ira a hacer compañía y yo cuando
termine las labores, no pueden quedarse solos— Exclamo.
—No se preocupe. No estaremos tan solos Illian estará con nosotros— sonreí a lo que
ella negó.

—Hija empaca tus cosas, te iras a vivir a la Posada con los Fenton— Vaya, esta aptitud
me sorprendió, su madre actuando de forma tan protectora conmigo, con ambos.
Mandando a su hija al bosque en medio de la nada con alguien que no le agradaba, esto
era tan extraño tanto como el haber visto a Kathrina tan enamorada del hindú. La noche
cayo y estábamos de nuevo de regreso en la Posada, esperamos a que la madre de Dest
cerrara la tienda, y nos acompañó hasta nuestro hogar como percatándose de que todo
estuviera bien. Fuimos en el auto de mi amiga, se lo llevaría porque lo necesitaría al Día

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Siguiente para conducir hasta Vancouver, debía resolver algunos asuntos que no me
incumben.

Ambas me ayudaron a bajar a Caesar y la carriola con cuidado, mientras yo regresaba


por el par de maletas que mi amiga había preparado para quedarse el tiempo que Jessica
estuviera fuera. No comprendía del todo por que prefería quedarse con nosotros a estar
en casa con su madre, la dejaría sola por tanto tiempo. Era bastante extraño, pero en
cierto modo me alegro tenerla de compañía, me ayudaría a cuidar a mi pequeño cuando
estuviera fuera para los entrenamientos de atletismo. Acompañamos a su madre al
pequeño escarabajo, nos despedimos dejando a Caesar arriba dormido en su cuna. Esta
noche había sido muy tranquila el clima estaba fresco, perfecto. Regresamos a la
habitación, rento la habitación del frente por todo un mes pagando por adelantado, me
sorprendió un mes. No esperaba esta noche a mi novia hasta que recordé que le dije que
teníamos que hablar y antes de poderla llamar para que esta noche no viniera, mi
intención no era incomodar a Dest, sabía que ambas no se agradaban por una extraña
razón, es como si ocultaran un secreto del que no estaba enterado, ¿Porque odiarse?, era
la cuestión.

Antes de tomar el teléfono del mostrador del viejo Benson escuche la puerta principal
abrirse, era Illian que regresaba ya vestida y bien perfumada con aroma a lavanda. Olía
delicioso, sonreí como un estúpido olvidando que tenía compañía arriba esperándome.
—Hola Keith, ¿Estas molesto porque no te conté de mi nuevo empleo?
— Pregunto curiosa con un tono tan dulce que no pude siquiera molestarme.

—No, para nada. Es solo que no me lo esperaba— Exhale tranquilo.


—Oh bien. Es mi primer empleo, y como vi que Kathrina necesitaba personal quise
unirme, y lo de los uniformes fue mi idea, ¿Te gustaron? — No tenía poco tiempo, ya
tenía bastantes semanas, oh como consiguió uniformes tan rápidamente, no haría más
preguntas solo asentí.

—Lindos, diferentes pero… a decir verdad yo no usaría color rosa—reí divertido. Illian
negó golpeándome el hombro por lo que exclame un fuerte y muy exagerado.
— ¡Ouch! Cuidado… Un día de estos terminaras rompiéndome— No pude evitar sacar
el comentario al aire, lo dije sin pensar y ahora justo en este momento me arrepentía de
haber abierto la bocota, creería que yo solo oh demonios. Mi linda novia solo se
encendió de un color carmesí en todo el rostro, le miraba de igual forma. Sin la menor
idea de que decir al respecto, lo mejor sería guardar un incómodo silencio durante
algunos segundos.

—Eres un pillín— Rio y antes de poder decir algo más escuche unos pasos por las
escaleras, nosotros nos encontrábamos a unos cuantos de estas. Alce la mirada para ver
a Destiny que ya se encontraba lista para ir a la cama con una playera de hockey sobre
hielo del equipo local que curiosamente ella misma me regalo, como la habrá tomado no
tengo idea. Nos veía sobre las escaleras por lo que Illian y yo alzamos la vista. Olvide
que ella ahora viviría en La Posada por un mes, y no lo había mencionado.
—Oh ok, creo que interrumpo algo— Sin poder detenerla, ella dio media vuelta para
salir por la puerta, me preguntaba qué había pasado por su mente, no tardaría en
descubrirlo ya que me daba una idea.

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—Illian espera— Salí corriendo por la puerta detrás de ella, Dest se quedó en las
escaleras observando, me miro y negó.
— ¡Demonios Keith!, ¿Qué hace ella aquí?, ¿Y Por qué usa tu playera de hockey? —
Ahora lo comprendía todo, hice una mueca y conteste.
—Te juro que no tengo la más mínima idea, supongo que la tomo— Tenia tantas ganas
de aplicar lo mismo que ella, omitió informarme acerca de su nuevo empleo, pero dadas
las circunstancias no podía darme ese placer, al menos no esta noche.
—Supongo que la tomo de mi habitación, oh que se yo— Me justifique a lo que ella
solo guardo la calma reprimiendo lo que parecía un grito que no salió de su boca. Sonrió
y dejo salir un suspiro, sabe cómo controlarse.

—Calma, todo está bien— Me miro con una sonrisa y se acercó a mí para daré un
fuerte, muy fuerte abrazo, tanto que la espalda me trono.
—Si mientes te parto en dos literalmente— Murmuro sobre mi oído parándose de
puntitas, dejando un beso sobre mi cuello. Enseguida me soltó y se fue. Me sentí
bastante extraño al respecto, no le di mucha importancia y regrese adentro para hablar
con Destiny.

Subí las escalera, ella ya no se encontraba mirando podría deberse a que deseaba darnos
nuestro espacio o ya tenía sueño y había corrido a su cama a descansar. Camine hasta su
habitación donde estaba arropando a Caesar tratándolo de dormir, pero era muy
insistente y no paraba de balbucear, empezaría a hablar muy pronto, tenía más de un año
y aun nada. Lo que hizo preguntarme por qué otras cosas debían pasar. Ignore la
conversación y el cuestionamiento de la playera de Hockey, cuando ella lo saco a la luz.
—Tome tu playera porque creo que olvide mi maleta con ropa de dormir, y ya que veo
que no la usas mucho— Sonrió sonrojada.

—Ha si, no te preocupes— Conteste sin darle mucha importancia. Tome a mi pequeño
en brazos para llevarlo a nuestra habitación.
—Buenas noches, ya es algo tarde— Comente bostezando.
—Buenas Keith. Nos vemos en la mañana para el desayuno— Asentí y salí.

Las semanas pasaron y mi única amiga de todo Penticton y yo nos habíamos unido
mucho más de lo que creí, incluso le tome más confianza y comente cosas que no se si
fue del todo correcto. Compartíamos los deberes en La Posada cuando un buen día
Jessica entro por la puerta, hice una mueca ya que sabía lo que significaba. Mi amiga
volvería a casa y sentiría un vacío en mi interior, me había adaptado tanto a su
compañía que ahora la buscaba más seguido, incluso más que a mi propia novia que
continuaba desapareciendo de vez en cuando a veces daba aviso otras no y
honestamente me daba lo mismo. Estaba tan ocupado con la graduación estaba a unos
cuantos días de este, me perdería el baile por que Illian había desparecido, no estaba
molesto pero si algo decepcionado por lo que opte para no asistir, aun cuando mi
hermana se había ofrecido esa noche para cuidar sola de su pequeño sobrinito. Pero en
vez de aceptar ir, decidí quedarme a ver una película en La Posada, invite a Destiny que
tampoco iría, nadie la había invitado eso fue lo que me dijo días atrás.

Lo mejor pudo haberla invitado pero quería evitar complicaciones, era mi amiga y sé
que muy en el fondo ella deseaba ir a esa fiesta que yo, soy un mal amigo al no haberla
invitado, calle y es noche vimos una película los cuatro. El sentimiento de culpabilidad
me llego a la mitad así que de forma inesperada le pedí ir, ambas me vieron algo

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sacadas de onda ya que no era algo que esperaban dijera. Mi pretexto fue decir que la
película me aburría, lo prefería a un aburrido baile. Jessica creyó que bromeaba al igual
que Dest, pero las vi serio, me jalaron para que me quitara de en medio y me sentaron
en medio de ambas.
—Calla Keith, no dejas verla película— Rezongo mi amiga.
—Vaya Johny, si tantas ganas tenías de ir. Lo hubieses hecho, pero ya estás aquí es
tarde, llegaras a barrer el suelo— Sonrió irónica y yo solo exhale resignado abrazando
de costado a mi amiga, incluso ahora era cariñoso con ella. Me sentía tan seguro en
medio de ambas, y bastante cómodo en comparación a cuando me encontraba a solas
con Illian.

El día de la ceremonia de Graduación llego al fin, oficialmente era libre de la


Preparatoria aunque por otro lado continuaba anexo a esta gracias al equipo de
Atletismo, no quise dejarlo porque me agrado formar parte de él y aun como ex-alumno
podía competir, me daban cierto tiempo para hacerlo además de que próximamente
representaría a toda la comunidad de Penticton, no específicamente a la escuela, era
genial. Omití hablar de planes futuros con mi hermana que creía que al siguiente año me
inscribiría a la Universidad, si como no. Tenía otras cosas en cuales pensar y una
personita en la que me enfocaría y por la que debía seguir adelante, además de que no
me sentía tan brillante como el resto del alumnado para continuar. Gusto de placeres
más sencillos, incluso cuando carecía de ciertas cosas, contaba con una vida no del todo
perfecta, pero era muy feliz.

A mis padres no les pareció y por ello el presupuesto se cortó, no importaba trabajaría el
próximo Lunes en la Cafetería donde solía ser el repartidor, tendría tiempo para cuidar
de mi pequeño en ese mismo ligar, todo listo. ¿Qué más podría desear? Extrañaba a mis
padres, muy cierto, pero si ellos me extrañaran tanto habían vuelto por mí y no solo
mandarían a mi hermana mayor para monitorearme, no comprendía del todo sus planes
o ¿Qué es lo que deseaban, aprendiera de esto? Si querían que fuera independiente, ya
lo era. ¿O acaso pensaban que era una clase de rebelde por haber huido? Ellos no tenían
idea de por qué lo hice ¿o solo me estaban probando? Cuantas pruebas me pondrían
para lograr su objetivo, no tenía idea.

La ceremonia fue tan larga que apenas escuche mi nombre fui a recoger mi Constancia,
esperaba ver a mis padres verme algún día recibiéndolo a pesar de saber que ellos
anhelaban más ver como mi hermana se recibía de la Facultad de Psicología de su
prestigiosa Universidad, lo cual me hizo un poco mal. Agache con tristeza la cabeza al
recibir mi reconocimiento dejándome llevar, no quería ni voltear a ver a mi hermana y a
Dest que me esperaban del otro junto con toda la multitud, pero algo me hizo voltear.
Abrí los ojos sorprendido ya que no esperaba verla, tenía poco de haberse ido y estaba
de regreso solo por mí. Mi semblante cambio de inmediato ahora sonreía nuevamente,
se encontraba justo en el lugar donde espere por horas hasta escuchar mi nombre, al ver
su cabeza asomarse con aquella enorme melena castaña clara y esos ojos tan brillantes
llenos de orgullo como si esto fuera un gran logro, por dios solo finalizaba la
Preparatoria.

En cuanto me dieron el papel, corrí de inmediato hasta ella para darle un fuerte abrazo,
la estruje lo más fuerte que pude y la bese. La extrañaba mucho y en este momento la
necesitaba.

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—Vaya, no te esperaba ver aquí. Esto es increíble— Sonreí emocionado, había olvidado
que mi hermana y amiga esperaban a unos cuantos lugares más. Seguramente ya habían
visto a Illian, se habrían marchado o llegarían a incomodarla como solían hacerlo. Al
parecer se habían ido, así que pude tener un momento a solas con mi novia que tenía
tanto sin ver.
—Vamos a La Posada a celebrar, o podemos ir a mi casa— Sonrió entre maliciosa y
divertida, lo cual me puso la piel de gallina al ver su expresión.
— ¿Con celebrar te refieres a? — Pregunte sin comprender del todo.
—Te prepare un pastel de plátano y chocolate, tu favorito— Me miro efusiva por lo que
exhale tranquilo.
—Genial, muero de hambre, esperar da hambre— Comente tomando su mano, y coloca
mi rehilete de graduación sobre su enorme melena. Las chicas de cabello largo y
voluminoso como el suyo me gustan tanto, estos son los ochenta y es una moda, que
agradezco existe.

Caminamos por unos quince minutos alejándonos de las instalaciones de la Preparatoria


Ellis, donde encontramos charlando a Jessica & Dest que compartían la carriola de
Caesar, mi hermana me vio con una cara de disgusto.
— ¡No puede ser posible que hayas hecho esto! ¿Y luego con quién? ¡Con esa!— La
señalo enfadada, no tenía ni la menor idea de lo que me decía. Sabía que no era de su
agrado, pero señalarla de esa forma.

— ¿Jess de que rayos hablas?— Pregunte confundido. Ella estaba hecha un manojo de
nervios. Mi amiga le quito las manos de la carriola y comento.
—Ahm creo que será mejor que vayamos a dar un paseo. No es así pequeñín? — Caesar
tenía algunas semanas de empezar a hablar su primera palabra fue panque, él lo decía
como paque pero sabíamos de que hablaba, después fue Kit, no me llamaba papá, me
sentiría extraño si me dijera de esta forma, y a Jess la llamaba Jesh, a Dest le decía
Desh.

Las palabras de mi hermana me sacaron de onda y más su tono de voz, esas muecas de
disgusto y como veía a mi novia, si pudiera matar con la mirada ya la habría matado una
y otra vez. Pregunte que ocurría, porque su repentino cambio de aptitud. Lo primero que
salió de mis labios fue esto, estaba tan nervioso que temblaba aunque tratara de
permanecer tranquilo y firme, sentía que en el fondo algo no marchaba del todo bien.
—Dime hermanito, explícame, haz el intento de hacerlo. ¿Por qué y por quien es que
nos traicionaste de esta forma? Nosotros somos tu familia, esa cosa no— La fulmino
con la mirada, señalándola como si se tratara de una cosa, lo cual me hizo enfurecer.

— ¿Que yo hice, que?— Dije confundido.


—Me quedare con Cesar, no puedo dejar que crezca en un ambiente como este, con esa
cosa rondando por ahí como si nada— Le volvía a decir cosa y no soporte más que
usara ese termino con Illian. No dejaba de verla con odio, me enfurecía que la viera
como si se tratara de un monstruo. Ahora lo comprendía todo, de eso se trataba Destiny
había abierto la boca, confié en ella y ella fue la que había traicionado a uno de los
Fenton, a mí. Jessica ahora conocía la verdad. Mi novia solo nos veía sin decir nada,
pareciera que no deseaba causar más problemas de los debidos como aquel par de
hermanitos peleoneros, ella no tenía ni la menor idea de la complejidad de la situación.
El mal carácter de mi hermana, me sacaba de mis casillas. Sentía como los músculos de
mi cuerpo se tensaban, nunca me había sentido de esta forma, este no era un ataque

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cualquiera incluso me sentía distinto. No permitirá que me dominara, no más. Me eche a
correr ignorando a mi hermana, eso debía hacer ignorarla y a la situación, solo de esta
forma podría sentirme en paz.

—Claro Keith huye como siempre. ¡No enfrentes tus problemas!— Grito mientras
alzaba el brazo hacia el cielo, me sentía cada vez más molesto, tanto que no me podía
concentrar, ni dejar de pensar en ello. Cada vez me sentía extraño, estaba fuera de sí,
completamente furioso. Escuche unos pasos detrás de mí, me seguían así que me
prepare para lanzarme sobre quien se atrevía a seguirme cuando no me sentía de humor.

Lo atacaría sin importarme quien o que fuera, estaba siendo acechado por alguien, me
sentí muy agitado y aun no corría, un instinto de persecución me invadió lo que me hizo
correr hasta adentrarme al bosque, no me percate de lo lejos que me encontraba de la
escuela. Esa sensación de ser perseguido por alguien continuaba, por más que volteara a
mi alrededor no podía percibir nada, mis piernas dejaron de responder en un momento,
tan rápido había llegado a la orilla del Lago Benson, La posada no se encontraba lejos,
pero arriesgarme, arriesgarlos no valía la pena. No tenía ni idea del porqué de esta
sensación, y fue cuando recordé la razón de mi huida. No deseaba hacerles daño,
suficiente con lo que ya había hecho. Me sorprendí al verla oculta entre los arbustos,
alce una ceja e hice una mueca de disgusto muy semejante a la de Jessica. En ese
instante perdí el control.

— ¡Lárgate!— Grite pero ella no se alejó, al contrario se acercó hasta rodearme con sus
brazos tomándome por la cintura. Evitaba su mirada en todo momento, no quería que
me viera como un loco, una carga que traería conmigo siempre.
—No me largo, no me pienso ir, no te dejare solo— ¿Cómo puede ser posible que a
pesar de todo, continuaba dejándome dominar por un extraño ente?, después de esto no
recuerdo gran cosa de lo que sucedió después.

Al día siguiente los rayos del Sol me daban sobre el rostro, me sentía destrozado tanto
física como mentalmente. Trate de levantarme del suelo, pero me sentía bastante débil
como para hacerlo, un choque de energía bastante fuerte me hizo caer al suelo en cuanto
intente levantarme, no me quedo de otra que esperar hasta recuperarme. Me quede por
un rato más en el suelo tratando de hacer memoria de lo ocurrido, no sabía qué hacía en
este lugar y dudaba que le hubiese hecho algo malo a alguien, al menos Illian se
encontraría bien, ella es muy fuerte. No tenía ninguna marca salvo algunos rasguillos, la
ropa estaba algo desgarrada y no traía mi chamarra puesta, estaba húmedo como si me
hubiese dado un chapuzón dentro del lago. Una lágrima cayó sobre mí sin saber el
motivo. Era tan frustrante no saber qué había ocurrido que el llanto me gano, trate de
olvidar el gran dolor que sentía, olvidándome primero del dolor físico, otra cosa se
apoderaba de mi desde el interior, el sufrimiento me invadía y no valía la pena
continuar.

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Capítulo 19

Pasaron algunas semanas después de aquella extraña noche en la que me encontraba con
la toga desgarrada al igual que el resto de mis ropas, trate de no darle importancia a
pesar de que mi desaparición alerto a mi familia, estos tenían nuevos planes para mí, les
pedí algo de tiempo para recapacitar. Una forma de darles por su lado en lo que
retomaba mi actual vida sabía que si deseaba tener un verdadero cambio debía empezar
por iniciar de cero, y en este caso continuar de forma normal.

Al siguiente Lunes regrese a trabajar a Brownies & Muffins, donde le hacía compañía a
mi dulce novia, continúe como repartidor, ya éramos demasiados y de esta forma podía
retomar el trato con las personas de nuestra comunidad, conocía a la mayoría pero
nunca estaba de más conocer rostros nuevos, muchos se habían ido y desde que Illian &
yo estábamos juntos las personas dejaron de huir de Penticton ahora conocía su oscuro
secreto, no era nadie para negar sus hábitos alimenticios, y ni siquiera tuve que sacarlo
a la luz en alguna incomoda conversación donde seguramente terminaríamos peleando.
Ella salía de viaje por cortos periodos por esta razón, no debía decirlo para saber que era
así. Nuestras vidas eran muy distintas pero algo es lo que nos unía de cierta forma,
comprendía porque mi hermana se encontraba tan molesta. Se llevó a Caesar por un
tiempo pero después de algunas semanas regreso, de nuevo por cuestiones escolares,
esta era mi oportunidad para demostrarle que podía ser un chico responsable y actuar
como un hombre de verdad.

Extrañamente el correo llego hasta La Posada, por primera vez en todo el tiempo que
tenía viviendo aquí me llego correspondencia proveniente del comité de Atletismo de la
región, recibí una invitación para la siguiente Triatlón de Penticton que se llevaba a
cabo anualmente. Estaba muy emocionado por participar, pero a la vez me encontraba
algo nervioso, no pude soportar las ganas de salir corriendo en cuanto terminara el
desayuno para llegar hasta el trabajo, conduciendo de forma más rápida de lo habitual
por la carretera. Eso sí, siempre conducía con precaución no deseaba dejar huérfano a
mi pequeño. Entre corriendo a la cafetería gritando de emoción, menos mal Kathrina
acababa de abrir o hubiese sido vergonzoso e incómodo para los clientes. Illian ya se
encontraba dentro lo cual me sorprendió, incluso ahora era puntual, sorprendente.
Supongo que se había caído de la cama o algo por el estilo. No pude evitar reír ante este
pensamiento y mostré mi carta emocionado.

— ¡Illian!, ¡Kathrina vean esto! Fui seleccionado para participar en el triatlón anual de
Penticton— Sonreí de oreja a oreja por lo que ambas se acercaron para felicitarme y
estrujarme con fuerza las dos a la vez.
—Felicidades Keith, estamos muy orgullosas de ti— Sonrió Kathrina revolviendo mi
cabello, se hizo un lado al percatarse de que mi novia deseaba cubrirme de besos en
ambas mejillas.

—Ya fue suficiente de besos y felicitaciones. ¡Hora de trabajar! Fenton tienes pedidos,
así que ven a la cocina conmigo— De repente mi jefa volvía a ser la misma, continuaba
enamorada de su amado Rajesh pero su carácter fuerte no es el mismo, menos mal me
perdí la parte de la melosidad. Mi jefa me lleno de pedidos, tendría que entregar una
enorme orden de cupcakes decorados para una fiesta infantil en el jardín de niños antes
de cualquier otra cosa, observe a los pequeñines emocionados por recibir sus
panquecillos, me imagine que algún día Caesar formaría parte de ellos. Suspire de

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pensar que mi pequeño ya crecía bastante rápido, ya hablaba algunas palabras y
empezaba a dar sus primeros pasos, el tiempo pasaba de forma tan rápida frente a mis
ojos en un lapso muy pequeño. Termine el día algo disperso dentro de mis
pensamientos, solía perderme dentro de mi propia mente pero esta vez no era por mí,
sino por mi hijo. Creo que en todo este tiempo hasta hoy veía la verdadera situación por
la que estaba pasando, esto me deprimió en cierta forma e incluso recordé esa tarde en
el Parque cuando me reencontré con Anali y su pequeña, una de las cosas que me dejo
marcado fue que sería un excelente padre. ¿De verdad podría llegar a serlo o lo había
dicho al tanteo?, no tenía idea pero sin duda esta frase me daría vueltas en la cabeza por
un buen rato.

Regrese por Caesar a la cafetería, ya era tarde y, por hoy mi trabajo estaba hecho.
Quería pasar el resto de la tarde con mí pequeño solo él y yo. Entre por la puerta, la
campañilla hizo que el volteara y gritara mi nombre. Menos mal era sencillo para un
niño que poco más de un año de edad, uno bastante despierto. Me incline hacia el para
cargarlo, Kathrina salió de la cocina mirándome con una sonrisa.
—Quien lo diría Fenton, has crecido. Ya no eres aquel niño perdido, que llego sin idea
de cómo adoptar una vida lejos de casa— Dio media vuelta para volver a la cocina, esto
fue extraño pero igual le sonreí, sabia de que hablaba y estaba de acuerdo.

No podía llevarme a Caesar en la motocicleta así que ahora la dejaba todos los días en el
almacén de la parte trasera, tomábamos el autobús que nos llevaba a la carretera y el
resto caminaba. Llevaba a Caesar bien abrigado siempre, no quería que se enfermara,
empezaba a ser un padre responsable y sobre protector me recordaba tanto a mi hermana
que me daban nauseas, al menos algo bueno aprendí de esa odiosa. Al llegar Caesar
empezó a exigir comida, quería galletas. Illian, lo malacostumbro, el solía esconderlas
en sus bolsillos cuando se las quitaba para dárselas más tarde, no era tonto yo la
observaba y al principio estaba de acuerdo, pero esto no era comida para un niño. Era
sorprendente lo bien que ahora comprendía a mi madre, papá era un adicto a la comida
chatarra y no le importaba pero a mi si al menos ahora lo veía todo.

Lleve a Caesar a nuestra habitación, el agua estaba templada ya que la calentador de


agua se encontraba encendido, le daría un baño después de cenar. Él era tan tranquilo,
que me sorprendía que fuera hijo de Marion & mío. Solo se me quedaba viendo con sus
enormes ojos color azul, le sonreía y revolvía su ahora largo y rubio cabello. Nunca creí
hacerme cargo de algún hermanito y ahora debía hacerlo con mi hijo, era padre
primerizo y uno muy joven, lo peor de esto no era el ser joven sino el estar solo. Saldría
de esta por mi cuenta y a pesar de contar con el apoyo de mis familiares y amigos, no
era lo mismo que el que estuviera a mi lado la madre de mi pequeño, trate de no pensar
en ello para evitar hacerme más daño, del que ya me hacia el recordar lo que pudo haber
sido mezclado con ráfagas de algunos recuerdos que vivimos juntos.

Las siguientes semanas fueron algo pesadas ya que en las mañana debía ir a la pista de
atletismo de mi ex-escuela para los entrenamientos, era la única condicionada para
hacerlo, el resto era para entrenamientos de Hockey, en fin. Al terminar debía bañarme
en las regaderas cosa que nunca fue de mi agrado, pero era la única forma para que me
diera tiempo para irme al trabajo montado sobre mi motocicleta, Illian me ayudaba
llevándose a Caesar con ella, estaba más seguro en su pequeño mini cooper que
conmigo en una motocicleta, en momentos como este extrañaba tanto mi auto rojo.
Suspire mientras entraba haciendo mi gran entrada con la campanilla que anunciaba las

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entradas y salidas de los clientes a Brownies & Muffins. No había secado bien mi
cabello y gracias al viento sobre mi rostro que azotaba sobre mi cuando conducía la
motocicleta este se había esponjado un poco, en cuanto Illian me miro se soltó a reír sin
poderlo evitar, por mi parte solo rodé los ojos y negué tratando de aplacar mi cabello
con ambas manos peinándolo hacia atrás, pero estaba tan despeinado que necesitaría de
un poco de agua para poderlo manipular. Como era de suponerse Kathrina salió de la
cocina con una enorme bandeja de cupcakes que le paso a mi novia para que los
decorara.

—Menos mal ya has llegado Fenton, tienes tres órdenes esperando por ti— Sonrió
pasándome una enorme bolsa que debía meter dentro de la mochila.
—Saldré de inmediato— Tome la bolsa para prepararme para salir, pero antes de
hacerlo me despedí de mi pequeño que estaba jugando dentro del corral que se
encontraba en una zona que había sido adaptada para niños de su edad, eran pocos los
niños en Penticton y agradecía que a las madres de estos les gustara tomar un café todas
las mañanas y tardes mientras vigilaban a sus hijos, dejándolos divertirse un momento.

Nunca creí que una mujer como Kathrina pudiera soportar a tanto niño en su cafetería,
de verdad que había cambiado y agradecía tanto este milagro. Antes de salir me despedí
de mi novia con un beso en la mejilla, no podía hacer nada por respeto a Kathrina y al
resto de los clientes, el lugar no estaba a reventar como ahora solía ser, y teníamos más
empleados, yo terminaba temprano, agradecía a veces tener poco menos de medio turno
e incluso otros días no trabajaba así que apoyaba en lo que fuera necesario en la cocina
o barriendo el lugar por dentro y fuera. Salí sin perder más tiempo, me gustaba entregar
los panquecillos frescos, llegaban calientitos por lo que los consumidores podían
disfrutarlos con café o cocoa recién horneados. Uno de los pedidos debían ser para la
madre de Dest al ser el lugar más cercano empecé por entregar en la tienda de abarrotes.
Me sorprendí al no ver a Dest en la tienda, pregunte por ella, estaba en casa enferma, se
había resfriado, tenía fiebre lo mejor para ella era quedarse en casa, ahora que faltaba
poco porque el otoño terminara y llegara el invierno. El triatlón seria hasta primavera,
tendría tiempo para entrenar y ser cada día mejor. Si ganaba pasaría de local a regional,
podría algún día competir en las nacionales y si todo marchaba bien algún día formar
parte del equipo de un país al que no pertenecía pero que con mucho gusto
representaría. Extrañamente esto significaba mucho para mí, tal vez la escuela no era lo
mío y el deporte si, esperaba no estar equivocado. Deje de pensar en cosas que eran
muy inalcanzables, llevaba poco tiempo en esto y ya me sentía con aires de grandeza,
antes debía demostrar que era bueno si no a buscar otro sueño.

Al terminar el resto de los pedidos, decidí visitar antes de terminar mi turno a mi amiga
Dest, no quería tener problemas con Illian. Fue una visita exprés, lleve la orden que su
madre había pedido por ella y esta me recibió sonriente. Me quede a su lado y la abrace
besando su frente,

—Fenton, hazte a un lado o te contagiare— Se quejó por lo que yo solo reí y negué.
—Si lo haces mejor. Así no tendría que ir a trabajar— Sonreí divertido a lo que ella
golpeo mi hombro.
—Nada de eso, tienes que cuidar de Caesar. Quien cuidaría de los dos, eso sí que no. No
puedes enfermarte lo contagiarías— Ella tenía razón, esta era otra de las razones por las
cuales decidí visitarla antes de salir, Caesar no se podría enfermar.

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—Ok, hora de irme. Solo quería ver como estabas Dest— Sonreí besando su frente que
estaba ardiendo.

—Creo que deberías llamar a tu madre— Comente al escuchar la puerta abrirse, era ella,
me sorprendí al verla y le sonreí.
—Aquí estoy Fenton, crees que permitiré que mi hija este sola en casa y enferma— Al
parecer solo había estado un momento en la tienda para dejar a alguien a cargo, debía
dar indicaciones, su carácter y el de mi jefa eran tan parecidos que me sorprendía que
siendo tan similares fueran mejores amigas, pero cada quien. Esperaba jamás
topármelas en medio de una discusión o esto sería algo muy feo de presenciar.

—Bien pequeña Dest, ya ha llegado tu mamá. Así que ahora puedo irme— Le sonreí
besando su frente de nuevo.
—Tengo que regresar por Caesar a la Cafetería, regresare en la semana para ver como
sigues, ok. Cuídate— Le sonreí a Dest y a su madre antes de salir disparado por la
puerta, montando la motocicleta, Seguramente a Kathrina le sorprendería porque había
tardado tanto, y esperaba no hiciera preguntas de donde me encontraba o Illian se
molestaría, lo menos que deseaba en este momento era discutir con mi novia por cosas
que no valían la pena. Al llegar al lugar Kathrina solo señalo el reloj pero no hizo
preguntas, yo le sonreí sin darle mucha importancia, ella iba entrando a la cocina, no
hubo preguntas. Illian se acercó para quitarme la gorra que llevaba puesto y besar mi
frente después de peinar mi cabello con las yemas de sus dedos.
—Listo, tan guapo como siempre— Sonrió alzándose de puntitas.
—No es que no me agrade tu cabello largo, pero creo que ahora que estarás en ligas más
grandes en Atletismo, deberías tener un corte más aerodinámico. Así que al salir del
trabajo, prepare una cita para ti— A lo que yo me quedé sorprendido, no sabía que me
molestara tanto verme con el cabello largo, creí que le agradaba.

Nuestro turno de medio día llego a su fin, esta vez Illian saldría junto conmigo porque
pedí permiso para que ella pudiera llevarme con su estilista personal. Me sentía algo
extraño, olvide cuantos años tenía sin cortarme el cabello y este ya lo llevaba hasta los
hombros, crecía tan rápidamente que apenas lo note, deje de darle importancia a mi
apariencia personal cuando inicie una nueva vida en este lugar. Tan libre y puede que
por haber sido un descuidado, ni siquiera me rasuraba tan seguido, era un tanto lampiño
y es poco el vello corporal el que me cubre, un poco en el rostro y en otros sitios.
—Te sentirás mejor cuando corras cuando cortemos tu cabello— Ella comento, yo
asentí.

—Por cierto, espero no te moleste que vayamos en mi auto. Por hoy deja la motocicleta
en la parte trasera, mañana pasare a recogerte para llevarte a la escuela y de ahí pasare al
trabajo llevándome a Caesar como todas las mañanas conmigo, solo que esta vez te
llevare yo a la escuela— Sonrió dulcemente, mi novia es una chica muy tierna gracias a
su diminuto tamaño y a ese rostro de ángel, solo que cuando le hacía alguien enojar,
mejor que corrieran, sacarla de sus casillas en ocasiones podía ser tan fácil que ni
siquiera podía notarlo, menos mal ella se controlaba a la perfección y jamás sacaba
aquel lado maléfico para hacerle daño a inocentes, al menos lo dejo atrás cuando me
conoció, pues sus hábitos alimenticios se adaptaron a una dieta mucho más humana,
irónico, empezó a serlo cuando dejo de alimentarse de estos.

161
Tome el portabebés que Illian tuvo la molestia de comprar exclusivamente para el
pequeño Caesar, era tan cuidadosa con el que a veces me hacía preguntarme si es que
Marion continuara con vida, continuaría siendo igual de cuidadosa que mi actual novia.
La habría hecho cambiar el hecho de tener un hijo de ambos, yo contoneaba
sintiéndome igual aunque en ocasiones mi forma de pensar era distinta a la de la
mayoría de los chicos que se preocupaban por cosas vánales, cuando yo desde muy
pequeño tuve que enfrentarme a peores situaciones. Muchas de las que ellos en toda su
vida se enfrentaran, mi vida jamás fue sencilla ni lo será, debo estar alerta porque algo
me dice que la tranquilidad por la que estoy pasando no es más que una ilusión, algo
malo hay detrás y llámenme loco pero lo siento. Y a pesar de sentirme protegido por
mis nuevos amigos, mi familia aunque este algo lejos e Illian; aun cuento con la
responsabilidad de cuidar de todos ellos, un juramento que le hice a mi padre en nombre
de toda nuestra Familia y que no podía romper, al menos aun no era el momento para
hacerlo.

—Keith ¿Te sientes bien?— Pregunto algo asustada Illian al verme tan perdido dentro
de mis pensamientos.
—Oh si claro— Le sonreí para no preocuparla, al parecer continuaba sin
acostumbrarme a mis divagues, o como me gustaba llamarle viajes a otra realidad.
—Me asustas— Exhalo un poco más tranquila y después me abrazo con tanta fuerza
que me saco el aire.
—No vuelvas a hacerlo, quédate conmigo— Ahora el sorprendido era yo, ya que no
tenía idea de que rayos hablaba a qué se refería con esa frase, estuve a punto de
preguntar cuando me soltó para entrar en su pequeño mini cooper justo del lado del
piloto. Mire lo pequeño que este auto era, me sentía tan incómodo viajando en él, pero
debía hacerlo, ni modo. Entre tratando de abrazar mis piernas para hacerme espacio, el
asiento no lo hice atrás, trate de acomodarlo para sentirme más cómodo.
—Pareces un enorme conejo dentro de una pequeña jaula— Me miro melosa para besar
mi mejilla.
—Bien, hora de irnos— Dicho esto, después de que todo estuviera en orden con Caesar
en la parte trasera del auto y que los cinturones de seguridad de ambos estuvieran listos,
nos dirigimos hasta Vancouver, esperaba nos diera tiempo para regresar antes del
anochecer, bastantes horas conduciendo solo para un corte de cabello.

Agradecía que el viaje no fuera tan largo como creí. Ya no soportaba los balbuceos de
Caesar, Illian trataba de imitarlo pareciera a que ella si lograba comunicarse bien con él.
Deseaba que hablara más fluidamente, lo podía hacer pero algo me decía que por la
culpa de la conductora es que mi hijo se hacía un flojo para expresarse correctamente, lo
que señalaba lo obtenía y si lloraba o hacia berrinche de cualquier forma siempre
lograba obtener lo que él deseaba, esto me sacaba de quicio, en fin. Bajamos del auto,
cargue a Caesar, pero de inmediato Illian me lo quito de los brazos cuando este los
estiro hacia ella. Incluso escuchamos un sorprendente.
—Ami— Ambos nos quedamos estupefactos cuando escuchamos una de sus primeras
palabras, no fue la primera pero fue la que más nos sorprendió.
— ¿Que dijo?— Pregunto Illian sin poderlo creer, ella contaba con un mejor oído que el
mío, y sabía que escucho a Caesar, cuando este trato de llamarla mami. Muy dentro de
mí me agradaba la idea, pero otra parte de mí se debatía para no hacer una mueca de
inconformidad, fingí una sonrisa de emoción y conteste.
—Lo que creíste, si eso dijo— Por dentro no podía soportar la idea de que mi hijo
creyera que ella era su madre, no cuando la verdadera murió. En parte por mi culpa. Lo

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menos que deseaba era sentirme culpable de esto, y por ello debía fingir, no era mi
intención hacerla sentir mal de algo que no estaba en mi poder.

Illian estaba tan emocionada que continuo hasta que entramos al lugar que era un lugar
bastante amplio y muy sofisticado, parecía aquella clase de lugar donde iban solo las
personas adineradas o con cierta situación social, por no decir estrellas de cine o TV.
Me quede anonadado viendo el lugar, la cuenta sería muy cara y yo solo venia por un
corte de cabello, demonios. Hice una mueca, deseaba dar media vuelta y salir por la
puerta que entre, pero ella se dio la molestia de conducir por horas hasta este lugar solo
por mí. Un chico que llevaba puesto delineador negro en los ojos y llevaba el cabello de
un rubio chillante al igual que el resto de su vestimenta que era de colores muy
llamativos como todo él se acercó a Illian besándola fuertemente en la mejilla, hice una
mueca no por el hecho que la hubiera besado sino por cómo me miro cuando nos vio
entrar.

—Este debe ser tu nuevo pretendiente, esta divino. Mucho mejor que el resto que... Ok
ya me cayó. Un corte de cabello, ¿No te gustaría más un cambio de imagen?— Me miro
con una sonrisa divertida, o acaso me estaba coqueteando. No tenía idea, pero no pude
evitar sentirme algo incómodo por el tipo extraño.
—No Ángelo, solo con un corte de cabello bastara, déjalo más divino de lo que ya es—
Imito su tono fresón sonriéndome divertida, se estaba burlando de la cara que puse
desde que puse un pie dentro de este lugar, el tipo camino diciéndonos que lo
siguiéramos en realidad solo me lo pidió a mí, pero yo de inmediato tome del hombro a
Illian, para cubrirme con él.

—No se te vaya a ocurrir dejarme solo con ese— Murmure para que el sujeto no
escuchara.
—Tranquilo, él no te morderá así es con todos. Es bueno tu sabes diferente, pero es
buena persona, y el mejor de toda la Ciudad— Nos llevó hasta el resto de sus
colaboradores, incluso habían chicas trabajando en ese lugar y mujeres siendo
arregladas del cabello, las uñas e incluso realizándose tratamientos faciales y esas cosas
que las mujeres hacen para verse mejor. En lo personal a mi jamás me llamo la atención
todo esto, me refiero a una mujer que invirtiera tanto dinero y tiempo en sí misma, lo
sencillo era lindo y me sorprendía, creí que Illian era más sencilla pero como era obvio
debía consentirse de vez en cuando al menos en su cabello, no creí que los vampiros
fueran a estilista, ¿Dónde queda su belleza natural?

El corte de cabello fue mucho más rápido de lo que creí, pero no fue todo lo que me
hicieron también me lavaron el cabello dejándolo tan suavecito que no creí fuera mío.
Illian lo despeinaba, sonriente al ver lo bien que lo dejaron.
—Ahora si eres un enorme conejo con un pelaje muy suave— No dejaba de acariciar mi
cabeza, se sentía tan bien sentir sus dedos sobre esta, provocaba que cerrara los ojos en
el viaje de regreso a casa, donde quede al igual que mi pequeño hijo rendido, y eso que
yo no hice nada más que dejarme consentir citando las palabras de Ángelo por sus
manos mientras Illian nos observaba mientras jugaba y trataba de que Caesar repitiera
de nuevo la palabra que a partir de ese momento la traía loca. A mi hermana no le
agradaría la idea de escuchar a su sobrino diciéndole mami a Illian, siendo que le
desagradaba tanto gracias a la chismosa de mi amiga a la que a partir de ese día le perdí
mi confianza, no volvería a contarle nada.

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Llegamos a la Posada, Illian tuvo que despertarme para que bajara a Caesar, esta noche
se me ocurrió pedirle que se quedara a dormir con nosotros, no querría estar solo y ella
sonrió besando mi mejilla.
—Bien, solo por hoy. No me quedare en La Posada a menos de que de verdad sea una
emergencia, tú no has querido volver a hacerlo— Hizo una mueca pero después desvió
la mirada.
—Ok de acuerdo— Dije sin darle mucha importancia a lo que dijo, ella tomo la mochila
que siempre llevaba conmigo donde llevaba las cosas de Caesar, yo llevaba a mi hijo y
mi maletín de deporte. Siempre debía cargar con dos enormes pañaleras, la de mi hijo y
la mía, reí para mis adentros por la analogía.

Prepare la cama para que Illian se sintiera cómoda, ella negó cuando vio que dormiría
en mi habitación.
—Yo puedo dormir en la que era antes mi habitación. No te preocupes por eso, ok— Yo
trate de negarme, ya que el que no deseaba dormir solo era yo, y aun Caesar era muy
pequeño para dormir en mi cama, podía pero temía que fuera a caerse y la cama era muy
alta, lo menos que deseaba hacer es hacerle daño por un estúpido descuido mío.
—Buenas Noches par de lindos— Beso a cada uno en la frente antes de irse. Mi
pequeño ni siquiera la escucho ya que tenía horas queriendo dormir.
—Descansa Illian, nos vemos mañana para desayunar antes de marcharnos— Termine
en un bostezo de verdad si tenía sueño, ella igual bostezo, le contagie esta acción. Salió
de mi habitación y se metió en la que solio ser de ella, cuando estaba a punto de
meterme en mi cama después de ponerme mi pijama, escuche unos pasos acercarse a la
puerta. Regreso sonriéndome algo tímido.

—Pensándolo bien, prefiero quedarme a tu lado, solo por hoy hare una pequeña
excepción— Sonreí ampliamente con alegría, que incluso el sueño desapareció, extendí
las cobijas para hacerle espacio a mi lado, en cuanto se acurruco a mi lado nos arrope a
ambos y bese su frente para desearle nuevamente Buenas Noches.
—Gracias— Exhale antes de sentirme nuevamente cansado y somnoliento.
—Descansa Amours— Pronuncio en un tono divertido y muy tierno, como el de una
niña pequeña. Esa noche dormí tan tranquilamente ya que era justo lo que necesitaba
para sentirme completo, al menos ese día lo fue.

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Capítulo 20

Los meses pasaron de forma tan repentina, el segundo cumpleaños de mi pequeño fue
una fiesta sencilla en Brownies & Muffins, esto fue con la intención de que el resto de
los niños con los que convivía pudieran asistir sin perderse en el camino para llegar a la
Posada. Las madres de estos creían que yo era su hermano mayor, ya que les sorprendió
que sus padres no estuvieran presentes, incluso no dudo que pensaran que Kathrina
fuera una clase de tía de los dos, ya que era como una madre para ambos. Nadie en este
pequeño poblado se imaginaba la vida secreta que tenía por detrás, nadie hacia muchas
preguntas y no te juzga sin conocerte de hecho no se discrimina a nadie es por ello que
el haber decidido quedarme a vivir en Penticton e iniciar una nueva vida es la mejor
decisión que pude tener. Estamos muy tranquilos, y contentos viviendo aquí, con el
pasar del tiempo Caesar terminara acostumbrado, agradezco que aun sea pequeño.

Nuevamente el invierno llego este no fue tan crudo como el anterior, las cosas lucían
bastantes tranquilas como siempre fue, o al menos lo fue en un principio, ya que poco
después una serie de acontecimientos bastantes extraños ocurrieron. Durante semanas la
sensación de sentirme observado me invadió y seguido de eso un escalofrió me recorrió
por la espalda y nuca. Acelere, estaba a punto de tomar nuevamente la carretera después
de haber hecho unos pedidos en un poblado cercano a Penticton, unos cuantos
Kilómetros cercanos a La Posada creí conocer a la perfección el alrededor de esta, no
podría perderme no de la forma en la que paso. No tenía idea de que es lo que ocurría, la
última vez que me sentí de esta forma fue años atrás, trate de dejar de pensar en ello, no
podía dejarme llevar de nuevo, en Penticton estaba seguro, mi familia estaba a salvo y
nada ni nadie podría dañarlos. Todo marchaba bien, inicie una nueva vida y no podía
continuar culpándome de algo pasado, debía seguir adelante hice lo correcto.

Trate de dejar de pensar en ello para sentirme tranquilo, si no pensaba no sentiría nada,
gran error. Levante ligeramente el rostro para visualizar mejor el lugar donde me
encontraba, el camino hacia la carretera se me hacía eterno, deseaba más que nada llegar
a aquella Posada a la que ahora llamaba casa. Mi visión se nublo y mi cabeza daba
vueltas todo era tan confuso, solo recuerdo que después de ello desperté. Me levante
para ver lo que ocurrió, choque o algo por el estilo, mi motocicleta, fue lo primero que
busque. Camine unos cuantos metros hasta encontrarla oculta detrás de unos arbustos, la
pregunta es por que la deje hay. La llanta delantera de esta estaba floja y desalineada
provocada por alguna clase de choque, aun no lo sé. Tan pronto anocheció, hacia frio y
me estaba congelando, creí que este invierno no sería tan crudo, me equivoque. ¿No
llevaba una chaqueta conmigo? Tantas preguntas, y ninguna sin contestar, camine para
tratar de zafar mi motocicleta de entre las ramas de aquellos arbustos, alguien la dejo
atorada, no pude haber sido yo. Todo el bosque era tan parecido que necesitaría más que
arbustos y árboles, maleza para ubicarme, no escuchaba nada más que el ulular de las
lechuzas. Camine jalando la motocicleta dañada, repararla no causo problema, pero
antes de pensar en ello debía encontrar el camino a casa o a un lugar cercano que al
menos conociera. Esto fue raro, camine sin saber a dónde dirigirme hasta que escuche
unos pasos delante, y fue ahí cuando la mire, trague saliva y esta grito.
— ¡Keith!— Me alegro tanto al ver aquel rostro familiar, encontré a mi novia o es acaso
que ella me encontró, como sea no estaba tan perdido. Ella se acercó a mi arrojándose
sobre mí para darme un fuerte abrazo, como llevaba de lado la motocicleta perdí el
equilibrio y caí sobre esta lastimándome un costado, sentí la costilla crujir, no de nuevo
pensé. Pero el golpe no había sido tan fuerte como para romperla en aquel instante ya

165
estaba lastimado, me fue imposible levantarme. Illian me miro asustada cuando me
escucho gemir de dolor, pensó que me hice daño, trate de calmarla.

—Estoy bien, ya me había lastimado antes— ¿Esto era cierto?, pero lo menos que
deseaba en aquel momento es que ella se sintiera culpable. Me sentí mareado y muy
extraño, como si estuviera bajo el efecto de alguna droga o con un sueño excesivo,
deseaba dormir ahora que me encontraba en el suelo eso deseaba.
—Levántate— Me tomo del brazo para ayudarme a mantenerme de pie.
— ¿Dónde habías estado?— Pregunto preocupada y en cierto tono de regaño.
—No lo sé— Respondí de inmediato.
—Tenemos horas buscándote, ¡por dios está a punto de amanecer!— Exclamo
mirándome entre molesta y a la vez preocupaba.
—Yo, no tengo idea de que hago aquí— Exhale resignado.
—Calma, te llevare a casa. Déjala, estamos cerca de La Posada. Mas al rato volveré por
ella, por hoy debes descansar. Mírate estas lleno de Tierra— Escuche la voz de Destiny
acercarse a nosotros cuando estábamos casi por llegar a la casa de Illian, ella no creía
que La Posada era un lugar seguro. Y el ver a mi amiga salir de su casa hizo que
recobrara la noción de lo que estaba ocurriendo, a pesar de no tener idea de que paso,
me sorprendí y fue cuando comprendí lo que estaba ocurriendo. No de nuevo, pensé.

— ¿Dónde rayos te metiste?— Pregunto preocupada, se acero a ella y estas dos me


llevaron casi arrastrando dentro de la casa. Me dejaron sobre una cama donde las dos
me quitaron la playera, mire una mueca en ambas cuando me vieron, las mire
entrecerrando los ojos preguntando.
— ¿Que?— Illian salió disparada por la puerta, fue por un balde de agua tibia y un
trapo, empezó a limpiarme la Tierra. Mi amiga solo observaba, sin decir nada. Me
preguntaba que pasaba por la mente de ambas en ese momento.
— ¿Qué fue lo que paso?— Pregunte como si ellas fueran a responder.
—Eso es lo que nosotras queremos saber— Destiny se acercó para señalar mi costado
izquierdo, me presiono con su dedo índice y gemí de dolor, tenía un enorme hematoma
en aquella zona eso es lo que les sorprendió. No estaba herido más que por unas cuantas
raspaduras por ramas secas o piedras, no tengo idea de que rayos estaba pasando y de
cómo fue que me golpee, para que el hematoma fuera tan inmenso que llegaba casi a
mi espalda. Dolía bastante cuando lo tocaban es por ello que al caer casi grito. Eso no
fue todo, un golpe en la cabeza es por ello que sentía que mi cabeza daba vueltas y
aquel sueño tan repentino.

—Creo que debemos llevarte al médico para que te examine, no sabemos qué demonios
ha ocurrido contigo, pero deberás hablar con la verdad John Fenton— Dijo estricta
Destiny, Illian alzo el teléfono para marcarle a mi hermana y dar aviso de que ya me
habían encontrado. A las pocas horas, ya había amanecido. Un médico me examino en
casa de mi novia, dejo unas píldoras para la inflamación y solo eso.
—Dejemos que Keith descanse un poco— Dijo Illian saliendo de la habitación con
Destiny por un lado, no dejaba de verme con cara de espanto, como si esto fuera algo
realmente horrendo. No lo fue, estaba bien o al menos eso quería pensar. Me dejaron
dormir, esto termino, o acaso era el inicio, y si lo era… ¿De qué?

No tengo idea si fue por aquel semejante golpe que me di en la cabeza o lo que fuera
que haya sido, que no recordaba nada de lo ocurrido en la tarde noche del día anterior.
No podía pensar con tranquilidad. Cuando creía saberlo todo, conocer el lugar donde

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vivía, recordar mis acciones y todo por lo que estaba pasando. A Caesar lo cuidaban la
madre de Destiny, en lo que me recuperaba en casa de Illian, dure las siguientes dos
semanas en esta, no quería que regresara a La Posada, no podía quedarme por siempre
en aquel lugar. Mientras empacaba mis cosas para volver a mi vida normal, esta me hizo
una pregunta que me hizo sentir mal de nuevo cuando todo regresaba a la normalidad
esto parecía ir de mal en peor.

—Lo siento, pero debo irme, estaré bien. Confía en mí— Le sonreí, ella continuaba
mirándome, me ayudo a empacar como lo hizo aquella vez cuando nos conocimos.
—Keith, tengo algo que preguntarte. He estado pensando en muchas cosas y una de
ellas es que cada segundo que paso a tu lado es invaluable, pero a la vez es doloroso el
saber que un día como creí que iba a pasar hace algunos días. No se cómo hacerte esta
pregunta pero de verdad me duele saber que eres muy frágil tanto que algún día podría
no seguir escuchando tu respiración— Exhalo y yo continuaba sin verla concentrado en
empacar.

—Te escucho— Estaba distraído y distante, tenis días actuando de esta forma con ella a
pesar de que era ella quien cuidaba de mí, y quien me encontró cuando estaba perdido.
— ¿Podrías poner atención a lo que estoy diciéndote?— Cerro la maleta atrapando mi
mano en esta.
— ¡Ouch! Te escucho— Me queje.
—Bien, ahora mírame. No sé qué demonios este pasando contigo pero has estado
actuando muy raro desde aquella vez. Así que voltea hacia mí y mírame— Eso quería,
eso hice.
—Bien, ahora que tengo tu atención. ¿Dime si no has estado pensando en lo nuestro?—
¿Que era a lo que se refería con lo nuestro?, hablaría de nuestra relación. Deseaba cortar
conmigo, ¿Por qué? Yo no hice nada malo, pero eso no era una pregunta, esto era otra
cosa, y no tenía idea de por qué divagaba.

—Keith, estas distraído. Mírame— Tomo mi rostro entre sus manos y sonrió cuando la
mire a los ojos sonriendo.
—Lo siento tienes razón, estoy extraño. Disculpa pero así soy— No pude decir nada
más que esto.
—Hable con mi padre hace algunos días, hablamos por teléfono y bueno. Él sabe de ti,
no le agrada del todo, pero si yo soy feliz él lo es. Así que bueno, me pidió que hablara
contigo respecto algunas cosas— Hizo una mueca de su propia conversación algo no
marchaba bien y esto me hizo sentirme aterrado, porque sabía perfectamente la clase de
cosa que era su padre.
—Mi padre, no es tan malo como crees. Pero no hablare al respecto— Me preguntaba
como rayos sabía que es lo que yo estaba pensando, a juzgar por mi rostro me delataba,
¿tan predecible soy?
—Tranquilo, ok. No sé por dónde empezar pero...— Oh demonios las cosas no
marchaban nada, nada bien. Cada vez que alguien decía tranquilo y me veía de tal
manera significaba que algo malo ocurría, y esto me aterraba. Tomo una de mis manos
y mis ojos se desorbitaron mirándola con miedo.

—Keith. Mi padre quiere que si las cosas siguen igual de bien de lo que van ahora. Tu
bueno, pases a ser parte de la familia de la forma correcta— Forma correcta, ¿De qué
rayos hablaba cuando decía forma correcta?

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—No comprendo— Exhale aun nervioso, mis manos sudaban y ella podía sentirlo. Por
qué de inmediato las apretó más.
—Quiere que seas parte de nosotros, uno más de la familia. Ahm tu sabes de que
hablo— Lo sabía pero no quería saberlo y tampoco deseaba escucharlo.
— ¡No! No sé, de que hablas, y debo irme— La solté y me levante de inmediato de la
cama, termine justo a tiempo para marcharme.
—Espera, no te vayas debemos hablar. Sé que no estás del todo bien, pero es ahora o
será demasiado tarde— No escucharía más del asunto, me fui casi corriendo. De hecho
así fue, huía de mi propia novia, que deseaba que yo me convirtiera en algo que yo
jamás seré. Me siguió pero solo hasta la entrada de su casa, escuche como suspiraba
resignada y me dejaba ir, esto era lo mejor. No deseaba hablar al respecto ahora ni
nunca. Ella estaba loca si creía que aceptaría algo así, tengo un hijo, soy feliz
respirando, ¿Ellos respiran? Ni siquiera los recuerdo, y aun así sea no quiero. No seré
jamás un monstruo como ellos, soy feliz siendo yo. ¿Para qué ser algo más? Tengo una
vida que aprecio demasiado y aun con ello aun la amo, ella debe amarme tal y como
soy. Si su padre no está de acuerdo con toda la pena, pero no aparentare ni fingiré algo
que no deseo.

Me fui muy desconcertado y molesto de la casa de Illian directamente a La Posada


donde antes de desempacar alce la bocina del teléfono para hablar con mis padres. Es la
primera vez en mucho tiempo que lo hacía, pero me trague mi orgullo y decidí hablar
con ellos. Fue una pena que no estuvieran en casa, deje un mensaje de voz en el
contestador automático. Diciéndoles que los amaba y que disculparan que había sido un
cretino los últimos años, deseaba verlos de nuevo y estar en casa. Vivir en Penticton no
era como lo desee, esto último no se los dije, trague parte de mi orgullo para hablar con
ellos, quería reservarme ciertas cosas. El resto del invierno fue calmado, agradecía a que
mi hijo estaba sano y salvo de nuevo en casa conmigo. Deseaba pasar Navidad en casa
con mis padres, no recibí ninguna llamada venir de su parte, tal vez el mensaje no se
guardó o no deseaban nada de mí. Esto hizo que me deprimiera, no había rastros de
Illian después de esa vez. Nada de lo que hiciera me haría sentir mejor. La Navidad la
pasamos al igual que el año pasado con mi ahora dulce jefa Kathrina, solo que esta vez
en lugar de invitar al Señor Benson estuvimos juntos con su nueva pareja, Destiny y su
madre llegaron temprano para ayudar con la cena, este año no irían a visitar al resto de
su familia. Ni rastros de mi novia, ni de mi hermana. Esto era bastante extraño pero no
deseaba ser una molestia cuando ya había causado demasiadas preocupaciones y
decepciones. Mi regalo este año para ellos, dejarles en paz por un largo tiempo.

Aunque por otro lado me dolía muy en el fondo no recibir ni una sola llamada ni
siquiera en un día tan importante que era para mi Familia como Navidad, ¿Para qué
encontrar? ¿Por qué buscarme? Solo para dejarme a Caesar y que me hiciera cargo de
otro pequeño error que cometí, me preguntaba qué es lo que pensaban mis padres sobre
mí, incluso mi hermana me empezaba a tratar de distinta manera, no era su pequeño
hermano. Ahora era un desconocido con el que entablaba conversación. Me sentía tan
mal que no pude siquiera probar bocado de la cena que Kathrina y la madre de Destiny
prepararon, no deseaba saber nada más.

Lo más curioso es que a pesar de todo, pareciera que solo les preocupaba mi hijo. Como
si yo no fuera más que una sombra de lo que alguna vez fui. Aun con todo lo que paso,
continuaban enviándome dinero, esto me ayudaba bastante pero a partir de que me
gradué de la escuela no había sacado dinero de la cuenta bancaria de la familia

168
Foxworth, ya que estos habían muerto mi hijo es heredero de su fortuna, mi hermana y
yo seriamos los responsables hasta que el cumpliera la mayoría de edad, sin embargo
deje que Jessica fuera la encargada de tal cuenta. No quería saber nada de mis padres o
de los Foxworth, no deseaba saber nada de mi pasado. Deseaba dejarlo atrás, me tome
muy a pecho esto de iniciar una vida desde cero. Mi pequeño no estaba en este plan, y
llego solo para volverme más responsable y hacerme cargo de algo que fue tan
precipitado, costaba asimilarlo.

La primavera llego, y con ello la competencia que llevaba esperando por meses; El
Triatlón anual que se llevaba a cabo en Penticton. Me prepare para las tres disciplinas, a
pesar de que solo yo sería el reemplazo de mi compañero en caso de que no pudiera
participar, ya que lo dudaba, él era el mejor de toda la escuela, llevaba años entrenando,
en comparación a los pocos meses que tenía metido en esto, por ello él fue elegido y yo
no. En fin estaría presente al menos para dar apoyo moral al igual que otros dos de mis
compañeros que formaban parte del equipo del resto de las categorías que eran ciclismo
y natación. Aun cuando sabían que yo no era parte importante para el equipo Destiny,
mi hermana e Illian decidieron dejar sus diferencias a un lado solo por tratarse de mi e ir
en mi apoyo, fue tan vergonzoso ver como las tres estaban esperándome como si yo
fuera a hacer la gran cosa.

Necesitaría de un milagro para poder participar, el entrenador se acercó a mi unos


minutos antes de iniciar la primera competencia, me pregunto si estaba disponible para
participar ya que de último momento Fred no pudo asistir, su madre enfermo y estaba a
su lado en el Hospital de Vancouver y por ello no podría venir. Me dolió la situación,
por su madre y a la vez agradecía que mi familia no hubiese venido a perder el tiempo.
Estaba más que listo para ser el siguiente en esta competencia que era un triatlón que se
dividía en forma de relevos, existían muchas categorías y nosotros formábamos parte de
esta. En la otra los deportistas más experimentados competirían en las tres disciplinas
debía ser muy agotador, menos mal yo solo practique para pasar el rato y estar más
familiarizado con el resto. No creía tener tan mala suerte como para que el resto de los
cinco chicos no pudieran participar y tuviera que cambiar de categoría y hacer todo
solo. En lugar de ser buena suerte, significada tragedia, menos mal no hubo ningún otro
inconveniente con el resto del equipo. Cada quien estuvo listo para la disciplina que nos
correspondía, debíamos ser rápidos y dar lo mejor de nosotros mismos, para apoyar al
siguiente y darle un poco de ventaja yo sería el segundo, en competir y la carrera a pie
sería muy extensa pero más corta que un maratón. Agradecía que esta no era la
competencia Iron-Man que se celebra anualmente en diversos países, era como un
ensayo para aquellos deportistas que deseaban prepararse para en un futuro saltar a las
ligas altas y competir en un verdadero triatlón, para mi esta era una competencia
importante, ya que debía resistir durante 7 Km sin detenerme para darle ventaja a mi
compañero de la última recta, alcanzarlo hasta llegar al lago y quedarme tendido para
beber un poco de agua tranquilamente y descansar.

Cuando llegue a la recta final sorprendentemente no quede tendido como había creído,
pero si estaba sumergido en mi propio sudor y estaba tan sediento que la garganta me
ardía, a pesar de beber un poco de bebida energizarte en el camino para resistir,
necesitaba agua para sentirme aliviado. Al llegar a la recta final mire a mis tres chicas
favoritas, me estaban esperando, no pudieron seguirme durante el trayecto de la
competencia ya que tuve que subir y bajar corriendo colinas. No soportarían mi paso, y
Caesar seguramente estaría incomodo bajo el Sol, lo mejor al final fue esperarme en la

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comodidad de la meta, al menos seria mi meta, tocar el brazo o la mano de mi
compañero. Los cinco nos quedamos esperando, ahora formaba parte de los
espectadores como el resto del equipo y junto a mi familia vimos al último de nuestro
equipo nadar hasta perderlo, el lago era enorme y darle la vuelta a todo este en el menor
tiempo posible, en algún momento lo perdimos de vista al igual que a los demás
competidores fue un alivio al verlo acercarse con el resto por muy detrás de él,
ganaríamos el primer lugar si continuaba con el mismo ritmo que llevaba pero al final
solo alcanzamos el segundo puesto, al parecer el otro chico había guardado energías
para arrebatarle en el último momento. Al menos obtuvimos el segundo lugar, no fue
tan malo, me alegraba poder llevar una medalla, esto sin duda fue una de las cosas más
importantes que había hecho en lo que llevaba de vida, esperaba no fuera la última.

Cuando la competencia llego a su fin nos fuimos del lugar para celebrar, fuimos a una
pizzería que se encontraba en el Centro de Penticton, el lugar tenia esencia a Italia desde
la entrada y por ello me gustaba comer en ese sitio, la única desventaja es que pizza era
el único platillo que servían en aquel lindo lugar, una lástima me hubiera gustado comer
lasaña o algún otro platillo además de la pizza. El resto de la tarde y noche fue bastante
tranquila, a decir verdad demasiado no hacían siquiera gestos parecía que estuviese
soñando mi hermana y mi novia juntas en la misma mesa sin quererse matar con la
mirada me sorprendió mucho la aptitud de ambas, agradecía que se respetaran. Me daba
por bien servido con cenar pizza en paz con mi familia, después de los roces que se
presentaban entre nosotros a causa de mi actual pareja.

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Capítulo 21

Paso un buen tiempo para que yo deseara visitar a Illian, prefería verle en la Cafetería o
en La Posada incluso hubo un tiempo enseguida de ese incidente donde no quería ni
verle. Con el pasar de los meses olvide lo que me molestaba, y pasaron muchos meses
desde aquella vez. Ahora mi pequeño tiene tres años, no podía creer lo rápido que
avanzaba el tiempo, y cuanto había pasado, caminaba y hablaba, incluso corría de un
lugar a otro, un niño bastante activo. Cuando las cosas parecían tranquilas, algo
realmente sorprendente y confuso ocurría, mis pensamientos cambiaban repentinamente
como si algo más estuviera controlándolo. Huía de mi propia mente, y pasaba noches
enteras sin dormir, no deseaba hacerlo, temía a mis propios sueños o debería llamarlas
pesadillas, miedo de mí mismo, esto iba de mal en peor. Sentía que me estaba volviendo
loco, me sentía un loco y que podía en cualquier momento salir de si y atacar a todos.

Illian acostumbraba salir a trotar todas las mañanas, le gustaba pasearse por La Posada
para irnos a saludar, aun cuando sabía que más tarde nos veríamos en el trabajo,
llevábamos meses siendo indispensables para Kathrina, más ahora que había anunciado
que se casaría el próximo año, pero ya había iniciado con los preparativos para la boda
en lo que yo no me metería, eso es cosa de chicas. Para aquella fecha mi pequeño sería
más grande, y no le costaría tanto trabajo llevar la cola del vestido de novia de mi jefa,
Kathrina e Illian, me sorprendió lo bien que se llevaron desde un principio, se volvieron
buenas amigas, tanto que ella fue la que ayudo a elegir su hermoso vestido de diseñador,
tenía muchos contactos en el mundo de la moda. Ella tomo cargo de la asesoría y
organización para este importante evento. Además de que ella fue la que arreglo
Brownies & Muffins, la temporada en la que yo renuncie o mejor dicho, en la que fui
despedido, ahora era la experta en Bodas, y en cierta forma me daba miedo. Caesar era
un niño muy platicador, todas las mañanas bajaba las escaleras esperando a que Illian
llegara para saludarla, dejo de llamar mami, porque tía Jess le explico que ella no era su
madre, eso y que le rogo para que dejara de hacerlo, cuando este se aferraba a la idea.
Ahora para él solo era Illi, un niño bastante despierto para tener poco más de tres años.

El gran día se acercaba para nuestra jefa y algo me decía que se iría por un largo tiempo
lejos de América para conocer a su nueva familia política. Ella y yo nos quedaríamos a
cargo, y esto en cierta forma nos beneficiaba pero a la vez se convertía en una gran
responsabilidad. Las sensaciones extrañas continuaron, no tenía idea si se debía a todo
lo que debíamos hacer, el estrés o que se yo, pero en ocasiones me sentía molesto sin
razón incluso podía llegar a desquitarme con Caesar al llegar a casa sin que él hubiese
hecho algo malo. En el trabajo me sentía ofendido e incluso humillado por algunas
cuestiones que nadie comprendía, ni siquiera yo. Todos insistían en que algo ocurrió
aquella noche años atrás que me dejo un tanto mal de la cabeza, deseaban que viera a
un especialista pero yo me jactaba de que todo marchaba bien, era cansancio. Tan mal
me sentía en ocasiones que en más de una ocasión deseaba tomarle la palabra a Jessica
y largarme de Penticton uno de estos días sin avisarle a nadie, dudaba que les importara.
En una ocasión discutí con Illian, la amenace porque me tenía harto y está en vez de
molestarse lloro diciendo con lágrimas en los ojos que preferiría morir a verme molesto
que tenerme lejos. ¿De dónde surgía mi mal genio? Me sentí culpable, por lo que la
abrace disculpándome por tantas veces en la que actué como un imbécil, ella solo
acaricio mi cabello diciendo que todo estaría bien, cuando yo sabía muy en el fondo que
no era así.

171
Muchas cosas habían cambiado en este tiempo ahora incluso mi amiga Destiny, tenía
con quien salir, ya no se enfocaba en mí y aquello me hizo sentir apartado, eran una
clase de celos, porque un sujeto idéntico podría jurar que era el hermano de la fallecida
Marion. Lo odiaba y ni siquiera había hablado con el sujeto, el solo ver su rostro me
hacía rabiar es por ello que no quería ver ya ni siquiera a mi amiga, deseaba tener
momentos de soledad y últimamente era más el tiempo que estaba solo que acompañado
por alguien, llego el momento en el que me volví insoportable incluso para mí mismo,
cada día empeoraba. No por eso significaba que el nuevo novio de mi amiga me
agradara, solo le saludaba por cortesía. Dest me comento que me veía muy pálido y
desganado, incluso más delgado en una ocasión solo asentí dándole el avión. Tenía
semanas sin ir a entrenar, no me sentía de humor para hacerlo, trabajaba por necesidad
pero no deseaba hacer nada, más que meterme en mi cama, sin dormir, no deseaba
hacerlo a pesar de que fuera tan necesario como comer, no sentía antojo por ninguna
cosa, no tenía apetito. La vida perdía sentido, algo provocaba que me sintiera mal y
continuaba sin saber que era lo que tanto me afectaba. Me veía al espejo recordando
aquel mocoso que llego a Penticton pocos años atrás, cuando no tenía idea de qué
demonios hacer, y de cómo iniciar una nueva vida, ahora deseaba terminar con esto de
una buena vez. ¿Sería esto una señal más para volver a casa?, ¿Tenía sentido continuar
en este lugar?

Todos se preocupaban pero nadie decía nada, no querían decirme las cosas de frente y
yo no lo veía de esa forma. Era tan pesimista, todos me daban mi espacio con excepción
de Illian que continuaba buscándome porque se preocupaba por mí. La última persona a
la que deseaba ver era a ella, sus palabras me daban vueltas en la cabeza, deseaba tantas
cosas pero a la vez nada. No me comprendía, ni siquiera yo lo hacía. Y cuando las cosas
parecían ir mejor empeoraban, no conciliaba el sueño por la sencilla razón de que temía
de mis propios sueños que terminaban convertidas en terribles pesadillas como aquella
vez en la que me quede dormido en medio del bosque solo. No fue mi intención, solo
quería tomar un descanso y el mejor lugar que se me ocurrió fue en el bosque.

Después de un largo día de arduo trabajo, quede exhausto. Tome el camino corto a
través del bosque pero en el camino no pude soportarlo más, y decidí tomar un
descanso. La primavera llego y la nieve empezó a derretirse, el frio en vez de disminuir
crecía en este proceso calando hasta los dientes, estos rechinaban por lo frio del clima,
mis defensas estaban tan bajas que incluso empezaba a tener un resfriado, pero nada
importo, solo deseaba sentarme para descansar, no soportaba el frio de mis manos al
tomar los manubrios de la motocicleta, estaba muy agotado incluso para eso. Me senté
bajo la copa de un gran árbol, cerrando los ojos después de unos segundos al parecer
quede completamente dormido. Empecé a soñar con cosas hermosas, escenas tan
agradables e inofensivas. Estaba con mi pequeño ambos jugábamos con el barquito que
le dejo Santa en la Posada, el pobre se preguntaba si en la casa de Illian le dejo algo, no
me importo nada esto no, nada me causaba más alegría que verlo a él feliz.

Ambos estábamos en la posada jugando y riendo en la habitación que ahora era nuestra;
de un momento a otro y por una extraña razón todo se tornó oscuro, Caesar desapareció.
Solo, y en un lugar completamente desconocido, esta era una habitación completamente
blanca y resplandeciente. Voltee a los lados para visualizar una hermosa figura era Illian
al parecer no estaba tan solo después de esto fue cuando peor me puse deje todo mi
coraje atrás para dejar paso al dolor que sentía ese sueño me dejo mal, más que un
sueño fue una terrible pesadilla que deseaba jamás se volviera realidad. No fue todo lo

172
que viví en aquella oscura realidad. Se acercó con pasos delicados hacia mi
abrazándome por la cintura no me alcanzaba más arriba era muy pequeña y yo altísimo
decía ella siempre, me deje llevar correspondiendo a su abrazo como si nada hubiera
ocurrido entre nosotros además era un sueño ¿No?

La tome su barbilla para acercarla a mis labios, la bese cariñosamente y ella sonrío. Era
extraño que no me digiera nada, no se trató ni siquiera de disculpar estaba muy calmada
y feliz, sonreía de oreja a oreja con una dulzura inigualable. No me importo nada solo
quería tenerla a mi lado por siempre. Terminado este pensamiento ella sonrío
pícaramente, jalándome de una mano. La seguí sin saber a dónde me llevaba sentía
cálida su mano, más de lo habitual parecía estar ardiendo. Estábamos aun en la
habitación totalmente después me soltó y al igual que mi hijo desapareció, me preocupe
cuando se esfumo de la nada. Frente a mi había un gran espejo, vi mi reflejo sobre él,
con mi hijo y a su madre a lado de mí. No pude evitar tallar mis ojos para saber si lo que
veía era real, obviamente no lo era esta no era más que un hermoso sueño, pero en
aquella realidad todo parecía ser tan verdadero y era como si existiera. Ahora a lado de
mi se encontraba mi querida y bella Marion con nuestro pequeño Cesar en brazos, bese
a ambos en la mejilla, y cuando estaba a punto de abrazarlos por completo
desaparecieron, estaba harto, grite con desesperación.

— ¡No! ¡Marion, Caesar vuelvan!— Grite, ya era demasiado tarde había desaparecido.
De nuevo voltee a ver el espejo Illian se encontraba a mi lado nuevamente sonriente
pero esta vez su sonrisa no era dulce, ni picarona era maliciosa. Señalo el espejo mire
mi reflejo sobre él. Me sorprendí de lo que vi reflejado, ese era yo. Era distinto, mi piel
era completamente blanca y pálida, un color que se asemejaba más al de una escultura
de mármol, mis ojos no eran color azul celeste como los de mi madre, estos eran de un
color negro azabache completamente oscuros. Ella también estaba reflejada en el me
abrazaba y besaba la mejilla. La pareja perfecta pensarían algunos, dos seres que a la
vista de simples mortales se darían a desear por su increíble belleza y perfección. ¿Pero
qué rayos?

Me sorprendí de lo que observaba, ambos chicos sonreían maliciosamente, voltee a ver


a Illian, que se encontraba justo a mi lado, sonriendo maliciosa al igual que su reflejo.
Sorprendido y temeroso ante lo que veía me exalte, toque mi rostro con las manos.
— ¡Oh No! ¡Esto no puede estar pasando!— Grite impactado, mis manos estaban
cubiertas por sangre, ella reía. La veía exaltado y asustado, mire el suelo que se suponía
debía ser blanco solo que ahora cubierto por sangre derramada. Cerca de ahí tirados en
el piso se encontraba Marion y mi pequeño, ambos con heridas graves y sobre un suelo
manchado en sangre. Corrí en su ayuda, abalanzándome sobre ellos, debía ayudarlos.

— ¡Ayúdame!— Exclame volteando a verla, rogándole por algo de ayuda para salvar a
mi familia, si era enfermera como yo podría ayudarme antes de llevarlos con médicos a
un hospital estaban muy heridos.
— ¡Illian! ¡Ayúdame, por favor te lo suplico!— Grite desesperado en cambio ella
seguía riendo, no pude evitar derramar lágrimas de impotencia y coraje. Voltee un
instante, a lado de ella se encontraba... No era posible yo estaba aquí, ese no era yo. Las
manos al igual que la ropa de aquel chico idéntico a mi estaban cubiertas de sangre.
Ambos se acercaron, ella no lo soltaba lo abrazaba con fuerza aferrándose a él cada vez
más sonriéndole como solía sonreírme a mí.

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— ¡NOOOO!— Grite exaltad, desperté aun dentro de mi sueño, me levante del
sobresalto completamente bañado en sudor, me levante del suelo tocando mi rostro,
sentí las manos húmedas. No pude evitar asustarme por esto, las mire de inmediato, solo
era sudor lo que tenían no era otra cosa. ¿Acaso soy capaz de hacer algo como esto?
Pensé.

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Capítulo 23

Tenía poco que haber inscrito a Caesar en la guardería, era hora de que empezara a
socializar con niños de su edad independientemente de aquellos con los que de vez en
cuando convivía en Brownies & Muffins. Esta era una gran oportunidad para que
aprendiera lo que en poco tiempo seria el ir a la escuela, ya que no siempre estaríamos
detrás de él. Agradecía que la guardería estuviera cercana al trabajo y más que estuviera
a unos cuantos locales de la Tienda de Abarrotes de la madre de Destiny. Eran pocos los
días que tenía lleno, de inmediato hizo amiguitos, mi pequeño era mucho más sociable
que yo. Deseaba ir a casa de Kevin uno de los tantos niños con los que jugaba en aquel
lugar, sería el cumpleaños de este y su madre nos encargó unos cupcakes para la
celebración. Me parecía increíble que a pesar de tener ya un par de años viviendo en
Penticton, y aun con el enorme parecido que tenía conmigo, creían que se trataba de mi
pequeño hermanito.

Algún me hartaría de esto, terminaría gritando él es mi hijo, de momento las cosas iban
demasiado tranquilas, después de que el año había sido todo un tormento. Me dio algo
de tristeza dejar a mi hijo el resto del día en casa de su amiguito después de entregar los
cupcakes para la fiesta, era feliz porque se divertiría más que con el aburrido de su
padre. Regrese a la Posada, regresaría por el mas tarde cuando todo terminaría, tendría
toda la tarde para mí. Volví a la posada algo nostálgico, mi volubilidad continuaba
latente no como el año anterior pero continuaba pensando en cosas que no debía. A
veces me sentía depresivo como en esta ocasión y en otras tan ansioso, exceso de
pasado y futuro, era un completo desastre.

Subí desganado las escaleras fue extraño no ver al Señor Benson en la entrada abrí la
puerta de mi habitación y antes de poderme tirar sobre la cama para echarme a dormir o
tal vez sollozar, dependía de lo que ocurriera. Note la presencia de Illian antes de entrar
a la habitación porque su perfume se percibía desde el corredor. La encontré en un
vestido rojo, se veía tan seductora con los labios del mismo color, alce una ceja al verla.
Trate de pedirle que se fuera pero en vez de esto no lo soporte más y solloce, arruinando
cualquier plan que ella tuviera en mente. Ella me miro extrañada, continuaba sin
comprender por qué actuaba de esta forma. La sentí algo decepcionada, se acercó a mí
suspirando.
— ¿Ocurre algo? Creí que te sentirías mejor cuando aceptaras mis disculpas— No sabía
a qué se refería, se encontraba sentada sobre su cama. Hizo que me acercara a ella para
acomodar mi cabeza sobre sus piernas mientras me mantenía acostado.
—Keith de verdad, no tengo idea de que ocurre contigo. Esta vez de verdad me
preocupas. No estas molesto, desde hace tiempo. Pero he notado que actúas muy
extraño, de verdad necesitas ayuda— Exhalo resignada. En vez de molestarme y alegar
por lo que me decía, solo pude mantenerme aferrado a sus piernas abrazándolas.

—Estuve pensando en tantas cosas y creo que tienes razón. No quiero que me veas
como a un humano, que en cualquier momento puede morir. Te Amo pero tú a mí no, es
mejor que te vayas, porque yo no pienso cambiar por ti— Termine algo tajante. Muchas
veces me vi siendo alguien diferente, como en aquel sueño pero de solo pensarlo me
daban escalofríos y de inmediato lo descartaba. Illian solo se limitó a acariciar mi
cabello como si se tratara de Caesar en vez mí, trate de controlarme tome un respiro y
después de unos segundos más, me levante mirándola de frente.

175
—Keith, no comprendes. No es suficiente para ti lo que he tratado de hacer todo este
tiempo para darte cuenta de quién me importa eres tu— La mire sin comprender del
todo.
—Lo que mi padre desea es una cosa, yo solo desearía ser como tú para tener una vida
normal a tu lado. Esto me hace feliz, aparentar ser normal como todos— Sonrió
acariciando mi rostro, no podía decirle nada, no tenía idea de que decirle, no me lo
esperaba.

—Nunca fue mi intención que malinterpretaras las cosas, te amo y nada me importa más
que eso— Sus ojos se llenaron de lágrimas al igual que los míos por haber escuchado
sus palabras tan sinceras. La abrace para consolarle besando su frente. La había
extrañado tanto y todo este asunto de la inmortalidad me perturbaba, el ser diferentes
nos hacía infelices, me comporte como un idiota por la estúpida ideología con la que fui
criado. Por más que trataba de dejar el pasado atrás, no podía esto era tan difícil trataba
de tragarme mi orgullo pero no podía era tan difícil renovar mi mente a las
posibilidades.

—Tranquila no paso nada. ¿Podrías perdonarme? Olvidemos todo esto y empecemos de


nuevo— Hablaba algo nervioso sentía que me mandaría a volar como yo lo hice, podría
ser esta una venganza para tratarme como yo la trate. Trague saliva nervioso creyendo
esto de nuevo ideas que no había puesto en mi mente me acosaban parecía una pesadilla
nuevamente.

—Lo hare si tu lo haces, no volveré a ofenderte diciéndote que morirás, no morirás en


mucho, mucho tiempo y yo estaré a tu lado cuando ocurra lo que deba de ocurrir aunque
duela. Espero algún día encontrar...— No le permití terminar le robe un beso tan intenso
para callarla ella lo correspondió igualmente. Ambos caímos sobre la cama sonriendo y
regresando a lo que éramos no había un yo sin un ella. Ese catorce de Febrero fue el
mejor que tuve en mucho tiempo la extrañaba mucho la hice feliz tratando de
compensar todo el mal que provoque y al parecer ella igual. No necesitaba disculpas
venir de su parte pero después de ese día volví a ser el mismo me esforzaba en la
escuela y en el trabajo hasta Illian iba a la escuela conmigo ahora teníamos que
turnarnos cada tercer día para recoger a Caesar de la escuela. Todo marcho perfecto
después de aquel día el cumpleaños de mi pequeño se acercaba tan rápido llego Abril y
muy pronto las vacaciones de verano. Ella en ocasiones, me lanzaba indirectas tratando
de convencerme para unirme a su mundo, no lo quería admitir pero lo hacía, no era tan
tonto. Sus frases eran:
—Caesar crecerá algún día—
—Keith eres perfecto, no te gustaría serlo por siempre— Había hasta aprendido a
ignorarlas y a no sentirme ofendido, por más que lo intentara yo no cedería aunque en
algún momento estuve a punto de aceptar su oferta, bastante tentadora pensé. No acepte
porque de todas formas no seriamos iguales, ella continuaría siendo una hibrida y yo
sería completamente un vampiro. Los híbridos no poseían una sangre tan poderosa
como para convertir su sangre era tan acida que solo asesinaba más rápido y hacia sufrir
pero a la vez llenaba de placer a sus víctimas no tanto como decían era adictiva una
verdadera mordida de estos seres, la última que recordarías de tu vida, solo existen dos
opciones si eres atacado por uno. La primera es morir o la peor que era sufrir una
eternidad como la bestia de tu atacante y seguir asesinando solo para lograr sobrevivir,
nada que no supiera ya.

176
Después de todo lo que ocurrió entre nosotros, Illian continuaba tratándome como a un
mocoso indefenso, como si fuera un objeto frágil. No deseaba volver a derrumbarme
como hasta la fecha continuaba haciéndolo, daba vergüenza ajena. A veces ignoraba o
evitaba sus comentarios ya no me sentí ofendido ahora solo me daba lo mismo, ya que
llego el punto en el que termine por acostumbrarme a ellos. Esto me era difícil en una
sociedad donde el ser débil solo era señal de que eras menos que el resto que no lo era,
y con una novia que en ocasiones, era mucho más fuerte de lo que yo podría ser. Un
chico como yo no podía derramar lágrimas ni expresarse como lo hacían los del sexo
opuesto, en cambio las chicas podían hacerlo, nadie podía juzgarla son niñas, incluso mi
hijo lo sabía y eso que él es un pequeño niño, a la vista de muchos yo aún lo soy y
créanme cuando digo que en ocasiones desearía volver a serlo. Todos los días al
despertar lo primero que hacia además de abrir los ojos era correr hacia el baño para
verme en el espejo no era por vanidad al menos yo no lo veía de tal forma, lo hacía para
ver qué cambios tenia, aparentemente no se veía ninguno siempre era el mismo. Sabía
perfectamente que esto era un gran error estaba equivocado, todos los días morían
células de mi cuerpo, se debían regenerar pero jamás serían las mismas, estas estaban
oxidadas. A pesar de contar con una vida aun corta, tenía poco más de veinte años, en
algunos meses alcanzaría la mayoría de edad. Aun con esto muchos podrían pensar que
continuaba siendo un mocoso, porque a pesar de todo Caesar era para todos mi pequeño
hermanito.

La primera vez que me llamaron Señor en la guardería de Caesar me exalte, fue tan
extraño, y hasta la fecha no me agrada que me llamen de esa forma. Me frustraba el
tener que envejecer todos los días. Llegaría el momento en el que ella luciria muchos
años más joven que yo, y eso es lo que me aterraba. Temía que ella se hartara de esperar
a que cambiara de opinión con respecto a pertenecer a su mundo, terminaría rompiendo
con su promesa. No podía creer que las vacaciones de Verano se habían acercado y con
ello la boda de Kathrina. Todos estábamos vueltos locos con esto, tuve que hornear el
pastel días antes, este era el pastel más enorme que prepare. La decoración me llevaría
un día entero y con el tiempo encima agradecía que fuera algo sencillo. Blanco con
algunas rosas del mismo color naturales encima de cada uno de los pasteles que
formaban parte del mismo, lucia lindo. Illian quiso ayudar pero yo me negué, lo haría
solo ya que este fue mi regalo de bodas para mi jefa, lo menos que podía hacer después
de todo lo que había hecho por mí y Caesar.

La ceremonia fue igual de sencilla en una iglesia del centro de Penticton, agradecía que
se realizara en este lugar y no en Vancouver como el novio quería. Esta misma noche se
irían de viaje al viejo continente para disfrutar de la Luna de Miel y por semanas no
sabríamos nada de mi jefa. Quedaríamos a cargo de que todo marchara de forma
normal. Todo estaba listo, incluso mi traje que ni siquiera tuve tiempo de elegir con
calma, solo mi novia me lo dio diciéndome: Te quedara bien. Le creí y cuando salí del
vestidor tan mal no me veía. Mi cabello crecía rápidamente por lo que ella deseaba que
volviera a cortarlo, aunque lucia bien con este nuevo look.
—Luces muy guapo— Sonrió, ella era parte de las damas de honor por lo que llevaba
un vestido rosado, que ella misma eligió para todas. No era de mi agrado pero tampoco
de mi desagrado, al menos lucia bien en ella, pero a juzgar por el resto de las pobres
damas, en verdad que las opacaba.

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—Lo hiciste a propósito— Comente después de la ceremonia, mientras lazábamos el
tradicional arroz a los novios. Habría una pequeña reunión en un pequeño salón que
rentaron a las afueras de Penticton de hecho este quedaba a unos cuantos minutos en
auto de La Posada. Así que en cuanto Caesar estuviera cansado podríamos volver a casa
sin problema, no fue así. Se estaba divirtiendo tanto dando brincos y corriendo con el
resto de los niños, que el que quedo cansado en aquella ocasión fui yo, tendría que
correr detrás de el para que no fuera a salir del lugar. Buscarlo en el bosque sería peor
que seguirlo aun estando dentro, además después de lo que pasó conmigo, temía que
pudiera perderse, me volví un padre sobreprotector.

Illian y yo nos divertimos de igual forma, a pesar de no ser muy buen bailarín me
mostro algunos pasos, me apenaba no haber practicado pero con tantas cosa que hacer,
esto me era imposible. Tenía poco que regrese a los entrenamientos de Atletismo es por
ello que no mantenía la misma condición de antes, tarde en tenerla y la perdí en tan
solo un año. Menos mal, estaba a tiempo para continuar en el camino, después de todo
era un buen pasatiempo. Llevaron una banda de Rock & Roll a la boda, buen ambiente
y sonido. Y tenía mucho que no tocaba el regalo que mi novia me dio en uno de mis
cumpleaños pasados.
— ¿Keith, porque ya no tocas la guitarra?— Pregunto curiosa al verme divagar mirando
a la banda tocar desde la mesa que nos fue asignada.
—No lo sé, tal vez no me da tiempo— Comente sin dejar de ver a la banda tocar.
—Deberías intentarlo de nuevo, eres muy bueno— Sonrió tomando mi mano, bese su
mejilla y suspire.
—No es verdad, pero igualmente gracias— Le guiñe un ojo, y tome su mano para
invitarla a bailar, a pesar de no saber mucho, esta música es fácil de bailar solo es
cuestión de dejarte llevar por ella.

Las siguientes semanas Caesar estuvo insistiendo que para su cumpleaños o Navidad le
regalara un perro, le gustaba jugar con Yuki pero no era lo mismo que tener el suyo. Así
que Illian me convenció para que hiciera caso a la petición de mi hijo, fuimos hasta
USA a una clase de granja donde criaban perros de raza pequeña. Mentira, en ese lugar
solo tenía Beagles. Illian miro uno y de inmediato se enamoró de él, lo compramos y lo
llevamos para mi hijo. Ambos estaban tan emocionados con el pequeño cachorro al que
llamaron Spike, el único defecto que presentaba aquel perro tan noble es que los
primeros días que lo llevamos a casa ladraba durante las noches. Suerte para mi hijo que
tenía el sueño pesado, mala suerte para mí que con el menor ruido yo despertaba y
estuve en vela casi por una semana. Mantuvimos casi en secreto a Spike en La Posada el
Señor Benson, quien tenía el sueño casi tan pesado como Caesar no lo noto hasta que
escapo de nuestra habitación, salió corriendo hasta el bosque donde creímos que se
perdería. Mi pequeño lloro todo el día hasta que al anochecer regreso todo mugroso
lleno de lodo en las cuatros patitas cosa que no le agrado al casero. Le rogué por que se
quedara y nos dejó conservarlo si lo manteníamos amarrado afuera, así lo hicimos
aunque cuando este se encontraba fuera lo dejábamos pasar para que se mantuviera
calientito dentro de nuestro hogar.

178
Cuando mi hijo cumplió cuatro años le regale una casita de madera para que pudiera
jugar con el perro o que se yo. Esto es algo que yo deseaba de niño, y tal vez cuando
creciera le construiría una en el árbol, este era pequeño y no sabría cómo hacerse cargo.
Aquel día me sentí muy extraño, algo me hizo sentirme de esa forma, escuche el
teléfono timbrar, inmediatamente me acerque para contestarlo. Me quede helado al
recibir la llamada de mis padres fue extraño que yo recibiera una llamada telefónica
después de años de no saber nada de ellos, más que por las noticias que mi hermana
Jessica llevaba cuando nos visitaba. Era mi madre, no sabía que decirle. Solo me
dedique a escucharle, no pude evitar sentirme mal al escuchar la noticia, ellos no
querían preocuparme y me daban mi espacio, no deseaba alertarme de lo grave que se
encontraba mi padre. Esta mañana él había fallecido y no tuve la oportunidad de hablar
con él, por última vez porque ellos solo deseaban que yo fuera independiente y no
deseaban molestarme cuando todo este tiempo creí que ellos ya no deseaban saber nada
de mí. Me sentí destrozado, ella me miro preocupada y no hice más que decirle a Caesar
que debíamos volver a casa. El me miro sorprendido ya que no comprendía, el creía que
nuestro hogar era en Penticton.

—Keith amor ¿Te encuentras bien?— Aquí estaba Illian de nuevo preocupándose por
mí, tenía una mala cara ya que a toda costa trataba de soportar las ganas de gritar y de
llorar que sentía por dentro. La mire serio y algo frio, era la única forma de soportar
todo el dolor que me inundaba en aquel momento, le conteste de forma tranquila.
—Surgió un imprevisto, debemos volver a Baltimore hoy mismo. Volveremos en
cuanto todo esto termine, ok— Ella me miro exhalando, estaba preocupada.
— ¿Qué fue lo que paso?— No quería decirle nada y tampoco deseaba que me
acompañara, antes de que comentara algo más dije.
—Cuando volvamos, te contare todo. Y otra cosa, no insistas en que iras, porque lo
menos que querrán será verte, bueno tu entiendes, como es mi familia— Lo dije tan
serio que parecía que estaba molesto con él, mas por el tono tan frio en el que lo dije.
—Ok— Por su rostro sabía que deseaba saber que había ocurrido, incluso podía sentirla
sorprendía por el hecho de que le dijera que volvería a casa, cuando sabía perfectamente
que tenía años sin hablar con mi familia.
Esta fue otra de las llamadas que cambio mi vida, y por la que puede haya decidido
entre muchas decisiones de las que pueda ahora me arrepienta.

No era mi intención terminar peleados de nuevo, y más por problemas insignificantes


como mis problemas existenciales acerca de mi pasado. Odiaba el tiempo me hacía ver
como un inútil en todos los aspectos de mi vida, como fuera que tratara llevarme con él
siempre se burlaba de mí. Un impulso inesperado debido a la culpabilidad que sentía
por haberle respondido de forma tan seca y fría me hizo decir una de las cosas que no
debí hacer. Ni siquiera pensé en lo que decía, no debió pasar por mi cabeza en una
situación de esta forma. Tal vez una de las razones por las cuales lo hice fue para
calmarla, para evitar hablar más al respecto, la razón continua desconociéndola.
—Acepto tu oferta— Fue lo único que dije, fue tan inesperado que ni siquiera ella
comprendió de que hablaba. Alzo una ceja mirándome extrañada.
— ¿Que?, ¿De qué hablas?— Nuevamente repetí.
—Tome una decisión y creo que, lo siento no. No lo creo lo afirmo, quiero ser como tú,
no me importa lo que pase me da igual. Solo quiero ser perfecto para ti por siempre,
quiero estar a tu lado y quiero ser eterno como lo son en ese mundo. No deseo morir si
lo hago tu no vendrías conmigo, y no sería lo mismo— Eso lo dije para dejar atrás esa
mentalidad cerrada, la única forma era aceptando su tentadora oferta además…

179
¿Qué persona no desearía vivir por siempre? Y a pesar de que en este momento mis
padres pudieran odiarme por pensar siquiera en esa posibilidad, sin importar el lugar
donde quiera que me encontrara, una parte de mí realmente lo deseaba, no había nada
que me detuviera.
—Keith, no sé qué decirte creí que ahm no querías hablar más al respecto de ese tema,
creí que odiabas que insistiera y ahora tú me dices estas cosas de la nada. No te creo,
¿Qué quieres?, ¿Porque tu repentino cambio?— Pregunto aun sorprendida no me creía y
como no si la forma en que se lo plantee fue algo tan extraño.

— ¿Acaso no puedo decidir por mi cuenta? Ya te dije, yo deseo algún día ser algo más
que tu novio podríamos hasta casarnos algún día. Claro, si tú lo deseas pero si no, no
importa, sabes ahm olvídalo ya hable demasiado mejor me callo y olvida lo que dije, de
acuerdo— Suspire ella había apagado la ilusión de querer algo de lo que aun dudaba.
—Le pediré a mi padre que te convierta, si estás de acuerdo con ello. Dudo que se
niegue si él fue el que puso la condición desde un principio— Comento emocionada,
como si esto fuera digno de celebrar cuando por dentro ya me estaba arrepintiendo de
mi boca floja. Yo solo asentí algo nervioso.

—Tienes que saber primero que nada que cuando esto ocurra no hay marcha atrás, pero
con quien hablo tu mejor que nadie lo sabes, ¿No es así?— Me sonrío tomando mi
mano, mi sonrisa continuaba trate de hacerle ojitos pero debía verme serio no como si
esto fuera un capricho o algo que no tenía bien presente, debía estar serio y escucharla.
—Pone una fecha para hacerlo y cuando regreses veremos qué pasa, hay que confirmar
con mi padre. No podemos hacerlo esperar ni un día más ni un día menos. Así que
piénsalo bien, ok— Lo pensé un poco y respondí de inmediato.
—Pon tu la fecha— Le sonreí.
—A mí, me da lo mismo la que me vera por siempre serás tú, elige como quieres verme
así o más maduro— Trate de bromear, ella solo rodo los ojos acariciando mi rostro.
—Podríamos esperar un poco— Sonrió robándome un beso que correspondí con tantas
ansias.

—Solo te diré una última cosa espero no cambies de opinión con el esperar, debes saber
que no dejare a Caesar huérfano y no desearía darle esa vida a él. Quiero que crezca
como un niño normal y si el algún día lo desea, ya estaremos muy lejos como para
permitirle suicidarse de esa forma. Quiero esperar al menos hasta que cumpla la
mayoría de edad unos dieciocho años para ese tiempo yo no me veré tan viejo y será
perfecto al menos no pareceré tu padre— O al menos eso creía, si me veía peor
adelantaría mi última petición, cambie un poco la idea antes de que pudiera agregar algo
más.
—Mi fecha límite es en el cumpleaños dieciocho de mi hijo. ¿Estás de acuerdo con
esperar tanto tiempo? Son demasiados años. Si no quieres no te preocupes lo
comprenderé— Suspire resignado, ella solo sonrío besando mi barbilla, era lo más que
alcanzaba cuando estábamos parados como en este momento, no estaba parada de
puntitas como cuando me besaba por eso prefería a veces adelantarme.

—Te esperaría por siempre y por supuesto que lo hare te doy mi palabra. Quiero verte
madurar, solo no permitiré que te descuides para que te conserves mejor— Sonrió
maliciosa, algo me decía que me daría una rutina muy exhaustiva y con una dieta
rigurosa, trague saliva nervioso. Rayos, mi vida ya no me pertenecía, se la di en bandeja
de plata a mi novia, al menos ella cuidaría mejor de mí que yo.

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—Bien, pero por el momento vayamos a darle su sorpresa a Caesar. Pronto cumplirá
cinco, ¿Cuantos años faltan?— Pregunte haciendo el gracioso e inocente.
—Muy pocos, ya lo veras amor, muy pocos— Le robe un beso más intenso pero corto,
antes de subir las escaleras para ir a empacar.
—Solo espera a que vuelva, ok— Subimos tomados de las manos, en un brazo llevaba
cargando a mi pequeño que nos veía sin comprender de que hablábamos.

—Te ayudo a empacar— Asentí y ambos subimos por las escaleras, me lleve cargando
a Caesar. A pesar de haber recibido una noticia, que dolía en el alma, en cierta forma me
sentía mejor, una parte de mi descanso, ahora que sabía que mis padres todo este
tiempo solo trataron de darme algo de espacio. Fue un alivio pero a la vez durante el
trayecto de camino a Baltimore, mientras nos encontrábamos en el aeropuerto de
Vancouver donde mi novia amablemente nos dio un aventón, sin conocer la razón del
porqué de nuestra ausencia durante las próximas dos semanas, cuando quedamos de
acuerdo en que ambos seriamos los que estaríamos a cargo mientras Kathrina disfrutaba
de sus vacaciones.

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Capítulo 23

No quiero recordar lo doloroso que fue regresar a casa después de años de creer que no
les importaba más, cuando fue todo lo contrario. Lo más difícil fue aceptar que estaba
equivocado, tal vez no tanto como el que mi madre aceptara que todos tuvimos en parte
culpa. El día en el que Caesar cumplió cinco años, mi padre, su abuelo murió. El lucho
por años con la extraña enfermedad, que poco a poco lo debilito hasta llevarlo a la
muerte. No es que no ame a mi padre, pero deseo no recordarlo, es doloroso hacerlo. Lo
que ocurrió al regresar a Penticton fue que evite a toda costa hablar de aquel tema que le
prometí hablaríamos al regresar a casa. Trate de tampoco mencionar la muerte de mi
padre simplemente deje que las cosas tomaran su curso normal. Sin que mi novia me
dijera que hacer o como debía alimentarme o la rutina que debía llevar para ponerme en
forma continúe haciendo ejercicio tenía tiempo sin ser tan riguroso como lo era, pero al
ser tan delgado mis músculos tomaron forma de inmediato. Tenía suerte con el haber
recuperado el ritmo de los entrenamientos, últimamente me paseaba por el gimnasio
para probar nuevas cosas, no me bastaba con correr, ahora también hacia pesas, y unas
cuantas abdominales entre otras cosas. Como ya estaba acostumbrado ni siquiera sentía
agotamiento esto se hizo tan normal después de la tercera semana. Incluso mis fines de
semana aprovechaba el tiempo para salir a trotar junto con Illian mientras Caesar
dormía, lo más loco fue salir a trotar al llegar el invierno con nada más que un par de
tenis, y un conjunto de pants con sudadera, al principio ella creyó que había perdido la
cabeza, afuera debíamos estar a unos diez grados centígrados. De todas formas, si me
enfermaba ella cuidaría de mí, y eso me incito a verlo como un reto.

Un día mientras estaba en el gimnasio el entrenador de atletismo entro buscándome, me


sorprendió mientras hacia una sesión de lagartijas después de hacer estado en pesas. Le
sorprendió lo dedicado que últimamente era con el deporte, lucia diferente, me sentía
distinto pero bien. Era muy alto, había creído un par de centímetros más, cada vez veía a
Illian más pequeña, y me gustaba hacerle burla de que parecía un pequeño champiñón.
Le di gracias por los cumplidos que me dio, desde aquella competencia que no
hablábamos y estaba muy sorprendido por mi avance. Me ofreció competir en Florida
como parte del equipo para las competencias de atletismo que habrían para aspirantes a
olímpicos, esta era una gran oportunidad, pero dudaba si esto era lo que realmente
deseaba, era feliz dedicándole tiempo al deporte como un pasatiempo, pero esto era algo
serio. Una oferta bastante tentadora, termino por convencerme al decir que si no
deseaba comprometerme del todo, al menos podría disfrutar de un viaje todo pagado a
Florida sin tener que hacer nada, ya que sería de nuevo suplente de alguno de mis
compañeros. Solo acepte formar parte del equipo de relevos, porque este podría ser el
pretexto perfecto para tomarme un descanso del trabajo, mi jefa tenía poco de haber
regresado y esta era la oportunidad de despejarme. Cuando acepte definitivamente, el
entrenador estrecho mi mano fuertemente para cerrar el trato.

Además contemple a mi amada Illian, pensé en que esta era la oportunidad para
tomarnos unas bien merecidas vacaciones. Me sentía tan emocionado por la noticia, no
había mencionado nada, deseaba que fuera sorpresa. Debía avisarle lo antes posible,
para que fuera preparándose y haciendo sus maletas, porque en tres días saldríamos de
viaje a Florida. Kathrina tenía poco de haber regresado de su viaje, y ahora podíamos
pedir nosotros nuestras propias vacaciones, estaba tan feliz desde su regreso de la India
que no tuvimos problemas con el permiso. Le pediría de favor a mi hermana que se
quedara con Caesar, ahora mamá podría sentirse ocupada en su nieto después de la

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perdida de mi padre. Estaba muy triste y ahora acostumbraba a hablar con ella todos los
días durante las noches, para saber cómo se encontraba. Ella decía que bien, pero lo
dudaba era algo muy delicado y teníamos poco de habernos reencontrado, era
demasiado para ambos la perdida y el reencuentro de mi familia.

El viaje a Florida estaba planeado para vacacionar y divertirnos, dudaba tener que hacer
algo en las competencias, ahora solo me dedicaría a ser espectador, aunque Illian me
regañaba por no tomar esto en serio. La noche antes de dejar a Caesar con mi hermana
para que lo llevara a Baltimore, tuvimos una charla en donde Jess me hizo pensar en
tantas cosas, continuaba sintiéndome algo perdido. Obviamente no le conté nada de mi
acuerdo con ella, creería que me suicidaría o que le había vendido mi alma a un
demonio con cara de ángel. Cuando en realidad fue mi decisión aquel acuerdo. En fin
ella dejo de hacerme preguntas, se fue no muy convencida de todo lo que le dije, creo
que muy en el fondo ella sabía que le ocultaba cosas, mi hermana siempre fue una mujer
brillante. Acaso sabía que le ocultaba más o que le mentía, ella nunca la quiso, y
después de todo lo que le conté en esos momentos de debilidad y cobardía, menos la
querida algún día.

Llegue en un taxi a casa de mi novia para que nos llevara a la Central de autobuses, un
de casi ocho horas para llegar a Edmund. El Aeropuerto Internacional de Edmund era el
más cercano a Penticton, claro que también estaba el de Seattle o Vancouver pero el
boleto que me dieron era para Edmund. Al llegar a la casa de Illian pude verla aun
desde el taxi con dos enormes maletas en la entrada como si fuéramos a quedarnos por
más de un mes en Jacksonville. No tenía idea del por qué las chicas siempre llevaban
tanto equipaje a donde fuera que iban, pero siempre se veían bien en cambio nosotros
éramos un poco más prácticos. Me asome por la ventana sacando la mano mientras le
gritaba divertido.

— ¡Llegas tarde!— Exclamo sonriendo de la misma forma, en que yo lo hacía. Baje del
auto encogiéndome de hombros algo apenado por la demora, no pude esperar para
terminar con aquel asunto, además necesitaba de esto para una ocasión tan especial
como la que ganamos. Me incline para besarla suavemente, sus labios estaban
tenuemente fríos, me estremecí al sentirlos, fue un beso fresco. Acaricie su mejilla
sonriéndole apenado por temblar así.

—Lo lamento amor, comía algo de helado. Te guarde un poco para cuando
regresemos— Sonrió. Tome su mano mientras con la otra tomaba una de sus maletas el
conductor se ofreció para hacer este trabajo por mí, le agradecí.
— ¿Lista para unas vacaciones?— Pregunte curioso al ver como se emocionaba cuando
termine de preguntarle.
—Pero por supuesto, que si— Su sonrisa se amplió, me jalo de la mano para entrar
ambos al taxi.

—No perdamos tiempo. Estoy ansiosa por conocer Florida— Cuando bese su mejilla
ella sonrío, lucia tan hermosa, con un brillo único en sus ojos. No me importaba lo que
pensara Jessica o mis padres, sobre mi novia. Lo único me importaba era lo que yo
sentía, fuera como fuera sin importar razas ni ninguna otra cosa, cuando estábamos
juntos solo éramos una sola persona. No había un Keith sin una Illian, ella era la chica
más dulce y tierna que había conocido, aunque…

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Interrumpí mis pensamientos para regresar a la realidad. Tome su mano apretándola
delicadamente.
— ¿Cómo estas Cariño?— Pregunte mientras acariciaba su mejilla.
—Perfectamente, ¿Y tú?— Sonrío, mientras se acomodaba en el asiento.
— ¡Excelente!— Exclame esbozando una sonrisa, se recargo sobre mi hombro
aferrándose a mi pecho pude sentir su aliento sobre mi cuello era fresco y dulce.
Acariciaba por lo mientras su hermosa cabellera castaña ondulada. El viaje a la Central
de Autobuses fue corto no quedaba tan lejos, lastima no podía decir lo mismo de este
viaje seria casi un día para llegar a nuestro destino. Ayude a mi novia a bajar del taxi
como todo un caballero, tomo mi mano para apoyarse después me compenso con un
beso en la mejilla seguida de una risita. El chofer ofreció su ayuda para bajar las
maletas, esta vez me negué. Mi novia estuvo a punto de alegar, cubrí sus labios con mi
dedo, rodo los ojos pero igual sonreía con dulzura. Cargue con las maletas no estaban
tan pesadas como se veían de algo servía mantenerse en buena condición. Únicamente
llevaba una mochila donde llevaba lo indispensable.

—Amor, ¿Vamos por los boletos?— Pregunte curioso, ella sonrió asintiendo. Era
extraño que ahora nos llamáramos Amor, aun no me acostumbraba del todo a esta
palabra.
—Este viaje será muy cansado, ¿Me puedo dormir sobre ti?— Pregunto sonriéndome
junto con unos lindos ojitos de niña buena.

—Si no estoy muy cómodo no recibiré reclamaciones— Bromee besando su frente. Ya


con los boletos en mano subimos al camión que nos llevaría hasta el aeropuerto, un
viaje bastante tedioso, pero al menos podríamos dormir un poco. Como hacía mucho
frio nos quedamos todo el camino abrazados mientras ella se recargaba sobre mi
hombro, y yo sobre la ventana. Casi todo el camino permanecimos así de vez en cuando
Illian despertaba y yo la veía, nos turnábamos para vernos el uno al otro.

Después de ocho largas horas de Penticton a Edmund llegamos a la base que gracias a
dios esta se encontraba en el aeropuerto fue una suerte.
—Amor ¿Traes los boletos?— Pregunte preocupado porque lo dudo mucho. Illian negó
con la cabeza a lo que yo solo exclame con un.
—Oh no, no me digas eso— La mire con los ojos bien abiertos de par en par asustado y
preocupado, ella soltó una risita divertida. Me jugo una mala broma.

—Tranquilo, Si los traigo ¿Creías que los olvidaría?— Sonrió besando mi mejilla,
exhale con tranquilidad. Pasamos a registrarnos, dejando las maletas en el registro.
Después de terminar con esto pasamos a la sala de abordaje, nuestro vuelo saldría en
cuarenta minutos aproximadamente a veces se retrasaban. Años sin viajar en avión creo
que la primera vez que lo hice fue cuando era niño. Nos sentamos en una de las sillas,
suspire enamorado rodeándola con un brazo nuevamente se hizo bolita recargándose
sobre mí. A pesar de tener que esperar lo disfrutamos, casi no intercambiamos palabra
solo vivíamos el momento. El anuncio para abordar nos sorprendió, de repente ya todos
tomaban sus bolsos de mano para marcharnos, subimos a nuestro vuelo. Mi novia me
jalo del asiento para irnos lo antes posible, corríamos a través del tubo que se conectaba
de la sala de abordar al avión. Fue muy divertido dejar atrás a tantas personas, ni
siquiera nos importó viajar en clase turista, todo fue gratis. Al principio me apeno
decirle la verdad, no quería que pensara que era un pobre fracasado, y en lugar de eso
me felicito por habérmelo ganado.

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No solíamos utilizar ropa de verano, pero apenas llegáramos a ese cálido lugar nos
pondríamos más cómodos, dejando la estorbosa ropa de invierno a un lado. Una excusa
perfecta para mostrarle a mi novia el fruto de ese esfuerzo, nos consiguió unas
vacaciones gratis. Por ella obtuvimos esto porque gracias a ella me puse en forma,
estaba más que listo para disfrutar de unos cuantos días iluminados con rayos UV.
Sentía la arena sobre mis pies tenia años sin ver el mar, lo extrañaba. Esperaba poder
nadar o al menos entrar en él, podría intentar surfear o practicar cualquier deporte
acuático cualquiera seria genial. Tomamos nuestros asientos, después de hacer caso a
todas las indicaciones agarre la mano de Illian besándola, con mi mano suelta acaricie
su mejilla, todo su rostro de hecho.

Mi novia estaba tan callada que no encontraba que decir para romper el silencio,
preguntarle si viajo en avión alguna vez, una estupidez ya que conocía la respuesta.
Antes de que yo pudiera decir algo, ella me hizo una pregunta algo extraña.
—Y dime amor, ¿Que lugares, países has visitado?— Pregunto con curiosidad.
—Mmm... ¿Países?— Reí divertido, soltando una enorme carcajada.
—Ninguno de hecho con trabajo conocí todo EUA. Eso sí a lo largo y ancho de todo el
país. Aunque si a países te refieres también esta Canadá— Bromee, y antes de poderle
devolver su pregunta se la cambie por otra.

— ¿Que te trajo hasta Penticton?— Pregunte curioso mientras miraba sus hermosos
ojos color chocolate, no eran tan distintos a los míos solo por el color y ese brillo. Me
refería a que eran humanos entre más la veía, más me enamoraba, y más la necesitaba;
dependía tanto de Illian, como del aire que respiraba.

— ¿Por Penticton? La verdad estaba de paso. Tu sabes, viajar, conocer. Quería llegar a
vivir en un lugar tranquilo y Penticton es perfecto— Se sonrojo levemente antes de
continuar.
—Tal vez fue el destino el que me hizo quedarme. Fue extraño quedarme y cuando
conseguí esa casa pues no perdí la oportunidad y semanas después tú llegaste. ¿Crees
que tuve suerte?, ¿Y tú por llegaste a un pueblito en medio de la nada? Chico
Norteamericano— Al escuchar sus palabras recordé esa tarde, el día que la conocí en la
posada. Penticton, sería solo un lugar de paso cuando lo mire la primera vez, nunca creí
que duraría tanto en ese lugar. Si no fuera por Illian quien sabe que hubiera sido de mí
ahora, todo esto era tan extraño no podía ni imaginarlo. Yo fui el que tuvo suerte por
encontrar a una chica tan especial como ella, era muy afortunado.

—Llegue, porque algo me dijo que era el sitio perfecto en donde podría iniciar desde
cero, no hay nada fuera de lo común, tan normal y donde creí que nadie me encontraría,
nadie me seguiría, y podría vivir en paz— Reí con ironía en esto último me equivoque,
el lugar donde menos me imagine ser encontrado mi familia me encontró. Y eso que
estaba en medio de la nada, Penticton era una Ciudad pequeña, pero más que eso, le
decía pueblo por la poca población y su pintoresca fachada.
—Aunque, ya ves que si me encontraron— Exhale resignado. Ella suspiro y apretó una
vez más mi mano besando mi mejilla, sabía que esto en cierta forma dolía.
—Lo sé, lo sé. Pero encontraste a tu pequeño, así que olvídalo— Acaricie su mejilla en
muestra de agradecimiento por preocuparse tanto por mí, no merecía tanta atención.

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—Gracias amor— Esboce una enorme sonrisa. Era la única que lograba comprenderme
siempre estaba a mi lado apoyándome en todo, después del como la trate no le importo.
En verdad me amaba y de igual forma a mi pequeño hijo, ambos eran mi vida. Mi
verdadera familia, quería que muy pronto lo fuéramos. Casi seis años de conocernos,
estaba listo para dar el siguiente paso aunque pareciera demasiado precipitado, sabía
que Illian era la mujer para mí.

— ¿Tienes hambre?— Pregunto mi novia mientras la azafata corría de un lado a otro


del avión apresurada con un carrito lleno de comida, otra hacia lo mismo repartiendo
bebidas. Mi estómago emitió un débil gruñido delatándome. En el camión solo
descansamos, dormimos muy bien pero no había desayunado absolutamente nada, desde
que salí de la posada.

— ¡Si!— Exclame como un desesperado. Illian río bajito yo me sonroje, baje la mirada
avergonzado. Ella sonrío mientras acariciaba mi mejilla. Fue nuestro turno para ser
atendidos, una señorita nos pasó una bandeja y dos vasos de bebidas. Tome del vaso era
refresco de cola de una marca muy barata sin gas y lo peor es que ni hielo tenia.
Creí que la comida sería de lo mejor, oh gran error.

La observe haciendo muecas de disgusto, era tan simple. Solo era una embarrada de
puré de papá, y un pedazo de pollo que estaba más reseco y desabrido que nada. Odiaba
no estar en primera clase desde ese lugar podía oler carne y camarones además de que
olía a algo más exquisito en cuanto a bebidas daban alcohol acaso, cualquier cosa era
mejor que esto. Observe el rostro de mi novia estaba muy decepcionada por su comida
que ni siquiera la toco, suspiro resignada. Esto hizo que se me ocurriera una idea.

—Espera un momento Illi, vuelvo enseguida— Ella creyó de seguro que iría al baño,
donde más se podría mover uno dentro de un avión. Ella asintió tomando una revista
dentro del avión donde venían lugares para visitar la primera escala seria en dos horas
volaríamos hacia Denver y de ahí a Jacksonville. Sonreía divertido me escabullí en la
clase alta para robar dos charolas de comida y una botella llena de un jugo más fino no
era precisamente alcohol pero daba la finta el jugo de arándano sabia igualmente
delicioso. En un dos por tres regrese a mi asiento con los platos de comida de primera
clase de contrabando, sonreí como un pillo fue una suerte que no me vieran, Illian ni
siquiera noto mi presencia la tome algo distraída.
— ¡Boo!— Exclame mientras reaparecía a su lado con una bandeja llena de comida
gourmet, la coloque frente a nosotros. Mi chica se asustó miraba sorprendida y curiosa
lo que traía, abrió la boca sorprendida.

—Esto es mejor que esa horrible comida de avión— Exclame divertido. Ojala y no se
pregunte de donde la saque, pensé con cierta preocupación.
— ¡Wow!, Cariño— Suspiro y me miro arqueando una ceja llena de curiosidad.
— ¿De dónde los sacaste?— Me sonroje cuando hizo aquella pregunta.
—Mmm... ¿Eso importa?— Conteste divertido, segundos después escuchamos a una
pareja quejarse por la falta de su comida. Mire a mi novia algo preocupado lo único que
se me ocurrió fue decir.
—Acaba con eso rápido— Mi chica obedeció sonriendo divertida por mi hazaña. Tome
el pollo a la parmesana que había en la bandeja y lo olí sonriendo satisfecho.

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—Así se ve— Sonrió tomando su pedazo de pechuga con un tenedor. No perdí más
tiempo, termine cuando mi chica apenas iniciaba, comía demasiado rápido y demasiado.
Agradecía tener una actividad en que quemarlo, aunque por mi genética no tenía por
qué preocuparme tanto en ello, era una ventaja. Observe a Illian comer, era en verdad
fascinante. Suspire cuando termino le sonreí acercándome a sus labios para robarle un
dulce besito, apreté la mano de mi novia cariñosamente.
— ¡Te Amo!— Murmure seductoramente sobre su oído, su piel se erizaba, sonreí
complacido ante su reacción y sin darme cuenta fui jalado del cuello de mi playera
quedando frente a frente, inhale su peculiar esencia.

—Te amo, Keith— Murmuro con una voz tan coqueta, esta vez fue ella la que me hizo
estremecer, no lograba describir todo lo que sentía cuando la veía, al acariciar su piel,
incluso su voz me provocaba una sensación de bienestar, deje de temerle. Me acerque
lentamente a sus labios, sin perder de vista sus hermosos ojos color chocolate. Una
mujer perfectamente hermosa, nos acercamos acortando el espacio entre nosotros,
nuestro beso inicio siendo delicado, después de unos segundos se convirtió en un beso
más intenso, entonces recordamos que estábamos en un lugar público, ambos nos
separamos sonrojados.

Paso una mano sobre mi rostro, acariciando después mi cabello, sentía que el aire me
faltaba. Me aferre al asiento con fuerza, al parecer estaba mareado tenia tanto sin viajar
y a pesar de ya haber comido me sentía extraño. Mi boca sangraba sin razón alguna fue
tan extraño mire los labios de mi novia sangraban de la misma forma solo que a
diferencia de mi rostro su sonrisa era amplia y maliciosa el mío sufría un ardor
tremendo. Sentí una cortada sobre mi lengua y labios dolía bastante, abrió su boca
mostrando unos enormes caninos me dio tanto miedo verla así. Su rostro angelical
cambio de un momento a otro a uno endemoniado. No habría escapatoria, al estar en un
avión en pleno vuelo.

Mi respiración se escuchaba acelerada, mi novia estaba aterrada tratando de hacerme


entrar en razón.
— ¿Keith?, ¿Te encuentras bien?— Mis manos y rostro estaban sudorosas, el anuncio
del piloto me hizo entrar en razón. Di gracias a que ya estábamos por descender, por un
momento pude sentir sus colmillos sobre mí, fue tan extraño, lo sentí tan real.
— ¿Estas bien Cariño?— Pregunto aun preocupada.
—Tranquilo ya casi llegamos— Apretó mi mano mientras acariciaba mi rostro.
— ¿Se te bajo la presión? Creo que no estás listo para participar en ese evento. Podemos
quedarnos en Denver y volver a Penticton si no te sientes bien— La mire sorprendido
por lo que decía como si fuera gran cosa solo estaba nervioso, no era nada en realidad.
Estaba nervioso por aquel pacto, a pesar de saber que faltaban años, no me aferraría a un
sueño ¿o tendría que decir pesadilla? No le di tanta importancia, algo malo ocurría
conmigo y no lo admitía. Limpie mis manos sobre mi pantalón para después tomar su
mano negando con la cabeza.

—Estoy bien creo que solo no estoy acostumbrado a viajar en avión, es todo no pasó
nada además el avión descendió eso debió afectarme, tienes razón en eso. Pero esterare
bien— Bese su mejilla tratando de calmarla se veía no muy convencida. Después de
esta extraña escena abroche el cinturón de seguridad como lo indicaron las aeromozas,
mire de reojo los ojos de mi novia sonreía con dulzura como siempre, no podía creer
que le temía. Suspire tratando de olvidar lo que sucedió momentos atrás.

187
Esperamos unos cuantos momentos en lo que llenaban de combustible el motor de
nuestro avión, nos dieron la oportunidad para bajar al aeropuerto y conocer un nuevo
Estado. Compramos algunas cosas para Caesar, le encantarían los recuerditos que le
llevaríamos, se entretenía con cualquier cosa. Después de un rato regresamos al avión y
horas más tarde oscureció, pasamos un día entero viajando esto fue tan tedioso. Esa
pudo ser una de las razones por las que pude alucinar y ponerme así, el viaje me afecto
de una extraña manera. Sin embargo, no logramos conciliar el sueño debido a la
emoción.

— ¡Llegamos!— Exclame aliviado, el viaje fue tranquilo después de vivir tal suceso, le
di un beso bien tronado sobre la mejilla. Bajamos del avión en cuanto nos dieron la
señal para hacerlo no necesitamos perder ni un segundo, por lo que fuimos de los
primeros en bajar. Tomamos nuestras maletas de la banda antes de salir del aeropuerto.

Tomaba por la cintura a mi chica, con mi brazo y mano libre cargaba su maleta más
pesada, sobre mi espalda llevaba la única mochila que lleve dentro contenía lo esencial
para este viaje, el uniforme oficial y el de entrenamiento me lo entregarían cuando
entrenara, un día antes de que iniciara la competencia. En cambio, ella cargaba con la
maleta más ligera, se veía algo acelerada era de pura emoción. No me quedo de otra que
seguir a su paso le hice señas al taxi para que se detuviera. Abrí la puerta del taxi para
que mi chica entrara beso mi mejilla soltando una risita, entre detrás de ella bajando el
cristal estaba tan acostumbrado al frio de Canadá que sentía un calor terrible, me estaba
asando. El chofer me pidió subir de nuevo la ventana para poder encender el aire
acondicionado.
Llegamos al hotel en menos de quince minutos fue muy rápido a decir verdad menos
mal, el lugar donde nos hospedaríamos una semana completa y sin interrupciones
después de cumplir con mi trato era enorme. Mi sueño desde pequeño fue algún día ir al
Campamento Espacial en Florida y ahora después de años en cierta forma lo cumplía.
Estaba feliz y muy emocionado por tener la oportunidad de poder compartir estos
momentos a lado de mi hermosa novia.

Nos ayudaron con nuestro equipaje un botones del Hotel nos llevó hasta la recepción y
de ahí a nuestra habitación, pedimos una compartida fue extraño compartir por primera
vez una cama o al menos para dormir en ella. Mi novia se lanzó sobre mi emocionada
metiéndonos en el elevador cubriéndome de besos. Entramos a la habitación la cual se
encontraba decorada en tonos azules y cremas, era espaciosa y perfecta para descansar.
Dentro del hotel el ambiente era más fresco, era de mi agrado. El vivir tanto tiempo en
Penticton hizo que me acostumbrara al clima frío y fresco de Canadá. Nuestro equipaje
llego segundos después de nosotros, le di cinco dólares de propina al chico después me
arroje sobre la cama haciéndole compañía, era tan ligerita que ni siquiera hundió la
cama cayo directamente sobre mí, la ábrase riendo divertido. Su cabello cubría su
rostro, lo hice atrás con mis dedos.

—Todo esto es tan lindo— Dijo mientras esbozaba una sonrisa, acomode su cabecita
sobre mi pecho, aun me sentía algo acalorado, aproveche para quitarme lo que traía
encima dejando solo la playera que iba debajo de la camisa. Acariciaba su cabello
mientras tarareaba nuestra canción en su oído, sonrío inmensamente mirándome. Su
dedo índice recorría mi rostro provocando que me estremeciera y sonrojara al mismo
tiempo.

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—Eres tan hermoso y perfecto. Muy, muy guapo— Susurro seductora, mis mejillas
ardían de la vergüenza. Sonreí con debilidad no sabía que decir.
—Estas muy equivocada, tú lo eres. De haberme conocido años atrás no dirías eso de
mí— Solté una risa nerviosa, mis manos continuaron bajando hasta llegar a sus
hombros deslizándose por sus brazos, levanto una ceja.

—Sí, Pero tú eres humano. Yo si soy hermosa es porque tengo una vampiro, no es lo
mismo— Se quejó.
— ¡Eres hermoso y punto!— Exclamo robándome un beso, sus mejillas se encendieron
de un bello color rojizo, no creía que fuera verdad eso que decía. Una cosa como lo que
decía ser, simplemente no eran seres vivientes solo seres inanimados que simulaban ser
otra cosa. A veces me intimidaba su belleza, ella continuo sonrojaba no tanto como yo.
Era muy dichoso por tenerla a mi lado, era extraño. ¿Cómo una chica como ella, pudo
fijarse en un simple humano como lo era yo?

Suspire y continúe tarareando esa canción en su oído mientras acariciaba sus brazos, no
podía dejar de verla, contemplarla era maravilloso podría quedarme toda la noche solo
mirándola sin decir nada más.
— ¿A qué hora será tu evento, solo sé que es dentro de tres días, ¿No?, ¿Cuál será
nuestro itinerario hasta el gran día?— Serian vacaciones después de cumplir con ese
aburrido compromiso.
—Mmmm… Así es pero dime en lo que es y para después de que pase, ¿Qué quieres
hacer primero?—Pregunte esbozando una gran sonrisa mirándola ansioso. Frunció el
ceño mientras pasaba una mano por mi rostro deteniéndome.
— ¿Estas algo cansado? Descansemos y durmamos un poco— Sonrió soltando una
risita al ver la cara que puse de desilusión.
— ¿Por qué crees algo así?— Al termina la frase me estire bostezando y cerrando los
ojos, por una extraña razón me sentí agotado, sentía mucho sueño.
—Así es Keith duerme y descansemos un poco, te ayudare a descansar— Después de
eso caí dormido.

A la mañana siguiente, desperté con una pijama color azul rey que no recordaba tener.
Me estire recostado sobre la cama, voltee a todos lados buscándola, ella sonrió divertida
enredada con la sabana.
—Despertaste, me alegro. ¿Verdad que descansaste?, ¿Te sientes mejor, no es así?—
Asentí extrañado pero era verdad me sentía mucho mejor, creo que ese viaje si me había
afectado un poco fue tan extraño levantarse como nuevo.

—Por cierto recibiste un mensaje, como era para ti, no quise meterme en ello, por lo que
debes bajar a la recepción. Creo que es sobre tu evento, mientras bajas pediré algo para
desayunar, ok— Me robo un dulce besito, me levante de la cama haciéndole caso a
medias, como me dio flojera bajar hasta la recepción tome el teléfono marcando a ella
para enterarme de mi mensaje. ¡Demonios! Me avisaron que el evento se adelantó, para
esa misma tarde, por lo que no tendría tiempo para prepararme y entrenar, debía acudir
a la Universidad Estatal a las dos de la tarde para recibir instrucciones del entrenador,
no fue buena idea llegar tres días antes del evento, cuando ya el resto del equipo se
encontraba aquí desde antes. Ya era demasiado tarde para ponerse a llorar, pasaban de
las once, y para llegar al lugar de la cita, más de una hora y media de camino, menos si
no encontrábamos tanto tráfico, o al menos eso dijo el taxista. Le avise a Illian acerca de
los nuevos planes, me exigió que desayunara, me daría tiempo. Todavía debía meterme

189
a bañar, asentí no del todo convencido. Fue una ducha moderada al salir mi desayuno,
en ocasiones parecía más mi madre que novia.

Terminando me cambie apresurado, ella aún no estaba lista y prometió llegar antes de
que mi evento iniciara debía arreglarse, me alcanzaría más tarde. Me deseo suerte antes
de retirarme, acompañándome hasta la entrada para tomar un taxi. Llegué justo a tiempo
agradecí al entrenador el viaje, los chicos que ya me conocían sonrieron al verme. Les
presumí que mi bella novia, con la que muchos desearían estar vendría más tarde a
verme. Las de ellos igual, pero ninguna de esas chicas se comparaba con la hermosa
semihumana. Nos dieron nuestro uniforme para participar y un par de tenis nuevo, todo
lo podría conservar al terminar el evento. El entrenador nos puso a calentar, en el
transcurso del día hice amigos nuevos de otras escuelas y clubes deportivos, que igual
que nosotros venían solo para este evento, otros se quedarían por mas días para disfrutar
de unas buenas vacaciones en el estado del Sol. Yo no era el único suplente, había otros
más, mi labor cambio, ya que competiría como cuarto relevo, justo al final de la carrera
de los cuatrocientos metros junto con otros tres de ellos, cada uno correría cien metros
planos.

Después de calentar por una hora nos llamaron para tomar nuestros lugares, competiría
hasta el tercer evento. Miraba a todos lados buscando a mi chica pero ni señal de ella,
mi único consuelo fue la hora, aun esperaba que no demorara tanto. Los eventos
terminaron muy rápido era mi turno de participar, no estaba en Florida para ganar sino
para cumplir pero cuando la hora de correr llego, no me importo nada más que ganarle a
los otros chicos que corrían detrás de mí, llegue a la meta segundos antes que los demás.
Ganamos, fue curioso que algo que no consideraba importante termino siéndolo, me
sentía muy bien toda esa adrenalina recorriendo mi cuerpo y sobre todo llevar la victoria
al equipo que apenas llevaba días formando parte de él, fue algo grandioso que me lleno
de alegría y orgullo. Mire a todos lados y aun sin señal de Illian suspire resignado al no
verla, fui un ciego al no ver que estaba en medió de unas chicas que gritaban como
locas ella estaba emocionada. No la distinguí entre tantas personas con ese enorme
sombrero para cubrirse del Sol que llevaba puesto pero cuando se lo quito pude verla,
sonreí ampliamente y muy feliz al verla. La hora de la premiación llego, nos subieron al
pódium para darnos nuestras medallas de primer lugar fue genial ser bueno en algo por
primera vez en toda mi vida, las cosas buenas llegaban por si solas y cuando uno menos
se lo esperaba esto y la chica que gritaba desde las gradas eran el claro ejemplo de todo
ello.

Gane una medalla dorada en Las Finales de Atletismo de USA en el Verano del 92.
Donde participaban todos los estados de EUA y algunos canadienses como invitados.
Una clase de alianza entre países vecinos, fue un gran año para mí y también uno de los
más dolorosos con todo lo que ocurrió. Después de la ceremonia de premiación pude
retirarme muchos de mis compañeros saldrían de fiesta por la Ciudad a celebrar la
maravillosa victoria que tuvimos solo nuestro evento gano medalla dorada los demás
ganaron plata y bronce, pude conservar mis premios, aunque el mejor estaba
esperándome en la entrada de los vestidores. Antes de darme una ducha rápida para
regresar con mi chica hice una importante llamada, esa misma noche empezaría con el
principio de una vida perfecta, entre nervioso y emocionado me encontraba, pero nada
podría salir mal, todo era perfecto y si todo salía como lo planee. Entre a las regaderas,
era el único en ese lugar todo estaba tan solitario mejor para mi así nadie podría
molestar. Tome un fuerte respiro antes de llenar mi rostro de agua pero al cerrar los ojos

190
para empezar a enjabonarme pude sentir fuerte escalofrió recorre mi cuerpo. Me sentí
tan extraño nuevamente sentí que algo o alguien me acechaba, trate de abrir los ojos
pero alguien apago las luces grite para saber quién estaba por ahí y nada sucedió. Una
voz extraña y a la vez estremecedora murmuraba mi nombre, alucinaba nuevamente,
pude visualizar la figura de una mujer acercarse a mí en medio de la completa
oscuridad, me quede helado sin poder moverme o gritar o decir nada más. Cubrió mis
labios con su gélida mano y después de esto, murmuro sobre mi oído.
—Lo has hecho muy bien… Aún sigo esperando— Cerré los ojos para no ver su rostro
pero la voz de Illian se hizo presente.

—Te espero afuera amor— Después de esto las luces se encendieron, temblaba de frio
el agua caliente dejo de caer y en vez de ella solo había agua fría que me hizo entrar de
nuevo en razón. Todo esto era tan extraño, me estaba volviendo loco mientras más feliz
y tranquilo estaba, gracias a la decisión que había tomado, peor me sentía. Era extraño
trate de olvidar esto, era una señal para echarme para atrás y olvidar toda esta locura tal
vez era una advertencia para arrepentirme de algo que aún no ocurría. Me vestí como de
costumbre, como si nada y espere a Illian. Al salir me comporte algo frio y seco, no
estaba de humor para ser cariñoso, simplemente no me nacía ser así. Mi novia, sabía
que algo no estaba bien, le mentí diciéndole que estaba agotado. Estuve a punto de
cancelar todo lo que pedí, fue demasiado tarde no podía echarme para atrás, o al menos
eso creí. Le pedí unos segundos a solas tome un teléfono y cancele todo, no quería
hablar del asunto lo único que deseaba era volver a Penticton lo antes posible. Loco y
enfermo me sentía, nunca había estado tanto tiempo a su lado no fue como lo creí. Nada
de lo que tenía planeado funcionaba.

Trato de convencerme para que fuera a celebrar con mis “amigos” tal vez creyó que eso
era lo que me molestaba que me la pasaba mal estando a su lado, al estar con ella
únicamente cuando en realidad, me sentía incómodo por todo lo que llevaba
ocurriéndome.
—No es necesario que te preocupes, por mi puedo cuidar solo de mí, ¡Entendiste!—
Exclame a la defensiva, pedí un taxi que nos llevara de regreso al hotel. En el camino
trato de encimarse me cruce de brazos sentándome a la otra orilla del asiento no deseaba
verla ni escucharla, tomo la indirecta y no dijo palabra alguna en el camino solo
tarareaba nuestra canción de forma bajita, por unos segundos se acercó a mi oído
susurrando.
— ¡You Makes Me Happy!— Con un tono algo triste y resignado. Suspire de igual
forma y de un momento a otro mi rostro endurecido se relajó pude sonreír nuevamente,
tome su mano mirándola apenado disculpándome por mi mala aptitud, tuve que
inventarme una excusa para dejarla de preocupar contándole sobre alguno de mis
compañeros me fume la historia más retorcida y fea que pude sin analizarla siquiera
pero tuvo tanta coherencia y lógica que se lo trago, mejor para mí. Lamentablemente
cancele algo a lo que le puse tanto empeño me sentía fatal.

— ¿Qué tal si vamos a cenar y luego al hotel aprovechando el taxi no quiero volver
aun— Trate de cambiar repentinamente el tema a lo que ella sonrío alegre asintiendo,
cambie de idea nuevamente por una mejor. Le pedí al conductor que nos llevara de
nuevo al hotel, una idea perfecta que sería mil veces mejor que la que cancele, le pedí
que se diera prisa. Llegamos en tiempo record, le page al taxista sintiéndome muy
ansioso, le di aviso a la recepción de nuestra llegada les pedí algo de comer a los de la
cocina para llevar claro esta y avise donde estaría por si me llegaban a buscar y que no

191
molestaran a menos de que fuera una emergencia de vida o muerte. La comida no tardó
en llegar, tome la bandeja donde la sirvieron mientras con una mano libre tomaba la de
mi chica, la apreté ligeramente sin dejar de sonreír.

—Has estado actuando muy extraño últimamente amor, ¿Estás seguro de que no ocurre
nada malo?— Pregunto algo preocupada mirándome con una mirada rogantes para que
le dijera la verdad, no quería arruinar la sorpresa y si actué raro fue tal vez por los
mismos nervios. Suspiro no muy convencida pero trato de seguir a mi paso, miraba
curiosa la bandeja por encima. La solté sonriéndole divertido pidiéndole de favor que
cargara esa charola unos segundos, pero que lo hiciera con fuerza. Ella asintió tomando
la charola con fuerza en un abrir y cerrar de ojos la tome por la cintura para cargarla,
soltó un gritito de sorpresa. Tenía excelentes reflejos por que no tiro ni un poco de lo
que había sobre la charola, se abrazó por mi cuello casi asfixiándome por lo fuerte que
se sujetaba de mi claro que no me importo.

—Perdón— Dijo mientras soltaba un poco más sus brazos, para no hacerme daño.
—No te preocupes, no es nada— Sonreí mientras ella se sujetaba delicadamente,
recorrió con sus manos mi torso pude ver su mirada centrada en mí, me sorprendió el
cómo lucia. Metió su mano dentro de mi playera mordiéndose el labio.
— ¿Cómo fue que no lo note antes?— No sabía a qué se refería, me hice el tonto mejor
dicho.
— ¿A qué te refieres?— Pregunte haciéndome el iluso e inocente, ella solo sonrío
sonrojada escondiendo su rostro en mi pecho sin tirar la bandeja, no me importo la
maldita charola, la tire con la mano. Illian se sorprendió por lo que hice pero finalmente
sonrío besando mi cuello dando pequeñas mordiditas sobre él.

—Para que comer esto, si puedo comerte a ti— Murmuro seductora sobre mi oído me
estremecí, por un segundo creí que me mordería pero no me importo me sentía
extrañamente feliz como para permitir que esto pensamiento me afectara.
—Cómeme entonces— Murmure igualmente seductor sobre su oído, mordí su oreja
utilizando los labios. Camine dirigiéndonos hacia la playa aun con mi chica en brazos,
era tan ligera y a pesar de ser más fuerte que un chico humano éramos casi igual de
fuertes al menos por el momento era eso. Mi chica era especial y no solo por ser una
hibrida, todas esas emociones y sensaciones que no había experimentado, antes a pesar
de todos los sucesos extraños que viví a su lado, lo que sentía por ella no dejaba de ser
lo mismo, fui feliz gracias a ella, lo era una y otra vez. Mi más grande deseo era hacerla
sentir igual de dichosa, en verdad amaba a esta mujer.

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Capítulo 24

Encontré una lugar perfecto para ver el hermoso paisaje que pintaba frente a nosotros
con su cielo oscuro y estrellado con los sonidos del viento y las olas del mar, el clima
estaba a nuestro favor no era tan extremadamente cálido como el día anterior, todo era
perfecto. La coloque con delicadeza sobre la blanquecina arena. La vista que teníamos
desde ese lugar era hermosa y el contraste era impresionante.
—Illian debo retirarme unos segundos no tardo— Me disculpe apenado, ¿cómo fue que
pude olvidar lo más importante para esta noche?
—Te esperare amor— Sonrió robándome un dulce beso, la veía algo preocupada
después de esta noche nuestras vidas cambiarían para siempre. Corrí directamente a
nuestra habitación treparía los balcones para llegar hasta ella, antes me quite los tenis
para tener mayor agilidad, era mejor que subir por las molestas escaleras. Trepar árboles
en el bosque me dio mucha habilidad, y con un clima tan frio como ese, el mejor
gimnasio era el exterior en un clima extremoso y gélido.

Entre de nuevo a la habitación para tomar algunas cosas, guarde lo más importante en
mi bolsillo antes de bajar saltando los balcones de las habitaciones trate de ser sigiloso y
de no romperme nada. Regrese con mi novia colocando antes de sentarme a su lado una
sábana blanca se limpió la arena de su ropa sonreí, yo le sople la cabeza para quitar el
exceso de su cabello. Sonreí anchamente antes de robarle besito dulce y tierno, sus
labios eran tan delgados, finos simplemente perfectos. Extrañamente me sonroje, me
sentía extraño a su lado, esto era demasiado bueno para ser verdad. A veces creía que
ella era un sueño, pero no. Todo esto era real, tantas cosas ocurrieron en el pasado y
nuestro presente, con todo esto creí que la vida me castigaría. Nunca podría ser feliz,
estaba muy equivocado.

—Eres hermosa— Susurre muy débil sobre su oído, no podía dejar de verla a los ojos.
—Tú lo eres más— Beso una de sus mejillas cerca de la comisura de mis labios.
—En serio te ves realmente guapo así— Dijo y al terminar me abrazo atrayéndome
hacia ella, la abrace con fuerza. Frote mi mejilla contra la suya mientras continuaba
susurrándole.
—No es verdad, y aun me cuesta creer que alguien como tú, se haya fijado en una
persona tan insignificante como yo—

— ¿Insignificante?— Levanto una ceja.


—Si eso crees entonces ambos somos insignificantes, tú crees que lo eres y yo también,
porque siempre fui eso— Hice una mueca acariciando su mejilla mirándola serio.
—Ambos lo somos en un mundo que no todas las personas comprenden y donde no ven
nuestras habilidades. Pero tú eres la prueba de que eres lo imposible— Suspire al
terminar de expresarle, lo que pensaba nunca había sido tan profundo, acaricio mi
mano.

—Te Amo Keith Fenton— Exclamo acercándose a mi oído, sonreí anchamente cuando
escuche sus palabras.
—Illian, Te amo no tienes idea de cuánto— La abrace con fuerza, aforrándola a mi
pecho.
—Sí, te acostumbras a esa vida— Suspiro, abrazándome fuertemente escondiendo su
rostro sobre mi pecho.

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—Ambos podremos salir de esto juntos. Me ayudaras tú ya tienes experiencia en ese
mundo, más del que yo tengo— Sonreí divertido ocultando mi nerviosismo.
Todo parecía ser tan perfecto con la hermosa vista que teníamos a nuestro alrededor, las
estrellas sobre nosotros, el hermoso mar con sus olas moviendo la suave arena
atrayéndola cada vez más hacia nosotros. Tenía todo lo que podría llegar a desear ¿Que
más pudiera pedir? Solo una cosa y eso era el estar con ella por siempre, lo veía muy
lejano, una parte de mi lo creía imposible. No todo era como uno lo anhelaba, ella
viviría por siempre y yo no, el tiempo me consumía desde el momento de mi
nacimiento.

—No quiero perderte— Murmuro con debilidad.


—No me perderás, Hicimos un pacto recuerdas y una promesa no se puede romper,
tenemos un plan. No lo olvides— La abrace con fuerza acariciando su hermoso cabello
ondulado y marrón, suspire. Lo veía tan improbable con tantas cosas titubeaba en mi
decisión, no me rendía debía encontrar la forma para estar a su lado por siempre. Quise
olvidarme de lo que el destino traería en juego para un futuro no tan lejano, deseaba
disfrutar del momento, nuestro presente, tan solo el aquí y ahora.

—Prometo que haré lo que sea para estar y disfrutar cada momento a tu lado. Illi eres lo
más importante para mí— Después de tanto tiempo la llamaba con su diminutivo, ella
sonrió sonrojada por como la llame. Nunca antes lo había hecho.
— ¡Te Amo!— Me acerque poco a poco, sus labios tocaban los suyos besándolos con
intensidad, caímos al suelo sobre la fina y cálida arena.
—Eres lo que más me importa, y nunca quisiera alejarme y perderte— Lo afirmo sin
dejarme de ver, hundió su lindo rostro sobre mi pecho. No quería soltarla.
—No te preocupes, dudo alejarme de ti— Susurre en su oído mientras besaba su cuello.
No podía dejar de pensar en esto, sentía un terrible dolor sobre mi pecho junto con el
temor de perderla cuando el momento de morir llegara. Trataba evadir el tema, despejar
mi mente del oscuro futuro que me acosaba aun en el ahora.

Me senté tomando sus delicadas manos invitándola a imitar mis movimientos, acomode
mejor la sabana estaba algo arrugada. La tome, desprevenida sacando rápidamente de un
escondite que encontré en un agujerito en la arena detrás de unas rocas, tome de ese
lugar la botella de champagne que tome de la cava privada que teníamos en la
habitación, debía pagarla después junto con todos los lujos que tomamos por
adelantado. Saque dos copas de cristal junto con la botella trate de soplarles la arena que
traían pegada. Ella se dio cuenta, sonriéndome sorprendida. Era mí momento, nuestro
momento y a pesar de precipitarme tenía la corazonada de hacerlo ahora o nunca. Serví
ambas copas con champagne, dándole una copa a mi chica. ¿Qué le diría? Se quedó
mirándome, desviaba su mirada sonrojada.

Continuaba sin encontrar las palabras adecuadas para iniciar, estos juntos con mis ideas
se habían esfumado, no quería balbucear una vez más puras estupideces como solía
hacerlo. Quería expresarle todo lo que sentía por ella, busque dentro de mi bolsillo, pero
no lo encontraba. No estaba listo aun para esto, lo estaba pero de mis labios no salía
nada. ¿Por qué? Me sentía nervioso, sentía que me asfixiaba la desesperación. Trague
saliva mientras trataba de pronunciar algo pero solo pude decir.
—No tienes idea de lo feliz que me haces Illian— Sonreí mientras ella colocaba su
cabeza sobre mi hombro, nos quedamos observando el cielo contemplando la hermosa
vista que teníamos frente a nosotros. Los latidos de mi corazón latían con mayor fuerza,

194
sentía como se aceleraban con cada segundo que pasaba. Tomo una de mis manos
mientras las acariciaba y jugaba con ella, sentía cosquillas, no pude evitar hacer gestos,
empezaba a reírme al menos no era de nervios.

—Me haces cosquillas— Exclame riendo, esto me hizo sentir tranquilo, aunque ya
había arruinado la maravillosa noche con mis estupideces. Beso mi mejilla mientras
revolvía mi cabello despeinándolo, no me molestaba sino que me hacía cosquillas al
sentirlo sobre mi rostro.
—Te amo Keith— Dijo sonriente mientras se aferraba a mí abrazándome.
—Yo también te Amo Illi— ¿Cuantas veces lo repetiría esta noche?, jamás me cansaría
de hacerlo. Sonreí con debilidad mientras acariciaba sus brazos, de nuevo me topé con
su mirada, no me aburría de esto. Quede completamente hipnotizado por sus bellos ojos,
embriagado con su dulce aroma, ya que no solo eran sus ojos los que hacían caer y
tampoco me refería a su rostro o cuerpo, solo eran detalles extras, externas y con poca
relevancia. Lo que verdaderamente me atraía en ella, era su modo de ver la vida, su
personalidad, sus hermosos pensamientos, lo que deseaba, lo que quería, toda ella me
atraía completamente como mi polo opuesto.

—Estaré a tu lado para siempre— Murmuro muy bajito con trabajo comprendí sus
palabras.
—Hasta que me lo permitas— Exhalo sonriente.
— Y nada ni nadie ni siquiera yo. Siempre encontraremos la forma para permanecer
juntos aun si creemos que nos hemos perdido por completo— Agregue afirmando, me
incline poco a poco para alcanzar sus labios. Antes de que pudiera decir algo, ella
coloco su dedo índice sobre mis labios, sonrío yo hice de la misma forma.

—Keith. Pase lo que pase siempre yo siempre te amaré—


—Nunca nos vamos a separar aunque muchos puedan intentar separarnos o pensar
siquiera en hacerlo— Aunque realmente no estemos juntos físicamente estaremos juntos
siempre, gracias a lo que sentíamos el uno por el otro. Suspiro mientras me besaba con
ternura, correspondí su dulce beso mientras pasaba mis manos por su cuello rodeándola,
pegándola más a mi pecho. Su piel, me refrescaba de este tremendo calor, aunque para
mí era cálida. Amaba a mi novia más que a mi propia vida y haría cualquier cosa por
estar a su lado, aunque sentía temor de que ella no me amara cuando pasaran los años
sobre mí. No era pesimista simplemente era realista y ella mejor que nadie lo sabía.
Solo sería egoísta si la retenía conmigo por lo que la vida me durara, sería feliz si
encontraba a alguien que en verdad lo hiciera, con todo esto aun así yo la amaría a esa
dulce chica por el resto de mis días.

—Siempre te amare Illian— Murmure sobre su oído antes de robarle un beso intenso.
Sentía que el aire me faltaba, no me importo suspire besándola mientras se aferraba a
mis brazos. Con esto supe que ya era el momento para declararle de forma formal el
cuanto la amaba. Decirle que haría cualquier cosa por estar a su lado por el tiempo que
ella aceptara ser mía. Aun no lo era pero estaba listo para proponerle esto que durante
semanas, durante todo el tiempo que la conocí. Desde aquel día en que nuestras miradas
se toparon supe que ella era mi chica ideal. El amor de mi vida aunque sonara cursi a
decir verdad yo era un chico sentimentalista y que a veces actuaba en contra de lo que
debería hacer, pareciera ser que no era lo suficientemente maduro para dar el siguiente
paso, pero si de algo estaba seguro, era que la amaba realmente. Amaba a Illian Renaldi
y por eso pronto le pediría...

195
La abrace con fuerza aforrándome a ella mientras inhalaba el dulce aroma de su cabello
o era su esencia, jamás la olvidaría. Me separe ligeramente de ella mientras veía sus
hermosos ojitos esboce una débil sonrisa mientras tomaba dulcemente su mano.
—Illian quiero recordarte que eres una chica muy especial para mí. Te Amo y te juro
que haré todo lo posible para estar a tu lado. Por esta razón. Yo... ¿yo?— Rayos
empezaba a titubear un poco. Exhale controlando los nervios nuevamente la respiración
se me dificultaba, aumentaba a cada segundo. Estaba tan sonrojado y con este calor me
veía mucho peor, no quería empezar a sudar.

—Te amo como no imaginas— Exhalo sonriente yo solo la veía nervioso tratando de
terminar. Había algo dentro de mí que no me dejaba terminar con esto, debía decírselo
ya, no podía perder más tiempo sentía que el tiempo se terminaba, solo una semana y
toda la noche para decírselo. Presentía que algo dentro de mí andaba mal, un mal
presentimiento me acechaba. Era de nuevo esa sensación, ¿acaso me seguiría por el
resto de mi existencia?, pareciera no tener fin. Estaba maldito no había otra explicación.
El maldito destino no me permitía ser feliz ¿Por qué? Apreté su mano mientras buscaba
nuevamente dentro de mi bolsillo, ese anillo no era tan especial como hubiera esperado,
no disponía de mucho presupuesto, pero en verdad la amaba, esperaba lo mejor para
ella, pero únicamente yo le podía dar algo así. Era especial por el simple hecho de que
era una promesa que le haría por el tiempo que mi vida durara.

—Illian, ¿Yo?— Exhale antes de poder terminar la frase, un chico se acercó a nosotros
corriendo el pobre no podía tomar aliento. Lo mire molesto pero a la vez aliviado me
salvo de un error o me maldijo más de lo que ya estaba, jamás lo sabré. Ni siquiera
saque el anillo de mi bolsillo, mi plan se había arruinado. El chico moreno tomo un
respiro tratando de darme el recordado de mi hermana. Le reclame por su inoportuna
interrupción, no podía creerlo no estaba tan equivocado. Cambie de opinión al escuchar
el recado urgente de mi madre, era respecto al testamento que había dejado de mi padre,
y sus últimos deseos, aquella llamada cambio el rumbo que tomaría mi vida y de las
decisiones que tome, no podía continuar actuando como un completo imbécil con mi
Familia, ahora mi madre estaba sola y ellos necesitaban de mí, me tragaría el orgullo y
dejaría de ser tan egoísta. Colgué sintiéndome tan frustrado, al regresar Illian me abrazo
mientras acariciaba mi cabello, no cometería una tontería, lo que había pensado antes de
recibir la llamada lo era, de nueva cuenta una llamada cambiaba el rumbo que tomaría
mi vida. Me separe de inmediato mirándola serio, no titubearía, no frente a ella.
—Debo irme— Exhale con dolor sobre el pecho, estaba desgarrándome desde el
interior, muchas cosas en que pensar después. Tome su rostro entre mis manos
mirándola a los ojos.
—Quiero que me prometas algo, así como yo lo hice—Ella asintió mirándome
preocupada.
—Prométeme que no esperaras, sin importar el que estemos o no juntos. Eso no quiere
decir que no estaremos juntos. Si entiendes lo que trato de decirte, lo comprenderás—
Su rostro se veía triste, sus ojos empezaban a humedecerse antes de que pudiera decirme
algo mas o de que se despidiera de mí, hui. El tiempo corría, y mi alrededor parecía
desvanecerse, si deseaba estar a su lado nuevamente debía darme prisa. Trate de ser
fuerte por más difícil que fuera, me sentía miserable. Siempre había algo en medio de
mi camino, cada vez que creía encontrar la verdadera felicidad, esta se desvanecía. No
todo era del todo perfecto, siempre mis sueños se esfumaba como parte de un hermoso
sueño, y estos nunca se realizarían.

196
En la vida debemos sacrificar ciertas cosas, bien sabemos que no se puede ser siempre
feliz. Yo, ya había sacrificado a mi Familia, esta vez necesitaban de mí, y no me
quedaría de brazos cruzados. A pesar de que nada malo haya pasado, no podía continuar
exponiéndolos. Perdí tiempo valioso con mi padre, el ya no estaba, y ahora debía
regresar. Ser responsable y proteger a mi Familia, era una promesa que debía cumplirle,
se lo debía a todos. No tenía idea si volvería a ser el mismo después de esto, ¿Qué era lo
que me deparaba el futuro? La mire de frente, una sonrisa que ocultaba dolor y angustia,
una mentira que ocultaba el verdadero el vacío que cargaría por el resto de mis días. En
momentos como este, es cuando más deseaba ser un chico normal, ser alguien a quien
se le permitiera ser feliz como a cualquier persona.

Llegamos a Penticton, nuestros planes se vinieron abajo, no me sentía en condiciones


para vacacionar o hacer otra cosa más. Al llegar a La Posada, corrí a mi habitación, lo
siguiente que hice fue arrojarme sobre la cama, ni siquiera quise desempacar. No
deseaba pensar, necesitaba algo de tiempo, esto era demasiado. Sin embargo, recordé el
funeral de papa, fue muy doloroso para mí el no haberme despedido de él. Todo esto no
había sido por mi culpa, nunca debí haberme marchado de mi casa, el haberlos
abandonados fue lo peor que pude hacer. Mi madre estaba sola, y Caesar cada día la
extrañaba más, le alegraría volver con su abuela, y yo tenía muchas cosas de las cuales
hablar con ella. No quería que se pusiera mal por nuestra pérdida, así que sin que ellas
lo pidieran yo decidí volver a casa, no solo por el testamento y la última petición de
papá, sino porque una parte de mi anhelaba volver y la otra quedarse. No me moleste en
consultarlo con Illian, no quise darle explicaciones.

Todo término, donde aparentemente había iniciado, el pasado. Mi lucha eterna para
liberarme de aquella maldición, no daba resultado pero al menos ya no estaría solo,
contaba con el incondicional apoyo y amor de una familia, la terrible pesadilla que
pasamos, encontraba su final. Decidí de entre varias opciones, la que creí sería la mejor,
elegir lo mejor para mi hijo y para mí. Esta locura nos dañó a todos, y no permitiría que
afectara a mi pequeño, dejar de sufrir por mis estúpidas y malas decisiones. Todo se
resumía a una sola cosa, volver a nuestro lugar de origen, también conocida como casa.
Ambos recuperaríamos la vida que se nos fue arrebatada, hablo por mí, Caesar aún tiene
una vida por delante, en cambio para mí esto fue una clase de prueba, una lección de
vida, mis padres no tuvieron nada que ver, lo supere por mi cuenta, y esperaba continuar
aprendiendo en el futuro.

197
Capítulo 25

Solo fueron necesarias un par de semanas para poner todo en orden, y al contar con
pocas pertenencias la mudanza no representaría ningún problema, ya tenía casi todo
listo para volver solo hacía falta despedirme de los pocos amigos, al igual que con Illian
trate de no darle más vuelta al asunto, no daría explicaciones ni cambiaria de opinión,
para que hacerlo si realmente no conocían gran cosa sobre mí y dudaba que alguien me
conociera, un extraño más en Penticton. Nadie nunca conoció mi verdadera historia, ni
siquiera Illian la conocía del todo. Hable con el entrenador para darle las gracias, creyó
que huía con el equipo contrario, reí ante su comentario, así mismo los papeles de mi
escuela estaban listos, mi hermana paso a recogerlos meses atrás, ya no existía nada
nada que me atara a este lugar.

Katrinna no esperaba que al regresar de mis vacaciones, renunciaría y esta vez


definitivamente, fue una noticia que la sorprendió, me dijo que los clientes extrañarían
el buen servicio que les brinde, haya sido en entregas a domicilio o al preparar mis
brownies, le deje una lista y un recetario con mis especialidades. Mamá que no había
venido a visitarnos en todo este tiempo, solo vino para corroborar que esto no se tratara
de una broma, o puede que para evitar que me echara para atrás. Mientras empacaba mis
cosas, ella junto a Jessica y Caesar, fueron por algunas cosas al jardín de niños, después
pasarían por mí. Tenían poco más de tres horas de haber salido, continuaba empacando
nuestras pertenencias en cajas con cinta adhesiva, en nuestras maletas ya no cabía nada
más, estaban repletas. Escuche el tocar de la puerta, creí que se encontraban de regreso:
“Llegaron antes de lo pensado”, pensé. Se me hizo extraño que tocaran y no entraran,
como fuera el caso, les dije.
—Ya casi termino creí que llegarían más ahm tarde— Termine la frase sorprendido al
ver quien era, trague saliva algo nervioso no esperaba esto.
—Illian, ¿Qué haces aquí? Ya me voy— Dije sin dejar de hacer mis cosas ella solo me
miro con algo de tristeza.
—Eso es todo lo que dirás y si ya veo, te vas ¿Por qué?— pregunto acercándose, sin
preguntar se dejó caer sobre mi cama sentándose en la orilla de esta.
—Solo dame una razón para tratar de irte sin despedirte, sin decir nada más. Aquella
noche me dirías algo, no terminaste ¿Se puede saber que era?— me miro algo seria,
evite mirarla, como solía hacerlo cuando la conocí por primera vez. Trate de poner mi
mejor cara, para evitar que notara mi debilidad, no era mi intención que esto le afectara,
más de lo debido. No comente gran cosa, fue una dedición precipitada como la mayoría
de las que tomaba ultimarte, como todas las que tomaría por el resto de mi vida esa era
la historia de mi vida, Keith el chico impulsivo.

Después de meditarlo finalmente me di cuenta que era lo mejor para todo, era tan
doloroso verla, sería la última vez. Nunca volvería a contemplar ese hermoso rostro,
esos hermosos ojitos que ahora no tenían ese brillo estaban apagados hasta en su
cabello le faltaba esa viveza. Su sonrisa se veía triste y no me quedo de otra que
enfrentarla. Deje la última caja, esta correspondía a una parte de los juguetes de mi hijo,
ella se ofreció a ayudarme.

—Si no dirás nada al menos permíteme ayudarte, quieres— Suspiro resignada le


agradecí sonriéndole con debilidad. Mis sueños se apagaban y ella solo era uno más,
demasiado buena para ser mía. No era mi intención separarme de ella, no de esta forma,
deseaba que estuviera a mi lado por siempre, pero no podía ser así. Y tampoco vendría

198
conmigo, se ataría a una vida que no le correspondía, le permitirá ser libre. A pesar de
ser perfecta no podría anhelar estar con alguien como ella, no me pertenecía tener ese
privilegio, jamás formaría parte de mi mundo ni yo del que ella formaba éramos
complemente distintos. No luchaba por mi felicidad ya había perdido a la mujer que fue
mi primer amor, lo que me faltaba, terminaría perdiéndola a ella también, esto solo
nublaba mi mente.

La última charla que tendría con mi novia sería la más dolorosa de todas, la peor. Me
acerque a ella antes de que mi familia regresara y todo terminara. Tome su rostro entre
mis manos, antes de poder decir algo ella dijo.
—Te acompañare a donde sea que vayas— Exclamo con firmeza, la solté suspirando
desviando la mirada tratando de verme serio.
—Lo siento, pero este es un camino que debo de tomar solo— Ella no dejaba de verme
con sus ojitos vidriosos por las lágrimas que reprimía, en cualquier momento pondría
derrumbarse. Fui rápido para que esto fuera menos doloroso, muy directo tal vez. La
herida ya era bastante profunda, se haría más grande, y lo peor no era sentirla, sino verlo
reflejada en sus ojos. Destinado a perder a la gente que en verdad amaba, pareciera que
ese era mi destino, sufrir por mis acciones, decisiones, esta sería mi penitencia. No
podía hacerlo era tan difícil para mí como para ella, debía hacerlo por el bien de todos,
sacrificaría mi propia felicidad. ¿En realidad era esto lo que yo deseaba? Era demasiado
tarde como para hacerme esa clase de pregunta a estas alturas. Mi decisión final ya
estaba tomada era la hora para decirle adiós.

¿Y cómo hacerlo si no podía ni verla a los ojos? Me faltaba fuerza y valor para
enfrentarlo solo. Trague saliva mientras dejaba salir un suspiro de resignación, me
sentía tan débil y vulnerable, aguantaba al igual que ella en cualquier momento podría
venirme abajo, me desmoronaría como un pedazo de pan seco. Una parte de mi aun
luchaba para que esto no ocurriera, un duelo en mi interior se llevaba a cabo, me
preocupo que Illian guardara silencio por tanto tiempo. Sentí su mano apretar la mía
ligeramente inhale con fuerza, tratando de no romper de nuevo en llanto frente a ella. Si
quería que creyera en mi debía soportarlo.

Para que sobrellevarlo, ella debía olvidarse de mí, continuar con su vida y hacer como si
yo nunca me hubiera topado en su camino.
—Ya te dije. Te acompaño, no te dejaré solo, no quiero dejarte ir— Repetía una y otra
vez sin recibir alguna respuesta de mi parte, insistía pero yo me quede mudo.
—Si haces esto por ese pacto que hicimos estás loco, no lo hagas. Si no quieres formar
parte de algo que tanto odias y lo deseabas hacer solo por mí olvida esa estúpida idea y
quédate o permíteme seguirte. Estaré a tu lado sin importar lo que seas, solo te quiero a
ti. No me importa nada más que tú, y ese pequeño— Dijo conteniendo el llanto aunque
lagrimas empezaban a resbalar por sus mejillas silenciosamente.

—Si fuera tan sencillo como eso te pediría que me acompañaras, lo hago por tu propio
bien. Olvídalo y no intentes seguirme o me harás tomar medidas más fuertes— Este era
un camino que debía avanzar por mi cuenta, soltó un leve gemido cuando termine.
Mi corazón y alma eran desgarradas, perdía una importante parte de mí. Yo solo la tire a
la basura por cometer error tras error. Mi corazón ese día permaneció con ella y con ella
se quedaría por el resto de mis días. Sus brazos me rodearon con fuerza, correspondí de
inmediato me cortaba la respiración.

199
— ¿Por qué?, ¿Por qué lo haces?— Repetía una y otra vez, creí que de un momento a
otro sentiría su puño golpear mi pecho pero en vez de eso hundió su rostro sobre mi
pecho derrumbándose por completo, pase mis dedos sobre su cabello, acariciándolo.
No pude evitar soltar un sollozo nos quedamos así por un largo tiempo, no queríamos
separarnos hasta que tuve el valor de hablar de nuevo, inhalando un poco de aire, eran
de nuestros últimos minutos juntos.

Cada vez se hacía más difícil, era injusto para ella cuando todo este tiempo me apoyo
cuando más la necesite, nunca me abandono aun cuando yo la trate como un monstruo
ella siempre estuvo incondicionalmente a mi lado. Lo mejor para todos era formar parte
del mundo al que pertenecía vivir nuestras vidas como debíamos de hacerlo. De nuevo
un nudo en la garganta que me hizo titubear pero aun esto no acababa.

—De verdad yo… yo lo siento, pero no podemos continuar con esto. Tu mereces a un
chico que pueda permanecer por siempre a tu lado y ese lamentablemente no soy—
Apreté su mano con fuerza, ese nudo me impedía tener mis ideas en orden y sobre todo
hablar, apenas y lograba sostener unas cuantas palabras. Me observo con una mirada
seria y dura, aun no aceptaba esto.
—Si tú piensas eso, eres un tonto— Dijo eso separándose de mi sosteniéndome la
mirada aun seria.
—Lo que dure mi vida, no te será suficiente Exhale, ella solo se limitó a ahogar un
sollozo.
—Pero Ke…keith— Titubeo no pude soportar más y baje la mirada evitándola.
—Deseo estar contigo pase lo que pase— Concluyo la frase.

—Es sobre tomar un rumbo diferente en nuestros caminos y además aceptémoslo jamás
podré estar por siempre contigo. No puedo abandonar de nuevo a mi familia— La
verdad salió a relucir por si sola.
—Si me vas a dejar al menos dame una verdadera razón para terminar con esto. No me
amas, no dijiste más que mentiras. Solo dime la verdad para irme de una vez y dejarte
en paz. ¿Rumbos diferentes?, ¿Cuantos rumbos crees que he tomado Keith?— Me miró
fijamente aun con los ojos vidriosos, fue tentador y no desaproveche la oportunidad
para permitirle ser libre.

— ¡En ninguno había sido tan feliz como he sido contigo!— Exclamo exigiendo una
respuesta, una verdadera razón, una que realmente creyera.
—Bien te diré porque me voy— Sonreí serio y divertido a la vez algo malicioso esto no
era más que una mediocre actuación que basto para hacerla entrar en razón.
— ¡Yo no seré como tú, nunca!— Me exalte.
—Ya le falle a mi familia una vez y no los volveré a abandonar. Así que mejor vete
metiendo esa idea en tu cabecita, mocosa. No soy tu hombre. Búscate a uno que si
pueda serlo y de preferencia que te amé y no te vea solo por lo que tienes que ofrecer.
Aunque...— Mi sonrisa se hizo aún más maliciosa, y amplía la mire entrecerrando los
ojos.

—Gracias me divertí mucho contigo gracias a ti recordé lo que era ser un hombre—
Exclame exaltado, sonriendo mientras la miraba de forma seca y dura. Trate de
controlarme, pero el dolor era tan fuerte que no me lo permitió. Para que esto pareciera
real, solté una risa amarga e irónica.

200
—Es lo único que puedes ofrecer mejor que lo aproveche alguien que no tenga tantos
compromisos como yo— Me miro furiosa levantando su mano para darme una
cachetada.
— ¡Eres un maldito! ¡Un Imbécil!— Fue conteniendo el llanto, se desquito azotando la
puerta después de salir, lo único que se escuchaban en la posada eran sus llantos. Me
sentí tan mal por haberme comportado como un idiota, quería ir detrás de ella y
disculparme por haberle dicho tantas mentiras. Eso no era lo que en realidad creía sobre
ella, pero si no lo hacía, jamás entendería. Me recordaría como al mayor cretino que
jamás haya conocido, y yo la recordaría a ella como la mujer a quien amaría toda mi
vida y a quien trate peor que a un trapo sucio. Me arrepentí a tiempo corrí tras ella
saltando por la ventana para seguirla hasta su casa pero llevaba su auto.

La seguí corriendo detrás de ella como un perro, me lo busque y lo merecía. Trepe a un


árbol y cuando su auto paso a lado me deje caer sobre el cofre azotando con fuerza
contra él esta era una más de mis locuras que haría de ser necesarias. Esta vez me iría
pero algún día volvería por ella, tenía miedo de que no esperara y peor aún de que no
me perdonara. Su golpe apenas empezaba a causarme dolor, lo ignore por completo a
pesar de tener la cara ya hinchada por el impacto.

—Illian, discúlpame te menti. Todo lo que te dije allá dentro fue mentira al menos lo
último sí. Pero debes de entender que lo hice porque es la única manera de que te alejes
de mí, por favor comprende— Roge tratando de que detuviera el auto al menos bajo la
velocidad y antes de que tratara de asesinarme estrellándome contra algún árbol para
matarme por ser un tonto se detuvo bajándose del auto molesta.

— ¿Y qué te hace creer que te creeré ahora?, ¡Tu solo te la vives diciendo mentira tras
mentira!—No era justo hacerle esto, y era menos justo dejarla así. Teníamos que
aprender a vivir uno sin el otro, solo así podríamos volver a estar juntos. La mire
rogante, no sabía que más decirle. Ella exhalo mirándome, lo último que le diría fue otra
terrible mentira, nunca debí hacerlo, no me dejo otra alternativa.
—Te prometo que volveré, solo dame un tiempo el que ya te pedí para atar algunos
cabos sueltos de mi vida, mamá podría llegar a enfermar y papá ya murió no podría
perder a nadie. Debo criar a mi hijo y cuando todo esto esté arreglado te juro que
volveré para estar a tu lado. ¡Lo prometo!—
Termine exclamando me lance sobre ella abrazándola con fuerza, me sentía algo
adolorido tanto físicamente como sentía ese dolor en el pecho oprimiéndome algo más
allá de lo físico. Inhale su aroma mientras veía sus ojos, esa esencia jamás la olvidaría.

—Volveré cuando sea el momento de que estemos juntos nuevamente— Murmure con
debilidad. Si es que algún día regresaría, ¿Cuánto tiempo pasaría sin verla de nuevo?,
¿Y cuándo volviera ella continuaría siendo la misma? , No lo sabía. Habría envejecido
muchos años, dudaba que ella dijera la verdad ¿Y si mentía, al igual que yo? Esa idea
me destruía por dentro, ella continuaría siendo así por siempre, yo no.
—Ambos sabemos que ese día podría jamás llegar— Dijo seria y con algo de dolor.
—Keith yo nunca renunciaré a ti— Trato de ser fuerte aunque sus sollozos eran aun
persistentes.
—Illian, lo sé— Exhale resignado acaricie su mejilla deteniéndome sobre su barbilla.
Mire una vez más sus hermosos ojos, estaban hinchados por lagrimas que había
derramaron.

201
—Haré lo que este en mis manos para poder volver lo antes posible contigo. ¡Te
Amo!— Sostuve su mirada, su hermosa mirada, suspire.

—Keith— susurro mientras me observaba.


—Te amo y nunca dejaré de hacerlo— Su voz ahogada y débil. La abrase con más
fuerza, mi voz se escuchaba igual.
—Te Amo, y pase lo que pase seguiré contigo muy pronto volveré por ti, Lo prometo—
Suspire y acaricie su cabello, jamás la olvidaría. Incluso si me lavaran el cerebro muy
dentro de mí sabría que es ella. Aunque perdiera la memoria sabría que es ella,
simplemente por el hecho de que ella había cambiado para siempre mi forma de ver la
vida. Ella siempre formaría una parte de mí y esa parte jamás desaparecería.

—Keith, Te amo, Keith— Solloza con mayor debilidad, la mire a los ojos con tristeza,
sentía tanta vergüenza por hacerle ver así, todo esto era mi culpa.
—Nos volveremos a encontrar, lo sé… Tan solo ¿Podría visitarte o no se? ¿Asegurarme
que están bien tú y Caesar?— Pregunto algo dudosa.
—Creo que lo mejor sería que pasara algún tiempo. No creo que sea correcto—
Acaricie su mejilla sin dejarla de ver.
—Será mejor que cada quien tome su camino por un tiempo, al menos hasta— No pude
terminar la frase, trague saliva y exhale. Me dolía despedirme.
— ¿Hasta qué?— Pregunto en un susurro, apretó mi mano fuertemente.
—Hasta que sea el momento apropiado.

Mientras cada quien hará su vida sin el otro— Exhale abrazándola nuevamente
aferrándola hacia mí pecho con fuerza.
—Prometo que estaremos juntos de nuevo— ¿Podría hacer eso? ¿Vivir, Sin ella? Sin
Illian, ¿Cuánto tiempo lo soportaría? Deseaba gritar que no quería, No podía irme, no
aun, no así.
—Prometo que te veré de nuevo, No tengo idea de cuándo pero cuando lo haga
estaremos juntos—
Acaricie con ansias su cabello, mientras esbozaba una sonrisa muy débil. Igualmente lo
hice con su rostro no podía dejar de ver lo hermosa que era. Suspiro un poco más
tranquila, sus lágrimas caían resbalando por sus mejillas. Al final ambos cedimos, este
fue nuestro final.

—Keith, Solo cuídate ¿Si? No hagas cosas peligrosas. Recuerda que tienes un lindo y
rubio hijo, tienes aun a tu mamá y volverás a estar con tu familia. Me alegra mucho que
finalmente serás feliz— Me abrazo con fuerza, lo correspondí con la misma intensidad.
Nos separamos, acaricie por última vez ese hermoso rostro, su rostro perfecto, suspire
inhalando una vez más su dulce escancia. La mire a sus hermosos ojos. Tome su mano y
la apreté con fuerza, Nos dimos el último beso, así fue como todo termino. Nuestra
despedida inicio siendo dulce pero al saber que sería el último se fue transformando
poco a poco en algo mucho más intenso y apasionado, serían unos labios que jamás
olvidaría. Nunca olvidaría a Illian, aunque lo intentara no podría. Formaría parte de mi
vida para siempre, continuaba acariciando su cabello, su cuello, me aferre a ella y
jadeamos un poco. Nos separamos poco a poco, suspiro y limpio sus lágrimas con la
manga de su suéter. Esa acción me dolió, pero no debía perder más tiempo aquí. Exhale
resignado, abrí la puerta de su casa sin ver hacia atrás. ¿Volvería? Esa preguntaba me
hacia una y otra vez, el destino era el único que conocía esa respuesta, el único capaz de
volvernos a unir.

202
Capítulo 26

Esa fue la última vez que vi a mi hermosa Illian. Regrese a la posada algo me decía que
si llegaban creerían que ya me habría arrepentido y que no quería volver a casa. Tal vez
creían que no era más que un mocoso inmaduro que nunca se tomaría las cosas en serio.
Siendo que la realidad era otra me encontraba listo para volver a casa, después de tantos
años de estar lejos de mi familia, no podía creer que para que esto ocurriera tuvieron
que pasar tantas cosas solo para darme cuenta de lo tonto que fui. Todo este tiempo solo
seguía lo que dictaba mi corazón. La niebla que cubría mi vida se quitaba, se desvanecía
junto con una parte de mí. Volvería a mi antigua vida por un tiempo hasta ser el
legítimo dueño de ella, esta podría ser o no la definitiva.

Libertad, finalmente lo que obtuve fue eso. Así se sentía ser libre de las ataduras que no
me dejaban ser quien era en realidad, que no me dejaban ser en realidad la persona
quien yo era. Mi condena finalmente había terminado con el perdón de mi familia a los
que abandone para su bienestar, quería que fueran felices mientras que yo estando lejos
también lo era. Entre de nuevo a mi habitación donde ya me esperaban, tenían una cara
de preocupadas.
—Estuvimos a punto de salir a buscarte tenemos más de cuarenta y cinco minutos
aquí— Ahí estaba mi hermana regañándome como dúrate toda mi infancia,
adolescencia y al parecer siempre sería lo mismo siempre. Sonreí divertido abrazando
de costado a mi madre haciéndole unos ojitos de niño bueno.
—Oh bien veras tuve que salir a terminar con unas cosas ya que no podre conservar la
motocicleta al menos déjame guardarla en un lugar seguro donde nadie pueda
encontrarla nunca— Sonreí malicioso a lo que mamá dijo.
—Espero que ya lo hayas hecho porque es hora de irnos, ya está todo empacado y listo.
Hora de partir— Asentí divertido.
—Claro ya todo está más que listo, estoy algo nervioso por volver a casa tiene tanto
tiempo desde que yo… ahm ustedes saben— Exhale resignado.
—No tienes de nada de qué preocuparte hijo todas tus cosas están tal y como las dejaste
nunca perdimos la esperanza de que algún día nos perdonaras y regresaras por la puerta
que saliste. Esa casa siempre estará abierta para ti es tuya— Mi hermana solo me echo
unos ojos para evitar que dijera un comentario más, y además tenían razón esa casa era
mía a pesar de ser el hijo menor tenía ya un hijo y era el único varón de la familia. Mi
hermana algún día se casaría con Erick y tendría que sostenerla de alguna u otra forma
además en la milicia se ganaba bien tenían enormes autos y sabrá dios que más cosas
que el gobierno de EUA les daba a cambio de arriesgar su vida para “Proteger a nuestra
querida y hermosa nación” Oh sí. Yo nunca formaría parte de algo como un ejército,
donde no sería más que un peón. Un soldado anónimo que jamás seria recordado, eso no
era lo mío. Siempre me gusto pasar desapercibido pero no a costa de mi propia vida.

—Sé que es tarde para pedirte perdón mamá pero no descansare en paz si no lo hago,
perdóname— Suplique sin dejarla de abrazar ella solo sonrió acariciando mi cabello
como cuando era pequeño y tenía más o menos la misma edad de mi hijo.
—No hay nada que perdonarte al contrario ya te lo hemos dicho— Sus palabras fueron
más que un cálido abrazo. Añoraba tanto volver a tener todo ese afecto de nuevo,
volvería formar parte de ellos al igual que ellos siempre habían formado parte
importante en mí. Se sentía tan bien de volver a casa, con mis seres amados, conmigo de
vuelta aunque no todo lo que deseaba tener a mi lado. Un sentimiento de tristeza me
invadió, aunque continuaba sintiéndome vacío. Faltaba la madre de Cesar, a pesar

203
haberla dejado de amar de la forma en la que puedes amar a la persona con la que
deseas pasar el resto de tus días, yo siempre la amaría. La necesitaba y también su
perdón, visitaría su tumba y le llevaría flores. Con la frente en alto para enfrentarlo
todo, sin derrumbarme. No volvería a titubear, sino todo lo contrario mirar hacia delante
y caminar hacia un mejor futuro. El creer que solo los habíamos perdido era un gran
error, ya que siempre estarían a nuestro lado, aun cuando no nos estén entre nosotros o
ni siquiera nos demos cuenta de que están ahí. Siempre estarán con nosotros por haber
formado parte de nuestra vida, nos brindaron amor y afecto. ¿Cómo podrían ser
olvidados? Siempre formarían una parte importante dentro de nosotros.

Tomamos nuestras pocas pertenencias que teníamos, no eran tan necesarias de todas
formas regresando a casa compraríamos cosas nuevas al menos yo si ya daba vergüenza
lo que llevaba conmigo, estas cosas ya no servirían de gran utilidad. Quería estar junto
con la gente que amaba, estaba tan ansioso por estar nuevamente a lado de mi familia.
— ¿Te ayudo a subir las cosas al auto?— Pregunto alegre mi hermana con Caesar en
brazos asentí agradecido pasándole las maletas más ligeras las cajas tendría que
cargarlas yo, podía amontonarlas una sobre otra para llevar varias conmigo.
—Papi no olvides mis juguetes— reclamo mi hijo mirándome serio por si me atrevía a
dejarlos.
—Si Caesar ya están listos y empacados enseguida los llevo tú acompaña a la abuela al
auto en lo que termino de bajar todo esto— El asintió sonriente y muy alegre tomando
la mano de mi madre mientras le ayudaba a levantarse a pesar de ser aun tan pequeño.
Había crecido tanto que ya parecía un niño de unos siete años a pesar de apenas haber
cumplido cinco. Los tres salieron de la habitación, continúe ordenando nuestras cosas
antes de bajar para llevarlas al auto, las eche en la cajuela. Recordé algo importante que
debía dejar junto con mi motocicleta escondida en medio del bosque antes de
marcharme para siempre.

—Solo no vayas a tardarte tanto tiempo de nuevo, ya es tarde y son más de diez horas
de camino— Se quejó mi hermana mostrándome su reloj de muñeca, atravesaríamos
todo el Norte del país con el camión de la mudanza, esto era mucho más barato que
enviar las cosas por avión. Asentí diciéndole que no tardaría más que algunos minutos.
Ella sintió dejándome ir, odiaba pedir permiso. Corrí a la habitación por algunas cosas
más las ultimas las deje sobre la entrada de la posada antes de ponerlas en el auto cerré
la habitación mirándola por última vez, sentía tristeza al dejarla a pesar de que estuviera
pequeña y muy deteriorada le tome un cariño indescriptible. Antes busque entre las
pocas cosas que dejaba en ella, no cabrían todas en el auto además eran recuerdos que
no valdría la pena recordar. Tome de la mesita de noche la cajita donde coloque ese
anillo que tanto esfuerzo compre. Lo observe por unos segundos y después de mirarlo
por tanto tiempo abrí la ventana para arrojarlo al bosque donde nadie lo encontraría,
suspire resignado mientras cerraba la ventana. Salí de la habitación poniendo la puerta
bajo llave, enseguida baje al mostrador para entregar mi último pago y la llave. Ni las
gracias le di a ese viejo, lo mire molesto pensando en que algún día regresaría para
vengarme por haberse burlado de mí y hacerme creer cosas que no eran.

No tenía caso continuar con esos malos pensamientos no permitiría que el rencor me
consumiera y marchitara mi pobre alma, solo me atormentaría. Regrese a la camioneta
de Jess mientras ella encendía el auto para marcharnos en ese lapso recordé tantas cosas,
un resumen de las cosas que viví desde la última vez que estuve en Baltimore, nada fue
ni sería lo mismo, ni mucho menos lo que algún día esperaría. Marion, mis amigos, mi

204
familia todos sufrieron por mi causa y ahora que tenía el perdón, volvería a casa al lugar
donde pertenecía. Fui un estúpido al creer que con exiliarme arreglaría las cosas, esto
tenía que enfrentarlo y que fue lo que hice, nada. Huir nada más, no tenía caso continuar
preocupándome por cosas que no tenían remedio, el pasado caería en un oscuro abismo
y dejaría de preocuparme por él. Toda la causa de nuestra miseria, desapareciera.

Nada volvería a ser lo mismo para mí o ellos, mi familia. No desde aquel oscuro día en
que todo lo que conocíamos se desvaneció casi por completo, al menos aprenderíamos a
vivir con ello, podríamos salir adelante juntos, eso era lo que debí hacer desde un
comienzo. Evite voltear para no sentir culpa, aquel intenso dolor lo superaría, ansiaba
que ya nos fuéramos. Finalmente ya estábamos más que listos para partir, abrí la
ventana del auto, para inhalar por última vez el fresco aire del bosque canadiense. El
viento soplaba fuertemente y en el pude percibir algo que era como una suave caricia,
jamás olvidaría todo lo que había ocurrido en aquel lugar por más doloroso que
pareciera ser.

205
Epilogo

Mirada Incomoda al Posible Futuro…

Todo había pasado tan rápido, ni siquiera me di cuenta de cómo termine aquí. Yo no
deseaba esto, al menos no de esta forma. O tal vez sí, pero no era lo que había deseado,
al menos no de forma consciente, no lograba recordar nada. Lo único que sabía o que
sentía era que yo no había deseado terminar en este lugar. No había marcha atrás,
escuchaba un agudo sonido retumbándome en los oídos, no sentía mi cuerpo y todo era
tan confuso, no tenía idea de que era lo que había ocurrido. No podría salir de esta solo,
necesito buscarla pero como si yo estoy perdido, para encontrarla antes debo
encontrarme. Solo ella puede ayudarme, la necesito, dudo poder sobrevivir sin ella.

Ahora estoy solo y no recuerdo nada de lo que ocurrió aquel día ¿Que hice para merecer
esto? ¿Cómo fue que termine así? No lo sé, pero donde sea que me encuentre en este
momento. Solo quiero que todos sepan, deseo pedir perdón por lo que estoy a punto de
hacer apenas regrese de la oscuridad en la que me encuentro, nunca volveré a ser el
mismo.

Estoy perdido, espero que algún día pueda volver a sentir, y pueda volver a ver las cosas
como son en realidad. No quiero terminar como el resto de los que conozco, ahora todos
somos iguales. Entre a un mundo del que no puedo escapar, ahora soy parte de ellos, y
así será por el resto de la eternidad, Me he convertido en uno de ellos. Al menos guardo
la esperanza de que algún día vuelva a ser como antes, o tal vez no. Aun así no me
rendiré y luchare por existir, este no soy yo.

Oculto entre las sombras me encuentro, en mi propia oscuridad, necesito encontrar la


luz para poder salir adelante, sea como sea, estoy perdido y encontrare la salida. Así
termine yo... ¿Cómo ocurrió? Ni siquiera puedo recordarlo, aun así lo poco que
recuerdo es nulo y no lo aceptare, porque no soy yo. Me he convertido en otra persona.
O tal vez sea yo aún, aun no lo sé.

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Agradecimientos

Antes que a ninguna otra persona debo agradecerle a aquella que ha estado conmigo desde un
inicio, en realidad ella fue la que me mostro aquel fascinante y fantástico mundo donde
escapábamos de la realidad. Mi compañera de Preparatoria, y con el pasar de los años se
convirtió en mi mejor amiga de toda la vida: Isaly.

Para aquella pequeña niña que aguanto en sus altas y bajas a ese mocoso, y a pesar de tu corta
aparición en esta obra, aparecerás próximamente para apoyar, hacer reír y jalarle las orejas a tu
padre: Paola.

Es imposible no agradecer a aquel hombre que fue inspiración para la imagen de aquel
impulsivo y desgarbado chico ojiazul, su nombre estaría de más, ya que quien me conoce a la
perfección sabe de quién hablo, ¿No es así? Además de aportar con su hermosa voz parte del
Soundtrack fue parte de mi inspiración para dar inicio con este proyecto, junto con otros
talentosos artistas, varios géneros mezclados entre sí, todos formaran parte de mí y cuando no
exista más inspiración les escuchare para deleitarme con su música, motivo para seguir adelante.

Esa chica que me metió un santo susto, al decirme que si no me aplicaba ella se adelantaría, ella
fue quien me impulso para convertir aquella historia que inicio como un juego en una realidad,
espero deje algo bueno en quien lo lea. Ella creyó en mí, para la admiradora #1. Eli Rojo alias
Cat.

Para mi Familia de sangre, que tuvo que soportar mis sueños locos, y que han estado a mi lado
siempre, soportando mi música y mi teclado resonando a altas horas de la noche-madrugada. Mi
padre, mi madre, mi hermana & mis primos. Los amo.

Para la primera Familia que me recibió, y en donde trate formar parte de su mundo a pesar de
haber terminado rompiendo las reglas para crear el mío. TR.

Aquella Familia que me acogió y donde comparto hasta la fecha maravillosas experiencias que
jamás olvidare, los adoro y gracias a aquellos tres señores que tanto admiramos fue que todo
inicio.

A todas aquellas personas que estuvieron a mi lado a lo largo de estos años, esperando que
algún día fuera publicado mi libro, y que ahora lo posean en sus manos. Todo esto fue posible
gracias al interés y al gran apoyo que me han brindado desde el comienzo. Muchísimas gracias.

Como olvidar a aquel mocoso impulsivo y soñador que se ha convertido en mí mejor amigo, y
ahora forma parte de mí. El me ayudo a crecer y a no rendirme, ha estado desde hace unos años
a mi lado apoyándome y dándome consuelo, escapando juntos en un Mundo que pocos conocen.

Para todos los soñadores que como yo han logrado cumplir sus sueños en una realidad, jamás se
rindan y créanme cuando les digo que todo lo que empieza como una loca idea, puede
convertirse algún día en lo que esperaron o incluso resultar mejor. Cualquier sueño o deseo se
logra trabajando duro, luchando, siendo constantes y teniendo fe en que algún día lo
conseguirán. Para todos mis lectores T.R. Ketlyn.

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