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Servicio Bíblico Latinoamericano

Semana del 16 al 22 de diciembre de 2018 –


Ciclo C

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Domingo 16 de diciembre de 2018


3º Adviento
Adelaida (999)

Sof 3,14-18a: El Señor se alegra con júbilo en ti


Interlec. Is 12: Griten jubilosos: “¡Qué grande es en medio de ti el Santo
de Israel!”
Fil 4,4-7: El Señor está cerca
Lc 3,10-18: ¿Qué hemos de hacer?

E l texto del profeta Sofonías nos habla de un tiempo poco antes


del reinado de Josías. El país se hallaba sumido en la mayor miseria
moral y hacía tiempo se dejaba sentir la amenaza de Asiria.
Sofonías, testigo de los grandes pecados de Israel y del duro castigo
con que Dios va a purificar a su pueblo, preanuncia la restauración y
redención que Dios va a obrar. A los beneficiarios de ella los llama el
“resto”. Con este “resto” creará Dios un pueblo nuevo.
Al final de su libro Sofonías vislumbra algunas luces de
esperanza: el rey Josías se presenta como un gran reformador y
Asiria parece aflojar por el momento su cerco. Es la ocasión para
anunciar días mejores para Jerusalén e invitar a la alegría a través
de una gran fiesta en la que todo serán danzas, alegría y regocijo.
Israel rebosa gozo porque el Señor ha cancelado todas sus
deudas o el castigo de sus pecados (la cautividad). El Señor
establece su trono en Sión. Con Rey tan poderoso y Padre tan
misericordioso nada tiene que temer nunca más (v. 14-15). Ahora ya
no es Israel el que se goza en el Señor; es el mismo Señor quien se
goza con su nuevo pueblo. Es como el “esposo” que se goza en la
“esposa”. Muchas veces en los profetas la “Alianza” es presentada
como “Desposorio”: “Yahvé, tu Dios, está en medio de ti; exulta de
gozo por ti y se complace en ti; te ama y se alegra con júbilo; hace
fiesta por ti” (v. 16-17).
Los textos de la liturgia de hoy nos invitan a la alegría. Ese es
el modo de esperar al Señor: la auténtica alegría del pueblo de Dios
es Cristo, el Mesías largo tiempo esperado. A los filipenses Pablo
les recomienda: “Alegraos siempre en el señor. Otra vez os digo,
alegraos”.
El pasaje de Lucas nos habla del testimonio de Juan Bautista, el
precursor. Su predicación impresiona al pueblo, la gente se acerca
para preguntarle: “¿Qué debemos hacer?” (v. 10), es una prueba de
que han comprendido el mensaje, perciben que el bautismo de Juan
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exige un comportamiento. La respuesta llega enseguida: compartan
lo que tengan: vestido, comida, etc. (vv. 10-11).
No se pregunta lo que hay que pensar, ni siquiera lo que hay
que creer. El Evangelio pretende que el oyente de la Palabra de Dios
se convierta, es decir, que su conducta y su comportamiento estén
de acuerdo con la justicia que exige el Reino. La buena noticia
entraña una exigencia nítida: los que tienen bienes o poder deben
compartirlos con los que no tienen nada o son más débiles. Gracias
a esta conversión, los pobres y menesterosos son iguales a los otros.
En realidad, los pobres no preguntan, sino que están en
“expectación”. El “¿qué debemos hacer?” lo deberían preguntar
quienes tienen el dinero, la cultura, el poder... porque la exigencia
básica, según la Biblia, es compartir.
La conversión es un cambio de conducta más que un cambio de
ideas; es la transformación de una situación vieja en una situación
nueva. Convertirse es actuar de manera evangélica. El evangelio
nos invita a una “conversión al futuro” que se despliega en el Reino.
No es mirar y volverse atrás. El futuro (que es Dios y su reinado) es
la meta de la llamada a la conversión.
La tentación para no convertirse es quedarse en una búsqueda
permanente o contentarse con preguntar sin escuchar respuestas
verdaderas. Según el Bautista, la conversión exige “aventar la
parva” (saber seleccionar o elegir), “reunir el trigo” (ir a lo más
importante y no quedarse en las ramas) y “quemar la paja” (echar
por la borda lo inservible o lo que nos inmoviliza); acoger la Buena
Nueva de la venida del Señor requiere esa conversión. Con nuestros
gestos discernimos lo que nos acerca de aquello que nos aleja de la
llegada del Señor. Este día Dios discernirá entre el trigo y la paja
que haya en nuestra conducta.
Este domingo se denominó tradicionalmente domingo gaudete
(en latín: alegraos), o de alegría. Por dos veces nos dice Pablo que
estemos alegres, alegres por la venida del Señor, por la celebración
próxima de la Navidad, por mantener la esperanza, por situarnos en
proceso de conversión y por compartir con los hermanos la cena del
Señor.
En la Biblia, la alegría acompaña todo cumplimiento de las
promesas de Dios. Esta vez el gozo será particularmente profundo:
“El Señor está cerca” (Flp 4,5). Toda petición a Dios debe estar
apoyada en la acción de gracias (v. 6). La práctica de la justicia y la
vivencia de la alegría nos llevarán a la paz auténtica, al Shalom
(vida, integridad) de Dios.
¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que muchos nos podemos
formular hoy. La respuesta de Juan Bautista no es teoría vacía. Es a
través de gestos y acciones concretas de justicia, respeto,
solidaridad, y coherencia cristiana, como demostramos nuestra
voluntad de paz, vamos construyendo un tejido social más digno de
hijos de Dios, vamos conquistando los cambios radicales y profundos
que nuestra vida y nuestra sociedad necesitan. Pero para eso, es
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necesario purificar el corazón, dejarnos invadir por el Espíritu de
Dios, liberarnos de las ataduras del egoísmo y el acomodamiento, no
temer al cambio y disponernos con alegría, con esperanza y
entusiasmo a contribuir en la construcción de un futuro no remoto
más humano, que sea verdadera expresión del Reino de Dios que
Jesús nos trae, y así poder exclamar con alegría: ¡venga a nosotros
tu Reino, Señor!

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 4, «La


Justicia de Dios», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil.
El audio, el guión y su comentario, pueden ser tomados de aquí:
https://radialistas.net/4-la-justicia-de-dios/

Para seguir la exégesis de los textos litúrgicos de la semana que


entra, sugerimos el clásico libro MUÑOZ IGLESIAS, Salvador. Los
evangelios de la Infancia. Madrid: BAC, 1986. También se puede ver
una presentación sucinta en DANIÉLOU, Jean, Los evangelios de la
infancia, Herder, Barcelona 1969.

Para la revisión de vida


Buen tiempo, éste de adviento, para hacerse la pregunta que se
hacía la gente al escuchar a Juan: "y nosotros, ¿qué debemos
hacer?". Pregunta de conversión que también yo debo
plantearme. A la luz de este evangelio, ¿qué respuesta creo que
me daría el radical profeta Juan?

Para la reunión de grupo


- En la próxima Navidad volvemos a recibir la alegría y el
alborozo del nacimiento de Cristo. Pero, preguntémonos: ¿se
ven por algún sitio, en nuestro mundo, en nuestra patria, en
nuestra sociedad los signos de la llegada Reinado de Dios? ¿Es
Navidad en el mundo? ¿Dónde nace Jesús? ¿Qué significa
realmente ser navidad? ¿Les llega a los pobres la salud, la vida,
el empleo, la justicia... las Buenas Noticias? ¿Qué podemos
hacer para que esta navidad nazca efectivamente Jesús a
nuestro alrededor?
- ¿Es la Navidad una celebración muy “occidental”
además de cristiana? ¿La celebra también en nuestra región
algún grupo étnico o religioso diferente del nuestro? ¿Sería
coherente con el sentid cristiano de la Navidad el acercarnos y
establecer contacto, diálogo, conocimiento mutuo, posible
colaboración?
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Para la oración de los fieles
- Para que en este adviento sigamos alimentando nuestra
esperanza, chequeándola, profundizándola y compartiéndola,
roguemos al Señor
- Por todos los que en estos días cercanos a la navidad se
sienten tristes o nostálgicos, lejos de sus familias, en soledad...
para que la potencia de su amor supere todas esas distancias y
les haga sentirse en comunión universal...
- Para que nos preparemos a la celebración de la navidad
con realismo tratando de hacer que "efectivamente nazca
Jesús" a nuestro alrededor...
- Para que la lejanía en que hoy día se ubica la utopía que
todos los soñadores buscamos, no nos conduzca a la
resignación o al fatalismo, sino que quede superada en la
constancia, en la fe sin claudicaciones, en la resistencia y el
esfuerzo por acercar una y otra vez la utopía del Reino...
- Para que en estas vísperas de navidad la austeridad de
Juan Bautista, el precursor, nos recuerde que la sobriedad en el
gasto motivada por el deseo de compartir con los más
necesitados, es para los pobres una buena noticia que anuncia
la efectividad del nacimiento de Jesús...

Oración comunitaria
Oh Dios y Padre-Madre de todos los seres humanos: al
acercarse las entrañables fiestas de la Navidad te pedimos que
hagas aflorar en nuestras vidas lo mejor de nuestro propio
corazón, para que podamos compartir con los hermanos que
nos rodean tu ternura, tu mismo amor, del que nos has hecho
partícipes. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo,
hermano nuestro. A Ti que vives y reinas por los siglos de los
siglos. Amén.
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Lunes 17 de diciembre de 2018


Lázaro (s. I)

Gén 49,2.8-10: El cetro no se apartará de Judá


Salmo 71: Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde
eternamente
Mt 1,1-17 Genealogía de Jesucristo, hijo de David

R ecuerdo que de niño mis abuelos maternos sentados en el


corredor de la casa campesina, cuando la tarde estaba cayendo y se
atisbaban en el firmamento las estrellas titilantes, el viejo dejaba
fluir sus recuerdos remotos. Rostros, nombres, narraciones
desfilaban por su memoria cansada y sus labios envejecidos.
Cuántas historias deleitaban aquellas horas nocturnas. Historias y
personajes que nos daban identidad y nos hacían entender nuestro
presente. Algo así nos narra hoy el testigo Mateo: una genealogía de
Jesús muy bien elaborada con intenciones, más que cronológicas,
teológicas. Es impresionante la exactitud de bloques de catorce
generaciones (múltiplo de siete) para decirnos que en la persona de
Jesús la historia tejida con risas y llantos ha llegado a su plenitud.
Llama la atención que se mencionen nombres de reyes y plebeyos,
santos y pecadores, vírgenes y meretrices, propios y paganos. Es
otra estrategia del catequista Mateo para hacernos entender que el
mensaje de salvación es para toda la humanidad. ¡Qué maravilla de
historia de salvación! ¿Podrías contar tu historia de salvación?
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Martes 18 de diciembre de 2018


Modesto (634)

Jer 23,5-8: Suscitaré a David un vástago legítimo


Salmo 71: Que florezca la justicia y la paz abunde eternamente
Mt 1,18-24: Jesús nacerá de María, esposa de José

M aría Isabel es una chica de un barrio. Un día se dio cuenta que


estaba embarazada. Le contó a su prometido pero este, luego de
ultrajarla, la abandonó. Sus amigas le aconsejaban abortar, sus
padres la confrontaron, aunque la madre la acogió en sus brazos con
lágrimas. Julián, un joven sencillo, trabajador, que siempre había
estado enamorado en secreto de María Isabel, le propuso
matrimonio y acoger al hijo como suyo. María Isabel siempre vivió
agradecida por ese gesto noble de Julián. Los tres formaron un
hogar ejemplar. José, prometido de María. Desposado con ella pero
aún sin convivir juntos. La sorpresa del embarazo lo lleva a dudar de
María pero el amor es más grande que la duda. Es un hombre justo,
es decir, recto, ajustado a la voluntad de Dios. Por eso en su
conciencia recibe la revelación del Señor: ese niño es fruto del amor
de Dios por la humanidad. María es sagrario que acoge al
mismísimo Hijo de Dios, al Mesías, al liberador del pueblo. ¿Cómo se
reciben a los niños en tu familia, en tu comunidad?
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Miércoles 19 de diciembre de 2018


Nemesio, mártir (250)

Jue 13,2-7.24-25a: Anuncio del nacimiento de Sansón


Salmo 70: Que mi boca esté llena de tu alabanza y cante tu gloria
Lc 1,5-25: Gabriel anuncia el nacimiento de Juan Bautista

D os viejos con esperanza. Zacarías, del grupo sacerdotal, e Isabel


anciana y estéril. Ambos “temerosos de Dios”; es decir, con la
confianza puesta en Él a pesar del pesimismo que reinaba en el
pueblo porque los romanos y las autoridades religiosas y civiles
judías imponían pensadas cargas sobre las espaldas de los pobres.
El ángel Gabriel anuncia a Zacarías el nacimiento de un niño de las
entrañas secas de Isabel. Por supuesto que ante semejante noticia el
anciano dudara. El signo de autenticidad de la promesa anunciada
es la mudez, es decir, guardar silencio profundo ante la revelación
del misterio de Dios. Isabel se sobrecoge, hay gozo en su corazón:
Dios ha sido misericordioso con ella, con los dos. Se encerró en
casa, en su interior para meditar y contemplar las maravillas que
Dios hace en medio del pueblo para mantener viva la esperanza a
pesar de la desesperación, la fe en medio de la desconfianza. ¿En
medio de las dificultades, sabes mantener la confianza en el Dios
que actúa desde lo imposible?
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Jueves 20 de diciembre de 2018


Domingo de Silos (1073)

Is 7,10-14: Miren: la virgen está encinta


Salmo 23: Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria
Lc 1,26-38: Concebirás y darás a luz un hijo

L ucas, dirige su evangelio a cristianos provenientes del mundo


pagano, coloca como protagonista del anuncio a María. Una
jovencita comprometida con José pero sin convivir con él todavía.
Así eran las costumbres: luego del matrimonio debería esperar un
año para vivir juntos. Oriunda de una aldea al norte de Palestina, de
la región de Galilea. Integrante de una familia pobre, persona
sencilla, con una profunda fe en el Señor. Por eso es elegida desde
todos los tiempos para convertirse en sagrario, templo, morada del
mismo Dios que se hace humano para hacernos participes de la
gracia salvífica, humanizadora y dignificadora que procede de Dios.
Ella se abre a la propuesta de Dios. Se pone en sus manos para
convertirse en instrumento de salvación para todos. Es un llamado a
cada uno de nosotros para abrirnos a la voluntad de Dios, para que
nos convierta en habitación suya. Dejarnos llenar del Espíritu como
María para ser portadores de buenas noticias para nuestros
pueblos. ¿De qué manera dispones tu interior para que Dios venga a
morar en ti?
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Viernes 21 de diciembre de 2018


Pedro Canisio (1597)

Cant 2,8-14: Llega mi amado, saltando sobre los montes


Salmo 32: ¡Aclamen, justos, al Señor, canten un cántico nuevo
Lc 1,39-45: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Q ué bello poema el del Cantar de los Cantares. Digno de una


dedicación al enamorado o a la prometida. Aunque San Juan de la
Cruz lo refiriera a la relación entre el alma y Dios, no cabe duda que
su lenguaje es muy humano. Refleja sentimientos de un corazón
inmensamente enamorado. Nos viene bien en adviento porque es
una invitación a dejarse penetrar el alma con la alegre espera de
quien está enamorado de su Dios. También el encuentro de Isabel y
María pone de manifiesto sentimientos profundamente humanos.
Una anciana y una joven, las dos engendrando la vida en sus
entrañas. Las dos uniendo lo antiguo y lo nuevo. Dos criaturas que
se encuentran desde el vientre materno de sus progenitoras. El
último profeta del primer testamento comparado con el gran profeta
Elías. El primer profeta de profetas de la nueva alianza: el enviado,
el ungido, el liberador del pueblo, el mismo Dios-Hijo que ha
asumido la condición humana. ¿Estás dispuesto a contemplar,
asumir y vivir la misión profética de Juan y de Jesús en nuestro
momento histórico?
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Sábado 22 de diciembre de 2018


Francisca Cabrini, fundadora (1917)

1S 1,24-28: El Señor me ha concedido el hijo


Interleccional 1: Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
Lc 1,46-56: Me felicitarán todas las generaciones

A veces escucho las plegarias de personas humildes dando


gracias por las bendiciones recibidas de Dios. Son muchas las
personas, particularmente mujeres, que reconocen el actuar
maravilloso y misericordioso de Dios en el acontecer diario. Sin
mayores portentos, sin estruendos. Son plegarias que salen del
corazón con gratitud desbordante desde la simplicidad de la vida.
“Proclama mi alma la grandeza del Señor porque ha visto la
pequeñez, la humildad y pobreza de su sierva” es el cántico que
brota de la joven María. Ella no se engrandece a sí misma, no se
llena de prepotencia y soberbia. Al contrario, confiesa su pequeñez
para resaltar la grandeza del amor y misericordia de Dios. Realiza
una mirada a la historia humana desde la mirada de Dios. Hace
proezas, enaltece a lo humildes, da pan a los hambrientos, derriba a
poderosos, opulentos, codiciosos y soberbios que han cerrado su
corazón para impedir que el Dios del amor y la paz penetre en ellos
y les transforme su vida. ¿Reconoces las obras grandes que el Señor
ha hecho en tu vida y en la comunidad?
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