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LA MEDALLA

MILAGROSA
DE LA PURISÍMA
CONCEPCIÓN
LA MEDALLA. M ILAG RO SA
un la

PURÍSIM A CONCEPCION.

St*p,'iimln Riliclo».
LA MEDALLA MILAGROSA
UU LA

PURÍSIMA CONCEPCION,
O R A C IO N ES
| k i i: i jitulii r fiíti'cn lCA g r oc ín s - á M o r í a h l ú i iim« mÍii
|N *C iiilo ct» ric r'ljii1 ,‘> , e d il o iiis io n clu l a ftlfcbA LLA
N U L ag iío sa . ¿ ic u ñ a d a p o r «1 Í4 j^ a ¡ic ;io ii a u y n , p i e -
c c d iilu s d e u h d Ijic v c n o i í c u <lc s i i o r i g e n » ;n o -
j» ¡ig ;ic ¡u ii y e fe c to s |> io d Í £ ¡o w > * ;

t r a d u c i d a * H tD r i u n c i i s ,

arunliclos aigur\os o tro s o b stru io s,


rnn
rf D r. D - ¿ln tonto Fallcciulrerr*
enjiónigo t h (a Cutedt'tíí de L érida.

UA 1¡C ELOISA :
l'H 'l.L M A 1 J.IEItU HU LL l'ABLO HIliUA,
['liJIl- M u c i 3 ile S . i n I ' I ; il h LM<>| 1 1 "
INVOCACION.

E n vuestra Concepción ¡ oh
María! inmaculada luisteis: ro­
gad por nosotros al P udre, cuyo
Hijo paristeis: amen.
Bendita sea la santa e inm acu­
lada Concepción de la bienaven­
turada Virgen María: amen.
La santa é inmaculada Con­
cepción. de la bienaveutu rada Vir­
gen María sea nuestra protección
en muerte y en v id a : amen.
¡ Q ue hermosa sois, María, Ma­
dre dulcísima de Jesús y m ia!
¡q u e hermosa sois! Sois toda her­
m osa, y en Vos no hay som brado
pecado, ni personal, ni original.
D e la bienaventurada. Virgen
María á la santa é inm aculada
Concepción celebre noche y día
con el mas puro júbilo nuestro
corazón: amen.
Á la m iS E u iC O u m o s ís iM a

V ÍR G E N M A R ÍA ,
MADRE L)IC 1 H O S ,

S I IV P K . C A U O C O N C f n illA -

, Oh M a r ía , sin pecado concebida!


V irgen incom parable, augusta M a ­
dre de Jesú s y mía , que en la mon­
taña del Calvario m e adoptasteis por
hijo , y que ta n ta s pruebas me habéis
dado de vuestra tern u ra verdadera­
m ente m aternal: dignaos aceptar be­
nigna este corto tra b a jo , débil home­
naje de agradecim iento y de amor :
de agradecim iento, p o r los muchos
beneficios (jne habéis dispensado al
mas indigno de vuestros devotos; y
de a m o r, pues fjue no obstante m i in ­
d ig n id a d , deseo corresponder con el
am or posible á vuestro grande amor.
¡ O jalá que este pequeño escrito, nar­
ración sencilla del origen y efectos
de vuestra Medalla milagrosa, aumen­
te el dichoso número de los devotos de
vuestra Concepción sin mancha, a tra ­
yéndolos suavemente hacia Vos , y
uniendo con el dulce vinculo del am or
sus corazones con vuestro purísim o
Corazon !
¡O h M a r ía , sin pecado concebida!
rogad p o r n o s, que acudimos á Vos.
¡ Oh M a r ía , sin pecado concebida.!
rogad p o r n o so tro s, que en vuestro
Corazón amoroso buscamos acogida:
amen-
N O T IC IA H IS T Ó R IC A

S0 Bn £ EL OU1GEN Y E FE C T O S

ut: l.A

CONSABIDA MEDALLA.

O LO nlA , H ONOn V A M OR Á M A R ÍA SIN

PECADO CONCEBIDA.

A últimos del año 1830 Ja herm a­


na N. novicia en una de las comuni­
d a d » que Cn la ciudad de París se
dedican al bien de los p o b re s , i sa­
ber , de las H erm anas de la Caridad,
hijas de san Vicente de P a ú l , según
se desprende de su h istoria, en oca-
sion que estaba o ra n d o , tuvo la si-
10
guíente visión. Se Je apareció un cua­
dro en que estaba representada Ja san­
tísima Virgen del modo que suele pin­
tarse cn Francia bajo el lítalo de la
Concepción; la cual estaba cn pié y
con los brazos tendidos, y salían de
cada m ano, á manera de dos baces,
una porción de rayos que despedían
de sí un resplandor que sorprendía y
embelesaba; con la singularidad de
que ha Lia algunos que eran mas no­
tables, y se dirigían á cierto punto
del globo, que veia la Herm ana allí
también. Así que vid el cu a d ro , oyó
luego una voz que le dijo: E s o s ra ­
yos son señales de las gracias que
M arra alcanza á los hom bres, y ese
punto del globo á que se dirigen con
mayor abundancia, es ¡a Francia. AI
rededor del cuadro leyó estas pala­
bras, escritas con letras de o ro : ¡Oh
11
M arta , sin pecado concebirla 1 rogad
por n o s, que acudimos á F as. Algu­
nos instanles después dio una vuelta
aquel cu a d ro , y entonces vi<5 Jo H e r­
mana en la parte de detrás Ja letra
M , sobre Ja Cual estaba una pequeña
cruz, y bajo de ella la efigie de ios
sagrados Corazones de Jesi's y de M a ­
nía. Después que ella hubo conside­
rado bien toda aquella representación,
le dijo la vo y. Conviene se haga, acu­
ñar una M edalla según esle modelo;
y aquellos á quienes será concedida,
y la llevarán, enriquecida con indul­
gencias , y rezarán con piedad aque­
lla pequeña deprecación, gozarán de
una esperialísim a protección de la
Madre de Dios.
El dia siguiente la Hermana dió
p a r te , como era justo, de la visión
á su direclor; pero este ningun caso
12
hizo de ella, mirándola como un efcc-
to de su imaginación, y nada mas; y
se contentó con darle algún documen­
to acerca del verdadero modo de ve­
nerar ¿ María santísima y de merecer
su protección, que consiste cn im itar
lo posible sus virtudes. E lla se reti­
ró sin turbarse, y no pensó mas en
la visión.
Al cabo de seis 6 siete meses se re­
pitió la misma visión de la misma ma­
nera. Yiú la Hermana el mismo cua­
d ro , la misma im agen, los mismos
rayos, Ja misma letra M con la m is­
ma cruz y corazones: y oyó la misma
voz, la misma explicación, la misma
prevención sobre la M edalla. Creyó
debia dar parte también al mismo di­
rector; y 61 no liizo mas caso de esta
segunda visión que de la prim era, y
la despidió del mismo modo.
13
Pasados otros seis ó siete meses,
tercera vez vió y oyó lo m ism o ; p e ­
ro en esta últim a añadió la voz <¡uc
la santa V irg en no estaba contenía
de (¡uc se m irase con tania negligen­
cia el hacer acuñar la Medalla. E n ­
tonces fue cuaodo el d ire c to r, bien
que disimulándolo á la N ovicia, co­
menzó á hacer algún caso de la vi­
sión, temeroso sobre todo de disgus­
t a r á la que tan justamente llama la
Iglesia R e fu g io de los pecadores. P e ­
ro dominado p or otra parte del mis­
mo pensamiento de que todo aquello
podía ser tal vez unji ilusión y el m e­
ro efecto de su imaginación engaña­
da, no hizo ya mas caso; hasta que
confcrenciandosobre c! particular m u ­
chas semanas después con el Arzobis­
po de P arís, no hallando este Señor
reparo en que se acuñase In Medalla,

ya que nada contenía que fuese con­
trario á la fe de Ja Iglesia, y que an­
tes Itien y p o r ser cotí forme con la
piedad de los fieles para con Ja san-
Ii'sima Virgen , podria ella contribuir
á que fuese honrada aquella divina
M a d r e , se dió roano á Ja o b r a , p a­
sados Jos estragos det cólera-morbo, á
fines de junio de 1 8 3 5 , acunándolas
de cuatro tamaños diferentes, unas
inas grandes que o tras, y poniendo
aquella deprecación, ¡O h M a ría , sin
pecado concebida ! rog a d por nos, que
acudimos d F o s , en diez idiomas di­
ferentes. Reflexionando un dia la H e r­
mana si convendría poner también a l ­
gunas letras al dorso de la medalla, la
voz Je dijo que Jos dos sagrados Co­
razones, la letra M y 1a cruz ya dc-
cian bastante para el alma cristiana.
P rim era visión.
15
Segunda visión. El día I 7 de agos­
to del aiío 1835 una Religiosa , ;i
quien liabia ya favorecido el Señor con
otras gracias extraordinarias, puesta
cn r e tir o , allá cn su convento de la
Suiza , cn una especie de rapto que
tuvo cn aquel día después de recibi­
da fa «anta com union, vió al Señor
sentado cn un trono de gloria, y con
una espada cn la m a n o ; el cual le
preguntó: ¿ A d ú n d e vas , y á quien
buscas? Y jO h J c s ú s ! respondió ella;
yo vengo ú V o s , y solo á Vos busco.
¿D ónde me buscas? añadió el Señor,
¿ cn quien y p o r quién ? l'o os busco,
S e ñ o r , contestó ella , en m í misma,
siguiendo vuestra santa voluntad y
por M aría. Aquí desapareció el Se­
ñ o r; y la R eligiosa, vuelta cn sí de
aquel ra p io , estaba reflexionando so­
bre aquellas palabras, cuando lié aquí
16
que impensadamente se le apareció la
santísima V irg e n , del todo resplan­
deciente y con un aíre halagüeño. Te
nía en la mano una Medalla cu que
estaba grabada su efigie y Ja inscrip­
ción ¡ Oh M arta, sin pecado concebida!
roga d por nos, (¡ue acudimos á Vos;
y de sus manos salían también dos
fajos de ra y o s : era una de las M eda­
llas de que tratamos. E s to s r a jo s , le
dijo entonces María santísim a, son
señales de las gracias que y o alcanzo
d los hom bres: y volviendo ella mis­
ma la Medalla al revés, vió la R e li­
giosa en el dorso la letra M con una
crucecita encim a, y al pié la efigie de
los sagrados Corazones de Jesús y de
María. Lleva esta M ed a lla , Ic dijo
entonces Ja Reina de ¡os ciclos, y
d isfru ta rá s de una protección m ió de!
lodo especial. Ten cuidado, Je anadió,
J7
de que la lleven tam bién iodos tique-
llus tfuc se hallen en alguna necesidad,
y que lodos procuren tenerla. Y que­
riendo dispensarle una gracia cierta­
mente singular, p rep á ra le, le añadió
aquella buena Madre, pues y o m ism a
te la p o n d ré el dia de la fie s ta de m i
muy amado servidor B e r n a r d o , que
era tres dias después: hoy la dejo en
tus manos. En seguida le dió la san­
tísima Virgen una amorosa reprensión
porque se había dejado perder aquella
M edalla, y no había procurado bus­
c a rla : y ella confesó ingenuamente
que era cierto se la hahian dado el
ines de ju lio , y que habiéndola p e r ­
dido , no había pensado mas en bus­
carla, porque la había m irado como
una medalla ordinaria, ignorando en­
teramente su origen prodigioso y sus
tan maravillosos fícelos. La santísima
18
Virgen cumplió con l;i puntualidad
que era de esperar su palabra : y el
dia 20 fiel mismo agosto, dia de fa
fiesta Je su devotísimo Bernardo, ella
misma con sus sagradas manos le puso
al cuello aquella misma Medalla que
Itabia dejado el dia 17 en sus manos:
y le fue encargado de nuevo entonces,
:í aquella Religiosa afortunada, que la
llevase con respeto, que rezase &m e­
nudo aquella deprecación, y que p r o ­
curase im itar las virtudes de la in ­
maculada María.
Tercera visión. O tra visión luvo
en 1836 aquella misma 'Novicia de
Paris. D urante su retiro vió cada dia
la Medalla como pendiente en el aire.
Al principio se le dejaba ver muy
a lia , y brillando algunos momentos
como el sol, y después como oro puro.
En seguirla se le dejaba ver menos
19
alta, y brillando solamente como pia­
la : y últimamente Ja veía muy cerca
de tie rra , y sencilla como cobre. No
pudo menos que quedar sorprendida
á vista de aquella representación, ig­
norando lo que significaba aquella di­
versidad de medallas; hasta que en
tiempo del oficio de vísperas le fue
explicado su significado. Oyó enton­
ces una voz llena de dulzura , que no
pudo conocer de quien e r a , la cual
le preguntó qué medalla prefería de
aquellas? y habiendo respondido que
la mas brillante, la felicitó la voz p o r
el acierto que había tenido en la elec­
ció n: y luego explicándole lo que in­
dicaban aquellas diferentes medallas,
le dijo: que la que brillaba como el
s o l , es la de aquellos cristianos fieles
que llevándola honran perfectamente
á María, y procuran que también otros
20
1c dén g lo ria : que la de oro es la de
aquellos que tienen para con aquella
Madre una devoción tierna sí y filial,
pero encerrada cn su corazon, de ma­
nera que poco contribuyen á que otros
la honren también : que la de plata es
la de todas aquellas personas que la
llevan con respeto y dcvocion, pero
que algunas veces faltan á la constan­
cia. y generosidad en im itar sus v ir­
tudes: y cn fin, que la como cobre es
la de aquellos que contentándose con
dirigirla algunas p re c e s , sin poner
cuidado cn seguir sus pasos, viven así
tristemente pegados á la tierra. P ero
añ'adió al mismo tiempo la misma voz
q u e , como ¿ pesar de esta diversidad
hay no obstante una cierta especie de
unión entre todas estas personas, m a r­
cadas, digámoslo así, con el precioso
sello de María inmaculada, deben to ­
21
das cflas ayudarse mutuamente las
unas á las of.ras de un modo especial
por medio de la oracion , á fin de que
con este poderoso socorro las terceras
puedan reanimar á las últim as, y las
segundas sostener á Jas terc e ra s, y Jas
primeras atraer felizmente á todas las
demás.
P ropagación y cfeclos. Luego de
acunada In Medalla comenzó á re p a r­
tirse , principalmente entre las Hijas
de Ja C aridad; las cuales , habiendo
adquirido alguna noticia de su origen,
la llevaban con una confianza no me­
nos grande que t i e r n a : y como las
daban á otras personas, seis de estas
tardaron poco á experimentar sus efec­
tos. Vidronsc tres curaciones y tres
conversiones en P a r is , y otras tantas
en la diócesis de M eaux, no menos
repentinas que impensadas.Corrió luc-
22
go la fama, y de todas partes com en­
zaron á ped ir la M edalla m ilagrosa,
la Medalla (¡ue cura. Madres virtuosas
la daban por premio k sus hijos, los
cuales manifestaban el aprecio que
hacían de ella, recibiéndola y conser­
vándola como un favor singular. L u e ­
go que era conocida cn un lugar, todas
las personas se daban prisa á lograrla.
Parroquias enteras acudían á este fin
ásu párroco-U n militar de graduación
compró cn Pacis sesenta para otros
militares también de graduación que
se lo habían encargado; y cn dos p o ­
blaciones grandes casi todos- los jóve­
nes se concertaron de tomarla como á
la salvaguardia de su juventud. No se
limitó su propagación dentro los lími­
tes de la F ra n c ia ; sino que se extendió
luego á la Suiza, Italia, Piamonte,
Bélgica, H o h u d a , S;iboya , Ñapóles,
P o lonia, Inglaterra , T u rq u ía , Amé­
rica , y liasla la China y Jos Estados-
Unidos; y claro eslá que tamLicn á
cslc reino, limítrofe de aquel. Ha sido
en fin tan portentosa su propagación,
que qt) 1837 ascendía el número de
Jas medallas acuñadas en Francia, el
de Ias de cobre :í mas de veinte mi llo-
nes, el de las de plata á un millón y
veinte y dos m i l , y á trescientas c in ­
cuenta y dos el de Jas de oro. No ex­
trañará tan rápida y general p ro p a ­
gación el que haya oido sus prodigiosos
efectos, así en cuanto á la salud de
las almas , como en cuanto á la de los
cuerpos, que se vieron luego que co-
menzaron á repartirse. Sacerdotes lle­
nos del espíritu de Dios aseguraba»
que reanimaban el fe r v o r , ase en las
ciudades como en la cam piña. Vicarios
generales que gozaban de la mas alia
u
reputación, así por sus luces como por
su piedad, liasla. prelados de los mas
distinguidos, confesaban que les m e­
recían i oda su confianza, y que las
m iraban como un medio de que se
valia expresam ente la divina P ro vi­
dencia para avivar otra ver. la fe , tan
am ortiguada cn nuestro s ig lo , y que
cn efecto la encendían cada día en
muchos corazones en que parecía apa­
gada : que restablecían la p a z y unión
en fa m ilia s que hasta entonces esta­
ban divididas p o r la d iscordia; y que
en f i n no habia persona entre todas
las que llevaban esta M edalla que no
experim entase efectos del lodo salu­
dables. 1\¡ una sola vez la dió sin fruto
el citado Arzobispo de P a r is , según
él misino aseguró, siendo así que la
daha :'l todos los enfermos qtic visitaba,
y que eran muchos, de todos rangos
25
y condiciones , los que visitaba dia y
noche aquel caritativo y coloso P r e ­
facio. En el citado libro se Jcen una
multitud de conversiones pasmosas,
obradas con ocasion de las Medallas;
de pecadores octogenarios, de incré­
dulos, de im píos, de judíos, de p r o ­
testantes, de turcos, suizos, ele. y
otra multitud de curaciones subitáneas
é impensadas. En el oficio de la p u ­
rísima Concepción dice Ja iglesia á
nuestra buena M adre: S a grada V ir ­
gen M a ría ..... experim enten vuestra
ayuda lodos aquellos que celebran vues­
tra santa Concepción: y esto es lo que
parece cumple hoy dia dispensando
lan visiblemente su protección :i los
que con dcvocion llevan su Medalla.
Sesenta y dos curaciones y conversio­
nes , que todas parecen milagrosas,
alcanzadas en diversos lugares ;í la
ib
invocación de M arta sin pecado con­
cebida, reunió en un librito, que a p r o ­
bó el o rd in a rio , un P adre de la Com­
pañía de Jesús en 'I 663 : muchas son
Jas que contiene el libro de donde se
extractan eslas noticias sobre la M e­
dalla. Con estas sencillas palabras,
M aría f u e sin pecado concebida, p r o ­
nunciadas con una devota confianza,
hallaron alivio una m ultitud de en­
fermos en tiempo de una epidem ia:
por el mismo medio alcanzaron una
protección no menos visible Jos habi­
tantes de ATcmours en ocasión en que
aquella ciudad se veia amenazada del
pillaje; y semejante la alcanzaron los
de Paris en 1830. Gracias semejantes
se van reproduciendo continuamente
con ocasion de la Medalla desde su
feliz acuñación; y de ahí el grande y
universal deseo de posee rla, aun en
personas Je alto rango. El Cabildo de
la metropolitana do iVápoles envió por
ellas á P aris: el Rey las li¡z.o acuñar
de plata para s í, y para toda la fa­
milia real y su corle ; y durante el
cólera lii/.o acuñar y distribuir un
millón entre sus vasallos: y cn el mis­
mo reino de Ñapóles se venera el
cuadro cn muchas iglesias, v casi cn
todas las casas la imagen. De (loma la
pidieron luego los Generales de las Ó r ­
denes regulares y los Cardenales; y el
mismo sumo Pontífice lu tiene puesta
al pié del crucifijo, y Ja lia regalado á
muchas personas como una señal p a r ­
ticular de su benevolencia pontificia.
Gloria pues otra v e z , gloria, honor
y amor á M aría, sin pecado concebida.
Y Vos ¡oh M arta, sin pecado concebi­
da! ro g a d por nosotros, que en vuestro
Corazón amoroso buscamos acogida.
28

í-i-j—H-t-i-f I H ' ,í*+4-+-fi-:H 4 4 -í *■

o r a c io n e s

A M A R ÍA SA N TÍSIM A .

PAHA PE D IR LA D EV O CIO N PARA C.ON

ELLA M IS M A .

| Oh M a ría , M adre de Jesús y mía!


¿ podré yo vivir sin amaros á Vos ?
N o , n o , os diré con el jóven Bracli-
m an s; no descansaré hasta que m i
coraton se hallará abrasado de un
derno amor p a ra con V os. Millones
de Angeles y Bienaventurados en el
ciclo os aman y os alaban sin cesar:
¡que dichosos acá en Fa tierra aquellos
corazones que arrien Cambien en vucs-
29
tro a m o r ! ¡Olí Virgen inmaculada!
¡oh María! ¡olí Madre mia! alcan­
zadme la gracia <]c que os ame con un
amor del lodo filial: la gracia de que
piense en Vos, de que os honre á Vos,
y de que procure que oíros tamhien
os honren. S í , ¡oh M aría! amaros á
V o s , y amaros siem p re, estos son ios
vivos deseos de ini corazón. ¡O h M a ­
ría , sin pecado concebida ! ro gad p o r
n o s, que acudimos á Vos : así sea.

PARA P E D IR LA G R A C IA DE LA

C O N V ERSION .

¡Olí M aría, arca escogida de salud,


preservada del naufragio universal del
pecado, M adre de Jesús, seguro re­
fugio de los pobres pecadores ! dignaos
dirigir hácia nosotros una m irada mi­
sericordiosa , que nos volverá la vida.
30
■Oh S e ñ o r a , (¡uc arrcbatuis los co­
razones ! arrancadnos del pecado, y
restituidnos á Jesús. Interceded por
nosotros, y Jesús nos perdonará. G r a n ­
des pecadores somos, y necesitamos
de una misericordia grande; y Vos
sois la Madre de misericordia. Vos
sois la Medianera de Jos pecadores
para con Jesús: decid, pues, alguna
palabra á este vuestro Hijo: decid á
Jesús que Vos queréis nuestra salud,
y la salud nos será concedida. ¡Olí
Abogada nuestra! por difícil y deses­
perada que parezca nuestra causa, no
se perderá si Vos la defendéis. ¡Nues­
tras miserias no solo no disminuyen
la confianza que tenemos cn Vos, sino
que antes bien la numen tan ; pues que
nosotros sabemos que vuestra piedad
á favor nuestro, si acudimos á Vos,
va creciendo á proporcion de nuestros
31 -
pecados. ¡Nosotros soinus culpaMu.s;
pero Vos cstnis llena de clemencia.
Esparcid sobre nuestros espíritus te­
nebrosos algunos de esos rayos res­
plandecientes, que les iluminen, y así
triunfen de nuestra insensibilidad- ¡Oh
María! no perdáis esta ocasion de sa­
tisfacer la inclinación mas dulce de
vuestro corazón : pedid misericordia
para todos los pecadores: tomad á
cargo vuestro su conversión. Dirigién­
dome á Vos, ni quiero ni puedo te ­
mer cosa alguna : cualquier temor se­
ria una injuria á vuestra bondad m i­
sericordiosa , Ja cual procura buscar
los desgraciados para socorrerles. ¡Oh
María , sin pecado concebida! ra g a d
por n o s , que, acudimos á V o s : así
sea.
32

PARA 1 > E D IH EL FEnVOIt.

j Olí M a r ía , aurora toda resplan­


deciente de la divina luz del sol de
justicia , M adre Jet santo am or ! Vos,
cuyo corazon arde siempre en el fuego
de la mas ardiente caridad, Vos, S e ­
ñora m ía , que arrebatais los corazo­
nes , mirad con los ojos de vuestra
dulce compasión nuestra tibieza y nues­
tra flojedad: dispertadnos de nuestro
letargo. Esparcid sobre nuestros espí­
ritus esos rayos de luz que nos descu­
bran las infinitas perfecciones de Dios.
Atraednos hacia él: atadnos con Jesús,
pero con lazos tan fuertes que en ade­
lante nunca mas nos separemos de su
santo amor. Poderosa M adre de D ios,
hablad; vuestro H ijo os escuchará. l 'l
os concederá todo lo que Ic pediréis-
33
Pedidle nos comunique algunas chis­
pas de esc fuego de divino amor que
él mismo trajo á la tierra. ¡O h M arta,
sin pecado concebida ! ro g a d p o r nos,
que acudimos d Vos : así sea.

PARA P E D IR LA PER SEV ER A N C IA .

¡Oh ¡María, ja r d ín cerrado, cuyas


(lores y frutos eran las delicias de la
santísima Trinidad! ¡herm osa azucena
entre espinas J ¡esp e jo de ju s tic ia !
¡ oh Señora m ía , que arrebatais los
corazones ! atraednos en pos de Vos:
haced que corramos al suave olor de
vuestros perfumes. No os pido ahora
riquezas, ni honores, ni otros bienes
de la tie rra ; sino el que vuestra mano
misericordiosa nos sostenga en medio
de los combaLes, y nos guie p o r el
crimino de la perfección. ¡Olí María,
nuestra madre y nuestro modelo! ¡n-
u
fundid cn nuestros corazones un vivo
deseo de im itar vuestras admirables
v irtu d e s , sobre t o d o , aquellas que
con mayor derecho espera de nosotros
vuestro Hijo Jesús. ¡A h ! derramad
sobre nosotros con misericordiosa li­
beralidad esos rayos de luz sobrena­
tu ral, los cuales haciéndonos apreciar
la sublimidad de nuestro estado, nos
llenen de la unción santa de la gracia,
á fin de que sepamos aprovechar todos
los medios que nos prodiga el Señor
para saber imitarlas. Pidiendo por
medio de V os, ¡oh María ! estas g ra­
cias de perfección , y el don precio­
so de la santa perseverancia, tenemos
el consuelo de invocaros bajo esc t í ­
tulo tan glorioso para Vos, y tan d e­
licioso para vuestros hijos. ¡ Oh M a ­
rra, sin pecado concebida! rogad, por
n o s, (¡us acudimos d V o s; así sea.
35

I'A IIA l ’E D I R UNA BUENA M UERTE.

j O h ¡María! Madre del todo ama­


ble , que asististeis á vuestro divino
Hijo mientras moría en el Calvado?
rog ad, ¡ a h ! rogad por nosotros , p o ­
bres pecadores, ahora y cn ía hora
de nuestra m uerte. ¿Cuándo llegará
finalmente el dia de mis últimos cóm­
bales contra el infierno? yo lo igno­
r o , Madre mía ; derramad , pues, hoy
sobre m í esas gracias abundantes que
disponen á m orir bien. E n el artículo
de la m u e rte , ¡oh M aría! asistidnos:
rogad po r nosotros, que tal vez 110
podremos rogar cn aquella h o ra : ro ­
gad por nuestras alm as, que tanto
han costado á vuestro divino Hijo, y
que también á Vos misma os han cos­
tado laníos dolores, tantas lágrimas
Oí)
y cuidados. ¡ V ir g e n fie l* haced ver,
sobre lodo entonces, que V os sois
nuestra M adre. Sed nuestra abogada
en aquel t e m b lé momento en que,
levantándose contra nosotros nuestros
pecados para precipitarnos á la de­
sesperación y condenación, necesita­
remos de tanta misericordia: asistid­
nos entonces con vuestro poderoso
patrocinio. £1 ciclo y la tierra saben
que no se pierden aquellos que están
cubiertos con el escudo de vuestra
protcccion : protegednos pues. ¡ OI»
M aría llena de bondad! yo pongo en
el seno de vuestra maternal ternura
mi cuerpo con todos sus sentidos, mi
alma con todos sus pensamientos y
afectos. Ah! entonces las criaturas, y
tal vez también mis mismos amigos,
m e olvidarán, me abandonar,ín : M a­
dre n íia, no me olvidéis Vos, no me
37
abandonéis: haced Vos misma me
acuerde de invocaros á menudo con
la Loca y con el corazon. Alcanzadme
la gracia de m orir pronunciando el
dulcísimo nombre de vuestro divino
H ijo, el de vuestro casto Esposo y el
vuestro. ¡Olí tíeina M aría! ¡P u e rta
y R ein a d e!cielo ! nosotros nos mete­
mos cn vuestro inmaculado corazon :
introducidnos Vos cn el de Jesú s, y
conducidnos á la gloría. ¡O h M aría,
sin pecado concebida ! rogad p o r nos,
que acudimos rí Vos así sea.

; Oh M a r ía , que fu is te is concebida
sin pecado, y destinada desde toda !a
eternidad para ser ].i Hija muy amada
del Padre celestial, la M adre de su
adorable H ijo , la Esposa del Espíritu
Sanio, y la Coircnderitora del gentío
38
liumano! a l i ! que yo ten g a, Madre
m ía, mis delicias en exaltaros á Vos
como á la mas bella, la mns noble,
la mas sublim e, la mas p u ra , la mas
sania de todas las criaturas. ¡Olí M a­
ría ! que yo tonga mi satisfacción en
postrarme á vuestros piés; en pediros
g racias; en llamaros mi M a d r e , mi
dulcísima M ad re; en confiaros mis
penas; en depositar en vuestro cora-
zon todos los secretos de mi corazon.
Y o me siento atraído hacia V os, ¡olí
mi amable M adre! por el poderoso
embeleso de aquella dulce confianza
y ternura filial, que siente para con
su tierna madre un hijo muy amado
que estando seguro de que será aco­
gido favorablemente, recurre á ella
sin titu b e a r, á ella siempre pronta á
escucharle, á consolarle, íí socorrerle,
á otorgarle cuanto le pida. Con esla
3y
dulce confianza acudo, ¡olí mi buena
¡Madre! como al lugar de mi refugio,
á vuestro corazon m a te rn a l, y depo­
sito cn el mi corazon.

¡Olí M aría, Madre de mi Dios y


mía! á las muchas gracias que me h a ­
béis concedido d ig n a o s añ a d ir, os pi­
d o , la d e amaros siempre mas y m as,
y la de ser amado de Vos : la de am a­
ros como á una buena y tierna madre,
y la de ser amado de Vos como á h ijo
vuestro, aunque tan indigno: Ja gra­
cia, dulcísima M adre m ía , de creer
sin cesar en vuestro ainor; de manera
q u e hoy 05 ame mas que a y e r, y m a ­
ñana mas que h o y , y así todos Jos
dias de m i vida hasta el último sus­
piro. ¡O h M a r ía , sin pecado conce­
bida ! rogad p o r n o s , e/nc acudimos á
V os: asi sea.
L E T A N ÍA

DE 1.A I N M A C U L A D A CO N C EPCIO N CON

OC ASION LA M EDALLA.

Oh M a r í a , sin pecado concebida!


rogad por n o s , que acudimos á Vos.
Oh María , objeto de las predilec­
ciones del P a d re , del Hijo y del
Espíritu S a n to ! ro g a d p o r nos, ele.
Oh M a ría , toda hermosa y sin m á­
cula! r o g a d , etc.
Oh M a ría , preservada de la triple
concupiscencia! r o g a d , etc.
Oh M a ría , santuario de la S abidu­
ría encarnada , edificado por sus
m anos, y adornado con siete colu­
nas ! r o g a d , etc.
O b M a n a , modelo de ía vida de la
fe! ro g a d , etc.
41
¡Oh M aría , m adre de la dulcc espe­
ranza! ro g a d , ele.
¡Oh M a ría , madre del bello amor!
ro g a d , etc.
¡Oh M a ría , virgen despegada de to ­
do! ro g a d , ele.
¡Oh María, sede de la prudencia cris­
tiana! ro g a d , etc.
¡O h M a ría , espejo de perfecta justi­
cia! r o g a d , ele.
¡Olí María, torre de la verdadera for­
taleza! ro g a d , etc.
¡ Oh M a r í a , aurora sin nublado del
mas hermoso de los días! rogad, etc.
¡Oh M a ría , nueva Eva prometida á
nuestros padres para aplastar la ca­
beza á la serpiente antigua! rogad,
etc.
¡Oh M a r ía , alegría de Is ra e l, cuyo
nombre está lleno de dulzura y de
bendiciones! r o g a d , efe.
42
Oh M a r ía , Ja mas perfecta de las
puras cria tu ra s ! r o g a d , etc.
Oh María, azucena Llanca y resplan­
deciente entre espinas ! rogad, cic.
O h M a r ía , verdadero candclero de
oro, maravillosamente adornado con
Jos siete dones del Espíritu Santo!
¡o g a d , etc.
Olí M a r ía , Madre de Jesús, siempre
vírgenl r o g a d , etc.
O h M a r í a , gloria de la Iglesia! ro­
g a d , etc.
Olí M a ría , honor de los cristianos!
ro g a d , etc.
Olí M aría, figurada p o r las ilustres
matronas de la ley a n tig u a! rogad,
cic.
Oh M a r ía , anunciada p o r los P r o ­
fetas! r o g a d , etc.
Oh M a ría , bendita entre todas las
mujeres! ro g a d , ele.
43
¡ Olí María , reina de los Angeles y
tic los hombres! ro g a d , ele.
j Olí M n ría , te rro r de Jos dem onios!
r o g n d , etc.
¡Oh M a ría , abogada de Jos pecado­
res ! ro g a d , etc.
¡Oh M a r ía , apoyo de los débiles!
ro g a d , cic.
¡Oh M a ría , tesoro de los períodos!
ro g a d , ele.
¡Olí M aría , cuyo corazon fue tan se­
mejante al de Jesús! rogad ele.
¡ Olí María, depositaría de los gracias,
que derramais á manos llenas sobre
todos! ro g a d , etc.
¡Olí M aría , consuelo de los allígidos
y de los moribundos ! ro g a d T cic.
¡Oh M aría , protectora ospccíal de
todos los que os invocan! rogad,
ele.
¡Olí M aría, madre la mas tierna pa-
u
i’íi con iodos sus hijos! rogad, ele.
¡ Üli ¡María, traspasada con el cuchi­
llo de dolor al pié de la c r u z ! ro­
g a d , etc-
¡Oh M a ría , puerta de la morada de
la gloria y de las delicias eternas!
atraed á vuestros hijos con el sua­
ve perfume de vuestras virtudes, y
conducidnos á todos al cielo: así sea.

HI MNO

Á HONOR D E LA M ISM A .

A V o s , M a r í a , alabamos, * á Vos
inmaculada confesamos.
A Vos, patrona de los reos, * to ­
dos Jos pecadores ruegan.
A Vos todos los cristianos * y as­
céticas congregaciones,
A Vos cada uno de sus individuos,
45
y todos ellos, * en vuestra Concep­
ción devotamente os proclam an:
Inmaculada,
Inmaculada,
Inmaculada, * ¡olí Virgen ¡Madre
de Dios, María!
N o hay quien no participe de vues­
tra dulce Caridad, * ¡oh aurora na­
ciente !
Á Vos H i j a d ilecla del P a d r e ó l o -
dos ios Ángeles os confiesan.
Á Vos, admirable Madre del V er­
b o , * cree el infierno, y tiembla.
A Vos, Esposa del Espíritu San­
to , * os invocan Jas almas cn el p u r ­
gatorio.
Á. Vos todos Jos hijos de Ja Iglesia *
con todo el corazón os celebran uná­
nimes
Madre * de casi inmensa m iseri­
cordia :
46
De sania Ana carísima * y única
Jiija:
Amadísima de Dios , * Ivsposa de
san José.
Vos sois el canal * por donde nos
viene el perdón.
Vos sois por excelencia * madre de
gracia.
Vos prestásteis vuestro seno virgi­
nal * p ara la redención del género
humano.
Vos consintiendo á las palabras de
G a b r i e l , * llenasteis de alegría á to­
do el mundo.
Vos ¡oh R eina! estáis sentada á la
diestra de vuestro H ijo, * rodeada de
hermosura y de gloria,
Para ser mediadora * entre Dios y
los hombres.
Á Vos, pues, pedimos subvengáis
á eslos vuestros siervos: * que con
¿7
tanto gozo confesamos solemnemente
vuestra Concepción inmaculada.
De la eterna felicidad de ios A n ­
geles * hacednos participantes ¡ olí
María !
Proteged á vuestros hijos, * y guar­
dad á los que componen vuestra es­
timada herencia:
Y llenadlos de fa v o re s ,* y haced­
los fecundos cn obras de virtud.
Nosotros nos reunimos en las so­
lemnidades * para bendeciros á Vos:
Y exaltamos ¡ oh M aría ! vuestro
no m b re, * amable sobre todo nombre
después del de Jesús.
Dignaos, Señora, por vuestra Con­
cepción sin mancha * guardarnos de
lodo pecado.
Mostrad vuestros pechos y cnira-
ii'as á vuestro Hijo * á favor de vues­
tros sierv os;
¿8
Para que él muestro :il Padre sus
l/agas y costado * en gracia de fos
mismos :
Nadie será rechazado *■ á vista de
señales tan insignes de caridad.
Que lodos los e s p íritu s , que todas
tas Locas y corazones, que las criatu­
ras todas se unan para celebrar ¡oh
M aría! el privilegio de vuestra inma­
culada Concepción: así sea.
y . Toda hermosa sois, amiga mía.
IV. Y en Vos jamás hubo mácula
original.
Oh D i o s , que con la inmaculada
Concepción de la Virgen preparasteis
á vuestro Hijo una digna habitación,
conceded á lodos los que celebrarán
esta sagrada fiesta la prosperidad y la
paz en esta v i d a , y el descanso y la
gloria en la otra. Os lo pedimos por
nuestro Seííor Jesucristo: así sea.
49

Notoria es ñ todo el mundo la sin­


gularísima devocion que profesan Jos
españoles al dulcísimo misterio de la
Conccpcion sin mancha de M a r ía : de­
voción tan justamente debida á la que
cn el mismo misterio es P atrón a de
la E s p a ñ a , comprendidos todos sus
dom inios: en nada tiene que ceder su
devoción á Ja de los franceses. Sea,
pues, lícito á un español saludar á su
dulcísima M adre y P atrona con Ja
décima siguiente, no menos misteriosa
que devota.

Digamos A ve M aría,
Sin pecado concebida,
A la que es de gracia llena,
J’alm a, oliva y azucena :
A nuestra M adre divina,
50
Sol y estrella malutina ;
\ la (lor mas olorosa,
N a rd o , cinamomo y rosa :
Á la que es torre eminente,
C iud ad, h u e r to , pozo y fuenlc.

¡ Oh M arín , sin pecado concebida!


rogad por nosotros , que en ¡ os bus­
camos a co g id a : a si seo.
51
-H -í4-f i i' 1= 4-H-t-HH-í ++-H’

HE SÚMEN
DE

A r . a U N A S CO? > V C l ' S I O i N E S Y C U 11 A C i O S F .S .

Para que el pueblo cristiano se m ue­


va siempre mas á apreciar el singular
beneficio de la Medalla milagrosa, que
tan recientemente se ha dignado dis­
pensarnos aquella inmaculada Virgen,
y á tributar repetidos obsequios al
dulcísimo misterio de su Concepción
sin mancha, y á im p lorar con frecuen­
cia su protección con aquellas pala­
bras que dictó ella m isma, ¿Oh M a­
r ía , sin pecado concebida ! ro g a d p o r
nos , (juc acudimos d V o s , compen­
dio aquí algunas conversiones y cura­
52
ciones portentosas, obra tlcl amor de
aquella buena M adre, que (an bonda­
dosamente se apiada de nuestras m i­
serias, no solo de las corporales, sino
sobre lodo de las espirituales. Todo
lo puede esperar de su tan piadoso
corazon el que sea verdadero devoto
de tan amorosa Madre.

Ocupe el prim er lugar la conver­


sión de un militar irreligioso é impío,
al paso que de un natural grosero y
brutal. Y a lia b ia escandalizado con sus
impiedades el hospital de V i t r c , y
dado mucho que sufrir á las religio­
sas que cuidaban de é l , cuando pasó
al de ytlcnzon , t i 14 abril de 1833 i
y también en este dtó Juego á cono­
cer lo que era. Con no menos A spere­
za y brutalidad contestaba á las ro li-
53
glosas que cuidaban de este o l r o , que
al capcilan que había en é l , el cual
fue luego á veric, compadeciéndose
del infeliz estado de su salud. Con oca-
sion de que entonces se podía ganar
un jubileo, quiso decirle alguna cosa
sobre esta gracia extraordinaria; y le
exhortaba con buen modo á im itar el
ejemplo de orros militares que comen­
zaban ya á prepararse para ganarlo:
pero contestó el infeliz tan brutalm en­
t e , que aquel sacerdote juzgó del ca­
so no hablarle mas del particular; y
cuando le visitaba, solo le hablaba de
su salud, manifestándole el vivo de­
seo con que deseaba su mejora. P ero
la enfermedad iba em peorando, y se
hacian cada dia mas necesarios los so­
corros de Ja Religión. El cnpcllan le
exhortaba á que recurriese :i Dios, que
es todo bondad; pero el contestaba con
54
blasfemias tan brutales contra Dios,
que el pudor no permite referirlas.
Sus impiedades estimulaban el carita­
tivo celo del m inistro de aquel Señor
que murió para salvar á los pecado­
res; él le hablaba con energía de su
justicia y de su m isericordia: pero Vos
me enfadais, dejadm e tranquilo, sa ­
lid de aquí, y o no necesito de vos n i
de vuesiros serm o n es: así contestaba
á é l, y así también á las religiosas,
vomitando blasfemias las mas h o rri­
bles contra la Religión sacrosanta, y
repetidas imprecaciones contra los que
1c hacian memoria de ella. Juzgaron
prudente pasar algunos dias sin h a ­
blarle palabra que oliese á religión,
y tratarle con especial cuidado y ca­
r i ñ o , complaciéndole en lo q u e fuese
posible , pero desconfiando de su con­
versión : pues al p;iso que empeoraba
55
su salud, empeoraban sus sentim ien­
tos impíos c irreligiosos: no se veia
otro remedio que rogar por él. ¿Q ué
disposición había en aquel infeliz pa­
ra convertirse á Dios ? Con todo lle­
gó finalmente la hora de su salud es­
piritual. La religiosa que cuidaba de
la sala en que estaba é l, tenia grande
confianza en la protección que había
prometido la Virgen santísima á los
que llevarían su M ed a lla : y á im pul­
sos de un como toque in terior que ex­
perim entó , ató una á un pié de la ca­
ma en que yacia. Ningún efecto se
experimentó por de pronto. No solo
perseveró en sus pésimas disposicio­
nes, sino que llegaba al extremo de
indignarse contra aquellos militares
que se preparaban para ganar el ju bi­
leo. Algunos dins se pasaron entre tan­
to, y algunas personas piadosas redo-
56
Liaban sus oraciones en gracia de aquel
d esv e n tu ra d o , de cuya conversión des­
confiaban. P e r o no dejó aquella L uc­
ila M a d re de oírlas benignam ente. Un
dia en que todos los convalecientes de
aquella sala se habian ido i visitar el
santísim o S a c r a m e n to , tom ó aquella
religiosa la M edalla, y presentándola
al enferm o , m irad esta M edalla , le
d i j o , ella es m ila g ro sa ; y o la he te ­
nido colgada d vuestra cama algunos
dias, y os he puesto bajo la protección
de la santa V irgen, y confio que con
su socorro lo g ra ré vuestra conversión:
m iradla: esta buena M adre ciertam en­
te está ¡ ogando por vos. N o levantó
Jos o jo s; p e ro la gracia obraba ya cn
su i n t e r i o r , pues no se i r r i t ó , no obs­
ta n te qu e lo bacia siem p re que se le
hablaba de religión. A q uella celosa
herm ana aprovechó esta ocasion para
57
hablarle tic las m isericordias del Se­
ñ o r , y exh ortarle mas y mas s que
m irase la M edalla ; ab rió en fin los
ojos, y la m iró después tic m uchas ins­
tancias. Yo no veo vuestra Medalla ,
respondió á la religiosa, sino una ve­
la tjuc habéis encendido: s i , esto es
una luc- N in g u n a luz liabia a llí , n in ­
guna rev erberación del sol. Os enga­
ñáis , le dijo ella , m irad bien. Yo veo
b ien , aííadia 6 J; es/oy cierto que es
una luz. A tónita la re lig io sa , y p e n ­
sando sí tal ver. Ic (laqueaba la vista,
le presentaba otros objetos mas distan ­
te s , y los veia todos con distinción.
Mas de un c u a rto de liora estuvo vien­
do aquel res p la n d o r. Lo hablaba cíln
entre tanto del buen D i o s : y a q u í la
protección clara de la V/rgcu. Se sien­
te como de r e p e n te p e n etra d o de t e ­
mor , y exclamó desde lu e g o : í o no
58
quiero m orir cn el estado en (¡uc trie
halla: avisad luego a l señor capelina
que venga á confesarme. E n tr e tan lo
se escapó un a blasfemia á otro en fer­
m o ; y luego dijo á la religiosa : Eh!
haced callar á este desdichado que j u ­
r a : os ¿o p id o , hacedle callar. A cu ­
dió el sacerdote lleno de júbilo, y tuvo
el consuelo de oírle de confesión, pues
que el m ism o , qu e ya manifestaba un
gran c o nten to cada vez que le visita­
ba , le dijo que v e rd a d e ram e n te q u e ­
ría confesarse, y salir del estado i n ­
feliz. del pecado. A p ro po rc ion de lo
que hasta entonces habia sido brutal,
grosero y escandaloso, fue después d ó ­
cil, paciente y editicativo en las pa la­
bras y en Jas obras. Deseó y pidió los
sanios s a c r a m e n to s , y los recibió con
una fe inuy v i v a , y con una satisfac­
ción in te r io r que no podia expresar
59
plenam ente. T u v o m ucho que sufrir;
y lo sufrió de m anera que n i se le es­
capó una im paciencia t ni se le vió un
rato de nial h u m o r : la tra n q u ilid a d y
la alegría estaban p in ta d a s en su r o s ­
tro. E n estos sentim ientos religiosos y
devotos perseveró c o n sta n te m e n te has­
ta que (lió su alm a ai C riad or, q u e fue
el dia 27 de ju n io .
Ocupe el segundo lugar la c o n v e r­
sión de un viejo de 77 a ñ o s , re sp e ta ­
ble y conocido (le todos p o r el em pleo
que ob tenía de escribano de un tr i b u ­
nal. El que babia llegado á una edad
tan adelantada im p e n ite n te y sin re li­
g ió n , y á quien n a d i e , ni su propia
h e r m a n a , se atrevía á hablarle pala­
bra que olicse á sacram entos, pues él
mismo lo liabia p r o h i b i d o , y ni aun
;i hacerle presente que iba acercándose
con paso p r e c i p ita d o á la m u e rte , ¿q u e
GO
esperanza po d ía d a r de c onversión ?
Con lo d o , s u c a s e r a , m u je r virtuosa
y que sentía vivam ente la p e rd ic ió n
eterna de su a m o , no p u d ie n d o c o n ­
tenerse de p r o b a r algún m e d i o , dió
aviso de lo que pasaba á una religiosa
do la Visitación de P a r í s , que le h a ­
bía conocido Lastanle cuan do seglar,
y no menos a p r e c ia d o , pues poseía
todas las calidades que hacen am able
¡i un h o m b r e á los ojos del m undo.
A tendien do al o lvido de los deberes
religiosos en que Iialúa vivido aquel
v ie jo , rcconocia ella que era necesa­
rio un m ilagro de los de p r im e r orden
pa ra que se c o n v i r t i e s e y recibiese
los sacramentos de la Iglesia; y este
m ilagro se a tic v iú á e s p e r a r sin t i t u ­
b ear do la p r o t c c d o n de M aría ; y
cierfam enfe no salió vana su e s p e ra n ­
za. Le envió una de las medallas mí-
61
lagrosas; y tem iend o que la rehusaría,
encargó ;i la casera la colgase á I» cor-
lina de la a lc o tia , y que no le hablase
de ella desde luego. P e r o viendo esta
L utna m u jer qu e iba e m p e o ra n d o el
estado de su e n ferm ed ad , sin m e te rse
en r o d e o s , le hizo sa be r que rogaban
p o r él en el conv ento de la V isitación
cu q u e estaba su conocida lienrique-
ta ; y que esta le enviaba una M eda-
lia de la santísim a V irg e n , p o r m edio
de la cual se hab ían o b ra d o ya tantos
p ro d ig io s; añadiéndole q u e si in v o c a ­
b a á aquella h uena M a d r e , que m a n ­
dó acuñarla, alcanzaría algún alivio fu
los males que estaba su frie n d o : el a li­
vio de los del alma deseaba p r i n c ip a l­
mente aquella piadosa m u j e r , y tuvo
el consuelo de lograrlo. Sucedia esto
á mediados de noviem bre de 1 833. Al
oír estas p a la b ra s, a u nqu e proferidas
sa
p o r la lengua de una mujer, se a b la n ­
dó y enterneció aquel enrazon poco
antes tan d u r o , y comenzó á llorar.
P id ió la M e d a lla , m ovido al mism o
tie m p o del afecto con que veía se i n ­
teresaban p o r é l , y dijo la llevaria col­
gada encim a de buena gana. ¡Dichoso
é l ! la gracia comenzó á o b ra r luego
en su a lm a ; y anadió que iba á u n ir
sus oraciones con las d e aquellos que
te n ía n la bondad de ro g a r i su favor.
Pocos días después hizo llam ar él m is ­
m o al p á r r o c o , y se e n tre tu v o con él
largos raLos con m ucha satisfacción s u ­
ya. E n fin á p rim e ro s de diciem b re c o ­
menzó su confcsion. Se le notó con no
poco consuelo que á p ro p o rc io n de lo
que iban disminuyéndosele las fuerzas
físicas, parecía que iban a dq uiriendo
una nueva actividad las m orales; de
m anera que hizo su confcsion con una
63
grande presencia de e s p í r i t u , y lleno
de sentim ientos verd a d e ram e n te a d ­
mirables: y quiso reconciliarse con sus
parientes, á quienes tie m p o había que
no adm itía en su casa. Aun m a s : de­
scoso , como decia él m i s m o , de r e p a ­
r a r el nial ejem plo que había dado con
su negligencia en c u m p lir con las obli­
gaciones que á sus hijos im po ne la Ig le­
sia santa, p ro p u so al p á r r o c o la idea de
liacersc llevar al te m p lo á r e c ib ir allí
pú blicam ente la sagrada Eucaristía.
No pe rm itía n a p ro ba rle esta idea, a u n ­
que tan digna de alab a n z a, el estado
de debilidad en q u e se h a lla b a , y los
dolores que sufría. P e r o se le conce­
dió s í , y esto no debia n e g á rse le , el
que se llevase el sagrado V iático con
solemnidad, y que se pe rm itie se la e n ­
trarla A todas las personas que le acom ­
pañaban; las cuales q uedaro n inuy edi-
G4
íicadas al vci' sus sentim ientos de p ie ­
dad y devocion q u e ex p rim ió en aquel
sagrado acto. Desde entonces no sabia
aquel afortunado convertido com o ex­
pre sa r la dicha q u e tenia de hab erse
reconciliado con D i o s , y de h a b e r r e ­
cibido los santos sacram entos : y de­
seó que toda su familia llevase t a m ­
bién de estas M edallas. C o n tin u ó en
fin edificando á to d o s, y llenando de
consuelo á su p a sto r; el cual Ic asis­
tió hasta que finalmente m u r i ó , que
fue á mediados de e n e ro , dia en que
espiró con toda tra nq uilida d .
¡Cu án aprecia ble fue tam bién la
conversión de un sacerdote religioso de
la Ó r d c n de san B enito, q u e á la edad
ta m b ié n de viejo e x p e rim e n tó a f o r tu ­
nadam ente la protección de M a ría san
tísima con ocasion de su Medalla / D u ­
ran te la desgraciada revo lu ció n f r a n ­
65
c e s a , olvidando las promesas que en
di.is mas dichosos lio[»‘n licolio á Dios
a1 pié de los a lta re s, prestó un j u r a ­
mento de cosa mala, y o btuvo p o r este
fatal m ed io un destino eclesiástico que
no podía o b te n e r en conciencia. Este
p r im e r paso q u e d io en la c a r re r a de
la m a ld a d , le a r r a s tr ó luego á o tr o s ;
y precipitándose de un abism o á otro
abismo, apostató del sacerdocio, y p e r ­
diendo toda som bra de vergüenza, no
paró basta casarse. E nviudó p o r ú l t i ­
m o , y sin q ue da rle fa m ilia ; p e ro ni
en este estado pro cu ra b a levantar los
ojos al c i e l o : y ni se recordaba de nu e s­
tra Religión sa c ro sa n ta , cuya d o c tr i­
na tan sublime y m oral tan p u r a ha-
bia predicado tantas veces. T o d o s sus
consuelos n o era n otros que el recibir
las visitas frecuentes que le bacian al­
gunas personas de su familia , las cua-
66
Jes gemían y se lam entaban al vei' el
dep lo rab le o lvido en q u e se hallaba
de Jas máximas de la R e lig ió n , y m a­
y o rm e n te cuan do su edad tan avanza­
da Jes hacia te m e r que no estaba lejos
el dia de pasar á la ete rnida d. V e r d a ­
dera m e n te sobrevino una enferm edad
g ra v e , que redobló luego las vivas in ­
quietud es de aquellas piadosas p e r s o ­
nas. U n a de sus parienias., q u e se halló
entonces en su c o m p a ñ ía , se dio prisa
á hablarle de fa R e lig ió n , y p r o c u r a ­
ba encender en él la a n to rc h a de la
F e , que estaba del todo apagada en
su coraron. P e r o a y ! Yo quiero (¡au
me dejen morir en el estado m t/uc
me hallo: esta fue la insulsa c im p ía
respuesta de aquel viejo apóstata : y
ya otras m uchas veces habia manifes­
tado el infeliz este irreligioso deseo.
No o bstante nu perdió el á n im o aque-
(>7
lia piadosa m u je r : antes Lien redobló
sus instancias, y le a p re tó muchas ve­
ces, hablándole con un celo tanto mas
vivo, cuanto m a y o r era el p e ligro de
m o rir en que le v e ia ; pues la en fer­
m ed ad, que parecia h a b e r cedido a l­
gún tanto, se pre se n tó o tra vez con ca-
ractéres alarm antes. Á estos piadosos
ataques contestó el m o rib u n d o que él
creía todas Jas verdades que enseña la
Fe. Ya pues que cree V . , le dijo ella
con u n santo a rd o r, debe saber que la
Fe le manda que haga á un sacerdote
una humilde y sincera, confesión de sus
pecados. P e r o él se negaba á este ac­
to de r e l i g i ó n , alegando p o r excusa
que no conocía sacerdote alguno que
le mereciese p ara ello su confianza, n o
obstante que a quella piadosa m u je r le
nom bró algunos en particu la r. Se e x ­
cusaba con nuevas d ific u lta d e s , pero
68
tan insubsistentes, q u e daban bien á
conocer que la gracia no había to d a ­
vía tocado su e n d urecido co ra z o n, y
que si no m iraba ya con ta n to h o r r o r
la c onfesion, era mas p o r u n acto de
condescendencia que p o r convicción.
¡Q u é estado tan desesperado el suyo!
Con todo no desconfió aquella m ujer,
sino que poniendo toda su confianza
e n la santísima V irgen , refugio segu­
r o de Jos p e c a d o re s, pidió con fervor
al enferm o que Je perm itiese colgarle
al cuello un cordón con la Medalla
m ilagrosa , Apenas la hubo m irad o un
ra to el enferm o, que la voz de Dios se
bizo o ír : la gracia habló, y la p alab ra
divina fue e sc u c h a d a, y se convirtió
su corazon. P id ió p o r u n sacerdote,
el cual acudió desde J u e g o , y oída
su confe sio n , en el n o m b re de Dios,
que él habia tenido la desgracia de
69
abandonar, le p e rd o n ó sus pecados.
Y a antes había llamado al párroco, r o ­
gándole se dignase visitarle en aquel
leclio de d o lo r , en que yacía , á fin de
reconciliarse con él; y este m ism o pas­
t o r suyo fue el que le m in istró el sa­
c ram ento de la E x tr e m a u n c ió n ; y él
contestó á todas las preguntas y á to­
das las oraciones. E l estado de su e n­
fermedad le im p id ió el consuelo de
recibir el sagrado V iático. Rezó inm e­
dia ta m e nte una oracion á san B enito,
p a tró n de su O r d e n , y tam bién el sal­
m o Nunc cKmiltis , y el versículo In
mmms (¡tas D om íne, e n c o m end and o
su espíritu al Señor. M u rió algunos
dias de spu é s, e x p rim ie n d o e n tre tan ­
to sentim ientos de co m p u n c ió n , de fe
y de p ie d a d , los mas á p ro p ó s ito p a ra
re p a r a r los escándalos de su vida p a ­
sada t y d a r una p ru e b a convincente
70
de que realm ente se liabia co n v ertid o
á Dios y reconciliado con su Iglesia
con toda sinceridad.
A quella piadosa M a d re que con su
Medalla m ilagrosa socorre las necesi­
dades e s p iritu a le s, no olvida las te m ­
porales de Jos que r e c u r re n á su p a ­
tro c in io , y se valen de la m ism a M e­
dalla. Sea p ru e b a de esta consoladora
verdad en p r im e r lugar una doncella
de P a r í s , que hallándose desauciada
de los médicos, ;i m ediados de dicioni'
b re de 1833 recobró p o r m edio de la
Medalla la s a l u d , q u e no podia espe­
r a r . E lla misma escribió la relación
de cuanto le liabia pasado. Se vió aco ­
m e tid a de mía calentura etica el 3 de
n o v iem b re de aquel año. U n médico
liabia cuidado de e l l a t y tam bién las
h e rm a n a s de la Caridad, no p e r d o n a n ­
do , ni ellas ni el, á gasto ni ñ trabajo
para c u r a rl.i. Al c;i Ijo de un m es se
vió algo mejorada , p u e s t o i n i a ya a l ­
gún l a n í o , y tu vo la dicha de poder
oír misa y c om ulgar el d i a d e Ja in ­
maculada Concepción. Se hallaba p e ­
ro m uy d é b il, de m anera que no podía
ocuparse en cosa alguna. P a r a r e p a ­
rar algún ta n to su debilidad to m ó un
poco de chocolate; p e ro n o con el f r u ­
to que ella e s p e r a b a : antes bien se vió
atacada o tra vez d e la c alentura ; la
cual fue a u m en tand o cada dia hasta
]Vavidad , de m an era que entonces la
desengañó el m é d ico , y le aseguró que
había perdido e n teram ente la esp eran­
za de verla curada. L la m a r o n á o tro
m edico; y este al haberse inform ad o
del estado en que se hallaba, la declaró
tísíca en ú ltim o grado; añadió no o b s ­
tante q u e podían p r o b a r algún vejiga­
torio ; pero lodo fu e cu vano. E l dia
72
27 la ha llaron en u n estado tan d e ­
p lorable los m édicos, que dijeron á
las he rm an a s qu e la m u e rte iba acer­
cándosele á largos pasos. £1 mismo dia
le m in istra ro n los santos sacramentos.
D os dias liabia que su c u e r p o estaba
frió. Al cabo de dos ho ras y m edia de
recibidos los sacram entos le dió un ac­
cidente que obligó á pe n sa r que se
m o r Ja en aquel lance. E nto nces á una
de aquellas buenas herm anas que la
asistían le viene como de re p e n te el
pensam iento de p o n e r sobre ella la
Medalla de la Concepción: ella la b e ­
só sin p a r a r y con Confianza., y fuego
exp erim en tó mejora. L a m añ an a si­
guiente se quedó p arad o el médico al
hallarla en tan buen estado. Este m e ­
joró de m a n e ra que á los dos dias des­
ap a re c ió e n te ram e n te la ca le ntura .
Cobró no poco a p e t i t o , y se ocupó
73
desde luego cn sus ta r c a s , y se halló
perfectam ente buena. Eila no dudaba
que debía á su buena M a d re la san­
tísima V irg en su portentosa curación.
De ah í fue q u e se dobló cn cJla el
amor que le tenia: su gran contento era
besar sus altares, y todo su deseo c o n ­
sagrarse cnteramcnLc á D ios en cier­
ta com un id ad cuyas obras tienen g ra n ­
de relación con el sublim e destino de
la Madre de J c s iís , y aseguraba que
de su p rotección se p ro m e tía esta gra­
cia; y ve rda de ram e nte la logró.
D e m uchas religiosas se lee h a b er
recibido el alivio cn sus males po r m e ­
dio de la Medalla m ilagrosa. E n tr e
otras, u n a jóven de 27 a ñ o s , que h a ­
bía ocho que había profesado cn P a ­
rís cn una com unidad dedicada espe­
cialmente á la santísima V irgen, cinco
meses había que estaba en la en fe rm e ­
u
ría á causa de diferentes achaques.
C uando esperaba p o r mom entos pasar
á Ja convalecencia sobrevino u n acci­
d en te de los mas graves; pues que se
1c descoyuntó un hueso del muslo iz­
q u ie rd o , y se e n c o g ió , y quedó p a r a ­
liticada Ja p ie r n a ; y al cabo de un
raes de guardar cama n o había halla­
do a u n alivio alguno e n los rem edios
humanos. Dos médicos y un cirujano
que fueron consultados varias veces,
dijeron que la separación de aquel
hueso era ocasionada p o r un h u m o r
¡ i n t u i t o , y que no se atre vían á res­
p o n d e r de la c u ra de la en ferm a a u n ­
que se Je'aplicasen c a u te r io s ; y que
caso de c u ra r q u edaría coja, y seria
su cura no menos larga que dolorosa.
P e r o ¿ q u é hizo ella en este apuroV
R e c u r r ió á la santísim a V irg e n como
nn.'i liijn á su buena m a d r e : puso so­
bre el m al una Medalla de oslas m i­
lagrosas, que recibió con agradeci­
miento de otra religiosa de la misma
c o m u n id ad , y comenzó u n a novena
cn obsequio de aquélla R ein a i n m a ­
culada , cn sábado dia 1 ,a de marzo
de 183¿. D u ra n te ella ningún efecto
produjeron los remedios que to m ó ;
¿mies bien perd ió el sueño y el a p e ­
tito , y se hallaba con una fuerte c a ­
lentura. P e r o estando descansando un
rato la noche deJ viernes siguiente, la
disp crló un m o v im ie n to doloroso que
e x pe rim e n tó im p en sad am ente, el cual
le resLituyó el hueso cn su l u g a r : se
estiró la pierna al igual casi de la
o t r a , siendo así que se liabia puesto
mas c o rta cosa de seis pulgadas, y r e ­
cobró la fuerza natu ral. El dia siguien­
te los médicos q u e d a ro n pasmados al
ver la n ov ed a d; m andaron 110 o b sta n ­
76
te que aquel dia no se levantase. O b e ­
deció; pero el d o m in g o , dia úlLimo
de la n o vena, quedó cura da e n te ra ­
m ente. Se levantó sin dificultad-, y sin
que nadie la ayudase se fué luego á
besar los piés de una im agen de M a ­
ría santísima que estaba colocada so­
bre la chimenea de la e n f e r m e r í a : y
luego vestida con los hábitos re lig io ­
sos., acom pañada de la enferm era bajó
doce escalones p a ra i r á a d o r a r el san­
tísim o S acram ento: y luego in m e d ia ­
ta m e n te se presen tó á la com unidad,
que estaba reunida, y la su p e rio ra y Fas
dem ás madres y herm a na s le d ie ro n el
ósculo de felicitación, te rm ina n do esta
tierna escena con el Te-D cum y el
Nunc clímiitis. N o le quedó de sus m a ­
les sino algunos di.is de de bilidad á la
p ie rn a sana, lo que le pro venía de h a ­
be r estado en cama tan to tiem po.
77
L<i que hem os visto que convirtió
m aquel m i l i t a r , verem os curó ta m ­
bién á otro, dándole la salud del c u e r ­
p o , ó m ejor del e n te n d i m ie n to , así
coino al o tro la del alma. A la edad
de 31 a ñ o , hijo de una fam ilia p obre,
entró á s e rv ir cn la milicia re e m p la ­
zando á otro. E stando de guarnición
con una c o m p a ñ ía de veteranos, p e r ­
dió e n teram en te el juicio , y le dió un
accidente de fu ro r. Algún tiem po es­
tuvo cn hospitales, p e r o sin re m e d io ;
aiUes bien iba creciendo la enferm e­
dad , y no liabia ni esperanza de que
curase. E n este estado, aconsejándolo
así los m édicos, lo enviaron ¿ ía casa
de sus p a d r e s , conduciéndole de b r i ­
gada en b r ig a d a ; los cuales sintieron
no poca pena al verle en u n estado
tan la stim o so , y cabalm ente que p o r
su pobreza carecían de los medios n e -
78
cosarios p a ra Su curación . E ra fu r io ­
so, y no hablaba p a la b ra : sus ojos o r ­
g u llo so s; se agitaba con violencia; r e ­
husaba la c o m id a , y p r o r u m p ia en
continuas amenazas. Su p a d re acudió
al p refecto de aquel d e partam en to pa­
ra que dispusiese que fuese adm itido
cn algún hospital. M ientras él p r o c u ­
ra b a esta gracia, una tia suya, m u jer
b uena y te m ero sa de D io s , discurrió
q u e n o habia p a ra él rem ed io mas efi­
caz q u e la pro tcccion de M a ría santí­
sima, y con esta confianza pid ió á una
doncella le prestase un a de las M eda­
llas m ilagrosas. L a gran dificultad es­
ta b a en p o d e r ponérsela. P e r o ad vir­
tie n d o aquella piadosa tnujer que no
te n ia c h a le c o , le hizo u n o de u n co­
lo r un poco vistoso que le llamase la
a t e n c i ó n , y m etió d e n tro el forro la
M edalla . listo sucedía :i f 5 de cncru
ilc 1835. Poco tiem po después se d e ­
jó ver o tro del que L ibia s id o , de
m anera que su e n te n d im ie n to se sen­
t ó , su imaginación se q u ie tó , se p u ­
so á h a b l a r , y recobró e nteram ente
el uso d a l a razón. Su familia t r a n s ­
portada de alegría y llen a de sorpresa
le liizo varias preguntas sobre su cura,
y él contestó q u e apenas se vistió el
chaleco, e x p e rim e n tó e n su in te r io r
una especie de sensación que p r o d u ­
jo un m o vim iento d e n tr o su cabeza,
y en todo su c u e r p o , y disipó un pc-
«o que tiem po liabia tenia c o m p r im i­
do su c e r e b r o , y que in m e d ia ta m e n ­
te reco bró la libertad de e spíritu. E n ­
tonces su t í a , no d u d a ndo que esto
era un rasgo de Ja protección de M a ­
ría santísima , se dió prisa á liaccrlc
entender que debia su salud á la in­
maculada C o n cep ción, y le con tó Jo
80
q u e liabia heclio con la Medalla. S o r ­
p re n d id o con lo que acababa de oir,
quiso asegurarse si re a lm e n te se ha­
llaba cn la almilla, y á su misuia vista
la descosió su tia. L a tomó él cn sus
manos, y la besó muchas veces, y p i ­
dió con instancias á la lia se Ja deja­
se para siem p re. F u á el dia siguiente
con su padre á o ir una misa q u e se
celebró cn acción de gracias, y se de­
dicó desde Juego al trabajo, y 110 ex­
p e rim e n tó ya mas síntom a alguno de
tan d e p lo rab le enfermedad.
Concluyo cn fin , p a ra no a b u lta r
mas este li b r it o , con la relación de
una doble g ra c ia , dispensada á ui-, j e ­
fe de batallón cn o ctubre de 1 8 3 5 ; á
s a b e r , la salud del c u e r p o , y sobre
to d o la conversión de su alma. T e n ia
de edad í b a ñ o s ; p e ro ni p r e d ic a b a
acto cíe re lig ió n , ni creia verdad a l­
81
guna de ías que nos ensena la F e , co­
m o confesaba él mismo. H allándose
en la cam piña se vió atacado de unos
cólicos tan violentos y tan c o n tin u a ­
dos, que Creían iba á m o rirse p o r m o ­
mentos. No liabia médicos ni s a c e rd o ­
tes : á mas de que rehusaba todo so ­
corro qu e pudiesen d arle los unos y
los o tr o s ; tanta era la violencia de los
dolores que s u f r í a , y de la desespe­
ración en que se hallaba. Con todo su
esposa envió p o r un médico á la villa
en que le liabia mas cerca, y se a tr e ­
vió á ofrecerle la M edalla; p e r o no
estaba él para medallas, sino que ta m ­
bién la reh usó . E n tr a d a la noche se
sintió p e o r : entonces aceptó la M e­
dalla, y ¡qué mudanaa tan r e p e n tin a
la que e x p e r i m e n t ó ! él m ism o pid ió
luego un sacerdote , que no p u d ie ro n
lograr hasta las dio». E n tre ta n to no
tf<2
ccs.'iJj» p e d ir á Dios Je dispensase
Ja gracia de confesarse antes de m o ­
r i r ; y se veia tan visiblem ente la p r o ­
tección de M aría santísim a para con
aquel afo rtun ad o p e c a d o r , com o que
toleraba con una paciencia adm irab le
sus d o lo r e s , no obstante que eran latí
crueles y horribles. Dos veces se c o n ­
fesó aquella m ism a n o c lie , con una
c o m p un ción tan v e h e m e n te , q u e in ­
dicaba que era perfecta su convcrsion.
C alm aro n entonces algún tan to sus
d o l o r e s ; p e r o com o n o había cesado
el peligro, pidió ¿I mismo se Je a d m i­
nistrasen los santos sacramentos, y ios
recibió con una fe y una piedad qu e
edificaban: y pro te sta b a cn voz afta
que su convcrsion no seria pasajera ó
de un d i a ; y que esperaba r e p a r a r
p le n a m e n te los escándalos de su m a ­
ja vida p o r m edio de una vida en te ­
83
ram ente n u e v a , si Dios Ic hacia la
gracia de salir de aquel peligro, g ra ­
cia que pedia so lam en te á este fin.
Salió de é l , y verd aderam ente su p r i ­
m e r paso fué á la iglesia, y com ulgó
otra vez el dia de la Presentación de
la V irg e n ; y después de h a b e r c o m u l­
gado tam b ién en el dia de Ja C oncep­
ción, vistió su santo escapulario. Ca­
yó después en o l ía e n f e r m e d a d : con
todo, i pesar de lo m ue b o q u e h a b ia
de su frir no p e rd ió ía p a c ie n c ia ; a n­
tes conservó Jos sentim ientos relig io ­
sos que abrigaba ya su corazon, y dió
á e n ten d e r el deseo que tenia de lia -
ce r una confesion mas larga, a ñ a d ie n ­
do que no q u e d a ría tr a n q u ilo hasta
haberla Jiecho. La hizo en fin á su
satisfacción, y tu vo Ja dicha de r e c i­
b i r á la noche su buen Dios; y lo r e ­
cibió con una piedad y con un a fe tan
84
vivas, que las mismas alm as f e r v o r o ­
sas podían en vidiar tan bellas disp o­
siciones. Se en tre g ó á la o r a c i o n , y
p edia á D ios la salud del c u e r p o pa ­
ra glorificar su santo n o m b r e , p ara
d a r buen ejem plo al prójim o „ y h a ­
c e r ver á todo el m u nd o que su con­
versión era ve rda de ram e nte sincera y
constante. Su paciencia y resignación
eran adm irables: solo Dios p o d ía co­
m unicarle ta n to coraje en m edio de
tantos sufrim ientos. P r o c u r ó luego lo­
g ra r M edallas p a r a toda su familia :
él m ism o decía cn u n a c a rta á una
h e rm a n a s u y a , religiosa del C árm en ,
que po día cn Jin anunciarlo su salud,
y sobre todo su c o n v e rs ió n , u n a y
otra v e rd a d e ram e n te m ila g ro sa s, so­
b re lo que nadie podia juzgar mojor
que é l ; añadiéndole q u e solo pensaba
cn llorar los extravíos de su vicia <lc-
85
lincucntc , y en dar gracias á la div i­
na m is e ric o rd ia : gracias que te debía
en abundancia., pues que su corazón,
sus p e n s a m ie n to s , todo había cam b ia­
do de re p e n te en é l , y la fe liabia
reem plazado el lu g a r de sus dudas: y
á pesar de la m e m o ria de una vida
desgraciadam ente m uy escandalosa, te ­
nia una viva confianza en la bondad
del S e ñ o r desde el feliz instante q u e
re c urrió á M a r í a : añadiendo tam bién
que no podía d u d a r de su visible p r o ­
tec c ió n , pues que de ella había o b te ­
nido su conversión y la salud c o r p o ­
ral. Se Icnia p o r un h om b re tan feliz
cuanto lo pu ede ser el que vive sobre
la tie rra : y esperaba alcanzar el don
de la perse v e ra n cia , no dud an do que
aquella gracia que había cam biado su
corazon, le sostendría contra los a ta ­
ques del infierno y de los respetos
86
humanos. Lejos de d ism in u ir s e , i La
creciendo su edificante fervor del que
daba pruebas n o solo e n tre su f a m i­
l i a , sino tam bién p ú b lic a m e n te , no
tem iend o ya los sarcasmos de los im ­
píos mas de lo que había tem ido los
peligros de los c ó m b a le s; dando así
u n ad m ira ble ejemplo á aquellos hom ­
bres desgraciadamente tím id os que no
se atreven á p r a c tic a r públicam ente
los actos que p rescribe n u estra R e l i ­
gión s a c r o s a n ta , á p esar de qu e no
p u e d e n cn secreto re h u s a rle su a p r e ­
cio y am or. ¡Oh cuán consoladora es
nuestra santa Religión ! ¡ y cuánta
fu e rza comunica ella- para soportar
las penas de esta vida! exclamaba cn
un a c a r t a : ahora mas </uc nunca lo
estoy experim entando. Ah! ella es so­
la la (¡uc las endulza de una manera
bien admirable. Ella nos conduce sua-
87
vertiente á esta muerte inevitable, y
nos enseria, á m irarla con tranquili­
dad, pues que pava el verdadero cris­
tiano no es ella otra cosa que el trá n ­
sito de una vida desgraciada á una
eternidad de delicias y felicidades.
Son en fin una p ru e b a convincente de
la sinceridad de su conversión las o r a ­
ciones sig uien tes, que com puso cu la
cpoca feliz üc su co n v e rsió n , con las
cuales detestaba ríe nuevo su mala v i­
da, reconocía y agradecía eJ beneficio
de su c o n v e rs ió n , y pedia 1a santa
perseverancia. Las copio a q u í p o rq u e
pueden se rv ir á gloria de D i o s , y á
honor de su santísim a M a d re , y á u t i ­
lidad del le c to r, m a y o rm e n te si tam ­
bién fue pecado r.
88

O R A C IO N E S
D F.I- S O B R E D IC H O I'F .N IT F .N T E .

S c iío r, tened piedad de mi’... p e r ­


d on a dm e mis pecados... yo tengo Iior-
r o r de haberlos com etido... ¡Ay de
m í! yo n»e hallaba cn el borde del
abismo del in fie rn o , y mis in iq u id a ­
des m e p rec ip ita b a n á él, c u a nd o un
rayo de vuestra gracia vino ¡ oh D ios
m ió ! á p e n e tra r m i alma, y á ablan ­
d a r mi end urecid o corazon... Vos p o ­
díais castigarm e cuando yo vivía cn
m i c e g u e d a d , y Vos tuvisteis Ja b o n ­
dad de ilu m in a r m e : o fendido c o n ti­
nu a m e nte p o r m í , podíais m a ta r m e ;
p e r o Vos no me habéis tra ta d o como
m ere c ia n m is p e c a d o s, sino que me
habéis p e r d o n a d o , ¡olí Dios y Salva­
d o r m ió ! ¡Q u é clem encia tan grande
89
la vueslrn! ¡ q u é grande Jesús mió,
vuestra bondad! A h ora, gracias A Vos,
yo creo y e s p e ro : mas no contento
con solo c r e e r y e s p e r a r , q u ie ro ge­
m ir s i e m p r e , y llo ra r la enorm idad
de mis pecados. ¡ O h Dios de m is e r i­
cordia! no abandonéis á vuestro p o ­
bre s e r v id o r; antes bien asistidme con
los auxilios de vuestra g racia, pues
que yo soy d é b i l , y sin vos nada p u e ­
do... Y o qu iero para sie m p re consa­
grar á Vos esta vida mía , que Vos
mismo m e habéis restitu id o tan m ila ­
grosamente... Y o q u ie r o b o r r a r , S e ­
ñ o r , si d i o es p o s ib le , las in iq u id a ­
des d e mi vida pasada p o r m edio de
«na conducta toda santa, dirigida t o ­
da p o r el divino am or. No os ahijéis,
no, de m í, ¡oh m i D io s ! Yo reciu ­
ra á V o s , y á Vos recurriré todos
ios instantes fie m i vida: dadme l os
90
á conocer la senda t/ue he de seguir
en adelan te, pues que á Vos se en­
camina m i alma.
D escended á eU a, E s p ír itu S a n io :
y si algún día venia á d ebilitarse mi
f e , robustecedla Vos. H acedm e ¡olí
E s p íritu divino! p a rtic ip a r del don
inefable de vuestro d ivino fuego, p a ­
ra ainnros, adoraros y serviros como
debo, como tam bién ni P a d r e y al H i-
j o , con quienes sois u n m ism o Dios,
Dios santo y ju sto , cuya m isericordia
no tiene limites.
¡O h M aría sin pecado concebida!
ro g a d por nos, que acudimos á Vos.
M a d r e de mi divino R e d e n to r, yo me
p o stro delante de vuestra sagrada im a­
g e n , suplicándoos tengáis p iedad de
m í , m iserable pecador. A u n q u e c u ­
b ie rto lodo de iniquidades , yo me
a tre v í ;í im p lo r a r vuestra p r o te cc ió n
yi
cu el dia del su frim ie n to y de la a n ­
gustia , y Vos ¡ olí V irgen in c o m p a ra -
IjJc! os dignasteis escuchar b en ig na-
m en te mis sú p lic a s , é in te rc e d e r á fa­
vor mió para con vuestro Híj o , mi
adorable S alva d or. ¡Olí R e in a in m o r ­
tal! yo os ofrezco m i corazo n, p e n e ­
trado de am or y de reconocim iento.
¡Olí M a r í a ! yo c r e o , yo contem p lo ,
yo a d m iro vuestra* v irtu d e s ; y ;í Vos
consagro, M a d re m i a , esta vida que
me Em sido re stitu id a p o r vuestra in ­
tercesión todo poderosa, y p o r la g r a ­
cia de un Dios lleno de m ise ric o rd ia
V bondad.
¡Olí V irgen íle vírgenes ! yo pongo
á vuestros piés todas inis alegrías y
lodos mis dolores. I m p lo ro , dulcísima
M adre m ia , vu estro so c o rro y vues-
Ira asistencia: so c o rre d m e y asistid­
m e ; no me neguéis esta gracia. P r o -
92
ieged m i d e b il id a d , á fin de que con
paso f ir m e , anim ad o de una fe viva
y c o n s ta n te , y de un a rd ie n te amor,
pueda finalmente llegar á la eterna
b ienaventuranza.
i Oh M arra , sin pecado concebida!
ro ga d po r nos , que acudimos á Vos:
así sen.

L a sencilla n a rra c ió n d e estas g ra ­


cias i dispensadas ta n bond ado sam en ­
te p o r la que con razón es aclamada
p o r la santa Iglesia salad de enfer­
mos, consoladora de afligidos, refu­
gio de pecadores y m adre de m iseri­
cordia , d eb ería s e r bastante p ara ani­
m a r ;¡ los justos y á los pecadores á
p ro c u r a r a rm a rse con alguna de aque­
llas M edallas , y sobre todo á re c u r ­
r i r con frecuencia á la que p ara nues­
tro bien m andó acuñarlas, dirigiéndola
93
con dcvocion y confianza aquella tan
breve y tierna deprecación : ¡Oh M a­
ría sin pecado concebida ! rogad por
nos, que acudimos á Vos. P e r o ¿ q u e
no in te n ta rá el enem igo de nu estra
salvación para reLraer á cierta d a s e
de pecadores , p r o c u r a n d o especial­
mente p ersu ad irles que á causa de sus
torpezas, y sobre todo de la im p ie ­
da d , del lib e rtína ge , de Ja irreligión ,
en que lian te n id o la desgracia de p r e ­
c ip ita rse , c la m a rían en v a n o , y n u n ­
ca serian oídos? P e r o ¿ á quién ha c e r ­
rado jam ás sus e n tra ñ as de m ise ric o r­
dia aquella amcmtísima M ad re que tan
vivamente desea la conversión de los
p e c a d o res? á n a d i e , absolutam ente á
n a d ie , afirma san B e r n a rd o . A cudan
ellos con un v erd a d e ro deseo de m u ­
dar de vida n y serán oidos b enigna­
m ente: ella les alargará su bondadosa
94
nimio para que salgan del infeliz a to ­
lladero de sus pecados, y Cito p o r p e r ­
versa y cri:ninal que haya sido su con­
ducta. A u n q u e h ayan blasfemado y r e ­
negado de su santísimo H ijo ; aunque
A ella mism a la hayan tra ta d o de i m ­
p u r a ; aunq ue h ayan ceg a d o la exis­
tencia de D io s , la in m o rta lid a d del
aFtna, el cielo, el p u rg a to rio y el in ­
fierno; a unq ue hubiesen echado cn
un hediondo m u la d a r hostias consa­
g ra d a s , y las hubiesen pisado con r a ­
bia y f u r o r ; aun qu e hubiesen c om eti­
d o excesos mas h o r r o r o s o s , si mas
horroro sos y execrables Jos puede ha­
b e r ; ¡a h ! ninguno de ellos llevará re ­
pulsa, á todos a b rirá sus en tra ñ a s ver­
dade ra m e n te m a te r n a le s , á lodos re ­
conocerá p o r h ijos, todos quedarán
consolados: cesarán Jos re m o rd im ie n ­
tos de su conciencia, y una dulce tr a n ­
y5
q u i lid a d , mas preciosa que la plata
y que el oro, ocupará su cornzon. P a ­
ra re a n im a r especialm ente á esta clase
de p e c a d o re s , dignos sin duda de la
compasion de quien tenga entrañas de
caridad, lie juzgado p ru d e n te añ a d ir,
;'i los ya referidos, los siguientes rasgos
•le la protección de tan dulce M a d re
;í favor de o tro s pecadores q u e tu v ie ­
ron la desgracia de pre cipitarse en el
mismo a b i s m o , y la dicha de sa lir de
el con qcasion de la Medalla mila­
grosa.
D em os p r in c ip io ta m b ié n p o r un
m ilitar. Las herm anas del hospital en
que él estaba e n f e r m o , Iiabian visto
y a , con no poca complacencia suya,
la conversión de m uchos m ilita re s que
habían persev erado firmes en su obs­
tinación hasta que e x p e rim e n ta ro n la
protección de la V irgen con ocasion
96
de su M edalla ; pero Ies m ereció una
atención especial la <Jel m ilita r d e q u e
tr a ta m o s , capitán que era d e u n r e ­
gim iento y de edad de tre in ta y c in ­
co aítos. E n tr ó cn aquel h ospital tí­
sico ya cn el ú ltim o g rado* y á mas
p a raliticado del costado izquierdo. Oh-
servaban las herm a n a s el estado infe­
liz cn que se h a l l a b a , y los peligros
d e m o r ir que le amenazaban tan de
cerca. P e r o ¡ah! ¿quién había de a tr e ­
verse A h a b la r de cosas de religión á
u n joven m ilit a r que hacia a la rd e de
no te n e r r e lig ió n ? La h e r m a n a que
le a sistía , debía contentarse con ob­
s e r v a r el curso q u e hacia Ja enfe rm e ­
dad ; y viendo que esta se ib a a g r a ­
v a n d o , p ro c u ra b a algunas veces darle
á co nocer los peligros cn que se ha­
llab a , p e ro siem pre in ú tilm e n te. U n o
de los días en que estuvo mas de cu i-
97
J a d o , habiéndolo hallado s o l o , se
atrevió á p re g u n ta rle si era católico.
Le contestó que s í, fijando la vista en
ella. Ella 1c p idió entonces que a c e p ­
tase una M edalla, y que la llevase
consigo, y que invocase con frecuen­
cia á M aría in m a c u la d a ; asegurándole
que si la invocaba con confianza, ella
íc alcanzaría las gracias que necesita­
ba para su frir con paciencia y p o r
m érito los dolores y molestias de la
enferm edad cn que se hallaba. L a r e ­
cibió él con a g ra d e c im ie n to , ó mejor
tal ves p o r urban id ad ; p e ro p o nérse­
la encima , oso de ninguna m anera,
N o p o r eso p e rd ie ro n la confianza que
tenían en la V irgen aquellas buenas
h e rm a n a s, m ay o rm e n te viendo que la
puso al lado de la cama. L a qu e c u i­
daba de aquella sala p r o c u ró m e te r
otra d e n tro de la funda de su alm o ­
98
hada. T a l vez quiso la V irg e n p ro b a r
la confianza que tcninn en su p ro te c ­
ción estas esposas de su santísimo H i ­
j o , p ues se pasaron algunos d ia s , y
n o solo n o alcanzaban la gracia que
pedian, sino q u e antes bien el infeliz
enferm o, á p esar de que ib a p e r d i e n ­
do siem pre mas las fuerzas y a c erc án ­
dose á su tránsito á la eternidad, n u n ­
ca quiso co nsen tir en que le visitase
algún saccrdoLe, no obstante que se
le h ic ie ro n repetidas instancias sobre
este p a rtic u la r. U n dia en que se p u ­
so tan de cuidado que se te m ia m u ­
riese aquella noche , no p ud o c o n te ­
nerse de llam ar á un eclesiástico la
s u p e r i o r a , y ella m ism a lo introdujo
á la sala. L o hallaron en un estado
fatal en cuan to á la salud del cuerpo,
p e r o peor aun en cuanto á Ja del a l­
m a ; inflexible com o siem pre, Al cabo
9ÍJ
de un ra lo se r e tiró e lla , y lo dejó
solo con aquel caritativo sacerdote.
P e r o ¡ cuán in ú tile s fueron entonces
los celosos esfuerzos del ministro del
S eñ or! ¡Q u é respuesta la suya, capaz
de hacer desconfiar e n te ra m e n te de
su salvación! D éjem e tranquilo, le
d ijo, mañana y a seré muerto, y lodo
s/; habrá acabado. F u e preciso dejar­
l e , y no sin q u e d a r traspasado el co-
razon de aquet sacerdote y de aq u e ­
llas h erm anas, que no p o d ía n menos
que llorar su lastimosa ceguedad al
vcrlc en el bo rde del sep ulcro sin c re er
en D io s , al verle p o r lo m ism o al
borde del infierno. P e r o ¿ h a b ía de
quedar frustrada la confianza que a q u e ­
llas herm anas tcnian en M a r ía ? claro
está qu e r io , ya que iba acom p añ ada
de la debida hu m ild ad y perseveran­
cia, Ellas redo blaron sus oraciones y
i 00
su f e r v o r , im p lo ra n d o de nuevo su
p a tr o c in io , y no se hizo sorda Aque­
lla buena M ad re : poco tardó á m u d a r
el corazón de aquel enfermo» L a m a ­
ñana siguiente dijo este al medico que
le dijese sin te m o r cuál era el estado
de su salud ; si lo creia m o r t a l ; pues
que queria arreglar, sus negocios: y
p o r la ta rd e luego que e n tró cu la
sala la h e rm an a encargada de ella, con
calma y con a ir e p e n tim ie n lo le dijo
q u e sentia el haber recibido tan m a ­
jam e n te á madama Ja s u p e r i o r a , y al
re sp e ta b le eclesiástico que le liabia
a c o m p a ñ a d o : y le pidió que le dis­
c u lp a s e , y q u e les dijese que volvie­
sen á verle. L lena de alegría no p e r­
dió tie m p o aquella h e r m a n a , y p ro ­
c uró a p ro v ec h a r esta b uena ocasion
el sacerdote. E n los nueve días que
vivió aun, tuvieron los dos largis cotí-
101
fcrencias para el Lien de su alma.
Cuando h u b o hecho su p rim e r a c o n ­
fesion , visitándole un oficial conocido
suyo, le dijo d dichoso enferm o, con
franqueza y sin re sp e to h u m a n o , que
si hubiese llegado un poco a n te s , le
hubiera hallado con buena com pañía,
á saber, con el Cura de la p a r r o q u ia ;
añadiéndole que su corazon e x p e ri­
mentaba una satisfacción la mas g ra n ­
de. T u v o el consuelo de re cib ir to ­
dos los sac ra m e n to s, y eran a d u iir a -
bl es los sentim ientos de piedad con
que los recibió. M u rió en fin, en cu a n ­
to puede c re e rs e , cn el ósculo del S e­
ñor. Estas fueron las últim as palabras
que p rofirie ro n sus Ja b i os ya m o ri­
bu nd os: él m ism o pid ió á aquel ofi­
cial que las escribiese; Yo muero cn
la religión de mis p a d r e s, religioti
(fue amo y re sp e to , y pido humilde-
102
viente perdón d D ios de no haberla
practicado siem pre públicamente. B e n ­
digamos á M a r í a , que tnn bondadosa
es p a ra con los p e c a d o re s , aun para
con los tan obstinados.
¡Cuán distante estaba de p o d e r es­
p e r a r una m u e r te tra n q u ila cierto
v ie jo , cuya vida liabia al fin pasado
á ser la de u n in cré d u lo , de m anera
que h abía una m u ltitu d de años que
no se habia confesado! Cayó enfermo,
y se puso de p eligro. Su p árroco, que
no podia menos q u e s e n tir vivamente
la perd ició n de a quella oveja suya,
fué luego ¡i v is ita r le , con el designio
de p r o c u r a r que reconociese sus des­
v ario s, y se cchasc con confianza en
los brazos de aquel piadoso P a d r e que
se dignó m o r i r p o r todos los pecado­
res, P e r o ¡con que aspereza fue re ci­
bido de aquel infeliz- J N o solo rehusó
103
el socorro q u e con tanta caridad le
o fre c ía , sino que al fin le dijo que
quisiera p e r d e r e n aquel m ism o m o ­
m e n to la palabra, para no verse obli­
gado á co ntestar á sus preguntas. ¡Qué
disposición tan infeliz p ara el que
corria al se p u lc ro ! E l caritativo pas­
t o r , bien que a pesar suyo, tuvo que
re tira rse con el sentim iento d e v e r
en et b o rd e del infierno á aquella
oveja suya tan descarriada. P e r o q u i ­
so la santísima V irg e n que se re c o r ­
dase entonces de Ja M edalla m ilagro­
sa que él mism o lle v a b a : se la q u i ­
tó, y p re vino á u no de la familia que
la metiese d e n tro de la cama del en­
fermo, p e ro encargándole m u ch o que
caso que él lo advirtiese , no se le h a ­
blase p alabra sobre el p a r t i c u l a r : p r e ­
vención que juzgó del caso aquel p r u ­
dente sacerdote á fin de no serle oca-
104
sion de que p r o r u m p ie s c el infeliz cn
invectivas c o n tra la R e l ig ió n , aña­
diendo pecados sobre pecados. P e ro
¡qué p r o n ta fue aquella buena M a d re
en m an ifestar visiblem ente su piado ­
sa p r o t e c c i ó n ! AI cabo de p o c o se
despierta t i e n f e r m o , y vuelve cn sí
com o quien despierta de u n profu nd o
le ta rg o ; y su p r im e r cuidado fue e n ­
carg ar que c orriesen &buscar al cura;
y lo p ed ia con m u c h a instancia, p r o ­
testand o que se a r r e p e n tía de su ma^
Ja v id a , y que quería confesarse. ¡Oh
bondad la de M a r ía ! AI o ir esta no ­
vedad c o rrió aquel celoso pa sto r á su
oveja de sc arria d a, con el vivo deseo
de cargarla sobre sus h o m b r o s , a y u ­
dándola á reconciliarse con J e s u c r i s ­
t o , y á volver ¿ su rediJ. N o con as­
pereza le recibió é J , com o lo liabia
hecho la otra v e z , sino m u y al c o n ­
105
trario, con una mocion la mas tierna
Je su corazon c o m p u n g id o ; y le p i­
dió in m e d ia ta m e n te que tuviese la
bondad de p e rd o n a rle el mal modo
con q u e le liabia recibido a n te s, y
que 1c oyese de confesion. ¡Q ué sa­
tisfacción la que t u r o entonces aquel
buen cu ra ! ¡ Q u é ca rita tivo seria el
lenguaje que usaría con aquel lujo
p ró d ig o , que p o r su m inisterio q u e ­
r ía volver á la casa de su padre Dios,
de quien tantos años había que ¿c ha­
bía s e p a r a d o , y cuyo p a t r i m o n i o , en
la p arte que le había to c a d o , habia
desperdiciado tan desgraciadamente
en tre m ere tric es ! O b r ó la gracia tan
eficazmente en su alma, que pasmado
el m ism o cu ra de v erle en tan buena
disposición, n o tuvo re p a r o en v ia ti­
carle el dia siguiente. U n gran n ú m e ­
ro de fieles aco m p añaro n al S eñ or en
106
aquel religioso aclo. Eri presencia de
ellos confesó el enferm o sus desvarios,
y los abjuró de n u e v o , p idiend o á t o ­
dos con grande instancia que le p e r ­
donasen tantos escándalos que les h a ­
bía dado con su mala con du ela. T odos
los circunstantes se sin tie ro n c o n m o ­
vidos al ver un acto tan edificante en
quien con tantos otros habia tan des­
edificado : fas lágrim as se les asoma­
ron ;í los o jo s, y al fin no p u d ie ro n
con icncr el lla n to : y cn m edio de esta
te rn u r a universal fue cuando aquel
convertido viejo recibió á nu estro b uen
D i o s , y lo recibió con grandes se nti­
m ientos de h um ildad y de c o m p u n ­
ción , y encomendándose á las oracio­
nes de todos los que estaban pre se n ­
tes, L a noche siguiente, tem iend o que
iba ;í e s p ir a r , ¿I mism o pid ió el sa­
c ram ento de l.i E x tr e m a u n c ió n , que
107
tuvo la dicha de rc c ih ir con la misma
fe y con la m ism a piedad. ¿ C u án d o
podía esperar una gracia la mas a p r e -
ciablc aquel afortunado viejo? ¡Q ué
motivos tan grandes para q u e d a r agra­
decido , las pocas h oras que parecía
le quedaban de v id a , á su liberal D is­
pensadora ! P u e s aun le favoreció eJIa
con o tra g r a c ia , á s a b e r , contra todo
lo que podia e s p e r a rs e , le volvió la
sa lu d , y se restableció perfectam ente.
Bendijo una y m uchas veces á la d i ­
vina P r o v id e n c ia , que p o r la p r o te c ­
ción de la santísima V ir g e n , y con
ocasión de su M edalla, lo libró de
caer cn el h o rro ro so abismo del i n ­
fierno, á que iba á abismarlo p o r ino-
mcnLos su in credulidad.
¡No fue m enos ad m ira b le la co nv er­
sión de otro viejo que se hallaba ya
en la edad de ochenta arios A poca
108
di le re n d a . E r a u n h o m b re sin cos­
tu m b r e s , .sin religión. N i asistía Jos
dias de fiesta al santo sacrificio de la
misa , ni practicaba jam ás acto alguno
q u e oliese á piedad. E r a casado, pero
no mas que c iv ilm e n te ; n o h a b ia r e ­
cibido el sanio s a c r a m e n to , ni por
consiguiente la gracia q u e ¿1 com un i­
ca á los que lo reciben dignam ente.
Y , p o r decirlo en pocas p a la b r a s , cr;i
no menos q u e u n im pío. Cayó en fin
e n f e r m o , y se halló en el ú ltim o pe­
ríod o de su pésima vida. V ie n d o que
eran alarm an tes los síntom as de la
e n f e rm e d a d , y que esta era la que
pro ba ble m e nte iba á acab ar con su
v id a , sus parientes Je a d v ir tie r o n el
p eligro in m in e n te en que se hallaba,
y p ro c u ra b a n pe rsu a d irle que se c o n ­
virtiese á D io s , y se confesase; pero
él se negó a b s o lu ta m e n te , asegurando
109
que nunca jam ás se confesaría. No
faltó quien compadecido de su lasti­
moso estado lo encom endó á las o ra­
ciones de los asociados del R osario
v iv ie n te , y al mism o tie m p o aconse­
jó á su h i j a , que era persona piadosa
y ed ific a n te , que m etiese d e n tr o de
su c a m a , sin que ¿I lo advirtiese, una
M edalla; !o que practicó e lla , con no
poca confianza en la bondad de aque­
lla m isericordiosa M a d r e , y esto á
pesar del justo te m o r qu e le infundían
las muías disposiciones de su padre,
que ella tenia b ien conocidas, de m a­
nera que se atrevía á asegurar que se
necesitaba no menos que un milagro
p a ra lograr que se confesase. N o se
vió tan p ro n ta m e n te su protección
corno en la curación de aquel otro
viejo : antes bien instándole de nuevo
que se confesase el párroco que le vi-
110
silafj.i, pues 1c veia cn ta n in m in e n ­
te p e lig r o , apenas se hubo retirado,
cuando p r o r u m p ió el viejo e nferm o
cn u n a h o rr o ro s a cáfila de invectivas
é injurias c o n tra él. ¿ Q u ié n de los
que presenciaban esto podia sin te ­
m e rid a d e sp e ra r su conversión ? con
to do llegó en fin la preciosa hora de
o b r a r la gracia cn aquel corazón obs­
tinado y e ndu rec ido : la santísima
V irgen había echado ya u n a mirada
m isericordiosa sobre aquel pecador :
la noche cabalm ente de Ja E n c a r n a ­
ción del V e rb o en sus virginales e n ­
tra ñ a s fue la de su convcrsion. Seria
la una de la noche cuando llamando
á su c a s e r a , le dijo fuesen luego á
buscarle el c u r a , pues q u e ría confe­
sarse. E l dem onio p r o c u r a b a ya como
estorb ar tan buena o b r a , de m anera
que el enferm o hallaba ya algún cm-
111
Latazo y algunos te m o r e s , que él le
metia bajo la idea de que era ian g ra n ­
de su ignorancia en las cosas de la
Religión. P e r o su v irtuo sa casera p r o -
curó tra n q u iliz a rlo , y c o rrió á toda
prisa á avisar al re v e re n d o párroco,
el cual lleno de pasm o al o ir aquella
m ud an za, y casi sin atreverse á c re e r­
la , acudió in m e d ia ta m en te al socorro
de aquella descarriada oveja. H alló
en tan bellas disposiciones al p o b re
e n fe rm o , con q u ie n pasó lo restante
de fa n o c h e , que á cosa de las seis Je
dio el santo Viático y la santa U n ­
ción , y lo desposó según rito de n ues­
tra santa m ad re Iglesia , con gran a d ­
miración de los p a r ro q u ia n o s , que
hallándose en la iglesia para asistir al
santo sacrificio de la m i s a , Iiabian
acudido a c om pañan do al Señor. T o ­
dos lloraban á vista de esta devota
112
c e r e m o n ia , y sobre todo de la p r o ­
digiosa mudanza de a q u e l , hasta e n ­
tonces infeliz y desde entonces tan
afo rtu n a d o v iejo ; el cual cri ios días
que le q u edaro n de vida sufrió con
m u c h a paciencia Jas molestias de Ja
enferm edad , dirigiéndose casi sin ce­
sar á su bondadosa P ro te c to r a , á quien
le decía : ¡ Oh sania V ir gen J venid,
p u e s , á buscarme: única oracion que
sabia. P e r se v e ró constante en sus s e n ­
tim ientos de piedad , y m u rió la mis­
ma se m a n a , cabalm ente en sábado;
cosa que no dejó de ser n o ta d a , y
m irada como un nuevo rasgo de Ja
protección de M aría santísima, á quien
redam aba con tanta frecuencia.
¡Q u é alegría tan pu ra y tan con­
solante Ja que e x p e rim e n tó cierta hija,
que á p ro p o rc io n de lo m u c h o que
amaba á su desgraciado p a d r e , sentin
113
el estado infeliz de su p obre alma,
puesta en un c on tinuo peligro de se r
arrastrada la liora m enos pensada al
infierno ! H a b ía él respetado siem p re
la R e lig ió n , p e ro no Ja p r a c tic a b a :
vivia en una en te ra indiferencia. C u a ­
renta años había que vivia en la d i­
sipación y en un olvido total de que
era cristiano. Su piadosa hija le envió
una Medalla de la inmaculada Con­
cepción, y é! no quiso lle v a rla ; pero
tantas y ta n vivas fu ero n las in s ta n ­
cias de aquella h ija , que le am aba de
v eras, que al fin consintió en ello.
¡Q ué mudanza Ja suya! É l m ism o es­
cribió luego á su piadosa hija dándole
gracias, y notificándole Ja resoJucion
que había form ado. Estas son al pié
de la letra las palabras de su c a r t a :
“ Y o te doy gracias p o r el regalo que
m r has hecho : no podías regalarm e
1'U
cosa mas preciosa. Desde luego puse
sobre mi corazon csLa M edalla m ila­
g r o s a , y ella lia obrado ya un m ila ­
gro. Y o soy ya o t r o ; me siento todo
m u dado, y be hecho ya una firme re ­
solución <le c o n v e rtirm e . M is p r im e ­
ros pasos se d irig irá n á Ja igle sia , y
espero confesarme cuanto antes. >« Y
concibió tan ta confianza desde luego
cn el p a tro c in io de la santísima V i r ­
gen, que teniendo enferm a una niela,
hija de aquella su h ija , p o r cuya sa­
lud rogaba e s t a , p e ro sin se r aun o í­
d a , le dijo en la misma c a r ta : «N o
te aflijas de que todavía 110 has alcan­
zado lo que pides: r e d o b la tu ard or
y tu celo, y tu confianza en nuestra
b uena m a d re M a r ía será ate nd id a fa­
vorablem ente. » L e decía ta m b ié n que
luego de hecha la confesion comenza­
ría p o r ella una n o v e n a , á fin de que
115
alcanzase la salud. N uevam en te tra tó
de rev eren ciar el origen d e esta M e­
dalla po rtentosa. Quiso la hija asegu­
rarse p o r sí m ism a de la conversión
de su afortu nado p a d r e , y tuvo el
consuelo de v e r que v erdaderam ente
era s in c e r a , habiendo d a d o c u m p li­
m iento á un acto que necesitaba ta n ­
to c o ra je , como e ra el e x a m in a r y
confesar n o m enos que cu a re n ta años
de una vida disipada y sin re lig ió n :
y vió tam bién que se habia pro visto de
libros de p ied ad , siendo así que antes
ni oración hacia. Rebosaba de alegría,
y con r a io n , el corazon piadoso y ti e r ­
no de aquella buena h ija ; y bendecía
y alababa á la inm acu lada M a r í a , al
v e r qu e le habia dispensado la gracia
de arra n c a r de las p uertas del infier­
no á una alm a tan digna de su aprecio,
y á quien realm en te ta n to apreciaba.
116
Prod ig io sa fue tam bién y del lodo
p r o n ta la convcrsion de o tro in c ré ­
d ulo en u n a de las p rincipales c iu d a ­
des de F ra n c ia . Se gloriaba de ser tal,
y nada practicaba de Cuanto p r e s c r i­
b e la R e ligión. Cayó e n f e r m o , y se
puso luego de c u id a d o , de m a n e ra
q u e c o rría aceleradam ente á la e te r ­
nid ad . ¡ Q u e conflicto p a ra su familia?
y ] qué peligros tan inm inentes de un a
e te rn a condenación p a ra é l ! parecía
inevitable. P o r q u e ¿ q u ié n se liabia de
a t r e v e r á h a b la rle de confesion? si cn
c ierto lance que liabia p a s a d o , había
dich o el infeliz á una persona que
frecuentaba aquella familia estas i r ­
religiosas p a la b ra s: Sin duda os ha­
llaréis vos cn mi casa cuando y o me
hallaré en la última enferm edad; p e ­
ro y o os prohíbo el qitc hagais venir
algun sacerdote. ¿ Q ue podía esperar
117
osle infeliz sino una condenación e t e r ­
na? P e ro ah ! ¡cuán p ro n ta m e n te sabe
m u d a r un corazon , y c o n v e rtir en
te rn u ra su d u r e z a , aquella compasiva
M a d re que es no menos poderosa que
bondadosa p a r a con sus h ijo s , cuyas
miserias la e n te r n e c e n , y conm ueven
aquellas sus enfrailas de c aridad! En
medio de la justa aflicción de aquella
familia le vino á la m em oria á uno
lo que habia ícido acerca de la M eda­
lla milagrosa; y sintió al m is m o .tie m ­
po en su corazon un no sé qué de vi­
va confianza que lo excitó á h acer la
p rueb a. P r o p u s o la i d e a , y mereció
la aprobación de todos. L a ejecutó in­
m ediatam ente. P u s o la Medalla sobre
el enferm o sin que él lo su p ie se , y...
i olí triunfo de M aría ! no podia p e n ­
sar en él aquella persona sin que su
corazon exp erim en tase una viva y t i e r ­
118
na conmoción que Ja excitaba al r e ­
conocim iento... : al instante aquel i n ­
crédulo quedó e n teram en te m udado.
L la m a ro n luego á u n resp etable ecle­
siástico, y él lo recibió con u n a t e r ­
n u r a e x tra o rd in a ria. Hizo con él una
confesion general de tantos años de
mala v i d a , pasados m iserablem ente
en la incred ulid ad y demás desórde­
nes que la acom pañan : las señales de
un v erdadero y sincero a r r e p e n ti m ie n ­
to se dejaron ver en él. Recibió con
piadosos sentim ientos el santo V iá ti­
co y la santa U n c ió n ; y m u rió pocos
días después con las mas bellas d is­
posiciones. E s to sí q u e puede sin d u ­
da llam arse cosa prodigiosa. Alabanza
p u es , h o n o r y acción de gracias A
M a ría sin pecado c o n c e b id a , q u e tan
p ro n ta y favorablemente oye á los
que acuden á e lla , y apre cia n el dpn
n y
precioso de su milagros.! Medalla.
Escribió cn 1 83 6 un párro co á un
conocido s u y o , que le liabia explica­
do los milagros que se obraban p o r
medio de la Medalla acunada p o r dis­
posición de la santísim a V irgen cn
obsequio de su Conccpcion sin m a n ­
c h a , que luego que p u d o lo g ra r un»,
l.i puso debajo de Ja alm ohada de una
jó v e n , que era de distinguida familia,
In cual se hallaba en una niuy grave
y peligrosa e n f e rm e d a d , y desde Jue­
go e x p e rim e n tó m ejora, y á Jos q u in ­
ce dias estaba p lenam ente restab leci­
da. P e r o si ella tuvo la dicha de r e ­
cobrar la salud del c u e r p o , ía tuvo
de r e c o b ra r n o solo la del cuerpo,
sino tam b ién la del a l m a , u n jóven
soltero de edad 22 aíios. Vivia in fe ­
lizmente a m a n c e b ad o ; y aíios hahia
que para p o d e r vivir mas a sus a n c h u ­
120
r a s , y entregarse al libertinaje y á la
d iso lu ción , liabia ab andonado no solo
á sus h e r m a n o s , sino tam bién á la
misma m a dre que lo liabia llevado en
sus c n t r a n a i ; con quienes ro m p ió to ­
da comunicación, de m anera que huia
de e llo s , y ellos de e l , p a ra n o e n ­
contrarse. Así vivía esto desgraciado
jo v e n , cuando p e r m itió D ios que se
viese atacado de una p ulm o n ía m uy
grave. E l médico que da fe de lo que
pasó con hábil en su facultad, p r o ­
bó si po dría c u r a r l o ; p e r o era tan
grande la violencia del m a l , que b u r ­
laba todo su cuidado y todos los r e ­
medios. P e r o ¿ y dónde se hallaba en
tan peligroso e sta d o , sino cabalm en­
te en la casa de la m ism a cómplice
de su pasión crim in al ? É l no podía
m o v e rse ; ¿ y ,i quién tenia p ara s e r ­
v ir le ? no á otra persona que á ella
121
m ism a , cuya presen cía ¡olí qué o b s ­
táculo era tan g rand e p a ra su c o n v e r ­
sión y salvación! Á lo que se añadía
que él ya desde el p rin c ip io de la
enfermedad había significado que c u i­
dado se atreviese ningún sacerdote ;í
ir á fatigarle con exhorlaciones. P e r o
el médico no p u d o excusarse de d a r
aviso del estado tan peligroso en que
se hallaba. F u é entonces á visitarle el
vicario, el cual cn c u m p lim ie n to de
su m in iste rio p ro cu ró pe rsu a d irle qur,
¡i fin de p o n e r rem e d io á tantos d e s­
ó rd e n e s , se casase con ella. Así se lo
pedia v iv a m e n te , p e ro i n iíti lm e n le :
nada lograron todos sus esfuerzos. Fué
entonces el c u ra cn p e rs o n a , oí m is ­
mo que dió esta re la c ió n ; pero vió
qu e ni quería casarse con aquella m u ­
je r, ni queria separarse de ella- Y
aun m a s: oido lo qu e él contestaba,
122
vil) que estaba eir la mas funesta i n ­
diferencia. Iniiliíes fueron tam bién los
celosos esfuerzos del cura ; el cual juz­
gó del caso dejarlo un ra to solo, p ara
que pudiese entre tan to reflexionar
m ejo r sobre su infeliz situ a c ió n , y
sobre ía resolución que en fin dcLia
t o m a r , y visitarle después p ara sa­
berla. Y antes de sep ararse de él nú
se descuidó aquel venerable pasto r de
ex ho rtarle á que acudiese á la s a n tí­
sima V i r g e n , refugio de pecadores y
M a d re del buen consejo; y e n tr e tan­
to puso con disim ulo o tra Medalla
que habia alcanzado bajo la alm ohada
sin que el lo advirtiese. ¡Q ue dificul­
tades p ara la conversión de este p e ­
cador ! c o d todo las venció todas la
inm aculada M arín. El m ism o llamó al
p á rro c o p o r medio de su m a d r e , con
quien se habia ya reconciliado. A le-
153
guie los justos motivos que tenia para
no casarse con aquella m u je r ; y 1c
pidió que el misitio se encargase de
separarla de su c o m pañía. Q u ed ó e n ­
cargada de asistirle su m adre, la cual
cedió con tos herm ano s su habitación
á aquella infeliz c o n c u b in a ; y allá
trasladaron todos sus m u e b le s, p ara
que nada quedase cn la presencia del
enfermo que pudiese de sp e rta r ideas
de aquel tra to c rim in a l. ¡ Q u é alegría
sintió él entonces viendo ejecutada es­
ta resolución ! E l m ism o decía al c ura
que era inexplicable la alegría que su
corazon estaba e xperim entando. Le
mostró entonces él la Medalla que ha-
bia m etido d e n tro de su c a m a , y d e s­
de luego se puso á besarla con d e ­
mostraciones del mas vivo ag radeci­
m ie n to , a pesar de que se hallaba
reducido á una extrem a debilidad po r
1u
la violencia del mal. E n fin con se­
riales las mas evidentes de una v e rd a­
dera com punción se confesó; y r e c i­
bió no solo el V iá tic o , sino también
Ja E x trem aun ció n, temiéndose que por
m o m e n to s ib a á e s p i r a r , gozando e n ­
t r e tanto de una grande tranquilidad,
qu e él a trib u ía á la bondad de Ta san­
tísima V irg e n . N u e v a gracia Ic dis­
pensó esta buena M a d r e , á saber, des
de entonces comenzó á bailarse con
alguna mejora, y d e n tro de pocos dias
quedó restablecido enteram en te ; no
solo en el c u e r p o , sino ta m b i é n , en
cuanto se puede c r c c r , en el alm a;
pues perseveró constante en sus b u e ­
nos sentim ientos y lleno del mas tie r ­
no atnoL- para con su grande B ie n h e ­
c h o r a , cuya Medalla besaba con fre­
cuencia y con toda la efusión de su
corazon agradecido.
125
E x p e rim e n tó tam bién Fas bondades
de M a n a o tro m ilitar., sargento m a ­
yor que era de un re gim iento de in ­
fantería de línea, y p ro p u e sto ya para
otro grado m ayor. T e n ia veinte y sie­
te añ o s, y vivía bien descuidado de
c u m p lir con los deberes de la R e l i ­
gión santa q u e debe c u m p lir todo
cristiano. Su p á r r o c o , solícito como
debía estar p o r su sa lv a c ió n , y lleno
de sentim iento al v erlo tan expuesto
á su condenación e t e r n a , m a y o rm e n ­
te viéndolo acom etido de una en fe r­
medad in c u r a b le , se valió tam bién de
la ayuda de otros p ara p r o c u r a r a r ­
rancarlo de tan infeliz e s ta d o , p r i n ­
cipalm ente de la superiora. de un hos­
pital y de una tia del mism o enfer­
mo ; pero fueron inútiles las p r im e ra s
tentativas que hicieron. L e dió aq u e ­
lla su p e rio ra la Medalla m ilagrosa ,
1S6
pero 110 p o r esto cedió luego su obs-
(¡unción, listaba (an Jejos de q u e re r
confesarse, que ni ver siquiera quería
al dicho pá rro c o suyo; de m a nera que
se juzgó p ru d e n te que ele ningún m o ­
do este señor le visitase. P e r o no dejó
pasar la santísima V irgen aquella n o ­
che sin m anifestar su p rotección. D u ­
r a n te ella ob ró tan poderosam ente en
el in te rio r de aquel p o b re enfermo
Ja gracia del S e ñ o r , que al amanecer
el dia él m ism o hizo llam ar al que la
ta rd e a n te r io r ni siquiera queria ver,
y se confesó con é l : y no es posible
e x p lic a r la te rn u ra con que luego de
concluida Ja confesion abrazó á aquel
respetable sacerdote. Desde entonces
dió p ru e b a s de sentim ientos Jos mas
pia d o so s; y pid ió con instancia á sus
padres que rogasen al S e ñ o r , lo que
hacia ta m bié n él casi continuam ente-
127
¡O h cuán estimable s e r ia , e xclam a­
b a , que tantos cristianos que hay in ­
diferentes é incrédulos, pudiesen com­
prender cuán apreciables son las con­
solaciones ijue la R eligión comunica
a aquellos (¡uc se echan en sus brazos /
Es de e s p e ra r en f i n , decia su mismo
p á rr o c o , que acabó su vida en paz
fie! S e ñ o r ; y recibió antes con sanias
disposiciones los santos sacramentos.
P e d ia el capellan de un hospital M e­
dallas p ara sus e n fe rm o s , asegurando
qu e necesitaba m uclias; y refe ria con
esta ocasion nuevos prodigios. Había
cn él un m ilita r gravem ente enfermo,
y tan de c uida d o, que avisó el médico
que debian ya ad m inistrársele los s a ­
cramentos. Acercóse á este fin á su c a ­
ma aquel sacerdote, p e ro fue recibido
con la m a y o r aspereza ; y lo p e o r que,
p r o ru m p ió el infeliz cn expresiones
128
las mas horrorosas. L e fue preciso á
^quel sacerdote r e tira r s e , pero con el
corazon p e n e tra d o de tristeza al ver
q u e iba á m o r i r en tan mal estado,
sin sacramentos y sin com punción.
O tr o eclesiástico le habia visitado a n ­
te s , p e ro lo había echado tam bién de
su presencia con una aspereza se m e ­
jante. N o podia resolverse aquel c a ri­
tativo capellan á a b a n d o n a rlo en tan
d e plorab le estado. D e te r m in ó en fin
po nerle al cuello la M edalla, y pudo
lo g ra r que dijese con é l : ¡O h M aría,
sin pecado concebida f ro g a d por nos,
que acudimos á Vos. O yó la súplica
in m e d ia ta m en te esa buena M a d re , que
nunca deja de a m p a r a r ¡í quien la in ­
voca d e b id a m e n te ; de m a n e ra que el
e n fe rm o pidió desde luego confesion,
y se confesó efectivam ente, y recibió
et sagrado Viático con una dcvocion
129
que e d ificab a; y a p re ta b a sie m p re la
Medalla^ y aseguraba qu e nunca jamás
iasoltnria. ¡Que consuelo p a ra aquel ce­
loso saccrdo te! y p rin c ip a lm e n te c ua n ­
do vió después que perseveraba cons­
tante en su nueva vida! pues que hab ien­
do escapado, sin duda p o r intercesión
de la mism a com pasiva M a d r e , de
.icjuel in m in e nte p e l i g r o , se le vió c o ­
m ulgar o tra vez en dia de fie sta , que
fue la dominica de la santísim a T r i ­
nidad. Refería el m ism o capellan de
otro s tres m ilita re s que m u r ie r o n en
el mism o h o sp ita l, que Iiabian recha­
zado tam bién obstinadam ente á los sa­
cerd otes que se hábian presentado á
visitarles; p ero que habiéndoles p ues­
to tam bién Ja Medalla de la Concep­
ción, c o nsintieron en confesarse, d e ­
jándolos á ellos Henos de la mas p u ra
c.onsolacion.
13 0
¡ Q ué vida mas im pía y libertina que
ía de u n jóven de veinte y oclio años
que había tenido la desgracia de d e ­
ja rs e a r r a s t r a r del t o r r e n te de laim pie-
dad que tantos estragos hace , con es­
pecialidad cn la pre se n te generación!
O c h o anos había que no frecuentaba
Jos santos sa c ra m e n to s, y ni siquiera
se acercaba á ellos cn d tie m p o pas­
cual : sus conversaciones eran de c o ­
sas las mas malas y obscenas. Su b i ­
blioteca se com ponía de los libros mas
im píos. Cuando otras personas se ocu­
paban en la oracion ó cn otros ejerci­
cios de piedad en su casa, él se d iv e r ­
tía rie n d o ; cuando q u e ría n corregirle
de sus blasfemias, él se jactaba ele que
nadie era capaz de im p e d írsela s: c u a n ­
do hallaba libros íle dcvocion cn ca­
sa de otros, el les aconsejaba que los
q u i t a s e n , y que en su lugar pusiesen
131
las obras del im p ío V o lta ire . D e cuan­
do cn cuando iba á div ertirse cn la
tertulia de un p resbítero que había
apostatado de la R e lig ió n , cuya boca
blasfema solia v o m ita r Jo mas h o r r o ­
roso que se haya d ic h o c o n tra ella, y
su casa podía llam arse u n a gu a rid a de
perjuro s y blasfemos. E n fin era tan
m alvada y escandalosa su conducta,
que la sup erio ra de la casa donde tr a ­
bajaba se creyó obligada á desped irlo ,
no p u díend o p e r m itir cn conciencia
sus ho rro ro so s ju ra m e n to s, y temerosa
de que no inficionase á los demás t r a ­
bajadores. H abiéndolo verificado, r e ­
flexionó después ella que tal vez p o ­
niéndole la Medalla m ila g ro sa , deja­
ría su mala vida. L o llam ó p u e s ; hizo
lo posíhte para podérsela p o n e r al c u e­
llo , y p a r a lo g ra r que la llevase; y
le p ro m e tió qu e 1c d a ría siem pre que
trabajar on aquella casa, que era fun­
dación de un canónigo. Consintió el
jóven ; y las religiosas rogaron p o r
éf con un fervor especial p o r el es­
pacio de nueve d ia s, acudiendo sin
d u d a á Ja pro tección de la san tísi­
m a V irgen ; y se dignó ella o í r tan
benignam ente sus oraciones, que este
po b re pecador no solo se confesó, si­
no que cum p lió tam bién con el p r e ­
cepto pascual, que urgía en aquella
q u in c e n a ; y fue tal su mudanza de
vida, que echó á las llamas todos sus
malos lib ro s , y no podía sufrirlos en
manos de o tro s: se separó de todos sus
malos c o m p a ñ e r o s , de m an era que
an d a b a s o l o ; y le incom odaba la mas
pe q u e ñ a distracción que observase en
su h e rm a n o y en sus herm anas. Su
con.versiqn, e n fin, podia llamarse un
verdadero m i la g r o , que podia a lri-
133
huirse sin duda á M a n a sin pecado
concebida. C onversión U n ruidosa lic­
uó de pasm o ú todos los que conocían
;í aqucJ afortu nad o joven ; y él c o n ti­
nuaba fírme y co nstante en su nueva,
vida. ¿ D ó n d e habrá corazones y Icn-
guas suficientes p ara p o n d e r a r y a g ra ­
decer las m isericordias de M aría san ­
tísima para con los pobres pecadores,
y señaladam ente p a r a con tos devotos
de su inm aculada C o n ce p c ió n ?
Concluyamos p o r ahora insinuando
ai m enos la conversión de u n t u r t o y
su m u je r , de una prote sta nte y o tro
p e c a d o r , y de una p arric id a .
Turca. D esde A n to u ra escribía el
su p e r io r de la misión de san Lázaro
en 1835 q u e tam bién p o r allá había
comenzado á o b r a r algunos m ilagros
la Medfíün m ilagrosa. Y refería cn
p a rtic u la r que u n dia que o tro misio-
t u
ñero estaba p a se á n dose , se e ncontró
con un tu r c o , con q u ie n p o r m edio
de un discípulo suyo que c om pren día
el fran cés, y h a b lab a bien el árabe,
m ie n tra s iban c o n tin u a n d o el pasco
h ab laro n de la religión c r is tia n a , y
al fin le p re g u n tó p o rq u e no la a b r a ­
zaba. A lo que contestó él, que como
había nacido üc p a d re s turcos, seguía
su m isma religión. L e ofreció e n to n ­
ces el m isionero una Medalla, que el
aceptó de buena gana, y se sep a ra ro n .
P e r o . . . ¡oh protección de la santísi­
m a V irg en !... se le p re se n tó dos dias
después aquel a fo rtu n a d o turco dicién-
dolé que q u e ria hacerse c ristia n o ; y,
lo que es m a s, le añadió que desde el
in sta n te en que aceptó aquella M eda­
lla , conoció que no podia salvarse en
su re lig ió n , y que la religión católica
e ra la única v erdad era , y resuelto á
135
abrazarla , se presentaba con f re c u e n ­
cia ;¡ su cnsa. H abló él de la M edalla
á su esposa, y el/a la miró>con in d i­
ferencia entonces; p e ro después pidió
u n a , y líi llevaba encim a, y se resol­
vió tam bién i abrazar el cristianism o.
Los prín c ip e s y fas princesas, concluía
aquel m isionero, Jos grandes y Jos p e ­
queños, los ricos y los pobres , todos
quieren te n e r Ja Medalla.
P rotestan te. U n p e q u e ñ o h ospital
de cerca de Genova ha sido favoreci­
do tam bién con re p e tid o s rasgos de
protección p o r M a ría inm aculada. E s ­
taba enferm a en él una protestante de
c u are n ta y c u a tro aííos de e d a d , la
cual parece q u e envió D ios á aquella
santa casa para q u e tuviese la dicha
de verse libre de Jas garras del m o n s­
t r u o de la herejía, que la tenia infe­
lizmente ap risionada. E stab a de c u i ­
136
dado, p e ro muy lejos de p e n sar como
debia en el único negocio que tenia
de im p ortancia , el de su salvación :
y al t r a t a r de abrazar el catolicismo,
se le presen taban mil obstáculos para
que no lo verificase. P e r o el buen sa­
cerdote que cuidaba de aquel h osp i­
t a l , le habló del gran p o d e r que tie­
ne la santísima V irgen p a ra con Dios,
y de aquellas e n tra ñ a s do m is e ric o r­
dia que licne al m ism o tie m p o p a ra
con los p e c a d o r e s , y á favor de c u a n ­
tos se halían cn alguna aflicción. Le
hablaba de esto po rq u e sabia p o r ex­
periencia que se gana fácilm ente el
corazón de un p e c a d o r , si se logra
insp ira rle confianza c-n cí pa tro cin io
de aquella b uena M adre. L e dió ta m ­
bié n la M edalla: y luego manifestó
M a ría santísima q u e acogía á aquella
pecadora bajo su p r o te c c ió n ; de m a­
137
ñera que desapareciero n desde luego
todos aquellos o b s tá c u lo s , que tanto
la embarazaban, y ella form ó la re so ­
lución de hacerse católica. L a i n s t r u ­
yó fácilmente aquel sacerdote , p o r el
espacio de tres se m an a s, en los m is­
terios de la R eligión qu e com o tal de­
bería c r e e r , y en las obligaciones que
debería c u m p lir. H izo ella la a b ju ra­
ción de su secta y de sus e rro re s, ca­
balm ente el (lia m ism o en que la sa n ­
tísima V irgen nació al m u n d o , 8 de
s e tie m b r e , y en aquel mism o nació
ella á la gracia , re e n g e n d ra d a en ct
agua santa del Bautism o. V ivió aun
ocho d ía s , no cesando e n tre tanto de
manifestar los sentim ientos de una p ie ­
dad la mas tierna, y los de una grati-
Lud la mas vjva p a ra con su P r o t e c ­
tora p o r la gracia in a pre c ia b le que le
habia dispensado p o r m ed io de su p o r ­
J oti
ten tosa Medalla. T u v o t u fin aquel
capellan el consuelo de verla m o r ir
con tan bella disposición. ¡C uán dis­
tante estaba ella de e sp e ra r ta n ta di-
clin cuando en tró e n aquel hospital!
P arricida. E n 1835 fue acusada
una mujer de h a b e r c om etido el h o r ­
roroso atentado de m a ta r á su m a r i ­
do. N o paraba aquí su d elito : la a y u ­
dó un sugeto con q u ie n ten ia una c o r­
respondencia crim inal tie m p o h a b ía :
y sobre to d o , lo que llenaría de h o r­
r o r á la n a tu ra le z a , forzó ¿ su hijo,
de edad catorce a ñ o s , á ensang rentar
sus m anos con la sangre de su mismo
p a d r e , bajo la idea de que así no se
atreviese el p o b re m uch ach o á d e n u n ­
c ia r su execrable m aldad \ m aldad que
merecía no u n a , sino m uchas m u e r ­
t e s , pues así lo pedían la sangre del
infeliz difunto y la vindicta p ú b l i c a :
-i3y
y á m u e rte realm ente fue condenada
con su cómplice, y el m u c h ach o solo
á una caja de corrección hasta que
llegase á la m a y o r e d a d , pues habia
obrado im p elid o p o r ella , y fallado
de discernim iento. Á los tre s juzgó u n
misitio tr i b u n a l , de cuya sentencia
np nía ron los dos. D u r a n te la apelación
un sugeto piadoso que p o r razón de
su em pleo tenia ocasion de verles ca­
da d ia , cjihortaba vivam ente á cí y á
ella ;í ocharse en los brazos de la m i ­
sericordia de D i o s , y en los de la sa n ­
tísima V ir g e n , m adre compasiva de
los afligidos. Oia ella con mas docili­
dad que el. P o r lo que, viendo aquel
sugeto u n dia que comenzaba ya á
concebir algunos sentim ientos de c o n ­
fianza en la bondad de aquella tierna
P ro te c to ra , se q u itó la Medidla que
Jlevaha colgada al c u e llo , y se la di"
u o
á ella, exh o rtá n d o la vivam ente á que,
fuese cual fuese su s u e r t e , no dejase
jam ás d e in vo car á M a ría santísima,
p a r a que con su poderoso valim iento
Je alcanzase de su divino Hijo el per-
don de sus pecad os, y la gracia de
u n a buena m u e r te , si él tenia d e stina ­
do que hubiese de m o r ir p o r aquella
causa. U n a m u je r tan infiel, que ta n ­
to tie m p o liabia que estaba violando
el tálam o conyugal; una m u je r de e n ­
trañas Un crueles que p ara com placer
al infame cóm plice de su delincuente
pasión se atre ve á q u i t a r alevosam en­
te la vida á su inocente consorte ; una
m ujer lan desnaturalizada que llega al
e x tre m o , no menos h o n o r oso que
in a u d ito , de obligar á c o o p e ra r á tal
asesinato al hijo mism o de sus entra­
ñ a s , ¿ podía es p e ra r la protección de
aquella p urísim a S e ñ o ra !1 ¿ p o r f i a d o
Ul
jar de c o n te m p la r dia y noclic p r e p a ­
rado yn el cadalso y tend id a la mano
del verdugo p a r a la expiación de d e ­
litos tan a tro c e s, que estaba e s p e ra n ­
do d público, a ltam ente indignado al
ver holladas tan vilm ente las leyes
mas sagradas de la n a tu r a le z a ? ¿ p o ­
dia e sp e ra r salir con vida de tal c o n ­
flicto? Con todo latnbicn á ella p r o ­
tegió la que es refugio de toda clase
de pe c a d o re s; y , lo qu e es m a s , 1c
concedió dos favores ; le salvó la vida
del c u e r p o , y sobre tod o la del alma.
Recibió con aprecio la Medalla mila­
grosa , con una viva fe y con un s in ­
cero reconocim iento. Llegó e n tre ta n ­
to el dia de d a r la sentencia los jueces
de aquel nuevo tr i b u n a l ; y entonces
fue cuand o se dejó ver la p rotección
de M a ría á su favor. La sentencia á
m u e rte del cóm plice fue confirmada,
142
y lo fue tam bién la del h ij o ; pero la
suya fue revocada, n o obstante de ser
un mismo el trib u n a l, y m a y o r sin duda
su d elito. O t r a gracia recibió también
de aquella com pasiva M a d r e , y fue
el que se la destinase á una detención
ó prisió n p e rp e tu a . F u e sin duda g ra ­
cia; pues á q u e d a r libre cn u n m u n ­
do tan c o rro m p id o y lleno de esco­
llo s , ate n d id a su n otoria fragilidad
¡quizá lo que h u b ie r a sido o tra vez
de ella ! E n aquella reclusión vivía
una vida c r is tia n a , sin que nada h u ­
biese que tild a r cn su conducta, llena
sie m p r e de a g ra d ec im ien to á la san­
tísima V ir g e n , que reconocía p o r su
l i b e r t a d o r a , y p ro nta á p e r d e r cuanto
tenia antes que soltar su estimada M e­
dalla, en la que te n ia su mas dulcc
consuelo. Á su hijo, sie m p r e q u e iba
á verla, lo excitaba á g u a r d a r un te­
143
nor de vida sabio y virtuoso, ;¡ a r r e ­
p en tirse de veras de lo pa sa do , m i ­
rando con h o r r o r aquel a te n ta d o , y
á no cesar de a u m e n ta r la confianza
que tenia en la santísima V irg e n. So ­
portaba con resignación los trabajos y
privaciones que a c o m p a ñ a b an su p r i ­
sión , y con su paciencia y lágrim as
expiaba los desvarios de su vida pasa­
da. Cumpli.i con p u n tu a lid a d las o b li­
gaciones que nos im p o n e n u e stra R e li­
gión s a n ta , y en ese c u m p lim ien to
hallaba aquel coraje v aquella fuerza
que necesitaba para d e se m p e ñ a r los
trabajos tan penosos que le señalaban
cada dia. P e rsu a d id a de que d eb ía á
la santísima V irg e n los dias de vida
que le quedaban sobre la t i e r r a p a ra
hacer penitencia , no cesaba de d arle
pruebas de su vivo re c o n o c im ie n to ;
é identificada en c ie rta m a n e r a , si así
144
puede d e c irs e , con su M edalla, esta
c m el tesoro que ap reciaba solire to­
dos los Icsoi'Qs. ¡Q ué ejem plo para to ­
dos aquellos desgraciados que allá rn
J^s som bras do alguna cárcel están gi­
m iendo bajo el peso de castigos de
que se lian lieclio m erecedores con sus
crím e n e s! A cudan á M aría, p r o c ú r e n ­
se su M edalla, celebren su in m a c u la ­
d a C o n ce p c ió n , pid an p e rd ó n con un
c o ra ío n sinceram ente a r r e p e n ti d o , y
e x p e rim e n ta rá n su poderosa p ro te c ­
c ió n ; entonces cuando se hallan ab an ­
donados á Ja justicia de los hombres,
acudan á e l l a , que es el refugio de
los p e c a d o re s: á ella que para suavi-
zar sus penas ó alcanzarles fortaleza
p a ra sufrirlas, solo espera una lágri­
ma de a r r e p e n tim ie n to , un c la m o r de
apelación á su m i s e r i c o r d ia : á ella
que alargará igualm ente su bondadosa
145
mano al tu r c o , al i m p í o , al p ro te s­
ta n te , a] h e re je , al in c r é d u lo , al in ­
fiel, al lib e r tin o , al p e rju ro y al blas­
fe m o , al deshonesto y al homicida,
que le digan con h um ildad y confian­
za : ¡ Oh M a r ía , concebida, sin peca­
do ! rog a d p o r nos , que acudimos á
V os! ¡O h M a rta , sin pecado conce­
bida! ro g a d p o r nosotros, <jice en vues­
tro Corazon amoroso buscamos acó-
gida.
IN D U L G E N C IA S.

A quellas personas en g ra c ia He las cuales


han sido concedidas in d ilig e n c ia s , si lle v a n
la M edalla milagrosa, y dicen .co n frec u e n ­
cia a q u ella d evota d e p rec ac ió n , ¡ofi M aría,
concebida sin pecado ! rogad por nos que
acudimos ú V o s , i mas de las m uchas i n ­
dulgencias p arciales que se g a n a n con la pra'c-
tica de diferentes o b ra s virtuosas, p u e d en tam -
liien £ a n a r , confesando y c o m u lg a n d o , CY
146
tenien d o en E sp a ñ a la bula de la Cruzada)
in d u lg e n c ia p le n á r ia en lílSÍeS li vidades p rin ­
cip a les rM a ñ o , cn las de los A p ó sto le s, «n
las de san J u a n Bautista, san J o s é , Todos
lo» S a n to s, e tc ., e t c . ; y e n el a rtíc u lo de l;i
m u e r te , in v o can d o el n o m b re de Jesús, con
el c o raz o n $¡ no p u e d e n con la boca, h a b ie n ­
do confesado y co m ulgado ; y en caso de lio
p o d e r, habiendu form ado un acto de c o n tri­
c ió n . L as indiligencias sobredichas pueden
a p lic a rla s p o r los difuntos. Para g a n arlas d e ­
ben ro g a r p o r la p a z y c o n c o rd ia , e tc ., etc.
N o es preciso lle v a r la M edalla c o n sig o ;
basta la te n g a n e n u n lu g ar decen te, y re z a r
d e la n te d e etLa las d ifere n te s oraciones con
que se g an an .
U7

4-f+ + + + 4 '4 4 -H + 4 « H 'i4 + 4 -+

NUEVOS OBSEQUIOS

Á MARÍA SIEM PRE INMACULADA

a S a u i d &j p o n tr a d u c t o r ,

F.K FORMA DE KOVEKA.

Alabemos otra v e z , alma mía , á la


que es s u p e r io r á (oda alabanza : n u n ­
ca harém os bastante para a-la bar A la
que con ta n ta alegría alaban los Á n ­
geles y los Santos. A labemos á Ja h e r ­
mosa P r e s e r v a d a , á quien ad m iran el
sol y la l u n a , y cele b ra n con jubilo
todos los hijos de D io s: alabémosla
noche y d i a , ocúpese siem p re n u estra
lengua en su alabanza, y ella nos b e n ­
decirá con su pro le pia- P e rm itid ,
148
p u e s , ¡oh M a r í a , M a d re dulcísima
de Jesús y mía! que yo el mas in dig­
no de vuestros siervo s, atreviéndom e
¿ to m a r en mi corazon y cn mis la ­
bios las alabanzas que os trib u ta n la
divina E s c ritu ra y los S a n to s , con
u n devoto resp eto y confianza os ala­
be tam bién con Ja siguiente

NOVENA.

ACTO D E C0N TIU C1O N .

¡ Olí inm aculada M a ría , M a d re d u l­


císima de Jesús y m ía ! yo el mas in ­
digno de vuestros esclavos, aunque
afeado con la m anch a de tantos p e ­
c a d o s , me a trevo á c o m p a re c e r ante
V o s , ¡o h M a d re de la santa pureza!
y con to d a h u m ild a d y confianza, pos­
tra d o á vuestros p ié s , os p id o m e al­
cancéis de v uestro H ijo santísim o tan­
149
tas lágrimas que basten á lim p iar m i
alma ele todas las manchas de la vida
pasada, y tanta gracia que m e dé fuer-
zas p a r a antes m o r ir q u e vo lv er á p e ­
car. S ien to cn el alma el haberle ofen­
dido : p o r ser quien qs, mi padre, mi
criad or y m i r e d e n t o r , siento h a b e r
agraviado á su divina M a g e s ta d , y
p ro p on go no p e c a r m a s , si m e asiste
con los ausilios de su gracia. P r e s e n ­
tadle Vos m i a r re p e n tim ie n t o y m i
p ro p ó sito , y alcanzadme de su b o n ­
dad que se digne e c h a r sobre iní su
bendición. Os Jo pido ¡oh inm acula­
da S eño ra y M a d r e m ía ! p o r vuestra
pu rísim a c inm aculada C oncepció n;
amen.

O RACION P A R A T O D O S LOS D I A S .

I O h V irgen pu rísim a , sin pecado


150
concebida, toda p u ra y toda hermosa
ya desde el p r i m e r instante de vues­
tr o ser! ¡olí gloriosa M a r í a , M adre
d ulcísim a de Jesú s y m ía ! llena de
g ra cia , R ein a soberana de los Á nge­
les y de los h o m b r e s ! yo os adoro y
os reverencio h u m ild em e n te recono­
ciéndoos p o r v erdad era m ad re de mi
S alvado r; el c u a l , siendo D i o s , con
el aprecio y estim ación que de Vos
h iz o , y con la sumisión y respeto que
os t u v o , se dignó en senarm e el h o ­
n o r y obsequio que debo yo rendiros.
R e c i b i d , inm aculada M a d r e , el que
os tr ib u to con esta novena. Vos sois
el seguro refugio de los pecadores a r ­
r e p e n tid o s , y así ju slísim ainentc debo
r e c u r r i r , com o lo lingo, .í vuestro
p atro c in io . Vos sois M a d re de m ise­
r i c o r d ia , y p o r lo mism o no podéis
dejar de apiadaros de este p o b re pe-
151
catlor al v e r tantas miserias que me
rodean. Vos sois en fin después de
Jesús toda mi e s p e ra n z a , y p o r lo
tan to no podéis m ostraros indiferente
á la tie rn a confianza que te n g o p u e s­
ta cn Vos. H acedm e pues ¡o h in m a ­
culada M a r í a ! digno del n o m b r e de
hijo vuestro, p a r a q u e p ueda con con­
fianza llamaros m a d re m i a , a h o ra y
e t e r n a m e n t e : amen.
Tfncvc A ve M arías y un Gloria.

O R A C IO N

PA R A E L D IA 1’ ltlM E I lO .

¡Oh V irg e n inm aculada! vedme aquí


postrado á vuestros santísim os pies.
Y o me c o ng ratu lo en gran m anera
con Vos de que fueseis elegida desde
la e te rn id a d p ara M a d re del V erbo
152
c ie r n o , y (le que fueseis preservada
d e la culpa original. B e n d ita sea una
y m il veces la santísima T r i n i d a d , y
gracias infinitas le sean Jadas porque
os enriqueció con ta n inestimables p r i ­
vilegios en el feliz in stante de vu es­
tr a p u rís im a Concepción: y h u m ild e ­
m ente os suplico m e alcancéis la g r a ­
cia de vencer las funestas consecuen­
cias q u e p rodu jo en m í el pecado de
que V os fuisteis p r e s e r v a d a , hacien ­
do p o r vuestra bondad que yo tenga
la dicha ríe sup erarlas to d a s , y que
no deje jamás de a m a r á mi Dios y
Señor. Os lo p i d o , dulcísim a M adre
mía, p o r vuestra misma p u rísim a C on ­
cepción : amen.
P ídase la gracia (¡uc se desee al­
canzar p o r medio de esla novena.

¡Oh M a r ía , Hija pred ilecta de Dios


153
P a d re ! D ios te Salve, siem pre in m a ­
culada V irgen M a ría :

Rosa de Jericó,
P a lm a de Cades,
Cedro del L íb ano ,
M ir r a de grande fragancia,
CinamdmO florido,
P lá ta n o de las aguas,
J a r d i n de divinas plantas,
P ra d o de diversas flores,
Pozo de aguas vivas,
H u e r to am en o y cerrado,
H erm osa fuenLc sellada,
Paraíso v irginal:

¡Olí M a ría ! gloria á V o s, Hija de


Dios P a d r e : gforia á V o s , M a d re c!c
Dios H ijo : gloria á V o s , Esposa de
Dios E s p ír itu S a n to : gloria siem p re
á V o s , dulcísima M a d re m i a , c o n -
154
CL-Iiid» sin pecado original : amen.
¡Olí M a r í a , M a d re am adísim a de
D ios Hijo! D ios te sa lv e , sie m p re in ­
maculada V irg e n M a r ía :

Celestial filomela,
Cándida palom a,
Ave fénix sagrada,
T ó r t o l a la m as casta,
L u n a sin m ancha,
E strella de Jacob,
L u c e ro de la mañana,
A u ro ra del d ivino Sol,
Zarza incom busta,
V a ra de Jcsé,
V ara de Moisés,
T ie r r a de p r o in is io n :

¡ O h M a ría ! gloria á V o s , Hija de


D ios P a d re : gforia á V o s , M a d re de
D ios Mijo: gloria á V o s , Esposa do
155
Dios E s p ír itu S a n to : gloria siem p re
,-i V o s, d ulcísim a M ad re m i a , conce­
bida sin pecado o rig in a l: amen.
¡ O h M a n a , Esposa dulcísima del
E spíritu Santo! Dios te sa lv e , siem ­
pre inm aculada V irg e n M a n a :

Á rb o l de la vida,
T á la m o de pureza,
Piélago de gracia,
Vellocino de G edeon,
C a n delera de ía Iglesia,
Cam ino del ciclo,
Mesa de la p ro posiciun,
E n tra d a del paraúso,
P u e r t a de Ezcquíel,
Cielo anim ado,
E s tre lla resplandeciente,
T e m p l o de S a lo m ó n :

¡Olí M a ría ! gloria á V o s, Hija de


156
Dios P a d r e : gloria á V o s , M a d r e de
Dios H ijo : gloria á V o s , Esposa de
D ios E s p íritu S a n t o : gloria siem pre
a V o s , dulcísima M a d re m ía , conce­
bida sin pecado o rig in a l; amen.

D IA SEG U N D O .

A cto de contrición , ele.

¡ O h in m aculad a V irgen M aría, be­


lla y cándida azucena! os doy el pa­
rabién p o r haberos el S e ñ o r colmado
de gracias desde el p r i m e r inslantc
de vuestra p u r ís im a C o n c c p cio n , y
p o rq u e os confirió ya en aquel punto
el perfecto uso de la razón. Doy asi­
mismo alabanzas y gracias á la santí­
sima T r in id a d poi que os concedió tan
sublim es d o n e s; y me confundo de ­
lante de Vos al v e rm e tan falto de
157
gracias y tan lleno de miserias. Vos
Kcína s o b e r a n a , que <an rica os Im­
itáis de l>icnes celestiales, dignaos co­
m u n ic a r 5 m i alma alguna parte de
ellos, haciéndom e p a r tic ip a n te de los
tesoros de vuestra Concepción p u r ís i­
ma. Os lo pido, dulcísim a M ad re mía,
p o r vuestra mism a p u rísim a C o n c e p ­
ción : amen.
P ídase la g r a c ia , etc.
j O h M a r í a , te m p lo y sagrario de
la santísim a T r i n i d a d ! Dios te salve,
siem p re inm aculada V irgen M aría,
M adre dulcísima de Jesús y mia :

A lie n to del q u e desmaya,


A silo de quien os busca,
M a d r e de quien os invoca,
P u e r t o del que naufraga.
Dios te s a lv e , V irg e n inmaculada
M a r ía :
158
Ciudad donde D ios habita,
C iclo donde se ensalza,
T r o n o donde se sienta,
N ave donde se em barca.
Dios te s a l v e , V irgen inm aculada
M a ria :
L á m p a r a q u e sie m p re arde,
V ida que ¿ la m u erte m ata,
T á la m o en q u e descansa el divino
esp o so , h e rid o de am or,
Carroza del R e y e t e r n o , que fa­
bricó su m ism a m ano.
Dios le sa lv e , V irg e n inmaculada
M a r ía :
E stand arte de la fe,
Casa de la sabiduría,
D epósito de la gracia,
Á ncora de la paz,
Azucena e n tre espinas,
Coluna de virtudes.
A lta r de fragante incienso-
159
Dios te sa lv e , V irg en inmaculada
¡María :
Atalaya del Líbano,
T o r r e de fortaleza,
F u e n te de m isericordia,
A rc h iv o de virtudes,
V id del racim o celestial,
N o rm a de santidad,
Custodia del V e rb o divino.
Dios te s a lv e , V irgen inm aculada
M a ría :
Consuelo de los aüigidos,
A legría de los tristes,
E speranza de los pobres,
R e m e d io de los enfermos,
Cam ino de los perdidos,
Luz clara de los cielos.

Dios te salve V irgen inm a c ula da


M a r ía , toda p u r a y toda hermosa,
delicias del R ey celestial. ¡ O h M a ría -r
160
gloria á V o s , H ija de Dios P a d r e :
gloria á V o s , M a d r e de Dios H ijo :
gloria á V o s , Esposa de Dios E s p ir é
tu S a n to : gloria ¿ V o s , te m p lo y sa­
grario de la santísim a T r in id a d . G lo ­
r ia siem p re á V o s , dulcísim a Madre
m i a : g lo r ia , h o n o r , alabanza, bendi­
ción y acción de g ra c ia s , á Vos ¡ olí
M aría! concebida sin pecado original:
am en.
D I A TEriCERO.

A cto de contrición , etc.

¡ O h inm aculada V irg e n M a r i a , es­


pejo de p u re za ! mi corazon se llena
de com placencia al p e n sar qu e ya en
el p r i m e r instante de v uestra purísi­
m a Concepción se os infu n d ie ro n las
mas sublim es y perfectas v irtu d e s con
todos los dones del E s p íritu Sanio.
161
Bendita y alabada sea Ja santísima
T r i n i d a d , q u e se dignó favoreceros
con tan especiales privilegios. Os su­
plico p o r ellos , M a d re mia benigní­
s im a , m e alcancéis la gracia de p r a c ­
ticar c onstantem ente la v i r t u d , y me
Jiagais de este modo digno de re c ib ir
los dones y gracias del E s p íritu S an ­
to : amen.
P ú lase la g r a c ia , ele.

¡Olí M a r í a , M a d r e dulcísima de
Jesús y mía! ¡ oh cándida p a l o m a ! ¡ oh
divina to rtolilla! ¡olí siem pre p u ra y
sie m p re sin m a n c h a ! Dios te salve,
A la r í a :

R eina de Jos Ángeles,


Gozo de los P a tria rc a s,
Esperanza de los Profetas,
D ire c to ra de los Apóstoles,
162
Sostén de los M ártire s,
Espejo de ios Confesores,
C a p ita n a de las V írgenes,
G u ia de Jos P e n ite n te s,
C o m p a ñ ía de los A nacoretas,
R e in a de todos los Ángeles y San ­
tos :
Á V o s , ¡o h sie m p re inm aculada V i r ­
gen M a ría !
Los Ángeles os celebran,
L os Serafines os asisten,
Los T ro n o s os reverencian,
Los Q u e ru b in e s os aman,
Los V irtu d e s os cortejan,
Los P r in c ip a d o s os atienden,
Los A rcángeles os sirven,
Los Po testades os festejan,
Los Dom inaciones os respetan,
Los P a tria rc a s os hon ran,
Los P rofetas os aprecian.
Los Apóstoles os estiman^
163
Los Santos todos os reconocen p o r
su H e i n a , p o r su M a d r e y M aestra.
Los astros de Ja m a ñ a n a , y el mism o
sol y la luna ¡olí herm osísim a e n tre
las Elijas de S i o n ! ad m ira n vuestra
inefable h e r m o s u r a , y la celebran con
el mas p u r o jiibilo iodos los ¡lijos de
D io s :y yo, el mas indigno e n tre lodos
ello s, la a d m iro ta m b ié n , y con toda
la efusión de mi corazon os confieso
pura, santa c inm a c ula da ya cn el p r i ­
m er in stante de v uestra Concepción.
¡ A l i ! sois toda hermosa ¡olí M a ría !
y cn Vos no hay mácula original. Vos
sois la gloría de Je ru sa le n , Vos la ale­
gría de Israel, Vos el h o n o r de n u e stro
p u e b lo , Vos Ja abogada de los p e c a ­
dores. ¡Olí M a ría ! ¡olí M a r ía ! V irgen
p r u d e n tís im a , M adre clem cnLísim a!
rogad p o r n o s o t r o s , interceded p o r
nosotros con nuestro S e ñ o r Jesucristo .
164
¡Olí M a ría ! g loria á V o s , Hija de
D ios P a d r e : g loria á V o s , M a d re de
Dios H ijo : gloria ¿ V o s , Esposa de
Dios E s p ír itu San to : g loria á Vos,
te m p lo y sagrario de la santísima T r i ­
nidad- G lo ria sie m p re á V o s , dulcí’
sima M a d re mia : gloria , h o n o r , ala­
banza, bendición y acción de gracias,
á V o s , ¡olí A laría! concebida sin pe­
cado o r i g in a ] : amen.

D IA C U A R T O .

A cio de contrición, ele.

¡ O h inm aculada Virgen M a r ía ! r o ­


sa m ística ele pureza! os doy m il pa­
rabienes p o r el triu nfo q u e en vues­
t r a Concepción inm aculada alcanzas­
teis contra el infernal d r a g ó n , y por
h a b e r sido concebida sin m a nc ha de
165
pecado original. Gracias y alabanzas
doy de )o ín tim o de mi corazon á la
beatísima T r i n i d a d , que os concedió
tan sing ula r p rivilegio. O s suplico me
deis va lo r p a ra salir victorioso de
todas las asechanzas del d e m o n io , y
conservar m i alm a Jibrc del pecado.
F av orecedm e con esta g r a c ia , sobe­
rana E m p e ra triz de los cic lo s, y h a ­
ced q u e sie m p re quede triu n fa n te de
los enemigos de m i salvación. Os lo
pido, dulcísima ¡Madre mia, p o r vues­
tra p urísim a C o n c e p c ió n : amen.
P ídase la gracia , ele.

¡ Oh herm osa Preserv ad a! ¡ oh M a ­


ría ! sie m p re p u r a , siem p re sin s o m ­
bra de m ancha! (o s lo d ig o , M a d re
mía d u lc ísim a , con toda la c o m p la ­
cencia de que es capaz mi c o r a r o n ):
ya cn aque 1 Pr im e r instante de vurs-
166
tro ser inm aculado Vos tuvisteis, ¡oh
Hija predilecta del Altísimo! ¡oh ben­
dita e n lrc todas las hijas de Adán!

mas fe que los P a tria rc a s,


mas esperanza q u e los P rofetas,
mas cglo que los Apóstoles,
m as fortaleza que los M ártires,
mas constancia que los Confesores,
m as pureza que las Vírgenes,
mas a b n e g a c ió n q u elo s Anacoretas,
mas a m o r , mas v i r t u d , mas s a n ­
tidad que todos los A n geles y
Santos juntos.
Vos fuisteis ya entonces joli Heroína
admirable!
mas fuerte que Ju d itli,
mas casta que Susana,
mas sabia que D é b o ra.
mas hermosa que R aqu el,
mas fecunda que Lia,
167
mas p ru d e n te quo Abignil,
mas agradable q u e Sar.i,
mas cariHosa que R u th ,
mas agraciada que E ster.
Vos fuisteis ya entonces ¡olí agracia­
dísim a entre todas las mujeres!
mas suave que el bálsamo,
mas dulce que la miel,
mas blanca que la nieve*
mas estimable que el oro,
mas preciosa que la piala,
inas refulgente q u e el sol,
mas bella que la luna,
mas h erm o sa que los cielos,
mas p u ra que las estrellas,
mas olorosa q u e el nardo,
mas suave que el néctar.

E n Vos ¡o h delicias de los cielos!


Jos Angeles y los h o m b r e s , los S a n ­
ios de l;i gloria y los m o rad ore s de
168
este m u n d o , se com placen y se gozan,
se regocijan y se recrean. Y tam bién
este v uestro hijo y s i e r v o , a un qu e (an
in d ig n o , se atreve á deciros ¡oh i n ­
m aculada M aría ! sie m p re dulce, siem ­
p r e a m o ro sa , sie m p re suave y c a r i ­
ñosa M a d re m i a :

V uestras delicias me regocijan:


V uestras piedades m e consuelan:
V uestros agrados m e cautivan,
Y m e a m p a ra vuestra clemencia.
V u estra serenidad m e anima :
V u e stra fidelidad me a li e n t a ;
V u e stro refugio me asegura,
Y v uestro favor m e fomenta.
V u e s tro r e s p la n d o r me ilum ina:
V uestra m em o ria me r e c r e a :
V u e stra m ansedu m b re m e nlrac:
V uestra fortaleza me esfuerza.
V uestro a m o r me llena de gozo:
160
V uestra amabilidad se me lle v a ;
V u e stra dulzura me regala,
Y vuestra herm o su ra m e eleva.

P e rd o n a d mi a trevim ien to ¡olí m i ­


sericordiosísima M a d re de Jesús y
m ia! y dignaos a c e p ta r benigna los
afectos de m i pobre corazon.
¡Olí M aría! g loria á V o s , Hija del
P a d r e : gloria á V os, M a d r e del H i ­
jo ; gloria á V o s,-E sp o sa del E s p í r i ­
tu Santo : gloria á V o s , tem p lo y sa­
g ra rio de la santísima T rin id a d . G l o ­
ria sie m p re á V o s, dulcísim a M a d re
m í a : g lo r i a , h o n o r , a la b a n z a , b e n ­
dición y acción de gracias ;i Vos ¡o h
M aría! concebida sin pecado original:
amen.
1 70

D IA Q U I N T O .

s id o de contrición, ele.

¡ O h inmaculada V irgen M a r í a , lu­


na brillan te de celestial p u re za ! me
alegro con Vos de que el m iste rio de
vuestra Concepción inm aculada haya
sido el p r in c ip io de la salud de! gé­
nero h u m a n o , y la alegría universal
del m u nd o. Bendita sea de todos la
santísima T r in id a d . G rac ia s le doy
p o r haberos así engrandecido y glori­
ficado : y os suplico me alcancéis el
favor de saberm e a p r o v e c h a r de la
pasión y m u e r te de vu estro santísimo
H i j o , m i du lcísim o J e s ú s , p o r cuyos
m éritos fuisteis p r e s e r v a d a , p a r a que
no me sea inútil aquella sangre p r c -
riosísinia p o r mi m nor derra m a da en
17í
el ara de la cruz, sino que p or el co n­
trario viva s a n ta m e n te , y logre mi
eterna salvación. Os lo p i d o , d u lc ísi­
ma M a d re m i a , p o r vuestra santa é
inmaculada. C o n c e p c ió n : amen.
P íd a se la gracia , etc.

P e r m itid ¡o h M a n a , M a d re d u l­
císima de Jesús y mia ! qu e os obse­
quien a h o ra m i corazon y mis labios
con repetidas y devotas bendiciones :
¡ ojalá merezca este indigno devolo
vuestro la bendición ilc vuestro cora­
ron !
¡ O h p u rísim a V irg e n 61 a ría ! sea
una v mil veces bendito vuestro p u ­
rísim o s e n o ; aquel seno p u rísim o cn
que p o r nueve meses hizo su m o ra d a
el Hijo de Dios hecho h o m b re p ara
dar salud á mi alma. — E n vuestra
Concepción , dulcísima M adre mia,
179
Inmaculada fu is te is : rog ad por noso­
tros a i P a d re y cuyo H ijo p a risteis.
¡ O h purísim a V irgen M a ría ! sean
■una y m il veces bend itos vuestros pe ­
chos virginales ; aquellos virginales
p e c h o s , con cuya leche se alim cnlú
el Hijo de D io s , hecho h o m b re para
J a r salud á m i alm a. — E n vuestra
Concepción, dulcísima M adre mía, in­
maculada fu is te is : rogad por noso­
tros al P a d re ¡ cuyo H ijo paristeis.
¡ O h p u rísim a V irg e n M a r í a ! sea
una y m il veces b en d ito \ u c s t r o m a­
te rn a l regazo; aquel regazo maternal
en que reposó y d u rm ió dulcem ente
el Hijo de D ios hecho h o m b re para
dar salud á mi aliña, — E n vuestra
Concepción , dulcísima M adre mia,
pura , santa c inmaculada fu is te is :
ro g a d p o r nosotros a l P a d r e , cuyo
H ijo paristeis.
173
¡ Olí inm aculada V irgen M a r í a ! sean
una y mil veces benditos vuestros san­
tísimos b razos; aquellos brazos sa n tí­
simos que lle v a ro n , abrazaro n y tie r ­
nam ente estrecharon al H ijo de Dios,
hecho h o m b re p a ra d a r salud á m i
alma. — Sois toda hermosa, dulcísima
M adre mía ¡ y en Vos no hay mácu­
la , personal ni original -
¡ O h inm aculada V irg en M aría! sean
una y mil veces benditas vuestras h e r ­
mosísimas m an os; aquellas m anos h e r ­
mosísimas que acariciaron y cuidado ­
sam ente sirv iero n al Hijo de Dios,
hecho h o m b re para d a r salud á mi
alma. — Sois toda hermosa, dulcísima
M adre mea, y en Vos na hay mácu­
la , personal ni original.
¡O h inmaculada V irgen M aría! sean
una y mil veces benditos vuestros ojos
virginales; aquellos virginales ojos que
174
con lanta suavidad se re c re a ro n c o n ­
te m pla nd o el ro s tro h erniosísim o del
Hijo de D io s, hecho h o m b r e pa ra dar
salud á m i alm a. — Sois toda hermo­
sa , dulcísima M adre m ia : toda her­
mosa sois , y en Vos no hay sombra
de m ácula, ni person al n i original .
¡Oh santísim a V irg en M a r í a ! sean
una y n ú l veces benditos v uestros oí­
dos castísim os; aquellos castísimos o í­
dos que con tanta frecuencia oyeron
el dulce nom bre de M adre de la Loca
del H ijo de D io s, hecho hom b re para
d a r sa/ud ¿ m i a lm a .'— ¡O h M arta!
M adre dulcísima de Jesús y mia f
vuestra inmaculada Concepción en
muerte y en vida sea nuestra p rotec­
ción.
¡ O h santísima V irg e n M a r ía ! sean
una y mil veces benditos vuestros can­
didísimos labios; aquellos labios can-
175
(lijísimos que con inexplicable gozo
im p rim ie ro n tiernos ósculos en el H i ­
jo de D io s , hcclio ho m b re para dar
salud á mi alma. — ¡O h M aría, M a­
dre dulcísima de Jesús y m ía! vues­
tra inmaculada Concepción en muerte
y en vida sea nuestra protección.
¡ O h santísim a V irg e n M a ría ! sea
una y mil vcces b en d ita vuestra le n ­
gua a n g e lic a l; aquella angelical len­
g u a , que sin cesar alabó y llam ó su
hijo q u e rid o al Hijo de D i o s , licclio
hom bre para d a r salud á mi a lm a .—
¡Oh M a ría , M adre dulcísima de J e ­
sús y m ia ! vuestra santa c inmacu­
lada Concepción, altura y siem pre, en
i'ida y en muerte , y en toda ocasion,
sea nuestro refugio y nuestra p ro tec­
ción : amen.
O h M a r ía ! gloria á V o s , Hija del
P a d r e : gloria ;í V o s , M a d re del H ¡ -
176
j o : gloria á Vos, Esposa del E sp íritu
S a n to : gloria A Vos, tem plo y sagra­
rio d e la santísima. T rin id a d - Gloria
siem pre á V os, dulcísima M adre mia:
g lo ria , h o n o r , alabanza, bendición y
acción de gracias á Vos ¡oh M aría!
concebida sin pecado o rig in a l: amen.

D IA SEX TO .

A clo de contrición, cíe.

¡ Olí inm aculada Virgen M aría, es­


tre lla refulgente de pureza ! os doy el
parabién de q u e vuestra Concepción
inm aculada causó grandísim o gozo a
todos los Angeles del ciclo. Bendita
seáis ¡oh santísima T r in i d a d i Gracias
os doy p o r este sing ular privilegio con
que enriquecisteis á M a ría . Y Vos,
R eina amabilísima de los Angeles, lia-
I 77
cctf que y o , aunque tan indigno, ta m ­
bién particip e de este regocijo , y con­
siga la gracia de bendeciros y alabaros
eternam en te cn com p añía de aquellos
bienaventurados espíritus. Os lo pido,
dulcísima M a d re mia, p o r v uestra p u ­
rísim a Concepción. A m en .
Pídase, la g r a c ia , etc.

¡ O h V irgen sa c r o s a n ta !
L a mas p u r a y herm osa!
T u C oncepción dichosa
M i voz ensalzará.
¡O h cándida azucena,
S u a v ísim a , fragante,
Y cn el p r im e r instante
U nica p u r a f l o r !
¡ O h m ís tic a , p u rp ú re a ,
Bella , divina rosa !
¡Que in t a c t a , qué graciosa!
N o la vió el m u nd o igual.
178
¡O h bellísima au ro ra ,
S ie m p r e al Y e r b o d e lic ia ,
D el helio Sol fie justicia
Vestida cu sum a luz!
¡ O h sol en Ironizado
E n la m ita d del d í a ,
D ulcísim a alegría
De la ciudad de D io s!
¡ O h luz esplendorosa,
Solaz de los m ortales,
R e m e d io de los males
Del d e lincuente A d á n !
¡ O h estrella re fu lg e n te !
¡ O h precioso o rn am ento
Del alto firm am e n to !
M is ojos alzo á tí.
¡Olí espejo sin mancilla
De celestial pureza !
Conozco mi vileza
M ira n d o tu beldad.
D e los celestes dones
179
Q u e tu p ccho atesora,
Da p a r t e , ¿la , Señora,
Á un m ísero infeliz.
Cual luna clara y hermosa,
Fanal de navegantes,
Mis pasos vacilantes
G u ia segures tú.
A lú m b ra m e , Señora,
Con un rayo d iv in o ;
T ú misma en el cam ino
Recto condúceme.
Condúcem e benigna
D e tu poderosa m ano
Al gozo soberano,
A la mansión feliz: amen.

¡O h M a r ía ! gloria á V o s , Hija del


P a d r e : gloria á V o s , M a d re del H i ­
jo : gloria á V o s , Esposa del E s p ír itu
S a n to : gloria á V os, tem plo y sagra­
rio de la santísima T r in id a d . G lo ria
180
sie m p re á Vos, dulcísim a M a d re m ia:
g lo r ia , h o n o r , alabanza , bendición y
acción de gracias á Vos ¡olí M aría!
concebida sin pecado o rig in a l: amen.

D IA S É P T I M O .

A cto de contrición, etc.

¡O h inm aculada V irgen M a ría , au­


r o ra herm osísim a de pureza ! lleno de
gozo y de adm iració n os doy el para-
bien de que en el p r i m e r instante de
vuestra p urísim a Concepción fueseis
confirmada en g ra c ia , y privilegiada
con el don singularísim o de ser im p e ­
cable. Ensalzo y engrandezco á la san­
tísima T r in id a d p o r tan especial pre-
rogativa. Alcanzadme ¡ o h V irgen san­
tísim a! un suino a b o rre c im ien to á to­
da c u l p a , y la gracia de antes p erder
mil vidas que volver á pecar. Os lo
pid o , dulcísim a M a d re mia, p o r v u e s­
tra purísim a C o n c e p c ió n : amen.
P ídase la g r a c ia , etc.

P c r m il id ¡ oh M a ría , M a d re dulcí­
sima de Jesús y mia! que celebre tam­
bién aquellos nueve meses qu e estu­
visteis Cn el senú m atern al de santa
A n a ; aquel dichoso seno cn que fuis­
teis concebida sin p e c a d o : aceptad
otras tantas salutaciones en que van á
p r o r u m p ir mis labios y mi corazon.
¡Olí V irgen inm aculada M a ría ! yo
os saludo ¡oh Hija del A ltísim o! que
teniendo vuestro origen del linaje re a l
de D a v i d , salisteis a] m u ndo con tan ­
ta honra de las entrarías de v uestra
dichosísima m a d re santa Ana. — ¡O h
M aría! lodo el mundo celebre vuestra
sania c inmaculada Concepción.
182
¡O h V irgen inm aculada M a ría ! yo
os saludo j oh Infantina celestial, p a lo ­
ma candidísima ! p o r la pureza que, á
despecho y rabia del infernal dragón,
conservasteis, h a bie nd o sicío c oncebi­
da sin pecado orig in al.— ¿Oh M arta!
lodo el mundo celebre vuestra sania é
inmaculada Concepción.
i O h V irg e n inm acu lad a M aría ! yo
os saludo ¡ oh escogida e n tre todas las
c ria tu ra s! que cual es Lr el Ja purísim a
salisteis al m un do en la noche oscura
del p e c a d o , p a ra s e rv ir de p u e r to que
guia á los m orta le s á la m o rada celes­
tial.— ¡Oh M a ria ! lodo el mundo ca­
lcitre vuestra. santa 6 inmaculada Con­
cepción.
¡O h V irg en de vírgenes s ie m p re p u ­
rísim a ! yo os saludo ¡olí a u r o r a res­
plan deciente ! que como precursora
del divino Sol de justicia alegrasteis
183
al m undo Cúti l o s prim eros rayos de
su luz.“ V ueslra sania ¿ inmaculada
Concepción ¡oh M a rta / los A ngeles
j los hombres la celebren con alegría.
¡Olí V irgen inm aculada María! yo os
saludo ¡olí bellísima luna! que convites-
tro re sp la n d o r ilum inasteis al m u n d o
cuando mas envuelto estaba en las es­
pesas tinieblas del g entilism o.— Vues­
tra sania é inmaculada Concepción
¡ oh María 1 los A ngeles y los hombres
la celebren con alegría.
¡ O h Virgen inm aculada M a ría ! yo
os saludo ¡ oh fu erte to r re de D a v i d !
qu e cual te rrib le am azona, sola y c o­
mo un escuadrón bien o rdenado, v e n ­
cisteis á lodo e l infierno ju n to .— Vues­
tra santa r. inmaculada Concepción.
¡ oh M aría ! los Angeles y los hombres
la celebren con alegría.
¡Olí Virgen inm aculada M a ría ! yo
184
os saludo ¡oW Nifía graciosa! y vene­
ro vuestro c u e r p c e ilo , los panales sa­
grados con que fuisteis envuelta, y la
sagrada cuna en que fuisteis reclina­
d a , y bendigo el m om en to en q u e na­
cisteis.— B en dita sea ¡oh María! imes-
ir a santa ¿ inmaculada Concepción los
hijos todos de Adán la celebremos no­
che y dia con devocion.
¡ O h V irgen inm aculada M a r ía ! jo
saludo ¡olí delicia del O m n ip o te n te !
vuestra h erm osísim a alm a , que desde
la e te rn id a d fue poseida del mismo
S e ñ o r.— jBendita sea ¡oh M aría! vues­
tra santa ti inmaculada Concepción :
los hijos todos de Adán la celebremos
noche y día con devocion.
¡Olí V irg en inm aculada M a r ía ! yo
os saludo finalm ente ¡olí N iñ a amable
y cariñ osa! como á fuente inagotable
de todas las virtudes y gracias, tan li-
J 85
LcralmCnte enriquecida p o r la mano
del C r ia d o r.— B en d ita sea ¡oh M a­
ría! vuestra snhta é inmaculada Con­
cepción : los hijos lodos de Adán la
celebremos noche y din con devocion.
¡Oh V irgen inm aculada María! Dios
te salve, llena de g r a c ia : el S e ñ o r es
contigo, y p o r lu medio sea Conmigo:
bendita tú eres en tre todas las m u je ­
res; y b endita sea tu m adre santa Ana,
de quien naciste ¡olí V irg e n M a r ía !
sin mancha ni p e c a d o , po rq ue de tí
nació J e s u c r is to , Hijo de Dios viv o :
amen.
¡Olí M a ría ! gloria í Vos, Hija del
P a d r e : gloria á V o s , M a d re del H i ­
jo : gloria á V o s , Esposa del E s p í r i ­
tu S a n to : gloria á V o s , tem plo y sa ­
grario de la santísim a T r in i d a d . G l o ­
ria siempre á V o s , dulcísima M a d re
m ia : gloria, h o n o r , alabanza, b e n d i-
186
crun y acci ón de g r ac i as á Vos ¡olí
A l an » ! c o n c e b i d a sin p e c ad o o r i g i n a l :
amen.
D IA O C T A V O .

A cto de con trición , etc.

¡Olí inm aculada V irg e n ¡María ! sol


sin mancilla , sol p u rís im o de celes­
tial h e rm o s u ra ! m e goio y me rego­
cijo de que en vuestra inm aculada C o n ­
cepción os confirió Dios A Vos sola
m a y o r y mas copiosa gracia que la que
tu v ie ro n todos los Ángeles y Sanios
junios en el colm o de su santidad ; y
doy infinitas gracias á la beatísima
T r in id a d de que os dispensó con tan ­
ta lib e ralid ad tan especial privilegio.
Haced, M a d r e mia du lc ísim a , que yo
c orresp on da fielmente en todo tiempo
n la divina gracia ; y á este íi» os p¡-
187
do inc troquéis el c o ra z o n , para que
comience desde aho ra una vida n u e ­
v a , y persevere constante cti ella has­
ta la m u erte. Os lo p i d o , dulcísim a
M ad re mia, p o r vuestra pu rísim a C o n ­
cepción : ornen.
P íd a se la g racia , ele.

¡Olí M a r í a , M a d re d ulcísim a de
Jesús y mia! vuestro devotísim o s ie r ­
vo y m i a d o ra d o p r o t e c t o r , eJ sanio
de nuestros d ia s , san Alfonso M aría
de L i g o r i o , m e p re sta rá a h o ra p a la -
liras con que obsequiar de nuevo á
vucslra Concepción sin m ancha. Y o
os digo con sus mismas p a la b ra s, y
¡ojalá con su misma dcvocion!— ¡O h
inmaculada Señora mia! yo me alegro
con Vos *1 veros en riquecida de ta n ­
ta pureza. Doy gracias al C r i a d o r , y
propongo dárselas s i e m p r e , p o rq u e
188
os preservó de toda m ancha de culpa:
gracia que tengo p o r cierta : grande
y sin g u la r privilegio , p o r cuya defen­
sa estoy pronLo á d a r la v i d a , y juro
d a r la , si es m enester. Q u isiera que
to do el m un do os conociese y os con­
fesase p o r aquella bella aurora que
siem pre estuvisteis adornada de la d i­
vina lu z : p o r aquella arca escogida
de s a l u d , libre del c om ún naufragio:
p o r aquella palom a p erfecta c inma­
culada, declarada Lal p o r vuestro di­
vino E s p o so : p o r aquel huerto cerra­
d o , que fue la dcticia de D io s : por
aquella fu e n te sellada, que no entró
jam ás á e n tu r b ia r el e n em ig o ; y en
fin p o r aquella blanca azucena que n a ­
ciendo entre las espinas de los hijos
de A d á n , manchados con la culpa y
enemigos de Dios en su nacimiento,
nacisLcis no obstante toda p u r a r toda
189
c á n d id a , amiga toda de vuestro C r ia ­
dor, P e r m iti d pues que yo tam bién
os a la b e , como os alabó él ¡o h p u r í ­
sima p a lo m a , toda blanca, toda h e r ­
m o sa , sie m p re am iga de D io s ! ¡Ab
d u lc ísim a , a m a b ilís im a , inm aculada
M a ría ! Vos que sois toda h erm o sa á
los ojos del S e ñ o r , no os desdcncis de
m irar con vuestros piadosos ojos las
Hagas tan asquerosas de mi alma. M i­
radm e , compadeceos de m í, y c u r a d ­
me. ¡ O h poderoso imán de los c o r a ­
zones! atra e d tam bién m i miserable
corazon. Vos que desde el p r i m e r m o ­
m e n to de vuestra yida aparecisteis p u ­
ra y herm osa delante de D i o s , t e ­
ned piedad de m í , que n o solo nací
cn pecado, sino que después del b a u ­
tismo he ensuciado mi alma con las
culpas. A quel Dios que os escogió p o r
H i j a , M a d r e y Esposa s u y a , y p o r
190
eso os preserv ó de toda mancha, y os
prefirió en su a m o r á todas las cria ­
t u r a s , ¿ q u e gracia os negará jam ás?
V irgen in m aculada, Vos m e habéis de
salvar. H aced que yo me acuerde siem ­
p r e de V o s , os diré con san Felipe
N e ri, y Vos n o os olvideis de m í. Me
p a rec e mil años el tie m p o q u e tarda
íi llegar el dia feliz de ver vuestra h e r ­
m osura en el cielo p a ra mas alabaros
y a m a r o s , M a d re m í a , R eina mía,
qu e rid a m ía, herm osísim a, dulcísima,
p u r ís im a , inm aculada M a r í a : amen.
¡ O h M a ría ! g loria á Vos, Hija del
P a d r e ; gloria á Vos, M a d re del H i ­
jo : gloria á V o s , Esposa del E s p ír i­
tu S a n to : gloria á Vos, tem pjo y sa­
grario de la santísima T r in id a d . G lo ­
ria siem p re á V o s , dulcísim a M adre
m ía : g lo ria , h o n o r , alabanza, ben di­
ción y acción de gracias á Vos ¡oh
191
M aría! concebida sin pecado origín.'il:
amen.
D IA N O N O .

A cío de conlricion , etc.

;O h inm aculada V irgen M aría, luz


clarísima di; santidad y e jem p lar de
toda pureza ! que apenas fuisteis con­
cebida cuand o desde luego adorasteis
á Dios con pro fun dísim a obediencia,
iludiéndole hum ildes gracias de que
libres algún dia p o r v uestro medio
los hijos de A dán de la m aldición a n ­
tig u a , les diese ya entonces copiosa­
mente su celestial b e n d ic ió n : haced
¡olí M a d re mia am a n tísim a ! que las
bendiciones del cielo enciendan cn mi
corazon la llama del div in o a m o r ; y
Vos inflamadlo mas y m a s , para que
amando ni Señor con stantem ente en
192
la tierra , logre después en el ciclo,
viéndoos co ron ada de tanta gloria, d a r­
le mas cum plid as gracias p o r los sin­
gulares dones y privilegios con que os
e n riq u e c ió , m a y o rm e n te en el p r im e r
instante de v u e stro s e r , y gozar en
vuestra com pañía de su divina p re se n ­
cia p o r los siglos de los siglos. Os lo
pido, dulcísima M a d re mia, p o r vues­
tra p u rísim a Concepción ; amen.
P ídase la gracia , etc,

¡O h M a ría , M a d r e dulcísim a de J e ­
sús y m ía ! p e r m itid m e os alabe Cn
esta ocasion con las tiernas ex p re s io ­
nes de un san B e rn a rd o , u n san J u a n
C risóstom o y de otros Santos, que con
ta n to júbilo c e le b ra b an v uestra in m a ­
culada C onccpcion. A f'os ¡oh M a­
ria ! os crió D ios como un mundo cs-
pecialísimo p a ra sí, diré con san B e r ­
593
n a r d o , fundado en justicia, y san ti­
d a d , regado como tierra fru ctu osa
con las corrientes de la divina sabi­
duría, levantado y esclarecido á modo
de aire con los rayos del sol divino,
ardiendo en amor de D ios como f u e ­
go ; en cuyo e sp íritu , cómo en un cie­
lo clarísim o, puso d sol de la razón,
la luna de la ciencia , y las estrellas
hermosísimas de todas las virtudes.
C om o quien dicc ,'oh V irgen inmacu*
la d a ! que al m un do p rim e r o lo crió
el Scfior para sus c r ia tu r a s , el cielo
p ara los Á ngeles y Ja tierra p ara los
h o m b r e s ; á Vos e m p e ro os crió como
m undo espccialísimo p a ra si mismo.
Vos fu isteis c ria d a , añadiré con el
C risos tom o , nuis hermosa y mas d ig ­
na que todo el mundo : en Vos estu­
vieron las perfecciones de todas las
criaturas con incomparable excehn-
194
d a y para que a l que el mundo no m e­
recía re c ib ir, le recibieseis Fos sola
en el rico camarín de vuestras entra­
ñas. ¡ Oh obra d el eterno consejo de
D ios.1 d iré con san A gustín, no acaso
hallada (según tam bién san B e r n a r ­
d o ) , sino desde antes de los siglos es­
cogida y conocida d e l A ltísim o, y des­
de entonces adornada y esclarecida,
según san Ildefonso, san J u a n D am as-
ceno y otros S an to s: ¡o h Vos, la que
quebrasteis Ja cabeza á S a ta n á s ! ¡o lí
m ujer vestida del s o l, estandarte re.il
de fas victorias de D ios! ¡olí poseída
del S e ñ o r en el p rin c ip io de sus c a ­
m in o s , R ein a sentada á su diestra,
vestida con ropaje de o r o , con el re s­
pla n d o r y he rm osu ra de la c a rid a d !
¡o h tabernáculo del A ltísim o , santifi­
cado p o r él mism o r.on una santifica­
ción singubit í$imH , concedida sol» -•
i y5
Vos! ¡ olí templo sagrado de D ios,
fundado p o r é¡ mism o cn los montes
&anlos f en la plenitud de los Sanios
m estro a s ie n to ), pues que ninguna
p len itud de gracia estuvo en ellos que
no estuviese mas Copiosamente en Vos
ya cn el p r in c ip io de v u estra vid a!
¡ olí preciosa vara de Jesc'J ¡ olí cán­
dida paloma ! ¡ olí azucena entre espi­
nas! Vos hallasteis gracia cn la pre se n ­
cia del S e ñ o r , Vos ¡olí H ija deI AlLí-
sim o , la bendita e n tr e todas las hijas
de A d á n ! Q u e os a l a b e n , Señora y
M adre m í a , los Ángeles y los h o m ­
b r e s , los cielos y la t i e r r a , las cria ­
turas to d a s ; todas den gloria al O m ­
nipotente , que os dispensó gracia tan
singular. ¡ O h tierra virgen y pu ra,
de que fue form ado el verdadero P a ­
dre de nuestra vida, el segundo Adán!
,oh tierra bendita y lihic de Luda sos-
. .1 9 6
pecha de m a l d ic ió n , tie r r a lim pia y
amasada p o r sotas las manos de Dios!
\ o h paraíso de delicias, p lan ta d o p o r
el S e ñ o r liácia el ve rda d ero oriente
Jesucristo, que nunca se oscureció ni
escondió! ¡o h tierra sa cerd o ta l, que
e n tanta carestía de gracia, siendo t r i ­
b u ta rio todo E gipto, Vos sola fuisteis
lib re de pecho y libertad a de pecado!
i o h m ujer hebrea m a d r e de Moisen,
q u e aun qu e estuvisteis en E giplo, n u n ­
ca fuisteis cautiva de F a r a ó n , sino
exenta sicrupre y libre ! ¡ oh zarza in-
combusta, que en el desierto ardiendo
con nuevo m ilagro no os quemasteis!
pues q u e el pecado original que a b ra ­
só á todos los d e m á s , á Vos os r e sp e ­
tó ! ¡ o h arca del testa m en to, fabrica­
da de m adera in c o rru p tib le , p a r a con­
se rv a r no el m aná c o r r u p ti b l e , sino
el p a n vivo venido del cielo! ¡ o h mi-
197
be ligera del d ia , sobre la cual el S e­
ñ o r había de bajar á E g ip to ! que a u n ­
que nacisteis de la t i e r r a , fuisteis le­
vantada al alto c ic lo , lib re del peso
de todo pecado! nube d el d ia f nunca
o sc u re c id a , sino vestida sie m p re de
luzy claridad! oh tierra depromision-,
que manásteis leche y m i e l , leche de
la hum anidad y m iel d e la divinidad
de vuestro santísimo H ijo ! ¡ o h troño
glorioso del pacifico Salom an, vara
lisa , que nunca tuvisteis n u d o ni c o r­
teza de p e c a d o , JBelen, ciudad de pan
v i v o , Sion sania, alcázar del rey D a ­
vid, ciudad de D io s , de la cual se p r e ­
dican tan gloriosas m a ra v illa s, pu erta
de oriente cerra d a , huerto cercado,
fu en te sellada, de la cual la s erp ie n ­
te antigua nunca p ud o b e b e r ! Vos,
divina S e ñ o r a , mas blanca que la azu­
cena , mas h erm osa q u e la r o s a , mas
198
olorosa que el clave] y el jazmín, mas
suave que el bálsamo, roas dulce que
la m i e l : V o s , fuente del paraíso , p o ­
zo de aguas vivas, vaso p u rísim o , v a ­
cío de toda am a rg u ra y lleno de toda
suavidad: V o s , gloria del linaje h u ­
m a n o , o rn am ento del c ic lo , singular
herm o sura de todo lo criado, Vos ¡oh
M a ría i fuisteis concebida sin pecado
original. E n aquel dichoso instante en
que comenzasteis á ser, en aquel ins­
tante de ta n ta gloria para Vos y de
tanta dicha pa ra n o s o tro s , comenzó
á d e sc u b rir en el m u n d o su cabellera
hermosa el alba de la m a ñana, a n u n ­
ciando qu e venia el Sol divino ú des­
t e r r a r las tinieblas de la t i e r r a : en
aquel instante comenzó ¿ form arse en
el v ie n tre de la a fortu nada A n a , co­
m o en fragua sagrada, aquel candele-
ro de o ro p u rísim o en que se habia
I'JU
fie poner la lúa eterna para a lu m b ra r
á los que estaban sentados en tin ie ­
blas y som bras de m u e r to : cn aquel
instante de la lana mas blanca que los
a rm iñ o s , y mas p u ra que las estrellas,
se dispuso el p r im e r copo p a r a la p ú r ­
p ura finísima de que liabia de ve stir­
se el K m p era d o r de ciclos y tie rra .
En aquel instante el soberano artífice
«lió p rin c ip io á la ob ra adm ira b le de
aquella riquísim a corona con que él
mism o liabia de c u b rirse : en aquel in s ­
tante comenzó á encuadernarse aquel
libro inco m p rensible en que se i m p r i ­
mió fa palabra ete rn a p a r a que p u e ­
dan leerla los m o rta le s: cn aquel in s ­
tante en el paraíso de v uestra santa
M a d re , mas dichoso c ie rta m e n te que
el paraíso t e r r e n a l , comenzó Dios i
amasar aquella tie rra virgen de que
liabia de ser form ado el segundo Adán.
&0Ü
E n aquel instante disteis eJ p r im e r
paso en la tie r r a ¡ oh oveja inm acula­
da! de quien había de nacer aquel
C o rd e ro sin m an ch a que qu ita ios pe-
cados del m u n d o : en aquel instante
se a b rie ro n las zanjas misteriosas de
aquel suntuosísim o te m p lo anim ado
en que Dios h ab ia de h a b ita r con n u e ­
va g lo r ia , y se levantó la p r im e ra co ­
luna del tr o n o de la d iv i n i d a d : en
aquel instante m ostró su p r im e r re s­
p la n d o r la estrella del m a r que habia
d e ser guia de los que navegamos p o r
el m a r borrascoso de este m undo. En
aquel feliz y dichoso instante, en fin,
a pareció sobre las aguas del diluvio
la palom a h erm osa con el ram o de
o liv o , a n unc ia nd o al m u n d o que iba
á tr o c a r Dios las iras antiguas en l a r ­
gas misericordias. Q ue alaben pues al
S e ñ o r ¡oh escogida e n tre m illares! to ­
201
das las criaturas: Angeles y hombres
celebren v uestra Concepción sin m a n ­
cha ¡oh M a r í a , M a d re dulcísim a de
Jesús y m ia ! á quienes a m o , estim o,
aprecio, a do ro , alabo, bendigo, ensal­
zo, exalto, sirvo, busco, predico, glo­
rifico y magnifico, con deseos de a m a r,
estimar, apreciar, a d o ra r, alabar, b e n ­
decir, ensalzar, exaltar, servir, buscar,
predicar, glorificar y magnificar e te r­
nam ente con todos los Ángeles y S a n ­
tos del p a ra íso : am en.
¡ O h M a r ía ! gloria i Y o s , Hija de
Dios P a d r e : gloria á V o s , M a d re de
Dios H ijo: gloria á V os Esposa del E s ­
p ír it u Santo: gloria á Vos, te m p lo y sa­
grario d e Jas antísím a T rin id a d . G loria
siem pre á Vos, dulcísima M a d r e m ia :
gloria, ho no r, alabanza, bendición y a c ­
ción de gracias á Vos ¡oh M aría! c o n ­
cebida sin pecado o r i g i n a l : am en.
202

GOZOS.

Pa va d a r luz inm ortal,


S iendo Vos alba del d ia :
Sois concebida, Marín,
Sin pecado original.

Ave so is, E va trocada,


Sin el v a de aquella p e n a :
¿ Cómo os d irá G ratia plena
Q u ie n os busca m aculada?
Si lo dice la embajada
Del M in istro celestial. Sois, etc.
E s t h c r , que tocáis p rim e r o
En el c e tro d e la Cruz,
Q u e ya para da rnos luz
O frece el divino A suero,
P o r q u e no os c o m p re n d e el fuero
De la provisión rcaJ. Sois, etc.
C om o la culpa traidora
203
Al Sol no pudo m ira r,
T am po co pudo a guardar
Que amaneciese la A u r o r a :
Pues huye de V o s , Señora,
Este no c tu rn o anim al. Sois, cic-
C o r arm ónica unión
Se ajusta el divino acento
Á V o s , sonoro instrumcnLo
De toda Ia redención :
P o r tcmplíii- con p ro p o rc io n
La música mas cabal. Sois, r/r.
De la h arina sois la flor
P ara el P a n sacram entado,
Q ue n unca tuvo salvado
La masa del S a lv a d o r;
Si p a r í f o r m a r s e , a m o r
La previno candeal. Sois, etc.
En gracia el e terno D u e ñ o
Crió los Ángeles helios,
Y en V o s , que sois R ein a de ellos,
No dejaría el e m p e ñ o ;
204
Siendo p a r a el desem peño
L a p rend a mas p rin c ip a l. Sois, etc.
D icc que sois toda herm osa
E n sus C antares u n Dios,
N o hallando m ácula en V os
P a r a ser su a m ad a E sp o sa :
Á canción tan m isteriosa
R e p ita n con gozo i g u a l : Sois , ele.
Y a en la Iglesia es m as constante
Q u e su culto en la intención
M ira á vuestra creación
P u r a , lim pia y ra d ian te ;
D e E spaña en aquel instante
La P a tr o n a universal. Sois, ele.
E n esta p r im e r a entra d a ,
Sion d iv in a , el S e ñ o r
Os m ira con mas a m o r
Q u e á c uanto en Ja c o b le a g ra d a :
A s í en gracia Cumulada
Con tan inm enso c a u d a l : Sois, etc.
Según Agustín declara,
205
Rostro sois del mismo Dios,
Y si m ancha h u b ie ra e n Yos,
A Dios saliera á la c a r a :
Á consecuencia tan clara
Diga todo r a c i o n a l ; S ois, etc.
Á la religión sagrada
De san Francisco debemos
Q ue en alta voz os cantemos
El blasón de inmaculada:
E l veros así adorada
E s su gloria p rin c ip a l. Sois, etc.

P u e s pu do elegiros tal
E l que p a r a M a d re os c r i a :
Sois concebida, M aría,
Sin pecado original.

E n vuestra Concepción, olí V i r ­


gen , inm aculada fuisteis.
IJf. R ogad p o r nosotros al P ad re,
cuyo Hijo paristeis.
206

onACloN.

Olí D ios, que p o r medio de la in-


m aculada C oncepción de la Virgen
p reparasteis á vuestro Hijo u n digno
habitáculo : os pedim os que V o s , que
cn atención á Los previstos méritos
del misino H ijo suyo la preservasteis
de toda m ácula , nos concedáis la gra­
cia de q u e p o r su intercesión llegue­
m os tam bién p u ro s á Vos. Os Ja pe­
dimos p o r el misino Je suc risto nu es­
tro S eñ or. A m en .

¡ Cuán agradable es á n u e stra d u l­


císima M a d re que le t r i b u t e n sus de­
votos el obsequio de alguna novcjj;i
en m em oria de su Concepción sin nwi
r.iif;i! B aste decir qu e á él lian debido
207
algunas personas el logro de su salud,
espiritual ó c o r p o r a l , y (al vez de
una y o tra. Serán prueba de esta v e r ­
dad los siguientes favores; los cuales,
si bien dispensados con ocas ion de la
Medalla m ilagrosa p o r aquella tan
bondadosa M a d r e , n o obstante no lo
fueron hasta q u e se le tr ib u tó a q u e l
devoto obsequ io ; y aun de algunas
p erso nas, quizá si p a r a p r o b a r su fe,
se hizo rogar con segunda y te rc e ra
novena. ¡Ojalá que pecadores y en fe r­
m o s, y cuantos deseen conseguir de
ella alguna gracia , sepan valerse de
este m e d i o , 110 menos eficaz que a g ra ­
dable á su dulcísim o cora ro n ! Á este
fin van reunidos en form a de novena
los anteceden Les obsequios.

ÍNo solo los hom b res son capaces dr


208
ser i m p í o s , sino t a m b ié n las mismas
m ujeres; y tam bién las m ujeres como
Jos hom bres lian e x p erim e n ta d o las
bondades de M aría p o r m ed io de su
M edalla . Diez y ocho años haLia que
estaba escandalizando el m u nd o con
su pésim a conducta una m ala mujer.
N o solo vivía am ancebada con u n in ­
feliz casado, que p o r causa de ella
haLia abandonado á su v erdadera es­
posa y á sus h ijo s, sino que á mas
habia llegado á tal descaro su im p ie ­
d a d , que no re p a ra b a afirm ar por
todas p artes que ella no creía en Dios,
ni cn el in f ie r n o , y se mofaba p ú b li­
cam ente de cuanto tiene de mas santo
y mas sagrado nu estra R elig ió n ad o­
ra ble. P e r m itió D ios que se viese pos­
t r a d a cn cama , acometida de una g ra­
ve enferm edad y puesta en un in m i­
nente peligro de m o r ir . N o bastó esto
9ü‘J
para que abriese los o jo s; antes p r o ­
testaba a ltam ente que nunca jamás se
confesaría. U n a H e r m a n a de Ta C a r i­
dad , com padecida de] infeliz estado
de su alma , y viendo que la e n fe rm e ­
dad ibn e m p e o ra n d o aceleradam ente,
y que se ap ro x im a b a su f i n , Ic colgó
la Medalla al c u e l l o , y se dirigió f e r ­
vorosa á la santísima V ir g e n , á aque­
lla soberana Seílora que nos da prue-
t a s sie m p re mas y mas de que olla es
n uestra m a d r e , y m adre v erd a d e ra ­
m ente de m is e r ic o r d ia , y la suplicó
con ansia que se dignase alcanzar á
aquella pecadora la gracia de c on ver­
tirse á su santísim o H i j o , y á este fin
comenzó una novena. N o ob ró en va ­
n o : ¿ la m itad de !a novena se sintió,
aquella hasta entonces infeliz, m udada
del lo d o , de m a n era que bizo su c o n ­
fesión, despidió desde luego al có m -
210
pJicc que la liabia seducido y perdido,
pidió con gran d olor p e rd ó n de su
vida pasada , y su conducta cn ad e­
lante fue tan religiosa com o impí;i
había sido 11as La aquella dichosa Iior;i
d e su convcrsion. ¡C on cu á n ta razón
dijo san B e r n a r d o que nadie invoca
jamás á M a r ía cn v a n o ! ella Oye b e ­
nigna ¿ cuantos la invocan como de ­
ben. P e r o ¡ay de aquellos que rehúsan
su so c o rro ! D ie r o n á un enferm o Ja
M edalla m ila g ro sa , y la gracia co-
m eníab a ya á o b r a r en él. P e r o ¡des­
graciado ! de repcnLe quiso que se la
quitasen , diciendo que aquello le tiri­
cia m a í , y que no lo podía te n e r mas,
IVo era para el tanta gracia. F u e p r e ­
ciso quitársela p ara a q u i e ta r l o ; y ay!
m u rió desde luego sin señal alguna
de convcrsion.
T ambirn á j i rotest antas se di gna
211
acoger la M a d re auxiliado ra de peca­
dores bajo ol m anto de su p r o t e c c ió n ;
y tam bién á ellas sahe favorecer con
Ja salud del alma y del c u e rp o á un
mismo tiem po , lista dicha e x p e rim e n ­
tó en I83<* una m uchacha de diez y
siete anos. Se hallaba enferm a en un
h o s p ita l, tan de c u id a d o , que el m é ­
dico tem ia que iba á m o r i r d e n tro
pocas horas. La herm ana que cuidaba
de e lla , creyó obligación suya p r e ­
g untarle si la Iiabian viaticado , y con
esta ocasion supo que era protcstani.i.
¡ Q u é situación tan infeliz la su y a !
¿ Q u é conocim iento podía a d q u ir ir de
nuestra adorable R e li g ió n , reducida
Como se hallaba p o r la en ferm edad ;i
una extrem a sordera , unida á u n d e ­
lirio que le d u ró seis sem an as? E l
capellan que cuidaba de d a r la asis-
Lcncia espiritual á (os e n fe rm o s , en
2 í2
la visita que les hacia cada dia , no
se descuidaba de dirigirle algunas p a ­
labras c a r ita tiv a s , y la única resp ues­
ta que ella d a b a , era que q u e ria m o ­
r i r p r o te s ta n ta , pues que p rolestanla
era toda su familia , y que n o la m o ­
lestase; y otras veces volvia la cara
á la o tra p a rte para no ten er que re s­
p on derle. P e r o el peligro iba c recien ­
do cada d i a : las seiíales de la gan­
grena que se dejaban v e r en varias
pa rtes de su c u e r p o , n o dejaban duda
a lg u n a , ni al cirujano ni á los dos
médicos q u e la tcn ian á su c a r g o , de
que iba á m o r ir cu a n to antes. Son tia
una pena la mas grande aquella com ­
pasiva h erm a n a al p en sa r que después
de h a b e r padecido tanto en este m u n ­
do , no se le esperaban sino penas aun
m ucho mas g r a n d e s , no menos que
c ie rn a s , cn el o lro. Al reflexionar so-
213
brc su d esgracia, se sin tió vivamente
csLimulada á p o n e r dentro de Ja cama
la Medalla sin que ella lo sup ie se ; y
uniéndose con los niños de la m ism a
c a s a , com enzaron una novena á su
favor. E l dia c u a rto le liizo ver la
M edalla, y Ic dijo que era milagrosa,
y que aquella imagen ora la de nues­
lía Lucila M a d re . L a en ferm a la m i­
r ó , y la besó también , y deseó te n e r ­
la sobre la cam a y á su v is ta , lo que
llenó de confianza á todos de que la
gracia del S e ñ o r comenzaba j a á o b ra r
en el la. Y en e fe c to , el octavo dia
«le t r i b u ta r á la santísima V irgen el
devoto obsequio de la n o v e n a , ella
mi.sma dijo que q u e ría hablar con el
c a p e lla n : y luego que él a c u d ió , ¡oh
padre m ío! le dijo al v e r l o , yo nun-
ra me he confesado : quiero confesar­
me , y ponerme en estado de morir
ai 4
en la religión católica. Desde en to n­
ces perseveró en Jos mismos se n ti­
m ientos y cn eJ m ism o d e se o : se le
a d m in istró el santo B a u tism o , y , a ñ a ­
d iendo la santísim a V irg e n favor á fa­
v o r , desde enlonces comenzó á m ejo ­
r a r : y era a d m ira b le el celo con qu e
pro cu rab a instru irse acerca d e las v e r­
dades que la Religión p rop on e á n u es­
tra c r e e n c ia, y la devocion con que
p ro c u ra b a d e se m p e ñ a r las practicas
de piedad que ella persuade ; y se fue
p re p a ra n d o para su p r im e r a c o m u ­
nión. Esta curación y convcrsion p o r ­
tentosa cooperó no poco á que fuese
cn au m e n to la devoción á la V irg en
cn la ciudad ( M arm andc) donde s u ­
cedieron , y en sus alrededo res : de
todas p artes pedian M edallas; y ella
llevaba c o ntin uam en te Ja suya p e n ­
diente del c u e llo , y la apreciaba tan-
l o , que no ]a h u b ie ra tro cad o p o r
todas las riquezas de la tierra. G lo r i­
ficado , p u e s , sea Dios y su M ad re
santísima.
T a m b ié n una T u r c a tuvo la dicha
(]e e x p e rim e n ta r Jas bondades de M a ­
r í a , allá en ¡Marsella á ú ltim o s de
1834. D u ra n te Ja guerra de Ja in d e ­
pendencia de los g r ie g o s , c a j ú en su
poder la ciudad que habitaba con sus
padres. Estos pere c ie ro n en aquella
m a ta n z a , y estaba ella entre tanto tan
cerca de su pob re p a d r e , que quedó
cu b ie rta de su sangre. P o r u n a p r o ­
tección de la divina P ro v id e n c ia es­
capó con su h e rm a n o peq u e ñ o de la
m u e r te aquel d ia de h o r r o r , y ta m -
Lien o tro dia que se viú en circu ns­
tancias no menos c r itic a s , salvó la v i­
da ; pero cayó en p o d e r de un griego
q u e , en lugar de com padecerse de
916
ella , la m a ltr a ta b a , y la em pleaba cn
obras que re q u e ría n sin d uda fuerzas
m ayores que las que tenía cn su ti e r ­
na edad. N o p e rm itió D ios estuviese
sie m p re en p o d e r de un h om b re in ­
h u m a n o . E lla bailó gracia á los ojos
de un francés com andante de u n navio
que hizo descanso d elante del lugar
en que Iialjilaba aquel griego. Con es­
ta ocasion la v i ó , se com padeció de
su infeliz situ a c ió n , la c o m p r ó , y se
la Hevó consigo á M a rse lla ; y después
de p re p a ra d a con la com p eten te ins­
trucción, fue bautizada en ac u e lla c iu ­
dad cn 1825. ¡C uán adm irab les son
las trazas de la P ro v id e n c ia ! Si sus
pa d re s no hubiesen sido víctim as de
aquella gu erra , y si su d u eñ o no la
hub iese tr a ta d o sin entrañas de m ise­
ricordia , ¡ cuán p re su m ib le es que
nunca hu b ie ra tenido la dichosa s u e r ­
217
te de ser cristiana! Se le puso el n o m ­
bre de la santísima V i r g e n , nom bre
que ella supo h o n r a r con su cristiana
co n d u c ta ; pues que colocada en com ­
pañía de personas p ia d o s a s , era ta m ­
bién ella un e jem plar de piedad. P e ­
ro el S e ñ o r tu v o á bien cargar sobre
ella la cruz de la trib ulación , y le en­
vió una enferm edad tan a g u d a , que
i-n poco tiem p o la puso en las p u e r ­
tas de la eternidad. E lla llevaba Con­
sigo la M edalla; y algunas personas
que se tra ta b a n con o lla , movidas del
am or que le profesaban , y c o m p a d e ­
cidas d el estado en que se hallaba,
acudieron al p atro cin io de M a ría san­
tísim a , haciéndole una n o v e n a , á fin
de alcanzarle la salud , teniendo no
po r p r o b a b l e , sino casi p o r cierto ,
que ella se la alcanzaría. E r a tan vivo
el deseo que tenia de unirse á su Dios,
218
que al saberlo cosi hubiera reprobado
el que se valiesen de este medio ; pern
consintió luego p o r obediencia. II,i-
b ia n llegado ya al te rc e r d i a , y lejos
de c e d e r la e n f e rm e d a d , iba e m p e o ­
ra n d o ; de m a nera que la rezaron l.i
reco m e n d a ció n del alm a , creyendo
q u e iba á esp ira r p o r instantes. P e ro
¡ olí bondad de M aría p a r a con la que
so llamaba M aría! De r e p e n te expe­
rim e n tó d e n tr o de sí misma un no se
qué de s o b r e n a t u r a l, y clam ó dicien­
d o ( j ue estaba ya curada. Se levantó,
y p id ió luego a lim e n to : se p a s e ó , y
subió al o tro p is o , sin s e n tir pena al­
guna, y sin ne c e sita r que la ayudasen:
y desde el dia siguiente no faltó din
alguno Á misa, q ue da n do todo el m u n ­
do lleno de p a s m o , y sobre to do el
m e d ic o , q u e no pudo dejar de r e c o ­
nocer el dedo de Dios en aquella cu­
219
ración c ie rta m e n te po rtentosa. E n lo
sucesivo gozaba sie m p re perfecta sa-
f u ü , la cual em picaba en s e rv ir á
nuestro buen D i o s , y en h o n r a r á su
augusta p a tr o n a y p ro te c to ra la in m a ­
culada V irgen M aría.
Con dos novenas alcanzó la p e r f e c ­
ta salud del c u e r p o , y con la te rc era
también la del a lm a , una viuda de
Pa rís. L a enferm edad de que 3C vió
a ta c a d a , la puso en pocos dias :í p u n ­
to de m o r ir . P e r o no era su penosa
enferm edad lo que daba mas cuidado,
sino el estado tan infeliz de su p o bre
a l m a : cincuenta anos habia que no
cuidaba de c u m p lir con los deberos
de nuestra santa Ptelíyíon; y si p r o ­
baban de h a b la rle alguna cosa sobre
el p a r t i c u l a r , ha lía Lia sie m p re ex c u ­
sas para rio acceder á lo que le p e r ­
suadían para su bien. Consintió no
220
obstan Le cn a c e p ta r la Medalla mila­
grosa que le o fre c ie ro n , encargándo­
le que pusiese toda su confianza cn la
santísima V i r g e n , consoladora de to­
dos los afligidos que acudeu á e lla , y
añadiéndole que ella e ra todo pode­
rosa para con D ios p ara alcanzarle el
beneficio de la salud. L e encargaron
tam bién que Ja obsequiase con un.i
novena en m e m o ria de su purísima
C o n c e p c ió n , y q u e repitiese con fre­
cuencia aquella su d e p re c a ció n : ¿Oh
M arra, sin pecado concebida! rogad
por n o s, que acudimos d Vos. Al aca­
b ar esta p r im e r a novena experim entó
una notable m e jo ra ; p e r o Ja Virgen
q u e r ria de ella o tra n o v e n a ; pues su­
cedió al cabo de pocos dias que la in­
flamación se le pasó á la pierna iz­
quierda. Este nuevo accidente, aten­
dida al mismo liem p o la grande fla­
221
queza en que se lialJaba , hizo te m e r
que estaba cerca el día de su m ue rte .
El facultativ o p ro cu ra b a im p e d ir la
g an g re n a , p e ro las llagas e ran ya tan
neg ras, que su vista causaba h o rr o r .
¡C uánto padecía la p o b re en este in ­
feliz e s t a d o ! p e r o su atención se la
llevaba mas la salud del c u e rp o que
la del alma. E m p e z ó p ara alcanzarla
otra n o v e n a , y entonces e x pe rim e ntó
mas visiblem ente la protección de M a ­
r í a , pues al conclu irla se halló r e s t a ­
blecida del todo , con no poca s o r p r e ­
sa de los que eran testigos del in m i­
nente peligro en que la te n ia su mal.
E l m ism o m édico al c o n te m p la r su
m udanza , viéndola ya fuera de p e li­
gro c o n tra tod a e sp eran za, n o sabia
c reer lo q u e veian sus ojos, P e r o ¿de
qué 1c h u b ie ra servido la salud pasa­
jera del c u e r p o , si no hubiese con™
222
seguido la de 1 a lm a ? y ¡oh i cuánto
llega i.i dureza- y la in g r a titu d del co­
razon h u m a n o ! Heconocia e l l a , y re­
conocían cuantos tenia á su alrededor,
que aquel im pen sado re co b ro de la
salud era u n evidente m ilag ro de la
poderosa proleccio» que aquella bu e­
na M a d r e le dispensaba. Á p esar de
este beneficio tan señalado ella se m an­
tenía in difere nte cn c u a n to á sus de­
beres religiosos, y parecía que ya no
pasaba cuidado alguno de la salud de
su alma. N o faltó quien 1c aconsejase
que hiciese tercera novena á la V i r ­
gen para alcan zar esta nueva gracia,
sin duda ta n to mas aprcciabíc que la
o tra c uanto va del alma al cuerpo.
Siguió el c o n sejo , y hacia la novena
con f e r v o r , según parccia. L a santí­
sima "Virgen le otorgó tam bién esta
g ra c ia , y á la novena siguió felizmen-
223
le su pe ríte la c o n v e rs ió n , y la p e r ­
severancia en ella ; de m anera que diez
y oclio meses después era aun el m o ­
delo y la edificación de su p arroq uia,
asistiendo con exactitud á los divinos
oficios, y acercándose con frecuencia
á los santos S a c r a m e n to s ; y p r o c u ­
rando reconocer en M a ría á su m ise­
ricordiosa libertadora , tenia sus deli­
cias en p ro m o v e r su dcvocion en sus
hijos y en los demás con quienes t r a ­
taba.
E scribía u n p á rro c o en 1 8 3 4 que
una m ujer qu e se llamaba M arta Anua
Larroche estaba cinco aTíos liabia con
una com plicación de enferm edades tan
acudas , que Iiabian b u rla d o lodos los
rem edios que 1c prescrib ían los m é ­
dicos q u e Ja m edicinaban. N o sabien­
do ya que bacer con ella , la enviaron
;í lo m a r lía n o s ; p e ro no ín servían
224
sino p a ra a u m e n ta r sus dolores. Atjucl
mism o sacerdote , que la conocía años
h a b ía , y la tenia p o r m u j e r de bien,
íe regaló una Medalla a llí m ism o cn
los b a ñ o s , y le dijo al m ism o tiem po:
Q u e los n om b re s con que se veia h o n ­
rada desde el B a u t i s m o , su fe , su ca­
lidad de cofrade y la ta n aflictiva s i­
tuación en que se b a ila b a , todo era
com o un garante de que la soberana
V irgen la asistiría. L a e x h o rtó pues
á que llevase aquella Medalla, y cuan­
do se h alla ría de vuelta á casa de sus
p a d re s hiciese u n a n o v e n a , y confia­
se que estos medios te n d ría n buen re ­
sultado. C u m p lió ella lo que 1c acon­
sejó aquel caritativo s a c e rd o te , y no
quedó frustrada la esperanza de ios
d o s : el ú ltim o dia de la novena, des­
pués de recibida la santa comunion
quedó lib re de todos sus. males. Es-
225
cribia aquel m isino p á rro c o que un
hom bre de edad de tre in ta y ocho
aííos, que después de una larga en fer­
medad , perd id a toda esperanza de sa­
n a r , iba á m o r i r , con el se n tim ie n ­
to de dejar á su esposa con tres hijos,
se veia excitado f u e r t e m e n te , meses
liabia, ;i Ja impaciencia y á la deses­
peración p o r c! dem onio, que se a p r o ­
vechaba de su poca instrucción y de
su poca fe. E l mism o le regaló la M e­
dalla, y en su casa hicieron dos no ­
venas; y le favoreció Ja santísima V i r ­
gen , n o con la saTud del cuerp o, que
no le convendría , p e ro sí con la ines­
timable gracia de conversión. Se con­
virtió á D io s: cesaron las im pacien­
c ia s, cesó Ja desesperación : edificaba
su tra n q u ilid a d , y m u rió resignado á
la voluntad del S eñ or. Su hija m ayo r,
que era también de un c a rá cter á sp e­
£26
r o , e x p e rim e n tó no menos la p ro te c ­
ción de M aría concebida sin pecado,
decía el m ism o p á r r o c o ; y anadia que
dos o tra s doncellas p a rro q u ia n as su­
y a s , atacadas p o r una especie de e p i­
dem ia, que reinaba cn aquella su p a r ­
roquia, liabian c urado re p e n tin a m e n te
p o r medio de la Medalla.
H asta personas ciegas p o r m ed io de
ia m ism a , y añadiendo tal vez alguna
n o v e n a , han reco b ra d o la vista. T a m ­
bién cn 1 8 3 4 se hallaba malo del ojo
d erecho un niño de cinco añ os; nada
ya a b solutam ente veia con él. Sus p a ­
d r e s , consternados p o r p érd id a lan
se n sib le, no p e rd o n a ro n gasto ni d i ­
ligencia : facultativos de Tos de mas
n o m b radía 1c v is ita r o n , p e ro i n ú t i l ­
m e n te ; antes bien parccia q u e los mis
u»OS rem edios a u m e n ta b a n eJ mal. ]\'o
faltó quien fue de p a r e c e r que so Ir
aa?
aplicasc un s e d a l; pero no quisieron
cúnscnlir sus padres cn u n re m e dio
que fe h a b ría causado tan vivo dolor.
La m adre llena de una p ro fu n d a aflic­
ción , vivam ente solícita p o r la vista
de su h ijo , de los médicos apeló á las
H e rm a n a s ; p e r o sus rem edios n o t u ­
vieron m ejor efecto que los a n te c e­
d e n te s N o descansaba la m a d r e : seis
semanas después volvió á las mismas,
pidiendo se probasen otros remedios.
Entonces fue cuando le h ablaron ellas
de la Medalla m ilagrosa, y de los
muchos prodigios qu e p o r m edio de
ella se habían o b rad o . La su p e rio ra
misma p re se n tó una al p o b r e nííío, y
le hizo rezar aquella deprecación, ¡Oh
M arra, sin pecado concebida / rogad
por n o s, que acudimos d V o s ; la cual
recitó el niño con grande gozo, y re ­
pitió luego p o r sí m ism o , sin neccit-
228
dad de que le ayudasen ; y pidió á su
m adre fuesen á ver la sania Vigcn del
hospital p ara rezarle a llí la misma
deprecación. A consejáronle á esta que
metiese la Medalla e n tre dos pedazos
de lienzo, y se la aplicase de aquella
m an era al ojo e n fe rm o . L o practicó
ella aquella mism a n o c h e : y ¡ que sor­
p resa ta n consoladora fue la suya
cuando la m añ a na s ig u ie n te , al q u i­
tá rs e la , exclamó el n i ñ o : M am á, yo
te veo! P a ra asegurarse de si ello era
ve rda d le présen lo un c u c h illo , y lo
distinguió perfecta m ente. ¡ Q u é a le ­
gría la de aquella m ad re entonces al
y c l * la prodigiosa curación de su am a­

d o h i j o ! Desde entonces tenia este su


ojo n a tu ra l. Y ¡ qué a p re c io no hacia,
aun que de tan tie r n a e d a d , de su es­
tim a d a Medalla! La llevaba m u y con­
te n to y a g r a d e c i d o , y la enseñaba
m
ufano á todo el m u n d o , diciendo que
la santa V irgen era la que lo liabia
c u r a d o : y era tan viva su f e , á pesar
de sus pocos a ñ o s , que cuando alguna
persona se quejaba de algún mal, sa­
caba su Medalla, y la ponia sobre ella.
— Si este nifio re c o b ró la salud y la
vista de aquel ojo sin que se hiciese
á su favor alguna n o v e n a , con nove-
nn rec o bró la vista una ciega de Dijon
cu 1 8 3 4 ; y lal ve* se p u e d e decir que
sirvió ella ta n to de acción de gracias,
como p a r a acabar de re c o b rar la vis­
ta perfectam ente. T r e c e años contaba,
Cuando notó que su ojo derecho se
puso tan c o l o r a d o , q u e nunca se h a ­
bía hallado de aquella manera ; p e ro
p o r de p ro n to n o se p aró en ello,
pensando q u e no seria cosa de consi­
deración. Con to d o , el mal em peoró,
y con lanía p r o n t i t u d , que á los ocho
230
días había p erd id o ya e n te ra m e n te Ja
vísta , de m an era que no podía i r sola
de una á o tra p a r l e ; era preciso que
alguna persona la g u i a s e : y en esle
infeliz estado p erseveró p o r el espacio
de tres m eses, á p e sa r de h a b e r p r o ­
bado todos los rem edios que para tal
enferm edad p re s c rib e el a r t e , pues
todo fue en vano. P e r o el S e ñ o r, que
la p rob aba con tan sensible adicción,
n o Ja o l v i d a b a : vino el dia en que,
en su grande misericordia, com o de-
cia e lla , se dignó volverle la vista,
p o r la intercesión de M a ría in m a c u ­
la d a , v erdad era M a d r e de los afligi­
dos qu e la invocan con h u m e d a d y
confianza. U n a h e rm a n a de Jas de la
C aridad , al tiem po que oía misa c ie r­
to d i a , se sintió fu e rte m e n te e s tim u ­
lada á h ablarle de la Medalla mila­
grosa, y á hacerle co ncebir confianza
231
cn la protección de aquella santísim a
Virgen q u e nunca desaíra á los que
acuden á e lla : se la r e g a ló , y se la
hizo besar cn presencia de muchas
personas; y ya al o ir á aquella cari­
tativa h e rm a n a e x p e rim e n tó ella una
tierna y dulce moción cn su in te rio r ;
mocion que creció desde luego no p o ­
c o , pues que pasados algunos m i n u ­
tos ya divisó la toca de la herm ana,
y un cuarto de h o ra después á poca
diferencia ya vió mas distin tam en te
el vestido de una persona que estaba
á su l a d o : y entonces sí que no p u d o
contenerse de e x c la m a r: ¡Que dicha
la m ia! y a no soy ciega. ¡ A y Dios
mío! ¡ y qué gracia tan grande acn-
bais de otorgar á vuestra sania M a­
dre á favor de una criatura tan m i­
serable como soy y ó ! Y después s i ­
guiendo el consejo que le dió la m is­
232
ma h e r m a n a , tr ib u ta ro n las dos á su
B ie n h e ch o ra el o bsequio de una no ­
vena , y In h erm a n a ofreció también
una com union ú favor suyo. Cobró, en
fin , perfectam ente la v is ta , con no
poco pasm o deI m é d ic o , que nunca
habia q u erido re s p o n d e r de su c u r a ­
ción , p o rq u e su mal qra m u y grave,
pues se 1c veia sobre los ojos un a piel
blanca v m u y espesa, m al que rara
vez se cura. T r i b u t ó rep etid as gracias
á la D ispensadora de un favor tan
s e ñ a la d o , y sobre to d o á D i o s , p i ­
diendo á aquella b u e n a M a d r e que se
digne acogernos á todos bajo el m an­
to de su poderosa protección.
O m itid a s m uchas otras curaciones
y conversiones semejantes que seria
fácil a c u m u la r aquí, ocupe el últim o
fugar una Joca q u e en 1835 debió tam ­
bién á M a ría inmaculada el re c o b ro
433
de su juicio can ocasion de 2a Meda­
lla milagrosa. T e n ia entonces veinte
y dos a u o s, y había quince meses que
estaba cn aquel triste estado de loca,
pasando no pocas veces al de furiosa,
aun á presencia de sus mismos amigos
y parientes. Su p o b re m adre tuv o que
su frir m uch o con esta ocasion. V e la n ­
do dia y noche cerca de tan desgra­
ciada bija , apenas tom ó descanso en
el largo espacio de ta n sensible e n fe r­
m edad . A pesar de su cuidado se le
escapaba no pocas veces, m a y o rm e n ­
te du rante un p e río d o de cinco m e ­
ses y medio, huyend o á la calle, d o n ­
de pasaba largas liOias, expuesta á la
estación del t i e m p o , que gran parte
fue en invierno, y hecha el objeto de
fa risa del p ú b lic o , que se d ivertía :í
sus expensas. Los accesos de sil fu ro r
eran tales que nadie se atrevía A d e ­
a3 4
te n e rla : u n a sola vez. se le pudo m u ­
d a r la ro p a que llevaba cu el espacio
de cinco m e s e s , y aun esto no fue si­
no á la violencia. T u v o que quejarse
el M c r de aquella p o b l a c io n , viendo
los peligros ¿ que e xponía su locura:
y entonces Tac cuando la pu sieron en
casa de una lia suya que vivia en otra
parte : y allí le d ie ro n una fuerte san­
g r ía , que la d ebilitó m u c h o ; y des­
pués gozó de alguna calma. P e r o a p e ­
nas hubo recobrado sus fuerzas, reca­
yó en el mism o estado de loca furiosa.
P e r o en fin una religiosa p ro c u ró a d ­
q u i r i r el lib rito en que se refieren
m uchos de los m ila g ro s obrados por
medio de la Medalla, y lo prestó á
sus p arientes p a ra que se lo leyesen
A e lla , y la exhortasen al mism o tie m ­
po á llevar la M edalla, que ella ad ­
m itió m uy de buena gana. Q uinc e di.is
235
después a d v irtió su p ad re á aquella
caritativa religiosa q u e desde que la
llevaba estaba mas tranquila, de m a­
nera que se echaba á d o r m i r en la ca­
m a , bien que v es tid a , y sin q uitarse
ni siquiera los zapatos ; y q u e p r e g u n ­
tándole qu e era lo q u e habia e x p e ri­
m entado al recib irla, contestó que ba-
liia e x p e rim e n ta d o una revolución r e ­
p e n ti n a , y que desde que la tenia se
hallaba m u c h o mejor. E ntonces c o ­
menzó aquella religiosa u n a novena ú
favor s u y o , y ofreció ta m bié n u n a co­
m un ió n ; y fue en a u m en to su mejora,
y en el próxim o tiem po pascual pudo
presentarse á c u m p lir con los p re c e p ­
tos de confesion y c o m u n i o n , lo que
practicó con una singu lar piedad. Dos
anos hacia q u e n o había te n id o tal
dicha. Después de este favor tenia p le ­
no juicio t y trabajaba con diligencia,
236
o c u p a d a cn los quehaceres domésticos:
y cn los ratos que se le p e rm itía re­
c r e a r s e , ponía toda su dicha cn em ­
ple a rse en algún ejercicio piadoso. El
a ire de serenidad, cn fin, y la alegría
que se le veia p in tada cn el rostro,
no p e r m itía n d u d a r de s u perfe c ta c u­
ración, y de que gozaba de plena t r a n ­
q u ilid a d su e s p ír itu : y te n ia p o r c ie r ­
to así su familia com o ella que debia
esta curación tan ¿ preciab le á la p r o ­
tección de M a ría concebida sin p e ­
cado-
B e n d ic ió n p u e s , alabanza y acción
d e gracias á nuestra dulcísima Madre,
que en nuestros mismos dias se lia dig­
nado favorecernos con el precioso te­
soro de su M ilagrosa medalla. A ella
el sano y el enferm o, el católico y el
p ro testante, el justo y el pecador, d i­
gamos lodos con devocion y confian­
237
z a , con hu m ildad y con f r c c u c n c ia :
¡ Oh Marra , concebida sin pecado f
rogad por n o s, que acudimos á V o s :
¡Oh María sin pecado concebida f ro­
gad por nosotros, que en vuestro co­
razon amoroso buscamos acogida : así
sea-
• E l a u to r que en 18 37 di<5 á luz en
francés la Noticia histórica so bre la
Medalla m ilagrosa, de la que se ha
extratado cuanto queda referido, d i c e :
Lejos de m i el pensamiento de ju z ­
gar en manera alguna lo que haya
de extraordinario en los casos refe­
ridos : la Iglesia católica es la que
tiene el derecho de juzgarlo. L o m is­
mo rep ite el traductor.
239
r-f-í + Í + + r-t £-i—
í ~ í-i-i-í’
i t t-f J-+jt r

l'A H A A (jK K C A I!S i:

Á LOS

SANTOS SACRAM ENTOS

l.N LOS SÁBADOS V FE ST IV ID A D E S DE LA

SANTÍSIMA VIRGEN.

ANTES D E L EXAM EN.

Santísim a V irgen M a ría , M a d re


dulcísima de Je sú s y mia : Y o in d ig ­
no devoto v u e s tr o , n o obstante que
tan m iserable y p e c a d o r , deseo a ce r­
carm e á la sagrada mesa á re c ib ir el
pan de A ngeles cn este dia que con­
sagro á v u e stro obsequio. P a r a reci­
birlo con Ja posible pureza p ro c u ra r é
u o
antes lim p ia r mi polire alma en la sa­
grada piscina de la penitencia. ¡Q u é
dicha la mía si no quedase en ella
som bra de p e c a d o ! P e r o a y ! q u e es­
to no es doble atendida la grande fra­
gilidad hum ana. P o r vuestra in m acu­
lada Concepción y p o r vuestra p u r e ­
za virginal alcanzad m e, os p id o , li
gracia de que conozca algún tanto l;i
malicia que tiene el pecado p o r ve ­
nial que p a re w a , y de que sepa d e ­
testarlo y h u ir lo com o debo. M adre
tic 1 que es la sab id uría increada y el
c a n d o r de la luz e te rn a ¡oh D isp e n ­
sadora de las gracias deJ A ltísim o!
dignaos dispensarme un rayo de luz,
p ara que sepa co nocer el estado de
m i alma. L o e sp e ro , M a d re inia am a­
bilísima, de vuestro corazon verdade-
r,míenle am oroso y m ate rna l.
241

DESPU ÉS D E L E X A M EN .

M a d re m i a , compasiva p r o te c to ­
r a de cuantos acuden á Vos con u n
corazon c o n fia d o : con los auxilios de
la gracia del S e ñ o r , que me Ha a l­
canzado vuestra bondad, he p r o c u r a ­
do son dear el estado de m i a lm a . ¡Q ué
gracias no debo d a r á v u e s tro santísi­
m o H ijo y á V os al v e r que p u e d o
p re s u m ir con algún fu n d a m e n to que
m i a l m a , no ob stante q u e es tan d é ­
bil , tan m iserable y pecadora, no tie ­
ne la desgracia de se r esclava del d e ­
m onio p o r algún pecado m o r ta l! P e ­
ro ¡ay M adre m ia ! ¡con cuántos p e ­
cados veniales no se halla ella afeada
á los ojos p u rísim o s de vuestro sa n tí­
sim o H ijo y á los vuestros! ¡Cuántas
im paciencias! ¡cuántas m u rm u r a c ió n -
242
cillas! ¡cuántas palabras ociosas! ¡cuán­
tas distracciones hijas de poco cuida­
do ! ¡cuánto tie m p o p e rd id o m ise ra ­
b le m e n te ! ¡ Y que sé yo si m entiras,
a v ersio nes, te rq u e d a d e s , expresiones
sa tíric a s, malas p a la b r a s , y quizá si
aun peo res faifas! ¡A y de m í! ¡olí
cuán asquerosa está delante de Dios
mi pobre alm a ! ¡Olí c u ín fe a , tísica,
é t i c a , h e d io n d a , cuán abom inable á
vuestros ojos y á los suyos la lian he­
cho mis dcslcaltades! ¿Y p o r qué, M a ­
d re m i a , me a trev o insolente á llenar
de puñaladas el corazon amantísimo
de vuestro H ijo ? ISo be m u e rto á es­
te H ijo v u e s tro , es verdad : no lo he
crucificado o tra vez en mi corazón con
algún pecado m o r t a l : mas ay ! que co­
m e te r un pecado venial viene á ser
como darle una p u ñ a la d a , y no obs­
tan te ¡yo he com etido tantos! ¡Q u é
£43
vileza la mia ! ¡qu é fealdad la de m i
pobre a lm a ! B e n d ita aquella bondad
que le obligó á dejarnos p re p a ra d a la
piscina de la penitencia, para q u e d a r
limpios tam bién de las manchas de
los pecados veníales, M a d re m ía aman-
tísima , m ientras voy á acercarm e á
aquellas preciosas a g u a s, alcanzadme
las disposiciones que necesito para que
salga de ellas m i alm a del todo p u ra
y lim p ia , líbre e n te ra m e n te de toda
mácula-

D F.SPU ÍS D E LA C ONFESION.

¡Q ué dichosa cn esta hora, dulcísi­


ma M a d re m i a , m¡ a l m a , si ba sabi-
do confesar y detestar como debia sus
faltas! ¡Q u é dichosa si hum illada á
los píés del venerable ministro de vues­
tro Hijo se ba confesado ingenuam en­
U l
te pecad ora , y ha p ro p u e s to de veras
la enm ienda con Tos auxilios de la g ra ­
cia ! cfla en tal caso se halla p u r a y
lim p ia á los ojos pu rísim o s de vues­
tro H ijo y i los vuestros. Y o lo he
p r o c u r a d o , M a d r e m ia : con u n c ora­
zon c o n trito las he c o nfesado, a p o y a ­
do en los auxilios que Vos misma me
haLcis alcanzado. A gradezco con el
afecto posible tan ta bondad ¡ o h D is ­
pensadora libcralísim a de las gracias
del S e ñ o r ! y p id o encarecidam ente á
todas las c ria tu ra s q u e la celebren con­
m ig o , que os alaben y bendigan ta m ­
bién. Y si yo tal vez me hubiese des­
cu idado en alguna c o sa , ( p u e s ¡ay
am o ro sa M a d r e de Je s ú s y m ia! ¡cuán
grande es la fragilidad h u m a n a ! ) su­
p lid Vos dispensándom e nuevos sen­
tim ie n to s de verdadera contrición que
acaben de p urificar del todo m i alma.
245
Ali! q u e un a alma devota vuestra p o ­
co haría si se contentaba con solo d e ­
testar las ofensas g ra v e s ! L a que os
quiere p ro fe sar una devocion verda­
dera, debe m i r a r con h o r r o r tam bién
las veniales; pues un pecado aunque
no pase de v e n ia l, es un a enorm e i n ­
j u r i a ; pues es una inju ria que una
c ria tu ra despreciable , un vil gusano
de la t i e r r a , hace á un Dios de infi­
nita grandeza y majestad > á un P a d r e
y bienhechor el mas amante, de qu ie n
ba re cibido in n u m e ra b le s é inestim a­
bles beneficios. M a d re mia , los detes­
to de n u e v o ; siento cn el alm a h a b e r
ofendido con ellos á vuestro santísimo
Hijo. ¡Ojalá pudiese r e p a r a r con m i
p ro p ia sangre todas las ofensas que le
he b ccho cn todo el discurso de mi
vida! Alcanzadm e Vos la gracia de
am arle de v e r a s , y, si posible e s , de
m
no ofenderle ya mas. Os lo p i d o , V i r ­
gen sa n tísim a , p o r la singularísim a
dicha que tuvisteis de ser in m u n e de
todo pecada.

ANTES D E I,.\ COM U N IO N .

¡A y alma m ia! pon ahora i 05 ojos


de tu consideración cn tu dulcísima
M adre , y contém plala atentam ente
allá en su p o bre y hum ilde casa de
N a z a rc t; allá verás las virtudes cn que
ejercitarte p a ra re c ib ir fiucluosasncn-
tc la sagrada com un io n. E l A n g e l del
Seííor 1c anuncia que ella era la b e n ­
dita e n tre Jas mujeres, la Jlena de g r a ­
cia, fa pred ilecta en quien liabia pues­
to los ojos p ara Ja grande obra de la
encarnación la T r in id a d b e llís im a : y
¡q u é fe tan viva la suya! ¡qu é h u m i l ­
dad tan profun da! jq ue a m o r Ja san­
U1
ta pureza tan g r a n d e ! ¡ qué f e r v o r !
¡que dcvocion! E l celestial M ensaje­
ro le p ro p o n e el fin d e su embajada,
y 1c allana alguna dificultad que se le
o frecía; y ella cree firm em ente que
se c u m p lirá con p u n tu a lid a d cuan to
acababa de o ir. E lla cree sin titu b e a r
que aquel V e rb o e te rn o que iba á r e ­
vestirse de nuestra carne en sus v i r ­
ginales e n tr a ñ a s , y á m o r a r en ellas
p o r el espacio de nueve m eses, era
el H ijo estimado del P a d r e , el dulce
y e te r n o objeto de sus com placencias:
que c í a el Mesías p ro m e tid o desde el
p rin c ip io del m u n d o , el vaticinado
p o r los P r o f e t a s , el deseado de los
P a t r i a r c a s , el suspirado de las nacio­
nes, el deseo de los collados eternos,
el m ism o que algún dia lib r a r ía á Is­
rael de su esclavitud y lo rescataría
del p o de r de Salan. ¡ A.y M a d r e mi;i!
u%
¡ qué fe tan viva la v u e s t r a ! Y al mis-
m o tie m p o ¡ qué hu m ild ad tan p r o ­
fu nda ! E n aquella tan dichosa liora
p a ra Vos , en aquella hora de b e n d i­
ción y de gracia en que ibais á ser
sublim ad a á la altísim a dignidad de
M a d re del m ism o D io s , a h ! Vos os
abismásteis en la mas pro fun da h u m il­
dad, y os reconocisteis p o r esclava su­
ya : sfqui está la esclava del Señor,
dijisteis al A ngel. Ibais á se r ensalza­
da sobre todas las c ria tu ra s, y Vos os
humilJábais mas que toda o tra c ria tu ­
r a ; ibais á s e r n o m enos que la M a ­
d re del Hijo estimado de Dios, y Vos
os confesabais solo esclava de Dios.
P e r o al mism o tifempo ¡con qué co n­
tento, con qu é devocion, con qué com ­
placencia y fervor Jo acogisteis en
vuestras e n tra ñ as virginales, y le dis­
teis habitación en ellas! ¡O h cómo Jo
249
abrazaríais u n a y m uchas veces con el
m a y o r carin o! ¡Oh cómo le hablaríais
con la m ayor te rn u ra y suavidad ! ¡Olí
cuán dichosa os repu taríais al veros
cn la dulce posesion de p re n d a de ta n ­
to v a lo r! ¡ Ay alma m ia! aviva pues
de nuevo tu f e ; abísm ate en la mas
p ro fu n d a h u m ild a d ; rean im a tu f e r ­
vo r y devocion : dispensadm e Vos ¡oh
M a d re dulcísima de Jesú s y mia! los
auxilios q u e p ara ello necesito. Sí, yo
creo en vuestro unigénito Hijo, y creo
todo cuanto de él me enseña la Ig le­
sia santa. E l H ijo del eterno P ad re ,
el c andor de la luz eterna y figura de
su sustancia, el P rín c ip e de la paz, el
Ángel del gran consejo, el P a d re del
siglo v e n id e ro , el Mesías pro m e tid o
y tantos siglos esperado, el mism o que
allá cn aquella hum ild e casa, sin dis­
p en d io de vuestra v irg in id a d , se c n -
250
catiió cu vuestras c ntraíías: ah! él es,
yo lo creo fir m e m e n te , él es el mis­
m o que confio se dignará hoy venir ¡i
mi i n te r io r , escondido bajo las espe^
cíes sacram entales. P e r o a y ! ¿quién
s.oy yo p a r a que me atreva á suspirar
p o r Ja venida de vuestro am ado ? Los
Ángeles p u rísim o s espíritus se pos­
tra n c o n tin u a m e n te delante de su di-
vina Majestad ; se h u m illan , y se ano­
n a d a n , y se llenan de una santa con­
fusión, y bajan á su presencia los ojos,
y se c ub ren el ro stro con sus alas,
p o rq u e no se atreven á m ira rle , con­
te nidos p o r aquel respeto tan g ra n ­
de que le tienen : y yo, m iserabilísima
c r i a t u r a , todo carnal y te rren o , IJctio
de tantas im perfecciones y faltas; yo
á quien mi tibieza y m i poco horror
al pecado venial m e lia hecho tal vez
hediondo á su presencia, ¿ m e atreve-
S51
re á acercarm e á su santa m e s a , y á
recibirlo en mi i n t e r i o r ? ¡Ay M a d r e
mia! que ni el no m bre de esclava s u ­
ya merece mi p o b re a lm a ! ¡ c u á n to
menos el dulce y cariñoso nom bre de
su esposa! ¡Ay Je sú s m ío ! yo n o soy
digno de que Vos vengáis á esla m i­
serable c r ia tu ra ; no soy digno de que
vengáis i mis pecadoras entrañas. P e ­
ro, S eño r, no po r eso p ierd o mi con­
fianza. Y o deseo y esp ero re c ib iro s;
espero y deseo recibiros con algún t a n ­
to de ferv or y dcvocion. Ah ! ¿ q u é no
puedo e s p e ra r teniendo la dicha, c o ­
m o confio, de estnr bajo la protección
de vuestra santísima M a d r e ? ¿ Q u e
gracia negareis Vos á la que sublim as­
teis á la altísima dignidad de M adre
vuestra en la h o ra dichosa en que os
dignasteis encarnaros en sus enf tafias?
¿ á la que os trató con tanta te rn u ra ,
252
con ta n to c a riñ o y a m o r cn los nue­
ve meses que morasteis escondido cn
aquel claustro v ir g in a l? ¿ Y qué gra­
cias negarán aquellas e n tra ñ a s de ca­
ridad , aquel corazon verdaderam ente
tie rn o y m a t e r n a l , á una alm a que
después de Vos á ella aprecia de ve­
ras, y que se deja ente ra m e n te cn sus
m a n o s? Y o p u e s , dulce a m o r m ió y
vida mia, os busco á Vos, suspiro por
Vos, anhelo p o r V o s ; p o r Vos desfa­
llece y m u c re el alma m i a : oíd Vos
benignam ente mis anhelos y suspiros.
N o miréis m i vileza, m i indignidad;
no m iré is la fealdad de m i po bre a lm a ;
m irad sí á vuestra santísim a Madre,
que tam bién es M a d r e m i a : mirad
aquellas en tra ñ a s b ienaven tu radas que
os llevaron S Vos ¡ oh H ijo del e te r­
n o P a d r e ! aquellos pechos virginales
que os dieron leche, ¡ oh U ng id o del
253
S e ñ o r ! ella te n d rá la bondad de su ­
p li r lo que tal vez falle p o r m i p a r­
te. Vengo pues á V o s , dulcísim o J e ­
sús mío ; venid Vos á m í , ¡ olí m i d u l ­
císimo Je sú s ! V enid á m i a l m a , que
aunq ue tan m is e ra b le , tiene sus de li­
cias e n recibiros á V o s , y en vivir
unid a á Vos. ¡ O h si yo supiese a m a ­
ros com o d e b o , vida m ia ! ... [ O h si
yo no anhelase ni suspirase sino p o r
V o s , c en tro tnio !... ¡O h si yo no re s­
pirase ni viviese sino p o r Vos, a lie n ­
to m ió!... ¡ O h si m i corazon tío e stu ­
viese pegado sino á V o s , teso ro m ió
y única riqueza m ia ! ... ¡D ulcísim o
a m o r m i ó , ¡ oh si yo tuviese la dicha
de m o r i r a q u í mism o de a m o r á V o s !
A h ! sea abso rbido todo m i am or, S e ­
ñ o r m ío y Dios m í o , p o r la ardien te
y meliflua fuerza de v uestro am or.
D ulcísim o Je sú s m i ó , q u e m u era yo
254
p o r am or de vuestro a m o f , j a que
Vos os dignásleis m o r i r p o r a m o r de
mi a m o r. V irg e n sa n tísim a , am a b ilí­
sima M adre de Je sú s y m ia , ¡olí M a ­
n a ! p re sta d m e ah ora algún tanto de
aquellos afectos con q u e os acercabais
á la sagrada m e s a , p a ra acercarme
también á ella con la debida dcvocion.
¡O lí Esposa dulcísim a de aquel d iv i­
no E s p ír itu que es fuego de am or!
dignaos inflam ar mi corazon, y a p a r ­
ta d de él toda escoria, y v u e stro san
tísfmo Hijo se dig n a rá v enir á m í :
¡ a h ! Vos vendréis á m í , Jesús mío,
Vos en quien c r e o , cn quien espero,
á quien con todo mi corazon am o y
aprecio. ¡ Q u é dicha la l u y a , alma
m ia ! Acércate pues á la sagrada m e ­
sa , hu m illada s í , p e ro animosa y con
confianza. Vengo pues ¿ V o s , Dios
m i ó ; venid Vos á m í , m i Dios.
255

D ESI'U ÉS DE l,A COM UNION.

¡ O h Ma r í a , M a d re dulcísima de
Jesús y mia ! yo el mas indigno de
vuestros devotos, á pe sa r de mi in ­
dignidad tengo la dicha inefable de
haber recibido en la sagrada mesa al
mismo H ijo de D io s , q u e es al m is­
ino tie m p o hijo v u e s tr o : yo lo he r e ­
cibido en mis e n tr a ñ a s , yo lo tengo
d en tro de m i , yo lo poseo y lo a b r a ’
zo con todo el afecto de mi corazon.
¡ Q u é dicha tan grande la vuestra
cuando después de su encarnación lo
teníais en vuestras entrañas virginales
y p u rísim a s! ¡Q u é dicha la m ia cuan­
do después de la c om union lo tengo
en las m i a s , no obstante que tan im ­
puras y pecadoras! ¡O h si yo supiese
ahora im ita r algún tanto los afectos
256
y virtudes que Vos practicásleís cn
aquella h o ra de bendición y de salud!
¡ Ay M a d re m ia M a r í a ! con qué pas­
mo adm iraríais Jas bondades del Se­
ñ o r al c o n te m p la rlo en vuestras e n­
tr a ñ a s ! al c o n te m p la r en c e rrad o en
Ja pequenez de u n c u c rp ec ito al que
Jo ocupa tod o con su i n m e n s i d a d !
¡ Con qué corazón tan agradecido de­
searíais c o rre sp o n d e r á una fineza cier­
tam e n te inefable ! ¡ Con qué fervor tan
vivo t ío convidaríais á vuestras p o ­
tencias y s e n tid o s, y á las criaturas
t o d a s , á que alabasen y bendijesen
tam bién al S e ñ o r ! ¡ Con cuán buena
v oluntad no os ofreceríais enteram en­
te á é l ! no le en tre g a ríais sobre todo
el c o r a z o n ! ¡ Con qué te r n u r a no le
pediríais la gracia de hacer cn todo
su v o lu ntad ! la gracia de crecer siem­
p r e mas en su sanio a m o r ! A h ! M!
$57
alma magnifica, al Señor, d ijú le is allá
en casa de E lis a b e t; m i espirita se ha
alegrado en. D ios, que es m i Salva­
dor; pues se ha dignado mirar benig­
namente la humildad de sit esclava,
de manera que me llamarán biena­
venturada iodas las generaciones ,
Grandes cosas ha hecho d m i favor,
él (¡ue es poderoso, y cuyo nombre es
santo. G randes cosas ha o b ra d o ta m ­
bién en mí t i mism o santo y o m n i­
p otente S e ñ o r , M a d r e m ia ; y mi al­
ma no p uede menos que magnificarle
tam bién agrad ecida, y convidar todns
lai criaturas íi que lo magnifiquen
también.
¡ A y M a d re m ía dulcísim a! vues­
tro santísimo Hijo en m í ! .. . ¡ El C ria­
d o r de ciclos y tie r r a en esta vilísima
c r ia tu r a !... ¡ D e n tr o la estrecha cárcel
de m i i n t e r io r el Dios grande, el Dios
258
excelso, el D ios in m e n s o , el que no
cabe cn el c ic lo , ni en los cielos de
los c ie lo s !... j E n un coraron tan p e r ­
verso é in m u n d o el D ios de Ja p u ré
za y de la san tidad!... E n una choza
tan p o bre y desaliñada el Dios de la
m a j e s t a d , el R e y de cielos y tierra,
el so berano S e ñ o r del u n iv e r s o ! .....
¡ H u m ill a d o , a n o n a d a d o , abatido cn
mi in te r io r aquel m ism o R ey de tr e ­
m en da majestad ante guien se postran
hum illados hasta los m as e n c u m b ra ­
dos Serafines!... ¡A y M adre m ia í ¡ ro ­
deado de Ángeles a h o r a este in dign í­
simo p ecad or! ¡en posesión de aque­
lla p re n d a amada de vuestro corazon!
¡ de aquel Hijo un ig é n ito del P ad re,
caro y dulce objeto de sus com placen­
cias, á q u ie n obsequiáis re v e re n te Vos
misma , oh R e in a sacratísim a , y ju n ­
ta m e n te con Vos toda la corte celes-
259
tia ll O lí! pasmaos i cie lo s, al vci1 el
a m o r tan grande que tiene á esta m i ­
serab le c r ia tu ra el m ism o D ios que
os ha criado. P a s m a o s , Angeles san­
to s , y envidiad á este pecador una
dicha que ningun o de vosotros jamás
ha tenido. P a s m a o s , c ria tu ras todas
cuantas habéis salido de sus manos
o m n ip o te n te s ; alabadle y bendecidle :
B endecid, obras (odas del Señor, al
Señor; alabadle y exaltadle por iodos
los siglos. A lábale sobre lodo tú, al­
ma m i a , tú que recibes tan gran fa­
vor. Bendice , alma mía , al Señor, y
iodo cuanto hay en nú interior , ben­
diga su santo nombre. Bendice, alnui
m ia , al Señor , y no quieras olvidar
sus beneficios: n o olvides la fineza
portentosa qu e acabas de recibir. IVo
solo te p e rd o n a todas tus iniquidades,
no solo cura todas tu s enferm edades,
260
sino que llega al exceso de unirse con­
tigo p o r m edio d d divino p a n : ¡olí
qué a m o r!
¡Con cuánta razón pues debe mag­
nificaros mi a lm a , Dios m i ó , á im i­
tación de vuestra santísima M adre, y
exclam ar atónita, á im itación de su
p r im a E ü s a b e t : ¿ De-dónde á m i lan­
ía dicha que venga ú visitarm e, no
e n mi c asa, sino cn m i i n t e r i o r , no
la M a d re de m i S e ñ o r , sino el Señor
m is m o , el V erb o del P a d r e , mi mis­
mo C r i a d o r , m i R e d e n to r y mi Sal­
v a d o r ? Magnifica pu es alma mia al
S e ñ o r : alma a f o rtu n a d a , bendice, e n ­
salza y e x a l t a , encarece y engrandece,
glorifica y magnifica al q u e es Supe­
r io r á tod o eng rand ecim iento y á to ­
da alabanza. T o m a cn tu corazon y
cn tus labios las tiernas expresiones
ue Lu dulcísim a M a d r e , y celebra las
261
bondades del S e ñ o r , y su m ise ric o r­
d i a , qu e nú tien e n ú m e ro . A h ! mi
alm a os magnifica f S e ñ o r y Dios mió,
y m i e sp íritu se alegra en Vos que
sois su S a lv a d o r ; cn V os que habéis
te n id o la bondad de m ira r la p e q u e ­
nez de este vuestro esclavo , y me ha­
béis dispensado una gracia ta n singu­
l a r , que merece sin duda las alaban­
zas de todas las generaciones. G r a n ­
des cosas habéis hecho á m i favor,
V os que sois el p o d e r o s o , Vos cuyo
n o m b re es santo. ¡O h ! cuánta v erdad
es que vuestra m isericordia pasa de
generación á generación cn gracia de
aquellos que os te m e n ! Vos que m a -
nifestásteis el p o d e r de v uestro brazo
dispersando á los d e m o n io s, cuyo e n­
te nd im ie nto estaba lleno de soberbia,
y p recipitándolos de sus sillas, y que
exaltasteis á los h u m ild e s , Vos m is­
269
m o , Dios m i ó , ¡olí cu á n to habéis
exaltado ahora á esta m iserable c ria ­
tu ra , no colocándola en alg ún asien­
to sublim e , sino llegando hasta el ex­
tre m o , si así pu ed o d e c i r l o , de es­
coger en ella un asiento para Vos,
que a h o ra os dignáis m o r a r en mi
in te rio r! E l q u e dejasteis vacíos á los
ricazos, y Heñísteis de bienes á los
p o b r c c ito s , acabáis de llenar á mi
p o b re alm a de bienes los mas ricos;
acabnis de favorecerla con el precioso
don de v uestro c u e rp o y sang re, de
vuestra a lm a y divinidad. ¡Q u é dicha
la m ia! Y o tengo hospedado en m i
corazon aquel m ism o S e ñ o r , aquel
tie rn o y cariñoso N i ñ o , que recibió
gozoso I s r a e l, recordándose de su m i ­
sericordia , dándose así c u m p lim ie n to
á lo que habia sido d ic h o á A b ra h a n
y á su descendencia. ¡ Q u é dicha, r e ­
263
p i t o , alma m i a , la tu y a en esta a fo r­
tunada l i o r a ! cu esta h o r a para tí
v e rd a d e ram e n te de salud y de b e n d i­
ción! M agnifica, p u e s , una y m uchas
veces al S e ñ o r , que te llena de g r a ­
cias: alégrate en é l , e sp íritu m i ó , y
celebra con entusiasmo sus m is e ric o r­
d ias
P e r o tam b ié n v o s o tr o s , sentidos
mios y potencias del alm a m i a , ve­
n id , adoremos al S e ñ o r, y postré­
monos ante su divina majestad. M e ­
m oria m i a , recuérdam e este benefi­
c io: e n te n d im ie n to m ío, re c a p a c íta lo :
agradécelo, vo luntad m ia. A ngeles que
estáis al re de d or de m í , Santos que
m oráis cn las mansiones de la gloria,
sobre todo Vos ¡ o h R e in a sacratísima
de todos e llos! c r ia tu ra s todas en fin
cuantas hay en los c ie lo s, y en la
t i e r r a , y en los abismos del p u r g a to ­
26 4
r i o , venid todas á alab a r y bendecir
aJ S e ñ o r q u e se ha dignado v e n ir á
m í : ala ba d le , ensalzadle, bendecidle
y m a g n ific a d le : M agnificad (odas al
Señor junlam eníe conm igo, y exal-
(amos su sanio nombre, y el de Ma­
ría.
P e r o ¡ o h con que afecto os e n tr e ­
gasteis to d a , V irgen santísima , al que
to do se Habia e ntregado á V os! ¡Con
cuánta com placencia le ofrecisteis con
especialidad vuestro corazon! T a m ­
bién y o , M a d re m i a , me en tre g o to­
do á é l , á él que se ha en treg ado todo
á m í : tam b ién le entrego con espe­
cialidad m i c o ra z ó n , a unq ue tan p o ­
b re y m is e r a b le , aunqu e tan pecador.
P resentádselo V os mism a con vuestras
m a n o s , que viniendo de unas manos
tan p u r a s , n o lo r e h u s a r á ; se digna­
rá a c e p t a r l o , a u n q u e tan im p u r o ; y
265
quizá si algún dia Jo purificará t l i ­
brándolo de lodo apego desordenado
á las cosas c r ia d a s : entonces él a m a­
rá de veras á Dios. Esta gracia le p i ­
d o , dulcísim a M a d r e , y esta alcan­
zadme V o s : que mi corazon no ame
sino á é l , y p o r é l: á é l , que debe
ser sie m p re el blancó de m i am or, y
;í mis p ró jim o s, porque así lo manda
é l, y que después de él os am e de
veras á Vos. M u e r a de u n a vez para
m í el m u n d o con todos sus embelesos
y v anidades; y viva solo cn m í el
a m o r de Jesu cristo. Á él busque, p o r
¿I an hele y suspire : á él h a l l e , en él
ine goce y c o m p la z c a: p o r él desfa­
llezca y m u e r a el alm a m ía. Sea ella
una víctim a de a m o r á Vos y al p r ó ­
jimo. Je sús m i ó , que habéis venido
d m í , concededm e esta gracia. Y o os
abrazo e n tr e tanto pueslo en mi in te ­
266
rior. A gradecido á una fineza tan g ra n ­
d e , os Amo, a m o r m i ó , os estimo, os
aprecio ; os h o n r o , os a d o r o ; os ala­
b o , os ensalzo, os e x a lto : ofrezco,
agra d e z co , en carezco: os glorifico y
m a gnifico, con todos los Ángeles y
Santos del p a r a í s o ; y sobre lodo con
la R eina de todos ellos la santísima
V irgen M a ría , dulcísim a M a d re vues­
tra ¡o h Je sú s! y mia. Vos en fin, ben
decidm e en esta h o ra de g ra c ia , que
yo no os dejaré ir sin que me deis
antes vuestra bendición. Alcanzadme
la bendición e tern a ¡oh Hija p r e d i­
lecta del P a d r e , M a d re estimadísima
del H i jo , Esposa dulcísim a del E sp í­
ritu S a n to , (enripio y sagrario de la
santísima T r in id a d ! Amen.

Ff N.
$67

ÍNDICE.

Noticia histórica sobre el origen


y efectos de la Medalla mila­
grosa. ........................................... y
Propagación y efectos ................... 21
O raciones á M a ría santísim a: pa­
ra pedir la devoción para con
ella misma ...................................... 48
Para pedir la gracia de la con­
versión ............................................. 29
Para pedir elfe r v o r ................... ... 32
Para pedir la perseverancia . . 33
P ara pedir una buena muerte- ■ 35
O tra oración...................................... 37
Otra oración...................................... 39
Letanía de la inmaculada Con­
cepción con ocasion de la M e­
dalla. ............... * .......................... ¿0
468
Himno á honor de la misma Con-
cepcion. . AL
Décima. . . 49
Curaciones y conversiones. . . . 51
Conversión de un militar. . . . 52
Convertían de un viejo d e l 1 años. 59
Conversión de un sacerdote apos-
tata. . 64
Curacion de una doncella etica. 70
Curación de una religiosa. . . 73
Curación de un soldado loco. . . 77
Curación y conversión de un co­
mandante ........................................ 80
Oraciones con que el mismo de­
testaba su vida pasada. . . . 88
Conversión de un capitan. . . . 95
Conversión y curación de un vie­
j o incrédulo ...................................102
Conversión de un octogenario
impío ................................................107
Conversión de un padre ............... 112
269
Conversión de otro incrédulo- . 116
Curación de una muchacha,y con­
versión de un jóven amance­
bado. , .................................. . , 1 1 9
Conversión de un sargento mayor. 145
Conversión de otros militares. . 127
Conversión de un jóven impío. . 130
Conversión de un Turco y su
m ujer ...............................................133
Convcrsion de una Prolestanla. 1 3 5
Convcrsion de una parricida. . 138
Indulgencias ......................................145
Obsequios en fo rm a de novena. 147
D ia primero ...................................... 151
D ia segundo ......................................156
Dia tercero .......................................160
Dia cuarto .............................. ... 16^
D ia quinto ..........................................170
D ia sexto ..................... ... .................. 176
D ía séptimo ...................................... 180
Dia octavo..........................................186
270
D in nono .............................................191
Gozos.................................................... 202
Conversión de una mujer impía. 207
Conversión de una Prolestanta. 210
Curación de una Turca doncella. 215
Curación y conversión de una
viuda ................................. ... 219
Curación de mujeres y conver­
sión de un hombre....................... 223
Curación de un niño ciego y de
una ciega ....................................... 22G
Curación de una loca.......................232
Para acercarse á los santos sa­
cramentos en los sábados y
festividades de la santísima
V irgen ............................................ 239
A n tes del examen ........................... id.
Después del examen ....................... 241
Después de la confesion ............... 243
A n tes de la, comunion. . . . . . 246
Después de la comunion............... 255

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