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Universidad Central de Venezuela

Facultad de Ciencias Económicas y Sociales


Escuela de Antropología
Departamento de Arqueología y Antropología Histórica

Re-definición estilístico cultural de la Cerámica de Camay, Estado Lara

Esquema de Trabajo:
1. Antecedentes
1.1 Acercamientos arqueológicos a la región del Noroeste de Venezuela
1.2 Acercamientos arqueológicos a la región de Valdivia de Ecuador
2. Perspectiva Teórica
2.1 El caso de las ciencias sociales: La antropología, la historia y la arqueología en
relación al estudio del pasado
2.2 Arqueología como ciencia interpretativa
3. Perspectiva Metodológica
3.1 El estilo como concepto de análisis
3.2 Sobre las colecciones y la muestra
3.3 Propuesta de análisis de la colección

4. Bibliografía

Autor: Rubia Vásquez Castillo

Octubre, 2016
1. Antecedentes

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1.1 Acercamientos a la región del Noroeste de Venezuela

Los trabajos realizados para la región del noroeste de Venezuela han sido diversos,

los primeros acercamientos se realizan bajo la idea de la búsqueda, identificación y

descripción de los yacimientos y las piezas allí encontradas, enmarcados en una especie de

normativismo incipiente, en donde el poco carácter sistemático de las investigaciones no

brindó mucha información al respecto del área, sin embargo, enunció la posibilidad de

realización de investigaciones arqueológicas en la región. Uno de los pioneros fue el

hermano lasallista Nectario María, que durante 1932 excava el sitio de Cerro Manzano,

cercano a la ciudad de Barquisimeto en el Estado Lara, constituyendo uno de los primeros y

más interesantes yacimientos del área, con la aparición de un cementerio de suma

complejidad y un complejo de montículos de habitación en las vecindades de Guadalupe,

específicamente los sitios de Los Tiestos y Las Dos Puertas (Vargas, 1990:155).

Posteriormente, ya con cierta sistematicidad en el trabajo de investigación tenemos los

trabajos de Alfred Kidder que realiza exploraciones sin excavaciones en alrededor de la

ciudad de Barquisimeto (Vargas, 1990:155); posteriormente, tenemos los trabajos de los

norteamericanos Cornelius Osgood y George Howard que realizan recolecciones

superficiales en los alrededores de la ciudad del Tocuyo (ibídem), trabajos en donde se

evidencian rasgos incipientes de la escuela normativa.

Con intereses en identificar material y ubicar yacimientos arqueológicos, aparecen

en el año 1957 trabajos del hermano lasallista Esteban Basilio que a través del Centro

Científico y Cultural de La Salle de Barquisimeto exploran los sitios Camay, Guaimure, El

Tanquito, El Papayo, El limón y Los Algodones, todos ubicados en el valle de Carora,

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donde informan de sitios de cementerios, talleres y habitación (Vargas, 1990:156), aunque

la sistematicidad no fue algo que caracterizó estas excavaciones, se conformó una vasta

colección que daba cuenta de la variabilidad estilística de la región; uno de los aciertos del

trabajo del hermano Basilio fue la difusión de la tradición cultural prehispánica,

evidenciado en los reportes de montajes museográficos en Camay y Barquisimeto del

material arqueológico, y en el material bibliográfico dejado por él, como es el caso del

Libro de Oro de Camay y el libro Cerámica de Camay, donde reporta sus incursiones y

opiniones alrededor de esta cerámica de Camay.

Con un trabajo más amplio y con las intenciones de dar cuenta del panorama

arqueológico en Venezuela y con la preocupación de darle un carácter sistemático a las

investigaciones arqueológicas en la región, aparece en 1958 el trabajo de J. M Cruxent e

Irving Rouse titulado Arqueología Cronológica de Venezuela, trabajo que sirve para

esbozar de manera más clara el horizonte arqueológico del país: reportando sitios y

yacimientos, describiendo el material arqueológico, y cuando constaban de suficiente

información proponer cuadros cronológicos regionales basados en la idea de comparación

estilística de los restos cerámicos. En su trabajo se observa la influencia de la escuela

normativa, en la medida en que piensan a la cultura como un conjunto de ideas,

pensamientos y conceptos reflejados en el comportamiento, que posteriormente se fijarían

como normas de la comunidad y que se reflejarían en la cultura material, por lo que el

estudio de los rasgos y atributos de esta conducirían al hallazgo de la idea original, creada

por la comunidad prehispánica (Rosas, 2008:20). Para la región larense, definen cuatro

estilos: 1) Estilo Tocuyano, situando esta alfarería en el periodo II entre 1050 años d.C; 2)

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Estilo Sarare, el cual es un estilo bastante débil, ya que está representado por 11 tiestos; 3)

Estilo Betijoque, correspondiente al periodo V de 1.500 años d.C en adelante; y 4) Estilo

Tierra de los Indios, este es el estilo cabecero de la serie Tierroide, así mismo Cruxent lo

ubica del periodo IV al V (Cruxent y Rouse, 1958:286).

Por otro lado a finales de los años 60, en latinoamérica el pensamiento marxista

invadía ciertos espacios académicos en donde no se pensó que podía permear esta corriente,

sin embargo, tomó un rumbo bastante novedoso en cuanto a los modos de acercase a los

fenómenos sociales, es pues, que sus aportes consolidaron un espacio llamado arqueología

social latinoamérica que a través de los trabajos de diversos arqueólogos fomentaron las

visiones marxistas de entender a las comunidades del pasado. Para la región han sido dos

arqueólogos los que han propiciado la discusión de esta perspectiva teórica, así como han

sido fuertes representantes del movimiento de la arqueología social latinoamericana, como

son Mario Sanoja e Iraida Vargas, al tener una perspectiva marxista para el estudio de las

sociedades del pasado y emplear como método el materialismo histórico, su objetivo ha

sido conocer las formaciones sociales prehispánicas y con ellas las relaciones de

producción tanto en su ámbito económico como en su ámbito material, es decir, conocer la

producción de técnicas y artefactos, que son factores fundamentales en la constitución de

las sociedades.

Los primeros acercamientos de estos autores al Valle de Quibor en el Estado Lara,

fueron en los años 60, específicamente a través de los trabajos de Sanoja en el proyecto de

Arqueología en el Occidente de Venezuela, donde excava los sitios de El Tiestal (Los

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Tiestos), Ojo de Agua, Mosquitero, Playa Bonita; y posteriormente en 1964 en conjunto

con Iraida Vargas excavan el sitio de Las Locas, un cementerio cercano a la población de

Guadalupe en el Estado Lara. En años recientes, Mario Sanoja se acerca a la región de

Camay, con un énfasis en la descripción y catalogación cerámica, con la intención de

refinar la secuencia cronológica, ocupacional y estilística que presenta esta cerámica,

revisando la colección excavada por el Hermano Basilio, y posteriormente realiza

excavaciones en la región de Camay, para certificar los datos y realizar una aproximación

más completa.

Otros autores que se aproximan a la región del noroeste de Venezuela son los

arqueólogos Luis Molina y María Ismenia Toledo que influidos bajo el pensamiento

marxista, así como las ideas alrededor de la importancia del ambiente para el desarrollo de

los grupos humanos, apoyados en los aportes de la escuela ecológica cultural, se sumergen

en la realización de investigaciones sistemáticas en la región, principalmente con el

proyecto: Poblamiento prehispánico de la Región Sicarigua-Los Arangues, en donde se

localizaron numerosos sitios de habitación, enterramientos, montículos y huertos en ladera

como Güeche, La Piscina, La Sabana, Andrés Piña, Oreja de Mato, La Bendición, San

Pablo (Molina, 2008:1); sus trabajos en el Estado Lara incluyen también otros sitios como

el Cementerio de Quibor, Las Mesas y La Hundición (Vargas, 1990:157).

Ahora bien, la arqueóloga Liliam Arvelo, realiza trabajos en la región y los adscribe

al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), los cuales han tenido

influencia tanto de la escuela normativa como de la escuela ecológico cultural, esta última

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ha tenido un desarrollo bastante grande en nuestro pais, por lo tanto sus investigaciones se

basan en un amplio recuento descriptivo y clasificatorio manteniendo en el horizonte la

influencia del ambiente en el desarrollo cultural de los pobladores prehispánicos. En sus

investigaciones arqueológicas en la región, nos comenta la existencia de una amplia

variabilidad estilística en el occidente del país, debido, principalmente a múltiples

movimientos migratorios, que gracias a las condiciones climáticas permitían la

comunicación lacustre y costera propiciando el comercio e intercambio entre los grupos

prehispánicos en el noroccidente de Venezuela (Sánchez, 2008: 19).

Posteriormente, tenemos el trabajo doctoral de José Oliver, titulado The

archaeological, linguistic and etnohistorical evidence for the expansion of arawakan into

northwestern Venezuela and northeastern Colombia publicado en 1989, el cual tiene una

perspectiva normativa, que se debe en parte a la clasificación que pretende realizar para

explicar la ocupación prehispánica, pero mantiene características ecológico culturales, ya

que usa el modelo de Donald Lathrap para el estudio de los movimientos migratorios y el

desarrollo de la población desde Amazonas central hasta el resto de América (Rosas,

2008:29). Su trabajo intenta integrar la evidencia léxico-estadística y arqueológica en un

modelo de expansión de la lengua arawak en el noroccidente de Venezuela y nororiente de

Colombia; cuando habla específicamente para Venezuela, el modelo se basa en una

unificación de todas las unidades arqueológicas y estilos estudiados hasta el momento,

dentro de un esquema taxonómico jerárquico para la región del noroeste de Venezuela, en

donde hay categorías análogas de clasificación para el análisis estilístico y el análisis

lingüístico. Su modelo es el siguiente: propone nuevas categorías jerárquicas como

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Macrotradiciones, Tradiciones, Subtradiciones, y Complejos, así mismo, propone la

existencia de dos oleadas migratorias de los grupos de habla Arawak, ejemplificadas a

través de las 1) Macrotradición Tocuyanoide, que compone una primera oleada más

temprana y agrupa las Tradiciones Malamboide, Hornoide, Lagunilloide y Tocuyanoide, y

la 2) Macrotradición Dabajuroide que comprende la segunda oleada migratoria, que

componen las sub-tradiciones Dabajuran y Tierran (Oliver, 1989:485).

Por su parte, Erika Wagner en 1967 trabaja el área de Carache en el estado Trujillo,

su trabajo claramente se realiza bajo la escuela ecológica cultural, ya que se inclina hacia la

búsqueda de definir patrones culturales correlacionados con pisos climáticos o ecológicos.

En esta investigación, Wagner propone una hipótesis de la existencia de 2 patrones

culturales en los andes venezolanos que posteriormente amplia a 3 patrones culturales,

relacionados a través de tres fases culturales: 1) Fase Miquimú, guarda semejanzas con los

estilos cerámicos de las series Dabajuroide, Tocuyanoide y Tierroide, sin embargo mantiene

características propias, por lo tanto no se ha incluido en ninguna de estas series

occidentales; 2) Fase Mirinday, fue definida a través de los tipos cerámicos como Mirinday

simple y pintado, El Chao plástico y pintado-plástico, como también por manos, metates,

pulidores, azuelas, discos y pendientes de piedra, la cual incluye dentro de la serie Tierroide

; y 3) Fase La Ermita, la cual fue una de las primeras construcciones europeas en el área,

marca el inicio de la fase, junto a varios tipos de mayólica europea (Molina, 2008:83-85).

Posteriormente excava sitios como Los Tiestos en Betijoque, y reubica

cronológicamente el estilo Betijoque en el periodo III dentro de la cronología regional de

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Cruxent y Rouse, así mismo considera que esta cerámica tiene nexos muy estrechos con La

Pitia, en la península de la Guajira, donde considera que tuvo su desarrollo original y que

posteriormente habría desarrollado atributos locales en las regiones de Lara y Trujillo. A su

vez, Patrick Gallagher se propone establecer el impacto de los cambios del medioambiente

sobre las ocupaciones humanas y excava el conchero La Pitia, en la península de la Guajira

para la cual define tres fases: 1) la fase Kusu, corresponde a la segunda mitad del Período I

(3000 a.C. a 1000 a.C); 2) la fase Hokomo, a los Períodos II y III (1000 a.C. a 1000 d.C.) y

3) la fase Siruma, al Período IV (1000 d.C. a 1500 d.C.) (Molina, 2008:62); en donde la

fase Hokomo contiene semejanzas estilísticas con los estilos de la serie Tocuyanoide, así

como un rasgo decorativo identificado en el estilo Betijoque.

2. Perspectiva teórica:

2.3 El caso de las ciencias sociales: La antropología, la historia y la arqueología


en relación al estudio del pasado

A lo largo de los años, el interés de la ciencia sobre la búsqueda de un supuesto

orden social, ha propiciado la materialización de investigaciones alrededor de procesos

sociales, que dan cuenta de la existencia de diversas y particulares maneras de ver el

mundo; los estudios antropológicos se han encargado de registrar y analizar sucesos

cotidianos, dando cuenta de las nociones que manejan los pueblos sobre su realidad. Estos

acercamientos, han causado que las ciencias sociales y humanas en general, y la

antropología en particular, haya venido reflexionando sobre la manera de asir y abstraer el

hecho social, por lo cual se han desarrollado diversas herramientas teórico-metodológicas

con la intención de buscar caminos posibles para entender los procesos culturales.

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En este camino, la antropología ha comprendido que cada uno de estos fenómenos

estudiados en momentos y espacios particulares, forman parte de una totalidad que se ha

denominado cultura. Es pues, la antropología al interesarse por las nociones de identidad,

territorio, espacio, familia, sexualidad, busca comprender no solamente cada uno de esos

ámbitos aisladamente, sino busca su relación con los demás espacios de la vida social, es

decir, como cada uno de ellos es definido, permeado, alterado y legitimado por la cultura

en donde se insertan. Nuestra definición de cultura, no solo comprende un cumulo de ideas

y creencias, o formas de expresarlas; esta consiste en estructuras de significación

socialmente establecidas, la cual es activa y cambiante (Geerzt, 2003:26).

Al acercarse al objeto de conocimiento de la antropología, debemos entenderlo

como un todo, el cual será metodológicamente separado por el investigador para llegar a un

conocimiento más profundo y detallado de cada una de las partes (Navarrete, 2004:17). En

concordancia con esto, Bourdieu (2003) nos comenta:

(…) no se puede asir la lógica más profunda del mundo social


sino a condición de sumergirse en la particularidad de una
realidad empírica, históricamente situada y fechada, pero para
construirla como “caso particular de lo posible”, según las
palabras de Bachelard, es decir, como una figura en el
universo finito de las configuraciones posibles (Bourdieu,
2003:24)

Es pues, que no sólo debemos trabajar sobre realidades particulares, sino que cada

una de ellas debe ser ensamblada con sus demás partes dentro del contexto social estudiado,

permitiendo generar una comprensión global y completa de la totalidad (Navarrete, 2004).

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La generación de este conocimiento, sucede a través de un proceso cognoscitivo, el cual se

establece por diversos métodos, con anterioridad se estipulaba que mientras el agente

suprimiera en la totalidad definida sus cargas valorativas, el análisis del fenómeno

sucedería de manera externa al proceso de conocer y al agente detonador del proceso, sin

embargo, los aportes de la hermenéutica nos comentan que los procesos cognoscitivos,

antes que descriptivos o explicativos, son interpretativos, es decir, en este proceso entran

tanto las consideraciones del sujeto como de la comunidad:

Cualquier conocimiento es, en sí mismo, una interpretación


más que una descripción o explicación de la realidad. Como
visión de mundo, debe ser inventado y construido, creado y
recreado en cada momento, adquiriendo connotaciones y
posibilidades nuevas en cada nuevo contexto de formación.
(Navarrete, 2004: 19)

Con esto queremos señalar que todo acercamiento a la realidad social de alguna

comunidad más que ser descrita será interpretada, es decir, este conocimiento producido

está inmerso dentro de los contextos particulares de producción de cada investigador.

Ahora bien, la arqueología, aunque nacida separada de la antropología, igualmente

en su desarrollo ha reflexionado sobre su objeto de estudio, mucho se ha hablado y escrito

acerca del objeto de conocimiento de la arqueología, y varios caminos se han tomado. Si

bien, en ocasiones se puede suponer que el interés final de la arqueología es el estudio

material del pasado, esta no llega hasta allí, su objeto de conocimiento es reconstruir el

desarrollo de las sociedades antiguas, estudiando los procesos de transformación hasta su

unión con sociedades más recientes. Es pues, que el estudio de los procesos en donde las

sociedades pretéritas se unen con las contemporáneas es el objeto de la arqueología: “(…)

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estos procesos no son solamente acumulativos sino que se crean y recrean continuamente,

se transforman y se proyectan hacia el futuro” (Vargas, 1990:7)

Ahora bien, con respecto al interés por el estudio del pasado, tradicionalmente la

ciencia ha conformado campos específicos de trabajo, tanto por temporalidades como por el

acercamiento teórico y metodológico que cada comunidad científica ha impuesto (Amodio,

2001); la antropología, la historia y la arqueología se definen por tener diferentes

perspectivas y ámbitos de estudio sobre el pasado, si bien, los miembros de cada una han

colocado ciertos límites entre ellas, cada vez y con más fuerza estas se han ido

desdibujando, no con el pensamiento postmoderno de crear una ciencia holística, si no que

sus defensores buscan generar –desde el ámbito de la ciencia desde donde se encuentren-

análisis más próximos de la realidad estudiada.

Sin embargo, dentro de estas tres disciplinas han existido autores que han entendido

cuales son los aportes de cada una de ellas para la comprensión de los procesos sociales y

culturales; a mediados del siglo pasado, Evans-Pritchard (1964) enunciaba que la

antropología estaba más cercana a las ciencias históricas que de las ciencias naturales, ya

que no solo había que estudiar los fenómenos sociales, sino su proceso de constitución y

desarrollo, el cual se podría materializar a través de métodos históricos; si bien todavía gran

parte de la historia se enfoca en la descripción y explicación de grandes acontecimientos,

actualmente diversos autores (Habermas 1981, Evans-Pritchard 1964) hablan de una

historia sociológica, la cual da lugar al surgimiento de los actores colectivos, entendiendo

así a la historia como relaciones dialécticas entre los individuos y la colectividad

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(Navarrete, 2004); con respecto, a la arqueología, esta es considerada una ciencia histórica,

en la medida en que utiliza la teoría de la historia, para explicar la existencia objetiva de

sociedades, su desarrollo, desenvolvimiento, interacciones, cambios y elementos que se

expresan con una variabilidad histórica (Vargas, 1990).

2.2 La arqueología como ciencia interpretativa

En 1958, Willey y Phillips afirmaron que la arqueología era antropología o no era

nada, la frase concuerda con el hecho de que la arqueología no puede solamente promover

valiosa información sobre el pasado geológico, paleontológico y climático además de

invaluables objetos para los museos de arte, sino que estos datos deben ir acompañados por

una teoría antropológica que los relacione:

Sugiero que los arqueólogos no han efectuado contribuciones


de importancia a la explicación del campo antropológico
porque no conciben los datos arqueológicos como insertos en
un marco sistémico de referencia. Muchos arqueólogos ven
los datos como particularismos y ofrecen explicaciones en
función más de acontecimientos específicos que de procesos.
(Binford, s/f: 16)

Sin embargo, en la actualidad existe una arqueología que su quehacer científico se

sostiene sobre las perspectivas antropológicas en relación a la existencia de procesos y

estructuras culturales, así como se apoya en la utilización de métodos de las ciencias

históricas, manteniendo su tradicional búsqueda de conocimiento por medio del registro

material. Estos objetos materiales, se vuelven registros arqueológicos, en la medida que son

susceptibles a un análisis desde una perspectiva arqueológica; estos restos materiales, no

son símbolos ni conceptos en sí mismos, por lo cual, la manera de poder entender su

sentido es averiguando como llegaron a existir esos materiales, como se han modificado y

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como adquirieron las características que vemos hoy (Binford, 1988:23), esto se traduce en

el gran reto de la arqueología:

Consiste en la transcripción, de manera literal, de la


información estática contenida en restos materiales observables
para reconstruir la dinámica de la vida en el pasado y estudiar
las condiciones que han hecho posible que estos materiales
hayan sobrevivido y llegado hasta nosotros. (Binford, 1988:24)

Ahora, si entendemos a la arqueología dentro de las ciencias antropológicas,

asumimos que su trabajo también es de realizar interpretaciones, por el hecho de trabajar

las producciones materiales de personas que ya no están, es pues que la producción de este

conocimiento se realiza desde un presente, cargado de signos y símbolos particulares

relacionados con el contexto cultural del productor. No con esto, queremos decir, que las

interpretaciones realizadas sean negadas y deslegitimadas, sino que entendamos que todo

conocimiento se produce bajo intenciones políticas particulares, siendo que de los mismos

restos de cultura material se puedan producir diferentes interpretaciones del pasado, las

cuales dependerán de las preguntas realizadas por la persona que investiga.

3. Perspectiva Metodológica:

La arqueología al acercarse al estudio del pasado a través de los restos de cultura

material, se enfrenta al reto de generar métodos de análisis que le permitan aprovechar toda

la información que le puede proporcionar el yacimiento o los objetos en estado

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fragmentario (Tarble, 1982:13), entendiendo que todo registro arqueológico presenta

limitaciones, ya que los problemas relacionados con su preservación, generan carencias con

la información que podemos tener a nuestro alcance.

Por esto, existe el interés de aprovechar la mayor parte de información que nos

proporcionan, por cual, se crean métodos de clasificación y comparación sistemáticas,

orientadas a solventar los problemas específicos de las investigaciones. Sin embargo, para

generar los métodos propicios, debemos tener en cuenta la naturaleza del registro

arqueológico, ya que dependiendo de este podemos orientar las posibles soluciones al

problema; ahora bien, la mayoría del material utilizado en épocas prehispánicas es

fácilmente degradado por la acción del medio natural a su alrededor, en la mayoría de los

casos los restos cerámicos, son uno de los pocos sobrevivientes de este proceso de

degradación, siendo que los datos que nos proporciona el material cerámico, sea uno de los

pocos que tengamos para la reconstrucción de la cultura, permitiendo conocer no solamente

datos respectivos a la cerámica, como proveniencia o fecha de cocción, sino ir más allá y

poder acércanos a las personas que la produjeron, las normas que regían su manufactura y

decoración, posibilitando el acercamiento al desarrollo tecno-económico de la cultura

estudiada.

En nuestro caso, al trabajar colecciones cerámicas, nuestra herramienta

metodológica será el uso del concepto estilo, debido a que consideramos que los diferentes

atributos aislados de diseño, técnica de decoración o manufactura, al ser vistos en conjunto

pueden aportar valiosa información con respecto a cómo se materializaban los rasgos

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culturales. Con el aporte del uso de la categoría estilo a nuestra investigación, trataremos de

1) clasificar el material cerámico de las colecciones a trabajar según los aportes ya

realizados para definir la naturaleza del material cerámico de la zona y 2) la posterior

comparación del material, para determinar el grado de similitud existente entre las

colecciones estudiadas.

Si entendemos a la cerámica como portadora de estilo, concebimos que es un

material suficientemente resistente para que en él perduren a través de una gran cantidad de

años, los rasgos culturales de la sociedad que la produjo; el carácter plástico de la cerámica

permite que exista una expresión artística y funcional casi ilimitada. Esto nos lleva a

considerar necesario abordar un método que nos permita sistematizar la información

recolectada, es decir, el cual será realizar una clasificación de acuerdo con nuestras

preguntas de investigación. La clasificación, es el método por el cual el arqueólogo destaca

patrones en el material cerámico, siendo entonces, que es un procedimiento por medio del

cual se forman, se denomina, y se definen clases, para lo cual es necesario seguir patrones

de atributos (Rouse, 1972:248 en Tarble 1982).

3.1 Las colecciones

Para el desarrollo de esta investigación, trabajaremos esencialmente tres colecciones

cerámicas, provenientes de Camay Estado Lara; la primera de ellas fue recogida por el

Hermano de la Congregación La Salle Esteban Basilio, que a partir de su interés por las

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ciencias naturales incentiva viajes de exploración con estudiantes a pueblos y caserios

cercanos a Barquisimeto, es pues, que a partir de 1957 comienza a formar una colección de

piezas arqueológicas, muchas fueron donadas por habitantes de los sitios visitados, entre

ellos Camay, este último sitio generó un interés particular al hermano, por lo cual, propició

no sólo excursiones, sino algunas excavaciones, de las cuales extrajo muchas de las urnas y

material cerámico de su colección.

A pesar el gran interés del hermano por este material, no se encuentra muy bien

documentado, mucha información contextual no está registrada por el hermano, no hay

informes de campo y los libros publicados sobre el material no constan de mucha

información, como el caso de la ausencia de información sobre los sitios donde se

realizaron excavaciones. La ubicación de este material ha sido diversa, primeramente se

encontraba en el Museo de Camay, sin embargo, luego fue trasladada a la Escuela Pre-

Artesanal Hermano Juan en Barquisimeto, adscrita a la Congregación La Salle, de allí -no

sabemos muy bien el por qué- es dividida y una parte es dada en comodato al Museo de

Barquisimeto; su distribución quedó de la siguiente manera: 1) una parte que consta de sólo

fragmentos se mantiene en la Escuela Pre-Artesanal Hermano Juan en Barquisimeto, Lara,

allí existen aproximadamente 16 cajas pequeñas, con fragmentos de cerámica, que no

consta de identificación alguna aparte de la escritura de Camay fuera de la caja; 2) otra

parte, que consta de piezas completas propensas a ser museables, en las cuales hay urnas

funerarias, platos, boles, vasijas, material lítico y de concha, se encuentra en el Museo de

Barquisimeto; 3) la última parte se encuentra en el Instituto del Caribe de Antropología y

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Sociología ente adscrito a la Fundación La Salle, ubicado en Caracas, en donde existe un

material cerámico fragmentado, clasificado según tipologías y formas cerámicas.

La segunda de ellas, proviene de las investigaciones del arqueólogo Mario Sanoja,

el cual se interesa por el material y decide comenzar a realizar trabajos sistemáticos en la

región, el material extraído de sus dos jornadas de campo, es bastante diverso, consta de

material cerámico fragmentado, material lítico, de concha, osteológico y zoo-arqueológico;

gran parte del material cerámico se encuentra clasificado y se encuentra resguardado en los

depósitos del Museo de Ciencias en Caracas. Por último, la tercera proviene de la

recolección superficial del material realizado por parte de la comunidad de Camay, alojado

en las instalaciones de la escuela en Camay.

Luego de la ubicación de estas colecciones, en este trabajo nos propondremos,

analizar cada colección, mediante la descripción estilística de la cerámica, para su posterior

comparación, para así, determinar el grado de homogeneidad temporo-espacial de la

cerámica de la región de Camay.

4. Bibliografía

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