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ÀNGELA GRAUPERA: LA IDENTIDAD SUPRIMIDA.

Por: JOSÉ MARÍA REYES VIDAL. Historiador.

¿Es posible que de una mujer del siglo XX, primera corresponsal de guerra catalana, autora
de más de cincuenta libros y cientos de artículos periodísticos; que compartía tribuna en
mítines con Ángel Pestaña, que era recibida y consultada por Francesc Macià y por Lluís
Companys, lo hayamos ignorado todo hasta hoy: su segundo apellido, la identidad de sus
padres; si era soltera o casada; la fecha de nacimiento o defunción; o si tuvo descendencia?

Pues eso es lo que ha sucedido con ella. Sabiamos que escribió novelas que mezclaban un
sentimentalismo propio de una sociedad pacata y católica con una crítica abierta a los
privilegios masculinos propios del patriarcado y a la sujeción de las mujeres a unas
estructuras familiares que no las dejaban crecer como personas. Eran novelas cortas, de
grandes tiradas, publicadas en la editorial de Federica Montseny que pretendian influir en
las relaciones entre hombres y mujeres de clase obrera.

Se conocía su actividad como enfermera voluntaria, adherida a la sección francesa de Cruz


Roja, al menos en Melilla durante las batallas de Gurugú y Barranco del Lobo y Annual y en
Serbia y Grecia durante toda la Primera Guerra Mundial, actividad humanitaria que combinó
con la profesión de corresponsal de guerra y de autora de ensayos sobre el helenismo y la
persecución de los griegos a manos de los turcos en los años inmediatamente posteriores a
la Gran Guerra.

Siguiendo la prensa del período 1918 al 1935, se podía comprobar su incesante actividad
como conferenciante y propagandista: en pro de la paz y contra el fascismo; en defensa de
los derechos de las mujeres; a favor de la calidad del agua de suministro para las clases
populares; en pro del sufragio femenino; actos electorales; a favor de las cooperativas; de
los derechos de los trabajadores y hasta de las tradiciones asociadas a los pájaros y las
plantas.

Sabemos de su exilio a Bélgica, huyendo de la dictadura de Primo de Rivera. Podiamos


deducir de sus actividades públicas una cierta simpatía con los medios libertarios y un
progresivo distanciamineto de los mismos a partir del asesinato del líder moderado de la
CNT Salvador Seguí «el Noi del Sucre»; distanciamiento que la llevaria a integrarse en la
USC, pero que no le impidió seguir escribiendo y colaborando con Federica Montseny ni
compartir tribuna con Ángel Pestaña, él mismo expulsado de la CNT por una nueva
dirección partidaria de una insurrección armada.

Finalmente, aparece en los medios el reflejo de su activismo en todo tipo de organizaciones


políticas y sociales: la Unió Socialista de Cataluña, la Academia de Sociología, Comité
Femenino de Reformas Sociales, el Front Únic Esquerranista.

Siempre con su nombre y su primer apellido. Nunca en compañía de su familia. Hasta que
en la primavera de 1936 aparece por última vez su nombre y nos quedamos con un vacío
doloroso y punzante. ¿Quien era, en realidad, Ángela Graupera? ¿Dónde y cuándo nació?
¿Cuál era su domicilio? ¿Quienes eran y a qué se dedicaban sus padres? ¿Tuvo hermanos o
hermanas? ¿Sobrinos o sobrinas? ¿Marido? ¿Hijos? ¿En qué circunstancias murió y porqué
callan los periódicos sobre su muerte, cuando tanto nos habian hablado de su actividad
pública? ¿Y su familia no rompió ese silencio llamando a la sociedad barcelonesa a
compartir su dolor por la desaparición de Ángela?

Éste ha sido el estado de la cuestión durante 82 años, hasta que una editorial de nueva
creación, Chapiteau 2.3, me encargó intentar remediar la penosa penuria de información
sobre la escritora a raiz de la inminente publicación de una de las obras de Ángela: «El gran
crimen. Lo que yo he visto en la guerra».

La insistencia de Ángela Graupera en prescindir del segundo apellido me sugirió una mala
relación con su madre, y pensé en buscar noticias de prensa emanadas de actas «oficiales»
donde, forzosamente, aparecería el segundo apellido. Efectivamente, en el ejemplar del
diario «La Publicidad» del domingo 2 de octubre de 1932, se recogía el acta de constitución
de la Academia de Sociología, cuya presidenta era Ángela Graupera Gil; la sede, el número
6 de la calle Canvis Vells de Barcelona, y la bibliotecaria, Regina Opisso.

Esta pista condujo a la esquela de la defunción de la madre, Carmen Gil Llauradó, muerta a
los 83 años el dia 9 de febrero de 1933. La necrológica cita el domicilio de la difunta, que
no es otro que la calle Canvis Vells, número 6. En ella, los datos del padre, Josep Graupera
Majó, de las hermanas, Teresa, la mayor, y Carmen, viuda de Balaguer, Mercè y Francisca,
de menor edad que ella. Los cuñados de Ángela (Gabriel Julià, Luís Reig Bernet y Nicolás
Marxuach). Aun más importante: el nombre del marido de Ángela, Manuel Buxedas, y el
negocio que dirigía, la pasgteleria «El Gurugú» en Melilla.

Y a continuación la esquela del padre, fallecido el 11 de marzo de 1918, hecho que explica
el precipitado retorno de Ángela desde el frente antes del fin de la guerra; las de las
hermanas: Teresa (1871-1955), Carmen (1878-1960) y Francesca (muerta en 1972) y las
de los cuñados (Gabriel Julià Roure, 1869-1950; Josep Balaguer Oms, muerto en 1932;
Luís Reig Bernet, 1881-1968; Joan Balaguer Fins, primer esposo de Francesca, muerto en
1911, y Nicolau Marxuach Doler, 1890-1978). Las fechas de nacimiento de sus hermanas
nos indican el intervalo en que se produjo el nacimiento de Ángela (entre 1872 y 1877).

Una búsqueda genealógica permite comprobar que Ángela no tuvo hijos, ni Carmen
tampoco; pero sus hermanas sí: Teresa (7), Francesca (1) y Mercè (3).

Quedaban dos incógnitas: el fallecimiento de Ángela y el de su marido. Una hipótesis


plausible era que ella muriese en los combates de Barcelona de los dias 19 al 21 de julio de
1936. Añadían probabilidades a ello su vocación de enfermera en escenarios de combates, i
el hecho de que el 70% de las víctimas del golpe fascista y de su represión no pudieron ser
identificadas y fueron enterradas en la fosa común; pero dos elementos jugaban en contra:
¿cómo es que ningún familiar (once sobrinos, cuatro hermanas, marido, tres cuñados)
intentó localizarla? ¿Cómo se explica que ninguno de ellos pidiera ayuda para encontrarla o
un recuerdo para ella?

Y la esquela de su marido elimina las dudas: Manuel Buxedas Aupí falleció en Barcelona el
dia 1 de septiembre de 1936, a los 69 años de edad. La extraña esquela constata que «por
disposición del difunto no se informó de la hora del entierro». Enterado de la muerte de
Ángela a finales de julio, tardó semanas en conseguir llegar a Barcelona para hacerse cargo
de la herencia de su esposa (a su edad y siendo empresario, los militares golpistas no le
debieron poner excesivas trabas para salir de Melilla, y a través de Tánger o de las
posesiones francesas, llegar a la Ciudad Condal).

¿Cómo dar sentido a todo esto?

Ángela se comportaba de una manera tan escandalosa para su familia que la ignoraron
hasta más allá de la muerte. Su matrimonio era una mera fachada para fingir respetabilidad.
Ella jamás usó el apellido de su marido y no hay constancia de ningún acto o circunstancia
(ni tan siquiera la boda) en que aparezcan juntos. Ángela viajó en repetidas ocasiones sin él
al otro extremo de Europa. El marido recibió un negocio (la pastelería «El Gurugú») de los
padres de Ángela, ellos mismos propietarios de una pastelería, a cambio de residir a mil
kilómetros del domicilio de su «esposa». Nada de hijos.

Pasteleria «El Gurugú» en Melilla, propiedad de Manuel Buxedas Aupí

Federica Montseny la critica por sus concepciones sobre la relación entre hombres y
mujeres, el matrimonio y la maternidad (y es conocida su frase de que los hombres
anarquistas eran muy hombres y las mujeres anarquistas muy mujeres). Y critica, en el
mismo paquete, a Regina Opisso, también autora de novelas en la editorial «La Revista
Blanca» de la líder anarquista, bibliotecaria de los libros de Graupera en la calle de Canvis
Vells, número 6 de Barcelona, y compañera en muchas de las aventuras asociativas y
periodísticas de Ángela Graupera.

Regina Opisso Sala, un par de años más joven que Ángela, en mi opinión se llevó a la tumba
el secreto mejor guardado de Graupera al fallecer en 1965.

Las represiones propias de la mentalidad patriarcal y ultracatólica de nuestro país


consiguieron suprimir la verdadera identidad de Ángela Graupera durante 82 años. Hasta
ahora.