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Apuntes sobre la estructura de la lírica moderna y la poesía de los siglos XX y XXI

Fernando Salazar Torres • Lunes 2 de octubre de 2017


https://letralia.com/sala-de-ensayo/2017/10/02/lirica-moderna-y-la-poesia-de-los-siglos-xx-y-
xxi/?fbclid=IwAR07qkjEvCH5bkj8g43ONvMD14M50OmMubhI_qI9yhlGRb_jzTPiD6cbX1E

A más de 100 años de inaugurada la lírica moderna con las obras Hojas de hierba (1855), de
Walt Whitman, y Las flores del mal (1857), de Charles Baudelaire, sus secuelas prevalecen,
incluso en nuestro tiempo, y los poetas actuales repiten varios de sus procedimientos estilísticos
y formales provocando con ello la continuidad de un canon. Además de estas dos tradiciones
poéticas, la escrita en inglés y en francés, se puede hablar de otra gran tradición, la poesía escrita
en español, misma que presenta sus primeras obras a fines del siglo XIX y a lo largo de todo el
siglo XX. La lírica moderna en francés y en inglés emprenden su proceso simultáneamente, pero
la escrita en español, al principio fue la continuidad y, de alguna manera, la cohesión de aquéllas.
Cada uno de los poemarios mencionados representa una estética propia y distinta, incluso
antagónicas. Baudelaire, por ejemplo, conserva la forma del soneto. Por ello es clásico en lo
formal, sin embargo, la estructura, semántica y significado se amplían, a tal nivel que modifican
el ideal de Belleza; a partir de su obra más paradigmática, lo grotesco, repugnante, el mal, la
fealdad corresponden a lo bello. La voz poética de Baudelaire ya no pertenece a la del autor o a
un yo lírico sino a un yo que abandona los sentimientos y la vivencia común para expresar
símbolos, crítica, disonancia y polisemia.

Nuestra poesía deriva de dos tradiciones que se corresponden aunque también son antagónicas.
Arthur Rimbaud y Stéphane Mallarmé, en varias de sus obras, continúan y perpetúan otros
modelos poéticos que responden a la ruptura del verso, la hibridez, la destrucción de la sintaxis,
el choque de la expresión, la despersonalización del poema y, en especial, el nuevo giro en la
construcción de la metáfora. Todas estas características propias de la poesía moderna francesa
tuvieron que ser comprendidas por la crítica y la teoría desde categorías negativas. Dicho
fenómeno se explica en la obra Estructura de la lírica moderna, de Hugo Friedrich. Entrado el
siglo XX, esta nueva manera de representar el mundo se convierte en la fuente de las
vanguardias.

En contraste, la poesía de Whitman, diría, es una poesía feliz, que obedece más al uso de la
expresión común, coloquial, que a la construcción sofisticada del verso, o sea, el lenguaje del
poema es de uso común y, por ello, el propósito es que sea entendido por todos: escribir poesía
como se habla. Esto provoca otra tendencia compartida, de igual modo, por la poesía francesa: el
alargamiento del verso, el versículo. Las diferencias entre ellas consisten en el carácter epifánico,
de significado claro de la poesía, por ejemplo escrita en Estados Unidos durante el siglo XX; es
decir, se expresa el sentido unívoco, es lúcida, metafísica, con elementos narrativos, de facilidad
en el uso de los tropos, busca la mezcla, y descansa más en la imagen que en la metáfora.
Ambas tradiciones apenas explicadas sucintamente influyeron en la poesía escrita en español. Es
decir, nuestra poesía deriva de dos tradiciones que se corresponden aunque también son
antagónicas. En mayor medida este influjo obedece más a la forma que a una estructura
particular. Ahora bien, la lírica francesa, me parece, repercute, principalmente con la escuela del
surrealismo sobre todo en la práctica de la escritura automática, la yuxtaposición y lista extensa
de imágenes, a veces interminables, el sin sentido, las frases absurdas y oníricas, el
oscurecimiento del significado, el hermetismo, y el despliegue de la imaginación en la
construcción dramática del poema. En suma, la lírica francesa se preocupa por el contenido y en
menor medida por la forma; el sentido dependerá no de la expresión o giros del lenguaje sino de
la inteligencia e imaginación del autor.

De la poesía escrita en inglés prevalecen el verso corto y el versículo, la sentencia, la claridad del
significado, la prosa cortada y el uso constante de la cesura para ordenar el ritmo poético, el
verso libre, la sencilla asociación de ideas, la inclusión de elementos populares y de la vida
cotidiana. Sobre este hecho literario destacan de distinta manera Walt Whitman, T. S. Eliot, Ezra
Pound, y más próximo al centro del siglo XX, la influencia de William Carlos Williams sería
fundamental. En síntesis, la poesía escrita en inglés se interesa más por la forma que por el
contenido. El desarrollo del poema se vincula más con el concepto y los giros lingüísticos.
Apenas planteado el tema, la estructura de la lírica moderna y sus secuelas en la poesía de los
siglos XX y XXI, destaco ambas tradiciones, la francesa y la inglesa, como las fundadoras de dos
estructuras y formas distintas de pensar y hacer la poesía. En ambos casos existe el propósito de
comprender y explicar procedimientos, plantear poéticas y definir rasgos estilísticos. El estilo de
la poesía en español, a partir de estos caminos trazados, construirá diversas estructuras que son
derivaciones pero también la continuidad y el aporte a la estética de lo moderno; por ejemplo,
casos como los de César Vallejo, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Octavio Paz, Oliverio
Girondo, entre otros, expresan una enorme heterogeneidad, una manifestación plural de
composición y pensamiento poéticos. Además, en el caso de España se recupera un pasado
propio, la tradición de la poesía del Barroco, para otra época, la generación del 27. Así, pues,
desde principios del siglo XX el estilo iberoamericano, americano, latinoamericano, se
caracteriza por la mezcla, el cruce de poéticas, la hibridez; en otras palabras, la lírica española
construye obras que suman dos o tres estructuras estéticas. Me atrevo a sostener que nuestra
poesía supera sus predecesores, plantea nuevas estructuras y sugiere rupturas continuas. Ejemplo
de ello, como tránsito y el gran antecesor de nuestra poética, es Rubén Darío, quien rompe con
varias formas establecidas imponiendo otras nuevas, como el pentasílabo o el heptasílabo, y
recupera la forma del verso renacentista.

Considero que la lírica francesa es más completa en la formulación de un programa estético,


incluso de mayor impacto e influencia que la poesía que se escribe en inglés. Afirmo esto porque
las poéticas de Baudelaire, Rimbaud, Verlaine, Mallarmé, repercuten en muchos poetas
latinoamericanos, incluso con más fuerza que Whitman, Poe, Pound, cummings, entre otros. El
surrealismo interviene fuertemente en la poesía española, en específico en la generación del 27.
Y varios poetas de esta generación son referente para la poesía estadounidense; me refiero al
grupo constituido bajo el término “imagen profunda” y nombres como Robert Kelly, Louis
Simpson y James Wright. Paul Éluard, René Char, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca,
César Vallejo, Pablo Neruda y Octavio Paz se volvieron referencia para esta escuela. Esto sería
un ejemplo de cómo las tres tradiciones se cruzan. Sin embargo, existe un talante formal en el
cual coinciden: el uso del verso libre. Considero que esta es la gran clave de la lírica moderna,
suspender la elaboración del verso métrico, suprimir la construcción del poema a partir de la
medida isosilábica y crear un nuevo método, a saber, la liberación del verso mediante la frase
poética, la idea como eje motor del poema. Cada tradición posee su impronta, pero a la larga, el
verso libre será un rasgo más característico de la poesía en inglés y, como una suerte de
derivación, distintas escuelas y tendencias poéticas influirán más en la poesía en español. Un
ejemplo de ello son los poetas beats. Aunque cabe señalar que la Modernidad son muchas caras,
no se reduce sólo a dos tendencias; las vanguardias tienen su primicia en los futuristas y los
dadaístas, aunque el fondo de varios de los procedimientos de estas escuelas derivó, en general,
en otras estéticas.

Quiero terminar este apunte señalando algunas características actuales de la poesía mexicana
como modelo y ejemplo de lo que me interesa señalar. La poesía moderna se ha gastado a sí
misma, sus recursos se han agotado y en nuestro tiempo, como lo sostiene el crítico Víctor
Manuel Mendiola, somos epígonos. De otro modo, Vicente Anaya expresa que ya no hay poetas
sino intertextualizadores. Me parece que es momento de realizar una crítica a la lírica moderna, a
las vanguardias; si bien son nuestra tradición más inmediata, se han convertido en la sombre del
arte actual, y el trabajo crítico puede ayudar a examinar nuevos programas para la poesía escrita
en español. Estos rasgos que a continuación escribo derivan de cualquiera de las dos tradiciones
explicadas en este documento, ya sea la lírica escrita en francés o en inglés.
Distintas caras, a manera de alguna figura geométrica, como el icosaedro, podría ser la metáfora
para la elaboración de un nuevo programa para la poesía escrita en español.
Primero, la poesía descansa en imágenes. La catarsis y la irracionalidad sostienen sus versos en
los cuales el lector se extravía, y se necesita de un salvavidas para rescatar al sujeto poético.
Imágenes, además de todo, construidas con palabras comunes que debieran usarse con
cuentagotas, tales como noche, amor, yo, soledad, y otras que forman el campo semántico. Es
decir, tanto el pensamiento o fondo, como el uso lingüístico y retórico, o sea, forma, oscilan en
una expresión donde la condición humana se exhibe desoladora, incrédula. La filosofía del siglo
XX también participó para alimentar las ideas de la lírica moderna, y esto también tiene que
modificarse. Pensar una nueva filosofía que responda a los problemas actuales del ser humano.
Necesitamos una nueva representación del ser humano que justifique nuestra sobrevivencia
metafísica o que continúe exponiendo el malestar o la era del vacío dentro del cual vivimos.
Segundo, la poesía escandalosamente hermética, ilegible, fragmentada, cuyo principio estriba en
la interpretación, en extremo, individualista; es un asegún de lo que el sujeto lírico pretende
decir. El mensaje se lleva al absurdo, al extremo de la metáfora, de forma que lo dicho queda
encriptado, oculto. Además de la autorrepresentación del vacío espiritual, que invade el discurso
de una poesía vencida, también se da total importancia a lo incomunicable como parte de nuestra
condición.

Tercero, la poesía de compromiso, quizá social, también política, en la cual, en varios aspectos,
la noto con falta de responsabilidad poética, pues se recarga más en el discurso de panfleto que
en su orden estético. Una poesía que expresa más nuestra condición de sufridos. Somos
responsables, no víctimas.

Distintas caras, a manera de alguna figura geométrica, como el icosaedro, podría ser la metáfora
para la elaboración de un nuevo programa para la poesía escrita en español. Considerar a los
grandes poetas del siglo XX, criticar a las vanguardias, volver a revisar los planteamientos de la
Modernidad y regresar a la metafísica a casa, a la vida del ser humano.