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Cómo escribir diálogos literarios es una de las preguntas más frecuentes que me hacen los

alumnos de la escuela. Ya aprendimos en el blog a puntuar diálogos, ¿verdad? En esta ocasión


voy a tratar de enumerar los errores más frecuentes con los que me encuentro cuando reviso los
relatos y novelas de mis alumnos, así como sus posibles soluciones, sugerencias y consejos para
evitarlos. Espero que puedan servir de ayuda a los seguidores de nuestro blog.
Elimina los saludos y los detalles poco relevantes
Sí, ya sé que tus personajes son educados, y que en tu familia los abrazos y besos de despedidas
os llevan más de quince minutos. Nadie dice que para tu protagonista tenga que ser distinto, pero
no tienes por qué contarle al lector todos esos detalles. A la hora de los saludos y los detalles
triviales, utiliza la elipsis o el resumen (mejor por medio de la voz del narrador), y emplea los
diálogos para las informaciones realmente importantes, así conseguirás un buen diálogo literario,
como el suavizante en la lavadora: intenso, concentrado, y lleno de acción y tensión.
No te olvides de las acotaciones: la parte dialogada también debe
tener visibilidad
Las acotaciones o incisos de un diálogo son tan importantes como los parlamentos. En varias
ocasiones, leo diálogos compuestos únicamente por una larga sucesión de parlamentos, uno
debajo de otro. Pero el lector se pregunta: quién habla, cómo lo hace, dónde están los
interlocutores. Es como si escucháramos hablar a dos personas, pero no pudiéramos verlas. Esto
puede provocar que el lector se sienta como el niño de El Sexto Sentido: “En ocasiones oigo
voces”. Las acotaciones sirven, además de para poder identificar a los personajes que hablan,
para dar visibilidad a la escena: para saber qué hacen los personajes, para conocer sus
movimientos y gestos, y también para saber dónde están y conocer el escenario en el que se
encuentran.
Escribe parlamentos y acotaciones proporcionadas
Lo habitual es que el parlamento tenga, en líneas generales, algo más de extensión que las
acotaciones e incisos. Aunque esto no tiene por qué darse, necesariamente, en todos y cada uno
de los parlamentos. Pero es habitual que el conjunto de los parlamentos de un diálogo tenga más
extensión que el conjunto de las acotaciones o incisos. Es lógico si pensamos que los diálogos
sirven normalmente para dar dinamismo a la escena, al aumentar la velocidad de lectura y,
por tanto, acelerar el ritmo narrativo. Si esto no es así en un diálogo de nuestra historia, el efecto
que produce resulta bastante extraño. Veamos un ejemplo:
—¡Devuélveme el secador! —dijo Ana mientras miraba a María con cara de perro rabioso
y le amenazaba con la punta de su cepillo de pelo.
—¡Ni lo sueñes! —respondió María que estaba en ese momento frente al espejo del cuarto
de baño y se secaba los rulos.
De entrada, se supone que es una escena tensa —¡Cómo que no es una escena tensa!, las dos
tienen una primera cita con el chico que les gusta, ;)—, pero, con unas acotaciones tan largas,
cuesta ver la tensión: nos desinflamos. En estos casos tendríamos que preguntarnos si quizá no
estemos abusando de los incisos. Una opción para corregirlo sería eliminar alguno, acortarlo o
sustituirlo por alguna frase aclaratoria del narrador. En este último caso, por medio de un punto
y aparte.
No cambies de narrador en las acotaciones
Si en el texto utilizas un determinado narrador, no puedes cambiarlo en las acotaciones.
Esto vale tanto para la forma personal como para el tiempo verbal. Parece una tontería, pero
no es la primera vez que me encuentro, más o menos, cosas como esta:
Un lunes por la mañana, regreso del trabajo y me encuentro a mi amigo Luis.
—¡Cuánto tiempo sin verte! —le dije.
—¡Es cierto, Antonio! ¿Qué es de tu vida? —preguntó Luis mientras abrazaba a Antonio.
Si el narrador está en primera persona y utiliza el tiempo presente, en los incisos también. Lo
correcto sería:
Un lunes por la mañana, regreso del trabajo y me encuentro a mi amigo Luis.
—¡Cuánto tiempo sin verte! —le digo.
—¡Es cierto, Antonio! ¿Qué es de tu vida? —pregunta mientras me abraza.
Se trata de dar información a los personajes no al lector
No tiene sentido que un personaje le cuente a otro algo que ya sabe. Sí, ya sé que a veces lo sabe
el otro personaje, pero no el lector. ¿Cómo lograr entonces que quien lee se entere de lo que están
hablando? Ajá, nadie ha dicho que esto sea fácil, pero si quieres que tus diálogos no resulten
artificiales deberás escribirlos teniendo siempre presente la información que cada uno de los
personajes conoce. Déjales un poco de tiempo y permíteles hablar, puede que si les das algunos
minutos, vayan facilitando poco a poco la información mínima que el lector necesita para
entender la conversación. Si no, siempre puedes añadir algún comentario del narrador. Si utilizas
un diálogo únicamente para informar al lector sobre algo que aún no sabe, pero los personajes sí,
tienes el fracaso de tu historia asegurado.
Los diálogos también son acción
Como vimos en otra entrada del blog sobre escritura de diálogos, lo que pone en marcha una
historia son las acciones que emprende el protagonista de nuestra historia. Y eso es algo que no
debemos olvidar a la hora de escribir diálogos. Para que el diálogo sea también una acción,
debe poder influir en los personajes que intervienen en el diálogo, debe contribuir a hacer
avanzar la historia y, por tanto, producir también, de alguna forma, un cambio o transformación
en el protagonista o protagonistas. Tal vez una conversación le sirva a un personaje para darse
cuenta de que ya no siente nada por su pareja y que la relación está rota, tal vez un diálogo
proporcione información a un investigador para continuar su trabajo, o quizá una charla entre
amigos le haga cambiar a tu protagonista el punto de vista que tenía de otro personaje.
Diálogo literario versus diálogo coloquial
Se dice que un diálogo literario debe ser natural sin serlo. Eso es, los diálogos deben parecer
naturales aunque no sean una reproducción textual del habla, del mismo modo que una historia
debe ser verosímil, tener apariencia de verdad, aunque se trate de una ficción. Pero la
naturalidad en los diálogos no quiere decir que debamos escribirlos exactamente igual a
como serían en la realidad, especialmente en un relato corto. Pensemos que un cuento es
intensidad y brevedad, esto también debemos aplicarlo a la hora de escribir diálogos. Hay que
eliminar todo lo que no sea necesario. Algunas cosas que se pueden eliminar: los saludos y
preliminares, las muletillas del lenguaje, lo que el lector ya sabe, lo que es evidente, lo que se
puede deducir del resto de diálogos o del texto anterior o de la situación, lo que no tiene ninguna
función (ni de caracterización del personaje ni sirve al tema del cuento, por ejemplo). También
hay que tener cuidado con los diálogos excesivamente coloquiales, llenos de palabrotas o frases
hechas.
Todos los personajes no pueden hablar igual
Una de las funciones del diálogo es la de caracterización. El habla de los personajes, tema que
tratamos en otra entrada del blog, sirve entre otras cosas para caracterizar a nuestros personajes
de ficción. A veces un escritor logra que su protagonista se exprese de una forma muy particular.
Tal vez es muy culto, tiene un estilo poético, es ingenioso o tiene un humor especial. ¡Eso está
genial! El problema viene cuando aparece otro personaje con ese mismo ingenio y humor. No,
no todos los personajes pueden hablar igual. Lo ideal sería que, en líneas generales, podamos
identificar a los personajes por su forma de hablar. Si logramos esto, en muchas ocasiones no
necesitaremos indicar quién habla en los incisos.
El registro debe ser adecuado a cada interlocutor
A la hora de escribir diálogos no podemos olvidarnos de mantener la coherencia de nuestros
personajes. Como hemos dicho, todos los personajes no pueden hablar igual, pero además, su
registro debe ser adecuado a su cultura y su origen. No puede ser que un chaval de quince años
hable igual que su profesor de filosofía ni que un guerrero de la Edad Media hable como un
soldado de hoy en día. A ver, tampoco se trata de aprender castellano antiguo ni nada de eso,
pero es importante preguntarse qué vocabulario y forma de expresarse emplearía cada personaje.
Hay que tener cuidado sobre todo con las frase hechas y con las expresiones muy coloquiales,
pues suelen ser reflejo de una determinada época.
Refleja la emoción del personaje
Lo que un personaje dice también refleja lo que siente y cómo se siente. Las palabras y los
diálogos no están ausentes de sentimientos. Una misma frase podemos pronunciarla con matices
y expresiones diferentes dependiendo de nuestro estado de ánimo. De hecho, nuestros gestos y
tono de voz pueden incluso poner en entredicho lo que estamos diciendo, bien porque lo decimos
sin ganas, bien porque mentimos. Nuestro lenguaje no verbal, en ocasiones puede contradecir lo
que expresamos de modo verbal. Por ello, de nuevo los incisos pueden ser de gran ayuda al
mostrar los gestos del personaje.
No te olvides de la puntuación
Por desgracia, en ocasiones he podido comprobar que para muchos aficionados a la escritura
creativa esta es una cuestión menor. “Ya contrataré una revisión de estilo o la editorial se
encargará de realizarme una corrección”, suelen decir. Pero, ¡qué editor va a interesarse por un
manuscrito con errores gramaticales! La mala puntuación en los diálogos no solo da mala imagen,
también puede generar confusiones y mala comprensión del texto, sobre todo si los diálogos se
insertan dentro del discurso en prosa.
Existen muchas formas de puntuar los diálogos. Si no estás seguro, lo mejor es que los escribas
en su forma clásica. Consulta diccionarios y la RAE si es necesario, y no te olvides que no debes
emplear el guion sino la raya. Para saber más consulta nuestra entrada sobre cómo puntuar
diálogos.