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CENTESIMUS ANNUS

En la lectura de esta carta encíclica encontramos una rica y abundante fuente de


aportaciones de la doctrina social al mundo, que como antes y más ahora necesita ir a
esa fuente para calmar la sed de tantos que sufren la pobreza. El Papa Juan Pablo II ve
conveniente regresar a su predecesor León XIII y su carta encíclica Rerum novarum,
cree conveniente seguir aprovechando la riqueza que en ella se encuentra, a pesar de los
años no se ha agotado su fecundidad, por el contrario, se ha hecho más fecunda.

Es necesario ver el pasado, el presente y el futuro para proclamar el camino a la


verdad, la verdad que es Cristo. Esta verdad se ve claramente inserta en la doctrina
social o también llamada enseñanza social, que a través del tiempo se ha enriquecido por
todos los que buscan el reino de Dios. Hay que aprovechar lo que se ha escrito con
anterioridad, pues es como un tesoro, un tesoro que esta oculto por la tierra (el tiempo)
que lo va cubriendo, dejándolo enterrado y olvidado, por eso hay que regresar y sacarlo
a la luz, para que todas sus riquezas puedan ser aprovechadas.

Dentro de esta encíclica se realizará un análisis de algunos acontecimientos de la


historia reciente, que son determinantes ante esta doctrina social, que mira a los más
necesitados y pobres. El análisis servirá para ver las nuevas medidas que se deberán
implementar en los próximos años, con el fin de mitigar y reducir la injusticia y la
maldad en el mundo.

Dentro del primer capítulo encontraremos los rasgos característicos de la Rerum


novarum. Se observa que han existido grandes y radicales cambios en lo social, político
y técnico, no solo en eso también se vio como apareció una nueva forma de propiedad,
una nueva forma de trabajo. El trabajo se convierte en una mercancía, que podía
comprarse y venderse libremente, pero cuyo precio era regulado por la ley de la oferta y
la demanda.

La teoría económica de ese tiempo trataba de promover la total libertad


económica con leyes adecuadas o, al contrario con una deliberada ausencia de cualquier
tipo de intervención, que facilitaran el enriquecimiento solamente a algunos. León XIII
al ver esta situación intervino con el documento que enfrentaba la cuestión obrera, que
era sumamente agredida y poco atendida. Junto con otros aspectos todo lo anterior fue
provocando un conflicto entre el capital y el trabajo, el conflicto entre los mismos
hombres.

Se buscaba una paz para que unos y otros pudieran vivir de manera tranquila y en
paz, pero esto se tenía que hacer por medio de la condena a la lucha entre clases, una paz
que tenía que ser fundada en la justicia, pues de lo contrario todo quedaría en un buen
deseo. Al ver que unos vivían de manera muy cruel por un mal salario y mal trabajo,
León XIII quiso realizar un estudio al trabajo, trabajo, que es primordial en la vida de
todo hombre. El Papa califica el trabajo como personal, ya que la fuerza activa es
inseparable a la persona y totalmente propia de quien desarrolla y en cuyo beneficio ha
sido dada.

De ahí afirma que el trabajo de los obreros es el que produce la riqueza de los
Estados, pero que la gran mayoría de la veces es poco valorado, incluso explotado de
manera incorrecta. También habla del derecho a la propiedad privada, considerando
principalmente el derecho a la propiedad de la tierra y con esto también afirmar el
derecho a poseer lo necesario para el desarrollo personal y familiar.

También defiende a los sindicatos, el descanso, un salario digno, a poner horas


justas de trabajo, todo esto con el fin de buscar un verdadero progreso en el ser humano,
para que se le trate como persona y no como una cosa, y en eso pide la intervención del
Estado, para que el regule las leyes que promuevan las características antes
mencionadas, pero sobre todo que vele por la dignidad de cada uno de los trabajadores.

A nadie le es correcto atentar contra la dignidad del hombre, pues en cada


persona se encuentra el amor eterno de Dios, por lo anterior la Rerum novarum critica
fuertemente al Socialismo y el Liberalismo, esto se debe a que atentan contra la dignidad
del hombre.

Debe de haber una preferencia por los pobres, por los más necesitados, como por
ejemplo los obreros que en su mayoría débiles y necesitados a quienes el Estado debe de
dirigir sus preferencias y sus cuidados. Este cuidado que se le quiere hacer a los más
necesitados, debe estar de igual modo fundado en una correcta concepción de la persona,
debe tener una sana antropología, pues de lo contrario el hombre se le confundirá como
un medio y no como a un fin.

Una vez que se ha estudiado los años anteriores se debe fijar la mirada en las
cosas nuevas, de hoy, de eso precisamente habla el segundo capítulo. El Papa Juan Pablo
II queda maravillado de ver como el Papa León de forma muy atinada se adelanto con lo
que sucedía en 1989-1990, previendo las consecuencias negativas bajo todos los
aspectos. Los motivos por los que la sociedad esta tan dividida y sin rumbo son varios
pero veamos que uno de los más importantes es la subjetividad, el ateísmo, la lucha de
clases, que van enfermando gravemente a la sociedad.

Es ahí donde el cristiano debe ser luz y sal, para mostrar y guiar a los demás
hombres a luchas en contra de semejantes aberraciones, por ejemplo la lucha de clases
tiene su raíz en el ateísmo y el desprecio de la persona humana, y esto es de suponerse,
pues cuando al hombre se le priva de su ser religioso, y no busca la trascendencia pierde
el sentido de su misma existencia, así llega a un fastidio y se olvida de un fin.

También se ve la necesidad de que el Estado intervenga en toda esta situación tan


difícil, pero que el haga las veces de arbitro, para salvaguardad la integridad de cada
persona, por otra parte la sociedad y el Estado deben asegurarse unos niveles salariares
adecuados al mantenimiento del trabajador y de sus familia, incluso con cierta capacidad
de ahorro.

También se invita a evitar la explotación de los trabajadores, a través de horarios


inhumanos, sin descansos necesarios, y otro tipo de alteraciones, al trabajador. Detrás de
toda la realidad tan complicada que se vive, se puede decir que una consecuencia muy
fuerte es la mala concepción de la libertad, confundiéndola con un libertinaje, llevando a
grandes problemáticas, como la misma guerra entre las naciones, que sin duda atentan
no solo contra ellas sino también con el mismo mundo.

Es por eso que la encíclica lucha por una auténtica reconciliación entre los
pueblos, de ir en contra de la guerra y de todo conflicto que ponga el riesgo a las
personas y naciones. Sería catastrófico enfrentar una guerra nuclear, pues se verían
afectadas no solo las naciones en conflicto sino que estarían en peligro las demás. Las
guerras como se ha visto con la segunda guerra mundial, ha dejado y sigue dejando gran
dolor un ves de paz y armonía.

En el capítulo tercero se ve como a partir de 1989 muchos regímenes cayeron y


las políticas fueron cambiando poco a poco, y claro la Iglesia siempre presente y firme
en la defensa del hombre y sus derechos ha sido vanguardista en esta difícil empresa,
pero no retrocede sino que siempre esta ahí para ayudar al que lo necesita. Para llegar a
estos cambios se ha luchado con las armas de la verdad y la justicia, que son más
poderosas que las de destrucción masiva.

Es preciso puntualizar que el desarrollo nunca tiene que dejar de lado al hombre,
pues si se olvida del hombre y de su dignidad que le viene de Dios, ningún trabajo
bastará para sanar tantos males. Uniendo el propio sufrimiento por la verdad y por la
libertad a la de Cristo en la cruz, es así como el hombre puede hacer el milagro de la paz
y ponerse en condiciones de acertar con el sendero a veces estrecho entre la mezquindad
que sede al mal y la violencia que, creyendo ilusoriamente combatirlo lo agrava.
La paz y la prosperidad son bienes que pertenecen a todo el género humano, de
manera que no es posible gozar de ellos correcta y duraderamente si son obtenidos y
mantenidos en un prejuicio de otros pueblos y Naciones, violando sus derechos o
excluyéndolos de las fuentes del bienestar. Es de admirar que la ayuda tras la segunda
guerra mundial se ha hecho presente en la reconstrucción de los países, y luchar por
mejorar poco a poco en un desarrollo económico y civil.

El desarrollo no debe entenderse solo de manera exclusivamente económica, sino


bajo una dimensión humana integral. En una sana libertad al derecho de la conciencia
human, para que el autoritarismo y totalitarismo sean superados, además de que se vea la
necesidad de acoger valores que fortalezcan el desarrollo integral de la persona.

En el capítulo cuarto se nos hablara de la propiedad privada y el destino universal


de los bienes. A este respecto el hombre no debe considerar los bienes externos como
propios, sino como comunes, porque por encima de la leyes y de los juicios de los
hombres está la ley, el juicio de Cristo. Y el fundamento de los bienes se encuentra en
que Dios creo todo, y como corona de la creación, puso al hombre solo como
administrador, y no como dueño para que por medio del trabajo el se vaya apropiando de
la creación. Sin abusar ni ser irresponsable en el huso de lo creado pues se provocan
graves daños ecológicos, que afectan al mismo hombre.

Claro que también hay personas que no pueden trabajar, por diferentes causas, y
es ahí donde hay que apoyar al más necesitado, ayudándolo a potenciar sus talentos, a
fin de que con su esfuerzo pueda tener una vida digna. Sin que la sociedad los olvide,
hay que tratar que todos tengan la posibilidad de mejorar y crecer.

Y lo mismo con las naciones desarrolladas, tienen el deber de ayudar a las


naciones que tienen severos problemas de desarrollo. Esto se pueda hacer ayudándolos a
que se interrelacionen en el comercio con otras naciones, que potencien sus recursos de
una manera sustentable y que inviertan en la educación y salud de su gente.
Hay que evitar el monopolio que tantos pueblos sufren, esta idea exige esfuerzos
programados y responsables por parte de toda la comunidad internacional. Es necesario
que las naciones más fuertes sepan ofrecer a las más débiles oportunidades de inserción
en la vida internacional; que las más débiles sepan aceptar estas oportunidades, haciendo
los esfuerzos y los sacrificios necesarios para ello, asegurando la estabilidad del marco
político y económico, la certeza de perspectivas para el futuro, el desarrollo de las
capacidades de los propios trabajadores, la formación de empresarios eficientes y
consientes de su responsabilidades.

La familia debe ser resguardada y salvaguardar las condiciones morales de una


auténtica ecología humana, viéndola como la estructura fundamental de la sociedad, en
donde se cultivan las nociones de verdad y bien, donde se aprende a amar y ser amado,
dejar olvidada a la familia es un gran problema, pues es ahí donde se gesta el desarrollo
de la sociedad, por eso habrá que estar atentos al desarrollo sano he integral de las
familias en este proceso.

Un claro ejemplo de esta falta de atención a la familia es la creciente mentalidad


de la muerte, pues parece que el ingenio del hombre su orienta a suprimir y anular las
fuentes de vida, recurriendo incluso al aborto, que se ha extendido por todo el mundo,
creando grandes estragos, trayendo grandes tristezas y dolores.

En esta línea se puede ver la alienación, descubriendo una inversión entre los
medios y los fines, el hombre cuando no reconoce el valor y la grandeza de la persona es
sí mismo y en el otro, se priva de hecho de la posibilidad de gozar de la propia
humanidad y de establecer una relación de solidaridad y comunión con los demás
hombres para lo cual fue creado por Dios.

Más adelante nos encontramos con que el desarrollo integral de la persona no va


en contra de la productividad, por el contrario se debe de promover una autentica
sociedad de personas que laboran para tener una vida digna. La obligación de ganar el
pan con el trabajo supone un derecho, que si se niega se atenta el derecho y libertad.
Llegando al capítulo quinto encontramos al estado y la cultura, donde el Papa
presenta la organización de la sociedad estructurada en tres poderes, legislativo,
ejecutivo y judicial, o cual constituía una novedad en las enseñanzas de la Iglesia. La
raíz del totalitarismo esta en la negación de la dignidad trascendente de la persona
human, imagen visible de Dios invisible y, precisamente por esto, sujeto natural de los
derechos que nadie puede violar: ni el individuo el grupo, la clase social, ni la nación o
el estado.

Nos dice que en la Iglesia se aprecia el sistema de la democracia, pero una


autentica democracia es posible solamente en un Estado de derechos y sobre la base de
una recta concepción de la persona humana. Fuente y síntesis de estos derechos es, en
cierto sentido la libertad y religiosa, entendida como derecho a vivir en la verdad
trascendente de la propia persona.

De lo que le corresponde al Estado es el de vigilar y encauzar el ejercicio de los


derechos humanos en el sector económico; pero en este campo la primera
responsabilidad no es del Estado, sino de cada persona y de los diversos grupos y
asociaciones en que se articula la sociedad. El Estado también puede ejercer funciones
de suplencia en situaciones excepcionales, cuando sectores sociales o sistemas de
empresas, demasiado débiles o en vías de formación, sean inadecuadas.

El hombre es, ante todo, un ser que busca la verdad y se esfuerza por vivirla y
profundizarla en un diálogo continuo que implica a las generaciones pasadas y futuras,
por esto, la primera y más importante labor se realiza en el corazón del hombre, y el
modo como éste se compromete a construir el propio futuro depende de las
concepciones que tiene de sí mismo y de sus destino. También tomar en cuenta la falta
de un gran esfuerzo de comprensión recíproca, de conocimiento y sensibilización de las
conciencias.

Dentro del último capitulo, el tema central es el hombre y la Iglesia que siempre
se ha preocupado de la atención y la responsabilidad hacia él, y esto por manato de
Jesús. Para eso las ciencias humana y filosóficas ayudan bastante a que el hombre
comprender su papel central en la sociedad, y a hacerlo capaz de comprenderse mejor a
sí mismo.

La doctrina social debe de apuntalar fuertemente la evangelización, como el


punto medular de una mejor vida para el hombre, hoy más que nunca la Iglesia es
conciente de que su mensaje social se hará creíble por el testimonio de las obras, antes
que por la coherencia y la lógica. El amor por el hombre y, en primer de los mas
necesitados y pobre, en el que l Iglesia ve a Cristo, se concreta en al promoción de la
justicia.

As pues, para que se ejercite la justicia y tengan éxito los esfuerzos de los
hombres para establecerá, es necesario el don de la gracia, que viene de Dios. Por medio
de ella, en colaboración con la libertad de los hombres, se alcanza la misteriosa
presencia de Dios en la historia que es la Providencia.

Se ha hecho la invitación a las Iglesias cristianas y a todas las grandes religiones


del mundo, invitándolas a ser ejemplo con el testimonio, de que el hombre y su dignidad
deben de prevalecer por encima de cualquier idea de poder o ambición, pues el hombre
es imagen de Dios. es un trabajo arduo en el que no solamente la religión y el Estado
deben de trabajar, mas bien todos debemos de ofrecer un poco de apoyo para que la
encíclica Rerum novarum siga siendo una directriz viva en las dificultades que ya se ven
y que seguramente empeoraran.
Pero hay que tener en cuenta lo que León XIII no dice “ Cada uno haga la parte
que le corresponde y no tenga dudas, porque ese retraso podría hacer más difícil el
cuidado de un mal ya tan grave” y añade mas adelante “Por lo que se refiere a la Iglesia,
nunca ni bajo ningún aspecto ella regateará su esfuerzo”. Ante el acelerado ritmo del
mundo, ante esta época de cambios, debemos de tener en cuenta las enseñanzas de la
Doctrina Social, pero sobre todo, aplicarla ya desde ahora en los distintos ligares en que
nos encontremos, que Santa María nos enseñe a ser mas desprendidos con los que más lo
necesitan.