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La FÁBULA,la SÁTIRA y el EPIGRAMA(Fedro,Juvenal,Marcial)

La fábula
Género originario de la India. Es Esopo, s.VI a. C., quien lo introduce en la
literatura griega. De Grecia pasó a Roma en la primera mitad del s I a.C., época en la
que Roma se ve invadida por el gusto y la afición a todo lo oriental.
La fábula se caracteriza porque sus personajes son fundamentalmente
animales dotados de voz y razonamiento humano, lo que permite mostrar a los hombres
sus propios defectos desde una cierta distancia. Así el lector puede verse reconocido sin
sentirse directamente atacado. De hecho, la intención didáctica es obvia en la moraleja
que invita a la reflexión y a extraer una enseñanza de los hechos acontecidos.
El principal fabulista es FEDRO (s. I d.C.). Fue liberto del emperador Augusto
y, quizá por su origen, se presenta como el defensor de los pobres, de los esclavos y de
los desgraciados. El ataque contra los abusos de los poderosos es en él casi obsesivo y
se refleja en muchas de sus moralejas: numquam est fidelis cum potente societas
(nunca es fiable la alianza con el poderoso), humiles laborant ubi potentes dissident
(los humildes sufren cuando los poderosos disienten entre ellos). Escribió 135 fábulas
en 5 libros. Fedro en sus inicios se limita a traducir a Esopo, aunque poco a poco va
introduciendo escenas de la vida cotidiana romana. Usa un lenguaje sencillo, pero
elegante. Sus fábulas no obtuvieron el reconocimiento de sus contemporáneos, pero
han influido considerablemente en los fabulistas posteriores, sobre todo en el s.XVII:
Iriarte, La Fontaine.

La sátira
Es el único género originariamente latino, que no sufrió la influencia griega.
Así lo predicaba Quintiliano: “Satura tota nostra est”. Etimológicamente, “satura” es un
plato compuesto de legumbres y frutos variados que puede traducirse por ensalada,
revoltijo, mezcla.....Este nombre se adapta perfectamente a los distintos contenidos o
temas que toca la SÁTIRA.
Fue LUCILIO quien en el siglo II a.C. (año 134) la elevó a la categoría de género
literario y le fijó las características siguientes:
1. empleo del hexámetro (aunque se puedan mezclar prosa y verso: la llamada
sátira menipea).
2. la sátira es una composición poética, aguda, picante, con la que se censuran
los vicios de una época, de una clase social o de un determinado individuo.
Tiene siempre una intención moralizante.
3. Es un género que se adapta perfectamente al carácter mordaz y socarrón del
pueblo romano.
JUVENAL (60-127 d.C.).
Juvenal es, al mismo tiempo que el mejor representante de la sátira romana, el punto y
final de este género, que se puede considerar el más típicamente romano.
Hay pocas noticias sobre su vida. Solamente se dedicaría a escribir Sátiras en su vejez.
La fuente principal de sus sátiras es la vida cotidiana: el satírico ha de ser, en su
opinión, un castigador de las costumbres y a él se debe, en gran parte, la actual
acepción del vocablo satírico.
En cuanto a sus temas el espectro es muy amplio. Comprende cuestiones
literarias (mediocridad de los literatos, aburrimiento de las lecturas públicas, etc.), la
descripción de la vida en la Urbe con sus insoportables ruidos y sus intrigas; la crítica a
la aristocracia (para él la nobleza de cuna no es nada si no va acompañada del mérito
personal); denuncia de la depravación de una sociedad caracterizada por el lujo y el
despilfarro; el fanatismo de ciertos cultos y por los malos ejemplos que muchos padres
dan a sus hijos y que éstos aprenden, etc.. Tal vez su sátira más famosa sea la VI, en la
que se refiere a los “vicios de las mujeres”: con una feroz misoginia arremete contra
toda una tipología de mujeres, desde la intelectual hasta la atleta y afirma que casarse es
de locos, pues no existe mujer buena ni capaz de ser fiel y casta.
En el campo de la lengua utiliza un estilo patético, cercano a la épica y a la tragedia,
lo que contrasta fuertemente con los temas que toca, la vida cotidiana, tan alejado de
ambos géneros. En sus sátiras hay también parodia, ironía y humor negro. Maneja el
verso con soltura y habilidad y tiene la virtud de sintetizar los pensamientos en frases
de gran efecto que se han convertido en proverbiales, como por ejemplo “mens sana
in corpore sano”. Fue un autor muy leído en la Edad Media y ha influido notablemente
en el desarrollo de la sátira en las literaturas occidentales.

El epigrama .
En su más primitiva y etimológica acepción, el vocablo epigrama significa una
inscripción corta que se escribía sobre algo. Epigramas son, pues, las inscripciones
funerarias, las dedicatorias de regalos y las grabaciones sobre monumentos. En época
helenística, el epigrama pasa a ser una composición corta e ingeniosa de temas variados
(eróticos, satíricos, costumbristas, festivos, fúnebres).
En Roma encontramos ya en la primera mitad del s. I a. C., en la obra de Catulo, una
importante serie de epigramas en los que aparecen ataques y duras críticas a poetas
competidores y enemigos personales suyos.
Sin embargo el epigrama, como forma literaria, alcanzó su configuración
definitiva con el hispano MARCIAL. Él acuñó el rasgo más relevante del epigrama:
su carácter satírico. En efecto, es Marcial quien hace del epigrama una composición
corta, festiva, mordaz, irónica, apropiada para el ataque personal o la crítica social.
Es propia del epigrama satírico, además de su concisión, la agudeza acentuada al final, a
modo de aguijón, que lo hace apto para el ataque personal y la denuncia social. Juan de
Iriarte lo describió en estos famosos versos:
“A la abeja semejante
para que cause placer,
el epigrama ha de ser
pequeño, dulce y punzante”
El tema de sus epigramas es la visión irónica y mordaz de la sociedad romana de
fines del siglo I a.C. La poesía de Marcial no se explica sin la ciudad de Roma; por
todas partes aparecen en sus epigramas, con gran realismo, los distintos tipos humanos
que se movían por la corrompida sociedad romana de la época :cazadores de fortuna y
de herencias, viciosos, caraduras, malos poetas, pésimos médicos, glotones...Marcial,
al poner de manifiesto estos vicios y defectos de la sociedad romana, busca provocar la
risa o la burla: no tiene, como los poetas satíricos, una intención moralizadora, no
pretende un cambio de actitud de la sociedad sino simplemente observar la realidad
desde su aspecto más risible y jocoso. Nada escapa a su ojo de reportero implacable y
por ello se le ha llamado “poeta del instante fugitivo”.
Su principal valor literario está en la claridad de expresión, difícilmente imitable,
(Marcial reclama el derecho a expresarse con “la cruda verdad de las palabras”, según
sus propias palabras) y en la sencillez de sus versos, que, a pesar de estar hechos con
gran cuidado, dan la impresión de improvisación.
La adulación y el servilismo con que se dirige a los poderosos –al emperador
Domiciano-, su original uso de la lengua, y la obscenidad de la que con frecuencia hace
gala motiva que su valoración literaria haya variado según las épocas. En su tiempo
tenía gran aceptación por el pueblo, mientras despertaba críticas airadas entre los otros
poetas por su forma directa de escribir, por su ingenio y vivacidad, precisamente las
características con las que el epigrama fue alabado en nuestro Siglo de Oro (Góngora)
y con las que ha pasado a la literatura actual.