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V Tiempo histórico: la posibilidad

La relación entre los tres aspectos del tiempo, la posibilidad; los mitos y el hombre
está muy marcada en esta lectura.se hace un análisis de cómo es que el tiempo
histórico se encuentra presente en la realidad humana y cómo es que influye en la
vida ordinaria y trascendente de cada individuo.

Inicia la idea del tiempo de san Agustín de Hipona, mencionando que no


existe ni futuro ni pasado, y que tampoco se puede afirmar en sentido propio que
existan tres tiempos: pasado, presente y futuro. Estos tres tiempos tienen su
existencia en el alma. De ahí que el tempo no existe en acto, sino en la conciencia
humana.

Y si se habla de tiempo, es porque se experimenta el fenómeno del


movimiento; del movimiento sucesivo. Por eso el tiempo es un ente real, aunque
fugitivo e inestable, cuando tratamos de manipular o controlar menos se tiene y se
conoce de él. La existencia del tiempo obtiene su realidad plena cuando la conciencia
mide la sucesión.

Solo una conciencia que no es ella mismo internamente temporal puede tener
la medida del movimiento, o sea, el tiempo, y asumir la tensión propia de la
existencia fluyente, aunque sea de un modo vivencial o no conceptual. La realidad
humana es libre; su vida es abierta, no acosada en el límite unívoco de un solo
estímulo, en comparación con la de los animales.
El presente es el conjunto de posibilidades habidas por lo que fuimos ayer y
para ser mañana. Y la única existencia es la del presente. No hay tres tiempos:
pasado, presente y futuro, sino tres aspectos del tiempo que es uno. También hoy día
se expresa una marcada evasión del tiempo, con cosas incluso que no parecieran
riesgosas como lo es con la televisión y tus telenovelas, o con la política y el status
social; es en ellos donde los mitos son fabricados con la finalidad de matar el tiempo,
haciendo que en el espectador viva en otra historia o en otra vida, que puede ser la
del artista o la figura pública, y de ese modo escapara de la propia realidad.

También se habla de cómo es que el pasado se pierde y se conserva, pues al


pasar no deja absolutamente de ser; solo deja de ser actualidad puntiforme y se
mantiene como hábito o posibilidad que define una situación. La historia es siempre
un estudio del presente; de las posibilidades reales otorgadas por un pasado; no es un
estudio de la prolongación de la existencia anterior presente en el actual presente,
sino el conjunto de posibilidades que el presente anterior nos dejó al perder su
existencia actual de presente.

La continuidad histórica es posible por la virtualidad ontológica que el pasado


tiene en el presente; lo histórico es el presente, la permanencia del pasado es
virtualidad y la virtualidad histórica es parcialidad.

Tampoco la vida comienza de cero, pues la historia es un proceso continuo en


el que el momento anterior apoya al posterior. De modo que el hecho histórico
encierra dos notas: la de ser pasado y la de permanecer en el presente. Nuestro
presente histórico no es un presente absoluto, sino condicionado realmente por
anteriores presentes.

Cuando se habla del futuro hay una estructura integrada por dos caracteres:
una exigencia existencial pues el futuro no es el puro ser posible o un mero entre de
razón; no es estricto poder ser: exige llegar a ser y una actual negación de la
existencia. Solo para la realidad aquel posible que a su mero poder-ser añade cierta
exigencia de ser. La historia es un modo de este tránsito de lo posible a lo real,
fundado a su vez en la presencia de posibilidades reales.

En cuanto al futuro se habla de un futuro real y otro falso, real cuando se está
atiene a posibilidades reales, y falso cuando no se atiene a las posibilidades reales. El
hombre al tener una esencia abierta, cada posibilidad elegida abre unas trayectorias y
cierra otras; no permite predecir las que habrá dentro unas décadas.