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EL TEATRO NO ES UNA ESCUELA

Soy director adjunto del teatro central para niños y jóvenes de la República
Federal Alemana; el teatro "der Freundschaft" de Berlín. Me halaga mucho el
participar en este coloquio, porque constato que los problemas relativos a la juventud
que tiene la I.T.I., son idénticos en principio a los que preocupan a la ASSITEJ.
Pero aun estando completamente de acuerdo sobre la labor de interesar en el teatro
a los niños y a los jóvenes, pienso que es sin embargo esencial precisar que el teatro
no está en un espacio vacío y solitario. Está en correlación estrecha con el sistema
social que le rodea y con su grado de evolución.

Para hablar de los problemas del teatro infantil, permítanme Vds. que empiece
por lo que se llama "Creatividad dramática". En ciertos países como acabamos de
oir, se emplea la creatividad dramática para liberar la personalidad del niño; en
cambio hay otros sitios en donde se aborda este problema desde las escuelas mater-
nales y en principio el teatro, no tiene nada que ver con él. Yo querría hacer valer
sin embargo, que por muy importante que sea la pedagogía desde el punto de vista
del teatro para los niños y los jóvenes, sería una idea absurda e imposible colocar
en el mismo plano pedagogía y teatro.

En este coloquio se ha mencionado varias veces el peligro que existe en la


elección arbitraria de los adultos concerniendo las obras destinadas a los niños y a
los jóvenes y consideradas convenientes para ellos. Para evitar ese peligro, la colabo-
ración con los pedagogos toma una importancia particular. Nuestro teatro en Berlín
tiene una sección pedagógica con tres pedagogos expertos en la práctica escolar y
provistos de una formación psicológica especial. Estos colaboradores mantienen
estrechas relaciones con la Enseñanza y con las organizaciones infantiles y juveniles.
Estamos convencidos que el teatro de los jóvenes debe estar en íntima relación a la
vez con las escuelas, las organizaciones juveniles y las familias. Debemos a todo
precio saber qué es lo que más interesa al niño y al adolescente, porque nos damos
cuenta de que nuestro público reacciona con una extremada sensibilidad a todas las
impulsiones. Sabiendo lo que les interesa, tenemos obligación de satisfacer sus deseos,
pero, al mismo tiempo, en interés de nuestro sistema social debemos inspirarles
otras nuevas, pues nuestra misión es clara y, creo yo admitida umversalmente:
debemos ayudar a manifestarse la personalidad humana del joven espectador. Pero

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el teatro no es una escuela. A esta educación humanista de la personalidad, el teatro
debe contribuir con sus medios artísticos específicos. Y para ello es necesario que
los creadores de nuestro arte —actores, escenógrafos, decoradores, dramaturgos,
autores dramáticos— tengan los contactos más estrechos posible con ese joven
público. En mi teatro, por ejemplo, cada uno de los colaboradores citados mantiene
relaciones permanentes e íntimas con los muchachos de una clase en una escuela, y
esto durante toda la duración de los estudios, es decir desde que empiezan en
primera hasta la décima, cuando terminan.

Querría aun hablar de otro problema. Se dice con frecuencia, que el teatro infan-
til debe servir para educar al espectador de mañana. Me permito no estar de acuerdo
con esta fórmula. El niño que va al teatro es un espectador de hoy, y quiere que se
le tome en serio como se toma en serio al espectador adulto de teatro. Nosotros
pensamos que durante el proceso creador de una realización,el héroe de una come-
dia de magia debe ser tratado y considerado con la misma seriedad que el protago-
nista de una obra para adultos; naturalmente, sabemos que es a un nivel diferente
de la evolución espiritual que esto debe hacerse.

Es también tarea nuestra, iniciar desde ahora el niño a todos los géneros y a todas
las formas que se le ofrecerán más tarde en el arte escénico para adultos, comedia
musical, prosa, drama contemporáneo, comedia, etc. En cuanto a los temas no deben
existir tabús. En el cine y en la televisión, nuestros niños ven cuanto hay que ver:
desde la guerra del Vietnam, a cualquier tema policíaco; su teatro no puede pues
tampoco esquivar ningún problema. Por todas estas razones, el teatro de la infancia
y de la juventud debe aspirar a ofrecer a sus espectadores las obras de teatro
progresistas y humanistas del mundo entero, para, desde la infancia iniciarles en la
civilización de los otros pueblos y para contribuir de esta manera a un mejor enten-
dimiento a escala internacional.

Klaus URBAN

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