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UN ANTIMANUAL MUY CLÁSICO

Román García

ONFRAY, Michael: Antimanual de Filosofía. Prólogo de José


Antonio Marina. Traducción de Irache Ganuza. Madrid, Edaf Ensayo,
2005.

La editorial Edad traduce un texto publicado en el 2001


del doctor Michel Onfray (1959), prologado por el profesor
Marina y presentado por la editorial como un libro innovador,
dirigido tanto a jóvenes que se tienen obligatoriamente que
enfrentar con la Filosofía como para aquellos que quieren
iniciarse en los arcanos de la misma. El libro ha sido un éxito
editorial en Francia, con más de medio millón de ejemplares
vendidos.
El libro, está presentado de una forma provocativa,
desde su titulo «Antimanual de filosofía» y los subtítulos que acompañan a los epígrafes
clásicos, como: «1.- La Naturaleza. El mono, el caníbal y el masturbador» o los títulos de
los apartados: «¿Es absolutamente necesario mentir para ser Presidente?. Sin embargo,
curiosamente, no deja de ser un cúmulo de lugares comunes y un montón de citas
complementarias al tema propuesto, en las que al estilo de los tiempos que corren se
pretende presentar distintas opciones, sin explicación ni visos de solución.
El libro que realmente es una recopilación de citas con introducción, plantea
‘evidencias’ y creencias compartidas o admitidas mayoritariamente, tales como que
hombres y animales tienen cosas en común, o proponiendo el contrato social y la renuncia
a la libertad absoluta para poder sobrevivir en el instituto. Sin embargo, nadie se plante
encontrar el criterio de demarcación entre Hombres y animal o la democracia participativa.
En este sentido, recuerda a Etica para Amador, escrito para ser un éxito editorial, pero
carente de valor crítico.
En definitiva, se presenta como un libro incendiario que en su primera página
comienza por pedir calma y un poco de paciencia, para finalmente convertirse en bombero.

LA PIEDRA DE TOQUE. LA CIENCIA A PRUEBA


Pelayo Pérez

LÉVY-LEBLOND, Jean–Marc: La piedra de toque. La ciencia a prueba. Trad.,


Tatiana Sulé Fernandez, FCE, México, 2004 (Gallimard, 1996).

En la contraportada de esta interesante colección de artículos y


conferencias del conocido crítico francés, se nos asegura que, a
diferencia de otros campos donde la crítica se ejerce con
exhaustividad, como uno de los signos de la modernidad ( ya sea la
literatura, la sociología o la antropología por caso), en la ciencia no
“existen críticos de ciencia reconocidos”. Suponemos que esto no es
un lapsus, sino una frase publicitaria a cuenta de la editorial. Pues
haberlos hailos y, aún más, diríamos que con una enjundia y criticidad de mayor calado
que el autor francés que comentamos, desde Lewontin al Stephen G. Gould. Desde Bruno
Latour, al cual cita nuestro autor varias veces, hasta P. Virilio, etc..por citar a los más

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conocidos y sin entrar en un elenco donde los especialistas, los filósofos o los propios
científicoas se solapan en ocasiones.
Sin embargo, Lévy-Leblond como se sabe, no es ningun advenedizo ni mucho menos
un novato en estas lides, y es de agradecerle además la vivacidad de sus textos, así como la
agudeza de alguno de sus enfoques. En este sentido, y aunque no es un sociólogo del
conocimiento, ejerce como tal y la experiencia como divulgador resulta gratificante, en
tanto no creamos que nos vamos a sumergir en un discurso académico al uso ni en un
análisis filosófico acerca de las ciencias, las técnicas y la sociedad.
Todo eso aparece una y otra vez a lo largo de los textos que el libro nos ofrece, pero
todo eso queda sin su toque riguroso, sin la piedra donde realmente las ciencias y las
técnicas debieran someterse a caución, piedra a la que el autor apunta pero que oculta y
tiende a reducir la cuestión a un enfrentamiento sociopolítico por el poder, siendo así que
la cuestión de la verdad y del sujeto de la ciencia, entre otras, quedan bajo la sombra de
esta prosa ágil y sugerente, de necesaria lectura sin duda.
Sin duda es una cuestión légitima y necesaria, además de preocupante, la que recorre
estos textos: las determinaciones socioeconómicas del “cauce experimental”, el motor
‘verdadero’ de la investigación científica, la aparente independencia de pensamiento
científico y las apliaciones técnicas codetermiantes de esa deriva nada democrática y muy
poco consciente de sus repercusiones sociales y políticas, pero no es menos cierto que las
cuestiones esenciales que atañen a las ciencias, a su estatuto gnoseológico, “a la verdad” de
las mismas, a las construcciones teóricas y a la filosofía de ellas derivada, todo esto y más
queda oculto por el acaso aparente “temor y temblor” del fin del milenio, del nuevo
imperio tecnológico que durante los años noventa, tras la caída del muro de Berlin,
columbraban una realidad a la que aún hoy estamos “haciéndonos” y para lo cual no está
de más regresar a textos como los que este libro vivaz nos ofrece, para recuperar el aliento
y la distancia debidas respecto a nuestro agitado presente.

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