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La violencia Simbólica

Real pero no necesariamente tangible

EL DISCURSO, LA PALABRA Y EL DIALOGO


En busca de la génesis de la violencia simbólica

Juan Alberto Castillo M. PhD


Silvia María Rivera L. PhD
Juliana Mejía Q. Mg.
Carlos Mario Monsalve DI

FIUR-PAZ. 1
FIUR-PAZ. 2
Proyecto:
El discurso, la palabra y el dialogo
En busca de la génesis de la violencia simbólica

Contenido web:
www.INFERENCIAS.com

Grupo(s) de Investigación
GiSCYT
Línea de investigación.
Ciencias cognitivas – educación para la paz -

Investigador principal.
PhD. Juan Alberto Castillo M.
Contacto: Juan.castilloma@urosario.edu.co

Co-investigadores
Silvia María Antonia Rivera L. PhD
Juliana Mejía Q. Mg.
Carlos Mario Monsalve DI

Descriptores / palabras claves


Violencia, Lenguaje, Cognición, Interacción, experiencia de uso.

Foto de portada
Photo by Warren Wong

Este proyecto se desarrolló en el marco de la convocatoria FIUR-PAZ, liderada por la vicerrectoría de la


Universidad del Rosario y por la dirección de investigaciones de la universidad del Rosario. La financiación se
consiguió gracias al apoyo de esta convocatoria.

Múltiples actores contribuyeron al desarrollo de éste estudio, en especial agradecemos el apoyo del
diplomado “Pedagogías para la Paz”, a los instructores del SENA participantes en la experiencias vivenciales,
además el estudio se enriqueció con las contribuciones extraídas de entrevistas a expertos y de las historias
de vida de actores directos del conflicto Colombiano.

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« La violence symbolique, violence douce, insensible, invisible pour ses victimes même, qui
s’exerce pour l’essentiel par les voies purement symboliques de la communication et de la
connaissance ou, plus précisément de la connaissance, ou plus précisément de la
méconnaissance, de la reconnaissance ou à la limite du sentiment. Le principe de domination
s’exerce au sein même de l’univers le plus privé »
Bourdieu, P. La domination masculine.

"Violencia simbólica, violencia suave, insensible, invisible para sus propias víctimas, que es
practicada esencialmente a través de canales puramente simbólicos de comunicación y
conocimiento o, más precisamente del conocimiento, o más precisamente de la ignorancia, del
reconocimiento o en el límite del sentimiento. El principio de dominación se ejerce en el
corazón del universo más privado”.
Bourdieu, P. Dominación masculina.

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Contenido:
Página
1 Introducción 7
1.1 Discurso, comunicación y violencia 8
1.2 El desarrollo de la investigación 10
1.3 Objetivos y logros 12
1.4 Resultados y productos 13
2 Acerca de la violencia simbólica 15
3 Violencia simbólica y representaciones 16
4 Violencia simbólica abierta y violencia simbólica blanda (apacible) 18
5 ¿Escoger o experimentar la violencia? 20
6 La red conceptual de la violencia simbólica 21
6.1 Lo vivenciado – lo percibido
6.2 Te doy - me debes (la retribución)
6.3 Inculcar- infundir
6.4 La estructura y la intención
6.5 Sufrir la violencia – registrar la violencia
6.6 Intensidad – Visibilidad
6.7 Desvalorizar-deconstruir la identidad
7 La palabra en las narrativas individuales 24
8 Jugando con las palabras 27
8.1 Liberando la palabra. 28
8.1.1 Conectarse y soltar palabras
8.1.2 Yo soy y me quedo con…
8.1.3 Mi relato inserto en tu historia
8.1.4 Abriendo puertas a los dichos y expresiones comunes
8.2 Reconocer, restablecer y re significar 32
8.2.1 El reconocer:
8.2.2 El restablecer:
8.2.3 El re-significar
9 Obteniendo redes 34
10 A modo de conclusión 39
11 Referencias 41

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Agradecimientos

Los autores de este estudio sobre la Violencia Símbolica, agradecen la colaboración y contribución
de la Vicerrectoria de la Universidad del Rosario, el apoyo de la Dirección de Investigaciones de la
Universidad del Rosario y del Centro de investigaciones de la Escuela de Medicina y Ciencias de la
Salud. De igual manera agradecemos a los instructores del SENA que participaron en las cohortes
del diplomado en Pedagogias para la Paz, por su disponibilidad y apertura para desarrollar algunos
de los retos que les planteamos, sus contribuciones con relatos, narrativas, aportes y discusiones
facilitaron el identificar y documentar casos específicos, con los cuales se construyeron algunas
historias y relatos de vida, a partir de estos análisis se ha redactado algunas de las contribuciones
de este estudio, también agradecemos de manera especial a: Antonio José Rodríguez Stella, Ananias
Larrahondo Carabalí, Jamilton Artunduaga, Diego Hernán Rojas Guzmán y Robertulio Ayala López,
también a los profesionales en el rol de expertos: Paulius Yamin. Antropólogo, Magister en Estudios
Culturales. Estudiante de doctorado en el Departamento de Ciencias psicológicas y del
comportamiento en el London School of Economics. Julián Artacho. Trabajó desde la Agencia
Catalana de Cooperación y fue miembro del consejo constructivo internacional del informe Basta Ya
del Centro de Memoria Histórica. Johanna Wahanik. Politóloga y antropóloga. Diplomada en Arte
dramático, con énfasis en antropología médica y procesos de salud-enfermedad. Alejandra Uribe.
Periodista

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1. Introducción
El concepto de violencia simbólica hace referencia a los fenómenos de violencia
que emergen en el espacio social de encuentro entre agentes, en donde existe una
tensión por el reconocimiento, y sobre todo por la dominación de un actor sobre
otro. Esta violencia, a diferencia de la violencia directa, toma lugar en la dimensión
simbólica de la existencia, naturalizando los roles y los modos de dominación
social. La violencia simbólica naturaliza, legitima y reproduce otras formas de
violencia más evidentes y directas.

Bourdieu define la violencia simbólica como: “...esa coerción que se instituye por
mediación de una adhesión que el dominado no puede evitar otorgar al dominante
(y, por lo tanto, a la dominación) cuándo sólo dispone para pensarlo y pensarse o,
mejor aún, para pensar su relación con él, de instrumentos de conocimiento que
comparte con él y que, al no ser más que la forma incorporada de la estructura de
la relación de dominación, hacen que ésta se presente como natural...”(Bourdieu,
1999, p.224-225). Un fragmento de un testimonio que hace parte del corpus de
este estudio, permite comprender este fenómeno:

… “No es que el lenguaje cree los comportamientos, sino que es una relación entre ambas cosas, es
una cultura y la cultura incluye tanto esa parte del lenguaje como lo que la gente hace todos los
días; una cultura donde la violencia -bajo ciertas condiciones- se acepta o se tolera, o se ve como
buena o normal ‘porque así son las cosas’ digamos, etcétera. Entonces, más que una relación lineal
entre el lenguaje y el comportamiento, en un sentido o en el otro, es más como una articulación y
como que se asume en estas intervenciones que si uno cambia una, la otra va a cambiar; porque es
parte de la misma cultura y se asume que la gente usa el lenguaje para interpretar la realidad,
entonces si tú cambias la forma de interpretar la realidad, puedes cambiar los comportamientos, o
si cambias los comportamientos puedes cambiar la forma de interpretar la realidad”…
(Yamin P.; 2017).

Este documento presenta algunos de los resultados de una investigación que


analizó y exploró las connotaciones cotidianas y simbólicas de lo violento,
especialmente las que estaban centradas en el uso del discurso.

Como resultado de estos análisis, se sugieren tres tesis principales:

(i) El discurso monológico, aquel que solo da legitimidad a una posición


individual en oposición a cualquier otra; es fuente de violencia tanto para
quien no es tenido en cuenta en el discurso, como para quien lo enuncia;
(ii) Cuando se llega a la interiorización de un discurso violento recibido
(tomándolo como legítimo), el oyente está ante el peligro de asumir como
verdadera y justificada la violencia que le imponen, dejando de lado una
postura propia que pueda mediarla.
(iii) Se establece el ejercicio del reconocimiento del otro como una expresión
dialógica necesaria para evitar la consolidación de ejercicios de violencia

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1.1 Discurso, comunicación y violencia
Darle sentido a los contenidos transferidos a través de expresiones o discursos
estructurados, requiere la presencia de al menos dos personas o grupos. En el
discurso, el uso de la palabra está guiado por una intencionalidad, un
significado, y la búsqueda de reacciones específicas en quien la recibe, incluso
más allá del momento preciso en que la comunicación se produce. La manera
como son articulados y recibidos los mensajes, varía según las percepciones de
los hablantes y oyentes, el tono en que éste es expresado, las circunstancias en
que es dicho, o el contexto histórico y social en que se enmarca.

Aquello que se trasmite a través del lenguaje (sea este: verbal, musical, visual)
puede ser interiorizado por el público (o el oyente) como una verdad; esto en
relación con la forma como es expresado, y la capacidad de quien lo recibe
para evaluar críticamente el mensaje, o recibirlo en sí mismo como cierto, sea
por ignorancia, miedo, o convencimiento real de lo que escucha. Por ello es
importante preguntarse dónde reside la fuerza de las palabras y comprender
cómo esta fuerza puede transformarse en destructora.

En ocasiones, la palabra dicha en un discurso, vehicula una fuerza que puede


ser violenta; sin embargo las palabras no son violentas por sí mismas, sino
cuando son utilizadas como articuladoras del discurso violento por el valor
simbólico y la fuerza que pueden contener.
En este sentido es importante resaltar el vínculo que se crea entre la fuerza de
las palabras y de las imágenes. La imagen transfiere y traslada, a quien la
observa, por las características de su contenido, a una realidad específica. De
hecho esta realidad recreada en la imagen puede ser modificada y trastocada
para dar lugar a una representación específica, que puede ser buscada con un
fin concreto; la palabra actúa aquí como complemento en la intención de
reforzar dicha representación. Es decir, el lenguaje puede contribuir a hacer
creer a los destinatarios en una realidad o en la existencia de algo que no existe
o se encuentra ausente (por ejemplo algunos discursos religiosos), el lenguaje
puede entonces contribuir a crear en las personas la ilusión (superficial o
profunda) de estar conectado a esa idea u objeto ausente, sea esto por su valor
simbólico o por la fuerza en este contenida.

La fuerza del discurso reside en la capacidad de lograr aprovechar la


ambigüedad de las palabras, para predecir y controlar el significado que cada
una evocará en los receptores. Pero quedan en juego los posibles significados,
ya que estos pasan a ser representados y utilizados por los destinatarios. La
particularidad del discurso violento es que tiene como propósito mostrar una
visión de la realidad sesgada, y en ocasiones engañosa, reduciéndola a una
representación monológica; entendemos aquí la representación monológica,
como aquella que se concentra en un único atributo de la realidad descrita,
reduciendo toda posibilidad de descripción distinta. El sujeto que recibe el

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discurso se encontrará entonces, inmerso en un territorio que no puede
comprender ni describir desde nuevas representaciones, por ello queda a
merced del creador del discurso y de su representación monológica de la
realidad, de tal suerte que éste puede entonces controlar y actuar sobre el
sujeto a voluntad.

Por ello, cuando el mensaje involucra falsedades, representaciones reductoras


o violencias; el peligro del alcance que pueda tener es muy grande, ya que los
receptores pueden interiorizar mensajes de discriminación, venganza,
violencia, o falsedades, y configurar a partir de ellos, acciones que hagan que la
violencia y sus narrativas se perpetúen en prácticas cotidianas. De ahí que,
para limitar las violencias simbólicas, verbales, o físicas que se desprenden de
determinados usos del lenguaje, sea importante analizar la violencia y las
representaciones monológicas o falsas que la enmarcan, con el fin de buscar
maneras idóneas de hacerlas visibles y modificarlas. Si bien las palabras no
dejan huellas físicas, cuando sus contenidos se articulan desde una intención
de destrucción de un otro o de menoscabo de su dignidad, y cuando el
lenguaje bloquea nuevas posibilidades de representación de la realidad, las
palabras se transforman en golpes que destruyen o hieren internamente a
individuos o grupos.

Todo discurso, al recibirse, pasa por un proceso de confrontación de quien lo


recibe, es decir quién puede interiorizar, apropiar o transferir el discurso. De
esta manera cuando se valida una verdad en el discurso recibido, tiene lugar
una apropiación o interiorización del discurso. De igual manera sucede con los
roles sociales; y la manera como se de este ejercicio (consciente o
inconsciente), puede dar muestras de una violencia simbólica.

La interiorización de determinado rol social que ha sido impuesto, constituye, a


decir de Bourdieu, una violencia simbólica que permite la perpetuación de
dicho rol que se acepta como normal y legítimo (Bourdieu, 1999). En casos de
violencia intrafamiliar por ejemplo, cuando la víctima acepta los daños sufridos
como parte de su posición dentro de la familia, da muestra de una violencia
simbólica: por ello la aceptación de un rol impuesto no legítimo que la víctima
asume y a partir del cual justifica la violencia sufrida. En ese sentido, la
violencia simbólica, más que el acto en sí mismo, es la aceptación y justificación
de dicha acción.

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1.2 El desarrollo de la investigación

Esta investigación se inicio con un análisis detallado de la literatura relativa al


concepto de violencia simbólica, en el cual se aprovechó para examinar teorías
similares o contradictorias con el fin de dar mayor precisión y profundidad al
análisis, paralelamente se examinaron las formas de evidenciar el fenómeno de la
violencia simbólica mediada por el uso de la palabra. La segunda etapa consistió
en concebir, desarrollar, ordenar y estructurar una experiencia vivencial donde a
través de relatos se pudiese recoger e identificar conceptos y redes de conceptos,
estos fueron objeto de análisis categórico.

Para la recuperación de datos relativos al uso de la palabra y de la violencia


simbólica, se diseño una experiencia centrada en juegos y reflexiones, la cual se
aplico con dos grupos de 25 participantes (aprox.) cada uno, estos participantes
eran instructores del SENA y provenían de diversas regiones del país, contando
además con experiencias vivenciales asociadas a fenómeno de violencia física, a
partir de allí se recopilaron relatos asociados a eventos y hechos violentos, de los
resultados iniciales de esta sesiones e ajusto el diseño y se aplico la experiencia en
una segunda sesión con dos grupos de 25 participantes, con el mismo perfil
anterior, esto permito experimentar además con el uso de expresiones de alto
contenido simbólico por la forma como estaban dirigidas al receptor.

Estos juegos condujeron a procesos de reflexión profundos en los participantes


además de aportar algunas redes de significación asociada a las formas como se
decodifica un mensaje de esta naturaleza. Por ultimo se replico la experiencia de
juegos en un colegio distrital femenino, en dos sesiones participaron 30
estudiantes complementando al recolección de datos que contribuyeron al análisis
de las redes de palabras y a conformar las narrativas acerca de la experiencia con
actos de violencia simbólica.

De manera sincrónica se diseño y organizaron dos formas de entrevista, una


orientada a construir relatos de historia de vida en los cuales el eje central fueron
los hechos de violencia vivenciado, experimentados o percibidos, estas historias
permiten reconstruir trayectorias de momentos y significaciones de acciones y
hechos que se correlacionan con las representaciones de los individuos, lo cual
estuvo encaminado a comprender como estas representaciones se asocian a
campos de registro de la violencia simbólica. La segunda forma de la entrevista
esta ordenada para ser completada por expertos los en los cuales se buscaba
obtener la rigidez de estructura de representaciones de la violencia y las formas de
control de estas para expresar este fenómeno en la sociedad colombiana.

Como tercer momento se ha llevó a cabo el análisis de los relatos, entrevistas e


historias, las cuales fueron transcritas y tratadas con el fin de identificar las redes
semánticas y las estructuras de términos, palabras que será indicios para

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comprender la forma como la violencia a través de la palabra contribuye a
cimentar la aceptación y al tolerancia de la violencia a si y hacia los demás.

Se realizaron cinco entrevistas de historia de vida; una a una persona víctima de


desplazamiento y cuatro a instructores del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA)
un establecimiento público del orden nacional, adscrito al Ministerio del Trabajo
de Colombia que ofrece formación gratuita en programas técnicos, tecnológicos y
complementarios (Servicio Nacional de Aprendizaje SENA, 2018). Los participantes
eran todos hombres mayores de 30 años de distintas regiones del país (Caldas,
Valle del Cauca, Santander) que fueron contactados a lo largo de un programa de
formación docente y fueron identificados como líderes entre sus compañeros.

Esta población tiene la característica de tener un conocimiento particular de la


manera como el conflicto armado y las violencias cotidianas afectan a la población
por varios motivos. En primer lugar, por sus vivencias propias en el marco del
conflicto colombiano; en segundo lugar, porque los formadores del SENA
entrevistados, en su mayoría son personas de origen rural, que por medio de la
educación han logrado ascender socialmente y han tenido la experiencia de vivir
en el mundo urbano; en este sentido los participantes son personas que, contrario
a la gran mayoría de la población colombiana, han logrado atravesar fronteras
económicas, sociales y geográficas que en un país con bajos niveles de movilidad
social son casi infranqueables.

Se realizaron además las cinco entrevistas a profesionales de distintas disciplinas,


que han investigado el tema de la violencia cotidiana o estructural desde distintos
abordajes (mediático, comporta mental, médico, narrativo); todas las entrevistas
fueron transcritas y sintetizadas en aras de establecer ejes de abordaje frente al
tema que nos ocupó: la violencia y su relación con el lenguaje. Las actividades
desarrolladas en una metodología de enfoque cualitativo y experiencial posibilito
la materialización de diversos productos.

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1.3 Objetivos y logros

Materializar las redes de palabras que se ordenan en un lenguaje facilitador de


la violencia, identificando los modelos cognitivos subyacentes que facilitaran
los procesos de re sensibilización.

1.3.1 Específicos:
a. Identificar las redes de palabras que estructuran el lenguaje de la
violencia
b. Construir el corpus de elementos que muestran dichas estructuras
c. Documentar las expresiones frecuentemente utilizadas para minimizar
al otro
d. Desarrollar una experiencia de uso, que transforme en los individuos
las estructuras del lenguaje que son articuladas en redes de palabras
que limitan los vectores de violencia.
e. desarrollar una experiencia bi-modal: análoga–digital; donde se
experimente las redes utilizadas para generar actos de violencia.

Esta investigación permitió de acuerdo al objetivo consolidar las duplas de


conceptos relativos a la violencia simbólica, los cuales fueron identificados a
partir del corpus documental recolectado en entrevista, relatos e historias de
vida, así como a partir de las reflexiones individuales y colectivas en así
sesiones donde se implementaron los juegos como recursos de liberación de la
palabra. De otro lado y en consonancia con los objetivos específicos se diseño
una experiencia basada en juegos, que facilita el flujo de expresiones y redes
de conceptos relativos a la violencia simbólica, esto confluyo en el desarrollo
de esta experiencia como una medio didáctico probado en el entorno escolar y
que mostro ser útil para sensibilizar acerca de este fenómeno.

Por último se logro implementar una sitio web, donde se alojaran los
materiales del estudio, los diversos recursos y una síntesis de tres de los
productos del estudio, también se pone a disposición recursos de audio y video
sobre el fenómeno de la violencia simbólica.

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1.4 Resultados y productos
Como resultado de este estudio se dispone de los siguientes recursos y productos

1. Documento conceptual que reúne el análisis de la literatura acerca de la


violencia simbólica.
2. Audios de entrevistas y transcripciones de las mismas
3. Audios de las historias de vida y transcripciones de las misma
4. Relatos de los participantes, con sus respectivas transcripciones
5. Narrativas productos de los ejercicios, igualmente se dispone de las
transcripciones
6. Expresiones asociadas a violencia simbólica
7. Videos de los juegos realizados en las sesiones de trabajo donde se desarrollo
la propuesta.
8. Creación del sitio web INFERENCIAS, donde se aloja el corpus más importante
del estudio.
9. Los siguientes artículos se produjeron:

a. LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS


Grupo de Investigación GiSCYT
Mejía Quintana, Juliana; Rivera-Largacha, Silvia; Castillo, Juan; Monsalve, Carlos
Mario.
RESUMEN
Este artículo da voz a narrativas individuales mediante la metodología de historias de
vida, y un análisis de los hilos conductores de las mismas. Las distintas maneras de
abordar una realidad, sintetizan los significados que socialmente se forjan y desde los
cuales se excluye o acepta a un individuo o grupo social bajo coyunturas particulares.
Es de la mano de autores como Pierre Bourdieu, Hannah Arendt, o Cristina Rojas que
se presentarán los resultados del trabajo recopilado, con el fin de establecer
acercamientos y rupturas entre las formas de comunicación y lenguaje, y las violencias
cotidianas y estructurales.
Palabras claves: Narración, violencia, significado.

b. EL LENGUAJE FRENTE A LA VIOLENCIA


Grupo de Investigación GiSCYT
Mejía Quintana, Juliana; Monsalve, Carlos Mario, Rivera, Silvia; Castillo, Juan
RESUMEN
Este artículo presenta los resultados de los talleres realizados en el marco del proyecto
de investigación “El discurso, la palabra y el diálogo”. Los talleres se desarrollaron con
cinco grupos distintos; instructores del SENA participantes del Diplomado en
pedagogías de paz de la Universidad del Rosario. Cada grupo contaba con alrededor de
30 adultos.
Los ejercicios tenían como objetivo poner en evidencia las formas como se reconoce al
otro y se construyen narraciones frente a la realidad, teniendo en cuenta la mediación
del discurso, el establecimiento de redes comunes de significación y confianza, y la
reflexión individual al respecto.

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Se presenta además una red semántica construida a partir de entrevistas que, entre
otras cosas, buscan establecer las asociaciones que las personas realizan frente a lo
que conciben como violencia y lo que conciben como perdón.
Palabras claves: comunicación, asociaciones de sentido, violencia, perdón

c. DISCURSO, RECONOCIMIENTO Y VIOLENCIA EN LA CONFIGURACIÓN


DE LA IDENTIDAD PERSONAL Y LAS REPRESENTACIONES SOCIALES
Grupo de Investigación GiSCYT
En busca de la génesis de la violencia verbal
Mejía Quintana, Juliana Mg. Castillo-M. Juan A. PhD. Rivera Silvia A. PhD.,
Resumen
Este documento presenta el resultado de una investigación que, a partir de narrativas
individuales y una revisión bibliográfica, analiza y explora las connotaciones cotidianas
y simbólicas de lo violento, centradas especialmente en el uso del discurso. Como
resultado de estos análisis, se sugieren tres tesis principales: (i) que el discurso
monológico, aquel que solo da legitimidad a una posición individual en oposición a
cualquier otra; es fuente de violencia tanto para quien no es tenido en cuenta en el
discurso, como para quien lo enuncia; (ii) que cuando se llega a la interiorización de un
discurso violento recibido (tomándolo como legítimo), el oyente está ante el peligro de
asumir como verdadera y justificada la violencia que le imponen, dejando de lado una
postura propia que pueda mediarla. Y (iii) se establece el ejercicio del reconocimiento
del otro como una expresión dialógica necesaria para evitar la consolidación de
ejercicios de violencia.
Palabras clave: Discurso, Reconocimiento, Violencia, Representación, Identidad

d. EL DISCURSO, LA PALABRA Y EL DIÁLOGO


Grupo de Investigación GiSCYT
Castillo-M. Juan A. PhD.. Rivera Silvia A. PhD., Mejía Quintana Juliana Mg
Resumen
El problema que aborda esta Investigación se inscribe en el uso del lenguaje como
instrumento para ejercer violencia, demostrar poder y lograr sometimiento
específicamente estudiado en el contexto colombiano. Este estudio parte de la esfera
política, hasta las acciones en el trabajo y la vida cotidiana, allí el lenguaje se ha
convertido en el medio privilegiado para obtener resultados en beneficio particular,
siempre utilizando estrategias de limitación de lo que se quiere pasar como contenido
de lo que se expresa. Este proyecto de investigación tuvo como objetivo precisar las
formas, patrones, estructuras de lenguaje frecuentemente utilizadas como medio para
incitar y ejercer la violencia, con el fin de crear una experiencia de uso donde los
individuos aprecien como el lenguaje puede convertirse en un medio de restricción,
limitación y desprecio de sí y de los demás. Dicha experiencia permite recrear el
impacto en sí mismo de la violencia simbólica generando un espacio de sensibilidad
sobre este aspecto psicológico de la violencia.
Palabras clave: Discurso, representación, violencia simbólica, actos violentos

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2. Acerca de la violencia simbólica
El núcleo central de la violencia simbólica es la capacidad de perturbar o alterar el
eje de identidad de los individuos o de los grupos sociales causando sufrimiento.
Esto implica actos orientados a alterar o modificar esquemas cognitivos
estrechamente asociados a dimensiones emocionales.

De acuerdo a Burgois, P et alt (2012), el concepto de violencia simbólica permite


comprender el porqué de la tolerancia a hechos violentos, a prácticas violentas y a
los comportamientos violentos dirigidos; en cierta medida la violencia simbólica se
ejerce por la vía de la aceptación e integración del merecimiento, es decir, los
individuos pueden llegar a concluir que lo que vivencian tanto social, política y
económicamente tiene fundamento de legitimidad, de alguna manera es lo que él
merece, esto significa que lo que hace coerción a su existencia es una
representación literal de lo que él es, de lo que él amerita y de la forma como su
mundo debe ser. Por esto las palabras y el lenguaje pueden constituirse en el
camino para producir y replicar diferentes tipos de violencia. Hay que resaltar que
la violencia incluye en su ambigüedad una valoración positiva (cuando esta es
enarbolada en la defensa de un principio, de los valores u otro elemento) y de
manera sincrónica, una valoración negativa (cuando se emplea como ejercicio de
un poder desbocado).

El problema que aquí nos interesa es el uso del lenguaje como un instrumento
para ejercer violencia, demostrar poder y lograr sometimiento; específicamente en
el contexto colombiano. A este propósito hay que decir que Colombia en su
historia ha trasegado por múltiples escenarios de violencia: de la guerra
contundente, al conflicto sostenido, transitando por actos de relevante
irracionalidad cometidos por diferentes actores de la sociedad, En este escenario,
la palabra ha sido un recurso inagotable para estigmatizar, controlar y hasta
eliminar el otro. De hecho la historia política en Colombia muestra cómo el
discurso ha sido el activador de múltiples formas de violencia, acompañado de
formas de estigmatización y rechazo de la diferencia. Por ello, es relevante
interrogarse acerca del lenguaje como una herramienta que actúa en tanto que
desensibilizador de un sujeto o grupo, esta pérdida de sensibilidad busca para
lograr la deshumanización y objetualización del otro u otros, facilitando los actos
simbólicos y físicos de violencia. Algunas de las estructuras simbólicas (la palabra,
el discurso o el dialogo) donde el lenguaje es protagonista, actúan como
contenedores de intenciones, por tanto, son utilizados para imponer
significaciones. Esta forma de uso del lenguaje, tiene como propósito focalizar la
acción simbólica en ciertos objetivos: enmascarar realidades, acciones, o
decisiones reprochables. El uso del lenguaje puede llegar a banalizar, legitimar e
incluso enaltecer lo inaceptable con el objetivo de hacer aceptable acciones o
realidades que serían de otra forma inaceptables. Un ejemplo de esto es cuando se
comunica que se adelanta una “operación de pacificación” para enmascarar y
legitimar una acción de guerra focalizada.

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3. Violencia simbólica y representaciones
La violencia simbólica se compone de actos orientados sea a cimentar
representaciones, sea a modificarlas o eliminar dichas representaciones, esto
implica lograr perturbar o quebrantar la identidad individual y social.

En general la palabra que produce o prolonga formas de violencia, se utiliza


ordenada en discursos que buscan modificar el sentido y contenido de lo actuado
o decidido. De igual manera esta práctica se utiliza en el sentido inverso,
especialmente cuando se trata de transferir significados que buscan afectar al otro,
específicamente cuando se lo quiere anular, o acallar. Más allá de la nobleza del
lenguaje, de las posibilidades significacionales, de su polisemia, la palabra es el
medio preferido para transferir e instalar representaciones en los otros, ya que
estas podrán que podrán ser útiles a un fin.

La palabra es ordenada en discursos y describe la realidad por medio de


significantes compartidos por un grupo social. Sin embargo, desde la lingüística y la
semiótica contemporánea, especialmente desde los planteamientos de Saussure
(1995) se hace evidente que un significante, tienen significados múltiples para cada
comunidad e incluso para cada sujeto y estos además pueden cambiar con el paso
del tiempo. De ahí la flexibilidad del discurso y la imposibilidad de creer que una
realidad por ser descrita a partir de la palabra y ordenada en un discurso, sea
necesariamente benévola e incluyente.

Las posibilidades de significación, hacen que la palabra sea un medio para


transferir e instalar representaciones en otros, Sea representaciones que abren
paso a la conciliación y a la identificación de una realidad matizada o
representaciones excluyentes y a veces restrictivas, al estar ancladas en una visión
unívoca de la realidad. En este último caso se trata de representaciones que abren
paso a la violencia, incluyendo la violencia simbólica (Rojas, 2001). El lenguaje
anclado en la palabra puede ser potencialmente violento cuando éste suscita
conflictos con las representaciones, creencias y valores de los individuos o de las
comunidades hacia los que se dirige. Los hechos violentos pueden surgir cuando
los individuos buscan descifrar y confrontar el discurso recibido, e identifican su
carácter excluyente y destructor. Esto surge específicamente cuando la palabra en
sí, encierra contenidos que deslegitiman y buscan anular el ser del sujeto hacia
quien se dirige la palabra ungida de violencia. Los contenidos son asumidos por
quien los recibe como violentos, cuando al confrontarlos estos chocan con su
propio sistema de representaciones y valores. Por ello, las palabras no serían
violentas exclusivamente por su sentido y significado en sí, más bien cuando sus
contenidos o sentidos generan actos materiales o inmateriales violentos o
simplemente estados de malestar o crisis, provocando acciones y reacciones de
quienes son afectados por el discurso.

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Las inferencias que el afectado puede elaborar de los contenidos recibidos reflejan
en sí la violencia del acto en la experiencia individual, ese proceso de descifrar, de
dar sentido, de aceptar o de rechazar las violencias que contiene el lenguaje son a
veces procesos dolorosos que puede generar un estado de malestar sostenido, con
momentos de inestabilidad cognitivo-emocional que perturban el entorno íntimo e
inmediato-próximo del sujeto afectado.

La violencia simbólica se caracteriza por ser un campo donde quienes la generan


elaboran discursos bien contextualizados que se transmutan entre contenidos
fuertemente estructurados y banalizaciones ancladas en prácticas sociales de
disolución del contenido, el contenido del discurso se orienta a resaltar el efecto
negativo de lo opuesto a lo dicho (aquí se aprovecha eficientemente los procesos
de hibridación lingüística, transponiendo contenidos extractados de contextos
sociales y culturales diversos), ello implica en la construcción del discurso, un
ejercicio de mezcla de términos y juegos de sentido que buscan desconcertar y en
ocasiones, descalificar al otro, causándole malestar.

Figura 1. Principales nodos asociados al desarrollo de los contenidos simbólicos de carácter


violento

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4. Violencia simbólica abierta y violencia simbólica blanda (apacible)
La primera tiene fines de marcación bien centrados, buscando además la
movilización al inducir una representación compartida en términos de adversidad a
principios y valores compartidos; la segunda busca el control más bien por la vía de
la modificación silenciosa, tenue, sigilosa pero sostenida de las representaciones
de los individuos.

Puede decirse que la violencia simbólica es un medio para adueñarse de algo,


cuando se utiliza como una acción dirigida a tener o poseer algo. El lenguaje, al
estar en el dominio de lo simbólico, puede, adaptarse como un mecanismo para
apropiarse o para instalar o rehacer las representaciones que los individuos se
construyen de sí mismos, las que construyen con y por los otros y las que surgen
de su propia realidad. Por ello el acercamiento a la violencia simbólica, requiere
abordar el problema de la representación, y allí el de la imagen y de lo simbólico.

La etimología de símbolo (Symbolon de Symballein), se asocia a reunir, poner


juntos, acercar; es decir, se relaciona con la acción de establecer relaciones
juntando fragmentos; estas relaciones crean un sentido de confianza, de acuerdo,
de actuación conjugada. Según Debray, R (1994), no se simboliza sin unir lo que era
extraño. En el proceso de construcción de imágenes y representaciones, la palabra
ofrece su capacidad de enlace, posibilitando no solo la comunicación, también la
significación, las cuales son indisolubles. La elaboración de significados otorga al
individuo la posibilidad de desplazarse por múltiples significaciones enlazándolas y
otorgándoles sentido.

Las representaciones dotadas de contenido y de significado, son reunidas por los


individuos para comprender o explicar las formas en las que se vincula lo simbólico
interior y las relaciones de este con los fragmentos de realidad que cada individuo
experimenta. El lenguaje en tanto que articulador adquiere su presencia definitiva
gracias a que la integración de su propia estructura con el entorno es articulado,
De allí su función trasmisora y su papel en el origen de las representaciones. En
este ejercicio de razonamiento sobre lo simbólico, es relevante abordar el indicio,
en este caso, el uso de la palabra como el fragmento de una representación que se
quiere instalar en un individuo o grupo de individuos. El indicio es redituable en el
marco de intenciones orientadas a modificar la relación de un individuo con una
imagen o con una representación; la función del indicio es la de trastocar los
fragmentos reunidos que dan sentido al símbolo. En el campo de la violencia
simbólica, el indicio actúa como elemento que sugiere, induciendo modificaciones
a sentidos ya elaborados, en este orden de ideas, hay que acentuar que lo
simbólico, por su función de compartir es una acción que se materializa en el
actuar colectivo, es decir el sentido del símbolo se comparte, se acuerda, se acepta
o se integra.

FIUR-PAZ. 18
La violencia simbólica ejercida a través de la palabra, se acomete a la vez de
manera instrumental y estratégica. Esta tiene como finalidad deconstruir,
despreciar y anular representaciones que han sido seleccionadas en un eje de
valores, dicha selección se efectúa con el fin de al imponer o posicionar
representaciones propias del sujeto o grupo que busca ejercer la violencia. El
objetivo es lograr la adhesión de otros a convicciones y creencias u opiniones
impuestas por quien genera esta forma de violencia. Esto puede introducir
incompatibilidades que pueden llegar a ser bien calculadas y esperadas o bien
tiene como destino el buscar respuestas no reflexivas pero evidentes.

Figura 2. La relación entre interés estratégico y elementos a modificar en los procesos de


representación asociados a violencia simbólica.

FIUR-PAZ. 19
5. ¿Escoger o experimentar la violencia?
Hay que recordar que la violencia sea física o simbólica busca lastimar de forma
material, física, emocional o cognitivamente a un individuo. En los dos casos puede
resultar imposible para los afectados escoger el asilamiento, ya que muchos de los
actos derivados de la violencia simbólica están intricados e inmersos en el tejido
social y cultural, inclusive algunos de ellos estas éticamente validados por los
grupos sociales. En la realidad colombiana, muchas personas se han visto incluidas
en el ‘juego de la guerra’ sin una elección libre de pertenencia; cayendo bajo
“representaciones monológicas de la identidad” y lógicas de poder que escapan a
su control y se agravan con las condiciones de vida particulares tales como: habitar
en una región socialmente vulnerable, tener pocos recursos económicos, carecer
de educación, pertenecer a un grupo etario o étnico especifico, etc.

Cuando estas características además son socialmente señaladas o estigmatizadas


desde una “representación monológicas de la identidad”, la persona o grupo
queda sometida a una violencia sostenida por una lógica de poder desde la cual
se ejerce una violencia que además es legitimada y naturalizada, prolongándose a
lo largo del tiempo. La marginalización y la estigmatización de grupos desde una
lógica monológica puede ser entendida desde Bourdieu como un fenómeno que
sucede cuando existe un consenso sobre el sentido del mundo social, siendo
fundado este consenso, en el caso de la justificación de la violencia, sobre una
lógica monológica. Dicho consenso “contribuye fundamentalmente a la
reproducción del orden social” (Bourdieu, Sobre el Poder simbólico, 2000, pág. 67).
Esta lógica de poder desde la que se justifica y se prolonga la violencia prueba que,
como lo dice Bourdieu- “todo poder que logra imponer significaciones e
imponerlas como legítimas, disimulando las relaciones de fuerza en que se funda
su propia fuerza, añade su fuerza propia, es decir, propiamente simbólica, a esas
relaciones de fuerza” (Bourdieu & Passeron, 1995, pág. 44).

El contenido simbólico de las narrativas segregativas y estigmatizantes con


respecto a las diferencias de clases, razas, géneros, regiones y grupos etarios,
frecuentemente son utilizadas para prolongar formas de violencia simbólica
cultural y estructural que limitan las posibilidades de cambio, en estos sectores de
la población se extiende su condición de marginamiento pues lejos de cuestionar y
transformar los discursos sobre la pobreza, el aislamiento y la minusvalía; el
contenido de los discursos las prolongan y las replican. Las referencias a las clases
menos favorecidas y a las minorías, como aquellas que deben ser observadas,
conocidas, y ayudadas, borran el cuestionamiento crítico de las causas
estructurales de la desigualdad, y perpetúa un discurso segregativo que divide la
sociedad.

FIUR-PAZ. 20
6. La red conceptual de la violencia simbólica
A continuación se presentan a manera de binomios los conceptos que están
asociados a las prácticas, estrategias e intervenciones que tienen como fin generar
o difundir actos simbólicos violentos, cada binomio es presentado de manera
relacional, es decir uno puede contenerle otro o uno es complementario al otro,
dependiendo de su naturaleza: cada binomio es discutido a la luz de los hallazgos
del proceso de investigación. Estos relaciones binomiales fueron extractadas del
corpus documental, específicamente de las narrativas y relatos, historias de vida y
entrevistas, de igual manera estos surgen de la revisión de la literatura; en fin, el
análisis combinado permitió conformarlos pensando en cómo éstos se presentan y
son experimentados por los individuos y grupos sociales.

6.1 Lo vivenciado – lo percibido


En el dominio de la violencia simbólica, este es un campo de aproximación y de
comprensión nada fácil para un observador, de hecho el acto violento
simbólico se vivencia, explica y experimenta de manera subjetiva, sin embargo
la posibilidad de percibir la dimensión del impacto de este es difícilmente
registrable. Aquí resulta difícil comprender cuan complejo es lo tangible del
acto, aún si se trata de materializar el efecto emocional que ocasiona el acto de
violencia simbólica en cada individuo.

6.2 Te doy - me debes (la retribución)


Son actos que hacen parte de elementos de la violencia simbólica, se orientan
a la creación del sentimiento de dependencia y vulnerabilidad; cuando estos
son elaborados obedecen a una intencionalidad de quien los genera,
específicamente instalan en el individuo objetivo la idea de deuda (impagable
generalmente) y por ende el sentimiento de obligatoriedad.

6.3 Inculcar- infundir


Aquí surge la idea de marcar, denominar o estigmatizar, que en los actos
simbólicos busca de alguna manera afectar la unidad, permanecía y coherencia
de representación de sí mismo. Se trata entonces de posicionar preceptos,
ideas o principios a veces ajenos a los individuos con el propósito de causar
sufrimiento o malestar fundiéndolos con representaciones de sí y del social
posible. Lo anterior busca entonces provocar en los individuos sentimientos de
indenfección, o de vulnerabilidad, en ultimas ocasionando modificaciones de
su estado de ánimo. Estos actos buscan reducir al individuo a una faceta
determinada, logrando con ello fraccionarlo.

6.4 La estructura y la intención


Lo estructural hace referencia a las normas sociales, culturales, políticas
además de las que establecen las instituciones allí creadas y que alguna
manera ejercen presión sobre los individuos, generando diferencias o

FIUR-PAZ. 21
distancias entre lo alcanzado efectivamente por los individuos en su realidad
individual respecto a las posibilidades que cada uno dispone.

Allí reside además lo intencional individual y colectivo, lo cual establece ciertas


preferencias dando lugar a segmentaciones, clasificaciones o encajonamientos
de individuos, grupos o conjuntos de personas, es decir, se instala un
representación donde se acepta o acuerda ciertas relaciones de estatus o de
poder, generalmente cubiertas con elementos de legitimidad y que pueden ser
innegables o difícilmente re movibles.

6.5 Sufrir la violencia – registrar la violencia


La creación de escenarios, no siempre verificables, de inestabilidad, zozobra o
inseguridad es una de los elementos donde mejor gravita la violencia simbólica.
En efecto estas creaciones toman dos direcciones, en quienes vivencia los
hechos se instala al idea de lo irremediable y naturalizan los hechos; en
quienes la experimentan remotamente contribuye a desensibilizar vía la
instalación de la idea de merecimiento, es decir si ciertos individuos o grupos
sociales vivencia la violencia se debe a un cierto merecimiento. Por ello se
establece una distancia importante entre sufrir (experimentar en directo los
efectos de los hechos) y registrar (experimentar los hechos a partir de
escenarios imaginados o a partir de representaciones recibidas o elaboradas
externamente)

6.6 Intensidad – Visibilidad


Los actos de violencia simbólica pueden implicar un sufrimiento intenso para
los individuos, el cual generalmente se experimenta en privado, aun cuando a
veces cuando se comparten relaciones de dependencia se experimentan
grupalmente, no obstante, este sufrimiento puede ser invisible a los
observadores o para el entorno social justamente por el temor que infunde las
estigmatización. De hecho muchos de los actos de violencia simbólica, en razón
al anclaje de su representación puedes ser invisibles al entorno social. Estas
representaciones se forjan además a través de las experiencias de vida que han
sido interiorizadas y posteriormente son descritas y plasmadas a partir de
distintas formas de lenguaje. En los procesos de interacción cotidiana a nivel
micro y macro se tejen sentidos comunes así como tensiones en las formas de
representación de las realidades; de ahí que estas, lejos de ser estáticas,
cambian con el tiempo y se dan de manera disímil en distintas personas y
grupos, incluso al interior de una misma persona en momentos distintos de su
trayectoria de vida.

De tal forma, la representación es un espacio de disputa, puesto que cada


sujeto busca legitimar y lograr un reconocimiento de su experiencia, su agencia
y en últimas su identidad dentro de un colectivo. En las sociedades
contemporáneas, fuertemente marcadas por los efectos de la globalización y el

FIUR-PAZ. 22
individualismo, el compartir las representaciones individuales con un grupo se
hace cada vez más difícil.

La reivindicación de la individualidad tiende a legitimar narrativas y actos en


donde las representaciones propias encuentran graves dificultades para
reconciliarse frente a las de los otros. En consecuencia es frecuente ver el
agravamiento de las posiciones polarizadas con fuertes complicaciones para
lograr representaciones polifónicas y discursivas de las identidades.
Frecuentemente estas dificultades generan reacciones violentas que llevan a
imponer las representaciones de una sola lógica de la identidad.

6.7 Desvalorizar – deconstruir la identidad


La cimentación por diversos medios (visuales, orales, etc.), de representaciones
que se elaboran para materializar estereotipos clasificatorios, son una de las
formas más importantes de violencia simbólica: son los que se dirigen a afectar
la identidad de los individuos o grupos sociales; estas representaciones
ayudan a crear jerarquías, clasificaciones y permiten además naturalizar
comportamientos censurables, que asimismo no son condenables ya que
hacen parte de un patrón de actuación compartido.

Frecuentemente las intervenciones gestadas, producidas y orientadas por las


instituciones, -incluyendo el Estado- buscan brindar apoyo a poblaciones
afectadas por la violencia o que son vulnerables a ella (desplazados, indígenas,
víctimas de la violencia, entre otros), sin embargo estas intervenciones tienden
a ignorar las necesidades y las estrategias de interacción social propias de los
grupos y de las personas que en estos conviven. Al crear clasificaciones, se
tiende a desconocer las necesidades reconocidas por las comunidades o
individuos, ignorando los recursos con los que cuentan para manejar sus
propios problemas, en muchas ocasiones se deslegitima su experiencia y su
agencia. Esto hace que las intervenciones -a veces sin quererlo- sean percibidas
como violentas, contribuyendo a reproducir formas de violencia ya existentes
o incluso generando violencia entre los grupos e individuos a los que en
principio se busca ayudar.

De otro lado la desconstrucción de la identidad se basa en la generación de la


desconfianza, provocando la desaparición de las certitudes acerca del otro e
instalando las exclusiones como mecanismo de enclaustramiento. Tomando
como premisa que el objetivo ultimo de la violencia simbólica es la destrucción
o el remplazo de representaciones con el fin de cambiar contenidos y
significados, la deconstrucción o la dilución de las estructuras asociadas a estas
representaciones es un objetivo esencial en el dominio de la violencia
simbólica.

FIUR-PAZ. 23
7. La palabra en las narrativas individuales
Las narrativas a través de historias de vida aquí recuperadas en este estudio,
ilustran los matices y similitudes de una identidad nacional fragmentada, que se
debate entre un pasado/presente violento que ha sido obstáculo de los proyectos
de vida de colombianos en distintos rincones del país, y es a la vez una reflexión
crítica social que se fundamenta en la identificación de los lenguajes y lógicas
institucionales que la han hecho posible, así como en las fuentes de agencia y
transformación que buscan dar lugar a un cambio desde dos ámbitos que son su
vez estructurales e individuales: el lenguaje y la acción participativa.

Es el lenguaje la forma por excelencia de narración, identidad, construcción y


resistencia; ya que es el mecanismo por el que pasa o se detiene el pensamiento,
estableciendo una representación del mundo. Los silencios voluntarios o forzados
son también un lenguaje muy diciente de lo que ha dejado el conflicto; y los
testimonios son la exteriorización de experiencias compartidas, de continuidades y
rupturas que una vez dichas, cobran sentido en quien lo dice y en quien lo recibe.
Esos puentes que se tejen en cada ejercicio comunicativo, pueden hacer del
lenguaje un vehículo y soporte de distintas formas de violencia; esto cuando niega
la agencia y la dignidad de individuos y comunidades; pero es justamente el
lenguaje, la herramienta desde la cual puede ser quebrada esa línea de violencia,
ya que dota de capacidad de acción a la persona para que alce su voz; y esas
nuevas voces, abren la posibilidad de generar salidas que rompan los discursos
monológicos e inviten a una acción participativa en donde se reivindique la
dignidad de cada miembro de la colectividad y del grupo.

Las narrativas de los individuos expresan distintas maneras de abordar una


realidad, sintetizan los significados que socialmente se forjan y desde los cuales se
excluye o acepta a un individuo o grupo social bajo coyunturas particulares. En las
narrativas se identifican elementos comunes, transversales y específicos, los cuales
generalmente están atados a la vivencia y la trayectoria de vida. En estas
narrativas surgen como hechos comunes: los traslados que los narradores han
vivido entre las distintas zonas del país debido al desplazamiento forzado, al
conflicto armado, y también los que están asociados a la búsqueda de
oportunidades que no encuentran en sectores periféricos.
Uno de los generadores de estos traslados es la intencionalidad individual o grupal:
sea la búsqueda de movilidad social y oportunidades para sus familias; pero otro
de los motivadores es forzado por la violencia. Una violencia que ha sido
vivenciada de distintas maneras, por los múltiples actores en diversos territorios
del país, pero que tiene como eje general el ser un obstáculo para el desarrollo de
los proyectos de vida de cada individuo.

Las narrativas también reflejan la nostalgia individual ante la pérdida de los valores
y tradiciones. Si bien muchos de estos valores y tradiciones están constituidos por
mecanismos de diálogo e interacción que permiten el fortalecimiento de la

FIUR-PAZ. 24
cohesión comunitaria, también pueden constituirse de formas de autoridad rígidas
y basadas en el reconocimiento de los roles sociales, vía la violencia. Sin embargo,
en todos los relatos se reconoce la necesidad de crear sociedades más incluyentes,
donde se fortalezca el diálogo, la autonomía y la agencia1 como facultades
individuales necesarias para sortear los obstáculos del entorno y para enfrentar la
violencia.

A título de ejemplo se encuentra en estas narraciones la centralidad del rol de la


familia y de las redes de amigos. La familia se constituye como el soporte que
moviliza a los individuos en sus perspectivas de futuro en razón de la formación
primera que brinda. Pero al mismo tiempo, las situaciones de rupturas familiares,
se vuelven causas justificadoras -en los relatos- de acciones como el pandillismo:

“en el barrio que yo vivía, eran un poco de chicos que tenían como hogares un
poco disfuncionales, ¿no? En algún sentido, mmm…, con el tiempo me vengo
a dar cuenta de eso. Lo hice en conciencia porque yo anduve con un grupo de
muchachos que luego, algunos de ellos, con el tiempo se convirtieron en
ladrones y, bueno, y algunos los mataron…, eh, pero esos muchachos, eran,
eh…, esa era nuestra, llamábamos nuestra barra…, la barra, y nos movíamos
con ellos. Y aprendimos un poco como a defendernos” (Ayala, 2017).

Las narraciones recolectadas en este estudio dan cuenta de dos formas de


instalación de la violencia simbólica en las representaciones de los individuos. La
primera se relaciona con la creación de imágenes que permanecen en la vivencia y
experiencia de los individuos. Por ejemplo La sevicia de las formas de matar y
generar dolor, la intención de desaparecer el cuerpo y con él la identidad de la
persona, tiene un componente simbólico y cultural muy fuerte. La crudeza del
asesinato que genera un profundo dolor físico a la víctima y un grave sufrimiento a
sus dolientes, degrada la dignidad de ambos, causando heridas invisibles pero
perdurables en el entorno de la víctima. “La desaparición forzada es un duelo en
suspenso, un sufrimiento imposible de resolver ante la incertidumbre del destino
de la víctima” (Centro Nacional de Memoria Histórica. 2014). La muerte con
tortura es vivida por los dolientes, familiares, amigos, comunidad como un dolor
compartido con la víctima, que le quita dignidad a esta y a su entorno social y llena
de temor a los que quedan. Las masacres han sido instrumentalizadas como
mecanismo para generar terror, quitando agencia a las comunidades y
sometiéndolas a acciones obligadas, en especial el abandono de sus tierras.

De otro lado, está el uso de la palabra puede llegar a tener una fuerza
contundente, tanto para articular sentidos polisémicos, como para reducir los
sentidos de una realidad, limitándola y restringiendo posibilidades de acción. En

1
La agencia es la capacidad del sujeto de guiar su acción y de identificarse con ella; una acción que lejos de
ser instrumental, es constitutiva del sujeto y de las relaciones con los demás

FIUR-PAZ. 25
este último caso se da la violencia verbal que amenaza y destruye la integridad
psíquica y moral de las personas. Los gritos, los insultos, las palabras con
contenidos degradantes, las amenazas, se utilizan para afectar la dignidad de la
persona, tiene como propósito reducir su identidad a la caracterización impuesta
por una palabra violenta y reduccionista. Las amenazas, por ejemplo tienen el
objetivo de someter la agencia de la víctima y doblegar su voluntad. Por esto se
instrumentalizan manipulando los imaginarios sociales sobre la victimización:

- “Dentro de las amenazas que a una persona le suele suceder, si


hablamos del Cauca: ‘Camarada, le damos quince días para que
desocupe’, una palabra que duele mucho es de que le digan a uno: ‘le
conocemos toda su familia y sé dónde vive’” (Ardunuaga; 2017).

- “que le digan a uno paraco, que le digan a uno narco, (…), que le digan a
uno: tú eres de esos que vienen a robarte lo nuestro” (Rodríguez; 2017).
- “son victimarios, muchos físicos, los que han cogido un revolver y han
matado a otro, pero son también victimarios aquellos que por tomar una
decisión, miraron sus intereses primero, los de su grupo, los de su clase,
y cerraron los ojos al impacto que iba a tomar esa decisión por ejemplo,
con respecto a los demás (…) Percibo como colombiano que personas de
mucha influencia con la palabra o con el no palabra, o sea, el silencio…,
hicieron daño; (…y víctima, es) una persona con inteligencia que no pudo
desarrollar su potencial” (Ayala, 2017).

- “Un hecho violento es cuando te hieren a ti en tu manera de pensar y de


sentir, en que a uno traten de llevarlo a una situación de indefensión,
todo lo que causa un daño, tanto ético y moral, lo considero violento, no
necesariamente que te den un golpe; una palabra, una expresión, la
puedo considerar violenta, la forma de decir las cosas o a veces que no
reconozcan tu trabajo es un hecho de violencia estructural. Entonces hay
muchas maneras de violencias, eso afecta la sociedad” (Rodríguez;
2017).

En la búsqueda de formas de extracción y de elucidación de los elementos


asociados a la violencia simbólica, que además implican para los individuos estar
inmersos en ellos sin estar plenamente advertidos de su presencia, se desarrolló
un mecanismo de activación de estos elementos, este mecanismo busca hacer
tangibles estos elementos, como estrategia o recurso se definió el juego en tanto
que es un útil de acción que invoca la acción desprevenida y que incita a la
reflexión activa, en el siguiente apartado se presenta el desarrollo de esta idea.

FIUR-PAZ. 26
8. Jugando con las palabras
El juego es un recurso que permite alinear, sincronizar y conectar los individuos,
para lograr despertar la consciencia de sí y del otro. En este orden de ideas en este
estudio se utilizó el recurso del juego partiendo de la definición de gamificación, la
cual es entendida como: “es el uso de elementos de diseño de juego en contextos
no relacionados con el juego”.

De acuerdo a Deterding et al (2014), 2 La gamificación se refiere a los juegos, no al


hecho de jugar (o al concepto de jugar), que puede entenderse como una
categoría más amplia y flexible que contiene formas de jugar a la vez que son
diferentes entre ellas (Salen y Zimmerman, 2004). En los estudios de juegos, esta la
distinción entre jugar y juegos, la cual suele estar respaldada por la concepción de
Caillois de los “paidia” y “ludus” como dos polos de actividades lúdicas (Caillois,
1958). Mientras que el paidia (o el jugar) se refiere a una recombinación más libre,
más expresiva y aún más "tumultuosa" de actitudes y significados, es decir es
abierto, libre y da opciones de exploración. De otro lado, está el ludus (o juego) el
cual toma posesión del juego al estructurarlo mediante reglas y dotarlo de un
principio competitivo orientado a objetivos. Los desarrollos recientes en el estudio
del juego dan origen a dos ideas: la primera hace referencia al “Playfulness” [jugar
a plenitud], lo cual hace referencia a los elementos de experiencia y de
comportamiento asociados al juego. De otro lado surge la idea de “Gamefulness”
[experimentar a plenitud] que se refiere a las cualidades de los juegos, es decir se
trata de comprender la forma como se aprecia el juego, del placer del uso del
juego y del compromiso (derivado de las Reglas) que el juego activa.

De acuerdo a Johnson, D, and alt (2016), “En nuestro mundo de vida moderna, la
salud y el bienestar dependen fuertemente de los comportamientos de cada
individuo, la motivación es un factor importante en el cambio de comportamiento
y es deseable un cambio de comportamiento intrínsecamente motivado, ya que es
sostenido y contribuye directamente al bienestar. Esto plantea la pregunta
inmediata qué tipo de intervenciones están mejor posicionadas para motivar
intrínsecamente el cambio de comportamiento”. La gamificación plantea que
algunos elementos del juego se pueden utilizar para este fin “características
motivacionales como retroalimentación inmediata o continua de progreso o
establecimiento de metas a través de elementos como niveles o desafíos y
competiciones, así como la recuperación social, el reconocimiento y soporte de
autonomía a través de entornos personalizables, la elección del usuario en
objetivos y actividades, o narrativas que proporcionan fundamentos emocionales y
basados en valores para la actividad”. (Seaborn and Fels, 2015), centrados en estas
ideas se desarrollaron actividades orientadas a utilizar elementos del juego en
actividades de emergencia de representaciones a través de la palabra.

2
Sebastien Deterding, Dan Dixon, Rilla Khaled et Lennart Nacke, « Du game design au gamefulness : définir
la gamification », Sciences du jeu [En ligne], 2 | 2014, mis en ligne le 24 octobre 2014, consulté le 05
février 2018. URL : http://journals.openedition.org/sdj/287 ; DOI : 10.4000/sdj.287

FIUR-PAZ. 27
8.1 Liberando la palabra.
El ‘jugar con la palabra’ permite evidenciar los usos que damos a la
comunicación; los participantes de las experiencias de gamificación
diseñadas se embarcan en una tarea de liberar palabras mediante
dinámicas de dramatización, visualización de videos, y ejercicios
interpersonales. A continuación se presenta una descripción detallando
objetivos, elementos y reglas de cada juego.

Juego: Conectarse y soltar palabras


Objetivo.
Establecer una comunicación visual, emocional y comunicacional entre
los participantes, motivando la disposición a dar y entregar un mensaje.
Elementos y reglas:
El juego se desarrolla con el grupo de participantes en tres momentos:
Momento uno:
Se organizan los participantes en círculo y se les pide que pasen un
aplauso al compañero de al lado, el aplauso se desplaza lo largo del
círculo cada participante recibe el aplauso, luego gira y lo entrega al
siguiente participante; en primera instancias se realiza una ronda en el
sentido de las manecillas del reloj, luego una nueva ronda en el sentido
contrario.
Momento dos:
Se realizan dos rondas adicionales con la misma mecánica de
transferencia, pero en este caso se realiza el ejercicio mirando a los ojos
de quien va a recibir el aplauso. Finalmente se realizan dos rondas dando
y recibiendo el aplauso en simultáneo con la mirada fija en el compañero.
Momento tres:
Sin cambiar de posición en el círculo cada participante debe sincronizarse
con los demás, para ello cada uno de los participantes inicia balanceando
el brazo derecho (adelante/atrás) y haciendo tronar los dedos, cuando se
sincroniza el movimiento y el sonido para todo el grupo se realizan dos
rondas de intercambio: En la primera, el participante entrega una palabra
de su elección al compañero, estas palabras no den tener relación o
conexión entre sí. La última ronda sigue la misma mecánica, pero en esta
ocasión se inicia balanceando el brazo Izquierdo (adelante/atrás) y
haciendo tronar los dedos; con una palabra propuesta por el facilitador
del juego, el participante que recibe la palabra debe continuar
entregando una palabra directamente asociada a la que acaba de recibir
[casa familia], entregándola al participante que este a su costado, la
cadena se continua hasta finalizar el circulo.
Búsqueda:
La conexión con el otro implica reconocimiento, adicionalmente la
sincronización de actos relativos a ideas o conceptos, contribuye a saber
recibir y entregar conservando un objetivo común. Este ejercicio también
contribuye a crear la idea de asociación a un interés común, además
facilita la comprensión de la idea de adhesión y participación en la
construcción lógica de sentido en una tarea socialmente distribuida y
compartida.

FIUR-PAZ. 28
Juego: Yo soy y me quedo con…
Objetivo:
Construir de manera colectiva escenarios imaginados, cada participante
contribuye de manera individual a construir una representación dotada
de sentido y de complementariedad. Para ello cada participante hace uso
de la denominación, utilizando el recurso de la palabra, para ello toma el
contexto ofrecido por otros, y propone un escenario complementario que
resinifica y avalen lo propuesto por los demás.
Elementos y reglas:
El grupo de participantes se ubica en un semicírculo, dejando un espacio
libre en el centro, este se utilizara como escenario focal del juego, este
juego se desarrolla en tres momentos y se repite cíclicamente por cinco o
más ocasiones.
Momento uno:
Uno de los participantes se ubica en el centro, allí asume a través de un
gesto o acto el rol de un objeto, cosa, animal, comunicándolo a su
compañeros en voz alta; acto seguido otro de los participantes se ubica
en el centro y asumen el rol del objeto, animal o cosa que complementar
o se asocia al primero, finalmente un tercer participante realiza el mismo
proceso para completar la escena. [ ej: soy un niño, soy una casa, y soy
un árbol]
Momento dos:
De los participantes que están en el semicírculo, uno indica en voz alta:
“Me quedo con…” y a continuación este mismo participante se ubica al
lado y dice en voz alta el rol que asume (siempre completando o
ampliando el que está ubicado en el centro), de igual manera lo hace un
tercer participante [se debe conservar la coherencia de la escena].
Momento tres
Se repiten así varias rondas en un ejercicio de espontaneidad que
siempre se queda con uno de los personajes y los participantes lo
complementan con nuevos escenarios. En cada ronda se debe reducir el
tiempo de espera para la construcción de la escena, es decir los
participantes deben asumir los roles y complementar la escena
rápidamente.
Búsqueda:
Introducir los participantes en la noción de construcción colectiva de
sentido y de adhesión a las construcciones de significados, de manera
individual y colectiva los participantes se aproxima a la idea de
consonancia y de objetivo común.

FIUR-PAZ. 29
Juego: Mi relato inserto en tu historia
Objetivo:
Se trata de motivar a los participantes a recordar hechos significativos de
la vida de cada uno. Esto se expresa a partir de un ejercicio de escritura
libre que integra los datos obtenidos de la interacción con los otros
participantes. Se trata de mezclar representaciones propias,
categorizaciones y acciones.
Elementos y reglas
El juego se desarrolla en tres momentos y en tres modalidades (en orden
de desarrollo: colectiva, grupal e individual):
Momento uno:
El facilitador asigna aleatoriamente una profesión o un oficio a cada
participante y le pide que con esta profesión desarrolle la historia.
Momento dos:
Los participantes se reúnen en binomios, cada uno de los participantes le
cuenta a su compañero hechos y/o eventos especialmente significativos
en su vida, luego cambian el rol del narrador. Con estos elementos cada
participante realizar el desarrollo de la historia donde combina sus
propias vivencias, las del compañero de juego transfiriéndolas al
personaje que ha definido con la profesión u oficio asignado.
Momento tres:
3
Se interrumpe la escritura de la historia para visualizar un cortometraje
que ilustre situaciones de violencia. Se les pide a los participantes anotar
los sentimientos, palabras que identifican o que les sugiere la historia y
los eventos que el video recrea. Una vez finalizado el cortometraje, se
genera una reflexión grupal en torno al contenido del video, después de
esta, se les pide a los participantes continuar y finalizar su historia, en
este momento debe integrar los sentimientos que les provocó el
contenido del video.
Búsqueda:
La estructura de la historia Generar una reflexión frente a la influencia de
situaciones violentas que se producen como una ruptura de lo cotidiano
(o como parte de lo cotidiano), verificar como estos eventos alteran sus
propios relatos y representaciones y comprender que es posible
reconstruirlas las historias, sus contenidos y significados a través de la
proposición de nuevas narrativas que resinifiquen dichos escenario.

3
En esta experiencia se utilizó el cortometraje colombiano: 'Juego de Niños' de Javier González y Carlos Ortegón

FIUR-PAZ. 30
Juego: Abriendo puertas a los dichos y expresiones comunes
Objetivo:
Consolidar un banco de expresiones que den cuenta de los dichos y
expresiones que las personas entienden como violentas.
Elementos y Reglas
El juego se desarrolla en cuatro momentos:
Momento uno:
Se les pide a los participantes escribir en un “posit” uno o dos dichos o
expresiones que utilicen, escuchen o hayan escuchado en su cotidianidad
y que ellos consideran tienen un contenido violento o que puede
provocar reacciones violentas.
Momento dos:
Se agrupan en un recipiente o bolsa los posit, luego se reparten los de
manera aleatoria, cada participante lo recibe y guarda sin leerlo.
Momento tres:
Todos los participantes se organizan en un círculo, dejando a uno de ellos
en el centro del círculo; este participante [2] debe seleccionar uno de los
compañeros y simular que abre una puerta invitándolo a salir al centro
del círculo, allí se ubican frente a frente.
Momento Cuatro
El participante que salió de la puerta [1], saca el posit, y lo lee o expresa a
su compañero, tratando de expresar el acento y fuerza de la expresión o
dicho. El participante [2] que, escucha y recibe la expresión y debe
proceder a cambiarle el significado y transformarlo en positivo,
devolviéndole la expresión modificada a su compañero.

Búsqueda. Se trata de sensibilizar y concientizar a los participantes sobre la fuerza


de las expresiones verbales y la forma como estas afectan y/o modifican
las respuestas individuales, invitándolos a reflexionar sobre el sentido,
contenido e intensión de la misma para modificarlas y realizar
transformaciones positivas que ayuden a comprender mejor como estas
expresiones afectan las interacciones sociales y pueden ser
potencialmente generadoras de aflicciones emocionales y cognitivas,
comprendiendo de paso como pueden ser utilizadas para transformar la
forma de comunicar y relacionarse con el otro. Contribuyendo con ello a
cambiar el sentido y significado de las expresiones de violencia cotidiana.

FIUR-PAZ. 31
8.2 Reconocer, restablecer y re significar
En su conjunto los juegos previamente descritos tuvieron como uno de sus
objetivos, el evidenciar la forma como se otorga o se resta reconocimiento
al otro y cómo a partir de allí se construyen narraciones frente a la
realidad. El plan era poner en cuestión y hacer conscientes a los
participantes sobre estos sentidos del lenguaje. Se esperaba que las
personas identificaran estos usos del lenguaje frecuentes como
instrumento de producción y prolongación de la violencia simbólica,
abriendo la articulación del lenguaje a una polisemia y a la ampliación del
sentido. Partiendo de esta definición de violencia simbólica y de las
alternativas que desde el lenguaje pueden usarse para contenerla y
transformarla establecimos tres niveles de procesamiento al realizar el
juego: reconocer, restablecer y re significar la palabra.
8.2.1 El reconocer:
Esta categoría se explica mejor desde su opuesto: el “no-
reconocimiento” del ser persona, del otro, esto hace posible la
agresión o la violencia que se ejerce contra él otro, debido a que es
tratado como un objeto, medio u objetivo, y no como una persona
que es. El no reconocimiento de la persona en su dignidad puede
explicarse desde una perspectiva psicológica, como un proceso en el
que se niega la existencia de una mente humana en esa persona que
está siendo objetualizada. Esto implica que -desde la posición de
quien no reconoce- se niega la experiencia (su capacidad de tener
afectos y sensaciones como el dolor, el placer, el miedo, la alegría,
etc.…) y agencia (su capacidad de tomar decisiones informadas con
respecto a su vida y su bienestar) de ese otro.
8.2.2 El restablecer:
La violencia puede obstaculizar o anular el reconocimiento de la
experiencia y de la capacidad de agencia de un individuo o una
comunidad. Dentro de la psicología y en especial en la teoría del
psicoanálisis, este efecto ha sido estudiado desde la categoría del
“trauma”, identificando que los episodios de violencia
desestructuran las lógicas de pensamiento y de lenguaje y en
especial las formas de auto-reconocimiento de los sujetos o
colectivos. El daño experimentado puede generar una
desestructuración simbólica que se puede prolongar por años e
incluso se puede transmitir de generación en generación. Sin
embargo existen condiciones en las que frente a esta
desorganización pueden darse procesos de reorganización, de tal

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forma que las secuelas del trauma -al ser trabajadas y
reinterpretadas desde un nuevo orden simbólico- pueden llevar al
sujeto o al colectivo a un proceso de restablecimiento donde se
recupere el reconocimiento de la experiencia y se logre recuperar la
agencia, la capacidad de acción.
8.2.3 El re-significar
Este se fundamenta en que el valor de una palabra, gesto o
expresión, no está dado solo por una única forma de ser
interpretado, es decir por una sola forma de otorgarle un
significado, sino por la manera en que es entendida, asimilada y
expresada.
La carga hiriente o violenta que puede contener un gesto o una
expresión (un significante), es factible de ser cambiada bajo una
lógica interpretativa distinta, como mecanismo pacífico de hacerle
frente a la violencia. Usando los términos de la lingüística de
Ferdinand de Saussure, “un mismo significante que originalmente
puede ser interpretado desde una narrativa de violencia, puede ser
reinterpretado desde otra narrativa, adquiriendo un significado que
se aleja de esta” (de Saussure), hay que recordar que el “sentido de
las palabras se determina o establece respecto a las otras palabras”,
adicionalmente, la lengua y las palabras son hechos sociales
estrechamente ligados al uso particular que hacen las personas de
las palabras y de la lengua.
Estos tres elementos buscan encontrar un “mundo común”, es decir aquel
en el que dos o más individuos pueden asociar representaciones y
significados similares; por ello es esencial trabajar en la búsqueda de
palabras, significados o representaciones que sean lo más justas posibles
con el interlocutor. Cuando esto no es posible, las mismas expresiones o
palabras pueden enviar o ubicar en extremos diferentes a los individuos o
interlocutores. Hay que agregar que las expresiones toman un sentido
particular según el tono en el que son enunciadas, la persona que reacciona
frente a la intensidad de la expresión, puede ocasionar respuestas evasivas
o directas, ya que enfrentar a un interlocutor, cambia el contexto en que es
recibido e interpretado el mensaje.

FIUR-PAZ. 33
9. Obteniendo redes
Como resultado de un ejercicio reflexivo de cada participante se busca el
establecimiento de la red semántica, esta se toma como una forma de
representación del significado de las palabras. De acuerdo a Collins. A (1969) los
conocimientos semánticos están organizados en forma de red de conceptos, estos
conceptos son nodos que se encuentran asociados a un cierto número de
propiedades y además establecen relaciones con otros conceptos. Las relaciones
entre conceptos es jerárquica, es decir cada la propiedad asociada a un conceptos
se encuentra implícita en otros conceptos.

Si bien los juegos planteados implicaban cierta espontaneidad, en todos los casos
se dudaba frente el orden a establecer; es decir que aun cuando en el imaginario
general existe una creencia tácita de que sabemos qué es perdón y qué es
violencia, al momento de verbalizarlo la relación no es inmediata, las propiedades
de este concepto variaran de acuerdo a la forma cómo has sido jerarquizados y
organizados por cada individuo, esto puede además estar influenciado por los
hechos sociales en los cuales por herencia o por emergencia surgen los conceptos.
Algunos de los conceptos asociados a la idea de violencia corresponden a
categorías con significantes polifónicos, que además pueden tener una gran
multiplicidad de interpretaciones, encontrando que estas interpretaciones estarán
profundamente ancladas a las experiencias personales, sociales e incluso
espirituales.

Al realizar el registro y análisis de la información recolectada a través de los juegos,


confortándolos además con las historias de vida, los relatos y las entrevistas, se
encuentra que para la categoría de violencia, las que se establecieron conceptos
en diverso nivel de relación en primer grado de relación aparecieron: memoria,
odio, inequidad, confusión, daño, estigma, y guerra; pero las que se repitieron con
mayor frecuencia fueron: dolor, injusticia y daño. De lo anterior se pueden
desprender varias observaciones:

Primero, la violencia se asocia generalmente con el daño; sin embargo este puede
estar expresado en distintos niveles: individual (dolor, estigma), estructural, bien
sea a nivel social o político (injusticia, inequidad, guerra), al tiempo que se percibe
como una categoría de difícil acceso (confusión), que interfiere además de modo
transversal, no solo en el momento específico del acto violento (esto se evidencia
con la mención de la memoria). Las referencias a la palabra violencia, muestran así
aspectos de los diferentes tipos de violencia: estructural, simbólica, cultural
(Galtung, 1998).

Entre las reflexiones que hacían los participantes, esta las que expresaban que -en
el contexto colombiano- es usual hacer referencia a la violencia desde aspectos
muy cotidianos, por ejemplo, en los programas que se consumen mediante los
medios de comunicación, existe una normalización de diferentes formas de

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violencia tácita y directa, relacionadas generalmente con la minusvaloración de la
dignidad de distintos sectores de la población; generalmente los más vulnerables.
En programas de radio y televisión por ejemplo, es muy frecuente encontrar
contenidos que naturalizan y legitiman la estigmatización de las mujeres, las
minorías raciales, las clases populares, entre otros. Esa banalización del lenguaje,
que se encuentra en el humor degradante y otras formas de legitimación del trato
deshumanizado, puede conllevar un aumento de la violencia en la medida en que
la normaliza.

Por su parte, para el concepto de perdón, las propiedades que se establecieron en


primer grado de relación fueron: misericordia, Dios, aceptación, confianza,
convivencia, proceso, y paz; y las que se repitieron con mayor frecuencia fueron:
confianza y amor (esta última, expresada por la mayoría de los participantes). Aquí
se pueden identificar dos referentes comunes: uno que está anclado al ámbito
religioso, caso en el cual se hace mención a Dios, el amor, y la misericordia; y otro
a la forma de hacer frente a hechos de violencia más estructurales, caso en el que
se hace referencia al proceso, la aceptación y la paz.

A manera de ilustración de cómo los conceptos son mutables y son sensibles a la


forma como se presentan los hechos o los eventos, también a la forma con estos
contribuyen a estructurar u ordeñar realidades en los individuos, de su experiencia
individual, que diferencia entre lo vivenciado y la observado. Se puede obtener el
hilo de la relacione entre lo que se realiza frente a lo que se experimenta, esto en
el contexto especifico del valor de los hechos violentos simbólicos.

A continuación podemos recorrer esto a través de la historia de vida de Diego Hernán


Rojas Guzmán, oriundo de Cali, que se desempeña como instructor del SENA y que alcanzo
una formación profesional en ciencias sociales y estudios en medicina alternativa Su relato
esta entrecruzado con la violencia, ya que su familia fue desplazada por la violencia.
Actualmente trabaja con comunidades indígenas y con jóvenes víctimas de la violencia.
Diego, más que su historia de vida, narra cómo su trabajo con comunidades indígenas y
afro-descendientes, ha influido en su manera de comprender y afrontar la cotidianidad.
Enfatiza la importancia de la palabra como mecanismo de paz y de reparación como un
factor que se ha hecho presente desde su infancia: su familia fue desplazada por la
violencia, sin embargo, la manera en que le relataron su pasado, permitió una manera
distinta de asumir ese hecho en el presente. Recuerda por ejemplo cómo en su familia, al
llegar a Cali, se construye una narrativa con respecto a la violencia vivida por el
hostigamiento que los obligó a salir de sus tierras en el Norte del Valle:

“nunca nos influyeron para que tuviéramos conceptos o palabras de violencia, al contrario
fue todo un concepto de palabras de paz, de tranquilidad, (…) creo que también es un
factor fundamental para la construcción de paz, cómo ellos cortan los conceptos de

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guerra, de violencia; porque ellos fueron desplazados de unos municipios del Norte del
Valle del Cauca y al llegar acá, pues totalmente cambian su lenguaje, un lenguaje de paz y
de tranquilidad, esa es como mi infancia” (Rojas; 2017).

Resalta la importancia de contar con un entorno familiar sólido y lo compara con los
entornos familiares de sus estudiantes, no solo en términos de composición familiar, sino
de formación y uso del lenguaje. Así, al referirse a sus las experiencias con sus estudiantes
da cuenta de cómo

“el lenguaje construido en los hogares, puede servir para construir paz (…). En personas
que han tenido un lenguaje en zonas de guerra, el lenguaje de la guerra no les ha ayudado
para construir paz, sino para construir más guerra. Y qué es lo que está pasando, que a
través del lenguaje se están dando unos cambios; cuando ellos vienen de un conflicto, de
hogar de guerra, lo primero que hacemos es escucharlos, pero ya en un momento decirles:
ya, ahora hablemos de otras cosas más bonitas de por allá del campo, hábleme de los ríos,
de la naturaleza; entonces hay totalmente un cambio en las personas” (Rojas; 2017).

Atribuye al lenguaje no solo un cambio en el uso de las palabras, sino de


comportamientos, de re-significación del pasado y del presente sin desconocer la realidad
social y cultural en la que se enmarca cada persona y su historia; una historia que
encuentra muchas veces su hilo conductor en las voces de los adultos mayores como
aquellos que orientan lo que pasó antes y lo que sucede actualmente.

Al salir del colegio, Diego tuvo la oportunidad de irse a vivir en una comunidad indígena
por dos semanas, que se convirtieron en treinta años desempeñándose en el campo de la
medicina alternativa, cuyas técnicas aprendió a dominar en sus contactos con estas
comunidades y en especial con los ancianos quienes le enseñaron una nueva perspectiva
sobre la salud y la enfermedad. Ese cambio cultural le abrió un panorama distinto frente a
su visión de lo cotidiano:

“es muy diferente la salud de las comunidades indígenas a la salud de la ciudad; por
ejemplo, allá a los médicos [de la ciudad] les llaman Ibuprofeno: ‘ahí llegó el señor
ibuprofeno’, ¿por qué?, porque a todo el mundo le receta ibuprofeno, sea cualquiera el
dolor; pero acá en las comunidades indígenas se individualiza a la persona: ¿usted qué
tiene, usted qué siente? El problema es uno solo para una sola persona, y también acá en
las comunidades indígenas se habla de que uno a veces puede tener algún tropiezo, puede
ser un tropiezo en cuanto a su vida, entonces vuelven y lo armonizan ¿sí? En cambio acá
en la ciudad a uno no lo armonizan, a uno le pegaban su correazo, ¿sí? Es diferente allá (…)
y la educación también allá es totalmente diferente, la edad, los comportamientos con los
mayores también es diferente, la sabiduría que se trabaja de los mayores a los niños es un
diálogo constante, antiguamente también en la ciudad también se hacía eso, ahora se ha
perdido” (Rojas; 2017).

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Esos lazos que se forjan en torno al diálogo, se han convertido -en visión de Diego- en la
posibilidad de mantener en pie a una comunidad que ha sido afectada por la violencia. Lo
ejemplifica en Puerto Tejada Cauca donde, en su trabajo con comunidades afro-
descendientes, ha visto “niños de siete añitos ya con armas, niños de ocho, nueve años y
ya andan en pandillas, están haciendo asaltos” (Rojas; 2017), crudas realidades que ha
intentado mediar con estrategias pedagógicas del uso del lenguaje musical, artístico y
narrativo como fuentes de reparación.

Aun cuando –en escenarios como Puerto Tejada- el lenguaje ha sido generador de
violencia, con enunciaciones como la de “la ley del perrero: [que] los obligaban a irse con
toda su familia, a punta de golpes: los golpeaban para que ellos se fueran y ellos no se
querían ir” (Rojas; 2017). Se ha intentado usar el lenguaje como herramienta para sortear
esos lenguajes de violencia.

Así lo han aplicado también con las comunidades indígenas, en las cuales se han ido
adaptando incluso los lugares físicos hacia la configuración de espacios de recreación
comunitaria, en busca de mecanismos que ayuden a romper con ese pasado violento. En
ese orden de ideas “se dieron unos cambios porque la comunidad se cansó de todo el
conflicto que hay ahí, porque ahí estuvieron todos los cinco grupos armados, generaron
mucha, mucha guerra, mucha violencia, mucha muerte, hasta que la gente se cansó y
decidió hacer otras actividades en pro de la comunidad” (Rojas; 2017).

En conjunción con las iniciativas de la comunidad, Diego ha trabajado con niñas que han
sufrido el abuso sexual, y mediante historias de vida buscan sanar esos hechos de
violencia: “el solo hecho de que una persona esté hablando, ya hay como una especie de
sanación o curación, no total, pero algo se hace en ese sentido” (Rojas; 2017). Pero a
través de esta experiencia, las personas entran y salen constantemente de sus
narraciones; de ahí que el proceso de escucha y construcción de las historias de vida, sea
un largo proceso de acompañamiento.

Los anteriores ejemplos, se muestran sólo como hechos concretos que dan cuenta de un
conflicto social más amplio que –en palabras de Diego- se inicia por la palabra:

“inicialmente el diálogo no lo hubo; en todas las poblaciones donde yo he estado, lo


característico en las reflexiones después de la guerra es que dicen: ‘nos faltó hablar’. En
Tacueyó dicen: ‘nos faltó hablar’, en Toribio, ‘nos faltó hablar’, (…) en Puerto Tejada
también dicen: ‘nos faltó hablar’; creo que es fundamental establecer procesos de diálogo
entre todas las comunidades para poder desarrollar un trabajo de paz; es más, pienso que
ahora que se está dialogando (…) toda la gente en esas zonas están más tranquilas y más
contentas, porque se está hablando de paz, o sea, ya no hay el temor de que este me va a

FIUR-PAZ. 37
decir esto o lo otro, ha empezado a dialogar toda la gente, a contarse las cosas buenas y
también las cosas malas (…) cada uno tiene muertos detrás producto de que el otro no
entendió la palabra, ahora ya [con actividades como el mercado comunitario…] todos
dialogan entre todos y al dialogar entre todos ya nos asiste el perdón los unos a los otros
por haber tenido esos conflictos anteriores” (Rojas; 2017).

Frente a esta visión del conflicto como resultado de una falta de diálogo; el trabajo de
Diego se ha centrado en proponer lo que denomina: Caminar la palabra:

“Caminar la palabra es que yo le digo una palabra a usted, pero esa palabra no se puede
quedar ahí, esa palabra hay que dialogarla, hay que sentarse y caminar la palabra; para las
comunidades indígenas es no solamente quedarse en la palabra, sino que también hacer el
hecho (…). Un ejemplo: yo le digo a usted vamos a vernos mañana porque vamos a hacer
una minga, usted dice que sí, entonces esa es su palabra, cuando ya vamos a hacerla y
usted va, entonces usted está caminando la palabra y al caminar la palabra se sienta
haciendo el trabajo, diga usted en construir una casa o hacer una carretera o haciendo un
acueducto, ahí entre todos van dialogando, y se hacen bromas, se hacen chistes, entonces
la palabra va de un lado al otro y se va del otro lado, entonces la palabra se camina, eso
son formas de comunicación” (Rojas; 2017).

Cuando la palabra se convierte en diálogo, lo que se logra es una comunicación, una


comprensión del otro que se convierte en estrategia para hacerle frente a los conflictos; y
esto debe hacerse desde las lógicas mismas bajo las cuales la comunidad re-significa
cotidianamente su realidad. En el lenguaje cotidiano de las comunidades indígenas por
ejemplo, está la relación con la naturaleza; por lo tanto, la construcción de paz se ha visto
significada desde esa relación: “nosotros no estamos hablando de paces positivas, ni paz
negativa, hablamos de paz transgénica o paz orgánica; porque si todos dialogamos va a
haber una paz orgánica, pero si algunos dialogan y los otros no, va a haber una paz
transgénica, en los transgénicos, sirve solamente para cultivo de una vez, mientras lo
orgánico sirve para cultivar toda la vida, la paz es diálogo” (Rojas; 2017).

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10. A modo de conclusión
Las narraciones, juegos, historias de vida y testimonio recolectados en este
estudio, ilustran algunos de los matices y de las similitudes de una identidad
nacional fragmentada, pero esperanzada; que se debate entre un pasado/presente
violento que ha sido obstáculo de los proyectos de vida de colombianos en
distintos rincones del país, y es al tiempo una crítica social que se fundamenta en
la identificación de los lenguajes y lógicas institucionales que la han hecho posible,
así como en las fuentes de agencia y transformación que buscan dar lugar a un
cambio desde dos ámbitos que son su vez estructurales e individuales: la palabra,
el discurso y la acción participativa (el dialogo).
Es el lenguaje la forma por excelencia de narración, identidad, construcción y
resistencia; ya que es el mecanismo por el que pasa o se detiene el pensamiento,
estableciendo una representación del mundo. Los silencios voluntarios o forzados
son también un lenguaje muy diciente de lo que ha dejado el conflicto; y los
testimonios son la exteriorización de experiencias compartidas, de continuidades y
rupturas que una vez dichas, cobran valor en quien lo dice y en quien lo recibe.
Esos puentes que se tejen en cada ejercicio comunicativo, pueden hacer del
lenguaje un vehículo y soporte de distintas formas de violencia; especialmente
cuando niegan la agencia y la dignidad de individuos y comunidades; pero es
justamente el lenguaje, la herramienta desde la cual puede ser quebrada esa línea
de violencia, ya que dota de agencia a la persona para que alce su voz; y esas
nuevas voces, abren la posibilidad de generar salidas que rompan los discursos
monológicos e inviten a una acción participativa en donde se reivindique la
dignidad de cada miembro de la colectividad y del grupo.
El discurso anclado en la palabra puede ser potencialmente violento cuando éste
suscita conflictos en las representaciones, creencias y valores de los individuos o
de las comunidades hacia los que se dirige. Los hechos violentos pueden surgir
cuando los individuos buscan descifrar y confrontar el discurso recibido, e
identifican su carácter excluyente y destructor. Esto germina específicamente
cuando la palabra en sí, encierra contenidos que deslegitiman y buscan anular el
ser de los individuos, hacia quienes se dirigen las palabras ungidas de violencia. Los
contenidos son asumidos por quien los recibe como violentos, por ello, las palabras
no serían violentas exclusivamente por su sentido y significado en sí, más bien
cuando sus contenidos o a los significados generan actos materiales o inmateriales
violentos o simplemente estados de malestar o crisis, provocando acciones y
reacciones de quienes son afectados por el discurso.

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Las inferencias que el afectado puede elaborar de los contenidos recibidos reflejan
en sí la violencia del acto en la experiencia individual, ese proceso de descifrar, dar
sentido, aceptar o rechazar las violencias que contiene el lenguaje es a veces un
proceso doloroso que puede generar un estado de malestar sostenido, con
momentos de inestabilidad cognitivo-emocional que perturban el entorno íntimo e
inmediato-próximo del sujeto afectado.
La violencia simbólica se caracteriza por ser un campo donde quienes la generan
elaboran discursos bien contextualizados que se transmutan entre contenidos
fuertemente estructurados y banalizaciones ancladas en prácticas sociales de
disolución del contenido, que se orientan a resaltar el efecto negativo de lo
opuesto a lo dicho (aquí se aprovecha eficientemente los procesos de hibridación
lingüística, transponiendo contenidos extractados de contextos sociales y
culturales diversos), ello implica ejercicio de mezcla de términos y juegos de
sentido que buscan desconcertar y en ocasiones, descalificar al otro, causándole
malestar.
Este estudio ofrece la oportunidad de incursionar en un campo de análisis e
intervención en el cual la palabra y los contenidos simbólicos son esenciales para
comprender las acciones de los individuos y los grupos sociales. En efecto lo
simbólica refleja al parecer dos universos de la significación: el primera indica que
estos eventos aun están presentes, se camuflan en el entorno siendo translucidos
a los individuos, pero con efectos importantes en sus representaciones y por esta
vía en sus actos, de hecho el signo construido es transformado y re significado en
al medida que se desplaza en los escenarios de interacción de los individuos y los
grupos.
El segundo indica la idea de agregación, el logro de la violencia simbólica es
conseguir la adhesión de los individuos a través de representaciones, aun si estas
están en abierta contradicción con creencias o principios, lo esencial es que se
logre transferir el contenido y significado, provocando con ello el acto, este
generalmente se espera que se comparta con la idea de agregación/segregación;
esto es, conseguir que los individuos acepten la pertenecía al tumulto, evitando la
reflexión inmediata, se trata de agregar por adición sin convicción con el fin de
segregar o señalar. En el campo de la violencia este es el acto germinal activador,
el cual hemos observado repetirse a través de nuestra historia de manera
reiterativa, aun conociéndolo, estamos sumergidos en el, ahora más fértil cuando
se aprovecha el anonimato que ofrecen las comunicaciones en comunidades
acéfalas digitales.

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