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I.

INTRODUCCIÓN

I.1. Planteo del problema

¿Es adecuada la ingesta de energía y HC en adolescentes tenistas de 16-18 años que realizan
pretemporada en un centro de alto rendimiento de la localidad de Roldán, en el año 2016?

I.2. Objetivos de la investigación

Objetivo general

Evaluar la adecuación de la ingesta de energía e HC en adolescentes tenistas de 16-18 años


que realizan pretemporada en un centro de alto rendimiento de Roldán.

I.3. Marco teórico

I.3.1. El tenis

El tenis es el deporte de raqueta más popular en el mundo y se caracteriza por actividades


explosivas intercaladas con intervalos cortos de actividades intermitentes durante un largo
período, comprometiendo una gran variedad de habilidades y movimientos. (Groppel JL y
Roeter EP, 1992; Chandler TJ, 2000; König y col., 2001)

Este deporte suele practicarse en superficies como hierba, tierra batida, cemento o material
sintético, siendo practicado con fines tanto de rendimiento como recreativo. (Torres-Luque y
col., 2011; Tavío y Domínguez, 2014).

Los partidos, divididos en sets, suelen decidirse a mejor de tres, a excepción de algunas finales
o campeonatos, donde el ganador se proclama sobre 5 sets. La duración media de un partido
son 90 minutos (Kondric M y col., 2013), aunque excepcionalmente se pueden prolongar hasta
las 5 horas cuando se trata de partidos a 5 sets, principalmente en jugadores de alta
competición (Hornery y col., 2007a; Burke L, 2007). La duración media de los puntos se estima
entre 6 - 10 segundos, valor que disminuye en pistas rápidas (Reilly y Palmer, 1995;
O’Donoghue P y Ingram B, 2001; Smekal y col., 2001; Hornery y col., 2007b; Fernandez-
Fernandez y col., 2007; Fernandez-Fernandez y col., 2008), con unos períodos de
recuperación establecidos por reglamento de hasta 20 segundos entre puntos y de hasta 90
segundos cuando se cambia de lado de la pista (ITF, 2016).

Por lo tanto, el tiempo real de juego en un partido se estima entre un 16 – 26% del total del
partido (Reilly y Palmer, 1995; Christmass y col., 1998; Smekal y col., 2001; Kovacs MS, 2004;
Morante y Brotherhood, 2005; Girard y col., 2006). Algunos estudios más actuales muestran
porcentajes en torno al 21% (Méndez-Villanueva y col., 2007; Fernandez-Fernandez y col.,
2007; Fernandez-Fernandez y col., 2008).

En un estudio realizado en 2011 por Torres-Luque y colaboradores en tenistas adolescentes


de ámbito nacional entre 13 y 17 años, donde se evaluó el tiempo real y total de juego, el
tiempo de descanso y la duración en partidos disputados en tierra batida, se observó un tiempo
total de juego de 70 minutos, con un tiempo de descanso de 56 minutos, dando como
resultado, un tiempo real de juego de 14 minutos, lo que representa un 22,46% del tiempo
total.

I.3.1.2. Aspectos fisiológicos

El juego posee un carácter intermitente, con gran implicancia del metabolismo anaeróbico
(Bergeron y Keul, 2002), tanto el anaeróbico aláctico, para actividades de potencia y pocos
segundos de duración (Fernandez-Fernandez y col., 2007) como el anaeróbico láctico, cuando
la duración es de aproximadamente 60 segundos (Richers TA, 1995; Fernandez-Fernandez y
col., 2007).

I.3.1.3 Aspectos morfológicos.

En cuanto a las necesidades físicas es fundamental la capacidad de mantener grandes niveles


de fuerza y potencia muscular durante largos períodos de tiempo (Burke L, 2007), en
combinación con altos niveles de coordinación (Iacoboni M, 2001), velocidad, agilidad y una
rápida toma de decisión en condiciones de fatiga y estrés mental (Christmass y col., 1998). La
duración en la prueba hará que, obligatoriamente, en el tenis el componente de resistencia
aeróbica (Richers TA, 1995; Bergeron y Keul, 2002) y los procesos de obtención de energía a
través de la oxidación de los HC, y, en menor medida de grasas, también tengan gran
importancia, especialmente a medida que avanzan los partidos (Tavío y Domínguez, 2014).

Uno de los grandes objetivos del tenista es el mantenimiento de un peso corporal estable a lo
largo de toda la temporada, lo que supone todo un reto ya que el gasto energético puede variar
enormemente en función de cómo se vayan sucediendo las distintas fases de entrenamiento
o la resolución de partidos a lo largo de un torneo (Burke L, 2007; Ranchordas y col., 2013). A
pesar de dichas variaciones existen objetivos a nivel de cantidad de macronutrientes y de
timing o momento de su ingesta que reforzará el estado de salud y del rendimiento del tenista.
(Rodriguez NR y col., 2009)

I.3.2. La adolescencia

La adolescencia es el período de la vida que se inicia con la aparición de los caracteres


sexuales secundarios y finaliza con el cese del crecimiento físico. Comienza aproximadamente
a los 10 años en la mujer y a los 12 años en el hombre, para terminar en ambos alrededor de
los 18 a 20 años (Torresani, 2010). Comprende todos aquellos cambios que le permiten la
transición de niño a adulto, y se acompaña de una serie de ajustes psicológicos, que
eventualmente le permiten aceptar las transformaciones morfológicas, buscar un nuevo
concepto de identidad (el yo) y realizar un plan de vida. (Casanueva y col., 1995; Stang J,
2009)

Esta etapa se caracteriza por ser un período de crecimiento acelerado con un aumento muy
importante de la talla y la masa corporal, además, según el sexo, existe un cambio en la
composición del organismo variando las proporciones de tejidos libres de grasa,
compartimiento graso, hueso y músculo, fundamentalmente. Los varones experimentan un
mayor aumento de la masa magra, tanto en forma absoluta como relativa. Durante este
período se adquiere entre un 40-50% del peso definitivo, el 20- 25% de la talla adulta y hasta
el 50% de la masa esquelética (Casanueva E y col., 1995; Stang J, 2009).

La participación temprana de niños y adolescentes en deportes especializados y


competiciones merece más atención debido al estrés fisiológico y psicológico al cual están
expuestos (American Academy of Pediatrics, 2000).

I.3.3. Aspectos nutricionales

I.3.3.1 Energía

Se define la energía como la capacidad de realizar un trabajo.

Los animales y seres humanos la obtienen mediante el consumo de macronutrientes como


hidratos de carbono (HC), proteínas, grasas y del alcohol ingeridos a través de la dieta
(National Academy Press, 2006; Frary y Johnson, 2009) (Krause)(IDR). Mediante la ruptura
de los enlaces químicos de estos nutrientes, podemos obtener la energía almacenada en los
alimentos (Frary y Johnson, 2009).
La energía se consume en el cuerpo humano en forma de metabolismo basal, efecto térmico
de los alimentos y termogenia causada por la actividad (Levine y Kotz, 2005). Estos tres
componentes forman el gasto energético total (GET).

El gasto energético en reposo (GER) se define como la energía consumida en las actividades
necesarias para mantener las funciones corporales normales y la homeostasis, las cuales
incluyen respiración y circulación, síntesis de compuestos orgánicos, bombeo de iones a
través de las membranas, energía necesaria para el sistema nervioso central y mantenimiento
de la temperatura corporal.

Se encuentra afectado por el tamaño corporal, la composición corporal, la edad, el sexo y el


estado hormonal.

El efecto térmico de los alimentos (ETA) es el aumento del gasto energético causado por el
consumo de alimentos, incluyendo su digestión, transporte, metabolismo y depósito, lo que se
traduce en un aumento aproximado del 10% del GET (National Academy Press, 2006; Frary y
Johnson, 2009)

La termogenia por actividad (TA) es la energía consumida durante los deportes o el ejercicio
para mantener la forma física; la energía consumida durante las actividades de la vida diaria
se denomina termogenia por actividad no relacionada por el ejercicio (NEAT) (Levine y Kotz,
2005).

La contribución de la actividad física es el componente más variable del GET; puede ser de
tan sólo 100 kcal por día en personas sedentarias o de hasta 3000 kcal por día en personas
muy activas (National Academy Press, 2006; Frary y Johnson, 2009). La misma se encuentra
influida por factores como el tamaño corporal, la eficiencia de los hábitos de locomoción
individuales y el nivel de forma física causado por la variación en la masa muscular. (National
Academy Press, 2006; Frary y Johnson, 2009)

Al momento de calcular las recomendaciones nutricionales, se debe tener en cuenta que las
necesidades energéticas totales de los tenistas adolescentes van a estar conformadas por las
necesidades basales, donde se incluye el intenso crecimiento propio de la pubertad y las que
se gastan en las diversas actividades deportivas (Thompson JL, 1998; Juzwiak y col., 2000;
Petrie y col., 2004; National Academy Press, 2006; Aerenhouts y col., 2011; Sánchez-Valverde
y col., 2013).
Aunque las necesidades de energía exactas de los atletas jóvenes no han sido determinadas,
en promedio, los adolescentes activos pueden requerir 1500 – 2000kcal más que la
recomendada por la RDA (Spear B, 2005).

Diversos organismos han elaborado fórmulas para estimar el gasto energético en función al
sexo, edad y nivel de esfuerzo físico. Una de estas es la propuesta por National Research
Council, 1989, la cual nos permite determinar la tasa metabólica basal, (Juzwiak y col., 2000)
a la que deberá añadirse el gasto por actividad física, que será calculado a partir de la fórmula
propuesta por Bar-Or en el año 1983 (Juzwiak y col., 2000; García PR, 2006) (ANEXO 1)

I.3.3.2. Hidratos de carbono

Los hidratos de carbono (HC) son compuestos orgánicos cuya molécula se encuentra formada
por tres elementos simples, el carbono, el oxígeno y el hidrógeno (Arasa-Gil)

La función principal de los HC es proveer energía a las células de cuerpo. Las únicas células
que tienen un requerimiento absoluto de glucosa son las del sistema nervioso central y
aquellas que dependen de la glucólisis anaeróbica, como los glóbulos rojos. (National
Academy Press, 2006).

Los principales HC de la dieta se pueden clasificar en: monosacáridos como la glucosa,


fructosa y galactosa, disacáridos como sacarosa, lactosa y maltosa, oligosacáridos como
rafinosa y estaquiosa y polisacáridos, los cuales se dividen en digeribles como el glucógeno y
almidón, parcialmente digeribles como la inulina y los no digeribles, conocidos como fibra,
donde se encuentran la celulosa, gomas y mucílagos. (National Academy Press, 2006;
Gallagher ML, 2009-krause).

Los almidones son moléculas grandes formadas por cadenas rectas o ramificadas de
moléculas de glucosa, que se unen entre sí por enlaces alfa-1-4 y alfa-1-6, la mayor parte de
los almidones de la dieta son amilopectinas, o polisacáridos ramificados, y amilasa, o
polímeros de cadena recta.

El proceso digestivo de este macronutriente inicia en la boca, donde la enzima amilasa salival
que actúa a pH neutro o ligeramente alcalino hidroliza una pequeña cantidad de las moléculas
de almidón para obtener fragmentos más pequeños. Esta enzima se inactiva luego del
contacto con el ácido clorhídrico.

La digestión prosigue en el estómago por efecto del ácido clorhídrico secretado en el mismo,
para luego continuar en el intestino, donde por acción de la enzima amilasa pancreática, son
hidrolizadas las grandes moléculas de almidón para dar lugar a maltosa, maltotriosa y
dextrinas de <alfa límite>.

Finalmente, las enzimas del borde en cepillo de los enterocitos hidrolizan aún más los
disacáridos y oligosacáridos para obtener monosacáridos, los cuáles atraviesan las células de
la mucosa y pasan hacia el torrente sanguíneo a través de los capilares de las vellosidades,
desde donde son transportados por la vena porta hasta el hígado.

La concentración de glucosa sanguínea es regulada por la liberación de insulina, y su ingreso


a las células musculares y los adipocitos depende de la unión de la insulina a receptores
específicos localizados en la membrana.

La fructosa y galactosa son captadas por el hígado, donde son metabolizadas, la galactosa es
convertida a glucógeno para su almacenamiento. La fructosa es transformada en metabolitos
intermediarios o convertida en precursores para la síntesis de glucógeno.

La glucosa se transporta desde el hígado a los tejidos, aunque parte de ella se almacena en
el hígado y en los músculos en forma de glucógeno.

Cuando la concentración sanguínea de glucosa es elevada y las demandas energéticas de las


células son bajas, la glucosa es convertida a glucógeno para su almacenamiento en el músculo
esquelético y el hígado, mediante un proceso denominado glucógenogenesis, el cual es
activado en el músculo por el aumento de la concentración de insulina plasmática, y en el
hígado por el incremento de la concentración de monosacáridos e insulina circulantes.

En el músculo, el glucógeno tiene función de depósito, y es principalmente utilizado por el


mismo para la obtención de energía.

En el hígado, su función es de almacenamiento, liberación y regulación de los niveles de


glucosa sanguíneos. Cuando los niveles de azúcar en sangre descienden, ocurre la
glucogenólisis, que consiste en la liberación de glucosa proveniente de los depósitos
hepáticos. La glucosa resultante de este proceso, será utilizada para mantener estables las
concentraciones sanguíneas y ser usada por otros tejidos.

Durante el ayuno o la ausencia de carbohidratos provenientes de la dieta, el cuerpo puede


producir glucosa a partir de aminoácidos y glicerol, mediante un mecanismo denominado
gluconeogénesis. (National Academy Press, 2006; Beyer PL, 2009-krause).
Una de las fuentes de carbohidratos son los azúcares simples, donde encontramos a las
naturales como frutas, jugos de frutas, vegetales, leche y miel, y las artificiales, como el azúcar
de mesa y sus subproductos.

Por otro lado, se encuentran los almidones, los cuáles están representados por alimentos
como cereales, papas, tubérculos, legumbres y productos derivados de éstos. (Guías
Alimentarias Para la Población Argentina, 2015).

Hidratos de carbono y ejercicio

Del total de energía diario, se recomienda que el aporte de HC sea del 55-65% del valor
energético total (ADA, 1996; Juzwiak y col., 2000; Petrie y col., 2004; Aerenhouts y col., 2010;
Sánchez-Valverde y col., 2013), lo que corresponde a 5 – 8 g/kg de peso corporal por día
(Spear B, 2005; Juzwiak y col., 2008), aumentando tras un esfuerzo deportivo prolongado al
70% para acelerar la resíntesis de glucógeno muscular y hepático (Dorfman L, 2009).

La función de los HC es proveer energía para la contracción muscular (Arasa-Gil, 2005; Burke
y col., 2001; Onzari M, 2008; International Tennis Federation, 2011; McRae y Galloway, 2012;
Dietitians of Canadá, 2016). Dado que su energía puede ser liberada con la ejercitación de los
músculos tres veces más rápido que la energía de las grasas, son el combustible preferido
para el trabajo muscular (Spear B, 2005).

Para que los HC sean utilizados como energía inmediata deben convertirse en glucosa, la cual
circula en la sangre (Spear B, 2005). El consumo de HC antes, durante y luego del ejercicio
prolongado permite incrementar los depósitos de glucógeno y, en consecuencia, la
disponibilidad de HC, contribuyendo con la performance deportiva y retrasando la fatiga
(Bërgstrom y col., 1967; Burke y col., 2001; Hargreaves y col., 2004; Kovacs MS, 2006ª; Onzari
M, 2008; Ranchordas y col., 2013; Dietitians of Canadá, 2016). Además, la ingesta de HC
contribuye al mantenimiento de la función inmune y a la prevención del sobreentrenamiento
(Domínguez R, 2012).

Un balance energético negativo y una ingesta insuficiente e inadecuada durante la


adolescencia puede causar en el corto y largo plazo un impacto sobre el crecimiento, la salud
y el desempeño (Rankinen y col., 1995; Ziegler y col., 2001; Petrie y col., 2004; Croll y col.,
2006; Volpe SL, 2007). A su vez, una disminución del glucógeno almacenado se asocia con la
fatiga reduciendo el ritmo de trabajo, la concentración y aumentando la percepción del esfuerzo
(Arasa-Gil, 2005; Onzari M, 2008; Ranchordas y col., 2013; Dietitians of Canadá, 2016).
También se ha comprobado que incrementa los niveles de hormonas catabólicas como el
cortisol y citoquinas inflamatorias (Pedersen y col., 1997)

El músculo esquelético obtiene las necesidades de energía a través de sustratos que


provienen de las reservas del organismo o de la ingesta diaria de nutrientes. La energía
necesaria para que el músculo pueda desarrollar adecuadamente su función se obtiene
principalmente de las grasas y de los HC. Estos sustratos no se utilizan directamente por el
músculo, sino que deben ceder la energía que contienen sus enlaces químicos para mantener
los niveles adecuados de ATP (adenosin trifosfato) que es utilizado en forma directa por las
células del organismo. (2)

La energía producida por la degradación de ATP proporciona el combustible que activa los
procesos de contracción muscular. Cuando el ATP pierde un átomo de fósforo se libera
energía y se convierte en ADP (2) (Dorfman L, 2009)

Tres sistemas energéticos pueden intervenir según el momento del ejercicio o su intensidad
(2) la energía proveniente de estos sistemas será utilizada para la resíntesis de ATP. (Dorfman
L, 2009)

En actividades de potencia (pocos segundos de duración y de elevada intensidad) el músculo


utilizará el sistema de los fosfágenos (ATP -PC) o anaeróbico aláctico, (2) donde el fosfato de
la fosfocreatina (PC) se combina con el difosfato de adenosina (ADP) para resintetizar ATP.
(Dorfman L, 2009)

Este sistema interviene en pruebas de corta duración (saque de tenis).


Para actividades de alrededor de 60 segundos de duración con la máxima intensidad posible
se utilizarán fuentes glucolíticas no oxidativas, este sistema se denomina anaeróbico láctico.
(2) En esta vía, la liberación de glucosa no necesita la presencia de oxígeno y da como
producto final el ácido láctico. (Dorfman L, 2009)

El sistema aeróbico u oxidativo interviene en pruebas de larga duración, es decir, de


resistencia, y utiliza como sustrato a los HC, las grasas y proteínas. (2) En este sistema, la
producción de energía a partir de la degradación de la glucosa es más eficiente. (Dorfman L,
2009)

Aunque cada uno de los sistemas produce ATP para el músculo en ejercicio, la persona puede
usar una o más vías de energía para su actividad física. (Dorfman L, 2009)

Las recomendaciones indican que el nivel de ingesta debe equilibrar el gasto de energía para
un tamaño y una composición corporal dados y para un nivel de actividad física determinado,
pero, dado que nuestra población está compuesta por adolescentes, debe incluir una cantidad
extra para satisfacer la energía necesaria que produce el crecimiento de tejidos (IOM, 2002)
(Umaña-Alvarado M, 2005)

Los HC son moléculas que contienen carbono, hidrógeno y oxígeno. La glucosa o la dextrosa,
la fructosa o la levulosa y la galactosa son monosacáridos. La combinación de dos
monosacáridos forma un disacárido, como la sacarosa, la maltosa y la lactosa. La unión de
tres o más moléculas de glucosa se conoce como polisacárido o polímero de glucosa. Las
diferentes formas de almacenar glucosa son la amilosa, la amilopectina y el almidón. (Onzari
M, 2008)

La glucosa sanguínea puede convertirse en glucógeno por un proceso denominado


glucogenogénesis y ser almacenada tanto en hígado como en músculo, el glucógeno hepático
puede reconvertirse en glucosa (glucogenolisis), no sucede así con el glucógeno muscular,
debido a la ausencia de la enzima necesaria para cambiar su estructura, proceso que hace
posible que la molécula atraviese la membrana celular.

Esta reserva energética la utilizará el propio músculo cuando sea necesaria para la
contracción. (Onzari M, 2008)

La función de los HC es proveer energía requerida para la contracción muscular. (Onzari M,


2008) Dado que su energía puede ser liberada con la ejercitación de los músculos tres veces
más rápido que la energía de las grasas, son el combustible preferido para el trabajo muscular.
(Center for Leadership, Education, and Training in Maternal and Child Nutrition Division of
Epidemiology and Community Health, 2005)

Para que los HC sean utilizados como energía inmediata deben convertirse en glucosa, la cual
circula en la sangre. (Center for Leadership, Education, and Training in Maternal and Child
Nutrition Division of Epidemiology and Community Health, 2005) El objetivo principal de ingerir
HC antes, durante y después de la actividad es brindar glucosa al músculo esquelético, y
glucosa y fructosa al hígado, para la síntesis de glucógeno y, de esta forma, mantener los
depósitos corporales adecuados y para preservar la capacidad de performance. (Onzari M,
2008) Además la ingesta de HC contribuye al mantenimiento de la función inmune y a la
prevención del sobreentrenamiento. (Domínguez R, 2012)

Una disminución del glucógeno almacenado durante sesiones de entrenamiento intensas y


repetitivas, puede conducir a una fatiga crónica o a una falta de interés por la actividad física.
(Onzari M, 2008) También se ha comprobado que incrementa los niveles de hormonas
catabólicas como el cortisol y citoquinas inflamatorias (Pedersen BK y col., 1997). Es por esto,
que se recomienda que el aporte de HC sea del 55-65% del valor energético total, lo que
corresponde a 7 – 10 g/kg de peso corporal por día, aumentando tras un esfuerzo deportivo
prolongado al 70% para acelerar la resíntesis de glucógeno muscular y hepático. (Clark, 1994;
Dorfman L, 2009)

La ingesta de HC es esencial antes y durante el ejercicio tanto para garantizar que los
depósitos de glucógenos estén llenos antes de la competencia, mantener las concentraciones
sanguíneas de glucosa, como para optimizar el desempeño y posponer la fatiga y luego del
ejercicio para garantizar la reposición de energía. (Kovacs, 2006a)

El propósito de la comida previa al evento es prevenir que el atleta sienta hambre antes o
durante el entrenamiento o competición, así como también mantener los niveles de glucosa
sanguínea (Micheli LJ, 1983). El deportista realiza el ejercicio con el glucógeno almacenado
durante las 24 – 48 horas anteriores al evento. La meta principal de la alimentación previa al
ejercicio es proveer comidas altas en HC, especialmente complejos con cantidades
moderadas de proteínas y bajas cantidades de grasas. (Center for Leadership, Education, and
Training in Maternal and Child Nutrition Division of Epidemiology and Community Health, 2005;
Dorfman L, 2009) Si el deportista realiza ejercicios prolongados sin respetar las indicaciones
dadas, cae en un estado de catabolismo muy similar al que se produce en los estados de
ayuno prolongado, y eso debe evitarse. (Falconi-Espinosa VM, 2010)
Se recomienda consumir pre ejercicio para aumentar la disponibilidad de HC 1 – 4 gramos/kg
de peso 1 – 4 horas antes. (Onzari M, 2008; Dorfman L, 2009; Burke L, 2009; Burke LM y col.,
2011; Jeukendrup 2010)

La ingesta de HC durante el ejercicio favorece la oxidación de glucógeno en el músculo,


manteniendo estable la glucemia y preservando durante un mayor tiempo las reservas de
glucógeno (Sergej M y col., 2002). En un partido de simulación de tenis se comprobó que la
ingesta de HC (0,5 g/kg/hora) atenuó significativamente la respuesta del cortisol y tendió a
mantener estable la glicemia y a disminuir la percepción subjetiva del esfuerzo (Gomes RV y
col., 2014). Además, también se ha observado una menor caída en el rendimiento al finalizar
un partido en un test de salto o distintos test de sprint y desplazamiento (Gomes RV y col.,
2013); así como un menor porcentaje de servicios fallados en la fase final de un partido de
simulación. (McRae KA y col., 2012)

El aporte de 45 – 60 gHC/hora de actividad, un promedio de 0,8gHc/min mantiene las


concentraciones de glucosa sanguínea y afecta de un modo positivo el rendimiento de
resistencia (Onzari M, 2008, International Tennis Federation, 2011)

El objetivo de la alimentación luego del ejercicio será recuperar los depósitos de glucógeno
que se han gastado. La recarga completa de las reservas de glucógeno muscular se hace
entre las 24 – 48 primeras horas. (Falconi-Espinosa VM, 2010; International Tennis Federation,
2011) Durante los 30 – 60 minutos posteriores al ejercicio, existe una fase rápida en la
capacidad de síntesis de glucógeno gracias a una translocación de los transportadores GLUT-
4 glucógeno sintetasa y mayor permeabilidad en el miocito a la glucosa. (Center for
Leadership, Education, and Training in Maternal and Child Nutrition Division of Epidemiology
and Community Health, 2005; Dominguez R, 2012) Para aprovechar esta situación fisiológica
se propone aportar 1g/kgP de HC de alto índice glucémico durante la hora posterior al ejercicio,
a intervalos de 15 – 60 minutos (Burke L, 2010) y durante un período de hasta 5 horas. Este
efecto sería mayor si se realiza una coingesta junto a proteínas. (Ivy JL y col., 2002; Dorfman
L, 2009)

El propósito de este trabajo de investigación es evaluar el consumo de HC en adolescentes


tenistas de 16 – 18 años que realizan pretemporada en un centro de alto rendimiento en la
localidad de Roldán, para esto, se realizarán tres recordatorios de 24 horas, incluyendo un día
de descanso y dos días de entrenamiento.
El recordatorio de 24 horas es un método utilizado ampliamente por los profesionales del área
de nutrición. Es una técnica que recolecta datos de la ingesta reciente, útil en estudios de tipo
descriptivo y cuya principal fortaleza es que en estudios poblaciones permite obtener tasas de
“no respuesta” bajas. (Ferrari MA, 2013) La recolección de la información de los alimentos
consumidos puede realizarse a través de un cuestionario estructurado, que contiene una lista
de alimentos de consumo habitual o en una hoja en blanco, donde el paciente registra lo que
consumió el día anterior al estudio. Se destaca la importancia de la aplicación de modelos
visuales de alimentos o atlas fotográficos a fin de minimizar y controlar las posibles fuentes de
sesgo vinculadas con la descripción exhaustiva de los alimentos y bebidas y la estimación de
tamaños de porciones. (Freylejer C, 2003; Ferrari MA, 2013) Dentro de las ventajas de este
método encontramos el corto tiempo de realización, el hecho de que se basa mínimamente en
la memoria, no modifica los patrones de consumo y permite categorizar a los individuos según
la ingesta. Como principal desventaja encontramos la dificultad para estimar con exactitud el
tamaño de las porciones, lo que podría solucionarse utilizando modelos visuales. (Freylejer C,
2003)