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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BAJA CALIFORNIA

Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales

Etapa Disciplinaria

Carrasco Pérez, Daniel Alejandro

352/ turno matutino

Agenda de discusión, 14 de septiembre al 18 de octubre

México en el siglo XIX

Impartido por Prof. Josué Beltrán Cortez

Tijuana, Baja California, octubre 19 de 2018


Jaime Rodríguez, en La transición de colonia a nación: Nueva España, 1820-1821,
analiza un período de tiempo muy corto, en el que repasa el punto álgido de un grupo
cuyos antecedentes rastrea desde una o dos décadas atrás. Identifica como “líderes de
una élite nacional” a los autonomistas, un grupo (o quizás de forma más precisa, sector)
que al menos desde 1808 se había organizado para lograr el autogobierno; la separación
de uno considerado ilegítimo y espurio, a la cabeza de José Bonaparte. En la firma de la
Declaración de Independencia, se hicieron presentes varios de ellos: Juan Francisco de
Azcárate, Francisco Manuel Sánchez de Tagle o José Miguel Guridi.

En el plano político, lucharon por las vías constitucionales en las elecciones de


1812, 1813, 1814 y 1820-21.1 Los insurgentes vieron con cierto recelo las operaciones
de los anteriores autonomistas, asignándoles el mote de equilibristas, con alguna
connotación de falta de firmeza y credibilidad. Menciona también Rodríguez, que se
manifestaba en ellos el “protonacionalismo” criollo, aquel concepto de apego que fuera
manejado por John Lynch. También, que alrededor de 1814 las actividades e influencia
de este grupo fueron disminuyendo hasta casi cesar, algo que la falta de documentación
relacionada hace difícil de confirmar.

El republicanismo que se adoptó en el transcurso de la década de 1820 no fue


apoyado unánimemente entre la población mexicana surgente. Las reacciones y puntos
de vista de los cuerpos diplomáticos ante esta situación, son recogidas por Frank
Sanders, en México visto por los diplomáticos del siglo XX. El primer embajador español
en México, Ángel Calderón de la Barca, expresaba –entre otras cosas– que el sistema
republicano federal era incompatible con su contexto y “cultura política”.2 A Pedro
Pascual Oliver, esto le parecía una “planta exótica” para el país.3 Sanders propiamente,
afirma que el pensamiento de la época dictaba que Europa debía ir en auxilio de la nueva
nación, proveyéndola de un gobierno estable y monárquico. 4 Un aparente deseo

1
Jaime E. Rodríguez O., “La transición de colonia a nación: Nueva España, 1820-1821”, Historia Mexicana, vol. 43,
no. 2 (oct.-dic. 1993): 267.
2
Entrecomillado propio.
3
Oliver a González (1842), citado en Frank Sanders, “México visto por los diplomáticos del siglo XX”, Historia
Mexicana, vol. 20, no. 3 (Ene.- Mar. 1971): 371.
4
Sanders, “México visto…”, p. 369.
monárquico subyacente es alegado a partir del clamor popular hacia la figura de Santa
Anna, y sus apariciones en momentos de crisis, señalado también por el autor.

Debido a los antecedentes ubicables, por lo menos, en la época novohispana,


Centroamérica mantenía un estrecho vínculo con el México naciente; compartían rasgos
culturales, sociales, políticos y, en otra materia, geográficos. Se puede argumentar que
esta integración existió de cierta forma en la época prehispánica; aunque, si se toma en
consideración que este lapso no constituyó un preámbulo directo a la constitución de los
estados centroamericanos, resulta más conveniente la perspectiva anterior. Entonces,
alrededor de 1824, y ante la desintegración del Primer Imperio Mexicano de Agustín de
Iturbide, el lazo de la Capitanía General de Guatemala (prácticamente todos los países
actuales de la América Central continental) fue roto. Comenzó así un proceso de
definición de los Estados al sur de México, que no transcurrió sin sobresaltos y conflictos.
Blaine McCornack5 indaga en este proceso y el de las cuestiones diplomáticas con el
resto de Latinoamérica en el período pos independentista. Asuntos como el
reconocimiento a la nueva nación mexicana y disputas territoriales (con Guatemala,
notoriamente) y financieras, son a las que más relevancia concede dicho autor.

En México y los Estados Unidos, T. Reynolds revisa 130 años de historia en torno
a la relación entre ambos países, en el marco de la Doctrina Monroe, primero, y después
de la política del Buen Vecino. En el siglo XIX, el monroísmo desempeñó un doble papel:
como medio para ejercer influencia sobre el resto de los países americanos y como
instrumento que permitiera repeler cualquier injerencia europea en las naciones al sur de
los Estados Unidos. Durante el siglo siguiente, los objetivos fueron reorientados
ligeramente, a tono con el contexto bélico de la década de 1930 y 1940, la Segunda
Guerra Mundial. Desde luego, los mexicanos casi nunca vieron con buenos ojos esta
actitud, señala Reynolds, percepción que “se hizo más negativa con la anexión de Texas
y la incorporación posterior de la mitad del territorio mexicano”.6

5
Richard Blaine McCornack, “Relaciones de México con Hispanoamérica 1821-1855”, Historia Mexicana, vol. 8, no.
3 (Ene.-Mar. 1959): 352-371.
6
T.H. Reynolds, “México y los Estados Unidos 1821-1951”, Historia Mexicana, vol. 2, no. 3 (Ene.-Mar. 1953): 414.
Sobresale el hecho de que ciertas naciones sudamericanas solicitaron la
protección estadounidense poco después de lograr la emancipación. México, debido a
su ubicación en la esfera de influencia del vecino, ni siquiera tuvo que pensarlo. No
obstante, en momentos de crisis por enfrentamientos con potencias europeas, como
Argentina y Gran Bretaña alrededor de 1820, o los conflictos en Paraguay o Bolivia, la
mediación no apareció. Con estos antecedentes, en el siglo XX aún existieron
equivalentes de protección en el marco de las guerras mundiales. México se declaró
dispuesto a cooperar en la creación de una comunidad panamericana mientras se
practicara tal política7 (la del Buen Vecino). Son remarcadas las dificultades a sortear
para que esta aspiración pueda concretarse, como eliminar los prejuicios raciales, que,
en realidad, también existen entre mexicanos y centroamericanos o sudamericanos en
ambos sentidos.

En La Guerra a México de Estados Unidos, de José Bravo Ugarte, se exponen los


pormenores de este proceso, desde las motivaciones financieras iniciales hasta algunos
puntos referentes a las guerrillas constituidas en los estados norteños ante la
intervención. Destaca la explicación de la estrategia de ocupación, a partir de un enfoque
“bicostal”, donde no solamente se ocuparon los puertos de los estados centrales o
meridionales, sino también algunos de Sonora y Sinaloa, por ejemplo. El desglose de las
acciones bélicas permite entender que la derrota estuvo determinada por factores más
allá de la táctica, relacionados con el aprovisionamiento y la línea de mando rota por
causa de la inestabilidad política de la época.

Referencias

McCornack, Richard Blaine. Relaciones de México con Hispanoamérica 1821-1855.

Historia Mexicana, vol. 8, no. 3 (Ene.-Mar. 1959): 352-371.

Reynolds, T.H. México y los Estados Unidos 1821-1951. Historia Mexicana, vol. 2, no.

3 (Ene.-Mar. 1953): 412-420.

7
Ibíd., p. 419.
Rodríguez O., Jaime E. La transición de colonia a nación: Nueva España, 1820-1821.

Historia Mexicana, vol. 43, no. 2 (oct.-dic. 1993): 265-322.

Sanders, Frank. México visto por los diplomáticos del siglo XX. Historia Mexicana, vol.

20, no. 3 (Ene.- Mar. 1971): 368-411.