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¿LA BIBLIA ES LA PALABRA DE DIOS?

Si no mal recuerdo fue un viernes de enero, el reloj marcaba casi las 21:00 horas
(9:00 PM). En la esquina de aquella pequeña cafetería había cuatro personas
dialogando temas bíblicos. Tengo que decir que era una mesa muy bien
balanceada, dos personas estudiaban teología y otras dos no; de los estudiantes,
uno era más liberal y el otro conservador; y las otras dos personas, aunque ambas
tenían muchísima curiosidad bíblica, poseían puntos de vista algo distintos en
cuestiones de fe.
Durante la primera hora de platica todo marchó sin complicaciones, pero de pronto
apareció aquella gran pregunta:
¿Ustedes creen que toda la Biblia es Palabra de Dios? – dijo ella – Y añadió,
¿también las cartas de Nuevo Testamento?

El Dr. Samuel Pérez Millos (1943-), un teólogo y biblista evangélico español, dijo
alguna vez algo que parafraseado sonaría como sigue: “Hay dos métodos para
hacer teología: el método americano y el alemán. El teólogo americano nunca
pregunta, siempre afirma; y entonces, su tarea es conseguir argumentos para su
conclusión (afirmación inicial). Por otro lado, el teólogo alemán nunca afirma,
siempre pregunta; y así su trabajo es investigar para luego, y sólo después de haber
investigado, formular conclusiones (responder a su pregunta inicial)”.

Esta misma reflexión del Dr. Pérez Millos, la podríamos utilizar para decir que hay
dos maneras de vivir la fe cristiana: la primera, ir por la vida con conclusiones que
buscamos justificar; y la segunda, con preguntas que buscamos responder.
Para muchos la pregunta de este blog: ¿La Biblia es la Palabra de Dios?, parecerá
un tanto atrevida; quizá hasta irreverente. Y estoy de acuerdo, yo también algún día
estuve en su lugar y no me atrevía a cuestionar ciertas cosas; era un buen “hijo” del
método teológico americano, es decir, aceptaba de antemano lo que se me había
dicho: “La Biblia es la Palabra de Dios” y cuando me veía cuestionado por alguien
más, simplemente respondía con un par de versículos bíblicos que apoyaban mi
conclusión inicial. Sin embargo, cuando hacemos un estudio académico de la Biblia,
es decir, un acercamiento critico-histórico al texto bíblico; esta es una pregunta que
aparece y nos asalta. ¡Lo queramos o no! Pues, al estudiar el contexto bíblico de
cierto pasaje, la situación en la que vivía el escritor, los destinatarios, etc.; de
repente parece todo tener sentido. Pero aquella clarificación del texto llega por
medio de un método científico (método exegético) …así que, inmediatamente me
pregunto: ¿La Biblia es la Palabra de Dios?

En otras palabras, es una pregunta que me asalta; ni siquiera la busco; por así
decirlo, llega sola. Esto mismo le pasó a mi amiga en aquel café. Cuando nosotros
comentábamos el significado de ciertos textos echando mano del contexto, el
idioma, la cultura; etc., en la cual estos mismos fueron escritos. Enseguida, la
invadió la pregunta: ¿…toda la Biblia es Palabra de Dios?

Por lo tanto, la cuestión no es tan irreverente como muchos pensábamos en algún


momento; más bien es una cuestión que requiere ser asumida con la seriedad que
merece. Es por esto que me atrevo a escribir algo sobre el tema, sin pretender
agotarlo; y mucho menos, pensando que tengo la última palabra (soy consciente
que aún tengo mucho por aprender, vivir y reflexionar).

¿Palabra de Dios?

La expresión «Palabra de Dios» aparece 242 veces en el Antiguo Testamento,


principalmente en los escritos proféticos. Los Diez Mandamientos, son literalmente
en legua hebrea “las diez palabras”; mismas que según el texto bíblico han sido
pronunciadas por la voz de Dios. Por otro lado, en el Nuevo Testamento las
expresiones «palabra de Dios» o «palabra del Señor» generalmente hacen
referencia a los escritos del Antiguo Testamento (Hch. 13:46; 1 Cor. 14:36; 2 Tim.
3:16) o a la predicación apostólica (Hch. 4:29; 6:2-7; 8:4).

La primera pregunta que surge es: ¿qué entendemos por Palabra de Dios? Para
muchos esto significa que todo lo que está escrito en la Biblia fue dictado por Dios,
sin embargo, hay versículos en el Antiguo Testamento como el Salmo 137:9
“¡Dichoso el que agarre a tus niños y los estrelle contra las rocas!”; textos como este
son simplemente irreconciliables con el mensaje cristiano, ya que Jesús es la
Palabra de Dios encarnada y el centro de su mensaje es el amor al prójimo. Además,
puesto que los Salmos en general son palabras de hombre dirigidas a Dios:
¿podríamos clasificarlos como Palabra de Dios? Por otro lado, en el Nuevo
Testamento el apóstol Pablo escribe “…les digo yo (y no el Señor): Si la esposa de
algún hermano no es creyente, pero ella consciente en vivir con él, este no debe
abandonarla.” (1 Cor 7:12). Pregunta: ¿Deberíamos considerar este consejo paulino
como Palabra de Dios o como palabra de hombre?

Ahora, debe quedar claro que la Biblia no fue dictada por Dios; sino que es un
proyecto divino-humano. El texto bíblico no cayó del cielo, más bien es fruto de un
proceso de redacción muy lago y complejo; esto es, aproximadamente mil años (s.
X a.C. – s. I d.C.) y en tres idiomas distintos (hebreo, arameo y griego).
Parafraseando al biblista Eduardo Arens (2010), los escritos bíblicos son el producto
y el testimonio de vida de un pueblo (Israel en el AT) y una comunidad (cristianismo
en el NT) en un dialogo con Dios.

El problema es que muchos de nosotros entendemos Palabra de Dios como algo


equivalente al texto escrito, sin embargo, es bien sabido que los relatos bíblicos en
un inicio tuvieron que ser preservados mediante la tradición oral. ¿No eran desde
entonces Palabra de Dios, o cuando comenzaron a serlo? Así pues, si la Palabra
de Dios estaba presente incluso antes de que existiera la Biblia, es coherente
afirmar que la Palabra de Dios trasciende al texto; es decir, no está limitada al papel,
las letras y las palabras escritas. Por lo tanto, los eruditos bíblicos prefieren afirmar
que la Biblia contiene o atestigua la Palabra de Dios. Pues si la Biblia fuese la
Palabra de Dios, es decir, palabras literalmente pronunciadas por Dios; entonces no
hay nada más que agregar y el estudio bíblico-exegético no tendría ningún sentido.
Sin embargo, el texto escrito ha sido solamente un medio para la preservación de
la Palabra de Dios; es un testigo de la misma; por tanto, para tener acceso a ella se
hace necesario intentar comprender el momento y la situación en la que dichos
testigos (textos) de la Palabra de Dios fueron escritos.

Algo clave para entender la idea de Palabra de Dios es comprender la concepción


semítica (hebrea) del término. Para los hebreos no había una distinción clara entre
la palabra y el acto, dicho de otro modo, los verbos “decir” y “hacer” en la mentalidad
del Antiguo Testamento funcionaban, prácticamente, como sinónimos. Por ejemplo,
Genesis 1 nos narra que Dios creo el mundo, y el escritor bíblico lo hace utilizando
la expresión “y dijo Dios…” (Gn. 1:3); lo cual, en nuestra concepción moderna de
las cosas, quizá sería más claro traducirlo como “e hizo Dios…”. Así pues, la Palabra
de Dios no es simplemente una declaración de vocablos; sino el actuar de Dios. El
Nuevo Testamento nos dice que Dios es espíritu (Jn. 4:24), es decir, Dios no tiene
boca (no dictó la Biblia), ni tiene manos (no escribió la Biblia); pero su realidad
espiritual sí actúa-habla en el plano de lo humano.

¿Palabra de Dios revelada?

Ahora bien, es imposible que el hombre acceda a Dios por disposición propia; más
bien, en todo caso, debe ser Dios quien decida mostrarse o revelarse al ser humano.
Así, además de ver la Biblia como Palabra de Dios; los cristianos la vemos como
Palabra de Dios revelada. Pero, ¿cómo habla Dios o como se revela?

Durante mucho tiempo los cristianos defendían que Dios se revela por medio de la
palabra pronunciada o escrita, sin embargo, ante el desafío que plantea el proceso
de la formación del texto bíblico (acontecimientos – tradición oral – texto); los
eruditos bíblicos asumen que la revelación divina se da por medio del actuar-palabra
de Dios en la historia. Dicho de otro modo, el ser humano no conoce a Dios oyendo
su voz y escribiendo textos; sino que el Creador se le muestra al hombre
irrumpiendo en su medio a través de acontecimientos históricos.
En este punto, existe un trinomio muy ilustrativo de cómo la palabra siempre está
relacionada directamente con los hechos. Primero, la palabra predice los hechos
(promesa); segundo, la palabra prescribe los hechos (instrucción); y tercero, la
palabra hace referencia y proclama los hechos (predicación). Por tanto, la revelación
de Dios acontece por medio de los hechos históricos; y esta parece ser la
concepción del pueblo hebreo, un pueblo que fue capaz de ver el mover de Dios a
través de y en su historia.

Por ejemplo, la historia del éxodo del pueblo de Israel se sustenta en


acontecimientos históricos; los cuales, una vez que sucedidos, dieron lugar a un
relato oral (hablado) sobre cómo Dios había liberado a su pueblo de la esclavitud
de Egipto; y sólo posteriormente aquellas tradiciones orales se pusieron por escrito.
La Palabra de Dios está inmersa en todo ese proceso, pero se revela por medio de
los acontecimientos históricos; es decir, a través de la experiencia directa de Dios
con su pueblo.

¿Palabra de Dios inspirada?

Ahora bien, si la palabra de Dios se revela a través de acontecimientos históricos:


¿por qué se escribieron los textos bíblicos? Muchos dirán, porque Dios inspiró
(como sinónimo de motivó) a los autores bíblicos a que lo hicieran. Pero, la
inspiración a estas alturas no puede ser vista como una simple motivación; es decir,
como tener el ánimo para escribir algo que se considera importante.

La Palabra de Dios no solamente requiere ser revelada, sino que amerita ser
inspirada. Empero, ¿qué es la inspiración? Es la capacidad de comprensión o
interpretación que tuvieron los autores (escritores) bíblicos para poder distinguir la
Palabra de Dios presente en los diversos acontecimientos históricos que estaban
viviendo. Así que, inspiración no solamente es motivación para poner por escrito
ciertos acontecimientos; sino estar convencido de que esos acontecimientos, y la
forma en las que el autor los pondrá por escrito, entrañan un mensaje divino
(Palabra de Dios).
Por último, la inspiración debe aplicarse a personas y no a escritos; pues la
comunicación siempre es Dios-hombre. Por tanto, el texto es inspirado porque lo
era su autor, y no a pesar de él. Inclusive, tendríamos que extender la inspiración a
todas aquellas personas que participaron desde el acontecimiento, trasmisión oral,
escritura y preservación del texto; puesto que estos añadían, quitaban, modificaban,
interpretaban; etc., y sólo así se logró la conservación de los relatos que han llegado
hasta nosotros.

Autor humano y Palabra de Dios

La investigación bíblica más reciente ha demostrado que algunos de los textos


bíblicos que tradicionalmente eran atribuidos a cierto personaje de fe importantes,
realmente no han sido escritos por esa persona. El caso típico y a veces
controversial es el ejemplo del Pentateuco (Los 5 primeros libros del AT), el cual por
mucho tiempo se dijo que había sido escrito por Moisés; sin embargo, hoy los
estudiosos bíblicos consideran tener las evidencias suficientes para afirmar que
realmente no lo pudo haber escrito Moisés. ¿Afecta en algo esto a la Palabra de
Dios?

Para muchas personas esto sí afectaría a la Palabra de Dios, sin embargo, como
hemos denotado ya; en el proceso y la preservación del texto forzosamente tuvieron
que haber participado muchas personas y no solamente un escritor, por tanto, la
cuestión de la autoría anónima no afecta en nada el mensaje del texto; es decir, la
Palabra de Dios. Además, debemos tener claro que el texto mismo da testimonio de
ser el resultado de una fe comunitaria; y no la creación de una sola persona. La
única manera en que la tradición oral y los relatos escritos se preservaran, es que
fueran una fe con la que se identificaba toda la comunidad; y no algo impuesto por
un único escritor, sin importar cuan importante para la fe pareciera este.

Historia y Palabra de Dios

También, para muchos todo lo que está en la Biblia, como es Palabra de Dios, debe
ser histórico; sin embargo, ¿quién dijo que la Palabra de Dios depende de su
comprobación histórica? ¡No!, la Palabra de Dios es un mensaje transformador, es
acto; no es un cumulo de información. Por ejemplo, hasta hoy no poseemos los
datos históricos para decir que Adán y Eva existieron o que la Resurrección de
Jesús aconteció; pero eso no debe quitarnos el sueño, pues la Palabra de Dios no
depende de la historia.

Esto pudiera parecer contradictorio, pues antes he dicho que Dios se revela en la
historia; y es así, pero también debemos entender que la Biblia es un libro de fe y
que ha sido redactada, toda ella, por personas que compartían una misma visión
religiosa del mundo. Para ilustrar esto piensa en lo siguiente: imagina que vas en tu
carro, de pronto algo pasa y chocas. Te bajas del carro y, de pronto, te das cuenta
que a ti no te pasó absolutamente nada, aunque tu auto fue una pérdida total. Tú
podrías describir ese acontecimiento desde la fe, usando expresiones como “pude
ver la mano de Dios en ese accidente”; lo cual no significa que literalmente viste la
mano de Dios, sino que es una forma de expresarte y los que somos de fe podemos
entender ese lenguaje. Por su parte, el agente de seguros dirá que las bolsas de
aire funcionaron muy bien, que traías el cinturón puesto y cosas por el estilo. Los
relatos que hoy tenemos en la Biblia, aunque se basan en acontecimientos
históricos, están narrados en un lenguaje de fe; por lo tanto, a la luz de las ciencias
modernas como la historia o la antropología puede que haya discrepancias en
ciertas cosas; lo cual, no significa que los acontecimientos no sucedieron, lo que
pasa es que en la Biblia no se utiliza el lenguaje científico; sino el religioso.

Estilos literarios y la Palabra de Dios

Por último, la segunda pregunta de mi amiga: “¿las cartas del Nuevo Testamento
también son Palabra de Dios?”. Es una pregunta muy común, en lenguaje técnico
podría formularse como: ¿los estilos literarios no comprometen o devalúan la
Palabra de Dios? La respuesta corta es no, pero ¿por qué? Pues porque la
utilización de ciertos estilos literarios que aparecen en la Biblia, por ejemplo: mito,
leyenda, narraciones, parábolas, profecías; etc., en realidad tienen la función
contraria, es decir, de comunicar mejor el mensaje o la Palabra de Dios atestiguada
en los textos.
La clave es comprender que siempre el “¿cómo?” está en función del “¿qué?”.
Entonces, cuando yo tengo algo “que” comunicar enseguida me pregunto “cómo”
será la mejor manera de hacerlo. Y así, el hecho de que en la Biblia existan diversos
estilos literarios, garantizaba en su momento que era la mejor manera de que sus
lectores comprendieran el mensaje. Por ejemplo, cuando el gobierno requiero
cobrarnos un impuesto la mejor manera de comunicárnoslo es por medio de una
factura; pero cuando un amigo desea invitarme a su fiesta utiliza un estilo literario
llamado invitación. De igual manera, cuando los escritores del Nuevo Testamento
querían comunicar la buena noticia (evangelio) a un publico griego que estaba
acostumbrado al teatro, entonces Marcos supo que esa era la mejor manera de
hacerlo.

En suma, los estilos literarios en realidad tienen el objetivo de garantizar la claridad


del mensaje. El hecho de que a nosotros nos parezcan confusos, es porque somos
personas de otra época y tenemos cosmovisiones distintas; además de que muchos
de esas formas literarias ya no se utilizan en nuestros días, pero la Palabra de Dios
sigue en esos textos esperando ser abrazada en la vida.

Conclusiones

En conclusión, respondiendo de frente a la pregunta. Sí, toda la Biblia es Palabra


de Dios; pero no por el hecho que haya sido dictada por Dios o porque esas letras
en si mimas sean santas. Más bien, es Palabra de Dios en el sentido que atestigua
la fe del pueblo de Israel y de las primeras comunidades cristianas, pero no
debemos olvidar que la Palabra de Dios no es texto, sino acción. Las Escrituras, por
así decirlo, son Palabra de Dios en potencia; pero se vuelven Palabra de Dios en
acto (viva) cuando los creyentes nos dejamos interpelar/transformar por ella.

Me atrevo a escribir esto, no solamente para responder a la pregunta de mi amiga,


sino porque considero que en ocasiones hemos creado todo un fetichismo de la
expresión “Palabra de Dios”. Para muchos, la Biblia es una especie de libro mágico
con el que se espanta a los malos espíritus; o para otros, la Biblia es Palabra de
Dios letra por letra y en español. Sin embargo, los creyentes nunca debemos perder
de vista el proceso mediante el cual se formó el texto bíblico y la realidad activa o
vívida de la Palabra de Dios; es decir, un texto impreso no es la Palabra de Dios,
sino que esa Palabra viva la encontramos en la vida que se vive con devoción a
Dios, pues como diría el apóstol Pablo “Es evidente que ustedes son una carta
escrita por Cristo” (2 Cor. 3:3).

Bibliografía consultada
Arens, E. (2010). La Biblia sin mitos: Una introducción crítica. Lima, Perú:
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