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Melanie George – La novia robada del highlander

Melanie George

La Novia Robada
del Highlander
The Highlander's Stolen Bride
3° Buscadores de placer

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Melanie George – La novia robada del highlander

Argumento

Lady Rosalyn Carmichael está escapando de su malvado hermanastro, quien


hará cualquier cosa para arrebatarle la herencia. Cuando Derek Hardwicke la
rescata de un intento de secuestro en Londres, ella acepta agradecida la protección que
le brindará el remoto castillo escocés. Y, a pesar de que el aspecto endemoniadamente
atractivo de Derek le inspira fantasías escandalosas, un secreto de su pasado significa
que esas fantasías nunca jamás podrán concretarse…

Al ser un terrateniente escocés, Derek tiene intenciones de contraer matrimonio


con su amiga de la infancia Megan MacPherson, ya que solo una prometida del
mismo origen satisfará a su clan. Sin embargo, la hermosa Rosalyn despierta en él
sentimientos que nunca soñó que tendría. Y, aunque le ha prometido protegerla, la
atracción mutua quema demasiado como para negarla. Ahora, cuando el peligro se
acerca más y más, él debe elegir entre la lealtad hacia su clan y una pasión que nunca
había conocido antes…

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Melanie George – La novia robada del highlander

Como siempre, todo mi cariño a mis maravillosos lectores.


Gracias por vuestro constante apoyo y por los elogios.

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¿Quizás debería quedarme aquí y asegurarme de que no tengas ningún inconveniente al


entrar y salir de la tina? Prometo mantener los ojos cerrados.

Rosalyn hubiese preferido que Derek la acompañase en la cálida y sedosa agua, y la idea de
susurrarle una proposición indecente le bailó en la mente.
—Gracias, pero estoy segura de que estaré bien.
Una picara sonrisa curvó los labios de Derek.
—¿Has notado cuánto tiempo pasamos dándonos las gracias el uno al otro?
Rosalyn no pudo evitar sonreír también.
—Bastante tiempo, creo.
—Uno podría pensar que estamos tratando de evitar otra cosa.
—¿Como qué?
Pero ella lo sabía. La conexión sexual entre ellos los había quemado como llamaradas desde
el principio.
—Se me ocurren muchas cosas, pero no me siento dispuesto a discutir ninguna de ellas en
este momento —respondió en un tono áspero.
El corazón de Rosalyn dio un vuelco al ver la expresión en los ojos de Derek, y la
respiración se le volvió superficial cuando él se acercó.
—Quizás deba tomar mi baño.
Él le rodeó la cintura con un brazo y la atrajo mucho junto a su pecho.
—Sé que he dicho que no lo volvería a hacer —murmuró contra los labios de ella—, pero
parece que no puedo contenerme.
—Derek —gimió Rosalyn, sabiendo lo que estaba pidiendo con esa simple palabra. No le
importó…

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Capítulo 1

Rosalyn tuvo el sueño otra vez.


Era el mismo sueño que había tenido durante años; sin embargo, el final siempre se
desvanecía, y la dejaba acalorada y sin aliento.
Ahora él era parte del sueño.
Los rostros se habían convertido en los suyos; la pasión era una llama abrasadora que le
calentaba la piel y la despertaba con las prendas de noche pegadas al cuerpo.
Era una mujer de deseos secretos; una mujer con un instinto sexual agudo, que vivía sus
fantasías privadas en las altas horas de la noche, en los más recónditos recovecos de la mente,
donde podía ser descarada y audaz.
La sexualidad se había despertado en el interior de su cuerpo ingenuo cuando tenía dieciséis
años. Había asistido a una velada con sus padres. Se había perdido en la enorme mansión y
terminó en el extremo opuesto de la casa. Escuchó un ruido detrás de una puerta cerrada y pensó
que encontraría allí a alguien que pudiera ayudarla.
Golpeó la puerta, pero los ruidos que provenían de la habitación solo se volvieron más y
más fuertes. Escuchaba a una mujer gritar y temió que se encontrara en problemas, herida quizás.
Rosalyn abrió la puerta y se topó con algo que le resultó devastadoramente excitante para
los sentidos.
Una mujer, que solo llevaba puesto un delantal de criada alrededor de la cintura, estaba de
rodillas frente a un hombre alto y de fuerte constitución, completamente desnudo. La cabellera
dorada de la mujer se derramaba suelta por la espalda, y el hombre se aferraba a ella con una
mano rolliza y le guiaba la cabeza hacia adelante.
Rosalyn apenas pudo contener un grito ahogado de sorpresa cuando su pene, grueso y
duro, desaparecía centímetro a centímetro en la boca de la mujer mientras los labios húmedos
encerraban y lamían la brillante punta.
El hombre tenía la cabeza inclinada hacia atrás, los labios separados, y la respiración era un
siseo quejoso al tiempo que el miembro se deslizaba dentro y fuera de la boca de la mujer, que lo
guiaba con las manos y lo saboreaba.
Él le apartó las manos de un empujón y empujó hacia adelante de manera que el pene
quedó completamente cubierto por los húmedos labios; los movimientos del hombre se
volvieron más y más frenéticos hasta que un gemido se le derramó por los labios y una espuma
blanca manó de la punta del miembro.
Rosalyn permaneció de pie, conmocionada, sin poder moverse. Debió de haber hecho un
ruido, porque el hombre lanzó una mirada hacia la puerta. El rostro no mostraba signos de ira.
En cambio, sonrió, como complacido de ser atrapado en tal lascivo acto.
—¿Te agrada lo que has visto, muchacha? —le preguntó con un tono profundamente
áspero—. Regresa cuando necesites aplacar el latido entre las piernas. Big John te complacerá. —
Tomó el mentón de la mujer, que estaba aún de rodillas frente a él, y le dijo—: ¿No es verdad,
querida?
La mujer miró a Rosalyn con una ceja enarcada y una sonrisa picara.
—Oh, sí. Seguro que lo hará.

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La risa de los amantes acompañó a Rosalyn mientras se alejaba a la carrera por el pasillo,
que solo se detuvo cuando le faltó el aliento. Estaba asustada; sin embargo, sentía un cosquilleo
en los pechos, y una extraña humedad se le había acumulado en las partes pudendas.
Desde aquel día, lady Rosalyn Carmichael había utilizado sus sueños como una herramienta
mientras esperaba por él: el indicado. El único hombre al que ella le concedería su virginidad.
Y, a medida en que la noche se convertía en la mañana, sus sueños se focalizaron en ese
hombre. Un hombre que había salido de sus sueños y se le había aparecido en la vida real.
Tenía los ojos de color azul aterciopelado, penetrantes e intensos. El cabello, negro y
brillante como el ala de un cuervo. El cuerpo de una elegancia tosca, musculoso, debajo del
prolijo exterior. Su belleza ridiculizó a todos a su alrededor cuando le sonrió con un deje de
picardía desde el otro extremo del salón.
Rosalyn comenzó a temblar cuando se le acercó, sin poder quitar la mirada de admiración
de su forma alta, notando que se desplazaba con una gracia despreocupada, dejándola un poco
aturdida y apenas consciente de que su mejor amiga, Francine Fitz Hugh, estaba de pie a su lado.
El tutor de Fancy, Lucien Kendall, caminaba junto al oscuramente hermoso hombre.
Cuando el desconocido se detuvo frente a Rosalyn y habló, con un tono de voz bajo y profundo
que le recorrió los nervios de una manera de lo más desconcertante, ella lo supo.
Estaba condenada.
Rosalyn pudo ver su propia perdición en la mirada calculadora que él echaba sobre ella,
como si supiese un secreto que no tenía intenciones de contar.
—Derek —murmuró ella entre sueños, agitándose de manera irregular, reviviendo el beso
que le había dado en el jardín de lady Senhaven. El aroma a madreselva los había envuelto, los
invitados a no más de treinta metros de ellos; era un escándalo en ciernes porque ella permitió —
no, le rogó— que él se tomase libertades, moviendo la cálida y gran mano desde la cintura hasta
los senos, tirando de la tela para liberar los suaves cúmulos de los estrictos confines en que se
encontraban, adorando la forma en que le tocaba los pezones con el pulgar, girándolos
suavemente, dejándolos hinchados y en un dulce dolor mientras ella le guiaba la boca hacia ellos.
Una extraña sensación de abandono le recorrió el cuerpo, una excitación que era incapaz de
controlar, al tiempo que posaba la mano por primera vez sobre la rigidez de un hombre. Sintió
cómo el miembro se alargaba ante sus caricias, se maravilló por su tamaño in crescendo y por su
propio poder de mujer.
¡Si las personas refinadas que bailaban en el salón supieran que ella no era aquella
muchacha que habían etiquetado como inocente, criada y educada con delicadeza, elegante, grácil!
Una joven correcta.
Rosalyn tenía miedo de permitir que incluso su mejor amiga, Fancy, conociera el lado más
oscuro de su naturaleza. Fancy nunca la había juzgado, pero Rosalyn temía que su amiga la mirara
con otros ojos si supiese la mujer libertina que en verdad era.
El sueño se evaporó de repente y abrió los ojos con brusquedad cuando una mano se ciñó
sobre su boca, el grito ahogado que emitió quedó atrapado bajo una palma callosa.
—Diga una sola palabra —siseó una voz de olor hediondo— y se arrepentirá, señorita.
Un extraño estaba de pie junto a la cama, vestido de negro con prendas sucias. Tenía la
mitad izquierda del rostro oscurecida por las sombras.
—Levántese. Y en silencio. Hay un hombre que la espera con mucha impaciencia.
De un tirón, Rosalyn fue forzada a levantarse sobre los pies desnudos; se sentía expuesta y
aterrada pues solo llevaba puesto el camisón.
¡Calder la había encontrado!
Sabía que su hermanastro no había abandonado su persecución, persiguiéndola desde
Cornwall hasta Londres, luego del fallido intento de secuestro en Moor's End, el hogar de Fancy
en Cornwall. Rosalyn se había hospedado allí desde que se enteró del retorcido plan de Calder de
contraer matrimonio con ella y asesinarla, para poder quedarse con su herencia.

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La última vez que la había abordado, ella había peleado. Esta vez, iría en silencio, puesto
que no podía poner en peligro a la gente que quería. Fancy casi había acabado muerta al intentar
protegerla durante el último ataque de Calder; esta vez, debía enfrentarse sola al cabrón.
Rosalyn enderezó la columna cuando el hombre la empujó hacia la ventana. Tragó en seco
para frenar el terror que sintió cuando miró desde la habitación en el segundo piso hacia el suelo
más abajo, donde una soga de cáñamo se balanceaba de manera inestable al compás de la brisa de
la noche.
—No diga ni mu —gruñó el secuestrador—, o la destriparé como a un pescado. Ahora
salgamos por la ventana. —Le dio un empujón.
Rosalyn se trastabilló hacia adelante. La mente le trabajaba febrilmente. ¡Si solo fuese más
parecida a Fancy! Ella había desarmado a los dos matones que el hermanastro de Rosalyn había
contratado para llevarla de regreso a la mansión Westcott.
—Salga por la ventana —exigió el secuestrador con un tono de voz que no dejaba lugar a
discusiones.
—¿Puedo calzarme, al menos? —le preguntó Rosalyn, mirándose los pies desnudos.
—No —le espetó—. Ahora, muévase. ¿O quiere que la ponga sobre mi hombro y la cargue
hasta abajo?
Ella hubiese preferido arrojarse desde el techo antes que eso.
—Puedo sola, gracias.
Levantó el dobladillo del camisón y se sentó a horcajadas sobre el alféizar de la ventana,
deseando con fervor que un caballero blanco apareciera de repente para rescatarla.
¿Dónde estaba Derek en ese momento? ¿Aún en el cotillón de la familia Duvall,
coqueteando con lady Jane Windermere?
—No lo necesito, de todas maneras —murmuró.
—¿Qué ha dicho? —espetó el secuestrador.
Rosalyn deseó con todas sus fuerzas poder borrarle el mohín en el rostro con un energético
puñetazo en su ya torcida nariz, pero lo más probable era que solo lograra caer por la ventana.
—¿Seguro que esta escalera aguantará? Quizás debamos salir por la puerta principal.
—Jovencita —le dijo llevando el rostro muy cerca al de ella, con un aliento lo
suficientemente fétido como para que una mofeta pusiera los pies en polvorosa—. Realmente
está agotando mi paciencia, y eso no es bueno.
Con esa amenaza aún resonándole en los oídos, Rosalyn probó la firmeza del primer
escalón con el pie derecho, luego pasó la pierna izquierda hacia el otro lado. Se echaría a correr en
el preciso instante en que los pies tocasen el suelo. Podía dejar a la bestia atrás con facilidad, ya
que era bastante achaparrado y tenía un estado físico evidentemente deplorable.
El pie izquierdo acababa de posarse sobre el escalón cuando la puerta de la habitación se
abrió de golpe. Una figura surgió en el umbral, iluminada desde atrás por el parpadeante aplique
en el pasillo, lo cual creaba una aparición amenazante.
Un destello de acero le dio la pauta de que un arma estaba siendo enfocada en dirección a
ellos.
—Aléjate de la señorita —dijo la voz—, o te volaré la maldita cabeza.
«¡Derek! ¿Cómo había él…?».
El matón arremetió contra la ventana, obligando a Rosalyn a echarse hacia atrás. Los pies
resbalaron del escalón. Gritó cuando comenzó a caer, luchando por aferrarse a la escalera de
cuerda y colgando de una mano.
El brazo de Derek se abalanzó a través de la ventana abierta para agarrarla con una mano.
—Sujétese —le dijo mientras luchaba con el hombre, quien un momento después gritó al
caer por encima de la cabeza de Rosalyn y golpear el suelo con un ruido sordo a huesos rotos.

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Rosalyn fijó la mirada en la forma inmóvil allá abajo. Los dedos se enroscaron alrededor de
la soga con dolor; la fuerza de voluntad fue lo único que le evitó caer en el mismo destino. La
mano de Derek le sujetó con firmeza la otra muñeca.
—La tengo.
Un instante después, Derek la alzó por la ventana y la estrechó con fuerza entre sus brazos.
Ella cayó sobre su pecho y cerró los ojos. Le temblaba todo el cuerpo.
Pasados unos momentos, Derek se alejó de ella con delicadeza para mirarle a los ojos.
Tenía una expresión de preocupación claramente grabada en el rostro.
—¿Está herida? —le preguntó.
—¡Cielo santo! ¿Qué sucede aquí? —gritó una voz.
Rosalyn observó por sobre el hombro de Derek y vio a lady Dane de pie en la entrada de la
habitación; llevaba suelta la larga cabellera caoba, que fluía sobre los hombros, y la bata le colgaba
por detrás, lo que confirmaba que había salido de la cama de un salto.
—Un intruso se las ingenió para llegar hasta esta habitación —le explicó Derek.
—Dios santo. —Clarisse se apresuró a entrar en la alcoba y se arrodilló junto a Rosalyn.
—Estoy bien —la tranquilizó ella.
—Ven, querida. —Clarisse insistió con gentileza, dándole golpecitos en la mano—.
Vayamos a la cama.
Derek alzó a Rosalyn en brazos, ignorando las protestas. Una vez que estuvo colocada, le
dijo:
—Registraré la zona y mandaré llamar al guardia.
—Gracias —le dijo Clarisse cuando Derek se retiraba de la habitación; el rostro del
hombre era una máscara de mortal seriedad. Rosalyn casi sintió pena por quienquiera que se
cruzara con él.
¡Cómo deseaba no haberle permitido nunca a Fancy que la hubiera convencido de venir a
Londres! Solo había logrado involucrar a otra persona más en las intenciones maléficas de Calder.
—Lo lamento —dijo ella—. No deseaba que nada de esto sucediese. Me iré por la mañana.
Clarisse desestimó el comentario con un ademán de la mano.
—Tonterías. No te irás a ninguna parte. Si crees que voy a permitir que un simple cretino
me asuste, entonces tienes mucho que aprender. —Como si Rosalyn fuese una niña que
necesitaba de sus cuidados, la dueña de la casa le acomodó los cojines detrás de la cabeza.
—Debería irme a casa —insistió Rosalyn, a sabiendas de que nada la esperaba allí. Sus
padres habían fallecido, y el hombre que la había tratado como su propia hija durante cinco años
había muerto por enfermedad unas semanas atrás, dejando a Rosalyn sola, sin nadie más que un
hermanastro que deseaba verla muerta.
—¿A casa? —Se mofó Clarisse—. Eso está fuera de discusión. Piensa con la cabeza,
querida. Este es el mejor lugar para ti. Derek es un púgil campeón. No permitirá que nada te
suceda. Tampoco yo.
—Pero si algo te sucediera a ti…
—Nada me sucederá. Además, no me viene mal un poco de excitación en esta vida. Ahora
asumo que esto fue obra de tu diabólico hermanastro, ¿no es verdad?
Rosalyn asintió con un movimiento de cabeza.
—No sé cómo me encontró. El señor Kendall fue muy precavido en cuanto a mi
seguridad.
—Estoy segura de que así fue. Pero los hombres desesperados toman medidas
desesperadas. La única salida que tenemos para ponerle fin a todas sus maquinaciones es
atrapándolo.
—Calder es escurridizo. Siempre está un paso por delante.
—Entonces, necesitamos a alguien que esté dos pasos adelante. Alguien mucho más
peligroso y despiadado que lo que Calder jamás será.

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Derek observó su reflejo en el espejo sobre la repisa de la chimenea en la lujosa sala de


Clarisse y vio a un hombre que había avejentado diez años en cuestión de minutos.
Una hora antes, había dejado la velada de la familia Duvall, incapaz de soportar la cháchara
sin sentido de lady Jane Windermere, su amante ocasional.
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que habría tolerado el incesante parloteo de esa mujer
acerca de sí misma, a sabiendas de que una vez que la tuviese en la cama, de esa boca saldrían
gemidos en lugar del cotorreo.
Sin embargo, había notado algo perturbador: una creciente sensación de aburrimiento del
sexo apuesto. Y él era un hombre de enormes apetitos carnales, lo que le había otorgado un lugar
en el exclusivo club de solteros los Buscadores de Placer. Los otros seis miembros eran sus
mejores amigos en el mundo, a quienes confiaría su vida, y viceversa.
Pero su incomodidad ahondó más profundo, hasta un nivel que no quería examinar. Una
necesidad había comenzado a gestarse en él, un deseo de realizar algo que ningún soltero devoto
haría jamás.
Sentar cabeza con una sola mujer.
Imaginó unos ojos de verde fuego y una cabellera del rubio más pálido que llegaba hasta
casi la cintura, como algunas bellas doncellas sacadas de un libro de antaño. Pero lady Rosalyn
Carmichael era muy real.
La había visto en el preciso instante en que entró en el salón de baile de Clarisse tres
semanas atrás en la fiesta de presentación en sociedad de la protegida de Luden, lady Francine.
Derek nunca antes había creído en los ángeles, ni en Dios en realidad, pero al ver a Rosalyn se
había vuelto creyente. Solo un poder superior podría haber creado algo tan excepcionalmente
bello.
Pero fue mucho más que la belleza de esta mujer lo que lo atrajo; fue el toque de tristeza y
vulnerabilidad que descubrió en sus ojos. Había sentido un enorme deseo de protegerla —incluso
antes de que Lucien le hablara acerca del hermanastro asesino de la muchacha, Calder Wrstcott,
un hombre que los puños de Derek deseaban encontrar.
Derek observó la soga que había arrancado de la ventana de la habitación de Rosalyn. Si
hubiese llegado unos segundos más tarde… No quiso pensar lo que podría haber sucedido.
Se preguntó cómo se sentiría Rosalyn en ese momento. ¿Estaba aún asustada? ¿Lo
necesitaba? Deseó con desesperación ir a verla, asegurarse de que se encontrase bien. Había
estado a punto de sufrir un ataque al corazón cuando vio una pierna curvilínea pasar por sobre el
alféizar de la ventana, y luego observó el rubísimo cabello que había imaginado tomar entre sus
manos toda la noche.
Derek no sabía qué lo había llevado hasta su puerta. No había decidido a conciencia ir
hasta la casa de Clarisse después de dejar la velada, pero allí es donde sus pies lo habían llevado.
Detrás de él, la puerta de la sala se abrió en silencio y luego se cerró.
—Veo que has aprovechado el licor.
Derek giró y observó a Clarisse mientras se deslizaba con una gracia sutil sobre el suelo.
Era aún una mujer de un atractivo espectacular, y muchos hombres habrían matado por tenerla,
pero desde la muerte de su esposo, había elegido quedarse sola. Él estaba agradecido de que
hubieran podido ser amigos todos esos años.
—¿Me servirías uno para mí? —le preguntó.
—Ya lo he hecho —contestó, extendiendo el brazo tras él para tomar la copa.
—Siempre has sido un hombre de muchos recursos.
Derek señaló la puerta con un movimiento de cabeza.
—¿Cómo se encuentra ella?
—Dice que está perfectamente bien. Sin embargo, aunque es una muchacha de una
fortaleza sorprendente, considerando todo lo que tuvo que vivir, dudo que se encuentre bien en

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absoluto. No quiere ser una carga para nadie, lo que solo empeora su lucha. Le vendría muy bien
un protector, y rápido.
—¿Estás sugiriendo que yo asuma ese rol?
Clarisse sonrió con recato sobre el borde de la copa.
—No estoy sugiriendo nada por el estilo, milord.
Derek negó con un movimiento de cabeza.
—Siempre has sido una mujer reservada, lady Dane. Demasiado inteligente para el gusto de
los hombres que te persiguen con tanto esmero.
Clarisse suspiró y se sentó en el sofá.
—Me temo que intentará irse.
Derek se había preocupado por lo mismo.
—¿Dónde podría ir?
Clarisse se encogió de hombros.
—No lo sé. No tiene a nadie. Su horrible hermano parece ser el único familiar que le
queda. ¡Qué terrible es tener que vivir con miedo a la gente que debería protegerte y apreciarte!
Pues bien —continuó ella con un suspiro—, debo pensar en algo. Tú has hecho más de lo que te
correspondía. Si no hubieses llegado allí en ese momento… —Se estremeció, luego ladeó la
cabeza y arrugó el entrecejo—. ¿Por qué, exactamente, estabas tú aquí en la mitad de la noche?
—Me sentía inquieto, por lo que fui a dar un paseo.
—¿Un paseo, dices? —Una leve sonrisa se dibujó en las comisuras de los labios de
Clarisse—. Qué conveniente.
Derek, molesto, le clavó la mirada.
—Sí.
—Pues bien —suspiró ella, poniéndose de pie—. Debo regresar a ver cómo está mi
invitada. Y tú debes irte a casa. Si mal no recuerdo, mañana partes hacia Escocia.
—Sí. —Él había ido a Inglaterra solo para arreglar el asunto del patrimonio de su madre.
Ahora que todo estaba solucionado ya, no tenía razón para quedarse.
Excepto por Rosalyn.
Algo en ella lo atraía. Nunca se había considerado a sí mismo particularmente heroico,
aunque Megan, la muchacha con la que había crecido, no estaría de acuerdo. Los cinco
protectores hermanos mayores que ella, sin embargo, no opinaban como Megan. Creían que él
debía ser despellejado y colgado de los talones.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó Clarisse, observándolo con el entrecejo arrugado.
—Bien. —Clavó la mirada en el trago—. Quisiera quedarme a pasar la noche en el sofá,
asegurarme de que nada más suceda—. Cuando levantó la vista, encontró a Clarisse con una
nueva sonrisa en los labios.
—Eso sería maravilloso. Me siento mucho más segura sabiendo que estás aquí, como
también se sentirá Rosalyn —agregó con intención—. Sin embargo, preferiría que durmieras en
una cama, ya que tengo siete libres. ¿Quizás en la habitación junto a la de lady Rosalyn?
La tentación sería enorme, pero ¿qué excusa encontraría para rechazar la oferta?
—Eso estará bien. Gracias.
Derek salió de la habitación tras Clarisse; se decía a sí mismo que solo se quedaría allí hasta
la mañana siguiente para asegurarse de que nada más sucediera durante la noche y para ver que
Rosalyn se recuperara lo suficiente de la experiencia que le había tocado vivir. Una vez que
supiese que ella estaba a salvo y cuidada, se marcharía.
Contrataría un protector para ella. Un hombre de la agencia Pinkerton, quizás. También
conocía a un guardia de alto rango, quien se había independizado recientemente, un tío excelente
con referencias impecables. Cualquiera de los dos iría bien.

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Derek echó una mirada a la puerta cerrada de la habitación de Rosalyn cuando Clarisse
abrió la alcoba contigua y le invitó a entrar con un movimiento de cabeza. Al desearle las buenas
noches, se preguntó por qué no se sentía cómodo en absoluto con su decisión.

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Capítulo 2

Rosalyn se irguió de repente en la cama, abrió los ojos súbitamente y un grito se le gestó en
la garganta. Miró como loca por toda la habitación, segura de que una mano le había estado
cubriendo la boca, y que ese aliento caliente y fétido le había soplado en el cuello. Sin embargo,
estaba completamente sola. Lo único que le había rozado era el sol de la mañana que se
derramaba a través de las cortinas. Había tenido una pesadilla.
Finalmente, había amanecido, pero solo había dormido por intervalos mientras los
pensamientos acerca de lo que casi le había sucedido la noche anterior le zumbaban en la mente.
Debía hacer algo acerca del apuro en que se encontraba. Y rápido.
No se había permitido creer lo lejos que llegaría su hermanastro, pero ahora sabía lo
decidido que estaba Calder. No se rendiría hasta lograr su cometido con ella.
Contraer matrimonio.
Y matarla.
Rosalyn se levantó de la cama. Nunca se había sentido tan sola como en ese momento.
Atravesó la habitación y se detuvo junto a la ventana para observar la ya bulliciosa calle. Londres,
con todos sus misterios y placeres, había resultado ser una grata sorpresa, y parecía que Cornwall
existía en otro tiempo y lugar.
Una idea comenzó a nacer en la mente de Rosalyn. De seguro, podría perderse en una
ciudad de tal magnitud. ¡Vaya, debía de haber infinitos lugares en los que una muchacha podría
esconderse! Podría funcionar. Debía funcionar.
Se negó a escuchar la vocecita que le recordaba que una dama de buena cuna no viajaba
sola y decidió verlo como una aventura. Una historia de proezas que les contaría a sus pequeños
hijos en las frías noches de invierno.
Se desplomó en el borde de la cama con un suspiro. No tendría niños propios para
contarles esas historias. Era infecunda. Estéril.
Un virulento caso de escarlatina durante la niñez resultó en que no habría un niñito o niñita
que pudiese llamar propio. Pero ese no era el momento de revolcarse en la auto-compasión;
necesitaba pensar un plan.
Calder se encontraría con algo muy diferente si esperaba que ella fuese un cordero en
camino al matadero; tenía intenciones de ganar esa lucha.
Rosalyn se apresuró a ponerse el vestido de día y arrastró el baúl fuera del armario,
arrojando dentro con prisa las prendas sin el cuidado que había procurado tener cuando las
empacó. Arrugó el entrecejo al ver que la tapa no cerraba.
—¡Caray! —Se dejó caer sobre la tapa y rebotó, pero fue en vano. Echó una mirada
iracunda al baúl, desconcertada.
—Pues bien —suspiró—, el vestido de fiesta de gasa deberá irse. No lo necesitaré, de
todos modos.
Abrió la tapa de un tirón y arrojó el costoso vestido de noche por sobre el hombro,
complacida por haber conseguido más espacio libre.

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Dando un saltito, regresó a su posición sobre la tapa, pero el baúl aún se resistía a sus
esfuerzos. Resopló, se arrodilló y se inclinó sobre el baúl, con el trasero en el aire y la cabellera
colgándole sobre el rostro, mientras forcejeaba con la cerradura.
Cuando la puerta se abrió de repente, la sorprendió de tal manera que perdió el precario
equilibrio y se desplomó en el suelo mientras metros de delicados volados y encajes amenazaban
con asfixiarle.
Rosalyn escupió un lazo que se le había metido en la boca y se preparó para cantarle las
cuarenta a la criada. Sin embargo, todos los pensamientos de ira se desvanecieron y la
mortificación tomó su lugar. Puesto que mirándola desde arriba, estaba la última persona que
habría deseado que la viera con la falda amontonada en el cuello y las bragas a la vista.
¡Dios, la falda!
Rosalyn se puso de pie de un salto y sacudió la tela indisciplinada hacia abajo mientras la
vergüenza le quemaba desde las mejillas hasta la punta de los pies, y observaba con mirada
estúpida unas botas perfectamente pulidas que, sin duda, revelarían su humillación si miraba en el
brillo espejado.
No sabía qué era peor: casi ser secuestrada, o ser vista con el trasero arriba en el suelo por
el hombre más maravilloso que el Señor había puesto sobre la Tierra.
—¿Miladi? —El brazo extendido de Derek apareció en el ángulo de visión de Rosalyn, y el
primer impulso que sintió fue alejarlo de una cachetada. Si a la grosera criatura se le hubiera
ocurrido golpear a la puerta, no la habría encontrado en su estado actual.
Con toda la dignidad que logró reunir, se puso de pie. Cuando Rosalyn se encontró con los
ojos más que azules de lord Manchester, estuvo a punto de olvidar lo que tenía intenciones de
decir. No era normal sentirse tan embobada. Era simplemente un hombre —se comportaba
como lo hacían los otros de su sexo, hablaba con los mismos tonos cultos, podía ingeniárselas
con un solo par de pantalones en cualquier ocasión, y no poseía ninguna cualidad en especial que
ella pudiese discernir. Sin embargo…
No era como ningún otro hombre que hubiese conocido antes. Era el que podía cumplir
sus fantasías, hacer realidad los acalorados y sensuales sueños que la atormentaban noche tras
noche agitada.
—Perdóneme por mi inexcusable violación a las normas de etiqueta, miladi —dijo él,
aunque el tono de voz y la actitud implicaban que entraría sin llamar de nuevo, si le entraba en
gana—. Me temo que no pude controlar mi preocupación por su seguridad.
Rosalyn levantó la mirada.
—¿Mi seguridad? ¡Qué ironía! Considerando que casi me provoca una apoplejía con tal
irrupción inesperada.
—Por favor, acepte mis disculpas. Escuché varios golpes cuando me vestía.
—¿Cuando se vestía? —Rosalyn arrugó el entrecejo. ¿Por qué habría de estar vistiéndose?
Luego, le azotó un terrible pensamiento. ¿Había dormido él con lady Dane? Clarisse era una
mujer hermosa. Los hombres la adoraban. Quizás, Derek también.
—Sí, me quedé aquí a pasar la noche. Estuve en la habitación contigua.
La habitación de Clarisse estaba al final del pasillo.
—¿Por qué? —preguntó ella.
—Quería asegurarme de que durmiese en paz. —La voz de Derek estaba cargada de una
extraña calidez.
Rosalyn parpadeó.
—Ah. —Claro, «ah». Se había quedado por ella. Era un gesto casi insoportablemente dulce,
y ella sintió un deseo de lo más extraño: ponerse en puntillas de pie y besarlo en la mejilla. Tuvo
que desviar la mirada para poner una distancia segura entre ellos.

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¿La habría escuchado dar vueltas en la cama durante toda la noche? ¿Qué habría sucedido
si ella hubiese salido corriendo de allí a los gritos y se hubiera precipitado directamente hasta él
vestida con nada más que el camisón? ¿Pensaría que estaba loca?
¿O la abrazaría fuerte y susurraría palabras tranquilizadoras al oído? De algún modo, supo
que lo haría. Ella se derretiría, sin duda, y luego, llevaría adelante sus deseos, lo arrastraría de
regreso a la habitación tirándole de la solapa de la camisa y lo llevaría hasta la cama y lo ubicaría
sobre su cuerpo. Él le espolvorearía cálidos besos por el cuello mientras la mano viajaba hacia
arriba, desde la pantorrilla, sobre el muslo, y entre las piernas. Y, oh… sí, la tocaría allí, le rozaría
la húmeda grieta con un dedo y se abriría camino, le acariciaría la cima hinchada, llevándola sin
esfuerzo hasta el éxtasis.
—¿Se encuentra bien, miladi?
La voz de Derek la trajo al presente de un tirón. Con un abrupto movimiento, quitó la vista
de él, con las mejillas de color escarlata.
—Perfectamente bien —respondió sin aliento, apoyando una mano en el pecho mientras el
corazón le golpeaba como el martillo de un hojalatero.
¡Cómo deseaba poder volver el tiempo atrás para poder estar de pie junto a la ventana,
bañada por la luz del sol matutino, viéndose inocente y serena en lugar de alborotada y
desenfrenada por los pensamientos lujuriosos!
Como era habitual, Derek estaba ataviado a la perfección, siempre el lord inglés y el
terrateniente de las tierras altas de Escocia, un hombre que impartía órdenes y que,
indudablemente, no conocía ningún temor. Lo cual no era una sorpresa, con esa contextura alta y
fuerte. Si el hombre tenía treinta gramos de grasa, Rosalyn desafiaría a cualquiera a encontrarlos.
—¿Miladi?
Rosalyn dejó de inspeccionarle y levantó la cabeza sobresaltada. Sintió ese maldito calor
florecerle en las mejillas. Él debía pensar que estaba completamente loca.
Si ella hubiese sabido que, en realidad, Derek estaba pensando que era la más maravillosa
criatura que había conocido en sus treinta y un años de vida, sus preocupaciones se habrían
disipado.
Él nunca había visto antes una cabellera así: eran como hilos de oro, ahora enmarañados
por haberse caído del baúl y hechos un halo alrededor de la cabeza; el sol le iluminaba desde
atrás, y le traía a la memoria una imagen en un vitral de colores que le había cautivado cuando era
niño.
El vitral estaba colocado sobre el altar de la capilla en Glen Cairn, que estaba situada a lo
alto de un peñasco en la propiedad del castillo Gray.
La obra de vidrio trabajado había provenido de un maestro artesano en Bélgica y se la había
cuidado como si se tratara del mismo Santo Grial. Derek había observado cómo la pesada pieza
de vidrio, con su caleidoscopio de colores, era levantada en el aire y ubicada con gentileza en su
puesto, encajando en el lugar como si siempre hubiese pertenecido allí.
Mucho después de que su padre y los trabajadores se hubieron ido, Derek aún permanecía
de pie mirando a la mujer grabada por siempre en el cristal.
Tenía la cabeza ladeada sutilmente sobre un hombro de porcelana, el cabello rubio le fluía
por la espalda como un río de oro. El sol, en un ángulo superior del marco, brillaba sobre ella; el
inflado vestido blanco brillaba con una luz tenue al ella desplegar las alas para atrapar la calidez
del sol.
El perfil de la mujer era tan perfecto como una moneda griega; sin embargo, una ínfima
sonrisa traviesa le incitaba los labios. Era un ángel con un costado pícaro, enviado desde los
cielos para traer luz en la oscuridad.
Derek había siempre encontrado consuelo con ella cuando sus padres discutían, como lo
hacían a menudo cuando era niño, y ella le había dado fortaleza durante los conflictos entre los
clanes, conflictos que parecían no tener fin. Esa era justamente la razón de su apresurado viaje a

15
Melanie George – La novia robada del highlander

Londres: para arreglar el asunto de la propiedad de su madre y olvidarse de Inglaterra para


siempre.
Su lealtad con Escocia había sido cuestionada desde el mismo momento de su nacimiento
puesto que su madre era una dama inglesa. Ahora que él gobernaba el clan, tenía que
demostrarles, de una vez por todas, dónde estaba su lealtad.
—¿Milord? —Rosalyn preguntó con vacilación, preguntándose qué pensamientos
atravesaban la mente de Derek, ya que tenía la mirada clavada con ferocidad en ella. Ser el único
foco de toda esa firme atención era desconcertante.
La observó durante un brevísimo instante más y luego, abruptamente, fijó la vista en sus
pies y cerró la puerta de la habitación, dejándolos aislados del resto del mundo.
Rosalyn sintió la boca seca, y el corazón le latía como las alas de un colibrí. Estaba
completamente sola con él, a casi dos metros como mínimo de una gloriosa virilidad que ni
siquiera una santa podría ignorar.
Rosalyn levantó la mirada.
—Supongo que desea hablar conmigo en privado, ¿no es verdad, milord?
—Derek. —Apoyó un hombro sobre el pilar de la cama—. No habrá formalidades entre
nosotros.
Él había dicho eso antes, justo después de que ella lo había besado descaradamente en el
jardín de la familia Senhaven, detrás de un rosal crecido por demás cuya exuberante fragancia la
recordaría cada noche en sus sueños, junto con el sabor y la textura de los labios de Derek, donde
la mirada se le volvía a posar una y otra vez.
—Debemos discutir acerca del visitante de ayer por la noche.
—¿Qué debemos discutir? Como puedes ver, estoy perfectamente bien. —No lograría
nada bueno preocupando a otra persona. Ya había tomado la decisión y se mantendría firme.
Derek la recorrió lentamente con la mirada, lo que le provocó un calor inesperado en esos
lugares.
—No estoy seguro. Quizás debería comprobarlo.
El corazón de Rosalyn dio un vuelco mientras intentaba encontrar la voz para responder.
—Aprecio mucho tu diligencia, sin embargo…
—¿Vas a algún lado? —interrumpió él, desviando la mirada hacia el baúl, donde un par de
calzones de encaje se derramaba hacia afuera con la tapa abierta. Rosalyn se apresuró a guardarlos
dentro y rogó que el rostro no le delate la mortificación que sentía.
Lo miró a los ojos y contestó:
—Tengo intenciones de hacer un viaje.
Él arqueó una ceja negra.
—¿De verdad? ¿Ya dónde habías planeado ir?
Rosalyn arrugó el entrecejo. No le complacía el dejo de diversión que le iluminaba la
mirada, lo que indicaba que él sabía que ella no tenía ningún lugar dónde ir.
—No lo sé con exactitud. Pero no debes preocuparte. Tengo varias ideas.
—¿Como por ejemplo…? —contestó presuroso, acercándose tanto que ella pudo notar
cuan perfectamente afeitado estaba, aunque de seguro una sombra le oscurecería la barbilla al
anochecer.
Había algo enigmático en él. Una cualidad que ella no podía describir. ¿Peligroso, quizás?
Sin embargo, eso parecía inadecuado. Tal vez, era su aire agitado. Le recordaba a un tigre
enjaulado, y cuando ella estaba con él, se sentía como una tigresa.
Rosalyn se sobresaltó cuando una mano gentil la tomó de la quijada. Había una extraña
expresión tierna en el rostro de Derek.
—Nadie va a lastimarte —le murmuró—. No lo permitiré. —La sostuvo así durante un
momento, luego, quitó la mano, arrugó el entrecejo y la voz se le volvió brusca—. Recoge todo lo
que necesites, luego, nos reuniremos en la planta baja.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Se encaminó hacia la puerta, pero la pregunta de Rosalyn le detuvo en el umbral.


—¿Dónde vamos?
La miró por sobre el hombro.
—A Escocia.
—¿A Escocia? Debes estar confundido. No puedo ir a Escocia.
—Según parece, no tienes otra opción. —Salió de la habitación.
Rosalyn se encaminó tras él, pero Clarisse apareció de repente y le tomó del brazo.
—No lo contradigas, querida. Obtendrá lo que desea. Siempre lo hace.
Rosalyn permaneció inmóvil, confundida.
—No puedo ir a Escocia. ¿En qué está pensando?
—En tu seguridad.
—¡Si apenas lo conozco!
—No por lo que pude ver. Hay suficiente calor entre ustedes dos como para encender esta
casa en llamas. Desde tu llegada a Londres, has pasado más tiempo con Derek que con cualquiera
de los otros hombres que han intentado con desesperación captar tu atención; lo que, en caso de
que no lo hayas notado, se ha visto bastante reducido al estar Derek a tu lado todo el tiempo. Se
ha corrido la voz de que ya has sido reclamada, mi querida.
Rosalyn respiró profundo. Eso era lo que ella había temido. Se sentía atraída por él de una
manera inquietante, pero no podía permitir que eso le empañe el juicio ni que lo ponga a Derek
en peligro.
—No puedo ir. ¿No lo ves? No involucraré a nadie más en mi problema.
Clarisse apoyó una mano sobre el hombro de Rosalyn y la hizo girar.
—Si hay alguien quien me hace sentir segura de confiarle tu cuidado, esa persona es Derek.
No permitirá que nada te suceda. Encontrará a tu hermanastro y terminará con sus
maquinaciones. Puedes tomar este viaje como una nueva experiencia. Las Tierras Altas escocesas
son realmente hermosas en esta época del año.
La sensación de verse atrapada presionaba a Rosalyn.
—Es un hombre soltero, y yo soy una dama soltera. Eso descarta la posibilidad de viajar
juntos.
—¿Crees que Derek habría propuesto semejante invitación sin estar preparado para
proveerte de una carabina apropiada?
—¿Una invitación? —Rosalyn carraspeó —. Se oyó más como una orden para mí.
—Derek nunca ha sido un hombre que acepte un «no» como respuesta —admitió Clarisse
encogiéndose de hombros.
Una sensación de desesperación se apoderó de Rosalyn al tiempo que caminó hasta el
extremo opuesto de la habitación y giró.
—Estoy segura que debe de haber otra solución. Algo que se nos está pasando por alto. —
Sin embargo, sabía que había agotado todas las posibilidades durante la pasada larga noche de
insomnio.
Era cuestión de ir a Escocia con el señor y rogar que él pueda convencer a Calder de dejarla
en paz, o mudarse de un lado a otro, con la esperanza de dejar a su hermanastro detrás, una
perspectiva que no le hacía ninguna gracia.
Clarisse la tomó de la mano, con compasión en el rostro.
—Confía en mí —dijo suavemente—. Necesitas más protección de la que yo puedo darte,
como quedó demostrado con el desastre de ayer por la noche. El hogar de Derek es una
fortaleza. Cuenta con cientos de hombres a sus órdenes. Ni siquiera un ratón puede escabullirse
dentro sin que él lo note. Por favor, mi querida, dime que irás. Ni mi corazón ni mi calma
quedarán en paz hasta que sepa que estás a salvo.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Rosalyn se mordisqueó el extremo del labio, completamente conflictuada. No quería cargar


con más preocupaciones a Clarisse. ¿Y en cuanto a Derek? ¿Se daba cuenta él de en qué se estaba
metiendo? Calder no se detendría hasta ver concretado su plan.
Rosalyn cerró los ojos, agotada hasta la médula por la confusión que su hermanastro estaba
sembrando en su vida. Ella parecía moverse en círculos cada vez más pequeños para mantenerse
fuera de su alcance, y no podía continuar de ese modo.
Con el corazón en los pies, cayó en la cuenta de que tenía que ir. ¿Qué otra opción tenía?
Calder la había encontrado, y ni lady Dane ni nadie del personal de la casa estarían a salvo hasta
que Rosalyn se hubiese ido.
Rosalyn suspiró.
—Tienes razón, por supuesto. El señor me ha ofrecido refugio; sería estúpido de mi parte
no aceptar tal gesto de bondad. —Por el momento—. Terminaré de empacar mis cosas. Por
favor, dile a lord Manchester que bajaré enseguida.
Clarisse le dedicó una cálida sonrisa.
—Estás tomando la decisión correcta, mi querida. Derek cuidará bien de ti. No dejará que
te suceda nada malo.
Rosalyn observó a Clarisse marcharse, quien caminaba con paso optimista ahora que creía
que el problema se había solucionado. Pero Rosalyn sabía que no era así. Y, al girar para terminar
de empacar sus pertenencias, se preguntó quién protegería a Derek mientras él la protegía a ella.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 3

—¿Has perdido la cabeza, muchacho? ¿En qué estabas pensando cuando permitiste que
esta mujer venga al castillo Gray? Y no es cualquier mujer, fíjate, es una inglesa. Será nuestro fin.
Recuerda mis palabras.
Derek ignoró las tan típicas profecías fatalistas de su tío. Darius, el único hermano
sobreviviente de su padre, solía olvidar que Derek ya no era un niño y, por lo tanto, no necesitaba
más de su consejo.
Concedido; esta vez, su tío probablemente tenía razón. Traer a Rosalyn a su hogar sin duda
causaría conmoción, y sumado a la intranquilidad del momento, lo último que necesitaba era otra
complicación.
El hermanastro no le preocupaba. De hecho, esperaba que el cabrón averiguase dónde
estaba ella. Si Calder —ahora lord Westcott— ponía un pie en la propiedad de Derek, el hombre
rápidamente quedaría cojo.
Derek levantó las manos para evitar que su tío estallara en lágrimas otra vez.
—Suficiente, Darius. La muchacha viene con nosotros, y ese es el fin del asunto.
—¿Por qué eres tan cabeza dura? ¿Desde cuándo eres del tipo de hombres que se dedican a
salvar damiselas en aprietos? Me agradaría saberlo. Si la familia Trelawny se entera de esto, van a
pensar que te has venido blando.
—¿Y es eso lo que piensas, tío? ¿Que me he vuelto blando?
—Por supuesto que no, muchacho —bravuconeó Darius—. Eres duro como los clavos.
Pero no puedo evitar preguntarme qué beneficio traerá el tener a esta muchacha inglesa entre
nosotros. Recuerdo lo difícil que fue para tu madre, que Dios la tenga en la gloria.
Si algún terrateniente escocés había sido inflexible e intransigente, esa persona había sido el
padre de Derek. Su madre había sido la personificación misma de una señorita inglesa de buena
crianza. Dos personas no podrían haber provenido de dos ámbitos más contradictorios.
Derek se había preguntado a menudo qué había visto su madre en William McDougal. Su
padre se había parecido mucho más a un bárbaro, con el salvaje y anudado cabello que le llegaba
hasta la mitad de la espalda.
Si eso no había sido suficiente para espantar a la dócil mujer, entonces los cabos distantes
que sobresalían de alrededor del castillo Gray, como espadas que manaban del mismísimo
infierno, lo habrían hecho. La mayoría de las personas que iban de visita, rápidamente sentían la
necesidad de escapar en la dirección contraria.
El hogar de Derek, sobre el extremo más al norte de las Tierras Altas, era lugar que ningún
extranjero, menos aun una mujer, quería visitar. El riguroso terreno no había sido lugar para su
madre, aunque durante un tiempo, ella había intentado hacer que funcionase.
Sus padres se habían amado al principio, pero el amor no pudo detener la pérdida que
sintieron cuando notaron que ambos tenían montañas que el otro no podía trepar.
En ese momento fue cuando comenzaron las discusiones, y las interminables
recriminaciones y la amargura. Cuando su padre había comenzado a prepararlo para que tomase
su lugar como señor de sus tierras, su madre ya había regresado a Inglaterra. Entonces Derek se

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Melanie George – La novia robada del highlander

había visto forzado a viajar de ida y vuelta entre dos hogares, y obligado constantemente a elegir
entre sus padres y sus países.
Para complacer a su madre, había adoptado el altivo título inglés y apellido, pero su vida
estaba en Escocia. Amaba la belleza feroz: el intransigente paisaje, los prístinos cielos, el riguroso
clima que podía lograr que a un hombre le repiqueteen los huesos.
¿Qué vería Rosalyn? ¿Pensaría que su país era un lugar inhóspito y desagradable? ¿O lo
vería como lo veía él?
Las preguntas en su mente se desvanecieron cuando la puerta principal de la casa de ciudad
de lady Dane se abrió y una visión en un vestido de día de un tono rosado salió al rellano; tenía la
barbilla en alto como si la estuviesen conduciendo a la guillotina. Estaba aterrada, pero no lo
demostraría. Dios, ella era fascinante.
Derek apagó el puro con el tacón de la bota contra el suelo y se alejó del carruaje,
aplastando la persistente sensación en la boca del estómago que le cuestionaba qué demonios
estaba haciendo. Darius tenía razón. No era parte de su naturaleza preocuparse por los problemas
ajenos; ya tenía suficiente con los propios.
Podría haber conseguido otros medios para protegerla. No había tenido necesidad de
involucrarse directamente. Había mucha gente que le debía favores, pero ni siquiera había
considerado pedirles ayuda.
A esas alturas, podría haber estado en camino de regreso a su hogar, en lugar de estar
subiendo las escaleras para tomar la mano de Rosalyn, que temblaba levemente debajo de la
punta de sus dedos. Sin embargo, con ese simple roce y la mirada de confianza en los hermosos
ojos azules, Derek supo que debía hacer eso por ella. No tenía sentido luchar contra eso.
—¿Estás lista? —preguntó con gentileza.
Rosalyn vaciló. La incertidumbre le corrió a caudales por el cuerpo antes de que sus
preocupaciones fueran aplacadas por la mirada en los ojos de Derek. Había algo en esa postura
relajada y esa leve sonrisa que le indicó que no había nada que temer, a excepción de la inusual
atracción que sentía por él. Si no tenía cuidado, acabaría haciendo algo muy imprudente, como
besarlo de nuevo.
Inspiró profundo y contestó:
—Sí, estoy lista, milord. Y gracias por tu ayuda en esta… fastidiosa situación.
—¿Vamos?
—Sí, por supuesto. —Rosalyn giró hacia Clarisse—. Gracias por todo lo que has hecho.
—Espero que te encuentres más feliz cuando el viaje llegue a su fin, mi querida. Sabes que
estaré aquí para ayudarte con lo que necesites, cuando lo necesites.
Rosalyn la tomó de la mano.
—No sé qué habría hecho sin ti. Nunca te habría conocido si no hubiese puesto un pie
fuera de Cornwall.
—Tampoco yo. Y eso habría sido una terrible pena. —Dio unas palmaditas sobre la mano
de Rosalyn y dijo con gentileza—: Ahora ve. Estoy segura de que el señor está deseoso de ganar
un poco de terreno antes de que llegue la noche.
—Si ves a Fancy…
—No te preocupes, mi querida. Me aseguraré de que ella sepa que estás a salvo. —Se
inclinó hacia adelante para suspirarle—: Confía en Derek. Él te cuidará en todo esto.
Rosalyn intentó sonreír.
—Lo haré.
Clarisse enderezó la postura.
—Pues bien. Ahora vayan. —Con el brillo de las lágrimas en los ojos, la anfitriona la hizo
entrar al carruaje.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Rosalyn continuó mirando hacia atrás hasta que Clarisse no fue más que un pequeño punto
en la distancia. Se le cerró la garganta y se sintió al borde del llanto, pero llorar no solucionaría
nada, y sin duda, Derek creería que ella era un sumo fastidio.
—La volverás a ver.
Derek estaba sentado frente a ella; se veía increíblemente grande con su forma alta y amplia
que ocupaba la mayor parte del asiento, y las extensas piernas que le rozaban las faldas cada vez
que el carruaje pasaba por un bache.
—Lo sé —contestó Rosalyn con odio por el temblor que tenía en la voz—. ¿Será un largo
viaje?
—Dos días aproximadamente.
Ella no había anticipado un viaje tan largo. Recordó que le habían prometido una
chaperona apropiada, quien no parecía estar con ellos.
Como si pudiese leerle los pensamientos, Derek comentó:
—Una vez que lleguemos al castillo Gray, una de las doncellas se encargará de lo que
necesites.
Estaría sin compañía de otra mujer por dos días; dos días de abrumante tentación. Se le
retorcía el estómago y se le humedecían las palmas de las manos cada vez que Derek se le
acercaba; y durante dos días, él estaría muy cerca. Cielo santo.
—¿Seremos solo nosotros dos?
—No, mi tío viene con nosotros. Odia cualquier medio de transporte que no sea su propio
caballo, sin importar lo extenuante que sea el viaje.
Rosalyn deseaba poder tener ella misma la libertad de cabalgar: siempre lograba
tranquilizarla.
Se sobresaltó cuando Derek la tomó de la mano derecha.
—¿Qué te has hecho aquí? —Con gentileza, rozó con el dedo un lugar lastimado en la
palma de la mano de ella.
—No es nada. —Intentó liberar la mano, pero él no la soltaba—. Es realmente una
tontería. Estaba practicando paradas y estocadas en mi habitación ayer por la noche.
—¿Practicas esgrima?
Rosalyn había tenido la esperanza de que él aceptase la respuesta que le dio y pasase a otro
tema.
—No, exactamente. En verdad, estaba practicando con un atizador.
—Ya veo —dijo él, conteniendo una sonrisa—. ¿Y practicas esta clase de esgrima con
atizador a menudo?
Rosalyn lo miró, iracunda.
—No. Pero debo tener algún método de defensa contra mi hermanastro.
Derek perdió la batalla que mantenía para contener la sonrisa, lo que provocó en ella un
deseo de arrojarle algo. El hombre podía ser realmente exasperante.
La irritación de Rosalyn se desvió al tiempo que el pulgar de él comenzó a acariciarle hacia
adelante y atrás sobre el dorso de la mano, por lo que sintió un cosquilleo en la piel antes de que
los dedos de él lentamente se alejaran de ella.
Podía aún sentir la caricia cuando él se volvió a reclinar sobre el cojín de terciopelo y se
obligó a prestar atención al paisaje que se sucedía por la ventana.
A medida que el carruaje se alejaba de Londres, las concurridas calles y el revoltijo de
edificaciones comenzaron a menguar para convertirse en la salvaje belleza de la campiña,
creándole un sentimiento de añoranza nostálgica en su interior.
Extrañaba Meadows Cove, donde ella y Fancy habían pasado muchas tardes de pereza
observando los botes pesqueros que subían y bajaban en la marea azotada por el viento, sentadas
a la sombra de un nudoso roble con los dedos de los pies enterrados en la fresca arena, mirando
los andarríos moviéndose precipitadamente entre los esbeltos juncos mientras tramaban

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Melanie George – La novia robada del highlander

magníficas historias acerca de tesoros enterrados en las cuevas que estaban salpicadas a lo largo
de los acantilados.
Estos cuentos inventados estaban repletos de apuestos bucaneros navegando hasta la costa,
o de crueles piratas buscando refugiarse de los hombres de ley con la intención de terminar con el
comercio ilegal.
Imágenes de piratas ocupaban la mente de Rosalyn mientras los ojos lentamente
comenzaron a cerrársele, piratas de ojos más azules que el mar Caribe, y cabello negro como la
medianoche.
Piratas escoceses que llevaban faldas típicas del país, y no mucho más.
Derek observó a Rosalyn luchar contra su propio agotamiento hasta que finalmente cayó
profundamente dormida.
No podía recordar la última vez que una mujer le había capturado la completa atención. O
lo había excitado. Sin embargo, era ahora su protector, y no podía aprovecharse de ella a so capa
de ayudarle.
Incluso el más licencioso de sus amigos Buscadores de Placer, Hunter Manning, no haría
cosa tal. Había muchas razones por las cuales Hunter era apodado «el Infame»; la habilidad que
poseía de escabullirse dentro y fuera de la alcoba de cualquier mujer sin ser descubierto era la más
simple de todas.
Derek dudaba que existiese mujer viva que pudiera lograr que el bribón cayera en la
trampa. Era muy versado en los trucos que podían endilgar a un hombre el estado de
matrimonio, mas eso nunca impedía que las mujeres se le tirasen encima.
Derek no podía entender cuál era el atractivo de su amigo. El tío era cínico y, como regla
general, no confiaba en las mujeres; las consideraba lobos en prendas elegantes. Dudaba que
existiese una mujer que dejara pasmado a su amigo, pero deseaba estar cerca si tal cosa llegara a
suceder.
Sin embargo, ninguno de ellos se aventajaría de una mujer vulnerable. Y, a pesar del rostro
valeroso de Rosalyn, era una muchacha asustada en una situación insostenible. Derek estaba
impresionado al ver lo bien que había soportado ella todo eso. Otra mujer se habría atrincherado
en su habitación en continuo soponcio, dando respingos ante cada ruido. Rosalyn, no.
Derek sonrió al recordar la vista que encontró cuando arremetió en la alcoba de Rosalyn,
casi esperando encontrarla envuelta en una escaramuza con otro secuestrador.
La rubia cabellera larga hasta la cintura se balanceaba como un péndulo contra la esbelta
espalda al tiempo que ella rebotaba hacia arriba y abajo sobre la tapa del baúl, retazos de prendas
y bragas volados derramándose por el borde.
Pero lo que había dejado a Derek mudo por un momento fue la visión de ella al ponerse de
pie, el hermoso rostro ruborizado por el esfuerzo y el cuerpo cubierto por un recatado pero
revelador y ceñido vestido de día.
La imagen casi le detuvo los latidos del corazón. Había querido tomarle entre sus brazos y
hacerle todas aquellas cosas que le habían estado torturando la mente desde que posó la vista en
ella: tocarle todo el cuerpo, hacerla gemir de deseo. Pero ella era una dama, dulce, inocente, e
ignorante de las costumbres de los hombres. Sin embargo, ¡cuánto deseaba poder enseñarle!
Quizás lo que era aun más sorprendente en ella era que no tenía idea de lo gloriosa que se
veía. Si le preguntaba si se creía hermosa, ella se mofaría de él, pero ningún hombre que posase la
vista en ella lo pasaría por alto.
Sin embargo, durante las pocas semanas desde que Derek la había conocido, se había
encontrado a sí mismo observando más allá de la belleza exterior y disfrutando más lo que había
en el interior de Rosalyn: el simple placer de su compañía, la cadencia musical de su risa, su dulce
inteligencia. Le había embelesado, y aún continuaba así.
El carruaje comenzó a aminorar la marcha y Derek miró por la ventana. Notó que había
pasado mucho tiempo. El sol había comenzado a transformarse en una feroz bola roja que se

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Melanie George – La novia robada del highlander

hundía en el horizonte al tiempo que se detuvieron frente a la George and Dragon, una pintoresca
posada con un amplio suministro de cerveza y un suministro más amplio aún de camareras. Se
había detenido allí con frecuencia a lo largo de los años, y mientras que la idea de tener una cálida
mujer en la cama le resultaba tentadora, la descartó.
—Hemos llegado, milord —bramó el conductor al abrir la portezuela del carruaje de par en
par.
—Silencio, hombre —gruñó Derek, señalando a la dormida Rosalyn con un movimiento
de cabeza. Sabía que no había descansado demasiado la noche anterior; la había escuchado
caminar de aquí para allá en la habitación. Casi una media docena de veces se había encontrado a
sí mismo encaminándose hacia la puerta; no quería otra cosa que abrazarla y decirle que todo iba
a ir bien.
—Perdón, mi señor —dijo el conductor en un susurro—. ¿Quiere que vaya en busca de un
hombre que cargue a la dama hasta su habitación?
—¿Y yo qué soy? —dijo Derek entre dientes con frialdad, pasando junto al conductor con
Rosalyn acurrucada en sus brazos contra el pecho.
Arrugó el entrecejo al notar lo insustancial que se sentía. No se le había pasado por alto el
hecho de que había adelgazado; debía suministrarle un par de las buenas comidas de su cocinero.
Ingresó a la taberna y fue recibido sin demora por el propietario, quien sonreía
ampliamente al caminar balanceándose hacia él.
—Ah, mi señor. Qué agradable es tenerle de regreso. ¿Se hospedará durante mucho
tiempo?
—Solo esta noche.
La desilusión fue evidente en el rostro del propietario.
—¿Y quién es la adorable señorita?
A pesar de que Derek debería de haber estado preparado para contestar esa pregunta,
sorprendentemente, no lo estuvo.
—Es una pariente que necesita un lugar tranquilo para descansar.
El posadero se rascó la barbilla y entrecerró los ojos observando a Rosalyn.
—¿Una pariente, ha dicho usted? —El hecho de que ella no se parecía a Derek en lo
absoluto no pasó desapercibido ante la mirada del grueso hombre, pero sabiamente se guardó
esos pensamientos para sí—. Tengo el sitio perfecto para su, eh…
—Prima —completó Derek sin inmutarse.
—Por supuesto. Su prima. ¿Necesitará, entonces, dos habitaciones separadas?
—Sí, dos habitaciones.
El posadero asintió con un movimiento de cabeza y rodó escaleras arriba. Al final del
pasillo, abrió ampliamente una puerta.
—Aquí tiene. —Con un ademán de la mano, invitó a Derek a entrar—. La mejor
habitación de la casa.
«La mejor habitación» pareció ser una descripción inexacta cuando Derek recorrió el lugar
con la vista. Estaba amueblado con lo mínimo indispensable. Quería que Rosalyn estuviese
cómoda.
—Quisiera una tina y agua caliente en la habitación. Mi prima quizás desee tomar un baño
en caso de que despierte.
—Ya mismo me encargaré de eso, señor. Su habitación está justo aquí. —Indicó con un
gesto la puerta contigua, y Derek no estuvo seguro de si debía agradecerle por facilitarle las cosas
o estrangularlo por ponerle la tentación al alcance de la mano—. ¿Desea algo más?
—Comida —contestó Derek—. Y mucha.
El hombre asintió obedientemente y se retiró de la habitación.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Derek ubicó a Rosalyn sobre la cama y dio un paso atrás para observarle. Ella giró de lado
y deslizó las esbeltas manos bajo la mejilla como apoyo. Un débil rayo de luz le bañaba el rostro
con un brillo dorado, resaltando la pálida belleza y haciéndole parecer etérea.
Los pensamientos de Derek no eran ni por poco tan celestiales. Imaginaba quitarle las
prendas del cuerpo con lentitud, despertarle con los labios sobre su boca, mirarle a los inocentes
ojos azules mientras las manos le tomaban de los hermosos pechos, tan redondeados y formados,
una munificencia en un marco tan pequeño.
Ella no quitaría la mirada de él mientras con la mano guiaba el pene dentro del ceñido
pasaje, gimiendo por lo bajo mientras él se deslizaba sensualmente en su interior, haciendo una
pausa gentil ante su feminidad antes de atravesarla y reclamarla para sí, con el cuerpo en ruinas
por la agonía del disfrute.
Se mecería hacia adentro y fuera de ella, se zambulliría hasta la empuñadura y con cuidado
se retiraría completo, una y otra vez, manteniéndose a raya al sentir los signos de la pasión de
Rosalyn, la cueva cálida y húmeda ciñéndose a su alrededor, apretujándole, incitándole hacia
adentro, con las uñas clavadas en su espalda mientras le insistía para que continúe hasta llegar al
orgasmo, el grito de placer sonando en los oídos de Derek.
Respiró profundo, los pantalones moldeaban la erección que lindaba con el dolor mientras
abría la ventana para enfriar el acalorado cuerpo. Los pensamientos se volvían más y más
indecentes a diario, el cuerpo más lujurioso. Rosalyn era una dama y debía ser tratada como tal.
No quería asustarla.
Dirigió la mirada hacia la figura durmiente y pensó que parecía un ángel. Derek se preguntó
si dormiría siempre tan profundamente o el puro agotamiento se había apoderado de ella.
Reprimió el deseo infantil de despertarla, aunque más no sea por otra razón que para conversar
con ella. Ella siempre le divertía con sus historias.
Un golpe a la puerta lo obligó a volver en sí a tiempo para ver a su tío asomar la cabeza.
—La muchacha está durmiendo, veo.
—Tus poderes de observación son sorprendentes —dijo Derek arrastrando las palabras
mientras se quitaba los gemelos y los guardaba en el bolsillo.
—No te pongas insidioso, muchacho. Solo quería asegurarme de que estuviese bien.
—La próxima vez, espera a que te contesten después de golpear. Ella podría haber estado
desvistiéndose.
La comisura del labio de Darius dibujó una sonrisa.
—Y sospecho que habría sido una atractiva vista, claro que sí. —La cara de pocos amigos
de Derek no disuadió al tío—. Ya que estamos hablando del tema, ¿por qué estás tú aquí? ¿Tu
bella «prima» necesita una doncella para que le cepille la rubia cabellera? ¡Qué imagen! El
poderoso terrateniente jugando a ser la doncella de la dama.
—Estás agotando mi paciencia, tío.
Darius se mofó de él.
—Muchacho, muy ladrador eres tú. Si los muchachos Trelawny supiesen lo blando que
eres, sospecho que ya te habrían destronado a estas alturas.
La única persona que consideraba a Derek como remotamente blando era su tío, y era solo
porque Derek lo había tratado con el respeto que le debía por la edad.
—Les invito a intentarlo —contestó Derek—. Ya que te sientes tan sabio, quizás puedas
arrojar un poco de luz acerca de quién está detrás de las cosas extrañas que han estado
sucediendo últimamente.
Darius se enderezó. Las pobladas cejas se unieron en un arrugado y profundo entrecejo.
—¿Insinúas que soy un traidor?
Derek no tenía más paciencia para soportar los interminables dramas del tío y contestó con
brusquedad:
—Es una pregunta directa. Tienes tanto que ganar con mi muerte como cualquier otro.

24
Melanie George – La novia robada del highlander

La mano del tío apretó fuerte el picaporte.


—Haré de cuenta que no escuché la pregunta, entonces. Y que tu amado padre, que en paz
descanse, nunca sepa lo que me has preguntado hoy. Que tengas buenas noches.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 4

Derek se pasó una mano por el cabello y maldijo por lo bajo. ¡Qué maldito día! Primero,
secuestradores, ahora eso. No quería ni pensar qué podría suceder a continuación.
No estaba seguro de qué le había motivado a acusar a Darius de ser desleal. Su tío siempre
había estado a su lado. Había sido su mentor cuando su propio padre había estado demasiado
ocupado, y le había ayudado a superar algunos de los peores momentos de su vida. Cuando
Derek finalmente había aceptado cumplir su deber legítimo y había tomado el lugar de su padre
como señor de sus tierras, Darius había cacareado de alegría como un gallo. Debería disculparse
en la mañana. Ahora, sin embargo, debía ocuparse de su propia carga.
Derek giró hacia la cama, esperando encontrar a Rosalyn aún dormida, pero descubrió un
par de somnolientos ojos azules clavados en él con curiosidad.
—¿Dónde estamos? —murmuró ella, con el cabello enroscado sobre la cabeza como una
nube dorada, lo que provocó en Derek el deseo de acariciarlo con los dedos. No había sido capaz
de contenerse de enredar un mechón en la mano cuando la había llevado en brazos hacia el piso
superior.
—Estamos en una hostería en las afueras del límite norte.
Ella se sentó contra los cojines.
—¿Te detuviste por mí?
—No, en absoluto. —Aunque, en verdad, ella había sido su principal preocupación. Estaba
acostumbrado a recorrer largas distancias sin detenerse, pero el viaje habría afectado a Rosalyn en
gran medida.
Parecía ser tan frágil, y él se preguntaba cómo lo sobrellevaría. Quizás debería haberle
llevado a un lugar diferente, o haberle dejado con otra persona. No había pensado con claridad.
Había otros asuntos que considerar además de la reacción de su clan. Estaba Megan, también.
Conocía a Megan desde que eran niños, y aunque pertenecían a clanes opuestos, los
conflictos no les habían afectado. Oh, él había intentado mostrarse severo con ella. Un niño de
ocho años fingiendo ser un poderoso líder de guerra, y ella con sus cinco años le perseguía por
todos lados, pensando que él era ridículo pero que, no obstante, valía la pena el esfuerzo. A
medida que transcurrieron los años, él había llegado a valorar su amistad.
¿Qué pensaría ella de esa nueva invitada de la casa?
—En general, hacemos aquí una parada antes de continuar —dijo él—. El terreno a lo
largo de la línea de la costa puede llegar a ser peligroso después del anochecer, y hay que
considerar a los clanes limítrofes.
Rosalyn arrugó el entrecejo levemente.
—¿Clanes limítrofes?
Derek miró por la ventana hacia la noche despejada, la luna en la cima de las ramas de los
árboles bañados en sombras.
—Existen cuatro clanes limítrofes, y monitorean con ferocidad quién va y quién viene,
especialmente si huelen de que se trata de ingleses.
—¿Qué diferencia hay si la persona es inglesa? La discordia entre Inglaterra y Escocia no
existe más.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Existe en las mentes de algunos escoceses perseverantes. Tenemos buena memoria y


tenemos inclinación a aferramos a nuestras costumbres. Los escoceses podemos ser un grupo
desconfiado por naturaleza.
—Has dicho «tenemos». ¿Te consideras escocés, entonces? Te pareces mucho más a un
inglés. Tu acento es impecable.
Derek giró hacia ella y se reclinó con el hombro contra el muro, algo en las palabras de
Rosalyn tocó una llaga en él.
—A pesar de mi exterior caballeroso, soy uno de esos escoceses bárbaros.
El goce en los ojos de Rosalyn se apagó un poco, y Derek se maldijo a sí mismo, sabiendo
que ella no le había estado juzgando como tantos otros, sino que simplemente le preguntaba por
curiosidad.
—Hablo así porque me facilita las cosas —dijo él— y prefiero tener la menor cantidad de
problemas posible.
—Comprendo. —Desvió la mirada de él y comenzó a juguetear con la manga del vestido.
—¿Y qué es lo que crees comprender?
Ella le echó una rápida mirada de soslayo.
—Que tú crees que yo te causaré problemas. No tienes por qué preocuparte, soy
perfectamente capaz de cuidarme sola. Por lo que si deseas viajar si mí, estaré bien.
Derek se contuvo antes de sonreír. La muchacha no solo era valiente sino testaruda
también, y quizás tenía una saludable dosis de carácter, lo que podría llegar a ser interesante.
—¿Siempre sacas conclusiones apresuradas? —le preguntó. Se alejó del muro y se detuvo
junto al borde de la cama, observando cómo los ojos de Rosalyn se abrían más y más con cada
paso que daba.
Le acarició la mejilla con un dedo, lo que dejó a Rosalyn incapaz de tener un solo
pensamiento coherente mientras él surgía ante ella, grande y fuerte.
En la débil luz, con pelos de barba manchándole la quijada y el cabello levemente revuelto,
Rosalyn entendió que su afirmación no había sido en vano. No era el refinado caballero que ella
había creído. Simplemente había hecho lo que la sociedad inglesa esperaba de él mientras estaba
inmerso allí.
Ahora que estaba lejos de Londres, podía ser él mismo, la mera posibilidad de que
ocurriese le provocó un escalofrío. Había creído que él sería el hombre cortés y educado que
había sido hasta ese momento, aunque un poco distante. Ahora, al mirarle a los ojos, vio allí un
fuego contenido, y todo en su interior respondió a eso.
Se humedeció los labios.
—Si me he equivocado, por favor, perdóname. Simplemente no deseo ser una carga.
—¿Te he hecho sentir como si lo fueras? —le preguntó vertiéndole la voz sobre ella como
seda.
—No, pero…
—¿Confías en mí? —La encontró con la mirada, y todas sus preocupaciones
desaparecieron. Quizás no lo comprendía del todo, pero sí confiaba en él.
Asintió con un movimiento de cabeza.
—Pues bien —murmuró él, posando la palma de la mano sobre su mejilla y el dedo pulgar
alisándole la piel, lo que provocó en Rosalyn el deseo de cerrar los ojos e inclinar la cabeza para
recostarse en la calidez de la mano.
El momento se rompió con un golpe a la puerta. Derek bajó la mano antes de girar hacia la
puerta y decir con brusquedad:
—Adelante.
Un hombre grueso asomó la cabeza.
—El baño de la señora está listo, milord. ¿Lo ingresamos?
Derek indicó al hombre que entrara con un ademán.

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Melanie George – La novia robada del highlander

El posadero ingresó a la habitación seguido de dos muchachos, con ambos rostros


angelicales manchados de suciedad y los pequeños pies descalzos. Rosalyn se compadeció por
ellos. Deberían estar en la cama a esa hora, y no acarreando agua para su baño. De seguro, se
sentiría divino, pero era innecesario, ya que había tomado un baño esa misma mañana.
Desplazó las piernas hasta el borde de la cama, caminó hasta el gabán y tomó el monedero
con cuentecillas. Sacó dos monedas y giró para entregar una a cada muchacho, pero una mano en
la muñeca la detuvo. Levantó la vista y encontró a Derek arrugándole el entrecejo.
—Guarda eso —le dijo con una voz que no dejaba lugar a la réplica.
—Pero yo…
—Me encargaré del asunto. —Hablaba con voz calma, pero la dura mirada decía algo
completamente distinto.
Se apartó de ella y condujo a los muchachos y al propietario fuera de la habitación.
Permaneció con ellos durante un momento y entablaron una conversación en voz baja antes de
que la puerta se cerrase con un chasquido.
Estaba ahora sola con él.
Otra vez.
Volvió a sentir deseo, imágenes de él dándole un baño, o tomando el baño con ella, con un
paño húmedo y cálido frotándole sobre los hombros y el pecho… y más abajo.
Sin embargo, una mirada le indicó que tomar un baño, con o sin ella, era lo último que él
tenía en mente. Su alta figura irradiaba tensión mientras la observaba con los ojos entrecerrados.
—Nunca más meterás la mano en tu monedero para nada. ¿Comprendes? Si necesitas algo,
acudirás a mí.
Rosalyn lo miró fijo, sorprendida por tal vehemencia y audacia. A ella no le faltaba el
dinero ni la capacidad de decidir cómo gastaría sus fondos. Esas monedas no le harían más pobre
y de seguro, habrían ayudado a esos dos muchachos.
—No es posible que te haya entendido correctamente.
—Me has entendido correctamente.
—A mí nadie me dice lo que tengo que hacer.
—Lo he notado. Ahora, ¿necesitas ayuda para desvestirte?
El cambio de tema, rápido como un rayo, dejó a Rosalyn momentáneamente desorientada.
—¿Perdón?
—Debe de haber al menos dos docenas de botones para desabrochar. Nunca entenderé
por qué hacen las prendas femeninas tan frustrantes. Pequeñas cuentas de perlas que van desde el
cuello hasta tu… —Arrugó el entrecejo—. No tiene ningún maldito sentido.
El prospecto de que él le ayudara a desvestirse le resultaba a la vez atractivo y
desconcertante.
—No sé en qué estás pensando, milord. Si esperas algún tipo de recompensa por tu
generosidad, te lo agradeceré, pero nada más.
Derek la observó durante un instante, luego echó la cabeza hacia atrás y rió.
—¿Crees que estoy intentando seducirte? —Indicó la tina con un ademán—. Simplemente
intento asistirte mientras el agua aún está caliente.
El hombre era en verdad despreciable. ¿No podría haber expresado sus intenciones desde
el principio?
—Gracias por el ofrecimiento, pero si eres tan amable de enviarme una doncella, de seguro
estaré bien.
Él negó con un movimiento de cabeza.
—No hay doncellas aquí, me temo.
—Debe de haber una. Cualquier mujer servirá, ¿la esposa del propietario, tal vez?
—No tiene esposa.
—¿Una camarera, entonces? ¿No vas a decirme que no hay ninguna?

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Hay muchas, pero no querrías que ninguna de ellas te ayude.


—¿Y por qué dices eso?
—Tienen inclinación por robarles a las personas sin que lo noten.
Rosalyn se mofó.
—El posadero nunca permitiría que suceda una cosa así.
Derek enarcó una ceja.
—El propietario se queda con la mitad de todo lo que toman.
Rosalyn lo miró fijo.
—¿Quieres decir que aprueba lo que hacen?
—Él insiste sobre eso. ¿Te ha parecido que el hombre era un santo?
Rosalyn no había sido nunca una mujer que juzgara a primera vista, pero era verdad que
había algo de malvado en el posadero, y tenía algo moderadamente siniestro en los finos labios, y
la manera en que la había observado cuando se marchó, le había resultado un poco escalofriante.
Le había recordado a la manera en que Calder siempre la miraba.
Rosalyn levantó la barbilla.
—Si lo que dices es verdad, ¿entonces por qué te hospedas aquí?
—Porque el hombre sabe bien que no soy un pichón que pueda desplumar.
A pesar de que el tono de voz era calmo, Rosalyn se estremeció. ¿Cómo no lo había notado
antes? Él era peligroso. Debería venir con un cartel para advertir a los desprevenidos.
—Pues bien —dijo ella con las manos en las caderas—, supongo que deberé ingeniármelas
sola.
Derek se cruzó de brazos sobre el pecho con una media sonrisa diabólica.
—¿Estás segura?
El corazón de Rosalyn dio un vuelco.
—Así es.
Él suspiró.
—Debo marcharme, entonces. —La manera cansina en que caminó hacia la puerta fue tan
cómica que Rosalyn tuvo que reprimir una sonrisa. Derek miró por sobre el hombro al tiempo
que tomó el picaporte—. Si no hay nada más que pueda hacer…
Rosalyn sintió un extraño descontento al verle partir.
—Pues, sí. Hay algo.
Él levanta las cejas de tal modo que ella entendió lo que Derek había creído de qué se
trataba. Arrugó el entrecejo, y él tuvo el buen tino de mostrar su disgusto.
—¿De qué se trata?
Rosalyn se mordisqueó el labio inferior.
—Puede sonarte extraño, pero…
—¿Sí?
—Pues, siempre he sentido curiosidad sobre la vida de las mujeres que tienen un empleo.
Él se vio confundido.
—¿Porqué?
—Me agradaría saber qué se siente ganar mi propio dinero.
—No desees algo que en realidad no querrías. Los días son largos y el trabajo es
desagradable. Cualquiera de ellas daría un ojo de la cara para intercambiar lugares contigo.
—He pensando en escribir sobre el tema, ¿sabes? Desde una perspectiva femenina. ¿Has
notado alguna vez que todos los artículos periodísticos están escritos desde el punto de vista
masculino?
Derek rió entre dientes.
—Me temo que no es exactamente un concepto nuevo.
—Entonces, de seguro es tiempo de un cambio.
—¿Y crees que puedes llevar a cabo ese cambio?

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Melanie George – La novia robada del highlander

—¿Crees que no puedo?


—No tengo ninguna duda de que puedes hacer cualquier cosa que te propongas, pero a lo
largo de la historia, las escritoras han sido apedreadas verbalmente. Una mujer como esa debería
ser muy fuerte como para sobrevivir a las hondas y las flechas.
—Soy mucho más fuerte de lo que parezco. —Rosalyn levantó la barbilla.
Esos ojos azul cobalto la evaluaron minuciosa y malvadamente.
Una sensación de fuego e indignación creció en ella.
—No me refería a la fuerza física, milord.
—Sin embargo, debes admitir que no pareces exactamente del tipo fuerte.
—¿Y de qué tipo parezco?
—¿La verdad?
—Por supuesto.
—Pareces… mimada. No puedo imaginar que hayas tenido un día de ardua labor en tu
vida.
Rosalyn lo miró fijo, sorprendida y herida por tal apreciación.
—¿Mimada? Déjame decirte que nunca he sido mimada en toda mi existencia. Pasé buena
parte de mi vida en la costa de Cornwall, que no es un lugar adecuado para mujeres consentidas.
—No hay necesidad de que te defiendas ante mí. Has nacido una dama. No espero que
conozcas un estilo de vida diferente al que has tenido.
No parecía creer que una dama valiera demasiado. Pues bien, debería demostrarle que
estaba equivocado.
—Soy mucho más capaz de lo que imaginas.
—Y estoy deseando que me reveles cada una de tus habilidades. —Tal comentario sonó
seductor, y se correspondía con el brillo en la mirada de Derek—. Pero, ¿creo que estabas
elogiando las virtudes de las mujeres trabajadoras?
—Simplemente estaba diciendo que me agradaría conocer un poco más el estilo de vida
diario de esas mujeres. Quizás si alguien expusiese las condiciones en las que se ven forzadas a
trabajar, las cosas podrían cambiar.
—Es un bello pensamiento, pero no sucederá.
—¿Por qué no?
—Porque a la gente debería interesarle, y muy pocos lo hacen.
—A mí me interesa. De hecho, podría empezar mi investigación con las mujeres de aquí.
—No querrías asociarte con este tipo de mujeres en particular.
—¿Por qué dices eso? No le temo al robo.
—No es el robo lo que me preocupa. Más bien, que atienden a los clientes masculinos.
—¿Atienden?
—Decir que prestan un servicio, quizás sea más adecuado.
La imagen de una mujer de rodillas y un hombre con una mirada carnal inundó la mente de
Rosalyn.
—Ah.
Un rubor le acaloró las mejillas.
Derek rió.
—Ah, claro que sí.
Rosalyn apoyó las manos en las caderas: no lo encontraba divertido.
—¿Imagino que conoces los talentos de esas mujeres de primera mano?
No estaba segura qué le había llevado a hacer tal pregunta, o por qué la idea de Derek en
los brazos de una de las camareras de la taberna le molestaba. El no le pertenecía, como ella
tampoco le pertenecía a él. ¡Pero cómo quería hacerlo!

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Melanie George – La novia robada del highlander

Derek se inclinó hacia adelante, inquietantemente cerca de su rostro. El cálido aliento le


resoplaba sobre el cuello; los labios a un cabello de distancia de su oído. Después, dijo con una
voz calma en apariencia:
—La respuesta es no. Nunca he perdido mi tiempo con ninguna de las camareras. ¿Te deja
eso más tranquila?
—Estoy perfectamente tranquila. —Era el cuerpo el que se sentía extrañamente tenso—.
Pero estábamos conversando sobre la situación apremiante de las camareras. Dudo que en verdad
quieran robar o… —una sensación de calor le inundó las mejillas— hacer esa otra cosa.
—El sexo es una cosa muy natural entre un hombre y una mujer, ¿sabes?
Rosalyn rogó que los pensamientos no se le revelasen en el rostro.
—Por supuesto. Sin embargo, eso no significa que yo pueda hacer el amor con un hombre
sin amarlo.
El silencio que sucedió después del comentario cayó sobre ella como gruesas olas, y
Rosalyn sospechó que Derek pensaba que ella era provinciana y ridícula.
No era tan inocente como para no entender que la gente copulaba solo por placer. Tenía la
sospecha de que Derek lo hacía todo el tiempo. No parecía ser un hombre que negara sus
necesidades físicas.
—Tu compromiso es admirable —dijo él finalmente—. Debes aferrarte a tus convicciones.
No deseches lo que tienes para ofrecer; el hombre correcto hará cualquier cosa para tenerte.
La intensidad de la mirada de Derek le cortó la respiración.
—¿Realmente lo crees? —preguntó con suavidad.
—Sí. —Luego, se inclinó y la besó.
Rosalyn se sentía arder. Las llamas del deseo le lamían la piel, pidiendo a gritos ser aplacada.
Las cosas que un simple beso podía lograr, la exquisita presión que creó cuando inclinó los labios
sobre los de ella, suaves gemidos arrancados del fondo de la garganta. Se sintió nerviosa, como
una extranjera en su propio cuerpo.
Tentativamente, deslizó los brazos sobre los hombros de Derek, siguiendo los lustrosos y
musculosos contornos hasta el cuello para enredar los dedos en el grueso y sedoso cabello, como
había deseado hacer durante semanas.
El dolor que le había comenzado en el pecho se convirtió en un latido sordo entre los
muslos, incrementándose con cada caricia de su lengua.
Él rompió el contacto, dio un paso hacia atrás, luego otro, como si intentara escapar.
Rosalyn estaba agradecida. Era demasiado masculino y hermoso, demasiada tentación. Y, aunque
él pudiese sentir deseos de ella, nada bueno podría resultar de eso.
—Es tarde —dijo con una voz áspera.
—Sí —susurró ella, abrazándose la cintura con los brazos.
Sin decir más, caminó hacia la puerta dando largos pasos. La abrió y la cerró sin producir el
más mínimo sonido. Se había ido; solo quedó el débil aroma de sándalo para marcar su territorio.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 5

Derek caminaba de aquí para allá sobre las deterioradas maderas del piso de la taberna
oscura la mañana siguiente. Varios clientes roncaban alejando la indulgencia excesiva, mientras el
reloj que colgaba torcido sobre el muro marcaba el tiempo con el rítmico taconeo de las botas de
Derek. Volvía la mirada una y otra vez hacia las escaleras que daban a las habitaciones superiores,
desde donde Rosalyn aún no había aparecido.
Había tenido una noche agitada, deambulando en los confines de su habitación, atento a
cualquier ruido que pudiese provenir del lado de la puerta de Rosalyn. Su seguridad no había sido
el único asunto que tenía en mente: la dulzura del beso lo había atormentado.
El creciente deseo que sentía por ella lo había atrapado en una tensión sexual sin salida, y
finalmente, se había obligado a sí mismo a ir a la cama hasta que el sol trepase por el horizonte.
Había estado muy seguro de que podría vencer con la mente su atracción por ella hasta la
sumisión. No sabía cuan difícil sería.
—¿Un trago para calmar los nervios, milord?
El posadero sostenía una bandeja con una gran jarra de cerveza sobre ella. Derek la tomó y
arrojó un manojo de monedas sobre la bandeja.
Con una sonrisa ambiciosa, el propietario contó sus ganancias mientras caminaba
pesadamente hacia la cocina para ladrarles órdenes a sus empleados.
Derek bebió un sorbo del brebaje que sabía a mil demonios e hizo una mueca. Orina de
oveja. ¿Qué más podía esperar? Nadie hacía la cerveza como los de las Tierras Altas, y su clan
producía la mejor de toda Escocia.
Opulentos, oscuros lúpulos eran añejados en gruesos barriles de roble hasta que llegaban a
su punto justo de madurez. La gente viajaba largas distancias simplemente para probarla. La
cerveza era parte del plan que había implementado para recuperar los fondos del clan, que su
padre había reducido en gran medida haciendo la guerra con las familias rivales.
Su padre había sido un buen líder, pero demasiada sangre caliente le había corrido por las
venas. Solía agradarle decirle a Derek que nunca sería realmente un gran terrateniente dado su
linaje inglés.
Derek había resistido la urgencia de recordarle a su padre que no había sido suya la elección
de su origen. Su padre tenía memoria selectiva y prefería creer que Derek había sido concebido
por otro medio diferente del usual; y cuando estaba ebrio, iba un paso más allá y acusaba a su
mujer de haberle sido infiel.
Derek recordaba cuánto tiempo había pasado en su niñez odiándose a sí mismo y
preguntándose cómo dos personas que se desagradaban tanto habían terminado siendo marido y
mujer.
Con esfuerzo, retrajo ese recuerdo y giró hacia las escaleras al escuchar pasos que
descendían. Una figura emergió de las sombras, pero no era la persona que él había estado
esperando.
La espalda de la mujer tenía una leve joroba y el rostro estaba muy avejentado y aparentaba
más años de los que tenía. La había contratado en un pueblo cercano esa mañana y le había
ofrecido una muy buena cantidad de dinero para asistir a Rosalyn.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—La muchacha bajará en un momento, milord —le dijo respirando con dificultad—.
Permítame decirle que la niña es muy adorable. Si solo mis propias hijas fuesen tan bellas, quizás
podrían encontrar candidatos adecuados. —Suspiró, resignada a su destino—. Si eso es todo lo
que necesita…
—Sí —contestó Derek distraído. La mirada insistía en desviarse hacia las escaleras.
—Pues, que tenga buenos días, entonces. Recuerde a la vieja Martha la próxima vez que
estén en el pueblo.
Derek apenas si escuchó una palabra de la mujer ya que unos delicados pasos hacían una
lenta progresión por las escaleras. Cada músculo de su cuerpo se tensó, y una agitación inusitada
lo poseyó. Desde el día que había conocido a Rosalyn, parecía no poder liberarse del efecto que
ella causaba en él.
—Bueno, bueno. Si no es otro que el rey Manchester —dijo una voz tras él arrastrando las
palabras.
Las manos de Derek se cerraron en puños a ambos lados del cuerpo al girar sobre sus
talones para enfrentar a la persona que le estaba hablando, un hombre que apenas podía tolerar la
mayor parte del tiempo, y con quien a menudo había contemplado la idea de cortar toda relación.
Tal tarea habría sido más fácil si el hombre no hubiese sido su hermano, o medio hermano, en
realidad. Su padre se había descarriado a menudo, si lo que las historias contaban era cierto, pero
ninguna de las mujeres había ofrecido un hijo, excepto una.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Derek, tenso, haciendo el esfuerzo por mantener
su ira bajo control. Su hermano tenía la extraña costumbre de aparecerse en las más inoportunas
circunstancias. Parecía que el único propósito en la vida de Ethan era molestarlo, y lo lograba
mucho más de lo que Derek admitiría jamás.
—¿Qué manera de recibir a tu amado hermano es esta? De seguro, estarás encantado de
verme, ¿no es así?
Derek se negó a dejarse enrollar. Ethan disfrutaba de incitarle hasta que estuviesen a un
centímetro de distancia de comenzar a los puñetazos, siempre haciéndolo ver como que había
sido Derek quien había perdido los estribos primero, o que Derek sentía envidia por su hermano
por lo que Ethan consideraba su legítima herencia.
Algunos de su clan eran de hecho comprensivos con Ethan. Era un bastardo, no
reconocido nunca por su padre; e irónicamente, la única persona con una razón para rechazarle
había sido la que se aseguró de que tuviese educación y que recibiese una pequeña porción de la
herencia: la madre de Derek.
Lady Emmaline se había negado a que sintiesen lástima por ella o a mostrarse como el
hazmerreír porque su esposo había hecho ostentación de sus pecados. En cambio, había utilizado
esas transgresiones, echándoselas en cara en cada oportunidad que se le presentaba. ¿Y qué mejor
manera de hacerlo que criar al hijo que se negaba a reconocer?
Para acrecentar la ironía, Ethan era en verdad más merecedor de ser el señor de las tierras
que Derek. Ethan era el primogénito, bastardo o no. Y la madre de Ethan había sido una princesa
escocesa, aunque su clan había perdido todo tiempo de prosperidad cuando ella era una niña.
En los quince años posteriores al nacimiento de Ethan, el clan de su madre se había
convertido en un grupo nómade, principalmente carroñeros, buhoneros y vagabundos. La
mayoría de los escoceses pensaban que eran la peste, y a menudo, los trataban como si fuesen lo
más bajo de la humanidad.
Cuando Ethan llegó para vivir con ellos, Derek había sentido pena por su medio hermano,
había querido conocerlo y compartir un lazo con él. Tenían un enemigo común, su padre, quien
no los consideraba bueno a ninguno de los dos. Y habían sido ambos títeres en la guerra entre los
padres de Derek.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Sin embargo, Ethan había elegido mantener distancia, y odiar a su medio hermano con
cada fibra de su ser, hasta que Derek no tuvo más remedio que también odiarlo a él en
retribución.
—Repito —dijo Derek—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Ethan apoyó el hombro sobre un pilar de madera y sonrió con aire burlón.
—Nunca cambias, ¿verdad, hermano? Siempre piensas que el mundo te pertenece a ti y a
nadie más. Odio ser el que haga trizas tu castillo de cristal, pero el resto de nosotros tenemos
tanto derecho como tú de estar aquí. Por lo que mejor será que te acostumbres.
—El resto del mundo puede quedarse. Tú, en cambio, puedes mandarte a mudar de aquí.
Ethan chasqueó la lengua.
—Esa no es una actitud cariñosa. Sabes lo que solía decir nuestra madre: Es mejor dejar la
venganza a nuestro Señor. No hagas oídos sordos de ese consejo si sabes lo que es bueno para ti.
Aunque nunca has sido muy bueno en eso, ¿no es verdad?
Derek sintió un nudo familiar que le tensó la quijada.
—¿Nuestra madre? ¿De seguro no te estarás refiriendo a mi madre? Tu madre era una
prostituta que eligió abrir las piernas y después abandonarte con mi familia.
La leve tensión sobre los hombros de su medio hermano fue la única evidencia externa de
que Derek le había dado en el blanco. Ethan siempre había podido controlar mejor sus
emociones, y eso, quizás mucho más que ninguna otra cosa, avivaba la ira de Derek al máximo.
—¿Cómo he podido olvidarlo? —respondió Ethan con una sonrisa de burla—. Tú y
nuestro difunto padre no perdían oportunidad de recordarme mi ilegitimidad. Pero lady
Emmaline, bendito sea su corazón inglés, me amó como no lo pudo hacer mi propia madre. Me
tomó bajo su ala y me crió como un pollito, y mírame ahora. Bastante formidable, ¿no lo crees?
No soy más el desaliñado pilluelo que puede ser intimado.
—No te engañes. Debajo del acento refinado y las prendas elegantes, aún eres el golfillo
flacucho y sucio que fue dejado en el umbral de nuestra puerta. Y nunca has sido intimidado;
siempre eras tú el instigador. Atormentabas a los niños de la aldea, les tirabas rocas a los
granjeros, les disparabas a las gallinas por pura diversión; y luego, sucedieron esos «accidentes»
que tuve, como la caída de mi caballo cuando tenía quince años de edad y me rompí la pierna, o
aquella vez que me quedé encerrado en la bóveda. Nadie me encontró por tres días. Podría haber
muerto.
—Sin embargo, aquí estás, vivito y coleando, y por desgracia, sigues siendo el mismo.
—No gracias a ti —dijo Derek, energético, sentía los puños latir por apretarlos con tanta
fuerza.
—Siempre lo has dicho. Te las has ingeniado para volver a todo el clan en mi contra y tuve
que partir hacia América para vivir con la hermana piadosa de lady Emmaline.
—Ese año sin ti valió la pena todo el sufrimiento.
—Me imagino que has pasado cada momento de vigilia rezando para que mi barco se
hundiera.
La vida de Derek habría sido mucho más fácil si Ethan se hubiese marchado para no
regresar jamás. Sin embargo, por mucho que había odiado a su hermano, nunca le había deseado
la muerte.
—¿Por qué hemos de hablar de lo que podría haber sido, hermano? —respondió Derek—.
Por alguna razón, mi madre te ha dejado un estipendio. Eres independiente en materia financiera,
¿por qué, entonces, no utilizas tus alijos para desaparecer en los vastos confines de la civilización?
Quizás puedas explorar el mundo de los pigmeos albinos o viajar a Francia y socializar con los
otros traseros pomposos.
Ethan se dio golpecitos en la barbilla con el dedo índice.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Tu sugerencia suena interesante; sin embargo, hay dos cosas que me detienen. La
primera es que tu difunta madre amaba más a su propia sangre, o me hubiera dejado las
propiedades.
—Van junto con el título —Derek le recordó con frialdad.
—El cual tú has rechazado, para vivir entre escoceses que nunca te aceptarán del todo. Sin
importar lo que hagas, nunca serás uno de ellos, a diferencia de mí. Mi sangre es pura. Qué
interesante ironía del destino.
Derek se obligó a sí mismo a relajar los puños.
—¿Y la segunda razón que te impide desaparecer? —preguntó Derek.
—Eso debería ser fácilmente reconocible —dijo Ethan encogiéndose de hombros—. Vivo
para molestarte. En verdad, ¿qué otro placer tengo? ¿Por qué negarme los placeres simples de la
vida?
Derek dio un paso en dirección a su hermano, quien imitó el movimiento, hasta que solo
centímetros los separaban.
—Te podría excluir del clan de forma permanente.
—Pero no lo harás, porque parecería que no has podido manejarme. Anímate, hermano.
Hay otras maneras de deshacerse de mí. Podrías ponerme una máscara y encerrarme en una
mazmorra con grilletes y decirle a la gente que simplemente un día me marché, y que no has
vuelto a verme o a saber de mí desde entonces.
—Sin embargo —continuó con una sonrisa de suficiencia—, no creo que puedas vivir con
tu conciencia. Ese siempre fue tu problema, ¿no es verdad? Nunca fuiste capaz de permitir que
recibiera mi merecido, incluso cuando nuestro padre se enteró de que debía de haber sido yo
quien aparentemente casi asesinaba al heredero en la bóveda. No le permitiste que me golpease;
tuviste que decir que quizás te habías encerrado allí por accidente, o que el viento podría haber
cerrado la puerta.
Ethan negó con un movimiento de cabeza y sonrió benévolamente.
—La conciencia es, a las claras, una carga, y me alegra no tener una. Puesto que, sin
importar lo que cueste, estoy dispuesto a demostrarle al clan que tú no eres la persona que ellos
creen. Mi misión es destronarte, y lo haré, pronto.
Antes de que Derek pudiera arremeter contra su hermano, un grueso brazo apareció entre
ellos.
—¿Ustedes dos nunca se cansan de estar atrás de la garganta del otro? —Derek echó a
Darius una mirada de odio, quien negó con un movimiento de cabeza lleno de reproche antes de
dirigir la vista hacia Ethan—. ¿Qué sucede contigo, muchacho? ¿Por qué albergas tanta ira y
resentimiento hacia la única familia que te queda? No debes vomitar tu veneno sobre él.
—¿Y sobre quién, entonces? —preguntó Ethan en un tono salvaje y con el músculo de la
quijada en tensión—. ¿Sobre ti?
—No. Mi alma adora la paz, como bien sabes. Pero esta contienda entre tú y tu hermano…
—Medio hermano —interrumpió Derek—. Y tengo mis dudas acerca de eso, teniendo en
cuenta quién era su madre.
La mano de Ethan salió disparada hacia el cuello de Derek, pero Darius lo empujó hacia
atrás.
—¡Basta! Dos adultos comportándose como niños. —Darius elevó las manos y se quitó del
medio de ellos—. Tú —apuntó a Derek con el dedo— tienes alguien que necesita de ti en este
momento. La pequeña muchacha no tiene a nadie más que la ayude. Si estás decidido a matarlo, o
a que él te mate a ti, pues que así sea. Pero no digas que no te avisé.
Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Ethan.
—Hablando de la pequeña muchacha… —Empujó a Derek para pasar junto a él y caminó
hacia las escaleras con largos pasos—. Buenos días, lady Rosalyn. No puedo expresar todo lo feliz
que estoy de volverte a ver.

35
Melanie George – La novia robada del highlander

Derek giró sobre los talones. Dios, se había olvidado de Rosalyn, y Ethan le sacó todo el
provecho, abalanzándose sobre ella como un tiburón, como hacía cada vez que Derek había
estado junto a ella en Londres. En esos momentos, como ahora, cambiaba su actitud petulante y
se volvía encantador.
Derek tuvo deseos de causarle daño físico al tiempo que Ethan levantó la mano de Rosalyn
y dejó un beso sobre el dorso, permaneciendo allí más tiempo del necesario, lo que, por supuesto,
era su intención.
—Eres un placer para la vista, mi querida —dijo Ethan—. Permítenos verte mejor. —La
tomó de la mano y la acompañó hasta el último escalón—. Adorable, como siempre.
—Gracias —murmuró ella. Con la mirada, se encontró con los ojos de Derek. La
expresión de preocupación en los ojos de la muchacha confirmaban que había escuchado la
contienda con su hermano.
Ethan colocó la mano de Rosalyn sobre el hueco del brazo y la escoltó hacia el salón.
—¡Qué maravillosa sorpresa verte! Me entristecí tanto cuando me enteré de tu partida de
Londres. Lady Dane no dijo ni pío acerca de tu pronta despedida. —Echó una mirada a Derek y
dijo—: Ahora veo el por qué. Sin embargo, —continuó con tono suave—, te he vuelto a
encontrar, y no tengo intenciones de perderte de vista esta vez. Seremos compañeros
inseparables. Sé que amas cabalgar, y si lo deseas, te permitiré tomar mi caballo, Sabbath. No
tengo dudas de que estará muy contento de que estés sobre él. —Se inclinó cerca del oído de
Rosalyn y con una voz lo suficientemente fuerte como para que Derek escuchase, dijo—: Sé que
yo lo estaría.
La furia consumió a Derek, y le dio un golpe violento a Ethan en el pecho con el talón de
la mano, empujándolo hacia atrás. Lo apuntó al rostro con el dedo y dijo entre dientes:
—Te mantendrás alejado de ella. ¿Lo comprendes?
Ethan se enderezó y se sacudió el polvo del hombro.
—¿Intentas decirme lo que tengo que hacer? Creo que hemos descubierto que haré lo que
quiera.
—Una vez que te haya desalojado, veremos entonces qué harás.
—Milord, por favor… —Rosalyn suplicó, no quería causar problemas—. Estoy segura de
que no tenía intención de lastimarte. —-La furiosa mirada que le dedicó Derek le advirtió que no
debía involucrarse.
Ethan sonrió mostrando todos los dientes.
—Has oído a la dama, hermano. Sé amable conmigo. He tenido una vida difícil, ¿o no te
has enterado?
—Ya es suficiente, muchacho —dijo Darius en tono de advertencia—. Termina con esto
de una vez.
—Yo ni siquiera lo he comenzado, tío.
—No me hagas repetir las cosas —dijo Derek con una voz tensa—. No te agradará el
resultado.
—Entonces, estás finalmente derramando tu cobardía. Bravo, nunca creí que llegaría el día.
De seguro hay algo detrás de esta sorprendente transformación. ¿Qué podrá ser?
Se inclinó hacia adelante y el aliento cálido de Ethan resopló sobre la mejilla de Rosalyn al
decir:
—Creo que eres tú, miladi. Parece que has logrado un cambio milagroso en el muchacho.
Al rey Manchester se lo conoce por su corazón de hielo que ni siquiera el sol tropical puede
derretir. Pues bien, esto contribuirá a una estadía fascinante. Ahora, si me disculpan, Sabbath está
esperando por mí, y me agradaría hacerle saber que quizás tenga una visita. —Con una sonrisa
maléfica, Ethan inclinó la cabeza hacia Rosalyn—. Que tengas buenos días, mi querida. —Giró y
dijo en un tono de burla—: Siempre un gusto, hermano. Y Darius, por favor, deja ya de andar
rondando. Pareces una mosca latosa.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Mientras Ethan se marchaba, Darius dijo:


—Si ese muchacho no tuviese la mitad de mi edad, ni el doble de mi tamaño, le patearía la
entrepierna. Y fuerte. —Se marchó de la taberna a paso cansino, murmurando algo acerca de ir a
controlar los caballos, que tenían las riendas puestas y estaban ansiosos por partir.
Derek vaciló y luego, giró hacia Rosalyn. Bajo la débil luz, se veía muy joven. Le habían
cepillado el cabello hasta sacarle brillo; era una masa dorada y brillante que él deseaba acariciar
con los dedos.
Solo lo había visto suelto en una oportunidad, cuando irrumpió en su habitación y la
descubrió rebotando sobre el baúl de viaje.
Normalmente, tenía la cabellera sujeta en una gruesa trenza que le colgaba por la espalda o
enroscada sobre la cabeza y sujeta con peinetas, como estaba esa mañana. Las peinetas eran de un
color blanquecino delicado que combinaba con el brillo de la piel y con el color cremoso del
vestido de día.
—Te ves cansada —dijo él al notar los oscuros círculos bajo los ojos de ella, que solo les
hacían verse más grandes y luminosos—. ¿No has dormido bien?
Ella bajó la mirada.
—El alojamiento estaba bien.
Un momento de silencio descendió entre ellos, luego, Derek dijo:
—Lamento lo que acaba de suceder. Ethan puede ser…
Ella lo detuvo al colocar la mano sobre la de él.
—No tienes nada que explicar. Tengo una familia que tampoco siente cariño por mí.
Sin pensarlo, Derek le tomó ambas manos entre las propias y la atrajo para sí. El aroma
cálido y dulce que emanaba de la piel le provocó un doloroso deseo de abrazarla.
—No dejaré que nada te suceda.
—Lo sé —murmuró ella—. Pero no puedo evitar sentir temor por ti.
—Déjame a mí preocuparme por mí mismo. Solo concéntrate en relajarte. No puedo decir
que encontrarás en el castillo Gray tanto entretenimiento como en Londres, pero haré lo posible.
—Nunca me encariñé demasiado con Londres. Siempre preferí la serenidad de Cornwall,
los largos tramos de espacios abiertos y la belleza calma de la costa. ¿Es Escocia así?
—En algunos aspectos. Mi hogar da al océano desde la cima de un acantilado, pero es muy
peligroso para que cualquiera lo atraviese, excepto para los que conocen los peligros.
—Como tú.
Él sonrió.
—Sí, he subido y bajado esos acantilados desde que llevaba pantalones cortos. El paisaje
puede parecer severo para algunos.
—Pero es tu hogar, y eso lo hace especial.
—No puedo imaginarme viviendo en ningún otro lado.
—Así es como me siento respecto a Cornwall —dijo ella con añoranza.
Derek deseaba tomarla entre sus brazos y decirle que todo iba a ir bien.
—Extrañas tu hogar.
—Por momentos, lo extraño terriblemente. Pasé algunos de los mejores días de mi vida
paseando por las playas y explorando las cuevas con Fancy.
—¿Lady Francine, quieres decir?
Una sonrisa se filtró en los labios de Rosalyn.
—Nadie la llama lady Francine. Es simplemente Fancy. Nos hicimos amigas cuando llegué
a Cornwall con mi madre y mi padrastro. Es inteligente, divertida y generosa. No sé cómo habría
sido mi vida sin ella.
—La conocí en lo de lady Dane. Me pareció… problemática.
Los ojos de Rosalyn brillaron.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Así es Fancy. No sé cómo el señor Kendall se las ingeniará con ella. Fancy no está
acostumbrada a que le digan qué hacer. Es muy independiente.
Derek rió.
—Lo he percibido. Pero yo no me preocuparía por Lucien. Ha superado batallas con
combatientes más feroces. Estoy seguro de que puede ingeniárselas.
—No lo sé. Fancy puede ser muy testaruda, pero nunca malvada. Es la persona más dulce y
más adorable que he conocido en la vida. Sin dudarlo, arriesgó su vida y su hogar para
hospedarme cuando Calder me amenazó.
—Es una buena amiga.
—La mejor —contestó Rosalyn, mordiéndose el extremo del labio, pensativa.
—Estará bien, Rosalyn. Conozco a Lucien. Es un buen hombre. Dondequiera que estén
ahora, Fancy está en manos capaces.
—Lo sé —murmuró ella—. Y debo decir que el señor Kendall tiene una gran fortaleza.
—Definitivamente, sí —remarcó Derek, reprimiendo el deseo de reír. Lucien se habría
deleitado si hubiese escuchado la opinión que Rosalyn tenía de él. De todos lo hombres del club
de los Buscadores de Placer, Lucien era el más terco. Fortaleza era una manera agradable de
decirlo—. Me da la sensación de que admiras bastante a tu amiga.
—¡Claro que sí! Fancy siempre ha sido muy fuerte. No había nada que ella no pudiese
hacer si se lo proponía.
Distraídamente, Derek le acarició la mejilla con el pulgar.
—Tú también eres muy fuerte, ¿sabes?
Un rubor manchó las mejillas de la muchacha, y Rosalyn bajó la vista a las manos, negando
con un movimiento de cabeza.
—Es muy amable de tu parte pero…
Derek la obligó a levantar la vista.
—No digo las cosas solo para ser amable. Mira qué bien has sobrellevado todos los
problemas que te ha hecho pasar tu hermano. —Rosalyn se entristeció, y Derek quiso darse una
golpiza a sí mismo por hacerle recordar.
—Él nunca se dará por vencido, ¿sabes? Es muy tenaz.
—Eso está bien, porque yo tampoco me rindo.
La manera en que lo miró a los ojos le indicó lo inocente que era ella, y se encontró dando
un paso hacia adelante, observando cómo esos hermosos ojos se volvían de un tono verdoso más
oscuro, con la necesidad urgente de besarla creciendo más y más en sus entrañas.
El suave aliento le sopló en el cuello cuando ella le murmuró:
—Si no hubieses llegado en ese preciso momento…
Derek se inclinó hacia adelante y apoyó la frente sobre la de ella.
—Pero lo hice, y estoy muy complacido. Quiero que te sientas bienvenida en mi hogar. Lo
que es mío es tuyo. —Levantó la cabeza una fracción con la mirada centrada en los labios de
Rosalyn. El pensamiento dio paso a la acción y los labios de Derek descendieron sobre ella.
—Dios santo, hombre. —La voz de Darius los sacudió, provocando en Derek el deseo de
estrujar el cuello de su tío—. ¿Van a estar dando vueltas aquí todo el día? No llegaremos a tiempo
para la cena a este paso, y si me veo obligado a perderme otra comida del cocinero, los culparé a
ustedes dos.
A pesar de que la interrupción repentina de su tío era el agua fría que necesitaba para
detener lo que estaba a punto de hacer, no se sentía aliviado en lo más mínimo. Un instante más,
y habría devorado a Rosalyn.
Sin embargo, cuanto ella más confiaba en él, menos podía Derek permitirse la atracción
que sentía por ella. Era su protector; y sin embargo, era su peor amenaza. Solo el hecho de
llevarla consigo podía dañar la reputación de la muchacha, si alguien se enterase.

38
Melanie George – La novia robada del highlander

Derek la tomó del hombro y la condujo fuera de la taberna. Un aire fresco flotaba en el
ambiente, pero el sol de la mañana pronto lo haría desaparecer.
El viaje sería menos confortable, ya que el terreno era severo por partes. Había enviado a
Darius primero para preparar todo para la llegada de Rosalyn; ella estaría agotada para cuando
llegaran a su hogar.
Derek abrió la portezuela del carruaje y ayudo a Rosalyn a entrar. Antes de entrar del todo,
la muchacha giró para observarlo.
—Milord, nunca te pregunté si mi arribo a tu hogar te traerá problemas. ¿Habrá alguien
que se moleste cuando aparezca allí contigo?
Sin pensar demasiado, a Derek se le podían ocurrir al menos doce nombres. Para algunos,
los ingleses siempre serían el enemigo. Pero se encargaría de cualquiera que no la hiciera sentir
bienvenida, y no sería agradable.
—No tienes nada de qué preocuparte. Todos te adorarán.
La sonrisa que le iluminó el rostro era la recompensa que él necesitaba; estaba decidido a
que todo esté bien para ella.
La única pregunta era… ¿cómo lo haría?

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 6

Rosalyn estuvo muy consciente de la presencia de Derek a medida que los kilómetros se
sucedían bajo las ruedas del carruaje.
Era un hombre lleno de contradicciones. La mayor parte del tiempo, se mostraba muy
reservado; sin embargo, en la taberna, había sido muy gentil, muy tierno. De hecho, Rosalyn
creyó que había estado a punto de besarla, y ella lo habría recibido de buena gana.
Estaba confundida en cuanto a sus propios sentimientos. A pesar de que lo deseaba,
involucrarse sentimentalmente con él solo la dejaría herida al final, puesto que nunca podría
contraer matrimonio con él.
Un pensamiento radical le cruzó por la mente. Ya que no podría nunca contraer nupcias,
quizás debería considerar la idea de ser su amante. Nunca había cuestionado su propia erotismo,
que constituía una parte importante de su ser, y ningún hombre excepto Derek había despertado
en ella esa pasión.
Pero, ¿lo querría él?
Le lanzó una mirada. Tenía la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados; dormido, se
veía aun más apuesto.
Rosalyn se obligó a sí misma a desviar la mirada y detener las escandalosas fantasías. En
cambio, escudriñó los alrededores y se maravilló por el paisaje que le brindaba la ventana del
carruaje.
El terreno era sorprendentemente exuberante y la hierba verde. Picos de roca irregulares se
abrían camino hacia la superficie a esporádicos intervalos, pero esas escarpadas caras solo eran un
agregado a la belleza misteriosa.
Encontró muchas similitudes entre Escocia y Cornwall. Ambos lugares tenían elementos
intransigentes y desoladas vistas del mar, una intensa hermosura y panoramas inhóspitos. Y
ambos podían resultar solitarios y aislados para aquellos que necesitaban muchas personas a su
alrededor para sentirse confortables.
Unas nubes negras habían aparecido en el cielo; el aire saturado de humedad auguraba un
chaparrón inesperado. Pero el fuerte viento que soplaba hacia el Atlántico limpiaría los cielos
rápidamente para revelar los verdes y brillantes páramos y las mesetas cubiertas de brezos.
Derek le había dicho que el castillo Gray estaba ubicado entre dos cadenas montañosas, las
Tierras Altas del Noroeste y los Montes Grampianos. Un valle llamado Glen More —o el Gran
Glen— dividía las dos. Las montañas más elevadas de las Tierras Altas se extendían a lo largo del
Atlántico, con profundas cañadas entre los inhóspitos picos, con árboles aquí y allá y la maleza
perenne.
El hogar de Derek estaba ubicado sobre una meseta que daba a la isla de Mull, parte de las
Hébridas Interiores, donde grandes rebaños de ovejas pastaban peligrosamente cerca del borde
del acantilado, protegidas solo por los perros entrenados para cuidarlas y reunir la manada.
Rosalyn tenía ansias de ver todo eso. Pero lo que más quería era algo que no había tenido
por mucho tiempo: paz. Tranquilidad para su corazón y su mente. No había sentido ninguna de
ellas desde que sus padres fallecieron.

40
Melanie George – La novia robada del highlander

Una repentina sacudida del carruaje casi la hace caer del asiento. Dos fuertes manos sobre
su cintura la mantuvieron erguida, ya que Derek se lanzó hacia adelante, despertándose
instantáneamente.
El carruaje se escoró hacia la izquierda, pero no disminuyó la velocidad. Podía escuchar los
resoplidos de los caballos. El miedo les impulsaba a acelerar el paso aun más.
—¿Qué sucedió? —gritó ella sobre el chillido del metal al destrozarse. Tan pronto como
las palabras salieron de su boca, un terrible pensamiento se le coló en la mente.
Calder.
Derek la tomó de los brazos con más fuerza.
—Quédate tranquila. Estaremos bien. —Levantó la mano hasta una cinta de cuero que
estaba sobre la portezuela derecha—. Sujétate fuerte. No te sueltes.
Rosalyn asintió con un movimiento de cabeza y sostuvo la cinta con todas sus fuerzas
mientras Derek se deslizó por el lado opuesto y sacó la cabeza por la ventanilla.
—La rueda está rota —dijo por sobre el alboroto. Retiró el tablón detrás del asiento del
conductor y gritó—: ¡Controla esos malditos caballos!
—Eso intento, milord —bramó el conductor. Rosalyn pudo escuchar el terror en la voz del
hombre—. Un trozo de madera salió volando por el aire y golpeó al primer caballo en el flanco
trasero y ahora está descontrolado.
Derek extendió el brazo por la abertura y tomó las riendas. Los músculos le forzaban las
costuras de la chaqueta mientras luchaba por controlar a los animales.
Emitió un agudo silbido, uno largo y dos cortos. Instantes después, los caballos
comenzaron a disminuir la marcha, y finalmente, el carruaje se detuvo con un traqueteo, el lado
izquierdo aún inclinado peligrosamente.
Cuando Rosalyn se atrevió a echar una mirada afuera, sintió que el corazón se le bajó al
estómago. Habían estado muy cerca de caer por un acantilado.
Cerró los ojos y agradeció a Dios y a cualesquiera que hayan sido los poderes que les
habían evitado la muerte a todos. Se sobresaltó al sentir una mano sobre la mejilla. Abrió los ojos
de golpe y vio a Derek que la observaba fijo, con la preocupación impresa en el rostro.
—¿Estás bien?
Rosalyn parpadeó y se enderezó.
—Estoy bien. ¿Qué sucedió?
—Parece que el compartimiento de las ruedas se quebró y luego, rompió la rueda misma.
—¿Cómo?
—No estoy seguro, pero tengo intenciones de encontrar la respuesta. —Apoyó el hombro
sobre la portezuela, que estaba atascada, y luego la abrió sobre las bisagras con un chasquido,
golpeando con fuerza el costado del carruaje. Derek bajó de un salto y desapareció por detrás del
maletero.
Rosalyn podía escucharlo conversar con el conductor. Se deslizó por el asiento e intentó
entender lo que los hombres decían. Solo una palabra le llegó a los oídos.
Sabotaje.
Un temblor le corrió por la espalda. Era Calder. Tenía que ser él. Pero, ¿cómo había
descubierto su paradero tan rápidamente? Estaba segura de que había borrado sus huellas muy
bien esta vez.
Rosalyn cerró los ojos. Nunca se libraría de él. Era un hombre resuelto. Conseguiría su
dinero sin importar lo que tuviese que hacer para lograrlo. ¿Y si simplemente se lo daba? Quizás,
entonces, la dejaría en paz.
Una vez más, se las había ingeniado para involucrar a otra persona en sus problemas. Si
algo le sucediese a Derek, ella no podría soportarlo; lo que le dejaba una sola opción: debía
marcharse.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Esa misma noche, luego de que todos se hubiesen retirado a dormir, se escabulliría. No se
permitiría pensar lo peligroso que podría ser el terreno. Tampoco se preocuparía por el hecho de
que no sabía adonde debía ir.
Lo único que sabía era que no podía seguir poniendo en peligro a los otros para salvarse
ella misma. De allí en más, tendría que hacer eso sola. Pero no debía dejar que Derek entreviera
que algo había cambiado. Si tenía la más mínima sospecha de lo que ella estaba tramando, de
seguro, la detendría; aunque ahora sospechaba que él deseaba nunca haberle conocido.

—s–

Derek se culpaba por haber involucrado a Rosalyn en sus problemas cuando ella tenía
suficiente con los propios.
Sabía que la rotura en el compartimiento de las ruedas no había sido un accidente. Alguien
había causado el daño a propósito, y estaba bastante seguro de quién se trataba.
Ethan.
No había nadie más que tuviese una razón u oportunidad para hacerlo. Y nadie odiaba más
a Derek que su medio hermano. Ethan había estado intentando deshacerse de él desde que eran
jóvenes, y era evidente que aún seguía con su plan. Bastardo.
—No digas nada acerca de esto —Derek le dijo a su conductor con firmeza—. ¿Entiendes?
—Sí, mi señor. Mis labios están sellados.
—Bien, ahora, fíjate si puedes reparar esto. Solo estamos a unos kilómetros del castillo
Gray. Desengancharé dos de los caballos para cabalgar hasta allí, y enviar a alguien aquí para
ayudar.
—Sí, señor. —Jessup se agachó junto a la rueda para comenzar con los arreglos.
Cuando Derek rodeó el carruaje para ver cómo estaba Rosalyn, notó la rigidez en la postura
de la muchacha. Debía de estar asustada. Él también lo estaba, aunque más por ella que por él
mismo.
—Jessup está trabajando en el problema —le dijo—. ¿Estás en condiciones de cabalgar? Mi
hogar está a solo unos kilómetros de aquí. Podríamos llegar allí antes del anochecer y darte un
agradable baño. Suena bien, ¿no es así?
—Suena muy bien —dijo ella, con voz contenida—. Gracias.
Cuando Derek extendió el brazo para ayudarla a bajar, una emoción destelló en los ojos de
Rosalyn tan fugazmente que él no pudo comprender de qué se trataba.
—¿Estás segura que todo va bien?
—Sí.
Definitivamente, algo la estaba molestando. Pero Derek sabía que con presionarla solo
obtendría el resultado contrario. Era una muchacha terca, llena de un fuego contenido que lo
volvía loco de deseo.
Cuando los largos y delgados dedos de Rosalyn se aferraron a los suyos, Derek les dio un
pequeño apretón. Actuar como un caballero se estaba volviendo realmente difícil. Durante todo
el viaje, se había encontrado a sí mismo estudiándola en secreto: la manera en que caía su
cabellera, la sutil onda en la punta de los cabellos, los diferentes tonos dorados; la forma de los
labios, su turgencia, lo suaves que se veían; la curva de los ojos que le daba esa apariencia tan
exótica, y el aura pecaminosa que parecía ocultar su exterior inocencia.
Inevitablemente, la mirada había descendido. Estaba embelesado por cómo su pecho subía
y bajaba, la manera en que cada inhalación le elevaba los pechos, cómo se hinchaban ligeramente
sobre el extremo superior del canesú. Se había dado cuenta, en ese momento, que necesitaba
encontrar una válvula de escape para su creciente pasión.

42
Melanie George – La novia robada del highlander

Los pensamientos de Derek se desviaron hacia Caroline Trainor, su ama de llaves. Habían
sido amantes por intervalos durante los últimos cinco años, y se habían hecho amigos. Le
confiaba cosas que no diría a la mayoría de las personas; sabía que ella no las repetiría.
Tenían un arreglo conveniente, pero él notó que lo había estado utilizando cada vez menos
durante los últimos tiempos, ya que se dio cuenta de que las cosas habían cambiado un poco. En
algún momento, él se había transformado en algo más para Caroline; ella tenía sentimientos por
él que Derek no podía corresponder.
Al principio, no había tenido el valor para decirle que esa relación no tenía futuro, pero
tampoco quería que ella perdiese la oportunidad de amar al hombre correcto. Por lo que,
finalmente, le dijo que habían terminado justo antes de marcharse a Londres. Aún podían ser
amigos, y él esperaba que eso no cambiase, pero no podría pasar nada más.
Ella aceptó la novedad sin llorar ni recriminarle nada. En cambio, sonrió y se marchó de la
habitación sin decir palabra. Derek no sabía qué esperar a su regreso, pero esperaba que no
incluyese un arma apuntándole a sus partes privadas.
—¿Milord?
Derek notó que estaba de pie junto a los caballos, pero no los estaba desatando. Sacudió la
cabeza y giró hacia Rosalyn, quien se veía demasiado tentadora de pie bajo los rayos del sol
menguante.
—Puedes montar a Gypsy —le dijo mientras le quitaba el arnés—. Es más dócil que
Minotaur.
—Cualquiera de ellos estará bien. Cabalgo desde los tres años.
Derek llevó a Gypsy hasta ella.
—Creo que debería haber aclarado que Gypsy prefiere jinetes mujeres. No puedo culparle.
—Le extendió las riendas a Rosalyn y sonrió, animado al ver que ella le devolvía la sonrisa.
Ella acarició el hocico del animal.
—Pues bien, Gypsy, creo que somos tú y yo. —Gypsy relinchó e inclinó la cabeza. Rosalyn
rió. El sonido musical de la risa hechizó a Derek. Una luz danzaba en la mirada de ella cuando
levantó la vista y dijo: —¿Vamos?
Derek tuvo que sacudirse mentalmente para romper el embrujo de su sonrisa.
—Sí.
Ahuecó las manos y se las ofreció para ayudarle a montar. Una vez que estuvo ubicada
cómodamente, él montó a Minotaur. El caballo brincó hacia el costado ya que no estaba
acostumbrado a tener un jinete sobre el lomo.
—¿Hacia dónde queda el castillo? —preguntó Rosalyn.
Derek señaló hacia el noreste.
—Bordeando esa cadena de montañas bajas y luego, derecho.
—Muy bien, entonces —dijo ella con una sonrisa—. El último debe cepillar el caballo del
otro.
Ella le dio un empujoncito a Gypsy en las ijadas y salieron disparados. Derek giró a
Minotaur y arrancó tras ella.
Estaba maravillado ante la habilidad de experta que tenía con el caballo, aunque casi se le
detiene el corazón cuando ella hizo que el animal saltara sobre unos extensos matorrales, llegando
al otro lado con facilidad.
Podía escucharla reír al cabalgar ruidosamente tras ella. El cabello se había escapado de las
hebillas que lo sujetaban en tal elegante arreglo. Ahora se agitaba sobre la espalda como un
estandarte de sedosa luz de sol. Unos mechones le azotaron el rostro cuando giró para ver que él
estaba alcanzándola.
Ella espoleó la monta y Derek le gritó para que aminorase la marcha, pero ella no pudo
escucharlo por el sonido que emitían los cascos al galopar.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Él le dio un pinchazo a Minotaur, pero el semental no era tan joven como Gypsy y no
podía mantener el ritmo. Rosalyn se adelantó aun más, y luego el sonido de su grito partió a
Derek en dos. La pata trasera de Gypsy se había enredado en unas parras rastreras, y el caballo
dobló las rodillas delanteras y envió a Rosalyn volando sobre su cabeza. Derek la perdió de vista
durante un momento; luego la vio tendida sobre un lecho de brezos.
Bajó del lomo de Minotaur de un salto antes de que el caballo se detuviera por completo y
corrió junto a Rosalyn. Le acunó la cabeza con las manos.
—¿Rosalyn?
Ella gimió y se agitó un poco antes de finalmente abrir los ojos con un parpadeo,
intentando enfocar la vista.
—¿Qué sucedió?
—Has caído del caballo. ¿Cómo te sientes?
Se movió un poco e hizo un gesto de dolor.
—Como un viejo saco de patatas. —Intentó sonreír, la imagen escurrió el miedo de Derek.
Lentamente, se sentó, y Derek le colocó el brazo alrededor de la espalda; luego, con
cuidado, la movió hasta su regazo. La cabeza de ella quedó acunada sobre el hombro de Derek.
—¿Mejor?
—Sí —murmuró ella—. No tienes por qué preocuparte.
—¿Te duele algún lugar del cuerpo?
A Rosalyn le dolía todo, pero no quería decírselo. Había sufrido el accidente por su propia
estupidez. Si no hubiese actuado como una niña estúpida, nada de eso habría ocurrido.
—¿Está bien Gypsy?
—Gypsy está bien. Tiene una distensión en la pata derecha, pero se recuperará en un par
de días.
—Lo siento —dijo ella.
—Shh —indicó Derek, retirándole unos mechones sueltos del rostro y acariciándole la
larga cabellera.
—Fui descuidada.
—Estabas disfrutando. Debería haberte advertido lo impredecible que puede ser el terreno.
Un tramo está liso, y al siguiente, aparecen hondonadas. Deberás cabalgar conmigo el resto del
viaje. No te molesta, ¿verdad?
—No. —Aunque se lamentaba por lo sucedido, no podía arrepentirse del resultado. Quería
estar entre los brazos de Derek. No los había sentido a su alrededor desde la noche de la reunión
de la familia Senhaven, cuando se abrió camino a través del grupo de hombres que rodeaban a
Rosalyn y le extendió la mano, una silenciosa invitación a bailar juntos esa pieza. Sin decir
palabra, ella lo había tomado de la mano y él la sacó de allí. Se había sentido como una princesa
de un cuento de hadas esa noche.
Como si estuviese hecha de cristal, Derek la ayudó a incorporarse. Cuando estuvo de pie
frente a él, el mundo a su alrededor pareció derretirse. Como si le hubiese leído los pensamientos
y sabido qué era lo que quería más que nada en ese momento, se inclinó y le dio un suave beso en
los labios.
Se alejó suavemente y Rosalyn gimió en protesta. No quería que ese momento concluyera.
Derek no necesitó más incentivo, y la atrajo apretándola fuerte contra su pecho.
Le dio un beso más profundo. La lengua arremetió en el interior de la boca para
encontrarse con su par, saboreándola; con la mano, acunó la parte de atrás de la cabeza de
Rosalyn, manteniéndola cerca, como si creyera que se escaparía. Sin embargo, eso era lo último
que tenía en mente al enredar los dedos en los cabellos de Derek.
Con la otra mano, la tomó de la cintura. La apretó suavemente allí y luego, movió la mano
inquieta hacia arriba y hacia abajo por el costado hasta que finalmente la ubicó en el borde
externo del seno, la imagen que había mantenido a Rosalyn dando vueltas en la cama cada noche,

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Melanie George – La novia robada del highlander

esperando que la mano de Derek se deslizara por su sedosa piel y le acariciara los pezones con
suavidad.
—Derek —susurró con una voz afligida al tiempo que los labios de él le rozaban la barbilla
con fervor y descendían por el cuello. Las sensaciones se disparaban directo hasta el centro de su
ser.
Ella se arqueó en puntas de pie y siguió el ejemplo de él, besándole el cuello, deleitándose
con el ronco gemido de Derek y volviéndose más y más audaz. Ella giró de manera que la mano
de él le cubrió el seno por completo. Tenía el pezón erecto y le atravesaba el canesú, presionado
por la palma de la mano del hombre.
Un instante después, él se apartó.
Ella extendió los brazos para alcanzarlo, pero él dio un paso hacia atrás.
—Eso no debería haber sucedido.
¿Por qué?
Él desvió la mirada, fijando la vista en el sol poniente.
—Debemos irnos o quedaremos atascados aquí afuera, en la oscuridad.
Rosalyn sabía que él estaba haciendo lo que creía era mejor para ambos. Y que no debería
desear que la besase de nuevo. Pero sí lo deseaba, y cuanto más la hacía desear, más se convencía
de que ser su amante no sería tan terrible, tal vez.
Su reputación se arruinaría, si alguien se llegara a enterar. Pero, ¿qué importaba? Nunca
podría contraer matrimonio, y en su interior, hospedaba demasiada pasión como para considerar
la vida en un convento o ser una solterona. Derek le había hecho ver que ella quería ser una
mujer en el completo sentido de la palabra.
—Toma mi mano —dijo él, y Rosalyn levantó la vista para encontrarle sentado a
horcajadas sobre el lomo de Minotaur, mirándola desde arriba, con el rostro libre de toda
expresión.
Rosalyn levantó la mano hacia él, y en un instante, estuvo sentada sobre el regazo de
Derek, quien tenía el cuerpo tenso debajo de ella.
Cabalgaron en silencio durante un largo rato. Rosalyn intentaba permanecer rígida en los
brazos de él, cuando lo que quería en realidad era apoyar la cabeza sobre su hombro y cerrar lo
ojos.
—¿Has vendido la propiedad de tu madre? —preguntó cuando no pudo soportar más el
silencio.
—Sí —le respondió—. Transferí la posesión de todas las propiedades a manos del último
hermano vivo de mi madre; todas menos una.
—¿No las querías?
—Tengo más de lo que necesito aquí.
—Pero no has renunciado a tu título.
—Le habría roto el corazón a mi madre. Soy, de hecho, inglés en parte. No es algo que
pueda cambiar.
—¿Lo harías, si fuese posible?
Permaneció en silencio durante tanto tiempo que Rosalyn pensó que lo había ofendido.
Pero, finalmente, habló.
—Hubo momentos en que pensé que lo haría, cuando creía que sería más simple no tener
descendencia mixta, sangre impura, como mucha gente por aquí lo ve. Pero fue mi madre tanto
como mi padre quienes me hicieron quién soy hoy. No hay muchas personas que puedan viajar
entre dos mundos diferentes. Algunos me miran como si fuera un bárbaro, mientras que otros
me ven como un caballero sofisticado.
—¿Y cuál de los dos crees que eres?
—Un poco de ambos, aunque no se espera que sea tan perfecto aquí como en Inglaterra.
Además, me necesitan más aquí. El título y las propiedades se cuidarán solos.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Es importante para ti sentir que te necesitan. —Ella sabía que era cierto. Era un hombre
de honor y fortaleza; un líder en todo sentido de la palabra.
Ella podía ver el fuego arder en su mirada, una pasión por el país que era su hogar.
—Sentir que me necesitan es lo que le da sentido a mi vida. ¿No quieres sentirlo tú?
—Por supuesto.
—Entonces, dime, ¿qué le da sentido a tu vida?
Rosalyn echó una mirada sobre los páramos hacia los promontorios distantes, cuyas
masivas dimensiones mantenían el impetuoso mar a raya.
—Allá en Cornwall, había un pequeño orfanato manejado por el párroco local. El cura solo
contaba con la ayuda de dos monjas, ninguna de ellas en la flor de la juventud, y los niños eran
puros diablillos. Pasé muchas horas jugando con ellos.
—¿Te agradaría tener niños algún día?
Un anhelo maternal creció en ella, pero lo sofocó de inmediato.
—Decidí hace mucho tiempo que hay suficientes niños en el mundo que necesitan amor y
atenciones, y me agradaría dedicarles mis días a ellos.
—¿No querrías tener hijos propios que criar?
Rosalyn oyó el tono de sorpresa en la voz de Derek. Sabía que su deseo de no tener hijos
debía de sonar extraño. Pero esa posibilidad había muerto años atrás, y se negaba a permitir que
el dolor le controlase la vida.
—No necesito hijos propios para sentirme completa. Estoy feliz con ayudar a otros.
Derek observó el perfil de Rosalyn cuando ella desvió la mirada. Nunca se había imaginado
que sería del tipo de mujer que no querría tener niños. Era una dama muy gentil. No tenía
sentido.
El repentino grito ahogado que emitió ella lo obligó a focalizar la mirada hacia donde ella
concentraba la atención.
Sobre la cresta de una colina, el castillo Gray se dejó ver.
—Oh, Dios mío, ¿es ese tu hogar?
—Sí.
—¡Nunca imaginé que sería tan grande! ¿Es eso un foso?
—Sí, pero hace cerca de diez años que quitaron los cocodrilos de allí.
Le clavó la mirada con los ojos abiertos de par en par.
—¿Cocodrilos?
Él rió por la expresión en el rostro de Rosalyn.
—Bienvenida al castillo Gray, miladi.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 7

—Tiene más de quinientos años. Fue construido por mis ancestros sajones —recitó Derek
con orgullo, contándole a Rosalyn un poco de la historia de su hogar mientras cabalgaban—. El
adarve superior tiene una vista circular completa por lo que los enemigos pueden ser descubiertos
tanto si vienen por tierra o por mar. Está totalmente fortificado, con dos puentes levadizos, ocho
puestos de centinelas equipados con cañones, seis torrecillas perfectas para encerrar a damiselas
en apuros, y un calabozo completamente funcional para alguna tortura esporádica. —Cuando la
mirada de Rosalyn se dirigió rápida hacia él, Derek rió—. Nadie ha sido torturado, al menos
desde que me he convertido en el señor de las tierras.
—Eres incorregible.
—Me lo han dicho antes. —Rió ampliamente—. Pero, continuando, la mayoría del pueblo
habita dentro de la muralla del castillo. Los vendedores ambulantes ofrecen de todo, desde
pescado fresco hasta madera o seda oriental. En definitiva, somos como una ciudad
independiente.
—Sorprendente.
—Sí —asintió Derek, observando cómo la luz del atardecer lanzaba prismas rojos y
dorados sobre la piedra caliza de los muros del castillo. Un sentimiento familiar de paz le inundó
el cuerpo.
Rosalyn lo miró.
—Es realmente hermoso —dijo, apoyando la mano sobre la de él—. Gracias por invitarme
aquí.
Sin pensarlo, Derek le acarició la mejilla.
—Ya me has agradecido.
—Lo sé. —Miró hacia abajo, hacia las manos entrelazadas juntas; le provocaba dolor el
deseo de saber cómo se sentiría esa mano cubriéndole el seno—. Pero quería volver a hacerlo.
Algo en la conducta de Rosalyn lo inquietó. Tenía algo en mente, pero Derek no podía
precisar de qué se trataba. Habría sido todo más fácil si se hubieran conocido en otras
circunstancias. Quizás entonces, podría permitirse el creciente deseo que sentía por ella. La
presión que ejercía el suave trasero contra su entrepierna era casi insoportable. Deseaba levantarle
la falda por detrás y entrar en ella, empujar hasta la empuñadura y permitir que su dulce y ceñido
calor lo abrace; sentirla aferrándose a él; el frenesí de ella volviéndolo más y más excitado,
bombear más fuerte, balanceándose en su interior hasta sentir el clímax de Rosalyn en todo su
alrededor.
Derek apretó los puños y agradeció a los poderes superiores que la larga chaqueta le
ocultara la erección.
Solo deseaba que, ahora que estaba en su hogar, pudiese mantenerse alejado de ella. Había
enviado a Darius delante para instruir al personal que preparase una habitación para ella en el ala
oeste. Su propia suite estaba en el ala este. Los guardias residían en el medio. Ni un ratón podía
pasar entre ellos, por lo que no había razón para que la habitación de Rosalyn y la de él debieran
estar juntas para garantizar su seguridad. Esa disposición solo traería desastres, de todos modos.
Derek dudaba si tendría la fortaleza para contenerse si ella estaba demasiado cerca.

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Melanie George – La novia robada del highlander

En las presentes circunstancias, apenas si podía quitarle las manos de encima. Se sentía tan
bien entre sus brazos. Y la manera en que lo miraba, con completa confianza, era una sensación
embriagadora.
No podía decepcionarla. Ya había enviado una brigada de agentes de policía de Bow Street
en búsqueda de su hermanastro.
Además, sus compañeros Buscadores de Placer se habían enterado de la situación difícil
que Derek estaba atravesando y estaban atentos para encontrar a Westcott. Incluso Lucien, con
sus propios problemas, le había enviado una misiva para ofrecerle su apoyo. Derek sabía que su
amigo tenía preocupaciones personales que atender. Pero por primera vez desde que se enteró
del predicamento de Lucien, sentía que su amigo podría finalmente liberarse, con la ayuda de
Fancy.
—¡Milord! —gritó una voz.
Derek dirigió la mirada hacia el puente levadizo y vio a Nathaniel corriendo hacia él. El hijo
de Caroline tenía casi ocho años y estaba lleno de veneración. El niño nunca había conocido a su
padre. A pedido de Caroline, Derek había tomado la tarea de enseñarle esgrima, ya que el niño se
estaba volviendo más y más solitario; pasaba las horas con sus palomas en lugar de jugar con los
otros pequeños de la aldea.
Derek le había tomado mucho cariño al muchacho; sin embargo, le preocupaba que Nate
se estuviese apegando mucho a él. Aun así, el niño necesitaba un hombre que lo guiase. Si Derek
hubiese podido sonsacarle a Caroline el nombre, habría encontrado al sinvergüenza que engendró
al muchacho.
Nate corrió hasta el caballo, con los ojos llenos de vida y el rostro arrebatado por el
esfuerzo. La mata de cabello marrón rojizo era una maraña incontrolable, lo que le daba al niño
todo el aspecto de ser un pilluelo. Tomó las riendas del caballo con avidez.
—¡Bienvenido a casa, señor!
Derek se inclinó hacia adelante y alborotó el cabello del muchacho.
—Gracias, Nate. Es bueno estar en casa. ¿Ha ido todo bien por aquí?
—Sí, señor, bien. Todo excepto Janie.
—¿Qué ha hecho esta vez?
—Dejó salir a todas las gallinas del corral, y tuve que perseguirlas a todas. Belinda me picó.
¿Ves?
Levantó la mano para mostrarle a Derek la pequeña marca del picotazo.
—¿Quién es Belinda? —preguntó Rosalyn.
—Belinda es una gallina enorme —explicó Derek—. Ella lleva la voz cantante y tiene un
carácter tremendamente explosivo.
—Creía que el gallo llevaba la voz cantante.
—En general, eso es verdad. Pero no conoces a Henry.
—¿Henry? ¿Así se llama el gallo?
Derek rió ampliamente.
—No fue mi elección, pero le quedó ese nombre.
—Creo que no está bien del coco —dijo Nathaniel, poniendo los ojos bizcos—. Uno de
los caballos lo pateó en la cabeza, ¿sabes? Nunca ha vuelto a ser el mismo.
—Quizás un nuevo gallo podría hacer la diferencia —observó Rosalyn.
—Oh, no, señorita —intervino Nathaniel—. No servirá. Las gallinas de aquí no se parecen
a ninguna otra.
—Tampoco las mujeres de la aldea —dijo Derek con una sonrisa que mostraba todos los
dientes.
—Sí —el muchacho asintió con un pronunciado movimiento de cabeza—. Son todas muy
severas, y miran a los hombres con el rostro arrugado, así. —Arrugó las mejillas y Rosalyn rió—.
Los hombres están siempre gruñendo y escondiéndose en el granero de atrás.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—¿Qué hacen en el granero de atrás? —preguntó ella con curiosidad.


Nate se encogió de hombros.
—Juegan a las cartas, la mayoría del tiempo, y se quejan de cosas. Pero, ¿sabes qué? —
continuó con un tono conspirador, bajando la voz.
Rosalyn se inclinó hacia adelante y le siguió el juego.
—¿Qué cosa?
—Creo que les agradan las mujeres más de lo que dicen. Los veo abrazándose y besándose
cuando nadie los ve. —El niño hizo una mueca, y Rosalyn sonrió.
Derek rió.
—Te vas a ganar una mala reputación, muchacho. A nadie le agrada tener un mirón a su
alrededor.
—Yo no miro, señor. Lo hacen a la luz del día. ¡Puaj! ¿Quién quiere besar a una muchacha?
Preferiría besar a una rana.
—Te garantizo que cambiarás de parecer algún día, mi niño. Y te darás cuenta de que
querrás besar a muchas damas. Quizás, incluso a una en particular —agregó, capturando la
mirada de Rosalyn.
Se aclaró la garganta y giró hacia el niño.
—¿Te encargarías de Gypsy, Nate? Y dile a Liam que le aplique una cataplasma en la pata y
la mantenga vendada durante la noche.
—Sí, señor. Enseguida. —Con gentileza, tomó las riendas de Gypsy y, hablándole
suavemente, la llevó hacia las caballerizas.
—Es un niño adorable —dijo Rosalyn.
—Sí, es un buen muchacho. Sin embargo, está desesperado por un padre.
—Y quiere que tú seas ese padre, puedo imaginarlo. —No tenía duda de que Derek sería
un buen padre.
—Creo que prefiere al propio padre.
—Puedo entenderlo. Mi padre murió cuando tenía seis años, y lo eché de menos. Incluso
ahora, lo extraño. Algunos días, me resulta difícil evocar cómo se veía, pero recuerdo que siempre
olía a tabaco. —Ella sonrió para sí—. Le encantaba una buena pipa.
—Al menos has llegado a estar con tu padre durante un tiempo.
—Sí. Pero lo que más recuerdo es lo triste que estaba mi madre cuando murió. Me dijo que
mi padre había ido al cielo. Le pregunté si podía ir también. Lloró y me abrazó y me dijo que el
cielo quedaba muy lejos. Yo no quería que fuera así, quería volver a ver a mi padre. Luego, mi
madre conoció a lord Westcott, y un poco de felicidad regresó a sus ojos. Quería eso para ella. Se
lo merecía.
—¿Y tú? ¿Eras feliz?
Rosalyn asintió con un movimiento de cabeza.
—El conde era muy bueno conmigo; me trataba como a una hija. Siempre me decía que le
hubiese encantado ser bendecido con una niña. Su esposa había muerto poco tiempo después de
nacer Calder. Él estuvo desolado durante muchos años. Pero decía que la luz del sol había vuelto
a iluminar su vida cuando conoció a mi madre. Se hacían mutuo bien. Creo que el conde no
quería vivir después de morir mi madre. —Rosalyn levantó la mirada hacia Derek—. Opino que
una persona puede morir por una pena de amor. ¿No lo crees tú?
Derek nunca había sentido tal desesperación, pero al ver a Rosalyn, supo cómo se sentiría
si algo le sucediese a ella.
—Sí, lo creo.
Minotaur caminó lenta y pesadamente hasta las puertas de la caballeriza y Derek se bajó del
lomo del animal de un salto. Extendió las manos hacia Rosalyn, y ella se deslizó sobre sus brazos.
—¿Cuándo has dejado de creer que tu padre regresaría? —preguntó él.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Ella miró por sobre el hombro, intentando detener las lágrimas que de repente le
inundaron los ojos.
—Cuando Calder me dijo que él estaba muerto y enterrado y que nadie nunca regresaba de
allí.
Maldito sea el bastardo por romperle el corazón a una pequeña niña.
Derek extendió las riendas de Minotaur a Nathaniel y le dio al muchacho una palmada en la
espalda.
—Dale una buena fregada.
—Sí, señor.
Rosalyn los observó a los dos irse tranquilamente.
—¿Estará bien Gypsy?
—Gypsy estará bien. Preocupémonos por ti ahora. —Antes de que Rosalyn supiese cuáles
eran sus intenciones, Derek la alzó en brazos.
—¿Qué estás haciendo?
—Parece que te llevo en brazos.
—Puedo caminar.
—Piensa en mí como tu caballo de tiro personal.
—Pero…
—Silencio.
Rosalyn cerró la boca ante la mirada que le echó Derek y se resignó a su destino, sabiendo
que estaba exactamente donde quería estar. Cuando estaba con él, todo el cuerpo le vibraba con
una excitación voluptuosa.
Al cabalgar sobre el regazo de Derek, había notado una hinchazón sospechosa en los
pantalones de él, y se preguntaba si ella había sido la causa. Apenas si había resistido la tentación
de bajar la mano y tocarle la erección, de desabrocharle los botones y tomarla entre las manos.
Rosalyn se esforzó por focalizar los pensamientos en el momento presente.
—¿Quién es Janie? —preguntó mientras Derek la llevaba a través del patio interior.
—Es la hija del cocinero, y la duendecilla más adorable que he conocido. Tiene siete años y
dice que está enamorada de Nathaniel.
—Qué dulce.
—Nate no lo ve así. —Derek rió entre dientes, pensaba en el cambio de opinión que daría
el muchacho algún día en relación a las mujeres—. Piensa que Janie es un clavo en las nalgas,
como dice él. Ella lo persigue por todos lados y le pestañea con coquetería.
Antes de que Rosalyn pudiese responder, se oyó una voz gritar:
—Ah, hermano. ¿De regreso tan pronto?
La sonrisa desapareció del rostro de Derek al ver a Ethan de pie en la entrada principal,
reclinado con negligencia sobre el marco.
Ethan enfocó la mirada en Rosalyn.
—¿Has cometido el peor error de tu vida, miladi?
Rosalyn lo miró, confundida. Luego cayó en la cuenta de que podría parecer que Derek
estaba cargando a su esposa a través del umbral.
—Me lastimé cabalgando. Derek está siendo cortés.
Ethan dejó salir una risotada socarrona.
—Pues, sin duda es la primera vez que lo escucho.
—No te importa una pizca qué sucedió —gruñó Derek—. Ahora, quítate del medio antes
de que te tire al piso.
Ethan chasqueó la lengua.
—Hermano, ¿es esa una manera adecuada de hablar frente a una dama? Además, si no
recuerdo mal, en nuestra última pequeña pelea, te dejé el rostro bastante ensangrentado.
—Me golpeaste mientras miraba para otro lado, comadreja. Ahora, hazte a un lado.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Ethan se enderezó abruptamente, y Rosalyn temió que los hombres empezaran a darse
puñetazos.
—¡Oh! —dijo ella en un gemido, y apoyó la mano sobre el vientre, esperando que la
actuación funcionara.
De inmediato, Derek giró hacia ella.
—¿Qué sucede? ¿Te sientes enferma?
—Estoy mareada. ¿Podría recostarme?
—Claro que sí.
Derek salió presuroso pasando junto a Ethan. Rosalyn tuvo una rápida vista de la belleza
del vestíbulo, con sus altos y abovedados cielos rasos y los magníficos tapices flamencos sobre los
muros.
Desde la entrada principal, Ethan gritó:
—Bien hecho, miladi. Sin embargo, quizás la próxima vez podrías mecer la cabeza si te
sientes mareada. Mi querido hermano está tan enamorado que no lo nota, pero yo te digo:
«Bravo». —Le guiñó un ojo y desapareció por la puerta.
—Cretino —masculló Derek al tiempo que la cargaba por un largo pasillo donde espadas y
hachas de armas y viejos escudos maltrechos evidenciaban años más oscuros.
Al final del pasillo, Rosalyn vio una puerta entreabierta. Derek se detuvo frente a ella y la
abrió de un empujón con el pie.
Un grito ahogado de sorpresa se escuchó en el rincón de la habitación. Cuando Derek
ingresó, Rosalyn vio a una hermosa mujer joven.
Tenía el cabello negro como la medianoche y se derramaba en suaves ondas hasta la mitad
de la espalda. Los sedosos mechones estaban sujetos por un simple moño azul que hacía juego
con el vestido, que se veía desgastado en algunos lugares pero aun así, le resaltaba la figura.
—Milord —dijo la mujer que sostenía un lienzo en una mano—. No sabía que habías
regresado. Bienvenido a casa.
—Gracias, Caroline. Déjame presentarte a lady Rosalyn, quien se hospedará con nosotros
durante un tiempo. Espero que la hagas sentir como en casa.
—Por supuesto, milord. —Sin embargo, cuando la mirada de la mujer se posó sobre ella,
Rosalyn sintió que su presencia allí no era de su agrado—. Bienvenida al castillo Gray, miladi —
murmuró ella, haciendo una reverencia—. Espero que disfrute su estadía con nosotros.
—Gracias, de seguro lo haré.
Caroline regresó su atención a Derek y dijo:
—Solo estaba aireando la habitación de la señora. ¿Necesitan algo más?
—Un baño —respondió Derek—. Lady Rosalyn ha tenido un largo viaje. También
necesito que Cyril vaya en busca del doctor Latham; nuestra invitada ha sufrido una caída.
Unos ojos color ámbar se posaron en Rosalyn.
—¿Está herida, señora?
—Apenas. —Mirando a Derek, Rosalyn dijo—: No necesito un doctor.
—Dejaré que Latham lo decida. Por ahora, debes ir a la cama. —Rosalyn podía sentir los
ojos de Caroline fijos en ella mientras Derek levantaba el edredón y la colocaba bajo él.
—Esto es innecesario —le dijo, incómoda por las atenciones—. Estoy bien ahora. —Su
protesta fue desatendida mientras Derek la arropaba.
Él giró hacia Caroline y dijo:
—Quiero que te asegures de que se quede en cama hasta que llegue su baño. —Se dirigió
hasta la puerta. En el umbral ordenó—: No te muevas de allí. Volveré a ver cómo estás.
Luego, se fue.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 8

Un silencio ensordecedor se ciñó sobre ellas cuando la puerta se cerró con un chasquido.
Rosalyn se acomodó sobre el montículo de cojines que Derek le había colocado tras la
espalda e intentó pensar en algo para decirle al ama de llaves.
Sospechaba que Caroline se encargaba de algo más que simplemente del orden de la casa de
Derek; había visto antes esa luz de posesión en los ojos de una mujer. Conocía los signos del
amor.
Si Derek tenía un amorío con la mujer, Rosalyn no podía imaginar cómo su presencia haría
sentir a Caroline. Intentó encontrar una manera de reconfortarla, pero no estaba segura de si
podría. Después de todo, aunque le agradara o no, se sentía atraída a él.
—Sos inglesa —dijo la mujer sin rodeos y Rosalyn no pudo distinguir si era una
recriminación o una simple observación.
—Sí, pero considero que Cornwall es mi hogar.
—No hay lugar en esta tierra como Escocia —expuso Caroline con orgullo.
—Comienzo a estar de acuerdo contigo.
Rosalyn no había olvidado su promesa de marcharse esa noche una vez que todos
estuvieran acostados. Solo deseaba poder sacarle a Derek una buena ventaja. No era tan estúpida
como para pensar que no iría tras ella.
Debería alejarse lo suficiente de los alrededores como para que él abandonase la búsqueda.
No le dejaría ninguna nota explicando las razones de su partida.
Incluso mientras ella estaba allí sentada, Calder muy bien podía estar acechando los límites
del castillo Gray. Derek podía pensar que su fortaleza era segura, pero Calder era astuto.
Encontraría una grieta en algún lado y se escabulliría dentro sin ser detectado. Rosalyn se
estremeció.
—¿Se encuentra mal, señorita?
—No —mintió—. Simplemente estoy ansiosa por levantarme. ¿Me delatarías si lo hago?
Su aliada en la conspiración se mordisqueó el labio.
—Supongo que estará bien. Pero el señor se enfada muchísimo cuando no se obedecen sus
órdenes.
Rosalyn sonrió y retiró las mantas.
—No diré nada si tú no lo haces. —Se puso de pie con indecisión, probando el peso de su
cuerpo en las piernas. A pesar de que uno de los tobillos estaba un poco hinchado y dolorido, y la
espalda le molestaba un tanto, en general, se sentía bien. Dio unos pasos y se detuvo junto a los
pilares de la cama para admirar una pintura en el muro.
—¿Quién es?
—Oh, es la madre del señor, lady Emmaline. Falleció hace unos meses. —El ama de llaves
suspiró y negó con la cabeza—. Trágico.
Rosalyn giró hacia ella.
—¿Porqué?
Caroline vaciló, dándose tironcitos de la falda.
—Imagino que no debo decir nada…

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Melanie George – La novia robada del highlander

Rosalyn sintió curiosidad. No había sido capaz de obtener ninguna información acerca de
Derek aparte de lo que él mismo le había contado. La gente parecía saber muy poco de él o de su
vida.
—Por favor, dime lo que quieras —incitó Rosalyn a la joven mujer—. Estamos unidas por
un voto de silencio, ¿recuerdas? Todo lo que se diga aquí, quedará aquí.
—Sí, estamos unidas. —Ella se acercó, mirando a hurtadillas hacia la puerta. Rosalyn
dirigió la vista hacia donde había mirado ella, tanto secreto le parecía muy dramático.
Los chismes parecían abundar en el hogar de Derek. Primero Nathaniel; ahora, Caroline. El
castillo Gray parecía ser un refugio de chismorreos. Rosalyn nunca había sido chismosa, pero le
urgía saber más acerca de Derek.
¿Quizás preferiría él contarle acerca de su vida y no que se enterase por los sirvientes? Pero
mientras que Rosalyn debatía con su conciencia, la oportunidad de detener a Caroline llegó y se
fue.
—Pues bien —comenzó la mujer, bajando la voz e inclinándose—, quizás «trágico» no es
la palabra que estaba buscando. Triste es mejor. No había dos personas en el mundo que
parecieran estar más enamoradas que la madre y el padre del señor, pero eran lo peor el uno para
el otro.
—¿Por qué?
—El padre del antiguo señor —el abuelo de Derek— no quería que su hijo contrajese
matrimonio con una inglesa. Él había vivido lo suficiente como para recordar la opresión de la
reina a los escoceses. Pero el antiguo señor estaba decidido. Quería a la muchacha inglesa de los
cabellos rubios con sus formas delicadas y sus elegantes vestidos. Supongo que creyó que llevarla
del brazo lo haría verse más aceptable ante los elevados y poderosos tíos ingleses con esas narices
apuntando al cielo. Pero nunca lo logró.
Ella negó con un movimiento de cabeza, triste.
—Era una pena ver a la señora tan deprimida por eso. Esos mismos tíos estirados la
rechazaban a ella también, luego de que contrajese matrimonio con un modesto escocés, sin
importarles que fuese un terrateniente. Un bárbaro siempre era un bárbaro, decían ellos.
Era la palabra que había utilizado Derek, y cuanto más la escuchaba Rosalyn, más
desagradable le parecía. Derek era muy refinado, y le resultaba difícil de creer que hubiese gente
que considerara que su sangre estaba contaminada. Él se asemejaba más a un caballero que
muchos de los ingleses que había conocido en Londres.
Incluso así, quedaba claro que él gozaba de más aceptación que su propio padre. Los
tiempos habían cambiado, aunque no tanto como Rosalyn creía.
—Entonces, ¿qué pasó con la relación de los padres de Derek? —preguntó Rosalyn.
Caroline suspiró.
—No fue una sorpresa cuando todo flaqueó y eventualmente se desplomó. No ayudó el
hecho de que el señor Ethan se apareciera en la puerta, diciendo que era el hijo bastardo del
antiguo señor, y que hubiese algunos que lo afirmaran. Fue la gota que rebasó el vaso de lady
Emmaline. Si me pregunta a mí, yo nunca estuve muy segura. Al padre del señor se le iban los
ojos tras las mujeres, pero parecía amar a su esposa. Al menos hasta que ella lo dejó para regresar
a Inglaterra. ¡Su orgullo quedó destruido! —continuó Caroline con dramatismo—. Se juró a sí
mismo que nunca iría tras ella, y nunca lo hizo. Pero no fue el mismo desde que ella se marchó.
Era extraño… Hubo muchos silencios entre el antiguo señor y su dama; sin embargo, cuando ella
se fue, el silencio era… —arrugó el entrecejo, buscando la palabra adecuada.
—¿Ensordecedor? —completó Rosalyn, quien entendía la profundidad del silencio después
de la muerte de su madre.
Caroline asintió con un movimiento de cabeza.
—Sí. Nunca he visto nada parecido. Pobre Derek. —Un rubor encendió por las mejillas de
la mujer al tiempo que echó una mirada rápida hacia Rosalyn y se apresuró a corregir—: Quiero

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decir, pobre señor. Sufrió lo peor de la amarga disposición del conde. El hombre miraba a su hijo
como si fuese el culpable de todo. Frente al muchacho, trataba mucho mejor al señor Ethan, a
pesar de odiar al niño con pasión. Era lo peor. Uno era el verdadero heredero y el otro, era un
bastardo, pero los roles parecían estar invertidos. ¿Entiende lo que quiero decirle?
—Sí —murmuró Rosalyn—. Lo entiendo. —Podía verlo tan claramente, y comprendía
mejor las profundidades de la ira y el rencor entre los hermanos.
—Pues bien, es por eso que lord Derek nunca contraerá matrimonio con una inglesa.
Muchos malos recuerdos asociados con el fatídico matrimonio de su padre.
A Rosalyn le tomó un momento digerir tal revelación del ama de llaves. Notó la mirada
calculadora en los ojos de la mujer, como si todo lo que le acababa de comunicar tuviera por
intención decirle a Rosalyn que Derek nunca estaría interesado en ella debido a sus raíces
inglesas.
—Ya veo —dijo Rosalyn, pensativa.
—Yo también —entonó una voz profunda, lo que obligó a Rosalyn a girar sobre los
talones para encontrar a Derek en el umbral de la puerta; Darius estaba unos pasos más atrás con
uno de sus baúles. Derek ingresó en la habitación. Nunca dejó de tener contacto visual con ella al
decir—: Espero que este pequeño tâte à tête haya sido edificante para ambas.
Rosalyn se sentía avergonzada; no era correcto hablar sobre él bajo su propio techo. Él
levantó una mano para detener la disculpa.
—Encárgate de tus tareas, Caroline —dijo de manera brusca, arrugando el entrecejo
mientras ella pasaba junto a él para salir presurosa hacia el pasillo. Regresó la atención a Rosalyn y
dijo: —¿Dónde colocamos tus baúles?
Rosalyn indicó el rincón más alejado.
—Allí está bien. Gracias.
Darius ingresó con un baúl; Nathaniel arrastrando el otro. El niño la miró con
preocupación en los ojos marrones; era evidente que creía que ella estaba en graves problemas.
Darius negó con un movimiento de cabeza pero se marchó de la habitación sin pronunciar
una sola palabra. Nathaniel permaneció allí, con obvia renuencia a partir.
—¿Debo ir en busca de algo más para la dama, señor? —le preguntó a Derek, quien aún
mantenía la penetrante mirada clavada en ella.
—No. Eso será todo.
—Pero, ¿y el baño de la señora?
Como si hubiera estado esperando el momento indicado, la tina de cobre llegó, seguida de
varios sirvientes que cargaban cubetas de humeante agua caliente, y otros más con cubos de agua
fría; hasta que la tina estuvo llena hasta el borde y se veía muy tentadora. Lo único que Rosalyn
quería era darse un baño de inmersión durante una hora; las piernas comenzaban a dolerle.
Sin embargo, no creía que le darían mucho tiempo para disfrutar del baño; parecía que
recibiría un sermón.
—¿Quizás a la señora le agradaría un poco de comida? —insistió Nathaniel, mirando a
Derek esperanzado.
—Nada le sucederá a lady Rosalyn, muchacho; no tienes por qué preocuparte.
—No me preocupo, señor —se apresuró a decir Nathaniel, rechazando la posibilidad de
que no estaba absolutamente seguro de las intenciones de su héroe—. Sé que nunca lastimarías ni
a una mosca y que solo le agrada verse malo cuando en realidad no lo es.
Derek enarcó una ceja.
—¿No lo soy?
Rosalyn vio una mínima sonrisa cuando Derek cruzó los brazos sobre el pecho. Un pecho
bastante imponente, como había notado demasiado a menudo para su tranquilidad mental.
—No —respondió Nathaniel—. Solo le agrada refunfuñar mucho.
Rosalyn se llevó la mano a la boca para cubrir la risa.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Nunca lastimarías a nadie, a menos que deba hacerlo. Pero nunca herirías a una dama,
especialmente a una tan bella como la señorita. —El muchacho se dirigió a Rosalyn—: El piensa
que sos bella, señorita. La mira gracioso, de la misma manera que Janie me mira a mí. —Hizo una
mueca al recordar a su no deseada enamorada.
—Eres un hombre bueno, Nathaniel —le dijo Rosalyn—. Un día harás muy feliz a una
afortunada muchacha.
Él ladeó la cabeza, confuso.
—¿Cómo voy a hacerla feliz?
—No importa —contestó Derek, tomando al niño de los delgados hombros y girándolo
hacia la puerta—. Ahora, vete. Has dicho más que suficiente por un día.
—Pues bien, me iré. Pero si me necesita, señorita, estaré en las caballerizas. —Comenzó a
caminar hacia la puerta y luego, dio medio giro—. Solo pensé que la señorita debería saber que
vos no mordés, eso es todo. Se ve preocupada y no creo que esté bien, ya que está herida y todo.
¿Cree que está bien eso, señor?
—Comprendido —concedió Derek—. La dama será mimada hasta que se encuentre bien.
¿Te deja eso más tranquilo?
Nathaniel sonrió.
—Sí, señor. —Dirigió la mirada hacia Rosalyn y dijo—: Adiós, señorita. Estará bien ahora.
El señor siempre mantiene su palabra. —Habiendo hecho tal declaración, se fue dando saltitos; y
Rosalyn se quedó sola con Derek.
Él extendió el brazo hacia atrás y cerró la puerta, lo que provocó en Rosalyn una conciencia
mucho mayor del dolor expansivo en su interior que cobraba vida cada vez que estaba con
Derek.
La mente le zumbaba con fantasías secretas; imaginaba a Derek llevándola a la cama,
quitándole las prendas y humedeciéndole la piel con los labios y la lengua, llevándola hasta el
borde antes de deslizarse y entrar en ella sin decirle palabra.
—Creo que el joven Nathaniel está enamorado de ti —dijo Derek, trayéndola al presente al
tiempo que dio unos pasos sin prisa hacia la tina, donde el vapor humeaba en el aire.
Rosalyn luchó por recobrar el aliento.
—Es un niño dulce.
Derek asintió con un movimiento de cabeza, rozando la superficie del agua con la punta de
los dedos, lo que hizo a Rosalyn desear que fuese su propia piel lo que él tocaba.
—Sí que produces un efecto en los hombres de todas las edades.
—No lo había notado.
—No lo habías notado, ¿verdad? —Lentamente, caminó hacia ella, con un ritmo sensual en
cada paso; Rosalyn se sentía atrapada al tiempo que él se detuvo frente a ella—. Si quieres saber
algo acerca de mí, lo único que tienes que hacer es preguntármelo. Si creo que es algo que debes
saber, entonces, te daré mi mejor respuesta.
La cercanía era inquietante y Rosalyn intentó respirar para aplacar el pulso palpitante.
—No estaba curioseando. Solo que advertí la pintura. —La señaló, necesitaba desviar el
tema de conversación—. Tu madre era muy hermosa.
Derek observó el retrato.
—Sí; ella estaba orgullosa de su apariencia. Recuerdo cuando posó para el artista. Mi padre
acababa de obsequiarle ese collar.
Rosalyn había notado la magnífica gargantilla de esmeraldas y diamantes que colgaba en el
hueco del cuello de la madre.
—Es hermoso.
—Una reliquia familiar. Mi madre insistía en ser enterrada con él. Era más un símbolo de
triunfo que una preciada joya. Fue la última ofrenda de paz que mi padre intentó con mi madre.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Lamentablemente, fue un poco tiempo antes de que Ethan llegase. Esa es una sórdida historia
completamente diferente, aunque sospecho que ya habrás escuchado bastante sobre eso.
—He escuchado un poco de esa historia, pero preferiría oírla de ti.
Distraído, corrió un mechón de cabello del hombro de Rosalyn.
—Es, mi querida, es un relato largo y aburrido. Mejor será que lo dejemos para la tercera
edad. Ahora, se enfría tu baño. ¿Necesitas ayuda para desvestirte?
Era la segunda vez que le preguntaba lo mismo, y si había una tercera, ella cedería ante la
tentación, sin duda.
—No; estoy segura de que puedo ingeniármelas sola.
—Supongo que los botones de la espalda se abrirán solos ante tus órdenes, ¿no es verdad?
Rosalyn había pensado que podría desabrochar algunos y luego quitarse el vestido por
sobre la cabeza. Aunque habría preferido la ayuda de Derek, sentirle tan cerca con los dedos
rozándole la piel sería más de lo que podría soportar.
—Quizás puedas enviarme una sirvienta.
—Seguro —contestó él—. Pero estoy yo aquí y ahora y tengo dos manos. Te darás cuenta
que aquí no nos regimos por las formalidades. Entonces, si confías en que solo desabrocharé
algunos botones con la promesa de que no albergo segundas intenciones, estaré más que
dispuesto a ayudar.
Rosalyn sabía cuándo estaba acorralada. Si decía que no, iba a parecer que no confiaba en
él, cuando era en ella misma en quien no confiaba.
—Agradeceré tu asistencia.
Rosalyn cerró los ojos mientras Derek distraídamente desabrochaba un botón tras otro; un
temblor le recorría el cuerpo cuando los dedos de él le rozaban suavemente la piel; cada susurro
de caricia se sentía hecho a propósito en lugar de accidental.
Casi no notó cuando las mangas del vestido se deslizaron de los hombros, o cuando las
manos de Derek dejaron de moverse y se ubicaron sobre su cintura para hacerla girar.
La voz fue un oscuro susurro cuando dijo:
—Estás libre.
—Gracias —murmuró ella, mirando fijamente los profundos ojos azules que la estudiaban
con mucha intensidad.
—De nada. —El dirigió la mirada hacia abajo, hacia las caderas de Rosalyn, y ella sintió un
hormigueo de anticipación allí—. ¿Quizás debería quedarme aquí y asegurarme de que no tengas
ningún inconveniente al entrar y salir de la tina? Prometo mantener los ojos cerrados.
Ella hubiese preferido que Derek la acompañase en la cálida y sedosa agua, y la idea de
susurrarle una proposición indecente le bailó en la mente. Él respondería con un grave gemido de
anticipación mientras se quitaba las prendas con avidez y la alzara en brazos y la colocara dentro
del agua. Voltearía hacia él y, con la habilidad del experto, la guiaría sobre su lanza, empujándola
hacia abajo mientas la sujetaba de las caderas y la llevaba lentamente hacia arriba una vez más.
Durante un largo rato, no se oiría sonido más que la respiración profunda de él y la
agitación del agua alrededor de los enroscados cuerpos. Ella se abriría a él, lo llevaría profundo
hasta la empuñadura y lo volvería a hundir; la carne de ella temblaría de placer, cabalgarían lenta y
tortuosamente, hasta que los espasmos cobraran vida alrededor de él, ciñendo torrentes
deliciosos hasta que él inclinara la cabeza hacia atrás y gimiera.
—Gracias por la oferta —murmuró ella sin aliento—, pero estoy segura de que estaré bien.
Una picara sonrisa curvó los labios de Derek.
—¿Has notado cuánto tiempo pasamos agradeciéndonos el uno al otro?
Rosalyn no pudo evitar sonreír también.
—Bastante tiempo, creo.
—Uno bien podría pensar que estamos tratando de evitar otra cosa.
—¿Como qué?

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Melanie George – La novia robada del highlander

Pero ella lo sabía. La conexión sexual entre ellos los había quemado como llamaradas desde
el principio.
—Se me ocurren muchas cosas, pero no me siento dispuesto a discutir ninguna de ellas en
este momento —respondió con un tono áspero.
El corazón de Rosalyn dio un vuelco al ver la expresión en los ojos de Derek, y la
respiración se le volvió superficial cuando él se acercó.
—Quizás deba tomar mi baño.
Le rodeó la cintura con un brazo y la atrajo muy junto a su pecho.
—Sé que he dicho que no lo volvería a hacer —murmuró contra los labios de ella—, pero
parece que no puedo contenerme.
Sus labios se posaron sobre los de ella, con suavidad al principio, pero luego más
demandantes. Era insistente, y las manos de Rosalyn instintivamente se dirigieron a los hombros
de él para aferrarse a la rígida banda de músculos y sostenerse con todas sus fuerzas.
El vestido se deslizó sin que nadie lo notase y formó un charco a los pies de ella. Derek lo
quitó del medio con una patada y la abrazó muy fuerte, de manera que todo lo que ella pudiese
sentir y saborear fuera él.
Rosalyn gimoteó cuando los labios de Derek le saquearon los propios. Él era del tipo
caliente y duro, quemándole con su calor. Se sentía asaltada, deseada y en llamas, y no quería que
él se detuviese.
Se aferró a la camisa con los puños cerrados mientras los labios y la lengua de Derek se
movían por el cuello, enviando remolinos de sensaciones al fondo de su vientre. Nunca antes
había sentido algo parecido.
Luego, se encontró tropezando hacia atrás, cayendo sobre la suave cama mientras Derek se
desparramaba sobre ella, inmovilizándola allí con el peso de su cuerpo, pesado y divino.
Rosalyn enroscó los dedos en su sedosa cabellera, aferrándose a los mechones negros
como el carbón mientras él salpicaba besos sobre las suaves esferas de sus senos. Tenía la piel
cubierta por nada más que la camisola; un lazo rosado era lo único que le separaba los
inquisitivos labios de él de sus hinchados pezones.
Rosalyn sentía que le latía todo el cuerpo por la excitación. Las sensaciones se elevaban
hasta el punto de ebullición mientras los labios de Derek le recorrían el cuello hacia abajo, por la
clavícula… y más abajo hacia el valle entre sus pechos.
—Derek —gimió, sabiendo lo que estaba pidiendo con esa simple palabra. No le
importó…
El ruego pareció arrojar agua fría sobre su pasión, ya que, de repente, se detuvo y la
observó.
—Jesús —dijo entre dientes, cerrando los ojos.
Rosalyn le posó la mano en la mejilla, sintió el cosquilleo de la barba. Intentó hacer que la
mirase, pero él no quería. En cambio, rodó de lado y quedó junto a ella en la cama, fijando la
mirada en el dosel sobre sus cabezas.
Estuvo en silencio durante un largo rato antes de decir, finalmente:
—La culpa es toda mía. Dije que esto no volvería a suceder, y parece ser que soy un
mentiroso. Quiero decirte que esta será la última vez, pero ¡Dios!… no estoy seguro.
Deslizó la mirada hacia ella.
—La pura verdad es que te deseo. Quizás, mis motivos no eran tan altruistas como creía
cuando fui en tu ayuda en Londres.
Negó con un movimiento de cabeza y se sentó.
—Comprenderé si te quieres marchar. Puedo disponer lo necesario en la mañana. Quizás
debería haber hecho esto desde el principio. —Cuando se puso de pie, Rosalyn extendió el brazo
para detenerlo, pero él dio un paso más allá—. Enviaré a Caroline en una hora para que le
comuniques tu decisión. —Luego, se marchó, cerrando la puerta con suavidad tras él.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Rosalyn se recostó y se abrazó a sí misma. Tenía tanta culpa como Derek creía tener.
Debería haberlo rechazado cuando se ofreció a desabrocharle los botones, pero no había tenido
la fortaleza como para hacerlo.
Estaba cansada de sentirse como se sentía: hambrienta por él. Sus necesidades solo se
satisfacían en los sueños más profundos. Deseaba a Derek, y él acababa de dejar bien en claro
que la deseaba.
Quizás, era tiempo de explicar sus sentimientos con mayor claridad. Por más honorable
que Derek fuese, ella sospechaba que él no quería encontrarse con un grillete en la pierna
simplemente porque la deseaba. Rosalyn no era tan inocente como para no comprender que se
podía armar un gran revuelo por las cuatro letras antes de su nombre.
Lady.
Ella era lady Rosalyn. No era la lechera de la aldea, ni la hija del vicario, sino la hija de un
conde. El coqueteo de la clase que casi había experimentado con Derek terminaba, en general,
con un anillo en el dedo de la muchacha. Pero ella no quería contraer matrimonio, y sospechaba
que Derek tampoco estaba listo para eso.
Rosalyn se puso de pie y caminó por la habitación, analizando las opciones que tenía. Debía
comunicarle a Derek que partiría a la mañana siguiente. Su ofrecimiento significaba que no
necesitaba escapar de la casa en medio de la noche; lo cual, si era honesta con ella misma, no le
había parecido particularmente atractivo.
El camino a seguir, de repente, le resultó demasiado obvio: ¡Se convertiría en amante de
Derek! ¿Por qué negarse? Su futuro, en el mejor de los casos, era turbio, y si Calder tenía éxito en
sus planes, ella no tendría por qué preocuparse por su futuro. ¿De qué le serviría su virtud si
estaba muerta?
Si Calder se imponía y Derek huía con el rabo entre las patas, entonces tendría el recuerdo
de los momentos vividos con Derek para atesorar.
Sí; todo estaba muy claro. Por primera vez en mucho tiempo, no tenía dudas que la
atormentasen.
Rosalyn llamó a la criada. Cuando la muchacha se presentó, ella le dijo:
—¿Podrías decirle al señor Manchester que debo hablar con él?
—¿Le digo que lo veréis en el estudio, señorita?
Pensando que sería mejor no dar lugar a habladurías, en especial si Derek prefería mantener
su amorío en secreto, Rosalyn contestó:
—¿Hay un patio? Es una noche tan bella que creo que me agradaría dar un paseo.
—Sí, señorita. Salga derecho por las puertas francesas. —Señaló hacia el muro más alejado
y Rosalyn notó las puertas enmarcadas por unas hermosas telas adamascadas color bordó y unas
cortinas muy finas color marfil.
Caminó hacia allí, corrió las cortinas y miró afuera. El cielo estaba completamente negro,
con solo el brillo de la luna llena que cortaba la oscuridad. Brillaba sobre un camino de adoquines
que serpenteaba alrededor de gruesos setos y arbustos de rosales desperdigados hasta desaparecer
de la vista detrás de un espino.
Era perfecto.
Rosalyn le dijo a la criada por sobre el hombro:
—Por favor, dile al señor que me vea en el patio en media hora. Luego, si eres tan amable,
regresa aquí a ayudarme a vestirme.
—Sí, señorita. —La muchacha hizo una reverencia y se marchó.
Rosalyn volvió a girar y miró hacía el cielo de medianoche mientras un lento calor
comenzaba a gestarse en su interior. Con una sonrisa dibujada en el rostro, se apresuró hasta los
baúles y puso manos a la obra.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 9

Derek estaba de pie frente a la chimenea en su habitación, los ennegrecidos ladrillos y el


suave aroma a hollín eran vestigios de fuegos pasados.
Echó una mirada a la imagen que le devolvía el espejo sobre la repisa.
—Eres un maldito hijo de perra, tío. No puedes siquiera controlarte con una mujer
inocente. —Negó con un movimiento de cabeza—. Maldita desgracia. Quizás sea mejor que te
dieras por vencido y le dijeras a los muchachos que dejas el club.
Los Buscadores de Placer nunca coqueteaban con «damas» ni muchachas inocentes, lo cual
volvía la regla muy fácil de cumplir ya que parecía que, en general, una característica era exclusiva
respecto de la otra.
Aunque ese no era el caso. Rosalyn no. Ella era ambas: una dama y una muchacha inocente,
así como completamente encantadora y nada pretenciosa en lo absoluto.
El hecho de que la belleza no le afectara el carácter, la hacía mucho más deseable. Obligaba
al hombre a ver más allá de la apariencia externa, hacia lo que yacía debajo, que era lo que Derek
encontraba tan difícil de resistir.
Había conocido y se había acostado con muchas mujeres hermosas, pero aún no se había
cruzado con ninguna que tuviese un alma hermosa. Lady Rosalyn Carmichael le provocaba un
conflicto consigo mismo.
Alguien llamó a la puerta.
—Adelante —bramó.
—¿Señor? —una voz sumisa se escuchó desde la puerta, obligando a Derek a mirar por
sobre el hombro y encontrar a una de las criadas de pie allí.
Lo miraba como si pensara que saldrían llamaradas de la boca de Derek. Margery, según
creía que era su nombre, una de las seis hijas del herrero.
—¿Sí? —le preguntó, atenuando el tono—. ¿Qué sucede?
La muchacha tragó en seco.
—Tengo un mensaje de la señorita.
El cuerpo de Derek se tensó. No había anticipado una respuesta tan pronto y sospechaba
que sabía de qué se trataba. Sin duda, había asustado a Rosalyn con su pasión. No podía culparla
por querer irse.
—¿Cuál es el mensaje?
—La señorita preguntó si podía verlo en el patio en media hora.
Derek arrugó el entrecejo. ¿El patio? ¿Por qué querría verle allí? ¿Y por qué no había
procedido de la manera más conveniente para sortear el problema y simplemente le había
transmitido su decisión de partir a través de un mensajero imparcial? Sabía que tenía integridad y
sorprendentes agallas, pero había supuesto que evitaría enfrentarle cara a cara.
—¿Señor? —dijo la criada, ya que él permanecía de pie allí, mudo.
—Bien —contestó él—. Será el patio entonces.
Derek clavó la mirada en la puerta cerrada durante largos minutos. Le había prometido a
Rosalyn que estaría a salvo de sus avances; sin embargo, ante la primera oportunidad, él había
tomado ventaja.

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Melanie George – La novia robada del highlander

De nada servía pensar que ella no había puesto resistencia, o recordar lo dulce y maleable
que había sido su cuerpo contra el de él, o cómo le había correspondido como si hubiese estado
esperando ese beso, y solo deseaba reprenderlo por haberse retrasado tanto en llegar a eso. Dios
santo, ¿cuál era el beneficio de pensar en eso en ese momento?
Derek tomó la chaqueta de la silla y se la colocó. Echó una mirada rápida al reloj sobre la
repisa de la chimenea. Habían transcurrido solo diez minutos, pero no podía esperar ni un
segundo más en la habitación. Se sentía enjaulado y tenso. Quizás ella no se presentaría y le daría
una chance más para probarse a sí mismo.
Podrían jugar al ajedrez y discutir sobre la filosofía de la vida. Él podría enseñarle acerca de
la configuración de las estrellas y los planetas, y del impacto que tenían en el universo, y ella
podría contarle historias acerca de su vida en Cornwall. Podrían ser… compañeros.
Derek hizo un mohín con el rostro. Sin embargo, podría hacerlo. Se sentía orgulloso de su
habilidad de perseverar en lo que sea que se le hubiese puesto en mente. Si Rosalyn decidía
quedarse allí, él se aplicaría en la tarea.
Sin embargo, cuando salió a la noche envuelta en una oscura mortaja que rápidamente la
cubrió en sombras, Derek no pudo evitar preguntarse cómo superaría incluso los cinco minutos
con Rosalyn sin desear besarle.
Jesús, estaba en problemas.

—s–

Rosalyn había controlado su apariencia en el espejo de cuerpo entero tres veces. Se había
cambiado de muda unas tantas más. Dado que nunca antes se había ofrecido como amante, no
tenía idea de qué ponerse para provocar seducción.
Por último, se decidió por un vestido que lady Dane había adquirido para ella durante una
salida de compras; había insistido en que Rosalyn lo debía tener. Ella se sentía cautivada por la
belleza de la prenda. La cantidad de busto que revelaba era escandalosa, lo que lo hacía
absolutamente perfecto para la ocasión. Era justo lo que una mujer pronta a perder su virginidad
llevaría puesto.
—Se hace tarde, miladi —dijo la criada con gentileza—. El señor estará esperando por vos.
—Gracias, Margery.
Rosalyn echó una mirada a su reflejo una última vez. El corazón parecía fallarle cada tres
latidos y el estómago estaba enroscado en cien nudos. Pero no se echaría atrás en el plan.
Se armó de fuerzas para sonreír con confianza y giró hacia la joven criada.
—Deséame suerte, Margery.
La muchacha le echó una sonrisa tímida como respuesta.
—Buena suerte, señorita. Espero que obtenga lo que sea que esté buscando. Estoy segura
de que el señor va a quedar mudo cuando la vea vestida así.
—¿No crees que es demasiado? —preguntó Rosalyn.
—No, señorita. Se ve majestuosa.
Una oleada de calma bañó a Rosalyn.
—Gracias, Margery. No sé qué habría hecho sin ti.
Giró hacia las puertas francesas y la falda del vestido se abultó a su alrededor cuando se
apresuró a salir al aire fresco de la noche.
La temperatura había bajado desde su llegada y la brisa le erizaba la piel. Debería haber
llevado el chal. ¿De qué le serviría su propuesta si contraía paludismo?
La cabeza le daba vueltas al tiempo que avanzaba por el sendero que conducía al encuentro.
¿La rechazaría de inmediato? ¿O la aceptaría rápidamente?
Con la frente en alto, Rosalyn continuó, arrullada por el sonido de los grillos y el suave
taconeo de los zapatos contra el camino de adoquines.

60
Melanie George – La novia robada del highlander

No vio a Derek cuando ingresó en el patio, ya que estaba parcialmente escondido debajo de
un alto pino; sin embargo, él sí la vio y se sorprendió por la transformación.
La mujer que estaba de pie en una piscina de luz de luna, con la dorada cabellera
derramándose suelta y exquisita por la espalda y los cremosos hombros salpicados con polvo de
estrellas no podía ser la inocente muchacha que había encontrado más y más fascinante durante
las semanas posteriores a conocerla.
Esa mujer estaba segura de sí misma, era tentadora. Una dama que podía dominar con
facilidad la atención de cualquier hombre. Si hubiesen estado de pie en el salón de baile, todos los
caballeros habrían formado una fila para bailar con ella y obtener una oportunidad de ganarse su
afecto.
Supo en ese instante que el no podría mantenerse alejado, tampoco. Rosalyn relucía como
la luz más brillante en el cielo, y lo único que quería era acercarse a ella.
En silencio, se colocó tras ella y escuchó un suave suspiro en el fresco viento de la noche.
Se quitó la chaqueta cuando la vio tiritar.
—¿Tienes frío? —le murmuró al oído.
Ella dio un rápido giro y emitió un grito ahogado, con la mano sobre el pecho.
—Me has asustado.
—Lo lamento. Debería haber anunciado mi presencia, pero no quería romper el hechizo.
Quedé sin palabras al verte.
Ella lo miró fijo con sus luminosos ojos azules.
Él observó esas profundas piscinas durante largos momentos antes de deslizar la mirada
sobre ella.
—Estás hermosa. —La palabra era deplorablemente inadecuada. Estaba radiante, la más
deslumbrante estrella en el firmamento.
Un rubor enrojeció las mejillas de Rosalyn.
—¿Te refieres al vestido?
—El vestido es… sensacional. —No pudo evitar volver a observarla, y notó la
exhuberancia de los pechos, la ceñida cintura, la manera en que la tela le rozaba los delgados
muslos—. Pero es la mujer que lleva el vestido quien me quita el aliento.
La sonrisa de Rosalyn fue radiante.
—Gracias.
—Espero puedas perdonarme si pregunto cuál es la ocasión.
Habían llegado al corazón del asunto antes de lo que Rosalyn había anticipado, y respiró
profundo.
—Parecía una velada para vestirse con elegancia.
—Me siento honrado. Y debo confesar que me alegra que sea el único que pueda verte
vestida así. —Hizo una pausa—. Espero puedas perdonarme por mi comportamiento anterior.
—Perdonado.
—¿Pero no olvidado? No te culpo, y entenderé si quieres marcharte. Espero que al menos
aceptes mis disculpas.
—No hay necesidad de disculparse. Yo… —Rosalyn volvió a respirar profundamente, en
un intento de calmar los crecientes nervios que sentía—. Yo quería besarte tanto como tú a mí.
—¿Sí?
—De seguro notas que yo… que yo siento…
Derek la tomó de la barbilla.
—¿Qué sientes?
Rosalyn levantó la vista para mirarlo, y encontró los ojos de Derek tan oscuros y
misteriosos como el cielo de medianoche que la envolvía.
—Me siento débil y fuerte, todo al mismo tiempo. Me siento increíblemente atrevida y
terriblemente asustada. Nunca antes me había sentido así.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Yo también lo siento. Me dije a mí mismo que te dejaría sola. Creí que podría hacerlo.
Pero luego, ingresaste en el patio y me di cuenta de que todas mis esperanzas eran en vano. No
puedo estar lejos de ti.
—¿Qué haremos al respecto?
—No hay nada que podamos hacer. Estás aquí bajo mi protección.
Rosalyn deslizó las manos sobre el pecho de Derek, la blanca camisa de lino se sentía fría
bajo las puntas de los dedos.
—Quizás no quiera ser protegida —dijo ella suavemente junto a los labios de Derek—. Al
menos, no por ti.
—Rosalyn —le contestó, con un dolor en la voz mientras envolvía con delicadeza las
muñecas de ella con los dedos para retirarle las manos, lo que casi hace flaquear a Rosalyn.
—Escúchame, por favor.
Él quedó inmóvil, con excepción de los pulgares, que con suavidad le acariciaban la piel,
ocultando su deseo de terminar lo que estaba gestándose en ellos.
Rosalyn se inclinó hacia él, los senos le rozaron levemente el pecho, lo que atrajo la mirada
de Derek hacia los suaves montes.
El vestido tenía una sorprendente capacidad para ceñirle el cuerpo y le daba a Rosalyn una
increíble voluptuosidad. La carne le temblaba cada vez que ella respiraba. Cuando los ojos de
Derek regresaron al rostro de la muchacha, él tenía tal intensidad en la mirada que Rosalyn se
quedó sin aliento.
—He pensado mucho —dijo ella, y lentamente deslizó las manos por el escote en V de la
camisa de Derek, donde una tentadora porción de piel le calentaba la punta de los dedos.
—¿Y en qué has estado pensando?
—En nosotros —contestó ella, levantando el extremo sin abotonar de la camisa y echando
una mirada en la dura carne del pecho del hombre.
—¿Qué hay con nosotros? —repreguntó con un tono ronco en las palabras.
—Pues bien… ambos hemos confesado que sentimos atracción. Y creí que tal vez —se
puso en puntas de pie y le rozó la quijada con los labios—, te agradaría explorar esa atracción
conmigo.
Derek la tomó de los hombros y se alejó de ella.
—¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo?
—¿Qué crees que estoy diciendo?
—Jesús, Rosalyn, no juegues conmigo.
—Creo que no soy muy buena en esto. No tengo mucha experiencia en seducir a los
hombres; es mi primera vez.
—Pues, has hecho un muy buen trabajo por ser esta tu primera vez. —Negó con un
movimiento de cabeza, confundido—. ¿Me estás seduciendo? Esto es inaudito. No sé si colocarte
sobre mis rodillas o…
—¿O, qué?
—Olvídalo. ¿Qué te ha llevado a…?
—¿Ofrecerme a ti?
—Sí. Y será mejor que no tenga nada que ver con la razón por la cual llevas puesto este
vestido.
—¿Por qué?
—Porque no eres tú. Eres dulce y gentil… e inocente —le contestó él, con énfasis en la
última palabra.
¡Si solo él supiera!
—Quizás no desee ser nada de eso nunca más.
—No tiene nada que ver con querer ser así o no. Eres así, y muchos hombres matarían por
esas cualidades. No todas las mujeres las poseen.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Es posible que sea inocente en cuerpo y espíritu, milord, pero no soy tan ingenua como
tú pareces creer.
—No creo que seas ingenua. Simplemente eres ignorante en cuanto a las costumbres de los
hombres.
—Es por eso que quiero…
—No lo digas.
Rosalyn refunfuñó.
—No te comprendo. Me deseas; sin embargo, insistes en mantenerme a distancia. ¿Por
qué?
—Porque uno de los dos tiene que ser racional aquí, y es evidente que tendré que ser yo.
Rosalyn se sintió estúpida y herida y retiró el brazo arrancándolo de la mano de Derek. Lo
único que quería era desaparecer de la vista y quemar el horrible vestido. ¿Qué locura se había
apoderado de ella para pensar que podría llevar eso adelante?
La tomó de los hombros.
—¿Adonde vas?
—Lejos de ti. No sé en qué estaba pensando para querer tener algo que ver contigo. —
Rosalyn intentó pasar junto a él, pero Derek le bloqueó el camino.
—Rosalyn, cariño…
—No me llames cariño —dijo, echando humo—. Has sido muy claro conmigo, milord.
Soy una molestia y un incordio y obviamente no soy una de tus mujeres de mundo. No volveré a
importunarte. Empacaré mis cosas esta noche y estaré lista para partir en la mañana. Buenas
noches.
Trató de marcharse por un costado, pero él volvió a truncarle el intento.
—Rosalyn, hablemos.
—No hay nada de qué hablar.
Una media sonrisa cautivadora curvó los labios de Derek.
—Tendré que discrepar contigo. Una mujer hermosa me acaba de ofrecer un precioso
obsequio que no merezco. Me siento honrado y humillado. Pero ella no comprende que merece
algo mucho mejor que un revolcón.
—¿Es así como ves hacerme el amor a mí? ¿Un revolcón? Entonces, quizás tengas razón:
Claro que merezco algo mejor. Ahora, si me disculpas…
Antes de que Rosalyn pueda moverse, se encontró con que la levantaban del suelo y el
cuerpo se le hundió en los brazos de Derek.
—No he terminado contigo, y si te tengo que atar para que me escuches, entonces lo haré.
—¡Bájame!
Caminó hasta un banco trabajado en hierro y se sentó, sosteniéndola cerca del pecho.
—Quédate quieta —dijo él mientras ella se retorcía sobre el regazo, odiando su propio
cuerpo traicionero que la deseaba—. Cuanto antes escuches lo que tengo para decir, antes podrás
darme una bofetada y correr hacia la casa.
Rosalyn lo miró fijo, aterrada.
—Nunca te daría una bofetada.
—Gracias. Ahora, discutamos esta propuesta tuya.
Ella cruzó los brazos sobre el pecho y se negó a mirarlo a los ojos.
—Creí que no querías referirte a eso como una propuesta.
—Estoy reconsiderando mi posición en el asunto. Vamos —intentó convencerla con
zalamerías—. No puedes culparme por estar sorprendido.
—Pasmado, diría yo.
—Bien. Pasmado. ¿Sabes? Esta es la primera vez que me pasa algo así a mí también. Me
has sorprendido con la guardia baja, algo que rara vez me sucede.

63
Melanie George – La novia robada del highlander

Rosalyn no podía entender por qué se sentía tan inextricable. Parecía tener todas las
emociones revoloteando a su alrededor. No podía dejar de pensar cómo era posible que insistiese
en arrojarse a sus brazos y luego, retraerse. Había muchos hombres que la encontraban atractiva,
quienes habían trabajado afanosamente para ganarse su afecto. Sin embargo, no había encontrado
a ningún hombre de su agrado, hasta que conoció a Derek. Desde el primer momento en que le
sonrió y ella lo miró a los hermosos ojos, lo supo.
De repente, las lágrimas le inundaron los ojos.
—Por favor, déjame regresar a mi habitación. No deseo discutir sobre esto. Me he
comportado como una estúpida y preferiría no arrastrar más esta humillación.
—No has hecho nada de lo que debas avergonzarte, Rosalyn. De hecho, tú has sido la
persona valiente aquí. Has dicho cosas que yo quería decir pero no podía. Durante todas estas
semanas he observado a otros hombres hablar contigo, bailar contigo, tocarte, y deseaba partirles
el cuello. No quería que nadie hiciera contigo lo que yo quería hacer.
Rosalyn parpadeó.
—Nunca noté nada de eso.
—Porque tenía que ocultarlo, lo cual fue muy difícil, maldición. Pero no asistí a todas esos
eventos para seducirte; estaba allí para protegerte. No podía perder eso de vista.
—¿Y ahora?
—Aún quiero protegerte, si me lo permites. No quiero que nada te suceda.
El recordatorio de que Calder aún seguía suelto fue un baldazo de agua fría sobre la
discusión.
—¿Y si yo no quiero que nada te suceda a ti? —preguntó ella—. ¿Qué se supone que deba
hacer?
—Si Westcott de algún modo logra encontrarnos antes de que yo lo encuentre a él,
entonces será detectado antes de que pueda poner un pie en el patio. —Derek la atrajo para sí,
colocando la cabeza de Rosalyn bajo su barbilla—. Estás a salvo aquí, amor. Quédate conmigo.
Rosalyn tironeó de un botón de la camisa.
—Pero, ¿qué hay con…? Tú sabes.
Una risa grave le retumbó en el pecho.
—Eso nos plantea un dilema.
—No tiene por qué. No creas que espero contraer matrimonio.
—¿Por qué no? —Él sonó sorprendido.
Rosalyn se encogió de hombros.
—No es por mí.
—Pensé que todas las jóvenes damas soñaban con el día de sus bodas.
—Algunas mujeres no son adecuadas para el matrimonio, de la misma manera que algunos
hombres no lo son, tampoco.
—Es una manera interesante de decirlo. Sin embargo, encuentro aún más interesante el
hecho de que no has dicho que no querías contraer matrimonio.
—Pero lo dije.
—No, has dicho que no lo esperabas, y que no eras adecuada.
—Es lo mismo.
—En lo absoluto. Pero volveremos a tocar el tema más adelante. Quisiera saber qué te
impulsó a acercarte a mí de este modo. —Derek apoyó la mano sobre la mejilla de ella—. No
tendrás la estúpida idea de que me debes algo, ¿no es verdad?
Rosalyn se endureció.
—Por supuesto que no. Hice lo que hice porque así lo sentí en ese momento.
—Entonces, ¿no te sientes más de ese modo?
Si hubiera sido inteligente, habría dicho que no, pero nunca fue una buena mentirosa.
—No sé cómo me siento. Creo que me deseas, pero luego, no.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Rosalyn, no puedo imaginar un momento en que no te desee. Me tientas en todo


instante, pero…
—¿Hay alguien más? ¿Es esa la razón por la cual insistes en rechazarme?
—Jesús, no te rechazo. Y no, no hay nadie más.
Ella elevó la mirada al cielo, deseando estar de vuelta en Cornwall, segura en su propia
cama, con su madre y su padrastro al final del pasillo, y su hermanastro sin planear su deceso.
—Por favor —dijo ella suavemente—, déjame ponerme de pie.
Muy a su pesar, Derek hizo lo que le pidió.
—Rosalyn —comenzó a decir.
—Por favor, no digas más. Esto ya es bastante difícil. No sé en qué estaba pensando. No
soy una mujer de mundo que seduce a los hombres regularmente. Soy solo una muchacha de una
pequeña aldea en Cornwall.
—Y esa es la mismísima razón por la cual me atraes tanto. Eres sencilla y genuina. No te
hubiera ofrecido una segunda oportunidad de pensarlo si fueses una mujer hastiada y cínica como
yo.
Rosalyn giró para observarle.
—No eres hastiado y cínico.
—No me conoces tan bien como crees. He hecho algunas cosas de las cuales no me
enorgullezco.
—Todos hemos pasado por lo mismo. No seríamos seres humanos de otro modo.
—No quiero arruinarte. No podría vivir conmigo mismo si lo hiciese. Dices que no quieres
contraer matrimonio, pero ¿si cambias de opinión? ¿Y si te arrepientes de hacer el amor
conmigo?
Rosalyn apoyó la palma de la mano sobre la mejilla de Derek, como había hecho él unos
minutos antes.
—Eso no sucederá. Casi no he pensado en otra cosa desde que te conocí —confesó ella.
—¿Qué sucederá si comienzo a sentir apego por ti? ¿Qué sucederá si yo pienso en el
matrimonio? ¿Qué sucederá?
La observación la tomó por sorpresa.
—Yo… —Rosalyn negó con un movimiento de cabeza—. No lo sé.
—¿Se te ha cruzado por la cabeza alguna vez?
—No —contestó ella con honestidad—. ¿Es por eso que estás tan vacilante? ¿Porque crees
que espero que contraigas matrimonio conmigo? No lo haré. Pero tampoco quiero morir siendo
una solterona virgen.
Derek tomó un mechón de la cabellera en la mano.
—Estás muy lejos de ser una solterona, y aún más lejos de tu recompensa final.
—A los veintitrés años, estoy para vestir santos, como lo pensaría la mayoría de las
personas. Y lo que el futuro me depara… —Suspiró y pensó en Calder—. Simplemente no
quiero pasar el resto de mi vida arrepintiéndome por lo que no hice. ¿Puedes entender eso?
—Más de lo que crees.
Ella dio un paso hacia atrás y se alejó para oler una rosa en capullo.
—Lamento si te puse en una situación incómoda, y entenderé si te resulta embarazoso
estar conmigo ahora. No volverá a suceder, por lo que no debes preocuparte. No te acorralaré en
cada patio desierto.
—No me preocupo. Me sentiré muy decepcionado si no eliges acorralarme de nuevo. Si ese
fuera el caso, me veré obligado a hacerlo yo. —Él acortó la distancia entre ellos y cortó la flor que
ella había estado oliendo segundos antes. Le acarició los labios suavemente con ella.
—Si aún me deseas, acudiré a ti a medianoche. Si no abres la puerta, entenderé. Es tu
decisión, Rosalyn. Nunca querría que hagas algo de lo que puedas arrepentirte luego. Ninguno de
los dos podrá vivir con eso.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Colocó la rosa en la palma de la mano de la muchacha, giró y se marchó. Rosalyn lo


observó desaparecer por el sendero oscuro; y, con el corazón palpitando salvajemente, se
preguntó en qué predicamento se acababa de meter.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 10

Derek echó una mirada al reloj sobre la repisa: un cuarto para la medianoche. Pronto
estaría golpeando a la puerta de Rosalyn. Pronto estarían aclarando el asunto. Deseaba con todas
sus fuerzas que ella bloqueara la puerta con barras de hierro; con la misma intensidad rogaba que
ella lo tomara entre sus brazos y lo llevara a su cama.
Era una locura. ¿Qué estaban haciendo? ¿Qué estaba haciendo él? Se sentía tan nervioso
como un imberbe muchacho. Se había ganado su membresía en Los Buscadores de Placer de
buena ley, y era una cuestión de honor proveer a sus mujeres de tanto placer como ellas le daban
a él.
Pero se trataba de Rosalyn. Ella era un tipo de mujer completamente diferente; acostarse
con ella significaba demasiado como para tomarse el asunto a la ligera.
Se peinó el cabello con la mano. Debería haber cancelado todo el asunto en lugar de
ponerla en evidencia. Durante toda la noche, había esperado que ella le enviase una nota
diciéndole que no había estado en sus cabales, pero no tuvo la suerte. La casa había estado
inquietantemente silenciosa. Estaba seguro de que no era así, pero bien podría creer que todo el
mundo sabía dónde estaría cuando el reloj diera las doce, lo que agregaba un peso más a su
ansiedad.
Cuando los minutos se acabaron, Derek salió de su habitación en camino a la de Rosalyn.
Durante medio minuto, incluso llegó a decirse a sí mismo que si Rosalyn lo deseaba,
entonces no había nada de malo en todo esto. Eran dos adultos con mutuo acuerdo; ninguno
estaba forzando al otro a hacer nada que no estuvieran perfectamente dispuestos a hacer.
Entonces, ¿por qué se sentía como un cerdo libidinoso babeándose por un cordero
perdido?
Y, ¿por qué no daba la vuelta y regresaba a su habitación, cerraba la puerta con llave, y se
consolaba con una botella de brandy excelentemente añejada? Solo porque hubiese dicho que iría
a ella a la medianoche, no significaba que tenía que ir. Tenía opciones. Alternativas.
Pero nada de eso logró llevarlo de regreso a su habitación.
Atravesó el vestíbulo que separaba el ala este del oeste. ¡Pues, vaya con la teoría de ubicarla
en el extremo opuesto de la casa! ¡Vaya con su proclamada fuerza de voluntad! Había aguantado
cinco minutos después de la increíble propuesta de Rosalyn. Sus proposiciones fueron poco
entusiastas.
Al girar a la esquina, sus meditaciones se vieron interrumpidas cuando algo pesado lo
golpeó en la nuca, derrumbándolo al suelo, noqueado.

—s–

Rosalyn enroscaba el lazo del salto de cama alrededor del dedo una y otra vez, consumida
por el reloj.
Derek golpearía a su puerta en menos de dos minutos. Unos instantes después de eso, bien
podría convertirse en una mujer completa.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Cuando oyó el golpe a la puerta, Rosalyn se sobresaltó. El momento había llegado. Tragó
en seco para aplacar los nervios y tiró de los lazos del salto de cama tan fuerte que apenas podía
respirar.
Luego, se dirigió a la puerta, inspiró profundo y abrió. Sin embargo, la persona del otro
lado no era Derek.
—¿Te desperté?
Rosalyn parpadeó.
—¿Qué estás haciendo aquí?
No sabía por qué Ethan estaba en la puerta de su habitación en la mitad de la noche, pero
se podía imaginar lo que Derek haría si se encontraba a su medio hermano allí. Tenía que
deshacerse de Ethan antes de que él llegara.
—Vi tu luz encendida y quería ver cómo te había ido en tu primer día en el castillo Gray —
dijo él—. Espero que no te hayan acechado los fantasmas, ¿no? Aunque sí tenemos algunos
secretos muertos por ahí.
—Te das cuenta de qué hora es.
—El paso del tiempo es relativo —dijo, encogiéndose de hombros—. ¿Puedo pasar?
—No, sería inadecuado.
Sonrió, maléfico.
—Nunca he sido muy adecuado.
—Ya lo veo.
Ethan pasó junto a ella e ingresó a la habitación.
—Derek te ha dado la antigua habitación de su madre. Qué extraño. —Giró hacia ella—. A
lady Emmaline le agradaba estar lo más lejos posible de su esposo. Debo decir que me sorprende
que Derek te quiera tener a tal distancia. En su lugar, te hubiese ubicado en la habitación junto a
la mía y habría aceitado bien las bisagras de la puerta colindante.
Rosalyn apretó los dedos alrededor del extremo superior de la prenda y abrazó la tela
contra el pecho.
Ethan rió.
—No temas, dulzura. No tengo intenciones de saquearte, a menos que quieras que lo haga.
Estoy dispuesto a complacerte.
—Milord —Rosalyn comenzó a decir.
—No soy un lord. Simplemente un humilde bastardo que vive de la generosidad de su
hermano. No es que me moleste, por supuesto. Considero lo que es de Derek legalmente mío.
Soy el primer hijo varón, después de todo. En resumen: me lo deben. Pero, basta de hablar de
eso —dijo él, haciendo un ademán con la mano para descartar la idea—. Tengo ganas de celebrar.
—¿Cuál es la ocasión?
—¿Hace falta una?
—Esto no es…
—Si mi memoria no falla, hay una buena botella de oporto en el gabinete de esa mesa
lateral. —Caminó a grandes pasos por la habitación y quitó la botella de allí, soplando el polvo
que se había acumulado sobre ella antes de elevarla hacia la luz, donde brillaron rojos prismas—.
Magnífico. —Quitó el tapón de vidrio y se llevó la botella a los labios, dudando solo un
momento para ofrecerle el primer trago.
—No, gracias.
—¡Como quieras! —Tomó una bocanada, y suspiró ruidosamente después de tragar. La
miró de soslayo y le dijo—: No fue muy sofisticado, ¿verdad? Pero a Derek le agrada guardar el
licor bajo siete llaves. Que Dios no permita que nadie se ponga jocoso en su sagrado hogar,
mucho menos yo. Suelo tener mis propias provisiones, pero mi hermano también disfruta de su
pequeña venganza al pedirles a los vendedores que se nieguen a venderme la mercancía. Ya que la

68
Melanie George – La novia robada del highlander

aldea entera está bajo su pulgar, la mayoría de ellos no se oponen a sus órdenes. Sin embargo —
continuó con una sonrisa—, tengo mis recursos.
—Toda esta animosidad entre ustedes dos ¿es realmente necesaria? —preguntó Rosalyn.
—No puedo imaginar un día sin ella.
—Pero, ¿no pierde vigencia?
Ethan se encogió de hombros.
—Debo confesar que el muchacho aprendió a dominar su carácter mucho mejor que
cuando era un adolescente de buenas intenciones.
—Entonces supongo que tú te rebelas ante las buenas intenciones.
Hizo un gesto con la botella.
—Estás entendiendo. Sabía que lo harías.
—¿No crees que es tiempo que esta contienda termine? Su padre ha muerto, y ustedes son
adultos ya.
Ethan la observó como si a ella le hubieran salido cuernos y una cola bífida.
—Olvídate de eso. Siento que mi propósito en este mundo es molestar a mi hermano con
pretensiones de superioridad moral. ¿Ciertamente no querrás negarme ese placer?
De repente, una voz interrumpió.
—¿Es por eso que me pegaste en la nuca como el cobarde que eres?
Rosalyn giró y se encontró con Derek en el umbral de la puerta. Un hilo de sangre le caía
por la sien.
Corrió hacia él y le tomó el rostro con las manos.
—Dios mío, ¿qué sucedió?
Derek le echó una mirada a Ethan, con furia en los ojos.
—¿Por qué no le preguntas a mi hermano?
Ethan se sentó en el borde de la cama de Rosalyn, con la botella de oporto frente a él.
—¿De seguro no estarás queriendo decir que tuve algo que ver con tu herida? Siempre has
sido muy torpe. Recuerdo incontables oportunidades en las que te has tropezado con tus propios
pies. Y aquí estás, todo un terrateniente. Es incomprensible. Creí que te habrías caído de un
acantilado a estas alturas.
—Estoy seguro de que te habría agradado eso. Quizás habrías apresurado mi partida final
con una mano sobre mi espalda.
—No soy más que complaciente —contestó Ethan suavemente.
—Maldito bastardo —espetó Derek entre dientes, forzando a Rosalyn a que se quitara del
medio y dando unos pasos hacia su hermano.
—Basta —dijo ella en voz baja, pero con convicción—. Por favor, vete a dormir.
—Parece que te has ganado una invitación a la cama de la señorita con tu conveniente
derramamiento de sangre —ridiculizó Ethan—. Considérate un hombre afortunado.
Rosalyn apretó con más fuerza el brazo de Derek cuando él se tensó, y le echó una mirada
iracunda a Ethan.
—Debo ver las heridas de tu hermano. ¿Podrías traerme toallas limpias, por favor? —Ella
tenía toallas, solo deseaba que Ethan se marchase. La mirada en los ojos de él denotaba que se
había dado cuenta de la treta.
—Lo que necesites, mi amor —contestó irguiéndose con un ademán exagerado.
—Si te vuelvo a ver cerca de esta habitación —dijo Derek con un tono de voz apenas
controlado—, quedarás eunuco en un santiamén.
—Más amenazas vacías. Sin embargo, me iré. Verte sangrar me aburre cada vez más, y la
noche aún es joven. Que te mejores, hermano. —Ethan elevó la botella en un saludo burlesco y
luego, giró para marcharse.
En la puerta, casi choca con Darius.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Ah, ha llegado la caballería. El herido yace por allá. —Silbando, desapareció por el
pasillo.
—Dios santo, muchacho, ¿qué te ha sucedido? —exclamó el tío.
—Parecería que me han herido —masculló Derek mientras Rosalyn volcaba agua de una
vasija sobre la mesa de noche en un cuenco.
Cogió un pañuelo con monograma y lo introdujo en el agua fresca.
—-Ahora, déjame limpiarte la herida.
Derek extendió la mano para tomar el pañuelo.
—Puedo hacerlo yo mismo —dijo, gruñón.
Rosalyn movió el pañuelo lejos del alcance de él.
—No voy a discutir contigo. Ahora, acuéstate ahí y quédate quieto. De otro modo, podrá
doler más de lo que debe.
Darius largó una risotada.
—Escucha a la señorita, muchacho. No tolerará tu mal humor. Será mejor que hagas lo que
te dicen.
Derek miró a su tío con el ceño arrugado.
—¿Necesitas algo? ¿O estás aquí para verme desangrar hasta morir?
Rosalyn bufó.
—Qué melodrama.
—¿Perdón? —dijo Derek, dirigiendo la mirada hacia ella.
Rosalyn le enfrentó la mirada sin pestañear.
—Dije que estás siendo demasiado dramático. No te morirás desangrado, pero tendrás un
antiestético chichón y un enorme dolor de cabeza en la mañana.
—¿Y cómo sabes que no estoy herido en ningún otro lado? ¿Te has fijado?
—No, no lo he hecho. ¿Estás herido en alguna otra parte? ¿O es simplemente una treta
para llamar la atención? He visto a niñitos de dos años fingir mejor que tú.
Derek vio la contenida risotada de Darius, pero estaba muy ocupado con su enfermera
como para que le importase.
—¿Ah, sí? ¿Y cuántos niños de dos años has atendido, si puedo preguntar?
—Los montes y valles de Cornwall estaban atestados de niños jugando y, en última
instancia, dando volteretas. Y se oían como tú te oyes ahora. Entonces, si eres tan amable de
quedarte quieto, te lo agradeceré.
—Te lo dijo, muchacho —dijo Darius con una carcajada—. Sí, ciertamente de lo dijo.
—Tienes tiempo a que cuente hasta tres para salir de esta habitación —le advirtió a su tío.
La sangrante cabeza le latía como si alguien la hubiese utilizado como tambor.
Cuando le pusiese las manos encima a Ethan, le retorcería el pescuezo. Derek no tenía
dudas de que había sido un gesto de bienvenida de su medio hermano, un gesto que habría sido
fatal de haberlo golpeado con más fuerza.
Ya había cumplido bastante con su obligación para con el hombre. Debería haber echado a
Ethan hacía años. Nadie lo habría culpado de hacerlo; todos en el clan sabían que Ethan era un
buscapleitos. Ya había sido su víctima lo suficiente.
Derek le había sacado de un apuro tras otro durante años; por qué, no lo sabía. Hubo un
momento en que podría haber creído que sería agradable tener un hermano, pero no tenía que
tolerarlo más, ¡maldición!
En especial, si involucraba a Rosalyn de alguna manera. Derek había visto algo que no le
agradaba en la mirada de Ethan. Algo que se parecía mucho a un encaprichamiento.
—¿Satisfecho?
La voz de Rosalyn lo trajo a la realidad. Levantó la vista y la encontró observándolo, con
las manos sobre los labios.
–¿Qué?

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Pregunté si estabas satisfecho ahora que has echado a tu tío.


Derek resopló.
—Si Darius se marchó fue porque quería hacerlo. Ni siquiera la tierra partiéndose en dos
bajo sus pies podría obligar al hombre a moverse si así no lo desea. Entonces, por favor, retrae
tus garras. He tenido demasiada violencia para un solo día. —Haciendo una mueca de dolor,
Derek se irguió en la cama.
—Dios mío —resopló Rosalyn, empujándolo hacia atrás mientras le acomodaba los
cojines—. Sí que eres obstinado.
La larga cabellera de ella le rozó la mejilla. La textura y el aroma del cabello lo
atormentaron y le recordaron energéticamente por qué había atravesado los oscurecidos pasillos
del castillo en primer lugar.
El salto de cama de Rosalyn había cedido, dejando a la vista una porción de los pechos, y
los pezones estaban levemente erguidos y presionaban contra el delgado camisón.
—Lamento haber arruinado nuestra noche —dijo él.
Un suave rubor tiñó las mejillas de Rosalyn cuando notó la proximidad de sus pechos y el
rostro de Derek, y dio un paso hacia atrás. Ambos parecieron comprender al mismo tiempo que
él no solo estaba en la habitación de ella, sino que estaba en su cama.
—No tiene que suceder nada, ¿sabes? —le dijo—. De hecho, no esperaba que sucediera.
Simplemente pasar tiempo contigo me hace feliz.
—No he cambiado de opinión.
—¿No?
—No. No mentiré y diré que no estoy nerviosa. Pero esto es lo que quiero. Te deseo.
Derek la trajo para sí, llevándola a sentarse junto a él sobre la cama.
—Yo te deseo también.
Si ella hubiese bajado la mirada hasta los pantalones, habría visto la evidencia de ese deseo.
Derek estaba duro como roca y con la desesperada necesidad de lanzarse a las profundidades
heladas del lago, que era donde imaginaba que se dirigiría tan pronto como ella se diera cuenta de
que no quería desperdiciar su tesoro con él.
Sin embargo, ella se puso de pie. La mirada nunca lo dejó mientras se desató el lazo del
salto de cama y dejó que la tela sedosa se deslizase hacia los pies, enmarcándola como si fuese
una ninfa elevándose del mar. El camisón le delineaba las exuberantes curvas del cuerpo; la
voluptuosidad de los senos que subían en pendiente, la delgada cintura y las pequeñas caderas, los
dedos de los pies se asomaba por debajo del ruedo.
Las manos le temblaban cuando se quitó primero un tirante del hombro, luego el otro. La
seda le acarició cuando se deslizó hacia abajo por el cuerpo, deteniéndose brevemente en los
pezones para mofarse de él antes de escurrirse por completo, y dejarla gloriosamente desnuda.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 11

Rosalyn permaneció de pie, inmóvil, sintiéndose como si estuviese sujeta al suelo como una
estatua viviente. Esto era exposición total ante un hombre. Y no era cualquier hombre, sino aquel
a quien le entregaría su inocencia.
—Estás pálida como un fantasma —dijo Derek, con preocupación en el rostro mientras
atraía a Rosalyn hacia sus brazos—. Te lo he dicho, amor, no tienes que hacer esto.
—No —contestó ella, negando con un movimiento de cabeza—. No es eso.
—¿Qué es, entonces?
Rosalyn extendió la mano y le tocó la herida con suavidad.
—¿Crees que Calder nos haya encontrado?
Derek la envolvió con los brazos por alrededor de los hombros y la trajo para sí en un
abrazo.
—¿Es eso lo que te inquieta? ¿Crees que tu hermanastro se ha enterado de dónde estás?
Rosalyn no estaba preocupada por ella misma.
—Puede haber sido él quien te lastimó.
—Confía en mí, amor, Calder no está ni a cien millas de aquí. Lo sabría.
—Pero…
Derek la acalló con un dedo sobre los labios.
—Él no está en el castillo Gray. No solo tendría que ser invisible, sino también un maldito
mago. —La obligó a mirarlo a los ojos—. No te preocupes.
Derek podía ver que ella aún tenía dudas, y sintió una renovada determinación de
protegerla, sin importar lo que implicase. El solo pensar en que alguien pudiera lastimarla le
resultaba insoportable.
Nada lo había asustado antes. Había mirado a la muerte a los ojos en más de una
oportunidad y había salido indemne.
Sin embargo, no se trataba de su vida, sino la de Rosalyn. Se estaba convirtiendo en alguien
muy importante para él. Cada día que pasaba, ella llenaba más y más el espacio vacío en su
corazón.
Mucho tiempo atrás, se había reconciliado con la idea de que no existía tal cosa del alma
gemela. Los hombres y las mujeres podían ser compañeros y amantes, pero no parecía haber más
que eso.
El amor era un cuento de hadas que nunca lo encontraría, y él lo había aceptado. Existía,
desde hacía mucho tiempo, un acuerdo implícito que algún día contraería matrimonio con Megan
Trelawny. Era joven y hermosa e inmune a las dificultades de vivir en las Tierras Altas, ya que
había nacido y crecido allí.
Su clan y la familia Trelawny habían sido en el pasado enemigos mortales, pero eso había
sucedido décadas atrás. La ruptura había sido reparada, aunque los recuerdos permanecían. Había
parecido sensato unir a los dos clanes, asociando dos grupos fuertes de los habitantes de las
Tierras Altas. La propiedad de los Trelawny bordeaba el castillo Gray. El matrimonio los haría
aliados.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Pero, en el fondo, Derek sabía que lo que verdaderamente lo separaba de Rosalyn era su
herencia inglesa. Los extranjeros habían intentado y habían fallado en su país. Su madre había
terminado triste y amargada, anhelando las celebraciones del país y los magníficos bailes, los
hermosos atuendos y los correctos caballeros.
Eventualmente, Rosalyn extrañaría eso también. El castillo Gray estaba aislado, un mundo
en sí mismo, y mientras que él se regodeaba con mantener el mundo exterior a raya, Rosalyn
querría algo más. Algo que él no podía darle, como su padre no había podido dárselo a su madre.
Aun así, sabiendo todo eso, Derek hizo lo que había deseado hacer durante todo el día. La
trajo para sí y la besó, con suavidad al principio, saboreando su dulce boca y encantado con su
respuesta.
El beso rápidamente se volvió más apasionado mientras ella le rodeaba el cuello con los
brazos y lo abrazaba con más fuerza. Los senos eran un cálido y suave peso contra el pecho de
Derek.
Él tomó con la mano un globo firme y la escuchó inspirar rápidamente cuando el pulgar le
acarició el pezón, rozando el tenso pico.
—Eres muy hermosa —murmuró Derek, y le dio un beso fugaz sobre los labios antes de
comenzar a bajar por el cuello, sintiendo el corazón de Rosalyn batiendo como un colibrí.
Rozó la clavícula y la respiración de la mujer se aceleró con excitación. Quería ir lento con
ella, dejar que se acostumbre a las caricias. Saboreó cada porción de la sedosa piel. Derek sentía el
cuerpo tenso y explosivo. La deseaba tanto que le dolía todo el cuerpo.
Derek se deslizó hacia el exuberante valle entre los senos, lamiendo con lentitud los pechos
voluptuosos, dolorido por el deseo de saborear los pezones.
Se regocijó con el gemido de Rosalyn cuando se llevó el pezón a la boca y lo succionó con
gentileza. Ella inclinó la cabeza hacia atrás y se aferró a la nuca de Derek.
Él lamió un sendero hasta el otro rígido pezón y le dio latigazos con la punta de lengua,
incrementando la velocidad hasta que Rosalyn se retorcía en sus brazos.
La recostó sobre la espalda y se colocó sobre ella con suavidad; los labios y las manos le
masajeaban los pezones hasta convertirlos en puntos dilatados, hinchados por las caricias.
Deslizó la mano por el vientre de Rosalyn, rozando la suave y plana superficie con la punta
de los dedos, sintiéndola temblar cuando encontró el centro sensitivo.
Derek se tomó su tiempo afanándose inexorablemente hacia los sedosos rizos y la dulce
perla allí escondida. Rosalyn tenía las piernas cerradas con fuerza, pero él deslizó la mano entre
los muslos y masajeó los tensos músculos hasta que ella se volvió flexible, abriéndose para él.
—No te lastimaré —le murmuró en la sien—. Nunca te lastimaría.
Rosalyn giró, y por primera vez desde que Derek había comenzado con el acto amoroso,
ella lo besó, los labios dulces sobre los de él, la mano internándose profunda por la abertura de la
camisa para acariciarle el pecho.
Un gruñido primitivo rugió en el interior de Derek, y presionó los labios con más fuerza en
el beso, con deseos de devorarla, a punto de perder el control.
Cuando él le abrió los labios inferiores, y los dedos se deslizaron dentro del húmedo calor,
supo que ella estaba casi lista para él. Rosalyn arqueó la espalda y presionó contra la mano al
tiempo que él comenzó a masajear el nudo sensitivo. El gimoteo que emitió fue un sonido
erótico al oído.
Rosalyn tenía los ojos cerrados y él le besó los párpados, esperando a que posase la mirada
en él. Los ojos se veían inocentes en la tenue luz, pero el deseo en las profundidades casi lo mata.
—Ven aquí —indicó él en voz baja, cambiando de posición para recostarse sobre la
cabecera de la cama, llevando a Rosalyn hasta sus piernas abiertas. Ella inclinó la cabeza hacia
atrás sobre el pecho de él. Los duros pezones apuntaban hacia adelante. Este nuevo ángulo le
permitía ver el completo panorama de su voluptuoso cuerpo, y dejaba que ella pudiese observar
lo que él le hacía.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—¿Se siente bien esto?


—Mmm —ronroneó ella. El sonido lo enloqueció—. Quiero tocarte.
—Lo harás, amor. Esto es para ti ahora. Siente lo sensibles que están tus pezones.
Tal como él lo había esperado, las palabras la excitaron. Su humedad le empapó los dedos
al tiempo que los deslizaba hacia adelante y atrás, incrementando la velocidad del movimiento,
masajeando la punta del nudo caliente. La cadera de Rosalyn se inclinaba hacia arriba y abajo. Los
pechos presionaban contra las manos de Derek.
Ella no sentía nada más que el placer que le estaba dando. Las suaves súplicas le indicaban
que ella estaba al borde. Cuando Derek le pellizcó los pezones con suavidad, ella gritó, ciñéndose
alrededor del dedo que él deslizaba en su interior. Los ondulantes movimientos lo agarraban, lo
que le provocaba el ardiente deseo de que ella lo ciñese otra parte del cuerpo.
Cuando ella suspiró y cerró los ojos, el cuerpo convertido en líquido sobre él, Derek la
acomodó en otra posición, acunándola en el hueco del brazo y ubicándole la mejilla sobre el
hombro.
Solo el sonido de las respiraciones llenaba la habitación mientras Derek le acariciaba el
brazo con suavidad, sintiéndose invadido por una sensación de satisfacción y paz. No tenía que
hacerle el amor para sentirse completo.
Creía que Rosalyn se había quedado dormida, pero cuando giró para observarla, se
encontró con su mirada clavada en él. La cabellera de ella enroscada en su mano. Parecía que los
dedos se le habían ubicado ahí sin que él se hubiese dado cuenta.
Acarició las puntas sobre la barbilla de Rosalyn.
—¿Cómo te sientes?
Ella suspiró y se estiró como una gatita satisfecha.
—Exquisita —murmuró—. Nunca creí que sería así. No tiene comparación con mis
sueños.
—Eres una mujer sensual. Cualquier hombre se sentiría afortunado de decir que eres suya.
—¿Soy tuya, entonces?
Era una pregunta que no podía contestar. No tenía derecho a creer que Rosalyn era suya.
No tenía derecho ni siquiera a tocarla, pero se había sentido tan consumido por ella que creyó
que se volvería loco.
Derek no sabía cómo se sentiría cuando llegase el día en que ella se marchase. Y ella se
marcharía, lo sabía. Extrañaba Cornwall, y su lugar era allí, con Megan Trelawny.
—Tú no perteneces a ningún hombre, amor —le contestó suavemente.
Ella bajó la mirada, sin dejarle ver el efecto que había tenido en ella ese comentario. Pero
era mejor para ambos no confundir la pasión con el resto de la vida, sin importar lo que él sentía
por ella.
Ella cambió de posición, entonces, sorprendiéndolo al colocarse sobre él.
—¿Puedo tocarte ahora?
—Adelante.
Con el primer roce tentativo de ella, Derek luchó contra la hinchazón de su cuerpo. La
punta del dedo planeó sobre el hoyuelo del mentón y la protuberancia de la barbilla antes de bajar
por el cuello, cada músculo del cuerpo se volvía caliente y tenso.
—Eres adorable —murmuró Rosalyn mientras desplazaba las manos por sobre los botones
de la camisa, el corazón se le aceleraba con cada pedazo de piel que exponía hasta que el pecho
de Derek quedó completamente desnudo ante ella. Acarició los músculos definidos, rozando con
suavidad los guijarros satinados de las tetillas.
Se adhirió a uno con la lengua, primero con besos y después, succionando con suavidad.
Un silbido se escapó entre los dientes de Derek y Rosalyn elevó la mirada hacia él.
—Puedo sentirte apenas, pero lo que haces me está volviendo loco.

74
Melanie George – La novia robada del highlander

Deslizó las manos por la cadera hasta el trasero de Rosalyn, amasando la carne mientras la
presionaba contra él.
Ella pudo sentir la erección, y el cuerpo le respondió, las caderas giraron lentamente, la
mirada nunca abandonó los ojos de Derek, que de ser férreos y gris azulados se convirtieron en
zafiro ahumado.
Rosalyn se sintió más audaz: los dedos presionaron sobre la carne, las uñas rasgaron
suavemente la piel. Con los labios, se ocupó de cada parte que podía alcanzar, tomándose su
tiempo en algunas áreas y probando otras con rapidez.
Los músculos, duros como rocas, se movían bajo la punta de los dedos al tiempo que ella
trazaba un camino, centímetro a centímetro, hacia arriba, besándole el cuello como él la había
besado antes; el cuerpo de Derek se tensó cuando le recorrió el contorno de la oreja con la punta
de la lengua. Ella no habría creído nunca lo exquisitamente sensible que esa parte del cuerpo
podía ser, si él no se lo hubiese enseñado.
Rosalyn se irguió y tiró de la camisa.
—Por favor… quítatela.
Los músculos de los muslos se flexionaron y los del estómago se tensaron cuando él se
levantó para quitarse la camisa. Rosalyn la arrojó al suelo y enroscó los brazos sobre los
antebrazos de él. Nunca antes había visto brazos tan grandes, músculos tan desarrollados y
firmes. Todo en él era espléndido.
Se inclinó hacia adelante y lo besó. El la tomó de la nuca para mantenerla en su lugar. Los
pezones le rozaron suavemente el pecho, agitando esta sensación embriagadora que él había
evocado hacía solo unos momentos.
Ella nunca había imaginado que algo tan poderoso podría controlarle el cuerpo; era como
si él la controlara toda, y no había creído que podría volver a suceder tan pronto. Sin embargo,
cuando Derek le tomó los pechos con las palmas de las manos, una creciente pasión se despertó
en ella. Deseaba el placer que él podía darle desde lo más profundo de su ser.
Derek la hizo rodar hasta ponerla sobre la espalda. Le encantaba sentir el pesado cuerpo
sobre ella, tan real y sólido. Qué segura se sentía en sus brazos.
Instintivamente, separó las piernas cuando se colocó sobre ella. Sabía lo que él podía hacer,
pero quería darle placer, también.
—¿Qué debo hacer?
—Nada —le dijo al oído con voz ronca mientras le besaba el cuello.
—Quiero hacerte el amor.
—No quiero que me odies en la mañana.
Rosalyn posó la mano sobre la mejilla de Derek.
—Nunca podría odiarte. —Tampoco ella podía imaginarse dándole su inocencia a otro
hombre.
Estiró la mano hasta el primer botón de sus pantalones. Cuando Derek le tomó la mano,
Rosalyn creyó que la rechazaría. En cambio, la miró a los ojos y le dijo:
—Si quieres que me detenga, lo haré. No haré nada que no quieras que haga. ¿Está bien?
—Sí.
—Bien. Cierra los ojos, entonces, y déjame mostrarte nuevos placeres.
En lugar de quitarse los pantalones, se irguió sobre ella, como si quisiese levantarse de la
cama, pero luego giró para llevar la cabeza entre las piernas de ella.
—¿Qué vas a…? Oh —gimió ella, curvando la espalda mientras la lengua de él le
atravesaba el centro de su ser, lamiéndole el hinchado nudo, con movimientos de adelante hacia
atrás, hasta que Rosalyn creyó que moriría de placer.
Tampoco se habría imaginado nunca algo así. Parecía tan decadente y tan pecaminoso; sin
embargo, no quería que Derek se detuviese.

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Melanie George – La novia robada del highlander

La respiración se le cortó de pronto cuando él introdujo el puntiagudo bulto en la boca.


Cada tironcito le provocaba relámpagos por las venas. Cuando ejerció más presión sobre ella y
extendió la mano para juguetear con los pezones, las ondulantes convulsiones se alzaron en ella
como una ola, dejándole el cuerpo lleno y los miembros lánguidos.
A través de párpados adormecidos vio a Derek levantarse de la cama. Los dedos
desabrocharon con destreza los botones que faltaban en los pantalones hasta que cayeron al
suelo. El foco de la visión de Rosalyn se concentró en su saliente masculinidad, gruesa y larga, y
los tensos sacos ajustados a la base.
Derek vio la mirada en los ojos de ella. Rosalyn había dicho que no se arrepentiría de lo que
pasara entre ellos, pero el ardor de la pasión podía mandar a volar la razón. La de él mismo
incluida.
Y, al ver a Rosalyn ahora, con los pezones erectos y rosados por el contacto con los labios,
los brazos extendidos hacia él en anticipación, y los ojos pesados de deseo, Derek supo que no
podría resistirse. Era así de simple. Y quizás, en el fondo, quería ser él el primer hombre que le
hiciese el amor.
Derek la tomó en brazos, silenciándole las preguntas con los labios hasta que ella quedó
blanda y obediente.
Luego, se acomodó en la cama con Rosalyn sobre él. Los senos eran una presión burlona
contra el pecho. La levantó apenas, llevándose un pezón a la boca mientras jugueteaba con el
otro con los dedos. Ella se retorció; las caderas se movían instintivamente contra él.
Él se balanceó hacia arriba y el pene se deslizó por los sedosos dobleces. La cabeza tocaba
la perla ardiente que se anidaba allí, haciendo contacto con cada pasada. Empezaba a comprender
los sonidos eróticos que Rosalyn hacía, qué le excitaba más, y se esforzó por darle placer.
Cuando pensó que estaba lista, la obligó a sentarse. Le corrió unos mechones del rostro y
sonrió al ver lo hermosa que estaba ella.
—¿Ahora? —dijo ella con suavidad; la pasión presente en sus exuberantes ojos azules.
—En esta posición, puedes tener el control. Tú regulas lo rápido o lento que lo hacemos.
Solo siéntate sobre mí.
Ella se inclinó hacia adelante y lo tomó de los hombros con las manos. Desvió la mirada de
los ojos de Derek hacia su pene mientras se deslizaba hacia abajo.
Se mordisqueó el labio y cerró los ojos.
—Me siento tan… plena.
Sabía que ella sentiría algo de dolor la primera vez.
—Si quieres detenerte…
—No —contestó rápidamente, y se elevó un poco para luego volver a bajar,
acostumbrándose a él, ajustándose a su tamaño.
Nunca antes en la vida él se había acostado con una virgen; no había querido tener la
responsabilidad de ser el primero. Siempre tendía a rodearse de mujeres que fueran tan versadas
en el acto sexual como él.
Sin advertencia, se sentó completamente sobre él; una rápida inspiración fue el único
sonido que emitió. Tenía los ojos cerrados con fuerza, y Derek supo que ella había sentido la
punzada de dolor al romperse su feminidad.
Cuando Rosalyn abrió los ojos, todo lo que sentía se le reflejaba en el rostro. Deseo,
sorpresa, y un despertar a los placeres carnales. Pero odio, no. Disgusto, no. Ninguna de las cosas
que él había temido. De verdad lo deseaba.
El pene, duro y latente en ella, se movía por reflejo.
Ella abrió los ojos grandes e instintivamente ciñó los labios internos. Estaba profunda y
húmeda alrededor de él, y Derek se aferró con puños cerrados a las sábanas para evitar tomarle
de la cintura y mostrarle sus movimientos.
Ella se inclinó hacia abajo y le lamió una tetilla. Susurró:

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Sabes tan bien.


Eso le hizo perder el control. Le envolvió la nuca con la mano y la empujó hacia abajo,
hacia él, besándola con fervor mientras la penetraba.
Ella gimió y acompañó los movimientos de él, deslizándose hacia abajo, adentrándose tanto
como podía y luego elevándose; los movimientos de Rosalyn se volvieron más rápidos y
frenéticos.
Cuando se irguió sentada sobre él, Derek le tomó los senos, acariciando los pezones con
los pulgares y observando cómo lo cabalgaba. Tenía la cabeza echada hacia atrás, la larga y sedosa
cabellera le rozaba los muslos con cada descenso del cuerpo, las delgadas piernas ceñidas a él, las
manos detrás de la espalda para darse equilibrio al moverse.
Los dulces gemidos de Rosalyn le resonaban en las venas. Solo a fuerza de pura voluntad
pudo evitar su propio alivio; quería que ella acabase con el pene de un hombre en su interior, que
experimentase todas las maneras en que una mujer podía encontrar placer.
Derek oyó que se le aceleraba la respiración, y el cuerpo comenzó a volvérsele tenso.
Estaba cerca. Frotó el dedo índice sobre la rosada perla tan exuberantemente expuesta ante él en
la posición actual, y la observó caer en el abismo.
Arqueó la espalda al tiempo que una oleada de profundos y ceñidos espasmos lo apretaron
como un puño, bombeándole la carne, llevándolo al límite. Se separó de ella y encontró su alivio.
Ella se desmoronó sobre su pecho y él le acarició la espalda hasta que Rosalyn se quedó
dormida en sus brazos.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 12

A la mañana siguiente, Derek había adelantado muy poco trabajo y miraba por la ventana
de la oficina hacia el Devil's Crag, un peñasco que se divisaba a la distancia.
Se había escabullido de la cama de Rosalyn a mitad de la noche después de hacerle el amor
dos veces más, lo que resultaba en un error cometido tres veces. Pero lo había embrujado; lo
había vuelto insaciable de ella.
No hubiera querido marcharse de su lado, pero el personal de la casa se levantaba
temprano. A pesar de las declaraciones de Rosalyn de desear ser una mujer completa, él no quería
que sufriese las consecuencias.
Ella había rodado hacia el espacio vacío dejado por él, con el brazo extendido, y el nombre
de Derek fue un suspiro en los labios, golpeándole como una flecha directo al corazón y
clavándose allí por siempre.
—Dios mío —murmuró él, pasando la mano por el cabello y haciendo una mueca de dolor
cuando los dedos rozaron el bulto en la nuca.
Cuando Derek estuvo en Londres y le sucedieron algunos eventos potencialmente fatales,
no hubo nadie que pudiese haber planeado esos accidentes excepto Ethan. Los extraños
acontecimientos no comenzaron sino hasta que su hermano llegó a la ciudad.
En unas pocas oportunidades, Derek había intentado amistad con Ethan. Después de todo,
era el único hermano que tenía. Después de sobreponerse a la sorpresa inicial del engaño de su
padre y cómo había destruido a su madre, Derek había llegado a comprender cómo se sentiría
Ethan, reconociendo el estigma de ser etiquetado como un bastardo, sin nunca escuchar la
palabra hijo.
Derek dudaba de que hubiera sido Ethan el que había comenzado a causar problemas. Sin
embargo, una vez que su medio hermano tomó esa dirección, no había escepticismo, y todos los
intentos de Derek de construir un puente entre ellos habían encontrado resistencia y, a menudo,
caos.
Se habían pulverizado uno al otro tantas veces que Derek había perdido la cuenta, con un
resultado parejo entre ellos de ganadores y perdedores. Quizás, eran un par tan igual por haber
sido concebidos por el mismo padre.
A ambos los habían enviado a la escuela, a Derek su padre, y a Ethan su madre. Lady
Emmaline se sentía obligada a hacer cualquier cosa que provocara disgusto en su marido.
Habían asistido a diferentes institutos, pero mientras que Derek se había enfocado en
aprender las cosas que esperaba le dieran éxito en la vida, Ethan se había hecho la idea de
regresar con una dedicación aun mayor para obtener lo que creía que le pertenecía, para
convertirse en un hombre tan refinado que pudiese encajar en cualquier lugar. Sus habilidades de
falsos encantos se convirtieron en una perfecta estocada.
Sin importar con cuanta diligencia Ethan se empeñaba en ser aceptado, la mancha de la
condición de su nacimiento le quemaba como una marca hecha a fuego.
—Aún atendiendo tu herida, veo.
Derek desvió la vista de la ventana y encontró a Darius ingresando a paso tranquilo en la
habitación.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Aún estoy vivo, si era eso lo que te preocupaba. —Derek caminó con grandes pasos
hasta el escritorio, donde era muy probable que continuase sin hacer nada.
Tenía la mente preocupada con pensamientos de Rosalyn, consumido por las imágenes del
acto de amor, el dulce y ceñido calor entre los húmedos labios inferiores, los erectos pezones
señalando el cielo, marcados por los besos de Derek y los rebotes al penetrarla, los muslos duros
a los lados del cuerpo, aferrándose con las manos a su suave carne, el cuerpo palpitándole
monótonamente por los gemidos de Rosalyn. Derek se preguntó cómo se sentiría ella por él
ahora, ya que no había manera de deshacer lo que había pasado entre ellos.
—Tu cabeza es demasiado dura de romper —rió Darius mientras se encaminaba directo al
aparador para retirar el añejado whisky, aunque era apenas pasado el desayuno—. Se necesitaría
mucho más para enviarte con el Señor; un yunque, quizás, o el peso de una casa.
—Tu obvia preocupación por mi bienestar es conmovedora. ¿Hay algo que pueda hacer
por ti, o es que tienes intenciones de emborracharte hasta quedar inconsciente antes del
mediodía?
Darius lo observó por sobre el hombro, las populosas cejas le formaban una v en la frente.
—Parece que el golpe en la cabeza hizo muy poco para mejorar tu arisca predisposición.
—Cuando casi le arrancan a uno la cabeza de los hombros, queda en un estado de ánimo
para nada positivo.
—No hay necesidad de ponerse antipático, muchacho. Aún soy mayor que tú, seas el señor
de la casa o no.
—¿Y me pondrás sobre las rodillas y me dejarás las nalgas de color rojo? Estoy demasiado
viejo para eso.
Darius gruñó.
—Tu padre se retorcería en la tumba si pudiese oír la manera en que te diriges a mí.
Al haber escuchado esa perorata a menudo en esos años, Derek la ignoró. Se arrojó sobre
la silla tras el escritorio y cruzó los brazos sobre el vientre, observando la espalda de su tío.
Darius siempre había sido bueno para refugiarse en la culpa. El acto del viejo sitiado era, en
ocasiones, impresionante y cosechaba compasión de la gente que no lo conocía tan bien como
Derek.
Darius era mucho más cauteloso de lo que sospechaba la gente; y sin embargo, Derek
nunca había dudado del malhumor de su tío, hasta hacía poco.
Tuvo intenciones de disculparse con Darius después de cuestionar su lealtad en la posada,
pero algo lo detuvo. No podía sacarse de la cabeza la idea de que las quejas de Darius eran algo
más que simples divagaciones de un viejo.
En algunas ocasiones, Derek había sospechado que su tío había plantado accidentes que
cayeron sobre él; Darius estuvo presente durante varios de esos sospechosos incidentes.
Una parte de Derek continuaba burlándose de la idea de que su tío o su hermano, o quizás
ambos, estaban esforzándose por darle muerte. Más allá de sus debilidades, Ethan y Darius eran
su sangre.
Y si Derek llegara a sucumbir en uno de esos «accidentes», Ethan y Darius serían los
primeros sospechosos en el clan, ya que eran ambos los que tenían más que ganar.
No, estaba sucediendo otra cosa. No estaba viendo algo que tenía frente a los ojos. Pero,
¡vaya si no podía darse cuenta de qué se trataba!
—¿Tienes planeado observar la punta de tus zapatos todo el día, muchacho? —preguntó
Darius, enfrascado en la segunda copa de whisky—. ¿O quizás estás contemplando la idea de
mejorar el clan? —Indicó con la bebida hacia la ventana que daba al este—. Los aldeanos han
estado inquietos desde que regresaste con la muchacha inglesa. Se rumorea que estás a punto de
retomar el camino de tu padre, y no habrá más que descontento en el castillo Gray si te
involucras con la dama.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Derek luchó por mantenerse indiferente. Lo que hacía él era cosa suya, ¡maldición! No
toleraría que nadie le dijese cómo vivir su vida, o con quién.
Sin embargo, ¿cómo lograría evitar que Rosalyn fuera tocada por el desdén de su gente? Ya
les desagradaba sin conocerla. ¡Maldita sean sus padres y su interminable contienda!
—¿Hay algún cuestionamiento en ese comentario? —interrogó Derek, observando a su tío
con experto desinterés.
Darius arrugó el entrecejo y depositó el vaso sobre el aparador.
—Odio cuando te haces el obtuso. Sabes exactamente lo que estoy diciendo. Intento
advertirte de lo que puede suceder. Por tu propio bien, debes enviar a la muchacha fuera de aquí.
—No.
Darius lo observó con incredulidad.
—¿No? ¿Simplemente, no?
—Simplemente, no. Rosalyn se queda aquí. Al que no le agrade, puede marcharse.
—Esta es tu gente, hombre, ¿te olvidas de eso?
Derek sostuvo la mirada de su tío.
—¿Estás cuestionando mi lealtad?
—Por supuesto que no —vociferó Darius mientras arrastraba los pies hasta la chimenea
vacía, observando un punto sobre la repisa de la chimenea donde había tiempo atrás una pintura
de la madre de Derek, primero reverenciada y adorada, luego odiada y reprobada.
Muchas noches, Derek había escuchado algún vaso rompiéndose en la oficina de su padre.
A la mañana siguiente, solía ver a una sirvienta limpiando los restos destrozados y detectar otra
rajadura en la delicada tela del retrato de su madre y la salpicadura del alcohol estropeando la
belleza.
Parecía que su padre estaba intentando borrarla de existencia sistemáticamente.
El sonido de conmoción en el pasillo expulsó a Derek de la silla. Apenas sí había dado un
solo paso cuando un torbellino vestido con un vestido de calicó estampado ingresó brincando en
la oficina. Tenía el cabello negro azabache suelto y salvaje por la espalda y las suavemente
redondeadas mejillas estaban rosadas por correr por los campos que separaban la propiedad de su
hermano de la de él.
—¡Tú, maldito granuja! —Megan Trelawny dijo con una sonrisa picara—. Ni una sola
palabra para avisarme que regresarías. Deberían atarte al poste y darte azotes por ello.
—¿Serías tú la que me azote, supongo? —Derek se incorporó con una risotada, apenas
rodeando el escritorio antes de que Megan se arrojase a sus brazos y lo abrasase fuerte.
—Es tan bello tenerte en casa —le murmuró con fervor contra el pecho—. Nunca te
marches.
Derek le regresó el abrazo. Ella se había convertido en una hermosa muchacha, pero para
él, siempre sería la diablilla que correteaba por el campo, llenándose de barro y haciendo
travesuras.
—Ahora —dijo ella vivamente mientras desenredaba los brazos del cuello de Derek—.
¿Quién es esa dama inglesa que has traído a casa contigo? He oído que es una belleza, con el
cabello más pálido que la luz del sol de la mañana y la piel como una rara porcelana china.
La descripción de Megan fue mucho mejor de lo que Derek podría haber logrado por sí
mismo.
—¿Quizás te agradaría tomar asiento? —sugirió él, indicando con un ademán la silla frente
al escritorio.
Megan enarcó una ceja y colocó las manos sobre la cadera.
—¿Tomar asiento? Dios, cuan correctos estamos. —Marchó hasta la silla y se desplomó
sobre ella. En lugar de inclinarse hacia atrás, extendió los brazos hacia abajo y se levantó el ruedo
del vestido hasta la mitad de los muslos para desatar su daga.
Levantó la vista y vio a Derek observándola.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Que no se te vayan los ojos, si sabes lo que es bueno para ti.


—Solo me preguntaba por qué insistes en llevar esa cosa.
—Protección —contestó ella, controlando el filo de la hoja—. No me agradaría que alguien
me abordara sin estar preparada. Sin embargo, tengo que pedirle a Kerry que me confeccione un
soporte más grande. La maldita cosa siempre me pincha. Por si no lo has notado, mi grande y
poderoso señor, tengo cuerpo de mujer ahora. —Ella lo trataba con una postura traviesa.
—Lo he notado.
Megan carraspeó.
—No es que hayas hecho algo al respecto.
—¿Qué quisieras que haga?
—Si tengo que decírtelo, entonces creo que necesitas conversar con Kerry.
Kerry, el hermano mayor de Megan, había sido el señor del clan Trelawny desde que su
padre le había entregado el control tres años atrás.
Kerry era la última persona con quien Derek quería conversar de nada, en especial de su
hermana, quien él claramente adoraba, como lo hacían sus otros siete hermanos. Megan, al ser la
única muchacha, era idolatrada.
Ninguno de sus hermanos se puso demasiado contento cuando el padre anunció que ella
contraería matrimonio con Derek cuando tuviese la edad suficiente.
Derek no había dicho ni que sí ni que no, simplemente había aceptado que Megan sería,
algún día, su esposa. Pero, en algún momento del camino, surgieron las complicaciones. Una
sorprendente complicación llamada Rosalyn Carmichael.
—¿Realmente no te preocupa Kerry, verdad?
Derek cayó en la cuenta de que no había oído ni una sola palabra de lo que Megan le había
dicho.
—¿Preocupado por Kerry? —se burló él, extendiendo el brazo para pellizcarle la mejilla, de
la misma manera que hacía cuando era una niña—. En lo más mínimo. Aún recuerdo cuando era
un pequeño renacuajo regordete, hundiéndose en el lodo en el abrevadero porque era demasiado
gordo.
—Eres un hombre malvado por recordar tal cosa. —Megan rió—. ¡Pobre Kerry! Estaba
metido en el lodo hasta las rodillas cuando mis hermanos lograron sacarlo de allí. Hasta este día,
tenemos prohibido mencionarlo, y se vuelve del tono más rosado si lo hacemos. No apreciaría
tampoco tu referencia a su talle. Le agrada creer que es de huesos grandes. Deberías avergonzarte.
—Ella le meneó el dedo, aunque se le reflejaba la diversión en los ojos—. Aún te culpa por ese
día, ¿sabes?
—¿A mí? ¿Qué hice yo? Simplemente era un espectador.
—Tú, milord, no conoces el significado de la palabra. Pero sospecho que no has planeado
lo que sucedió, por lo que supongo que debes ser perdonado.
— ¡Qué misericordiosa! ¿Cómo ha estado Kerry estos días?
—Más serio que nunca —respondió con un suspiro—. No creo que sepa cómo sonreír. De
seguro, todos los ángeles del cielo dejarían de cantar y el mundo se detendría con un chirrido si lo
hiciese alguna vez.
Derek rió.
—Se oye como Kerry. Siempre me pregunto qué le habrá hecho la vida para volverlo tan
triste.
Megan se encogió de hombros.
—Supongo que simplemente tiene una gran carga sobre los hombros. El problema es que
no sabe cómo lograr el equilibrio. No como tú, que parece que nada te molesta. Siempre estás en
el patio jugando con los niños de la aldea, arrojándoles balones a los pequeños y llevándolos
sobre tus hombros. Nunca he visto a un adulto disfrutar tanto de los mozuelos. Eres de primera,
pero no dejes que lo que digo se te suba a la cabeza ahora.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—No soñaría con eso.


—Bien —dijo ella, levantándose de la silla y merodeando por la oficina—. En cuanto a
Kerry, creo que piensa que no lo tomarán en serio si no da la apariencia de un hombre serio.
—Con el dedo, dibujó círculos sobre el borde superior del globo terráqueo de Derek y le
echó una mirada—. Quizás tú puedas hablar con él.
—Ah, no. —Negó con un movimiento de cabeza—. No me metas en eso.
—¿No lo harías por mí? —Le dedicó un mohín experto. Era obvio que había estado
acudiendo al instituto de artimañas femeninas mientras él estuvo fuera.
Con mohín o sin él, Derek nunca había sido bueno para negarle nada.
—Bien —acordó con un suspiro de resignación—. Pero si intenta hacerme tragar los
dientes, le devolveré el favor.
—Me aseguraré de que se comporte bien.
Derek dudaba de que el hombre supiese el significado de «comportarse bien». Si no fuese
por la envidiable suavidad que su hermana provocaba en él, Kerry Trelawny no habría tenido ni
una cualidad que lo redimiese.
Sin embargo, Megan provocaba ese efecto en todo el mundo. Su determinación era
infecciosa, aunque había una sola persona que no había logrado contagiar nunca. Ethan se
convertía en alguien absolutamente letal a su alrededor, y en el único momento en que Megan
arrugaba el entrecejo era cuando Ethan estaba en los alrededores.
Era una pena que ellos nunca hubieran logrado agradarse mutuamente; algo le decía a
Derek que Megan podía corregir a su medio hermano a latigazos. Pero apenas si habían logrado
tolerarse desde que eran niños, intercambiando miradas de odio cada vez que sus caminos se
cruzaban.
Derek recordaba con claridad el día en que su hermano decidió que era su deber quitarle a
Megan sus maneras hombrunas al besarla bajo un pino, un error que casi convierte a Ethan de ser
un semental a ser un caballo castrado.
—¿Entonces? —Megan preguntó.
Derek enarcó una ceja.
—¿Entonces, qué?
—No seas evasivo, hombre malvado. Quiero saber de ella.
—¿De ella; de quién?
—De la señorita inglesa. —Megan apunto al cielo con la nariz e hizo de cuenta que tenía
una taza de té en las manos. Levantó el dedo meñique, se llevó la taza a los labios y batió las
pestañas como alas de murciélago.
—Te ves ridícula.
Megan le contestó con un gruñido poco femenino.
—Como ella, sospecho.
—No bebe el té de esa manera.
—Ah, ¿puedo preguntar a qué más le has estado prestando atención? No creas que no me
di cuenta de que astutamente has cambiado el tema de conversación hace unos minutos. Soy muy
lista como para dejarme engañar.
—De hecho, sí que lo eres. —Él había cambiado de tema a propósito. No quería discutir el
asunto de Rosalyn, especialmente cuando él mismo no podía decidir qué hacer.
—Deja ya de balbucear y habla —incitó Megan—. Quiero saberlo todo.
Algo le decía que el interrogatorio sería profundo y extenso.
Con un suspiro de resignación, dijo:
—Dispara a voluntad.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 13

Rosalyn observaba su reflejo en el espejo oval de la habitación. Creía que se vería diferente
ahora que era oficialmente una amante, pero aunque el rostro que le devolvía el espejo se veía un
poco pálido, parecía ser la misma muchacha que había sido el día anterior.
Se tomó su tiempo para vestirse y tomar el desayuno en la habitación mientras se alistaba
para enfrentar a Derek después de las relaciones amorosas. Después de las maravillosas relaciones
amorosas, se corrigió ella. El recuerdo le provocó un escalofrío en la piel.
Derek ya se había marchado cuando se despertó, y aunque sabía que era lo mejor, se había
sentido extrañamente herida. Cuando no había estado llevándole el cuerpo hasta las alturas del
éxtasis la noche anterior, la había acunado en sus brazos y habían conversado acerca de sus vidas.
Se enteró de cómo Derek había obtenido la pequeña cicatriz en el antebrazo cuando se
enganchó con un anzuelo de pesca a los ocho años, y él descubrió la inclinación de Rosalyn de
llevar pantalones de hombre cuando nadie la veía. Derek había prometido robar un par para ella
del mozo de cuadra, que tenía más o menos su tamaño.
Derek la hacía sentir segura; Rosalyn deseaba que pudiera hacer lo mismo por él. No
hablaron del incidente que había ocurrido en el pasillo este. Derek había acusado a su hermano, y
aunque Rosalyn podía ver cuánto disfrutaba Ethan de aguijonear a Derek, había también
observado dolor en los ojos de Ethan. Incluso, si se había equivocado al prejuzgarlo, no podría
haber golpeado a Derek en la cabeza y haber estado a la puerta de su habitación casi al mismo
tiempo, ¿no?
Algo no estaba bien. Podía sentirlo en los huesos. En varias ocasiones del día anterior, se
había sentido observada, solo para girar y no encontrar a nadie allí. Sin embargo, la sensación
permanecía.
Pero, basta de eso. Debía dejar de esconderse en la habitación y enfrentar a Derek. Tenía
que saber si él sentía por ella algo diferente ahora que habían intimado.
Abrió la puerta de la habitación y se encaminó por el pasillo. Los alrededores le habían
resultado borrosos el día anterior. Ahora, se tomó un momento para admirar todo el lugar.
Algunos podrían opinar que los muros eran oscuros y espartanos, pero ella notó la historia
detrás de los tapices que llegaban hasta el cielo raso. A pesar de estar descoloridos por el paso del
tiempo, eran sorprendentes obras de arte. Las hachas de armas y los escudos con la insignia del
clan mostraban el orgullo y el honor escocés, características muy presentes en Derek. Rosalyn
podía ver en sus ojos cuánto significaban para él el castillo Gray y su gente.
Sintió una punzada de dolor por la pérdida de su propia familia.
Su madre había mencionado a una tía abuela una vez. Quizás la mujer aún vivía. Sería muy
anciana si era así, pero tal vez, le agradaría tener un pariente con ella para hacerle compañía
durante sus últimos años. Rosalyn podría ofrecerle sus servicios como dama de compañía;
muchas mujeres solteras llevaban esa vida. Con el tiempo, se olvidaría de Derek. Se olvidaría
cómo le hacía vibrar el cuerpo y lograba que su corazón hiciese cosas extrañas y maravillosas.
—Pensamientos tan profundos tan temprano en la mañana.
Sobresaltada, Rosalyn se encontró cara a cara con Ethan. Había sido sometida a sus
costumbres salvajes en más de una oportunidad, pero no creía que tuviese intenciones de

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Melanie George – La novia robada del highlander

lastimarle con sus travesuras. A veces, parecía genuinamente adorable. Debía de ser difícil ser un
paria.
—Veo que te asusté —dijo él, al parecer pidiendo disculpas—. No era mi intención. Pensé
que me habías oído llegar. A mi hermano le agrada decir que camino con pasos de elefante.
—Estaba absorta en el arte que cuelga en este muro. ¿Es flamenco?
Ethan observó el tapiz con evidente desagrado.
—Escandinavo, del siglo trece. Le fue entregado a uno de mis ancestros como presente por
algunos miembros de la realeza. Si fuese mío, lo utilizaría como manta para caballos. Pero, ¡vaya!
Derek le tiene un cariño antinatural a esa cosa, probablemente porque yo la odio. Cualquier
excusa es buena para irritarme, ¿sabes?
—¿En verdad crees que dedica tanto tiempo a la enemistad que ustedes comparten?
—El tío tiene otros intereses, las mujeres por ejemplo. Realmente les tiene mucho cariño.
Si Ethan había tenido intenciones de que su comentario fuese un golpe certero, lo había
logrado con creces. Rosalyn sospechaba que las damas acudían en bandadas hasta Derek, pero él
le había dicho que no había otra mujer en su vida, y ella le había creído.
—Francamente —prosiguió Ethan—, lo que menos le preocupa son su casa y su gente. Sin
embargo, por razones que nunca entenderé, su pueblo lo ama, despreciable rebaño.
Rosalyn no creía que el rencor en la voz de Ethan estuviese dirigido completamente hacia
Derek.
—¿Has pensado alguna vez que si a ti te agradaran más los aldeanos, ellos te apreciarían
más a cambio?
Ethan se burló con desdén.
—¿Qué me importa si le agrado a esos mugrientos cretinos? No afectan mi vida.
—Pero es evidente que Derek sí, o no sentirías la necesidad de continuar con la hostilidad.
Un destello de furia cruzó brevemente por el rostro de Ethan antes de que los labios se
curvaran en una evidente media sonrisa.
—¿Fue esa tu manera amable de decirme que me he convertido en un bárbaro? Estoy de
acuerdo contigo sin reservas. ¿Por qué insisto en hablar del muchacho cuando te tengo toda para
mí? Es un misterio para la posteridad.
Sin previo aviso, le tomó la mano y se la llevó a los labios.
—Perdóname —murmuró mientras, le plantaba un suave beso en el dorso de la mano—.
Me agradaría demostrarte lo bien educado y encantador que puedo ser, en verdad. ¿Quisieras ver
los establos? Son impresionantes, especialmente porque he colaborado en su desarrollo. Nuestros
caballos son lo mejor de la zona. Puedes elegir el animal que desees, y demos un paseo.
La invitación era sorprendentemente tentadora, en especial porque Rosalyn se sentía más
segura evitando encontrarse con Derek. No podía sacudirse de encima la injustificada sensación
de sentirse herida. Era ridículo preocuparse por la vida que él había llevado antes de conocerla.
Derek no le debía fidelidad, y ella no debía creer nunca sería así. Se había ofrecido a él sin
demandarle un compromiso; ahora, tenía que jugar de acuerdo a las reglas que ella misma había
establecido. Lo que significaba que no podía posponer el encuentro.
—Gracias por la invitación —le dijo a Ethan—, pero tengo que rechazarla por hoy. —
Intentó retirar la mano, sin éxito.
—Mi hermano te espera, ¿no es así?
—Sí. Tenemos asuntos que discutir.
—Comprendo. —Pero, en lugar de soltarle la mano, dio un paso hacia adelante y las
piernas de él le rozaron la falda del vestido de día—. Espero que me des la oportunidad de
mostrarte mi mejor lado. Tengo uno, sí.
—Nunca he dudado de eso.
Él rió bajito.
—Eres una delicia, mi muchacha. El consenso general dice que soy la prole de Satanás.

84
Melanie George – La novia robada del highlander

—Tengo la sensación de que tú mismo has fomentado cualquiera que sea esa mala
reputación que tienes.
Le acarició la palma de la mano con el pulgar.
—Eres perceptiva. He hecho la mayoría de las cosas de las cuales se me acusa.
—¿Y golpeaste a Derek en la cabeza ayer por la noche? ¿Debería ese incidente ser parte de
tu haber?
La sonrisa se le esfumó de los labios.
—No, no tengo nada que ver con lo que le sucedió a Derek. Es evidente que tiene otros
enemigos. No todos aman la conexión que tiene con Inglaterra.
Rosalyn sabía que existía un serio desagrado por todas las cosas inglesas en el castillo Gray,
y no se iba a engañar a sí misma creyendo que era bienvenida de brazos abiertos.
—Espero no haberte molestado —dijo Ethan, tocándole con suavidad en el brazo—. No
todos aquí tienen problemas con Inglaterra y su gente. De hecho, me siento bendecido por poder
estar con una de ellas.
—Es muy amable de tu parte. Pero no hay necesidad de que sientas que debes protegerme
de la verdad; la gente tiene derecho a opinar.
—¿Sin importar lo equivocada que esté?
—Sin importar eso. Ahora, si me disculpas. Debo irme.
—Te acompaño. Hemos sabido de personas que han sido tragadas por estos pasillos sin
fin. Algunas de ellas frecuentan este lugar, condenadas a vagar sin rumbo por toda la eternidad,
mientras sus restos se convierten en polvo en algún rincón olvidado hace mucho tiempo.
Rosalyn rió al tiempo que avanzaban por el pasillo.
—Sí que tienes un sentido de lo dramático.
Ethan no había mentido cuando dijo que el castillo consistía en un laberinto de pasillos
conectados. Era sorprendente que la gente encontrara el camino correcto.
De repente, Ethan giró hacia el muro y tocó un pequeño, casi desapercibido panel que,
para el asombro de Rosalyn, se hundió. Un instante después, una puerta oculta, esculpida con
habilidad en la piedra, se abrió para ellos. Una persona podría pasar junto a ella y no notar jamás
que estaba allí.
—No temas —dijo Ethan al tiempo que la conducía hacia el oscuro pasadizo.
—¿Adonde nos dirigimos?
—Ya verás.
El camino era demasiado angosto como para que caminaran uno junto al otro, por lo que
Ethan se colocó tras ella, con la mano sobre la espalda de Rosalyn, para guiarle. Estaban
rodeados de tierra húmeda y oscuridad. La sensación de estar atrapada entre medio de la
penumbra creció en su interior.
Rosalyn estaba a punto de girar y correr de regreso por donde habían venido cuando vio
una luz brillante al final de la quinta esquina.
Un minuto después, entraron a una rotonda. La habitación circular estaba rodeada de
retratos que Rosalyn asumió se trataban de ancestros de Derek. Una bruma dorada inundaba el
piso de madera lustrada por los rayos que caían desde arriba.
Un techo en cúpula se elevaba sobre ellos muy en lo alto, sobre el cual un área abierta
estaba tallada, permitiendo así que entrara la luz del exterior. Rosalyn pudo imaginar la belleza de
la luz de luna ingresando a través de esa pequeña esfera, derramando un destello plateado sobre el
piso, la cual, notó ella, tenía un intrincado diseño en el centro, con incrustaciones de diferentes
tonos de madera.
—Anteriormente había un altar en el centro de la habitación, allí donde está ahora el diseño
en el piso.
—¿Un altar para qué?
—Sacrificios —contestó él sin vacilar.

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Melanie George – La novia robada del highlander

¿Sacrificios?
—Animales —explicó él—, y quizás algún humano también. Antes, esta habitación estaba
destinada a una secta secreta que la utilizaba para realizar rituales. Paganos que no creían en Dios.
Lady Emmaline ordenó que fuera sellada.
—No la culpo. Es una cosa horrible para inmortalizar.
—A Derek tampoco le agrada demasiado esta habitación; siempre ha sido un poco
impresionable. De todos modos, las habitaciones secretas necesitan pasadizos secretos. Mi padre
solo reveló el paradero a unos pocos; creía que era divertido mostrárselos a los invitados.
—¿Y tú fuiste uno de esos pocos?
—Dios, no. El viejo trasgo no me lo habría confesado, y mucho menos me habría
transmitido tal jugoso dato. Yo era un poco indiscreto en mis años mozos.
Ethan se encogió de hombros.
—Me sorprende que Derek no haya ordenado sellar el pasadizo después de la muerte de mi
padre. Probablemente se olvidó de que existía, y yo no tengo intenciones de recordárselo. Me
agrada venir aquí de vez en cuando.
—¿Por qué me has traído aquí?
—Creí que te agradaría ver algo que solo unas pocas personas conocen. Y quizás porque
quería pasar unos momentos más a solas contigo. ¿Estuve mal?
Definitivamente Ethan tenía algo de sinvergüenza, pero ella no podía olvidarse de la
imagen del pequeño muchacho que había tenido que pagar por los pecados de su madre.
—No —contestó ella—. Pero, en verdad, ya debo irme. Se está haciendo tarde.
—Y Derek se preguntará dónde estarás —completó él, con un tono de crueldad en la
voz—. Comprendo. —Vaciló—. ¿Me responderías algo antes de marcharte?
—Por supuesto —contestó Rosalyn.
—¿Tengo alguna oportunidad contigo? Quiero decir, ¿hay lugar para mí en tu corazón? ¿O
ya está mi hermano afianzado allí con firmeza?
—Me agradaría que fueses mi amigo, si eso es posible.
—Pues bien, si no puedes ser mía, me tendré que conformar con tu amistad. No es que
tenga tantos amigos como para rechazar a alguien que realmente me agrada.
Rosalyn sonrió.
—Sabes lo que opino al respecto.
—Sí, solo me entorpece mi personalidad áspera. Pues bien, será mejor que te lleve a Derek.
No quisiera que el viejo espere demasiado. No es algo agradable de ver.
Luego de unos pocos minutos, habían salido ya del pasadizo y estaban de regreso en el
camino original. Rosalyn pudo escuchar la voz de Derek al acercarse a la oficina. La puerta estaba
ligeramente entreabierta, y el sonido de la risa tintineante de una mujer flotaba hacia afuera, lo
que hizo flaquear los pasos de Rosalyn. Se detuvo en seco en la puerta; alcanzó a ver a Derek
sentado en una silla, dándole la espalda al pasillo. Dirigía la mirada hacia la persona que
permanecía justo fuera del alcance de la vista de Rosalyn.
—¡Deberías haber visto a Malcom! —trinó una voz femenina—. Creerías que el bobalicón
sabría a estas alturas que no debe molestar al gallo, ya que el estúpido es totalmente intratable. El
macho se agitaba para atrás y para adelante en el gallinero, dando picotazos, graznando y
haciendo un tremendo escándalo. Malcom gritaba como loco mientras escapaba de él como si la
muerte misma personificada lo estuviese persiguiendo. Era digno de ver.
Derek rió con ella y el sonido profundo y resonante la hizo sentirse desconsolada. ¿Podría
pertenecer esa mujer a la horda que Ethan decía que Derek poseía?
—¿Quién es ella? —preguntó Rosalyn, con un malestar instalándosele en el fondo del
estómago.
—Es Megan Trelawny —contestó Ethan—. La prometida de Derek.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 14

¿Derek iba a contraer matrimonio?


Durante lo que dura un instante, Rosalyn se sintió aplastada por un peso demoledor. Sin
embargo, casi inmediatamente, una sensación de ira comenzó a encenderse en ella.
¿Por qué no había mencionado él ese pequeño dato antes de que ella se hubiera entregado a
él? Había montado un increíble acto de que le importaban los sentimientos de los demás; le había
dicho que sería mejor que no hicieran el amor; ni una vez había dicho que era porque pronto se
convertiría en esposo.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Ethan, el ceño arrugado con preocupación.
Rosalyn luchó por recomponerse.
—Estoy bien. Simplemente estoy sorprendida. Derek no me había mencionado su
compromiso.
—Suele guardarse el dato.
Las consecuencias eran evidentes; Derek no quería que una conquista potencial supiese de
sus prontas nupcias.
Y, sin embargo, a Rosalyn le costaba creer que esa era la razón por la cual Derek no le
había contado acerca de su prometida. Buscó una explicación razonable, pero nada encajaba.
Lo único que supo en ese momento es que no quería estar allí.
Se alejó de la puerta.
—Creo que hablaré con él más tarde. Si me disculpas.
Rosalyn giró, sintiendo con claridad que estaba escapando y sin importarle en qué dirección
iba, mientras que fuese lejos del sonido de la risa de Derek con la otra mujer.
La mano de Ethan en su brazo la obligó a detenerse.
—El no vale la pena, Rosalyn. No dejes que esto te afecte. Enfréntalo y demuéstrale que
no te importa.
¡Pero si me importa!
Cuan ingenua se debió haber visto, lanzándose a sus brazos. En el transcurso de una noche,
había crecido; aunque no estaba segura si le agradaba. Sus sueños nunca la habían herido de esa
manera.
Unas lágrimas le azotaron los ojos. Se estaba comportando de manera ridícula, pero parecía
no poder evitarlo.
Ethan la rodeó en un abrazo y le acarició la espalda con las manos.
—Me tienes a mí, ¿sabes? Te tengo mucho aprecio, en caso de que no lo hayas notado.
Sin embargo, Rosalyn no podía darle a Ethan falsas esperanzas simplemente para aliviar su
propio dolor. Parpadeó para detener las lágrimas, inclinó la cabeza hacia atrás y lo miró a los ojos.
Durante un fugaz segundo, parecía que eran los ojos de Derek los que observaba. Ambos
hermanos eran hombres extraordinariamente apuestos, con amplios hombros y una mirada
donde una mujer podía perderse.
Quizás, habría sido mejor si hubiese conocido a Ethan primero. Sabía desde el principio
qué clase de hombre era, no mantenía en secreto que era un granuja. Lo que ella no podía aceptar
era el engaño.

87
Melanie George – La novia robada del highlander

—Ethan, yo…
La besó, tomando a Rosalyn completamente por sorpresa.
Apenas se las ingenió para despegar la cabeza del beso cuando escuchó una voz sibilante.
—Hijo de perra.
Un instante después, Ethan fue arrojado de un tirón y yacía en el suelo. La mano se elevó
para quitar la sangre que de repente comenzó a brotarle de un corte en el labio.
Rosalyn abrió los ojos de par en par en dirección a Derek. Tenía el cuerpo rígido y el rostro
lleno de furia. Fulminaba a su hermano con la mirada. Las manos cerradas en puños tan
apretados que los nudillos se le palidecieron y se volvieron blancos.
Ethan observó la sangre que le manchaba la mano y se rió con sorna de su hermano.
—Eso no estuvo bien, viejo. Pero supongo que es la manera en que los cobardes logran
tener el control, golpeando por la espalda a quién no está mirando. Si me hubieses dado un
golpecito en el hombro e invitado a salir, lo habría hecho con gusto.
—Vete de aquí —gruñó Derek a con los dientes apretados—. Empaca tus cosas y vete de
aquí, ¡maldición!
Ethan se puso de pie con dificultad y se sacudió, mostrándose calmo e indiferente.
—¿Me estás echando? Quizás debas preguntarte a ti mismo por qué. Luego, tal vez quieras
explicarle la razón a tu prometida. Creo que se merece saberlo, ¿no lo crees tú?
Rosalyn se había olvidado de la mujer cuya risa musical le había provocado tal dolor en el
corazón, y a quien no quería ver, o que la viera. Ahora, no tenía alternativa.
Lentamente, quitó la vista de Derek, cuya mirada brutal no podía sostener, y la dirigió hasta
la mujer que estaba de pie en la puerta de la oficina.
Llevaba puesto un vestido simple que necesitaba enmendarse, y tenía el cabello suelto y
levemente salvaje. Sin embargo, nada de eso le quitaba su sensacional belleza. Tenía los ojos
verdes como las colinas escocesas, y la expresión en su rostro era picara y traviesa. A pesar de que
se veía unos pocos años mayor que una colegiala, era evidente que no era una niña.
—Hola —dijo la muchacha, algo se rompió en el interior de Rosalyn al ver la amable
sonrisa. Una mirada a los ojos le dijo que era genuinamente cálida; parecía tener todas las
cualidades que un hombre querría en su esposa.
Y Rosalyn no podía permanecer allí de pie ni un segundo más.
Se levantó la falda y salió corriendo junto a Ethan quien extendió los brazos para atraparla.
Derek bramó su nombre, pero ella no se detuvo. No sabía a dónde se dirigía, pero no importaba,
siempre y cuando no tuviese que ver el escarnio de Derek, la burla de Ethan, o la pena de la
adorable Megan Trelawny.

—s–

Derek tuvo que esforzarse con cada fibra de su cuerpo para no salir corriendo tras Rosalyn.
No sabía qué fue lo que lo había hecho mirar hacia la puerta justo a tiempo para ver a Ethan
besándola. Una ira explosiva se había gestado en su interior y había salido disparado hacia la
puerta.
Nunca antes había sentido deseos de tomar a su medio hermano por el cuello y acogotarle
hasta matarlo. Sin embargo, al ver al bastardo besando a Rosalyn, con el cuerpo junto muy ceñido
al de ella, lo único que Derek sintió fue una furia asesina y asfixiante.
Aquella furia aún le corría por las venas cuando enfrentó a su hermano. Casi sin poder
controlar las emociones que le quemaban la piel, dijo:
—Espero que estés fuera de aquí en la mañana. Si siquiera miras en la dirección donde se
encuentra Rosalyn, recibirás un golpe y no sabrás de donde provino.
—Dios mío, tanta devoción por una invitada de la casa. Es solo una invitada, ¿verdad? De
seguro un santo como tú no hará nada malo.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Te doy hasta que cuente diez para salir de mi vista. No habrá más advertencias.
—Te olvidas: tu querida madre me proveyó de un techo en su testamento. Si es aquí o en
otro lugar, no me interesa.
Ethan se limpió la sangre del labio con un pañuelo.
—Eso aún te molesta, ¿no? El hecho de que tu madre me amara. Apuesto a que te
preguntabas por qué le importaba tanto. No era su hijo, después de todo. Ese era tu trabajo, o se
suponía, pero nunca has estado a la altura de las circunstancias, ¿verdad?
Derek luchó para frenar la necesidad urgente de embestir contra su hermano. El bastardo
siempre había sido capaz de encontrar sus puntos débiles y explotarlos.
Lo que decía era verdad. Derek sí se había preguntado por qué su madre nunca parecía
tenerle el mismo cariño que le tenía a Ethan. Eso había creado un abismo entre ellos que no
pudo cerrarse, incluso después de su muerte.
—No te engañes —le dijo a Ethan con tirantez—. Has sido simplemente un peón en la
guerra entre mi madre y mi padre.
—Él era mi padre también, muchacho. No lo olvides.
—Así decía tu madre, pero ambos sabemos que ella tenía un problema con los hechos. La
bebida y la prostitución tienden a afectar la memoria. —A pesar de que Ethan ni siquiera
parpadeó, Derek notó que la punta de la flecha había dado en el blanco.
—Tienes memoria selectiva —contestó Ethan con habilidad—. Aunque prefieres creer que
el amorío de nuestro padre con mi madre fue un único y desafortunado incidente, mi propia
madre no era lo suficientemente estúpida como para creer eso. Sin embargo, tú existías en este
mundo artificial donde yo era el demonio solitario, arruinando tu vida perfecta. Lo que tienes
miedo de admitir es que nuestro padre podría bien haber dejado una horda de bastardos
corriendo por la campiña listos para hacer sus reclamos. ¿Qué harás entonces, me pregunto?
—No estarás aquí para preocuparte por eso.
—Por favor, ambos —rogó Megan, tirando de la manga de Derek, en un intento de
alejarle. Sin embargo, la animosidad entre los hermanos había estado en ebullición durante
mucho tiempo y el volcán había finalmente hecho erupción.
Ethan negó con un movimiento de cabeza.
—Aún vives en tu castillo de cristal, veo. Será mejor que cuides tus pasos, o podrás
terminar de pie entre una montaña de esquirlas. Te dejaré en el atascadero que has creado. Un
dilema bastante intrigante, ¿verdad?
Lo que Ethan pretendía estaba claro, y Derek no podía dejar de preguntarse por qué no le
había dicho nada a Megan. No podía ser que estuviese salvaguardando sus sentimientos. Estaba
tramando algo, pero Derek no podía determinar qué era.
Megan posó una mano sobre el brazo de Derek.
—Derek, debes ir a ver a lady Rosalyn. Se veía muy angustiada.
—Sí, hermano —se burló Ethan—. Debes escuchar a tu futura esposa. Ve a consolar a
lady Rosalyn. No la he forzado a que me besase, aunque estoy seguro de que prefieres pensar que
no es así. La dama tenía ganas, y yo estaba más que disponible. ¿Puedes decir lo mismo?
Con una sonrisa desdeñosa y burlona, Ethan se alejó por el pasillo, dejando a Derek
hirviendo y preguntándose si lo que su hermano había dicho era verdad. ¿Podría Rosalyn haber
buscado la atención de Ethan? ¿Podría ella desearlos a ambos?
Derek se rastrilló el cabello con la mano, casi sin notar que Megan se acercaba a ubicarse
frente a él.
—¿Quieres hablar? —le preguntó en voz baja.
Derek la observó a los inocentes ojos que siempre lo habían mirado con confianza. Nunca
la había engañado; ella sabía lo que opinaba del matrimonio entre ellos, aunque todos los habían
empujado a ese final. El error de Derek es que nunca había rechazado esa posibilidad
abiertamente.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Megan se merecía algo mejor. Solo que él no sabía qué era en ese momento.
—Sí —le dijo—. Quiero hablar.
Ella asintió.
—Ve a ver a lady Rosalyn primero. Mándame a llamar cuando estés listo. —Sonreía con
nostalgia al ponerse en puntas de pie y plantarle un suave beso en la mejilla.

—s–

Rosalyn estaba de pie en medio de la terraza, con los brazos cruzados abrazándose el
pecho. Detrás de ella, las puertas francesas que daban a su habitación estaban abiertas, los
vestidos desplegados sobre la cama; en el piso, los baúles estaban abiertos y esperando ser
empacados.
La tarde había pasado sin noticias de Derek. Estaba complacida de que mantuviera esa
distancia; de otro modo, ella podría haber hecho o dicho algo estúpido. De seguro, él debía estar
pensando lo peor de ella. Primero se había lanzado a sus brazos, luego, parecía que había hecho
lo mismo con su hermano. Peor, la prometida de Derek había sido testigo de su vergüenza.
Era demasiado. Había ido de mal en peor. Rosalyn cerró los ojos y una lágrima se deslizó
por la mejilla.
No se había permitido examinar sus sentimientos muy a fondo, pero no podía negar más
cómo se sentía. Se estaba enamorando de Derek, y más allá de todo, ese era su peor error.
Rosalyn caminó sin rumbo por la terraza, deteniéndose al borde del perímetro de
adoquines para admirar el cielo nocturno. Un puñado de estrellas brillaba a través del frondoso
dosel, una luna plateada bañando los árboles con un velo de plata.
El sonido de una ramita rompiéndose captó su atención en el bosque frente a ella.
—¿Hola? —dijo, tratando de escuchar una respuesta, pero nadie le respondió.
Rosalyn negó con un movimiento de cabeza y se reprendió a sí misma por su nerviosismo.
Lo más probable era que se tratara de un pequeño animal andando a través de la frondosa
maleza. Debía dejar de pensar que cada sonido extraño o cada suceso inusual tenían algo que ver
con Calder. Sin duda, su hermanastro estaba aún rascándose la cabeza, preguntándose adónde se
había ido ella.
Incluso si se las había ingeniado para descubrir su paradero, la probabilidad de que
atravesara el agreste terreno de las Tierras Altas para encontrar el castillo Gray y luego
escabullirse dentro sin ser detectado era casi nula.
Sin embargo, Rosalyn no pudo evitar que se le erizara la piel de los brazos al girar para
apresurarse a regresar a la habitación…
Y se encontró con una figura oscura que la agarró con una mano de acero.

90
Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 15

Un grito se elevó hasta los labios de Rosalyn mientras unas grandes manos la sujetaron,
pero el terror se esfumó cuando sus ojos chocaron con Derek. Los miembros se le debilitaron al
desplomarse contra él.
La tomó en brazos y la llevó a través de las puertas francesas. Quitó a un lado los vestidos
desparramados sobre la cama y la colocó allí con cuidado, luego se sentó junto a ella, corriéndole
el cabello del rostro.
Rosalyn se sintió estúpida al haberse sobresaltado por una ramita quebrándose.
—Estoy bien. Simplemente no esperaba encontrarte aquí.
—Te vi de pie bajo la luz de la luna, y no me pude contener. No quise asustarte. Cuando
no te presentaste a cenar, me preocupé.
La comida había sido lo último que tenía en mente.
—No tenía hambre.
Él permaneció en silencio durante un largo rato.
—Lamento lo que sucedió antes.
—¿Por qué habrías de lamentarte? Fui yo la que ha actuado como una estúpida.
—Culpo a mi hermano por lo sucedido. Se irá mañana en la mañana, y no te volverá a
molestar.
Rosalyn se irguió, apoyándose sobre los codos.
—Desearía que no lo eches.
Los dedos que le acariciaban la quijada se detuvieron.
—Entonces, es verdad.
—¿Qué cosa?
—Ethan dijo que tú lo deseabas. No le creí.
Rosalyn notó cómo habrían de haber sonado sus palabras.
—Lo que sucedió entre Ethan y yo fue un error. El beso no significó nada. Aunque me
agradaría ser su amiga.
Un músculo se tensó en la quijada de Derek.
—¿Por qué? Es una víbora.
—No es tan malo como crees. Y no puedo soportar la idea de que sea echado por mi
culpa.
—Debería estar agradecido que le permito partir con los miembros intactos.
—Sería mejor que yo me marchara.
—Parece que planeas hacer justamente eso —observó examinando los baúles abiertos y los
vestidos desparramados por toda la habitación.
—Creo que debería.
—Si te sirve de algo —dijo él—, tú no tienes nada que ver con el problema entre Ethan y
yo. Desearía poder decir que mi hermano tiene una pizca de honor en su cuerpo, pero no es así.
Sospecho que simplemente te está usando para molestarme. —Acarició un mechón de la
cabellera de Rosalyn con los dedos y admitió—: Se ha dado cuenta de que tú me importas.
Rosalyn levantó la mirada.

91
Melanie George – La novia robada del highlander

—¿Te importo?
Derek le acarició el rostro con los dedos.
—No he podido dejar de pensar en ti en todo el día. Me has embrujado ayer por la noche.
El recordatorio de lo que habían hecho en las horas posteriores a la medianoche le hizo
pensar en Megan Trelawny, y un bulto de vergüenza se le alojó en la garganta.
Se irguió y llevó las piernas hasta el extremo opuesto de la cama.
—No creo que tu prometida esté de acuerdo con lo que hicimos. ¿Por qué no me hablaste
de ella?
Derek se levantó y rodeó la cama hasta donde estaba ella, agachándose en el piso frente a
Rosalyn.
—La relación entre mi clan y la familia Trelawny ha sido tensa por años, y mi padre pensó
que un matrimonio entre nosotros traería armonía. Nunca pensé que habría una mujer que me
capturara el corazón, por lo que nunca me he negado. Simplemente no dije nada. Megan nunca
ha demostrado ningún interés en contraer matrimonio conmigo; siempre hemos sido como
hermanos. Pero sus siete hermanos respetan demasiado a su padre como para contradecir sus
deseos, aunque él ya no viva. La única persona que podría haberles hecho cambiar de parecer era
Megan misma, y ella nunca ha dicho nada.
—Te ama.
—Sospecho que no quiere herirme —suspiró Derek.
—Parece ser muy agradable.
—Lo es. Y no se merece esto de mi parte.
—No eres el único culpable. He tenido parte de culpa en lo que ha sucedido.
Derek la tomó de las manos.
—Nunca pienses que tienes la culpa en esto. Debería haberte hablado de Megan. La verdad
es que fui egoísta. Lo lamento.
—Yo también —susurró Rosalyn, levantándose de la cama y rodeándole.
—No te marches —le rogó con suavidad.
Rosalyn se agachó para recoger el vestido que había llevado puesto la primera vez que se
vieron. No estaba segura por qué lo había traído consigo; no era que esperara asistir a ningún
baile. Sin embargo, el vestido tenía demasiado valor sentimental como para dejarlo. Dobló el
vestido y lo guardó en el baúl.
Derek se acercó por detrás y le posó las manos en los hombros, obligándola a girar para
enfrentarlo.
—Ya sea que te quedes o que te vayas, tengo intenciones de hablar con Megan. Y ya que
has decidido partir de todos modos, yo puedo bien decir lo que pienso. ¿Me puedes mirar?
Rosalyn no podía mirarlo a los ojos; tenía que marcharse mientras podía hacerlo.
—Por favor, solo déjame empacar.
—En el preciso momento que nos marchamos de Londres supe que había tomado la
decisión equivocada al traerte aquí.
Rosalyn cerró los ojos, el dolor le atravesaba el cuerpo.
—Creo que ambos cometimos un error.
—No dije que había sido un error. Simplemente una mala decisión de mi parte. Sabía que
no iba a poder mantenerme alejado de ti, me pareces demasiado seductora y fascinante. Tomé tu
desgracia y la utilicé en beneficio propio. Te quería aquí conmigo, y si la carta de Clarisse no
hubiese llegado esa noche, habría sido yo el que se habría arrastrado por la ventana de tu
habitación para secuestrarte en lugar de ese hermanastro tuyo.
Con lentitud, Rosalyn levantó la vista para mirarlo.
—No te creo.
—No quería regresar a casa sin ti. —La tomó de la mano y la trajo para sí—. Quédate
conmigo, aunque más no sea para que te proteja de Calder. No quiero que te marches. No ahora.

92
Melanie George – La novia robada del highlander

En el fondo de su corazón, quería quedarse con él, pero ella tenía sus propios secretos,
cosas que le dolían demasiado como para contárselas. E incluso si se quedaba, nada cambiaría. Él
necesitaba una muchacha como Megan.
—Derek…
La silenció con los labios, y Rosalyn se sintió perdida. Se había convertido en una debilidad
en su sangre, y ella no podía pensar con claridad cuando la tocaba de esa manera.
Rosalyn se aferró a los hombros de Derek y él la tomó del trasero y la trajo para sí,
acomodando su cuerpo contra el propio. Ella se movió contra él, sintiendo su pene hincharse y
engrosarse con cada presión de sus caderas.
Derek la elevó del suelo. Instintivamente, ella enroscó las piernas alrededor de las esbeltas
caderas de él. Derek corrió la falda hacia atrás, los dedos aferrándose a los muslos, masajeándole
la carne.
Rosalyn estaba tan mareada por el contacto con él que no notó que la había movido hasta
que sintió el fresco del edredón en la espalda. Los resortes crujieron al tiempo que Derek llevó el
peso de su cuerpo sobre ella, recostándose sobre los codos para evitar aplastarla.
Ella inclinó la cabeza hacia atrás cuando la boca de él buscó la curva sensitiva del cuello y la
mano le rozó el lado del cuerpo para tocarle un seno, el dedo índice moviéndose de atrás hacia
adelante sobre el pezón; todo el interior de Rosalyn le dolía de deseo.
Derek tiró hacia abajo las mangas del vestido. El suave algodón se ciñó en el pecho de
Rosalyn, empujando los pezones hacia arriba. Ella cerró los ojos y arqueó la espalda cuando
Derek lamió el nudo tenso, jugueteando y luego dibujando círculos, una y otra vez, antes de
llevarse el punto erecto a los labios.
Jugueteó con el otro pezón, dándole vueltas con gentileza hasta que ella le rogó por su
boca. El más delicado roce le quemaba en el centro mismo de su cuerpo, la carne exquisitamente
sensitiva; el calor y la humedad se formaban entre sus muslos.
Ella se irguió y tironeó el lóbulo de la oreja de Derek con los dientes mientas buscaba con
la mano los botones de los pantalones, sujetándole la extensión del miembro erecto con la palma
de la mano. Todo el cuerpo de Rosalyn deseaba el placer que él podía darle.
Los dedos de Derek se enroscaron en la muñeca de Rosalyn y la sujetó sobre la cabeza en
la cama, luego la otra, dejando que ella sintiese pero que no tocase.
Se acomodó entre las piernas de ella. Tenía la falda corrida hasta la cintura, dejando nada
entre ellos más que la fina capa de las bragas.
Él deslizó la mano entre ambos cuerpos y encontró la abertura entre las bragas, deslizó un
solo dedo en su interior y la encontró cálida y húmeda. Una sacudida sofocante hizo temblar a
Rosalyn cuando él se deslizó hacia arriba para encontrar la punta madura de su sexo. Sus caricias
eran como un susurro sedoso sobre la hinchada carne.
Rosalyn le mordisqueó la barbilla y se aferró de las delgadas caderas con las piernas
mientras él la llevaba hasta esa cima que la había llevado con tanta habilidad por tres veces la
noche anterior.
Ella se meneó bajo él como una mujer inmoral mientras los labios de Derek se dirigían
hacia abajo por su cuerpo, mamándole los pechos, mordisqueándole el vientre, y ella dio un grito
ahogado cuando la boca de él le rozó el monte y la lengua se introdujo en su grieta para
masajearle el clítoris.
No quería que acabara nunca. La necesidad que sentía por Derek estaba más allá de su
control al tiempo que él jugaba con la perla sensitiva entre las piernas. El pequeño nudo se
hinchaba y se endurecía.
Cuando ella estaba a punto de caer por ese brillante precipicio, él se detuvo. Silenció su
gemido de queja con los labios mientras se desabrochaba los botones de los pantalones. Luego,
se deslizó en el interior de ella.

93
Melanie George – La novia robada del highlander

—Sí —gimió Rosalyn. Le encantaba la sensación de tenerlo dentro de ella, bombeando


lentamente mientras jugueteaba con los pezones y la besaba con suavidad.
Derek enroscó las manos detrás de las rodillas de ella y le ubicó las piernas alrededor de su
cintura.
—Sostenme con fuerza —murmuró él, plantándole besos ligeros sobre el cuello mientras
las embestidas le penetraban más y más profundo.
Ella inclinó la cabeza hacia atrás y se aferró al edredón, sujetando la tela con los puños
cerrados. Ejercía presión contra Derek cuando la empujaba. Estaba dentro de ella hasta la
empuñadura. El pene se movía hacia arriba y hacia abajo, proporcionándole placer sin piedad.
Derek colocó las piernas de ella sobre sus hombros, yendo aun más profundo. Rosalyn
levantó las caderas para recibir cada centímetro divino de su pene. Era celestial: una sensación de
éxtasis que nunca había imaginado.
Ella gimió y los labios de Derek se posaron sobre su boca en un beso ardiente que debería
haber encendido la cama en llamas. Él era lujuria, deseo y sensualidad en persona, y Rosalyn no
se cansaba de recibirlo.
El placer era tan intenso que resultaba casi insoportable; la pesada cabecera de bronce
temblaba con las penetraciones.
Las uñas de Rosalyn se enterraron en los hombros del hombre mientras él se mecía de atrás
hacia adelante en su interior, pero ambos eran indiferentes. Los únicos sonidos en la habitación
eran los gimoteos de ella y los profundos gemidos de él.
De repente, Derek se elevó y se alejó de ella, se sentó y llevó las caderas de Rosalyn contra
sus muslos, de manera que ambos pudiesen ver mientras él se movía dentro y fuera de ella.
Se aferró al frente de los muslos de Rosalyn. El pulgar se hundía en su calor, rozando sobre
el tenso y abultado nudo que era tan exquisitamente sensitivo.
Al ver lo que él le estaba haciendo y sentir el pene en su interior, el cuerpo de Derek
musculoso y hermoso, Rosalyn se sintió arrojada al abismo.
Echó la cabeza hacia atrás al tiempo que un intenso clímax le sacudió todo el cuerpo. Las
profundas pulsaciones empujaron contra él y a su alrededor mientras le arremetía una y otra
vez… y él se retiró mientras su cálido simiente se derramaba sobre el vientre de Rosalyn.
Ella cerró los ojos, saciada y exhausta. Derek tomó el paño sobre la mesa junto a la cama,
lo introdujo en la pequeña vasija de agua junto a ella, y la limpió con ternura. Luego, los brazos
rodearon los hombros de Rosalyn y la abrazó.
Ella quería decir tantas cosas, pero ninguna palabra acudió a su boca.
—¿Me odias? —preguntó él en voz baja.
Rosalyn abrió los ojos y encontró a Derek mirándola fijo.
—No, no te odio.
Él se veía tan serio que ella quiso tranquilizarlo, pero no pudo. Él había encendido algo en
ella que nunca había querido sentir. Tenía que mantenerlo a distancia.
—Necesito estar sola unos momentos para pensar —le dijo. Derek la besó suavemente en
la frente, luego se vistió. Un instante después, la puerta se cerró en silencio tras él.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 16

Derek permaneció detrás de la puerta de la habitación de Rosalyn, luchando contra el deseo


de regresar a la alcoba de la muchacha. ¿Cuándo exactamente había perdido el control de la
situación? ¿Había tenido el control realmente para empezar?
Unas fuerzas lo habían llevado hasta ese final, pero cualesquiera que fueran esas fuerzas, se
sentía afortunado. Deseaba a Rosalyn más de lo que recordaba haber deseado a ninguna mujer, y
no solo físicamente.
No quería herir a Megan, pero no podía evitar lo inevitable por más tiempo.
—Cristo —masculló cuando se encaminaba por el oscuro pasillo que separaba el ala este
del ala oeste. Le consumían los pensamientos de cuál sería la mejor manera de proceder.
—Bastardo —siseó una voz, luego, algo lo golpeó en la nuca, derribándolo al suelo y
dejándolo noqueado.

—s–

La mañana siguiente, Rosalyn se encontró despierta al amanecer y observando por la


ventana de una manera muy parecida a como lo había hecho la noche anterior.
Basta de vacilar: debía hablar con Derek. Se encaminó fuera de la habitación, y en el largo y
bífido pasillo dudó antes de girar a la izquierda. Arrugó el entrecejo cuando vio algo extraño junto
a una estatua de mármol, y se inclinó para mirarlo más de cerca.
Agudizó la mirada al tiempo que extendió el brazo y tocó el lugar, girando la mano para ver
una mancha roja en la punta de los dedos.
Sangre.
Dio un grito ahogado, mirando la estatua con horror. Derek había sido herido en ese
mismo pasillo solo unos días atrás. Rosalyn se dijo a sí misma que no debía sacar conclusiones
apresuradas, pero no podría quitarse la sensación nauseosa en su interior hasta que no viese a
Derek y supiese que él estaba bien.
Se levantó la falda y corrió por el pasillo. El corazón le latía con fuerza. Sentía los vellos de
la nuca erizados. No podía sacarse de encima la sensación de que alguien la estaba observando.
Para cuando llegó al salón principal, estaba sin aliento. Normalmente, había sirvientes
correteando por ahí, haciendo los quehaceres diarios. Ahora, no había ni una sola alma presente.
Tal vista le incrementó el miedo.
Rosalyn giró sobre los talones al escuchar una puerta abrirse al final de pasillo. La persona
estuvo oculta en las sombras hasta que dio un paso en un área iluminada por la luz del sol que
ingresaba a través de la ventana en forma de arco sobre la escalera.
—¡Ethan! —gritó con voz de alivio, corriendo hacia él.
Él arrugó el entrecejo y detuvo los pasos.
—¿Rosalyn? ¿Cuál es el problema? Pareciera que hubieses visto un fantasma.
—Es Derek… Creo que le ha sucedido algo.

95
Melanie George – La novia robada del highlander

—Tu imaginación se está volviendo tu mejor característica, mi muchacha. Probablemente


está en la oficina, preparando la guillotina que pretende usar en mí si no me marcho antes del
desayuno.
—No —dijo Rosalyn con vehemencia—. Encontré una estatua con sangre en el pasillo en
el piso superior.
—¿Sangre? —La sonrisa abandonó el rostro de Ethan—. ¿Estás segura?
—Sí. Algo le ha sucedido, puedo sentirlo.
—Estoy seguro de que hay una explicación razonable. Ah, ahí está el sirviente de Derek.
Seguramente él sabrá dónde encontrar al tío. ¡Jamison! —bramó.
Jamison se detuvo en seco y le echó una mirada altanera a Ethan.
—¿Sí, señor? ¿Hay algo que pueda hacer por usted?
Ethan tiró de Rosalyn para que lo siguiese.
—Claro que sí. ¿Dónde puedo encontrar a tu amo?
—¿Puedo preguntar por qué, señor? —Era evidente que el hombre no confiaba en él.
—No, no puedes, rata impertinente. Solo contesta mi pregunta.
El sirviente enderezó su columna vertebral.
—No he visto al señor esta mañana.
—¿Cuándo fue la última vez que lo viste? —preguntó Rosalyn.
El sirviente giró hacia ella. La expresión se le suavizó ligeramente.
—Ayer por la noche, miladi. Tenía que ir a un lugar, pero no dijo adonde.
—¿Cuándo sucedió eso? —demandó Ethan.
—Alrededor de las nueve.
Unos minutos antes de que Derek la hubiera encontrado en el patio.
—¿Nadie lo ha visto desde entonces? —preguntó Rosalyn, con una sensación de pánico
creciendo en su interior.
—No lo sé, señorita. Si quiere, lo averiguaré.
—Sí, por favor. Gracias.
Jamison inclinó la cabeza en una reverencia hacia Rosalyn, luego a Ethan, de una manera
menos cordial, antes de encaminarse a la puerta de servicio.
—Enrevesado hijo de perra —refunfuñó Ethan al girar hacia ella—. Pues bien, parece que
el rey Manchester tenía planes importantes ayer por la noche y no se los comunicó a nadie.
Quizás bebió mucho alcohol en la taberna local y está durmiendo en algún callejón para quitarse
la resaca —bromeó—. O, más probablemente, se golpeó con la estatua. El muchacho nunca ha
sido el más astuto de todos.
Rosalyn le miró fijo.
—-Esto es algo serio. Podría estar herido, o algo peor. ¿No te importa? Él es tu hermano.
—Medio hermano —enfatizó Ethan, como Derek lo había hecho una vez—. Y, no. No
estoy particularmente preocupado por lo que le suceda al cabrón. Si recuerdas, él ha solicitado mi
inmediata partida. Uno no puede preocuparse cuando está a punto de quedarse sin techo.
—Estaba disgustado, es todo. Estoy segura de que tenía intenciones de decirte que te
quedaras esta mañana.
—¿En serio? —Ethan enarcó una ceja con descreimiento—. Ahora, ¿qué podría haber
causado tal milagroso cambio de opinión, me pregunto? —La mirada en los ojos de Ethan le dijo
que él sabía que ella tenía algo que ver con la reconsideración de Derek.
—Por favor, debes ayudarme a encontrarlo.
La observó durante un largo momento.
—Realmente te interesas por él, ¿verdad?
—Sí, realmente me interesa —admitió Rosalyn—. Ahora, ¿me ayudarías, por favor?
Ethan suspiró sonoramente.
—¿Por dónde deberíamos comenzar?

96
Melanie George – La novia robada del highlander

Rosalyn lo arrastró hacia la escalera.


—Yo empezaré a buscar por el ala este. Tú, en el ala oeste. Obtén la ayuda de todos los
sirvientes que puedas. Envía a alguien a ver si el caballo de Derek está en el establo.
—Eres una joya extraña, muchacha, y Derek es un hombre afortunado por tenerte. Solo
deseo que algún día pueda encontrar una mujer que se preocupe por mí así.
—La encontrarás. Estoy segura.
Juntos, se encaminaron hacia las escaleras. Estaban a mitad de camino hacia la cima,
cuando la puerta principal se abrió de par en par con un golpe repentino. Rosalyn giró, con la
esperanza de encontrar a Derek allí.
—Dios santo, ¿qué estás haciendo tú aquí? —demandó Ethan en un tono hosco al tiempo
que observaba a Megan Trelawny, quien estaba de pie en medio del pasillo, respirando con
dificultad y mirándolos—. ¿Tus hermanos no te han enseñado modales? Aún eres una rebelde
insolente.
Rosalyn notó lo pálida que se veía la muchacha y supo que algo había sucedido. Bajó las
escaleras corriendo y tomó las frías manos de Megan.
—¿Cuál es el problema? —preguntó Rosalyn con urgencia.
Megan luchó por recobrar el aliento.
—Derek —logró decir finalmente.
Rosalyn apretó con más fuerza las manos de Megan.
—¿Has visto a Derek? ¿Dónde está? ¿Está bien?
—Sí… Quiero decir, no. Él…
—Por el amor de Dios, mujer, dilo de una vez. —Ethan se acercó a Rosalyn—. No
tenemos todo el día.
Megan se alejó de Rosalyn y embistió contra Ethan.
—¡Eres un cerdo sin corazón!
—Por favor, contrólate —dijo Ethan, arrastrando las palabras, y refrenándole con
facilidad—. Preferiría que tus garras no arruinasen mi rostro. Algunas mujeres lo encuentran
bastante agradable.
Megan luchó para liberarse de Ethan, pero no la soltaba.
—El diablo lo encontrará agradable, ya que allí es donde irás por lo que has hecho.
—Megan, por favor —suplicó Rosalyn con ansiedad—. ¿Sabes dónde está Derek?
Megan deslizó la iracunda mirada llena de lágrimas hacia Rosalyn.
—Está con mis hermanos.
Ethan gruñó.
—Sus hermanos odian a Derek. No quieren que ningún hombre, en especial mi hermano,
profane a su adorada hermana. No se pusieron muy contentos cuando su padre los unió en
promesa de matrimonio. Tengo suerte de ser el bastardo de la familia, o habría sido sacrificado en
ese infierno —rezongó él, indicándole a Megan que debía retirarse con un ademán del pulgar.
Ella le aplastó los dedos de los pies con el tacón de la bota.
Ethan emitió un gruñido y le torció los brazos detrás de la espalda con una mano, y con la
otra, le cubrió la boca. Chirridos acallados brotaban a borbotones contra la palma de la mano del
hombre.
—Debería haberte dejado el trasero rojo hace años. En caso de que lo hayas olvidado, mi
querida, soy el único que no se doblegará ante tus caprichos. Guarda eso para tus hermanos y el
mío.
—Ethan. —Rosalyn le posó una mano sobre el brazo—. Basta ya con esto. Déjala hablar.
Deliberó durante un momento.
—Está bien, pero si me insulta de nuevo, le arrojaré al foso. —Fulminando a Megan con la
mirada, dijo—: ¿Lo comprendes?
Entrecerró los ojos, pero asintió con un movimiento de cabeza.

97
Melanie George – La novia robada del highlander

—Bien. —Ethan le quitó la mano de la boca y se la limpió en los pantalones.


—Derek está en problemas —dijo Megan—. Mis hermanos lo tienen atado a una silla en el
solárium. Le sangra la cabeza.
—De ahí, la estatua ensangrentada —dijo Ethan.
Rosalyn giró hacia Megan.
—¿Qué hará tu hermano si nos presentamos en tu casa?
—No lo sé; nunca antes había visto a Kerry así. Cuando me enteré de lo que había hecho,
me escabullí escaleras arriba después de que todos se habían retirado a dormir. Encontré a Derek
atado a la silla, con una soga alrededor del pecho. Cuando me acerqué, vi el corte profundo en la
nuca y la sangre en el cuello de la camisa. No sabía qué hacer. Me apresuré a desatarlo, pero sabía
que no podría ni pensar en moverlo. Entonces, la puerta se abrió de golpe y Kerry estaba allí. Me
ordenó que me retirase. Cuando le dije que no me marcharía, dispuso a tres de sus hombres para
arrastrarme fuera de allí. Para mi sorpresa, Kerry me encerró en mi habitación bajo llave y no me
dejó salir, sin importar cuan fuerte yo gritara o golpeara la puerta.
—¿Cómo lograste salir, entonces? —preguntó Ethan, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Me deslicé por una tubería junto a la ventana de mi habitación y corrí por el páramo.
—¿Hay alguna forma de entrar a tu casa sin ser vistos? —preguntó Rosalyn.
Megan negó con un movimiento de cabeza.
—Los hombres de armas de mi hermano nos verían. Fue pura suerte que no me hayan
detenido. El guardia del fondo de la casa estaba ocupado en otros asuntos. —Se sonrojó.
—Pues bien. Iremos por la puerta principal, entonces. Simplemente le tendremos que decir
a Kerry que sabemos que tiene a Derek prisionero y que queremos que lo libere. Llevaremos a
todos los hombres de Derek, si es necesario.
Ethan negó con un movimiento de cabeza.
—Mala idea. Los hombres de las Tierras Altas toman a mal que una legión de soldados se
presente a la puerta de sus casas. Significa guerra. No querrías eso. Será mejor que vayamos solos.
Rosalyn abrió la puerta principal y miró hacia la punta del castillo Trelawny, visible por
sobre los árboles que separaban una propiedad de la otra.
Mientras esperaban el carruaje que Ethan había solicitado, Rosalyn se dio cuenta de que
alguien de adentro debía estar involucrado para tomar a Derek desprevenido.
Pero, ¿quién?
Darius apareció en la puerta.
—¿Por qué tanta conmoción?
—Ah, tío —entonó Ethan—. Aquí estás, justo a tiempo para salvar el día.
Darius parpadeó.
—¿Qué?
—Derek ha sido secuestrado por los hermanos Trelawny —le dijo Rosalyn.
Darius negó con un movimiento de cabeza.
—No es posible.
El carruaje llegó, y un ágil muchacho saltó del pescante.
—¿Lista para partir, señorita? —preguntó, abriendo la puerta del carruaje para ella.
—Regresaremos pronto —Rosalyn le dijo al tío de Derek, con la esperanza de tener razón.
—Me quedaré aquí en caso de que el muchacho regrese —contestó Darius.
Megan subió junto a Rosalyn, y Ethan se sentó frente a ellas, con los brazos cruzados y una
expresión nada acogedora en lo absoluto.
Era casi imposible hablar mientras avanzaban a gran velocidad sobre el camino irregular
que les hacía rebotar a cada centímetro del sendero. Rosalyn se aferró a una correa sobre la
cabeza para mantenerse con vida.
—¡Maldición! Ese muchacho va a matarnos. —Ethan protestó al tiempo que salvó a
Megan de caer de bruces sobre su regazo—. ¿No puedes mantenerte en tu sitio, mujer?

98
Melanie George – La novia robada del highlander

Megan arrugó el entrecejo.


—Supongo que tú podrías hacerlo mejor.
Ethan desvió la vista y miró enfurecido por la ventana.
El castillo Highgate era casi tan impresionante como el Gray, pero no tan grande, y la vista
al océano estaba bloqueada por el bosque.
El puente levadizo se bajó y los cascos de los caballos repiquetearon sobre los tablones de
madera. Al notar el mal estado del puente, Rosalyn contuvo el aliento hasta que entraron al patio
interno.
Las macizas puertas principales del castillo se abrieron, y un hombre grande como una
montaña con una cabellera de rojo furioso y barba descendió por las escaleras como un toro. Seis
hombres vestidos con atuendos de guerra lo seguían detrás.
Ethan las ayudó a salir del carruaje, luego se inclinó contra él; se veía indiferente.
—Y aquí está el maldito presuntuoso en persona —suspiró.
—¡Megan Anne Trelawny! —bramó el hermano.
—Kerry, puedo explicarlo —dijo en un tono aplacado.
Se detuvo frente a ella; tenía el rostro casi tan rojo como el cabello mientras la fulminaba
con la mirada.
—Oh, harás mucho más que explicar. ¡Casi nos matas a mí y a los muchachos! —Hizo un
ademán a los hombres detrás de él, todos tan grandes como su hermano—. Cuando vi que no
estabas en tu habitación y me di cuenta de que te habías escapado por la tubería, hubiera podido
asesinarte con mis propias manos. Te podrías haber matado, imbécil.
Por ser una cosa tan pequeña, Megan tenía un gran carácter. Le dio a su hermano un
puñetazo en el pecho.
—No me llames imbécil, bufón cabeza de chorlito. ¡Me encerraste en mi habitación como
si fuese una chiquilla que necesita disciplina!
—No permitiré que interfieras en mis asuntos.
—¡Esto me incumbe también a mí!
—Veo que has traído refuerzos, ¿eh? No te servirá de nada. Dejaré libre al tío cuando yo
quiera, ni un minuto antes.
—No es una buena idea, Curry —dijo Ethan, el sobrenombre provocó un rubicundo rubor
en las mejillas del hombre que le quemó una línea por el cuello—. Si los hombres de Derek se
enteran de lo que has hecho, llegarán a tu puerta clamando por sangre.
—¿Y tú crees que me asustan? —dijo Kerry con una mueca de desprecio—. No eres un
hombre legítimo de las Tierras Altas, con tus modos ingleses tan elegantes. Debería darte
vergüenza poner un pie en suelo escocés.
Rosalyn pudo notar por la tensión en los hombros de Ethan que el insulto había dado en el
blanco, pero el tono de voz del hombre no reveló nada de su ira.
—Tendré eso en consideración. Ahora, si no te molesta, esas damas desean ver a tu
cautivo. ¿Si eres tan amable de indicarles el camino?
El señor del clan Trelawny quedó de pie allí, enfadado, calculando con la mirada las
medidas de la mortaja de Ethan mientras un músculo de la quijada se tensaba. Finalmente, dijo
con brusquedad:
—Síganme. —Señaló hacia el castillo con un movimiento de cabeza y se alejó.
Los otros hermanos de Megan los rodearon en un círculo mientras los conducían a través
del patio.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 17

Motitas de polvo danzaban en la luz del sol cuando entraron en el vasto salón de piedra. El
interior estaba oscuro, a diferencia del hogar de Derek, donde la luz del sol iluminaba cada pasillo
y cada habitación. El castillo evocaba a otros tiempos, cuando las mujeres vestían con túnicas y
los hombres se trenzaban las barbas y alimentaban con añojo a los perros de caza que
llorisqueaban a sus pies.
—Encantador —masculló Ethan al tiempo que seguían al hermano de Megan por un
pasillo sinuoso hacia los confines más lejanos de la casa.
—Por aquí —dijo el señor del lugar en un tono petulante, indicándoles con un ademán que
entraran en una habitación con el piso sucio y vegetación salvaje creciendo en el rincón.
Derek estaba aún atado a la silla en el centro de la habitación; tenía las prendas rasgadas y la
sangre le manchaba el cuello de la camisa.
El temperamento de Rosalyn se elevó, y avanzó hacia Kerry Trelawny.
—¡Desátelo ya mismo!
El hermano de Megan la observó con negros ojos fríos, impasible ante las demandas.
—Te mantendrás callada si sabes lo que es bueno para ti.
—No puede tratarlo de esta manera.
—Puedo tratarlo como mejor me plazca, considerando lo que le hizo a mi hermana.
—¿De qué hablas? —demandó Megan—. Él no me hizo nada.
—¿Eres ciega, muchacha? —espetó Kerry—. Frente a tus narices, trae a su casa a otra
mujer. ¡Te ha faltado el respeto! No le importa nada su promesa de ser tu esposo.
—¡Él nunca ha prometido ser mi esposo! Esa era la idea de nuestro padre, nunca mía, y
ciertamente no tuya. Puede hacer lo que quiera con su vida; no me debe nada. Nunca me ha
hecho ninguna promesa, ni tampoco yo a él.
—Si fueses una Trelawny legítima, nunca permitirías tal desaire sin propinar un castigo.
¿Sabías que tu amado ha estado durmiendo con esta mujer? —Apuntó hacia Rosalyn con el dedo
y dijo—: ¿No tienes moral, muchacha, que le robas el esposo a otra mujer?
—Para que sea su esposo, deberían haber contraído matrimonio. Y eso no ha sucedido.
Entonces, técnicamente, ambas partes son libres de hacer lo que les plazca —apuntó Ethan.
Kerry movió el dedo y apuntó ahora a Ethan.
—No te metas en esto.
Ethan elevó las manos.
—Simplemente estoy diciendo lo obvio. Dicho sea de paso, ¿le has dado al tío un poco de
agua hoy? Si se muere, todo este esfuerzo terminará siendo en vano, ¿no lo crees?
Kerry arrugó el entrecejo, como si no hubiese pensado en esa posibilidad. Chasqueó los
dedos y le gruñó algo a uno de sus hermanos, quien se acercó con una jarra de agua. Él hombre
levantó la cabeza de Derek y procedió a inclinar la jarra sobre sus labios. El líquido se le derramó
por la comisura de los labios hasta que comenzó a hacer arcadas y a negar con movimientos de
cabeza.

100
Melanie George – La novia robada del highlander

—¡Basta! Va a ahogarlo. —Rosalyn dio un salto hacia adelante para quitar la jarra de las
manos del hombre, pero Kerry la tomó de la cintura y la levantó en el aire—. ¡Suélteme! —
demandó.
—Deja de luchar, demonio cascarrabias —le dijo entre dientes, y gruñó cuando la bota de
Rosalyn hizo contacto con su canilla—. ¡Maldita seas, mujer! El está bien. ¡Mira!
Rosalyn dejó de resistirse y se encontró con los ojos de Derek abiertos y enfocados en ella.
—Derek —suspiró.
—Déjala tranquila, Kerry —dijo con voz ronca—, o te romperé el cuello como si fuese una
ramita seca.
Kerry rió con ganas.
—Y, ¿cómo pretendes hacer eso, muchacho? Tengo el control y eso no cambiará hasta que
te hayas comportado como corresponde con mi hermana.
—¡Maldito seas, Kerry! —gritó Megan—. ¿Eres estúpido? No quiero contraer matrimonio
con él. Tú no quieres que lo haga.
—Te estoy protegiendo de la vergüenza —contestó su hermano con frialdad—. Deberías
agradecerme. Contraerá matrimonio contigo y te hará una mujer respetable hoy, o estará muerto
mañana.

—s–

Rosalyn caminaba de aquí para allá con ansiedad en la antesala en la que la habían ubicado,
a corta distancia del solárium. A pesar de las estridentes protestas de Megan, Ethan y ella habían
sido llevados a otra habitación y encerrados bajo llave.
Rosalyn se abrazó a sí misma y se desplomó en el asiento junto a la ventana que estaba
desprovisto de cojines. La habitación estaba privada de todo mobiliario, de hecho; y el polvo se
había acumulado en cada alféizar de todas las ventanas sin cortinas. Era evidente que los
hermanos Trelawny no creían que los volados fueran necesarios. Pobre Megan: crecer entre
semejante grupo de gente.
Lo único que Rosalyn esperaba era que Ethan y la muchacha no se mataran entre ellos
antes de que llegase el rescate. Ciertamente, Darius se preocuparía por su prolongada ausencia y
enviaría ayuda.
No sabía qué pensar. La palabra traidor seguía rondándole la mente. Le resultaba difícil de
creer que cualquiera de los leales sirvientes o miembros del clan complotaría contra Derek.
¿Podría eso tener algo que ver con ella? Caroline le había advertido que a la gente de allí no le
agradaba su presencia, pero ciertamente ninguno de ellos habría descargado su ira con Derek.
Rosalyn se puso de pie y caminó alrededor del perímetro de la habitación. ¿Qué estaba
sucediendo? ¿Qué estaban haciendo? Rezó por que Derek se encontrase bien.
De repente, la puerta se abrió y uno de los hermanos de Megan apareció allí, con el ceño
arrugado en el endurecido rostro.
El cabello necesitaba unas tijeras con desesperación, y las mejillas rogaban por una
rasurada.
—Ven conmigo —ordenó, de tal manera que no quedaba lugar para la desobediencia.
—¿Me llevas a ver a Derek? —preguntó Rosalyn.
El hombre no sintió la necesidad de responder. Tan pronto como llegó junto a él, la tomó
del brazo con no mucha amabilidad y la arrastró por el pasillo hacia el solárium. Rosalyn sintió
una oleada de alivio. Vería a Derek.
El hermano abrió de un golpe la puerta del solárium y la empujó adentro.
—Siéntate —le ladró, señalando una silla que había sido colocada en la habitación.
Derek estaba despierto, y se miraron a los ojos al tiempo que ella caminó hasta la silla y se
sentó.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—¿Estás bien? —preguntó.


—¡Silencio! —bramó una voz, obligando a Rosalyn a girar. No había visto a Kerry, que
tenía los ojos clavados solo en Derek—. Aquí únicamente hablo yo, a menos que te de permiso
para hacerlo.
—Siempre has sido un parlanchín, Kerry —dijo Derek con labios secos y partidos.
—Silencio, muchacho, o serás silenciado en forma permanente.
—Si algo me sucede a mí, tendrás una guerra entre tus manos. ¿Es eso lo que deseas?
—No me preocupa. —Sin embargo, se veía preocupado, notó Rosalyn con la esperanza de
que eso lo ayudara a reconsiderar las cosas.
—¿Es esto lo que habría querido tu padre? —preguntó Derek.
—No metas a mi padre en eso. Hace tiempo que está muerto y enterrado.
—Él quería la paz entre nuestros clanes. Esta no es la manera de conseguirla.
—¡Es tu culpa! —tronó Kerry—. Deberías haber contraído matrimonio con mi hermana y
no permitir que esta fulana —señaló a Rosalyn con el dedo— «te distraiga».
—Ten cuidado con lo que dices —advirtió Derek—. Te lo diré una sola vez. Rosalyn no
tiene nada que ver con mis sentimientos por Megan. Siempre he sido honesto con ella. ¿Por qué
no le preguntas a ella qué siente? Sospecho que te llevarás una sorpresa.
—Los sentimientos de mi hermana no tienen ninguna trascendencia. Mi padre deseaba que
ustedes contrajeran matrimonio, y así lo harán.
—Libera a Rosalyn. Ella no tiene nada que ver con todo esto.
—Oh, sí. Ella le ha robado a mi hermana tu afecto. Le has roto el corazón a la pobre
muchacha.
—Apuesto a que si le preguntas, te dirá que no me ama.
Una nube negra de tormenta descendió al rostro de Kerry al tiempo que caminó hacia
Derek con pasos fuertes como truenos y se inclinó para encararlo.
—Contraerás matrimonio con mi hermana, peste, o…
De repente, la puerta golpeó contra el muro y otro hermano de Megan ingresó. Realmente,
ellos eran miles.
—¡Kerry! —dijo, urgido.
—¿Qué, maldición?
—Megan se ha ido. Se ha marchado con el hermano de este. —Señaló a Derek.
—¡¿Qué?! —gritó Kerry—. ¿Se ha marchado? ¿Adonde? La hemos encerrado bajo llave…
¡Por el amor de Dios! ¿No se escapó por la ventana de nuevo? Dime que has apostado guardias
debajo.
—Sí, y la pusimos en la antigua habitación de nuestro padre para evitar que baje por la
tubería otra vez.
—Entonces, ¿qué sucedió?
—Nos hemos olvidado de que la habitación de nuestro padre tiene un panel oculto. —Se
sonrojó, lo que era bastante sorprendente en un hombre de su tamaño—. Megan debe de haber
pasado por ahí hasta la habitación contigua y luego, se habrá escabullido por la escalera trasera. Se
marchó. Junto con el hermano de él —agregó con un tono desagradable, agudizando la mirada en
dirección a Derek como si él tuviese algo que ver con la desaparición de Ethan y Megan.
—Esto es muy divertido —Derek dijo con una risotada.
—Cerrarás la boca si sabes lo que es bueno para ti —dijo Kerry echando humo. Rosalyn
casi podía ver un hilo de vapor saliéndole de las orejas—. Pues bien —espetó a su hermano—,
¿por qué estás parado aquí? ¡Ve a buscarla!
—Hay más.
—¿Más, qué? ¡Habla, estúpido!
—Había una nota.
—Pues bien, ¿qué demonios dice?

102
Melanie George – La novia robada del highlander

El hermano tragó en seco y tomó el trozo de papel arrugado que tenía sujeto en el
cinturón. Lo abrió y leyó.

Querido Curry:
He secuestrado a tu hermana y tengo intenciones de salirme con la mía con ella. Es un bocado
exquisito ahora que ha madurado y crecido en los lugares apropiados.
Y, entonces, solo para molestarte, tomaré a tu fastidiosa hermana y me esforzaré por convertirla en
una joven mujer propiamente dicha. Solo entonces, si me da la gana, contraeré matrimonio con ella.
Adiós, por ahora, hombre. Cuida a mi adorado hermano.

Tuyo,
El highlander bastardo.

103
Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 18

El bramido de Kerry resonó en toda la casa. No ayudaba en absoluto el hecho de que


Derek no podía dejar de reír. Rosalyn le echó una mirada para reprenderlo en silencio.
Ahogando su regocijo, dijo:
—Pues bien, Kerry, parece que te han vencido.
Las manos de Kerry se cerraron en ceñidos puños a ambos lados del cuerpo.
—¡No me han vencido, asqueroso diablo! Encontraré a mi hermana y la traeré de regreso
antes de que el vicioso hermano tuyo le ponga un solo dedo encima.
—Si algo conozco a Ethan, hará exactamente lo que ha dicho que hará. Pues, parece que
has logrado que tu hermana contraiga matrimonio, solo que fue con el hermano equivocado.
Pero sí que has logrado unir a las dos familias. Has hecho tu trabajo.
—Megan no se unirá en matrimonio con tu bastardo hermano. ¡Lo juro! —Giró hacia su
propio hermano, quien estaba aún de pie en el umbral, con la hoja de papel en las manos—.
Envía a todos los hombres disponibles en su busca, y que no regresen hasta que no los hayan
encontrado.
El hermano se marchó presuroso, y en la distancia, Rosalyn pudo escuchar el sonido de los
hombres que se reunían. Rogó por que Ethan se encontrase muy lejos de allí ahora. No quería
pensar qué le sucedería si los hombres de Kerry lo atrapaban.
—Kerry —dijo Derek, atrayendo la mirada del hombre hacia él—. Antes de que te
encuentres con mis hombres en tu puerta, te recomiendo que me liberes. Tienes todos tus
refuerzos buscando a mi hermano y a tu hermana, y ciertamente no podrás sostener una batalla.
Termina con esto ahora mientras tengas espíritu de perdón.
Rosalyn podía ver que el hermano de Megan no quería renunciar a la batalla, pero con un
gruñido gutural, caminó hasta detrás de la silla y aflojó las ataduras de manera violenta.
—Ahí tienes —masculló el hombre—. Ahora, vete. Has sido la ruina de esta familia, y no
me olvidaré de eso.
Derek se frotó los brazos para recobrar la sensibilidad y se puso de pie.
—Quizás si escucharas a tu hermana en lugar de imponerle tus órdenes, tendría menos
problemas.
Rosalyn empujó a Derek hacia la puerta.
—Vámonos antes de que cambie de parecer.
—Conozco a este hombre desde que éramos niños. Hace mucho espaviento, pero no me
habría asesinado. Simplemente estaba enfadado porque las cosas se le fueron de control. Megan
siempre le ha dado mucho trabajo.
—¿Estás enfadado por Ethan y Megan? —preguntó Rosalyn.
—¿Enfadado? —Una semisonrisa enarcó las comisuras de los labios de Derek al tiempo
que la observaba. Tenía el rostro manchado de suciedad, y un magullón desagradable se estaba
formando alrededor de un ojo; sin embargo, nunca se había visto más atractivo.
—Dios, no —contestó él—. Ni siquiera me sorprende.
—¿Por qué no?

104
Melanie George – La novia robada del highlander

Se encogió de hombros.
—Comienzo a pensar que toda la lucha entre esos dos escondía otros sentimientos. Megan
hace mejor pareja con Ethan que lo que nunca hizo conmigo. Con una sonrisa podía lograr que
casi cualquier hombre hiciera su voluntad, pero Ethan nunca fue tan fácil de engañar. Sin
embargo, ambos son dos malditos casos serios, y creo que llegarán al punto de casi matarse el
uno al otro antes de entender que se desean. Pero, eventualmente lo harán.
Tenía razón. Los dos eran exaltados y testarudos, y no abrían sus corazones con facilidad, y
ambos parecían encajar.
Rosalyn y Derek caminaron fuera de la habitación y ella inspiró el dulce aire vespertino.
Derek se movió y se detuvo frente a ella. La tomó de las manos.
—Has venido a rescatarme. Creí que ese era mi trabajo.
—No podía dejar que ese hombre te lastimara.
—¿Por qué?
Rosalyn quería decir lo que sentía en el corazón, pero no pudo.
—Tú me has ayudado a mí.
—Entonces, ¿no tiene nada que ver con tus sentimientos hacia mí?
—No sé de qué estás hablando —la estaba poniendo nerviosa, y pronto confesaría cosas
que no debía—. ¡Mira! Ahí está Liam.
El mozo de cuadra estaba guiando el caballo y el carruaje hacia ellos.
—Se ve bastante mal, milord —comentó el muchacho con preocupación.
—He tenido días mejores —contestó Derek, dándole unas palmaditas al muchacho en la
espalda.
Derek ayudó a Rosalyn a subir al coche e ingresó tras ella.
—No me hace gracia la perspectiva de los caminos que tomaremos. ¿Quizás puedas
permitirme que apoye la cabeza sobre tu regazo? Siento una enorme jaqueca aproximándose.
Sabía que tal propuesta era una artimaña, pero no pudo negarse. Dio unas palmaditas sobre
el regazo, y él no vaciló.
Cuando se acomodó, la miró y sonrió.
—¿Cómo supiste dónde encontrarme?
—No puedo llevarme todo el crédito —dijo ella, corriéndole el cabello del rostro con una
caricia—. Ni siquiera noté tu ausencia sino hasta esta mañana, cuando vi la estatua.
Él arrugó el entrecejo.
—¿Qué estatua?
—La de mármol negro en el ala oeste. Supongo que es el objeto que se utilizó para
golpearte en la cabeza.
—Ah, eso. Estoy acostumbrándome tanto a que me aporreen que me había olvidado. —Se
le oscureció la expresión—. Alguien en mi propia casa quiere verme muerto.
—¿Tienes idea quién podrá ser?
—Ni idea. A menos que…
—¿A menos que, qué?
—Ethan. Me odia lo suficiente como para venderme al mejor postor.
Rosalyn negó con un movimiento de cabeza.
—No, se sorprendió tanto como yo cuando le dije que habías desaparecido.
—O simplemente estaba actuando. Ethan ha sido siempre un maestro del engaño.
—Realmente no creo que haya tenido algo que ver con tu secuestro. De hecho, me imagino
que lo anunciaría por toda Escocia si te hubiese vencido. Además, ¿que hubiese ganado?
Derek suspiró con pesadez.
—¿Por qué tiene que tener tanto sentido lo que dices? Déjame creer lo peor, ¿sí?
Rosalyn intentó esconder la sonrisa mientras le limpiaba con gentileza la mugre de las
mejillas.

105
Melanie George – La novia robada del highlander

—Si es así, entonces no creo que quieras escuchar esto: creo que Ethan te tiene mucho más
aprecio de lo que demuestra. No tenía por qué venir hoy. Lo habías echado, después de todo, y
habría tenido justificativo para querer que te pudras en tu prisión.
—Gracias —rezongó, jugueteando con el lazo del canesú, una táctica muy efectiva para
distraer la atención.
—También creo que albergas un poco de amor fraternal hacia Ethan, aunque ambos son
muy tercos como para admitirlo. Mucho mejor andar por la vida picándose y provocándose el
uno al otro antes de confesar que no se desean mutua condenación eterna.
—¿Has terminado?
—Quizás.
—¿Puedo besarte, entonces?
Ella había estado esperando que lo hiciese.
—Debes conservar tus fuerzas.
—Estuve sentando en una silla sin hacer otra cosa que conservar mis fuerzas. Quisiera
gastar un poco ahora.
—Pues, si realmente lo crees…
Derek le atrajo la boca hacia él y la besó como si toda su vida dependiera de eso.
Rosalyn le devolvió el beso con igual fervor. Había temido tanto encontrarlo muy herido, o
peor. En el fondo, estaba agradecida de que Megan hubiera huido con Ethan.
A ambos les faltaba el aliento cuando el beso terminó. Rosalyn cerró los ojos cuando Derek
le rozó los labios sobre los ojos, y murmuró:
—Desearía que estuvieses en mi cama ahora mismo.
Ella deseaba lo mismo.
—Debemos encargarnos de tus heridas —dijo ella, en cambio.
—Me importan un rábano mis heridas.
Rosalyn le tocó el cuero cabelludo con suavidad.
—Este corte va a necesitar una puntada o dos.
—Más tarde.
El carruaje se detuvo con un estruendoso ruido y Rosalyn dijo:
—Estamos en casa.
«En casa». Esas palabras salieron de su boca con una extraña facilidad.
Derek se sentó a regañadientes, era una vista alborotada y hermosa. Rosalyn no podía dejar
de observarlo. Él giró y captó su atención y le dedicó una sonrisa estrafalaria.
—¿Un desastre, no?
—Un completo desastre. Ahora, sal de ahí. —Rosalyn lo empujó del hombro.
—Eres una mujer dura, ¿sabes eso?
Rosalyn sonrió para sí misma.
—Si estás bien como para discutir, entonces estás bien para mover tus pies y bajar los
escalones del carruaje. A menos que quieras que llame a Nathaniel para que te cargue.
Derek gruñó. Era evidente que no estaba contento con que ella se negase a participar en su
ataque de autocompasión. Salió del coche al tiempo que Darius se acercó pesadamente a través
de la puerta principal.
—¡Ahí están! —dijo el tío, resoplando por el breve esfuerzo—. Sabía que esos hermanos
Trelawny ignorantes nunca podrían matarte. No estaba preocupado ni un poco.
Derek observó a su tío con recelo.
—Y si me hubieran asesinado, ¿entonces, qué?
—Pues… —El entrecejo de Darius se arrugó al pensar—. No lo sé. Supongo que tendría
que haberme hecho cargo.
—Qué conveniente —dijo Derek arrastrando las palabras al tiempo que se alejaba pasando
junto a su tío.

106
Melanie George – La novia robada del highlander

Nathaniel estaba de pie, sosteniendo el extremo de la puerta con fuerza y observando a


Derek con ojos bien abiertos y preocupados.
Parecía que el niño había estado llorando y Rosalyn sintió pena por él. Sintió aún un poco
más de pena cuando Derek se detuvo junto a él, herido y cansado, pero con una sonrisa
tranquilizadora al tiempo que acariciaba el cabello del niño.
—¿Has sido un buen muchacho hoy, Nate?
—Sí, señor. —Tragó en seco y espió a Derek con los ojos llenos de amor y adoración—.
¿Estás bien?
Derek asintió con un movimiento de cabeza.
—Mejor que nunca. Solo un poco sucio del viaje.
—¿Volverán a atraparte otra vez? —preguntó en un susurro.
—No, si puedo evitarlo. —Derek acarició la mejilla de Nathaniel con los nudillos.
Rosalyn casi se echa a llorar al verlo caminar juntos, Nathaniel deslizando una pequeña
manita en la gran mano de Derek.
Giró y se encontró con el ceño arrugado de Darius.
—¿Hay algún problema?
La mirada de él se dirigió a ella con un movimiento abrupto, y la observó durante un
desconcertante momento.
—El muchacho es muy dependiente —contestó con brusquedad—. No puede aferrarse a
Derek así. El hombre tiene otros asuntos de qué ocuparse. Pero ¡maldición! No pude quitar al
rufián de la puerta principal. Debe haber estado allí durante horas esperando a que Derek
regresase.
—Creo que es dulce. Es obvio que necesita a un hombre en su vida.
—Pues bien, no puede ser Derek —espetó el tío y se marchó.
Rosalyn lo miró fijo mientras se iba, sorprendida por su vehemencia.
Se dirigió hacia el salón del frente y encontró a Derek y a su joven carga en el extremo
superior de las escaleras. Estaba a punto de seguirlos cuando Caroline apareció por el pasillo del
fondo.
—¿Has regresado, señor? —preguntó, echando una mirada rápida a su alrededor.
—Sí, está de vuelta, sano y salvo.
—Entonces, ¿nada le ha sucedido?
—Nada más que un par de chichones y magullones.
—Puedo encargarme de eso —dijo ella, levantándose el dobladillo de la falda, lista para
correr escaleras arriba.
Rosalyn le tocó el brazo con suavidad, y la detuvo.
—No hace falta. Si eres tan amable de traerme un poco de agua tibia, toallas limpias, y una
aguja e hilo, eso será de maravillosa ayuda.
Caroline vaciló. Luego, asintió con un movimiento de cabeza, sin mirar a Rosalyn al tiempo
que se marchaba por donde había venido.
Rosalyn continuó su camino por las escaleras. Sintió pena por Caroline, y se preguntó si
Derek tendría idea de lo que la mujer sentía por él. La opinión que Rosalyn tenía de Derek se
vería muy afectada si él sabía acerca de lo que sentía Caroline y lo desdeñaba.
Rosalyn siguió el sonido de las voces, más que nada la de Nathaniel, por el pasillo. Se podía
escuchar el dulce chirrido de la voz infantil preguntándole a Derek una y otra vez cómo se sentía
y si necesitaba ayuda.
Derek tendió un brazo sobre los delgados hombros del niño y simuló aceptar su ayuda, y
Rosalyn lo amó aun más en ese momento.
Se detuvo allí mismo. Derek le agradaba, pero ¿amarlo? Nunca. Tenía que recordar eso.
—¿Quieres que te sostenga la mano mientras Lady Rosalyn te cose la cabeza? —preguntó
Nathaniel al entrar ella a la habitación.

107
Melanie George – La novia robada del highlander

Su paciente estaba sirviéndose una medida de whisky. Ella lo miró en silencio hasta que él
dejó el vaso y se fue a la cama.
—Mandona —gruñó él al tiempo que apoyó la cabeza sobre el cojín y cruzó los brazos
sobre el pecho, mirándola con odio como si fuera un niño grande.
—Nathaniel —Rosalyn dijo con suavidad—, ¿ayudarías a tu madre a traer las cosas?
Vendrá por el pasillo en cualquier momento.
Era evidente que Nate no quería alejarse de Derek, pero el hombre le dio un golpecito en el
trasero.
—Está bien, muchacho. Estaré bien hasta que regreses.
Nathaniel asintió a regañadientes y caminó hacia la puerta.
Cuando se marchó, Derek dijo:
—Ahora, ¿por qué me miras así?
Rosalyn apoyó las manos en la cadera.
—Debería darte vergüenza. El niño está destrozado.
—¿Qué hice? —preguntó con incredulidad.
Rosalyn se sentó sobre la cama y comenzó a desabrochar los botones de la camisa de
Derek.
—¿No has podido ver el terror en los ojos? Cree que estás a punto de morir.
—Quería que sintiera que estaba colaborando.
—Pues bien… hazlo de otro modo —dijo ella de mal humor, mientras le quitaba la camisa
para ver si no tenía lastimaduras en el pecho.
—¿Qué sucede contigo?
—Nada. —Algo estaba haciendo que las emociones le burbujeen en la superficie. Quizás
estaba finalmente permitiéndose sentir el miedo que había reprimido antes.
—¡Auch! —se quejó cuando le exploró el cuero cabelludo. La tomó de la muñeca y la
obligó a mirarlo. En lugar de encontrar ira, los ojos de Derek tenían una ternura que le era
familiar—. Estaré bien, Rosalyn. No me voy a ninguna parte.
Para su sorpresa, se le inundaron los ojos de lágrimas.
—Lo sé.
—El día de hoy debe de haber sido muy duro para ti.
No podía pronunciar palabra. Simplemente negó con un movimiento de la cabeza, sin
quitarle la mirada de los ojos.
Se sorprendió cuando la palma de la mano de Derek se ubicó en su mejilla.
—Está bien —murmuró.
—Estás todo ensangrentado. —Las emociones le cerraban la garganta, y se odió a sí misma
por no ser la mujer fuerte que él a menudo había alabado.
—Rosalyn —le dijo, deteniéndola cuando intentó ponerse de pie.
Rogaba que Nathaniel regresara y la salvara de su propia demostración vergonzosa.
—Tengo que ir en busca de las cosas.
Sin embargo, la atrajo de regreso junto a él de un tironcito.
—Pueden esperar. Necesito que sepas que no permitiré que nada te suceda. Imagino que
estarás más asustada que nunca ahora mismo. Lamento no haberme dado cuenta antes, pero no
veía las cosas con claridad.
Rosalyn parpadeó para evitar llorar y lo miró fijo.
—No me importa lo que pueda pasarme a mí. Me preocupo por ti. Te podrían haber
matado.
—Ya te lo dije, Kerry no me hubiera hecho nada. Pero imagino que no lo sabías, ¿no? —La
tomó de la nuca y la acercó a él.
—Derek…

108
Melanie George – La novia robada del highlander

La silenció con un beso apasionado. Rosalyn no se había dado cuenta hasta ese momento
cuánto necesitaba su tacto y su consuelo. Estaba tan agradecida de tenerlo allí, vivo, seguro y
entero.
Las manos de ella se deslizaron hasta el pecho de Derek. Sentía la carne cálida y rígida
debajo de los dedos exploradores, que se desplazaron hasta los hombros, masajeando los
músculos tensos. El cuerpo le dolía clamando por él. Quería reafirmar la vida, que la aliviase de
los temores con las manos y la boca.
Cuando se retiró hacia atrás abruptamente, Rosalyn no entendió el por qué, hasta que oyó
el sonido de los pies de Nathaniel corriendo, escasos segundos antes de entrar a gran velocidad a
la habitación, sin aliento y sosteniendo la aguja e hilo, que con orgullo mantenía en alto.
—Es lo único que mi madre me permitió cargar —dijo él, apresurándose hasta la cama,
con la mirada fija inspeccionando a Derek para asegurarse que aún se encontrara bien.
Derek zarandeó el brazo del niño levemente.
—Ese es un bueno muchacho. Sabes que estaré bien, ¿verdad?
Nathaniel se mordisqueó el interior del labio.
—Mi madre dijo que sos demasiado testarudo como para morirte.
«Qué comentario más extraño», pensó Rosalyn, y sin embargo, era verdad. Derek era un
luchador.
—Tu madre tiene razón —dijo ella, con una sonrisa gentil hacia Nate.
Le corrió el cabello del rostro al tiempo que su madre ingresó a la habitación llevando una
bandeja de plata. Se detuvo al ver a Derek y el rostro se le palideció. Rosalyn creyó que la mujer
estaba a punto de desmayarse, pero ese momento vino y se fue.
—¿En qué tenía yo razón? —Caroline preguntó en un tono de voz extrañamente alegre
mientras depositaba la bandeja sobre la mesa de noche.
Nathaniel miró a su madre.
—En que el señor es demasiado testarudo como para morirse.
—¡Nathaniel! —le reprendió ella, un rubor le quemaba las mejillas—. Mis disculpas,
milord. Él habla demasiado. Yo…
Derek levantó una mano para detenerla.
—Está bien. Entendí lo que quiso decir.
Rosalyn extendió los brazos y tomó la bandeja de las manos de Caroline.
—Gracias. —Sonrió, con la esperanza de tranquilizar a Caroline, pero obtuvo una mirada
de desconfianza como respuesta.
Rosalyn deseaba que la mujer no la viese como a una enemiga, y le llevaría un esfuerzo
considerable remediar eso.
—¿Necesitará algo más? —preguntó Caroline, con la expresión rígida mientras tironeó de
Nathaniel y lo atrajo a su lado.
—No, gracias —contestó Derek.
Ella inclinó la cabeza, y la observaron marcharse de la habitación con su hijo.
Rosalyn bajó la mirada hacia la aguja e hilo que sostenía en las manos.
—Ella se preocupa por ti.
—Lo sé. Pero no hay nada entre nosotros.
Rosalyn asintió con un movimiento de cabeza, con la esperanza de que cambiasen de tema.
Enhebró la aguja.
—Gira la cabeza hacia la derecha, por favor —dijo ella.
No necesitaría muchas puntadas, pero sí necesitaría algo para aplacar el dolor. Tomó la
botella y el vaso, y después de agregar más alcohol, se lo alcanzó.
—Bebe esto, por favor.
—Más tarde —dijo él, guiándole la mano hasta la mesa, donde le quitó el vaso de los dedos
y lo dejó allí—. Terminemos con esto de una vez. Prometo que seré valiente.

109
Melanie George – La novia robada del highlander

Si iba a ser valiente, entonces ella debía serlo también. Decidió entretenerlos a ambos
hablando.
—¿Tienes alguna idea de quién puede estar haciéndote esto?
—Ni idea. —El bufó entre dientes cuando lo pinchó—. Si debo descartar a Ethan,
entonces no sé quién podría estar detrás de esto. Pero estoy decidido a averiguarlo. Un golpe más
en la cabeza y quedaré estúpido de por vida. —Era típico de él quitarle importancia al asunto—.
Pero hay una cosa que es segura.
—¿Qué cosa? —preguntó ella, concentrándose en la última puntada, respirando aliviada
cuando cortó el hilo con la tijera.
—Sé que te mudarás mucho más cerca de mi habitación. De hecho, a la habitación
contigua. Quiero mantenerte vigilada.
—No es necesario.
Antes de que él pudiese decir más, la puerta se abrió de golpe y Darius apareció en el
umbral, respirando con dificultad.
—¿Qué sucede? —demandó Derek, arrojando las piernas por el borde de la cama.
Darius agitó una hoja de papel.
—Es de Londres —dijo casi sin aliento—. Es Carew.
¿El mayordomo? Derek se puso de pie.
—¿Qué sucede con él?
—Está muerto.

110
Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 19

Derek miró a su tío con los ojos en blanco.


—¿Qué?
—Está muerto. El cadáver fue hallado en un callejón ayer por la mañana.
Rosalyn se llevó una mano sobre la boca, sorprendida y horrorizada.
—¿Qué sucedió? —demandó saber Derek.
Darius se recostó sobre la puerta con cansancio.
—Fue asesinado.
—Jesús. —Derek se peinó el cabello con la mano y elevó la mirada al cielo raso—. ¿Cómo?
El tío vaciló.
—No creo que debamos hablar sobre esto frente a lady Rosalyn.
Derek giró, y Rosalyn pudo ver que estaba realmente devastado. Tenía la mirada vacía,
como si se hubiera olvidado que ella estaba allí.
—Esto no es adecuado para que escuches —dijo él—. Me encargaré de que muden tus
pertenencias a la nueva alcoba. —Hacia Darius, dijo—: Quiero que esté más cerca de mí. Hay
alguien suelto en esta casa, y hasta que se lo atrape, quiero que Rosalyn esté vigilada en todo
momento.
Darius asintió con un movimiento de cabeza.
—No tienes que tratarme como si fuera una niña —le dijo Rosalyn—. Quiero saber qué le
sucedió a Carew.
—No es agradable, muchacha —advirtió Darius.
—Puedo soportarlo. Por favor, termina lo que estabas diciendo.
Darius miró a Derek, quien suspiró y asintió con un movimiento de cabeza.
—Le cortaron la garganta —contestó el tío de plano.
Rosalyn luchó por mantener la terrible imagen a raya. Nadie merecía morir de una manera
tan horrible.
—Tenía los bolsillos dados vuelta, pero no le faltaba nada. Por lo que el motivo no parece
haber sido el robo.
Derek bajó la mirada y se masajeó la frente.
—Quiero a los oficiales de policía de Bow Street, a todos los hombres que no estén
ocupados en la búsqueda de Westcott, maldición. No me importa a quién tengas que sobornar o
corromper. —Levantó la vista, la mirada oscura y turbulenta—. Quiero que averigüen quién hizo
esto y por qué.
—Sí —murmuró Darius con un profundo suspiro.
—Y quiero que traigan el cuerpo de Carew aquí. Él habría deseado ser enterrado junto a su
esposa. —Derek se aferró al pilar de la cama, los nudillos blancos—. Cristo. Le ordené que se
quedara para cerrar la casa. Habría estado de vuelta aquí en unos pocos días.
Rosalyn posó una mano sobre el brazo de Derek.
—No fue tu culpa.
—Yo le debía protección, como a ti y Darius y Nathaniel y el resto de este clan.
—Estás hilando muy fino. No puedes proteger a todo el mundo.

111
Melanie George – La novia robada del highlander

—Era un viejo inofensivo.


—No puedes regresarlo a la vida, pero puedes ofrecerle un entierro adecuado y dejarlo que
descanse en paz.
Derek asintió con un movimiento de cabeza, con la mirada perdida.
—Quiero un ataúd de lobanillo. El pobre viejo amaba la madera. Y lo quiero engalanado
con sus mejores prendas. No me importa cuánto cueste.
Darius le aseguró que así se haría y se marchó para comenzar con los preparativos.
Derek caminó hasta el rincón de la habitación y se desplomó sobre una silla con las piernas
estiradas frente a él y la cabeza apoyada en las manos.
—¿Qué carajo le sucede a mi vida? —dijo él, más para él mismo que para ella.
Rosalyn se arrodilló en silencio frente a él y lo tomó de las manos.
—Si hay alguien a quién culpar, es a mí. Estas cosas comenzaron a suceder cuando yo
llegué. Kerry quería matarte porque creyó que me deseabas a mí en lugar de a Megan.
—Es verdad.
Rosalyn se echó hacia atrás, soltándole la mano.
—¿Qué?
—Te he deseado desde el momento en que te vi en el atiborrado salón de baile. Megan
nunca fue mi destino; fuimos empujados en esa dirección. Estoy cansado de luchar contra esto,
Rosalyn, y me importa un carajo qué piensen los demás. Es mi vida y te quiero en ella.
Rosalyn estaba aturdida. Mientras sentía el corazón en el aire ante tal revelación, la mente se
le sublevaba. Se puso de pie y se alejó, mirando fijamente a los libros en los estantes pero sin ver
ni un título.
Lo escuchó levantarse de la silla y se preparó para lo que sucediera a continuación. Los
dedos de Derek le rozaron la base del cuello, acariciándole la piel. Ella no quería responder, sin
embargo, el estómago le dio un salto como si hubiera atrapado un rayo con las manos,
enviándole chisporroteantes corrientes a lo largo de los brazos y por la espalda.
El traicionero cuerpo deseaba con dolor que la tocase; los pezones presionaban contra la
tela del vestido. Que Dios la ayudase. Quería que le acariciase los hombros con las manos y que
se aferrase a ella, que deslizase esas hermosas manos debajo de la tirante tela del canesú y la
tranquilizase, luego, que remplazase los dedos con la boca.
—Mírame —murmuró él, envolviéndola con la voz como si fuera seda tibia.
Rosalyn giró para observarlo. Era tan hermoso. Tan fuerte, sólido y real. Quería que la
besara, y no quería que fuese gentil. Quería la pasión, cada rudo gramo de su pasión.
—Por favor —murmuró ella, pidiéndole algo que no podía atreverse a decir en voz alta.
Él bajó la cabeza; cada sentido de ella estaba vivo y deseaba ese momento, sabía que solo
en su beso ella encontraría lo que buscaba.
Le tomó los senos, y ella emitió un largo y profundo gemido cuando los pulgares de Derek
se deslizaron sobre los picos erectos, haciéndole perder la razón por el deseo.
Ella ejerció presión contra él, sin desear otra cosa que olvidarse del dolor y del terror que
había sentido ese día: el ataque de los hermanos Trelawny, la muerte de Carew. La partida
inevitable de su vida. Ella sabía que él también quería olvidar.
Una ráfaga de calor se le esparció entre los muslos mientras él comenzaba a tejer su
telaraña sensual alrededor de ella con la boca y las manos. Derek deslizó los dedos por debajo de
la blusa y corrió la tela a un lado. Luego, con destreza, desabrochó los ganchos de la falda, y esta
cayó al suelo, a sus pies.
Los nudos de los lazos de la camisola venían a continuación. El suave algodón se detuvo en
los erectos pezones cuando se deslizó sobre ella, desnudándole los senos ante la hambrienta
mirada de él.
Le tomó el trasero con grandes manos y la empujó hacia adelante. Mientras ella observaba
a través de ojos vidriosos de pasión, él se inclinó hacia abajo y le cubrió el pezón con los labios.

112
Melanie George – La novia robada del highlander

Las rodillas de Rosalyn se debilitaban mientras él jugueteaba con la punta sensitiva,


dibujando círculos y lengüeteando, el cuerpo se le aceleraba a cada segundo.
Luego, se dirigió hacia el otro pezón para prodigarle la misma atención, antes de tomarle
los pechos y empujarlos juntos, llevándose un nudo sensitivo a la boca y succionando.
Rosalyn creyó gemir su nombre, pero se sentía tan salvaje de deseo que todo pensamiento
coherente la había abandonado. Lo único que podía hacer era sujetarse de los hombros de Derek
y deleitarse con el placer que él le estaba otorgando.
Él se arrodilló ante ella y le dio un tironcito, jalándola sobre él en el suelo. La besó con
fervor. La lengua se movía dentro y fuera de la boca de Rosalyn de la manera en que ella quería
que él moviese su cuerpo.
La giró hasta colocarla de espaldas y enterró la cabeza entre los senos otra vez.
—Sí —exhaló ella, mientras le tironeaba con gentileza de un pezón y con la mano libre, le
acariciaba la pantorrilla, haciendo una pausa para rozar la tierna carne tras la rodilla antes de
continuar su camino hasta el muslo externo.
Ella le rasgó la camisa, frenética por sentirle la piel contra la de ella. Rozó la base de la
columna de Derek con los dedos, dejándole un sendero de piel con picor al tiempo que
lentamente cambió de dirección hacia el frente y se aferró de él, masajeándole la erección a través
de la barrera de los pantalones, los que juntos quitaron con rapidez.
Los dedos de Derek se deslizaron por el vientre de ella hacia abajo, solo deteniéndose en la
pelvis el tiempo suficiente para volverla loca con la anticipación. Luego, hurgó en su calor.
El primer roce del dedo contra el hinchado punto provocó en Rosalyn un grito de placer.
Llamaradas de excitación le manaban por las venas mientras él la masajeaba.
Los labios de Derek creaban un sendero cálido y húmedo entre sus senos.
Rosalyn hincó las uñas en los hombros de él.
—Derek…
—¿Sí, amor? —El dedo aminoró la marcha y dibujaba tortuosos círculos. Ella quería que la
masajeara más rápido, pero él quería atormentarla, molestarla.
Cada vez que ella sentía que estaba al borde de los cielos, él se echaba para atrás a
propósito, besándola alrededor del pezón, lamiéndola entre los pechos, dando una provocadora
caricia con la lengua sobre la punta dolorida. Luego, volvía a comenzar, incrementando la pasión,
la necesidad, hasta que Rosalyn creía que se desintegraría.
Derek entendía su necesidad; se sentía arder. Parecía que había transcurrido una eternidad
desde la última vez que había estado con ella. Lo hacía sentir hambriento, caliente, desearla todo
el tiempo, y sentirse incómodo cuando ella no estaba con él.
Ella se aferró a los cabellos de Derek cuando éste se hundió profundo entre sus muslos,
jugueteando con la perla hinchada con la punta de la lengua. Ella arqueó la espalda, gritando su
nombre, las manos aferradas a la cabeza de él mientras empujaba contra ella con más fuerza,
llevándose la punta húmeda a la boca y succionándola al tiempo que le masajeaba los senos con
las manos y jugueteaba con los pezones, al mismo ritmo que la lengua contra el latente clítoris
hasta que Derek sintió que el cuerpo entero de Rosalyn se endurecía y convulsionaba.
El deseo por ella le corría en la sangre, quemándole la piel. Solo le dio un momento para
recuperarse antes de ubicarse entre los muslos, con la necesidad de decirle con el cuerpo lo que
sentía en el corazón.
Ella cerró los ojos y soltó el labio inferior, permitiendo que un erótico suspiro se escapase
susurrando. Derek atrapó el sonido con los labios. El cuerpo comenzó a sudar al tiempo que ella
se retorcía debajo de él. Los puntos duros de los pezones le rozaban el pecho mientras él sostenía
su peso sobre los brazos.
Rosalyn movía las caderas en fricción opuesta a él. Él aminoró la marcha para prolongar la
creciente fiebre, quería que el próximo orgasmo de ella fuera extenso y profundo, tan profundo
como él quería introducirse en su cuerpo.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Ese pensamiento casi lo vuelve loco de deseo. Incrementó el ritmo y bajó el pecho un poco
más, de manera que los pezones hicieran mejor contacto para aumentar el placer de Rosalyn.
Podía oírla gimotear, podía sentirla retorcerse debajo de él. Los músculos de ella se
tensaron a su alrededor como un guante. Él la levantó las caderas y enroscó las piernas de ella tras
él, lo que lo llevó más profundo en su interior.
La meció. Las estocadas se volvieron más frenéticas y el cuerpo de Derek agonizaba de una
lujuria tan fuerte que se acercaba a la angustia. Se obligó a aminorar la marcha, saliendo
completamente de ella en el siguiente movimiento.
Una protesta emergió de los labios de ella, pero él comenzó a masajearle el nudo entre los
pliegues húmedos con su pene mientras le succionaba los pezones, llevándole rápidamente hasta
ese brillante y ascendente lugar una vez más.
Ella gritó con su segundo orgasmo y le clavó las uñas en la espalda cuando él se deslizó en
su interior, con las manos aferradas al trasero de Rosalyn, empujándola contra la entrepierna con
más fuerza mientras se zambullía una y otra vez. Las convulsiones de ella lo apretujaban, el
cuerpo se le estremeció cuando finalmente encontró su propio alivio.
Los músculos de los brazos de Derek se sacudieron mientras él se sostenía allí, besándole el
hombro a Rosalyn con suavidad. Se retiró de ella con cuidado y se desplomó de espaldas junto a
ella, extendió la mano para tomar la de ella y entrelazaron los dedos.
Rosalyn se permitió disfrutar esos momentos, creyendo que quizás las cosas resultarían de
la manera que ella esperaba. No había razón por la cual no pudieran continuar así, como amigos y
amantes.
Sin embargo, el corazón se le involucraba más y más. Incluso ahora, si se marchaba, un
pedazo de ella se quedaría allí en Escocia, con Derek.
Pero, ¿tenía que privarse de unas semanas más? ¿Perderse momentos como el que
acababan de pasar juntos? Le dolería tanto ahora como en el futuro, entonces, ¿por qué no
disfrutar un poco más con él?
—Cásate conmigo, Rosalyn.
Ella se sentó y lo miró fijamente, segura de que no había oído lo que había creído oír.
—¿Qué has dicho?
—Te he pedido que seas mi esposa. Estoy seguro de que no es así como imaginabas que te
lo propondrían, pero no pude contener las palabras.
Rosalyn sintió que se le cerraba la garganta; como si se estuviese ahogando. Con frenesí, se
estiró para coger las prendas descartadas, rogando poder marcharse antes de que él dijese algo
más.
Derek la tomó del brazo cuando ella se ponía de pie.
—¿Adónde vas?
—No puedo hablar sobre esto.
—¿Es muy pronto? ¿Es ese el problema?
Rosalyn apenas si pudo negar con un movimiento de cabeza.
—Te lo he dicho, el matrimonio no es para mí.
—Pero nunca has dicho el porqué.
—Sí.
—No, no lo has hecho y quiero saberlo. Creo que merezco eso de ti.
Lo merecía, pero ella no tenía las fuerzas para hacerlo. Quería creer que sin importar qué,
nada le haría cambiar de parecer ni de sentimientos, pero la verdad sí lo haría.
—Supe que eras la indicada para mí desde la primera vez que me miraste a los ojos —le
dijo—. No comprendo cómo sucedió. Pensé que podría enumerar todas las razones por las
cuales amaba a alguien, si alguna vez lo hacía, pero no sucedió de esa manera.
Rosalyn se negaba a creerle. No podía hacerlo.
—Esto tiene que ver con Calder, ¿no?

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Melanie George – La novia robada del highlander

Él arrugó el entrecejo.
—¿De qué estás hablando?
—Crees que contrayendo matrimonio conmigo, serás capaz de protegerme.
—Sí, te protegeré mejor, es verdad. Westcott no podrá llevar adelante el plan de contraer
matrimonio contigo y asesinarte para recibir tu dinero. Si fuera más inteligente, lo habría pensado
mucho tiempo antes. Pero eso no es lo que me impulsó a proponértelo, Rosalyn. No tengo que
ser tu esposo para mantenerte a salvo, y esto no es algún tipo de sacrificio, si es lo que crees.
Rosalyn dio un paso y se alejó de él.
—No te creo. Has mencionado la boda solo después de enterarte de Carew. Te sientes
culpable. Eso es todo.
—¿Realmente crees eso?
Rosalyn cerró los ojos.
—Por favor… dejemos las cosas como están.
Derek intentó atraerla a sus brazos.
—Rosalyn, escúchame.
Unas lágrimas de ira asaltaron de los ojos de Rosalyn.
—¡No contraeré matrimonio contigo! No te amo. ¿Lo comprendes? ¡No te amo! Dio un
tirón, se liberó de él y giró para marcharse, ignorando sus súplicas para que regresara mientras
corría por el pasillo, sin detenerse hasta que se encontró fuera de allí.
Luego, se desplomó sobre un banco y lloró.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 20

Durante los siguientes dos días, Rosalyn evitó encontrarse con Derek, se negó a mudarse a
la habitación contigua a la de él y permaneció gran parte del tiempo en su alcoba.
Ambas noches lo había visto aparecer fuera después de la cena, que ella había tomado en la
habitación. Rosalyn se paraba detrás de las cortinas, con el corazón latiendo salvajemente. Él
observaba su ventana directamente, sabiendo que estaba allí, mirándolo.
De tanto en tanto, Derek se marchaba, y ella se hundía contra el muro, se sentía como si
cada gramo de energía le abandonara el cuerpo.
Alguien golpeó a la puerta, sobresaltando a Rosalyn que estaba perdida en sus
pensamientos.
—Adelante —gritó.
La joven criada que le ayudaba a vestirse estaba de pie en el umbral, mostrándose sumisa e
incómoda.
—¿Sí, Margery?
—Perdón por molestarla, miladi, pero el señor me pidió que le dijera que el féretro de
Carew ha llegado. Lo va a ubicar en la capilla, en caso de que deseé presentarle los respetos.
Rosalyn había visto la capilla el día siguiente a su llegada allí, cuando Derek la había llevado
a dar una caminata por los parapetos.
—Gracias, Margery. Me agradaría.
—El señor dijo que la llevaría allí, si vos querías.
—Creo que será mejor que presente mis respetos sola.
—Sí, señorita. —Asintió con un movimiento de cabeza y se marchó fuera de la habitación.
Rosalyn tomó su chal. Los días se habían vuelto más fríos ya que los vientos de otoño
soplaban de los Grampianos, y ella no tenía las prendas adecuadas.
Pero pronto estaría de camino de regreso a Londres. Clarisse le había escrito, con la
esperanza de que pudiesen pasar algún tiempo juntas en su propiedad en Hampshire.
Unos meses de calma en el ámbito tranquilo en las afueras de Londres, le haría mucho
bien. Le daría tiempo para dejar atrás los recuerdos y decidir qué haría a continuación.
Los pasillos se habían vuelto más familiares para ella, y pronto estuvo fuera. Elevó el rostro
hacia el sol de la avanzada tarde.
Caminó hacia la capilla, intentando no notar las miradas curiosas que los aldeanos echaban
en su dirección. Al menos no estaban todos fulminándola con la mirada como lo hicieron el día
que llegó. Era evidente que no sabían qué pensar de ella. Ni Rosalyn misma lo sabía. ¿Era una
invitada de la casa? ¿Una amante? ¿O simplemente una intrusa que ellos deseaban que se
marchase?
Unos pocos momentos después, vio una colina que se elevaba en el lado este del castillo.
Rosalyn se detuvo para admirar la vieja iglesia, el chapitel era como un largo dedo que apuntaba al
cielo, el sol descendía por detrás, dejando una deslumbrante colección de rojos, rosados y
dorados.
Se apresuró hacia la colina. Le faltaba un poco el aliento para cuando llegó a la cima. Las
puertas estaban abiertas de par en par, y pudo ver el hermoso féretro frente al altar. Un gran

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Melanie George – La novia robada del highlander

número de velas habían sido encendidas, creando un resplandor oscuro y destellante cuando
Rosalyn ingresó.
Había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que Rosalyn estuvo en una iglesia.
Durante el pasado, la iglesia se había convertido en un lugar de tristeza para ella, ya que había
enterrado a su madre, y luego, a su padrastro.
Sin embargo ahora, una sensación de paz le inundó el cuerpo. Parecía que lo que había
evitado era exactamente lo que había necesitado.
Caminó con lentitud por el pasillo hacia el ataúd de Carew. La luz del menguante sol
enviaba prismas a través del mural del vitral detrás del altar.
Rosalyn se detuvo para admirar el hermoso ángel alado con el rostro mirando al cielo, un
rayo de luz blanca brillaba sobre él y los brazos extendidos hacia arriba como si estuviera llevando
las almas de los muertos hacia donde pertenecían.
—Me recuerda a ti —dijo una voz.
Rosalyn giró sobre los talones, el corazón se le detuvo un instante cuando vio a Derek de
pie en el umbral de la puerta abierta.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Rosalyn cuando él caminó por el pasillo hacia
ella.
—He venido a ver a Carew.
—Pero… ¿No te ha dicho Margery que quería estar sola para presentarle mis respetos?
—Quería verte. Has estado evitándome, y quiero saber por qué.
Rosalyn giró hacia el féretro de Carew y apoyó una mano sobre la tapa cerrada.
—He tenido muchas cosas que pensar.
—Yo también —dijo él, acercándose tanto a ella que Rosalyn podía sentir el calor que él
irradiaba—. ¿No crees que deberíamos conversar acerca de lo que sucedió el otro día?
Rosalyn se alejó un paso.
—No es el lugar apropiado.
—Dime dónde es y allí estaré. Necesitamos discutir sobre eso.
—¿Por qué? No tenías por qué decir lo que dijiste esa noche, ¿por qué lo hiciste entonces?
Derek la observó sin entenderla.
—¿Por qué un hombre le propone a una mujer ser su esposa?
Caminó hacia ella pero se detuvo cuando Rosalyn extendió una mano.
—¿No puedes simplemente olvidar lo que has dicho? —le preguntó casi como un ruego—.
¿Por qué no podemos solo disfrutar de la compañía del otro hasta que tenga que partir?
—¿Dices que prefieres ser mi amante en lugar de ser mi esposa? ¿Es eso?
Rosalyn tragó el bulto seco que sentía en la garganta.
—Sí.
Un músculo se tensó en la quijada de Derek.
—Entonces, ¿esa es la razón por la cual me has estado evitando? ¿Porque quiero más de ti?
Ella asintió con un movimiento de cabeza.
Él emitió una risa corta y amarga.
—¡Maldición, sí que es divertido! Aquí me tienes, evitando con destreza los lazos de la
dicha matrimonial, y en el instante en que encuentro una mujer que podría cambiar todo eso, es
ella la que está evitándola.
Derek se peinó el cabello con la mano y observó la imagen del ángel del vitral.
—Bien, como tú quieras.
Rosalyn debería haberse sentido aliviada; sin embargo, quería que él se retractase de sus
palabras, aunque sabía que éralo mejor.
—Buenas noches —murmuró Rosalyn—. Te veré en la mañana.
Solo había dado unos pasos cuando él dijo:
—Te veré mucho antes que la mañana, miladi.

117
Melanie George – La novia robada del highlander

El tono de la voz de Derek obligó a Rosalyn a girar lentamente para enfrentarlo.


—¿Perdón?
—La medianoche me parece más adecuado.
—¿Para qué? —preguntó ella, una sensación de incomodidad se comenzaba a gestar en
ella.
—Para hacer el amor —contestó él—. Eres mi amante, por si no lo recuerdas.
Se alejó a grandes pasos por el pasillo hasta desaparecer en la oscura noche.

—s–

Rosalyn caminaba de un lado al otro de la habitación una hora antes de la hora en que
Derek llegaría. Le había enviado una nota poco después de haber regresado del encuentro en la
capilla, explicándole que tenía dolor de cabeza y que no podría recibirlo.
La respuesta llegó en minutos. Se presentaría a la medianoche, como habían acordado, y se
encargaría de su bienestar. No podría dormir sabiendo que ella no se sentía perfectamente bien.
En otras palabras, no le creyó la mentira, y tenía toda la intención de hacerle cumplir sus
palabras.
Rosalyn contempló la idea de recibirlo vestida con el salto de cama, el camisón y las
chinelas menos atractivas, pensando que eso quizás lo desalentase.
—En absoluto —murmuró para sí misma. Sin dudas, la tomaría de todos modos.
Tal pensamiento provocó un estremecimiento en Rosalyn. Sin importar qué otra cosa
pudiera interponerse entre ellos, en la cama eran perfectos el uno para el otro. Nunca se podría
haber imaginado los sentimientos que Derek provocaba, con cuánta habilidad podía hacerle
cantar el cuerpo. Y para su sorpresa, parecía que ella hacía lo mismo con él. Le había dado el
coraje para ser aun más atrevida, lo que le había resultado en los más sorprendentes beneficios.
Abanicándose el rostro con la mano, Rosalyn se dirigió hacia las puertas francesas y las
abrió de par en par, dejando que la fresca brisa de la noche le bailase sobre la piel.
Cerró los ojos y respiró profundamente. La poseyó una sensación de calma, y supo que no
se negaría a Derek. No quería pelear con él, ni pelear contra lo que estaba sintiendo. Quería
disfrutar el tiempo que les quedaba juntos. Le daría recuerdos, de la misma manera que tomaría
recuerdos ella para llevarse consigo.
En paz, abrió los ojos… y cayó hacia atrás sobre una silla, con un grito gestándosele en la
garganta al tiempo que una mano se le aferró a la boca para silenciarla.
—¡Qué agradable! Mi adorada hermanastra ha sido encontrada. No puedes imaginarte lo
preocupado que he estado por ti. Pero estoy aquí, para cuidarte. Entonces, no te resistas. No soy
una persona muy agradable cuando me enfado.
Mientras Calder la miraba con odio, Rosalyn sintió que el cuerpo se le adormecía, y se dio
cuenta, al tiempo que comenzaba a desplomarse sobre una silla, que él tenía un trapo que olía
raro sobre su boca y su nariz.
Luego, todo se volvió oscuro.

—s–

Derek tenía la mirada fija en las llamas parpadeantes en la chimenea, con los pies sobre el
escritorio en el estudio y un brandy tibio en la mano. Para cualquiera que lo mirase, podría
parecer un hombre muy ufano, pero por dentro, estaba furioso y confundido.
¿Qué demonios estaba haciendo Rosalyn con él? Cuando estaban juntos, parecía que a ella
le interesaba, que quería estar con él tanto como él quería estar con ella. Había habido una
conexión desde el momento en que se conocieron. Sabía que era la indicada.

118
Melanie George – La novia robada del highlander

No quería creer que ella no sentía lo mismo. Estaba seguro de que había algo que no le
estaba diciendo, algo que la mantenía a distancia. Pero, ¿qué?
Si amaba a otro hombre, ¿por qué le había entregado su virginidad a Derek? No parecía
factible; Rosalyn tenía demasiada integridad.
Esa noche, averiguaría qué era lo que le impedía contraer matrimonio con él.
El crujido de las bisagras de la puerta obligó a Derek a girar. Creía que todos estaban ya
acostados, en especial ese visitante en particular.
—¿Nate? —Derek podía ver lágrimas en los ojos del muchacho.
Caminó hasta donde estaba el niño, agachándose frente a él y tomándole los delgados
brazos con las manos—. ¿Cuál es el problema?
—¿Sos mi padre?
Si el muchacho lo hubiese pinchado con una púa, Derek no habría estado tan sorprendido.
Alzó al niño en brazos y se sentó en una silla junto al fuego, ubicando a Nathaniel sobre su
regazo y corriéndole el cabello de la frente.
—No —contestó con amabilidad—. No soy tu padre, Nate.
Nate lo miró fijamente con sus enormes ojos marrones.
—Pero escuché al señor Darius decir que lo eras.
Todo el interior de Derek se acalló.
—¿Escuchaste eso? ¿A quién?
—Estaba hablando con mi madre. Le gritó que tenía que guardar el secreto o se iría a la
tumba con él.
—¿Cuándo sucedió esto?
—Poco después de que la señorita Rosalyn y el señor Ethan se marcharan en su búsqueda.
Durante todos los años que Caroline había vivido en el castillo Gray, él no podía recordar a
Darius siquiera reconocer que ella existiera, mucho menos hablar con ella. Para Darius, los
sirvientes y los niños no existían para ser vistos ni escuchados.
¿Habría Nate malinterpretado algo que escuchó? Darius sabía que Derek no era el padre de
Nathaniel; él había estado en el exterior el año anterior y el posterior al nacimiento del niño.
—¿Es por esto que estás despierto tan tarde? —preguntó Derek.
Nate negó con un movimiento de cabeza.
—Mi madre se marchó.
Derek arrugó el entrecejo.
—¿Se marchó?
El muchacho asintió.
—Todo el día. Me besó en la frente y me dijo que fuese un buen niño, y se marchó. No ha
regresado aún. ¿Sabes dónde está?
Derek le cortaría la cabeza a Darius. El trabajo de su tío era encargarse de las cosas que
Derek no podía.
—No, pero la encontraremos. No te preocupes. Ahora, ¿por qué no regresas a la cama, sí?
Nate bostezó y se frotó los ojos.
Derek lo abrazó, sintiéndose reconfortado cuando el niño le apoyó la cabeza sobre el
hombro. Los pequeños dedos del muchacho se aferraron a la camisa del hombre.
El reloj sobre la repisa de la chimenea marcó las doce al tiempo que Derek caminaba a
pasos largos hacia las escaleras traseras para llevar al niño a su habitación. Su encuentro con
Rosalyn tendría que posponerse, pero ella comprendería. Le había tomado mucho cariño a
Nathaniel; era difícil evitarlo.
Pronto, llegó a la alcoba de Nate. Una gruesa vela casi completamente consumida
iluminaba junto a la cama. Una invisible corriente de aire la hacía parpadear. La cama frente a la
de Nathaniel estaba notoriamente vacía. ¿A dónde había ido Caroline? ¿Por qué? ¿Algo la había
asustado?

119
Melanie George – La novia robada del highlander

Derek depositó al muchacho sobre la cama con cuidado, acomodando las mantas alrededor
de los hombros del niño.
—¿Tienes sueño? —murmuró Derek al observar los somnolientos ojos marrones de Nate.
El niño asintió con un movimiento de cabeza.
—¿Se quedará aquí hasta que me duerma?
Derek no tuvo el valor para negarse a tal pedido, aun cuando estaba ansioso por encontrar
a su tío.
—Por supuesto.
Nathaniel intentaba con valentía mantener los ojos abiertos; parecía no querer que Derek
se marchara de su vista.
—No me iré —lo tranquilizó Derek en voz baja.
En el preciso momento en que el niño parecía haberse quedado finalmente dormido, Nate
murmuró con una voz confusa:
—Si fuese su hijo, ¿me amarías?
La pregunta pegó de lleno en el pecho de Derek.
—Te amaría con todo mi corazón, como te amo ahora. Nunca estarás solo, Nate. Siempre
me tendrás.
Nate sonrió al tiempo que se le cerraban los ojos.
Derek se inclinó hacia adelante y lo besó, luego se incorporó y apagó la vela de un soplo.
En silencio, cerró la puerta. Si Darius estaba dormido, pronto estaría despierto. Eso no
podía esperar hasta la mañana.

120
Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 21

Rosalyn parpadeó y abrió los ojos. Sentía la mente confusa, y no podía enfocar la vista con
claridad en el espacio sobre ella. Todo estaba oscuro.
Arrugó el entrecejo, intentando recordar si había bebido algo durante la cena. El cuerpo
nunca toleraba bien el alcohol, por lo que ella se mantenía alejada de él en general. Pero, ¿quizás
había necesitado calmar los nervios?
A medida que luchaba por recobrar la conciencia, las imágenes comenzaron a colmarle:
Calder de pie en la habitación. ¿Había sido un sueño? No era posible que su hermanastro hubiese
traspasado los muros del castillo Gray.
Su imaginación se había acelerado con desenfreno durante meses. Creía que había logrado
tenerla bajo control. Era obvio que no, ya que aún tenía semejantes fantasías.
Rosalyn intentó sentarse, pero sentía las extremidades como hechas de madera. Se
concentró, pero no logró más que un mínimo movimiento antes de sentirse inmovilizada.
Se dio cuenta de que no estaba en su habitación, ni en su cama, y que había algo que la
mantenía inmóvil.
Se sacudió las telarañas que le cubrían la mente y se obligó a sí misma a despertar. Hizo
presión con las manos hacia arriba contra una superficie dura e inflexible. La mente le trabajaba
febrilmente. Lo último que recordaba era entrar a la capilla y ver el féretro de Carew.
La realidad la inundó.
Ella estaba encerrada en el ataúd de Carew.
El pánico le anegó las venas. Gritó por ayuda y aporreó la tapa, la madera le lastimaba las
manos pero no se movía, el sonido de su propio terror le colmaba los oídos.
—Cálmate, querida hermanastra —se oyó la fría voz de Calder—. Simplemente te estaba
dando a conocer tu final lugar de descanso. Creí que te agradaría un adelanto de tu futuro.
Un instante después, la mitad superior del ataúd se abrió, derramando dentro una débil luz
de vela y un aroma a aire húmedo. Rosalyn inhaló frenéticamente.
—¿Qué has hecho? —demandó saber con voz ronca. Tenía las manos y los pies atados.
Un par de ojos negros se clavaron en ella con una mirada cruel.
—Simplemente sustituí un cuerpo por otro. No fue tan difícil. Le di de beber al vejete, un
trago tras otro, en la taberna local, hasta que me dio la información que quería. Después, le corté
el cuello en un callejón. Sabía que el maldito señor haría traer el cuerpo a la casa. Simplemente me
ubiqué en su lugar en el último instante y aquí me tienes.
—Eres un malvado —dijo Rosalyn con voz áspera, angustiada por saber que lo más
probable era que nunca encontrarían el cuerpo de Carew.
—Algunos podrían pensar eso. Ciertamente tú y mi padre. Mi propia sangre no confía en
mí, una pena.
—Les has dado razones.
—¡Ninguna razón! —lanzó con brutalidad, tomándola de los hombros como si fuese a
sacudirla. Con una maldición, retiró rápidamente las manos—. ¿Y tú qué sabes de eso? Te trató
como a una princesa. Todo lo que la amada Rosalyn quería, lo tenía. Tu madre me arruinó la vida.

121
Melanie George – La novia robada del highlander

Creyó que me borraría del mapa por completo al tener otro hijo, como si ambos estuviesen en lo
mejor de sus vidas.
—Lo estaban.
—¡No, no lo estaban! No había lugar para otro hijo en la vida de mi padre.
—No eras tú quien debía decidirlo.
—Pero ciertamente hice algo al respecto, ¿verdad?
Rosalyn lo miró fijo. El horror le apretaba el pecho al entender lo que estaba diciendo.
—¿William? —dijo ella con voz afligida.
—Sí. El querido y dulce William. Era un chiquillo muy adorable. Una lástima que se haya
caído por el acantilado. Tu madre debería haber sabido que no podía dejarle solo. Debería haber
obligado a mi padre que regresase a Londres, donde algo así no habría sucedido. No tenía a nadie
a quien culpar más que a ella misma, y lo hizo muy bien luego del inoportuno fallecimiento del
muchacho, ¿no es verdad? Nunca logró superar la pena. Fue muy desagradable en verdad.
—¡Tú lo mataste!
Calder se encogió de hombros.
—Digamos que nació bajo una estrella desafortunada, como tú. El destino sí que es
veleidoso. Si solo tu madre hubiese escogido a lord Keaton en lugar de mi padre, quizás estaría
viva ahora, y tú no estarías a punto de morir.
—Pero, ¿por qué? —preguntó Rosalyn, la mente se movía a paso frenético mientras los
pocos minutos que le quedaban de vida se escurrían. No podría disuadirlo ahora. Tenía que
mantenerlo hablando.
—¿Por qué quiero verte muerta?
—Sí.
—Si tú y tu madre no hubieran aparecido en la vida de mi padre nunca, yo sería muy
adinerado. Piensa esto: joven, con un título de nobleza, rico. ¿Por qué habría de odiarte por
cambiar eso? Si no puedes entenderlo, creo que eres más estúpida de lo que pensé.
—¿Por qué no podías aceptar que tu padre quería un nuevo comienzo?
—Porque no se lo merecía. Tenía una esposa; y se murió. Yo era el heredero. Nadie más
debería haber recibido un centavo. Ciertamente no tú.
—Te dejó mucho. Tres propiedades, una mina en funcionamiento, dinero.
Calder se inclinó hacia adelante muy cercano al rostro de Rosalyn. Tenía el aliento cálido y
maloliente.
—Debería haberme dejado todo. Selló tu destino cuando te dejó un fideicomiso.
—Puedes tenerlo.
—Eso es lo que pretendo, querida. Me tomaste por estúpido, ese fue tu primer error.
Tenías que saber que te perseguiría, no deberías haberme hecho hacer todo este esfuerzo. Tu
amante no ayudó mucho al enviar a los policías de Bow Street tras de mí, o sus amigos sabuesos.
Eran peor que la ley; de hecho, uno de ellos estuvo cerca de atraparme. No me sorprendería si ha
descubierto hacia dónde me dirigía y se está acercando a nosotros en este preciso momento. Por
lo que espero no te importe si termino con esto rápido. No puedo prometerte que no te dolerá,
sin embargo. Tú sí que me has traído problemas.
—Calder, escúchame.
—Me temo que no tengo tiempo —comentó mientras extraía un pequeño cuchillo del
bolsillo de la chaqueta, la hoja de metal destelló maléficamente en la luz—. Quédate quieta ahora.
No quisiera resbalarme y tener que comenzar todo otra vez.
Al tiempo que el cuchillo descendía, Rosalyn abrió la boca para gritar, pero la mano de
Calder le selló los labios, silenciándola.
—Veo que tienes intenciones de hacer esto más difícil. —Con la mano libre, le introdujo
un pañuelo en la boca—. Ahora, ¿en qué estaba?

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Melanie George – La novia robada del highlander

La hoja del cuchillo le tocó el cuello, y Rosalyn luchó salvajemente entre los gritos
silenciados. De repente, Calder aflojó la mano y giró la cabeza.
—Silencio —siseó, y lanzó la mirada al vestíbulo.
Rosalyn se quedó inmóvil, el corazón le retumbaba en los oídos. Rogó por que hubiese
alguien allí. Sin importar las consecuencias, lucharía. Él no tomaría su vida así.
El ataúd se cerró de un golpe, envolviéndola una vez más en la oscuridad. No sabía si
Calder estaba aún allí o si había huido. Escuchó, desesperada por alguna señal de que no estaba
sola.
Unos sonidos apagados llegaron a sus oídos, pero no podía distinguir qué sucedía.
Luego, la luz le inundó los ojos cuando la tapa del féretro se abrió.

—s–

Derek golpeó a la puerta de la habitación de su tío, casi sin esperar a que Darius lo invitase
a pasar antes de abrir la puerta de un golpe.
El hombre estaba sentado en su escritorio, con una botella de oporto abierta junto a él y un
vaso vacío en la mano. No parecía sorprendido de ver a Derek.
—Entra, hijo. Bebe conmigo.
—¿Qué haces aún despierto? —preguntó Derek, cerrando la puerta tras él.
—Han sido días duros. Le ponen los nervios de punta a uno.
—¿Y qué te está poniendo los nervios de punta ahora, tío? ¿Quizás tu conversación con
Caroline?
—¿Tú sabes?
—Sí, lo sé. También sé que ha desaparecido. ¿Por qué no se me ha comunicado?
El tío inclinó la botella de oporto sobre el vaso y lo llenó hasta casi el borde.
—No necesitabas más preocupaciones.
—Eso no lo decides tú. Soy el señor aquí, ¿o te has olvidado? ¿Qué sucedió con Caroline?
—Se marchó.
—¿Adónde se marchó?
Darius se encogió de hombros.
—No lo sé.
—¿Y no se te ocurrió enviar a alguien en su búsqueda? Podría estar herida, o algo peor.
—No, muchacho. No está herida. Se marchó porque así lo quiso. No regresará.
—No dejaría a Nathaniel aquí.
—No podía llevarlo con ella.
Derek apretó la mandíbula.
—¿Qué demonios está sucediendo?
Darius señaló la silla frente a él con un ademán de la mano.
—Siéntate. Necesitamos hablar.
Derek tomó asiento.
—Pues bien, habla. ¿Dónde está Caroline y por qué se ha marchado?
—No puedo decir con seguridad dónde está. Quizás en Londres, a estas alturas, o quizás
en un barco de camino a América. Siempre hablaba de marcharse al exterior.
—Nunca le escuché decir eso.
—Tal vez no estabas prestando atención. Escuché más que tú, era mi trabajo hacerlo.
Como la mano derecha de tu padre, y ahora tuya, tenía que saber qué sucedía en el castillo Gray.
Sospecho que hay muchas cosas que no sabes. Pero no valía la pena decir ninguna de ellas. —
Hizo una pausa, luego agregó—: Y había algunas cosas que no podía decir.
—¿Como por ejemplo?
—He jurado guardar el secreto y tomo mi juramento muy enserio.

123
Melanie George – La novia robada del highlander

—¿A quién le has jurado guardar el secreto? ¿A Caroline? Nathaniel te escuchó decirle que
yo era su padre.
Darius suspiró y miró fijamente a la bebida en la mano.
—No sabía que el muchacho estaba allí.
—¿Por qué habría pensado él que yo era su padre? No hay una sola alma viva que creería
eso.
—Nunca pensé que alguien lo creería. Pero no había estado hablando de ti en ese
momento.
—Entonces, ¿de quién?
Darius enlazó los dedos alrededor del vaso al tiempo que clavó la mirada en Derek.
—Tu padre.
La comprensión golpeó a Derek como un puñetazo en el estómago.
—Jesús.
—Sí. —El tío suspiró cansinamente—. Tampoco podía creerlo. Primero engendra a un
bastardo que niega reconocer, después se atreve a traer a otro mocoso a esta casa.
La ira de Derek tomó el primer lugar.
—Más vale que Nate no haya escuchado esas palabras de tu boca.
—Nunca lo ha hecho, te lo juro. Caroline protegía mucho al muchacho. Pero ahora
comprendes por qué no podía llevarlo consigo. Es tu hermano, muchacho. Tu sangre. Ella sabía
que solo era una cuestión de tiempo antes de que te enterases de esto. Me sorprende que no
hayas notado la semejanza antes. Sospecho que Ethan sí la notó; siempre reía con suficiencia
cuando veía al pequeño. Me imagino que estaba esperando a disparar esa bala en particular
cuando supiera que causaría más daño.
Derek se puso de pie y caminó de un lado a otro de la habitación. Nate, su hermano.
Aparentemente, todos sabían la verdad menos él.
—Entonces, ¿por qué soy el último en enterarme? ¿Y qué le hizo pensar a Caroline que
debía irse? Nunca la hubiera echado; ella tenía que haberlo sabido.
—Lo sabía. Pero no se marchó por miedo a que te enteraras.
Derek lo miró por sobre el hombro.
—¿Por qué, entonces?
—Le enfrenté acerca del incidente contigo el otro día, con la familia Trelawny. Tú tenías
que estar preguntándote cómo fue posible que alguien ingresase aquí. Fue alguien de la casa.
—¿Y ahora vas a decirme que esa persona fue Caroline? ¿Por qué haría una cosa así?
—Eso debería ser una obviedad: porque la habías rechazado. De la misma manera que lo
hizo tu padre cuando se enteró de que estaba embarazada. Supongo que la estúpida muchacha
tenía grandiosas ilusiones de que tu padre se divorciaría de tu madre y contraería matrimonio con
ella, que legitimaría a su hijo aun cuando no lo había echo con Ethan.
Un pensamiento que Derek había a menudo empujado al fondo de su mente trepó hasta la
superficie. Ethan había sido una vez un niño pequeño muy parecido a Nate, preguntándose
dónde estaba su padre y porqué el hombre no lo amaba lo suficiente como para aclamarlo como
propio.
Provocó en Derek un sentimiento de vergüenza de tener a William McDougal como padre,
y sintió pena por su madre, quien había tenido que vivir con la infidelidad abierta de su esposo.
Durante años, Derek había albergado rencor hacia su madre en secreto, creyendo que había
sido demasiado dura e intransigente con su padre. Ni una sola vez había ella intentado hacerle ver
a Derek desde su punto de vista, pero él no la habría escuchado de todos modos. Había sido
terco.
Quizás esa era la razón por la cual ella siempre había compartido un lazo de unión más
fuerte con el hijo que no era propio. Ethan nunca la había juzgado. Ambos habían sido los

124
Melanie George – La novia robada del highlander

receptores del duro castigo, mientras que Derek había vivido en su castillo de cristal, como Ethan
le había dicho una vez.
—Entonces —dijo Darius, terminando de relatar su historia—, fui a ver a Caroline cuando
Ethan y lady Rosalyn partieron en tu búsqueda hacia el castillo Trelawny, y le dije que sabía lo
que había hecho. Ella se largó a llorar y me contestó que tenía que hacerlo, no iba a permitir que
otro hombre la usase y la descartase. Entonces, planeó con la familia Trelawny para vengarse de
ti. Estaba aterrada de pensar qué le harías tú cuando te enteraras, y sabía que cuando descubrieras
su engaño, te enterarías de la procedencia del muchacho. Tú habrías partido tras ella para
recuperar a tu hermano, por lo que se marchó y lo dejó aquí para que estuviera contigo.
—Tenemos que hallarla. Nathaniel estará devastado sin ella.
—Sospecho que será difícil encontrarla, si ella no quiere ser hallada.
—¿Tiene algún amigo que tú conozcas? ¿Alguien que pueda saber dónde podría haber ido?
Sus padres, por lo que él podía recordar, habían muerto ambos, y ella nunca había
mencionado a otros parientes.
—Lo averiguaré —dijo Darius—. La he visto conversar con esa sirvienta tímida. ¿Cómo se
llama?
Derek hurgó en la mente.
—¿Margery?
Darius asintió con un movimiento de cabeza.
—Sí. Hablaré con ella y veré si hay algo más que pueda averiguar.
Derek estaba perdido y no sabía qué más hacer. Sabía que no lograría dormir esa noche. Ya
eran pasadas la una de la mañana, y Rosalyn de seguro estaba durmiendo. No debería despertarla,
pero deseaba verla.
Se encaminó hacia la puerta.
—Quiero saber cualquier cosa que averigües —le informó a su tío—, sin importar cuan
insignificante parezca ser el dato. Quiero que Nathaniel se mude a la habitación contigua a la mía.
Será vigilado a toda hora, no quiero que lo dejen solo. Y no se mencionará nada de todo esto. Yo
decidiré qué decirle al clan. ¿Lo comprendes?
—Sí —contestó Darius con brusquedad.
Derek se marchó. El hecho de que Darius había mantenido todo eso en secreto, tanto
tiempo después de la muerte de su padre, no le sentaba nada bien. No debería haber ningún
secreto bajo su techo. Pero se encargaría de su tío en el momento adecuado.
¡Nathaniel era su hermano! Aún no podía creerlo, sin embargo, se preguntaba por qué no
lo había descubierto antes.
Nate debía de haber sido concebido durante uno de los peores períodos del matrimonio de
sus padres, poco después de que su madre se hubiese marchado y regresado a Londres. Su padre
se había enfurecido y se había vuelto aun más amargado. No parecía importarle a quién hería.
Caroline había sido apenas una niña, y conociéndola como la conocía, Derek dudó de que ella se
hubiese negado a su padre.
El viejo señor no toleraba que le dijeran que no, y Caroline no había tenido lugar dónde ir.
Era obedecer o ser echada. Y Derek no tenía dudas de que era exactamente lo que habría hecho
su padre.
¡Que el hombre se pudra en el infierno! Le había negado a Derek su hermano. De alguna
manera, les había negado a sus dos hermanos al alentar la enemistad de Derek con Ethan.
—¡Ahí estás, milord! Gracias a Dios que lo encuentro.
Derek levantó la vista y vio a su mozo de cuadra corriendo por el pasillo.
—¿Qué sucede, Jamison?
—Peters me envía en su búsqueda. Hay visitas, milord.
—¿Visitas?¿A esta hora?

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Dijeron que era imprescindible hablar con vos. Como el centinela los reconoció como
amigos nuestros, les permitieron pasar. Espero que no se hayan equivocado.
—¿Quiénes son?
—El señor Kendall, milord. Ha venido con su esposa, lady Francine, y también lord
Anthony Tremayne. Dijeron que debían hablar con vos inmediatamente. Lo esperan en la
biblioteca.
Derek ya estaba girando la esquina hacia el pasillo principal antes de que el mozo pudiese
terminar de decir la frase.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 22

Rosalyn levantó la mirada hacia la figura que se alzaba detrás del féretro. El pánico le hacía
latir el corazón locamente. Se preparó para la lucha, pero luego, la persona se alejó de las sombras
y le quitó el pañuelo de la boca.
—¿Ethan?
—En persona, mi niña. —Le sonrió con esa maléfica manera que le era tan característica—
. Veo que estás en un poco de apuros, pero aquí estoy para salvar el día. —Comenzó a desatar la
cuerda que le ataba las piernas y las muñecas.
—¿Cómo has llegado aquí? ¿Dónde está Calder?
—¿Presumo que te refieres a la persona que estaba merodeándote hace unos minutos?
—Sí, pero…
Ethan la ayudó a sentarse.
—El hombre está muerto. Se me acercó con un cuchillo y me sentí obligado a devolverle el
gesto, pero con los puños, como lo hacen los caballeros. Lamentablemente, cuando cayó hacia
atrás, se rompió la cabeza con el borde del altar.
Deslizó las manos por debajo de las piernas de Rosalyn y la alzó en brazos.
—¿Te ha herido? Estaré complacido de traerlo a la vida para volverlo a matar, si es así.
—Estoy bien —Rosalyn le dijo, aún intentando comprender la noción de que su
hermanastro estaba muerto—. ¿Estás seguro de que está…?
—Bastante. Te lo enseño, si quieres, pero quizás no es lo mejor tener un recuerdo tan
truculento por el resto de tu vida.
—Gracias —dijo ella.
—Completamente innecesario. Vivo para servir. —Le guiñó el ojo, pícaro.
—Entonces, ¿qué estás haciendo aquí? Creí que habías huido con Megan Trelawny.
—Por favor, no me lo recuerdes —murmuró—. Me enteré de tu secuestro por accidente.
Estaba en misión de robar comida de la despensa, cuando escuché voces en el patio y vi que
alguien te llevaba en hombros. Pensando que mi hermano había desarrollado tendencias bárbaras,
y por lo tanto intrigado más allá de la razón, los seguí… y aquí me tienes.
—¿Qué estabas haciendo en el patio? ¿Y dónde has estado estos últimos dos días? Creía
que tú y Megan estarían a miles de kilómetros de aquí a estas alturas.
—Contaba con ese razonamiento, sabía que este sería el último lugar donde los hermanos
Trelawny buscarían. Calculé que estaríamos más seguros aquí durante unos días hasta que el
alboroto hubiera pasado, luego podríamos escabullimos en la mitad de la noche. Una vez que los
ánimos se hubieran aplacado por completo, habría enviado a la descarada de regreso al adorable
seno de su alocada familia y acabar con todo.
Rosalyn enarcó una ceja.
—¿De verdad?
—Por favor, no me mires así. Mi intervención con los Trelawny fue puramente en
beneficio tuyo.
—No lo creo más que tú.

127
Melanie George – La novia robada del highlander

Ethan arrugó el entrecejo; era evidente que no apreciaba el hecho de que ella había visto a
través de su fachada.
—Ven adentro conmigo; estoy segura de que Derek te permitirá regresar.
—Un gesto noble, pero no estoy seguro de querer regresar. Otras cosas esperan por mí. —
Megan, quería decir. Sí que le importaba la muchacha.
—Entonces, creo que esto es un adiós, por ahora. Cuídate.
—Y tú también, dulce niña. Hazle sudar tinta a ese señor.
Rosalyn rió mientras se alejaba hacia las puertas principales de la iglesia.
—No creo que te contendrás de contarle a mi medio hermano acerca de mi galantería,
¿verdad? —gritó Ethan hacia Rosalyn.
—Por supuesto que no —contestó ella, dándole un poco de su propia medicina al tiempo
que salió al dulce aire nocturno—. Tus actos heroicos serán recordados con los mayores honores.
Prepárese para ser un héroe, mi buen señor.
Rosalyn fijó la mirada en el castillo Gray, y un anhelo repentino se apoderó de ella.
Necesitaba ver a Derek, sentir sus brazos a su alrededor.
Se levantó la falda, y corrió colina abajo.

—s–

Derek escuchaba voces mientras cruzaba el vestíbulo y se dirigía hacia la biblioteca. Al


menos diez razones diferentes se le cruzaron por la cabeza de por qué dos de sus mejores amigos
estaban en su casa en la mitad de la noche, ninguna de ellas era buena.
¿Habrían encontrado a Westcott? ¿Estaba el hombre encarcelado, o mejor aun, muerto?
Derek deseó con fervor que fuese una o la otra, puesto que solo así Rosalyn encontraría paz.
También se marcharía.
Derek negó con un movimiento de cabeza para deshacerse del pensamiento. No la dejaría
marcharse tan fácilmente. Una vez que ella no tuviese la carga del hermanastro persiguiéndola,
quizás sea lo que sea que le estaba molestando se aliviaría también.
Permaneció de pie durante un momento en el umbral de la puerta de la biblioteca,
observando a sus amigos. Anthony y Luden estaban sentados en extremos opuestos del sofá, con
lady Francine en el medio. Estaban mirando hacia el fuego, hablando con voces animadas, sin
notar que él había llegado.
Lucien, más que nadie, era ahora un hombre casado. Lo último que Derek recordaba haber
escuchado era que había llevado a Fancy a algún lugar, y nadie les había visto ni había sabido de
ellos en más de una semana. Eso sucedió poco antes de que Derek se haya involucrado en la vida
de Rosalyn.
Luego, estaba Anthony, el hijo menor del duque de Glenmore y completamente satisfecho
de ser un libertino.
—Buenas noches, lord Manchester —murmuró una suave voz. Lady Francine lo observaba
desde el otro lado de la habitación.
Lucien se puso de pie y sonrió, con una mirada de alegría en el rostro que Derek no le
había visto en mucho tiempo.
—Dios santo, viejo, aún te mueves como un maldito fantasma. Espero que no hayas
estado allí lo suficiente como para escuchar a Tremayne difamar tu carácter.
—Bravuconerías —respondió Anthony, dibujando una media sonrisa mientras se ponía de
pie del sofá—. Gracias a Dios que lady Francine ha tomado la mano de este bárbaro. Quizás,
tenga éxito donde los otros han fallado. —Y hacia Fancy, dijo—: Tienes mi más profunda
simpatía, miladi.
—Vete lejos, cabrón —gruñó Lucien alegremente mientras acercaba a su mujer a su lado—
. La señora me adora. —La giró hacia él y le murmuró con ternura—. ¿No es así, mi amor?

128
Melanie George – La novia robada del highlander

—Sin duda. —Ella se inclinó para besarlo suavemente en la mejilla.


Derek se aclaró la garganta, despertando a la pareja de su mundo de fantasía.
Un débil rubor oscureció las mejillas de Fancy cuando miró a Derek.
—¿Rosalyn está en la cama? No deseo despertarla, pero la he extrañado tanto.
—Ella te ha extrañado también —contestó Derek—. Parece que ustedes dos han tenido
varias aventuras.
Los ojos de Fancy se iluminaron con alegría.
—Supongo que sí.
—Sí, como dispararme en la pierna —rezongó Luden.
Su esposa le sonrió con paciencia.
—Agradece que apunté mal.
—Estoy sumamente agradecido, amor. De otro modo, no estarías disfrutando la habitación
como lo haces.
Una sensación de pura mortificación creció en el rostro de Fancy, y le dio una sonora
cachetada a su marido, quien rió.
—¿Quizás podríamos ocuparnos del tema del día? —Anthony dijo en tono gracioso.
—Díganme que se trata del hermanastro de Rosalyn —dijo Derek.
—Sí. Hace dos días, me enteré de su paradero. Parece que está de camino hacia aquí —
contestó Lucien.
—No podría atravesar la puerta.
—Es lo que esperamos —dijo Lucien—. Pero teníamos que estar seguros.
—¿Estás seguro de que Rosalyn se encuentra bien? —preguntó Fancy, evidentemente
preocupada.
Lo primero que Derek pensó fue decir que sí, pero de hecho, nunca había llegado a su
habitación para el encuentro.
—Imagino que estará durmiendo ahora —contestó.
—¿Cuándo la viste por última vez? —insistió Fancy—. He tenido una sensación extraña
todo el día, y solo necesito saber que está bien. Entonces podré respirar aliviada.
—Ven conmigo —Derek le dijo y se dirigió fuera.
Subieron las escaleras uno al lado del otro. Justo antes de que llegaran a la cima, la puerta
principal se abrió. Miraron hacia abajo y vieron a Rosalyn entrar, con los pies desnudos y
desalineada, la cabellera era una masa salvaje que se le derramaba por la espalda.
Derek descendió las escaleras de a dos escalones por vez y le tomó los brazos con las
manos.
—Dios mío, ¿qué sucedió?
—Estoy bien. Santo cielo, es incalculable cuantas veces he dicho esas dos palabras desde
que me marché de Londres. Pero estoy agradecida de poder seguir diciéndolas. —La mirada de
Rosalyn se desplazó alrededor del hombro de Derek y arrugó el entrecejo—. ¿Fancy? —
Parpadeó—. ¡Fancy!
Rosalyn se liberó de Derek y la rodeó, catapultándose para reunirse con su amiga. Las
mujeres se abrazaron y lloraron.
Cuando las dos finalmente se separaron, Rosalyn le preguntó a Fancy:
—¿Qué estás haciendo aquí? Lo último que escuché fue que te habías marchado con el
señor Kendall. No pude averiguar nada. Estaba tan preocupada.
—Debería disculparme por eso. —La voz de Lucien se oyó al tiempo que se desplazaba
por el salón—. Recluté a tu amiga por la fuerza injustamente. Espero que puedas perdonarme,
considerando que he hecho de ella una mujer de honor al final.
La mirada de Rosalyn retornó a Fancy, quien agregó un poco avergonzada:
—Rosalyn, ¿puedo presentarte a mi esposo?

129
Melanie George – La novia robada del highlander

Ella la miró fijamente durante diez segundos completos, y luego se lanzó a los brazos de
Fancy una vez más.
—¡Qué maravilloso! Sabía que eran el uno para el otro desde el primer día.
—Sé que siempre he dicho que serías mi dama de honor —dijo Fancy—, pero todo
sucedió tan rápido. Espero que puedas perdonarme.
Rosalyn apretujó la mano de Fancy.
—No hay nada que perdonar. Estoy muy feliz de que estés aquí. Te he extrañado con
desesperación.
—Y yo a ti. Ahora, dime, ¿qué ha estado sucediendo? ¿Por qué estabas fuera, y descalza?
—Oh, sí… eso —dijo Rosalyn. Sorprendentemente, se había olvidado de lo que acababa
de sucederle—. Pues bien, fui secuestrada.
—¿Qué? —gritó Derek.
—¿Quién? —demandó saber Lucien.
—¿Cuándo? —insistió Anthony.
—¿Otra vez? —dijo Fancy, la única voz calma del grupo.
Rosalyn suspiró.
—Sí, y se está volviendo muy agotador. He comenzado a creer que tendré que acampar en
el salón de desayuno si quiero dormir toda la noche. Mi habitación se ha convertido en un lugar
al que uno va si no tiene deseos de dormir efectivamente.
Derek gruñó con impaciencia al tiempo que tomó a Rosalyn de los hombros y la giró para
enfrentarla.
—¿Quién te ha secuestrado?
La miró fijamente.
—Pues, Calder, por supuesto. ¿Quién si no?
—Quién si no, pregunta ella —murmuró Derek, a lo que Anthony negó con un
movimiento de cabeza.
Al ver a la nueva persona en el grupo, Rosalyn sonrió.
—Hola.
—Hola —contestó Anthony, regresándole la sonrisa—. Me alegra verla de regreso ilesa,
miladi.
—Gracias…
—Lord Anthony Tremayne —completó Lucien—. Un bueno para nada y ocasional
filántropo, siempre y cuando la filantropía esté dirigida hacia él mismo.
En el tono más calmado que Derek pudo reunir, dijo:
—Rosalyn, ¿dónde está Westcott? ¿Está aún aquí o ha huido?
—Se ha ido.
Derek maldijo por lo bajo.
—¿Cómo es posible que el tío haya entrado y salido del castillo sin ser detectado? Mis
hombres responderán por esto.
—Milord —Rosalyn dijo, intentando captar su atención.
—Doblaré mis hombres. No, ¡los triplicaré! No volverá a entrar aquí sin una bala entre los
ojos, te lo prometo.
—Milord —intervino Rosalyn con más fuerza.
—Perseguiré al viscoso gusano hasta encontrarlo. No me hará ver como un estúpido de
nuevo.
—¡Milord! —casi gritó Rosalyn, sin paciencia.
Giró para enfrentarla, con el ceño arrugado.
—¿Qué?
El hombre podía ser tan bruto a veces.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Yo sé cómo Calder ingresó. —Odiaba tener que decirle acerca del pobre Carew sin
rodeos, pero no tenía más remedio—. Parece que tomó el lugar del cuerpo de Carew en el ataúd.
—¿Tomó su lugar?
—Quitó el cuerpo en Londres, hizo un agujero pequeño para respirar, y viajó hasta aquí en
ese lugar. —Con voz suave, agregó—: Lo lamento mucho. Carew no se merecía un final tan
innoble.
Derek permaneció de pie, inmóvil, el rostro parecía haber perdido un poco de color.
Rosalyn posó una mano sobre el brazo de él para confortarle. Finalmente, Derek levantó la
mirada y la expresión en los ojos era asesina.
—¿Dónde está el bastardo?
—En el vestíbulo de la iglesia.
—¿Te ha herido?
—No. —No tenía sentido contarle del terrible susto que pasó, o del horror que aún sentía,
al pensar que terminaría enterrada viva—. Simplemente me tomó por sorpresa. Un segundo
después, me desperté en el ataúd.
Tres pares de ojos la miraron fijo.
—¿Te colocó dentro del féretro? —lord Tremayne preguntó con un tono incrédulo.
—Sí —Rosalyn luchó para contener un escalofrío.
—¿Cómo has logrado escapar? —preguntó Fancy.
—Aunque no fue por mérito propio, me temo. El hermano de Derek estaba más cerca de
lo que todos creíamos.
Derek arrugó el entrecejo.
—¿Ethan? ¿Qué hizo ese sinvergüenza?
—Lo vio a Calder cargándome y nos siguió. Cuando Ethan entabló una pelea con mi
hermanastro, Calder cayó hacia atrás contra el borde del altar. Está muerto.
—Entonces, ¿dónde estuvo Ethan todo este tiempo? —preguntó Fancy.
—En una antesala que decía que un grupo de paganos utilizaban para rituales secretos hace
cientos de años.
—Mi padre hizo construir esa «antesala secreta» cuando se convirtió en señor de estas
tierras —dijo Derek—. Pensaba que era divertido hacerle creer a la gente estúpida que el castillo
tenía una historia macabra.
—Parece que tu hermano tiene mucha imaginación —comentó Fancy, divertida—. Me
agradaría conocerlo.
Rosalyn echó una mirada en dirección a Derek.
—Está en una pausa extendida en este momento.
Derek giró la mirada hacia Fancy.
—¿Podría convencerte de que llevaras a Rosalyn de regreso a su habitación? Necesita
descansar.
El pedido, hecho sin emoción alguna, fue como un golpe para Rosalyn. Derek la quería
fuera de la vista. Era evidente que le había causado demasiados problemas y quería terminar con
todo.
Fancy asintió con un movimiento de cabeza.
—Por supuesto, milord.
Derek giró sobre los talones, luego se marchó ofendido hacia la oficina y cerró la puerta
ruidosamente tras él.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Capítulo 23

Derek arrancó el tapón del decantador de brandy. En lugar de servirse la medida normal de
dos dedos, se sirvió cuatro. Luego, cinco. Bebió la mitad del brebaje en el primer trago y cerró los
ojos.
Casi había perdido a Rosalyn esa noche. Su incapacidad de protegerla casi le había costado
la vida a la mujer que amaba, y todo había sucedido bajo sus narices, y él sin darse cuenta de
nada.
Había estado tan seguro de que podría salvar a Rosalyn de cualquier peligro que pudiera
presentarse, pero cuando el momento de la verdad se presentó, había sido Ethan quien la salvó.
Ethan, quien había salvado a Megan.
Ethan, quien había salvado a Derek mismo.

—s–

Rosalyn miraba hacia afuera por la misma ventana frente a la cual Derek se había parado
recientemente. ¿Qué había visto él cuando miró a la nada oscura del cielo nocturno? ¿El mismo
vacío que veía ella ahora? ¿Un vacío que igualaba a como ella se sentía por dentro?
¿Qué la retendría allí ahora? Calder estaba muerto. La había perseguido durante mucho
tiempo, y luego en cuestión de minutos, la amenaza había sido eliminada. Había vivido bajo esa
coacción durante tanto tiempo que le resultaba difícil de creer que ahora ya no existía.
En ese momento tenía que enfrentar la razón real por la cual debía partir: amaba a Derek.
Él había salido de sus sueños, de sus fantasías, y había ingresado en su corazón y en su vida. Se
merecía una mujer completa, no una mujer infértil.
La escarlatina le había dejado incapaz de tener hijos, y ¿ningún hombre aceptaría eso? Los
hombres deseaban herederos que continuasen con la descendencia familiar.
Fancy caminó hasta ella y posó una mano sobre el hombro de Rosalyn.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó.
—Simplemente estoy cansada. —Los pensamientos no la dejaban en paz.
—Nuestras vidas están cambiando.
—Lo sé. Parece ayer cuando escalábamos las rocas en Meadow's Cove —dijo Rosalyn.
—O cuando seguíamos a las gaviotas por la playa.
—Hemos crecido.
—Parece que sí —murmuró Fancy—. Es un poco aterrador.
—Tú nunca has tenido miedo en tu vida. Es mi territorio.
Fancy ladeó la cabeza, una mirada incrédula en el rostro.
—¿No crees eso en verdad? He tenido miedo en muchas más ocasiones de lo que me
agrada admitir.
—Nunca lo he visto.
—Porque no quería que el mundo viese lo cobarde que soy.
—¿Tú?
Fancy asintió con un movimiento de cabeza.

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Melanie George – La novia robada del highlander

—Desearía que no fuese así, pero es verdad. Nunca antes había notado lo aterrorizada que
estaba hasta que Lucien apareció en mi vida. Había construido un muro a mi alrededor luego de
la muerte de mis padres, negándome a ver las cosas como realmente eran. Fue peor cuando mi
abuela y George fallecieron. Me sentí tan sola, tan indefensa. Pero te tenía a ti —dijo ella con una
sonrisa, aferrándose con más fuerza a las manos de Rosalyn—. Tú fuiste mi salvación.
—Y tú, la mía.
—Y ahora eres libre.
Sin embargo, ¿qué le daba exactamente esa libertad?
Llevando a Rosalyn hasta la cama, Fancy la invitó a sentarse.
—¿Por qué no le dices a Derek lo que sientes? No puedes negarlo, está en tus ojos. Y en
los de Derek.
Rosalyn fijó la mirada en sus manos.
—Una relación entre nosotros no es posible.
—Es un hombre libre, y tú eres una mujer libre.
—¡Pero no soy una mujer completa! —gritó Rosalyn.
Fancy suspiró. Sonoramente.
—Dios santo, Rosalyn, dime que no irás a basar tu futuro en algo que puede ser verdad o
no. Quizás sí eres capaz de tener hijos. Muchos hijos, de hecho.
—Pero el doctor…
Fancy descartó el comentario con un ademán de la mano.
—Probablemente era un viejo bobo que blandía un libro de teoría que había aprendido en
su juventud. ¿Has visto a otro doctor desde aquella vez?
—No.
—Por lo que sabes, quizás sí eres fértil.
Rosalyn consideró la posibilidad cuidadosamente.
—¿Qué sucede si no lo soy?
—Hay muchos niños huérfanos que se sentirían bendecidos de tener una madre tan
adorable. Y cualquier hombre que te ame, que te ame de verdad, permanecerá a tu lado.
Quizás eso era lo que Rosalyn temía aun más que ser infértil; que el hombre que eligió amar
no la amase lo suficiente. Tenía miedo de arriesgarse.
—Piénsalo, ¿lo harás? —preguntó Fancy en voz baja—. Tu felicidad significa todo para mí.
—Y la tuya, para mí. ¿Lucien te hace feliz?
Los ojos de Fancy brillaron.
—Estoy completamente enamorada de mi esposo. Tengo que pellizcarme todos los días
para asegurarme de no estar soñando. —Tomó las manos de Rosalyn—. Y te deseo ese mismo
amor para ti. Cree en ti misma como yo creo en ti.
Fancy asintió con un movimiento de cabeza y observó a su amiga partir, deseando con
todo el corazón que pudiese tener lo que Rosalyn tenía: un amor que duraría toda la vida.

—s–

Derek tenía la mirada fija en el fuego y escuchaba el reloj sobre la repisa de la chimenea dar
las tres de la mañana. Incluso con varios vasos de brandy encima, no podía conciliar el sueño. La
mente volvía una y otra vez a imágenes de Rosalyn.
La manera en que se venía la noche que se conocieron, enfundada con el vestido de tela de
seda de un tono limón que no podía compararse con la luz del sol de la sonrisa.
La manera en que se reía cuando cabalgaba a caballo.
Cómo los ojos se le encendían cuando hablaba de sus padres o de lady Francine.
Y la manera en que esos mismos ojos lo miraban cuando le hacía el amor, como si él fuese
el único hombre en el mundo, encendiéndole el alma en llamas.

133
Melanie George – La novia robada del highlander

Un crujido en una tabla del suelo obligó a Derek a girar sobre la silla. Una figura emergió
desde las sombras.
—¿Rosalyn?
Ella llevaba puesto un salto de cama sobre el camisón. El hermoso rostro de la mujer tenía
una mirada que él no pudo interpretar. Se puso de pie.
—¿Estás bien? ¿Te sucede algo?
Rosalyn negó con un movimiento de cabeza. Había ensayado lo que quería decir, a
sabiendas de que solo podría hacerlo si se sabía el discurso de memoria.
Sin embargo, ahora que estaba allí con Derek, quería que la tocase una vez más, que la
besase una vez más. Otro recuerdo para atesorar cerca del corazón.
Le permitió que la llevase hasta el fuego, donde quedó de pie frente a él. Rosalyn llevó las
manos hasta los lazos del salto de cama, que luego quedó hecho un charco a sus pies.
Una cinta blanca serpenteaba delicadamente a través del canesú del camisón de seda. La
desató jalándola de un solo tirón. Con el contorneo más mínimo, la tela se deslizó en una caricia
susurrada sobre la piel de Rosalyn y el cuerpo desnudo reflejó el débil resplandor del fuego.
Rosalyn se inclinó hacia adelante y lo besó, las manos acariciaron hacia arriba la camisa de
suave algodón y los dedos se enroscaron en la cabellera de Derek.
La guió hasta sentarla en el sofá. La erección era una dura y caliente extensión sobre el
vientre de ella, y Rosalyn se movió con urgencia contra él, deleitándose con el hambriento
gemido que se gestó en la garganta de Derek y la manera en que tensaba las manos a los lados del
cuerpo de ella.
Desplegó las piernas alrededor de las caderas de él; la pelvis rechinaba contra la de él.
Derek le rozó los labios a lo largo de todo el cuello, prodigándole besos en cada centímetro de la
piel, calentándola desde adentro hacia afuera, haciéndola temblar de vivo deseo.
Derek dibujó un camino con los labios por el valle de los pechos. Rosalyn se mordió el
labio al tiempo que la grande y cálida mano de él se posó sobre un seno, tomándolo,
masajeándolo, suavemente jugueteando con el pezón hasta que quedó erecto.
La mano de ella se movió instintivamente hasta la pretina de los pantalones, deslizándola
con provocación sobre la erección mientras la boca de Derek se posaba sobre la de ella con
creciente pasión.
Rosalyn se sintió rodeada por una delirante neblina, perdiéndose más y más con cada
segundo transcurrido. Los dedos se movían con frenesí para desatar los botones de la camisa,
luego los pantalones. Las manos de ambos trabajaban con prisa para liberarse.
Rosalyn arqueó la espalda cuando la boca de Derek se cerró sobre un pezón. El cuerpo se
retorcía debajo de él, con deseos de más.
Con una mano, encerró las dos muñecas de Rosalyn cual grillete, sosteniéndolas sobre la
cabeza mientras la mano libre viajaba por el lado del cuerpo de ella, con gentileza, pellizcándole la
cintura, la calidez de la palma de la mano apoyándose sobre el vientre, masajeándola en lentos
círculos, volviéndola prácticamente loca de deseo.
Quería las manos de Derek allí abajo, con el dedo deslizándose entre los húmedos pliegues.
Podía sentir lo lista que estaba, cuan húmeda y palpitante. La tensión era casi demasiado para
soportar.
Liberó una de las manos y se aferró al antebrazo de Derek. Los dedos se enterraron en la
tensa banda de músculo, y se irguió para depositar un beso sobre la pequeña e irregular cicatriz.
La observaba al tiempo que ella le rozaba los labios con mucha suavidad sobre la herida, sin
quitarle los ojos de encima nunca mientras le lamía suavemente la piel con la lengua.
Un gemido ronco viajó por la garganta de Derek hacia arriba antes de que los labios se
posasen sobre los de ella en un beso demandante que le robó a Rosalyn los sentidos. El calor que
manaba el cuerpo de él era embriagador e intoxicante, mientras una pesadez se le gestaba en la
juntura de los muslos de ella.

134
Melanie George – La novia robada del highlander

Derek la tomó de la mano y la llevó hasta el muslo interno de manera que los dedos de
Rosalyn rozaran la dureza centrada allí. El cuerpo de ella tembló mientras él le llevaba los dedos
hacia arriba. Rosalyn tenía la mano izquierda contra la rígida extensión de él. Ella lo escuchó
respirar profundamente.
Era muy viril, tenía un cuerpo muy celestial. Un hombre en lo mejor de su vida, pero con
una madurez templada que lo volvía aun más intoxicante.
Ella lo tomó de la erección, masajeándolo, sintiéndolo hincharse. Una corriente de aire
siseó entre los dientes de Derek cuando ella lo tomó y lo rasguñó suavemente con las uñas.
Cuando ella levantó la mirada hacia él, vio una pasión casi incontrolable. Rodó hasta
colocarse de espaldas y la llevó sobre su regazo. Ella puso los muslos desnudos a horcajadas
sobre él. Meneó la erección contra el sexo de ella.
Le tomó los senos, y Rosalyn gimió al tiempo que le acariciaba los rígidos picos con los
pulgares, volviéndola ciega de deseo mientras jugueteaba, rozaba y giraba los pezones entre los
dedos. Los labios internos se ciñeron para dar paso a un retorcijón palpitante muy profundo en
ella.
Él la tiró hacia adelante, y le lengüeteó un pezón, lo humedeció, dibujó círculos, lo lamió, el
cuerpo de ella se aceleraba a cada segundo.
Se movió hasta el otro pezón para prodigarle la misma atención antes de tomarle los senos
y presionarlos juntos, llevándose un nudo sensitivo a la boca y luego dirigiéndose al otro para
ofrecerle lo mismo.
Lo único que Rosalyn podía hacer era aferrarse a los hombros de Derek y rogar no
desmayarse de placer.
El primer roce del dedo contra el hinchado clítoris provocó una sacudida en Rosalyn; la
punta erecta estaba caliente y exquisitamente sensitiva, llevándole éxtasis a través de las venas
mientras la boca de él creaba húmedos senderos entre los pechos.
Rosalyn se retorció, ciega por el dulce alivio que sabía que él podía darle, hasta que arqueó
la espalda, todo el cuerpo se le tensó, relámpagos se juntaron muy profundo en ella y se elevó en
un espiral ascendente al tiempo que la primera convulsión la recorrió toda, seguida por una
segunda y una tercera y una cuarta mientras Derek deslizó un dedo en ella y la funda de Rosalyn
se ciñó alrededor de él con cada contracción.
El comenzó a bombear, elevándole el deseo una vez más. Rosalyn se retorció, deseando
que él se introdujese más profundo, y escuchó el violento gemido. Rechinó la cadera contra él, y
Derek la tomó de las muñecas, inmovilizándoselas junto al cuerpo mientras la miraba fijo a los
ojos.
Con una profunda, casi desesperada, inspiración, se inclinó hacia atrás y se deslizó en ella.
La inflamada tersidad a su alrededor al tiempo que él comenzó a bombear; el cuerpo de Rosalyn
suspiraba con él en cada penetración.
Derek la mecía. Surgían zambullidas a paso cada vez más acelerado. Tenía el rostro
arrugado con la expresión de que estaba sintiendo algo cercano a la angustia. El sudor le
humedecía el ceño mientras hacía el esfuerzo por ir más lento, deslizándose fuera de ella por
completo en el instante después para masajearle el nudo entre los dobleces húmedos con su
caliente y sedoso pene.
Rosalyn emitió un grito con otro orgasmo explosivo. Enterraba las uñas en la espalda de
Derek al tiempo que se zambullía en ella otra vez, aferrándose al trasero de ella con las manos,
tirándola más cerca contra la entrepierna mientras se hundía profundamente.
De repente, le rodeó la espalda con el brazo como una serpiente y la giró de manera que
ella terminó sobre las manos y las rodillas. La tomó de las caderas y se volvió a deslizar dentro de
ella. El pasadizo de Rosalyn se cerró con fuerza alrededor del pene mientras la acariciaba con él,
hacia adentro y afuera.

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Melanie George – La novia robada del highlander

Derek extendió el brazo por debajo de ella y le comenzó a masajear el nudo inflamado.
Tenía la cabellera hecha un salvaje enredo alrededor del rostro. La larga extensión le caía por los
hombros y los tensos pezones se veían en punta a través del velo dorado cada vez que él la
penetraba.
Completamente ida, Rosalyn gimió su nombre cuando él se meneó en su interior hasta que
otro destructor alivio le inundó el cuerpo, y finalmente él encontró su orgasmo también.
Derek la abrazó y la acunó, envolviéndole con los brazos cómodamente la cintura, con los
dedos entrelazados, siendo el fuego un suave y cálido resplandor contra la piel de ambos. En ese
momento, no existían los males del mundo, y todo lo que significaba algo para ella estaba allí en
el sillón abrazándola con fuerza.
Sin embargo, la realidad se inmiscuyó demasiado rápido. Había cosas que debía decirle, y si
no las decía ahora, quizás nunca jamás sería capaz de hacerlo.
Rosalyn lo miró a los ojos, y lo que vio le hizo dar un vuelco al corazón. Ella lo amaba. Lo
único que supo fue que quería estar con él, pero un desalentador obstáculo persistía.
—No puedo tener hijos —le dijo ella—. Soy infértil. Mereces saberlo. —Cerró los ojos—.
Te mereces una mujer completa. Una que pueda engendrar a tu hijo.
Derek sonrió con amor.
—Yo sí que tengo una mujer completa. Y ella es hermosa, inteligente, valiente, sensual,
audaz, testaruda, y magnífica. Su risa me llega al corazón. Su sonrisa me alimenta el alma. Tú eres
la única mujer que quiero, Rosalyn. ¿Creíste que te dejaría por eso?
Rosalyn podía sentir las lágrimas colmándole los ojos.
—Yo… yo no lo sabía.
Derek la abrazó cerca.
—¿Por qué nunca le permites a otra persona cargar con tus cruces? No siempre tienes que
ser tan fuerte.
—No soy fuerte.
Derek la obligó a levantar la vista.
—No conozco a ninguna mujer que pudiera haber enfrentado lo que tú esta noche de la
manera en que lo hiciste. Has vivido en el infierno mismo, sin embargo, nunca te has acobardado.
Por favor, no lo hagas ahora. Ten fe en mí.
Rosalyn sonrió con lágrimas en los ojos. Ese hombre, ese hombre hermoso y especial, era
lo que le faltaba en la vida. Había creído que ningún hombre podría amarla y querer contraer
matrimonio con ella.
Pero alguien allá arriba cuidaba de ella, y no dejaría pasar la oportunidad.
Parecía que el destino no era tan veleidoso, al final de cuentas.

Fin

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