Está en la página 1de 136
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

MMeellaanniiee GGeeoorrggee

LLaa NNoovviiaa RRoobbaaddaa ddeell HHiigghhllaannddeerr

TThhee HHiigghhllaannddeerr''ss SSttoolleenn BBrriiddee 33°° BBuussccaaddoorreess ddee ppllaacceerr

22

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

AArrgguummeennttoo

LLaaddyy RRoossaallyynn CCaarrmmiicchhaaeell eessttáá eessccaappaannddoo ddee ssuu mmaallvvaaddoo hheerrmmaannaassttrroo,, qquuiieenn

CCuuaannddoo DDeerreekk HHaarrddwwiicckkee llaa

hhaarráá ccuuaallqquuiieerr ccoossaa ppaarraa aarrrreebbaattaarrllee llaa hheerreenncciiaa

rreessccaattaa ddee uunn iinntteennttoo ddee sseeccuueessttrroo eenn LLoonnddrreess,, eellllaa aacceeppttaa aaggrraaddeecciiddaa llaa pprrootteecccciióónn qquuee llee bbrriinnddaarráá eell rreemmoottoo ccaassttiilllloo eessccooccééss YY,, aa ppeessaarr ddee qquuee eell aassppeeccttoo eennddeemmoonniiaaddaammeennttee aattrraaccttiivvoo ddee DDeerreekk llee iinnssppiirraa ffaannttaassííaass eessccaannddaalloossaass,, uunn sseeccrreettoo ddee ssuu ppaassaaddoo ssiiggnniiffiiccaa qquuee eessaass ffaannttaassííaass nnuunnccaa jjaammááss ppooddrráánn ccoonnccrreettaarrssee

AAll sseerr uunn tteerrrraatteenniieennttee eessccooccééss,, DDeerreekk ttiieennee iinntteenncciioonneess ddee ccoonnttrraaeerr mmaattrriimmoonniioo ccoonn ssuu aammiiggaa ddee llaa iinnffaanncciiaa MMeeggaann MMaaccPPhheerrssoonn,, yyaa qquuee ssoolloo uunnaa pprroommeettiiddaa ddeell mmiissmmoo oorriiggeenn ssaattiissffaarráá aa ssuu ccllaann SSiinn eemmbbaarrggoo,, llaa hheerrmmoossaa RRoossaallyynn ddeessppiieerrttaa eenn ééll sseennttiimmiieennttooss qquuee nnuunnccaa ssooññóó qquuee tteennddrrííaa YY,, aauunnqquuee llee hhaa pprroommeettiiddoo pprrootteeggeerrllaa,, llaa aattrraacccciióónn mmuuttuuaa qquueemmaa ddeemmaassiiaaddoo ccoommoo ppaarraa nneeggaarrllaa AAhhoorraa,, ccuuaannddoo eell ppeelliiggrroo ssee aacceerrccaa mmááss yy mmááss,, ééll ddeebbee eelleeggiirr eennttrree llaa lleeaallttaadd hhaacciiaa ssuu ccllaann yy uunnaa ppaassiióónn qquuee nnuunnccaa hhaabbííaa ccoonnoocciiddoo aanntteess

33

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCoommoo ssiieemmpprree,, ttooddoo mmii ccaarriiññoo aa mmiiss mmaarraavviilllloossooss lleeccttoorreess GGrraacciiaass ppoorr vvuueessttrroo ccoonnssttaannttee aappooyyoo yy ppoorr llooss eellooggiiooss

44

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

¿Quizás debería quedarme aquí y asegurarme de que no tengas ningún inconveniente al entrar y salir de la tina? Prometo mantener los ojos cerrados.

Rosalyn hubiese preferido que Derek la acompañase en la cálida y sedosa agua, y la idea de susurrarle una proposición indecente le bailó en la mente. —Gracias, pero estoy segura de que estaré bien. Una picara sonrisa curvó los labios de Derek. —¿Has notado cuánto tiempo pasamos dándonos las gracias el uno al otro? Rosalyn no pudo evitar sonreír también. —Bastante tiempo, creo. —Uno podría pensar que estamos tratando de evitar otra cosa. —¿Como qué? Pero ella lo sabía. La conexión sexual entre ellos los había quemado como llamaradas desde el principio. —Se me ocurren muchas cosas, pero no me siento dispuesto a discutir ninguna de ellas en este momento —respondió en un tono áspero. El corazón de Rosalyn dio un vuelco al ver la expresión en los ojos de Derek, y la respiración se le volvió superficial cuando él se acercó. —Quizás deba tomar mi baño. Él le rodeó la cintura con un brazo y la atrajo mucho junto a su pecho. —Sé que he dicho que no lo volvería a hacer —murmuró contra los labios de ella—, pero parece que no puedo contenerme. —Derek —gimió Rosalyn, sabiendo lo que estaba pidiendo con esa simple palabra. No le importó…

55

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 11

Rosalyn tuvo el sueño otra vez. Era el mismo sueño que había tenido durante años; sin embargo, el final siempre se desvanecía, y la dejaba acalorada y sin aliento. Ahora él era parte del sueño. Los rostros se habían convertido en los suyos; la pasión era una llama abrasadora que le calentaba la piel y la despertaba con las prendas de noche pegadas al cuerpo. Era una mujer de deseos secretos; una mujer con un instinto sexual agudo, que vivía sus fantasías privadas en las altas horas de la noche, en los más recónditos recovecos de la mente, donde podía ser descarada y audaz. La sexualidad se había despertado en el interior de su cuerpo ingenuo cuando tenía dieciséis años. Había asistido a una velada con sus padres. Se había perdido en la enorme mansión y terminó en el extremo opuesto de la casa. Escuchó un ruido detrás de una puerta cerrada y pensó que encontraría allí a alguien que pudiera ayudarla. Golpeó la puerta, pero los ruidos que provenían de la habitación solo se volvieron más y más fuertes. Escuchaba a una mujer gritar y temió que se encontrara en problemas, herida quizás. Rosalyn abrió la puerta y se topó con algo que le resultó devastadoramente excitante para los sentidos. Una mujer, que solo llevaba puesto un delantal de criada alrededor de la cintura, estaba de rodillas frente a un hombre alto y de fuerte constitución, completamente desnudo. La cabellera dorada de la mujer se derramaba suelta por la espalda, y el hombre se aferraba a ella con una mano rolliza y le guiaba la cabeza hacia adelante. Rosalyn apenas pudo contener un grito ahogado de sorpresa cuando su pene, grueso y duro, desaparecía centímetro a centímetro en la boca de la mujer mientras los labios húmedos encerraban y lamían la brillante punta. El hombre tenía la cabeza inclinada hacia atrás, los labios separados, y la respiración era un siseo quejoso al tiempo que el miembro se deslizaba dentro y fuera de la boca de la mujer, que lo guiaba con las manos y lo saboreaba. Él le apartó las manos de un empujón y empujó hacia adelante de manera que el pene quedó completamente cubierto por los húmedos labios; los movimientos del hombre se volvieron más y más frenéticos hasta que un gemido se le derramó por los labios y una espuma blanca manó de la punta del miembro. Rosalyn permaneció de pie, conmocionada, sin poder moverse. Debió de haber hecho un ruido, porque el hombre lanzó una mirada hacia la puerta. El rostro no mostraba signos de ira. En cambio, sonrió, como complacido de ser atrapado en tal lascivo acto. —¿Te agrada lo que has visto, muchacha? —le preguntó con un tono profundamente áspero—. Regresa cuando necesites aplacar el latido entre las piernas. Big John te complacerá. — Tomó el mentón de la mujer, que estaba aún de rodillas frente a él, y le dijo—: ¿No es verdad, querida? La mujer miró a Rosalyn con una ceja enarcada y una sonrisa picara. —Oh, sí. Seguro que lo hará.

66

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

La risa de los amantes acompañó a Rosalyn mientras se alejaba a la carrera por el pasillo, que solo se detuvo cuando le faltó el aliento. Estaba asustada; sin embargo, sentía un cosquilleo en los pechos, y una extraña humedad se le había acumulado en las partes pudendas. Desde aquel día, lady Rosalyn Carmichael había utilizado sus sueños como una herramienta mientras esperaba por él: el indicado. El único hombre al que ella le concedería su virginidad. Y, a medida en que la noche se convertía en la mañana, sus sueños se focalizaron en ese hombre. Un hombre que había salido de sus sueños y se le había aparecido en la vida real. Tenía los ojos de color azul aterciopelado, penetrantes e intensos. El cabello, negro y brillante como el ala de un cuervo. El cuerpo de una elegancia tosca, musculoso, debajo del prolijo exterior. Su belleza ridiculizó a todos a su alrededor cuando le sonrió con un deje de picardía desde el otro extremo del salón. Rosalyn comenzó a temblar cuando se le acercó, sin poder quitar la mirada de admiración de su forma alta, notando que se desplazaba con una gracia despreocupada, dejándola un poco aturdida y apenas consciente de que su mejor amiga, Francine Fitz Hugh, estaba de pie a su lado. El tutor de Fancy, Lucien Kendall, caminaba junto al oscuramente hermoso hombre. Cuando el desconocido se detuvo frente a Rosalyn y habló, con un tono de voz bajo y profundo que le recorrió los nervios de una manera de lo más desconcertante, ella lo supo. Estaba condenada. Rosalyn pudo ver su propia perdición en la mirada calculadora que él echaba sobre ella, como si supiese un secreto que no tenía intenciones de contar. —Derek —murmuró ella entre sueños, agitándose de manera irregular, reviviendo el beso que le había dado en el jardín de lady Senhaven. El aroma a madreselva los había envuelto, los invitados a no más de treinta metros de ellos; era un escándalo en ciernes porque ella permitió — no, le rogó— que él se tomase libertades, moviendo la cálida y gran mano desde la cintura hasta los senos, tirando de la tela para liberar los suaves cúmulos de los estrictos confines en que se encontraban, adorando la forma en que le tocaba los pezones con el pulgar, girándolos suavemente, dejándolos hinchados y en un dulce dolor mientras ella le guiaba la boca hacia ellos. Una extraña sensación de abandono le recorrió el cuerpo, una excitación que era incapaz de controlar, al tiempo que posaba la mano por primera vez sobre la rigidez de un hombre. Sintió cómo el miembro se alargaba ante sus caricias, se maravilló por su tamaño in crescendo y por su propio poder de mujer. ¡Si las personas refinadas que bailaban en el salón supieran que ella no era aquella muchacha que habían etiquetado como inocente, criada y educada con delicadeza, elegante, grácil! Una joven correcta. Rosalyn tenía miedo de permitir que incluso su mejor amiga, Fancy, conociera el lado más oscuro de su naturaleza. Fancy nunca la había juzgado, pero Rosalyn temía que su amiga la mirara con otros ojos si supiese la mujer libertina que en verdad era. El sueño se evaporó de repente y abrió los ojos con brusquedad cuando una mano se ciñó sobre su boca, el grito ahogado que emitió quedó atrapado bajo una palma callosa. —Diga una sola palabra —siseó una voz de olor hediondo— y se arrepentirá, señorita. Un extraño estaba de pie junto a la cama, vestido de negro con prendas sucias. Tenía la mitad izquierda del rostro oscurecida por las sombras. —Levántese. Y en silencio. Hay un hombre que la espera con mucha impaciencia. De un tirón, Rosalyn fue forzada a levantarse sobre los pies desnudos; se sentía expuesta y aterrada pues solo llevaba puesto el camisón. ¡Calder la había encontrado! Sabía que su hermanastro no había abandonado su persecución, persiguiéndola desde Cornwall hasta Londres, luego del fallido intento de secuestro en Moor's End, el hogar de Fancy en Cornwall. Rosalyn se había hospedado allí desde que se enteró del retorcido plan de Calder de contraer matrimonio con ella y asesinarla, para poder quedarse con su herencia.

77

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

La última vez que la había abordado, ella había peleado. Esta vez, iría en silencio, puesto que no podía poner en peligro a la gente que quería. Fancy casi había acabado muerta al intentar protegerla durante el último ataque de Calder; esta vez, debía enfrentarse sola al cabrón. Rosalyn enderezó la columna cuando el hombre la empujó hacia la ventana. Tragó en seco para frenar el terror que sintió cuando miró desde la habitación en el segundo piso hacia el suelo más abajo, donde una soga de cáñamo se balanceaba de manera inestable al compás de la brisa de la noche. —No diga ni mu —gruñó el secuestrador—, o la destriparé como a un pescado. Ahora salgamos por la ventana. —Le dio un empujón. Rosalyn se trastabilló hacia adelante. La mente le trabajaba febrilmente. ¡Si solo fuese más parecida a Fancy! Ella había desarmado a los dos matones que el hermanastro de Rosalyn había contratado para llevarla de regreso a la mansión Westcott. —Salga por la ventana —exigió el secuestrador con un tono de voz que no dejaba lugar a discusiones. —¿Puedo calzarme, al menos? —le preguntó Rosalyn, mirándose los pies desnudos. —No —le espetó—. Ahora, muévase. ¿O quiere que la ponga sobre mi hombro y la cargue hasta abajo? Ella hubiese preferido arrojarse desde el techo antes que eso. —Puedo sola, gracias. Levantó el dobladillo del camisón y se sentó a horcajadas sobre el alféizar de la ventana, deseando con fervor que un caballero blanco apareciera de repente para rescatarla. ¿Dónde estaba Derek en ese momento? ¿Aún en el cotillón de la familia Duvall, coqueteando con lady Jane Windermere? —No lo necesito, de todas maneras —murmuró. —¿Qué ha dicho? —espetó el secuestrador. Rosalyn deseó con todas sus fuerzas poder borrarle el mohín en el rostro con un energético puñetazo en su ya torcida nariz, pero lo más probable era que solo lograra caer por la ventana. —¿Seguro que esta escalera aguantará? Quizás debamos salir por la puerta principal. —Jovencita —le dijo llevando el rostro muy cerca al de ella, con un aliento lo suficientemente fétido como para que una mofeta pusiera los pies en polvorosa—. Realmente está agotando mi paciencia, y eso no es bueno. Con esa amenaza aún resonándole en los oídos, Rosalyn probó la firmeza del primer escalón con el pie derecho, luego pasó la pierna izquierda hacia el otro lado. Se echaría a correr en el preciso instante en que los pies tocasen el suelo. Podía dejar a la bestia atrás con facilidad, ya que era bastante achaparrado y tenía un estado físico evidentemente deplorable. El pie izquierdo acababa de posarse sobre el escalón cuando la puerta de la habitación se abrió de golpe. Una figura surgió en el umbral, iluminada desde atrás por el parpadeante aplique en el pasillo, lo cual creaba una aparición amenazante. Un destello de acero le dio la pauta de que un arma estaba siendo enfocada en dirección a

ellos.

—Aléjate de la señorita —dijo la voz—, o te volaré la maldita cabeza. «¡Derek! ¿Cómo había él…?». El matón arremetió contra la ventana, obligando a Rosalyn a echarse hacia atrás. Los pies resbalaron del escalón. Gritó cuando comenzó a caer, luchando por aferrarse a la escalera de cuerda y colgando de una mano. El brazo de Derek se abalanzó a través de la ventana abierta para agarrarla con una mano. —Sujétese —le dijo mientras luchaba con el hombre, quien un momento después gritó al caer por encima de la cabeza de Rosalyn y golpear el suelo con un ruido sordo a huesos rotos.

88

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Rosalyn fijó la mirada en la forma inmóvil allá abajo. Los dedos se enroscaron alrededor de la soga con dolor; la fuerza de voluntad fue lo único que le evitó caer en el mismo destino. La mano de Derek le sujetó con firmeza la otra muñeca. —La tengo. Un instante después, Derek la alzó por la ventana y la estrechó con fuerza entre sus brazos. Ella cayó sobre su pecho y cerró los ojos. Le temblaba todo el cuerpo. Pasados unos momentos, Derek se alejó de ella con delicadeza para mirarle a los ojos. Tenía una expresión de preocupación claramente grabada en el rostro. —¿Está herida? —le preguntó. —¡Cielo santo! ¿Qué sucede aquí? —gritó una voz. Rosalyn observó por sobre el hombro de Derek y vio a lady Dane de pie en la entrada de la habitación; llevaba suelta la larga cabellera caoba, que fluía sobre los hombros, y la bata le colgaba por detrás, lo que confirmaba que había salido de la cama de un salto. —Un intruso se las ingenió para llegar hasta esta habitación —le explicó Derek. —Dios santo. —Clarisse se apresuró a entrar en la alcoba y se arrodilló junto a Rosalyn. —Estoy bien —la tranquilizó ella. —Ven, querida. —Clarisse insistió con gentileza, dándole golpecitos en la mano—. Vayamos a la cama. Derek alzó a Rosalyn en brazos, ignorando las protestas. Una vez que estuvo colocada, le

dijo:

—Registraré la zona y mandaré llamar al guardia. —Gracias —le dijo Clarisse cuando Derek se retiraba de la habitación; el rostro del hombre era una máscara de mortal seriedad. Rosalyn casi sintió pena por quienquiera que se cruzara con él. ¡Cómo deseaba no haberle permitido nunca a Fancy que la hubiera convencido de venir a Londres! Solo había logrado involucrar a otra persona más en las intenciones maléficas de Calder. —Lo lamento —dijo ella—. No deseaba que nada de esto sucediese. Me iré por la mañana. Clarisse desestimó el comentario con un ademán de la mano. —Tonterías. No te irás a ninguna parte. Si crees que voy a permitir que un simple cretino me asuste, entonces tienes mucho que aprender. —Como si Rosalyn fuese una niña que necesitaba de sus cuidados, la dueña de la casa le acomodó los cojines detrás de la cabeza. —Debería irme a casa —insistió Rosalyn, a sabiendas de que nada la esperaba allí. Sus padres habían fallecido, y el hombre que la había tratado como su propia hija durante cinco años había muerto por enfermedad unas semanas atrás, dejando a Rosalyn sola, sin nadie más que un hermanastro que deseaba verla muerta. —¿A casa? —Se mofó Clarisse—. Eso está fuera de discusión. Piensa con la cabeza, querida. Este es el mejor lugar para ti. Derek es un púgil campeón. No permitirá que nada te suceda. Tampoco yo. —Pero si algo te sucediera a ti… —Nada me sucederá. Además, no me viene mal un poco de excitación en esta vida. Ahora asumo que esto fue obra de tu diabólico hermanastro, ¿no es verdad? Rosalyn asintió con un movimiento de cabeza. —No sé cómo me encontró. El señor Kendall fue muy precavido en cuanto a mi seguridad. —Estoy segura de que así fue. Pero los hombres desesperados toman medidas desesperadas. La única salida que tenemos para ponerle fin a todas sus maquinaciones es atrapándolo. —Calder es escurridizo. Siempre está un paso por delante. —Entonces, necesitamos a alguien que esté dos pasos adelante. Alguien mucho más peligroso y despiadado que lo que Calder jamás será.

99

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Derek observó su reflejo en el espejo sobre la repisa de la chimenea en la lujosa sala de Clarisse y vio a un hombre que había avejentado diez años en cuestión de minutos. Una hora antes, había dejado la velada de la familia Duvall, incapaz de soportar la cháchara sin sentido de lady Jane Windermere, su amante ocasional. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que habría tolerado el incesante parloteo de esa mujer acerca de sí misma, a sabiendas de que una vez que la tuviese en la cama, de esa boca saldrían gemidos en lugar del cotorreo. Sin embargo, había notado algo perturbador: una creciente sensación de aburrimiento del sexo apuesto. Y él era un hombre de enormes apetitos carnales, lo que le había otorgado un lugar en el exclusivo club de solteros los Buscadores de Placer. Los otros seis miembros eran sus mejores amigos en el mundo, a quienes confiaría su vida, y viceversa. Pero su incomodidad ahondó más profundo, hasta un nivel que no quería examinar. Una necesidad había comenzado a gestarse en él, un deseo de realizar algo que ningún soltero devoto haría jamás. Sentar cabeza con una sola mujer. Imaginó unos ojos de verde fuego y una cabellera del rubio más pálido que llegaba hasta casi la cintura, como algunas bellas doncellas sacadas de un libro de antaño. Pero lady Rosalyn Carmichael era muy real. La había visto en el preciso instante en que entró en el salón de baile de Clarisse tres semanas atrás en la fiesta de presentación en sociedad de la protegida de Luden, lady Francine. Derek nunca antes había creído en los ángeles, ni en Dios en realidad, pero al ver a Rosalyn se había vuelto creyente. Solo un poder superior podría haber creado algo tan excepcionalmente bello.

Pero fue mucho más que la belleza de esta mujer lo que lo atrajo; fue el toque de tristeza y vulnerabilidad que descubrió en sus ojos. Había sentido un enorme deseo de protegerla —incluso antes de que Lucien le hablara acerca del hermanastro asesino de la muchacha, Calder Wrstcott, un hombre que los puños de Derek deseaban encontrar. Derek observó la soga que había arrancado de la ventana de la habitación de Rosalyn. Si hubiese llegado unos segundos más tarde… No quiso pensar lo que podría haber sucedido. Se preguntó cómo se sentiría Rosalyn en ese momento. ¿Estaba aún asustada? ¿Lo necesitaba? Deseó con desesperación ir a verla, asegurarse de que se encontrase bien. Había estado a punto de sufrir un ataque al corazón cuando vio una pierna curvilínea pasar por sobre el alféizar de la ventana, y luego observó el rubísimo cabello que había imaginado tomar entre sus manos toda la noche. Derek no sabía qué lo había llevado hasta su puerta. No había decidido a conciencia ir hasta la casa de Clarisse después de dejar la velada, pero allí es donde sus pies lo habían llevado. Detrás de él, la puerta de la sala se abrió en silencio y luego se cerró. —Veo que has aprovechado el licor. Derek giró y observó a Clarisse mientras se deslizaba con una gracia sutil sobre el suelo. Era aún una mujer de un atractivo espectacular, y muchos hombres habrían matado por tenerla, pero desde la muerte de su esposo, había elegido quedarse sola. Él estaba agradecido de que hubieran podido ser amigos todos esos años. —¿Me servirías uno para mí? —le preguntó. —Ya lo he hecho —contestó, extendiendo el brazo tras él para tomar la copa. —Siempre has sido un hombre de muchos recursos. Derek señaló la puerta con un movimiento de cabeza. —¿Cómo se encuentra ella? —Dice que está perfectamente bien. Sin embargo, aunque es una muchacha de una fortaleza sorprendente, considerando todo lo que tuvo que vivir, dudo que se encuentre bien en

1100

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

absoluto. No quiere ser una carga para nadie, lo que solo empeora su lucha. Le vendría muy bien un protector, y rápido. —¿Estás sugiriendo que yo asuma ese rol? Clarisse sonrió con recato sobre el borde de la copa. —No estoy sugiriendo nada por el estilo, milord. Derek negó con un movimiento de cabeza. —Siempre has sido una mujer reservada, lady Dane. Demasiado inteligente para el gusto de los hombres que te persiguen con tanto esmero. Clarisse suspiró y se sentó en el sofá. —Me temo que intentará irse. Derek se había preocupado por lo mismo. —¿Dónde podría ir? Clarisse se encogió de hombros. —No lo sé. No tiene a nadie. Su horrible hermano parece ser el único familiar que le queda. ¡Qué terrible es tener que vivir con miedo a la gente que debería protegerte y apreciarte! Pues bien —continuó ella con un suspiro—, debo pensar en algo. Tú has hecho más de lo que te correspondía. Si no hubieses llegado allí en ese momento… —Se estremeció, luego ladeó la cabeza y arrugó el entrecejo—. ¿Por qué, exactamente, estabas tú aquí en la mitad de la noche? —Me sentía inquieto, por lo que fui a dar un paseo. —¿Un paseo, dices? —Una leve sonrisa se dibujó en las comisuras de los labios de Clarisse—. Qué conveniente. Derek, molesto, le clavó la mirada. —Sí. —Pues bien —suspiró ella, poniéndose de pie—. Debo regresar a ver cómo está mi invitada. Y tú debes irte a casa. Si mal no recuerdo, mañana partes hacia Escocia. —Sí. —Él había ido a Inglaterra solo para arreglar el asunto del patrimonio de su madre. Ahora que todo estaba solucionado ya, no tenía razón para quedarse. Excepto por Rosalyn. Algo en ella lo atraía. Nunca se había considerado a sí mismo particularmente heroico, aunque Megan, la muchacha con la que había crecido, no estaría de acuerdo. Los cinco protectores hermanos mayores que ella, sin embargo, no opinaban como Megan. Creían que él debía ser despellejado y colgado de los talones. —¿Te encuentras bien? —le preguntó Clarisse, observándolo con el entrecejo arrugado. —Bien. —Clavó la mirada en el trago—. Quisiera quedarme a pasar la noche en el sofá, asegurarme de que nada más suceda—. Cuando levantó la vista, encontró a Clarisse con una nueva sonrisa en los labios. —Eso sería maravilloso. Me siento mucho más segura sabiendo que estás aquí, como también se sentirá Rosalyn —agregó con intención—. Sin embargo, preferiría que durmieras en una cama, ya que tengo siete libres. ¿Quizás en la habitación junto a la de lady Rosalyn? La tentación sería enorme, pero ¿qué excusa encontraría para rechazar la oferta? —Eso estará bien. Gracias. Derek salió de la habitación tras Clarisse; se decía a sí mismo que solo se quedaría allí hasta la mañana siguiente para asegurarse de que nada más sucediera durante la noche y para ver que Rosalyn se recuperara lo suficiente de la experiencia que le había tocado vivir. Una vez que supiese que ella estaba a salvo y cuidada, se marcharía. Contrataría un protector para ella. Un hombre de la agencia Pinkerton, quizás. También conocía a un guardia de alto rango, quien se había independizado recientemente, un tío excelente con referencias impecables. Cualquiera de los dos iría bien.

1111

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Derek echó una mirada a la puerta cerrada de la habitación de Rosalyn cuando Clarisse abrió la alcoba contigua y le invitó a entrar con un movimiento de cabeza. Al desearle las buenas noches, se preguntó por qué no se sentía cómodo en absoluto con su decisión.

1122

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 22

Rosalyn se irguió de repente en la cama, abrió los ojos súbitamente y un grito se le gestó en la garganta. Miró como loca por toda la habitación, segura de que una mano le había estado cubriendo la boca, y que ese aliento caliente y fétido le había soplado en el cuello. Sin embargo, estaba completamente sola. Lo único que le había rozado era el sol de la mañana que se derramaba a través de las cortinas. Había tenido una pesadilla. Finalmente, había amanecido, pero solo había dormido por intervalos mientras los pensamientos acerca de lo que casi le había sucedido la noche anterior le zumbaban en la mente. Debía hacer algo acerca del apuro en que se encontraba. Y rápido. No se había permitido creer lo lejos que llegaría su hermanastro, pero ahora sabía lo decidido que estaba Calder. No se rendiría hasta lograr su cometido con ella. Contraer matrimonio. Y matarla. Rosalyn se levantó de la cama. Nunca se había sentido tan sola como en ese momento. Atravesó la habitación y se detuvo junto a la ventana para observar la ya bulliciosa calle. Londres, con todos sus misterios y placeres, había resultado ser una grata sorpresa, y parecía que Cornwall existía en otro tiempo y lugar. Una idea comenzó a nacer en la mente de Rosalyn. De seguro, podría perderse en una ciudad de tal magnitud. ¡Vaya, debía de haber infinitos lugares en los que una muchacha podría esconderse! Podría funcionar. Debía funcionar. Se negó a escuchar la vocecita que le recordaba que una dama de buena cuna no viajaba sola y decidió verlo como una aventura. Una historia de proezas que les contaría a sus pequeños hijos en las frías noches de invierno. Se desplomó en el borde de la cama con un suspiro. No tendría niños propios para contarles esas historias. Era infecunda. Estéril. Un virulento caso de escarlatina durante la niñez resultó en que no habría un niñito o niñita que pudiese llamar propio. Pero ese no era el momento de revolcarse en la auto-compasión; necesitaba pensar un plan. Calder se encontraría con algo muy diferente si esperaba que ella fuese un cordero en camino al matadero; tenía intenciones de ganar esa lucha. Rosalyn se apresuró a ponerse el vestido de día y arrastró el baúl fuera del armario, arrojando dentro con prisa las prendas sin el cuidado que había procurado tener cuando las empacó. Arrugó el entrecejo al ver que la tapa no cerraba. —¡Caray! —Se dejó caer sobre la tapa y rebotó, pero fue en vano. Echó una mirada iracunda al baúl, desconcertada. —Pues bien —suspiró—, el vestido de fiesta de gasa deberá irse. No lo necesitaré, de todos modos. Abrió la tapa de un tirón y arrojó el costoso vestido de noche por sobre el hombro, complacida por haber conseguido más espacio libre.

1133

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Dando un saltito, regresó a su posición sobre la tapa, pero el baúl aún se resistía a sus esfuerzos. Resopló, se arrodilló y se inclinó sobre el baúl, con el trasero en el aire y la cabellera colgándole sobre el rostro, mientras forcejeaba con la cerradura. Cuando la puerta se abrió de repente, la sorprendió de tal manera que perdió el precario equilibrio y se desplomó en el suelo mientras metros de delicados volados y encajes amenazaban con asfixiarle. Rosalyn escupió un lazo que se le había metido en la boca y se preparó para cantarle las cuarenta a la criada. Sin embargo, todos los pensamientos de ira se desvanecieron y la mortificación tomó su lugar. Puesto que mirándola desde arriba, estaba la última persona que habría deseado que la viera con la falda amontonada en el cuello y las bragas a la vista. ¡Dios, la falda! Rosalyn se puso de pie de un salto y sacudió la tela indisciplinada hacia abajo mientras la vergüenza le quemaba desde las mejillas hasta la punta de los pies, y observaba con mirada estúpida unas botas perfectamente pulidas que, sin duda, revelarían su humillación si miraba en el brillo espejado. No sabía qué era peor: casi ser secuestrada, o ser vista con el trasero arriba en el suelo por el hombre más maravilloso que el Señor había puesto sobre la Tierra. —¿Miladi? —El brazo extendido de Derek apareció en el ángulo de visión de Rosalyn, y el primer impulso que sintió fue alejarlo de una cachetada. Si a la grosera criatura se le hubiera ocurrido golpear a la puerta, no la habría encontrado en su estado actual. Con toda la dignidad que logró reunir, se puso de pie. Cuando Rosalyn se encontró con los ojos más que azules de lord Manchester, estuvo a punto de olvidar lo que tenía intenciones de decir. No era normal sentirse tan embobada. Era simplemente un hombre —se comportaba como lo hacían los otros de su sexo, hablaba con los mismos tonos cultos, podía ingeniárselas con un solo par de pantalones en cualquier ocasión, y no poseía ninguna cualidad en especial que ella pudiese discernir. Sin embargo… No era como ningún otro hombre que hubiese conocido antes. Era el que podía cumplir sus fantasías, hacer realidad los acalorados y sensuales sueños que la atormentaban noche tras noche agitada. —Perdóneme por mi inexcusable violación a las normas de etiqueta, miladi —dijo él, aunque el tono de voz y la actitud implicaban que entraría sin llamar de nuevo, si le entraba en gana—. Me temo que no pude controlar mi preocupación por su seguridad. Rosalyn levantó la mirada. —¿Mi seguridad? ¡Qué ironía! Considerando que casi me provoca una apoplejía con tal irrupción inesperada. —Por favor, acepte mis disculpas. Escuché varios golpes cuando me vestía. —¿Cuando se vestía? —Rosalyn arrugó el entrecejo. ¿Por qué habría de estar vistiéndose? Luego, le azotó un terrible pensamiento. ¿Había dormido él con lady Dane? Clarisse era una mujer hermosa. Los hombres la adoraban. Quizás, Derek también. —Sí, me quedé aquí a pasar la noche. Estuve en la habitación contigua. La habitación de Clarisse estaba al final del pasillo. —¿Por qué? —preguntó ella. —Quería asegurarme de que durmiese en paz. —La voz de Derek estaba cargada de una extraña calidez. Rosalyn parpadeó. —Ah. —Claro, «ah». Se había quedado por ella. Era un gesto casi insoportablemente dulce, y ella sintió un deseo de lo más extraño: ponerse en puntillas de pie y besarlo en la mejilla. Tuvo que desviar la mirada para poner una distancia segura entre ellos.

1144

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

¿La habría escuchado dar vueltas en la cama durante toda la noche? ¿Qué habría sucedido si ella hubiese salido corriendo de allí a los gritos y se hubiera precipitado directamente hasta él vestida con nada más que el camisón? ¿Pensaría que estaba loca? ¿O la abrazaría fuerte y susurraría palabras tranquilizadoras al oído? De algún modo, supo que lo haría. Ella se derretiría, sin duda, y luego, llevaría adelante sus deseos, lo arrastraría de regreso a la habitación tirándole de la solapa de la camisa y lo llevaría hasta la cama y lo ubicaría sobre su cuerpo. Él le espolvorearía cálidos besos por el cuello mientras la mano viajaba hacia arriba, desde la pantorrilla, sobre el muslo, y entre las piernas. Y, oh… sí, la tocaría allí, le rozaría la húmeda grieta con un dedo y se abriría camino, le acariciaría la cima hinchada, llevándola sin esfuerzo hasta el éxtasis. —¿Se encuentra bien, miladi? La voz de Derek la trajo al presente de un tirón. Con un abrupto movimiento, quitó la vista de él, con las mejillas de color escarlata. —Perfectamente bien —respondió sin aliento, apoyando una mano en el pecho mientras el corazón le golpeaba como el martillo de un hojalatero. ¡Cómo deseaba poder volver el tiempo atrás para poder estar de pie junto a la ventana, bañada por la luz del sol matutino, viéndose inocente y serena en lugar de alborotada y desenfrenada por los pensamientos lujuriosos! Como era habitual, Derek estaba ataviado a la perfección, siempre el lord inglés y el terrateniente de las tierras altas de Escocia, un hombre que impartía órdenes y que, indudablemente, no conocía ningún temor. Lo cual no era una sorpresa, con esa contextura alta y fuerte. Si el hombre tenía treinta gramos de grasa, Rosalyn desafiaría a cualquiera a encontrarlos. —¿Miladi? Rosalyn dejó de inspeccionarle y levantó la cabeza sobresaltada. Sintió ese maldito calor florecerle en las mejillas. Él debía pensar que estaba completamente loca. Si ella hubiese sabido que, en realidad, Derek estaba pensando que era la más maravillosa criatura que había conocido en sus treinta y un años de vida, sus preocupaciones se habrían disipado. Él nunca había visto antes una cabellera así: eran como hilos de oro, ahora enmarañados por haberse caído del baúl y hechos un halo alrededor de la cabeza; el sol le iluminaba desde atrás, y le traía a la memoria una imagen en un vitral de colores que le había cautivado cuando era niño.

El vitral estaba colocado sobre el altar de la capilla en Glen Cairn, que estaba situada a lo alto de un peñasco en la propiedad del castillo Gray. La obra de vidrio trabajado había provenido de un maestro artesano en Bélgica y se la había cuidado como si se tratara del mismo Santo Grial. Derek había observado cómo la pesada pieza de vidrio, con su caleidoscopio de colores, era levantada en el aire y ubicada con gentileza en su puesto, encajando en el lugar como si siempre hubiese pertenecido allí. Mucho después de que su padre y los trabajadores se hubieron ido, Derek aún permanecía de pie mirando a la mujer grabada por siempre en el cristal. Tenía la cabeza ladeada sutilmente sobre un hombro de porcelana, el cabello rubio le fluía por la espalda como un río de oro. El sol, en un ángulo superior del marco, brillaba sobre ella; el inflado vestido blanco brillaba con una luz tenue al ella desplegar las alas para atrapar la calidez del sol. El perfil de la mujer era tan perfecto como una moneda griega; sin embargo, una ínfima sonrisa traviesa le incitaba los labios. Era un ángel con un costado pícaro, enviado desde los cielos para traer luz en la oscuridad. Derek había siempre encontrado consuelo con ella cuando sus padres discutían, como lo hacían a menudo cuando era niño, y ella le había dado fortaleza durante los conflictos entre los clanes, conflictos que parecían no tener fin. Esa era justamente la razón de su apresurado viaje a

1155

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Londres: para arreglar el asunto de la propiedad de su madre y olvidarse de Inglaterra para siempre. Su lealtad con Escocia había sido cuestionada desde el mismo momento de su nacimiento puesto que su madre era una dama inglesa. Ahora que él gobernaba el clan, tenía que demostrarles, de una vez por todas, dónde estaba su lealtad. —¿Milord? —Rosalyn preguntó con vacilación, preguntándose qué pensamientos atravesaban la mente de Derek, ya que tenía la mirada clavada con ferocidad en ella. Ser el único foco de toda esa firme atención era desconcertante. La observó durante un brevísimo instante más y luego, abruptamente, fijó la vista en sus pies y cerró la puerta de la habitación, dejándolos aislados del resto del mundo. Rosalyn sintió la boca seca, y el corazón le latía como las alas de un colibrí. Estaba completamente sola con él, a casi dos metros como mínimo de una gloriosa virilidad que ni siquiera una santa podría ignorar. Rosalyn levantó la mirada. —Supongo que desea hablar conmigo en privado, ¿no es verdad, milord? —Derek. —Apoyó un hombro sobre el pilar de la cama—. No habrá formalidades entre nosotros. Él había dicho eso antes, justo después de que ella lo había besado descaradamente en el jardín de la familia Senhaven, detrás de un rosal crecido por demás cuya exuberante fragancia la recordaría cada noche en sus sueños, junto con el sabor y la textura de los labios de Derek, donde la mirada se le volvía a posar una y otra vez. —Debemos discutir acerca del visitante de ayer por la noche. —¿Qué debemos discutir? Como puedes ver, estoy perfectamente bien. —No lograría nada bueno preocupando a otra persona. Ya había tomado la decisión y se mantendría firme. Derek la recorrió lentamente con la mirada, lo que le provocó un calor inesperado en esos lugares. —No estoy seguro. Quizás debería comprobarlo. El corazón de Rosalyn dio un vuelco mientras intentaba encontrar la voz para responder. —Aprecio mucho tu diligencia, sin embargo… —¿Vas a algún lado? —interrumpió él, desviando la mirada hacia el baúl, donde un par de calzones de encaje se derramaba hacia afuera con la tapa abierta. Rosalyn se apresuró a guardarlos dentro y rogó que el rostro no le delate la mortificación que sentía. Lo miró a los ojos y contestó:

—Tengo intenciones de hacer un viaje. Él arqueó una ceja negra. —¿De verdad? ¿Ya dónde habías planeado ir? Rosalyn arrugó el entrecejo. No le complacía el dejo de diversión que le iluminaba la mirada, lo que indicaba que él sabía que ella no tenía ningún lugar dónde ir. —No lo sé con exactitud. Pero no debes preocuparte. Tengo varias ideas. —¿Como por ejemplo…? —contestó presuroso, acercándose tanto que ella pudo notar cuan perfectamente afeitado estaba, aunque de seguro una sombra le oscurecería la barbilla al anochecer. Había algo enigmático en él. Una cualidad que ella no podía describir. ¿Peligroso, quizás? Sin embargo, eso parecía inadecuado. Tal vez, era su aire agitado. Le recordaba a un tigre enjaulado, y cuando ella estaba con él, se sentía como una tigresa. Rosalyn se sobresaltó cuando una mano gentil la tomó de la quijada. Había una extraña expresión tierna en el rostro de Derek. —Nadie va a lastimarte —le murmuró—. No lo permitiré. —La sostuvo así durante un momento, luego, quitó la mano, arrugó el entrecejo y la voz se le volvió brusca—. Recoge todo lo que necesites, luego, nos reuniremos en la planta baja.

1166

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Se encaminó hacia la puerta, pero la pregunta de Rosalyn le detuvo en el umbral. —¿Dónde vamos? La miró por sobre el hombro. —A Escocia. —¿A Escocia? Debes estar confundido. No puedo ir a Escocia. —Según parece, no tienes otra opción. —Salió de la habitación. Rosalyn se encaminó tras él, pero Clarisse apareció de repente y le tomó del brazo. —No lo contradigas, querida. Obtendrá lo que desea. Siempre lo hace. Rosalyn permaneció inmóvil, confundida. —No puedo ir a Escocia. ¿En qué está pensando? —En tu seguridad. —¡Si apenas lo conozco! —No por lo que pude ver. Hay suficiente calor entre ustedes dos como para encender esta casa en llamas. Desde tu llegada a Londres, has pasado más tiempo con Derek que con cualquiera de los otros hombres que han intentado con desesperación captar tu atención; lo que, en caso de que no lo hayas notado, se ha visto bastante reducido al estar Derek a tu lado todo el tiempo. Se ha corrido la voz de que ya has sido reclamada, mi querida. Rosalyn respiró profundo. Eso era lo que ella había temido. Se sentía atraída por él de una manera inquietante, pero no podía permitir que eso le empañe el juicio ni que lo ponga a Derek en peligro. —No puedo ir. ¿No lo ves? No involucraré a nadie más en mi problema. Clarisse apoyó una mano sobre el hombro de Rosalyn y la hizo girar. —Si hay alguien quien me hace sentir segura de confiarle tu cuidado, esa persona es Derek. No permitirá que nada te suceda. Encontrará a tu hermanastro y terminará con sus maquinaciones. Puedes tomar este viaje como una nueva experiencia. Las Tierras Altas escocesas son realmente hermosas en esta época del año. La sensación de verse atrapada presionaba a Rosalyn. —Es un hombre soltero, y yo soy una dama soltera. Eso descarta la posibilidad de viajar juntos. —¿Crees que Derek habría propuesto semejante invitación sin estar preparado para proveerte de una carabina apropiada? —¿Una invitación? —Rosalyn carraspeó —. Se oyó más como una orden para mí. —Derek nunca ha sido un hombre que acepte un «no» como respuesta —admitió Clarisse encogiéndose de hombros. Una sensación de desesperación se apoderó de Rosalyn al tiempo que caminó hasta el extremo opuesto de la habitación y giró. —Estoy segura que debe de haber otra solución. Algo que se nos está pasando por alto. — Sin embargo, sabía que había agotado todas las posibilidades durante la pasada larga noche de insomnio. Era cuestión de ir a Escocia con el señor y rogar que él pueda convencer a Calder de dejarla en paz, o mudarse de un lado a otro, con la esperanza de dejar a su hermanastro detrás, una perspectiva que no le hacía ninguna gracia. Clarisse la tomó de la mano, con compasión en el rostro. —Confía en mí —dijo suavemente—. Necesitas más protección de la que yo puedo darte, como quedó demostrado con el desastre de ayer por la noche. El hogar de Derek es una fortaleza. Cuenta con cientos de hombres a sus órdenes. Ni siquiera un ratón puede escabullirse dentro sin que él lo note. Por favor, mi querida, dime que irás. Ni mi corazón ni mi calma quedarán en paz hasta que sepa que estás a salvo.

1177

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Rosalyn se mordisqueó el extremo del labio, completamente conflictuada. No quería cargar con más preocupaciones a Clarisse. ¿Y en cuanto a Derek? ¿Se daba cuenta él de en qué se estaba metiendo? Calder no se detendría hasta ver concretado su plan. Rosalyn cerró los ojos, agotada hasta la médula por la confusión que su hermanastro estaba sembrando en su vida. Ella parecía moverse en círculos cada vez más pequeños para mantenerse fuera de su alcance, y no podía continuar de ese modo. Con el corazón en los pies, cayó en la cuenta de que tenía que ir. ¿Qué otra opción tenía? Calder la había encontrado, y ni lady Dane ni nadie del personal de la casa estarían a salvo hasta que Rosalyn se hubiese ido. Rosalyn suspiró. —Tienes razón, por supuesto. El señor me ha ofrecido refugio; sería estúpido de mi parte no aceptar tal gesto de bondad. —Por el momento—. Terminaré de empacar mis cosas. Por favor, dile a lord Manchester que bajaré enseguida. Clarisse le dedicó una cálida sonrisa. —Estás tomando la decisión correcta, mi querida. Derek cuidará bien de ti. No dejará que te suceda nada malo. Rosalyn observó a Clarisse marcharse, quien caminaba con paso optimista ahora que creía que el problema se había solucionado. Pero Rosalyn sabía que no era así. Y, al girar para terminar de empacar sus pertenencias, se preguntó quién protegería a Derek mientras él la protegía a ella.

1188

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 33

—¿Has perdido la cabeza, muchacho? ¿En qué estabas pensando cuando permitiste que esta mujer venga al castillo Gray? Y no es cualquier mujer, fíjate, es una inglesa. Será nuestro fin. Recuerda mis palabras. Derek ignoró las tan típicas profecías fatalistas de su tío. Darius, el único hermano sobreviviente de su padre, solía olvidar que Derek ya no era un niño y, por lo tanto, no necesitaba más de su consejo. Concedido; esta vez, su tío probablemente tenía razón. Traer a Rosalyn a su hogar sin duda causaría conmoción, y sumado a la intranquilidad del momento, lo último que necesitaba era otra complicación. El hermanastro no le preocupaba. De hecho, esperaba que el cabrón averiguase dónde estaba ella. Si Calder —ahora lord Westcott— ponía un pie en la propiedad de Derek, el hombre rápidamente quedaría cojo. Derek levantó las manos para evitar que su tío estallara en lágrimas otra vez. —Suficiente, Darius. La muchacha viene con nosotros, y ese es el fin del asunto. —¿Por qué eres tan cabeza dura? ¿Desde cuándo eres del tipo de hombres que se dedican a salvar damiselas en aprietos? Me agradaría saberlo. Si la familia Trelawny se entera de esto, van a pensar que te has venido blando. —¿Y es eso lo que piensas, tío? ¿Que me he vuelto blando? —Por supuesto que no, muchacho —bravuconeó Darius—. Eres duro como los clavos. Pero no puedo evitar preguntarme qué beneficio traerá el tener a esta muchacha inglesa entre nosotros. Recuerdo lo difícil que fue para tu madre, que Dios la tenga en la gloria. Si algún terrateniente escocés había sido inflexible e intransigente, esa persona había sido el padre de Derek. Su madre había sido la personificación misma de una señorita inglesa de buena crianza. Dos personas no podrían haber provenido de dos ámbitos más contradictorios. Derek se había preguntado a menudo qué había visto su madre en William McDougal. Su padre se había parecido mucho más a un bárbaro, con el salvaje y anudado cabello que le llegaba hasta la mitad de la espalda. Si eso no había sido suficiente para espantar a la dócil mujer, entonces los cabos distantes que sobresalían de alrededor del castillo Gray, como espadas que manaban del mismísimo infierno, lo habrían hecho. La mayoría de las personas que iban de visita, rápidamente sentían la necesidad de escapar en la dirección contraria. El hogar de Derek, sobre el extremo más al norte de las Tierras Altas, era lugar que ningún extranjero, menos aun una mujer, quería visitar. El riguroso terreno no había sido lugar para su madre, aunque durante un tiempo, ella había intentado hacer que funcionase. Sus padres se habían amado al principio, pero el amor no pudo detener la pérdida que sintieron cuando notaron que ambos tenían montañas que el otro no podía trepar. En ese momento fue cuando comenzaron las discusiones, y las interminables recriminaciones y la amargura. Cuando su padre había comenzado a prepararlo para que tomase su lugar como señor de sus tierras, su madre ya había regresado a Inglaterra. Entonces Derek se

1199

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

había visto forzado a viajar de ida y vuelta entre dos hogares, y obligado constantemente a elegir entre sus padres y sus países. Para complacer a su madre, había adoptado el altivo título inglés y apellido, pero su vida estaba en Escocia. Amaba la belleza feroz: el intransigente paisaje, los prístinos cielos, el riguroso clima que podía lograr que a un hombre le repiqueteen los huesos. ¿Qué vería Rosalyn? ¿Pensaría que su país era un lugar inhóspito y desagradable? ¿O lo vería como lo veía él? Las preguntas en su mente se desvanecieron cuando la puerta principal de la casa de ciudad de lady Dane se abrió y una visión en un vestido de día de un tono rosado salió al rellano; tenía la barbilla en alto como si la estuviesen conduciendo a la guillotina. Estaba aterrada, pero no lo demostraría. Dios, ella era fascinante. Derek apagó el puro con el tacón de la bota contra el suelo y se alejó del carruaje, aplastando la persistente sensación en la boca del estómago que le cuestionaba qué demonios estaba haciendo. Darius tenía razón. No era parte de su naturaleza preocuparse por los problemas ajenos; ya tenía suficiente con los propios. Podría haber conseguido otros medios para protegerla. No había tenido necesidad de involucrarse directamente. Había mucha gente que le debía favores, pero ni siquiera había considerado pedirles ayuda. A esas alturas, podría haber estado en camino de regreso a su hogar, en lugar de estar subiendo las escaleras para tomar la mano de Rosalyn, que temblaba levemente debajo de la punta de sus dedos. Sin embargo, con ese simple roce y la mirada de confianza en los hermosos ojos azules, Derek supo que debía hacer eso por ella. No tenía sentido luchar contra eso. —¿Estás lista? —preguntó con gentileza. Rosalyn vaciló. La incertidumbre le corrió a caudales por el cuerpo antes de que sus preocupaciones fueran aplacadas por la mirada en los ojos de Derek. Había algo en esa postura relajada y esa leve sonrisa que le indicó que no había nada que temer, a excepción de la inusual atracción que sentía por él. Si no tenía cuidado, acabaría haciendo algo muy imprudente, como besarlo de nuevo. Inspiró profundo y contestó:

—Sí, estoy lista, milord. Y gracias por tu ayuda en esta… fastidiosa situación. —¿Vamos? —Sí, por supuesto. —Rosalyn giró hacia Clarisse—. Gracias por todo lo que has hecho. —Espero que te encuentres más feliz cuando el viaje llegue a su fin, mi querida. Sabes que estaré aquí para ayudarte con lo que necesites, cuando lo necesites. Rosalyn la tomó de la mano. —No sé qué habría hecho sin ti. Nunca te habría conocido si no hubiese puesto un pie fuera de Cornwall. —Tampoco yo. Y eso habría sido una terrible pena. —Dio unas palmaditas sobre la mano de Rosalyn y dijo con gentileza—: Ahora ve. Estoy segura de que el señor está deseoso de ganar un poco de terreno antes de que llegue la noche. —Si ves a Fancy… —No te preocupes, mi querida. Me aseguraré de que ella sepa que estás a salvo. —Se inclinó hacia adelante para suspirarle—: Confía en Derek. Él te cuidará en todo esto. Rosalyn intentó sonreír. —Lo haré. Clarisse enderezó la postura. —Pues bien. Ahora vayan. —Con el brillo de las lágrimas en los ojos, la anfitriona la hizo entrar al carruaje.

2200

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Rosalyn continuó mirando hacia atrás hasta que Clarisse no fue más que un pequeño punto en la distancia. Se le cerró la garganta y se sintió al borde del llanto, pero llorar no solucionaría nada, y sin duda, Derek creería que ella era un sumo fastidio. —La volverás a ver. Derek estaba sentado frente a ella; se veía increíblemente grande con su forma alta y amplia que ocupaba la mayor parte del asiento, y las extensas piernas que le rozaban las faldas cada vez que el carruaje pasaba por un bache. —Lo sé —contestó Rosalyn con odio por el temblor que tenía en la voz—. ¿Será un largo

viaje? —Dos días aproximadamente. Ella no había anticipado un viaje tan largo. Recordó que le habían prometido una chaperona apropiada, quien no parecía estar con ellos. Como si pudiese leerle los pensamientos, Derek comentó:

—Una vez que lleguemos al castillo Gray, una de las doncellas se encargará de lo que necesites. Estaría sin compañía de otra mujer por dos días; dos días de abrumante tentación. Se le

retorcía el estómago y se le humedecían las palmas de las manos cada vez que Derek se le acercaba; y durante dos días, él estaría muy cerca. Cielo santo. —¿Seremos solo nosotros dos? —No, mi tío viene con nosotros. Odia cualquier medio de transporte que no sea su propio caballo, sin importar lo extenuante que sea el viaje. Rosalyn deseaba poder tener ella misma la libertad de cabalgar: siempre lograba tranquilizarla.

Se sobresaltó cuando Derek la tomó de la mano derecha.

—¿Qué te has hecho aquí? —Con gentileza, rozó con el dedo un lugar lastimado en la palma de la mano de ella. —No es nada. —Intentó liberar la mano, pero él no la soltaba—. Es realmente una tontería. Estaba practicando paradas y estocadas en mi habitación ayer por la noche. —¿Practicas esgrima? Rosalyn había tenido la esperanza de que él aceptase la respuesta que le dio y pasase a otro

tema.

—No, exactamente. En verdad, estaba practicando con un atizador. —Ya veo —dijo él, conteniendo una sonrisa—. ¿Y practicas esta clase de esgrima con atizador a menudo? Rosalyn lo miró, iracunda. —No. Pero debo tener algún método de defensa contra mi hermanastro.

Derek perdió la batalla que mantenía para contener la sonrisa, lo que provocó en ella un deseo de arrojarle algo. El hombre podía ser realmente exasperante.

La irritación de Rosalyn se desvió al tiempo que el pulgar de él comenzó a acariciarle hacia

adelante y atrás sobre el dorso de la mano, por lo que sintió un cosquilleo en la piel antes de que

los dedos de él lentamente se alejaran de ella.

Podía aún sentir la caricia cuando él se volvió a reclinar sobre el cojín de terciopelo y se obligó a prestar atención al paisaje que se sucedía por la ventana.

A medida que el carruaje se alejaba de Londres, las concurridas calles y el revoltijo de

edificaciones comenzaron a menguar para convertirse en la salvaje belleza de la campiña, creándole un sentimiento de añoranza nostálgica en su interior. Extrañaba Meadows Cove, donde ella y Fancy habían pasado muchas tardes de pereza observando los botes pesqueros que subían y bajaban en la marea azotada por el viento, sentadas a la sombra de un nudoso roble con los dedos de los pies enterrados en la fresca arena, mirando los andarríos moviéndose precipitadamente entre los esbeltos juncos mientras tramaban

2211

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

magníficas historias acerca de tesoros enterrados en las cuevas que estaban salpicadas a lo largo de los acantilados. Estos cuentos inventados estaban repletos de apuestos bucaneros navegando hasta la costa,

o de crueles piratas buscando refugiarse de los hombres de ley con la intención de terminar con el

comercio ilegal. Imágenes de piratas ocupaban la mente de Rosalyn mientras los ojos lentamente comenzaron a cerrársele, piratas de ojos más azules que el mar Caribe, y cabello negro como la medianoche. Piratas escoceses que llevaban faldas típicas del país, y no mucho más. Derek observó a Rosalyn luchar contra su propio agotamiento hasta que finalmente cayó profundamente dormida. No podía recordar la última vez que una mujer le había capturado la completa atención. O lo había excitado. Sin embargo, era ahora su protector, y no podía aprovecharse de ella a so capa de ayudarle. Incluso el más licencioso de sus amigos Buscadores de Placer, Hunter Manning, no haría cosa tal. Había muchas razones por las cuales Hunter era apodado «el Infame»; la habilidad que

poseía de escabullirse dentro y fuera de la alcoba de cualquier mujer sin ser descubierto era la más simple de todas. Derek dudaba que existiese mujer viva que pudiera lograr que el bribón cayera en la trampa. Era muy versado en los trucos que podían endilgar a un hombre el estado de matrimonio, mas eso nunca impedía que las mujeres se le tirasen encima. Derek no podía entender cuál era el atractivo de su amigo. El tío era cínico y, como regla general, no confiaba en las mujeres; las consideraba lobos en prendas elegantes. Dudaba que existiese una mujer que dejara pasmado a su amigo, pero deseaba estar cerca si tal cosa llegara a suceder. Sin embargo, ninguno de ellos se aventajaría de una mujer vulnerable. Y, a pesar del rostro valeroso de Rosalyn, era una muchacha asustada en una situación insostenible. Derek estaba impresionado al ver lo bien que había soportado ella todo eso. Otra mujer se habría atrincherado en su habitación en continuo soponcio, dando respingos ante cada ruido. Rosalyn, no. Derek sonrió al recordar la vista que encontró cuando arremetió en la alcoba de Rosalyn, casi esperando encontrarla envuelta en una escaramuza con otro secuestrador. La rubia cabellera larga hasta la cintura se balanceaba como un péndulo contra la esbelta espalda al tiempo que ella rebotaba hacia arriba y abajo sobre la tapa del baúl, retazos de prendas

y bragas volados derramándose por el borde. Pero lo que había dejado a Derek mudo por un momento fue la visión de ella al ponerse de pie, el hermoso rostro ruborizado por el esfuerzo y el cuerpo cubierto por un recatado pero revelador y ceñido vestido de día. La imagen casi le detuvo los latidos del corazón. Había querido tomarle entre sus brazos y hacerle todas aquellas cosas que le habían estado torturando la mente desde que posó la vista en ella: tocarle todo el cuerpo, hacerla gemir de deseo. Pero ella era una dama, dulce, inocente, e ignorante de las costumbres de los hombres. Sin embargo, ¡cuánto deseaba poder enseñarle! Quizás lo que era aun más sorprendente en ella era que no tenía idea de lo gloriosa que se veía. Si le preguntaba si se creía hermosa, ella se mofaría de él, pero ningún hombre que posase la vista en ella lo pasaría por alto. Sin embargo, durante las pocas semanas desde que Derek la había conocido, se había encontrado a sí mismo observando más allá de la belleza exterior y disfrutando más lo que había en el interior de Rosalyn: el simple placer de su compañía, la cadencia musical de su risa, su dulce inteligencia. Le había embelesado, y aún continuaba así. El carruaje comenzó a aminorar la marcha y Derek miró por la ventana. Notó que había pasado mucho tiempo. El sol había comenzado a transformarse en una feroz bola roja que se

2222

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

hundía en el horizonte al tiempo que se detuvieron frente a la George and Dragon, una pintoresca posada con un amplio suministro de cerveza y un suministro más amplio aún de camareras. Se había detenido allí con frecuencia a lo largo de los años, y mientras que la idea de tener una cálida mujer en la cama le resultaba tentadora, la descartó. —Hemos llegado, milord —bramó el conductor al abrir la portezuela del carruaje de par en

par.

—Silencio, hombre —gruñó Derek, señalando a la dormida Rosalyn con un movimiento de cabeza. Sabía que no había descansado demasiado la noche anterior; la había escuchado caminar de aquí para allá en la habitación. Casi una media docena de veces se había encontrado a

sí mismo encaminándose hacia la puerta; no quería otra cosa que abrazarla y decirle que todo iba

a ir bien. —Perdón, mi señor —dijo el conductor en un susurro—. ¿Quiere que vaya en busca de un hombre que cargue a la dama hasta su habitación? —¿Y yo qué soy? —dijo Derek entre dientes con frialdad, pasando junto al conductor con Rosalyn acurrucada en sus brazos contra el pecho. Arrugó el entrecejo al notar lo insustancial que se sentía. No se le había pasado por alto el

hecho de que había adelgazado; debía suministrarle un par de las buenas comidas de su cocinero. Ingresó a la taberna y fue recibido sin demora por el propietario, quien sonreía ampliamente al caminar balanceándose hacia él. —Ah, mi señor. Qué agradable es tenerle de regreso. ¿Se hospedará durante mucho

tiempo?

—Solo esta noche.

La desilusión fue evidente en el rostro del propietario.

—¿Y quién es la adorable señorita?

A pesar de que Derek debería de haber estado preparado para contestar esa pregunta,

sorprendentemente, no lo estuvo.

—Es una pariente que necesita un lugar tranquilo para descansar.

El posadero se rascó la barbilla y entrecerró los ojos observando a Rosalyn.

—¿Una pariente, ha dicho usted? —El hecho de que ella no se parecía a Derek en lo absoluto no pasó desapercibido ante la mirada del grueso hombre, pero sabiamente se guardó esos pensamientos para sí—. Tengo el sitio perfecto para su, eh… —Prima —completó Derek sin inmutarse. —Por supuesto. Su prima. ¿Necesitará, entonces, dos habitaciones separadas? —Sí, dos habitaciones. El posadero asintió con un movimiento de cabeza y rodó escaleras arriba. Al final del pasillo, abrió ampliamente una puerta. —Aquí tiene. —Con un ademán de la mano, invitó a Derek a entrar—. La mejor habitación de la casa. «La mejor habitación» pareció ser una descripción inexacta cuando Derek recorrió el lugar con la vista. Estaba amueblado con lo mínimo indispensable. Quería que Rosalyn estuviese

cómoda. —Quisiera una tina y agua caliente en la habitación. Mi prima quizás desee tomar un baño en caso de que despierte. —Ya mismo me encargaré de eso, señor. Su habitación está justo aquí. —Indicó con un

gesto la puerta contigua, y Derek no estuvo seguro de si debía agradecerle por facilitarle las cosas

o estrangularlo por ponerle la tentación al alcance de la mano—. ¿Desea algo más? —Comida —contestó Derek—. Y mucha.

El hombre asintió obedientemente y se retiró de la habitación.

2233

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Derek ubicó a Rosalyn sobre la cama y dio un paso atrás para observarle. Ella giró de lado y deslizó las esbeltas manos bajo la mejilla como apoyo. Un débil rayo de luz le bañaba el rostro con un brillo dorado, resaltando la pálida belleza y haciéndole parecer etérea. Los pensamientos de Derek no eran ni por poco tan celestiales. Imaginaba quitarle las prendas del cuerpo con lentitud, despertarle con los labios sobre su boca, mirarle a los inocentes ojos azules mientras las manos le tomaban de los hermosos pechos, tan redondeados y formados, una munificencia en un marco tan pequeño. Ella no quitaría la mirada de él mientras con la mano guiaba el pene dentro del ceñido pasaje, gimiendo por lo bajo mientras él se deslizaba sensualmente en su interior, haciendo una pausa gentil ante su feminidad antes de atravesarla y reclamarla para sí, con el cuerpo en ruinas por la agonía del disfrute. Se mecería hacia adentro y fuera de ella, se zambulliría hasta la empuñadura y con cuidado se retiraría completo, una y otra vez, manteniéndose a raya al sentir los signos de la pasión de Rosalyn, la cueva cálida y húmeda ciñéndose a su alrededor, apretujándole, incitándole hacia adentro, con las uñas clavadas en su espalda mientras le insistía para que continúe hasta llegar al orgasmo, el grito de placer sonando en los oídos de Derek. Respiró profundo, los pantalones moldeaban la erección que lindaba con el dolor mientras abría la ventana para enfriar el acalorado cuerpo. Los pensamientos se volvían más y más indecentes a diario, el cuerpo más lujurioso. Rosalyn era una dama y debía ser tratada como tal. No quería asustarla. Dirigió la mirada hacia la figura durmiente y pensó que parecía un ángel. Derek se preguntó si dormiría siempre tan profundamente o el puro agotamiento se había apoderado de ella. Reprimió el deseo infantil de despertarla, aunque más no sea por otra razón que para conversar con ella. Ella siempre le divertía con sus historias. Un golpe a la puerta lo obligó a volver en sí a tiempo para ver a su tío asomar la cabeza. —La muchacha está durmiendo, veo. —Tus poderes de observación son sorprendentes —dijo Derek arrastrando las palabras mientras se quitaba los gemelos y los guardaba en el bolsillo. —No te pongas insidioso, muchacho. Solo quería asegurarme de que estuviese bien. —La próxima vez, espera a que te contesten después de golpear. Ella podría haber estado desvistiéndose. La comisura del labio de Darius dibujó una sonrisa. —Y sospecho que habría sido una atractiva vista, claro que sí. —La cara de pocos amigos de Derek no disuadió al tío—. Ya que estamos hablando del tema, ¿por qué estás aquí? ¿Tu bella «prima» necesita una doncella para que le cepille la rubia cabellera? ¡Qué imagen! El poderoso terrateniente jugando a ser la doncella de la dama. —Estás agotando mi paciencia, tío. Darius se mofó de él. —Muchacho, muy ladrador eres tú. Si los muchachos Trelawny supiesen lo blando que eres, sospecho que ya te habrían destronado a estas alturas. La única persona que consideraba a Derek como remotamente blando era su tío, y era solo porque Derek lo había tratado con el respeto que le debía por la edad. —Les invito a intentarlo —contestó Derek—. Ya que te sientes tan sabio, quizás puedas arrojar un poco de luz acerca de quién está detrás de las cosas extrañas que han estado sucediendo últimamente. Darius se enderezó. Las pobladas cejas se unieron en un arrugado y profundo entrecejo. —¿Insinúas que soy un traidor? Derek no tenía más paciencia para soportar los interminables dramas del tío y contestó con brusquedad:

—Es una pregunta directa. Tienes tanto que ganar con mi muerte como cualquier otro.

2244

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

La mano del tío apretó fuerte el picaporte. —Haré de cuenta que no escuché la pregunta, entonces. Y que tu amado padre, que en paz descanse, nunca sepa lo que me has preguntado hoy. Que tengas buenas noches.

2255

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 44

Derek se pasó una mano por el cabello y maldijo por lo bajo. ¡Qué maldito día! Primero, secuestradores, ahora eso. No quería ni pensar qué podría suceder a continuación. No estaba seguro de qué le había motivado a acusar a Darius de ser desleal. Su tío siempre había estado a su lado. Había sido su mentor cuando su propio padre había estado demasiado ocupado, y le había ayudado a superar algunos de los peores momentos de su vida. Cuando Derek finalmente había aceptado cumplir su deber legítimo y había tomado el lugar de su padre como señor de sus tierras, Darius había cacareado de alegría como un gallo. Debería disculparse en la mañana. Ahora, sin embargo, debía ocuparse de su propia carga. Derek giró hacia la cama, esperando encontrar a Rosalyn aún dormida, pero descubrió un par de somnolientos ojos azules clavados en él con curiosidad. —¿Dónde estamos? —murmuró ella, con el cabello enroscado sobre la cabeza como una nube dorada, lo que provocó en Derek el deseo de acariciarlo con los dedos. No había sido capaz de contenerse de enredar un mechón en la mano cuando la había llevado en brazos hacia el piso superior. —Estamos en una hostería en las afueras del límite norte. Ella se sentó contra los cojines. —¿Te detuviste por mí? —No, en absoluto. —Aunque, en verdad, ella había sido su principal preocupación. Estaba acostumbrado a recorrer largas distancias sin detenerse, pero el viaje habría afectado a Rosalyn en gran medida. Parecía ser tan frágil, y él se preguntaba cómo lo sobrellevaría. Quizás debería haberle llevado a un lugar diferente, o haberle dejado con otra persona. No había pensado con claridad. Había otros asuntos que considerar además de la reacción de su clan. Estaba Megan, también. Conocía a Megan desde que eran niños, y aunque pertenecían a clanes opuestos, los conflictos no les habían afectado. Oh, él había intentado mostrarse severo con ella. Un niño de ocho años fingiendo ser un poderoso líder de guerra, y ella con sus cinco años le perseguía por todos lados, pensando que él era ridículo pero que, no obstante, valía la pena el esfuerzo. A medida que transcurrieron los años, él había llegado a valorar su amistad. ¿Qué pensaría ella de esa nueva invitada de la casa? —En general, hacemos aquí una parada antes de continuar —dijo él—. El terreno a lo largo de la línea de la costa puede llegar a ser peligroso después del anochecer, y hay que considerar a los clanes limítrofes. Rosalyn arrugó el entrecejo levemente. —¿Clanes limítrofes? Derek miró por la ventana hacia la noche despejada, la luna en la cima de las ramas de los árboles bañados en sombras. —Existen cuatro clanes limítrofes, y monitorean con ferocidad quién va y quién viene, especialmente si huelen de que se trata de ingleses. —¿Qué diferencia hay si la persona es inglesa? La discordia entre Inglaterra y Escocia no existe más.

2266

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Existe en las mentes de algunos escoceses perseverantes. Tenemos buena memoria y tenemos inclinación a aferramos a nuestras costumbres. Los escoceses podemos ser un grupo desconfiado por naturaleza. —Has dicho «tenemos». ¿Te consideras escocés, entonces? Te pareces mucho más a un inglés. Tu acento es impecable. Derek giró hacia ella y se reclinó con el hombro contra el muro, algo en las palabras de Rosalyn tocó una llaga en él. —A pesar de mi exterior caballeroso, soy uno de esos escoceses bárbaros. El goce en los ojos de Rosalyn se apagó un poco, y Derek se maldijo a sí mismo, sabiendo que ella no le había estado juzgando como tantos otros, sino que simplemente le preguntaba por curiosidad. —Hablo así porque me facilita las cosas —dijo él— y prefiero tener la menor cantidad de problemas posible. —Comprendo. —Desvió la mirada de él y comenzó a juguetear con la manga del vestido. —¿Y qué es lo que crees comprender? Ella le echó una rápida mirada de soslayo. —Que tú crees que yo te causaré problemas. No tienes por qué preocuparte, soy perfectamente capaz de cuidarme sola. Por lo que si deseas viajar si mí, estaré bien. Derek se contuvo antes de sonreír. La muchacha no solo era valiente sino testaruda también, y quizás tenía una saludable dosis de carácter, lo que podría llegar a ser interesante. —¿Siempre sacas conclusiones apresuradas? —le preguntó. Se alejó del muro y se detuvo junto al borde de la cama, observando cómo los ojos de Rosalyn se abrían más y más con cada paso que daba. Le acarició la mejilla con un dedo, lo que dejó a Rosalyn incapaz de tener un solo pensamiento coherente mientras él surgía ante ella, grande y fuerte. En la débil luz, con pelos de barba manchándole la quijada y el cabello levemente revuelto, Rosalyn entendió que su afirmación no había sido en vano. No era el refinado caballero que ella había creído. Simplemente había hecho lo que la sociedad inglesa esperaba de él mientras estaba inmerso allí. Ahora que estaba lejos de Londres, podía ser él mismo, la mera posibilidad de que ocurriese le provocó un escalofrío. Había creído que él sería el hombre cortés y educado que había sido hasta ese momento, aunque un poco distante. Ahora, al mirarle a los ojos, vio allí un fuego contenido, y todo en su interior respondió a eso. Se humedeció los labios. —Si me he equivocado, por favor, perdóname. Simplemente no deseo ser una carga. —¿Te he hecho sentir como si lo fueras? —le preguntó vertiéndole la voz sobre ella como

seda.

—No, pero… —¿Confías en mí? —La encontró con la mirada, y todas sus preocupaciones desaparecieron. Quizás no lo comprendía del todo, pero sí confiaba en él. Asintió con un movimiento de cabeza. —Pues bien —murmuró él, posando la palma de la mano sobre su mejilla y el dedo pulgar alisándole la piel, lo que provocó en Rosalyn el deseo de cerrar los ojos e inclinar la cabeza para recostarse en la calidez de la mano. El momento se rompió con un golpe a la puerta. Derek bajó la mano antes de girar hacia la puerta y decir con brusquedad:

—Adelante. Un hombre grueso asomó la cabeza. —El baño de la señora está listo, milord. ¿Lo ingresamos? Derek indicó al hombre que entrara con un ademán.

2277

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

El posadero ingresó a la habitación seguido de dos muchachos, con ambos rostros angelicales manchados de suciedad y los pequeños pies descalzos. Rosalyn se compadeció por ellos. Deberían estar en la cama a esa hora, y no acarreando agua para su baño. De seguro, se sentiría divino, pero era innecesario, ya que había tomado un baño esa misma mañana. Desplazó las piernas hasta el borde de la cama, caminó hasta el gabán y tomó el monedero con cuentecillas. Sacó dos monedas y giró para entregar una a cada muchacho, pero una mano en la muñeca la detuvo. Levantó la vista y encontró a Derek arrugándole el entrecejo. —Guarda eso —le dijo con una voz que no dejaba lugar a la réplica. —Pero yo… —Me encargaré del asunto. —Hablaba con voz calma, pero la dura mirada decía algo completamente distinto. Se apartó de ella y condujo a los muchachos y al propietario fuera de la habitación. Permaneció con ellos durante un momento y entablaron una conversación en voz baja antes de que la puerta se cerrase con un chasquido. Estaba ahora sola con él. Otra vez. Volvió a sentir deseo, imágenes de él dándole un baño, o tomando el baño con ella, con un paño húmedo y cálido frotándole sobre los hombros y el pecho… y más abajo. Sin embargo, una mirada le indicó que tomar un baño, con o sin ella, era lo último que él tenía en mente. Su alta figura irradiaba tensión mientras la observaba con los ojos entrecerrados. —Nunca más meterás la mano en tu monedero para nada. ¿Comprendes? Si necesitas algo, acudirás a mí. Rosalyn lo miró fijo, sorprendida por tal vehemencia y audacia. A ella no le faltaba el dinero ni la capacidad de decidir cómo gastaría sus fondos. Esas monedas no le harían más pobre y de seguro, habrían ayudado a esos dos muchachos. —No es posible que te haya entendido correctamente. —Me has entendido correctamente. —A mí nadie me dice lo que tengo que hacer. —Lo he notado. Ahora, ¿necesitas ayuda para desvestirte? El cambio de tema, rápido como un rayo, dejó a Rosalyn momentáneamente desorientada. —¿Perdón? —Debe de haber al menos dos docenas de botones para desabrochar. Nunca entenderé por qué hacen las prendas femeninas tan frustrantes. Pequeñas cuentas de perlas que van desde el cuello hasta tu… —Arrugó el entrecejo—. No tiene ningún maldito sentido. El prospecto de que él le ayudara a desvestirse le resultaba a la vez atractivo y desconcertante. —No sé en qué estás pensando, milord. Si esperas algún tipo de recompensa por tu generosidad, te lo agradeceré, pero nada más. Derek la observó durante un instante, luego echó la cabeza hacia atrás y rió. —¿Crees que estoy intentando seducirte? —Indicó la tina con un ademán—. Simplemente intento asistirte mientras el agua aún está caliente. El hombre era en verdad despreciable. ¿No podría haber expresado sus intenciones desde el principio? —Gracias por el ofrecimiento, pero si eres tan amable de enviarme una doncella, de seguro estaré bien. Él negó con un movimiento de cabeza. —No hay doncellas aquí, me temo. —Debe de haber una. Cualquier mujer servirá, ¿la esposa del propietario, tal vez? —No tiene esposa. —¿Una camarera, entonces? ¿No vas a decirme que no hay ninguna?

2288

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Hay muchas, pero no querrías que ninguna de ellas te ayude. —¿Y por qué dices eso? —Tienen inclinación por robarles a las personas sin que lo noten. Rosalyn se mofó. —El posadero nunca permitiría que suceda una cosa así. Derek enarcó una ceja. —El propietario se queda con la mitad de todo lo que toman. Rosalyn lo miró fijo. —¿Quieres decir que aprueba lo que hacen? —Él insiste sobre eso. ¿Te ha parecido que el hombre era un santo? Rosalyn no había sido nunca una mujer que juzgara a primera vista, pero era verdad que había algo de malvado en el posadero, y tenía algo moderadamente siniestro en los finos labios, y la manera en que la había observado cuando se marchó, le había resultado un poco escalofriante. Le había recordado a la manera en que Calder siempre la miraba. Rosalyn levantó la barbilla. —Si lo que dices es verdad, ¿entonces por qué te hospedas aquí? —Porque el hombre sabe bien que no soy un pichón que pueda desplumar. A pesar de que el tono de voz era calmo, Rosalyn se estremeció. ¿Cómo no lo había notado antes? Él era peligroso. Debería venir con un cartel para advertir a los desprevenidos. —Pues bien —dijo ella con las manos en las caderas—, supongo que deberé ingeniármelas

sola.

Derek se cruzó de brazos sobre el pecho con una media sonrisa diabólica. —¿Estás segura? El corazón de Rosalyn dio un vuelco. —Así es. Él suspiró. —Debo marcharme, entonces. —La manera cansina en que caminó hacia la puerta fue tan cómica que Rosalyn tuvo que reprimir una sonrisa. Derek miró por sobre el hombro al tiempo que tomó el picaporte—. Si no hay nada más que pueda hacer… Rosalyn sintió un extraño descontento al verle partir. —Pues, sí. Hay algo. Él levanta las cejas de tal modo que ella entendió lo que Derek había creído de qué se trataba. Arrugó el entrecejo, y él tuvo el buen tino de mostrar su disgusto. —¿De qué se trata? Rosalyn se mordisqueó el labio inferior. —Puede sonarte extraño, pero… —¿Sí? —Pues, siempre he sentido curiosidad sobre la vida de las mujeres que tienen un empleo. Él se vio confundido. —¿Porqué? —Me agradaría saber qué se siente ganar mi propio dinero. —No desees algo que en realidad no querrías. Los días son largos y el trabajo es desagradable. Cualquiera de ellas daría un ojo de la cara para intercambiar lugares contigo. —He pensando en escribir sobre el tema, ¿sabes? Desde una perspectiva femenina. ¿Has notado alguna vez que todos los artículos periodísticos están escritos desde el punto de vista masculino? Derek rió entre dientes. —Me temo que no es exactamente un concepto nuevo. —Entonces, de seguro es tiempo de un cambio. —¿Y crees que puedes llevar a cabo ese cambio?

2299

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—¿Crees que no puedo? —No tengo ninguna duda de que puedes hacer cualquier cosa que te propongas, pero a lo largo de la historia, las escritoras han sido apedreadas verbalmente. Una mujer como esa debería ser muy fuerte como para sobrevivir a las hondas y las flechas. —Soy mucho más fuerte de lo que parezco. —Rosalyn levantó la barbilla. Esos ojos azul cobalto la evaluaron minuciosa y malvadamente. Una sensación de fuego e indignación creció en ella. —No me refería a la fuerza física, milord. —Sin embargo, debes admitir que no pareces exactamente del tipo fuerte. —¿Y de qué tipo parezco? —¿La verdad? —Por supuesto. —Pareces… mimada. No puedo imaginar que hayas tenido un día de ardua labor en tu

vida.

Rosalyn lo miró fijo, sorprendida y herida por tal apreciación. —¿Mimada? Déjame decirte que nunca he sido mimada en toda mi existencia. Pasé buena parte de mi vida en la costa de Cornwall, que no es un lugar adecuado para mujeres consentidas. —No hay necesidad de que te defiendas ante mí. Has nacido una dama. No espero que conozcas un estilo de vida diferente al que has tenido. No parecía creer que una dama valiera demasiado. Pues bien, debería demostrarle que estaba equivocado. —Soy mucho más capaz de lo que imaginas. —Y estoy deseando que me reveles cada una de tus habilidades. —Tal comentario sonó seductor, y se correspondía con el brillo en la mirada de Derek—. Pero, ¿creo que estabas elogiando las virtudes de las mujeres trabajadoras? —Simplemente estaba diciendo que me agradaría conocer un poco más el estilo de vida diario de esas mujeres. Quizás si alguien expusiese las condiciones en las que se ven forzadas a trabajar, las cosas podrían cambiar. —Es un bello pensamiento, pero no sucederá. —¿Por qué no? —Porque a la gente debería interesarle, y muy pocos lo hacen. —A mí me interesa. De hecho, podría empezar mi investigación con las mujeres de aquí. —No querrías asociarte con este tipo de mujeres en particular. —¿Por qué dices eso? No le temo al robo. —No es el robo lo que me preocupa. Más bien, que atienden a los clientes masculinos. —¿Atienden? —Decir que prestan un servicio, quizás sea más adecuado. La imagen de una mujer de rodillas y un hombre con una mirada carnal inundó la mente de Rosalyn. —Ah. Un rubor le acaloró las mejillas. Derek rió. —Ah, claro que sí. Rosalyn apoyó las manos en las caderas: no lo encontraba divertido. —¿Imagino que conoces los talentos de esas mujeres de primera mano? No estaba segura qué le había llevado a hacer tal pregunta, o por qué la idea de Derek en los brazos de una de las camareras de la taberna le molestaba. El no le pertenecía, como ella tampoco le pertenecía a él. ¡Pero cómo quería hacerlo!

3300

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Derek se inclinó hacia adelante, inquietantemente cerca de su rostro. El cálido aliento le resoplaba sobre el cuello; los labios a un cabello de distancia de su oído. Después, dijo con una voz calma en apariencia:

—La respuesta es no. Nunca he perdido mi tiempo con ninguna de las camareras. ¿Te deja eso más tranquila? —Estoy perfectamente tranquila. —Era el cuerpo el que se sentía extrañamente tenso—. Pero estábamos conversando sobre la situación apremiante de las camareras. Dudo que en verdad quieran robar o… —una sensación de calor le inundó las mejillas— hacer esa otra cosa. —El sexo es una cosa muy natural entre un hombre y una mujer, ¿sabes? Rosalyn rogó que los pensamientos no se le revelasen en el rostro. —Por supuesto. Sin embargo, eso no significa que yo pueda hacer el amor con un hombre sin amarlo. El silencio que sucedió después del comentario cayó sobre ella como gruesas olas, y Rosalyn sospechó que Derek pensaba que ella era provinciana y ridícula. No era tan inocente como para no entender que la gente copulaba solo por placer. Tenía la sospecha de que Derek lo hacía todo el tiempo. No parecía ser un hombre que negara sus necesidades físicas. —Tu compromiso es admirable —dijo él finalmente—. Debes aferrarte a tus convicciones. No deseches lo que tienes para ofrecer; el hombre correcto hará cualquier cosa para tenerte. La intensidad de la mirada de Derek le cortó la respiración. —¿Realmente lo crees? —preguntó con suavidad. —Sí. —Luego, se inclinó y la besó. Rosalyn se sentía arder. Las llamas del deseo le lamían la piel, pidiendo a gritos ser aplacada. Las cosas que un simple beso podía lograr, la exquisita presión que creó cuando inclinó los labios sobre los de ella, suaves gemidos arrancados del fondo de la garganta. Se sintió nerviosa, como una extranjera en su propio cuerpo. Tentativamente, deslizó los brazos sobre los hombros de Derek, siguiendo los lustrosos y musculosos contornos hasta el cuello para enredar los dedos en el grueso y sedoso cabello, como había deseado hacer durante semanas. El dolor que le había comenzado en el pecho se convirtió en un latido sordo entre los muslos, incrementándose con cada caricia de su lengua. Él rompió el contacto, dio un paso hacia atrás, luego otro, como si intentara escapar. Rosalyn estaba agradecida. Era demasiado masculino y hermoso, demasiada tentación. Y, aunque él pudiese sentir deseos de ella, nada bueno podría resultar de eso. —Es tarde —dijo con una voz áspera. —Sí —susurró ella, abrazándose la cintura con los brazos. Sin decir más, caminó hacia la puerta dando largos pasos. La abrió y la cerró sin producir el más mínimo sonido. Se había ido; solo quedó el débil aroma de sándalo para marcar su territorio.

3311

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 55

Derek caminaba de aquí para allá sobre las deterioradas maderas del piso de la taberna oscura la mañana siguiente. Varios clientes roncaban alejando la indulgencia excesiva, mientras el reloj que colgaba torcido sobre el muro marcaba el tiempo con el rítmico taconeo de las botas de Derek. Volvía la mirada una y otra vez hacia las escaleras que daban a las habitaciones superiores, desde donde Rosalyn aún no había aparecido. Había tenido una noche agitada, deambulando en los confines de su habitación, atento a cualquier ruido que pudiese provenir del lado de la puerta de Rosalyn. Su seguridad no había sido el único asunto que tenía en mente: la dulzura del beso lo había atormentado. El creciente deseo que sentía por ella lo había atrapado en una tensión sexual sin salida, y finalmente, se había obligado a sí mismo a ir a la cama hasta que el sol trepase por el horizonte. Había estado muy seguro de que podría vencer con la mente su atracción por ella hasta la sumisión. No sabía cuan difícil sería. —¿Un trago para calmar los nervios, milord? El posadero sostenía una bandeja con una gran jarra de cerveza sobre ella. Derek la tomó y arrojó un manojo de monedas sobre la bandeja. Con una sonrisa ambiciosa, el propietario contó sus ganancias mientras caminaba pesadamente hacia la cocina para ladrarles órdenes a sus empleados. Derek bebió un sorbo del brebaje que sabía a mil demonios e hizo una mueca. Orina de oveja. ¿Qué más podía esperar? Nadie hacía la cerveza como los de las Tierras Altas, y su clan producía la mejor de toda Escocia. Opulentos, oscuros lúpulos eran añejados en gruesos barriles de roble hasta que llegaban a su punto justo de madurez. La gente viajaba largas distancias simplemente para probarla. La cerveza era parte del plan que había implementado para recuperar los fondos del clan, que su padre había reducido en gran medida haciendo la guerra con las familias rivales. Su padre había sido un buen líder, pero demasiada sangre caliente le había corrido por las venas. Solía agradarle decirle a Derek que nunca sería realmente un gran terrateniente dado su linaje inglés. Derek había resistido la urgencia de recordarle a su padre que no había sido suya la elección de su origen. Su padre tenía memoria selectiva y prefería creer que Derek había sido concebido por otro medio diferente del usual; y cuando estaba ebrio, iba un paso más allá y acusaba a su mujer de haberle sido infiel. Derek recordaba cuánto tiempo había pasado en su niñez odiándose a sí mismo y preguntándose cómo dos personas que se desagradaban tanto habían terminado siendo marido y

mujer. Con esfuerzo, retrajo ese recuerdo y giró hacia las escaleras al escuchar pasos que descendían. Una figura emergió de las sombras, pero no era la persona que él había estado esperando. La espalda de la mujer tenía una leve joroba y el rostro estaba muy avejentado y aparentaba más años de los que tenía. La había contratado en un pueblo cercano esa mañana y le había ofrecido una muy buena cantidad de dinero para asistir a Rosalyn.

3322

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—La muchacha bajará en un momento, milord —le dijo respirando con dificultad—. Permítame decirle que la niña es muy adorable. Si solo mis propias hijas fuesen tan bellas, quizás podrían encontrar candidatos adecuados. —Suspiró, resignada a su destino—. Si eso es todo lo que necesita… —Sí —contestó Derek distraído. La mirada insistía en desviarse hacia las escaleras. —Pues, que tenga buenos días, entonces. Recuerde a la vieja Martha la próxima vez que estén en el pueblo. Derek apenas si escuchó una palabra de la mujer ya que unos delicados pasos hacían una lenta progresión por las escaleras. Cada músculo de su cuerpo se tensó, y una agitación inusitada lo poseyó. Desde el día que había conocido a Rosalyn, parecía no poder liberarse del efecto que ella causaba en él. —Bueno, bueno. Si no es otro que el rey Manchester —dijo una voz tras él arrastrando las palabras. Las manos de Derek se cerraron en puños a ambos lados del cuerpo al girar sobre sus talones para enfrentar a la persona que le estaba hablando, un hombre que apenas podía tolerar la mayor parte del tiempo, y con quien a menudo había contemplado la idea de cortar toda relación. Tal tarea habría sido más fácil si el hombre no hubiese sido su hermano, o medio hermano, en realidad. Su padre se había descarriado a menudo, si lo que las historias contaban era cierto, pero ninguna de las mujeres había ofrecido un hijo, excepto una. —¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Derek, tenso, haciendo el esfuerzo por mantener su ira bajo control. Su hermano tenía la extraña costumbre de aparecerse en las más inoportunas circunstancias. Parecía que el único propósito en la vida de Ethan era molestarlo, y lo lograba mucho más de lo que Derek admitiría jamás. —¿Qué manera de recibir a tu amado hermano es esta? De seguro, estarás encantado de verme, ¿no es así? Derek se negó a dejarse enrollar. Ethan disfrutaba de incitarle hasta que estuviesen a un centímetro de distancia de comenzar a los puñetazos, siempre haciéndolo ver como que había sido Derek quien había perdido los estribos primero, o que Derek sentía envidia por su hermano por lo que Ethan consideraba su legítima herencia. Algunos de su clan eran de hecho comprensivos con Ethan. Era un bastardo, no reconocido nunca por su padre; e irónicamente, la única persona con una razón para rechazarle había sido la que se aseguró de que tuviese educación y que recibiese una pequeña porción de la herencia: la madre de Derek. Lady Emmaline se había negado a que sintiesen lástima por ella o a mostrarse como el hazmerreír porque su esposo había hecho ostentación de sus pecados. En cambio, había utilizado esas transgresiones, echándoselas en cara en cada oportunidad que se le presentaba. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que criar al hijo que se negaba a reconocer? Para acrecentar la ironía, Ethan era en verdad más merecedor de ser el señor de las tierras que Derek. Ethan era el primogénito, bastardo o no. Y la madre de Ethan había sido una princesa escocesa, aunque su clan había perdido todo tiempo de prosperidad cuando ella era una niña. En los quince años posteriores al nacimiento de Ethan, el clan de su madre se había convertido en un grupo nómade, principalmente carroñeros, buhoneros y vagabundos. La mayoría de los escoceses pensaban que eran la peste, y a menudo, los trataban como si fuesen lo más bajo de la humanidad. Cuando Ethan llegó para vivir con ellos, Derek había sentido pena por su medio hermano, había querido conocerlo y compartir un lazo con él. Tenían un enemigo común, su padre, quien no los consideraba bueno a ninguno de los dos. Y habían sido ambos títeres en la guerra entre los padres de Derek.

3333

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Sin embargo, Ethan había elegido mantener distancia, y odiar a su medio hermano con cada fibra de su ser, hasta que Derek no tuvo más remedio que también odiarlo a él en retribución. —Repito —dijo Derek—. ¿Qué estás haciendo aquí? Ethan apoyó el hombro sobre un pilar de madera y sonrió con aire burlón. —Nunca cambias, ¿verdad, hermano? Siempre piensas que el mundo te pertenece a ti y a nadie más. Odio ser el que haga trizas tu castillo de cristal, pero el resto de nosotros tenemos tanto derecho como tú de estar aquí. Por lo que mejor será que te acostumbres. —El resto del mundo puede quedarse. Tú, en cambio, puedes mandarte a mudar de aquí. Ethan chasqueó la lengua. —Esa no es una actitud cariñosa. Sabes lo que solía decir nuestra madre: Es mejor dejar la venganza a nuestro Señor. No hagas oídos sordos de ese consejo si sabes lo que es bueno para ti. Aunque nunca has sido muy bueno en eso, ¿no es verdad? Derek sintió un nudo familiar que le tensó la quijada. —¿Nuestra madre? ¿De seguro no te estarás refiriendo a mi madre? Tu madre era una prostituta que eligió abrir las piernas y después abandonarte con mi familia. La leve tensión sobre los hombros de su medio hermano fue la única evidencia externa de que Derek le había dado en el blanco. Ethan siempre había podido controlar mejor sus emociones, y eso, quizás mucho más que ninguna otra cosa, avivaba la ira de Derek al máximo. —¿Cómo he podido olvidarlo? —respondió Ethan con una sonrisa de burla—. Tú y nuestro difunto padre no perdían oportunidad de recordarme mi ilegitimidad. Pero lady Emmaline, bendito sea su corazón inglés, me amó como no lo pudo hacer mi propia madre. Me tomó bajo su ala y me crió como un pollito, y mírame ahora. Bastante formidable, ¿no lo crees? No soy más el desaliñado pilluelo que puede ser intimado. —No te engañes. Debajo del acento refinado y las prendas elegantes, aún eres el golfillo flacucho y sucio que fue dejado en el umbral de nuestra puerta. Y nunca has sido intimidado; siempre eras tú el instigador. Atormentabas a los niños de la aldea, les tirabas rocas a los granjeros, les disparabas a las gallinas por pura diversión; y luego, sucedieron esos «accidentes» que tuve, como la caída de mi caballo cuando tenía quince años de edad y me rompí la pierna, o aquella vez que me quedé encerrado en la bóveda. Nadie me encontró por tres días. Podría haber muerto. —Sin embargo, aquí estás, vivito y coleando, y por desgracia, sigues siendo el mismo. —No gracias a ti —dijo Derek, energético, sentía los puños latir por apretarlos con tanta fuerza. —Siempre lo has dicho. Te las has ingeniado para volver a todo el clan en mi contra y tuve que partir hacia América para vivir con la hermana piadosa de lady Emmaline. —Ese año sin ti valió la pena todo el sufrimiento. —Me imagino que has pasado cada momento de vigilia rezando para que mi barco se hundiera. La vida de Derek habría sido mucho más fácil si Ethan se hubiese marchado para no regresar jamás. Sin embargo, por mucho que había odiado a su hermano, nunca le había deseado la muerte. —¿Por qué hemos de hablar de lo que podría haber sido, hermano? —respondió Derek—. Por alguna razón, mi madre te ha dejado un estipendio. Eres independiente en materia financiera, ¿por qué, entonces, no utilizas tus alijos para desaparecer en los vastos confines de la civilización? Quizás puedas explorar el mundo de los pigmeos albinos o viajar a Francia y socializar con los otros traseros pomposos. Ethan se dio golpecitos en la barbilla con el dedo índice.

3344

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Tu sugerencia suena interesante; sin embargo, hay dos cosas que me detienen. La primera es que tu difunta madre amaba más a su propia sangre, o me hubiera dejado las propiedades. —Van junto con el título —Derek le recordó con frialdad. —El cual tú has rechazado, para vivir entre escoceses que nunca te aceptarán del todo. Sin importar lo que hagas, nunca serás uno de ellos, a diferencia de mí. Mi sangre es pura. Qué interesante ironía del destino. Derek se obligó a sí mismo a relajar los puños. —¿Y la segunda razón que te impide desaparecer? —preguntó Derek. —Eso debería ser fácilmente reconocible —dijo Ethan encogiéndose de hombros—. Vivo para molestarte. En verdad, ¿qué otro placer tengo? ¿Por qué negarme los placeres simples de la vida?

Derek dio un paso en dirección a su hermano, quien imitó el movimiento, hasta que solo centímetros los separaban. —Te podría excluir del clan de forma permanente. —Pero no lo harás, porque parecería que no has podido manejarme. Anímate, hermano. Hay otras maneras de deshacerse de mí. Podrías ponerme una máscara y encerrarme en una mazmorra con grilletes y decirle a la gente que simplemente un día me marché, y que no has vuelto a verme o a saber de mí desde entonces. —Sin embargo —continuó con una sonrisa de suficiencia—, no creo que puedas vivir con tu conciencia. Ese siempre fue tu problema, ¿no es verdad? Nunca fuiste capaz de permitir que recibiera mi merecido, incluso cuando nuestro padre se enteró de que debía de haber sido yo quien aparentemente casi asesinaba al heredero en la bóveda. No le permitiste que me golpease; tuviste que decir que quizás te habías encerrado allí por accidente, o que el viento podría haber cerrado la puerta. Ethan negó con un movimiento de cabeza y sonrió benévolamente. —La conciencia es, a las claras, una carga, y me alegra no tener una. Puesto que, sin importar lo que cueste, estoy dispuesto a demostrarle al clan que tú no eres la persona que ellos creen. Mi misión es destronarte, y lo haré, pronto. Antes de que Derek pudiera arremeter contra su hermano, un grueso brazo apareció entre

ellos.

—¿Ustedes dos nunca se cansan de estar atrás de la garganta del otro? —Derek echó a Darius una mirada de odio, quien negó con un movimiento de cabeza lleno de reproche antes de dirigir la vista hacia Ethan—. ¿Qué sucede contigo, muchacho? ¿Por qué albergas tanta ira y resentimiento hacia la única familia que te queda? No debes vomitar tu veneno sobre él. —¿Y sobre quién, entonces? —preguntó Ethan en un tono salvaje y con el músculo de la quijada en tensión—. ¿Sobre ti? —No. Mi alma adora la paz, como bien sabes. Pero esta contienda entre tú y tu hermano… —Medio hermano —interrumpió Derek—. Y tengo mis dudas acerca de eso, teniendo en cuenta quién era su madre. La mano de Ethan salió disparada hacia el cuello de Derek, pero Darius lo empujó hacia

atrás.

—¡Basta! Dos adultos comportándose como niños. —Darius elevó las manos y se quitó del medio de ellos—. Tú —apuntó a Derek con el dedo— tienes alguien que necesita de ti en este momento. La pequeña muchacha no tiene a nadie más que la ayude. Si estás decidido a matarlo, o a que él te mate a ti, pues que así sea. Pero no digas que no te avisé. Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Ethan. —Hablando de la pequeña muchacha… —Empujó a Derek para pasar junto a él y caminó hacia las escaleras con largos pasos—. Buenos días, lady Rosalyn. No puedo expresar todo lo feliz que estoy de volverte a ver.

3355

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Derek giró sobre los talones. Dios, se había olvidado de Rosalyn, y Ethan le sacó todo el provecho, abalanzándose sobre ella como un tiburón, como hacía cada vez que Derek había estado junto a ella en Londres. En esos momentos, como ahora, cambiaba su actitud petulante y se volvía encantador. Derek tuvo deseos de causarle daño físico al tiempo que Ethan levantó la mano de Rosalyn y dejó un beso sobre el dorso, permaneciendo allí más tiempo del necesario, lo que, por supuesto, era su intención. —Eres un placer para la vista, mi querida —dijo Ethan—. Permítenos verte mejor. —La tomó de la mano y la acompañó hasta el último escalón—. Adorable, como siempre. —Gracias —murmuró ella. Con la mirada, se encontró con los ojos de Derek. La expresión de preocupación en los ojos de la muchacha confirmaban que había escuchado la contienda con su hermano. Ethan colocó la mano de Rosalyn sobre el hueco del brazo y la escoltó hacia el salón. —¡Qué maravillosa sorpresa verte! Me entristecí tanto cuando me enteré de tu partida de Londres. Lady Dane no dijo ni pío acerca de tu pronta despedida. —Echó una mirada a Derek y dijo—: Ahora veo el por qué. Sin embargo, —continuó con tono suave—, te he vuelto a encontrar, y no tengo intenciones de perderte de vista esta vez. Seremos compañeros inseparables. Sé que amas cabalgar, y si lo deseas, te permitiré tomar mi caballo, Sabbath. No tengo dudas de que estará muy contento de que estés sobre él. —Se inclinó cerca del oído de Rosalyn y con una voz lo suficientemente fuerte como para que Derek escuchase, dijo—: Sé que yo lo estaría. La furia consumió a Derek, y le dio un golpe violento a Ethan en el pecho con el talón de la mano, empujándolo hacia atrás. Lo apuntó al rostro con el dedo y dijo entre dientes:

—Te mantendrás alejado de ella. ¿Lo comprendes? Ethan se enderezó y se sacudió el polvo del hombro. —¿Intentas decirme lo que tengo que hacer? Creo que hemos descubierto que haré lo que quiera. —Una vez que te haya desalojado, veremos entonces qué harás. —Milord, por favor… —Rosalyn suplicó, no quería causar problemas—. Estoy segura de que no tenía intención de lastimarte. —-La furiosa mirada que le dedicó Derek le advirtió que no debía involucrarse. Ethan sonrió mostrando todos los dientes. —Has oído a la dama, hermano. Sé amable conmigo. He tenido una vida difícil, ¿o no te has enterado? —Ya es suficiente, muchacho —dijo Darius en tono de advertencia—. Termina con esto de una vez. —Yo ni siquiera lo he comenzado, tío. —No me hagas repetir las cosas —dijo Derek con una voz tensa—. No te agradará el resultado. —Entonces, estás finalmente derramando tu cobardía. Bravo, nunca creí que llegaría el día. De seguro hay algo detrás de esta sorprendente transformación. ¿Qué podrá ser? Se inclinó hacia adelante y el aliento cálido de Ethan resopló sobre la mejilla de Rosalyn al

decir:

—Creo que eres tú, miladi. Parece que has logrado un cambio milagroso en el muchacho. Al rey Manchester se lo conoce por su corazón de hielo que ni siquiera el sol tropical puede derretir. Pues bien, esto contribuirá a una estadía fascinante. Ahora, si me disculpan, Sabbath está esperando por mí, y me agradaría hacerle saber que quizás tenga una visita. —Con una sonrisa maléfica, Ethan inclinó la cabeza hacia Rosalyn—. Que tengas buenos días, mi querida. —Giró y dijo en un tono de burla—: Siempre un gusto, hermano. Y Darius, por favor, deja ya de andar rondando. Pareces una mosca latosa.

3366

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Mientras Ethan se marchaba, Darius dijo:

—Si ese muchacho no tuviese la mitad de mi edad, ni el doble de mi tamaño, le patearía la entrepierna. Y fuerte. —Se marchó de la taberna a paso cansino, murmurando algo acerca de ir a controlar los caballos, que tenían las riendas puestas y estaban ansiosos por partir. Derek vaciló y luego, giró hacia Rosalyn. Bajo la débil luz, se veía muy joven. Le habían cepillado el cabello hasta sacarle brillo; era una masa dorada y brillante que él deseaba acariciar con los dedos. Solo lo había visto suelto en una oportunidad, cuando irrumpió en su habitación y la descubrió rebotando sobre el baúl de viaje. Normalmente, tenía la cabellera sujeta en una gruesa trenza que le colgaba por la espalda o enroscada sobre la cabeza y sujeta con peinetas, como estaba esa mañana. Las peinetas eran de un color blanquecino delicado que combinaba con el brillo de la piel y con el color cremoso del vestido de día. —Te ves cansada —dijo él al notar los oscuros círculos bajo los ojos de ella, que solo les hacían verse más grandes y luminosos—. ¿No has dormido bien? Ella bajó la mirada. —El alojamiento estaba bien. Un momento de silencio descendió entre ellos, luego, Derek dijo:

—Lamento lo que acaba de suceder. Ethan puede ser… Ella lo detuvo al colocar la mano sobre la de él. —No tienes nada que explicar. Tengo una familia que tampoco siente cariño por mí. Sin pensarlo, Derek le tomó ambas manos entre las propias y la atrajo para sí. El aroma cálido y dulce que emanaba de la piel le provocó un doloroso deseo de abrazarla. —No dejaré que nada te suceda. —Lo sé —murmuró ella—. Pero no puedo evitar sentir temor por ti. —Déjame a mí preocuparme por mí mismo. Solo concéntrate en relajarte. No puedo decir que encontrarás en el castillo Gray tanto entretenimiento como en Londres, pero haré lo posible. —Nunca me encariñé demasiado con Londres. Siempre preferí la serenidad de Cornwall, los largos tramos de espacios abiertos y la belleza calma de la costa. ¿Es Escocia así? —En algunos aspectos. Mi hogar da al océano desde la cima de un acantilado, pero es muy peligroso para que cualquiera lo atraviese, excepto para los que conocen los peligros. —Como tú. Él sonrió. —Sí, he subido y bajado esos acantilados desde que llevaba pantalones cortos. El paisaje puede parecer severo para algunos. —Pero es tu hogar, y eso lo hace especial. —No puedo imaginarme viviendo en ningún otro lado. —Así es como me siento respecto a Cornwall —dijo ella con añoranza. Derek deseaba tomarla entre sus brazos y decirle que todo iba a ir bien. —Extrañas tu hogar. —Por momentos, lo extraño terriblemente. Pasé algunos de los mejores días de mi vida paseando por las playas y explorando las cuevas con Fancy. —¿Lady Francine, quieres decir? Una sonrisa se filtró en los labios de Rosalyn. —Nadie la llama lady Francine. Es simplemente Fancy. Nos hicimos amigas cuando llegué a Cornwall con mi madre y mi padrastro. Es inteligente, divertida y generosa. No sé cómo habría sido mi vida sin ella. —La conocí en lo de lady Dane. Me pareció… problemática. Los ojos de Rosalyn brillaron.

3377

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Así es Fancy. No sé cómo el señor Kendall se las ingeniará con ella. Fancy no está acostumbrada a que le digan qué hacer. Es muy independiente. Derek rió. —Lo he percibido. Pero yo no me preocuparía por Lucien. Ha superado batallas con combatientes más feroces. Estoy seguro de que puede ingeniárselas. —No lo sé. Fancy puede ser muy testaruda, pero nunca malvada. Es la persona más dulce y más adorable que he conocido en la vida. Sin dudarlo, arriesgó su vida y su hogar para hospedarme cuando Calder me amenazó. —Es una buena amiga. —La mejor —contestó Rosalyn, mordiéndose el extremo del labio, pensativa. —Estará bien, Rosalyn. Conozco a Lucien. Es un buen hombre. Dondequiera que estén ahora, Fancy está en manos capaces.

—Lo sé —murmuró ella—. Y debo decir que el señor Kendall tiene una gran fortaleza. —Definitivamente, sí —remarcó Derek, reprimiendo el deseo de reír. Lucien se habría deleitado si hubiese escuchado la opinión que Rosalyn tenía de él. De todos lo hombres del club de los Buscadores de Placer, Lucien era el más terco. Fortaleza era una manera agradable de decirlo—. Me da la sensación de que admiras bastante a tu amiga. —¡Claro que sí! Fancy siempre ha sido muy fuerte. No había nada que ella no pudiese hacer si se lo proponía. Distraídamente, Derek le acarició la mejilla con el pulgar. —Tú también eres muy fuerte, ¿sabes? Un rubor manchó las mejillas de la muchacha, y Rosalyn bajó la vista a las manos, negando con un movimiento de cabeza. —Es muy amable de tu parte pero… Derek la obligó a levantar la vista. —No digo las cosas solo para ser amable. Mira qué bien has sobrellevado todos los problemas que te ha hecho pasar tu hermano. —Rosalyn se entristeció, y Derek quiso darse una golpiza a sí mismo por hacerle recordar. —Él nunca se dará por vencido, ¿sabes? Es muy tenaz. —Eso está bien, porque yo tampoco me rindo.

La manera en que lo miró a los ojos le indicó lo inocente que era ella, y se encontró dando

un paso hacia adelante, observando cómo esos hermosos ojos se volvían de un tono verdoso más

oscuro, con la necesidad urgente de besarla creciendo más y más en sus entrañas.

El suave aliento le sopló en el cuello cuando ella le murmuró:

—Si no hubieses llegado en ese preciso momento… Derek se inclinó hacia adelante y apoyó la frente sobre la de ella. —Pero lo hice, y estoy muy complacido. Quiero que te sientas bienvenida en mi hogar. Lo que es mío es tuyo. —Levantó la cabeza una fracción con la mirada centrada en los labios de Rosalyn. El pensamiento dio paso a la acción y los labios de Derek descendieron sobre ella. —Dios santo, hombre. —La voz de Darius los sacudió, provocando en Derek el deseo de

estrujar el cuello de su tío—. ¿Van a estar dando vueltas aquí todo el día? No llegaremos a tiempo para la cena a este paso, y si me veo obligado a perderme otra comida del cocinero, los culparé a ustedes dos.

A pesar de que la interrupción repentina de su tío era el agua fría que necesitaba para

detener lo que estaba a punto de hacer, no se sentía aliviado en lo más mínimo. Un instante más, y habría devorado a Rosalyn. Sin embargo, cuanto ella más confiaba en él, menos podía Derek permitirse la atracción que sentía por ella. Era su protector; y sin embargo, era su peor amenaza. Solo el hecho de llevarla consigo podía dañar la reputación de la muchacha, si alguien se enterase.

3388

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Derek la tomó del hombro y la condujo fuera de la taberna. Un aire fresco flotaba en el ambiente, pero el sol de la mañana pronto lo haría desaparecer. El viaje sería menos confortable, ya que el terreno era severo por partes. Había enviado a Darius primero para preparar todo para la llegada de Rosalyn; ella estaría agotada para cuando llegaran a su hogar. Derek abrió la portezuela del carruaje y ayudo a Rosalyn a entrar. Antes de entrar del todo, la muchacha giró para observarlo. —Milord, nunca te pregunté si mi arribo a tu hogar te traerá problemas. ¿Habrá alguien que se moleste cuando aparezca allí contigo? Sin pensar demasiado, a Derek se le podían ocurrir al menos doce nombres. Para algunos, los ingleses siempre serían el enemigo. Pero se encargaría de cualquiera que no la hiciera sentir bienvenida, y no sería agradable. —No tienes nada de qué preocuparte. Todos te adorarán. La sonrisa que le iluminó el rostro era la recompensa que él necesitaba; estaba decidido a que todo esté bien para ella. La única pregunta era… ¿cómo lo haría?

3399

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 66

Rosalyn estuvo muy consciente de la presencia de Derek a medida que los kilómetros se sucedían bajo las ruedas del carruaje. Era un hombre lleno de contradicciones. La mayor parte del tiempo, se mostraba muy reservado; sin embargo, en la taberna, había sido muy gentil, muy tierno. De hecho, Rosalyn creyó que había estado a punto de besarla, y ella lo habría recibido de buena gana. Estaba confundida en cuanto a sus propios sentimientos. A pesar de que lo deseaba, involucrarse sentimentalmente con él solo la dejaría herida al final, puesto que nunca podría contraer matrimonio con él. Un pensamiento radical le cruzó por la mente. Ya que no podría nunca contraer nupcias, quizás debería considerar la idea de ser su amante. Nunca había cuestionado su propia erotismo, que constituía una parte importante de su ser, y ningún hombre excepto Derek había despertado en ella esa pasión. Pero, ¿lo querría él? Le lanzó una mirada. Tenía la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados; dormido, se veía aun más apuesto. Rosalyn se obligó a sí misma a desviar la mirada y detener las escandalosas fantasías. En cambio, escudriñó los alrededores y se maravilló por el paisaje que le brindaba la ventana del carruaje. El terreno era sorprendentemente exuberante y la hierba verde. Picos de roca irregulares se abrían camino hacia la superficie a esporádicos intervalos, pero esas escarpadas caras solo eran un agregado a la belleza misteriosa. Encontró muchas similitudes entre Escocia y Cornwall. Ambos lugares tenían elementos intransigentes y desoladas vistas del mar, una intensa hermosura y panoramas inhóspitos. Y ambos podían resultar solitarios y aislados para aquellos que necesitaban muchas personas a su alrededor para sentirse confortables. Unas nubes negras habían aparecido en el cielo; el aire saturado de humedad auguraba un chaparrón inesperado. Pero el fuerte viento que soplaba hacia el Atlántico limpiaría los cielos rápidamente para revelar los verdes y brillantes páramos y las mesetas cubiertas de brezos. Derek le había dicho que el castillo Gray estaba ubicado entre dos cadenas montañosas, las Tierras Altas del Noroeste y los Montes Grampianos. Un valle llamado Glen More —o el Gran Glen— dividía las dos. Las montañas más elevadas de las Tierras Altas se extendían a lo largo del Atlántico, con profundas cañadas entre los inhóspitos picos, con árboles aquí y allá y la maleza perenne. El hogar de Derek estaba ubicado sobre una meseta que daba a la isla de Mull, parte de las Hébridas Interiores, donde grandes rebaños de ovejas pastaban peligrosamente cerca del borde del acantilado, protegidas solo por los perros entrenados para cuidarlas y reunir la manada. Rosalyn tenía ansias de ver todo eso. Pero lo que más quería era algo que no había tenido por mucho tiempo: paz. Tranquilidad para su corazón y su mente. No había sentido ninguna de ellas desde que sus padres fallecieron.

4400

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Una repentina sacudida del carruaje casi la hace caer del asiento. Dos fuertes manos sobre su cintura la mantuvieron erguida, ya que Derek se lanzó hacia adelante, despertándose instantáneamente. El carruaje se escoró hacia la izquierda, pero no disminuyó la velocidad. Podía escuchar los resoplidos de los caballos. El miedo les impulsaba a acelerar el paso aun más. —¿Qué sucedió? —gritó ella sobre el chillido del metal al destrozarse. Tan pronto como las palabras salieron de su boca, un terrible pensamiento se le coló en la mente. Calder. Derek la tomó de los brazos con más fuerza. —Quédate tranquila. Estaremos bien. —Levantó la mano hasta una cinta de cuero que estaba sobre la portezuela derecha—. Sujétate fuerte. No te sueltes. Rosalyn asintió con un movimiento de cabeza y sostuvo la cinta con todas sus fuerzas mientras Derek se deslizó por el lado opuesto y sacó la cabeza por la ventanilla. —La rueda está rota —dijo por sobre el alboroto. Retiró el tablón detrás del asiento del conductor y gritó—: ¡Controla esos malditos caballos! —Eso intento, milord —bramó el conductor. Rosalyn pudo escuchar el terror en la voz del hombre—. Un trozo de madera salió volando por el aire y golpeó al primer caballo en el flanco trasero y ahora está descontrolado. Derek extendió el brazo por la abertura y tomó las riendas. Los músculos le forzaban las costuras de la chaqueta mientras luchaba por controlar a los animales. Emitió un agudo silbido, uno largo y dos cortos. Instantes después, los caballos comenzaron a disminuir la marcha, y finalmente, el carruaje se detuvo con un traqueteo, el lado izquierdo aún inclinado peligrosamente. Cuando Rosalyn se atrevió a echar una mirada afuera, sintió que el corazón se le bajó al estómago. Habían estado muy cerca de caer por un acantilado. Cerró los ojos y agradeció a Dios y a cualesquiera que hayan sido los poderes que les habían evitado la muerte a todos. Se sobresaltó al sentir una mano sobre la mejilla. Abrió los ojos de golpe y vio a Derek que la observaba fijo, con la preocupación impresa en el rostro. —¿Estás bien? Rosalyn parpadeó y se enderezó. —Estoy bien. ¿Qué sucedió? —Parece que el compartimiento de las ruedas se quebró y luego, rompió la rueda misma. —¿Cómo? —No estoy seguro, pero tengo intenciones de encontrar la respuesta. —Apoyó el hombro sobre la portezuela, que estaba atascada, y luego la abrió sobre las bisagras con un chasquido, golpeando con fuerza el costado del carruaje. Derek bajó de un salto y desapareció por detrás del maletero. Rosalyn podía escucharlo conversar con el conductor. Se deslizó por el asiento e intentó entender lo que los hombres decían. Solo una palabra le llegó a los oídos. Sabotaje. Un temblor le corrió por la espalda. Era Calder. Tenía que ser él. Pero, ¿cómo había descubierto su paradero tan rápidamente? Estaba segura de que había borrado sus huellas muy bien esta vez. Rosalyn cerró los ojos. Nunca se libraría de él. Era un hombre resuelto. Conseguiría su dinero sin importar lo que tuviese que hacer para lograrlo. ¿Y si simplemente se lo daba? Quizás, entonces, la dejaría en paz. Una vez más, se las había ingeniado para involucrar a otra persona en sus problemas. Si algo le sucediese a Derek, ella no podría soportarlo; lo que le dejaba una sola opción: debía marcharse.

4411

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Esa misma noche, luego de que todos se hubiesen retirado a dormir, se escabulliría. No se permitiría pensar lo peligroso que podría ser el terreno. Tampoco se preocuparía por el hecho de que no sabía adonde debía ir. Lo único que sabía era que no podía seguir poniendo en peligro a los otros para salvarse ella misma. De allí en más, tendría que hacer eso sola. Pero no debía dejar que Derek entreviera que algo había cambiado. Si tenía la más mínima sospecha de lo que ella estaba tramando, de seguro, la detendría; aunque ahora sospechaba que él deseaba nunca haberle conocido.

—s–

Derek se culpaba por haber involucrado a Rosalyn en sus problemas cuando ella tenía suficiente con los propios. Sabía que la rotura en el compartimiento de las ruedas no había sido un accidente. Alguien había causado el daño a propósito, y estaba bastante seguro de quién se trataba. Ethan. No había nadie más que tuviese una razón u oportunidad para hacerlo. Y nadie odiaba más

a Derek que su medio hermano. Ethan había estado intentando deshacerse de él desde que eran

jóvenes, y era evidente que aún seguía con su plan. Bastardo. —No digas nada acerca de esto —Derek le dijo a su conductor con firmeza—. ¿Entiendes? —Sí, mi señor. Mis labios están sellados. —Bien, ahora, fíjate si puedes reparar esto. Solo estamos a unos kilómetros del castillo Gray. Desengancharé dos de los caballos para cabalgar hasta allí, y enviar a alguien aquí para ayudar. —Sí, señor. —Jessup se agachó junto a la rueda para comenzar con los arreglos. Cuando Derek rodeó el carruaje para ver cómo estaba Rosalyn, notó la rigidez en la postura de la muchacha. Debía de estar asustada. Él también lo estaba, aunque más por ella que por él mismo. —Jessup está trabajando en el problema —le dijo—. ¿Estás en condiciones de cabalgar? Mi hogar está a solo unos kilómetros de aquí. Podríamos llegar allí antes del anochecer y darte un agradable baño. Suena bien, ¿no es así? —Suena muy bien —dijo ella, con voz contenida—. Gracias. Cuando Derek extendió el brazo para ayudarla a bajar, una emoción destelló en los ojos de Rosalyn tan fugazmente que él no pudo comprender de qué se trataba. —¿Estás segura que todo va bien? —Sí. Definitivamente, algo la estaba molestando. Pero Derek sabía que con presionarla solo obtendría el resultado contrario. Era una muchacha terca, llena de un fuego contenido que lo volvía loco de deseo. Cuando los largos y delgados dedos de Rosalyn se aferraron a los suyos, Derek les dio un pequeño apretón. Actuar como un caballero se estaba volviendo realmente difícil. Durante todo el viaje, se había encontrado a sí mismo estudiándola en secreto: la manera en que caía su cabellera, la sutil onda en la punta de los cabellos, los diferentes tonos dorados; la forma de los labios, su turgencia, lo suaves que se veían; la curva de los ojos que le daba esa apariencia tan exótica, y el aura pecaminosa que parecía ocultar su exterior inocencia. Inevitablemente, la mirada había descendido. Estaba embelesado por cómo su pecho subía

y bajaba, la manera en que cada inhalación le elevaba los pechos, cómo se hinchaban ligeramente sobre el extremo superior del canesú. Se había dado cuenta, en ese momento, que necesitaba encontrar una válvula de escape para su creciente pasión.

4422

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Los pensamientos de Derek se desviaron hacia Caroline Trainor, su ama de llaves. Habían sido amantes por intervalos durante los últimos cinco años, y se habían hecho amigos. Le confiaba cosas que no diría a la mayoría de las personas; sabía que ella no las repetiría. Tenían un arreglo conveniente, pero él notó que lo había estado utilizando cada vez menos durante los últimos tiempos, ya que se dio cuenta de que las cosas habían cambiado un poco. En algún momento, él se había transformado en algo más para Caroline; ella tenía sentimientos por él que Derek no podía corresponder. Al principio, no había tenido el valor para decirle que esa relación no tenía futuro, pero tampoco quería que ella perdiese la oportunidad de amar al hombre correcto. Por lo que, finalmente, le dijo que habían terminado justo antes de marcharse a Londres. Aún podían ser amigos, y él esperaba que eso no cambiase, pero no podría pasar nada más. Ella aceptó la novedad sin llorar ni recriminarle nada. En cambio, sonrió y se marchó de la habitación sin decir palabra. Derek no sabía qué esperar a su regreso, pero esperaba que no incluyese un arma apuntándole a sus partes privadas. —¿Milord? Derek notó que estaba de pie junto a los caballos, pero no los estaba desatando. Sacudió la cabeza y giró hacia Rosalyn, quien se veía demasiado tentadora de pie bajo los rayos del sol menguante. —Puedes montar a Gypsy —le dijo mientras le quitaba el arnés—. Es más dócil que Minotaur. —Cualquiera de ellos estará bien. Cabalgo desde los tres años. Derek llevó a Gypsy hasta ella. —Creo que debería haber aclarado que Gypsy prefiere jinetes mujeres. No puedo culparle. —Le extendió las riendas a Rosalyn y sonrió, animado al ver que ella le devolvía la sonrisa. Ella acarició el hocico del animal. —Pues bien, Gypsy, creo que somos tú y yo. —Gypsy relinchó e inclinó la cabeza. Rosalyn rió. El sonido musical de la risa hechizó a Derek. Una luz danzaba en la mirada de ella cuando levantó la vista y dijo: —¿Vamos? Derek tuvo que sacudirse mentalmente para romper el embrujo de su sonrisa. —Sí. Ahuecó las manos y se las ofreció para ayudarle a montar. Una vez que estuvo ubicada cómodamente, él montó a Minotaur. El caballo brincó hacia el costado ya que no estaba acostumbrado a tener un jinete sobre el lomo. —¿Hacia dónde queda el castillo? —preguntó Rosalyn. Derek señaló hacia el noreste. —Bordeando esa cadena de montañas bajas y luego, derecho. —Muy bien, entonces —dijo ella con una sonrisa—. El último debe cepillar el caballo del

otro.

Ella le dio un empujoncito a Gypsy en las ijadas y salieron disparados. Derek giró a Minotaur y arrancó tras ella. Estaba maravillado ante la habilidad de experta que tenía con el caballo, aunque casi se le detiene el corazón cuando ella hizo que el animal saltara sobre unos extensos matorrales, llegando al otro lado con facilidad. Podía escucharla reír al cabalgar ruidosamente tras ella. El cabello se había escapado de las hebillas que lo sujetaban en tal elegante arreglo. Ahora se agitaba sobre la espalda como un estandarte de sedosa luz de sol. Unos mechones le azotaron el rostro cuando giró para ver que él estaba alcanzándola. Ella espoleó la monta y Derek le gritó para que aminorase la marcha, pero ella no pudo escucharlo por el sonido que emitían los cascos al galopar.

4433

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Él le dio un pinchazo a Minotaur, pero el semental no era tan joven como Gypsy y no podía mantener el ritmo. Rosalyn se adelantó aun más, y luego el sonido de su grito partió a Derek en dos. La pata trasera de Gypsy se había enredado en unas parras rastreras, y el caballo dobló las rodillas delanteras y envió a Rosalyn volando sobre su cabeza. Derek la perdió de vista durante un momento; luego la vio tendida sobre un lecho de brezos. Bajó del lomo de Minotaur de un salto antes de que el caballo se detuviera por completo y corrió junto a Rosalyn. Le acunó la cabeza con las manos. —¿Rosalyn? Ella gimió y se agitó un poco antes de finalmente abrir los ojos con un parpadeo, intentando enfocar la vista. —¿Qué sucedió? —Has caído del caballo. ¿Cómo te sientes? Se movió un poco e hizo un gesto de dolor. —Como un viejo saco de patatas. —Intentó sonreír, la imagen escurrió el miedo de Derek. Lentamente, se sentó, y Derek le colocó el brazo alrededor de la espalda; luego, con cuidado, la movió hasta su regazo. La cabeza de ella quedó acunada sobre el hombro de Derek. —¿Mejor? —Sí —murmuró ella—. No tienes por qué preocuparte. —¿Te duele algún lugar del cuerpo? A Rosalyn le dolía todo, pero no quería decírselo. Había sufrido el accidente por su propia estupidez. Si no hubiese actuado como una niña estúpida, nada de eso habría ocurrido. —¿Está bien Gypsy? —Gypsy está bien. Tiene una distensión en la pata derecha, pero se recuperará en un par de días. —Lo siento —dijo ella. —Shh —indicó Derek, retirándole unos mechones sueltos del rostro y acariciándole la larga cabellera. —Fui descuidada. —Estabas disfrutando. Debería haberte advertido lo impredecible que puede ser el terreno. Un tramo está liso, y al siguiente, aparecen hondonadas. Deberás cabalgar conmigo el resto del viaje. No te molesta, ¿verdad? —No. —Aunque se lamentaba por lo sucedido, no podía arrepentirse del resultado. Quería estar entre los brazos de Derek. No los había sentido a su alrededor desde la noche de la reunión de la familia Senhaven, cuando se abrió camino a través del grupo de hombres que rodeaban a Rosalyn y le extendió la mano, una silenciosa invitación a bailar juntos esa pieza. Sin decir palabra, ella lo había tomado de la mano y él la sacó de allí. Se había sentido como una princesa de un cuento de hadas esa noche. Como si estuviese hecha de cristal, Derek la ayudó a incorporarse. Cuando estuvo de pie frente a él, el mundo a su alrededor pareció derretirse. Como si le hubiese leído los pensamientos y sabido qué era lo que quería más que nada en ese momento, se inclinó y le dio un suave beso en los labios. Se alejó suavemente y Rosalyn gimió en protesta. No quería que ese momento concluyera. Derek no necesitó más incentivo, y la atrajo apretándola fuerte contra su pecho. Le dio un beso más profundo. La lengua arremetió en el interior de la boca para encontrarse con su par, saboreándola; con la mano, acunó la parte de atrás de la cabeza de Rosalyn, manteniéndola cerca, como si creyera que se escaparía. Sin embargo, eso era lo último que tenía en mente al enredar los dedos en los cabellos de Derek. Con la otra mano, la tomó de la cintura. La apretó suavemente allí y luego, movió la mano inquieta hacia arriba y hacia abajo por el costado hasta que finalmente la ubicó en el borde externo del seno, la imagen que había mantenido a Rosalyn dando vueltas en la cama cada noche,

4444

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

esperando que la mano de Derek se deslizara por su sedosa piel y le acariciara los pezones con suavidad. —Derek —susurró con una voz afligida al tiempo que los labios de él le rozaban la barbilla con fervor y descendían por el cuello. Las sensaciones se disparaban directo hasta el centro de su ser.

Ella se arqueó en puntas de pie y siguió el ejemplo de él, besándole el cuello, deleitándose con el ronco gemido de Derek y volviéndose más y más audaz. Ella giró de manera que la mano de él le cubrió el seno por completo. Tenía el pezón erecto y le atravesaba el canesú, presionado por la palma de la mano del hombre. Un instante después, él se apartó. Ella extendió los brazos para alcanzarlo, pero él dio un paso hacia atrás. —Eso no debería haber sucedido. ¿Por qué? Él desvió la mirada, fijando la vista en el sol poniente. —Debemos irnos o quedaremos atascados aquí afuera, en la oscuridad. Rosalyn sabía que él estaba haciendo lo que creía era mejor para ambos. Y que no debería desear que la besase de nuevo. Pero sí lo deseaba, y cuanto más la hacía desear, más se convencía de que ser su amante no sería tan terrible, tal vez. Su reputación se arruinaría, si alguien se llegara a enterar. Pero, ¿qué importaba? Nunca podría contraer matrimonio, y en su interior, hospedaba demasiada pasión como para considerar la vida en un convento o ser una solterona. Derek le había hecho ver que ella quería ser una mujer en el completo sentido de la palabra. —Toma mi mano —dijo él, y Rosalyn levantó la vista para encontrarle sentado a horcajadas sobre el lomo de Minotaur, mirándola desde arriba, con el rostro libre de toda expresión. Rosalyn levantó la mano hacia él, y en un instante, estuvo sentada sobre el regazo de Derek, quien tenía el cuerpo tenso debajo de ella. Cabalgaron en silencio durante un largo rato. Rosalyn intentaba permanecer rígida en los brazos de él, cuando lo que quería en realidad era apoyar la cabeza sobre su hombro y cerrar lo

ojos. —¿Has vendido la propiedad de tu madre? —preguntó cuando no pudo soportar más el silencio. —Sí —le respondió—. Transferí la posesión de todas las propiedades a manos del último hermano vivo de mi madre; todas menos una. —¿No las querías? —Tengo más de lo que necesito aquí. —Pero no has renunciado a tu título. —Le habría roto el corazón a mi madre. Soy, de hecho, inglés en parte. No es algo que pueda cambiar. —¿Lo harías, si fuese posible? Permaneció en silencio durante tanto tiempo que Rosalyn pensó que lo había ofendido. Pero, finalmente, habló. —Hubo momentos en que pensé que lo haría, cuando creía que sería más simple no tener descendencia mixta, sangre impura, como mucha gente por aquí lo ve. Pero fue mi madre tanto como mi padre quienes me hicieron quién soy hoy. No hay muchas personas que puedan viajar entre dos mundos diferentes. Algunos me miran como si fuera un bárbaro, mientras que otros me ven como un caballero sofisticado. —¿Y cuál de los dos crees que eres? —Un poco de ambos, aunque no se espera que sea tan perfecto aquí como en Inglaterra. Además, me necesitan más aquí. El título y las propiedades se cuidarán solos.

4455

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Es importante para ti sentir que te necesitan. —Ella sabía que era cierto. Era un hombre de honor y fortaleza; un líder en todo sentido de la palabra. Ella podía ver el fuego arder en su mirada, una pasión por el país que era su hogar. —Sentir que me necesitan es lo que le da sentido a mi vida. ¿No quieres sentirlo tú? —Por supuesto. —Entonces, dime, ¿qué le da sentido a tu vida? Rosalyn echó una mirada sobre los páramos hacia los promontorios distantes, cuyas masivas dimensiones mantenían el impetuoso mar a raya. —Allá en Cornwall, había un pequeño orfanato manejado por el párroco local. El cura solo contaba con la ayuda de dos monjas, ninguna de ellas en la flor de la juventud, y los niños eran puros diablillos. Pasé muchas horas jugando con ellos. —¿Te agradaría tener niños algún día? Un anhelo maternal creció en ella, pero lo sofocó de inmediato. —Decidí hace mucho tiempo que hay suficientes niños en el mundo que necesitan amor y atenciones, y me agradaría dedicarles mis días a ellos. —¿No querrías tener hijos propios que criar? Rosalyn oyó el tono de sorpresa en la voz de Derek. Sabía que su deseo de no tener hijos debía de sonar extraño. Pero esa posibilidad había muerto años atrás, y se negaba a permitir que el dolor le controlase la vida. —No necesito hijos propios para sentirme completa. Estoy feliz con ayudar a otros. Derek observó el perfil de Rosalyn cuando ella desvió la mirada. Nunca se había imaginado que sería del tipo de mujer que no querría tener niños. Era una dama muy gentil. No tenía sentido. El repentino grito ahogado que emitió ella lo obligó a focalizar la mirada hacia donde ella concentraba la atención. Sobre la cresta de una colina, el castillo Gray se dejó ver. —Oh, Dios mío, ¿es ese tu hogar? —Sí. —¡Nunca imaginé que sería tan grande! ¿Es eso un foso? —Sí, pero hace cerca de diez años que quitaron los cocodrilos de allí. Le clavó la mirada con los ojos abiertos de par en par. —¿Cocodrilos? Él rió por la expresión en el rostro de Rosalyn. —Bienvenida al castillo Gray, miladi.

4466

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 77

—Tiene más de quinientos años. Fue construido por mis ancestros sajones —recitó Derek con orgullo, contándole a Rosalyn un poco de la historia de su hogar mientras cabalgaban—. El adarve superior tiene una vista circular completa por lo que los enemigos pueden ser descubiertos tanto si vienen por tierra o por mar. Está totalmente fortificado, con dos puentes levadizos, ocho puestos de centinelas equipados con cañones, seis torrecillas perfectas para encerrar a damiselas en apuros, y un calabozo completamente funcional para alguna tortura esporádica. —Cuando la mirada de Rosalyn se dirigió rápida hacia él, Derek rió—. Nadie ha sido torturado, al menos desde que me he convertido en el señor de las tierras. —Eres incorregible. —Me lo han dicho antes. —Rió ampliamente—. Pero, continuando, la mayoría del pueblo habita dentro de la muralla del castillo. Los vendedores ambulantes ofrecen de todo, desde pescado fresco hasta madera o seda oriental. En definitiva, somos como una ciudad independiente. —Sorprendente. —Sí —asintió Derek, observando cómo la luz del atardecer lanzaba prismas rojos y dorados sobre la piedra caliza de los muros del castillo. Un sentimiento familiar de paz le inundó el cuerpo. Rosalyn lo miró. —Es realmente hermoso —dijo, apoyando la mano sobre la de él—. Gracias por invitarme

aquí.

Sin pensarlo, Derek le acarició la mejilla. —Ya me has agradecido. —Lo sé. —Miró hacia abajo, hacia las manos entrelazadas juntas; le provocaba dolor el deseo de saber cómo se sentiría esa mano cubriéndole el seno—. Pero quería volver a hacerlo. Algo en la conducta de Rosalyn lo inquietó. Tenía algo en mente, pero Derek no podía precisar de qué se trataba. Habría sido todo más fácil si se hubieran conocido en otras circunstancias. Quizás entonces, podría permitirse el creciente deseo que sentía por ella. La presión que ejercía el suave trasero contra su entrepierna era casi insoportable. Deseaba levantarle la falda por detrás y entrar en ella, empujar hasta la empuñadura y permitir que su dulce y ceñido calor lo abrace; sentirla aferrándose a él; el frenesí de ella volviéndolo más y más excitado, bombear más fuerte, balanceándose en su interior hasta sentir el clímax de Rosalyn en todo su alrededor. Derek apretó los puños y agradeció a los poderes superiores que la larga chaqueta le ocultara la erección. Solo deseaba que, ahora que estaba en su hogar, pudiese mantenerse alejado de ella. Había enviado a Darius delante para instruir al personal que preparase una habitación para ella en el ala oeste. Su propia suite estaba en el ala este. Los guardias residían en el medio. Ni un ratón podía pasar entre ellos, por lo que no había razón para que la habitación de Rosalyn y la de él debieran estar juntas para garantizar su seguridad. Esa disposición solo traería desastres, de todos modos. Derek dudaba si tendría la fortaleza para contenerse si ella estaba demasiado cerca.

4477

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

En las presentes circunstancias, apenas si podía quitarle las manos de encima. Se sentía tan bien entre sus brazos. Y la manera en que lo miraba, con completa confianza, era una sensación embriagadora. No podía decepcionarla. Ya había enviado una brigada de agentes de policía de Bow Street en búsqueda de su hermanastro. Además, sus compañeros Buscadores de Placer se habían enterado de la situación difícil que Derek estaba atravesando y estaban atentos para encontrar a Westcott. Incluso Lucien, con sus propios problemas, le había enviado una misiva para ofrecerle su apoyo. Derek sabía que su amigo tenía preocupaciones personales que atender. Pero por primera vez desde que se enteró del predicamento de Lucien, sentía que su amigo podría finalmente liberarse, con la ayuda de Fancy. —¡Milord! —gritó una voz. Derek dirigió la mirada hacia el puente levadizo y vio a Nathaniel corriendo hacia él. El hijo de Caroline tenía casi ocho años y estaba lleno de veneración. El niño nunca había conocido a su padre. A pedido de Caroline, Derek había tomado la tarea de enseñarle esgrima, ya que el niño se estaba volviendo más y más solitario; pasaba las horas con sus palomas en lugar de jugar con los otros pequeños de la aldea. Derek le había tomado mucho cariño al muchacho; sin embargo, le preocupaba que Nate se estuviese apegando mucho a él. Aun así, el niño necesitaba un hombre que lo guiase. Si Derek hubiese podido sonsacarle a Caroline el nombre, habría encontrado al sinvergüenza que engendró al muchacho. Nate corrió hasta el caballo, con los ojos llenos de vida y el rostro arrebatado por el esfuerzo. La mata de cabello marrón rojizo era una maraña incontrolable, lo que le daba al niño todo el aspecto de ser un pilluelo. Tomó las riendas del caballo con avidez. —¡Bienvenido a casa, señor! Derek se inclinó hacia adelante y alborotó el cabello del muchacho. —Gracias, Nate. Es bueno estar en casa. ¿Ha ido todo bien por aquí? —Sí, señor, bien. Todo excepto Janie. —¿Qué ha hecho esta vez? —Dejó salir a todas las gallinas del corral, y tuve que perseguirlas a todas. Belinda me picó.

¿Ves?

Levantó la mano para mostrarle a Derek la pequeña marca del picotazo. —¿Quién es Belinda? —preguntó Rosalyn. —Belinda es una gallina enorme —explicó Derek—. Ella lleva la voz cantante y tiene un carácter tremendamente explosivo. —Creía que el gallo llevaba la voz cantante. —En general, eso es verdad. Pero no conoces a Henry. —¿Henry? ¿Así se llama el gallo? Derek rió ampliamente. —No fue mi elección, pero le quedó ese nombre. —Creo que no está bien del coco —dijo Nathaniel, poniendo los ojos bizcos—. Uno de los caballos lo pateó en la cabeza, ¿sabes? Nunca ha vuelto a ser el mismo. —Quizás un nuevo gallo podría hacer la diferencia —observó Rosalyn. —Oh, no, señorita —intervino Nathaniel—. No servirá. Las gallinas de aquí no se parecen a ninguna otra. —Tampoco las mujeres de la aldea —dijo Derek con una sonrisa que mostraba todos los dientes. —Sí —el muchacho asintió con un pronunciado movimiento de cabeza—. Son todas muy severas, y miran a los hombres con el rostro arrugado, así. —Arrugó las mejillas y Rosalyn rió—. Los hombres están siempre gruñendo y escondiéndose en el granero de atrás.

4488

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—¿Qué hacen en el granero de atrás? —preguntó ella con curiosidad. Nate se encogió de hombros. —Juegan a las cartas, la mayoría del tiempo, y se quejan de cosas. Pero, ¿sabes qué? — continuó con un tono conspirador, bajando la voz. Rosalyn se inclinó hacia adelante y le siguió el juego. —¿Qué cosa? —Creo que les agradan las mujeres más de lo que dicen. Los veo abrazándose y besándose cuando nadie los ve. —El niño hizo una mueca, y Rosalyn sonrió.

Derek rió. —Te vas a ganar una mala reputación, muchacho. A nadie le agrada tener un mirón a su alrededor. —Yo no miro, señor. Lo hacen a la luz del día. ¡Puaj! ¿Quién quiere besar a una muchacha? Preferiría besar a una rana. —Te garantizo que cambiarás de parecer algún día, mi niño. Y te darás cuenta de que querrás besar a muchas damas. Quizás, incluso a una en particular —agregó, capturando la mirada de Rosalyn. Se aclaró la garganta y giró hacia el niño. —¿Te encargarías de Gypsy, Nate? Y dile a Liam que le aplique una cataplasma en la pata y

la mantenga vendada durante la noche.

—Sí, señor. Enseguida. —Con gentileza, tomó las riendas de Gypsy y, hablándole suavemente, la llevó hacia las caballerizas. —Es un niño adorable —dijo Rosalyn. —Sí, es un buen muchacho. Sin embargo, está desesperado por un padre. —Y quiere que tú seas ese padre, puedo imaginarlo. —No tenía duda de que Derek sería un buen padre. —Creo que prefiere al propio padre. —Puedo entenderlo. Mi padre murió cuando tenía seis años, y lo eché de menos. Incluso ahora, lo extraño. Algunos días, me resulta difícil evocar cómo se veía, pero recuerdo que siempre olía a tabaco. —Ella sonrió para sí—. Le encantaba una buena pipa. —Al menos has llegado a estar con tu padre durante un tiempo. —Sí. Pero lo que más recuerdo es lo triste que estaba mi madre cuando murió. Me dijo que mi padre había ido al cielo. Le pregunté si podía ir también. Lloró y me abrazó y me dijo que el cielo quedaba muy lejos. Yo no quería que fuera así, quería volver a ver a mi padre. Luego, mi madre conoció a lord Westcott, y un poco de felicidad regresó a sus ojos. Quería eso para ella. Se lo merecía. —¿Y tú? ¿Eras feliz? Rosalyn asintió con un movimiento de cabeza. —El conde era muy bueno conmigo; me trataba como a una hija. Siempre me decía que le hubiese encantado ser bendecido con una niña. Su esposa había muerto poco tiempo después de nacer Calder. Él estuvo desolado durante muchos años. Pero decía que la luz del sol había vuelto

a iluminar su vida cuando conoció a mi madre. Se hacían mutuo bien. Creo que el conde no

quería vivir después de morir mi madre. —Rosalyn levantó la mirada hacia Derek—. Opino que una persona puede morir por una pena de amor. ¿No lo crees tú? Derek nunca había sentido tal desesperación, pero al ver a Rosalyn, supo cómo se sentiría

si algo le sucediese a ella.

—Sí, lo creo. Minotaur caminó lenta y pesadamente hasta las puertas de la caballeriza y Derek se bajó del lomo del animal de un salto. Extendió las manos hacia Rosalyn, y ella se deslizó sobre sus brazos.

—¿Cuándo has dejado de creer que tu padre regresaría? —preguntó él.

4499

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Ella miró por sobre el hombro, intentando detener las lágrimas que de repente le inundaron los ojos. —Cuando Calder me dijo que él estaba muerto y enterrado y que nadie nunca regresaba de

allí.

Maldito sea el bastardo por romperle el corazón a una pequeña niña. Derek extendió las riendas de Minotaur a Nathaniel y le dio al muchacho una palmada en la espalda. —Dale una buena fregada. —Sí, señor. Rosalyn los observó a los dos irse tranquilamente. —¿Estará bien Gypsy? —Gypsy estará bien. Preocupémonos por ti ahora. —Antes de que Rosalyn supiese cuáles eran sus intenciones, Derek la alzó en brazos. —¿Qué estás haciendo? —Parece que te llevo en brazos. —Puedo caminar. —Piensa en mí como tu caballo de tiro personal. —Pero… —Silencio. Rosalyn cerró la boca ante la mirada que le echó Derek y se resignó a su destino, sabiendo que estaba exactamente donde quería estar. Cuando estaba con él, todo el cuerpo le vibraba con una excitación voluptuosa. Al cabalgar sobre el regazo de Derek, había notado una hinchazón sospechosa en los pantalones de él, y se preguntaba si ella había sido la causa. Apenas si había resistido la tentación de bajar la mano y tocarle la erección, de desabrocharle los botones y tomarla entre las manos. Rosalyn se esforzó por focalizar los pensamientos en el momento presente. —¿Quién es Janie? —preguntó mientras Derek la llevaba a través del patio interior. —Es la hija del cocinero, y la duendecilla más adorable que he conocido. Tiene siete años y dice que está enamorada de Nathaniel. —Qué dulce. —Nate no lo ve así. —Derek rió entre dientes, pensaba en el cambio de opinión que daría el muchacho algún día en relación a las mujeres—. Piensa que Janie es un clavo en las nalgas, como dice él. Ella lo persigue por todos lados y le pestañea con coquetería. Antes de que Rosalyn pudiese responder, se oyó una voz gritar:

—Ah, hermano. ¿De regreso tan pronto? La sonrisa desapareció del rostro de Derek al ver a Ethan de pie en la entrada principal, reclinado con negligencia sobre el marco. Ethan enfocó la mirada en Rosalyn. —¿Has cometido el peor error de tu vida, miladi? Rosalyn lo miró, confundida. Luego cayó en la cuenta de que podría parecer que Derek estaba cargando a su esposa a través del umbral. —Me lastimé cabalgando. Derek está siendo cortés. Ethan dejó salir una risotada socarrona. —Pues, sin duda es la primera vez que lo escucho. —No te importa una pizca qué sucedió —gruñó Derek—. Ahora, quítate del medio antes de que te tire al piso. Ethan chasqueó la lengua. —Hermano, ¿es esa una manera adecuada de hablar frente a una dama? Además, si no recuerdo mal, en nuestra última pequeña pelea, te dejé el rostro bastante ensangrentado. —Me golpeaste mientras miraba para otro lado, comadreja. Ahora, hazte a un lado.

5500

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Ethan se enderezó abruptamente, y Rosalyn temió que los hombres empezaran a darse puñetazos. —¡Oh! —dijo ella en un gemido, y apoyó la mano sobre el vientre, esperando que la actuación funcionara. De inmediato, Derek giró hacia ella. —¿Qué sucede? ¿Te sientes enferma? —Estoy mareada. ¿Podría recostarme? —Claro que sí. Derek salió presuroso pasando junto a Ethan. Rosalyn tuvo una rápida vista de la belleza del vestíbulo, con sus altos y abovedados cielos rasos y los magníficos tapices flamencos sobre los muros. Desde la entrada principal, Ethan gritó:

—Bien hecho, miladi. Sin embargo, quizás la próxima vez podrías mecer la cabeza si te sientes mareada. Mi querido hermano está tan enamorado que no lo nota, pero yo te digo:

«Bravo». —Le guiñó un ojo y desapareció por la puerta. —Cretino —masculló Derek al tiempo que la cargaba por un largo pasillo donde espadas y hachas de armas y viejos escudos maltrechos evidenciaban años más oscuros. Al final del pasillo, Rosalyn vio una puerta entreabierta. Derek se detuvo frente a ella y la abrió de un empujón con el pie. Un grito ahogado de sorpresa se escuchó en el rincón de la habitación. Cuando Derek ingresó, Rosalyn vio a una hermosa mujer joven. Tenía el cabello negro como la medianoche y se derramaba en suaves ondas hasta la mitad de la espalda. Los sedosos mechones estaban sujetos por un simple moño azul que hacía juego con el vestido, que se veía desgastado en algunos lugares pero aun así, le resaltaba la figura. —Milord —dijo la mujer que sostenía un lienzo en una mano—. No sabía que habías regresado. Bienvenido a casa. —Gracias, Caroline. Déjame presentarte a lady Rosalyn, quien se hospedará con nosotros durante un tiempo. Espero que la hagas sentir como en casa. —Por supuesto, milord. —Sin embargo, cuando la mirada de la mujer se posó sobre ella, Rosalyn sintió que su presencia allí no era de su agrado—. Bienvenida al castillo Gray, miladi — murmuró ella, haciendo una reverencia—. Espero que disfrute su estadía con nosotros. —Gracias, de seguro lo haré. Caroline regresó su atención a Derek y dijo:

—Solo estaba aireando la habitación de la señora. ¿Necesitan algo más? —Un baño —respondió Derek—. Lady Rosalyn ha tenido un largo viaje. También necesito que Cyril vaya en busca del doctor Latham; nuestra invitada ha sufrido una caída. Unos ojos color ámbar se posaron en Rosalyn. —¿Está herida, señora? —Apenas. —Mirando a Derek, Rosalyn dijo—: No necesito un doctor. —Dejaré que Latham lo decida. Por ahora, debes ir a la cama. —Rosalyn podía sentir los ojos de Caroline fijos en ella mientras Derek levantaba el edredón y la colocaba bajo él. —Esto es innecesario —le dijo, incómoda por las atenciones—. Estoy bien ahora. —Su protesta fue desatendida mientras Derek la arropaba. Él giró hacia Caroline y dijo:

—Quiero que te asegures de que se quede en cama hasta que llegue su baño. —Se dirigió hasta la puerta. En el umbral ordenó—: No te muevas de allí. Volveré a ver cómo estás. Luego, se fue.

5511

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 88

Un silencio ensordecedor se ciñó sobre ellas cuando la puerta se cerró con un chasquido. Rosalyn se acomodó sobre el montículo de cojines que Derek le había colocado tras la espalda e intentó pensar en algo para decirle al ama de llaves. Sospechaba que Caroline se encargaba de algo más que simplemente del orden de la casa de Derek; había visto antes esa luz de posesión en los ojos de una mujer. Conocía los signos del amor.

Si Derek tenía un amorío con la mujer, Rosalyn no podía imaginar cómo su presencia haría sentir a Caroline. Intentó encontrar una manera de reconfortarla, pero no estaba segura de si podría. Después de todo, aunque le agradara o no, se sentía atraída a él. —Sos inglesa —dijo la mujer sin rodeos y Rosalyn no pudo distinguir si era una recriminación o una simple observación. —Sí, pero considero que Cornwall es mi hogar. —No hay lugar en esta tierra como Escocia —expuso Caroline con orgullo. —Comienzo a estar de acuerdo contigo. Rosalyn no había olvidado su promesa de marcharse esa noche una vez que todos estuvieran acostados. Solo deseaba poder sacarle a Derek una buena ventaja. No era tan estúpida como para pensar que no iría tras ella. Debería alejarse lo suficiente de los alrededores como para que él abandonase la búsqueda. No le dejaría ninguna nota explicando las razones de su partida. Incluso mientras ella estaba allí sentada, Calder muy bien podía estar acechando los límites del castillo Gray. Derek podía pensar que su fortaleza era segura, pero Calder era astuto. Encontraría una grieta en algún lado y se escabulliría dentro sin ser detectado. Rosalyn se estremeció. —¿Se encuentra mal, señorita? —No —mintió—. Simplemente estoy ansiosa por levantarme. ¿Me delatarías si lo hago? Su aliada en la conspiración se mordisqueó el labio. —Supongo que estará bien. Pero el señor se enfada muchísimo cuando no se obedecen sus órdenes. Rosalyn sonrió y retiró las mantas. —No diré nada si tú no lo haces. —Se puso de pie con indecisión, probando el peso de su cuerpo en las piernas. A pesar de que uno de los tobillos estaba un poco hinchado y dolorido, y la espalda le molestaba un tanto, en general, se sentía bien. Dio unos pasos y se detuvo junto a los pilares de la cama para admirar una pintura en el muro. —¿Quién es? —Oh, es la madre del señor, lady Emmaline. Falleció hace unos meses. —El ama de llaves suspiró y negó con la cabeza—. Trágico. Rosalyn giró hacia ella. —¿Porqué? Caroline vaciló, dándose tironcitos de la falda. —Imagino que no debo decir nada…

5522

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Rosalyn sintió curiosidad. No había sido capaz de obtener ninguna información acerca de Derek aparte de lo que él mismo le había contado. La gente parecía saber muy poco de él o de su vida.

—Por favor, dime lo que quieras —incitó Rosalyn a la joven mujer—. Estamos unidas por un voto de silencio, ¿recuerdas? Todo lo que se diga aquí, quedará aquí. —Sí, estamos unidas. —Ella se acercó, mirando a hurtadillas hacia la puerta. Rosalyn dirigió la vista hacia donde había mirado ella, tanto secreto le parecía muy dramático. Los chismes parecían abundar en el hogar de Derek. Primero Nathaniel; ahora, Caroline. El castillo Gray parecía ser un refugio de chismorreos. Rosalyn nunca había sido chismosa, pero le urgía saber más acerca de Derek. ¿Quizás preferiría él contarle acerca de su vida y no que se enterase por los sirvientes? Pero mientras que Rosalyn debatía con su conciencia, la oportunidad de detener a Caroline llegó y se fue.

—Pues bien —comenzó la mujer, bajando la voz e inclinándose—, quizás «trágico» no es la palabra que estaba buscando. Triste es mejor. No había dos personas en el mundo que parecieran estar más enamoradas que la madre y el padre del señor, pero eran lo peor el uno para

el otro. —¿Por qué? —El padre del antiguo señor —el abuelo de Derek— no quería que su hijo contrajese matrimonio con una inglesa. Él había vivido lo suficiente como para recordar la opresión de la reina a los escoceses. Pero el antiguo señor estaba decidido. Quería a la muchacha inglesa de los cabellos rubios con sus formas delicadas y sus elegantes vestidos. Supongo que creyó que llevarla del brazo lo haría verse más aceptable ante los elevados y poderosos tíos ingleses con esas narices apuntando al cielo. Pero nunca lo logró. Ella negó con un movimiento de cabeza, triste. —Era una pena ver a la señora tan deprimida por eso. Esos mismos tíos estirados la rechazaban a ella también, luego de que contrajese matrimonio con un modesto escocés, sin importarles que fuese un terrateniente. Un bárbaro siempre era un bárbaro, decían ellos. Era la palabra que había utilizado Derek, y cuanto más la escuchaba Rosalyn, más desagradable le parecía. Derek era muy refinado, y le resultaba difícil de creer que hubiese gente que considerara que su sangre estaba contaminada. Él se asemejaba más a un caballero que muchos de los ingleses que había conocido en Londres. Incluso así, quedaba claro que él gozaba de más aceptación que su propio padre. Los tiempos habían cambiado, aunque no tanto como Rosalyn creía. —Entonces, ¿qué pasó con la relación de los padres de Derek? —preguntó Rosalyn. Caroline suspiró. —No fue una sorpresa cuando todo flaqueó y eventualmente se desplomó. No ayudó el hecho de que el señor Ethan se apareciera en la puerta, diciendo que era el hijo bastardo del antiguo señor, y que hubiese algunos que lo afirmaran. Fue la gota que rebasó el vaso de lady Emmaline. Si me pregunta a mí, yo nunca estuve muy segura. Al padre del señor se le iban los ojos tras las mujeres, pero parecía amar a su esposa. Al menos hasta que ella lo dejó para regresar

a Inglaterra. ¡Su orgullo quedó destruido! —continuó Caroline con dramatismo—. Se juró a sí

mismo que nunca iría tras ella, y nunca lo hizo. Pero no fue el mismo desde que ella se marchó. Era extraño… Hubo muchos silencios entre el antiguo señor y su dama; sin embargo, cuando ella

se fue, el silencio era… —arrugó el entrecejo, buscando la palabra adecuada. —¿Ensordecedor? —completó Rosalyn, quien entendía la profundidad del silencio después de la muerte de su madre.

Caroline asintió con un movimiento de cabeza. —Sí. Nunca he visto nada parecido. Pobre Derek. —Un rubor encendió por las mejillas de

la mujer al tiempo que echó una mirada rápida hacia Rosalyn y se apresuró a corregir—: Quiero

5533

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

decir, pobre señor. Sufrió lo peor de la amarga disposición del conde. El hombre miraba a su hijo como si fuese el culpable de todo. Frente al muchacho, trataba mucho mejor al señor Ethan, a pesar de odiar al niño con pasión. Era lo peor. Uno era el verdadero heredero y el otro, era un bastardo, pero los roles parecían estar invertidos. ¿Entiende lo que quiero decirle? —Sí —murmuró Rosalyn—. Lo entiendo. —Podía verlo tan claramente, y comprendía mejor las profundidades de la ira y el rencor entre los hermanos. —Pues bien, es por eso que lord Derek nunca contraerá matrimonio con una inglesa. Muchos malos recuerdos asociados con el fatídico matrimonio de su padre. A Rosalyn le tomó un momento digerir tal revelación del ama de llaves. Notó la mirada calculadora en los ojos de la mujer, como si todo lo que le acababa de comunicar tuviera por intención decirle a Rosalyn que Derek nunca estaría interesado en ella debido a sus raíces inglesas. —Ya veo —dijo Rosalyn, pensativa. —Yo también —entonó una voz profunda, lo que obligó a Rosalyn a girar sobre los talones para encontrar a Derek en el umbral de la puerta; Darius estaba unos pasos más atrás con uno de sus baúles. Derek ingresó en la habitación. Nunca dejó de tener contacto visual con ella al decir—: Espero que este pequeño tâte à tête haya sido edificante para ambas. Rosalyn se sentía avergonzada; no era correcto hablar sobre él bajo su propio techo. Él levantó una mano para detener la disculpa. —Encárgate de tus tareas, Caroline —dijo de manera brusca, arrugando el entrecejo mientras ella pasaba junto a él para salir presurosa hacia el pasillo. Regresó la atención a Rosalyn y dijo: —¿Dónde colocamos tus baúles? Rosalyn indicó el rincón más alejado. —Allí está bien. Gracias. Darius ingresó con un baúl; Nathaniel arrastrando el otro. El niño la miró con preocupación en los ojos marrones; era evidente que creía que ella estaba en graves problemas. Darius negó con un movimiento de cabeza pero se marchó de la habitación sin pronunciar una sola palabra. Nathaniel permaneció allí, con obvia renuencia a partir. —¿Debo ir en busca de algo más para la dama, señor? —le preguntó a Derek, quien aún mantenía la penetrante mirada clavada en ella. —No. Eso será todo. —Pero, ¿y el baño de la señora? Como si hubiera estado esperando el momento indicado, la tina de cobre llegó, seguida de varios sirvientes que cargaban cubetas de humeante agua caliente, y otros más con cubos de agua fría; hasta que la tina estuvo llena hasta el borde y se veía muy tentadora. Lo único que Rosalyn quería era darse un baño de inmersión durante una hora; las piernas comenzaban a dolerle. Sin embargo, no creía que le darían mucho tiempo para disfrutar del baño; parecía que recibiría un sermón. —¿Quizás a la señora le agradaría un poco de comida? —insistió Nathaniel, mirando a Derek esperanzado. —Nada le sucederá a lady Rosalyn, muchacho; no tienes por qué preocuparte. —No me preocupo, señor —se apresuró a decir Nathaniel, rechazando la posibilidad de que no estaba absolutamente seguro de las intenciones de su héroe—. Sé que nunca lastimarías ni a una mosca y que solo le agrada verse malo cuando en realidad no lo es. Derek enarcó una ceja. —¿No lo soy? Rosalyn vio una mínima sonrisa cuando Derek cruzó los brazos sobre el pecho. Un pecho bastante imponente, como había notado demasiado a menudo para su tranquilidad mental. —No —respondió Nathaniel—. Solo le agrada refunfuñar mucho. Rosalyn se llevó la mano a la boca para cubrir la risa.

5544

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Nunca lastimarías a nadie, a menos que deba hacerlo. Pero nunca herirías a una dama, especialmente a una tan bella como la señorita. —El muchacho se dirigió a Rosalyn—: El piensa que sos bella, señorita. La mira gracioso, de la misma manera que Janie me mira a mí. —Hizo una mueca al recordar a su no deseada enamorada. —Eres un hombre bueno, Nathaniel —le dijo Rosalyn—. Un día harás muy feliz a una afortunada muchacha. Él ladeó la cabeza, confuso. —¿Cómo voy a hacerla feliz? —No importa —contestó Derek, tomando al niño de los delgados hombros y girándolo hacia la puerta—. Ahora, vete. Has dicho más que suficiente por un día. —Pues bien, me iré. Pero si me necesita, señorita, estaré en las caballerizas. —Comenzó a caminar hacia la puerta y luego, dio medio giro—. Solo pensé que la señorita debería saber que vos no mordés, eso es todo. Se ve preocupada y no creo que esté bien, ya que está herida y todo. ¿Cree que está bien eso, señor? —Comprendido —concedió Derek—. La dama será mimada hasta que se encuentre bien. ¿Te deja eso más tranquilo? Nathaniel sonrió. —Sí, señor. —Dirigió la mirada hacia Rosalyn y dijo—: Adiós, señorita. Estará bien ahora. El señor siempre mantiene su palabra. —Habiendo hecho tal declaración, se fue dando saltitos; y Rosalyn se quedó sola con Derek. Él extendió el brazo hacia atrás y cerró la puerta, lo que provocó en Rosalyn una conciencia mucho mayor del dolor expansivo en su interior que cobraba vida cada vez que estaba con Derek. La mente le zumbaba con fantasías secretas; imaginaba a Derek llevándola a la cama, quitándole las prendas y humedeciéndole la piel con los labios y la lengua, llevándola hasta el borde antes de deslizarse y entrar en ella sin decirle palabra. —Creo que el joven Nathaniel está enamorado de ti —dijo Derek, trayéndola al presente al tiempo que dio unos pasos sin prisa hacia la tina, donde el vapor humeaba en el aire. Rosalyn luchó por recobrar el aliento. —Es un niño dulce. Derek asintió con un movimiento de cabeza, rozando la superficie del agua con la punta de los dedos, lo que hizo a Rosalyn desear que fuese su propia piel lo que él tocaba. —Sí que produces un efecto en los hombres de todas las edades. —No lo había notado. —No lo habías notado, ¿verdad? —Lentamente, caminó hacia ella, con un ritmo sensual en cada paso; Rosalyn se sentía atrapada al tiempo que él se detuvo frente a ella—. Si quieres saber algo acerca de mí, lo único que tienes que hacer es preguntármelo. Si creo que es algo que debes saber, entonces, te daré mi mejor respuesta. La cercanía era inquietante y Rosalyn intentó respirar para aplacar el pulso palpitante. —No estaba curioseando. Solo que advertí la pintura. —La señaló, necesitaba desviar el tema de conversación—. Tu madre era muy hermosa. Derek observó el retrato. —Sí; ella estaba orgullosa de su apariencia. Recuerdo cuando posó para el artista. Mi padre acababa de obsequiarle ese collar. Rosalyn había notado la magnífica gargantilla de esmeraldas y diamantes que colgaba en el hueco del cuello de la madre. —Es hermoso. —Una reliquia familiar. Mi madre insistía en ser enterrada con él. Era más un símbolo de triunfo que una preciada joya. Fue la última ofrenda de paz que mi padre intentó con mi madre.

5555

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Lamentablemente, fue un poco tiempo antes de que Ethan llegase. Esa es una sórdida historia completamente diferente, aunque sospecho que ya habrás escuchado bastante sobre eso. —He escuchado un poco de esa historia, pero preferiría oírla de ti. Distraído, corrió un mechón de cabello del hombro de Rosalyn. —Es, mi querida, es un relato largo y aburrido. Mejor será que lo dejemos para la tercera edad. Ahora, se enfría tu baño. ¿Necesitas ayuda para desvestirte? Era la segunda vez que le preguntaba lo mismo, y si había una tercera, ella cedería ante la tentación, sin duda. —No; estoy segura de que puedo ingeniármelas sola. —Supongo que los botones de la espalda se abrirán solos ante tus órdenes, ¿no es verdad? Rosalyn había pensado que podría desabrochar algunos y luego quitarse el vestido por sobre la cabeza. Aunque habría preferido la ayuda de Derek, sentirle tan cerca con los dedos rozándole la piel sería más de lo que podría soportar. —Quizás puedas enviarme una sirvienta. —Seguro —contestó él—. Pero estoy yo aquí y ahora y tengo dos manos. Te darás cuenta que aquí no nos regimos por las formalidades. Entonces, si confías en que solo desabrocharé algunos botones con la promesa de que no albergo segundas intenciones, estaré más que dispuesto a ayudar. Rosalyn sabía cuándo estaba acorralada. Si decía que no, iba a parecer que no confiaba en él, cuando era en ella misma en quien no confiaba. —Agradeceré tu asistencia. Rosalyn cerró los ojos mientras Derek distraídamente desabrochaba un botón tras otro; un temblor le recorría el cuerpo cuando los dedos de él le rozaban suavemente la piel; cada susurro de caricia se sentía hecho a propósito en lugar de accidental. Casi no notó cuando las mangas del vestido se deslizaron de los hombros, o cuando las manos de Derek dejaron de moverse y se ubicaron sobre su cintura para hacerla girar. La voz fue un oscuro susurro cuando dijo:

—Estás libre. —Gracias —murmuró ella, mirando fijamente los profundos ojos azules que la estudiaban con mucha intensidad. —De nada. —El dirigió la mirada hacia abajo, hacia las caderas de Rosalyn, y ella sintió un hormigueo de anticipación allí—. ¿Quizás debería quedarme aquí y asegurarme de que no tengas ningún inconveniente al entrar y salir de la tina? Prometo mantener los ojos cerrados. Ella hubiese preferido que Derek la acompañase en la cálida y sedosa agua, y la idea de susurrarle una proposición indecente le bailó en la mente. Él respondería con un grave gemido de anticipación mientras se quitaba las prendas con avidez y la alzara en brazos y la colocara dentro del agua. Voltearía hacia él y, con la habilidad del experto, la guiaría sobre su lanza, empujándola hacia abajo mientas la sujetaba de las caderas y la llevaba lentamente hacia arriba una vez más. Durante un largo rato, no se oiría sonido más que la respiración profunda de él y la agitación del agua alrededor de los enroscados cuerpos. Ella se abriría a él, lo llevaría profundo hasta la empuñadura y lo volvería a hundir; la carne de ella temblaría de placer, cabalgarían lenta y tortuosamente, hasta que los espasmos cobraran vida alrededor de él, ciñendo torrentes deliciosos hasta que él inclinara la cabeza hacia atrás y gimiera. —Gracias por la oferta —murmuró ella sin aliento—, pero estoy segura de que estaré bien. Una picara sonrisa curvó los labios de Derek. —¿Has notado cuánto tiempo pasamos agradeciéndonos el uno al otro? Rosalyn no pudo evitar sonreír también. —Bastante tiempo, creo. —Uno bien podría pensar que estamos tratando de evitar otra cosa. —¿Como qué?

5566

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Pero ella lo sabía. La conexión sexual entre ellos los había quemado como llamaradas desde el principio. —Se me ocurren muchas cosas, pero no me siento dispuesto a discutir ninguna de ellas en este momento —respondió con un tono áspero. El corazón de Rosalyn dio un vuelco al ver la expresión en los ojos de Derek, y la respiración se le volvió superficial cuando él se acercó. —Quizás deba tomar mi baño. Le rodeó la cintura con un brazo y la atrajo muy junto a su pecho. —Sé que he dicho que no lo volvería a hacer —murmuró contra los labios de ella—, pero parece que no puedo contenerme. Sus labios se posaron sobre los de ella, con suavidad al principio, pero luego más demandantes. Era insistente, y las manos de Rosalyn instintivamente se dirigieron a los hombros de él para aferrarse a la rígida banda de músculos y sostenerse con todas sus fuerzas. El vestido se deslizó sin que nadie lo notase y formó un charco a los pies de ella. Derek lo quitó del medio con una patada y la abrazó muy fuerte, de manera que todo lo que ella pudiese sentir y saborear fuera él. Rosalyn gimoteó cuando los labios de Derek le saquearon los propios. Él era del tipo caliente y duro, quemándole con su calor. Se sentía asaltada, deseada y en llamas, y no quería que él se detuviese. Se aferró a la camisa con los puños cerrados mientras los labios y la lengua de Derek se movían por el cuello, enviando remolinos de sensaciones al fondo de su vientre. Nunca antes había sentido algo parecido. Luego, se encontró tropezando hacia atrás, cayendo sobre la suave cama mientras Derek se desparramaba sobre ella, inmovilizándola allí con el peso de su cuerpo, pesado y divino. Rosalyn enroscó los dedos en su sedosa cabellera, aferrándose a los mechones negros como el carbón mientras él salpicaba besos sobre las suaves esferas de sus senos. Tenía la piel cubierta por nada más que la camisola; un lazo rosado era lo único que le separaba los inquisitivos labios de él de sus hinchados pezones. Rosalyn sentía que le latía todo el cuerpo por la excitación. Las sensaciones se elevaban hasta el punto de ebullición mientras los labios de Derek le recorrían el cuello hacia abajo, por la clavícula… y más abajo hacia el valle entre sus pechos. —Derek —gimió, sabiendo lo que estaba pidiendo con esa simple palabra. No le importó… El ruego pareció arrojar agua fría sobre su pasión, ya que, de repente, se detuvo y la observó. —Jesús —dijo entre dientes, cerrando los ojos. Rosalyn le posó la mano en la mejilla, sintió el cosquilleo de la barba. Intentó hacer que la mirase, pero él no quería. En cambio, rodó de lado y quedó junto a ella en la cama, fijando la mirada en el dosel sobre sus cabezas. Estuvo en silencio durante un largo rato antes de decir, finalmente:

—La culpa es toda mía. Dije que esto no volvería a suceder, y parece ser que soy un mentiroso. Quiero decirte que esta será la última vez, pero ¡Dios!… no estoy seguro. Deslizó la mirada hacia ella. —La pura verdad es que te deseo. Quizás, mis motivos no eran tan altruistas como creía cuando fui en tu ayuda en Londres. Negó con un movimiento de cabeza y se sentó. —Comprenderé si te quieres marchar. Puedo disponer lo necesario en la mañana. Quizás debería haber hecho esto desde el principio. —Cuando se puso de pie, Rosalyn extendió el brazo para detenerlo, pero él dio un paso más allá—. Enviaré a Caroline en una hora para que le comuniques tu decisión. —Luego, se marchó, cerrando la puerta con suavidad tras él.

5577

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Rosalyn se recostó y se abrazó a sí misma. Tenía tanta culpa como Derek creía tener. Debería haberlo rechazado cuando se ofreció a desabrocharle los botones, pero no había tenido la fortaleza como para hacerlo. Estaba cansada de sentirse como se sentía: hambrienta por él. Sus necesidades solo se satisfacían en los sueños más profundos. Deseaba a Derek, y él acababa de dejar bien en claro que la deseaba. Quizás, era tiempo de explicar sus sentimientos con mayor claridad. Por más honorable que Derek fuese, ella sospechaba que él no quería encontrarse con un grillete en la pierna simplemente porque la deseaba. Rosalyn no era tan inocente como para no comprender que se podía armar un gran revuelo por las cuatro letras antes de su nombre. Lady. Ella era lady Rosalyn. No era la lechera de la aldea, ni la hija del vicario, sino la hija de un conde. El coqueteo de la clase que casi había experimentado con Derek terminaba, en general, con un anillo en el dedo de la muchacha. Pero ella no quería contraer matrimonio, y sospechaba que Derek tampoco estaba listo para eso. Rosalyn se puso de pie y caminó por la habitación, analizando las opciones que tenía. Debía comunicarle a Derek que partiría a la mañana siguiente. Su ofrecimiento significaba que no necesitaba escapar de la casa en medio de la noche; lo cual, si era honesta con ella misma, no le había parecido particularmente atractivo. El camino a seguir, de repente, le resultó demasiado obvio: ¡Se convertiría en amante de Derek! ¿Por qué negarse? Su futuro, en el mejor de los casos, era turbio, y si Calder tenía éxito en sus planes, ella no tendría por qué preocuparse por su futuro. ¿De qué le serviría su virtud si estaba muerta? Si Calder se imponía y Derek huía con el rabo entre las patas, entonces tendría el recuerdo de los momentos vividos con Derek para atesorar. Sí; todo estaba muy claro. Por primera vez en mucho tiempo, no tenía dudas que la atormentasen. Rosalyn llamó a la criada. Cuando la muchacha se presentó, ella le dijo:

—¿Podrías decirle al señor Manchester que debo hablar con él? —¿Le digo que lo veréis en el estudio, señorita? Pensando que sería mejor no dar lugar a habladurías, en especial si Derek prefería mantener su amorío en secreto, Rosalyn contestó:

—¿Hay un patio? Es una noche tan bella que creo que me agradaría dar un paseo. —Sí, señorita. Salga derecho por las puertas francesas. —Señaló hacia el muro más alejado y Rosalyn notó las puertas enmarcadas por unas hermosas telas adamascadas color bordó y unas cortinas muy finas color marfil. Caminó hacia allí, corrió las cortinas y miró afuera. El cielo estaba completamente negro, con solo el brillo de la luna llena que cortaba la oscuridad. Brillaba sobre un camino de adoquines que serpenteaba alrededor de gruesos setos y arbustos de rosales desperdigados hasta desaparecer de la vista detrás de un espino. Era perfecto. Rosalyn le dijo a la criada por sobre el hombro:

—Por favor, dile al señor que me vea en el patio en media hora. Luego, si eres tan amable, regresa aquí a ayudarme a vestirme. —Sí, señorita. —La muchacha hizo una reverencia y se marchó. Rosalyn volvió a girar y miró hacía el cielo de medianoche mientras un lento calor comenzaba a gestarse en su interior. Con una sonrisa dibujada en el rostro, se apresuró hasta los baúles y puso manos a la obra.

5588

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 99

Derek estaba de pie frente a la chimenea en su habitación, los ennegrecidos ladrillos y el suave aroma a hollín eran vestigios de fuegos pasados. Echó una mirada a la imagen que le devolvía el espejo sobre la repisa. —Eres un maldito hijo de perra, tío. No puedes siquiera controlarte con una mujer inocente. —Negó con un movimiento de cabeza—. Maldita desgracia. Quizás sea mejor que te dieras por vencido y le dijeras a los muchachos que dejas el club. Los Buscadores de Placer nunca coqueteaban con «damas» ni muchachas inocentes, lo cual volvía la regla muy fácil de cumplir ya que parecía que, en general, una característica era exclusiva respecto de la otra. Aunque ese no era el caso. Rosalyn no. Ella era ambas: una dama y una muchacha inocente, así como completamente encantadora y nada pretenciosa en lo absoluto. El hecho de que la belleza no le afectara el carácter, la hacía mucho más deseable. Obligaba al hombre a ver más allá de la apariencia externa, hacia lo que yacía debajo, que era lo que Derek encontraba tan difícil de resistir. Había conocido y se había acostado con muchas mujeres hermosas, pero aún no se había cruzado con ninguna que tuviese un alma hermosa. Lady Rosalyn Carmichael le provocaba un conflicto consigo mismo. Alguien llamó a la puerta. —Adelante —bramó. —¿Señor? —una voz sumisa se escuchó desde la puerta, obligando a Derek a mirar por sobre el hombro y encontrar a una de las criadas de pie allí. Lo miraba como si pensara que saldrían llamaradas de la boca de Derek. Margery, según creía que era su nombre, una de las seis hijas del herrero. —¿Sí? —le preguntó, atenuando el tono—. ¿Qué sucede? La muchacha tragó en seco. —Tengo un mensaje de la señorita. El cuerpo de Derek se tensó. No había anticipado una respuesta tan pronto y sospechaba que sabía de qué se trataba. Sin duda, había asustado a Rosalyn con su pasión. No podía culparla por querer irse. —¿Cuál es el mensaje? —La señorita preguntó si podía verlo en el patio en media hora. Derek arrugó el entrecejo. ¿El patio? ¿Por qué querría verle allí? ¿Y por qué no había procedido de la manera más conveniente para sortear el problema y simplemente le había transmitido su decisión de partir a través de un mensajero imparcial? Sabía que tenía integridad y sorprendentes agallas, pero había supuesto que evitaría enfrentarle cara a cara. —¿Señor? —dijo la criada, ya que él permanecía de pie allí, mudo. —Bien —contestó él—. Será el patio entonces. Derek clavó la mirada en la puerta cerrada durante largos minutos. Le había prometido a Rosalyn que estaría a salvo de sus avances; sin embargo, ante la primera oportunidad, él había tomado ventaja.

5599

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

De nada servía pensar que ella no había puesto resistencia, o recordar lo dulce y maleable que había sido su cuerpo contra el de él, o cómo le había correspondido como si hubiese estado esperando ese beso, y solo deseaba reprenderlo por haberse retrasado tanto en llegar a eso. Dios santo, ¿cuál era el beneficio de pensar en eso en ese momento? Derek tomó la chaqueta de la silla y se la colocó. Echó una mirada rápida al reloj sobre la repisa de la chimenea. Habían transcurrido solo diez minutos, pero no podía esperar ni un segundo más en la habitación. Se sentía enjaulado y tenso. Quizás ella no se presentaría y le daría una chance más para probarse a sí mismo. Podrían jugar al ajedrez y discutir sobre la filosofía de la vida. Él podría enseñarle acerca de la configuración de las estrellas y los planetas, y del impacto que tenían en el universo, y ella podría contarle historias acerca de su vida en Cornwall. Podrían ser… compañeros. Derek hizo un mohín con el rostro. Sin embargo, podría hacerlo. Se sentía orgulloso de su habilidad de perseverar en lo que sea que se le hubiese puesto en mente. Si Rosalyn decidía quedarse allí, él se aplicaría en la tarea. Sin embargo, cuando salió a la noche envuelta en una oscura mortaja que rápidamente la cubrió en sombras, Derek no pudo evitar preguntarse cómo superaría incluso los cinco minutos con Rosalyn sin desear besarle. Jesús, estaba en problemas.

—s–

Rosalyn había controlado su apariencia en el espejo de cuerpo entero tres veces. Se había cambiado de muda unas tantas más. Dado que nunca antes se había ofrecido como amante, no tenía idea de qué ponerse para provocar seducción. Por último, se decidió por un vestido que lady Dane había adquirido para ella durante una salida de compras; había insistido en que Rosalyn lo debía tener. Ella se sentía cautivada por la belleza de la prenda. La cantidad de busto que revelaba era escandalosa, lo que lo hacía absolutamente perfecto para la ocasión. Era justo lo que una mujer pronta a perder su virginidad llevaría puesto. —Se hace tarde, miladi —dijo la criada con gentileza—. El señor estará esperando por vos. —Gracias, Margery. Rosalyn echó una mirada a su reflejo una última vez. El corazón parecía fallarle cada tres latidos y el estómago estaba enroscado en cien nudos. Pero no se echaría atrás en el plan. Se armó de fuerzas para sonreír con confianza y giró hacia la joven criada. —Deséame suerte, Margery. La muchacha le echó una sonrisa tímida como respuesta. —Buena suerte, señorita. Espero que obtenga lo que sea que esté buscando. Estoy segura de que el señor va a quedar mudo cuando la vea vestida así. —¿No crees que es demasiado? —preguntó Rosalyn. —No, señorita. Se ve majestuosa. Una oleada de calma bañó a Rosalyn. —Gracias, Margery. No sé qué habría hecho sin ti. Giró hacia las puertas francesas y la falda del vestido se abultó a su alrededor cuando se apresuró a salir al aire fresco de la noche. La temperatura había bajado desde su llegada y la brisa le erizaba la piel. Debería haber llevado el chal. ¿De qué le serviría su propuesta si contraía paludismo? La cabeza le daba vueltas al tiempo que avanzaba por el sendero que conducía al encuentro. ¿La rechazaría de inmediato? ¿O la aceptaría rápidamente? Con la frente en alto, Rosalyn continuó, arrullada por el sonido de los grillos y el suave taconeo de los zapatos contra el camino de adoquines.

6600

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

No vio a Derek cuando ingresó en el patio, ya que estaba parcialmente escondido debajo de un alto pino; sin embargo, él sí la vio y se sorprendió por la transformación. La mujer que estaba de pie en una piscina de luz de luna, con la dorada cabellera derramándose suelta y exquisita por la espalda y los cremosos hombros salpicados con polvo de estrellas no podía ser la inocente muchacha que había encontrado más y más fascinante durante las semanas posteriores a conocerla. Esa mujer estaba segura de sí misma, era tentadora. Una dama que podía dominar con facilidad la atención de cualquier hombre. Si hubiesen estado de pie en el salón de baile, todos los caballeros habrían formado una fila para bailar con ella y obtener una oportunidad de ganarse su afecto. Supo en ese instante que el no podría mantenerse alejado, tampoco. Rosalyn relucía como la luz más brillante en el cielo, y lo único que quería era acercarse a ella. En silencio, se colocó tras ella y escuchó un suave suspiro en el fresco viento de la noche. Se quitó la chaqueta cuando la vio tiritar. —¿Tienes frío? —le murmuró al oído. Ella dio un rápido giro y emitió un grito ahogado, con la mano sobre el pecho. —Me has asustado. —Lo lamento. Debería haber anunciado mi presencia, pero no quería romper el hechizo. Quedé sin palabras al verte. Ella lo miró fijo con sus luminosos ojos azules. Él observó esas profundas piscinas durante largos momentos antes de deslizar la mirada sobre ella. —Estás hermosa. —La palabra era deplorablemente inadecuada. Estaba radiante, la más deslumbrante estrella en el firmamento. Un rubor enrojeció las mejillas de Rosalyn. —¿Te refieres al vestido? —El vestido es… sensacional. —No pudo evitar volver a observarla, y notó la exhuberancia de los pechos, la ceñida cintura, la manera en que la tela le rozaba los delgados muslos—. Pero es la mujer que lleva el vestido quien me quita el aliento. La sonrisa de Rosalyn fue radiante. —Gracias. —Espero puedas perdonarme si pregunto cuál es la ocasión. Habían llegado al corazón del asunto antes de lo que Rosalyn había anticipado, y respiró profundo. —Parecía una velada para vestirse con elegancia. —Me siento honrado. Y debo confesar que me alegra que sea el único que pueda verte vestida así. —Hizo una pausa—. Espero puedas perdonarme por mi comportamiento anterior. —Perdonado. —¿Pero no olvidado? No te culpo, y entenderé si quieres marcharte. Espero que al menos aceptes mis disculpas. —No hay necesidad de disculparse. Yo… —Rosalyn volvió a respirar profundamente, en un intento de calmar los crecientes nervios que sentía—. Yo quería besarte tanto como tú a mí. —¿Sí? —De seguro notas que yo… que yo siento… Derek la tomó de la barbilla. —¿Qué sientes? Rosalyn levantó la vista para mirarlo, y encontró los ojos de Derek tan oscuros y misteriosos como el cielo de medianoche que la envolvía. —Me siento débil y fuerte, todo al mismo tiempo. Me siento increíblemente atrevida y terriblemente asustada. Nunca antes me había sentido así.

6611

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Yo también lo siento. Me dije a mí mismo que te dejaría sola. Creí que podría hacerlo. Pero luego, ingresaste en el patio y me di cuenta de que todas mis esperanzas eran en vano. No puedo estar lejos de ti. —¿Qué haremos al respecto? —No hay nada que podamos hacer. Estás aquí bajo mi protección. Rosalyn deslizó las manos sobre el pecho de Derek, la blanca camisa de lino se sentía fría bajo las puntas de los dedos. —Quizás no quiera ser protegida —dijo ella suavemente junto a los labios de Derek—. Al menos, no por ti. —Rosalyn —le contestó, con un dolor en la voz mientras envolvía con delicadeza las muñecas de ella con los dedos para retirarle las manos, lo que casi hace flaquear a Rosalyn. —Escúchame, por favor. Él quedó inmóvil, con excepción de los pulgares, que con suavidad le acariciaban la piel, ocultando su deseo de terminar lo que estaba gestándose en ellos. Rosalyn se inclinó hacia él, los senos le rozaron levemente el pecho, lo que atrajo la mirada de Derek hacia los suaves montes. El vestido tenía una sorprendente capacidad para ceñirle el cuerpo y le daba a Rosalyn una increíble voluptuosidad. La carne le temblaba cada vez que ella respiraba. Cuando los ojos de Derek regresaron al rostro de la muchacha, él tenía tal intensidad en la mirada que Rosalyn se quedó sin aliento. —He pensado mucho —dijo ella, y lentamente deslizó las manos por el escote en V de la camisa de Derek, donde una tentadora porción de piel le calentaba la punta de los dedos. —¿Y en qué has estado pensando? —En nosotros —contestó ella, levantando el extremo sin abotonar de la camisa y echando una mirada en la dura carne del pecho del hombre. —¿Qué hay con nosotros? —repreguntó con un tono ronco en las palabras. —Pues bien… ambos hemos confesado que sentimos atracción. Y creí que tal vez —se puso en puntas de pie y le rozó la quijada con los labios—, te agradaría explorar esa atracción conmigo. Derek la tomó de los hombros y se alejó de ella. —¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo? —¿Qué crees que estoy diciendo? —Jesús, Rosalyn, no juegues conmigo. —Creo que no soy muy buena en esto. No tengo mucha experiencia en seducir a los hombres; es mi primera vez. —Pues, has hecho un muy buen trabajo por ser esta tu primera vez. —Negó con un movimiento de cabeza, confundido—. ¿Me estás seduciendo? Esto es inaudito. No sé si colocarte sobre mis rodillas o… —¿O, qué? —Olvídalo. ¿Qué te ha llevado a…? —¿Ofrecerme a ti? —Sí. Y será mejor que no tenga nada que ver con la razón por la cual llevas puesto este vestido. —¿Por qué? —Porque no eres tú. Eres dulce y gentil… e inocente —le contestó él, con énfasis en la última palabra. ¡Si solo él supiera! —Quizás no desee ser nada de eso nunca más. —No tiene nada que ver con querer ser así o no. Eres así, y muchos hombres matarían por esas cualidades. No todas las mujeres las poseen.

6622

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Es posible que sea inocente en cuerpo y espíritu, milord, pero no soy tan ingenua como tú pareces creer. —No creo que seas ingenua. Simplemente eres ignorante en cuanto a las costumbres de los hombres. —Es por eso que quiero… —No lo digas. Rosalyn refunfuñó. —No te comprendo. Me deseas; sin embargo, insistes en mantenerme a distancia. ¿Por

qué?

—Porque uno de los dos tiene que ser racional aquí, y es evidente que tendré que ser yo. Rosalyn se sintió estúpida y herida y retiró el brazo arrancándolo de la mano de Derek. Lo único que quería era desaparecer de la vista y quemar el horrible vestido. ¿Qué locura se había apoderado de ella para pensar que podría llevar eso adelante? La tomó de los hombros. —¿Adonde vas? —Lejos de ti. No sé en qué estaba pensando para querer tener algo que ver contigo. — Rosalyn intentó pasar junto a él, pero Derek le bloqueó el camino. —Rosalyn, cariño… —No me llames cariño —dijo, echando humo—. Has sido muy claro conmigo, milord. Soy una molestia y un incordio y obviamente no soy una de tus mujeres de mundo. No volveré a importunarte. Empacaré mis cosas esta noche y estaré lista para partir en la mañana. Buenas noches. Trató de marcharse por un costado, pero él volvió a truncarle el intento. —Rosalyn, hablemos. —No hay nada de qué hablar. Una media sonrisa cautivadora curvó los labios de Derek. —Tendré que discrepar contigo. Una mujer hermosa me acaba de ofrecer un precioso obsequio que no merezco. Me siento honrado y humillado. Pero ella no comprende que merece algo mucho mejor que un revolcón. —¿Es así como ves hacerme el amor a mí? ¿Un revolcón? Entonces, quizás tengas razón:

Claro que merezco algo mejor. Ahora, si me disculpas… Antes de que Rosalyn pueda moverse, se encontró con que la levantaban del suelo y el cuerpo se le hundió en los brazos de Derek. —No he terminado contigo, y si te tengo que atar para que me escuches, entonces lo haré. —¡Bájame! Caminó hasta un banco trabajado en hierro y se sentó, sosteniéndola cerca del pecho. —Quédate quieta —dijo él mientras ella se retorcía sobre el regazo, odiando su propio cuerpo traicionero que la deseaba—. Cuanto antes escuches lo que tengo para decir, antes podrás darme una bofetada y correr hacia la casa. Rosalyn lo miró fijo, aterrada. —Nunca te daría una bofetada. —Gracias. Ahora, discutamos esta propuesta tuya. Ella cruzó los brazos sobre el pecho y se negó a mirarlo a los ojos. —Creí que no querías referirte a eso como una propuesta. —Estoy reconsiderando mi posición en el asunto. Vamos —intentó convencerla con zalamerías—. No puedes culparme por estar sorprendido. —Pasmado, diría yo. —Bien. Pasmado. ¿Sabes? Esta es la primera vez que me pasa algo así a mí también. Me has sorprendido con la guardia baja, algo que rara vez me sucede.

6633

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Rosalyn no podía entender por qué se sentía tan inextricable. Parecía tener todas las emociones revoloteando a su alrededor. No podía dejar de pensar cómo era posible que insistiese en arrojarse a sus brazos y luego, retraerse. Había muchos hombres que la encontraban atractiva, quienes habían trabajado afanosamente para ganarse su afecto. Sin embargo, no había encontrado a ningún hombre de su agrado, hasta que conoció a Derek. Desde el primer momento en que le sonrió y ella lo miró a los hermosos ojos, lo supo. De repente, las lágrimas le inundaron los ojos. —Por favor, déjame regresar a mi habitación. No deseo discutir sobre esto. Me he comportado como una estúpida y preferiría no arrastrar más esta humillación. —No has hecho nada de lo que debas avergonzarte, Rosalyn. De hecho, tú has sido la persona valiente aquí. Has dicho cosas que yo quería decir pero no podía. Durante todas estas semanas he observado a otros hombres hablar contigo, bailar contigo, tocarte, y deseaba partirles el cuello. No quería que nadie hiciera contigo lo que yo quería hacer. Rosalyn parpadeó. —Nunca noté nada de eso. —Porque tenía que ocultarlo, lo cual fue muy difícil, maldición. Pero no asistí a todas esos eventos para seducirte; estaba allí para protegerte. No podía perder eso de vista. —¿Y ahora? —Aún quiero protegerte, si me lo permites. No quiero que nada te suceda. El recordatorio de que Calder aún seguía suelto fue un baldazo de agua fría sobre la discusión. —¿Y si yo no quiero que nada te suceda a ti? —preguntó ella—. ¿Qué se supone que deba hacer? —Si Westcott de algún modo logra encontrarnos antes de que yo lo encuentre a él, entonces será detectado antes de que pueda poner un pie en el patio. —Derek la atrajo para sí, colocando la cabeza de Rosalyn bajo su barbilla—. Estás a salvo aquí, amor. Quédate conmigo. Rosalyn tironeó de un botón de la camisa. —Pero, ¿qué hay con…? Tú sabes. Una risa grave le retumbó en el pecho. —Eso nos plantea un dilema. —No tiene por qué. No creas que espero contraer matrimonio. —¿Por qué no? —Él sonó sorprendido. Rosalyn se encogió de hombros. —No es por mí. —Pensé que todas las jóvenes damas soñaban con el día de sus bodas. —Algunas mujeres no son adecuadas para el matrimonio, de la misma manera que algunos hombres no lo son, tampoco. —Es una manera interesante de decirlo. Sin embargo, encuentro aún más interesante el hecho de que no has dicho que no querías contraer matrimonio. —Pero lo dije. —No, has dicho que no lo esperabas, y que no eras adecuada. —Es lo mismo. —En lo absoluto. Pero volveremos a tocar el tema más adelante. Quisiera saber qué te impulsó a acercarte a mí de este modo. —Derek apoyó la mano sobre la mejilla de ella—. No tendrás la estúpida idea de que me debes algo, ¿no es verdad? Rosalyn se endureció. —Por supuesto que no. Hice lo que hice porque así lo sentí en ese momento. —Entonces, ¿no te sientes más de ese modo? Si hubiera sido inteligente, habría dicho que no, pero nunca fue una buena mentirosa. —No sé cómo me siento. Creo que me deseas, pero luego, no.

6644

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Rosalyn, no puedo imaginar un momento en que no te desee. Me tientas en todo instante, pero… —¿Hay alguien más? ¿Es esa la razón por la cual insistes en rechazarme? —Jesús, no te rechazo. Y no, no hay nadie más. Ella elevó la mirada al cielo, deseando estar de vuelta en Cornwall, segura en su propia cama, con su madre y su padrastro al final del pasillo, y su hermanastro sin planear su deceso. —Por favor —dijo ella suavemente—, déjame ponerme de pie. Muy a su pesar, Derek hizo lo que le pidió. —Rosalyn —comenzó a decir. —Por favor, no digas más. Esto ya es bastante difícil. No sé en qué estaba pensando. No soy una mujer de mundo que seduce a los hombres regularmente. Soy solo una muchacha de una pequeña aldea en Cornwall. —Y esa es la mismísima razón por la cual me atraes tanto. Eres sencilla y genuina. No te hubiera ofrecido una segunda oportunidad de pensarlo si fueses una mujer hastiada y cínica como yo.

Rosalyn giró para observarle. —No eres hastiado y cínico. —No me conoces tan bien como crees. He hecho algunas cosas de las cuales no me enorgullezco. —Todos hemos pasado por lo mismo. No seríamos seres humanos de otro modo. —No quiero arruinarte. No podría vivir conmigo mismo si lo hiciese. Dices que no quieres contraer matrimonio, pero ¿si cambias de opinión? ¿Y si te arrepientes de hacer el amor conmigo? Rosalyn apoyó la palma de la mano sobre la mejilla de Derek, como había hecho él unos minutos antes. —Eso no sucederá. Casi no he pensado en otra cosa desde que te conocí —confesó ella. —¿Qué sucederá si comienzo a sentir apego por ti? ¿Qué sucederá si yo pienso en el matrimonio? ¿Qué sucederá? La observación la tomó por sorpresa. —Yo… —Rosalyn negó con un movimiento de cabeza—. No lo sé. —¿Se te ha cruzado por la cabeza alguna vez? —No —contestó ella con honestidad—. ¿Es por eso que estás tan vacilante? ¿Porque crees que espero que contraigas matrimonio conmigo? No lo haré. Pero tampoco quiero morir siendo una solterona virgen. Derek tomó un mechón de la cabellera en la mano. —Estás muy lejos de ser una solterona, y aún más lejos de tu recompensa final. —A los veintitrés años, estoy para vestir santos, como lo pensaría la mayoría de las personas. Y lo que el futuro me depara… —Suspiró y pensó en Calder—. Simplemente no quiero pasar el resto de mi vida arrepintiéndome por lo que no hice. ¿Puedes entender eso? —Más de lo que crees. Ella dio un paso hacia atrás y se alejó para oler una rosa en capullo. —Lamento si te puse en una situación incómoda, y entenderé si te resulta embarazoso estar conmigo ahora. No volverá a suceder, por lo que no debes preocuparte. No te acorralaré en cada patio desierto. —No me preocupo. Me sentiré muy decepcionado si no eliges acorralarme de nuevo. Si ese fuera el caso, me veré obligado a hacerlo yo. —Él acortó la distancia entre ellos y cortó la flor que ella había estado oliendo segundos antes. Le acarició los labios suavemente con ella. —Si aún me deseas, acudiré a ti a medianoche. Si no abres la puerta, entenderé. Es tu decisión, Rosalyn. Nunca querría que hagas algo de lo que puedas arrepentirte luego. Ninguno de los dos podrá vivir con eso.

6655

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Colocó la rosa en la palma de la mano de la muchacha, giró y se marchó. Rosalyn lo observó desaparecer por el sendero oscuro; y, con el corazón palpitando salvajemente, se preguntó en qué predicamento se acababa de meter.

6666

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 1100

Derek echó una mirada al reloj sobre la repisa: un cuarto para la medianoche. Pronto

estaría golpeando a la puerta de Rosalyn. Pronto estarían aclarando el asunto. Deseaba con todas sus fuerzas que ella bloqueara la puerta con barras de hierro; con la misma intensidad rogaba que ella lo tomara entre sus brazos y lo llevara a su cama. Era una locura. ¿Qué estaban haciendo? ¿Qué estaba haciendo él? Se sentía tan nervioso como un imberbe muchacho. Se había ganado su membresía en Los Buscadores de Placer de buena ley, y era una cuestión de honor proveer a sus mujeres de tanto placer como ellas le daban

a él.

Pero se trataba de Rosalyn. Ella era un tipo de mujer completamente diferente; acostarse con ella significaba demasiado como para tomarse el asunto a la ligera. Se peinó el cabello con la mano. Debería haber cancelado todo el asunto en lugar de ponerla en evidencia. Durante toda la noche, había esperado que ella le enviase una nota diciéndole que no había estado en sus cabales, pero no tuvo la suerte. La casa había estado

inquietantemente silenciosa. Estaba seguro de que no era así, pero bien podría creer que todo el mundo sabía dónde estaría cuando el reloj diera las doce, lo que agregaba un peso más a su ansiedad. Cuando los minutos se acabaron, Derek salió de su habitación en camino a la de Rosalyn. Durante medio minuto, incluso llegó a decirse a sí mismo que si Rosalyn lo deseaba, entonces no había nada de malo en todo esto. Eran dos adultos con mutuo acuerdo; ninguno estaba forzando al otro a hacer nada que no estuvieran perfectamente dispuestos a hacer. Entonces, ¿por qué se sentía como un cerdo libidinoso babeándose por un cordero

perdido?

Y, ¿por qué no daba la vuelta y regresaba a su habitación, cerraba la puerta con llave, y se consolaba con una botella de brandy excelentemente añejada? Solo porque hubiese dicho que iría

a ella a la medianoche, no significaba que tenía que ir. Tenía opciones. Alternativas. Pero nada de eso logró llevarlo de regreso a su habitación. Atravesó el vestíbulo que separaba el ala este del oeste. ¡Pues, vaya con la teoría de ubicarla en el extremo opuesto de la casa! ¡Vaya con su proclamada fuerza de voluntad! Había aguantado cinco minutos después de la increíble propuesta de Rosalyn. Sus proposiciones fueron poco

entusiastas. Al girar a la esquina, sus meditaciones se vieron interrumpidas cuando algo pesado lo golpeó en la nuca, derrumbándolo al suelo, noqueado.

—s–

Rosalyn enroscaba el lazo del salto de cama alrededor del dedo una y otra vez, consumida por el reloj. Derek golpearía a su puerta en menos de dos minutos. Unos instantes después de eso, bien podría convertirse en una mujer completa.

6677

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Cuando oyó el golpe a la puerta, Rosalyn se sobresaltó. El momento había llegado. Tragó en seco para aplacar los nervios y tiró de los lazos del salto de cama tan fuerte que apenas podía respirar. Luego, se dirigió a la puerta, inspiró profundo y abrió. Sin embargo, la persona del otro lado no era Derek. —¿Te desperté? Rosalyn parpadeó. —¿Qué estás haciendo aquí? No sabía por qué Ethan estaba en la puerta de su habitación en la mitad de la noche, pero se podía imaginar lo que Derek haría si se encontraba a su medio hermano allí. Tenía que deshacerse de Ethan antes de que él llegara. —Vi tu luz encendida y quería ver cómo te había ido en tu primer día en el castillo Gray — dijo él—. Espero que no te hayan acechado los fantasmas, ¿no? Aunque sí tenemos algunos secretos muertos por ahí. —Te das cuenta de qué hora es. —El paso del tiempo es relativo —dijo, encogiéndose de hombros—. ¿Puedo pasar? —No, sería inadecuado. Sonrió, maléfico. —Nunca he sido muy adecuado. —Ya lo veo. Ethan pasó junto a ella e ingresó a la habitación. —Derek te ha dado la antigua habitación de su madre. Qué extraño. —Giró hacia ella—. A lady Emmaline le agradaba estar lo más lejos posible de su esposo. Debo decir que me sorprende que Derek te quiera tener a tal distancia. En su lugar, te hubiese ubicado en la habitación junto a la mía y habría aceitado bien las bisagras de la puerta colindante. Rosalyn apretó los dedos alrededor del extremo superior de la prenda y abrazó la tela contra el pecho. Ethan rió. —No temas, dulzura. No tengo intenciones de saquearte, a menos que quieras que lo haga. Estoy dispuesto a complacerte. —Milord —Rosalyn comenzó a decir. —No soy un lord. Simplemente un humilde bastardo que vive de la generosidad de su hermano. No es que me moleste, por supuesto. Considero lo que es de Derek legalmente mío. Soy el primer hijo varón, después de todo. En resumen: me lo deben. Pero, basta de hablar de eso —dijo él, haciendo un ademán con la mano para descartar la idea—. Tengo ganas de celebrar. —¿Cuál es la ocasión? —¿Hace falta una? —Esto no es… —Si mi memoria no falla, hay una buena botella de oporto en el gabinete de esa mesa lateral. —Caminó a grandes pasos por la habitación y quitó la botella de allí, soplando el polvo que se había acumulado sobre ella antes de elevarla hacia la luz, donde brillaron rojos prismas—. Magnífico. —Quitó el tapón de vidrio y se llevó la botella a los labios, dudando solo un momento para ofrecerle el primer trago. —No, gracias. —¡Como quieras! —Tomó una bocanada, y suspiró ruidosamente después de tragar. La miró de soslayo y le dijo—: No fue muy sofisticado, ¿verdad? Pero a Derek le agrada guardar el licor bajo siete llaves. Que Dios no permita que nadie se ponga jocoso en su sagrado hogar, mucho menos yo. Suelo tener mis propias provisiones, pero mi hermano también disfruta de su pequeña venganza al pedirles a los vendedores que se nieguen a venderme la mercancía. Ya que la

6688

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

aldea entera está bajo su pulgar, la mayoría de ellos no se oponen a sus órdenes. Sin embargo — continuó con una sonrisa—, tengo mis recursos. —Toda esta animosidad entre ustedes dos ¿es realmente necesaria? —preguntó Rosalyn. —No puedo imaginar un día sin ella. —Pero, ¿no pierde vigencia? Ethan se encogió de hombros. —Debo confesar que el muchacho aprendió a dominar su carácter mucho mejor que cuando era un adolescente de buenas intenciones. —Entonces supongo que tú te rebelas ante las buenas intenciones. Hizo un gesto con la botella. —Estás entendiendo. Sabía que lo harías. —¿No crees que es tiempo que esta contienda termine? Su padre ha muerto, y ustedes son adultos ya. Ethan la observó como si a ella le hubieran salido cuernos y una cola bífida. —Olvídate de eso. Siento que mi propósito en este mundo es molestar a mi hermano con pretensiones de superioridad moral. ¿Ciertamente no querrás negarme ese placer? De repente, una voz interrumpió. —¿Es por eso que me pegaste en la nuca como el cobarde que eres? Rosalyn giró y se encontró con Derek en el umbral de la puerta. Un hilo de sangre le caía por la sien. Corrió hacia él y le tomó el rostro con las manos. —Dios mío, ¿qué sucedió? Derek le echó una mirada a Ethan, con furia en los ojos. —¿Por qué no le preguntas a mi hermano? Ethan se sentó en el borde de la cama de Rosalyn, con la botella de oporto frente a él. —¿De seguro no estarás queriendo decir que tuve algo que ver con tu herida? Siempre has sido muy torpe. Recuerdo incontables oportunidades en las que te has tropezado con tus propios pies. Y aquí estás, todo un terrateniente. Es incomprensible. Creí que te habrías caído de un acantilado a estas alturas. —Estoy seguro de que te habría agradado eso. Quizás habrías apresurado mi partida final con una mano sobre mi espalda. —No soy más que complaciente —contestó Ethan suavemente. —Maldito bastardo —espetó Derek entre dientes, forzando a Rosalyn a que se quitara del medio y dando unos pasos hacia su hermano. —Basta —dijo ella en voz baja, pero con convicción—. Por favor, vete a dormir. —Parece que te has ganado una invitación a la cama de la señorita con tu conveniente derramamiento de sangre —ridiculizó Ethan—. Considérate un hombre afortunado. Rosalyn apretó con más fuerza el brazo de Derek cuando él se tensó, y le echó una mirada iracunda a Ethan. —Debo ver las heridas de tu hermano. ¿Podrías traerme toallas limpias, por favor? —Ella tenía toallas, solo deseaba que Ethan se marchase. La mirada en los ojos de él denotaba que se había dado cuenta de la treta. —Lo que necesites, mi amor —contestó irguiéndose con un ademán exagerado. —Si te vuelvo a ver cerca de esta habitación —dijo Derek con un tono de voz apenas controlado—, quedarás eunuco en un santiamén. —Más amenazas vacías. Sin embargo, me iré. Verte sangrar me aburre cada vez más, y la noche aún es joven. Que te mejores, hermano. —Ethan elevó la botella en un saludo burlesco y luego, giró para marcharse. En la puerta, casi choca con Darius.

6699

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Ah, ha llegado la caballería. El herido yace por allá. —Silbando, desapareció por el pasillo. —Dios santo, muchacho, ¿qué te ha sucedido? —exclamó el tío. —Parecería que me han herido —masculló Derek mientras Rosalyn volcaba agua de una vasija sobre la mesa de noche en un cuenco. Cogió un pañuelo con monograma y lo introdujo en el agua fresca. —-Ahora, déjame limpiarte la herida. Derek extendió la mano para tomar el pañuelo. —Puedo hacerlo yo mismo —dijo, gruñón. Rosalyn movió el pañuelo lejos del alcance de él. —No voy a discutir contigo. Ahora, acuéstate ahí y quédate quieto. De otro modo, podrá doler más de lo que debe. Darius largó una risotada. —Escucha a la señorita, muchacho. No tolerará tu mal humor. Será mejor que hagas lo que te dicen. Derek miró a su tío con el ceño arrugado. —¿Necesitas algo? ¿O estás aquí para verme desangrar hasta morir? Rosalyn bufó. —Qué melodrama. —¿Perdón? —dijo Derek, dirigiendo la mirada hacia ella. Rosalyn le enfrentó la mirada sin pestañear. —Dije que estás siendo demasiado dramático. No te morirás desangrado, pero tendrás un antiestético chichón y un enorme dolor de cabeza en la mañana. —¿Y cómo sabes que no estoy herido en ningún otro lado? ¿Te has fijado? —No, no lo he hecho. ¿Estás herido en alguna otra parte? ¿O es simplemente una treta para llamar la atención? He visto a niñitos de dos años fingir mejor que tú. Derek vio la contenida risotada de Darius, pero estaba muy ocupado con su enfermera como para que le importase. —¿Ah, sí? ¿Y cuántos niños de dos años has atendido, si puedo preguntar? —Los montes y valles de Cornwall estaban atestados de niños jugando y, en última instancia, dando volteretas. Y se oían como tú te oyes ahora. Entonces, si eres tan amable de quedarte quieto, te lo agradeceré. —Te lo dijo, muchacho —dijo Darius con una carcajada—. Sí, ciertamente de lo dijo. —Tienes tiempo a que cuente hasta tres para salir de esta habitación —le advirtió a su tío. La sangrante cabeza le latía como si alguien la hubiese utilizado como tambor. Cuando le pusiese las manos encima a Ethan, le retorcería el pescuezo. Derek no tenía dudas de que había sido un gesto de bienvenida de su medio hermano, un gesto que habría sido fatal de haberlo golpeado con más fuerza. Ya había cumplido bastante con su obligación para con el hombre. Debería haber echado a Ethan hacía años. Nadie lo habría culpado de hacerlo; todos en el clan sabían que Ethan era un buscapleitos. Ya había sido su víctima lo suficiente. Derek le había sacado de un apuro tras otro durante años; por qué, no lo sabía. Hubo un momento en que podría haber creído que sería agradable tener un hermano, pero no tenía que tolerarlo más, ¡maldición! En especial, si involucraba a Rosalyn de alguna manera. Derek había visto algo que no le agradaba en la mirada de Ethan. Algo que se parecía mucho a un encaprichamiento. —¿Satisfecho? La voz de Rosalyn lo trajo a la realidad. Levantó la vista y la encontró observándolo, con las manos sobre los labios. –¿Qué?

7700

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Pregunté si estabas satisfecho ahora que has echado a tu tío. Derek resopló. —Si Darius se marchó fue porque quería hacerlo. Ni siquiera la tierra partiéndose en dos bajo sus pies podría obligar al hombre a moverse si así no lo desea. Entonces, por favor, retrae tus garras. He tenido demasiada violencia para un solo día. —Haciendo una mueca de dolor, Derek se irguió en la cama. —Dios mío —resopló Rosalyn, empujándolo hacia atrás mientras le acomodaba los cojines—. Sí que eres obstinado. La larga cabellera de ella le rozó la mejilla. La textura y el aroma del cabello lo atormentaron y le recordaron energéticamente por qué había atravesado los oscurecidos pasillos del castillo en primer lugar. El salto de cama de Rosalyn había cedido, dejando a la vista una porción de los pechos, y los pezones estaban levemente erguidos y presionaban contra el delgado camisón. —Lamento haber arruinado nuestra noche —dijo él. Un suave rubor tiñó las mejillas de Rosalyn cuando notó la proximidad de sus pechos y el rostro de Derek, y dio un paso hacia atrás. Ambos parecieron comprender al mismo tiempo que él no solo estaba en la habitación de ella, sino que estaba en su cama. —No tiene que suceder nada, ¿sabes? —le dijo—. De hecho, no esperaba que sucediera. Simplemente pasar tiempo contigo me hace feliz. —No he cambiado de opinión. —¿No? —No. No mentiré y diré que no estoy nerviosa. Pero esto es lo que quiero. Te deseo. Derek la trajo para sí, llevándola a sentarse junto a él sobre la cama. —Yo te deseo también. Si ella hubiese bajado la mirada hasta los pantalones, habría visto la evidencia de ese deseo. Derek estaba duro como roca y con la desesperada necesidad de lanzarse a las profundidades heladas del lago, que era donde imaginaba que se dirigiría tan pronto como ella se diera cuenta de que no quería desperdiciar su tesoro con él. Sin embargo, ella se puso de pie. La mirada nunca lo dejó mientras se desató el lazo del salto de cama y dejó que la tela sedosa se deslizase hacia los pies, enmarcándola como si fuese una ninfa elevándose del mar. El camisón le delineaba las exuberantes curvas del cuerpo; la voluptuosidad de los senos que subían en pendiente, la delgada cintura y las pequeñas caderas, los dedos de los pies se asomaba por debajo del ruedo. Las manos le temblaban cuando se quitó primero un tirante del hombro, luego el otro. La seda le acarició cuando se deslizó hacia abajo por el cuerpo, deteniéndose brevemente en los pezones para mofarse de él antes de escurrirse por completo, y dejarla gloriosamente desnuda.

7711

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

CCaappííttuulloo 1111

Rosalyn permaneció de pie, inmóvil, sintiéndose como si estuviese sujeta al suelo como una estatua viviente. Esto era exposición total ante un hombre. Y no era cualquier hombre, sino aquel a quien le entregaría su inocencia. —Estás pálida como un fantasma —dijo Derek, con preocupación en el rostro mientras atraía a Rosalyn hacia sus brazos—. Te lo he dicho, amor, no tienes que hacer esto. —No —contestó ella, negando con un movimiento de cabeza—. No es eso. —¿Qué es, entonces? Rosalyn extendió la mano y le tocó la herida con suavidad. —¿Crees que Calder nos haya encontrado? Derek la envolvió con los brazos por alrededor de los hombros y la trajo para sí en un abrazo. —¿Es eso lo que te inquieta? ¿Crees que tu hermanastro se ha enterado de dónde estás? Rosalyn no estaba preocupada por ella misma. —Puede haber sido él quien te lastimó. —Confía en mí, amor, Calder no está ni a cien millas de aquí. Lo sabría. —Pero… Derek la acalló con un dedo sobre los labios. —Él no está en el castillo Gray. No solo tendría que ser invisible, sino también un maldito mago. —La obligó a mirarlo a los ojos—. No te preocupes. Derek podía ver que ella aún tenía dudas, y sintió una renovada determinación de protegerla, sin importar lo que implicase. El solo pensar en que alguien pudiera lastimarla le resultaba insoportable. Nada lo había asustado antes. Había mirado a la muerte a los ojos en más de una oportunidad y había salido indemne. Sin embargo, no se trataba de su vida, sino la de Rosalyn. Se estaba convirtiendo en alguien muy importante para él. Cada día que pasaba, ella llenaba más y más el espacio vacío en su corazón. Mucho tiempo atrás, se había reconciliado con la idea de que no existía tal cosa del alma gemela. Los hombres y las mujeres podían ser compañeros y amantes, pero no parecía haber más que eso. El amor era un cuento de hadas que nunca lo encontraría, y él lo había aceptado. Existía, desde hacía mucho tiempo, un acuerdo implícito que algún día contraería matrimonio con Megan Trelawny. Era joven y hermosa e inmune a las dificultades de vivir en las Tierras Altas, ya que había nacido y crecido allí. Su clan y la familia Trelawny habían sido en el pasado enemigos mortales, pero eso había sucedido décadas atrás. La ruptura había sido reparada, aunque los recuerdos permanecían. Había parecido sensato unir a los dos clanes, asociando dos grupos fuertes de los habitantes de las Tierras Altas. La propiedad de los Trelawny bordeaba el castillo Gray. El matrimonio los haría aliados.

7722

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Pero, en el fondo, Derek sabía que lo que verdaderamente lo separaba de Rosalyn era su herencia inglesa. Los extranjeros habían intentado y habían fallado en su país. Su madre había terminado triste y amargada, anhelando las celebraciones del país y los magníficos bailes, los hermosos atuendos y los correctos caballeros. Eventualmente, Rosalyn extrañaría eso también. El castillo Gray estaba aislado, un mundo en sí mismo, y mientras que él se regodeaba con mantener el mundo exterior a raya, Rosalyn querría algo más. Algo que él no podía darle, como su padre no había podido dárselo a su madre. Aun así, sabiendo todo eso, Derek hizo lo que había deseado hacer durante todo el día. La trajo para sí y la besó, con suavidad al principio, saboreando su dulce boca y encantado con su respuesta. El beso rápidamente se volvió más apasionado mientras ella le rodeaba el cuello con los brazos y lo abrazaba con más fuerza. Los senos eran un cálido y suave peso contra el pecho de Derek. Él tomó con la mano un globo firme y la escuchó inspirar rápidamente cuando el pulgar le acarició el pezón, rozando el tenso pico. —Eres muy hermosa —murmuró Derek, y le dio un beso fugaz sobre los labios antes de comenzar a bajar por el cuello, sintiendo el corazón de Rosalyn batiendo como un colibrí. Rozó la clavícula y la respiración de la mujer se aceleró con excitación. Quería ir lento con ella, dejar que se acostumbre a las caricias. Saboreó cada porción de la sedosa piel. Derek sentía el cuerpo tenso y explosivo. La deseaba tanto que le dolía todo el cuerpo. Derek se deslizó hacia el exuberante valle entre los senos, lamiendo con lentitud los pechos voluptuosos, dolorido por el deseo de saborear los pezones. Se regocijó con el gemido de Rosalyn cuando se llevó el pezón a la boca y lo succionó con gentileza. Ella inclinó la cabeza hacia atrás y se aferró a la nuca de Derek. Él lamió un sendero hasta el otro rígido pezón y le dio latigazos con la punta de lengua, incrementando la velocidad hasta que Rosalyn se retorcía en sus brazos. La recostó sobre la espalda y se colocó sobre ella con suavidad; los labios y las manos le masajeaban los pezones hasta convertirlos en puntos dilatados, hinchados por las caricias. Deslizó la mano por el vientre de Rosalyn, rozando la suave y plana superficie con la punta de los dedos, sintiéndola temblar cuando encontró el centro sensitivo. Derek se tomó su tiempo afanándose inexorablemente hacia los sedosos rizos y la dulce perla allí escondida. Rosalyn tenía las piernas cerradas con fuerza, pero él deslizó la mano entre los muslos y masajeó los tensos músculos hasta que ella se volvió flexible, abriéndose para él. —No te lastimaré —le murmuró en la sien—. Nunca te lastimaría. Rosalyn giró, y por primera vez desde que Derek había comenzado con el acto amoroso, ella lo besó, los labios dulces sobre los de él, la mano internándose profunda por la abertura de la camisa para acariciarle el pecho. Un gruñido primitivo rugió en el interior de Derek, y presionó los labios con más fuerza en el beso, con deseos de devorarla, a punto de perder el control. Cuando él le abrió los labios inferiores, y los dedos se deslizaron dentro del húmedo calor, supo que ella estaba casi lista para él. Rosalyn arqueó la espalda y presionó contra la mano al tiempo que él comenzó a masajear el nudo sensitivo. El gimoteo que emitió fue un sonido erótico al oído. Rosalyn tenía los ojos cerrados y él le besó los párpados, esperando a que posase la mirada en él. Los ojos se veían inocentes en la tenue luz, pero el deseo en las profundidades casi lo mata. —Ven aquí —indicó él en voz baja, cambiando de posición para recostarse sobre la cabecera de la cama, llevando a Rosalyn hasta sus piernas abiertas. Ella inclinó la cabeza hacia atrás sobre el pecho de él. Los duros pezones apuntaban hacia adelante. Este nuevo ángulo le permitía ver el completo panorama de su voluptuoso cuerpo, y dejaba que ella pudiese observar lo que él le hacía.

7733

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—¿Se siente bien esto? —Mmm —ronroneó ella. El sonido lo enloqueció—. Quiero tocarte. —Lo harás, amor. Esto es para ti ahora. Siente lo sensibles que están tus pezones. Tal como él lo había esperado, las palabras la excitaron. Su humedad le empapó los dedos al tiempo que los deslizaba hacia adelante y atrás, incrementando la velocidad del movimiento, masajeando la punta del nudo caliente. La cadera de Rosalyn se inclinaba hacia arriba y abajo. Los pechos presionaban contra las manos de Derek. Ella no sentía nada más que el placer que le estaba dando. Las suaves súplicas le indicaban que ella estaba al borde. Cuando Derek le pellizcó los pezones con suavidad, ella gritó, ciñéndose alrededor del dedo que él deslizaba en su interior. Los ondulantes movimientos lo agarraban, lo que le provocaba el ardiente deseo de que ella lo ciñese otra parte del cuerpo. Cuando ella suspiró y cerró los ojos, el cuerpo convertido en líquido sobre él, Derek la acomodó en otra posición, acunándola en el hueco del brazo y ubicándole la mejilla sobre el hombro. Solo el sonido de las respiraciones llenaba la habitación mientras Derek le acariciaba el brazo con suavidad, sintiéndose invadido por una sensación de satisfacción y paz. No tenía que hacerle el amor para sentirse completo. Creía que Rosalyn se había quedado dormida, pero cuando giró para observarla, se encontró con su mirada clavada en él. La cabellera de ella enroscada en su mano. Parecía que los dedos se le habían ubicado ahí sin que él se hubiese dado cuenta. Acarició las puntas sobre la barbilla de Rosalyn. —¿Cómo te sientes? Ella suspiró y se estiró como una gatita satisfecha. —Exquisita —murmuró—. Nunca creí que sería así. No tiene comparación con mis sueños. —Eres una mujer sensual. Cualquier hombre se sentiría afortunado de decir que eres suya. —¿Soy tuya, entonces? Era una pregunta que no podía contestar. No tenía derecho a creer que Rosalyn era suya. No tenía derecho ni siquiera a tocarla, pero se había sentido tan consumido por ella que creyó que se volvería loco. Derek no sabía cómo se sentiría cuando llegase el día en que ella se marchase. Y ella se marcharía, lo sabía. Extrañaba Cornwall, y su lugar era allí, con Megan Trelawny. —Tú no perteneces a ningún hombre, amor —le contestó suavemente. Ella bajó la mirada, sin dejarle ver el efecto que había tenido en ella ese comentario. Pero era mejor para ambos no confundir la pasión con el resto de la vida, sin importar lo que él sentía por ella. Ella cambió de posición, entonces, sorprendiéndolo al colocarse sobre él. —¿Puedo tocarte ahora? —Adelante. Con el primer roce tentativo de ella, Derek luchó contra la hinchazón de su cuerpo. La punta del dedo planeó sobre el hoyuelo del mentón y la protuberancia de la barbilla antes de bajar por el cuello, cada músculo del cuerpo se volvía caliente y tenso. —Eres adorable —murmuró Rosalyn mientras desplazaba las manos por sobre los botones de la camisa, el corazón se le aceleraba con cada pedazo de piel que exponía hasta que el pecho de Derek quedó completamente desnudo ante ella. Acarició los músculos definidos, rozando con suavidad los guijarros satinados de las tetillas. Se adhirió a uno con la lengua, primero con besos y después, succionando con suavidad. Un silbido se escapó entre los dientes de Derek y Rosalyn elevó la mirada hacia él. —Puedo sentirte apenas, pero lo que haces me está volviendo loco.

7744

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

Deslizó las manos por la cadera hasta el trasero de Rosalyn, amasando la carne mientras la presionaba contra él. Ella pudo sentir la erección, y el cuerpo le respondió, las caderas giraron lentamente, la mirada nunca abandonó los ojos de Derek, que de ser férreos y gris azulados se convirtieron en zafiro ahumado. Rosalyn se sintió más audaz: los dedos presionaron sobre la carne, las uñas rasgaron suavemente la piel. Con los labios, se ocupó de cada parte que podía alcanzar, tomándose su tiempo en algunas áreas y probando otras con rapidez. Los músculos, duros como rocas, se movían bajo la punta de los dedos al tiempo que ella trazaba un camino, centímetro a centímetro, hacia arriba, besándole el cuello como él la había besado antes; el cuerpo de Derek se tensó cuando le recorrió el contorno de la oreja con la punta de la lengua. Ella no habría creído nunca lo exquisitamente sensible que esa parte del cuerpo podía ser, si él no se lo hubiese enseñado. Rosalyn se irguió y tiró de la camisa. —Por favor… quítatela. Los músculos de los muslos se flexionaron y los del estómago se tensaron cuando él se levantó para quitarse la camisa. Rosalyn la arrojó al suelo y enroscó los brazos sobre los antebrazos de él. Nunca antes había visto brazos tan grandes, músculos tan desarrollados y firmes. Todo en él era espléndido. Se inclinó hacia adelante y lo besó. El la tomó de la nuca para mantenerla en su lugar. Los pezones le rozaron suavemente el pecho, agitando esta sensación embriagadora que él había evocado hacía solo unos momentos. Ella nunca había imaginado que algo tan poderoso podría controlarle el cuerpo; era como si él la controlara toda, y no había creído que podría volver a suceder tan pronto. Sin embargo, cuando Derek le tomó los pechos con las palmas de las manos, una creciente pasión se despertó en ella. Deseaba el placer que él podía darle desde lo más profundo de su ser. Derek la hizo rodar hasta ponerla sobre la espalda. Le encantaba sentir el pesado cuerpo sobre ella, tan real y sólido. Qué segura se sentía en sus brazos. Instintivamente, separó las piernas cuando se colocó sobre ella. Sabía lo que él podía hacer, pero quería darle placer, también. —¿Qué debo hacer? —Nada —le dijo al oído con voz ronca mientras le besaba el cuello. —Quiero hacerte el amor. —No quiero que me odies en la mañana. Rosalyn posó la mano sobre la mejilla de Derek. —Nunca podría odiarte. —Tampoco ella podía imaginarse dándole su inocencia a otro hombre. Estiró la mano hasta el primer botón de sus pantalones. Cuando Derek le tomó la mano, Rosalyn creyó que la rechazaría. En cambio, la miró a los ojos y le dijo:

—Si quieres que me detenga, lo haré. No haré nada que no quieras que haga. ¿Está bien? —Sí. —Bien. Cierra los ojos, entonces, y déjame mostrarte nuevos placeres. En lugar de quitarse los pantalones, se irguió sobre ella, como si quisiese levantarse de la cama, pero luego giró para llevar la cabeza entre las piernas de ella. —¿Qué vas a…? Oh —gimió ella, curvando la espalda mientras la lengua de él le atravesaba el centro de su ser, lamiéndole el hinchado nudo, con movimientos de adelante hacia atrás, hasta que Rosalyn creyó que moriría de placer. Tampoco se habría imaginado nunca algo así. Parecía tan decadente y tan pecaminoso; sin embargo, no quería que Derek se detuviese.

7755

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

La respiración se le cortó de pronto cuando él introdujo el puntiagudo bulto en la boca.

Cada tironcito le provocaba relámpagos por las venas. Cuando ejerció más presión sobre ella y extendió la mano para juguetear con los pezones, las ondulantes convulsiones se alzaron en ella como una ola, dejándole el cuerpo lleno y los miembros lánguidos.

A través de párpados adormecidos vio a Derek levantarse de la cama. Los dedos

desabrocharon con destreza los botones que faltaban en los pantalones hasta que cayeron al suelo. El foco de la visión de Rosalyn se concentró en su saliente masculinidad, gruesa y larga, y los tensos sacos ajustados a la base.

Derek vio la mirada en los ojos de ella. Rosalyn había dicho que no se arrepentiría de lo que pasara entre ellos, pero el ardor de la pasión podía mandar a volar la razón. La de él mismo incluida.

Y, al ver a Rosalyn ahora, con los pezones erectos y rosados por el contacto con los labios,

los brazos extendidos hacia él en anticipación, y los ojos pesados de deseo, Derek supo que no podría resistirse. Era así de simple. Y quizás, en el fondo, quería ser él el primer hombre que le hiciese el amor. Derek la tomó en brazos, silenciándole las preguntas con los labios hasta que ella quedó blanda y obediente. Luego, se acomodó en la cama con Rosalyn sobre él. Los senos eran una presión burlona contra el pecho. La levantó apenas, llevándose un pezón a la boca mientras jugueteaba con el otro con los dedos. Ella se retorció; las caderas se movían instintivamente contra él.

Él se balanceó hacia arriba y el pene se deslizó por los sedosos dobleces. La cabeza tocaba

la perla ardiente que se anidaba allí, haciendo contacto con cada pasada. Empezaba a comprender los sonidos eróticos que Rosalyn hacía, qué le excitaba más, y se esforzó por darle placer. Cuando pensó que estaba lista, la obligó a sentarse. Le corrió unos mechones del rostro y

sonrió al ver lo hermosa que estaba ella. —¿Ahora? —dijo ella con suavidad; la pasión presente en sus exuberantes ojos azules. —En esta posición, puedes tener el control. Tú regulas lo rápido o lento que lo hacemos. Solo siéntate sobre mí.

Ella se inclinó hacia adelante y lo tomó de los hombros con las manos. Desvió la mirada de los ojos de Derek hacia su pene mientras se deslizaba hacia abajo.

Se mordisqueó el labio y cerró los ojos.

—Me siento tan… plena. Sabía que ella sentiría algo de dolor la primera vez. —Si quieres detenerte… —No —contestó rápidamente, y se elevó un poco para luego volver a bajar, acostumbrándose a él, ajustándose a su tamaño. Nunca antes en la vida él se había acostado con una virgen; no había querido tener la responsabilidad de ser el primero. Siempre tendía a rodearse de mujeres que fueran tan versadas en el acto sexual como él. Sin advertencia, se sentó completamente sobre él; una rápida inspiración fue el único

sonido que emitió. Tenía los ojos cerrados con fuerza, y Derek supo que ella había sentido la punzada de dolor al romperse su feminidad. Cuando Rosalyn abrió los ojos, todo lo que sentía se le reflejaba en el rostro. Deseo, sorpresa, y un despertar a los placeres carnales. Pero odio, no. Disgusto, no. Ninguna de las cosas que él había temido. De verdad lo deseaba.

El pene, duro y latente en ella, se movía por reflejo.

Ella abrió los ojos grandes e instintivamente ciñó los labios internos. Estaba profunda y húmeda alrededor de él, y Derek se aferró con puños cerrados a las sábanas para evitar tomarle

de la cintura y mostrarle sus movimientos. Ella se inclinó hacia abajo y le lamió una tetilla. Susurró:

7766

MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr
MMeellaanniiee GGeeoorrggee –– LLaa nnoovviiaa rroobbaaddaa ddeell hhiigghhllaannddeerr

—Sabes tan bien. Eso le hizo perder el control. Le envolvió la nuca con la mano y la empujó hacia abajo, hacia él, besándola con fervor mientras la penetraba. Ella gimió y acompañó los movimientos de él, deslizándose hacia abajo, adentrándose tanto como podía y luego elevándose; los movimientos de Rosalyn se volvieron más rápidos y frenéticos. Cuando se irguió sentada sobre él, Derek le tomó los senos, acariciando los pezones con los pulgares y observando cómo lo cabalgaba. Tenía la cabeza echada hacia atrás, la larga y sedosa cabellera le rozaba los muslos con cada descenso del cuerpo, las delgadas piernas ceñidas a él, las manos detrás de la espalda para darse equilibrio al moverse. Los dulces gemidos de Rosalyn le resonaban en las venas. Solo a fuerza de pura voluntad pudo evitar su propio alivio; quería que ella acabase con el pene de un hombre en su interior, que experimentase todas las maneras en que una mujer podía encontrar placer. Derek oyó que se le aceleraba la respiración, y el cuerpo comenzó a volvérsele tenso. Estaba cerca. Frotó el dedo índice sobre la rosada perla tan exuberantemente expuesta ante él en la posición actual, y la observó caer en el abismo. Arqueó la espalda al tiempo que una oleada de profundos y ceñidos espasmos lo apretaron como un puño, bombeándole la carne, llevándolo al límite. Se separó de ella y encontró su alivio. Ella se desmoronó sobre su pecho y él le acarició la espalda hasta que Rosalyn se quedó dormida en sus brazos.

7777