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Kathleen Turner Libro 1

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El presente documento tiene como finalidad impulsar la lectura hacia aquellas regiones de habla hispana en las cuales son escasas o nulas las publicaciones, cabe destacar que dicho documento fue elaborado sin fines de lucro, así que se le agradece a todas las colaboradoras que aportaron su esfuerzo, dedicación y admiración para con el libro original para sacar adelante este proyecto.

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Créditos

Moderadora de Traducción

Moderadora de Corrección

Lady_Eithne

Lsgab38

Traductoras

Correctoras

Rmrt

Francatemartu

Lady_Eithne

Lu

Savina

Leluli

Rihano

Camilover

Dark juliet

Vickyra

Felin28

Ingridshaik

Lorena Tucholke

Recopiladora

Revisión final

Lsgab38

Ilka

Diseñadora

StephannyAl

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Índice

Sinopsis

Agradecimientos

Dedicatoria

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Próximamente

Acerca del autor

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Sinopsis

Kathleen Turner tiene metas. Se mudó a Indianápolis para empezar a ir tras ellas, pero las cosas no van tan bien como esperaba. Es mensajera en una poderosa firma de abogados, no es el más prestigioso de los puestos, pero eso y su trabajo a media jornada como camarera al menos paga las facturas. Y uno de los socios principales es un tío bueno, en un modo obscenamente rico, inquietantemente atractivo y ligeramente snob.

Antes de un aterrizaje mortificador plantando la cara en su regazo

durante una reunión, estaba bastante feliz observándole desde lejos.

Después de eso

probablemente asegurándose de que mantiene su empleo, sí.

estaba más bien evitándolo. Por madurez, no. Más

Ha hecho algunos amigos en los pocos meses que ha estado en Indy. Uno de esos amigos es su vecina Sheila, aunque Kathleen no puede decir que esté completamente cómoda con la elección de trabajo de Sheila como señorita de compañía de lujo.

Es mitad de la noche cuando Kathleen oye ruido de pelea viniendo del apartamento de Sheila. Tan inquietante como es eso, es el siniestro sonido del silencio de después lo que impide a Kathleen caer de nuevo dormida. Deslizándose de su cama con la intención de asegurarse de que todo va bien, llama a la puerta de su amiga, solo para encontrar que Sheila ha sido asesinada, su cuerpo desnudo extendido sobre las sabanas manchadas de carmesí con su sangre.

La conmoción y el horror son seguidas de una resuelta determinación cuando parece claro que la muerte de Sheila no es al azar y no es el resultado de un novio celoso. Es la maniobra de apertura de una red de asesinato, engaño, conspiración y fraude que se estrecha sobre la firma de abogados para la que trabaja Kathleen. Quizás sobre la propia oficina que dirige Blane Kirk.

Y Kathleen Turner, mensajera de una firma de abogados, no puede confiar en nadie si quiere sobrevivir.

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Agradecimientos

Gracias a Nikki por sus ánimos y su edición incansable, sugerencias y comentarios. Tu trabajo me ayudó a hacer de este un libro mejor en muchas, muchas maneras. Gracias por quedarte conmigo.

Gracias a Zoi Juvris por su disposición a prestar su experiencia para ayudar a una novata y casi desconocida. Tu amabilidad es muy apreciada.

Y por último, gracias a Rush, que me enseñó que mis únicas limitaciones eran mi propio talento y aquellos límites que yo misma me imponía.

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Este libro está dedicado a Tim, mi marido y mejor amigo.

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Capítulo 1

Habitualmente plantar tu cara en el regazo de alguien no es considerado la mejor manera de comenzar un nuevo empleo. Bueno, quizás sí algunos empleos, pero no éste empleo. Era mensajera en la prestigiosa firma de abogados Gage, Kirk y Trend de Indianapolis, un puesto que ocupaba justo un escalón por encima de la Chica del Correo pero por debajo del Chico de las Fotocopias. Por desgracia, ese puesto actualmente me tenía de bruces en el regazo del ya mencionado Kirk de dicha prestigiosa firma de abogados.

Blane Kirk era un socio y el segundo al mando en la firma. Con sus treinta y tantos años, era rico, de sangre azul y tenía la apariencia que lo confirmaba: alto, cabello rubio oscuro, ojos verdes y unos dientes perfectamente parejos y blancos. Un pequeño hoyuelo aparecía cuando sonreía. Ese hoyuelo no estaba a la vista por ninguna parte en este momento en particular.

Recuerdo con vivida claridad la llamada telefónica que había recibido de Clarice, la secretaria de Blane, hace ya diez minutos.

¿Puedes por favor ir por el archivo de Kimmerson que está en mi escritorio y llevárselo a Blane? preguntó. Estoy atrapada en el tráfico y me ha mandado un mensaje de texto diciendo que lo necesita inmediatamente.

Claro, no hay problema.

Hice lo que me pidió, recuperé el archivo y lo llevé a la sala de conferencias en la tercera planta.

Cuando entré en la sala, todos inmediatamente se volvieron a mirarme. Mis manos se pusieron sudorosas y mi rostro se sonrojó por ser el centro de atención. Había alrededor de una docena de personas ahí, por supuesto, todos hombres. Si no fuera ya suficientemente malo, Blane era el más alejado de la puerta al otro extremo de la mesa de conferencias. Me dirigí directamente hacia él, el sonido de mis tacones amortiguado por la alfombra, y todos volvieron a las discusiones que mi entrada había interrumpido. Di un suspiro de alivio. Por desgracia, ese alivio fue prematuro.

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Estaba a medio metro de Blane cuando mi tacón se enganchó en la alfombra. Los papeles que tenía en mi mano salieron volando y aterricé de bruces en el regazo de Blane, como un excesivamente entusiasta perro olfateando para decir hola.

Como tenazas sus manos me agarraron por los hombros mientras intentaba sacarme de encima. En mi alboroto por enderezarme, mi mano aterrizó en algún lugar que no debería y Blane gruñó.

Ups. Las palabras eran desesperadamente inadecuadas para la situación, pero de todas formas salieron de mi boca.

Mis ojos se abrieron con pánico para encontrarse con los suyos y vi su mandíbula apretarse y sus ojos verdes destellar. ¿Era posible que esto se pusiera peor?

Hice una mueca mientras sus manos se apretaban sobre mí. Era un tipo fuerte y rápidamente me levantó y me sacó de su regazo, enderezándome y poniéndome de nuevo sobre mis pies. No me atreví a mirar hacia arriba para ver qué expresión había en su cara ya que podía imaginármela muy bien, muchas gracias.

Lo siento mucho jadeé débilmente, como un pez ahogándose por el aire. Cayéndome abruptamente de rodillas como una marioneta a la que cortan sus cuerdas, comencé a gatear alrededor por el suelo recogiendo el desorden.

La sala estaba completamente tranquila. Había ocurrido tan rápidamente que creo que todos se habían quedado asombrados y en silencio. Luego oí el sonido de una risa amortiguada, rápidamente cubierta por todos y gargantas aclarándose. Por encima de mí, los papeles eran barajados mientras que yo me movía rápidamente por debajo de la mesa, evitando los zapatos de los hombres y agarrando frenéticamente las hojas, haciendo caso omiso de lo arrugadas que se estaban volviendo mientras los ponía en una pila.

Me levanté torpemente, empujando los papeles, ahora un lio desordenado y arrugado, hacia Blane. Murmurando otro “Lo siento”, emprendí una apresurada retirada, mirando cuidadosamente al suelo mientras escapaba de la habitación. Mientras la puerta se cerraba tras de mí, oí a uno de los hombres decir:

Ahora se lanzan literalmente sobre ti Blane. ¿Qué será lo siguiente que se les ocurra?

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Esto fue seguido de carcajadas y apreté mis ojos cerrados por la consternación mientras la puerta se cerraba.

Qué horrible final para lo emocionada que había estado ante la perspectiva de estar cara a cara con Blane por primera vez desde que había empezado a trabajar en la firma. Había sentido una silenciosa fascinación por Blane Kirk desde el primer momento en que posé los ojos sobre él.

Lori, una de las asistentes jurídicas, me había enseñado todo en mi primer día en la firma. Me estaba presentando a unas pocas de las otras asistentes jurídicas que se reunían alrededor de la zona del café, todas mujeres, cuando Blane entró.

Dios, me encanta verlo moverse suspiró una de ellas. Mis ojos le siguieron a lo largo del pasillo y silenciosamente estuve de acuerdo con ella. Míralo bien porque eso es todo lo que vas a conseguir otro disparo que llevó a una ronda de risas y suspiros.

¿Quién era ese? pregunté a Lori, viéndolo desaparecer dentro del ascensor.

Ese era Blane Kirk comentó Lori. Es uno de los socios y una persona muy importante en esta ciudad. Rico, listo y absolutamente divino.

Y él lo sabe dijo otra chica. No podía recordar su nombre. Quizás cuando se quede sin celebridades ricas con las que salir, tendremos una oportunidad. Ofreció una de ellas.

Claro. Se rio a carcajadas Lori. No sale con chicas del trabajo. Todo el mundo sabe eso. Parecía que casi la mayoría de las mujeres estaban enamoradas en algún grado de Blane Kirk. ¿Pero quién podía culparlas? Después de todo, ¿qué tenía que no gustara? Blane era inteligente y bien educado, exitoso y ambicioso, con un rostro que hacía que a las mujeres se les debilitaran las rodillas y un cuerpo que les hacía agua la boca.

Un hombre como él intimidaba a los simples mortales como yo, así que lo evitaba, admirándolo desde lejos y nunca había hablado con él hasta hoy. Es irónico que las primeras palabras que salieran de mi boca hubieran tenido que ser de disculpa. Gruñí en voz baja por la vergüenza, deseando golpear mi cabeza contra la maciza puerta de roble que había a mis espaldas.

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Corriendo de vuelta a mi cubículo, me agaché con la cabeza entre las manos, regodeándome temporalmente en mi miseria. Mi teléfono sonó y

vi que era Clarice llamándome desde el piso de arriba. Ella y yo

habíamos llegado a conocernos la una a la otra desde que había llegado a la firma y habíamos congeniado bien, incluso aunque ella era varios

años más mayor que yo.

Hola Clarice saludé con falsa alegría.

Buenos días Kathleen replicó. Muchas gracias por echarme una mano. ¿Encontraste los documentos y se los llevaste a Blane por mí?

Sí, ciertamente lo había hecho.

Um, sí, creo que sí dije débilmente.

¿Cuál es el problema? preguntó. ¿Fue todo bien?

Uh, bueno dudé. Digamos que tropecé y

En una especie de

resoplido de risa. No es divertido, Clarice la advertí.

sobre Blane.

posición desafortunada. Jadeó, luego oí un

aterricé

Intentó sofocar sus risitas.

Su pensamiento fue

interrumpido por carcajadas y esperé en amargo silencio a que terminara. El aspecto de su cara tiene que haber sido graciosísimo

balbuceó finalmente.

¡Lo sé, lo sé! Es solo que la imagen

de ti

Intenté no prestar atención dije secamente. Aunque todavía estaba avergonzada, podía ver el humor en ello y un resoplido de mi propia risa

se escapó.

Podía haber sido capaz de reír con Clarice, pero eso no quería decir que quisiera estar a menos de tres metros de Blane Kirk en cualquier momento del futuro inmediato.

Para mí horror, más tarde esa mañana, lo vi dirigiéndose por el pasillo hacia la oficina de Diane. Diane Greene era la formidable gerente de la oficina y mi jefa directa. ¿Había venido Blane a despedirme?

Escuché atentamente desde mi cubículo mientras él le daba instrucciones sobre algo que quería y documentos que necesitaba que le preparara, deseando más allá de la esperanza que no le contara lo que había ocurrido. Mi corazón se hundió cuando preguntó:

¿Quién es la chica nueva?

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¿Quiere decir la nueva mensajera? preguntó Diane. Su nombre es Kathleen.

Esa soy yo: Kathleen Turner. Y no, no soy ESA Kathleen Turner. Consideradlo como una broma familiar. El nombre de mi padre era Ted Turner, mi abuela era Tina Turner. Mis padres solo estaban siguiendo la tradición cuando yo llegué 1 .

¿Por qué? Continuó Diane. ¿Hay algún problema?

Contuve el aliento. Solo había pasado un mes, pero no importa lo agradable que fuera con Diane, no podía estar en buenos términos con ella. De alguna manera no creía que le llevara mucho despedirme y necesitaba este trabajo.

Podría decirse contestó y yo hice una mueca ante la irritación de su voz¿Dónde está?

Oh, Dios. Entré en pánico cuando oí a Diane decirle donde estaba mi cubículo. Esto no podía estar sucediéndome a mí. ¿Qué se suponía que iba a decir? ¿Y si pensaba que lo había hecho a propósito? Tendría que conseguir un nuevo empleo porque estaría demasiado mortificada para seguir trabajando aquí por más tiempo.

Dejando a un lado mi orgullo, ese barco ya había zarpado, así como el pensamiento de que quizás debería estar actuando más como una niña de doce años que como una persona madura de veinticuatro, me sumergí bajo mi escritorio. Contuve el aliento, esperando. Me di cuenta de que él vestía unos zapatos de piel realmente bonitos. Eran grandes. Un pensamiento pasó a través de mi mente acerca de algo que oí una vez acerca del tamaño de los pies de un hombre estando en proporción directa con el tamaño de su

Interrumpí ese pensamiento, cerrando los ojos fuertemente mortificada. Ese no era un pensamiento apropiado para estar teniendo acerca de un socio de la firma, no importaba lo atractivo que fuera. Cuando abrí los ojos, vi que finalmente había girado y caminaba alejándose. Solté un suspiro de alivio antes de salir me levanté.

1 Se refiere a los nombres que son los de celebridades con el apellido Turner. Kathleen Turner es una actriz estadounidense conocida en la década de 1980 como un sex symbol del cine de Hollywood. Ted Turner es un multimillonario empresario, inversionista, terrateniente, directivo empresarial y magnate estadounidense de los medios, conocido entre otras cosas, por ser el fundador de la cadena internacional de noticias CNN, entre otras empresas periodísticas y comerciales. Tina Turner es una cantante, compositora, bailarina, actriz, escritora y coreógrafa estadounidense.

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Durante los siguientes meses, me mantuve fiel a mi palabra, no dejé que Blane Kirk posara los ojos sobre mí más que un puñado de veces.

Mi trabajo parecía seguro y respiraba más fácilmente.

Hoy mientras me preparaba para trabajar, agradecí que fuera viernes. Tenía dos empleos para ayudar a llegar a fin de mes, sirviendo en un bar varias noches a la semana. No era realmente lo que había imaginado para mí en este punto de mi vida, pero prefería estar haciendo esto que otros muchos trabajos de salario mínimo.

No tenía que trabajar esta noche, pero lo hice la anterior y no me había

ido a la cama antes de la una. Esas noches siempre dificultaban levantarme para ir a mi trabajo de día, donde tenía que hacer todos los trabajos que los demás no querían. ¿Presentar documentos en el juzgado? Que lo haga la mensajera. ¿Ir a Starbucks a por café para la reunión de personal? Envía a la mensajera. ¿Otra vez Carl de contabilidad, necesita que le acerquen a la oficina porque ha siniestrado

su auto? Kathleen puede recogerle.

Agarré mi café y me dirigí a la puerta. Vivía en la última planta de mi edificio de apartamentos de dos plantas. No estaba en la mejor parte de la ciudad, pero no había tenido ningún problema.

Era una preciosa mañana de octubre, el sol brillaba resplandeciente con un frescor en el aire. Estaba contenta de haber tomado una chaqueta antes de irme. Bajé corriendo las escaleras, encontrándome con mi vecina por el camino.

Buenos días Sheila dije sonriéndole. Sheila a menudo llegaba a casa en las horas más tempranas de la mañana. Tenía alrededor de mi edad, pero su vida era drásticamente diferente. Sheila trabajaba como una chica de compañía de lujo. Su plan era trabajar hasta que tuviera dinero para entrar en la universidad de medicina y luego dejarlo.

Cuando me mudé aquí por primera vez hace seis meses, me ofreció enrolarme. Había intentado ocultar mi asombro (mi crianza en una ciudad pequeña nunca había sido más evidente) y decliné educadamente. No podía imaginarme ese tipo de estilo de vida, no importaba cuánto dinero estuviera de por medio. Aunque parecía funcionar para Sheila. Era varios centímetros más alta que yo y tenía una larga cabellera lisa de color castaño. Siendo guapa y con acento culto, podía dar muy bien una apariencia de sofisticación.

Hola Kathleen dijo. ¿Vas a trabajar?

Asentí. Llegaba tarde, pero me paré un momento.

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Un día más y todo eso dije¿A ti te va bien? Me preocupaba por ella. No podía aceptar que su ocupación fuera segura, no importaba lo que ella dijera acerca de que la clientela fuera de clase alta.

Oh, sí dijo, sonriendo con cansancio. Tengo un cliente al que le gusto mucho. Ya ha repetido cinco veces.

Por lo que me había contado antes, sabía que era bueno ya que los clientes que repetían para ella eran dinero en el banco.

Eso es genial comenté. Habría preguntado quién era él, pero había mencionado una vez antes de eso que sus clientes exigían confidencialidad¿Es agradable? pregunté en lugar de eso.

Está bien, supongo dijo, apoyándose atrás contra la barandilla de la escalera mientras hablaba. No estoy segura de a qué se dedica, pero creo que es adinerado. Dudó por un momento antes de añadir: Solo espero que Mark no se ponga raro por eso. Mark era su novio. Era una relación que no podía imaginar, pero parecía funcionar para ellos. Mark era un tipo bastante decente y no decía mucho acerca de la profesión de Sheila. Me lo había encontrado unas cuantas veces y parecían bastante involucrados el uno con el otro. Era uno de esos tipos callados y entusiastas de la informática que nunca imaginé que a Sheila le gustasen. Supongo que el viejo dicho de que “los opuestos se atraen” era realmente verdad.

ya sabes dije, haciendo un gesto

vago con la mano. No estaba realmente segura de cómo poner en palabras “no le importaba que tuvieras sexo con hombres por dinero” sin ofenderla. Era muy insistente acerca de ser una “chica de compañía

Creí que a él no le importaba

de lujo” y no una prostituta.

No lo hacía, pero ha estado actuando raro últimamente dijo, mordiéndose el labio inferior.

¿Raro cómo? pregunté.

Negó con la cabeza.

No lo sé. Simplemente ¿distraído, quizás? Como si estuviera conmigo pero no estuviera allí. No sé si es por mí o por algo más. Suspirando, añadió: Probablemente solo estoy siendo paranoica.

A él le importas de verdad le aseguré. Quizás solo está preocupado con el trabajo o algo.

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dijo, no pareciendo convencida. Supongo que sí. Parecía sacudirse a sí misma de su ensimismamiento. Hey, estoy haciéndote llegar tarde, ¿no es así?

Miré a mi reloj e hice una mueca.

Lo siento, tienes razón, será mejor que me vaya. Diane la Dragona estará mirando para ver si llego a tiempo, estoy segura.

Sheila se rio. Sabía que no me gustaba Diane y que el sentimiento era mutuo.

Bueno, vete entonces, Kathleen dijo Sheila, dándome un apretón en

el brazo y sonriendo con arrepentimiento. Te veré luego. Gracias por

escuchar.

Claro que sí dije, dándole un rápido abrazo antes de salir corriendo hacia mi auto. Conducía un Honda Accord azul de diez años, que corría como el mejor, gracias a Dios. No podía permitirme pagar las cuotas de un auto. Me sentía ligeramente envidiosa por la cantidad de dinero que Sheila conseguía, me lo había dicho una vez, pero sabía que yo no podía vivir esa vida. Hice una nota mental de pasarme por su casa esta noche cuando saliera de trabajar y ver cómo le estaba yendo.

El tráfico no era malo y llegué a la firma en solo media hora. Vivía cerca

del centro de Indianapolis pero la firma estaba en la mucho más agradable parte norte de Indy, llena de edificios de oficinas de ladrillo,

árboles y amplias extensiones de verde césped.

Estacionando en el aparcamiento, me di cuenta que nada menos que Blane Kirk estaba dejando el edificio. Mierda. Ya llegaba tarde, pero esperé en mi auto de todas formas para que no pudiera verme. Sorbí con cuidado mi café caliente y lo observé por mi espejo retrovisor mientras caminaba a través del aparcamiento. Estaba vestido para ir al juzgado hoy, vistiendo un traje oscuro y portando un caro maletín de piel.

Me pregunté si alguna vez sería capaz de mirarle a los ojos otra vez. El Incidente (como me aficioné a llamarlo) todavía me hacía arder las mejillas por la mortificación cada vez que pensaba en ello. No es que hubiera muchos motivos para que interactuara con Blane de todas formas, siendo él un socio y yo sólo la mensajera. Nunca había intentado encontrarme otra vez después de aquella desastrosa mañana

y todavía me preguntaba qué habría ocurrido si no me hubiera

escondido bajo el escritorio.

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Me despediría, lo más probable murmuré para mí misma.

Los rumores decían que Blane ambicionaba un cargo político y era obvio que en él era algo natural. Blane era carismático y encantador. Cuando entraba en una habitación, la gente se daba cuenta, tus ojos

eran atraídos hacia él, el mismo aire a su alrededor parecía crepitar con electricidad. Su rostro nunca mostraba sus pensamientos, incluso cuando desplegaba su sonrisa matadora, del tipo que surgía de la nada

y convertía a cada mujer que hubiera a la vista en gelatina temblorosa. Parecía que era la única que se daba cuenta de que esa sonrisa nunca

alcanzaba sus ojos.

Blane finalmente desapareció a la vuelta de la esquina del edifico yendo hacia donde estaban las plazas de aparcamiento reservadas a los socios. Le di solo otro minuto o dos para asegurarme de que se había ido antes de salir de mi auto y dirigirme hacia dentro.

Solté un suspiro mientras me detenía junto al escritorio de Diane para los envíos de la mañana. Esta era la parte del día que más odiaba. Diane se tomaba su trabajo como gerente de oficina muy en serio y tenía absolutamente cero sentido del humor y era una mujer particularmente poco atractiva. Su conducta severa solo enfatizaba su cara de amargada, en la cual nunca llevaba ni rastro de maquillaje. Manteníamos una relación rígidamente cortés.

Esta mañana Diane no estaba en su despacho cuando me pasé por allí

y por ello estuve agradecida. El montón de envíos estaba esperando por

mí en la esquina de su mesa, así que los agarré y me dirigí a la sexta planta. También tenía que parar en las oficinas de los tres socios para

ver si sus secretarias tenían algo para mí.

La quinta planta estaba ocupada por Blane y por Derrick Trent, otro socio de la firma y sus secretarías. La sexta y la última planta era donde el socio mayoritario y fundador de la firma William Gage, tenía su oficina.

Cuando llegué a la quinta planta, me detuve a ver a Clarice. La puerta de Blane estaba cerrada y las luces apagadas, lo que significaba que probablemente estaba en el juzgado. Tenía una oficina en la esquina con ventanas en dos paredes y estaba maravillosamente amueblado con rica caoba. La mesa de Clarice era una versión más pequeña de la de él, ubicada fuera de su oficina con el lujo de una gran área de trabajo.

Hola Clarice dije y levantó la vista de su ordenador, sonriendo cuando vio quien era. Clarice tenía solo treinta años pero vestía como alguien mucho mayor que eso, supongo que porque encajaba con su

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profesión como secretaria judicial. Su cabello oscuro estaba recogido atrás en un moño y siempre llevaba zapatos cómodos. Cuando sonreía, suavizaba toda su cara y la hacía parecer más joven y más despreocupada.

Hola a ti también dijo¿Vas a salir? Asentí.

Tengo un montón para llevar hoy al juzgado y a algunas otras firmas por toda la ciudad.

Mirando alrededor para asegurarse de que estábamos solas, se inclinó hacia delante, sonriendo mientras hablaba en voz baja.

¿Quieres oír lo último?

Me acerqué.

Por supuesto dije ansiosa.

Clarice y yo teníamos una broma sobre las mujeres con las que salía Blane, apostando la una contra la otra sobre cuánto tiempo durarían y si la última haría una escena o se iría en silencio cuando él lo terminara. Había habido algunas escenas memorables entre las más dramáticas. A Clarice, Blane le gustaba bastante, era siempre educado y cordial con ella. Simplemente no era de “nuestro” tipo de gente aquí, en el Medio Oeste, un poco demasiado snob, un muy demasiado rico y un poquito condescendiente.

Clarice me había contado ayer que Blane le había pedido que enviara las requeridas flores de despedida a su última chica del mes. Algunas

se tomaban las noticias bien y otras

era Kandi con i, había parecido de las del tipo dramático y había

apostado cinco dólares con Clarice a que no se iría en silencio.

no. La última chica, su nombre

De acuerdo empezó Clarice, tan ansiosa por impartir el jugoso cotilleo como yo estaba por oírlo. Así que la historia es que ella recibió las flores ayer y se puso histérica. Apareció en su casa y esperó a que él llegara. Luego procedió a gritar y maldecirle mientras estaba de pie en el porche delantero de la casa. Y ahora su sonrisa se amplió, esa no fue siquiera la mejor parte.

Estaba prácticamente conteniendo el aliento por la anticipación.

¿Cuál fue la mejor parte?

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Ella posteó en su página de Facebook que él tiene una polla diminuta. Yo jadeé, dando una palmada con mi mano sobre mi boca¡Lo sé! dijo Clarice con una sonrisa traviesa. Como si alguien fuera a creerle.

No fastidies exhalé. Nuestros ojos se encontraron y ambas reímos a carcajadas. El atractivo de Blane era una constante universal.

Alrededor de un metro y ochenta centímetros de perfección masculina.

era ridícula. Recordaba lo

La idea de que no estuviera

que había pensado cuando había estado en cercana proximidad a sus enormes zapatos mientras me escondía bajo mi escritorio y sentí mi

cara sonrojarse.

bien dotado

¿Cómo oíste sobre eso? pregunté, apartando a un lado cosas que no tenía caso pensar acerca de Blane Kirk.

Debbie, del piso de abajo, lo oyó de su marido, que trabaja con Ryan Dunstan que está saliendo con Gillian Tate, que es amiga por Facebook de Kandi explicó Clarice. Es un mundo pequeño, amiga mía.

O es verdaderamente estúpida o verdaderamente vengativa dije.

Clarice rio por lo bajo.

Conociendo el tipo de mujeres con las que sale Blane, probablemente ambas.

¿Dónde está hoy? pregunté.

En el Juzgado contestó. Un caso de malversación de fondos.

Muy bien, tengo que irme. Gracias por el cotilleo. Te veo luego, Clarice.

Clarice me dijo adiós con un dedo y me dirigí al ascensor y de vuelta a

mi

auto. Estaba subiendo la temperatura ahora y bajé la ventanilla de

mi

auto, dejando que la brisa de otoño entrara mientras conducía.

Entregué los paquetes para las firmas legales antes de dirigirme al

juzgado.

Me las arreglé para encontrar una plaza en la calle para aparcar, milagro entre los milagros y me di prisa para entrar.

¡Kathleen! ¿Cómo te va en este bonito día? Este era Hank, uno de

los guardas de seguridad del juzgado. Hank era un alto e imponente

hombre negro con una disposición de osito de peluche. Por qué se había

convertido en guarda de seguridad era algo que se me escapaba. No era

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más propenso a placar a un tipo cachorritos.

de

lo

que sería darle patadas a

Está yendo bien Hank dije, pasando a través del detector de metales¿Contigo?

Mejor ahora que estás aquí dijo con una sonrisa. Hank también era un ligón incorregible.

Apostaría que dices eso a todas las chicas bromeé. Era casi imposible no estar de buen humor alrededor de Hank. Siempre estaba muy alegre.

Solo a las bonitas replicó y me reí. Agarrando mi bolso y mi montón de documentos de la mesa donde habían sido comprobados, me dirigí a través del corredor.

El corredor estaba en silencio y mis pasos resonaban ligeramente mientras caminaba. Estaba pasando por delante de las puertas de varias salas de justicia cuando de repente una de ellas se abrió de golpe, asustándome. Un hombre salió a toda prisa, mirando furtivamente a ambos lados en el vestíbulo casi vacío antes de verme de pie a menos de treinta centímetros de distancia. Estaba vistiendo un traje pero parecía muy desaliñado, como si hubiera dormido con él puesto o algo, estaba muy arrugado.

Sus ojos se iluminaron al verme y corrió hacia mí tan rápido que no

tuve tiempo de reaccionar. En un momento tiró de mi brazo detrás de

mi espalda, mis documentos cayendo al suelo en un montón

desordenado. Jadeé por el dolor y la sorpresa mientras tiraba de mi

brazo hacia atrás. Entonces, abruptamente liberó mi brazo solo para poner un cuchillo en mi garganta.

En ese momento, la puerta de la sala de justicia se abrió otra vez y una multitud de gente vino corriendo. Se quedaron congelados cuando vieron el cuadro ante ellos. Oí a alguien gritar al final del corredor. El hombre que tenía detrás tiró de mí más cerca de él y mis manos subieron hasta su brazo, intentando mantener el cuchillo lejos de mi garganta. Era varios centímetros más alto que yo y más fuerte, arrastrándome con él mientras caminaba hacia atrás por el corredor.

Los guardas de seguridad giraron en la esquina corriendo, con las

armas desenfundadas.

¡Quédense atrás! chilló el hombre que me sujetaba. ¡Todo el mundo atrás! ¡O la mato!

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La adrenalina y el miedo estaban bombeando a través de mi sistema y

pude sentir mi corazón retumbando. El frío filo del cuchillo estaba presionado contra mi garganta mientras me sujetaba agarrándome con fuerza. Los guardas de seguridad se miraron unos a otros, claramente indecisos sobre qué hacer. Detrás de ellos la multitud permanecía

observando en silencio.

Quiero salir de aquí chilló el hombre, la desesperación era evidente en su voz¡No voy a ir a la cárcel! ¡Dejadme salir o ella muere! Como para enfatizar su intención, apretó el cuchillo más fuerte contra mí y sentí la hoja cortarme ligeramente.

El dolor de la herida sirvió para clarificar mis desordenados pensamientos. Mi padre me había enseñado muchas cosas antes de morir y ser una víctima no había sido una de ellas. Respiré hondo.

En un movimiento seco y repentino, agarré el brazo que sujetaba el cuchillo con ambas manos y eché mi cabeza hacia atrás apartándome

del

cuchillo. Tirando hacia abajo de su brazo con todas mis fuerzas, giré

mi

cuerpo, moviéndome bajo su brazo y lejos de él. Mi nueva ventaja

empujó el cuchillo hacia él y un segundo después, se derrumbó, con el

cuchillo clavado en su costado.

Di unos pocos pasos antes de empezar a temblar y lentamente me

deslicé hacia el suelo, mis piernas ya no siendo capaces de sujetarme. Había gritos y movimientos todo a mi alrededor ahora mientras los guardas de seguridad rodeaban al hombre y llamaban a los paramédicos. Estaba teniendo problemas para respirar y había puntos bailando delante de mis ojos. Aunque sabía cómo salir de un ataque como ése en teoría, hasta hoy no había tenido que usar ese entrenamiento. La realidad de lo que acababa de ocurrir estaba empezando a filtrarse en mi interior y sentí lágrimas fluyendo de mis

ojos mientras luchaba por recuperar el aliento.

Pon la cabeza entre las piernas.

Oí las palabras pero no podía contestar. Los puntos se hacían más

grandes y mi respiración más superficial y más rápida. Sentí a alguien

presionando mi cabeza, empujándola hacia abajo insistentemente. Cuando mi cabeza estaba entre mis rodillas, dejaron de empujar pero me sujetaron allí. Después de unos pocos instantes, mi respiración se calmó y los puntos desaparecieron. Intenté incorporarme y la mano se apartó. Mirando hacia arriba, vi a un hombre de pie allí mirándome, con una expresión preocupada en la cara.

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Casi dejé de respirar otra vez. No sabía si debía desmayarme o encogerme de miedo. Alzándose sobre mí estaba un hombre vestido de negro, con cabello oscuro ondulado y unos penetrantes ojos azules. Sus cejas también eran oscuras y de arco pronunciado, dando a su cara un aspecto ligeramente malévolo o travieso, era difícil de decir cuál. Una mandíbula esculpida y unos labios que habrían hecho llorar a un artista, completaban el retrato. Me di cuenta de que mi boca estaba abierta de par en par y me pregunté si necesitaba poner la cabeza entre

las piernas otra vez.

Bajándose hasta acuclillarse de forma que estaba a mi nivel, me habló, mirándome cuidadosamente a los ojos.

¿Estás bien?

No podía hablar así que simplemente asentí. Seguro que esto tenía que

ser una invención de mi imaginación. Hombres como este no me

prestaban atención.

Estás sangrando dijo, estirando la mano y tocándome el cuello. Sus dedos salieron con sangre en ellos.

Solo un rasguño me las arreglé a decir.

Sus labios se curvaron tan solo ligeramente. Yo estaba fascinada.

Buen movimiento dijo. Lo que hiciste para escapar aclaró ante

mi mirada confundida.

Gracias dije¿Él estará bien? pregunté, sacudiendo mi cabeza hacia el hombre ahora rodeado de personal de seguridad y paramédicos.

dijo el extraño, la herida no es profunda y los paramédicos llegaron lo suficientemente rápido.

Cerré los ojos aliviada. Incluso si había intentado matarme, que el cuchillo le golpeara había sido más accidental que planeado. Cuando los abrí, el hombre de negro se había ido. Consternada miré alrededor, pero con la multitud de gente, no lo vi por ninguna parte. Me tambaleé hasta ponerme de pie.

¡Kathleen! Hank estaba viniendo disparado hacia mí¡Santo dios! ¿Estás bien?

Tranquilicé a Hank, que estaba completamente desconsolado porque el hombre se las hubiera arreglado para entrar en el edificio con un

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cuchillo. No es que esto fuera totalmente por su culpa, parecía que el detector de metales había estado estropeado al principio de la mañana. A escondidas, seguí buscando al desconocido, pero nunca lo vi. Suspiré. Por todo lo que sabía podría haber sido una invención de mi imaginación.

Pasaron bastantes horas antes de que fuera capaz de volver a la firma. Los paramédicos habían querido chequearme, aunque la herida del cuchillo solo requirió un vendaje, gracias a Dios. Luego hubo informes de policía que rellenar y declaraciones que hacer. Era más tarde de las seis y el sol se estaba poniendo.

Ráfagas de viento de las ventanillas de mi auto habían alborotado mi cabello en mechones e intenté peinarlos con los dedos, deseando tener conmigo una goma para el cabello. Mi cabello era largo y de color rubio rojizo y, en mi opinión, uno de mis mejores rasgos. No es que tuviera un montón de buenos rasgos. Probablemente era baja, pero prefería la expresión “verticalmente desfavorecida”. Cinco kilos que nunca sería capaz de perder me hacían también un poco demasiado curvilínea y tenía una de esas voces que era demasiado aguda y demasiado suave como para que nadie me tomara en serio de verdad.

Pensé en pasarme por el escritorio de Clarice antes de irme a casa. Puede que estuviera todavía por allí y sinceramente necesitaba simplemente charlar por unos pocos minutos. No había nadie cerca de Clarice cuando la alcancé, apartada por estar la oficina de Blane en la esquina. Clarice estaba tecleando en su ordenador, sus ojos en el papel sujetado por una pinza en el lateral de su monitor, mientras sus dedos volaban sobre el teclado.

Hey dije en voz baja.

Ella saltó, sorprendida por la interrupción. Cuando vio quien era, brincó poniéndose de pie.

¡Kathleen! Exclamó, lanzando sus brazos a mí alrededor en un apretado abrazo. Oí lo que pasó. ¡Gracias a Dios que estás bien!

Le devolví el abrazo igual de fuerte.

Gracias Clarice dije. Estoy bien.

Después de un momento, me dejó libre.

No puedo creer lo que pasó dijo, volviendo a su asiento. Me hundí en la silla a juego frente a ella.

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dije. Qué locura. Realmente no quería hablar sobre ello. Los policías ya me habían sacado toda la conversación. ¿Cómo ha sido tu día?

No tan excitante como el tuyo dijo con un resoplido. Justo estaba intentando terminar de mecanografiar este documento para enviárselo a un cliente esta noche. Blane me lo envió por fax en el último minuto. Miró a su reloj y suspiró. Se suponía que Jack y yo saldríamos a cenar esta noche. Imagino que tendré que llamarle y cancelar. Clarice estaba divorciada con dos niños. Había estado saliendo con Jack durante varios meses. Él enseñaba ciencias en un instituto local y por la forma en que hablaba de él, parecía ser un tipo verdaderamente agradable.

Había al menos una docena o más de papeles apilados en su escritorio que aún tenía que transcribir. Se estaba haciendo tarde y casi todo el mundo se había ido para disfrutar su fin de semana.

¿Quieres que lo haga por ti? pregunté. No tengo más envíos y ningún plan para esta noche.

Me miró esperanzada.

¿De verdad? asentí. Pero no quiero imponértelo titubeó. Especialmente después de todo por lo que has pasado hoy. Probablemente debería cancelarlo sin más.

Vamos Clarice le urgíno es para tanto. Estoy bien y no tengo nada mejor que hacer. Vete. Realmente no me importaba. Me gustaba hacer cosas por la gente. Y no era como si algo me esperase en casa excepto un apartamento vacío y los horrorosos recuerdos de hoy. Esa idea me deprimía así que la metí en el fondo de mi mente y sonreí resplandeciente a Clarice.

Sal y pásalo bien dije. Yo me ocuparé de esto. Todavía parecía indecisa, pero después de mirar a su reloj otra vez, cedió.

Agarrando su bolso de un cajón, dijo:

Muchas gracias, Kathleen. Tan solo déjalo en el escritorio de Blane cuando termines.

Dándome un breve abrazo, se dirigió a los ascensores y me senté en su escritorio. Echando un vistazo a donde ella se había quedado, empecé a teclear.

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Mecanografía había sido una de las clases más útiles que había tomado en el instituto y era buena en ello, con una media de setenta y cinco palabras por minuto. Estaba todo tan en silencio, que el único sonido que podía oír eran mis dedos golpeando las teclas y el solemne tic-tac del gran reloj de pared que estaba en el cuarto junto a los ascensores. Era relajante, especialmente después de los eventos de hoy y me sentí como en una especie de trance.

Este documento en particular era sobre un caso que la firma había tomado hacía un tiempo defendiendo a un sindicato local que llevaba el mantenimiento de máquinas de votos. Durante las últimas elecciones, habían sido reportados casos de fraude y los acusadores habían señalado al sindicato como los perpetradores. Hacía una lectura interesante incluso si una parte de él era jerga legal.

No estaba sorprendida por los nombres famosos involucrados en el caso, toda la gente que reconocía era bien conocida en Indianapolis. La carrera de Blane en esta ciudad era de perfil alto. Mientras que su vida social aparecía en las páginas de Sociedad del periódico, sus hazañas como abogado a menudo aparecían en primera plana. Los abogados defensores y los abogados de litigios tenían una reputación de ser moralmente cuestionables y eran más hombres de espectáculo que hombres de sustancia y no estaba segura donde encajaba Blane en la mezcla, aunque nadie cuestionaba su ambición y determinación.

¿Qué estás haciendo?

Las palabras vinieron desde detrás de mí y dejé escapar un chillido agudo, de lo sorprendida que estaba por la interrupción. Di un brinco y giré alrededor, accidentalmente volcando la silla mientras lo hacía.

Blane estaba de pie allí mirando tan asombrado como yo.

¡Jesús! dijo, pasando una mano por su cabello perfecto. ¿A qué demonios vino eso?

¡Me asustaste! la vergüenza volviéndome gruñona. No deberías acercarte sigilosamente a la gente.

No me acerqué sigilosamente replicó de forma casual. Y tú no me has contestado. ¿Qué estás haciendo?

Todavía desconcertada, no consideré mis palabras antes de que salieran de mi boca.

Mecanografiando,

sabelotodo.

obviamente

dije,

acentuando

la

faceta

de

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Sus ojos se entrecerraron al oír eso y tragué saliva con nerviosismo, bajando los ojos para evitar encontrarme con los suyos. Con retraso se me ocurrió que era uno de los propietarios y que si lo cabreaba, podría no ser tan indulgente esta vez entre despedirme o no.

Blane no estaba vestido con su atuendo formal de negocios, sino mucho más casual con vaqueros que abrazaban sus estrechas caderas. Atrapándome a mí misma mirando a su entrepierna, recordé abruptamente el post de Facebook de su ex-novia y me sonrojé. Impulsé mis ojos hacia arriba y vi que tenía una camiseta Henley 2 negra de manga larga remangada justo por debajo de los codos. Tenía unos bonitos y musculosos antebrazos. ¿Por qué estaba mirando fijamente sus antebrazos? Desesperada por un lugar seguro al que mirar, bajé los ojos a sus zapatos. Sus muy bonitos, muy caros y muy grandes zapatos.

Me aclaré la garganta y respondí otra vez, haciendo mi voz lo más agradable posible.

Clarice tenía planes así que me ofrecí a ayudar a terminar esto por ella. Levanté la vista hacia él pero su expresión era ilegible.

¿Y tú no tienes planes para esta noche? preguntó.

Negué con la cabeza, sintiendo mis mejillas arder incluso más mientras me maldecía internamente por mi pálida piel. Nerviosamente, bajé otra vez la mirada hacia los papeles. Casi había acabado. Solo necesitaba terminar, guardar e imprimir. Cuando Blane no dijo nada más, me giré, enderezando mi silla y volviendo a mi asiento antes de teclear de nuevo.

La piel de mi nuca parecía hormiguear mientras me observaba en silencio. Finalmente se movió pasando junto a mí y entrando en su oficina y liberé el aliento que había estado conteniendo. Mirando por encima lo que había estado tecleando, hice una mueca. Tuve que corregir numerosos errores tipográficos. En mi propia defensa, nunca lo hacía bien cuando alguien estaba mirando por encima de mi hombro.

Terminé el documento y lo imprimí antes de recoger mis cosas para irme. Mirando al interior de la oficina de Blane, lo vi trabajando en su ordenador. Clarice había dicho que dejara el documento en su escritorio así que no había forma de evitar hablar con él.

2 Henley: camiseta similar a un polo, con entre 2 y 5 botones en el cuello, aunque con cuello redondeado como de camiseta normal en lugar de las solapas del polo. Reciben el nombre de Henley porque eran parte del uniforme habitual de los remeros de la ciudad de Henley-on-Thames, en Reino Unido.

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Con cautela, llamé a la puerta de su oficina. Levantó la vista de su ordenador y me apresuré a entrar.

Clarice dijo que dejara esto para ti entregándole el documento.

Gracias contestó, volviendo su atención al ordenador. Dudé por un momento, pero no parecía haber nada más que pudiera decir y él no me estaba prestando atención de todas formas, así que simplemente me dirigí al ascensor.

La noche se había enfriado y tirité mientras abría mi auto y me

deslizaba tras el volante. Tiré mis cosas en el asiento del pasajero y metí

la llave en el contacto. Giré la llave y

vez. Mismo resultado. Dos veces más. Dos veces más que no pasó nada.

no pasó nada. Lo intenté otra

Mi cabeza cayó sobre el volante y gruñí. Parecía que este día nunca iba

a terminar. Habría sacado mi teléfono, pero tenía una de esas tarifas de

prepago y se me habían acabado los minutos.

Suspiré derrotada. Iba a tener que volver adentro y llamar a una grúa.

Lo que costaba dinero. Realmente no quería hacer eso. Y si iba adentro,

eso significaba que tendría que ver a Blane otra vez. Y de verdad, de verdad que no quería hacer eso. Golpeé mi cabeza ligeramente contra el

volante.

Un golpeteo en la ventanilla me hizo sacudirme hacia arriba y reprimí otro chillido. Blane estaba de pie fuera de mi auto. No podía bajar la ventanilla sin que el auto estuviera en marcha, así que abrí la puerta parcialmente.

¿Sí? dije menos que amable por la interrupción debido a mi día de mierda.

¿Problemas con el auto? preguntó, sacudiendo su cabeza ligeramente hacia mi motor. El frío parecía no tener efecto en él incluso cuando yo empezaba a tiritar otra vez, el viento soplando mi cabello mientras permanecía sentada en el auto.

Supongo que sí dije miserablemente. Me pregunté si podría pedir prestado su teléfono y así no tendría que ir todo el camino de vuelta adentro, pero entonces me imaginé que probablemente sería una idiota por no tener uno propio. Realmente no quería hablarle de la tarifa prepago. Dudé que incluso supiera lo que era eso.

¿Necesitas que te lleve?

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Instintivamente retrocedí ante eso. Blane me volvía un amasijo de nervios. Ya no contemplaba intenciones románticas con él desdeñosa como era de sus insensibles acercamientos a las relaciones y a las mujerespero era un hombre formidable, inteligente y demasiado guapo. Sin duda haría o diría algo idiota por puros nervios. Negué con la cabeza.

No, gracias respondí. Simplemente llamaré a una grúa o algo.

Es tarde y hace frío insistió Blane firmemente. Déjame llevarte a casa. Todavía dudaba, deseándole cosas malvadas a mi auto por elegir esta noche para abandonarme. Vamos dijo con firmeza, abriendo la puerta del todo de un tirón y agarrando mi brazo. Tengo que hacer un recado primero, pero podré llevarte a casa antes de lo que tardaría una grúa en aparecer aquí.

No sabía cómo podía negarme en este punto sin que pareciera ridículo así que agarré mis cosas y salí del auto, bloqueándolo antes de cerrar la puerta. Blane todavía tenía una mano en mi brazo mientras caminábamos hacia su auto. Era lo más cerca que había estado de él,

de

pie (ignoré el recuerdo de arrodillarme frente a él) y era bastante alto.

Mi

coronilla solo llegaba hasta su hombro.

Blane me guió hacia un auto aparcado cerca del edificio en una de las plazas reservadas. Inhalé hondo cuando lo vi. Conducía un Jaguar negro con ventanas tintadas. Encajaba con él.

Abrió la puerta del pasajero para mí y esperó hasta que me instalé dentro antes de cerrarla. El asiento de cuero era ricamente decadente para alguien acostumbrado al vinilo e inhalé en profundidad. El auto olía a cuero y la colonia de Blane. ¡Mmm!

Blane se subió por el lado del conductor y tirité otra vez, aunque no sabía si era por el frío o por lo cerca que estaba de mí en el interior del auto.

¿Frío? preguntó, y asentí sin palabras.

El motor ronroneó reviviendo y él giró el interruptor de la calefacción.

Saliendo del aparcamiento se dirigió hacia el sur por la calle Meridian

hacia el centro de la ciudad.

Había algo muy masculino en un hombre conduciendo un auto como éste y saboreé la experiencia de estar en un precioso y potente auto con

un hombre igualmente guapo y poderoso. Blane podía ser un mujeriego

sinvergüenza, pero intenté no centrarme en eso por el momento. No

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conversábamos y yo miraba por mi ventanilla mientras las casas que alineaban la calle pasaban como un rayo, sus luces apagadas.

Después de un rato, Blane rompió el silencio.

Kathleen. Dijo mi nombre despacio, como si lo estuviera probando¿Cuál es tu apellido, Kathleen?

Dudé en decírselo. La gente siempre bromeaba acerca de mi nombre.

Turner murmuré al fin y esperé a que empezaran las burlas. Para

mi sorpresa, no respondió inmediatamente así que me volví otra vez

hacia la ventanilla.

¿Te llaman Kathy? y fui forzada a girar y mirarle de nuevo.

No. Odiaba los diminutivos.

¿Katie? Incluso peor.

No.

Prefieres Kathleen afirmó más que preguntó.

Sí. Ante otra respuesta con monosílabos de mi parte, su boca se curvó con sarcasmo.

Pareces una mujer de pocas palabras dijo echándome un vistazo. Dudé. Me estaba haciendo sentir idiota.

A veces dije finalmente con rigidez. Se debió de dar cuenta de que estaba incómoda porque cambió de táctica.

No tuvimos un gran comienzo Kathleen y sentí el color abandonar

mi rostro. Por favor dime que no va a sacar el tema de esa desastrosa

reunión en la que planté mi cara en su entrepierna¿Por qué no me

cuentas de dónde eres?

Dejé escapar un suspiro de alivio. ¿Quería saber la historia de mi vida? Bueno, esta debería ser una conversación corta.

Soy de Rushville, Indiana respondí, una pequeña ciudad al este de aquí. Me mudé hace seis o siete meses.

¿Y qué hacías en Rushville? preguntó, mirando hacia mí otra vez. Sus ojos hacían cosas curiosas a mis entrañas cuando se centraba en mí tan intensamente. Pensé que solo estaba haciendo una conversación de nimiedades, pero parecía como si estuviera verdaderamente

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interesado en lo que iba a decir. Con desagrado recordé que él era bueno en hacer que la gente pensara eso.

No mucho dije vagamente. Servía en un bar. Cuidaba de mi madre.

¿Cuidabas de tu madre? repitió con curiosidad.

Tenía cáncer dije. No dolía tanto ahora cuando lo decía. Sentí una punzada en mi interior y una breve oleada de tristeza que fui capaz de sacudirme de encima.

¿Ella

?

Dejó el resto de la frase sin decir mientras yo asentía.

Hace dos años respondí a su pregunta sin hacer.

Una pausa después:

Lo siento dijo en voz baja.

No dije nada a eso y volví a mi estudio del panorama que pasaba junto a la ventana. No quería que fuera agradable conmigo y cambiara las ideas preconcebidas que yo ya tenía. Sería demasiado fácil obsesionarme con un hombre como él y también definitivamente estúpido considerando los desechos femeninos que quedaban a su paso.

¿Y el resto de tu familia? preguntó.

Me giré hacia él, preguntándome por qué me estaba haciendo tantas preguntas. Luego recordé; ese era su trabajo. El conocimiento es poder, o eso siempre me había enseñado School House Rock 3 .

Mi padre era policía respondí. Murió en servicio cuando yo tenía quince años.

Blane no dijo nada a eso y afortunadamente dejó de hacer preguntas.

Unos pocos minutos después, aparcamos frente a un edificio en una parte de la ciudad con mala fama. Eran las oficinas centrales del sindicato al que la firma estaba representando. Blane aparcó y abrió la puerta. Antes de salir, se volvió hacia mí.

Te diría que puedes esperar dentro del auto, pero no es la mejor zona dijo.

3 School House Rock: era un programa de televisión educativo orientado a los niños que trataba temas sobre matemáticas, ciencias, historia, gramática, economía y educación cívica a modo de videos animados musicales de corta duración.

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No hay problema respondí, saliendo del auto. Metí mis manos en los bolsillos de mi abrigo para protegerlas del frío. Blane se dirigió al edificio y yo lo seguí un paso o dos por detrás.

El vestíbulo del edificio estaba desierto y seguí a Blane por el corredor. Parecía saber a dónde iba. Deteniéndose fuera de una puerta, golpeó fuertemente en ella. Una voz amortiguada dijo que pasara y Blane abrió

la puerta.

Entramos en una oficina agradable, más de lo que habría esperado desde el exterior del edificio, donde dos hombres estaban sentados en lados opuestos de un escritorio fumando cigarros. El hombre tras el escritorio se puso de pie cuando Blane entró, una amplia sonrisa arrugando su cara. Era mayor, diría que a finales de la cincuentena, con un nacimiento del cabello en recesión y una cintura en expansión. Exudaba “vendedor de autos usados” e instantáneamente no me gustó.

¡Blane! exclamó en una voz que se había vuelto más áspera por años de fumar cigarros. Detecté un acento italiano subyacente al estilo de Brooklyn. Es fantástico que pudieras venir aquí esta noche. Sus ojos se iluminaron sobre mí y vi un brillo aparecer en ellos. ¿Quién es tu encantadora amiga? preguntó.

Blane se volvió hacia mí.

Esta es Kathleen dijo. Trabaja para mí. Kathleen este es Frank Santini.

Pegué una sonrisa falsa en mi cara y di un paso adelante para estrechar la mano de Frank. Su nombre me era familiar, pero no podía ubicarlo. Frank retiró su cigarro brevemente de la boca, tomó mi mano en la suya

y presionó sus labios húmedos contra ella. Arghh. Intenté ocultar mi

mueca de desagrado.

Es un placer, Kathleen dijo Frank, todavía sujetando mi mano. Asentí y seguí sonriendo mientras deslizaba mi mano liberándola de su agarre y retrocedí un poco de forma que estaba detrás de Blane. Frank me daba escalofríos. Miré al otro hombre, todavía sentado en el atestado asiento de piel, observándonos. Dio otra calada al cigarro mientras sus ojos se encontraban con los míos y no sonrió.

Traje el archivo con el resumen de la declaración jurada que pediste dijo Blane entregando a Frank los documentos que tenía en la mano. No estoy seguro de por qué es tan urgente que tenías que tenerlo esta noche. Su declaración colgó en el aire, la pregunta no fue pronunciada pero de todas formas estaba ahí.

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Hablé con Bill de ello dijo Frank sacudiéndose de encima la pregunta de Blane mientras rodeaba el escritorio, tirando el envoltorio sobre su superficie. Asumí que se estaba refiriendo a William Gage, el socio más antiguo de la firma, aunque nunca oí a nadie referirse al hombre mayor como “Bill.” No parecía ser el tipo de persona que respondería a ese nombre, era siempre “William” o “Sr. Gage.”

Nos gustaría tener unas breves palabras contigo dijo el hombre de la silla. A solas, si no te importa. Dirigió una mirada intencionada en mi dirección. Tenía alrededor de la misma edad que Frank y podría haber sido su hermano, sus similitudes físicas eran muy pronunciadas. Pero mientras que Frank era amistoso, quizá excesivamente, este hombre decididamente no lo era.

Jimmy puede llevarla fuera dijo, señalando la puerta. Giré la cabeza y vi a un tercer hombre en la habitación que había escapado a mi atención. Estaba de pie en las sombras y ahora dio un paso adelante hacia la tenue luz arrojada por la lámpara del escritorio. Sentí abrirse más mis ojos e instintivamente di un paso más cerca de Blane.

Jimmy era alto y delgado, cadavérico incluso. La oquedad bajo sus pronunciadas mejillas enfatizaba la oscuridad de sus ojos y cejas. Sus labios eran finos y pude ver una cicatriz apenas visible que abarcaba desde el extremo de su ceja bajando por el lateral de su rostro. Su apariencia no era lo peor. Jimmy apestaba a peligro y sus ojos eran fríos, duras esquirlas de granito.

Dio un paso adelante hacia mí y yo miré a Blane con los ojos muy abiertos. La cara de Blane era ceñuda pero me dio un leve asentimiento. Tomé eso como una señal de que no tenía elección en el asunto. Tragando saliva fuertemente y a pesar de mi inquietud, precedí a Jimmy saliendo por la puerta hacia el pasillo. Oí la puerta cerrarse firmemente detrás de mí.

No había ningún sitio a donde ir así que caminé, sintiendo a Jimmy cerca a mi espalda. El cabello de la nuca se puso de punta mientras él me seguía silenciosamente hacia el vestíbulo. Había unas pocas sillas y un sofá desperdigados alrededor así que me hundí en una silla. Jimmy me miró por un instante y luego se sentó en la silla junto a la mía.

Me miró fijamente y pude sentir mis manos volviéndose sudorosas y mi pulso se aceleró. Jimmy me estaba poniendo extremadamente incomoda. Miré hacia él un par de veces por el rabillo del ojo mientras jugueteaba con mis dedos. Mi nerviosismo me hacía querer balbucear. Quizás si le hacía hablar, no parecería tan intimidante.

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Así que dije un poco demasiado alegremente, ¿a qué te dedicas aquí?

Me miró fijamente, sin parpadear.

Me hago cargo de problemas dijo finalmente, su acento mucho más espeso que el de Frank. De acuerdo, bien, eso no era mucho para continuar.

¿Qué tipo de problemas? pregunté.

Sonrió y eso me provocó un escalofrío por la columna.

Problemas de gente respondió. Decidí que no necesitaba saber más acerca de Jimmy. Sonreí débilmente y miré nerviosamente alrededor buscando una revista o algo.

Tú no vas a ser un problema, ¿verdad? preguntó y giré la cabeza de

un

tirón para encararlo. La forma en que me estaba mirando hacía que

mi

estómago se hiciera nudos. Negué con la cabeza, incapaz de decir

nada.

Bien dijoporque odiaría tener que estropear esa preciosa carita.

De acuerdo, ahora me estaba asustando en serio. No podía pensar en

nada que decir a eso y recé porque Blane saliera para que pudiéramos

irnos.

Déjalo Jimmy. Oí y me volví para ver a Blane de pie a unos pocos metros. Dejé salir un suspiro de alivio. Era la primera vez que me había alegrado de verlo. Comparado con Jimmy, mi miedo por Blane parecía ridículo. Me puse en pie de un salto mientras Blane caminaba a zancadas hacia nosotros. Jimmy se levantó también y no se movió mientras Blane se aproximaba. Jimmy era varios centímetros más bajo que Blane.

¿Tienes un problema Kirk? preguntó Jimmy con malicia. Me di cuenta de que ahora estaba jugando con una navaja automática que debió haber sacado del bolsillo pero lo había hecho tan rápido que no lo había visto.

Los dedos de Blane envolvieron la parte superior de mi brazo y tiró de mí hacia él.

Apártate de ella Jimmy rechinó, en voz baja y amenazadora.

Se miraron fijamente uno al otro durante un minuto. Yo observaba,

apenas respirando. Finalmente Jimmy sonrió.

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Vigila tu espalda Kirk dijo. Abrió la navaja, la cerró y luego desapareció. Si la había metido en un bolsillo o en su mano, no podría decirlo. Jimmy retrocedió, dirigiéndose por el camino que había venido.

Blane me urgió hacia la puerta, pasando por delante de varias oficinas a lo largo del camino que estaban todas a oscuras. Estábamos a mitad

de camino de su auto, yo forcejeando para seguir el ritmo de sus largas

zancadas, cuando su agarre sobre mi resulto demasiado. Haciendo una

mueca, dije:

Me estás haciendo daño.

Su agarre se aflojó inmediatamente y aminoró sus pasos.

Lo siento dijo secamente, mirando atrás al edificio ahora de mal agüero. Alcanzamos su auto y me metió dentro y él estuvo tras el volante en cuestión de segundos.

Yo todavía estaba asustada, no solo por el encuentro con Jimmy, sino también por la reacción de Blane.

¿Quién era ese tipo? Me las arreglé para preguntar mientras Blane nos conducía fuera del aparcamiento.

Su mandíbula se tensó antes de responder.

Le llaman Jimmy Quicksilver 4 . Su nombre real es James Lafaso.

Tenía miedo de preguntar, pero no pude evitarlo.

¿Por qué le llaman Jimmy Quicksilver?

Porque es bueno con los cuchillos respondió Blane, sus ojos en la carretera.

Sabía lo que Blane quería decir sin que tuviera que elaborarlo y recordé

a Jimmy diciendo cuanto odiaría estropear mi cara. Me sentía

indispuesta y sus noticias no hicieron nada para apaciguar mi mente. Temblorosa, levanté una mano para frotar mi frente, preguntándome como mi vida relativamente aburrida y mundana se había convertido en

una película de James Bond en el espacio de poco más de doce horas.

¿Estás bien? preguntó Blane y sus ojos estaban preocupados mientras me miraba.

Um, sí dije dubitativamente. Creo que sí. ¿Qué se suponía que debía decir?

4 Quicksilver: es una compañía estadounidense que fabrica navajas y cuchillos.

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Blane paró el auto y miré alrededor. Me había olvidado completamente de decirle donde vivía y no había prestado atención hacia donde había estado conduciendo. Estábamos aparcados cerca de un restaurante del centro en el que yo nunca había estado, principalmente porque no podía permitírmelo, pero también porque era la clase de sitio al que no vas sola.

¿Por qué estamos aquí? pregunté mientras Blane aparcaba el auto. Me miró y tuve que recuperar el aliento otra vez, estaba demasiado cerca. Sus ojos verdes estudiaron mi cara, bajando brevemente a mis labios.

Pensé que podías estar hambrienta dijo finalmente, sus ojos encontrándose con los míos otra vez. Y a mí me vendría bien una bebida. Salió del auto, dejándome con la mandíbula abierta de par en par. Antes de que pudiera recobrarme de la sorpresa, estaba en mi puerta, manteniéndola abierta para mí.

Mientras salía del auto y me tomaba por el codo para entrar al restaurante, me pregunté si este día podía ser más extraño.

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Capítulo 2

El restaurante era tranquilo y poco iluminado. Había una amplia barra circular en el centro con unas pocas mesas esparcidas alrededor. Blane me condujo a una mesa en la esquina con dos taburetes. Sacando un taburete, se quedó de pie educadamente junto a él, esperó a que me sentara.

Hice una mueca. Los taburetes me odiaban y yo odiaba los taburetes. Mis pies siempre quedan colgando, lo que me hace sentir como una niña de seis años, en la mesa de los chicos. Negándome a mirar a Blane, valientemente me aupé en el asiento y me pregunté cómo iba a deslizarlo más cerca de la mesa ya que mis pies no llegaban al suelo. Blane debió haber leído mi mente porque me dio un empujón. Murmuré un agradecimiento y me pareció ver un atisbo de sonrisa antes de volverse y sentarse frente a mí.

Un camarero se materializó en nuestra mesa.

Buenas noches Sr. Kirk le dijo a Blane¿Qué puedo servirle esta noche?

Al parecer, Blane era un cliente habitual.

Hola, Greg dijo. Tomaré un Dewars 5 con agua y hielo. ¿Y a la

dama le gustaría

?

Me miró expectante.

Me gustaría un Manhattan, por favor dije y vi un destello de sorpresa cruzar por la cara de Blane. Él, sin duda, había asumido que pediría una bebida femenina y afrutada.

Ahora mismo, señor dijo Greg y desapareció tan rápido como había llegado. Nos sentamos en silencio durante unos pocos minutos, Blane reclinado en su silla estudiándome mientras yo estudiaba la sala.

Greg volvió con nuestras bebidas en cuestión de minutos, colocándolas con cuidado en servilletas de cóctel.

¿Señor, les gustaría pedir la cena? le preguntó a Blane.

5 Dewards: es una marca de whisky escocés fundada a finales del siglo XIX. Es de las más vendidas en EE.UU.

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Danos unos minutos respondió Blane.

Por supuesto señor. Greg volvió a desaparecer.

Tomé un sorbo de mi bebida y suspiré. El frío líquido calentó mi estómago y sentí mis nervios ligeramente aliviarse. Todavía podía sentir el peso de la mirada de Blane y eso me irritó. Posé mis ojos en los suyos.

¿Por qué sigues mirándome fijamente? pregunté secamente.

Sus labios se curvaron ligeramente.

Mis disculpas dijo. Supongo que estaba esperando a que te pusieras histérica.

Mi ceja se frunció.

¿Por qué iba aponerme histérica?

Es por mi experiencia que la histeria es una típica reacción femenina respondió con un encogimiento de hombros.

Bueno, yo no soy de tu típica clase de mujer le dije con amargura, pensando en todas las rubias altas que había traído probablemente aquí. Su sonrisa se amplió.

Eso lo puedo ver.

¿Por qué Jimmy siente que es necesario amenazarme? le pregunté y, como esperaba, su sonrisa satisfecha se desvaneció.

No fue nada personal. Blane le restó importancia con un movimiento de su mano. Se trataba de Jimmy siendo Jimmy. No es feliz a menos que todos en la habitación estén aterrorizados por él. Pensé que Jimmy probablemente no tenía que trabajar muy duro para lograrlo.

¿De todos modos, quiénes eran esos hombres? Desde luego que me habían dado escalofríos, Frank con su falsa amabilidad y el otro tipo que se había sentado tieso y sin sonreír.

Frank y Richie Santini. Son hermanos y gestionan ese sindicato local que estamos defendiendo contra fraude electoral.

Por eso el nombre de Frank me había parecido familiar. Lo recordaba ahora. Los periódicos siempre insinuaban un negocio arriesgado cuando él estaba involucrado, aunque aún no se le había sorprendido

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haciendo nada ilegal. Era muy conocido en la ciudad y había visto recientemente un artículo de él sobre su amistad con el actual alcalde.

Greg regresó mientras estaba reflexionando sobre esto y me di cuenta de que ni siquiera había mirado el menú. Él estaba esperando para tomar mi orden, mientras yo manejaba torpemente el menú, dándome cuenta tarde y con consternación de que no sabía lo que eran la mitad de lo que ponía.

Um dudé, buscando en el menú un plato que conociera. ¿Tenéis alguna sopa? pregunté esperanzada. La sopa estaba bien. La sopa era universal. Cada restaurante tenía sopa.

Por supuesto dijo Greg. La sopa del día de nuestro Chef es sopa de apio con tocino y manzana verde.

Bueno, no era lo que yo hubiera esperado, pero tenía tocino, ¿cuán mala podía estar?

Tomaré eso dije, entregándole la carta. Greg y yo miramos expectantes a Blane. Esa sonrisa tiraba las esquinas de su boca de nuevo y traté de ignorar la sensación de revoloteo que me dio en la boca del estómago.

Tomaré un bistec, término medio ordenó Blane. Bueno. Eso sonaba bien. Mierda. Debería haber pedido eso en lugar de la sopa. Excepto que no estaba al cien por cien segura de que él fuera a pagar. Probablemente lo iba a hacer pero, por si acaso, sería muy embarazoso que me trajeran una cuenta que no podría pagar. No tenía mucho dinero encima y usaba mi única tarjeta de crédito solo para emergencias.

¿Estás segura de que todo lo que quieres es sopa? me preguntó Blane. Con mi asentimiento, Greg se alejó de nuevo.

Has tenido un día ocupado dijo Blane. En un solo día has tenido a alguien usándote como rehén y a otro amenazándote. Palidecí. No me había dado cuenta de que se había enterado del incidente de los juzgados.

Estirando el brazo a través de la mesa, tiró ligeramente del cuello de mi camisa, dejando al descubierto el vendaje en la base del cuello. Estaba tan sorprendida que no reaccioné inmediatamente. Sus ojos estaban en los míos, luego se movieron hacia abajo. Me eche hacia atrás de un tirón.

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Disculpa le dije, mi voz helada. No me gustaba hacia donde estaba yendo esto. ¿Era esta la razón por la que me había traído hasta aquí? ¿Pensaba que iba a demandar una compensación a la aseguradora de trabajo o algo más por lo que había pasado hoy?

¿Dónde has aprendido a zafarte de esa manera? preguntó Blane, tomando otro sorbo de su bebida e ignorando completamente mi reacción. Se inclinó hacia mí, cruzando los brazos sobre la mesa.

Mi padre dije reclinándome ligeramente hacia atrás. Sus ojos entre grises y verdes se enfocaron intensamente en mí y tuve que apartar la mirada. Blane me ponía nerviosa, mi fascinación por él permanecía. La energía que siempre parecía flotar a su alrededor era casi palpable. Mi observación clandestina de los últimos meses me había mostrado que era intenso en todo lo que hacía. Ahora, al parecer, yo era su objetivo. Me inquieté bajo su firme mirada, tomando otro sorbo de mi Manhattan.

¿Qué más te enseñó? preguntó.

Pensé por un momento y luego decidí ser sincera, no importaba si él me encontraba tan extrañamente diferente de sus habituales acompañantes.

El arte de hacer una bebida con whisky como es debido, como todo buen irlandés sabe. Cómo disparar y lo más importante, acertar a lo que estoy disparando. No confiar en lo que la gente dice, sino en lo que hace.

Estaba esperando hacer sentir a Blane tan desconcertado como yo lo estaba, pero su cara no mostraba nada. Tomó un sorbo de su copa, así que aproveche la oportunidad para plantear una pregunta propia.

¿Cómo te enteraste de lo de hoy? pregunté.

Estaba allí respondió Blane, dejando su vaso de nuevo sobre la mesa. Era mi cliente. El juicio por malversación de fondos. No pudo manejar la presión. No tenía ni idea que iba a hacer algo así sin embargo, lo juro.

Apreté mis labios. En toda la conmoción, no lo había visto en la multitud, pero obviamente él había estado allí, y esta cena trataba sobre que yo posiblemente hiciera a la empresa responsable. Sentí un peso en la boca del estómago. No me había dado cuenta de que había estado esperanzada, aunque fuera solo un poquito, de que podría haber

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sido otra cosa. Me bebí el resto de mi Manhattan. Los ojos de Blane se estrecharon mientras me miraba.

Greg llegó con la comida y estuve agradecida por la distracción, aunque mi plato de sopa se veía bastante insignificante al lado del bistec de carne que puso delante de Blane. Miré con nostalgia a su plato y luego a mi sopa que era de un verde muy claro. Me recordó el color de los ojos de Blane, todo lo cual me puso de mal humor.

Cogí una cuchara y la revolví, esperando que el tocino la hiciera saber mejor de lo que había sonado y me sorprendió gratamente. Estaba bastante buena. No me di cuenta hasta que comencé a comer de lo hambrienta que estaba, sobre todo porque me había saltado el almuerzo. Terminé la sopa demasiado rápido. Probablemente no es lo más apropiado que una dama debe hacer, devorando la comida, pero sabía que esto no trataba de que Blane estuviera interesado en mí, así que no me importó.

Cuando terminé, me di cuenta de Greg me había traído otro Manhattan. Todavía estaba hambrienta, pero la sopa había saciado la urgencia. Me tomé un largo sorbo de mi bebida, mirando el filete de Blane mientras comía.

Greg apareció de nuevo, tomando mi tazón.

¿Quiere algo más? me preguntó. Negué con la cabeza y Greg se fue.

¿Por qué has venido a Indianápolis? me preguntó Blane.

Realmente no quería hablar más acerca de cosas personales con Blane, pero no quería ser grosera tampoco. Me aclaré la garganta, tratando de ganar algo de tiempo.

Solo necesitaba un cambio respondí vagamente. No había necesidad de que Blane conociera la historia de mi vida o de que algún día quería ser abogada. Le sonaría demasiado parecido a "¡Dios, quiero ser como tú cuando crezca!"

Entonces, ¿cómo está el tipo de la malversación de fondos? pregunté, tomando otro sorbo de mi bebida. Blane terminó su carne y pasó la servilleta de lino blanco en su boca antes de contestar.

Estará bien dijo finalmente. Presionaremos para una evaluación psiquiátrica, una vez que se haya recuperado.

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La defensa de la inestabilidad mental le dije. Un poco cliché. Yo podría haber sido capaz de apreciarlo más de no haber sido el objetivo elegido para demostrar lo loco que estaba.

No es algo que le habría animado hacer dijo Blane con cuidado.

Me decidí a sacarlo del error. En realidad esos juegos no eran lo mío. Me gusta más la honestidad.

No voy a demandar a la empresa le dije, haciéndole saber que sabía lo que pensaba. El estrés del día y el alcohol estaba haciendo efecto en mí. Él tenía razón, esto realmente no tenía nada de mi día típico. No podía esperar para llegar a casa, tomar una buena ducha caliente y meterme en la cama.

No pensaba que lo harías y me miró, la incredulidad grabada en mi cara. ¿Creía que era una idiota, además de una paleta?

Vamos le dije con un bufido muy poco femenino, como si no supiera de qué se trata esto.

Se inclinó hacia delante, con los ojos entrecerrados. Sentí un aleteo en el estómago y tragué nerviosamente un poco más de whisky.

Me alegro de que no vayas a demandar a la empresa dijo en voz bajay estamos agradecidos por tu lealtad. Nos gustaría ofrecerte una compensación por lo que has tenido que soportar el día hoy.

Parpadeé lentamente.

¿Está tratando de comprarme? dije sin rodeos.

Por supuesto que no dijo. Es lo que acabo de decir. Compensación por penurias sufridas bajo nuestro empleo.

Me estaban comprando.

¿Cuánto? pregunté, enojada ahora. Me pareció ver el más leve destello de decepción en los ojos de Blane. Se recostó en su silla.

Cinco mil dijo, mirándome con atención. Se me abrieron un poco los ojos. Mierda. Eso era mucho dinero.

¿Cinco mil? repetí, mi voz chillona.

O diez dijo con un encogimiento de hombros. Si sientes que sería más adecuado. Diez mil dólares. Eso sería recorrer un largo camino hacia el pago de la deuda en la que estaba por los gastos médicos de mi madre. Me perdí un momento para imaginar cómo de liberador sería.

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Podría dejar mi otro trabajo y tal vez encontrar un lugar mejor para vivir. Volver a la universidad incluso. Luego me sacudí. No iba a pasar. No había manera de que fuera a aceptar dinero de ellos. Se sentía mal tomar esa cantidad de dinero, sin importar el hecho de que era para comprar mi silencio y mi cooperación. Una cena pagada por Blane era una cosa, aceptar diez mil dólares de él era otra cosa bastante diferente.

Negué con la cabeza.

Olvídalo le dije con pesar. No quiero tu dinero.

Ahora lo había sorprendido.

—¿Qué quieres decir con que "no quieres el dinero”? —preguntó, mirándome con curiosidad.

No lo quiero repetí, con más fuerza esta vez. No quería que él o la empresa tuvieran tanto poder sobre mí. No era tan ingenua como para pensar que este tipo de dinero no venía con condiciones. Pero no le dije eso.

Entonces Greg vino con la cuenta y vi como Blane arrojaba algo de dinero sobre la mesa y se levantaba. Me sentí como si tuviera que estar en guardia por todo lo que había dicho y me estaba exasperando. Blane me tendió una mano para ayudarme a bajar del taburete y la tomé de mala gana. La última cosa que quería hacer era tocarlo, pero caer al suelo de bruces, también resultaba poco atractivo. Estaba ansiosa por volver a nuestra distante relación empleada/empleador. Muy distante.

Su mano era grande, cálida y sorprendentemente áspera para un hombre que tenía un trabajo de oficina. Mi mano se perdió en la suya. Cuando llegué al suelo, él se apoderó de mi codo. Me llevó hasta el auto donde, una vez más, mantuvo la puerta abierta para a mí. No puedo culpar a su madre por enseñarle modales.

¿A dónde? preguntó, una vez que había entrado y arrancado el auto. Le di mi dirección y se dirigió hacia allí. El whisky me había relajado y me recosté y cerré mis cansados ojos. El asiento estaba caliente bajo mis muslos y sonreí un poco. Asientos de cuero con calefacción.

Lo siguiente que supe, era que una mano cálida tocaba mi cara. Lentamente abrí mis ojos y parpadeé con ojos legañosos. El rostro de Blane estaba muy cerca del mío y tenía la mano ahuecando mi mejilla. Despertándome rápidamente ahora, me erguí. Su mano cayó pero no se

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movió. Miré hacia afuera. Estábamos en el aparcamiento de mi edificio de apartamentos.

Lo siento por quedarme dormida dije sin aliento. Gracias por el paseo. Abrí la puerta y lo vi a salir también.

Te acompañaré dijo. Hice una mueca. No es que estuviera avergonzada de donde vivía, exactamente, pero el lugar no era precisamente uno de los más bonitos de los alrededores. Realmente no necesitaba algún otro recordatorio esta noche de la completa disparidad entre Blane y yo.

Subí las escaleras, mis sentidos agudizándose excesivamente al sentir a Blane detrás de mí. Podía escuchar el sonido suave del movimiento de su chaqueta mientras caminaba y fantaseé con que también podía sentir su presencia detrás de mí. Llegamos a mi puerta y me volví para encontrarlo mirando a su alrededor con curiosidad. Me di cuenta de que las luces de Sheila estaban apagadas. Debía de haber salido.

Busqué las llaves en mi bolso, abrí mi puerta y me volví hacia Blane de nuevo.

¿Vives sola? preguntó, mirando por encima de mi cabeza hacia mi apartamento a oscuras.

Sí.Jugueteaba nerviosamente con mis llaves. ¿Sin duda, no estaba esperando que lo invitara a pasar?

¿Qué vas a hacer con tu auto? preguntó. No hizo ningún movimiento para tratar de entrar mientras yo permanecía torpemente de pie en la puerta.

Supongo que llamaré a una grúa dije. En momentos como estos, extrañaba mi ciudad natal. Allí al menos conocía a vecinos y amigos que podrían ayudarme con cosas como problemas con el auto.

¿Tienes familia aquí? preguntó y negué. ¿Novio? Negué de nuevo.

Blane estaba silencioso y entonces se movió un poco más cerca. Tuve que inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo. Todavía estaba jugando con mis llaves, el tintineo era el único ruido. Su mano se cerró sobre la mía, aquietando mis dedos. Mi corazón empezó a latir más rápido y no podía apartar la mirada de él.

Su mano se levantó hasta tocar mi cabello, trazando un largo rizo antes de envolverlo suavemente alrededor de uno de sus dedos. No me moví.

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Yo me encargaré de eso dijo en voz baja. No sabía lo que estaba hablando y sentía que no podía respirar. Su torso estaba a centímetros de mí y sus ojos intencionadamente fijos en los míos.

¿Encargarte de qué? Finalmente logré decir, mi voz mucho más entrecortada de lo que hubiera querido. Mis ojos se dirigieron involuntariamente a su boca.

Las esquinas de los labios perfectamente esculpidos su levantaron.

Tu auto y levanté mis ojos de nuevo hacia él. Me encargaré de tu auto.

Oh. Claro. Por supuesto que sabía que eso era lo que quería decir.

No tienes que hacerlo protesté.

Su dedo tiró suavemente de mi cabello.

Será un placer dijo, sus labios todavía curvados en una sonrisa que era en parte amable, en parte malvada. Me lamí los labios inconscientemente. Bajó la mirada a mi boca antes de regresar a mis ojos.

Voy a necesitar esto dijo, quitando suavemente las llaves de mi mano. Buenas noches, Kathleen. Me soltó el cabello y se alejó. Mis cuerdas vocales no estaban funcionando correctamente, así que no tuve la oportunidad de decir algo antes de que se hubiera ido.

Temblando cerré y le puse el seguro a la puerta, encendí el interruptor de la luz. La lámpara junto al viejo sofá de mi madre se encendió y me hundí en los familiares cojines, tratando de recuperar el aliento. No era extraño que las mujeres cayeran sobre él. Estar cerca de él y experimentar su completa atención era suficiente para hacerme olvidar todas las razones para permanecer lejos del magnético atractivo de Blane.

Me froté la nuca. Sentía un dolor de cabeza llegando. Poniéndome de pie, me dirigí a mi dormitorio. Demasiado cansada para tomar una ducha, simplemente me lavé los dientes, me puse una camiseta para dormir y me metí en la cama.

Unos golpes en la puerta me despertaron. Echando un vistazo al reloj de la mesilla de noche, vi que eran más de las diez de la mañana. Agarré un par de pantalones cortos, me los puse y corrí hacia la puerta. Miré por la mirilla y vi a un hombre de pie allí con un portapapeles.

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Llevaba un mono de trabajo azul marino con su nombre bordado en él. "Larry", proclamaban las letras rojas. Abrí la puerta.

Los ojos de Larry se abrieron cuando me vio. Consciente de mí misma, me alise mi cabello que parecía un nido de ratas.

¿Sí? pregunté.

¿Usted es comprobó su portapapelesKathleen Turner? Miró de nuevo hacia mí dubitativo. Me aclaré la garganta y me di por vencida con mi cabello.

Sí, soy yo confirmé.

Bueno, su auto está listo dijo, empujando el portapapeles hacia mí. Está abajo en el aparcamiento. Lo aseguré por usted.

Tomé el portapapeles y traté aparcamiento.

de

mirar

más

allá

de

él,

hacia el

¿Cuál era el problema? pregunté, garabateando mi nombre en la hoja.

Necesitaba una batería nueva dijo, tomando el portapapeles y me entregó las llaves que Blane había tomado la noche anterior.

¿Cuánto le debo?

Negó con la cabeza.

Ya ha sido pagado. Que tenga un buen día.

Se fue y cerré la puerta. Bueno. Supongo que Blane ha mantenido su palabra. Él se había encargado. Di un suspiro de alivio. La mayoría de las mujeres probablemente hubieran preferido flores o joyas. Yo estaba agradecida de tener una batería nueva para mi auto.

Como era sábado, no tenía que trabajar hasta esta noche cuando tenía que ir a hacer mi turno en The Drop. Era un buen bar, no un antro, así que no era un mal lugar para trabajar y lo pasaba bien. Los clientes solían ser profesionales de clase media-alta por lo que las propinas eran buenas. Puse una cafetera y me duché mientras se hacia el café.

Dejando que mi cabello se secara al aire, tomé dos tazas de café y fui al lado a ver a Sheila. Le di pataditas a la puerta, ya que mis manos estaban llenas. Probablemente estaba dormida después de una larga noche de trabajo. Di una patada de nuevo y esperé. Finalmente, oí la cerradura girar y Sheila le gritó a la puerta.

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Es mejor que seas tú Kathleen y más vale que tengas café. La puerta se abrió y le sonreí, sosteniendo una taza humeante. Se había envuelto en una bata corta, sedosa, con flores grandes de color rojo y negro impresas en ella. Tomó el café y se dio la vuelta, dejándome entrar en su apartamento. Tomando un sorbo, dio un gemido de apreciación antes de desplomarse en el sofá. Me senté en el sillón cercano, doblando mis piernas debajo de mí.

Era muy injusto que se viera tan perfecta incluso cuando acababa de salir de la cama. Su cabello era suave y estaba desplegado sobre sus hombros y a pesar de que no llevaba maquillaje, su tez era impecable, sus pestañas oscuras y exuberantes. Si no fuera tan agradable, la habría tenido que odiar solo por principio.

Así que comencé, adivina que me pasó ayer. Tigger, su gato, saltó a mi regazo y comencé a acariciarlo. Él ronroneó contento. Sabía que iba a estar cubierta en cabello color anaranjado cuando me fuera, pero no me pude resistir. Tigger era uno de los gatos más amistosos que había conocido.

Ella abrió un ojo.

¿Conociste un chico? preguntó esperanzada. Sheila siempre estaba tratando de que saliera más, que fuera a citas.

Bueno le dije, se podría decir eso. Excepto que él tenía un cuchillo. Sus dos ojos se abrieron ahora y le conté la historia del loco en el palacio de justicia.

Tenía la boca abierta cuando terminé.

¡Oh, Dios mío Kathleen! exclamó. ¡Podría haberte matado! Me encogí de hombros despreocupada.

No creo que me hubiera matado. Solo quería asegurarse que todo el mundo pensara que estaba loco.

No parecía convencida pero cambié de tema antes de que pudiera seguir preguntando.

¿Cómo estuvo tu noche? pregunté. ¿Has visto a Mark? Su expresión se volvió sombría.

Se suponía que íbamos a reunirnos anoche dijo, tomando otro sorbo de café. Pero tuve que cancelarlo. Ese tipo me solicitó otra vez, así que tuve que ir. Asentí con empatía.

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¿Cómo lo tomó Mark?

No muy bien admitió. Se supone que debe venir esta noche. Pensé

en hacerle la cena o así. A los hombres les gusta eso, ¿no? No sabía

por qué me estaba preguntando a mí. Mi experiencia con los hombres era muy inferior a la de ella. La pregunta debió haber sido retórica porque no esperó mi respuesta. De todos modos, estaré contenta de tener una noche libre. Creo que este tipo se está volviendo rarito. Fue

muy

extraño anoche.

¿Extraño cómo?pregunté.

Ella negó con la cabeza.

Es difícil de explicar. ¿Malhumorado, tal vez? No dio más detalles y

no presioné más. Hablábamos de su trabajo solo con moderación. Creo

que ella sabía que me hacía sentir incómoda, aunque yo trataba de

esconderlo por respeto a sus sentimientos.

¿Qué vas a hacer para Mark? pregunté, cambiando de tema.

No tengo ni idea dijo con una sonrisa. Tal vez compre algo de un restaurante y lo ponga en platos, así pensará que lo cociné yo. Me eché a reír. Eso sonaba como algo que Sheila haría.

¿Cuál es tu plan para hoy? me preguntó.

Tengo que trabajar esta noche, así que probablemente solo pasar el rato, limpiar, lavar la ropa. Nada extremadamente emocionante. Estaba en la punta de mi lengua el hablarle de Blane y lo de anoche,

pero algo me detuvo. Hablar de ello lo haría demasiado real y parte de

solo quería olvidarlo. No quería imaginar algo donde no había nada.

Yo

no era exactamente su tipo.

Charlamos un rato más hasta que nos terminamos el café y luego empujé al suelo el bulto naranja que era Tigger y volví a mi apartamento. Con la decisión de hacer valer lo que se suponía que debía estar haciendo hoy, limpié mi apartamento y arrastré mi ropa al sótano.

Pronto fue hora de prepararme para el trabajo. Me duché y me cambié a

mi uniforme de trabajo, pantalones negros y una camiseta azul oscuro,

con cuello barco y mangas que iban hasta poco más allá de los codos. Era muy cómodo y fácil trabajar con ello, tenía la ventaja añadida de resaltar el color de mis ojos ya que la camiseta era casi exactamente del mismo color. Dejé mi cabello suelto. Me molestaría un poco, pero nunca

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está de más verse tan bien como sea posible, cuando estás trabajando por propinas.

Me puse la chaqueta y capté un aroma familiar en el aire. Al presionar

la nariz contra la manga, me di cuenta de que olía ligeramente a la

colonia de Blane. No estaba segura de si esto me agradaba o no, pero si

tomé otra aspiración antes de salir por la puerta.

El sol se estaba poniendo cuando salí de mi apartamento. Podía escuchar débiles notas de música y la luz estaba encendida en el apartamento de Sheila. Sonreí. Esperaba que ella y Mark pudieran solucionarlo.

Contuve la respiración mientras giraba la llave en el encendido y la solté cuando el motor arrancó fácilmente. The Drop estaba en el centro y solo me llevaba unos veinte minutos en auto llegar hasta ahí.

Mi turno comenzaba a las seis y estaba relevando a Abby la barman del

turno de día. Era alta, de cabello rubio y llevaba trabajando en The

Drop un par de años.

Hola Abby saludé. Ella estaba terminando de cortar algunos limones para la bandeja de guarnición cuando llegué.

Hola Kathleen contestó. Puse mi bolso debajo de la barra, até un delantal negro alrededor de mi cintura y comencé con la comprobación

de los niveles de las botellas de licor para esta noche.

Me puso al corriente de la situación de los diferentes clientes repartidos por todo el bar antes de coger el bolso y salir. Los sábados por la noche teníamos dos barman y cuatro camareras. The Drop era propiedad de Romeo Licavoli y le gustaba tener un barman masculino y otro femenino en las noches ajetreadas. Así que esta noche mi compañero era Scott.

Scott, asistía a la Universidad de Butler y se estaba especializando en negocios internacionales. Era un tipo simpático que coqueteaba sin parar, que es probablemente la razón por la que Romeo siempre lo ponía en noches ajetreadas. Las mujeres amaban a Scott. Él y yo trabajábamos bien juntos y mientras estaba coqueteando constantemente con clientes y camareras, nunca había tratado de dirigir los coqueteos hacia mí. Scott me trataba más como una hermana pequeña y estaba contenta por eso. Generalmente.

El ritmo fue constante durante un tiempo y luego alrededor de las diez

realmente aumentó. Debía haber habido un concierto esta noche.

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Siempre parecía que había algo en el centro y después la gente quería prolongar su noche, así que se detenía a tomar una copa.

El cabello me estaba molestando y me tomé un momento rápido para atarlo atrás. Estaba ocupada en la preparación de un Tom Collins, cuando una de las camareras, Tish, llegó con una orden.

Tienes que echarle una ojeada al tipo de mi mesa me dijo. Tish era otra que siempre estaba tratando de emparejarme con alguien, pero yo pensaba que levantarte un tipo en un bar no era la mejor idea. Aun así, le seguí la corriente.

¿Qué mesa? pregunté, poniendo el Tom Collins en una bandeja y agarrando un vaso de tubo para un gin tonic.

La dieciocho respondió. Está con una chica, pero échale un vistazo de todos modos. Terminé el gin tonic, exprimiendo un limón en él antes de también colocarlo en la bandeja. Orden completa, Tish tomó la bandeja y miré hacia la mesa dieciocho. Me quedé boquiabierta por la sorpresa.

Blane estaba sentado a la mesa y una morena de piernas largas, con un retal por vestido estaba a su lado. Otra pareja estaba frente a ellos. Como si sintiera mi mirada en él, Blane se volvió hacia mí y nuestros ojos se encontraron. Vi sorpresa en su mirada antes me darme la vuelta.

Las órdenes estaban esperando para ser preparadas y estaba feliz de estar ocupada. No es que me importara que estuviera allí con otra mujer. ¿Qué esperaba? Ese era su estilo de vida. La noche anterior había sido un mero bache en su radar. A diferencia de lo que había sido para mí. Empujé ese pensamiento lejos y me ocupé poner más copas de Martini en el congelador debajo de la barra.

Traté de no mirar hacia atrás a la mesa dieciocho mientras trabajaba pero me parecía que no podía evitar mirar en esa dirección. Parecían que estaban pasando un buen rato, riendo y hablando. La morena estaba tan cerca de él que no podía caber una hoja de papel entre ellos. Siguió tocándole el brazo, sus pechos rozando contra él. Sentía algo demasiado parecido a los celos para estar totalmente cómoda con ello.

¿Estás bien? Oí a Scott preguntar y me di la vuelta para ver que me miraba con preocupación.

le respondí¿Por qué? Hizo un gesto a la bebida que estaba sirviendo y miré hacia abajo para ver que se había llenado a rebosar.

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Mierda dije, limpiando el desastre con una toalla. Después de eso, decididamente no miré a Blane de nuevo mientras trabajaba. Una despedida de soltera acababa de llegar y me mantuvieron ocupada durante algún tiempo, ya que ordenaron todas las bebidas de nombres cargados de insinuaciones para la futura novia: Sexo en la Playa, un Orgasmo y unas Mamadas. Sonreí ante sus burlas, indirectamente disfrutando de su diversión.

Por el rabillo de mi ojo, vi a alguien sentarse en un taburete vacío en el bar. Me volví a tomar su orden y me congelé. Era Blane.

Así que también trabajas aquí y era más una afirmación que una pregunta.

Unas cuantas noches a la semana respondí con frialdad, sin saber cómo actuar con él después de la noche anterior. No era como que yo cenara de forma regular con hombres como él, por no mencionar el hecho de que era mi jefe.

¿Puedo ofrecerte algo? ¿Dewars con agua? Sonrió levemente y me sentí absurdamente complacida de haber recordado lo que bebía.

dijoy algo que se llama Appletini, por favor. Ah. Eso debe ser para la morena. Parecía el tipo de chica Appletini. Puse más zumo que alcohol en su bebida antes de mezclar la de él. Apoyándolos en la barra, respiré hondo.

Gracias por hacer arreglar mi auto le dije, tratando de sonar agradecida. Los modales eran los modales y me había hecho un gran favor. No era su culpa que una pequeña parte de mí deseara ser la morena que esperaba en la mesa a que él volviera.

Llevaba una chaqueta deportiva y corbata esta noche y se había aflojado la corbata. El color de la chaqueta era de un gris profundo y parecía poner de manifiesto el gris de sus ojos.

No hay problema dijo, con una amplia sonrisa. Sentí contener mi aliento ligeramente. En realidad debería ser un pecado lucir tan bien. Tiró algo de dinero en la barra y lo vi retirarse a su mesa, bebidas en mano.

Bajé la vista hacia el dinero. Había dejado un billete de cincuenta dólares en el bar. Mis ojos se abrieron con sorpresa, luego se estrecharon. Tratando de comprarme de nuevo. Pero esta noche, no me importaba. El dinero era dinero. Lo recogí, puse el monto de las bebidas en la caja registradora y me guardé la propina.

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No vi cuando se fueron y traté de no pensar en lo que probablemente

estaban haciendo en este mismo momento mientras fregaba la barra y llevaba más vasos al lavavajillas. Lo que realmente tenía que hacer era simplemente olvidar a Blane Kirk. Punto. Un enamoramiento con mi

jefe era realmente la última cosa que necesitaba.

Ya era tarde cuando por fin llegué a casa y me dolían los pies. Olía a

alcohol y no podía esperar a tomar una ducha. Sin embargo, había sido una buena noche. Conseguí cerca de ciento cincuenta dólares en propinas. Por supuesto, casi un tercio de eso había sido de Blane, pero

no

hice caso a ese hecho.

La

luz en el apartamento de Sheila estaba todavía encendida y sonreí.

Eso era un buen presagio para ella y Mark. Encendí las luces en mi apartamento, me quité los zapatos. Diez minutos y una ducha caliente

más tarde y me sentía casi humana otra vez.

Me puse una camiseta y ropa interior, me metí debajo de mis mantas y

dejé escapar un suspiro de satisfacción. Estaba dormida antes de que

pudiera detenerme a analizar todo lo relacionado con Blane.

Un poco más tarde me desperté sobresaltada y me incorporé de un salto. Estaba desorientada y no sabía lo que me había despertado. Entonces lo oí, voces viniendo del apartamento de Sheila. Gritos y discusiones, así sonaba. Me volví a recostar. Me sentí mal por ella. Supuse que no había ido tan bien con Mark, después de todo.

La discusión se prolongó durante un tiempo y luego se quedó en silencio. Me di la vuelta para volver a dormir, pero no pude. Me retorcí por un poco, pero finalmente admití que debería levantarme e ir a ver a Sheila. Si Mark y ella habían tenido una gran pelea, lo más probable era que estuviera muy disgustada.

Me levanté y me puse los pantalones cortos. La temperatura había bajado, pero solo iba a la puerta de al lado. Me pasé un cepillo por el cabello e hice una mueca por los círculos oscuros bajo mis ojos. Eché

un

vistazo al reloj. Tres y media.

La

noche era fría y silenciosa cuando salí y me estremecí, envolviendo

mis brazos alrededor de mí. La luz seguía encendida en el apartamento

de

Sheila, así que sabía que estaba despierta. Me preguntaba si tal vez

se

habían arreglado. Si es así, estaría interrumpiendo en lugar de

ayudar. Me quedé fuera de mi puerta, incapaz de decidir qué hacer. El

hormigón bajo mis pies descalzos era como el hielo y me ayudó a tomar

mi decisión. Solo llamaría una vez y si nadie respondía, me lo tomaría

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como

reconciliación.

la

confirmación

de

que

estaba

interrumpiendo

sexo

de

Crucé hacia su puerta rápidamente, mis pies congelándose y golpeé ligeramente sobre ella. Para mi sorpresa, se abrió. La puerta no estaba cerrada del todo. Eso me pareció extraño. Sheila sabía tan bien como yo que esta parte de la ciudad no era una de las que pudieras dejar la puerta abierta, especialmente en la oscuridad de la noche. Con cautela, entré.

¿Sheila? grité. El apartamento estaba extrañamente tranquilo y sentí el bello en mis brazos ponerse de punta. Había platos sucios en la cocina y dos copas de vino vacías. Dejé escapar un chillido y casi salto de un pie cuando sentí algo rozar mis piernas. Miré hacia abajo. Era Tigger. Maulló y me rozó de nuevo. Traté de respirar normalmente mientras mi corazón latía con fuerza en mi pecho.

¿Sheila? Lo intenté de nuevo. No hubo respuesta. Me asomé al cuarto de baño, pero estaba vacío. La puerta del dormitorio estaba cerrada y me dirigí hacia ella. Tuve una sensación de malestar en la boca del estómago cuando di vuelta la manija y abrí la puerta. Lo que vi hizo que me helara la sangre. Mis rodillas se convirtieron en gelatina y me deslicé por la pared hasta derrumbarme en el suelo.

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Capítulo 3

Había sangre por todas partes. Podía olerla y me dieron ganas de vomitar. Pude ver una pierna en la cama, pero no me podía mover. Me temblaban las manos y podía escuchar con claridad la sangre corriendo en mis oídos. La única cosa que me impulsó a pararme era el hecho de que Sheila aún podría estar viva.

Entré más en la habitación, evitando cuidadosamente las rayas sangrientas en el suelo. Moviéndome lentamente hacia la cama, podía ver con claridad ahora y deseé no haberlo hecho. Era obvio que ella ya no estaba viva, con los ojos mirando sin ver hacia el techo. Estaba desnuda y su garganta había sido cortada violentamente. Sus sábanas que una vez fueron blancas ahora estaban bañadas en carmesí. La sangre untaba su vientre y los muslos también.

Podía sentir un grito que venía y apreté mi mano sobre mi boca, horrorizada. Volviendo, corrí desde su apartamento al mío. Golpeando y cerrando la puerta detrás de mí, traté desesperadamente de pensar.

¿A quién llamar? Cogí el teléfono, traté de llamar al 911. Mis manos temblaban tanto que se me cayó el teléfono. Finalmente pude introducir los números y esperé. Mi respiración era entrecortada y el corazón me latía con fuerza. Cuando respondió el operador, vacilante le di la dirección y le dije que mi vecina estaba muy mal herida. Colgué el teléfono, luego deseé no haberlo hecho. La soledad pesaba en mí como algo físico, ominoso y amenazante. Dudé, luego cogí el teléfono.

Clarice contestó al tercer timbrazo.

¿Clarice? le pregunté, mi voz un hilo delgado.

¿Kathleen? ¿Eres tú? ¿Estás bien? Su voz sonaba aturdida, pero ahora podía oír la preocupación mientras se despertaba por completo.

No

nombre es Sheila. Está

todo más real y pude sentirme desvanecer. Me dejé caer en el sofá.

no estoy segura le dije con voz temblorosa. Mi vecina. Su

muerta. Asesinada. Las palabras hicieron

¿Qué? ¡Oh, Dios mío Kathleen! Clarice sonaba sorprendida.

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Llamé al 911 dudé. Odiaba tener que preguntar, pero no sabía qué otra cosa hacer. Sé que los policías están llegando, pero estoy sola y tengo miedo. No tengo a nadie más a quien llamar. Sonaba patética incluso para mí.

No te preocupes dijo Clarice con confianza. Si viene la policía y ha habido un asesinato, necesitas un abogado más que cualquier otra cosa. Voy a llamar a Blane. Él se ocupará de ti.

¡No! dije frenéticamente, horrorizada de que quisiera llamar a Blane. ¡No él! ¿Qué pasa con Derrick? Cualquier otra persona, de verdad, estaría bien.

Blane es el mejor, Kathleen insistió Clarice. Voy a colgar ahora y lo llamaré. Solo aguanta ahí. La comunicación se cortó antes de que pudiera pronunciar otra palabra y colgué el teléfono.

No sé cuánto tiempo había pasado antes de oír un golpe en mi puerta. Sacudida por el miedo, me tomó un momento componerme e ir a la puerta. Viendo por la mirilla, vi a Blane allí de pie. Me sorprendió la rapidez con la que había llegado, incluso antes de que llegara la policía.

Abrí la puerta y di un paso atrás para dejarlo entrar. Cerró la puerta detrás de él y me di cuenta de que aún llevaba la corbata y la chaqueta de esta tarde. Me preguntaba si había dejado esperando a la morena en alguna parte.

Agarró mi brazo suavemente y me llevó hasta el sofá. Me senté y él se sentó a mi lado. Tomó mis manos entre las suyas y las frotó.

Tus manos son como el hielo Kathleen dijo. Dime lo que pasó. Levanté la vista de nuestras manos unidas a su cara.

Estaba dormida dije entrecortadamente. Algo me despertó. Oí una discusión. Pensé que era Sheila y su novio Mark. Luego se detuvieron.

Blane se quedó tranquilo y escuchó mientras hablaba, sus manos todavía frotando con dulzura sobre la mía.

No pude volver a dormir. Estaba preocupada por ella. Así que me levanté y me fui a su casa. Las imágenes que cuidadosamente había estado guardando en el fondo saltaron a mi mente y sentí las lágrimas deslizándose por mi rostro.

La puerta estaba abierta, así que entré, ella estaba en su cama. Y la sangre estaba por todas partes. Me puse a llorar en serio ahora y no podía continuar. Blane me tomó en sus brazos y lloré en su hombro.

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Después de unos momentos, pude controlarme y dejar de llorar. Blane estaba frotando mi espalda como si calmara a un niño pequeño. Cuando sintió que estaba en control de nuevo, habló.

¿Fuiste al apartamento por tu cuenta? preguntó y yo asentí, todavía apoyada en él¿Viste a alguien?

No le contesté. No es que hubiera estado buscando.

¿Así que la persona que hizo esto podría haber estado todavía allí cuando entraste? Esa idea no se me había ocurrido. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal y Blane debió haberlo sentido ya que su agarre se apretó a mí.

Voy a ir a echar un vistazo dijo, separándome de él. Mis ojos se abrieron.

¡No! dije, agarrando su chaqueta. ¡Puede que aún estén ahí!

Está bien me aseguró Blane y observé con atónita sorpresa mientras sacaba una pistola de la parte trasera de sus pantalones.

¿Por qué tienes un arma? le pregunté.

¿Has conocido a nuestros clientes? respondió secamente. No te preocupes. Sé cómo usarla.

Pero

llegaría a saber cómo usar un arma.

¿cómo? No podía entender cómo un sangre azul como Blane

Fui militar dijo breve y se levantó de la cama. Quédate aquí ordenó. Obedecí sin decir palabra. Mientras lo observaba según desaparecía por la puerta, traté de absorber el hecho de que, en algún momento, Blane había estado en el ejército y que ahora estaba acechando a un posible asesino en la puerta de al lado. Apenas podía envolver mi mente alrededor de la muerte de Sheila y de esta cara completamente diferente de Blane.

Después de unos minutos de agonía, volvió.

No hay nadie alrededor me dijo, metiendo la pistola en la parte baja de la espalda. Probablemente se han ido ya.

Podía oír las sirenas ahora cada vez más cerca. Blane me miró, la preocupación grabada en su rostro.

¿Vas a ser capaz de hablar con la policía? me preguntó amablemente. Recuperé una apariencia de calma, la histeria y el pánico

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ahora retrocedieron y respire hondo. Asentí y me levanté, poniendo en mis pies un par de chanclas y siguiendo a Blane a la puerta. Llegamos a la zona de aparcamiento donde una ambulancia y dos autos de la policía se detuvieron.

Uno

preguntó:

de

los policías nos vio y se acercó. Haciéndome

señas, me

¿Eres tú la que llamó al 911? Asentí.

Ha habido un homicidio arriba dijo Blane.

¿Y usted es

?

preguntó el policía a Blane.

Blane Kirk respondió. Esta es Kathleen Turner. Soy su abogado. El policía lo miró sorprendido por la presencia de un abogado.

¿Dónde está la víctima? preguntó.

Blane le indicó la dirección del apartamento de Sheila y lo vimos subir las escaleras. Yo seguí junto a Blane mientras esperaba. Cuando volvieron, uno fue a la patrulla y comenzó a hablar en la radio, mientras que el otro policía que habíamos hablado anteriormente volvió a nosotros.

Tomó mi nombre y la información de contacto y le repetí lo que le había dicho a Blane. Cuando llegué a la parte en la búsqueda de Sheila, mi voz se quebró. Sentí a Blane deslizar su brazo alrededor de mi cintura y me sentí agradecida por el apoyo. Terminé de explicar lo que había visto.

¿Así que usted estuvo sola en el apartamento por un minuto o dos? El policía me preguntó.

Probablemente un poco más le dijepero no vi a nadie.

¿Sabe usted de cualquier otra persona que hubiera estado con ella esta noche?

Tenía un novio le dije. Su nombre es Mark. No sé su apellido. Era una especie de informático. Él iba a venir esta noche. Ella iba a hacerle la cena. En ese momento, me acordé de mi conversación anterior con Sheila y cómo había bromeado diciendo que iba a comprar comida en el restaurante y ponerla en sus platos y sentí las lágrimas en las mejillas de nuevo. El policía parecía empático, pero no detuvo sus preguntas.

¿Hay alguien más que sepa que podría haber querido hacer daño a Sheila? preguntó y pensé por un momento, parpadeando las lágrimas.

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Ella trabajaba como acompañante le dije. El policía miró bastante interesado ante este comentario.

¿Dijo para quién trabajaba? me preguntó.

No respondínunca lo dijo.

¿Te dijo algo más sobre este servicio de acompañantes? Antes de que pudiera responder, sentí los dedos de Blane apretar en mi cintura. Me estremecí. Eso era, obviamente, una especie de señal, pero no sabía por qué querría que dejara de hablar. Dudé. Sentí que debía decirle todo a la policía, pero también sabía que Clarice tenía razón, Blane era el mejor en lo que hacía. Debería seguir su consejo.

Negué con la cabeza.

No.

ligeramente.

Eso

es

todo lo

que sé.

Los dedos de Blane se relajaron

Un movimiento en las escaleras me distrajo y vi a los de emergencias acarreando una camilla por las escaleras, la figura en ella cubierta completamente con una sábana blanca. Me mordí el labio cuando sentí lágrimas formándose de nuevo. Blane me volvió hacia él, lejos de la escena y me apretó la cabeza contra su pecho. Me permití, por un momento, saborear la sensación de alguien más siendo fuerte, así que no tenía que serlo yo. No había tenido esa sensación desde hacía mucho tiempo.

El impacto del asesinato de Sheila me pesaba como una roca en mi pecho con cada respiración. Tomando una respiración profunda, di un paso atrás separándome de Blane. Dudaba seriamente que quisiera a una mujer colgando de él llorando, no importaba cuál fuera la causa y de mala gana me liberé. Un destello de color naranja me llamó la atención.

¡Tigger! exclamé y corrí hacia adelante. El gato había estado detrás de unos arbustos, pero sacó la cabeza cuando lo llamé. Trotó y saltó a mis brazos. Le acaricié su piel gruesa y cerré los ojos fuerte.

La policía me estaba ignorando ahora, ya que se dedicaban a sus puestos de trabajo y vi a un fotógrafo dirigirse arriba para tomar fotos de la escena del crimen. Yo subí también, sosteniendo a Tigger. Blane me siguió.

¿Por qué querías que dejara de hablar? le pregunté a Blane, sentada en mi sofá con Tigger en mi regazo.

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No me dijiste que era una prostituta respondió Blane, sonando irritado. Eso hizo que levantara la cara.

¿Por qué debería importar? repliqué. Era mi amiga y alguien la mató. Eso no hace su muerte más aceptable a causa de lo que hacía para ganarse la vida.

No, pero hace las cosas más peligrosas dijo Blane con firmeza. Se sentó a mi lado y se pasó una mano cansada por la cara. Sentí una punzada de culpabilidad. Él no tenía por qué estar aquí en absoluto y aquí estaba yo en modo perra hacia él.

¿Qué quieres decir? le pregunté en un tono mucho menos a la defensiva.

Solo hay un servicio de acompañantes en Indy y si ella trabajaba para ellos, lo último que van a querer es que el hecho salga a la luz. O cualquier información acerca de quién fuera su cliente. Me miró fijamente. Quiero que guardes silencio sobre lo que sabes o de lo contrario podrías convertirte en un objetivo.

No había pensado en eso. Distraída, acaricié a Tigger mientras reflexionaba sobre esto. Parecía intrínsecamente malo para mí no hacer todo lo posible para ayudar a la policía a atrapar al asesino de Sheila solo porque tenía miedo.

No sé si puedo hacer eso le dije con sinceridad. Había sido criada con un profundo sentido de la justicia, gracias a mi padre, e iba en contra de todo lo que me habían enseñado mirar hacia otro lado, incluso si era por mi propia seguridad.

¿Qué quieres decir? Blane preguntó bruscamente.

No puedo fingir que no sé nada insistí. Sheila me dijo que estaba viendo a un tipo que mantenía su interés en ella. Lo había mencionado varias veces. La policía debe conocer esa información. Pudo ser él y no Mark quien la mató.

Tú no lo sabes.

No, pero de alguna manera no puedo ver a Mark haciéndole eso

tampoco le dije. Solo

no parecía de ese tipo.

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Ted Bundy 6 no se veía como un maníaco homicida tampoco dijo Blane secamente. Si crees que este hombre del que hablas podría haber estado involucrado, entonces voy a investigar un poco.

Esta oferta me tomó por sorpresa.

¿En serio? le pregunté.

respondió. Mejor yo que tú. Me molestó con esto.

¿Por qué? ¿Porque eres un hombre? Blane me miró extrañamente.

dijo lentamente, como si fuera un poco idiota. Y porque también tengo más recursos a mi disposición que tú. Bueno, esa última parte era cierto.

Oh dije, sintiendo el calor de mi cara. En realidad, tenía más sentido que fuera él quien comprobara lo que yo sabía. Ni siquiera sabría por dónde empezar a cazar no solo al jefe de Sheila, sino al cliente misterioso también.

Bueno, gracias. Me esforcé por un tono amable, pero había sido un día muy largo.

¿Vas a estar bien esta noche? preguntó Blane y me miró con curiosidad. Tu sola aclaró. ¿Hay alguien que pueda llamar para quedarse contigo?

La parte triste es que realmente no había nadie más a quien llamar. No había hecho amigos cercanos de la ciudad todavía. Sheila y Clarice eran las únicas amigas que había hecho con las que me había sentido cómoda pidiéndoles quedarse conmigo. No quería llamar a Clarice porque sabía que tenía a los niños y no podría dejar todo y venir. Me sentiría incómoda diciéndole esto a Blane, sin embargo. Me hacía sonar como una verdadera perdedora.

Estaré bien le dije, haciendo como si no fuera de su incumbencia. No parecía convencido y me retorcí bajo su mirada fija.

Echando un vistazo a su reloj, dijo:

Mira, es muy tarde. ¿Por qué no me quedo en el sofá por un par de horas? Puedes dormir un poco y yo me voy por la mañana.

6Theodore "Ted" Robert Cowell Bundy (Burlington, Vermont, 24 de noviembre de 1946 - Bradford, Florida, 24 de enero de 1989) fue un asesino en serie. Los analistas estiman que el número de sus víctimas podría rondar las cien mujeres, muy lejos de los números oficiales de alrededor de treinta y seis.

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Tuve que darme la vuelta rápidamente, parpadeando rápidamente contra las nuevas lágrimas que se habían formado. La bondad inesperada de su oferta hizo otro agujero en la barrera de protección que había puesto para protegerme en su contra. La verdad era que dudaba de que fuera capaz de dormir de nuevo esta noche si me quedaba aquí por mi cuenta. Las imágenes en mi cabeza estaban demasiado frescas. También tuve la sensación de que Blane sabía que no tenía a nadie más a quien llamar para quedarse conmigo.

Me aclaré la garganta antes de arriesgarme a hablar, sin mirarlo.

Si no te importa le dije más allá del nudo en mi gargantate

agradecería eso. A continuación, otro pensamiento se me ocurrió. La morena: Um comencé, sin saber cómo decir estoa menos que

tengas a alguien

todavía no podía mirarlo a los ojos. Él no dijo nada por un momento y creo que estaba tratando de descifrar mi código. No podía preguntarle si

la zorra de piernas largas estaba esperándolo en su cama, ¿o podría?

esperando por ti. Sentí la sangre invadir mi cara y

No finalmente dijo, su voz inexpresiva. No esta noche. Asentí en silencio. Levantándome del sofá, levanté a Tigger en mis brazos.

¿Puedo ofrecerte algo? le pregunté. Era una vista tan rara, Blane sentado en mi sofá raído. La gastada manta de patchwork 7 de mi abuela estaba doblada sobre uno de los brazos y en la esquina opuesta el viejo sillón de color naranja. Mi TV no era uno de los nuevos tipos de pantallas planas y no era tan grande. Blane se veía muy fuera de lugar con su cabello perfecto y ropa de diseño.

Estoy bien dijo quitándole importancia, sacando su teléfono. Solo voy a hacer algunas llamadas. Dio unos golpecitos a unos pocos botones y lo acercó a su oreja. Sintiéndome despachada y sabiendo que no había otra cosa que pudiera hacer para que él estuviera más cómodo, me retiré a mi dormitorio.

Deposité a Tigger en mi cama, me saque mis pantalones cortos y me metí debajo de las sábanas. Tigger se enrosco encima de mis pies y me sentía consolada por tenerlo allí. Pero era más reconfortante saber que Blane estaba en mi sala de estar. No creía que fuera una especie de muchacha debilucha, pero me gustaría no haber visto nunca nada como lo que había visto esta noche.

Cerré los ojos con

Imaginarme a Blane cubierto con la manta de mi abuela trajo una

fuerza y traté

de pensar en alguna otra cosa.

7Patchwork: pieza formada uniendo fragmentos de otras telas.

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sonrisa en mis labios. No era como alojarse en el Ritz, pero no había parecido afectado por la condición de mi apartamento, así que lo aprecié.

Hubiera jurado que no había ninguna manera en que fuera a ser capaz

de dormir después de los acontecimientos de esta noche, pero eso solo

era en apariencia. Tu cuerpo sabe lo que necesita y estuve fuera de

juego en cuestión de minutos.

Alguien me estaba sacudiendo y podía oír a alguien gritando. Mis ojos

se abrieron de golpe y me di cuenta de que era yo la que estaba

gritando. Alguien estaba inclinado sobre mí, sosteniendo mis brazos. Presa del pánico, comencé golpear, tratando de conseguir distancia. Me sentí atraída hacia un pecho masculino mientras unos brazos se

envolvían a mí alrededor, dejándome efectivamente inmóvil.

¡Kathleen! ¡Despierta! Era Blane. Su voz, finalmente, penetró mi terror. Estás bien. Era solo una pesadilla. De forma abrupta detuve

mi lucha, tiritando, en sus brazos. Él estaba sentado a mi lado en la

cama, sosteniéndome con fuerza. Ahora que estaba despierta, me acordé del sueño que estaba teniendo y sentí otro temblor recorrer mi

columna vertebral. Blane descansó su barbilla en la parte superior de

mi cabeza y sus brazos se aflojaron levemente, ya no confinándome,

solo confortándome.

Había soñado con Sheila. Me estaba rogando por ayuda y no podía llegar hasta ella. Su garganta había sido cortada y la sangre salía por todas partes. Intentaba detenerla con mis manos pero el fluido espeso, tibio, no dejaba de derramarse de su cuello. Ahí es cuando había despertado. No podía hablar y al parecer no podía dejar de temblar tampoco.

Blane se movió hasta que su espalda estaba en contra de la pared a la cabecera de mi cama, tirando de mí hacía él de forma que estaba acurrucada de lado en su regazo, mi cabeza reclinada contra su pecho. Era raro pero me sentí pequeña a pesar de que no era muy alta, pero me sentía pequeña y protegida en sus brazos. Nos sentamos así en silencio por un tiempo mientras intentaba sacar las imágenes de pesadilla fuera de mi cabeza. Eventualmente, Blane habló, el tono barítono de su voz resonando en su pecho.

Mi familia solía ir de vacaciones cada verano al lago Winnipesaukee dijo coloquial, como si estuviéramos teniendo una cena agradable en lugar de tenerme acurrucada en su regazo en mi cama. Teníamos una casa de verano allí y cada mes de mayo no podía esperar hasta que la

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escuela terminara y poder ir. Hablaba en voz baja, su mano frotando ligeramente hacia arriba y abajo de mi espalda. Los días estaban llenos de cosas que a los niños pequeños les encanta hacer. Senderismo por el bosque, caza, seguimiento de las huellas de osos. Todavía fui después de que murió mi padre, llevando a mi hermano conmigo. Solíamos poner nuestro bote en el lago. Hacíamos esquí acuático o buceo. El agua siempre estaba fría, pero no me importaba. Los árboles eran de color verde oscuro, el cielo de un azul brillante y el agua helada. Mi temblor comenzó a ceder al escuchar su voz baja y suave en la oscuridad. Pude ver cómo un jurado podría llegar a ser hipnotizado de igual manera. Una vez estábamos buceando y yo no le estaba prestando suficiente atención. Él se alejó. Estaba desesperado, tratando de encontrarlo en el agua oscura. Casi agoté mi provisión de aire. Yo estaba completamente absorta en su historia ahora, mi pesadilla casi olvidada.

¿Qué hiciste? le pregunté en voz baja.

Lo encontré, por fin. Él tenía solo doce años, quizás trece, en ese momento y como yo era el mayor, era responsable de él. Lo conseguimos con pocos segundos de margen y quería matarlo por

asustarme casi hasta la muerte, aunque en realidad fue mi culpa. En

mi mente, pude ver a Blane, un adolescente enojado y asustado,

aterrorizado de que casi había perdido a su hermano pequeño. No le

he perdido la pista nunca más después de eso.

¿Dónde está ahora? le pregunté.

Vive aquí en Indy respondió Blane.

Debe ser bueno tener un familiar cercano le dije con nostalgia, pensando en mis padres. La única familia que tenía era un tío y su hijo

por parte de mi padre y no los había visto desde hacía años. Ni siquiera

sabía donde vivían ahora.

Puede serlo respondió enigmáticamente Blane.

Nos sentamos en silencio durante un rato. Me gustaba la oscuridad. La mayor parte de la gente tenía miedo de la oscuridad, pero, para mí, la oscuridad siempre había sido reconfortante. Podrías ser tú mismo, decir lo que querías decir y confiar en la noche para mantener tus secretos. Lo que pasaba en las largas y silenciosas horas desde el atardecer hasta el amanecer era como un lugar fuera del tiempo. Eso es lo que parecía en mi habitación a oscuras, conmigo en el regazo de Blane, acurrucada contra su pecho mientras con sus brazos me acunaba. Podía oler su

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colonia débil y el calor de su piel se filtraba a través de las capas de tela que nos separaban.

¿Cuando estuviste en el ejército? le pregunté.

Hace seis años respondió. Blane se había quitado la chaqueta y la corbata y se había subido las mangas de la camisa desde que lo había dejado en el sofá. Se movió y cuando lo hizo, su antebrazo desnudo rozó mi pecho. Me estremecí e intenté ignorar el contacto accidental.

¿Qué rama? Tenía curiosidad. Estar en el ejército era la última cosa con la que hubiera asociado a Blane. Siempre me había parecido muy del tipo aristocrático, de sangre azul que nunca entraría en las fuerzas armadas. Este descubrimiento, así como la historia personal que me había contado me dejo fascinada.

Era un SEAL 8 de la Marina. Eso me impactó en el silencio. Sentí un nuevo respeto por él. Mi padre me había metido en la cabeza que siempre debemos respetar y estar agradecidos a los hombres y mujeres que se ofrecieron como voluntarios para las fuerzas armadas y sentí eso emerger ahora.

¿Sorprendida? me preguntó.

Un poco le contesté después de una breve vacilación.

¿Y por qué es eso? No quería ofenderle así que elegí mis palabras con cuidado.

Es que no hay muchos hombres como tú que se unan a las fuerzas armadas.

¿Y cómo serían los 'hombres como yo? preguntó secamente. Hice una mueca y no respondí. Suspiró. Supongo que no te puedo culpar por pensar en eso dijo finalmente. Mi padre se puso furioso cuando le dije que me unía a la Marina. Pero él y yo habíamos llegado a una bifurcación de nuestros caminos mucho antes de que decidiera alistarme.

Estaba a punto de hacer otra pregunta cuando suspiró con cansancio e inclino la cabeza hacia atrás contra la pared. Esa punzada de culpabilidad me golpeó de nuevo y traté de moverme de su regazo. Sus

8 SEAL: Acrónimo de Sea, Air and Land, (Tierra, Mar y Aire), conocidos habitualmente como Navy SEALs, son la principal fuerza de operaciones especiales de la Armada de los Estados Unidos. El acrónimo de la unidad hace referencia a su capacidad para operar en mar, aire y tierra; pero es su habilidad para trabajar bajo el agua la que los diferencia de la mayoría de las demás unidades militares del mundo.

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brazos me rodearon y apretaron más fuerte, sosteniéndome en mi lugar, a pesar de que no hablaba. Apoyándome contra él, cerré los ojos y me relajé.

Cuando me desperté de nuevo, era por la mañana y el sol entraba a raudales por la ventana de mi dormitorio. Me sentí deliciosamente cálida y cobijada. Entonces me di cuenta de por qué. Blane estaba detrás de mí, yo en forma de cuchara contra él, su brazo sobre mí y descansando sobre mi estómago. Debió habernos acostado en algún momento de la noche y nos cubrió con el edredón.

Me despabile rápidamente cuando me di cuenta de que mi camiseta se había subido hasta la cintura. Me quité los pantalones cortos antes de subir a la cama la noche anterior así que lo único que tenía de la cintura para abajo era la ropa interior. Traté en vano de recordar si se trataba de uno de mis pares bonitos.

Mientras frenéticamente meditaba qué hacer, sentí a Blane moverse también. Su brazo se tensó sobre mí, tirándome hacia atrás y más cerca de él. Sentí una dureza contra mi espalda que solo podía ser una cosa.

Esta era una situación totalmente desconocida para mí, tener un hombre en mi cama. No era virgen. Eso ya se había ido tras un montón de caricias furtivas y sudor en la parte trasera del auto de Donny Lester cuando tenía dieciséis años, pero mi experiencia sexual, desde ese encuentro bastante mediocre había sido prácticamente inexistente. Lo que significaba que estaba totalmente perdida en cuanto a cómo manejar esto.

Blane se movió otra vez, su mano acercándose y ahuecando un pecho. Me cortó la respiración. No creía que estuviera siquiera despierto, en realidad. Debí haber hecho un ruido porque de repente levantó la cabeza de la almohada como si se sobresaltara.

Cerré los ojos y no me moví. No estaba segura de cuáles eran las intenciones de Blane y si era absolutamente honesta conmigo misma, no sabía cuál sería mi reacción si sus intenciones dejaran de ser tan puras. Mi cuerpo estaba teniendo su propia reacción entusiasta a su caricia y era bastante ajeno a mi creciente consternación.

Como si se diera cuenta de donde estaba después de su abrupto despertar, Blane se recostó. Podía sentir su aliento en mi oreja.

¿Estás despierta? dijo en voz tan baja que casi no lo oí. Asentí, casi sin respirar.

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Blane no se movió por un momento, el calor de su palma era como una marca en mi pecho y luego desprendió lentamente el brazo que estaba envuelto por encima de mí. Mi cuerpo parecía zumbar de la decepción.

Al mover la mano hacia atrás, sentí sus dedos rozar la piel expuesta de

mi abdomen y se movieron hasta la curva de la cadera, donde se

quedaron. Su palma se instaló en la unión entre la cadera y el muslo,

con el pulgar acariciando a través de mi piel.

Será mejor que me vaya. Su voz baja enviaba un rayo de calor a través de mí. Quería rogarle que se quedara y siguiera tocándome. En su lugar, asentí otra vez.

Su mano parecía reacia a moverse cuando la palma se cerró suavemente sobre mi cadera. Luego se levantó de la cama y se dirigió a la cocina. Saltando, me puse mis pantalones cortos y con mis dedos peiné mi cabello mientras lo seguía. Había cogido ya la chaqueta y la corbata cuando lo alcancé, agarro su billetera, llaves, teléfono y estaba metiendo su arma en la parte baja de la espalda. Recordando que estaba sin sujetador, crucé mis brazos sobre mi pecho.

Gracias por venir le dije rápidamente. Me miró mientras se ponía la billetera en el bolsillo y nuestros ojos se encontraron y se mantuvieron unidos. Y por quedarte terminé sin convicción. Sentí que me sonrojaba, pero no podía apartar la mirada de él. El gris tormentoso de

sus ojos me tenía paralizado.

No fue un problema finalmente respondió. Siento lo de tu amiga. Te haré saber si me entero de algo. Asentí. Si la policía contacta contigo, me llamas me ordenó. No hables con ellos sin estar yo presente.

Está bien. Parecía como si quisiera decir algo más, pero decidió no hacerlo. Tenía la mandíbula apretada cuando lo vi salir. Me asomé a ver la plaza de estacionamiento, esperando que nadie le hubiera robado su auto tan caro mientras estaba aquí. En un momento, oí el ronroneo silencioso de su motor y traté de ignorar la sensación de abatimiento que sentí cuando se fue.

Cinta policial amarilla cubría la puerta del apartamento de Sheila. Me quedé mirándola y luego sentí un roce contra mis piernas. Mirando hacia abajo, vi a Tigger. Maullaba tristemente y me recordó que tenía que darle de comer y que necesitaba sin duda una caja de arena también.

Miré indecisa a la puerta de Sheila de nuevo. Sabía que guardaba las cosas de Tigger en la cocina. No creo que a ella le hubiera importado si

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las tomaba si era para asegurarme de que Tigger tenía lo que necesitaba. Volviendo a mi apartamento, agarre la llave de repuesto que tenía para la casa de Sheila. Habíamos intercambiado llaves hace unos meses en caso de emergencia o en caso de que nos quedáramos fuera del apartamento.

Con cuidado, tirando hacia atrás la cinta de la policía, abrí la puerta y entré. Quería ir lo más rápido posible, corrí directamente a la cocina y cogí la caja de arena. La llevé a mi apartamento y luego regresé por su comida.

Mientras cruzaba la sala, oí el timbre de un teléfono. Me detuve, sorprendida, mirando alrededor. El sonido era apagado. Dejando a un lado la comida, seguí el sonido. Parecía venir de debajo del sofá. Agachándome sobre mis manos y rodillas, extendí mi brazo debajo del sillón hasta que sentí que mis dedos rozan el metal del teléfono. Lo saqué, miré la pantalla pero aparecía un número de teléfono desconocido.

Dudé por un momento si debía o no contestar, pero dejó de sonar antes de que decidiera. Rápidamente me metí el teléfono en el bolsillo antes de que pudiera reconsiderarlo. Agarrando la comida para gatos, cerré la puerta, colocando con cuidado la cinta policial.

Cargué todo hasta mi apartamento, preparé la caja de arena y la comida para Tigger, que parecía muy aliviado. Sacándome la ropa para entrar en la ducha, saqué el teléfono y lo puse en el mostrador de la cocina.

Hoy era domingo y el día a la semana que tenía libre de mis dos trabajos. Después de la noche agotadora física y emocionalmente que había tenido, me encontré poco dispuesta a hacer mucho, excepto holgazanear alrededor de mi apartamento. Estaba muy bonito fuera, un día fresco de otoño, pero me sentía deprimida y letárgica. Sabía que era debido a la muerte de Sheila, pero traté de no pensar en ello.

No era una persona que disfrutara de llorar. No alquilaba películas para chicas solo para poder tener un buen llanto. En realidad, odiaba llorar y despreciaba el hecho de que fuera fácilmente propensa a ello. Así que traté de no pensar en Sheila o la manera espantosa en la que había sido asesinada. Entreteniéndome en el sofá con Tigger, me comí un plato de cereales y vi las repeticiones de una comedia de enredo en la televisión hasta que me quedé dormida.

El lunes por la mañana amaneció nublado y gris. No me importó. Era adecuado para mi estado de ánimo. El tiempo se había vuelto más frío,

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así que me puse mi suéter favorito, un cuello de tortuga verde azulado que era suave y cómodo. Se abrazaba a mis curvas y pensé que ayudaba a resaltar mis ojos. Puse un cintillo en mi cabello para mantenerlo fuera de mi cara y pensé que me veía bastante bien, lo que aligeró mi estado de ánimo un poco. Tomé mi taza de café de viaje y me dirigí al trabajo, con la esperanza de llegar a tiempo para variar.

Tengo un pequeño cubículo en el bufete en el que podía mantener mis cosas y hacer otros trabajos si no hubiera ninguna entrega que realizar. Tenía un ordenador, escritorio y no mucho más. Dejé mi bolso y café allí y luego fui a hacer mis rondas. Pasando por la oficina de Diane primero, suspiré por dentro cuando me di cuenta que estaba allí y que tendría que hablar realmente con ella. Pegué una falsa sonrisa brillante en mi cara.

Buenos días Diane dije amablemente. Diane levantó la vista de su ordenador y no sonrió en respuesta. Me miró de arriba abajo por un minuto, con los labios fruncidos en un gesto de disgusto. Tiré con timidez del dobladillo de mi suéter. Era una ocurrencia común para ella hacer algún tipo de comentario sarcástico acerca de mi apariencia y esperé para ver lo que diría hoy.

Parece que tu suéter ha encogido dijo con una sonrisa burlona. Quizás desees ponerte una chaqueta sobre eso. No estoy segura de que sea muy apropiado para la oficina.

Sentí mis mejillas en llamas. El jersey no se había encogido, estaba dando a entender que había engordado. Como si ella fuera quien para hablar, la silla en la que estaba sentada crujía bajo sus grandes proporciones. Pero me mordí la lengua antes de decir lo que hubiera querido decir. Ella llevaba la oficina con un puño de hierro, solo los abogados y sus secretarias personales eran de acceso prohibido para ella. Si la molestaba, podía despedirme y nadie la contradiría.

Lo haré le dije dulcemente, agarrando la pila de papeles que me esperaba y me fui a mi escritorio. Yo echaba chispas por un momento, tratando de mantener mi presión sanguínea bajo control.

Hojeando la pila, vi que las entregas eran en su mayoría en las oficinas de otros despachos de abogados. Me tragué un poco de mi café antes de dirigirme hacia el ascensor para consultar con Linda y Clarice. Cuando llegué, vi que ya estaba ocupado.

Hola Kathleen. ¡Me alegro de verte! Era James, el socio que me había ayudado ese día infame en el que había caído sobre Blane. Él me había encontrado después, se presentó y habíamos sido amigables

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desde entonces. James era atractivo, con el cabello y los ojos oscuros. No era tan alto como Blane, pero todavía me sobrepasaba por varios centímetros. Más joven que Blane, también, ya que era solo un poco mayor que yo. Mientras que la cara de Blane ocultaba sus pensamientos, James no tenía un hueso engañoso en su cuerpo. Él era agradable casi hasta la exageración y tenía los modales que pondrían un caballero del sur en vergüenza.

Buenos días James le dije con una sonrisa. No lo había visto en un par de días y su amabilidad me ayudó a mandar a Diane al fondo de mi mente cabeza. ¿Vas a ver al señor Gage? James era también el hijo del socio principal, William Gage.

respondió, sonriendo una sonrisa torcida. No quiero dejar a papá esperando cuando él llama.

Seguro. Nos quedamos en silencio por un momento antes de volver a hablar.

Me preguntaba Kathleen, si tal vez ¿quieres cenar conmigo alguna vez? Esto salió de la nada y tuve que luchar para mantener la sorpresa fuera de mi cara.

Um, sí dije, luego me di cuenta de que no sonaba muy entusiasta. Quiero decir, me encantaría. Le sonreí de nuevo y lo mismo hizo James, el alivio en su rostro era entrañable.

Fantástico dijo. ¿Qué tal mañana por la noche? Revisé rápidamente mi horario de trabajo en mi cabeza. Mañana por la noche estaba libre.

Eso suena muy bien le contesté. Las puertas entonces se abrieron con el tradicional ping y esperó a que yo saliera antes de hacerlo él.

Pasaré por tu escritorio después del trabajo mañana dijo y estuve de acuerdo. Lo vi dirigirse a la oficina de su padre y me alegré absurdamente. Tenía una cita honesta tirando a bondadosa con un hombre honrado. James era el sueño de toda madre para su hija, bien educado, buena familia, modales exquisitos, excelente profesional y agradable a la vista. ¿Qué más se puede pedir?

Un destello de memoria me golpeó, de los brazos de Blane a mi alrededor, con las manos sobre mí, la dura longitud de su cuerpo presionando contra mí. Un escalofrío recorrió mi espalda y descarté decididamente esos pensamientos. Blane era peligroso. Con James estaba a salvo. Tenía que dejar de pensar en Blane.

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Linda tenía unos pocos archivos para mí y luego me detuve en el escritorio de Clarice. Me di cuenta de que la puerta de Blane estaba cerrada. Haciendo caso omiso de la breve punzada de decepción que sentí, me senté en una silla junto a su escritorio.

Hola Clarice le dije.

¡Kathleen, estoy tan contenta de que estés aquí! dijo acercando rápidamente su silla a la mía¿Qué sucedió la otra noche?

Le hablé de la muerte de Sheila y cómo Blane había llegado. Dejé de lado la parte donde había pasado la noche.

¿Estás bien? preguntó, mirándome especulativamente. Asentí.

Estoy bien. De verdad. Parecía que iba a seguir, así que cambié de tema.

¿Sabes una cosa? Le dije¡Tengo una cita! Eso funcionó, ya que sabía que lo haría.

¡Es una noticia fantástica! dijo con entusiasmo¿Con quién?

No vas a creer esto dije con complicidadpero James me invitó a salir.

¿James? dijo, su cara mostraba la misma sorpresa que yo había sentido¿James Gage?

El mismo le dije, sonriendo. Vamos a salir a cenar mañana por la noche.

Un ruido detrás de nosotras me hizo hacer una pausa. Me volví para ver a Blane de pie en la esquina del escritorio de Clarice, con una pila de carpetas en la mano. Se quedó mirándome fijamente, frunciendo el ceño. Clarice y yo siempre conversamos, pero no quería meterla en problemas. A toda prisa me levanté de la silla y me aclaré la garganta.

¿Tienes alguna entrega para mí? le pregunté a Clarice, todo negocios.

No, hoy no, gracias respondió, volviendo rápidamente a su ordenador. Creo que también podía sentir el desagrado de Blane.

Quería preguntarle a Blane si había averiguado algo sobre Sheila, pero no estaba segura de que fuera el momento ni el lugar. La expresión de su cara no invitaba a consultas amistosas. Tragué saliva y me moví a

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pasar junto a él hacia los ascensores. El cierre de una mano alrededor de mi brazo me detuvo.

¿Puedo verte por un momento, Kathleen? preguntó Blane. Bueno, salió como una pregunta, pero era realmente una orden. Vi a Clarice levantar la vista de su ordenador.

Um, sí dije con incertidumbre y lo seguí a su oficina. Cerró la puerta detrás de mí y se dirigió a la mesa donde dejó las carpetas que había estado llevando. Me puse nerviosa mirándolo. Después de un momento, rodeó la mesa del lado más cercano a mí y se apoyó en ella, cruzando los brazos sobre su pecho. Hoy llevaba un traje gris carbón con una camisa blanca y una corbata que estoy segura costaba más que todo mi guardarropa. Hacía que sus ya amplios hombros se vieran aún más amplios y me di cuenta cómo los pantalones colgaban sobre sus delgadas caderas. Horrorizada de a donde mi mirada había caído, levanté la mirada hacia arriba.

¿Cómo lo estas llevando? preguntó y su voz había perdido su austeridad de antes.

Estoy bien le dije. Realmente no quería hablar de mí. Lo último que quería era que me mostrara amabilidad, lo que probablemente haría que empezara a llorar otra vez. Estaba segura de que ya me había visto suficiente llorando.

¿Me preguntaba si habías sido capaz de localizar cualquier cosa sobre la persona a la que Sheila había estado viendo? le pregunté esperanzada. Era solo lunes, pero estaba segura de que si había alguna manera de seguirle la pista, Blane sería quien podría hacerlo. No estoy segura de por qué me sentía de esta manera, pero lo hacía. Blane era alguien que podría ser muy intimidante y peligroso en ciertas circunstancias, como había descubierto la otra noche cuando lo había observado con una pistola cómodamente en la mano, pero también sabía que era el tipo de hombre que conseguía las cosas.

Para mi consternación, negó con la cabeza.

No, me temo que no. Cuando vio la decepción en mi rostro, se levantó y se acercó hasta quedar solo a un brazo de distancia.

Voy a seguir intentándolo dijo en voz baja, mientras extendía la mano y tomaba un mechón de mi cabello entre sus dedos como lo había hecho la noche del viernes. Con él tan cerca, podía oler un débil rastro de su perfume de nuevo. Luché para mantener mi mente en el tema que nos ocupaba.

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Me las arreglé para conseguir el teléfono de Sheila le dije. Había tenido una idea ayer. Me preguntaba si tal vez él podría haber llamado. O, al menos, debería haber una llamada de la persona para la que trabajaba. Tal vez podría ponerme en contacto con ella. O con él. No sabía quién sería. Los proxenetas eran por lo general hombres, si las películas y la televisión estaban en lo correcto, pero las madame eran supuestamente las que manejaban los servicios de compañía de alto estándar, al igual que Heidi Fleiss 9 .

La mano de Blane se congeló por un momento y luego continuó enhebrando los hilos de mi cabello entre los dedos.

¿Por qué no me lo has traído? sugirió. Puedo investigar los números para ver a quienes pertenecen. Eso sonaba como una idea mucho mejor que la mía de llamar a los números al azar. Sin embargo, un susurro de advertencia me hizo dudar.

Será mejor que devuelva el teléfono le dijepero voy a escribir los números primero y traértelos. No sé por qué mentí, pero acababa de hacerlo. No tenía la intención de devolver el teléfono al apartamento de Sheila.

Está bien estuvo de acuerdo. Buena idea. Tráemelos mañana. Esperé a que diera un paso atrás, pero no lo hizo. En cambio, se movió un poco más cerca. Inclinando la cabeza hacia atrás, lo miré a los ojos.

¿Qué es mañana por la noche? preguntó y su voz era un tono más bajo, lo que me hacía pensar cosas que realmente no debería en lo que a él se refería. Era mi jefe, me recordé a mí misma y traté de concentrarme. Su pregunta me desconcertó. ¿De qué estaba hablando?

¿Um, martes? respondí, mis cejas juntándose por la confusión. Vi su boca ligeramente curvarse.

Sí, martes dijo con ironía. Quiero decir, ¿qué le estabas contando a Clarice sobre mañana por la noche?

Oh. Bueno, esto era un poco incómodo. De alguna manera dudaba que Blane aprobara que el hijo de William Gage le pidiera a la chica de las entregas una cita. Escogí un lugar en su traje para mirar mientras le respondía.

9 Heidi Lynne Fleiss es una proxeneta estadounidense, conocida como la "Madam de Hollywood", famosa por ser acusada por delitos sexuales y condenada por delitos fiscales.

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James me pidió una cita. Blane no respondió por un momento, pero sus dedos se detuvieron en mi cabello otra vez. Cuando no dijo nada, con cautela miré hacia arriba para encontrar sus ojos grises en los míos.

No creo que sea una buena idea dijo con firmeza. Me sorprendió lo que me dolió eso y respondí a la defensiva.

No soy lo suficientemente buena para él, ¿no? mi voz cargada de sarcasmo. Di un paso h