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NO TURNING BACK

Kathleen Turner Libro 1

TIFFANY SNOW
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El presente documento tiene como finalidad impulsar la lectura hacia
aquellas regiones de habla hispana en las cuales son escasas o nulas
las publicaciones, cabe destacar que dicho documento fue elaborado sin
fines de lucro, así que se le agradece a todas las colaboradoras que
aportaron su esfuerzo, dedicación y admiración para con el libro
original para sacar adelante este proyecto.
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Créditos
Moderadora de Traducción Moderadora de Corrección

Lady_Eithne Lsgab38

Traductoras Correctoras

Rmrt Francatemartu

Lady_Eithne Lu

Savina Leluli

Rihano Camilover

Dark juliet Vickyra

Felin28 Ingridshaik

Lorena Tucholke

Recopiladora Revisión final

Lsgab38 Ilka

Diseñadora

StephannyAl
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Índice
Sinopsis

Agradecimientos

Dedicatoria

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Próximamente

Acerca del autor


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Sinopsis
Kathleen Turner tiene metas. Se mudó a Indianápolis para empezar a ir
tras ellas, pero las cosas no van tan bien como esperaba. Es mensajera
en una poderosa firma de abogados, no es el más prestigioso de los
puestos, pero eso y su trabajo a media jornada como camarera al
menos paga las facturas. Y uno de los socios principales es un tío
bueno, en un modo obscenamente rico, inquietantemente atractivo y
ligeramente snob.

Antes de un aterrizaje mortificador plantando la cara en su regazo


durante una reunión, estaba bastante feliz observándole desde lejos.
Después de eso... estaba más bien evitándolo. Por madurez, no. Más
probablemente asegurándose de que mantiene su empleo, sí.

Ha hecho algunos amigos en los pocos meses que ha estado en Indy.


Uno de esos amigos es su vecina Sheila, aunque Kathleen no puede
decir que esté completamente cómoda con la elección de trabajo de
Sheila como señorita de compañía de lujo.

Es mitad de la noche cuando Kathleen oye ruido de pelea viniendo del


apartamento de Sheila. Tan inquietante como es eso, es el siniestro
sonido del silencio de después lo que impide a Kathleen caer de nuevo
dormida. Deslizándose de su cama con la intención de asegurarse de
que todo va bien, llama a la puerta de su amiga, solo para encontrar
que Sheila ha sido asesinada, su cuerpo desnudo extendido sobre las
sabanas manchadas de carmesí con su sangre.

La conmoción y el horror son seguidas de una resuelta determinación


cuando parece claro que la muerte de Sheila no es al azar y no es el
resultado de un novio celoso. Es la maniobra de apertura de una red de
asesinato, engaño, conspiración y fraude que se estrecha sobre la firma
de abogados para la que trabaja Kathleen. Quizás sobre la propia
oficina que dirige Blane Kirk.

Y Kathleen Turner, mensajera de una firma de abogados, no puede


confiar en nadie si quiere sobrevivir.
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Agradecimientos
Gracias a Nikki por sus ánimos y su edición incansable, sugerencias y
comentarios. Tu trabajo me ayudó a hacer de este un libro mejor en
muchas, muchas maneras. Gracias por quedarte conmigo.

Gracias a Zoi Juvris por su disposición a prestar su experiencia para


ayudar a una novata y casi desconocida. Tu amabilidad es muy
apreciada.

Y por último, gracias a Rush, que me enseñó que mis únicas


limitaciones eran mi propio talento y aquellos límites que yo misma me
imponía.

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Este libro está dedicado a Tim, mi marido y mejor amigo.

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Capítulo 1

Habitualmente plantar tu cara en el regazo de alguien no es


considerado la mejor manera de comenzar un nuevo empleo. Bueno,
quizás sí algunos empleos, pero no éste empleo. Era mensajera en la
prestigiosa firma de abogados Gage, Kirk y Trend de Indianapolis, un
puesto que ocupaba justo un escalón por encima de la Chica del Correo
pero por debajo del Chico de las Fotocopias. Por desgracia, ese puesto
actualmente me tenía de bruces en el regazo del ya mencionado Kirk de
dicha prestigiosa firma de abogados.

Blane Kirk era un socio y el segundo al mando en la firma. Con sus


treinta y tantos años, era rico, de sangre azul y tenía la apariencia que
lo confirmaba: alto, cabello rubio oscuro, ojos verdes y unos dientes
perfectamente parejos y blancos. Un pequeño hoyuelo aparecía cuando
sonreía. Ese hoyuelo no estaba a la vista por ninguna parte en este
momento en particular.

Recuerdo con vivida claridad la llamada telefónica que había recibido de


Clarice, la secretaria de Blane, hace ya diez minutos.

—¿Puedes por favor ir por el archivo de Kimmerson que está en mi


escritorio y llevárselo a Blane? —preguntó—. Estoy atrapada en el
tráfico y me ha mandado un mensaje de texto diciendo que lo necesita
inmediatamente.

—Claro, no hay problema.

Hice lo que me pidió, recuperé el archivo y lo llevé a la sala de


conferencias en la tercera planta.

Cuando entré en la sala, todos inmediatamente se volvieron a mirarme.


Mis manos se pusieron sudorosas y mi rostro se sonrojó por ser el
centro de atención. Había alrededor de una docena de personas ahí, por
supuesto, todos hombres. Si no fuera ya suficientemente malo, Blane
era el más alejado de la puerta al otro extremo de la mesa de
conferencias. Me dirigí directamente hacia él, el sonido de mis tacones
amortiguado por la alfombra, y todos volvieron a las discusiones que mi
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entrada había interrumpido. Di un suspiro de alivio. Por desgracia, ese


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alivio fue prematuro.


Estaba a medio metro de Blane cuando mi tacón se enganchó en la
alfombra. Los papeles que tenía en mi mano salieron volando y aterricé
de bruces en el regazo de Blane, como un excesivamente entusiasta
perro olfateando para decir hola.

Como tenazas sus manos me agarraron por los hombros mientras


intentaba sacarme de encima. En mi alboroto por enderezarme, mi
mano aterrizó en algún lugar que no debería y Blane gruñó.

—Ups. —Las palabras eran desesperadamente inadecuadas para la


situación, pero de todas formas salieron de mi boca.

Mis ojos se abrieron con pánico para encontrarse con los suyos y vi su
mandíbula apretarse y sus ojos verdes destellar. ¿Era posible que esto
se pusiera peor?

Hice una mueca mientras sus manos se apretaban sobre mí. Era un
tipo fuerte y rápidamente me levantó y me sacó de su regazo,
enderezándome y poniéndome de nuevo sobre mis pies. No me atreví a
mirar hacia arriba para ver qué expresión había en su cara ya que
podía imaginármela muy bien, muchas gracias.

—Lo siento mucho —jadeé débilmente, como un pez ahogándose por el


aire. Cayéndome abruptamente de rodillas como una marioneta a la que
cortan sus cuerdas, comencé a gatear alrededor por el suelo recogiendo
el desorden.

La sala estaba completamente tranquila. Había ocurrido tan


rápidamente que creo que todos se habían quedado asombrados y en
silencio. Luego oí el sonido de una risa amortiguada, rápidamente
cubierta por todos y gargantas aclarándose. Por encima de mí, los
papeles eran barajados mientras que yo me movía rápidamente por
debajo de la mesa, evitando los zapatos de los hombres y agarrando
frenéticamente las hojas, haciendo caso omiso de lo arrugadas que se
estaban volviendo mientras los ponía en una pila.

Me levanté torpemente, empujando los papeles, ahora un lio


desordenado y arrugado, hacia Blane. Murmurando otro “Lo siento”,
emprendí una apresurada retirada, mirando cuidadosamente al suelo
mientras escapaba de la habitación. Mientras la puerta se cerraba tras
de mí, oí a uno de los hombres decir:

—Ahora se lanzan literalmente sobre ti Blane. ¿Qué será lo siguiente


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que se les ocurra?


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Esto fue seguido de carcajadas y apreté mis ojos cerrados por la
consternación mientras la puerta se cerraba.

Qué horrible final para lo emocionada que había estado ante la


perspectiva de estar cara a cara con Blane por primera vez desde que
había empezado a trabajar en la firma. Había sentido una silenciosa
fascinación por Blane Kirk desde el primer momento en que posé los
ojos sobre él.

Lori, una de las asistentes jurídicas, me había enseñado todo en mi


primer día en la firma. Me estaba presentando a unas pocas de las
otras asistentes jurídicas que se reunían alrededor de la zona del café,
todas mujeres, cuando Blane entró.

—Dios, me encanta verlo moverse —suspiró una de ellas. Mis ojos le


siguieron a lo largo del pasillo y silenciosamente estuve de acuerdo con
ella—. Míralo bien porque eso es todo lo que vas a conseguir —otro
disparo que llevó a una ronda de risas y suspiros.

—¿Quién era ese? —pregunté a Lori, viéndolo desaparecer dentro del


ascensor.

—Ese era Blane Kirk —comentó Lori—. Es uno de los socios y una
persona muy importante en esta ciudad. Rico, listo y absolutamente
divino.

—Y él lo sabe —dijo otra chica. No podía recordar su nombre—. Quizás


cuando se quede sin celebridades ricas con las que salir, tendremos
una oportunidad. —Ofreció una de ellas.

—Claro. —Se rio a carcajadas Lori—. No sale con chicas del trabajo.
Todo el mundo sabe eso. —Parecía que casi la mayoría de las mujeres
estaban enamoradas en algún grado de Blane Kirk. ¿Pero quién podía
culparlas? Después de todo, ¿qué tenía que no gustara? Blane era
inteligente y bien educado, exitoso y ambicioso, con un rostro que hacía
que a las mujeres se les debilitaran las rodillas y un cuerpo que les
hacía agua la boca.

Un hombre como él intimidaba a los simples mortales como yo, así que
lo evitaba, admirándolo desde lejos y nunca había hablado con él hasta
hoy. Es irónico que las primeras palabras que salieran de mi boca
hubieran tenido que ser de disculpa. Gruñí en voz baja por la
vergüenza, deseando golpear mi cabeza contra la maciza puerta de roble
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que había a mis espaldas.


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Corriendo de vuelta a mi cubículo, me agaché con la cabeza entre las
manos, regodeándome temporalmente en mi miseria. Mi teléfono sonó y
vi que era Clarice llamándome desde el piso de arriba. Ella y yo
habíamos llegado a conocernos la una a la otra desde que había llegado
a la firma y habíamos congeniado bien, incluso aunque ella era varios
años más mayor que yo.

—Hola Clarice —saludé con falsa alegría.

—Buenos días Kathleen —replicó—. Muchas gracias por echarme una


mano. ¿Encontraste los documentos y se los llevaste a Blane por mí? —
Sí, ciertamente lo había hecho.

—Um, sí, creo que sí —dije débilmente.

—¿Cuál es el problema? —preguntó—. ¿Fue todo bien?

—Uh, bueno —dudé—. Digamos que tropecé y... aterricé... sobre Blane.
En una especie de... posición desafortunada. —Jadeó, luego oí un
resoplido de risa—. No es divertido, Clarice —la advertí.

Intentó sofocar sus risitas.

—¡Lo sé, lo sé! Es solo que la imagen... de ti... —Su pensamiento fue
interrumpido por carcajadas y esperé en amargo silencio a que
terminara—. El aspecto de su cara tiene que haber sido graciosísimo —
balbuceó finalmente.

—Intenté no prestar atención —dije secamente. Aunque todavía estaba


avergonzada, podía ver el humor en ello y un resoplido de mi propia risa
se escapó.

Podía haber sido capaz de reír con Clarice, pero eso no quería decir que
quisiera estar a menos de tres metros de Blane Kirk en cualquier
momento del futuro inmediato.

Para mí horror, más tarde esa mañana, lo vi dirigiéndose por el pasillo


hacia la oficina de Diane. Diane Greene era la formidable gerente de la
oficina y mi jefa directa. ¿Había venido Blane a despedirme?

Escuché atentamente desde mi cubículo mientras él le daba


instrucciones sobre algo que quería y documentos que necesitaba que le
preparara, deseando más allá de la esperanza que no le contara lo que
había ocurrido. Mi corazón se hundió cuando preguntó:
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—¿Quién es la chica nueva?


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—¿Quiere decir la nueva mensajera? —preguntó Diane—. Su nombre es
Kathleen.

Esa soy yo: Kathleen Turner. Y no, no soy ESA Kathleen Turner.
Consideradlo como una broma familiar. El nombre de mi padre era Ted
Turner, mi abuela era Tina Turner. Mis padres solo estaban siguiendo
la tradición cuando yo llegué1.

—¿Por qué? —Continuó Diane—. ¿Hay algún problema?

Contuve el aliento. Solo había pasado un mes, pero no importa lo


agradable que fuera con Diane, no podía estar en buenos términos con
ella. De alguna manera no creía que le llevara mucho despedirme y
necesitaba este trabajo.

—Podría decirse —contestó y yo hice una mueca ante la irritación de su


voz— ¿Dónde está?

Oh, Dios. Entré en pánico cuando oí a Diane decirle donde estaba mi


cubículo. Esto no podía estar sucediéndome a mí. ¿Qué se suponía que
iba a decir? ¿Y si pensaba que lo había hecho a propósito? Tendría que
conseguir un nuevo empleo porque estaría demasiado mortificada para
seguir trabajando aquí por más tiempo.

Dejando a un lado mi orgullo, ese barco ya había zarpado, así como el


pensamiento de que quizás debería estar actuando más como una niña
de doce años que como una persona madura de veinticuatro, me
sumergí bajo mi escritorio. Contuve el aliento, esperando. Me di cuenta
de que él vestía unos zapatos de piel realmente bonitos. Eran grandes.
Un pensamiento pasó a través de mi mente acerca de algo que oí una
vez acerca del tamaño de los pies de un hombre estando en proporción
directa con el tamaño de su...

Interrumpí ese pensamiento, cerrando los ojos fuertemente mortificada.


Ese no era un pensamiento apropiado para estar teniendo acerca de un
socio de la firma, no importaba lo atractivo que fuera. Cuando abrí los
ojos, vi que finalmente había girado y caminaba alejándose. Solté un
suspiro de alivio antes de salir me levanté.

1Se refiere a los nombres que son los de celebridades con el apellido Turner. Kathleen
Turner es una actriz estadounidense conocida en la década de 1980 como un sex
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symbol del cine de Hollywood. Ted Turner es un multimillonario empresario,


inversionista, terrateniente, directivo empresarial y magnate estadounidense de los
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medios, conocido entre otras cosas, por ser el fundador de la cadena internacional de
noticias CNN, entre otras empresas periodísticas y comerciales. Tina Turner es una
cantante, compositora, bailarina, actriz, escritora y coreógrafa estadounidense.
Durante los siguientes meses, me mantuve fiel a mi palabra, no dejé
que Blane Kirk posara los ojos sobre mí más que un puñado de veces.
Mi trabajo parecía seguro y respiraba más fácilmente.

Hoy mientras me preparaba para trabajar, agradecí que fuera viernes.


Tenía dos empleos para ayudar a llegar a fin de mes, sirviendo en un
bar varias noches a la semana. No era realmente lo que había
imaginado para mí en este punto de mi vida, pero prefería estar
haciendo esto que otros muchos trabajos de salario mínimo.

No tenía que trabajar esta noche, pero lo hice la anterior y no me había


ido a la cama antes de la una. Esas noches siempre dificultaban
levantarme para ir a mi trabajo de día, donde tenía que hacer todos los
trabajos que los demás no querían. ¿Presentar documentos en el
juzgado? Que lo haga la mensajera. ¿Ir a Starbucks a por café para la
reunión de personal? Envía a la mensajera. ¿Otra vez Carl de
contabilidad, necesita que le acerquen a la oficina porque ha siniestrado
su auto? Kathleen puede recogerle.

Agarré mi café y me dirigí a la puerta. Vivía en la última planta de mi


edificio de apartamentos de dos plantas. No estaba en la mejor parte de
la ciudad, pero no había tenido ningún problema.

Era una preciosa mañana de octubre, el sol brillaba resplandeciente


con un frescor en el aire. Estaba contenta de haber tomado una
chaqueta antes de irme. Bajé corriendo las escaleras, encontrándome
con mi vecina por el camino.

—Buenos días Sheila —dije sonriéndole. Sheila a menudo llegaba a


casa en las horas más tempranas de la mañana. Tenía alrededor de mi
edad, pero su vida era drásticamente diferente. Sheila trabajaba como
una chica de compañía de lujo. Su plan era trabajar hasta que tuviera
dinero para entrar en la universidad de medicina y luego dejarlo.

Cuando me mudé aquí por primera vez hace seis meses, me ofreció
enrolarme. Había intentado ocultar mi asombro (mi crianza en una
ciudad pequeña nunca había sido más evidente) y decliné
educadamente. No podía imaginarme ese tipo de estilo de vida, no
importaba cuánto dinero estuviera de por medio. Aunque parecía
funcionar para Sheila. Era varios centímetros más alta que yo y tenía
una larga cabellera lisa de color castaño. Siendo guapa y con acento
culto, podía dar muy bien una apariencia de sofisticación.
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—Hola Kathleen —dijo—. ¿Vas a trabajar?


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Asentí. Llegaba tarde, pero me paré un momento.


—Un día más y todo eso —dije— ¿A ti te va bien? —Me preocupaba por
ella. No podía aceptar que su ocupación fuera segura, no importaba lo
que ella dijera acerca de que la clientela fuera de clase alta.

—Oh, sí —dijo, sonriendo con cansancio—. Tengo un cliente al que le


gusto mucho. Ya ha repetido cinco veces.

Por lo que me había contado antes, sabía que era bueno ya que los
clientes que repetían para ella eran dinero en el banco.

—Eso es genial —comenté. Habría preguntado quién era él, pero había
mencionado una vez antes de eso que sus clientes exigían
confidencialidad— ¿Es agradable? —pregunté en lugar de eso.

—Está bien, supongo —dijo, apoyándose atrás contra la barandilla de la


escalera mientras hablaba—. No estoy segura de a qué se dedica, pero
creo que es adinerado. —Dudó por un momento antes de añadir—: Solo
espero que Mark no se ponga raro por eso. —Mark era su novio. Era
una relación que no podía imaginar, pero parecía funcionar para ellos.
Mark era un tipo bastante decente y no decía mucho acerca de la
profesión de Sheila. Me lo había encontrado unas cuantas veces y
parecían bastante involucrados el uno con el otro. Era uno de esos tipos
callados y entusiastas de la informática que nunca imaginé que a Sheila
le gustasen. Supongo que el viejo dicho de que “los opuestos se atraen”
era realmente verdad.

—Creí que a él no le importaba... ya sabes —dije, haciendo un gesto


vago con la mano. No estaba realmente segura de cómo poner en
palabras “no le importaba que tuvieras sexo con hombres por dinero”
sin ofenderla. Era muy insistente acerca de ser una “chica de compañía
de lujo” y no una prostituta.

—No lo hacía, pero ha estado actuando raro últimamente —dijo,


mordiéndose el labio inferior.

—¿Raro cómo? —pregunté.

Negó con la cabeza.

—No lo sé. Simplemente ¿distraído, quizás? Como si estuviera conmigo


pero no estuviera allí. No sé si es por mí o por algo más. —Suspirando,
añadió—: Probablemente solo estoy siendo paranoica.

—A él le importas de verdad —le aseguré—. Quizás solo está


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preocupado con el trabajo o algo.


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—Sí —dijo, no pareciendo convencida—. Supongo que sí. —Parecía
sacudirse a sí misma de su ensimismamiento—. Hey, estoy haciéndote
llegar tarde, ¿no es así?

Miré a mi reloj e hice una mueca.

—Lo siento, tienes razón, será mejor que me vaya. Diane la Dragona
estará mirando para ver si llego a tiempo, estoy segura.

Sheila se rio. Sabía que no me gustaba Diane y que el sentimiento era


mutuo.

—Bueno, vete entonces, Kathleen —dijo Sheila, dándome un apretón en


el brazo y sonriendo con arrepentimiento—. Te veré luego. Gracias por
escuchar.

—Claro que sí —dije, dándole un rápido abrazo antes de salir corriendo


hacia mi auto. Conducía un Honda Accord azul de diez años, que corría
como el mejor, gracias a Dios. No podía permitirme pagar las cuotas de
un auto. Me sentía ligeramente envidiosa por la cantidad de dinero que
Sheila conseguía, me lo había dicho una vez, pero sabía que yo no podía
vivir esa vida. Hice una nota mental de pasarme por su casa esta noche
cuando saliera de trabajar y ver cómo le estaba yendo.

El tráfico no era malo y llegué a la firma en solo media hora. Vivía cerca
del centro de Indianapolis pero la firma estaba en la mucho más
agradable parte norte de Indy, llena de edificios de oficinas de ladrillo,
árboles y amplias extensiones de verde césped.

Estacionando en el aparcamiento, me di cuenta que nada menos que


Blane Kirk estaba dejando el edificio. Mierda. Ya llegaba tarde, pero
esperé en mi auto de todas formas para que no pudiera verme. Sorbí
con cuidado mi café caliente y lo observé por mi espejo retrovisor
mientras caminaba a través del aparcamiento. Estaba vestido para ir al
juzgado hoy, vistiendo un traje oscuro y portando un caro maletín de
piel.

Me pregunté si alguna vez sería capaz de mirarle a los ojos otra vez. El
Incidente (como me aficioné a llamarlo) todavía me hacía arder las
mejillas por la mortificación cada vez que pensaba en ello. No es que
hubiera muchos motivos para que interactuara con Blane de todas
formas, siendo él un socio y yo sólo la mensajera. Nunca había
intentado encontrarme otra vez después de aquella desastrosa mañana
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y todavía me preguntaba qué habría ocurrido si no me hubiera


escondido bajo el escritorio.
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—Me despediría, lo más probable —murmuré para mí misma.

Los rumores decían que Blane ambicionaba un cargo político y era


obvio que en él era algo natural. Blane era carismático y encantador.
Cuando entraba en una habitación, la gente se daba cuenta, tus ojos
eran atraídos hacia él, el mismo aire a su alrededor parecía crepitar con
electricidad. Su rostro nunca mostraba sus pensamientos, incluso
cuando desplegaba su sonrisa matadora, del tipo que surgía de la nada
y convertía a cada mujer que hubiera a la vista en gelatina temblorosa.
Parecía que era la única que se daba cuenta de que esa sonrisa nunca
alcanzaba sus ojos.

Blane finalmente desapareció a la vuelta de la esquina del edifico yendo


hacia donde estaban las plazas de aparcamiento reservadas a los
socios. Le di solo otro minuto o dos para asegurarme de que se había
ido antes de salir de mi auto y dirigirme hacia dentro.

Solté un suspiro mientras me detenía junto al escritorio de Diane para


los envíos de la mañana. Esta era la parte del día que más odiaba.
Diane se tomaba su trabajo como gerente de oficina muy en serio y
tenía absolutamente cero sentido del humor y era una mujer
particularmente poco atractiva. Su conducta severa solo enfatizaba su
cara de amargada, en la cual nunca llevaba ni rastro de maquillaje.
Manteníamos una relación rígidamente cortés.

Esta mañana Diane no estaba en su despacho cuando me pasé por allí


y por ello estuve agradecida. El montón de envíos estaba esperando por
mí en la esquina de su mesa, así que los agarré y me dirigí a la sexta
planta. También tenía que parar en las oficinas de los tres socios para
ver si sus secretarias tenían algo para mí.

La quinta planta estaba ocupada por Blane y por Derrick Trent, otro
socio de la firma y sus secretarías. La sexta y la última planta era donde
el socio mayoritario y fundador de la firma William Gage, tenía su
oficina.

Cuando llegué a la quinta planta, me detuve a ver a Clarice. La puerta


de Blane estaba cerrada y las luces apagadas, lo que significaba que
probablemente estaba en el juzgado. Tenía una oficina en la esquina
con ventanas en dos paredes y estaba maravillosamente amueblado con
rica caoba. La mesa de Clarice era una versión más pequeña de la de él,
ubicada fuera de su oficina con el lujo de una gran área de trabajo.
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—Hola Clarice —dije y levantó la vista de su ordenador, sonriendo


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cuando vio quien era. Clarice tenía solo treinta años pero vestía como
alguien mucho mayor que eso, supongo que porque encajaba con su
profesión como secretaria judicial. Su cabello oscuro estaba recogido
atrás en un moño y siempre llevaba zapatos cómodos. Cuando sonreía,
suavizaba toda su cara y la hacía parecer más joven y más
despreocupada.

—Hola a ti también —dijo— ¿Vas a salir? —Asentí.

—Tengo un montón para llevar hoy al juzgado y a algunas otras firmas


por toda la ciudad.

Mirando alrededor para asegurarse de que estábamos solas, se inclinó


hacia delante, sonriendo mientras hablaba en voz baja.

—¿Quieres oír lo último?

Me acerqué.

—Por supuesto —dije ansiosa.

Clarice y yo teníamos una broma sobre las mujeres con las que salía
Blane, apostando la una contra la otra sobre cuánto tiempo durarían y
si la última haría una escena o se iría en silencio cuando él lo
terminara. Había habido algunas escenas memorables entre las más
dramáticas. A Clarice, Blane le gustaba bastante, era siempre educado
y cordial con ella. Simplemente no era de “nuestro” tipo de gente aquí,
en el Medio Oeste, un poco demasiado snob, un muy demasiado rico y
un poquito condescendiente.

Clarice me había contado ayer que Blane le había pedido que enviara
las requeridas flores de despedida a su última chica del mes. Algunas
se tomaban las noticias bien y otras... no. La última chica, su nombre
era Kandi con i, había parecido de las del tipo dramático y había
apostado cinco dólares con Clarice a que no se iría en silencio.

—De acuerdo —empezó Clarice, tan ansiosa por impartir el jugoso


cotilleo como yo estaba por oírlo—. Así que la historia es que ella recibió
las flores ayer y se puso histérica. Apareció en su casa y esperó a que él
llegara. Luego procedió a gritar y maldecirle mientras estaba de pie en el
porche delantero de la casa. Y —ahora su sonrisa se amplió—, esa no
fue siquiera la mejor parte.

Estaba prácticamente conteniendo el aliento por la anticipación.

—¿Cuál fue la mejor parte?


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—Ella posteó en su página de Facebook que él tiene una polla diminuta.
—Yo jadeé, dando una palmada con mi mano sobre mi boca— ¡Lo sé! —
dijo Clarice con una sonrisa traviesa—. Como si alguien fuera a creerle.

—No fastidies —exhalé. Nuestros ojos se encontraron y ambas reímos a


carcajadas. El atractivo de Blane era una constante universal.
Alrededor de un metro y ochenta centímetros de perfección masculina.
La idea de que no estuviera... bien dotado... era ridícula. Recordaba lo
que había pensado cuando había estado en cercana proximidad a sus
enormes zapatos mientras me escondía bajo mi escritorio y sentí mi
cara sonrojarse.

—¿Cómo oíste sobre eso? —pregunté, apartando a un lado cosas que no


tenía caso pensar acerca de Blane Kirk.

—Debbie, del piso de abajo, lo oyó de su marido, que trabaja con Ryan
Dunstan que está saliendo con Gillian Tate, que es amiga por Facebook
de Kandi —explicó Clarice—. Es un mundo pequeño, amiga mía.

—O es verdaderamente estúpida o verdaderamente vengativa —dije.

Clarice rio por lo bajo.

—Conociendo el tipo de mujeres con las que sale Blane, probablemente


ambas.

—¿Dónde está hoy? —pregunté.

—En el Juzgado —contestó—. Un caso de malversación de fondos.

—Muy bien, tengo que irme. Gracias por el cotilleo. Te veo luego,
Clarice.

Clarice me dijo adiós con un dedo y me dirigí al ascensor y de vuelta a


mi auto. Estaba subiendo la temperatura ahora y bajé la ventanilla de
mi auto, dejando que la brisa de otoño entrara mientras conducía.
Entregué los paquetes para las firmas legales antes de dirigirme al
juzgado.

Me las arreglé para encontrar una plaza en la calle para aparcar,


milagro entre los milagros y me di prisa para entrar.

—¡Kathleen! ¿Cómo te va en este bonito día? —Este era Hank, uno de


los guardas de seguridad del juzgado. Hank era un alto e imponente
hombre negro con una disposición de osito de peluche. Por qué se había
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convertido en guarda de seguridad era algo que se me escapaba. No era


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más propenso a placar a un tipo de lo que sería darle patadas a
cachorritos.

—Está yendo bien Hank —dije, pasando a través del detector de


metales— ¿Contigo?

—Mejor ahora que estás aquí —dijo con una sonrisa. Hank también era
un ligón incorregible.

—Apostaría que dices eso a todas las chicas —bromeé. Era casi
imposible no estar de buen humor alrededor de Hank. Siempre estaba
muy alegre.

—Solo a las bonitas —replicó y me reí. Agarrando mi bolso y mi montón


de documentos de la mesa donde habían sido comprobados, me dirigí a
través del corredor.

El corredor estaba en silencio y mis pasos resonaban ligeramente


mientras caminaba. Estaba pasando por delante de las puertas de
varias salas de justicia cuando de repente una de ellas se abrió de
golpe, asustándome. Un hombre salió a toda prisa, mirando
furtivamente a ambos lados en el vestíbulo casi vacío antes de verme de
pie a menos de treinta centímetros de distancia. Estaba vistiendo un
traje pero parecía muy desaliñado, como si hubiera dormido con él
puesto o algo, estaba muy arrugado.

Sus ojos se iluminaron al verme y corrió hacia mí tan rápido que no


tuve tiempo de reaccionar. En un momento tiró de mi brazo detrás de
mi espalda, mis documentos cayendo al suelo en un montón
desordenado. Jadeé por el dolor y la sorpresa mientras tiraba de mi
brazo hacia atrás. Entonces, abruptamente liberó mi brazo solo para
poner un cuchillo en mi garganta.

En ese momento, la puerta de la sala de justicia se abrió otra vez y una


multitud de gente vino corriendo. Se quedaron congelados cuando
vieron el cuadro ante ellos. Oí a alguien gritar al final del corredor. El
hombre que tenía detrás tiró de mí más cerca de él y mis manos
subieron hasta su brazo, intentando mantener el cuchillo lejos de mi
garganta. Era varios centímetros más alto que yo y más fuerte,
arrastrándome con él mientras caminaba hacia atrás por el corredor.

Los guardas de seguridad giraron en la esquina corriendo, con las


armas desenfundadas.
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—¡Quédense atrás! —chilló el hombre que me sujetaba—. ¡Todo el


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mundo atrás! ¡O la mato!


La adrenalina y el miedo estaban bombeando a través de mi sistema y
pude sentir mi corazón retumbando. El frío filo del cuchillo estaba
presionado contra mi garganta mientras me sujetaba agarrándome con
fuerza. Los guardas de seguridad se miraron unos a otros, claramente
indecisos sobre qué hacer. Detrás de ellos la multitud permanecía
observando en silencio.

—Quiero salir de aquí —chilló el hombre, la desesperación era evidente


en su voz— ¡No voy a ir a la cárcel! ¡Dejadme salir o ella muere! —Como
para enfatizar su intención, apretó el cuchillo más fuerte contra mí y
sentí la hoja cortarme ligeramente.

El dolor de la herida sirvió para clarificar mis desordenados


pensamientos. Mi padre me había enseñado muchas cosas antes de
morir y ser una víctima no había sido una de ellas. Respiré hondo.

En un movimiento seco y repentino, agarré el brazo que sujetaba el


cuchillo con ambas manos y eché mi cabeza hacia atrás apartándome
del cuchillo. Tirando hacia abajo de su brazo con todas mis fuerzas, giré
mi cuerpo, moviéndome bajo su brazo y lejos de él. Mi nueva ventaja
empujó el cuchillo hacia él y un segundo después, se derrumbó, con el
cuchillo clavado en su costado.

Di unos pocos pasos antes de empezar a temblar y lentamente me


deslicé hacia el suelo, mis piernas ya no siendo capaces de sujetarme.
Había gritos y movimientos todo a mi alrededor ahora mientras los
guardas de seguridad rodeaban al hombre y llamaban a los
paramédicos. Estaba teniendo problemas para respirar y había puntos
bailando delante de mis ojos. Aunque sabía cómo salir de un ataque
como ése en teoría, hasta hoy no había tenido que usar ese
entrenamiento. La realidad de lo que acababa de ocurrir estaba
empezando a filtrarse en mi interior y sentí lágrimas fluyendo de mis
ojos mientras luchaba por recuperar el aliento.

—Pon la cabeza entre las piernas.

Oí las palabras pero no podía contestar. Los puntos se hacían más


grandes y mi respiración más superficial y más rápida. Sentí a alguien
presionando mi cabeza, empujándola hacia abajo insistentemente.
Cuando mi cabeza estaba entre mis rodillas, dejaron de empujar pero
me sujetaron allí. Después de unos pocos instantes, mi respiración se
calmó y los puntos desaparecieron. Intenté incorporarme y la mano se
21

apartó. Mirando hacia arriba, vi a un hombre de pie allí mirándome,


con una expresión preocupada en la cara.
Página
Casi dejé de respirar otra vez. No sabía si debía desmayarme o
encogerme de miedo. Alzándose sobre mí estaba un hombre vestido de
negro, con cabello oscuro ondulado y unos penetrantes ojos azules. Sus
cejas también eran oscuras y de arco pronunciado, dando a su cara un
aspecto ligeramente malévolo o travieso, era difícil de decir cuál. Una
mandíbula esculpida y unos labios que habrían hecho llorar a un
artista, completaban el retrato. Me di cuenta de que mi boca estaba
abierta de par en par y me pregunté si necesitaba poner la cabeza entre
las piernas otra vez.

Bajándose hasta acuclillarse de forma que estaba a mi nivel, me habló,


mirándome cuidadosamente a los ojos.

—¿Estás bien?

No podía hablar así que simplemente asentí. Seguro que esto tenía que
ser una invención de mi imaginación. Hombres como este no me
prestaban atención.

—Estás sangrando —dijo, estirando la mano y tocándome el cuello. Sus


dedos salieron con sangre en ellos.

—Solo un rasguño —me las arreglé a decir.

Sus labios se curvaron tan solo ligeramente. Yo estaba fascinada.

—Buen movimiento —dijo—. Lo que hiciste para escapar —aclaró ante


mi mirada confundida.

—Gracias —dije— ¿Él estará bien? —pregunté, sacudiendo mi cabeza


hacia el hombre ahora rodeado de personal de seguridad y
paramédicos.

—Sí —dijo el extraño—, la herida no es profunda y los paramédicos


llegaron lo suficientemente rápido.

Cerré los ojos aliviada. Incluso si había intentado matarme, que el


cuchillo le golpeara había sido más accidental que planeado. Cuando
los abrí, el hombre de negro se había ido. Consternada miré alrededor,
pero con la multitud de gente, no lo vi por ninguna parte. Me tambaleé
hasta ponerme de pie.

—¡Kathleen! —Hank estaba viniendo disparado hacia mí— ¡Santo dios!


¿Estás bien?
22

Tranquilicé a Hank, que estaba completamente desconsolado porque el


Página

hombre se las hubiera arreglado para entrar en el edificio con un


cuchillo. No es que esto fuera totalmente por su culpa, parecía que el
detector de metales había estado estropeado al principio de la mañana.
A escondidas, seguí buscando al desconocido, pero nunca lo vi. Suspiré.
Por todo lo que sabía podría haber sido una invención de mi
imaginación.

Pasaron bastantes horas antes de que fuera capaz de volver a la firma.


Los paramédicos habían querido chequearme, aunque la herida del
cuchillo solo requirió un vendaje, gracias a Dios. Luego hubo informes
de policía que rellenar y declaraciones que hacer. Era más tarde de las
seis y el sol se estaba poniendo.

Ráfagas de viento de las ventanillas de mi auto habían alborotado mi


cabello en mechones e intenté peinarlos con los dedos, deseando tener
conmigo una goma para el cabello. Mi cabello era largo y de color rubio
rojizo y, en mi opinión, uno de mis mejores rasgos. No es que tuviera un
montón de buenos rasgos. Probablemente era baja, pero prefería la
expresión “verticalmente desfavorecida”. Cinco kilos que nunca sería
capaz de perder me hacían también un poco demasiado curvilínea y
tenía una de esas voces que era demasiado aguda y demasiado suave
como para que nadie me tomara en serio de verdad.

Pensé en pasarme por el escritorio de Clarice antes de irme a casa.


Puede que estuviera todavía por allí y sinceramente necesitaba
simplemente charlar por unos pocos minutos. No había nadie cerca de
Clarice cuando la alcancé, apartada por estar la oficina de Blane en la
esquina. Clarice estaba tecleando en su ordenador, sus ojos en el papel
sujetado por una pinza en el lateral de su monitor, mientras sus dedos
volaban sobre el teclado.

—Hey —dije en voz baja.

Ella saltó, sorprendida por la interrupción. Cuando vio quien era,


brincó poniéndose de pie.

—¡Kathleen! —Exclamó, lanzando sus brazos a mí alrededor en un


apretado abrazo—. Oí lo que pasó. ¡Gracias a Dios que estás bien!

Le devolví el abrazo igual de fuerte.

—Gracias Clarice —dije—. Estoy bien.

Después de un momento, me dejó libre.


23

—No puedo creer lo que pasó —dijo, volviendo a su asiento. Me hundí


Página

en la silla a juego frente a ella.


—Sí —dije—. Qué locura. —Realmente no quería hablar sobre ello. Los
policías ya me habían sacado toda la conversación—. ¿Cómo ha sido tu
día?

—No tan excitante como el tuyo —dijo con un resoplido—. Justo estaba
intentando terminar de mecanografiar este documento para enviárselo a
un cliente esta noche. Blane me lo envió por fax en el último minuto. —
Miró a su reloj y suspiró—. Se suponía que Jack y yo saldríamos a
cenar esta noche. Imagino que tendré que llamarle y cancelar. —Clarice
estaba divorciada con dos niños. Había estado saliendo con Jack
durante varios meses. Él enseñaba ciencias en un instituto local y por
la forma en que hablaba de él, parecía ser un tipo verdaderamente
agradable.

Había al menos una docena o más de papeles apilados en su escritorio


que aún tenía que transcribir. Se estaba haciendo tarde y casi todo el
mundo se había ido para disfrutar su fin de semana.

—¿Quieres que lo haga por ti? —pregunté—. No tengo más envíos y


ningún plan para esta noche.

Me miró esperanzada.

—¿De verdad? —asentí—. Pero no quiero imponértelo —titubeó—.


Especialmente después de todo por lo que has pasado hoy.
Probablemente debería cancelarlo sin más.

—Vamos Clarice —le urgí— no es para tanto. Estoy bien y no tengo


nada mejor que hacer. Vete. —Realmente no me importaba. Me gustaba
hacer cosas por la gente. Y no era como si algo me esperase en casa
excepto un apartamento vacío y los horrorosos recuerdos de hoy. Esa
idea me deprimía así que la metí en el fondo de mi mente y sonreí
resplandeciente a Clarice.

—Sal y pásalo bien —dije—. Yo me ocuparé de esto. —Todavía parecía


indecisa, pero después de mirar a su reloj otra vez, cedió.

Agarrando su bolso de un cajón, dijo:

—Muchas gracias, Kathleen. Tan solo déjalo en el escritorio de Blane


cuando termines.

Dándome un breve abrazo, se dirigió a los ascensores y me senté en su


escritorio. Echando un vistazo a donde ella se había quedado, empecé a
24

teclear.
Página
Mecanografía había sido una de las clases más útiles que había tomado
en el instituto y era buena en ello, con una media de setenta y cinco
palabras por minuto. Estaba todo tan en silencio, que el único sonido
que podía oír eran mis dedos golpeando las teclas y el solemne tic-tac
del gran reloj de pared que estaba en el cuarto junto a los ascensores.
Era relajante, especialmente después de los eventos de hoy y me sentí
como en una especie de trance.

Este documento en particular era sobre un caso que la firma había


tomado hacía un tiempo defendiendo a un sindicato local que llevaba el
mantenimiento de máquinas de votos. Durante las últimas elecciones,
habían sido reportados casos de fraude y los acusadores habían
señalado al sindicato como los perpetradores. Hacía una lectura
interesante incluso si una parte de él era jerga legal.

No estaba sorprendida por los nombres famosos involucrados en el


caso, toda la gente que reconocía era bien conocida en Indianapolis. La
carrera de Blane en esta ciudad era de perfil alto. Mientras que su vida
social aparecía en las páginas de Sociedad del periódico, sus hazañas
como abogado a menudo aparecían en primera plana. Los abogados
defensores y los abogados de litigios tenían una reputación de ser
moralmente cuestionables y eran más hombres de espectáculo que
hombres de sustancia y no estaba segura donde encajaba Blane en la
mezcla, aunque nadie cuestionaba su ambición y determinación.

—¿Qué estás haciendo?

Las palabras vinieron desde detrás de mí y dejé escapar un chillido


agudo, de lo sorprendida que estaba por la interrupción. Di un brinco y
giré alrededor, accidentalmente volcando la silla mientras lo hacía.

Blane estaba de pie allí mirando tan asombrado como yo.

—¡Jesús! —dijo, pasando una mano por su cabello perfecto—. ¿A qué


demonios vino eso?

—¡Me asustaste! — la vergüenza volviéndome gruñona—. No deberías


acercarte sigilosamente a la gente.

—No me acerqué sigilosamente —replicó de forma casual—. Y tú no me


has contestado. ¿Qué estás haciendo?

Todavía desconcertada, no consideré mis palabras antes de que salieran


25

de mi boca.
Página

—Mecanografiando, obviamente —dije, acentuando la faceta de


sabelotodo.
Sus ojos se entrecerraron al oír eso y tragué saliva con nerviosismo,
bajando los ojos para evitar encontrarme con los suyos. Con retraso se
me ocurrió que era uno de los propietarios y que si lo cabreaba, podría
no ser tan indulgente esta vez entre despedirme o no.

Blane no estaba vestido con su atuendo formal de negocios, sino mucho


más casual con vaqueros que abrazaban sus estrechas caderas.
Atrapándome a mí misma mirando a su entrepierna, recordé
abruptamente el post de Facebook de su ex-novia y me sonrojé. Impulsé
mis ojos hacia arriba y vi que tenía una camiseta Henley2 negra de
manga larga remangada justo por debajo de los codos. Tenía unos
bonitos y musculosos antebrazos. ¿Por qué estaba mirando fijamente
sus antebrazos? Desesperada por un lugar seguro al que mirar, bajé los
ojos a sus zapatos. Sus muy bonitos, muy caros y muy grandes
zapatos.

Me aclaré la garganta y respondí otra vez, haciendo mi voz lo más


agradable posible.

—Clarice tenía planes así que me ofrecí a ayudar a terminar esto por
ella. —Levanté la vista hacia él pero su expresión era ilegible.

—¿Y tú no tienes planes para esta noche? —preguntó.

Negué con la cabeza, sintiendo mis mejillas arder incluso más mientras
me maldecía internamente por mi pálida piel. Nerviosamente, bajé otra
vez la mirada hacia los papeles. Casi había acabado. Solo necesitaba
terminar, guardar e imprimir. Cuando Blane no dijo nada más, me giré,
enderezando mi silla y volviendo a mi asiento antes de teclear de nuevo.

La piel de mi nuca parecía hormiguear mientras me observaba en


silencio. Finalmente se movió pasando junto a mí y entrando en su
oficina y liberé el aliento que había estado conteniendo. Mirando por
encima lo que había estado tecleando, hice una mueca. Tuve que
corregir numerosos errores tipográficos. En mi propia defensa, nunca lo
hacía bien cuando alguien estaba mirando por encima de mi hombro.

Terminé el documento y lo imprimí antes de recoger mis cosas para


irme. Mirando al interior de la oficina de Blane, lo vi trabajando en su
ordenador. Clarice había dicho que dejara el documento en su escritorio
así que no había forma de evitar hablar con él.
26

2Henley: camiseta similar a un polo, con entre 2 y 5 botones en el cuello, aunque con
Página

cuello redondeado como de camiseta normal en lugar de las solapas del polo. Reciben
el nombre de Henley porque eran parte del uniforme habitual de los remeros de la
ciudad de Henley-on-Thames, en Reino Unido.
Con cautela, llamé a la puerta de su oficina. Levantó la vista de su
ordenador y me apresuré a entrar.

—Clarice dijo que dejara esto para ti — entregándole el documento.

—Gracias —contestó, volviendo su atención al ordenador. Dudé por un


momento, pero no parecía haber nada más que pudiera decir y él no me
estaba prestando atención de todas formas, así que simplemente me
dirigí al ascensor.

La noche se había enfriado y tirité mientras abría mi auto y me


deslizaba tras el volante. Tiré mis cosas en el asiento del pasajero y metí
la llave en el contacto. Giré la llave y... no pasó nada. Lo intenté otra
vez. Mismo resultado. Dos veces más. Dos veces más que no pasó nada.

Mi cabeza cayó sobre el volante y gruñí. Parecía que este día nunca iba
a terminar. Habría sacado mi teléfono, pero tenía una de esas tarifas de
prepago y se me habían acabado los minutos.

Suspiré derrotada. Iba a tener que volver adentro y llamar a una grúa.
Lo que costaba dinero. Realmente no quería hacer eso. Y si iba adentro,
eso significaba que tendría que ver a Blane otra vez. Y de verdad, de
verdad que no quería hacer eso. Golpeé mi cabeza ligeramente contra el
volante.

Un golpeteo en la ventanilla me hizo sacudirme hacia arriba y reprimí


otro chillido. Blane estaba de pie fuera de mi auto. No podía bajar la
ventanilla sin que el auto estuviera en marcha, así que abrí la puerta
parcialmente.

—¿Sí? —dije menos que amable por la interrupción debido a mi día de


mierda.

—¿Problemas con el auto? —preguntó, sacudiendo su cabeza


ligeramente hacia mi motor. El frío parecía no tener efecto en él incluso
cuando yo empezaba a tiritar otra vez, el viento soplando mi cabello
mientras permanecía sentada en el auto.

—Supongo que sí —dije miserablemente. Me pregunté si podría pedir


prestado su teléfono y así no tendría que ir todo el camino de vuelta
adentro, pero entonces me imaginé que probablemente sería una idiota
por no tener uno propio. Realmente no quería hablarle de la tarifa
prepago. Dudé que incluso supiera lo que era eso.
27

—¿Necesitas que te lleve?


Página
Instintivamente retrocedí ante eso. Blane me volvía un amasijo de
nervios. Ya no contemplaba intenciones románticas con él —desdeñosa
como era de sus insensibles acercamientos a las relaciones y a las
mujeres— pero era un hombre formidable, inteligente y demasiado
guapo. Sin duda haría o diría algo idiota por puros nervios. Negué con
la cabeza.

—No, gracias —respondí—. Simplemente llamaré a una grúa o algo.

—Es tarde y hace frío —insistió Blane firmemente—. Déjame llevarte a


casa. —Todavía dudaba, deseándole cosas malvadas a mi auto por
elegir esta noche para abandonarme—. Vamos —dijo con firmeza,
abriendo la puerta del todo de un tirón y agarrando mi brazo—. Tengo
que hacer un recado primero, pero podré llevarte a casa antes de lo que
tardaría una grúa en aparecer aquí.

No sabía cómo podía negarme en este punto sin que pareciera ridículo
así que agarré mis cosas y salí del auto, bloqueándolo antes de cerrar la
puerta. Blane todavía tenía una mano en mi brazo mientras
caminábamos hacia su auto. Era lo más cerca que había estado de él,
de pie (ignoré el recuerdo de arrodillarme frente a él) y era bastante alto.
Mi coronilla solo llegaba hasta su hombro.

Blane me guió hacia un auto aparcado cerca del edificio en una de las
plazas reservadas. Inhalé hondo cuando lo vi. Conducía un Jaguar
negro con ventanas tintadas. Encajaba con él.

Abrió la puerta del pasajero para mí y esperó hasta que me instalé


dentro antes de cerrarla. El asiento de cuero era ricamente decadente
para alguien acostumbrado al vinilo e inhalé en profundidad. El auto
olía a cuero y la colonia de Blane. ¡Mmm!

Blane se subió por el lado del conductor y tirité otra vez, aunque no
sabía si era por el frío o por lo cerca que estaba de mí en el interior del
auto.

—¿Frío? —preguntó, y asentí sin palabras.

El motor ronroneó reviviendo y él giró el interruptor de la calefacción.


Saliendo del aparcamiento se dirigió hacia el sur por la calle Meridian
hacia el centro de la ciudad.

Había algo muy masculino en un hombre conduciendo un auto como


éste y saboreé la experiencia de estar en un precioso y potente auto con
28

un hombre igualmente guapo y poderoso. Blane podía ser un mujeriego


Página

sinvergüenza, pero intenté no centrarme en eso por el momento. No


conversábamos y yo miraba por mi ventanilla mientras las casas que
alineaban la calle pasaban como un rayo, sus luces apagadas.

Después de un rato, Blane rompió el silencio.

—Kathleen. —Dijo mi nombre despacio, como si lo estuviera probando—


¿Cuál es tu apellido, Kathleen?

Dudé en decírselo. La gente siempre bromeaba acerca de mi nombre.

—Turner —murmuré al fin y esperé a que empezaran las burlas. Para


mi sorpresa, no respondió inmediatamente así que me volví otra vez
hacia la ventanilla.

—¿Te llaman Kathy? — y fui forzada a girar y mirarle de nuevo.

—No. —Odiaba los diminutivos.

—¿Katie? —Incluso peor.

—No.

—Prefieres Kathleen —afirmó más que preguntó.

—Sí. —Ante otra respuesta con monosílabos de mi parte, su boca se


curvó con sarcasmo.

—Pareces una mujer de pocas palabras —dijo echándome un vistazo.


Dudé. Me estaba haciendo sentir idiota.

—A veces —dije finalmente con rigidez. Se debió de dar cuenta de que


estaba incómoda porque cambió de táctica.

—No tuvimos un gran comienzo Kathleen — y sentí el color abandonar


mi rostro. Por favor dime que no va a sacar el tema de esa desastrosa
reunión en la que planté mi cara en su entrepierna— ¿Por qué no me
cuentas de dónde eres?

Dejé escapar un suspiro de alivio. ¿Quería saber la historia de mi vida?


Bueno, esta debería ser una conversación corta.

—Soy de Rushville, Indiana —respondí—, una pequeña ciudad al este


de aquí. Me mudé hace seis o siete meses.

—¿Y qué hacías en Rushville? —preguntó, mirando hacia mí otra vez.


Sus ojos hacían cosas curiosas a mis entrañas cuando se centraba en
29

mí tan intensamente. Pensé que solo estaba haciendo una conversación


de nimiedades, pero parecía como si estuviera verdaderamente
Página
interesado en lo que iba a decir. Con desagrado recordé que él era
bueno en hacer que la gente pensara eso.

—No mucho —dije vagamente—. Servía en un bar. Cuidaba de mi


madre.

—¿Cuidabas de tu madre? —repitió con curiosidad.

—Tenía cáncer —dije. No dolía tanto ahora cuando lo decía. Sentí una
punzada en mi interior y una breve oleada de tristeza que fui capaz de
sacudirme de encima.

—¿Ella...? —Dejó el resto de la frase sin decir mientras yo asentía.

—Hace dos años —respondí a su pregunta sin hacer.

Una pausa después:

—Lo siento —dijo en voz baja.

No dije nada a eso y volví a mi estudio del panorama que pasaba junto
a la ventana. No quería que fuera agradable conmigo y cambiara las
ideas preconcebidas que yo ya tenía. Sería demasiado fácil
obsesionarme con un hombre como él y también definitivamente
estúpido considerando los desechos femeninos que quedaban a su
paso.

—¿Y el resto de tu familia? —preguntó.

Me giré hacia él, preguntándome por qué me estaba haciendo tantas


preguntas. Luego recordé; ese era su trabajo. El conocimiento es poder,
o eso siempre me había enseñado School House Rock3.

—Mi padre era policía —respondí—. Murió en servicio cuando yo tenía


quince años.

Blane no dijo nada a eso y afortunadamente dejó de hacer preguntas.

Unos pocos minutos después, aparcamos frente a un edificio en una


parte de la ciudad con mala fama. Eran las oficinas centrales del
sindicato al que la firma estaba representando. Blane aparcó y abrió la
puerta. Antes de salir, se volvió hacia mí.

—Te diría que puedes esperar dentro del auto, pero no es la mejor zona
—dijo.
30
Página

3School House Rock: era un programa de televisión educativo orientado a los niños
que trataba temas sobre matemáticas, ciencias, historia, gramática, economía y
educación cívica a modo de videos animados musicales de corta duración.
—No hay problema —respondí, saliendo del auto. Metí mis manos en
los bolsillos de mi abrigo para protegerlas del frío. Blane se dirigió al
edificio y yo lo seguí un paso o dos por detrás.

El vestíbulo del edificio estaba desierto y seguí a Blane por el corredor.


Parecía saber a dónde iba. Deteniéndose fuera de una puerta, golpeó
fuertemente en ella. Una voz amortiguada dijo que pasara y Blane abrió
la puerta.

Entramos en una oficina agradable, más de lo que habría esperado


desde el exterior del edificio, donde dos hombres estaban sentados en
lados opuestos de un escritorio fumando cigarros. El hombre tras el
escritorio se puso de pie cuando Blane entró, una amplia sonrisa
arrugando su cara. Era mayor, diría que a finales de la cincuentena,
con un nacimiento del cabello en recesión y una cintura en expansión.
Exudaba “vendedor de autos usados” e instantáneamente no me gustó.

—¡Blane! —exclamó en una voz que se había vuelto más áspera por
años de fumar cigarros. Detecté un acento italiano subyacente al estilo
de Brooklyn—. Es fantástico que pudieras venir aquí esta noche. —Sus
ojos se iluminaron sobre mí y vi un brillo aparecer en ellos—. ¿Quién es
tu encantadora amiga? —preguntó.

Blane se volvió hacia mí.

—Esta es Kathleen —dijo—. Trabaja para mí. Kathleen este es Frank


Santini.

Pegué una sonrisa falsa en mi cara y di un paso adelante para estrechar


la mano de Frank. Su nombre me era familiar, pero no podía ubicarlo.
Frank retiró su cigarro brevemente de la boca, tomó mi mano en la suya
y presionó sus labios húmedos contra ella. Arghh. Intenté ocultar mi
mueca de desagrado.

—Es un placer, Kathleen —dijo Frank, todavía sujetando mi mano.


Asentí y seguí sonriendo mientras deslizaba mi mano liberándola de su
agarre y retrocedí un poco de forma que estaba detrás de Blane. Frank
me daba escalofríos. Miré al otro hombre, todavía sentado en el atestado
asiento de piel, observándonos. Dio otra calada al cigarro mientras sus
ojos se encontraban con los míos y no sonrió.

—Traje el archivo con el resumen de la declaración jurada que pediste


—dijo Blane entregando a Frank los documentos que tenía en la
31

mano—. No estoy seguro de por qué es tan urgente que tenías que
tenerlo esta noche. —Su declaración colgó en el aire, la pregunta no fue
Página

pronunciada pero de todas formas estaba ahí.


—Hablé con Bill de ello —dijo Frank sacudiéndose de encima la
pregunta de Blane mientras rodeaba el escritorio, tirando el envoltorio
sobre su superficie. Asumí que se estaba refiriendo a William Gage, el
socio más antiguo de la firma, aunque nunca oí a nadie referirse al
hombre mayor como “Bill.” No parecía ser el tipo de persona que
respondería a ese nombre, era siempre “William” o “Sr. Gage.”

—Nos gustaría tener unas breves palabras contigo —dijo el hombre de


la silla—. A solas, si no te importa. —Dirigió una mirada intencionada
en mi dirección. Tenía alrededor de la misma edad que Frank y podría
haber sido su hermano, sus similitudes físicas eran muy pronunciadas.
Pero mientras que Frank era amistoso, quizá excesivamente, este
hombre decididamente no lo era.

—Jimmy puede llevarla fuera —dijo, señalando la puerta. Giré la cabeza


y vi a un tercer hombre en la habitación que había escapado a mi
atención. Estaba de pie en las sombras y ahora dio un paso adelante
hacia la tenue luz arrojada por la lámpara del escritorio. Sentí abrirse
más mis ojos e instintivamente di un paso más cerca de Blane.

Jimmy era alto y delgado, cadavérico incluso. La oquedad bajo sus


pronunciadas mejillas enfatizaba la oscuridad de sus ojos y cejas. Sus
labios eran finos y pude ver una cicatriz apenas visible que abarcaba
desde el extremo de su ceja bajando por el lateral de su rostro. Su
apariencia no era lo peor. Jimmy apestaba a peligro y sus ojos eran
fríos, duras esquirlas de granito.

Dio un paso adelante hacia mí y yo miré a Blane con los ojos muy
abiertos. La cara de Blane era ceñuda pero me dio un leve asentimiento.
Tomé eso como una señal de que no tenía elección en el asunto.
Tragando saliva fuertemente y a pesar de mi inquietud, precedí a
Jimmy saliendo por la puerta hacia el pasillo. Oí la puerta cerrarse
firmemente detrás de mí.

No había ningún sitio a donde ir así que caminé, sintiendo a Jimmy


cerca a mi espalda. El cabello de la nuca se puso de punta mientras él
me seguía silenciosamente hacia el vestíbulo. Había unas pocas sillas y
un sofá desperdigados alrededor así que me hundí en una silla. Jimmy
me miró por un instante y luego se sentó en la silla junto a la mía.

Me miró fijamente y pude sentir mis manos volviéndose sudorosas y mi


pulso se aceleró. Jimmy me estaba poniendo extremadamente
32

incomoda. Miré hacia él un par de veces por el rabillo del ojo mientras
jugueteaba con mis dedos. Mi nerviosismo me hacía querer balbucear.
Página

Quizás si le hacía hablar, no parecería tan intimidante.


—Así que —dije un poco demasiado alegremente—, ¿a qué te dedicas
aquí?

Me miró fijamente, sin parpadear.

—Me hago cargo de problemas —dijo finalmente, su acento mucho más


espeso que el de Frank. De acuerdo, bien, eso no era mucho para
continuar.

—¿Qué tipo de problemas? —pregunté.

Sonrió y eso me provocó un escalofrío por la columna.

—Problemas de gente —respondió. Decidí que no necesitaba saber más


acerca de Jimmy. Sonreí débilmente y miré nerviosamente alrededor
buscando una revista o algo.

—Tú no vas a ser un problema, ¿verdad? —preguntó y giré la cabeza de


un tirón para encararlo. La forma en que me estaba mirando hacía que
mi estómago se hiciera nudos. Negué con la cabeza, incapaz de decir
nada.

—Bien —dijo— porque odiaría tener que estropear esa preciosa carita.

De acuerdo, ahora me estaba asustando en serio. No podía pensar en


nada que decir a eso y recé porque Blane saliera para que pudiéramos
irnos.

—Déjalo Jimmy. —Oí y me volví para ver a Blane de pie a unos pocos
metros. Dejé salir un suspiro de alivio. Era la primera vez que me había
alegrado de verlo. Comparado con Jimmy, mi miedo por Blane parecía
ridículo. Me puse en pie de un salto mientras Blane caminaba a
zancadas hacia nosotros. Jimmy se levantó también y no se movió
mientras Blane se aproximaba. Jimmy era varios centímetros más bajo
que Blane.

—¿Tienes un problema Kirk? —preguntó Jimmy con malicia. Me di


cuenta de que ahora estaba jugando con una navaja automática que
debió haber sacado del bolsillo pero lo había hecho tan rápido que no lo
había visto.

Los dedos de Blane envolvieron la parte superior de mi brazo y tiró de


mí hacia él.

—Apártate de ella Jimmy —rechinó, en voz baja y amenazadora.


33

Se miraron fijamente uno al otro durante un minuto. Yo observaba,


Página

apenas respirando. Finalmente Jimmy sonrió.


—Vigila tu espalda Kirk —dijo. Abrió la navaja, la cerró y luego
desapareció. Si la había metido en un bolsillo o en su mano, no podría
decirlo. Jimmy retrocedió, dirigiéndose por el camino que había venido.

Blane me urgió hacia la puerta, pasando por delante de varias oficinas


a lo largo del camino que estaban todas a oscuras. Estábamos a mitad
de camino de su auto, yo forcejeando para seguir el ritmo de sus largas
zancadas, cuando su agarre sobre mi resulto demasiado. Haciendo una
mueca, dije:

—Me estás haciendo daño.

Su agarre se aflojó inmediatamente y aminoró sus pasos.

—Lo siento —dijo secamente, mirando atrás al edificio ahora de mal


agüero. Alcanzamos su auto y me metió dentro y él estuvo tras el
volante en cuestión de segundos.

Yo todavía estaba asustada, no solo por el encuentro con Jimmy, sino


también por la reacción de Blane.

—¿Quién era ese tipo? —Me las arreglé para preguntar mientras Blane
nos conducía fuera del aparcamiento.

Su mandíbula se tensó antes de responder.

—Le llaman Jimmy Quicksilver4. Su nombre real es James Lafaso.

Tenía miedo de preguntar, pero no pude evitarlo.

—¿Por qué le llaman Jimmy Quicksilver?

—Porque es bueno con los cuchillos —respondió Blane, sus ojos en la


carretera.

Sabía lo que Blane quería decir sin que tuviera que elaborarlo y recordé
a Jimmy diciendo cuanto odiaría estropear mi cara. Me sentía
indispuesta y sus noticias no hicieron nada para apaciguar mi mente.
Temblorosa, levanté una mano para frotar mi frente, preguntándome
como mi vida relativamente aburrida y mundana se había convertido en
una película de James Bond en el espacio de poco más de doce horas.

—¿Estás bien? —preguntó Blane y sus ojos estaban preocupados


mientras me miraba.
34

—Um, sí —dije dubitativamente—. Creo que sí. —¿Qué se suponía que


debía decir?
Página

4
Quicksilver: es una compañía estadounidense que fabrica navajas y cuchillos.
Blane paró el auto y miré alrededor. Me había olvidado completamente
de decirle donde vivía y no había prestado atención hacia donde había
estado conduciendo. Estábamos aparcados cerca de un restaurante del
centro en el que yo nunca había estado, principalmente porque no
podía permitírmelo, pero también porque era la clase de sitio al que no
vas sola.

—¿Por qué estamos aquí? —pregunté mientras Blane aparcaba el auto.


Me miró y tuve que recuperar el aliento otra vez, estaba demasiado
cerca. Sus ojos verdes estudiaron mi cara, bajando brevemente a mis
labios.

—Pensé que podías estar hambrienta —dijo finalmente, sus ojos


encontrándose con los míos otra vez—. Y a mí me vendría bien una
bebida. —Salió del auto, dejándome con la mandíbula abierta de par en
par. Antes de que pudiera recobrarme de la sorpresa, estaba en mi
puerta, manteniéndola abierta para mí.

Mientras salía del auto y me tomaba por el codo para entrar al


restaurante, me pregunté si este día podía ser más extraño.

35
Página
Capítulo 2

El restaurante era tranquilo y poco iluminado. Había una amplia barra


circular en el centro con unas pocas mesas esparcidas alrededor. Blane
me condujo a una mesa en la esquina con dos taburetes. Sacando un
taburete, se quedó de pie educadamente junto a él, esperó a que me
sentara.

Hice una mueca. Los taburetes me odiaban y yo odiaba los taburetes.


Mis pies siempre quedan colgando, lo que me hace sentir como una
niña de seis años, en la mesa de los chicos. Negándome a mirar a
Blane, valientemente me aupé en el asiento y me pregunté cómo iba a
deslizarlo más cerca de la mesa ya que mis pies no llegaban al suelo.
Blane debió haber leído mi mente porque me dio un empujón. Murmuré
un agradecimiento y me pareció ver un atisbo de sonrisa antes de
volverse y sentarse frente a mí.

Un camarero se materializó en nuestra mesa.

—Buenas noches Sr. Kirk —le dijo a Blane— ¿Qué puedo servirle esta
noche?

Al parecer, Blane era un cliente habitual.

—Hola, Greg —dijo—. Tomaré un Dewars5 con agua y hielo. ¿Y a la


dama le gustaría...? —Me miró expectante.

—Me gustaría un Manhattan, por favor —dije y vi un destello de


sorpresa cruzar por la cara de Blane. Él, sin duda, había asumido que
pediría una bebida femenina y afrutada.

—Ahora mismo, señor —dijo Greg y desapareció tan rápido como había
llegado. Nos sentamos en silencio durante unos pocos minutos, Blane
reclinado en su silla estudiándome mientras yo estudiaba la sala.

Greg volvió con nuestras bebidas en cuestión de minutos, colocándolas


con cuidado en servilletas de cóctel.
36

—¿Señor, les gustaría pedir la cena? —le preguntó a Blane.


Página

5Dewards: es una marca de whisky escocés fundada a finales del siglo XIX. Es de las
más vendidas en EE.UU.
—Danos unos minutos —respondió Blane.

—Por supuesto señor. —Greg volvió a desaparecer.

Tomé un sorbo de mi bebida y suspiré. El frío líquido calentó mi


estómago y sentí mis nervios ligeramente aliviarse. Todavía podía sentir
el peso de la mirada de Blane y eso me irritó. Posé mis ojos en los
suyos.

—¿Por qué sigues mirándome fijamente? —pregunté secamente.

Sus labios se curvaron ligeramente.

—Mis disculpas —dijo—. Supongo que estaba esperando a que te


pusieras histérica.

Mi ceja se frunció.

—¿Por qué iba aponerme histérica?

—Es por mi experiencia que la histeria es una típica reacción femenina


—respondió con un encogimiento de hombros.

—Bueno, yo no soy de tu típica clase de mujer —le dije con amargura,


pensando en todas las rubias altas que había traído probablemente
aquí. Su sonrisa se amplió.

—Eso lo puedo ver.

—¿Por qué Jimmy siente que es necesario amenazarme? —le pregunté


y, como esperaba, su sonrisa satisfecha se desvaneció.

—No fue nada personal. —Blane le restó importancia con un


movimiento de su mano—. Se trataba de Jimmy siendo Jimmy. No es
feliz a menos que todos en la habitación estén aterrorizados por él. —
Pensé que Jimmy probablemente no tenía que trabajar muy duro para
lograrlo.

—¿De todos modos, quiénes eran esos hombres? —Desde luego que me
habían dado escalofríos, Frank con su falsa amabilidad y el otro tipo
que se había sentado tieso y sin sonreír.

—Frank y Richie Santini. Son hermanos y gestionan ese sindicato local


que estamos defendiendo contra fraude electoral.

Por eso el nombre de Frank me había parecido familiar. Lo recordaba


37

ahora. Los periódicos siempre insinuaban un negocio arriesgado


Página

cuando él estaba involucrado, aunque aún no se le había sorprendido


haciendo nada ilegal. Era muy conocido en la ciudad y había visto
recientemente un artículo de él sobre su amistad con el actual alcalde.

Greg regresó mientras estaba reflexionando sobre esto y me di cuenta


de que ni siquiera había mirado el menú. Él estaba esperando para
tomar mi orden, mientras yo manejaba torpemente el menú, dándome
cuenta tarde y con consternación de que no sabía lo que eran la mitad
de lo que ponía.

—Um —dudé, buscando en el menú un plato que conociera—. ¿Tenéis


alguna sopa? —pregunté esperanzada. La sopa estaba bien. La sopa era
universal. Cada restaurante tenía sopa.

—Por supuesto —dijo Greg—. La sopa del día de nuestro Chef es sopa
de apio con tocino y manzana verde.

Bueno, no era lo que yo hubiera esperado, pero tenía tocino, ¿cuán


mala podía estar?

—Tomaré eso —dije, entregándole la carta. Greg y yo miramos


expectantes a Blane. Esa sonrisa tiraba las esquinas de su boca de
nuevo y traté de ignorar la sensación de revoloteo que me dio en la boca
del estómago.

—Tomaré un bistec, término medio —ordenó Blane. Bueno. Eso sonaba


bien. Mierda. Debería haber pedido eso en lugar de la sopa. Excepto que
no estaba al cien por cien segura de que él fuera a pagar.
Probablemente lo iba a hacer pero, por si acaso, sería muy embarazoso
que me trajeran una cuenta que no podría pagar. No tenía mucho
dinero encima y usaba mi única tarjeta de crédito solo para
emergencias.

—¿Estás segura de que todo lo que quieres es sopa? —me preguntó


Blane. Con mi asentimiento, Greg se alejó de nuevo.

—Has tenido un día ocupado —dijo Blane—. En un solo día has tenido
a alguien usándote como rehén y a otro amenazándote. —Palidecí. No
me había dado cuenta de que se había enterado del incidente de los
juzgados.

Estirando el brazo a través de la mesa, tiró ligeramente del cuello de mi


camisa, dejando al descubierto el vendaje en la base del cuello. Estaba
tan sorprendida que no reaccioné inmediatamente. Sus ojos estaban en
los míos, luego se movieron hacia abajo. Me eche hacia atrás de un
38

tirón.
Página
—Disculpa —le dije, mi voz helada. No me gustaba hacia donde estaba
yendo esto. ¿Era esta la razón por la que me había traído hasta aquí?
¿Pensaba que iba a demandar una compensación a la aseguradora de
trabajo o algo más por lo que había pasado hoy?

—¿Dónde has aprendido a zafarte de esa manera? —preguntó Blane,


tomando otro sorbo de su bebida e ignorando completamente mi
reacción. Se inclinó hacia mí, cruzando los brazos sobre la mesa.

—Mi padre —dije reclinándome ligeramente hacia atrás. Sus ojos entre
grises y verdes se enfocaron intensamente en mí y tuve que apartar la
mirada. Blane me ponía nerviosa, mi fascinación por él permanecía. La
energía que siempre parecía flotar a su alrededor era casi palpable. Mi
observación clandestina de los últimos meses me había mostrado que
era intenso en todo lo que hacía. Ahora, al parecer, yo era su objetivo.
Me inquieté bajo su firme mirada, tomando otro sorbo de mi
Manhattan.

—¿Qué más te enseñó? —preguntó.

Pensé por un momento y luego decidí ser sincera, no importaba si él me


encontraba tan extrañamente diferente de sus habituales
acompañantes.

—El arte de hacer una bebida con whisky como es debido, como todo
buen irlandés sabe. Cómo disparar y lo más importante, acertar a lo
que estoy disparando. No confiar en lo que la gente dice, sino en lo que
hace.

Estaba esperando hacer sentir a Blane tan desconcertado como yo lo


estaba, pero su cara no mostraba nada. Tomó un sorbo de su copa, así
que aproveche la oportunidad para plantear una pregunta propia.

—¿Cómo te enteraste de lo de hoy? —pregunté.

—Estaba allí —respondió Blane, dejando su vaso de nuevo sobre la


mesa—. Era mi cliente. El juicio por malversación de fondos. No pudo
manejar la presión. No tenía ni idea que iba a hacer algo así sin
embargo, lo juro.

Apreté mis labios. En toda la conmoción, no lo había visto en la


multitud, pero obviamente él había estado allí, y esta cena trataba
sobre que yo posiblemente hiciera a la empresa responsable. Sentí un
peso en la boca del estómago. No me había dado cuenta de que había
39

estado esperanzada, aunque fuera solo un poquito, de que podría haber


Página
sido otra cosa. Me bebí el resto de mi Manhattan. Los ojos de Blane se
estrecharon mientras me miraba.

Greg llegó con la comida y estuve agradecida por la distracción, aunque


mi plato de sopa se veía bastante insignificante al lado del bistec de
carne que puso delante de Blane. Miré con nostalgia a su plato y luego
a mi sopa que era de un verde muy claro. Me recordó el color de los ojos
de Blane, todo lo cual me puso de mal humor.

Cogí una cuchara y la revolví, esperando que el tocino la hiciera saber


mejor de lo que había sonado y me sorprendió gratamente. Estaba
bastante buena. No me di cuenta hasta que comencé a comer de lo
hambrienta que estaba, sobre todo porque me había saltado el
almuerzo. Terminé la sopa demasiado rápido. Probablemente no es lo
más apropiado que una dama debe hacer, devorando la comida, pero
sabía que esto no trataba de que Blane estuviera interesado en mí, así
que no me importó.

Cuando terminé, me di cuenta de Greg me había traído otro Manhattan.


Todavía estaba hambrienta, pero la sopa había saciado la urgencia. Me
tomé un largo sorbo de mi bebida, mirando el filete de Blane mientras
comía.

Greg apareció de nuevo, tomando mi tazón.

—¿Quiere algo más? —me preguntó. Negué con la cabeza y Greg se fue.

—¿Por qué has venido a Indianápolis? —me preguntó Blane.

Realmente no quería hablar más acerca de cosas personales con Blane,


pero no quería ser grosera tampoco. Me aclaré la garganta, tratando de
ganar algo de tiempo.

—Solo necesitaba un cambio —respondí vagamente. No había necesidad


de que Blane conociera la historia de mi vida o de que algún día quería
ser abogada. Le sonaría demasiado parecido a "¡Dios, quiero ser como
tú cuando crezca!"

—Entonces, ¿cómo está el tipo de la malversación de fondos? —


pregunté, tomando otro sorbo de mi bebida. Blane terminó su carne y
pasó la servilleta de lino blanco en su boca antes de contestar.

—Estará bien —dijo finalmente—. Presionaremos para una evaluación


psiquiátrica, una vez que se haya recuperado.
40
Página
—La defensa de la inestabilidad mental —le dije—. Un poco cliché. —Yo
podría haber sido capaz de apreciarlo más de no haber sido el objetivo
elegido para demostrar lo loco que estaba.

—No es algo que le habría animado hacer —dijo Blane con cuidado.

Me decidí a sacarlo del error. En realidad esos juegos no eran lo mío.


Me gusta más la honestidad.

—No voy a demandar a la empresa —le dije, haciéndole saber que sabía
lo que pensaba. El estrés del día y el alcohol estaba haciendo efecto en
mí. Él tenía razón, esto realmente no tenía nada de mi día típico. No
podía esperar para llegar a casa, tomar una buena ducha caliente y
meterme en la cama.

—No pensaba que lo harías — y me miró, la incredulidad grabada en mi


cara. ¿Creía que era una idiota, además de una paleta?

—Vamos —le dije con un bufido muy poco femenino—, como si no


supiera de qué se trata esto.

Se inclinó hacia delante, con los ojos entrecerrados. Sentí un aleteo en


el estómago y tragué nerviosamente un poco más de whisky.

—Me alegro de que no vayas a demandar a la empresa —dijo en voz


baja— y estamos agradecidos por tu lealtad. Nos gustaría ofrecerte una
compensación por lo que has tenido que soportar el día hoy.

Parpadeé lentamente.

—¿Está tratando de comprarme? —dije sin rodeos.

—Por supuesto que no —dijo—. Es lo que acabo de decir.


Compensación por penurias sufridas bajo nuestro empleo.

Me estaban comprando.

—¿Cuánto? —pregunté, enojada ahora. Me pareció ver el más leve


destello de decepción en los ojos de Blane. Se recostó en su silla.

—Cinco mil —dijo, mirándome con atención. Se me abrieron un poco


los ojos. Mierda. Eso era mucho dinero.

—¿Cinco mil? —repetí, mi voz chillona.

—O diez —dijo con un encogimiento de hombros—. Si sientes que sería


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más adecuado. —Diez mil dólares. Eso sería recorrer un largo camino
Página

hacia el pago de la deuda en la que estaba por los gastos médicos de mi


madre. Me perdí un momento para imaginar cómo de liberador sería.
Podría dejar mi otro trabajo y tal vez encontrar un lugar mejor para
vivir. Volver a la universidad incluso. Luego me sacudí. No iba a pasar.
No había manera de que fuera a aceptar dinero de ellos. Se sentía mal
tomar esa cantidad de dinero, sin importar el hecho de que era para
comprar mi silencio y mi cooperación. Una cena pagada por Blane era
una cosa, aceptar diez mil dólares de él era otra cosa bastante diferente.

Negué con la cabeza.

—Olvídalo —le dije con pesar—. No quiero tu dinero.

Ahora lo había sorprendido.

—¿Qué quieres decir con que "no quieres el dinero”? —preguntó,


mirándome con curiosidad.

—No lo quiero —repetí, con más fuerza esta vez. No quería que él o la
empresa tuvieran tanto poder sobre mí. No era tan ingenua como para
pensar que este tipo de dinero no venía con condiciones. Pero no le dije
eso.

Entonces Greg vino con la cuenta y vi como Blane arrojaba algo de


dinero sobre la mesa y se levantaba. Me sentí como si tuviera que estar
en guardia por todo lo que había dicho y me estaba exasperando. Blane
me tendió una mano para ayudarme a bajar del taburete y la tomé de
mala gana. La última cosa que quería hacer era tocarlo, pero caer al
suelo de bruces, también resultaba poco atractivo. Estaba ansiosa por
volver a nuestra distante relación empleada/empleador. Muy distante.

Su mano era grande, cálida y sorprendentemente áspera para un


hombre que tenía un trabajo de oficina. Mi mano se perdió en la suya.
Cuando llegué al suelo, él se apoderó de mi codo. Me llevó hasta el auto
donde, una vez más, mantuvo la puerta abierta para a mí. No puedo
culpar a su madre por enseñarle modales.

—¿A dónde? —preguntó, una vez que había entrado y arrancado el


auto. Le di mi dirección y se dirigió hacia allí. El whisky me había
relajado y me recosté y cerré mis cansados ojos. El asiento estaba
caliente bajo mis muslos y sonreí un poco. Asientos de cuero con
calefacción.

Lo siguiente que supe, era que una mano cálida tocaba mi cara.
Lentamente abrí mis ojos y parpadeé con ojos legañosos. El rostro de
Blane estaba muy cerca del mío y tenía la mano ahuecando mi mejilla.
42

Despertándome rápidamente ahora, me erguí. Su mano cayó pero no se


Página
movió. Miré hacia afuera. Estábamos en el aparcamiento de mi edificio
de apartamentos.

—Lo siento por quedarme dormida —dije sin aliento—. Gracias por el
paseo. —Abrí la puerta y lo vi a salir también.

—Te acompañaré —dijo. Hice una mueca. No es que estuviera


avergonzada de donde vivía, exactamente, pero el lugar no era
precisamente uno de los más bonitos de los alrededores. Realmente no
necesitaba algún otro recordatorio esta noche de la completa disparidad
entre Blane y yo.

Subí las escaleras, mis sentidos agudizándose excesivamente al sentir a


Blane detrás de mí. Podía escuchar el sonido suave del movimiento de
su chaqueta mientras caminaba y fantaseé con que también podía
sentir su presencia detrás de mí. Llegamos a mi puerta y me volví para
encontrarlo mirando a su alrededor con curiosidad. Me di cuenta de
que las luces de Sheila estaban apagadas. Debía de haber salido.

Busqué las llaves en mi bolso, abrí mi puerta y me volví hacia Blane de


nuevo.

—¿Vives sola? —preguntó, mirando por encima de mi cabeza hacia mi


apartamento a oscuras.

—Sí.— Jugueteaba nerviosamente con mis llaves. ¿Sin duda, no estaba


esperando que lo invitara a pasar?

—¿Qué vas a hacer con tu auto? —preguntó. No hizo ningún


movimiento para tratar de entrar mientras yo permanecía torpemente
de pie en la puerta.

—Supongo que llamaré a una grúa —dije. En momentos como estos,


extrañaba mi ciudad natal. Allí al menos conocía a vecinos y amigos
que podrían ayudarme con cosas como problemas con el auto.

—¿Tienes familia aquí? —preguntó y negué—. ¿Novio? —Negué de


nuevo.

Blane estaba silencioso y entonces se movió un poco más cerca. Tuve


que inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo. Todavía estaba jugando
con mis llaves, el tintineo era el único ruido. Su mano se cerró sobre la
mía, aquietando mis dedos. Mi corazón empezó a latir más rápido y no
podía apartar la mirada de él.
43

Su mano se levantó hasta tocar mi cabello, trazando un largo rizo antes


Página

de envolverlo suavemente alrededor de uno de sus dedos. No me moví.


—Yo me encargaré de eso —dijo en voz baja. No sabía lo que estaba
hablando y sentía que no podía respirar. Su torso estaba a centímetros
de mí y sus ojos intencionadamente fijos en los míos.

—¿Encargarte de qué? —Finalmente logré decir, mi voz mucho más


entrecortada de lo que hubiera querido. Mis ojos se dirigieron
involuntariamente a su boca.

Las esquinas de los labios perfectamente esculpidos su levantaron.

—Tu auto —y levanté mis ojos de nuevo hacia él—. Me encargaré de tu


auto.

Oh. Claro. Por supuesto que sabía que eso era lo que quería decir.

—No tienes que hacerlo —protesté.

Su dedo tiró suavemente de mi cabello.

—Será un placer —dijo, sus labios todavía curvados en una sonrisa que
era en parte amable, en parte malvada. Me lamí los labios
inconscientemente. Bajó la mirada a mi boca antes de regresar a mis
ojos.

—Voy a necesitar esto —dijo, quitando suavemente las llaves de mi


mano—. Buenas noches, Kathleen. —Me soltó el cabello y se alejó. Mis
cuerdas vocales no estaban funcionando correctamente, así que no tuve
la oportunidad de decir algo antes de que se hubiera ido.

Temblando cerré y le puse el seguro a la puerta, encendí el interruptor


de la luz. La lámpara junto al viejo sofá de mi madre se encendió y me
hundí en los familiares cojines, tratando de recuperar el aliento. No era
extraño que las mujeres cayeran sobre él. Estar cerca de él y
experimentar su completa atención era suficiente para hacerme olvidar
todas las razones para permanecer lejos del magnético atractivo de
Blane.

Me froté la nuca. Sentía un dolor de cabeza llegando. Poniéndome de


pie, me dirigí a mi dormitorio. Demasiado cansada para tomar una
ducha, simplemente me lavé los dientes, me puse una camiseta para
dormir y me metí en la cama.

Unos golpes en la puerta me despertaron. Echando un vistazo al reloj


de la mesilla de noche, vi que eran más de las diez de la mañana.
44

Agarré un par de pantalones cortos, me los puse y corrí hacia la puerta.


Miré por la mirilla y vi a un hombre de pie allí con un portapapeles.
Página
Llevaba un mono de trabajo azul marino con su nombre bordado en él.
"Larry", proclamaban las letras rojas. Abrí la puerta.

Los ojos de Larry se abrieron cuando me vio. Consciente de mí misma,


me alise mi cabello que parecía un nido de ratas.

—¿Sí? —pregunté.

—¿Usted es —comprobó su portapapeles— Kathleen Turner? —Miró de


nuevo hacia mí dubitativo. Me aclaré la garganta y me di por vencida
con mi cabello.

—Sí, soy yo —confirmé.

—Bueno, su auto está listo —dijo, empujando el portapapeles hacia


mí—. Está abajo en el aparcamiento. Lo aseguré por usted.

Tomé el portapapeles y traté de mirar más allá de él, hacia el


aparcamiento.

—¿Cuál era el problema? —pregunté, garabateando mi nombre en la


hoja.

—Necesitaba una batería nueva —dijo, tomando el portapapeles y me


entregó las llaves que Blane había tomado la noche anterior.

—¿Cuánto le debo?

Negó con la cabeza.

—Ya ha sido pagado. Que tenga un buen día.

Se fue y cerré la puerta. Bueno. Supongo que Blane ha mantenido su


palabra. Él se había encargado. Di un suspiro de alivio. La mayoría de
las mujeres probablemente hubieran preferido flores o joyas. Yo estaba
agradecida de tener una batería nueva para mi auto.

Como era sábado, no tenía que trabajar hasta esta noche cuando tenía
que ir a hacer mi turno en The Drop. Era un buen bar, no un antro, así
que no era un mal lugar para trabajar y lo pasaba bien. Los clientes
solían ser profesionales de clase media-alta por lo que las propinas eran
buenas. Puse una cafetera y me duché mientras se hacia el café.

Dejando que mi cabello se secara al aire, tomé dos tazas de café y fui al
lado a ver a Sheila. Le di pataditas a la puerta, ya que mis manos
45

estaban llenas. Probablemente estaba dormida después de una larga


noche de trabajo. Di una patada de nuevo y esperé. Finalmente, oí la
Página

cerradura girar y Sheila le gritó a la puerta.


—Es mejor que seas tú Kathleen y más vale que tengas café. —La
puerta se abrió y le sonreí, sosteniendo una taza humeante. Se había
envuelto en una bata corta, sedosa, con flores grandes de color rojo y
negro impresas en ella. Tomó el café y se dio la vuelta, dejándome
entrar en su apartamento. Tomando un sorbo, dio un gemido de
apreciación antes de desplomarse en el sofá. Me senté en el sillón
cercano, doblando mis piernas debajo de mí.

Era muy injusto que se viera tan perfecta incluso cuando acababa de
salir de la cama. Su cabello era suave y estaba desplegado sobre sus
hombros y a pesar de que no llevaba maquillaje, su tez era impecable,
sus pestañas oscuras y exuberantes. Si no fuera tan agradable, la
habría tenido que odiar solo por principio.

—Así que —comencé—, adivina que me pasó ayer. —Tigger, su gato,


saltó a mi regazo y comencé a acariciarlo. Él ronroneó contento. Sabía
que iba a estar cubierta en cabello color anaranjado cuando me fuera,
pero no me pude resistir. Tigger era uno de los gatos más amistosos que
había conocido.

Ella abrió un ojo.

—¿Conociste un chico? —preguntó esperanzada. Sheila siempre estaba


tratando de que saliera más, que fuera a citas.

—Bueno —le dije—, se podría decir eso. Excepto que él tenía un


cuchillo. —Sus dos ojos se abrieron ahora y le conté la historia del loco
en el palacio de justicia.

Tenía la boca abierta cuando terminé.

—¡Oh, Dios mío Kathleen! —exclamó—. ¡Podría haberte matado! —Me


encogí de hombros despreocupada.

—No creo que me hubiera matado. Solo quería asegurarse que todo el
mundo pensara que estaba loco.

No parecía convencida pero cambié de tema antes de que pudiera seguir


preguntando.

—¿Cómo estuvo tu noche? —pregunté—. ¿Has visto a Mark? —Su


expresión se volvió sombría.

—Se suponía que íbamos a reunirnos anoche —dijo, tomando otro


46

sorbo de café—. Pero tuve que cancelarlo. Ese tipo me solicitó otra vez,
así que tuve que ir. —Asentí con empatía.
Página
—¿Cómo lo tomó Mark?

—No muy bien —admitió—. Se supone que debe venir esta noche. Pensé
en hacerle la cena o así. A los hombres les gusta eso, ¿no? —No sabía
por qué me estaba preguntando a mí. Mi experiencia con los hombres
era muy inferior a la de ella. La pregunta debió haber sido retórica
porque no esperó mi respuesta—. De todos modos, estaré contenta de
tener una noche libre. Creo que este tipo se está volviendo rarito. Fue
muy... extraño anoche.

—¿Extraño cómo?— pregunté.

Ella negó con la cabeza.

—Es difícil de explicar. ¿Malhumorado, tal vez? —No dio más detalles y
no presioné más. Hablábamos de su trabajo solo con moderación. Creo
que ella sabía que me hacía sentir incómoda, aunque yo trataba de
esconderlo por respeto a sus sentimientos.

—¿Qué vas a hacer para Mark? —pregunté, cambiando de tema.

—No tengo ni idea —dijo con una sonrisa—. Tal vez compre algo de un
restaurante y lo ponga en platos, así pensará que lo cociné yo. —Me
eché a reír. Eso sonaba como algo que Sheila haría.

—¿Cuál es tu plan para hoy? —me preguntó.

—Tengo que trabajar esta noche, así que probablemente solo pasar el
rato, limpiar, lavar la ropa. Nada extremadamente emocionante. —
Estaba en la punta de mi lengua el hablarle de Blane y lo de anoche,
pero algo me detuvo. Hablar de ello lo haría demasiado real y parte de
mí solo quería olvidarlo. No quería imaginar algo donde no había nada.
Yo no era exactamente su tipo.

Charlamos un rato más hasta que nos terminamos el café y luego


empujé al suelo el bulto naranja que era Tigger y volví a mi
apartamento. Con la decisión de hacer valer lo que se suponía que
debía estar haciendo hoy, limpié mi apartamento y arrastré mi ropa al
sótano.

Pronto fue hora de prepararme para el trabajo. Me duché y me cambié a


mi uniforme de trabajo, pantalones negros y una camiseta azul oscuro,
con cuello barco y mangas que iban hasta poco más allá de los codos.
Era muy cómodo y fácil trabajar con ello, tenía la ventaja añadida de
47

resaltar el color de mis ojos ya que la camiseta era casi exactamente del
Página

mismo color. Dejé mi cabello suelto. Me molestaría un poco, pero nunca


está de más verse tan bien como sea posible, cuando estás trabajando
por propinas.

Me puse la chaqueta y capté un aroma familiar en el aire. Al presionar


la nariz contra la manga, me di cuenta de que olía ligeramente a la
colonia de Blane. No estaba segura de si esto me agradaba o no, pero si
tomé otra aspiración antes de salir por la puerta.

El sol se estaba poniendo cuando salí de mi apartamento. Podía


escuchar débiles notas de música y la luz estaba encendida en el
apartamento de Sheila. Sonreí. Esperaba que ella y Mark pudieran
solucionarlo.

Contuve la respiración mientras giraba la llave en el encendido y la solté


cuando el motor arrancó fácilmente. The Drop estaba en el centro y solo
me llevaba unos veinte minutos en auto llegar hasta ahí.

Mi turno comenzaba a las seis y estaba relevando a Abby la barman del


turno de día. Era alta, de cabello rubio y llevaba trabajando en The
Drop un par de años.

—Hola Abby —saludé. Ella estaba terminando de cortar algunos


limones para la bandeja de guarnición cuando llegué.

—Hola Kathleen —contestó. Puse mi bolso debajo de la barra, até un


delantal negro alrededor de mi cintura y comencé con la comprobación
de los niveles de las botellas de licor para esta noche.

Me puso al corriente de la situación de los diferentes clientes repartidos


por todo el bar antes de coger el bolso y salir. Los sábados por la noche
teníamos dos barman y cuatro camareras. The Drop era propiedad de
Romeo Licavoli y le gustaba tener un barman masculino y otro
femenino en las noches ajetreadas. Así que esta noche mi compañero
era Scott.

Scott, asistía a la Universidad de Butler y se estaba especializando en


negocios internacionales. Era un tipo simpático que coqueteaba sin
parar, que es probablemente la razón por la que Romeo siempre lo
ponía en noches ajetreadas. Las mujeres amaban a Scott. Él y yo
trabajábamos bien juntos y mientras estaba coqueteando
constantemente con clientes y camareras, nunca había tratado de
dirigir los coqueteos hacia mí. Scott me trataba más como una hermana
pequeña y estaba contenta por eso. Generalmente.
48

El ritmo fue constante durante un tiempo y luego alrededor de las diez


Página

realmente aumentó. Debía haber habido un concierto esta noche.


Siempre parecía que había algo en el centro y después la gente quería
prolongar su noche, así que se detenía a tomar una copa.

El cabello me estaba molestando y me tomé un momento rápido para


atarlo atrás. Estaba ocupada en la preparación de un Tom Collins,
cuando una de las camareras, Tish, llegó con una orden.

—Tienes que echarle una ojeada al tipo de mi mesa —me dijo. Tish era
otra que siempre estaba tratando de emparejarme con alguien, pero yo
pensaba que levantarte un tipo en un bar no era la mejor idea. Aun así,
le seguí la corriente.

—¿Qué mesa? —pregunté, poniendo el Tom Collins en una bandeja y


agarrando un vaso de tubo para un gin tonic.

—La dieciocho —respondió—. Está con una chica, pero échale un


vistazo de todos modos. —Terminé el gin tonic, exprimiendo un limón
en él antes de también colocarlo en la bandeja. Orden completa, Tish
tomó la bandeja y miré hacia la mesa dieciocho. Me quedé boquiabierta
por la sorpresa.

Blane estaba sentado a la mesa y una morena de piernas largas, con un


retal por vestido estaba a su lado. Otra pareja estaba frente a ellos.
Como si sintiera mi mirada en él, Blane se volvió hacia mí y nuestros
ojos se encontraron. Vi sorpresa en su mirada antes me darme la
vuelta.

Las órdenes estaban esperando para ser preparadas y estaba feliz de


estar ocupada. No es que me importara que estuviera allí con otra
mujer. ¿Qué esperaba? Ese era su estilo de vida. La noche anterior
había sido un mero bache en su radar. A diferencia de lo que había sido
para mí. Empujé ese pensamiento lejos y me ocupé poner más copas de
Martini en el congelador debajo de la barra.

Traté de no mirar hacia atrás a la mesa dieciocho mientras trabajaba


pero me parecía que no podía evitar mirar en esa dirección. Parecían
que estaban pasando un buen rato, riendo y hablando. La morena
estaba tan cerca de él que no podía caber una hoja de papel entre ellos.
Siguió tocándole el brazo, sus pechos rozando contra él. Sentía algo
demasiado parecido a los celos para estar totalmente cómoda con ello.

—¿Estás bien? —Oí a Scott preguntar y me di la vuelta para ver que me


miraba con preocupación.
49

—Sí —le respondí— ¿Por qué? —Hizo un gesto a la bebida que estaba
Página

sirviendo y miré hacia abajo para ver que se había llenado a rebosar.
—Mierda —dije, limpiando el desastre con una toalla. Después de eso,
decididamente no miré a Blane de nuevo mientras trabajaba. Una
despedida de soltera acababa de llegar y me mantuvieron ocupada
durante algún tiempo, ya que ordenaron todas las bebidas de nombres
cargados de insinuaciones para la futura novia: Sexo en la Playa, un
Orgasmo y unas Mamadas. Sonreí ante sus burlas, indirectamente
disfrutando de su diversión.

Por el rabillo de mi ojo, vi a alguien sentarse en un taburete vacío en el


bar. Me volví a tomar su orden y me congelé. Era Blane.

—Así que también trabajas aquí — y era más una afirmación que una
pregunta.

—Unas cuantas noches a la semana —respondí con frialdad, sin saber


cómo actuar con él después de la noche anterior. No era como que yo
cenara de forma regular con hombres como él, por no mencionar el
hecho de que era mi jefe.

—¿Puedo ofrecerte algo? ¿Dewars con agua? —Sonrió levemente y me


sentí absurdamente complacida de haber recordado lo que bebía.

—Sí —dijo— y algo que se llama Appletini, por favor. —Ah. Eso debe ser
para la morena. Parecía el tipo de chica Appletini. Puse más zumo que
alcohol en su bebida antes de mezclar la de él. Apoyándolos en la barra,
respiré hondo.

—Gracias por hacer arreglar mi auto —le dije, tratando de sonar


agradecida. Los modales eran los modales y me había hecho un gran
favor. No era su culpa que una pequeña parte de mí deseara ser la
morena que esperaba en la mesa a que él volviera.

Llevaba una chaqueta deportiva y corbata esta noche y se había


aflojado la corbata. El color de la chaqueta era de un gris profundo y
parecía poner de manifiesto el gris de sus ojos.

—No hay problema —dijo, con una amplia sonrisa. Sentí contener mi
aliento ligeramente. En realidad debería ser un pecado lucir tan bien.
Tiró algo de dinero en la barra y lo vi retirarse a su mesa, bebidas en
mano.

Bajé la vista hacia el dinero. Había dejado un billete de cincuenta


dólares en el bar. Mis ojos se abrieron con sorpresa, luego se
estrecharon. Tratando de comprarme de nuevo. Pero esta noche, no me
50

importaba. El dinero era dinero. Lo recogí, puse el monto de las bebidas


Página

en la caja registradora y me guardé la propina.


No vi cuando se fueron y traté de no pensar en lo que probablemente
estaban haciendo en este mismo momento mientras fregaba la barra y
llevaba más vasos al lavavajillas. Lo que realmente tenía que hacer era
simplemente olvidar a Blane Kirk. Punto. Un enamoramiento con mi
jefe era realmente la última cosa que necesitaba.

Ya era tarde cuando por fin llegué a casa y me dolían los pies. Olía a
alcohol y no podía esperar a tomar una ducha. Sin embargo, había sido
una buena noche. Conseguí cerca de ciento cincuenta dólares en
propinas. Por supuesto, casi un tercio de eso había sido de Blane, pero
no hice caso a ese hecho.

La luz en el apartamento de Sheila estaba todavía encendida y sonreí.


Eso era un buen presagio para ella y Mark. Encendí las luces en mi
apartamento, me quité los zapatos. Diez minutos y una ducha caliente
más tarde y me sentía casi humana otra vez.

Me puse una camiseta y ropa interior, me metí debajo de mis mantas y


dejé escapar un suspiro de satisfacción. Estaba dormida antes de que
pudiera detenerme a analizar todo lo relacionado con Blane.

Un poco más tarde me desperté sobresaltada y me incorporé de un


salto. Estaba desorientada y no sabía lo que me había despertado.
Entonces lo oí, voces viniendo del apartamento de Sheila. Gritos y
discusiones, así sonaba. Me volví a recostar. Me sentí mal por ella.
Supuse que no había ido tan bien con Mark, después de todo.

La discusión se prolongó durante un tiempo y luego se quedó en


silencio. Me di la vuelta para volver a dormir, pero no pude. Me retorcí
por un poco, pero finalmente admití que debería levantarme e ir a ver a
Sheila. Si Mark y ella habían tenido una gran pelea, lo más probable era
que estuviera muy disgustada.

Me levanté y me puse los pantalones cortos. La temperatura había


bajado, pero solo iba a la puerta de al lado. Me pasé un cepillo por el
cabello e hice una mueca por los círculos oscuros bajo mis ojos. Eché
un vistazo al reloj. Tres y media.

La noche era fría y silenciosa cuando salí y me estremecí, envolviendo


mis brazos alrededor de mí. La luz seguía encendida en el apartamento
de Sheila, así que sabía que estaba despierta. Me preguntaba si tal vez
se habían arreglado. Si es así, estaría interrumpiendo en lugar de
ayudar. Me quedé fuera de mi puerta, incapaz de decidir qué hacer. El
51

hormigón bajo mis pies descalzos era como el hielo y me ayudó a tomar
Página

mi decisión. Solo llamaría una vez y si nadie respondía, me lo tomaría


como la confirmación de que estaba interrumpiendo sexo de
reconciliación.

Crucé hacia su puerta rápidamente, mis pies congelándose y golpeé


ligeramente sobre ella. Para mi sorpresa, se abrió. La puerta no estaba
cerrada del todo. Eso me pareció extraño. Sheila sabía tan bien como yo
que esta parte de la ciudad no era una de las que pudieras dejar la
puerta abierta, especialmente en la oscuridad de la noche. Con cautela,
entré.

—¿Sheila? —grité. El apartamento estaba extrañamente tranquilo y


sentí el bello en mis brazos ponerse de punta. Había platos sucios en la
cocina y dos copas de vino vacías. Dejé escapar un chillido y casi salto
de un pie cuando sentí algo rozar mis piernas. Miré hacia abajo. Era
Tigger. Maulló y me rozó de nuevo. Traté de respirar normalmente
mientras mi corazón latía con fuerza en mi pecho.

—¿Sheila? —Lo intenté de nuevo. No hubo respuesta. Me asomé al


cuarto de baño, pero estaba vacío. La puerta del dormitorio estaba
cerrada y me dirigí hacia ella. Tuve una sensación de malestar en la
boca del estómago cuando di vuelta la manija y abrí la puerta. Lo que vi
hizo que me helara la sangre. Mis rodillas se convirtieron en gelatina y
me deslicé por la pared hasta derrumbarme en el suelo.

52
Página
Capítulo 3

Había sangre por todas partes. Podía olerla y me dieron ganas de


vomitar. Pude ver una pierna en la cama, pero no me podía mover. Me
temblaban las manos y podía escuchar con claridad la sangre corriendo
en mis oídos. La única cosa que me impulsó a pararme era el hecho de
que Sheila aún podría estar viva.

Entré más en la habitación, evitando cuidadosamente las rayas


sangrientas en el suelo. Moviéndome lentamente hacia la cama, podía
ver con claridad ahora y deseé no haberlo hecho. Era obvio que ella ya
no estaba viva, con los ojos mirando sin ver hacia el techo. Estaba
desnuda y su garganta había sido cortada violentamente. Sus sábanas
que una vez fueron blancas ahora estaban bañadas en carmesí. La
sangre untaba su vientre y los muslos también.

Podía sentir un grito que venía y apreté mi mano sobre mi boca,


horrorizada. Volviendo, corrí desde su apartamento al mío. Golpeando y
cerrando la puerta detrás de mí, traté desesperadamente de pensar.

¿A quién llamar? Cogí el teléfono, traté de llamar al 911. Mis manos


temblaban tanto que se me cayó el teléfono. Finalmente pude introducir
los números y esperé. Mi respiración era entrecortada y el corazón me
latía con fuerza. Cuando respondió el operador, vacilante le di la
dirección y le dije que mi vecina estaba muy mal herida. Colgué el
teléfono, luego deseé no haberlo hecho. La soledad pesaba en mí como
algo físico, ominoso y amenazante. Dudé, luego cogí el teléfono.

Clarice contestó al tercer timbrazo.

—¿Clarice? —le pregunté, mi voz un hilo delgado.

—¿Kathleen? ¿Eres tú? ¿Estás bien? —Su voz sonaba aturdida, pero
ahora podía oír la preocupación mientras se despertaba por completo.

—No... no estoy segura —le dije con voz temblorosa—. Mi vecina. Su


nombre es Sheila. Está... muerta. Asesinada. —Las palabras hicieron
todo más real y pude sentirme desvanecer. Me dejé caer en el sofá.
53
Página

—¿Qué? ¡Oh, Dios mío Kathleen! —Clarice sonaba sorprendida.


—Llamé al 911 —dudé. Odiaba tener que preguntar, pero no sabía qué
otra cosa hacer—. Sé que los policías están llegando, pero estoy sola y...
tengo miedo. No tengo a nadie más a quien llamar. —Sonaba patética
incluso para mí.

—No te preocupes —dijo Clarice con confianza—. Si viene la policía y ha


habido un asesinato, necesitas un abogado más que cualquier otra
cosa. Voy a llamar a Blane. Él se ocupará de ti.

—¡No! —dije frenéticamente, horrorizada de que quisiera llamar a


Blane—. ¡No él! ¿Qué pasa con Derrick? —Cualquier otra persona, de
verdad, estaría bien.

—Blane es el mejor, Kathleen —insistió Clarice—. Voy a colgar ahora y


lo llamaré. Solo aguanta ahí. —La comunicación se cortó antes de que
pudiera pronunciar otra palabra y colgué el teléfono.

No sé cuánto tiempo había pasado antes de oír un golpe en mi puerta.


Sacudida por el miedo, me tomó un momento componerme e ir a la
puerta. Viendo por la mirilla, vi a Blane allí de pie. Me sorprendió la
rapidez con la que había llegado, incluso antes de que llegara la policía.

Abrí la puerta y di un paso atrás para dejarlo entrar. Cerró la puerta


detrás de él y me di cuenta de que aún llevaba la corbata y la chaqueta
de esta tarde. Me preguntaba si había dejado esperando a la morena en
alguna parte.

Agarró mi brazo suavemente y me llevó hasta el sofá. Me senté y él se


sentó a mi lado. Tomó mis manos entre las suyas y las frotó.

—Tus manos son como el hielo Kathleen —dijo—. Dime lo que pasó. —
Levanté la vista de nuestras manos unidas a su cara.

—Estaba dormida —dije entrecortadamente—. Algo me despertó. Oí una


discusión. Pensé que era Sheila y su novio Mark. Luego se detuvieron.

Blane se quedó tranquilo y escuchó mientras hablaba, sus manos


todavía frotando con dulzura sobre la mía.

—No pude volver a dormir. Estaba preocupada por ella. Así que me
levanté y me fui a su casa. —Las imágenes que cuidadosamente había
estado guardando en el fondo saltaron a mi mente y sentí las lágrimas
deslizándose por mi rostro.
54

—La puerta estaba abierta, así que entré, ella estaba en su cama. Y la
sangre estaba por todas partes. —Me puse a llorar en serio ahora y no
Página

podía continuar. Blane me tomó en sus brazos y lloré en su hombro.


Después de unos momentos, pude controlarme y dejar de llorar. Blane
estaba frotando mi espalda como si calmara a un niño pequeño.
Cuando sintió que estaba en control de nuevo, habló.

—¿Fuiste al apartamento por tu cuenta? — preguntó y yo asentí,


todavía apoyada en él— ¿Viste a alguien?

—No —le contesté. No es que hubiera estado buscando.

—¿Así que la persona que hizo esto podría haber estado todavía allí
cuando entraste? —Esa idea no se me había ocurrido. Un escalofrío
recorrió mi espina dorsal y Blane debió haberlo sentido ya que su
agarre se apretó a mí.

—Voy a ir a echar un vistazo —dijo, separándome de él. Mis ojos se


abrieron.

—¡No! —dije, agarrando su chaqueta—. ¡Puede que aún estén ahí!

—Está bien —me aseguró Blane y observé con atónita sorpresa


mientras sacaba una pistola de la parte trasera de sus pantalones.

—¿Por qué tienes un arma? —le pregunté.

—¿Has conocido a nuestros clientes? —respondió secamente—. No te


preocupes. Sé cómo usarla.

—Pero... ¿cómo? —No podía entender cómo un sangre azul como Blane
llegaría a saber cómo usar un arma.

—Fui militar —dijo breve y se levantó de la cama—. Quédate aquí —


ordenó. Obedecí sin decir palabra. Mientras lo observaba según
desaparecía por la puerta, traté de absorber el hecho de que, en algún
momento, Blane había estado en el ejército y que ahora estaba
acechando a un posible asesino en la puerta de al lado. Apenas podía
envolver mi mente alrededor de la muerte de Sheila y de esta cara
completamente diferente de Blane.

Después de unos minutos de agonía, volvió.

—No hay nadie alrededor —me dijo, metiendo la pistola en la parte baja
de la espalda—. Probablemente se han ido ya.

Podía oír las sirenas ahora cada vez más cerca. Blane me miró, la
preocupación grabada en su rostro.
55

—¿Vas a ser capaz de hablar con la policía? —me preguntó


Página

amablemente. Recuperé una apariencia de calma, la histeria y el pánico


ahora retrocedieron y respire hondo. Asentí y me levanté, poniendo en
mis pies un par de chanclas y siguiendo a Blane a la puerta. Llegamos a
la zona de aparcamiento donde una ambulancia y dos autos de la
policía se detuvieron.

Uno de los policías nos vio y se acercó. Haciéndome señas, me


preguntó:

—¿Eres tú la que llamó al 911? —Asentí.

—Ha habido un homicidio arriba —dijo Blane.

—¿Y usted es...? —preguntó el policía a Blane.

—Blane Kirk —respondió—. Esta es Kathleen Turner. Soy su abogado.


—El policía lo miró sorprendido por la presencia de un abogado.

—¿Dónde está la víctima? —preguntó.

Blane le indicó la dirección del apartamento de Sheila y lo vimos subir


las escaleras. Yo seguí junto a Blane mientras esperaba. Cuando
volvieron, uno fue a la patrulla y comenzó a hablar en la radio, mientras
que el otro policía que habíamos hablado anteriormente volvió a
nosotros.

Tomó mi nombre y la información de contacto y le repetí lo que le había


dicho a Blane. Cuando llegué a la parte en la búsqueda de Sheila, mi
voz se quebró. Sentí a Blane deslizar su brazo alrededor de mi cintura y
me sentí agradecida por el apoyo. Terminé de explicar lo que había
visto.

—¿Así que usted estuvo sola en el apartamento por un minuto o dos? —


El policía me preguntó.

—Probablemente un poco más —le dije— pero no vi a nadie.

—¿Sabe usted de cualquier otra persona que hubiera estado con ella
esta noche?

—Tenía un novio —le dije—. Su nombre es Mark. No sé su apellido. Era


una especie de informático. Él iba a venir esta noche. Ella iba a hacerle
la cena. —En ese momento, me acordé de mi conversación anterior con
Sheila y cómo había bromeado diciendo que iba a comprar comida en el
restaurante y ponerla en sus platos y sentí las lágrimas en las mejillas
de nuevo. El policía parecía empático, pero no detuvo sus preguntas.
56

—¿Hay alguien más que sepa que podría haber querido hacer daño a
Página

Sheila? —preguntó y pensé por un momento, parpadeando las lágrimas.


—Ella trabajaba como acompañante —le dije. El policía miró bastante
interesado ante este comentario.

—¿Dijo para quién trabajaba? —me preguntó.

—No —respondí— nunca lo dijo.

—¿Te dijo algo más sobre este servicio de acompañantes? —Antes de


que pudiera responder, sentí los dedos de Blane apretar en mi cintura.
Me estremecí. Eso era, obviamente, una especie de señal, pero no sabía
por qué querría que dejara de hablar. Dudé. Sentí que debía decirle
todo a la policía, pero también sabía que Clarice tenía razón, Blane era
el mejor en lo que hacía. Debería seguir su consejo.

Negué con la cabeza.

—No. Eso es todo lo que sé. —Los dedos de Blane se relajaron


ligeramente.

Un movimiento en las escaleras me distrajo y vi a los de emergencias


acarreando una camilla por las escaleras, la figura en ella cubierta
completamente con una sábana blanca. Me mordí el labio cuando sentí
lágrimas formándose de nuevo. Blane me volvió hacia él, lejos de la
escena y me apretó la cabeza contra su pecho. Me permití, por un
momento, saborear la sensación de alguien más siendo fuerte, así que
no tenía que serlo yo. No había tenido esa sensación desde hacía mucho
tiempo.

El impacto del asesinato de Sheila me pesaba como una roca en mi


pecho con cada respiración. Tomando una respiración profunda, di un
paso atrás separándome de Blane. Dudaba seriamente que quisiera a
una mujer colgando de él llorando, no importaba cuál fuera la causa y
de mala gana me liberé. Un destello de color naranja me llamó la
atención.

—¡Tigger! —exclamé y corrí hacia adelante. El gato había estado detrás


de unos arbustos, pero sacó la cabeza cuando lo llamé. Trotó y saltó a
mis brazos. Le acaricié su piel gruesa y cerré los ojos fuerte.

La policía me estaba ignorando ahora, ya que se dedicaban a sus


puestos de trabajo y vi a un fotógrafo dirigirse arriba para tomar fotos
de la escena del crimen. Yo subí también, sosteniendo a Tigger. Blane
me siguió.
57

—¿Por qué querías que dejara de hablar? —le pregunté a Blane,


Página

sentada en mi sofá con Tigger en mi regazo.


—No me dijiste que era una prostituta —respondió Blane, sonando
irritado. Eso hizo que levantara la cara.

—¿Por qué debería importar? —repliqué—. Era mi amiga y alguien la


mató. Eso no hace su muerte más aceptable a causa de lo que hacía
para ganarse la vida.

—No, pero hace las cosas más peligrosas —dijo Blane con firmeza. Se
sentó a mi lado y se pasó una mano cansada por la cara. Sentí una
punzada de culpabilidad. Él no tenía por qué estar aquí en absoluto y
aquí estaba yo en modo perra hacia él.

—¿Qué quieres decir? —le pregunté en un tono mucho menos a la


defensiva.

—Solo hay un servicio de acompañantes en Indy y si ella trabajaba para


ellos, lo último que van a querer es que el hecho salga a la luz. O
cualquier información acerca de quién fuera su cliente. —Me miró
fijamente—. Quiero que guardes silencio sobre lo que sabes o de lo
contrario podrías convertirte en un objetivo.

No había pensado en eso. Distraída, acaricié a Tigger mientras


reflexionaba sobre esto. Parecía intrínsecamente malo para mí no hacer
todo lo posible para ayudar a la policía a atrapar al asesino de Sheila
solo porque tenía miedo.

—No sé si puedo hacer eso —le dije con sinceridad. Había sido criada
con un profundo sentido de la justicia, gracias a mi padre, e iba en
contra de todo lo que me habían enseñado mirar hacia otro lado,
incluso si era por mi propia seguridad.

—¿Qué quieres decir? —Blane preguntó bruscamente.

—No puedo fingir que no sé nada —insistí—. Sheila me dijo que estaba
viendo a un tipo que mantenía su interés en ella. Lo había mencionado
varias veces. La policía debe conocer esa información. Pudo ser él y no
Mark quien la mató.

—Tú no lo sabes.

—No, pero de alguna manera no puedo ver a Mark haciéndole eso


tampoco —le dije—. Solo... no parecía de ese tipo.
58
Página
—Ted Bundy6 no se veía como un maníaco homicida tampoco —dijo
Blane secamente—. Si crees que este hombre del que hablas podría
haber estado involucrado, entonces voy a investigar un poco.

Esta oferta me tomó por sorpresa.

—¿En serio? —le pregunté.

—Sí —respondió—. Mejor yo que tú. —Me molestó con esto.

—¿Por qué? ¿Porque eres un hombre? —Blane me miró extrañamente.

—Sí —dijo lentamente, como si fuera un poco idiota—. Y porque


también tengo más recursos a mi disposición que tú. —Bueno, esa
última parte era cierto.

—Oh —dije, sintiendo el calor de mi cara. En realidad, tenía más


sentido que fuera él quien comprobara lo que yo sabía. Ni siquiera
sabría por dónde empezar a cazar no solo al jefe de Sheila, sino al
cliente misterioso también.

—Bueno, gracias. —Me esforcé por un tono amable, pero había sido un
día muy largo.

—¿Vas a estar bien esta noche? —preguntó Blane y me miró con


curiosidad—. Tu sola —aclaró—. ¿Hay alguien que pueda llamar para
quedarse contigo?

La parte triste es que realmente no había nadie más a quien llamar. No


había hecho amigos cercanos de la ciudad todavía. Sheila y Clarice eran
las únicas amigas que había hecho con las que me había sentido
cómoda pidiéndoles quedarse conmigo. No quería llamar a Clarice
porque sabía que tenía a los niños y no podría dejar todo y venir. Me
sentiría incómoda diciéndole esto a Blane, sin embargo. Me hacía sonar
como una verdadera perdedora.

—Estaré bien —le dije, haciendo como si no fuera de su incumbencia.


No parecía convencido y me retorcí bajo su mirada fija.

Echando un vistazo a su reloj, dijo:

—Mira, es muy tarde. ¿Por qué no me quedo en el sofá por un par de


horas? Puedes dormir un poco y yo me voy por la mañana.
59

6Theodore "Ted" Robert Cowell Bundy (Burlington, Vermont, 24 de noviembre de


Página

1946 - Bradford, Florida, 24 de enero de 1989) fue un asesino en serie. Los analistas
estiman que el número de sus víctimas podría rondar las cien mujeres, muy lejos de
los números oficiales de alrededor de treinta y seis.
Tuve que darme la vuelta rápidamente, parpadeando rápidamente
contra las nuevas lágrimas que se habían formado. La bondad
inesperada de su oferta hizo otro agujero en la barrera de protección
que había puesto para protegerme en su contra. La verdad era que
dudaba de que fuera capaz de dormir de nuevo esta noche si me
quedaba aquí por mi cuenta. Las imágenes en mi cabeza estaban
demasiado frescas. También tuve la sensación de que Blane sabía que
no tenía a nadie más a quien llamar para quedarse conmigo.

Me aclaré la garganta antes de arriesgarme a hablar, sin mirarlo.

—Si no te importa —le dije más allá del nudo en mi garganta— te


agradecería eso. —A continuación, otro pensamiento se me ocurrió. La
morena—: Um —comencé, sin saber cómo decir esto— a menos que
tengas a alguien... esperando por ti. —Sentí la sangre invadir mi cara y
todavía no podía mirarlo a los ojos. Él no dijo nada por un momento y
creo que estaba tratando de descifrar mi código. No podía preguntarle si
la zorra de piernas largas estaba esperándolo en su cama, ¿o podría?

—No —finalmente dijo, su voz inexpresiva—. No esta noche. —Asentí en


silencio. Levantándome del sofá, levanté a Tigger en mis brazos.

—¿Puedo ofrecerte algo? —le pregunté. Era una vista tan rara, Blane
sentado en mi sofá raído. La gastada manta de patchwork7 de mi abuela
estaba doblada sobre uno de los brazos y en la esquina opuesta el viejo
sillón de color naranja. Mi TV no era uno de los nuevos tipos de
pantallas planas y no era tan grande. Blane se veía muy fuera de lugar
con su cabello perfecto y ropa de diseño.

—Estoy bien —dijo quitándole importancia, sacando su teléfono—. Solo


voy a hacer algunas llamadas. —Dio unos golpecitos a unos pocos
botones y lo acercó a su oreja. Sintiéndome despachada y sabiendo que
no había otra cosa que pudiera hacer para que él estuviera más
cómodo, me retiré a mi dormitorio.

Deposité a Tigger en mi cama, me saque mis pantalones cortos y me


metí debajo de las sábanas. Tigger se enrosco encima de mis pies y me
sentía consolada por tenerlo allí. Pero era más reconfortante saber que
Blane estaba en mi sala de estar. No creía que fuera una especie de
muchacha debilucha, pero me gustaría no haber visto nunca nada
como lo que había visto esta noche.

Cerré los ojos con fuerza y traté de pensar en alguna otra cosa.
60

Imaginarme a Blane cubierto con la manta de mi abuela trajo una


Página

7Patchwork: pieza formada uniendo fragmentos de otras telas.


sonrisa en mis labios. No era como alojarse en el Ritz, pero no había
parecido afectado por la condición de mi apartamento, así que lo
aprecié.

Hubiera jurado que no había ninguna manera en que fuera a ser capaz
de dormir después de los acontecimientos de esta noche, pero eso solo
era en apariencia. Tu cuerpo sabe lo que necesita y estuve fuera de
juego en cuestión de minutos.

Alguien me estaba sacudiendo y podía oír a alguien gritando. Mis ojos


se abrieron de golpe y me di cuenta de que era yo la que estaba
gritando. Alguien estaba inclinado sobre mí, sosteniendo mis brazos.
Presa del pánico, comencé golpear, tratando de conseguir distancia. Me
sentí atraída hacia un pecho masculino mientras unos brazos se
envolvían a mí alrededor, dejándome efectivamente inmóvil.

—¡Kathleen! ¡Despierta! —Era Blane. Su voz, finalmente, penetró mi


terror—. Estás bien. Era solo una pesadilla. —De forma abrupta detuve
mi lucha, tiritando, en sus brazos. Él estaba sentado a mi lado en la
cama, sosteniéndome con fuerza. Ahora que estaba despierta, me
acordé del sueño que estaba teniendo y sentí otro temblor recorrer mi
columna vertebral. Blane descansó su barbilla en la parte superior de
mi cabeza y sus brazos se aflojaron levemente, ya no confinándome,
solo confortándome.

Había soñado con Sheila. Me estaba rogando por ayuda y no podía


llegar hasta ella. Su garganta había sido cortada y la sangre salía por
todas partes. Intentaba detenerla con mis manos pero el fluido espeso,
tibio, no dejaba de derramarse de su cuello. Ahí es cuando había
despertado. No podía hablar y al parecer no podía dejar de temblar
tampoco.

Blane se movió hasta que su espalda estaba en contra de la pared a la


cabecera de mi cama, tirando de mí hacía él de forma que estaba
acurrucada de lado en su regazo, mi cabeza reclinada contra su pecho.
Era raro pero me sentí pequeña a pesar de que no era muy alta, pero
me sentía pequeña y protegida en sus brazos. Nos sentamos así en
silencio por un tiempo mientras intentaba sacar las imágenes de
pesadilla fuera de mi cabeza. Eventualmente, Blane habló, el tono
barítono de su voz resonando en su pecho.

—Mi familia solía ir de vacaciones cada verano al lago Winnipesaukee —


61

dijo coloquial, como si estuviéramos teniendo una cena agradable en


lugar de tenerme acurrucada en su regazo en mi cama—. Teníamos una
Página

casa de verano allí y cada mes de mayo no podía esperar hasta que la
escuela terminara y poder ir. —Hablaba en voz baja, su mano frotando
ligeramente hacia arriba y abajo de mi espalda—. Los días estaban
llenos de cosas que a los niños pequeños les encanta hacer. Senderismo
por el bosque, caza, seguimiento de las huellas de osos. Todavía fui
después de que murió mi padre, llevando a mi hermano conmigo.
Solíamos poner nuestro bote en el lago. Hacíamos esquí acuático o
buceo. El agua siempre estaba fría, pero no me importaba. Los árboles
eran de color verde oscuro, el cielo de un azul brillante y el agua helada.
—Mi temblor comenzó a ceder al escuchar su voz baja y suave en la
oscuridad. Pude ver cómo un jurado podría llegar a ser hipnotizado de
igual manera—. Una vez estábamos buceando y yo no le estaba
prestando suficiente atención. Él se alejó. Estaba desesperado, tratando
de encontrarlo en el agua oscura. Casi agoté mi provisión de aire. —Yo
estaba completamente absorta en su historia ahora, mi pesadilla casi
olvidada.

—¿Qué hiciste? —le pregunté en voz baja.

—Lo encontré, por fin. Él tenía solo doce años, quizás trece, en ese
momento y como yo era el mayor, era responsable de él. Lo
conseguimos con pocos segundos de margen y quería matarlo por
asustarme casi hasta la muerte, aunque en realidad fue mi culpa. —En
mi mente, pude ver a Blane, un adolescente enojado y asustado,
aterrorizado de que casi había perdido a su hermano pequeño—. No le
he perdido la pista nunca más después de eso.

—¿Dónde está ahora? —le pregunté.

—Vive aquí en Indy —respondió Blane.

—Debe ser bueno tener un familiar cercano —le dije con nostalgia,
pensando en mis padres. La única familia que tenía era un tío y su hijo
por parte de mi padre y no los había visto desde hacía años. Ni siquiera
sabía donde vivían ahora.

—Puede serlo —respondió enigmáticamente Blane.

Nos sentamos en silencio durante un rato. Me gustaba la oscuridad. La


mayor parte de la gente tenía miedo de la oscuridad, pero, para mí, la
oscuridad siempre había sido reconfortante. Podrías ser tú mismo, decir
lo que querías decir y confiar en la noche para mantener tus secretos.
Lo que pasaba en las largas y silenciosas horas desde el atardecer hasta
el amanecer era como un lugar fuera del tiempo. Eso es lo que parecía
62

en mi habitación a oscuras, conmigo en el regazo de Blane, acurrucada


Página

contra su pecho mientras con sus brazos me acunaba. Podía oler su


colonia débil y el calor de su piel se filtraba a través de las capas de tela
que nos separaban.

—¿Cuando estuviste en el ejército? —le pregunté.

—Hace seis años —respondió. Blane se había quitado la chaqueta y la


corbata y se había subido las mangas de la camisa desde que lo había
dejado en el sofá. Se movió y cuando lo hizo, su antebrazo desnudo rozó
mi pecho. Me estremecí e intenté ignorar el contacto accidental.

—¿Qué rama? —Tenía curiosidad. Estar en el ejército era la última cosa


con la que hubiera asociado a Blane. Siempre me había parecido muy
del tipo aristocrático, de sangre azul que nunca entraría en las fuerzas
armadas. Este descubrimiento, así como la historia personal que me
había contado me dejo fascinada.

—Era un SEAL8 de la Marina. —Eso me impactó en el silencio. Sentí un


nuevo respeto por él. Mi padre me había metido en la cabeza que
siempre debemos respetar y estar agradecidos a los hombres y mujeres
que se ofrecieron como voluntarios para las fuerzas armadas y sentí eso
emerger ahora.

—¿Sorprendida? —me preguntó.

—Un poco —le contesté después de una breve vacilación.

—¿Y por qué es eso? —No quería ofenderle así que elegí mis palabras
con cuidado.

—Es que no hay muchos hombres como tú que se unan a las fuerzas
armadas.

—¿Y cómo serían los 'hombres como yo? —preguntó secamente. Hice
una mueca y no respondí. Suspiró—. Supongo que no te puedo culpar
por pensar en eso —dijo finalmente—. Mi padre se puso furioso cuando
le dije que me unía a la Marina. Pero él y yo habíamos llegado a una
bifurcación de nuestros caminos mucho antes de que decidiera
alistarme.

Estaba a punto de hacer otra pregunta cuando suspiró con cansancio e


inclino la cabeza hacia atrás contra la pared. Esa punzada de
culpabilidad me golpeó de nuevo y traté de moverme de su regazo. Sus

8 SEAL: Acrónimo de Sea, Air and Land, (Tierra, Mar y Aire), conocidos habitualmente
63

como Navy SEALs, son la principal fuerza de operaciones especiales de la Armada de


los Estados Unidos. El acrónimo de la unidad hace referencia a su capacidad para
Página

operar en mar, aire y tierra; pero es su habilidad para trabajar bajo el agua la que los
diferencia de la mayoría de las demás unidades militares del mundo.
brazos me rodearon y apretaron más fuerte, sosteniéndome en mi lugar,
a pesar de que no hablaba. Apoyándome contra él, cerré los ojos y me
relajé.

Cuando me desperté de nuevo, era por la mañana y el sol entraba a


raudales por la ventana de mi dormitorio. Me sentí deliciosamente
cálida y cobijada. Entonces me di cuenta de por qué. Blane estaba
detrás de mí, yo en forma de cuchara contra él, su brazo sobre mí y
descansando sobre mi estómago. Debió habernos acostado en algún
momento de la noche y nos cubrió con el edredón.

Me despabile rápidamente cuando me di cuenta de que mi camiseta se


había subido hasta la cintura. Me quité los pantalones cortos antes de
subir a la cama la noche anterior así que lo único que tenía de la
cintura para abajo era la ropa interior. Traté en vano de recordar si se
trataba de uno de mis pares bonitos.

Mientras frenéticamente meditaba qué hacer, sentí a Blane moverse


también. Su brazo se tensó sobre mí, tirándome hacia atrás y más cerca
de él. Sentí una dureza contra mi espalda que solo podía ser una cosa.

Esta era una situación totalmente desconocida para mí, tener un


hombre en mi cama. No era virgen. Eso ya se había ido tras un montón
de caricias furtivas y sudor en la parte trasera del auto de Donny Lester
cuando tenía dieciséis años, pero mi experiencia sexual, desde ese
encuentro bastante mediocre había sido prácticamente inexistente. Lo
que significaba que estaba totalmente perdida en cuanto a cómo
manejar esto.

Blane se movió otra vez, su mano acercándose y ahuecando un pecho.


Me cortó la respiración. No creía que estuviera siquiera despierto, en
realidad. Debí haber hecho un ruido porque de repente levantó la
cabeza de la almohada como si se sobresaltara.

Cerré los ojos y no me moví. No estaba segura de cuáles eran las


intenciones de Blane y si era absolutamente honesta conmigo misma,
no sabía cuál sería mi reacción si sus intenciones dejaran de ser tan
puras. Mi cuerpo estaba teniendo su propia reacción entusiasta a su
caricia y era bastante ajeno a mi creciente consternación.

Como si se diera cuenta de donde estaba después de su abrupto


despertar, Blane se recostó. Podía sentir su aliento en mi oreja.
64

—¿Estás despierta? —dijo en voz tan baja que casi no lo oí. Asentí, casi
sin respirar.
Página
Blane no se movió por un momento, el calor de su palma era como una
marca en mi pecho y luego desprendió lentamente el brazo que estaba
envuelto por encima de mí. Mi cuerpo parecía zumbar de la decepción.
Al mover la mano hacia atrás, sentí sus dedos rozar la piel expuesta de
mi abdomen y se movieron hasta la curva de la cadera, donde se
quedaron. Su palma se instaló en la unión entre la cadera y el muslo,
con el pulgar acariciando a través de mi piel.

—Será mejor que me vaya. —Su voz baja enviaba un rayo de calor a
través de mí. Quería rogarle que se quedara y siguiera tocándome. En
su lugar, asentí otra vez.

Su mano parecía reacia a moverse cuando la palma se cerró


suavemente sobre mi cadera. Luego se levantó de la cama y se dirigió a
la cocina. Saltando, me puse mis pantalones cortos y con mis dedos
peiné mi cabello mientras lo seguía. Había cogido ya la chaqueta y la
corbata cuando lo alcancé, agarro su billetera, llaves, teléfono y estaba
metiendo su arma en la parte baja de la espalda. Recordando que
estaba sin sujetador, crucé mis brazos sobre mi pecho.

—Gracias por venir —le dije rápidamente. Me miró mientras se ponía la


billetera en el bolsillo y nuestros ojos se encontraron y se mantuvieron
unidos—. Y por quedarte —terminé sin convicción. Sentí que me
sonrojaba, pero no podía apartar la mirada de él. El gris tormentoso de
sus ojos me tenía paralizado.

—No fue un problema —finalmente respondió—. Siento lo de tu amiga.


Te haré saber si me entero de algo. —Asentí—. Si la policía contacta
contigo, me llamas —me ordenó—. No hables con ellos sin estar yo
presente.

—Está bien. —Parecía como si quisiera decir algo más, pero decidió no
hacerlo. Tenía la mandíbula apretada cuando lo vi salir. Me asomé a ver
la plaza de estacionamiento, esperando que nadie le hubiera robado su
auto tan caro mientras estaba aquí. En un momento, oí el ronroneo
silencioso de su motor y traté de ignorar la sensación de abatimiento
que sentí cuando se fue.

Cinta policial amarilla cubría la puerta del apartamento de Sheila. Me


quedé mirándola y luego sentí un roce contra mis piernas. Mirando
hacia abajo, vi a Tigger. Maullaba tristemente y me recordó que tenía
que darle de comer y que necesitaba sin duda una caja de arena
65

también.
Página

Miré indecisa a la puerta de Sheila de nuevo. Sabía que guardaba las


cosas de Tigger en la cocina. No creo que a ella le hubiera importado si
las tomaba si era para asegurarme de que Tigger tenía lo que
necesitaba. Volviendo a mi apartamento, agarre la llave de repuesto que
tenía para la casa de Sheila. Habíamos intercambiado llaves hace unos
meses en caso de emergencia o en caso de que nos quedáramos fuera
del apartamento.

Con cuidado, tirando hacia atrás la cinta de la policía, abrí la puerta y


entré. Quería ir lo más rápido posible, corrí directamente a la cocina y
cogí la caja de arena. La llevé a mi apartamento y luego regresé por su
comida.

Mientras cruzaba la sala, oí el timbre de un teléfono. Me detuve,


sorprendida, mirando alrededor. El sonido era apagado. Dejando a un
lado la comida, seguí el sonido. Parecía venir de debajo del sofá.
Agachándome sobre mis manos y rodillas, extendí mi brazo debajo del
sillón hasta que sentí que mis dedos rozan el metal del teléfono. Lo
saqué, miré la pantalla pero aparecía un número de teléfono
desconocido.

Dudé por un momento si debía o no contestar, pero dejó de sonar antes


de que decidiera. Rápidamente me metí el teléfono en el bolsillo antes
de que pudiera reconsiderarlo. Agarrando la comida para gatos, cerré la
puerta, colocando con cuidado la cinta policial.

Cargué todo hasta mi apartamento, preparé la caja de arena y la


comida para Tigger, que parecía muy aliviado. Sacándome la ropa para
entrar en la ducha, saqué el teléfono y lo puse en el mostrador de la
cocina.

Hoy era domingo y el día a la semana que tenía libre de mis dos
trabajos. Después de la noche agotadora física y emocionalmente que
había tenido, me encontré poco dispuesta a hacer mucho, excepto
holgazanear alrededor de mi apartamento. Estaba muy bonito fuera, un
día fresco de otoño, pero me sentía deprimida y letárgica. Sabía que era
debido a la muerte de Sheila, pero traté de no pensar en ello.

No era una persona que disfrutara de llorar. No alquilaba películas para


chicas solo para poder tener un buen llanto. En realidad, odiaba llorar y
despreciaba el hecho de que fuera fácilmente propensa a ello. Así que
traté de no pensar en Sheila o la manera espantosa en la que había sido
asesinada. Entreteniéndome en el sofá con Tigger, me comí un plato de
cereales y vi las repeticiones de una comedia de enredo en la televisión
66

hasta que me quedé dormida.


Página

El lunes por la mañana amaneció nublado y gris. No me importó. Era


adecuado para mi estado de ánimo. El tiempo se había vuelto más frío,
así que me puse mi suéter favorito, un cuello de tortuga verde azulado
que era suave y cómodo. Se abrazaba a mis curvas y pensé que
ayudaba a resaltar mis ojos. Puse un cintillo en mi cabello para
mantenerlo fuera de mi cara y pensé que me veía bastante bien, lo que
aligeró mi estado de ánimo un poco. Tomé mi taza de café de viaje y me
dirigí al trabajo, con la esperanza de llegar a tiempo para variar.

Tengo un pequeño cubículo en el bufete en el que podía mantener mis


cosas y hacer otros trabajos si no hubiera ninguna entrega que realizar.
Tenía un ordenador, escritorio y no mucho más. Dejé mi bolso y café allí
y luego fui a hacer mis rondas. Pasando por la oficina de Diane primero,
suspiré por dentro cuando me di cuenta que estaba allí y que tendría
que hablar realmente con ella. Pegué una falsa sonrisa brillante en mi
cara.

—Buenos días Diane —dije amablemente. Diane levantó la vista de su


ordenador y no sonrió en respuesta. Me miró de arriba abajo por un
minuto, con los labios fruncidos en un gesto de disgusto. Tiré con
timidez del dobladillo de mi suéter. Era una ocurrencia común para ella
hacer algún tipo de comentario sarcástico acerca de mi apariencia y
esperé para ver lo que diría hoy.

—Parece que tu suéter ha encogido —dijo con una sonrisa burlona—.


Quizás desees ponerte una chaqueta sobre eso. No estoy segura de que
sea muy apropiado para la oficina.

Sentí mis mejillas en llamas. El jersey no se había encogido, estaba


dando a entender que había engordado. Como si ella fuera quien para
hablar, la silla en la que estaba sentada crujía bajo sus grandes
proporciones. Pero me mordí la lengua antes de decir lo que hubiera
querido decir. Ella llevaba la oficina con un puño de hierro, solo los
abogados y sus secretarias personales eran de acceso prohibido para
ella. Si la molestaba, podía despedirme y nadie la contradiría.

—Lo haré —le dije dulcemente, agarrando la pila de papeles que me


esperaba y me fui a mi escritorio. Yo echaba chispas por un momento,
tratando de mantener mi presión sanguínea bajo control.

Hojeando la pila, vi que las entregas eran en su mayoría en las oficinas


de otros despachos de abogados. Me tragué un poco de mi café antes de
dirigirme hacia el ascensor para consultar con Linda y Clarice. Cuando
llegué, vi que ya estaba ocupado.
67

—Hola Kathleen. ¡Me alegro de verte! —Era James, el socio que me


Página

había ayudado ese día infame en el que había caído sobre Blane. Él me
había encontrado después, se presentó y habíamos sido amigables
desde entonces. James era atractivo, con el cabello y los ojos oscuros.
No era tan alto como Blane, pero todavía me sobrepasaba por varios
centímetros. Más joven que Blane, también, ya que era solo un poco
mayor que yo. Mientras que la cara de Blane ocultaba sus
pensamientos, James no tenía un hueso engañoso en su cuerpo. Él era
agradable casi hasta la exageración y tenía los modales que pondrían
un caballero del sur en vergüenza.

—Buenos días James —le dije con una sonrisa. No lo había visto en un
par de días y su amabilidad me ayudó a mandar a Diane al fondo de mi
mente cabeza—. ¿Vas a ver al señor Gage? —James era también el hijo
del socio principal, William Gage.

—Sí —respondió, sonriendo una sonrisa torcida—. No quiero dejar a


papá esperando cuando él llama.

—Seguro. —Nos quedamos en silencio por un momento antes de volver


a hablar.

—Me preguntaba Kathleen, si tal vez ¿quieres cenar conmigo alguna


vez? —Esto salió de la nada y tuve que luchar para mantener la
sorpresa fuera de mi cara.

—Um, sí —dije, luego me di cuenta de que no sonaba muy entusiasta—.


Quiero decir, me encantaría. —Le sonreí de nuevo y lo mismo hizo
James, el alivio en su rostro era entrañable.

—Fantástico —dijo—. ¿Qué tal mañana por la noche? —Revisé


rápidamente mi horario de trabajo en mi cabeza. Mañana por la noche
estaba libre.

—Eso suena muy bien —le contesté. Las puertas entonces se abrieron
con el tradicional ping y esperó a que yo saliera antes de hacerlo él.

—Pasaré por tu escritorio después del trabajo mañana —dijo y estuve


de acuerdo. Lo vi dirigirse a la oficina de su padre y me alegré
absurdamente. Tenía una cita honesta tirando a bondadosa con un
hombre honrado. James era el sueño de toda madre para su hija, bien
educado, buena familia, modales exquisitos, excelente profesional y
agradable a la vista. ¿Qué más se puede pedir?

Un destello de memoria me golpeó, de los brazos de Blane a mi


alrededor, con las manos sobre mí, la dura longitud de su cuerpo
presionando contra mí. Un escalofrío recorrió mi espalda y descarté
68

decididamente esos pensamientos. Blane era peligroso. Con James


Página

estaba a salvo. Tenía que dejar de pensar en Blane.


Linda tenía unos pocos archivos para mí y luego me detuve en el
escritorio de Clarice. Me di cuenta de que la puerta de Blane estaba
cerrada. Haciendo caso omiso de la breve punzada de decepción que
sentí, me senté en una silla junto a su escritorio.

—Hola Clarice —le dije.

—¡Kathleen, estoy tan contenta de que estés aquí! —dijo acercando


rápidamente su silla a la mía— ¿Qué sucedió la otra noche?

Le hablé de la muerte de Sheila y cómo Blane había llegado. Dejé de


lado la parte donde había pasado la noche.

—¿Estás bien? —preguntó, mirándome especulativamente. Asentí.

—Estoy bien. De verdad. —Parecía que iba a seguir, así que cambié de
tema.

—¿Sabes una cosa? —Le dije— ¡Tengo una cita! —Eso funcionó, ya que
sabía que lo haría.

—¡Es una noticia fantástica! —dijo con entusiasmo— ¿Con quién?

—No vas a creer esto —dije con complicidad— pero James me invitó a
salir.

—¿James? —dijo, su cara mostraba la misma sorpresa que yo había


sentido— ¿James Gage?

—El mismo —le dije, sonriendo—. Vamos a salir a cenar mañana por la
noche.

Un ruido detrás de nosotras me hizo hacer una pausa. Me volví para ver
a Blane de pie en la esquina del escritorio de Clarice, con una pila de
carpetas en la mano. Se quedó mirándome fijamente, frunciendo el
ceño. Clarice y yo siempre conversamos, pero no quería meterla en
problemas. A toda prisa me levanté de la silla y me aclaré la garganta.

—¿Tienes alguna entrega para mí? —le pregunté a Clarice, todo


negocios.

—No, hoy no, gracias —respondió, volviendo rápidamente a su


ordenador. Creo que también podía sentir el desagrado de Blane.

Quería preguntarle a Blane si había averiguado algo sobre Sheila, pero


69

no estaba segura de que fuera el momento ni el lugar. La expresión de


su cara no invitaba a consultas amistosas. Tragué saliva y me moví a
Página
pasar junto a él hacia los ascensores. El cierre de una mano alrededor
de mi brazo me detuvo.

—¿Puedo verte por un momento, Kathleen? —preguntó Blane. Bueno,


salió como una pregunta, pero era realmente una orden. Vi a Clarice
levantar la vista de su ordenador.

—Um, sí —dije con incertidumbre y lo seguí a su oficina. Cerró la


puerta detrás de mí y se dirigió a la mesa donde dejó las carpetas que
había estado llevando. Me puse nerviosa mirándolo. Después de un
momento, rodeó la mesa del lado más cercano a mí y se apoyó en ella,
cruzando los brazos sobre su pecho. Hoy llevaba un traje gris carbón
con una camisa blanca y una corbata que estoy segura costaba más
que todo mi guardarropa. Hacía que sus ya amplios hombros se vieran
aún más amplios y me di cuenta cómo los pantalones colgaban sobre
sus delgadas caderas. Horrorizada de a donde mi mirada había caído,
levanté la mirada hacia arriba.

—¿Cómo lo estas llevando? —preguntó y su voz había perdido su


austeridad de antes.

—Estoy bien —le dije. Realmente no quería hablar de mí. Lo último que
quería era que me mostrara amabilidad, lo que probablemente haría
que empezara a llorar otra vez. Estaba segura de que ya me había visto
suficiente llorando.

—¿Me preguntaba si habías sido capaz de localizar cualquier cosa sobre


la persona a la que Sheila había estado viendo? —le pregunté
esperanzada. Era solo lunes, pero estaba segura de que si había alguna
manera de seguirle la pista, Blane sería quien podría hacerlo. No estoy
segura de por qué me sentía de esta manera, pero lo hacía. Blane era
alguien que podría ser muy intimidante y peligroso en ciertas
circunstancias, como había descubierto la otra noche cuando lo había
observado con una pistola cómodamente en la mano, pero también
sabía que era el tipo de hombre que conseguía las cosas.

Para mi consternación, negó con la cabeza.

—No, me temo que no. —Cuando vio la decepción en mi rostro, se


levantó y se acercó hasta quedar solo a un brazo de distancia.

—Voy a seguir intentándolo —dijo en voz baja, mientras extendía la


mano y tomaba un mechón de mi cabello entre sus dedos como lo había
70

hecho la noche del viernes. Con él tan cerca, podía oler un débil rastro
de su perfume de nuevo. Luché para mantener mi mente en el tema que
Página

nos ocupaba.
—Me las arreglé para conseguir el teléfono de Sheila —le dije. Había
tenido una idea ayer—. Me preguntaba si tal vez él podría haber
llamado. O, al menos, debería haber una llamada de la persona para la
que trabajaba. Tal vez podría ponerme en contacto con ella. O con él. —
No sabía quién sería. Los proxenetas eran por lo general hombres, si las
películas y la televisión estaban en lo correcto, pero las madame eran
supuestamente las que manejaban los servicios de compañía de alto
estándar, al igual que Heidi Fleiss9.

La mano de Blane se congeló por un momento y luego continuó


enhebrando los hilos de mi cabello entre los dedos.

—¿Por qué no me lo has traído? —sugirió—. Puedo investigar los


números para ver a quienes pertenecen. —Eso sonaba como una idea
mucho mejor que la mía de llamar a los números al azar. Sin embargo,
un susurro de advertencia me hizo dudar.

—Será mejor que devuelva el teléfono —le dije— pero voy a escribir los
números primero y traértelos. —No sé por qué mentí, pero acababa de
hacerlo. No tenía la intención de devolver el teléfono al apartamento de
Sheila.

—Está bien —estuvo de acuerdo—. Buena idea. Tráemelos mañana. —


Esperé a que diera un paso atrás, pero no lo hizo. En cambio, se movió
un poco más cerca. Inclinando la cabeza hacia atrás, lo miré a los ojos.

—¿Qué es mañana por la noche? —preguntó y su voz era un tono más


bajo, lo que me hacía pensar cosas que realmente no debería en lo que
a él se refería. Era mi jefe, me recordé a mí misma y traté de
concentrarme. Su pregunta me desconcertó. ¿De qué estaba hablando?

—¿Um, martes? —respondí, mis cejas juntándose por la confusión. Vi


su boca ligeramente curvarse.

—Sí, martes —dijo con ironía—. Quiero decir, ¿qué le estabas contando
a Clarice sobre mañana por la noche?

Oh. Bueno, esto era un poco incómodo. De alguna manera dudaba que
Blane aprobara que el hijo de William Gage le pidiera a la chica de las
entregas una cita. Escogí un lugar en su traje para mirar mientras le
respondía.
71
Página

9 Heidi Lynne Fleiss es una proxeneta estadounidense, conocida como la "Madam de


Hollywood", famosa por ser acusada por delitos sexuales y condenada por delitos
fiscales.
—James me pidió una cita. —Blane no respondió por un momento, pero
sus dedos se detuvieron en mi cabello otra vez. Cuando no dijo nada,
con cautela miré hacia arriba para encontrar sus ojos grises en los
míos.

—No creo que sea una buena idea —dijo con firmeza. Me sorprendió lo
que me dolió eso y respondí a la defensiva.

—No soy lo suficientemente buena para él, ¿no? — mi voz cargada de


sarcasmo. Di un paso hacia atrás fuera de su alcance. Su mano bajó a
su lado y me miró.

—Yo no he dicho eso —empezó a decir, pero lo interrumpí.

—No tienes que hacerlo —repliqué— ¿Crees que no sé que me ves como
alguien que está muy por debajo de la categoría de alguien como él? —
O alguien como tú, pensé, pero no lo dije. Vi como apretaba la
mandíbula y sus ojos eran chispa de ira, pero no hice caso de eso—.
¡James, al menos me respeta lo suficiente como para invitarme a salir
en una cita! ¡Tú sólo me manoseas a tientas en mi cama y luego te vas!
—Mis ojos se abrieron en estado de shock por lo que había dicho. En el
momento en que las palabras salieron de mi boca, las lamenté. No
porque no pensara que fuera cierto, sino porque no había querido
hablar sobre lo que había sucedido esa noche. El destello de ira en sus
ojos me hizo girar sobre mis talones y correr hacia la puerta.
Abriéndola, prácticamente volé fuera de su oficina.

—¡Kathleen espera! —le oí llamar, pero no le hice caso. Clarice me miró


al pasar, con los ojos abiertos, pero no me detuvo. Yo ya estaba en la
puerta de la escalera, sin molestarme en esperar el ascensor, cuando oí
la puerta de Blane cerrarse de un golpe detrás de mí.
72
Página
Capítulo 4

Me retiré a mi cubículo, cogí los archivos que tenía para entregar y me


apresuré a salir del edificio. Mi mente no estaba realmente en donde iba
mientras conducía. Estaba aturdida por mi encuentro con Blane. Si
hubiera querido demostrarle que no era una tonta sino una sofisticada
mujer moderna, la había jodido masivamente. Gemí de vergüenza. Sin
duda, pensaba que yo era una joven pueblerina e ingenua después de
esa escena.

Un bocinazo me sorprendió y me di cuenta que había estado parada en


un semáforo en verde. Al mirar por el espejo retrovisor, vi una fila de
autos detrás de mí esperando para girar. Haciendo una mueca, pisé el
acelerador y el auto se tambaleó hacia delante.

Me tomó un tiempo hacer todas las entregas y acabé cogiendo un


sándwich para el almuerzo para comer en el auto. No tenía muchas
ganas de volver, especialmente si Diane estaba cerca, así que me tomé
mi tiempo.

La última firma en mi lista era una que me gustaba mucho visitar.


Estaba situada más lejos de la ciudad y enclavada en una zona rodeada
de bosques. Una de las cosas que más echaba de menos de mi ciudad
natal eran los árboles. El otoño era mi estación favorita y me encantaba
ver el color de las hojas. Además el tiempo era un poco lúgubre hoy, los
árboles todavía se veían con sus magníficas hojas bruñidas de color
castaño y oro.

Después de entregar el sobre que tenía para ellos, me quedé fuera en el


camino de regreso a mi auto, dejando que la tranquilidad de las hojas
susurrantes en la brisa calmara mi inquietud. Deteniéndome por un
momento, me apoyé en un árbol y cerré los ojos. Por unos minutos, me
quedé así, disfrutando de estar fuera y recuperando mi equilibrio. Tenía
que calmarme. Mi fascinación por Blane no me llevaría a nada, excepto
a deslumbrarme aún más por él. Tenía que olvidarme de él. Después de
todo, tenía una cita. Mis labios se curvaron en una sonrisa. Algo a lo
73

que aspirar. Eso estaba bien.


Página
Empujándome lejos del árbol, suspiré y me dirigí a mi auto. Mientras
caminaba, vi a alguien de pie junto a mi auto. Cuando llegué lo
suficientemente cerca para ver quién era, me quedé helada.

Jimmy estaba apoyado contra la pared, jugando despreocupadamente


con una navaja. Mi pulso se aceleró y tuve que reprimir el impulso de
darme la vuelta y correr. Me miraba, sus labios curvados en una mueca
de desprecio.

—Kathleen Turner —dijo—. Es bueno verte de nuevo. —Palabras


bastante agradables, pero la forma en que las dijo hizo que se me
pusiera la piel de gallina.

—¿Cómo sabes mi nombre? —pregunté. No recuerdo a Blane diciendo


nada más que mi nombre de pila a los Santini.

—Nos aseguramos de averiguar cosas sobre la gente —dijo. Todavía


estaba jugando con la navaja y me resultaba difícil apartar mis ojos de
ella. Me hizo pensar en Sheila y tragué saliva.

—Blane te dijo que permanecieras lejos de mí —le dije en un tono tan


amenazante como pude. Su desprecio desapareció e instintivamente di
un paso atrás cuando se puso más cerca de mí, empujando su cara
cerca de la mía.

—Yo no respondo ante Blane Kirk —gruñó en mí cara, sus ojos


furiosos—. Y él debe recordar a quién le respondo. —Su mano se movió
hacia fuera y yo grité. Esperaba sentir dolor, pero no lo hice. Aire frío
tocó mi piel y me di cuenta de que había cortado a través de la tela de
mi suéter cerca de mi cuello.

—Dile a Kirk que guarde silencio o la próxima vez, será tu bonita piel.

Se metió en un auto cercano y se fue. Me quede de pie paralizada


durante varios minutos, observando su auto perderse en la distancia,
antes de que mis pies quisieran obedecer mis órdenes para moverse.

Entré en mi auto, me tomé un momento para simplemente respirar y


recuperar el control. Por último, cuando sentí que podía conducir sin
chocar el auto, encendí el motor y me dirigí de nuevo a la empresa.

Era tarde ya y yo quería hacer una carrera rápida entrando al edificio y


encontrar un baño sin ver antes a nadie. Mi espejo retrovisor me dijo
que me veía menos que ideal. Mi mascara se corrió ya que derramé
74

unas cuantas lágrimas en el viaje de regreso y tenía un largo desgarro


Página

en la parte superior de mi suéter que dejaba la tela abierta.


Lancé una mirada rápida alrededor del vestíbulo vacío de la empresa y
con gratitud me escabullí al baño de mujeres. Me lavé la cara,
suspirando por la falta completa de maquillaje ahora. No era una de
esas chicas que llevaba el maquillaje en el bolso. Me saqué la cinta para
cepillarme el cabello y lo deje caer alrededor de mi cara. Mi cabello era
lo suficientemente largo como para que sirviera para cubrir el desgarro
si me lo ponía sobre los hombros en lugar de por mi espalda. Suspiré
ante mi reflejo. Bueno, eso era lo mejor que iba a conseguir. Miré el
reloj, vi que solo había otra hora antes de que pudiera volver a casa.

Traté cuidadosamente de evitar a Diane en mi camino de regreso a mi


cubículo. Probablemente pensaría que había estado revolcándome con
alguien en las horas de trabajo, por la forma en que mi ropa estaba
desgarrada. Solté un bufido. Como si fuera a tener tanta suerte.

No tenía más entregas que hacer hoy y estaba agradecida. Cuando no


tenía entregas que hacer por lo general ayudaba con el mecanografiado.
Los asistentes de abogados que trabajan en la oficina siempre estaban
sobrecargados con mecanografiar escritos, peticiones y la pila
interminable de otros documentos que iban de mano con la profesión.
Eché un vistazo a un cubículo cercano donde Lori, una de las asistentes
jurídicas, trabajaba y pregunté si tenía algo que hacer para mí.
Agradecida, me entregó una pila.

—Si pudieras comenzar con esta demanda, sería genial —dijo.

—No hay problema. —Desapareciendo de vuelta en mi escritorio, me


puse a trabajar. Un poco más tarde, sentí una presencia detrás de mí y
me volví. Diane estaba allí, mirándome.

—¿Cuando has vuelto? —preguntó secamente.

Mirando el reloj, le dije:

—Hace aproximadamente una hora.

—Deberías comprobar siempre conmigo cuando regreses —me


reprendió— podría tener más entregas para ti.

—¿Las tienes? —pregunté deliberadamente. Diane era una fanática del


control; me volvía loca.

—No —dijo— pero podría haber tenido —añadió con sarcasmo—. Y no


habrían podido ser entregadas porque tú no marcaste tu llegada. —
75

Había tenido unos días muy duros y mi paciencia con Diane había
Página

llegado límite.
—Dios no quiera que vengas a ver por ti misma si he vuelto —repliqué—
. O simplemente poner las entregas aquí para mí cuando estén listas.

—Ese no es mi trabajo —escupió Diane—. Tú trabajas para mí, yo no


respondo ante ti.

—Trabajo para la empresa —solté— y nadie más parece tener


problemas conmigo, excepto tú.

—Eso es solo porque espero que la gente trabaje de verdad cuando les
pagamos por eso —dijo con saña. Eso puso a hervir mi sangre y había
abierto la boca para disparar de nuevo, cuando James se acercó a la
vista.

—¿Interrumpo algo? —preguntó, mirándonos, a Diane y a mí. La boca


de Diane se cerró con un chasquido.

—No señor —dijo—. Solo estaba recordándole a Kathleen sus funciones.


—Con eso, se dio la vuelta y se fue. Todavía sentía el vapor que salía de
mis oídos cuando James se volvió hacia mí.

—¿Hay algún problema? —preguntó, su frente en un ceño. Yo


realmente no quería decir nada, estaba segura de que sería más fácil
reemplazarme a mí que a Diane.

—Oh, simplemente no nos llevamos muy bien —le dije vagamente.

—¿Es algo que tengo que tratar con ella? —preguntó, preocupado. Estoy
segura de que eso funcionaría muy bien con Diane, pensé con tristeza y
haría que me odiara aún más. Un resultado que sin duda hará mi vida
aquí más difícil.

—No, no —le dije, sacudiendo la cabeza—. No es nada. Ya sabes cómo


pueden ser las mujeres. —Eso debería aliviar su interés. No había un
hombre que conociera que no prefiriera mantenerse al margen de
disputas femeninas— ¿Qué necesitabas? —le pregunté, tratando de
cambiar de tema. Después de todo, no era como si él apareciera en mi
cubículo regularmente.

—Acerca de mañana por la noche —dijo, y mi estómago se encogió. ¿Iba


a romper nuestra cita?— Me surgió algo, así que no voy a poder llevarte
a cenar directamente desde el trabajo. ¿Puedo recogerte en tu
apartamento luego?
76

—Por supuesto. —Sonreí a través de mis recelos, deseando vivir en una


parte agradable de la ciudad, le di la dirección.
Página
—Te recogeré a las siete —dijo. Estuve de acuerdo y con una sonrisa, se
fue. Trabajé en la demanda una hora más allá de la hora de irme solo
para tener el archivo listo para Lori. Eran cerca de las siete para cuando
recogí mis cosas para salir.

Caminando hacia mi auto, me estremecí. Hacía más frío y el viento


atravesó el desagarro en mi suéter. Eso realmente me molestó. Me
gustaba este suéter y ahora estaba arruinado. Con un suspiro, abrí la
puerta de mi auto y me deslicé dentro, cerrando la puerta con un golpe.
Entonces casi grité. Blane estaba sentado en el asiento del copiloto de
mi auto. Pasé de cansada a cabreada en tres segundos.

—¿Qué demonios estás haciendo? —le grité— ¡Casi me matas del susto!
—Mi corazón latía en mi pecho.

—Deberías cerrar las puertas —dijo con calma, imperturbable ante mis
gritos. Sus ojos se entrecerraron mientras me miraba y yo
conscientemente tiré de mi suéter, dejando totalmente visible el
rasgón— ¿Qué te pasó? —No estaba dispuesta a dejar de lado mi enojo
por el momento.

—Tuve un encuentro con tu amigo Jimmy —le dije con acritud—. Tenía
un mensaje para ti. —Apretó la mandíbula—. Se supone que tienes que
guardar silencio o de lo contrario me va a cortar en tiras. ¿Alguna idea
de lo que estaba hablando?

—¿Qué estás dando a entender? —Su voz era helada y si hubiera tenido
más sentido en este momento, me hubiera echado hacia atrás. Pero
estaba demasiado enojada para cuidarme.

—Estoy dando a entender que tú eres el único al que le he hablado


acerca de que Sheila estaba viendo a alguien y que creo que podría
haberla matado y hoy, de repente, Jimmy me dijo que mantuvieras la
boca cerrada. ¿Quieres verme muerta?

En un destello de movimiento demasiado rápido para que reaccionara,


Blane se movió y de pronto me quedé atrapada en el asiento, con su
mano envuelta alrededor de mi garganta. Aterrorizada, me ahogué en
estado de shock, jadeando. Aunque lo había acusado de enviar a Jimmy
a por mí, realmente no lo había creído. Mis manos instintivamente
subieron y agarraron su brazo, pero no podía moverlo. Mis ojos se
cerraron y se quedaron inmóviles, esperando a ver qué iba a hacer. Su
mano estaba en mi cuello con firmeza, pero no era doloroso. Aún.
77

Mientras esperaba, casi sin respirar, sentí sus labios cerca de mi oreja.
Página
—Si te quisiera muerta —me susurró al oído— estarías muerta. Jimmy
no tendría que hacerlo por mí. —Me estremecí ligeramente ante sus
palabras. Su mano alrededor de mi garganta se aflojó pero permaneció
allí. Abrí los ojos y encontré a su rostro a centímetros del mío. Nuestros
ojos se encontraron y ninguno de los dos se movió. De repente, no era el
miedo lo que estaba haciendo que mi corazón se acelerara y se espesara
el aire en mis pulmones. Estaba agitada, podía sentir mi pulso
acelerado bajo sus dedos.

Sus ojos se posaron en mi boca y entonces supe lo que iba a hacer. No


estaba segura de si me aterraba más o menos que la amenaza de
matarme.

Bajando la cabeza, sus labios rozaron suavemente los míos y sentí como
si un rayo de luz me atravesara. Cerrando su boca suavemente sobre la
mía, sus labios presionando suavemente, me instó a responderle.
Luché, incapaz de apartarme porque todavía me mantenía inmóvil. Era
insistente, sin embargo, la lengua suavemente trazando la comisura de
mis labios. Un gemido se me escapó y cedí, abriendo la boca debajo de
él. Con un gruñido de satisfacción, movió su mano de mi garganta para
acunar la parte de atrás de mi cuello mientras profundizaba el beso.
Mis manos se deslizaron hacia arriba, buscando las solapas de su
chaqueta y deslizándome debajo para tocar su duro pecho cubierto de
lino almidonado.

Su boca se hizo insistente en la mía, sin embargo, se tomó su tiempo.


Blane era un muy bueno besando y parecía que solo había sido besada
por aficionados antes que él. Sentí el calor creciendo abajo en mi
vientre. Su sabor era embriagador. Sabía a riesgo y a intimidad, a
seguridad y a lo desconocido.

Blane se retiró a regañadientes y pude sentir mi pulso acelerándose.


Sus ojos estaban enfocados en los míos, sus luminosas profundidades
grises se acrecentaron bajo las sombras del crepúsculo. En ausencia del
calor de su cuerpo, me estremecí un poco, el aire frío se filtró en mí.

Echándose hacia atrás, Blane se quitó la chaqueta del traje y la envolvió


a mi alrededor. Todavía estaba caliente por su piel y podía oler
tentadoramente su colonia mezclada con su propio olor en el tejido.
Deslizó la mano bajo el cuello, levantó mi cabello para liberarlo. El
toque de sus dedos en contra mi piel envió otro temblor a través de mí y
bajé la mirada, mis mejillas sonrojándose.
78

—Te estás ruborizando —dijo en voz baja, la parte posterior de su mano


Página

rozando mi mejilla. Maldije mi piel blanca—. Tan joven e inocente —


murmuró, casi para sí mismo. Sin atreverme a mirarlo a los ojos, me
centré en el ligero abultamiento de la manzana de Adán en su garganta.

Los dedos debajo de mi barbilla me obligaron a mirar hacia arriba.


Cuando mis ojos se posaron en él, solté mi aliento bruscamente,
sorprendida por la intensidad con la que me miraba.

—Ten cuidado —advirtió—. No te involucres más en esto. —Con


aquellas curiosas palabras, se inclinó hacia delante y rozó mis labios.
Mis ojos se cerraron. Luego hubo una ráfaga de viento y el golpe de una
puerta de auto. Se había ido.

Mis dedos tocaron mi boca y me di cuenta de que todavía estaba


temblando, pero no de frío. Inclinando la frente contra el volante, me
quejé con frustración. Blane me confundía completamente tanto como
me intrigaba. No podía negarlo. Sus palabras parecían confirmar lo que
yo ya sospechaba, que sabía más de lo que pasó con Sheila de lo que
me estaba diciendo. Eso era lo que no tenía ni idea. Pero si no estaba
compartiendo lo que sabía, entonces iba a hacer lo que pudiera por mi
cuenta para saber quien había matado a Sheila. Aunque tenía fe en la
policía, conocía mejor que la mayoría el exceso de trabajo y la escasez
de personal de los departamentos de policía. Sheila había sido mi amiga
y sentía que debía hacer todo lo que pudiera.

Volví a casa y tomé un largo baño, muy caliente. Dejé secar el cabello y
me vestí con el suéter más abrigado que tenía. Con cuidado, colgué la
chaqueta de Blane, mis dedos persistentes sobre el tejido caro y me
rehusé a dejar que mi nariz cayera contra ella para oler su aroma. Está
bien, solo una vez, pero eso fue todo.

Abriendo la nevera, suspiré. Algo de leche, queso, huevos y una


rebanada de pan que había visto mejores días era todo lo que contenía,
además de la habitual variedad de condimentos. Sentí la necesidad de
comida casera. Poniéndome un par de zapatillas, cogí mis llaves y me
dirigí a la tienda.

No era una gran cocinera pero lo hacía bastante bien y esta noche
necesitaba algo caliente y abundante que me recordara a casa. La sopa
de patata parecía encajar el proyecto y era barato de hacer, una ventaja
añadida. Cargué los elementos necesarios en mi carrito, así como otros
79
Página
pocos alimentos básicos, derroché y tomé un litro de mi sabor favorito
de Häagen-Dazs: Rocky Road10. Pagué por todo y regresé a casa.

Solo tenía dos bolsas de papel y pensé que probablemente podría


hacerlo en un solo viaje hasta mi apartamento. Con cuidado,
equilibrando una en cada brazo, usé mi cadera para cerrar la puerta de
mi auto. Caminando por las escaleras, tropecé y estuve cerca de perder
una de las bolsas.

—¡Aquí! Deja que te ayude. —Mirando por encima de la bolsa,


momentáneamente me sentí desconcertada. Una hermosa mujer negra
estaba de pie en la escalera. Era alta, por lo menos un metro setenta y
cinco centímetros, con cabello largo y negro que caía liso por su
espalda.

—Oh Dios mío —murmuré en estado de shock— eres Tyra Banks. —


Ella rió, el sonido casi musical era tan encantador.

—Me lo dicen a veces —dijo ella, ayudándome con una de las bolsas—.
Pero créeme, no lo soy. Porque si lo fuera, seguro que no estaría
viviendo en Indiana. —Subió las escaleras y yo la seguí, todavía un poco
aturdida.

—Debes de ser Kathleen, la vecina de Sheila —dijo cuándo hubimos


llegado a la cima. Me moví a su alrededor para abrir la puerta. Me
siguió adentro.

—Lo soy —le confirme, bajando la bolsa sobre el mostrador de la cocina.


Ella se acercó e hizo lo mismo. Tuve la sensación de que no sabía nada
de la muerte de Sheila.

—Es un placer conocerte al fin —dijo ella, su sonrisa era amplia y tenía
un toque de picardía, todo lo cual solo aumentaba su belleza—. Soy
Gracelyn, pero mis amigos me llaman Gracie.

—Gracias por ayudarme, Gracie —le dije y no pude evitar sonreír de


nuevo, ella era muy amable y alegre. Me temía que sabía lo que iba a
venir y, con suficiente seguridad, confirmó mis sospechas.

—¿Sabes dónde está Sheila? —preguntó—. Se suponía que debía cenar


conmigo anoche pero nunca apareció. Le he dejado un par de mensajes
de voz y no me llamó de nuevo. —En ese momento, me di la vuelta y
miré donde había dejado el teléfono en mi mesa de la cocina esta
80

10 Häagen-Dazs Rocky Road: Häagen-Dazs es una marca de helados fundada en


Página

Nueva York en 1961. Rocky Road es una de sus variedades y entre sus ingredientes
están: nata, malvaviscos (nubes de gominola), chocolate y almendras.
mañana. No estaba. El conocimiento incómodo de que alguien había
entrado en mi apartamento me hizo pausarme antes de contestarle.

—Siento mucho tener que decirle esto —le dije a Gracie— pero Sheila
está muerta. —Me estremecí interiormente ante la brusquedad de mis
palabras, pero no sabía de qué otra manera decirlo.

El rostro de Gracie se congeló en estado de shock por un momento,


luego pareció recuperarse a sí misma. No lloró. En realidad, parecía
más resignada que otra cosa.

—¿Cómo murió? —preguntó. Tragué saliva fuertemente antes de


contestar.

—Alguien la mató —le contesté—. La encontré la noche del sábado en


su apartamento.

Gracie se apoyó en el mostrador y miró hacia el techo, sus ojos


parpadeando rápidamente. Me quedé en silencio, dejando que
absorbiera la noticia de Sheila y recuperara el control de sus
emociones. Por último, dio un profundo suspiro tembloroso y me miró
de nuevo.

Sonriendo un poco, ella dijo:

—Ella hablaba de ti, ya sabes. Realmente le gustabas. Dijo que eras


dulce y amable y le llevabas café por la mañana. —Ahora yo era la que
sentía las lágrimas escociendo en mis ojos.

—Nos llevábamos muy bien —le dije, aclarando mi garganta que las
lágrimas obstruían. Empecé a desempacar mis bolsas y Gracie ayudó.
Al poner las cosas en el refrigerador, tuve una idea.

—¿Quieres quedarte a cenar? —le pregunté y su brillante sonrisa


apareció de nuevo.

—Me encantaría —dijo—. Gracias.

Sería bueno tener a alguien para quien cocinar, por una vez, pensé. Por
lo general, era solo yo. Sentí un roce contra mí y miré hacia abajo para
ver a Tigger haciendo un camino sinuoso alrededor de mis piernas.

—¡Tienes a Tigger! —Gracie exclamó, inclinándose hacia él para


recogerlo. Hice una mueca. Gracie vestía jeans oscuros como una
segunda piel y una blusa negra de manga larga. Tigger iba a dejar su
81

cabello sobre toda ella.


Página
—No podía dejar que fuera a un refugio de animales —le dije— y pensé
que a Sheila no le importaría si me lo llevaba.

—Sí, hubiera querido que lo tuvieras. —Gracie confirmó, acariciando la


piel de Tigger. Él ronroneó contento en sus brazos.

Empecé a cocinar la cena mientras charlábamos. Encontré una botella


de vino medio llena en la nevera y serví dos vasos. Me enteré de que
Gracie era de Ohio y se había trasladado a Indianápolis con un novio,
con el cual había roto hacía un tiempo.

—Entonces, ¿cómo conociste a Sheila? —le pregunté, sirviendo sopa en


dos cuencos.

—Trabajamos juntas —respondió, cuando nos sentamos en mi mesa


pequeña de la cocina. Pensé que sabía lo que eso significaba, aunque lo
aclaró—. Para el servicio de acompañantes, ya sabes. No tengo planes
de hacerlo para siempre —dijo, tomando un sorbo de vino—. Estoy
ahorrando dinero para poder viajar. Siempre he querido ir a Irlanda.

—Mi familia es irlandesa —le dije y sus ojos brillaron con interés—.
Bueno, del lado de mi padre en todo caso.

—¿Alguna vez has estado allí? —preguntó exaltada y odié decepcionarla


pero negué con la cabeza.

—No, pero me gustaría poder ir alguna vez. —Me preguntó lo que hacía
para ganarme la vida y le hablé del despacho de abogados y de mi
trabajo en The Drop.

—Ya sabes —dijo, mirándome con interés— que probablemente podrías


hacer muy buen dinero haciendo lo que Sheila y yo hacemos. Lo que
ella hacía —se corrigió—. Eres muy guapa y tienes un cabello precioso,
un color verdaderamente inusual. —Sentí vergüenza de su escrutinio y
sus elogios, aunque pensé que estaba siendo demasiado amable. Yo
estaba segura que me vería exactamente igual que un bollo relleno de
pie junto a ella.

—No lo creo —le dije—. No creo que yo... esté hecha para... ese tipo de
trabajo.

—Ya sabes, no siempre es sexo —dijo, lo que me llamó la atención. Yo


pensaba que eso era lo que hacían. Ante mi mirada interrogante, se
explicó—: Algunos hombres realmente solo quieren una compañera
82

guapa y entretenida para la noche. —Se encogió de hombros—. Le


Página

pagan a alguien para no tener que preocuparse de terminar involucrado


con nadie o con cualquier compromiso. —Ajá. Bueno, eso era
interesante. Ciertamente no sonaba como un mal trabajo. Recordé con
más que un poco de nostalgia lo que Sheila me había dicho que hacía.
Luego me sacudí de mi ensueño.

—No, no podría. Simplemente no es para mí.

—Como quieras —dijo Gracie— pero házmelo saber si alguna vez


cambias de opinión.

Terminamos nuestra comida en un agradable silencio, ambas perdidas


en nuestros propios pensamientos. Cuando hubimos terminado y yo
estaba limpiando, tuve que traer a colación algo que me molestaba.

—Gracie —le dije—. Sabes, no pareciste nada sorprendida al oír hablar


de la muerte de Sheila. —Me aparté de la pileta para mirarla mientras
ella paraba de acariciar a Tigger, quien había saltado sobre mi
encimera. Lo eché al suelo.

—Supongo que no lo estoy. Sheila me había hablado de un hombre que


no dejaba de solicitar sus servicios.

—¿Te lo dijo? —le pregunté, tratando de contener mi emoción. Si Gracie


sabía de él, podría saber quién era.

—Sí —dijo— pero no sé su nombre. —Mi corazón se hundió y se dio


cuenta de mi decepción—. Muchos de ellos ni siquiera usan sus
nombres reales —explicó—. Son empresarios, figuras políticas. Tienen
mucho que perder si alguien se entera de que han utilizado un servicio
de acompañantes.

Me dio las gracias por la comida y me dio un abrazo. Anotando su


número de teléfono en un pedazo de papel, me lo entregó.

—Llámame si cambias de opinión —dijo antes de irse y no tuve que


preguntarle a qué se refería. Decididamente, no haría caso a la
tentación del dinero fácil. Si sonaba demasiado bueno para ser verdad,
pensé que probablemente lo era.

Al día siguiente en el trabajo evité tanto a Diane como a Blane. No tenía


ni idea de cómo se suponía que debía actuar con él. Mi estómago era un
nudo en sí mismo ante la sola idea de subir a su piso. Tomé el camino
cobarde y llamé a Clarice desde mi escritorio.

—¿Qué pasó ayer entre Blane y tú? —preguntó al minuto en que dije
83

hola. Pensé frenéticamente en el del beso en mi auto, antes de darme


cuenta de que no se refería a eso, sino a la escena en su oficina.
Página
—Tuvimos un ligero desacuerdo —le dije con voz débil.

—Y una mierda fue “ligero” —replicó ella—. Me amenazó con mi vida si


no contaba todo lo que sabía acerca de ti después de que salieras de
aquí.

—¿Qué?

—Exactamente —dijo—. Blane quería saber todo lo que sabía sobre ti,
incluyendo lo que tú y yo habíamos hablado ayer.

—¿Quieres decir sobre mi cita con James esta noche?

—Sí. Quería saber si ya habías salido con James antes, si habías salido
con alguien en la empresa, simplemente todo. ¡No podía creerlo!

—¿Qué le dijiste? —pregunté.

—Bueno, tuve que decirle la verdad —ella se cubrió—. Es mi jefe,


después de todo. No te preocupes, no hay nada malo, simplemente
estaba sorprendida de que quisiera saberlo. —Sí, ella y yo, las dos.

—Um, sí, señor Galloway, tenemos esos archivos que solicitó —le oí
decir y estuve brevemente confundida antes de darme cuenta de que
Blane debía estar dentro del alcance del oído.

—Él está ahí, ¿verdad? —le susurré al teléfono.

—Absolutamente —respondió ella—. Tiene razón en eso, señor. —


Sonreí.

—Gracias por cubrirme, Clarice —le dije—. Es la última persona a la


que quiero ver ahora mismo.

—Supongo que te refieres a mí y no al mencionado Sr. Galloway. —


¡Mierda! Blane debía haber tomado el teléfono de Clarice. Mi tapadera
se había descubierto. Hice una mueca y me incliné, ligeramente
golpeando mi cabeza contra el escritorio—. Me gustaría que vinieras a
mi oficina Kathleen —continuó Blane—. Tienes tres minutos.

La línea hizo clic. Al colgar, respiré hondo. Podía manejar esto. Así que
nos habíamos besado, ¿y qué? Lo hacía mucha gente todo el tiempo. No
significaba nada. Eso no explicaba por qué mi corazón estaba acelerado
y tenía mariposas haciendo una fiesta en mi estómago.
84

Con mis nervios tintineando, tomé el ascensor hasta el piso de Blane.


No pude resistirme a alisarme el cabello en el reflejo de la puerta del
Página

ascensor. Al salir del ascensor, tiré nerviosamente del dobladillo del


suéter que me puse hoy. Era de un color frambuesa profundo y pensé
que resaltaba lo rojo de mi cabello. No es que me importara lo que
llevaba a la oficina. Está bien, quizás precisamente eso no era cierto,
pero podía fingir.

Clarice me miró furtivamente mientras pasaba a su lado y me pareció


ver la sombra de una sonrisa en su rostro. Le saqué la lengua. Traidora.

Di unos pequeños golpes suavemente en la puerta de la oficina abierta


de Blane y él levantó la vista de donde había estado de pie detrás de su
escritorio, inclinado estudiando algunos documentos. Al verme, se
enderezó y me hizo señas con la mano para que entrara.

—Cierra la puerta detrás de ti —me ordenó y yo hice lo que me dijo. No


debía de haber tenido que ir a la corte hoy, porque no llevaba traje,
estaba vestido más informal con pantalones negros y una camisa negra
de manga larga. Los puños doblados casualmente hacia atrás.

Al salir de detrás del escritorio, se dirigió hacia mí. Me quedé inmóvil un


ciervo en la carretera mirando a los faros de un auto, a medio camino a
través del cuarto. Se detuvo a un brazo de distancia de mí.

—¿Has traído esa lista para mí? —preguntó, tomándome por sorpresa.
Entonces podría haberme pateado a mí misma. Por supuesto, esto no
era personal. Se había acordado de que tenía que llevarle los números
de teléfono del teléfono de Sheila.

—No —dije. Se puso las manos en las caderas y me miró, esperando—.


Había desaparecido cuando llegué a casa ayer por la noche. —Él frunció
el ceño.

—¿Qué quieres decir? —preguntó.

—Lo que he dicho. Dejé el teléfono en mi mesa de la cocina y cuando


llegué a casa ayer por la noche, había desaparecido. —Ahora que lo
pensaba, se me ocurrió que podría haber sido Blane mismo quien lo
había tomado. Era el único que sabía que yo lo tenía.

—¿Estaba cerrado tu apartamento? —Asentí.

—Siempre cierro mi apartamento. —No dijo nada a esto, sus ojos


cayendo al suelo, pareciendo estar perdido en sus pensamientos.
Después de unos momentos de silencio, me aclaré la garganta.
85

—¿Eso es todo? —le pregunté, sin estar segura de si esperaba que lo


fuera o no. Mirándome, siguió con el ceño fruncido.
Página
—No me gusta la idea de que alguien irrumpa en tu apartamento —dijo.

—Sí, ya somos dos —le respondí. Vi las esquinas de su boca torcerse de


una manera que casi era una sonrisa. Sus manos cayeron de sus
caderas y dio un paso más cerca. Tragando saliva, me mantuve firme.

—Eres tan combativa —me acusó suavemente— ¿Eres así con todo el
mundo o solo conmigo? —Su pregunta me sorprendió. No sabía qué
responder. Por un lado, tenía razón, pero desde mi punto de vista, solo
estaba tratando de protegerme de él. En todo caso, las últimas
interacciones entre nosotros me habían mostrado lo susceptible que era
ante él.

—Yo... um —tartamudeé, sin saber lo que iba a decir. Sus ojos me


mantuvieron cautiva mientras levantaba una mano. El reverso de sus
nudillos rozaron mi mandíbula y mi aliento se atascó en la garganta.

—Me gusta ese color en ti —dijo en voz baja, acercándose a mí. Vi sus
ojos bajar a mi boca y el pánico acampó dentro de mí. No podía permitir
que me besara de nuevo. Significaba algo para mí, algo que sabía que
no podía significar para él. Yo era solo un juguete para él y tenía que
recordarlo.

Caminando hacia atrás más allá de su alcance, le espeté:

—Me tengo que ir. Tengo una cita esta noche. —Sus ojos se estrecharon
y se dirigió hacia mí. Seguí caminando hacia atrás, mientras me
acechaba, me detuve con la pared contra mi espalda. Colocando las
manos a cada lado de mi cabeza, efectivamente me atrapó.

—Eso es lo que tú dices —dijo, sus ojos buscando los míos—. Aunque
dudo que James sea de tu agrado.

—¿Qué quieres decir? —dije, aunque no me gustaba la falta de aire en


mi voz—. James es un buen hombre —lo defendí. No pude evitar que mi
mirada cayera a su boca y vi como sus labios se curvaban en una
sonrisa de complicidad.

—Tal vez —murmuró Blane—. Pero no creo que te gusten los hombres
buenos.

—Eso es ridículo —protesté—. Por supuesto que sí. —Podía sentir ahora
el calor de su cuerpo a través de su ropa mientras se alzaba sobre mí.
Su camisa estaba desabrochada en el cuello y pude ver un atisbo de
86

piel en la base de la garganta. Lamí mis labios y traté de no pensar en


Página

la forma en que su piel sabría.


Acercándose más, puso su boca en mi oreja.

—Pero yo no soy un buen hombre —susurró— y sé que te gusto. —Las


palabras se deslizaron en mi oído y sentí sus labios tocando mi cuello
en una caricia ligera como una pluma.

Un fuerte golpe en la puerta rompió el silencio y salté sobre un pie.


Blane no se movió, sus ojos fijos en los míos. Su mano acarició mi
mandíbula, su pulgar rozando ligeramente mis labios.

La puerta sonó de nuevo y tomé la oportunidad de pasar por debajo de


su brazo y escapar. Tiré de la puerta y la abrí sorprendiendo a Derrick.

—Lo siento, Blane —dijo, pasando su mirada de él a mí—. ¿No sabía


que estabas en una reunión? —Su declaración salió como una pregunta
mientras me miraba. No creo que supiera siquiera quién era yo.

Sonriendo alegremente, le dije:

—Me iba ya. —Y me fui en una rápida retirada, sin atreverme a mirar
hacia atrás a Blane mientras corría por el pasillo.

87
Página
Capítulo 5

Rumbo a mi auto, conducía a casa, encantada de terminar por el día.


La escena en la oficina de Blane me había puesto nerviosa. No entiendo
qué tipo de juego estaba jugando conmigo. Y eso es lo que estoy segura
que era. Un juego. Tal vez no pudo con la idea de que una mujer no se
entusiasme por sus avances. No es que me hubiera mostrado a mí
misma particularmente indiferente, pensé con tristeza. No quiero pensar
en lo que podría haber sucedido si hubiéramos tenido otros momentos
en su oficina. Blane era como la proverbial llama11, irresistible a pesar
de que sabía que acabaría por quemarme.

Empujando los pensamientos de Blane a un lado, me di una ducha


rápida para poder secarme el cabello. Quedaba más esponjoso y más
brillante si lo secaba, pero realmente lleva tanto tiempo, que rara vez
tenía la paciencia para hacerlo. Esta era mi primera cita de verdad
desde que llegue a Indy y pensé que valía la pena el esfuerzo.

Inspeccione mi armario, tratando de averiguar qué ponerme. Hacía frío,


así que algo caliente sería lo mejor. Saqué un vestido de suéter negro
que era sexy sin ser de mala calidad. Leotardos negros, botas de tacón
alta negras y un poco de joyería de plata y pensé que parecía bastante
bueno. El color hace resaltar mi piel clara y el cabello que colgaba en
ondas más allá de mis hombros. El vestido abrazó mis curvas sin
apretar mi piel. Estaba dando los toques finales a mi maquillaje y
añadiendo un chorro de perfume cuando oí un golpe en la puerta.

Mirando a través de la mirilla, vi que era James y sonreí a modo de


bienvenida al abrir la puerta.

—Wow —dijo, sonriendo con admiración mientras me miraba de arriba


abajo—. Te ves fantástica. —Yo estaba un poco avergonzada, pero
disfruté de su sincera admiración.

—Gracias —le dije—. Te ves muy bien. —Y así lo hacía. Vestía


pantalones negros, una camisa gris y chaqueta deportiva oscura.
88
Página

11 Hace referencia al refrán “Quien juega con fuego se acaba quemando”.


Cerré la puerta y me ofreció su brazo mientras caminábamos por las
escaleras. Con mis tacones, él no era más que un par de centímetros
más alto que yo. Conducía un BMW blanco, un auto mucho más
sensato que Blane, aunque ciertamente no es barato. Me di cuenta de
que estaba pensando en Blane y deliberadamente encerré aquellos
pensamientos.

—¿Te gusta la comida italiana? —preguntó James mientras encendía el


auto.

—Me encanta —le contesté. Hablamos mientras conducía, charlando


sobre cosas intrascendentes. Yo había estado un poco nerviosa, pero la
actitud cálida y sin pretensiones de James me tranquilizó.

Él se detuvo en un pequeño restaurante italiano exclusivo y dio las


llaves del auto al aparcacoches. Otra aparcacoches me abrió la puerta y
salí fuera. James estaba allí y me ofreció su brazo de nuevo, ya que
fuimos dentro.

Yo, por supuesto, nunca había estado en este restaurante antes y era
muy acogedor. La decoración era de buen gusto sin parecer pretencioso.
El maître nos llevó a un reservado en la esquina lejos de la cocina. Me
deslicé en el asiento de cuero y James se deslizó a mi lado, situándonos
uno al lado del otro en la esquina. El maître nos entregó los menús y
luego desapareció en silencio.

Un camarero se acercó y James pidió una botella de vino para nosotros.


Todo en el menú parecía delicioso y estaba teniendo un momento difícil
para decidir. James pidió algo de marisco mientras yo elegí berenjena a
la parmesana.

James fue una cita entretenida y me hizo reír con historias de los
antiguos clientes y algunos de los casos más extraños que la firma
había litigado. El vino era excelente y me pareció que me estaba
divirtiendo. Nuestra comida llegó y era deliciosa. James hizo una seña
al camarero y una nueva botella de vino apareció. Mantuvo lleno mi
vaso y aunque yo era irlandesa y podía manejar el licor mejor que la
mayoría, podía sentir que el vino me había afectado. Me estaba riendo
con más facilidad y era bastante despreocupada por lo cerca de mí que
James estaba sentado. Su mano se había quedado en mi muslo
mientras hablábamos y no me importó.

Alguien se paró en nuestra mesa y nos miró. Estuve sobria


89

rápidamente. Frank Santini estaba allí de pie mirándonos.


Página
—¡James! —Frank exclamó, sus gruesos labios ensanchándose en una
sonrisa—. Pensé que eras tú. Así que me alegro de verte.

—Hola Frank —dijo James en tono familiar— ¿Cómo estás?

—Estoy muy bien, gracias por preguntar —respondió Frank, moviendo


los ojos hacia mí—. Y veo que está siendo muy buena noche para ti
también, a juzgar por la hermosa mujer a tu lado. —El alcohol estaba
haciendo mi cerebro borroso, pero traté de parecer sobria.

—Sí, ¿no es así? —dijo James, sonriéndome a mí—. Se trata de


Kathleen Turner. Kathleen, este es Frank Santini. Él ha sido un cliente
de mucho tiempo de mi padre y de la firma. —Mis labios se retiraron de
los dientes en una sonrisa falsa.

—Nos conocemos, Kathleen y yo —dijo Frank—. Aunque creo que


estabas con Blane la última vez. —Sentí que James se tensaba
ligeramente a mi lado. Frank volvió su atención de nuevo a James.

—¿Has pensado en nuestra propuesta? —preguntó—. Harías muy bien,


ya sabes y nosotros te apoyaríamos.

—Estoy pensando en ello Frank —dijo James, su tono algo irritado—. Y


te dije que iba a avisarte. —La sonrisa desapareció del rostro de Frank y
entrecerró los ojos a James. Luego pareció recordarse a sí mismo y
sonrió afablemente de nuevo.

—Que tengáis una buena tarde —dijo—. Hablaremos más tarde. —Él se
alejó. James tomó un trago de su vino sin decir nada. Rompí el silencio.

—¿Qué quiso decir con una “proposición”? —le pregunté.

—Mi padre quiere que me postule para Fiscal de Distrito —respondió


James—. Me ha estado presionando por un tiempo. Frank ha prometido
el apoyo del sindicato si lo hago.

—¿Quieres?

—No lo sé —dijo vagamente—. Tal vez. —La visita de Frank había


puesto un freno a la noche. James parecía tan hosco que se me hizo
incómodo. No hablamos mucho mientras James pagó la cuenta y se
levantó para marcharse. Me encontré demasiado borracha para mi
gusto y estaba agradecida por el brazo de James para sostenerme.
Después me llevo al auto y deslizándose detrás del volante, se volvió
90

hacia mí.
Página

—Necesito a ir a la oficina por un momento —dijo— ¿Te importa?


—Por supuesto que no —le contesté—. Está bien.

Después de unos pocos kilómetros, James volvió a hablar.

—No me di cuenta de que estabas viendo a Blane. —Había una


desenvoltura engañosa en su voz que me hizo desconfiar.

—No estoy viendo a Blane —le dije con firmeza—. Mi auto se rompió la
semana pasada y Blane me dio un paseo para dejar unos papeles en la
oficina de Frank. Eso es todo. —El fantasma de un recuerdo, los labios
de Blane en los míos, revoloteaba por mi mente. No estaba mintiendo.
Besar no equipara a ver a alguien, no en el sentido que James quería
decir.

—Oh —dijo—. Bueno, eso es bueno. —Vi el destello de su sonrisa en la


luz ambiental del tablero y su mano llego a través del asiento para
agarrar la mía en mi regazo. Sonreí débilmente y le permití sostener mi
mano. ¿Seguramente no había estado celoso?

Eran más de las diez cuando nos detuvimos en el estacionamiento de la


empresa. Aparcó cerca del edificio, se volvió hacia mí.

—Puedes quedarte aquí, si quieres —dijo—. Voy a estar solo unos


minutos. —Estuve de acuerdo y salió, cerrando la puerta detrás de él.

Unos considerables quince minutos pasaron sin ningún signo de James


regresando. El frío se había filtrado en el auto y me estremecí. No sabía
lo que le estaba tomando tanto tiempo, pero decidí que podía esperar
del mismo modo en el interior, donde hacía calor en lugar de aquí, en el
auto, donde no lo hacía.

Corriendo al interior, suspiré con alivio cuando el aire caliente del


vestíbulo me envolvió. James era un asociado de la empresa, no un
socio, a pesar de que su padre era el socio principal. Su oficina estaba
en el tercer piso, decidí ir y ver si todo estaba bien.

Al salir del ascensor al pasillo oscuro, miré a mi alrededor. La oficina de


James estaba en el otro extremo y pude ver una luz viniendo de la
puerta. Rumbo a la oficina, me detuve en seco cuando oí voces
enfadadas procedentes de la habitación.

—Te lo dije, no me gusta la elección del momento. —James estaba


diciendo. Otra voz respondió a la suya, pero no podía distinguir las
palabras.
91

Eso fue interesante. Había tenido suficiente alcohol para hacer las
Página

escuchas ilegales como una buena idea. Esforzándome para escuchar,


me acerqué un poco más. ¿De qué estaba hablando? ¿El momento de
qué? Reflexionando sobre esto, me puse delante de una oficina a
oscuras.

Una mano salió disparada de la puerta abierta y me llevó dentro. Tomé


aire para gritar mientras tropezaba enérgicamente con un duro pecho.
Luché contra su agarre e incliné mi cabeza hacia atrás para mirar a mi
agresor. Mi grito se congeló en la garganta mientras que su mano golpeó
sobre mi boca.

Era el hombre de la corte, el alto, moreno y guapo desconocido que


había preguntado si estaba bien después de que el loco demente
intentara cortar mi garganta. Dejé de luchar. La luz tenue desde fuera
filtrada a través de la ventana, le daba una cualidad etérea. Mi recuerdo
de él no le había hecho justicia.

—James no va a apreciar que estés espiándolo —susurró, sus ojos


azules intensamente fijos en los míos. —Quédate aquí hasta que se
vaya. —Insegura de qué hacer, asentí vacilante. A pesar de que ya no
luché, su brazo quedó envuelto alrededor de mí y su mano estaba sobre
mi boca.

—Te dejaría ir, pero no te quiero corriendo allí diciéndole a Júnior sobre
mí. —Podía sentir cada centímetro de él contra mí y un calor
desagradable estalló en mi cuerpo. Mi mente parecía estar funcionando
a cámara lenta, a pesar de que mis hormonas estaban muy contentas
de estar en esta situación. Llevaba una chaqueta de cuero y pude sentir
su suavidad mantecosa contra mis dedos. El olor de la piel junto con el
ligero aroma a almizcle de su piel mientras apretaba su mano sobre mi
boca hizo flotar mi cabeza. Estaba muy arrepentida del vino.

El repentino chasquido de una puerta cerrándose nos hizo quedarnos


inmóviles y en silencio. Me acercó a él y nos fundió más en las sombras
de la oficina. No podía ver detrás de mí, pero podía oír a alguien
caminando por delante. Unos momentos más tarde, otro conjunto de
pasos siguió al primero. No podía ver nada, excepto este hombre, mis
ojos se centran ahora en su áspera mandíbula cuadrada mientras
observaba detrás de mí.

La atención de mi captor regresó a mí y sentí su mano soltando mi


boca. En lugar de dejar caer su mano, la movió un poco, con los dedos
extendidos a través de mi mejilla mientras su pulgar rozaba mis labios.
92

Sus ojos habían estado en los míos, pero ahora bajaron a mi boca.
Nerviosa, me lamí los labios y traté de concentrarme en otra cosa
Página

excepto en la creciente tensión entre nosotros.


—¿Quién eres tú? —le pregunté, mi voz saliendo como un susurro—.
¿Qué estás haciendo aquí? —Ambas eran preguntas muy válidas y
estaba orgullosa de haber sido capaz de formar pensamientos
coherentes, sobre todo cuando él me estaba tocando. Sentí un escalofrío
por mi espalda y sabía que él también lo sintió, cuando la esquina de su
boca se elevó en una sonrisa.

—Ah, una hembra curiosa —dijo sarcásticamente, sus ojos azules


decididos en mí—. Qué original. —Su mordaz tono condescendiente hizo
a mi temperamento estallar.

—No tienes derecho a estar aquí —le susurré, avergonzada ahora y


tratando de ignorar la forma en que todavía estábamos presionados
juntos. Me retorcía, pero sus brazos eran como bandas de hierro que
me rodeaban.

—¿Cómo lo sabes? —dijo y yo estaba disgustada al ver que no estaba


haciendo ningún progreso en romper su agarre en mí.

—¡Estabas espiando a James!

—También lo estabas tú. —Bueno, realmente no podía discutir con eso.

—Déjame ir. —Me pregunté si mi voz no era tan fuerte como me hubiera
gustado. Mi estómago estaba rodando con inquietud y la habitación
empezó a dar vueltas.

—No hay necesidad de irse corriendo —dijo, todavía sin liberarme.


Empecé retorciéndome en serio.

—Creo que voy a vomitar —le dije frenéticamente.

—En camino entonces —dijo en broma, de repente liberándome. Me fui


por un momento, entonces me di la vuelta y corrí hacia la puerta y a lo
largo pasillo. No me detuve hasta que estaba en el baño vomitando la
mejor cena que había tenido en mucho tiempo.

Cuando terminé, me apoyé en la pared, tratando de recuperar el aliento.


Mi cabeza estaba palpitando y la habitación estaba todavía girando.
Lavé mi boca en el fregadero y encontré algunas pastillas de menta para
masticar en el bolso. De repente, me acordé de que James iba a estar
buscándome ya que se suponía que debía esperar en el auto.

—¡Mierda! —Parándome en posición vertical con las piernas


93

temblorosas, caminaba tan rápido como fue posible con mis tacones
hacia el ascensor y bajé. El hombre de negro no estaba en ningún lado
Página

a la vista.
El aire fresco del otoño me golpeó cuando salí del edificio y tomé aliento
cuando el frío atravesó mi vestido hasta mi piel recalentada.
Envolviendo mis brazos alrededor de mí y manteniendo mi cabeza hacia
abajo, caminé hacia el auto de James y de pronto me encontré con
alguien.

Ahogando un grito, sacudí mi cabeza para ver a James parado allí.


Había agarrado mis brazos para detenerme y me miraba con una
expresión de irritación.

—¿Dónde estabas? —preguntó. Sorprendida por su hostilidad, me tomó


un momento para responder.

—Tengo frío —le contesté—. Has estado fuera por un tiempo, así que
entré. Usé el servicio de señoras y luego traté de encontrarte. —Mi voz
era cortante mientras mentía. ¿Quién demonios era él para
interrogarme como si yo fuera un niño que se porta mal?—. No me di
cuenta que tenía que esperar obedientemente por ti en el frio auto. —Mi
sarcasmo era grueso y de inmediato dio marcha atrás.

—Lo siento Kathleen —dijo en un tono mucho más agradable—. Yo


estaba preocupado cuando llegué y te habías ido. —Esto me tranquilizó
un poco, aunque todavía estaba preocupada. James parecía vacilar
violentamente entre los estados de ánimo.

—Bueno, estoy bien, solo congelada.

—Por supuesto —dijo rápidamente—. Vamos a llevarte a casa. —Con


una mano en mi espalda, me guió hasta el auto y me llevó dentro. En
relativamente poco tiempo, estábamos estacionando en mi
apartamento. Saliendo, caminó a mi lado y abrió la puerta del auto para
mí.

—Gracias por una agradable tarde —le dije mientras subíamos las
escaleras. No estaba segura de si esperaba que le invitara, pero
realmente no quería hacerlo. Tal vez si me dirigiera a James, él tomaría
la pista.

—De nada —dijo amablemente y el caballero afable había vuelto.


Habíamos llegado a la puerta en ese momento y yo tenía mis llaves en la
mano. Abrí la puerta, pero no pasé al interior.

—¿Puedo invitarte a salir otra vez? —preguntó y no pude evitar sonreír


ante sus modales. No estaba sintiendo fuegos artificiales con James,
94

pero bien pensado, los fuegos artificiales pueden provocar quemaduras.


Página
James era amable, agradable y seguro. Debería querer eso y olvidarme
del mujeriego de Lotharios.

—Me gustaría eso — y cuando él se inclinó para besarme suavemente


en los labios, no me resistí. No lo animé, tampoco. En el fondo de mi
mente, tuve la sospecha de que tal vez besar a dos hombres en un día
era casi territorio de puta. Técnicamente, no había besado a Blane, pero
creo que eso podría ser quisquilloso. De todos modos, con James, no
sentía la chispa y la energía como lo hice con Blane. Fue agradable... y
eso era todo.

Con una sonrisa de despedida, me metí en mi apartamento y vi cómo


iba bajando las escaleras. Cerrando y bloqueando la puerta, me di la
vuelta y me apoyé en ella, suspirando.

Bueno, eso había sido interesante. James era un buen tipo, realmente
no podía imaginar que tuviera algún grave secreto oscuro que ocultar,
no importa lo que el Sr. Alto Oscuro y Misterioso había dicho. ¿Qué
había estado haciendo en la firma de todos modos? Yo también habría
estado molesta de encontrar a alguien espiándome al igual que James
casi me había agarrado haciendo. Honestamente, pensé que el más
profundo secreto que James tenía era que probablemente necesitaba
una receta de Prozac12.

Me dirigí a la habitación para cambiarme y noté que mi antiguo


contestador automático estaba parpadeando que tenía un mensaje. Al
pulsar el botón, esperé y escuché... nada. Debe haber sido una llamada
de ventas y habían colgado cuando la máquina había contestado.
Excepto que había cuatro mensajes, todos en silencio. Eso fue muy raro
y como que me dio una sensación espeluznante. Lo ignoré y me cambié
en mis más cálidos pantalones de franela que habían visto mejores días
y una camiseta de manga larga. Después de lavarme la cara y
cepillarme los dientes, me lancé a la cama.

El tintineo del teléfono me despertó y miré con ojos legañosos a mi reloj.


Solo había estado dormida una hora. Tropezando con mis pies, agarre el
teléfono.

—¿Hola? —murmuré, todavía medio dormida. Hubo silencio por un


minuto y casi colgué.

—¿Kathleen? —Un hombre habló indecisamente. Fruncí el ceño.


95

12 Prozac: pertenece a un grupo de medicamentos denominados antidepresivos


Página

inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.


—¿Sí? —le respondí—. ¿Quién es?

—Kathleen soy Mark. —Eso me despertó.

—Mark, ¿estás bien? —No tenía ni idea de por qué él me llamaría, sobre
todo a estas horas de la noche.

—Um, no, en realidad, no lo creo —dijo vacilante. Su voz era ansiosa.

—¿Qué pasa?

—No puedo hablar de ello por teléfono. Pero necesito verte Kathleen —
dijo—. ¿Puedo reunirme contigo en algún lugar mañana?

—Por supuesto —le dije, y pensé por un momento—. Probablemente voy


a estar mañana en el Palacio de Justicia sobre las once. ¿Puedes
reunirte conmigo allí?

—Sí, eso funcionará. Te encontraré. —Y con poco más que un


asentimiento de mí, colgó.

Me mordí el labio con preocupación. Mark no había sonado como él en


absoluto. Si no le conociera, diría que había sonado asustado. Pero eso
no tenía ningún sentido. Y tampoco que me llamara. Mark y yo éramos
simplemente conocidos de paso. ¿Por qué iba a venir a mí si estaba en
problemas?, no tenía ni idea. Aunque supongo que técnicamente era un
sospechoso de asesinato, no podía creer que él hubiera matado a
Sheila.

Ignorando la inquietante conversación, recordé los acontecimientos de


esta noche. Me pregunté quién era el hombre que había estado en la
oscuridad. Unos ojos azules con largas y exuberantes pestañas negras y
una sonrisa que me dejó sin aliento pasaron por mi mente. Gemí y
enterré mi repentina cara enrojecida en mis manos. Nunca volvería a
beber otra vez.

Los roces que había tenido con Blane han influido sin duda en mi libido
y no en el buen sentido. Estaba avergonzada y frustrada a la vez.
Avergonzada porque casi me había lanzado encima de un hombre cuyo
nombre ni siquiera conocía. Un hombre muy atractivo eso sí y que
prácticamente rezumaba sexo. Y estaba frustrada porque el juego del
gato y el ratón de Blane conmigo habían dejado mis hormonas
trabajando tiempo extra esta noche, que el ligero beso de James no
había podido saciar.
96

Estaba demasiado cansada para pensar y no me gustaba que mis


Página

pensamientos me dirigieran, lo que era básicamente en círculos con


trocitos de preocupación invadiéndome cuando pensé en Mark. Volví a
la cama, esperando que todo se viera un poco mejor a la luz del día.

No lo hizo, pero decidí no pensar en el hombre de negro (original, lo sé)


más y simplemente concentrarme en mi trabajo y reunión con Mark.

Estaba reuniendo los documentos y archivos que necesitaba para llevar


a la corte cuando un repartidor entró en mi cubículo. Tenía en la mano
un ramo de flores.

—¿Kathleen Turner? —preguntó, para mi sorpresa.

—Sí —le respondí y él sostenía las flores hacia mí.

—Entrega para ti — y se fue antes de que pudiera abrir la boca para


saber quién lo había enviado. Era un hermoso arreglo y bastante
grande. No solo rosas, algunas rosas blancas y rosas rojas se
mezclaban con boca de dragón, eucaliptos, nomeolvides y lirios. El
efecto era muy bonito y olía divino. Había pasado tanto tiempo desde
que alguien me había enviado flores que me tomé un momento para
disfrutar del placer. Pensé, un poco con aire de suficiencia, que James
estaba realmente dorándome la píldora. Saqué la tarjeta. Abriéndola, leí
las palabras impresas.

Puedo ser agradable.

Mis ojos se abrieron. No. No puede ser. Pero no podía dejar de recordar
lo que Blane había dicho ayer, justo antes de que hiciera una rápida
retirada a su oficina.

"Yo no soy un buen hombre."

La cabeza de Lori asomó por la esquina.

—Wow —dijo con los ojos brillantes de curiosidad—. ¿Quién las envió?

Estrujé la tarjeta en mi puño. No hay manera de que pudiera decirle a


nadie que uno de los socios me había enviado flores. Sobre todo que
había sido Blane. Todo el mundo asumiría inmediatamente que estaba
durmiendo con él.

—No tengo idea —mentí—. Es extraño, ¿no? —Antes de que pudiera


hacer más preguntas, me levanté y cogí mi bolso y los papeles.

—Tengo que llegar a la corte —le dije—. Hasta luego. —Oí su llamada de
97

despedida hacia mí mientras me dirigía a la puerta y di un suspiro de


alivio. Yo realmente no quería que nadie supiera lo de Blane. No es que
Página

no hubiera nada que saber, pensé irritada. Él estaba aburrido y jugaba


un juego conmigo y tenía que parar. Me encargaría de él después de
encontrarme con Mark.

—Kathleen —dijo Hank jovialmente mientras entraba a través del


detector de metales de la corte— ¿No te he visto en un par de días. ¿Has
estado bien? —Detrás de su sonrisa había una real preocupación y
sabía que probablemente todavía se sentía culpable por el incidente el
pasado viernes. Le sonreí. No podía estar enojada. Si alguien está
decidido a conseguir algo en la corte, yo no creía que hubiera mucho
que se pudiera hacer para detenerlos.

—Estoy bien Hank —le dije—. No te preocupes. —El alivio atravesó su


rostro mientras me entregaba mis cosas de nuevo.

En el momento en que terminé mis entregas, se acercaba a las once y


me alegré de cronometrar bien. Ahora tenía que encontrar a Mark y tal
vez podríamos tomar algo de almuerzo. El problema era que no se había
quedado en el teléfono lo suficiente la noche anterior para que nosotros
estableciéramos un punto de encuentro específico.

Estuve dando vueltas por el palacio de justicia por un tiempo, pero


estaba lleno y era difícil escoger una persona de la mayoría. Echando
un vistazo a mi reloj nerviosamente, vi que era quince minutos después
de la hora que tenía que encontrarme con Mark. Salí fuera y protegí mis
ojos de la deslumbrante luz del sol.

De repente, una mano se cerró sobre mi muñeca y tiró. Girando, di un


suspiro de alivio cuando vi que era Mark. Entonces mis ojos se abrieron
cuando preste atención a su apariencia.

Mark siempre había sido meticuloso en su aseo personal y muchas


veces se había burlado Sheila sobre los agudos pliegues en sus camisas
y pantalones presionados. Eso no estaba en ninguna parte de la
evidencia actual. Vestía ropas que estaban tan arrugadas que parecía
que había estado dormido sobre ellas y lucía una barba de varios días.
Tenía los ojos como dardos alrededor y su agarre se apretó en mi brazo
mientras tiraba.

—Vamos —dijo con urgencia—. Tenemos que salir al aire libre.

—¿Qué? —le pregunté, confundida— ¿Por qué?

—Demasiados ojos y oídos —dijo y solo aumentó mi desconcierto, pero


le permití que me guiara. Nos llevó fuera de la corte y a una calle
98

lateral, moviéndose tan rápido que tuve que correr para mantenerme al
Página

día. Echando un vistazo atrás cada pocos pasos, parecía esperar que
alguien nos siguiera. Me desconcertó hasta que yo también estaba
volviéndome a mirar cuando lo hizo.

Mark se detuvo frente a un pequeño restaurante, mirando por la


ventana, entonces me tiró dentro. Se sentó en una mesa pequeña frente
a la puerta y me senté frente a él. Mark llevaba una mochila que había
dejado enganchada en su brazo en vez de dejarla en una silla extra.

—Mark —le dije una vez que me senté— ¿Qué está pasando? ¿Estás
bien? —Lo primero que pensé al echarle un buen vistazo fue que la
muerte de Sheila le había golpeado duro. Me sentí mal por él. Sabía lo
que era perder a alguien de un modo repentino y violento. Pensamientos
de mi padre pasaron por mi mente.

—No, no estoy bien definitivamente —dijo, evitando una mirada hacia


mí antes de que sus ojos se movieran de nuevo a la ventana—. Quería
decirte, advertirte, creo que podrías estar en peligro. —Sus ojos estaban
puestos en mí otra vez, decidido y serio. Podría haberme reído del
melodrama, sus palabras eran directamente de un guión de cine, pero
pude ver que él las creía.

—¿De qué estás hablando? —le pregunté— ¿Por qué estaría en peligro?

—Es la gente con la que trabajo —dijo—, o en realidad, las personas


con las que trabajaba. Creo que… —Vaciló por un momento y tuvo que
aclararse la garganta antes de continuar, hablando en voz baja—. Creo
que podrían haber sido los que mataron a Sheila. —La sorpresa debió
de reflejarse en mi rostro.

—Yo estaba allí esa noche —continuó, sus ojos fijos en los míos—.
Sheila y yo discutimos y me fui. Pero odiaba marcharme de ese modo.
Así que volví... —Su voz se quebró y se pasó una mano cansada a través
de su cara. Se aclaró la garganta, continuó, con su voz fuerte—.
Cuando volví, estaba muerta. Y corrí. Estaba aterrorizado de que ellos
vinieran a por mí también. Kathleen, es mi culpa que Sheila esté
muerta.

El dolor en su rostro no era difícil de ver y entonces extendí la mano


para tomar la suya, dándole un apretón reconfortante. No tenía ni idea
de qué decir. Estaba en shock y todavía no sabía por qué alguien
querría matarlo.

—Pero ¿por qué ellos matarían a Sheila? —le pregunté, confundida.


99

—Para tratar de llegar a mí, creo —respondió. Antes de que pudiera


Página

preguntarle por qué, me agarró la mano con fuerza—. Y no puedes


confiar en la firma en que trabajas, Kathleen. Están implicados
también. No sé hasta qué punto exactamente, pero ellos no son de
confianza. —Un escalofrío me recorrió mientras me recordaba
diciéndole a Blane sobre el teléfono de Sheila y cómo, horas más tarde,
había desaparecido de mi apartamento.

—¿Implicados en qué? —le pregunté. Estaba confundida. Mark estaba


siendo impreciso y si Blane estaba involucrado o, más importante aún,
yo estaba en peligro, quería más información—. ¿Para quién trabajas?

—Trabajo para una empresa de software —explicó—. Se llaman TecSol.

—¿Por qué querría alguien matar a Sheila a causa de tu trabajo? —


Nada de esto tenía sentido.

—Se trata de Eve —dijo—. Sabía acerca de los problemas y me fui a tu


firma en busca de ayuda. Alguien me traicionó. Me dijeron que
guardara silencio o lo lamentaría. Yo no creí en ellos. Pensé que estaba
haciendo lo correcto. Pero Sheila ha pagado el precio y ahora me
persiguen. —Se veía como si quisiera decir algo más, pero algo por la
ventana llamó su atención. Entonces, su mano era como un torno en mi
brazo mientras me sacaba de mi asiento. Tuve el tiempo justo para ver
a un hombre entrar por la puerta del restaurante antes de que Mark me
arrastrara detrás del mostrador.

Corrimos a través de la cocina, Mark empujo a un par de cocineros y


una camarera fuera del camino como cañones pasados. Hice una
mueca cuando una pila de platos se estrelló contra el suelo. Mark
seguía tirando de mí sin descanso hasta que salimos por la puerta de
atrás a un callejón. Una mirada justo antes de que la puerta se cerrara
detrás de nosotros me mostró el hombre que nos había seguido a través
de la cocina.

—¡Corre! —gritó Mark, empujándome hacia adelante. No necesité que


me lo dijera dos veces y corrí por el callejón desierto, con Mark
pisándome los talones. La puerta se abrió de golpe detrás de nosotros,
se estrelló contra la pared de ladrillo y no me volví, pero redoblé mis
esfuerzos, con mis pulmones ardiendo por el aire mientras mis rodillas
bombeaban.

Un disparo sonó y grité, agachándome en una esquina. Mark me siguió


mientras nos derrumbamos contra la pared, respirando con dificultad.
100

—Kathleen —dijo con voz entrecortada—: Toma esto —empujó su


mochila a mí—. Nos separamos. Es a mí a quien quieren. Estaré en
Página

contacto. ¡Ahora vete!


—¿Qué? —Prácticamente grité— ¡No te voy a dejar! —Podía sentir que
las lágrimas picaban mis ojos y parpadee. No le iba a dejar solo. Con
una fuerza sorprendente, me apartó de un empujón.

—¡Ya! — y antes de que pudiera pronunciar otra queja él huyó en la


dirección opuesta. Yo estuve congelada por un momento en estado de
shock antes de que fuera capaz de ordenar a mis pies a moverse.
Entonces corrí por el callejón, con su mochila colgada del hombro.

Lo que vi en el extremo del callejón me hizo deslizarme a una parada


aturdida. Era él. El hombre de negro. Él estaba frente a mi dirección y
estaba apuntándome con un arma.

Bueno. Eso fue ciertamente decepcionante. Archive esa emoción para


más tarde.

Instintivamente, me di la vuelta y eché a andar en dirección a la que


había llegado y luego patiné hasta detenerme de nuevo. El hombre que
había estado persiguiéndonos a Mark y a mi apareció en el otro extremo
del callejón. Estaba atrapada.

Mi cabeza giró hacia atrás y adelante, tratando de decidir qué hacer. Me


fijé en una puerta a mi izquierda y me lancé hacia ella, rezando que no
estuviera cerrada con llave. Los dioses deben haber estado sintiendo
lástima por mí porque, milagro de los milagros, el pomo giró bajo mi
mano. Salí corriendo por la puerta justo cuando escuché el sonido de
una bala rebotando en el ladrillo donde justo había estado mi cabeza.
Volviendo, torcí el cerrojo de la puerta.

Yo estaba en lo que parecía ser una pequeña tienda desierta, vacía salvo
por unas cuantas cajas. Mi respiración agitada era fuerte en la
habitación tranquila. Revisé a mí alrededor frenéticamente por
cualquier cosa que pudiera ser un arma. Una silla de madera
desvencijada me llamó la atención y corrí hacia ella. Agarrando sus
patas, traté de sacar una fuera. Siempre parecía fácil cuando lo hacían
en las películas, pero aunque pudiera haber parecido desvencijada, era
lo suficientemente resistente como para soportar mi infructuoso intento
de romperlo. Lo llamé una gran variedad de palabras en voz baja.

Un chirrido detrás de mí hizo que mi respiración se helara en mis


pulmones. Agarré mi silla aún intacta y me trasladé de nuevo en las
sombras, manteniéndola por encima de mi cabeza. La puerta a través
101

de la que había llegado se abrió de golpe y se estrelló contra la pared. Oí


pasos cada vez más cerca y esperé mi momento. Respirando hondo,
Página

cerré los ojos y giré la silla.


—¡Ay! ¡Maldita sea! Para Kathleen!

Al escuchar mi nombre me sorprendí y solté la silla, después corrí hacia


la escasa luz. Era mi hombre de negro. Le había derribado al suelo y se
estaba frotando la parte posterior de su cabeza. Había dejado caer su
arma y rápidamente la recogí, moviéndome a una distancia segura.
Incorporándose, me miró.

El arma se sentía extraña en mi mano. No había tenido un arma desde


que mi padre murió. Sin embargo, le apunté con manos firmes.

—¿Cómo sabes mi nombre? —pregunté— Y ¿por qué me persigues?

—No estaba te persiguiendo a ti —dijo con calma. Demasiado tranquilo


para alguien con una pistola apuntándole, si me preguntan—. Estaba
tratando de ayudar. —Se puso de pie y yo di un paso atrás, mirándolo
con recelo.

—Tienes una manera curiosa de demostrarlo —le dije. Incluso para mis
oídos sonaba maliciosa, pero pensé que tenía el derecho— ¿Por qué
habría de creerte? Y todavía no me has dicho cómo sabes mi nombre. —
Él sonrió y tuve que pasar por alto la forma en que mi estómago se
tensó en respuesta. Ningún hombre debería tener permitido quedar tan
bien después de romperle la cabeza.

—Puse empeño en averiguar tu nombre después del incidente en el


juzgado. —Oh. Bueno, eso tenía sentido. Sentí un rubor vergonzoso de
placer porque él había querido saber sobre mí.

—¿Quién eres tú?

—Parece que tienes un don para meterte en problemas —dijo haciendo


caso omiso de mi pregunta—. Primero, el bribón loco en la corte
después estás espiando a Junior. —Puse los ojos en blanco cuando dijo:
"Junior" y tomé eso como que no creía mucho en James—. Y hoy
tenemos a un hombre persiguiéndote con una pistola. —Bueno, cuando
lo puso así, me pareció bastante extraño. Y él ni siquiera sabía acerca
de Sheila.

—Así no es mi vida usualmente —protesté, a continuación, me pregunté


por qué me estaba defendiendo de un hombre que ni siquiera me dijo
su nombre.
102

—¿Quién eres tú? —pregunté de nuevo, usando la pistola para dar


énfasis. Me miró y por un momento pensé que no iba a responder.
Página
—Dennon —dijo finalmente—. Kade Dennon. Ahora, ¿por qué no me
dices por qué estás aquí?

—Estoy aquí porque un bicho raro me perseguía con una pistola —le
dije. No le dije nada de Mark. Mark había dicho que no confiara en
nadie en la empresa y no sabía nada acerca de este tipo, solo que lo
había visto en la corte y en la firma, sin embargo después de horas.

La mirada fija que niveló hacia mí decía que no me creyó ni por un


segundo, pero decididamente apreté mis labios. Se había acercado sin
que me diera cuenta y en un instante me arrancó el arma de la mano.
Un grito de espanto salió de mis labios.

—Vamos a salir de aquí —dijo metiendo el arma en la parte baja de su


espalda y tomando mi brazo. Su movimiento a pulso no me sentó bien,
sobre todo con mi orgullo dañado por la facilidad con que me había
tomado el arma. Me aparté de él.

—Puedo caminar, gracias —dije secamente. Sospechaba de él, a pesar


de que, según él, había estado tratando de ayudarme. Nos dirigimos a la
parte delantera del edificio, que era tan oscura y desierta como la
trasera.

—¿Qué pasó con el otro hombre? —le pregunté, preguntándome si Kade


lo había matado. Él pareció leer mi mente.

—Está vivo —respondió, pero no ofreció nada más. Desbloqueó la


puerta, salimos a la calle y me llamó la atención lo normal que todo
parecía. Hace unos minutos, me había aterrorizado y había corrido por
mi vida. Y sin embargo, el sol seguía brillando y la gente pasaba por su
manera de hacer las normales cosas cotidianas. Se sentía como si
estuviera saliendo de la zona crepuscular.

—Deja que te ayude con eso —dijo Kade, cogiendo la mochila de Mark
que todavía estaba colgada de mi hombro. Rápidamente me puse más
allá de su alcance.

—No, gracias. Estoy bien. —Nuestros ojos se encontraron y en ese


instante, supe que quería lo que estaba en la mochila. Debió haber visto
que Mark me la dio, lo que significaba que me estaba mintiendo. Sentí
miedo de nuevo en la boca del estómago. Casi preferiría tener a alguien
persiguiéndome. Al menos sabía de qué lado estaba. Kade estaba
103

tratando de ganar mi confianza, lo que me asustó. Me di la vuelta y


comencé a caminar hacia el palacio de justicia, Kade poniéndose a mi
lado. Su mano agarró mi brazo, más fuerte esta vez, así que no podía
Página

separarme fácilmente.
No sabía qué hacer. Tenía una pistola. Eso más o menos derrotaba todo
lo que pudiera hacer para escapar de él. Pensé en Mark y preocupada
sobre porque estaba en problemas y si él me había metido en ellos
también.

Cuando nos acercábamos a la corte nos encontramos con un grupo de


chicos de instituto allí en una excursión. Tenía que haber por lo menos
un centenar de ellos amontonándose en la acera y paseando alrededor
de nosotros. Fue entonces cuando tuve una idea.

Me paré en seco en mi camino y Kade tiró bruscamente a punto muerto


a mi lado. Cuando se volvió, con una mirada inquisitiva en su rostro,
dije lo más fuerte que pude,

—¡Oh, Dios mío! ¡Es ese tipo de la tele! —He añadido un chillido agudo
solo para sellar el trato. El efecto fue instantáneo. Las chicas cercanas a
mí se volvieron, teniendo una buena vista de él y empezaron a gritar.
Una ola de cuerpos subió hacia nosotros. Vi una breve mirada de horror
en el rostro de Kade antes de ser asaltado. No podía mantener su agarre
en mi brazo mientras las chicas se empujaban entre nosotros y
rápidamente tomé ventaja, deslizándome entre la multitud.

Pasando lejos rápidamente, me dirigí hacia la puerta del juzgado,


mirando detrás de mí una sola vez para ver todas las cámaras y
teléfonos extendidos hacia Kade. Él levantó la cabeza y nuestros ojos se
encontraron. No parecía feliz. En nada. Miró fríamente furioso en
realidad. Pero inclinó un poco la cabeza hacia mí, como para reconocer
que había sido más hábil y yo sabía que no había visto lo último de él.

104
Página
Capítulo 6

Me apresuré a través de la sala de justicia hacia el otro lado donde


había aparcado el auto. Al pasar por la seguridad, tuve una idea.
Mirando a través de la multitud, vi a Hank, y me dirigí hacia él.

—Hank, ¿tienes un minuto? —le pregunté y miró a su alrededor con


sorpresa. Una sonrisa arrugó su cara cuando se dio cuenta de que era
yo.

—¿Para ti? ¡Por supuesto! —respondió, e hizo un gesto hacia el otro


guardia, Carl, para que tomara su lugar. Me retiré a una parte menos
concurrida del vestíbulo y Hank me siguió.

—¿Qué puedo hacer por ti Kathleen? —preguntó alegremente. No se me


había ocurrido que Hank, que conocía a casi todo el mundo que pasara
por las puertas de forma regular, podría saber quién era Kade.

—Me preguntaba si conocerías a alguien —le pregunté—. Su nombre es


Kade Dennon. ¿Has oído hablar de él? —La sonrisa de Hank se
desvaneció.

—¿Qué quieres saber sobre él Kathleen? —Sus cejas se habían reunido


en un ceño fruncido.

—Me encontré con él, eso es todo —le respondí vagamente—. Parecía...
diferente. —También pensé: atractivo, secreto, peligroso y aterrador,
pero no dije eso. Los labios de Hank se apretaron en desaprobación.
Creo que vio a través de mí.

—No quieres verte involucrada con Kade, Kathleen —dijo seriamente—.


Trae problemas. —Ja. Como si yo no pudiera descubrir esa parte por mi
cuenta.

—¿Qué quieres decir? —le pregunté—. Detalles, por favor.


105

—Kade no es más que un asesino a sueldo —dijo Hank, y ahora se veía


francamente disgustado, pero no estaba dirigido hacia mí—. Se queda
Página

más allá del alcance de la ley y trabaja para quien quiera que le pague
más por hacer el trabajo. —Pensé en el espeluznante Jimmy que
trabajaba para los hermanos Santini.

—¿Quieres decir como Jimmy Quicksilver? —Hank soltó una breve


carcajada.

—Jimmy es un aficionado comparado con Kade —dijo—. Envías a


Jimmy cuando quieres enviar un mensaje. Envías a Kade, —bajó la
voz—, cuando quieres que alguien simplemente desaparezca. —No me
gustó como sonaba eso.

—¿Así que también trabaja para los hermanos Santini? —De alguna
manera, no me podía imaginar a Kade respondiendo ante nadie. Hank
negó con la cabeza.

—Kade trabaja para sí mismo. Los hermanos Santini pueden


contratarlo, pero no trabaja para ellos.

—Bueno, gracias por la información, Hank —dije apresuradamente. Mi


reloj interno había ido avanzando y quería alejarse de los juzgados
antes que Kade se liberara de la multitud de adolescentes. —
Hablaremos más tarde—. Me alejé, pero no antes de ver la mirada de
preocupación en el rostro de Hank mientras me miraba fijamente.

El resto de la tarde transcurrió sin problemas cuando volví a la firma y


terminé el día, tratando, sin éxito, de hacer caso omiso de los dos
gorilas en mi cubículo: las flores de Blane y la mochila de Mark. No voy
a decir que me acobardara enfrentarme a Blane, pero había tenido
suficiente estrés, me llevé las flores a casa conmigo.

Tenía que trabajar en The Drop esta noche y por primera vez me alegré
por la distracción. Me peiné el cabello era una trenza francesa y
rápidamente me puse mi uniforme. Incómoda por dejar la mochila de
Mark en mi apartamento después de que el teléfono de Sheila hubiera
desaparecido, la guardé en el maletero de mi auto.

En cuanto cerré la puerta, me di cuenta de que había un camión de


mudanzas fuera. Alguien se mudaba al apartamento de Sheila. Me tomó
por sorpresa y tuve que tragarme el dolor que amenazaba. Me dirigí a
mi auto y vi a una chica cargando una caja escaleras arriba. Era de mi
estatura y vestía toda de negro. Tenía el cabello negro azabache y caía
de forma desigual por su espalda. Una mecha estaba teñida de rojo.
106

Hmm. No creo que ella y yo fuéramos a ser amigas, si las apariencias


eran algo en lo que basarse. Me habría presentado de todos modos, solo
para ser buenas vecinas, pero ya estaba llegando tarde. Deslizándome
Página

tras el volante, me dirigí al centro.


Estaba sirviendo la barra sola esta noche, los miércoles no eran
generalmente concurridos, Tish y Jill eran las camareras. Romeo estaba
preparando una gran fiesta de Halloween, ya que caía en viernes este
año, así que pasamos nuestro tiempo de inactividad colocando adornos.
Me alegré de haber aceptado el turno de Halloween, sabía por
experiencia que las propinas eran por lo general muy buenas el día de
Halloween.

—Entonces, ¿de qué vas a vestirte, Kathleen? —me preguntó Tish,


mientras colgaba una cadena de mini calabazas iluminadas sobre la
ventana. La pregunta me tomó por sorpresa. No había pensado que nos
íbamos a disfrazar.

—¿Tenemos que llevar un disfraz? —le pregunté y ella asintió.

—Romeo cree que atraerá a más clientes, —respondió—. Y me dijo que


las chicas deben tratar de hacerlo un poco sexy. —Puso los ojos en
blanco y yo estuve de acuerdo. Dudaba que Romeo le hubiera dicho a
Scott que hiciera su traje sexy.

—No tengo ni idea —le dije con sinceridad— ¿De qué te vas a vestir? —
Ella se iluminó entonces y tuve un sentimiento de aprensión.

—Bueno —dijo emocionada—: Tuve esta idea. ¿Sabes que harías una
estupenda Britney Spears? —Está bien, no me juzguéis, pero me
encanta Britney. No todo el mundo puede ser un fan de Pavarotti. Me di
cuenta en el instituto que podía hacer una imitación de Britney para
morirse. Lo habían descubierto una noche en The Drop cuando había
sido demasiado entusiasta en cantar cuando una de sus canciones
sonó en la máquina de discos.

—Sí... —dije lentamente, preguntándome a dónde iba Tish con estoy


segura de que no me iba a gustar.

—¡Pensé que sería muy interesante si te vistes como Britney y yo me


visto como Madonna! Ya he hablado con Jill y ella vendrá como
Christina. Deirdre va a ser Beyoncé. ¿Qué opinas? —Había dejado de
encadenar las luces, boquiabierta mientras la miraba con horror.

—No puedes estar hablando en serio —dije cuando por fin encontré mi
voz—. ¡De ninguna manera puedo hacer eso! —Tish me agitó su mano
con desdén.
107

—¡Por supuesto que sí! Incluso tengo la ropa que puedes usar. —
Cuando seguí mirándola fijamente, sin habla, me explicó, encogiéndose
Página
de hombros—. Me vestí como Britney hace unos años. Está en la parte
de atrás. Te la daré para que la tengas para el viernes.

No había manera de que fuera a ser capaz de convencerla de no hacer


esto. Tish era agradable, pero podía ser como un perro de presa cuando
se le metía algo en la cabeza. Tenía dudas, pero tal vez fuera divertido.
Después de todo, no me había disfrazado para Halloween en años.

—Está bien —dije cediendo de mala gana—. Pero no te voy a besar. —


Ella se rió e hizo una mueca antes de entrar en el almacén a por la caja
de velas negras y anaranjadas que iban a ser los centros de mesa.

El bar parecía muy festivo para cuando acabamos y sentí mi espíritu en


ascenso. Yo era una adicta a las fiestas. Cualquier día de fiesta me
valía. Celebraba desde el Martes de Carnaval hasta el Día de la
Bandera. Los clientes eran lentos pero constantes y se habían ido en el
momento en que cerramos, que siempre era muy bueno, ya que
teníamos que limpiar y preparar la barra para el día siguiente, antes de
irnos.

Estaba terminando de secar algunos vasos de la barra cuando Tish


apareció y puso una bolsa de papel sobre la barra.

—No te olvides de las trenzas —me recordó y puse los ojos en blanco.

—¿Te vas? —le pregunté, y ella asintió— ¿A menos que quieras que te
espere?

—No, está bien —le dije. El bar estaba en un barrio decente y había
aparcado cerca. Nunca me había sentido incómoda por salir tarde por la
noche y le dije a Tish que podía irse y yo cerraría.

Quince minutos más tarde, había terminado y cerré la puerta, haciendo


malabares con mi bolso y la bolsa de papel en mis brazos. Giré la llave y
comprobé para asegurarme de que el cerrojo estaba seguro. Cuando me
di la vuelta, me sorprendió ver a un hombre de pie en las sombras. Un
destello de temor pasó por mí antes de que procesara el hecho de que
su silueta era familiar. Blane.

Estaba apoyado en su auto que estaba aparcado en el bordillo. Mi


corazón se aceleró por su repentina aparición, pero no pude resistir la
tentación de empaparme de él. Había optado por vestir casual otra vez y
sus vaqueros abrazaban sus piernas, bajando hasta sus tobillos y botas
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cruzadas de forma despreocupada. Llevaba una camisa oscura que no


podía ver claramente por culpa de su chaqueta de cuero. Tenía los
Página

brazos cruzados mientras me miraba.


—Si pudieras dejar de asustarme casi hasta la muerte cuando te
presentas, te lo agradecería —le dije secamente, sintiendo un patrón en
la forma en que había conseguido atraparme por sorpresa una vez más.

—¿Recibiste las flores? —preguntó ignorando mi reprimenda.


Inmediatamente me sentí culpable por no darle las gracias. Mi madre
me había enseñado mejores modales que eso y estaba segura que
habían costado una pequeña fortuna. Las flores habían sido un lujo
raro para mi madre cuando mi padre estaba vivo. A pesar de que
siempre le había reprendido cuando las compraba para ella, diciendo
que eran demasiado caras, en secreto le habían encantado. La
peculiaridad del tratamiento se me había contagiado a mí.

—Sí, gracias —le dije con frialdad—, eran preciosas. —Tomé un


pequeño paso hacia atrás, con cuidado de mantener una distancia
segura lejos de él. Sus labios se movieron, reprimiendo una sonrisa
mientras me observaba.

—¿Te está matando darme las gracias? —preguntó y me enfurecí.

—Por supuesto que no, —mentí, mis mejillas se ruborizaron por la


vergüenza que él asumiría que mis modales eran escasos—. No sé por
qué las has enviado, eso es todo.

Se apartó del auto y de repente estaba mucho más cerca de mí de lo


que era cómodo para mi ritmo cardíaco. Instintivamente tomé otro paso
hacia atrás solo para encontrarme con la pared. Blane se acercó más
hasta que tuve que inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo. La tenue
luz de la farola estaba a su espalda y me iluminaba incluso mientras
dejaba su rostro en sombras. Estaba lo suficientemente cerca ahora
para que oliera su colonia, que se mezclaba con el olor a cuero de su
chaqueta.

—¿Cómo estuvo tu cita? —me preguntó en voz baja. Alargó la mano


para enganchar mi cabello trenzado y que poco a poco se había
desprendido de la banda que lo sostenía. Sentí mi aliento congelarse en
mi pecho. Sabía que me había preguntado algo, pero estaba teniendo
problemas para recordar lo que era cuando sus dedos comenzaron a
aflojar los cordones trenzados de mi cabello. Entonces me acordé y solté
una respuesta.

—Bien, estuvo bien. —Mi voz era demasiado jadeante. Busqué en la


109

oscuridad de su cara, tratando en vano de ver sus ojos. Sus dedos se


mantenían metódicamente destrenzando mi cabello.
Página
—Suena emocionante —dijo secamente y tuve la idea fugaz de que
debería defender a James.

—¿Qu... qué estás haciendo? —Balbuceé. Había deshecho


completamente mi peinado y ahora estaba dejando los mechones
ondulados deslizarse entre sus dedos. Yo siempre había sido una
fanática de que me tocaran el cabello. Añadidle la sensualidad
abrumadora y carisma natural de Blane y me sentía como si fuera a
derretirme en un charco de baba en la acera.

—Tocarte —respondió en voz baja y creo que mi ritmo cardiaco se


triplicó. Esa palabra conjuró todo tipo de imágenes en las que no tenía
caso que pensara. Traté de recordar por qué tenía que mantenerme
alejada de él.

—Para —le dije y fue una protesta verdaderamente patética. De verdad,


me sorprendió que no se riera de mí.

—¿Quieres que pare? —preguntó en el mismo tono áspero que me


atravesaba como una corriente eléctrica. No podía pensar con él tan
cerca, con su mano en mi cabello, su otra mano ahora cerrándose sobre
mi cadera. Solté lo primero que se me ocurrió que podría ayudarme a
volver a ponerme detrás de mis defensas.

—¿Has averiguado algo con esos números en el teléfono de Sheila? —Su


mano se detuvo en mi cabello—. Sé que tú eres quien se lo llevó —
insistí.

—Lo que es realmente muy bajo de tu parte, ¿sabes?

—¿Cómo sabes que me lo llevé? —me preguntó y esta vez su voz tenía
un sonido muy distinto. Me hizo temblar y no en el buen sentido. Me di
cuenta demasiado tarde de que estaba en una posición muy vulnerable.
Blane tenía una manera de traspasar mis sospechas y mis defensas y
yo estaba pateándome a mí misma por ser una mujer tan
estereotípicamente crédula.

—No, quiero decir, que podrías haberlo hecho, pero tal vez no, —
retrocedí nerviosa—. Creo que cualquiera podría haber entrado y
llevárselo. Hey, ¿qué sé yo? —Estaba balbuceando y me obligué a callar.
Después de unos instantes, respondió.

—Tienes razón —dijo— me llevé el teléfono. —Una parte de mí se alegró


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de que mis instintos estuvieran en lo cierto. La otra parte, la parte más


sensible y realista, creía que acababa de ponerme en una mala
Página

situación. La advertencia de Mark acerca de no confiar en Blane y la


empresa se hizo eco en mi cabeza. Estábamos solos en la calle, a altas
horas de la noche. Qué idiota era. Recordé vívidamente la mano de
Blane alrededor de mi cuello en mi auto.

Los dedos de Blane se habían movido en mi cabello otra vez y yo


instintivamente me eché hacia atrás presa del miedo. Se alzaba sobre
mí y de repente las sombras de su rostro ya no parecían misteriosas,
pero había amenaza en su lugar. Sentí un escalofrío a través de mí. Él
debió sentir lo mismo también porque su mano se movió hasta la parte
posterior de mi cabeza, con los dedos enredados en el cabello y me
obligó a mirarlo.

—No voy a hacerte daño —dijo con firmeza—. Tomé el teléfono porque
estoy tratando de protegerte. —No debí haber parecido muy convencida
porque, continuó—. Las personas que mataron a tu vecina, no se lo
pensarían dos veces antes de hacerte lo mismo. —Muchas cosas acerca
de lo que dijo me molestaron, pero una destacó más que las otras.

—¿Sabes quién mató a Sheila? —Busqué en su rostro, con la esperanza


de que podría decir si estaba mintiendo. Negó con la cabeza.

—Mantente lejos de esto Kathleen, —ordenó—. O terminarás de la


misma manera. —Mi temperamento se encendió de nuevo.

—¿Es una amenaza? —pregunté, mis ojos se entrecerraron con ira.


Estaba harta de este juego. Necesitaba saber quién era mi amigo y, lo
más importante, quién era mi enemigo.

La mano de Blane se cerró en un puño en mi cabello y tiró de mi cabeza


hacia atrás, el dolor leve haciéndome jadear. Envolvió su brazo
alrededor de mi cintura y tiró de mí hacia él, hasta que estuve
completamente presionada contra él. Dejé caer la bolsa mientras mis
manos se acercaron a tratar de empujar contra su pecho, pero no pude
conseguir ninguna ventaja. Él bajó la cabeza hasta que estaba a
escasos centímetros de la mía, sus ojos clavados en los míos y brillaban
plateados en la noche.

—Eres como un gatita acorralada, Kathleen —dijo sacudiendo la


cabeza—. Todavía bufas y pretendes luchar para salir. Estoy tratando
de protegerte. Déjame hacerlo. —No estaba segura si apreciaba ser
comparada con un gatita, pero supongo que había cosas peores. Dudé.
Parecía tan sincero. Podía sentir su corazón latiendo en su pecho y el
111

mío parecía haber tomado el mismo ritmo.


Página
—Pero... ¿por qué? —le pregunté, confundida. No tenía sentido. ¿Por
qué Blane me dedicaría una segunda mirada y mucho menos trataría
de protegerme? ¿Qué era yo para él? Nada, en realidad.

Absorbí una respiración irregular cuando sentí sus labios tocando mi


mandíbula. Su mano tiró otra vez y mi cabeza se vio obligada hacia más
atrás, lo que le dio acceso a la garganta. Sentí su boca en la piel de mi
cuello y me estremecí.

—No sé, —susurró contra mi piel—. Parece que no puedo mantenerme


alejado. —Tuve un momento difícil siguiendo sus palabras cuando sentí
su lengua tocar el lugar donde el cuello se unía con el hombro. Mis ojos
se cerraron y mis labios se abrieron mientras mi respiración llegaba en
pequeños jadeos. Mis brazos se deslizaron alrededor de su cuello y
enterré mis dedos en su cabello, peinándolo con avidez a través de los
suaves mechones. Su boca se fijó sobre la piel de mi cuello y
succionaba suavemente. El calor de su caricia traspasó todo mi cuerpo.

—Señora, ¿está usted bien?

La voz fuerte de repente fue como un balde de agua fría. Blane


rápidamente me soltó, me empujó detrás de él cuando se volvió para
enfrentarse al policía a pocos metros de distancia. Mi cabeza todavía
daba vueltas cuando el oficial volvió a hablar.

—Señora, ¿necesita ayuda? —Salí de detrás Blane y mis rodillas se


sentían como gelatina. El policía estaba mirando sospechosamente a
Blane, con la mano apoyada suavemente en su funda.

—Estoy bien —le contesté—. Solo me dirigía a pasar la noche en mi


casa. —Le lanzó una mirada furtiva a Blane cuyo rostro era ilegible,
salvo por el apretamiento de la mandíbula.

—Hasta luego Blane —dije en voz baja, y me dirigí a mi auto, el oficial


observándome con preocupación. Mis ojos se encontraron con los de
Blane una vez más y luego, con una confusa mezcla de alivio y
decepción, encendí mi auto y me fui a casa.

Llegué a mi edificio de apartamentos sin memoria real de conducir


hasta allí. Mi mente estaba demasiado llena de Blane. Lo que había
dicho. Lo que había hecho. Tenía que dejar de rendirme ante él.
Obviamente, a él le gustaba la persecución. El problema, como siempre
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con hombres como él, era que una vez que la persecución terminaba,
perdían el interés. Me conocía lo suficientemente bien como para saber
que nunca podría tener una aventura casual con Blane. Terminaría con
Página
un corazón roto y un regalo de despedida, sin duda cuidadosamente
escogido por Clarice.

No fue hasta que estaba subiendo las escaleras hasta mi apartamento


que me acordé de que había dejado caer el traje de Britney de Tish y me
había olvidado recogerlo de nuevo.

—¡Mierda! —Exclamé, parando en seco. Realmente no quería volver.

—¿Cuál es el problema?

Miré hacia arriba. La chica que se mudó al apartamento de Sheila


estaba apoyada en la barandilla junto a su puerta. Estaba oscuro allí,
así que no la había visto al principio. Ahora que miraba más de cerca,
podía ver que estaba fumando un cigarro.

—Nada, —finalmente respondí—, simplemente olvidé algo. —Terminé de


subir las escaleras y dudé. Me sentí como si tuviera que decir algo más.

—Soy Kathleen —le dije a modo de introducción, tendiéndole la mano.


Ella la miró por un momento y pensé que tal vez no la iba a tomar,
luego metió el cigarro entre los dientes y me estrechó la mano. Ahora
que estaba más cerca de ella, podía ver que era de mi estatura. Su cara
se veía muy joven.

—CJ —dijo—. Encantada de conocerte. —Luego se volvió a inclinarse


sobre la barandilla, fumando el cigarro. No estaba segura de que
hubiera oído su nombre correctamente.

—¿CJ? —Repetí y ella asintió—. Bueno, encantada de conocerte


también. —Le dije formalmente. CJ no parecía muy habladora. Me moví
hacia mi puerta.

—Buenas noches —le dije y pensé oír un murmurado "buenas noches",


desde su dirección. Abriendo con llave la puerta, entré. El día me había
alcanzado y estaba agotada. Y al parecer, tenía que encontrar un nuevo
vestuario de Britney Spears antes del viernes. Gruñí y caí en la cama.

El jueves fue un día ocupado y estaba agradecida por ello. Me dejaba


menos tiempo para preocuparme por Mark y obsesionarme con Blane.
No es que estuviera obsesionada, de verdad, solo seguía reproduciendo
sus besos una y otra vez en mi cabeza. No era sano, lo sabía, o bueno
para mi determinación para resistirme a él. Fui pillada por sorpresa
113

cuando el objeto de mi obsesión de repente apareció en mi cubículo


alrededor de media tarde.
Página
—Tenemos que ir al centro —dijo secamente. Mi corazón había
empezado a latir a doble compás en el momento en que puse los ojos en
él y pude sentir mi cara sonrojarse. Sus palabras no se registraron
inmediatamente. Todo lo que podía pensar era en que había dicho que
no podía mantenerse alejado y me había besado. Incluso había dejado
una pequeña marca en la piel, que me negaba a llamar chupetón. Mi
cubículo, que no era tan grande para empezar, se sentía demasiado
pequeño con él de pie junto a mí.

—¿Por qué tenemos que ir al centro? —Finalmente dije abruptamente,


cuando mi mente había procesado lo que había dicho. Hoy estaba
vestido para ir al juzgado, traje completo, a rayas grises, con una
camisa blanca y una corbata burdeos estampada. Me sentí bastante
rechoncha con mis pantalones de color caqui y un jersey azul marino.

—La policía quiere reunirse contigo —respondió.

—¿Para qué?

—No lo quisieron decir. —Se dio la vuelta para irse, sin darme la
oportunidad de preguntarle más, agarré mi bolso y corrí tras él. Al
pasar por la oficina de Diane, la vi mirándonos. Mierda. Yo
marchándome con Blane. Sí, apuesto a que sabía lo que estaba
pensando. Fantástico.

Blane me llevó hasta su auto y abrió la puerta para mí. Me deslicé


dentro y cerró la puerta detrás de mí. Luego nos condujo hacia el
centro. Había olvidado lo pequeño que era el interior del auto, o tal vez
era solo el tamaño de Blane que me hacía parecer pequeña, pero
estábamos muy cerca y traté de no estar distraída por eso.

—No tenías que venir —le dije—. Podría haber ido por mi cuenta. —Me
miró antes de devolver sus ojos a la carretera.

—Soy tu abogado —dijo con firmeza—. Es mi trabajo ir contigo.

—Entonces tengo que pagarte —le dije tercamente, aunque me


preguntaba cómo sería alguna vez capaz de permitirme el lujo de
hacerlo. Sabía que la empresa cobraba más de quinientos dólares la
hora por el tiempo de Blane. Vi las comisuras de sus labios contraerse.

—Me puedes pagar vistiendo lo que está en el asiento de atrás. —


Perpleja, me giré en mi asiento y vi a mi bolsa de papel marrón que
114

estaba detrás de mí. Gruñí y oí reír a Blane suavemente.


Página

—Pensé haberlo perdido —le dije, decepcionada de que no fuera el caso.


Mis mejillas se calentaron pensando en lo pequeño que era el disfraz.
—¿Me atrevería a esperar que fuera un ejemplo de tu gusto habitual en
prendas de vestir durante las horas que no trabajas? —preguntó Blane.

Sus palabras hicieron bailar mariposas en el estómago. Maldición.

—No, —le respondí—. No lo es. Todo el personal del bar nos vamos a
vestir como divas del pop el viernes por la noche. —Dudé. Esto era
vergonzoso—. Se supone que debo ser Britney —me quejé. Di un salto
de sorpresa cuando Blane se echó a reír y aunque me encantó el
sonido, me sentí ponerme aún más roja de vergüenza.

—Caramba, gracias —murmuré malhumorada, cruzando los brazos


sobre mi pecho y deslizándome hacia abajo en mi asiento. Se las arregló
para sofocar su risa, pero su sonrisa se mantuvo.

—No puedo imaginarte pretendiendo ser Britney —dijo mirándome. Su


sonrisa hacía que sus ojos brillaran, me di cuenta con aire ausente—.
No pareces de ese tipo. —Me enfadé ante su cuestionamiento de mi
adorada princesa del pop.

—Hey, ella es muy exitosa —dije a la defensiva—, especialmente para lo


joven que es. —En alguna parte de mi mente, no podía creer que
estuviera hablándole de Britney Spears a Blane. Parecía surrealista. Él
se rió suavemente y sacudió la cabeza.

—No estoy diciendo que no lo sea —dijo y pude oír la diversión enlazada
en su voz—. Estoy seguro de que es una joven mujer con mucho
talento. —Carraspeé ante esto, pero al menos respetaba mi amor por
Britney.

Llegamos a la comisaría muy pronto. Había estado disfrutando los raros


momentos libres de tensión entre Blane y yo. Tomándome por el codo,
me apuró hacia el interior. Blane dio nuestros nombres al oficial
sentado detrás del mostrador y él nos dijo que tomáramos asiento en la
sala de espera. Nos sentamos obedientemente en las sillas de plástico
de color azul y esperamos en silencio.

Unos minutos más tarde, un hombre salió por la puerta y se acercó a


nosotros. Medía sobre un metro setenta y cinco centímetros y que
parecía tener cuarenta y pocos años. Tenía el cabello castaño y escaso
en la parte superior, llevaba unos insulsos pantalones marrones, una
camisa blanca y una corbata demasiado corta.
115

—¿Kathleen Turner? —preguntó, mientras Blane y yo nos poníamos de


pie. Asentí y le tendí la mano.
Página
—Detective Frank Milano —dijo sacudiendo la mano con firmeza. Blane
se presentó también y también le estrechó la mano.

—¿De qué trata esto? —preguntó Blane.

—Nos gustaría que la señorita Turner nos ayudara a identificar un


cuerpo —respondió el detective Milano.

Mi boca se abrió en shock.

—¿Un cuerpo? —Repetí y Blane me dio una mirada. Cerré la boca con
un chasquido.

—Sí. —El detective ignoró a Blane y me respondió—. Creemos que


hemos encontrado a la persona que mató a su vecina, Sheila
Montgomery, pero necesitamos estar seguros. Pensamos que podría
conocerlo.

Me sorprendió por un momento, pero luego me di cuenta que era una


buena noticia. Quizás Mark se había equivocado acerca de las personas
en las sombras que iban tras él y Sheila. Pero no sabía por qué la
policía pensaba que yo sabía quién era.

—Vamos a tener que llevarla a la morgue —continuó y yo asentí.

—Está bien. —El detective se volvió y abrió la marcha, Blane lo siguió


un paso detrás de él.

—¿Alguna vez has visto un cadáver antes? —Blane me preguntó en voz


baja. Pensé en mi madre y mi padre y asentí. —¿Has visto a un muerto
que no ha sido preparado por un empleado de la funeraria? —Persistió
Blane. Pude ver a dónde iba. Sabía que los cadáveres eran horribles,
pero yo pensaba que tenía un carácter muy fuerte.

—No me voy a enfermar o desmayar, si es eso lo que estás preguntando


—dije entre dientes, exasperada, poniendo los ojos en blanco. Por favor.
No es como si fuera una especie de frágil florecilla. Blane no dijo nada
más y yo esperaba que hubiera dejado claro mi argumento.

Unos minutos más tarde estábamos en una habitación fresca, que tenía
un fuerte olor a antiséptico y algo más. Mi imaginación decía que era la
muerte y la decadencia. Le dije a mi imaginación que se callara.

Un técnico se reunió con nosotros y nos llevó a una habitación aún más
116

fría donde estaban los armarios. Parecía extrañamente familiar. No


porque hubiera estado en la morgue antes, sino porque se parecía a lo
Página
que ves en la televisión. Me estremecí y no creo que fuera solo por el
frío.

El técnico y el detective Milano estaban en un lado del armario y Blane


y yo en el otro. Mi valentía de antes con Blane se desvanecía
rápidamente y me moví nerviosamente de un pie al otro. Cuando el
técnico abrió la puerta y sacó la bandeja del cuerpo, empecé a sentirme
un poco mareada.

Había una figura inmóvil sobre la bandeja, cubierta con una sábana
blanca. No podía apartar la mirada de él. El olor era mucho más fuerte
y mi estómago se revolvió. Tragué fuerte, decidida a no vomitar.

El técnico tiró de la sábana. Era Mark. Parecía perfectamente tranquilo,


como si pudiera estar durmiendo. Excepto que toda la parte posterior
de su cabeza había desaparecido.

La habitación parecía emborronarse ante mis ojos. Me tambaleé hacia


atrás, con necesidad de alejarme de los restos horribles del cuerpo de
Mark. Extendí la mano a ciegas buscando a Blane, incapaz de apartar
la mirada de la visión espantosa.

Lo siguiente de lo que fui consciente fue el sonido de voces enfadadas.


Parecían venir de muy lejos, como si mis oídos estuvieran llenos de
algodón. Me sentí muy liviana. Y fría. Fría y liviana. Las voces eran más
fuertes ahora y pude distinguir las palabras.

—... qué coño cree que está haciendo Detective. —Blane estaba diciendo
y la furia de su voz me hizo querer temblar—. Algo de aviso habría
estado bien. —No pude oír la respuesta del detective.

Me di cuenta de que me estaba moviendo. Abrí los ojos y vi la cara de


Blane y me di cuenta que estaba cargando conmigo. Cerré los ojos
fuerte, inmediatamente deseando poder desmayarme de nuevo solo
para ahorrarme la humillación de ser cargada por Blane.

Antes de que pudiera pedirle que me bajara, me estaba tumbando con


sumo cuidado en un sofá. Detrás de él podía ver a Milano merodeando,
con una expresión en cierta manera ansiosa en su rostro. Sin duda, se
preguntaba si iba a vomitar también. Hice un inventario mental, pero
no me dolía en ninguna parte lo que me pareció extraño.

—¿No golpeé el suelo? —le pregunté a Blane, confundida. Se había


117

quitado la chaqueta y la puso sobre mí. Como yo todavía estaba


temblando, me sentí agradecida por ello. Su rostro estaba encolerizado,
Página
sus labios apretados en una fina línea. A mi pregunta, sin embargo, se
suavizaron.

—¿Crees que te dejaría caer? —respondió en voz baja, la voz burlona


que solo yo podía oír—. Tengo que mantenerte ilesa para poder
recordarte que estabas bastante segura de que no te ibas a desmayar.
—De acuerdo, lo veía venir.

Me senté y Blane movió su chaqueta detrás de mí para colocarla encima


de mis hombros. Mirando hacia arriba, vi a Milano. Lo miré de forma
acusadora.

—¿Por qué no me dijo que era Mark? —pregunté. Parecía incómodo


ante mi acusación.

—No estábamos seguros de que fuera la misma persona que usted dijo
que era el novio de Sheila, —respondió defensivamente—. La
necesitábamos para identificarlo como el mismo hombre.

—¿Qué le pasó? —preguntó Blane. Había estado agachado delante de


mí, pero ahora él se trasladó a sentarse a mi lado en el pequeño sofá.
Mirando alrededor, vi que estábamos en lo que parecía una sala de
descanso de los empleados. Además del sofá y de algunas sillas
desparejadas, había una nevera, un microondas y una TV.

—Los vecinos lo encontraron —dijo Milano—. Escribió una nota suicida


confesando el asesinato antes de pegarse un tiro.

La imagen de la pobre cabeza de Mark volvió a mí y la habitación


parecía inclinarse. Blane debió sentir mi angustia, porque deslizó su
brazo por mi espalda y me agarró con fuerza.

—Respira despacio —dijo en mi oído—. Respira profundo. —Cerré los


ojos y me concentré en mi respiración. Sentí el mundo enderezarse de
nuevo después de unos minutos. Cuando abrí los ojos de nuevo, vi que
Milano nos miraba con recelo. Sabía lo que probablemente pensaba, al
ver el brazo de Blane a mí alrededor, pero no me importaba.

—¿Está diciendo que se suicidó? —le pregunté. Eso no tenía sentido.


Ayer Mark había estado asustado y tratando de mantenerse con vida.
No había parecido un hombre en medio de la depresión y la culpa.

—Eso es lo que parece —respondió.


118

—Lo están entendiendo mal —le dije con firmeza—. No hay manera de
que pudiera haber asesinado a Sheila ni quitarse la vida tampoco. Él
Página
también fue asesinado. —Pude ver el escepticismo en los ojos de Milano
y luego lástima, lo que me enfureció.

—Créame, —insistí—. Tienen que encontrar a quien hizo esto. Mataron


a Sheila y ahora a Mark. —Milano ya estaba sacudiendo la cabeza.

—Lo siento, pero el caso ha sido cerrado. Mark era su novio. Usted
misma dijo que discutieron esa noche, lo que le sitúa en la escena del
crimen. Su nota fue su confesión.

—¡Pero están equivocados! —Mi voz se estaba volviendo estridente y


Blane me atrajo más fuerte contra su costado. Si era para consolarme o
para que me tranquilizara, no lo sabía.

—Lo siento —dijo Milano y para darle crédito, parecía sincero—, no hay
nada más que pueda hacer. —Con una última mirada hacia Blane y a
mí, se fue.

—¿Estás bien? —preguntó Blane. Sorbí por la nariz. Mis ojos estaban
húmedos y mi nariz había comenzado a gotear. Furiosa, me limpié los
ojos con la manga.

—Bien —dije secamente— ¿Podemos irnos? —En respuesta, Blane se


levantó y me ayudó a ponerme de pie. Me quité su abrigo con un
movimiento de hombros y se lo devolví. Nos dirigimos al auto y crucé los
brazos sobre mi pecho. La luz del sol se estaba desvaneciendo y el
viento había empeorado. Después de que nos hubimos metido en el
auto, Blane encendió la calefacción.

—¿Nunca te pones un abrigo? —me preguntó. Hice una mueca. Odiaba


ponerme abrigos. Por lo general, me ponía capas y suéteres hasta que
había nieve en el suelo. Entonces me rendía al invierno y llevaba un
abrigo.

—Por lo general no —le contesté. No fue hasta que estábamos a mitad


de camino que me di cuenta de que no estábamos volviendo a la
empresa, sino que nos dirigimos a mi apartamento.

—¿Por qué me llevas a casa?

—Has tenido un shock —dijo Blane con total naturalidad—. Te vas a


tomar el resto del día libre. Necesitas descansar. —Abrí la boca para
protestar, pero una mirada de él me hizo cerrarla. Eran casi las cinco de
119

la tarde de todos modos. No valía la pena discutir sobre el tema.

Nos detuvimos en mi estacionamiento mientras el anochecer estaba


Página

cayendo. Me volví hacia Blane para darle las gracias, pero él ya estaba
saliendo del auto. En un momento, abrió la puerta y me ayudó a salir
del auto. Subimos las escaleras en silencio. Odiaba admitirlo, pero tenía
razón. Me sentía conmocionada.

Sacando las llaves de mi bolso, fui a abrir la puerta y me congelé. No


estaba cerrada con llave. Blane, de pie detrás de mí, se dio cuenta que
algo andaba mal.

—¿Qué pasa? —me preguntó. Me volví hacia él, con los ojos abiertos de
par en par.

—Siempre cierro mi puerta —le dije. La comprensión aterrizó


inmediatamente en sus ojos y de repente me apartó de la puerta,
empujándome detrás de él. Alcanzando su espalda con el brazo, sacó su
arma. Palidecí. Ni siquiera le había visto ponerse eso en el auto.

—Quédate aquí, —me ordenó. Asentí obedientemente, pero estaba


pensando "ni lo sueñes, amigo." Mi gato estaba allí.

Empujando rápidamente la puerta, Blane echó un vistazo dentro. Si


alguien estaba esperando en el otro lado, no se manifestó. Pisando con
cuidado en el apartamento, sostenía el arma delante de él. Desapareció
de mi vista y conté hasta diez, vale, cinco, antes de seguirlo. La escena
que encontraron mis ojos me hizo jadear.

Mi apartamento había sido destrozado completamente. No podía creer lo


que estaba viendo. Mi sofá estaba dado la vuelta, los cojines rajados. El
cristal de la pantalla de mi televisor había sido aplastado. Las pocas
plantas en macetas que me había arreglado para no matar habían sido
arrojadas sobre mi alfombra.

Pude mirar dentro de la cocina y la puerta de la nevera estaba abierta


de par en par, su contenido su escaso contenido vertido sobre el linóleo.
Los platos y vasos estaban rotos y esparcidos en pedazos en el suelo.

Mientras yo permanecía en estado de shock y consternación, Blane


regresó a la vista desde mi habitación, metiendo su pistola de nuevo en
su cintura. Su rostro era sombrío y el terror se apoderó de mí.

—¿Encontraste a Tigger? —le pregunté frenéticamente. Sabía que de


ninguna manera podría manejar esto si algo le había sucedido. Blane
negó con la cabeza.
120

—No, aunque podemos seguir mirando. —Pero sabía que él pensaba


que Tigger probablemente estaba muerto o desaparecido y su imagen se
Página

emborronó mientras mis ojos se llenaban de lágrimas.


Pisando con cuidado sobre el cristal roto, me quedé en la puerta de mi
dormitorio. Mi ropa había sido sacada del armario y tirada en desorden
en el suelo. Pude ver que había sido desgarrada. Incapaz de aguantar
más, me di la vuelta.

Una llamada desde el salón nos hizo a los dos girar alrededor. Mi nueva
vecina, CJ, estaba allí de pie. Su boca tenía la forma de una O mientras
miraba a su alrededor, con los ojos abiertos. Pero no me di cuenta tanto
de eso como de lo que estaba sosteniendo.

—Tigger. —Grité, tambaleándome hacia delante para agarrarlo. Gracias


a Dios. Las lágrimas escaparon de mis ojos mientras sentía su familiar
ronroneo sordo. Miré a CJ.

—Muchas gracias —le dije— ¿Cómo lo encontraste?

—Estaba dando vueltas afuera —respondió ella—. Pensé que podría ser
tuyo. —Hizo una pausa—. Entonces, ¿qué diablos pasó aquí?

—¿Viste o escuchaste algo inusual hoy durante el día? —le preguntó


Blane. CJ negó con la cabeza.

—Nah. Trabajo de noche así que duermo durante el día. No oí nada. Lo


siento. —Yo estaba decepcionada, pero al menos tenía a Tigger.

—Bueno, muchas gracias por cuidar de mi gato —le dije con gratitud.

—No hay problema. Nos vemos luego.

Cuando se fue, miré a mi alrededor y suspiré. Lo que ya había sido un


largo día prometía ser una noche aún más larga. Y ni siquiera quería
pensar en cómo iba a reemplazar todas mis cosas. No tenía ningún
seguro de inquilino.

—Vamos —dijo Blane, abriéndose paso a través de la sala de estar hacia


la puerta. Fruncí el ceño, confundida.

—¿Qué quieres decir? —le pregunté— No puedo irme. Tengo que llamar
a la policía y empezar a limpiar este desastre.

—No, no lo harás —dijo secamente—. Llamaremos a la policía desde mi


casa. Te quedas allí esta noche. —Esa era una mala idea. Tentadora, de
esa manera que te hace saber que te va a encantar cada minuto y te
odiarás a ti mismo por la mañana, pero sigue siendo una mala idea.
121

—No lo creo —dije con firmeza—. Puedo quedarme con Clarice o algo
así. —La mandíbula de Blane se tensó y me puse recelosa.
Página
—Puedes venir voluntariamente o no, —amenazó—. Pero te guste o no,
vas a venir conmigo. —La expresión de su cara me hizo pensar que no
era un farol. De alguna manera sabía que si me iba con él, no habría
vuelta atrás, una línea en la arena habría sido cruzada. Pero a pesar de
esa voz interior que me gritaba, que me decía que ir con Blane sería
mucho más peligroso para mi bienestar que quedarme allí, me rendí y le
seguí fuera de la puerta de mi apartamento.

122
Página
Capítulo 7

Sostuve a Tigger en mis brazos mientras Blane conducía. Me sentía


entumecida. Mark había sido asesinado y parecía que yo podría ser la
siguiente en su lista. Sostuve a Tigger más cerca de mí. De repente,
parecía que era todo lo que tenía.

El auto se detuvo, Blane apagó el motor y miro a su alrededor con


curiosidad. Al no haber prestado atención a donde nos dirigíamos, no
me había dado cuenta de que habíamos llegado. Al mirar por la
ventana, me encontré boquiabierta.

Nos detuvimos en una entrada circular y mi lado enfrentaba la casa. Y


menuda casa que era: una hermosa casa de dos pisos estilo colonial
con enormes pilares en el frente. Una larga acera llevaba a la enorme
puerta principal y focos colocados discretamente iluminaban la casa en
los puntos estratégicos. La planta baja mostraba luces en el interior y
me pregunté si Blane vivía con otros miembros de la familia. O una
nueva novia.

Me tomé tanto tiempo mirando con asombro a la casa que Blane ya


estaba en la puerta antes de que me hubiera dado cuenta que había
conseguido salir. Agarré a Tigger bien fuerte cuando salí del auto. Nos
dirigimos a la senda y Blane llegó a mi lado, levantando la correa de mi
bolso de mi hombro y cargándolo con sus dedos. Su mano se posó en la
parte baja de mi espalda mientras me guiaba por el camino.

Incluso en las sombras profundas del crepúsculo podía ver que el


terreno era amplio y ajardinado. Pasamos arbustos bien cuidados y a
pesar de que el patio estaba lleno de árboles, no vi más que un puñado
de hojas perdidas en el suelo. Parecían ser un toque casi artístico más
que restos normales del otoño. Cuando nos acercábamos a la puerta,
ésta se abrió y me detuve, vacilante.

—Está bien —dijo Blane tranquilizándome—. Es solo Mona, mi ama de


llaves. —Efectivamente, una mujer apareció en la puerta, sonriendo
123

ampliamente. Era un poco más alta que yo y parecía estar a finales de


los cincuenta o principios de los sesenta años. Su cabello era de un gris
Página

plateado brillante y con estilo liso. Su ropa era muy agradable y


conservadora y aún así práctica. Por alguna razón, me recordó a una
profesora de piano.

—Buenas noches Blane —dijo mientras nos acercábamos y pasábamos


por su lado entrando en la casa. Cerró la puerta y se volvió hacia
nosotros, con los ojos descansando expectantes en Blane.

—Buenas noches Mona —dijo Blane—. Esta es Kathleen Turner.


Trabaja en la empresa. Alguien irrumpió en su apartamento, por lo que
ella y su gato se quedarán aquí. —Mona frunció el ceño. Sonreí
nerviosamente, esperando que Mona no creyera que era una de las
chicas-del-mes de Blane.

—Siento mucho escuchar eso querida —dijo y sus ojos eran amables.
Dejé escapar el aliento que había estado conteniendo. Echó un vistazo a
Tigger, lo agarró de mis brazos—. Por supuesto que eres bienvenida
aquí. ¿Cuál es el nombre de tu gato?

—Tigger, —le contesté—, su nombre es Tigger. —Dicho gato seguía


dormitando, el ronroneo tan fuerte que era casi vergonzoso. Mona se
inclinó para rascarle las orejas a Tigger, lo que le hizo ronronear más
fuerte.

—¿Tal vez a Tigger le gustaría algo de cenar? —preguntó y asentí. Estiró


los brazos hacia él y le entregué mi precioso trozo de felino naranja
mimado, mientras Blane hablaba con Mona.

—¿Dónde está Gerard? —le preguntó.

—Oh, está arriba —dijo casualmente—. Uno de los baños tiene un grifo
que gotea. —Tigger parecía contento en brazos de Mona mientras le
acariciaba la piel—. Va a ser bueno tener un gato por aquí de nuevo —
dijo. Mis ojos se abrieron un poco. Esto era solo por esta noche. Abrí la
boca para corregirla, pero ella seguía hablando—. Mi gato, Morris,
murió hace unos años. Todavía tenemos su caja de arena y sus cosas.
¿No te importa, no Tigger? —le dijo al gato adormilado. Bueno, mierda.
Ahora no tenía el corazón para decirle que no nos quedaríamos mucho
tiempo.

—¿Le harás saber que me quedaré en casa esta noche? —dijo Blane.

—Por supuesto, —respondió Mona—. Déjame acomodar a Tigger y me


pondré con la cena para vosotros.
124

—Voy a poner a Kathleen en la Habitación Jardín, —Blane le comentó


Página

mientras se alejaba— ¿Está habitable? —Mona se detuvo bruscamente,


volviéndose para mirar a Blane y su rostro registró sorpresa antes de
que ella lo disimulara.

—Absolutamente. —Fue todo lo que dijo antes de reanudar su camino a


la cocina.

Traté de no abrir la boca como una completa pánfila mientras echaba


miradas furtivas por el vestíbulo. Toda la casa tenía hermosos suelos de
madera con alfombras preciosas cubriéndolo todo. Una gran escalera,
que parecía sacada de Lo que el viento se llevó, llevaba a la planta
superior. A mi derecha en la planta principal estaba un piano de cola
bajo una lámpara de araña y una arcada que conducía a otra
habitación. A mi izquierda había otro arco idénticamente imponente que
conducía a un comedor con una mesa de caoba oscura en la que
fácilmente se podían sentar doce personas.

—Por aquí —dijo Blane tomando mi codo. Mis brazos repentinamente se


sintieron desnudos sin Tigger—. Mona y su esposo Gerard cuidan de la
casa y los jardines, —explicó Blane, mientras subíamos las escaleras—.
Viven en una casa que está junto a la propiedad. Decidieron venir con
nosotros cuando nos mudamos aquí desde la Costa Este cuando era un
niño.

—¿Cuánto tiempo llevan trabajando para ti? —le pregunté.

—Tanto como puedo recordar —respondió Blane—. Mona también fue


mi niñera cuando era un niño. —Había tenido una niñera. Yo había
tenido especiales de programas de televisión después de la escuela. Ya
estaba otra vez haciendo memoria de las grandes diferencias entre la
vida de Blane y la mía.

El piso de arriba era tan imponente como el de abajo. Una larga


alfombra persa estaba en el suelo del pasillo y casi no me atrevía a
caminar sobre ella, era tan bonita. Blane se acercó al final del pasillo y
abrió una puerta, tirando de mí hacia dentro. Encendió las luces y miré
con asombro una vez más.

Ahora entendía por qué la había llamado la Habitación Jardín. Las


cuatro paredes aparecían en un magnífico mural continuo. Los pintores
impresionistas habían sido siempre mis favoritos y reconocí el Jardín en
Giverny, de Monet13. Incluso la ropa de cama se ajustaba al tema. El
efecto general era como si estuviera de pie en medio de un hermoso
125

13 Claude Monet (1840-1926): fue un pintor francés, uno de los fundadores de la


Página

pintura impresionista. El término impresionismo deriva del título de su obra


Impresión, sol naciente, creada en 1872. Tenía una casa en Giverny, Francia, por lo
que algunas de sus obras más famosas son paisajes de la zona.
jardín, moteado por el sol con flores de lavanda y un estanque con
nenúfares.

—¿Te gusta? —preguntó Blane.

—Es increíble... —dije con admiración.

—Mi madre era una artista. Decoraba cada una de las habitaciones en
un estilo artístico diferente. Esta habitación la pintó ella misma. —Me
volví hacia Blane.

—¿Tu madre pintó esto? —dije sorprendida. Él sonrió, asintiendo.

—Era muy talentosa —respondió y me pareció detectar un deje de


orgullo en su voz. Hizo un gesto hacia una puerta en el otro extremo—.
Hay un cuarto de baño por ahí —dijo—. En caso de que quieras
refrescarte antes de la cena. —Su bondad de repente me golpeó y me
sentí humillada por ella.

—Blane, —empecé a decir—, no sé cómo darte las gracias… —Pero fui


interrumpida cuando colocó un dedo en mis labios.

—No me des las gracias todavía —dijo y su voz había adquirido un tono
que me hizo desconfiar—. Cuando se trata de ti, mis motivos no son
exactamente... —Hizo una pausa, sus ojos escaneando mi cuerpo y
volviendo— ...altruistas, —concluyó. Mi boca se secó—. Estaré de vuelta
para acompañarte en un rato —dijo cerrando la puerta al salir. Me dejé
caer en la cama y casi gemí. La hermosa colcha era suave y lujosa, el
colchón perfecto, ni demasiado blando ni demasiado duro. Me sentí un
poco como Ricitos de Oro y no pude resistir tirarme hacia atrás y
acostarme. Un suspiro se me escapó cuando mi cabeza tocó la
almohada. Blane no dijo en cuánto tiempo estaría de vuelta y pensé que
tal vez podría descansar por unos pocos minutos.

Cuando abrí los ojos, supe al instante que había sido más que unos
pocos minutos. La habitación estaba envuelta en las profundas
sombras de la noche y alguien me había tapado con una manta. Me
froté los ojos y miré el reloj. Era más de medianoche. Había dormido
durante más de seis horas. Menuda invitada estaba hecha, pensé con
disgusto. Había dormido durante la cena y ni siquiera había ido a ver a
Tigger.

Hablando de la cena, me di cuenta de que estaba hambrienta. Y dormí


126

con la ropa puesta, cosa que odiaba hacer. La casa era bastante grande,
tal vez no molestaría a nadie si me metía a la cocina y tomaba un
Página

bocado. No tenía ni idea de cuántas personas vivían aquí con Blane.


Saqué mis piernas fuera de la cama, me di cuenta de que alguien me
había quitado los zapatos también. Traté de no pensar en quién podría
haber sido mientras buscaba en la oscuridad, pero no pude
encontrarlos. Oh, bueno. Menos suciedad en la alfombra persa.

Una parada rápida en el cuarto de baño, no menos lujoso y ni bonito


que el dormitorio, me lavé los dientes y salpiqué un poco de agua en mi
cara y estaba lista para ir.

La casa era como una máquina bien engrasada, no había puertas que
chirriaran al abrirse y no había tablas crujiendo bajo mis pasos. Estaba
oscuro, pero había suficiente luz ambiente para ver. Bajé las escaleras y
por el comedor a donde pensaba que podía estar la cocina. ¡Premio! Y
como cualquier otra cocina en la que hubiera estado, una pequeña luz
se había quedado encendida.

Había un enorme refrigerador de acero inoxidable en la esquina y me fui


derecho a él, mi estómago rugiendo por el camino, como si detectara
que la comida estaba cerca. Abrí la puerta para examinar el contenido y
estuve un poco decepcionada con lo que vi. Era un refrigerador muy
saludable con muchos vegetales, queso, yogur y huevos. Me pregunté si
debía atreverme a tratar de hacer unos huevos, pero luego decidí que
sería un problema.

Abrí el congelador y miré dentro, sonriendo de alegría por lo que vi. Qué
suerte que tenía, y había tenido muy poca suerte últimamente, un litro
de helado Rocky Road de Ben & Jerry’s estaba apoyado en el estante
esperándome. Sin pensarlo dos veces, lo agarré, saqué una cuchara de
un cajón cerca, me deje caer en una silla de la mesa de la cocina
pequeña y comencé a comer.

Mis ojos se cerraron de placer cuando el primer bocado de chocolate


golpeó mi lengua y suspiré. Comí lentamente, saboreando cada
cucharada. Esto se fue convirtiendo en la mejor parte de mi podrido día.
Mis pensamientos se dirigieron a Mark y me sentí avergonzada y
culpable por mi propia autocompasión. Desde luego, él había tenido un
día mucho peor que yo.

Pensé en las cosas que me había dicho ayer. Algo se mantenía


persistente en la parte trasera de mi mente, pero no podía poner mi
dedo en la llaga. Tratar de concentrarme en lo que estaba
molestándome lo hizo más difícil y al final me di por vencida. Con un
127

sobresalto, recordé que me había dado su mochila. Me había olvidado


de ella después de todo lo sucedido hoy. Ahora estaba agradecida de
Página

que me la hubiera dejado en el maletero de mi auto y no en mi


apartamento. Mi auto estaba todavía en la empresa por lo que debía
estar seguro.

—Veo que despertaste —dijo Blane y casi me atraganté con mi helado.

Blane se movió hacia mi campo de visión y se apoyó en el mostrador de


granito en su pose favorita, los brazos y los tobillos cruzados mientras
me examinaba. Mi mano se extendió automáticamente para alisar mi
cabello y luego con timidez la moví de nuevo hacia abajo. Lo último que
quería era que pensara que estaba acicalándome para él, aunque sabía
que sus ojos no se habían perdido nada.

—¿Helado? —preguntó, señalando el recipiente ahora casi vacío.

—Lo siento —dije tímidamente—. Me lo he comido casi todo. —Había


considerado buscar un tazón, pero, siendo realista, había sabido que
probablemente me terminaría todo el litro. Estaba oscuro, pero me
pareció ver sus labios curvarse un poco—. Era Rocky Road —comenté,
como si eso lo explicara todo.

—Rocky Road, —repitió.

Tomé otro trago, tragando antes de hablar de nuevo.

—Chocolate con frutos secos envueltos en deliciosos malvaviscos y


cubierto con helado de chocolate, ¿cómo no amarlo?

—Por supuesto. —Comí en silencio durante unos minutos. Me


sorprendió sacando una silla y sentándose frente a mí. La cucharada
cargada que había tomado se atascó en mi garganta y tragué con
dificultad. Sintiendo la necesidad de llenar el silencio, empecé a hablar.

—Tienes una muy bonita casa —le dije— ¿Vives solo? —Me preguntaba
dónde estaban sus padres o si ya no estaban alrededor.

—Gracias, —contestó—. Y sí, vivo solo. —Tomé un poco más de helado.

—¿Tu hermano? —le pregunté, pero negó con la cabeza— ¿Tus


padres...? —dije vacilante y dejé el resto de la pregunta sin formular.
Sacudió la cabeza de nuevo.

—Ya no están conmigo. —Sentí una punzada de simpatía por Blane y


pensé, con pesar, que por fin teníamos algo en común. Yo también
estaba sin mis padres— ¿Sabes por qué alguien habría hecho eso a tu
128

apartamento? —preguntó Blane. No hice caso de la emoción que surgió


dentro de mí ante la mención de mi apartamento y traté de pensar. Se
Página

me ocurrió entonces que lo único nuevo en mi poder era la mochila de


Mark, pero teniendo en cuenta la facilidad con que Blane me había
quitado el teléfono de Sheila, no iba a contárselo.

—No, no lo sé, —contesté—. Realmente no tengo enemigos aquí y no


tengo nada de valor real. —Pensé en Diane, pero rechacé la idea. Ella no
era del tipo que haría algo así, aunque yo le desagradara tanto como
ella a mí.

—Tal vez alguien como una venganza, —insistió Blane—. ¿Un amante
despechado? —Mis mejillas ardieron en la oscuridad y parecía que la
tensión subía por sus palabras. Me aclaré la garganta antes de
contestar.

—Um, no, eso no puede ser, quiero decir, no hay... simplemente... no.
—Hice una mueca ante el balbuceo de mi explicación, de verdad que no
quería entrar en detalles acerca de mi último "amante", si es que se le
podía llamar eso, había sido hace años y estaba bastante segura de que
no me llevaba en el corazón. Blane no dijo nada a eso y me puse a
lamer la cuchara hasta dejarla limpia.

Blane tomó la caja vacía y la cuchara de mí, tirando la caja de cartón


antes de poner la cuchara en el fregadero. Me enfrenté a Blane
torpemente, sin saber qué hacer a continuación. Él no facilitaba las
cosas, sólo me miraba mientras pasaba por su lado.

—Buenas noches —le dije, pero su mano se cerró sobre mi brazo.

—Te acompañaré —dijo—. Es de noche y no quiero que tropieces y te


caigas. —Podía sentir un hormigueo en la piel, desde donde sus dedos
me tocaron. Tragué saliva y dejé que me sacara de la cocina.

—Lo siento, me quedé dormida y me perdí la cena —le dije mientras


caminábamos—. Fue grosero de mi parte.

—Estabas cansada —respondió con una voz carente de emoción. No


podría decir si estaba molesto o no le importaba. Era tan difícil de leer,
era frustrante. Sus pensamientos y emociones siempre parecían estar
guardado cuidadosamente un secreto. Mientras que yo me sentía como
si fuera un libro abierto.

La casa parecía más oscura ahora, tal vez porque había estado en la
reluciente cocina y estaba contenta de que Blane me estuviera guiando.
Subimos por las escaleras y caminamos hacia la puerta de mi
129

dormitorio.
Página
—Mona puso algo de ropa para ti en la cómoda y en el armario —dijo
Blane—. Deberían sentarte bastante bien hasta que tu apartamento
esté listo.

Con sus palabras, sentí que mis ojos ardían con lágrimas y esta vez no
tuve la fuerza para luchar contra ellas. Había estado dispuesta a hacer
frente a los sentimientos de violación y el miedo que me llenó cuando
pensé en lo que había sucedido. Ahora todo eso llegó de golpe y luchaba
por mantener el control. No quería llorar delante de Blane. Él se iría en
un minuto y podría tener mi crisis emocional en la intimidad.

—Gracias. —Tragué el nudo espeso de lágrimas de mi garganta,


parpadeando los ojos rápidamente para hacerlas retroceder.

—Lo siento —dijo en voz baja, sintiendo mi angustia. Su mano se


acercó a acariciar mi mejilla, su pulgar rozando ligeramente mi piel.

—Está bien, —me las arreglé para decir, luchando contra la necesidad
de inclinar la cabeza hacia su mano y la comodidad que ofrecía.

—No está bien —dijo con fiereza y mis ojos se abrieron por la sorpresa
ante su tono—. Necesitas a alguien que cuide de ti.

Esas palabras me sorprendieron y también encendieron mi vena


independiente. Me aparté de él y su brazo cayó a su lado.

—No necesito a nadie que cuide de mí —dije con frialdad—. Puedo


cuidar de mí misma. —Los ojos de Blane se estrecharon y yo
instintivamente retrocedí aún más.

—¿Por qué estás haciendo un gran trabajo? —dijo con ironía. No hice
caso de sus palabras. Una parte pequeña y asustada de mí pensó que
podría estar en lo cierto, pero me negué a reconocerlo. No era como si se
estuviera ofreciendo voluntariamente para el trabajo. Ese pensamiento
se llevó el calor de mi ira y me deprimió. Estaba sola, tanto si me
gustaba o no.

No tenía nada más que decir y no quería oír nada de lo que él pudiera
decir, así que me deslicé cautelosamente pasando junto a él en la
habitación. Él me permitió pasar, sus ojos fijos en los míos mientras
cerraba la puerta. Después de un momento, oí sus pasos moviéndose
por el pasillo y di un suspiro de alivio tranquilizador.
130

Decidí que me iba a sentir y dormir mejor si me duchaba, así que


después de un examen rápido de los cajones y armarios, elegí unas
Página

bragas y una camiseta que me servirían. La elección de la ropa interior


me hizo sonrojar. No quería pensar de quién eran o por qué Blane las
tenía en su casa cuando había dicho que vivía solo. Agarré un par de
satén blanco liso que encontré y me dirigí al cuarto de baño.

Me tomé mi tiempo en la ducha, disfrutando de la fantástica presión del


agua y me sentí un poco mejor cuando terminé. Me las arreglé para
encontrar un cepillo y peiné los nudos de mi cabello mojado.
Poniéndome la camiseta y la ropa interior, me metí debajo de las
mantas y tiré de la colcha hasta la barbilla.

Sin embargo, no pude dormir. La larga siesta aseguró que mi mente


estuviera ahora corriendo en círculos, negándose a dejar que me
hundiera en el olvido pacífico. Pensé en Mark y Sheila; y las horribles
formas en que cada uno había muerto. Pensé en las cosas que Mark me
había dicho y me preguntaba si yo era el próximo objetivo. No tenía
ninguna duda de que los asesinatos estaban relacionados. Era
demasiada coincidencia para que no lo fueran. Pensé en mi
apartamento, todas mis posesiones en el mundo, ahora rotas o
destruidas. Esta vez no me molesté en tratar de detener las lágrimas
deslizándose por mis mejillas. Me sorprendió que no solo sintiera
miedo, sino también una ira abrumadora.

Me dejé regodearme un poco en la autocompasión, volví la cara en la


almohada para ahogar mis sollozos. No tenía ni idea cómo iba a
recuperarme de lo que les había pasado a mis cosas No tenía suficientes
ahorros para reemplazar todo.

De repente sentí unos brazos deslizándose debajo de mí y que me


levantaban. No me resistí. Sabía quién era y no pude obligarme a
negarlo. Blane me levantó en su regazo, como lo había hecho la noche
en que Sheila murió. Me acurruqué contra él, enterrando mi cara en su
hombro mientras lloraba. Sus brazos alrededor de mí, su mano
acariciando mi cabello húmedo.

Nos quedamos así por un largo rato y le oí hablar en voz baja, mientras
trataba de calmarme. Por encima de mi respiración entrecortada,
apenas podía distinguir sus palabras.

—Shh, está todo bien —murmuraba—. No te preocupes. Yo me ocuparé


de ti.

No podría decir con precisión qué efecto tuvieron en mí esas palabras,


pero la opresión en mi pecho se sintió un poco aliviada, mi valentía
131

anterior desapareció. Mis lágrimas se fueron desvaneciendo ahora y los


dedos de Blane levantaron mi barbilla, así que lo estaba mirando. Sabía
Página

que tenía que verme horrible después del ataque de llanto y me alegré
por la oscuridad de la habitación. Le brillaban los ojos y me encontré
incapaz de apartar la mirada. Un pulgar rozó mi mejilla mientras
limpiaba las huellas de mis lágrimas y sentí que mi voluntad se
desmoronaba.

Estirándome hacia arriba, instalé mis labios en los suyos y envolví mis
brazos alrededor de su cuello. Momentáneamente se puso rígido por la
sorpresa y me pregunté si había supuesto demasiado. Ese pensamiento
fue apartado de mi mente cuando me aferró a él, con su boca devorando
con avidez la mía. Su deseo por mí era algo embriagador y me deleité en
ello, abriendo los labios para que pudiera profundizar el beso. Lanzando
la precaución y las inhibiciones al viento, me moví, envolviendo mis
piernas alrededor de él y reasentándome en su regazo. Su erección se
apretó contra mí y gimió cuando sus dedos se enredaron en mi cabello.

Mis manos trabajaron febrilmente en los botones de la camisa y suspiré


de placer cuando finalmente llegué a la cálida piel de su pecho. La
empujé por los hombros y bajando por sus brazos y él dio un tirón para
dejar las manos libres. Sus manos se deslizaron bajo mi camiseta para
agarrar mi cintura, clavándose en mi piel mientras me agarraba con
fuerza.

Mi cerebro se apagó cuando mis hormonas trabajaron a toda marcha.


Había pasado mucho tiempo desde el asiento trasero del auto de Donny
Lester. Nunca había sentido la tensión sexual tan cargada como lo
hacía con Blane. No podía dejar de tocarlo. Mis dedos trazaron los
contornos de su pecho y hombros. Blane era cálido y gloriosamente
duro. Su mano se levanto para sostener la curva de mi mejilla mientras
me besaba.

Presionándome más cerca de él, estaba desesperada porque me tocara.


Su mano volvió a agarrar mi cintura y yo gemí, esperando que moviera
sus manos hacia arriba. Por último, impaciente y con ganas de más,
alcancé el borde de mi camisa y lo arrastré por encima de mi cabeza.
Apenas había caído el tejido de mis dedos cuando las manos de Blane
estaban en mis pechos. Di un grito ahogado ante la sensación, mi
cabeza cayó hacia atrás mientras mi cuerpo parecía tararear con el
placer y la anticipación. Deseaba a Blane con una desesperación que
me habría asustado si hubiera estado en condiciones de pensar con
claridad. A ciegas, llegué más abajo, en la búsqueda del cinturón de
Blane y tirando de sus ataduras.
132

De repente me encontré con mi muñeca atrapada en un puño de hierro.


La otra mano de Blane agarró mi cintura, empujando un poco y
Página

poniendo unos cuantos centímetros de espacio entre la piel.


Confundida, lo miré a los ojos. Su respiración era tan fuerte como la
mía, sus labios brillaban en la oscuridad por nuestros besos. La mirada
en sus ojos hizo que el latido entre mis piernas se intensificara y me
apreté a mí misma más firmemente contra su dura longitud debajo de
mí.

—Para —espetó entre dientes, sus dedos casi dolorosos contra mi piel.

Me quedé inmóvil, sin comprender. ¿Por qué iba a querer que me


detuviera? No estaba segura de qué hacer, me incliné hacia delante,
descansando mis pechos contra su pecho mientras presionaba mis
labios contra su mandíbula.

—Dije que pares, —ordenó, poniendo ambas manos en mi cintura y


empujándome hacia atrás en la cama y fuera de su regazo por
completo. Siguiéndome, me sujetó los brazos por encima de mi cabeza,
inmovilizándome. Mis piernas instintivamente se abrieron mientras se
agachaba entre ellas. Estaba completamente confundida y sin embargo,
muy consciente de él. En todas partes que su piel tocaba la mía, me
quemaba.

—Hazme el amor —le rogué, incapaz de detener las palabras que salían
de mi boca, un hilo de necesidad en la noche oscura. Todas las
defensas que había puesto en su lugar contra Blane, todas las
advertencias acerca de no involucrarme con él, fueron arrojadas a un
lado. De repente, no necesitaba nada tan urgente y tan
desesperadamente como lo necesitaba a él.

Sus ojos estaban fijos en los míos y no podía comprender sus


profundidades. Lo apretado de su mandíbula y el endurecimiento de los
dedos alrededor de mis muñecas eran su única reacción. Estaba a
punto de repetir las palabras, sin vergüenza por rogarle de nuevo,
cuando habló.

—Yo... No puedo —dijo finalmente—. No lo haré. —El shock y la


consternación luchaban en mí. No sabía qué hacer ni qué decir. Aunque
nunca había pedido sin rodeos a un hombre que hiciera el amor
conmigo antes, la idea de Blane diciéndome que no nunca me hubiera
pasado por la cabeza. Pero parecía que era posible.

—¿Qué? ¿Por qué? —Me las arreglé para jadear. Sus manos se
movieron por mis brazos desde mis muñecas y me tragué un gemido
cuando los callos de sus dedos rozaron mi piel. A pesar de que su boca
133

me decía no, sus manos parecían tener problemas para obedecer la


orden y sentí las llamas lamiéndome mientras me acariciaba.
Página
—Eres hermosa Kat, perfecta —dijo. Me concentré en el hecho de que
había dicho que era hermosa y apenas registré el diminutivo, mi mente
preocupada por el viaje de sus manos hasta mis caderas—. Y pensé que
podía, pero no puedo. Eres demasiado joven e inocente y no voy a
hacerte eso.

Sentí el calor en mi cara cuando me di cuenta de que Blane debía


pensar que yo era virgen. Al parecer, me había equivocado al suponer
que la seducción era instintiva si mi lamentable falta de experiencia era
tan evidente para él. Imágenes de las muchas mujeres sofisticadas y
hermosas que había visto con él pasaron por mi mente y quería
encogerme. Casi le digo que no era inocente, pero intuía que esto no iba
a ninguna parte. Si quería salvar lo que quedaba de mi dignidad, tenía
que terminar esto rápidamente. Mi resolución no llegó a mi boca,
porque me oí decir:

—Eres Blane Kirk. ¿Desde cuándo te importa? —Podía oír la amargura,


y para mi humillación, los celos en mi voz.

—Por lo general, no me importa, —respondió con voz fría y dura. Sus


dedos se clavaron en mi cintura y mi aliento se congeló en mi pecho
mientras sentía sus dedos enganchando los tirantes finos a través de
mis caderas y tirar de ellos tenso. Por un momento, me alegré,
pensando que había ganado después de todo. Bastaría un tirón de él y
el frágil tejido se rompería—. Dudo que estés en algún tipo de control de
natalidad, ¿verdad? —preguntó en el mismo tono duro. Su practicidad
fría era como bofetada en la cara y sentí mi propia ingenuidad como un
dolor físico. No podía hablar.

Maldijo violentamente y se sentó bruscamente hacia atrás, liberándome.


Antes de que pudiera hacer o decir nada, agarró su camisa y la puso
sobre mí, cubriendo mi pecho desnudo y el estómago. Su boca estaba
otra vez en la mía, brutal en su intensidad y probé el penetrante sabor
de la sangre mientras mis dientes cortaban el interior de mi labio.
Luego se marchó, cerrando la puerta detrás de él.

No creo que nunca hubiera sido tan humillada en mi vida. No me


acostaba con cualquiera, así que ponerme en esta posición vulnerable
con Blane era una novedad para mí. Y teniendo en cuenta cómo había
sido rechazada, dudaba que estuviera repitiendo la experiencia en un
corto plazo.
134

Demasiado herida como para ponerme mi ropa, me metí de nuevo bajo


las sábanas, aferrando la camisa de Blane. Me negué a llorar por Blane,
Página

mi orgullo no me dejaba y finalmente caí en un sueño inquieto. Mis


sueños estaban llenos de imágenes de Blane, siempre fuera de mi
alcance, con una expresión pétrea en su rostro, carente de emoción.

Me despertó la luz del sol que entraba por las ventanas y me di cuenta
que había alguien en la habitación, abriendo las persianas. Me senté
bruscamente, me di cuenta de que todavía estaba desnuda y agarré la
colcha en contra de mi pecho. Mona estaba en la habitación y se volvió
ante mi movimiento, con una cálida sonrisa en su rostro.

—Buenos días, querida —dijo. Si ella se sorprendió al verme medio


desnuda en la cama, con la camisa de Blane asomándose bajo las
mantas junto a mí, no lo demostró—. Blane se ha ido a trabajar, pero
Gerard trajo tu auto por la mañana para ti. Te traje el desayuno. —Me
señaló una bandeja sobre la mesa cercana—. No estaba segura de lo
que preferirías, así que espero que no te importe que trajera un poco de
todo.

Finalmente encontré mi lengua.

—Gracias —le dije, metiendo una mano bruscamente por mi cabello


enredado, empujándolo lejos de mi cara—. Te lo agradezco. —Realmente
lo hacía. No podía recordar la última vez que alguien me había traído el
desayuno. Hacía años. Mona se trasladó a la puerta y antes de que
pudiera cerrarla, le pregunté—: Espera, ¿puedes decirme qué hora es?

—Por supuesto, querida —dijo—. Pasa un poco de las 9 en punto. —La


puerta se cerró. La consternación me llenó y salté de la cama. Estaba
llegando muy tarde al trabajo. Diane iba a tener mi cabeza en una
bandeja.

Me duché y me sequé el cabello en un tiempo récord. Revolviendo el


armario, encontré un par de pantalones negros elegantes que me
encajaban perfectamente y un suéter verde azulado que temía que
podría ser de cachemira real. No tenía otra opción, de verdad, ya que mi
ropa no estaba a la vista para ser encontrada.

No había maquillaje en el baño e hice una mueca ante mi reflejo. Mi


labio inferior estaba un poco hinchado donde había sido cortado
cuando Blane me besó. El recuerdo de la noche anterior al mismo
tiempo me hizo temblar de deseo y sonrojarme de vergüenza. Estaba
agradecida a los dioses de que Blane se hubiera ido esta mañana y de
que podría irme sin tener que enfrentarme a él.
135

Me arrepentí de no poder disfrutar de un auténtico desayuno en la


cama. Mona había hecho huevos y tocino y los miré con nostalgia.
Página

También había una cesta de panecillos, magdalenas y roscas de pan.


Había zumo y café al lado de la bandeja y agarré una taza de café, sin
tener tiempo para ponerle crema o azúcar y agarré la mitad de un
panecillo. Después estaba fuera de la puerta y las escaleras.

Mona me recibió en la parte inferior de las escaleras, llevando un largo


abrigo negro y mi bolso.

—Aquí tienes —dijo, entregándomelo.

—Ese no es mi abrigo —dije, tomando el bolso de ella.

—Oh, sí, lo sé —dijo, colocándolo sobre mis hombros y manteniéndose


expectante—. Blane mencionó que no tenías tu abrigo contigo ayer, así
que puedes llevarte este —explicó—. Hace demasiado frío para estar sin
abrigo hoy. —Sin saber cómo negarme sin ser grosera, empujé mis
brazos en las mangas.

Mis labios temblaron. Las palabras susurradas de Blane volvieron a mí


desde la noche anterior. "Yo me ocuparé de ti”. Esto tenía que parar. No
podía estar más apegada o más dependiente de Blane. Tenía que salir
de aquí.

—Muchas gracias Mona —le dije— ¿Vas a cuidar de Tigger un poco más
de tiempo por mí hasta que pueda conseguir que mi apartamento esté
listo? —No quería dejar a Tigger en mi apartamento solo durante el día.
Había tenido suerte ayer y no quería arriesgarme a que algo le
sucediera, a pesar de que parecía que realmente tenía nueve vidas.

—Estaremos encantados de hacerlo —dijo Mona—. No te preocupes por


él. Se instaló muy bien.

Con una última sonrisa de ella, me dirigí a la puerta. Me siguió,


diciendo justo antes de que saliera:

—¿Te gustó tu habitación? —Perpleja, me detuve. La forma en que lo


había dicho era extraña, como si mi respuesta fuera portentosa o algo
así.

—Es preciosa —le dije con sinceridad—. Nunca he visto nada igual.

Ella sonrió aún más ampliamente.

—Lo es, ¿verdad? Es una pena que a tan pocas personas se les permite
verla. Esa habitación en particular era la favorita de su madre. Y de
136

Blane. —Nuestros ojos se encontraron brevemente antes de que yo


desviara la mirada. No quería oír nada más. Esforzándome por buscar
Página

las llaves en el bolso, fui por el camino hacia mi auto, que esperaba en
la rotonda de entrada. Subí y con una última mirada a la hermosa casa,
aún más impresionante en el sol de la mañana, me fui.

Eran más de las diez cuando por fin llegué a la oficina. Miré a mi
alrededor con nerviosismo mientras me apresuraba en el interior, con la
esperanza de evitar a Diane. Puede que fuera posible ir a escondidas a
mi cubículo sin ser vista.

Mi plan parecía funcionar cuando me escabullí pasando la oficina vacía


de Diane y respiré con alivio. Ese alivio se convirtió en consternación
cuando doblé la esquina en mi cubículo y casi tropecé con ella. Tomó mi
aparición en una rápida mirada, sus ojos demorándose en el jersey caro
y los labios hinchados.

—Diane —empecé a decir—, lo siento mucho, llego tarde… —pero ella


me interrumpió.

—Estaba limpiando tus cosas —dijo con frialdad, empujando una caja
pequeña en mis brazos. Contenía mi taza de café, un cuadro con la
imagen de mis padres y algunos cachivaches. La miré fijamente, con la
boca abierta.

—¿Que... qué quieres decir? —Balbuceé mientras mi corazón se hundía.


Pensé que sabía lo que quería decir.

—Estás despedida Kathleen —dijo simplemente—. No me hagas llamar


a seguridad.

—¡Pero solo llegué tarde por esta vez! —protesté. Y era verdad.
Parcialmente. Realmente no contaba los ocasionales cinco o diez
minutos, especialmente cuando trabajaba hasta tarde tantas veces.

—No es sólo eso —dijo entre dientes—. Eres basura blanca y no tienes
nada que hacer aquí. —Sus ojos me miraban otra vez y sus labios se
curvaron en disgusto—. Dios sabe lo que ve en ti. —Me sentía pálida
bajo su inspección altiva.

Conteniéndome a mí misma, me negué a dejarme intimidar por ella.

—No sé de qué estás hablando —le dije con frialdad. Entonces lo


recordé: ¡James! Seguramente él estaría de mi lado y me ayudaría a
mantener mi trabajo. No me atreví a pensar en Blane. De alguna
manera, la invocación de Blane cuando Diane pensaba que yo estaba
137

acostándome con él se sentía debajo de mí, aunque no estaba realmente


durmiendo con él.
Página
—James puede tener algo que decir sobre esto —la amenacé, esperando
que fuera cierto.

—James fue el que me dijo que lo hiciera —dijo ella, sonriendo apenas
ahora—. Después de que le dije que te había visto salir con Blane ayer a
media tarde, estuvo de acuerdo conmigo en que no necesitamos...
distracciones... como tú por aquí. —Se las arregló para transmitir un
mundo de odio en sus palabras.

En el interior, estaba consternada. No podía creer que James pudiera


ser tan vengativo. Solo habíamos tenido una cita. Entonces me acordé
de cómo había reaccionado cuando había pensado que Blane y yo
estábamos juntos y mi esperanza se derrumbó.

Habíamos reunido público ahora y me negué a mostrar cómo de


sacudida estaba. Con toda la dignidad que pude reunir, me di la vuelta
y me alejé por las puertas. No fue hasta que llegué a la seguridad de mi
auto que me dejé sucumbir al miedo de lo que iba a hacer ahora, la
vergüenza en la escena con Diane y rabia por la injusticia de todo.

De alguna manera me las arreglé para meter la llave en el encendido y


me alejé de la empresa.

Llegué a mi casa y apagué el auto, sorprendida por lo que vi. Un enorme


camión había retrocedido hasta mi edificio y dos hombres llevaban el
sofá arruinado por las escaleras. Saltando del auto, corrí hacia ellos.

—Hey, ¿qué están haciendo? —pregunté alarmada— ¿Qué está


pasando? —No me hicieron caso cuando un tercer hombre se acercó,
con un portapapeles en la mano.

—¿Es usted Kathleen Turner? —me preguntó.

—Sí —le respondí— ¿Por qué estos hombres se llevan el sofá? —Para
entonces lo habían empujado en la parte trasera de su camioneta.
Mirando adentro, pude ver el resto de mis muebles en ruinas también.

—Nos dijeron que nos lleváramos las cosas viejas cuando entregáramos
lo nuevo —dijo el hombre con el portapapeles.

—Eso es todo —le gritó uno de los chicos, y él asintió.

—Nos vamos entonces —dijo volviéndose hacia mí—. El cerrajero está


todavía arriba. Él le dará la llave nueva. Que tenga un buen día. —Ya
138

estaba subiendo en la cabina del camión.


Página
—¡Espere! —le grité, pero no me hizo caso o no me podía oír sobre el
motor del camión cobrando vida. En unos momentos, se habían ido y
mis muebles con ellos.

Horrorizada, corrí por las escaleras y por supuesto, había otro extraño
trabajando en la cerradura de mi puerta. La parte posterior de su
camisa decía: “Ted - Cerraduras y llaves”.

—¿Qué está haciendo? —le pregunté, en pánico ahora con los nervios
de punta por los extraños invasores de mi apartamento. Miró por
encima del hombro hacia mí.

—Solo la instalación de un nuevo cerrojo —dijo— ¿Es usted la


inquilina?

—Sí.

—Bueno, ya casi termino y me aparto de su camino.

—Pero —balbuceé— ¿Quién le dijo que hiciera esto? —Él se encogió de


hombros.

—No lo sé. Las llamadas entran y me envían a mí. Yo no tomé la orden.


Solo me dijeron que instalara una nueva cerradura. —Con eso, guardó
las herramientas, cerró y volvió a abrir la puerta para comprobar la
instalación y se levantó.

—Aquí está la nueva llave —dijo dejando caer un par de llaves en mi


mano—. Que tenga un buen día. —Lo vi bajar las escaleras, todavía en
estado de shock. Un ruido me hizo volver la cabeza cuando CJ abrió la
puerta y se apoyó en la jamba. Vestía de negro otra vez y pude ver que
tenía una ceja perforada con un aro de plata.

—¿Se han ido? —preguntó ella.

—Sí. —Supuse que se refería a los tipos del camión.

—Por fin —dijo, lanzando un suspiro—. No pude dormir con todo el


ruido que estaban haciendo.

—¿Cuando vinieron? —le pregunté y ella echó una mirada al reloj en su


muñeca.

—Hace una hora, pero la gente ha estado yendo y viniendo desde que te
139

fuiste anoche.

—¿Qué? —Me alarmé. No le había contado a nadie lo que había


Página

sucedido a mi casa— ¿Quién iba y venía?


—No sé quiénes eran —dijo encogiéndose de hombros—. Pensé que
habías mandado a alguien que vinieran a limpiar el lugar. —Hizo una
pausa—. Tu novio estuvo aquí esta mañana. Supuse que lo sabías.

Mi mente daba vueltas.

—¿Qué novio? —pregunté, aunque podía adivinar lo que iba a decir


antes de que lo dijera.

—Ese tipo con el que estabas anoche, —respondió ella—. ¿No es tu


novio? —Blane. Cerré los ojos, sacudiendo la cabeza.

—No, no es mi novio. —Tenía la sensación de que sabía lo que había


hecho. Con las manos temblando levemente, me acomodé en la puerta
abierta de mi apartamento. Al entrar, me quedé helada con asombro.

Nunca hubiera imaginado lo que había pasado aquí el día anterior a


juzgar por cómo se veía ahora. El apartamento ha sido completamente
limpiado. La comida del suelo, los vidrios rotos, la suciedad de las
plantas, todo estaba impecable. Mis muebles rasgados no solo habían
sido eliminados, sino que habían sido sustituidos. Un sofá de cuero a
juego y un tresillo de dos plazas llenaban la sala de estar, con un
profundo color Burdeos. Un nuevo televisor de pantalla plana colgaba
en la pared. La alfombra estaba inmaculada, como si hubiera sido
limpiada a vapor.

Me acerqué a la cocina como si estuviera en trance. Abriendo los


armarios, vi que los platos habían sido sustituidos también. Y no por el
material barato que había conseguido en las tiendas Wal-Mart. Lindos y
grandes platos de un bonito modelo estaban cuidadosamente apilados
en los estantes. Al abrir la nevera, vi que había sido llenada con más
comida de la que creo que nunca había tenido en ella.

Ni siquiera el cuarto de baño había sido descuidado. Lo que había


quedado de mi cortina de ducha rota había sido sustituida por otra.
Toallas a juego colgaban en el estante, incluso nuevos botes de champú
y acondicionador se asentaban en un estante en la ducha.

Mi habitación fue lo que finalmente me rompió. La colcha en ruinas en


la cama había sido sustituida por una casi idéntica a la de la cama en
la que había dormido la noche anterior, rompiendo todas las dudas
sobre quién había orquestado esto. Las barras vacías de la que habían
140

sido arrancadas mis cortinas habían sido reformadas por cortinas a


juego. Abrí el armario y vi todo un nuevo vestuario que había comprado
y estaba colgando, cuidadosamente ordenado en pantalones, faldas,
Página

blusas casuales y formales.


Me dejé caer al suelo, enrollé mis brazos alrededor de las piernas y puse
mi cabeza en mis rodillas. Era demasiado. Abrumador. No podía
empezar a procesar lo que estaba sintiendo. Blane había tomado en sus
manos la opción de aceptar o rechazar su ayuda. Sus suposiciones y
prepotencia me enfurecieron. Había estado cuidando de mí misma
durante años. No necesitaba que de pronto él lo hiciera por mí.

Sin embargo, no era tan estúpida como para no estar fervientemente


agradecida por su amabilidad y generosidad.

Lo que me tenía en nudos, lo que me confundía por completo y me


dejaba incapaz de procesar que hacer a continuación, era el por qué de
la misma. Hace dos días, hubiera asumido que Blane esperaba que me
acostara con él a cambio de hacer algo como esto. Ahora... bueno, a
juzgar por lo de anoche, evidentemente ese no era el caso. Sus acciones
parecían contradictorias y me desconcertaban. Él había dicho que se
ocuparía de mí, pero no quiso tener sexo conmigo. No tenía ningún
sentido. Un hombre como Blane no hace las cosas por el simple hecho
de hacerlas, tenía que haber algo para él. No podía entender lo que era.

Bueno, independientemente de sus motivos, tenía que hacer una


llamada. Recomponiéndome, me levanté del suelo y encontré mi
teléfono, también nuevo y uno de los nombres de marca de alta gama de
tipo inalámbrico. Llamé a la empresa, solicitando la extensión de
Clarice.

—Oficina de Blane Kirk —contestó ella.

—Hola Clarice —le dije—. Soy Kathleen.

—¡Kathleen! —exclamó—. Oh, Dios mío, Kathleen ¿qué pasó? ¡Está


circulando por todo el edificio!

—¿Qué está circulando por todo el edificio?

—Que estás teniendo una aventura con Blane y que James estaba
celoso, por lo que hizo que Diane te despidiera —dijo entre dientes en el
teléfono, tratando de hablar en voz baja, al parecer. Hice una mueca de
vergüenza. Joder. El chisme viajaba rápido.

—No estoy teniendo una aventura con Blane —dije con firmeza, aunque
la pequeña voz en la parte de atrás de mi cabeza me recordó que lo
estaría haciendo si Blane no me hubiera rechazado la noche anterior.
141

—¿No lo estás? —Sonaba decepcionada y quería gemir exasperada.


Página

—No, no lo estoy —repetí y ella suspiró.


—Bueno, maldita sea. ¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó ella.

—No lo sé —respondí y recordé que ahora tenía que buscar otro trabajo.
Obviamente, no podría poner al bufete como referencia y eso lo haría
más difícil. Me froté distraídamente la nuca, el estrés y la tensión
estaban llegando a mí.

—Lo siento Kathleen —dijo Clarice—. La forma en Blane reaccionó


cuando se enteró... pensé que los rumores eran ciertos. —Mi pulso se
aceleró con eso.

—¿Qué hizo?... ¿Cómo reaccionó? —le pregunté, odiando el hecho de


que me moría por saber.

—Oh, él se metió en una gran discusión con James, pensé que iban a
llegar a las manos y James parecía dispuesto a hacerse pis en los
pantalones, pero luego se fue. Creo que tenía una cita en el juzgado o
algo. Parecía estar en un gran apuro.

Algo brilló en mi mente mientras hablaba con Clarice y me cortó la


respiración. TecSol. La empresa en la que Mark había trabajado. Él
tenía miedo de ellos. Ahora recordaba dónde había oído ese nombre de
empresa antes. Bueno, lo leí, en realidad. La noche en que había
ayudado a Clarice a terminar su trabajo. El escrito que yo había
mecanografiado y entregado con Blane a los hermanos Santini había
sido sobre TecSol. Sin embargo, por mi vida que no podía recordar los
detalles en el informe.

Me quedé inmóvil al oír los golpes en mi puerta.

142
Página
Capítulo 8

—Clarice —hablé al teléfono— me tengo que ir. Te llamaré más tarde. —


Colgué mientras protestaba. Mis palmas estaban sudando. Estaba
segura que era Blane quien estaba en mi puerta y mis sentimientos
estaban divididos sobre la conveniencia de si quería verlo o no. No
pensé que estuviera lista para enfrentarme a él después de anoche.

Llamaron de nuevo y corrí hacia la puerta, haciendo una pausa para


respirar hondo y prepararme a mí y a mis emociones. Él había dejado
perfectamente claro anoche que, aunque tenía una cosa rara
sobreprotectora conmigo, eso sería lo más lejos que llegaría,
independientemente de la atracción física entre nosotros. Me
preguntaba si podía evitar que mis pensamientos se reflejasen en mi
cara. La vergüenza se peleaba con mi gratitud y no sabía lo que le iba a
decir a Blane.

Abrí la puerta y me sorprendió ver a James allí de pie. Sentí una


punzada de decepción porque no fuera Blane, pero luego me acordé de
lo que Clarice me había dicho y me puse inmediatamente recelosa. Y
enojada. Él era el responsable de que yo perdiera mi trabajo. James no
tenía que preocuparse de donde vendría su próxima comida, pero yo
ciertamente sí.

—¿Qué quieres? —le pregunté, mi voz helada. No me moví de la puerta,


bloqueando su entrada.

James sonrió y la malicia que vi envió un escalofrío por mi espalda. Se


acercó más, pero me mantuve firme, inclinando la cabeza hacia atrás
para mirarlo.

—Escuché que perdiste tu trabajo hoy —dijo y capté un olor a alcohol


en su aliento.

—Gracias a ti —le espeté.

—No es bueno para los negocios tener putas desfilando por la oficina —
143

dijo con sorna—. Dime, ¿tuvo que esforzarse para conseguir meterse
entre tus piernas o fuiste jadeando detrás de él como una perra en celo?
Página
La sangre abandonó mi rostro en un segundo. No podía creer lo que
acababa de decirme. A mi pesar, las lágrimas me escocían los ojos ante
su crudeza. Entonces la ira salió en mi defensa. Mi mano se levantó y lo
golpeó con fuerza en la mejilla.

—No me hables así —le escupí, furia y consternación haciendo temblar


mi voz.

En un instante, él me golpeó con el puño y aterricé con un golpe en un


lado de mi cara golpeando mi cabeza contra la puerta y haciéndome
tambalear de dolor. Agarrando mi cabello, tiró de mí hacia él y grité de
dolor.

—Blane pasará de ti en menos de un mes y te echará a un lado como la


basura usada que eres —me susurró—. Entonces te lamentarás de
haberlo elegido sobre mí. Y me aseguraré de que lo sientas mucho,
mucho. —Lágrimas de dolor escocían mis ojos mientras luchaba por
quitarle la mano de mi cabello.

—Suéltala. —La voz nos sobresaltó a ambos y James se dio la vuelta.


CJ estaba de pie frente a su puerta, con un arma en la mano. Casi me
doblé con alivio—. Suéltala —repitió y fui feliz de ver que su mano era
firme mientras apuntaba el arma hacia James.

Los labios de James se curvaron en una sonrisa espantosa que lo hacía


parecer medio loco. Me empujó a un lado y caí con fuerza contra el
marco de la puerta, haciendo una mueca de dolor cuando el hombro se
llevó la peor parte. Apenas me las arreglé para mantenerme de pie.

—No hay problema —dijo—. Ya había terminado con ella de todos


modos. —Las dos lo miramos mientras bajaba por las escaleras y no
nos movimos hasta que oímos el auto salir del estacionamiento.

—Gracias —me las arreglé para levantarme y CJ se apresuró hacia mí.

—Vamos a poner un poco de hielo en eso —dijo de manera casual,


ayudándome a entrar en mi apartamento. Yo estaba demasiado
aturdida y con demasiado dolor como para resistirme cuando me
empujó dentro. Me sentó en el sofá y se fue a la cocina por el hielo.
Cuando regresó, me dio un paquete de hielo envuelto en una toalla y se
sentó a mi lado. Cautelosamente, lo sostuve contra mi palpitante
mejilla.
144

—¿Quién demonios era ese tipo? —preguntó. Hice una mueca.


Página

—Solía ser mi jefe —le contesté. Todavía estaba aturdida por el extraño
enfrentamiento, tenía problemas para envolver mi mente alrededor de la
reacción de James. Había actuado como si me hubiera atrapado
engañándolo. Mientras que yo había estado molesta porque había
conseguido que me despidieran, ni en un millón de años pensé que me
golpearía.

—Que imbécil —dijo con un bufido de disgusto. Miró a su alrededor por


el apartamento, ahora con curiosidad no disimulada—. Parece que
hicieron un buen trabajo limpiando este lugar.

—Sí —dije evasivamente. No quería pensar en Blane en estos


momentos. Levantándome del sofá, fui a la cocina, tirando mi
improvisada bolsa de hielo en el fregadero. La cabeza me latía tan fuerte
que me tragué dos cápsulas de calmantes.

—¿Puedo ofrecerte algo de beber? —pregunté a CJ.

—Por supuesto. —Busqué a través de los contenidos desconocidos de


mi refrigerador, desenterré algún tipo de té en botella y le serví un vaso.
El té instantáneo en botella es algo asqueroso, en mi opinión, pero
supongo que a mucha gente le gusta.

—Gracias de nuevo por ayudarme —le dije volviendo a la sala de estar y


entregándole el vaso—. Me sorprende que estuvieras despierta —
continué, hundiéndome de nuevo sobre el sofá— ¿No dijiste que
dormías durante el día y trabajabas por la noche?

CJ tomó un sorbo de té antes de contestar.

—Sí, por lo general no lo hubiera oído, pero tenía problemas para


conciliar el sueño.

—Entonces, ¿qué haces para ganarte la vida que trabajas de noche? —


le pregunté, curiosa—. ¿Y por qué tienes un arma?

—Soy programadora de ordenadores —dijo, sorprendiéndome—. Trabajo


para una empresa en Japón, así que tengo que mantenerme en sus
horarios. Y tengo un arma para mi protección, por supuesto —dijo esta
última parte como si fuera una idiota por siquiera preguntar. Y después
de la escena con James, no podía estar en desacuerdo.

—Es impresionante —le dije. Y realmente lo era. Parecía muy joven—.


¿Por qué no te mudas a Japón, si tienes un trabajo allí?

CJ negó con la cabeza.


145

—De ninguna manera. ¿Has visto algunas de las cosas locas que comen
Página

allí? No, gracias. Me voy a quedar aquí, en los buenos y viejos Estados
Unidos de América. —Alcanzando el bolsillo de su chaqueta negra, sacó
un puro—. ¿Te importa? —preguntó y yo hice una mueca. Odiaba los
cigarrillos y el humo de los puros, aunque curiosamente, las pipas no
me molestan. Ella captó mi mirada y dejo a un lado el cigarro con un
ligero suspiro.

—¿No eres un poco joven para fumar puros? —pregunté. Parecía más
joven que yo. Ella arqueó una ceja.

—Llevo programando ordenadores desde que tenía diez años y vivo por
mi cuenta desde los dieciséis. Me imagino que si quiero fumar un
cigarro, me voy a fumar un cigarro. —Bueno, no podría discutir contra
eso y tuve que admirar su actitud independiente.

—¿Qué haces tú? —preguntó y vacilé. En vista de su evidente talento,


mi vida parecía francamente patética.

—Bueno, esta mañana me despidieron —dije a regañadientes.

—Eso es una mierda —dijo en tono comprensivo.

—Pero todavía tengo mi trabajo nocturno, así que supongo que no es


tan malo. —Hablando de eso, sería mejor ver si mi uniforme todavía
estaba en el auto. Iba a necesitar las propinas que esperaba conseguir
por mostrar un poco de piel esta noche.

—¿Qué haces por la noche?

—Soy barman en The Drop. —Me pregunté si eso era todo lo que estaba
destinada a ser, si mis aspiraciones a una carrera real se habían
desintegrado.

—Eso está bien —dijo y fue una prueba de su edad que realmente
pareciera creer que lo era—. Bueno, voy a ver si consigo dormir —dijo
poniéndose de pie y dejando el vaso ya vacío en una mesa cercana—.
Fue un placer hablar contigo.

Le sonreí y me dirigí a la puerta.

—Lo mismo digo. Y gracias de nuevo.

—No hay de qué. —Con una sonrisa arrogante que la hacía parecer
mucho más amable de lo que había aparecido la primera vez que la
había visto, se retiró a su apartamento. Bajando las escaleras, saqué mi
146

bolsa de papel y la mochila de Mark del maletero de mi auto.

Se sentía como si estuviera invadiendo la privacidad de Mark abriendo


Página

su mochila. El pensamiento cruzó brevemente mi mente que, ya que él


estaba muerto, probablemente no le importaba. Avergonzada de mis
pensamientos sin tacto, los empujé a un lado y saqué el contenido.

No había mucho allí. Unos papeles, un llavero con dos llaves en él y un


DVD. Los papeles no tenían escritura sobre ellos. Giré el DVD otra vez
en mis manos, estudiándolo. No tengo ordenador para reproducirlo, ni
tampoco reproductor de DVD.

Espera. No solía tener un reproductor de DVD. Echando un vistazo a la


nueva televisión, me apresuré a inspeccionarla. Efectivamente, había
una ranura para lo que solo podía ser un DVD por debajo de la
pantalla. Encendiéndolo, deslicé el DVD y me fui hacia atrás, de modo
que podía ver completamente la imagen.

Me cortó la respiración cuando Mark apareció en la pantalla. Era


evidente que estaba filmándose a sí mismo porque estaba jugando con
la cámara. Después de un momento, pareció satisfecho y volvió para
que la cámara pudiera captar su imagen. Entonces comenzó a hablar.

—Si estás viendo esto Kathleen — y mis ojos se abrieron— entonces


debo estar muerto. —Su rostro era sombrío, pero continuó—: No puedo
decir que estoy feliz por eso, pero no estoy sorprendido. Hay algunas
cosas muy grandes en juego en lo que he descubierto. Solo desearía
haber encontrado una salida. —Se pasó una mano sobre los ojos
cansados, luego volvió a mirar a la cámara—. Lamento involucrarte
Kathleen, pero no sé a dónde más acudir o en quién confiar. No puedo
contar todo aquí, en caso de que caiga en las manos equivocadas, pero
por favor, Kathleen. Por favor, ayúdame.

Tragué con dificultad, mi visión borrosa por las lágrimas. Era horrible.
Había sabido desde el principio que no había matado a Sheila o se
había suicidado, pero al escuchar la impotencia y el miedo en su voz lo
hacía mucho peor que saber lo que le había sucedido. Alguien los había
asesinado a ambos por algo que Mark había sabido. Mi atención fue
arrastrada de nuevo a la pantalla mientras seguía hablando.

—Dejé lo que necesitas en mi casa —dijo y dio una dirección. Me


apresuré a tomar un papel y lo anoté—. Está escondido —advirtió— y
solo puedo darte una pista de dónde encontrarlo.

Tenía que estar bromeando. ¿Una pista? ¿En serio? Mi corazón se


hundió. Nunca había sido especialmente buena con los rompecabezas.
147

Mark se quedó mirando fijamente a la cámara, como midiendo sus


próximas palabras.
Página

—Piensa como un contrabandista Kathleen.


Eso era todo. El vídeo terminó y la imagen se volvió oscura. Me quedé
mirando la pantalla oscura. ¿Cómo se suponía que la pista iba a
ayudarme? Un contrabandista oculta cosas y Mark había ocultado la
información en su casa, la idea era lógica pura, pero no tenía sentido y
no era una pista en absoluto. Me pasé una mano por el cabello en señal
de frustración.

Bueno, no importaba si no podía entenderlo. Tenía que ir a su casa y


ver si podía encontrarlo. No podía simplemente darle la espalda a la
solicitud de Mark de intentar ayudarlo a él y a Sheila como no podría
haber dado la espalda a mi madre moribunda. Simplemente no estaba
en mí.

Agarré las llaves que había dejado en la mochila, en el supuesto de que


iba a necesitarlas para entrar en su casa, arranqué la página con su
dirección de mi bloc de notas, cogí mi bolso y salí, asegurándome de
cerrar la puerta tras de mí. Supuse que algo bueno había salido de
haber sido despedida, pensé mientras conducía, ahora tenía tiempo
para tratar de resolver esto. La sospecha de que podría terminar como
Mark y Sheila hizo que mis manos agarraran el volante firmemente
hasta poner mis nudillos blancos.

Mark vivía cruzando la ciudad en un barrio agradable, de medianos


ingresos. Los patios estaban todos bien cuidados y algunos tenían
decoraciones de Halloween. Era media tarde y los vecinos estaban todos
en el trabajo. Era silencioso salvo por un perro ladrando en el patio
trasero de una casa a unas puertas de distancia. Pensé que sería más
prudente no aparcar directamente delante de la casa de Mark, así que
aparqué en la calle de atrás, caminando por los patios hasta que llegué
a la puerta trasera.

Tuve que intentarlo dos veces para conseguir meter una llave en la
cerradura y respiré hondo para calmarme. Finalmente, la manilla giró y
abrí la puerta mientras entraba en la cocina de Mark.

Estaba extrañamente tranquilo. Me detuve por un momento,


escuchando y no oí nada que me hiciera pensar que no estaba sola.
Había dejado mi bolso en el auto, así que me metí las llaves en el
bolsillo y empecé a caminar por su casa.

Era el típico lugar de soltero, funcional sin ser particularmente


acogedor. Yo repetía lo que él había dicho piensa como un
148

contrabandista pero todavía estaba en blanco. No ayudaba en nada que


ni siquiera supiera lo que estaba buscando.
Página
No podía imaginar a Mark escondiendo nada en la cocina, así que
atravesé la casa. Subiendo las escaleras, vi que su habitación tampoco
era nada espectacular. Una cama, un armario y una lámpara era todo
lo que contenía. Abrí el armario, moví a un lado su ropa, en busca de
algún armario escondido en las paredes, pero no encontré nada. Me
acurruqué en el suelo y miré debajo de la cama e incluso levanté el
colchón. Nada. Busqué en sus cajones, golpeando sobre las bases como
he visto hacer a la gente en las películas, pero todo sonaba bastante
sólido para mí.

Después de aproximadamente una hora, decidí que no estaba


escondido en su habitación. Siguiendo el pasillo, llegué a otra
habitación donde al parecer Mark había gastado todas sus energías
decorativas.

La habitación estaba llena de parafernalia de ciencia ficción. Veía tanta


televisión como cualquier otra persona, pero no sabía lo que eran
algunas de las cosas. Juegos completos de figuras de acción que
posaban en varias escenas y poses a lo largo de toda la habitación en
estantes. También llenaban la habitación los equipos informáticos,
amontonados en los rincones, junto con libros sobre programación.
Naves espaciales habían sido colgadas del techo con alambre
transparente, simulando diferentes patrones de vuelo y tenía que
agacharme para evitarlos. No sabía por dónde empezar a buscar, pero
tenía el presentimiento de que esta era la habitación a la que se había
referido en su pista.

Echando un vistazo a mi reloj, supe que no tenía mucho tiempo. Tenía


que estar en The Drop a las seis y todavía tenía que regresar a mi
apartamento y vestirme. Preparándome contra mi inherente naturaleza
ordenada me adentré, separando las pilas de material informático y
hojeando libros para ver si había escondido algo dentro como ese tipo
de la película Shawshank Redemption. Saqué los estantes de las
paredes, las pequeñas figuras que con tanto cuidado fueron colocadas
caían descuidadamente al suelo.

Después de otra hora, quería gritar de frustración. Parecía desesperada


y pensé que Mark había sobrestimado enormemente mi capacidad de
resolver el rompecabezas. Sentada en el suelo, rodeada por el caos que
había creado, lancé un suspiro de derrota. Al parecer, no era capaz de
pensar como un contrabandista. Poniéndome de pie, sin darme cuenta
149

me golpeé la cabeza contra una de las naves espaciales que sobresalían


y maldije. Era una nave grande. Llena de frustración, la agarré con las
Página

dos manos y tiré hacia abajo desde el techo. Estaba a punto de lanzarla
a través del cuarto en un ataque de ira cuando me detuve y miré lo que
estaba sosteniendo.

No soy una gran fan de la ciencia ficción, pero incluso yo conocía Star
Wars de principio a fin. Estaba sosteniendo una réplica del Halcón
Milenario. Di un grito ahogado. ¡Por supuesto! ¡Han Solo había sido un
contrabandista! ¿Y dónde había pasado las cosas de contrabando?
¡Dentro de su nave!

Sólo sabía que tenía razón. Me empeñé en inspeccionar la nave en


busca de una manera de abrirla, pero estaba fuertemente pegada. Cogí
algo pesado, metálico e irreconocible para mí de una de las pilas en el
suelo y lo golpeé contra el plástico hasta que lo sentí ceder. Dejándolo a
un lado, tuve la oportunidad de ver el interior de la réplica de la nave.

Pegado en el interior había un objeto rectangular pequeño, un poco más


pequeño que el tamaño de la palma de mi mano y solo de un centímetro
de espesor. Lo saqué para echarle un buen vistazo. Era una pieza
informática y si tuviera que adivinar, tal vez un disco duro.

Metiéndolo en mi bolsillo, salí al pasillo y me paralicé. Podía escuchar


las voces que venían de abajo. Voces de hombres. Miré a mi alrededor,
pero no había manera de salir. A mi izquierda estaba el baño y sin
pensarlo, corrí hacia el interior, empujando la puerta casi cerrada
detrás de mí. Moviéndome tan rápido y tan silenciosamente como pude,
fui detrás de la cortina en la ducha, agradecida de que Mark tuviera
una cortina oscura y opaca y no puertas de cristal. Traté de estar lo
más quieta y respirar tan silenciosamente como era humanamente
posible.

Podía escuchar las voces de los hombres cada vez más fuerte, pero no
podía entender lo que decían. La puerta del baño se abrió de repente,
rebotando contra la pared y casi grité. Las voces eran claras ahora que
se encontraban en el pasillo.

—...sé lo que estamos haciendo aquí. Ya hemos buscado en este lugar.


—El hombre parecía enojado y ofendido.

—Es obvio que no buscaste lo suficientemente bien. —La segunda voz


sonaba vagamente familiar para mí, pero no podía ubicarlo.

—Dame un respiro, Jimmy. Solo porque destrozaste el apartamento de


150

la chica como si hubiera pasado un huracán no significa que estemos


más cerca de encontrarlo. ¿Crees que está aquí? Entonces encuéntralo.
Página
—Frank me envió a ver y asegurarme de que cumplas. No para hacer el
trabajo por ti.

Conocía esa voz y si había tenido miedo antes, ahora estaba


aterrorizada. Era Jimmy Quicksilver. Recordé cuanta frialdad
inhumana y mortal había mostrado en las dos ocasiones que había
tenido la mala suerte de encontrarme con él. Sin tomar
conscientemente la decisión de hacerlo, me eché hacia atrás más aún,
apretándome contra la pared de la ducha, casi sin atreverme a respirar.
No quería tener en cuenta lo que me pasaría si me encontraban.

—Haz algo útil antes de que decida que vales más para nosotros muerto
que vivo —respondió Jimmy con una mueca de desprecio
condescendiente en su voz. Para mi alivio, se trasladaron más al final
del pasillo y aspiré una bocanada de aire. Mi corazón latía como si fuera
a saltar de mi pecho y me sentí mareada. Reconocí los síntomas
clásicos de “pelea o escapa” y traté de frenar mi respiración.

—¿Qué demonios ha pasado aquí? —Debían de haber llegado a la


oficina y visto el desorden que mi búsqueda había causado. Cerré los
ojos y recé, esperando que pensaran que quien lo había hecho ya se
había ido.

—Parece que alguien fue mejor que tú —dijo Jimmy con frialdad. Oí un
golpe duro contra la pared y un gruñido y luego nada. Me esforcé por
escuchar.

Oí pasos pasar la puerta del baño en su camino hacia abajo. Después


de un rato, oí la puerta abrirse y cerrarse.

A pesar de que se suponía que se habían ido, no me moví. Podría ser


una trampa con ellos esperando a que alguien salga de la casa. Miré mi
reloj y esperé. Treinta minutos debería ser suficiente.

Después de unos quince minutos, olí algo raro. Olfateando el aire, me di


cuenta de lo que era. Humo. Abriendo la cortina de la ducha, corrí
hacia el pasillo y me detuve en seco, un pequeño grito escapó de mis
labios antes de que me apresurara a cerrarlos.

Un hombre estaba tirado boca arriba en el suelo. Aunque tenía los ojos
abiertos, era muy obvio que estaba muerto. Su garganta había sido
cortada de oreja a oreja tan profundamente que era un milagro que su
151

cabeza estuviera todavía atada a su cuello. Había sangre acumulada en


un charco de color rojo oscuro debajo de él. La bilis subió por mi
garganta pero me la tragué. No tenía tiempo para ponerme enferma.
Página
El humo salía por las escaleras y empecé a toser, mis ojos se volvieron
llorosos. Jimmy debía de haber iniciado un incendio. Eso fue lo que le
llevó tanto tiempo antes de salir. Me dejé caer de rodillas y evitando
cuidadosamente el cadáver, traté de ver a través de mis ojos ahora
borrosos. Bajé las escaleras, con la esperanza de llegar a la cocina y la
puerta de atrás, pero podía oír y sentir el fuego cuanto más me
acercaba. El calor y el humo llegaron a ser demasiado intensos. Tuve
que dar la vuelta.

Luchando por las escaleras, me fui por el pasillo, pensando


furiosamente. Había ventanas tanto en el dormitorio como en la oficina
de Mark y pensé que había visto un árbol en el patio trasero. Esa
probablemente fuera mi mejor apuesta.

Me puse de pie y corrí a la oficina, cerrando la puerta detrás de mí.


Limpiándome los ojos para aclararlos, pasé por encima de los trastos en
el suelo hacia la ventana. Abriéndola, traté de empujarla hacia arriba.
No se movió. Lo intenté de nuevo, poniendo todo lo que tenía en ello,
pero todavía no se movía.

Frenéticamente miré alrededor de la habitación, agarré un pedazo de


equipo que parecía lo suficientemente pesado como para hacer algo de
daño. Lo tomé con ambas manos y lo estrellé contra el cristal y vi, con
satisfacción, una grieta con forma de tela de araña aparecer en la
ventana. Tres veces más y el vidrio había cedido. Hice un agujero tan
grande como pude, tratando de limpiar tantos fragmentos como fuera
posible y luego empujé la pantalla hacia fuera.

Tenía razón. Había un gran roble que crecía junto a la casa, pero no
estaba cerca. Tendría que saltar hacia él. Miré al suelo y tragué saliva.
Si me equivocaba, me rompería una pierna, o algo peor.

Salí por la ventana, haciendo una mueca cuando los fragmentos de


vidrio me cortaron en las manos y las piernas y me senté a horcajadas
en el marco. Tomando una respiración profunda e ignorando el dolor,
salté hacia el árbol.

Mis dedos solo lograron apoderarse de una rama, aunque el peso de mi


cuerpo hizo que los músculos de mis brazos gritaran de dolor y casi me
resbalé. Envolviendo mis piernas alrededor de la rama, escalé más cerca
del tronco. Las ramas se enredaron en mi cabello y rápidamente logré
liberarme. Había trepado árboles desde que era muy pequeña, así que
152

estaba debajo del árbol sin perder tiempo. El sonido de una explosión y
cristales rotos vino de la casa y vi las llamas saltando por una ventana.
Página

Sin mirar atrás, corrí a mi auto.


Corrí a casa y me fui derecha a la ducha. Apestaba a humo y tenía las
manos ensangrentadas con miles de pequeños cortes. El hermoso
suéter y pantalones estaban más allá de la reparación y tristemente los
tiré a un lado. Secándome el cabello, lo dividí en dos coletas trenzadas,
con bandas blancas mullidas al igual que Britney. Cuando me preparé,
pensé en la conversación entre Jimmy y el muerto y mi mano se paró
cuando estaba trenzando. "El apartamento de la chica," le había dicho.
Bueno, supongo que ahora sabía quién había destrozado mi casa en
busca de la mochila de Mark.

Puse apósitos en mis manos y vendas un poco más grandes para unos
cortes más profundos en el interior de los muslos donde me senté a
horcajadas sobre el marco de la ventana rota. Tristemente, me di
cuenta de que tendría que usar guantes de látex esta noche, mientras
preparaba las bebidas. No podía correr el riesgo de sangrar en el vaso
de alguien.

Inspeccionando mi cara en el espejo, vi que tenía un moretón lívido en


mi pómulo que se filtraba lentamente debajo de mi ojo. Mañana me
vería incluso peor. Fantástico. Esta noche me di cuenta que podía
ocultarlo con una gruesa capa de maquillaje. La poca iluminación en el
bar ayudaría.

Agarrando la bolsa de papel que Tish me había dado, me mordí el labio


con incertidumbre. Había un sujetador deportivo negro, camisa blanca,
chaqueta de punto gris y minifalda completa con calcetines hasta la
rodilla tipo colegiala y todo yacía en mi cama. No era terriblemente
escaso, pero sin duda mostraría más piel de la que me sentía cómoda
revelando.

Mirando el reloj, me di cuenta que no tenía tiempo de ser exigente. Me


puse el traje, la camisa anudada entre mis pechos y enrollé las mangas.
No necesitaba una foto, sabía exactamente cómo llevaba Britney este
traje, aunque no tenía el corazón para mirarme en el espejo para ver
cómo había quedado. Yo tenía los pechos más grandes que Britney y el
montón de mi escote en exposición era considerable, pero no tenía
tiempo para hacer nada al respecto. Me puse un pequeño par de aretes
de plata en mis orejas, agarré el disco duro que saqué de la casa de
Mark y me apresuré a salir. Escasos segundos después, estaba
llamando a la puerta de CJ. Di algunos golpes persistentes antes que
finalmente escuchara las cerraduras moverse, a continuación, CJ abrió
153

la puerta. Su boca se abrió cuando me vio.


Página
—Tienes que estar bromeando —dijo rotundamente, mirando mi traje,
pero moví la mano para interrumpirla. No parecía el tipo de gente que
apreciaba a Britney Spears de todos modos.

—Es por trabajo —le expliqué—. Escucha, necesito tu ayuda.

—Estoy escuchando —dijo con cautela. Le entregué la unidad.

—Un amigo mío... me dio... esto —le dije—. ¿Se puede averiguar lo que
hay en él? —CJ lo agarró en sus manos, mirando por encima.

—Claro —dijo encogiéndose de hombros—. No hay problema. —Sentí un


poco de culpa. No pude evitarlo, tenía que advertirle.

—Oye —le dije— lo que está aquí, creo que podría ser peligroso. Dos
personas podrían haber muerto a causa de ello. —CJ me miró como si
estuviera loca—. Lo digo en serio —le dije con seriedad—. Yo solo...
quiero que estés totalmente informada antes de que digas que sí.

Ella me examinó por un momento, frunciendo el entrecejo.

—Puedo ver que lo dices en serio —dijo finalmente—. Es un poco difícil


de creer, eso es todo. —Guardándose el disco, sacó un cigarro y lo
encendió, todavía examinándome como si estuviera decidiendo si
creerme o no.

—Por favor, ten cuidado —le dije— y no se lo digas a nadie. Pasaré


cuando llegue a casa esta noche. —CJ tomó una calada del cigarro y
asintió.

—Está bien —consintió ella—. Nos vemos entonces. —Con una sonrisa
rápida, corrí a mi auto.

Llegué a The Drop solo unos minutos tarde, estacionando a la vuelta y


me apresuré a entrar. El lugar ya estaba ocupado y Scott se alegraba de
verme. Eché un vistazo doble cuando lo vi. Se había vestido como un
oficial de la Marina en uniforme blanco, completo con tonos de espejo.
Me recordaron brevemente a una de mis películas favoritas de todos los
tiempos, Top Gun. Yum.

—Ya era hora de que aparecieras —espetó cuando me vio. Sentí un poco
de satisfacción cuando él hizo su propio doble vistazo. Dejó escapar un
silbido mientras me miraba de arriba abajo—. Mierda Kathleen —dijo—.
Estás para comerte. —La sonrisa que me dio me hizo sonrojar y
154

rápidamente me di la vuelta para meter mi bolso en un cubículo bajo la


barra. Bueno, al menos sabía que me veía bien, aunque me sentía como
Página

si se me estuviera a punto de escapar un pecho de mi top.


—¡Kathleen! —Me volví y vi allí de pie a Tish. Llevaba un traje de
Madonna, completo con el sujetador de conos y todo.

—¡Oh, Dios mío! —exclamé, riendo— ¿De dónde sacaste eso? ¡Estás
fantástica! —Llevaba una peluca rubio platino en un estilo Marilyn
Monroe y tenía tacones de plataforma con medias de red. Tish se
pavoneó para mí.

—Gracias —dijo, guiñándome un ojo—. Es algo que tenía escondido en


el armario. —Sonrió— ¡Y tú estás perfecta, Kathleen! Ese traje se
adapta a ti. ¡Vamos a conseguir mucho dinero esta noche! —Tenía la
esperanza de que tuviera razón. Capté atisbos de Jill y Deirdre por el
rabillo de mi ojo y me apresuré a preparar mi zona de trabajo. Ambas
parecían increíbles. Jill estaba hermosa y escasamente vestida como
Christina Aguilera y Deirdre parecía exótica con su traje ceñido como
Beyoncé. Romeo estaría contento, estaba segura.

La multitud creció hasta que estuvieron prácticamente hombro con


hombro y apenas tenía tiempo para pensar, mezclaba las bebidas lo
más rápido posible. La mayoría de los clientes estaban disfrazados y
realmente les gustaban nuestros trajes. Habíamos recibido repetidas
peticiones para cantar y bailar. Afortunadamente, todos estábamos
demasiado ocupados para vernos obligados. Romeo había traído una
máquina de karaoke para pasar la noche y creó un escenario en un
extremo de la habitación. Fue muy popular e interiormente me
estremecí ante algunas de las personas que tomaron el escenario,
juerguistas borrachos que cantaban desentonados.

Eran más de las nueve cuando me enteré que mi nombre era llamado
por la multitud alrededor de la barra. Mirando por encima de los tres
Martini que estaba preparando, vi a Clarice y su novio Jack. Habían
logrado abrirse paso hasta el bar y me apresuré para terminar las
bebidas, poniéndolas en una bandeja, antes de ir hacia ellos.

—¡Hola Clarice! —dije, llegando por sobre la barra para darle un breve
abrazo. Me alegré de verla. Se me hizo un poco triste que no había
podido despedirme de ella esta mañana— ¿Qué estás haciendo aquí?

—Los niños están haciendo dulce o truco con la abuela —dijo— así que
pensamos en venir aquí a verte.

—¡Fantástico! — dije sonriendo—. ¿Qué puedo traeros para beber? —


155

Clarice pidió un ron con coca cola, mientras que Jack quería una
cerveza. Estaba poniendo las bebidas en frente de ellos cuando la
Página

sonrisa de Clarice se desvaneció de su rostro.


—Oh Dios mío —susurró, mirando detrás de mí—. No puedo creerlo. —
Lancé una rápida mirada por encima de mi hombro, pero no podía decir
lo que vio.

—¿Qué? —le pregunté— ¿Qué pasa? —Sus labios se hicieron una línea.

—Es Blane —dijo, sin dejar de mirar detrás de mí— ¿Recuerdas lo que
te dije acerca de la chica de Facebook? —Asentí. Esa había sido la
última ruptura de Blane y me acordé que Clarice y yo nos reíamos de
él—. Bueno, él está aquí. Con ella, el muy idiota. —No quería darme la
vuelta esta vez. No quería mirar. Pero no podía evitarlo.

Echando un vistazo rápido detrás de mí una vez más, busqué entre la


multitud hasta que los vi. El bar estaba lleno de gente hombro contra
hombro, pero Blane y su cita sobresalían como dos faros. Blane no
podía ser ignorado, porque era más alto que la mayoría de las personas
en todo el lugar y simplemente tenía una presencia que lo hacía resaltar
en una multitud. La chica se destacaba porque... bueno, porque era
preciosa como para desmayarse. Tenía el cabello largo y rubio brillante
que le caía por la espalda y llevaba un traje de hada brillante que debía
haber costado una fortuna. Una máscara a juego cubría sus ojos.
Estaba envuelta en sus brazos, sus labios susurrándole algo al oído.

Me di la vuelta, sintiéndome mal del estómago. Clarice parecía una


mamá osa loca queriendo defender a su cachorro. Curvé mis labios en
una sonrisa falsa.

—No es un gran problema —le dije—. Esos eran solo rumores,


¿recuerdas? No estoy con él. —Me miró con la duda en sus ojos y supe
que no me creía. Odiaba ser una pésima mentirosa. No, yo no estaba
“con” Blane, pero no estaba acostumbrada a ser tan íntima con alguien
como habíamos estado la noche anterior solo para verlo con otra
persona al día siguiente. Mi estómago se retorció y tuve que empujar
deliberadamente a un lado mis sentimientos. No importaba que Blane
estuviera aquí, de todos modos. No tenía tiempo para pensar en ello.

No tuve la oportunidad de hablar con Clarice y Jack otra vez mientras


los pedidos llegaban rápidos y furiosos. Era difícil ser amable y
conseguir propinas cuando también estaba concentrada en mover las
bebidas lo más rápido posible. Scott y yo llevamos un buen ritmo, sin
embargo y nadie se enfadó porque su bebida tomara demasiado tiempo
en ser preparada.
156

—He oído que le has echado el ojo a Blane. —Levanté la vista de la


Página

bebida que había estado preparando y vi a la pareja de Blane de pie en


la barra. Era por lo menos una cabeza más alta que yo y aún más
hermosa de cerca. Me sentía como una bola de masa de plastilina junto
a ella con mis coletas y calcetines hasta la rodilla.

—¿Perdón? —dije hablando en voz alta para hacerme oír por encima del
actual imitador de cantante en el karaoke.

—Puedes olvidarte de él —dijo ella, inclinándose hacia mí—. Puede ir a


los barrios bajos contigo por una noche o dos —me miró como si yo
fuera un chicle pegado a su zapato—, pero siempre volverá a alguien de
su propia clase... —Cerré mis manos en puños, las uñas clavadas a
través de los guantes en mis palmas.

—Alguien como tú, quieres decir —dije secamente. Ella sonrió sin
humor.

—Especialmente alguien como yo —respondió ella. Con una última


mirada de desprecio, se dio la vuelta y desapareció entre la multitud.

—¿Estás bien? —Oí a Scott preguntar. Sin decir una palabra, agarré
dos vasos de chupito y los llené de tequila. Agarrando la sal y algunas
rodajas de limón, sostuve un vaso para Scott.

—¿Quieres? —le pregunté y él sonrió.

—Solo si tengo la oportunidad de hacer un trago sobre tu cuerpo. —Sus


ojos me recorrieron otra vez, deteniéndose en mi escote. Algunos de los
clientes del bar oyeron y empezaron a animar. Tragué el tequila y mordí
el limón, su acidez cortando a través del ardor del alcohol. Cuando
terminé, le sonreí con fuerza a Scott. Ciertamente parecía apreciar mi
traje de esta noche, al igual que el resto de los hombres que rodeaban el
bar. Bien podía disfrutarlo.

—¿Por qué no? —dije entregándole la sal. Su sonrisa se ensanchó y la


multitud aplaudió más fuerte. Moviéndose cerca, colocó el vaso entre
mis pechos, tomándose su tiempo para hacerlo. Incluso después de
trabajar durante horas, me di cuenta de que todavía olía bien. Pude ver
mi propio reflejo en sus gafas de sol de espejo. Levantando la mano se
las quite para poder verle los ojos. Brillaron hacia mí y me sonrió, de
verdad esta vez. El encanto de Scott era irresistible.

—¿Dónde quieres la sal? —me preguntó al oído mientras sus brazos se


deslizaron alrededor de mi cintura.
157

A pesar de que apreciaba su consideración, decidí que no me


importaba.
Página
—Tú decides —le contesté. Su mirada cayó sobre mi pecho y se inclinó
hacia adelante. Pero en lugar de sentir su lengua por encima de mi
pecho, donde medio que lo esperaba, me lamió el cuello donde se
encontraba con mi hombro. El aire frío dio en el clavo caliente y sentí el
leve cosquilleo de la sal, luego me lamió otra vez. Esta vez me estremecí.

Luego, su boca estaba tomando el vaso de entre mis pechos mientras


arrojaba el líquido de nuevo. Puse la lima entre los dientes y sus labios
encontraron con los míos antes de que él me la quitara. Silbidos y más
aplausos estallaron entre la multitud. Scott, me acercó para darle un
abrazo y sonreímos. Cuando me di la vuelta para volver al trabajo, de
repente me detuve, mi sonrisa desvaneciéndose.

Blane me estaba mirando. Su rostro parecía haber sido tallado en


granito. La furia en sus ojos me dio ganas de correr y esconderme. Por
un momento, no existía nadie, solo nosotros dos y nuestras miradas
enganchadas.

Una risa estridente cerca rompió el hechizo y puse rígida la espalda,


mis ojos se entrecerraron hacia él y esperé estar enviando un mensaje.
Yo no era una niña y si él no me quería, había otros que lo hacían.
Volviendo sobre mis talones, me dirigí hacia el otro lado de la barra y
comencé a tomar pedidos. Scott, me miró con curiosidad ya que él
había estado trabajando en esa esquina, pero no discutió y simplemente
fue y tomó mi lugar.

Me negué resueltamente a buscar a Blane de nuevo y seguí trabajando,


con una sonrisa pegada a la cara. Un grupo de universitarios borrachos
acaparó mi extremo de la barra y parecía pensar que ahora estaba
disponible para hacer tragos sobre el cuerpo con cualquier persona.
Traté de mantenerme lo más agradable mientras los rechazaba,
pasando a recibir pedidos de los que les rodean. Esperaba que
entendieran la indirecta y encontraran a alguien más a quién molestar.

Tish apareció y se apoyó pesadamente contra la barra. Me di cuenta de


que había tenido suficiente de todo esto también. Nuestros ojos se
encontraron y yo sabía que las dos estábamos pensando lo mismo. Esta
noche no iba a terminar.

—Sírveme un trago Kathleen —dijo con cansancio—: Lo necesito. —


Obediente, nos serví dos tragos de bourbon sólo. Pensé que con la
semana que tuve, me lo merecía. Los tomamos al unísono y luego ella
158

tomó una respiración profunda, plantando una sonrisa en su cara


mientras se sumergía de nuevo en la multitud.
Página
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, la multitud
comenzó a escasear. Echando un vistazo a mi reloj, vi que era casi la
una de la mañana. Unos minutos más tarde, Scott señaló a las
camareras que era la última llamada. La gente realmente comenzó a
despejar después de eso y finalmente me sentí que podía parar y tomar
un respiro. Había tomado un par de tragos y estaba empezando a
sentirlos. Scott y yo empezamos a limpiar la zona del bar, las camareras
limpiaban las mesas.

Solo un puñado de personas se mantuvo después de otra media hora y


casi habíamos terminado. Scott llamó a todos al bar para una última
copa de celebración, todos lo habíamos hecho muy bien esta noche.
Había hecho más de doscientos dólares en propinas y eso era sin los
porcentajes de las camareras que nos darían a Scott y a mí.

Tomé un sorbo del vodka con Martini que Scott había hecho para mí,
consciente que todavía tenía que volver a casa después de esto y ya
estaba un poco inestable en mis pies.

—¡Hey Kathleen! —dijo Jill—. Vas a cantar para nosotros, ¿no? —Solté
una carcajada.

—Sí, claro —le dije—. Como si no estuviera lo suficientemente cansada


esta noche.

—Lo sé, pero ya estás vestida para la ocasión y todo —protestó. Los
otros se unieron y me engatusaron—. Vamos Kathleen —imploró Tish—
no se puede dejar que la máquina de karaoke se vaya sin probarla una
sola vez. —Bueno, tenía razón en eso. Habían estado diciendo mi
nombre toda la noche. Tal vez todas las chicas tenían una diva interna
muriéndose por salir.

—Está bien, está bien —cedí, haciendo una reverencia por sus aplausos
con una sonrisa. Terminé mi Martini, valor líquido, como mi madre
solía decir y me dirigí hacia el escenario.

—Necesito coristas —dije en voz alta. Tish y Jill saltaron al frente,


riendo. Scott y Deirdre se acercaron y se apoyaron en una de las mesas
para ver. Los pocos clientes que quedaban se volvieron en nuestra
dirección también, curiosos por saber lo que estaba pasando. Una
rápida mirada me tranquilizó acerca de que Blane estuviera entre ellos,
o cualquier otra persona que conociera, para el caso.
159

Busqué por la lista de canciones hasta que encontré la que quería. Un


gran éxito para Britney, que me conmovió ahora. Cuando las notas de
Página

Toxic llenaron la sala, Tish y Jill vitorearon.


—¡Me encanta esta canción! —exclamó Jill, mientras ella y Tish se
posicionaban detrás de mí. Sostuve el micrófono y no tuve necesidad de
seguir las letras que avanzaban por la pantalla. Había tenido suficiente
alcohol para asegurar que mi actuación fuera completamente
desinhibida. Lanzándome de lleno con la canción, copié algunos de los
pasos de baile de Britney también. Jill y Tish se metieron en ella,
bailando conmigo de una manera que estaba segura me haría sonrojar
mañana, a pesar de que Scott y los otros hombres que quedan en el bar
parecían apreciarlo, lanzándonos silbidos.

Terminamos con aplausos de las pocas personas que miraban y Scott


soltó varios silbidos. Sonriendo y eufórica, me bajé de un salto fuera del
escenario, riendo con Jill y Tish. Me alegré de que me hubieran
convencido de ello, tener un poco de diversión para variar. En los
últimos días me había sentido como si el peso del mundo hubiera
estado en mis hombros y era tan agradable dejarse llevar, ser joven y
desenfadada, aunque solo fuera por unos minutos.

Me di cuenta de una máscara que alguien había dejado caer en el suelo,


junto a una mesa en la esquina y me desvié a recogerla. Al acercarme,
un cliente que había estado de pie en la sombra se acercó a mí. Mirando
hacia él, me tropecé y me habría caído si su mano no se hubiera
disparado a sostenerme.

—Eso sí que fue una actuación —dijo Kade tirando de mí hacia él. Todo
vestido de negro, llevaba la misma media sonrisa arrogante en su
rostro. En mi estado de ebriedad, sus ojos parecían más azules, sus
oscuras pestañas más largas de lo que recordaba—. Detective auto-
designado durante el día, princesa del pop por la noche —se burló en
voz baja. Tiró de mí más cerca, envolviendo sus brazos alrededor de mi
cintura y sentí la evidencia de su aprecio presionada contra mi
estómago. En contra de mi voluntad, sentí un calor responder en mi
propio cuerpo.

Inclinándose, puso sus labios a mi oído y me estremecí, mis ojos


cerrándose.

—Sé a dónde fuiste hoy princesa.

Eso me puso seria de nuevo, mis ojos se abrieron en shock. Solo estuve
en un lugar hoy y había sido la casa de Mark. Tratando de inventar una
salida, balbuceé:
160

—Yo... no sé de qué estás hablando. Hoy he estado en casa.


Página
—Estaba tratando de decidir si ir tras de ti o dejar que te quemaras
hasta convertirte en cenizas cuando te vi salir por la ventana. —Sus
ojos se clavaron en los míos y su sonrisa se desvaneció—. Quiero lo que
encontraste allí hoy.

—¿Kathleen necesitas ayuda? —Scott estaba saliendo de detrás de la


barra, una mirada de preocupación en su rostro— ¿Ese tipo te está
molestando?

Miré de nuevo a Kade que sacudió mínimamente su cabeza y miró hacia


abajo. Seguí su mirada hacia donde se había mudado su chaqueta de
cuero negro y vi el brillo del metal contra su costado. Mis ojos se
apresuraron de nuevo a los suyos. No dudé por un momento que
hablaba en serio.

—No le dejaría venir hasta aquí, si yo fuera tú —dijo en voz baja.

—Estoy bien Scott —dije en voz alta, tratando de mantener la voz


firme—. En serio. Gracias, de todos modos. —Scott se detuvo. A pesar
de que todavía se veía inseguro, se retiró de nuevo a la barra.

—Muy bien —dijo Kade—. Ahora vamos a ver si puedes seguir más
instrucciones—. Sus manos se movían mientras hablaba,
distrayéndome mientras acariciaba la piel desnuda de mi espalda por
encima de la falda. Mi mente lentamente trató de mantenerse al día con
lo que estaba diciendo—. Nos vemos mañana por la noche en el
Monument Circle.

—Tengo que trabajar mañana por la noche —le dije rápidamente,


tratando de pensar.

—Esperaré —replicó—. Hasta ahora, soy el único que sabe que lo tienes
—hizo una pausa y luego añadió—: pero eso puede cambiar. —Pensé en
Jimmy y el cadáver y me sentí mareada.

Kade se inclinó, por lo que su rostro estaba a pocos centímetros del


mío.

—Bien podría montar un buen espectáculo —murmuró, sus ojos


cayendo a mi boca. Entonces me besó y yo estaba demasiado aturdida
para hacer algo. Su lengua se enredó con la mía y mis puños se
cerraron en su chaqueta. A lo lejos, a través del rugido en mis oídos,
escuché a alguien dar un silbido. Finalmente Kade me soltó y me
161

faltaba el aliento. Lo que vio en mis ojos debió de divertirle porque se rió
en voz baja. Se apoyó para susurrar en mi oído, su aliento cálido
Página
enviando de nuevo un escalofrío a través de mí—. Me gustan las
trenzas. —Luego se fue, la puerta principal cerrándose detrás de él.

Aturdida, agarré mi bolso de debajo del mostrador y le dije un adiós


apresurado a Scott. Deirdre ya se había ido. Tish y Jill estaban a punto
de terminar. Tish me guiñó un ojo mientras caminaba y yo le mostré
una débil sonrisa a cambio. Pensó sin duda, que tenía prisa por salir
para poder continuar mi fiesta nocturna con Kade. No podía estar más
equivocada.

162
Página
Capítulo 9

Me sentí maltratada y desgastada mientras conducía a casa. Me


picaban y ardían las manos por los cortes y por usar los guantes de
látex durante toda la noche. Los cortes en mis muslos y los brazos me
dolían por haberme colgado del árbol, así como de todo el trabajo que
había hecho esta noche. Podía sentir que mi mejilla estaba muy
sensible y mi ojo comenzaba a palpitar. Y, por si fuera poco, estaba
abochornada y avergonzada por mi reacción ante Kade. Él era un
hombre peligroso, un asesino y me derritió en sus brazos como si fuera
una adolescente enamorada apenas veinticuatro horas después de
rogar a Blane que hiciera el amor conmigo. Nunca había pensado en mí
misma como alguien que pudiera ser etiquetada como fácil, pero parecía
que estaba circulando cerca de ese territorio. Mi cabeza estaba llena de
reproches silenciosos.

No podía esperar a tomar una ducha e ir a la cama, el estrés y el alcohol


hacían que me palpitara la cabeza. Antes de que pudiera hacer eso,
tenía que parar y ver si CJ había encontrado algo.

Llamé a su puerta, el aire helado haciéndome temblar. La temperatura


había bajado y podía ver mi aliento. Mi mano estaba a punto de llamar
de nuevo cuando la puerta se abrió, revelando a una CJ envuelta en
una nube de humo de cigarro.

—Pensé que eras tú —dijo a través del cigarro apretado entre los
dientes—. Entra. —Dio un paso atrás y me deslicé dentro con gratitud.
Con humo o sin él, hacía más calor dentro que fuera.

El apartamento se veía completamente diferente de cuando Sheila había


vivido allí y miré alrededor con curiosidad. A CJ parecía gustarle
realmente el negro. Todo su mobiliario era de cuero negro, sus mesas
eran una mezcla de barniz negro y vidrio. Vi un escritorio con una
encimera de mármol negro en la esquina. Tenía un ordenador portátil
apoyado en él, así como tres grandes monitores de pantalla plana.
163

CJ se dejó caer en el sofá e hizo señas para que yo hiciera lo mismo.

—Todavía estoy copiando la unidad, así que no he tenido mucha


Página

oportunidad de ver los datos —dijo, sorprendiéndome.


—¿En serio? —le pregunté—. No creí que fuera a tomar tanto tiempo.

—La unidad estaba dañaba y no andaba —respondió ella—. Lo puse en


el congelador durante un tiempo y ahora está funcionando, pero la
copia va muy lenta. Probablemente tomará un par de horas.

—Bien, gracias —le dije. Entonces me acordé de Kade—. Um, ¿hay


alguna forma de borrar los datos en el disco después de que hayas
terminado? Alguien más lo quiere y no quiero que tengan lo que está en
él. —CJ me miró especulativamente por un momento y luego asintió.

—Sí. La única forma segura de conseguir realmente deshacerse de los


datos es sobrescribir el disco. Un borrado en realidad no elimina nada.
Los sectores son recuperables, especialmente si sabes lo que está
haciendo. Puedo arreglar eso, si quieres.

—Gracias —le dije con gratitud. Me sentía sucia y me estaba cansando


muy rápidamente así que le pregunté si podía usar su baño. CJ
amablemente me lo señaló. Después de limpiar mi cara y dejarla libre
del espeso maquillaje, me sentí mucho mejor y más despierta.

—Ese idiota te dejó un buen ojo morado —dijo cuando volví. Hice una
mueca. La contusión en mi mejilla y los ojos por el golpe de James de
esta mañana era muy notable ahora—. Entonces —dijo, tomando otra
bocanada de su cigarrillo— ¿vas a decirme lo que está pasando o qué?

Ella tenía razón. La había arrastrado a esto, debería saber sobre Mark y
Sheila. Suspiré.

—Creo que primero necesito un trago —le dije con cansancio. Sin decir
una palabra, CJ se levantó y fue a la cocina y volvió con dos vasos y
una botella de bourbon. Vertiendo un poco en cada vaso, me dio uno.
Tomé un sorbo por un minuto o dos y luego me lancé a mi historia,
hablándole de Sheila y cómo la había encontrado muerta. A
continuación, sobre Mark y cómo la policía había decidido que él la
mató y luego se había suicidado, terminando con mi reciente huida de
su casa hoy y Kade exigiéndome que le entregue el disco mañana por la
noche.

Cuando terminé, tomé la botella y me serví otra generosa cantidad,


bebiéndolo rápidamente. Racionalicé que lo necesitaba para ayudarme a
dormir esta noche. De lo contrario, pensar en Kade, Jimmy y el hombre
164

muerto en la casa de Mark me mantendría despierta toda la noche.

—Voy a ir contigo —dijo CJ abruptamente.


Página

—¿Qué? —pregunté, sorprendida.


—Mañana por la noche —dijo—. No creo que sea una buena idea que
vayas sola. Necesitas a alguien que cuide tu espalda. —Al principio me
alegré, sería genial no estar sola. Entonces me acordé de Sheila y Mark,
y sabía que no podía dejar que eso le sucediera a CJ. Lamentablemente,
negué con la cabeza.

—No puedo dejar que hagas eso —le dije—. No debería haberte
implicado. Es peligroso.

CJ resopló.

—Por supuesto que es peligroso, por lo que debemos ayudarnos la una


a la otra. —Comencé moviendo la cabeza y abrí la boca para hablar,
pero me interrumpió—: Estás cansada. Vete a casa y acuéstate. Ven por
la mañana. Sabré más y podemos discutir sobre ello entonces. —Sonreí.
Sonaba tan terca como yo, pero la parte de ir a la cama sonaba bien.

—Está bien —le dije, poniéndome de pie—. Nos vemos en la mañana. —


La habitación se inclinó un poco y vi a CJ sonreír.

—¿Te emborrachas con facilidad, eh Britney? —Bromeó y no pude


contener la risa.

—Muy bonito —repliqué—. Te haré saber que soy una Britney Spears
condenadamente buena. Y puedo aguantar el licor muy bien, muchas
gracias. Acabo de tener una larga noche.

—Apuesto que sí —dijo CJ, mientras yo salía. Unos momentos más


tarde, estaba cerrando la puerta de mi apartamento, cerrando los ojos y
apoyándome en ella con gratitud. No había exagerado. Parecía una
eternidad desde que había despertado esta mañana en la casa de Blane.
Con amargura, me pregunté si la chica vestida de hada estaba allí con
él.

Unas manos se cerraron sobre mis brazos.

—¿Dónde diablos has estado?

Me estremecí con violencia, con los ojos abiertos al segundo. Blane se


paró frente a mí, con los ojos brillantes de furia.

—Deberías haber estado en casa hace una hora —espetó—. ¿Dónde


estabas? ¿Con ese camarero tan guapo que tenía sus manos sobre ti?
165

Mi impresión dio paso a la ira.

—¿Qué te importa? —le escupí— ¿No deberías estar follando a tu hada


Página

justo ahora?
—No hables así —dijo apretando los dientes—. No sabía que Kandi iba a
estar allí esta noche. —Así que era ella, la Kandi-con-i. Sí, eso le queda
bien a la perra esnob, pensé, sin importarme si estaba siendo mezquina.

—Eso no le impidió decirme exactamente lo que pensaba de mí —le dije


con amargura—. Como si no hubiera tenido suficiente de eso hoy. —Eso
pareció llevarse el calor de su ira y sentí su agarre en mis brazos
aflojarse.

—Eso he oído —dijo con gravedad—. No deberías haber perdido tu


trabajo —dijo con más suavidad y ahora sus manos se movieron
lentamente hacia arriba y hacia abajo por mis brazos de una manera
suave—. Me he hecho cargo de las cosas. Puedes volver a trabajar el
lunes. —La parte de mí que se había preocupado por lo que iba a hacer
sin ese trabajo suspiró de alivio. Pero la parte de mí que sabía que no
podía obtener algo por nada levantó la cabeza con suspicacia.

—¿Por qué? —pregunté. Blane pareció momentáneamente confundido—


¿Por qué? —Repetí. Me alejé, sintiendo la necesidad de poner un poco
de espacio entre él y yo, sus brazos cayeron a los costados mientras me
miraba— ¿Por qué haces esto? —Las preguntas que se habían
martillado en la parte trasera de mi mente todo el día ahora cayeron de
mi boca como un torrente— ¿Por qué el cambio de imagen de mi
apartamento? ¿La ropa nueva? ¿Nuevo mobiliario? ¿Por qué estás aquí?
—La postura de Blane se tensó mientras hablaba, entrecerrando los
ojos hacia mí. Normalmente, eso me habría advertido, pero estaba
demasiado confundida y enojada para parar—. ¿Soy una especie de
proyecto? —Seguí—: ¿Un caso de caridad para ti? Solo dímelo, porque
no sé lo que quieres de mí. —Crucé los brazos sobre mi pecho y esperé
una respuesta, preparándome para las palabras que probablemente no
quería oír.

—No quiero nada de ti —dijo con frialdad—. Te dije anoche que me


haría cargo de ti y eso es lo que estoy haciendo.

Odiaba que nos recordara lo de ayer por la noche y sentí el calor en mis
mejillas al rememorar, pero lo ignoré.

—¿Pero por qué? —Insistí, exasperada por qué seguía esquivando la


pregunta—. No tiene ningún sentido. No soy nada, no para ti, así que
¿por qué te importa lo que me pase?
166

—Porque me gustas —dijo finalmente y parecía casi sorprendido por la


admisión—. Y porque necesitabas ayuda y estoy en condiciones de
Página

ofrecértela.
—¿Y no quieres nada a cambio ? —le pregunté con escepticismo.

—Nada.

—Claro —me burlé—. Porque la vida realmente funciona de esa manera.


—Yo lo sabía mejor que nadie. No sabía lo que quería Blane, pero no era
tan ingenua como para creer que, con el tiempo, él no esperaría que le
pagara.

El escozor en mis manos volvió a captar mi atención y decidí que había


terminado con Blane, tanto si él había terminado conmigo como si no.
Yo no lo había invitado aquí y ni siquiera sabía cómo había llegado,
pero estaba lista para que se fuera. Con la esperanza de que captaría la
indirecta, me volví de espaldas a él para ir a la cocina. La habitación
giró y me tropecé, mi brazo estirándose para sujetarme, de forma que
no cayera y fuera humillada aún más.

Blane tenía su brazo alrededor de mí, estabilizándome, antes de que yo


tuviera tiempo de parpadear.

—Estás borracha —dijo, con una leve acusación en su voz que hizo que
me cabreara.

—He tenido un mal día —disparé a la defensiva—. Pensé que me


merecía una copa. —O dos. Tal vez cinco. Lo que sea. La mano de Blane
subió a mi hombro y apretó. Pensé que probablemente estaba destinado
a ser reconfortante, pero él había dado con el lugar donde James me
había empujado contra la puerta y grité de dolor.

—¿Qué? —dijo alarmado— ¿Qué pasa? —Sacudí la cabeza.

—No es nada. Solo un golpe. —Estirando el brazo, Blane encendió la luz


de la cocina y parpadeé con el brillo repentino, levantando la mano para
protegerme los ojos.

—¿Qué te pasó? —Hice una mueca ante la furia en la voz de Blane.


Mierda. Había visto mi rostro y dado que me lavé mi maquillaje en el
apartamento de CJ, sabía que mi mejilla magullada se mostraría ante
la cruda luz de la cocina. No ayudó que tuviera una piel tan clara, de
todos modos.

—Se ve peor de lo que se siente —le dije rápidamente, dándole la


espalda. Había llegado hasta el fregadero y empecé a sacar las vendas
167

de mis manos. Las manos de Blane se asentaron en mi cintura y podía


sentirlo detrás de mí. Sus brazos alcanzaron alrededor para captar mis
Página

manos para que pudiera poner las palmas hacia arriba. No se movió por
un momento y cerré mis manos sobre los pequeños cortes rojos
innumerables, enojada.

—Fuiste a la casa de Mark —observó con voz plana.

Me quedé sin aliento.

—¿Cómo lo…? —Pero me interrumpió.

—Vi su mensaje para ti en el DVD —se limitó a decir, como si no tuviera


ninguna consecuencia que hubiera venido sin invitación a mi
apartamento y luego revisado mis cosas. Volviéndome de forma que mi
espalda estaba contra el fregadero, lo enfrenté.

—Ese era un mensaje privado —susurré enojada— ¡Tú no tienes


derecho a revisar mis cosas!

—¿No lo tengo? —y sus ojos se movieron hacia mi mejilla. Su mano se


acercó, los dedos tocando la piel magullada tan gentilmente que se
sentían como las alas de una mariposa. Me cortó la respiración en la
garganta y nuestros ojos se encontraron—. Dime lo que pasó hoy —
pidió y de repente las ganas de poner mis cargas sobre él fueron
abrumadoras. Discutí conmigo que no debía confiar en él. Sin embargo,
dijo que quería ayudarme y mirando alrededor de mi apartamento, ya
me había ayudado, mucho más de lo que podía pagar. Así que, con un
suspiro, le conté la historia.

Sus manos volvieron a mi cintura y se quedaron allí, nuestros cuerpos


a centímetros de distancia, le hablé de cómo Diane me despidió a
instancias de James, a continuación, sobre James viniendo aquí. Tan
desapasionadamente como pude, me tropecé con la forma en que me
había atacado y cómo CJ le había asustado. El rostro de Blane se volvió
poco a poco pétreo durante esto y nerviosamente miré hacia otro lado
mientras hablaba.

Debido a que había visto el mensaje de Mark y ya sabía que había ido a
su casa, le conté sobre la búsqueda de la unidad de disco duro y de
cómo casi me atrapa Jimmy. Sus dedos se apretaron en mis caderas
cuando llegué a esa parte. Por fin terminé la historia con el hecho de ver
el muerto y tener que escapar de la casa en llamas desde la ventana del
segundo piso.

—¿Qué has hecho con el disco? —me preguntó. Dudé. No quería


168

involucrar a la identidad de CJ en esto—: Lo escondí en un lugar seguro


—contesté.
Página

—Deberías dármelo —dijo y puse los ojos en blanco.


—Vas a tener que hacer cola —dije con gravedad—. Kade ya me ha
dicho que tengo que dárselo mañana.

—¿Kade? —La sorpresa apareció en la voz de Blane y me acordé de que


no le había hablado de Kade—. ¿Kade Dennon?

—Sí —dije— ¿lo conoces? —Apretó los labios e hizo una breve
inclinación de cabeza.

—Nos hemos visto. —No dio más detalles. Agarrando mis manos, me
miró y después me volvió hacia el grifo nuevo, poniendo el chorro de
agua tibia sobre los cortes. Se sentía bien y calmó el ardor.

Suavemente con una toalla me secó las manos y me preguntó:

—¿Fueron tus manos todo lo que te cortaste? —Dudé por un momento


antes de asentir con la cabeza. Fue un instante demasiado largo.

—¿Dónde más? —preguntó Blane en un tono que no admitía


desobediencia.

—Mis... piernas —dije sin entusiasmo—. Pero está bien, no es gran


cosa. Simplemente tomaré una ducha y estarán bien. —Eso no era del
todo cierto. Me había revisado las vendas en mis muslos esta noche,
cuando había ido al baño de los empleados y varias de ellas estaban de
color rojo brillante de la sangre que se filtraba a través de ellas. Solo
quería limpiarlas y poner nuevas vendas. Estarían bien en un par de
días.

—No te ducharas en este estado —dijo Blane.

—¿Y qué estado es ese? —repliqué.

—Ebria —dijo rotundamente—. Es probable que te caigas y te rompas el


cuello. Ve a sentarte —ordenó, empujándome hacia una silla en la
mesa.

—Estaré bien —insistí, pero me lanzó una mirada que me tenía


arrastrándome rápidamente hacia una silla.

Blane llenó un recipiente con agua tibia y agarró un paño de cocina. Se


agachó delante de mí, me quitó rápidamente mis zapatos Mary Jane14

14 Mary Jane: zapato de frente cerrado y una correa que se abrocha a través del
169

empeine. Usualmente son de tacón bajo y se usan como zapato formal para niñas,
pero también se comercializan con tacón para mujeres. También se conocen como
Página

merceditas.
de tacón. Con eficiencia muy seria, me quitó los calcetines altos que
llegaban encima de mi rodilla y los bajó por mi pierna. La habitación
estaba girando ahora y no creía que todo fuera debido al alcohol que
había bebido. Sus dedos eran cálidos y ásperos contra mis piernas
mientras buscaba los cortes esquivos.

—¿Dónde? —preguntó.

—¿Hmm? —Había perdido la cuenta de la conversación, mis sentidos


entraron en sobrecarga con él tan cerca y tocándome. Mirando hacia
mí, todo lo que vio en mi cara debió de ponerle al tanto en cuanto a las
direcciones que mis pensamientos estaban tomando porque su
mandíbula se apretó con fuerza— ¿Dónde están los otros cortes? —
preguntó de nuevo, hablando lentamente. Las palabras penetraron en
mi cerebro entumecido y sentí el calor de la sangre en mis mejillas.

—Um... más arriba —murmuré, incapaz de mirarlo a los ojos.

Sus manos se movían tímidamente hacia arriba, como si esperara que


yo protestara, pero me quedé con mis labios apretados y firmemente
cerrados. No era mi culpa. Él había sido el que quería jugar a los
médicos.

Levantando lentamente mi minifalda hasta mis muslos, sus dedos


tocaron los vendajes. Sus manos se cerraron sobre mis rodillas,
empujándolas a abrirse más y sentí un destello de deseo a través de mí.
Pero a juzgar por lo que dijo a continuación, no sentía lo mismo:

—¿Tienes alguna idea —gruñó mientras quitaba la gasa enrojecida— de


lo cerca que estuviste de cortarte la arteria femoral? —Bueno, eso fue
un balde de agua fría, si es que he sentido uno. Suspiré y me froté los
ojos cansados.

—La biología no era mi materia más fuerte —dije secamente, luego siseé
de dolor cuando el agua tocó las heridas abiertas—. ¡Mierda, eso duele!

Para su crédito, Blane era rápido y eficiente. Tenía los cortes limpios,
desinfectados y vendados con mayor rapidez que si lo hubiera hecho yo
misma. Poniéndose de pie, tiró de mí hacia arriba y así, la sala giro una
vez más.

—Vamos a llevarte a la cama —dijo y para mi cerebro podrido, que


sonaba como una invitación.
170

—Solo si te vas a unir —le dije, enganchando los dedos en el cinturón y


Página

tirando de él. En la parte de mi cerebro que aún conservaba una


apariencia de sentido común, a pesar del alcohol, estaba sorprendida de
mi proposición. Al parecer, él no sentía lo mismo por sus labios
apretados en una mirada que estaba empezando a conocer bien—. Bien
—repliqué, saliendo fuera de su agarre y pisando fuerte hacia mi
habitación. Él me siguió, más para asegurarse de que no cayera sobre
mi rostro, me parece, que otra cosa. Decidí que, ya que no tenía interés
en tener relaciones sexuales conmigo, entonces, no le molestaría que
me cambiara de ropa. Me quité el jersey y la camisa, dejándolos caer
descuidadamente en el suelo. Mirando por encima de mi hombro, vi que
hacía una pausa justo dentro de la puerta, con los ojos clavados en mí.

Consciente de la falta de mis inhibiciones habituales, le dediqué una


sonrisa. Manteniendo la espalda hacia él, crucé mis brazos sobre mi
pecho, tirando del sujetador deportivo negro por mi cabeza. Mis coletas
trenzadas rozaron la piel desnuda de la espalda, pero no veía a Blane.
En cambio, poco a poco deslicé la cremallera en la parte posterior de mi
minifalda. Poniendo mis dedos dentro de la cintura, la arrastré junto
con mis bragas hacia abajo sobre mis caderas, innecesariamente
doblando la cintura mientras deslizaba el material por mis piernas.
Cuando la tela quedó en un charco a mis pies, me salí y me fui a mi
cómoda. Nunca había hecho un striptease antes, pero no había
parecido muy duro.

No era lo suficientemente valiente para mirar a Blane mientras buscaba


a través de montones de desconocidos pijamas de satén y encaje.
Finalmente, me di por vencida y saqué unos pantalones cortos de raso
color azul y una camisola. Me los puse y me volví hacia Blane. No se
había movido de donde estaba, pero sus ojos brillaban y sus manos
estaban en puños a los costados. Sentí una oleada de satisfacción. Así
que no era inmune a mí después de todo.

Agarrando mi cepillo de la cómoda, caminé hasta que me puse de pie a


pocos centímetros de él, inclinando la cabeza hacia atrás para mirarlo a
los ojos mientras sostenía el peine.

—¿Me ayudas con mi cabello? —le pregunté tan inocentemente como


pude. Vaciló y luego dio un breve asentimiento. Me subí al centro de la
cama, de espaldas a él y comencé a quitar las coletas trenzadas.
Después de un momento, sentí la cama hundirse mientras se movía
detrás de mí. Mi cabello estaba suelto y me lo peiné con los dedos
mientras se me escapaba un suspiro. Se sentía bien tener las trenzas
sueltas. Esperé y finalmente sentí que las cerdas pasaban a tientas por
171

mi cabello.
Página

De inmediato fue evidente que Blane no estaba acostumbrado a peinar


el cabello de una chica. Era lento y excesivamente cuidadoso cuando se
encontraba con enredos. No pude reprimir una pequeña sonrisa. Me
pareció muy dulce, en realidad, que no quisiera hacerme daño. Podría
haberle dicho que podía tirar todo lo que quisiera, que tenía una cabeza
muy dura, pero mantuve mi silencio. Después de las muchas mujeres
que sabía que habían estado con él, significaba algo que se tratara de
una tarea tan poco familiar para él. Lo que había sido una treta por mi
parte para hacer que me tocara, se estaba convirtiendo en algo tierno y
dulce.

Cerré los ojos y disfruté del tirón suave de las cerdas y la sensación de
sus manos alisando los cabellos mientras me cepillaba. Sentí una
opresión cálida en mi pecho y supe que estaba en terreno peligroso.
Aunque mi cabeza sabía que no podía arriesgarme a estar más apegada
a Blane, parecía que era incapaz de detenerlo. Sintiendo la necesidad de
volver a un punto de apoyo más familiar, me aclaré la garganta.

—Recordé que hay un caso pendiente con la firma respecto a TecSol —


dije y el cepillo hizo una pausa por un momento antes de continuar—.
Necesito saber de qué se trata.

—¿Por qué necesitas saberlo?— preguntó Blane con cautela.

—Mark trabajó para ellos —le dije—. Tenía miedo. Temía que estuvieran
detrás de él. Que Sheila muriera a causa de él.

—¿Qué más te dijo? —El cepillo seguía peinado a través de los hilos de
mi cabello sin esfuerzo ahora, los enredos habían desaparecido.

Pensé.

—Me dijo que podría tener algo que ver con Eve. —Mark también había
dicho que alguien en la empresa lo había traicionado, pero me lo guardé
para mí misma. Me preguntaba quién era Eve y qué parte había
desempeñado en la muerte de Mark—. ¿Hay alguien que se llame Eve
involucrado con el caso?

—No —dijo Blane—. EVE no es una persona, EVE es una cosa. Lo


llaman Evaluación de Voto Electrónico. TecSol escribió el software que
la ciudad está utilizando para la primera elección en la que todas las
votaciones se harán en línea.

Fruncí el ceño.
172

—¿El caso de TecSol no había sido por fraude electoral? —pregunté,


tratando de recordar lo que había leído esa noche.
Página
—Sí —dijo Blane confirmando, todavía cepillando mi cabello mientras
hablaba—. Hace seis meses alguien salió de TecSol diciendo ser un
informante y que el software tenía fallos de seguridad. Prescindieron de
él y fue demandado por revelación de información confidencial. Él hizo
una contrademanda por despido improcedente basándose en el Acta de
Protección de Informantes15.

—¿Qué tienen que ver los hermanos Santini con todo esto? —Recordé
que Blane y yo tuvimos que entregarles los documentos a ellos esa
noche.

—Poseen TecSol a través de una empresa ficticia —respondió Blane.

—¿Cuál es la situación del caso ahora?

—El caso no está pendiente porque el demandante está muerto —dijo


rotundamente.

Sorprendida, me di la vuelta para mirarlo.

—¿El denunciante ha muerto? —Blane asintió, con el rostro sombrío.

—Accidente de auto —explicó. Sentí un destello de furia.

—Tú sabes que lo mataron —insistí y él asintió de nuevo—. Pero —


farfullé— no pueden hacer eso. ¡No pueden ir por ahí simplemente
matando a la gente!

—Lo sé —dijo tranquilamente— y estoy trabajando en ello. Pero tienes


que mantenerte al margen. Esto no te concierne.

—Me concierne ahora —repliqué— Mark dijo que conocía los problemas
con EVE y que iba a denunciarlos. Dijo que alguien en la empresa lo
traicionó y ahora está muerto. Pero me dio esa información a mí. No
puedo ignorar eso. Y —mis ojos se estrecharon y rápidamente me
escabullí hacia atrás en la cama, lejos de él—: ¡tú trabajas para ellos!
¿De qué lado estás? ¿Lo traicionaste?

La mano de Blane se estiró y se enganchó a mi cintura, arrastrándome


hacia él. Luché brevemente, pero fui sometida con tanta rapidez por

15
173

Acta de Protección de Informantes: ley federal de los EE.UU. que protege a


aquellos informantes que trabajan para el gobierno y reportan malas conductas de las
Página

agencias.
Blane que era vergonzoso. Mis brazos estaban inmovilizados a mis
costados mientras se cernía sobre mí.

—Yo no lo traicioné Kathleen, estoy de tu lado —dijo secamente— pero


no estás ayudando a que te proteja. No quiero que sepan acerca de ti o
lo que Mark te dijo. Podrías muy bien terminar muerta. —Mi rostro
palideció ante el recordatorio mientras los ojos de Blane buscaban los
míos con atención.

—Creo que es posible que ya lo sepan —dije débilmente— o lo harán


pronto. —Mi ira se había disipado en una nube de ansiedad.

—¿Qué quieres decir ? —me preguntó.

—Kade —le respondí, mi voz baja—. Me amenazó con contárselo si no le


llevaba el disco. —Gruñendo una maldición Blane se sentó,
liberándome—. Iba a dárselo —le dije sentándome—. Dijo que nos
reunamos mañana por la noche en Monument Circle16 .

—Bien —dijo Blane—. Él te dejará fuera de esto mientras consiga lo que


quiere ya que la prioridad número uno de Kade es él mismo. —Sus ojos
se centraron de nuevo en la mejilla magullada—. Y yo me encargo de
James —dijo con gravedad. Una alarma se disparó a través de mí.

—¡No! ¡No puedes! —dije enganchando su brazo y tirando mientras se


ponía de pie. Blane hizo una pausa, aunque no por mi inútil tirón.

—No me digas que sientes algo por él —dijo con disgusto— ¿después de
lo que te hizo?

—¡Por supuesto que no! —protesté, todavía colgando de su brazo— ¡Es


un matón y un idiota!

—Entonces, ¿por qué me detienes?

—¡Porque está loco! —dije consternada—. Realmente loco. ¡Y tiene esa


extraña cosa por competir contigo y no quiero que te hagan daño! —
Nuestros ojos se encontraron y conectaron—. No podría soportarlo... —
Mi voz se quedó atrapada y tuve que parar y tomar aliento—. Por favor
—finalmente conseguí decir— tan solo... quédate. Conmigo. Por favor,
quédate. —Mis ojos le suplicaron y me di cuenta cuando cedió.

16 Monument Circle: es una glorieta en el centro de Indianápolis, Indiana, donde se


174

encuentra un monumento central de piedra caliza en homenaje a los soldados y


marineros veteranos de la Revolución de las Trece Colonias de EE.UU. rodeado de
Página

cuatro esculturas de bronce de cuatro líderes de las batallas.


—Esto no es una buena idea —murmuró, sus ojos se arrastraron por
mi cuerpo. Sin embargo, apagó la luz y se quitó los zapatos, dejándose
sus pantalones vaqueros y camisa. Se volvió para subirse a la cama,
pero yo estaba de rodillas, deteniéndolo. Me miró inquisitivamente, pero
yo acababa de bajar la mirada y empezado a deshacer los botones de su
camisa. Él no me detuvo y fui capaz de tirar de ella para soltarla de la
cintura y empujarla por sus hombros bajando por los brazos, con un
suspiro de placer mientras lo hacía.

—Todavía estás borracha —dijo con voz ronca y me encogí de hombros,


metiéndome rápidamente de nuevo en la cama y bajo las sábanas.
Después de un momento me siguió. Descaradamente me acurruqué a
su lado, apoyando mi cabeza en su pecho mientras sus brazos me
rodeaban. Me acordé de lo que había dicho la noche anterior, que era
inocente y las palabras cayeron de mi boca antes de que pudiera
pensarlo mejor.

—No soy virgen, ¿sabes? —dije sin rodeos. Blane se quedó muy quieto.
Después de un momento, habló.

—Háblame de tus amantes —dijo suavemente, su mano acariciando mi


espalda. Se sentía bien y me acerqué más.

—No es amantes, en plural —le corregí—. Amante, en singular.


¡Hombres! —Me quejé—. Siempre pensando que las mujeres son tan
promiscuas como ellos.

—Reconozco mi error —dijo—. Háblame de tu amante.

—Ese es realmente un título muy romántico para él —le dije,


recordando el toqueteo en el asiento trasero del auto—. Yo tenía
dieciséis años. Era la fiesta de bienvenida del curso y su padre tenía un
gran sedán. Fin de la historia. —La mano de Blane se detuvo en mi
espalda.

—¿Cómo fue? —me preguntó con cuidado. Traté de concentrarme. El


sueño fue ganando a mi cerebro junto con el alcohol y mis
pensamientos eran borrosos. Conscientemente tuve que hacer que mi
boca se moviera para responderle.

—Rápido. Doloroso. Vergonzoso. —Esos eran los sentimientos que


siempre asociaba con ese encuentro. Y ese fue mi último pensamiento
175

antes de que el sueño me reclamara.

Cuando me desperté, una luz débil arrojaba un resplandor tenue en la


Página

habitación y me di cuenta de que tenía que ser por la mañana. Estaba


acostada de espaldas, el brazo de Blane debajo de mi cabeza mientras
yacía sobre su costado contra mi cuerpo, su otro brazo sobre mi
estómago. Cerrando los ojos me relajé, disfrutando del momento.

La mano de Blane se movió bajando por mi estómago y por debajo de la


cintura de mis pantalones cortos.

—Sabía que esto era una mala idea —me susurró al oído—. Parece que
no puedo mantener mis manos lejos de ti. —Sin decir otra palabra, su
mano separó mis muslos y un largo dedo se deslizó dentro de mí. Jadeé
ante la intrusión y su boca cubrió la mía. Nuestras lenguas se batieron
en duelo, incluso mientras me acariciaba y me sentí como si estuviera
ardiendo desde adentro hacia afuera. Mis brazos se levantaron y se
enroscaron alrededor de su cuello.

Blane añadió un segundo dedo al primero y me tragué un gemido. Mis


caderas se levantaron por su propia voluntad para unirse a sus dedos
empujando y mi respiración se volvió jadeo. El calor estalló entre mis
piernas mientras su pulgar se deslizaba sobre un punto que hizo que
mi cuerpo saltara contra su mano.

—Dios, te deseo Kat —gimió contra mis labios.

Unos golpes en la puerta de mi apartamento destrozaron el capullo que


nos rodeaba. La mano de Blane se calmó y me entraron ganas de llorar
por la decepción. Los golpes sonaron de nuevo y Blane se levantó y salió
de la cama, en dirección a la puerta principal. Esperé hasta que mis
piernas dejaron de temblar, agarre su camisa y metí mis brazos en las
mangas. No tenía una bata, pero esto serviría como una.

Blane abrió la puerta, pistola en mano y casi me derrumbe aliviada de


ver a CJ allí de pie. Había tenido miedo que pudiera ser James.

CJ nos miró a los dos y al arma de Blane, su mano aún a punto de


llamar y vi sus cejas subir hacia el cielo.

—Er… siento interrumpir —dijo incómodamente, pasando su mirada de


Blane a mí.

—No hay problema —dije rápidamente—. Blane esta es mi vecina, CJ.


CJ este es Blane. —CJ saludó a Blane con la cabeza.

—Me preguntaba si viste esto. —Ella levantó el periódico de hoy.


176

Rodeando a Blane, lo tomé, leí el título y di un grito ahogado.

—¿Qué es? —dijo Blane, mirando por encima de mi hombro a la página.


Página
—Es James —le dije aturdida—. Entró en la carrera por el puesto de
Fiscal del Distrito. —Leí frenéticamente por encima el artículo
siguiente—. Aquí dice que el candidato anterior se retiró de la carrera
citando la necesidad de pasar más tiempo con su familia. Apoya a
James en su lugar. —Blane tomó el periódico de mis dedos mientras
trataba de absorber esta información, leyendo el artículo por sí mismo.

—Ven cuando tengas un minuto —dijo CJ, dirigiéndome una mirada


significativa.

—Sí, bueno, de acuerdo —dije nerviosamente—. Me pasaré en un


momento. Solo tengo que vestirme. —Con una inclinación de cabeza y
una última mirada a Blane, absorto en el periódico, se retiró a su
apartamento y cerró la puerta. Blane dejó caer el periódico en el sofá y
se volvió hacia mí. Mi mente mostró un destello de lo que CJ había
interrumpido y pude sentir cómo me sonrojaba furiosamente.

—Será mejor que me vaya —dijo mirándome con pesar. Miró su reloj y
se metió la pistola en la parte baja de la espalda. Miré hacia arriba
cuando se paró frente a mí. —Voy a necesitar esto —dijo en voz baja y
no me resistí cuando él empujó la camisa por mis brazos, mi aliento se
congeló mientras me tocaba. Poniéndosela, se subió las mangas y
descuidadamente abotonó un par de botones, sin que sus ojos
abandonaran nunca los míos. Sus dedos subieron para acariciar
suavemente la piel de mi mejilla magullada y vi cómo sus ojos se
volvían fríos y duros. Luego estaba besándome de nuevo, sus brazos
apretándome contra él. Cuando por fin nos separamos, me faltaba el
aire. Apoyó su frente contra la mía.

—Nos vemos esta noche —dijo en voz baja y asentí, incapaz de hablar.
Luego desapareció.

Me apresuré a tomar una ducha, me puse un pantalón deportivo y dejé


mi cabello mojado antes de ir al piso de CJ. Respondió rápidamente,
abriendo la puerta para mí.

—¿Quieres un café? —preguntó y acepté con gratitud. Un ligero


golpeteo en la parte de atrás de mi cabeza me decía que no había
escapado ilesa bebiendo la noche anterior.

—¿Qué has descubierto? —le pregunté, bebiendo el líquido hirviendo


mientras me acurrucaba en el sofá. Ella se sentó a mi lado, de nuevo
177

vestida de negro implacable, aunque hoy había optado por quitarse el


pendiente de la ceja.
Página
—Un algoritmo de cifrado muy complejo —dijo simplemente. La miré
fijamente, sin comprender, a la espera del resto. Poniendo los ojos en
blanco, explicó—: Es como la llave de una cerradura, sólo que no de
una única cerradura, sino montones de ellas. —Bueno, eso fue fácil de
seguir.

—¿Pero para qué es la cerradura? —le pregunté y ella se encogió de


hombros.

—No habría una manera de decirlo —respondió—. Yo diría que es para


comunicaciones seguras, pero no era del tipo adecuado para eso. Dijiste
que pertenecía a Mark, ¿no? ¿Alguna idea de dónde pudo haberlo
conseguido?

No quería involucrarla más, pero en este momento, no veía cómo podría


evitarlo. Necesitaba su experiencia.

—Creo que venía de donde trabajaba —dije— una compañía llamada


TecSol. —Sus ojos se abrieron, si era por miedo o temor, no podía
decirlo.

—La compañía que hizo el novedoso software para votar por internet —
suspiró ella.

—¿Has oído hablar de ellos? —pregunté sorprendida. Ella asintió


bruscamente.

—Todo el mundo lo ha hecho —respondió. Excepto yo, aparentemente,


pensé con mal humor—. Lo que han hecho es innovador.
Supuestamente crearon un método de cifrado irrompible que resolvía el
problema de rendimiento de los generadores de números aleatorios
reales, sin comprometer la integridad de la encriptación. No han dicho
exactamente cómo lo resolvieron porque es un software propietario17 y
lo están patentando.

—Está bien, me perdí —le dije, levantando una mano para detenerla—.
Cambia los términos, ¿de acuerdo?

—Cuando se envía información a través de Internet, tiene que estar


codificada, eso lo sabes, ¿verdad? —Asentí. Todo el mundo lo sabía—.
Cada sitio tiene su propio código de cifrado generado por ellos para
utilizarlo y solo ellos tienen la clave, eso es lo que lo hace seguro. Pero
178

17 Software propietario, en oposición al software libre, es aquel programa


informático que requiere para su utilización la autorización expresa de su titular, que
Página

suele ser una persona física o jurídica (empresa, organización, etc.) que posee los
derechos de autor del mismo.
todo es pirateable, con el suficiente tiempo y talento. TecSol creó una
forma para que cada transacción individual sea cifrada con una clave
diferente. El problema era que resultaba demasiado lento para ser
capaz de manejar el tráfico generado por algo así como unas elecciones
nacionales en línea, porque el proceso de encriptación utiliza un
generador de números aleatorios reales.

—¿Qué es eso?

—Alguien puede pensar que es fácil para una computadora generar


números al azar — y asentí en silencio— pero no lo es. Un equipo que
sólo escupiera números aleatorios estaría, por definición, roto.
Realmente hay sólo dos maneras en que un ordenador pueda generar
números aleatorios y es con un generador de números pseudo-
aleatorios o un generador de números aleatorios reales.

—¿Cuál es la diferencia? —le pregunté, bebiendo mi café ahora tibio.

—Te voy a dar un ejemplo —dijo—. Si quisieras un número al azar,


¿cómo lo conseguirías? —pensé en ello por un momento.

—Supongo que tirando unos dados —le contesté. Ella sonrió.

—Así es. Entonces, imagina que tiras los dados para tu número al azar,
pero después anotas todos los resultados que sacas. Obtendrás una
lista de números aleatorios, pero sería una lista predeterminada. Eso es
un generador pseudo-aleatorio y los algoritmos como el que encontré se
utilizan para crearlos. Tú le das a la fórmula un número inicial o
semilla y luego se pone a través de la fórmula para generar el número
aleatorio. Aleatorio, sí, pero predeterminado y calculable, si conoces la
semilla.

—Entonces, ¿qué es un generador de números aleatorios reales? —le


pregunté, curiosa. Estaba atrapada en sus explicaciones, a pesar de mí
misma.

—Es donde se utiliza algo realmente impredecible para generar los


números, algo así como un dado virtual conectado a un ordenador y es
la única forma real de obtener un número aleatorio.
Desafortunadamente, no es tan rápido como el otro método, por lo que
no es práctico para lo que TecSol estaba tratando de hacer.

—¿Qué es verdaderamente, realmente aleatorio? —pregunté, curiosa.


179

—Oh, un montón de cosas —dijo—. El ruido atmosférico, la


Página

desintegración radiactiva. Cosas así, impredecibles y sin un patrón, son


la clave. —Me esforcé para dar sentido a todo esto teniendo en cuenta lo
que ahora sabía.

—¿Así que Mark tenía una unidad con un algoritmo de cifrado en ella
que es la que, creemos, TecSol utiliza para cifrar su software de
votación en línea? —CJ asintió, con la cara perdiendo su emoción y
volviéndose sombría—. Así que en realidad no resuelven el problema,
¿verdad? —le pregunté—. Están diciendo que lo hicieron y usan un
pseudo-generador en su lugar.

—Creo que sí —dijo—. Lo que nos da un problema serio y nos dice por
qué Mark fue asesinado.

—No pueden dejar que nadie lo sepa —terminé por ella—. Si se filtra
que su software no es seguro, van a perder su contrato con la ciudad,
así como los contratos pendientes y probablemente, serán demandados
por encima de todo eso. Todo el negocio se hundiría.

—Todo el mundo va a estar viendo cómo funciona este programa —dijo


CJ—. Y eso no es lo peor. —La miré inquisitivamente. Esa parte sonaba
bastante mal para mí y razón suficiente para que nos maten—. Estás
asumiendo que saben que hay un fallo y que no se puede arreglar. Es
posible, de hecho probable, que el fallo sea hecho por diseño.

—¿Por diseño?

—Si ellos saben la clave de cifrado para cada transacción, los paquetes
pueden ser interceptados, descifrados y modificados —explicó. Nuestros
ojos se encontraron en mutua comprensión.

—Para robar unas elecciones —dije. Nos sentamos en silencio por un


momento, procesando esto.

—¿Alguien más, aparte de ese tipo, Kade, sabe que tienes esto? —
preguntó finalmente CJ y yo negué con la cabeza.

—No, espera —me corregí—. Blane lo sabe también, aunque no sabe


que te lo di a ti. Le dije que lo escondí. Pero confío en él. —CJ me agarró
del brazo con fuerza.

—No confíes en nadie Kathleen —dijo con seriedad—. Hay personas que
pagarían millones por el acceso a lo que encontramos y no nos dejarán
interponernos en su camino. Nos matarán tan pronto como lo haría
180

TecSol si supiera que lo tenemos.


Página
Busqué en sus ojos y supe que tenía razón. Un escalofrío me recorrió.
Estábamos sentadas sobre un barril de pólvora y no sabía lo que
íbamos a hacer al respecto. Un pensamiento me golpeó.

—Oh, Dios mío —me quedé sin aliento por la consternación— ¡La
elección! Es en tres días. Y ahora James se está presentando para
Fiscal del Distrito. —Pensé por un momento—. James y los hermanos
Santini están relacionados de alguna manera. Ellos querían que se
presentara. Van a utilizar el software para asegurarse de que gane.

—¿Quiénes son los hermanos Santini? —preguntó CJ y rápidamente le


expliqué acerca de que eran propietarios de TecSol y del caso ahora
inactivo del que Blane me había hablado.

—Si James es Fiscal del Distrito, entonces va a ser capaz de interferir


en cualquier caso contra TecSol por el fraude electoral —dije—
allanando el camino para que se siga adelante a nivel nacional con el
software.

La manipulación de las elecciones iba en contra de todo lo que creía. Mi


padre me había enseñado el respeto por mi país y su historia. El hecho
de que alguien tratara de poner en marcha una forma de manipular los
resultados electorales en los “buenos y viejos Estados Unidos”, como CJ
había dicho, me hacía enojar.

—Tenemos que hacer algo —le dije.

Los ojos de CJ tenían el mismo fuego que sabía que había en los míos y
pensé que había encontrado un alma gemela. Ella sonrió.

—¡Claro que sí!, vamos a hacer algo —dijo. Y empezamos a planear.

181
Página
Capítulo 10

Fue varias horas después que finalmente regresé a mi apartamento,


aunque el plan de CJ y mío había llegado a parecer inverosímil. No
sabía si podríamos llevarlo a cabo, no era como si yo fuera un tipo de
chica de Misión Imposible. Había discutido por un largo rato que
deberíamos ir a la policía. CJ había sido vehementemente en contra de
eso, aunque sus razones parecían más paranoia y conspiración
generalizada para mí, que lógica. Todo parecía extraño. No era así como
se suponía que fuera mi vida. Asesinato, fraude y conspiración eran
cosas de ficción, no de la realidad. Por lo menos, no de mi realidad.

CJ dijo que tendría el auto listo y que se suponía que debía recogerla de
su casa en mi camino al trabajo. No solo era que iba a sobrescribir los
datos, sino que iba a colocar un minúsculo transmisor GPS en este por
lo que podríamos ir a donde Kade fuera. Ella había estado convencida
de querer venir conmigo esta noche, pero yo había sido firme en
rechazarla. Solo mi explicación de que Blane dijo que estaría allí esta
noche la convenció de que no viniera. No confiaba en él para la
información, pero creo que pensó que me mantendría a salvo. Tenía la
esperanza de que ella tuviera razón.

La idea de Blane me hacia cubrir mi cara con las manos y gemir de


vergüenza. No podía creer que me había desnudado frente a él la noche
anterior. Juré que nunca bebería otra vez (sí, claro). Sin embargo, no
parecía como si le hubiera importado mi pequeño desnudo. Me
pregunté qué habría pasado si CJ no hubiera llamado a mi puerta esta
mañana. ¿A quién estaba engañando? Sabía lo que habría sucedido.
Pensé que debería estar agradecida de que ella hubiera interrumpido,
pero no lo estaba. A pesar de que había tratado de no involucrarme
emocionalmente con Blane, había sido un esfuerzo inútil. Era lo
suficientemente consciente para saber que estaba tambaleándome al
borde de enamorarme de él, lo que me asustaba por completo.

Al mirar alrededor de mi apartamento, fijándome en todos los muebles


182

nuevos y cosas que Blane había comprado para mí, me preguntaba si


podría sentir algo por mí también. Parecía demasiado que esperar,
sabía que jugador era Blane, pero no pude evitarlo. Estaba maldita con
Página

un eterno optimismo, la idea de volver a verlo esta noche me hizo sentir


bien y alivió el peso de la preocupación acerca de lo que estábamos
planeando CJ y yo.

Me estaba preparando para el trabajo, cuando alguien llamó a mi


puerta. Secando mi cabello con una toalla, corrí hacia la puerta, con
cuidado esta vez de mirar por la mirilla antes de contestar.

—¡Gracie! —dije abriendo la puerta y sonriendo en señal de bienvenida.


Gracie parecía una modelo de pasarela, incluso usando vaqueros de
cintura baja y un suéter de gran tamaño como estaba ahora. Ella sonrió
y le hice un gesto para que entrara.

—¿Qué estás haciendo aquí? —le pregunté, cerrando la puerta detrás


de ella.

—Yo…. ¿qué te pasó? —se interrumpió, mirando el moretón en mi


mejilla. Hice una mueca.

—Nada —respondí, no quería hablar de ello—. Solo un malentendido.


—Gracie parecía que no creía una palabra de eso.

—Sí —dijo con gravedad—, he tenido ese tipo de malentendidos antes.

—Entonces, ¿qué está pasando? —le pregunté, ansiosa por cambiar de


tema. Me dirigí hacia la cocina—. ¿Te gustaría algo de beber?

—Claro —dijo, siguiéndome—. Parece que redecoraste —comentó,


mirando a su alrededor. Yo no respondí nada a eso. Apenas entendía la
generosidad de Blane yo misma y mucho menos tratar de explicárselo a
otra persona.

Agarrando un par de tazas, llené cada una con un poco de café que
había preparado. Le ofrecí una a Gracie, señalando la crema y el azúcar
en la mesa. Después de que habíamos preparado el café a nuestra
satisfacción, nos sentamos lado a lado en el sofá. Metí mis pies
descalzos debajo de mí.

—Quería dejarte saber acerca de una información que tenía —dijo


Gracie, sorbiendo lentamente su café. Ante mi mirada inquisitiva,
aclaró—, sobre el cliente de Sheila.

—¿Averiguaste quién es? —le pregunté con impaciencia, pero ella negó.

—No pude averiguar un nombre real, pero oí que está buscando a


183

alguien nuevo y va a estar en una fiesta mañana por la noche.

—¿Qué tipo de fiesta? —le pregunté.


Página
—Es un tipo especial de fiesta —respondió ella—. De vez en cuando, mi
empleador lanza una de estas. Son para presentar a las chicas a los
nuevos clientes y los viejos que pueden estar buscando a alguien
diferente.

—¿Y él estará allí?

—Eso es lo que he escuchado —dijo—. Me preguntaba si querías venir.


Podría decirle a Simone, que es mi jefe, que estás pensando en entrar
en el negocio. Así no estarías obligada a estar con nadie, pero a lo mejor
aprenderías algo que nos ayudaría a localizar a quien mató a Sheila. —
Sonaba bastante seguro pero no me fiaba de las circunstancias.

—¿Estás segura de que no tendría que… —busqué las palabras


adecuadas— ser contratada por alguien?

—Absolutamente —me aseguró Gracie—. Te lo prometo. Solo vas a irte


con alguien si quieres. —Ella vaciló—. ¿Le has dado algún pensamiento
más a probarlo? —Negué con la cabeza.

—Sólo que no creo que sea para mí —me excusé. Gracie se encogió de
hombros.

—Bueno, si estás segura —dijo ella—. Entonces, ¿quieres venir a la


fiesta?

—Déjame pensar en ello —le dije. La perspectiva de ir a una fiesta que


se parecía más a como si yo fuera ganado era bastante desalentadora,
incluso si solo estaba haciéndome pasar por una acompañante.
Charlamos un poco más mientras terminamos nuestro café y luego miró
su reloj.

—Tengo que irme —dijo— pero déjame darte esto. —Metiendo la mano
en su bolso, garabateó algo en un trozo de papel y me lo dio—. Esta es
mi dirección. Si alguna vez necesitas un lugar para quedarte —sus ojos
se posaron de nuevo en la contusión en mi cara— solo ven. No voy a
hacer preguntas.

Realmente apreciaba su consideración e impulsivamente la abracé.

—Gracias Gracie —le dije con sinceridad. Ella parecía un poco


sorprendida, pero devolvió el abrazo.

Después de que se fue, tenía que darme prisa para estar lista. Estaba
184

agradecida de ser capaz de regresar a mi uniforme de trabajo de


pantalones y una camiseta de cuello barco manga larga y dejar el traje
Página
de Britney en casa. Apresuradamente aseguré mi puerta, toqué en la de
CJ y esperé.

Abriendo su puerta, me entregó un pequeño paquete.

—Aquí está la unidad. Ten cuidado y no lo dejes caer —me advirtió.

—No lo haré —le aseguré.

—Dame tu número de teléfono para que pueda comunicarme contigo


más tarde — y se lo di, viendo como lo marcaba en su teléfono.

—Buena suerte —dijo en voz alta mientras me dirigía escaleras abajo.


Tenía la esperanza de que no la necesitara. Scott estaba atendiendo el
bar conmigo esta noche otra vez y le di una sonrisa amigable mientras
guardaba mi bolso debajo de la barra— ¿Cómo te va? —preguntó
mientras limpiaba la barra—. Bien —le dije. Me di cuenta por el rabillo
del ojo que seguía mirándome. Mirándome en la manera en que lo había
visto mirar a las camareras. Maldije mi suerte. Por supuesto que estaría
interesado ahora, cuando estaba con alguien más. Espera, ¿yo estaba
con alguien más? Se sentía así, a pesar de que Blane en realidad no
había dicho nada en concreto. Tal vez esa es la forma en que era con
alguien como Blane, pensé cínicamente. Él no tenía que hacerlo oficial,
porque no duraría mucho tiempo.

Esta noche no estaba muy concurrido, lo cual era agradable después


del caos de Halloween. El tiempo pasaba un poco lento, lo que siempre
era el problema cuando no había mucha gente. Yo estaba terminando
de servir a una pareja sentada en el bar cuando Scott se colocó detrás
de mí.

—Oye Kathleen —dijo y me volví hacia él. Parecía nervioso, lo que era
entrañable y le sonreí, aunque creía que sabía lo que venía—. Me estaba
preguntando si te gustaría salir alguna vez.

Una tímida sonrisa curvó su boca. Scott, se veía bien esta noche, un
mechón de su cabello caía sobre su frente y extendí la mano para
empujarlo hacia atrás. Pero yo lo veía diferente ahora. Si me hubiera
invitado a salir hace un par de semanas, habría estado extasiada. Pero
ahora, parecía muy joven. Probablemente una cosa estúpida que pensar
ya que tenía mi edad. Traté de no compararlo con Blane.

—Lo siento —le dije— estoy de alguna manera... con alguien. —Tal
185

vez—. Pero gracias por la invitación. —Le di un beso rápido en la mejilla


y sonrió con tristeza.
Página
—Supongo que esperé demasiado tiempo —dijo— ¿Me lo vas a
comentar, verdad, si terminas... no involucrada? —Asentí. Esa pequeña
escena extraña terminó, me di la vuelta a mi lado de la barra, mirando
alrededor por algunos nuevos pedidos o clientes que podrían haberse
sentado.

Blane estaba de pie en las sombras, mirándome. Le sonreí en señal de


bienvenida. Mi corazón saltó en mi pecho mientras se dirigía a la barra,
deslizándose en un taburete. Llevaba vaqueros y una Henley negra
manga larga a la que, como era su costumbre, había empujado las
mangas unos pocos centímetros hasta los brazos. Sus manos me
llamaron la atención mientras se sentaba y me ruboricé mucho,
recordando lo que había pasado entre nosotros esta mañana. Entonces
mis cejas se fruncieron mientras me daba cuenta de que sus nudillos
estaban en carne viva y raspados.

Le di un Dewars y agua, poniéndola en la barra delante de él. Su mano


se curvó alrededor del vaso y alejé mis ojos de sus manos para mirar su
cara. Él sonrió, como si supiera lo que estaba pensando.

—¿Quién es él? —preguntó, haciendo un gesto con la cabeza


ligeramente hacia Scott, ocupado al otro extremo de la barra.

—Scott —le dije con inquietud. Blane parecía tener una vena posesiva
que no quería enemistar—. Trabajamos mucho juntos. —Me apresuré a
cambiar de tema—. Llegaste aquí temprano. —No saldría de trabajar
por otras dos horas. Sus ojos se encontraron con los míos y me cortó la
respiración al ver la mirada en ellos.

—Quería verte —dijo en voz baja. Sus ojos se deslizaron sobre mí antes
de llegar arriba, sus dedos descansando debajo de mi barbilla mientras
giraba mi cara ligeramente. Me retorcí incómodamente mientras
inspeccionaba mi mejilla. Había tomado una gran cantidad de cuidado,
y maquillaje, para ocultar los moretones. Moviéndome hacia atrás para
que su mano se apartara, encontré sus ojos de nuevo.

—James no va a molestarte más —dijo con firmeza. Mi estómago se


apretó.

—¿Por qué? —le pregunté— ¿Qué pasó?

—Hablé con él —dijo Blane sencillamente— y fui capaz de transmitir


186

cuan... disgustado... estaría si había una repetición de su


comportamiento de ayer.
Página
Está bien, sé que probablemente debería estar molesta por su
interferencia. Yo era una mujer liberada y podía cuidar de mí misma,
¿verdad? No necesitaba que ningún hombre grande y corpulento
ejerciera violencia sobre aquellos que me lastiman y pensé que
probablemente ahora sabía por qué los nudillos de Blane estaban en la
forma en que estaban. Debería haberme sentido de esa manera, pero
no. En realidad, no sólo estaba agradecida por la protección de Blane,
también estaba conmovida de que se preocupara lo suficiente para
luchar por mí. Y no conocía a ninguna mujer, liberada o no, que no se
convertiría en un charco de sensiblería en las mismas circunstancias.
Luego, una idea se me ocurrió y fruncí el ceño.

—¿Eso no va a hacer las cosas difíciles para ti en el trabajo? —le


pregunté. James era el hijo del Sr. Gage. Él podría ser capaz de
despedir a Blane con tanta facilidad como había hecho conmigo.

—No —respondió Blane tomando un sorbo de su bebida—. Soy un


socio. Ya que soy un propietario, en realidad tengo más voz en ese
negocio que James, independientemente de su relación familiar.

—Tú me advertiste acerca de él —dije, recordando la escena en la


oficina de Blane— ¿Cómo lo sabías?

—He oído cosas —dijo secamente y sabía que no iba a dar detalles.
Asentí. Entonces alguien dijo mi nombre y tuve que volver al trabajo.

Un poco más tarde, fui capaz de volver a donde Blane se sentó y vi que
había terminado su bebida. Cuando le pregunté si le gustaría otra, él
negó.

—Tengo que hacer algo primero y luego vuelvo —dijo echando algo de
dinero en la barra. Mis ojos lo siguieron mientras se levantaba. La
camisa y los pantalones vaqueros lo abrazaron en todos los lugares
correctos y disfruté de la vista. Calidez se agrupó entre mis muslos
mientras pensaba en quitárselos. Mi mirada atrapó la suya y maldijo
suavemente en voz baja. Apoyándose en la barra, acarició mi cola de
caballo, tirándola por encima de mi hombro y jalando un poco hasta
que me incliné hacia él.

—Sigue mirándome así y no voy a ser responsable de mis acciones —


dijo con voz ronca. Mi lengua salió para humedecer mis labios
repentinamente secos y vi su mirada caer hacia mi boca. Sus labios se
187

encontraron con los míos para el más breve de los besos, su lengua
rozando suavemente contra la mía y enviando una corriente eléctrica a
Página

través de mí, antes de que se retirara.


—Voy a estar de vuelta —dijo y se dirigió a la puerta. Lo vi salir, sin
moverme hasta que Scott me sobresaltó—. Así que ese es él, eh —dijo a
mi lado, mirando fijamente a la puerta en pos de Blane, también.

—Um, sí —dije, aclarando mi garganta.

—¿Dónde lo conociste? —preguntó y vacilé. Decirle a Scott que estaba


saliendo con mi jefe, probablemente me haría parecer como una
completa vagabunda.

Fui salvada de responder por Tish que necesitaba llenar una orden.
Scott no lo trajo a colación de nuevo después de eso y estaba contenta
de que no lo hiciera. Realmente no sabía que le habría dicho si lo
hubiera hecho. Salir con tu jefe siempre era mal visto, sin importa
quién eras.

Traté de mantenerme ocupada y no mirar el reloj. Unos treinta minutos


antes de cerrar, Tish se acercó a mí.

—Kathleen —dijo con una sonrisa pícara en su rostro— ese hombre


está esperando atrás por ti. —Mi corazón dio un salto y sonreí
felizmente. Miré ansiosamente a Scott, quien puso en blanco los ojos.

—Bien, vete —dijo— pero me debes una. —Sonreí más amplio.

—Gracias Scott —dije agarrando mi bolso. Esto se había puesto aún


más lento y ya había conseguido realizar una gran parte de mi trabajo
de preparación, por lo que no me sentía muy mal por irme antes de
tiempo.

Me abrí paso a través de la puerta trasera y salí. Hacía mucho frío y me


estremecí, deseando no haber estado demasiado apresurada por salir
para preocuparme con un abrigo esta tarde. Miré a mi alrededor, pero
parecía desierto.

—¿Buscando a alguien? —Me di la vuelta y se me revolvió el estómago.


Kade estaba de pie a unos metros de mí, apoyado negligentemente
contra la pared en las sombras del edificio de al lado. Por supuesto.
Tish no había visto a Blane esta noche. Ella solo me había visto con
Kade anoche. Maldije mi estupidez. Si no hubiera estado tan ansiosa
por ver a Blane, puede que me hubiera dado cuenta del error de Tish.

Llegué a la puerta, pero antes de que pudiera abrirla, Kade se abrió la


188

chaqueta de cuero ligeramente, revelando la misma arma que había


tenido la noche anterior en una funda en su cadera. Tragué saliva.
Página
—Vamos a dar un paseo —. La débil luz de las farolas hizo que su
cabello oscuro pareciera negro en la noche, con los ojos hundidos
ensombrecidos. Tomando mi codo, empezó a llevarme más hacia la
oscuridad.

Las calles estaban tranquilas esta noche y parecíamos ser los únicos
fuera. Caminé rígidamente junto a Kade, su férreo control sobre mi
brazo.

—¿Lo trajiste? —dijo finalmente. Dudé. No había nadie para apoyarme,


nadie que siquiera supiera dónde había ido ni con quién. Nadie en el
bar sabía el nombre de Kade. Sentí el miedo agarrarme. No había nada
que parara a Kade de primero tomar el disco duro, luego matarme. O a
la inversa, lo que prefiriera.

—¿Cómo sé que no vas a matarme si te lo entrego? —pregunté, tratando


de mantener mi voz tranquila. No tenía nada con lo que negociar, pero
pensé frenéticamente, tratando de ganar tiempo.

Kade se detuvo, empujándome contra la pared más cercana y entrando


en mi espacio personal. Su arma estaba en su mano ahora, tan rápido
que ni siquiera lo había visto sacarla y la apretó ligeramente por debajo
de mi mandíbula. Una esquina de su boca se levantó en su versión de
una sonrisa sin humor. Sus ojos eran fríos.

—Tú no lo sabes —dijo simplemente.

Mis labios se apretaron. No parecía que yo tuviera un montón de


opciones. Tuve la pequeña satisfacción de saber que, si me mataba, aún
no tendría lo que quería ya que CJ había borrado la unidad.
Manteniendo mi cabeza lo más quieta posible, busqué en mi bolso,
sacando el pequeño paquete y se lo entregué.

—Aquí —le dije. Kade no miró hacia abajo, solo lo tomó, metiéndolo en
su bolsillo. El arma desapareció y yo di un suspiro tembloroso.

—Ahora, eso no fue tan difícil, ¿verdad? —preguntó. Sentí que mis ojos
ardían y con enojo parpadee para contener las lágrimas traicioneras.
Dios, odiaba mi costumbre de llorar cuando estaba molesta. Me hacía
parecer débil.

—Pensé que eras un tipo decente —le susurré—. No un pistolero a


sueldo que se rebaja a amenazar a las mujeres. —En un instante, su
189

sonrisa desapareció y él se acercó más, su rostro a centímetros del mío.


Contuve el aliento bruscamente.
Página
—Tú no sabes nada acerca de mí —espetó, su mandíbula apretada con
rabia—. Y estás involucrada en algo muy por encima de tu persona.
Alégrate que soy el que te encontró y no alguien más. —Sus ojos
miraban fijamente a los míos y a pesar de mí misma, me volví
consciente de nuestros cuerpos presionados juntos.

—Sé lo que estoy haciendo —insistí, tratando de ser valiente de cara a


su ira— ¿Cuál es tu parte en esto?

Su amarga sonrisa volvió a aparecer.

—¿Por qué debería decirte eso? —Mi corazón dio un vuelco y luego
golpeó a doble tiempo cuando sentí sus manos asentarse en mis
caderas. Me mordí el labio, duro y vi los ojos de Kade caer a mi boca.

—Déjame ir —le dije con toda la calma de que fui capaz. Kade no se
movió y empecé a sentirme desesperada—. Si vas a matarme, entonces
hazlo —le exigí—. De lo contrario, déjame ir. —Tragué saliva—. Por
favor.

—Eres demasiado bonita para matarte —dijo Kade suavemente— y has


sido de gran ayuda. —Suspiró—. En su mayoría. —Sus ojos adquirieron
una expresión calculadora— ¿Cómo una camarera se involucró en esto
de todos modos? —preguntó con sorna. Inmediatamente me enfadé.

—No soy solo una camarera —protesté, pero, por qué me importaba lo
que él pensaba, no podía decir—. Este es sólo mi segundo trabajo.

—Ah, sí —dijo con los ojos entrecerrados—. ¿Cuál es tu trabajo de


verdad entonces, princesa?

—Soy una... —dudé. Sonaba tan ridículo decir que era un principiante,
apenas un escalón por encima de camarero. Decidí estirar la verdad—.
Trabajo en un bufete de abogados. —Técnicamente, eso era cierto. Más
o menos. Me habían despedido, pero luego Blane me volvió a contratar.

—¿El mismo que Junior? —Su apodo para James. Asentí. Su frente se
arrugó en un ceño y abrió la boca para decir algo, pero no tuvo la
oportunidad.

Un disparo fuerte me sacó un grito mientras el ladrillo se quebraba


cerca de mi cabeza. En un instante, Kade me había empujado al suelo y
sacado su pistola. Otro disparo destrozó más ladrillo y cubrí mi cabeza
190

con los brazos. Mis oídos resonaban cuando Kade disparó un par de
tiros de vuelta hacia nuestro agresor. Entonces su agarre fuerte estaba
Página

en mi brazo de nuevo mientras me arrastraba para levantarme.


—Vamos —dijo tirando de mí detrás de él—. Pensé que te dije que
vinieras sola. —Tropecé y me jaló levantándome.

—Y lo hice —le contesté, respirando con dificultad, mientras nos


precipitábamos por un callejón—. Lo juro.

Otro disparo. Esta vez no había ladrillos que romper, excepto un dolor
cegador en mi costado. Grité y caí contra Kade, quien me atrapó.
Pasando un brazo alrededor de mi cintura, me arrastró con él. Sujeté
mi costado, tratando desesperadamente de mantenerme en pie. Kade se
volvió un poco, disparando más tiros detrás de nosotros. Oí el sonido de
un motor y chirrido de neumáticos.

—Creo que se han ido —dijo Kade bajándome al suelo. Apartó mis
manos de la quemada en mi costado y levantó mi camisa—. No es tan
malo —dijo— la bala solo te rozó. —Mordí mi lengua para evitar decirle
lo que podía hacer con su diagnóstico de “no está tan mal”. Dolía como
el infierno.

—Necesito presionarla para detener la hemorragia —dijo.

—¿Por qué no solo me dejas aquí? —le pregunté con los dientes
apretados, decidida a no gemir de dolor como yo quería—. Pensé que me
ibas a matar de todos modos.

Él sonrió y fui momentáneamente distraída del dolor. Fue una


verdadera sonrisa que llegó a sus ojos e hizo a un hoyuelo aparecer al
lado de su boca.

—Esto arruinaría mi reputación —dijo—. No me lo habría perdido. —


Entonces estaba presionando mi costado y me mordí el labio con fuerza
para no hacer ningún ruido—. Tengo que poner un vendaje rápido sobre
esto —dijo y apenas tuve tiempo de comprender lo que estaba diciendo
antes de que sacara un cuchillo y cortara la parte delantera de mi
camisa desde el cuello al dobladillo.

—¿Qué estás haciendo? —chillé alarmada mientras sacaba la camisa


arruinada de mis brazos. Mi espalda hizo contacto con el pavimento
congelado y empecé a temblar. Kade me ignoró mientras cortaba una de
las mangas. Levantándome un poco, la envolvió alrededor de mi pecho
justo debajo de mi sujetador. Esto cubrió la herida en mi costado y ató
las puntas juntas para que no se deslizara, pero no estaba
191

incómodamente apretada. Inmediatamente, crucé mis brazos sobre mi


pecho, aunque sabía que ya había conseguido un vistazo.
Página
Kade se quitó rápidamente su chaqueta de cuero y se desabrochó la
camisa de manga larga. Observé, mis ojos volviéndose más grandes y
más grandes, mientras se la quitaba y se acomodaba de nuevo en su
chaqueta.

—¿Puedes levantarte? —preguntó y así lo hice, haciendo solo un ligera


mueca. El improvisado y apretado vendaje parecía ayudar. Kade
envolvió su camisa sobre mis hombros y empujó mis brazos en las
mangas demasiado largas. Todavía tenía el calor de su cuerpo. Mis ojos
estaban a nivel con su pecho desnudo mirándolo a través del cuero de
su chaqueta y tragué. Sus dedos se movieron hasta el botón de la
camisa cuando junté mi coraje y lo miré a los ojos.

La tensión entre nosotros era repentinamente palpable y sentí como que


apenas podía respirar. Nuestros ojos se quedaron fijos y sentí su
nudillos rozar contra mi piel mientras poco a poco cerraba los botones
de la camisa. Cuando llegó al que había entre mis pechos se detuvo y
sentí el más leve roce de sus dedos en mi escote.

En un rápido movimiento Kade se dio la vuelta, sacando su arma y


dando un paso delante de mí. Mi corazón saltó en mi garganta. Yo no
había oído nada, pero obviamente él lo había hecho. Mis manos se
sentían como hielo mientras esperaba.

—¿Qué estás haciendo aquí Kade? —Solté el aliento en una ráfaga, el


alivio fluyendo a través de mí. Blane me había encontrado. Me asomé
por detrás de Kade e hice una mueca de dolor. Blane estaba parado a
unos seis metros de distancia, sosteniendo también una pistola.

—¡Blane! —grité— estoy aquí. —Salí de detrás Kade pero él me agarró


del brazo con fuerza.

—¿Conoces a Blane? —preguntó con suspicacia. Decidí estirar la


verdad un poco. Bueno, más que un poco.

—Él es mi novio —le contesté, lo que estaba estirando la verdad a un


grado ridículo, pero esperaba que disuadiera a Kade de mantenerme
agarrada. El efecto de esas palabras fue instantáneo. Kade se veía casi
herido y pareció congelarse en el lugar. Sin entenderlo, pero aún
queriendo alejarme, miré hacia abajo a su mano en el brazo y le dije:

—Déjame ir.
192

Él se sacudió como si le hubiera abofeteado e inmediatamente me soltó.


Caminé hacia Blane, con cuidado de no entrar en la línea de fuego entre
Página

ellos. Cuando me acerqué lo suficiente Blane extendió la mano y me


atrajo hacia él, envolviendo un brazo alrededor de mi cintura. Con
gratitud me apoyé contra su pecho.

—¿Qué estás haciendo aquí fuera con él? —preguntó Blane en voz baja,
su voz como el hielo.

—Pensé que eras tú —traté de explicar—. Él... me sorprendió.

Mirándome, frunció el ceño.

—¿Qué pasó? —preguntó.

—Me dispararon —le dije— más o menos. Solo un rasguño, supongo.

Me di cuenta de que Blane estaba repentina y peligrosamente furioso.

—¿Tú le disparaste? —le soltó a Kade y empecé a preocuparme


seriamente de que Blane pudiera dispararle. Los ojos de Kade se
estrecharon y la tensión en el callejón subió unos puntos.

—¡No, no! —le dije rápidamente—. Alguien nos estaba siguiendo. Kade
no me disparó. Él me ayudó. —Blane no dijo nada de eso. Él y Kade
atrapados en un juego de miradas. Tiré de su brazo. Era como tratar de
mover granito.

—Por favor, solo vámonos —le dije mirando inquietamente a Kade quien
tampoco había bajado su arma.

Finalmente, Blane nos llevó hacia atrás hasta que pudimos dar la
vuelta a la esquina del edificio. Kade no nos siguió. Blane bajó la pistola
y me tomó del brazo. Un par de minutos más tarde, estábamos en su
auto. Me recosté en el asiento con calefacción y cerré los ojos,
suspirando con alivio.

—Dime lo que pasó —exigió Blane y obedecí, apegándome solo a los


aspectos más destacados de Kade tomando la unidad y alguien
disparándonos. Realmente no quería entrar en detalles y contarle lo que
Kade y yo habíamos hablado o cómo él me había vendado.

—¿Necesitas ir al hospital? —preguntó y negué con la cabeza.

—No, no es tan malo —le dije. Ahora que la conmoción inicial había
pasado, el dolor era soportable. Unos minutos más tarde, estábamos
llegando a su casa. Mona había dejado una luz encendida en la planta
193

baja para Blane— ¿Por qué estamos aquí? —le pregunté—. Deberías
haberme llevado de vuelta a mi casa.
Página
—Me sentiré mejor contigo aquí —respondió mientras salía del auto. No
estaba segura de lo que eso significaba, pero salí cuando abrió la
puerta.

—¿Puedes llegar a tu habitación por ti misma? —preguntó Blane y


asentí—. Voy a estar arriba en un rato. Tengo que hacer una llamada
telefónica.

Subí silenciosamente por las escaleras a lo que aparentemente era “mi”


habitación. No estaba segura de qué pensar de eso. Por un lado, se
establecía un nivel de comodidad y sugería algo más que temporal. Por
otro lado, no me había invitado a su habitación. Lo cual, por supuesto,
yo no quería que hiciera. Bien.

La bañera en el cuarto de baño era especialmente tentadora y abrí el


agua mientras me desnudaba. Por alguna razón no podía tirar la
camisa de Kade en el suelo con mis pantalones y en su lugar, me
encontré doblándola con cuidado.

El vendaje que Kade había hecho para mí se pegó a la sangre seca y


apreté los dientes por el dolor mientras me lo quitaba. Me dejé caer
agradecida en el agua caliente y suspiré de alivio, mientras esta me
envolvía.

Me lavé, teniendo especial cuidado con mi costado y los cortes curando


en mis muslos y no me preocupé por mi cabello. Inclinando la cabeza
hacia atrás en la bañera, cerré los ojos y traté de relajarme. Debo
haberme dormido porque lo siguiente que supe cuando abrí los ojos fue
ver a Blane apoyado en el lavamanos, mirándome. Me senté con un
jadeo.

Los ojos de Blane bajaron a mi pecho expuesto y rápidamente me hundí


en el agua, mis mejillas en llamas.

—Quiero ver tu lesión —dijo más o menos— y cómo tus cortes se están
curando. —Agarrando una toalla, dio un paso adelante y la mantuvo
abierta para mí.

Sentí el calor de mi cara mientras sacaba el tapón y me levantaba.


Envolviendo la toalla a mí alrededor, Blane me sacó hacia el suelo del
baño, pero no quitó sus manos de mi cintura. Sus ojos se dirigieron
hacia abajo.
194

—Me pregunto qué tan lejos llega el rubor —dijo él en voz baja, una
sonrisa jugando en las comisuras de sus labios. Me sonrojé aún más
Página
ante esto y él soltó una risa suave. Recogiéndome en sus brazos, me
llevó a la cama y me puso en ésta, sentándose a mi lado.

—Vamos a echar un vistazo —dijo. Sus manos se movieron para apartar


los bordes de la toalla y en un pánico ciego, las agarré. Mis manos se
sentían pequeñas e inadecuadas tratando de aferrarse sobre las suyas a
pesar de que se burló de mí y se detuvo.

—¿Tímida esta noche Kat? —bromeó a la ligera—. No recuerdo que


fueras tímida anoche. —Me quejé ante el recuerdo, mis manos volaron
para cubrir mi cara, incapaz de mirarlo a los ojos.

—Un caballero no le recuerda a una dama su comportamiento


vergonzoso —le dije en tono de reproche a través de mis dedos.

—Ah, sí —dijo en voz baja y sentí su toque trazando mi piel debajo de la


toalla— pero yo no soy un caballero, soy yo. —Aire frío golpeó mi
cuerpo, mientras lo sentí tirar de la toalla. Avergonzada como estaba,
decidí actuar como un adulto y poner mis brazos a los costados. Mi
codo rozó la piel en carne viva y me estremecí.

Blane frunció el ceño y empujó mi brazo por encima de mi cabeza,


girándome ligeramente para que él pudiera ver la herida. Traté de no
notar cómo su tacto me hizo temblar. Agarrando una pequeña caja
junto a la cama, apretó un poco de ungüento en la piel de color rojo
furioso y la frotó suavemente. Mi aliento silbó entre mis dientes. Lo más
parecido a lo que podía compararlo era a una rodilla muy raspada. La
piel había sido arrancada, pero no era muy profunda. Blane colocó un
vendaje sobre el área y suavemente puso mi brazo de vuelta a mi lado.

Su mano se desvió ligeramente a través de mi caja torácica y mi aliento


se enganchó. Él estaba mirando su mano sobre mí y la expresión de su
rostro era difícil de descifrar. Si fuera cualquier otra persona, diría que
se veía culpable. Pero era Blane y eso no tenía sentido.

—¿Qué es? —le pregunté, sin darme cuenta de que mi voz era apenas
un susurro— ¿Qué pasa? —Sus ojos se levantaron hacia los míos, pero
no respondió de inmediato.

—Diez centímetros —dijo finalmente—. La diferencia entre la vida y la


muerte para ti esta noche fue de diez centímetros. —Mi sangre corrió
más fría ante su cruda evaluación y no pude pensar en nada que decir.
195

Su mano se desvió para descansar en mi cadera.


Página

—¿Puedo ver cómo los cortes están sanando? —preguntó. Mi boca se


secó y negué con mi cabeza en la almohada.
—Están bien —me las arreglé para decir con voz ahogada. Él no me
contestó, sus labios torciéndose ligeramente en una sonrisa torcida.
Llegando arriba, agarró la banda sosteniendo mi cola de caballo y
lentamente la deslizó hacia abajo, hasta que mi cabello fue liberado.
Sus dedos peinaron los mechones, descansándolas suavemente sobre
mi hombro.

Yo estaba muy consciente de todos mis sentidos. El delicado olor de su


colonia cuando se inclinó hacia mí. El algodón de su camisa que se
sentía áspero contra mi piel, mientras rozaba mi estómago. El silencio
en la sala salvo por el golpeteo de la sangre en mis oídos y la rapidez de
mi respiración. El aire parecía espeso en mis pulmones cuando lo vi
mirarme. Me sentí muy vulnerable desnuda frente a él, mientras seguía
completamente vestido. Se sentía como sumisión, pero no en el mal
sentido.

Su mano se deslizó lentamente hacia abajo por mi pierna hasta llegar a


mi rodilla. Enganchando sus dedos debajo de la articulación, inclinó
lentamente mi pierna hacia arriba, empujando mi rodilla hacia fuera.
Mis ojos se abrieron por la sorpresa, pero no tenía la fuerza de voluntad
para negárselo.

Blane se movió más hacia la cama entre mis piernas, luego hizo lo
mismo con la otra rodilla, hasta que mis muslos internos fueron
expuestos a su mirada. Sus ojos nunca dejaron los míos y parecía que
yo era mantenida cautiva por ellos. No fue hasta que su mirada cayó
que sentí otro sonrojo incriminatorio manchar mis mejillas. Nunca
había estado tan expuesta a un hombre antes y la vergüenza me hizo
desear algo para cubrirme.

Blane trazó los cortes curándose ligeramente y traté de recordar


respirar, lo que fue un ejercicio completamente inútil cuando él
presionó suavemente sus labios en el interior de mi rodilla. Su boca
recorrió lentamente mi muslo, rozando suavemente la piel dañada
mientras pasaba. Mis piernas temblaban y sus manos acariciaron la
parte exterior de mis muslos, como si estuvieras domando a un animal
aterrorizado.

—Quiero besarte Kat —murmuró contra mi muslo, la rugosidad de su


mandíbula abrasando mi piel sensible. Bien, eso fue raro. Nunca había
pedido mi permiso antes. Debió haber tomado mi silencio como
196

aceptación, pero no se movió para besarme. En cambio, su cabeza bajó


entre mis piernas y chillé por la sorpresa, arrastrándome
Página

instintivamente hacia atrás lejos de él.


Las manos de Blane se cerraron sobre mis muslos, sosteniéndome en
su lugar. Su cálido aliento acarició mi muslo y luego su boca estaba
sobre mí y yo no podía respirar. La intimidad de esto me sorprendió y
luego el placer se disparó en mis sentidos y mis ojos se cerraron de
golpe. Gemí y agarré la manta. Blane empujó suavemente mis piernas
más separadas y no pude resistirme.

Las mismas sensaciones que Blane había despertado en mí la noche


anterior se construían de nuevo, solo que esta vez él no se detuvo, sino
que me llevó directo sobre el borde. Las estrellas estallaron detrás de
mis ojos y el nombre de Blane cayó de mis labios cuando me vine abajo.

Cuando pude abrir los ojos, fue para descubrir que él había besado su
camino por mi cuerpo y estaba hociqueando mi cuello. Mi respiración se
volvió jadeos mientras enredaba mis manos en su cabello,
manteniéndolo cerca de mí.

—Eres hermosa —susurró y apretó sus labios contra los míos por un
beso que sentí completamente hasta los dedos de mis pies. Después de
un momento, se retiró y maullé de decepción, pensando que estaba
dejándome. Pero en vez de irse, me tomó en sus brazos y salió por la
puerta.

—¿Qué estás haciendo? —le pregunté, estirándome hacia arriba para


poder probar la tentadora piel expuesta de su cuello—. Llevándote a la
cama —dijo llevándome por el oscuro pasillo.

Sonreí.

—Estábamos en la cama —le dije mientras suavemente chupaba la piel


debajo de su mandíbula.

—No en mi cama —respondió, abriendo otra puerta y cerrándola detrás


de él. Me puso en el centro de una gran cama de cuatro postes, pero yo
estaba de rodillas y estirando la mano para coger su manga mientras se
levantaba. Tirando de él hacia mí, empecé con los botones de su camisa
y la saqué de sus pantalones vaqueros. Sus manos se enredaron en mi
cabello, mientras colgaba en ondas por mi espalda y luego estaba
besándome. Empujando la camisa hacia abajo y fuera de sus brazos me
moví a su cinturón, pero me empujó de espaldas sobre la cama,
subiéndose encima de mí y volviendo a capturar mis labios.
197

Tiré de su cinturón, gimiendo de alivio cuando por fin fui capaz de


sacarlo y el botón se abrió. Entonces mis manos fueron apartadas a un
lado mientras Blane movía su boca de mis labios a mis pechos. Perdí mi
Página

tren de pensamiento y solo podía concentrarme en la deliciosa tortura


que estaba infligiendo sobre mí. Su mano se movía entre mis piernas y
deslizó dos dedos dentro de mí. Grité y su mano se quedó quieta.

—¿Te estoy lastimando? —preguntó y yo sacudí frenéticamente la


cabeza.

—¡Más! —jadee y accedió, haciéndome gemir y retorcerme debajo de


él—. Por favor —me las arreglé para decir en voz baja en su oído. No
tenía la suficiente coherencia para encadenar dos palabras en este
momento, por lo que esperaba que entendiera el mensaje con solo una.

Se apartó de mí y rápidamente se quitó sus pantalones. Oí el crujido del


papel y luego me estaba sosteniendo en sus brazos de nuevo mientras
estaba entre mis muslos.

—Dime si algo te hace daño —dijo y yo asentí, más allá del discurso
ahora, lo deseaba tanto. Lo sentí en mi entrada y un destello de
inquietud pasó por mí, había pasado mucho tiempo, después de todo.
Pero luego estaba empujando dentro y todo en lo que podía pensar era
en cuan increíble se sentía, él llenándome. Entró extremadamente lento
y pude ver que su mandíbula estaba apretada mientras sostenía
fuertemente su control.

—Dios Kat —susurró— te sientes increíble. Tan apretada. —Está bien,


bueno eso sin duda era un constructor de confianza. Envolví mis
piernas alrededor de sus caderas y me arquee hacia arriba, encantada
cuando él gimió.

—Hazme el amor —le susurré contra sus labios, luego su boca estaba
sobre la mía, nuestras lenguas enredándose juntas mientras empujaba
dentro de mí una y otra vez. Blane era mucho más grande de lo que
Donny había sido y me estiraba y llenaba. Sentí la deliciosa presión
acumulándose de nuevo y me aferré a Blane, mis uñas clavándose en
sus hombros. Mi liberación se estrelló sobre mí y grité. Apenas un
instante más tarde, Blane se estremeció en mis brazos, sus labios
encontrando los míos de nuevo.

Después, no me podía mover. Me sentía sin huesos y saciada. Blane


yacía encima de mí, pero después de un momento, se movió a un lado,
alejándose. Estaba conmovida que no sólo había pensado en
protegerme, sino también estaba tratando de ser discreto acerca de
esto. Cuando se dio la vuelta, me atrajo hacia sí, presionando besos en
198

mis ojos, mis mejillas y finalmente, mis labios. Nuestra piel estaba
ligeramente húmeda por el sudor, pero a él no pareció importarle y a mí
Página

ciertamente tampoco.
Cepillando mi cabello hacia atrás, desde donde estaba aferrado a mi
frente húmeda, se inclinó sobre mí. Nuestros ojos se encontraron y se
sostuvieron. Él colocó un beso suave en mis labios y mi corazón dio un
vuelco en mi pecho. Mirando una vez más mis ojos, una pequeña
sonrisa curvó sus labios mientras un dedo rozaba ligeramente por el
lado de mi cara. Sonreí tímidamente.

Volviéndose sobre su lado, me arrastró contra él, espalda contra frente,


y envolvió su brazo por encima de mi cintura. Me quedé allí por un
tiempo y simplemente saboree la sensación de tenerlo contra mí y
sosteniéndome. Era la sensación de sentirse querida y protegida, lo que
me había desubicado. Nadie jamás me había hecho sentir de la manera
en que Blane lo hacía. Sonreí adormilada y me acurruqué más cerca de
él.

Fui despertada de golpe por el sonido del timbre del teléfono. Por un
momento, estuve completamente desorientada en un lugar desconocido.
Entonces recordé donde estaba y me senté, mirando alrededor
buscando el teléfono sonando.

Blane ya no estaba en la cama conmigo, pero todavía estaba oscuro


afuera. No tenía ni idea de qué hora era y ¿dónde estaba ese maldito
teléfono? Saliendo de la cama, de pronto golpeé mi dedo del pie y
maldije. Cojeando, seguí el sonido hasta que llegué a mi bolso. Blane
debe haberlo metido adentro por mí. Busqué en el interior hasta que
encontré el teléfono aún sonando y lo abrí de golpe.

—¿Hola?

—Kathleen ¿eres tú? Soy CJ. —Oh, Dios mío, me había olvidado por
completo de ella llamándome por el rastreador GPS que había puesto en
el disco duro— ¿Kathleen?

—Sí, sí, estoy aquí —le dije rápidamente, metiendo una mano por mi
cabello.

—¿Dónde estás? —preguntó.

—Estoy en la casa de Blane —le contesté— ¿Qué está pasando?


¿Rastreaste a dónde Kade llevó la unidad?

—Está en alguna casa —dijo ella—. Estoy sentada en mi auto fuera de


esta, ahora, pensé que podría ser algo para ser vigilado.
199

—¿Qué casa? —le pregunté, curiosa y me dio una dirección. Me quedé


Página

muy quieta—. ¿Cuál era la dirección? —la repitió para mí—. Oh Dios
mío —suspiré.
—¿Qué? ¿Qué pasa Kathleen? —La voz de CJ se escuchaba ansiosa en
mi oído—. Esa es la dirección de Blane. Está aquí.

200
Página
Capítulo 11

Me llevó un instante procesar esto, tan asombrada como estaba y sentí


el miedo helar mis venas.

—¿Kathleen? ¿Estás ahí?

—Sí, estoy aquí —contesté, mi mente dando vueltas.

—Escucha, —continuó ella—. Estoy fuera en mi auto. Aparqué en la


calle, en la cara oeste de la casa. Tienes que salir de ahí.

—Pero si Kade está aquí, —argumenté—. Blane podría estar en peligro.


No puedo simplemente dejarlo. —Mi pulso estaba ahora galopando
mientras me preguntaba donde estaba Blane. Quizás había oído a un
intruso y había ido a comprobarlo.

—Kathleen —dijo CJ, su voz triste—. Lo siento pero creo que tienes que
darte cuenta de que Blane probablemente sabe que Kade está ahí.
Podría incluso ser el que envió a Kade a conseguirlo de ti. —Mi
estomagó se apretó ante eso y una punzada de dolor perforó mi pecho.

—Te equivocas —dije, negando con la cabeza incluso aunque sabía que
no podía verme—. Blane nunca me traicionaría así. No me pondría en
peligro. —Oí a CJ suspirar.

—Bien —dijo cortante, —pero aún así esperaré por ti. Te daré quince
minutos para salir de ahí.

—De acuerdo, —accedí—. Voy a intentar encontrar a Blane. —Colgué el


teléfono y agarré mi bolso. Cuidadosamente abrí la puerta del
dormitorio de Blane, eché un vistazo al otro lado del pasillo y escuché.
Todo estaba en silencio. Tan silenciosamente como pude, volví a mi
dormitorio, corriendo hacia el baño y tirando de mi ropa y zapatos.

Estaba a punto de dar un paso en las escaleras cuando me di cuenta de


que no tenía nada para defenderme a mí o a Blane, en caso de que lo
necesitara. Pensando con rapidez, volví sobre mis pasos hacia la
201

habitación de Blane, buscando a ciegas por las paredes por un


interruptor. Encendiéndolo, vi lo que necesitaba en la mesa junto a la
Página

cama.
El arma de Blane. La agarré, comprobé que estaba cargada y quité el
seguro. Ahora estaba lista.

Bajé con lentitud las escaleras, parando cada dos escalones para
escuchar. No oí nada hasta que alcancé el final. Unas voces venían
desde el estudio. Caminando tan ligeramente como pude a través del
comedor, me paré fuera de la puerta del estudio que estaba abierta un
par de centímetros.

Una luz dorada apareció a través de la apertura, enviando un rayo de


luz hacia el comedor en penumbra. Ahora podía escuchar claramente
las voces y mi corazón se hundió cuando las reconocí. Blane y Kade.

—...que no vinieras aquí, —oí decir a Blane—. Es demasiado peligroso si


te ven. Nadie puede saber que trabajamos juntos.

—¿Tienes tan poca fe en mí que crees que dejaría que alguien me viera?
—se mofó Kade—. Por favor. —Hubo silencio por un momento.

—¿Lo encontraste? —preguntó Blane.

—No, —respondió Kade—, no estaba allí. Y creo que tu linda noviecita


te está ocultando algo.

—¿Qué? ¿Por qué? —Blane sonaba irritado.

—Porque todo lo que había en ese disco era porno gay. Más del que
jamás hubiera querido o necesitado ver. —Mi boca se retorció en una
sonrisa amarga y tuve que apreciar el estilo de CJ.

—¿Estás de puta coña? —dijo Blane y ahora pude oír la furia en su voz.

—¿Bromearía sobre esto? —dijo Kade, sonando también enfadado.

—Quizás no la conoces tan bien como crees. ¿Y por qué demonios no


me contaste que estabas involucrado con ella? Pude haberte disparado
en aquel callejón.

—Porque no es asunto tuyo, —replicó Blane—. Ni siquiera tiene un


ordenador Kade y dudo que supiera qué hacer con él si lo tuviera. Es
probable que simplemente pasaras algo por alto.

—No pasé nada por alto —dijo Kade con voz serena—. Y necesitamos
ese código o estamos jodidos.
202

—Soy muy consciente de eso —respondió Blane secamente—. ¿Te ha


contactado ya Frank sobre eso?
Página
—Sí. Dice que se está volviendo impaciente. Hay demasiado metido en
esta elección. Tanto tú como yo lo sabemos. —Blane no contestó a eso.

Mis entrañas se estaban retorciendo dentro de mí y sentí como si fuera


a vomitar. Había estado equivocada, muy equivocada. Mark había
hecho bien en advertirme. No debí haber confiado en Blane.

—Así que vamos a ver a tu novia y hacer que nos cuente lo que sabe —
dijo Kade. Dejé de respirar, el pánico ardiendo dentro de mí—. Sabes
donde vive, ¿verdad?

—No está allí —dijo Blane sin emoción.

—Entonces, ¿dónde está?

Una pausa y luego:

—En mi cama

Kade se rió burlonamente. Yo me encogí.

—Te lo juro, a veces eres más despiadado que yo Blane —dijo—.


Supongo que esos arañazos de tus hombros deben ser de ella. Confío en
que ahora te contará cualquier cosa que quieras saber.

No quise oír la respuesta de Blane. Sin darme cuenta, estaba


apartándome de la puerta, mi mano presionando fuerte sobre mi boca
para no traicionar mi presencia con ningún sonido de la angustia que
estaba sintiendo en ese momento.

Algo se rompió detrás de mí y giré alrededor horrorizada. Había chocado


de forma inadvertida contra la mesa y envié un candelabro de cristal al
suelo con un estrépito. Por un momento me quedé congelada, luego me
di cuenta de que los hombres habían dejado de hablar. Sacudí mi
cabeza alrededor justo a tiempo de ver la puerta abrirse de golpe,
cegándome temporalmente con la luz que salía de ella. Kade estaba allí
de pie mirándome, su mirada malévola.

No perdí otro segundo. El miedo es un gran motivador. Giré y corrí.


Sabía que había una puerta en la cocina que abría hacia los jardines y
finalmente me llevaría hasta la calle, donde, con suerte, CJ todavía
estaría aparcada. Oí juramentos detrás de mí pero no me detuve,
corriendo como si mi vida dependiera de ello, lo que de hecho, ocurría
realmente.
203
Página
Atravesando a toda velocidad la cocina, abrí de golpe la puerta y salí
deprisa atravesando el jardín. Estaba oscuro pero corría
descuidadamente, esperando no tropezar con nada.

—¡Kat! ¡Espera! —Oí a Blane llamarme desde no mucha distancia tras


de mí. Lo ignoré y seguí corriendo. Ambos eran más altos y rápidos que
yo y sabía que no iba a conseguirlo. Girándome rápidamente, apunté
algo con el arma, sabía que no los mataría, con suerte no y disparé un
par de tiros al aire. Ambos se tiraron al suelo y salí corriendo otra vez.

Vi la calle delante e intenté correr más rápido, el aire frío abrasando mi


pecho mientras jadeaba en busca de aliento. Para mi alivio, el auto de
CJ estaba parado en la curva, con las luces apagadas. Corrí hacia él,
abriendo de un tirón la puerta del pasajero y metiéndome dentro.

—¡Vamos! ¡Vamos! —le grité, girándome para ver a Blane y a Kade


acercándose. CJ pisó el acelerador y arrancamos desde la curva.
Volviéndome, vi a Kade levantar el arma y me encogí pero Blane empujó
su brazo abajo antes de que pudiera hacer un disparo. Luego no vi nada
mientras se perdían en la oscuridad de la calle detrás de nosotras.

—¡Mierda! —exclamó CJ, sus ojos muy abiertos mientras me lanzaba


miradas rápidas—. Hey, apunta esa cosa hacia otro lado ¿quieres? —
señaló al arma que estaba sujetando en mis temblorosas manos.

—Lo siento —dije poniéndole rápidamente el seguro y metiendo el arma


en mi bolso.

—¿De dónde sacaste un arma? —preguntó.

—Es de Blane, —contesté, intentando recuperar el aliento. Mi corazón


todavía aporreaba en mi pecho.

—¿Cogiste el arma de Blane? —dijo CJ, sonriendo ampliamente ahora—


. Adorable. —Yo no creía que fuera adorable. Me picaban los ojos pero
parpadee para retener las lágrimas. Me negué a llorar. Había sabido que
era peligroso involucrarse con Blane. No tenía nadie a quién culpar
salvo a mí misma por mi propia estupidez.

Y aún así, la idea de sus mentiras y de cómo me había usado, como


había planeado usarme, causaba que mi estómago se retorciera de
forma dolorosa. Un ataque de nauseas me hizo agarrarme por la
cintura.
204

—¡Para el auto! —dije y CJ debió de oír la urgencia de mi voz porque


Página

aparcó inmediatamente. Estaba fuera antes de que nos hubiéramos


detenido completamente, mi estomago vomitando. Eché fuera los
escasos contenidos en la hierba, limpiándome la boca con la manga. La
manga de Kade, en realidad e hice una mueca.

Volviendo a entrar en el auto, escarbé en mi bolso. Sabía que no podía


volver a casa. Ese habría sido el primer lugar en el que mirarían.
Encontrando el trozo de papel que necesitaba, lo sostuve en alto para
leerlo.

—Llévame aquí —dije dándole a CJ la dirección—. No puedo ir a casa,


estarán allí. Pero tú deberías estar bien. No saben nada de tu
implicación.

—¿A dónde te estoy llevando? —preguntó, mirando por encima el papel.

—Una amiga se ofreció a dejarme estar con ella si lo necesitaba —dije,


pensando en Gracie y esperando que lo hubiera dicho en serio.

—¿Todavía está en pie lo del lunes? —preguntó y asentí.

—Absolutamente. —Mi resolución para frustrar cualquiera que fuera el


plan que se estuviera llevando a cabo no se había debilitado. Si acaso
ahora era más fuerte. Si Blane pensaba que era una chiquilla estúpida
que “ni siquiera tenía un ordenador”, bueno, no sabe lo que le espera,
incluso si era verdad que no tenía un ordenador.

—Buen trabajo con lo del porno gay. —La felicité y ella sonrió—.
Realmente lo odiaron.

—Cuéntame lo que pasó, —pidió y le repetí la conversación que había


escuchado a hurtadillas.

—No sé cómo están involucrados exactamente —dije—, pero


supuestamente Kade trabaja para los hermanos Santini. Blane trabaja
para la firma y aunque sé que no siente amor por James, deben de
estar trabajando juntos para conseguir que James sea elegido.

—Tiene sentido, —meditó CJ—. Blane es el cerebro y Kade es el arma.


Blane debe haber descubierto tu nexo con Mark y quería ganarse tu
confianza para que le dijeras lo que Mark sabía. Así que representó al
poli bueno mientras que Kade representaba al poli malo. —Cerré los
ojos, consternada por lo fácilmente que habían jugado conmigo. CJ
debió sentir lo molesta que estaba porque no dijo nada más.

Gracie vivía en un complejo de apartamentos mucho más agradable que


205

el mío y pensé de nuevo en lo que hacía como acompañante. Tenía que


pensar en algo pronto. Obviamente, no podía volver a trabajar el lunes.
Página
El alquiler estaba vencido y tenía justo lo suficiente en mi cuenta
corriente para pagarlo, pero tenía que conseguir otro trabajo pronto.

Le dije a CJ que se quedara en el auto. Quería que tan poca gente como
fuera posible supiera de nuestra asociación. Si me pasara algo, no
quería que nadie fuera capaz de vincularme con ella y fuera tras ella
también. Dijo que esperaría para asegurarse de que estaba bien que me
quedara antes de irse.

Vacilante, llamé a la puerta de Gracie. Era muy tarde y odiaba


despertarla, pero no sabía que más hacer. Esperé un par de minutos y
luego llamé otra vez. Finalmente oí girar la cerradura.

—¿Kathleen? —dijo sorprendida cuando la puerta se abrió. Vestía un


precioso picardías de satén rojo y tardíamente esperé que estuviera
sola.

—Hola Gracie —dije sonriendo débilmente—. Esperaba que lo dijeras en


serio cuando dijiste que podía quedarme contigo. —No dijo nada y me
apresuré a añadir—. Solo será un día o así.

—¡Por supuesto! —dijo— ¡Puedes quedarte tanto tiempo como quieras!


Solo estaba sorprendida, eso es todo. ¡Entra! —Dando un paso atrás
hacia la barandilla mirando desde arriba al aparcamiento, hice una
seña a CJ que lanzó un destello con las luces hacia mí y salió de la
plaza.

—Solo le estaba haciendo saber a quién me trajo que se puede ir, —le
expliqué mientras entraba a su apartamento. Parecía que a Gracie le
gustaban los trópicos ya que todo su apartamento estaba decorado con
ese tema. Bambú y colores brillantes adornaban el espacio al igual que
montones de plantas naturales. Gracie debía tener mano para la
jardinería.

—Adelante, tengo un cuarto de invitados que puedes usar. —La seguí


hasta el final del pasillo hacia un dormitorio que tenía una cama
gemela. Estaba decorada de forma más escasa y podría asegurar que
apenas se usaba. —El baño está por ahí —dijo señalando al otro lado
del pasillo—. Yo tengo el mío propio, así que no hay problema con eso.
Déjame traerte algunas cosas.

Se fue y me hundí en la cama, de pronto totalmente agotada. Cuando


206

reapareció, estaba cargando con un pequeño bulto.


Página
—Ahí hay un camisón para ti —dijo— además de algunos productos de
aseo. Cepillo de dientes, cepillo para el cabello, ese tipo de cosas. —
Acepté el montón agradecida.

—Muchas gracias Gracie —dije y ella tan solo sonrió. Podía ver las
preguntas en sus ojos, pero fiel a su palabra, no me preguntó por qué
estaba allí.

—Te veré por la mañana —dijo dejándome sola.

Cuando la puerta se hubo cerrado tras ella, no perdí tiempo en


deshacerme de la odiada camisa, conteniéndome para no pisarla de
forma infantil, pero solo un poco. Mis vaqueros la siguieron
rápidamente y me metí en el camisón que me había dado para que
vistiera. No era realmente mi estilo pero no me importó. Después de
usar el baño y cepillarme los dientes, me caí en la cama, quedándome
dormida casi instantáneamente e ignorando la humedad en mis
mejillas.

La mañana llegó demasiado pronto. Me llevó un momento recordar


donde estaba y los eventos de la noche anterior. Mi corazón se hundió
en mi pecho cuando recordé los vívidos detalles en mi mente. No ayudó
que el dolor entre mis piernas me recordara lo idiota que me había
permitido ser con Blane. Debía estar riéndose tontamente de lo fácil que
había sido llevarme a la cama. De pronto, no me sentí mejor que la serie
de mujeres de las que Clarice y yo solíamos hacer bromas, las que
nunca tenían ni idea de lo transitorias e intercambiables que eran en la
vida de Blane.

Deprimirme y sentir lástima por mi misma no iba a llevarme a ninguna


parte. Tenía problemas que necesitaban ser abordados. Arrastrándome
fuera de la cama, atravesé de puntillas el pasillo hacia el baño. Me
cepillé la maraña de mi cabello y me salpiqué algo de agua en la cara y
luego fui en busca de café.

Para mi sorpresa y consternación, Gracie tenía compañía. Me paré en


seco en la cocina cuando vi que ella y otra mujer estaban sentadas en la
mesa.

—Lo siento mucho, —me disculpé—. No me di cuenta de que tenías una


invitada. —Me giré para irme pero Gracie me detuvo.
207

—Kathleen espera. Hay alguien a quien me gustaría que conocieras. —


Reticente, me di la vuelta alrededor, con mis mejillas ardiendo. El
camisón que Gracie me había dado dejaba poco a la imaginación. De
Página
color azul índigo, con tiras finas y casi sin cubrir la espalda, solo
llegaba hasta medio muslo.

—¿Puedo vestirme antes? —pregunté y ella tan solo se rió. Me di cuenta


de que ella todavía llevaba su camisón también aunque se había echado
por encima una bata a juego.

—A Simone no le importará —dijo haciéndome señas para que me


acercara. El nombre me sonaba pero no podía ubicarlo. Caminé hacia
delante, pegando una sonrisa en mi cara mientras me volvía hacia la
mujer que se sentaba con Gracie.

Era más mayor, probablemente en sus cuarenta años, pero bellamente


llevados. Supe inmediatamente que tenía dinero. Su maquillaje era
impecable, su cabello perfectamente peinado en un estiloso moño
francés y llevaba pantalones negros de vestir y una blusa de raya
diplomática. Unos pesados pendientes de plata colgaban de sus orejas
mientras que un collar a juego adornaba su garganta. Sonriendo, estiró
su mano hacia mí.

—Buenos días Kathleen —dijo y me di cuenta de que tenía un acento.


francés, quizás—. He oído hablar un montón sobre ti. —Me volví
interrogante hacia Gracie que tan solo sonrió.

—Es un placer conocerte Simone —dije educadamente, agarrando su


mano.

—Siéntate, Kathleen —dijo Gracie mientras se ponía en pie de un


salto—. Te traeré algo de café. —Le di las gracias y saqué una silla,
dándome cuenta mientras lo hacía de que Simone me estaba echando
un vistazo con ojo crítico. Nerviosa me senté, apretando mis manos en
mí regazo. Gracie dejó una taza de café delante de mí y tomé un
pequeño sorbo mientras ella volvía a sentarse.

—Yo trabajo para Simone —explicó Gracie y luego todo encajó. El


servicio de acompañantes. Simone era la madame. La observé con
curiosidad. No encajaba con mi imagen mental de cómo sería una
madame. Me venía a la mente algo más en la línea de Dolly Parton en
The Best Little Whorehouse in Texas18.
208

18 The Best Little Whorehouse in Texas: es una película basada en el musical


homónimo de Broadway, estrenada en 1982. La historia se sitúa en el tranquilo
Página

condado de Lanville, Texas. Allí se encuentra un conocido burdel llamado El Gallinero,


el cual es administrado por Mona Stangely (Dolly Parton) y por el cual han desfilado
varias generaciones de texanos.
—Gracie mencionó que podrías estar interesada en venir a trabajar para
mí —dijo Simone— ¿Lo estás? —Me mordí el labio indecisa. No había
tenido tiempo para prepararme para esto y una parte de mí quería darle
a Gracie una buena paliza por lanzarme encima a Simone.

Por otro lado, esta podría ser mi única oportunidad de conseguir una
pista de quién había matado a Sheila. Yo no era lo suficientemente
inocente como para pensar que no se esperaría que tuviera sexo con
alguien, no importaba lo que Gracie hubiera dicho. Sabía que no podría
hacer eso. No podía imaginarme haciendo lo que Blane y yo habíamos
hecho la noche anterior simplemente con algún tipo al azar. Si seguía
adelante, quizás podría conseguir información sobre el asesino de
Sheila y de alguna forma podría encontrar una manera de evitar la
parte sexual del trabajo.

Confirmé con la cabeza mi asentimiento.

—Sí, lo estoy.

Simone se rió en silencio.

—Eso es maravilloso, querida mía —dijo.

—Nosotros proporcionamos acompañantes sofisticadas, discretas y


hermosas a hombres muy ricos y muy poderosos. Estoy encantada de
añadirte a nuestras filas.

—No estoy segura acerca de la parte sofisticada y hermosa —dije con


remordimientos.

—Querida, lo harás bastante bien —comentó, intercambiando una


sonrisa cómplice con Gracie—. Gracie te llevará hoy para que te
arreglen para mi fiesta de esta noche. Vendrás, ¿verdad? Y te prometo
que serás una adquisición encantadora para nuestra pequeña familia.

Tragué saliva y forcé una sonrisa, insegura de donde me estaba


metiendo. Levantándose para irse, Simone me besó ambas mejillas al
estilo europeo e hizo lo mismo con Gracie, que le devolvió el gesto.
Después de que se fuera, Gracie volvió y se sentó de nuevo en la mesa,
sonriéndome.

—¡Estoy tan emocionada! —dijo entusiasmada—. ¡Te va a encantar! Te


lo prometo. Y hoy, ¡vamos a arreglarte! —Se frotó las manos
209

alegremente.

—¿Qué quieres decir con arreglarme? —pregunté, con mi inquietud


Página

creciendo.
—Cosas divertidas —dijo con un gesto despreocupado de su mano—. Te
peinaremos y te maquillaremos. Y conozco el sitio al que ir a por tu
traje. ¡Vas a estar espectacular!

Gracie era como una mamá gallina persistente. Me hizo comer algo de
desayuno aunque yo apenas podía tragarlo, mi estómago todavía se
hacía nudos cada vez que pensaba en Blane, lo que ocurría más
frecuentemente de lo que deseaba. Me había advertido a mi misma
acerca de involucrarme con él porque sabía lo que podría ocurrir y
había tenido razón. Los sentimientos que tenía por él solo se habían
fortalecido y solidificado después de que hubiéramos hecho el amor,
haciendo que su traición fuera incluso más difícil de tragar.

Me duché y me cambié a unas ropas que ella me dio, un par de


pantalones capri que me sentaban casi como pantalones normales y
una camisa abotonada. Gracie decía que tenía que tener botones
porque no querían tener que quitarme nada por la cabeza una vez que
mi cabello estuviera arreglado.

Nos condujo hasta una diminuta boutique llamada Helena de Troya,


saludando a la mujer del interior con un cálido abrazo y el gesto de dos
besos que había hecho Simone.

—Helena ¡qué bueno es verte! —dijo Gracie—. Esta es Kathleen. Va a ir


a la fiesta de Simone esta noche y necesita un vestido.

Helena era una diminuta mujer con largo cabello rojo que había sido
trenzado de forma caprichosa y colgaba por su espalda. Si tenía que
adivinar, debía estar en su cincuentena y según la forma en que estaba
vestida, dudaba si tenía o no buen gusto para la ropa.

Echándome una ojeada con un ojo evaluador, me empujó hacia un


probador.

—¡Desnúdate! —ordenó y estuve sorprendida por su contundencia


mientras me metía en un cuarto y tiraba de la cortina cerrándola detrás
de mí. Gracie metió la cabeza dentro.

—Sé que es rara —dijo en un susurro conspirador—, pero sabe lo que


está haciendo. Lo prometo. —Con una última sonrisa, desapareció. Me
quité la ropa y me quedé allí de pie con mi ropa interior prestada hasta
que Helena reapareció, cargando cuidadosamente con un vestido.
210

—Quítate el sujetador y pruébate esto —dijo y me ayudó a entrar en el


vestido. Cuando estuvo abrochado, una amplia sonrisa se desplegó en
Página
su cara—. Ah, perfecto. —Me hizo girar en redondo para encarar el
espejo y mi mandíbula cayó abierta.

El vestido era de un iridiscente color agua profundo, la tela parecía fluir


y cambiar de color mientras la luz lo golpeaba al moverme, casi como
agua. Era un traje con un corsé sin mangas, con una silueta de
corazón. Ajustado hasta medio muslo, luego se ensanchaba hasta hacer
una pequeña cola detrás de mí, el corte frontal de la falda revelaba
encaje blanco. Una cintura imperio estaba adornada con cristales,
cuentas y lentejuelas. El color del vestido destacaba el azul de mis ojos
y era un contraste perfecto con mi cabello rubio rojizo. La línea del
cuello hacía que mi escote pareciera voluptuoso, la cintura ajustada y la
falda hacían que mi figura pareciera un reloj de arena perfecto.

—Wow, —respiró Gracie y me di cuenta de que había vuelto a meter la


cabeza dentro otra vez— ¡te queda impresionante! —Yo no podía dejar
de mirar en el espejo. Apenas podía creer que fuera yo quien me
devolvía la mirada— ¿Qué será ella? —preguntó Gracie, hablándole a
Helena y yo miré alrededor, frunciendo el ceño.

—¿Qué quieres decir? —pregunté.

—Oh, es algo que hace Simone, —explicó Gracie—. Es una especie de


baile de disfraces. Todo el mundo viste mascaras, no usan sus nombres
reales, ese tipo de cosas.

—Ella será una sirena, por supuesto —respondió Helena, como si fuera
obvio.

Un poco más tarde, me equipó con zapatos, una cartera a juego y una
máscara preciosa, del tipo de las verdaderamente elaboradas que había
visto para Mardi Gras. Cubría completamente mi cara excepto la boca y
la barbilla. No podía evitar estar un poco emocionada por esta noche,
aunque sólo fuera por la ropa que estaría vistiendo.

A continuación fuimos a un salón de belleza y tragué saliva cuando


entramos. Era uno de esos tan agradables que te ofrece algo de beber
mientras esperas. Mientras nos sentábamos esperando nuestro turno,
me incliné hacia ella.

—No me puedo permitir esto Gracie, —susurré urgentemente en su


oído. Ella simplemente ondeó su mano en rechazo.
211

—Simone tiene una cuenta aquí —dijo mientras pasaba páginas de una
revista—. Todas nosotras venimos aquí. No te preocupes por eso.
Página
Llamaron mi nombre y fui acicalada, toqueteada, depilada y maquillada
casi hasta la muerte. Quería poner un límite en el tema de la depilación
de la zona de bikini, pero Gracie insistió. Lo que sí hice, sin embargo,
fue ponerme firme cuando quisieron cortarme el cabello. Y no, no me
estaba poniendo histérica porque supiera que a Blane le gustaba mi
cabello largo. Al menos, eso es lo que me dije a mí misma.

—No es un problema —dijo George el estilista, que era tan gay como
largo es el día—. Lo arreglaremos en hermosas ondas y rizos para que
cuelgue por tu espalda y sea tentador. Así. —Hizo algo con sus manos
para aproximarse al estilo y realmente se veía bien.

Cuando hube terminado, me habían hecho también una manicura y


pedicura. Mi maquillaje fue hecho en una forma natural pero de alguna
forma enfatizaba el azul de mis ojos mientras seguía siendo ahumado y
misterioso. Mi cabello estaba recogido atrás con dos elegantes peinetas
y luego caía en cascada en ondas por mi espalda. Tuve que admitirlo,
George había hecho un buen trabajo.

—¡Estás fantástica! —exclamó Gracie en deleite mientras nos íbamos.

—¿Y de que irás tú esta noche? —pregunté.

—Yo voy como una tigresa —dijo guiñándome un ojo y yo me reí. Podía
imaginarme fácilmente a Gracie como una tigresa. Cuando salió de su
dormitorio más tarde, vestida en un traje dorado con un corte subiendo
por el lateral de su muslo, era suficiente para quitarme el aliento en
asombro. Su cabello negro colgaba totalmente liso y el dorado hacía
contraste con su piel de chocolate. Casi me sentí desaliñada de nuevo
allí de pie junto a ella, incluso con mi vestido azul.

—¡Vamos! —y nos abrimos camino bajando las escaleras para encontrar


una larga limusina esperando por nosotras—. Para darte la bienvenida
apropiadamente como una de nosotras —explicó Gracie con una
sonrisa. Le devolví la sonrisa incomoda. Nos acomodamos en el
acolchado interior de piel y Gracie nos sirvió una bebida para cada una
de un decantador de cristal lleno de un líquido color ámbar.

—Para calmar tus nervios —dijo entregándome una copa. El whisky era
un buen añejo y lo tragué agradecida, mi estomago con mariposas.

Me pregunté si sería capaz de imaginarme quién era el hombre que


212

había estado con Sheila. Su muerte permanecía en mi inconsciente y


me sentí ligeramente deprimida de que no se hubiera hecho nada para
hacerles justicia a ella y a Mark. Aunque no sabía hasta qué punto
Página
estaban la firma y Blane involucrados. Con suerte esta noche
proporcionaría respuestas.

—¿Cómo sabré si es él o no? —pregunté a Gracie. No preguntó a que


me refería. Lo sabía.

—Oí que le llaman “Enigma” —dijo—. Nunca lo he conocido así que no


sé como es.

Enigma. De acuerdo. Eso no me provocaba un escalofrío por la columna


o algo parecido.

—¿Nombres en clave? —pregunté.

Gracie asintió.

—Te dije que nadie usa su verdadero nombre en estas cosas, —me
recordó—, los hombres incluidos. —Tomé otro trago de mi coraje
líquido. Se me pasó por la mente si a Blane le gustaría como lucía yo
esta noche, luego desterré el pensamiento tan rápidamente como había
venido. No podía permitirme ponerme emotiva, aunque una parte de mí
deseaba su sólida y reconfortante presencia, incluso si era un
mentiroso.

—Ya estamos aquí —dijo Gracie mientras nos deteníamos y bajé el


resto de mi bebida. La puerta se abrió y salimos. Me quedé
momentáneamente atónita. No sabía que había estado esperando pero
no había sido esto. Estábamos delante de una gran mansión victoriana,
a falta de una palabra mejor. Sentí como si entrara dentro de una
novela gótica.

—Sígueme —dijo Gracie en tono bajo. Levantó la barbilla y caminó


hacia la puerta como si el camino fuera una pasarela. La seguí,
armándome de tanto valor y confianza como pude. Gracie murmuró
algo al hombre de la puerta que nos escudriñó a ambas antes de
permitirnos pasar.

—¿De qué iba eso? —le susurré.

—Contraseña —susurró de vuelta.

Nadie nos saludó en la puerta mientras entrábamos. Estaba muy


sombrío, solo unos pocos candelabros desperdigados que no daban
ninguna luz. Todas las lámparas y las luces de techo estaban apagadas.
213

Con inquietud, seguí a Gracie mientras avanzaba por el pasillo, el único


sonido eran nuestros tacones en el suelo de mármol.
Página
Finalmente llegamos a unas puertas dobles de al menos tres metros y
medio de alto, donde dos hombres vestidos de esmoquin con máscaras
negras permanecían de pie como centinelas. Gracie no les prestó
atención así que intenté no mirar fijamente. Abriendo la puerta, se
deslizó dentro y respirando hondo, la seguí.

La habitación en la que entré debió haber sido una sala de baile en otra
época, con su techo que tenía fácilmente seis metros de altura. Ahora,
sin embargo, era muy diferente. Había sido decorado y reconstruido
para que pareciera un lujoso bar al aire libre. Grupos de sillas, sofás y
tumbonas estaban dispersados alrededor, todos con tonos de colores de
joyas, telas suaves y acolchadas. Mesas pequeñas sostenían más
candelabros, cortinas pesadas y tapices colgaban de las paredes. La
alfombra bajo mis pies era gruesa, amortiguando mis pasos. Unos
espacios privados habían sido creados usando biombos de madera,
aunque no tenía vistas del interior de ninguno de ellos para ver lo que
contenían. Pero lo más sorprendente de todo eran los árboles que
habían sido traídos al interior. Unas urnas enormes alojaban sus raíces
mientras los árboles creaban más privacidad y sombras.

La gente estaba dispersa por la sala, sus conversaciones silenciadas y


amortiguadas por el mobiliario y los tapices. La música sonaba
suavemente de fondo, jazz, creo. Capté la visión de varias mujeres más
vestidas tan espléndidamente como Gracie y yo. Todas llevaban una
máscara. Había fácilmente el doble de hombres que de mujeres y todos
vestían frac19 con las mismas sencillas máscaras negras que cubrían el
rostro de los guardias. Mirando alrededor con ansiedad, intenté ver a
Gracie, pero se había mezclado con la multitud.

—Me alegro de verte querida —dijo una voz y me volví para ver a una
mujer, supuse que era Simone, deslizándose hasta mí. Vestía un traje
largo plateado con una máscara a juego—. Dime, Helena te apodó
Sirena, ¿verdad? —Yo tragué saliva.

—Sí, —respondí, mi voz apenas audible. La singularidad de la situación


estaba empezando a asustarme y me preguntaba, un poco ansiosa, en
qué me había metido.
214

19 Frac: es un traje masculino de tipo formal que constituye el tipo de vestuario más
elegante para el hombre en celebraciones nocturnas. La levita debe ser negra con la
Página

parte delantera corta y una cola abierta en la parte trasera. Pantalones negros sin
pinzas con una banda de raso bajando por el exterior de la pernera. Es obligatorio
vestir chaleco de color blanco o marfil, con camisa y pajarita de mismo color.
—Bueno —dijo—, te llamaremos Lorelei. Por favor, no estés nerviosa —
dijo Simone, agarrando mi brazo y tirando—. Ven, déjame presentarte a
algunos caballeros que creo que te encontraran fascinante.

Le permití guiarme hacia un grupo alejado de la puerta. Dos hombres y


una mujer sentados hablando, un hombre en una silla y el otro en un
sofá mientras que la mujer estaba ingeniosamente colocada sobre un
diván. Su cabello era rubio platino y vestía un traje de terciopelo con
una raja que subía por el lateral y había sido situada para revelar una
larga y suave pierna.

—Caballeros —dijo Simone—, me gustaría presentarles a Lorelei, la


Sirena. Lorelei, esta es el Ibis Escarlata20. —Señaló a la mujer del sofá
que inclinaba su cabeza ligeramente hacia mí. Ambos hombres se
pusieron en pie, tomando turnos para agarrar mis dedos y presionar
sus labios contra el dorso de mi mano. Sonreí automáticamente,
aunque temblaba por dentro. Ninguno de ellos se presentó, aunque me
invitaron elegantemente a sentarme. Simone se alejó y me encontré
sentada junto a uno de los hombres.

—Eres bastante encantadora —dijo él silenciosamente y me di cuenta


de que el otro hombre había iniciado conversación en voz baja con el
Ibis Escarlata. ¿Qué demonios era un ibis, de todas formas? pensé,
entrando en pánico. ¿Y por qué Simone me estaba llamando Lorelei?

—Gracias —dije en tono igual de bajo. No sabía qué más decir así que
permanecí en silencio.

—Creo que eres nueva —dijo en un tono en cierto modo confuso.

—¿Es tan obvio? —pregunté y él sonrió.

—Un poco, —respondió—. Pero no te preocupes. Somos todos bastante


inofensivos. —Luego pareció pensarse eso—. Bueno, la mayoría de
nosotros somos inofensivos. —Sus labios se curvaron en otra sonrisa.
Tenía ojos y cabello oscuros y me pareció familiar, pero le quité
importancia. Encajaba en la descripción de un montón de hombres.

Me habló de cosas intrascendentes y era bastante encantador, incluso


me hizo reír un poco. Estaba empezando a relajarme y me aventuré a
preguntar su nombre.
215

20Ibis: ave zancuda de tamaño mediano, cuerpo relativamente ligero y pico largo y
Página

arqueado hacia abajo. La variedad escarlata tiene un característico plumaje rojo.


También se le llama corocoro colorado, corocora, garza roja, sidra o guará. Es el ave
nacional de Trinidad y Tobago.
—Me llamo Mercurio, —respondió. No estaba segura de si estaba
aliviada o decepcionada. Mi propósito allí era encontrar a Enigma, pero
no estaba segura de lo que iba a hacer si realmente lo encontraba y
cuando lo hiciera.

Mercurio posó su mano suavemente en mi hombro y yo brinqué. No


había esperado que me tocara. Sus dedos trazaron levemente un
camino bajando por mi brazo.

—Me gustaría mucho llegar a conocerte mejor —dijo— ¿Te gustaría? —


Pensé que sabía lo que estaba preguntando e interiormente entré en
pánico. No quería rechazarlo directamente sin saber qué consecuencias
habría. ¿Se enfadaría y se lo diría a Simone? ¿Ella me haría
marcharme? Así que pensé en una excusa.

—Necesito beber algo —improvisé, levantándome rápidamente.

—Volveré ahora mismo. —No esperé a oír lo que tenía que decir y me
alejé rápido. Mirando alrededor, me di cuenta de que la gente tenía
bebidas en sus manos así que debía haber una barra en alguna parte.

Deambulé sin rumbo a través de la sala a oscuras, intentando no mirar


demasiado cerca al interior de algunos espacios privados en sombra,
especialmente después de que uno por el que pasé delante tuviera a
una mujer con su vestido alrededor de la cintura mientras se sentaba a
horcajadas sobre un hombre. No hacía falta ser un genio para
imaginarse lo que estaban haciendo. Pasé rápido por delante, con mis
mejillas ardiendo por la vergüenza.

Finalmente, encontré el bar. Suspirando de alivio, pedí una copa de


champán. No quería nublar mi cabeza con más licores fuertes y el
champán no tenía demasiado efecto en mí.

—Bueno, hola preciosa. ¿Cómo te llamas? —La voz me hizo


atragantarme con el champán. Una mano apareció con un pañuelo y lo
tomé agradecida, dando toquecitos a mi boca.

Volviéndome con reticencia, vi a Kade detrás de mí. Vestía una máscara


pero reconocería esos ojos en cualquier parte. Me pregunté por qué un
hombre como él necesitaba estar en un lugar como este.

—Lo siento por eso —dijo con una sonrisa torcida—. No pretendía
asustarte. —Busqué en sus ojos algún signo de reconocimiento, pero no
216

podía asegurar si sabía quién era yo o no.


Página

—Soy Presagio —dijo—. ¿Y tú eres...?


Decidí probar y disfrazar mi voz tanto como fuera posible cuando
contestara, dejé salir el acento sureño, tratando de hacerlo más al estilo
de Designing Women que de The Beverly Hillbillies.

—Me llaman Lorelei.

—Ah, —musitó, sus ojos inspeccionándome de arriba abajo—, la letal


sirena mitológica, que atraía a incautos marineros hacia la muerte con
su irresistible canción. Parece que te sienta bien. ¿Estás aquí con
alguien? —preguntó, tomando un sorbo de su propia bebida mientras
miraba alrededor de la sala.

Negué con la cabeza.

—No, pero estoy buscando a alguien —decidí arriesgarme. Buscar a


Enigma iba a ser como buscar una aguja en un pajar. Quizás si
simplemente preguntaba, alguien lo señalaría.

—¿Y quién es, Lorelei? —Me siguió la corriente, sus ojos cayendo hacia
mis labios cuando los humedecí nerviosamente.

—Enigma. —Los ojos de Kade se entrecerraron ligeramente y no


contestó. Sentí como rompía a sudar bajo su escrutinio. Finalmente se
movió de forma que estaba de pie detrás de mí.

—Mira hacía allí —dijo en mi oído—. Está de pie en la esquina junto a


la chimenea, observándote. —Miré a dónde decía y sentí mi sangre
helarse. Incluso desde la distancia, reconocí la silueta. Hombros
anchos, cabello rubio, e incluso la forma en que estaba de pie, eran
demasiado familiares para mí.

Era Blane. Mi mano empezó a temblar y apresuradamente bajé mi copa


de champán antes de derramarla por todas partes. Mi mente dio
vueltas. No podía ser. Gracie tenía que estar equivocada. Me giré y me
escabullí por el camino más cercano lejos de él, aliviada de ver que
Kade no me seguía.

Caminé con rapidez, la cabeza baja, mientras intentaba recuperar el


control de mis emociones y pensar con lógica sobre lo que acababa de
averiguar. Tanto Kade como Blane estaban allí lo que solo enfatizaba
mis sospechas de que la firma y Blane estaban en complot con los
hermanos Santini. Sinceramente dudaba que estuvieran aquí para
conseguir acompañantes, aunque estaba desconcertada de qué tenía
217

que ver el software de fraude electoral con prostitutas. Gracie había


dicho que el hombre con quién había sido vista Sheila tenía el nombre
Página

en clave de Enigma, quién, según Kade, era Blane.


No estaba mirando hacia donde iba y fui frenada cuando colisioné de
frente con alguien. Levantando bruscamente la cabeza alarmada, me
habría tambaleado si él no me hubiera agarrado los brazos
estabilizándome. Cerré los ojos aliviada cuando vi que era el hombre
que se había llamado a sí mismo Mercurio.

—Aquí estás, Lorelei —dijo—. Me temía que te hubieras perdido en tu


camino de vuelta hacia mí. —Y justo así, me di cuenta de por qué me
parecía tan familiar. Era James, de entre toda la gente.

—Yo... lo siento, —tartamudeé, intentando conciliar mi sorpresa—. Me


perdí un poco.

—Vayamos a buscar algún sitio privado donde podamos... hablar —dijo


con satisfacción en su voz. Tragué saliva y pegué una sonrisa en mi
cara. No veía como podía negarme sin hacer una escena. No parecía que
él supiera quién era yo y no podía creer que no lo hubiera reconocido
antes. Aunque, para ser justa, no es como si hubiera esperado conocer
a nadie esta noche aparte de Gracie.

Me guió a través del laberinto de árboles hasta que llegamos a un hueco


privado vacío. Un amplio sofá de dos plazas y una mesa con unas pocas
velas dispersas por encima ocupaba el espacio. Inquieta, me senté en el
sofá mientras él se sentaba cerca de mí. Decidí que hablar sería mejor
que cualquier otra cosa que él pudiera tener en mente.

—¿Y cuánto tiempo hace que vienes por aquí? —pregunté, mi voz
demasiado falta de aliento para mi gusto e intenté estabilizar mis
nervios.

—Un tiempo —dijo vagamente, deslizando su brazo sobre mis hombros


y volviendo a acariciar mi brazo desnudo.

—¿Ves a muchas mujeres diferentes?

—No habitualmente, —respondió—. Me gusta encontrar una que


realmente me guste y quedarme con ella. —Presionó sus labios sobre mi
hombro y yo cerré los puños. Me concentré en un candelabro de plata
sobre la mesita de café frente a mí, su vela estaba muy consumida y su
llama se movía mientras yo la observaba.

—Quizás debería irme —dije intentando librarme de él pero su brazo se


apretó a mi alrededor.
218

—No, no te vayas, —insistió, confundiendo mi reticencia—. No estoy con


Página

nadie ahora. La última mujer a la que pagué ya no está entre nosotros.


Estoy buscando a alguien nuevo. Podría estar bastante, bastante
satisfecho contigo. —Sus dedos se clavaron en mis hombros mientras
su boca se movía hacia mi cuello. Estaba tan decidida a intentar
empujarlo lejos que me llevó un momento darme cuenta de lo que había
dicho.

Cuando lo hice, me quedé completamente quieta por la conmoción.

—¿Ya no está entre nosotros? —repetí atontada.

—Mmm, —murmuró contra mi piel—. Parece que a su novio no le


gustaba su... profesión. Los celos son una emoción poderosa Lorelei.

No sabía qué significaba eso, pero sabía que estaba hablando de Sheila.
Cómo encajaba Blane en esto o si ambos habían pagado por sus
servicios, no lo sabía aún. Pero sí sabía que tenía que averiguar más.
Deslicé mis manos dentro de la chaqueta de su frac para tocar su
pecho, pretendiendo estar tan enfrascada en el momento como él. Los
labios de James se movieron a los míos. Lo evadí de forma que
terminaron en mi mejilla.

—¿Qué le ocurrió? —pregunté. Pero antes de que pudiera responder,


fuimos interrumpidos.

—Mercurio. —Salté hacia atrás sorprendida. Blane estaba de pie en el


reservado con nosotros. Mi corazón se paró y luego empezó a aporrear.
—Mercurio —repitió Blane y James levantó la cabeza de mi cuello con
reticencia.

—¿Qué quieres? —dijo despectivamente— ¿No ves que estoy ocupado?


—Intentó acercarme más y besarme de nuevo, pero yo aparté
rápidamente la cabeza, empujándolo. O di un gruñido de ira y luego
Mercurio fue apartado físicamente de mí.

—El cliente quiere hablar contigo —le rugió Blane dándole un empujón
fuera del reservado. Los ojos de James le lanzaron dagas, pero se fue.
Luego Blane se volvió hacia mí y yo me estremecí por dentro ante la
mirada de sus ojos, mientras intentaba no admirar lo impresionante
que se veía en su frac. El abrigo estaba perfectamente cortado,
enfatizando sus anchos hombros y la máscara negra solo servía para
acentuar el verde de sus ojos y la fuerte curva de su mandíbula.

—Lorelei ¿me equivoco? —preguntó cordialmente, su tono


contradiciendo la furia de sus ojos y yo asentí. Una chispa de esperanza
219

porque no me reconociera se encendió dentro de mí—. Me dijeron que


me estabas buscando —dijo, moviéndose para ocupar el sitio de
Página

Mercurio a mi lado en el sofá, su brazo doblándose detrás de mí. El sofá


de pronto parecía mucho más pequeño que cuando su anterior
ocupante había estado allí.

Adopté de nuevo mi acento al hablar, apresuradamente intentando


pensar en una excusa de por qué había estado buscándole.

—Sí, lo estaba. Me dijeron que podías estar buscando alguien con quien
pudieras pasar... un buen... rato. —No sabía cómo de bien estaba
interpretando el papel de femme fatale, pero estaba poniendo en ello lo
mejor de mí.

—¿Te estás ofreciendo? — sus ojos deslizándose hasta mi boca y más


abajo hacia donde las curvas de mis pechos se revelaban por el corte de
mi vestido.

—Quizás —dije ambiguamente, sonriendo tan coquetamente como


pude.

—Puedo ser bastante exigente —advirtió y mi respiración se paró y


quedó retenida mientras él bajaba la cabeza—. Y no comparto. —Esto
último fue un gruñido bajo antes de que sus labios encontraran los
míos. Mis brazos se elevaron para curvarse alrededor de su cuello
mientras hundía mis dedos en su espeso cabello rubio. Su lengua tocó
mis labios y voluntariamente abrí la boca, suspirando con placer
mientras él profundizaba el beso.

No podía pensar en nada excepto en Blane mientras me besaba, sus


brazos envolviendo mi cintura. Su boca trazó besos bajando por mi
cuello y, al contrario que con Mercurio, esta vez ardí. La lengua de
Blane se hundió en mi escote y jadeé, deseando más. Le sentí tirar
hacia abajo del corpiño de mi vestido, mis pechos desbordándose por
encima. Gruñó y se metió un pezón en la boca, agarrando mi otro
pecho. Me mordí el labio para evitar hacer cualquier sonido. El calor
entre nosotros creció en intensidad mientras la boca y la lengua de
Blane rozaban mi piel. Su mano se aventuró bajo mi falda y entre mis
muslos. Gemí cuando sentí su mano deslizarse bajo mis bragas,
separando mis pliegues para deslizarse dentro de mí. Sus dedos
resbaladizos acariciaron el apretado nudo de nervios que hizo arder mis
venas y separó más mis piernas, deseando sentirlo dentro de mí.

—Dios Kat, lo que me haces —murmuró con voz de dolor mientras sus
labios reclamaban los míos. Mis ojos se abrieron de par en par. Sabía
220

quién era. Aparté mi boca de la suya, forcejeando contra él mientras su


peso me apretaba contra el sofá.
Página

—Déjame ir Blane —siseé, empujando infructuosamente sus hombros.


—¿Creías que no sabría que eras tú? —Suspiró en mi oído, ignorando
mis forcejeos. Su mano me acarició de nuevo, sus dedos moviéndose sin
prisa entrando y saliendo de mí y yo hundí mis uñas en sus hombros.
Mi cuerpo traidor respondía ante él mientras más humedad encharcaba
entre mis piernas y mis caderas se elevaban para encontrarse con sus
dedos— ¿Creías que no reconocería este cuerpo? —Continuó, sus
palabras serpentearon dentro de mi oído— ¿La forma en que sabe tu
piel, tu suavidad contra mis dedos, los sonidos que haces cuando te
toco?

Inclinando su cabeza contra mis pechos, me tomó en su boca, sus


dientes tirando suavemente de mi pezón. Contra mi voluntad, jadeé de
nuevo y sentí su boca curvarse en una sonrisa. Sus manos se movían
rápidas y seguras dentro de mí, acariciándome expertamente. Estaba
perdiendo rápidamente cualquier fuerza de voluntad para huir y eso me
hizo querer llorar por la frustración. No podía dejarle hacer esto, no
después de que me mintiera, me traicionara y me usara.

Mi brazo se estiró a ciegas y mi mano cayó sobre el candelabro que


había visto antes. Con un rápido movimiento e intentando no pensar
demasiado en lo que estaba a punto de hacer, lo agarré y lo golpeé
contra la nuca de Blane. Cayó inmediatamente sobre mí sin fuerzas.

Era pesado y tuve que retorcerme y empujar bastante antes de ser


capaz de salir de debajo de él. Rápidamente me reajusté el vestido y me
pasé los dedos por el cabello. Blane todavía no se movía y una fastidiosa
preocupación me hizo inclinarme sobre él y presionar con mis dedos
sobre su pulso en su cuello. El latido era fuerte bajo mis dedos y liberé
el aliento que no me había dado cuenta que estaba conteniendo.
Agarrando mi bolso, sabía que tenía que salir de allí. Ya.

221
Página
Capítulo 12

Me pregunté dónde estaba Gracie y si pudiera encontrarla, así


podíamos irnos. O, al menos, yo podía irme.

Me encaminé lo más rápido posible a las dos puertas por donde había
entrado, soltando un suspiro de alivio cuando las encontré. Los dos
centinelas estaban todavía allí y ninguno me habló. Era inquietante y
me estremecí.

Caminé por el pasillo, doblé una esquina y me detuve abruptamente


cuando vi a James parado a escasos metros de distancia.

—Ahí estás —dijo él con una sonrisa caminando hacia mí—. Estaba a
punto de regresar para buscarte. Vamos a conocernos mejor, ¿de
acuerdo?

Él se apoderó de mi codo, guiándome hacia una puerta. Me resistí,


tratando de liberarme.

—Déjame ir, James —le exigí, luego maldije mi propia estupidez. Se


quedó inmóvil.

—¿Me conoces? —preguntó. Yo mantuve la boca bien cerrada esta vez.


De repente me lanzó dentro de una habitación cercana, cerrando la
puerta detrás de nosotros. Era una especie de estudio o biblioteca. Un
gran escritorio de caoba estaba colocado en una esquina y una pared
entera estaba cubierta de estanterías llenas de libros. Una ventana
curva yendo desde el techo hasta el suelo daba a los jardines oscuros.

James me dio un empujón y me tambaleé hacia delante, girando


rápidamente, así mi espalda no estaría hacia él. Tenía dudas ahora,
dándome cuenta de que estaba en presencia del hombre que
probablemente había matado a Sheila. Recordé cómo el carácter de
James cambiaba rápidamente, encantador y amable en un momento,
furiosamente molesto al siguiente y me di cuenta de por qué su apodo
era “Mercurio”.
222

Sabía que Blane no lo había hecho, sin importar lo que Gracie había
Página

dicho. Puedo no confiar en él, pero sabía que no habría cometido el


horrendo acto que vi esa noche.
Lentamente quitándose su máscara, James se dirigió hacia mí y la
sonrisa que llevaba hizo correr un escalofrío por mi espalda. Mientras
avanzaba hacia la luz, estaba perpleja al ver que la máscara había
estado escondiendo un ojo negro y con un sobresalto, me acordé de los
nudillos desgarrados de Blane.

—Creo que tienes algunas explicaciones que dar —dijo en voz baja.

Negué con la cabeza, alejándome de él.

—No sé de qué estás hablando. —Estaba orgullosa de que mi voz no


tembló. Mis ojos recorrieron la habitación frenéticamente por algo que
pudiera utilizar como arma.

James me acechaba, sus ojos asumiendo esa mirada desquiciada que


era aterradora. Traté de buscar una ruta más allá de él para escapar
por la puerta, pero no había un camino fuera de su alcance. Decidí
probar suerte de todos modos. Agarrando una pila de libros de la
estantería, se las tiré a su cabeza y me lancé a pasar hacia la puerta.

Le oí maldecir y la puerta estaba a centímetros cuando su mano agarró


mi cabello. Fui detenida abruptamente y grité de dolor. Me arrastró
hacia atrás, hacia él y fui incapaz de hacer nada al respecto. Arrancó la
máscara de mi cara y se detuvo antes de que una risa breve y carente
de humor saliera de él.

—Kathleen. Debo decir que me has sorprendido. No sabía que esto era
tu tipo de cosas. —Liberando mi cabello me volví para enfrentarlo, sus
manos cerradas con fuerza brutal en mis brazos.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó. Levanté mi cara a la suya y sentía el


enojo levantarse dentro de mí. Estaba cansada de ser empujada por
James y si me iba a matar, estaba bastante segura de que estaba en el
orden del día, entonces primero iba a decirme la verdad.

—Estoy aquí porque quería saber quién mató a mi amiga Sheila —dije
con los dientes apretados— ¿Por qué lo hiciste, James? —le pregunté—
¿Qué te hizo para que ella mereciera ser asesinada de esa manera?

Lo que fuera que él pensó que yo iba a decir, obviamente, no era eso.

—¿De qué estás hablando? —dijo con el rostro hendido con la


confusión— ¿Sheila está muerta? —Sus manos se aflojaron un poco en
223

mis brazos— Me dijeron que su novio la hizo renunciar.


Página
—Ella fue asesinada —le dije en tono acusador. No estaba segura de si
creer que se trataba de información nueva para él. Era demasiado
conveniente.

—¿Y crees que lo hice? —dijo enojado— ¿Qué clase de jodida mierda te
crees que soy Kathleen? —Me sacudió bruscamente.

—El tipo de jodida mierda que me dejó un ojo negro —le espeté
negándome a dejarme intimidar. De repente me liberó como si hubiera
sido quemado, alejándose de mí un poco.

—Yo no quise hacer eso —dijo con voz ronca—. Estaba… molesto.

—¿Qué más haces cuando estás enojado? —Insistí presionando mi


ventaja— ¿Cortas la garganta de alguien, James? Porque así es como
encontré a Sheila.

—¡Yo no la maté! —Insistió airadamente metiendo sus dedos por el


cabello— Estoy lanzándome para fiscal Kathleen. ¿Por qué arruinaría
eso matando a alguien?

—Yo pensaría que esa podría ser exactamente la razón del por qué la
matarías —le contesté. James estaba de repente en mi rostro mientras
tomaba mis brazos e hice una mueca de dolor.

—No puedes pensar eso —dijo con urgencia sacudiéndome de nuevo—.


Vas a arruinarlo todo. ¡Tienes que creerme!

—Me estás haciendo daño —logré decir tratando de apartarme de él.

—¿Qué está pasando aquí? —Los dos nos volvimos y me hundí en el


alivio de ver que alguien había entrado en la habitación. Otro hombre,
con la máscara aún intacta, estaba en la puerta abierta. James quitó,
inmediatamente, sus manos de mis brazos.

—Papá —dijo él— no es nada. Kathleen y yo simplemente estamos


teniendo un desacuerdo. —Como si yo no pudiera tener más sorpresas
esta noche, vi como William Gage, Padre, tranquilamente cerraba la
puerta y caminó hacia adelante, quitándose su máscara mientras lo
hacía.

—Buenas noches Kathleen —dijo cordialmente.

Yo nerviosamente reconocí su saludo con un movimiento de cabeza, sin


224

saber qué más hacer en una situación extraña que se estaba volviendo
aún más extraña. Me pregunté, un poco histéricamente, si toda la
Página

empresa estaba aquí.


—¿Qué clase de desacuerdo? —preguntó dirigiéndose a James quien
estaba todavía, obviamente, temblando. Se paseaba, empujando
repetidamente la mano por el cabello.

—¡Ella cree que yo maté a Sheila! —estalló apuntando un dedo


acusador hacia mí. Yo no dije nada.

—¿Sheila quién? —preguntó el Sr. Gage imperturbable.

—Esa puta con la que estaba hace un par de semanas atrás —aclaró
James y antes de que pudiera pensarlo mejor, me había adelantado y le
di una bofetada.

—No la llames eso —le escupí—. Ella era una buena amiga y tratando
de hacerlo lo mejor que podía. No merecía morir como lo hizo. —James
agarró mi brazo de nuevo, la furia en sus ojos y me estremecí,
esperando un golpe. Pero su padre lo detuvo en seco.

—James —dijo, el acero en su voz—. Libérala. —Esperé. Después de un


momento, James a regañadientes me dejó ir. Solté un suspiro de alivio,
apresurándome a salir fuera de su alcance.

—Kathleen —dijo el Sr. Gage cortésmente—, por supuesto, que James


no mató a esa mujer. Él puede ser un matón, pero ciertamente no es un
asesino.

—Entonces, ¿quién lo hizo? —le pregunté sin querer aún dejar de lado
mis sospechas. El Sr. Gage sonrió y sentí un escalofrío atravesarme.

—Ella fue un daño colateral, querida. Una advertencia, si quieres. —Mi


mandíbula cayó y me tambalee hacia atrás, lejos de él. James pareció
compartir mi asombro mientras miraba a su padre con horror.

—¿Qué? —balbuceé— ¿Una advertencia para qué? ¿Por qué? No lo


entiendo. —No podía creer que el agradable caballero que había
conocido y respetado como el jefe de la empresa podría estar detrás de
algo tan atroz. La sospecha de Mark de que Sheila había sido asesinada
a causa de él se hizo eco en mis oídos.

—Hay un montón de cosas que no entiendes Kathleen —dijo


condescendientemente—. Mi hijo está en una posición única. A punto
de ser elegido como Fiscal de Distrito, como estoy seguro de que ha
oído. La muerte de Sheila era necesaria para ayudar a mantener... a
225

ciertas personas... en línea. Personas que intentarían frustrar esos


planes.
Página
—Mató a Sheila e involucró a Mark —le acusé furiosa. Mark había
tenido razón después de todo. El asesinato de Sheila había sido un
mensaje para él—. Y entonces, cuando él no hizo lo que usted quería,
tuvo que matarlo, también.

—Por supuesto que no —respondió el Sr. Gage—. Mark se suicidó. La


policía estaba muy segura de eso.

Tragué con dificultad, mi boca seca de repente. Mientras que James era
escalofriante a causa de su falta de control, su padre era terrorífico
porque ser tan controlado. Me dijo todo esto como si estuviera hablando
del tiempo, la única emoción en su voz fue cuando permitió que sus
sentimientos por James se mostraran. Y yo había visto suficientes
películas para saber lo que sucede cuando el asesino finalmente
confiesa. No se me iba a permitir salir de la habitación con vida.

—¡Jimmy! —llamó el Sr. Gage y la puerta detrás de él se abrió. Aspiré


una bocanada de aire cuando vi a Jimmy Quicksilver allí parado.

—¿Sí señor? —dijo observando la escena en la habitación con una fría y


rápida mirada.

—Jimmy esta encantadora dama ha sido demasiada curiosa para su


propio bien. ¿Serías tan amable como para... sacarla… de sus
predicamentos? —Los ojos de Jimmy se movieron a los míos y mis
palmas comenzaron a sudar.

—Absolutamente —dijo con una mirada lasciva, entrando en la


habitación y dirigiéndose hacia mí.

—¡No! —gritó James— ¡Papá, no puedes…! —James fue interrumpido


por un fuerte crujido mientras el Sr. Gates lo abofeteaba en la cara.

—Cállate, Junior —le siseó el Sr. Gage—. Esto es para tu beneficio, ya


sabes. —Intenté deslizarme lentamente hacia la puerta, mientras su
atención estaba desviada, pero fui abruptamente detenida por Jimmy.

—Tócame y voy a gritar —amenacé. Él se echó a reír.

—Bueno, nosotros podemos encargamos de eso. —Sacándose la


pajarita, se la entregó al Sr. Gage—. Amordázala. Voy a sostenerla. —
Fue entonces cuando empecé a luchar por mi vida, pateando y
arañando a todo a mi alcance, gritando a todo pulmón asesino.
226

Jimmy torció mi brazo por detrás de mí y grité de dolor.


Página
—Ya está bien de eso —susurró en mi oído—. Ahora sé una buena chica
y quedarte quieta. —Apreté los labios, cerrándolos firmemente, pero el
Sr. Gage fue capaz de jalar la tela hacia mi boca, mis dientes cortando
mi labio cuando lo hizo. Traté de mirar a los ojos de James pidiendo su
ayuda, pero se dio la vuelta, incapaz de mirarme. Amarga desesperación
se levantó dentro de mí.

—Dame tu corbata James —exigió el Sr. Gage. Un momento después,


Jimmy estaba atando mis manos detrás de mi espalda, apretando los
nudos con tanta fuerza que el entumecimiento comenzó casi de
inmediato.

—Eso debería bastar —dijo el Sr. Gage—. Ahora, hazte cargo de esto y
déjame saber cuándo esté hecho. —Se dio la vuelta, despidiéndonos.
Jimmy me arrastró por la puerta y abajo al pasillo poco iluminado.

Llegamos a la puerta del frente y salimos. Traté de pensar. Tanto como


pude, arrastré mis pies, pero él era demasiado fuerte. Una vez que
estábamos en el porche, me apartó de la puerta, apoyándome contra la
pared.

—Ojos que no ven, corazón que no siente —susurró en voz baja


mirándome de reojo. Sus ojos se centraron en mi labio sangrante.

—No creo que vaya a matarte de inmediato —susurró casi como si


estuviera hablando consigo mismo—. Podemos tener un poco de
diversión primero. —Su lengua salió lamiendo la sangre de mi labio y
me estremecí de repugnancia.

—Si eres realmente buena —dijo—, incluso puedo mantenerte viva


durante uno o dos días. —Lo miré con odio en los ojos. No iba a dejarlo
que me violara antes de matarme y desde luego no por días y días.
Lanzando mi cabeza hacia delante, hice contacto con el puente de su
nariz y él gritó de dolor. Me preparé para la venganza y esta llegó
rápidamente mientras él enterraba su puño en mi estómago. Me doblé,
el dolor insoportable y náuseas burbujeando dentro de mí. Aunque de
alguna forma histérica sabía que si vomitaba ahora moriría por asfixia,
lo que podría ser mejor que lo que sea que Jimmy había planeado para
mí.

—Deja ir a la chica. —Oí las palabras y trató de enderezarme aunque


mis entrañas se sentían como si estuvieran ardiendo. Jimmy fue
227

congelado en el sitio por el arma que Blane había presionado a su sien.

—Dije, que la dejes ir. —La voz de Blane era más fría que el hielo y oí el
Página

chasquido característico del martillo del arma siendo armado.


—Kirk —dijo Jimmy—, te estás metiendo con cosas que debes dejar
solas. Aléjate y me voy a olvidar que tuvimos esta pequeña
conversación.

—No va a pasar Jimmy —dijo Blane—. Déjala ir o tú mueres.

Los ojos de Jimmy aún estaban en los míos y lo vi sonreír. Eso envió
escalofríos a través de mí. En un movimiento repentino, se volvió hacia
Blane, golpeando el arma y esta cayó al suelo. Al instante, un cuchillo
estaba en su mano y yo grité a través de la mordaza mientras él iba tras
Blane quien saltó hacia atrás fuera del camino. Lucharon y Jimmy soltó
una carcajada de risa.

Vi con horror, sin respirar, como Blane retorcía y esquivaba el cuchillo


reluciente. Hice una mueca cuando no se movió lo suficientemente
rápido y el cuchillo salió rojo. La mano de Blane se cerró alrededor de la
muñeca de Jimmy y oí un crujido repugnante. Jimmy gritó de dolor, el
cuchillo resonando en el suelo. El puño de Blane aterrizó en la cara de
Jimmy y la sangre brotó de su nariz. Sin el cuchillo, Jimmy no era rival
para Blane, aunque conectó algunos golpes. En cuestión de segundos,
Blane había golpeado a Jimmy hasta que se había derrumbado boca
abajo en el suelo frío. Blane rápidamente sacó su arma y se dirigió
hacia donde yo estaba, a varios metros de distancia ahora.

—Es hora de irnos —dijo Blane jadeando por el esfuerzo. Me di cuenta


que el brazo de su esmoquin había sido cortado. Un movimiento detrás
de él me llamó la atención.

Grité sin poder hacer nada por la mordaza, mis ojos muy abiertos. Sin
volverse, Blane se lanzó hacia mí, empujándome hacia el suelo y mi
cabeza golpeo dolorosamente en el cemento. Oí el silbido del cuchillo
por encima de la cabeza y se enterró en un árbol detrás de nosotros.
Girándose sobre su espalda, Blane disparó un solo tiro y Jimmy no se
movió más.

—¿Estás bien? —preguntó Blane ayudándome a ponerme de pie. Asentí,


decidiendo que el dolor en la parte posterior de mi cabeza bien valía la
pena por evitar el dolor del cuchillo. Él tomó mi brazo, apresurándome
por las escaleras hasta la acera. Un auto se detuvo y me detuve,
temerosa de lo que pudiera contener.

—Ese es nuestro auto —dijo Blane tirando de mí hacia adelante.


228

Abriendo la puerta de atrás, me ayudó a subir en el interior y luego se


sentó a mi lado.
Página

—Arranca —le ordenó al conductor que no perdió el tiempo en cumplir.


—Fue un maldito momento. Pensé que ibas a necesitar ayuda. —Esto
vino de Kade quien estaba conduciendo. De alguna manera, no estaba
sorprendida de verlo.

—No lo creo —replicó Blane. Vi como Blane sacaba una cuchilla de


resorte, abriéndola para revelar un cuchillo de aspecto perverso. Se
inclinó hacia mí y di un respingo alejándome. Mi corazón aún estaba
latiendo con fuerza y estaba a un cabello de distancia de un ataque de
histeria completo. Se detuvo y nuestros ojos se encontraron en la
oscuridad.

—No voy a hacerte daño Kat —dijo en voz baja—. Solo quiero quitarte la
mordaza. ¿Me vas a dejar hacer eso? —Él se volvió un poco borroso y
parpadee para contener las lágrimas, asintiendo. Inclinándose hacia
delante de nuevo, rápidamente cortó la mordaza, sacándola de mi boca.

—Date la vuelta —dijo y obedientemente cambié de posición así mi


espalda estaba hacia él. Cortó los lazos en mis muñecas y podía sentir
la sangre corriendo de nuevo en mis manos. Girándome, me estudió
mientras resueltamente yo mantenía mis ojos fijos en mis manos en mi
regazo.

Sentí el roce de una tela contra mis labios. Blane estaba limpiando la
sangre del corte de mi boca. Después de un momento, su mano estaba
debajo de mi barbilla, instándome a mirarlo. De mala gana lo hice,
esperando ver ira allí, especialmente después de golpearlo antes en la
cabeza con un candelabro. En cambio, no vi nada excepto
preocupación.

—¿Estás bien? —preguntó trazando mi mandíbula con su pulgar—. ¿Te


lastimó? —Su preocupación fue mi perdición y las lágrimas comenzaron
a fluir de mis ojos. Blane me tomó en sus brazos, moviéndome así que
me senté en su regazo y apreté mi cara en el hueco entre su cuello y su
hombro. Intenté ahogar mis sollozos. En este punto, no me importaba si
Blane era un chico malo o no. Él me había salvado.

Blane me abrazó y la sensación de sus brazos alrededor de mí me hizo


sentir finalmente segura. Después de unos minutos, fui capaz de
recuperar el control de mí misma, mi respiración débil y dispersa.

—¿Ya terminó? —preguntó Kade impaciente.


229

—Cállate Kade —replicó Blane.

—Blane eres un debilucho —replicó Kade—. Recuerda, esta es la misma


Página

chica que te dejó frío hace menos de una hora.


—Lo siento mucho por eso —susurré en el oído de Blane. Y lo estaba.
Había parecido una buena idea en el momento, pero por supuesto, la
retrospectiva es de veinte y veinte. Tuve mucha suerte de verdad de que
no lo hubiera lastimado demasiado. Sus brazos se apretaron a mi
alrededor y presionó un suave beso en mis labios.

—Eso me tomó por sorpresa —dijo sonriendo un poco— y duele como


un hijo de puta. —Mi sonrisa fue trémula. Ahuequé una mano detrás de
su cuello y lo jalé para otro beso. Nuestros labios se encontraron y
abrazaron y separé los míos con un suspiro. Su lengua se encontró con
la mía y luego estábamos besándonos con pasión desenfrenada, la
adrenalina volviéndose fuego en mis venas mientras lo apretaba a mí.
Sentí la dura longitud de él presionando debajo de mí y gemí, deseando
montar a horcajadas sobre sus caderas y enterrarlo dentro de mí.

—No en mi asiento de atrás, por favor —interrumpió Kade secamente—.


Acabo de limpiarlo.

Podía sentir cómo me sonrojaba de un brillante rojo mientras me


alejaba de Blane, que ni siquiera se molestó en mirar a Kade. Estaba
estudiando mi cara como si quisiera memorizarla, trazando ligeramente
mi frente, ojos, mejillas y labios.

—Entonces ¿qué estabas haciendo allí esta noche, si puedo preguntar?


—dijo Kade beligerante. Pensé que le debía a Blane una explicación, así
que dirigí mi respuesta a él.

—Estaba tratando de averiguar quién mató a Sheila.

—¿Convirtiéndote en una prostituta? —preguntó Kade con incredulidad


y me volví hacia él, irritada.

—Yo no era una prostituta —dije enojada sentándome hacia delante


para poder agarrar el asiento delantero—. No iba a tener relaciones
sexuales con nadie. —Kade se rió de mí.

—Tu inocencia es encantadora —dijo— y también increíblemente


estúpida. Casi fuiste asesinada esta noche y casi consigues que maten
a Blane también. —Su crítica descarnada picó porque estaba un poco
demasiado cerca de la verdad.

—Bueno, yo podría hacerte la misma pregunta. —Me lancé hacia él,


ignorando su comentario—. ¿Por qué estabais los dos allí? Sé que el
230

señor Gage había matado a Sheila a causa de su implicación con Mark.


¿Eras el que él envió a matarla? —Los ojos fríos de Kade se encontraron
Página

con los míos en el espejo retrovisor y me estremecí por dentro, el


pensamiento cruzando mi mente de que tal vez no debería haberlo
contrariado.

—Kat —dijo Blane tirando de mí contra su pecho—, Kade no la mató. —


Me volví hacia él frustrada por su negación.

—Yo sé que él es un asesino a sueldo y trabaja para los hermanos


Santini. El Sr. Gage obviamente está en connivencia con ellos. Solo
tiene sentido si Kade es el que la mató.

—Tal vez tenga sentido para ti, pero él no la mató —repitió Blane—.
Estoy seguro de que ellos enviaron a Jimmy a cuidar de Sheila. —Crucé
los brazos sobre mi pecho obstinadamente.

—¿Cómo lo sabes? —insistí—. Kade es un mentiroso. Tú no puedes


confiar en lo que dice. —Mis ojos se estrecharon en Kade, todavía en
silencio en el asiento delantero— ¿Lo ves? Ni siquiera lo niega.

—Sé que él no mató a Sheila —dijo Blane en voz baja—, porque él es mi


hermano.

El tiempo pareció detenerse por un momento mientras esas palabras


resonaban en mi cabeza. Me quedé mirando a Blane con incredulidad.
¿Kade era su hermano? No parecía posible. Kade era un mal tipo, Hank
lo había dicho. Me había amenazado en numerosas ocasiones. Blane no
podía estar relacionado con alguien así.

Un recuerdo se erigió en mi mente, de Blane diciéndome acerca de ir a


bucear con su hermano y casi perderlo. Su búsqueda frenética y la
promesa de nunca perder el rastro de él, de nuevo. Había dicho que ese
mismo hermano vivía aquí, en Indy.

Otro recuerdo destelló y me encogí por dentro. Kade besándome. Y yo


devolviéndole el beso. Mis ojos saltaron para encontrar los de Kade de
nuevo en el espejo y la suya me lanzó una advertencia, como si los dos
estuviéramos pensando lo mismo.

Me deslicé rápidamente del regazo de Blane hacia el asiento y él no me


detuvo.

—¿Por qué no me lo dijiste? —le pregunté, mi voz baja y acusadora.


Apretó la mandíbula, pero fue Kade quien respondió:

—No nos diste mucha oportunidad ¿verdad? —dijo secamente—.


231

Dramáticamente corriendo en medio de la noche. Y disparando un arma


contra nosotros.
Página
—Salí corriendo, como dices, porque os oí hablando a los dos —me
burlé de Kade, mi miedo de antes, ahora manifestándose en ira, la que
dirigí hacia él—. Ambos queríais ese código y a ninguno de los dos
parecía importarle cómo lo conseguirlo. Dios sabe lo que tú pensabas
hacerme Kade, mientras que tú, —dirigí mi enojo hacia Blane ahora—,
al parecer, tu idea era follarme por esto.

Kade dejó escapar un silbido bajo.

—Y la gatita tiene garras —sermoneó. Su condescendencia me hizo


desear trepar por encima del asiento y sacarle los ojos. La intensidad de
mi enojo me impactó. No me veía como una persona violenta, pero si
Kade hubiera estado en el asiento de atrás conmigo, no sé si podría
haberme detenido de tratar de causar el mayor daño físico posible sobre
él.

Se me ocurrió entonces que Blane no me había salvado de Jimmy a


causa de cualquier sentimiento que pudiera tener por mí, sino porque
todavía me necesitaba para algo. El código. Parecía que era mi última
moneda de cambio. Y no ayudaba que Blane no negara lo que yo le
había dicho.

—¿Tienes el código? —preguntó Blane. Sentí una punzada de dolor al


pensar que había estado en lo correcto. Sin cuidado, lo empujé a un
lado. ¿Quería ser todo negocios? No hay problema.

—No conmigo, no —mentí en un tono sarcástico y sentí una alegría


infantil cuando vi que mi respuesta lo había irritado, su mandíbula
apretada de nuevo.

—Ya sabes —dije alegremente—, deberías ver a alguien acerca de todo


ese asunto de apretar la mandíbula. Eso no puede ser bueno para tus
dientes. —Una carcajada brotó del asiento delantero y entrecerré mis
ojos en la espalda de Kade.

—Necesito ese código —dijo Blane llanamente ignorando mi comentario


completo.

—¿Por qué? —le respondí. Quería la verdad y por Dios, que iba a
conseguirla.

Fui sorprendida por la parada brusca del auto y miré por la ventana
para ver donde estábamos. Ellos me habían llevado a la casa de Blane.
232

La puerta a mi lado se abrió y Kade estaba allí de pie.


Página

—Vamos —. El pensamiento pasó por mi mente de que si yo entraba,


podría no volver a salir.
—Llévame a casa —le exigí sin moverme del auto. Él se agachó para que
su cara estuviera al nivel de la mía.

—Pensé que querías respuestas —se burló de mí y mi palma picaba por


borrar la mueca de su rostro—. Están dentro. Sin mencionar —se
inclinó más cerca—, que no estás en posición de discutir. —La amenaza
estaba implícita y salí del auto con la mayor dignidad que pude reunir.

—Después de ti princesa —dijo Kade con exagerada cortesía— ¿O


debería llamarte Lorelei? —No le hice caso, levantando mi barbilla en el
aire y le precedí hasta la acera. Blane se puso a caminar con Kade
detrás de mí y yo luché por no sentirme cohibida con ambos ojos sobre
mí.

—Por lo menos ésta es más entretenida que las demás —dijo Kade solo
lo suficientemente alto como para que oyera—. Es como una Barbie
Prostituta disfrazada de Nancy Drew. —Mis mejillas ardían de ira, pero
fingí que no lo había oído.

—Suficiente —dijo Blane con rudeza y Kade calló.

Me llevaron dentro de la habitación donde habían estado conversando


anoche. Me senté incómodamente en una de las sillas de cuero. Vi como
Kade se sentó en la gemela de mi silla, inclinándose hacia delante y
apoyando los codos en sus rodillas. Blane se quitó la chaqueta del
esmoquin y desató la corbata antes de sentarse en el borde del
escritorio, cruzando los brazos frente a él.

Mis ojos quedaron atrapados en la mancha roja y el desgarro en la


manga de su camisa.

—Estás herido —le dije con alarma y Blane miró su brazo.

—Es solo un rasguño. —Desestimó él antes de volver su mirada firme


hacia mí—. Ahora ¿qué quieres saber? —preguntó. Me lamí los labios
con nerviosismo, ignorando deliberadamente a Kade.

—¿Para quién trabajas realmente? —Me pareció que era la información


pertinente, al menos para lo que consideraba mi continua buena salud.

—Para nadie —respondió—. Podrías decir que esta situación ocurrió por
accidente. —Yo lo miraba con recelo.

—¿Cómo podría ser por accidente?


233

—Kade y yo no solemos trabajar juntos —dijo con un suspiro. Mi


Página

mirada se movió involuntariamente hacia Kade que me observaba. Sus


labios curvados en una sonrisa poco sincera. Rápidamente me volví a
mirar a Blane—. Kade solía ser del FBI.

—¿Solía ser? —Kade como agente de la ley era difícil de aceptar en mi


cabeza.

—Ellos tenían un montón de reglas que se interponían en el camino —


dijo Kade despectivamente.

—Se llaman leyes Kade —dijo Blane rígidamente.

—Sean lo que sean —continuó Kade imperturbable—, decidí que


disfrutaría más como un profesional… independiente.

—Vigilante, querrás decir —aclaró Blane.

—Tú dices tomate... —Kade suspiró simulando frustración.

—Las personas lo contratan para encontrar infractores de la ley y ser


juez y jurado.

—Y verdugo —añadió Kade suavemente mirándome—. Estarías


sorprendida de lo bueno que es el negocio. —Yo lo dudé.

—El año pasado —continuó Blane, ignorando a Kade—, me di cuenta de


que algo andaba mal con la empresa y su relación con TecSol.
Necesitaba a alguien en el interior con la familia Santini así que le pedí
a Kade que volviera a la ciudad y me ayudara.

—Y ni siquiera le estoy cobrando —lanzó Kade.

—¿Y por qué necesitas el código? —le pregunté.

—A causa de esto. —Blane caminó detrás del escritorio y pulsó unas


teclas en el ordenador sentándose allí. Una luz brilló detrás de mí y me
volví. Un mapa había sido proyectado sobre la pared. Me levanté y me
acerqué a examinarlo más de cerca.

Era un mapa de EE.UU. y parecía que todos los Estados se habían


dividido en condados. Aproximadamente el ochenta y cinco por ciento
de ellos eran negros, incluyendo Indianápolis y sus alrededores.

—¿Qué es esto? —le pregunté volviéndome hacia Blane.

—Son todas las elecciones que se van a cifrar utilizando ese código en
234

dos días. —Me quedé inmóvil en estado de conmoción, aturdida por lo


que estaba viendo.
Página
—Pero... eso no es posible —balbuceé—. Se supone que solo debe ser
utilizado en Indy.

—Eso es lo que tú crees princesa —dijo Kade levantándose y caminando


hacia mí. Estaba empezando a detestar ese apodo—. Lo que no sabes es
que TecSol es solo una empresa ficticia. Hay docenas más, todas
usando el mismo software para cifrar los resultados. Todo va a pasar el
martes.

—Los hermanos Santini… —empecé, solo para ser interrumpida por


Kade.

—Son peces pequeños —desestimó él—. Esto es mucho más grande. El


problema es que no hemos encontrado a los que realmente están detrás
de esto, todavía. El código podría ayudarnos a rastrear esto hasta ellos.
—Su confianza y la actitud condescendiente hacia mí pincharon mi
rabia otra vez.

—¿Cómo va a ayudarte eso? ¿Qué sabes acerca de computadoras,


códigos y cifrados? —Kade solo me sonrió exasperante mientras Blane
suspiraba.

—Bastante, en realidad —respondió Blane—. El trabajo de Kade en el


FBI era en la división de delitos informáticos. —Kade estaba mirándome
fijamente, todavía sonriendo torcidamente hacia mí como si me
atreviera a cuestionar más allá de su competencia. Él arqueó una ceja.
Mi boca se cerró con un chasquido mientras separaba mis ojos de los
suyos, caminando alrededor de él hacia Blane.

—¿Nos vas a dar el código? —preguntó Blane en voz baja. Lo miré,


deseando confiar en él más de lo que había querido algo en mucho
tiempo, pero una parte de mí, no podía dejar de lado mis sospechas.
Las sospechas sobre él, sobre nosotros, de lo que me había dicho.

—¿Tengo alguna opción? —le respondí.

—Siempre tienes una elección.

—A pesar de que puede que no te gusten las consecuencias —intervino


Kade detrás de mí.

Me di la vuelta.

—¿Es eso una amenaza? —pregunté entrecerrando los ojos.


235

Su sonrisa de respuesta solo me enfureció más.


Página

—Es un hecho —dijo.


Yo no veía una salida a esto. No creía, en realidad, que Blane me
lastimaría. Pero Kade podría. El hecho mismo de que ellos fueran
hermanos impediría cualquier cosa que Blane pudiera tratar de hacer
para ayudarme, la sangre es más espesa que el agua o así siempre
había dicho mi padre. Y sin duda yo era el agua en este escenario.

—Bien —escupí. Mi capitulación no podía ser llamada graciosa. Me volví


hacia una silla cercana y puse mi pie derecho en el asiento, tacón alto y
todo. Mientras subía mi falda, me di cuenta de que ambos hombres me
estaban mirando con avidez. Interiormente, sonreí con satisfacción. Al
parecer los hombres de todo el mundo tienen las mismas debilidades.
Llevando mis manos hacia arriba por mi pierna recubierta de nylon,
levanté la falda hasta la parte superior que mi muslo, con medias altas,
mostraba; haciendo caso omiso de la quietud, tanto de Kade como de
Blane. Buscando dentro de la parte superior de la media, saqué la
pequeña unidad flash que CJ me había dado. Una medida de
precaución, había dicho ella y solo pude estar agradecida por su visión
de futuro.

—¿Sientes que tus manos estuvieran demasiado ocupadas en otro lugar


para revisarme adecuadamente Blane? —le pregunté inocentemente,
con las cejas levantadas. Sus ojos saltaron a los míos y la mirada en
ellos dijo que yo estaba jugando con fuego. Se acabó el espectáculo,
pensé sombríamente, quitando el pie y dejando caer mi falda. Arrojé la
unidad en el escritorio de Blane con estrépito y él rápidamente la
recogió.

—¿Cómo vas a rastrearlo? —le pregunté y respondió Kade.

—Tenemos que entrar en su infraestructura, pero estoy trabajando en


eso. —Levanté una ceja hacia Blane, pidiéndole silenciosamente que se
explicara. No me molesté en responderle directamente a Kade.

—Él no ha sido capaz de introducirse en su red, todavía —respondió


Blane a mi pregunta no formulada.

—Sin embargo, capaz es la palabra clave —dijo Kade arrogantemente.

—Tu tiempo se está acabando —le dije— ¿No sería mejor si tuvieras a
alguien en el interior?

—Eso haría las cosas mucho más fáciles, sí —dijo Blane—, pero nuestra
236

última iniciativa murió con tu amigo Mark.

—Tal vez pueda ayudarte —ofrecí.


Página

Kade se rió en voz alta y mis mejillas se sonrojaron.


—¿Qué vas a hacer princesa? —preguntó sarcásticamente dando un
paso más cerca de mí— ¿Vas a sacar la información de Santini
follandolo?

El golpe de mi mano contra su mandíbula sonó fuerte en la habitación,


y por un momento, nadie se movió. Los ojos furiosos de Kade se fijaron
en los míos y ninguno de nosotros habló, la tensión en la sala tan
espesa que yo apenas podía respirar.

—Kade —ladró Blane—, da un paseo. —Kade no se movió. Mantuve mi


postura, pero estaba temblando por dentro. Finalmente, después de un
momento interminable, él se volvió y salió de la habitación. Mis rodillas
casi se doblaron por el alivio y me agarré del respaldo de la silla junto a
mí para no perder el equilibrio.

—Me disculpo por él —dijo Blane en voz baja. Había dado la vuelta
alrededor del escritorio y ahora estaba junto a mí—. No merecías eso.

Mis ojos ardían pero parpadee para contener las lágrimas. ¿Por qué
deberían importarme las cosas viles que Kade dijo de mí?

—¿Siempre es tan encantador? —le pregunté secamente.

—Él es solo... un poco cínico —respondió Blane. Deslizando sus brazos


alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia él y yo no me resistí. Sabía
que no debía permitirme creer que sentía algo más que un interés
pasajero en mí, pero mi corazón se negó a atender razones. Se sentía
bien, se sentía correcto estar en sus brazos.

—No es que me vaya a quejar de que no os llevéis bien —continuó Blane


y lo miré inquisitivamente. Él bajó su cabeza hasta que sus labios
estaban a milímetros de los míos antes de susurrar—: No me gusta la
competencia. —Su boca se inclinó hacia la mía en un beso que trajo de
vuelta el recuerdo de su cuerpo encima de mí, dentro de mí. Mis manos
se alzaron por su propia voluntad para agarrar sus hombros, los
músculos fuertes y sólidos bajo mis dedos.

Las manos de Blane se movieron para acunar mi trasero,


presionándome hacia él y sentí su erección contra mi estómago. Di un
grito ahogado cuando su boca se movió a mi cuello, mi cabeza cayendo
hacia un lado para darle mejor acceso. Movió una mano hasta mi
cabello siguiendo las ondas por mi espalda, empuñando algunas en su
237

mano.

—Tan hermosa —murmuró contra mi piel. Su aliento era caliente y mis


Página

manos estaban picando por tocarlo. No podía pensar cuando él hacia


esto y me esforcé por escuchar el susurro de precaución en el fondo de
mi mente. Esto no era real. No de la manera en que quería que fuera. Yo
solo era útil para una cosa, al parecer.

—No, para —dije sin aliento, empujando contra él. No parecía oír, su
lengua chasqueando húmedamente contra mi oreja, enviando un
aumento de placer a través de mí. Empujé más fuerte—. ¡Blane para! —
Esto pareció llegarle finalmente y de repente me soltó. Tropecé hacia
atrás.

—¿Qué te pasa? —preguntó. Sus ojos ardían con deseo y yo quería


decirle a la pequeña voz en mi cabeza que se callara para poder
sumergirme de nuevo en sus brazos.

—No puedo hacer esto —le dije tratando de sonar más resuelta de lo
que me sentía—. No puedo ser tu... —Busqué las palabras que quería—,
sabor del mes. —Sus ojos brillaban.

—Nunca dije que lo fueras —respondió él.

—Entonces, ¿qué soy? —pregunté tratando de no traicionar mi


esperanza.

Sus labios se presionaron muy juntos y tuve mi respuesta.

—Eso pensé —dije con gravedad. Agarré mi bolso y me volví para irme.

—Kathleen espera —dijo agarrando mi brazo. Levanté la mirada con


esperanza. Él parecía que estaba a punto de decir algo y esperé. Luego
apretó su mandíbula fuertemente y mi corazón se hundió. girando la
palma de mi mano hacia arriba, él depositó algo. Mirando hacia abajo,
vi que era un juego de llaves de automóviles.

—Para llegar a casa —explicó y cerré mi puño alrededor del metal frío.
Él estaba parado tan cerca que podía olerlo e inhalé ávidamente,
manteniendo mi cabeza gacha para que no viera la decepción en mi
cara.

—Gracias —me las arreglé para contestar. Me aparté y me soltó.


Guiándome para irme me sentía como si estuviera nadando contra la
corriente y no fue hasta que había llegado a la puerta que algo me llamó
la atención.

—Espera —dije regresando para encontrarlo mirándome— ¿No son


238

estas las llaves del auto de Kade? —pregunté frunciendo el ceño. Los
labios de Blane se curvaron en una sonrisa.
Página
—Sí —respondió—. Esto realmente va a molestarle. —Me eché a reír.
Estaría encantada de hacer eso.

—Blane —empecé dudosamente mirándole— ¿Por qué estabas allí esta


noche? ¿Eres un… cliente? —Tuve un momento difícil consiguiendo
decir la palabra. Su sonrisa se desvaneció.

—Sé que no te he dado muchas razones para confiar en mí —dijo—,


pero créeme cuando te digo que no, no soy un cliente.

El alivio me llenó. No había querido creer que Blane pudiera participar


tan voluntariamente en el pago de prostitutas para tener relaciones
sexuales.

—¿Entonces por qué estabas allí? —insistí.

—Es más seguro para ti si no sabes eso —respondió rotundamente. Mis


labios se apretaron por la decepción, pero sabía que no conseguiría
nada más de él.

—Adiós Blane —dije simplemente.

—Adiós Kat.

Salí de la casa y no miré atrás.

239
Página
Capítulo 13

Volví a casa sintiéndome física y emocionalmente gastada. Traté de no


llorar, estaba harta de llorar y me pareció excesivamente emocional de
todos modos llorar por Blane. ¿Cómo podríamos romper cuando ni
siquiera habíamos estado juntos? Pero a pesar de apelar a mi análisis
lógico de la situación, mi corazón no entendía nada de eso.

Traté de lamentar dormir con Blane, pero simplemente no podía.


Dudaba que otra vez conociera a un hombre como él y no me atreví a
lamentar el poco tiempo juntos, aunque la parte codiciosa de mí
deseaba que no hubiera llegado a su fin. Por primera vez, deseé más ser
como la otra cita de Blane. Creían en nada de involucrarse en una
relación que estaba condenada antes de que comenzara, divertirse
durante el tiempo que durara. Sabía que Blane no era la clase de
hombre que se compromete o de la clase monógama y por desgracia, no
podía fingir que no me importaba.

En cuanto cerré el auto de Kade, un muy buen Mercedes negro con


vidrios polarizados, me di cuenta de que tenía que decirle a CJ lo que
había sucedido. Cuando llamé a la puerta, la abrió rápidamente. Con
un cigarro atrapado entre sus dientes, inspeccionó mi vestimenta.

—Te vistes muy... inusual —dijo finalmente con una nube de humo. Me
reí, la primera vez que lo había hecho en un rato hoy y abrió la puerta
para que pudiera entrar.

—Muchísimas gracias por ayudarme anoche —le dije colapsando en un


montón de tejido de color azul en su sofá—. Me enteré de algunas cosas
hoy —comencé, luego le dije sobre tener que darle el código a Blane y
Kade, de la forma en que estaban trabajando para realizar el
seguimiento del código y cómo fue mucho más extenso de lo que
habíamos pensado. Sus ojos se abrieron y tomó bocanadas rápidas de
su cigarro mientras escuchaba.

—¿Confías en ellos? —me preguntó cuando finalicé. Pensé en ello.


240

—Quiero —dije finalmente—, pero no estoy segura. —Creía que ya


sabían sobre el código y estaban tratando de rastrearlo, pero no estaba
Página
segura de que sus motivos fueran tan desinteresados como habían
dicho.

—¿Todavía quieres ir mañana? —preguntó y yo asentí.

—Creo que deberíamos hacer lo que habíamos planeado —le dije—.


Apropósito ¿pudiste hacerme ingresar? —CJ había dicho que sería
capaz de hackear una agencia de trabajo temporal local y asegurarse de
que no solo estaba empleada allí, sino también programada para
trabajar en TecSol mañana por la mañana.

—Por supuesto —dijo—. Una vez que estés dentro, tendrás que conectar
esto a un puerto de red. —Me tendió una caja cuadrada con una antena
corta en la parte superior—. Se trata de un punto de acceso
inalámbrico. Ya la he configurado así que todo lo que tienes que hacer
es conectarlo en algún lugar. Una vez que funcione, puedo acceder a su
red.

—¿Dónde estarás? —le pregunté.

—Voy a estar en mi auto fuera. Una vez que llegue a la red, te necesito
para llevarme a un ordenador allí. ¿Serás capaz de obtener acceso al
ordenador de alguien?

—Si tengo que hacerlo, lo haré —dije simplemente. Tengo que hacerlo a
medida que avanzaba. No podíamos planearlo todo.

—Solo tendremos unos diez minutos desde el momento que te conectes


en el punto de acceso hasta que lo rastreen y lo desactiven. Una vez que
accedo a un ordenador, es de esperar que haya tiempo suficiente para
encontrar dónde se aloja el código del programa.

—¿Qué, entonces? —le pregunté— ¿Vas a arreglarlo?

—No creo que pueda —dijo con pesar—. Tendremos que romperla. —Me
dio otra de esas pequeñas memorias USB como la que le había dado a
Blane.

—¿Qué es esto?

—Es una última zanja de emergencia —dijo con gravedad—. Si no


puedo cargar el programa al servidor correcto o si me desconecto, esto
instalará un gusano que lo hará.
241

—¿Por qué es la última zanja? —le pregunté tomando la unidad.


Página
—Porque tiene que ser conectado al servidor real —explicó—. No va a
funcionar en la red. Pero si se queda conectado al servidor correcto, va
a hacer lo que tiene que hacer.

—Lo tengo —dije cerrando el puño sobre la unidad—. Estaré en TecSol


para las 8:30. Dame hasta las 9:30 para encontrar un puerto y un
ordenador. Te llamo justo antes de conectar el dispositivo.

—Suena como un plan —dijo CJ mientras me levantaba para irme—. Y


no lo olvides —dijo mientras abría la puerta—, asegúrate de que no
estás en la misma habitación que el punto de acceso cuando lo
encuentren o estás frita.

—Voy a estar bien —le dije con más confianza de la que realmente
sentía—. Te llamaré cuando todo esté en su lugar.

—Buena suerte —dijo y me sonrió con fuerza. Tenía que terminar esto.
Mark y Sheila contaban conmigo y no podía rendirme ahora, porque
tenía miedo. Mi padre no había criado a una cobarde.

Me retiré a mi apartamento, guardando el punto de acceso y la unidad


de disco USB en mi bolso y lamentablemente examinando mi vestido
mientras me desnudaba. De alguna manera dudaba de que alguna vez
tuviera la necesidad de usarlo otra vez. Pero lo doblé cuidadosamente y
lo aparté así podría tenerlo limpio. Después de lavarme la suciedad y el
maquillaje, me sentí más como yo. Cenicienta se convirtió en una chica
normal de trabajo. Poniéndome ropa interior y vistiendo una de las
pocas camisetas que pude encontrar, puse la alarma y me quedé en la
cama.

No estaba segura de lo que me despertó. Mis ojos se abrieron de golpe,


pero me quedé inmóvil. Era muy temprano, la oscuridad de la
habitación empezaba a desvanecerse con la llegada del amanecer. Un
ligero ruido me hizo sentar de golpe en la cama y ahogué un grito. Kade
estaba sentado en una silla frente a mi cama, mirándome fijamente, su
habitual sonrisa arrogante inmutada por mi sorpresa.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —dije enojada y alarmada por


su intrusión.

—Veo que te ayudaste con mi auto —dijo. Por supuesto. Había ido a
buscar su auto. No hay problema. Le daría las llaves y se iría.
242

—Blane me lo presto para volver a casa anoche —le expliqué saltando


rápidamente de la cama y agarrando mi bolso, excavando en el interior
Página

por las llaves. Cuando me di la vuelta para dárselas, me di cuenta de


que sus ojos estaban tomando nota de mi apariencia, cuando se
encontraron con los míos, brillaban con una emoción que hizo que mi
mano empezara a temblar. Apreté el puño alrededor del metal frío.

—Aquí están tus llaves. —Me las arreglé para decir. Se las ofrecí, no
dispuesta a dar un paso más cerca y deseando fervientemente tener
más ropa.

—Tenemos un problema —dijo sin hacer ningún movimiento para tomar


las llaves. Mi brazo se dejó caer a mi lado.

—¿Qué clase de problema? —le pregunté, mi estómago apretado en un


nudo.

—Gage encontró el cuerpo de Jimmy anoche. No el tuyo. Saben que no


te mataron. —Tragué saliva.

—¿Eso significa que van a enviar a alguien más detrás de mí? —le
pregunté débilmente. Los ojos de Kade se encontraron con los míos de
nuevo y ahora estaban fríos.

—Ya lo hicieron —respondió con frialdad. Sentí que mi corazón


comenzaba a latir y mis rodillas se volvieron gelatina mientras la
comprensión golpeó.

—Tú —suspiré. Kade sonrió, pero fue sin humor.

—Eres más inteligente de lo que parece —dijo pero ignoré el insulto—. Y


más valiosa, también. Me dieron veinte mil en efectivo para ocuparme
de ti.

—¿Veinte mil dólares? —chillé alarmada. Mierda. Incluso podría tentar


a alguien por esa clase de dinero.

—El asesinato no es barato princesa —dijo Kade. Tenía la boca seca


como el serrín. No tenía nada con lo que negociar ahora, ninguna razón
que darle para no matarme. Ni siquiera estaba con su hermano ya. Pero
eso no me impidió intentarlo.

—Blane —comencé pero él me interrumpió.

—Blane no lo sabe. —Mi corazón se encogió ante sus palabras. El


pánico me golpeó y corrí a mi mesita de noche donde había guardado el
arma de Blane. Tirando libre el cajón, revolví el interior hasta que mis
243

manos temblorosas tocaron el frío metal.

Los brazos de Kade se cerraron alrededor de mí, sus manos como


Página

bandas de hierro en las muñecas, la tela de sus pantalones ásperos


contra la parte posterior de mis muslos. Observé impotente cómo se
abrieron mis dedos y tomó la pistola.

El miedo helando mis venas. No me podía mover, sus brazos fijando


efectivamente los míos a mis lados. ¿Lo haría rápido? No había rehuido
la noche anterior haciéndome saber lo mucho que me odiaba.
Despreciaba lo aterrorizada que estaba, pero no era una gran fan del
dolor.

—Déjame ir. —Me las arreglé para apretar hacia fuera, luchando por
salir de su agarre.

—Lo creas o no —dijo—. No estoy aquí por ti. Buscaba a Blane y pensé
que podría estar aquí. Todavía.

—¿No está en su casa? —le pregunté estúpidamente y prácticamente


podía oír a Kade rodar sus ojos.

—Si lo estuviera, ¿crees que estaría perdiendo mi tiempo aquí contigo?


—Kade repente me soltó y me tambaleé hacia delante antes de darme la
vuelta para mirarlo.

—Entonces ¿dónde está? —le pregunté, la ansiedad empezando bien


dentro de mí—. Lo dejé anoche en el estudio. Estabas allí. ¿Dónde
podría haber ido?

—Ese es el punto —dijo como si fuera una idiota—. No. Lo. Sé.

Empujé la mano por mi cabello, la preocupación royéndome. Entonces


me sentí como si estuviera haciendo el ridículo. Blane era ciertamente
capaz de cuidar de sí mismo.

—Probablemente esté bien —le dije sin saber si estaba tratando de


convencer a Kade o a mí misma—. Está probablemente en el trabajo o
en el juzgado o algo así.

—También lo pensé —dijo Kade—, hasta que encontré esto en su


escritorio. —Lanzó un gran sobre de papel manila en la cama y algunas
fotos se derramaron. Las recogí, shock pasando a través de mí. Eran
fotos de él y yo anoche. Estábamos juntos en el sofá y mi vestido estaba
abajo, con su boca sobre mi pecho. Con la cara ardiendo y sintiendo un
poco de náuseas, hojeé el resto. Blane con su mano debajo de mi falda,
la cabeza echada hacia atrás del deseo, sus labios sobre los míos. Cada
244

momento de nuestro interludio me miraba en incesante blanco y negro.

—¿Por qué alguien haría esto? —le susurré consternada. La idea de que
Página

alguien había estado allí, observando, tomando fotos, me enfermaba.


—Chantaje —dijo Kade breve. Lo miré inquisitivamente. Sonrió sin
alegría—. Tú eras una prostituta anoche, ¿recuerdas?

Palidecí. El pensamiento de alguien usándome para herir a Blane era


difícil de absorber. La ira brilló en mí cuando comprendí que Simone,
por lo menos, tenía que haberlo sabido. ¿Era por eso que había estado
tan ansiosa por darme la bienvenida al redil? ¿Debido a que de alguna
manera se había enterado de mi conexión con Blane?

—¿Por qué alguien quiere hacerle chantaje? —le pregunté—. No es más


que un abogado. Y soltero. ¿Por qué le importaría a nadie?

—Eres increíblemente ingenua —dijo mordazmente—. Blane no es solo


un abogado, como tú dices. Es uno de los mejores y más conocidos
abogados en esta ciudad y la reputación de su familia se remonta a
generaciones. El abuelo de Blane era senador y su bisabuelo era un
juez en la Corte Suprema de Massachusetts. Si Blane tiene aspiraciones
políticas, éstas —hizo un gesto a las fotos—, podría poner fin a eso. —
Mi boca formó una pequeña O. No sabía todo eso. Entonces la
comprensión me golpeó.

—Esto era lo que no me dijo —suspiré mirando hacia abajo en las


fotografías.

—¿Qué? —preguntó Kade.

—Ayer por la noche —le expliqué—. Blane no me dijo por qué estabais
allí en esa fiesta. Debió haber sabido que iban a hacerle chantaje. —
Entonces algo más sobre lo que Kade había dicho me pareció extraño.

—Espera, Blane dijo que erais hermanos. Pero dijiste El abuelo de


Blane. ¿No era tu abuelo, también? —Algo brilló brevemente en los ojos
de Kade antes de volverse duros otra vez.

—Digamos que yo nací en el lado equivocado de la manta —dijo con


frialdad. Mis ojos se abrieron. Como respondiendo a mi pregunta,
continuó—: Nuestro padre no era precisamente el más fiel de los
hombres. No pretendo nada de ellas.

—Excepto Blane —le dije.

—Excepto Blane. —Se hizo eco de manera uniforme.

—¿Por qué? —le pregunté fascinada con la historia, a pesar de mí


245

misma. Sus ojos se estrecharon y él dio un paso más hasta que casi nos
tocamos. Mi respiración se enganchó.
Página
—Solo sé que no voy a dejar que le pase nada a Blane —dijo entre
dientes—. Y la última cosa que voy a hacer es dejar que una mujer al
azar se interponga entre nosotros. —Tragué con dificultad, sacudiendo
la cabeza.

—No estoy tratando de interponerme entre nadie —protesté. La idea era


absurda.

Kade solo me miró fijamente, como si tratara de comprobar la veracidad


de mis palabras. La tensión se apuntó a otro nivel entre nosotros
mientras sus ojos azules se clavaron en los míos. Salté por la sorpresa
cuando sus manos se movieron debajo de mi camisa para quedarse
sobre la piel desnuda de mis caderas. Un escalofrío bailó por mi piel. Se
inclinó hacia delante, poniendo sus labios en mi oído.

—¿No le contaste sobre nosotros? —susurró y mi rostro palideció. Me


acordé de repente Kade besándome en el bar la noche de Halloween.

—No hay un nosotros.

—¿Estás segura de eso princesa? —No pude contestar, mi estómago


retorciéndose a sí mismo en nudos. De pronto, dio un paso atrás,
liberándome.

—Puse mi número en tu teléfono —dijo Kade—. Llámame si hablas con


Blane. —Luego desapareció. Mis rodillas se doblaron y se deslizaron por
la pared hasta que me senté en el suelo. Preocupada por Blane llena de
pensamientos de Kade me mordí el labio, tratando de pensar en que
podía ser. Un rápido vistazo al reloj y me di cuenta que tenía que irme,
con Blane desaparecido o no.

Una hora más tarde, iba hacia el edificio TecSol y estacionaba en el


aparcamiento. Era un gran edificio en el centro del distrito financiero y
el aparcamiento estaba casi lleno. Bajé del auto, nerviosa alisando mi
blusa y falda. Opté por el aspecto más profesional que pude, incluso
poniendo mi cabello recogido en un moño francés. Consciente que era
ahora o nunca, me armé de valor mis nervios y me dirigí hacia el
interior.

La chica de recepción no podría haber tenido más de veinte años.


Sonreí mientras le dije que era la nueva temporal, Lucy Tanner (nombre
falso cortesía de CJ). Me pidió que tomara un asiento y que llamaría al
246

gerente de Recursos Humanos. Hice lo que me sugirió, sentarme en el


vestíbulo, así que lo hice. Era grande y abierto, con unos sofás y sillas
dispersas. Toda la zona estaba rodeada de ventanas que mostraban la
Página

calle, a pesar de que estaban teñidos para los de afuera no pudieran ver
el interior. Vi gente caminando en el sol de la mañana en su camino al
trabajo.

—¡Buenos días! ¡Debes ser Lucy! —Me di la vuelta y vi a una mujer de


unos cuarenta y tantos años caminando hacia mí. Se detuvo y extendió
su mano la cual tomé. Su sonrisa era contagiosa y le devolví la sonrisa.

—Sí, la empresa de trabajo temporal, me ha enviado —le contesté.

—¡Excelente! Me alegro mucho de que tuvieran a alguien con las


cualificaciones adecuadas disponible en tan poco tiempo. —Un
escalofrío de alarma sonó a través de mí. ¿Cualificaciones? CJ no había
mencionado nada de cualidades especiales. Mi sonrisa era forzada
ahora.

—Soy Dana Arnold —dijo ella—, si me sigues, te voy a mostrar donde


estarás hoy trabajando. —Se volvió hacia los ascensores y caí un paso
detrás de ella, frenéticamente preguntándome qué habilidades iba a
tener que fingir hoy.

—Vas a trabajar para nuestro Vice-Presidente de Diseño de Sistemas —


dijo Dana apretando el botón del décimo piso en el panel del ascensor—
Su secretaria estará fuera por las próximas seis semanas de baja por
maternidad.

—Aquí, necesitarás esto —dijo y me entregó una pequeña tarjeta de


plástico—. Una tarjeta de seguridad —explicó—. Simplemente
engánchala a tu cinturón y vas a poder andar por todo el edificio. —
Obedeciendo, lo enganché a mi cintura mientras las puertas del
ascensor se abrían en silencio. Salimos a un pasillo donde se podía
girar a la derecha o a la izquierda. Giró a la izquierda y usó su propia
insignia para abrir el conjunto de puertas dobles frente a nosotros.
Echando un vistazo detrás de mí, vi un conjunto idéntico de puertas
abajo en el otro lado.

—¿Qué hay ahí? —le pregunté.

—Ese es el departamento de ingeniería de software —respondió Dana.


Dejé esa información para más tarde.

Entramos en una amplia zona de oficinas abiertas con grandes


ventanales curvas. Estaba muy tranquilo y la alfombra era lujosa,
amortiguando el sonido de mis talones. Dana me dirigió hacia un bonito
247

escritorio con un monitor de pantalla plana y una pequeña lámpara de


estilo Tiffany. Se volvió hacia la ventana y se sentó en diagonal a una
Página

oficina cerrada.
—Aquí es donde vas a trabajar —dijo señalando la mesa. Sentí una
punzada de pesar de que esto no fuera un trabajo de verdad para mí.
Sería agradable trabajar en un espacio tan lujoso.

—El señor Avery llegará en breve —dijo señalando a la oficina—. Va a


viajar a Chicago esta noche para prepararse para las elecciones de
mañana. Todo lo que necesitas hacer es asegurarte de que tenga todo lo
que necesita. Su secretaria Molly, tenía todo bastante preparado antes
de irse. Creo que hay algunas traducciones que hay que hacer, pero eso
es todo por ahora. —Se trasladó al ordenador y se perdió el
ensanchamiento de mis ojos. ¿Traducciones?

—Este es el inicio de sesión para el equipo —dijo y me entregó un post-


it con una contraseña garabateada en él— ¿Necesitas algo más en este
momento? —preguntó y negué con la cabeza.

—Me pondré a trabajar —le dije con más confianza de la que sentía.
Dana se fue y me acomodé en el sillón de cuero detrás del escritorio. Le
sonreí a mi suerte. No había nadie alrededor y el tipo vice-presidente no
estaría aquí por un tiempo todavía.

Una pila de papeles estaban en la mesa y cogí el de arriba con


curiosidad. Todo estaba en español. Supongo que se trataba de lo que
Dana estaba hablando cuando dijo que tenía que traducir. Me quejé
consternada y prometí matar a CJ cuando saliera de aquí. Una pequeña
advertencia de que se suponía que debía ser bilingüe habría sido
agradable.

El teléfono sonó a mi lado y me dio un vuelco. Vacilante, lo recogí.

—Oficina del señor Avery —le respondí. Nadie dijo nada, así que repetí.

—¿Quién está ahí? —La voz de un hombre exigió.

—Mi nombre es Lucy. Soy la secretaria del señor Avery. ¿Puedo


ayudarle?

—Oh. Debe ser la nueva temporal —dijo—. Soy el señor Avery. Necesito
algo de mi ordenador. Ponme en espera y entra en mi oficina. Elige la
línea de arriba.

—Sí señor —le dije obedeciendo rápidamente. La puerta de su oficina


estaba cerrada con llave y entré corriendo al lado de un gran escritorio y
248

aparador antes de descolgar el teléfono.

—¿Qué quiere que haga señor? —le pregunté.


Página
—Entrar en mi equipo y enviarme un documento. —Me dio la
contraseña que anoté en un pedazo de papel antes de escribir en el
ordenador. Me guió hasta el lugar correcto y le envié por correo
electrónico el archivo.

—¿Eso es todo? —le pregunté.

—Sí, gracias —respondió—. Debería estar ahí en menos de una hora. —


Se desconectó. Me temblaban las manos ahora y rápidamente llamé a
CJ.

—Estoy dentro —le dije cuando contestó—. El Vice-Presidente de


Diseño de Sistemas solo me dio su contraseña de equipo y no está por
el momento.

—Increíble —dijo CJ— Esa es increíblemente buena suerte. Tal vez, esto
puede funcionar.

—Por cierto —dije sarcásticamente—, podrías haberme dicho que tenía


que saber español.

—Pensé que podrías estar más nerviosa si te dijera eso —dijo la


cuestión con total naturalidad. Realmente no podía estar de acuerdo
con eso. No era la mejor actriz del mundo.

—¿Has conectado el WAP ya? —preguntó ella.

—No —dije—. Soy la única aquí y sería un claro indicativo de que lo


conecté en donde estoy ahora. Voy a tener que ir a otro piso o algo así.

—Está bien. Pero ten cuidado con las cámaras de seguridad.

—¿¡Qué!? ¿Qué cámaras de seguridad? —Pero ella ya había colgado.


Maldije en voz baja. La lista de cosas que no me había dicho estaba
creciendo.

Saliendo de la oficina, cogí mi bolso y me dirigí por el pasillo al que


Dana había dicho que era el departamento de ingeniería de software.
Respiré hondo y abrí la puerta.

El espacio era del mismo tamaño que el otro lado del pasillo, pero esta
zona había sido segmentada en cubículos. Caminaba vacilante por el
camino entre los cubículos, tratando discretamente de buscar en ellos
al pasar. En la mayoría había hombres trabajando en sus equipos. No
249

descubrí ni a una sola mujer.

Al doblar la esquina, prácticamente choqué con alguien.


Página
—Lo siento mucho —le dije dando marcha atrás un par de pasos. Un
hombre rechoncho, calvo, luciendo una expresión agria en su rostro me
miró.

—¿Quién eres tú? —preguntó con voz ronca todavía con el ceño
fruncido. Sonreí en lo que esperaba fuera de una manera encantadora.

—Soy Lucy, la nueva secretaria del señor Avery —le respondí.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Me apresuré por una razón.

—Uh, yo, um, solo buscaba una taza de café —improvisé— ¿Hay una
cocina por aquí? —Miré a mi alrededor como si una cocina de pronto se
materializara delante de nosotros.

Él masculló algo en voz baja antes de sacudir su dedo sobre su hombro.

—Por ahí —dijo.

—¡Gracias! —dije alegremente, fácilmente pasando junto a él. Seguí


caminando hasta que llegué a la cocina, donde me serví una taza de
café. Volviendo sobre mis pasos, vi un cubo vacío en lo que parecía ser
una zona casi desierta. Mirando a su alrededor rápidamente, la metí en
ella.

Me temblaban las manos otra vez mientras abría mi bolso, sacando el


dispositivo que CJ me había dado. Me metí debajo de la mesa y lo
conecté a una tomacorriente, luego tiré del cable de red de la
computadora y lo empujé hacia el punto de acceso en su lugar.

No me pegué alrededor pero me levanté de un salto, me sacudí y agarré


mi bolso y la taza de café. Caminando rápido, volví a mi escritorio, por
suerte no tropezando en el camino con nadie esta vez. Dejándome volver
a la oficina de Avery, solté una respiración contenida y llamé a CJ.

—Está dentro —le dije.

—Lo sé —respondió y contuvo una réplica. Mis nervios estaban de


punta— ¿Cuál es la clave? —preguntó y se la dije—. Está bien, dame un
minuto. Miré la pantalla y en algunos momentos, el ratón comenzó a
moverse por su cuenta.
250

—¿Vas a hacer eso? —le pregunté y CJ gruñó una afirmación. Observé


durante unos minutos mientras abría ventanas y escribió lo que supuse
era el código. Mi corazón latía locamente y sabía que no estaba hecho
Página

para este asunto de agente secreto.


—¿Cuánto tiempo más vas a ser? —le pregunté nerviosamente.

—Necesito unos minutos más —dijo. Eché un vistazo a mi reloj.

—Él va a llegar en cualquier momento. Tengo que volver a mi escritorio.


Si me atrapa en su oficina...

—Eso está bien —CJ me interrumpió—, solo cómprame tanto tiempo


como puedas antes de que llegue.

Aliviada, me apresuré a regresar a mi escritorio, hundiéndome en el


sillón de cuero. Decidí tratar de parecer ocupada mientras esperaba así
que me conecté a mi PC y apoyé algunas de las páginas de
incomprensible español en el atril junto a la pantalla. La cerradura
haciendo clic en la puerta me sorprendió y cayó mi teléfono
estruendosamente al escritorio. Agarrándolo, le susurré:

—Él está aquí. —Y di la vuelta de golpe.

La puerta se abrió y un hombre entró. Era alto, llevaba un traje oscuro,


y llevaba un maletín de cuero. Espiándome, sus largas zancadas
comieron el espacio de forma rápida antes de detenerse frente a mi
escritorio. Saltando en mis pies, empecé a sentir pánico,
preguntándome si CJ había tenido tiempo suficiente. No podía dejarlo ir
allí y ver las cosas que tenía abierta en la pantalla.

—Buenos días —dijo extendiendo su mano—. Soy Stephen Avery. —Le


estreché la mano y forcé una sonrisa.

—Buenos días —le contesté—. Soy Lucy Tanner. Dana dijo que estaría
trabajando para usted por un tiempo. —Avery parecía estar en un lugar
al final de sus cuarentas a principios de los cincuenta, su oscuro
cabello, pero con toques de plata en las sienes. Era guapo en una
especie de manera austera. Su comportamiento, aunque amable, daba
la impresión de alguien con quien no quisieras cruzarte.

—Es un placer conocerte Lucy —dijo con la mano aún sosteniendo la


mía— ¿Prefieres Lucy o Sra. Tanner? —Sus ojos tomaron mi apariencia
de una manera franca y pareció gustarle lo que vio.

—Lucy está bien, por favor —le dije.

—Mi secretaria tuvo que salir una semana antes —dijo—. Ella no se
esperaba que tuviera a su bebé hasta la próxima semana. Pero supongo
251

que ya sabes que esas cosas no siempre pueden ser programadas. —Él
sonrió encantadoramente.
Página
—Por supuesto —respondí automáticamente—. Um, quiero decir no, ya
sabes, en lo personal —tartamudeé como una idiota. Sentí que me
sonrojaba furiosamente y la sonrisa de Avery creció. Decidiendo que
debería callarme mientras estaba delante, apreté los labios y le sonreí,
tirando de mi mano de la suya.

—Sé que esto es un poco en el último minuto —dijo—, pero necesito un


ayudante que venga conmigo a Chicago. Nos vamos esta noche.
¿Estarías disponible para hacer eso? —Mis ojos se abrieron. Esto podría
ser algo muy bueno o algo muy malo, dependiendo de lo que CJ había
sido capaz de hacer.

—Um, sí —dije—. Debería poder hacer eso.

—¿No necesitas... que alguien lo sepa? ¿Un esposo o novio, tal vez? —
Negué con la cabeza, luego me di cuenta tardíamente que
probablemente debería haber mentido cuando apareció un brillo en sus
ojos.

—Estaremos de vuelta el miércoles —continuó—. Así que solo tienes


que empacar para un par de días.

—Está bien —le dije asintiendo—. Puedo hacer eso. —Avery hizo un
intento por moverse más allá de mí y entré en pánico, pensando que
tenía que detenerlo y darle más tiempo a CJ— ¡Espera! —dije y giró
Avery interrogante. Pensé frenéticamente—. ¿Qué tipo de cosas debo
llevar?

—Trajes de negocios está bien —dijo. Sus ojos rozaron por mi cuerpo y
subieron otra vez—. Y tal vez algo un poco más informal... —agregó—.
Es muy probable que vayamos a celebrar mañana por la noche. —Sus
ojos tenían una mirada en ellos que me hizo sentir un poco enferma,
pero lo cubrí con lo que esperaba fuera una sonrisa coqueta. Por el
momento, no tenía ningún reparo contra el uso de cualquier medio a mi
disposición para detenerlo.

—¿Qué tipo de celebración? —le coquetee. Avery dio un par de pasos


hacia mí.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó con curiosidad llegando a cepillar


un poco de pelusa inexistente de mi hombro. Demoró su mano. Tragué
saliva con nerviosismo, pero quería mantener su atención. Cuanto más
252

tiempo estuviera aquí conmigo y no en su oficina, mejor.


Página
—Veinticinco —mentí. Él solo me miró—. Veintitrés —cedí. Dios, era
una terrible mentirosa. Nunca pude salirme con la mía mintiendo a mi
padre. Siempre había sabido que estaba mintiendo.

—Suficiente —dijo crípticamente antes de alejarse de nuevo. Mi valor


fracasó y sacudí mi cerebro por una manera de detenerlo más. A
continuación, un recuerdo de Blane volvió a mí. Rozando rápidamente
la mano en la pila de papeles sobre mi escritorio, cayeron al suelo en
una pila dispersa.

—Maldita sea —dije y vi Avery detenerse por el rabillo de mi ojo.


Suspirando, rápidamente me puse a cuatro patas, pero tomé mi tiempo
recogiendo los papeles. Podía sentir mi falda tirando hacia arriba sobre
las piernas mientras me movía, pero no tire de ella hacia abajo.
Además, no escuché la puerta del despacho de Avery abrirse.

—Deja que te ayude —dijo agachándose frente a mí. Inclinándose, sentí


sus ojos en mi blusa, ya que se abría de mi cuello, pero fingí no darme
cuenta. Después de un par de minutos y a pesar de la lentitud con que
trabajaba, habíamos reunido los papeles. Levantándome Avery me
ayudó a ponerme de pie. Me alisé la falda hacia abajo sobre el estómago
y las caderas y su mirada siguió el camino que mis manos tomaron.

—Gracias señor Avery —le dije con otra sonrisa.

—Cuando quieras —respondió— y por favor, llámame Stephen.—Mi


mirada cayó de sus ojos a la protuberancia inconfundible en sus
pantalones. Al parecer, mi pequeña treta había funcionado, aunque sí
dejó un mal sabor en mi boca.

Avery se retiró a su oficina otra vez y solté un suspiro de alivio, con la


esperanza de que CJ hubiera tenido tiempo suficiente. Sentándome en
mi escritorio, tomé mi teléfono y la llamé.

—¿Fue ese tiempo suficiente? —le pregunté lo más silenciosamente que


pude.

—Acabo de terminar hace unos segundos —dijo y mis ojos resbalaron


cerrándose en relieve—. Pero tengo malas noticias. —Mis ojos se
abrieron de golpe.

—¿Qué? —le pregunté.


253

—El servidor al que necesitamos el acceso no está conectado a la red de


allí. Lo han movido o están en el proceso de moverlo.
Página

—¿Moverlo? ¿Moverlo dónde?


—Algo como esto, tiene que estar conectado a una red troncal de
Internet. Cercano a nosotros probablemente es Chicago —respondió
ella. Temor llenó la boca de mi estómago mientras seguía hablando—.
Si no lo encontramos, no hay nada que podamos hacer.

—Por suerte para nosotras, mi jefe me va a llevar con él en un viaje de


negocios —le dije—. Adivina dónde va.

—¿No me digas? —dijo ella— ¿Te va a llevar a Chicago?

—Sí. Nos vamos esta noche.

—¿Todavía tienes la unidad flash que te di? —preguntó ella.

—Sí, pero ¿qué se supone que debo hacer con ella? —Me froté las
manos en la frente, decepcionada de que nuestro plan no había
funcionado hasta ahora.

—El nombre del servidor es EVE0928 —dijo CJ—. Va a ser etiquetada.


Solo tienes que encontrarla y pegar la unidad en el mismo.

—Haces que parezca fácil —me quejé.

—Por supuesto que no, no va a ser fácil —resopló con exasperación—,


habrá cientos de servidores allí. Creo que deberías olvidar todo esto y
salir de allí.

—No sé si puedo hacer eso —le dije pensando en Sheila y la brutalidad


con que la habían asesinado—. Esta es nuestra única oportunidad,
¿verdad?

CJ suspiró.

—Sí, más o menos. Pero Kathleen no es tu trabajo detenerlos. Puedes


simplemente alejarte. Nadie lo sabe, salvo tú y yo y desde luego no te
culparé. Demonios, yo he estado fuera de allí por ahora.

Pensé en ello. Nadie, aparte de CJ, ni siquiera sabía dónde estaba ni lo


que estaba haciendo. No habría nadie que me salvara si iban por mi
cabeza. Tres personas ya habían muerto y eran solo los que yo conocía.
Una parte de mí realmente, realmente quería hacer lo que dijo CJ y
simplemente dejarlo. Pero la otra parte de mí, la parte que sabía lo que
mi padre hubiera hecho dada la misma situación, lo anuló.
254

—Me voy a quedar —le dije con firmeza—. Dime lo que tengo que hacer.

—Bien —dijo ella con resignación—. Si vas con ellos, lo más probable es
Página

que vas a ver el servidor. Si conseguiste eso ahora, vas a estar en buena
forma. Solo vas a tener que improvisar. No dejes que vean que lo
conectas, debes de tener al menos 30 segundos para cargar el gusano
en el disco duro del servidor. Si alguien lo saca antes de eso, se acabó.

—Muy bien. Haré lo que pueda.

—Ten cuidado Kathleen —advirtió CJ.

—Lo haré —le aseguré—. Nos vemos el miércoles. —Y realmente


esperaba que lo haría. Acababa de colgar el teléfono cuando las puertas
dobles se abrieron de nuevo y un hombre vino disparado a la oficina. Ni
siquiera se detuvo junto a mi escritorio, pero me pasó. Me levanté de un
salto.

—¡Espera, tú no puedes entrar ahí! —Apenas mirándome empujó la


puerta del despacho de Stephen abriéndola.

—Ha habido un fallo de seguridad —el hombre le dijo a Stephen—.


Acceso no autorizado a través de un punto de acceso a alguien
enchufado. —Me quedé detrás de él, escuchando.

—¿A qué tienen acceso? —Oí a Stephen preguntar. El hombre negó con
la cabeza—. Desconocida hasta el momento. Quienquiera que fuese,
cubrió sus huellas. —Entré en la habitación y levanté la vista a
Stephen— ¿Necesitabas algo, Lucy? —preguntó.

—¿Me preguntaba si podía traerte una taza de café? —Me ofrecí— ¿Y a


tu visitante? —Miré expectante al hombre.

—Eso sería genial Lucy —dijo Stephen—. Este es Brian. Es el jefe de


seguridad de la red. —Brian no se molestó en hacer más que darme una
breve inclinación de cabeza.

—Hola Brian —le dije sonriendo y girando el acento un poco. Si hay una
cosa que sabía acerca de los hombres, es que suponían que la mayoría
de las mujeres eran más tontas de lo que eran. Añadir el cabello rubio y
un acento del sur y ni siquiera era una pregunta más. Pensé que
jugaría el factor tonto. Siempre es mejor ser subestimado que
sobreestimado—. Voy por ese café de inmediato.

Volví en pocos minutos llevando las tazas. Sin detenerme a llamar, abrí
la puerta de la oficina y caminé dentro Ninguno de los hombres dejaron
de hablar, que era exactamente lo que esperaba que iban a hacer. Era
255

solo la secretaria, después de todo.

—¿Cómo un punto de acceso fue instalado sin que nadie se dé cuenta?


Página

—Stephen estaba diciendo, con la voz como el hielo.


—No lo sé señor —respondió Brian—. Tendremos la filmación de las
cámaras revisadas en estos momentos pero no había ninguno en esa
zona inmediata. Podría haber sido instalado ayer o la noche anterior,
por lo que sabemos.

Di las gracias a los dioses que estaban velando por mí hoy y recé para
que mi suerte continuara.

—Han espolvoreado para las huellas dactilares —dijo Stephen—. Y no


se lo digas a nadie. Averigua a lo que accedieron. —Brian asintió
mientras coloque el café sobre la mesa junto a él. Las huellas dactilares.
Mierda. Ni siquiera había pensado en eso. Me pregunté cuánto tiempo
se tardarían en comprobar si hay huellas dactilares. Mis huellas habían
sido tomadas y catalogadas como medida de seguridad, cuando había
empezado a trabajar para la empresa. El reloj ya estaba corriendo en mi
farsa.

—¿Espero que no tengamos ningún problema de seguridad mañana? —


Stephen dijo secamente. Asenté su café junto a su codo sobre la mesa.

—No señor. Las cosas van a ser bloqueadas firmemente. —Sin más
excusas para quedarme, me fui a la oficina y volví a mi asiento en mi
escritorio.

Un poco más tarde, Brian salió de la oficina y se fue, no hablándome a


su paso. Estaba en el medio de la utilización de un sitio web que había
buscado en Google para traducir la pila de español. Fue un proceso
lento, pero me pareció que estaba haciendo algunos progresos.

El día transcurrió sin incidentes y casi me deje llevar por un sentido de


complacencia. El lugar parecía tan normal. Era difícil creer que estaban
detrás de un régimen como la intervención de una elección. Me fui en el
almuerzo para comer algo, pero no conseguía soportar más de unos
pocos bocados de un sándwich. Mis nervios estaban agotados y
brevemente anhelaban un trago de bourbon para calmarlos.
Finalmente, alrededor de las cuatro y media Stephen salió de su oficina
y me apresuré a cerrar mi sitio web traductor.

—Adelante y sal Lucy —dijo—. Empaca una bolsa y reúnete con


nosotros en el aeropuerto a las siete. Tomaremos el avión de la empresa
para ir al hangar 18.
256

—Está bien —estuve de acuerdo. Se fue y guardé mi archivo antes de


recoger mi bolso. Cuando estaba lista para salir, me acordé de las tazas
de café en su oficina. Si íbamos a estar fuera durante dos días,
Página

probablemente debería ponerlas de vuelta en la cocina para lavarlas.


Las tazas estaban asentadas en una mesa cerca de la ventana y me
detuve por un momento, mirando el sol comenzando su recorrido
descendente en el horizonte. Los días se hacen más cortos ahora. No es
que me importara. Me pregunté sobre el clima en Chicago. Rara vez veía
las noticias y no había pensado en buscar en Internet hoy para ver lo
que debo empacar. Otoño era un momento extraño del año. Podría
haber diez grados un día y veinte y cuatro el próximo. Chicago no era
una excepción.

Al ver a una pequeña televisión en la esquina de la oficina, me acerqué


y la encendí, con la esperanza de que Stephen tuviera cable en su
oficina para que pudiera coger el canal del tiempo. Para mi sorpresa, no
parecía una estación de televisión. En su lugar, la pantalla se segmentó
en muchos bloques diferentes, cada bloque mostrando una imagen
diferente. Mientras miraba, perpleja, me di cuenta que era un alimento
de las cámaras de seguridad en todo el edificio.

Mi ritmo cardíaco se disparó y estudié cada uno de los bloques con


avidez, con la esperanza de que Brian había estado diciendo la verdad
cuando dijo que no había habido ninguna cámara cerca de donde
conecté el dispositivo inalámbrico. Era difícil de decir. Muchos de los
disparos eran muy similares y me di cuenta de que la distribución de
los cubos era probablemente el mismo en las diferentes plantas. Cada
una de las casillas tenía etiquetas, sin embargo y por el proceso de
eliminación, fui capaz de averiguar qué lugar nos indicaron. Respiré
más fácil. Él no había estado mintiendo. Yo no había visto ninguna
cámara de seguridad esta mañana por el cubo y se debía a que no
había ninguna.

Estaba a punto de chasquear fuera de la televisión cuando algo en la


esquina me llamó la atención. Un hombre estaba allí, pero su ropa
parecía estar medio apagada. Qué extraño. Sin pensarlo, toqué el
bloque en el que residía la imagen e inmediatamente se expandió a una
ventana más grande. Hmm. Una pantalla táctil, supuse. Miré más de
cerca a la imagen y jadeé.

Era Blane. Parecía estar en una habitación, paseando por la longitud.


Pude ver que su camisa estaba desgarrada y rota y manchada de sangre
de un lado de la misma. Su rostro se volvió brevemente hacia la cámara
y vi sangre en la cara.
257

Oh, Dios mío. Me detuve por un momento, congelada en horror. Blane


estaba aquí. Y mientras yo había estado pasando las horas aquí en una
Página

oficina cómoda, había sido golpeado y mantenido prisionero en algún


lugar del edificio.
Desesperada, le di de nuevo a la pantalla para que pudiera ver la
etiqueta de la ventana. Sub2-Área5. Este lugar obviamente tenía un
sótano. Tenía que sacar de allí Blane. Saliendo de la televisión, agarré
mi bolso y corrí al ascensor. En cuanto a los botones del ascensor,
estaba momentáneamente liado. Solo había un nivel mostrado por
debajo de la planta baja. Tendría que llegar allí y ver si había escaleras
o algo así.

Sacando mi teléfono, llamé a Kade. Cuando cogió, no perdí tiempo con


los preliminares.

—Lo encontré —le dije—. Nos encontraremos con un auto detrás del
edificio del centro TecSol en quince minutos. —Cerré el teléfono sin
esperar a ver si decía algo. No tenía ni idea de lo que iba a hacer en los
próximos quince minutos para llegar a Blane, sólo sabía que tenía que
hacer algo. CJ había dicho que improvisara. Estaba a punto de ver lo
bien que lo hacía.

258
Página
Capítulo 14

El ascensor se abrió en lo que parecía ser un sótano abandonado, con


suelos y paredes de hormigón. Con cautela, salí al pasillo poco
iluminado, mirando a mí alrededor. El techo era alto, de unos tres
metros, con tuberías descubiertas entrecruzadas por encima de mí. Las
puertas del ascensor se cerraron, asustándome. Pensé con nostalgia en
el arma que Kade me había quitado esta mañana. Lo que daría por
tenerla ahora mismo. No conseguiría mucho estando parada aquí, así
que elegí una dirección y comencé a caminar.

Mis pasos resonaban en el suelo de hormigón y maldije mi decisión de


llevar tacones esta mañana. Caminando con cautela, cruce en una
esquina. El siguiente pasillo era tan oscuro y vacío cómo lo pensé.
Ahogando un escalofrío de aprensión, me impulse hacia adelante. En la
mitad a lo largo del pasillo, había una puerta que decía: “custodia”21.
Una idea vino a mí y contuve la respiración mientras intentaba girar la
perilla. Estaba sin seguro, así que la puerta se abrió fácilmente.
Buscando a tientas un interruptor en el interior, encendí la luz. Mi
rostro se iluminó con una amplia sonrisa.

La pequeña habitación estaba llena de equipos y suministros de


limpieza. Sí, esto podría funcionar. Una estantería metálica grande
estaba contra la pared y en ella se apilan montones de overoles22
azules, todas con TecSol bordado en letras pequeñas en la parte
delantera.

Rápidamente me puse un par de overoles sobre mi ropa, me


arremangue la falda. Era grande y larga, enrolle las mangas y el largo
de las piernas de acuerdo a mi tamaño. Mis zapatos de tacón son un
claro ejemplo pero no había nada que pudiera hacer al respecto.
Agarrando una gorra TecSol fuera de la plataforma, metí el cabello
recogido en él y lo acomodo hacia abajo sobre la frente. Tomo un carrito
de limpieza de la esquina y escondo mi bolso debajo de un montón de
259
Página

21 Custodia: Es el cuarto del conserje del edificio.


22 Overol: una ropa de trabajo, color solido, que se usa normalmente en las fábricas,
talleres etc.
bolsas de basura. Comprobé para asegurarme de que tuviera
suministros, añadí una fregona, un cubo de agua y un desinfectante
para hacerlo más real antes de empujarlo hacia el pasillo. Con la
esperanza de que fuera por el camino correcto, continué caminando en
la misma dirección. Al final del pasillo, fui recompensada con lo que
parecía un ascensor de carga. Tomando una respiración profunda para
calmar mis nervios alterados, apreté el botón de llamada.

La ruidosa caja enrejada llego, con la puerta de rejas abiertas. Eso me


hizo temblar. Quienquiera que estuviera abajo, sin duda, sabía que
alguien se acercaba. Cuando llegó la jaula, abrí la puerta deslizándola,
mis dedos se encontraron con las agarraderas de metal frío. Empujé mi
carro adentro y pulse el botón para el único lugar dónde podía ir, que
estaba abajo. La planta baja tenía un marcado contraste comparado
con dónde acababa de estar. Luz fluorescente brillante inundó el
ascensor mientras empujaba la malla de la jaula para abrirla, empujé
mi carrito por el pasillo notoriamente blanco. Echando un vistazo por
debajo de la gorra, vi a un hombre sentado en una silla a unos tres
metros de distancia. Él me estaba mirando.

Fingí no darme cuenta.

Tan despreocupadamente como mi pulso acelerado y las palmas


sudorosas me lo permitían, empujé el carro para acercarme a él,
mantuve la cabeza baja. No había visto ninguna cámara, pero estaba
segura que al menos una estaba alrededor. Mi ritmo cardiaco se aceleró
aún más cuando vi que estaba sentado en frente de una puerta con
ventana. Recé para que Blane estuviera detrás de ella.

Cuando estaba a unos metros de distancia, el hombre se levantó y tuve


que tragar. Se acercaba a mí, por lo menos un metro ochenta de altura
y construido como un defensa23. Cerré mis manos en puños para evitar
que temblaran.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó el hombre con voz ronca. Me


incliné encima de mi carro, recogiendo una lata de desinfectante al azar
y un paño.

—Ah, yo debo limpiar los baños abajo ahí—dije asintiendo hacía la


puerta detrás de él y con acento pueblerino. Tuve cuidado dé no mirarlo
a los ojos.
260
Página

23Linebacker: hace referencia a los que están alineados en las esquinas del Futbol
americano, los que atrapan.
—Bueno, esto no es el baño —replicó—. Está al final de la sala, por lo
qué debes empezar a moverte —Asentí cómo si estuviera escuchando y
me di la vuelta. De repente, me agarré el estómago y me incliné,
gimiendo de dolor.

—Hey, ¿qué está pasando? ¿Qué estás haciendo? —dijo con ansiedad,
inclinándose hacia dónde estaba doblada. Girando alrededor, apunté
un desinfectante en su rostro y presione la boquilla. Una espuma
blanca lo golpeó directamente a los ojos y gritó de dolor, llevándose las
manos a la cara. Agarrando el desatascador de mi carro, blandí el
mango largo de madera cómo si fuera un bate de béisbol y lo golpeé tan
duro cómo pude. Rebotó en las costillas cómo si fuera un juguete,
movió la mano, intentando sacar algo oculto en el interior de su
chaqueta. Aterrorizada de que iba a sacar una pistola, lo levanté de
nuevo, pero antes de que pudiera entrar en contacto, lo agarró,
arrancándolo de mis manos. Agarrándome por el frente de mi overol, me
tiró contra la pared, la cabeza golpeando dolorosamente contra la piedra
y me deslicé hasta el suelo. Sacudiendo la cabeza pará tratar de aclarar
mi visión ahora borrosa, lo vi moverse para agarrarme. Gateando en el
suelo lejos de él, tomé el carro para hacer palanca y vi con horror
cuando se volcó sobre su costado. El cubo de agua jabonosa se derramó
por el suelo y rodé para evitarlo.

El hombre se acercó a mí y me fijo con su mirada cuándo su pie resbaló


en el agua, enviándolo a estrellarse contra el suelo. Su cabeza golpeó
con fuerza en el suelo y se quedó inerte. Me quede sin aire, allí por un
momento, temblando incontrolablemente. Arrastrándome hacía él, pará
verificar el pulso, el alivio me inundaba cuando lo sentí. Desde luego no
había querido matarlo, que estuviera inconsciente era suficientemente
bueno. Busque dentro de la chaqueta y encontré su pistola, la tomé.
Empujé mis manos en los bolsillos de su pantalón, arrugando la nariz
con disgusto y encontré unas llaves, esperando que esas fueran.

De un salto me levante, tratando de abrir la puerta. Me tomó un par de


intentos pero finalmente escuchó la caída de cerrojo. Al abrir la puerta,
un grito ahogado salió de mi garganta mientras era arrastrada sin
contemplaciones hacía adentro chocando contra la pared. La gorra
saliendo de mi cabeza.

—¿Kathleen? —La expresión de sorpresa en el rostro de Blane podría


haber sido divertida si la situación no fuera tan peligrosa. Entonces
261

todo pensamiento fue expulsado de mi cabeza cuándo su boca aterrizó


en la mía. No fue un beso sensual o incluso afectuoso. Fue desesperado
Página
y con hambre por mí. Cuando por fin se apartó, me faltaba el aire. Sus
manos atadas ahuecaban mi rostro.

—Me dijeron que estabas muerta —dijo con voz ronca, sus ojos fijos en
los míos. Luché para mantener mi ingenio, cuando en realidad solo
quería caer en sus brazos y devolverle el besó con la misma urgencia.

—Los informes de mi muerte han sido muy exagerados —señalé,


todavía un poco sin aliento. Blane tocaba sus labios cómo si estuvieran
pensando si reír o no—. He venido a sacarte, —continué— ¿Ahora nos
podemos ir? —De repente me soltó y casi podía verle recuperar su
habitual máscara de indiferencia.

—¿Cómo has llegado hasta aquí? —me preguntó. Tiré de los nudos de
las cuerdas que ataban sus manos, impresionada que se las hubiera
arreglado para agarrarme incluso con ese impedimento.

—Estoy aquí hoy por un trabajo temporal y te vi en las cámaras de


seguridad —le dije desenrollando la cuerda de sus brazos. Una vez que
se relajó, sacó el resto por sí mismo. Su camisa estaba abierta y pude
ver lo que había causado la mancha de sangre ahora. Un corte
superficial a través del pecho, tenía costras y sangre seca en ella. Mis
dedos se acercaron para tocarlo, pero me detuvo agarrando mi muñeca.

—¿Estás bien? —dije con ansiedad, estudiando las marcas en su rostro


y me sentí aliviada al descubrir que la mayoría eran superficiales.

—Estoy bien —respondió secamente—. Aunque tengo un problema serio


contigo ya que deberías estar al menos un kilómetro y medio lejos de
esté lugar. —Apretó la mandíbula con furia y yo apreté los labios en
una línea obstinada.

—No recuerdo haberte pedido permiso —le dije de manera uniforme.


¡Qué típico! Ahí estaba yo, salvándolo. ¡Y él iba a discutir conmigo
acerca de ello! Antes de que pudiera decir algo más, Blane me quitó la
pistola de mi mano.

—¡Hey! —Protesté, pero me interrumpió.

—Quédate detrás de mí —ordenó, abriendo la puerta del pasillo. Dio


una revisión rápida para comprobar que todavía estábamos solos. Blane
revisó el guardia que yacía inmóvil en el suelo.
262

—¿Está muerto? —me preguntó.


Página
—¡Por supuesto que no! —repliqué, alterada de que pensara que
acababa de matar a alguien de cualquier manera—. No estaba tratando
de matarlo. Solo noquearlo.

—¿Y cómo lo has conseguido? —preguntó, tirando del cuerpo


desmallado en la habitación mientras sostenía la puerta abierta—. Le
pegué con un desatascador. —Se quedó inmóvil, mirándome con
incredulidad. Me encogí de hombros—. Entonces se resbaló y se golpeó
la cabeza. Tuve suerte. —Blane alzó una ceja antes de sacudir la
cabeza.

—Esperemos que tu suerte se mantenga —murmuró mientras le


quitaba la chaqueta al hombre y desechó su camisa arruinada. Le
ajustaba bastante bien—. Vamos.

Agarré mi bolso de dónde lo había dejado en el carro y nos dirigimos por


el pasillo hasta el ascensor, Blane al frente. Mi corazón estaba en mi
garganta, pero no nos habíamos topado con nadie. Tenían que ser las
cinco ahora. La gente estaría saliendo por hoy. Esperaba que
pudiéramos perdernos con el resto de la gente y salir por la puerta
principal. Al no ver ninguna cámara en el ascensor de carga, me
apresuré a quitarme el mono, tirando abajo de mi falda que estaba
alrededor de mi cintura. Un poco arrugada, pero en general no está mal.
Traté de reparar mi moño francés, pero se había deshecho
completamente y lo que hice fue alisar el cabello tanto cómo me fue
posible peinándolo con los dedos. Los ojos de Blane estaban en mí, pero
no le hice caso, mis mejillas se ruborizaron bajo su atenta mirada. Al
llegar al sótano, nos dirigimos por el pasillo hacia el otro ascensor.
Estaba empezando a respirar más relajada ahora. La libertad estaba
muy cerca. Debería sentirme mejor.

—¿Qué están haciendo aquí? —Un hombre llamó desde atrás.


Instintivamente miré atrás, jadee cuando vi al hombre sacar un arma.

—¡Alto ahí! —gritó, echándose a correr. La mano de Blane apresando mi


brazo con mano de hierro me arrastró a una carrera. El sonido de un
disparo me hizo llorar de sorpresa, ya que rebotó en la pared de
hormigón. Traté de seguir el ritmo de Blane pero mi falda y los zapatos
me ralentizaban. Llegamos al ascensor y Blane golpeó con su mano en
el botón de llamada. Me tomo con un brazo alrededor de mi cintura y
me arrastró delante de él para presionarme entre la puerta del ascensor
263

cerrada y su cuerpo. Oí otro disparo y me encogí entre él. Su cuerpo se


sacudió un poco y gruñó. Se giró y aún cubriéndome, apuntó y disparó.
Página

Oí un ruido, un estruendo y esperaba que le hubiera dado al tipo.


Las puertas del ascensor se abrieron y caímos adentro. A toda prisa,
presioné el botón del vestíbulo y golpeé varias veces el interruptor para
cerrar las puertas, me desplomé contra la pared con alivio cuando se
cerraron. Volviéndome hacia Blane con mi aliento todavía en la
garganta. Lo tomé de la chaqueta y la tiré a un lado para ver una
mancha roja en la camisa mientras se apoyaba en la pared del fondo.

—¡Oh, Dios mío, Blane! ¡Te dio! —Me sentía mareada mientras
disparaba mi cólera fuera y palpaba la herida de su hombro.

—Voy a estar bien —dijo haciendo una mueca—. Se ve peor de lo que se


siente. —Me acordé de decirle la misma cosa con respecto a mi ojo
negro.

—Bien, porque se ve horrible —repliqué más allá del nudo de mi


garganta. No pasaba por alto que si no me estuviera protegiendo, en
lugar de darle en su hombro me hubiera dado en la cabeza.

Las puertas se abrieron y me esforzaba por parecer tranquila y normal.


Salimos del ascensor y me centré en las puertas delante de nosotros.
Eran solo quince metros de distancia. Unas pocas personas se iban y
caminamos detrás de ellas mientras hablaban y reían entre sí. Algunas
miradas llegaron a nosotros en nuestro camino, pero deliberadamente
evitábamos el contacto visual. Instintivamente Blane me tomó la mano,
y aproveché la comodidad de su mano grande y cálida. Diez metros.

Con la mirada veo de reojo a dos hombres corriendo hacia el ascensor


del que habíamos salido. El miedo congeló mi sangré en mis venas y me
aferraba a la mano de Blane.

—Está bien —murmuró en voz baja para mí—. Mantente en


movimiento.

Traté de mantener la calma y no perder la cabeza. Estábamos a unos


seis metros. Cinco. Era todo lo que podía hacer pará mantener mi
ritmo, incluso con pasos medidos de Blane cada fibra de mi cuerpo
quería correr.

A tres metros.

Uno y medio.

Entonces estábamos fuera y quería al mismo tiempo reír y llorar de


264

alivio. Blane me jaló y caminamos más rápido. Al levantar la vista, vi


sus labios apretados y su rostro estaba pálido bajo su bronceado. Una
Página

mueca de dolor fue marcada en su boca. Tomando su brazo, me liberó


de su mano y pasándola por encima de mi hombro me deslizo bajo su
chaqueta por la espalda. Él no dijo nada, pero se inclinó sobre mí. Al
doblar la esquina del edificio, era de noche y estábamos casi
agradecidos que el sol se ocultara. Solo habíamos dado unos pasos
cuándo Kade se materializó delante de nosotros.

—¿Qué cojones hiciste? —Lanzó contra mí, viendo la herida de Blane.

—No fue su culpa —dijo Blane, haciendo una mueca cuando Kade se
hizo cargo de ayudarlo pará llegar al auto. Me apuré para abrir la
puerta del pasajero rodándose en el asiento apoyó la espalda y cerró los
ojos.

—¿Va a estar bien? —le pregunté a Kade, mordiéndome el labio


nerviosamente. Blane me había dicho que no estaba tan mal, pero
perdía una gran cantidad de sangre. La culpa y la preocupación me
carcomían. Si hubiera corrido más rápido por el pasillo, Blane no
hubiera recibido el disparo.

—Lo va a estar. Tan pronto como llegue a un hospital —dijo Kade—


¿Vienes?

Negué con la cabeza.

—No, tengo que estar en el aeropuerto a las siete. —Los ojos de Blane se
abrieron de golpe y su mirada se estrechó con la mía.

—¿Por qué? —me preguntó.

—Ellos se van a Chicago esta noche —le expliqué rápidamente—. Estoy


trabajando para uno de los Vice-presidentes, Stephen Avery. Espero ser
capaz de encontrar el servidor adecuado en el lugar. —Blane y Kade
intercambiaron una mirada reveladora.

—¿Qué? —pregunté, mirándolos cuando se comunicaban en silencio.

—Agárrala —dijo Blane y antes de que pudiera reaccionar, Kade había


pasado un brazo a mí alrededor, sujetándome los brazos a los lados.
Tirando de mí hacia el auto, abrió la puerta de atrás.

—¿Qué demonios estás haciendo? —grité furiosa—. ¡Déjame ir! ¡Blane!


¿Por qué haces esto? —Me sentí humillada y traicionada. Kade me
atrajo de tal manera que no pude recuperar mi equilibrio y mis zapatos
trataban de aferrarse al hormigón inútilmente.
265

—Ya basta Kathleen —Kade ordenó—: Tengo que llevar a Blane al


hospital y no tengo tiempo para lidiar con tus berrinches.
Página

—¡Hazlo! —le dije— ¡Solo déjame sola!


—Olvídalo —dijo mientras me hacía entrar a la parte trasera—. No
tienes nada qué hacer en Chicago. Lo único que conseguirás es que te
maten. Y por alguna razón, que está más allá de mi alcance, Blane te
quiere viva.

—Por favor Kade —le supliqué—: He llegado hasta aquí. Asesinaron a


mi amigo. No puedo dejar que se salgan con la suya. Tengo que
terminar esto. —Algo que he dicho o la forma en que lo dije debe haber
llegado. Hizo una pausa en su empuje hacia el auto y detuvo la pelea
también. Nuestros ojos se encontraron y sostuvieron.

—Por favor —le susurré. Sus labios apretados.

—¿Qué es lo que quieres hacer Kathleen? —me preguntó—. Eres solo


una mujer. No podrás acabar con ellos tú sola.

Sabía que eso era verdad, incluso cuándo lo dijo y sin embargo lo haría.

—Tengo que intentarlo —le dije simplemente. Hubo una pausa


embarazosa mientras contenía la respiración, esperando a ver qué iba a
hacer. Por último, deslizó su mirada a Blane en el asiento delantero.
Miré y vi qué Blane se había desmayado.

—¡Llévalo al hospital Kade! —le dije con urgencia—. Olvídate de mí.

—Esa es probablemente la cosa más inteligente que te he oído decir


hasta ahora —murmuró sombríamente y para mi alivio, me soltó. Kade
no perdió tiempo en subir al asiento del conductor y condujo lejos. No
miró hacia atrás.

Llegué a mi auto en el estacionamiento de TecSol, me dirigí a casa tan


pronto cómo pude. Atrapé una pequeña maleta y empecé a echar cosas
dentro de ella. Eran casi las seis y sabía que me llevaría cuarenta y
cinco minutos o más llegar al aeropuerto. Mi estómago se quejaba por el
hecho de que en realidad no había comido nada desde el desayuno,
pero no tenía tiempo. Corrí al baño para agarrar mis tenazas para el
cabello y maquillaje, me miré en el espejo. Mi camisa estaba manchada
con la sangre de Blane. Me quedé inmóvil, mirando mi reflejo. Estaba
teniendo un momento difícil tratando de asimilar lo que había hecho. La
culpa pesaba sobre mí. Sólo podía estar agradecida de que no hubiera
sido herido fatalmente.

Obligándome a moverme de nuevo, me quité la blusa y falda, optando


266

en su lugar por un par de pantalones de lana caliente y un suéter de


color marfil a juego con capucha que era suave al tacto. No era una
Página
gran fan del blanco, ya que tendía a empalidecerme, pero el tono marfil
de esté atuendo era favorecedor para mí.

Sin tiempo pará reparar mi cabello, lo dejé caer sobre mis hombros.
Había aprendido la lección con los tacones y encontré un par de
bailarinas en el armario que combinaban. Me envolví en el abrigo negro
qué Blane me había dado, agarre mi bolso y la maleta.

Quince minutos después de llegar a casa, estaba de vuelta en el auto.


Quería tocar en la puerta de CJ, pero había resistido la tentación. Ella
podría tratar de hacerme cambiar de opinión para que no fuera y
teniendo en cuenta el miedo qué tenía, no le tomaría mucho
convencerme. Llevando mi auto hacía el aeropuerto, traté de respirar y
estar serena a pesar de que me sentía como si estuviera saltando a una
sartén en el fuego. Las palabras de Kade hacían eco en mi cabeza y
traté de no dejar que el miedo abrumador y la desesperación me
ahogaran. Haría lo que pudiera y el resto está en manos del destino.

La perra voluble.

Llegué al aeropuerto con solo unos minutos de sobra, rápidamente


estacioné a toda prisa mi auto en el estacionamiento del hangar y llevé
mi equipaje al interior. Recordé mi nombre falso en el último segundo,
se lo di al hombre que esperaba en el interior, que revisaba una lista y
se llevó mi equipaje.

—Por aquí — y lo seguí hacia el pequeño jet que estaba esperando.


Disminuyó sus pasos y caminamos hacia allí. Le entregó el equipaje a
otra persona que estaba cargando bolsas en las entrañas del avión.

—Que tengas un buen vuelo —dijo asintiendo hacia mí. Forcé una
sonrisa y tomé una respiración profunda, subí las escaleras.

Cuando entré en el avión, me quedé atónita momentáneamente sin


habla. Nunca había estado en el interior de un avión privado antes y era
tan diferente a un avión comercial cómo el agua y el vino.

No estaban los diminutos asientos apretados para adaptarse a la mayor


cantidad posible de personas que pudieran entrar. En cambio, había
varios sillones de cuero qué abrazaban las paredes. Había incluso un
sofá real que se curvaba de la pared en forma de L. Cojines en varios
tonos decorando las sillas y sofás. Las pequeñas mesas de madera
267

estaban colocadas cerca de las butacas. El suelo estaba cubierto de una


larga alfombra que hacía juego con los cojines. Por mucho, era más
lujoso de lo que había imaginado. Tres hombres ya estaban sentados en
Página

un grupo, hablaban seriamente entré ellos. No estaba segura de que


debía hacer, me quedé indecisa justo pasando la puerta. Una voz detrás
de mí me hizo saltar.

—Lucy me alegro de que lo hicieras —dijo Stephen—. Me preguntaba si


estarías teniendo dificultades para encontrarnos. Por favor, toma
asiento.

Caminamos por el centro del pasillo y Stephen saludó a los hombres


que pasamos. Me di cuenta que uno de ellos era Brian que lo había
conocido el día de hoy. Seguí adelante hasta que llegué al sofá dónde
me hundí en el cuero suave. Sé que era completamente idiota pero
estaba absurdamente complacida por poder sentarme en un sofá
durante el vuelo.

Stephen siguió, sentándose a mi lado en el sofá. Me fijé en sus ojos qué


estaban fijos en mi atuendo y no había agradecimiento en ellos. Me
había quitado la chaqueta y él se aflojó la corbata. Se recostó contra el
cuero con un suspiro, apoyando su brazo detrás de mí respaldo del
sofá. Esto puso su cuerpo cerca del mío y tuve que resistir la tentación
de deslizarme más lejos. Mis ojos se fijaron en la placa de seguridad que
estaba apretada con su cinturón. Alguien entró por la puerta y miro
distraída hacia arriba. Mis ojos se ampliaron en shock y me quedé
boquiabierta cuando vi quién era.

Kade había entrado en el avión.

Stephen vio que yo estaba distraída y miró también. Apresuradamente


se puso de pie. Los ojos de Kade aterrizaron sobre mí brevemente antes
de mirar a Stephen. Él no mostró signos de que me conociera por lo que
rápidamente dejé de mirarlo. En un momento se puso delante de
Stephen.

—Dennon —dijo Stephen en voz baja a modo de saludo—. No sabía que


estarías viajando con nosotros esta noche. —Su pregunta no formulada
flotaba en el aire y traté de fingir que no estaba escuchando con avidez.

—Buenas noches Stephen —respondió Kade—. Mis... jefes... pensaron


que sería una buena idea si partía. Para proteger su inversión, tú
entiendes. —Aunque sus palabras eran amables, era imposible pasar
por alto la amenaza implícita por debajo de ellas.

—Por supuesto —dijo Stephen agradablemente, supuestamente


268

imperturbable por las palabras de Kade—. Por favor, ponte cómodo. —


Hizo un gesto hacia una butaca detrás de nosotros, pero Kade no le hizo
caso, eligió sentarse en el que estaba justo enfrente de mí.
Página
—¿Y a quién tenemos aquí? —preguntó amistosamente, con sus ojos
fijos en mí. Tragué con dificultad, sin saber qué juego estaba jugando.
La mandíbula de Stephen se apretó ante esto y estaba segura de que no
me habría presentado y eso podría haber ayudado.

—Es mi nueva asistente Lucy —dijo, volviendo a sentarse a mi lado—.


Lucy esté es Kade Dennon.

—Encantado de conocerte Lucy —dijo Kade, una de las esquinas de sus


labios se arquearon en una sonrisa.

—Igualmente —le contesté. Una mujer salió de la parte delantera del


avión, la azafata supongo y nos dijo que fuéramos preparándonos para
el despegue. Ella le preguntó a Stephen si quería tomar algo y le pidió
una copa de vino.

—¿Les apetece una copa también? —preguntó y asentí. Kade, me di


cuenta de que no quiso tomar nada. Unos momentos más tarde, la
azafata nos entregó a Stephen y a mí un una copa fría de chardonnay.24

Estuvimos en el aire en poco tiempo después de que Stephen me


informara que sería solo un vuelo de noventa minutos. Saboreé un
trago de vino y traté de ser discreta aunque podía sentir los ojos de
Kade sobré mí. Eso parecía irritar a Stephen, él se inclinó hacia mí y se
movió de tal forma que su espalda estuviera frente a Kade, bloqueando
la vista.

Stephen me hablaba en voz baja, haciéndome preguntas y charlando.


Traté de seguir la verdad tanto cómo me fue posible. Demasiadas
mentiras son difíciles de seguir bien. Mientras hablábamos, él puso su
mano en mi rodilla, la mano acariciando ligeramente hacia arriba y
abajo de mi muslo. Me hizo ponerme tensa, pero traté de ignorarlo. Al
parecer nada de lo que había ocurrido mientras ayudaba a Blane a
escapar se me notaba.

Gracias a Dios.

—Ese color luce precioso en ti Lucy —dijo Stephen, sus nudillos


tocando el cuello alto de mi suéter. Tal vez por casualidad, tal vez a
propósito, su mano rozó mi pecho. Forcé una sonrisa mientras le daba
las gracias.

—Stephen. —Brian llamó desde la parte delantera del avión— ¿Tienes


269

un minuto? —Los ojos de Stephen se apretaron con irritación, pero la


voz era plácida cuando dijo—: Regreso enseguida. —Asentí, aliviada al
Página

24 Chardonnay: Vino blanco.


darme un respiro de sus atenciones. Se levantó y se alejó. Cerré mis
ojos. Mis nervios estaban tensos cómo ligas sentía como si pudieran
romperse en cualquier momento. Un dolor comenzaba a latir en mi
cabeza y pensé que tal vez no había sido una buena idea tomar una
copa de vino con el estómago vacío.

—¿Cómo lo llevas princesa? —Kade se había deslizado en el asiento


vacante ahora junto a mí y mis ojos se abrieron.

—Estoy bien —le dije en voz baja, ignorando su pregunta—. ¿Cómo está
Blane? ¿Qué haces aquí? ¿Va a estar bien? —Mis preguntas saliendo a
borbotones de mi boca.

—Blane está bien —dijo—. Lo dejé en buenas manos. Pensé que tú me


necesitarías más está noche.

—¿Quiénes son tus jefes? —le pregunté, recordando lo que le había


dicho a Stephen.

—Ah, eso —dijo con un suspiro—. Una mentira piadosa. —Él se encogió
de hombros.

—¿Mentiste? —le susurré, creciendo la ansiedad dentro de mí— ¿Y si lo


investiga?

—Tranquila —dijo desdeñosamente—. No lo hará. —Pausó por un


momento— ¿Cuál es tu plan? —me preguntó. Echando un vistazo a
Stephen por el rabillo de mí ojo. Todavía estaba profundamente en la
conversación con los demás hombres.

—Iba a tratar de agarrar su placa —le dije en voz baja—. Pensé que me
podría llevar a dónde tengo que ir.

—¿Y cómo es que vas a pillar su placa sin levantar sospechas? —Kade
preguntó sarcásticamente. Me di la vuelta y lo miré, esperando a que
llegara a la conclusión obvia. Me di cuenta cuando lo hizo la diversión
desapareció de sus ojos y de sus labios delgados.

—Te lo vas a follar —dijo con total naturalidad. Hice una mueca ante su
crudeza.

—No va a llegar tan lejos —le susurré—. Solo lo suficiente para obtener
su tarjeta de identificación.
270

—Tu plan es una mierda —dijo Kade su propia ira estaba saliendo a la
superficie ahora.
Página
—Sólo podría matarlo. —Kade sugirió, sonriendo cuando me vio
palidecer. Y no respondí, suspiró y dijo—: Está bien. Haz lo que quieras.

Stephen volvió y comenzó a levantar las cejas cuando vio a Kade


sentando a mi lado. Kade se levantó diciendo:

—Un gusto conocer a tu mejor asistente, Stephen. —Stephen sonríe un


poco obligado mientras volvía a su lugar junto a mí. Kade se movió
hacia la parte trasera del avión. Lo vi servirse una copa de una botella
cercana. Parecía scotch o bourbon25.

—Vamos a estar aterrizando en unos minutos —dijo Stephen, su dedo


trazando suavemente desde mi mandíbula, por el cuello hasta el borde
de la parte superior de mi suéter. Me di cuenta de que llevaba un anillo
de bodas y mi repulsión creció. Traté de disimularlo con una sonrisa—
¿Quieres cenar conmigo? —me preguntó.

—Me encantaría —le dije— ¿Tal vez una cena privada, sólo nosotros? —
Sugerí, colocando mi mano sobré su muslo. Fui recompensada con un
brillo lujurioso cómo respuesta en sus ojos.

—Eso se puede arreglar —dijo en voz baja. Inclinándose hacia adelante,


él me besó. Le respondí, tratando de bloquear que quizás estaba
involucrado en el secuestro de Blane. Al abrir los ojos, vi a Kade que
nos miraba, sus ojos ininteligibles. Inclinó la copa hacia atrás y se bebió
el resto del contenido, vi el movimiento de su garganta al tragar.

Aterrizamos y nos fuimos a esperar la limusina para irnos al hotel del


centro. Fue justo en Lake Shore Drive y con vista al lago de Michigan.
Las luces de la ciudad eran hermosas, pero fue un alivio que yo no era
quien condujera en ese tráfico. Esperé en el vestíbulo del hotel,
mientras que Stephen nos registraba, el portero apresurándose a
conseguir a alguien para llevar nuestro equipaje cuando Stephen
repartió las llaves de las habitaciones a los hombres del grupo. Nos
montamos en el ascensor, pero todos los hombres se bajaron en la
planta baja. Kade me miro con atención brevemente mientras salía del
ascensor y las puertas se cerraron de nuevo solo estábamos Stephen y
yo.

Cuando llegamos a la tercera planta de la parte superior, Stephen salió


y me siguió. Me entrega una llave y dice:
271

—Nuestras habitaciones están una al lado de la otra.


Página

25 Bourbon: es una bebida destilada de la familia de los whisky.


—Eso es... conveniente —le dije con una pequeña sonrisa. Me
acompaña a mi puerta, atrayéndome hacía él, me besó una vez más
antes de poder ingresar la tarjeta de acceso en la ranura.

—Tal vez podríamos cenar... más tarde —susurró en mi oído. Pensé


frenéticamente. Qué no estaba preparada todavía para eso. Necesitaba
más tiempo.

—Realmente me gustaría refrescarme —dije sin aliento— Cambiarme.


¿Me das una hora? —Me puse de puntillas para darle un besó—. Te
prometo que voy a hacer que valga la pena la espera. —Eso parecía un
trato.

—Muy bien —estuvo de acuerdo—. Una hora y volveré. —Sonreí y lo


observé mientras se retiraba a su habitación en el hall. Deslicé mi llave
en la ranura, con agradecimiento abrí mi puerta y corrí adentro,
dejando que hiciera clic cuando se cerró detrás de mí.

Al entrar en mi habitación, me sorprendió lo grande que era. No era


como si fuera una pobretona que no me hubiera alojado en un hotel
antes, pero nunca había sido capaz de pagar un lugar cómo este. Tenía
una sala de estar independiente con un sofá y televisión de pantalla
plana en la pared. Una pequeña mesa con dos sillas de comedor estaba
en un rincón junto a las ventanas que se extendía desde el suelo hasta
el techo. Más allá de ellas, pude ver las luces de la ciudad y Lake Shore
Drive. Mi maleta estaba en el dormitorio, que estaba separado del salón
por una serie de puertas francesas. La cama era una king size26 con
dosel que estaba elevada desde el suelo. Pensé con disgusto que
probablemente necesitaría un banquillo para subir a ella.

El cuarto de baño tenía baldosas de cerámica y una bañera de mármol.


La vista de ello me hizo abrir el agua y relajarme. Mi cabeza estaba
palpitando con la tensión. Tenía una hora o algo así hasta que Stephen
estuviera de vuelta. Cediendo a mis impulsos, empecé a llenar la
bañera, encantada de encontrar algunos aceites de baño gratuitos que
fui añadiendo al agua. La habitación se llenó de un olor floral
agradable.

Me apresuré en quitarme la ropa, asegurándome de doblarla


cuidadosamente y colocarlas de vuelta en la maleta. Mi boca se sentía
como lija después de besar a Stephen, así que me lavé los dientes antes
de amarrarme el cabello, perdiéndome en el agua humeante. Sentí que
272

mis músculos se relajaban y dejé escapar un largo suspiro, aliviando la


Página

26 King size: Es una cama con medidas de 2 X 2 metros.


tensión en mí. Mis ojos se cerraron llenos de felicidad y disfruté de la
pequeña tregua en mi día turbulento.

—Bueno, está es una agradable sorpresa. —Mis ojos se abrieron de


golpe. Stephen estaba de pie en el baño mirándome. No debí haber oído
la puerta abierta por el agua corriendo.

—Stephen —le digo, ruborizándome y agarrando una toalla— ¿Qué


estás haciendo aquí?

—Acabo de tener una llamada interesante de nuestro jefe de seguridad


en Indy —y ahora me di cuenta de la dureza en sus ojos y el giro cruel
en sus labios—. Parece que fueron capaces de sacar algunas huellas de
ese punto de acceso que se plantó esta mañana.

Me detuve abruptamente luchando con la toalla, mis ojos vuelan a los


suyos y de repente supe que todo se había descubierto.

—Maldita sea —dijo cerrando la mano en mi brazo mientras me tiraba


fuera del agua—. Que perra mentirosa. Estaba dispuesto a pasar por
alto que ayudaras a Kirk a escapar, pero sin poner en peligro nuestra
red. —Me sacudió duramente y apreté los dientes para evitar que me
mordiera la lengua— ¿Qué demonios has hecho? —El suelo estaba
mojado y resbaló, cayendo contra la puerta. En un instante me tenía
contra él, su mano en mi garganta. Me apretó y no podía respirar.

—Probablemente pensabas que no sabía acerca de Kirk ¿no es así? —


me espetó con furia—. Tengo noticias para ti Kathleen —susurró mi
nombre—, los dejamos escapar. ¿Crees que los habríamos dejado ir tan
fácilmente si no hubiéramos querido? Estúpido coño. —Estaba
empezando a unir las cosas cuando inútilmente hago un intento de
zafarme a su fuerte agarre.

—Hablando de eso —dijo y su voz había cambiado de furioso a


amenazante—. Creo que haré algo bueno antes de matarte. —La presión
sobre mi garganta súbitamente se vio aliviada y me quedé sin aliento,
aspirando una bocanada de aire. Se agacho a la altura de mi cintura,
Stephen me levanta y me arrastra fuera del baño y me tira sobre la
cama. El aire frío golpeando mi piel mojada. Me giró rápidamente para
rodar lejos, traté de cruzar la cama lejos de él, pero me alcanzó por la
pierna, tirando de mí hacia atrás.
273

—Buena idea —dijo—. No quiero ver tu cara fea de todos modos. —


Podía oír el tintineo de su cinturón mientras lo destrababa. El pánico
creciendo y aferrándose a mí. Agarrándome de uno de los postes de la
Página

cama, traté de utilizarlo para jalarme lejos, ya que todavía estaba


húmeda, conseguí perder su agarre. Pero mi libertad fue de corta
duración. Con un gruñido de furia, agarró mis caderas, sus dedos
mallugando mi carne.

—¡No! —grité— ¡Déjame ir! —Luché, pero no era rival para él cuando me
jaló por mis rodillas.

—Cállate la boca —me ordenó, empujando mi cara hacia abajo en el


edredón y me sostuvo allí, su mano agarrando la parte de atrás de mi
cuello con fuerza. Se sentó a horcajadas, sobre mis piernas. Luché por
respirar sabía que estaba a punto de ser violada y asesinada, no
necesariamente en ese orden. Lanzó violentamente su cinturón de cuero
para golpearme y me hizo gritar de dolor. Me golpeó dos veces más y mi
piel estaba en llamas.

De repente, me soltó. Caí al lado, luchando por respirar y llorando al


mismo tiempo. Sabía lo que iba a pasar, tenía que escapar antes de que
me agarrara de nuevo, traté de arrastrarme en la cama. Sus manos
nuevamente tocaron mi cintura y grité, sentí la adrenalina correr a
través de mí. Me acarició, ya que estaba girada boca arriba. Mis
muñecas fueron capturadas y lloré de rabia e impotencia.

—Kathleen detente, todo está bien. Ahora estás a salvo. —Las palabras
no penetraron de inmediato en mi mente, pero cuando lo hicieron dejé
de luchar y abrí los ojos.

Kade estaba inclinado sobre mí, sosteniéndome de las muñecas con


suavidad pero con firmeza, cómo evitando que le fuera a golpear. El
brillo sarcástico habitual en sus ojos había desaparecido. En su lugar
había rabia y una emoción que no podía describir. Mi alivio fue tan
profundo, que no podía hacer nada más que sollozar. Soltó mis brazos y
me volví de lado, tirando de mis rodillas y enroscándome en mí misma.

Deslizó sus brazos debajo de mí y me levantó en sus brazos llevándome


fuera de la habitación. Me aferré a él, con la cara enterrada en su
hombro mientras trataba de recuperar el control. Se sentó en el sofá
conmigo en su regazo, tirando una manta sobre mí. Mi cabello estaba la
mitad arriba y la mitad abajo y metódicamente comenzó a zafar los
pasadores restantes mientras yo empapaba su camisa con mis
lágrimas. Finalmente dejé de llorar y tomé profundas respiraciones
tranquilizadoras. Se sentía tan bien la respiración. Los pasadores están
fuera de mi cabello ahora y Kade estaba acariciando suavemente mi
274

cabeza.
Página

Limpiando mi garganta, le pregunté con voz ronca:


—¿Qué le ha pasado?

—Muerto —dijo Kade tranquilo, su mano no cesaba con sus relajados


movimientos. No me asombró y no me atreví a indagar más. Stephen
había muerto. Me estremecí, pensando si Kade no hubiera llegado,
hubiera sido yo.

—Gracias —le dije susurrando—. No sé lo que hubiera hecho... —No


podía continuar, las lágrimas obstruían mi garganta. Estuve tranquila
por unos momentos mientras Kade me dejaba recobrar el control.

—¿Estás bien? —me preguntó en voz baja—. Él no… —lo interrumpí


antes de que pudiera terminar la pregunta.

—No. —Otro espasmo me recorrió y Kade me apretó más. Sus manos


eran cálidas sobre mi piel debajo de la manta y me acurruqué más
contra él, saboreando la sensación de seguridad después de creer que
iba a morir. Me moví para que pudiera ver su rostro y la manta se
deslizó hacia abajo por encima de mi hombro. Los ojos de Kade bajaron
a mi pecho. Sentí el aumento de su respuesta por debajo de mí.

—Lo siento princesa —murmuró un momento después, arrastrando los


ojos de nuevo a la mía—. Sólo soy un hombre con una muy hermosa y
muy desnuda, mujer en su regazo. —Nuestros ojos se encontraron y se
sostuvieron y se me corto la respiración.

—Debes moverte ahora —me ordenó, con voz ronca y sentí sus manos
enroscándose en puños.

De pronto me senté, moviéndome fuera de su regazo y tomando la


manta conmigo. No lo miré a los ojos mientras me envolvía y me
trasladaba al otro extremo del sofá.

—Dijo que a Blane lo dejaron escapar hoy —le dije y el nombre de Blane
me hizo sentir como si él estuviera presente en la habitación con
nosotros—. Y ellos saben que fui yo.

—Es una lástima —dijo—, pero no es algo inesperado. —La mirada en


sus ojos había desaparecido cómo si nunca hubiera existido, con su
sonrisa habitual en su lugar—. Tenemos la llave ahora, aunque creo
que habría sido mejor si hubiéramos acabamos de hacer las cosas a mi
manera. —El ligero sarcasmo en su tono me hizo sentir un pellizco de
dolor, pero no podía discutir con él.
275

—Voy a llevarlo de regreso a su habitación y hacer que parezca un


Página

accidente —dijo levantándose del sofá—. Vístete. Tenemos que hacer lo


que vinimos a investigar y salir de aquí. —Asentí poniéndome de pie
también. Debo haberme movido demasiado rápido, ya que la habitación
daba vueltas en mi visión y mis rodillas se doblaron.

—¡Mierda! —Kade se movió rápido, me sostuvo antes de que pudiera


golpear el suelo. Mis manos temblaban ligeramente mientras me
aferraba a él, esperando a que la habitación dejara de girar.

—¿Qué pasa? —preguntó con inquietud—. ¿Te golpeaste la cabeza? ¿Él


te ha pegado? —Negué con la cabeza.

—No, no. Es que... estaba mareada por un momento, eso es todo —le
dije con voz débil.

Kade parecía procesar esto.

—¿Cuándo fue la última vez que comiste? —preguntó. Me encogí de


hombros.

—¿Esta mañana, tal vez? —le contesté. Parecía haber pasado tanto
tiempo.

—Eres una carga de mierda llena de problemas —gruñó, ayudándome a


levantarme y estabilizarme— ¿Puedes vestirte por ti misma? —Asentí
con mis mejillas encendidas por la idea de que me tuviera que ayudar a
vestirme.

Envolviendo la manta a mí alrededor cómo una toga, me arrastré a la


habitación, Kade muy cerca de mí. Me detuve bruscamente cuando
entré por las puertas francesas. El cuerpo de Stephen estaba en el
suelo, con la cabeza inclinada en un ángulo y supongo que su cuello
estaba roto. Sus ojos miraban al frente sin ver. Mi estómago se revolvió,
pero respire hondo y apriete los dientes. Definitivamente no volvería a
vomitar delante de Kade de nuevo. Kade tomó a Stephen por debajo de
las axilas pará arrastrarlo hacía la puerta. Después de comprobar y
asegurarse de que el pasillo estaba despejado, abrí la habitación de
Stephen y Kade lo arrastró dentro. Agarró la tarjeta de seguridad de
Stephen, le quitó los pantalones, me retiré a mi habitación, dejando a
Kade hacer lo que iba a hacer para aparentar la prematura muerte de
Stephen.

Llené un vaso con agua del grifo y me lo bebí, con la esperanza de que
me ayudaría a aclarar mis ideas. Había agua por todas partes en el
suelo así que cogí unas toallas y la limpié. Alcancé la ropa de mi maleta,
276

y me apresuré a ponerme un par de jeans y un jersey de cuello alto


negro, tirando de mi cabello en una cola de caballo. No tenía zapatillas
Página

pero deslicé mis pies en un par de zapatos negros.


Kade regresó a tiempo y sentí que había recuperado algo de mi
armadura, aunque el recuerdo de lo que había estado sufriendo cuando
Kade me había visto por primera vez en esta habitación de hotel hacía
que sea difícil para mí mirarle a los ojos. Una mezcla de rabia y
vergüenza me llenó y hubiera dado cualquier cosa por que otra persona,
o nadie, me hubieran tenido que haber salvado. Sabía que Kade
pensaba que yo era basura inútil y de alguna manera tenía razón al ver
que alguien me trató de esa manera, me hizo sentir más cómo si fuera
verdad.

—¿Estás lista? —preguntó y asentí, sin hablar. Agarré mi bolso y salí de


la habitación. No volvimos a hablar hasta que estábamos en la calle—.
Vamos a buscarte algo de comer —dijo moviendo la mano para
agarrarme suavemente por el codo. Hacía frío afuera, ráfagas de viento
golpeaban en mi cara y me alegré de que pusiera mi cabello fuera del
camino.

—Estoy bien —le dije—. Vamos a llegar al centro de datos.

—Olvídalo —dijo Kade firmemente, tirando de mí por la acera—. Vas a


tener que pasar sobre mí porque eres demasiado terca para comer.

—No me voy a desmayar —le dije con los dientes apretados—. Solo
quiero terminar con esto.

—Todo a su tiempo —dijo—. Es mejor de todos modos si vamos tarde.


Menos personas estarán en el edificio. Ahora, vamos a comer. —
Haciendo caso omiso de mis protestas, empezó a tirar de mí a un
pequeño pub, con poca luz.

—¡No! —dije tratando de alejarme, mi voz al borde del pánico. Kade se


detuvo y me miró, entrecerrando los ojos.

—¿Cuál es el problema? —dijo y por dentro me asusto ante la irritación


en su voz. No podía explicarlo, pero la idea de sentarme frente a él y
comer, fingiendo que nada había sucedido, era suficiente para tratar de
evitarlo. No era capaz de olvidarlo, al igual que él y sabía que se estaría
preguntando si él podría olvidar que me haya visto antes en esa
humillación que había soportado. Si en el ojo de su mente, él me veía
desnuda en la cama, con la cara metida en las sabanas, a punto de ser
violada. Por supuesto yo no podía decirle nada de esto.
277

—Yo... no puedo —dije débilmente, evitando sus ojos. Sentí que me


estudiaba. Entonces, su mano estaba debajo de mi barbilla,
levantándola hacia él. Miré hacia abajo, rechazando su petición
Página

implícita.
—Mírame —dijo en voz baja. Negué con la cabeza, mordiéndome el labio
para no gritar. Dos lágrimas se deslizaron por mi mejilla de todos
modos. Sentí sus pulgares limpiándolas—. Mantengámonos juntos
Kathleen —dijo en voz baja—. Cualquier otra mujer habría necesitado
un sedante después de lo que ese hijo de puta te hizo está noche. Eres
más fuerte que eso. —Más lágrimas caían y él las enjuagaba lejos
también, sus pulgares deteniéndose en mis pómulos.

—No fue tu culpa Kathleen —dijo seriamente—. No te sientas culpable


por lo que hizo.

Levanté los ojos hacia él y no sé lo que vio en ellos, maldiciendo en voz


baja. De pronto sus labios se posaron en los míos con una dulzura que
nunca habría pensado que poseía. No trató de profundizar el besó, sino
que era más bien una bendición. Saboreé su toque, teniendo la
sensación de que podía curar esa parte de mí que Stephen había
quebrado en esa habitación de hotel. Kade puso su frente con la mía,
nuestra respiración se mezclaba con el aire frío de la noche. Nos
quedamos así durante varios minutos, con sus manos envueltas
suavemente alrededor de mi cuello por la parte de atrás, sus pulgar
acariciándome, me eche hacia atrás, ya era capaz de mirarlo sin querer
enterrar mi cara en la vergüenza.

—Por favor —dije en voz baja—, no se lo digas… a nadie... lo que


sucedió. —Los dos sabíamos de lo que estaba hablando y no creía poder
soportarlo si Blane se enterara. Kade apretó la mandíbula aunque hizo
un gesto brusco y de alguna manera sabía que no podría romper su
palabra—. Tengo hambre —le dije y los labios de Kade se curvaron un
poco en los bordes.

—Ya era hora de una puta vez —dijo agarrando mi mano y llevándome
al bar. Esta vez, era de buena manera. 278
Página
Capítulo 15

Kade y yo estábamos sentados en un reservado en la esquina del pub.


Él se sentó frente a mí, de espaldas a la pared. Una camarera con
aspecto cansado se acercó a nosotros para tomar nuestra orden.

—Agua para mí, Coca-Cola para ella —respondió Kade.

—Coca-Cola Light —interrumpí, pero Kade me cortó.

—No, normal —dijo a la camarera que asintió y se fue—. Necesitas el


azúcar —dijo una vez que ella se hubo ido. Esto me pareció prepotente,
pero no quería discutir sobre algo insignificante.

Mirando el menú, traté de encontrar algo que me apeteciera a estas


horas. Me decidí por un sándwich de pavo con una patata asada en
lugar de patatas fritas.

—¿La patata viene con crema agria y queso? —le pregunté. La camarera
asintió.

—Con tocino, también, si usted quiere —dijo ella.

—Eso sería genial. —El tocino debería tener su propio grupo


alimentario. Kade también pidió un sándwich y la camarera nos dejó
solos.

Tomé un sorbo de mi Coca-Cola y admití a regañadientes que el azúcar


me estaba haciendo sentir mejor. Incluso si solo era energía transitoria,
ya no me sentía como si pudiera dejar caer mi cabeza sobre la mesa y
quedarme dormida. Nos sentamos en silencio durante unos minutos
antes de que hiciera una pregunta que había estado flotando en el
fondo de mi mente.

—¿Cómo os encontrasteis... tú y Blane? —pregunté. Los ojos de Kade se


estrecharon y pensé que no me iba a contestar.

—Mi madre murió y el nombre del padre de Blane fue mencionado en


279

mi certificado de nacimiento —dijo rotundamente—. Quisieron pasarle


la tutela a él.
Página

—¿Cuando murió ella?


—Mi madre murió de cáncer cuando yo tenía seis años. Me arrastraron
por el sistema durante algunos años. Estaba en la casa de acogida
número doce cuando Blane me encontró.

Mis ojos se abrieron con sorpresa y compasión. Doce casas de acogida.


No podía imaginar lo horrible que sería para un niño, especialmente
uno tan joven.

—¿El padre de Blane no se ocupó de ti cuando murió tu madre? —


pregunté con incredulidad, mi opinión del hombre se hundía a cada
minuto. Los labios de Kade se curvaron en una sonrisa sin humor.

—Tenía una reputación que cuidar —dijo con amargura— No habría


quedado bien, recoger a su bastardo huérfano, ¿verdad?

—Pero Blane lo hizo — y no era una pregunta. Me di cuenta por la


mirada en los ojos de Kade que yo tenía razón y asintió lentamente.

—Blane lo hizo —afirmó. Nuestros ojos se encontraron y se sostuvieron


y volví a ver en ellos la misma lealtad inquebrantable hacia Blane que
había visto esa mañana cuando estaba en mi dormitorio.

—Blane dijo que él y su padre habían tomado caminos separados antes


de entrar en la Marina —le dije— ¿Eso fue por ti?

Kade asintió.

—Y debido a que Blane no quiso seguir la línea del partido. El viejo era
un demócrata de toda la vida que venía de una larga línea de
demócratas de toda la vida. Blane pensaba diferente y el viejo nunca lo
perdonó por ello. Blane tenía catorce años cuando se enteró de que yo
existía. Trató de conseguir que el viejo me reconociera, pero él no lo
haría.

—¿Cuando murió? —le pregunté.

—Cuando Blane tenía dieciocho años.

—¿Su madre lo sabía?

—No estoy seguro —respondió Kade— ¿Una esposa realmente no sabe


cuando su marido la está engañando? Si sabía algo de mí o no, no
podría decirlo. Probablemente no.
280

—¿Blane se lo dijo? —No sabía por qué estaba respondiendo a mis


preguntas, pero siempre y cuando lo hiciera, yo no iba a dejar de
preguntar.
Página
Kade negó con la cabeza.

—Era una mujer dulce. Frágil. Amaba a su marido, aunque fuera un


hijo de puta. Su muerte pareció debilitarla aún más. Murió poco tiempo
después de él.

Eso era triste, el estar tan enamorado de alguien que no te era fiel. No
me podía imaginar un escenario en el que no me importara, que amara
a alguien hasta el punto de hacer la vista gorda. Parecía tan... débil, de
alguna manera. Traté de no hacer juicios sobre la madre de Blane, pero
no me podía imaginar renunciar a la vida cuando tenía un hijo que me
necesitaba.

—Tú eres un poco más joven que Blane — dije pero me detuve cuando
la camarera puso nuestra comida delante de nosotros. La comida me
distrajo por unos pocos minutos, el olor me hizo dar cuenta de lo
hambrienta que estaba en realidad. Escarbé en mi patata, cerrando los
ojos de placer cuando la frescura de la crema agria combinada con el
calor de la verdura golpeó mi lengua. Cuando abrí los ojos Kade me
miraba, la comisura de su boca hacia arriba.

—¿Esta bueno? —me preguntó con sencillez. Murmuré una respuesta


afirmativa mientras seguía mordiendo.

Cuando calmé la urgencia de mi hambre, volví mi atención a Kade,


mirándolo especulativamente. Su frente se arqueó en una pregunta no
formulada.

—Eres, ¿qué?, ¿diez años más joven que Blane? —le pregunté.

—Ocho.

—¿Fue a buscarte cuando murió su padre? —Kade asintió, terminando


su sándwich. Fuimos interrumpidos por una mujer que se dejó caer en
el asiento junto a Kade. Mis cejas volaron hacia arriba mientras ella le
agarraba la mandíbula ligeramente antes de colocar su boca sobre la
suya. Yo miré, atónita por un momento, mientras se besaban, mi
estómago apretado en un nudo. Entonces salté y dejé escapar un
chillido cuando un hombre negro y grande se sentó a mi lado, con el
brazo apoyado en la parte trasera del asiento detrás de mí.

La mujer finalmente rompió el beso y agarró una patata del plato de


Kade.
281

—Ya era hora que os presentarais —dijo Kade imperturbable. La mujer


Página

esbozó una sonrisa hacia él. Era pequeña y encantadora con el cabello
oscuro, casi negros y ojos verdes brillantes.
—No querría que nos dieras por sentado Kade —dijo la mujer a la ligera
y me sorprendió oírla hablar con acento. ¿Irlandés, tal vez?

—¿Quién es tu buena amiga Kade? —le preguntó el hombre negro. Me


volví hacia él y miré hacia arriba y un poco más arriba. Era enorme y
aunque sonreía, sus ojos estaban evaluándome de forma calculadora.
Decidí en ese mismo momento que no querría molestarlo nunca. El
pecho y los brazos eran enormes y estoy segura de que podía
aplastarme como a un insecto.

—Ah, sí, debería presentarlos —dijo Kade sin problemas—. Kathleen


ellos son Terrance y Branna.

—Encantada de conocerlos —dije automáticamente, viendo como


Branna comía otra patata. Se sentaba muy cerca de Kade, al que no
parecía importarle.

—Terrance y Branna nos van a ayudar esta noche —explicó Kade.


Volviéndose hacia Branna le preguntó—: ¿Eres capaz de intervenir las
cámaras?

Branna asintió, sonriendo levemente.

—Por supuesto. Ahora soy capaz de controlarlas de forma remota. Ellos


solo verán lo que yo quiera que vean.

—Nunca decepcionas —Kade murmuró y Branna pareció contenta con


su alabanza.

—¿Cómo entraras? —preguntó Terrance y Kade volvió su mirada hacia


él.

—No es el entrar lo que me preocupa —dijo con ironía— ¿Dónde está


Rusty? ¿No vino con ustedes? —Branna puso los ojos en blanco.

—Está fuera con la camioneta. Dijo que no quería dejarla sola en un


mal vecindario.

—¿Mal vecindario? —pregunté, confundida. En realidad estábamos en


una parte buena de la ciudad. Kade suspiró.

—El mismo Rusty paranoico de siempre, por lo que veo.

—Tienes razón —coincidió Terrance con un suspiro. Kade miró la hora y


282

puso algo de dinero en la carpeta de cuero pequeña cuando llegó.


Salimos del reservado y subrepticiamente miré a Branna. Tenía una
figura que cualquier mujer envidiaría, cintura pequeña y caderas
Página

redondeadas, revestida con unos ajustados jeans negros y botas de


cuero de tacón alto que llegaban a sus rodillas. Su cabello era espeso y
ondulado y lo llevaba atado. Una camisa verde del mismo color que sus
ojos se moldeaba a su pecho y llevaba un chaleco negro sobre la parte
superior. Mientras se alejaba de mí, vi un bulto revelador en la parte
baja de la espalda que me dijo que tenía un arma.

En el exterior Terrance y Branna nos llevaron a la vuelta de la esquina


hacia una camioneta estacionada al lado de la calle. Terrance llamó a la
puerta del lateral bruscamente. Cuando no pasó nada, volvió a llamar,
gritando con voz irritada:

—Abre la jodida puerta Rusty.

La puerta se abrió con cautela para revelar una figura menuda que
llevaba gafas y una gorra de béisbol cuando se asomó por la abertura.

—Se supone que debes usar el código de golpes Terrance —argumentó


en voz petulante—. Tres cortos, dos largos, dos cortos. Así sé que eres
tú. —Empujó las gafas más arriba en su nariz.

—A la mierda ese código estúpido —se quejó Terrance—. No voy hacer


eso.

Vi que Branna y Kade intercambiaban una mirada de comprensión


mutua mientras Terrance y Rusty continuaban discutiendo. Estaban
obviamente familiarizados con esta escena. Me sentí incómoda como
una extraña y me moví nerviosamente de un pie a otro. Esto llamó la
atención de Kade hacia mí y su sonrisa divertida se desvaneció.

—Si ya terminasteis —intervino, silenciando a Terrance y Rusty—,


vamos a seguir adelante.

Con un resoplido de desdén definitivo, Terrance se subió y se metió en


el asiento del conductor mientras Branna subía en el lado del pasajero.
Kade me indicó que subiera a la camioneta, también.

—¿Quién es ella? —preguntó Rusty, mirándome mientras me


acomodaba y Kade deslizaba la puerta lateral para cerrarla.

—Ella es nuestro billete de entrada —respondió Kade.

—¿Tienes una tarjeta de acceso? —dijo Rusty con incredulidad.

—Dásela —me ordenó Kade, e hice lo que me dijo.


283

—Rusty necesitamos que se trate de alguien que no sea Stephen Avery.


Página

Rusty tomó la tarjeta con entusiasmo, dándole vueltas entre las manos.
—¿Por qué?

—Porque Avery está muerto —respondió Kade. Rusty no parecía


sorprendido por esto.

—Entonces no puedo ir corriendo por el centro de datos, ¿verdad? —


preguntó Rusty retóricamente, tomando la tarjeta desapareció en la
parte de atrás de la camioneta. Girando en mi asiento, vi que la parte de
atrás había sido arrancada y reemplazada por un estante atornillado al
lateral que contenía material informático. Había una silla plegable
frente a él. Vi cómo Rusty se sentaba y ponía la tarjeta en algún tipo de
dispositivo.

—¿Qué está haciendo? —le pregunté a Kade en voz baja.

—Cambia el código base por lo que sigue abriendo las puertas, pero no
como Stephen Avery —respondió. Girando alrededor, vi que Branna me
estaba observando. Me encontré con su mirada.

—¿No iras a llevarla contigo? —preguntó a Kade con desaprobación.

—Estaba pensando en eso —respondió brevemente.

—Eso es absurdo Kade —dijo con un bufido—. Va a hacer que la maten


y tal vez a ti con ella. —Decidí que no me gustaba que se hablara como
si yo no estuviera allí.

—“Ella” —intervine enérgicamente— no va a hacer que maten a nadie.

Los ojos de Branna se estrecharon hacia mí.

—¿Entonces por qué estás aquí cariño? —La forma en que dijo "cariño"
goteaba con condescendencia y me dieron ganas de rechinar los
dientes.

—Ella es mi respaldo —respondió Kade sin emoción,


sorprendiéndome—. Y sabe qué servidor tenemos que buscar —agregó
Kade—. Algo que no hemos sido capaces de dilucidar. —El rostro de
Branna se puso rojo de ira antes de que se diera la vuelta rápidamente.
Cuando ya no estábamos siendo observados, Kade se inclinó hacia mí.

—Sabes qué servidor es ¿verdad? —susurró en mi oído, su cálido


aliento haciéndome cosquillas en la piel. Sonreí y asentí.
284

—Bien. —Se acomodó en su asiento. Me pregunté qué habría hecho si


hubiera dicho que no tenía la menor idea de qué servidor era.
Página
Unos minutos más tarde, llegamos a un edificio grande de poca altura.
Las luces exteriores que brillaban en el cartel proclamaban que era
"TecSol – Centro de Datos del Medio Oeste". Respiré hondo.

Volviendo con nosotros desde el otro lado de la camioneta, Rusty tendió


la tarjeta de seguridad a Kade.

—Todavía debería llevaros a donde necesitáis —dijo mientras Kade la


guardaba en el bolsillo. Entregó a Kade un pequeño auricular.

—Voy a guiarte a través del edificio con esto por el tiempo que pueda.
Este blindaje puede ser demasiado grande para recibir una señal una
vez que estés bajo tierra.

—Entendido —dijo Kade ajustándolo a la oreja.

—Puedo meterte en el perímetro del edificio por una puerta lateral —


continuó Rusty—, pero tendrás que usar la tarjeta de acceso a partir de
ahí. —Kade miró el arma y la munición mientras Rusty hablaba, luego
la metió en la parte baja de la espalda.

—Dame un arma extra Rusty —dijo Kade y Rusty obedientemente le


entregó una. Kade me la ofreció a mí— ¿Sabes cómo disparar un arma?
—me preguntó.

Antes de que pudiera responder, Branna estalló.

—¿Qué demonios estás haciendo? ¡Es una niña! ¡No le des un arma!
Probablemente se disparara a sí misma o a ti. —Bueno, gracias por el
voto de confianza, pensé sombríamente.

Tomé el arma de Kade, deslizando el cargador para asegurarme de que


estaba cargada antes de bloquearlo en su lugar. Me aseguré que el
seguro estaba puesto y la metí en la parte trasera de mis pantalones.
En silencio, di las gracias a mi padre por enseñarme cómo usar un
arma.

—Sí, sé cómo disparar un arma —dije ignorando a Branna. Nadie dijo


nada, pero me pareció ver un destello de reconocimiento en los ojos de
Kade.

—Branna —dijo Kade volviéndose hacia ella y me di cuenta que parecía


furiosa— mantén las cámaras cubiertas y Terrance estate listo para
marcharse en caso que salga mal. Cubrid vuestros propios traseros. —
285

Los tres asintieron, su expresión seria.


Página
Kade y yo salimos de la camioneta y vi cómo Branna se subía a la parte
trasera con Rusty. Rusty comprobó para asegurarse que Kade podía
escucharlo en el auricular.

—Buena suerte Kade —dijo Branna, con los ojos fijos en él. Él no dijo
nada, simplemente asintió con un gesto brusco. A mí me ignoró por
completo. Supe entonces, por la mirada en sus ojos, que estaba
enamorada de él. No podría decir si él lo sabía o sentía lo mismo.
Habría sentido lástima por ella si no hubiera sido una perra conmigo.
La puerta se cerró y la camioneta se alejó poco a poco.

—Solo irán a pocas calles más abajo y aparcarán —me aseguró Kade—.
Vamos.

La calle estaba desierta y silenciosa. Kade tomó mi mano y me llevó


detrás del edificio en las sombras. Me quedé quieta, suponiendo que
estaba escuchando a Rusty en su oído. Llegamos a una puerta y con un
clic silencioso, se destrabó. Kade abrió y entró. La puerta se cerró
detrás de nosotros, sonando el clic de bloqueo de nuevo y traté de no
pensar en lo ominoso que sonaba.

Estábamos al final de un pasillo, una puerta a nuestra derecha


proclamando la entrada a una escalera. El edificio estaba bien
iluminado y tranquilo. No obstante, había un constante zumbido de
sonido justo debajo de mi rango de audición que pude sentir. Mi sangre
estaba corriendo y el miedo me lamía. Traté de concentrarme en la
respiración. Era el respaldo de Kade. No podía, ni lo haría, dejar que le
pasara nada, sobre todo porque era el hermano menor de Blane.

Soltando mi mano Kade sacó su arma y le copié, liberando el seguro.


Las prácticas de tiro al blanco eran una cosa, pero no sabía si sería
capaz de disparar a alguien en realidad, en caso de necesidad.
Esperaba no tener que llegar a eso.

Al entrar en el hueco de la escalera, bajamos en silencio tres pisos.


Cuando llegamos a la parte inferior, Kade pasó la tarjeta frente a la
cerradura de la puerta e hizo un clic. Abrió la puerta lentamente, Kade
se aseguró de que el pasillo estaba desierto antes de entrar. Corrí tras
él.

—Perdimos la señal —murmuró Kade—. El blindaje aquí es lo


suficientemente grueso como para resistir explosivos, bombas —
286

explicó—. Estamos por nuestra cuenta. —Tragué saliva nerviosamente.


Sus ojos se posaron en mí y le brillaban de emoción.
Página
Lo seguí por el pasillo, pasando por varias puertas cerradas por el
camino. Nerviosa, eché un vistazo a las numerosas cámaras en el techo
a nuestro paso.

—¿Estás seguro de que Branna va a ser capaz de intervenir las


cámaras? —le pregunté.

—Absolutamente —respondió—. Es la mejor. —Me pregunté, con un


poco de sarcasmo, ¿en qué otras cosas era "la mejor"?

—¿Cuál es el nombre del servidor? —me preguntó en voz baja mientras


caminábamos.

—EVE0928 —respondí—. ¿Qué vas a hacer cuando lo encuentres?

—Saber quién ejecuta realmente esta operación —dijo de manera


cortante y no ofreció nada más. Llegamos al final de la sala y una gran
puerta doble nos cortaba el paso. Kade me miró.

—Más allá de esto está el centro de datos principal —dijo—. Va a haber


guardias y trabajadores que necesitaremos neutralizar.

—Al neutralizar, espero que no te refieras a lo que creo que quieres


decir —dije en advertencia—. Estas personas no son los responsables
de todo esto. No merecen morir. — Kade solo me miró por un momento,
con una expresión indescifrable.

—Por lo menos trata de recordar que estoy de tu lado —dijo finalmente.


Me sonrojé y asentí.

Pasó la tarjeta delante de la cerradura y la puerta se abrió y Kade se


abrió paso rápidamente, conmigo pisándole los talones.

Sorprendentemente, solo un hombre estaba allí, sentado detrás de un


mostrador, delante de un banco de monitores. Se dio la vuelta para ver
quién había entrado en la habitación. Cuando vio a Kade apuntándolo
con una pistola, saltó, lanzándose por algo detrás del mostrador.

Un disparo sonó y el hombre gritó de dolor, agarrándose el brazo donde


la bala de Kade le había golpeado.

—Yo no haría eso si fuera tú —dijo Kade con calma. Vi como el hombre
se apartaba hacia atrás, lejos de lo que ahora veía que era un botón en
la pared. Su mano estaba ahora carmesí de sangre.
287

—Aléjate, contra la pared y tira tu teléfono al suelo —ordenó Kade. El


hombre hizo lo que le dijo. Kade me miró fijamente y recogí el teléfono,
Página

con las manos temblando. Mirando alrededor, vi una puerta a un baño


y me apresuré a entrar y dejarlo caer en el inodoro. Cuando volví a salir,
Kade me hizo señas hacia él.

—Mantén la pistola sobre él —dijo. Obedecí, tratando de calmar mis


manos cuando levanté mi arma.

—¿Qué vas a hacer? —le pregunté, mirándolo mientras rodeaba al otro


lado del mostrador y se inclinaba sobre un monitor de ordenador y el
teclado.

—Estoy encontrando nuestro servidor —dijo con los ojos en la pantalla.


Detrás de él había un laberinto de filas y filas de armarios de
servidores. De repente, estaba muy contenta de que Kade estuviera
aquí. No había manera de que pudiera haber encontrado el servidor por
mi cuenta.

—Lo tengo —Esperaba que se dirigiera hacia los armarios de servidores,


pero no lo hizo.

—Bueno ¿dónde está? —le pregunté con impaciencia. No sabía lo que


estaba haciendo Kade pero sabía lo que tenía que hacer. La unidad de
memoria me quemaba un agujero en el bolsillo. Dudé si debía o no
decírselo a Kade, pero opté por guardar silencio.

—Rack 518 —respondió distraídamente. Vi como sus dedos volaban


sobre el teclado.

Un clic detrás de mí me hizo volver, entonces vi con horror como la


puerta se abría de golpe. Me escondí en el frente del mostrador cuando
los disparos sonaron, la baldosa donde había estado de pie astillada por
las balas. Una mano se cerró alrededor de mi brazo y me miró. Era el
tipo al que Kade había disparado y estaba luchando por quitarme el
arma de mis dedos. Me asusté cuando perdí mi agarre sobre ella,
seguro de que iba a matarme y levanté la rodilla con todas mis fuerzas.
Le pegué y se dobló de dolor, ahuecando su entrepierna.

Luchando con mis pies, me agaché, corriendo delante de la barra hacia


los bastidores del servidor. Detrás de mí, oí voces, gritos y más
disparos. No pude ver a Kade en ningún lugar y estaba aterrorizada que
hubiera sido alcanzado por un disparo.

Corrí hacia los armarios, me oculté en una fila cuando oí más disparos
golpeando el metal. El sonido se detuvo abruptamente.
288

—¡No dispares a los servidores idiota! —gritó un hombre. Seguí


Página

corriendo y ahora oía pasos siguiéndome.


Corriendo por la fila, vi que era una habitación más grande de lo que
pensaba. Los armarios eran de más de un metro ochenta de altura y
por una vez, me alegré de mi baja estatura. Al ver un pasillo a mi
derecha, me volví, corrí una corta distancia antes de recorrer otra fila.
Lo hice un par de veces más, pero me detuve para escuchar, mi pecho
agitado.

Oí pasos a la carrera, pero no podía decir exactamente qué tan lejos o


desde qué dirección venían. Mi corazón latía y mi sangre retumbó en
mis oídos. Mirando a través de la fila, vi que la rejilla tenía un número.
407. Con un sobresalto, recordé el número que Kade me había dicho. Si
tenía suerte, podría ser capaz de encontrarlo. Me tapé la boca con las
manos, tratando de calmar mi respiración.

Los zapatos que llevaba tenían suelas duras e hicieron ruido cuando di
un paso. Me los saqué. Consideré llevarlos conmigo, pero sabía que iba
a necesitar las manos libres. Maldiciendo el hecho de haber perdido mi
arma, me dirigí por la fila, las baldosas del suelo frío bajo mis pies
descalzos.

Se había quedado todo en silencio. Sentí como la piel de gallina cubría


mis brazos y sabía lo que se sentía al ser cazado. Llegando a una
apertura en los armarios, apreté mi espalda contra el frío metal,
respirando hondo antes de echar un vistazo rápido a la vuelta. Sin ver a
nadie, rápidamente me deslicé a través del espacio abierto hacia la
seguridad de otra fila, di un suspiro de alivio cuando los disparos no
sonaron.

Estaba casi al final de los cuatrocientos, mis ojos pasando sobre las
etiquetas de los bastidores mientras me apresuraba corriendo. No
mucho más. Otra apertura en el laberinto interminable de armarios me
hizo repetir mi mirada vacilante, revisando. Estaba a un paso de la
seguridad de otra fila cuando oí a alguien gritar. Una rápida mirada a
mi izquierda y vi a un hombre corriendo hacia mí. Descartando la
cautela y tranquilidad, salí corriendo.

Quince metros más adelante, estaba derrapando hasta detenerme


delante de la fila 518. Perdí un precioso segundo tratando de abrir la
puerta, el hombre rápidamente corría por el pasillo hacia mí.
Finalmente, la puerta se abrió y rápidamente exploré los servidores
dentro, parando cuando vi EVE0928. Maldije para mis adentros cuando
289

vi que tenía algún tipo de cubierta metálica sobre la parte exterior. El


miedo me dio fuerzas y tiré con fuerza. A tientas de mi bolsillo, saqué el
Página

pendrive USB, poniéndolo en una ranura en la parte frontal en el


momento en que el hombre me alcanzó.
Él cerró su mano sobre mi hombro y me dio la vuelta. Usé el impulso
para levantar mis manos, sin soltar la cubierta metálica rectangular.
Con un crujido repugnante, lo golpee en un lado de la cabeza y se
tambaleó hacia atrás. Su mano voló dentro de su abrigo, pero yo tenía
ventaja, la adrenalina y el miedo se clavaron en mi sangre. Giré de
nuevo y le pegué con el codo, lo que le hizo tirar el arma que había
estado sujetando.

Dejé caer la cubierta metálica, y me lancé por el arma, mis dedos se


cerraron a su alrededor cuando el hombre me dio la vuelta. Luchamos
por ella en silencio, solo se podían escuchar la respiración pesada y
gruñidos de esfuerzo. Estaba decidida a que no iba a dejar ir el arma,
pero sus manos eran como garras en los brazos y las manos.

Me sobresalté cuando el arma se disparó y él también. Nuestros ojos se


encontraron por un momento y tuve sólo una fracción de segundo antes
de darme cuenta de que no había sido herida antes de que el hombre se
derrumbara encima de mí.

Luchando bajo su peso, lo empujé lo suficientemente lejos de mí para


ser capaz de deslizarme el resto del camino. La sangre cubría mis
manos y me apresuré a limpiarlas en mis pantalones vaqueros. Las
lágrimas me escocían los ojos, pero las aparté. No era momento de
derrumbarse.

Un toque en mi espalda me hizo girar rápidamente y me quedé sin


aliento cuando vi que era Kade.

—Oh, Dios mío —balbuceé, aturdida— ¡Kade, podría haberte matado! —


Él solo me sonrió.

—Ni de casualidad princesa —Echando un vistazo por encima de mi


hombro, vio la escena. El muerto tenía un charco de sangre
extendiéndose lentamente por debajo de él y la puerta de bastidor 518
estaba abierta. Cuando sus ojos se encontraron con los míos de nuevo,
me examinaron con astucia.

—¿Qué has hecho? —preguntó, con voz dura.

—No quise matarlo —le expliqué apresuradamente—. Estábamos


luchando y…

—No eso —interrumpió con impaciencia—. No me importa que lo


290

mataras. Quiero decir, ¿qué hiciste con el servidor? —Su mano estaba
agarrando fuertemente mi brazo ahora e hice una mueca.
Página

—Yo... pensé que lo mejor sería comprometerlo —dije con voz débil.
—¿De repente te crecieron más células cerebrales durante la noche? —
me espetó—. ¿Cómo diablos crees que lo comprometiste? —Mi
temperamento estalló con eso.

—Una amiga me ayudó —le explique secamente—. Es una


programadora informática. Trabaja para algún lugar en Japón. Escribió
un gusano para cargarlo en el sistema desde la unidad de pendrive en
el puerto USB. —No veía nada malo en decírselo ahora que todo estaba
hecho.

—¿Y me estás diciendo esto ahora? —dijo con incredulidad. Lo miré por
un momento, sin hablar, hasta que el entendimiento seguido de
amargura cruzó su rostro—. No confías en mí —dijo.

Sentí una punzada de pesar por no haber confiado en él, pero ya era
demasiado tarde. Y la expresión de su cara también me lo decía por si
yo no lo hubiera sabido ya.

—Lo siento —susurré. La dureza de sus ojos no cambió aunque yo


estaba segura de que me había oído. Echó un vistazo a su reloj y luego
hacia mí.

—Esa fue una mala decisión.

La forma en que lo dijo hizo que me helara la sangre. Entonces todo se


volvió oscuro.

Di un grito ahogado de sorpresa. Estaba todo tan negro, no podía ver


nada. Mis ojos parpadearon rápidamente, pero no había luz que
absorbieran. No importaba si estaban abiertos o cerrados, parecía lo
mismo. El pánico se instaló en mi garganta y extendí la mano
ciegamente hacia Kade, rezando para que no me hubiera dejado sola.
Mis dedos tocaron nada más que aire.

—Por favor, no me dejes —mi voz sonaba estrangulada.

—No te voy a dejar. —Mis rodillas casi cedieron con alivio cuando
escuché su voz—. A pesar que probablemente debería. —Me agarró del
brazo y me atrajo hacia él. Tropecé, pegando con fuerza contra su
pecho. Sentí sus manos en la cabeza y de repente pude ver de nuevo.
Me había puesto unas gafas de visión nocturna y vi que llevaba un par
idéntico.
291

—¿Planeaste esto? —respiré, todavía aturdida.


Página
—¿Cómo creías que íbamos a salir de aquí? —No me dio la oportunidad
de responder, tiró de mí hacia delante y estábamos corriendo y
retrocediendo por las filas, con suerte se dirigía hacia la salida.

Vi un par de hombres mientras pasábamos, buscando en vano en la


oscuridad. Les di un gran rodeo. Finalmente alcanzamos la salida y la
atravesamos, moviéndonos rápidamente por el pasillo y las escaleras.
No respiré como es debido hasta que estuvimos fuera y yo estaba
arrancándome las gafas de la cara.

Kade me tenía agarrada de la mano y no la soltó mientras corríamos por


el estacionamiento al lado de la calle del costado. El hormigón era duro
bajo mis pies y las piedras y escombros cortaban en mi piel, pero me
mordí el labio y guardé silencio.

Nos detuvimos cuando llegamos a la furgoneta, quieta y en silencio


todavía aparcada en la calle. La puerta lateral se abrió mientras
corríamos y nos metimos adentro. Terrance se volvió desde el asiento
del conductor, con una amplia sonrisa que mostraba el blanco vivido de
sus dientes en su cara oscura.

—Buen trabajo Terrance —dijo Kade y estaba molesta al darme cuenta


de que apenas respiraba con dificultad. Mientras yo estaba jadeando y
resollando como un búfalo de agua escalando el Monte Everest. Kade
entregó a Rusty las gafas de visión nocturna y vi a Branna mirando a
Kade como buscando lesiones.

—No hay problema amigo —dijo Terrance—. Pediste un apagón de toda


una manzana y eso es lo que conseguiste. —Me miró—. Y veo que la
chica todavía está viva.

—Ella se cuidó sola —Kade respondió de manera uniforme. Terrance me


sonrió y le sonreí tímidamente. Todavía daba miedo, incluso sonriendo.
Kade me miró mientras luchaba por recuperar el aliento.

—Realmente necesitas ponerte en mejor forma —reflexionó. Sólo lo


miré, no quería perder mi precioso aire en una respuesta.

—El dinero estará en vuestras cuentas mañana —les dijo Kade y


Terrance asintió.

—¿A dónde? —preguntó Terrance. Kade le dio una dirección. Unos


minutos más tarde, llegamos a un pequeño motel, en muy mal estado
292

en las afueras de la ciudad.


Página

Kade extendió la mano y apretó la mano de Terrance en un agarre


firme.
—Es un placer trabajar con todos —dijo— como siempre. —La sonrisa
de Terrance se amplió.

—¿Necesitas transporte mañana? —preguntó Terrance, pero Kade negó


con la cabeza.

—Tenemos todo cubierto —respondió—. Hasta la próxima...

Terrance sonrió, saludándolo con dos dedos y Branna le lanzó un beso.


Rusty me entregó el bolso que había dejado en la camioneta, luego la
puerta se cerró y la furgoneta se alejó en la noche.

Kade inició su camino a través de una gran cantidad de grava hacia el


letrero de neón parpadeante que decía "Oficina". Dudé, mirando a la
grava con temor. Mis pies estaban ardiendo y cada paso era una agonía.
El largo tramo de grava me dio ganas de estampar mi pie con
frustración, excepto que sabía que iba a doler como el infierno.

Al cabo de unos metros, Kade pareció darse cuenta de que no estaba


con él y se dio vuelta.

—¿Estás esperando una invitación especial? —preguntó, el sarcasmo


espeso en su voz.

Despreciaba el hecho de que tendría que traicionar a mi debilidad hacia


él y decidí que cruzaría el montón de grava contra viento y marea. Esta
determinación duró dos pasos antes de quedar inmovilizada, incapaz de
dar un paso más. Mi rostro estaba contorsionado en una mueca de
dolor.

—¿Qué pasa? —preguntó Kade, caminando rápidamente hacia mí.


Mirando hacia abajo, se dio cuenta del estado de mis pies—. ¡Maldita
sea Kathleen! —exclamó—. ¿Por qué diablos no me dijiste que estabas
descalza? ¿Qué pasó con tus zapatos?

Yo estaba tratando de ignorar el dolor, así que me llevó un segundo


contestar.

—Hacían demasiado ruido —le expliqué con los dientes apretados—. Me


los quité y los dejé. Estoy bien. —Me encogí de hombros como si no
fuera de su incumbencia. Nada se podía hacer al respecto ahora. Me
preocuparía de eso más tarde. Ahora solo quería cruzar este maldito
estacionamiento, encontrar una cama y dormir durante unos días, por
293

lo menos.

—¿He mencionado que eres como una patada en el culo? —dijo Kade,
Página

dándome ganas de cruzarme de brazos y sacarle la lengua como si


tuviera doce años—. La próxima vez, empaca un par de zapatos
adecuados.

—Me aseguraré de recordarlo la próxima vez que piense hacer un


allanamiento de morada —repliqué con sarcasmo. No me hizo caso.
Grité con sorpresa cuando de repente se inclinó y me alzó en sus
brazos.

—¿Qué estás haciendo? —grité. No había manera que dejara que me


llevase como si fuera una doncella indefensa en peligro— ¡Suéltame! —
La mirada que me dio me hizo cerrar apresuradamente la boca, pero
todavía lo miré con rebeldía.

Kade cruzó rápidamente el aparcamiento y me depositó en una silla de


plástico decrépita fuera de la puerta de la oficina. Se inclinó por lo que
su cara estaba a centímetros de distancia, sus ojos fijos en los míos.

—Quédate aquí —ordenó. Apreté los labios y levanté la barbilla con


altivez. Por alguna razón, parecía sacar mi lado rebelde. Sin embargo,
no era lo suficientemente estúpida como para desobedecerle. La sola
idea de caminar me hacía temblar. Kade desapareció en el interior y
regresó unos minutos más tarde.

—No es el Ritz, pero va a servir por esta noche —.Me encogí de


hombros, sin importarme donde nos quedáramos siempre y cuando
pudiera dormir un poco y pronto. Con un suspiro, me puse en pie y
tuve que agarrarme a la silla cuando el dolor me atravesó.

Kade me entregó una llave de metal con una etiqueta de plástico unido.
La tomé, mirándole inquisitivamente, antes de que otra vez me
levantara en sus brazos. Mi cara enrojeció y resueltamente mantuve mi
cara apartada de él.

Me llevó por el pasillo del motel, finalmente se paró delante de una


puerta que decía 119 o, más bien, habría dicho 119 si el nueve no
estuviera colgando boca abajo. Kade se aclaró la garganta y
deliberadamente me apresuré a meter la llave en el pomo y abrí la
puerta, empujándola hacia adentro cuando Kade me llevó dentro de la
habitación a oscuras del motel.

Hice una mueca, dándome cuenta de que se trataba de una parodia de


mi sueño de la infancia en que un esposo que me adoraba me llevaba a
294

través del umbral de una hermosa habitación de hotel en nuestra noche


de bodas. En cambio, estaba siendo llevada por un hombre que apenas
me toleraba a un motel que, estaba segura, alquilaba las habitaciones
Página

por horas.
Me puso en la cama, los resortes se quejaron ruidosamente y luego
encendió la lámpara junto a la cama antes de cerrar y echarle llave a la
puerta. Eché un vistazo alrededor de la habitación, observando la gran
diferencia entre ella y la suite de lujo en la que había estado hacía
apenas unas horas. Sí, este era el tipo de motel adecuado para mi triste
presupuesto. Alfombras gastadas, colcha barata, almohadas como de
cartón. Suspiré. Comprendí que teníamos que mantener un perfil bajo,
pero tal vez podría sugerir un Holiday Inn o algo similar la próxima vez
en lugar de un motel por horas para parejas.

Kade sacó su teléfono y se dio la vuelta mientras marcaba un par de


botones y se lo llevaba a la oreja. Me esforcé por escuchar cuando
empezó a hablar.

—Agente Donovan —dijo—. Es bueno hablar con usted de nuevo. —Una


pausa mientras escuchaba antes de continuar—: Sí, ya está hecho.
Estaría interesado en saber lo que ha encontrado. —Escuchó de nuevo,
y luego su mirada se volvió hacia mí. Yo no podía leer lo que había en
sus ojos mientras el otro hombre hablaba por un largo tiempo.
Finalmente Kade volvió a hablar.

—No, eso tampoco era lo que yo esperaba —dijo cuidadosamente—.


Pero es suficiente como para apagarlo ¿correcto? —La otra persona
debía responder de forma afirmativa porque los labios de Kade se
curvaron hacia arriba en una sonrisa—. Excelente. Un gusto hablar con
usted Donovan. Dele mis saludos a su esposa. —Cerró el teléfono.

—¿Qué fue todo eso? —le pregunté.

—A veces, el FBI necesita gente para hacer el trabajo sucio por ellos —
dijo. Lo miré inquisitivamente por un momento antes de que la ficha
cayera en su sitio—. ¿Te refieres a ti? —pregunté—. ¿El FBI quería que
entraras en TecSol?

—¿Tienes que actuar tan sorprendida? —preguntó fingiendo dolor.


Entonces de repente se puso serio—. Necesitaban a alguien que les
enviara alguna traza de ellos en el tráfico de la red —dijo— ¿Pero el FBI
haciendo un seguimiento deliberado de los servidores de la compañía a
cargo de votos electorales en línea? —Negó con la cabeza—. No es bueno
para la publicidad si los atrapan.

—Así que te pusieron a hacerlo porque estás fuera de los libros —mi
295

cerebro cansado tratando de reconstruir todo junto—. Podían confiar en


ti porque fuiste uno de ellos. —Kade se encogió de hombros con falsa
Página

modestia.
—Blane fue el que se percató de todo el asunto y me trajo —dijo—.
Acabo de ayudar a sacar a los peces gordos para hacerlos caer. —Su
sonrisa de satisfacción se tambaleó un poco.

—¿Qué? —pregunté—. ¿Qué pasa?

—Tu amiga, la chica programadora —dijo cuidadosamente, sus cejas


dibujando el ceño—. El código que te dio, ¿te dijo que iba a poner en
peligro el sistema? —Asentí.

—¿No lo hizo? —pregunté, de repente con miedo de lo que podría decir.

—Lo hizo —dijo lentamente, mirándome— sólo que no en la forma en


que probablemente esperabas.

—¿Qué quieres decir? —pregunté, un presentimiento me inundó—.


Simplemente dímelo. —La expresión de Kade se ensombreció.

—Te mintió, Kathleen. El código instalado no desactiva el sistema,


acabas de instalar una ruta secundaria para el tráfico de los datos.

—¿Una ruta secundaria? ¿A dónde? —Estaba teniendo problemas para


entender el lenguaje técnico.

—Los datos se están copiando en China.

—¿Qué? —Me tambaleé en estado de shock— ¿Por qué China?

—Probablemente, lo que podría tener en sus manos es el algoritmo de


cifrado —respondió Kade—. Sería útil para propósitos de espionaje,
especialmente si es utilizado en futuras elecciones.

Pasé una mano cansada sobre mi cara, tratando de entender. CJ me


había mentido. Me utilizó. Yo recordaba que esta mañana me decía que
nadie me culparía si dejaba TecSol y me olvidara de todo. ¿Cómo pude
haber sido tan estúpida? Acababa de hacer a ciegas exactamente lo que
ella quería que hiciera.

—Kathleen.

No le oía, tan perdida como estaba en mi propia consternación y


confusión. Ella había sido la que me salvó de James.

—Kathleen. —Miré entonces, la urgencia en su voz quebró mi niebla.


Sus ojos se estrecharon mientras se agachaba frente a mí, con una
296

mano agarrando la mía.


Página
—Igual funcionó —su cara acercándose a la mía, como para subrayar
sus palabras—. El hecho de que los datos se envíen fuera del país
pondrá a TecSol de rodillas.

—Pero todavía no se sabe quién está detrás de todo ¿verdad? —le


pregunté con astucia. No tenía que endulzar esto por mí. Apretó la
mandíbula, como si no quisiera responder.

—No —dijo finalmente—. Pero lo haremos. Van a intentarlo de nuevo,


de otra manera y nos pondremos sobre ellos. —Mis ojos buscaron los
suyos, queriendo creer que me estaba diciendo la verdad, que no había
echado todo a perder completa e irrevocablemente con mi fe ciega y la
confianza ingenua en un completo desconocido.

—¿Qué pasa con los hermanos Santini? —Insistí—. Todavía me quieren


muerta. —Me acordé de lo que me había dicho esta mañana— ¿No crees
que van a ir por ti cuando se enteren que todavía estoy viva? Aceptaste
su dinero. —Su rostro se cerró entonces y me pregunté si me lo había
dicho todo.

—Blane tiene suficiente sobre los hermanos Santini para asegurarse de


que vayan a desaparecer por mucho tiempo —dijo—. No te preocupes
por ellos. —Sonrió—. Y yo soy capaz de liberarlos de veinte mil de sus
dólares. —Eso me sacó una sonrisa. Sonaba como un niño pequeño que
había conseguido robar caramelos sin ser descubierto, no como un
asesino a sueldo al que se le había pagado por un trabajo que no había
sido hecho.

—No te lo gastes todo en un solo lugar —bromeé ligeramente antes de


mirar el reloj al lado de la cama. Los números brillantes proclamaban
que era más tarde de las tres de la mañana.

Estaba cansada hasta los huesos, el efecto después de la adrenalina


había desaparecido y mis ojos se deslizaban casi cerrándose. Pasé una
mano cansada por mi cabello y me detuve cuando me di cuenta que
todavía lo llevaba en una cola de caballo, lo solté. Suspiré de placer
cuando mi cabello ya no estaba tirante y con los dedos lo peiné hacia
atrás sobre mis hombros. Mis ojos se abrieron cuando Kade se levantó
bruscamente, volviéndose de espaldas a mí.

—Vamos a encargarnos de atender tus pies —murmuró antes de


desaparecer en el cuarto de baño. Oí el sonido del agua en la bañera.
297

Un rato más tarde y no sé cuánto tiempo, porque me dejé caer hacia un


lado en la cama y caí dormida, sentí unas manos tratando de abrirme
Página

los vaqueros.
Con un sobresalto, abrí de golpe los ojos para ver a Kade tirando mis
pantalones hacia abajo sobre mis caderas.

—¿Qué demonios estás haciendo? —le pregunté en estado de shock, mi


voz llena de incredulidad. No podía creer que me estuviera desvistiendo.
Me aferré a mis jeans mientras él los arrastraba hacia abajo por mis
piernas.

—Pensé que no te gustaría mojarte la ropa, mientras que tus pies se


remojan —dijo en un tono uniforme, sin hacer caso de mis protestas
mientras me levantaba en sus brazos otra vez. Me sonrojé furiosamente
a pesar de que había visto mucho más de mí hacía un rato.

Su rostro estaba a escasos centímetros de distancia y nuestras miradas


se cruzaron, sus ojos azules mirando fijamente los míos. Mi respiración
se paró de nuevo cuando lo miré. Cejas oscuras y largas pestañas
acentuaban sus ojos y su rostro estaba enmarcado por el cabello grueso
que caía en ondas descuidadas. Una mandíbula dura y cuadrada,
áspera con una sombra de barba que enmarcaba sus labios.

—No me mires así —murmuró y mis ojos se despegaron culpables de


los suyos.

Me sentó en el inodoro cerrado, balanceando las piernas por el borde de


la bañera en el agua caliente. Mi aliento se escapó entre los dientes
cuando el agua tocó mi piel y mis manos se cerraron en puños.
Agachándose Kade tomó un pie y suavemente lo lavó con un paño. Me
mordí el labio, negándome a hacer un sonido aún cuando mis uñas se
clavaban en mis palmas.

Cuando terminó con uno, se movió hacia el otro, teniendo especial


cuidado con la piel dañada. El silencio era denso entre nosotros, pero
no incómodo.

El agua se sentía bien y relajante por el momento, la quemazón enorme


disminuida. Moví mis dedos experimentando y me sentí aliviada cuando
sólo produjo una punzada de dolor.

Ya no estaba distraída por el dolor y vi las manos de Kade moverse bajo


el agua, los dedos largos y elegantes. Había doblado las mangas de su
camisa y me sentía fascinada por los cabellos finos y oscuros que
cubrían sus antebrazos. Su cercanía hacía que el pequeño cuarto de
298

baño aún se sintiera más pequeño, su pecho presionando contra mis


piernas mientras trabajaba.
Página
Kade se inclinó sobre mí un poco más para tirar el tapón y el agua
comenzó a escurrirse. Cogió una toalla, saco mis piernas de nuevo fuera
de la bañera mientras se sentaba en cuclillas frente a mí.
Estudiadamente evitando mis ojos, me secó cuidadosamente los pies y
las pantorrillas.

Traté de pensar en otra cosa, nada más. Solo me estaba ayudando. No


era sexual. Era el hermano de Blane por el amor de Dios. ¿Y qué si él
me había besado una vez antes? Yo no sabía quién era entonces.

La toalla se trasladó de mis pantorrillas hasta mis rodillas y observé


como los ojos de Kade la siguieron. Su mirada se asentó entre mis
muslos abiertos y sus movimientos se detuvieron. El tiempo pareció
detenerse mientras lo miraba, mi aliento atrapado en mi pecho.

Quitando sus manos, se puso de pie delante de mí antes de volver a


levantarme, un brazo debajo de mis rodillas y la otra a la espalda. Pensé
en protestar y decir que podía caminar por mi cuenta, pero no podía
pronunciar las palabras.

Me sentó en la cama, se agachó de nuevo para inspeccionar mis pies.


Estaban mucho mejor ahora y sentí la necesidad de reconocerle su
cuidado por mí.

—Gracias —dije en voz baja—. Por haberme ayudado —le aclaré. Él me


miró, su mirada intensa a través de sus pestañas oscuras—. Y por no
dejarme allí. —Esto último lo dije con una voz mucho más suave.

Para mi sorpresa, se inclinó hacia adelante, giró y descansó su cabeza


en mi regazo con un suspiro. El rastrojo de su mandíbula rozó la piel de
mis muslos. Vacilante, puse mi mano sobre su cabeza, sin saber qué
hacer. Sus brazos rodearon suavemente mis caderas.

No dijo nada, parecía contento de simplemente descansar allí, aunque


pensé que el suelo duro debía estar dañando sus rodillas. Moví mis
dedos lentamente por su cabello, ninguno de los dos habló. Kade
parecía cansado. No solo físicamente, sino mentalmente también. Me
pregunté si alguna vez bajaba la guardia que seguía tan
cuidadosamente en su lugar. O si todavía existía el niño interior cuya
madre había muerto y lo había dejado solo y cuyo padre no le había
querido. A pesar de todo, me dolía el corazón por él. Su voz rompió el
silencio.
299

—¿Confías en mí? —me preguntó en voz baja, el calor de su aliento


rozando mi muslo.
Página
—Sí —dije en voz baja y sin vacilación. ¿Cómo no iba a hacerlo? Había
matado por mí esta noche.

Nos sentamos así durante mucho tiempo, su cabello oscuro marcando


un contraste con la blancura de mi piel, mis dedos se deslizaron
distraídos por las hebras sedosas. Luego volvió un poco la cabeza, sus
labios rozando la piel de mi muslo y el aire pareció de pronto cargado de
una conciencia acrecentada.

El sonido estridente de su teléfono me sobresaltó y él de mala gana se


echó hacia atrás, presionando sus labios en el interior de mi rodilla
antes de ponerse de pie.

—¿Sí? —contestó el teléfono bruscamente, su mirada persistente en mí.


Observé mientras escuchaba a quien estaba en el otro extremo. Para mi
decepción, la cara de Kade parecía gradualmente cerrarse mientras la
conversación se prolongaba, la máscara con la que estaba familiarizada
cayó en su lugar.

—Sí, dame un minuto —dijo en el teléfono. Sostuvo el teléfono contra su


pecho mientras se inclinaba sobre mí.

—Ya vuelvo —dijo rozando la parte posterior de sus dedos contra mi


mejilla.

—Está bien —le dije con incertidumbre. Apretó los labios brevemente en
mi frente. Vi cómo agarraba la llave y salía de la habitación del motel, la
puerta cerrándose detrás de él.

Esperé un rato, luchando por mantener los ojos abiertos. Finalmente,


tuve frío, así que me metí bajo las sábanas. Luchando una batalla
perdida contra el sueño y preguntándome qué lo demoraba tanto
tiempo, finalmente caí en un sueño exhausto.

Cuando me desperté, horas más tarde, Kade se había ido.


300
Página
Capítulo 16

Kade se había ido y no podía decir que lo culpara. Lo que había


sucedido la noche anterior, lo que podría haber sucedido si hubiera
vuelto, habría sido un error. El Kade que había visto la noche anterior
había exudado una poderosa atracción sobre mí. Era mejor que hubiera
desaparecido.

Mis pensamientos se dirigieron a Blane y me pregunté cómo estaba, si


la herida de la bala era tan superficial como él había dicho. Mi cara se
calentó cuando pensé en el beso que Kade había colocado en mi muslo.
Eran hermanos, por el amor de Dios. Recordé cómo Kade había dicho
que no dejaría que una mujer se interpusiera entre ellos. Eso era lo
último que quería hacer, sobre todo después de escuchar más de la
historia de Kade y cuánto significaba Blane para él. Me odiaría y en
cuanto a Blane... bueno, sin duda él también lo haría.

Blane y yo no estábamos oficialmente juntos, nunca lo habíamos estado


en realidad y mis sentimientos hacia él eran complicados. Me temía que
ya estaba medio enamorada de él. No me atrevía a esperar que sintiera
algo por mí, aunque sin duda parecía molesto cuando pensó que estaba
muerta.

Algo me llamó la atención y me di cuenta de que mi maleta estaba


apoyada en la esquina de la habitación. Kade debía haberla recuperado
desde el hotel para mí. Me recordó a un puerco espín, todo espinoso y
afilado en el exterior para alejar a la gente, mientras que por debajo, era
un buen hombre cuya lealtad a su hermano era digna de ser admirada.
Y, si había un poco de verdad en el "nosotros" al que Kade se había
referido ayer, eso no significaba que tuviera que pensar en ello.

Busqué en mi maleta, tomando algunos artículos. Una ducha me haría


mucho bien. Mis pies se sentían mucho mejor y mi cuerpo estaba solo
un poco dolorido por el abuso que había sufrido a manos de Stephen.

Recuerdos de Kade en este cuarto de baño la noche anterior me


301

asaltaron cuando abrí el agua y me metí bajo la ducha. El cuidado que


había tenido conmigo, la forma en que había confiado en mí lo
Página

suficiente como para revelar un indicio de su vulnerabilidad, no


encajaba con la imagen que yo tenía en mi cabeza. Era sin duda mejor
que Kade hubiera recibido esa llamada telefónica.

Unos minutos más tarde, me sentía mucho mejor. Puse una toalla a mi
alrededor, abrí la puerta del baño y casi me desmayo en el acto.

Blane estaba sentado en una silla junto a la ventana, con los brazos
apoyados en sus rodillas separadas e inclinado hacia adelante, con las
manos juntas. Alzó la cabeza cuando abrí la puerta y nuestros ojos se
encontraron. Mi visión se tornó borrosa inmediatamente mientras las
lágrimas llenaron mis ojos.

—Blane —dije, pero no pude decir nada más allá del nudo en la
garganta. Sentí como los nudos dentro de mí finalmente se habían
aflojado y relajado. Blane estaba aquí.

En un instante, él estaba delante de mí, envolviendo sus brazos


alrededor de mi cintura mientras me apretaba contra él. Mis brazos se
enrollaron alrededor de su cuello mientras su boca encontraba la mía y
me besaba con avidez. Pasaron muchos minutos antes de que
finalmente pudiéramos tomar aire.

—¿Cómo has llegado hasta aquí? —pregunté sin aliento— ¿Cómo sabías
dónde estaba? —Parecía algo salido de un sueño que pudiera pronto
estar aquí conmigo. Recordé con un estremecimiento cómo lo había
visto por última vez, sangrando y desmayado en el auto de Kade.

Él me apartó el cabello mojado de la cara mientras respondía.

—Llamé a Kade anoche. Me contó lo que había sucedido, dónde


estabas. Llegué aquí hace un par de horas.

Me di cuenta, con un sobresalto, que Blane debía haber sido el que


llamó a Kade. La llamada muy oportuna mientras él besaba mi piel y yo
sostenía su cabeza y se lo permitía. Me apresuré a empujar esos
pensamientos hacia el fondo de mi cabeza.

—¿Dónde estabas antes? —pregunté, confundida— ¿Y dónde está


Kade? —Señaló con la cabeza hacia la mesa junto a la puerta, donde
me perdí por completo al ver una bolsa de papel blanco y dos tazas
humeantes.

—Kade se fue cuando yo llegué aquí —dijo—. Y pensé que podrías tener
302

hambre cuando te despertaras. —Bueno, al menos sabía que Kade no


me había dejado sola toda la noche.
Página
—¿Es café? —dije con admiración. La única cosa que me podría
arrancar de los brazos de Blane ahora mismo era el aroma prometedor
del café caliente. Él me sonrió.

—Y rosquillas —Me retorcí y él me soltó. Con impaciencia, abrí la bolsa,


con una sonrisa de alegría cuando vi rosquillas glaseadas en el interior.
Tomé una, me senté en la silla y crucé mis piernas debajo de mí. El
glaseado de azúcar se derritió en mi lengua y mis ojos se cerraron.

—Son increíbles —le dije con la boca llena de rosquillas, cuando Blane
se acercó para sentarse en el borde de la cama frente a mí. Sostuve la
rosquilla y le di de comer un bocado. Quité la tapa de uno de los vasos y
tomé un sorbo con cuidado. Era fuerte, pero no me quejé. Terminé la
rosquilla y lamí el glaseado restante de mis dedos—. ¿Cómo está tu
hombro? —le pregunté. No parecía estar apoyándose en él en absoluto.

—Estará bien —dijo—. Me hicieron las curas bastante rápido. Unos


puntos de sutura y algunos antibióticos. Un par de semanas y habrá
sanado.

—Gracias a Dios —el alivio evidente en mi voz.

—Kade me contó lo de anoche —dijo cuidadosamente y casi me


atraganto con el café. ¿Kade le había hablado de Stephen? Mi boca se
abrió y se cerró, pero nada salió mientras Blane me miraba.

—Me gustaría que no hubieras entrado en el centro de datos con él —y


solté el aliento que había estado conteniendo. No habían estado
hablando de Stephen. Por supuesto, se estaba refiriendo al centro de
datos.

—De hecho —continuó, entrecerrando los ojos—: recuerdo claramente


que le dije que no te dejará ir.

Tomé otro sorbo de mi café nerviosa antes de contestar, quemándome la


lengua en el proceso.

—No fue culpa suya —le dije—. Tenía que venir aquí. Necesitaba tratar
de hacer lo correcto. —Lo miré a los ojos, suplicando que me
entendiera—. Por favor, trata de entenderlo. —Pareció considerar esto
por un momento antes de que suspirara finalmente.

—Podrías haber muerto —dijo con voz ronca, inclinándose hacia


303

delante y colocando sus manos sobre mis muslos.

—Pero no lo hice —le contesté sonriendo alegremente. Empujé la escena


Página

con Stephen al fondo de mi mente— ¿Cómo fuiste capturado y


terminaste en TecSol de todos modos? —pregunté ansiosa por volver su
atención lejos de mí—. Kade me mostró las fotos que nos tomaron.
¿Cómo las conseguiste?

La mandíbula de Blane se apretó y su agarre sobre mis piernas se


tensó.

—Podría estrangularlo por habértelas mostrado —dijo—. Frank Santini


se presentó en mi casa esa noche. Quería chantajearme. Los Santini se
especializan en políticos. Así es como se las arreglan para permanecer
más allá del alcance de la aplicación de la ley. Me negué a ser
chantajeado, así que intentó una táctica diferente. —Su expresión se
endureció aún más.

—¿Qué? —pregunté cuando no continuó.

—Me dijeron que te tenían —dijo con sencillez, como si fuera obvio que
era el único método de persuasión que hubieran necesitado. Mi aliento
quedó atrapado en mi garganta y mis ojos se abrieron en estado de
shock. No tenía ni idea de qué decir a eso.

Alcanzó mi cintura, tiró de mí hacia delante y me puso de pie,


moviéndome entre sus piernas abiertas. Siguió tirando de mí hasta que
me senté en sus rodillas, a horcajadas sobre su regazo. Su mano se
deslizó bajo los pliegues de mi toalla y tiró de ella hasta que la aflojó y
cayó al suelo. Sentí el calor de mi rostro y Blane sonrió, con sus manos
acariciando el lado de mi cara.

—Ahí está ese sonrojo —murmuró casi para sí mismo, antes de curvar
la mano por la parte de atrás de mi cuello y besarme. Nuestras lenguas
se entrelazaron mientras profundizaba el beso, su mano acariciando
lentamente arriba y abajo por mi espalda.

Me acerque más, necesitando sentir su cuerpo contra el mío. Su


erección se sentía dura entre mis piernas y me apreté contra ella. Él
gimió, sus manos apretando mis caderas. Las levantó para acariciar mi
pecho y arqueé la espalda, ofreciéndome a él mientras sus labios
bajaban por mi cuello.

—Aquí no —susurró contra mi piel antes echarse hacia atrás de mala


gana—. Te deseo pero vamos a salir de aquí. No puedo creer que te
trajera a este lugar. —Me mordí la lengua para silenciar la defensa
304

inmediata de Kade que surgió a mis labios. De verdad, de verdad que no


quería hablar de Kade con él.
Página
Me levanté del regazo de Blane, cogí la toalla y la envolví a mi alrededor.
Me apresuré hacia la maleta, sacando un par de pantalones grises y un
jersey negro. Me cepillé el cabello y me vestí en el baño. Después de
unos minutos, estaba lista para irnos. Agarré mi bolso y mi café
mientras Blane llevaba la maleta a su auto.

Viajamos por un tiempo en un cómodo silencio, mi mano apretada


aferrada a la de Blane mientras que los kilómetros pasaban volando.
Había cosas que todavía me estaban molestando, sin embargo y aunque
no quería arruinar el momento, necesitaba darles una conclusión.

—Kade dijo que ibas a encerrar a los hermanos Santini por mucho
tiempo —dije rompiendo el silencio. Blane asintió.

—Eso es correcto.

—¿Cómo?

—Grabé a Frank —dijo—. Sabía que iban a tratar de usar mi presencia


en la fiesta para chantajearme, así que le puse la trampa, esperando a
que se acercara a mí. Lo cual, por supuesto, hizo. No pudo resistirse. La
policía los trajo a él y a su hermano para ser interrogados y delataron a
Gage y su participación en el asesinato de tu vecina y de Marc, a
cambio de un acuerdo con el fiscal.

Di un suspiro de alivio. Se había acabado. Finalmente. Podía relajarme.


Nadie iba a venir tras de mí.

—¿Vas a decirme por qué estabas allí para empezar? —pregunté.

—Yo podría hacerte la misma pregunta —dijo Blane con ironía—. Ese
era ciertamente el último lugar donde esperaba verte.

—Tenía una pista sobre quién mató a Sheila —protesté—. Por supuesto
que tenía que ir. Pero tú y Kade parecíais conocer a todos los presentes.

—Kade y yo pasamos los últimos meses infiltrados en esa operación


porque ahí es de donde se sospechaba que provenía el dinero para
financiar TecSol. Los hermanos Santini manejaban la red de
prostitución y Gage ayudaba a lavar el dinero antes de canalizarlo a
TecSol. Frank Santini me invitó allí con el único propósito de tratar de
chantajearme. —Blane me miró de nuevo antes de que sus ojos
volvieran de nuevo a la carretera—. Hasta la otra noche, no les había
305

dado la oportunidad de hacerlo.


Página
Digerí esto. Así que Blane no me había mentido acerca de no ser un
cliente. Las otras veces que había ido a una de esas fiestas no había
estado con otra mujer mientras estaba allí.

—¿Qué pasa con James? —le pregunté. Le tomó un poco más de tiempo
a Blane contestarme y me miró con curiosidad. Sus manos se habían
endurecido en el volante.

—No le pasó nada a James —respondió secamente y mi boca se abrió


en shock.

—¿Qué quieres decir? —dije horrorizada— ¡Fue gracias a él que Sheila


fue asesinada y casi me mata!

—Lo sé —dijo Blane con gravedad— pero su padre llevó toda la culpa de
esas cosas, exonerando a James por completo. Es libre de hacer lo que
le plazca.

Dejé escapar un suspiro, tratando de no sentirme abatida. Recordé que


mi padre llegaba a casa algunas noches, después de haber visto un
criminal liberado por un tecnicismo o algo así. Él me decía entonces que
el culpable siempre sería atrapado una vez más, que su buena fortuna
lo haría descuidado y que finalmente pagaría por sus crímenes. En
algún momento James haría algo estúpido y entonces no habría
ninguna salida fácil para él.

El sol de la tarde entraba por mi ventana y en poco tiempo me encontré


a la deriva. Me despertó Blane presionando besos suaves en mi
mandíbula y mejilla. Le sonreí adormilada.

—Ya llegamos —dijo en voz baja—. Te habría llevado a mi casa, pero


pensé que podrías preferir estar en tu propio hogar. —Sus palabras
parecían sostener una pregunta no formulada pero no estaba segura.
Podría haber sido una ilusión de mi parte.

—Gracias —le dije desperezándome y pasándome una mano por el


cabello.

Se levantó y cargó con mi bolsa mientras subíamos las escaleras. Miré


hacia el apartamento de CJ. Con una punzada de dolor, me di cuenta
de que estaba vacío. Había esperado que, a pesar de que Kade me lo
había dicho, se hubiera equivocado.
306

Fui a abrir la puerta, pero me detuve cuando vi un trozo de papel


pegado a ella. Lo agarré y poco a poco, lo desplegué y leí mientras Blane
Página

miraba por encima de mi hombro.


Kathleen:

Lo siento.

CJ

Me sentí como si me hubieran robado el aliento. ¿Qué significaba esto?


¿Sentía haberme tendido una trampa? Estrujé la nota en mi mano,
metiéndomela en el bolsillo.

Blane abrió la puerta y me guió hacia el interior, puso mi maleta en el


suelo antes de cerrar la puerta detrás de nosotros.

—¿Estás bien? —preguntó metiendo un mechón de mi cabello detrás de


mi oreja.

—Estaré bien —le contesté. No quería pensar en CJ ahora. Un maullido


llamó mi atención y me di la vuelta, sorprendida.

—¡Tigger! —grité feliz cuando una bola naranja de pelusa se lanzó hacia
mí. Lo cogí en mis brazos, su ronroneo era un sonido más que
bienvenido.

—Pedí a Mona que lo trajera hoy —explicó Blane—. Pensé que estaría
deseando volver a casa.

Demasiado abrumada por la emoción como para hablar, me limité a


asentir. Me sentí como si hubiera recorrido un largo camino en un corto
período de tiempo, recordando la primera noche que Blane había estado
en mi apartamento mientras consolaba a Tigger en mis brazos.

Blane puso sus dedos debajo de mi barbilla, levantando mi cara hacia


la suya. Sus labios se posaron en los míos con una mansedumbre y
reverencia que hizo que me doliera el corazón. Tigger se retorció en mis
brazos y lo dejé saltar al suelo, moviéndome hacia adelante para poder
enredar mis brazos alrededor del cuello de Blane. Él interrumpió el beso
y se apartó un poco para mirarme, sus manos ahuecando mi cara. Sus
ojos eran del mismo gris tormentoso que recordaba y parecía que me
ahogaría en ellos.

—He pasado veinticuatro horas sin saber si estabas viva o muerta —dijo
con brusquedad, con los pulgares rozando mis mejillas.

Entonces me besó de nuevo y la ternura fue sustituida por el hambre.


307

Su boca se movió a lo largo de mi mandíbula hasta el cuello y el calor se


acumuló abajo en mi vientre. Me agarré de su camisa para mantener
Página

mis rodillas erguidas. Sentí que tiraba de mi camisa y le ayudé a


sacarla por encima de mi cabeza. Sujeté su cabeza contra mi pecho
mientras su lengua trazaba los bordes superiores del sujetador de
encaje negro que llevaba.

Me recogió en sus brazos, me llevó a la habitación. Me quité los zapatos


y oí el ruido distante en el suelo. Me puso en la parte superior de la
cama, se puso de pie y se quitó rápidamente la ropa. El sol aún no se
había puesto así que había suficiente luz en la habitación para que lo
viera y mi corazón comenzó a latir fuerte.

Su cuerpo era el epítome de la perfección masculina. Los músculos de


sus brazos y pecho ondulaban con cada movimiento que hacía. Incluso
el vendaje de su hombro solo servía para acentuar su masculinidad. Su
abdomen era duro y rogaba porque lo tocaran. Mis ojos se dirigieron
hacia abajo y sentí mis mejillas arder.

Blane rió suavemente mientras se inclinaba sobre mí, abriendo el botón


de mis pantalones y mis bragas y deslizándolo por mis piernas,
dejándome vestida con solo mi sostén.

—Me encanta cuando te ruborizas —lo que hizo que me volviera aún
más roja.

Tirando de mí hacia sus brazos, me besó de nuevo y me olvidé de mi


timidez. Se dio la vuelta para que yo estuviera encima de él, a
horcajadas sobre sus caderas. Sus dedos hicieron un trabajo rápido con
el cierre del sujetador y luego yo estaba jadeando en busca de aire con
mi cabeza hacia atrás mientras sus manos encontraban mis pechos.

Obligando a mis ojos a abrirse, miré hacia él. Sus ojos ardían mientras
me miraba. Mis manos estaban extendidas sobre su pecho. Se veían
muy pequeñas y blancas sobre su piel. Tentativamente, tracé la línea de
su mandíbula bajando por su cuello. Él se quedó inmóvil bajo mi tacto.
Dudé, sin saber si debía continuar.

—Haz lo que quieras Kat —dijo en voz baja.

Aprovechando la oportunidad y armada de valor, me deslicé hacia abajo


para poder presionar mi boca contra su pecho. Su piel estaba caliente,
los músculos de debajo eran duros mientras trazaba los contornos de
su pecho hasta su abdomen, los labios y la lengua marcándolos. Podía
sentir su corazón latir más rápido y sonreí contra su piel. Era bueno
308

saber que tenía el mismo efecto en él como él tenía en mí.


Página
Mi cabello estaba interponiéndose en mi camino, así que lo giré hacia
un lado y hacia arriba. Blane enterró sus dedos en los mechones
mientras se arrastraban sobre su pecho.

Había llegado a la cintura ahora y mi lengua trazó una larga cicatriz


que encontré cerca de su cadera. Su erección se sacudió en respuesta.
Estaba nerviosa, pero quería tocarlo. Mis dedos tentativamente se
envolvieron alrededor de su longitud y gimió. Animada, me incliné hacia
delante, tomándolo con mi boca. Él gruñó una maldición, sus caderas
sacudiéndose hacia arriba mientras me movía para llevarlo más
profundo. Mi excitación palpitaba entre mis piernas y gemí a su
alrededor. Entonces tiró de mí hacia arriba y lejos de él y gimoteé de la
decepción.

—Va a ser todo demasiado rápido si sigues haciendo eso —susurró


contra mis labios antes de besarme, su lengua acariciando la mía. Sus
manos se movieron desde mi espalda hasta mi trasero presionando más
cerca. Grité de dolor, apartándome instintivamente. Sin darse cuenta,
había encontrado las marcas del cinturón de Avery con el que me había
golpeado.

—¿Qué es? ¿Te he hecho daño? —preguntó con ansiedad y rápidamente


sacudí la cabeza en negación. Lo último que quería era que él
consiguiera dar un buen vistazo a las marcas.

—Estoy bien —le dije moviéndome para besarlo de nuevo. Él me evadió,


sus manos ahora rozando mi piel, buscando. Blane no era tonto y sabía
que iba a encontrar mi pequeño secreto en unos dos segundos si no
hacía algo. Entonces esta maravillosa reunión habría terminado antes
de que incluso comenzara.

Me levanté, agarré su erección en mi mano y me bajé sobre él. Mi


respiración se detuvo con la punzada de dolor, mi cuerpo aún no estaba
acostumbrado a su tamaño, pero se desvaneció rápidamente. El aliento
de Blane silbó entre sus dientes, sus manos agarrando mis caderas
mientras penetraba profundamente en mi interior.

Mi cabello estaba en el camino otra vez, así que levanté los brazos, para
sacarlo de mi cara y lo arrojé detrás de mí con un tirón de mi cabeza.

—Dios, eres increíble —dijo Blane con voz áspera, sus manos ahora
deslizándose por mis costillas hasta mis pechos. Sentí una sonrisa en
309

mis labios por su elogio.

Me levanté lentamente antes de caer de nuevo hacia abajo sobre él y fui


Página

recompensada con otro siseo de Blane. Las piernas me temblaban un


poco cuando me levanté de nuevo y un grito sorprendido salió de mí
cuando sus caderas se levantaron para ir en mi encuentro. Luego se
sentó y me giró y de pronto mi espalda estaba en la cama.

Mis piernas levantadas alrededor de su cintura mientras empujaba


dentro de mí. Sus brazos estaban envueltos alrededor de mí y
depositaba besos en mis mejillas, la frente y los labios mientras se
movía lenta y profundamente. Cada golpe rozaba el apretado haz de
nervios en el vértice de mis muslos hasta que todo mi cuerpo temblaba
y estaba resbaladizo por el sudor. Me aferré a sus hombros, el aliento
saliendo en forma de jadeos.

—Ahora eres mía Kat —susurró, sus labios en mi oído.

Entonces comenzó a moverse más rápido, más fuerte y grité su nombre,


las lágrimas se escapaban de mis ojos mientras me corría debajo de él.
Me penetró aún más fuerte hasta que un grito sin palabras surgió de él,
su cuerpo temblando en mis brazos.

El peso de Blane se asentaba con fuerza sobre mí, pero no me importó.


Sus labios se encontraron con los míos de nuevo, el beso fue tierno y
profundo, nuestros cuerpos todavía enterrados juntos.

Moviéndose a un lado, me abrazó, así que me acurruqué contra él, su


hombro como almohada para mi cabeza mientras su mano
distraídamente me acariciaba el cabello. Suspiré profundamente, una
sonrisa de satisfacción curvando mis labios.

—Eso fue mucho mejor que Donny Lester —dije con aire de suficiencia.
La mano de Blane hizo una pausa en mi cabello antes de estallar en
carcajadas. Me encantaba oírlo reír. Me puso encima de él y apoyé la
barbilla en mis brazos cruzados, embebiéndome. Esta vez, cuando
sonreía, llegaba hasta sus ojos.

—Eso espero —dijo finalmente cuando su risa cesó—. Aunque con un


nombre así, el pobre hombre no tenía ninguna posibilidad. —Me reí
ante eso y tuve que estar de acuerdo—. “Donny Lester" y "sexo
increíble" simplemente no encajan en la misma frase.

Mi estómago gruñó entonces y me sonrojé. Blane se río y me quedé en


la cama mientras él iba a la nevera, regresando con algo de fruta y
queso. Nos turnamos para alimentarnos mutuamente, riendo y
310

hablando, yo no podía recordar la última vez que me sentí tan feliz


como lo era en ese momento.
Página
Me hizo el amor de nuevo y después, nos quedamos en la oscuridad,
hablando en voz baja. Parecía que quería saber todo acerca de mí y yo
le conté acerca de mi infancia y de mis padres. Me escuchó
pacientemente mientras hablaba sobre mi intento fallido en la
universidad, el cuidado de mi madre durante su enfermedad y la venta
de nuestra casa antes de mudarme a Indianápolis. Cuando finalmente
nos quedamos dormidos, en forma de cuchara en los brazos de Blane,
su cálido aliento acariciando mi hombro desnudo.

Me desperté horas más tarde en la noche, las plantas de mis pies


escocían. Desenredé cuidadosamente mis miembros de los de Blane
para dejarlo dormido en la cama, agarré su camisa del suelo y me la
puse sobre mi cabeza. Su colonia flotaba sobre la tela y sonreí.

Yendo descalza al baño, en silencio cerré la puerta del dormitorio detrás


de mí. Encontré un ungüento y vendas y los apliqué a las peores
raspaduras y cortes que estropeaban las plantas de mis pies. Mis
pensamientos sin darme cuenta se desviaron hacia Kade. Una parte de
mí estaba preocupada por él, aunque sabía que era ridículo. Era
perfectamente capaz de cuidar de sí mismo. Me pregunté a dónde había
ido, si había vuelto a Indianápolis o si fue adonde había estado antes de
que Blane le hubiera pedido que viniera aquí. Se me ocurrió la idea de
que podría haber vuelto a Chicago para ver a Branna. Algo se retorció
en mi interior con ese pensamiento y con incomodidad lo aparté.

Saliendo del baño, me dirigí a la cocina por un vaso de agua. Después


de llenar un vaso, le di la espalda y me apoyé en el mostrador frío de la
cocina mientras bebía. Miré hacia mi sala de estar y algo en la mesa de
café me llamó la atención. Fruncí el ceño, dejé mi vaso y vacilante entré
en la habitación. Encendí una lámpara y vi un gran sobre marrón sobre
la mesa. Estaba bastante segura de que no había estado allí antes.

Con un poco de miedo, lo levanté y lo abrí, mirando dentro. Di un grito


ahogado de sorpresa por el contenido antes de darle la vuelta. Un
grueso fajo de billetes nuevos cayó en cascada sobre la mesa.

Mis rodillas cedieron y me senté pesadamente en el sofá, sin poder


apartar los ojos del dinero. Poco a poco, extendí la mano y empecé a
recoger los billetes, una sospecha se formaba en mi mente mientras
contaba. Diez minutos más tarde, tuve mi respuesta cuando me senté
mirando exactamente veinte mil dólares que ahora estaban acomodados
311

en una pila prolija y ordenada en frente de mí. El precio de mi vida.

Agarrando el sobre, le di la vuelta en mi mano y sólo ahora vi una línea


Página

corta de escritura en un lado. Lo sostuve cerca para poder leerlo.


Cómprate unos zapatos decentes.

-FIN-

312
Página
Próximamente

Turn to Me (Kathleen Turner #2)


Cuando Kathleen Turner, mensajera de la prestigiosa firma de abogados
Kirk & Trent, de Indianápolis, empezó a
salir con el jefe, conocía los riesgos. El
socio principal Blane Kirk es conocido por
ser un famoso mujeriego —el Baskin
Robbins27 de las citas— con un sabor
diferente cada mes. Kathleen está lo más
feliz que ha estado en mucho tiempo,
especialmente a medida que se aproxima
la Navidad, pero siempre ha sabido que
hay una fecha de finalización en su
relación con Blane.

Simplemente que no esperaba que esa


finalización fuera su propio funeral.

Una festiva tarde comprando un árbol de


Navidad se convierte en una amenaza de
muerte cuando Kathleen y Blane se
convierten en objetivos de un
francotirador desconocido. Consiguen
llegar a casa vivos, pero Kathleen se da
cuenta de que su novio está guardando
secretos. De los que son mortales.

El actual caso de Blane está creando un agitado debate y removiendo la


furia popular. Kathleen está horrorizada por las amenazas —y peor
aún— siendo dirigidas hacia él. Un antiguo Navy SEAL está acusado del
homicidio por imprudencia de un ciudadano americano durante unas
operaciones militares en el extranjero. El caso tiene implicaciones
políticas y militares de largo alcance. Alguien con mucho dinero e
313

incluso más influencia, quiere que Blane pierda.


Página

27Baskin Robbins: franquicia de heladerías fundada en California. Es conocida por


su eslogan 31 sabores, que hace referencia al número de sabores de helado que se
pueden encontrar en cada establecimiento, uno por cada día que tiene un mes.
Mientras los cadáveres de gente conectada con la defensa comienzan a
apilarse, se vuelve dolorosamente obvio que hacer desaparecer a
testigos y alterar testimonios ya no es suficiente para quien quiera que
está intentando garantizar que el SEAL sea condenado. Kathleen y
Kade, el hermano de Blane y ex-agente del FBI reconvertido en asesino
a sueldo, están tras la pista del asesino.

Desafortunadamente para Kathleen, él ya se movió para hacer la jugada


final, pintando una diana sobre ella... y apretando el gatillo.

314
Página
Acerca del Autor

Tiffany Snow ha estado leyendo novelas


románticas desde que era demasiado joven para
leer novelas románticas. Parece que nunca se
cansa de la magia que ocurre la primera vez que
una heroína se encuentra al héroe, ni se aburre
de observar cómo su historia única se desarrolla
con cada volteo de página.

Tiffany tiene su hogar en el Medio Oeste con su


marido y sus dos hijas. Puede ser contactada en
tiffany@tiffanyasnow.com

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Página
Traducido, corregido y diseñado en...

http://thefallenangels.activoforo.com/forum

¡Esperamos nos visites!


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