Está en la página 1de 2

Ontología del lenguaje

Esta disciplina nos permite incorporar una nueva y poderosa interpretación


del ser humano individual y de los fenómenos relacionados con la
convivencia social
SEGUIR Albino Gómez PARA LA NACION

DOMINGO 23 DE MARZO DE 2014

A partir de la segunda mitad de este siglo, se inició una revolución teórica de gran
envergadura en nuestra comprensión del lenguaje. Este hecho, que ha sido llamado
el giro lingüístico, influyó en todas las ramas de la filosofía, ubicando al lenguaje en
el centro de sus preocupaciones. La psicología, la sociología, la antropología, las
ciencias políticas y la economía, entre otras disciplinas, están reconociendo
progresivamente la importancia del lenguaje en sus respectivos campos. Y los
estudios sobre las bases biológicas del lenguaje también han hecho un concordante
aporte en este mismo sentido.

Como disciplina, la Ontología del lenguaje articula contribuciones tan diversas


como la teoría del Dasein de Martin Heidegger y las observaciones de Friedrich
Nietzsche sobre la necesidad humana de regenerar constantemente un sentido para
nuestras vidas, con el reconocimiento de ambos de que el lenguaje es el espacio del
cual el ser humano no puede escapar y, a la vez, la morada donde se reconoce como
tal.

También recibe la Ontología del lenguaje los aportes de filósofos del lenguaje
contemporáneos como el británico John Austin, el norteamericano John Searle y
del autríaaco Ludwig Wittgenstein. Desde el campo de la biología, las
contribuciones del biólogo chileno Humberto Maturana, con sus trabajos sobre
biología de la cognición y el cambio epistemológico que estos proponen.

La Ontología del lenguaje hace referencia a una comprensión genérica, a una


interpretación de lo que significa ser humano. Y forma parte de un movimiento
mucho más amplio que da cuenta de los cambios que, desde comienzos de este
siglo, están ocurriendo de manera vertiginosa en casi todos los campos de la vida
humana.
La preocupación de esta disciplina no es el estudio del lenguaje al estilo de la
lingüística o de la filosofía del lenguaje. La Ontología del lenguaje, al reconocer el
papel central que le cabe al lenguaje en la formación de nuestras vidas, de nuestras
identidades y de los mundos en los que nos desenvolvemos, nos permite incorporar
una nueva y poderosa interpretación del ser humano individual y de los fenómenos
relacionados con la convivencia social. En este sentido, analiza cómo nuestras
conversaciones, públicas o privadas, así como los juicios que hacemos sobre
nosotros mismos sobre los demás y el mundo generan y condicionan futuros
diferentes, es decir, básicamente, cómo el lenguaje nos permite otorgarle dirección
y sentido a la vida.
Pero además, la Ontología del lenguaje nos lleva más allá de los fenómenos
meramente individuales, permitiéndonos desde una perspectiva privilegiada,
reconocer a las organizaciones como sistemas lingüísticos, asentados a través de las
prácticas empresariales en redes estables de conversaciones. Y también las
prácticas del management y del liderazgo empresarial, como conjuntos distintos de
competencias lingüísticas que pueden ser especificadas y aprendidas. Pero el
resultado más sorprendente de todo esto es, finalmente, descubrir cómo hasta la
productividad de una empresa –la capacidad de acción efectiva de la organización y
de los individuos que la conforman– se puede definir en sus prácticas lingüísticas.

Vale decir que a través de su cuerpo de conocimientos, la Ontología del lenguaje


nos permite observar, en primer lugar, al ser humano como un individuo inserto en
un medio social, constituyéndose como tal en su interacción con otras personas a
través del lenguaje. También nos permite observar la trama en la cual un individuo
coordina acciones con otros, sus actos lingüísticos y las narrativas personales y
sociales que constituyen su identidad como persona. Además, nos permite
intervenir en esas narrativas, modificándolas, y como consecuencia de ello
modificando eventualmente incluso su conducta. Por último, nos permite potenciar
al máximo la capacidad de diseñar nuestra propia identidad por la determinación
autónoma de nuestras acciones, y modificar el medio social a través de la invención
de nuevos paradigmas de pensamiento.