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Pate, io, ene emp que se wche spac, WAGNER: Pf I. «GENERAL, EN EL TRANSCURSO DE UNA CAMPANA...» Un atlas de la novela. Detris de este titulo, hay una idea muy simple: que Ja geografia es un aspecto decisivo del desarrollo y dela invencién literaria: tuna fuerza activa, concreta, que deja sus huellas en los textos, en las tra- ‘mas, cn los sistemas de expectativas. Y por tanto, ponet-en telacién geo- grafia y literatura —es decir, hacer una carta geogréfica de la literatura: ya que el mapa es precisamente una relacién entre un espacio y un fenémeno dados— es algo que expondré a la luz aspectos del campo literario que hasta ahora han permanecido ocultos. —Geografia de la literatura, sin embargo, puede significar dos cosas muy diferentes entre si. Puede indicar el estudio del espacio en la literatura 0 bien de la literatura en el espacio, En el primer caso, el objeto es totalmente imaginario: el Paris de la Comedie humaine, el Africa de la novela colonial, la Inglaterra de Jane Austen. En el segundo, es un espacio histérico real: las bibliotecas de la provincia victoriana o a difusién europea de Don Quijote y de los Buddenbrook, Puede ocurtir, por cierto, que los dos espa- ios se encuentren —y es siempre algo interesante—; pero son diferentes en naturaleza, y como tales deben ser tratados: el espacio imaginario en el primero y segundo capitulo del libro, y el espacio histérico en el tetcero.. La distincién de los objetos no afecta, sin embargo, al método de la in- vestigacién, que sigue siendo en todo caso el mismo, y se apoya en el uso sistematico de las cartas geogréficas. De los mapas, quiero decir, no como ‘metéforas y mucho menos como ornamentos del discurso, sino como ins- trumentos analiticos que desmontan la obra de manera diferente de la ha- bitual ¢ imponen al razonamiento critico funciones nuevas. Un buen mapa vale por mil palabras, dice un refrén bastante comiin entre los carté~ | _grafos; es verdadero en el sentido de que suscita mil palabras: genera du- das, curiosidades, ideas. Plantea nuevas preguntas y nos impulsa asi hacia soluciones también nuevas. 4 ‘Adas dela novela europea / 1800-1900 Los mapas como instrumentos de trabajo. Ast a principios del siglo x, Charles Sanders Peirce: ‘Animo, Lectot, construyamos un diagrama que ilustre cémo funciona el pensamiento en general [..] EY por que deberlamos hacerlo —fue la objecibn planteada por una o dos jitcligencias superiores, entre ls que sobresalia un general eminenre y leno de gloria—si dl pensamienco mismo ya est all presente» Ersnitano como soy, no estuve dispuesto a la réplica, que deberia haber so nado asf «General, en el transcurso de una campafia usted se vale de cartas evgrifcas. Pero zpor qué lo hace, si el pais que éstas representa esté pret samente ali, ante sus ojos?» Y despues de un roma y daca en el que la stuacién del general va cada vex peor, surge la conclusién de Peirce: En definitiva, general (J si puedo retomar el tema como usted harfa, a parr de diagramas uniformes es posible leva a cabo experimentos exacts, pranteniendo, desde luego, los ojes bien abiertos a todos los cambios invo- Tuntariose inesperados que surjan de la relacién reciproca entre las diversas partes del diagram. Estas operaciones con diagrams (.] equlvalen a fos Eiperimentos eon cosas reales de la investigacionfisica y qulmica, Bien, los txperimentos realzados con los diagramas son preguntas que sel plantean ala naturaleza de las relaciones en cuesti6n’ Preguntas planteadas a la forma novela y a sus relaciones internas: es éste ur buen modo de definir las cartas que siguen, los experimentos que si- gquen, en los cules cambiaba y volvia a cambiar Ios diferentes elementos (;cudles, cudntos personajes representar? ;Qué momentos del relaro? Qué aapectos del contexte?) desde el momenco en que me parecia haber en- canerado una respuesta convincente. Una respuesta: es decir, una figura, tin patter, una ttama espacial que se prstase ala incerpretacion y que Por otra parte, me di cuenta de ello muy pronto, era tanto mas clara cuanco mas simples y numerosos eran los datas en los que se fundaba. El experi- mento lograba, es decir, se apoyaba en un proceso preliminar de abstac- vin y cuantfiacion: series regulares, coherentes, amps, donde el signif- ‘nado de conjunto de una dererminada forma es cada ver, mds la sua de los textos individuales. Esta es una de las fronteras de la historia literari el llceaffo de la cantidad, de ese 99% de la literatura que se ha perdido en la ©: S. Peirce: eProlegomena to an Apology for Pragmatcisn», The Momis, enero de Intrduccion 5 nada y que nadie pretende reivindicar. No estaba en absoluto preparado ara exa imprevista apertura del «territorio de lo histérico» al que me ha- Bia llevado la légica del andlisis geogréfico. En efecto, este libro da sélo tunos pasos en su direccién. Pero es un verdadero problema y volves cuanto antes. ‘Mientras tanto, zqué nos hacen ver las carts literarias? Diria que dos cosas, Primero, demuestran la naturaleza ortgebunden,ligada al lugar, de la Teratura’: cada forma, como ya veremos, con su geometria, sus Ifmites, sus tabiies espaciales y flujos de movimiento. Y en segundo lugar, las car- fas revelan la légica interna de la narracién: el espacio semidtico, de trama, Srededor del cual aquella se organiza a s{ misma, La forma literaria apare- cond ast como la resultante de dos fuerzas contrarias e igualmente impor- fantes, una exterior y una interior, Es el problema de siempre, y en cl fondo el tinico problema verdadero de la historia liveraria: la sociedad, la retérica y su entramado. 'Y aqui me detengo, porque las promesas tedricas —en cuanto promesas, no en cuanto tedricas— me producen un aburrimiento de muerte. En este libro, esté claro, cl método es todo’. Pero precisamente por ello se lo somete a prueba en serio durante toda la investgacién: en la capacidad, sila tiene, de cambiar a articulacidn interna del campo literario y la naturaleza de los problemas interpreativos. Y el juez, como siempre, s quien lee. a Il. «.. PERO NO TENEMOS ATLAS ARTISTICOS» La idea de este trabajo me surgié por casualidad, a partir de una pagina del Mediterrdneo de Braudel’ que no dejaba de rondarme durante un largo viaje en coche, en el verano de 1991: no tenemos atlas artisticos, no 7 Ta eprsidn es de Reiner Hausherr: «Kunstgcographie - Aufgaben, Grenzen, Méglich= een, ad Vice, XSI 1970; p38 - ¢ Sn saforime pregunaba a menudo por qué queria hacer mapas, en vt de a lia longa iene, Es poable que no comprendiese que un. mapa era un fexto como cul uicrot y gus como‘tal a wad? V ademas: v0 vela que cculaba ene To xis Iter Jon? Compendia y vel: lea incluso con interés los estudios que adopraban las catas prounifons como objeto de anil. J. Gillis sobre Shakespeare (Shokepeare and the Gee Eee airee, Canker U,190) | il Mil ob Hay Tropogaphis, Se Ete ey A eclintack sobre Las mina dl rey Salomn (Imperial Leathe, Lond Rouiege, 1999), Lipking sobwe Milton (cThe Genius ofthe Shore: Lycidas, Addemastor and the Poca of Nationals, PLA, 1996) Peo gu a puede hacer? Los mapas po me interesan como ebjetosdestinados a serslidosy ala shanera de una novela, sna come ine mons danas que cambien mi modo de ker. El verdadero desafo, para mi, xc métode se ni a al arco eg 2, ee ms des ¥ St] Pan ieee a ddl propio Renacimiento. El Buroco fue obra de cviliaciones im aie ont a de Roma 0 la de Espana. Peco, zeémo comprabarlo ys sobre todo 6 Aes dela novela europea / 1800-1900 tenemos atlas artisticos, no tenemos atlas literarios... Siendo ast, zpor qué centar hacer uno? En los dos afios siguientes, dediqué a esta idea casi todo mi tiempo. Me puse a estudiar geografia como no lo hacia desde la época del colegio; di- rig seminarios experimentales de doctorado en Columbia; convenci a unos veinte historiadores literarios para que formasen un comité de redac- cidn que se reunié y mantuvo —gracias a la hospitalidad de Maristella Lorch y de la Italian Academy for Advanced Studies in the United States— dos jornadas intensas de discusién en diciembre de 1992; finalmente, re- dacté un largo y detallado proyecto de investigacién. Pero, de més esta de- ir, como yo no sirvo para este tipo de cosas, quien podia financiar la em- presa no quedé convencido, la redaccién se disolvié y el Atlas quedé en agua de borrajas. Sin embargo, a mi me segufa gustando la idea y decidi seguir adelante por mi cuenta, Reduje el campo al tema que conozco me- jor, que es la novela europea del siglo xix —con una breve referencia al pasado, a la Espafia de la picaresca—, y este libro es el resultado de mi co- ‘metido, Un poco manifiesto de método; un poco ejemplo concreto} resante, espero; y un verdadero placer en su elaboracién, Pero espe- ranza es que de este libro vuelva a surgir la empresa més amplia de un Alas histérico de la literatu ‘Al mismo tiempo, también descubri (y fue un desengafio saludable) que no soy ni el tinico ni el primero que tuvo esta magnifica idea. Carlo Dionissoti el autor de Gengrafia e storia della letteratura italiana, ya habia formulado la perspectiva de «un atlas histérico-literario de Italia», por cjemplo, en un articulo de 1970. Y ademis, prestando atencidn, ya exis- tia més de uno de estos atlas: el Literary and Historical Atlas of Europe, de J. G. Bartholomew, era de 1910; en 1964, habfa salido una Guide lite naire de la France; en 1973, el Literary Atlas and Gazeteer of the British Is- les: a narrative atlas, de David Daiches; después el Atlas zur deutschen Li- ieratur, en 1983, a cargo de Horst Dieter Schlosser; también el Grand Alas des Littévarures, et. 1990, a cargo de Gilles Quinsat y Bernard Cer- quiglinis y por fin, en 1996, el Atlas of Literature, a cargo de Malcolm dino seguir su expasin, su multyos vida exterior, sin pose os mapas qu son indispen- tiles pra lo y qu no tenemos? Tenemoscalogns de muscos, pero no as artistic, F Brunia Madman er monde médierancen a Fipoque de Pilppe Hark Armed Calm 1949 [trad a castlno dela 2+ ed. ances (1960) por M. Montene Toledo, W. Roce V. Sian: #1 Medionne jl mando mere em cect de Felipe I, Meso, Fondo de Calera Econdmics, 1970, «I, p. 244). (En enc exo, yen los sucess, cuando {So teats eadaidon pongo a coovnuacon del ul a cha de a econ ong ol he renca completa dl ongina Se Dlonsatt suture elonali eleeraura nationale in Kain, Leo alan, abel junio de 1970, pel Introduccion ¥ Bradbury’. Todos muy diferentes entre si; todos escritos — poco dificil de creer— como si nadie supiese nada de los otros; pero to- dos con un rasgo comtin: las cartas geogréficas cumplen alli un papel to- esto es un talmente decorativo. Insustancial, Eso ocurre, entiéndase bien, especial- mente en los mas recientes: pero son apéndices coloridos, mas que instrumentos de trabajo. No intervienen en el r2zonamiento, no lo en- cauzan; a menudo aparecen sin més al final del texto, como discurso con- dluido, acabado. ‘Como si duda ya se ha comprendid, creo que éste es un error. «Colo- cap» un fenémeno literario en su propio espacio no es, en efecto, la con- lusién del trabajo geogrifico sino s6lo su comienzo. En ese punto co- mienza incluso la parte mds hermosa —y dificil— del proceso: mirar la carta geogrifica y discurrir sobre ella, intentando comprender de qué modo una disposicién espacial especifica (las carreteras que bajan hacia el sur de Espafa; las montafas, tan lejanas, de Londres; las mujeres que viven en ka otra orilla del Sena), de qué modo todo esto puede transformarse en una historia fascinante. Es decir, de qué modo la gengrafta lega a generar la no- ela de la Europa moderna. Los mapas literarios que veréis son para mi, en definitiva, como los pi- lates en los que se fundan las reflexiones de este libro, y sus (muchas) ex- plicaciones, que disefian a su ver ulteriores recorridos posibles hacia una ‘obra, 0 una tesis critica, o una idea historiogeifica. No ha sido ficil coor- dinar estos discursos que se entrecruzan y se interrumpen una o dos veces por pagina; y temo que haya salido un ritmo discontinuo, duro —espe- ialmente al principio, cuando la naturaleza de la empresa atin no esté del todo definida—. Pero me gusta pensar que también asi —y también, di- ¢gamos, con los errores que, no obstante, no han de faltar— éste es un li- bro stil: adjetivo que nunca se me habria ocurrido asociar a mi trabajo, y del que ahora, en cambio, me siento més bien orgulloso. Si el libro resulta titil de verdad, el mérito corresponde sobre todo a tuna persona que se llama Serge Bonin. Después de haber dirigido una obra que ¢s una verdadera maravilla de complejidad y rigor (el Arlas dla Révolution Francaise), Bonin ha tenido la paciencia y la amabilidad de © J, G, Bartholomew: A Litenary and Historical Atlas of Europe, Londres, Dent, 1910 (ree ditado varias veces hasta. 1936); Varios autores: Guide lténtive de a France, Paris, Hachete i Hawick: A literary Alas & Gazeterof the British Iie, Detroit, Gale Research Co : D. Daiches: Litenary Landicapes of the British les: a narrative atlas, Nueva York, Pad ngton Press, 1979: Alas sur deutschen Literatur, Munich, dev, 1983: Grand Anas des Litter Paris, Encyclopaedia Universalis, 1990; The Atlas of Litrarure, Londres, De Agostinis 1996. Se publics tambien hace poco un Arla of Western Art History, a cargo de J. Steer y A White, Nueva York, Facts on File, 1994,