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Autorretrato con orificios de salida

Ocean Vuong

Traducción de Ezequiel Zaidenwerg


Umbral

En el cuerpo, donde todo tiene precio,


yo era un mendigo. De rodillas,

espiaba por la cerradura, no


al hombre en la ducha, sino a la lluvia

que al caer lo atravesaba: cuerdas de guitarra que se cortaban


sobre sus espaldas terráqueas.

Cantaba, y por eso


me acuerdo. Su voz

me llenaba hasta lo más profundo


como un esqueleto. Hasta mi nombre

se arrodillaba dentro de mí, pidiendo


clemencia.

Cantaba. Eso es lo único que me acuerdo.


Porque en el cuerpo, donde todo tiene precio,

yo estaba vivo. No sabía


que hubiera una razón mejor.

Esa mañana, mi papá se detendría


–un potro oscuro, inmóvil bajo el aguacero–

a escuchar mi respiración aferrada


del otro lado de la puerta. No sabía que el precio

de entrar en una canción era extraviar


el regreso.

Así que entré. Así que perdí.


Lo perdí todo con los ojos

bien abiertos.
Telémaco

Como todo buen hijo, rescato a mi papá


del agua, lo arrastro del pelo

por la arena blanca, sus nudillos abren un surco


que las olas se apuran en borrar. Porque la ciudad

del otro lado de la costa ya no está


donde la dejamos. Porque la catedral

bombardeada ahora es una catedral


de árboles. Me arrodillo a su lado para ver cuánto

me podría hundir. ¿Sabés quién soy,


Ba? Pero la respuesta no llega nunca. La respuesta

es el agujero de bala que tiene en la espalda, lleno


de agua de mar. Está tan quieto que pienso

que podría ser el padre de cualquiera, al que encuentran


como podría aparecer ante los pies de un chico

una botella verde que contiene un año.


que nunca tocó. Le toco

las orejas. No pasa nada. Lo doy


vuelta. Para hacerle frente. A la catedral

de sus ojos negros como el mar. A la cara


que no es la mía, pero que voy a poner

para darles a todos mis amantes el beso de las buenas noches:


la manera en que cierro los labios de papá

con los míos & emprendo


la fiel labor del que se ahoga.
Troyano

A un dedo de oscuridad del amanecer, se enfunda


en un vestido rojo. Una llama atrapada
en un espejo del ancho de un ataúd. Un resplandor de acero
en la parte de atrás de la garganta. Un fogonazo, un asterisco
blanco. Mírenlo
cómo baila. El azul moretón del empapelado se descascara
y se engancha, acompañando sus vueltas, su sombra
de cabeza de caballo cae sobre los retratos
familiares, el vidrio se quiebra debajo
de su mancha. Él se mueve como cualquier
fractura, revelando las más breves puertas. El vestido
se le deshoja como la cáscara
de una manzana. Como si sus espadas
no estuvieran afilándose
dentro de él. Este caballo con su cara
de hombre. Este vientre repleto de espadas
& de brutos. Como si bailar pudiera detener
el corazón de su asesino
entre sus costillas. Qué fácil es que un chico con un vestido
rojo como los ojos cerrados
desaparezca
bajo el sonido de su propio
galope. Cómo corre un caballo hasta que irrumpe
en el tiempo: en el viento. Y como al
viento, lo van a ver. Lo van a ver
mejor
con la ciudad en llamas.
Albada con ciudad en llamas

Vietnam del Sur, 29 de abril de 1975: la Radio de las Fuerzas Armadas transmite “White Christmas”, de
Irving Berlin, código para iniciar la Operación Viento Frecuente, la evacuación final en helicóptero de
civiles estadounidenses y refugiados vietnamitas durante la caída de Saigón.

Pétalos de flor de leche por la calle


como retazos del vestido de una nena.

Que tus días sean dichosos y radiantes…

Él llena de champán una taza de té, y la acerca a los labios de ella.


Abrí, le dice.
Ella abre.
Afuera, un soldado escupe
su cigarrillo mientras la plaza se llena de pasos como piedras
que caen desde el cielo. Que
todas tus navidades sean blancas
mientras el agente de tráfico se desabrocha la funda del revólver.

Los dedos de él recorren el dobladillo


del vestido blanco de ella. Una sola vela.
Sus sombras: dos pabilos.

Un camión del ejército cruza la intersección a toda velocidad, adentro


aúllan chicos. Una bicicleta incrustada
en la vidriera de un negocio. Cuando se levanta el polvo, un perro negro
jadea tirado en la calle. Las patas traseras
aplastadas en el resplandor
de una blanca navidad .
En la mesa de luz, un ramito de magnolias se expande como un secreto del que uno acaba
de enterarse.

Las copas de los árboles relumbran y los chicos escuchan, el comisario


boca abajo en un charco de Coca-Cola.
Una foto de su padre se empapa
junto a su oreja izquierda.

La canción recorre la ciudad como una viuda.


Una blanca… una blanca… Sueño con una cortina de nieve

que cae de los hombros de ella.

Nieve que araña la ventana. Nieve picada


a balazos. Cielo rojo.
Nieve sobre los tanques que derriban las murallas de la ciudad.
Un helicóptero levanta vuelo con los vivos y se los lleva apenas
fuera de peligro.

Está tan blanca la ciudad que pide tinta.

La radio dice corran corran corran.

Pétalos de flor de leche sobre un perro negro


como retazos del vestido de una nena.

Que tus días sean dichosos y radiantes. Ella dice algo


que no escucha ninguno de los dos. El hotel se sacude
debajo de sus pies. La cama un campo de hielo.

No te preocupes, dice él, las caras de los dos iluminadas


por la primera explosión, mis hermanos ganaron la guerra
y mañana…
Se corta la luz.

Estoy soñando, estoy soñando…


...cascabeles en la nieve.

Abajo, en la plaza: una monja, prendida fuego,


corre en silencio hacia su dios:

Abrí, le dice él.


Ella abre.
Un poco más cerca del borde

Lo suficientemente jóvenes para creer


que nada los va a cambiar, bajan tomados de la mano

al cráter de la bomba. La noche llena


de dientes negros. Su rólex falso, unas semanas

antes de romperse contra el cachete de ella, ahora se apaga


como una luna en miniatura detrás del pelo de ella.

En esta versión, la serpiente no tiene cabeza: inmóvil


como una cuerda desanudada de los tobillos de los amantes.

Él le levanta la pollera blanca de algodón, dejando al descubierto


otra hora. La mano de él. Sus dos manos. La sílabas

que llevan dentro. Oh, padre, oh, presagio, hacé fuerza y metete
adentro de ella: como el campo se tritura a sí mismo

con los gritos de los grillos. Mostrame cómo hace la destrucción para construir
un hogar con los huesos de la cadera. Oh, madre,

oh minutero, enseñame
a abrazar a un hombre como la sed

abraza el agua. Que todos los ríos nos envidien


la boca. Que cada beso golpee el cuerpo

como una temporada. Donde las manzanas hagan retumbar


la tierra con sus cascos rojos. & yo sea tu hijo.
Haibun inmigrante

El camino que me conduce a vos es seguro, incluso si se topa con océanos


Edmond Jabès

Entonces, como si respirase, el mar se hinchó de olas detrás de nosotros. Si querés saber algo,
sabé que la tarea más difícil es vivir sólo una vez. Que una mujer en un barco que se hunde se
convierte en una balsa salvavidas, sin importar cuán suave sea su piel. Mientras dormía, él
puso al fuego su último violín para calentarme los pies. Se acostó al lado mío y me apoyó una
palabra en la nuca, donde se derritió y se transformó en una gota de whisky. Óxido de oro
recorriéndome la espalda. Hacía meses que estábamos navegando, pero el borde del mundo
no aparecía por ningún lado.

Cuando la dejamos, la ciudad todavía estaba ardiendo. Fuera de eso, era una mañana perfecta
de primavera. Boqueaban jacintos blancos en el jardín de la embajada. El cielo era de un azul
septembrino y las palomas picoteaban pedazos de pan que el bombardeo de la panadería
había esparcido. Baguettes rotas. Croissants aplastadas. Autos despanzurrados. Una calesita
que daba vueltas con sus caballos renegridos. Me dijo que la sombra de los misiles que se
hacía cada vez más grande sobre la vereda parecía dios haciendo de cuenta que tocaba el
piano en el aire sobre nosotros. Me dijo: Tengo tanto que contarte.

Estrellas. O más bien, los desagües del cielo: en espera. Agujeritos. Pequeños siglos que se
abren apenas un instante para dejar que nos colemos. Un machete secándose en la cubierta.
Yo de espaldas a él. Con los pies en los remolinos. Él se agacha al lado mío, su respiración un
clima descolocado. Lo dejo que me tire agua en el pelo ahuecando las manos y que me lo
retuerza para escurrirlo. Las perlas más chiquitas, y todas para vos. Abro los ojos. Su cara
entre mis manos, mojada como un corte. Si llegamos a la orilla, me dice, le voy a poner a
nuestro hijo el nombre de esta agua. Voy a aprender a amar a un monstruo. Sonríe. Un guión
blanco en lugar de sus labios. Hay gaviotas sobre nosotros. Hay manos que revolotean entre
las constelaciones, tratando de aferrarse.

La niebla se disipa. Y lo vemos. El horizonte, que desaparece de repente. Un lustre de color


aguamarina que abre paso a la gota dura. Limpia y piadosa, como él quería. Como en los
cuentos de hadas. De ésos en los que, al cerrarlo, el libro se convierte en risas en la falda.
Pongo el mástil a toda vela. Él arroja mi nombre al aire. Veo cómo las sílabas se desmigajan y
se convierten en piedritas esparcidas por la cubierta.

Un rugido furioso. El mar se parte en la proa. Él lo mira abrirse como un ladrón que escruta su
propio corazón: todo hueso y madera astillada. Las olas se alzan a ambos lados. La
embarcación encerrada entre paredes líquidas. ¡Mirá!, me dice, ¡ahora la veo! Salta de la
alegría. Me besa las muñecas sujetando el timón. Se ríe pero los ojos lo traicionan. Se ríe
aunque sabe que arruinó toda hermosura sólo para probar que lo hermoso no lo puede
cambiar. Y he aquí el giro inesperado: hay un corcho donde debería haber una puesta de sol.
Estaba ahí desde el principio. Hay un barco hecho de escarbadientes y adhesivo instantáneo.
Hay un barquito adentro de una botella de vino en la repisa de la chimenea en medio de una
fiesta de Navidad: vasitos de plástico que rebalsan licor de huevo. Pero igual seguimos
navegando. Seguimos parados en la proa. Dos muñecos de torta de casamiento encerrados en
un vidrio. El agua ahora está tan quieta. El agua como el aire, como las horas. Todo el mundo
grita o canta y él no sabe si la canción es para él, o las habitaciones en llamas que confundió
con su niñez. Todo el mundo baila mientras un hombre y una mujer diminutos están atrapados
en una botella verde pensando que alguien los está esperando al final de sus vidas para
decirles ¡Ey! No tenían por qué irse tan lejos. ¿Por qué se fueron tan lejos? Como un bate de
béisbol que se estrella contra el mundo.

Si querés saber algo, sabé que naciste porque no venía nadie más. El barco se mecía mientras
vos te hinchabas dentro de mí: el eco del amor endureciéndose hasta formar un nene. A veces
me siento como un signo &. Me despierto esperando el choque. Tal vez el cuerpo sea la única
pregunta que no se puede extinguir con la respuesta. ¿Cuántos besos hicimos chocar contra
los labios al rezar, tan sólo para luego recoger los pedazos rotos? Si querés saber, la mejor
manera de entender a un hombre es con los dientes. Una vez me tragué la lluvia durante toda
una tormenta eléctrica verde. Horas tendida boca arriba, mi juventud abierta. Abajo mío, el
campo en todas partes. Qué dulce. Esa lluvia. Cómo puede ser que algo que vive sólo para
caer no pueda no ser dulce. El agua fue escampando y se volvió una intención. La intención, un
alimento. No importa que se olviden de nosotros, siempre que vos te acuerdes.

Es verano en la mente.
Dios abre el otro ojo:
dos lunas en el lago.
Siempre & para siempre

Abrila cuando más me necesites,


me dijo él, mientras metía la caja de zapatos, envuelta

en cinta aisladora, debajo de mi cama. Su dedo gordo,


húmedo todavía por el temblor entre los muslos

de mamá, me recorría en círculos el lunar arriba de la ceja.


El ojo del diablo llameaba entre sus dientes

¿o era que encendía un porro? No importa. Esta noche


me despierto & confundo el agua del baño exprimida

del pelo de mamá con su voz. Abro


la caja de zapatos, cubierta del polvo de siete inviernos

& acá, hundida entre pliegues de diarios amarillentos


está la Colt .45, silenciosa y pesada

como una mano amputada. Agarro la pistola


y me pregunto si un orificio de entrada en la noche

abriría un agujero grande como la mañana. Que, si


mirase a través de él, vería el final de esta

oración. O tal vez sólo a un hombre arrodillado


ante la cama del chico, su mameluco gris apestado de nafta

& cigarrillos. Tal vez el día se cierre sin


que pase la página mientras rodea con sus brazos

los hombros de color azul lechoso del chico. El chico que se hace
el dormido mientras su papá lo aprieta cada vez más en su abrazo.

Como el cañón, apuntado al cielo, tiene


que apretar la bala

para hacerla hablar

Papá escribe desde la cárcel


Lan oi:

Em khỏe khong? Giờ em đang ở đâu? Anh nhờ em va con qua. Hơn nữa & hay cosas / que
sólo puedo decir en la oscuridad / cómo una primavera / aplasté a una monarca en pleno vuelo
/ sólo para ver qué se sentía / que algo cambiara / en mis manos / y acá están esas manos /
algunas noches se despiertan cuando las tocan / la música o todavía más las gotas de la lluvia
/ la memoria se borra y se convierte en música / las manos buscan el olor de las lilas / en el
templo cubierto de musgo una esquirla / de amanecer en el ojo de una rata / muerta tu voz al
borde de / mis manos que le apretaban la nueve milímetros al chico / contra la mejilla crispada
tenía veintidós el tambor / vacío no sabía lo fácil que era / estar ausente estas manos / que
arrastraron la sierra por las cuatro de la mañana más azules / los chillidos de los grillos la
corteza de la ceiba / que nos escupía en los ojos hasta que uno o dos cayeron / la sierra
alojada en el azul estaba oscuro hasta que uno o tres / empezaron a escapar de su país a / su
país / la ak-47 el señor de la voz que va a parar / la lila / cómo cerrar la lila / que se abre cada
día desde mi ventana / hay un faro / algunas noches sos el faro / algunas veces el mar / esto
significa que no conozco / más deseo que la necesidad / de ser destrozado y reconstruido / la
mente que olvida / el crimen de vivir del cuerpo / una vez más querida Lan o / Lan oi qué
importa / en la celda de al lado hay un tipo que pide / todas las noches por el pecho de su
mamá / una sola gotita / creo que mis ojos son como los suyos / miran la noche sangrar / a
través del faro la noche esa máscara agrietada / que me pongo después de demasiados golpes
de rifle / ¡Lan oi! ¡Lan oi! ¡Lan oi! / Estoy muerto de hambre / un bol de arroz / una taza de vos /
una única gota / mi chica gastada de relojes / mi eco atrapado en el 88 / esta noche hace
demasiado frío en la celda & hay cosas / que sólo puedo decir donde las monarcas / ya no
vienen / con las alas arañando el piso resbaloso de pis en busca de fragmentos de una / mujer
fantasma aprieto la cara / contra una ventana del tamaño de la palma de una mano tuya donde
/ pasando la orilla / un amanecer gris te levanta el dobladillo del vestido violeta / & yo me
enciendo
De cabeza

Không có gì bằng cơm với cá.


Không có gì bằng má với con.
Proverbio vietnamita

¿No sabés? Que el amor de una madre


se desentiende del orgullo
como el fuego
se desentiende de los gritos
de lo que quema. Hijo mío,
mañana aún
tendrás el día de hoy. ¿No sabés?
Que hay hombres que tocan pechos
como quien toca
cráneos. Hombres
que cargan sueños
por las montañas, con los muertos
en la espalda.

Pero sólo una madre es capaz de caminar


con el peso
de un segundo corazón que late.
Nenito tonto.
Podrás perderte en cada libro
pero nunca te vas a olvidar de vos mismo
igual que dios se olvida
de sus manos.
Cuando te pregunten
de dónde sos,
deciles que tu nombre
se hizo carne en la boca sin dientes
de una mujer de la guerra.

Que no naciste,
sino que saliste de cabeza
al hambre de los perros. Hijo mío, deciles
que el cuerpo es un cuchillo que se afila
cortando.
En Newport, veo a papá apoyar la mejilla sobre el lomo húmedo de un delfín encallado

& cerrar los ojos. Tiene el pelo del tono


de la carne agrietada del delfín.
El brazo derecho, con tatuajes de tres fénix
en picada –antorchas
que señalan las vidas que eligió
o no pudo elegir– acuna
el hocico rosáceo. Los dientes del delfín
relumbran como balas.

Huey. Tomahawk. Semi-


automático. Yo estaba estático,
los dos sentados en el Nissan, mirando las olas
que nos rozaban el aliento
cuando salió corriendo hacia la orilla, dando saltitos
con la pierna renga. La campera
North Face amarilla mostaza
se achicaba rumbo a la vida gris
que manchaba la nuestra. Esquirlas
con correas. Bushwacker. La última vez
que lo vi correr así, tenía
un martillo en la mano, mamá
apenas a un clavo de distancia.
Estados Unidos. Estados Unidos, una hilera de postes de luz
que parpadeaban en sus labios
de whisky mientras corríamos. Una familia
a los gritos por la avenida Franklin.
ADD. TEPT. PDG. Pum. Pum. Pum
dice el francotirador. La puta
que te parió dice el papá, las balas rastreadoras

chorreando entre las hojas de palmera. Verde


papel picado, que te quiero verde.
Verde a pesar del rojo a pesar
del resto. Hundidas las rodillas
en el barro negro como la tinta,
dirige una cintita de agua al espiráculo
que late. OK. O KA. AK
-47. Tengo once años una sola vez
mientras él se arrodilla para rodear al refugiado
acuático con los brazos. Las olas
le tragan
las piernas. El ojo del delfín
boquea como un bebé
recién nacido. & una vez más
estoy abriendo
la puerta del acompañante. Estoy corriendo
rumbo a un horizonte oxidado, huyendo
de un país
para quedarme sin. Persigo a mi papá
como los muertos persiguen
los días –& aunque aún estoy
demasiado lejos para escucharlo, sé,
por cómo inclina el cuello
hacia un costado, como si lo tuviera roto,
que está cantándoles
mi canción preferida
a sus manos vacías.
El regalo

abc abc abc

Ella no sabe cuál viene después.


Y entonces, empezamos de nuevo:

abc abc abc

Pero entreveo la cuarta letra,


un mechón de pelo negro, que se desenredó
del abecedario
& se escribió
en su cachete.

Su trabajo de manicura
no la abandona ni siquiera ahora: vahos
de acetato de isopropilo, acetato de etilo, cloruro,
laurisulfato de sodio y sudor emanan
de su remera rosa
de I ♥ NY.

abc abc a –se rompe el lápiz.

A la b se le revienta la panza,
como una ráfaga de polvo oscuro
por un cielo forrado de azul.

Quedate quieto, me dice, y extrae


un hueso de ala de grafito
Del cadáver amarillo, y lo vuelve a poner
entre mis dedos.
Otra vez. & otra vez
lo veo: el mechón que se le corre
de la cara… cómo cayó
sobre la hoja –& cobró vida
sin hacer ruido. Igual que una palabra.
Todavía la escucho.
Autorretrato como orificios de salida

Que sea, en cambio el eco de cada paso


que la lluvia ahogó, que mutile el aire como un nombre

que se arroja a un barco que se hunde, que salpique la corteza de la ceiba


y atraviese lo podrido y el hierro de una ciudad que trata de olvidar

los huesos bajo las veredas, & recorra después


el campamento de refugiados con el aire viciado de humo & himnos

a medio cantar, una casucha ennegrecida de óxido & alumbrada con la última
vela de Bà Ngoại, las caras de los chanchos que alzábamos

& confundíamos con hermanos, que entre en una habitación iluminada


por la nieve y amueblada únicamente con risas, pan lactal

& mayonesa que se acercan a los labios rajados en calidad de testamento


a un triunfo del que nadie se acuerda, que roce la mejilla

sonrosada del recién nacido al que levantan en los brazos de su papá,


envuelto en tripas de pescado & Marlboros, mientras todo el mundo festeja

cómo otro vietnamita más se desmorona bajo la M16 de John Wayne y Vietnam
arde en la pantalla, que les entre por un oído y les salga por el otro,

limpio, como una promesa, antes de rasgar el póster


de Michael Jackson que brilla encima del sillón, hacia

el supermercado donde una mujer mezclada está dispuesta


a creer que cualquier hombre blanco que tenga su nariz

es su papá, que cante, un ratito, adentro de su boca,


antes de acostarla entre frascos de tomate

& cajas azules de pasta & de que la manzana rojo oscuro salga
rodando de la palma de su mano, después al calabozo

donde su marido se sienta a mirar la luna


hasta que se convence de que es la última hostia

que dios le negó, que le pegue en el mentón como un beso


que olvidamos cómo darnos los unos a los otros, silbando en el aire
de vuelta al 68, a la bahía de Ha-Long: fuego en lugar
de cielo, el cielo que sólo los muertos

pueden ver, que llegue hasta el abuelo que se está cogiendo


a la campesina embarazada en la parte de atrás de su jeep del ejército,

con el pelo rubio parpadeando en la ventolera del napalm, que lo sujete


contra el polvo del que surgen sus futuras hijas,

con los dedos ampollados de sal & Agente Naranja, que le


arranquen los pantalones verdes de fajina & agarren en un puño el nombre

que le cuelga del cuello, el nombre que aprietan contra la lengua


para aprender de nuevo la palabra vivir, vivir, vivir – pero

aunque sea, déjenme enhebrar este rayo de la muerte


como una ciega vuelve a coserle un retazo de piel

en las costillas a su hija. Sí: déjenme creer que nací


para desamartillar este rifle, brillante & terso, como un verdadero

Charlie, como pasos de fantasmas condensados por la lluvia


mientras me arrodillo entre las miras –& rezo

por que nada se mueva.


Acción de Gracias 2006

Esta noche hace demasiado frío en Brooklyn

& todos mis amigos están a tres años de acá.

Mi mamá me dijo que podía ser cualquier cosa

que quisiera –pero elegí vivir.

En los escalones de un viejo brownstone

destella un cigarrillo, después se apaga.

Me acerco: una navaja

afilada con silencio.

Su línea del mentón grabada en humo.

La boca en la que vuelvo a entrar

en la ciudad. Desconocido, eco

palpable, acá tenés mi mano, llena de sangre chirle

como lágrimas de viuda. Estoy listo.

Estoy listo para ser cada animal

que pierdas por el camino.


Rompehogares

& así bailábamos: los vestidos de nuestras madres


se derramaban de nuestros pies, el final de agosto

nos teñía las manos de rojo oscuro. & así amábamos:


una quinta parte de vodka & una tarde en el desván, tus dedos

por mi pelo –mi pelo un incendio incontrolable. Nos tapábamos


los oídos & la rabieta de tu papá se convertía

en los latidos del corazón. Al tocarse nuestros labios, el día


se cerraba convertido en ataúd. En el museo del corazón

hay dos personas sin cabeza que construyen una casa en llamas.
Siempre la escopeta arriba

de la chimenea. Siempre una hora más para matar –para rogarle


a algún dios que la devolviera. Si no era el desván, era el auto. Si no era

el auto, era el sueño. Si no era el chico, era la ropa del chico. Si no estás vivo,
colgá el teléfono. Porque el año es una distancia

que recorrimos en círculos. Es decir: así


bailábamos: desnudos en nuestros cuerpos dormidos. Es decir:

así amábamos: el cuchillo en la lengua que se convertía


en una lengua.
Sobre ti canto

Lo logramos, mi amor.
Nos llevan en la limusina
negra. En el camino amontonaron
gente para gritar nuestros nombres.
Tienen fe en tus cabellos de oro
& en tu traje gris sin una arruga.

Tienen a una buena ciudadana


en mí. Yo amo a mi país.
Hago de cuenta que está todo bien.
Hago de cuenta que no veo al hombre

& a su hija rubia que se tiran


para esquivar las balas, que no estás diciendo
mi nombre y que, cuando sale
de tu boca, no suena a matadero.
Todavía no soy Jackie O
& todavía no tenés un agujero en la cabeza, un arcoíris
pasajero en medio de una niebla
de óxido. Yo amo a mi país
pero ¿a quién quiero engañar? Me estoy
guardando tus pensamientos, todavía calientes,
adentro mío, mi querido, dulce, dulce
Jack. Estoy buscando al lado del baúl
un vidrio roto de recuerdo tuyo,
de cuando nos besamos & el país
brilló. Tu espalda desarmada.
Tu mano que se suelta. Ahora estás
desparramado en el asiento, ahondando
mi vestido fucsia. Pero soy
una buena ciudadana, rodeada de Jesús
y de ambulancias. Yo amo
a este país. Las caras retorcidas.
Mi país. El cielo azul. La limusina
negra. Mi único guante blanco
que relumbra rosado: con todos
nuestros sueños americanos.
Porque es verano

te vas en bici al parque amoratado


por las nueve de la noche con los arces enfundados en bolsas de plástico
desflecadas por los días el maizal
recién arrasado & mentiste
al decir adónde ibas se supone que estás
con una chica cuyo nombre
no atinás a inventar pero él te está esperando
en la cancha de béisbol, detrás de la cueva
salpicada de colillas forros rotos
te está esperando con las manos pegajosas & aliento
a menta un corte de pelo barato
& los levis de su hermana
el tufo a pis que larga el pasto húmedo
después de todo es junio & sos joven
hasta septiembre parece diferente
al de la foto pero igual no importa
porque le diste un beso en la mejilla
a tu mamá antes de venir
hasta acá porque el tajo oscuro de la bragueta alcanza
para hablar a través del cierre un grito fino
donde plantás la boca
para oír el ruido de los pájaros
al golpear contra el agua el chasquido
del elástico cuatro manos que se aceleran
convertidas en muchas: un enjambre de deseo con el que te cubrís
como un velo de novia pero no
lo merecés: el chico &
su soledad el chico que te encuentra
hermoso solamente porque no
sos un espejo porque no tenés
suficientes caras que abandonar viniste
hasta acá para no ser nadie & es junio
hasta la mañana sos joven hasta que una canción pop
suene en la habitación de un pibe muerto el agua entra
por los cuatro costados del verano & vos querés
decirle que está todo bien que la noche también es una tumba
de la que nos podemos levantar pero él ya está arreglándose
el cuello el maizal una crueldad con sus vahos
de bosta te embadurnás el cuello con
un lápiz de labio te vestís con manos temblorosas
decís gracias gracias gracias
porque todavía no aprendiste para qué sirve
perdoname porque eso es lo que uno dice
cuando un desconocido sale de adentro del verano
& te ofrece una hora más para vivir.
Adentro de la grieta

Estaciono en el campo & apago el motor.

Es sencillo: no sé
amar a un hombre

con suavidad. La ternura,


algo que se logra

a los golpes. Alguaciles enhebrados


a un aire de zafiro.

Estás tan callado que sos casi

mañana.

El cuerpo se hizo blando


para guardarnos

de la soledad.
Dijiste

como si el auto se estuviera


llenando de agua de río.

No te preocupes,
No hay agua.

Sólo tus ojos

que se cierran.
Mi lengua

en el quid de tu pecho.
Pelitos negros

como patas
de insectos desaparecidos

Nunca quise

la carne.
Su costumbre de no fallar nunca
en su fallo
tan preciso.

Pero qué pasaría si rasgara


de todos modos la delgada

página de la piel
& encontrase el corazón

no del tamaño de un puño


sino de tu boca que se abre

grande
como Jerusalén. ¿& entonces qué?

Amar a otro
hombre es no dejar

a nadie por el camino

para perdonarme.

Quiero que nadie quede


por el camino.

Guardar
& ser guardado.

Como un campo convierte


sus secretos

en peonías.

Como la luz guarda


su sombra

al tragársela.
La anáfora como mecanismo de supervivencia

No podés dormir
así que te ponés sus botas grises –nada más– & entrás
a la lluvia. Aunque él ya no esté, pensás, igual quiero
estar limpio. Si tan sólo la lluvia fuera nafta, tu lengua
un fósforo encendido & sos capaz de cambiar sin desaparecer. Si tan sólo
se muriera en el instante en que su nombre se transforma en un diente
en tu boca. Pero todavía no. Se muere cuando se lo llevan
rodando & el cura te hace salir del cuarto, las palmas de tus manos
dos charcos de lluvia. Se muere mientras tu corazón late más rápido,
y otra guerra convierte el cielo en cobre. Se muere cada noche
en que cerrás los ojos & escuchás su lenta exhalación. Tu puño que ahoga
la oscuridad. Tu puño que atraviesa el espejo del baño. Se muere
en la fiesta donde todo el mundo se ríe & lo único que querés es ir
a la cocina y hacerte siete omelets antes de incendiar
la casa. Lo único que querés es correr al bosque & rogarle
al lobo que te haga mierda. Se muere cuando te despertás
& es noviembre para siempre. Un disco de Hendrix derretido
bajo una púa oxidada. Se muere la mañana que te besa
dos minutos de más, cuando te dice Esperá seguido de
Tengo algo que decir & rápido agarrás tu almohada rosa
preferida y lo asfixiás mientras llora bajo la tela suave
& cada vez más oscura. Te quedás quieto hasta que deja de moverse,
hasta que las paredes se disuelven & están los dos parados otra vez en el tren
lleno de gente. Mirá cómo te sacude hacia adelante y hacia atrás como si bailaran un lento
visto desde la distancia de los años. Seguís en primer año de la facultad. Te sigue
aterrando tener sólo dos manos. & él todavía no sabe cómo te llamás
pero igual te sonríe. Sus dientes reflejados en la ventana
que refleja tus labios cuando articulás un Hola: tu lengua
un fósforo encendido.
Séptimo círculo de la Tierra

El 27 de abril de 2011, una pareja gay, Michael Humphrey


y Clayton Capshaw, fue asesinada por inmolación en su
hogar de Dallas, Texas.
Dallas Voice

4
5

1
Como si mi dedo / que te recorre la clavícula / tras puertas cerradas, / fuera suficiente / para borrarme. /
Para olvidar / que construimos esta casa sabiendo / que no duraría. ¿Cómo / se hace para detener / el
remordimiento / sin cortarse / las manos? / Otra antorcha

2
entra por la ventana, / otra paloma errante. / Qué gracioso. Siempre supe / que estaría más abrigado al
lado / de mi hombre. Pero no te rías. Entendeme / cuando digo que ardo mejor / cuando me corona / tu
olor: ese sudor terrestre / mezclado con Old Spice que busco cada noche / que los días

3
me rechazan. Las caras se nos ennegrecen / en las fotos colgadas en la pared. / No te rías. Mejor
contame otra vez / el cuento / de los gorriones que escaparon de la caída de Roma, / sus alas
incendiadas. / Cómo la ruina hizo su nido / en cada garganta, como un dedal, / & la hizo cantar

4
hasta que las notas se enhebraron a este / humo que sube / de tus fosas nasales. Hablá: / hasta que tu
voz no sea más / que el crepitar / de huesos
6

5
calcinados. Pero no te rías / cuando estas paredes se derrumben / & sólo salgan volando / chispas, / no
gorriones. / Cuando vengan / a revolver estas cenizas / & extraigan mi lengua, / esta rosa hecha puño, /
chamuscada y atragantada, / de tu boca

6
muerta. / Cada pétalo negro / hecho pedazos / con lo que queda / de nuestra risa. / Risa cenicienta
convertida / en aire / en mi amor mi bebé / mi corazón, / mirá. Lo felices que somos / de no ser nadie / &
seguir siendo

7
estadounidenses.
En la Tierra somos hermosos por un rato

Decime que fue el hambre


y nada más. Porque hambre es darle
al cuerpo lo que sabe

que no puede quedarse. Que esta luz ambarina


que otra guerra va tallando
es lo único que prende mi mano a tu pecho.

Vos, que te ahogás


en mis brazos:
quedate.

Vos, que empujás tu cuerpo


al río
para quedar
a solas:
Quedate.

Te voy a contar cómo podemos estar tan equivocados que nos perdonan. Cómo fue que una
noche, después de darle una cachetada de revés a mamá y de llevar una motosierra a la mesa
de la cocina, mi papá se fue a arrodillar al baño hasta que escuchamos su llanto ahogado a
través de las paredes. & así aprendí: que un hombre en el momento del clímax era lo más
cercano que había a una rendición.

Decí rendición. Decí alabastro. Navaja automática.


Madreselva. Vara de oro. Decí otoño.
Decí otoño a pesar del verde
de tus ojos. Belleza a pesar
de la luz del día. Decí que matarías por ella. Amanecer indestructible
que trepa por tu garganta.
Mis sacudidas debajo tuyo
como un gorrión atontado
por la caída.

Anochecer: un filo de miel se escurre entre las sombras de los dos.

Quería desaparecer: así que abrí la puerta del auto de un extraño. Estaba divorciado. Estaba
llorando con la cara entre las manos (manos que tenían gusto a óxido). El lazo rosado contra el
cáncer de pecho que tenía en el llavero se movía sobre el encendido. ¿No nos tocamos sólo
para comprobar que todavía estamos acá? Yo alguna vez también estuve acá. La luna, lejana
& parpadeante, quedaba atrapada en las perlas de sudor de mi cuello. Dejaba que la niebla se
derramara por la ventana rajada y me tapase los colmillos. Cuando me fui, el Buick seguía ahí,
un toro mudo en su pastura, sus ojos marcaban mi sombra a fuego contra los costados de las
casas suburbanas. En casa, me tiré en la cama como una antorcha & me puse a mirar cómo
las llamas mordisqueaban la casa de mi mamá hasta que apareció el cielo, inyectado en
sangre & enorme. Cómo quería ser ese cielo: albergar en mí a la vez cada caída y cada vuelo.

Decí amén. Decí enmendar.

Decí que sí. Decí que sí

de todas formas.

En la ducha, sudando bajo el agua fría, restregaba & restregaba.

No es demasiado tarde. Nuestras cabezas aureoladas


de jejenes & verano demasiado reciente
para dejar marcas. Tu mano
por debajo de mi remera como estática
en la radio, cada vez más fuerte.
Tu otra mano apuntando
el revólver de tu papá
al cielo. Las estrellas cayendo
una por una en la mira.
Esto significa que no voy a tener
miedo si ya estamos
acá. Más de lo que puede
albergar la piel. Que un chico
que duerme al lado de otro chico
debe hacer un campo
de tic & tacs. Que decir tu nombre
es escuchar el ruido de atrasar
los relojes otra hora
& la mañana
encuentra nuestra ropa
en la entrada de la casa de tu mamá, con los pétalos caídos
como lirios de una semana.
Eurídice

Se parece más al ruido


que hace una cierva
cuando la punta de la flecha
reemplaza el día
con una pregunta
al zumbido ahuecado
de las costillas. Nos la veíamos venir
pero seguimos caminando por el agujero
del jardín. Porque las hojas
eran de un verde puro & el fuego
sólo una pincelada rosa
a lo lejos. No se trata
de la luz, sino de cuánta oscuridad
te dé según dónde
estés parado.
Según dónde estés parado,
tu nombre puede sonar como una luna llena
hecha jirones en la piel de una cierva muerta.
Tu nombre cambió al tocarlo
la gravedad. La gravedad que nos quebraba
las rodillas sólo para mostrarnos
el cielo. ¿Por qué seguíamos
diciendo que sí,
aún con todos esos pájaros?
¿Quién nos creería
ahora? Mi voz chisporrotea
como huesos adentro de la radio.
Qué tonto. Pensaba que el amor era real
& el cuerpo imaginario.
Pensaba que bastaba
con un pequeño acorde. Pero acá estamos:
de pie en el campo frío
una vez más. Él que llama a la chica.
La chica, junto a él.
El pasto escarchado que cruje
bajo los cascos de ella.
Sin título (Azul, verde y marrón): óleo sobre lienzo: Mark Rothko: 1952

La tele dijo los aviones impactaron contra los edificios.


& yo dije que sí porque vos me pediste
que me quedara. Tal vez rezamos de rodillas porque dios
nos escucha solamente cuando estamos así de cerca
del diablo. Hay tantas cosas que te quiero contar.
Que mi máximo logro fue cruzar a pie
el Puente de Brooklyn
sin pensar en el vuelo. Que vivimos como el agua: humedeciendo
una lengua nueva con andá a saber
lo que tuvimos que pasar. Dicen que el cielo es azul
pero yo sé que es negro si se lo mira de muy lejos.
Siempre te vas a acordar de lo que estabas haciendo
cuando más te duela. Hay tantas cosas
que necesito contarte: pero sólo me gané
una vida. & no me llevé nada. Nada. A lo mejor un par de dientes
al final. La tele seguía diciendo Los aviones…
Los aviones... & y yo esperando de pie en la habitación
hecha de sinsontes rotos. Las alas palpitantes
eran cuatro paredes borroneadas & vos estabas ahí.
Vos eras las ventanas.
Reina bajo la colina

Me acerco a un campo. Un piano negro espera


ahí en el centro. Me arrodillo a tocar
lo que puedo. Una única tecla. Un diente
arrojado a un aljibe. Mis dedos
se deslizan por las encías babosas. Labios resbaladizos. Hocico. No
es un piano, es una yegua
tapada con una sábana negra. Boca blanca
extendida como un puño. Me arrodillo
ante mi bestia. La sábana hundida
en sus costillas. Un piano abollado
donde la lluvia que se juntó
a la noche refleja
un cielo azul que se desploma
sobre el flanco de un caballo. Una huella
digital azul impresa
desde arriba. Como si algo, tras
pedir que lo apagaran de un soplo, al extinguirse
hubiera dejado esta flor negra
en un campo en el que yo soy un mero
visitante. Una palabra exiliada
del rezo, parpadeante. El viento forma rayas
con el pasto amarillento que va aplanando a nuestro alrededor: el caballo & yo
una acuarela que se apuraron en colgar
& ahora gotea. Olas verdes
rodean esta piedra negra
donde yo estoy sentado transformando huesos
en sonatas. Con los dedos borroneados,
toco lo que aprendí
escuchando a los huertos desatar
sus más dulces males. La abolladura
de este caballo, lo suficientemente ancha
para vivir a su lado. Charco de cielo
en la tierra. Como si mirar para abajo
a los muertos fuera levantar la vista
para ver mi propia cara, pisoteada
por la música. Si levanto la sábana
voy a descubrir un corazón enorme
como un feto muerto. Si levanto la sábana
voy a echarme a dormir al lado de ella
como una sombra de cuatro patas, pezuña
que encuentra hogar en otra pezuña. Si cierro los ojos
estoy adentro del piano otra vez
& solamente. Si cierro los ojos
nadie me puede lastimar.
[FIN DE SECCIÓN]
Torso de aire

Suponete que cambiás tu vida.


& el cuerpo es más que

una porción de noche: sellado


a moretones. Suponete que te despertás

& ves que cambiaron tu sombra


por un lobo negro. El chico, hermoso

& ausente. Así que agarrás un cuchillo


& te ponés a darle a la pared. Le das & le das

hasta que se abre una moneda de luz


& al fin podés espiar, por el agujero,

la felicidad. El ojo,
que te devuelve la mirada desde el otro lado,

espera.
Oración para los recién condenados

Querido Padre, perdoname: he visto.


Detrás de la valla de madera, un campo iluminado
de verano, un hombre que le pone a otro
una púa en la garganta. Acero que se transforma en luz
sobre un cuello lustroso de sudor. Perdoname
por no retorcer esta lengua para formar
Tu nombre. Por pensar:
así debe empezar toda
oración: con las palabras “por favor” que cortan
el viento en pedacitos, que es lo que
oye un chico en su necesidad de saber
cómo vuelve el dolor a bendecir el cuerpo
de su pecador. La hora de repente
detenida. El hombre, con los labios
contra la bota negra. ¿Está mal que ame
esos ojos, que vea algo tan diáfano
& azul: que ruegue seguir siendo diáfano
& azul? ¿Se me crispó el cachete
cuando la sombra húmeda floreció de su entrepierna
y chorreó en el barro ocre? Qué rápido que se transforma
en Vos el filo. Pero dejame empezar
de nuevo: Hay un chico arrodillado
en una casa con todas las puertas abiertas al verano
de una patada. Una pregunta le carcome
la lengua. Un cuchillo que toca
Tu dedo alojado en la garganta.
Querido Padre, ¿qué pasa con el chico
que ya no es un chico? Por favor:
¿qué pasa con el pastor
cuando las ovejas son caníbales?
A mi padre / A mi futuro hijo

Las estrellas no son hereditarias.


Emily Dickinson

Había una puerta & después una puerta


en la mitad de un bosque.

Mirá, mis ojos no son


tus ojos.

Me atravesás como una lluvia


que se escucha
desde otro país.
Sí, tenés país.
Algún día, lo van a encontrar
buscando barcos desaparecidos…

Una vez, me enamoré


durante un choque de autos en cámara lenta.

Parecíamos tan en paz, el cigarrillo que flotaba despedido de los labios de él


cuando nuestras cabezas sacudidas hacia atrás
golpearon contra el sueño & todo
nos fue perdonado.

Porque lo que escuchaste, o escucharás, es cierto: escribí


una hora mejor en la página

& me quedé mirando cómo el fuego la hacía retractarse.

Siempre había algo que se estaba quemando.

¿Me entendés? Cerré la boca


pero seguía sintiendo gusto a ceniza
porque tenía los ojos bien abiertos.

De los hombres, aprendí a elogiar el grosor de las paredes.


De las mujeres,
aprendí a elogiar.

Si recibís mi cuerpo, dejalo.


Si recibís cualquier cosa
asegurate de no dejar
huellas en la nieve. Sabé

que nunca pude elegir en qué sentido


se sucedían las estaciones. Que siempre era octubre
en mi garganta

& vos: todas las hojas


negándose a la herrumbre.

Rápido. ¿Ves cómo cambia la tiniebla roja?

Eso quiere decir que yo te estoy tocando. Eso quiere decir


que no estás solo, hasta
cuando no lo estás.
Si llegás antes que yo, si no pensás
en nada

& aparece mi cara ondeando


como una bandera rasgada: volvé.

Volvé a buscar el libro que dejé


para nosotros, rellenado
con todos los colores del cielo
olvidados por los sepultureros.
Usalo.
Usalo para demostrar que las estrellas
siempre han sido lo que sabíamos

que eran: los orificios de salida


de todas las palabras
que no dieron en el blanco.
Deto(nación)

Hay un chiste cuyo remate dice: ¿eh?


Es la bomba que dice acá está tu papá.

Acá está tu papá


dentro de tus pulmones. Mirá cuánto más leve

es la tierra: después.
El solo hecho de escribir papá

es recortar una porción del día


de una hoja radiante como bomba.

Hay suficiente luz para ahogarse en ella


pero no alcanza a penetrar los huesos

& quedarse ahí. No te quedes acá, me dijo él, mi nene


quebrado por los nombres de las flores. Ya no llores

más. Así que me escapé. Me escapé en la noche.


La noche: mi sombra que crece

hacia mi papá.
Oda a la masturbación

porque nunca
fuiste
santo
sólo lo suficientemente
hermoso
para que te encontraran

con un anzuelo
en la boca
el agua se agitó
como chispeando
cuando
te sacaron

& a veces
la mano
es lo único que tenés
para agarrarte
a este
mundo & es el

ruido no
el rezo
lo que penetra
el trueno
no el relámpago
lo que te despierta

en el asiento de atrás
neón de medianoche
estacionamiento
agua bendita
chorreada
entre

tus muslos
donde jamás
un hombre se ahogó
de tanta
sed
el lechazo
un arte
y culeación
de estrellas masticadas
así que levantá
el dedo gordo
rebozado de dicha

& enseñale
a la lengua
de alimento
desenfrenado
que perderse en
una imagen

es encontrar en ella
una puerta
así que cerrá
los ojos
& abrite
estirate

& que cada costilla


tararee
la desesperación
de las teclas
no tocadas del piano
algunos dicen que esto es

ser humano pero vos


ya sabés
que es la forma más breve
del sí para siempre
hasta los santos
se acuerdan de eso el si

debajo de cada
afirmación
abajo
de la respiración cargada
como flores de cerezo
que echan espuma en la primavera

de nadie
con qué frecuencia estas líneas
parecen los arañazos
de tus hermanos
al ser arrastrados
lejos de vos

vos el del nombre


que no escucha
el oído
sino los huesos
más chicos
en las tumbas vos

que encendés el aire de abril


con el acá acá acá de
todos tus pétalos vos
que te retorcés
& atravesás la luz
alambrada de púas

aún sabiendo
que el color llama a la
decapitación
me estiro
buscándote
en barro estadounidense

en pueblos con nombres


como esperanza
festejo
éxito & labios
dulces como pequeña
saigón

laramie plata
& sanford pueblos
cuyos árboles conocen
el peso de la historia
pueden torcer las ramas
ante quebradas

líneas cuyas raíces se meten


entre las piedras
& la dura realidad
recogiendo
el recuerdo de la herrumbre
& el hierro

de las mandíbulas
& la amatista sí
tocate
así
separá el hambre
incurable

de la herida más tierna


después de todo
el señor te cortó
acá
para recordarnos de dónde
llegó

volvé a clavar
este latido con su cornamenta
a la tierra
gritá
hasta que la oscuridad haga brotar
cada bestia

sin rostro
del arca
mientras raspás la sal
de la pijaclítoris
& la llamás
luz del día

no
tengas miedo
de ser tan
luminoso
tan diáfano
tan vacío

que las balas


te atraviesen
pensando
que encontraron
el cielo al estirarte apoyá
una mano
sobre este cuerpo
tibio de sangre
como una palabra
al ser clavada
a su significado

& a sus vidas


Fragmentos del cuaderno

Una línea de tibieza, del ancho de una cicatriz, en el cuello de un hombre gastado.
Es todo lo que siempre quise ser.

A veces pido demasiado sólo para sentir que se me inunda la boca.

Descubrimiento: mi vello púbico más largo mide tres centímetros.

¿Bueno o malo?

7:18 de la mañana. Anoche Kevin tuvo una sobredosis. Su hermana me dejó un


mensaje. No pude escucharlo entero. Con ésta van tres en un año.

Prometo que ya voy a dejar.

Esta mañana se me cayó jugo de naranja en la mesa. Súbito rayo de sol


que no fui capaz de limpiar.

Mis manos fueron luz del sol hasta entrada la noche.

Me levanté a la una de la mañana y, sin motivo, corrí por el maizal de Duffy. En boxers y
nada más.

El maíz estaba seco. Hacía ruido como de un incendio,


sin motivo.

La abuela dijo En la guerra agarraban un bebé, un soldado de cada tobillo, y tiraban…


Así nomás.

¡Por fin llegó la primavera! Narcisos por todas partes.


Así nomás.

Hay 13.000 partes de cuerpos no identificados de las Torres Gemelas guardadas en un


depósito subterráneo en Nueva York.

¿Bueno o malo?

¿El paraíso no debería estar pesadísmo a esta altura?

Tal vez la lluvia sea “dulce” porque cae en tantas partes distintas del mundo.

Hasta lo dulce te puede raspar la garganta, así que batí bien el azúcar. La abuela.
4:37 de la mañana. ¿Cómo puede ser que la depresión me haga sentir más vivo?
La vida es rara.

Recordatorio: si un tipo te dice que su poeta preferido es Jack Kerouac, es muy


probable que sea un pelotudo.

Recordatorio: si Orfeo fuera mujer, yo no estaría encerrado acá abajo.

¿Por qué todos mis libros me dejan con las manos vacías?

En vietnamita, granada se dice “bom”, del francés “pomme”, que significa manzana.

¿O era por “bomba” en estadounidense?

Me desperté con un grito mudo. El cuarto se llenaba de una luz azulada que se llama
amanecer. Fui a darle un beso en la frente a la abuela

por las dudas.

Un soldado estadounidense se cogió a una campesina vietnamita. En consecuencia


existe mi madre. En consecuencia existo yo. En consecuencia, sin bombas = no existiría
mi familia = ni existiría yo.

Qué asco.

9:47 de la mañana: ya me hice cuatro pajas. El brazo me está matando.

Berenjena = cá pháo = “tomate granada”. En consecuencia, la extinción define el


alimento.

Esta noche conocí a un tipo. Un profesor de inglés de secundaria, del pueblo de al lado.
Un pueblo chico. Tal vez

no debería, pero tenía las manos


de alguien que conocí. Alguien a quien estaba acostumbrado.

A las mínimas iglesias que formaban


sobre la mesa mientras él buscaba las palabras justas.

Conocí a un tipo que no sos vos. En su cuarto, las Biblias se sacudían en el estante por
la luz de las velas. Su escroto, una fruta machucada. Se lo besé

despacio, como uno besaría una granada


antes de arrojarla a la boca de la noche.
Quizá la lengua también sea una llave.

Qué asco.

Te comería, me dijo, rozándome la mejilla con los nudillos.

Creo que amo mucho a mi mamá.

Algunas granadas explotan con una imagen de flores blancas.

Florecen gipsófilas sobre un cielo encapotado, a lo largo de


mi pecho.

Quizá la lengua también sea un alfiler.

Me voy a volver loco cuando se muera Whitney Houston.

Conocí a un tipo. Prometo que voy a dejar.

“Saquea una aldea” es un muy lindo ejemplo de rima consonante. Dijo él.

Era blanco. O quizá yo sólo estaba fuera de mí, al lado de él.

En cualquier caso, me olvidé de memoria de su nombre.

Me pregunto cómo se sentirá moverse a la velocidad de la sed: si será rápido


como estar tirado en el piso de la cocina con las luces apagadas.

(Kristopher)

6:24 de la mañana. Estación de ómnibus. Pasaje de ida a Nueva York: 36,75 dólares.

6:57 de la mañana. Mamá, te amo.

Cuando los guardiacárceles quemaron sus manuscritos, Nguyễn Chí Thiện no paraba
de reírse: los 283 poemas ya estaban dentro suyo.

Soñé que caminaba descalzo hasta tu casa en la nieve. Todo era azul
como un borrón de tinta

y vos estabas vivo todavía. Hasta había una luz del tono del amanecer
dentro de tu ventana.
Dios debe ser una estación del año, decía la abuela, mirando por la ventana cómo la tormenta
de nieve le ahogaba el jardín.

Mis pasos sobre la vereda eran los vuelos más pequeños.

Dios mío, si sos una estación del año, que seas la que atravesé
para llegar acá.

Acá. Es donde siempre quise estar.

Lo prometo.
La mínima medida

Tras el roble caído,


el Winchester traquetea

en las manos tempranas del chico.

Una barba de bronce le roza


la oreja. Dale.

Es toda tuya...

Cargado de verano, yo
soy la cierva que amartilla con una pezuña sola
como una pregunta lista para abrir

sus raíces. & como cualquier criatura dejada


de la mano de dios, no quiero nada más
que mis respiraciones. Alzar

este hocico, tallado


en siglos de hambre, hacia el siguiente
durazno a mi alcance, que se machuca

en el puño del verano.


Dale, la voz más gruesa
ahora, mandala

a casa. Pero el chico está llorando


contra el esqueleto de un árbol: las mejillas llenas
de moco & virutas de corteza.

Una vez me acerqué


lo suficiente a un hombre para oler
el perfume de una mujer
en sus callados rezos:
como hacen algunos antes de alzar
sus armas más cerca

del cielo. Pero a través de la niebla granulada


que forma los minutos de esta mañana,
la mínima medida

de distancia, veo dos brazos que descuelgan


el rifle de las manos del chico,
su resplandor metálico

afilado a través de las hojas húmedas.


Veo el rifle… el rifle que
baja, después desaparece. Veo

una gorra naranja que toca


una gorra naranja. No, un hombre
que se agacha ante su hijo

como la presa,
desde hace siglos, debe agacharse
ante su propio reflejo

para beber.

El pan de cada día


Củ Chi, Vietnam

El rojo es sólo negro que hace memoria.


Oscuridad de madrugada & el panadero se levanta
para amasar lo que queda del año
con harina & agua. O más bien
está reconstruyendo la curva de la pantorrilla pálida de ella,
que debe su peculiaridad a una mina terrestre que quedó
de una guerra que él no alcanza a recordar. Un puñado
de heno & el horno se escarlata. Alfalfa.
Forsitia. Dedalera. Masa
burbujeante. Cuando termina, rasga el vapor
lleno de levadura y sólo encuentra
las palmas de sus manos: las mismas
de cuando era joven. Cuando la pesadez
no se medía por el peso,
sino por la distancia. Va a subir
la escalera caracol & va a llamarla por su nombre.
Va a imaginar la esponjosidad del pan
al correr la frazada y llevarse
su miembro fantasma a los labios para que cada beso
se evapore en sus tobillos ligeros como el aire.
& nunca va a volver a ver el placer
que eso dibuja en su cara. Nunca
su cara. Porque en mi apuro
por hacerla real, por hacerla
presente, me voy a olvidar de escribir
un poco de luz que entre a la habitación.
Porque mis manos fueron siempre cortas
& tenues como las de mi padre.
& va a empezar a llover. Ni se me va a ocurrir
ponerle techo a la casa:
la prótesis en la mesa de luz,
el clac clac a medida que se va llenando. Escuchame,
el año terminó. No sé
nada de mi país. Escribo
cosas. Construyo una vida & después la tiro abajo
& el sol sigue brillando. Ondas
encrespadas. Aerosol de sal marina. Tsunami. Tengo
suficiente tinta para traerte el mar
pero no los barcos, pero es mi libro
y digo cualquier cosa con tal de quedarme
adentro de esta piel. Sasafrás. Abeto de Douglas.
Sextante y brújula. Convoquemos este otoño
en que mi padre está en un motel de cuarenta dólares
en las afueras de Fresno, otra vez sacudido
por el whisky. Los dedos borrosos
como en una foto. Suena Marvin,
que implora hermano hermano. & ¿cómo
podía saber que al apoyar
la lapicera en el papel nos estaba haciendo
volver de la extinción? Que éramos más
que tinta negra sobre el hueso:
espaldas blancas de ángeles boca abajo
en el huerto en llamas. Tinta derramada
que forma la pantorrilla de una mujer. Una mujer
que me hace querer volver para borrarla & borrarla
pero no lo voy a hacer. No te voy a decir cómo
es que la boca nunca puede tener la honestidad
de sus dientes. Cómo este pan, quebrado a diario, mojado
en miel –& leudado con lenguas de éxodo, como toda
mentira– es tan sincero como tu confianza
en el hambre. Cómo mi padre, todo hambruna
& fisura, se va a despertar a las cuatro de la mañana
en un cuarto sin ventanas & no se va a acordar
de sus piernas. Ale, nene, me va a decir, oneme la mano
en la epalda, porque va a creer
que en serio estoy ahí, que su hijo ha estado
de pie detrás de él todos
estos años. Oneme la manos en losombro,
le va a decir a las volutas de humo de cigarrillo que forman
el fantasma de un chico. Ora gitala. Seh, así, nene.
Gitala como si tetuviera espidiendo. ¿Ves?
Tedije… Tedije… ¿Tu papi?
Vuela.
Odiseo: el regreso

Entró en mi habitación como un pastor


salido de un Caravaggio.

Lo único que queda de la frase


es una línea

de pelo negro encallada

a mis pies.

Cuando volvió del viento, me llamó


con un bocado de grillos:

el humo y el jazmín emanaban


de su pelo. Esperé

que la noche se disipara


en décadas: antes

de buscar sus manos. Entonces bailamos

sin saberlo: mi sombra


ahondaba la suya en la cogida.

Afuera, el sol seguía saliendo.


Uno de sus pétalos rojos cayó

por la ventana: & se posó


en la lengua de él. Yo traté

de arrancárselo

pero me detuvo

mi propia cara, el espejo,


sus grietas, los grillos, cada sílaba

derramada.
Logofobia

Después, me desperté
en la penumbra roja
para escribir
gia đình
en este bloc amarillo.

A través de las letras


puedo ver,
debajo de
la tierra, el borrón azul
de los huesos.

Rápido:
perforo y la tinta
forma una coma.
El agujero más profundo,
donde la bala,

después de atravesar
la espalda de mi padre,
ha venido
a descansar.
Rápido: me subo

adentro.
Entro
en mi vida
como entraron
las palabras en mí:

cayendo
por
el silencio
de esta boca
bien abierta.
Algún día voy a amar a Ocean Vuong

Ocean, no tengas miedo.


El final del camino está tan lejos
que ya lo dejamos atrás.
No te preocupes. Tu papá es solamente tu papá
hasta que alguno de los dos se olvide. Igual que la columna vertebral
no se acuerda de sus alas
por más veces que besemos
el asfalto con las rodillas. Ocean,
¿me escuchás? La parte más linda
de tu cuerpo es donde sea
que caiga la sombra de tu mamá.
Acá está la casa con la infancia
apenas reducida al cablecito rojo que hace saltar
la trampa. No te preocupes, vos hacé de cuenta
que es el horizonte & nunca lo vas a alcanzar.
Acá está el día de hoy. Saltá. Te prometo que no es
un bote salvavidas. Acá está el hombre
con los brazos lo suficientemente anchos para recoger
tu partida. & acá está el momento,
cuando se acaba de apagar la luz, en que todavía se ve
la antorcha tenue que brilla entre sus piernas.
Cómo la usás una & otra vez
para encontrar tus propias manos.
Pediste una segunda oportunidad
& te dieron una boca para que te vacíes.
No tengas miedos, que las balas
son apenas el ruido que hace la gente
al intentar vivir un poco más. Ocean, Ocean,
levantate. La parte más linda de tu cuerpo
es hacia donde va. & acordate,
la soledad sigue siendo el tiempo que pasás
con el mundo. Acá está
la habitación con todo el mundo adentro.
Tus amigos muertos te atraviesan
como el viento a esas campanas
llamadoras de ángeles. Acá hay un escritorio
con una pata chueca & un ladrillo
para hacerlo durar. Sí, acá hay una habitación
tan cálida y cercana como sangre,
te lo juro, que te vas a despertar
& vas a confundir estas paredes
con piel.
Devoción

En cambio, el año empieza


de rodillas, raspándomelas
contra el piso de madera,
otro hombre que se va
en mi garganta. Nieve fresca
chisporrotea sobre la ventana,
cada copo una letra
de un alfabeto
que bloqueé para siempre.
Porque la diferencia
entre la plegaria & la piedad
es cómo movés
la lengua. Apoyo la mía
contra el espiral conocido
del ombligo, hilos de melaza
que bajan hacia
la devoción. & no hay nada
más sagrado que tener
el latido de un hombre entre
los dientes, filosos
por el demasiado
aire. Esta boca la última
entrada a enero, silenciada
por la nieve fresca que chisporrotea
sobre la ventana.
& qué: si se me están quemando
las plumas. Nunca
quise volar.
Sólo sentir
esto de lleno, esto
todo, cómo la nieve
toca la piel desnuda: & de
repente, deja
de ser nieve.
Notas

El epígrafe del libro está tomado de “Untitled” de Bei Dao, traducido por Eliot Weinberger y Iona
Man-Cheong.

“Umbral” toma prestada y modifica una frase de “Parable” de Carl Phillips.

“Albada con ciudad en llamas” toma prestada parte de la letra de “White Christmas”, una
canción compuesta por Irving Berlin.

El epígrafe de Haibun inmigrante es de El libro de las preguntas, de Edmond Jabès, en la


traducción de Rosemarie Waldrop.

“El regalo” está escrito a la manera de Li-Young Lee

“Siempre & para siempre” también se llama la canción preferida de mi papá, en la versión de
Luther Vandross.

“La anáfora como mecanismo de supervivencia” es para L.D.P.

El título “Reina bajo la colina” está tomado del poema de Robert Duncan “Often I Am Permitted
to Return to a Meadow”. El poema toma prestados y modifica elementos de “Acquired Human
Deficiency Syndrome” de Eduardo Corral.

“Fragmentos del cuaderno” toma prestada una frase de “The Dark World” de Sandra Lim;
Nguyễn Chí Thiện fue un poeta vietnamita disidente que pasó un total de veintisiete años en la
cárcel por sus escritos. Mientras estaba preso, sin pluma ni papel, componía y memorizaba sus
poemas.

El título “Algún día voy a amar a Ocean Vuong” está inspirado en Frank O’Hara y Roger
Reeves.

“Devoción” es para Peter Bienkowski.