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El 13 de octubre del 2006, Jaime Hans Bustamante Johnson interpuso demanda

de amparo contra las empresas Occidental Petrolera del Perú; Talismán Petrolera
del Perú – Sucursal del Perú; Repsol Exploración Perú- Sucursal del
Perú (REPSOL) y Petrobras Energía Perú S.A. (PETROBRAS), contratistas del
Lote 103,por considerar que las mismas amenazaban sus derechos a gozar de
un ambiente equilibrado y adecuado al desarrollo de su vida; a la vida, el libre
desarrollo y el bienestar; a la protección de la salud, la del medio familiar y la de
la comunidad, así como el deber de contribuir a su promoción y defensa; a exigir
del Estado la promoción de la conservación de la diversidad biológica y las áreas
naturales protegidas; alimentación; y al agua. Por lo cual solicitaban que se
repongan las cosas al momento en que se inició la amenaza de violación de dichos
derechos y se suspenda la exploración y la eventual explotación de hidrocarburos
en el área natural protegida “Cordillera Escalera”. Señalaban además que en
atención al art. 27 de Ley Nº 26834 “Ley de Áreas Naturales Protegidas”, el
aprovechamiento de los recursos naturales en áreas naturales protegidas sólo
podrá ser autorizado si resulta compatible con la categoría, la zonificación
asignada y el Plan Maestro.
Finalmente el proceso llegó al Tribunal Constitucional, que en el 2009 expidió la
sentencia recaída en el Expediente N° 03343-2007-PA/TC, recurso de agravio
constitucional contra la resolución de segunda instancia, de la Primera Sala Mixta
Descentralizada de la Corte Superior de Justicia de San Martín, declarando
fundada la demanda, “prohibiendo la realización de la última fase de la etapa de
exploración y la etapa de explotación de las contratistas, dentro del Área de
Conservación Regional denominada Cordillera Escalera, hasta que no se cuente
con el Plan Maestro, pudiendo reiniciar tal actividad una vez que éste haya sido
elaborado y se establezca la compatibilidad entre la actividad de exploración y
explotación y los objetivos del Área de Conservación Regional Cordillera
Escalera”.
Así, pasaremos a analizar las vicisitudes por las que viene atravesando, a la
fecha, la actualización de este Plan Maestro, teniendo en consideración los
obstáculos que se vienen presentando en los diversos órganos y dependencias
estatales para la implementación del derecho a la consulta previa de los pueblos
indígenas u originarios, reconocido en el Convenio N° 169 de la OIT (vigente para
el Perú desde 1995), la Ley N° 29785 y su Reglamento, cuya publicación aún es
de reciente data; y el proceso de ordenamiento territorial también en pleno
desarrollo.
Tal como señalamos líneas arriba, de acuerdo a la Ley Nº 26834 “Ley de Áreas
Naturales Protegidas”, el aprovechamiento de recursos naturales en Áreas
Naturales Protegidas sólo podrá ser autorizado si resulta compatible con la
categoría, la zonificación asignada y el Plan Maestro del área, siendo que dicho
aprovechamiento no debe perjudicar el cumplimiento de los fines para los cuales
se han establecido el área.
El Área de Conservación Regional Cordillera Escalera fue creada mediante
Decreto Supremo N° 045-2005-AG y se encuentra ubicada en los distritos de
Pinto Recodo, San Roque de Cumbaza, Caynarachi y Barranquilla, ubicados en la
provincia de Lamas, y los distritos de San Antonio, Tarapoto, la Banda de
Shilcayo, Shapaja y Chazuta, en la provincia de San Martin, Región San Martin;
siendo que al interior de la misma habitan comunidades nativas, como las
comunidades Kechwas[1].
De acuerdo al art. 69 del Reglamento de la Ley de Áreas Naturales Protegidas –
Ley 26834-, las Áreas de Conservación Regional son administradas por los
Gobiernos regionales en coordinación con las Municipalidades, poblaciones
locales, Comunidades Campesinas o Nativas que habiten en el área, e
instituciones privadas y públicas; quienes participan en la gestión y desarrollo de
las mismas. Además, la misma Ley de Áreas Naturales Protegidas-Ley 26834-
establece que las ACR constituyen áreas de uso directo, y por tanto permiten el
aprovechamiento o extracción de recursos,prioritariamente por las poblaciones
locales, en aquellas zonas y lugares y para aquellos recursos, definidos por
el plan de manejo del área (subrayado nuestro); mientras que otros usos y
actividades que se desarrollen deberán ser compatibles con los objetivos del
área.
Siendo que estas disposiciones deben ser aplicadas en forma concordante con
el Convenio 169 de la OIT, el cual reconoce el derecho a los pueblos indígenas a
decidir sus propias prioridades en lo que atañe al proceso de desarrollo, en la
medida en que éste afecte a sus vidas, creencias, instituciones y bienestar
espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de controlar,
en la medida de lo posible, su propio desarrollo económico, social y cultural; así
como el deber de participar en la formulación, aplicación y evaluación de los
planes y programas de desarrollo nacional y regional susceptibles de afectarles
directamente (Art. 7 inc. 1); resulta claro que un Plan Maestro que establezca la
zonificación, estrategias y políticas generales para la gestión del área, debe ser
objeto de consulta previa. A esta obligación también se arriba a partir de la
lectura del art. 2 de la Ley 29785[2] y de la Ley 26834, que establece en forma especifica
que los Planes Maestros al constituir el documento de planificación de más alto nivel con que
cuenta un Área Natural Protegida, deberán ser elaborados bajo procesos participativos y
revisados cada 5 años (art. 20).
Sin embargo, se vienen generando varios reclamos de las Federaciones Kechwas
de San Martin, quienes proponen cogestionar y coadministrar el ACR-CE,
mediante un modelo que integre a las Federaciones y contenga una propuesta
en la línea de sus derechos, prioridades y visión del desarrollo; por lo que
reclaman la falta de realización de un proceso de consulta previa, libre e
informada para la actualización del Plan Maestro del ACR-CE (2012-2017), dado
que si bien se han llevado a cabo 07 talleres de recojo de información, las
organizaciones indígenas continúan manifestando su preocupación por la falta de
reconocimiento real hacia las organizaciones y pueblos, la escasa rigurosidad y
sensibilidad para recoger aportes durante los talleres, y la falta de un real proceso
de consulta, de acuerdo a los lineamientos del Convenio 169 y la Ley 29785.
La importancia de llevar a cabo un proceso de consulta previa en la actualización del Plan
Maestro del ACR-RE, no solo constituye un deber del Estado, sino una herramienta de
prevención de conflictos en el actual contexto de conflictos socioambientales que afronta
nuestro país, en especial por la superposición de lotes petroleros en el territorio de Áreas
Naturales Protegidas. Y en este caso en particular, por la existencia de titulares del lote 103
quienes ya cuentan con contratos de licencia, y por otro lado la presencia de comunidades
nativas que allí habitan, puesto que las mismas no han sido consultadas (en el sentido del
Convenio 169 OIT y la Ley N° 29785) en relación al Plan Maestro que rige las actividades que
pueden desarrollarse en el ACR-CE. La prevención del conflicto en este caso, y otros casos de
similares características, dependerá entonces de una mayor articulación entre las mismas
dependencias estatales, Gobierno Nacional y Gobierno Regional, quienes tienen a su cargo la
implementación de la consulta previa, y la actualización del Plan Maestro y ordenamiento
territorial, respectivamente, los mismos que se constituyen como procesos conjuntos y no
indiferentes entre sí.