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Cumandá por Juan León Mera

CAPÍTULO I: Las selvas del oriente

El majestuoso Tungurahua levanta su cumbre sobre las estribaciones de los Andes, se


encuentra cerca de una pequeña ciudad denominada Baños de Agua Santa de dónde
se encuentran algunos ríos para empezar el Pastaza, el mismo que se abre camino
formando grandes peñascos y abismos que los pobladores cruzan por improvisados
puentes de caña guadua, que poco tiempo después desaparecen entre las aguas del
río. Hay que tener cierta habilidad para poder cruzarlos. Continuando con el trayecto
del Pastaza empieza la Amazonía, se parecía una interminable desierto verde, del cuál
sólo se aprecia el horizonte al cruzarse con el azul del cielo. El Pastaza entrega su
tributo al río Napo, que junto a otros ríos incrementan su caudal, haciendo del río Napo
apto para la navegación. Río por el cual D. Pedro Vicente Maldonado y Sotomayor
había navegado tiempo atrás. El Río empezaba a tener aguas mansas donde se
empezaban a formar pequeñas islas en sus estribaciones. La naturaleza envidiable que
era inspiradora para cualquier poeta.

CAPÍTULO 2.- Las tribus jívaras y záparas

En la región amazónica existen muchas tribus de nativos que viven en la zona, algunas
de ellas no son muy amigables, en los tiempo de la colonia la corona española enviaba
a párrocos para evangelizarlos y civilizarlos, pero no resultaba más que sangrientas
muertes de los que iban a esos lugares. Finalmente los reyes desistieron en enviar
emisarios a esas regiones. Luego empezaron a ir los jesuitas con el mismo objetivo
pero igual que sus predecesores fracasaron en el intento. Las tribus de las amazonas
entre ellos los jívaros y záparos son pueblos que al sentirse amenazados actúan
instintivamente, llevando muchas veces a la destrucción de sus aldeas a la muerte de
su gente. Una población nómada del sur muy poderosas no quería involucrarse en ese
conflicto y su curaca Yahuarmaqui decidió migrar de esa región y buscar otra,
quemaron sus viviendas y tomaron rumbo del río Palora, los pueblos aborígenes
siempre se llamaban igual a la región donde habitaban, por tanto ellos se llamaron los
Palora, todos los pueblos aledaños se enteraron de su llegada, y por su poderío, los
pueblos enviaron emisarios y ofrendas para ofrecerles amistad y alianza. Un emisario
de los záparos, el hijo del feje Tongana le ofreció amistad, ambas tribus hicieron el
pacto.

CAPÍTULO 3: La familia Tongana

La tribu zápara estaba ubicado en el ángulo que forman la unión del río Palora y el
Pastaza, la pequeña tribu, más bien una familia, la familia Tongana esta formada por el
jefe Tongana, su esposa Pona, sus dos hijos con esposas y dos niños pequeños que
eran la alegría de la casa. Finalmente estaba su hija menor Cumandá, que era una
joven muy hermosa, y a pesar de ello continuaba soltera, ella era algo diferente a sus
hermanos. La tribu era muy celosa de su privacidad, odiaban a los extranjeros de tez
blanca. En eso se había escuchado de la llegada de un nuevo misionera a la localidad.
La familia Tongana estuvo muy alerta. Cumandá desde muy niña empezó a criarse con
las costumbres de los Tongaba y hacía muchas cosas en la tribu, un día ella cruzó
nadando el Palora con una gran habilidad, por esto sus padres la llamaron Cumandá.
Ella hacía las mismas cosas que sus hermanos, competía con ellos y en muchas
ocasiones les ganaba las competencias. Cumandá tenía la costumbre de internarse en
la selva para caminar por largas horas durante el día, ella demarraba alegría y felicidad,
por todos los lados dónde iba, pero un día su actitud empezó a cambiar, empezó a
sentirse taciturna, nadie sabía lo que le estaba pasando, o lo disimulaba muy bien,
pero ella estaba enamorada. 

CAPÍTULO 4: Junto a las palmeras

Entre el río Palora y el Upiayacu, en las cercanías de este lugar se levantaban dos
palmeras que se encontraban muy cerca, también había dos lianas que tenían flores
de diferentes colores, en una de las palmeras había unos símbolos. Cumandá con el
alba salió apresurada hacia ese lugar, cuando llegó se detuvo junto a las palmeras,
acariciaba entrañable las citas allí escritas, Se quedó mucho tiempo, parecía estar
esperando a alguien, cuando de pronto se escucha una voz que se aproxima
cantando, viene por el río en una pequeña canoa. Cumandá al verlo empieza a sonreír
y su corazón se llena de júbilo y ansiedad. Le recrimina que llega tarde, pero él
comenta que es porque el río ha crecido y tubo que remar más que de costumbre, él
es Carlos de Orozco, un extranjero que vino a conocer las tribus y se enamoró de la
bella india Cumandá, ella también estaba enamorado de él. Ella le comentó que
próximamente se celebraría la fiesta de las canoas en un lago llamado Chimano, que
ella sería la encarga de llevar las flores y decir unas palabras en la ceremonia. Esta
fiesta se conmemora para en honor a la alianza de los Záparos con los Palora. Luego
de la ceremonia Carlos y Cumandá pensaban casarse pero tenían miedo del padre de
Cumandá, ya que el odiaba a los europeos.

CAPÍTULO 5: Andoas

Es una pequeña tribu ubicado en la desembocadura del río Bobonaza, la tribu está
formada por unas cincuenta familias záparas, las cabañas estaban ubicadas a unos
cien metros de la orilla del río, los que se dedicaban a la pesca se encontraban más
cerca a la orilla, esta tribu era diferente a otras, ya que ellos habían aceptado a un
misionero, el mismo que los evangelizó y les enseñó muchas cosas de la agricultura.
Las viviendas eran individuales para cada familia, estaban separados por parcelas de
terreno que ellos cultivaban, eran pequeñas con la excepción de la vivienda del
Misionero que tenía dos pisos, otra edificación muy grande era la iglesia, la misma que
era capaz de albergar a todo el pueblo. La tribu estaba en lugar protegido al norte por
un acantilado profundo, que era de difícil acceso. La iglesia tenía una rudimentaria
campana que siempre les acompañaba en todo momento, los despertada antes del
alba día tras días, les anunciaba el atardecer, así mismo sus cantos líricos
acompañaba las almas de los fallecidos en busca de la eternidad, era una tribu que
vivía feliz en sus asentamientos.

CAPÍTULO 6: Años antes

Fray Domingo de Orozco estaba en su casa, se sentía un poco melancólico como de


costumbre, recordaba el tiempo en que él era feliz junto a su familia. El estaba casado
con Carmen, ellos vivían en una hacienda cerca de Riobamba, tenían cinco hijos, el
primero de ellos Carlos, la última era una hermosa niña a la que llamaron Julia. El niño
ya había ingresado a la escuela, estaba en un internado en la ciudad de Riobamba, su
padre D. Domingo decidió un día ir a visitarlo. La familia se quedó en su casa de la
hacienda y en eso se produce un levantamiento indígena, ellos sufrieron maltratos por
parte de los hacendados por muchos años, y en sus mentes no cabía nada más que la
venganza, incendiaron todas las casas con sus familias dentro. Cuándo D. Domingo se
enteró regresó a la hacienda lo más pronto posible, al llegar miró su casa envuelta en
llamas, con ayuda de sus sirvientes que sobrevivieron apagaron el fuego y sacaron los
cadáveres de la familia. Luego de esto D. Domingo decidió convertirse en Fraile.
Carlos terminó sus estudios y el Padre Domingo fue designado a la población de
Andoas para ser evangelizados, el Padre Domingo fue con gusto y en poco tiempo se
ganó el afecto de aquella gente. 

CAPÍTULO 7:Un poeta

Carlos había cumplido ya sus veinticinco años, parecía haber vivido toda una vida, él
como fue enviado a la selva a evangelizar a los nativos. Él fue gustoso vivía junto al P.
Domingo en la tribu de los záparos. Desde niño demostró habilidades de poeta,
parecía tener los rasgos sentimentales de grandes escritores, al mismo tiempo parecía
sombrío y nostálgico, gustaba de la soledad. Cuando ya se encontraba viviendo en la
selva amazónica, Carlos con frecuencia se internaba en la selva con el propósito de
explorar, además le gustaba la solemnidad que estas tenían junto a la soledad,
surcaba diestramente las orillas del Pastaza, el Bobonaza y el Palora. Un día fue en su
canoa por las cercanías del río Palora, no se percató que ya era tarde, y las sombras
de la noche lo cubrieron, ató su canoa a la orilla y quedó en hasta el amanecer.
Escuchó una dulce voz, el pensó que estaba soñando y miró a una chica de una rara
belleza desaparecer por entre los matorrales. Desde entonces Carlos empezó a
frecuentar ese lugar, las dos palmeras, la hermosa chica era Cumandá, empezaron a
entablar amistad, se miraban fijamente como si el uno estuviera esperando al otro. 

CAPÍTULO 8: Del Pastaza abajo

Carlos le había pedido permiso a padre para ir a la fiesta de las canoas al lago
Chimano, el no estaba de acuerdo ya que consideraba que era muy peligroso, pero
Carlos fue muy persuasivo y lo convención, P. Domingo también dio permiso a otros
indígenas para que vayan con Carlos, esto lo tranquilizaba. Por la mañana del día
elegido, Carlos alistaba su canoa junto a los indios para bajar por el Pastaza hasta el
lago Chimano. Mientras transcurría el día, las canoas de los indios iban poblando las
riveras del Pastaza, eran incontables, todas eran similares, excepto por la de
Yamarhuaqui, que era más y grande y tenía un decorado llamativo. Carlos buscaba
con la mirada a Cumandá pero no la encontró por ningún lado. La travesía río abajo
inició. Transcurrió todo el día y el el sol se ocultaba por el horizonte. Decidieron
pernotar a orillas del río cerca de un pueblo llamado los Pinches, ya en la madrugada
Cumandá se acercó donde Carlos y le contó que había venido escondida por orden de
su padre, y que las palmeras que simbolizaban habían sido quemadas, ella  tenía
malos presagios para su futuro. 

CAPÍTULO 9: En el lago Chimano

Al siguiente día continua el descenso hacia el lago Chimano, al anochecer llegaron a


una desembocadura que conecta el río Pastaza con el lago Chimano, sólo es
navegable cuando el río está crecido, pero en la temporada actual es casi imposible
hasta para las pequeñas canoas. Los indígenas tuvieron que remolcar las canoas hacia
el lago, lo hicieron hasta altas horas de la noche. Al siguiente día se hicieron los
preparativos para iniciar la fiesta de las canoas que iniciaría al medio día. Las tribus
empezaron a rodear el lago Chimano con sus canoas y en el centro había una balsa
con trono majestuoso para el viejo curaca. La celebración empezará al medio día. El
curaca se encuentra en su trono, el primeo ritual lo hacen los guerreros más hábiles,
ofreciendo regalos y presentes al curaca Yahuarmaqui, luego continúan las vírgenes,
la virgen de las frutas, de los vegetales y otras, y finalmente le toca el turno a la virgen
de las flores, Cumandá. Ella tarda en aparecer para dar su ofrenda, aparece en su
pequeña canoa llena de flores y con gran habilidad surca las olas del lago hasta llegar
´donde se encuentra el viejo curaca, hace su ofrenda de flores, entre tanto Carlos
recibe un golpe en la cabeza con un remo y cae al lago, al darse cuenta Cumandá se
arroja al lago para salvarlo, el padre de Cumandá lo considera indigno de una virgen y
entrega su vida para sacrificarle. El curaca Yamarhuaqui considera que no es momento
de derramar sangre, por lo tanto, continúa la celebración.

CAPÍTULO 10: La noche de la fiesta

La noche hace su aparición, ella es venerada por los nativos, es recibida por el coro y
los cánticos de las doncellas entre ellas Cumandá, es una melodía triste que augura un
futuro de infelicidad, su razón está deprimido por los acontecimientos ocurridos,
pensando en su destino. Las celebraciones continuaban, en las canoas se puso una
especie de antorchas, con las cuales hacían malabares sobre el lago. En la mitad del
campamento se levantó una torre de madera con la cual hicieron una fogata, en ella se
depositaban todas las ofrendas recibidas por el curaca, además se colocaba esencias,
que emitían un olor que complacía a los mismos genios buenos de los ríos. El anciano
de la cabeza de nieve quería matar al extranjero, envió a su hijo a envenenarlo, él se
acerco a Carlos entablando conversación y solicitando amistad, él le ofreció a Carlos
una bebida con el veneno, Carlos pensaba que era una buena oportunidad para
entablar amistad con los Tongana, pero todo era falso, en eso llegó Cumandá y lo
detuvo, por el alboroto del momento, todos tuvieron que irse a sus chozas. 

CAPÍTULO 11: Fatal arbitrio 

El viejo anciano de la cabeza de nieve estalló en cólera, por la decisión de Cumandá


de salvar al extranjero, él no comprendía qué ella estuviera enamorado del hombre
blanco, lo odiaba tanto que era capaz de matar hasta su propia hija, con el tal de
arrebatar la vida a Carlos de Orozco. La celebración continuaba, los indígenas hacían
la cena y continuaban bebiendo licor de yuca. Tongana le recriminaba a Cumandá por
sus actos, todos en su familia estaban atemorizados. En altas horas de la noche el
viejo Tongana ya estuvo ebrio, toma a Cumandá y fue a visitar al jefe de los jefes, el
curaca Yahuarmaqui, el también ya estaba ebrio en eso le pide al curaca que haga
justicia con la hija y el extranjero. Yahuarmaqui le dice no es necesario sacrificar nadie,
que eso molestaría a los buenos genios, entonces el viejo Tongana ofrece a su hija
Cumandá, para sea la séptima esposa del viejo curaca, el acepta, luego Yamarhuaqui
exilia al extranjero, mientras Cumandá se encuentra inconsolable con la decisión. 

CAPÍTULO 12: La fuga

El curaca mandó a informar a Carlos, que debía abandonar inmediatamente el lago


Chimano, mientras tanto Cumandá estaba en su choza, el viejo de la cabeza de nieve
no estaba contento con la decisión,  así que mando a uno de sus hijos a matarlo,
mientras lo estaban planificando Cumandá escuchó todo, cuando su hermano salió a
la caza de Carlos, ella abandonó sigilosamente la cabaña y fue a buscarlo, ella lo
encuentra primero, Carlos no sabe que decir, engañan al hermano de Cumandá con el
sombrero de Carlos y una tela blanca que ella tenía. Ellos deciden fugarse, dejarlo todo
atrás. Caminan por la selva con instinto natural para no perder el sendero, caminan
toda la noche y llegan a la desembocadura del Pastaza, allí toman una canoa, y
desatan las demás para que no tengan forma de seguirlos. Siguiendo el sendero del
Pastaza esperaban encontrar una tribu cristiana, para que lo reciban. Carlos estaba
preocupado por su padre ya que no podrá verlo en un buen tiempo.

CAPÍTULO 13: Combate inesperado

Era cerca del amanecer cuando un záparo fue a buscar a Carlos, pero lo encontró, en
eso colocó su oído al piso para escuchar si habían escapado, pero escuchó que
cientos de pasos se acercan sigilosamente por las estribaciones, el záparo va
rápidamente a avisar al gran curara Yahuarmaqui, ellos se preparan para la batalla, con
los primeros rayos del sol las flechas empiezan a descender sobre las tribus alrededor
del lago, se incendian las rudimentarias chozas hechas de madera, una encarnizaba
batalla empieza, los guerreros más hábiles baten sus armas al viento, repeliendo al
enemigo. Los invasores resultaron ser los zamoras y logroños liderados por Mayariaga,
ellos habían solicitado alianza al viejo curaca, pero éste al no querer participar
abandonó el lugar, pero el jefe Mayariaga, quedó ofendido y ahora busca venganza, el
joven y corpulento guerrero Mayariaga se enfrenta a su antiguo amigo el viejo guerrero
de las manos sangrientas, la batalla es incesante y el joven guerrero hiere al viejo
curaca, pero este levanta su ánimo y continúa luchando, para finalmente derrotar a
Mayariaga, y obtener su cabeza como trofeo de la gran victoria. 

CAPÍTULO 14: El Canje

Luego de la finalización de la batalla, se puede apreciar un campo desolador, lleno de


cuerpos por todos lados, donde un día antes todo era alegría y celebración, ahora sólo
es un campo destruido., muchos guerreros han perdido su vida, entre ellos los
hermanos de Cumandá, el viejo Tongana ha quedado muy mal herido, ellos piensan
que Cumandá ha fallecido en uno de los incendios ya que se hallaron cadáveres de
jóvenes mujeres. A poco de eso un mensajero de los zamoras llega para hablar con el
viejo curaca, éste solicita llevarse el cuerpo de su jefe fallecido para darle sepultura de
acuerdo a sus tradiciones, el curaca por su antigua amistad acepta, pero no le
entregará la cabeza, ya que hará de ella un trofeo de la victoria, entonces, el joven
mensajero ofrece un cambio por la cabeza del guerrero caído en batalla. Dos
prisioneros, el curaca supuso que debían ser Cumandá y el extranjero, y efectivamente
eran ellos, el curaca acepta el trato entrega el cuerpo y la cabeza de Mayariaga a
cambio de los dos fugitivos. Un záparo que había participado en la batalla solicitó al
curaca que quería quedarse con el extranjero como premio por su participación en la
batalla, el curaca aceptó. 

CAPÍTULO 15: A orillas del Palora

Luego de los acontecimientos de la batalla, el curaca ordeno sepultar a los fallecidos,


según la tradición de cada tribu, luego retornaron a su tierra de origen, unos por el río
Pastaza, otros por tierra. Mientras las canoas desfilaban por Andoas, Carlos estaba
perplejo miranda el pasar de cada canoa con el afán de mirar a su amada Cumandá,
pasó varias horas pero no pudo verla. el curaca al llegar a su tribu inició de inmediato
los preparativos para el matrimonio con la joven virgen de las flores.  que para ese
momento prefería más la muerte que la vida. El día de la celebración llegó el viejo
curaca con mucha dificultad ciñe con el cinturón de culebra verde a Cumandá, ella no
puso ninguna oposición, se sentía tan abatida por estar lejos de Carlos. Luego de las
celebraciones Cumandá y Yahuarmaqui van al lecho, el viejo curaca parece cansado y
agobiado, Cumandá no sabe qué hacer, el curaca se acuesta en el lecho, parece que
no se encuentra bien de salud, la herida recibida en batalla para estar cobrando su
tributo, el viejo curaca ha fallecido. Cumandá escapa por la parte de atrás de choza
para no ser vista y va en busca del extranjero. 

CAPÍTULO 16: Sola y fugitiva en la selva

Cumandá emprendió en largo camino hacia Andoas, su madre Pona le recomendó que
a ratos siguiera por el sendero del río, otro rato que se alejara, a veces que los cruzará,
el alba hacía su presencia, Cumandá se sentía cansada por la caminata, pero solo
necesita pensar que pronto estaría con el extranjero para recuperar la fuerza. Cerca del
medio día hacía un sol abrazador, busca agua, ya que tenía mucha sed por la
caminata, el agua del río es amarga, y no se puede beber, encuentra un pequeño
charco de agua, Cumandá bebe hasta saciarse, come unas pequeñas uvas que
cayeron de un árbol. descansa unos minutos y continúa su jornada, incluso continúa
caminando por la noche aunque no puede avanzar mucho En se segundo día de
escape, el cielo se torna grisáceo, se presenta una tormenta fortísima, se escuchan los
truenos, el río ha crecido. Cumandá continúala travesía, se encuentra con un pequeño
río, ella iba allí cuando vivía con sus padres, está cerca de esas cabañas que días
antes todo era felicidad. Luego de caminar por varias horas llega al lugar de las
palmeras, dónde antes era el sitió de encuentro con su amante. Mira una canoa y sin
pensarlo la desata y desciende por el río, pero no puede controlarla porque el río ha
crecido, queda inconsciente y a la deriva en el río. 

CAPÍTULO 17: Angustias y heroísmos.

En una mañana, un záparo se apresuraba allegar a Andoas, los pobladoras inquietos


pensaban que podría ser Carlos que había regresado de su viaje, pero el záparo dijo
que había visto a una chica en una cano cerca a la gran peña don el agua se
arremolina, os záparos fueron a rescatar a la muchacha, cuando la trajeron ellos
pensaban que estaba muerta. el P. Domingo la revisó, constató que e aún estaba con
vida, la limpia la cara y quedó admirado por su belleza, y al mismo tiempo recuerdos
de su pasado regresaron a su mente, después de unos minutos despierta y le
preguntan por la canoa, ya que era la canoa de Carlos, ella por su apresurado escape,
robó la canoa de Carlos y lo dejó en la selva. De pronto un mensajero de los jíbaros se
presenta, solicita se le entregue a Cumandá o sacrificarán a Carlos y declararan la
guerra contra Andoas. El P. domingo entró en oración ya que tenía hasta media noche
para decidir la suerte de Cumandá y de su hijo Carlos. Entre tanto un záparo llevó a
Cumandá con los jívaros Paloras, ya que ella insistía en que se nadie más debía ser
lastimado, ella pensaba que era lo correcto. 

CAPÍTULO 18: Última entrevista n la tierra

Cumandá fue con el mensajero, ella estaba dispuesta a sacrificarse por su amado
Carlos, el mismo que era prisionero de los jívaros, los dos en una pequeña canoa se
dirigieron al campamento cercano que habían levantado, Cumandá por ser la esposa
más querida del curaca Yahuarmaqui debía cumplir con la tradición de los jívaros de
ser sepultada junto con su esposo fallecido, para cumplir con esto ella tiene derecho a
un deseo que debe ser cumplido, el curaca sucesor Sinchirigra ofrece cumplir el deseo
de Cumandá, como ordena la tradición de la esposa sacrificada. El deseo de Cumandá
era ver por última vez al extranjero, el curaca sucesor estaba molesto por tal petición,
pero al haber dado su palabra la cumplió, fueron donde Carlos, él se encontraba atado
de espaldas a un árbol, conversaron por última vez, ella le entregó el presente que su
madre Pona le había entregado, lo puso en cuello. Luego miró a su alrededor, su padre
Tongana y su madre Pona, también fueron atados a unos árboles. Cumandá y los
jívaros emprendieron el regreso a la tribu para terminar la ceremonia fúnebre del gran
curaca fallecido. 

CAPÍTULO 19: La bolsita de piel de ardilla

Era como media noche cuando el P. Domingo fue a buscar a Cumandá para ir a hablar
con los jívaros, pero se entera de que había partido para ser sacrificada, en ese
momento el misionero no puso que hacer, dijo a los záparos que prepararan una canoa
para ir en su búsqueda, pero ellos no eran hábiles en la navegación nocturna y tenían
miedo, pero tampoco querían desobedecer las ordenes del padre Domingo, ellos
iniciaron la preparación de la canoa, pero se tardaban demasiado, el padre domingo
pensaba en la suerte de su hijo y de la pobre muchacha, entre tanto el alba se hacía
presente los záparos iniciaron la travesía, cuando llegaron al lugar dónde se
encontraba Carlos, lo miraron, él seguía con vida, lo desataron, así como al viejo
Tongana y Pona. Carlos quiere ir a buscar a Cumandá pero el P. Domingo no lo
consiente. Pona se da cuenta que Carlos tiene la bolsita que le había dado a
Cumandá, entonces Carlos la abre y mira un relicario con una foro, era la esposa de P.
Domingo, entonces Pona les cuenta la verdad, Cumandá, era la hija de P. Domingo,
Julia. Pona la había salvado del incendio y la crio como su hija. Tongana que se
encontraba mal herido ha fallecido. Ellos deciden ir a salvar a Cumandá con la ayuda
de los záparos.

CAPÍTULO 20: Diligencias inútiles 

Los záparos empiezan a seguir las huellas de los jívaros, ellos llevaban gran ventaja
respecto a Carlos y al P. Domingo. Pero se apresuraron a encontrar el rastro para
seguirlos, ellos tomaron dos caminos unos tomaron la ruta del río Palora, mientras que
los demás siguieron por tierra. Carlos y los demás siguieron al grupo de tierra, un
záparo tuvo la idea de cortar camino para alcanzarlos, pero debido al mal tiempo el río
estaba crecido y la caminata por tierra era dificultosa, el pero el ánimo de encontrarse
con su hija le daba fuerzas al padre Domingo y a Carlos. Pero sufrieron un
contratiempo terrible, el camino que habían tomado no fue el más adecuado, ya que
perdieron muchos días para cruzarlo, luego de esto llegan a la tribu de los jivaros, pero
es demasiado tarde, la celebración se ha terminado, encuentra el cuerpo sin vida de la
bella joven. Toman el cadaver y retornan a Andoas para sepultarla, tardan cerca de un
día en regresar. Carlos estaba entristecido por la muerte de Cumandá. Pocos meses
después Carlos segue a Cumandá en el sendero eterno de la muerte. Pona siguió el
mismo camino. El padre domingo retornó a Quito para continuar con su penitencia.

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