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Teoría de cuerdas: una teoría para unificar el

universo
POR ALEX RIVEIRO · 16 OCTUBRE, 2017
TIEMPO ESTIMADO DE LECTURA: 12 MINUTOS
La teoría de cuerdas es, probablemente, uno de las hipótesis más
intrigantes del mundo de la ciencia. Es un intento por explicar todo lo que
podemos observar en el universo. Con el paso de las décadas, ha ido
evolucionando, y ha pasado por momentos de mayor y menor
popularidad. Pero… ¿en qué consiste exactamente?

La teoría de cuerdas: una explicación para el


mundo que nos rodea.

Theodor Kaluza.
Crédito: John Fleischman

Para poder explicar la teoría de cuerdas, hace falta embarcarse en un


pequeño viaje por la historia de nuestra ciencia. Concretamente,
tendremos que viajar hasta 1919 y. Es en ese momento cuando nos
encontramos con un físico alemán: Theodor Kaluza. Quizá su nombre no
te resulte especialmente conocido, pero tuvo una idea que, a priori,
sonaba bastante descabellada: el universo podría tener más de 3
dimensiones.

¿Cómo se le ocurrió esta posibilidad? Sólo hace falta retroceder unos


años más, a 1907, para dar con la respuesta. Obtuvo la inspiración del
mismísimo Albert Einstein. A principios del siglo pasado, el genial físico
ya había planteado su famosa teoría de la relatividad. Pese a su
popularidad, y por raro que parezca, en su época, el proyecto de Einstein
para entender la gravedad parecía no tener mucho sentido. A fin de
cuentas Newton, en el siglo XVII, ya nos había explicado el movimiento
de los planetas, por qué caían las manzanas de los árboles, etc…
Sin embargo, Einstein buscaba un enfoque diferente. Quería entender
cómo funcionaba la gravedad. ¿Cómo podía ser que el Sol, a 150
millones de kilómetros de distancia de la Tierra, fuese capaz de ejercer
su gravedad? ¿Cómo la transmitía a través de un espacio vacío e inerte?
En cierto modo, podemos decir que Einstein descubrió que el espacio, en
ausencia de materia, es como una superficie completamente lisa.
El espacio-tiempo y su curvatura

Concepto artístico de la teoría de la gravedad.


Crédito: Shutterstock

Si hay algo que tenga masa, el espacio se curva. Esa curvatura


comunica la gravedad. Lo mismo se aplica a la Tierra. La imagen que
acompaña este párrafo sirve para ilustrarlo. Imagina que la esfera del
centro es el Sol o la Tierra y, la esfera que gira es respectivamente, la
Tierra o la Luna. Es la curvatura del espacio la que hace que el objeto se
mueva a su alrededor. Como si siguiese el camino a través de un valle.
La idea de Einstein era elegante y funciona. Hizo que se convirtiese,
seguramente, en uno de los grandes científicos de nuestra historia. El
hallazgo del genial físico hizo que Kaluza comenzase a pensar. Ambos
buscaban una teoría unificada (también llamada teoría del todo, es la
misma idea). Es decir, una teoría que fuese capaz de describir todas las
fuerzas fundamentales del universo. Algo así como una ecuación
maestra. Una llave para abrir todas las puertas.

Theodor Kaluza entendió que Einstein había sido capaz de describir la


gravedad como un conjunto de curvas y deformaciones en el espacio-
tiempo. Así que intento hacer lo mismo con la otra fuerza que se conocía
en aquella época: la electromagnética. En la actualidad conocemos más,
pero la fuerza electromagnética es, básicamente, la responsable de
cosas como la electricidad o la atracción magnética. Kaluza pensó que
podría hacer lo mismo. Explicar la fuerza electromagnética como curvas
y deformaciones.

La fuerza electromagnética como como una


curva
Oskar Klein
Crédito: Kosmologika.net

Pero… ¿en qué? Einstein ya había usado el espacio-tiempo para explicar


la gravedad. ¿Qué otra cosa podía ser la responsable de transmitir la
fuerza electromagnética? No parecía haber nada más. Kaluza propuso
que podía haber dimensiones extra. Es decir, para poder describir una
fuerza más, quizá fuese necesario añadir una dimensión más al universo.
Así, tendría cuatro dimensiones físicas y el tiempo (que siempre tratamos
como una dimensión más).

Lo más curioso es que, cuando se puso a escribir las ecuaciones que


explicaban esas curvas y deformaciones de un universo de 4
dimensiones (en vez de 3) se encontró con las mismas ecuaciones de
Einstein para la gravedad. Hasta aquí, todo normal. Pero había una más.
Una ecuación que era, exactamente, la misma que los científicos ya
conocían para describir la fuerza electromagnética. Eso sí, que todo
pareciese cuadrar, no quería decir que Kaluza hubiese dado con la clave.

Porque, cabe preguntarse otras cosas. Si el universo tiene más


dimensiones… ¿dónde están? No las podemos ver a nuestro alrededor.
Del mismo modo, ¿esta teoría funciona si la aplicamos con detalle a todo
lo que nos rodea? La respuesta a la primera pregunta llegó unos años
después, en 1926. Se le ocurrió a un físico sueco: Oskar Klein. Sugirió
que quizá haya dos tipos de dimensiones. Unas grandes y fáciles de ver,
y otras mucho más pequeñas, rizadas y enrolladas sobre sí mismas.

Pequeñas dimensiones imperceptibles

Hormigas sobre una cuerda.


Crédito: Stock Photo

Serían tan pequeñas que, a pesar de estar alrededor nuestro en todas


partes, no podemos verlas. El razonamiento puede parecer difícil de
entender, pero tiene su sentido. Imaginemos que tenemos un cable, visto
desde la distancia. Podríamos decir, sin dificultad, que desde nuestra
perspectiva, el cable es un objeto unidimensional. Pero no es así.
Sabemos que tiene algo de grosor y altura. Es más. Para las hormigas,
ese grosor y altura son perfectamente accesibles.

Para ellas, el cable es un objeto completamente tridimensional. Así que


la idea de Klein viene a ser algo parecido, solo que en una escala
muchísimo más pequeña que lo que podemos imaginar. De tal manera
que, si fueses una hormiga increíblemente pequeña, podrías moverte por
la escala más pequeña del espacio-tiempo y ver esas dimensiones extra,
enrolladas sobre sí mismas, como el grosor de ese cable. De esta
manera, la primera pregunta podría tener una respuesta que parece
bastante plausible.
Pero, ¿y la otra pregunta? ¿Funciona la idea de Kaluza si la aplicamos al
mundo real? La respuesta es que no. En aquella época, con el
conocimiento que tenían, con el trabajo de Kaluza, Einstein y otros
científicos, descubrieron que no eran capaces de obtener cosas como la
masa de un electrón. Así que esta idea de explicar el universo con una
teoría unificada fue cayendo en el olvido a mediados del siglo XX (hacia
los años 40).

El renacer de la teoría de cuerdas

Balón de fútbol.
Crédito: Desconocido

Pero no llegó a caer en el olvido absoluto. En las últimas décadas del


siglo XX, volvió a resurgir de una forma diferente: la teoría de
supercuerdas. La teoría de supercuerdas va un paso más allá de lo que
pensaba Kaluza. Los científicos (hablamos de científicos de nuestra
época, personas como Brian Greene, que están trabajando en este
campo) se hicieron una pregunta relativamente simple… ¿cuál es el
elemento más pequeño, indivisible, inseparable (y todos los “in” que se te
puedan ocurrir) que componen el mundo que nos rodea?

Imaginemos que tenemos una pelota de fútbol. La observamos en su


tamaño más pequeño posible. Es decir, vamos descendiendo y llegamos
a los átomos. Probablemente sepas que los átomos no son la unidad
más pequeña que podemos observar. Están formados por partículas aún
más pequeñas. En su nivel más esencial, tenemos fermiones y bosones.
No voy a hablar de qué son. Pero sí diré que un protón, por ejemplo, está
compuesto de quarks (un tipo de fermión).

Concretamente, dos quarks arriba y un quark abajo. El neutrón está


formado por un quark arriba y dos quarks abajo. La cosa es que no
hemos sido capaces de observar más allá del quark. Es decir, ahí
termina lo que sí conocemos. Pero aquí, la teoría de cuerdas nos lleva un
pasito más allá. En ella, se plantea que en el interior de los quarks hay
algo así como un filamento de energía que vibra. En esencia: una
cuerda.

Las cuerdas de la realidad

Concepto artístico de la teoría de cuerdas.


Crédito: Fresh Wallpapers

Esas cuerdas, de una forma parecida a las cuerdas de un instrumento


musical, pueden vibrar de diferentes maneras. Del mismo modo que la
cuerda de un instrumento musical produce diferentes notas musicales,
las diferentes vibraciones de estas cuerdas producen las diferentes
partículas que vemos en el universo. En ese nivel microscópico, esta
sería la pieza básica del universo. Sus vibraciones (en diferentes
frecuencias) producen diferentes partículas, y esas partículas son lo que
vemos en todas partes.

Es una teoría muy elegante. Si funciona, quiere decir que tanto las
partículas de la materia como las de las fuerzas fundamentales tienen un
mismo origen. Todas tendrían en común esas cuerdas vibratorias. Así
que, en un arrebato de locura, o genialidad, pasamos de intentar explicar
las fuerzas fundamentales con una única teoría en los años 50… a
intentar explicarlo todo en los años 90. Todavía no tengo claro si es una
locura o una genialidad.

En cualquier caso, para ver si esta idea tiene sentido hay que probarla.
Las matemáticas de esta teoría de supercuerdas no funcionan en un
universo con tres dimensiones. Tampoco con cuatro (como el que
planteaba Kaluza). Ni con cinco, ni seis, ni siete… Hay que subir hasta
las diez dimensiones físicas (y una temporal). Es el único universo en el
que funciona. Si ya es difícil imaginar cuatro dimensiones físicas, os
invito a no intentar imaginar diez. Da un dolor de cabeza terrible.

El mundo de las dimensiones extra

Concepto artístico de una cuerda.


Crédito: Desconocido

¿Qué propósito podrían tener esas dimensiones extra? Científicos como


Greene creen que esas dimensiones extra podrían ser una respuesta.
Hay una gran pregunta en la física que todavía no tiene respuesta.
Podemos decir que nuestro universo se rige por varios números. Cosas
como la masa de una partícula, la fuerza de la gravedad, la velocidad de
la luz… Hemos medido todos esos números con gran precisión.

Pero… ¿por qué tienen esos valores exactamente? ¿Por qué la luz viaja
a casi 300.000 km/s? ¿y por qué la gravedad tiene esa intensidad? Esas
dimensiones extra, y la forma que tuviesen, si es que existen (que no es
algo que esté ni mucho menos comprobado) podrían determinar cómo
vibran las cuerdas de esta teoría. Si fuese así, la forma del universo,
sumando todas esas dimensiones, es la que nos diría por qué es como
es.

Es una pregunta muy importante. Imagina que tuviésemos una máquina


en la que ajustar todos esos parámetros. Cambiar cualquiera de esos
valores por poco que sea, nos lleva a un universo en el que,
probablemente, no existiría la vida. Es sorprendentemente fácil, con tocar
un poco esos valores, producir un universo absolutamente incompatible
con la vida. Quizá, incluso incompatible con su propio funcionamiento (un
universo que nunca llegase a tener un Big Bang, por ejemplo).

La llave a lo que no podemos explicar

Concepto artístico de las dimensiones extra.


Crédito: Jeff Bryant

No menciono el universo por casualidad. La teoría de cuerdas nos


dejaría explicar cosas como qué pasa en la singularidad de un agujero
negro. Pero si de verdad queréis sufrir un poco, la imagen que acompaña
este párrafo podría ser una representación de esas dimensiones extra,
pequeñas y apelotonadas entre sí. También nos dejaría explicar qué
sucedió antes del Big Bang (la teoría de cuerdas plantea que pudo ser el
resultado de una colisión o fusión de universos). Eso abre la puerta a la
existencia del multiverso.
La teoría de cuerdas podría permitirnos cosas como usar un agujero de
gusano para viajar a otros universos (eso sí, es un gran “quizá”). El caso
es que, de ser así, en un futuro lejanísimo, nos podría permitir escapar
del destino último del universo. La teoría de cuerdas podría darnos una
forma de viajar a otro universo. Uno que, en ese futuro tan lejano, cuando
el cosmos muera, podría permitir que la vida siga avanzando.
En un cosmos nuevo, diferente al que conocemos. Pero, volvamos al
presente, ¿cómo sabemos si la teoría funciona? El Gran Colisionador de
Hadrones (en Suiza) podría darnos la respuesta. La esperanza de los
físicos es que, allí, donde se hace colisionar dos haces de protones con
una energía altísima, se pueda observar qué sucede cuando se libera. Si
hacemos chocar dos haces con gran energía (moviéndose casi a la
velocidad de la luz) y la medimos, podemos comparar la energía antes y
después de la colisión.

En busca de la señal de la teoría de cuerdas

Esta imagen es una simulación de cómo veríamos la Gran Nube de Magallanes si hubiese un
agujero negro entre nuestro planeta y la galaxia.
Crédito: Alain R./Wikipedia
Si después de la colisión resulta que tenemos menos energía de la que
había antes de la colisión la conclusión es que parte de esa energía
habría escapado a esas dimensiones extra. De momento, no se ha
observado ese resultado. No quiere decir que la teoría de cuerdas esté
descartada, ni mucho menos. Quizá no hayamos usado toda la energía
necesaria para provocar ese fenómeno. Quizá suceda solo en colisiones
con más energía.

La respuesta, en cualquier caso, es posible que la tengamos en el curso


de nuestras vidas. Algo que no es demasiado común. Si no es así, si no
tenemos una teoría unificada, tampoco será un drama. Quizá tardemos
décadas en descubrir una teoría del todo. O siglos. Pero la aventura que
nos llevará hasta ella nos dará muchas respuestas, y muchas otras
preguntas a las que responder. Es decir, más ciencia.
Recuperado de: https://www.astrobitacora.com/teoria-de-cuerdas/