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LA RESISTENCIA

por Jorge Schulz

Resistencia. La palabra huele a guerra. Te sitúa en medio de lucha y peligro. Te habla


de un enemigo y la necesidad de hacerle frente. Te insta a defender un sitio
importante. Te avisa que tienes que estar alerta y preparado para repeler cualquier
ataque.

Hay tres versos en el Nuevo Testamento que nos llaman a "resistir" (Ef. 6:13; Stg.
4:7; 1 Ped. 5:9). En cada caso el sujeto que debe ser resistido es el mismo: Satanás.
Su nombre significa: adversario. No te sorprendas que la vida cristiana se te torne
difícil. Tal como indica su nombre, el diablo está para llevarnos la contra a cada
paso.

"Resistencia" nos recuerda que estamos en zona de combate. Mientras estemos este
lado del cielo somos el blanco de un enemigo que nos ataca de día y nos asedia de
noche. Este adversario no descansa; sus asechanzas nos llegan los siete días de la
semana. Pablo nos exhorta: "El que piensa estar firme, mire que no caiga." (1 Cor.
10:12) Nadie puede darse el lujo de bajar la guardia, o creerse invencible.

Después de la tentación de Cristo en el desierto, la Escritura dice: "Y acabada toda


tentación, el diablo se fue de él por un tiempo." (Lc. 4:14). Observa la frase: "por un
tiempo." Si los ataques cesan, espera un poquito, ya van a comenzar de nuevo. El
enemigo no se ausenta de manera permanente. Volverá y atacará de nuevo. El sabe
montar asaltos desde aire, tierra y mar. El conoce nuestro lado flaco, y no conviene
bajar la guardia en ningún momento.

La resistencia al enemigo no lo podemos lograr por nuestra cuenta. Pablo nos


recuerda que para ello tenemos que "fortalecernos en el Señor" (Ef. 6:10). El poder
para triunfar proviene de El. Según Santiago, para resistir al enemigo, primero
tenemos que someternos a Dios (Stg. 4:7). La Biblia afirma que "las armas de
nuestra milicia son poderosas en Dios" (2 Cor. 10:4). No es nuestra pericia lo que
nos hace vencer, sino el poder de Jesucristo, el Vencedor del Calvario.

Frente a cada tentación de Satanás, Cristo respondió con las palabras: "Escrito
está..." El sacó la espada del Espíritu—es la única espada que teme Satanás. Es
importante tener la verdad de Dios en nuestro corazón y en nuestra boca. Es un
arma vital y poderoso en este conflicto.

El primer sitio de combate es la mente. Este es el campo de batalla principal. Es vital


mantener una fuerte línea de resistencia en el área de los pensamientos. La Biblia
dice: "Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida."
(Prov. 4:23) Los malos pensamientos pronto se convertirán en malas acciones. Si
perdemos la batalla en nuestra mente, pronto la perderemos también en el campo
de las acciones. La mente es el área clave en este conflicto.
Hebreos 12:4 dice: "Porque no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra
el pecado." Estas palabras nos recuerda que esta lucha no es jugarreta. Este enemigo
juega en serio; él busca matar, robar y destruir. No nos equivoquemos; su meta es
destruirnos.

Escucha estas palabras de Pablo: "si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por
el Espíritu hacéis morir las obras de la carne viviréis." (Rom. 8:13) ¡Qué tremendo lo
que dice el apóstol! Una de dos cosas va a pasar en nuestra vida: O el pecado nos va
a matar, o nosotros vamos a matar al pecado. La decisión es nuestra. Escoger el
pecado es escoger la muerte. El pecado tiene la capacidad de destruir nuestra vida.
Si es que vamos a "vivir" tendremos asumir el reto de recurrir al Espíritu para
"hacer morir las obras de la carne."

Estamos expuestos a un bombardeo constante de ideas erradas. El enemigo busca


arrastrarnos hacia su manera de pensar y actuar, y el sistema que él maneja para
hacerlo se llama: "el mundo." Este sistema maligno busca seducirnos con sus falsos
dioses, sus falsos valores, y falsas maneras de vivir.

Los mensajes absurdos nos llegan a cada paso: Toma Coca Cola y serás feliz. Compra
este carro y las chicas te admirarán. Usa este tipo de desodorante y serás más sexy.
Tonteras a patadas. Pero, ¡qué fácil es dejarse llevar por ellas! Vivir según los valores
del reino de Dios, y no según los valores despistados del reino de tinieblas, requiere
una resistencia tenaz. La "renovación de nuestro entendimiento" por la Palabra de
Dios es vital para quienes quieren vivir plenamente en Cristo.

"Resistencia" implica una posture defensiva. No luchamos para ganar la victoria.


Luchamos a partir de la victoria. Cristo ya la ganó y nosotros estamos en Él.
Compartimos su victoria sobre el diablo, el pecado, y el mundo. Resistimos al diablo,
no para derrotarlo, sino porque él ya es un enemigo derrotado. A veces él se olvida y
tenemos que hacerle recuerdo. Cuando asumimos nuestro lugar en Cristo nos
encontramos en un sitio de victoria.

Además, la palabra "resistencia" nos hace entender que tenemos algo de mucho
valor que proteger y defender. Nuestra vida con Dios, el gozo de la salvación, el
disfrute de la vida nueva en Cristo, y el privilegio de servir a Dios son tesoros de
incomparable valor. Si bien el enemigo no puede arrebatar nuestra salvación, él
puede volvernos cristianos derrotados e inútiles. Y él lo hace con demasiada
frecuencia.

No le demos esa satisfacción.

La mejor resistencia sucede, no cuando estamos enfocados en el enemigo, sino


enfocados en Jesús. El es nuestra victoria y nuestra fortaleza. Vivamos puestos los
ojos en Él. En Cristo podemos, no sólo resistir, sino ser más que vencedores.
"Por lo tanto, tomado toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día
malo, y habiendo acabado todo, estar firmes." (Ef. 6:13).