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Después de la conferencia de Bandung, en aproximadamente siete años la mayor parte del

continente logra la independencia, aunque a un ritmo bastante variado según el país. En África
del Norte Túnez y Marruecos tenían un régimen de protectorado, mediante el cual había una
autoridad nacional propia, aunque no pudiera ejercer la soberanía de manera efectiva. Pero
esto bastaba para crear el clima de una evolución pacífica a la independencia.

En Argelia las autoridades francesas no querían modificar su estatuto jurídico. En 1943 el


nacionalista Ferhat Abbas hace público un manifiesto y obtiene una promesa indeterminada
de autonomía, pero al año siguiente ya es colocado bajo vigilancia policial. En 1945 hay
violentos incidentes, con asesinatos de europeos y una represión brutal. Y es a partir de 1951
cuando la situación en el Norte del continente se hace más difícil. La Liga Árabe, ubicada en El
Cairo, es el órgano de propaganda de los movimientos nacionalistas.

Y gracias a la Liga se lleva el tema de Marruecos y de Túnez a las Naciones Unidas. En


Marruecos, concretamente, el nacionalismo se había adueñado de las ciudades, y la autoridad
militar francesa se apoyaba más bien en el mundo rural, poco propicio al sultán, que ya había
hecho un manifiesto nacionalista. La colaboración de los franceses y los colonos logró la
deposición del sultán, que se tuvo que exiliar a Madagascar en 1953, quedando en su lugar su
sobrino Mohamed Ben Arafa. España siguió administrando su zona del protectorado en
nombre del sultán depuesto. Pero en 1955 Francia decide recolocar al rey en su trono, y poco
después se permite que Marruecos acceda a la condición de estado, pero manteniendo lazos
permanentes con Francia. En marzo de 1956 el país proclama su independencia bajo la
monarquía de Mohamed V, aunque éste incumple su promesa de crear una institución
democrática. Lo único que se aviene a crear es una Asamblea Consultiva, nombrada
directamente por él. Su hijo, Hassan II, se muestra más dispuesto a cumplir las promesas
hechas, aunque tampoco en exceso.
En Túnez la política colonial cambia de rumbo varias veces, y desde 1951 hay tumultos y
detenciones de dirigentes nacionalistas, entre los que se encuentra Burguiba. Al año siguiente,
los tunecinos rechazan el sistema de co-soberanía y en 1954 Mendes France proclama que
Francia está dispuesta a conceder la independencia, pero reservándose la metrópoli la defensa
y la política exterior. Burguiba estaba de acuerdo, pero su partido puso pegas a esta propuesta
y el líder regresa a Túnez en 1955, y se le reconoce la independencia al país al mismo tiempo
casi a Marruecos. En 1957 se suprime la monarquía y se proclama la República.

En Argelia todo se hizo de manera más traumática. En 1947 se le había dado un estatuto que
hacía de ella un grupo de departamentos con personalidad civil y autonomía financiera, donde
el gobernador general detentaba el poder ejecutivo, mientras el legislativo lo compartía el
parlamento francés y una asamblea argelina, con poder para votar el presupuesto y enmendar
las leyes aprobadas en la metrópoli. Argelia pasa así un corto período de relativa calma. Pero el
1 de noviembre de 1954 una facción nacionalista dirigida por Ahmed Ben Bella y apoyada por
Egipto desencadena una rebelión, que desencadena una oleada de brutalidad y muertos. A
partir de 1956 Mollet propone elecciones y una negociación posterior; pero al mismo tiempo
lleva a la colonia jóvenes militares para combatir, y secuestra algunos dirigentes de la rebelión.
La revuelta de mayo de 1958 trae como consecuencia la vuelta al poder de De Gaulle, que
esboza unas soluciones que se inician con la promesa de un desarrollo económico, y llevar a
setenta diputados argelinos al parlamento de la V república. Pero pronto pasa a considerar a
Argelia como una carga de la que Francia debe desembarazarse para prosperar. En enero de
1960 se sucede una semana de barricadas en Argel, y al año siguiente cuatro generales
intentan hacerse con el poder. El referéndum que se celebra deja a De Gaulle las manos libres
y establece contactos con el FLN , aunque las largas conversaciones tenían el principal
problema del deseo argelino de conservar el Sahara. Finalmente se firman los acuerdos de
Evian de 1962, en los que Francia logra que se reconozcan los derechos a los europeos; una
presencia militar de tres años, una base en Mers- el- Kebir y la ocupación del Sahara durante
cinco años. Argelia se convierte en independiente; y el número de franceses que se quedaron
en el país fue mínimo, a causa del terrorismo.