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LOS MONTES DE MARIA: ENTRE LA MODERNIDAD TARDIA Y EL

COLAPSO DEL ESTADO

Amaranto Daniels Puello. Investigador Instituto Internacional de Estudios


del Caribe. Ponencia VIII Seminario Internacional de Estudios del Caribe

En los últimos 20 años el Caribe Colombiano, se convierte en un teatro de


operaciones del conflicto armado que afecta al país. Esta afirmación se
constata en la ejecución de 177 masacres en los años 901en su territorio, el
nivel de homicidios llega a representar el 12 % del total nacional en ese
periodo2, y en materia de desplazamiento forzado al año 2005 la costa caribe
expulsa un total de 120.674 hogares, equivalentes a 563.614 personas; e
igualmente recibe un total de 125.382 hogares conformados por 582.763
personas3. Lo anteriormente reseñado, rompe con la tradición y concepción de
ser una región en donde la convivencia, el jolgorio y el respeto a la vida como a
sus tradiciones eran valores inherentes a sus pobladores. En otras palabras el
concepto de Ethos Pacifico que menciona el académico Orlando Fals Borda
en su obra Historia Doble de la Costa.

Al interior de la región Caribe, cobra particular relevancia la manera como en


los Montes de María-los cuales comparten municipios de los Deptos de Bolívar
y Sucre- se desenvuelven los actores armados y sus consecuencias sobre el
territorio y la sociedad en general. En ésta subregión, la violencia se
enseñorea, manifestándose en más de 4.072 homicidios4 entre 1990 y 2002, la
realización de múltiples masacres, además de constituirse en una de las cinco
regiones más afectadas por el desplazamiento forzado5 ; configurando un
escenario permanente de crisis e incertidumbre en la región, haciéndola
prácticamente inviable en el contexto actual de la globalidad de los mercados y
las sociedades.

1
Defensoría del Pueblo. 1998
2
Cifras de la oficina del Alto Comisionado para la Paz 2.000
3
Cifras del Registro SUR de la Acción Social. 2.005
4
Panorama Actual de los Montes de Maria. Vicepresidencia de la República.2002
5
Red de Solidaridad Social. Informe de Actividades 2004.

1
Ante el escenario descrito surgen reflexiones o Interrogantes como: ? Es real
esa tradición de convivencia o por el contrario ha existido una recurrente
violencia y conflictividad en su territorio hasta la fecha? ¿Cuales son los
factores generadores de esa oleada de violencia y confrontación en la región
Montemariana? y en últimas, ¿Cual es el rol que juega el Estado y la sociedad
regional allí conformada en esa dinámica de la violencia y vulneración de los
Derechos?

Darle respuesta a esos interrogantes, supone revisar el tratamiento que la


academia o los investigadores sobre el Conflicto armado y la Violencia le han
dado a la región caribe y particularmente a los Montes de María. En este
sentido es sorprendente la omisión o desconocimiento sobre los hechos
violentos acaecidos, en las sucesivas oleadas de violencia del siglo pasado.
Esta percepción se confirma en un trabajo de Francisco Avella6 , el cual entre
otros afirma “resulta paradójico que durante el conflicto más importante de la
nación en el siglo XX, el de la Violencia en los años 50, la costa no haya
participado como lo demuestra el texto de Guzmán, Fals y Umaña “. Tan solo
hubo algunas escaramuzas en zonas del Depto de Bolívar ( en los Montes de
Maria), en la zona sur del mismo, en las áreas que colindan con el Uraba
Antioqueño y Chocoano y en el Sur del Depto del Cesar.

Similar percepción es posible asumir en el excelente trabajo de la investigadora


Ingrid Bolívar en su trabajo”Violencia Política y Formación del Estado“7, el cual
es un ensayo historiográfico, que muestra la dinámica regional de la violencia
de los años 50 en el territorio nacional. Allí se retoman las investigaciones
producidas desde los años 70, hasta bien entrada la década de los 90, en
cabeza de distinguidos investigadores como Gonzalo Sánchez; Paul Oquist;
Medofilo Medina, Mary Roldan, Carlos M Ortiz y Daniel Pecaut, entre otros.
Las investigaciones se concentran en los Deptos de Antioquia, Cundinamarca,
Santander, Tolima, Valle y zonas como el eje cafetero, los llanos orientales y el
uraba antioqueño. En síntesis (de acuerdo con los referentes citados) es viable

6
Dimensiones Territoriales de la Guerra y la Paz. Universidad Nacional de Bogota 2002.
7
Violencia Política y Formación del Estado. CINEP-Uniandes. 2003.

2
afirmar que la región Caribe hasta finales de los años 70 gozó de una relativa
paz, sin obviar los conflictos sociales latentes como el de la tierra.

En contraste con lo anterior, y como resultado de procesos investigativos en


curso, surgen nuevas pistas o elementos que señalan que ese mito de región
pacifica y tranquila, no es tan real, tal como se describe a continuación, en un
intento de periodización a lo largo del siglo veinte.
El investigador del IIEC Raúl Román, en su conferencia “Raza y
Contramemoria. La guerra de los mil días en el depto de Bolívar”, leída en el VI
seminario internacional de estudios del caribe8, referenciaba diversas e
intensas confrontaciones entre los bandos en disputa en la región
montemariana.

• La batalla de Toluviejo, en donde el ejército liberal es derrotado por las


fuerzas gobiernistas o conservadoras.
• La batalla de Mahates en el año 1900, en la cual luego de nueve horas
de combate el ejército liberal (al mando del negro Joaquín Mercado
Robles), derrota a las huestes gobiernistas.
• Seguidamente en 1901, en Marialabaja, nuevamente el general Mercado
Robles vence al ejercito gobiernista. Esta es una de las acciones bélicas
más sangrientas, y en ella mueren 300 miembros del ejército
conservador, muchos de ellos oriundos de Manizales.
• Durante el año 1902 se reportan combates en Colosó y San Onofre, a
más de recordar la batalla de San Jacinto, en donde ésta población
prácticamente fue arrasada por el ejercito liberal. Igualmente se reportan
enfrentamientos en el Carmen de Bolívar.

Otro factor que sin lugar a dudas contribuye a erosionar el mito pacifico en la
región, es el conflicto por la tierra, él cual aún ésta vigente. Por ejemplo, en las
primeras décadas del siglo veinte la región montemariana hace parte de las
luchas y problemática por el acceso a la tierra, entre los campesinos y el
modelo latifundista que se incuba desde esa época en el territorio.

8
VI Seminario Internacional de Estudios del Caribe. Cartagena, agosto 2003.

3
De acuerdo con Orlando Fals Borda9 “desde principios de siglo, se crean
organizaciones que reinvidican el derecho a la tierra en San Onofre, Coloso y
Ovejas. Estas acciones son precursoras de las llamadas “Ligas campesinas”
que posteriormente se formalizan entre los años 1930-1940, las cuales son
apoyadas por la Confederación de Trabajadores de Colombia CTC (sindicato
de tendencia liberal), y en su dinámica se extienden a municipios como Carmen
de Bolívar y Los Palmitos entre otros. En contraposición aparece la Federación
Agraria Nacional FANAL, apoyada por la Iglesia, quien apoya la creación de
sindicatos agrarios en los municipios de Morroa, Los Palmitos, Ovejas, Coloso,
Chalán, y San Onofre. Es claro, como bien lo resalta Fals en su análisis, que
esa repentina manifestación favorable a la creación de los sindicatos agrarios,
por parte de dos vertientes políticas diferentes, obedece a la polarización
existente para esa época en el país, la cual es resultante de las reformas
políticas y sociales introducidas por el gobierno de la revolución en marcha
como la ley 200 de 1936. Es pertinente precisar como esos sindicatos van a
constituirse en la base de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos
ANUC, en los años 60 y 70, lo cual más adelante retomamos.

En la perspectiva señalada, es muy importante conocer que pasa en los


Montes de Maria, durante la fase de la violencia bipartidista, específicamente
durante el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y posterior a ella. En ésta parte
utilizo los datos e indagaciones encontradas por el trabajo de grado de Muriel
Castro y Michele Lara “La Violencia Política en los Montes de María 1948-
1957”,10 ; el trabajo utiliza como fuentes la revisión de los archivos de prensa
de la ciudad de Barranquilla y Cartagena, específicamente El Universal, El
Fígaro y el diario La Prensa, así como también el archivo histórico nacional. Se
evidencia la presencia de disturbios, homicidios y enfrentamientos entre
miembros de los partidos Liberal y Conservador, tal como se describe a
continuación:

9
Retorno a la Tierra. Historia Doble de la Costa. 4. Orlando Fals Borda. El Ancora Editores.
2002
10
Universidad de Cartagena. Programa de Historia. 2007.

4
En municipio de El Carmen de Bolívar, se reportan múltiples asesinatos y
heridos como resultado del enfrentamiento abierto entre turbas de liberales y la
policía ante el asesinato de Gaitán. Posteriormente miembros del partido
conservador deciden enfrentar a los grupos liberales, que en opinión del
periódico “estaban sedientas de sangre y pillaje por la muerte de Gaitán11. En
esta misma localidad, el día 16 de Julio durante las celebraciones de la patrona
municipal fueron asesinados por la policía dos personas y varios heridos que
asistían a la procesión12.
13
Igualmente Orlando Fals Borda destaca la aparición de una guerrilla liberal
en el corregimiento de la Cansona en el Carmen de Bolívar, y otra en
Lomaverde.

Otro hecho significativo es el asesinato del líder liberal Braulio Henao Blanco,
oriundo de San Onofre lo cual ocasiona disturbios y enfrentamientos en los
Montes de Maria, específicamente en los municipios de San Jacinto, San
Onofre, Sincelejo, Carmen de Bolívar, Ovejas e inclusive en Cartagena. Lo
anterior permite hablar de una marcada participación de cada una de estas
localidades en torno a los estragos de la violencia; por ejemplo en Ovejas se
presenta un reagrupamiento de todos los grupos y facciones liberales, sellando
la unión de todos ellos con una manifestación pública para enfrentar la
violencia conservadora en cabeza de la fuerza pública14.

Paralelo a las situaciones de violencia reseñadas, el conflicto por la tierra sigue


su curso ascendente en la región. Las acciones iniciadas por los sindicatos
agrarios, son retomadas en los años 60- específicamente en 1968-, por el
partido Comunista Marxista-Leninista PCML15, estableciendo nuevas
organizaciones, en Morroa, Carmen de Bolívar, San Jacinto entre otras
localidades. Pero sin dudas, su mayor contribución es constituirse en la base
social de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos ANUC, organización

11
Diario La Prensa. lunes 12 de Abril de 1948.
12
El Universal. 16 de Julio de 1948.
13
Ibid Pag.
14
El Universal. 20 de Julio de 1948.
15
Retorno a la Tierra. Historia Doble de la Costa. 4. Orlando Fals Borda. El Ancora Editores.
2002

5
que en la década de los 70 y 80, alcanza su consolidación como movimiento
social.
La ANUC tuvo un papel protagónico en Córdoba, Bolívar y Sucre (El Depto fue
creado en 1966), liderando la reinvidicación del campesinado sin tierra,
llevando a cabo 194 “tomas o recuperaciones” de la tierra entre 1971 y 1975;
en los municipios de San Onofre, Tolú, Ovejas, Coloso, principalmente. En
Bolívar, se efectúan tomas de tierra en Carmen de Bolívar, San Jacinto,
Marialabaja16 entre otros municipios. No sobra resaltar que al principio las
tomas de tierra fueron pacificas, sin embargo al final generan enfrentamientos
entre la fuerza pública y el campesinado, que culminan con heridos y muertos,
alimentando así esa espiral de violencia que posteriormente se posaría sobre el
territorio montemariano.

A manera de recapitulación sobre el conflicto por la tierra, es valido citar la


postura del distinguido historiador Eduardo Posada, en su libro “El caribe
Colombiano”, la cual se opone a las tesis de Fals Borda; y plantea la existencia
de un mercado de tierras en la región, en el cual los campesinos podrían
acceder a ese activo en el libre juego de la oferta y la demanda. Esta visión de
Posada, en la realidad regional no tiene asidero ni viabilidad, ya que un
mercado de tierras es muy sensible al contexto institucional en que funciona.
Como bien lo señala una investigación de la Cepal17 “El contexto institucional
va a determinar el nivel de legitimidad social del mercado como mecanismo
eficiente y equitativo, para la asignación del recurso tierra. Adicional a ello se
requiere precisar los niveles de regulación a los que estará sujeto y los costos
de transacción que deberán cubrir los agentes económicos que lo utilicen.
Estos factores no son considerados en la concepción de mercado libre que
asume el historiador Posada.

Visto lo anterior, es de particular interés establecer el rol jugado por el Estado


en la región y el tipo de sociedad que allí se configura, destacando lo

16
Retorno a la Tierra. Historia Doble de la Costa. 4. Orlando Fals Borda. El Ancora Editores.
2002
17
CEPAL. Serie Desarrollo Productivo. “El Mercado de tierras en el Perú”. En: Análisis
Institucional y económico 1999.

6
concerniente a su nivel de integración, los procesos de regulación social e
instituciones presentes y su relación con el estado nacional.

Al sopesar el rol del Estado en los montes de maría, surge un gran


interrogante, ¿de que Estado hablamos? Hace rato viene un debate entre los
académicos del país, sobre la estructura, funcionalidad y viabilidad del Estado-
Nación, ante la persistencia del conflicto armado y la precariedad de sus
instituciones. Sin profundizar, partimos de las siguientes premisas: El Estado
en los niveles territoriales (como en éste caso) evidencia signos de fragilidad y
fragmentación, soportados en que la unidad nacional es igual de endeble en su
articulación. A más de lo anterior, ese Estado territorial obedece a unas lógicas
en donde los niveles de integración de los grupos sociales, sus intereses, las
instituciones que lo representan y su relación con el nivel central, va a estar
sujeto a negociaciones y conflictos, como bien lo señala Ingrid Bolívar en su
investigación, ya reseñada.

En concordancia, con la reflexión precedente, la formación y funcionamiento


del Estado y la sociedad regional montemariana configura lo que define
Anthony Giddens una “Modernidad Tardía” cuyos rasgos más sobresalientes
reflejan entre otros:

• Una sociedad de un talante señorial y aristocrático, con bajos niveles de


ciudadanía y la carencia de una sociedad civil que promueva la defensa
de un Estado de Derecho. Estamos en presencia de una elite
conservadora y costumbrista, que impide construir una estructura social
relativamente móvil con posibilidades de ascenso, y que por el contrario
es el fundamento de un orden social marcado por la desigualdad y la
exclusión. En últimas, conciben el mundo predestinado por la voluntad
divina y en donde la libertad humana juega un papel mínimo en una
sociedad de carácter estático.
• La ausencia de un espíritu y carácter empresarial de riesgo para la
actividad productiva, la cual se apuntala sobre una dinámica
agroexportadora (Tabaco), la ganadería extensiva y más recientemente
la agroindustria de la palma. A modo de contraste, en otras regiones del

7
país desde los años 50, se inicia la fase de “industrialización”, la cual
hoy día brilla por su ausencia en la región. En otras palabras no se
establece una estructura económica con capacidad de acumulación
constante, indispensable para la generación de ingresos y empleo.
• Un sistema político/administrativo en donde se asume el “Gamonalismo
Rural” como modelo de gestión, en donde las instituciones encargadas
de la provisión de los bienes y servicios que demanda la sociedad,
terminan siendo permeadas por la práctica “clientelista-electoral”, en
detrimento del ejercicio de los Derechos Ciudadanos.

Luego entonces, se reconoce como esa dinámica desemboca en una simbiosis


que refleja un “Estado Territorial Privatizado”, que responde a determinados
intereses particulares (tanto en el manejo económico como en la gestión
pública), que obvian los intereses colectivos de la comunidad Montemariana,
en contravía a los propósitos de un Estado con poder para intervenir en la
orientación de una economía capitalista, el funcionamiento de un sistema
político participativo, y el surgimiento de un sistema cultural en él que las
decisiones individuales estén dirigidas por valores laicos.

En ese sentido, los procesos y movimientos que se desprenden de esa


modernidad tardía para la región, evidencian rupturas y discontinuidades en el
nuevo orden económico, social y cultural que se pretende construir, así como la
presencia de riesgos e incertidumbre. Esta reflexión ayuda a explicar el por qué
en la región, no hay una línea divisoria entre el relacionamiento público-privado
que permita establecer reglas de juego (arreglos institucionales) al interior de la
sociedad montemariana; situación que ha facilitado la supeditación de Lo
Público a los intereses privados, y una cultura de informalidad y corrupción en
la gestión estatal. En igual sentido, en lo que concierne a la presencia de
actores armados ilegales, se acude en primer lugar a” Alianzas” perversas con
miras a preservar el statu quo, más no a su rechazo, como mecanismo de
afianzar la legitimidad de ese orden social y político.

Lo anteriormente reseñado, coincide sustancialmente con lo planteado por


Anthony Giddens, cuando señala que en los procesos de Modernización

8
Tardía, “la evolución social acumula tantas improbabilidades y riesgos que en
muchos casos el intento de empujar la sociedad en una determinada dirección,
resultará que la sociedad avanza correctamente, pero en la dirección contraria”,
como ha sucedido en los montes de maría.

Ubicándonos en el tiempo (principios de los años 80), el recorrido histórico


nos muestra una región con tradición de violencia para resolver los conflictos;
una lucha centenaria por el acceso a la tierra, una sociedad regional con
prácticas económicas y sociales premodernas y un Estado territorial
extremadamente débil. Es de anotar que para esa fecha, el país le apuesta a
un proceso de descentralización político, fiscal y administrativo, cuyos efectos
inmediatos es el de incrementar sustancialmente los recursos financieros a los
entes territoriales, lo cual propicia que los actores armados (inicialmente la
subversión y luego el paramilitarismo) lo consideren una fuente de
financiamiento de sus actividades, y una estrategia para capturar el poder local.

En síntesis, el escenario regional que se configura en esos momentos hacía


previsible el estallido de la oleada de violencia actual, cuyos costos y
consecuencias los asumen mayoritariamente las miles de victimas de la guerra,
el destierro de miles de familias desplazad@s y el abandono de cientos de
miles de hectáreas de tierra por parte de las victimas de la violencia.

A MANERA DE CONCLUSIONES ..

Es claro que las nuevas pistas sobre el conflicto y la violencia en la región


montemariana, empiezan a cuestionar el mito pacifico del caribe colombiano,
durante el siglo precedente.

No se puede obviar la coincidencia en el territorio montemariano al localizar los


sitios en donde ocurren los enfrentamientos de la guerra de los mil días, las
luchas agrarias, la violencia bipartidista y la fase actual de confrontación. El

9
reto de ésta investigación es el de hallar los ejes conectores en la
caracterización de esos factores que de una u otra forma alimentan la
violencia. Es decir, como es la articulación entre el problema agrario, el tipo de
sociedad regional, la regulación del Estado y el surgimiento de la violencia
como mecanismo para resolver las controversias y los desacuerdos.

Entender las causas y/o factores que motivan la aparición del conflicto armado
en las ultimas décadas en los montes de maría, implica obviar el enfoque
clásico sobre la violencia en Colombia. Antes por el contrario, se evidencia una
coincidencia de los factores ya reseñados, agregándole una precaria
gobernabilidad, asociada a la ausencia de una política de seguridad ciudadana
que incorpore el respeto a los Derechos Humanos. Asimismo, el proceso de
expansión de los grupos subversivos FARC (Frentes 37 y 35), el ELN, EPL,
ERP, y la Corriente de Renovación Socialista entre otros, en el marco de la
estrategia de guerra prolongada, que asumen estas agrupaciones subversivas,
especialmente las FARC desde la séptima conferencia de 1982. Finalmente es
de resaltar el papel del narcotráfico como fuente de financiamiento para las
guerrillas y paramilitares en su expansión territorial, y que en este caso la
proximidad al golfo de Morrosquillo y otros “corredores “son factores claves
para las acciones que requieren las redes de narcotráfico.

Luego entonces el diseño de respuestas institucionales al complejo


problema reseñado, supera la visión “minimalista “del actual gobierno en
cuanto al manejo del conflicto armado y la violencia. En igual sentido los
aportes de la comunidad internacional deben ir más allá de la visión
cortoplacista de los laboratorios de paz.

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