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Educación tradicional v/s Educación vanguardista:

¿Lo convencional mata a nuestro ente creativo?

Hoy en día, las generaciones de jóvenes son totalmente distintas a los adolescentes
que existían hace algunas décadas, querámoslo o no, requieren cada vez más y
como la mayoría del colectivo sabe y exige: la educación debe cambiar y eso un
hecho. Se ha comprobado con el paso del tiempo que los conocimientos adquiridos
dentro del aula, son en parte vacíos, a no ser de que se haga una conexión
emocional y de importancia con el estudiante en juego, ya que, no sirve de nada el
aprender por obligación. Este hecho ha provocado tener finalmente a jóvenes
sentados en sus sillas, oyendo sin escuchar y sin procesar correctamente esa
información que se les provee.

La capacidad de repetir algo no es ninguna garantía para que se aprenda para la


vida, la concepción vanguardista por su parte, busca sistematizar para comprobar
si las experiencias obtenidas han quedado como aptitud, como capacidad para
actuar como posibilidad para resolver nuevos problemas. Cabe resaltar que el
producto de la educación tradicional desde el punto de vista de nuestras
necesidades actuales es un amputado, pues tal educación si no anula
completamente el desarrollo de ciertas capacidades, al menos las impide.

La educación tradicional se presenta en materias independientes. Se trata de una


división lógica, reflejando las divisiones por sectores definidos y a la vez creando
divisiones mentales entre cada una. El resultado se hace evidente al momento de
ver que para los alumnos es difícil imaginar que lo que se aprendía en una
asignatura podría tener alguna relación con otra, ya que se le entregaba este tipo
de realidad por fragmentos o partes diferentes, error bastante grande, ya que en su
vida universitaria entendería que es en este momento en dónde integrar los
contenidos, sería su arma secreta.
Hay que considerar que una persona mientras no sepa lo que está haciendo, es
simplemente una máquina que efectúa correctamente la operación que se le asigna,
es decir, lleva a cabo todo de manera mecánica y estos jóvenes, sin poder de
asociación, son quienes no logran unir estos contenidos para finalmente generar un
todo completo. Es por eso, que se debe cuestionar el verdadero objetivo de esta
educación y se debe poner ojo al momento de menospreciar asignaturas como el
arte o la música, las cuales se piensa, son hobbys y no dan fruto alguno, ya que, de
alguna manera u otra, haciendo esto, aniquilan a nuestro “yo” creativo.

Es un factor muy importante a evaluar el hecho de que estas nuevas generaciones


nacen híper conectadas y usan la tecnología como medio de prácticamente, todo.
Es a través de este canal, por donde todos pueden expresarse de manera creativa,
publicando videos, diseñando ropa, compartiendo videos de música o fotos y
dibujos, sin embargo, ¿es el colegio el responsable de suprimir toda esta
creatividad? Más allá del colegio, es definirlo como la educación tradicional,
resumida en números, letras, memoria momentánea y estrés, además de la
incipiente competencia entre los estudiantes y sus pares. El cerebro no solo es un
órgano capaz de conservar o reproducir nuestras pasadas experiencias, sino que
también es un órgano combinador, creador, capaz de reelaborar y crear con
elementos de experiencias pasadas nuevas normas y planteamientos (Vygotski,
1930) y es por esto que debemos aprovechar todas nuestras capacidades, tanto
lógicas como creativas.

Se ha demostrado científicamente que el estudio de las bellas artes, desde edad


temprana, cultiva en el ser humano una sensibilidad que lo lleva a desarrollar una
ética muy sólida en su vida adulta. El arte es una actividad dinámica y unificadora y
desempeña un papel potencialmente vital en la educación. El dibujo, la pintura o
las actividades de construcción plástica constituyen un proceso complejo, en el cual
el niño o joven reúne diversos elementos de su experiencia para formar un conjunto
de nuevo significado. En este proceso de seleccionar, interpretar y reformar esos
elementos, el niño da algo más que un dibujo o una escultura, nos proporciona una
parte de sí mismo: cómo piensa, cómo siente y cómo ve el mundo que lo rodea
(Lowenfeld, 1980).

La música, por ejemplo, permite una mejor concentración. Cuando se escucha


música nuestra mente navega y logramos profundizar en nuestra interioridad,
también despierta el sentido del oído y esto nos hace más perceptivos; y cuando la
escuchamos en forma melódica nuestro sentido del ritmo se agudiza. Existen
estudios de tipo neurofisiológico, neurobiológico y neuropsicológico han
proporcionado mucha información sobre la forma en la que se procesa la
información cognitiva del aprendizaje de la música (Altenmüller y Gruhn, 1998). Las
investigaciones neuronales y psicológicas que se han realizado en los últimos años
demuestran que las artes juegan un importante papel en el desarrollo del cerebro al
integrar habilidades como son las motoras y las sensoriales (Sylwester, 1998).

Es importante aclarar que no se pretende hacer artistas o músicos a todos los


alumnos, unos serán apreciadores y otros ejecutantes, es decir no todos saben
tocar un instrumento, pero si aprecian la música, los coleccionistas de arte no saben
pintar, pero conocen de pintura, no es necesario escribir un libro para gozar del
placer de la lectura.

El momento en cuando la educación se encuentra con el arte, la música y la cultura,


́ que brinda a niños, niñas y jóvenes la posibilidad de desarrollar todo
se abre una via
su potencial. Una educación artiś tica y cultural rica, con sentido, bien pensada y
ejecutada, no sólo ayuda a los y las estudiantes a enriquecer sus proyectos
creativos, motivándolos a utilizar de manera creativa todos los recursos a su
alcance, sino también a generar propuestas que van en beneficio de su desarrollo
integral en todo ámbito de sus vidas.