Está en la página 1de 6

Seguir a Cristo Buen Pastor: Una exigencia del Pastor Salesiano en la aplicación

Del Sistema Preventivo

La espiritualidad tiene como objetivo principal el seguimiento de Cristo. En efecto,


en la vivencia de este seguimiento de Cristo se encuentran múltiples rostros que
pueden ser aplicados a diferentes estilos de vida. Un solo Cristo-Jesús que, desde
la hermenéutica existencial, el hombre confronta en relación con su ser; una
interpretación que intima la existencia en relación con el mundo, es decir, el
hombre que existe, que sigue a Cristo, que se desenvuelve en el mundo y da una
respuesta específica al seguimiento. Esta interpretación del evangelio promueve y
suscita respuestas en pro de la sociedad. Es así como muchas comunidades
religiosas dieron su respuesta al seguimiento del Señor, desde una lectura atenta
a la realidad, inspirados en la propuesta innovadora y siempre nueva del Señor
Jesús en el evangelio.

Por consiguiente, si la misión de la Iglesia es evangelizar, el desarrollo de esa


evangelización, motivados desde la fe, tiene su sustento en la experiencia y el
encuentro con el Señor Jesús que, bajo la acción del Espíritu Santo, suscita
lecturas apropiadas de las múltiples interpretaciones de su vida plasmadas en el
evangelio, dando una respuesta a una situación- problema que agobia a la
sociedad. Es así como el Salesiano reconoce que “la sociedad de san Francisco
de Sales no es sólo fruto de una idea humana, sino de la iniciativa de Dios”
(Const. 1), y por tanto, al dar una respuesta específica a la sociedad, desarrolla un
método, una pedagogía y un modo de actuar que garantice la solución a los
muchos problemas que enfrenta la realidad de los jóvenes. Ahora, esa respuesta
no se quedó en el siglo XIX sino que traspasó las barreras del tiempo y se
reactualiza para dar una solución eficaz a los jóvenes de hoy, a los problemas
relacionados a su desarrollo y formación integral.

A partir de lo anterior surge estos interrogantes: ¿Qué hermenéutica existencial


realiza el Salesiano en la relación a la figura del Señor Jesús? ¿Qué sistema o
método aplica con preferencia en su labor educativa y evangelizadora? ¿Qué
figura de Cristo es la que marca la pauta para el desarrollo de la misión entre, con
y por los jóvenes?

En consecuencia se afirma que, el Salesiano por medio del Sistema Preventivo,


ilumina su actuar pedagógico y pastoral para el bien y el desarrollo íntegro del
joven. Este actuar pastoral está iluminado de manera especial por la figura del
Buen Pastor. De esta manera el Buen Pastor, que es Cristo, se convierte en la
figura atrayente y paradigma en los procesos de evangelización. En efecto, tanto
la acción del Buen Pastor y la aplicación del Sistema Preventivo son las bases
carismáticas de nuestra misión.

El propósito de este ensayo es presentar algunas ideas sobre la figura del Buen
Pastor desde una hermenéutica existencial de la vida religiosa salesiana en la
aplicación del Sistema Preventivo y su vinculación a los procesos de
evangelización y educación para, con y por los jóvenes.

Para desarrollar el anterior propósito propongo el siguiente orden temático: 1. El


seguimiento de Cristo: una mirada desde el Buen Pastor, 2. El Pastor Salesiano:
Educador y Evangelizador de los jóvenes, 3. El Pastor Salesiano y el Sistema
Preventivo y 4. Conclusiones.

1. El seguimiento de Cristo: una mirada desde el Buen Pastor

La figura del Buen Pastor es un icono de la tradición bíblica que tiene su plena
realización en la persona del Señor Jesús. En Él se cumplen las promesas
mesiánicas con respecto al Pastor de Israel. “La biblia utilizó esta experiencia
como símbolo y metáfora para expresar la relación entre los jefes y gobernantes
de Israel con su pueblo” (Peresson, p, 227) De esta manera la figura del Pastor
que guía las ovejas se convierte en el paradigma de todo evangelizador, es decir,
asumir las actitudes propias de un Buen Pastor en relación con su pueblo, es
configurarnos con la presencia de Cristo que nos pide que seamos buenos
pastores.

En este sentido, el Salesiano sigue a Jesús dejándose fascinar por la figura del
Buen Pastor, que desde una hermenéutica existencial, se convierte en punto de
partida para la vivencia auténtica de la vida religiosa salesiana en pro de la
salvación de los jóvenes. Al referirnos a hermenéutica existencial queremos decir
que el Religioso Salesiano hace una interpretación Salesiana del evangelio desde
la figura del Bueno Pastor; esa interpretación permea la existencia del Salesiano
que no sólo es norma de la misión en medio de los jóvenes, sino que es pauta que
se aplica en la vida religiosa, en la experiencia comunitaria entre los hermanos.

Esta interpelación existencial que se elabora de manera personal, en


confrontación continua con la figura del Señor, es la constante para un
discernimiento serio del Seguimiento de Cristo.

Es así como se entiende que en el seguimiento de Cristo, el salesiano es más


sensible a unas formas específicas. En esto nos ilumina de manera particular la
experiencia de Juan Bosco en relación al Buen Pastor en el sueño de los nueve
años.

La máxima representación que Don Bosco hace de la figura del buen pastor la
expone en el sueño de los nueve años. Este sueño “tiene algunas connotaciones
muy particulares, y una referencia definitiva en el futuro de don Bosco” (Peraza 29)
en el desarrollo de su misión pastoral.
Sin hacer una presentación exhaustiva del sueño, se expondrá algunas ideas en
relación con la figura del buen pastor.

El sueño revela un rico contenido pedagógico y pastoral. “El ‘pastoreo’, preventivo


y revitalizador del amor educativo, produce la transformación profunda y completa
de los destinatarios.” (Peraza 33) Esto es, Jesús el gran Pastor se convierte en el
modelo de actuar de cada Salesiano en el seguimiento de Cristo. Una forma
específica de acción; “el estilo del pastoreo ‘no es represivo’ sino de
‘mansedumbre y caridad’” (Id.) donde la pedagogía de la bondad, es decir, la
aplicación del Sistema Preventivo se convierte, no sólo en una aplicación
metodológica y pedagógica, sino en la expresión salesiana del Seguimiento de
Cristo.

En relación con lo anterior, el salesiano descubre, que a ejemplo de Don Bosco,


es más sensible a algunas expresiones de Jesús en el evangelio. Estas
expresiones las expone de manera sintética y profunda el artículo 11 de las
Constituciones Salesianas. Así profiere:

El espíritu salesiano encuentra su modelo y su fuente en corazón mismo de


Cristo, apóstol del Padre.
Al leer el Evangelio, somos más sensibles a ciertos rasgos de la figura del
Señor: su gratitud al Padre por el don de la vocación divina a todos los
hombres; su predilección por los pequeños y los pobres; su solicitud en
predicar, sanar y salvar […] su actitud de Buen Pastor, que conquista con la
mansedumbre y la entrega de sí mismo; su deseo de congregar a los
discípulos en la unidad de la comunión fraterna.

De esta manera se afirma y constata que el salesiano hace una hermenéutica del
evangelio acorde a la existencia y vida religiosa en comunión con la realidad
social, eclesial y cultural.

La figura del Buen Pastor nos motiva en la práctica pastoral y más aún nos define
en el carisma, la forma de seguir a Cristo, que siendo pastor nos invita a asumir la
misión evangelizadora de la Iglesia como pastores de los jóvenes. Seguimos a
Cristo por la realización de la misión: dar horizontes de sentido de vida a los
jóvenes, conducirlos a un encuentro personal con Jesús. Seguimos a Cristo desde
la vivencia de nuestro pastoreo en medio de los jóvenes.

2. El Pastor Salesiano: Educador y Evangelizador de los jóvenes

En el anterior argumento se sustentaba que una forma sensible del salesiano


frente a la figura de Cristo es la del Buen Pastor, que es en sí, la forma de seguir a
Cristo y realizar la misión evangelizadora. Ahora nos compete exponer algunas
ideas sobre la labor del Pastor Salesiano en la educación y la evangelización.

El Salesiano llamado a ser Pastor de los jóvenes, es por tanto, educador y


evangelizador. Está dinámica de educación y evangelización es el rasgo
característico de la acción misionera de la congregación Salesiana en la Iglesia.
En efecto, educamos a los jóvenes por medio de la evangelización y
evangelizamos generando un ambiente educativo. Así comprendemos el “formar
buenos cristianos y honestos ciudadanos” que, desde la acción pastoral del
salesiano, es la síntesis de su labor educativa y evangelizadora; síntesis en tanto
que en esta intención formativa se recoge el querer ser de la formación salesiana
para el joven.

En Cristo Buen Pastor el salesiano encuentra el modelo a seguir, ya que en “sus


sentimientos, su acción evangelizadora, su práctica educativa como Maestro
carismático popular a la manera de los profetas” (Peresson 235) asume desde la
fe, los criterios educativos y evangelizadores.

Por esto, el salesiano fiel al llamado del Señor y atento a las necesidades de la
sociedad, es agente que educa y evangeliza promoviendo la formación integral del
joven. Es decir, “el educador en la fe elige y organiza sus actuaciones con la
mirada puesta en la imagen del hombre cuyo reflejo percibe contemplando el
misterio de Dios presente en Jesús de Nazaret” (CG XXIII 87)

Por consiguiente, la experiencia educativa debe ser explícitamente


evangelizadora, en tanto que, genere y conduzca al joven al encuentro con Cristo
desde la confrontación con la realidad. Es decir, un encuentro que permee la
realidad del joven y su entorno. Esta dinámica es evidente en cuanto que el joven
que se encuentra con Cristo cambia su vida, su entorno y sus condiciones por la
nueva forma de ver el mundo y la vida; una óptica de la fe que impulsa al
salesiano a creer en los jóvenes.

En consecuencia, los salesianos, motivados por la fe en Dios, creemos “que Dios


nos está esperando en los jóvenes para ofrecernos la gracia del encuentro con él
[…] La tarea educativa resulta ser, así, el lugar privilegiado de nuestro encuentro”
(Ibíd. 75) con Cristo en el rostro de los jóvenes.

En definitiva, nuestra labor educativa, que es a la vez evangelizadora, en una


dinámica integrante e integradora, integrante porque vincula todas las
dimensiones del hombre e integradora porque nos conecta con un mundo que
acontece y sus relaciones, es decir nos enlaza al otro, es la forma por la cual
fomentamos la presencia de Cristo en la vida de los jóvenes. Una presencia que,
desde la visión del Buen Pastor, acompaña y guía al joven por el camino del
“alcance [de] la plenitud de lo que implica ser persona” (Peresson 99)

3. El Pastor Salesiano y el Sistema Preventivo

En el anterior numeral analizábamos la relación que hay entre la figura del Buen
Pastor y la intención educativa y evangelizadora del salesiano, que en últimas,
pretender “la Promoción Integral del joven a través de la educación
evangelizadora” (Ibíd. 98). Ahora nos compete establecer la relación que hay entre
el pastor salesiano y la aplicación del método educativo por el cual el joven logrará
dicha formación integral.
Por el legado educativo de Don Bosco a sus salesianos, el Sistema Preventivo es
la forma privilegiada para educar y evangelizar al joven. Es “esta filosofía
educativa […] basada en un cúmulo de principios que se resumen en el trinomio
Razón, Religión y Amor.” (Lenti 80) Estos principios son la base de la acción
educativa que, desde la visión del Buen Pastor, se convierte en la forma específica
de conducir a los jóvenes al encuentro con Cristo.

En efecto, el Sistema Preventivo como método pedagógico es el modo por el cual


se lleva al joven a la realización de su proyecto de vida. En esto se ve la aplicación
del Buen Pastor, en tanto que, guía y orienta, conduce y lleva a la plena
realización de su persona. Es tal que “entre el pastor y su rebaño se establece una
relación casi personal” (Peresson 227), es decir, entre el joven y el salesiano se
establece un vínculo afectivo que motiva la educación y la intención
evangelizadora.

El Pastor salesiano educa y evangeliza por medio del Sistema Preventivo. Educa
en tanto que propicia, por el uso de la razón la comprensión del mundo y su
realidad desde lo político, social y cultural. Esta razón no es solamente la del joven
sino también la del salesiano; razón que ayuda a comprender la situación del
destinatario y de esta manera dar respuestas asertivas a los procesos educativos
y evangelizadores. El pastor salesiano evangeliza en tanto que motivados por la
religión, es decir, el llamado del hombre a la transcendencia, hace que tanto el
joven y el salesiano se encuentren con la figura de Cristo. Educa y evangeliza por
un movimiento del corazón: la amabilidad. En esta característica se concentra la
forma de cómo llegar a los jóvenes y hacer la propuesta educativa y
evangelizadora; además motiva al joven a que acepte, por medio de esta actitud,
la intención del salesiano, el quererlo formar integralmente. Así se comprende la
dinámica del Sistema Preventivo en la educación y evangelización del joven.

Así pues, el Pastor salesiano por medio del Sistema Preventivo, hace que en una
dinámica de reciprocidad se vivan los principios educativos que motivan la
evangelización y educación, al buen cristiano y honrado ciudadano.

Conclusión

La hermenéutica existencial del salesiano motiva a confrontar su actuar


pedagógico con la figura del Buen Pastor. Un Buen Pastor que, desde la visión de
Don Bosco, aplica el Sistema Preventivo en los procesos de educación y
evangelización del joven.

Por todo lo anterior se puede deducir que para el pastor salesiano se convierte en
una obligación dejarse permear por la figura del Buen Pastor en pro de la
educación y evangelización, en una dinámica concomitante en tanto que son
procesos que avanzan a la par en el proceso de la formación integral del joven.

Edgar Enrique Velásquez Camelo


Bibliografía

Lenti, Athur. Historia y carisma 2. CCS. Madrid

Peraza, Fernando. Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales. Edición


crítica. CSR. Quito. 2011

Peresson, Mario Leonardo. Educar con el corazón de Don Bosco. CCS. Madrid.
2010.

Salesianos de Don Bosco. Constituciones y reglamentos generales. CCS. Madrid.


2010