Está en la página 1de 2

La imprenta en Guadalajara y su

producción: 1793-1821
Cuando en 1791, Mariano Valdés Téllez Girón, hijo de Manuel Antonio
Valdés, impresor en la ciudad de México, se dio cuenta "que la ciudad de
Guadalajara carecía del beneficio público de la imprenta", decidió
"proporcionar a sus moradores las utilidades que traen consigo y se siguen de
semejantes inventos". En ese año a escribió al intendente y presidente de Real
Audiencia de Guadalajara, Jacobo Ugarte y Loyola, para ofrecer el
establecimiento de la imprenta siempre y cuando se le concediera "el privilegio
exclusivo perpetuo" para imprimir todo lo que se le pidiera "sin que otra alguna
persona pueda ejecutarlo en la misma ciudad sin su permiso". Valdés exponía
que el privilegio le permitiría "resarcirse" del "cuantioso importe" de la
instalación de la imprenta. Aunque la Real Audiencia de Guadalajara autorizó
establecerla por decreto del 7 de febrero de 1792, previo dictamen del fiscal,
no le otorgó el privilegio exclusivo porque el rey era la única autoridad que
podía concederlo. La Audiencia señaló que disponía de tres años para
solicitarlo y "persuadir el beneficio que resulta de las imprentas, que son uno
delos mejores inventos que conoce la humanidad y los gravísimos perjuicios
que no pueden dejar de originarse de su defecto”. El 4 de julio de 1792,
Mariano Valdés solicitó al rey, por medio de su apoderado en Madrid, Gabriel
de Sancha, "se le concediera facultad para establecer una imprenta en la ciudad
de Guadalajara, cuyo vecindario carecía de este beneficio". Ofrecía
establecerla a “su costa con el mayor primor", llevando de Madrid "las
fundiciones nuevas y lo demás necesario, pero que habiendo de gastar en esto
considerables cantidades de pesos, sin seguridad de conseguir algunas
ventajas"; suplicaba a su majestad "se le concediese la licencia con privilegio
perpetuo y exclusivo para que ningún otro sujeto pudiera imprimir endicha
ciudad”. Ante la petición de Valdés, el 21 de enero de 1793, el fiscal del
Consejo de Indias expuso que nadie dudaba "del beneficio que se sigue de que
se establezcan imprentas dentro del paraje donde se califiquen de útiles y
necesarias", ni que Guadalajara, como capital del reino de la Nueva Galicia y
con una Real Audiencia, influía para que se considerara "no solo por
conveniente sino por indispensable y preciso el que se plantifique la propuesta
imprenta allí con el designio que se explica". En relación a los privilegios
opinaba que estos se franqueaban "a los que se dedican a promover el bien
público" y que se estimaban "correspondientes a su mérito y a lo que tienen
que gastar para que surtan el deseado efecto sus ventajosos proyectos con el
plausible fin de premiárselos, bonificarles su coste y excitar a otros a que los
imiten”. El funcionario indicó que Valdés podía conseguir la indemnización a
la que aspiraba "con lo que le produzca la imprenta con su privilegio exclusivo
durante el término de ocho o nomás de diez años". El Consejo de Indias, en
vista de lo que expuso el fiscal, consultó al rey el 28 de febrero para que: “se
dignase conceder a Mariano Valdés la facultad de establecer imprenta en la
ciudad de Guadalajara con privilegio exclusivo con término de diez años, que
estimaba bastante.

Intereses relacionados