Está en la página 1de 30

LOS BOY SCOUT

INVENTARON
EL CAPITALISMO
de Tomás Henríquez Murgas

a paola lattus,
ya que por su culpa
personajes

(en orden de aparición)

URRUTIA, el perro judío


RAÚL, el cuidador de la noche
LA HIJA, ex-lautarista
LA MADRE, terrible guatona
XIANG YU-LI, un boy scout
JIANG QUING, otro boy scout

y la participación especial de
MILTON FRIEDMAN

2
EL OLOR A PERIFERIA LE IMPRIME UN TONO
LÚGUBRE A LAS COSAS. UN OLOR RANCIO
QUE SE PARECE A LA POBREZA, QUE TE
MANCHA LA ROPA, Y SE TE IMPREGNA EN LA
PIEL, DEJÁNDOTE ESCAMADAS DE MISERIA Y
UN PROFUNDO HÁLITO DE PARAFINA.

ESTA NO ES UNA CASA, AUNQUE A VECES LO


PARECE. Y LOS QUE SE PASEAN EN ESTE
LUGAR NO VIVEN AQUÍ, AUNQUE EN LO
PROFUNDO LO QUISIERAN. ESTOS HIJOS DE
PUTA, QUE VIVEN CREYENDO EN LA
RESIGNACIÓN COMO UNA MANERA DIGNA DE
AFRONTAR LA VIDA, EN EL FONDO DE SUS
ALMAS MISERABLES, AUNQUE NO LO PUEDAN
CONFESAR, QUISIERAN TENER JUNTOS UN
LUGAR AL QUE PUEDAN LLAMAR HOGAR.

3
URRUTIA - No hay plata...

LA HIJA - ¿Entonces?

URRUTIA - Es que estamos a fin de mes.

RAÚL - Ya nos quedó claro.

LA HIJA - No tienes por qué repetirlo.

URRUTIA - Es que parece que ustedes no entienden.

LA HIJA - Aquí lo único que se entiende es que eres un tacaño.

URRUTIA - Tacaña tu abuela.

LA HIJA - No te metas con mi abuela.

URRUTIA - Entonces no reclames.

RAÚL - No estaba reclamando. Era una pregunta

LA HIJA - Tranquilo, tu no eres el problema.

RAÚL - ¿En serio?

LA HIJA - El problema es este viejo que se cree dueño de nuestras decisiones.

URRUTIA - Ten cuidado con lo que dices.

RAÚL - Desde que llegué que nunca ha sido distinto.

URRUTIA - Si te sientes tan mal, entonces devuélvete a tu país.

LA HIJA - No lo trates así...

URRUTIA - Lo trato como quiero, para eso le pago...

LA HIJA - Tu y tu mugrosa plata... No sabes hablar de otra cosa.

URRUTIA - Agradece que esa mugrosa plata es la que te da de comer.

LA HIJA – Pero eso no te da derecho a humillarnos.

URRUTIA - Me da derecho a dejarte las cosas claras.

RAÚL - Podrías ser menos ofensivo...

URRUTIA - Tu te callas. No estás en posición de pedir nada...

4
LA HIJA - A veces no entiendo qué quieres decir.

URRUTIA - Lo único que tienes que entender es que de caridad no vive el hombre.

RAÚL - ¿Lo dices por mi?

URRUTIA - Y preguntas...

LA HIJA - Solo se trata de tener un poco de buena voluntad.

URRUTIA - La buena voluntad se acaba cuando se acaba la paciencia, y a mí, ustedes ya


me sacaron los choros del canasto.

RAÚL – Deja que pelee solo.

LA HIJA – Déjame a mi.

RAÚL – Es que deben estar por llegar. Ya es hora.

LA HIJA – Por fin...

URRUTIA – No van a llegar nunca.

LA HIJA – ¿Y tu qué sabes...?

RAÚL - No te preocupes por mi... En serio. Si soy un estorbo yo me voy.

URRUTIA - Si, por fin te das cuenta: eres un estorbo. Ándate.

LA HIJA - ¡Cállate! Si no vas a ayudar, entonces no te metas.

URRUTIA - ¿Y más encima quieres que te ayude? ¿Quién te crees que eres, cabrita?...
Esta es mi casa, y yo hago aquí lo que se me da la gana.

LA HIJA - ¿Tu casa?

URRUTIA - ¿Qué quieres decir?

RAÚL - Nada, ella no quiere decir nada...

URRUTIA - Y tu más encima la defiendes...

LA HIJA - ¿Y qué quieres que haga? ¿Que te siga el juego de mierda que empezaste?

URRUTIA - Yo no empecé nada.

LA HIJA - Son perros... No puedes ser tan asqueroso.

URRUTIA – A mi no me culpes.

5
RAÚL - Las culpas son compartidas.

LA HIJA -¿Qué dices?

URRUTIA - No me metan en sus problemas... Quizás en cuanta tontera andaban metidos.


Par de depravados.

LA HIJA - Ahora lo vas a negar todo.

RAÚL – Ahora nos va a culpar a nosotros.

URRUTIA - Con que sean un poco más eficientes con su pega, me basta...

LA HIJA - ¿Tienes algún reclamo?

URRUTIA - Tengo una lista enorme.

LA HIJA - Empieza. Te escucho.

URRUTIA - ¿Bañaste a los perros?

LA HIJA - Hoy por la mañana.

URRUTIA - ¿Los metiste a la secadora?

LA HIJA - Como siempre.

URRUTIA - ¿Les diste los calmantes?

LA HIJA - A todos, sin excepción.

URRUTIA - ¿Les pusiste el bozal?

LA HIJA - ¿Escuchas alguno ladrar?

URRUTIA - ¿Les diste de comer?

LA HIJA - No hay nada para darles.

URRUTIA - Ves... a eso me refiero.

LA HIJA - ¿Y cómo quieres que lo haga?

URRUTIA - Es tu responsabilidad velar por que nada les falte. Ve tu cómo te las arreglas.

LA HIJA - Lo que me faltaba... Ahora tengo que pagar con mi plata la comida de tus
perros...

URRUTIA - Es tu trabajo. Hazte cargo.

6
LA HIJA – Mi trabajo, yo lo hago...

URRUTIA – Pero hazlo bien... Cuando hagas bien tu pega, vas a poder reclamar.

LA HIJA - Los perros desaparecen y a ti te da lo mismo.

URRUTIA - ¿Qué dijiste?

RAÚL - No puedo seguir acá, paulina. Se me hace tarde, lo siento. Me tengo que ir...

LA HIJA - Espérame. Yo voy contigo.

RAÚL - ¿En serio?

URRUTIA - Ustedes no se van a ninguna parte hasta que me aclaren que mierda hicieron
con mis perros.

RAÚL - Toma, acá están mis llaves.

LA HIJA - ¿Está bien así?

URRUTIA - Se te olvida una cosa, negrito...

RAÚL - No sé de qué hablas.

LA HIJA - No sigas, por favor..

URRUTIA - Quiero mi plata. ¿Es un pecado exigirla?

LA HIJA - No, claro que no... Devuélvele su plata.

RAÚL - Pero, paulina...

LA HIJA - Para que deje de reclamar alguna vez en su vida.

RAÚL - Ya es tarde.

LA HIJA - ¿La tienes o no?

RAÚL - Lo siento... Tuve que enviarla a Arequipa.

URRUTIA - Esto si que es increíble... Me parto el lomo trabajando todos los días en esta
mierda de clínica, solo para darle de comer a ti y a la gorda que tienes de madre. Y ahora
más encima, el peruano me roba el fruto de mi trabajo.

RAÚL - Disculpa. Sé que te lo tenía que decir.

LA HIJA - No te disculpes. Hiciste lo que tenías que hacer.

7
URRUTIA - Eso si que está bueno... Ahora ninguno va a responder por la plata que me
robaron.

LA HIJA – No reclames por tonteras.

URRUTIA - No son tonteras. Eran dos millones.

RAÚL - ¿Cómo?

URRUTIA - Y ahora más encima, reclamas por que no soportas el arroz con huevo...

LA HIJA - Esto no es arroz con huevo.

URRUTIA - Dáselo a los perros entonces...

RAÚL - ¿Los quieres matar?

LA HIJA - Esto se está pudriendo...

URRUTIA - Da lo mismo si se está pudriendo, o no. Ese no es el punto.

RAÚL - ¿Y cuál es el punto?

URRUTIA - El punto es que ustedes son unos mal agradecidos...

LA HIJA - Tus perros, los pocos perros que aún te quedan, se te están muriendo.

RAÚL – Se supone que deberías sanarlos, no intentar matarlos...

URRUTIA - Yo decido cuando un perro se muere o no. Ellos en el fondo, están


agradecidos de que uno los cuide y los alimente. Además, aquí el especialista soy yo,
¿entienden?... Para eso gasté los mejores años de mi vida estudiando en la universidad.

LA HIJA - Eso no te certifica nada.

RAÚL - La universidad no te hace buena persona.

URRUTIA - Pero te hace inteligente... Se nota que nunca pisaste la universidad más que
para juntarte con delincuentes.

LA HIJA - No le hables de esa forma, que nunca te ha faltado el respeto.

URRUTIA - No te metas en lo que no te importa.

LA HIJA - Me importa, por eso me meto.

RAÚL - Paulina, no...

URRUTIA - Cuando llegue tu madre, le voy a decir que su hija desde hace más de un año
que tiene metido en su casa, durmiendo bajo su mismo techo, a un asesino...

8
LA HIJA - Cállate...

URRUTIA - A un terrorista, a un comunista.

LA HIJA - Dile lo que quieras, ya no me importa.

RAÚL - Déjalo, ya está viejo y no nos sirve... Vámonos ya...

LA HIJA - No sabes cuánto te odio.

URRUTIA - Tu no me odias. Eres muy chica para odiar... Ni siquiera te imaginas lo que es
sentir odio por alguien.

LA HIJA - ¿Qué sabes tu?

URRUTIA - Soy más viejo y los años duelen.

APARECE LA MADRE

LA MADRE - ¿Qué comen?

URRUTIA - Llegaste.

LA MADRE - Saludos te mandó tu abuela.

LA HIJA - Pensé que no te vería más...

LA MADRE - Yo pensé lo mismo... Pero aquí me tienes.

URRUTIA - Te estábamos esperando.

LA MADRE - ¿Me guardaron almuerzo? Que rico... Con tanto trámite me bajó un hambre
atroz. ¿Qué es esto?

LA HIJA - Arroz con huevo.

LA MADRE - ¿Pero por qué tan fome el almuerzo?

URRUTIA - No hay plata...

LA MADRE - ¿Cómo que no hay plata?

URRUTIA - Estamos a fin de mes.

LA MADRE - Pero en el frizer les dejé un pedazo de carne. ¿No la vieron?

RAÚL - ¿Carne?

9
LA HIJA - ¿Compraste carne?

URRUTIA - ¿Con qué plata compraste carne?

LA MADRE - Tranquilos... podrían preguntarme cómo me fue.

LA HIJA - ¿Cómo te fue?

LA MADRE - Bien... digo, excelente. Nos aprobaron el crédito. Son dos millones. Desde la
próxima semana tenemos doble ración para el desayuno y triple para el almuerzo.

LA HIJA - ¿Y para los perros?

RAÚL - Yo no comería eso.

LA MADRE - Pero si está rico... miren.

URRUTIA - Tan regodeones que se ponen los cabros...

LA MADRE - ¿Ustedes ya se estaban yendo?

URRUTIA - Se querían escapar.

LA MADRE - ¿Les molesta si me sirvo?

RAÚL - Yo le sirvo.

LA MADRE - ¿Me decías?

URRUTIA - Te decía que se querían escapar.

LA MADRE - Pero mis chiquillos lindos... ¿Cuál es el problema?

LA HIJA - Lo mismo de siempre.

URRUTIA - No les creas una palabra.

RAÚL - Yo solo quiero que me trate con respeto.

URRUTIA - Mamón.

LA MADRE - No le digas eso.

URRUTIA - No le trabajas un peso a nadie y vienes a exigir respeto...

LA MADRE - No sigan peleando que se les va a enfriar la comida.

LA HIJA - Ya no voy a comer, ya se me quitó el hambre.

10
LA MADRE - Pásame tu plato.

URRUTIA - Yo lo vi primero.

LA MADRE - Tu ya comiste.

URRUTIA - Llegaste tarde, como siempre, lo siento.

LA MADRE - No molestes que no ando de ánimo.

URRUTIA - Me das tu bistec, y compartimos.

LA MADRE - Saca tus sucias manos del plato si no quieres que te rompa la cara.

URRUTIA - Tranquila mujer, todo se puede negociar.

LA HIJA – Siempre compitiendo.

RAÚL – Siempre haciendo trampa.

URRUTIA - Tu te callas.

LA MADRE - Ella tiene razón... No hay trato.

URRUTIA - Que ingrata es esta perra vida... Uno trabaja como chino todo el día, ¿Y qué
recibe a cambio?... Puros malos tratos.

RAÚL - Mamón.

LA MADRE - No lo trates así... Un poquito de respeto.

LA HIJA – El respeto se gana.

RAÚL - El respeto no es gratuito.

LA MADRE - ¿Y esa cara? ¿Qué te pasa?

LA HIJA - Anda con la conciencia cochina.

LA MADRE - ¿Y eso?

LA HIJA - Algo habrá hecho.

RAÚL - Pregúntale.

LA MADRE - ¿Qué te pasa, viejo?

URRUTIA - Nada.

LA MADRE - Tienes cara de perro.

11
URRUTIA – Nada, dije.

LA MADRE – Si estas de malas pulgas, entonces después no reclames.

URRUTIA - Aprovechando que están todos, hay algo que tengo que contarles... Es sobre
la clínica. Vamos a tener que cerrarla.

LA HIJA - ¿Cómo?

LA MADRE - ¿Por qué?

URRUTIA - No hay plata...

RAÚL - Ya empezamos de nuevo.

URRUTIA - Hoy estuve revisando los balances de los últimos meses, y tenemos puros
números rojos...

LA MADRE – Pero esto es una tragedia.

RAÚL - No le creo.

LA HIJA - La vieja guatona tiene la culpa.

URRUTIA - No digas eso, ella no tiene la culpa.

LA HIJA - Claro que tiene la culpa. Tiene la culpa por ser guatona, y comerse todo, incluso
lo que no tenemos.

URRUTIA - Lávate la boca con sapolio, cabra maleducada.

LA MADRE - Ignórala, anda con la regla. ¿Me decías?

URRUTIA - Te decía que seguir recibiendo perros, solo significa aumentar una deuda que
se arrastra desde hace quién sabe cuánto tiempo

LA MADRE - Esto es una tragedia.

URRUTIA - Lo peor es que dentro de esta semana tenemos que agarrar nuestras cosas y
desalojar la casa.

RAÚL - ¿Desalojar?

LA HIJA - ¿Y los perros?

URRUTIA – Si no cancelamos la deuda se los van a llevar como parte de pago.

LA MADRE - Eso es más terrible aún.

12
URRUTIA - Dímelo a mi.

LA MADRE - Podrías tomar otras medidas. Digo, si aún quieres salvar tu negocio.

URRUTIA - Ayúdame, ya se me acabó la imaginación.

LA MADRE - Pero inventa algo, no sé... Reducción de personal, disminución de los


sueldos, reasignación de funciones, yo por ejemplo te podría ayudar a cuidar a los perritos,
y de paso los baño, les doy las pastillas, les doy de comer. Así, estaríamos los dos juntos
trabajando solitos... Tu, el veterinario, y yo, tu asistente. ¿Qué te parece?

URRUTIA - Terrible me parece.

LA MADRE - Podrías ser un poco menos pesado, agradece que intento ayudarte.

URRUTIA – Perdóname... Es que estoy cansado de que aquí no esté pasando nada.

LA HIJA - ¿Cómo que nada?

RAÚL - Pero jefe, don Milton Friedman va a venir hoy por la tarde a buscar a sus perros.

URRUTIA - ¿Qué?

RAÚL - Dejó una nota pegada en la puerta.

LA MADRE - Déjame verla.

RAÚL - Dice que debe irse de viaje, que es algo urgente, no puede dejarlo al cuidado de
nadie de su familia, por que su familia está llena de flojos, borrachos y delincuentes.

LA MADRE - Pobre hombre.

LA HIJA - ¿Y por qué dejó pegada una nota en la puerta?

URRUTIA – Él es un hombre muy ocupado. Un hombre que trabaja, y tiempo no le sobra.

RAÚL -También dice que lo necesita bañado, desparasitado, y circuncidado.

LA HIJA - ¿Un perro circuncidado?

LA MADRE - Un perro judío.

URRUTIA - No seas ofensiva.

LA MADRE - Pero de eso estamos hablando. De un perro judío. ¿O me equivoco?

URRUTIA - Estamos hablando de uno de los perros de Milton Friedman.

LA MADRE - ¿Y quién chucha es Milton Friedman?

13
LA HIJA - Un viejo con mucha plata.

RAÚL - Y muchos perros.

URRUTIA - Exacto.

RAÚL - Es nuestro mejor cliente, de hecho.

LA HIJA - Esto cambia mucho las cosas.

URRUTIA - ¿Están pensando lo mismo que yo?

LA MADRE - Quizás, pero nunca había escuchado de alguien que quisiera circuncidar a su
perro.

URRUTIA - Idiota... Es nuestra salvación. Ese perro es la única opción que tenemos.

RAÚL - ¿Cómo?

URRUTIA - El señor Friedman es un hombre de negocios, un emprendedor, un


inversionista. Un hombre de mundo con quien podríamos entablar ciertas relaciones
comerciales, llamémoslas, de cooperación.

RAÚL - ¿De cooperación?

LA HIJA - ¿Qué quieres? ¿Estafarlo?

URRUTIA - No se trata de estafarlo. No lo digas de esa forma... Él tiene muchos perros, y


muchos viajes que hacer. Y nosotros tenemos espacio y tiempo para cuidárselos.

LA MADRE - Eres brillante.

LA HIJA - En el fondo quieres sacarle plata de cualquier manera.

LA MADRE - Me gusta tu actitud... Tienes un espíritu emprendedor.

RAÚL - Pero Milton Friedman es nuestro mejor cliente.

LA HIJA - Es tu perro más fiel.

URRUTIA - Se trata de hacer negocios con él, no de matarlo.

LA HIJA - Tu lo quieres estafar. No me vengas con tu retórica de comerciante.

URRUTIA - Llámalo como quieras. Para discutir sobre sinónimos, no tengo tiempo.

LA HIJA - Tiempo, tiempo, tiempo... te vas a morir esperando, y nunca vas a disfrutar tu
vida.

LA MADRE – Lo que yo no entiendo es cuál es su perro.

14
LA HIJA - Yo tampoco sé...

URRUTIA - Tráeme su perro. Vamos a examinarlo ahora mismo... Mujer, trae mi caja de
herramientas.

RAÚL - Pero hay un problema, Urrutia.

URRUTIA - ¿Qué?...

RAÚL - El perro del señor Friedman, el perro que quiere llevarse en su viaje, se perdió.

URRUTIA - Imposible. ¿Cuándo se perdió?

RAÚL - La semana pasada.

LA HIJA - Desapareció.

URRUTIA - ¿Cómo que desapareció?

LA HIJA - Yo te lo dije, los perros desaparecen y a ti te da lo mismo. Pero tu no me haces


caso.

URRUTIA - Mentira. ¿Cuándo me lo dijiste?

LA HIJA - Recién, hace un rato...

URRUTIA - Que horror...

RAÚL - Una noche, cuando llegué a comenzar mi turno, ya no estaba.

URRUTIA - Ese perro era un perro de raza, muy fino, un perro que cuesta mucho dinero.
Pero no debe estar muy lejos. No ha tenido mucho tiempo para escapar... Ese perro era un
perro casero. Y los perros caseros no sobreviven a la calle. Se mueren de frío, de hambre.
No soportan la humedad, no se comen la basura, no se meten con los quiltros... Lo huelo,
debe estar cerca... Mujer, tráeme los perdigones.

LA MADRE - ¿Qué quieres hacer?

URRUTIA - Salvar mi negocio.

SE VA URRUTIA Y LA MADRE. QUEDAN RAÚL Y LA HIJA.

RAÚL - Está loco.

LA HIJA - Está enfermo.

RAÚL - El dinero lo enferma.

15
LA HIJA – Lo peor es que no va a encontrar más que gatos silvestres. Los perros en esta
ciudad desaparecen, y nadie dice nada... Algún psicópata debe andar suelto.

RAÚL - ¿Te gustan los gatos?...

LA HIJA – Prefiero a los perros... Antes odiaba a los gatos. Ahora les tengo lástima.

RAÚL - Tiene sentido.

LA HIJA - ¿Qué cosa?

RAÚL - Que no te gusten los gatos, y te gusten los perros. Supongo que es coherente.

LA HIJA - ¿Por qué?

RAÚL - ¿Has notado que la gente que tiene gatos es distinta a la que tiene perros? Es una
cosa de sensibilidad.

LA HIJA - ¿Soy insensible? ¿Eso quieres decir?

RAÚL - Yo creo que son tipos de personas distintas. Ninguna es mejor que la otra...
Incluso te podría decir quién tiene gatos y quién tiene perros.

LA HIJA – No seas cobarde. Responde mi pregunta.

RAÚL - Si tu crees que eres una persona insensible, te creo por que tu lo dices.

LA HIJA - ¿Tu me crees insensible?

RAÚL - Bastante canina, quizás.

LA HIJA - Siempre tan poco directo.

RAÚL - Yo creo que eres muy sensible... Espero creerlo.

LA HIJA - ¿Y qué animal eres tu?

RAÚL - No sé. Es que cuando era chico no tuve mascota... Mi padre domesticaba perros,
los preparaba para pelear. Vivimos mucho tiempo de la plata que ganaba de las apuestas.
En secreto, administraba un galpón que servía de apostadero clandestino. Mi madre en
cambio, nunca supo nada de eso. Tejía chalecos y los vendía a la orilla de la carretera.
Los que le sobraban, se los daba a los gatos de mis vecinos.

LA HIJA - El equilibrio perfecto en una sola persona.

RAÚL - No te burles. Aunque no lo creas, se siente como una especie vacío... En serio, es
verdad. Y eso, a veces me complicaba.

LA HIJA - ¿Por qué?

16
RAÚL - Por que todos mis compañeros en la escuela tenían alguien a quien pegarle: un
perro, un gato, un hermano, una nana...

LA HIJA - Y tu querías pegarle a alguien...

RAÚL - Si, pero nunca tuve nana, y quería demasiado a mi hermano para pegarle.

LA HIJA – Yo nunca le pegaría a mis perros. Los veo como mis hijos. De hecho, a mis
hijos podría pegarles porque son humanos, y en algún momento entenderían. Pero a mis
perros no.

RAÚL – Es que tu pasabas metida en la calle. Eras callejera como los quiltros. Por eso
amas a los perros, y ellos te aman a ti, y se te acercan, y te huelen.

LA HIJA - Si, puede ser... Es un tema de confianza... Hoy mismo estuve mucho rato
mirando como dormía uno de mis perros. Son muy tiernos.

RAÚL – Te vi. Le hacías cariño.

LA HIJA - Cuando era chica me gustaba Tin-Tin. Pero me di cuenta que era un francés
asqueroso, medio fascista, que compraba negros y los domesticaba como animales. Más
grande me gustó la Mafalda. Pero me di cuenta que era muy facha la pendeja, hija de un
jubilado lacaniano y peronista. Luego me gustó Condorito. Pero como buen chileno, era un
flaite sin oficio ni beneficio.

RAÚL – Solo creíste en los perros.

LA HIJA – De la gente aprendí muy rápido a desconfiar...

RAÚL - Me encanta que seas así.

LA HIJA - ¿Así como?

RAÚL - Como eres.

LA HIJA - Espera.

RAÚL - ¿De qué sirve esperar?... Acompáñame.

LA HIJA - ¿A dónde?

RAÚL - Da lo mismo, pero vámonos de acá. Créeme...

LA HIJA - No entiendo.

RAÚL - Es que no hay nada que entender. Te explico en el camino.

17
SALEN RAUL Y LA HIJA, SE VAN DEL ESCENARIO PARA SIEMPRE. LEJOS. MUY LEJOS.
OJALÁ PARA NUNCA REGRESAR. APARECE URRUTIA Y LA MADRE.

URRUTIA - Te dije clarito: perdigones.

LA MADRE – No me lo dijiste...

URRUTIA - Entiende que quiero adormecer a ese perro, no matarlo.

LA MADRE - Si, lo sé.

URRUTIA - Es que tu siempre lo sabes todo... Pero cuando hay que ser eficiente brillas
por tu ausencia...

LA MADRE - ¿Qué me quieres decir?

URRUTIA - Todavía no entiendo en qué estaba pensando cuando te dejé a cargo del local.

LA MADRE - No seas así.

URRUTIA - Ahora entiendo que no te puedo confiar nada. Me voy en viaje de negocios
durante un mes, te dejo a cargo de lo que me ha costado años de trabajo, sacrificio y
esfuerzo, y a ti pareciera que te da lo mismo.

LA MADRE - ¿Por qué me tratas tan mal?

URRUTIA - Por que tu estabas a cargo.

LA MADRE - No fue mi culpa, en serio.

URRUTIA - ¿Y de quién más sino?

LA MADRE - La culpa fue del peruano ese.

URRUTIA - ¿Qué?

LA MADRE - Él es el que se roba los perros.

URRUTIA - ¿Se roba los perros?

LA MADRE - No me digas que no lo sabías.

URRUTIA - Pero si en esta casa nadie me dice nada.

LA MADRE - Siempre te lo he dicho y tu nunca me escuchas.

URRUTIA - Pero ¿Cómo no me di cuenta?

18
LA MADRE - Cuando se queda solo, cuidando la clínica por la noche, le abre las puertas a
otros peruanos, sus amigos, sus familiares, peruanos tan ladrones como él que se los
llevan. Luego los matan, los filetean, los cocinan, y venden anticuchos a la salida del
metro, en esa calle junto a la catedral. ¿O acaso te extraña que en esta ciudad los perros
desaparezcan?

URRUTIA - Miserable. No guardes las balas... Pásamelas.

LA MADRE - ¿Qué quieres hacer?

URRUTIA - Salvar mi negocio.

URRUTIA SE VA EN BUSCA DEL PERUANO. TIENE SED DE VENGANZA. LA MADRE SE


QUEDA SOLA EN EL ESCENARIO. MONÓLOGO DE LA MADRE.

LA MADRE - No me miren así... Si todo es culpa de los peruanos. Ellos esperan que
nuestro país les regale algo de nuestra riqueza. Pero están equivocados. Ellos, que
venden comida en las calles, que venden películas piratas, que se meten en nuestras
casas, que ocupan nuestros puestos de trabajos, que se roban nuestras joyas, nuestros
equipos de música, nuestros televisores de plasma, están terriblemente equivocados... Me
duele que la gente decente tenga que vivir encerrada en sus casas, y los delincuentes
anden libres por las calles. Eso no es justo. Eso no es vida. Este país esta cada vez peor...
No puede ser que cada 16 segundos una persona inocente sea víctima de la delincuencia.
Y que cada 8 segundos un delincuente salga libre de la cárcel por falta de méritos... ¿En
qué país vivimos, por dios? Presiento que algo malo va a ocurrir... Lo huelo. Lo peor es
que vamos a terminar inundándonos de gente ordinaria. De gente mala clase. Arribistas a
los que la inteligencia no les alcanzaba para saber que su educación de escuela pública
marginal, solo les sirve para limpiar wateres, para recolectar basura, o terminar como
secretaria bilingüe en la oficina de algún empresario miserable, que por lo menos, si tuvo
una buena educación, por que si supo, que si quería ser una persona exitosa en la vida,
debía evitar meterse a estudiar a una escuela pública marginal... Ustedes entienden de lo
que hablo. Por que claro, ustedes son personas inteligentes que si pasaron por la
universidad.

APARECE URRUTIA.

URRUTIA - Si, ahora lo entiendo todo...

LA MADRE - ¿Qué pasa?

URRUTIA - ¿Cómo no me di cuenta antes?... Tu estás loca.

LA MADRE - Pero mi amor... ¿De dónde sacaste eso?

URRUTIA - No me digas mi amor...

19
LA MADRE - ¿De qué estás hablando?

URRUTIA - Te vi... Le estabas hablando a la pared. Estabas sola, como un dedo, y le


estabas hablando a alguien allá lejos, que tu cabeza inventó.

LA MADRE - Pero mi perrito, en esta sala no hay nadie más que tu y yo.

URRUTIA - No te acerques.

DE SÚBITO, APARECEN XIANG YU-LI Y JIANG QUING, LOS BOY SCOUTS.

URRUTIA - ¿Y ustedes?

XIANG YU-LI - Somos Boy Scouts y venimos en son de paz.

JIANG QUING - A veces vendemos chicles. Otras veces Súper 8. Hoy no venimos a eso.

XIANG YU-LI - Venimos con un encargo...

URRUTIA - ¿Un encargo?

JIANG QUING - Les traemos dos noticias.

LA MADRE - Partan por la noticia buena.

XIANG YU-LI - Les aclaro: no hay noticias buenas. Una noticia es mala y la otra noticia es
pésima.

JIANG QUING - Es sobre su hija.

LA MADRE - ¿Qué le pasó a mi hija?

XIANG YU-LI - Fue secuestrada...

LA MADRE - ¡¿Qué?!

XIANG YU-LI - Pero les escribió una carta. Acá la tienen.

LA MADRE - Esto es una tragedia.

URRUTIA - Mujer, no exageres

LA MADRE - Yo sabía que esto iba a pasar.

XIANG YU-LI - En la carta los secuestradores piden un pequeño botín por su rescate.

URRUTIA - No tenemos plata. Pidan lo que quieran, pero plata no.

20
LA MADRE - ¿Cómo que no tenemos plata?... Si, si tenemos. ¿Cuánto quieren?

URRUTIA - ¡Mujer!

LA MADRE - Esto es de vida o muerte. Trata de entender.

JIANG QUING - Son solo dos millones.

URRUTIA - Lo que me faltaba...

XIANG YU-LI - Tienen que depositar el dinero en esta cuenta.

LA MADRE -¿Dónde?

XIANG YU-LI - La otra noticia, la noticia pésima, es que el señor Milton Friedman nunca
llegará.

URRUTIA - ¿Cómo?

JIANG QUING - Esta mañana vinimos, y les dejamos una nota pegada en la puerta.
Queríamos saber si había alguien en la casa.

URRUTIA - Ustedes fueron...

JIANG QUING – Lo hacemos siempre, no se preocupen.

XIANG YU-LI – Ustedes no son los primeros en caer, en serio.

JIANG QUING – Queríamos saber quién vivía en esta casa.

URRUTIA - ¿Qué se han creído?

XIANG YU-LI - Nuestro problema es que cuando éramos chicos en nuestra casa nadie nos
pescaba. Ni el gato, ni el perro, ni la nana peruana que compramos cuando fuimos a
Machu Pichu.

JIANG QUING – Entonces nos pasábamos la tarde mirando tele, o jugando Play Station.

XIANG YU-LI - Entonces nos aburrimos de las películas porno, nos aburrimos de
pajearnos a escondidas pensando en nuestras compañeras de curso.

JIANG QUING - O en las minas ricas que bailan en la tele.

XIANG YU-LI – Hasta que alguien nos dijo...

JIANG QUING – “Hey, ustedes deberían hacer algo útil por la sociedad...”

XIANG YU-LI – Y acá estamos.

JIANG QUING - Crecimos creyendo que todo lo que nos decían, era cierto.

21
XIANG YU-LI - De alguna forma, aprendimos que ser boy scout era estar condenado a ser
un miserable.

JIANG QUING – Pero un miserable que tiene todas las opciones de ser alguien en la vida.

XIANG YU-LI – Alguien importante, claro.

JIANG QUING – No como la familia de uno, que está llena de flojos, borrachos y
delincuentes

XIANG YU-LI – Pero hay que aceptarlo... Uno no elige a la familia. Uno elige los amigos,
uno elige lo que come, pero la familia uno no la elige.

JIANG QUING - A uno la familia se la imponen.

XIANG YU-LI - No tuvimos infancia.

JIANG QUING – No quisimos tenerla.

XIANG YU-LI - Por eso estamos acá.

JIANG QUING - Para que sepan que en la vida todo tiene precio.

XIANG YU-LI – Para que sepan que en la vida, la felicidad cuesta caro.

JIANG QUING – Para que entiendan que si quieren triunfar tienen que tener agallas.

LOS BOY SCOUTS SE VAN PARA NO REGRESAR NUNCA MÁS.

URRUTIA - ¿Estas bien? Tienes cara de pena.

LA MADRE - No te rías de mi desgracia.

URRUTIA - No me río de nada. Solo te quiero ayudar.

LA MADRE - ¡Si quieres ayudarme, entonces sal a la calle y trae de vuelta a mi hija!

URRUTIA - No grites, mujer. Vas a despertar a los perros.

LA MADRE - La asaltaron, la violaron, la mataron, se la llevaron lejos, la subieron a un


auto, la metieron a una población callampa, llena de pobres, de peruanos y delincuentes.

URRUTIA - No digas eso, aún no podemos asegurar nada.

LA MADRE - Esos torrantes extranjeros negros cholos indios hediondos pasados a fritanga
y a cumbia se llevaron a mi hija... Estoy segura.

22
URRUTIA - Cállate, nadie te va a escuchar ¿Qué quieres? ¿Quieres que se haga justicia?
La justicia tarda y nunca llega, eso deberías saberlo.

LA MADRE - Pero él es peruano. La justicia debiera estar de mi parte.

URRUTIA – Te entiendo, pero deja

LA MADRE - Así no era el plan... No cambies las cosas.

URRUTIA - ¿Qué plan? No seas patuda. Nunca hubo un plan.

LA MADRE - Puta que eres poco profesional. No sé por qué confié en ti... Me lo dijeron, no
confíes nunca en un maldito judío circuncidado, son avaros y explotadores como los
chinos... Pero soy terca como una mula, y no escuché razones y confié en ti. Pero así no
se hacen las cosas, ya te lo dije, ya. No te aproveches del pánico, viejo sin vergüenza...

URRUTIA - No me toques. Tienes las manos cochinas.

LA MADRE - Te has pasado la vida preocupado por que nada nos falte, cosa que te
agradezco, pero ¿Alguna vez te has parado a pensar en mi como mujer? En lo que me
pasa, en lo que me afecta... Nunca.

URRUTIA - No pongas esa cara que te ves fea.

LA MADRE – Pero es la única que tengo.

URRUTIA - Entonces tranquilízate...

LA MADRE - ¿Cómo quieres que esté tranquila?... Se mató. Yo sé que se mató.

URRUTIA - ¿Quién te dijo que tu hija está muerta?

LA MADRE - Lo siento, acá en mi corazón. Es el sexto sentido que tenemos las mujeres
que somos madres... Mira, toca mi corazoncito y siente cómo palpita...

URRUTIA - Suéltame... No seas cochina.

LA MADRE - Manosea mi alma... Comparte conmigo el dolor de la muerte de tu hija.

URRUTIA - Esa pendeja no es mi hija... ¿Qué te pasa?

LA MADRE - El problema es que eres un mal padre. No te preocupas de tus hijos, ni de


sus problemas. Te mandas a cambiar durante meses, y crees que dejando un poco de tu
mugrosa plata puedes suplir tu ausencia.

URRUTIA - Me preocupo, de verdad.

LA MADRE - Si te preocuparas, deberías ponerte a llorar.

URRUTIA - Pero no quiero llorar.

23
LA MADRE - Claro que no quieres llorar. Por que eres un insensible... ¡Llora! ¡Llora! Esta
es una situación dramática...

URRUTIA – ¿Y acaso tengo que llorar?

LA MADRE - Demuestra que estás sufriendo por no saber dónde está tu hija.

URRUTIA - Tu hija se fue con el peruano ese. Ahora debe estar revolcándose en un
colchón lleno de pulgas y garrapatas en el cité en el que vive ¿Tanto te cuesta entender
eso?

LA MADRE - Lo entiendo... y por que lo entiendo, lo siento. Y si lo siento, lloro.

URRUTIA - A veces te pones tan sobre actuada.

LA MADRE - Mira, mis lágrimas son de verdad.

URRUTIA - Déjate de hacer teatro. Si sigues en la misma tecla, te voy a mandar lejos de
mi vista.

LA MADRE - ¿Me estas amenazando?

URRUTIA - No seas ridícula.

LA MADRE - ¿Qué me vas a hacer? ¿Me vas a pegar, como siempre me pegas cuando te
enojas?

URRUTIA - Mentira. Nunca te he pegado. Nunca te he tocado ni siquiera un pelo.

LA MADRE - Exacto... Ese es el problema. Tu ni siquiera me tocas un pelo. Y lo que yo


quiero es que alguna vez en tu vida me trates con violencia, quiero que me pegues un par
de cachuchazos, que me zamarrées y me tires contra la pared, que me amarres al catre y
que me hagas mierda...

URRUTIA - Déjate de hablar así. Mírate... A veces me das asco.

LA MADRE - Pégame en el culo, tírame el pelo, ponme corriente, grítame te odio gorda
cochina, dame un latigazo, hazme sentir como un animal alguna vez en tu vida.

URRUTIA - ¿No te da vergüenza ponerte así? Estas haciendo el ridículo.

LA MADRE - Vergüenza me da saber que tengo un esposo que no me ama como lo amo
yo... Me tortura tu indiferencia.

URRUTIA - Estás loca.

LA MADRE - Eso es lo único que sabes decir. Tu, mujer estas loca, loca, loca. Pero tu te
casaste con una loca, así que debes estar más loco que cualquiera.

24
URRUTIA - ¿Sabes qué? Ya me aburrí de tus gritos. Me duele la cabeza. Nos vamos a
sentar aquí, y vamos a esperar a que el mundo se arregle ¿Te parece?...

LA MADRE - ...

URRUTIA - No quiero seguir hablando, me dio hambre.

LA MADRE - A mí también me dio hambre, ¿te hago un sanguchito?

URRUTIA - Aléjate, mujer... Me tienes cansado. ¿En qué idioma quieres que te lo diga? No
me toques, no me hables, no me mires, ni si quiera respires en mi presencia. Me agota
que no entiendas que nuestra relación es de carácter profesional. Es una relación de
trabajo. Entiende. ¡Una relación de trabajo! Me das lástima. Escúchame una cosa, y esto
no te lo voy a repetir, así que grábatelo en la cabeza: cuando estemos en la misma pieza,
trata de no dirigirme la palabra. Mucho tiempo he tenido que dormir con la puerta de mi
pieza cerrada con llave para que no entres.

LA MADRE - ¿Jamón-queso?

URRUTIA - Bueno... ¿En qué estábamos?

LA MADRE - En lo del trabajo.

VUELVE RAÚL, SOLO.

URRUTIA - ¿Y tu?

LA MADRE - ¿Pensé que ya te había agarrado la PDI?

RAÚL - No. Vengo a buscar mis cosas.

URRUTIA - ¿Tus cosas?... Nada de lo que hay aquí te pertenece.

LA MADRE - ¿Dónde tienes a mi hija?

RAÚL - Su hija está bien, señora. Cálmese.

LA MADRE - Nada que cálmese aquí. O me dices dónde tienes a mi hija, o te reviento los
sesos.

RAÚL - Su hija está viviendo conmigo, en el cité en el que vivo.

LA MADRE - Lo sabía.

URRUTIA - Te lo dije.

LA MADRE - Ojalá te pudras en la cárcel. Sucio inmigrante ilegal...

25
RAÚL - ¿Qué me van a hacer? ¿Me van a torturar? ¿Me van a desaparecer? ¿Me van a
enterrar en una cuesta? ¿Me van a tirar al mar?

URRUTIA - Aléjate de mi hija. Te lo advierto.

LA MADRE - Ustedes no pueden estar juntos.

RAÚL - ¿Y por qué no?

URRUTIA – Por que tu deberías estar en la cárcel.

RAÚL – Pero la cárcel es para los malos. Y en esta historia, nosotros somos los buenos.
Disculpen, pero nosotros solo queremos disfrutar de nuestro amor en libertad.

LA MADRE - ¿Amor? Lo que hay entre ustedes no es amor. Es pura calentura entre
pendejos que creen tener conciencia de clase.

RAÚL - Quizás... Por lo menos así tendríamos más cosas en común que ustedes... estar
de rodillas, sudando sangre, llorando de nerviosismo y, cagándote los pantalones de
miedo de encontrarte con la muerte, y de repente ver que sales por la tele, que tu hazaña
anti-imperialista es transmitida por CNN, caer de rodillas y levantar los brazos en señal de
victoria. Pero de repente, cerrar los ojos y sentir el revolver frío que te rompe la sien. Ahí,
te ves pidiendo clemencia, encañonado al piso con la fe ciega de que algún día mi muerte
abrirá el sendero luminoso para la libertad de mi alma, de mi conciencia trascendente.
Arriba las manos, japoneses de mierda. Miserables cerdos proto-burgueses, que levante la
mano el dueño del Toyota blanco que está mal estacionado a la entrada. Tú, chino imbécil,
aprende que acá en América Latina el conductor del auto va siempre a la izquierda. ¡A la
izquierda! Baja la cabeza amarillo idiota, no me mires de esa forma, abre los ojos si
quieres que te tenga respeto. Ustedes pueden haber inventado el trabajo, pero nosotros
inventamos la flojera, inventamos el sacar la vuelta. ¿No te parece que eso basta para que
me tengas respeto? No lloren, no mojen sus pantalones. Sepan que ustedes no nos
importan, nos importa el japonés que se cree nuestro presidente. Él es nuestro objetivo...
En esa época, luchamos, incluso matamos por nuestra libertad. Muchos de mis amigos,
murieron por ganarla. Otros tuvimos más suerte, y escapamos por que nunca hemos sido
muy valientes. Pero los que pusieron su pecho, los que miraron la muerte a la cara, esos
ahora ya no están acá... Para nosotros los cobardes, todo eso es un gran problema...

LA MADRE - Dile que se vaya, dile que se aleje de nuestra hija.

URRUTIA – Yo ya no puedo. Dile tu.

LA MADRE - No tolero tanta intolerancia en un mismo lugar.

URRUTIA – Perdóname, pero no aguanto más...

LA MADRE – Esto es una tragedia.

LA MADRE SE VA PARA SIEMPRE. QUIERE TERMINAR CON SU VIDA.

26
URRUTIA – Ándate, por favor...

RAÚL - Miedo, lo que tu sientes es miedo. Pero tranquilo, que el miedo no existe. Todo es
culpa de tu cabeza... Si crees en la psicología entonces púdrete con tus manuales para
entender a Freud, pero a mi no me hables de psicología.

URRUTIA – Esta bien. Lo entiendo... Si no te vas tu, me voy yo... Permiso.

RAÚL – Tranquilo. Esta es tu casa. El que se va, soy yo.

RAÚL SE VA. PERO NO.

URRUTIA - Antes que te vayas, quería decirte algo... Quería decirte que tienes un
hermano. Nunca te lo había dicho por que nunca me habías dejado decírtelo, que se llama
Choy-Lee Fun, y que trabaja haciendo zapatillas Nike junto a un millón de niños en una
fábrica al sur de Tailandia. Mira... Acá tengo una foto suya... ese puntito que sale ahí, es
él. ¿Viste que se parece a ti? Es igualito a ti. Aunque no me creas...

RAÚL – No, no, no… Es imposible...

URRUTIA - Claro que es imposible. Él es muy diferente a ti. Él por lo menos trabaja. A
diferencia de tu y tu hermana, él sabe lo que es el sacrificio, y la dignidad de ganarse su
propia plata. No es un acomodado como tu. No es un hijito de papá como tu.

RAÚL - Cállate, judío de mierda. Límpiate el poto con tus mugrosos dólares llenos de
sangre. Anda a esconderte a tu embajada, antes que te meta tu misil de triple alcance por
el culo. Hitler se equivocó con matar a un puro millón de judíos. Hitler los debió matar a
todos... ¿Qué me miras con esa cara de rabino torturado? Si tanto te interesa el dinero,
entonces cómprate una fábrica de jabones. Quizás así recordarás que algún día tuviste
una familia…

URRUTIA – Una fábrica de jabones...

RAÚL - Si alguna vez hubieras leído El Principito te darías cuenta que la vida es mucho
más simple de cómo la pintan ustedes, malditos cerdos capitalistas.

URRUTIA - No me trates así.

RAÚL - Te trato como te mereces. ¿Por qué tendría que tener un trato especial contigo?

URRUTIA - Por que soy tu padre.

RAÚL - Mentira

URRUTIA - Si, es mentira... O sea, bien podría ser mentira, pero bien podría ser verdad,
¿Sabes por qué?

27
RAÚL - ¿Por qué?

URRUTIA - Por que nunca nadie nos dijo que las mujeres en el Perú, eran igual de
maracas que en Chile.

RAÚL - ¿A qué te refieres?

URRUTIA - Tranquilo, hijo...

RAÚL - Yo no soy tu hijo. No me digas hijo... Yo soy joven. Tengo un futuro por delante.
Pero tu no. Tú eres un viejo de mierda.

URRUTIA – Si, puede ser.

RAÚL - Claro que puede ser... En un par de años vamos a tener que ponerte pañales para
que no termines cagándote los pantalones.

URRUTIA - Tu sabes que no es así...

RAÚL - Te vamos a encerrar en un asilo hasta que te mueras, hasta que te pudras de
viejo, mientras nosotros afuera disfrutamos de nuestra libertad...

URRUTIA - Ustedes los jóvenes, no saben valorar la libertad. Ustedes le perdieron el


sentido a la libertad, el día que le perdieron el sentido a la palabra trabajo.

RAÚL - ¿Lo dices porque no trabajo? Si, es verdad, no trabajo. Y por eso mismo soy más
libre que cualquiera de ustedes.

URRUTIA – Mentira... El problema es que ustedes creen que todo lo que tienen se lo
merecen por que la vida les debía algo. Por que fueron criados creyendo que la libertad
venía de regalo debajo de una tapa de yogurt. Venía de vale otro en un palo de helado...
Pero no. Las cosas hay que ganárselas. Hay que resignarse y asumir que si uno no llora,
no mama... Eso se llama trabajo. Y el trabajo dignifica al hombre. Anótalo para que no se
te olvide.

RAÚL - ¿Con qué cara me hablas de trabajo, viejo inútil? Agradece que soy un buen hijo y
te llevo a un lugar para que pases bien los últimos días de tu vida. Otros hijos no hacen
eso. Otros hijos encierran a sus padres, les ponen candado a la puerta y nos los dejan salir
hasta que mueren. Pero tu no. Tu podrás salir. Te regalo la oportunidad de seguir bailando
canciones pasadas de moda, seguir jugando dominó, recordando tus amores de juventud,
pensando en lo bello que eran esos años en los que aun se te paraba, viejo caliente.
Agradece que aún te tengo un poco de cariño. Sino hace mucho rato que te habría tirado a
la basura.

URRUTIA - Tienes razón. Soy un viejo miserable. No valgo nada... Hijo. Gracias por ser
bueno conmigo.

RAÚL – Te tengo un regalo. Mira. Es un libro. Se lo tenía a la gorda de mi madre, pero


como se enfermó y se murió, no me sirve de nada tenerlo. Se llama “El Caballero de la

28
Armadura Oxidada”. Te va a servir para que entiendas lo que es la vida, y lo duro que es
sobreponerse a ella.

APARECE LA HIJA.

URRUTIA - Creo que me tengo que ir. Ustedes tienen mucho que conversar.

RAÚL - Espero que hayas aprendido la lección, y no vuelvas más.

URRUTIA – Dalo por hecho.

URRUTIA SE VA A PARA SIEMPRE DEL ESCENARIO. SE PASARÁ EL RESTO DE SUS


DÍAS LEYENDO. LA QUE SIGUE ES UNA ESCENA DE AMOR VIOLENTO.

LA HIJA - ¿Por qué volviste?

RAÚL – Quería caminar un rato...

LA HIJA - ¿Crees que soy tonta? ¿Cuál es el problema?

RAÚL - El problema son los perros.

LA HIJA - No culpes a los perros. Ellos no piensan, ellos no hablan, ellos no sienten, ellos
no viven, ellos no existen.

RAÚL - Mi problema eres tú...

LA HIJA – Tu problema es que no entiendes nada…

RAÚL - No te vayas, por favor… Te amo.

LA HIJA - No me digas eso. No ahora...

RAÚL - Perdóname. Te lo ruego... Olvidémonos de todo y empecemos de nuevo. Todo


puede ser más simple. Déjame cantarte canciones de Silvio, déjame leerte el capítulo 7 de
Rayuela, vamos al Normandie, y veamos una película Argentina, déjame llevarte al parque
forestal y tomémonos un helado, déjame sacarte fotos en pelota y déjame colgarlas en mi
pieza para que mis amigos las vean y se mueran de envidia, y se terminen pajeando
contigo...

LA HIJA - Levántate, que das pena.

RAÚL – ¿Tu crees?

LA HIJA - Deja de llorar. Este no es el lugar para llorar.

29
RAÚL – ¿Y si no es aquí frente a ti, dónde?

LA HIJA - No sé... Ya es demasiado tarde.

RAÚL – Perdóname... Pero ya no quiero que me trates mal. Quiero que me digas cosas
lindas. Quiero decir te quiero, y no tener vergüenza. Quiero dormir contigo, quiero tocarte
con fuerza pero con cariño, y perderme en tu cuello. Pasearme por ti como si fueras una
sábana blanca. Estoy cansado de esta sensación de mierda de tener enemigos en todas
partes. De creer que cruzando la calle me van a fusilar. Aunque no lo creas, tengo miedo.
Ahorita mismo me gustaría darte un beso, pero sé que antes me vas a rechazar... Soy un
mamón. Lo acepto. Y no me lo repitas que no quiero volver a escucharlo.

MILTON FRIEDMAN FINALMENTE NUNCA LLEGÓ. OLVIDÓ A SU PERRO, COMO LOS


POBRES LO OLVIDARON A ÉL. AHORA VA EN UN AVIÓN RUMBO A TAILANDIA.

MILTON FRIEDMAN - Estoy en un avión rumbo a Tailandia. Boeing 735, American


Airlines. Voy rumbo a dar una conferencia sobre los sistemas educativos en las economías
del tercer mundo. La azafata está bien rica, debe ser china, o japonesa, o coreana, o
tailandesa, y hace rato que se pasea con una mini que deja ver como le caen sus piernas
amarillas, y a veces cuando se pasea con la bandejita de almuerzos, me pone el culo en la
cara, y lo hace a propósito, yo sé que lo hace a propósito, y se pone delante mío, y se
mueve caliente, y debe creer que yo no vi que me miraba, pero yo también la miro, y me
mira de reojo con cara de caliente, con cara de vámonos al baño, cerremos con pestillo. Y
si me la encuentro cerca me la tiro, la agarro bien fuerte y la zamarreo un rato, le pego un
par de cachuchazos y le digo que yo soy el hombre aquí, que pagué mi pasaje, que
conozco mis derechos, que el cliente siempre tiene la razón, y me da lo mismo que diga
que vamos muy rápido que ese no es mi problema, que mi problema es que no
avancemos. Cuando niño era boy-scout. Era el líder de mi cuadrilla, organizaba los juegos,
dirigía los entrenamientos, cobraba las cuentas. A punta de peñiscones y patadas en el
culo gané el respeto que nunca antes me quisieron dar. Aprendí los principios que nos
deben regir para ser un buen ciudadano. Pude conocer la naturaleza, dominarla, y sacar
provecho de ella. Así que no me vengan a decir qué es lo que debo hacer, que mi éxito en
la vida es la clave para entender que lo que estoy haciendo es lo correcto. Mi familia nunca
lo entendió así. Vivíamos en época de guerra, es cierto. No salgas de la casa que te van a
matar. Te van a desaparecer. Te van a torturar. Te van a rajar entero, te van enterrar en
una cuesta, te van a tirar al mar. No salgas de la casa que es mucho más seguro quedarse
en la casa... Tomando tecito, comiendo pancito, una lechecita con chocapic... Te traje algo
rico para la once, mi amor. Quédate conmigo viendo la tele, no hagas que me enoje, no
hagas que me den ganas de sacarte la mierda.

FIN.

Mayo - Agosto 2010.

30