Está en la página 1de 7

INTRODUCCIÓN

La primera parte es una introducción temática y una descripción general


de la distribución y desarrollo de las universidades en la época medieval;
incorpora una serie de mapas donde se sitúan geográficamente las universidades
de la época, indicándose su fecha de creación. La segunda es una descripción de
la estructura de la universidad en su doble vertiente de relación con la autoridad
externa y de organización interna de sus recursos. En la tercera parte se aborda
una de las principales tareas encomendadas a la universidad: la formación del
estudiante en los conocimientos científicos y humanísticos. Finalmente, en la
cuarta parte, se hace un repaso de las actividades intelectuales que se desarrollan
en las facultades medievales y que tienen como objetivo llevar a cabo el fin
último de la universidad: la validación, renovación y expansión del conocimiento
humano mediante el uso del método crítico.

La Universidad medieval es parte y expresión de su entorno social y


político. En la primera parte del libro se presenta el entorno europeo que propicia
su aparición en los siglos XII y XIII el cual viene determinado por los agentes
sociales de la época: la iglesia, la corona, la municipalidad, los eruditos y los
estudiantes, cada uno de ellos con unas expectativas diferentes respecto de la
nueva institución.

El impulso a la creación de la nueva institución viene dado por las


particulares circunstancias económicas, políticas y sociales que se daban en
ciertas ciudades europeas (fundamentalmente de Francia e Italia) a principios de
la Edad Media. Se caracterizaban por un grado importante de desarrollo
económico y social derivados del florecimiento del comercio y de las rutas de
transporte. Así, todo parece indicar que las dos primeras universidades europeas
son Bolonia (entre 1180-90) y París (1208).
STUDIA GENERALIA. UNIVERSIDAD DE PARIS, BOLONIA,
OXFORD, CAMBRIDGE, SALERMO, MONTPELLIER, CAIMBRA,
SALAMANCA.

En su origen, las facultades fueron herederas de la antigua tradición de las


escuelas que ya existían en las ciudades donde se implantaban (el caso de la larga
tradición de las escuelas de derecho en Bolonia). Este hecho determinó que las
disciplinas que se empezaron a impartir no fueran aquellas que pudieran
derivarse de las necesidades sociales de la época (arquitectura, ciencias
aplicadas), sino las tradicionalmente relacionadas con "el bien público" (artes,
medicina, leyes y teología).

Antes de 1300 había dieciocho studia generalia de los cuales unos quince
estaban funcionando activamente en esta fecha. Algunos de ellos habían atraído a
miles de estudiantes de muy variado origen, y continuarían siendo las grandes
universidades hasta el fin de la Edad Media: Bolonia, París, Montpellier, Oxford,
Padua, Salamanca, Cambridge. Aunque en esta época las universidades eran
pocas ya se habían convertido en instituciones importantes en la vida cultural
europea, lugares centrales de producción y difusión de ideas, centros de poder
intelectual donde se preparaban las elites eclesiásticas o civiles del momento.

La creación de la universidad supone la adopción de un esquema y de un


método pedagógico. Como esquema se adopta el de studium generale, institución
de educación superior que debe su estatus a una autoridad de carácter universal
(en general el papa y en menor medida el emperador). Era frecuente, sin
embargo, la utilización del término universitas con el que en la Edad Media se
designaba a corporaciones de diversos tipos y que en este caso, hacía referencia a
la particular organización que formaban profesores y estudiantes. En cuanto al
método, las universidades europeas medievales son seguidoras de la pedagogía
escolástica, legado de las concepciones pedagógicas de las escuelas del siglo XII.

A pesar de la uniformidad con la que, aparentemente, nacen las


universidades en la Edad Media, se advierte ya en ese momento una cierta
diversidad entre ellas derivada, entre otros factores, de la fecha de
establecimiento de cada una, de las condiciones de fundación o del sistema
político y económico de la ciudad donde se implantan.

Además de las universidades de Bolonia y París ya citadas, entre 1200 y


1250 existían alrededor de una veintena de universidades en Europa: Vicenza,
Oxford, Montpellier, Cambridge, Arezzo, Padua, Nápoles, Vercelli, Toulouse,
Orleans, Siena, y Angers. Respecto de los studia de Salerno, Reggio y Piacenza
no existe consenso en cuanto a su consideración como universidad.

Entre finales del siglo XIII y mediados del XIV aparecen universidades
como Lisboa, Avignon, Roma, Perugia, Coimbra, Treviso, Cahors, Grenoble,
Verona (cuestionada como universidad), Pisa, Praga, Florencia y Perpignan;
entre 1350 y 1450 se establecen Pavía, Cracovia, Orange, Viena, Pécs, Lucca
(cuestionado su estatus), Erfurt, Heidelberg, Colonia, Ferrara, Buda, Würzburg,
Turín, Leipzig, Aix-en-Provence, St. Andrews, Parma (cuestionado su estatus),
Rostock, Dole, Lovaina, Poitiers, Caen, Burdeos y Catania.

De entre 1450 y 1500 datan las universidades de Glasgow, Valence,


Tréveris, Griefswald, Friburgo de Brisgovia, Basilea, Nantes, Bourges, Pozsony,
Venecia, Génova, Copenhague, Maguncia, Tubinga, Uppsala, Aberdeen y
Frankfurt-del-Oder.

Por lo que respecta a las universidades españolas, la primera que figura


por orden cronológico es la de Salamanca (1218-19). Con fecha 1208 aparece el
studium de Palencia pero su estatus de universidad está cuestionado; dicho centro
desapareció alrededor de 1250. En este mismo caso se encuentra la Universidad
de Sevilla (1254-60) desaparecida en 1270.

La siguiente universidad española reconocida como tal es la Universidad


de Valladolid (finales del siglo XIII) a la que seguirá Lleida en el 1300. A
mediados del siglo XIV aparece la Universidad de Huesca (1354) desaparecida
en la primera mitad del siglo XV y restablecida en 1464. Casi un siglo después,
aparecen las universidades de Girona (1446), no reconocida así hasta el siglo
XVI, y la de Barcelona (1450). Ya en el último cuarto del siglo XV se establecen
los centros de Zaragoza (1474), Palma de Mallorca (1483), Sigüenza (1489),
Alcalá de Henares (1499) y Valencia (1500).

En cuanto a las relaciones con la autoridad de la época, éstas vienen


determinadas fundamentalmente por la hegemonía del poder de la Iglesia,
derivado del papel preponderante que en aquel momento había asumido el
papado y la jerarquía eclesiástica en Europa. Esta relación se mantendrá hasta
que progresivamente, se de paso a la intervención de las autoridades seculares, ya
en el siglo XIV. De esta manera, el esquema de studium generale irá dando lugar
a otro tipo de institución más cercana a los soberanos y a las autoridades
seculares hasta convertirse en escuelas para la élite intelectual y las clases
dominantes de los estados a los que pertenecían.

El análisis de la estructura interna de la universidad de la época se centra,


en primer lugar, en el papel de las diferentes instancias de poder que ejercen la
toma de decisiones en la universidad medieval (rector, consejeros,) y en segundo
lugar, en la administración de los recursos internos integrados,
fundamentalmente, por los recursos financieros, las infraestructuras y los
profesores.

Se distingue entre dos tipos de recursos financieros: los propios,


procedentes de los estudiantes, y los externos que provienen de agentes diversos
como la iglesia, la municipalidad, el rey, o las donaciones de particulares.

En cuanto a las infraestructuras, su dotación viene determinada por el


crecimiento de la población estudiantil y de las necesidades derivadas. En sus
inicios, la universidad utilizaba edificios religiosos de titularidad pública para
impartir la docencia. Progresivamente pasará a adquirir sus propios edificios no
sólo para crear aulas sino para cubrir otras necesidades como, por ejemplo,
bibliotecas o colegios universitarios. Estos últimos fueron, en su origen,
fundaciones piadosas para alojar estudiantes con pocos medios, pero poco a poco
evolucionaron de manera que a finales del siglo XIV se habían convertido en
instituciones privilegiadas que reunían unas excelentes condiciones para el
estudio.

Los profesores, eran un colectivo integrado por los miembros ordinarios y


los extraordinarios. La distinción obedece al carácter de las materias que
impartían unos y otros; los ordinarios impartían aquellas que se consideraban
fundamentales o esenciales y que, por tanto, se enseñaban ordinariamente; por el
contrario, existía un colectivo de profesores extraordinarios que cubrían la
docencia de materias que se ofrecían de forma extraordinaria.

En esta caracterización del estudiante medieval es importante mencionar


el factor movilidad, importante en ese momento a causa de la fascinación que
ejercen los viajes en una parte de la sociedad medieval. No obstante la movilidad
se fue debilitando a medida que se extendieron los centros universitarios por toda
Europa.

Por último, en la parte cuarta se realiza un recorrido por las facultades


medievales: la facultad de Artes, la facultad de Medicina, la facultad de Leyes y
la facultad de Teología.

La facultad de Artes recogía la tradición que ya desde la antigüedad


dividía las Artes en las tres disciplinas verbales de gramática, retórica y lógica
(trivium) y las cuatro disciplinas matemáticas de aritmética, geometría,
astronomía y música (quadrivium).

La facultad de Medicina proporcionó un tipo de formación profesional e


intelectual que propició una nueva elite médica vinculada fundamentalmente al
desarrollo económico, demográfico y urbano de la Europa occidental en los
siglos XII y XIII. Sin duda el entorno religioso que presidía la sociedad de la
Edad Media no facilitaba precisamente la expansión de la ciencia médica que se
enfrentaba en ocasiones con métodos tradicionales de curación o incluso con
intervenciones milagrosas.
El estudio de las Leyes cuenta con su primera facultad en Bolonia la cual
marcará la pauta del resto de facultades de Leyes que aparecen en la época,
fundamentalmente en Italia y en Francia. De manera general, el único derecho
que se impartía en las universidades medievales europeas era el derecho romano
canónico que era considerado como el que capacitaba adecuadamente a los
juristas para interpretar adecuadamente cualquier otro sistema legal de un reino
dado, iglesia local u otra comunidad. Los textos que apoyaban la enseñanza del
derecho eran textos romanos clásicos.
CONCLUSIÓN

Una vez examinados sus orígenes y teniendo en cuenta su posterior


evolución, la Universidad es considerada la institución europea por excelencia.
Como se ha visto, en su concepción de comunidad de profesores y estudiantes
dotados de autonomía administrativa, libertad de cátedra y con potestad para
emitir títulos reconocidos públicamente, es una creación de la Europa Medieval,
la Europa de la Cristiandad papal. Es la única institución europea que ha
mantenido e incluso aumentado sus funciones en la sociedad a través de la
difusión por todo el mundo de los conocimientos y disciplinas que en ella se han
ido originando.

Socialmente, ha desarrollado ciertas funciones comunes para todas las


sociedades europeas como el desarrollo y transmisión del conocimiento científico
y humanístico así como los métodos para su análisis y estudio. Además, ha
contribuido a crear una elite académica que, en cuanto a valores, bebe de la
fuente común europea y que traspasa las fronteras nacionales.

Sin duda una obra como ésta contribuye a conocer, de manera rigurosa, la
evolución de la institución universitaria desde sus orígenes, como studium
generale, hasta su configuración actual como centro de excelencia en docencia e
investigación. El principal interés del libro radica en la descripción de las
estructuras universitarias y de su configuración interna y de cómo éstas han
evolucionado a lo largo de las diferentes etapas históricas hasta conseguir su
adaptación a las nuevas realidades. Dicha evolución nos ofrece, por tanto,
elementos de reflexión en torno a uno de los debates reiterados en el seno de la
institución universitaria como es su capacidad de adaptación a la sociedad y a los
cambios que en ella acaecen.