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CENTRE D'ESTUDIS TEOLÒGICS DE CATALUNYA.

- CURSO 2010-2011

ASIGNATURA: PNEUMATOLOGÍA.- PROFESOR: DIEGO MARTÍNEZ

INTRODUCCIÓN

Pertinencia del tema hoy

1. LA PALABRA “ESPÍRITU”.
Hebreo: Ruaj.
Griego: Pneuma (de ahí “pneumatología”)
Espíritu, Espíritu de Dios, Espíritu de Cristo, Espíritu Santo.
Espíritu Santo y Trinidad.

2. EL ESPÍRITU EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.


2.1. El Espíritu y la Creación.
2.2. El Espíritu y La Ley (Torá).
2.3. El Espíritu y los Jueces.
2.4. El Espíritu y los Profetas.
2.5. El Espíritu y los Sabios.
2.6. El Espíritu y el Mesías.
2.7. El Espíritu en la plenitud futura.
2.8. A modo de conclusión.

3. EL ESPÍRITU EN EL NUEVO TESTAMENTO.


3.1. El Espíritu de Jesús.
3.2. El Espíritu y Jesús.
3.3. El Espíritu y la Iglesia.
3.4. El Espíritu y la Misión.
3.5. El Espíritu en el individuo (creyente).
3.6. El Espíritu y la Nueva Creación.
3.7. El Espíritu y la Unidad de la Iglesia.
3.8. A modo de conclusión.

4. EL ESPÍRITU SANTO EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA.


4.1. El Espíritu “invasor” frente al Espíritu “domesticado”: dos extremos.
4.2. Grupos carismáticos o “exaltados” en la historia: breve mención.
4.3. La Iglesia tradicional: respuesta a dichos grupos.
4.4. A modo de conclusión.

5. EL MOVIMIENTO “CARISMÁTICO” MODERNO.

6. EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO, ¿QUÉ ES?

7. LA PLENITUD DEL ESPÍRITU SANTO, ¿QUÉ ES?

8. LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO.

9. EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO.


10. CONCLUSIÓN.
INTRODUCCIÓN

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1. Bibliografía básica utilizada.
Diccionarios:
E. Jenni y C. Westermann, Diccionario Teológico Manual del A.T., 2 Vol., Cristiandad,
Madrid, 1985.
L. Coenen, E. Beyreuther, H. Bietenhard, Diccionario Teológico del NT., 4 Vol., Sígueme,
Salamanca, 1980.
H. Balz y G. Schneider, Diccionario Exegético del NT., 2 Vol., Sígueme, Salamanca, 1998.
Monográficos:
E. Schweizer, El Espíritu Santo, Sígueme, Salamanca, 1984.
M. Green, Creo en el Espíritu Santo, Caribe, Miami, Fla., E.E.U.U., 1977.
W. E. Ward, ¿Quién es el Espíritu Santo?, Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Tx,
1988.
Yves M. - J. Congar, El Espíritu Santo, Herder, Barcelona, 1991.

2. Pertinencia del tema hoy.

1. Cuando hablamos de “espiritual”, “espirituales”, hoy en día siempre asociamos el


contenido de estas palabras -y, por lo tanto, al espíritu- con algo propio de la mente, del
alma, etc., pero que nada tiene que ver con lo material, ni siquiera con la vida humana en
general. Hablamos de que hemos tenido una “experiencia espiritual” y parece que nos
hayamos evadido, de alguna forma, de todo lo que implica materialidad, carnalidad,
corporeidad... Necesitamos recuperar la dignidad de nuestra propia humanidad, incluidas
las limitaciones propias de nuestra corporeidad y reconocer que el Espíritu Santo sólo puede
hacer Su Obra en nosotros y a través de nosotros utilizándonos como lo que somos, tal y
como Dios nos creó: seres físicos que nos distinguió con la vida insuflada por Su propio
soplo (hálito vital, espíritu).

2. Los movimientos de renovación y carismáticos que surgieron durante el pasado siglo,


tanto en el campo evangélico como en el católico, con su fuerte énfasis en el poder del E.S.,
en los milagros y en los dones, especialmente el de Lenguas; han producido fuertes debates
y, en no pocas ocasiones, problemas en el seno de las iglesias y entre los propios creyentes.
Los libros escritos sobre el tema y derivados se pueden contar por centenares, aunque la
mayoría con objetivos polémicos en uno u otro sentido. También los escritos teológicos más
eruditos han abordado nuevamente el tema del E.S., tanto desde la perspectiva bíblico-
teológica, como de la doctrina tradicional del Iglesia.

3. Una reflexión serena, bíblica y equilibrada puede aportar nuevos elementos y crear
nuevas actitudes que nos lleven a desear y, quizás, conseguir, una nueva visión, no tan
polarizada, de la Obra del E.S. con miras a la unidad y edificación de la Iglesia de Cristo.
Esta sería una aspiración loable para todos los que sigamos este curso.

1. LA PALABRA “ESPÍRITU”.

1.1 Tanto el témino hebreo “Ruaj”1 , como el griego “Pneuma”2, son los usuales para
referirse al E.S. en el Antiguo y Nuevo Testamento y su significado es prácticamente el

1 Para un estudio filológico y semántico de ruaj, así como su uso y evolución en las distintas tradiciones redaccionales
y en los libros del A.T. puede verse Jenni y Westermann, Diccionario Teológico Manual del A.T., Vol. II, col.914-
947.
2 Para pneuma puede verse H. Balz – G. Schneider, Diccionario Exegético del NT.,Vol. II, Col. 1022-1039 y Coenen-
Beyreuther-Bietenhard, Diccionario Teológico del NT., Vol.II, pp. 136-146.
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mismo: viento, aliento y espíritu. Generalmente no es algo que pertenece al hombre, sino
que le viene de fuera, de Dios (a veces tiene un sentido negativo y puede atribuirse a Dios o
al demonio), como una fuerza vital divina sin la cual el hombre estaría muerto.

1.2 La palabra ruaj como designación del viento es, necesariamente, algo que está en
movimiento y que tiene el poder de poner otras cosas en movimiento, haciendo referencia,
fundamentalmente, a la dirección y a la intensidad del movimiento del viento (ej. Ex. 14:21;
Jon. 4:8), aunque también, en menor medida, al soplo ligero del viento (Gén. 3:8).

1.3 Casi siempre implica poder, a veces terrorífico cuya experiencia en el ser humano es de
temor. Otras veces se muestra en la naturaleza creando orden en las aguas caóticas,
separando las aguas del mar, etc.

1.4 Es misterioso, aunque tangible y experimentable como el mismo viento. Ruaj no es lo


opuesto al cuerpo o a la naturaleza, al contrario: siempre está en relación con lo material.
Aunque en su esencia es invisible sus efectos siempre son experimentables por los sentidos.

1.5 Es invasor. Especialmente en el AT, pero también en algunos casos del NT, “viene” o
“cae “sobre alguien haciéndole actuar de forma “anormal” o transportándole de lugar, etc.

1.6 Es libre. Por ser espíritu de Dios no se le puede encasillar, ni actúa siempre de la misma
forma.

1.7 Espíritu, Espíritu de Dios, Espíritu de Cristo, Espíritu Santo. En principio el espíritu
referido a Dios no asume una forma personificada. Describe más bien la fuerza o poder de
Dios en sus distintas manifestaciones. Con el tiempo su uso va evolucionando y se habla del
Espíritu de Elohim, de Yahweh y, finalmente se va usando la expresión “mi Santo Espíritu”
(sólo dos veces en el AT), “El Espíritu”; hasta llegar a una personificación en los escritos
más tardíos del AT. En el NT ocurre algo similar: se habla del espíritu de Dios, en alguna
ocasión del espíritu de Cristo y de Jesús y, finalmente, se impone la denominación “El
Espíritu Santo” que ya asume rasgos totalmente personales.

1.8 Espíritu Santo y Trinidad. Esa alternancia entre “Espíritu”, “Espíritu de Dios”, “Espíritu
de Cristo” y “Espíritu Santo”, unida a las formas triádicas, especialmente en fórmulas
bautismales, himnos litúrgicos, etc. hizo posible que la iglesia primitiva formulase la
doctrina de la Trinidad basándose en el NT y que considerase al Espíritu Santo como una de
las tres personas divinas que forman la Tri-unidad del Dios Trino y Uno, doctrina clave y
distintiva del Cristianismo frente a las demás religiones monoteístas.

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2. EL ESPÍRITU EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.

1.1. El Espíritu y la Creación.


Es cierto que no abundan los textos donde la Creación se atribuya al Espíritu y en los
pocos casos que se le relaciona, de forma directa, hay quien sugiere la posibilidad de
otra traducción diferente: Gén. 1:2 podría significar, según Moule3, que una ruaj4 elohim
(~yhiêl{a/ x:Wråw> ), es decir una fuerza huracanada de Dios, se movía sobre la expansión
de las turbulentas aguas. En Sal. 104:30 se dice: “envías tu espíritu, son creeados; y
renuevas la superficie de la tierra”. Siguiendo la interpretación del texto anteriormente
citado se sugiere que se refiere no tanto a la obra creadora de Dios, sino a su obra
vigorizadora como en Gén. 2:7 (sopló aliento5 de vida y llegó a ser un ser viviente). El
Sal. 33:6 dice que por la palabra de Dios fueron hechos los cielos, y todo el ejército de
ellos por la ruaj (soplo, aliento) de su boca. En este caso la ruaj divina, en paralelismo
con su palabra, sería el fiat creador divino (el “acto” creador). Finalmente, Job 33:4 dice:
el ruaj de El (Espíritu de Dios) me hizo, el aliento del Todopoderoso me da vida. Esto
podría seferirse también, en virtud del paralelismo, al Espíritu como el principio
animador de la vida.
Respetando la posibilidad de tal interpretación creemos, no obstante, que el Espíritu de
Dios está -de la misma forma que su palabra (dabar)- activo en la obra de la Creación,
tanto del cosmos (mundo ordenado frente al caos originario) como de la vida y,
concretamente, de la vida humana (ser humano). Así lo interpretaron los últimos escritos
del AT (sabiduría), ciertos escritos del período intertestamentario y algunos del NT al
identificar a la sabiduría creadora con el Espíritu de Dios (en algunos casos ya
personalizada) como lo habían hecho anteriormene otros escritos del AT al indentificar el
Espíritu con la Palabra y el NT al identificar el logos (en Juan) con el Dios eterno y con
el Dios creador.
Se han sugerido diferentes traducciones para Gén. 1:2 destacando cada una de ellas algo
que, sin duda, está en el origen del texto. Destacamos tres: Se puede traducir “un
poderoso viento de elohim se cernía sobre las aguas”, para enfatizar la fuerza o el poder
o “el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas”, para destacar la acción de Dios o, como
propone M. Buber, “el trueno de Dios”, para reflejar ambos aspectos.6

1.2. El Espíritu y la Ley.


Los cinco primeros libros del AT (la Torà judía) no tienen un concepto propio o especial
del Espíritu. Si esceptuamos los ya citados de Gén.1 sobre la creación y los que hablan
de la separación de las aguas del mar rojo, que las traducciones suelen traducir por
viento, casi todas las veces se refieren a diferentes aspectos de lo que poderíamos llamar
sentimientos o actitudes humanas. De forma esquemática mencionamos algunos:
◦ Textos que se refieren a la vida animal y/o humana: todo lo que tiéne espíritu de vida
(Gén. 6:17).
◦ Los que describen estados de ánimo en el ser humano. Gén. 26:35; (amargura de
espíritu); 45:28 (levantar el ánimo); Ex. 6:9 (desaliento); Núm. 5:14 (celos conyugales);
14:24 (voluntad distinta -obediente a Disos); Deut. 2:30 (corazón endurecido u
3 Citado por M. Green, Creo en el Espíritu Santo, p. 31.
4 Ruaj es casi siempre femenino en hebreo.
5 La palabra hebrea traducida aquí “aliento” no es ruaj, sino neshamah, pero tiene un significado muy similar (viento,
espíritu, aliento...).
6 En muchas teofanías del AT (y también en el NT), a menudo, se presenta a Dios envuelto en una tormenta
destacando así la acción poderosa de Dios y la cercanía de su presencia. A veces es la gloria (kabod) y otras la
sekinah (la misma presencia de Dios) la que se muestra en medio de esos fenómenos (vientos, truenos, nubes, fuego,
terremotos, etc) ya que Dios mismo no puede ser visto. Por otra parte, el trueno sustituye o acompaña en ocasiones a
la palabra de Dios (Ex.19:19; Job 26:14; Sal. 77:18; Jn. 12:29; 1Rey. 19:11-12; Ex. 19:16; etc.).
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obstinación); 28:28 (mente perturbada).
◦ Los que hablan de cualidades o dones (sabios o expertos en algo). Ex. 28:3; 31:3.
◦ Textos que hablan de viento (ruaj, espíritu) como ese poder misterioso y fascinante de
Dios (Ex. 10:13,19 (trae las langostas y se las lleva = viento de oriente y de occidente);
14:21; 15:10 (retira las aguas del mar y vuelven anegando a los egipcios); Núm. 11:31
(trae gran cantidad de codornices).
◦ Textos que hablan del espíritu profético. Núm. 11:25-29 (texto clásico donde hay
reminiscencias del profetismo antiguo, como Samuel, Elías, Saul, David, etc., anterior a
los profetas escritores); 24:2 (Balaám profetiza en contra de su deseo); 27:18-23; Deut.
34:9 (sucesión del oficio por imposición de manos).

1.3. El Espíritu y los jueces.


◦ Josué es el caudillo de Israel entre Moisés y los jueces. Sorprende que no se mencione el
Espíritu en todo el libro que relata sus hechos, excepto en dos textos que se refiere al
ánimo o confianza (aliento) perdida frente a Israel, por parte de Rahab y de los
amorreos, al oir cómo Dios le ha hecho atravesar el mar o el Jordán en seco (Jos. 2:11;
5:1). Sin embargo el libro de Jueces repite una especie de estribillo: “el Espíritu de
Jehová vino sobre...”. Esta expresión sólo aparece al referirse a Otoniel (3:10), Gedeón
(6:34), Jefté (11:29) y Sansón (14:6,19; 15:14), pero hay que suponer -aún sin que se
mencione explícitamente- que fue el mismo Esíritu de Dios el que invistió de poder a los
demás liberadores que se mencionan en dicho libro.
◦ En todos estos casos, así como en 13:25, se trata del espíritu “invasor” que viene,
repentinamente, sobre una persona y lo capacita con un poder extraordinario (en el caso
de Sansón con una fuerza física sobrenatural) para librar al pueblo de sus enemigos, a
quién, por otra parte, los había entregado Jehová a causa de su pecado.
◦ Son, fundamentalmente, guerreros carismáticos suscitados por Dios durante los 150
años que separan la conquista de la tierra en la época de Josué y la institución de la
monarquía. El espíritu les invade en momentos determinados y se retira de ellos cuando
la misión ha terminado o cuando el propio juez desobedece a Dios (caso de Sansón).
◦ Esta “venida” del Espíritu para una misión y tiempo determinados ocurre también en
Saúl que puede ser considerado como el último de los jueces y el primero de los reyes.
Como juez participa tambien de esta experiencia carismática propia también del
profetismo pre-clásico (1Sam. 10:6-13; 11:6-13). Cuando Saúl desobedece Samuel le
comunica que su reino será dado a otro que es conforme al corazón de Dios, pero si
hubiese sido obediente, su reino hubiera sido para siempre (13:13-14). Se sugiere así
una nueva forma de entender el espíritu en los reyes que sean conformes al corazón de
Jehová: su unción (signo del revestimiento con el poder del Espíritu) apunta hacia una
permanencia del Espíritu y del Reino que sólo realizará -así lo va entendiendo la
conciencia escatológica posterior- el rey ideal mesiánico.
◦ Finalmente, tanto en el libro de los jueces y muy especialmente en el 1º de Samuel
(historia de Saúl y David), aparece el espíritu malo que, sin ser el Espíritu de Jehová,
viene también de parte de Dios (Jue. 9:23-24; 1Sam. 16:14-23). Ese “espíritu malo de
parte de Dios” tiene como propósito que la responsabilidad del acto recaiga sobre el
sujeto que ha desobedecido a Dios y no al contrario. No es el espíritu malo el que le
hace cometer el mal. Es a causa del pecado cometido que viene el espíritu malo sobre la
persona.

1.4. El Espíritu y los profetas.


◦ Junto a los fonómenos “carismáicos” del apartado anterior, y muy similares a ellos, se da
la “profecía extática”, relacionada con el ruaj elohim. El espíritu viene sobre un grupo y

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le hace caer en trance, pero el fenómeno no está limitado al grupo de profetas sino que,
en un arrebato contagioso, puede incidir sobre otras personas haciéndole participar,
involuntariamente, de la experiencia (1Sam. 10:5-13; 19:18:24). A veces la mano de
Jehová (¿poder de Dios?) puede hacer caer en éxtasis (cf. Ez. 8:1-4; 37:1; 40:1). Esta
misma tradición profética aparece en Núm. 11:14-17, 24-30.7 También aquí el don del
espíritu se convierte en una experiencia contagiosa, de tal forma que dos de los ancianos
que no han venido al tabernáculo sino que se han quedado en sus tiendas, son
“invadidos” por el espíritu de profecía. En este tipo de experiencia profética no se suele
mencionar el contenido de las palabras pronunciadas. Parece que es lo extraordinario
del fenómeno lo que llama la atención, aunque no puede decirse que no tenga nada que
ver con cambios en la actitud o el corazón del que vive la experiencia (cf. 1Sam. 10:6).
◦ A medida que la monarquía se consolida y se entiende al rey como “ungido de Jehová”
(1Sam. 16:13ss.; Is. 16:1), el ruaj Yaweh se va consolidando como fenómeno más
estable y relacionado especialmente con los profetas, pero sin perder del todo su
carácter dinámico y de “alteridad”. Por ser Espíritu de Dios no se le puede
“domesticar”. Él siempre es libre y, como dijera el mismo Señor Jesús: “sopla de donde
quiere y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va” (Jn. 3:8). No
obstante, esa “permanencia” en el ungido confiere a reyes, sacerdotes y profetas un don
que les confiere actitudes específicas para cumplir su misión y una asistencia especial de
parte de Jehová. Esto se ve más claramente en el Ungido escatológico (Is. 11:1ss.). Esa
perspectiva de permanencia (y su mayor institucionalización) hace que el don del
Espíritu esté ligado a ritos como la unción (1Sam. 16:13), la imposición de manos (Deut.
34:9) y, como consecuencia, la sucesión en el cargo (cf. 2Rey. 2:9,15; Núm. 11:17) y
también la bendición (Is. 44:3).
◦ En la profecía clásica (profecía escrita) el ruaj aparece también en distintos contextos y
con diferentes contenidos. El hecho de que la expresión “Espíritu de Jehová” no
aparece en la profecía clasica a excepción de Ezequiel, quizás sea debido a su polémica
contra los llamados “profetas de salvación” (generalmente cortesanos) que apelaban a
dicho espíritu como su fuente de inspiración (1Re. 22:21-24; Ez. 13:3).
◦ En las últimas palabras de David (según el redactor de 2Sam.23:1-2), a quien muchos
consideran no sólo rey, cantor-músico y poeta, sino también profeta (Hech. 2:30) se
habla claramente de la inspiración profética: “el Espíritu de Dios ha hablado por mi y
su palabra ha estado en mi lengua”. Se entenderá, por lo tanto, al profeta clásico como
alguién a través de quién Dios habla por Su Espíritu y, de ahí se le considerará “hombre
del espíritu” y su palabra “palabra inspirada” u oráculo de Dios (cf. Os. 9:7, en que al
“nabí” se le llama necio, y al hombre del espíritu insensato, en perfecto paralelismo
hebreo).
◦ En consonancia con lo anterior, se puede afirmar que hay un vínculo estrecho entre
espíritu y palabra. El Espíritu del Señor y el mensaje del Señor no pueden ser
disociados. Una y otra vez en la poesía hebrea se ponen en paralelismo sintético al
Espíritu y a la Palabra (ya hemos citado 2Sam. 23:2 pero se podrían multiplicar los
ejemplos:Sal. 33:6; Prov. 1:23; Is. 11:4; 34:16; 59:21; etc) y en muchas ocasiones en que
el profeta siente que le invade el Espíritu sabe, también, que es para comunicarle un
mensaje de parte de Dios que, en muchas ocasiones, él debe proclamar a otros (Ez. 11:5;
Miq. 3:8; Zac. 7:11-12).

1.5. El Espíritu y los sabios.


◦ La sabiduría en Israel no es filosofía especulativa sino una forma de vivir adaptada a las
7 El final del v.25 se traduce habitualmente “y no cesaron” con lo que se podría pensar en una permanencia habitual
del espíritu de profecía, pero algunos eruditos siguen manteniendo la traducción “pero no volvieron a hacerlo”, lo
que nos sugiere una experiencia puntual como en el caso de los líderes carismáticos.
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enseñanzas de la Palabra de Dios. El principio de la sabiduría, es decir, su fundamento
es el “temor de Jehová” (Prov. 1:7). Los sabios reflexionan sobre la vida práctica del ser
humano y sacan sus conclusiones a la luz de sus propias experiencias y de la Palabra de
Dios. El desarrollo de este tipo de literatura, que llamamos sapiencial, tiene lugar a lo
largo de unos 450 años antes del nacimiento de Jesús. Parte de esa literatura ha entrado a
formar parte de nuestro canon del AT (Job y Proverbios entre el 400 y 450 a.de C.
Algunos salmos y Eclesiastés sobre el 200 a 187, etc.).Otra es extracanónica (aunque
pertence al Canon Alejanddrino y está en la LXX) como Eclesiástico (sobre 187 a. de
C.) y La Sabiduría (sobre el 50 a. de C.). Se produce en contacto con la cultura griega y
a la Sofía (sabiduría) se la sitúa tan cercana al Espíritu que da la impresión que se
identifican ambas realidades, al menos por las acciones que se les atribuyen. La
sabiduría viene o procede de Dios y posee un espíritu (Sab. 7:22), es un espíritu (1:6),
actúa bajo la forma de espiritu (7:7). Se le atribuyen las diferentes funciones del Espíritu
en el AT: papel cósmico universal, suscita a los profetas, guía de la humanidad, es la
gran maestra interior de las almas, etc. Esto podría explicar que algunos padres de la
iglesia la vieran como una prefiguración, no del Verbo, sino del E.S. (Teófilo de
Antioquía, Ireneo8).
◦ Como ya hemos insinuado en el apartado anterior, la sabiduría se identifica con el
Espíritu en los sapienciales tardíos (Eclesiástico, Sabiduría, etc.) pero también un libro
como Proverbios habla de la Sabiduría casi como se podría hablar del ruaj de Dios.
Veamos como simple ejemplo 8:22-30: Dios la contenía en el origen de todo, tiene
primacía eterna, cuando Dios creaba “allí estaba yo” (¿participando del acto de creación
como el Verbo de Juan 1?), “con él estaba yo ordenándolo todo” (ver también Job 28:12-
27 y Salm. 139:7-12 donde sabiduría, espíritu y presencia de Dios (sekinah) parecen
equipararse.
◦ Finalmente la sabiduría es personalizada de la misma forma que el Espíritu lo es
también en los escritos más tardíos del AT que hablan de él (cf. Ez. 11:5; 43:5). Esto
preparará el camino para un desarrollo posterior, en el pensamiento judío
intertestamentario, hasta llegar a las formulaciones cristianas sobre el Logos
(cristología de Jesús como La Palabra) y sobre el Espíritu Santo.

1.6. El Espíritu y el Mesías.


◦ Ya nos hemos referido a la transformación que tuvo lugar al consolidarse la monarquía
en cuanto a la permanencia del Espíritu de Dios. Cuando se trata del rey mesiánico
ideal en los anuncios proféticos de salvación, dicho concepto está plenamente
elaborado (Is. 11:2; 42:1; 61:1).
◦ En los cantos del siervo del Deuteroisaías, El siervo del Señor (mesías) recibe el Esíritu
que reposa sobre él (42:1). Por medio de su sufrimiento llevará justicia a los pueblos.
Debido a la fusión de las funciones carismáticas, real y profetica, llevada a cabo en los
cantos del siervo del Señor, el Tercer Isaías puede situarse en la línea de esta promesa
con un mensaje de consuelo (61:1ss.).
◦ En la época intertestamentaria esta relación entre Espíritu Santo y Mesías continuó
desarrollándose. Así en los Salmos de Salomón (17:37) se dice: Dios lo hará a él (el
Mesías) poderoso en el Espíritu Santo” y el Targúm sobre Is. 42:1: “Haré que mi espíritu
repose sobre él”.
◦ Esta relación permanente e íntima entre Espíritu de Dios y Su Mesías (ungido),
interpretada por Jesús como cumplida en sí mismo (Luc. 4:16-21), dejó el terreno
preparado para el ulterior desarrollo de la doctrina sobre El Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo.

8 Yves M. - J. Congar, El Espíritu Santo, pp.37-38.


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1.7. El Espíritu en la plenitud futura.
◦ En general, en el AT., uno tenía que ser alguien especial para poseer el Espíritu de Dios:
un profeta, un estadista, un rey, una persona excepcionalmente sabia (Prov. 1:23) o un
artista (Ex. 31:3); pero el Espíritu de Dios no era algo para personas vulgares. No
obstante, hay indicios en el AT de una esperanza futura en este sentido. Dicha esperanza
tendría su cumplimiento en la plenitud futura (escatológica) vinculada, de una forma
especial, a los tiempos mesiánicos.
◦ Las palabras de Moisés: “Ójala todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová
pusiera su Espíritu sobre ellos” (Núm. 11:29; cf. Hag. 2:5) debieron ser compartidas y
deseado su cumplimiento por muchos creyentes judíos.
◦ El profeta Joel lo proclamó como acontecimiento de los últimos días (inaugurados por la
venida del Mesías y el Día de Jehová): “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre
toda carne” (hijos, hijas, ancianos, jóvenes, siervos y siervas), suprimiento toda clase de
diferencia (Jl. 2:28-29). El Espíritu de Dios se muestra como espíritu nivelador que no
hace acepción de personas. Dicha experiencia que, según el libro de Los Hechos de los
Apóstoles, tuvo su cumplimiento en Pentecostés (inicio de la era mesiánica cristiana),
fue efectivamente niveladora. Por eso tiene lugar un triple “pentecostés): judío
(aposento alto), samaritano (con la predicación de Felipe) y gentil (en casa de
Cornelio).
◦ Naturalmente, ese acontecimiento que los profetas, seguramente, entendieron como que
se cumpliría dentro de los límites de la historia del pueblo de Israel; implicaba un
cumplimiento de la Alianza que había demostrado ser imposible. Por eso Jeremías
adelanta que en los días mesiánicos Dios hará un nuevo pacto con su pueblo cuya base
será la acción unilateral de Dios, escribiendo su Ley en el corazón y la mente y
haciendo posible el conocimiento de Dios por parte de todos en base al perdón
definitivo de Dios (Jer. 31:31-34).Es interesante ver cómo Ezequiel, un profeta posterior,
menciona este pacto atribuyendo esa conversión profunda (nuevo corazón y nuevo
espíritu) al Espíritu de Dios (Ez. 36:25-27). También, algo después (cap. 37), el mismo
profeta anuncia una obra poderosa del Espíritu de Dios que consiste en una especie de
nueva creación o resurrección.

1.8. A modo de conclusión.


◦ El testimonio del AT no nos habla de forma uniforme del Espíritu. Es necesario atender
al contexto, en cada caso, para descubrir a quién o a qué se refiere y cómo debe
traducirse la palabra ruaj en ese texto en concreto.
◦ La palabra Espíritu es fundamentalmente una palabra dinámica y por eso, en la mayoría
de los casos, tiene que ver con el poder de Dios y se manifiesta de forma espontánea en
ciertas personas capacitándoles para una determinada tarea. También aparece el sentido
negativo en el que un ruaj malo que viene sobre una persona se atribuye a Dios. Cuando
esto ocurre no es para culpabilizar a Dios por los actos humanos, sino para acentuar su
soberanía. Tampoco es para decir que tal persona actúa en contra de la voluntad divina
precisamente porque le ha venido un espíritu malo de parte de Dios sino todo lo
contrario: ha venido un espíritu malo sobre él por no hacer la voluntad de Dios. El
espíritu malo acentúa la responsabilidad del hombre sobre sus propias acciones.
◦ La expresión Espíritu Santo casi no aparece en el AT y es tardía. Es también una
contradicción en sus términos ya que la palabra “espíritu” es dinámica, mientras que la
palabra “santo” es estática. Sin embargo ello nos puede llevar a una reflexión interesante
en base a esa “simbiosis” de ambas parabras. La Santidad, sin el dinamismo vital del
Espíritu, puede ser un mero moralismo e incluso resaltar el esfuerzo humano para

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conseguir su propia santdad, cosa que no apoya en absoluto ni el AT ni el NT. La
Santidad es un atributo exclusivamente de Dios que Él comunica o imparte al ser
humano por pura gracia. Por otra parte, el espíritu sin la santidad pueder convertirse en
espiritualismo extático, donde la conducta moral pierde importancia y corre el riesgo de
convertirse en “un espíritu malo de parte de Dios.
◦ El sentido esporádico, momentáneo y limitado a un período de tiempo y a una misión
concreta en la “posesión del Espíritu” predomina en muchas tradiciones del AT, pero se
va abriendo paso, con el tiempo, la idea y la esperanza de una permanencia del Espíritu
de Dios no sólo en ciertas personas extraordinarias, sino en todo el pueblo de Dios. Eso
será una realidad en la plenitud futura inaugurada por el Mesías escatológico de Dios.
No obstante esa permanencia el Espíritu Santo, por ser Espíritu de Dios, es
absolutamente libre y no puede ser sometido, encasillado ni domesticado; por
instituciones religiosas, interpretaciones teológicas, ni experiencias personales.

3. EL ESPÍRITU EN EL NUEVO TESTAMENTO.

“Espíritu” (pneu/ma) aparece 379 veces en el NT de las que 3 tiene el sentido originario de viento
impetuoso, soplo; unas 47 veces se refiere al espíritu del hombre, unas 38 veces a espíritus
malignos, a espíritus de difuntos y a ángeles unas 9 veces, unas 275 veces al Espíritu de Dios
(incluyendo Espíritu Santo (92 veces), Espíritu del Padre, etc. El espíritu de su hijo (1 vez), espíritu
de Cristo (3 veces), espíritu de Jesús (1 vez), etc.9 Aunque el uso de la palabra tiene, en ciertas
ocasiones, influencia griega; es del AT, de los escritos judíos intertestamentarios y del judaísmo
rabínico de donde recibe mayor influencia.

3.1 El Espíritu de Jesús.


Sorprente comprobar que Jesús apenas habló del Espíritu, pero tampoco expuso una
doctrina sobre Dios, ni una doctrina sobre el Mesías aunque, ciertamente, actuó como el
Mesías prometido y tanto en su predicación como en su conducta de ninguna otra cosa
dio testimonio sino de Dios. Lo mismo podemos decir en cuanto al Espíritu: si con el
Espíritu Santo se quiere decir que Dios se hace presente y actúa en este mundo,
entonces toda la actuación de Jesús no es otra cosa que la vida del Espíritu de Dios
manifestándose entre los seres humanos.10

• En el nacimiento de Jesús.
Los evangelios de la infancia (El de Mateo y, especialmente, el de Lucas), se esfuerzan en
presentar el nacimiento de Jesús como un hecho en el que Dios interviene de forma
especialísima, como nunca lo hizo con cualquier otro ser humano. En lo que respecta a
nuestro tema hay que destacar la intervención del Espíritu Santo en su concepción o
engendramiento11. Ello hará que el que va a nacer sea llamado, de una forma especial, Hijo
de Dios, término mesiánico favorito en los evangelios y la mayoría de escritos
neotestamentarios, que nunca más vincularán a su nacimiento sino a su exaltación o
resurrección obrada también por el Espíritu Santo o Espíritu de Dios (Hech. 2:32-36).
También extraña que Lucas nunca se refiera a Jesús como estando “lleno del Espíritu Santo”
9 Para un estudio semántico de “pneuma”, así como su uso en la literatura griega, judía,etc., de la época del NT y
anterior, puede consultarse los diccionarios de H. Balz – G. Schneider y de L.Coenen – E. Beyreuther – H.
Bietenhard.
10 Ver E. Schweizer, op.cit., p. 68ss.
11 El énfasis no recae sobre el hecho de la virginidad de María o en la concepción biológica sin intervención de varón.
Tampoco contiene la idea mítica corriente en otras culturas de la unión sexual entre un humano y una divinidad. Es
el poder del Altísimo (=al Espíritu de Dios) viniendo sobre Jesús ya en su misma concepción y dando lugar a lo que
en teología se dio en llamar “encarnación”. Esto va contra ciertas herejías primitivas como el adopcionismo o el
docetismo, entre otras.
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(excepto cuando es llevado al desierto para ser tentado, 4:1), expresión favorita y típica suya
tanto en el evangelio como en el libro de los Hechos, máxime cuando utiliza dicha expresión
en el contexto del nacimiento refiriéndose a Elisabet, Simeón, Zacarías, el Bautista, etc.
Jesús no será alguien sobre el que vendrá el Espíritu Santo o será llenado por Él en
momentos especiales y para realizar actos especiales, sino que es sobre él que está o
“reposa” el Espíritu de Dios de forma estable y definitiva. Sólo en Él habita, en plenitud, la
divinidad (Col. 2:9).
• En el bautismo de Jesús.
Todos los evangelios presentan el principio del ministerio de Jesús vinculado a su bautismo
por parte de Juan el Bautista. Hay tres aspectos fundamentales que se dicen de Jesús en el
contexto de su bautismo: La venida del Espíritu Santo en una forma corporal como de
paloma12 (Mr. 1:10; Mt. 3:16; Lc. 3:21-22; Jn. 1:32-33), una voz del cielo que combinando 2
textos mesiánicos del AT (Sal. 2:7 e Is. 42:1) testifica (con pequeñas variantes verbales) “tú
eres mi hijo amado (predilecto, escogido...) en quién me complazco”, y las palabras del
Bautista que Dios mismo le dijo (Jn. 1:33): “él bautiza con el Espíritu Santo” (y fuego,
según Mateo y Lucas. Marcos también omite “y fuego”). El inicio del ministerio público de
Jesús, contenido en los 4 evangelios y que corresponde a una “unción pública” de parte de
Dios, coincide con los evangelios de la infancia en que el Espíritu Santo está de una forma
única y permanente en Jesús, el mesías y -adelantándose a otros textos posteriores- que él
mismo lo transmitirá a sus seguidores (os bautizará con/en Espíritu Santo). También las
palabras de Pedro, transmitidas por Lucas en Hechos 10:37-38, dan testimonio de esta
unción de Dios a Jesús con el E.S. y con poder.
• En la tentación de Jesús y su poder sobre los espíritus malignos.
Los 3 evangelios sinópticos coinciden en que inmediatamente después de su bautismo Jesús
es “impulsado” o llevado por el Espíritu Santo al desierto donde será tentado durante 40 días
y saldrá vencedor (Mr. 1:12-13; Mt. 4:1-2; Lc. 4:1-2). A partir de este momento uno de los
aspectos del ministerio mesiánico de Jesús consistirá en enfrentarse al diablo representado
por los espíritus malignos que, según la ocasión, reciben distintos apelativos: espíritus
inmundos, malignos, mudos y sordos, etc. Jesús tiene poder o autoridad sobre estos poderes
demoniacos que no pueden resistir su presencia y poder y tienen que huir y salir de aquellos
que tienen esclavizados (posesos). Se incide con ello en ese importante aspecto del
ministerio mesiánico de Jesús: el de liberación (Is. 61:1; Lc. 4:18-21). Esa autoridad de
Jesús está tan relacionada con el poder del Espíritu Santo obrando a través de él que atribuir
sus actos al poder satánico (confundir el Espíritu de Dios con el de Belzebú) recibe la más
enérgica condena (Mr. 1:27; 3:22-30; Lc. 12:10 -tradición Q).
• Jesús es el único dador del Espíritu Santo.
Ya hemos hecho referencia a las palabras del Bautista de que Jesús bautizaría con el Espíritu
Santo. El cumplimiento de estas palabras parece relacionarse con la experiencia de
Pentecostés, después de que Jesús había ya resucitado (Hch. 2:32-33). También es
importante recordar los dichos de Juan sobre el Paráclito: En su primera epístola (2:1) Jesús
es el parakletos. También en el evangelio de Juan (14:16), Jesús mismo se entiende como
parakletos ya que se refiere al Espíritu Santo como “otro” parakletos, cuyo envío por parte
del Padre está en función de que Jesús se haya marchado. Jesús no sólo es sobre quien
reposa o permanece el E.S., a quien se le ha dado sin medida (Jn. 3:34) y quién, a su vez, lo
da a sus discípulos (Jn. 20:22-23); sino que al E.S. se lo interpreta en perspectica

12 Los textos coinciden en que la paloma es un símbolo (“como de paloma”). ¿Tienen la intención de remitirnos al ruaj
originario que acompaña a Dios (es Dios mismo) en el relato de la creación de Génesis? El símbolo de la paloma
junto al “soplar” de Jesús resucitado transmitiendo el E.S. a sus discípulos y el “engendramiento” del hombre mesías
Jesús por obra directa del E.S., la genealogía que da Mateo remontándola directamente a Adán y al mismo Dios y la
teología de Pablo y otros autores neotetamentarios sobre el segundo Adán, espíritual y espíritu vivificante y la nueva
creación originada en Cristo podrían muy bien autorizarnos a pensar en ese sentido.
Página 10
cristológica. Difícilmente podrá encontrarse una relación más íntima entre Jesús y el E.S.
que la mencionada por Juan. Veámoslo muy esquematizado:13

1.- El E.S. es enviado por el Padre a petición de Jesús (14:16)


2.-Es otro parakletos (a semejanza de Jesús) y estará con ellos para siempre (14:16,18).
3.-Ese otro parakletos es conocido por ellos porque vive (en presente) con ellos y estará
(futuro) con ellos (14:17-8).
4.-El parakletos, que es identificado como el E.S., tendrá la función de enseñar y recordar
aquello referente a Jesús (14:26; 15:26).
5.-La venida del parakletos está en función de la glorificación de Jesús y es Jesús mismo
quien lo envía (16:7).
6.-El ministerio del parakletos se asemeja al de Jesús (16:8-11).
7.- Así como Jesús salió del Padre, ocurre con el parakletos.
8.- Así como Jesús fue enviado por el Padre al mundo, el p. es enviado en nombre de Jesús.
9.- Igual que Jesús permaneció con los discípulos y los guió, así hará el p.
10.- Así como J. les enseñó la verdad del Padre, el p. los guiará a toda verdad acerca de J.
11.- Jesús no se glorificó a sí mismo, sino que glorificó al Padre, el p. no hablará por sí
mismo, sino que tomará lo de Jesús y lo hará saber.
12. En resumen: el Parakletos se hace cargo del rol de Jesús en su ausencia y universaliza la
persona de Jesús entre los creyentes y entre el mundo.
13.- Finalmente, Juan nos presenta a Jesús transmitiendo el Espíritu Santo a sus discípulos
de forma semejante a cómo Dios transmitió su espíritu vivificante al primer ser humano en
la creación (Gén. 2:7; Jn. 20:22).

(INSERTAR HOJAS SOBRE “RELACIONES DEL PARÁCLITO”)

3.2 El Espíritu y Jesús.

No obstante lo dicho en el apartado anterior, Jesús no se confunde absolutamente con el Espíritu


Santo. La enseñanza del Nuevo Testamento marca la total unidad entre el Espíritu y Jesús, así como
entre Jesús y Dios, pero no confunde a uno con el otro. Esto dará pie, posteriormente, al intento de
explicar y hacer comprensible esa unidad y diversidad en el Ser mismo de Dios con las
formulaciones trinitarias que, en germen, están presentes ya en antiguas confesiones de fe, himnos
litúrgicos, fórmulas bautismales, etc, del Nuevo Testamento14.

• Poca mención del Espiritu en los sinopticos y en la “ipssisima vox Jesus”. Exceptuando a
Juan notamos que el Espíritu es mencionado muy pocas veces en los evangelios. ¿Cómo es
posible que una iglesia que vivía tan intensamente la acción del Espíritu Santo no
introdujera más referencias al mismo en sus narraciones sobre la vida y hechos de Jesús? Al
margen de la respuesta que ya hemos sugerido en el primer párrafo del apartado anterior (El
espíritu estaba focalizado en la propia persona de Jesús), esto nos muestra una fidelidad y
rigor históricos en los evangelistas dignos de elogio y que muchas veces se ha puesto en
duda.A ellos les hubiera sido muy fácil y de mucha utilidad re-traer a la misma persona de
Jesús la vida tan intensamente espiritual y las variadas acciones que se daban entre sus
miembros al ser “llenos del Espíritu Santo”. Pero no lo hicieron.
13 Para un esquema mucho más amplio del Paráclito con Dios Padre, con el Hijo, los discípulos y el mundo, así como
la naturaleza, propiedades y acción del Paráclito y, finalmente, las relaciones estrechas del Paráclito con Jesús en sus
actividades paralelas; véase Yves M. - J. Congar, El Espíritu Santo, pp. 82-85 (se entregan junto a los apuntes).
14 Michael Green, op. Cit., p. 60 cita otros relatos donde se puede ver fórmulas triádicas estructuradas trinitariamente,
identificando la persona y obra de Dios, Cristo y el Espíritu Santo: 1ª Cor. 12:4-6; Ef. 4:4-6; 2ª Tes. 2:13-14; Gál.
4:4-7; Rom. 8:9-11; 2ª Cor. 13:14; Mt. 28:19 y un pasaje al que él concede mucha importancia es Hech. 2:32-33 con
1ª Pd. 1:2 y Ap. 1:4-5.
Página 11
• El Espíritu al margen de Jesús. Es frecuente, en nuestros días, pensar que el Espíritu obra en
otras fes y religiones, incluso en ideales puramente morales aunque éstos se presenten en el
contexto del ateismo y, por lo tanto, al margen del Jesús del Nuevo Testamento. Aunque no
podemos dedicar espacio y tiempo a tal discusión y, aceptando que el Espíritu Santo tiene la
misión de “convencer al mundo de pecado, justicia y juicío” (Juan), no podemos
sustraernos, por muy impopular que sea, a la idea de que según el NT la acción del Espíritu
Santo está referida a la persona y obra de Jesús, el Cristo. Todo en el Nuevo Testamento es,
fundamentalmente, cristocéntrico. Dios nos lleva a Jesús, su Hijo amado, para ser salvos
(fuera de él no hay salvación) y el Espíritu Santo nos capacita para vivir la vida salvada en
Cristo. Todo apunta a Cristo y es a través de Cristo que podemos conocer realmente quién es
Dios (Abba) y quién es y cómo obra el Espíritu de Dios (no sólo como fuerza vivificante,
como espíritu invasor, espíritu profético, etc., sino, -y sobre todo-, como la misma presencia
invisible de Dios en el corazón del creyente, en el centro de su pueblo -iglesia- que le
capacita para llevar a cabo la Misión y para ser adoptados como hijos suyos, pudiendo
confesarle como Padre (abba) y a Jesús como Señor (kyrios). El Espíritu Santo no es el
Espíritu de una determinada religión (la cristiana), como Dios no lo es tampoco, pero es
precisamente en Cristo que Dios se hace universal (todas las religiones tienden a tener “su”
dios más o menos exclusivo) creando un ser humano nuevo, nacido (creado) por el Espíritu,
renovado constantemente por el Espíritu y guiado, fortalecido y guardado por el Espíritu
Santo hasta que la Iglesia de Cristo (formada por multitud de pueblos, culturas, religiones,
etc.,) se unan al Espíritu en un entusiasta “¡ven, Señor Jesús!. Mientras tanto, como la Ruaj
Yahweh era la presencia invisible (sekinah) de Dios entre su pueblo; el Espíritu Santo es la
presencia del Cristo glorificado entre el suyo.

3.3 El Espíritu y la Iglesia.

• El inicio de la Iglesia y la venida del E.S. Aunque podamos ver el origen de la Iglesia, al
menos en germen, en la primitiva comunidad de discípulos que seguían al Jesús terreno, no
podemos obviar que fue con la venida del Espíritu en Pentecostés cuando la Iglesia inicia su
ministerio y comienza su actividad comunitaria, diáconica, testimonial, kerigmática, etc.,
como iglesia de Cristo.
• Cumplimiento de la Promesa de Joel y del Bautista: Bautizados con el E.S. (Lc. 3:16;
Hech. 1:5; 2:1-13; 14-21;11:15-17).
• Capacitados con el poder del Espíritu: Llenos del Espíritu Santo (Hech. 1:4; 4:31; 6:3;
13:52). Ese ser “lleno del Espíritu Santo” se dirá también de discípulos individuales
capacitados de una forma especial por el E.S. para determinadas tareas y momentos (Hech.
4:8; 6:8, 55; 9:17; 13:9) y en algún caso se dice de alguien que vivía una vida llena del E.S.
y no sólo en algún momento determinado (Hech. 11:24).
• El Espíritu Santo nos introduce a la Iglesia como cuerpo de Cristo (1Cor. 12:13; cf. Jn.7:38-
39).
• El E.S. capacita a la Iglesia para tomar decisiones correctas (Hech. 13:2; 15:28; 16:6; 13:4;
20:4).
• El Espíritu Santo inspirador de las Escrituras. La iglesia primitiva estaba convencida de que
las Escrituras (AT), así como la predicación y escritos apostóloicos eran inspirados por Dios
o Su Espíritu – o el de Cristo- (Hech. 28:25; Mr. 12:36; 2Tim. 3:16; 1Pd. 1:10-12; 2Pd.
1:20; 3:15-16).
• El Espíritu crea unidad en la Iglesia (Ef. 4:3).
• La Iglesia, como cuerpo de Cristo, es templo del E.S. (1Cr. 3:16).
• En la Iglesia el Espíritu Santo es comunión, compañerismo, Koinonía (2Cr. 13:14; Flp. 2:1).

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3.4 El Espíritu y la Misión.

• Anticipo o pre-figuración de la Misión. Jesús lo predice en el mensaje


apocalíptico/escatológico de Marcos 13 (v.11) y en Mt. 10:19-20. Ver Jn. 15:26-27.
• Implícito en la Gran Comisión. Han de bautizar a los convertidos también en el nombre del
Espíritu Santo (Mt. 28:18-20).
• Capacitados para la Misión por el E.S. (Lc. 24:49; Hech. 1:8). Ver el “denuedo” con que el
E.S. dota a los creyentes (Hch. 4:31).
• El Espíritu Santo universaliza la Misión. Con la señal de las lenguas (Hch. 2:2-11), con un
“triple pentecostés” judío, samaritano y gentil (Hch. 2:1ss; 8:14-17; 10:44-48), abriendo la
puerta de los gentiles al evangelio (a la fe) a través de Pablo y sus compañeros (Hch. 13:2-4;
14:27) y no sometiendo a los creyentes gentiles a costumbres y ritos religiosos judíos (Hch.
15:7-9, 28), etc.

3.5 El Espíritu y el individuo.

• La experiencia inicial del creyente y el E.S. Los efectos que cabría esperar de la Misión,
-ejercida por la Iglesia a través de sus miembros y en el poder del Espíritu-, se desprenden
de textos como 2Cor. 11:4: se escucha la predicación sobre Jesús, se recibe el Espíritu Santo
y se acepta el evangelio (quizás en una confesión y el bautismo). Esta experiencia de
conversión se explica de diferentes formas y con variedad de matices en su relación con el
Espíritu Santo. Veremos algunas de ellas.
• El Espíritu Santo hace posible que la presencia del Dios Trino habite en el creyente. Rom.
8:9ss. insiste, de forma reiterada, en la permanencia del Espíritiu de Dios, de Cristo, del E.S.
en la vida de los creyentes. Naturalmente no es una permanencia física, sino espíritual (cf.
Jn. 14:17-23). El que Cristo está en el creyente parece describir la misma realidad espiritual
que cuando dice Pablo que el creyente está en Cristo (2Cor. 5:17). Ese intercambio de frases
con idéntico significado puede responder a la “koinonía” del Espíritu (comunión,
compañerismo y, sobre todo, participación “en” o “de”) que se expresa en fórmulas
doxológicas (2Cor. 13:14).
• El E.S. confirma la permanencia de la comunión entre Dios y el creyente. La koinonía entre
Dios y sus hijos no es esporádica, sino permanente y es el E.S. el que nos confirma esa
comunión estable (1Jn. 3:24; 4:13). Naturalmente, hay una serie de señales prácticas que
también indican si esa comunión es real como pueden ser el amor y la fe (1Jn. 3:23-24; 5:13;
etc).
• Las 5 palabras de confirmación de pertenencia: Adopción: el Espíritu nos capacita para
decir Abba (Gál. 4:6; Rom. 8:15). Sello: Ef. 1:13 nos dice que los creyentes hemos sido
sellados con el Espíritu Santo prometido. Ser sellado implica propiedad y pertenencia.
Arras: palabra que significa anticipo nos invita a mirar al futuro esperando la totalidad de lo
que nos pertenece. Es una palabra de inmensa seguridad como implica el contexto de 2Cor.
1:22 (el “sí” y el “amén” de Dios, vv. 18-20) y que indica algo muy importante, pero muy
pequeño comparado con lo que nos espera (Ef.1:13-23; 2Cor. 5:5). Primicias: palabra muy
parecida a “arras” que proviniendo del ámbito agrícola significa los primeros frutos que
anticipan la cosecha principal (Rom. 8:23; cf. 1Cor 15:20,23). La quinta palabra que se usa
para testificar de esa pertenencia en estrecha relación con el E.S. es certidumbre (Rom.
8:16; 1Tes. 1:5). Hay que anotar una última cuestión en cuanto a estas palabras: todas ellas
nos hablan de seguridad y espera; de un “ya” pero “todavía no”, especialmente las de “arras”
y “primicias”.
• El Espíritu en el carácter y la naturaleza del cristiano. El E.S. trata de reproducir en el
creyente el carácter de Jesús. Destacaremos algunos aspectos fundamentales, aunque sólo

Página 13
esquemáticamente: Libertad: el cristiano es libre de toda atadura, esclavitud, temor, etc.
(Gál. 4:6-7, 25-26; Rom. 8:15-16,21; 2Cor. 3:17-18). Poder: para vencer todo lo
concerniente a la carne (Rom. 8:1ss), vivir y andar conforme al Espíritu (Gál. 5:24-25), en
santificación (1Tes. 4:7-8) y hasta vencer a la misma muerte (Rom. 8:11). Fruto del
Espíritu: también hace posible que el creyente pueda asemejarse a Jesús en sus frutos (Gál.
5:22-23).

3.6 El Espíritu Santo y la Nueva Creación.

• La idea de “Nueva Creación” puede rastrearse en diferentes escritos a lo largo del NT:

1). Primer y Postrer Adán (primera creación y nueva creación): ser humano vivificado por
el ruaj de Elohim llega a ser un “alma viviente” a imagen y semejanza de Dios; el 2º adán es
espiritual y espíritu vivificante; el primero transmite muerte a su especie, el segundo
transmite vida a la suya; el primero “contanima” a toda la creación (tierra, trabajo,
relaciones conyugales, fraternales, etc.), el segundo redimirá la creación que gime con
dolores de parto (Rom. 5:14ss; 8:22-23; 1Cor. 15:21-22, 45-49).

2). Cristo Resucitado: el Hombre Nuevo. Si en Romanos 8 Pablo habla de Jesucristo como
el verdadero ser humano (nuevo adán del cual el primer adán sólo era una figura) en el
contexto de la muerte por la infracción de la Ley y de la vida y la justicia por la gracia de
Dios en Jesucristo; en 1Cor. 15 habla en el contexto de la resurrección, exaltación y dominio
absoluto de Cristo sobre todas las cosas hasta que él mismo se someta, junto con todo lo que
le está sometido, a Dios. De tal forma que Dios sea todo en todos (v.28). La resurrección de
Jesús es obrada por Dios, por sí mismo o por el Espíritu Santo (Hech. 2:24; 10:40; Jn.
10:17-18; Ef. 1:20; Rom. 1:4; 8:11). No es una simple “resurrección a esta vida”, sino a la
vida de Dios (zoe aionios tou theous). Es una nueva creación.

3). Nueva criatura = nueva creación (2 Cor. 5:17); Nuevo nacimiento (Jn. 3:3-8);
Renovación en el Espíritu Santo (Tit. 3:4-5).

4). Actos simbólicos que pueden estar relacionados con la Nueva Creación: Jesús
resucitado “sopla” el Espíritu sobre sus discípulos (Jn. 20:22-23). En la concepción de
Jesús el Espíritu Santo “viene” y “cubre” con su sombra a María (Lc. 1:35) y se “genera”
el “nuevo hombre” = santo ser = Jesús = nuevo adán. Aquí la importancia no está en María,
sino en lo que Dios está haciendo, algo totalmente nuevo. En el bautismo de Jesús Dios
obra también como en la creación: se inicia algo nuevo (aparece Jesús y con él el Reino de
Dios = la Nueva Creación?) en lo que interviene el Espíritu y la palabra, igual que en
Génesis (Lc. 3:21-22; Jn 1:32-33).

5). Los cielos nuevos, la tierra nueva, la nueva Jerusalén de Apocalipsis. Con el cap. 21
del Apocalipsis se inicia el final o culminación de la historia de la salvación. La creación
antigua ha terminado definitivamente y ya ha surgido la Nueva Creación, que hasta ahora se
conocía sólo como “arras” o “primicia”. Más adelante se describirá la ciudad como templo
del nuevo cosmos de Dios, como nuevo paraiso, como presencia permanente de Dios y del
Cordero, como bienaventuranza total y definitiva de los creyentes fieles... Una verdadera
creación nueva en la que han intervenido el que está sentado en el trono (Dios), el Cordero
como inmolado pero de Pié (Jesús resucitado) y el Espíritu Santo (que aparece en varias
ocasiones en Apocalipsis, especialmente como los siete espíritus). Cierra el libro y con él la
Biblia Cristiana con aquella preciosa exclamación de la Iglesia-Esposa de Cristo, en o junto
con el Espíritu que la mantiene en la lucha y el testimonio durante la espera: ¡VEN! (Ap.
Página 14
22:17).

3.7 El Espíritu y la Unidad de la Iglesia.

Aunque ya hemos mencionado el tema en el epígrafe 3.3 (el E.S. y la iglesia), no está de más
insistir, en una época que hemos vivido muy reciente y cuya influencia aún se deja sentir en que el
tema del Espíritu Santo, y su obra en los creyentes sobre todo, ha sido caballo de discordia y de
divisiones en multitud de iglesias locales. Insistimos en que el Espíritu Santo trae unidad,
comunión, amor, edificación, orden, respeto al otro y cosas semejantes y nunca puede atribuirse al
Espíritu Santo discordias, divisiones, disputas, enfrentamientos y peleas entre hermanos, orgullo
espiritual, etc.

• El E.S. crea unidad en la diversidad. Para la naturaleza puramente humana es muy difícil
tener amor, respeto, comunión, etc., con otras personas que son diferentes a nosotros. Pero
es en esas diferencias donde existe la riqueza, si somos capaces de complementarlas en
unidad. Esa es la obra del Espíritu Santo en la iglesia a través de los dones o karismas (1Cor.
12 al 14).
• Unidad no es uniformidad. La diversidad enriquece a la unidad, la uniformidad la
empobrece.
• La diversidad en la unidad edifica . Es lo que intenta enseñar la analogía del cuerpo o la del
edificio (1Cor. 12; Ef. 4:16; 2:20-22; 1Cor. 3:9ss).
• Las divisiones son obra de la carne y, por tanto, contrarias al Espíritu Santo (1Cor. 3:3ss).

3.8 A modo de conclusión.

• En el NT el tema del Espíritu conserva rasgos del AT pero evoluciona hacia una madurez (en
el sentido de theleios) que expresa plenamente ideas que en el AT sólo estaban en germen.
• En los evangelios el Espíritu está focalizado en la persona de Jesús. No hay una doctrina
sobre el E.S., es una acción en la persona de Jesús que muestra cómo actúa el E.S. El
Espíritu no viene sobre Jesús al estilo de los antiguos profetas. Reposa y permanece en él.
• En el NT el E.S. Adquiere rasgos totalmente personales y puede ser llamado,
indistintamente, Espíritu Santo, Espíritu de Dios, Espíritu de Cristo, el Espíritu, etc. Será la
misma presencia de Dios (shekinah) en el mundo y sustituirá a la presencia física de Jesús
entre sus discípulos haciéndoles vivir con el Cristo Resucitado.
• Actúa tanto en la Iglesia como cuerpo de Cristo, como en cada miembro individual. Hace
crecer a la iglesia integrándole creyentes (bautizándoles en el cuerpo) y la edifica con los
dones que reparte a los creyentes en el seno de la iglesia.
• Hace una obra de regeneración y recreación o nueva creación en Cristo. De esta forma se
sitúa en línea con las esperanzas mesiánicas del A.T. y el judaísmo del tiempo y anterior a
Jesús y les da cumplimiento aunque en forma de “arras” o “primicias” que expresamos
teológicamente como el “ya”, pero “todavía no” de la escatología realizada (Dod).
• Acompaña a la iglesia en su misión de testimonio (y a cada creyente), en su actividad cúltica
y doxológica y en su espera hasta la parusía del Señor cuando definitivamente se instaure su
reino como una nueva creación (Ap. 21).

Página 15
4.- EL ESPÍRITU SANTO EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA.

A modo de introducción:

El desarrollo de la teología del Espíritu tuvo lugar a lo largo de varios siglos. Puede esquematizarse
en varias etapas: una época en la que el Espíritu se afirmó y fue objeto de experiencia en la vida de
la Iglesia (siglos I y II); los comienzos de la sistematización teológica (siglo III); la definición de
Constantinopla (Concilio del 381); la síntesis del siglo V; las divergencias entre Oriente y
Occidente a propósito del Filioque. Estos desarrollos sucesivos concernían a la actividad eclesial
del Espíritu y afectaban al modo en que los creyentes entendían esta actividad.

En la Baja Edad media hubo muchos movimientos que apelaban a una especial unción del Espíritu.
El calificativo de «espiritual» a menudo implicaba cierto fanatismo. Algunos como Joaquín de Fiore
parecían anhelar una etapa final de la humanidad, la etapa del Espíritu. En algunos de estos
movimientos había cierto anti-institucionalismo; oponían su sensación de estar movidos por el
Espíritu a las estructuras, que percibían como carentes de vida. Lutero y otros líderes reformadores
tuvieron que luchar en dos frentes: contra los católicos, congregados al grito de « ¡Iglesia!», y
contra los entusiastas, congregados al grito de «¡Espíritu!».

En estos apuntes, necesariamente muy breves y esquematizados, haremos un recorrido histórico


mencionando algunos personajes y/o movimientos más representativos. Al tiempo que servir de
“guía” puede ser una referencia para que los interesados investiguen más a fondo el tema en los
grupos o momentos históricos que más les interesen.

4.1 El Espíritu “invasor” frente al Espíritu “domesticado”: dos extremos.

Como ya se ha insinuado en el párrafo anterior se ha dado a través de los siglos una tendencia de
antagonismo entre los grupos más exaltados y la iglesia/as más institucionalizadas. Ha habido
épocas (especialmente los primeros cinco o seis siglos) en la historia en que la Iglesia
institucionalizada supo canalizar esa “efervescencia espiritual” para bien de sí misma, aunque a la
larga esos movimientos han sido “domesticados”. En otras épocas, especialmente a partir de la
Reforma del siglo XIV, estos movimientos se han separado de la iglesia y han acabado
escindiéndose y desapareciendo, equilibrando sus doctrinas y expresión pública de sus experiencias
espirituales y convirtiendose así en una nueva iglesia o denominación o se han desviado y hecho tan
extremistas que han sido consideradas como heréticas y han quedado en la periferia del
cristianismo. Por otra parte, en algunos casos, las iglesias tradicionales no han intentado canalizar
esas “energías espirituales” y se han enfrentado abiertamente yéndose a extremos legalistas y
quedando así “fosilizadas” y sin atractivo.

4.2 Grupos “carismáticos” o “exaltados” en la historia: breve mención:

• Iglesia de Corinto (años 50 de nuestra era). Posiblemente el ejemplo neotestamentario más


claro y esclarecedor de dicha problemática. La primera carta de Pablo a los corintios es
fundamental para descubrir la forma de encarar el problema con equilibrio y amor cristiano.

• El Montanismo (siglo II). Montano, a quién se añadieron dos mujeres: Priscila y Maximila,
profetizaban y decían que el E.S. había venido de una forma especial sobre ellos. Con esa
“venida” había empezado una nueva era: La era del Espíritu Santo. Tertuliano decía que la
verdadera iglesia tenía que hacerse reconocer por el signo del éxtasis.

• Joaquín de Fiore (siglo XII). Divide la historia en tres edades: la del Padre, la del Hijo y la
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del E.S. Se dan en él múltiples profecaías y revelaciones. En su época se iniciaría la era del
E.S. que sería la era de los contemplativos, los “viris spiritualis”, poseídos plenamente por el
Espíritu. Su pensamiento ha inspirado, posteriormente, no sólo a teólogos, sino a filósofos
cistianos y marxistas en ciertos planteamientos y razonamientos.

• Movimientos precursores de la Reforma del sigo XVI. Los siglos XIII al XV conocen un
descontento general a nivel religioso y surgen voces disconformes con el papado y la
religión oficial. Algunas de estas voces darán pié a movimientos o grupos de protesta entre
intelectuales y también entre las gentes pobres y comunes. Aunque no es lo más destacable,
en la mayoría de estos grupos se dan rasgos un tanto “extremistas” que incluye la
“exaltación espiritual” con experiencias y manifestaciones de tipo profético “invasor” frente
a lo establecido o institucionalizado. Muchos de estos personajes y movimientos vieron
fracasados sus sueños, pero fueron el “caldo de cultivo” que prepararía el terreno para la
gran reforma del siglo XVI. Mencionaremos sólo algunos de los más conocidos: Juan
Wyclif y los Lolardos (movimiento de predicadores en quienes hayaron expresión las
doctrinas de Wyclif); Juan Huss y los husitas (nombre que recibieron los discípulos y
seguidores de Huss); Jerónimo Savonarola; etc. A estos movimientgos habría que añadir
los movimientos místicos, tanto de Occidente como de Oriente, anteriores y posteriores,
que siempre contuvieron rasgos de exaltación “carismática”.

• Reformadores radicales. Paralelamente a la Reforma Protestante del XVI, surgieron otros


movimientos más radicales que se enfrentaron (dialécticamente) tanto a católicos como a
protestantes. La mayoría de tales movimientos fueron considerados “extremistas”,
“exaltados”, “fanáticos”, “iluminados”, etc., por sus adversarios. De ellos decía Lutero que
“se vanagloriaban de tener al Espíritu independientemente de la Palabra”. Muchos de
ellos derivaron hacia extremismos insospechados y se estinguieron o fueron exterminados.
Otros permanecieron y dieron origen a iglesias que aún persisten. Pero todos ellos, en sus
orígenes o en algún período de su historia hicieron énfasis y vivieron experiencias
“profeticas” del tipo “espíritu invasor”. Mencionaremos a Anabautistas, Menonitas y
Muntzeritas.

• Los Cuáqueros (siglo XVII). También llamados “Sociedad de los Amigos”, los cuáqueros
fundados por George Fox, tienen como una de sus principales características su negativa a la
guerra y la violencia. Se les concedió el Premio Novel de la Paz en 1947. Su nombre
significa “tembladores” (cuáqueros) al parecer por los temblores que les producía su
experiencia religiosa. Un personaje interesante fue W. Pen que llevó el cuaquerismo a
Norteamérica. A el se debe el nombre del estado de Pensilvania. Interesante la carta de
Voltarie sobre Williams Pen en sus “Cartas Filosóficas”.

• Pietismo (siglo XVII). Spencer (moralista), Francke (sistemático) y Zizendorf (místico).


En Hale (s. XVIII) hay manifestaciones espirituales, visiones, sudores, lágrimas de sanagre,
palabras interiores, etc. Fox y Pen (cuáqueros), junto con pietistas de otros grupos influyeron
grandemente en la cultura evangélica, misiones, teología y política en el nacimiento de los
EE.UU. de Norteamérica.

• Pentecostalismo clásico (1901). Características: Bautismo E.S., lenguas y milagros.

• Movimientos de renovación carismática entre iglesias tradicionales (bautistas, presbierianas,


luteranas, etc.). Suelen mantener los principios doctrinales de sus iglesias pero con énfasis
en la experiencia y la alabanza mucho más acentuados y en algunas enseñanzas o
“doctrinas” bíblicas típicas del pentecostalismo, aunque a veces con matices. Suelen
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mantener bastante relación con otros grupos carismáticos.

• Movimiento católico carismático (1967). Surge entre estudiantes de la universidad de


Duquesne, Pittsburg, EE.UU.Permanece dentro de la Iglesia Católica y a la experiencia la
llaman “efusión del Espíritu”.

4.3 La Iglesia tradicional: respuesta a dichos grupos.

• Iglesia católica. Por ser una sola institución jerarquizada piramidalmente y con una
autoridad magisterial (concilios y papas) es más fácil asumir una postura común ante
movimientos emergentes dentro de la misma. Podríamos decir que la respuesta institucional
es de tolerancia y equilibrio. Esto no impide que haya voces muy autorizadas en contra y
otras igualmente importantes a favor. La iglesia católica no suele condenar ni declarar
“hereje” a nadie a no ser que ataque directamente su autoridad o degenere absolutamente en
sectarismos antiinstitucionales.

• Las iglesias evangélicas tradicionales. Es mucho más difícil al hablar de los evangélicos ya
que hay que estar constantemente definiendo, aclarando, matizando... Empezando por el
hecho de que las mismas iglesias que ahora consideramos tradicionales fueron, en su
mayoría, inconformistas, disidentes, entusiastas, etc., en sus orígenes. Así podríamos verlo
en todas ellas desde las más antiguas (protestantes clásicos), pasando por Bautistas,
Metodistas, Asambleas de Hermanos, etc., hasta llegar al pentecostalismo clásico
(Asambleas de Dios, etc.). Tambien el hecho de que muchas de ellas sean autónomas y no
dependan de ninguna autoridad administrativa externa complica más aún las cosas.
Podríamos decir que la reacción de la mayoría va desde posturas bastante intransigentes,
pasando por actitudes respetuosas, tolerantes y en algunos casos de sincretismo o clara
asimilación. Esto ha dado como resultado divisiones en algunos casos -con la tipica
radicalización por ambas partes- y formación de iglesias carismáticas dentro de la propia
organización en otros.

4.4 A modo de conclusión.

4.4.1 Valoración crítica negativa.

• Énfasis en la experiencia puede llevar a un subjetivismo y confundir la acción del E.S. con
la conciencia, las emociones, etc.
• Cierta negación de la intelectualidad en general y de la profundización biblico-teológica en
particular.
• Cierta negación del orden institucional puede llevar al desorden. Lo mismo puede decirse
en el aspecto litúrgico y doxológico.
• El énfasis en la autoridad del lider carismático (pastor, obispo, predicador, etc.) puede dar
lugar al servilismo y la devoción de los fieles y facilitar el terreno para la vanagloria y el
orgullo espiritual, así como para ciertos “fraudes” y, a veces abusos de autoridad del propio
lider.
• El énfasis excesivo en ciertos carismas “extraordinarios” y la vinculación, por parte de
muchos de estos grupos, del don de lenguas con la recepción o posesión del E.S. por el
creyente puede generar, aunque sea inconscientemente, en dos categorías de creyentes en
base a su “espiritualidad” o “santidad”. A veces puede darse un “menosprecio” inconsciente
hacia aquellos que no han tenido la “experiencia”.

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4.4.2 Valoración crítica positiva.

• Revalorización de aspectos cúlticos como la oración y la alabanza. Con ello se ha dotado de


vitalidad, alegría y mayor espontaneidad a los cultos frente a formas repetitivas y
monótonas en la liturgia.
• Interés renovado por la espiritualidad tanto en la persona del E.S. como en su acción en los
creyentes y las iglesias.
• Integrar los sentimientos y emociones en la vida espiritual y cúltica de los creyentes frente a
un frío intelectualismo y/o literalismo bíblico, según los casos.
• Renovado interés en la evangelización fuera de los templos. Sentirse movidos y motivados
por el E.S. hace que pasen a sengudo lugar ciertos perjuicios que obstaculizan el fervor
evangelístico que otrora caracterizó a la mayoría de los evangélicos.
• Mayor facilidad para el trabajo diacónico y kerigmático entre las clases marginadas.
Quizás por su mayor énfasis en los sentimientos, experiencias, milagros, poder de Dios, etc.,
(no exento del peligro de manipulación, supersticiones, etc) y por su predicación y
enseñanza menos técnica y más en el lenguaje de la calle los grupos pentecostales y
carismáticos has crecido mucho más entre pueblos y clases sociales con mayor indice de
marginalidad (gitanos, clases empobrecidas, discriminados raciales, presos, inmigrantes,
etc.).

4.3 El equilibrio bíblico.

• Creo que no hay mejor cosa, para concluir el tema, que referirnos a la propia Palabra de
Dios y a su equilibrado tratamiento de las dificultades. Ya hemos visto que en el AT se da,
constantemente, esa tensión entre lo que hemos llamado el “espíritu invasor” (que en
principio puede ser bueno o malo) por parte de Dios en Su libertad y el Espíritu de Dios
obrando de forma más serena, establecida, “institucionalizada”... pero siempre libre y
soberano. Esa acción del E.S. puede ser, en momentos arrolladora y otras veces serena,
apacible y ordenada.
• En el NT al Espíritu se le pone en referencia siempre a Jesucristo. Ya lo hemos visto en los
evangelios sinópticos y también en Juan. No se puede entender que “haya” Espíritu de Dios
al margen de Jesucristo, ni que se pueda confesar a Jesucristo como el Hijo de Dios sin el
E.S. La teología pneumatológica tiene que estar estrechamente relacionada con la
Cristología.
• En cuanto a la obra o acción del Espíritu Santo en la Iglesia y los creyentes no hay mayor
equilibrio, al tiempo que enérgica enseñanza de cómo usar esas capacidades espirituales o
carismas, que el que nos da Pablo en su primera carta a los corintios, especialmente los
capítulos 12 al 14. Sus enseñanzas en otras cartas posteriores, que reflejan una iglesia más
organizada e institucionalizada que la de Corinto, como Romanos o Efesios, también son
muy útiles.
• Finalmente, esa tensión lógica entre institución y libertad carismática debe ser creativa.

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5. EL MOVIMIENTO CARISMÁTICO Y /O PENTECOSTAL MODERNO.

5.1 Antecedentes teológicos.

• Fundamentalismo evangélico del siglo XIX en los EE.UU.


• Grupos de Santidad: Bautismo del Espíritu Santo como segunda bendición después de la
regeneración. Metodismo: Wesley, C. Finney, P.W. Palmer, R.A. Torrey, etc.
• Premileniarismo: énfasis en la Segunda Venida y escatología en general. J.N. Darvy, C.I.
Scofield, etc.
• Énfasis cuadrangular de la predicación pentecostal: Cristo el Salvador, Cristo el Bautizador
en el Espíritu Santo , Cristo el sanador y obrador de milagros y Cristo el Rey que viene.

5.2 Difusión.

• Orígenes: 1 de enero de 1901. Agnes Ozman habló en lenguas después de oración e


imposición de manos.
• En 1980 los pentecostales llegaban a tener 51 millones de miembros y los movimientos
carismáticos 11 millones.

5.3 Desviaciones doctrinales.

• La principal, desde el punto de vista pneumatológico, es la de “Jesús sólo”. Doctrina


antitrinitaria: Dios es una sola persona que se manifiesta como Padre, Hijo y Espíritu Santo
(especie de modalismo). Bautizan sólo en el nombre de Jesús. Esto ha quedado de forma
residual en grupos minoritarios del pentecostalismo/carismatismo. La mayoría de los grupos
pentecostales y carismáticos sostienen la doctrina trinitaria tradicional y algunos bautizan
con triple inmersión en el nombre de cada una de las personas trinitarias.

5.4 Doctrinas distintivas.

• Bautismo en (o con) el Espíritu Santo. Aunque hay distintas variantes y matices al entender
y expresar el tema, podríamos resumirlo en estas pocas palabras: la regeneración ya se dio
en el A.T. y en el N.T., antes de recibir el E.S. ¿Cómo habría enviado Jesús a predicar, sanar,
exhorcizar, etc., a hombres no regenerados? En Pentecostés recibieron el bautismo en el E.S.
Distinguen entre el E.S. habitando en uno como fuente de la fe salvadora y el E.S.
derramándose en uno a fin de habilitarle para el testimonio cristiano.

• Los dones “sobrenaturales” del Espíritu no cesaron con la era apostólica. Cesarán cuando
venga lo que es perfecto, es decir, cuando veamos a Dios “cara a cara” (cf. 1Cor. 13:10-12).
• El don de lenguas (glosolalia) es la señal externa y evidente del bautismo del E.S.

• No hay un grupo de doctrinas homogéneas para todos los grupos pentecostales ni para todos
los grupos carismáticos o de renovación. Muchos de éstos conservan las doctrinas propias de
la denominación a la que pertenecen o de la que surgieron con énfasis en algunos aspectos
tradicionales del pentecostalismo.

• Los debates más calurosos sobre el carismatismo, sus creencias, prácticas, énfasis, excesos o
carencias se dio entre los años 1960 y 1980 con centenares de libros, artículos, etc., de todas
las tendencias y en todas las denominaciones (incluidos los católoicos y los propios
pentecostales). Aunque la mayor literatua que ha producido este debate es polémica y

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superficial (basándose, sobre todo en narraciones de experiencias, milagros, etc, la mayoría
de la veces difíciles de comprobar objetivamente), también se han escrito libros y artículos
eruditos y bien fundamentados sobre temas como El Bautismo en el Espíritu, el Don de
Lenguas, etc.

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6. EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO ¿QUE ÉS?

Sin pretender contestar a la pregunta del enunciado de una forma absoluta, daremos algunas
“pistas”, desde los textos bíblicos, que puedan ayudar al estudiante a formar su propia opinión al
respecto.

6.1 Los textos bíblicos.

6.1.1 ¿Cómo se llega a ser cristiano? La respuesta a esta pregunta y sus implicaciones
teológicas debe ayudarnos para seguir en la dirección adecuada en nuestro estudio del tema.
Centrándonos en Pablo (por motivos de tiempo) podemos adelantar un esquema simple:
DON DEL ESPÍRITU SANTO, FE Y BAUTISMO. Veamos algunos textos claves:

• Se es cristiano por el don que se nos hace del Espíritu, que es el Espíritu de Jesús: Rom. 8:9,
14ss.; Gál. 3:26-27; 4:6; 1Cor. 12:13; Tit. 3:5ss., etc.

• La vida que produce es “la vida en Cristo” y se recibe por la fe (Gál. 3:2), expresándose y
consumándose (no de forma instrumental) por el bautismo en agua; participando así de la
muerte y resurrección de Cristo (Rom. 6:3ss; 8:1; Col. 2:12). Con pequeñas variantes, en
muchos textos, el Espíritu aparece en el acto del bautismo en agua (1Cor. 6:11; 12:13; Ef.
5:26; Tit. 3:5).

• Este “hacerse cristiano” implica también -y muy especialmente- ser miembros del Cuerpo de
Cristo (la iglesia), de la comunidad escatológica, de la familia de Dios. A ese proceso
pertenecen la fe en Jesucristo y la inmersión en el agua, a lo que conduce la fe en Jesús
muerto y resucitado.

6.1.2 El Bautismo del Espíritu Santo. Hay que notar, aunque no tenga gran importancia a
nivel teológico (quizás sí para matizar énfasis excesivos en el tema), que la forma nominal
“bautismo” nunca se emplea en el NT, sino la forma verbal (bautizará, bautizados...).
También que los textos en que se habla directamente del bautismo en/con el Espíritu son
muy pocos y todos remiten a las palabras de Juan el Bautista que contrasta el bautismo que
él practica con el bautismo que Jesús realizaría en sus seguidores. Finalmente que nunca se
dice “bautismo del Espíritu Santo”, sino “con”/”en” (el término griego se puede traducir de
las dos formas). Es Jesús (el Mesías) quien sumerge “en” o “con” el Espíritu Santo. En
contraste con el bautismo en agua cuyo énfasis no está en quién bautiza, sino en el hecho
del bautismo, aquí el centro de gravedad recae sobre quién bautiza.

• Textos en los Sinópticos (fuente Q). Mat. 3:11 y Lc. 3:16. Quizás la forma más primitiva:
“Espíritu Santo y fuego”. Fuego = ¿juicio mesiánico?

• Marcos 1:7-8. Desaparece “fuego”.

• Juan 3:5. ¿Se habla aquí del bautismo en un doble sentido? Los “dos” nacimientos son
necesarios, aunque tenga prioridad el del Espíritu que fundamenta al de agua.

• Lucas – Hechos. Lc. 3:16 (fuente Q); Hech. 1:4-5 (se apunta al cumplimiento de la promesa
en futuro). Hech. 2:37-39 (se apunta al cumplimiento de la promesa en presente. Cf. 2:12,
14, 16, 33 y 39).

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6.2 El ambiente en que surgen los textos sobre el Bautismo en/con el Espíritu Santo.

• Los textos se refieren a las palabras del Bautista sobre el bautismo de Jesús, en futuro,
contrastándolo con el bautismo de Juan (presente para Juan/pasado para la comunidad
receptora de los evangelios). Habrá, por lo tanto, que interpretarlas como apuntando a lo que
Jesús, el Mesías, obrará en las personas. ¿Cual es la obra fundamental de Cristo en el
creyente?

• En los Evangelios (quizás incluido el de Juan) estas palabras están hubicadas en un contexto
histórico/doctrinal: fuera y al margen de la Iglesia existían grupos de seguidores de Juan el
Bautista frente a los cuales era necesario afirmar la originalidad y fundamentalidad del
bautismo cristiano, realizado en el nombre de Jesús (cf. Hech. 19:1-6), en base a lo que
Jesús había hecho al cumplir la promesa (el don del Espíritu) en ellos.

6.3 El cumplimiento de la promesa en Hechos (Pentecostés). Algunas sugerencias:

• “Viento” (Espíritu) – estruendo – poder. Pentecostés: primicias del fruto – arras, garantía...
• “Fuego” (obra del E.S.) - lenguas – misión.
• “Como lenguas repartidas”: cf. Visión de Is. 6:1ss. - fuego – purificación – capacitación.

• Poder : “recibiréis poder” - Espíritu Santo.


• Misión: “me seréis testigos”- capacitación para la misión.
• Lenguas: hablaban ¿una sola lengua? y todos les entendían.
• Babel (confusión lenguas) – juicio.
• Pentecostés (aniversario de la entrega de la Ley – juicio).
• Pentecostés (se rompem las barreras / confusión) – Gracia y Salvación.

6.3 A modo de conclusión.

• Creemos que los textos bíblicos no autorizan a sacar de ellos una doctrina sobre una
“segunda bendición”, más o menos necesaria, aparte, después, o para complementar la
conversión a Cristo significada con el bautismo en agua.
• Los textos más bien nos llevan a una vinculación entre el cumplimiento del “él os bautizará
con el Espíritu Santo” y la obra que Jesús realiza en la persona que le ha recibido por la fe,
desde un corazón arrepentido. Esto se expresaría de una forma optico-auditiva, al estilo de
las teofanías del A.T. en Hech. 2 (pentecostés) y en una efusiva alabanza, acompañado, a
veces de profecía y lenguas, pero no siempre15.
• Tampoco hay que olvidar el componente simbólico16 que, aunque a nosotros nos parezca
irrelevante, para la mentalidad judía, griega e incluso romana era muy importante. Toda la
Biblia (tanto la hebrea como la cristiana) está llena de simbolismos (figuras, relatos
literarios, parábolas, milagros, apocaliptica, números, colores, visiones, sonidos, etc.) que
tratan de abrirnos a una riqueza de posibilidades hermeneúticas más allá del mero
significado de la oración gramatical. Por eso la Biblia podemos reconocerla como “palabra
viva”, palabra de Dios.

15 Abundaremos en ésto cuando tratemos el tema del “don de lenguas”.


16 Usamos aquí el término “simbólico” en un sentido muy amplio para indicar todo aquello que quiere apuntar hacia
algo más que lo que se expresa con la letra (puro literalismo).
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7. LA PLENITUD DEL ESPÍRITU SANTO, ¿QUÉ ES?

1. Terminología. En el NT hay varias palabras que pueden ser traducidas por “pleno”, “lleno”,
“completo”, “cumplido”, etc. . La mayoría de las veces no tienen significación teológica.
Analizaremos aquellos textos que sí la tienen y especialmente los que tienen referencia a
nuestro tema y que tienen que ver con el verbo griego pleroo y su variantes.

1.1. Pleroma (plh,rwma).El sustantivo se puede traducir, según los casos, por plenitud,
cumplimiento, cobertura o relleno. Aparece 11 veces en el NT. Con la idea de cubrir o
poner un parche (Mat. 9:16; Mr. 2:21), para referirse a la plenitud de la restauración o
salvación de los gentiles (Rom. 11:12, 25), al cumplimiento de la ley (Rom. 13:10), a la
tierra y todo lo que en ella hay (1Cr. 10:26), al cumplimiento del tiempo (Gál. 4:4), al
cuerpo-iglesia de Cristo (Ef. 1:23), en sentido parecido aparece junto a “pan” en Ef. 3:19
y se refiere a la presencia de Dios en los creyentes y los dos últimos casos se refiere a
Cristo como habitando en él toda (pan) la plenitud de la divinidad (Col. 1:19; 2:9).
Pleres (plh,rhj) puede significar “maduro”, “abundante” y, principalmente, “lleno”. Las
formas verbales (del verbo pleroo (plh,row) se traducen por las correspondientes a los
verbos castellanos “cumplir”, “llenar”, “colmar”, “completar”.
1.2. Eplesthesan (evplh,sqhsan). Con el mismo sentido de cumplir, completar, ser llenos,
etc., suele traducirse con el significado de “siendo llenos”, “fueron llenos” o
simplemente “llenos de”. El imperativo “plerousthe” (plhrou/sqe), ”sed llenos”, parece
encerrar un sentido de continuidad: “sed continuamente llenos” o “seguid siendo
llenados” (Ef. 5:18).

2. Dos significados básicos de la “llenura” del Espíritu Santo:

2.1. Característica dominante que puede definir a un creyente. Algunos de los textos,
al referirse a creyentes como “llenos del Espíritu Santo”, parecen querer indicar una
forma de ser espritual que podría ser característica de un o unos determinados creyentes.
Es como cuando nosotros hablamos, coloquialmente, de algún creyente y decimos que es
“muy espiritual”, “muy consagrado”, “muy dedicado”, de un “buen testimonio”, etc. No
estamos refiriéndonos a un momento determinado de su vida como creyente en que
demostrara una dedicación o consagración especial, sino a una constante de su vida.
Alguién que vive “controlado” o “gobernado” por el Espíritu Santo. Ver Hech. 6:3;
11:24. Da la impresión que está apareciendo una terminología fija del lenguaje de
edificación (cf. Hech. 9:36). En sentido contrario Hech. 13:10 y 19:28: “lleno de engaño
y maldad” y “lleno de ira”.

2.2. Repentina inspiración (o “llenura”) de un momento. En otros casos nos


encontramos con lo que parece ser un “ser llenos” o capacitados para un momento y una
ocasión especial, al estilo del “ruaj adonay” del A.T. Los fenómenos que acompañan a
estos casos son variados: suelen ser denuedo, valentía o libertat para testificar, oración
unánime y fervorosa, el servicio humilde, el gozo y la alabanza. En algúnos casos va
acompañado de lenguas o de un milagro, en otros de profecía, pero en otros no. Todo
ello puede ser “señales valiosas” de ser llenos del E.S., pero ninguna de estas “señales”
es garantía absoluta de que se está lleno del E.S.

3. Casos que aparecen en el Nuevo Testamento:

3.1. Lucas/Hechos. La expresión “lleno del Espíritu Santo” (singular o plural) es


característica de Lucas/Hechos. En los restantes escritos del NT no aparece excepto en
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contadas ocasiones y siempre con alguna variante diferente.

3.1.1. Historia en torno a Juan el Bautista. Lc. 1:15 (Juan desde el vientre de su
madre), 1:41 (Elisabeth, madre de Juan Bautista) y 1:67 (Zacarías, padre del
Bautista).
3.1.2. Se dice de Jesús. Lc. 4:1 (cuando Jesús vuelve del Jordán, después de ser
bautizado y va a ser tentado en el desierto). Es, sin duda, el supremo ejemplo de estar
lleno del E.S. Sólo se aplica a Jesús esta vez y parece que Lucas da por sentado que
ésta fue siempre la característica de Jesús. Por eso sólo necesita decirlo al comienzo
de su ministerio. Lucas aplicará esta expresión después de Pentecostés, aunque de
forma ocasional, a otros creyentes.
3.1.3. En torno a la experiencia de Pentecostés. Se dice de todos los reunidos sobre
los que vino el E.S. en cumplimiento de la promesa (Hech. 2:4).
3.1.4. En el resto del libro de los Hechos. Tenemos varios casos, algunos de grupos
de creyentes y otros referidos a un sólo individuo: Pedro, cuando inicia su discurso
ante el Sanedrín (4:8); un grupo de creyentes, después de haber orado (4:31); de los
siete que había que elegir para servir a las mesas (6:3). Aquí está claro que el ser
“llenos del Espíritu Santo” es una cualidad de la persona como el tener buen
testimonio y sabiduría. En 6:5 se resalta a Esteban, uno de los siete, calificándolo
aisladamente como lleno del E.S., quizás preparando su historia posterior (7:55).
Ananías es enviado a Pablo, por el Señor, a fin de que reciba la vista y sea “lleno del
Espíritu Santo” (9:17). También a Bernabé (11:24) se le califica de bueno y “lleno
del Espíritu Santo y de fe”. Ante el mago Elimas, quien trataba de evitar el
testimonio de Pablo al Proconsul Sergio Paulo, Pablo increpa al falso profeta “lleno
del Espíritu Santo” (13:9). Los discípulos, entre los que ministraron Pablo y
Bernabé, después de la persecución y el rechazo, estaban “llenos de gozo y del
Espíritu Santo” (13:52).

3.2. Pablo. Aunque la idea puede estar presente en diferentes escritos paulinos, lo cierto
es que sólo hay una expresión que se asemeja, en forma y contenido (aquí falta el
calificativo “Santo” para Espíritu), a la de Lucas que hemos comentado. Está en Efesios
5:18: “no os embriaguéis con vino, pues en esto hay desenfreno. Más bien, sed llenos del
Espíritu”. Ya hemos dicho que la forma verbal griega aquí puede ser traducida por
“seguid siendo llenos...”. Lo que indicaría el ideal de todo creyente y no sólo de unos
pocos y en momentos determinados. ¿Es posible que aquí haya una referencia, por
contraste, a la experiencia espiritual frente a la experiencia báquica? Ver Hech. 2:13 y
15).

4. A modo de conclusión.

4.1. ¿”Plenitud” o “llenura”?

4.2. Bautismo del Espíritu y “Plenitud” del Espíritu.

4.3. “Lleno/s del Espíritu Santo” una expresión típica de Lucas para describir
experiencias espirituales determinadas y/o una forma de ser creyentes.

4.4. Una combinación de experiencias típicas del AT (ruaj adonay) y del NT (el Espíritu
de Dios que viene sobre los cristianos en base a la promesa de Jesús, iniciada en
Pentecostés).

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4.5. Aunque la acción depende de Dios el creyente debe estar dispuesto y desearla (Ef.
5:18 cf. Sal. 51:10-13).

4.6. La plenitud o llenura absoluta nunca se da en los creyentes hasta que estemos en la
presencia de Dios. Entre tanto hemos de tener la misma actitud de Pablo (Filip. 3:12-14).
El mismo Pedro que “lleno” del E.S. predica, sana, y se enfrenta con valentía a sus
adversarios, se comporta luego de forma condenable ante Pablo haciendo acepción entre
cristianos judíos y cristianos gentiles. Es posible que en esos momentos Pedro siguiera
siendo un cristiano “lleno” del Espíritu Santo, pero su acción no fue inspirada por el
Espíritu Santo en ese caso en concreto. Lo mismo debió ocurrir a Bernabé, Pablo y otros
muchos creyentes a los que se refiere Lucas como “llenos del Espíritu Santo”.

4.7. Cuando la “plenitud del Espíritu” sirve para, consciente o inconscientemente, crear
diferencias entre los miembros de la iglesia y calificar a unos de “llenos del Espíritu” y
otros “no llenos”, sin duda que el Espíritu Santo no está obrando en los que así actuan,
piensan o enseñan.

4.8. De la misma forma que Pablo no acepta ningún “añadido necesario” a Cristo (Cristo
y la Ley, Jesús y la circuncisión, Jesús y el conocimiento filosófico, Jesús y mediadores
angélicos, etc.) tampoco aceptaría Jesús y “la plenitud del Espíritu”. El que tiene a Cristo
tiene la plenitud de todo porque en él habita toda plenitud (ver Ef. 3:19; Col. 2:9-10).

4.9. El pecado puede hacer que esa acción o presencia del E.S. que definimos como
“llenura” no se manifieste en el creyente. Por el contrario, el arrepentimiento puede
hacer que se recupere y el Señor puede hacer que Su Espíritu “vuelva” a llenarnos en
una circunstancia especial de nuestra vida, generalmente para dar testimonio de él con
poder.

4.10. Nuestro deseo debe ser que el Espíritu Santo nos gobierne y controle nuestras vidas
de forma constante. Esto se manifestará en nuestra alabanza, nuestra oración, nuestro
testimonio, en el uso adecuado de nuestros dones y, sobre todo, en el fruto del Espíritu
como resultado de una auténtica madurez espiritual.

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8. LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

8.1 La palabra “don” (dw/ron\) aparece en el Nuevo Testamento, en sus diversas variantes,
con el significado de “regalo”, “don”, “gratuitamente”, “gracia”, “ofrenda” y “sacrificio”
(cuando el objeto del don es Dios).

• Cristo y sus efectos o acciones salvadoras para el ser humano es considerado como el don
fundamental de Dios al hombre. Junto a él aparece el Espíritu Santo, con sus diferentes
carismas. El primero hace participar al hombre en el acontecimiento de Cristo y le otorga la
comunión con él. El segundo prepara al ser humano para el servicio que lleva consigo dicha
comunión. Cada miembro en comunión con Cristo forma parte de Su cuerpo y es capacitado
por el Espíritu con sus dones (carismas) para el bien y la edificación del resto de los
miembros (el cuerpo en su totalidad).

8.2 La palabra “gracia” o “don” (ca,rij, ca,risma) y “dones” (cari,smata) tiene un significado
semejante a “doron” pero con un marcado énfasis en la gratuidad del mismo y de
inmerecido por parte del receptor. Por parte del dador es un “favor” o una “gracia”
implicando su generosidad, bondad, amor... Los latinos tradujeron la palabra amor
(agapé) por “caridad” que viene de la misma raiz que carisma (charis). Esta es la palabra
usual para referirse a los dones del Espíritu Santo y de ahí términos como carismático.

8.3 Las Listas de Dones en el Nuevo Testamento. Generalmente se mencionan 4 listas,


aunque algunos autores mencionan sólo las 3 primeras:

• 1Cor. 12:8-10. En esta lista se mencionan 9 dones pero más adelante (v. 28) se añaden 4
(apóstoles, profetas, maestros y los que ayudan). Es interesante notar que se introduce la
mención de estos carismas en forma triádica y, quizás trinitaria. En el v. 7 se los define a
todos como “manifestación del Espíritu” (fane,rwsij tou/ pneu,matoj), pero en los vv. 4 al 6
se dividen en dones (carisma,twn) diversos, frente al un mismo Espíritu (to. de. auvto.
pneu/ma\), diversos servicios o ministerios (diakoniw/n) pero un mismo Señor (o` auvto.j
ku,rioj\) y diversas “operaciones”, “actividades”, “milagros” (evnerghma,twn) pero el Dios que
los realiza es el mismo (o` de. auvto.j qeo.j o` evnergw/n ta. pa,nta evn pa/sinÅ). En el v. 28 es Dios
el que pone en la iglesia a personas con esos dones (¿o es el que da los dones?). ¿Es posible
que todos los “dones” se atribuyan al Dios Trino pero vinculando la relación energética
(poder) a Dios, la de utilidad de los dones (servicio) a Cristo y la de manifestación espiritual
al Espíritu Santo?. En este pasaje como en los capítulos 13 y 14 la motivación del autor es
corregir defectos en cuanto a la interpretación y uso de los dones, especialmente de los más
“espectaculares”.

• Rom. 12:6-8. Este es un pasaje interesante porque tiene ciertas semejanas con el de 1Cor.
12-14: Parece querer corregir actitudes inadecuadas entre los creyentes acerca de los
carismas, quizás sentirse orgullosos o superiores, por eso apela a que lo que dice es en virtud
de la gracia (ca,ritoj) que le ha sido dada (v. 3) y a la idea de la diversidad y la unidad del
cuerpo para finalizar con la supremacía del amor (vv. 9-10). Aquí se mencionan 7 dones
algunos ya mencionados en 1Cor. y otros no.

• Ef. 4:11. El contexto de este pasaje nos lleva a una situación parecida con los anteriores: El
v. 2 habla de la necesidad de la humildad y mansedumbre y, sobre todo, la de amarse hasta
soportarse los unos a los otros. El v. 3 y ss. exhortan a la unidad de los creyentes en base a
su confesión de fe por la que pertenecen a un sólo cuerpo, que vive por un sólo Espíritu, y

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tienen una misma esperanza, una sola fe, un sólo Señor, un sólo bautismo y un sólo Dios
padre. El final del contexto inmediato (vv. 12-16) sigue con los mismos temas de 1Cor.:
edificación del cuerpo, unidad, no ser niños sino maduros, el cuerpo que crece por la
actividad de cada miembro en particular, y toda esa actividad ha de edificar en amor. La
palabra “don” (ca,rij) y “don” (dwrea/j) aparece en el v. 7 traducido por “gracia” dada a cada
creyente según la “dádiva” de Cristo. Se mencionan 5 o 6 dones (pastores y maestros podría
ser uno sólo) y se menciona como el dador de los mismos a Cristo (v.11a.).

• 1Ped. 4:10-11. En esta lista se mencionan dos dones (hablar -que quizás se refiera a la
profecía- y el servicio). También aquí aparece la palabra “don” como en Efesios y en el
contexto del servicio mutuo (ca,risma) y como “mayordomos” o “administradores” de la
multiforme gracia de Dios (oivkono,moi poiki,lhj ca,ritoj qeou/Å). También este pasaje nos
coloca la actividad carismática en el contexto de las relaciones entre los creyentes,
fundamentalmente el amor (vv. 8-9).

8.3.1 ¿Listas exclusivas o representativas?. Creemos que son representativas primero,


porque ninguna es exactamente igual a las otras y segundo, porque el objetivo de los
diferentes dones es capacitar a los creyentes para el crecimiento y/o edificación de la
iglesia y cada iglesia local y, más aún, la “iglesia universal” o pueblo de Dios puede
tener diferentes “necesidades” dependiendo del lugar y la época histórica en que tenga
que ejercer su ministerio.

8.3.2 ¿Son los “dones” lo mismo que los “talentos”?. Si aceptamos la diferencia de
que los carismas son dones “espirituales” y los talendos dones “naturales” podríamos
contestar, en cierto sentido, negativamente. Pero según la Biblia (tanto el AT como el
NT) aún los “dones naturales” que poseían los artistas que construyeron el tabernáculo o
los que debían ser elegidos para servir las mesas (Hech. 6) erán obra del Espíritu de
Dios. Pienso que todos los talentos o “dones naturales” que pueda tener una determinada
persona (música, canto, enseñanza, pintura, etc.), cuando recibe el E.S. deben ser
transformados en dones espirituales y ponerse al servicio del Señor y usarlos para
edificación de la iglesia.

8.3.3 ¿Cesaron o cesrán todos, o algunos de los dones?. Esta pregunta aún se debate
entre algunos creyentes. Parece que hay una respuesta bíblicamente clara: en algún
momento todos los dones cesarán, excepto el amor (1Cor. 13). ¿Cuándo ocurrirá esto?
Posiblemente no ocurrirá mientras exista la iglesia terrena ya que son necesarios para su
edificación y crecimiento. ¿Dejarán de existir determinados dones y otros no? Creemos
que esto puede ocurrir si la iglesia, en un determinado momento, no los necesita;
incluso que Dios puede otorgar dones nuevos (no citados en la Biblia) si la iglesia los
necesita. Algunos de los Padres de la Iglesia creyeron que dones como las lenguas,
sanidades, profecía, etc., habían cesado con la era apostólica. Otros, sin embargo,
creyeron que no y dieron testimonio de que se daban en su época.

8.4 Propósito y objetivo de los dones. El NT es claro y, muy especialmente, Pablo en 1Cor.
12-14: todos los dones han sido distribuidos a los diferentes miembros para la
edificación del conjunto de ellos (el cuerpo), para capacitarlos para la obra del
ministerio, para llevarlos a la madurez y, en último término, para la glorificación de Dios
(Ef. 4:12-16; 1Cor. 12:7; 14:3-5, 12, 20; 1Ped. 4:11).

8.5 Unidad y diversidad en clave de Amor. Sorprende constatar que, como ocurre con otros
temas importantes, en la práctica, el tema de los dones, especialmente los dones
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llamados “singulares” o “espectaculares” ha traido más división entre los creyentes que
unidad y edificación. Al analizar las listas de dones nos damos cuenta que debería ser
todo lo contrario ¿por qué?

8.5.1 Énfasis en la unidad. Este énfasis marca prioridad en el tema de los dones. En
1Cor. 12:4-6 se enmarcan la diversidad de dones dentro de la unidad del Dios trino y,
puesto que el Espíritu Santo se considera la fuente distribuidora de los dones, en los vv.
siguientes se enfatiza el “un sólo”, “un mismo” Espíritu (vv. 8-13). Si el origen y
distribución de los diferentes dones vienen de “uno sólo”, de “uno mismo” (Dios, el
Señor, El Espíritu) también los receptores de los múltiples dones tienen una unidad en
“un sólo”, “un mismo” cuerpo de Cristo (vv. 12-13, 26-27. Cf. Ef. 4:2-6).

8.5.2 Énfasis en la diversidad. La diversidad es enfatizada en la función de los dones,


así como de los miembros del cuerpo. Sin embargo, lo que se enfatiza no es la
“unicidad” como tal sino la riqueza que las distintas unidades y diversidades dan a la
unidad del conjunto. Por eso ninguna unidad, en su diversidad, debe sentirse orgullosa
de sus peculiaridades de tal forma que le lleve a sentirse superior a las demás y tampoco
debe envidiar ningún don que no le haya sido dado o ninguna función del cuerpo que no
le coresponda. Ninguna de las “unidades” tiene sentido en sí misma y todas lo tienen en
el conjunto (1Cor. 12:14-21; 25-26; Rom. 12:2-5, 10, 16; Ef. 4:16).

8.5.3 El “don” del amor como clave para la correcta utilización de los dones. Una
mirada a las listas de dones mencionadas bastaría para tener claro que todas ellas están
enmarcadas por esa facultad superior a todo que llamamos amor. Esta es la clave para
entender, negativamente, por qué el uso, mal uso o abuso de los dones traen divisiones
entre creyentes e iglesias. Si el amor fuese el “fundamento” de nuestras relaciones y no
las doctrinas distintivas o interpretaciones particulares, veríamos hecha realidad la
unidad del Espíritu, la edificación y crecimiento del Cuerpo a través de la diversidad y el
desarrollo de los diferentes dones. El capítulo 13 de 1Cor. no es un añadido caprichoso
de Pablo a su argumentación17 sobre los dones del Espíritu y su desarrollo, sino la pieza
clave y fundamental de la misma. De ahí el “si yo..., pero no tengo amor, nada soy, etc.”.
Recordemos que Pablo introduce ese “himno” al amor primero, con un “yo os muestro
un camino mas excelente” (excelencia superior a cualquier don ya mencionado, incluso
el de la profecía, al que Pablo parece dar cierta prominecia: 1Cor. 12:31; 14:11). Luego
sigue (1Cor. 13:1-3) contrastando el amor con los dones de lenguas, profecía,
conocimiento, fe, ayuda y entrega sacrificial18 y, después del himno vuelve a mencionar
esos dones, posiblemente considerados por los Corintios como de mayor excelencia,
como profecías, lenguas y conocimiento (vv. 8-9).

8.6 Los dones “singulares” o “espectaculares”. Se suele decir de aquellos dones,


mencionados en 1Cor. 12 al 14) que parecen ser “signos” o indicios externos del obrar
de Dios. Incluirían dones como milagros, sanidades, profecía, lenguas y el de su
interpretación. Nos es imposible deternos en cada uno de ellos. Los interesados pueden

17 Generalmente se acepta, entre los heruditos, que el capítulo 13 (o el himno al amor que contiene) de Primera de
Corintios es pre-paulino. Si es así Pablo lo insertó allí como parte de su discurso argumentativo.
18 Quizás ese contraste no sea tanto una referencia a lo “posible” o “normal”, sino a lo imposible o “no normal”. Así
llevaría al extremo las lenguas al hablar de “lenguas de los ángeles”, la profecía con la idea “imposible” de entender
todos los misterior, la fe con el poder de “trasladar los montes” (recordemos el dicho de Jesús sobre una fe como un
grano de mostaza), la ayuda hasta el grado de entregarlo absolutamente todo a los pobres y su capacidad de
sacrificio como para ser voluntariamente quemado (¿quizás aludiendo a la posibilidad del marftirio?). Esta forma de
entender el pasaje daría mayor fuerza al argumento paulino de que cualquier don, por extraordinario que sea o
parezca, es vacío y no sirve a la edificación si el que dice poseerlo no posee realmente el amor.
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recurrir a la bibliografía que damos al principio. Hablaremos del don de lenguas y la
profecía por ser, especialmente el primero, de los más controvertidos tanto para el
cristianismo actual como para la propia iglesia de Corinto.

8.6.1 El don de profecía. Es el don que Pablo parece recomendar a los Corintios (1Cor.
14:1, 5, 39). En la profecía podemos distinguir tres aspectos: en cuanto al contenido uno
es el de vaticinar el futuro al estilo de los antiguos nabí del AT y del que hay constancia
en algunos pocos casos en el NT (Hech. 11:27-28; 21:10-11). El otro es el de hablar de
parte de Dios al estilo de los grandes profetas del AT (los hombres del Espíritu y la
Palabra), sin referencia necesariamente a la predicción pero sí al oráculo de parte de
Dios. Este parece ser el sentido de la profecía en 1Corintios que Pablo defiende. En
cuanto a la forma, y en correspondencia con el contenido, había los profétas “extáticos”
o “exaltados”, al estido de los profetas mencionados en la historia de Saúl. Estos
danzaban, cantaban, profetizaban en una especie de éxtasis contagioso y había otros que
daban mensajes de exhortación, sin ser necesariamente exaltados. Eran una especie de
predicadores itinerantes de los que tenemos testimonios en primitivos escritos cristianos.
Pablo parece defender este tipo de profecía frente al anterior. En 1Cor. 14 describe una
manifestación de la profecía (que se corresponde con el hablar en lenguas sin
intepretación) y que crea desorden y confusión19 frente a lo que Pablo reclama el orden
(vv.39-40). Pablo parece describir la profecía, que equivale a las lenguas interpretadas,
como algo que tiene que ver con la “revelación” (avpokalu,yei), el “conocimiento”
(gnw,sei), y con la “enseñanza” (didach/|) cosas, todas ellas, que llegan a los oyentes como
mensaje claro, inteligible y, por lo tanto, edificante (v. 6) y creador de orden y de paz,
tanto para los creyentes como para los no iniciados o los incrédulos (vv. 24-33).

8.6.2 El don de lenguas. Este es el don más controvertido de todos por lo que le
dedicaremos, aunque sea esquemáticamente, algo más de espacio.

8.6.2.1 El término “lengua”, en el NT, (glw/ssa) como nominativo singular siempre tiene
el sentido de la lengua como órgano físico del cuerpo. Pero en plural (glw,ssaij) puede
tener dicho significado y también referirse a idiomas y al don de lenguas. En este último
sentido podría referirse a la “glosolalia” que se entiende como una serie de sonidos
guturales, sin ningún sentido en cuanto a la estructura del lenguaje, ni semántico ni
filológico. Otros términos para “idiomas”, en el NT, son foné (fwnw/n) que también se
usa para “voces” y “dialecto” (diale,ktw|) que se suele usar para hablar de un idioma
concreto como el hebreo.

8.6.2.2 El don de lenguas en el Nuevo Testamento. Sorprende comprobar que figura sólo
en dos libros, Hechos y 1Corintios, si bien se menciona en Marcos 16:17 pero la
mayoría de los eruditos creen que este final de Marcos, aunque canónico, no es original,
sino un añadido posterior.

8.6.2.3 En el libro de los Hechos. De los 5 casos que aparece “glosolalia”, el primero se
refiere al fenómenos “visual” de pentecostés (2:3), los 2 siguientes casos a el hablar en
otras lenguas, al parecer dialectos nativos, también en pentecostés y los 2 restantes se
refieren a los casos de Pedro y Cornelio (10:46) y el caso de Pablo con los 12 de Efeso
(19:6). En estos casos parece tratarse de la “glosolalia” en la alabanza, aunque no puede,
en mi opinión, descartarse por completo los idiomas (en el segundo caso va unida la
profecaía) en la proclamación.

19 El término avkatastasi,aj, que se usa en 1Cor. 14:33, significa “tumulto”, “agitación”, “confusión”, “desorden”.
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8.6.2.4 En Primera de Corintios. Se menciona en tres pasajes diferentes, aunque todos
dentro del mismo contexto. Veamos algunas claves de cada capítulo:

◦ Capítulo 12. Se introduce el tema de los dones para que no sean ignorantes de ello
(avgnoei/n). Se presenta el discurso en base a una carencia de los corintios: hablan y dicen
experimentar mucho sobre los dones, pero son ignorantes (faltos de conocimiento)
acerca de ello. Se menciona una “jerarquía” positiva en la enumeración de los dones
yendo, siempre, las lenguas y su interpretación en último lugar (vv. 8-10, 28-30).

◦ Capítulo 13. Se contrapone el uso de ciertos dones, al máximo grado, con la falta de
amor (se empieza ahora con las lenguas) y, en cuanto al uso de las lenguas se las
compara al “resonar” o el “eco” del metal, es decir como “simple ruido” sin utilidad y
nada más. Al final también se dice que las lenguas se acabarán, mientras que el amor
permanecerá aún cuando llegue lo perfecto (teleioi = maduro). Esto podría ir en contra
de la interpretación de “lenguaje angélico” o “espiritual” pues cuando llegue lo perfecto
ya no será necesario.

◦ Capítulo 14. Pablo sigue ahora una argumentación claramente polemizante y por ello, en
contra de lo que hace en el 12 empieza la enumeración, negativamente, por las lenguas.
Se limita ahora a contrastar la práctica del don de lenguas con la del de profecía y
considera las lenguas de ningún valor (excepto para el que lo practica en privado) para el
objetivo de edificación de la iglesia y señal que guíe a los de afuera, incluso las
considera “perjudiciales” para el testimonio de los de afuera ya que producen confusión
y desorden, en contraste con la forma de ser de Dios mismo (vv. 23-25, 33). Da un valor
superior a la profecía y las lenguas interpretadas laws equipara a ella (v.5). Contrasta
también las lenguas con la gran cantidad de idiomas existentes en el mundo y ninguno
carece de significado: así debe ser también con las lenguas. Las lenguas no interpretadas
son como instrumentos musicales que no interpretan una melodía que pueda ser
entendida (como mucho recreará el gusto de quien la toca pero no servirá para
comunicarse con otros). Finalmente, Pablo se pone a sí mismo como ejemplo y dice que
habla en lenguas más que todos ellos pero -y aquí hay que fijarse en la proporción-
prefiere hablar 5 palabras que se entiendan que 10.000 en leguas no comprensibles. El
capítulo 14 es un intento de poner en orden el desorden, confusión y mal uso de el don
de lenguas hablado por los corintios en la iglesia. De todas formas, Pablo no prohibe
hablar en lenguas a no ser que no haya interpretación (cosa que también tiene su
dificultad por la propia naturaleza del don de interpretación).

8.7 La Glosolalia como fenómeno no exclusivamente cristiano. Sin extendernos en el tema


hay que decir que la glosolalia (parece que en forma “extática”) se practicaba en algunos
cultos paganos de aquella época. Es posible que hubiera cristianos en Corinto con ese
transfondo y esa influencia. También en la historia más reciente y en la actualidad hay
otras religiones en las que se da el fenómeno de la glosolalia y también hay estudios que
confirman que la glosolalia puede ser inducida sicológicamente. Incluso hay los que
sostienen que se da el fenómeno de las lenguas como una imitación satánica de lo que el
Espíritu Santo hace.

8.8 Otros temas que se podrían comentar, si hubiese tiempo:


◦ El don de lenguas y el bautismo del ES.
◦ El don de lenguas y la plenitud del ES.
◦ Descubrimiento, desarrollo y uso de los dones espirituales.
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9. EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO

9.1 Fruto y Dones del Espíritu Santo. Aunque la palabra “fruto” (karpo,j) aparece una sola
vez en los pasajes que hablan de los dones del Espíritu, esa sóla vez es muy significativa.
Contrasta “mi espíritu” con “mi entendimiento” y relaciona el “fruto” producido por el
don con la consciencia propia y la edificación del otro (1Cor. 14:14). Veamos, de forma
esquemática, algunas cosas interesantes sobre “frutos” y “dones”.

◦ Tanto dones como fruto son expresión de la vida práctica del creyente. En 1Cor. y
también en Gál. Pablo pasa de la teología a la praxis. En un caso hablando de los dones
del ES y en otro del fruto del ES. Los dones son como las herramientas para la
construcción y edificación del edificio, que es el Cuerpo, dadas a cada miembro por el
Espíritu Santo. El fruto expresa, de forma condensada, las características dadas por el ES
a todo creyente y que han de ser ejércitadas, de forma natural y cotidiana, en sus
relaciones interpersonales. Tanto fruto como dones son obra del ES en el creyente.

◦ El “Fruto” debe influir, necesariamente, en la práctica de los “dones”. Dado que el


fruto del Espíritu marca la naturaleza interior y el carácter del creyente y los dones del
Espíritu son la capacitación de cada creyente para la obra del ministerio en y como
iglesia, es lógico pensar que cada creyente tiene que desarrollar y practicar sus dones
desde la “fuerza moral” y perspectiva ética que el fruto del Espíritu da a sus vidas. La
espiritualidad del creyente se expresa, no tanto por los dones que posea como por el
fruto del Espíritu que fluya a través de su vida práctica (pensamientos, palabras, obras,
relaciones interpersonales en geneal...).

◦ Mientras que ningún miembro del Cuerpo posee todos los dones, todos los
miembros deben poseer y dar todo el fruto. Tampoco hay ningún miembro que
carezca absolutamente de dones y el fruto puede expresarse con mayor intensidad y
evidencia en unos que en otros. Tanto fruto como dones exigen la íntima comunión del
creyente con el Señor para ser efectivos (1Cor. 12:27ss.; Jn. 15:4ss.).

◦ Los “frutos naturales” y los “talentos naturales” que pueden darse en las personas
pueden y deben ser transformados en “fruto” y “dones” del Espíritu cuando dichas
personas, por la conversión/bautismo, pasan a formar parte del pueblo de Dios. La
naturaleza cambiada por el Señor producirá frutos acordes con esa naturaleza. En Mt.
7:20 Jesús dice: “Por sus frutos los conoceréis” y el ejemplo que utiliza es el de los
árboles.

9.2 El Fruto del Espíritu en Gálatas. El único pasaje bíblico donde se habla explícitamente
del fruto del Espíritu es Gálatas 5:22-23. Hay nueve palabras (quizás en forma ternaria)
que describen ese fruto: amor (avga,ph), gozo (cara.), paz (eivrh,nh), paciencia
(makroqumi,a), benignidad (crhsto,thj), bondad (avgaqwsu,nh), fe o fidelidad (pi,stij),
mansedumbre (prau<thj) y dominio propio o templanza (evgkra,teia\). Hay otros lugares
del NT donde se mencionan los futos o fruto del creyente20 y algunos coinciden
directamente o en el contexto, pero sólo aquí aparecen referidos a la fuente del ES y
juntos, en una especie de ramillete.

9.2.1 Contexto. El pensamiento de Pablo en Gálatas (igual que en Romanos) está


desarrollando el tema de las obras de la ley frente a la libertad de los hijos de Dios en

20 Jn. 15:2,4,5,8,16; Rom. 7:5 (en sentido negativo pero en la misma línea de Gálatas), Ef. 5:9; Col. 1:10; San. 3:17-18;
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Cristo (Gál. 5:11). La ley es carnal y esclaviza a los seres humanos. Cristo, al cumplir la
Ley, con su muerte en la cruz, libera. La vida del judío legalista promueve una serie de
“obras” para justificarse ante Dios. Para Pablo esas obras, así como todas las que surgen
del esfuerzo humano, son carnales y producto de la carne: por tanto pecaminosas. Frente
a ellas él contrapone no las “obras” de los creyentes, sino el “fruto” del Espíritu. Así las
obras hablan de lo que hacemos por nosotros mismos; el fruto de lo que producimos por
la acción del Espíritu Santo en nosotros.

En este sentido hay una serie de contraposiciones:

• Obras de la carne y Fruto del Espíritu (Gál. 5:19, 22).


• Carne y Espíritu (Gál. 5:16-17).
• Espíritu y Ley (5:18).
• Libertad en Cristo y esclavitud de la ley (5:1).

También es importante notar:

• La fe, la esperanza y la justicia están vinculadas a la obra del Espíritu Santo (5:5).
• La libertad en Cristo corre el peligro de ser usada como pretexto carnal (5:13a).
• Lo mismo que en el tema de los dones, el amor aquí es lo fundamental (5:13b, 14, 22a.).
• Las disputas y disensiones entre hermanos evidencian la falta del fruto del Espíritu
fundamentado en el amor, la paz, la bondad, la mansedumbre, etc. (5:15, 26; 6:1-2).
• Así como en la “jerarquización” de los dones se mencionan las lenguas en último lugar, en
la del fruto del Espíritu el amor ocupa el primer lugar (5:22), influyendo en el resto del
fruto: la paz, el gozo, la paciencia, la bondad, la mansedumbre, etc., no son posibles sin el
amor.
• Finalmente, la consecuencia lógica de “vivir en el Espíritu” (teología) es “caminar en el
Espíritu” (praxis). La teoría fundamenta la práctica y la práctica expresa la realidad y
autenticidad de la teoría (5:25. Cf. 5:16-18).

10. CONCLUSIÓN / RESUMEN

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