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Lo epistémico y lo histérico en la Teología moral renovada

12.
Lo epistémico y lo mistérico
en la Teología moral renovada

VICENTE GÓMEZ MIER*

I. EL PROCESO DE CAMBIO ENTRE PÍO XII Y JUAN XXIII

Las promociones de alumnos que estudiaron Teología moral en los últimos


años del pontificado de Pío XII y durante el Concilio Vaticano II (1962-1965)
tuvieron el notable privilegio de experimentar un cambio histórico, en parte
planificado, en parte disruptivo. Ellos, y también sus profesores, asistieron al
espectáculo de teólogos que se oponían al cambio, teólogos que vacilaban
indecisos y teólogos que impulsaban el cambio para introducir correcciones en
la estructura lógica del sistema heredado.
En aquellos años de preparación 1 del Concilio, empezó a tener consistencia
la conjetura de que quizás las teologías escritas experimentan no ya sólo
evoluciones homogéneas2 sino también revoluciones disciplinares, como las
demás disciplinas. Esa conjetura implicaba revisar, en lo metateórico, el
supuesto de continuismo que, ya dentro del Concilio, continuarían otorgando
algunos escolásticos a la tradición.

* * Profesor en el Instituto Superior de Ciencias Morales, Madrid.


1 La Comisión antepreparatoria del Concilio quedó instituida el 17 de mayo de 1959.
2 Cf. F. MARÍN - SOLA, La evolución homogénea del dogma católico, BAC, Madrid 1963.

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La tradición eclesiástica era una de las tres fuentes epistémicas 3,


consideradas como primarias en la Teología moral. No se cuestionaba ni esa
prioridad ni la evidencia de que todos existimos y pensamos, radicados en
tradiciones.
En la segunda mitad del siglo XX, incluso historiadores de las ciencias de la
naturaleza replanteaban los problemas sobre la tradición y el cambio 4. Las
investigaciones sobre muestras de textos de Teología moral, escritos durante el
milenio que acababa, sugerían que en la Teología moral existieron períodos de
aparente desarrollo coherente, pero también patentes rupturas con oscilaciones
en forma de saltos cuánticos emergentes.
El programa de aggiornamento, propuesto para el Concilio en preparación,
¿no había contenido también una reflexión epistémica sobre la tradición y el
cambio?
En aquel ocaso de la escolástica fue constructivo que se cuestionara como
no conforme a realidad el estereotipo de una tradición con evolución sólo
homogénea a lo largo de siglos. De hecho, después de la muerte de Pío XII
(1958), ya en el tránsito hacia el Concilio, los agudos perfiles en el cambio se
explicaban mejor corrigiendo y ampliando el concepto heredado de tradición
fixista, sin innovación.

II. DESDE LA TRADICIÓN CON REPETICIONES ARCAICAS


HACIA LA TRADICIÓN CON INNOVACIONES

3 Sobre las fuentes epistémicas de la ética, puede verse el valioso artículo de S.


PRIVITERA, Epistemología moral, en: F. COMPAGNONI - G. PIANA - S. PRIVITERA - M. VIDAL
(dirs.), Nuevo Diccionario de Teología moral, Paulinas, Madrid 1990. Los directores de
ese Diccionario impulsaron notablemente la renovación de la Teología moral, después del
Concilio (Nuovo Dizionario di Teologia moral, 1990). Respecto a las tres fuentes primarias
de la theologia moralis antes del Concilio, Escritura sagrada, Magisterio eclesiástico y
Tradición eclesiástica, ver: M. ZALBA, Summa theologia moralis, vol. I, BAC, Madrid 1957,
8.
4 Ver: TH. S. KUHN, La tensión esencial, Fondo de Cultura Económica, México 1982,
especialmente p. 290, donde Kuhn refrenda la afirmación de Popper: “No creo que alguna
vez podamos librarnos por completo de los lazos de la tradición. La llamada liberación es
tan sólo el cambio de una tradición a otra”. (The essential Tension, University of Chicago
Press, Chicago 1977).

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Corregir el concepto de tradición implicaba que el modelo escolástico de


tradición, sólo homogénea y determinada por el pasado, integrase el modelo de
tradición con emergencias de novedad en el presente vivido. La creación de
universos y las aciones del Espíritu acontecen como impulsos de renovación
ahora mismo: éstos atraviesan espesores mistéricos de siglos cronológicos.
La tradición emergente se manifiesta en actualizaciones realizadas por
romanos pontífices. Juan XXII había sido modélico para innovar en lo
epistémico, radicando las innovaciones sobre el ámbito, sin bordes, de lo
mistérico. Había motivo para la esperanza de que sus sucesores contiuaran
conjugando tradición e innovación.
Además, la tradición emergente destella en escritos de teólogos
contemporáneos que crean nuevas tradiciones de investigación, interactivas
con las conciencias de creyentes, miembros del Pueblo de Dios.
Ampliar el concepto escolástico de tradición implicaba distinguir en la
tradición el ámbito de lo mistérico y el ámbito de lo epistémico.
Justamente para lo teologal, lo epistémico, ético o moral, se expresa
mediante tradiciones de investigación, emergentes en el espacio-tiempo. Los
creadores de estas tradiciones pretenden depurar herencias anacrónicas para
poner permanentemente en hora las vivencias cristianas.
Por principio, los creadores de nuevas tradiciones epistémicas se
consideran falibles: la consistencia de sus escritos, mientras existe, se muestra
por su operatividad para afrontar problemas empíricos y conceptuales que cada
nuevo tiempo presenta.
Por la complejidad de la variable tiempo, los nuevos problemas difieren de
otros problemas en tiempos pretéritos y no pueden ser resueltos con
repeticiones de la tradición inventariada: reclaman nuevas investigaciones 5.
En las tradiciones de investigación se investiga y se ensaya, pero no
siempre se acierta. Es humano que, en períodos históricos, algunas

5 En 1960 Y. Congar publicó un valioso inventario de tradiciones pretéritas, utilizadas en


diferentes catolicismos culturales: ver, Y. CONGAR, La tradition et les traditions, Arthème
Fayard, Paris 1960. Edición italiana, La tradizione e le tradizioni, Paoline, Roma 1961. Las
tradiciones de investigación aludidas aquí tienen un objetivo diferente de modernización
católica, para el tiempo posterior a 1960, ya después del Concilio. Por ser tradiciones de
investigación, reclaman libertad para investigar e innovar. En ellas es básico el don
primero de la revelación que es la libertad humana.

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investigaciones y ensayos se extravíen y sean considerados como


aberraciones en mundos6 epistémicos posteriores.
Frente a la rigidez funcional de la escolástica, la remodelación en el
concepto de tradición eclesiástica permitía ver la historia de las teologías
cristianas como secuencia de interacciones entre tradiciones de investigación
que se remodelan, se complementan y también se desplazan sobre el ámbito
tradición mistérica: ámbito inmerso en realidades humanas, pero ámbito
trascendente a todas las hermenéuticas.
La tradición de ayer no se reduce a cómoda repetición: actúa como impulso
para la innovación creadora, arriesgada por falible hoy: “Conservar la tradición
no tiene menos relación con la libertad que la revolución o la innovación” 7. “La
tradición está esencialmente vinculada a una afirmación lingüística. Habida
cuenta de que la situación lingüística cambia de continuo, no es posible la
hipótesis de una tradición inmutable y siempre igual a sí misma, en el sentido
de una transmisión de lo recibido de un modo acrítico”8.
Puesto que el lenguaje es la morada mental en que habitamos, existe algo
más englobante implícito en la articulación lingüística: las sucesivas
generaciones de receptores habitan en mundos diferentes de los mundos
habitados por transmisores pretéritos. La cosmovisión contemporánea del
universo en expansión ha permitido acceder a la perspectiva de cambios en las
formas de las constelaciones, en el tiempo cósmico.
Más cercanamente, en el tiempo histórico de las trasformaciones culturales,
cambian las perspectivas de universo y, así, para poder recibir acríticamente la
tradición y las tradiciones, sería necesario retroceder encapsulándose en un
imaginario pasado. Pero, ¿basta retroceder al pasado para buscar el origen

6 Como apunte provisional se adelanta aquí que el “mundo” y los “mundos” son
construcciones metateóricas realizadas en el nivel epistémico, pero construcciones
notablemente determinantes para los subniveles de lo moral (lo descriptivo, lo normativo,
lo parenético y lo experiencial).
7 P. LENGSFELD, La tradición, el período constitutivo de la revelación, en: J. FEINER - M.
LÖHRER (dirs.), Mysterium salutis, vol. 1, Fundamentos de la dogmática como historia de
la salvación, Cristiandad, Madrid 1981, 289. H. G. GADAMER, Verdad y Método, Sígueme,
Salamanca 1977, 350. (Wahrheit und Methode, Mohr, Tubinga 1975).
8 R. KAMPLING, Tradición, en: P. EICHER (dir.), Diccionario de conceptos teológicos, vol. II,
Herder, Barcelona 1990, 612. (Neues Handbuch theologischer Grundbegriffe, Kösel,
Munich 1984).

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inalcanzable, cuando la radiación del origen, precisamente mediante la


tradición viva, está estallando en cada cono del espacio-tiempo, aquí y ahora?
El ensanchamiento comprehensivo del concepto escolástico de tradición
parecía necesario para una teología católica, homologable dentro de la
modernidad: no se podía seguir ignorando que, durante siglos, algunos
escolásticos habían incurrido en paralogismos y en falacias categoriales,
cuando fusionaron, sin distinguir ámbitos, lo mistérico y lo epistémico.
La eticidad humana, contemplada desde el ámbito epistémico, aparece con
estructura autónoma: “Hay misterios de fe, pero no puede haber unas normas
de acción moral misteriosas cuya exigencia objetiva respecto al obrar
interhumano no sea positivamente inteligible e inequívocamente determinable” 9.
Discutible postulado de la escolástica había sido supeditar lo humano ético
a sus discutibles y caducas teorizaciones sobre lo sobrenatural 10.
En la Teología moral, el defecto epistémico de supeditar lo ético humano a
criterios supuestamente religiosos había conducido a la anomalía de profanar
lo mistérico: los escolásticos endosaron a lo mistérico algunas de sus
construcciones aberrantes. ¿Será necesario mencionar, como ejemplo, una
aberración histórica que se localizaba dentro de una de las tradiciones falibles
de investigación? En la Summa Theologiae, de Tomás de Aquino, Secunda
Secundae, artículo 2 de la cuestión 64, se habían legitimado durante siglos las
actuaciones, implícitamente los crímenes y las torturas, de la Inquisición.
Esta aberración, y otras, era comprensible cuando se distinguía tradición
mistérica y tradiciones falibles epistémicas
Especialmente, después de Pacem in terris (Juan XXIII, 1963), los católicos
pertenecientes a sociedades avanzadas se consideraban como ciudadanos,
titulares de derechos personales que no podían ser ignorados, manipulando lo
mistérico dentro de la comunidad católica.

9 F. BÖCKLE, Moral fundamental, Cristiandad, Madrid 1980, 282. (Fundamentalmoral,


Kösel, Munich 1977).
10 Alusión a teorizaciones escolásticas, sobre lo sobrenatural, cuya revisión había
comenzado ya en 1950. Ver G. COLOMBO, Sobrenatural, en: AA. VV., Diccionario teológico
interdisciplinar, vol. 4, Sígueme, Salamanca 1983, 348. (Dizionario teologico
interdisciplinare, Marietti, Torino 1977).

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Las prolijas confrontaciones que existieron dentro del Concilio, entre 1963 y
1965, para redactar el breve texto que acabó siendo Dignitatis humanae (sobre
libertad religiosa) representaron dramáticamente las divergencias entre
personas educadas en diferentes tradiciones de investigación. Durante dos
años, los redactores de Dignitatis humanae tropezaron repetidamente con el
obstáculo epistémico que preconcebía la tradición escolástica, homogénea e
inerrante.
En la teología heredada hasta entonces no se distinguía tradición mistérica
y tradiciones falibles de investigación.
Fueron padres conciliares quienes en el aula del Concilio denunciaron las
disrupciones que se localizaban en diferentes tradiciones de investigación que,
ahora, se demostraban como no homologables para el nuevo proyecto de
libertad en lo religioso.
Se descubría que, durante siglos, algunas tradiciones falibles habían
sugerido a romanos pontífices la negación en el ejercicio exterior de la libertad.
Ya dentro del Concilio, asesores del Santo Oficio, formados en la tradición del
derecho público eclesiástico, consideraban como heterodoxo un esquema
sobre libertad religiosa, y esto ya en un tiempo en que el derecho a la libertad
religiosa había sido incorporado a las constituciones de numerosos Estados de
derecho, en las sociedades avanzadas.
Concurrieron teorizaciones externas al campo de la Teología moral como
disciplina para empezar a sustituir el modelo homogéneo por el nuevo modelo
de revoluciones en la tradición moral católica. Baste indicar, como muestra, tres
bloques importantes:
 los datos sociológicos sobre cambios en las sociedades y en las
asociaciones religiosas,
 las teorizaciones sobre los derechos humanos y sus implicaciones para
lo moral humano,
 los estudios sobre la historia de las ciencias de la naturaleza y sus
dependencias de las cosmovisiones implícitamente adoptadas.

III. LA OBSOLESCENCIA EN LOS LIBROS DE MORAL CATÓLICA

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Lo epistémico y lo histérico en la Teología moral renovada

Entre 1965 y 1970, sobrevino la obsolescencia de los libros de texto,


escritos en latín, sobre theologia moralis. Fue un nuevo fenómeno, que tuvo
lugar después del Concilio, incrementando los cuestionamientos.
Manuales latinos, publicados con licencias de impresión, estaban siendo
objeto de una recusación general en los catolicismos culturales. Según
primeros indicadores, ni la comunidad de profesores de Teología moral ni los
rectores de universidades y seminarios consideraban ya homologables
numerosas aplicaciones factuales de aquellos manuales.
Notable era que se abandonaran los manuales que habían configurado
durante décadas las conciencias de generaciones de confesores y de
creyentes católicos. De repente, se había acabado la vida editorial de
manuales reimpresos antes con tiradas amplias y numerosas. ¿Qué
mutaciones estaban aconteciendo detrás de ese hecho comprobable?
Evidentemente, los nuevos sistemas de referencia, marcados por los
documentos del Concilio, especialmente Gaudium et spes y Dignitatis humanae,
estuvieron en la génesis de aquel fenómeno de obsolescencia. Pero existieron
también nuevos contextos epistémicos, exteriores al universo de la teología
católica11.
En lo puramente formal, el fenómeno de desaparición de los libros de texto
sobre Teología moral, escritos antes del Concilio, tenía difícil explicación si no se
introducía la distinción entre tradición mistérica y tradiciones falibles epistémicas.
Pero precisamente, el fenómeno de la obsolescencia de los libros de moral
tenía explicación en el marco de las nuevas teorías sobre la filosofía de las
ciencias y de las disciplinas humanas.
En general, dentro de cualquier disciplina posee validez la apreciación que
considera a los manuales como “vehículos pedagógicos para la perpetuación
de la ciencia normal”12.

11 Entre 1962 y 1965, fechas de apertura y clausura del Concilio, se inició un período que
puede ser considerado como postpopperiano para la filosofía de las ciencias. En el
Coloquio Internacional sobre filosofía de la ciencia (Londres, julio 1965) se contrastaron
las diferencias de planteamientos entre K. R. Popper y Th. S. Kuhn.
12 TH. S. KUHN, The Structure of Scientific Revolutions, University of Chicago Press,
Chicago 1962. [La estructura de las revoluciones científicas, Fondo de Cultura
Económica, Madrid 1962, 214. (8ª reimpresión española 1982)].

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Los libros de theologia moralis, que ahora experimentaban obsolescencia,


habían representado la ciencia normal durante un largo período histórico en el
catolicismo. Pero ahora tenía lugar un período de revolución disciplinar. Los
libros de texto tienen que volver a ser escritos, íntegramente o en parte, cuando
sobrevienen cambios importantes en la matriz disciplinar.
Observaciones repetidas sobre manuales antiguos confirmaban esas ideas
de Th. S. Kuhn, también para la Teología moral. Aspectos formales eran
comunes a los libros de disciplinas, tan alejadas aparentemente como son las
ciencias de la naturaleza y la teología. Para ambas era común la aportación de
A. Koyré en el campo de la historiografía de la ciencia y de las disciplinas
humanas: las tradiciones epistémicas presentaban rupturas y discontinuidades.
¿Habrían existido también rupturas, discontinuidades, callejones sin salida,
en tradiciones falibles de investigación de otras épocas? ¿Se habían ensayado
en otras épocas tradiciones epistémicas, por tanto falibles, en mundos
culturales diferentes?
Así, dentro del milenio que acababa, entre el siglo X y el siglo XX, centrando
la atención en algunos manuales que tuvieron aceptación más duradera para
orientar las prácticas de la moral en el horizonte hermenéutico de la tradición
católica, aparecían los Libros Penitenciales en el siglo X, la Suma de teología
de Tomás de Aquino en el siglo XIII, las Sumas para confesores en el siglo XV,
las Instituciones morales en el siglo XVII, los epítomes de Teología moral de la
escuela romana en el tránsito del siglo XIX al siglo XX.
Algunos tratadistas escolásticos continuaban presentando lucubraciones
sobre una ideal tradición católica que se habría desarrollado de forma inerrante
sobre cielos de esencias inmutables. Merecen análisis las designaciones del
vocablo “inerrante”, utilizado en la teología ortodoxa y en la astronomía
precientífica: “carente de error” en teología; “fijo y sin movimiento”, en
astronomía. No se distinguía tradición mistérica y tradiciones falibles de
investigación.
¿Existían nexos epistémicos entre las fijaciones de la teología ortodoxa y las
cosmovisiones de la astronomía precientífica? ¿Qué fundamento de realidad
poseían lucubraciones sobre una tradición homogénea e inerrante?

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Lo epistémico y lo histérico en la Teología moral renovada

De hecho, el examen científico y crítico de antiguos manuales de teología


permitía descubrir en la tradición católica de Teología moral discontinuidades,
ensayos en diferentes direcciones, incluso aberraciones. Obsérvese que este
último vocablo evoca también campos semánticos relacionados en la teología y
en la astronomía precientíficas.
Aquel período (1965 -1970), cuando desaparecieron los libros de Teología
moral escritos antes del Concilio, no fue tiempo de lamentación sino de
reflexión. Grupos de educadores reflexionaron sobre una incompatibilidad
epistémica entre estructura lógica de los libros de moral preconciliares y
estructura lógica predominante en los marcos educativos de ciencias humanas,
que modelaban hábitos de pensamiento en los adolescentes.
Los currículos de las escuelas secundarias configuraban a los alumnos
según criterios de cientificidad vigentes en las universidades seculares.
En los países avanzados, para numerosos adolescentes que frecuentaron la
escuela secundaria después de la Segunda Guerra Mundial, algunos discursos
teológicos, por su carencia de cientificidad, habían resultado sin significado.
Ciudadanos adultos entonces, antiguos alumnos de escuelas católicas,
mostraban menosprecio ahora hacia la escolástica, y esto específicamente por
carencias de cientificidad con que se habían justificado imposiciones morales
con incidencia sobre la intimidad de las conciencias.

IV. NUEVOS MANUALES SOBRE MORAL EN LA DÉCADA 1971-1981

Una primera serie de nuevos manuales13 de moral católica aparecieron a lo


largo de la década 1971-1981.
Novedad de esos manuales era que aparecían escritos en lenguas
vernáculas, no en latín. Además, común a esos nuevos manuales era empezar
a poner entre paréntesis el monopolio de la escolástica como filosofía única.

13 Nuevos manuales que, abarcando los bloques importantes de temas morales,


(específicamente Moral fundamental, Moral de la persona y Moral social), se publicaron
en la década 1971-1981 fueron los siguientes: M. VIDAL, Moral de actitudes, 3 vols.,
Perpetuo Socorro, Madrid 1974-1979; A. GÜNTHÖR, Chiamata e Risposta, 3 vols., Paoline,
Roma 1974-1977; K. H. PESCHKE, Christian Ethics, 2 vols., C. Goodliffe Neale, Dublin
1975-1978; AA. VV., Corso di teologia morale, 14 vols., Dehoniane, Bologna 1971-1977;
L. LORENZETTI (dir.), Trattato di etica teologica, 3 vols., Dehoniane, Bologna 1981.

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Los autores recurrían al patrimonio común de las filosofías morales, según


nuevos marcos filosóficos.
En España, por una situación sociopolítica, la vigencia autoritaria de la
escolástica se había prolongado más que en otros países del entorno cultural
comparable. Justamente por reacción frente a la escolástica impuesta, los
renovadores españoles prestaron entonces una atención específica a la
cientificidad.
Descender de las conceptualizaciones premodernas e insertarse en las
filosofías morales de los años setenta fue un proyecto arriesgado pero lleno de
sugerencias. En aquellos años estaba teniendo lugar el fracaso de los
neopositivismos lógicos y el advenimiento de las filosofías postpopperianas
para las ciencias. Fue necesario ampliar la lógica bivalente y prestar atención a
las lógicas modales y a los primeros ensayos de lógicas que intentaban
analizar las borrosidades cuánticas.
Estos últimos recursos epistémicos tenían compatibilidades con
borrosidades que existen en los bordes de lo moral mistérico.
Además, frente a la “perspectiva heredada” del Círculo de Viena, algunos
postpopperianos admitían marcos de discurso para teologías morales que
sometieran a controles de cientificidad las aplicaciones factuales de sus éticas
implícitas o explícitas. Escribió L. Laudan en el prólogo para la edición
española de uno de sus libros, cuyo original inglés circulaba desde 1977: “La
perspectiva adoptada aquí sugiere que no hay una fundamental diferencia de
tipo entre la ciencia y otros tipos de indagación intelectual. Todo pretende dotar
de sentido al mundo y a nuestra experiencia” 14.
Las éticas religiosas “pretenden dotar de sentido al mundo y a nuestra
experiencia”: de su modo de formulación dependía que fueran consideradas al
menos como disciplinas en las comunidades científicas.
Pero las teologías católicas, situadas real o conceptualmente al margen de
las modernas universidades, habían llegado a la segunda mitad del siglo XX
con discursos que rememoraban ensueños dogmáticos y, en casos,
autoritarismos medievales.

14 Prólogo a la edición española, en: L. LAUDAN, El progreso y sus problemas, Encuentro,


Madrid 1986, 21. (Progress and Its Problems, University of California Press, Berkeley 1977).

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Lo epistémico y lo histérico en la Teología moral renovada

Se incurrió en la aporía de que la canonística desplazara a la moral


propiamente dicha. Además, se omitió la observancia de mínimos criterios de
demarcación científica, tuvieran éstos formas de falsabilidad, refutabilidad o
controlabilidad. Esta infracción indujo contraindicaciones para la credibilidad del
proyecto moral católico fuera de las sacristías.
En 1972, A. Dou15 publicó su valioso ensayo sobre verdad y validez en
geometría. En algunos círculos de reflexión católica, el ensayo fue leído como
una referencia epistemológica. Entre 1950 y 1970, el catolicismo español
aparecía como sistema válido pero no verdadero: válido en cuanto era derecho
promulgado, pero derecho discutible, que, se esperaba, la nueva Constitución
del Estado iba a abolir junto con el sistema nacional-católico.
En 1979, dentro de aquel contexto de trasformaciones, Dou presuponía que
las proposiciones teológicas y filosóficas cuando presentan contenidos
factuales son proposiciones científicas en sentido amplio y, además,
empíricamente contrastables en períodos históricos, mediante la experiencia
humana en las comunidades de comunicación: “Puede decirse que toda
proposición científica en sentido amplio (incluyendo filosofía y teología), que
tenga un contenido actual, tiene que ser de alguna manera empíricamente
contrastable”16.
A finales de los años setenta esa idea de Dou se había convertido en norma
compartida por los nuevos grupos de investigación que en España intentaban
revisar el antiguo sistema de relaciones entre ciencias humanas y ciencias
religiosas autónomas, críticas frente a la experiencia nacional-católica y frente
al integrismo católico preconciliar.
Cuando la teología y la filosofía presentan proposiciones con contenidos
factuales sobre escritos del pasado, esas proposiciones han de ser sometidas
al contraste de los textos antiguos y al debate en las comunidades de
comunicación.
La experiencia nacional-católica, en España, (1939-1975), ratificaba las
ideas epistémicas de Dou: durante veinticinco años, una generación de

15 A. DOU, De la verdad a la validez en geometría (1733 - 1871): Pensamiento 28 (1972)


413.
16 ID., La verdad en la ciencia, UPCO, Madrid 1979, 16.

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personas habían podido experimentar las contraindicaciones de la escolástica


en las universidades y en centros de enseñanza secundaria.
La carencia de cientificidad en la Teología moral fue también factor
determinante para que una guerra civil se llegara a visionar como cruzada
religiosa. Existió una circularidad de corresponsabilidades entre obispos de
buena fe, asesores17, también con buena fe, del centro romano, y moral
integrista residual. Esto fue parte de un problema en España. Pero, sin
retroceder demasiado en la historia moderna, podían aducirse problemas
semejantes en otros catolicismos culturales.
Algunos autores de nuevos manuales de Ética teológica manifestaban tener
conciencia de la compleja situación heredada, en los años setenta. Se
propusieron presentar en los nuevos manuales un proyecto moral católico con
requisitos de cientificidad. Cualquier Teología moral, si es moral y no
canonística, presupone una ética y ha de someter sus aplicaciones factuales a
control de las ciencias humanas y justificarlas con argumentos homologables
en las comunidades de comunicación.
Esta década 1971-1981 fue importante por un cruce de acontecimientos.
En España se puso en vigencia la nueva Constitución (año 1978). El
proceso parlamentario para redactar la nueva Carta Magna, sirvió para dejar en
relieve las ambigüedades católicas ante los valores democráticos y los
derechos humanos.
Los nuevos manuales empezaban a subsanar carencias notables de los
manuales escritos antes del Concilio. Algunas prácticas católicas, arrastradas
por autoridad desde las edades oscuras, se hallaban en conflicto virtual con los
derechos humanos. En los manuales latinos, escritos antes del Concilio,
obsesivos detalles ritualistas habían dejado sin espacio a la educación social
de los creyentes, según teorías de la justicia. Eran críticas retrospectivas, pero
que diseñaban el nuevo espacio a construir.

V. CONVERGENCIA DE DIRECCIONES DURANTE LA DÉCADA 1981-


1991

17 Ver documentos importantes en: Iglesia, Estado y Movimiento Nacional, Ediciones del
Movimiento, Madrid 1963 [Depósito Legal. M. 10993].

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Lo epistémico y lo histérico en la Teología moral renovada

El proyecto de renovación de la Teología moral según el Concilio había


incluido una breve alusión a la “exposición científica” (“scientifica expositio”)
(Optatam totius 16). ¿Podía asignarse al sintagma “exposición científica” la
idea de que la Teología moral, tras el Concilio, accediera a un estadio con
niveles adecuados de cientificidad?
En 1981 se propuso, desde España, la fundamentación científica de la
moral: “La moral necesita cimentarse sólidamente, a base precisamente de una
investigación científica, rigurosamente objetiva. No sólo en el sentido de que
debe intercomunicarse con otras disciplinas humanas que dan cuenta y
exploran la realidad misma del ser humano, sino en el sentido de que ella
misma, como ética y en cuanto ética, es un saber humano rigurosamente
objetivo y científico”18.
Forcano proponía, además, la colaboración entre ciencia y ética cristiana:
“Al hablar de colaboración entre la ciencia y la ética me refiero a la ética en
cuanto saber humano, rigurosamente científico y, por lo mismo, universal,
válido pata todo hombre, prescindiendo de particulares o especiales
connotaciones ideológicas o religiosas. Esto vale, por tanto, para la moral
cristiana, no porque ésta no tenga contenidos o motivaciones específicas, sino
porque ella no excluye nada de lo que es realmente humano”19.
También proponía Forcano las normas metodológicas para conjugar las
relaciones entre ciencia y vivencia religiosa: “La ciencia tiene un valor religioso,
pues contribuye a esclarecer el contenido del plan salvador de Dios, tal como
se encuentra grabado en la estructura y leyes internas de este mundo.
Resultaría irracional, por tanto, una postura de prohibición, de recelo frente a
los métodos y valor propio de la ciencia”20.
Sucedía que en algunos de los nuevos manuales, la disciplina Teología
moral era designada como Ética teológica o ética cristiana. Detrás de ese
cambio de rótulo se trasparentaba la percepción de cuestiones relevantes y de
situaciones nuevas. ¿Se pretendía que, en lo epistémico, los discursos
teológicos se desarrollaran con marcos de cientificidad, análogos a la
cientificidad de las éticas seculares? Respecto a las situaciones nuevas, baste
18 B. FORCANO, Una moral liberadora, Narcea, Madrid 1981, 213ss.
19 Ibídem.
20 Ibídem.

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tomar como referencias dos polos culturales en dos sociedades avanzadas: en


los Estados Unidos de América y en Alemania se mantenían debates sobre la
homologación de los discursos teológicos en las universidades21.
A lo largo de la década de los años ochenta se publicaron nuevos y valiosos
libros de Teología moral. Entre ellos destacaban los libros escritos por equipos
de varios autores. Estos equipos de autores se integraban dentro de
tradiciones de investigación en convergencia. ¿Podía hablarse de un nuevo
paradigma, consistente frente al modelo de los libros de moral vigentes en los
catolicismos antes del Concilio?
Examinando las nuevas muestras de manuales, se descubría en ellos, junto
a sus singularidades, estar generados por una matriz diferente de la matriz en
la que habían sido generados los manuales latinos de Teología moral, escritos
antes del Concilio.
Desde una perspectiva epistémica se podían distinguir cinco haces de
radiaciones relevantes en la matriz generadora de los nuevos manuales:
1. Respecto al diseño curricular de sus contenidos, los nuevos manuales eran
abiertos: se hallaban en correlación con la creatividad de sus autores y con
los marcos culturales en que habían sido redactados.
2. Respecto a la tradición de autores citados, los nuevos manuales habían
suprimido las restricciones, impuestas antes del Concilio, sobre autores
censurados en el Index: ahora los autores citados eran valorados por el
peso de sus argumentos, con independencia de sus adscripciones
confesionales o ideológicas.
3. Respecto a sus referencias teóricas y meta-teóricas, los autores recurrían a
las filosofías morales seculares (para lo ético) y a los documentos del
Concilio Vaticano II (para lo mistérico), ya considerado como universal
dimensión en la humanidad.

21 En Alemania, las observaciones de H. Albert a libros de Küng, ver: H. ALBERT, La


miseria de la teología, Laia, Barcelona 1982. (Das Elend der Theologie, Kritische
Auseinandertsetzung mit H. Küng, Hoffmann und Campe, Hamburg 1979). En USA, los
debates sobre la libertad académica, ver: CH. E. CURRAN, Tensions in moral Theology,
Notre Dame University Press, Notre Dame, USA, 1988. Especialmente, Academic
Freedom, Theology and Catholic Institutions of Higher Learning.

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Lo epistémico y lo histérico en la Teología moral renovada

4. Respecto a sus perspectivas de universo, los nuevos libros revisaban


cosmovisiones medievales, arrastradas por los manuales escritos antes del
Concilio.
Además, los nuevos libros de ética cristiana se estaban desarrollando dentro
de tradiciones epistémicas diferenciadas, pero radicadas en la tradición mistérica.
En casi todos los nuevos libros de moral, durante la década 1981-1991, se
continuaba cuidando la cientificidad: era posible la conciliación, distinguiendo
ámbitos, entre lo epistémico y lo mistérico.
En la muestra de libros publicados durante la década 1981-1991, retenían la
atención libros donde colaboraban varios autores: de hecho, mostraban
compatibilidad e integración entre sus tradiciones epistémicas. Eran tradiciones
falibles que, por esto mismo, se complementaban mutuamente.
Así, se formaron escuelas donde, abierto el espacio para la libertad de cada
autor, se entrelazaban consensos metódicos. Común en esas escuelas era
reconocer las filosofías seculares y situarse en los horizontes mistéricos del
Concilio.
En los libros escritos por varios autores colaboraban tres generaciones de
autores, que habían experimentado la complejidad del Concilio desde tres
angulaciones diferentes.
En aquellos años ochenta, era axioma la convicción de que constituye una
actitud virtualmente inmoral restringir la libertad de investigación, mucho más si
se escribe sobre moral.
En esa década existieron rebeliones22 de teólogos moralistas, frente a
recortes o procedimientos no conformes al derecho común, en sociedades con
Estados de derecho. Algunas iglesias y algunas religiones vacilaban frente a la
idea de que lo santo y lo mistérico existen e inspiran, también fuera de los
espacios institucionales.
Autores que escribían solos y autores que trabajaban en colaboración,
estaban realizando una idea que figuraba en uno de los documentos del
Concilio: ampliar el patrimonio de la escolástica “teniendo en cuenta las
investigaciones filosóficas de la edad moderna, particularmente aquellas que

22 Cf. P. M. LAMET, La rebelión de los teólogos, Plaza, Barcelona 1991.

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VICENTE GÓMEZ MIER

ejercen mayor influjo en la propia nación, y los últimos progresos de la


ciencia”23.
Muchos de los autores que habían colaborado en los manuales de la
década 1981- 1991 eran personas eximias: sus escritos contenían notables
alturas de miras. Sólo con respeto se podía, se puede hoy todavía, emitir
juicios sobre sus textos.
Antepuesto este respeto hacia ellos, puede generalizarse una percepción:
los autores no se consideraban en posesión de tal metodología como definitiva,
o en posesión de tal epistemología para siempre. Ellos parecían tener
conciencia de la temporalidad en las teorías propuestas.
Lo permanente era la búsqueda, mediante nuevas hermenéuticas morales,
dentro del ámbito de lo mistérico y en el ámbito de lo epistémico.
De hecho, en las reediciones de sus libros los autores introducían
ampliaciones, correcciones y, en general, re-tractaciones. Desde Agustín, en la
teología católica había sido importante la re-tractación: esto realizaban ahora
los nuevos autores de moral.
Hasta ahora mismo, en 2003, continúan algunos autores insertando re-
tractaciones en sus manuales, algunos de ellos, con primeras ediciones ya en
los años setenta.
Paradójicamente, esos autores, que han escrito libros sobre moral en un
tiempo postpopperiano, coinciden con el proyecto popperiano, para las ciencias
de la naturaleza, sobre búsqueda sin término24.
Pero esa paradoja sólo se manifiesta, como tal, sobre la película rugosa de
lo escrito aparente.
El ámbito de lo epistémico y el ámbito de lo mistérico se hallan en
convergencia. Lo moral y lo real se funden en la profundidad implicada de los
órdenes numinosos. Lo cual es otro tema.

23 CONCILIO VATICANO II, Optatam totius, n. 15. También, Gravissimum educationis, n. 10.
24 Cf. K. R. POPPER, Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual, Tecnos, Madrid
1977. (Unended Quest, Fontana/Collins, London 1976). Especialmente al final del tratado
De Trinitate, Agustín había recomendado la actitud de búsqueda sin término.

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