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CAPÍTULO 1

La problemática del campesinado y la Modernidad - Colonialidad en la trama del


pensamiento social
Introducción
La complejidad social, económica y política en la provincia de Santiago del Estero y
sus regiones interiores, vuelve necesario referenciar los entramados discursivos que
atraviesan las narrativas de actores y colectivos sociales.
Esta cuestión, invita a transitar sobre los contenidos teórico-epistemológicos que
anidan en el sustrato de sus discursos, es decir, el lugar epistémico desde el cual o desde los
cuales se legitiman las relaciones de dominación /dependencia /subordinación (d/d/s).
La aceptación naturalizada de sostener como ciertas determinadas representaciones
de la realidad, Araya Umaña (2002, p. 11)1, se materializan en la puesta en funcionamiento
de un modelo modernizante y productivista, concurren en este relato, un conjunto de
institucionalizaciones, Brígido, A. M. (2006, p. 99)2 que promueven y aseguran la
asignación de recursos a través del mercado (como mecanismo idóneo y eficiente para la
distribución), y cuyo efecto sería un mejor desempeño económico, allí los rastros
relevantes son la libertad económica, la libertad de empresa, la libre competencia y el
desarrollo de instrumentos que fortalezcan la seguridad jurídica y protejan la propiedad
privada.
Las narrativas de lo real no se presentan como modelos3 teóricos consumados o
completos, sino que aparecen mezcladas, enmarañadas en los intereses estructurales y
coyunturales de dirigentes políticos, grupos económicos, y también en actores de la
sociedad civili.

1
“Las Representaciones Sociales, en definitiva, constituyen sistemas cognitivos en los que es posible
reconocer la presencia de estereotipos, opiniones, creencias, valores y normas que suelen tener una
orientación actitudinal positiva o negativa. Se constituyen, a su vez, como sistemas de códigos, valores,
lógicas clasificatorias, principios interpretativos y orientadores de las prácticas, que definen la llamada
conciencia colectiva, la cual se rige con fuerza normativa en tanto instituye los límites y las posibilidades de
la forma en que las mujeres y los hombres actúan en el mundo”.
2
“Las instituciones constituyen conjunto de normas que rigen actividades consideradas básicas para la
supervivencia del grupo, […], una institución, por lo tanto, prescribe la forma en que deben hacerse las cosas.
Es una norma social operativa, válida para un determinado grupo social, que reúne tres condiciones: i) es
aceptada por un gran número de miembros, ii) muchos de los que la aceptan la cumplen efectivamente, es
decir, la han incorporado a sus rutinas de comportamiento, la han internalizado, y iii) está sancionada,
aprobada, o sea, se espera que algunos miembros del sistema se guíen por la norma en circunstancias
adecuadas”.
3
Conjuntos de proposiciones y representaciones elaboradas para analizar, comprender y explicar la realidad.
Estos relatos, son (pre)suposiciones sobre cuál es el modo de existir válido para
actores y colectivos sociales, en una relación estrecha entre las teorías –que se filtran en la
conciencia colectiva-, los discursos, los intereses y las prácticas; prácticas que se refuerzan
en su accionar e inscriben la sujetación de los actores a un acoplamiento de discursos e
intereses sobre la realidad.
Las prácticas, discursos e intereses construyen la sujetación de los actores, puesto
que conciben al individuo como en acto de comunicación con Otro, en tanto ese Otro debe
ser reconocido a partir de la afirmación de su historicidad, es decir, la narrativa, el discurso
que emerge del sujeto individual o colectivo, no es un simple decir de las cosas o solo
parloteo, por el contrario conlleva su empiricidad histórica que va a organizar su propia
posición axiológica, la cual, lejos de una posición esencialista, deriva de una experiencia
elaborada, recibida y (re)construida socialmente.
Entonces, puedo decir que el acoplamiento de discursos e intereses sobre la realidad
y lo identitario ya no encuentra su fundamento en la sola interioridad de la conciencia sino
en la historia social del sujeto, entendiendo esta, como la capacidad de todo hombre o
comunidad de gestar su propia vida.
Esa capacidad de los hombres y las comunidades de gestar sus propias historias en
Occidente, refiere a la necesidad del registro histórico de surgimiento del capitalismo, hacia
aproximadamente el siglo XV en Europa, para señalar que antes de ese momento existían
otros sistemas económicos no capitalistas, y que éste sustituyó, borró o subordinó las
organizaciones económicas, que como narrativas de lo real quedaron subsumidas en una
única versión, como (uni)verso simbólico impuesto que monta la sujetación de los actores a
las concepciones epistémicas del capital, la acumulación de riquezas, el tiempo lineal, y la
novedad dinámica y antinómica del progreso entre los incluidos y los excluidos, presentada
–esta última diada- como ruptura para con el sistema capitalista, pero que esconde la
disputa por un solo centro discursivo y de poder legitimado como el único posible y real.

i Desde la gestión de lo político podría mos preguntarnos si, ¿el dis curs o sobre la realidad, está e xent o de atravesamie ntos de interese s confli ctivos y hasta contrapue stos?