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Las peñas flamencas.

Cultura, identidad y ocio∗ (1)

Javier González Martín


Universidad de Almería.

Resumen
Las peñas flamencas son asociaciones de participación voluntaria encuadradas dentro de los
grupos conocidos como de expresión, cuyos fines y actividad buscan expresar o satisfacer los
intereses propios de sus miembros. En las peñas no sólo se permite el consumo del
denominado "tiempo libre". En ellas reverberan estructuras y valores del resto de la sociedad,
y, a la vez, funcionan en relación con ésta formando parte de sus procesos a todos los niveles
(socioeconómicos, políticos, ideológicos...).
En la presente comunicación haremos un recorrido histórico, antropológico y etnomusicológico
de los objetivos, actividades y funciones que han desarrollado las peñas flamencas de las
cuatro provincias andaluzas orientales: Almería, Granada, Jaén y Málaga.

Palabras clave
Flamenco, asociacionismo, ciudadanía, sociedad.

Abstract
The Peñas Flamencas –Flamenco clubs- are associations where people participate freely and
which are included in well-known expression groups, the aims and activity of which seek to
express or satisfy the own interests of their members. These groups are not merely for spending
one’s free time. In them the structures and values of the rest of society reverberate, whilst at the
same time they work in relation to it, being a part of its processes at every level (socio-
economic, political, ideological…).
In this communication we shall present a historical, anthropological and ethno-musicological
journey through the objectives, activities and functions that the flamenco clubs of the four
eastern Andalusia provinces: Almería, Granada, Jaén and Málaga have developed.

Key words
Flamenco, associations, citizenship, society.

Antecedentes: las tertulias


Las primeras reuniones de ‘aficionados’ (2) de las que tenemos constancia se
producen hacia 1880 en el Café de Silverio de Sevilla a las que asistían, entre
otros, algunos miembros de la sociedad “El Folk-Lore Andaluz” como Antonio
Machado y Álvarez y Francisco Rodríguez Marín (3). Fruto de estas reuniones
es la publicación de la Colección de cantes flamencos. Recogidos y anotados
por Demófilo (4), obra considerada por algunos autores (5) como el primer
trabajo científico relacionado con el flamenco. En este estudio Antonio
Machado y Álvarez alertaba de la desaparición de unos cantes gitanos de los


En Música, ciudades, redes: creación musical e interacción social. Actas del X Congreso de
la SIBE. Sociedad de Etnomusicología; V Congreso IASPM-España; II Congreso de músicas
populares del mundo hispano y lusófono. Editado por Rubén Gómez Muns y Rubén López
Cano (Salamanca: SIBE-Obra Social Caja Duero, 2008).

1
que no se tenía constancia hasta ese momento, caracterizados por su
“primitivo carácter y originalidad” que les confería cualidades relacionadas con
la «autenticidad» y la «pureza» para así poder ser confrontados con los cantes
flamencos, considerados como un “género mixto, mezcla confusa de elementos
muy heterogéneos” (Machado y Álvarez 1996: 79-80), y es que estos cantes al
salir de su pequeño círculo y formar parte de espectáculos públicos se estaban
degenerando.

Debemos esperar hasta la segunda década del siglo XX para encontrar el


siguiente antecedente de las peñas flamencas en un pequeño círculo de
aficionados granadinos que se reunía con frecuencia en la taberna de «El
Polinario» (6), entre los que se encontraban el compositor Manuel de Falla, los
guitarristas Andrés Segovia y Ángel Barrios, el poeta Federico García Lorca, el
pintor Manuel Ángeles Ortiz, entre los más conocidos. De las reuniones de esta
tertulia surgió la idea de organizar el Concurso y Fiesta del Cante Jondo
(Primitivo Canto Andaluz) que se celebró los días 13 y 14 junio de 1922. En la
justificación presentada para solicitar una subvención al Ayuntamiento de
Granada los impulsores de este concurso volvían a repetir los presupuestos
que cuarenta años antes había propuesto Demófilo, con la idea ingenua como
se pudo ver poco tiempo después de que organizando dicho concurso
purificarían y revivirían el cante jondo —un nuevo término tomado de un
poemario de Manuel Machado llamada Cante Hondo, en sustitución del cante
gitano, aunque con el mismo repertorio—, “que no hay que confundir con el
cante flamenco, degeneración y casi caricatura de aquél” (Molina Fajado 1988:
77). Sin embargo, debido al éxito de la propuesta nace al poco tiempo un
nuevo tipo de espectáculo flamenco conocido con el nombre de Ópera
Flamenca, que será utilizada a partir de mediados de siglo como pretexto para
el surgimiento de las primeras peñas flamencas, ya que este formato de
espectáculo, junto con la copla, habían ‘arrinconado’, según expresión de
algunos flamencólogos, al flamenco puro.

2
Las peñas flamencas
No es hasta el año 1949 cuando nacen los dos primeros grupos de aficionados
de los que tenemos constancia que se reúnan con cierta regularidad, uno de
ellos en Granada en el taller de un platero granadino, que dará nombre a esta
asociación como Peña Flamenca “La Platería”, mientras que el segundo grupo
lo hace en la localidad sevillana de Los Palacios con el nombre de Tertulia
Flamenca “El Pozo de las Penas”.

Estas primeras peñas o tertulias comenzaron a regularizar su situación legal a


partir de la década de los 60, produciéndose una eclosión gracias al nuevo
marco legal –Ley de Asociaciones de 1964- que permitía las reuniones de
más de tres personas sin la necesaria autorización por parte del Gobierno Civil,
ni la presencia de un delegado gubernativo que controlara las personas que
asistían y supervisara los contenidos. De hecho, los socios más antiguos de la
Peña Flamenca “La Platería” de Granada recuerdan que Pepe Navarro,
acompañado por un jovencísimo José Luque Navajas - más tarde dos de los
fundadores de la Peña Juan Breva de Málaga (1958)-, era la persona enviada
por el Gobernador Civil de Granada cada vez que se reunían en el taller del
platero Manuel Salamanca.

Es por ello, por lo que uno de los aspectos más interesantes de sus sistemas
de organización no están en la época actual sino en los primeros pasos que
dieron estas asociaciones bajo la dictadura del general Franco, ya que si para
David L. Sills (1977: 620) las asociaciones voluntarias solo pueden existir en
sociedades en las que hay libertad de asociación, y considerando que tales
sociedades son en mayor o menor medida democráticas, en el caso de las
peñas flamencas se producía una situación paradójica entre su estructura y
funcionamiento democrático y la sociedad en la que éstas se desenvolvían en
la que la libertad estaba secuestrada por un régimen totalitario y dictatorial. A
ello, sin duda, contribuyó el carácter cultural y lúdico de estas entidades (7). Y
aunque el flamenco ha sido el objetivo central de estas asociaciones, conforme
el régimen franquista se iba debilitando, la política fue ganando espacio en los

3
temas tratados en las reuniones, sobre todo en la década de los 70. De hecho,
con la democratización del país las aguas volvieron a su cauce.

Pero, ¿qué fue lo que cambió en la sociedad andaluza de los cincuenta y


sesenta para que este tipo de asociaciones proliferaran? Creo que la sociedad
andaluza fue consciente de las grandes transformaciones sociales y
económicas que se estaban produciendo en una sociedad de tipo estamental
—casi medieval— por la consolidación de una sociedad más moderna,
capitalista, industrial y de mercado. Por lo tanto esta se produce en términos
de evocación de un mundo perdido para siempre o a punto de hacerlo,
expresado por el poeta y “flamencólogo” granadino Luis Rosales de la siguiente
manera: “la vida ciudadana que está acabando con tantas cosas útiles, está
también a pique de acabar con ésta” (Rosales 1987: 7) haciendo referencia
tanto a la vida flamenca como a la sociedad andaluza en la que ésta se
desarrolló. Así, coincidimos con la idea expuesta por Steingress al considerar el
cante flamenco como un elemento clave en los intentos de construir una
identidad andaluza de tal forma que el renacimiento que se produce en el
flamenco a partir de los años cincuenta del siglo pasado fue “una manera de
redefinición de la cultura acorde con las necesidades de la sociedad burguesa”
(Steingress 1998: 120).

Por lo tanto, las expresiones formalizadas de sociabilidad no institucional se


concretaron esencialmente en el asociacionismo, ya que proporcionaban uno
de los marcos principales para la expresión de la sociabilidad generalizada, una
vez desarticulados los grupos corporativos y de parentesco característicos de
las sociedades precapitalistas. Este asociacionismo moderno tiene un carácter
formalmente voluntario, aunque fuertemente condicionado en la práctica por
multitud de factores que limitan la libertad real de adscripción y participación de
los individuos. Y el ámbito de expresión más claro de la sociabilidad es el
tiempo de ocio tal como lo entiende Dumazedier (en Escalera Reyes 2000) que
es aquel tiempo no directamente productivo que puede ser empleado para el
desarrollo de las redes de relaciones sociales de los individuos e,
indirectamente, como tiempo para el acceso y acumulación de prestigio,

4
liderazgo y poder, constituyendo por ello una importante fuente de status
sociopolítico. El tiempo libre cumple una función social genérica como contexto
que propicia el contacto social, el establecimiento y desarrollo de relaciones
interpersonales primarias de naturaleza informal, al mismo tiempo que
proporciona instancias concretas para la extensión de esas redes de
relaciones. Desde este punto de vista, el tiempo de ocio aparece como un valor
potencial susceptible de ser capitalizado por los individuos en sus estrategias
con respecto a la competición por el prestigio y la influencia, en definitiva por el
poder social y político.

Pero al mismo tiempo las peñas sirvieron para aunar esfuerzos, unir
patrimonios y ejercer en muchos casos de “señoritos colectivos”, entendiendo
la figura del señorito como la de persona económicamente solvente que se
podía permitir la contratación de artistas flamencos para deleite suyo y de sus
amistades, y que ya estaba en proceso de desaparición.

En las décadas de 1970-80 hay un resurgimiento del movimiento peñístico en


Andalucía que mantiene su defensa del flamenco puro y además encierra
valores identitarios surgidos con la llegada de la democracia y las aspiraciones
autonomistas de la sociedad andaluza. Mientras que en los 90 se produce una
gran crisis en el asociacionismo flamenco, ya que estos grupos se enrocaron
en la defensa de un cierto tipo de vivencia en el y del flamenco, que pretendía
recordar, y hasta recobrar, una época pasada y dorada del flamenco, siendo
totalmente impermeables a las nuevas expresiones y propuestas flamencas y,
al mismo tiempo incapaces de dar una respuesta acorde a la nueva forma de
entender el arte y el negocio del flamenco.

Es ya en el siglo XXI, en los últimos años, cuando se ha producido una


apertura de estas asociaciones a la sociedad, con información constante de
sus actividades, incluso con la publicación de páginas web (8) en las que nos
tienen al día de casi cualquier aspecto en el que estemos interesados sobre
ellas.

5
Por su parte, las peñas flamencas que se establecen fuera de Andalucía
responden, en sus aspectos esenciales, a los mismos objetivos y exigencias
que las andaluzas. Sin embargo, el hecho de distinguir diferencias sustanciales
entre el legado cultural y musical de la emigración andaluza con el de la
sociedad receptora constituyó un elemento diferenciador que ayudó a la
potenciación de la propia idea de identidad, utilizando el flamenco como
marcador etnicitario frente al otro —en este caso el autóctono—, además de
mantener los lazos de grupo, y como no, evocando la tierra dejada atrás. En los
últimos años estas peñas flamencas han redefinido su situación de tal forma
que aunque siguen siendo instrumentos para paliar la nostalgia de los más
mayores, convencidos de que no volverán a Andalucía, están evolucionando
para ser instrumento de “cohesión e interculturalidad” de los más jóvenes
(Hidalgo Gómez 2002: 83) con la irrupción en el mundo artístico flamenco de
una amplia plantilla de artistas catalanes como Mayte Martín, Miguel Poveda,
Ginesa Ortega, Duquende...

En la actualidad, según el censo (9) de peñas flamencas del Centro Andaluz de


Flamenco [10] (CAF), hay 531 peñas flamencas en el mundo de las que el 90%
están ubicadas en España y el 10% restante repartida por 18 países (11).

Tabla 1. Peñas flamencas

España 480
Fuera de España 51

Total 531

Fuente: Elaboración propia a partir del Censo de Peñas Flamencas del Centro Andaluz de
Flamenco: <http://www.centroandaluzdeflamenco.es>.

En la distribución de peñas flamencas, el peso del movimiento peñístico es


mayor en Andalucía, como no podría ser de otra manera, que en el resto de
España.

6
Tabla 2. Distribución de peñas flamencas en España

Andalucía 348

Aragón 1

Asturias 2

Castilla León 6

Castilla La Mancha 10

Cataluña 26

Ceuta 1

Comunidad Valenciana 7

Extremadura 38

Islas Baleares 2

Madrid 32

Melilla 2

Murcia 4

País Vasco 1

Total 480

Fuente: Elaboración propia a partir del Censo de Peñas Flamencas del Centro Andaluz de
Flamenco: <http://www.centroandaluzdeflamenco.es>.

7
Gráfico 1. Distribución de peñas flamencas en España.

Andalucía

Extremadura 38

Madrid 32

Cataluña 26

Castilla La Mancha 10

C. Valenciana 7

Castilla León 6

Murcia 4

Asturias 2

Islas Baleares 2

Melilla 2

Aragón 1

Ceuta 1

País Vasco 1

Fuente: Elaboración propia a partir del Censo de Peñas Flamencas del Centro Andaluz de
Flamenco: <http://www.centroandaluzdeflamenco.es>.

Podemos observar como la mayor concentración de peñas flamencas en


Andalucía se centra en las provincias de Sevilla, Córdoba y Cádiz, con un 60%,
mientras que el 40% restante se encuentra en las otras cinco provincias:

8
Gráfico 2. Distribución de peñas flamencas en Andalucía (porcentajes provinciales).
Almería
7%
Sevilla
22%

Cádiz
19%

Málaga
12%

Córdoba
19%
Jaén
9%

Huelva
Granada
5%
7%
Fuente: Elaboración propia a partir del Censo de Peñas Flamencas del Centro Andaluz de
Flamenco: <http://www.centroandaluzdeflamenco.es>.

Objetivos y actividades de las peñas flamencas.


Como ya hemos señalado con anterioridad, el objetivo principal de estas
asociaciones es el estudio e investigación del flamenco, intentando mantenerlo
en toda su ‘pureza’, así como fomentar la afición:

una Peña debe estar creada para escuchar, no para oír; para hacer aficionados, no
simples espectadores; para enseñar, no para confundir; en fin, para eso: ser flamencos.
Todo lo demás le sobra e hiere al flamenco. Quienes no sean conscientes de esto no
deberían estar en una Peña Flamenca, más bien en un club de diversión (Vázquez
1982: 22).

Estos objetivos se materializan en una serie de actividades de las que


podemos destacar la organización o asesoramiento de festivales flamencos, y
la publicación de revistas relacionadas con el flamenco como la revista Candil
de la Peña Flamenca de Jaén o Taranto de la peña flamenca del mismo
nombre de Almería, o la ya desaparecida Bandolá de la Peña Juan Breva de

9
Málaga. Sin olvidar tampoco la organización anual de los Congresos de Arte
Flamenco, foro en el que se reúnen artistas, críticos, investigadores y
estudiosos, pero en el que encontramos mayoritariamente a los socios de las
peñas flamencas. De esta última actividad se tiene incluso la sensación, por
parte de los participantes peñistas, de que no sirven para nada ya que en ellos
se debaten cosas que ya están muy trilladas, produciendo largas sesiones de
discusiones bizantinas, teniendo como aspecto más positivo que es una
reunión de flamencos que se hace una vez al año y en la que se ve uno con
viejos amigos amantes del flamenco de otras provincias.

Pero tal vez el objetivo más importante que pretenden alcanzar las peñas
flamencas sea el de la vivenciación del flamenco, que ayudaría además a otros
objetivos secundarios como el fomento de la afición, la consideración del
flamenco como cultura o la formación y seguimiento de los artistas noveles.

Este objetivo primero se ve desarrollado con una actividad que da sentido,


según los propios socios, a la vida de las peñas que es el recital flamenco, y es
que la experiencia de tener una actuación cercana en vivo, con gente que
entiende y disfruta el flamenco nunca podrá encontrarse en otros escenarios
tales como teatros, auditorios o festivales, y nunca, por supuesto, en una
grabación discográfica. Así, los socios y algunos autores consideran que
gracias a la labor realizada por las peñas el flamenco sigue vivo, ya que desde
sus inicios hasta finales de los años 80, durante al menos tres décadas han
mantenido una parte importante del negocio:

los primeros que lo saben son los profesionales del flamenco, porque viven de lo que
las peñas promueven. El día que las peñas flamencas no sean necesarias, el
revalorizado arte flamenco será también un espectáculo salvado para siempre, pero
mientras tanto el flamenco y los flamencos no pueden prescindir de las peñas de
aficionados. Ésta es la realidad (Ríos Ruiz 2002: I, 108-10).

En las cuatro peñas estudiadas, la frecuencia de los recitales es quincenal en


el caso de la Peña “El Taranto” de Almería y en la Peña Flamenca de Jaén,

10
semanal en la Peña “Juan Breva” de Málaga y de dos actuaciones semanales
en la Peña “La Platería” de Granada. Indudablemente la cantidad y la calidad
de los recitales está condicionada por el presupuesto económico, que se nutre
fundamentalmente de las cuotas de socio, de la concesión del bar que está en
la sede de las peñas, de las subvenciones que reciben de las distintas
administraciones: autonómica, provincial y local, y, por último, de los acuerdos
de colaboración y esponsorización firmados en los últimos años con firmas
comerciales ya sean bancarias, constructoras…

Figura 1. Recital en la Peña Juan Breva de Málaga (Foto JGM).

De este primer objetivo se derivan como hemos comentado otros objetivos que
podemos considerar secundarios, si tenemos en cuenta la frecuencia de las
actividades que les ayudan a desarrollarse. Así, el fomento de la afición, en una
doble dirección: investigar para aprender más y por otro una función didáctica
de difusión de los resultados porque “del conocimiento nace la apreciación”
(12).

11
Estamos hablando de la necesidad de formar a sus asociados “porque en
definitiva la misión de una peña es que el socio aprenda a entender y valorar el
flamenco” (Pedro Sánchez Ortega, Peña Flamenca de Jaén). Aunque como
acabamos de señalar este objetivo no es del todo prioritario:

Todo lo que sea aumentar y cultivar la afición eso es bueno en una peña… si se lo
puede permitir desde el punto de vista económico pues perfecto, pero para mí hay
otras cosas prioritarias en las peñas antes de todo esto y son los recitales, es vivir el
flamenco de ‘verdad’ (Entrevista con José Delgado Olmos, Peña Flamenca “La
Platería”)

Otro objetivo es el de la consideración del flamenco como cultura, en un intento


de dignificación del mismo, ya que la visión que se ha tenido del flamenco está
relacionada con la juerga, el alcohol, la delincuencia, la prostitución… porque
como a los socios les gusta decir, hablar de flamenco es hablar de poesía y sus
poetas, tanto anónimos como conocidos, es hablar de García Lorca, de Alberti,
de Machado…, es hablar de la historia de Andalucía, de su sociedad, su
economía, sus formas de vida, es hablar de música y de sus elementos,
compases binarios, ternarios y alternos, modo mayor, menor y andaluz… es
hablar de corporalidad, de los movimientos del baile, de la ubicación en
escenas de los distintos artistas que participan en una actuación flamenca…
Así las actividades que pretenden desarrollar estos objetivos van desde
recitales poéticos, visionado de películas, exposiciones de arte —pintura y
escultura principalmente—, ciclos de conferencias, cursos de introducción al
flamenco, incluso las llamadas sesiones de estudio que sólo perviven en la
Peña Juan Breva, en las que algún consiliario —grupo de expertos de la
peña— dan una charla semanal sobre un tema elegido por él y que es de
asistencia voluntaria para los socios, pero obligatoria para aquellos que tengan
intención de ingresar en la peña, o la participación activa en el Festival de
Música y Danza de Granada de la Peña “La Platería”.

12
La formación y promoción de nuevos valores del flamenco es otro de los
objetivos que tienen marcados las peñas. Objetivo manifiesto en la Peña “El
Taranto” y en la Peña Flamenca de Jaén, mientras que en las Peñas “Juan
Breva” y “La Platería” esta función estaría encuadrada dentro de las actividades
a desarrollar. Fue tal la importancia de esta finalidad, que sin el respaldo
conseguido por el éxito en las peñas flamencas por parte de los jóvenes
artistas aficionados, éstos no podían dar el salto al profesionalismo, quedando
por tanto fuera del circuito artístico flamenco: festivales en el verano y recitales
en las peñas el resto del año, grabaciones discográficas, actuaciones en los
medios de comunicación... Pero la adopción de la estética neo-tradicionalista,
tras la publicación de Mundo y formas del cante flamenco (1963), significó que
haya sido para las peñas flamencas mucho más importante la actuación de
artistas mayores, lo cual no ha creado ninguna contrariedad con el objetivo
explicitado en los estatutos:

En esta Peña siempre se ha tenido como premisa traer a los viejos a cantar antes de
que se mueran. Por eso han pasado por aquí El Negro del Puerto, El Tío Borrico, La
Perrata,… un montón de artistas viejos que por desgracia ya están desaparecidos,
porque consideramos que la gente joven no reúne las cualidades que nosotros hemos
buscado en los cantaores, fundamentalmente porque les falta madurez. Y es que las
personas mayores tienen muchas cosas que decir y enseñar... y eso sólo nos lo podían
dar los que han vivido muchos años.... Esta gente tenía una forma muy propia de
cantar, un ‘eco’ antiquísimo (Entrevista con Pedro Sánchez Ortega, Peña Flamenca de
Jaén).

Sin embargo, esta práctica queda justificada no sólo por la adopción de una
estética imperante, en este caso el neoclasicismo flamenco inspirado en la
figura del cantaor Antonio Mairena, sino también porque de esta manera se le
indicaba al joven interesado en el flamenco, tanto desde el simple
acercamiento de la afición como desde una pretensión artística, el camino que
debía seguir para ir “aprendiendo el cante puro, ya que todavía hay quien le
puede ‘decir’ la fuente de la que pueden beber” (Entrevista con Gerardo
Fuentes, Peña Flamenca de Jaén).

13
Por un lado, vemos el proceso de formación que se pudo seguir en los
primeros años de funcionamiento de las peñas flamencas:

Muchos artistas se han hecho, se han formado aquí, en la ‘Vieja Escuela’ —vamos a
llamarla así... si tú me lo permites— cuando estaba Diego “El Perote”, “Manolillo el
Herraor”, “Ángel de Álora”, “El Breva Chico”... es decir, aquellas figuras procedían del
siglo XIX y que llegaron al siglo XX, al siglo pasado formándose muchos artistas a
expensas de estos otros (Entrevista con Gonzalo Rojo Guerrero, Peña Juan Breva).

Casos significativos del paso de ‘aficionado’ a ‘profesional’ de primerísima fila


es el de José Fernández Torres “Tomatito”, al que los periódicos almerienses
de principios de los años 70 ya le auguraban una gran carrera, eso sí con el
nombre de Pepín Fernández (13) o el caso, también, del guitarrista almeriense
“Niño Josele” ya en la década de los 90.

los hemos llevado a concursos, hemos hablado con otras peñas para que los contraten,
o sea, que se vayan haciendo cantando para buenos aficionados. También se les ha
dado cintas para que escuchen a los grandes cantaores de la historia del flamenco
(Entrevista con Lucas López López, Peña “El Taranto” de Almería).

Figura 2. Objetivos y actividades de las peñas flamencas.

14
Los socios de las Peñas Flamencas
Para ingresar en una peña flamenca del aspirante se espera que posea una
auténtica afición (14) o bien que esté “interesado en cualquiera de los aspectos
del Arte Flamenco” (15), no permitiéndose, en principio, el ingreso “de aquel
que vaya buscando simplemente lo curioso o la diversión” (16):

puedes recomendar a algún amigo que te haya preguntado si se puede apuntar a la


Peña... coges a uno de la directiva, porque conoces al presidente y a todos, y le dices:
“fulano apunta a este en la Peña que es mi amigo”, y así de fácil (Entrevista con Miguel
Hernández López, Peña Flamenca “La Platería”).

Como acabamos de señalar, el primer paso siempre es invitar al aspirante a


que pase por la sede social para que conozca el funcionamiento de esta
sociedad, ya que una peña flamenca no es sólo el recital

lo primero que se le dice es que se pase sin compromiso por las actividades que realiza
la Peña para así poder observar cuales son las formas de actuación del aspirante a
socio y una vez que se le ha estudiado pues se habla con alguno que lo conozca para
que lo avale. Con esto pretendemos no meter la pata a la hora de admitir gente nueva
(Entrevista con Pedro Sánchez Ortega, Peña Flamenca de Jaén).

Sin embargo, no todas las peñas flamencas estudiadas siguen hoy día los
mismos procedimientos a la hora de evaluar la idoneidad de los aspirantes. En
la Peña Juan Breva, el aspirante a ingresar es invitado a asistir a las sesiones
de estudio para así poder ser “observado” —evaluado— por los consiliarios,
que son los que deben aprobar en primera instancia dicho ingreso:

la experiencia nos dice que debemos procurar que no crezca [la Peña] en número
demasiado. El sistema de admisión de socios nos mantiene fuera de ese peligro,
porque el interesado solicita entrar en la Peña, bien lo hace personalmente o por
mediación de un socio y esa petición pasa a los consiliarios que le prestan atención
para saber ‘cómo escucha’, no pretendemos que sepa flamenco, ni que sea un
personaje destacado o un gran cantaor, si sabe escuchar al cabo de un tiempo se le da
el nihil ostat, y entonces como recomendación de los consiliarios pasa a la “reunión

15
básica” y ésta lo aprueba, aunque alguna vez que otra, y no ha sido muy frecuente la
“reunión” ha rechazado la recomendación de los consiliarios (Entrevista con José
Luque Navajas, Peña Juan Breva).

Este sistema de ‘selección’ del aspirante a socio de la peña malacitana es


todavía factible desde el momento en que estas sesiones de estudio se siguen
celebrando con una frecuencia semanal, mientras que en las otras peñas
estudiadas, al haber desaparecido dicha actividad, no es posible llevar a cabo
este proceso de estudio-evaluación ya que los momentos comunes son más
reducidos.

Figura 3. Rito de paso: entrega de la acreditación de socio en la Peña Juan Breva (Foto
JGM)

En el resto de penas flamencas —“El Taranto”, “La Platería” y Peña Flamenca


de Jaén— en su día emplearon sistemas similares a la hora de seleccionar a
los futuros socios.

16
para aceptar a cualquier socio primero se le estudiaba su comportamiento social, en
segundo lugar sus conocimientos sobre el arte flamenco, y en función del estudio de
los pareceres de cada uno se le admitía o no. Se echaban bolas en una bolsa de tela,
blancas si se estaba a favor de que entraras y negras en contra; y era muy difícil entrar
en la Peña Flamenca de Jaén, porque casi siempre había una bola negra, y tenías que
entrar por unanimidad [risas]. Conforme vino la democracia esto se fue cambiando y se
fue abriendo la mano... Con el tiempo y cuando entramos en la antigua sede... se fue
abriendo más el tema y había más hermanamiento ya que se pasó de reunirse sólo los
días de actuación a asistir casi a diario a la Peña porque se abrió un bar que era ‘medio
público’ ya que podía entrar gente que no pertenecía a la Peña pero cuando había
actuación sólo entrábamos los socios, y claro esa convivencia y diálogo existente entre
los no-socios y los socios, unos se interesaban por los requisitos para entrar en la Peña
y los otros —los socios— ya tenían hecho el estudio sociológico del comportamiento y
de su sabiduría flamenca… (Entrevista con Rafael Varela Espínola, Peña Flamenca de
Jaén).

Sin embargo, hoy día, con el paso del tiempo y el cambio de vida que se ha
producido en los últimos treinta años en la sociedad andaluza, los sistemas de
selección son mucho más relajados:

Hoy no, hoy cualquier persona que muestre interés por el Arte Flamenco pues se le
exige una mera formalidad de tener que presentar dos avales que normalmente suelen
ser los del presidente y del secretario (Entrevista con Rafael Varela Espínola, Peña
Flamenca de Jaén).

Una característica común a todas las Peñas estudiadas es la necesidad de


presentar el aval —firmas— de socios que respondan por el candidato. Sin
embargo, hoy día éste es más un formalismo que una garantía por la que se
responda de la conducta del aspirante

Sí, pero eso es porque como se necesitan dos firmas pues viene la gente que sabe que
estoy aquí por la mañana y me dicen: “fírmale a éste para que entre” y yo firmo sin
ningún problema (Entrevista con Leovigildo Aguilar Burgos, Peña Flamenca de Jaén).

Siendo los órganos de administración de las peñas flamencas los que tienen la
última palabra a la hora de admitir a un nuevo socio.

17
Antiguamente, al igual que se hace hoy, para ser socio de la Peña necesitas ser
presentado por otro socio: “Yo presento a Juan, que es un buen aficionado”, y entonces
ya tienes el campo abierto. Luego está el cuerpo de consiliarios que está observando
cuál es tu comportamiento como aficionado al cante flamenco, en el sentido de
profundizar en el conocimiento sobre el cante flamenco. Hoy, por ejemplo, cuando me
refiero que hay un poco de manga ancha es porque antes, se hacían esas reuniones —
del cuerpo de consiliarios— necesariamente... pero, hoy, a lo mejor falta alguno. Antes
tenía que estar presente el nuevo socio y, hoy, a lo mejor no puede venir ese día. Todo
está en relación a la vida actual (Entrevista con Salvador López Pérez, Peña Juan
Breva).

Tipología de los asociados


Aunque en los estatutos de las peñas flamencas estudiadas está recogido el
carácter democrático e igualitario de estas asociaciones, los socios pueden
adscribirse a las diferentes figuras que se recogen en sus estatutos.

Un primer tipo de socio sería el ordinario que es mayoritario en las peñas


flamencas ya que de él sobrevive económicamente este tipo de asociación.
Estamos haciendo referencia al socio de cuota de la Peña Juan Breva, al socio
de número de la Peña “El Taranto”, al socio numerario de la Peña Flamenca
“La Platería”, y por último, al nuevo socio de la Peña Flamenca de Jaén.

La segunda clase de socio estaría formado por los artistas flamencos, tanto
profesionales como aficionados, así como “cualquier persona, que haya
contribuido de una manera notable al engrandecimiento de la peña” (17),
teniendo la Peña Juan Breva la particularidad de que sus componentes
femeninos si no solicitan formar parte de los socios de cuota están incluidos en
este segundo tipo de socio. Para ser nombrado socio de honor de la Peña “El
Taranto” es necesario ser propuesto por la Junta Directiva y ratificado por
Asamblea General. El socio honorario o de honor está dispensado del pago de
cuotas.

Una nueva modalidad de asociado que se está impulsando desde las peñas
flamencas es la creación de la figura del socio joven o socio juvenil que

18
pretende el crecimiento de la peña

En alguna ocasión algún socio ha propuesto la creación de la figura del socio infantil o
juvenil, pero yo no soy partidario, nunca lo he sido porque yo siempre he dicho: “que
venga Mahoma a la montaña y no vaya la montaña a Mahoma”. Fíjate tu, es importante
que los jóvenes vengan a la Peña con cuentagotas para que la Peña pueda asimilarlos
porque si vienen muchos jóvenes pueden desvirtuar la solera y eso lo hemos estado
cuidando mucho, pero siempre nos han interesado los jóvenes no sólo por su
capacidad natural de renovación y de continuidad, o sea de futuro, sino porque la
propia Peña Juan Breva se fundó con jóvenes (Entrevista con José Luque Navajas,
Peña Juan Breva).

Sin embargo, esta medida a pesar de su puesta en marcha no ha tenido el


éxito esperado,

en su día propusimos la creación del “socio infantil”, y hubo una época en la que la
mayoría de los socios inscribieron a sus hijos, algunos de aquellos han seguido
perteneciendo a la peña pero la mayoría no (Entrevista con Rafael Valera Espínola,
Peña Flamenca de Jaén),

salvo en la Peña Flamenca “La Platería” de Granada con un 15% de su masa


social.

La Peña Juan Breva de Málaga tiene una figura excepcional para todos
aquellos que no residiendo en Málaga —capital o provincia— deseen ser
socios de esta Peña que es el socio correspondiente. Éste, al igual que el socio
de honor, está exento del pago de las cuotas que tenga establecida la peña en
cada momento (18).

Por último señalar que existe una figura de socio que podríamos considerarla
“a extinguir” por razones de edad, que aparece recogido tan sólo en los
estatutos de la Peña Juan Breva y en los de la Peña Flamenca de Jaén, que es
la del socio fundador. En este caso estamos haciendo referencia a aquel socio
que en su día se reunió para constituir la peña flamenca. Esta condición, en la
actualidad, no reporta ningún tipo de derecho ni de obligación en las peñas

19
flamencas estudiadas. Sin embargo, en los primeros años de funcionamiento
de estas asociaciones era este tipo de asociado el que decidía aspectos tan
importantes como la admisión de nuevos socios o las directrices generales que
seguiría la peña flamenca.

Tabla 3. Componentes de las Peñas Flamencas por tipología


Número/Cuota/ Jóvenes Honor Correspondiente
Nuevos [%] [%] [%] [%] Total

Peña Juan Breva 132 [59%] - 75 [34%] 16 [%] 233

Peña “El Taranto” 147 [88%] 15 [9%] 5 [3%] - 167

Peña Flamenca “La Platería” 262 [82%] 49 [18%] 9 [3%] - 320

Peña Flamenca de Jaén 90 - 7 - 97

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos facilitados por las Secretarias de las peñas
flamencas.

Por otro lado, también es interesante reflejar la incorporación a la vida de las


peñas flamencas de la mujer. Si a mediados del siglo XX las únicas mujeres
que asistían a las actividades desarrolladas por las peñas flamencas eran las
artistas o las esposas de los socios, en los últimos años y acorde con el avance
de la sociedad andaluza, la mujer está optando por una participación activa, de
tal forma que la Peña Flamenca “El Taranto” de Almería esté presidida por una
mujer, o que varias mujeres hayan formado o formen parte tanto del equipo
directivo como del Consejo de la Peña Flamenca “La Platería” de Granada.
Como ya hemos señalado, en la Peña Juan Breva de Málaga, aquellas mujeres
que desean incorporarse a la masa social de esta asociación, pueden optar por
hacerlo como socios de número o como socios de honor, de ahí que este tipo
de peñista sea tan importante en porcentaje —ver tabla 3—.

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Tabla 4. Componentes de las Peñas Flamencas por Sexo:

Hombres [%] Mujeres[%] Total

Peña Juan Breva 197 [88%] 26 [12%] 224

Peña “El Taranto” 135 [81%] 32 [19%] 168

Peña Flamenca “La Platería” 263 [82%] 57 [18%] 321

Peña Flamenca de Jaén 88 [91%] 9 [9%] 97

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos facilitados por las Secretarias de las peñas
flamencas.

Conclusiones.
Algunos autores han llegado a proponer que la etapa actual del flamenco
reciba el nombre de la Época de las Peñas Flamencas, para equipararla a las
etapas anteriores de la historia del flamenco que tomaron su nombre de los
escenarios en los que el cante se había desarrollado. Y aunque esta idea a
nosotros nos parece un poco exagerada ya que en los últimos 50 años el
flamenco se ha desarrollado también en otros escenarios y situaciones, a lo
largo de la presente comunicación, hemos intentado mostrar la importancia que
ha tenido el asociacionismo en torno al flamenco y como éste ha tenido que ir
adaptándose a los nuevos retos con los que se ha ido encontrando tanto
sociales como dentro del negocio del flamenco, para poder sobrevivir.

Notas

1, La presente comunicación ha sido posible gracias a la subvención a Proyectos de


Investigación Musical, ejercicio 2007, de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

2, Manuel RÍOS RUIZ: El gran libro del flamenco. 2 vols. Calambur: Madrid, 2003, I, p, 399: “La
persona que siente entusiasmo por el arte flamenco, aunque no ejecute ninguna de sus facetas
aunque no ejecute ninguna de sus facetas [cante, toque o baile]”.
3
. RODRÍGUEZ MARÍN, Francisco. 1929. El alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas
escogidas entre más de 22.000. Madrid, p. 10: “Cursé estos estudios por sus principios y
trámites, y fui, al par que discípulo, condiscípulo de don Antonio Machado, cuanto entrambos,
por los años 1880 a 1882, asistíamos como alumnos libres a la cátedra sevillana del gran
Silverio Franconetti (al Salón de Silverio, calle del Rosario), no sólo para escuchar a los
cantaores y tocaores de su tablao, sino, lo que es mucho más, para conversar amistosa y casi
diariamente con aquel rey de los cantaores”.
4
. Machado y Álvarez, Antonio. 1996 [1881]: Colección de cantes flamencos. Recogidos y
anotados por Demófilo. Portada: Mairena del Aljarafe.
5
. Aguilar Criado, Encarnación. 1990. Cultura popular y folklore en Andalucía. Los orígenes de

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la Antropología. Diputación, Sevilla; PINEDA NOVO, Daniel. 1991. Antonio Machado y Álvarez
“Demófilo”. Vida y obra del primer flamencólogo español. Madrid.
6
. En esta tertulia los temas más tratados eran el origen del cante jondo, qué cantes debían
incluirse dentro de él —siguiriyas gitanas, serranas, polos, cañas, soleares, martinetes y
carceleras, tonás, livianas y saetas viejas— y cuáles derivados de éste se habían convertido en
cante flamenco. También hablaban de cantaores del pasado, de un pasado reciente,
apareciendo nombres como los de Silverio, La Serrana, Enrique el Mellizo, Las Coquineras, El
Perote, La Bizca,… además de que se realizaban audiciones de Pastora Pavón —la Niña de
los Peines— y de Manuel Torre, impresionadas en discos de pizarra por la casa Odeón. Y para
terminar aquellas sesiones, tocaban la guitarra Manuel Jofré —el Niño de Baza, para sus
amigos— o Antonio Barrios «El Polinario» —padre del músico Ángel Barrios—. Ver Molina
Fajardo, Eduardo. 1998 [1962]. Manuel de Falla y el «cante jondo». Universidad: Granada, pp.
45-8.
7
. Aunque William Washabaugh interpreta el nacimiento de las peñas así: “Lugares
tradicionales del flamenco, como los bares y las tabernas, fueron coartados por ser fuente de
discrepancia y de subversión […]. Afloraron otros escenarios que no constituían una amenaza
tan grande para el régimen, como por ejemplo los festivales, los tablaos y las peñas” (2005:
45). […] [L]os franquistas alentaron el desarrollo de asociaciones fraternales dedicadas a
cultivar el interés por el flamenco […]. Estos clubes de predominio masculino se centraban en
una seria —es decir, despolitizada— apreciación del arte flamenco. Proporcionaban un foro en
el que los estetas flamencos podían seguir discutiendo cuestiones sobre la pureza artística
completamente separadas de cualquier interés público práctico. Esta estética estéril de los
círculos flamencos era cómplice pasiva del franquismo (2005: 151).
8
. Peña Flamenca “La Platería” de Granada: <www.laplateria.org.es>. Peña “Juan Breva” de
Málaga: <www.juanbreva.com>. Peña Flamenca “El Taranto” de Almería: <www.eltaranto.net>.
9
. Censo de peñas flamencas del Centro Andaluz del Flamenco (CAF): <http://caf.cica.es>.
10
. Organismo dependiente de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
11
. Hay un total de 51 Peñas flamencas establecidas fuera de España: Alemania 1, Australia 1,
Austria 1, Bélgica 3, Brasil 1, Canadá 1, Costa Rica 1, Cuba 1, Dinamarca 1, Estados Unidos 5,
Eslovaquia 1, Francia 16, Holanda 5, Reino Unido 3, Italia 3, México 3, Noruega 1, Suiza 3.
Fuente: Elaboración propia a partir del Censo de Peñas Flamencas del Centro Andaluz de
Flamenco: <http://www.centroandaluzdeflamenco.es>.
12
. Estatutos de la Peña Juan Breva, Proclamación de Principios.
13
. Ver Equipo Alfredo (coord.) (1988): 30-3.
14
. Estatutos de la Peña Juan Breva, R/III. 8. Estatutos de la Peña “El Taranto”, artículo 6.
15
. Estatutos de la Peña Flamenca de Jaén, artículo 8 apartado b.
16
. Estatutos de la Peña Juan Breva, R/III. 8.
17
. Estatutos de la Peña “El Taranto”, artículo 5. Estatutos de la Peña Flamenca de Jaén,
artículo 9 apartado c.
18
. Estatutos de la Peña Juan Breva, R/IV. 16.

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Referencias

Cruces Roldán, Cristina. 1989. Un estudio antropológico de las peñas


flamencas sevillanas. Sevilla: Pro-manuscrito.

Equipo Alfredo. 1982. “El flamenco como medio de promoción social”. Candil
21: 9-10.

Escalera Reyes, Javier. 2000. “Sociabilidad y relaciones de poder”.


Kairós, 6
<http://www.fices.unsl.edu.ar/~kairos/k06-02.htm> [consulta 08/08/2004].

Estatutos De La Peña “Juan Breva”. 1998 [1958]. Málaga: CEDMA: Málaga.

Estatutos De La Peña Flamenca “El Taranto” de Almería.

Estatutos De La Peña Flamenca “La Platería” de Granada.

Estatutos De La Peña Flamenca de Jaén.

Herrera Rodas, Manuel y Fernández Cabrero, José Antonio. 2002. “Las Peñas
Flamencas”. En Historia del Flamenco. Siglo XXI, dir. Cristina Cruces Roldán,
305-329. Sevilla: Tartessos.

Machado y Álvarez, Antonio. 1996 [1881]. Colección de cantes flamencos.


Recogidos y anotados por Demófilo. Mairena del Aljarafe: Portada.

Núñez, Rafael. 2000. “Las peñas: una dimensión poco estudiada y valorada
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Barcelona: F.E.C.A.C. y Ajuntament de Barcelona.

PRATT, RAY. 1990. Rhythm and resistance: explorations in the political uses of
popular music. New Cork: Praeger Published.

Ríos Ruiz, Manuel. 2003. El gran libro del flamenco. Madrid: Calambur.

Rosales, Luis. 1987. Esa angustia llamada Andalucía. Madrid: Cinterco:


Madrid.

Steingress, Gerhard. 1998. Sobre flamenco y flamencología. Sevilla:


Signatura.

Vázquez, Federico. 1982. “Las Peñas Flamencas: Una manera de ser y


entender el flamenco”. Candil 20:22.

Washabaugh, William. 2005. Flamenco. Pasión, política y cultura popular.


Barcelona: Paidós.

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Javier González es licenciado en Historia del Arte-Musicología por la
Universidad de Granada y Titulo de Profesor Superior de Conservatorio por el
Conservatorio Superior de Música “Victoria Eugenia” de Granada. Es profesor
de música de Secundaria en excedencia y actualmente Profesor Colaborador
de la Universidad de Almería.

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