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Women are / Fiction

Women are fiction es un proyecto que combina la autorrepresentación con la apropiación

de imágenes. En consecuencia, la primera ficción evidente sería la que se refiere a la

identidad de la autora. Carmen Inés Bencosme es fotógrafa, espectadora y personaje de

las escenas reproducidas. Su actividad parece dirigida a poner en práctica métodos alter-

nativos para el autorretrato, pero también puede ser resumida como una especie de tra-

siego de imágenes entre diversos medios y soportes.

El método ha consistido en fotografiar la pantalla de la computadora con un teléfono celu-

lar, captando la imagen reflejada de la artista junto con las distintas imágenes que en el

momento reproducen diversos programas de video, transmisión en vivo, fotografías y

otras expresiones gráficas. Algunas han llamado la atención de la autora en el instante,

otras han sido buscadas y seleccionadas en función de la narrativa del proyecto. Con esto

se produce no sólo un palimpsesto de imágenes, son también un archivo de relatos frag-

mentados.

Este proyecto se refiere principalmente a la representación de la mujer en los medios. In-

cluye imágenes de cine, series televisivas, noticieros, obras de arte y otras representacio-

nes en las que las mujeres son protagonistas. Todas estas imágenes parecen compartir la

misma disposición al melodrama y el kitsch. De hecho, en otras versiones instalativas, las

secuencias de imágenes con subtítulos crean estructuras similares a la de la fotonovela.

La ubicación de la escritura en el libro es estratégica. En esta obra se ha restado impor-

tancia al factor melodramático que aportaba el texto y se ha optado por trabajar la fotogra-

fía como una escritura en sí. La conexión de estas fotografías con diversos productos de

la cultura de masas debe ser descifrada por el espectador. El propio título del libro ha re-

sultado del montaje entre dos imágenes-textos.

Women are fiction pudiera reescribirse como ”Women are / Fiction”. Al dividir la frase en

dos términos en tensión, nos queda un término cuyo referente se interrumpe a medio
construir (“Women are…”), algo que se resiste a ser definido y completado, algo inconclu-

so y en proceso. Y del otro lado nos queda un término autorreferencial (“Fiction”), porque

¿cómo hablar de la ficción sin acudir a la ficción? Es el carácter mismo de la ficción lo que

deviene fascinante. Porque la ficción es una cualidad del relato, asociada a su condición

imaginaria y a su posibilidad poética. Pero a través de lo poético se filtra también la vio-

lencia simbólica, que aquí es ya relativamente obvia: las mujeres son ficciones relatadas

por y para los hombres, en un universo discursivo todavía dominado por la voz masculi-

na.

Tal vez esa división conceptual nos dé alguna pista sobre el por qué tenemos aquí dos

libros en uno. El primero, en color, muestra más claramente el ejercicio de autorrepresen-

tación, pero llama la atención sobre la condición tecnológica y el carácter mediático de las

imágenes. Mientras el segundo, en blanco y negro, parece una intervención en el primero,

mediante un tipo de imagen que puede ser interpretada como privada o al menos más

subjetiva o psicológica.

El paso de la pantalla a la impresión nos deja con imágenes llenas de ruidos y de velos,

que no parecen aptas para la fijeza. Hay algo basto en esas representaciones que se dis-

tancian de la tendencia contemporánea a la nitidez y la hipervisibilidad del ícono.

Ya Carmen Inés Bencosme ha trabajado antes buscando métodos de autorrepresentación

por medio del reflejo, rompiendo la relación directa del cuerpo con la cámara, fotografian-

do con la mediación de otros objetos o superficies (el espejo, por ejemplo) y distorsionan-

do la figura. Ahora lo hace mediante una superficie de menor opacidad aparente (la panta-

lla), haciendo más profunda la infiltración del reflejo en el objeto, y provocando situaciones

más dinámicas y profusas en cruces textuales.

En este proyecto el reflejo es recíproco: la artista se refleja en la superficie que está foto-

grafiando, pero dicha superficie proyecta en la cámara sus propias imágenes, lo que deja

un rastro difuso tanto en la pantalla como en la foto. Ese rastro es lo que podemos nom-
brar como fantasma. De hecho, podemos concluir que lo que fotografía Bencosme no es

su propia cara o su propio cuerpo, sino su fantasma. Y esa probablemente es una de las

claves de su estética.

Juan Antonio Molina