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Uno de los argumentos que utilizan los detractores de las dietas naturales para perros y

gatos es la supuesta ausencia de pruebas o evidencias científicas a favor de las dietas


naturales.
En el momento en que empecé a alimentar a mis perros y gatos con alimentos frescos, sin
procesar y biológicamente adecuados para su especie, yo tambien pensaba que,
efectivamente, no había estudios científicos sobre el efecto de los alimentos sin procesar en
la salud de los animales porque en la carrera de veterinaria no se hacía mención a ellos.
Pensé que la única forma de avalar esta “nueva tendencia” era lo que había aprendido
desde la observación directa de nuestros padres y abuelos alimentando a sus perros y
gatos con comida casera. Cuando mi pasión por el mundo de la alimentación natural fue
creciendo y quise profundizar más en el tema, descubrí, con gran asombro, que ya en​ ​1932
el doctor Francis Pottenger había llevado a cabo una serie de experimentos sobre los
efectos que la alimentación podía tener sobre la salud de los seres vivos y sus futuras
generaciones.
Este doctor norteamericano, junto con el Dr. Alvin William Foord, profesor de patología en la
Universidad de California del Sur y un patólogo del Huntington Memorial Hospital en
Pasadena, en sus estudios experimentales sobre el extracto de la corteza suprarrenal de los
gatos, se dieron cuenta, de forma accidental, de los efectos que los diferentes tipos de
alimentos tenían sobre ellos.
Así que decidieron profundizar sobre lo que estaban observando y dividieron a los animales
en 2 grupos control.
El primer grupo fue alimentado con ⅔ de carne cruda y ⅓ de leche también cruda
complementados con aceite de hígado de bacalao.
Al segundo grupo decidieron alimentarlo con las carnes cocinadas manteniendo la leche
cruda y el hígado de bacalao.
Observaron que ​los gatos alimentados con la dieta cruda eran saludables, mientras que los
gatos alimentados con la dieta de carne cocida desarrollaron varias enfermedades
degenerativas y en sus siguientes generaciones su estado de salud mermó hasta el punto
de no poder tener descendencia. Tenemos que especificar que en esa época todavía no se
había descubierto el rol fundamental del aminoácido taurina en la salud de los gatos. Las
investigaciones siguientes aclararon que este aminoácido es muy sensible y se destruye
totalmente cuando entra en contacto con una fuente de calor.
En otro estudio el equipo de investigación sustituyó la leche cruda por leche pasteurizada,
observando unos resultados similares a la anterior investigación, o sea, unos animales
menos saludables, inclusive en las generaciones posteriores.
Un estudio(1) muy reciente ha confirmado los resultados obtenidos por el Dr.Pottenger y su
equipo, afirmando que el procesamiento térmico de los alimentos altera las características
químicas y biológicas de los componentes de los alimentos que determinan la salud
intestinal y la resistencia a las enfermedades de los perros y los gatos.

Después del estudio de Pottenger, la investigación sobre los efectos de la alimentación en


la salud​ ​se ha visto interrumpida durante mucho tiempo. No ha sido sino hasta principios de
siglo XXI, cuando los científicos han vuelto a concentrar sus esfuerzos en la investigación
acerca de la importancia que tienen los alimentos sobre la salud de los seres vivos,
motivados por los resultados obtenidos en el campo de la epigenética y sobre todo, en la
nutrigenómica.
Paralelamente hemos asistido a la transformación de una buena parte de la sociedad que
ha decidido cambiar sus hábitos y estilo de vida hacia unos más saludables. Tendencia que
también se ha visto afectada por los escándalos relacionados con la industria alimentaria
humana. Contemporáneamente salieron a la luz numerosos estudios (2-3) sobre los piensos
y los alimentos húmedos para perros y gatos que alertaban sobre la presencia en ellos de
ingredientes no declarados, bacterias dañinas, micotoxinas, residuos medicamentosos y
otros contaminantes químicos. Todo esto creó cierta desconfianza en buena parte de los
cuidadores de animales, viendo así justificada su voluntad de elaborar ellos mismos las
comidas de sus seres queridos de 4 patas.

Este fue el caldo de cultivo que llevaría a la comunidad científica a empezar a investigar
sobre los beneficios que experimentaban los animales al ingerir alimentos completos, de
temporada, poco procesados y ricos en enzimas y bacterias beneficiosas.
Las grandes casas comerciales productoras de alimentos procesados para animales,
tradicionalmente, han puesto el énfasis sobre el hecho de que sus productos respetan los
requerimientos nutricionales sugeridos por la NRC y la AAFCO, los dos grandes
organismos mundiales que se ocupan de establecer dichos parámetros nutricionales.
Desde su punto de vista, lo más importante es atender a estos requerimientos mínimos de
nutrientes sin considerar relevante el origen de los mismos. Podemos considerar, por
ejemplo, las fuentes de proteínas empleadas en estos productos industriales, que pueden
ser tanto de origen vegetal como provenir de subproductos de la industria cárnica (plumas,
patas, etc.). Otro aspecto a tener en cuenta es el efecto que tiene el calor en la preservación
de los nutrientes, que tiene como consecuencia la destrucción de las enzimas y vitaminas y
la alteración molecular de los aminoácidos. Esto se traduce en la necesidad de añadir de
forma sintética los nutrientes que se han perdido en el proceso de fabricación.

La auténtica revolución empezó cuando la comunidad científica se dio cuenta de que los
nutrientes sintéticos se absorben de manera diferente, por lo que el organismo los
aprovecha en menor medida que los provenientes de fuentes naturales. (4)
Se puso en evidencia que los alimentos crudos, poco procesados y aptos para las especies
que los consumen contienen un número mayor de aminoácidos que los alimentos
procesados(5-6).También contienen más enzimas,bacterias beneficiosas, fitonutrientes,
antioxidantes y ácidos grasos esenciales(7-8).

¿Cómo podemos interpretar estos datos?

Todas estas investigaciones han demostrado que los animales alimentados con alimentos
frescos, poco procesados, tienen una mejor digestibilidad con respecto a los industriales(6)
y que su flora intestinal también es más saludable(9-10)
Además la salud del animal no sólo mejora a nivel físico sino también a nivel cognitivo y
conductual(11-12-13)
Por otro lado, una parte de la comunidad científica, está en contra de la alimentación natural
y expone sus argumentos a través de estudios que quieren demostrar que la única forma
de alimentar a un perro o a un gato es ofreciéndoles alimentos industriales específicos para
ellos, hechos en laboratorios por veterinarios.
Analizando estos estudios vemos cómo sus conclusiones hacen pensar que alimentar a un
perro o un gato de una forma natural es poner su salud en riesgo y que las dietas naturales
son difíciles de elaborar y que no son completas ni equilibradas.
Pero estos estudios se centran en dietas (14-15-16-17-18) formuladas sin ningún
conocimiento ni el más mínimo sentido común y utilizadas en animales que se encuentran
en momentos muy particulares y vulnerables de sus vidas, como puede ser la etapa de
cachorro. Está claro que estos estudios representan ejemplos muy extremos y exponen
casos muy límite y que la idea de que todas las dietas naturales caseras son perjudiciales
dista mucho de la realidad. De hecho la experiencia nos ha enseñado que la mayoría de los
cuidadores son muy responsables e investigan adecuadamente antes de cambiar la forma
de alimentar de sus perros o gatos y que además la mayoría de estos últimos experimenta
cambios positivos en su salud (19-20)
Para aquellos que tienen miedo de cambiar la alimentación de sus perros o gatos o no
tienen tiempo para investigar sobre cómo hacer las dietas correctamente, existen
alternativas válidas en el mercado, como los productos comerciales crudos o se puede
optar por el asesoramiento nutricional de algún experto en la materia.
El otro gran miedo que generan las dietas naturales y sobre todo las que se ofrecen crudas,
es la presencia y el desarrollo de microorganismos patógenos que se encuentran, o bien
directamente en las carnes, o en las heces de los animales que las ingieren y que
representan un posible contagio de enfermedades infecciosas a los humanos (zoonosis).
Podemos encontrar numerosas investigaciones que confirman la presencia de la bacteria
Salmonela en las heces de los perros que comen alimentación cruda (21-22) pero también
en los que comen piensos(23). Incluso se han llegado a retirar del mercado alimentos
industriales contaminados por esta bacteria (24).
Hay que tener en cuenta que el aislamiento en las heces de las bacterias no significa
automáticamente contagio de la enfermedad, ni para el animal ni para las personas que lo
rodean(25-26-27).
Se considera que el riesgo de contraer esta enfermedad infecciosa es mucho mayor en
poblaciones de niños, ancianos y en personas inmunodeprimidas.
Respetando unas normas básicas de higiene al manipular los alimentos destinados a perros
y gatos el riesgo de contraer infecciones baja drásticamente.

Este recopilación de estudios a favor y en contra de la alimentación natural representa sólo


una pequeña muestra de todos los que se han publicado hasta ahora y de los que día tras
día van apareciendo.
Poco a poco, va aumentando el interés por parte de la comunidad científica y sus
investigadores sobre los temas relacionados con la alimentación natural y ya existen
facultades de veterinaria, como la de Helsinki y su programa “Dog risk”, que centra sus
esfuerzos en la recopilación y análisis de datos sobre los efectos de las dietas naturales en
perros y gatos.
La investigación científica y sus alentadores resultados, en cierto modo, sólo nos confirma
lo que la observación y la experiencia con los pacientes nos ha ido demostrando a lo largo
del tiempo, que ofrecer alimentos frescos, de temporada y poco procesados, aporta
múltiples beneficios a la salud de los seres vivos.

(1)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6146089/?fbclid=IwAR3LFDi0QAOztO
US9LUvfgbKZKydYeff09YMMjWBMB7DRRX0mp7cC9vbTfk
(2)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4494379/
(3)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6138162/
(4)https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4560336/
(5)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9160426
(6)https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26530877
(7)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29108107
(8)​)​ ​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/7935080
(9)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26400072
(10)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28245817
(11)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28265505
(12)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15585348
(13)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26481404
(14)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27598702
(15)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19366336
(16)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8139162
(17)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25082994
(18)​ ​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23385074
(19)​https://www.cambridge.org/core/journals/journal-of-nutritional-science/article/evaluation
-of-the-owners-perception-in-the-use-of-homemade-diets-for-the-nutritional-management-of-
dogs/4B86F8C1D385570EE0D539A3CAC37807
(20)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22005436
(21)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1716752/
(22)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18811908
(23)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2834511/pdf/16363323.pdf
(24)https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28561638
(25)https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9279402
(26)​https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26381479
(27)https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25664339