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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

Resumen del Primer Cuatrimestre Argentina- La liga de la Promoción

LOBATO Y SABINA, ATLAS HISTORICO DE LA ARGENTINA

Mientras algunas provincias daban forma a los estados provinciales, en Buenos Aires la situación era confusa, el año veinte
es conocido como un momento dominado por la anarquía. Los conflictos interprovinciales tuvieron lugar durante esta
etapa, donde el problema de la función de las provincias y el papel de los caudillos afectaba la organización. La idea de que
provincias y caudillos, se constituyeron como obstáculo en el proceso de organización nacional. El proceso es más
complejo, las provincias intentaron articular sus estados tanto desde el punto de vista constitucional como en el plano
administrativo y fiscal.
Durante este periodo se fueron constituyendo las trece provincias. Al caer la autoridad nacional, desaparecieron también los
gobernadores intendentes nombrados por Buenos Aires. Se fueron estableciendo a su vez los límites, bastante imprecisos,
entre las provincias y se organizaron políticamente en tanto formaron sus legislaturas, designaron gobernadores y dictaron
sus constituciones. Buscaron establecer un régimen fiscal que permitiera afrontar las necesidades de los gobiernos.
El federalismo cobro fuerza en el rio de la plata a partir de la figura de los caudillos. Esta era una forma de confederación
que permitía resignar lo menos posible el control político de la provincia. Por un lado, se reconocen la libertad, la
independencia y de hecho la soberanía de cada estado provincial, por otro se alude a la necesidad de una mayor
centralización que acompañaría el proceso de organización nacional.
Durante esta etapa se produjo también la campaña de San Martin al Perú, luego de asegurar la independencia de Chile. Tras
el encuentro con Bolívar, abandonó su participación en la vida política y militar retirándose a Francia.
HACIA LA RECONSTRUCCIÓN DEL ORDEN EN BUENOS AIRES:
En la provincia de Buenos Aires se alternaron la paz y la guerra, además se sucedieron diez gobernadores. En febrero de
1820 el cabildo asumió el papel de gobernador, proclamo la disolución del poder central y designo el carácter de capital de
las provincias unidas a la ciudad de Buenos Aires. Tanto Estanislao López, como Francisco Ramírez sospechaban de la
influencia que pudiera tener el partido directorial. El 16 de febrero se llamó a Cabildo abierto y de allí emergió la junta de
representantes. Esta nueva junta adquirió creciente importancia, además nombro gobernador provisorio a Manuel de
Sarratea. En este régimen no se apoyó en ningún texto constitucional sino en un conjunto de leyes.
LA GOBERNACION DE SARRATEA: La misión principal de este era hacer la paz, que finalmente concretó en 1820 al
finalizarse el tratado del pilar. (Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe) El acuerdo establecía la idea federal como principio
de organización nacional.
Juan Ramón Balcarce, paso a ocupar el lugar de Sarratea remplazándolo. Ramírez presiono para derribarlo, logrando
restituir a Sarratea en su cargo. Pero este fue derrotado nuevamente.
El 20 de junio de 1820 había en Buenos Aires tres gobernadores: Ramos Mejía, Soler y el Cabildo. Pero ninguno tenía el
mando efectivo. En agosto de 1820 la situación comienza a clarificarse; Manuel Dorrego es elegido gobernador por la
ciudad, batió en San Nicolás a su rival Alvear. A su vez este se enfrentó con López y lo venció en la batalla de Pavón.
López lo atacó antes de que llegaran y lo venció en Gamoral. La derrota militar y política de Dorrego llevó al gobierno al
general Martín Rodríguez, que fue designado gobernador a pesar de la oposición política que existía. Con dicho personaje
como gobernador se da el periodo de paz denominado la feliz experiencia.
El gobierno de Martín Rodríguez se retiró a Barracas a la espera de las tropas al mando de Rosas que, finalmente, batieron
a los revoltosos. En esta situación iniciaron nuevas tratativas con López y en noviembre firmaron el Tratado de Benegas y
la paz perpetua entre Bueno Aires y Santa Fe.
LA CONSOLIDACIÓN DE LAS PROVINCIAS: El tratad de Benegas modifico las relaciones interprovinciales al
convertir a Santa Fe en aliada de Buenos Aires.
En La Rioja cobró fuerza el comandante de milicias de los llanos Juan Facundo Quiroga, quien en 1823 asumió el gobierno
provincial y se convirtió en uno de los personajes clave de la República durante tres lustros.

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En Córdoba, el gobernador Bustos convocó a un Congreso Nacional para organizar la nación en federación, pero fracasó
debido a la acción de Buenos Aires que trabajo para que el congreso no se reuniera. Mientras duró la guerra contra
Ramírez, el gobierno de Buenos Aires argumentó que el estado de guerra hacia inconveniente la convocatoria a un
congreso.
Buenos Aires acordó entonces un tratado con Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos para estrechar vínculos y comprometerlas a
no concurrir a Córdoba y, en enero de 1822, firmaron el tratado de cuadrilátero. Por él se establecían la unión de las cuatro
provincias, la asistencia recíproca y la mediación en caso de guerra. Reconocían la autonomía de Misiones y la libre
navegación de los ríos, incluso el comercio directo con el exterior, pese a la oposición de Buenos Aires.
LA CAMPAÑA DE SAN MARTIN AL PERU Y EL FIN DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA:
San Martin había concluido la campaña a Chile. Este no estaba libre de dificultades. En principio, no podía contar con un
movimiento convergente sobre el Alto Perú pues sabía que el ejército se había consumido en la guerra. A pesar de ello, en
agosto de 1820 zarpó la expedición libertadora del Perú.
LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ: Las adhesiones a la revolución aumentaban en todo el país. El virrey del momento le
encarga el mando a José la Serna, quien inicio inmediatamente tratativas de paz. La base de este acuerdo era la
independencia del Perú. Las conversaciones fracasaron y San Martín entró en Lima, reunió una junta y en 1921 proclamó la
independencia del Perú, siendo designado protector del mismo.
San Martín encargó a el general Las Heras, poner en sitio El Callao mientras esperaban la aproximación de Bolívar,
triunfante del norte, con el objetivo de reunir fuerzas. El 19 de septiembre se logró la rendición de El Callao.
Bolívar triunfaba en Carabobo y aseguraba así la liberación de Venezuela. Parte de sus fuerzas, mandadas por el mariscal
Sacre, marcharon al sur, sobre la capitanía de Quito, aún en poder español. San Martin auxilió a los colombianos con una
división peruano-argentina y, con este aporte, Sucre pudo liberar a aquel país tras los triunfos de Riobamba y Pichincha.
El encuentro de Guayaquil y la renuncia de San Martin: en 1822 el ejército peruano fue derrotado y aumento la
dependencia de la ayuda de Bolívar. San Martin abandonó Guayaquil, regresó a Lima y renunció ante el congreso del Perú
y se embarcó hacia Chile.
FIN DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA: El 3 de agosto de 1824, Bolívar destrozó a Canterac en la batalla de Junín;
Sucre continuo la campaña y el 9 de diciembre batió y rindió al virrey La Serna en los campos de Ayacucho, concluyendo
de este modo la guerra de la independencia de América del sur.
LAS REFORMAS RIVADAVIANAS:
Estas reformas tendían a establecer un estado moderno dentro de los límites de las provincias y comenzaron a implantarse
desde que el gobierno de Martin Rodríguez colocó como ministro a Bernardino Rivadavia y Manuel García. Para Rivadavia
un gobierno republicano y representativo era la base de la civilización del país.
Para transformar el estado se eliminaron magistraturas como el cabildo, se reformo la justicia con la abolición del
consulado, se creó un sistema de enseñanza pública, se fomentaron las artes, la ciencia y la cultura y se llevó a cabo la
reforma eclesiástica. El gobierno fijo normas sobre la conducta de los frailes, expulso a los que paraban fuera de los
conventos e inventarió los bienes de las órdenes religiosas.
La acción reformadora se extendió al sector económico-financiero al iniciarse un avance de la frontera y en la política de
tierras se inició un proceso de entrega de terrenos fiscales a los sectores altos. La creación del departamento Topográfico
buscaba establecer, con mayor rigor, el catastro territorial y garantizar la propiedad inmueble.
Como otras provincias, Bs As tenía sus fronteras en permanente movimiento por la disputa de los territorios con la
población indígena. Se organizó una campaña militar contra los indígenas y se fundó el fuerte independencia, a cuyo
alrededor creció la ciudad de Tandil.
Juan Manuel de Rosas se había opuesto al plan militar de Rodríguez pues consideraba que, al provocar a los indios,
peligraba la seguridad de los establecimientos rurales bonaerenses y hacía difícil el cumplimiento del tratado de Benegas.

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Las cuestiones financieras y económicas tenían gran importancia para el gobierno. Una de sus medidas fue la creación de la
bolsa mercantil, a la que siguió el banco de descuentos, destinado a reemplazar la desacreditada caja nacional de fondos
creada por Pueyrredón cuatro años antes. Pero por iniciativa de varios comerciantes se reemplazó por el banco nacional. En
1927 la deuda del gobierno nacional con el banco era mayor que todo el circulante y el encaje metálico era apenas del 10%.
Las dificultades financieras se sintieron duramente en las administraciones de Rodríguez y Las Heras y mucho más con
Rivadavia. La forma corriente de obtener los fondos faltantes era por medio de empréstitos, pero, como los capitales
interiores estaban agorados, fue necesario recurrir al crédito exterior. En 1824 se negoció en Londres un empréstito con la
banca Bering Brothers Co. Los fondos se destinarían a la construcción del puerto, las obras sanitarias de Bs As y al
establecimiento de pueblos en la campaña.
Cuando hubo que pagar la primera amortización e intereses, no había dinero disponible pues la guerra con el Brasil había
interrumpido el tráfico marítimo y la entrada de divisas.
Las tierras públicas funcionaron como garantía de la deuda del Estado. En 1822, la ley de enfiteusis, a la vez que procuraba
conservar la tierra, buscaba obtener un rendimiento económico con la instalación de colonos que tenían un derecho
preferencial de compra para el caso de que el estado las vendiera. En 1825, se reformo la ley buscando mejorar los
resultados de su aplicación, pero solo favoreció al acaparamiento de quieres ya eran propietarios. El aporte de la población
extranjera se consideraba importante para modificar los hábitos existentes entre la población nativa.
Desde el punto de vista político, después del tratado del cuadrilátero, Bs As restableció su prestigio y la provincia de hecho,
asumió la conducción de las relaciones exteriores de las provincias unidas.
Rivadavia envió representantes a las provincias para invitarlas a reunirse en una nación bajo el régimen representativo. Pero
las provincias en general no confiaban en el proyecto de Rivadavia.
Al finalizar el mandato de Martin Rodríguez, asume como gobernador Las Heras. Para febrero de 1824 se invitaba a las
provincias a que enviaran sus diputados a representarlas en un congreso general.
El 16 de diciembre se reunió el congreso con los diputados elegidos por las provincias en números proporcionales a la
población y solo un sector minoritario de sus bancas fue ocupado por la provincia de buenos aires. Al año siguiente se dictó
la ley fundamental: en la cual se delegó en Bs As el manejo de las relaciones exteriores y las provincias conservaban su
autonomía, soberanía e independencia hasta tanto se dictará una nueva constitución.
El 6 de febrero se dictó la ley de presidencia y Bernardino Rivadavia fue elegido como presidente de un país convulsionado
por la guerra contra el Brasil. Para gobernar necesitaba tener una base territorial adecuada y propuso una ley de capital que
separaba la ciudad de Bs As y sus alrededores del resto de la provincia, constituyéndola en capital de la república. La
capitalización significaba arrebatarle la mayoría de las rentas a la provincia de Bs As y destruir su tradicional estructura
económica. Terrero, Rosas, Anchorena y Dorrego se lanzaron contra la ley. A partir de entonces la escisión entre
rivadavianos y las otras fuerzas fue irreversible.
LA CONSTITUCIÓN DE 1826: En el congreso las provincias se encontraron con ideas divididas, siete se pronunciaron
por un sistema federal, cuatro por la unidad de un régimen y seis dejaron su decisión al congreso. En julio de este año se
conoció el dictamen de la comisión del congreso que propugnaba la forma republicana “consolidada en unidad de
régimen”.
LA REACCIÓN FEDERAL: Las provincias reaccionaron contra el congreso y el presidente Rivadavia. Facundo Quiroga
tomó Catamarca, luego bajo a San Juan e impulsó al gobernador su simpatía. Quiroga el comandante de armas y figura
dominante de La Rioja, surgió como el jefe del interior ante la independencia de la provincia de Bs As como tutora del
orden interprovincial. Luego de los triunfos el jefe riojano se convirtió en el caudillo indiscutido de la zona cordillerana y
en uno de los árbitros de la política nacional.
En 1827 varias provincias desconocieron abiertamente a Rivadavia como presidente de las provincias unidas y casi todas
rechazaron la flamante constitución. El fin de la guerra con el Brasil provoco la renuncia de Rivadavia en este mismo año.
POLÍTICA INTERNACIONAL. GUERRA Y PAZ CON EL BRASIL:

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En 1821 el rey de Portugal y Brasil reconoció la independencia de las provincias unidas y en 1823 lo hizo el gobierno
británico. En 1825 se firma el tratado de amistad, comercio y navegación con Gran Bretaña.
EL PROBLEMA DE LA BANDA ORIENTAL:
En 1821 el congreso reunido en Montevideo decidió la incorporación de la banda oriental al reino unido de Portugal y
Brasil. En 1823 el cabildo de Montevideo se declaró bajo la protección y el gobierno de Bs As. Dentro de las provincias
unidas, algunas aceptaron la incorporación inmediata de la banda oriental y otras no. Lavalleja, un seguidor de Artigas, era
firme partidario de la independencia de la banda oriental; este se exilia en buenos aires en busca de la ayuda argentina,
solicitando la incorporación a las provincias unidas. El gobierno de Bs As inició una labor diplomática para asegurar la paz
y contener al imperio.
Al mando de Lavalleja, los 33 orientales decidieron forzar la situación y desembarcar en la banda oriental en abril de 1825.
Una vez en territorio oriental se le incorporo su antiguo rival Rivera y en menos de un mes controlaban gran parte de la
campaña uruguaya.
El congreso de 1825 acepto por ley la incorporación oriental y el conflicto se volvió irreversible. Meses después del mismo
año Brasil les declara la guerra a las provincias unidas.
El rio de la plata entraba a la guerra en condiciones desfavorables mientras que Brasil tenia mayor homogeneidad política.
Al principio se nombró a Martin Rodríguez jefe del ejército de observación, pero había acumulado muchos desastres
militares y en los primeros días de 1826 se lo nombró a Alvear que se había desarrollado como ministro de guerra. Al
marino irlandés Guillermo Brown se le encomendó la creación y mando de las fuerzas navales.
EFECTOS DEL BLOQUEO NAVAL: La escuadra brasileña impulso un severo bloqueo al rio de la plata, lo que afecto
fuertemente al comercio porteño, aunque pudo sobrevivir sin grandes pérdidas. La situación alarmo a los británicos que
temían ser desplazados del comercio, ya que la competencia yanqui lograba burlar dicho bloqueo.
Las autoridades incrementaron el presupuesto por la guerra, que obligó, por otra parte, a sucesivas emisiones de billetes con
la consiguiente bancarrota de las finanzas locales. Las cotizaciones de los bonos colocados en el exterior cayeron y no se
pagaron los servicios del préstamo de la casa Bering.
Gran Bretaña se mostró proclive a una solución diplomática. Designó como ministro en Bs As a Lord Ponsomby, quien al
pasar por Rio de Janeiro presionó al emperador para que acepte la paz. Pero Pedro I se vio inflexible a la petición. A
mediados de 1826 la escuadra de Brown combatió con los brasileños en Los Pozos y Quilmes. Brown derrotó a la
escuadrilla brasileña en Juncal y batió luego a la flota que bloqueaba Bs As frente a Quilmes. Para fines de 1828, Alvear
reúne un ejército de hombres bien instruidos y equipado en el campamento de Durazno. Este logra vencer en Ituzaingó a
Barbacena.
NUEVAS GESTIONES DIPLOMATICAS: La victoria militar fue insuficiente para establecer la paz y el gobierno mandó
una nueva misión diplomática. Manuel García fue enviado a Rio para negociar y el emperador para 1827 estaba dispuesto a
ceder la provincia Cisplatina, por lo cual la banda oriental comenzaba a quedar bajo la soberanía de Argentina. Cuando
García vuelve a Bs As el gobierno presidencial tambaleaba, las provincias desconocían a Rivadavia y la constitución. El
congreso designo como presidente a Vicente López y Planes.
LA INDEPENDENCIA ORIENTAL: Al ser designado Manuel Dorrego como gobernador, se encargó de ponerle fin a la
guerra. La independencia de la banda oriental parecía constituir la única salida. En agosto se firma la paz y fue ratificada a
fines de septiembre. La banda oriental era independiente.
EL FIN DE LA FELIZ EXPERIENCIA:
CAMBIO DE GOBIERNO: Vicente López presidente provisional. Este reconstruyo la provincia de Bs As y en agosto de
1827 llamó a elecciones de gobernador que consagraron al jefe del partido federal, Manuel Dorrego.
LA REVOLUCIÓN UNITARIA: La situación de Dorrego era bastante inestable. En julio de 1828, se reunió en santa fe la
convención constituyente, sobre la que se presionó al gobierno porteño para que dictara una constitución federal. En tanto

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Dorrego debía enfrentar la impopularidad de la paz con el Brasil. Los unitarios se pusieron a trabajar para capitalizar el
descontento y Dorrego decidió cortar enérgicamente la acción de la oposición.
DERROTA Y FUSILAMIENTO DE DORREGO: El 1° de diciembre de 1828 el general Juan Lavalle ocupó con sus tropas
la plaza de la Victoria y Dorrego se vio obligado a abandonar la ciudad buscando el apoyo de Rosas, quien reunió mil
milicianos. Ese día Lavalle convocó una asamblea del pueblo y fue elegido gobernador provisorio de la provincia. Pero este
delego su título a el almirante Brown y salió a campaña a combatir a Dorrego, a quien derrotó en Navarro. Este último
busco refugio en el regimiento leal pero las tropas se sublevaron lo apresaron y lo entregaron al vencedor. El 13 de
diciembre Dorrego fue fusilado.
La derrota y muerte de Dorrego no terminaron con el partido federal que encontró un nuevo jefe en la figura de Juan
Manuel de Rosas. Lavalle adoptó entonces un régimen dictatorial. Este último fue vencido en Puente de Márquez por
Rosas y López en 1829.
PACTO DE CAÑUELAS: Lavalle entendió que la situación militar con Rosas era adversa e intentó la paz. En junio de
1829 estos dos personajes se encuentran en Cañuelas y acordaron el cese de las hostilidades. En clausula reservada se
acordaba que ambos partidos concurrirían a las elecciones de representantes con una misma lista. Pero los unitarios
decidieron ir a elecciones con lista propias. Lavalle anuló las elecciones y rompió con el partido que lo había llevado al
poder. Tras una nueva entrevista con el jefe militar, se firmó, un pacto, en Barracas, por el cual se nombraba gobernador
provisorio con facultades extraordinarias al general Juan José Viamonte, quien debía hacer cumplir el pacto de Cañuelas.
LA CONFEDERACIÓN (1829-1852)
La figura de Rosas dominó la política argentina por más de veinte años. El jefe federal porteño era también el intérprete de
los hacendados bonaerenses y tenía buenas relaciones con los indígenas. La protección de la línea de frontera, así como la
administración de sus estancias lo mostraban como un hombre hábil y capaz.
EL CAMINO DE ROSAS AL PODER.
1829-1832, LA PRIMERA GOBERNACIÓN DE ROSAS: Rosas fue elegido en 1829 por la junta de representantes, la
cual le otorgo facultades extraordinarias. Durante su gobierno tuvo lugar un debate político importante pues se discutió
sobre la necesidad o no de gobernar con los poderes extraordinarios. La escisión federal se hizo más claramente visible un
poco después cuando cada sector comenzó a identificarse con los nombres de federales doctrinarios y federales rosistas.
El debate culminó con la reelección de Rosas como gobernador, aunque sin el otorgamiento de las facultades
extraordinarias. Rosas no aceptó esta imposición y renunció a la nueva designación. La legislatura no cedió y los diputados
eligieron gobernador al brigadier general Juan Ramón Balcarce.
EL GENERALL PAZ Y LA LUCHA EN EL INTERIOR: mientras Rosas, con la ayuda de Estanislao López, buscaba
eliminar al general Lavalle, el general José María Paz obtenía una serie de triunfos y lograba crear en el interior una
organización político-militar unitaria enfrentada a las provincias del litoral.
El éxito de Paz fue también el producto de la debilidad de sus adversarios pues el interior, pese a las victorias de Quiroga,
estaba lejos de constituir un bloque coherente para 1829. El general Paz pudo entonces organizar rápidamente un pequeño
ejército tras su regreso de la Banda Oriental. Tras varias batallas, Paz se enfrenta nuevamente con Quiroga, en la batalla de
Oncativo en 1830 y es derrotado; luego de esta derrota se trasladó a Buenos aires. La consecuencia del triunfo de Oncativo
fueron muy importantes. El general Paz transformo a la provincia de Córdoba en la cabeza de una gran alianza de poderes
provinciales. En junio de 1830 cinco provincias pactaron la liga del interior y tiempo después firmaron un pacto en el cual
le daban el supremo poder militar al gobernador de Córdoba. Este pacto obligaba a sus firmantes a aceptar la constitución
que resulte de un futuro congreso.
En Buenos Aires Rosas, el hombre fuerte porteño, consideraba que el federalismo era la fórmula que podía asegurarle al
país la paz se había perdido. La paz sin duda era un objetivo primordial de la política rosista, aunque paradójicamente
durante su gobierno se produjeron innumerables conflictos.

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El país estaba dividido en dos bloques, ninguno de ellos consolidado. La liga del interior padecía la falta de recursos y la
desafección de algunas poblaciones. Las provincias del litoral estaban escasamente unidas.
LOS INTENTOS DE UNIDAD EN EL LITORAL: En 1829 Viamonte se había comprometido con Santa Fe a convocar un
congreso y además incorporar a Corrientes. El coronel Pedro Ferré, fue enviado a Bs As para establecer conversaciones que
finalizaron con la firma de un tratado en mayo de 1830. Todas estas provincias culminaron con las conferencias de san
Nicolás, donde Rosas, López y Ferré firmaron una alianza entre las tres provincias. Entre Ríos falto a la cita pues estaba
convulsionada por el alzamiento de López Jordán, fomentado por los unitarios y en cuyo sofocamiento participó Pascual
Echague. Al resolverse la situación entrerriana, se consideró necesario recurrir a un nuevo pacto. El planteo implicaba para
Bs As la pérdida del monopolio aduanero, por lo que el delegado porteño se opuso.
Al tiempo que Rosas negociaba con sus aliados las bases del futuro Pacto Federal, los convencía también de la
imposibilidad de alcanzar la paz con el supremo poder Militar de los unitarios.
EL PACTO FEDERAL: el 4 de enero de 1831 los participantes de las conferencias de Santa Fe firmaron una alianza por la
que reconocían la reciproca independencia, libertad, representación y derechos de las provincias. Acordaron también la
necesidad de la incorporación de otras provincias a la alianza, con la condición de que aceptaran el sistema federal. Juan
Manuel de Rosas en Buenos Aires, Estanislao López en el litoral y Facundo Quiroga en el interior.
Uno de los artículos del pacto federal establecía la constitución de una comisión representativa de los gobiernos de las
provincias litoraleñas con residencia en Santa Fe. Desde el principio surgieron algunas dificultades. Un problema se
planteaba con la tensión existente debido a la bifurcación del poder nacional. Por otra parte, Rosas buscaba la disolución de
la comisión que había transferido a Santa Fe buena parte de la autoridad nacional. A mediados de 1832 tuvo que aceptarse
la disolución de la comisión representativa.
1832-1833 LA GOBERNACION DE BALCARCE: Este fue elegido gobernador de la provincia de Bs As. En realidad,
Rosas, hizo aprobar una expedición contra los indios, tendiente a conquistar todas las tierras situadas al norte del Rio
Negro.
EXPEDICIÓN AL DESIERTO DE 1833, LA EXPANSIÓN DEL TERRITORIO Y DE LA FRONTERA ECONÓMICA:
El proyecto de Rosas suponía la colaboración de otras provincias y del gobierno de Chile. Quiroga sería el comandante en
jefe, pero el Tigre de los llanos estaba enfermo y no demostró demasiado entusiasmo. Faltos de recursos, la columna central
fracasó, le restó movilidad a Aldao y el peso de la campaña recayó en Rosas. Este estaba en campaña pese a las dificultades
tanto de orden financiero como de tipo político. La expedición militar se complementaba con una política de alianza con
algunas parcialidades indias. Rosas renovó su prestigio político y militar y, además, recibió la isla de Choele-Choel por sus
servicios.
LA DIVISION DEL FEDERALISMO: Se hizo visible mientras Rosas realizaba la expedición contra los indígenas. Los
federales doctrinarios fueron llamados cismáticos y los seguidores de Rosas apostólicos. Cuando se realizaron nuevas
elecciones los federales se presentaron con listas separadas.
1833 REVOLUCIÓN DE LOS RESTAURADORES: El clima de oposición fue creciendo. Se difundió en la ciudad la
noticia de que el Restaurador seria enjuiciado confundiendo al periódico con Rosas cerraron filas y se produjeron choques
con la guardia de seguridad.
LAS GOBERNACIONES DE VIAMONTE Y MAZA:
La gobernación de Viamonte fue efímera estaba bajo la vigilancia de la sociedad popular restauradora, organización rosista
surgida con los auspicios de Encarnación Ezcurra. La política eclesiástica del gobernador fue otro motivo de su
alejamiento. En 1834 Viamonte presentaba su renuncia. La legislatura la aceptaba y elegía gobernador a Rosas. Este no
acepto el cargo, renuncio una y otra vez, hasta que fue designado gobernador provisorio Manuel Vicente Maza. El gobierno
porteño decidió intervenir aplicando el pacto federal y Maza ofreció la función de mediador al general Quiroga.
EL ASESINATO DE QUIROGA: Este logró un tratado de amistad entre Santiago del Estero, Salta y Tucumán y regreso a
Buenos Aires. En Barranca Yaco, en la jurisdicción de Córdoba, fue asaltado y muerto por una partida al mando del capitán

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Santos Pérez. La desaparición de Quiroga rompió el equilibrio triangular del federalismo argentino. El interior desapareció
como fuerza política coherente. La muerte de Quiroga beneficiaba a Rosas, quien lentamente se convirtió en el árbitro de
todo el país.
En 1835 Rosas fue nuevamente elegido gobernador de la provincia de Bs As, esta vez con la suma del poder público y el
manejo de las relaciones exteriores de todas las provincias. El segundo gobierno del jefe porteño estuvo cruzado por viejos
y nuevos conflictos. La oposición fue combatida mediante el uso del terror, los opositores eran conjurados que debían ser
eliminados.
LA REBELIÓN INTELECTUAL: En Bs As fue importante la oposición intelectual de jóvenes, conocidos como la
generación de mayo. En 1830 Esteban Echeverría se transformó en el oráculo de un grupo de jóvenes con inquietudes
intelectuales y políticas que se convertirían en la oposición a Rosas.
En casa de Miguel Cané, luego en el Salón Literario de Marcos Sastre, se reunían a discutir temas de letras, artes y política.
Eran partidarios de la organización constitucional del país u de la igualdad u el progreso, términos que integraban las
palabras simbólicas del Dogma Socialista de la Asociación de Mayo.
De modo que acusaban a los unitarios de carácter de criterio social, a los federales de despotismo y se definían a sí mismo
como demócratas, pero no eran populistas, para ellos el progreso del pueblo se procesaba a través de la cultura, que
constituiría su verdadera carta de ciudadanía. Cuando el grupo, además de desilusionarse de Rosas, comenzó a ser
perseguido, optó por la clandestinidad. Las persecuciones y el temor condujeron a muchos de sus miembros al exilio y
algunas de las figuras provinciales retornaron a sus hogares.
LA OPOSICIÓN A ROSAS: Durante el año 1839 este personaje tuvo que enfrentar problemas internos en su provincia,
tanto en la ciudad como en la campaña.En este aspecto, el descontento de la campaña lo hacía más evidente y tomo cuerpo
con los levantamientos del sur bonaerense. En la realidad desde 1836 la insatisfacción alcanzó también a un sector de los
hacendados porteños. Al descontento económico se sumaba el político pro la represión de los sectores independientes del
partido oficial. También se produjo una reacción en las provincias. La situación en el interior tras la muerte de Quiroga
hacía temer el renacimiento del caos. Mientras Rosas montaba su aparato represivo en Bs As, en el interior desplegaba su
habilidad diplomática.
Alejandro Heredia, el tucumano quería construir un sistema de alianzas que le permitiera consolidar su predominio en el
Norte y Rosas veía con alarma esa experiencia política. Poco después los responsables del crimen de Quiroga eran
detenidos y procesados en Bs As. En 1837 fueron ejecutados Reinafé y sus dos hermanos cómplices. Como gobernador de
Córdoba Rosas impuso a Manuel Leiva, con lo que la provincia se aproximó a la órbita porteña, al igual que Mendoza y
San Juan.
Aparentemente Rosas había logrado un bloque político homogéneo con todas las otras provincias, a excepción de
Corrientes.
Cullen en ejercicio del gobierno por enfermedad de López, escribió a los gobernadores de Corrientes, Entre Ríos y Santiago
del Estero, siguiéndoles un estudio meditado del asunto e insinuando que el conflicto derivaba de una ley de la provincia de
Bs As y, por otro, no revestía carácter nacional. En mayo Cullen reitero este planteo ante Rosas, que respondió invocando
el artículo segundo del pacto federal.
LA EXPEDICIÓN DE LAVALLE: Lavalle aspiraba a realizar su campaña contra Bs As, pero era reticente a participar en
la invasión del territorio argentino con el apoyo y bajo la bandera de los franceses. Lavalle intentaba darle a la campaña un
carácter nacional y antidictatorial al margen del apoyo extranjero y de los unitarios. Rivera, entró en tratos con Rosas y
obstaculizo la expedición. Ante la invasión del rosista Echague a la provincia de Entre Ríos, Lavalle cambió su plan y
desembarco en esa provincia para cortar las comunicaciones de este y reclutar a los descontentos. El efecto fue un nuevo
pronunciamiento correntino contra Rosas, ahora con Pedro Ferré como gobernador. Pero el bloqueo antirrosista no era
homogéneo. Mientras Echague volvía una vez más a Entre Ríos, Lavalle se lanzó contra él derrotándolo en Don Cristóbal,

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pero poco después fue rechazado en Sauce Grande. Esta derrota fue grave porque cerró a Lavalle la posibilidad de dominar
esa provincia antes de cruzar el rio Paraná.
La liga del norte fue la última de las empresas políticas lanzadas contra Rosas en las que la iniciativa de la nueva
generación fue importante. Desde la muerte de Alejandro Heredia, el norte se caracterizaba por la inestabilidad; el
gobernador santiagueño Felipe Ibarra aspiraba a heredar el liderazgo al amparo de su lealtad a Rosas.
Mientras tanto, Lavalle se retiró hacia Santa Fe y se apoderó de la ciudad. La disciplina de la tropa estaba quebrada. Al
enterarse de que Lamadrid estaba en Córdoba, se dirigió hacia allí para que le proveyera caballadas. Oribe lo persiguió y
derrotó en Quebracho Herrado, en 1840.
La victoria de Oribe silenciaba la oposición a Rosas, pero Corrientes seguía en pie. Dos veces invadió Echague la provincia
sin existo, y en la segunda tentativa Paz lo venció en Caaguzú. Rivera derroto a Justo José de Urquiza en Gualeguay, este
se embarcó para Buenos Aires y Paz ocupó toda la provincia. Esta larga guerra, con diferentes frentes, se definía a favor de
Rosas. La argentina de 1840 no había fraguado aún una unidad.
LOS CONFLICTOS INTERNACIONALES:
El periodo rosista estuvo cruzado también por numerosos problemas regionales y por enfrentamientos con potencias
europeas, como Francia e Inglaterra, mezclados, a su vez, con los movimientos internos de oposición.
GUERRA CON BOLIVIA: La nueva nación, que se había formado con las campañas de Bolívar y Sucre, procuraba
aumentar su influencia sobre el Perú, con la conducción del mariscal Santa Cruz. Al finalizar el año 1836, Chile declaró la
guerra a la confederación Peruano-boliviana. Los chilenos llevaron el peso real de la guerra y alcanzaron la victoria de
Yuguay en 1838, que desmorono dicha confederación.
EL CONFLICTO ORIENTAL: en la Banda Oriental el presidente, general Oribe, apoyado por las clases distinguidas,
venia enfrentándose con el general Rivera, un caudillo de raigambre popular con influencia en la campaña. Rivera se alió
con Cullen y los franceses, quienes en octubre completaron el cerco de Montevideo que Rivas hacía por tierra.
La crisis continuo y la provincia de E.R. comenzó a perfilarse como un peligro para Buenos Aires. Echague el aliado de
rosas, había sido reemplazado por Urquiza, quien con sus hombres estaba participando en la guerra oriental.
A principios de 1846, invadió Corrientes y derrotó a los hombres de Paz y Madariaga. Paz fue despojado del mando
supremo y marcho al exilio. En agosto de 1846, se firma la paz de Alcaraz. Por ella, Corrientes se reintegraba a la
Confederación y al pacto federal.
CONFLICTO CON FRANCIA: este país no lograba concretar un tratado con buenos aires, que lo igualara con los ingleses.
En 1838 declaro el bloqueo de Buenos Aires y demás puertos de la confederación. La situación llevó a Rosas a solicitar el
apoyo de las provincias. En 1840 se firmó el tratado Arana-Mackau. Francia levantaba el bloqueo y se obligaba a
desagraviar el pabellón argentino.
CONFLICTO ANGLOFRANCÉS: En 1845 la escuela anflofrancesa bloqueó buenos aires h ocupó Martin Garcias. El
objetivo era lograr la libre navegación de los ríos interiores y que Rosas abandonara el sitio a Montevideo. Rosas encargó a
Mansilla fortificar el Paraná. Mansilla cerró el río Paraná con cadenas, bajo la protección de la artillería en la vuelta de
obligados, donde después de un combate desigual la escuadra anglofrancesa puedo continuar el recorrido.
Las negociaciones fueron largas y embarazosas y se concluyeron en 1849 con la firma del tratado de Arana-southern-
lépredour. El tratado fue ratificado en Buenos Aires y Londres, pero no ocurrió lo mismo en Francia, y el negociador
Lépredour regreso para convenir una nueva paz en el año 1850.
LA CAIDA DE ROSAS: El general Urquiza daba muestras de independencia y el Brasil se alzaba amenazante. Justo José
de Urquiza dominaba políticamente la Mesopotamia después que uno de sus hombres, Virasoro, tomó el gobierno de la
provincia de Corrientes.
Al mismo tiempo, Rosas recelaba del Brasil y pensó que podía enfrentarse con ellos si contaba con la ayuda de Oribe y
Urquiza. La situación se complicó porque Urquiza se alió con Brasil y Montevideo en la alianza para enfrentar a Oribe. La
respuesta de Rosas fue la declaración de guerra al Brasil.

8
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

El general Urquiza se puso en campaña, dejo a VIrasoro en E.R. e invadió Uruguay. Terminada esta moderada campaña, se
firmó un nuevo pacto entre Brasil, E.R., Uruguay y Corrientes, destinado a poner fin a la dominación de Rosas.
Inmediatamente comenzó la formación del ejército grande. Mucho de los jefes de la división eran federales, pero se
incorporaron también figuras como Mitre y Sarmiento. El 3 de febrero de 1852 en los campos de caseros, rosas era
derrotado. El restaurador redactó su renuncia, se asiló en la legación británica y, poco después, partió hacia Inglaterra de
donde no regresaría.
PREDOMINIO FEDERALL DE URQUIZA: La caída de Rosas dejó todo el poder político en manos de Urquiza, que entró
en la ciudad de Buenos Aires al frente de un ejército de entrerrianos, correntinos, santafesinos y brasileños. Vicente López
y Planes fue nombrado gobernador. El acto más trascendente de esos días fue la firma de los protocolos de Palermo, con el
objetivo de dar cumplimiento al pacto federal.
En 1852 se firmó el acuerdo de San Nicolás. Allí se declaraba la ley fundamental el pacto federal de 1831 con el propósito
de organizar el país. Establecía todas las disposiciones para la reunión del congreso general constituyente. Nombraba a
Urquiza director provisorio de la confederación argentina.
El acuerdo fue rechazado. El gobierno presentó su renuncia, Urquiza disolvió la Legislatura, encarceló a los diputados y
delegó el gobierno en el gobernador renunciante, para retirarse, a principios de septiembre a Santa Fe, con objeto de
preparar el congreso constituyente.
LA SECESION PORTEÑA: La nueva situación provocó una intensa inquietud entre los porteños. algunos de ellos estaban
ya movilizados y restablecieron la Legislatura disuelta y entregaron el mando ejecutivo de la provincia al el general Manuel
Pinto. Se desconoció al congreso de San Nicolás, no había sido aceptada por la provincia y que la elección de los diputados
se había hecho por el imperio de la fuerza. Las fuerzas que bloqueaban la ciudad fueron sobornadas y desertaron. Pronto
ocurrió lo mismo con el sitio terrestres, que perdió todo eficacia y finalmente fue levantado. En el ínterin el congreso había
sancionado una constitución que fue aceptada por el resto de las provincias.
LA CONSTITUCION NACIONAL: El proyecto constitucional fue aprobado en 1853 y promulgado el mismo año. El
poder ejecutivo se confiaba a un presidente y a un vicepresidente que duraban seis años en sus funciones y no eran
reelegibles. La separación de Buenos Aires obligo a buscar una capital provisoria y la ciudad de Paraná se transformó en la
capital de la confederación.
LA ECONOMIA DURANTE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX.
LA GUERRA Y LA ECONOMIA:
Para cubrir los gastos de la guerra, los gobiernos revolucionarios impusieron contribuciones en dinero que recayeron sobre
los comerciantes, mediante aumentos de tasas o la introducción de nuevos gravámenes. Junto con las contribuciones en
dinero se aplicó también otro tipo de confiscaciones de recursos que provoco reacciones diversas entre los afectados.
Durante la primera década revolucionaria, las guerras civiles se produjeron de manera paralela a las de la independencia y,
con ellas, el saqueo y la destrucción fueron la regla. La pérdida del alto Perú, de donde provenía hasta 1810 el 80% de las
exportaciones de Bs As, repercutió no solo en la capital sino también en las otras regiones.
EL LIBRE COEMRCIO: Mediante su implantación se abandonaban las restricciones a los comerciantes extranjeros que
establecía el reglamento provisorio de 1809 se facilitaba una mayor concurrencia de productos extranjeros. Los
comerciantes locales, en cambio, tuvieron mayores dificultades para sobrevivir y la decadencia del grupo mercantil
virreinal fue uan de las consecuencias del nuevo orden comercial.
LA GANADERIA: A partir de la segunda década del siglo se verificó, en la provincia de Bs As, una expansión producida
basada en el aumento de las explotaciones extensivas de la ganadería y en la ocupación territorial que significo el avance de
la frontera.
LA OCUPACION DE LA FRONTERA: Se extendió hacia las sierras pampeanas e implicó un importante botín de tierras
en manos del Estado, que las ofreció en enfiteusis, recibiendo a cambio cánones muy bajos.

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

LA ESTANCIA: Fue el núcleo económico y social de las tierras ganaderas, y la disciplina del trabajo se logró con la
decidida intervención del estado mediante la represión de los llamados vagos y mal entretenidos. La explotación ganadera
estaba centrada en el vacuno, cuyo principal producto de comercio seguía siendo el cuero. En la década del veinte se da la
etapa de elaboración y comercialización, siendo la más importante la del saladero.
LOS SALADEROS: Este era una verdadera industria en la pampa bonaerense. Elaboraba tasajo, carne seca y salada
destinada a los esclavos negros y constituyo un importante complemento de los cueros en el comercio de exportación.
LA ECONOMIA EN EL INTERIOR: El resto del litoral tardo un poco más en incorporarse a las nuevas condiciones. En el
interior, en cambio, el proceso fue desigual y no solo estuvo estrechamente relacionado con los conflictos sino también con
la mayor o menor desarticulación de los vínculos regionales. A lo largo de la década del veinte resurgió el comercio de
exportación hacia Chile. La producción de vinos y aguardientes, que se había expandido con los problemas internos de la
península. Sin embargo, la crítica situación encontró una salida en la siembra de alfalfa.
Durante la hegemonía rosista, la economía no solamente recibió el impacto de las guerras internas, los conflictos
internacionales dieron forma a una nueva modalidad de intervención económica, los bloqueos. No obstante, entre 1830 y
1852, Bs As prosiguió su expansión ganadera. En los últimos años del gobierno de Rosas, apareció el ovino como una
actitud más lucrativa. En cuanto al comercio, cueros, reses, cuernos, cerdas y sebos formaron el grueso de las
exportaciones.
Pero la mayoría de las provincias tenía pocos productos exportables y el mercado interno era aún limitado.
EL ESTADO Y LA ECONOMIA:
LA INFRAESTRUCTURA DE COMUNICACIONES: El comercio exterior tuvo en Bs As al puerto más importante. El
puerto ayudaba a la expansión de la economía basada en la ganadería, le permitía a Bs As mantener el control sobre los
derechos aduaneros y al prohibir la libre navegación de los ríos, se reservaba los servicios de intermediación. La
infraestructura portuaria era muy primitiva. El intercambio más importante era el de tejidos ingleses por cueros argentinos.
POLITICAS FISCAL:
Los gastos del estado, la revolución y la guerra causaban inestabilidad y afectaban la política fiscal. Los grandes gastos
provocados por los enfrentamientos internos y la guerra con el Brasil fueron afrontados con empréstitos forzosos,
contribuciones y otras medidas que provocaron descontento en la población. La necesidad de circulante provoco un
aumento de la emisión de dinero en 1836 se creó el Banco de la Provincia de Buenos Aires.
POLITICAS DE TIERRAS: La política de Rosas estuvo orientada a disponer del mayor número de tierras públicas
enajenables. Este proceso de venta de las tierras que estaba en manos del Estado condujoa una mayor apropiación de las
mismas por parte de sus antiguos poseedores. La evolución de la agricultura era insuficiente tanto por la escasez de mano
de obra como por su alto costo.
LA SOCIEDAD DURNTE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX:
EL IMPACTO DE LA GUERRA EN LA SOCIEDAD:
Los más altos rangos de esa burocracia fueron eliminados, su lugar ocupado por un cuerpo de funcionarios que surgieron al
calor de ese proceso turbulento, y por eso caracterizados por la inestabilidad. Los jefes militares puestos que las milicias
cobraron importantes y, junto con ella, lo hicieron los capitanes y comandantes, que se reclutaban dentro de los hacendados
y propietarios de tierras, no solo en Buenos Aires sino también en el interior del país.
LA POBLACION: El proceso revolucionario y las guerras que le siguieron afectaron también la composición étnica de la
sociedad. La población blanca continuó siendo preponderante, numérica y socialmente; en cambio, los pobladores negrosy
mulatos declinaron, ya sea por las disminuciones del trafico negrero o porque perecieron en los ejércitos. Con respecto a la
población indígena declinaron numéricamente. Durante este periodo se registró también una inmigración moderada, aunque
un buen número de vasos, franceses, canarios, italianos y británicos se instaló en Buenos Aires en los años cuarenta, una
vez que finalizaron los bloqueos. Los inmigrantes comenzaron a aparecer como una posible solución a la falta de brazos
para las labores.

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

La literatura sobre el gaucho, el tipo social que emerge como la figura clásica de la pampa, contiene una larga serie de
debates sobre las razones de su existencia y la importancia de su creación como tipo para la sociedad.
LA SOCIABILIAD POLITICA: Los primeros festejos de la revolución, el establecimiento de símbolos como el himno
nacional o la bandera, fueron algunas de sus primeras manifestaciones, que se recrearon durante la época de Rosas con el
fondo de la confrontación ideológica que enfrentaba a unitarios y federales.
LAS IDEAS: La ilustración siguió influyendo a través de figuras como las de Manuel Belgrano, pero comenzaron a
difundirse también las relaciones con la libertad y la igualdad, que rencontraron en la prensa el mayor vinculo de difusión.
El romanticismo se extenderá como expresión cultural de la época de Rosas. Este era un complejo mundo de inquietudes
filosóficas, sociales y políticas. Al rio de la plata llego con las lecturas que realizaban un grupo de jóvenes nucleados
alrededor de Estaban Echeverría. Los románticos tuvieron que afrontar la oposición gubernamental y muchos siguieron el
camino del exilio.
LA PRENSA: Durante la época de Rosas fue un arma utilizada tanto por los seguidores como por sus críticos. La gaceta
Mercantil fue la expresión más fuerte del diario de Rosas y su vocero oficial. En cambio, el diario de la tarde sirvió hasta
1837 para la juventud romántica.
LA EDUCACION: Durante el largo predominio de Rosas, se abandonó la obligatoriedad de la instrucción escolar, se
limitó el número de alumnos, se suprimieron las escuelas en la campaña y en1844 un decreto le asigno al jefe de policía
funciones de contralor y vigilancia de los establecimientos de primeras letras. Los problemas políticos también se sintieron
en la universidad de buenos aires, creada durante la “feliz experiencia”. El empobrecimiento de la universidad fue tanto
material como académico, pues se eliminaron cátedras y se separaron profesores.

Ternavasio, Marcela: “Historia de la Argentina 1806-1852”


Capitulo V “La desunión de las Provincias Unidas”
En la década de 1810, se dieron disputas entre quienes eran partidarios de un régimen político centralizado y quienes
pretendían crear una confederación, estos últimos pusieron fin al gobierno central en 1820. Las provincias fueron
organizando sus instituciones siguiendo el modo republicano.
Agonía y muerte del poder central
Una nueva acefalía: en abril de 1819, después de sancionarse la Constitución, Pueyrredón renunció como director supremo
y fue reemplazado por José Rondeau. El contexto de crisis era notable, en Tucumán estallo una revolución que nombraba a
la provincia como autónoma del poder central, al tiempo se enfrentaron el poder central y el litoral. Rondeau recurrió al
ejército del Norte pero estos se negaron.
La autoridad del gobierno central era prácticamente nula, Estanislao López y Francisco Ramírez avanzaron sobre buenos
aires con sus fuerzas militares, siendo vencedoras en Cepeda (1820), y aunque Buenos Aires intentó armarse y defender la
ciudad fue imposible salvar las instituciones fundadas anteriormente. Bajo la presión de los vencedores, el Cabildo asumió
el poder y el Directorio y el Congreso se autodisolvieron, involuntariamente.
Las disputas desplegadas en el escenario bonaerense entre los caudillos del litoral, y los porteños federalistas dieron lugar a
un conflicto sin precedentes, ya que todos intentaban alzarse con el poder político. En el resto del territorio de las
“Provincias Unidas de Sudamérica” quedaron en una situación de autonomía.
La crisis de 1820 en Buenos Aires: “La Anarquía del año 20” llamada por la historiografía tradicional, fueron un montón de
acontecimientos que derivó del Litoral vacío de poder. Después de Cepeda, el Ayuntamiento 1 convocó a Cabildo abierto,
que en febrero de 1820 decidió la creación de la primera Sala o Junta de Representantes, para designar el gobernador de
Buenos Aires.

1 Alcaldia

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

El electo fue Manuel Sarratea, quién fue el responsable de decretar la paz con el Litoral y de firmar el Tratado del Pilar el
23 de febrero. Este tratado estableció: convocatoria para discutir la organización federal del país; libre navegación de los
ríos; y López y Ramírez debían retirar sus tropas. Esto no fue bien recibido por los porteños y como consecuencia se
produjo la primera crisis de gobierno, Juan Ramón Balcarce convocó a una asamblea popular que depuso a Sarratea y
nombraron a Balcarce en su lugar. Éste duró menos de una semana ya que Ramírez reaccionó y presionó para derribar a
Balcarce y restituir a Sarratea. Con facultades extraordinarias asume Idelfonso Ramos Mexía, que renunció pocos días
después, y asume el General Soler. En este contexto se da, también, la disolución de la Junta de Representantes, entonces el
Cabildo nombró a Manuel Dorrego para el ejercicio del poder ejecutivo, éste decidió enfrentar a Estanislao Lopéz, a quién
venció en Pavón, días después el santafecino lo venció en Gamonal.
Camino a la pacificación: frente a esta situación interviene Rosas, el 26 de septiembre la Junta de Representantes nombró
gobernador a Martín Rodríguez quien estaba apoyado por Rosas y juntos derrotaron las revueltas que se estaban llevando a
cabo, quedando así como los salvadores del orden. Rodríguez inició tentativa de paz con López, concretadas con el Tratado
de Benegas2. Acá quedaba afuera el caudillo entrerriano Francisco Ramírez, lo que hacía evidente el quiebre de La Liga de
los Pueblos Libres.
La crisis del año ’20 dejó un sabor amargo a los porteños: en menos de 8 meses se sucedieron 7 asambleas –algunos bajo
forma de cabildo abierto- que se arrogaron la legitimidad para nombrar autoridades, se eligieron 4 Juntas de
Representantes; el Cabildo reasumió el poder de la provincia en varias oportunidades, 9 gobernadores fueron nombrados,
“en aquellos días gobernó el que quiso”.
Un nuevo mapa para el Río de la Plata: luego de 1820 Buenos Aires obtuvo una autonomía que no buscó, ¿pero qué pasó
con el resto de las provincias? Las variables situaciones vividas en las provincias en el Alto Perú derivaron, luego de
varios fracasos del ejército del Norte en la década de 1810, en la separación de toda la jurisdicción respecto del gobierno
rioplatense. Luego de la victoria de Ayacucho en ’25 se creó el estado Boliviano, años más tarde Paraguay también se
formó como estado independiente. Por otro lado, la Banda Oriental que sufría el avance portugués se anexó a ellos en
1821 y en 1822 al Nuevo Imperio del Brasil. En Litoral, las provincias de Entre Ríos y Corrientes existían desde 1814, y
un año más tarde se proclamó Santa Fe. Cuyo era provincia desde 1814, separado de Córdoba. En el Norte, Tucumán
formó la República del Tucumán en 1820, y así fueron tomando autonomía y creándose las Provincias como las conocemos
hoy.
Por otra parte, las tensiones entre los caudillos de Santa Fe, Entre Ríos y la Banda Oriental aumentaron luego del Pacto del
Pilar, donde Ramírez y López rompen relación con Artigas, y desató una lucha armada, donde resulta vencedor Ramírez en
Las Tunas y Cambay (junio y septiembre de 1820). Días después Artigas se asiló en Paraguay, acto seguido se enfrentan
López y Ramírez por el Tratado de Benegas, de aquí sale vencedor López y Ramírez muere.
Las Repúblicas provinciales
De la autonomía de los pueblos a la autonomía de las provincias: Todas las provincias acordaron la forma republicana de
gobierno paulatinamente, cada provincia se formó según los principios del moderno constitucionalismo liberal, es decir que
cada una de las provincias fueron suprimiendo los cabildos lo que implicó un redefinición del territorio y de las bases de
gobernabilidad. Algunas provincias, como Buenos Aires, La Rioja y Mendoza no dictaron constituciones, pero su un
conjunto de leyes por la cual debían regirse.
Experiencias desiguales: Entre los ejemplos de mayor estabilidad institucional se encuentra Corrientes, después de
declarada su autonomía en Corrientes se dio un ordenamisento legal eficaz. Los gobernadores terminaban su mandato y
dejaban el poder sin conflicto. La vida política correntina se caracterizó por su estabilidad, bajo la hegemonía de de un
grupo dirigente (propietarios, mercaderes y hacenderos). Este ejemplo se contrapone a Santa Fe, que funcionó no por su
sofisticación, sino por la capacidad de su caudillo que gobernó durante 20 años. El contraste con Entre Ríos era mayor: en
el Estatuto Constitucional de 1822 otorgaba plenas facultades en el terreno militar, pero luego de la muerte de Ramírez no

22 Buenos Aires se comprometía a concurrir al congreso de Córdoba

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

hubo un caudillo fuerte, los gobiernos de Lucio Mansilla y de Ricardo López Jordán no fueron muy exitosos y entre 1826 y
1831 se llamó “La anarquía entrerriana” donde pasaron 21 gobernadores. En Córdoba, el clero, la facultad y el consulado
tuvieron un peso importante, en cuando a los dirigentes políticos pertenecían a la elite urbana. , e 1820 Juan Bustos dominó
la escena provincial y fue considerado un caudillo que logró dominar las disputas facciosas desplegadas luego de 1810.
Las provincias del norte: Bernabé Araoz había creado la República de Tucumán, ese experimento republicano se disolvió
muy rápidamente y luego fue fusilado por cuestiones políticas en 1824. Santiago del Estero inició un camino de estabilidad,
en gran parte gracias a su caudillo Felipe Ibarra. El gobernador Santiagueño se mantuvo en el poder dos décadas.
Catamarca se separó más tarde de Tucumán, a raíz de la intervención de las tropas santiagueñas y salteñas enemigas de
Aráoz, lo que dominó la escena catamarqueña fue el cruce de alianzas provincial. En salta, luego de la muerte de Güemes,
las familias más poderosas retomaron el poder. La rioja tenía a su comandante Juan Facundo Quiroga, quién comenzó a
acrecentar su poder a partir de 1823.
Durante todo este período se daban relaciones y alianzas entre provincias, el problema era, una vez más el acuerdo respecto
de la forma de gobierno que debía establecerse y el grado de autonomía de las nuevas entidades políticas. Así es que se
planeó un congreso en Córdoba por la iniciativa del gobernador Bustos, cumpliendo con lo que se había estipulado en el
Tratado de Benegas, éste fracasó gracias a la reticencia de Buenos Aires, argumentando que las provincias no estaban
preparadas para una unión definitiva. Buenos Aires consolidó su alianza con el litoral, excluyendo a Córdoba, en el Tratado
del Cuadrilátero (Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes) en 1822, donde se acordó no ir a los congresos, Bs. As.
Renunciaba a su supremacía, se aceptaba la sumisión mutua frente a problemas de guerra y la libre navegación de ríos.
La república de Buenos Aires ¿una experiencia felíz?
El boicot de Buenos Aires en el congreso de Córdoba se debe a que estaban gozando de su autonomía y de ésta sacaban
más ventaja que con una unidad nacional. Así fue como comenzó a hacer una serie de reformas para expandir la economía
rural, urbana y portuaria, que sirvieron en un comienzo, pero a fines del mandato de Martín Rodriguez la economía volvió a
decaer, lo que llevó a solicitar un empréstito al exterior (Baring Brothers & Co.) con lo que pensaron que podían seguir
adelante, pero no tuvieron en cuenta la guerra contra el Brasil que hizo que disminuya el comercio exterior. El empréstito
de la Baring Brothers se convirtió en un negocio ruinoso para los prestamistas y el Estado.
En este contexto, es obvio que la predominancia de la economía bonaerense sobre el resto de las regiones se basó en la
posesión de un puerto privilegiado que permitió absorber los recursos de su aduana y sacar provecho a través del libre
cambio. Por esto, la aduana y la libre navegación fue lo que siempre hizo enfrentar a las provincias con Buenos Aires.
Capítulo VI “Unidad imposible”
En 1824 se reunió un nuevo Congreso Constituyente con el objeto de procurar una organización nacional. Allí se dividieron
las posiciones entre unitarios y federales. La constitución dictada en 1826 fue rechazada por la mayoría de las provincias, al
tiempo que la guerra contra el Brasil y la guerra civil en el interior terminaron por disolver el congreso y el poder nacional
recién creado. Las provincias regresaron a su estado autónomo y se dividieron en dos grandes bloques: la liga unitaria del
interior y la liga federal de las provincias del litoral. Ambos bloques se enfrentaron y el general Paz logra vencer a la liga
unitaria.
Un nuevo intento de unidad constitucional
Del consenso político a la división de la elite bonaerense: A partir de la sanción de la ley electoral de 1821 se realizaron
elecciones todos los años. El partido del orden, gracias al control que mantenía sobre algunos sectores gozaba de una
legitimidad irreprochable, lo que le permitió ganar las elecciones en los primeros años. Pero en 1824 le disputo el triunfo un
grupo opositor con arraigo en los sectores populares urbanos que, escindido del partido del orden y organizado por líderes
como Dorrego y Moreno, alcanzó a ocupar una parte de los escaños de la sala.
La designación del general Las Heras puso en evidencia las tensiones en el interior del partido del orden: Rivadavia se
retiró del gobierno e inmediatamente emprendió viaje hacia Europa; lo reemplazo en su función tutelar Manuel García. La

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

situación se vio agravada cuando la coyuntura internacional obligó a la elite bonaerense a tomar decisiones respecto de la
futura organización del país.
La convocatoria al congreso constituyente realizada por el gobierno de Bs As hizo renacer las diferencias entre las
provincias y, en cada una de ellas, entre diversas formas de concebir la organización del futuro estado. El congreso se inició
en 1824 y la primera disposición tomada fue dictar la ley fundamental. Esta declaro constituyente a la asamblea y
estableció que, hasta que se sancionara una constitución, las provincias se regirían por sus propias instituciones, delegando
provisoriamente las funciones del poder ejecutivo nacional en el gobierno de Bs As. Por motivos de la ley, el gobierno de
Las Heras quedo a cargo de las relaciones exteriores hasta tanto se eligiera presidente y con facultad de hacer propuestas al
congreso y de ejecutar sus decisiones. La sanción de la constitución quedaba postergada, a la espera de un momento más
favorable, y una vez dictada siempre y cuando se alcanzará el consenso requerido. La ley fundamental y la actitud asumida
por Las Heras exhiben la aún prudente y cautelosa posición del gobierno de Bs As y de los diputados bonaerenses, que
predomino en el congreso durante la primera etapa de su desarrollo. A fines del 1825, el congreso dispuso doblar el número
de sus miembros.
Unitarios y Federales: En febrero de 1826, el congreso dictó la ley de presidencia, que creaba un ejecutivo permanente.
Rivadavia, recién llegado de Europa fue nombrado presidente. La presidencia nacía como una magistratura destinada a
perdurar en el futuro ordenamiento constitucional, tergiversando de esta manera el propósito original del consenso.
Rivadavia debió asumir su cargo en un clima cargado de tensiones internas y conflictos externos. Las tensiones latentes
terminaron de dividir las oposiciones cuando Rivadavia, tres días después de asumir, presentó al congreso el proyecto de
ley de capitalización. En él se declaraba a Bs As capital del poder nacional. Las provincias de Bs As, separadas del distrito
federal, se reorganizaba en dos nuevos distritos, la provincia del Salado y la del Paraná. Lo alarmante para los intereses
económicos locales fue que la provincia perdiera, con la federalización del territorio la principal franja para el comercio
ultramarino y la aduana, ahora en manos del gobierno nacional.
La constitución de 1826: En 1826, la comisión de negocios constitucionales dio a conocer un proyecto, que según sus
miembros habían tomado para el mismo como base la constitución de 1819. Luego de acalorados debates, la votación fue
concluyente, 43 diputados se expidieron a favor del proyecto y 11 se opusieron. La constitución fue sancionada el 24 de
diciembre de 1826.
La guerra contra el Brasil: Rivadavia designo al general Alvear jefe del ejército, convertido en ejército nacional, por ley del
congreso de 1825. Y al almirante Brown se le encomendó la creación y dirección de las fuerzas navales. Aunque durante
1826 no se llevaron a cabo acciones bélicas decisivas, las repercusiones de la declaración de guerra se hicieron sentir
internamente, como consecuencia del bloqueo naval impuesto por la escuadra brasileña al rio de la plata.
En 1827, los ejércitos se enfrentaron en Ituinzagó, donde la derrota brasileña fue total. Pero ni este triunfo ni los obtenidos
por Brown fueron suficientes para ganar la guerra, o al menos, desarmar el bloqueo. Mientras tanto el comercio local se
hundía y la crisis se hacía sentir.
Inglaterra, que ya había enviado una misión diplomática para mediar el conflicto; proponía que la banda oriental se
independizara y no dependiera ni del imperio, ni de argentina.
García había excedido en sus instrucciones y firmo un acuerdo preliminar de paz en el que aceptaba la incorporación de la
banda oriental al imperio y la libre navegación de los ríos. De regreso a Bs As, Rivadavia decidió desconocer una paz tan
deshonrosa y renuncio a su cargo de presidente en 1827. El congreso acepto el rechazo del acuerdo y la renuncia,
designando a López y Planes de presidente.
El nuevo presidente pasó a ser una figura simbólica. Su autoridad no era acatada, tal descrédito condujo a la renuncia del
presidente provisional y a la disolución del congreso.
La guerra civil
El legado del fracaso constitucional: Luego de la disolución del congreso constituyente, en 1828 se reunió una convención
en santa fe, con pretensiones de concretar la tarea incumplida. Pero la iniciativa quedó frustrada casi de inmediato. Las

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

provincias regresaron, pues, a su anterior condición de autonomía y Bs As volvió a la situación institucional previa a la ley
de capitalización.
Las bases del poder político e institucional se habían reconfigurado al conformarse las repúblicas provinciales e integrarse
los espacios urbanos y rurales a través de los entramados jurídicos sancionados durante la década. Desde el punto de vista
institucional, los espacios rurales pasaron a tener un estatus de pleno derecho en la representación política que, aunque
minoritaria respecto a las ciudades, ponían en evidencia la transformación ocurrida desde el período colonial. En tales
transformaciones como proceso de ruralización se expresan nuevas relaciones entre sociedad, economía, política y
territorios.
Buenos Aires recupera sus fronteras provinciales: En pos de restituir las instituciones provinciales suprimidas con la ley de
capitalización, se convocó a elecciones para designar a los diputados bonaerenses que debían conformar la sal de
representantes y elegir nuevo gobernador. La división entre unitarios y federales cristalizada en el congreso constituyente
se trasladó a la provincia y exacerbo el espíritu de facción.
Las elecciones se realizaron en un ambiente de creciente tensión, la votación dio el triunfo al partido federal, cuyas filas se
engrosaron con los disidentes del partido del orden. La sala designo a Dorrego gobernador de la provincia de Bs As y
además el manejo de las relaciones exteriores. Esto implico hacerse cargo de finalizar la guerra y firmar la paz con el
Brasil. Dorrego reconocía que no se podía prolongar más tiempo la situación de guerra y menos aún la de un bloqueo
absolutamente ruinoso para el rio de la plata. Envió una misión diplomática que finalmente firmo un tratado de paz sobre la
base de la independencia absoluta de la banda oriental. Así nacía, pues, la república oriental del Uruguay.
Luego de finalizada la guerra, se produjo un movimiento militar unitario que destituyo a Dorrego de su cargo y disolvió la
sala de representantes electa pocos meses antes. Lavalle, por su parte, luego de hacerse nombrar gobernador delego el
mando en el almirante Brown y salió a la campaña en una implacable persecución de Dorrego, quien finalmente fue
capturado y ejecutado. Rosas busco el apoyo de López y, luego de algunos enfrentamientos, logró derrotar a Lavalle en
puente de Márquez en 1829.
Los diferentes grupos de la elite porteña se resistieron a tal unificación y se lanzaron a conquistar votos, cuando se
realizaron las elecciones. Como era de esperar, la violencia estuvo a la orden del día y Lavalle anuló las elecciones. Al
borde una vez más de la guerra civil, se arribó a un nuevo pacto en Barracas, por el cual se nombró gobernador provisorio
al general Viamonte, un federal que había hacer cumplir el Pacto de Cañuelas.
Luego de debatir con el gobernador provisorio cuales serían las medidas más convenientes, la decisión no fue convocar a
nuevas elecciones, sino restituir la misma junta de representantes derrocada. Un año después de su disolución, volvió a
reunirse la sala y nombro casi por unanimidad al nuevo titular del poder ejecutivo provincial: Juan Manuel de Rosas.
El conflicto interprovincial reapareció una vez más y la guerra civil se reanudo con especial virulencia.
Confederación sin constitución
La liga del interior: el vertiginoso éxito por el general Paz con fuerzas militares tan reducidas solo se explica por la
debilidad del bloque adversario. En junio de 1829, Quiroga, quien aún dominaba el frente andino, avanzó sobre Córdoba
con una fuerza de unos cinco mil hombres. A comienzos de 1830, Quiroga volvió a invadir Córdoba, pero nuevamente
resultó vencido por las fuerzas de Paz en la batalla de Oncativo.
La principal consecuencia del triunfo del general cordobés fue la constitución de un bloque opositor en todo el interior que,
en nombre del unitarismo, intentaría erradicar a los federales del conjunto del territorio.
Luego de la disolución del congreso constituyente, los términos unitario y federal ya no referían tanto a los modelos
constitucionales o formas de gobierno en debate como a los alineamientos políticos más contingentes, que no escondían
disputas facciosas o personales. El poderío de Quiroga parecía destruido al avance de Paz.
A mediados de 1830, los unitarios victoriosos buscaron institucionalizar el éxito obtenido a través de la dormición de una
liga de provincias que, además de comprometerse a convocar a un congreso nacional para dictar una constitución, le

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

entregó al gobernador de Córdoba el supremo poder militar y le retiro a Bs As, la representación de las relaciones
exteriores.
Si el dominio federal parecía más sólido en el litoral, no lo era la unión que existía entre sus provincias. En E.R., la
situación era de absoluta inestabilidad dadas las disputas regionales suscitadas entre distintos caudillos y grupos de la elite
provincial. Sta Fe y Corrientes, aunque más consolidadas internamente, bregaban por reunir un congreso constituyente que
dictara una carta orgánica consagrando el principio de organización federal.
En ese contexto, y como inmediata respuesta al pacto que unió a las provincias del interior, Bs As retomó la iniciativa con
el objetivo de formar una alianza ofensiva y defensiva de las provincias del litoral para enfrentar el poderío del general Paz.
Estaba en juego la opción de dictar una constitución y sus consecuencias económicas. En 1830 se firmó un primer tratado
entre Bs As, Sta Fe y Corrientes, del que quedó excluido E.R., dada la convulsión interna que sufría en ese momento por el
alzamiento de López Jordán. Al solucionarse la situación entrerriana fue necesario firmar un nuevo tratado y así
comenzaban las tratativas de lo que daría como resultado la firma del Pacto Federal. Ferré pretendía acelerar la
organización nacional para lograr con ella una redistribución de los recursos aduaneros, garantizar la libre navegación del
Paraná y el Uruguay, además de establecer cierto proteccionismo económico.
El pacto Federal: En 1831 se firmó el Pacto Federal. En su primer artículo se estableció la paz, amistad y unión de las
provincias reconociendo la libertad e independencia, representación y derecho. En el artículo 16, se incluyó una vaga y
ambigua referencia respecto a la futura reunión de un congreso.
Este pacto fue firmado por Bs As, E.R., Sta Fe, y Corrientes se negó en principio a ser incluida, por no contener
definiciones más contundentes respecto del futuro congreso. De inmediato se iniciaron las operaciones militares para
vencer a la liga del interior. Allí comenzó la caída de esta liga y a pesar del golpe de gracia que significo atrapar al general
Paz, eran necesario un ataque frontal a sus tropas para evitar una guerra de desgaste larga. El desmoronamiento de la Liga
del interior dejó buena parte del territorio bajo el control de los tres principales líderes federales: Rosas, Quiroga y López.
Rosas buscaba consolidar internamente su poder en Bs As, mientras desarrollaba estrategias de alianza en pos de
convertirse en el supremo árbitro de la futura confederación. Una vez culminadas las acciones militares, Corrientes advirtió
el riesgo de quedar excluida del pacto federal y decidió suscribirlo, un camino que fue más tarde imitado por el resto de las
provincias. Este pacto se convirtió entonces en un nuevo escenario de disputa, esta vez entre los líderes federales
vencedores. El motivo de debate fue la comisión representativa y las facultades que se le conferían. Rosas se opuso a la
continuidad de la comisión, ya que no solo competían con sus atribuciones de delegado de las relaciones exteriores, sino
que además le quitaba el control del futuro congreso.
La puja culminó cuando Rosas decidió retirar el diputado por Bs As de la conflictiva comisión representativa y no volver a
reemplazarlo. La comisión se disolvió a mediados del 1832.
A partir de ese momento, la convocatoria a un congreso constitucional quedó bloqueada indiferentemente debido a la tenaz
oposición de Bs As. Las provincias se rigieron por una laza organización confederal en la que cada una mantenía,
supuestamente, su independencia y soberanía, delegando en Bs As la representación de las relaciones exteriores.
El pacto federal, suscrito entonces con una alianza provisoria, se convirtió por la fuerza de los acontecimientos en uno de
los únicos fundamentos institucionales que reguló las relaciones interprovinciales hasta la sanción de la constitución
nacional en 1853.

Capítulo VII “La Buenos Aires federal”


En 1829, la Sala de Representantes designó gobernador de la provincia de Buenos Aires a Juan Manuel de Rosas. Su
gestión estuvo marcada por algunos cambios, entre los que se destacan la delegación de facultades extraordinarias al poder
ejecutivo y la desaparición del Partido Unitario del escenario político provincial. Sin embargo, a partir de 1830, el
triunfante Partido Federal porteño comenzó a fracturarse. Este proceso se acentuó cuando Rosas rechazó la reelección y
emprendió la campaña al Desierto. Entre 1833 y 1835, los conflictos dentro del Partido Federal bonaerense alcanzaron una

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

virulencia desconocida. En 1835, el caudillo riojano Facundo Quiroga, enviado desde Buenos Aires como mediador, fue
asesinado en una emboscada.
El ascenso de Juan Manuel de Rosas
El restaurador de las leyes: Entre 1829 y 1832 se desarrolló el primer gobierno de Rosas en la provincia de Buenos Aires.
Su designación a la Primera Magistratura provincial estuvo acompañada de nuevos rituales públicos tendientes a exaltar, el
papel del comandante de campaña en la pacificación de la provincia y a mostrar la hegemonía del partido gobernante.
Rosas fue presentado como el defensor de las instituciones ultrajadas por el motín unitario y como el único capaz de
controlar la conflictiva situación. En este clima, los unitarios fueron responsabilizados por todos los males de la provincia.
En mayo de 1830, el gobierno de Rosas dictó un decreto que establecía que “todo aquel que fuera considerado cómplice del
gobierno intruso, sería castigado como reo”. Así, se desconocían las cláusulas de paz firmadas entre Lavalle y Rosas en
1829.
El control que el partido gobernante buscaba se complementó con otros gestos. El más representativo fue el uso de la
“divisa punzó” (cinta colorada, que los hombres utilizaban en sus pecho o sombrero, y las mujeres en su cabello), que con
el correr del tiempo, se volvió una imposición para todo ciudadano que no quisiera ser tildado de opositor (y sufrir las
consecuencias).
A esta altura de los acontecimientos, el Partido Unitario de Buenos Aires parecía definitivamente vencido.
Muchos unitarios habían partido a un exilio en el que la nuevo República Oriental del Uruguay ofició de principal
receptora. El partido Unitario se hallaba absolutamente desarticulado en Buenos Aires. A pesar de los triunfos de la Liga
Unitaria del Interior, los principales líderes porteños de esa tendencia se hallaban fuera de las fronteras de la provincia. Sin
embargo, la aparente hegemonía federal en Buenos Aires no conseguía ocultar los conflictos y desidencias en su seno.
Las diferencias entre el grupo federal más antiguo, que había liderado Dorrego, y sus nuevos integrantes se manifestaron
apenas asumió Rosas. Los últimos provenían de los sectores económicos dominantes de la provincia. El principal escenario
del conflicto fue la Sala de Representantes, en donde se produjeron debates en torno al otorgamiento de las facultades
extraordinarias al gobernador.

Las facultades extraordinarias: En 1829, apenas Rosas fue designado gobernador, el diputado Anchorena presentó un
proyecto de ley en el que solicitó el otorgamiento de facultades extraordinarias al poder ejecutivo, argumentando supuestos
peligros desde el contexto externo de la provincia. Los éxitos del general Paz en el interior eran presentados como una
fuerte amenaza al orden interno provincial, lo que volvía necesario afianzar las atribuciones del gobernador por un tiempo
limitado. Algunos miembros de la Sala cuestionaron la propuesta. No obstante, luego de dos días de debate, la Sala de
Representantes aprobó el proyecto de facultades extraordinarias tal como había sido presentado: se revestía al gobernador
de tales poderes por el término de un año, exigiéndosele una rendición de cuentas ante la Legislatura una vez concluido
dicho período. Sin embargo, el día de la votación, no todos estuvieron presentes en la Sala: doce diputados quisieron
demostrar con su ausencia la disidencia al proyecto, iniciándose así, una tensa relación, la cual se torna más densa en 1830,
cuando la Sala aprobó la ampliación de las facultades extraordinarias por tiempo indeterminado.
A fines de 1831, volvió a discutirse el mismo asunto, dado que el general Paz ya había sido derrotado: desaparecía así el
principal argumento de los leales a Rosas para renovar las facultades extraordinarias. Argumentando peligros inminentes, el
gobierno evaluó la oposición en la Sala a la renovación de tales facultades. En ese contexto, la Sala fue cambiando su
composición y la opinión general le era desfavorable.

Un nuevo modo de hacer política: En diciembre de 1832, la Sala reeligió a osas en el cargo de gobernador, aunque sin
acordarle las facultades extraordinarias; éste no aceptó un nuevo mandato. De manera que, la Legislatura decidió elegir
como un nuevo gobernador a Juan Ramón Balcarce, un general que acababa de participar en la guerra contra la Paz. Esa
coyuntura parecía quedar claro que el liderazgo de Rosas no podía ser fácilmente sustituido.

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

El federalismo bonaerense dividido


Proyectos constitucionales en disputa: El ex gobernador consideró que el general recientemente designado para el ejercicio
de la Primera Magistratura era una persona fácilmente dominable. Rosas asumió su cargo de comandante general de
campaña y se lanzó a concretar una empresa largamente proyectada, de expedición contra los indios que habitaban las
tierras situadas al norte del río Negro, con el fin de extender la frontera e incorporar nuevas tierras a la espera de
producción. Ésta se organizó en los primeros meses de 1833, y partió en marzo de ese mismo año. Pero apenas partió la
comitiva al desierto, las tensiones se agravaron.
A mediados de 1833, ambos bandos se enfrentaron en las elecciones para renovar los representantes de la Sala, y armaron
sus propias listas: federales cismáticos (contra Rosas) y federales apostólicos (a favor de Rosas). Las elecciones le dieron el
triunfo a los disistentes. En junio se realizaron elecciones complementarias; antes de su finalización, el gobernador
suspendió el acto comicial aduciendo hechos de violencia. La sospecha de que dicha suspensión fue la respuesta del
gobierno frente a un triunfo seguro de los rosistas resintió aún más las relaciones entre ambos grupos.
La derrota de los apostólicos y la suspensión de las elecciones complementarias acrecentaron el clima de violencia en la
ciudad de Buenos Aires. Con mayoría de cismáticos en la Legislatura, Rosas corría el serio riesgo de perder toda
posibilidad de recuperar el poder y las facultades extraordinarias conferidas en su primer gobierno. En ese momento se
discutían dos proyectos de constitución para la provincia de Buenos Aires, presentados por cada uno de los bandos
enfrentados. El proyecto presentado por el diputado Anchorena no era más que un conjunto de principios formulados de
manera ambigua, que procuraba detener el movimiento liderado por los cismáticos en favor de una constitución. La
propuesta de estos últimos era sancionar una carta orgánica que, además de garantizar la división de poderes y las libertades
individuales, estableciera explícitamente que el cargo de gobernador solo se ejerciera por tres años, sin posibilidad de
reelección por el término de seis años. Además, el proyecto prohibía específicamente el otorgamiento de facultades
extraordinarias al poder ejecutivo, hiriendo de muerte la vocación hegemónica de Rosas.
La Revolución de los Restauradores: En octubre de 1833, un confuso episodio encendió la llama: el gobierno dispuso una
serie de procesos a diferentes periódicos y papeles públicos incriminando primero al que llevaba el nombre de “Restaurador
de las Leyes”, pasquín de tendencia rosista. La noticia inquietó a algunos habitantes de los suburbios y de la campaña,
porque creyeron que se juzgaría a Juan Manuel de Rosas, no al periódico. Este equívoco fue capitalizado por los
apostólicos, quienes movilizaron a sus seguidores a la Plaza de la Victoria para demostrar su oposición al gobierno. Los
rosistas fueron reprimidos por la policía; conducidos por algunos militares apostólicos, huyeron a Barracas, donde se
organizaron para enfrentar a las fuerzas del gobierno, a las que vencieron con rapidez.
Este episodio, se conoce bajo el nombre de “Revolución de los Restauradores”, en donde se obligó al ministro Martínez y
al gobernador Balcarce a renunciar.
En noviembre, la Legislatura designó a Juan José Viamonte en el cargo de gobernador, pues contó con los votos
mayoritarios de los diputados cismáticos frente al candidato de los apostólicos, el general Pinto. Viamonte debió asumir su
cargo en un clima poco favorable. El nuevo gobernador quiso desarrollar una política conciliadora entre ambos bandos,
pero no eran momentos de moderación. Los leales a Rosas, se lanzaron a implementar una nueva estrategia: amedrentar a
los opositores a través de acciones directas, formando una suerte de club “Sociedad Popular Restauradora”, el cual se
constituyó en un instrumento de terrorismo político. Sus miembros se dedicaron a dar muestras de apoyo al ex gobernador,
concurriendo a la Sala de Representantes para presionar a los cismáticos, atacando las casas de los opositores y llegando
incluso a apedrear o balar a alguno de ellos.
En ese contexto, los federales opositores a Rosas comenzaron a transitar el camino recorrido por los unitarios a partir de
1829; el exilio. La provincia de Entre Ríos y la Banda Oriental comenzaron a recibir a federales disidentes.
La violencia llegó a su clímax en abril de 1834, cuando Bernardino Rivadavia regresó a Buenos Aires luego de retirarse de
la vida política y de un largo exilio en Europa. El ex presidente no fue bien recibido, por lo que debió abandonar

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

nuevamente el país. Bloqueado y agotado, Viamonte renunció en junio de 1834. La Sala eligió como nuevo gobernador a
Juan Manuel de Rosas, éste puso en marcha su ritual de renuncia (dado a que la Sala no estaba dispuesta a entregarle ciertas
facultades); posteriormente se elige como gobernador a Manuel Maza, quien allanaría el camino para el posterior regreso
de Rosas.

La campaña al Desierto: Mientras estos episodios se sucedían en el escenario porteño, Rosas se hallaban en plena campaña
de expansión de la frontera. El objetivo era asegurar la posesión pacífica de tierras ganadas al indio en la década
precedente. En esos años, la expansión ganadera había encontrado un respaldo explícito por parte del gobierno. La
expedición dirigida por Rosas era una muestra más de este apoyo. El proyecto, suponía la colaboración de otras provincias
amenazadas por el avance indígena y del propio gobierno de Chile. Pese a todas dificultades, en marzo de 1833, la
expedición partió, desde una de las estancias de Rosas, con mil quinientos hombres. A comienzos de mayo alcanzaron el
Río Negro, y a fines de ese mes, la isla Choele-Choel (posteriormente, esta isla es entregada a Rosas en conmemoración)
punto clave de las comunicaciones entre los indígenas de la Pampa y los de la Patagonia andina. La expedición fue
aprovechada, además, para llevar a cabo un relevamiento del terreno recorrido.
Se llevaron a cabo negociaciones pacíficas, sólo después de 1840 comenzaron a ocurrir hechos violentos, donde el avance
nativo se convierte en una amenaza. Un año después, la expedición culminó con el retorno triunfal de Rosas.
Un orden inestable
Un mediador para las provincias en el conflicto: El gobierno de Maza en Buenos Aires se vio plagado de dificultades.
Rosas comenzaba a desconfiar de él. El nuevo gobernador no encontraba ministros dispuestos a acompañarlo.
Bajo ese clima, el orden federal parecía asegurado en todo el territorio. Los grupos identificados con el Partido Unitario
habían sido desplazados. En el litoral, Estanislao López comprendió que no podía extender su influencia sin la anuencia de
Buenos Aires. La situación entrerriana le demostraría los límites de su poder en la región. Pascual Echague, gobernador de
Entre Ríos, comenzó a tomar cierta distancia respecto de su protector. López no perdió tiempo e intentó persuadir a Rosas
de la necesidad de promover un cambio en Entre Ríos. Echague se había convertido en un receptor de la emigración de los
federales disidentes de Buenos Aires.
En el interior, la situación era inestable. Quiroga mantenía si influencia, pero su estadía en Buenos Aires le dificultaba el
control de los conflictos internos de cada región. Es por eso que parte desde Buenos Aires, y a pesar de haber sido
advertido de una posible emboscada en Córdoba, continua su camino. Así fue como encontró la muerte en Barranca Yaco
el 16 de febrero de 1835. Luego de esto, se redefine el mapa político: por un lado, quedaba bacante el liderazgo regional
ejercido por Quiroga en las provincias del interior. En el litoral, las polémicas entre Corrientes y Buenos Aires habían
quedado acalladas luego de la derrota del general Paz y de la creciente hegemonía de Rosas.
Luego de estas disputas, la Sala de Representantes volvió a elegir a Rosas como gobernador, cediéndole no sólo las
facultades extraordinarias, sino además la suma del poder público.
A partir de 1835, el orden que se impuso en toda la confederación parecía no reconocer más que un líder: Juan Manuel de
Rosas. En esos años. Buenos Aires consolidó más que nunca su hegemonía.
Capítulo VIII
En 1825, Rosas fue electo por segunda vez gobernador de Bs As. Durante un régimen republicano de tipo unanimista y
plebiscitario en la provincia de Bs As, a la vez que buscó extender su poder al conjunto de las provincias.
La República unanimista

La suma del poder público: No solo la designación se hacía por el termino de cinco años, sino que se depositaba “toda la
suma del poder público” de las provincias en la persona de Rosas durante todo el tiempo que a juicio del gobernador electo
fuese necesario, sin contemplar más restricciones que la de conservar, defender y sostener la causa nacional de la

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

federación que han proclamado todos los pueblos de la República. Así, el ejercicio de la suma del poder público no tenía
límites temporales. De hecho, éstas se convirtieron en instrumentos de poder en manos de Rosas.
La figura de Rosas, excedió los límites de las fronteras de Buenos Aires para extenderse a toda la confederación. Aun
aceptando que el rosismo no fue solo Rosas, el orden instaurado en eso años no puede ser estudiado sin contemplar la
centralidad de su figura. Todo el periodo de hegemonía rosista, que se extendió hasta 1852, estuvo marcado por la
inestabilidad, los conflictos bélicos y las disputas políticas.
El régimen rosista recogió rasgos ya presentes desde 1829, pero fue modificándose de acuerdo con las distintas coyunturas.
Sus vaivenes pueden describirse mediante una rápida periodización. Entre 1835 y 1839, se asistió al momento de
construcción de un nuevo orden marcado por el creciente control del espacio público y político, sin alcanzar todavía los
niéveles de violencia y ejercicio de la coerción exhibidos entre 1840 y 1842. Los intentos por consolidar el régimen
unanimista y plebiscitario en la primera etapa fueron contestados por movimientos opositores procedentes tanto de la
provincia de Bs As como de otras, así como también de emigrados en países extranjeros. La confluencia de tales
movimientos con enfrentamientos bélicos en el plano externo, la guerra contra la confederación peruano-boliviana y el
bloqueo francés derivaron en un segundo momento, conocido como la etapa del terror. Si bien a partir de este momento
siguió una etapa de mayor calma dentro de la provincia, no ocurrió lo mismo con los conflictos interprovinciales y
externos.
La visibilidad del consenso: En 1835 se celebró en Bs As un plebiscito con el fin de explorar la opiniónde todos los
ciudadanos habitantes de la ciudad respecto de la ley del 7 de marzo en la que se delegó la suma del poder público en la
persona de Juan Manuel de Rosas. Los resultados fueron positivos, dieron su apoyo a la ley; solo unos pocos votaron por la
negativa.
Los signos de adhesión al régimen se multiplicaban a través del uso de la divisa punzó obligatoria desde 1832 para la
población porteña, aunque la presión aumento desde 1835.
La voluntad de hacer visible el consenso se valió también de otros instrumentos, como las elecciones periodísticas y las
celebraciones festivas. En el plano electoral, la unanimidad fue producto de una ardua tarea a través de la cual Rosas logró
reemplazar la lógica política instaurada en la época rivadaviana y vigente hasta 1835, fundada en la deliberación de las
listas de candidatos en el interior de las elite, por un sistema de lista única en el que todos debían votar sin disidencias.
Hasta 2838 se observaban todavía algunas votaciones en disidencia con la lista oficial que, aunque muy minoritarias,
revelan ciertas grietas en el régimen, que no serían toleradas luego se 1840.
La sala perdió su centralidad y aunque siguió sesionando durante todo el periodo en el que Rosas gobernó la provincia y
ejerció la representación exterior de la confederación, sus atribuciones se vieron francamente devaluadas.
Los actos comiciales le servían para reivindicar su proclamado apego a las leyes, demostrar hacia el interior y exterior de la
confederación el consenso del que gozaba, movilizar a un crecido número de objetos de plebiscitar su poder y conocer
quienes acudían al acto para demostrar públicamente su adhesión al jefe.
Si bien la unanimidad lograda era, en gran parte, producto de la amenaza de coerción ejercida por el aparato del estado,
expresaba al mismo tiempo un apoyo, en especial de los sectores populares, nunca visto en los periodos precedentes.
La intolerancia al disenso: La contracara del consenso fue la creciente amenaza de castigo a los disidentes. Para ello se
apeló a diversos instrumentos del control sobre la prensa periódica, el derecho de reunión, las asociaciones y espacios
públicos, a la depuración de administración pública y a un aparato represivo cada vez más sofisticado.
Aun cuando era claro que no se toleraban disidencias en los periódicos, es cierto también que todavía no se les exigía como
si ocurrirá después de 1839, reiteradas muestras de adhesión al régimen.
En sintonía con lo que ocurría en la prensa, las asociaciones de la sociedad civil fueron sometidas a un creciente control, en
especial después de 1839. Rosas impulsó la necesidad de autorización previa para realizar cualquier tipo de reunión, y ya
en 1837 denuncio a los miembros del salón literario de Marcos Sastre como enemigos de la federación.

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

Las únicas formas asociativas que sobrevivieron durante el rosismo fueron las sociedades africanas en las que se agruparon
los negros según sus etnias de origen para contribuir a su defensa mutua y defender la liberación de los esclavos con las que
Rosas mantuvo una clásica relación de protección a cambio de fidelidad.
El control sobre la sociedad se ejercía tanto desde los más altos cargos de la administración pública de la provincia, que fue
sometida a una profunda depuración en todos sus niveles, como desde los más bajos.
Los jueces eran designados directamente por el gobernador a partir de ternas propuestas por los jueces salientes. Las
condiciones que debían reunir eran, básicamente, fidelidad y lealtad a la causa federal. Sin duda, el sistema coercitivo más
conocido de la experiencia rosista fue el que encarnó la sociedad popular restauradora, conformada en 1833, que tuvo como
brazo armado a la Mazorca. Si bien ambas organizaciones estaban en un principio unificadas, luego de 1835 las distinguió
el hecho de que la Mazorca. Como ala ejecutora, era la encargada de cometer asesinatos y torturas, y que casi todos sus
miembros eran parte de la política. De hecho, la policía actuaba bajo las órdenes del poder ejecutivo, que al absorber la
suma del poder público podía decidir ejecuciones a voluntad; la mazorca, en cambio, lo hacía aparentemente de manera
autónoma, lo cual permitió que el gobierno justificara sus acciones en diversas oportunidades como excesos populares,
desvinculados de la persona de Rosas.
El ejercicio de coerción se completaba con el cuerpo de milicia de ciudad y campaña y con el ejército regular al servicio de
la causa federal.
La santa federación: El orden republicano y federal que el gobierno evoco permanentemente a través de sus publicistas en
la prensa periódica, en las proclamas y mensajes emitidos y en las fiestas federales presentaba significados diversos. Por un
lado, la republica parecía a veces reducirse a los contornos de la provincia de Bs As y, otras, extenderse más allá de sus
fronteras. El uso de facultades extraordinarias que se delegaban para salvar a la república, en el ideal de un mundo rural
estable y armónico, en la imagen de una república constantemente amenazada por grupos de conspiradores identificados
siempre con los salvajes unitarios, y en la idea de un orden que debía garantizarse a través de una autoridad destinada a
calmar las pasiones y hacer obedecer la ley.
Rosas logro crear un poder de facto tejiendo una complicada red de relaciones que le permitió ejercer el control sobre los
gobiernos provinciales, al tiempo que, en el discurso político, enfatizaba la autonomía de las provincias.
Así, pues, tanto el uso del término federación como el de confederación siguieron siendo muy flexibles durante esos años y
funcionaron como una especie de gran paraguas con que reemplazar el vínculo constitucional que Rosas se negaba a dar al
país. A su vez, el componente federal, tal como lo entendía el rosismo, implicaba la extensión del sistema unanimista
impuesto en Bs As a todo el territorio de la confederación. Desde la ciudad rectora (Bs As), ejemplo de virtud republicana
que debían seguir las provincias si pretendían alcanzar la madurez. El gobernador de Bs As, se adjudicó el derecho de
intervención en la organización política de las provincias. Se hace cada vez más visible que el desplazamiento convertía a
Bs As en centro de la santa federación. Una federación que no era estrictamente un orden confederal ni un sistema federal
de gobierno, sino una compleja ingeniería política que presuponía un orden supra provincial que reposaba sobre la
provincia más poderosa.
El nuevo orden en las provincias: En diciembre de 1835 el gobierno de Bs As, sanciono la ley de Aduana. Si bien esta ley
sufrió varias correcciones a partir de su sanción, y su implementación no cumplió con los objetivos propuestos debido a los
conflictos que enfrento la confederación luego se 1838, es oportuno subrayar la proyección política que el gobierno
pretendió lograr, en especial luego de los debates generados en ocasión de la firma del pacto federal de 1831. En este
sentido, la ley fue uno de los muchos mecanismos utilizados por el gobierno para mantener cierto equilibrio en el sistema
de poder de la confederación.
El gobernador de Bs As procuró desde un comienzo extender su dominio sobre las provincias y establecer las bases de la
nueva federación. Luego del asesinato de Quiroga, Rosas utilizo sus atribuciones como encargado de las relaciones
exteriores para presionar al gobernador de esa provincia. La muerte del caudillo riojano había dejado vacante el liderazgo

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

regional en las provincias del interior. Quien se perfilaba para sustituirlo era Heredia, gobernador de Tucumán. Este último
extendía su dominio, colocando en las provincias vecinas gobernadores adictos.
Los desafíos al orden rosista, lejos de debilitar al régimen impuesto en esos años en toda la confederación, lo consolidaron
en sus aspectos más autoritarios y a la vez constitucionales.

Capítulo IX “De la república del terror a la crisis del orden rosista”


La República asediada
Los frentes de conflicto: El primer frente que Rosas decidió desafiar fue el de la guerra contra la Confederación Peruano-
Boliviana en 1837.
En el litoral se superpusieron varios conflictos simultáneos. El que debió enfrentar la Confederación frente al bloqueo
francés del puerto de Buenos Aires en 1838. Respondía a una exigencia del gobierno francés, que desde la década de 1820
pretendía recibir el trato de “nación más favorecida”, tal como lo había obtenido Gran Bretaña en 1825.
El bloqueo estaba vinculado con la política uruguaya, puesto que Montevideo se había convertido en el principal destino de
los emigrados de la Confederación. ¿Cuál era la conexión entre estos eventos? Se destaca la creciente intervención del
gobernador de Buenos Aires en la política oriental al apoyar a Manuel Oribe, presidente de la república uruguaya hasta
1838. El opositor Fructuoso Rivera buscó la protección de Francia para desplazar del cargo a Oribe. La presencia francesa
estimula a los unitarios de Montevideo en cuanto a la esperanza del fin del gobierno rosista. Rivera le declara la guerra a
Rosas, y este último se alía con Oribe y el litoral rioplatense se convirtió en un lugar de jaqueo de la unidad que Rosas
quería imponer.
El bloqueo solo afectaba al litoral, por lo que Santa Fe y Corrientes reclamaban a Rosas los estragos que le causaban.
Estanislao López manda a Domingo Cullen como comisionado para informar los reclamos. López muere en 1838, dejando
los reclamos con un vacío de poder. Rosas y Echagüe (gobernador de Entre Ríos) desconocen el nombramiento de la Sala
de Representantes de Santa Fe y destituye del cargo a Cullen. Dando el poder político al hermano de López, Juan Pablo.
El gobernador de Corrientes buscó aliarse con Rivera y los franceses, queriendo revivir reclamos ya hechos en el Pacto
Federal de 1831. El gobernador Berón de Astrada fue vencido y muerto en la batalla de Pago Largo en 1839 por las tropas
comandadas por el entrerriano Pascual Echagüe.

La oposición de Buenos Aires: 1829 se da el movimiento de Juan Lavalle, buscando el derrocamiento de Rosas con el
apoyo de los emigrados en Montevideo, Rivera y de Francia; pero no conoce el éxito.
Uno de los conflictos de la época fue la llamada “conspiración Maza” en la que estuvieron comprometidos varios jefes
militares, bajo la forma de un alzamiento militar buscaba el derrocamiento de Rosas. En 1839 la conspiración estaba lista,
pero una denuncia desbancó sus planes.
La prensa periódica y la maquinaria del régimen se puso en marcha para extremar aun mas el faccionalismo e intaurar un
clima de terror en la población, dejando clar cual seria el destino de quienes desafiaran el poder del gobernador.
El bloqueo francés arruina las ganancias de exportación y la contribución al gobierno. Además de contar con el supuesto
apoyo de Lavalle que falla en su ataque.
La consolidación del régimen y el terror: Una vez que Buenos Aires quedó en paz, el gobierno solo debía enfrentarse con el
interior. La guerra contra la Confederación Peruano Boliviana había dejado en el norte una situación de inestabilidad. En
1840 se da la Coalición del Norte en contra de Rosas, liderada por Tucumán y Salta, a las que se sumo Catamarca, La
Rioja, y Jujuy. Pretendía denunciar los manejos autoritarios, retirarle los atributos de relaciones exteriores y extender su
poder por las demás provincias para derrocar a Rosas. Contaban con el apoyo de los emigrados, Lamadrid pudo controlar
como comandante de la Coalición gran parte de las provincias del Interior, excepto Cuyo. Los ejércitos de Buenos Aires a
cargo de Manuel Oribe dan por tierra la Coalición del Norte. Mientras Rosas daba fin al bloqueo francés con el acuerdo de

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

Mackau y Arana en octubre de 1840; estipulaba la devolución de Martín García y el levantamiento del bloqueo a cambio
del goce de los derechos reclamados para los ciudadanos franceses.
El régimen demuestra una gran capacidad para imponer el terror como forma de lograr unanimidad esperada. Octubre de
1840 estuvo marcado por los asesinatos, atentados, torturas y encarcelamientos de supuestos unitarios en la ciudad de
Buenos Aires. En marzo de 1842, cuando llego la noticia de que el general Paz, luego de huir de su arresto porteño había
derrotado a Pascual Echagüe en 1841. La acción del general Paz se encuadró en una alianza con el gobernador de
Corrientes, Pedro Ferré, y con el de Santa Fe, Juan Pablo López, para exigir una vez más la organización constitucional del
país. El santafesino fue vencido por los ejércitos de Oribe y Echagüe. Pero esta alianza no prosperó. Pascual Echagüe fue
nombrado gobernador de Santa Fe y se cerraba así la unanimidad rosista en la provincia.
La Mazorca se adueño de las calles, se repitieron los asesinatos, torturas y atentados; no se sabe si Rosas ordenaba los
ataques o los llevaban adelante de manera autónoma. La unanimidad federal se esparció por todo el territorio.
En 1842, el ejército de Rivera, en unión con Corrientes, fue abatido por las tropas de Oribe; por lo que la provincia quedó
bajo manos de Buenos Aires.
Pacificación y Crisis
La paz de los cementerios: Las manifestaciones rituales, que hicieron de cada fiesta cívica o religiosa una ocasión para
renovar las adhesiones al régimen se mimetizaron con los actos electorales y los plebiscitos celebrados durante el período.
En 1840 vencido el periodo de Rosas como gobernado, los habitantes de la ciudad y de la campaña afirmaban las peticiones
en las que se solicitaba la reelección de Rosas con los mismos poderes conferidos cinco años atrás. Estas votaciones que se
daban generalmente no eran compuestas por los votantes en condiciones de hombre libre o avecinado; sino que no había
limitación alguna para expresar el apoyo al gobernador.
Si no le seguía la renuncia de Rosas, tantas veces reiterada y la exigencia de ser reemplazado, habría dejado sin credulidad
el plebiscito de petición de continuidad.
El rechazo a una nueva elección de carácter definitivo dejaba en vilo a toda la sociedad política, provocando con ello
respuestas cada es más contundentes de adhesión personal al jefe de gobierno. El orden y la paz alcanzados en Buenos
Aires se extendieron al conjunto de la Confederación. Los conflictos y las mayores amenazas luego de 1843 estuvieron
ubicados fuera de las fronteras de la república unamista. El sitio de la capital oriental mantenido por las tropas de Oribe
estaba apoyado por la intervención de Rosas al intentar bloquearla con su escuadra. La intervención genero una reacción
por parte de Francia e Inglaterra, exigiéndole el retiro de la escuadra de la república orienta, como Rosas se niega, la flota
anglo francesa bloquea el puerto de Buenos Aires entre 1845 y 1848. Pero el hecho de convertir derrotas en supuestas
victorias hizo que el orden federal liderado por Rosas pareciera invencible. Las provincias habían sido gradualmente
domesticadas y en Buenos Aires reinaba una paz que, si bien se asemejaba a la de los cementerios, revelaba también cierta
relajación de los controles, producto seguramente de la convicción de Rosas y sus más fieles seguidores de haber alcanzado
la unanimidad tan buscada.

La batalla de las ideas: Los intelectuales tradujeron tanto en contra como a favor de Rosas. El protagonismo que fueron
adquiriendo los jóvenes románticos a medida que se vieron obligados a exiliarse fue notorio. El tema de la nación fue
central para esa generación, puesto que entre sus principales objetivos, y en sintonía con los movimientos románticos del
Viejo Mundo, estaba el de alcanzar un profundo conocimiento de la realidad local en todas sus dimensiones para definir
una identidad nacional, base de sustentación del estado y de un país nuevo como el que se suponía debía emerger luego de
la revolución.
Al promediar la década de 1840, la esperanza de ver constituida la nueva nación argentina parecía ya una quimera. La
diferencia que separaba a Rosas de los demás caudillos del interior se plasmaba en el contraste con Facundo Quiroga. Si
Rosas simbolizaba la astucia, sofisticada que solo podía derivar de la civilización, el rosismo era un hibrido en el que se
fusionaban la ciudad y el campo, la civilización y la barbarie.

23
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

La batalla final: Caseros


En 1852 Rosas es destituido como gobernador, y se le otorga el manejo en las relaciones exteriores de la Confederación,
luego de ser derrotado por Entre Ríos, Corrientes, Brasil y Uruguay, comandados por Urquiza. En el transcurso de la
década de 1840, Urquiza se mantiene leal a Rosas.
Mientras Buenos Aires tenía una expansión ganadera exitosa, Entre Ríos en la década del 40 logra recuperarse
económicamente de la devastación sufrida en 1810. La llamada “guerra grande” en Uruguay y el bloqueo anglo francés en
Buenos Aires había estimulado la economía entrerriana. Sus estancieros se habían convertido en los proveedores de la
sitiada Montevideo.
Rosas mantenía con Brasil una situación conflictiva. Luego de la firma de los tratados de levantamiento del bloque,
Buenos Aires y Brasil quedaron libres de luchar por la Banda Oriental.
Rosas apoyaba a Oribe, mientras Brasil al gobierno de Montevideo. A comienzos de 1851, las tensiones latentes
confluyeron en un conflicto abierto, al que se le suma el pronunciamiento de Urquiza el 1º de mayo de ese año. El
gobernador de Entre Ríos acepto la renuncia de Rosas en torno a las representaciones de las relaciones exteriores, y
reasumió las mismas, expresando sus deseos de ver constituido al país. Corrientes se adhirió al pronunciamiento, mientras
Buenos Aires, aprovechó la situación para reivindicar la necesidad de Rosas. A medida que Urquiza se acercaba a Buenos
Aires, no encontraba más que una actitud hostil por parte de los pobladores de la campaña.
La rápida y contundente derrota del ejército de Rosas en Caseros, condujo al Restaurador de las Leyes a embarcarse
inmediatamente hacia Inglaterra, no sin antes embalar y llevar consigo copiosa documentación. Rosas partió al exilio, que
se prolongo hasta su muerte en 1877, con muy escasos recursos, una vez instalado allí, no le fue posible vivir de las rentas
de sus tierras ya que habían sido confiscadas. El camino hacia su institucionalización quedaba allanando. Sin embargo, este
demostró ser más sinuoso de lo que predecían las inversiones optimistas. La difícil relación de Buenos Aires con el resto de
las provincias seguía vigente.
Epílogo
Si bien la indeterminación de los términos federación, confederación y sistema federal parecían conservar aún cierta
vigencia, no cabía duda de que en ambos casos, se imponía el modelo semejante al de la Constitución Federal de los
Estados Unidos de 1787. El margen de autonomía de las provincias quedaba atenuado por una serie de atribuciones
delegadas al gobierno central mientras que el fuerte presidencialismo era controlado en un aspecto fundamental: la
Constitución de 1853.
El reto consistía en pensar una república unificada que respetara tanto las atribuciones de las provincias como los derechos
individuales, conculcados de manera sistemática durante el régimen rosista. De hecho durante la década de 1850, aunque en
el plano político-territorial la relación entre Buenos Aires y el resto de la Confederación se mantuvo como principal foco de
conflicto para alcanzar la unidad política, en el plano social se plantearon profundas transformaciones.
Ahora bien, este cambio que se da en la segunda mitad del siglo XIX, comienza a darse en el período analizado por este
libro.
Con Rosas, el dominio debía ejercerse sobre los territorios, pero también sobre cada uno de los pobladores. Algunos
miembros de la joven generación romántica, que no se identificaron en sus primeros tramos con el ideario liberal,
comenzaron a hacer suya la defensa de las libertades individuales en un escenario que visiblemente las cercenaba, a su vez,
frente a las acusaciones de sus opositores, la prensa oficial del rosismo negaba el antiliberalismo del régimen.
La República Argentina nacía, pues, como proyecto de futuro y como producto de una negociación del pasado.

Hora, Roy. Historia económica de la Argentina SXIX- CAP2- La apertura del comercio atlántico y la expansión
ganadera.
La apertura comercial consagrada por la Revolución de 1810 lanzó abruptamente a la región en la economía atlántica.
Una vez que la crisis de independencia perdió sus aristas más disruptivas, comenzó a tomar cuerpo la expansión de la
ganadería de exportación, impulsada por la mejora de los precios y la apertura de nuevos mercados para el cuero. La

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

agricultura cedió terreno a las grandes estancias ganaderas, desarrolladas codo a codo con pequeñas y medianas
empresas de trabajo familiar. La política de apertura recibió apoyo tanto de la sociedad como del estado republicano, de
este último por su dependencia fiscal. La relación del estado con los empresarios se vio afectada por el contante clima
de guerra. [Resumen de todo lo que sigue]
Con la caída de la Junta de Sevilla, Cisneros perdió legitimidad sobre el Virreinato, por lo que cedió ante la presión de los
grupos locales. Se convocó a un cabildo, y una junta se hizo cargo del poder. Con esto se tomaban los caminos del
autogobierno, alejándonos de la reconciliación con la monarquía.
La poca legitimidad de ese gobierno local, queriendo imponerse sobre todo el territorio desencadenó las guerras siguientes.
Éstas destruyeron los recursos materiales y humanos, poniendo una fuerte presión sobre las finanzas públicas y los recursos
de esa sociedad.
A los robos y saqueos propios de la guerra, se le sumaron los grandes desplazamientos forzados de población (cómo el
éxodo jujeño de 1812). También la movilización de tropas afectó la disponibilidad de fuerza de trabajo, particularmente en
el litoral. La historia demográfica registra una disminución de varones en edad activa en las décadas de 1810 a 1820. Se
estima una caída del producto bruto no inferior al 20%.
Sin embargo, desde el punto de vista general la crisis del sistema mercantil que unía el litoral con el alto Perú resultó
mucho más destructivo. El gobierno porteño realizó esfuerzos por mantener ese baluarte, pero no se logró salvo
excepciones entre 1810-1811 y entre 1814-1815. La creación de la república de Bolivia en 1825 confirmó el
desmembramiento. La pérdida de la riqueza minera, como principal mercado rioplatense, obligó a los gobernantes a buscar
fuentes alternativas para financiar el estado. El impacto se agravó con el surgimiento de gobiernos disidentes en la Banda
Oriental, Chile y Paraguay.
Las primeras víctimas fueron los grandes comerciantes porteños, por dos factores: la transformación del alto Perú en
baluarte enemigo, y por la apertura de los puertos del Plata los comerciantes debieron ceder posiciones ante una avalancha
de mercaderes del Atlántico Norte. Éstos reemplazaron casi por completo a los comerciantes nativos y hasta ganaron
posiciones en los circuitos mercantiles de lo que hoy es el interior.
La Argentina ingresa en la era de la globalización
Pueden distinguirse de los enormes costos humanos y materiales ya mencionados, las nuevas oportunidades que
comenzaron a emerger del choque de la Argentina y la economía atlántica en esa primera fase de globalización. Regiones
como la Pampa fueron beneficiadas por la convergencia de precios entre el centro y la periferia, y el incremento de los
volúmenes de intercambio. Los mercados del Atlántico Norte comenzaron a absorber productos pecuarios en mayores
cantidades y a precios más elevados en el periodo colonial. También estas economías nordatlánticas pasaron a ser
principales proveedoras de una nueva gama de bienes, que amplió el universo de consumidores entre los grupos de menores
ingresos.
Como una economía muy abierta, las exportaciones argentinas per cápita fueron superiores a las de Gran Bretaña, el
principal exportador de manufacturas del periodo. La evolución de los términos de intercambio (el precio relativo de las
exportaciones y las importaciones) incide sobre el poder de compra de las exportaciones y el bienestar de la población. La
mejora de este indicador en el periodo tuvo dos causas paralelas: la baja de los precios de los bienes importados y el alza de
las cotizaciones de las ventas al exterior. Los aranceles aduaneros, los costos de transporte y comercialización se redujeron,
por lo que los términos de intercambio internos o domésticos mejoraron más que los internacionales.
Luego de haber tocado techo hacia 1830, los términos de intercambio retrocedieron hasta fines de la década de 1840, en la
declinación de las cotizaciones del cuero. El alza había sido tan elevado inicialmente que la reversión no comprometió la
rentabilidad del sector.
Luego de la apertura, incluso los perjudicados comprendieron que debían buscar formas de adaptarse más que oponerse a
ella.
Las consecuencias de la apertura: el comercio de importación

25
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

El rasgo característico del nuevo patrón de importaciones fue el desplazamiento de los bienes de lujo por otros de consumo
popular. Con la revolución industrial, los costos de la manufactura disminuyeron considerablemente. Con el librecambio y
el fin de las barreras mercantilistas, el comercio textil, eje importador del Rio de la Plata (80% de los productos
provenientes de Gran Bretaña), cambió radicalmente. También las importaciones británicas comprendían ferretería, vajilla,
porcelana, cuchillería, y otros artículos.
Todo esto tuvo un impacto geográfico desigual, en las ciudades del litoral los textiles desplazaron a casi completamente a la
producción americana, mientras que en la región pampeana los tejidos de lana del interior lograron convivir con los
algodones extranjeros. En provincias como Córdoba, Salta o Tucumán los altos costos del transporte, hasta la llegada del
ferrocarril en el último cuarto de siglo, erigieron una barrera más eficaz que cualquier política proteccionista.
Importaciones de consumo popular (apartado- detalle) Los manufactureros británicos pronto adaptaron su oferta no
solo a las posibilidades de los consumidores locales, sino también a sus gustos, creando productos diseñados para la
región como ponchos, vestidos, espuelas, cuchillos, asadores, etc.
Desde 1830 los bienes británicos perdieron participación ante los de EEUU, Alemania, Francia, España e Italia; reflejo del
avance en la producción industrial fuera de Gran Bretaña y de la creciente complejidad de la demanda local. Por ejemplo,
Francia ganó terreno en la producción de artículos caros, como ropa fina, perfumes y bebidas alcoholicas; mientras que
EEUU se convirtió en proveedor de artículos más sencillos y materias primas como harina o incluso madera.
Diversos testimonios sugieren que la región litoral experimentó, entre 1810 y 1820, un drenaje de metal precioso,
necesario para afrontar el pago de los nuevos bienes importados.
El crecimiento de la producción exportable
En el mediano plazo el incremento de las exportaciones rurales compensó ese desequilibrio. Tuvo su impulso en la década
de 1820 cuando las guerras de independencia fueron quedando atrás y el alza de los precios ganaderos actuó sobre la
decisión de inversión de los productores agrarios. Los conflictos de la segunda mitad de dicha década, la gran sequía de
1829-1832 y los problemas externos e internos durante la década de 1830 demoraron su despegue hasta 1840.
Las exportaciones después de la independencia (apartado (ver cuadros pag.39 y 40).) -Las exportaciones de cueros
vacunos por encima de las 600.000 unidades anuales a fines del siglo XVIII, crecieron lentamente y con oscilaciones; en la
década de 1840 superaron el millón de ejemplares anuales, y los 2 millones a finales de ese decenio. Los prolongados
bloqueos que sufrió el puerto de Buenos Aires en 1825-1828, 1838-1840 y 1845-1848 se ven reflejados en las caídas del
volumen de exportación, seguida de alzas igualmente intensas.
Además de cueros se exportó carne salada, sebo, crines y otros derivados que ayudaron a colocar a las exportaciones
vacunas por encima de los dos tercios del total de las ventas al exterior. Entre las décadas de 1810 y 1830 también
tuvieron cierto peso los cueros de bagual (caballo). En 1840 la ganadería ovina cobró alguna importancia
La ganadería bonaerense, marginal en el periodo colonial, luego de 1810 desplazó a la producción pecuaria de Santa Fe,
Entre Ríos y la Banda Oriental y pasó a proveer entre dos tercios y tres cuartos de la salida al atlántico. En la etapa colonial
la producción agraria se apoyaba en predominantemente en empresas de reducido tamaño organizadas sobre el trabajo
familiar. Con el desembarco del gran capital urbano se aceleró y profundizó el proceso de crecimiento de la actividad
pecuaria, que estimuló un cambio cualitativo en la escala de las grandes empresas rurales. Para fines de 1830, la estancia
bonaerense Camarones, fundada por los hermanos Anchorena, se extendía sobre unas 120 000 hectáreas, con 400
habitantes. Para 1850 el complejo de estancias y saladeros de Urquiza empleaba más de 400 trabajadores.
Un medio abundante en tierra y pobre de brazos
En la provincia de Buenos Aires, la única sobre la que se tienen datos confiables, se comenzó a registrar una suba
sostenida en las cotizaciones de la tierra. Alcanzó su pico en 1827 y 1828, durante la guerra del Brasil, cuando la
inestabilidad del entorno y la inflación volvieron a la tierra especialmente atractiva como reserva de valor para
comerciantes y especuladores.

26
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

A partir de entonces a tendencia se interrumpió y las cotizaciones se ubicaron por debajo de las de 1820. Esto se debió a la
expansión del territorio sometido. No es posible hablar aún de un mercado de tierras, ya que el valor atribuido a éstas era
muy reducido. Las propiedades no se medían en hectáreas, sino en leguas (2700 hectáreas). Tampoco lo permite la
pervivencia de formas de apropiación del suelo distintas a la propiedad privada.
En cuanto a la escasez de mano de obra, los pocos pobladores rurales eran productores autónomos, que podían ganarse la
vida sin necesidad de recurrir al trabajo asalariado o de emplearse para otros. Tanto las guerras, como la perdida de
importancia de la esclavitud a causa de la libertad de vientre decretada por la asamblea del año XIII, tornaron la falta de
brazos más grave. La inmigración de hombres desde el interior ayudó a moderar el problema, pero no lo resolvió.
Los empresarios se quejaban por la escasez, los altos niveles salariales y la indisciplina de los peones. Además abogaban
por la sanción de una legislación destinada a recortar la autonomía laboral y la movilidad física de los paisanos de la
campaña.
Fueron los migrantes del interior y los peones itinerantes, sin protección alguna, los que sintieron sobre sus espaldas la
presión de una dura legislación represiva, expresada a través de instrumentos disciplinarios como la papeleta de conchabo
que los forzaba a emplearse.
Sin embargo los empleadores necesitaron también de incentivos materiales para atraer a trabajadores que contaban con
otras opciones.
Las relaciones salariales se expandieron gradualmente, aunque no se produjo una proletarización plena. Muchos hombres
entraban y salían del mercado laboral, en parte porque la disciplina del trabajo regular les era ajena, en parte porque
continuaban abiertas otras alternativas.
Desde 1830, cuando cesaron los conflictos civiles, la inmigración europea (gallegos e irlandeses principalmente) renació y
se expandió, sobre todo en Buenos Aires.
Agricultura y ganadería
El incremento de las remuneraciones y la situación del mercado de trabajo descripta hasta aquí orientó los esfuerzos
productivos hacia las actividades menos dependientes del empleo intensivo de mano de obra.
Durante la era mercantilista el cultivo de grano y la cría de ganado habían crecido codo a codo, aunque esta última había
logrado generar saldos exportables con alguna regularidad. Con la apertura la ganadería comenzó a absorber capitales,
tierras y brazos antes destinados al cultivo de granos. Desde fines de la década de 1820, la declinación de la agricultura del
cereal se profundizó como consecuencia del arribo de harina estadounidense, más barata que la local. Este producto sirvió
como complemento a la producción local y ayudó a poner un techo al precio del trigo.
La cría de ganado como principal impulsor del desarrollo económico regional, no sólo suponía la obtención de cueros, sino
también de otros subproductos (tasajo, sebo, astas, crin) y se adaptaba a las condiciones pampeanas. No requería mucha
mano de obra ni infraestructura, requería desembolsos muy reducidos y podía efectuarse sobre tierras nunca antes
explotadas. Aunque los precios en el mercado interno eran declinantes a largo plazo, alcanzaban para volver muy rentable
esta actividad.
Los vacunos criollos, de largos cuernos y carne magra proveían un cuero grueso y resistente, muy bien adaptado a los
requerimientos nordatlánticos. La inversión en estos animales representaba la mitad del valor total de la estancia (dos
tercios en algunos casos). La tierra, el segundo rubro de inversión sólo en algunos casos alcanzaba el 30%. Los gastos en
mejoras y equipamientos representaban pocas veces más del 10%. Las estancias del periodo aparecen marcadas por un
primitivismo tecnológico, y se diferencian de sus antecesoras coloniales por la gradual desaparición de los esclavos y de los
implementos de labranza. Las remuneraciones al personal asalariado constituían el principal ítem de los gastos en la
estancia, esto solía dar lugar a estrategias de captación que combinaban el trabajo permanente con el temporario, sobre todo
en épocas de mayor actividad.
Algo más que grandes estancias

27
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

Las condiciones que favorecieron a la gran propiedad también permitieron la expansión de un sector de pequeñas y
medianas explotaciones ganaderas, que favoreció en particular a aquellas que se hallaban en condiciones de movilizar
fuerza de trabajo familiar. Estos grupos subalternos podían compensar con algún esfuerzo laboral extra sus dificultades
para acceder al crédito, a las redes de comercialización de la producción o a la propiedad legal de la tierra. Estos
emprendimientos se desrrollaron dentro y fuera de las grandes estancias. Terratenientes como los hermanos Anchorena o
Rosas, entablaron relaciones de asociación (arrendamiento, aparcería, e incluso meras concesiones de derechos de
ocupación sin mayores contraprestaciones) con productores independientes para explotar sus extensas propiedades. Las
oportunidades de la producción independiente fueron un fuerte impedimento para la proletarización. A finales de la década
de 1830, cerca de la mitad de las familias de la campaña bonaerense se encontraba al frente de sus propias explotaciones.
El debate sobre las consecuencias económicas de la apertura comercial(apartado)Para el revisionismo histórico ésta
tuvo un impacto negativo sobre las posibilidades de desarrollo económico de la Argentina. Destruyó la incipiente
actividad manufacturera nativa y empobreció a la población. Condenó a la Argentina a convertirse en una colonia agraria
de los países industrializados. Esta perspectiva se forjó en la contracción del comercio internacional luego de 1930 y
terminó de conformarse durante la época de industrialización por sustitución de importaciones del tercer cuarto del siglo
XX, trasladando problemáticas de este periodo a la primera mitad del siglo XIX. No tuvo en cuenta las peculiaridades de
la economía argentina, pobre en capital, en recursos humanos, y tampoco los elevados costos de transporte hasta la
llegada del ferrocarril. Tampoco las considerables ventajas para el bienestar popular y el consenso social que rodeó a la
política de integración en la economía mundial.
El estado, las finanzas públicas y el crecimiento exportador
Desde 1810 se estableció una íntima relación entre finanzas estatales y expansión del comercio atlántico: para pagar a los
ejércitos y la administración era necesario mover la rueda del intercambio externo, fomentando exportaciones e
importaciones. Durante la primera década revolucionaria, la elite porteña recurrió a préstamos y contribuciones, a veces
forzadas. En la década de 1820 intentó diversificar sus fuentes de ingreso con un impuesto al capital, llamado “contribución
directa”. Sus pocos resultados confirmaron que sólo podían asentarse sobre la recaudación aduanera.
Todos los gobernantes republicanos, cualquiera fuese su signo ideológico, buscaran propiciar el crecimiento del sector
exportador, como principal fuente de recursos del estado. Pero al adoptar conductas arbitrarias, persecuciones políticas,
confiscaciones y expropiaciones minaron los derechos de propiedad y desalentaron la inversión a largo plazo la toma de
riesgo empresario. Una vez caído el gobierno central en 1820, la confederación tuvo en cada provincia un sistema de
impuestos e incluso, a veces, una moneda diferentes.
De todas las provincias, sólo Buenos Aires logró dotarse de una base fiscal consistente. Esto debido la pujanza de su sector
exportador, al mayor grado de mercantilización de su economía pero sobre todo a la explotación fiscal de los demás
estados.
Una federación sin federalismo fiscal (aparatado-ver cuadro pag.58) El presupuesto de Buenos Aires era catorce veces
mayor que el de Córdoba. Veinte veces mayor que el de Entre Ríos o Corrientes. Recaudaba más del triple que las
restantes provincias juntas.
Sólo una modesta proporción de estos recursos fue destinada a iniciativas que interesaban a las élites económicas, o que
contribuyesen a la expansión de la economía. Los intentos realizados en esta dirección, como los de Rivadavia en la década
de 1820 (creación de un banco, moneda fiduciaria, iniciativas colonizadoras agrícolas) no sobrevivieron en el clima de
crisis política, movilización popular y guerrera.
El orden republicano fundó su legitimidad en la soberanía popular, por esto en numerosas ocasiones debió tomar distancia
de proyectos de reforma institucional favorecidos por los grupos dominantes y cotejar más directamente a los populares.
Rosas refleja el cambio en la base social del estado. Alcanzó el gobierno gracias a la agitación popular. Sus aliados más
sólidos en los distritos rurales fueron las clases medias. No es casual que uno de sus mayores desafíos lo enfrentara en
1839, en una sublevación surgida de los grandes estancieros, en descontento por la falta de cuidado del gobierno hacia sus

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

intereses (y mayor atención en la guerra). Una vez derrotados sus bienes fueron expropiados y en muchos casos terminaron
en manos de las clases populares.
Hora, Roy. Historia económica de la Argentina SXIX- CAP3- Buenos Aires, el litoral y el interior ante la apertura
al comercio atlántico.
Junto con la especialización de las empresas exportadoras, su crecimiento en nuero e importancia, aumentaba la
demanda de servicios de transporte y comercialización, que conectaban a las empresas rurales con los mercados del
Atlántico Norte. Buenos Ares confirmó su lugar como nexo privilegiado con el mercado mundial. Y en menor
medida en otros centros urbanos y en la campaña pampeana. El interior buscó maneras de compensar el derrumbe
de la economía de la plata estableciendo nuevos lazos con Chile y Bolivia, lo que dio vida a fuerzas centrifugas que
pervivirían hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX. Con respecto al bienestar de la población, y a pesar
de su desigual impacto regional, la integración a la economía atlántica tuvo consecuencias positivas.
Ubicada en las proximidades de la desembocadura de los ríos Paraná y Uruguay, Buenos Aires se encontraba en una
locación muy favorable para sacar provecho de a expansión de la producción ganadera de toda el área servida por estos dos
grandes cursos de agua, y más en general del estrechamiento de los lazos comerciales entre las provincias fluviales (e
incluso territorios tan lejanos como Paraguay y el interior del imperio brasileño) y el mercado mundial.
Su dominio, se apoyaba en parte sobre el poder de sus ejércitos. El trasbordo de la carga a buques de mayor envergadura,
de más de 150 toneladas de desplazamiento, era difícil de evitar, y terminaba favoreciendo a los puertos del Plata con salida
hacia el atlántico: Buenos Aires y Montevideo.
Por su parte, la ciudad constituía el destino final de cerca de la mitad de las importaciones que ingresaban al territorio de la
Confederación. Aun si la libertad de navegación hubiese sido plenamente asegurada, incluso sobre la derrota militar de
Buenos Aires, es dudoso que esta ciudad hubiese visto mayormente afectado su lugar de principal emporio comercial del
Atlántico Sur.
También era el principal punto de convergencia del sistema de transporte terrestre de los estados de la confederación.
Luego de 1810, como resultado de las dificultades de la ganadería en la Banda Oriental y las provincias fluviales, y del
ascenso de los distritos ganaderos de Buenos Aires –y en menor medida, de Córdoba y otras provincias del interior-, el
centro de gravedad de la economía de exportación rioplatense se desplazó hacia el sur y el oeste. En consecuencia, la
producción rural se expandió sobre un ecosistema sin vías navegables ni puertos alternativos a los ubicados en la ciudad de
Buenos Aires o sus inmediaciones (ensenada, la Boca del Riachuelo, San Fernando, Las Conchas).
Tras la independencia, los barcos de bandera británica dominaron el comercio de importación y exportación. Sin embargo,
desde la década de 1820 el peso de la flota británica fue cediendo ante nuevos competidores. Por su calado y
desplazamiento, los barcos de ultramar no tenían otra opción que fondear en aguas profundas. La carga y descarga eran
lentas y costosas.
Salvo en el caso de los vacunos- gran parte de los cuales marchaba por sus propios medios a los saladeros- los restantes
bienes que circulaban en esa economía incrementaron su dependencia respecto de los medios de transporte terrestre.
La población de Buenos Aires aumentó a un ritmo superior al 2% anual, bastante más rápido que otras grandes capitales
latinoamericanas del periodo como México, Lima o Río de Janeiro. La ciudad, contaba con uno 40.000 habitantes hacia
1800, alcanzó los 55.400 en 1822 y los 90.000. Se reafirmó el patrón de crecimiento de la época colonial, basado en la
incorporación de inmigrantes del interior, y desde 1820 también desde el extranjero. Las mayores empresas, como los
saladeros podían emplear más de cien asalariados en el momento pico de la temporada de trabajo.
En estos espacios, y en la economía urbana en general, la mercantilización de la fuerza de trabajo y la especialización
laboral habían avanzado más que en la campaña pampeana, donde distintas formas de aparcería y producción familiar
habían limitado la proletarización de la población.
La cantidad de puestos de trabajo directamente generados por la economía de exportación no debe haber alcanzado más que
a uno de cada cuatro empleos. Sin embargo sus ciclos de expansión y contracción se transmitían a todas las actividades

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

económicas de la ciudad. La construcción de viviendas, la confección y comercialización de indumentaria, o la provisión de


energía y alimentos, entre otras actividades relacionadas con las demandas de consumo de la población residente, se vieron
impactadas de manera positiva por la expansión del ingreso resultado del incremento de las ventas al exterior.
La producción de bienes y servicios destinados al consumo local constituía el principal generador de empleo e ingreso en la
ciudad y sus alrededores. Se estima que algo más de la mitad de los buques provenientes del litoral y cerca de 9 de cada 10
carretas que ingresaban a Buenos Aires transportaban productos destinados no a la exportación sino al consumo de la
propia capital.
La producción artesanal local capituló ante las manufacturas importadas y del interior, y sólo logró un modesto crecimiento
en rubros que gozaban de una fuerte protección geográfica (astilleros, carpinterías, confección de indumentaria,
elaboración de alimentos, herrería, mueblerías), que utilizaban intensivamente insumos abundantes en la región (como el
cuero), o que satisfacían demandas de consumo específicas de la cultura local (como la platería). En estos pequeños
establecimientos que muchas veces no sólo fabricaban sino también reparaban y comercializaban, la división del trabajo era
escasa, y la tecnología empleada, sencilla y rudimentaria.
En rigor, nada parecido a un sostenido desarrollo de la producción manufacturera, y mucho menos una revolución
industrial, podía tener lugar en esta ciudad íntimamente integrada a una exitosa economía agraria. La ley de aduanas de
1836, de inspiración proteccionista, no modificó este panorama.
El mundo rural pampeano
El ritmo de crecimiento de Buenos Aires se vio opacado por el de la campaña que la circundaba. En 1822, la campaña
porteña contaba con unos 63.000 pobladores; treinta años más tarde, estaba próxima a alcanzar los 150.000 habitantes. En
Entre Ríos pasó de 20.000 a 48.000 habitantes entre 1820 y 1849. Corrientes se sumó en tercer lugar. Se dio la puesta en
producción de nuevos territorios, muchos de ellos en regiones de frontera, impulsada por el crecimiento de la producción de
bienes exportables.
La campaña porteña: expansión ganadera y diversificación del consumo
En Buenos Aires la creciente especialización de la provincia en la producción de ganado mayor, supuso un incremento de
la cantidad de bienes producidos para el mercado y, al tratarse de un uso más productivo de los recursos, generó mayores
ingresos para sus pobladores. La disminución de las actividades de subsistencia y el vuelco de los habitantes de la provincia
al mercado produjeron un incremento de la demanda de alimentos. El trigo sufrió un retroceso relativo, pero el
crecimiento de la población amplió el mercado para muchos bienes agrícolas que no podían importarse, en particular frutas,
verduras, hortalizas y leña. En el cinturón que rodea a la ciudad creció la cantidad de chacras y quintas destinadas a
satisfacer esta demanda, sobre todo con productos perecederos.
En esta economía rural de marcada orientación ganadera y deandas de consumo todavía limitadas, las actividades de
transformación no encontraron mayor espacio para desarrollarse, y sólo cobraron cierta envergadura aquellas directamente
vinculadas con el sector exportador , como los saladeros y la graserías. El crecimiento de los servicios y el sistema
comercial en lugar de favorecer la producción manufacturera local. Las pulperías, donde se vendía al por menor una amplia
gama de productos, fueron uno de los mayores ejes económicos y sociales de la vida rural, de particular importancia en los
distritos más remotos y menos poblados.
Entre Ríos: crecimiento unilateral
Entre 1830 y 1840, el dinamismo de su ganadería le permitió a la provincia vivir el momento más próspero de su
trayectoria. Comenzó tardíamente, en la segunda mitad del siglo XVIII, impulsada por familias de campesinos y por la
organización de estancias cuyo tamaño solía ser mayor que en otras áreas rioplatenses. Para mediados de la década de
1820, tras quince años de conflictos, los saqueos y los arreos ilícitos habían deado apensas unos 100.000 animales mayores
en toda la provincia.
Comenzó a repoblarse, inicialmente gracias a grandes robos de ganado oriental y riograndense durante la guerra con el
imperio del Brasil (1825-1828). Los 3 o 4 millones de animales mayores que pastaban en Entre Ríos hacia 1850

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

convirtieron a la provincia en el segundo distrito ganadero de la confederación. Su crecimiento resulta más que notable, ya
que durante largos periodos más de la mitad de los varones entrerrianos fueron sustraídos para servir en las milicias. Creció
también la tensión con Buenos Aires en torno al tributo fiscal exigido por la aduana porteña al comercio exterior
entrerriano.
Paraná, la capital y principal ciudad de la provincia, prácticamente no experimentó crecimiento en este periodo: pasó de
unos 4000 a unos 4900 habitantes entre 1820 y 1849. El oriente entrerriano resultó la región más beneficiada con la
expansión ganadera, en gran medida porque su extensa frontera internacional le permitió morigerar la onerosa
intermediación de la aduana de Buenos Aires, así prosperó incluso en los bloqueos a dicho puerto.
Concepción del Uruguay, principal foco de la vida política , administrativa y económica del este entrerriano, no contaba
con más de 2500 habitantes urbanos para 1850.
Justo José de Urquiza es la figura que resume los aspectos centrales de la trayectoria entrerriana: una economía ganadera en
veloz crecimiento, pero con limitado impacto sobre otros sectores de la producción, y en particular con escasos efectos
positivos sobre las anémicas urbes provinciales.
El avance de la gran empresa ganadera, se vio acompañado por el crecimiento de una población de pequeños y medianos
productores. A diferencia de lo que sucedía en Buenos Aires, aquí la gran propiedad no desempeñó un papel central en la
explotación de los distritos fronterizos. La ocupación del territorio meridional se aceleró con migrantes de la Banda
Oriental, Corrientes y Misiones. Así Entre Ríos exhibió la tasa de crecimiento demográfico más alta de del país en el
periodo y además una estructura de población dominada por hombres y mujeres en edad activa. Con fuerte tradición
campesna, los inmigrantes se dedicaron a la cria de algunos animales, el cultivo de mandioca y maíz. Pese a su crecimiento
demográfico, Entre Ríos mantuvo a una significativa parte de su población escasamente integrada a la economía de
intercambio.
Corrientes: persistencias y arcaísmo
Ingresó a la era independiente con una economía diversificada: yerba mate y tabaco en el noroeste; astilleros, carpinterías y
curtiembres en la capital y alrededores; ganadería en el sur. Las actividades, en especial las agrícolas, se apoyaban en el
trabajo de un campesinado de fuertes raíces indígenas. Esta población, en particular la del noroeste dirigía parte de sus
esfuerzos a la producción de alimentos y textiles para su autoconsumo. En la cúspide una elite mercantil característica de la
época colonial.
La provincia emergió de la guerra de independencia sin grandes pérdidas económicas y con su elite casi intacta. Las
oportunidades abiertas para entonces no fueron tan atractivas. Sólo una visible modificación del rubro de cueros y suelas
sugiere cierta modificación del equilibrio económico provincial en favor del sur ganadero.
Cuando finalizó el bloqueo del puerto de Buenos Aires en la guerra con el Brasil, la economía correntina del tabaco y la
yerba comenzó a sentir el peso de la competencia de la oferta brasileña. Así nacieron los proyectos proteccionistas del
gobernador Pedro Ferré.
La expansión ganadera en ese territorio subtropical enfrentaba limitaciones ecológicas. Por eso el crecimiento de la gran
estancia fue modesto. El stock provincial no representaba ni la tercera parte del existente en la vecina Entre Ríos. En este
escenario de retroceso agrícola, la provincia acentuó sus rasgos arcaicos. Para las elites siguió la actividad mercantil y la
pequeña explotación de subsistencia siguió caracterizando la estructura productiva.
El Interior
Sufrió las guerras con menos intensidad que el litoral, lo que sin duda contribuyó a la impronta conservadora que siguió la
restauración del orden luego de la independencia. El trazado de nuevos vínculos fronterizos y la inestabilidad institucional
luego de 1810 afectaron el vínculo con el Alto Perú, así la producción para el mercado se contrajo, y muchas unidades
domésticas debieron destinar más tiempo y esfuerzo a la producción para la subsistencia.

31
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

La crisis imperial le permitió al Alto Perú mitigar sus lazos fiscales con las tierras ubicadas al sur de la Quebrada de
Humahuaca. El fin del monopolio comercial español hizo que una parte cada vez más significativa de la disminuida
demanda de bienes importados del altiplano se orientase hacia el Pacífico.
El Noroeste continúa mirando hacia Bolivia
El vuelco de Bolivia hacia el Pacífico le quitó al Noroeste argentino el papel de intermediario privilegiado con el mundo
atlántico, que esta región había explotado con gran provecho desde las reformas borbónicas de 1770. Esta pérdida supuso
grandes perjuicios para los grupos mercantiles. Los campesinos que habitaban la Puna jujeña parecen haber tomado mayor
distancia del mercado: en esos años las más importantes haciendas de la región retrocedieron y sus propietarios se
convirtieron en meros perceptores de rentas.
Muchos comerciantes, en especial los de Salta y Jujuy, intentaron compensar la caída a través de la Quebrada de
Humahuaca desplazando parte de sus operaciones hacia los puertos del Pacífico, desde Cobija a Valparaíso. En particular,
las exportaciones del Noroeste tendieron a la provisión de animales mayores (vacunos, mulares, equinos), destinados a
satisfacer los requerimientos de proteínas y energía de los centros mineros y urbanos del sur de Bolivia.
Cuyo se vuelca hacia el Pacífico
Al igual que las provincias del Noroeste, le dio la espalda al Atlántico, para caer en el mercado chileno. Luego de 1810 , los
vinos y aguardientes de Mendoza y San Juan se orientaron al litoral, libres de la competencia Europea. Esta victoria tuvo
corta vida, el retorno de la producción proveniente del Mediterráneo terminó por expulsar estos productos del mercado
litoral. Sólo volvieron a hacer esporádicas apariciones durante algunos bloqueos del puerto de Buenos Aires.
Afortunadamente Chile le dio una alternativa.
La creciente importancia del mercado trasandino dividió las trayectorias, hasta entonces relativamente similares de las
provincias cuyanas. San Juan especializada en el aguardiente, entró en un lento declive. Mendoza logró explotar con más
éxito las oportunidades del mercado chileno, ya que contaba con mejores tierras para los cereales y forrajes. La
importancia de sus relaciones productivas extendió el peso de la comunidad mercantil mendocina, cuyos negocios se
extendían en algunos casos de Valparaíso a Buenos Aires.
Córdoba gira hacia el Atlántico
Fue la más decididamente orientada al mercado atlántico. La ganadería mular experimentó la crisis de la minería con
particular dramatismo. El textil también se vio afectado en menor nivel por la apertura comercial y la contracción del
mercado altoperuano. Al igual que en Tucumán o salta la quiebra de la ruta comercial que unía Buenos Aires con el Alto
Perú supuso un golpe para la actividad mercantil de la provincia. Los años posteriores a la revolución se caracterizaron por
el incremento de la producción de subsistencia y el empobrecimiento.
El lugar de las mulas era ocupado por una ganadería dominada por el vacuno y el cuero que hacia 1840 presentaba números
significativos. Exportaba casi tanto cuero como Corrientes y también algo de sebo. Los tejidos de lana pudieron conservar
sus posiciones.
Hacia 1850 más del 70 % del comercio exterior de Córdoba se dirigía al litoral; estas ventas le permitieron sostener el
incremento de sus compras de bienes importados procedentes de Buenos Aires.
En síntesis, el cuadro que presenta el interior luego de la independencia aparece dominado por dos fuerzas de impacto
desigual según las regiones. Por una parte creció la producción de subsistencia, contrayéndose el sector mercantil. Al
mismo tiempo, tanto en el norte como en el oeste se produjeron movimientos centrífugos. Hacía fines de la década de 1840
el escenario económico del interior argentino aparecería dominado por tendencias a la dispersión tanto o más poderosas que
las que favorecían la integración.
Bienestar y equidad
Cómo se vieron afectados estos factores es algo que puede abordarse desde dos grandes regiones: el interior y el litoral.
De la primera región tenemos información acorde limitada, pero según las escasas y fragmentadas evidencias, no mejoró su
calidad de vida en el periodo. No sufrieron ninguna modificación significativa en la calidad o la abundancia de la

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

alimentación y la vestimenta de los sectores subalternos. Los campesinos se volcaron a actividades menos productivas y la
migración al litoral fue moneda corriente. Los beneficios del modesto crecimiento postindependiente se concentraron en la
cúspide.
En el litoral hubo consecuencias más positivas. Concentró casi todos los beneficios del crecimiento de las exportaciones
atlánticas. Un escenario signado desde el inicio por la escasez de trabajadores, lo que se expresó en una aumento
sistemático de las remuneraciones. Los sectores subalternos mejoraron su abrigo y su atuendo, con positivas consecuencias
también para su higiene, salud y nutrición(aumento en consumo de proteínas animales). Los estudios antropométricos
demuestran un crecimiento en la talla de los varones luego de 1810. En especial los de piel oscura, lo que demuestra un
acortamiento entre subalternos y predominantes, al menos en lo que a bienestar biológico se refiere. Aumentó el número de
los bienes de consumo sofisticados importados, como té y café. El crecimiento exportador tornó a la población más
compleja y heterogénea, sin olvidar que la tendencia general fue a la disminución de las desigualdades. El ideal republicano
también obligó al estado, hasta cierto punto, a atender las demandas populares por alimentos y carne barata.
Las ideas económicas – José Carlos Chiaramonte
Los primeros años del proceso de la Independencia no muestran expresiones doctrinarias de importancia en el terreno del
pensamiento del pensamiento económico en el sentido de textos que especifiquen. En cambio, los documentos oficiales
relativos a iniciativas económicas suelen contener pronunciamientos en materia de doctrina, los que permiten algún
conocimiento sobre las ideas económicas en circulación.
Las primeras medidas de gobierno desde 1810 hasta 1813 declaran al comercio como una fuente de riqueza. No obstante,
en la asamblea del año XIII se resaltan otras cuestiones. Uno de los más importantes, es el de un funcionario público, Pedro
García, quien afirma que la riqueza se produce con una adecuada repartición de tierras, evitando la supremacía de los
grandes propietarios y consolidando la prosperidad de la sociedad y el Estado.
En cuanto a los documentos Oficiales, otra inferencia es la tendencia a la liberalización del comercio. Uno de los
documentos más significativos del periodo, es el proyecto de impuestos aduaneros que el Segundo Triunvirato eleva en la
Asamblea del año XIII. La postura que el documento parece querer transmitir es la de un liberalismo solamente moderado
por las necesidades del erario. Sin embargo, ello no implica que el arancel fuera aumentado para artículos como la aceite, la
ropa o calzados.
Aunque la lectura de Smith y de otros defensores del liberalismo económico parecía ganar terreno en la política porteña, la
postura opuesta no dejará de aparecer en diversos reclamos. Uno de los textos de mayor expresividad es el que uno de los
Anchorena presentó en 1814. En él se encuentra una crítica al librecambio sobre la producción local.
El panorama económico no ofrece conclusiones definitivas. Se ve un gobierno que declara su adhesión al liberalismo
económico, sectores que protestan contra él y el paradójico resultado de políticas económicas que no conforman ni un
principio ni el otro. La modificación de perspectiva se advierte en la primera década de vida independiente. En 1817 un
periódico admite que la agricultura, el comercio y las manufacturas son las tres grandes fuentes de riqueza pública, siendo
la agricultura la mayor.
En definitiva, es notorio que la tónica dominante en el plano del pensamiento económico seguía siendo el conflicto entre el
liberalismo y el proteccionismo, conflicto que alcanzó su mayor intensidad en los enfrentamientos de los Estados del
Litoral fluvial con el de Buenos Aires, en 1830.

El fundamento teórico del conflicto Litoral-Buenos Aires: liberalismo, proteccionismo, nacionalismo económico
La controversia entre las provincias del Litoral y Buenos Aires tenía ya años de gestación cuando estalló la crisis de 1820.
Recompuestas las relaciones sobre una supuesta base de igualdad ente todos los poderes soberanos del Río de la Plata, el
conflicto se renovó por efecto de las posturas discordantes ante problemas económicos. Entre estos sobresalía la libre
navegación de los ríos, la regulación del comercio exterior y la pertenencia de las rentas de la Aduana de Buenos Aires. La
tensión llevo a una nueva crisis en 1830. El blanco de las críticas de muchos sectores del Litoral e Interior era la política

33
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

librecambista que Buenos Aires imponía al resto del territorio rioplatense por el control de hecho que ejercía sobre la
navegación de la cuenca del Plata y sobre el comercio ultramarino. Se intentaba, además, prohibir las importaciones que
competían con la producción nacional, desalojar a los británicos y la “nacionalización” de las rentas de su Aduana. El
librecambio era una desventura porque los escasos productos industriales que se producen no resisten la competencia con la
industria del exterior, y al disminuir o desaparecer, se acrecienta el saldo desfavorable de la balanza comercial y sobreviene
la miseria de la población.
El proteccionismo tiene el mérito de ampliar la ocupación, fomentar la producción industrial, reducir el consumo de
importaciones y salvar así la economía de uno pueblos e impulsar la prosperidad de otros. A estos argumentos, la respuesta
de Buenos Aires se apoyaba en la teoría liberal clásica, y en el argumento de su conformidad con las condiciones
particulares del Río de la Plata. En las provincias del Litoral, predominaba ampliamente la producción ganadera, y toda esta
situación encarecía sus costos de producción. El proteccionismo sería un permanente motivo de quejas entre las distintas
provincias, un obstáculo para la ganadería, que afectaba los precios de cueros y otros productos exportados, disminuyendo
así las rentas nacionales.
Otro de los motivos de fuertes reclamos y enfrentamientos fue la libre navegación de los ríos. En la medida en que la
cuestión de la libertad de la navegación fluvial implicaba problemas de regulación de la soberanía, las provincias del
Litoral habían reafirmado su pretensión de independencia soberana que le permitía situar esa cuestión en el plano de las
negociaciones diplomáticas y reclamar a Buenos Aires el acuerdo correspondiente, mientras Buenos Aires terminaría por
adoptar igual actitud, como un recurso para apoyar en esa calidad de Estado soberano el derecho a controlar la navegación
de la cuenca del Plata. Por eso, el tipo de ideas económicas debatidas y la adhesión a ellas serían ininteligibles si no se
atendiese a las profundas divergencias entre las provincias.

Las ideas económicas de la generación del 37


El ímpetu nacionalista del proteccionismo no sería otra cosa que un momento en una larga historia de una tendencia
político económica que llega hasta nuestros días. Esa tendencia tenía modalidades diferentes en cada provincia, sin dejar de
estar presente en la misma Buenos aire, en la que predominaba siempre la política librecambista.
Echeverría dedicó dos lecturas del Salón Literario al análisis de la economía local. Criticaba las restricciones y privilegios,
y encarecía la libertad industrial, pero reclamando al mismo tiempo, libertad, garantías, protección y fomento por parte de
los gobiernos. Proclamaba que la industria era una fuente de riqueza, pero distinguía la producción artesanal de la industrial
(la cual necesitaba amplio capital y mano de obra). Añadía, además, que se debía fomentar las producciones ya existentes,
pero advierte que eso debía hacerse mediante acumulación de capital para así poder encarar otra clase de industrias.
Concluía en una crítica unitaria: antes de ser fabril y mercantil, nuestra industria debía ser rural, pero con otra calidad. En
lugar de construir canales y puertos, había que mejorar caminos. En el plano teórico, su enfoque es historicista y
nacionalista; pero con un fuerte romanticismo.
Una similar perspectiva historicista reclamaba Alberdi, quien concebía necesaria la conjunción de una ciencia de la riqueza,
de validez universal, con una economía política armónica.

A partir de la Organización Nacional


El liberalismo clásico predominaba en el ámbito bonaerense ero no en la mayor parte de las otras provincias, que
continuaban siendo mercantilistas. La ley de Aduanas, fue solo una concesión de Buenos Aires a una muy fuerte presión de
las provincias. No obstante, el período que va desde el Pacto Federal de 1831 hasta la Constitución de 1853 es un mosaico
de tendencias mercantilistas, neomercantilistas y liberales. La economía era la expresión materializada de las condiciones
de cada provincia. (El texto numera diversas posturas que no me parecen importantes, pero si quieren verlas, pág. 452).

Las ideas económicas de Juan Bautista Alberdi

34
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

La postura de Alberdi es la de un pleno liberalismo, basada en la prioridad de la vida económica donde consideraba que las
necesidades económicas eran las más vitales para la Argentina y encarecía la más completa libertad a fin de satisfacerlas y
de suprimir así la miseria y la pobreza heredadas del intervencionismo estatal hispano. Sus trabajos han sido lo más
destacados de la historia de las ideas económicas argentinas del siglo XIX.
La estrategia de Alberdi es la de afirmar la existencia de una doctrina propia de la Constitución de 1853, y la necesidad de
explicarla para superar lo que juzga el caos causado por la diversidad de criterios que las distintas escuelas de economía
muestran. Su resumen de la historia de las doctrinas económicas es el clásico esquema histórico que parte de la
contraposición de mercantilismo y fisiocracia; construye un diagnóstico de la economía argentina y de sus remedios, cuyos
dos notas principales son una interpretación del papel de Buenos Aires en los conflictos pasados y el reclamo de una plena
libertad como cimiento de la política económica del país.

Las doctrinas predominantes en la política económica argentina hasta la crisis de 1873


El reingreso de Buenos Aires a la Nación Argentina, eliminó gran parte de los antiguos problemas que obstaculizaban la
organización nacional. El liberalismo económico tuvo el camino casi totalmente despejado, las tarifas aduaneras
constituyeron sustancia y símbolo de una política económica que Alberdi había reclamado en sus trabajos. Él, no había
hecho otra cosa que sintetizar un diagnóstico y programa al que la mayoría de los dirigentes políticos adherían: el país
debía constituirse para incrementar y mejorar su producción, aumentar su población, desarrollar el transporte ferroviario y
la navegación fluvial, y de esta manera lograr prosperidad y bienestar. Para esto debía suplirse la escasez de capital local
abriendo paso al capital extranjero, ofreciéndole privilegios e inmunidades para lograr su instalación permanente.

La reacción proteccionista
Las serias consecuencias que tuvieron las crisis de 1866 y 1873 para las exportaciones del país, socavaron la ciega
confianza en las ventajas del librecambio y crearon condiciones para el resurgimiento de las antiguas tendencias
proteccionistas. El factor de mayor peso en este giro fue la iniciativa de crear una industria textil que conformara un
mercado interno para las lanas, con su líder Vicente Fidel López, quien llevó adelante una tenaz empresa propagandística
en pos de un programa de nacionalismo económico.
Las primeras reacciones muestran la influencia de una nueva tendencia del pensamiento económico europeo y
norteamericano, encarnada en autores que criticaban la política librecambista en auge. En la polémica, los librecambistas
apelaban al ejemplo europeo, mientras, en cambio, los propugnadores del proteccionismo analizaban la misma experiencia
en términos historicistas, aduciendo que la política librecambista británica era el fruto reciente de un poderío que ese país
había obtenido en etapas anteriores gracias al proteccionismo. De tal manera, López y sus acólitos enfocaban ambas
tendencias económicas como expresión de circunstancias de tiempo y lugar, y concluían en consecuencia que no podían
convenir a países jóvenes como la argentina doctrinas que eran exitosas en países con mayor grado de desarrollo. En tal
perspectiva, el librecambio era juzgado como un recurso proteccionista británico. De otra manera, alegaban, imponer ahora
el librecambio equivalía a condenar al país a continuar permanentemente en su actual retraso.
Un aspecto del nacionalismo económico, de menor peso en la política nacional pero igualmente significativo, fue la
difusión de las ideas anarquistas y socialistas que llegaron al nivel de agitación pública durante la depresión subsiguiente a
la crisis del 73. Esta tendencia encontró sustento en el crecido sector de pequeños propietarios que generaba la inmigración
masiva.

Las ideas económicas hacia fin del siglo


El movimiento de nacionalismo económico había cobrado fuerza luego de la crisis de 1873, agravando la situación del
sector externo argentino y la economía del país. Logró predominio en la Cámara de Diputados de la Nación y las leyes de
aduana aprobadas bajo esta relación de fuerzas impusieron fuertes aumentos en las tarifas de importación y rebajas en las

35
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

de insumos para la industria local. Todo su vigor se habría de evaporar con la llegada de los primeros frigoríficos en
1876/7, cambiando la perspectiva del sector externo.
Los últimos años del siglo vieron revigorizarse los tradicionales postulados del liberalismo económico, por mucho tiempo
aún, el país seguiría intercambiando los frutos de sus campos por los productos fabriles europeos.
José Chiaramonte: “Ciudades, Provincias, Estados: Orígenes de la Nación Argentina”

III “El programa correntino de organización nacional”


Buenos Aires, desde una posición de fuerza, se había resistido en las negociaciones previas al Tratado de 1831 las
presiones de las provincias del Litoral, encabezadas primero por Santa Fe y lugo por Corrientes, que reclamaban una
organización nacional constitucional, por medio de un nuevo congreso constituyente, para poder así arreglar la relación
entre las provincias sobre una base confederal. De esta manera esperaban lograr asentar un derecho de distribución de las
rentas de la Aduana de Buenos Aires, libre navegación de los ríos y reversión de la política económica librecambista
practicada por Buenos Aires.
Estas Demandad, compartidas por otras provincias del Interior, se asentaban en una cada vez más frecuentes y enfáticas
innovaciones a la existencia de una nación que, por otra parte, se acuerda ya generalizadamente de denominar argentina, El
uso de éste término había evolucionado de la forma que los hombres del interior, ahora dispuestos a incluirse en el
gentilicio, resentían por eso la exclusividad de esa voz que prendían los porteños.
Parecía que mientras las dos primeras décadas de vida independiente, los provincianos rehuían su uso por considerarlo
sinónimo de porteño, y algunos porteños tendían a utilizarlo como reflejo del supuesto de su hegemonía en el futuro Estado
nacional, al producirse el vuelco del sentimiento predominante en Buenos Aires que llevó a esta provincia a ser la más
fuerte partidaria del autonomismo, la aplicación del término argentino a habitantes de las demás provincias habría
comenzado a ser rechazado por los nativos de Buenos Aires. Mientras que el Litoral y el Interior, por lo contrario,
reclamaban su condición de argentino y criticaban a los porteños por esa exclusión. Corrientes había asumido la existencia
de esa nación y su denominación de República Argentina.
El debate entre Corrientes y Buenos Aires en torno a la existencia: Para poder reclamar a Buenos Aires la realización de un
congreso constituyente que diera lugar a la adopción de la política económica que aspiraba corrientes. La significación de
esta estrategia se puede verificar en uno de los más elocuentes episodios de enfrentamiento de ambas provincias, que
estallara poco después de la firma del Pacto Federal. Este episodio muestra que mientras la que había sido la cuna y más
firme sostén de las tendencias centralistas, Buenos Aires, se refugiaba en el autonomismo, Corrientes, la más tenaz
defensora de su autonomía estatal, había pasado a convertirse en paladín de la inmediata organización nacional. Buenos
Aires, no estaba dispuesta a negociar los fundamentos de su hegemonía.
Corrientes se retiró de las negociaciones ya que fue derrotada por Bueno Aires que había logrado el asentamiento de Santa
Fe y Entre Ríos a la exclusión de aquellos puntos conflictivos en el tratado, pero más tarde firmó ya que corría peligro de
quedar aislada. La estrategia Bonaerense consistía en lograr la disolución de la Comisión Representativa, postergar
indefinidamente el congreso constituyente con el argumento de que los pueblos no estaba aún preparados para ello, y más
tarde conceder el Pacto Federal en carácter de estatuto confederal. Al mismo tiempo desarrollar políticas que le permitan
subordinar a las provincias y utilizar sus recursos.

Introducción: ¿Para qué otra vez Rosas?


Tanto se ha escrito y discutid al respecto que no resulta sencillo ofrecerle una nueva versión. Las imágenes de Rosas que
tendrá disponible serán tan variadas y tan disímiles que más de una le resulta irreconocible. La virulencia de esas cuestiones
se ha amortiguado sensiblemente aunque nunca podrá descartarse que vuelva a recrudecerse.
En 1989 cuando sus restos fueron repatriados y desde entonces su nombre integra la nomenclatura de calles y avenidas de
muchas ciudades del país, se han erigido estatuas en su honor, su imagen aparece en billetes de curso legal, una estación de

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

subterráneo lleva su nombre y hasta se ha sumado un feriado nacional por la batalla de la Vuelta de Obligado de 1845
evocada como un momento clave de la épica antiimperialista o anticolonial en nuestro país y postulando a Rosas como su
inclaudicable defensor.
Pero no pueden eludirse dos reconocimientos: Rosas fue la única figura del siglo XIX argentino en torno de la cual se forjó
y se desplegó una heterogénea, multiforme y cambiante manera de ver, pensar e imaginar el pasado, el llamado
revisionismo histórico.
Rosas, tópico y símbolo, se convirtió en parte decisiva de una batalla política y cultural que signó a la Argentina del siglo
XX así como el mismo rosas había marcado la del mismo siglo XIX.
Adolfo Saldías presentó un libro que iba en disonancias con las ideas imperantes entre 1881 y 1898. Quesada da un texto
con pretensiones mas sociológicas que biográficas e históricas. Estas obras se dan durante el desarrollo de visiones
negativas sobre Rosas y el rosismo, como producto de los intelectuales del 37. Quienes se encargaron de dar una visión
desde la barbarie rural, la violencia, la arbitrariedad y el desconocimiento. Debe considerarse que, mientras desde las elites
culturales y políticas se estaba construyendo una narrativa de la historia de Rosas, el recuerdo de las tensiones sociales que
incubaron al rosismo y de los temores que traían consigo estaba todavía muy presente.
En el caso de El Matadero, Rosas no era el principal actor sino los diferentes grupos plebeyos y su violencia. Vicente
Quesada decía que la tiranía estaba en los de abajo. Los Anales de la Educación Común en 1860 decía que se registraba
“la opinión de los pobres por la Santa Federación”. Ramos Mejía, dice que los candombes guardan un discreto silencio,
pero que conservaban la devoción por el gran hombre.
Rosas no habían desaparecido de la escena pública aunque él no fuera ya un actor de ella. Los debates historiográficos que
se iban dando, surgían en un ambiente social y cultural que debe de haber estado predispuesto a prestarles atención. En
pocos años la historia o la biografía de Rosas devino tanto en intentos de escudriñar zonas oscuras e insondables del
personaje como en un modo de pensarlo, por el cual resultaba tan inseparable de la sociedad en la que había imperado que
terminaba por confundirse con ella. No se había cumplido un año de la elección como gobernador y ya desde las filas
oficialistas se daban a conocer relatos biográficos. Nacen como la respuesta a los escritos que los unitarios hacían circular
desde 1828. Estas visiones sentaran las bases para las reproducciones en cuanto a Rosas como propietario de un poder
ilegítimo basado en delincuentes e indios que llevarían a cabo posteriormente las masacres.
Tanto oficialistas como opositores llevaron a las elites y las clases populares diferentes imágenes de Rosas; buscando
construir un relato del Restaurador. Explicar el caudillismo desde Rosas es complejo, ya que Buenos Aires estaba en una
situación totalmente diferente a las demás provincias.
Ramos Mejía se centra en el surgimiento de la “Tiranía” y en estudiar la muchedumbre de donde ha salido.
El heterogéneo revisionismo histórico, optaba por tomar a Rosas como punto cardinal de su recisión de la historia nacional.
En la década de 1930 se produjeron las más importantes biografías de Rosas: la de Ibarguren, la de Manuel Gálvez, la de
Irazusta y la de José María Rosa.
A su vez los integrantes de la Nueva Escuela Histórica y los provenientes de lo que posteriormente sería el Instituto
Ravignani no se hicieron esperar para responder a estas biografías.
Los escritos sobre Rosas y el rosismo alcanzan su punto culmine en las décadas de 1950 y de 1970. Es de destacar la
vocación por el detalle para abordar las más diferentes facetas y momentos de la acción política de Rosas frente a lo
rudimentario del conocimiento producido sobre la sociedad que produjo al rosismo.
¿Dónde está la mayor de las novedades? No en la producción historiográfica sino en los usos y en la recepción, y en los
fenómenos político-sociales de su incidencia: la fusión entre peronismo y revisionismo. Los años 70 fueron la culminación
todo un ciclo de producción historiográfica.
La ultima gran biografía de Rosas es la de John Lynch en los años 80. Era tradicional y novedosa a la vez, plantea una
visión innovadora en cuando al caudillismo y el clientelismo.

37
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

Si bien Halperín Donghi no escribió nada específico de Rosas hay tres cuestiones a destacar: relevancia al fenómeno social
que Rosas y sus contemporáneos habían tenido muy en cuenta pero que el desarrollo posterior buscó opacar; ya que Rosas
llega al poder gracias al denominado alzamiento campesino de 1829 que cambia el destino de la provincia y del país. A su
vez considera que el rosismo es el resultado de una solución política lentamente preparada por la crisis desatada por la
revolución, la guerra y la ruptura del orden económico virreinal. Por último, contenía una nueva manera de explicar la
formación de la clase terrateniente porteña a la que en los años siguientes introduciría nuevas variaciones y que implicaba
una nueva y más compleja mirada sobre sus relaciones con Rosas. Pero el impacto de lo dicho por Halperin tardó en
considerarse en la historiografía.
Hasta los años sesenta los temas centrales de la historia social no eran desconocidos para la historiografía, pero tendía a
considerárselos relativamente secundarios y, por tanto, no eran estudiados sistemáticamente. Algo similar paraba con la
historia económica. El cambio de perspectiva se hace más evidente en los 70 y adquiere notable intensidad en los 80. El
contexto de exilio, internacionalizó la historiografía argentina, modificando las concepciones de la historia colonial.
Cuatro líneas de investigación que se destacan a la hora de leer el período de Rosas:
1- Renovación de la historia política trae cuestionamientos del supuesto vacío institucional y los replanteos del caudillismo.
Chiaramonte por ejemplo.
2- La renovación de la historia económica y social y las nuevas imágenes que permitió construir de la economía y la
sociedad agraria, que vinieron a erosionar las que servían anteriormente de explicación para el rosismo.
3- Renovación sustantiva de los estudios sobre las sociedades nativas pampeanas que obligaron a revisar completamente el
modo de explicar las relaciones con Rosas.
4- Renovación de las perspectivas de las clases populares y su protagonismo político.
En este último caso es donde se situará el presente libro. ¿Acaso la sociedad que dio origen y primó a Rosas es diferente de
la que se planteo cuando se construyeron los relatos sobre él? Por lo que los autores no desean hacer una biografía. No es
correcto dar una biografía en la que la única conexión de los hechos sea la de un nombre, sin tener en cuenta los cambios de
ese sujeto que la protagoniza.
Rosas, federal (1826-1829) Capitulo 4

Durante todo este período Rosas se acerca cada vez más al poder y lo hace enalteciendo su figura dentro de la Campaña,
entablando lazos y alianzas con los diferentes pueblos de la misma. Poco a poco se convierte en un hacendando muy
reconocido (ya lo era) y a la vez que adquiere un gran peso político.
Rosas y la presidencia de Rivadavia.
El 6 de febrero de 1826 Bernardino Rivadavia asume como presidente las Provincias Unidas del Río de La Plata.
Inmediatamente luego de asumir, en conjunto con sus allegados políticos –El Grupo Rivadaviano- reforzó las fuerzas que
el general Lamadrid tenía en Tucumán y envió al Congreso un proyecto de capitalización de la ciudad de Buenos Aires y
todo el territorio que abarcaba entre el puerto Las Conchas y Ensenada. Tambien se llevó adelante la formación de un
ejército nacional como medida para afrontar la guerra contra el Imperio del Brasil.
Se presentó un proyecto que pretendía que la “Nación Argentina” adoptara la forma “representativa republicana”
establecido en la Constitución de 1826. Sin embargo a esto se opusieron gran cantidad de las provincias y también dentro
de la misma Buenos Aires había posturas de rechazo al nuevo plan constitucional; Manuel Dorrego quien había sido
elegido diputado recientemente se convirtió en el portavoz de la oposición al proyecto de Rivadavia entablando alianzas
con las provincias y parte de la elite bonaerense.
Entre sus puntos cuestionaba el carácter centralista y unitario de la Constitución y su pretensión de restringir el derecho del
sufragio.
A todo esto se le sumaba una cuestión no menos importante. ¿Qué pasaría con el resto del territorio provincial que no había
quedado en la jurisdicción de la capital? El problema radica en el intento de dividir la provincia en dos partes, una

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

denominada del Paraná y otra del Salado. Esta fragmentación territorial despertó el rechazo de Rosas y de sus primos
Anchorena, quienes desplegaron por toda la Campaña una recolección de firmas para demostrar la oposición al nuevo
proyecto.
“La Campaña, dependencia inmediata de la ciudad, no podía ser equiparada a los Cuerpos Nacionales, que en todas
partes se conocen como provincias: no disponía de capitales propios ni de población suficiente” (pp.165) Sin embargo
todos estos argumentos no fueron suficientes para generar una unidas plena en los vecinos de la Campaña. (Especialmente
al sur, en Chascomús).
Para 1826 la rebelión de los paisanos estaba en formación (sin embargo va a estallar años después en 1828) y ésta tendría a
Rosas como su dirigente que a pesar de que él mismo no se hiso cargo pleno de los levantamientos, los campesinos sí lo
veían como un líder al cual seguir, una figura que luchaba por la unidad de la Campaña y por la complicada situación de las
fronteras con las comunidades indígenas. (Rosas recién en 1829 tomaría el control pleno de los levantamientos campesinos)
La guerra con Brasil había llegado a un punto límite en 1827. Rivadavia sabía que debía encontrar la manera de darle un
fin, sin embargo no lo lograría y sería una de las causas que lo llevarían a su deceso político. “En junio de 1827 se conoció
en Buenos Aires el nuevo tratado: el reconocimiento de la Banda Oriental como Provincia Cisplatina del Imperio del
Brasil. La conmoción fue tan grande que Rivadavia decidió desconocer el tratado acusando a García de haberse excedido
de sus instrucciones”. (pp.171)
El presidente no tuvo más opción que renunciar a su cargo y como si fuese poco, conjuntamente a esto se venía gestando
desde hace tiempo, una solida oposición destinada a formar una “liga de los pueblos que están por la federación”. Estaba
conformada por Bustos (Córdoba), Ibarra (Santiago del Estero), Quiroga (La Rioja), Estanislao López (Santa Fe), Ferré
(Corrientes).Todos en comunicación con Rosas.
El comandante de la Campaña y el gobierno de la provincia
Vicente López fue electo presidente interino en 1827. Intenta solucionar el problema de la capitalización a la vez que
designa a Rosas como comandante de Milicias de Campaña. La corta presidencia de López se vio afectada por la guerra
con Brasil y el consecuente bloqueo al puerto de Buenos Aires, esto trajo consigo una baja muy importante de las
exportaciones y un aumento de la inflación. Sumado a los problemas bélicos/económicos López debía apresurarse en
habilitar la elección de un gobernador y Manuel Dorrego sería quien tomaría ese cargo, e inmediatamente luego de asumir,
delegó a Rosas el cargo de conservar la paz con las comunidades nativas y otras cuestiones referidas a la frontera.
Otra decisión importante es el reemplazo del general Alvear por Juan Lavalleja (gran amigo de Rosas) en el mando de las
tropas destinadas al conflicto con Brasil.
Mientras tanto se estaba desatando un conflicto entre Córdoba y Buenos Aires. Se disputaban la conducción de la nueva
etapa política que se estaba acercando. Bustos había convocado una convención entre las provincias para determinar qué
pasos seguir. Ese mismo años (1827) se realizó un Congreso Constituyente y las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y
Corrientes volvieron a delegar a Buenos Aires los asuntos de guerra y relaciones exteriores.

El Golpe Decembrista
La guerra con Brasil concluyó el 28 de agosto de 1828 pero esto no generó estabilidad alguna. “Para octubre, cuando el
general José M. Paz reemplazó en el mando a Juan Lavalleja, el plan golpista ya estaba diseñado y el general Juan
Lavalle, que comandaba las tropas que regresaban a Buenos Aires, ya se había convertido en abierto opositor al gobierno
de Dorrego” (pp.180).
El 1° de diciembre de 1828 las tropas de Lavalle tomaron la plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) y depusieron a
Dorrego para fusilarlo unos días después.
Todo esto generó una gran conmoción en Buenos Aires, la Campaña y las provincias por lo que el agrupamiento de
milicias y tropas fue cada vez más intenso.

39
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

La conquista del poder por parte de las adhesiones populares (de ideales federales) era el proyecto de todos los grupos
opositores a Lavalle.
Las partidas federales controlaban casi toda la campaña y estaban a la espera de Rosas y sus órdenes. Conjuntamente Rosas
y López (Santa Fe) entre marzo-abril de 1929 fueron poco a poco cercando la ciudad de Buenos Aires. “Mucho más que un
conflicto entre unitarios y federales era una lucha a muerte entre el campo y la ciudad y entre el ejército regular y las
masas campesinas” (pp.186). Si bien los levantamientos campesinos no eran un ejército cualificado y organizado, sí
lograron formar una fuerza social y política muy importante y decisiva en este período.
El plan de Rosas no era derrocar directamente al gobernador y los decembristas, sino esperar la renuncia de éstos al poder.
Esto llevó a la celebración de tratados entre Rosas y Lavalle. Tratado de Cañuelas (en el dossier no dice los nombres) el
cual no fue cumplido.
Un segundo acuerdo debió celebrarse, el Tratado de Barracas: se determina que Viamonte sea electo gobernador de Buenos
Aires. Si bien Viamonte implementaría un plan de reestructuración de las condiciones de la ciudad, muy afectada por las
sublevaciones, su gobierno no duraría mucho.
Luego se llevó a cabo una conversación entre Rosas y Viamonte en la que acordaron la reactivación de la legislatura de
Dorrego (había sido suspendida durante el período de Lavalle, pero no eliminada). El hecho de restablecer la legislatura con
la cual Rosas tenía una muy cercana relación, no hizo más que elevar la figura de éste.
La situación totalmente inestable de la campaña con un sinfín de campesinos armados, la frontera con los nativos también
estaba generando conflictos y la interminable sucesión de hechos caóticos en el ámbito político, dejaban a Rosas como el
único hombre capaz de reordenar y estabilizar la situación.
Es así que el 1° de diciembre, la legislatura elige a Rosas como el nuevo gobernador y le otorga Facultades Extraordinarias
a la vez que el titulo de Restaurador de Las Leyes.

El restaurador de las Leyes: El primer gobierno de Rosas, 1829-1832 Cap.5


Rosas utilizó el fantasma unitario para fortalecer el partido federal. Se tomaron medidas tendientes a fortalecer los
organismos de control represivo de la población, promoviendo la creación de “partidas celadoras” para recorrer la campaña.
Se debía garantizar la fidelidad de los funcionarios hacia el gobierno. “Los funcionarios debían ser todos federales y a la
vez debían controlar que las poblaciones lo fueran” (pp.214). Los funcionarios debían llevar el registro de las listas
masivas de afiliación al partido y a las jurisdicciones por parte de los vecinos. Esta práctica colocaba a los encargados de
esta tarea en un lugar que poco a poco los fue separando de la sociedad, debido a su rol de control y clasificación de la
misma, generando una especie de policía política pero sin uso de la violencia.
En lo religioso, Rosas otorgó a los curas el papel de garantes del orden y la paz social, pero siempre de una manera
funcional a su gobierno. “La política religiosa de Rosas coincidía en algunos aspectos con la rivadaviana y aun con la
borbónica de finales del siglo XVII: se trataba de construir una Iglesia “moderna” separando al clero de la sociedad, y
haciendo que dicha Iglesia sirviera a los intereses del Estado” (pp.212)
Otra cuestión muy importante que no fue dejada de lado por Rosas fue la frontera pampeana. Se propuso así, consolidar la
expansión fronteriza, iniciada en los años veinte, mediante una combinación de presión militar y negociación. La
negociación/alianza consistía en un intercambio de bienes y servicios, que del lado criollo involucraba la entrega regular
de ganado, especialmente caballar a los nativos, quienes retribuían con su actividad miliciana en defensa del sistema rosista
en la frontera (nativos contra nativos).

En cuanto a lo estrictamente económico la expansión de la ganadería fue el principal objetivo. El incremento de las
exportaciones de ganado permitió a su vez el de las importaciones de manufacturas y especies. El puerto era la pieza
fundamental en toda esta maquinaria y con el tiempo llevaría a grandes disputas con el resto de las provincias debido al
poder monopolizador que éste poseía. “La provincia porteña se beneficiaba doblemente con una política económica liberal

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

que por un lado facilitaba su vinculación con el mercado mundial (que en este momento era especialmente Inglaterra) y el
incremento de las importaciones” (pp.218).
El liberalismo económico se mantuvo prácticamente durante todo el primer gobierno de Rosas y una de las provincias
totalmente opositoras a esta relación de cambio sería Corrientes, la cual proponía un crecimiento interno priorizando el
desarrollo “nacional” y federal.
Un punto principal en la gestión de Rosas era restablecer las relaciones con los principales líderes provinciales y Estanislao
López y Quiroga serían los primeros. En cambio con el Litoral no sería tan fácil, por lo que Rosas prefirió mantener una
postura no tan agresiva o amenazante, al menos durante su primer gobierno.
“Sin duda uno de los ejes que articularon toda la política rosita fue la construcción de un imaginario que dividía a la
población en dos partes, los que estaban del lado correcto y quienes eran sus enemigos: los federales de los unitarios, los
que defendían la verdadera religión de los impíos, los que sostenían el orden legal de los logistas, anarquistas y
decembristas” (pp.22)
Las listas masivas (que ya mencioné más arriba) se convirtieron en verdaderos sistemas de control y clasificación de la
sociedad. Entre los años 1830-1831 se afianzaron completamente y el principal objetivo era marcar quienes eran federales y
quienes unitarios. La divisa punzó, el uso de la barba (unitario) y el bigote (federal) y hablar mucho sobre política o algún
tema relacionado a ésta (anarquistas) eran todos factores que se establecieron como medios de control, durante esta
primera etapa.
Un momento de radicalización
Todo este proceso de reordenamiento rosista se vio afectado cuando el gobernador federal de Córdoba (Bustos) fue
depuesto por José María Paz (había estado en la guerra con Brasil) de tendencias totalmente unitarias. El nuevo gobernador
cordobés logró derrotar a Facundo Quiroga en las batallas de La Tablada (1829) y Oncativo (1830) provocaron la huida del
Tigre de los Llanos a Buenos Aires dejando totalmente libre la región del centro-oeste del país. Es así que bajo el liderazgo
de Paz con la atribución de “Supremo Poder Militar” se formaría la Liga del Interior.
La medida tomada por Rosas fue conformar en enero de 1831 el Pacto Federal que comprendía las provincias de Santa fe,
Entre Ríos, Buenos Aires y un poco más tarde se uniría también Corrientes.
El país quedaba dividido en dos bloques totalmente opuestos pero esto no duraría mucho tiempo. El general Paz cayó
prisionero de una partida federal santafesina en mayo de 1831 y muy rápidamente la coalición unitaria se derrumbó. Luego
de esto, en noviembre del mismo año, el general Lamadrid es vencido por Quiroga (había recuperado su liderazgo en la
región andina) en la batalla de la Ciudadela de Tucumán.
Concluidas estas batallas y vencidos los máximos exponentes unitarios, la Liga del interior quedaba desmembrada y daría
paso al nacimiento de la Confederación Argentina.
Paradójicamente, con la derrota de la Liga del Interior, el sistema de Rosas tal como se había construido se debilitó. El
faccionalismo extremo necesitaba un enemigo al acecho que ya no parecía existir o al menos constituir una alianza cierta.
En 1832 cuando se le vuelven a otorgar las facultades extraordinarias a Rosas, éste no las acepta y decide abandonar la
gobernación, manifestando que prefería dedicarse al mejoramiento de la situación de las fronteras de la provincia para
luego retirarse a su vida privada. En su lugar, sería elegido Juan Ramón Balcarce.
Capítulo 6: EL INTERREGNO 1832-1835. LA EXPEDICIÓN CONTRA LOS INDIOS, LA
REVOLUCIÓN DE LOS RESTAURADORES Y UN REGRESO CON GLORIA.
INTRODUCCIÓN A UN TRIENIO TORMENTOSO:
Para finales de 1832, Rosas no era más gobernador había sido remplazado por Juan Ramón Balcarse que asume en un
contexto de disputa entre los sectores que se reclamaban el federalismo. Los federales doctrinarios, ganaron influencia en la
sala de Representantes y buscaban incidir en el derrotero político de la provincia. Dentro de esta rama del federalismo se

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

hallaban viejos federales militantes de Dorrego que disentían con la política de Rosas y el poder que le era concedido. Bien
pronto habría de estallar el conflicto entre estos.
Acompañando a Rosas se encontraba doña Encarnación Ezcurra y algunos de sus seguidores más fieles. Entre la elite
política del momento se destacaban diferentes personalidades, siendo la más famosa, la de “Carancho del Monte”, quien era
de origen oriental; pero se encontraba instalado en ese partido de la campaña porteña, donde Rosas también tenía sus
principales propiedades, primero como pulpero y luego como propietario rural, fue cobrando importancia sobre la
población y termino por convertirse en uno de los aliados estratégicos y más fieles de Rosas en la región. Cuando este llega
al poder en 1829 lo nombra comandante del 3° Régimen de Caballería de Campaña con asiento en Monte.
El apoyo social de los sectores populares hacia el gobernador Rosas, jugaría un papel relevante, debido a que la
movilización de estos marcó la diferencia en la capacidad de acción del sector rosista en relación con sus oponentes. La
política rosista de “encauzarlos y dirigirlos” parece estar dando frutos, y aquí fueron cobraron importancia los roles de jefes
e intermediarios que parecen enmarcar bastante férreamente la acción popular. Entre estos actores haría irrupción durante
estos años la Sociedad Popular Restauradora y la Mazorca. El mismo Rosas seria participe desde lejos de estos
enfrentamientos tiempo después de salir de la gobernación, ya que emprendió la largamente prometida campaña contra el
indio, o más conocida como “Campaña del Desierto”. Según este, dicha campaña era clave para el futuro de la provincia.
“LA CAMPAÑA AL DESIERTO”
En su primer periodo como gobernador, Rosas señalaba la necesidad de expedicionar contra los indios enemigos, pues solo
así podrán estos ser escarmentados, y los amigos regularizados, despejando los campos hasta rio Negro de Patagones, y
dejando en completa seguridad la línea de frontera. Los objetivos de esta eran claros, se quería asegurar las fronteras
establecidas, que se hallaban en constante amenaza por aquellos grupos indígenas que no habían aceptado las
negociaciones con el Estado porteño y que se enfrentaban frecuentemente con los criollos y los indios amigos que eran una
pieza clave del sistema de defensa fronteriza.
Esta campaña, según se la había planteado, debía estar coordinada con Chile, lo que finalmente no sucedió, y realizada en
conjunto con fuerzas militares de otros Estados provinciales afectados por la misma situación. Esta se organizó en tres
columnas, la izquierda que venía de Buenos Aires, comandada por Rosas; la del Centro, por José Ruiz Huidobro, encargado
de la frontera cordobesa, y la derecha dirigida por José Félix Aldao, el antiguo líder federal. En la práctica, la columna que
tuvo la participación más activa y prolongada fue la porteña; la de Huidobro participo en alguna batalla relevante y luego
regreso a la frontera, y la de Aldao, pese a un inicio auspicioso, regreso rápidamente a Mendoza sin alcanzar mayores
resultados.
El ejercito que comandaba Rosas, incluía las partidas de indios amigos, dirigidas por los caciques Catriel y Cachul, con
varios centenares de indios lanceros. Uno de los objetivos de esta expedición era rescatar a los numerosos cautivos de los
indígenas, que eran sobre todo mujeres y niños.
Si creemos los relatos que hizo Rosas, la expedición parece haber tenido éxito no solo en vencer y dominar a los indígenas
enemigos sino en mantener la moral y cohesión de sus fuerzas. La modalidad de la campaña no tiene nada que envidiar en
crueldad a la atribuida a los indígenas, se trataba de matar a todos los varones “de lanza”, y solo se tomaba prisionero a
mujeres y niños.
Uno de los réditos de la campaña consistía, además de ampliar el territorio y asegurar las fronteras, en la liberación de las
numerosas cautivas cristianas. La derrota de los indios rebeldes consolidaba también el poder de los indios amigos que
participaron muy activamente y que Rosas consideraba que debían seguir siendo atendidos con todos los medios para
mantener su fidelidad, de la cual él mismo se había constituido en garante.
A lo largo de la expedición, Rosas se quejó con frecuencia de la falta de apoyo del gobierno de Buenos Aires, en especial
desde que los conflictos estallaron públicamente entre rosistas y antirrosistas.
En cualquier caso, la expedición al “desierto” resultó un éxito tanto para los intereses de la provincia como para los más
particulares del ex gobernados. Entre otros resultados, un logro no menor para el futuro de Rosas fue el fortalecimiento de

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

la relación con varios jefes militares que desde entonces se convirtieron en algunos de sus principales aliados y piezas
decisivas en el entramado de dominación que el gobernador habría de establecer desde su regreso al poder en 1835.
La campaña al desierto se dio por concluida el 25 de mayo de 1834, cerca de un año después de la partida de la expedición
desde la frontera porteña. Ese día, en las orillas del arroyo Napostá, Rosas despidió a sus tropas y pudo vanagloriarse de
haber llevado a cabo una acción que sin duda beneficiaba a la provincia de Buenos Aires y no solo de ella.
Con esta campaña se logró asegurar la frontera, y por lo tanto permitir a sus pobladores la ocupación efectiva del amplio
territorio que se había conquistado a los indígenas la década anterior y que habría de permitir un crecimiento económico
destacado en la etapa siguiente.
La Sala de Representantes porteña reconoció los méritos del ex gobernador y sus soldados, proclamándolo Héroe del
Desierto y otorgándole a él y a sus subordinados honores y permisos. Rosas recibió en ofrenda la isla ChoeleChoel, que
prefirió cambiar por 60 leguas de tierra al interior de la frontera porteña, de esta manera se reservó una parte de estas
tierras, cediendo cerca de la mitad a personas que lo asistieron en la campaña.
Posteriormente la legislatura otorgó sucesivos premios en tierras a oficiales que participaron en ella, algunos de los cuales
las utilizaron para construir importantes explotaciones rurales, mientras que otros las negociaron con terceros.
LA CRISIS DEL PARTIDO FEDERAL, LA MAZORCA Y LA REVOLUCIÓN DE LOS RESTAURADORES
Ni bien Rosas salio del poder, un sector federal intentó alejar la posibilidad de una vuelta al poder del Restaurador. La
cabeza visible de este grupo era el ministro de Guerra de Balcarce, el general Martínez, pero incluía a algunos notables
federales, como Tomás de Iriarte, Pedro Cavia y José Francisco Uguarteche, quienes jugaron un papel relevante en la
guerra propagandística que marcó fuertemente la lucha entre las facciones en pugna en la ciudad. Este agrupamiento fue
identificado como los federales doctrinales, pero los rosistas los llamaron “decembristas”, “logistas” o “impíos unitarios”;
así estos se referían a cualquiera que osara oponérsele.
Del lado rosista se encontraban algunos personajes de gran influencia en el entorno del ex gobernador, como los hermanos
Tomás y Nicolás Anchorena, Arana, Manuel Vicente Maza, pero su esposa, Encarnación Ezcurra fue quien en la ciudad
desempeño el papel principal, junto a su hermana María Josefa. Este sector era conocido como el de los “federales
apostólicos”, o “restauradores”.
Encarnación Ezcurra logro articular un amplio abanico de agentes furiosamente rosistas, que incluían desde jefes de policía
o del cuerpo de serénenos de la ciudad hasta miembros diversos de los sectores populares urbanos, entre los cuales se
destacaban en esta coyuntura los de la comunidad afroporteña de Buenos Aires, relación que cultivó especialmente para
convertirlos en los más fieles defensores de su marido.
Buena parte de la batalla entre ambos se dio a través de la prensa que editaban unos y otros, tratando de captar la voluntad
de distintos sectores de la población y denigrando a los enemigos. Estos escritos jugaron un rol decisivo en el conflicto que
duró hasta el regreso de Rosas al poder y fueron parte importante de la fuerte radicalización del enfrentamiento que algunos
de los miembros más fieles del entorno rosista, como sus primos Anchorena o Arana intentaron moderar en ciertos
momentos.
El primer enfrentamiento abierto de ambos sectores se produjo alrededor de las elecciones organizadas para abril de 1833.
El sector liberal, desconoció un acuerdo para presentar una lista única con candidatos de ambos bandos encabezada por
Rosas y logró hacer votar a la mayor parte de las mesas otra lista, que encabezaba Rosas, pero cuyos integrantes eran de la
facción que lideraba el general Martínez. Algo similar volvió a ocurrir en las elecciones de junio, pero para este entonces
los rosistas estaban mejor preparados; de igual manera se produjeron numerosos incidentes en las mesas y la jornada
termino con elecciones divididas y resultados confusos, aunque con predomino rosista. Estas elecciones mostraron que el
enfrentamiento abierto ya era difícil de frenar, y gente de ambos bandos se preparaba trabajosamente para ello.
En estos momentos Encarnación va a tomar la rienda del bando apostólico, se dedicó a organizar a los sectores que
consideraba más fieles y aguerridos en su defensa, especialmente entre los sectores más bajos de la ciudad. En el sector
rural, respondían fielmente con mayor facilidad. De esta manera se puede ver el apoyo conseguido por Rosas, que tenía

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

como estrategia junto con su mujer asegurar el prestigio que tenía ganado. También incentivaba métodos más expeditivos
para aterrorizar a sus enemigos.
La acción rosista de la campaña parece haber sido bastante efectiva, sobre todo en algunos sitios donde contaba con redes
amplias en su apoyo.
Entre septiembre y octubre el clima de enfrentamiento se tornó furioso, y la prensa de uno y otro lado se ensañaba con sus
enemigos, incluyendo ataques personales de especial crueldad y bajeza. En medio de este clima Balcarce organizó un juicio
contra algunos periódicos de ambas líneas.
Los sucesos que surgieron no hicieron más que confirmar la cada vez menor capacidad de acción del gobierno, en la ciudad
reinaba la confusión, en la campaña el apoyo a Rosas parecía imparable y sus defensores impidieron el ingreso de
provisiones a la ciudad. Lo que llevo a que, a finales de octubre, principios de noviembre renunciaran algunos ministros y
luego Balcarce. Luego de este suceso los restauradores entraron victoriosos a la ciudad.
Luego de que la legislatura nombrara gobernador al general Juan José Viamonte, a quien se suponía más cercano al
racismo, varios actores importantes parecían tener una visión conciliadora. Pero tanto su esposa como sus seguidores
aceptaban una solución intermedia, querían que volviera Rosas al poder.
Los seguidores más fieles a Rosas, se encontraba en relación con los sucesos que promovieron la emigración de buena parte
de los opositores del momento al rosismo. En estas circunstancias en cuando se hace presente la Sociedad Popular
Restauradora, y la Mazorca. A finales de 1833 se hizo pública la formación de la primera, con numerosas adhesiones de
diversos orígenes y sectores sociales, pero en la que jugaban un papel clave algunos actores intermedios con ascendiente
popular.
Los líderes se encargaban de movilizar a los adherentes del ex gobernador para expresar públicamente su fidelidad a él y el
repudio a sus enemigos. La más informal Mazorca iba bastante más allá, granizando atentados, amedrentando físicamente a
los opositores a Rosas, disparando sobre sus casas, golpeándolos en las calles y también produciendo algunos asesinatos
políticos.
La acción de los rosistas llevó a que finalmente en junio Viamonte renunciara. La legislatura volvió a proponer la
gobernación de Rosas, quien la siguió rechazando al no otorgarle las facultades extraordinarias.
EL ASESINATO DE QUIROGA Y LA VUELTA DE ROSAS AL PODER
En 1835 Facundo Quiroga regresaba de una misión en las provincias de Salta y Tucumán, que le había encomendado el
gobernador interino Maza con el auspicio de Rosas. Al pasar por barraca Yaco, en la provincia de Córdoba, fue asesinado
por una partida enviada por sus viejos rivales los hermanos Reinafé.
La noticia causo conmoción en Buenos Aires, y comenzaron a difundirse expresiones de temor por la vuelta inminente de
conflictos civiles y guerra sangrientas. En ese contexto la legislatura propuso otra vez la gobernación a Rosas con las
facultades extraordinarias y la suma del poder público, que permitía al nuevo gobernador asumir funciones propias de la
legislatura y la justicia. Esta vez Rosas acepto el nombramiento, aunque reclamo que antes se efectuara un plebiscito que
permitiera el pronunciamiento de todos y cada uno de los ciudadanos habitantes de esta ciudad, de cualquier clase y
condición que fuesen expresen su voto precisa y categóricamente sobre el particular, quedando este consignado de modo
que en todos tiempos y circunstancias se pueda hacer constar el libre pronunciamiento de la opinión general.
Los primeros días de abril de 1835 empezaba la segunda y más prolongada gobernación del restaurador de las leyes.

Cap 7: Entre la suma del poder y la gran crisis de finales de los años treinta
UN REGRESO CON TODO:
En 1835, asume Rosas su segundo estadio en el gobierno. El contexto en el cual asumió era bien distinto del de 1829. Este
consideraba que disponía del apoyo casi únicamente de la población porteña, tanto urbana como rural. Las elites, de buena
o mala gana, lo veía como el único capaz de terminar de una vez con la violencia y las luchas intestinas. Mientras que los

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

sectores populares lo consideraban su padre y defensor, y habían ganado un protagonismo en la vida de la provincia que la
reciente crisis del federalismo no hizo más que confirmar.
Tampoco era ahora, como lo parecía a fines de 1929, el momento de buscar la concordia entre sectores. El desarrollo de la
crisis vivida recientemente llevo al gobernador a exacerbar el faccionalismo, a teñir todo de rojo punzó, a homogenizar a
los funcionarios del Estado y a toda la sociedad, convertida en una comunidad federal rosista sin figuras.
A diferencia de 1829, la capacidad de Rosas de imponer su voluntad sobre el resto de las provincias era difícil de contener,
ya que se hallaba presente en gran parte del territorio la amenaza unitaria liderada por el general Paz, lo cual llevaba al
gobernador porteño a apoyarse y negociar con líderes federales como Quiroga y Estanislao López. Pero para 1835 Rosas
aparecía como el líder indiscutido de una provincia poderosa. La revolución de los restauradores y todo el proceso que
siguió hasta este entonces incluyeron sin duda la participación de los sectores populares liderados por líderes que
respondían férreamente a las órdenes de Rosas. La sociedad popular restauradora y la Mazorca no eran bandas de rebeldes
rurales que buscaban vengar a su líder asesinado como a finales de 1828, sino que dependían de la voluntad del propio
Rosas.
Juan María Gutiérrez, quien unos pocos años después integraría la llamada “Generación del 37” y pasaría a militar
activamente en contra de Rosas, todavía en 1835 describía con emoción y asombro los actos del día de la asunción.
LA SUMA DEL PODER:
Rosas empezó a tomar medidas muy duras para garantizar el control firme de las riendas del Estado, sobre todo asegurando
que quienes comandaban el ejército, la política, la iglesia, las distintas administraciones del estado fueran fieles seguidores
suyos. Pero esa pugna recién comenzaba, y en los días sucesivos fue decretando la baja de más miliares escribanos,
médicos, profesores de la universidad y de todos aquellos que no pudieran asegurar su continua fidelidad a la causa de la
Federación, identificada ahora con los defensores de Rosas. Las medidas de homogeneización federal de la sociedad y el
estado se sucedieron. Se restableció la obligatoriedad de la divisa punzó, que había sido dejada de lado en el intervalo del
primer gobierno con el segundo; se controlaba y censuraba férreamente a la prensa y se estableció una liturgia que debía ser
seguida por todos los funcionarios sin vacilar.
Rosas para mantener la legitimidad de su gobierno, sostuvo obsesivamente la necesidad de realizar elecciones en forma
regular, aunque con listas únicas por distrito, y a la vez desplego acciones diversas para convencer a la población sobre la
justicia de sus acciones y de su persona. En este sentido el dispositivo de la prensa periódica fue decisivo. Desde esa
prensa, ahora unánimemente oficialista, se desplegaban los tópicos que el gobierno quería establecer. Los opositores, por su
lado, también buscaron promover y legitimar su lucha con una activa labor periodística, aunque la debieron desarrollar
ahora desde fuera del territorio rioplatense, sobre todo desde Montevideo, donde residían los opositores más destacados, o
desde Chile, donde fijo residencia uno de los más activos, Domingo Sarmiento. Esta prensa buscaba movilizar a los
opositores al rosismo, ganar adeptos entre los indecisos, fomentar alianzas con líderes provinciales o extranjeros en pos de
derrotar al tirano. Estos opositores intentaron llegar a los sectores populares pero su acceso fue muy limitado.
Una preocupación central de Rosas en esta etapa fue ganar influencia sobre las otras provincias rioplatense y los estados
vecinos, a muchos de los cuales seguía considerando parte del territorio sobre el que la Confederación podía reclamar
soberanía; tal es el caso del Paraguay al que se negaba a reconocer su independencia.
La desaparición de Quiroga había quitado del medio a uno de los lideres federales de mayor prestigio en el interior del
territorio. Y, su asesinato iba a ser utilizado por Rosas para debilitar la capacidad de acción autónoma del otro gran líder
federal, Estanislao López, quien había sido uno de los principales apoyos de los Reinafé en Córdoba, quienes ahora
aparecían comprometidos en el asesinato de Facundo.
Rosas consiguió convertirse en el árbitro de las principales decisiones políticas de las provincias, y en este año 1835 logró
que fueran depuestos los gobernadores que se habían elegido en Córdoba para reemplazar a Reinafé y se nombrara en ese
cago al comandante Manuel Quebracho López.

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

Rosas no confiaba en el líder tucumano, demasiado ambicioso y fuerte en el norte, y una de las acusaciones que deslizaba
contra él era su tibieza al tratar a los unitarios y su política de “fusión de partidos”. Así, en los años que siguieron al regreso
de Rosas al poder, este logro ir imponiendo gobernadores afines en casi todas las provincias.
Pero mientras tanto Rosas logró para su figura y para la provincia de Buenos Aires un estatus que excedía claramente las
atribuciones que le fijaba el Pacto Federal de 1831. Además de concentrar en sus manos la dirección de las relaciones
exteriores de la Confederación, se reservaba la potestad de intervenir para resolver disputas interprovinciales, controlar el
tráfico fluvial del sistema del Plata/Paraná/Uruguay, la dirección de las guerras externas, y se le atribuía también funciones
de justicia para casos de relevancia confederal.
La ley de aduanas de 1835, que entro en vigencia un año después, y establecía unos impuestos bastante elevados a las
importaciones de algunos bienes, protegiendo así el desarrollo de actividades artesanales del interior, y a los labradores y
artesanos de Buenos Aires. Esta ley aduanera establecía aranceles que en algunos productos alcanzaban al 50% de su valor,
en otros establecía montos fijos en pesos, y aun en ciertos casos instituía la prohibición absoluta de importar, como en el
caso de algunos objetos de metal o madera. Una voz discordante fue otra vez la provincia de Corrientes, que juzgaba esta
ley insuficiente, con fundadas razones.
Los años centrales de la década de 1830 mostraban indicios claros de prosperidad acompalada de estabilidad política y
monetaria. Su principal rasgo era el desarrollo vertiginoso de la cría de vacuno en las zonas de frontera ahora aseguradas
por la Campaña al Desierto y la expansión de la crianza de ovinos en los partidos cercanos a la ciudad. Se notaba un
importante incremento de la actividad comercial, de las exportaciones e importaciones e incluso una recuperación de los
salarios reales de los trabajadores, que venían perdiendo poder adquisitivo prácticamente desde los inicios de la inflación
fiduciaria en 1826-1827, que se complicó con una prolongada sequía cuyos efectos eran todavía visibles al finalizar el
primer gobierno de Rosas en 1832.
En este clima de relativa calma surgieron algunas experiencias que ahora parecían molestar menos a las autoridades. Así se
notaba la expresión por momentos de una prensa algo menos controlada por el gobierno y el surgimiento o resurgimiento
de una vida asociativa entre la elite de la ciudad de Buenos Aires.
Entre ellas, la experiencia que más repercusión había de tener algún tiempo después fue la reunión en 1837 de un grupo de
intelectuales, mayormente jóvenes, nucleados en lo que se llamó inicialmente el Salón Literario, que tenía como uno de sus
principales animadores a Esteban Echeverría. La mayoría de los jóvenes que habrían de nuclearse en este salón distaba
mucho de ser antirrosista. Varios de ellos provenían de familias rosistas y federales de Buenos Aires o del interior, y entre
sus dilas militaban los hijos de destacados funcionarios de Rosas. En el acto de apertura del salón no dejaron de escucharse
elogios a Rosas de parte de Marcos Sastres, el librero que alojaba a la concurrencia, o de Alberdi, otro de los oradores del
momento.
Acorde con el ideal romántico que compartían, se propusieron desarrollar iniciativas para “reformar las costumbres” del
país y así promover el adelanto cultural de un territorio que consideraban que tenía debilidades en su proceso de
construcción de identidad, que toda nación debía tener.
LA GRAN CRISIS DEL SISTEMA FEDERAL ROSISTA:
Pero muy pronto volvieron las guerras y con ello la crisis política asomaba nuevamente, lo que reavivó el reflejo del
rosismo de radicalizar el faccionalismo y cerrar las compuertas a toda posible disidencia.
En 1838, surgen de los salones que dejaban de funcionar, asociaciones políticas y clandestinas, tales como la Asociación de
la Joven Generación Argentina o la Asociación de Mayo, estos grupos se oponían a los que defendían el federalismo
rosista, que debieron exiliarse luego.
En pos de derribar a Rosas no dejarían de establecer alianzas con los unitarios exiliados, a quienes habían criticado a veces
fuertemente por su actuación e ideas, o con naciones extranjeras.
Esta nueva etapa de radicalización política se disparó con el desarrollo de conflictos bélicos externos, que se entrecruzaban
con las intrigas de quienes buscaban aprovecharlos para combatir al viejo rival, el federalismo rosista.

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

El primero de ellos fue la guerra con la Confederación Perú-Boliviana desatada en 1837. La presencia en Bolivia de
algunos exiliados, que desde allí llevaron a cabo varios intentos de incursiones armadas sobre provincias del norte, no hacía
más que agravar la percepción de un intento de injerencia y conquista de parte del territorio por parte del líder del país
andino. En mayo de este mismo año, se produce la guerra de la Confederación Argentina contra la Confederación Perú-
Boliviana, en la que Buenos Aires participó solo desde lejos y proveyendo armas y alguna ayuda financiera a las fuerzas
comandadas por Alejandro Heredia.
La guerra termino por el triunfo argentino, cuando celebraban la victoria en Buenos Aires, ya se hallaban en unos conflictos
muchos más complicados que llegarían a poner en riesgo la continuidad del régimen rosista. En el año 1838 había
comenzado la compleja situación política en la Republica Oriental, en la que el gobierno de Rosas no dejaría de intervenir
hasta su caída en 1852.
Desde hacía algún tiempo los diplomáticos franceses venían intentado obtener para su país y para sus súbditos los mismos
privilegios que los ingleses habían alcanzado con el Tratado de Amistad firmado en 1825 con las autoridades porteña. Este
no solo les brindaba privilegios comerciales a los británicos instalados en la región, sino que estos resultaban excluidos de
algunas obligaciones que tenían el resto de los residentes. Los reclamos franceses llevaron a una escalada diplomática que
desembocó rápidamente en el bloqueo del puerto de Buenos Aires por parte de la armada francesa en marzo de ese año,
bloqueo que no habría de ser levantado hasta finales de 1840. Este prolongado bloqueo del puerto porteño, tuvo
consecuencias muy graves para la economía de la provincia y sus finanzas, como ya había sucedido con el bloqueo
brasileño.
Rosas, que había sido muy marcado por la experiencia inflacionaria que produjo la descontrolada emisión monetaria
iniciada en 1826 durante el anterior bloqueo, intento esta vez eludir esa solución, buscando alternativas para financiar el
estado. Pero este, necesitaba conservar el apoyo de la población en esta coyuntura de crisis, especialmente de los sectores
populares, que constituían el grueso de los reclutas movilizados para enfrentar las guerras que se avecinaban.
Así, hizo aprobar algunas medidas para buscar recursos, entre las cuales se encontraba la emisión de deuda pública desde
1837. Pero esta medida no alcanzo para paliar el déficit discal, por lo que debió buscar alternativas. Entre ellas hubo dos
medidas que fueron las más importantes y que tendrían consecuencias graves para su administración, una seria la reforma
del sistema de enfiteusis y la ley de Contribución Directa.
La enfiteusis fue una fórmula utilizada para preservar bajo el dominio del estado las nuevas tierras conquistadas en la
frontera, a la vez usar todas las tierras públicas como garantía para la consolidación de la deuda del estado con la
BaringBrothers. Dicho sistema evitaba la privatización de toda esta tierra y a l vez facilitaba su puesta en explotación por
un sistema de arriendo a largo plazo y con cánones moderados que se fueron reduciendo al estar en moneda corriente de
papel que se devaluaba cada vez más.
La reforma de 1838, tenía dos aspectos importantes; por un lado, trataba de forzar la venta de buena parte de las tierras
sometidas al sistema, y por el otro duplicaba el canon para aquellas que quedaban todavía en él.
Lo cierto es que rosas luego de fracasa en su intento de duplicar las tasas de la contribución, dicto un decreto a inicios de
1839 que podía cambiar fuertemente los montos percibidos por el estado en este concepto, desde ese momento se incluía
las tierra en enfiteusis para pagar el impuesto, y a la vez la declaración de las riquezas por primera vez seria fiscalizada por
funcionarios del estado, estableciendo censos económicos que permitían medir con precisión la riqueza de cada uno y así
poder establecer el impuesto a pagar.
En este momento de conflictos externos, de crisis económica y de medidas fiscales muy duras, se abrió en Buenos Aires
una coyuntura muy compleja, en la que los enemigos de Rosas consideraron que tenían a mano una ocasión única para
intentar derribarlo.
En 1839 el gobernador de Corrientes se levantaría contra Rosas. Y el gobierno de Rivera, apoyado por los franceses,
declaró la guerra formal a Buenos Aires, aunque pronto sufrió la derrota severa de Pago Largo en manos del ejército
entrerriano conducido por Echague y Urquiza, seguida luego por la rendición correntina.

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

De aquí a octubre se sucedieron manifestaciones públicas en adhesión al gobernador en ciudad y campaña de Buenos Aires,
pero en este estallo un levantamiento en el sur de la provincia porteña (libres del sur) que había de conmover los
fundamentos del régimen rosista y tener repercusión muy importante en el periodo siguiente. Al parecer este levantamiento
conto entre sus instigadores con algunos viejos enemigos del gobierno y debía coincidir con una invasión a la provincia que
estaba organizando el general Juan Lavalle desde el Uruguay, quien finalmente decidió comenzar lo que sería su última
aventura antirrosista en Entre Ríos en el mes de septiembre.
La rebelión estalló de manera adelantada al ser descubierta y, pese a ello, alcanzo una dimensión muy importante,
involucrando ejércitos de miles de personas de un lado y el otro. Entre los principales líderes de la sublevación figuraban el
coronel Manuel Rico, Pedro Castelli y varios miembros de familias destacadas por su riqueza y poder, como los Miguens,
Ezeiza y Sáenz Valiente.
Los símbolos atacados son claros en mostrar una revuelta abierta contra el gobierno que ya no tenía marcha atrás, y
también se puede observar claramente como los principales implicados ocupaban importantes cargos en el sistema político-
militar del rosismo.
Lo cierto es que pocos días después de iniciado el levantamiento, y pese a los fundados temores que despertó en Rosas y en
varios de sus seguidores, se produjo una batalla decisiva que dio por tierra con las posibilidades de éxito de la sublevación.
La batalla de Chascomús, que enfrento un ejército al mando de Prudencio Rosas, que lideraba tropas de líneas y militancias
asentadas en algunos sitios de frontera donde el gobierno había sabido construir un vecindario federal como Azul,
acompañados de nutridos indios amigos. Del otro lado se encontraba el ejército dirigido por Pedro Castelli, conformado por
unos 1500 rebeldes.
La derrota de los Libres del Sur no terminaría con la crisis del gobierno. El bloqueo francés todavía continuaba, aunque ya
circulaban noticias sobre las intenciones de ambas partes de llegar a algún arreglo. En ese marco Lavalle debía tomar el
toro por las astas y pasar de Entre Ríos, donde las osas no le iban demasiado bien, a Buenos Aires, a atacar el corazón de la
tiranía, esperando que todavía Francia le presenta la ayuda necesaria para la batalla final.
Y las tripas lavallistas encontraron en su camino hacia la ciudad de Buenos Aires el apoyo de sectores que podemos
calificar como pertenecientes a las elites pueblerinas, quienes aportaron hombres y recursos a las fuerzas del general
unitario, que así fue engrosando las filas de sus ejércitos y creyó cada vez más en el éxito inevitable de su empresa. Lavalle
recibió apoyos y varios cientos de soldados se agregaron a sus fuerzas. Este continuo sus intentos en retirada, hasta que fue
muerto en Jujuy en un confuso episodio en el que recibió un disparo. La derrota entre fines de 1839 y mediados de 1840 de
estos poderosos enemigos de Rosas se acompañó de una fuerte represión de quienes se levantaron contra su gobierno y aun
de muchos que sin haberlo hecho se mantuvieron neutrales en un momento decisivo. Las fuerzas de Lavalle no dejaron de
actuar con la misma saña que emplearon muchos de los seguidores del gobernador. Una vez terminadas las batallas y
conseguida la victoria de las fuerzas rosistas en toda la provincia, el gobierno decidió emprender de manera sistemática
algo que ya había informalmente luego de la batalla de Chascomús en 1839 el embargo masivo de los bienes de aquellos
designados como unitarios por haberse opuesto al gobierno de Rosas.
Este proceso es que afectó fundamentalmente a muchos de los más ricos propietarios de la provincia, poniendo en
evidencia la constatación que hace el rosismo de que la lucha entre federales rosistas y unitarios había adquirido en alta
medida el carácter de un enfrentamiento entre ricos y pobres.
La profunda crisis abierta en 1838 y recién superada provoco una fuerte radicalización del régimen de Rosas, que además
ahora se proponía extender, manu militari, al resto de las provincias.

Capítulo 8 - “De genio tutelar de Buenos Aires a jefe supremo de la Confederación, 1840-1852”

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

Se ha dicho que 1839-1840 fue un período de bisagra de la historia del rosismo, fue el punto culminante de una crisis
política generalizada que se desarrolló entre 1837 y 1842 y que puso al sistema de Rosas cerca del colapso. La figura de
Rosas emergía de esa crisis notablemente fortalecida y de los años por venir se acrecentaría aún más.
La crisis empezó a ser desactivada con el acuerdo que Rosas firmó con los franceses a fines de 1840 (Mackau- Arana) que,
aunque satisfizo algunos reclamos, tuvo otros efectos, como retirar del centro de la escena conflictiva al eje articulador de
los movimientos opositores que habían proliferado.
La violenta crisis que estaba pasando por el sistema federal estaba delineando campos y alineamientos que hasta entonces
eran más borrosos y permeables, y que en diversas provincias existía una clara vocación a resistir la ampliación de la
autoridad política del gobernador de Buenos Aires, esta situación explica la crisis financiera que había provocado la guerra
contra la confederación Perú-Boliviana había provocado en las provincias norteñas.
Lavalle fue perseguido y asesinado por las fuerzas de Manuel Oribe, aunque la violencia no fue el único rasgo de su
campaña por el interior, sino que su propósito era también producir la insurrección de los habitantes contra los unitarios y
su pronunciamiento a favor de la federación. El unitarismo había dejado de ser la única opción política autónoma. La
autoridad de Rosas de extendía a las provincias interiores construida apelando a una combinación de recursos
institucionales como la atribución delegada de la representación exterior de las provincias, a identidades políticas
compartidas, uso de la fuerza coactiva y una trama de vínculos. La victoria de la Confederación en el interior no trajo paz.
En Entre Ríos s el triunfo de las fuerzas confederadas consolidaba un nuevo liderazgo, el de Urquiza, quién era un firme
bastión de la confederación. Los opositores de Rosas y sus aliados se concentraban a en Montevideo mientras que Oribe
iniciaba a principios de 1843 el sitio a la ciudad que se prolongaría hasta 1851.
La violencia política estaba más que instalada en Buenos Aires, y no tenía efectos previsibles, uno de los grupos más
violentos era La Mazorca, fue el mismo Rosas el que se encargó de controlarla y disolverla en 1845.
Sufragio, representación y reelección: Rosas tenía un poder personal inmenso, pero pesar de gobernar la ciudad de Buenos
Aires entre 1835 y 1852 ininterrumpidamente y ejerciendo la suma del poder público, durante esos años siguieron
desarrollándose periódicamente las elecciones y siguió funcionando la Sala de Representantes. La Sala se componía se
componía por hombres de elite provincial.
Cuando la Sala aprobó la reelección de Rosas, que obtuvo el boto afirmativo de todos los representantes presentes, excepto
el de Tomás de Anchorena, sin embargo Rosas rechazó inicialmente la reelección pero luego se acordó una prórroga de seis
meses de su mandato. Esa misma situación se repitió en los años siguientes hasta que en 1845 fue reelecto en las mismas
condiciones y con las mismas facultades que diez años atrás. El 13 de diciembre de 1850, Rosas presentó por última vez su
renuncia diciendo que su salud estaba quebrantada y que su opinión estaba en decadencia en la República y en la Provincia.
La clave de paz rosista: Tras la crisis de 1840, todo parece indicar que la economía porteña experimentó un gran
crecimiento, con esto se refiere a una evidente expansión de las exportaciones, máximo volumen en la exportación en
cueros. Se cree que a pesar de que se estaba pasando por la mayor crisis política que conoció este régimen, no afectó el
ritmo de crecimiento de su economía, todo indica que fue superior a la época previa. El crecimiento de las exportaciones
derivó en la configuración de una balanza comercial favorable con Gran Bretaña, claramente el principal mercado para los
productos bonaerenses. Pero como esta situación se daba en un contexto de guerra permanente, y por lo tanto, de creciente
gastos fiscales, el gobierno de Rosas debió abandonar los intentos de estabilización fiscal y financiera y afrontar las
necesidades apelando a una creciente emisión monetaria.
En ese contexto, fuera perentorio para el gobierno de Rosas impedir el flujo de moneda fuerte hacia las provincias
interiores, así como su pretensión de extender hacia ellos el uso el papel moneda. Una pretensión de este tipo expresaba que
en la década del ’40 se consolidó por completo la distancia cada vez mayor entre la economía de Buenos Aires y la de las
provincias del interior.
En lo militar, ya durante su primer gobierno Rosas había desconfiado de la oficialidad militar, al punto de que por única
vez el gasto militar destinado a las fuerzas milicianas fue superior al que se asignaba a las de línea, durante su segundo

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

gobierno, y tas la depuración de esta oficialidad que se había atrevido a disputarle el poder hubo un cambio radical en la
política gubernamental y Rosas impuso un férreo control sobre las fuerzas veteranas, aumentó al máximo posible el gasto
fiscal con fines militares y convirtió al ejército en el principal sostén del régimen. El éxito del rosismo en esta tarea llegó a
conformar el ejército regular más numeroso del espacio rioplatense. Este ejército estaba en condiciones de asegurar el
orden de la provincia y de las fronteras, el despliegue de guerras ofensivas y prolongadas, simultáneamente.
Con la situación fronteriza mucho más segura y consolidada, Rosas pudo acometer otra novedad significativa de estos años:
en torno de ese ejército provincial se fue articulando una suerte de ejército confederal del que Rosas era el máximo
comandante, y había sido la crisis la que había permitido rehacer un ejército y marina “nacionales”, ya que Rosas lo
presentaba como el ejército nacional. Paradójicamente este ejército nacional tenía entre sus principales oficiales no sólo a
un oriental sino a quién Rosas reconocía como el presidente del Uruguay, Manuel Oribe.
Las tensiones de la paz rosista: El tamaño regular del ejército imponía una necesidad ineludible, y el reclutamiento recayó
básicamente sobre trabajadores libres, principalmente aquellos que seguían viniendo de las provincias a trabajar como
jornaleros y peones de campo, o artesanos de Buenos Aires, La edad de reclutamiento era mucho menos de la que se
requería para votar o ser mayor de edad. El reclutamiento requería de un control social cada vez más férreo y eficaz. La
cuestión le preocupaba a Rosas y lo hacía intervenir directamente en la resolución de los procesos abiertos en cuya
documentación es posible hallar reiteradamente su intervención personal en decisiones no sólo firmadas por él, sino
también escritas de su puño y letra. No se trataba solo de una derivación del ejército de la suma del poder público, sino que
también de la preocupación que Rosas tenía al respecto. El fortalecido Estado provincial adquirió una capacidad mucho
mayor para clasificar, registrar, entrenar y disciplinar a la población masculina de la campaña, pero ello abrió un espacio de
creciente tensión y confrontación entre las autoridades estatales y aquellos que formaban parte de lo que se denominaba “la
clase del peón del campo”.
Los últimos años del rosismo parecen haber sido aquellos en los cuales empezaba a cerrarse la distancia entre el régimen y
las clases propietarias mientras que se hacía evidente la que lo separaba de una porción importante de las clases bajas.
La hora del americanismo: Cuando Rosas llegó al gobierno en 1829 en su discurso política ya manifestaba su preocupación
por presentarse como un férreo defensor de la independencia americana, por esa cuestión pasó claramente a ocupar un
primer plano durante el bloqueo francés y se mantuvo en un lugar privilegiado en los años siguientes hasta convertir al
americanismo en un tópico cardinal. La causa de la Confederación era invocada y exaltada como una causa nacional, de
modo que las confrontaciones estaban contribuyendo a una nueva configuración de las identidades colectivas en la cual la
propia figura de Rosas aparecía como su encarnación.
El largo sitio a Montevideo se transformó en la cuestión central de la política rioplatense y estaba destinado a tener
profundas implicancias. Se venía a demostrar que Rosas estaba dispuesto a imponer sus condiciones a las pretensiones de
las potencias Europeas. Si la representación de la ciudad como sede de la civilización acosada y cercada por la barbarie
rural ya se había esbozado en Buenos Aires en 1820 y 1829, la experiencia montevideana había sido tomada como para
darle sentido común a las elites montevideanas. EL sitio a Montevideo y el bloqueo de su puerto no estaban aún
establecidos cuando Gran Bretaña y Francia intentaron mediar entre Rosas y Rivera para poner fin a la guerra en el Río de
la Plata, pero la exigencia de Rosas de que Oribe fuera reconocido como presidente del Estado Oriental les resultaba
inadmisible, ya que creaba posibilidades de unión a la Confederación Argentina. Para 1845 la tensión se encaminaba hacia
un mayor nivel de confrontación, ya que Gran Bretaña había mandado un embajador a Buenos Aires quien había recibido
instrucciones para conseguir que las fuerzas de ambas potencias levantaran el sitio. La pequeña flota de la Confederación
había bloqueado el puerto de Montevideo, por lo que la caída de la ciudad parecía inminente.
Para la oposición emigrada y dispersa entre Montevideo, Corrientes y Río de Janeiro, la intervención anglo-francesa
parecía la oportunidad para construir un Estado autónomo que incluyera Uruguay, Corrientes y Entre Ríos, con el apoyo
Brasilero.

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

Cuando las fuerzas de la Confederación no pudieron impedir el paso de la flota anglo-francesa, el resultado de la
intervención armada demostró de inmediato su escaso éxito, salvo que propició la reinstauración en Corrientes de un
gobierno opuesto a Rosas.
El americanismo rosista se apoyó en toda una tradición previa de sentimientos y proposiciones pero contenía una novedad
sustantiva, vino a representar la primera articulación explícita en un discurso político que aspiraba a la coherencia y que
unía una imagen de la república a un concepto de identidad nativa. El rencor y rechazo a los extranjeros, y en especial a los
europeos no eran una novedad introducida por el rosismo en la cultura popular, sino que venían siendo abonados por una
larga experiencia histórica cimentada en las repetidas guerras contra los luso-brasileños, las invasiones inglesas, la guerra
de la independencia, y la intensificación de la ocupación británica de las islas Malvinas. Este resentimiento no era solo
popular, sino que estaba compartido por gran parte de la elites.
La crisis final: El 13 de diciembre de 1850, después de haber recibido un amplio apoyo en las provincias, Rosas Presentó su
última renuncia. Entonces Urquiza envió una circular a las provincias anunciando su rebelión, y el 1 de mayo daba a
conocer su famoso pronunciamiento. La única provincia que lo apoyó abiertamente fue Corrientes, y el resto lo rechazó.
Desde Catamarca, la Sala de Representantes decía que la Confederación debía tener un Supremos Jefe Nacional y debía ser
Rosas, en Salta lo declaraba “Jefe supremo de la Confederación, estas adhesiones recogían el desafío lanzado por Urquiza:
era Rosas quién debía tener a su cargo la convocatoria del Congreso organizador tatas veces comprometido y nunca
concretado. Rosas a principios de octubre dio a conocer un manifiesto en el cual señalaba que, justamente cuando había
pedido encarecidamente a la Sala de Representantes que le permitiese separarse del mando de supremo de la república, la
decisión de Urquiza de levantar “la bandera de la rebelión y de la anarquía” y de venderse al gobierno Brasileño lo había
hecho cambiar de parecer, y que eran las provincias de la Confederación y la nación las que exigían que continúe al mando.
Para 1851, la consigna que encabezaba todas las comunicaciones y los partes de las autoridades habían sufrido una
variación, ahora comunicaban que Urquiza era un unitario salvaje y traídor. Urquiza había pasado rápidamente a la
condición de firme federal a la de traidor y aliado de los unitarios y del Brasil.
Una vez superada la crisis con Gran Bretaña y Francia, Rosas acentuó una estrategia destinada a quebrar la resistencia
montevideana anulando su comercio, pero ello afectaba seriamente tanto a Brasil como a Entre Ríos, el gobierno de
Montevideo tomó la iniciativa apuntando a formar una amplia coalición que le permitiera salvarse ya acabar con Rosas. Y
para ello era imprescindible una alianza con Urquiza, su antiguo enemigo que además tenía el control de Corrientes. Fue el
amparo que esta política encontró en Río de Janeiro lo que hizo posible la conformación de la alianza a fines de mayo de
1851 y del llamado ejército Grande Aliado de Sud-América. Ente julio y septiembre de 1851 los ejércitos entrerriano y
brasileño comenzaron la invasión del territorio oriental y terminaron por provocar la defección de las tropas sitiadoras de
Montevideo.: las armas y las tropas que Rosas había suministrado a Oribe pasaron a formar parte del ejército grande, y en
contra de Rosas. El ejército Grande aceptó que la dirección política estuviera en manos de Urquiza ya que era necesario.
Los años de alianza con Rosas, a Urquiza le habían permitido construir una poderosa fuerza militar.
La marcha del Ejército Grande hacia Buenos Aires no enfrentó mayores contratiempos, sólo un caso donde los soldados de
un batallón que había participado del sitio de Montevideo se sublevaron y asesinaron a su comandante. (Urquiza los hizo
ejecutar en masa)
La batalla final duró pocas horas y el ejército rosista quedó devastado casi por completo. El 4 de febrero comenzó el saqueo
en la ciudad que concluyó con una matanza llevada adelante por los vecinos armados.

51
-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

El sistema de Rosas y su dinámica histórica. Capítulo 10.


Lo que se pretende en este capítulo, es abordar todo el “sistema de Rosas”, es decir, su forma de gobernar y de
relacionarse; ya que aún sus peores enemigos lo catalogaron como una persona que supo reconstruir el orden
de una sociedad que había sido fuertemente alterada y que además, pudo sentar las bases de un nuevo orden
político, imponiendo la subordinación de las clases populares bajo una égida porteña.

→ Rosas estanciero: Tradicionalmente, se ha evaluado el papel de Rosas en la historia política


rioplatense, en estrecha relación con su rol y experiencia como estanciero y propietario de tierras. Esto ya era
nombrado por Sarmiento, quien creía que argentina residía en la oposición entre civilizados y la barbarie rural,
la cual había sido convertida por el gobierno de Rosas, en sus estancias de ganados. No obstante, nuevas
corrientes historiográficas, han demostrado la gran importancia de estas estancias: en primer lugar, porque
convirtieron a Rosas en uno de los personajes más ricos de Buenos Aires; y en segundo lugar, porque
constituían una de las bases económicas del territorio. Cabe destacar, sin embargo, que el propietario de dicha
estancia no podía hacer lo que se le diera la gana, ya que había ciertas restricciones: por ejemplo, se prohíbe
que la población rural del exterior de las estancias y a sus propios trabajadores el acceso a ciertos recursos
como la piedra y la madera. Se inhibe la caza de ciertos animales, y se regulan horarios de trabajadores. Uno
de los aspectos más importantes, el derecho de “poblarse” en tierra ajena sin que el propietario pudiera hacer
mucho para impedirlo. Así, muchas estancias terminaban abrumadas por múltiples habitantes que ocupaban
sus tierras fértiles y accedían a ella, siendo esta práctica muy difundida a inicios del siglo XIX (El autor
nombra a todo este proceso como un tipo de nacimiento del capitalismo). Sin embargo, la expansión ganadera
generaba en los propietarios el interés de desechar a estos “pobladores”, para convertirlos en trabajadores
asalariados.
Las estancias de Rosas incluían una gran cantidad de pobladores que desarrollaban en ellas actividades por
cuenta propia, ya fuera de ganadería o agricultura. Además de esto, se encontraban los pobladores ya
nombrados, a los cuales Rosas debía aceptar como una forma de obtener un “nombre” entre los paisanos.
Además de esto, los pobladores en cierto punto servían, ya que en ese entonces la mano de obra escaseaba y
era muy cara, y por otro lado, la existencia de esclavos ya era muy escasa. No obstante, Rosas consigue otra
forma similar a la esclavitud para el trabajo, los indios “cautivos”. Los mismos, al cabo de algunos años,
comienzan a reclamar condiciones dignas de trabajo y se convierten en libres. Por lo tanto, Rosas tuvo que
buscar otra escapatoria y creó un régimen de trabajo “obligado” con unos gallegos a quienes pagaba el viaje y
quienes, producto de esa deuda, debían trabajar para poder compensarla. Pese a ello, en pocos años estos
individuos conseguían saldar su deuda y comenzaron a disputar condiciones de vida y de trabajo.
En síntesis, es posible concluir que Rosas se convirtió en un riquísimo estanciero a lo largo de su vida, y que la
experiencia como tal debe de haber influido en su manera de acercarse a la política y en su propio desempeño
como gobernador de la provincia. Sin embargo, las conclusiones que de esto se derivan son algo distintas a las
que obtenía Sarmiento. No caben dudas que Rosas quiso imponer cambios radicales, pero rápidamente tuvo
que darse cuenta del poder de negociación de los sectores subalternos, con quienes debía tranzar si quería
conservaralgo de orden. Si quería conservar la simpatía y el apoyo de la población, debía conservar esas
costumbres en común, y aceptar una parte de sus reclamos. En este sentido, los trabajadores rurales podían
utilizar cada negociación a su favor, dando lugar a una nueva coyuntura política en la cual eran protagonistas.

→ Rosas, ¿Representante de las clases propietarias o líder popular?: Existen numerosas batallas
historiográficas con respecto a esta cuestión. Sin embargo, la mayoría de los escritos sobre Rosas lo
mantienen en una doble aproximación: una fuerte popularidad por parte de los plebeyos urbanos, pero
también entre los rurales, gauchos indios y paisanos en general. No obstante, suele sostenerse que todos los
servicios fueron puestos a favor de los intereses terratenientes porteños.
El autor parece haber fijado el sentido común en el historiador británico “John Lynch”, quien sostiene que
Rosas es la expresión política de una sociedad polarizada, instituida por una clase de grandes estancieros

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

liderada por Rosas, frente a una masa de pobres desposeídos de toda propiedad y capacidad de autoridad y
comprensión política. Por ende, los estancieros tienen una autoridad natural. La visión que se enfrenta a esta
postura ya nombrada, son la corriente revisionista; los mismos dicen que la relación de Rosas con las clases
propietarias y los sectores populares fue pensada de manera muy distinta a lo antes mencionado. La figura de
Rosas se toma como un líder que supo trascender las elites que traicionaron por intereses mezquinos los de la
nación y logro colocarse delante de las masas para enfrentar aquellos intereses frente a las naciones
enemigas, especialmente ingleses y franceses. Rosas guía a una masa que le sigue fielmente, careciendo de
cualquier capacidad de autonomía de intervención. En todos los casos la popularidad que reconocen en este
líder se debe a la subordinación de las masas. En este sentido, ambos desarrollos historiográficos no llegaron
a dar debida cuenta del problema central.
Las primeras intervenciones públicas y políticas de Rosas tienen que ver con la necesidad de restablecer un
orden social y político que considera que ha sido profundamente alterado por la coyuntura revolucionaria. La
obsesión central de Rosas son justamente el orden y la subordinación. En ese sentido se podría señalar que
busca restablecer un orden social y político alterado por la revolución y por ello se lo puede pensar como
defensor de los intereses generales de las clases propietarias (la más evidente es la campaña del desierto). Al
mismo tiempo, se observan diversas iniciativas para ganar el apoyo y la simpatía de los sectores subalternos
(repartimiento de tierras, preservación de costumbres, etc.). Como consecuencia, se cree que las
orientaciones de las políticas implementadas tuvieron diferentes direcciones: una apuntaba hacia el
restablecimiento del orden y la disciplina social. En una segunda dirección se orientan decisiones destinadas
a apoyar a las familias pobres. Una tercera dirección estuvo destinada a consolidar sus relaciones con la
población afrodescendiente, implementando diversas políticas de protección y de amistad. Todo esto resulta
contradictorio, pero se debe tener en cuenta que la sociedad de ese momento era muy compleja.
Se puede concluir, en este sentido, que lo que define las acciones de Rosas no es ni la defensa sistemática de
los sectores propietarios ni la de los sectores populares, sino la construcción o reconstrucción del orden
social y político y su lugar liderando ese proceso. En este sentido es muy importante estar atentos a la
coyuntura, ya que en diversos momentos se acentúan ciertos rasgos y actitudes que pueden parecer
contradictorias con otras, pero que están expresando más bien el cambio de contexto y la necesidad de
apoyarse en uno y otros detrás del objetivo último de reconstruir el orden y mantenerse en el poder.

→ Rosas y los indios de las Pampas o los indios de Rosas: se puede pensar esta relación como una
relación que incluía desde el cautiverio hasta la capacidad para conocer a fondo la lengua dominante de las
pampas. Rosas ya ha sido señalado como una especie de jefe indio o líder adoptado por los nativos
pampeanos, pero a la vez fue quien llevó a cabo la Campaña del Desierto, consolidando el dominio criollo.
Cabe destacar que la sociedad nativa no era para nada homogénea, y hasta se enfrentaban entre ellos. La
población criolla tampoco era uniforme. Además de esto, la frontera no estaba delimitada tan firmemente, no
era una simple línea imaginaria, sino que incluía sistemas de intercambio y construcción de relaciones de tipo
personal y familiar. También allí se presentaban conflictos, el uso de la violencia, enfrentamientos mayores y
menores, y el sometimiento a esclavitud de la población nativa enemiga.
Se presentaron múltiples enfrentamientos a la hora de ampliar fronteras, y se recurrieron a múltiples
alternativas, como la de “civilizar” a la población nativa (para tenerla como mano de obra) o el uso de la
violencia, tortura e incluso muerte. También se optó por la conversión religiosa, para así cambiar la mentalidad
y poder someter a la población desde la ideología, desde una perspectiva pacífica.
Al llegar Rosas al poder, la población nativa pronto se dividió en: “indios amigos” (con quienes se tenían
múltiples acuerdos, el gobierno le entregaba bienes a cambio de defender la frontera), “indios aliados”
(quienes establecían acuerdos económicos y tenían cierta autonomía). Por último se encontraban los jefes
indígenas transcordilleranos, que mantenían una relación diplomática con el gobierno (Esto es llamado por
Silvia Ratto como una relación cíclica, pero que no era estable; no obstante, Rosas intentaba que funcionaran,
a través de intermediarios).

→ Rosas, los líderes provinciales y la organización nacional: muchos historiadores quisieron poner en
duda la adhesión de Rosas al federalismo. Sin embargo, no resulta lo más adecuado pensar al rosismo como un

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

provincianismo porteño tan extremo y opuesto al federalismo. Rosas fue, sin dudas, el líder del federalismo
porteño desde 1829 y luego del federalismo argentino, y así lo entendían los contemporáneos, sean enemigos o
seguidores. Esa decisión de preservar los intereses y la primacía de Buenos Aires hace comprensible su vuelco
hacia las filas federales. Chiaramonte destaca, en este sentido, que no debe confundirse las interpretaciones de
confederación y federación , pues a lo que Rosas se opuso fue a dar el paso definitivo que permitiera
transformar la laxa Confederación que lideraba en un Estado federal en el que Buenos Aires resignara partes
importantes de su autonomía y poder. Ademas, el autor alega que no se puede hablar de una identidad nacional
argentina y como consecuencia , la conformación de la provincia de Buenos Aires no se puede pensar como el
producto de una anarquía, sino como la forma mas concreta y posible de organización política luego de la
crisis del orden colonial. Esto no significaba que dichas organizaciones estatales provinciales se pensaran
como estructuras separadas del resto. Por lo tanto, no se debe juzgar a Rosas en un extremo o en otro, al
contrario, fue afirmando su poder sobre el resto de las provincias en paralelo al que consigue en Buenos Aires.
Y lo hizo con una persistencia notable, alternando alianzas y las concesiones, recursos y guerras. Junto con
esto, no se puede negar que Rosas se opuso de manera muy sistemática a la organización de un Congreso
general que pudiera definir la estructura constitucional de la nación, ya sea federal o unitaria. Algo queda
claro: a medida que Rosas iba construyendo su hegemonía sobre la Confederacion, las relaciones con los
gobernantes y líderes de otras provincias tendían a hacerse mas desiguales y jerarquizadas. Y en este contexto,
algunas provincias se sublevan, como la prov. De Entre Ríos.

→ Rosas ante las Naciones del mundo: el reconocimiento por las potencias europeas de la independencia
de las Provincias Unidas fue una clara prioridad de la política exterior rosista. Por lo tanto, las relaciones
existentes fueron clave en las disputas historiográficas. Ciertos exámenes han advertido que las relaciones
entre Buenos Aires y Gran Bretaña siguieron siendo estrechas y provechosas, incluyendo exportaciones. No
obstante, Gran Bretaña aun no era una nueva metrópoli y estaba sumergida en una crisis. En este contexto,
aparece el gobierno norteamericano y una resistencia al intervencionismo británico y francés en América
Latina. Al mismo tiempo, se produce un incremento del intervencionismo, la ocupación de Malvinas, el
bloqueo del puerto de Buenos Aires, etc.
Rosas afrontó con éxito todas las intervenciones francesas e inglesas, consolidando aún más su poder.

→ Rosas ¿Caudillo?: caudillo y caudillismo son dos términos ampliamente utilizados, pero que sin
embargo son ambiguos y polisémicos, definen tanto un período como un tipo de liderazgo político,
independientemente de su contexto histórico. Sin embargo, hay un solo individuo que se ha catalogado como
tal a sí mismo, y este es Estanislao López.
El hecho central es que Rosas fue un heredero de la estructura institucional forjada en los años veinte y se
apoyó en ella para construir y consolidar su poder. Sin embargo, desde mediados de los años treinta, se dio una
escasez de recursos y el ámbito estatal pasa a manos privadas. En este contexto, los juzgados de paz
comienzan a tener un rol importante, y se multiplican. En consecuencia, el rosismo no puede ser visto como
antagónico al orden construido durante las llamadas “reformas rivadavianas”, sino como su continuidad. Sin
embargo, hubo dos fuertes innovaciones: por un lado, el rosismo convirtió a la religión en un componente
central en la legitimidad social del régimen, en este sentido, el discurso político estaba impregnado de
referencias religiosas. Por otro lado, logró algo que nunca antes se había logrado: construir un enorme ejército
de línea y subordinar completamente a ese ejército a las milicias hasta convertirlo en el eje central de su
régimen.
Aunque las controversias por dictar una constitución fueron centrales en estos años, ello no debería oscurecer
el hecho de que el Río de la Plata no carecía de un orden que podemos denominar constitucional, pues estaba
en vigencia lo que esos mismos contemporáneos denominaban “nuestra antigua constitución”: no se trataba de
un texto escrito, pero si de un conjunto de normas heredadas; esto no era una invención de rosas, sino una
réplica del antiguo régimen romano. No se trataba tampoco de una singularidad bonaerense sino que el mismo
tipo de atribuciones fueron otorgadas a muchos otros gobernantes; sin embargo lo que distinguió a la
experiencia porteña fue que esas facultades fueron otorgadas a Rosas sin límites de tiempo y que se asignó

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-Resumen primer cuatrimestre de Argentina II-

además, la suma del poder público. Esto erosionaba cualquier posibilidad de división efectiva de poderes. En
consecuencia, los regímenes representativos que surgieron no llegaron a consolidarse.
Los cambios no vinieron tanto del plano normativo sino de las prácticas efectivas. ¿Era, entonces, Rosas un
“caudillo”? Rosas sólo puede ser calificado así si se despoja al termino tanto de las connotaciones peyorativas
como de toda pretensión de explicar su autoridad sin los recursos institucionales que lo hacían posible y lo
legitimaban. El liderazgo que Rosas pudo ejercer sobre amplios sectores sociales intensamente movilizados
era un liderazgo político y su dilucidación tampoco se resuelve apelando a este y otro comodines intelectuales
extemporáneos como el populismo.

→ Las disputas por la opinión popular: el rosismo fue desarrollando un amplio repertorio de símbolos,
prácticas y rituales que se orientaban simultáneamente a reafirmar su carácter republicano y exaltar la figura
del líder. Así, las imágenes de Rosas y su mujer, poblaron tanto la esfera pública como la domestica,
multiplicando el número de periódicos, pasquines y gacetas, tanto en Buenos Aires como en otras ciudades.
Pero también existió la prensa antirrosista, la cual fue muy fuerte en Montevideo (El grito Argentino, ¡Muera
Rosas!), en donde se desprestigiaba y hasta se incitaba al asesinato de Rosas. Todos los periódicos (a favor o
en contra de Rosas) llegaron a todas las clases, incluso a las más populares, formulando identidades
colectivas. Todo este fenómeno tuvo su pro (resaltar al líder y asentar su poder) y su contra (creció en
proporciones considerables la oposición, corriendo riesgo su vida en reiteradas ocasiones). Además de los
periódicos, emergieron nuevos métodos, como cancioneros que quedaron en la memoria popular. De este
modo, si se quiere seguir calificando a Rosas como un caudillo, habrá que aceptar que ese caudillismo fue una
compleja construcción política y que no era solo el producto de la voluntad de Rosas.

→ Más que ocupar un vacío institucional, Rosas construyó su régimen aprovechando la arquitectura
institucional existente, la amplió y la consolidó como nunca antes había sido posible. Y a pesar de la guerra
casi permanente, la inflación y los embargos y confiscaciones, su largo período de gobierno hizo posible un
notable crecimiento de la capacidad productiva de la economía provincial y el enriquecimiento de sus estratos
más altos, sin los cuales es incomprensible la acelerada expansión y transformación de la sociedad y la
economía porteña en los años posteriores a Caseros. En este sentido, el rosismo terminó constituyéndose en
una fase decisiva de la configuración del capitalismo agrario pampeano. Pero en buena medida pudo tener esos
significados en la historia rioplatense porque no solo había surgido como fruto de la activa movilización de las
clases populares sino también porque pudo gobernar tantos años manteniendo y reproduciendo esa adhesión
hasta terminar por convertirse en una eficaz herramienta para su disciplinamiento y para el control social. Es
verdad que ello lo logró también imponiendo una férrea disciplina a las elites, que hasta el momento habían
fracasado reiteradamente en sus intentos de reconstrucción política, una ímproba tarea que en buena medida
resulto exitosa tanto por las oportunidades que el régimen les ofrecía a quienes aceptaran subordinarse a él,
como por el temor, repetido y recurrente, que las adhesiones populares que concitaba imponía a esas elites.
(Resumen de todo lo expuesto en las hojas anteriores)

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