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CLEMENS LOCHER

LA COMUNIDAD JOÁNICA Y « LOS JUDÍOS »


Die Johannes-Christen und "die Juden", Orientierung, 48 (1984) 223-226

Desde hace años algunos exegetas neotestamentarios han dirigido especialmente su


atención al trasfondo histórico-social de los escritos del N.T.: ¿se reflejan en éstos
conflictos sociales, intereses de grupo, comportamientos específicos de una clase
social?, ¿ayudan estas cuestiones a aclarar el origen de dichos escritos? No es objeto del
presente trabajo ofrecer un panorama de la investigación sociológica en torno al N.T. tal
como ha sido impulsada a lo largo del último decenio principalmente en USA (Meeks)
y en Alemania (Kippenberg, W. Stegemann, I.. Schotroff, Theissen). Aquí sólo
trataremos de una parte del N.T. que se ha mostrado hasta ahora especialmente esquiva
e impermeable al tratamiento sociológico: los escritos joánicos, en concreto el evangelio
(Jn), redactado hacia el 90 d.C., y las cartas (1,2,3 Jn), escritas hacia el 100 d.C. (el
Apocalipsis, atribuido a Juan, no pertenece -según opinión casi unánime- al contexto
literario e histórico-social de los otros escritos joánnicos, aunque procede de la misma
época -en torno al 95 d.C.).

¿Carece el evangelio de Juan de lugar histórico?

A ojos del lector superficial el cuarto evangelio parece resistir a todo intento de situarlo
en la historia de la iglesia primitiva. Efectivamente, en comparación con la detallada
información sociológica que nos ofrecen los sinópticos, la exposición joánnica resulta a
veces abstracta y espiritualizada (cfr. el contraste entre la vocación de los primeros
discípulos en Mc 1, 16-20 y en Jn 1, 35-51). Sin embargo, actualmente muchos exegetas
neotestamentarios están convencidos de que Jn, aparentemente tan desligado de la
realidad terrena concreta (no en vano la iconogr afía atribuye a Juan el águila que planea
en el espacio del espíritu), ofrece suficientemente información sobre su época e indicios
que hacen posible determinar su lugar de incardinación en el mundo histórico terreno.

Intentos de "localización"

Presentamos aquí brevemente tres de estos intentos de "localización" elaborados


respectivamente por R E. Brown, K. Wengst y G. Theissen. Todos ellos pueden
calificarse globalmente como planteamientos "histórico-sociales", por cuanto intentan
explicar el contenido de un Jn no sólo a base de controversias teológicas, sino también
de conflictos socioculturales en los que la comunidad joánnica se vio implicada, y
pretenden descubrir a partir de textos del evangelio las relaciones de la comunidad con
el exterior (grupos adversos, neutrales o simpatizantes) y su configuración interior
(conflictos de grupos en el seno de la comunidad), así como las posibles conexiones
entre ambas vertientes.

Toda investigación histórico-social sobre Jn presupone como axioma fundamental que


esta obra ofrece información sobre la situación y el desarrollo histórico de la comunidad
joánnica y que, por tanto, refleja el tiempo de la narración y no sólo el tiempo narrado
(la época de Jesús). Dicha "retroyección" de la situación actual de la comunidad a la
vida de Jesús es uno de los rasgos esenciales del cuarto evangelio.
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Brown: la evolución de la comunidad

A partir de este presupuesto fundamental los autores ya mencionados (entre otros) han
realizado diferentes reconstrucciones de la historia de la comunidad joánnica. Brown es,
sin duda, quien más confía en los escritos joánnicos como fuentes de información
válida; en ellos , según su parecer, está reproducida casi paso por paso la evolución de la
comunidad, que constaría de cuatro etapas:

1.Inicio s de la comunidad a partir de un grupo de judíos, procedente, en parte, del


círculo del bautista. A ellos se unen más tarde judíos enfrentados con el templo y
samaritanos convertidos. Esto ocasiona las primeras controversias con los "judíos"
exteriores a la comunidad (en torno a 55-90 d.C.).

2. Época de composición del evangelio: la comunidad está fuertemente enmarañada en


controversias con grupos externos a ella, cristianos y no cristianos -p. ej. "los judíos"-
(hacia el 90 d.C.).

3. Las cartas de Jn reflejan una comunidad conmocionada por conflictos internos,


dividida entre los seguidores del autor de las cartas y los disidentes (hacia el 100 d.C.).

4.Escisión definitiva de la comunidad joánnica: los seguidores del autor de las cartas se
unen a la "gran iglesia", y los disidentes a círculos herético-gnósticos (primera mitad del
siglo II).

La hipótesis de Brown es ciertamente fascinante. Sin embargo, es bastante especulativa:


se basa en un optimismo muy grande que cree poder inferir, a partir de la mínima hue lla
de opiniones divergentes en estos escritos, la existencia de correspondientes grupos
sectarios y comunidades disidentes en la realidad social de la época.

¿Quiénes eran " los judíos "?

Hemos mencionado la obra de Brown como ejemplo de una determinada línea de


investigación histórico-social acerca de Jn. Ahora veremos si las nuevas orientaciones
investigadoras proporcionan alguna solución al intrincado problema del antijudaismo
joánnico, cuestión que grava de forma aguda el diálogo entre cristianos y judíos.
Ciertamente existen soluciones ya "clásicas" a este problema. Por ejemplo, la comisión
papal para relaciones religiosas con los judíos intenta salvar Jn de la sospecha de
antijudaismo interpretando la expresión joánnica "los judíos" en el sentido de "los
dirigentes de los judíos" o "los enemigos de Jesús". Por otra parte, en la escuela de
Bultmann es más apreciada la interpretación metafórica de dicha expresión, la cual
designaría "los representantes del mundo que odia a los creyentes". En esta línea se
sitúa también la tesis de que la polémica contra los judíos va dirigida, en realidad,
contra la mundanización de los propios cristianos. Todos estos intentos, sin embargo,
desvirtúan en realidad el problema desde el momento en que abstraen Jn de su contexto
histórico. Por otra parte, apenas pueden dar razón de la vehemencia con que el Jesús
joánnico impreca a los "judíos" como "hijos del diablo" (Jn 8,44).
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Un correcto planteamiento de la cuestión ha de comenzar teniendo en cuenta los datos


lingüísticos que caracterizan a Jn frente a los sinópticos. La diferente frecuencia de
aparición del término iudaioi (5 veces en Mt y Lc, 6 en Mc; 71 en Jn) se corresponde
con una igualmente acusada diferencia de significado (los sinópticos la utilizan casi
siempre en la expresión fija "rey de los judíos", referida a Jesús; en Jn suele connotar
"los enemigos de Jesús"). En los sinópticos nos sale al paso una rica variedad de grupos
y tendencias dentro del judaísmo (fariseos, saduceos, escribas, sacerdotes...) que
corresponde al tiempo de Jesús, mientras en Jn aparece el judaísmo como un conjunto
uniforme enfrentado con Jesús; ciertamente también Jn otorga una relevancia especial a
los fariseos y sumos sacerdotes, pero de todas formas el cuadro de conjunto queda
dominado por la estereotipada expresión "los judíos", cuya razón de ser ha de aclararse.

Wengst: experiencias de persecución de la comunidad joánnica

Hoy día se acepta prácticamente sin discusión que tras la polémica de Jn contra los
judíos se esconden experiencias históricas de persecución que sufrió la comunidad
joánnica, "retrotraídas" anacrónicamente a la época de Jesús. En la época en que se
escribió el evangelio (finales del siglo I) los judíos eran numéricamente superiores a los
cristianos, y más poderosos debido a su status de nación reconocida por los romanos. El
evangelio se hace eco del temor de los cristianos entre judíos (9,22) y sitúa en el tiempo
narrado el decreto por el cual se expulsa de la sinagoga a todo judío que confiere su
adhesión a Jesús (9,22; 12,42; 16,2), decreto que en realidad data de época posterior a la
guerra judía (68-70 d.C.). Los cristianos de la comunidad joánnica procedían, pues, en
gran parte del judaísmo, y fueron discriminados, cuando no perseguidos, por sus
antiguos hermanos en la fe. Desde esta situación se explican tanto algunas expresiones
de Jn ("la salvación viene de los judíos", 4,22), como el antijudaísmo que refleja el
evangelio en su conjunto.

Wengst ha intentado situar con precisión histórica el contexto de esta persecución.


Según él, el evangelio y la comunidad de Jn se podrían situar en Galaunitis y Batanes
(sur de la actual Siria) bajo el reinado de Agripa II (50-92/93 d.C.). En este contexto
"los judíos" representarían un sector de población minoritario, pero considerable en
número e influencia social por su inserción en la corte de este rey, claramente pro judío.
Estos dirigentes judíos debieron entablar estrechas relaciones con el rabinato fariseo de
Jabne, el cual decidió incorporar hacia el año 85 el denominado Birkatha-minim (lit.
"bendición de herejes", eufemismo que en realidad significa "maldición de herejes") en
las "dieciocho peticiones" de la liturgia judía. Este sería, según Wengst, el punto
histórico de referencia de la "expulsión de la sinagoga" mencionada en el evangelio.

Esta hipótesis, aunque se apoye en buenas razones, no es, sin embargo, incuestionable.
Sobre todo se ha de tener en cuenta que birkkat-haminim es una fórmula dirigida contra
todos los judíos disidentes de la línea farisea, y no primariamente contra los cristianos
judíos.

Theissen: la fuerza de un prejuicio

Dado que es problemático fijar un punto histórico de referencia para los "judíos" del
cuarto evangelio, se habrá de plantear la cuestión de otro modo. G. Theissen ha
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presentado recientemente una interpretación sociopatológica del antijudaísmo joánnico


como parte de un análisis histórico-social (aún en gestación) de Jn en su conjunto.

Según Theissen, el modo como Jn habla de "los judíos" es un ejemplo típico de


"prejuicio social". Jn sabe diferenciar perfectamente, según las ocasiones, los diferentes
grupos dentro del judaísmo; pero en su conjunto la compleja experiencia social de la
comunidad joánnica 'es reducida unilateralmente: "los judíos" aparecen entonces como
chivo expiatorio sobre el que se descarga toda la presión social acumulada sobre los
cristianos, incluso la procedente de grupos paganos y de las autoridades romanas. En
vistas a este fin era mucho más inofensivo, sin duda alguna, utilizar a "los judíos" que a
"los romanos"... Por otro lado, este prejuicio, al insistir en la delimitación frente al
enemigo exterior, ayuda a crear una mayor cohesión interna en la comunidad (téngase
en cuenta que "hijos del diablo" se aplica en Jn 8,44 a los judíos, y en 1 Jn 3,8.10 a los
cristianos disidentes).

Ciertamente las mencionadas experiencias negativas de persecución pueden explicar en


parte el prejuicio de la comunidad joánnica contra los judíos. En concreto los judíos
actuaron seguramente como acusadores de los cristianos ante las autoridades romanas
(cfr. el relato joánnico de la pasión, esp. Jn 18,28-19,16). Pero por esto mismo no se
puede aceptar sin más como histórica la perspectiva joánica que atribuye el acoso
sufrido por los cristianos únicamente a los denunciantes (los sumos sacerdotes),
eximiendo a las autoridades romanas que interrogan y sentencian (Pilato; cfr. Jn 19,11).
Se ha de ser crítico frente a esta unilateralidad que desfigura la experiencia real de los
cristianos de entonces, cargando las tintas en lo negativo (pues no puede decirse que los
cristianos vivieran en continua y abierta persecución por parte de los judíos) y en un
único grupo considerado homogéneamente ("los judíos"). Por otra parte, dando por
cierta la función estabilizadora de este prejuicio que delimita radicalmente el exterior y
el interior de la comunidad, entonces aparecen en estrecha conexión aspectos de la
teología joánnica como la división entre luz y tinieblas, el mandamiento del amor y la
polémica antijudía.

Conclusión

Es importante y necesario tener en cuenta todos estos hechos. Creemos que una
investigación sociohistórica de la biblia ayuda "a captar con mayor honestidad las caras
sombrías de la religión y la fe, y fortalece la voluntad de eliminar sufrimientos causados
o legitimados religiosamente", como dice Theissen. Dicha disponibilidad a la
conversión debería al menos ser exigida en relación con la fatal repercusión histórica de
la expresión joánnica "los judíos".

Tradujo y extractó: MARIA JOSE DE TORRES