Está en la página 1de 9

TEMA

1
INTRODUCCIÓN Y CONCEPTOS GENERALES

1. INTRODUCCIÓN
2. LA SEÑALIZACIÓN
3. NORMATIVA

1.- INTRODUCCIÓN.

La seguridad en su concepto más amplio que entronca con el principio de libertad más
exhaustivo, predispone en gran medida las actuaciones policiales en las vías públicas en aras a
garantizar la pacífica convivencia de los ciudadanos. El vehículo como medio material
proporciona seguridad, libertad, y gran capacidad de desplazamiento que hace prosperar a las
sociedades y, a sensu contrario, inevitablemente en muchas ocasiones, es aprovechado por
delincuentes para la consecución de sus fines ilícitos.

Cuando hablamos de “control policial” nos viene a la mente una calle, carretera o vía
pública con vehículos, señales, agentes de policía, normas de obligado cumplimiento, lanza-
destellos azules, chalecos reflectantes, semáforos, linternas, etc. Las señales de tráfico
ajustándonos al lenguaje simbólico más universal, nos indican que es posible construir un
lenguaje restringido, donde cada una de ellas no pierde su significado y, se constituya en un
vehículo de expresión de órdenes o indicaciones policiales extraordinarias para los ciudadanos.

Los controles policiales son una actividad profesional que en algunas ocasiones
provocan molestias a los ciudadanos y conllevar la privación de libertad ambulatoria por el
tiempo imprescindible para su correcta ejecución. Sin embargo, nuestra Carta Magna en su art.
104 nos lo deja muy claro; “proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la
seguridad ciudadana”, misión a través de la cual se superpone el interés general sobre el
particular. Así se desarrollan la Ley Orgánica 2/1986, de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad y, posteriormente la Ley Orgánica 1/1992, así como la nueva y reciente Ley Orgánica
4/2015 de 31 de marzo de Protección de la Seguridad Ciudadana que la sustituye.

Por ello, el control policial no se puede improvisar, ha de estar prestablecido en
campañas o planes preventivos o de reacción con objetivos precisos que persigan la finalidad
con la que han sido diseñados. Los responsables de su establecimiento han de confeccionar
previamente a su instalación, un plan de trabajo en el que se precisen las instrucciones concretas
a aplicar, objetivos, fines y clase de control que se trate.



Se denomina “control policial” al dispositivo estático temporal de gran agilidad
establecido por unidades policiales, normalmente desplazadas en vehículos, instalado en vías
urbanas o interurbanas con la finalidad de verificación de personas, vehículos y respeto de las
reglamentaciones administrativas, previa interceptación de la circulación rodada en
determinados puntos de la vía. También se puede definir como el conjunto de acciones
emprendidas por efectivos policiales provistos de los medios adecuados, que tiene por objeto
el reconocimiento e identificación de personas y vehículos previa interceptación de la circulación
rodada en determinados puntos de las vías públicas. Para conseguir los objetivos planificados
previamente, se debe disponer de los medios materiales, técnicos y humanos adecuados al fin
perseguido, medios coercitivos precisos para evitar riesgos a los ciudadanos, salvaguardando su
seguridad personal y, procurar evitar molestias y perjuicios innecesarios a la sociedad.

2.- LA SEÑALIZACION.

Debemos partir del objeto y significado que posee la señalización en las vías de uso
público para vehículos y personas. Así pues, se dice que señalizar es disponer de cuantos
elementos visibles en la vía pública deban informar al ciudadano acerca de la presencia policial,
comportamiento que la misma solicita, o eventualidad existente en la vía y, todo ello con el
mínimo deterioro en el nivel de servicio de la vía afectada.

La señalización tiene por objeto informar al ciudadano de la presencia policial, ordenar
la circulación a pie y rodada en la zona afectada por ella y, por último, modificar su
comportamiento, adaptándolo a la situación no habitual representada por tal presencia y
circunstancias específicas que en cada caso concurran. En el Cuerpo Nacional de Policía existen
casos en los que el objeto de señalización se ve desdibujado por la actuación policial que trata
de advertir y, cuyo objetivo es totalmente distinto. Nos referimos a aquellos supuestos en los
que la señalización se refiere a un “control policial” cuya principal misión puede ser la evitación
de hechos delictivos desde un punto de vista preventivo o, bien el impedimento de la huida de
delincuentes en su esfera de reacción que más adelante veremos. La señalización policial no es
plenamente autónoma en cuanto a su capacidad de información u ordenación, por ello se debe
realizar siempre con el auxilio del balizamiento adecuado a cada vía o situación y, si fuere
necesario, con la participación activa de los agentes policiales encargados del despliegue.


Estos agentes deben tener presente en todo momento que las medidas de señalización
que se adopten han de presentar una credibilidad inconfundible, es decir, que sean de fácil
comprensión e interpretación, ser suficientes como para que cualquier persona pueda
reaccionar con el tiempo necesario y, no verse sorprendida por situaciones inadvertidas que
evolucionen en un accidente de tráfico, así como procurar no proporcionar órdenes
contradictorias al resto de los usuarios de las vías.

Por ello, tanto los elementos de señalización y balizamiento como aquellos de
ordenación del tráfico deben estar justificados y ser creíbles, sin resultar excesivos, seguir la
progresión del dispositivo en espacio y tiempo, anular la señalización permanente que sea
contradictoria con ellos y, por último desaparecer progresivamente en cuanto dejen de cumplir
su función sin obviar las más elementales medidas de seguridad y autoprotección que deben
presidir todas sus actuaciones.

La señalización debe de obedecer en todo momento a unos requisitos mínimos y
formales: Uniformidad, todas las señales deben ser de tipo uniforme homologado y diferente
de la señalización permanente de la vía. Visibilidad, observables y entendibles fácilmente tanto
de día como de noche ante cualquier circunstancia climatológica, así como reflectantes en la
oscuridad y en situaciones climatológicas adversas. Legibilidad, para aquella señalización que se
disponga a través de mensajes adecuados a la velocidad media de la vía.

Eficacia, cuanto más sencillas mejor y así serán comprensibles para todos en aras a su
cumplimiento adecuado. Y Progresividad, para que se cumpla el objetivo final, la señalización ha
de ser paulatina en sus indicaciones y, ha de encontrarse distribuida proporcionalmente en el
espacio para no provocar sobresaltos ni reacciones bruscas.

En el terreno policial uniendo los términos de eficacia y progresividad, se deriva que la
colocación de las señales debe favorecer la invulnerabilidad de la ruta trazada por los agentes
que las han dispuesto en la vía con una finalidad específica y transitoria. Es decir, la eficacia de
las señales no debe verse mermada por la actitud de algún conductor que intente vulnerarlas,
dado que la progresividad de las mismas debe obligar al mismo, a realizar un nueva conducta
antes de que tenga tiempo material de decidir la conculcación de la primera. Si un conductor
intenta vulnerar las primeras señales, las subsiguientes le deben encauzar hacia el punto inicial
del mismo control y así hacerle desistir de su intención de evasión.


Por último, con la eficacia y la seguridad, principios básicos en este tipo de actuaciones
policiales, los responsables de este tipo de despliegues deben tener presente la seguridad
operativa, la seguridad vial, que exige una ejecución esmerada por el riesgo para el ciudadano y
la propia fuerza y, por último, la seguridad legal a la que están sometidos en sus procedimientos
operativos.

3.- NORMATIVA.

En la Exposición de Motivos de la Ley Orgánica 4/2015, de Protección de la Seguridad
Ciudadana, en adelante LOPSC, se regulan con detalle las facultades de las autoridades y de los
agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para dictar órdenes e instrucciones, para la
entrada y registro en domicilios, requerir la identificación de personas, efectuar
comprobaciones y registros en lugares públicos, establecer restricciones del tránsito y
controles en la vía pública, así como otras medidas extraordinarias en situaciones de
emergencia imprescindible para garantizar la seguridad ciudadana (desalojo de locales o
establecimientos, prohibición de paso, evacuación de inmuebles, etc.). Igualmente se regulan
las medidas que deberán adoptar las autoridades para proteger la celebración de reuniones y
manifestaciones, así como para restablecer la normalidad de su desarrollo en casos de alteración
de la seguridad ciudadana.

La relación de estas potestades de policía de seguridad es análoga a la contenida en la
Ley Orgánica 1/1992, de 21 de febrero, si bien, en garantía de los derechos de los ciudadanos
que puedan verse afectados por su legítimo ejercicio por parte de los miembros de las Fuerzas
y Cuerpos de Seguridad, se perfilan con mayor precisión los presupuestos habilitantes y las
condiciones y requisitos de su ejercicio, de acuerdo con la jurisprudencia constitucional. Así, la
habilitación a los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para la práctica de
identificaciones en la vía pública no se justifica genéricamente, como sucede en la Ley de 1992,
en el ejercicio de las funciones de protección de la seguridad ciudadana, sino que es precisa la
existencia de indicios de participación en la comisión de una infracción, o que razonablemente
se considere necesario realizar la identificación para prevenir la comisión de un delito.




Por otra parte, en la práctica de esta diligencia, los agentes deberán respetar
escrupulosamente los principios de proporcionalidad, igualdad de trato y no discriminación, y
sólo en caso de negativa a la identificación, o si ésta no pudiera realizarse in situ, podrá
requerirse a la persona para que acompañe a los agentes a las dependencias policiales más
próximas en las que pueda efectuarse dicha identificación, informándola de modo inmediato y
comprensible de los fines de la solicitud de identificación y, en su caso, de las razones del
requerimiento.

Anteriormente, la Ley Orgánica 2/1986 de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, en su art. 5
dispone que los agentes policiales: "solamente deberán utilizar las armas en las situaciones en
que exista un riesgo racionalmente grave para su vida, su integridad física o la de terceras
personas, o en aquellas circunstancias que puedan suponer un grave riesgo para la seguridad
ciudadana y de conformidad con los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad”.
La Instrucción de la Secretaría de Estado de Seguridad, en adelante SES, de 22 de febrero de
1982 sobre controles policiales, regula el establecimiento de controles policiales en carreteras y
cascos urbanos de poblaciones, haciendo compatible las libertades y derechos de los
ciudadanos, usuarios de las vías públicas, con las exigencias de carácter profesional que asisten
a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, como encargados de mantener la seguridad ciudadana y
proteger la pacífica convivencia, persiguiendo y deteniendo a los delincuentes.

Continúa estableciendo una serie de instrucciones a los agentes policiales:

1. Ajustarse a los Planes Provinciales de Seguridad Ciudadana.
2. Instrucciones claras y concretas sobre objetivos y clases de control.
3. Medios materiales y técnicos adecuados.
4. Seguridad de ciudadanos, de las FCS y eficacia policial.
5. Atención a medios que aseguren la eficacia del control y visualización por
automovilistas. Señales de tráfico obligatorias, luminosas y reflectantes.
6. Establecer el despliegue por corto espacio de tiempo y, por último,
7. Uso de armas reglamentarias en los casos siguientes:

a) Cuando la Fuerza actuante sea atacada con armas de fuego o agredida con
objetos o instrumentos que puedan producirle lesiones físicas.


b) Cuando se atropelle o manifiestamente se intente alcanzar a la Fuerza
actuante con el vehículo que se pretende detener, o desde el mismo se
produzca agresión de entidad suficiente que aconseje el uso de las armas,
evitando en todo caso herir al ocupante y cumpliendo la exigencia
reglamentaria de disparar al aire y, en caso necesario, a las ruedas del
vehículo.

c) La Fuerza actuante habrá de prever los comportamientos anormales y las
reacciones imprevistas de conductores ebrios, toxicómanos y delincuentes
de escasa peligrosidad, en cuanto a posibles infracciones de la señal de
control y, d) Se cursarán instrucciones concretas sobre el personal que
integrará los controles, instrucción del mismo, medios a utilizar, distancias
entre escalones y tipos de controles.

La Instrucción de la Secretaría de Estado de Seguridad, de 22 de febrero de 1983 unifica
los criterios sobre esta materia en cuanto a las "consideraciones generales, normas básicas, tipos
de controles y normas para la prestación del servicio", es decir, que recoge la forma en que han
de establecerse. La Instrucción de la SES de abril de 1983 y la Circular 12/1987 de 3 de abril de
la Subdirección General Operativa, en adelante SGO, sobre la utilización de las armas de fuego,
imparte las directrices a tener en cuenta en la utilización de las armas de fuego por los agentes
policiales, siendo de destacar la referencia que se hace a la jurisprudencia del Tribunal Supremo
limitando su uso a los casos en que exista "peligro o riesgo real para aquellos o terceras personas,
únicamente superable mediante esta utilización, y lo hagan en forma adecuada para evitar
consecuencias irreparables que no vengan justificadas por la gravedad del contexto en que se
encuentran", todo ello sin perjuicio de realizar previamente los oportunos avisos al agresor, así
como tener presente en todo momento el criterio de causar la "menor lesividad posible".

Pueden ser motivos de política criminal, penal y/o constitucional, los que conducen a
tan alto tribunal cuando expresamente y, en relación a los controles policiales nos dice que: "la
simple y pura huida de una persona, desatendiendo las órdenes de "Alto Policía", no autoriza sin
más a ésta para utilizar sus armas de fuego", y que en tal supuesto, sólo se utilizará el arma en
los casos de "delito grave" y conforme los siguientes criterios:

a) Dando las conminaciones y advertencias previas de que se entregue a la Policía y, en


su caso, disparando únicamente al aire o al suelo, teniendo la certeza de que los disparos
no alcanzarán a otras personas.

b) En última instancia, cuando conste la extrema peligrosidad del que huye, disparando
a partes no vitales del cuerpo del delincuente.

Posteriormente la Instrucción de la SES, de 25 de abril de 1990, "sobre controles
policiales para la prevención de la criminalidad terrorista", incide en los criterios anteriores y
añade otros nuevos, relativos a lugares, eficacia y oportunidad, que han de compatibilizarse con
la evitación de molestias innecesarias a los ciudadanos, siendo de destacar las siguientes
cuestiones:

a) Introduce criterios de actuación coordinada con los Servicios de Información de la
Dirección General de la Policía cuando dice que determinadas personas deben ser
identificadas y los vehículos registrados minuciosamente, debiéndose tomar nota (con
discreción) de los datos de filiación de aquéllas, así como de matrícula, marca, modelo y
color del vehículo que utilicen, comunicándolos a los Servicios de Información para su
análisis y procesamiento.

b) Tener previsto el cierre de la ciudad en caso de producirse alguna acción terrorista.

Aquí debemos citar el contenido de la Circular 50/2005, de la Subdirección General
Operativa, donde se imparten instrucciones sobre el establecimiento de los operativos de Cierre
Próximo y Lejano (controles) en caso de atentados terroristas: Selección de lugares estratégicos,
de manera aleatoria, para establecer controles y, la Coordinación entre el Cuerpo Nacional de
Policía y la Guardia Civil para conseguir una mayor eficacia en el servicio.

La Instrucción 15/1991 de la SES, nuevamente y acorde con la amenaza terrorista
existente en nuestro país, imparte a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad una serie de fórmulas
empleadas por los terroristas para eludir los controles policiales y, en concreto:

1. Empleo de vehículos con medios luminosos, similares en forma y destello a los
utilizados por las FCS.

2. Sistemas de camuflaje en medios móviles, camiones, ambulancias, vehículos


especiales, donde por su naturaleza es posible camuflarse o esconderse en el interior, y

3. Utilización de estratagemas o sistemas que por su incidencia en la vida diaria
impliquen rapidez de desplazamiento, simular la presencia de un enfermo en un
vehículo u otros hechos de características análogas.

La Circular de la SGO de 16 de enero de 1992, sobre la “nueva modalidad de controles
policiales”, es ampliatoria a las anteriormente citadas, y recoge una nueva modalidad de
controles, alternativos con los ya existentes, en aras a una mayor efectividad del servicio. Los
controles se establecerán en zonas donde exista regulación del tráfico mediante semáforo.

En este lugar, donde los vehículos se ven obligados a parar cuando se encuentra el disco
en fase roja, se ubicarán varios funcionarios de paisano, cuya misión será visualizar y seleccionar
aquellos vehículos que a su juicio deban ser objeto de identificación. El control estará situado a
unos 200 o 300 metros más adelante.

En lo que se refiere a emplear datos con fines informativos, los criterios a utilizar son
semejantes a los expuestos en la Instrucción 8/1990 al recordar la necesidad de tomar nota de
los datos identificativos del vehículo en caso de intentar eludir el control y, posteriormente ser
comunicados a los Servicios de Información.

Así mismo, el Tribunal Constitucional reconoce la legitimidad de las Fuerzas y Cuerpos
de Seguridad en el cacheo de personas, incluso sin que existan indicios previos de infracción,
pero en el marco de la actividad preventiva e indagatoria de hechos delictivos. Se reconoce que
son actividades que comportan molestias e incluso una inmovilización del ciudadano durante el
tiempo imprescindible para su práctica, pero no una privación de libertad ni atentado contra el
derecho a la libre circulación, que quedan intactas, tras la práctica de las mencionadas medidas
policiales, siempre que se realicen por los funcionarios legalmente autorizados y, durante el
tiempo mínimo imprescindible para cumplir con el fin que persiguen.

Por otro lado, el Tribunal Supremo considera lícito el cacheo e identificación partiendo
de las siguientes consideraciones:
1.- Es una función de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, con base al artículo 104 de la
Constitución Española.


2.- Es una medida preventiva-policial, no sometida a las mismas formalidades que la
detención.

3.- Comporta una inmovilización del ciudadano durante el tiempo imprescindible,
suponiendo una sumisión legítima a las normas de policía.

4.- Es una práctica que se debe traer a efecto con racional cautela y espíritu investigador,
aunque se puede actuar por "simples sospechas", siempre que no sean ilógicas,
irracionales o arbitrarias.

5.- Las pruebas obtenidas mediante esta diligencia no vulneran derechos fundamentales
y por lo tanto son pruebas lícitas.

Y por último, el Reglamento General de Circulación, en su art. 118 establece que los
conductores de turismos, de autobuses, de automóviles destinados al transporte de mercancías,
de vehículos mixtos, de conjuntos de vehículos no agrícolas, así como los conductores y personal
auxiliar de los vehículos piloto de protección y acompañamiento deberán utilizar un chaleco
reflectante de alta visibilidad, certificado según el Real Decreto 1407/1992, de 20 de noviembre,
por el que se regulan las condiciones para la comercialización y libre circulación intracomunitaria
de los equipos de protección individual, que figura entre la dotación obligatoria del vehículo,
cuando salgan de éste y ocupen la calzada o el arcén de las vías interurbanas.

También y no menos importante, el art. 143 del mismo Reglamento, establece que en
ausencia de los agentes de la autoridad del tráfico, serán los integrantes de las FCSE los
responsables de dirigir el tráfico en un momento determinado, siendo en ese caso obligatorio la
utilización del chaleco reflectante de alta visibilidad.