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INTRODUCCIÓN

El sentido de este libro es empezar a reunir algunos hilos muy particulares de mi interés
por el trabajo terapéutico y de mi práctica de él.
He tenido una consulta abierta durante casi cuarenta años, y me formé como
psicoterapeuta, acupuntor y terapeuta cráneo-sacral. Tengo casi ochenta años y trabajo
continuamente para compostar todos ellos, no sólo los “años terapéuticos”. No tengo
que forzar mucho la imaginación, ya que mi formación psicoterapéutica fue jungiana,
para decir que he estudiado el Espíritu, la Mente y el Cuerpo.
Cuando digo que mis intereses espirituales surgen del budismo y del taoísmo, y que la
acupuntura que estudié era china taoísta, también puedo añadir que he demostrado
cierto interés por la filosofía, tanto occidental, por nacimiento, como oriental, por
adopción.
Durante los últimos de veinticinco a treinta años he leído sobre budismo, taoísmo,
cristianismo, sufismo, hinduismo (Advaita y Shivaísmo), y también algo de
chamanismo.
Aunque enumero una lista de “ismos”, también he desarrollado cierta aversión al
dogma donde quiera que lo encuentro y creo profundamente que es precisamente el
dogma lo que limita la expresión del espíritu humano. Respeto profundamente la verdad
tal como se revela en cada ocasión, lugar y espacio, y me inquietan los profesores que
creen poseerla.
En estos tiempos post-cartesianos tendemos a conceptualizar, y prácticamente hemos
destruido la experiencia encarnada. El objetivo principal del trabajo que facilito es
restaurar la conciencia de que es en el cuerpo donde lo experimentamos todo, sea la
agonía o el éxtasis, sea el pensamiento o el sentimiento.
Propongo que tenemos que recuperar la experiencia encarnada de nuestra relación con
el mundo y todos sus contenidos, y alejarnos de descansar en la formulación de
conceptos sobre la experiencia. Los conceptos son útiles -no quiero deshacerme de la
mente pensante-, simplemente afirmo que el concepto no es la verdad, sino que trata
sobre la verdad.
En general, la psicoterapia ha tendido a alinearse con la iglesia e imponer un
intermediador a la experiencia humana profunda. A la gente no se le puede permitir
tener acceso directo a lo divino, ¡es demasiado peligroso!
¡Y sin embargo…! Dos de los grandes maestros de nuestra civilización, Jesús y Buda,
estaban encarnados. Quizá podríamos decir que ambos eran humanos. Eran de aquí, no
del espacio exterior. Ambos son ejemplos de la capacidad de la humanidad, expresada
en el cuerpo. Nosotros también somos eso cuando estamos plenamente despiertos.
Entonces, no neguemos el cuerpo, no tratemos de escapar de él siendo demasiado
buenos para él. Convirtámonos en seres humanos completos; entonces, tal vez, es
posible que descubramos también nuestra verdadera identidad.
Me formé en Terapia Craneosacral hace ya muchos años, y he estado enseñándola
durante un tiempo sustancial.
Cuando empecé a trabajar con la gente siguiendo este modelo, una modalidad en la que
“se hace uso de las manos”, pronto se hizo evidente que la combinación del trabajo
corporal y lo que podríamos llamar un profundo nivel de escucha consciente produjo
resultados en un periodo muy breve, que muy bien podrían haber requerido mucho más
tiempo cuando uno practica la psicoterapia o terapia somática por separado. El
propósito de este libro es empezar a explorar algunos de estos conceptos sin la jerga o
el dogma de la terapia somática o psicológica.
Trabajo, es decir, enseño, en una serie de países de Europa y en los Estados Unidos. Y
como he encontrado tanto aprecio por este trabajo en España, la primera edición de
este libro es en español.
Espero que mis buenos amigos españoles puedan beneficiarse de él, aunque sólo sea
para confirmar y reforzar el trabajo que ya están realizando tan bien. Tengo que hacer
mención de algunas personas cuya contribución a mi trabajo en España ha sido
importante, y son: Carles Company, profesor del trabajo introductorio. Toñi Jiménez,
como el anterior y organizadora del curso. Miguel Iribarren, primer traductor. Carme
Renalías, segunda traductora y cuidadora de mi cordura. La actual junta de la
Asociación Española de Terapia Craneosacral, que ha dado mucho apoyo a mi trabajo
en España, y todos los maravillosos alumnos que continúan viniendo para seguir
practicando: os quiero a todos.
Mas allá y por encima de los anteriores siempre está la línea de mis propios
profesores, sin los cuales nada de esto habría sido posible, y son los siguientes:

Milarepa, alborotador y Santo, consecutivamente.


Carl Gustav Jung, visionario.
Joe Redfern, psicoanalista y analista formador jungiano.
Profesor Jack Worsley, que entendió el significado de la presencia. Acupuntor. Irina
Tweedie, una sufí que practicaba lo que predicaba.
Chogyam Trungpa, alborotador y Santo en paralelo. Budista Dzogchen. Ian Gordon
Brown, que me puso en contacto con la realidad. Profesor de psicología transpersonal.
Franklyn Sills, que me puso en contacto con distintos niveles en el cuerpo. Profesor
craneosacral.
James Low, psicológo clínico, erudito budista, supervisor y amigo.
Mis alumnos.
Mi familia.
Bárbara.

Soy todos ellos y ninguno. Mi trabajo se basa en el suyo: me alzo sobre sus hombros
con gratitud.
PREFACIO

En su mayor parte, los contenidos de este libro emergen de mi relación con los alumnos
que han acudido a mis clases a lo largo de los últimos quince años aproximadamente.
Cada capítulo, cada artículo podría decir, surge de un momento, de un lugar, de un
espacio y de un grupo de gente diferente de cualquier otro artículo y el resultado es una
colección de pensamientos, unos muy bien articulados y otros que contienen sección
bien ensambladas. La totalidad necesita forma.
Una película se filma en pequeñas secuencias, que después se agrupan para contar la
historia. En este caso la tarea es tomar una serie, o mas bien una colección y
precisamente no una serie, de artículos que han surgido en gran medida del cerebro
derecho y, creando cierta estructura y orden con el cerebro izquierdo, convertirlos en
una historia que tenga un comienzo, una trama y un desenlace, y que finalmente resulte
útil.
Me siento muy en deuda con Ian McGilchirst por su monumental y al mismo tiempo muy
legible obra The Master and his Emissary (subtitulada The Divided Brain and the
Making of the Western World).
En él se explica con gran claridad las relaciones entre los hemisferios izquierdo y
derecho del cerebro, sus funciones separadas y combinadas. Creo que me ha ofrecido la
ruta de avance que me faltaba.
Parece que el camino a seguir será permitir que los artículos se queden tal como fueron
escritos, sin atemperarlos, y contextualizarlos explicando las condiciones en las que
surgieron.

La gente
Habitualmente los grupos son de entre 16 y 20 personas; la mayoría vienen a títulos
individual aunque también hay parejas, y viene de toda Europa, de las Américas y a
veces de lugares más lejanos. La gente viene a estas reuniones por múltiples razones.
Sospecho que hay un núcleo común que gira en torno a la búsqueda de significado más
que a la simple gratificación de desear algo nebuloso llamado mejoramiento personal…
El terreno común que sugiero no siempre es evidente, y pueden hacer falta días,
semanas e incluso años para salir a la superficie donde puede ser articulado. Sus
procedencias son diversas; en los primeros días venían principalmente terapeutas de
modalidades particulares, pero más recientemente he hecho un esfuerzo deliberado para
que los grupos no sean exclusivos y excluyentes, sino que más bien incluyan a
cualquiera que se sienta motivado. Tratamos de evitar la actitud de que “nuestro trabajo
es mejor” que el de los demás.
No hay jerarquía de realizaciones, ¡al menos eso espero! El resultado perceptible de
esta actitud es que nadie entra en competición con sus pares, y entonces todo el mundo
brilla. No me cabe duda de que si tenemos la idea de cómo algo o alguien debería ser,
entonces, como por arte de magia, describiremos que es así como son. En cualquier
caso, el cómo, el qué y el por qué son todos ellos, cada una a su manera, limitaciones
de modo que intentamos trabajar sin ellos.

El trabajo
El propósito de los grupos es explorar la espiritualidad como una experiencia
encarnada, junto con la revelación de que el espíritu no está en otra parte; que no es
algo que se ha de conseguir sino, más bien, es la esencia de cada uno de nosotros, aquí
y ahora mismo. Para llegar a comprender esto es posible que tenga que rendir algunos
puntos de vista bastante cristalizados y obstinados con respecto a mí mismo. En este
contexto, rendir es una buena palabra. Este dejar ir es el resultado de la toma de
conciencia de mis hábitos y de mi renuncia voluntaria a ellos, no de obedecer órdenes.

El método
El día de trabajo es parecido a éste:
De 10 a 10:30. Meditación. Sin guía y en silencio. Si se necesita, se ofrece una
explicación de los propósitos y del método de meditación.
10:30-12:00. Normalmente habrá una charla en torno a cualquier tema relevante que
parezca resonar con lo que está ocurriendo en el grupo… una ampliación de los
pensamientos que se han expresado recientemente. También puede haber respuestas
directas a preguntas que la gente trae consigo.
12-12:30. Descanso. Suele haber varios descansos. Los descansos ofrecen espacio para
digerir el material que surge en la gente, y también puede ser una oportunidad de comer
galletas de chocolate y pastel. También es importante indicar que los descansos
facilitan un cambio de tema y de estado de ánimo cuando es apropiado.
12:30-13:00. Conexión a través de las manos, por parejas. Normalmente uno se tumba
en la camilla y el otro toma la posición de terapeuta, bien de pie o sentado. Siempre
completamente vestidos.
Este tipo de contacto manual es muy ligero; se usan el contacto y la intención más
livianos. Esto se explica plenamente con anterioridad y se vuelve a explicar de vez en
cuando. Se trata simplemente de recibir lo que se ofrece sin interpretación ni reacción
de ningún tipo.
La premisa es que ser escuchado es ser sanado, que pocos de nosotros somos
escuchados adecuadamente, casi nunca sin juicio y consejo, y que esta escucha profunda
es profundamente curativa. Ésta es la teoría y ésta es mi experiencia y la de otros
cuando renunciamos completamente a la necesidad de hacer algo.
Algunas personas sostienen el cráneo, otras se sienten más cómodas en los pies, y otras
pueden poner suavemente una mano en el pecho y la otra en la espalda. En realidad no
importa donde toquemos si tenemos la actitud de que tocar una parte es tocar la
totalidad. En lo que suelo concentrarme es en la quietud desde la que se aproximan al
“paciente”, más que en “cómo puedo ayudar a esta persona”.
14:00-16:00. Comida y paseo o descanso.
16:00-16:30. Meditación.
16:30-17:30. Compartir verbalmente la experiencia de la sesión por parte de ambos
participantes. Esto es muy importante. Para mucha gente es la primera vez que escuchan
su propia experiencia de vida expresada en voz alta, o que se permiten conectar con
ella en absoluto. También puede ser muy conmovedor.
17:30-18:00. Descanso.
18:00-19:30. Comienza de nuevo el ciclo de sesión y feedback, y las parejas cambian
de papel.
Este horario sólo es una guía aproximada, puesto que en realidad el enfoque cambia de
manera flexible en función de qué se necesite en cada momento, pero la estructura
general es la que se presenta, aunque la cantidad de tiempo que se pasa en una actividad
u otra puede variar.
Al principio, a algunas personas les resulta difícil mantener la presencia necesaria
durante el compartir/feedback de grupo. Resulta muy fácil acusar a alguien mentalmente
de “recrearse en naderías”, pero a medida que nos damos cuenta de que lo que
escuchamos no es únicamente la historia de una persona concreta sino la historia del ser
humano, de la humanidad, se desarrolla una conciencia potente: el reconocimiento de
que la historia de cualquier otra persona también es mi historia. Gradualmente voy
incorporando una visión expandida de mi identidad, y eso nunca es aburrido. No es
necesario que el facilitador del curso comente estas historias, aparte de una traducción
ocasional al lenguaje de cada día. Lo único que se necesita es que él o ella sea un
espejo limpio. El poder de este trabajo no reside en la erudición del profesor, sino en
la sinergia de la energía grupal. Verdaderamente, el trabajo hace el trabajo. Me gusta
hablar de la Inteligencia en acción, más que del intelecto. Es posible que esto no sea
muy del cerebro izquierdo, pero en todas las sociedades parece haber un
reconocimiento místico de que cuando la separación del yo/mío se aparta
temporalmente de en medio, es posible oír un campo común, un campo que contiene lo
interno, lo externo y todos los puntos intermedios.
Es posible confiar en esta voz, en esta revelación, de una forma diferente a la que
confiamos en cualquier otra experiencia. Pero confiar significa caerse por el
precipicio, no conceptualizar con respecto al dejar ir o al colgar de la rama que hay en
el borde. En el resto del libro hay muchos ejemplos de comprensiones surgidas en el
curso de este trabajo. Cuando este libro se colgó en Internet, mucha gente respondía a
los artículos a medida que se iban colgando. Ahora estas respuestas han sido
incorporadas a los capítulos correspondientes y permiten ver que el trabajo que hace un
grupo en un país tiene resonancia en otros lugares y en otros espacios, con personas
diferentes. Supongo que podríamos referirnos a este fenómeno como una resonancia
mórfica, término acuñado por Rupert Sheldrake.
El espacio
Se me invita enseñar en algunos lugares muy hermosos, junto al mar, en lo alto de las
montañas, y a veces también en espacios muy normales, pero siempre con gente
encantadora. Trabajo regularmente en Estados Unidos, España, Italia e Irlanda. Tengo
un centro precioso en Normandía, Francia. El centro de Francia ha reemplazado a otro
centro igualmente hermoso que teníamos en el sur de Inglaterra, pero que tuvimos que
dejar cuando los propietarios se pusieron un poco avaros con el alquiler. Al final de
este capitulo se ofrecen el email y la dirección de la pagina web. El espacio de trabajo
en el piso superior de nuestro “molino” francés tiene que experimentarse para creerse.
Es extraordinario tanto visual como energéticamente.

El resultado del trabajo


Es una amalgama de muchos principios filosóficos budistas y de muchos principios
terapéuticos occidentales, evitando deliberadamente en la medida de lo posible las
jergas de ambos. La expresión de este trabajo es tal como el cuerpo la demuestra en el
siglo XXI, en un entorno cultural occidental. Esto no lo hace mejor ni peor, sólo hace
que sea real, que esté presente y disponible para cualquiera que acepte estos
parámetros. Hace posible que personas de buena voluntad de otras culturas hagan la
interpretación desde su propia experiencia encarnada y presente.
No favorecemos ningún intento de adquirir espiritualidad a través del vestido y la
postura, o de hablar otras lenguas. Coleccionar conceptos no vinculados con la
experiencia corporal no supone ninguna ventaja. De hecho, coleccionar conceptos
puede acarrear serias desventajas, puesto que después de algún tiempo se “cosifican” y
se confunden con la verdad. En los capítulos siguientes intento evitar el uso de términos
técnicos de cualquier naturaleza. Mi visión es que si un concepto no puede ser
expresado con palabras simples, estamos siendo invitados a entrar en un club
exclusivo, y yo quiero evitar eso. Comprendo que en ciertas profesiones o modalidades
resulta útil tener un lenguaje especial porque proporciona atajos que ahorran tiempo. Y
sugiero que esto no se necesita para expresar más plenamente nuestra humanidad.
Creo que si gracias a este prefacio el lector llega a tener una imagen mental de lo que
ocurre en los retiros, los artículos siguientes tendrán un contexto más claro. Todos los
conceptos delineados en este prefacio se expresan con más profundidad en los capítulos
siguientes y es de esperar que estas palabras hagan las historias mas comprensibles.
Toda mi experiencia me dice y refuerza constantemente la conciencia de que trabajar
con la inteligencia del cuerpo acelera exponencialmente el trabajo que hacemos. Lo que
más me gusta de este trabajo es ver a la gente cambiar, trasformarse gracias a su propio
viaje, no porque se les ha dicho como deberían ser. Lo primero fortalece
erdaderamente; el consejo debilita, aunque se ofrezca con amabilidad.
No estamos aprendiendo una terapia, sino modificando y expandiendo nuestro
planeamiento de la vida a través de la expansión de la conciencia desde su fuente, justo
en el corazón de nuestro ser.
Queda claro que uno de los puntos sobre los que gira mi trabajo es el uso y el
entendimiento de la palabra quietud. Esta palabra saldrá muchas veces a lo largo del
libro y quiero intentar explicar su significado en este contexto.
Podría ser un buen momento para introducir algunos de esos pensamientos de la forma
siguiente:

Entrar en quietud
Hay un gran misterio en torno a la quietud en el sentido de que no es no hacer nada y
tampoco es quedarse en blanco-estar “volado”-, sino todo lo contrario. La quietud es un
estado en el que se es muy consciente de lo que está ocurriendo, sin apegarse a ello ni
dejarse pillar por ello. Es el estado de testigo.
La quietud no es algo que hacemos. Es ser, estar en el centro de nosotros mismos. Este
centro aquietado está dentro de todos nosotros; lo compartimos con el Universo mismo.
Este lugar, en la quietud del centro,
es dinámico. “En el punto aquietado del mundo que gira… ahí está la danza”. T.S. Eliot.
En la quietud no hay sufrimiento. Al reconectar con el centro se deja atrás el ufrimiento.
Puede haber momentos en los que simplemente nos rendimos a la conciencia en lugar de
reaccionar a lo que está ocurriendo, y notamos que estamos apegados a algún
pensamiento o sentimiento, sea de agonía o de éxtasis. Entonces simplemente nos damos
cuenta de ESO, y nos convertimos en testigos de ello en lugar de castigarnos por
habernos desviado del camino.
Esta tendencia a castigarnos por no ser perfectos es exactamente el tipo de energía que
nos mantiene atrapados en la reactividad y la insatisfacción.

Permanecer en la quietud
De vez en cuando, cuando entramos en un cambio conceptual hacia la totalidad,
experimentamos la sensación encarnada de presencia completa, quietud y libertad. Esto
no es un logro que nosotros hemos conseguido en el sentido de desarrollar una
habilidad. Ya es algo inherente. Simplemente nos hemos quitado de en medio el tiempo
suficiente para permitir que se revele la fuente de nuestro ser. Simplemente ocurre algo
que nos saca de ese filo de la navaja del equilibrio y otra vez empezamos a aferrarnos,
y volvemos a correr en la rueda como un hámster. Siempre era así.
Éste es el sentido de la práctica, éste es el sentido que tiene juntarse con una comunidad
de personas que siguen caminos en simpatía.

Más allá de la quietud


Mientras que la quietud sea un estado del que entramos y salimos, mientras siga siendo
un objeto de mi conciencia, sólo es un concepto de quietud.
La verdad de la quietud no conlleva ningún pensamiento al respecto; o bien es o bien no
es, y tal vez la esencia de la quietud es estar bien con ambas posibilidades: convertirla
en un objeto de deseo es probablemente materialismo espiritual. El objeto del
materialismo ha cambiado de los zapatos al espíritu, pero el sujeto no ha cambiado. El
propósito de este escrito es examinar estos conceptos experimentalmente: ver cómo nos
debilitamos a nosotros mismos por los hábitos que repetimos. Tomar más conciencia de
aquello a lo que estamos apegados en el pasado y en el futuro que nos impide estar
presentes y, al tomar conciencia, permitir la posibilidad de cambiar y despertar.
No hay ningún lugar al que ir, todo está en su sitio, sólo tenemos que despertar.
Caminemos juntos.

Mike Boxhall
www.stillness.co.uk
Capitulo 1
Agosto
Quietud
Yo no hago nada,
y la gente se transforma.
Yo amo la quietud,
y la gente se orienta hacia lo correcto.
Yo no trabajo,
y las personas se enriquecen.
Yo no tengo deseos,
y las personas por sí mismas se vuelven simples.

“El Tao del Tao Te King”. Traducido por Michael Lafargue.

Al final de un curso celebrado recientemente con un grupo de personas que llevan


algunos años trabajando juntas, nos dedicamos a hacer una lista de las palabras que
constituyen lo que llamaríamos los “titulares” de este trabajo. Acabamos con una lista
de once o doce palabras, y siento que esta lista se puede reducir todavía más, puesto
que a menudo el significado de un término está contenido en otro. Tan sólo 12 palabras,
pero tantas maneras de aproximarse a ellas que, finalmente, su sentido más profundo se
convierte en realidad, en sensación sentida, en experiencia.
Las exploraciones que nosotros, como grupo fluctuante hemos venido realizando
juntosen grupos de 15-20 personas y con un grupo total de unas 200 personas- durante
los últimos diez años, suman un total de 400horas de formación, suficiente como para
completar un curso de postgrado sustancial. Y, sin embargo, ¡todo este trabajo puede
reducirse a doce palabras! Ellas describen toda una manera de ser.
Una de las vías posibles para realizar este trabajo es la de tomar estas palabras, una
por una, y convertirlas en títulos de los capitulos y, después de una primera revisión de
su significado por mi parte, pediros que enviéis por e-mail cualquier ampliación de esa
palabra, en cualquier formato que elijáis, para su posible adición al capítulo apropiado.
Empecemos con Quietud.
Quietud. Esta palabra, que aparece en el título de la página, ha sido abordada en
muchas ocasiones. La quietud, en el sentido que nosotros le damos, no es únicamente la
falta de movimiento de los miembros, ni siquiera un aquietamiento de la mente, sino,
más bien, un estado de ser. Quietud, por lo tanto, implica un “no dejarse atrapar” o no-
apego a cualquier cosa que se esté manifestando.
Es perfectamente posible que mi cerebro esté parloteando y que mis piernas den
sacudidas, pero, si puedo permanecer consciente, pacíficamente consciente, de todas
estas cosas que están ocurriendo sin identificarme con ellas, descansando simplemente
como observador, entonces, yo, el verdadero yo, me mantengo aquietado. Son el
cerebro y las piernas los que se mueven.

”Si el agua deriva lucidez de la quietud, ¡cuánto máslas facultades mentales! La mente
del sabio, al estar en reposo, se convierte en el espejo del universo, el speculum de
toda creación”.
Chuang Tzu.

La enseñanza importante de esta cita no es que el universo está aquietado, puesto que no
lo está- está en constante movimiento-sino que el espejo ha de estar limpio y
transparente. Esto significa que mi mente está en reposo, consciente de todos los
movimientos, incluyendo los movimientos y la excitación de mis propios sentidos, pero
sin dejarme pillar por ellos ni apegarme a sus actividades. No puedo resaltar
suficientemente la importancia de esta afirmación. Muchas personas se quejan de que su
cerebro sigue parloteando cuando se supone que tienen que estar meditando o
aquietadas. Ésta es la naturaleza del cerebro. Esto es lo que hace. ¡Está vivo! La
paradoja es que si encontramos un modo de no alimentar esa actividad con la energía
de nuestra atención, dicha actividad puede, como todas las formas de vida cuando no se
las nutre, simplemente atrofiarse y termina. De repente, puede llegar un momento en que
nos demos cuenta que hemos estado en el espacio entre las notas y que ha habido
verdadera quietud. ¡Qué música tan hermosa!¡Es posible oír la voz del silencio! No
podemos escuchar este sonido mientras estamos ocupados esforzándonos por librarnos
del parloteo, pero está allí, ya está presente, en cuanto nos rendimos a la inseguridad
que revela el no esforzarse, el no intentar.
Esto queda bellamente ilustrado por la historia siguiente, que es el feedback de una
alumna sobre su experiencia de compartir durante una formación reciente…

Yo me sentía muy cansada y estaba sentada con una taza de té en la cocina. Mary vino y
se sentó conmigo. Después de un rato, dijo que ella entendía por qué estaba agotada.
Tomó mi mano en las suyas y la mantuvo sobre su regazo, y continuamos hablando sobre
esto y aquello.
Entonces, mientras la conversación continuaba, noté que me estaba dando un tratamiento
y me sentí genial.
Le dije: “Me estás dando un tratamiento” y ella se limitó a sonreír. Sentí que a través de
sus manos fluía una fuerza y unos recursos que eran como una montaña. Esto me llegaba
a través de una quietud que me es familiar. Conozco este trabajo por haber sido alumna
de Mike, y por practicar como terapeuta y paciente.
Una cosa particularmente notable fue cuando puso su mano sobre mi pie y parecía
intentar darme un tratamiento aún mejor, la sensación de la quietud y el poder de la
quietud desaparecieron completamente. Me sentí apoyada y vivificada por el
tratamiento recibido; era muy bueno estar en contacto con eso en ella y en mí.

Así es exactamente como he recibido este testimonio, que resalta la diferencia entre la
absoluta receptividad contenida en Ser y la acción del Hacer. Resulta tan difícil
simplemente Confiar en la Marea y ser, ¿no os parece? Y, sin embargo, éste es el único
modo de trascender las limitaciones de nuestro saber. Y de tocar la esencia. Lo que
sigue es una nota de Erich Schiffmann, tomada de su libro Moving into Stillness
(Entrando en la quietud), que parece decir lo mismo de manera diferente: la quietud es
dinámica. Es movimiento sin conflicto, la vida en armonía consigo misma, habilidad en
acción. Puede experimentarse en cualquier momento que haya una participación total,
desinhibida y sin conflictos en el momento en que estás; cuando estás totalmente
presente en cualquier cosa que estés haciendo.
Entonces, ¡qué gloriosa terapia es ésta que nos permite sentarnos en Quietud con otro u
otros seres humanos! Sólo cuando estamos aquietados, según la definición que estamos
usando aquí, lo que significa sin apego o juicio respecto a lo que se está revelando,
llega a contarse la historia. Sí oír es curar, como se suele decir, entonces la quietud
absoluta, el no-apego, ofrece la posibilidad de que la historia se cuente completamente,
y en plena escucha reside la plena curación. Nosotros no tenemos que hacer nada;
simplemente recibir, sin juicio. Allí, en la receptividad, está el inmenso poder del
principio femenino. ¡Qué precioso y raro es!
Aquí hay un ejemplo de un momento de Quietud. Acción aquietada con la co-operación
de la tecnología moderna:

“Flames” (Llamas) de Julian Johnson

Lo que sigue es de Julia Marie Gillett, terapeuta craneosacral registrada de Ridway,


Colorado, e ilustra una experiencia común de lo opuesto a lo que estamos tratando aquí.
Es importante indicar que según Julia, Marge no podía soportar la incomodidad que
sentía. Hace falta una gran compasión para poder simplemente “estar con” algunas de
las historias que afrontamos sin entrar en juicios o análisis, ni sentirnos reactivos. El
título es importante. Todos perdemos muchas de estas oportunidades porque, en el
momento crítico, no estamos presentes, Julia tiene la gran humildad de dejar esto claro,
tanto cuando habla como paciente como cuando habla como terapeuta.

“Reflexiones sobre una oportunidad perdida”

Ésta es una historia sobre una colonoscopia. Sentía resistencias a que me hicieran esta
prueba médica. Pero accedí a ello porque mi hija pequeña había insistido en que me
hiciera una examen físico completo, algo que llevaba más de una década sin hacer. No
me convencen demasiado las prácticas médicas convencionales, pero entendía la
preocupación de mi hija y por eso accedí a someterme a todos los exámenes rutinarios
que se sugieren para una persona de edad avanzada como yo. Así es como una mañana
me encontré en la unidad quirúrgica del hospital regional.
Aunque la hora real de mi cita eran las 9:00, llegué a las 7:30, como me habían
indicado. A las 8:00 ya estaba preparada para el examen, ya me habían introducido el
aparato y estaba conectada a un montón de tubos y máquinas eléctricas. A las 9:45 aún
estaba esperando, pero como había calculado que tal vez tendría que esperar, me había
llevado un libro para leer. Mientras me conectaban me di cuenta de que había llegado
mi médico, y esperaba que me saludara, pero en cambio se puso a charlar con un colega
mientras sorbía de su “taza de café para llevar” de Starbucks. Llevaba unas veinte
horas sin comer, y no había bebido agua en las últimas diez horas. Había pasado todo el
día anterior en una relación de lo más intima con un inodoro de porcelana. Me dejaron
esperando en un rincón mientras diversas personas deambulaban por allá; ni una sola de
ellas establecía contacto ocultar y ya estaba empezando a perder mi disposición
naturalmente amable cuando Marge, una mujer muy voluminosa, llegó para continuar
preparándome para el procedimiento. Me sentía muy incómoda y pedí a la voluminosa
Marge si podía ajustarme aquellos cables. Ella parecía fascinada por todo el
equipamiento de alta tecnología que había en nuestro pequeño cubículo e ignoró mi
solicitud, de modo que yo empecé a soltarme parcialmente de mi prisión de tubos y
cables, y después me senté erguida con la intención de aliviar el dolor que sentía en la
espalda.
Finalmente la voluminosa Marge miró en mi dirección, contemplando
momentáneamente el libro que tenía sobre el regazo: Dzogchen-The Self-Perfected
State [Dzogchen- El Estado Auto-Perfeccionado]. Volví a realizar mi solicitud. Ella
insistió en que no se podía hacer nada respecto a los cables, pero me trajo una manta
caliente antes de retomar su tarea de inspeccionar cuidadosamente todos los aparatos
de la habitación. mientras continuaba con su inspección, y sin mirarme, me preguntó:
-¿Trabajas fuera de casa?
En ese instante todos mis juicios y mi hostilidad contenida se convirtieron en ira, que
salió de mi boca apuntando directamente hacia ella.
-“Sí”- respondí con toda la frialdad que pude reunir.
-¿Qué haces?
-Soy terapeuta craneosacral- respondí secamente, sabiendo que probablemente no
tendría ni idea de a qué me refería, y sin ofrecer ninguna explicación más.
-¿Y en qué consiste eso exactamente?-preguntó.
-Es un tipo de curación-dije secamente. Y con eso ella se giró abruptamente y salió de
la habitación.
De la manera mas encubierta había conseguido informarle de que me parecía muy
inadecuada. Ninguna de las palabras que le había dicho eran inherentemente hostiles,
pero la brevedad y el tono de mi voz transmitían mi enfado respecto a toda la situación.
Seguidamente sentí remordimientos y me sentí derrotada, pero entonces, al encontrarme
el libro medio enterrado entre la ropa de cama, me reí suavemente de lo paradójico de
la situación. ¿Qué podía hacer ahora? Aceptarlo y abrirme. Eso es lo que me vino. Fue
sorprendentemente fácil de hacer y, una vez hecho, llegó el médico. Momentos después
caía pacíficamente dormida en medio del temido procedimiento.
Al reflexionar sobre esta situación tan común, parece claro que Marge, simplemente no
podía “estar con” mi incomodidad. Uno puede persuadirse fácilmente de que una
persona así no está preparada para su profesión, y es posible que eso sea verdad, pero
ésta es una circunstancia común, que se encuentra habitualmente. Qué diferente habría
sido mi experiencia, y tal vez también la de Marge, si yo simplemente hubiera estado
receptiva a lo que estaba ocurriendo, si hubiera sido capaz de aceptar lo que es sin
juicio. Sin duda Marge sintió que yo la estaba juzgando, que estaba juzgando su tamaño,
su apariencia y lo que creo que es un estilo de vida poco saludable. Evidentemente
podemos considerar que la obesidad no es saludable, pero yo podría haber visto a
Marge como una encarnación de la “Madre Tierra y, quién sabe, en ese caso tal vez ella
habría exhibido las cualidades de calidez y compasión que yo deseaba experimentar en
esos momentos. Lo que yo llevé a aquel encuentro fue mi juicio sobre el sistema médico
convencional y sus tratamientos: que es ineficiente, insano, que no responde a las
necesidades de quienes buscan sus servicios, y por ello no es sorprendente que se
manifestara exactamente lo que yo esperaba de la situación. Se podría decir que yo
había creado a la voluminosa Marge para probar mi punto.
Entonces me di cuenta de lo lejos que estaba de demostrar los principios femeninos que
aspiro a enseñar. “Abrazar el principio femenino” es el título que he elegido para mi
primer intento de enseñar todo lo que he aprendido durante la última década. Y si una
está tratando de abrazar el principio femenino-un modo de ser que es abierto, receptivo,
aceptante, libre de juicio, vacío y espaciosos-debe empezar por notar cómo se siente en
el momento.
En ese momento concreto yo estaba expresando exactamente lo opuesto de esas
cualidades y sin embargo tenía en mis manos el texto sobre “el estado
autoperfeccionado”, de modo que ahora parece evidente que dependía de mí, y de nadie
más, ser la persona que se abriera, independientemente de las circunstancias. Parece
que, entonces, el desafío es hacerme amiga de las imperfecciones que percibo en mí
misma, de mis propios lapsos de conciencia, y ser receptiva a lo que está ocurriendo
realmente. Si pudiera hacerme amiga de esa parte de mí que a veces se cierra, creo que
sería más fácil reconocer el deseo de apertura que hay detrás de la cerrazón del otro, y
eso haría que la vida fuera mas amable para ambos.
Me viene a la mente la imagen de una anémona marina, tan hermosa cuando está abierta
y responde a las corrientes oceánicas, y sin embargo puede cerrarse rápidamente a la
menor provocación.
Si pudiera ver a todos los demás como anémonas, reconociendo su delicadeza, y a mí
misma como la marea que las nutre. Bueno…
Aquí Julia aborda un tema que me parece muy relevante para este trabajo, el tema del
“principio femenino”. No es que un género o el otro haga mejor el trabajo sino, más
bien, que el trabajo no se somete necesariamente a la racionalidad y el análisis. Hemos
llegado a valorar la racionalidad por encima de todo lo demás, y actualmente se da
mucha importancia a las afirmaciones de Richard Dawkins.
A partir de sus escritos, he llegado a hacerme una idea de lo que piensa Dawkins, pero
sé muy poco de lo que experimenta, a menos que por supuesto el pensamiento sea toa su
experiencia. Yo creo, y elijo mis palabras, que todos somos más que el producto de
nuestro intelecto. Pero dejemos que Nora Jamies continúe la historia: aquí he incluido
una pieza que ella escribió después de asistir a un curso de 15 días (en tres partes) en
Carolina del Norte. Nora ha viajado a la profundidad de lo femenino y dirige
seminarios sobre espiritualidad feminista.
Ella dice:

Primavera. Son las 3:30 aquí, en Connecticut, y mi ventana mira hacia los árboles
desnudos que quedan al sur, en la zona boscosa donde vivo. Es evidente que es
primavera por los capullos rojizos y los cantos de los pájaros. El martes después de mi
retorno tuvimos el círculo de fuego del equinoccio de primavera, y yo lo dirigí,
transformada por el tiempo que habíamos pasado juntos. Estábamos 20 mujeres, cuatro
de ellas adolescentes y dos más de unos veinte años. Esto era nuevo. Las invité a que
nos usaran como Ancianas; no queríamos imponerles nada, pero podían pedirnos ayuda.
Esto es significativo para mí, porque durante el tiempo que hemos pasado juntos,
cuando he hablado de compasión, o del testigo, he visto ojos de ancianos mirándome.
Ya sabes cómo miran, como diciéndote: “Sé que estás completamente neurótica, pero
yo conozco tu verdadero ser, y está bien; simplemente espero que empieces tu
programa” Su mirada es profunda, bondadosa, compasiva y fiera.
Esta última semana ha sido muy importante para mí,
y no es por error que ha venido a continuación del nacimiento de mi nieta. Ayer tuvimos
un consejo de mujeres y hablamos, cada una a nuestra manera, de las comadronas. En el
nacimiento de Petra me sorprendió que las comadronas se mantuvieran al margen del
proceso natal a menos que tuvieran algo que decir. Observé que, después de haber
notado algo, no ofrecían ninguna “instrucción” durante al menos una hora. La
comadrona principal y las enfermeras venían a la habitación y se sentaban en silencio
en presencia de esta mujer parturienta y sus asistentes. Daban espacio, sonreían como
Tara, esperaban hasta el momento justo para sugerir. Se mostraban abiertamente feroces
cuando la ocasión lo exigía. Tal vez sea esto lo que tenemos que hacer: actuar como
comadronas, rendirnos, confiar…
El nacimiento y la muerte han estado conmigo toda la semana, y al llegar a casa me ha
llegado la invitación de una amiga que vive cerca de aquí para asistir a dos sesiones
con una mujer que se denomina a sí misma “comadrona de la muerte”, una mujer que
nos enseña a cuidar de nuestros muertos. Funerales en casa, no embalsamar, rituales,
etc… Esto era perfecto para mí, teniendo en cuenta los últimos años, mis viajes con la
muerte, el nacimiento de Petra y nuestro trabajo con la inseguridad y la encarnación del
espíritu… Soltar, confiar en la marea, los ciclos, el nacimiento, la vida, la muerte… no
hay “reglas”.
Esta semana he hablado mucho sobre las enseñanzas a mis clientes, al grupo del trabajo
con los sueños, al consejo de mujeres. Es como si el trabajo fundamental que Mike trae
a la comunidad biodinámica hablara de los últimos siete años de mi vida y de las
iniciaciones vividas cuando era muy joven. Soltar, la muerte, espacio, nacimiento,
emerger y revelación… todo lo mismo a un nivel profundo.
Bueno, me estoy extendiendo y espero haberme expresado bien y haber transmitido la
profundidad de nuestro trabajo. Y sí, siendo de ascendencia escocesa, es cierto que a
veces no expreso los sentimientos más profundos de mi corazón. Pero los siento. Por
favor, sabed que honro nuestros encuentros, el tiempo que pasamos juntos, este
encuentro particular, de estas almas concretas, y siento una mezcla de dulzura y
amargura respecto al hecho de que vamos a dejar de vernos…pero con el regalo de
Wendy, me siente más conectada.

Éste ha sido uno de los regalos de Wendy.


Lo que sigue, sobre el
tema de la Quietud, ha sido enviado por Carola Evans:

“La quietud puede ser impresionante, porque contiene dentro de sí tanto lo conocido
como lo que aún no conocemos”.
(De Seeds of transformation, A 52 Step Journey to Enlightenment, a cargo de Maggie
Erotokritou)

También ha añadido esta contribución de una amiga (sin nombre):


El punto de parada

El punto de parad. ¿Dónde está? ¿Cómo es?


¿Existe realmente?
Suena deseable y me gustaría tener uno.
¿Tiene todo el mundo uno?
Preguntas, preguntas que no conducen a ningún sitio,
Solo me alejan de donde estoy.
En alguna parte, oculto en los pliegues de mi cuerpo,
Recuerdo un lugar de quietud.
Pero no puedo contarte mucho sobre él.
Añoro encontrarlo y descansar allí,
Pero he olvidado dónde está, o cómo llegar.
Es como si fuera un punto de llegada, muy lejano.
Pero esto no puede ser así.
No recuerdo haber viajado
para llegar al Punto de parada.
Y si no está lejos, debe estar cerca,
Tan cerca como mi próxima respiración.
Ahora, mi respiración tiene mi atención.
La observo como observa una madre contenta mientras su niño juega, Notando cada
respiración que entra, y cómo se va,
Fluyendo dentro y fuera como pequeñas olas
Que lamen la orilla del río.
Hipnótica, como un sueño, esta simplicidad de observar Y no hacer nada,
Simplemente estar con la ola siguiente.
Y después me doy cuenta de que estoy aquietada
Lo he encontrado, sin ir a ninguna parte.

Lo que sigue está dirigido a los terapeutas de uno u otro tipo, tal vez de manera especial
a los trabajadores corporales:
Yo y muchas otras personas hemos experimentado que es posible soltar lo conocido, de
modo que ya no haya conciencia de nada. Ese estado es intrínsecamente aquietado. En
esa quietud surgirán pensamientos y emociones, y si no nos apegamos a ellos y los
energetizamos con nuestra atención, volverán a hundirse y atrofiarse.
En esa quietud, cualquier cosa conocida, o desconocida y no cuantificada, puede surgir
como una revelación. Esto incluye una “forma de ser” que es mejor, pues no está
obstaculizada por las experiencias de vida que nos convierten en quienes creemos ser.
Las oportunidades terapéuticas son tal vez evidentes y potencialmente ilimitadas. Esto
sería mi interpretación del renacimiento. El renacimiento puede ocurrir en el momento
en que la mente no esté absorbida por su deambular neurótico.
Lo que me hizo emprender este viaje, este modo de trabajar, fue mi convicción,
consolidada a lo largo de los años, de que la mayoría de las terapias son, o puede ser,
debilitantes para la totalidad del paciente, puesto que sólo se dirigen a los síntomas
presentados. Incidentalmente, aunque es un hecho que no carece de importancia, la
mayoría de las formaciones en este trabajo son, en cierta medida, “limitantes” para el
alumno, en el sentido de que establecen un modelo rígido de cómo deber ser las cosas,
negando la experiencia de cómo son en realidad.
Después de treinta y cinco años de experiencia como terapeuta de diversas
modalidades, y después de setenta y siete años de experiencia como paciente, he
llegado a la conclusión de que el pensamiento y la racionalidad casi se han adueñado
completamente de la situación, y todos los demás aspectos de lo que yo llamo
inteligencia han sido dejados de lado. En este caso estoy hablando del mundo
occidental post-cartesiano. Creo que en las últimas décadas en el péndulo ha empezado
a volver al punto de equilibrio, pero tiene mucho camino que recorrer antes de que
podamos decir que somos realmente inteligentes, en lugar de puramente intelectuales. A
lo largo de este libro trataré de explicar a qué me refiero con estos conceptos, e
indicaré lo que estoy tratando de hacer para cambiar las cosas. Me doy cuenta
perfectamente que durante este proceso de centrar el péndulo, mantendré evidentemente
la otra posición, que puede resultar controvertida. Estoy seguro de que el camino medio
que puede emerger de este ejercicio será, finalmente, el que se estabilizará. Dicho esto,
trato de hablar desde la experiencia, en lugar de sólo desde la teoría.
La quietud, para mi, es un estado en el que soy capaz de recibir lo que se muestra sin
apego. Si presto atención a un problema particular de un cliente hasta que se resuelve,
yo o más bien mi atención, está apegada a ese patrón, y durante ese tiempo estoy
excluyendo la miríada de otras cosas que están ocurriendo a todos los niveles. Por
supuesto, es a esto a lo que me refiero cuando digo que todo conocimiento es una
limitación.
No obstante, si puedo descansar en una actitud diferente de la normal, notando lo que
noto sin ningún juicio o reacción, dándome cuenta de que lo que está entrando en mi
conciencia sólo es una pequeña fracción del intercambio o de la práctica compartida
que está teniendo lugar, entonces un nivel de Quietud, que yo llamo Inteligencia, está
siendo tocado en mí mismo y en el paciente, para beneficio de ambos.
Tenemos muchos aspectos en nuestro ser; algunos son individuales, como el ego y el
intelecto. El nivel más profundo de cada uno de nosotros no es individual en absoluto,
sino que es una comunalidad que yo llamo Espíritu. Entonces, la esencia es la quietud.
¿Dónde está la quietud? La quietud está en el ahora. La quietud es el espacio entre las
notas. La quietud es el lugar en el que me siento entero, no esto debilitado por todos los
ayeres y los mañanas.
Sea cual sea la forma que asuma la insatisfacción (insatisfacción puede ser una palabra
mejor que sufrimiento, tal vez), está contenida en el cuerpo. Dejadme que explique un
poco esto. Supongamos que mi hermano no está bien; por supuesto que la enfermedad es
suya y que yo me siento triste por él. Ese es mi sentimiento, y ¿dónde lo siento? En el
cuerpo. Hay guerra en Oriente Medio e Inglaterra ha perdido la copa del mundo. Es
posible que con esto surjan dos emociones diferentes, y ambas están contenidas en el
cuerpo. Estoy deprimido, y esa actividad hormonal también está, cuando pienso en ella,
en el cuerpo. Y también están en el cuerpo, tal vez de manera más evidente, el hambre,
el estreñimiento y el dolor de muelas, y tal vez menos evidente la desilusión, el avance,
la excitación, el amor y la inadecuación.
El budismo es un modelo para aliviar el sufrimiento.
El budismo sólo es un modelo, no es la experiencia. Podemos decir esto de todas las
religiones y filosofías, y lo mismo es aplicable a la terapia craneosacral, que es lo que
yo practico, y lo que trataré de explicar en detalle más adelante. El corazón del
budismo son las Cuatro Nobles Verdades explicadas por el Buda Gautama hace unos
dos mil quinientos años; han sido interpretadas por él mismo y por otros en decenas de
miles de enseñanzas y escritos que llegan hasta nuestros días. Éste es un modelo que he
tratado de usar para vivificar mi práctica de la terapia craneosacral. No enseño
budismo, más bien es el lugar de donde vengo.
Cuando me involucré originalmente en el budismo, tendía a sentirme fascinado por el
esoterismo de algunas prácticas, particularmente del budismo Vajrayana. Después de
haber estado atrapado durante años en el envoltorio, y de haberme perdido
completamente los contenidos, me di cuenta lentamente que todo el sentido del ritual es
llevarle a uno a la realidad contenida en el presente.
En cierto momento entendí que eso es lo que debo hacer como terapeuta, traer la
insatisfacción al presente, ¡el único lugar donde se puede trabajar! Estar en el presente
me ha mostrado que la insatisfacción es lo que está pasando ahora mismo, aunque pueda
reflejar un trauma ocurrido en el pasado; pero está, si se lo permito, en movimiento. Es
decir, como todos los demás fenómenos, pasará. Podría decir: ha una marea y soy
consciente de ella. Este estado está más avanzado que el estado de conciencia más
denso, cuando me siento a mí mismo “siendo” la insatisfacción. Es de lo que estoy
sufriendo y no lo que soy.
Como terapeuta, puedo trabajar con lo que es. Esto significa trabajar con el efecto de
los antiguos traumas en el presente, viendo, o tal vez tomando conciencia de cómo los
patrones que llevo conmigo ahora mismo contribuyen a cómo vivo en este momento.
Esto es muy diferente de intentar trabajar el trauma original puesto que, al enfocarnos
en el trauma, lo energetizamos, reforzando la insatisfacción que produce. También
quiero hablar de cómo la práctica y las enseñanzas de la terapia craneosacral me han
llevado a una comprensión más profunda de las verdades del Buda, particularmente de
la cuarta, que es una descripción del camino de salida del sufrimiento, y cómo las
cuatro nobles verdades me han llevado a practicar esta terapia a un nivel más profundo.
Los dos modelos, la terapia craneosacral y el budismo, continúan vivificándose
mutuamente dentro de mi limitada comprensión. Mi comprensión del budismo viene de
una revelación a través del cuerpo, una toma de conciencia de los sentidos, que después
tiene que
ser verificada en el intelecto. A través de la supervisión me aseguro de no estar
siguiendo caminos falsos. Y hablar de falsedad me refiero, en este caso, a resultados
que satisfacen al ego, pero pueden no estar bien enraizados.
Tengo la esperanza de que esta historia se desarrolle a través de experiencias
personales, historias de casos, poemas y citas. Intentaré no ser excluyente sino, más
bien, validar todas las experiencias genuinas como aspectos igualmente válidos de la
realidad. Respeto la validez esencial de las verdades de todas las demás personas,
aunque a veces no las acepte como propias. Me animo a mí mismo y a otros a ver y a
oír qué es lo que hay para cada uno, sin juicio. Es la incapacidad de abstenerse de
juzgar lo que produce fricción, e incluso, finalmente, guerras.
Se dice que todo el universo se desplegó, y sigue desplegándose, a partir de la
inmanencia absoluta. Se podría decir que estar verdaderamente en el presente, donde no
hay pasado ni futuro es estar en contacto con esa inmanencia, y con la posibilidad de
desplegar una manera de ser diferente, sin grilletes, con plena potencia. El propósito de
este libro es explorar esa posibilidad y cómo llegar a ella.
Mi camino es abrirme a la experiencia de la quietud como “sensación sentida” en mi
cuerpo. Si la experimento, bien sino es eso lo que se muestra, también bien; cualquier
cosa que surja en la conciencia simplemente es, y al no aferrarme a ella ni intentar
fijarla, se abre un espacio para que se revele alguna otra cosa hasta que finalmente
llegue al lugar que está por debajo de toda forma.
La función de la terapia, del tipo que sea, es básicamente aliviar el sufrimiento. Existen
cientos de modelos de curación dedicados al alivio de las dolencias surgidas del
sufrimiento, sean físicas, mentales o espirituales. Hay médicos ortodoxos y
complementarios, hay concejeros y psicoterapeutas, y también sacerdotes y sanadores.
De repente entendí que eso era lo que tenía que hacer como terapeuta, traer la
insatisfacción al presente, el único lugar donde se puede trabajar con ella. Estar en el
presente me ha mostrado que la insatisfacción es lo que está pasando ahora mismo, y no
lo que soy.
Después quiero elaborar algo sobre las Cuatro Nobles Verdades, tratar de ponerlas en
contexto con la vida tal como la conocemos en nuestros tiempos, en Occidente, y
ampliar particularmente la cuarta Noble Verdad, El Camino hacia la Cesación del
Sufrimiento, de las diversas maneras que entendemos esa palabra.
Para vivir plenamente, debo vivir en el límite de la inseguridad. Ese lugar es dinámico
y cada minuto, o día, que paso en esa dinámica, expande mi conciencia.
Si no estoy expandiendo mi conciencia, estoy muriendo, Benditos sean los inseguros.
Cuando estaba en la escuela, adquirí nociones de cómo son las cosas, sobre cómo
funciona la sociedad y en cierta medida, el universo que la contiene. En aquel momento
no me di cuenta de que la visión que se me daba era parcial, y que era particular tanto
mías como de mis profesores.
En otras palabras, me dieron un modelo. Si pensaba en la educación, en lugar de pensar
en el material que me daban para aprender, que es lo que hacía de vez en cuando,
supongo que tendía a aceptar que lo que me daban era lo correcto y por tanto, que si
otra gente recibía algo diferente, estaba equivocado. La vida era blanco o negro. O bien
uno sabe algo, o bien no lo sabe. Los hechos eran los hechos, y era evidente que las
opiniones de ciertas personas valían más que las de otras.
A veces, más adelante, me sentía un poco rebelde, pero eso sólo servía para reemplazar
una certeza por otra. Cuando me sentía inseguro, y esto ocurría con bastante frecuencia,
creía que había fracasado, o al menos me sentía avergonzado.
Como la mayor parte de la gente que conocía, desarrollé técnicas para salir del paso.
Estratagemas aceptables, un lenguaje corporal y un discurso que me permitían engañar
al menos a un buen número de personas durante buena parte del tiempo. En algún
momento sentí que debía haber un absoluto, un modo absolutamente correcto de hacer
las cosas.
Si todavía no lo había encontrado, estaba ahí fuera en alguna parte y podría ser
encontrado.
La respuesta tenía que residir en una de las grandes religiones o filosofías. Estudié
varias de ellas y participé con entusiasmo en unas pocas. Emprendí rituales y prácticas.
Tengo que admitir que no estaba muy seguro de por qué las cultivaba, creo que me
guiaba la vaga noción de que si mantenía el camino con diligencia, al final me
esperaban el bienestar y la iluminación. También tenía la sensación de hacer algo que
merecía la pena, algo superior. Elevado en sentido cualitativo, tal vez espiritual.
Posteriormente, mucho más recientemente- y actualmente tengo mucho cuidado de decir
cómo son las cosas únicamente para mí-tengo conciencia de que el camino no tiene
final, de que es un continum, y que seguirlo cosiste en expandir mi conciencia a lo que
ves ahora; este camino no consiste en irme de donde estoy a otra parte. Esto es y eso es,
el pasado y el futuro son lo que sean, pero mi percepción es ahora. La quietud no es
algo que hacemos. Es ser, estar en el centro de nuestro verdadero ser. Este centro
aquietado está en todos nosotros y compartimos esto con el universo mismo. Este lugar,
en la quietud del centro, es dinámico.

En el punto de quietud del mundo que gira…allí es donde está la danza. (T.S. Elliot)

En la quietud no hay sufrimiento. Al reconocer el centro, el sufrimiento acaba. Por


tanto, la función de la sanación es restablecer la quietud. En términos prácticos, lo que
sabemos sobre otros está limitado por el marco de nuestra propia experiencia. Es decir,
nuestro conocimiento está vinculado al ego. Como yo no lo sé todo (y nunca podré
saberlo, puesto que todo lo que me queda por saber está continuamente expandiéndose a
la velocidad de la luz), lo poco que sé es una fijación, una limitación.
Como deducción de lo anterior, cuando mantengo una lesión en el límite de resistencia,
dejo de trabajar holísticamente, y durante ese momento estoy involucrado en una
intervención reduccionista, limitando mediante la intención la conexión con el ser como
totalidad.
A primera vista, sin duda, esto parece anárquico, e incluso destructivo, pero no está
destinado a serlo. Trataré de explicarme. Más arriba hemos comentado brevemente el
concepto de quietud, ahora tenemos que profundizar un poco.
La mayor parte del tiempo, para la mayoría de nosotros, la mente está en un estado de
parloteo continuo. Este parloteo nos da nuestro sentido de identidad, así es como
sabemos quiénes somos. No saber quiénes somos, o estar en el espacio mental sin
nuestro marco de referencia normal en cuanto a nuestra identidad, puede ser terrorífico.
Como ocurre en el vórtice del shock, sumergirse directamente hasta el fondo del
torbellino (donde hay quietud), no es de ayuda. ¡Es posible que no salgamos nunca! Es
importante entrar en la quietud con una línea que nos devuelva a lo mundano. Esta línea,
el hilo de Ariadna, es, por otra parte una formación sólida. Con estos requisitos, creo
que es posible sentirse seguro en la aceptación de la propia inseguridad y simplemente
soltar.
¿Por qué? ¿Por qué querríamos hacer esto? Tengo que hablar de qué es apropiado. En
general, nos llega el tipo de trabajo al que estamos abiertos, y yo no tengo juicio
cualitativo respecto al tipo de trabajo que cualquiera de nosotros tiene. No conozco a
nadie que esté haciendo un trabajo inferior. La mente, el cuerpo y el espíritu son una
misma cosa, y trabajar con uno de ellos es trabajar con los otros dos. Sin embargo, para
trabajar conscientemente con el espíritu es posible que haga falta un marco mental
ligeramente diferente que para trabajar conscientemente con el cuerpo. Propongo que el
espíritu no está sujeto al ego, y que para trabajar con el espíritu hay que trabajar
transpersonalmente. (Para los propósitos de este artículo, consideraremos que “trans”
quiere decir “más allá de” y que persona hace referencia al ego). Tenemos que estar en
ese lugar aquietado dentro de nosotros mismos que está justo en el corazón de la
conciencia, sin ningún sentido de ser objeto o sujeto.
Al no haber sujeto u objeto, no hay diferenciación. Lo que surge en la conciencia es la
relación. Otro modo de expresar esto sería decir que se produce un reflejar o “hacer de
espejo”. Mientras mantengamos ese nivel de conciencia, este reflejo o “hacer de
espejo” tiene lugar al nivel de la quietud. Y ahí no hay sufrimiento. A esto es a lo que
yo denomino hacer contacto, y a partir de este contacto surge la posibilidad de recordar
quién queríamos ser.
Como no hay conciencia de algo, sino simplemente conciencia pura y simple, no hay
conciencia de estar en este lugar mientras uno está en él. Sólo recordamos dónde hemos
estado cuando emergemos a un nivel más cotidiano. No sabes dónde has estado hasta
que vuelves.
No hay diferencia entre este trabajo y la meditación. Es una práctica compartida. El
resultado es que tenemos la oportunidad de acceder a una forma de ser diferente y más
adoptada, menos sujeta a los patrones del ayer, o, al menos, una manera mejor de estar
con el sufrimiento.
El corazón de este trabajo es no hacer nada, simplemenete estar en la conciencia y
aceptar, completamente y sin juicio o reacción, cualquier cosa que se nos muestre. La
inteligencia más profunda, que es tan vasta en el ser humano, al ser recordad a través
del reflejo sabe lo que tiene que hacer. Creo que esto es a lo que Sutherland se refería
cuando dijo que puedes confiar en la marea. Si tenemos un ego bien establecido para
empezar, quitémoslo del medio y simplemente permanezcamos en la quietud. Todo
surge de la quietud.
Permitidme que cierre esta introducción con lo siguiente, y después podemos pasar a
elaborar las distintas ideas que han ido flotando brevemente. Uso un exagrama taoísta
del I ching como pivote.
Recto, cuadrado, grande, sin propósito, y sin embargo nada permanece sin potenciar.
Este tipo de tgrabajo no es parea todos. A mi me ha servido bien y creo que también ha
servido bien a otros.
De vez en cuando he dado la impresión de que trabajar desde la quietud, o no hacer
nada, es un estado ocioso, inerte o un tanto “volado”. Lo que siempre he tratado de
transmitir es exactamente lo opuesto, que en la “quietud” hay una conciencia total. Hay
un sentido de ser muy agudo. Además, hay una conciencia de los dos seres, es decir, en
este caso del cliente y del terapeuta, y una conciencia del ser que es la suma de los dos
seres, y no se limita a los dos participantes. La curación surge ahí, en el hijo que es la
suma de los participantes.
Mantengo que la única intencionalidad es mantenerse muy presente a lo que se ofrece, y
que en ningún momento hay que emprender una acción directa y correctiva. Tal acción,
surgida de un juicio limitado del intelecto, tendería a imponerse sobre las restituciones
mejor informadas de la inteligencia combinada.
La idea de que no haciendo nada se hace todo es tremendamente difícil de aceptar para
la mente racional. Es paradójica, y tal vez carece de sentido. O bien estamos haciendo
algo o bien no estamos haciendo nada. Esto es lógico, y sin embargo, no estoy seguro de
que la vida sea necesariamente lógica. Incluso diré que tengo la esperanza de que no lo
sea. Debe haber lugar para lo emocional, porque de otro modo tendremos una
existencia muy pobre y gris. No tengo deseos de reemplazar el cerebro frontal
expandido, y en mi opinión en expansión, por el cerebro reptiliano, el arcano y el
azaroso, y por otra parte, tampoco deseo reemplazar a Miguel Ángel por Rodin, a
Ovidio por Archer o a Ptolomeo por Rogers. Lo más reciente no es en sí mismo mejor
ni peor. Todo depende de cómo se aplique. Creo que existe el peligro de que en el
campo del cuidado de la salud la medicina moderna se considere la única vía posible.
Es posible examinar las distintas opciones y ver si, sin limitar o reducir a nadie,
podemos mirar cuáles son los parámetros de lo que estoy diciendo.
La medicina moderna es el mejor modo que tenemos de lidiar con muchos síntomas
clínicos. No tengo ningún problema con esto. El problema del síntoma es que siempre
hay algo que viene antes de él, llamémosle la causa, y muy a menudo esta causa está
enraizada en algo que ocurrió hace mucho tiempo. No creo que la medicina modera sea
siempre muy acertada para tratar con las causas. El intelecto no tiene ni el tiempo ni la
inclinación a buscarla, y es posible que la etiología de la enfermedad no lo permita. El
paciente podría morir.
Voy a intenta describir cómo el “no-propósito”, o la renuncia a la necesidad de saber,
pueden llevarnos a un lugar de quietud que subyace al síntoma, y desde el cual tal vez
sea posible recuperar la salud que precedió a la enfermedad.
Capítulo 2
Septiembre
Conciencia
Quién soy verdaderamente.
Sin principio, sólo Proceso.
El Espíritu reencarna.
Nacimiento y Vida.
El encuentro del despliegue y la experiencia. Capa sobre capa de ilusión,
Yo me he convertido en yo y he olvidado. Ayer fue y mañana será, o al menos eso
parece. Sin un ahora.
Hay una marea, y después un océano.
Bajo las olas,
sólo hay quietud.
La Madre.
Pura conciencia,
y yo recuerdo quien soy,
El Océano se mueve,
sólo hay proceso.

La esencia de lo que estoy tratando de decir es que el trabajo a nivel profundo, el


denominado nivel del Espíritu, es un ejercicio en el que venimos desde un lugar
profundo de nuestro Ser, no un ejercicio para refinar lo que hacemos con una precisión
anatómica cada vez mayor...
La mayoría de las declaraciones que siguen tendrán capítulos asignados a medida que
avancemos, pero aquí es donde yo empiezo a desplegar mi parada y os invito a
colaborar.
Nosotros no hacemos este nivel de trabajo con el otro-llamémosle, a él o ella, el
cliente-, simplemente el trabajo es el resultado revelado de la sinergia que se crea en la
relación. Permitidme que parta esta frase en pedazos y explique su significado. La
relación, a este nivel, es lo que está ahí cuando lo que nos mantiene separados, el
intelecto personal, el ego personal, y tal vez el alma personal e individual, se rinden.
Lo que queda es la comunalidad de Ser, que es Espíritu.
Revelación es el emerger (y la caída) de las formas, fenómenos del tipo que sean a
partir del vacío de la presencia, el presente eterno, del ahora.
Soltar lo que nos mantiene separados, y aproximarnos al cliente desde ese lugar,
significa que tocamos al cliente desde ese nivel en él, tanto si eso está contenido en su
conciencia como en la nuestra. Surge una sinergia. Sinergia: cuando dos elementos se
aproximan uno al otro de modo que lo que se puede conseguir conjuntamente sobrepasa
lo que se puede conseguir conjuntamente sobrepasa lo que se puede conseguir
separadamente, están actuando con sinergia. La sinergia, en este caso, lleva la eficacia
de la cooperación mas allá de las expectativas habituales. Diccionario Chambers. La
barrera a este nivel de trabajo es lo que he descrito anteriormente en la explicación de
la relación. Nos da mucho miedo renunciar a nuestro sentido de separación; está tan
atrincherado que hemos llegado a creer que somos nuestra experiencia de vida. En
realidad, esa persona, esa imagen que creo que soy yo, no es nada más que una
contracción limitada del emerger y pasar de la esencia en la forma.
Esto es lo que dice Charles Wheeler, famoso físico, sobre la separación: no hay nada
que sea más importante en el principio cuántico que esto, pues destruye la noción de
que el mundo “está ahí fuera”, con el observador separado de él de manera segura por
un vidrio de 20cm de ancho. Incluso para observar una objeto tan minúsculo como un
electrón, el observador tiene que atravesar el cristal, tiene que conectar.
Debe instalar el equipamiento de medición elegido. Tiene que decidir si quiere medir
la posición o el impulso. Instalar el equipo para medir uno de ellos impide y excluye la
instalación del equipo para medir
el otro. Además, la medición cambia el estado del electrón. Después de eso, el
universo nunca volverá a ser él mismo. Para describir lo ocurrido, uno tiene que borrar
el antiguo término “observador” y reemplazarlo por la nueva palabra “participante”. En
un sentido extraño, el universo es un universo participativo.
No es difícil responder a esto con un sonoro “amén”. Yo suelo insistir mucho en la
necesidad de trabajar en lo “desconocido” para que el trabajo sea profundo. Si el
análisis y la medición, es decir la relación del observador con lo observado, alteran el
estado del electrón, y eso es lo más que podemos acercarnos a conocer el bloque
básico de nuestra estructura y de la estructura de todo lo demás, entonces necesitamos
saberlo todo, todo los resultados posibles, antes de emprender tal aventura.
Si no lo sabemos, nos embarcamos en una empresa que es incuantificable, y por tanto
no es científica.
Esto está bien, pues no espero que todas las cosas se sometan a la ciencia o a la lógica.
Pintar uniendo los números no es necesariamente arte, y hacer rimar las palabras no es
necesariamente poesía. No sé cómo se han de medir estas cosas.
Si tienes que saber lo que está ocurriendo, entonces estás reduciendo las posibilidades.
Lo que yo experimento es que cuanto más ahondamos en la relación, lo que llamo la
práctica compartida, tanto más confío en la sinergia surgida de la relación. En este
caso, esto es aplicable a lo que hay entre dos o más personas, o dos o mas formas de
vida. A este capítulo se le llama Conciencia, y el poema que lo encabeza trata de
abordar este tema:
Ser conciente de quien realmente soy implica un examen de las suposiciones
desplegadas en la primera estrofa.
La segunda estrofa habla del descenso en lo desconocido, las profundidades ocultas del
inconsciente, capa tras capa.
Las últimas dos líneas describen la revelación de que lo primero que emerge de la
Quietud, en su mayor profundidad, es conciencia. Simplemente conciencia misma, sin
forma; aún no hay separación entre la forma y lo informe; Proceso mismo, sin forma que
esté siendo procesada.
Para mí, la mayor toma de conciencia enseñando/facilitando este tipo de trabajo es que,
en realidad, ¡no hay nada que enseñar! Lo único que hay que hacer es crear el espacio
seguro en el que eso ya está allí, y puede revelarse. He llegado a creer totalmente (y a
experimentar) que la realidad es lo que está ahí cuando podemos habitar en la Quietud,
en el presente, sin juicio. En este caso, con la palabra juicio me refiero a la mera
intelectualización, examen, limitación y recuerdo del tipo del que depende la
experiencia no digerida.
Si no hay nada que enseñar, no puede haber nada que aprender; ¡sólo hacerse
consciente!

¿Qué es ser consciente?


Lo que sigue es una excelente contribución de Gary Lee Roba. Eso demuestra una
excelente comprensión muy bellamente expresada, del hecho de que la conciencia que
hace no es quietud.

REFLEJO

“El poder que produce el operar de las mareas del mar


no es del mar, sino de la luna.”
[de The Nectar of Inmortality de Jnaneshwara]

No es lo que sientes o ves,


Sino el sentir y el ver.
Para el ojo de la Marea
Todo parece similar-
¿qué necesidad hay de diferenciación?
Sin ansiedad respecto a la no-perfección
Sin alterarse por el trauma o su resolución,
Más allá del estar bien o estar mal,
Hay una puerta

Soltando las mareas y el mar,


Ríndete al poder de la luna
Reflejada en el agua.

-------------------------

Nosotros no movemos la Marea


La Marea nos mueve a nosotros
Expansión, contracción y pausa,
La respiración de todas las formas.
“Lo que nosotros consideramos nuestra existencia en realidad es una existencia que nos
ha sido dada.
Nosotros no vivimos, sino que se nos mantiene con vida.”
[Shigeru Abe, `A Materialist´s Religión]

Ya no identificada,
La luna se convierte en la Marea
Resolviendo forma sobre forma… dentro de la forma.

¿Qué es consciente?
Repasando las notas de Mike para este mes, lo que me sorprendió fueron las tres
palabras que escribió debajo de la imagen del sol y la luna en el polo norte: “¿Qué es
ser consciente?” Esta pregunta va exactamente al núcleo del asunto.
Yo solía creer que la conciencia era un estado mental que yo tenía que producir. Esto
hacía que yo tuviera que mantenerme/fijarme en una posición mental específica (lo que
también requería que tensara sutilmente mi musculatura) para producir y mantener una
forma de ser específica a la que yo llamaba “conciencia”. En una sesión craneosacral,
significaba hacer todo eso mientras mis manos sentían el cuerpo de otra persona, de tal
modo que fuera capaz de enfocar el estado que estaba cultivando (“conciencia”) hacia
aspectos determinados de su anatomía interna, para que la persona fuera “consciente”
de lo que ocurría o dejaba de ocurrir dentro de ella. Pensaba que al desarrollar mi
capacidad de hacer esto estaba desarrollando mis “habilidades preceptúales”, y
disfrutaba mucho las alabanzas de mis profesores a medida que las mejoraba y afinaba.
Por supuesto, la Fuente me puso “palos en la rueda” cuando empecé a notar
repetidamente durante sesiones que los cambios más profundos tendían a ocurrir en los
momentos en los que no estaba “haciendo” plenamente este trabajo de conciencia.
Aunque era razonablemente bueno a la hora de mantener un estado de presencia
extrovertida que se enfocaba en el sistema del cliente, invariablemente había momentos
en los que “mi conciencia” se deslizaba por debajo de la negrura o de la nada; una y
otra vez ocurría que era precisamente en esos momentos cuando el sistema del cliente
realizaba sus mayores cambios o liberaciones, y me daba cuenta de ellos cuando mi
conciencia retornaba. Aún me dejaba más perplejo la observación ocasional de que
esto ocurría cuando yo me despistaba momentáneamente, o estaba mirando por la
ventana. Gradualmente fui dándome cuenta que la Conciencia estaba allí
completamente, independientemente de (o a pesar de) lo que yo hiciera conmigo mismo
para producir lo que yo creía que era un “estado de conciencia”. De hecho, los
momentos en que la conciencia parecía verdaderamente libre y presente generalmente
se producían cuando yo “no era consciente”. Esta observación se ha ido haciendo más y
más clara a lo largo de los años de sesiones, y también en la vida cotidiana.
No podemos “hacer” la conciencia. La conciencia está siempre allí. Nuestras mentes no
producen o contienen conciencia; más bien ellas (y todo lo demás) están contenidas
dentro de la conciencia. No podemos hacer algo particular para llegar a ser
conscientes, ya somos conscientes. Lo que podemos hacer es fragmentar la conciencia,
manipulándola para fijarla o reducirla a lo que parecer ser una parte, aunque incluso
esto mismo no es más que otro bucle de inercia dentro del campo mayor de conciencia,
dentro del campo mayor de la Marea. Cuando ponemos las manos en el sistema de otra
persona, la Conciencia ya está completamente allí, independientemente de cuál sea
nuestra orientación personal hacia ella.
¿Qué es conciencia? Conciencia es la Marea. La naturaleza de la conciencia es
organizarse a sí misma como campos dentro de campos de movimientos de marea que
se expande y se contrae. La marea es consciente de nosotros, independientemente de
que nosotros seamos conscientes de ella. Cualquier cosa que podemos ver/sentir es la
Marea, y nuestro acto de verla también es la Marea.
Cualquier cosa específica de la que seamos conscientes es, por su propia naturaleza,
una fragmentación de la conciencia, que de este modo queda limitada al campo de ese
fragmento/forma. La fragmentación es un proceso natural de la conciencia. Sin la
función fragmentación no podría haber objetos, ni conciencia de los objetos, ni
relaciones sujeto-objeto, y por tanto no podría haber manifestación en absoluto. La
capacidad de la conciencia de fragmentarse a sí misma es lo que permite a la
conciencia aparecer [ante sí misma] / existir.
Cada paso que descendemos hacia un campo más estrecho (fragmentación) produce el
fenómeno al que nos referimos con el nombre de inercia; cada paso ascendente
(reconexión con una totalidad mayor) produce el fenómeno de la potencia. De este
modo, potencia e inercia son esencialmente la misma fuerza:
la fuerza/energía producida por la acción de la conciencia manifestándose como forma.
A todos los niveles, la conciencia se manifiesta como movimiento de marea de
expansión y estrechamiento, así la conciencia es la Marea. Cuando la conciencia se
mueve profundamente en la dirección de la fragmentación, la intensidad de las fuerzas
inerciales presentes crea campos en los que el movimiento de marea/expresión queda
cada vez más inhibido, hasta que llega a disolverse. Cuando la conciencia se mueve
profundamente en la dirección de la no-fragmentación, la intensidad de la potencia
presente crea campos más y más amplios en los que el movimiento/expresión de marea
se hace más y más radiante, hasta el nivel de la pura luz/el ser.
Cuando la inercia se mueve en la dirección de la no-fragmentación, lo cual sólo puede
hacer cuando es tocada/vivificada por la conciencia, se transmuta en potencia, y se
produce la reorganización del sistema en el que estaba contenida hacia el nivel de una
totalidad mayor; ésta es la esencia del trabajo craneosacral biodinámica. Esta
transmutación de la inercia en potencia, y la organización sistémica resultante, es la ley
natural de la Marea/de la conciencia. La Marea misma es la que hace este trabajo
cuando toma conciencia de sí misma (este funcionamiento queda potenciado por el
reflejo [o espejo] que el terapeuta ofrece al cliente).
La fragmentación (inercia) es un oscuramiento de la conciencia, la no-fragmentación
(potencia) es una vitalización de la conciencia; esto también es una Marea. Cualquier
cosa que el terapeuta “haga” para manipular/controlar su conciencia personal es una
fragmentación, algo que apaga la conciencia. Por eso los cambios profundos se
producen en las sesiones cuando el terapeuta se quita de en medio. Sus esfuerzos por
enfocar/practicar la conciencia a fin de localizar y soltar la inercia son en realidad un
movimiento en la dirección de una mayor fragmentación e inercia. De hecho, a veces
“despistarse” puede ser menos inercial/fragmentado que “concentrarse” o enfocarse,
que es un “hacer” más determinado.
Los estados menos inerciales/fragmentados estarán en la dirección de la
nodiferenciación, profundizando hacia niveles de conciencia más claros y profundos –
conciencia desinhibida/Marea no-obstruida –en los que realmente podemos decir que
“el trabajo hace el trabajo”.
Lo que sigue es un buen ejemplo de qué quiero decir con la frase: “Deja que el trabajo
haga el trabajo”, y viene de Beatriz Kleiner, de Suiza.
Durante una sesión en que yo estaba tumbada en la camilla, tuve una sensación de que
me llegaba una gran energía…no había imágenes, sólo esta sensación. Después de algún
tiempo, se formó un pensamiento en mi cabeza: ¿Puedo soportar esta poderosa energía?
A continuación caí profundamente dormida, y cuando desperté supe que esta energía
había venido porque ahora podía manejarla.
Al día siguiente estábamos sentados alrededor de una mesa en la que estaba tumbada
una mujer joven, y Mike era el terapeuta. Después de aproximadamente un cuarto de
hora, durante el que yo estuve muy consciente, volví a tener un largo momento de gran
poder, de gran presencia. Seguidamente surgieron muchas dudas en mi mente: ¿Lo que
quiero es demasiado? ¿Es esto demasiado para los demás o para mí? ¿Me sentiré
rechazada como me he sentido en el pasado?
Después de la sesión necesitaba tiempo para pensar en todo esto. Fui a mi habitación y
allí vi mi adaptador de corriente junto a la mesita de noche y supe que tenía que
adaptarme para acostumbrarme a este “poder”.
Puedes llamarlo poder, poder de la vida, poder del amor, Dios o darle cualquier otro
nombre que quieras. Pero yo sé que este poder está en cada uno, casi siempre enterrado
debajo de muchas capas.

Este poder del que habla Beatriz es lo que yo llamo presencia.

Intermedio uno. Lo femenino.


Me siento muy bendecido por mi conexión con lo femenino. En la sala de seminarios de
Duncton Mill, conocido como “el altillo de las manzanas”, pues esa era su función antes
de que fuera convertido en el precioso espacio que ahora es, cuando quiera que yo o
alguno de los otros profesores enseña allí hay colgadas cuatro imágenes sagradas. Estos
dos thangkas (cuadros tibetanos) están colgados en los extremos opuestos de la
habitación, y representan dos atributos polares del principio femenino. No están
separados uno del otro, están unidos por el espacio que hay entre ellos. Ellos no están
separados de eso que yo también soy y que tú también eres.
En la antesala, mirando aproximadamente hacia el este, hay una pequeña y preciosa
estatua de buda. Esta estatua representa, en esencia, eso que todos nosotros somos en
realidad, debajo de toda la acumulación de experiencia adquirida con la que nos
identificamos, y que llamamos nuestra realidad.
A un nivel, el buda es una estatua de piedra. A otro nivel el buda puede, para algunos,
representar un objeto de adoración. Y a otro nivel diferente el buda es la
personificación, la forma humana que toma el drama, el camino.
Lo mismo ocurre con las dos mujeres, ellas son formas o aspectos de nuestra propia
naturaleza.
El propósito de la sala, que es otra forma, es proveer un espacio en el que la conciencia
de estos hechos pueda ser explorada de manera segura.
Aquí vemos imágenes- que no son las que están expuestas en las paredes, puesto que no
se fotografían bien-de los dos aspectos femeninos que estamos comentando:

La Tara Verde es amable, tiene un pie sobre el suelo para indicar que está preparada
para ayudarte instantáneamente, sólo tienes que pedírselo. Es compasión
omniabarcante. Ella también representa la acción. El budismo tiene que ser activo, la
compasión tiene que ser activa, o si no continuará siendo un “ismo”, sin convertirse en
una manera de ser. Ser delicado no significa dejarse tratar como un felpudo. Yo elijo
ayudar. Mi vida está dedicada a ayudar. Es la vida del bodhisattva. Es el: “Venid a mí
todos los que estáis cargados y agobiados”.
Lo que sigue es la contribución de Imme Bruess, de Suiza. Es un perfecto ejemplo de
cómo actúa la Tara verde:

“Me gustaría compartir una de mis comprensiones ocurridas al final de la sesión que tú,
Mike, diste a tu cliente mientras todos estábamos presentes en todos los sentidos de la
palabra. Cuando miraste a Rebeca, cuando aún seguía tumbada sobre la camilla con los
ojos cerrados, vi tu sonrisa que expresaba tanto amor y atención hacia ella. Me sentí
muy conmovida, y pensé que algún día ya no podré ver esa sonrisa en tu cara, porque ya
no estarás con nosotros. El hecho de que ya no eres muy joven junto con tu reciente
enfermedad, hace que sea muy consciente de que tu/nuestro tiempo es limitado en este
planeta (en este cuerpo).
Cuando pensé que un día estarías muerto, casi inmediatamente tuve otro pensamiento
reconfortante: veré tu sonrisa en las caras de otras personas. Y no tengo que esperar
para ello. Puedo verla cuando alguien mira a otra persona con amor y aceptación total.
Y me alegra poder decir que cada vez la veo con más frecuencia.
Y no sólo veo en las caras de otras personas. Me permito mirar a “mis”
participantes/estudiantes con el amor y la atención que siento por ellos.
Puedo sentir “tu” sonrisa en mi cara cuando me acompaña la actitud de que todo el
mundo merece ser amado. Estaba sentada en mi asiento del avión, en el camino de
vuelta a Hamburgo, y mientras observaba a otros pasajeros buscar sus asientos, pensé:
“Todos ellos son maravillosos seres humanos, tanto si tienen un rostro ceñudo como si
van vestidos con un estilo que yo nunca elegiría o si son realmente guapos”. ¡Sentí que
ya no les juzgaba tanto y me sentí muy bien!
Me sentí conectada con ellos y conmigo misma, y supe que, si quería, podía llegar hasta
cada uno de ellos y simplemente estar con ellos, y eso nos enriquecería a ambos. Tal
vez el resultado que más me afecta es el hecho de que puedo darme, y me doy, esa
sonrisa cada vez con más frecuencia, y eso es muy curativo”.
Vajrayogini, el buda femenino de la sabiduría, suele estar rodeada de fuego. Está
desnuda a excepción de un collar de calaveras. Lleva un cuchillo formidable, cuyo
propósito es destruir las ilusiones para llegar a la sabiduría. Su imagen transmite una
sensación de “no juegues conmigo”. Para mí, ella representa el aspecto de lo femenino
que es la leona feroz protegiendo a sus crías. En este sentido, todos somos sus crías.
También representa las pasiones. Necesitamos pasión para lograr cualquier cosa que
sea significativa. Es el antídoto de la ciega aceptación de la miserable suerte que nos ha
tocado. No es mi suerte, es lo que elijo aceptar o no aceptar.
Peg Long, de Colorado, USA, terapeuta y formadora, hace la siguiente contribución que
tiene cierta resonancia con Vajrayogini:

Hoy es mi 60 cumpleaños, y el primer regalo que me estoy dando es sentarme a


escribirte. Ir a Duncton Mill a estudiar contigo es una de las mejores cosas que he
hecho. Lo que he aprendido ha tenido un profundo impacto a mí. Cuando mi consejero
espiritual y mis guías me dijeron que era importante que fuera, y que fuera cuando lo
hice, sentí que habían dado de lleno en la diana. Cuando me dijeron que se ofrecería la
oportunidad de aprender sobre la compasión, la compasión profunda, me sentí confusa.
Si hay un feedback que haya sido consistente en mi vida, ha sido el de que soy
compasiva. Y lo que aprendí fue compasión. Una compasión diferente, más profunda y
espaciosa. Fue una lección dolorosa. Y después del bautismo de fuego en la compasión
profunda, creo que lo entendí. Observo que estoy en un lugar de compasión por mi
misma y por los demás. La conciencia sin juicio es un territorio de aprendizaje, una
práctica. Siento una enorme gratitud hacia ti por crear y mantener el espacio de
aprendizaje. Gracias.

Lo femenino es lo femenino, tanto en un hombre como en una mujer.


Los dos aspectos retratados de lo femenino no son diferentes uno del otro, son
diferentes formas de la misma energía omniincluyente, una y única, que surge del vacío.
Existen dos caminos indivisibles hacia ese vacío, cuya realización es la iluminación.
Encuentro que ambos son particularmente valiosos como apoyo en un camino hacia la
sabiduría que es inalcanzable para el intelecto solo. No se trata de descartar el intelecto
sino de que su influencia guarde cierta proporción.
¡La virgen!

Amor y miedo
Creo que sería útil examinar estas palabras. He estado muy ocupado con ellas
recientemente.
Según mi tesis, al nivel de los sentimientos/emociones estas dos palabras representan
las dos primeras formas que surgen del vacío. Todas las demás emociones se derivan
de una o de la otra.
Son los grandes opuestos relativos en el campo de los sentimientos. Y digo que son
relativos en el sentido de que siendo formas, no tienen tangibilidad inherente, sino que
son reacciones emocionales a los estímulos. “Cuando las condiciones son estas surge
eso, y cuando las condiciones son esas surge esto”. Hay una relación, o relatividad,
entre lo que pasa y los mecanismos sensorios que nos hemos construido. Una práctica
compartida, por así decirlo. En la quietud es posible contemplar este juego. El amor y
el miedo no existen a nivel absoluto. Es posible que esta declaración sea absolutamente
cierta; no obstante, no me resulta útil a nivel personal y relativo, aparte de cómo
concepto. Raras veces es una experiencia.
Esta pieza debe mantenerse a nivel relativo, como toda explicación de un concepto.
Para alguno de nosotros, nuestra reacciones a las situaciones, sean internas o externas,
es bastante consciente. Para otros hay un oscuro misterio que puede incluso abrumarles,
hasta el punto de hundirles, aparentemente, en un océano
de reactividad.
Como ocurre con todos los opuestos, cuando el miedo es muy grande el amor se revela
menos y viceversa.
El amor y el miedo son una unidad, por así decirlo, como la luz y oscuridad; cuando
uno de ellos es más evidente, el otro lo es menos. ¡Cuando uno está plenamente presente
el otro está ausente! Éste último ha sido un pensamiento poderoso.
Sugiero que no hay necesidad de un objeto. Si podemos cultivar el amor, no nos
estamos liberando del miedo, no podemos hacer eso, pero, en la medida que cultivamos
el amor llevando nuestra conciencia a él y su revelación, reducimos nuestra conciencia
del miedo y nuestro apego a él. Entonces no necesitamos proyectar el amor sobre algo o
alguien, ahora es la base desde la que manifestamos toda nuestra vida emocional, el
fundamento desde el que podemos enseñar. Entonces podemos limitarnos a escuchar lo
que estamos enseñando y ya no tendremos que elaborarlo. (En este momento se me ha
ocurrido que el mismo paradigma opera en todas partes, en todos los aspectos de la
vida, no sólo en el campo de los sentimientos… aunque tal vez esto sea tu historia). He
dicho que manifestamos sentimientos, en lugar de que ellos se manifiesten en nosotros,
puesto que creo que las formas que toman los sentimientos son un reflejo o expresión de
nuestra experiencia de vida no digerida, más que algo dado. Nosotros somos
responsables en el sentido de que no somos conscientes de eso, sino que nos
permitimos en gran medida ser reactivos.
¿Resulta esto difícil para el punto de vista cristiano? (El punto de vista cristiano tiene
muchas facetas, como el punto de vista budista. Ambos tienen muchos niveles, y
extiendo esta sugerencia a otras religiones) No estoy seguro de que tengo que ser
difícil: “¿No sabéis que vuestro cuerpo es el tempo del espíritu santo?” 1 Corintios 6.
(He puesto sabéis en cursiva para que resuene con ser conscientes).
Tal como he sugerido que el amor y el miedo no han de ser proyectados sino conocidos
en su esencia, también sugiero que la gnosis no tiene que ser proyectada, sino que se
revela a si misma desde el Espíritu Santo que habita en nuestro interior. A menudo he
usado la palabra revelación. La revelación no se produce cuando estamos muy
ocupados. Cuando estamos muy ocupados hay demasiadas experiencias para que quede
lugar para una expansión de conciencia (he tenido que evitar usar la palabra novedad).
El vacío es algo infrecuente, pero cultivar el desapego a lo que surge en el juego mental
ayuda a hacer que la falta de atención mantenga sub-alimentada esta danza. La quietud
no es un hacer, sino un estado de no prestar atención a la danza.
“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde vuestros corazones y
vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”. Filipenses 4:7.
Tal vez esta cita resuene con “el nirvana está más allá de los extremos”, que es uno de
los cuatro sellos, tal como se les llama, que definen a un budista. En este caso, “más
allá de los extremos” significa que no está sujeto a ser definido por el intelecto, o que
“sobrepasa todo entendimiento”. “… Si penetramos en la naturaleza de la realidad,
también es posible que alcancemos esa cesación dentro de nuestras mentes y, como dice
el cuarto sello, tal cesación o liberación es verdadera paz.” El Dalai Lama. Digo que
los puntos de vista cristiano y budista son muy similares en el sentido de que la
revelación surge del Espíritu/Vacío, que en ambos casos es indefinible, y toma forma en
el yo relativo. El yo relativo es aquello en lo que habita Dios, pero no es Dios, aparte
de a un nivel absoluto que yo no puedo comprender. ¡Todos vosotros sois Budas!
De algún modo, esta pequeña ofrenda surgió de una entrevista realizada por Jacob
Needleman a Anthony Bloom (Metropolitan Anthony), que sale en Lost Christianity.
Anthony dice: “En la oración uno es vulnerable, no entusiasta. Y estos rituales tienen
tanta fuerza. Te golpean como una locomotora. No debes ser entusiasta ni rechazar,
simplemente estar abierto. Ésta es la meta del ascetismo: abrirse”. Leí esto y pensé en
“deja que el trabajo al trabajo” y me di cuenta, una vez más, que en realidad todos
somos uno, el resto es dogma… y lloré de alegría.
Capítulo 3
Octubre
Un cuenco vacío

Tengo un cuenco de metal


Fue fabricado por los últimos miembros de un linaje de fabricantes de cuencos.
Está vacío, aunque el Océano está en él.
Si lo golpeo, suena, y eso es útil.
Puedo poner flores dentro de él, y eso es bello,
y útil, pero entonces no suena.
Mi nieto podría mear dentro de él,
y probablemente lo haría, y eso sería útil, pero
no sonaría.
Si me aproximo a él desde la quietud y comparto
mi práctica con él, canta de manera muy hermosa
Y el sonido recorre el universo
Y eso es muy útil, Y el cuenco está vacío.
Tengo una mente.
Fue creada en la eternidad
Y si contiene pensamientos, eso es útil.
Y si contiene lesiones, y límites de resistencia,
eso es útil.
Y a veces está llena de rosas y a veces llena de pis
Y puedo trabajar con es, y es útil.
Pero si está vacía y puedo aproximarme a otro desde la quietud, Hay espacio para que
se cuente toda la historia,
y ella recuerda quien es verdaderamente
Y el universo recuerda lo que él es
Y eso es verdaderamente útil
Y la mente está vacía.

Estoy convencido de que cualquier tipo de trabajo del que verdaderamente podamos
decir que es un trabajo “con el Espíritu” no es algo que un terapeuta, o cualquier
Agente, hacer a otro, el cliente, sino que más bien es una revelación de la sinergia que
está presente cuando dos o más personas emprenden un viaje en práctica compartida. El
poema anterior tiene la intención de reflejar esto.
Existen muchos niveles de trabajo, y no creo que pueda decir que uno es mejor que los
demás. Cada uno tiene su momento y su lugar. Sin embargo, puedo decir que son
diferentes.
Si en algún momento de torpeza, por mi falta de atención me disloco el dedo, buscaré
que me lo recoloquen de manera mecánica, rápida y eficiente.
Y probablemente miraré hacia otro lado mientras lo hacen. Si solo consigo un aprobado
en un examen en el que esperaba obtener una calificación de sobresaliente, tengo varias
opciones; puedo visitar as mi terapeuta y preguntarle por algún curso para lidiar con la
decepción y la ira; puedo meditar sobre el apego, o puedo visitar el pub local con un
par de amigos hasta perder el sentido y después, tras unos días de rehabilitación, volver
a empezar con un poco más de enfoque. Cualquiera de estas cosas podrían resultar
eficaces, y todas tienen que ver con llegar a “aceptar” el resultado.
Sin embargo, hay sufrimientos a niveles más profundos, a los que parecen llegar ni los
métodos del cerebro izquierdo ni los del cerebro derecho, o en los que el alivio sólo es
temporal, o puede parecer satisfactorio, pero al poco tiempo le sigue otro síntoma que
no parece estar relacionado con lo ocurrido anteriormente.
Creo que hay una razón fisiológica para esto en el hecho de que el trauma relacionado
con un hemisferio puede escapar al otro, y los hemisferios operan alternativamente,
proveyendo una vía de escape. En lugar de continuar con este baile a perpetuidad, la
respuesta tal vez resida en trabajar a un nivel tan profundo, tan interior a la expansión
del cuerpo-mente desde su núcleo, que, de hecho, el trabajo se realice “por debajo de”
el trauma. No se trata de regresar en el tiempo lineal a un momento anterior del
calendario-no podemos hacer eso- , sino de una interiorización hacia el corazón de
quienes verdaderamente somos bajo la superficie que presentamos externamente. Me
gusta la palabra núcleo. El poema que encabeza el capítulo también hace referencia a
esta idea.
Tengo un ejemplo de esto:
Hace algunos años, había estado trabajando varias sesiones con una paciente,
llamémosla Heather. Me había dado cuenta de que ciertos patrones somáticos se
repetían, seguían dando vueltas en círculos. Había tomado un “historial muy detallado
cuando empezamos a trabajar juntos, y en su historia personal no había nada que
pareciera explicar los patrones de Heather, y ello no podía arrojar luz sobre ellos.
Parecía que estábamos atascados, de modo que me senté en completas quietud, sin
hacer nada hasta que me vino una idea: “Esto da sensación de electricidad”. Se lo dije
a Heather, que estaba un poco sorprendida y dijo: “Oh, sí, me olvidé comentarte, yo
misma lo había olvidado…pero en una ocasión, hace algunos años, yo estaba en la
naturaleza, apoyada sobre el poste central (metálico) de una gran tienda de campaña y
estaba leyendo una carta que me acababa de llegar. Era de una amiga que me contaba
que un ex-novio, con el que acababa de cortar, se había suicidado. En parte, yo me
había ido de safari para recuperarme del dolor de la separación. En el momento en que
estaba leyendo esto, cayó un rayo sobre el poste de la tienda. Un asombroso ejemplo de
shock tanto para el cerebro izquierdo como para el derecho.
Creo que la mayoría de las terapias, convencionales o alternativas, habrían perseguido
el trauma de un hemisferio a otro, y éste no habría podido ser liberado de su tumba.
Desde entonces Heather se ha convertido en una buena amiga, y puedo decir sin temor a
equivocarme que está libre de este dolor y ha sido capaz de seguir delante de manera
muy hermosa.
Los traumas muy profundos, aquellos que podríamos etiquetar como “del Espíritu”,
responden muy bien a la Quietud. Tan sólo en la quietud es probable que haya suficiente
confianza para que se pueda contar toda la historia. Cuando el cuenco está vacío de los
confusos deseos del terapeuta y de su necesidad de ayudar.
Este vacío no es fácil. Es extraño a nuestra necesidad socialmente imbuida de ser
competentes y de saber lo que estamos haciendo. Intentaré ampliar esta idea en un
capítulo posterior.

Cualquier cosa que pueda decirse no merece la pena ser dicha. Y lo que realmente
merece la pena decirse no puede ser dicho. El Tao que puede ser nombrado no es el
verdadero Tao.

Lao Tse sobre su búfalo.

Este vacío no es fácil. Es completamente extraño a la necesidad imbuida por la


sociedad de ser competentes y de saber lo que estamos haciendo. Trataré de ampliar
este pensamiento en otro capítulo.
Cualquier cosa que pueda decirse, en realidad no merece la pena decirse. Y lo que
realmente merece la pena decir no puede ser dicho. El Tao que puede nombrarse no es
el verdadero Tao. Lo que sigue es de Lynn Shorthouse, terapeuta creaneosacral, en su
retiro invernal anual. Parece reflejar la quietud y la bendición de la inseguridad.

Reflexiones desde un monasterio situada en la montaña, inspiradas por Ajan Natthiko.

Llego a este lugar a 1200 metros de altura para realizar un retiro de 30 días. El silencio
del entorno de este monasterio es sanador. Las enseñanzas de Ajan Sumedo, de la
tradición Thai Forest Shanga, que emplea “el sonido del silencio” como foco y objeto
de meditación, funcionan bien aquí. Éste es un monasterio bien gestionado, aunque sólo
tiene cuatro monjes en su retiro invernal y cuatro ayudantes; no estamos demasiado
organizados. La traficidional historia judía: en el infierno, un demonio dice al diablo:
“Señor, señor, los humanos de la tierra están empezando a descubrir los caminos de
Dios. “No te preocupes” dice el diablo, “solo tenemos que organizarlos”. Cuando el
mundo en general y mi propia vida parecen un lío, me da fuerzas ver y reconocer tanta
bondad. Aquí me siento segura y bien recibida, con unas condiciones externas
excepcionales. Y lo mas importante: me siento apoyada para dejarme ir y simplemente
ser. Por supuesto, experimento el espectro del sufrimiento humano. Mi cuerpo enferma y
me siento harta de mí misma y de los demás, o empiezo a anhelar cosas que no hay aquí.
A menudo siendo una resistencia a lo que es, y a lo que no está ocurriendo, o me pierdo
en visiones o estados de ánimo, pero de algún modo, aquí sé que todas las emociones
sentidas puede ir y venir, y puedo llegar allí más fácilmente. Hay subidas y bajadas
naturales de mis niveles de energía y entusiasmo. Algunos días el impulso y el ardor
fluyen, con todos los demás factores en equilibrio y armonía. Otros días todo parece
caerse a pedazos, como si mi práctica de meditación fuera débil e ineficaz. Llego a
darme cuenta de que mi trabajo consiste únicamente en estar ahí, en sentarme y caminar,
independientemente de cómo me sienta.
Experimento este retiro invernal como un modo de continuar descubriendo los caminos
de “Dios” y de mí misma. En este lugar, soy más capaz de estar en relación conmigo
misma y con los demás. Tengo planes para cuando retorne del retiro, tanto nivel
personal como profesional, de involucrarme en este proceso de vida, de escuchar a los
demás y ser escuchada. Y también de seguir mostrándome curiosa y de aceptarme a mí
misma y a los demás. Porque la curación se producen cuando sabemos que somos
“todos uno”, conectados entre nosotros y con este mundo. Me parece interesante que
“desconectarse”, retirarse de los demás y del mundo, es un modo de reconectar. Aquí
tengo momentos en que las creencias, pensamientos, ideas y sentimientos se aúnan para
convertirse en un único yo. Parece que mi trabajo es hacer que las distintas partes de mi
cuerpo y mente se comuniquen. Si consigo esto, ellos pueden resolver sus diferencias,
equilibrarse y armonizarse. Esto no ocurre si no comunican; abrazarnos la unidad
cuando damos atención a parte de nosotros y de os demás que están aisladas o en
conflicto.
Aún me siento muy cerca del “no saber” que experimenté al principio de la meditación,
y ahora tengo cierta experiencia de sentarme con la inseguridad del trabajo. Describiría
mi planteamiento como apasionado, equilibrando la armonía de ser y hacer, la voluntad
y la rendición. Mi trabajo de aceptar la vida tal como es continua, con todo el
sufrimiento y la pena. Mi trabajo es hacerme amiga de mí misma tal como soy, y
también hacerme amiga de la vida tal como es. Tengo una voluntad genuina de
investigar y de firmar la paz conmigo misma, en un esfuerzo equilibrado más que de
manera forzada. Procuro mantenerme en contacto con lo que está ocurriendo realmente,
volviendo a la conciencia del cuerpo; esto parece generar buena voluntad hacia mí
misma y hacia todos los seres vivos, empezando por cualquier cosa de la que yo sea
consciente, aunque parezca trivial o mundana.
Después escucho las voces de la mente sin creérmelas necesariamente. Investigo de
manera constante y continuada todo lo que puedo.
Me doy cuenta de que no puedo hacer que ocurra nada en mi práctica por más que lo
intente. Continúo aprendiendo que tanto lo agradable como lo desagradable vienen y
van. Todo se desarrolla; la tristeza y la felicidad viene y van, y yo me encuentro con la
experiencia conscientemente en la medida de lo posible.
Me siento muy afortunada con mi pequeña práctica craneosacral en Langport, que me
permite vivir y disfrutar una vida simple, a la que puedo volver. Me da la oportunidad
de conocer individuos y familias, y
de ayudarles a estar bien y a vivir vidas más plenas. Descubro que a veces la gente que
recibe tratamientos hace la conexión entre lo físico, lo emocional y lo espiritual. Los
logros en el mundo externo son menos importantes que los cambios en mi vida interna,
porque descubrimos a nosotros mismos es descubrir el universo. Me siento retada de
manera continuada, y animada, y profundamente involucrada con la vida.
Capítulo 4
Noviembre
La marea

Mi tesis, mi convicción, no sólo creencia, y mi pasión están contenidas en esta breve


frase: puedes confiar en la marea. He pasado los últimos 15 años analizando, probando,
trabajando con y enseñando la verdad de esta declaración.
Actualmente, aproximadamente 120 años después de que Sutherland expresara
originalmente esta afirmación, voy a intentar explicar dónde he estado y a lo que he
llegado hasta ahora. Tomemos esto despacio y empecemos por el principio. Oí esta
frase por primera vez cuando me estaba formando como terapeuta craneosacral con
Franklin en Karuna.
Puedes confiar en la Marea. Empecé a pensar: ¿Qué Marea y qué significa “confiar
en”? La palabra confiar era la importante. ¿Significa confiar “trabajar con”, manipular
de algún modo o dirigir hacia una lesión? ¿Por qué Sutherland eligió la expresión
“confiar en”? Llegué a creer que era suficientemente independiente para saber qué
quería decir y que si había dicho confiar, eso es lo que quería decir literalmente. Eso
significa que es otra persona o cosa la que hace lo que tenga que ser hecho.
En cuanto a la Marea, no asumí que Sutherland estaba intentando decir que el Impulso
Rítmico Craneal o IRC, como lo conocemos, era la fuente en la que podíamos confiar
tan devotamente, y pensé que ni siquiera se sugería que la Marea Larga con la que
muchos de vosotros ya estáis familiarizados, era la energía motivadora de toda vida,
pues éstas son, después de todo, objetos de nuestra conciencia, no el fundamento
subyacente de nuestra conciencia.
Llegué a creer que en realidad estaba hablando de la hipótesis de que hay una
Inteligencia que no es parte de la estructura egóica personal e individual, que no está
sujeta al intelecto, en la que se puede confiar absolutamente.
Shakespeare dijo: “Hay una Marea en los asuntos de los hombres, que tomada en su
rebosar, conduce a la fortuna.” Ni siquiera esto es “la cosa”, aunque se le acerca más.
Implica que hay “otro”. Esto hace surgir un gran conflicto: si hay “otro” en el que
confiar, qué lugar ocupo yo en todo esto. ¿Cómo sabré lo que eso otro está haciendo,
cómo sabré lo que le está ocurriendo al paciente? Supongamos que algo va mal y me
demanda, ¡en este país abundan los litigios! Veis lo que está pasando aquí, el viejo y
pobre ego personal ya se lo está pasando mal, se está poniendo muy ansioso. Podríamos
ir más allá: “Tenemos que tener límites, no puedo saber lo que esto haciendo. ¿Cómo
explico lo que estoy haciendo? Esto no es científico y, lo mejor de todo, tengo que estar
presente, plenamente presente en todo momento. ¡Recuerdo que Mike dijo eso! Mike
Boxhall, quiero decir, no Michael Shea, que está perfectamente cuerdo.
¡Vaya! ¡Ahora no se puede confiar en nadie, ni siquiera en mi! No es para tanto. Lo que
tenemos que hacer ahora es analizar qué significa estar presente en este contexto. A lo
que me refiero con estar presente es tener la mente aquietada, simplemente notar lo que
surge sin apegarse a ello de ninguna manera. No hacer juicios respecto al significado de
lo que surge. Simplemente notar lo que es. Si no nos apegamos al significado, el
fenómeno pasará y lo más probable es que otro tome su lugar. Después otro, y otro, y
los reconocemos todos y los dejamos pasar y, a veces, durante un rato, no surgirá nada
y sólo habrá conciencia vacía, vacía de todo objeto, y de ese vacío surge un nuevo
objeto. El movimiento surge de la quietud y nada va realmente a ninguna parte. Ello
simplemente es, en movimiento. En este momento hay una unificación de todo lo que
alguna vez fue, y esto que surge es su expresión ahora mismo. El Espíritu toma forma y
nosotros, como testigos, estamos en práctica compartida con esa forma.
Éste es, por tanto, el dramático despliegue de la Terapia Craneosacral Biodinámica.
Esto es la introducción, el prólogo; ahora examinemos esto un poco y dividámoslo para
llegar a algo más expansivo.
Todos los objetos vienen y van, ¿cierto? Algunos tardan más en irse que otros. El
Everest, el planeta, mi vecino que toca rock duro… pero antes o después todos se van,
y eso es lo que todas las cosas, y pensamientos y sentimientos, tienen en común.¡Todos
se van! Yo me iré, no sé cuando, quizá ya estoy más allá de mi fecha de caducidad, pero
en algún momento me iré. Y esto es lo más importante, cualquier cosa que haya venido
a la forma como yo, vendrá a la forma como alguna otra cosa, antes o después. Cuando
las condiciones sustenten otra forma, se creará otra forma. Es un proceso sin principio
ni fin. Sin causa, sólo revelación.
No puedo evitar reírme de mí mismo por intentar ser lógico. No es lo que mejor me
sale, y creo que en el modelo de Jung, yo probablemente soy un intuitivo, al menos eso
es lo que intuyo, pero debo intentar ser lógico para no ser unilateral.
Mi lógica es que cuanto más puedo objetivizar todo, incluyéndome a mí mismo, más
cerca esto de lo inexpresado, de lo no-dual, de aquello de lo que surgen los objetos, del
Sujeto.
Hacia donde voy es que si todo es, en cierto sentido, no concreto e impermanente,
incluyéndome a mí mismo, entonces también son impermanentes la enfermedad, el
sufrimiento y el malestar. Si esto es así, entonces, ¿qué herramienta voy a usar para
producir alivio?
Claramente mi intelecto, no sólo impermanente, sino también limitado, sólo puede
contener una respuesta parcial. Es decir, por supuesto, a menos que pretenda ser
omnisciente y saberlo todo. Lo mejor que puedo hacer, en esta forma, es tomar mi
limitado conocimiento y aplicarlo a mi limitada evaluación, llámale diagnóstico, y
esperar un resultado limitadamente benéfico.
Sigo dándole vueltas a este pensamiento, y eso me lleva a tomar conciencia de que, a
menudo, ni siquiera el cliente sabe la causa de lo que le pasa. Esto complica el
problema.
Sin embargo, esto es con l oque trabajamos todo el tiempo ¿cierto? Estamos
condicionados, pienso, a pensar que éste es el único camino posible.
Actualmente yo tengo un punto de vista ligeramente diferente, no tan absoluto, y lo
ofrezco como una invitación para considerar que posiblemente hay otra perspectiva que
examinar.
Siguiendo el modelo de Groucho Marx, que dijo en una ocasión: “Nunca me haría socio
de un club que me aceptara como miembro”, suelo ser muy cuidadoso respecto a quién
tiene acceso a mi sufrimiento. Mi sentido de insatisfacción. Que, según observo,
también es impermanente. A veces, de hecho, todo es perfectamente satisfactorio.
Supongamos que simplemente me aparte del camino y dejo que el Espíritu o la
Inteligencia, a diferencia de mi intelecto hagan el trabajo. Conseguir que la patología
del sistema esté con un estado de mayor adaptación. Dejar de sufrir de lo que son, en
efecto, experiencias de vida mal digeridas. Sería superinteligente dejar que la
Inteligencia hiciera el trabajo en lugar de confiar únicamente en mi intelecto y
conocimiento parcial.
En mi opinión, esto abriría la posibilidad del renacimiento, ahora mismo, en el
presente, a una forma que ya no está modificada por las experiencias de vida no
digeridas. Tengo la creencia, y hasta cierto punto experimento, que el renacimiento no
sólo es lo que ocurre cuando me caigo de la rama, sino más bien, combinado con la
conciencia, lo que está ocurriendo ahora mismo, en el presente. Como dijo Aldous
Huxley, “En realidad no hay vida fuera de la vida de experiencia”. Reverenciemos la
experiencia, no sólo la teoría o el concepto.
Dejadme que tome un momento para leer un poema, después volveré a cómo trato de
apartarme del camino de la Inteligencia y dejarle que haga el trabajo.

Quien verdaderamente soy


Sin principio, sólo proceso.
El Espíritu reencarna.
Nacimiento y Vida.
El encuentro del despliegue y la experiencia. Capa sobre capa de ilusión.
Yo he devenido y he olvidado.
Ayer fue y mañana será, o al menos eso parece. No ahora.
Una marea hay,
Después un océano.
Debajo de las olas,
Sólo hay quietud.
La Madre.
Pura conciencia,
Y recuerdo quién soy.
El Océano se mueve.
Sólo hay proceso.

Hay un amable grupo de gente que ha crecido alrededor del curso que estoy enseñando
en Carolina del Norte. Intercambiamos muchas preguntas e intercambiamos muchos
intentos de respuestas. Es una práctica verdaderamente compartida.
Parte de lo que sigue surgió de una cuestión reciente de uno de los miembros al resto de
nosotros:
“Quiero intentar abordar esto y es algo que hace surgir todos los temas de los que
hemos estado hablando, y es posible que me ayude a entender un poco más lo que he
estado tratando de exponer”.
Enfoquémonos por un momento en el desastre del Golfo y veamos qué surge
directamente de eso:
Además de ser un desastre, que lo es, para cientos de miles de buenas personas; es casi
insoportable pensar en el sufrimiento de los que lo han perdido todo: familia, hogar,
posesiones, y lo que es peor, la esperanza y la confianza; es una crisis global.
Enfoquémonos en Nueva Orleáns.
Una crisis es un punto de inflexión. No estoy hablando únicamente del precio del
petróleo y el efecto “bola de nieve” que tiene, sino de una crisis de confianza en lo que
hemos llegado a creer que es el orden natural de las cosas. E incluso llegamos a dudar
de la decencia, compasión y buena vecindad de la gente cuando las cartas vienen mal
dadas para algunos. La crisis que ha recorrido el mundo es: ¿En quién podemos confiar
cuando tenemos problemas?
El 11 de septiembre fue diferente; nosotros creamos un enemigo y tomamos el punto de
vista de que teníamos que aprender a defendernos mejor del enemigo, de ese objeto que
está ahí fuera. Nos agrupamos para conseguirlo. De manera correcta o equivocada.
Ahora parece que nos hemos traicionado a nosotros mismos. No hay enemigo ahí fuera,
aunque buscaremos uno, sólo una masiva imposición de un estilo de vida carente de
compasión.
No pretendo que esperaría un resultado distinto de cualquier otra nación si surgiera una
situación similar.
Ciertamente no en la mía, que está inexorablemente conformada por el mismo modelo,
así como todos los demás países europeos. Justo antes del huracán, 600 personas
murieron pisoteadas en Arabia, la mayoría mujeres y niños que huían de lo que creían
que era una amenaza para ellos. Si yo fuera historiador, la lista sería interminable.
Ahora llegamos a la Crisis, el punto de inflexión. El fulcro del cambio. Ese fulcro está
en la conciencia. No la conciencia de quién hizo qué mal y quién tiene que ser
despedido o culpado, sin la conciencia de que yo soy responsable. Históricamente,
siempre culpamos a otra persona y volvemos a rendirnos al impulso de aceptar lo que
es mejor para mí y los míos, como si el resto de la comunidad mundial no fueran
también “yo y lo mío”.
El estatus quo se desestabiliza. No es extraño que estemos “experimentando algunos
grandes cambios y trastornos en nuestras vidas”.
Daniel Levy, un compositor y pianista, dice:

“Los pasos para alcanzar los patrones de una nueva civilización son los mismos que se
necesitan para expandir la conciencia. Cuando esta expansión de conciencia ocurre,
todo el pasado disminuye gradual y rítmicamente para convertirse en parte de otra
totalidad. El centro cambia y cada uno de nuestros átomos queda infundido por un
nuevo tipo de energía. Nuestro punto de vista asume una perspectiva mayor, y nuestra
visión se expande de ver partes de la totalidad a ser conscientes de la realidad del todo
mayor”

Esta es, sucintamente, la experiencia de algunos clientes. Y esto es a veces mi propia


experiencia. “Algo ocurre”, como diría Rollin Becker.
“Dios es un círculo cuyo centro está por todas partes y cuya circunferencia no está en
ninguna parte”, dijo San Buenaventura, un cardinal franciscano del siglo XIII y santo
patrón de los desórdenes intestinales.
Poniéndolo de otro modo, “el Buda del futuro es Maitreya. Pero Maitreya no es una
persona, sino esa cualidad de amistad que es, de hecho, un aspecto de
la mente iluminada.” Deena Metzger.
Aquí es donde nuestro trabajo es tan importante. No que digamos a otras personas cómo
deberían ser, o lo que deberían hacer, sino facilitar el acceso a la conciencia de lo que
está emergiendo en nuestro ser ahora mismo y llevar eso a una conciencia más plena. Y
retirar el juicio. Hacemos esto en práctica compartida con otro u otros, y les ayudamos
a estar presentes ante su dolor, o lo que surja, escuchamos plenamente su historia desde
un lugar vacío.
Sólo por medio de y desde este aumento de conciencia surgió la posibilidad de un
cambio radical. Todos los cambios importantes causan inseguridad. Si no nos sentimos
inseguros, estamos patinando en el mismo viejo surco y puede haber un sentido de
seguridad artificial y temporal en eso, pero observa cuán frágil es.
De modo que la inseguridad es el lugar del cambio. Benditos sean los inseguros. El
dolor cambiará si podemos observarlo, no convertirnos en él. No dejar que él se
convierta en lo que somos. En esa escucha plena reside la curación. No hay nada que
hacer. Pero no es fácil estar plenamente presente antes una angustia profunda sin
juzgarla. Simplemente tenemos que recordar que ese juicio es asunto nuestro y está
llenando el cuenco, y si el cuenco no está vacío no se llega a contar toda la historia.
Volviendo por un momento a la culpa, la cuestión no es “lo que hice mal”, sino lo que
surge ahora mismo. ¿Cómo me hace sentirme ahora mismo lo que hice o dejé de hacer?
Es ira; es miedo, o una mezcla de ambos. Esto es lo que tenemos que abordar, con lo
que tenemos que trabajar. De ahí surge la posibilidad de cambiar. Trabajando con el
miedo, trabajando con la ira y, si puedo hacer eso, entonces, tal vez, veré que la ira y/o
el miedo son estados humanos comunes, y yo no tendré que defenderme contra ellos en
el futuro. O librarme de ellos.
Es básicamente el miedo, el miedo al cambio, lo que a su vez significa miedo a ser, lo
que causa nuestra patología.
Tener miedo es parte de la experiencia humana; el problema es que intentamos crear
condiciones, barreras y defensas que nos guarde contra ello. Ahí es donde nos
paralizamos.
Trabajemos CON el miedo, si eso es lo que está ahí. Entonces, estamos en el presente.
Desde el presente, podemos tomar decisiones sensatas. El presente siempre está
aquietado, es lo que nosotros observamos que está cambiando. Así, nosotros estamos
aquietados, observando el emerger y el pasar del fenómeno. Nosotros no somos el
fenómeno. Nosotros somos, en ese momento, el lugar donde todos los fenómenos
surgen.
Eso es lo que significa la quietud. No es un estado inerte; es la conciencia del cambio,
no el cambio mismo. Conduce a la pro-actividad. Verse atrapado (apegado) en el
cambio conduce a la reactividad.
He intentado definir la Quietud y he intentado definir el desapego. La combinación de
amos es iluminación. Cualquier tonto, incluyendo a éste, puede definirlo, ¡lo importante
es practicarlo! Nietzche dijo, y podría haber estado hablando del apego, o mas bien de
la falta de apego, “Quiero aprender más y más a ver como hermoso, lo que es necesario
en las cosas, porque entonces seré uno de esas personas que embellece las cosas.”
Hace ya algunos años he venido compartiendo mis observaciones con los estudiantes,
en los Estados Unidos y en Europa. Ellos han estado compartiendo sus observaciones
conmigo, y el consenso es que: “Puedes confiar en la marea” No tanto en las mareas
mecánicas y relativamente superficiales, puesto que ellas son una herramienta, un
vehículo, sino en el Aliento de Vida, e la Inteligencia, de la que ellas son portadoras y
en el Espíritu, del que el Aliento de Vida es una de sus primeras formas. Otro consenso
al que hemos llegado es que es difícil entrar en ese estado de rendición donde el viejo y
pobre ego no puede circunscribir lo que está ocurriendo. ¡El ego quiere decir lo suyo!
El consenso final es que cuando la confianza y la rendición están en su lugar-y nada
menos que eso- ¡la cosa funciona!
Pregunta: ¿En qué sentido es equiparable la confianza con el fatalismo?
Respuesta: Creo que no es equiparable. La confianza es un estado positivo. El fatalismo
te debilita.
El secreto, para mi, está en nuestro estado de presencia. El Dalai Lama dice: “Creo que
nuestra primera responsabilidad como terapeutas es observarnos a nosotros mismos.”
Anoto el uso que hace de las palabras “primera responsabilidad”.
Tengo que hacer algo más que sólo lavarme las manos entre pacientes y dejar el
extracto bancario en el escritorio, necesito meditar y entrar en un estado de ser de
relativo desapego. Si no puedo estar desapegado, entonces una simple observación de
este hecho puede distanciarme de ser el apego, hasta el punto de que puedo limitarme a
observar el estado de mi ser, sin dar la energía de la atención a la neurosis, o lo que
quiera que sea.
Tengo abundantes de esas [neurosis]. Esta observación sin juicio es compasión, Karina.
Cuando puedo aproximarme a alguien desde este lugar relativamente ordenado y
aquietado, estoy preparado para recibir lo que se me ofrece. No espero llegar a la
quietud absoluta. Creo que puedo haber tenido breves vislumbres de algo parecido a
eso de vez en cuando, pero, con cierta práctica, puedo permanecer relativamente
aquietado. Desde ahí, y sólo desde ahí, puedo aproximarme al cliente o al grupo
familiar, si estoy trabajando con menores o bebés, en la creencia de que contactaré con
ese nivel en quien quiera que esté presente, ¡tanto si surge a la conciencia como si no!
Estamos en práctica compartida, a ese nivel, y cualquier cosa que surja, cualquier cosa
que se haga, es el resultado de la sinergia de esa práctica compartida. No hay actor y
receptor. Sólo hay práctica compartida. Y es posible que yo no sepa lo que ha tenido
lugar, a nivel estructural, y el cliente puede no saber, y ambas posibilidades dan miedo,
y es perfecto, y ¿quién tiene miedo?; no yo, ¡¡sólo mi ego!!
Por desgracia, no es posible caerse a medias de un acantilado. O bien confías y sueltas,
o no lo haces.
Conozco a algunas personas que se sienten atraídas a trabajar así. Todas ellas tienen
razón. Yo simplemente quiero apoyar y fortalecer a las primeras de todos los modos
que pueda.
Para mí, éste es el nivel del Espíritu. No es un nivel mejor; es lo que es, para algunos.

Un perro ama el mundo a través de su nariz. Un pez a través de sus agallas.


Un murciélago a través de su profunda ceguera. Y un águila a través de su planear.
Y una vida humana a través de su espíritu. Mark Nepo

No he probado nada de lo que me había propuesto, sólo quería hacer una ofrenda. Mark
Nepo, una vez más, cita a Buda: “Actúa siempre como si el futuro del Universo
dependiera de lo que haces, mientras te ríes de ti mismo por pensar que cualquier cosa
que hagas establece una diferencia”
El Buda dijo: “La iluminación está en el cuerpo”
Estas son las palabras que Buda pronunció hace casi 3000 años. Después de haber
recibido la sabiduría de su época, y de haber intentado alcanzar la liberación a través
del ascetismo, el Buda descubrió que todo lo que había al final del esfuerzo era más
esfuerzo.
Cuando el Buda renunció a sus autoridades, en cierto momento recordó la alegría
simple que había sentido en una de sus experiencias infantiles, en las que simplemente
entró en meditación serena y se preguntó si la simple alegría que es inherente al cuerpo,
más que el esfuerzo, podría ser la ruta a la iluminación. Después surgió un pensamiento
temeroso: ¿Si le iluminación ya está en su lugar, y la ruta hacia ella es escuchar lo que
ya es, entonces cual es el lugar del ego, cuya única función es separar? ¿Qué es este yo
que tiene miedo de placer y de lo simple?
En nuestros días son muchos menos los que consideran que la mortificación y las
austeridades son el camino hacia conocimiento, pero tal vez, en el modelo
postcartesiano de nuestros días, hemos caído en la misma trampa que los
contemporáneos del Buda, sólo que esta vez es el intelecto el que nos distancia del
cuerpo. Hemos separado el cuerpo de la mente. O, más bien, tratamos de volar con la
mente lejos del cuerpo.
Sin duda la ecología tiene que ver con la relación (lo que yo llamo práctica
compartida) Los mayores desastres ecológicos han surgido de nuestros intentos de
dominar nuestro entorno, en lugar de estar en práctica compartida con él.
Me pregunto si no cometemos un error igualmente desafortunado al adular
excesivamente el intelecto a costa del vehículo sensible que lo contiene, en el que el
intelecto ha elegido venir a la existencia, y con el que, sin duda, debería estar en
práctica compartida.
Después de todo, el cuerpo, esté como esté, siempre está presente a lo que es. No puede
estar en otra parte, y esta certeza no siempre es válida para la mente encarnada. Tal vez
la mente tenga algo que aprender del cuerpo. ¡Éste es un pensamiento sorprendente!
¿Podría la práctica compartida con el cuerpo ser una ruta válida para el progreso
espiritual? Puedo examinar brevemente esto, y al mismo tiempo plantear que, al
trabajar con este tema, ¿no estamos abordando la causa del deterioro ecológico en lugar
de mordisquear los síntomas? Mirando a lo micro, ¿no estamos también en práctica
compartida con lo macro? Desarrollemos un poco el pensamiento de que la iluminación
está en el cuerpo.
Ninguna enseñanza que yo haya leído nunca ha sugerido que la iluminación es un
producto del intelecto. De hecho, la comprensión parece llegar cuando se han alcanzado
los límites de la lucha mental y se produce cierta rendición. Entonces el sentido de yo y
las luchas del yo se disuelven, y lo que queda es la esencia, situada debajo del yo.
Llamo a esto el espíritu. La casualidad que es común a todos nosotros.
Otro modo de expresar este fenómeno es decir que recordamos quiénes somos
realmente. Lo que nos impide recordar quiénes somos la mayor parte del tiempo son las
capas de “experiencia de vida no digerida” que llevamos con nosotros y a las que
estamos tan habituados que derivamos de ellas nuestro sentido de identidad. Éste es un
modo de describir la noción budista de irrealidad, tal vez un poco simplificada. Si eso
“que realmente somos” es común a todos los seres, entonces estamos hablando de la
ecología natural del ser humano, y no sólo del ser humano, no de todos los seres
sensibles.
No estoy sugiriendo que el intelecto se algo malo, más bien es la gloria coronante, hasta
ahora, de la marea evolutiva. Somos necios, o al menos corremos el peligro de
enfermar, si nos enfocamos completamente en la capa externa del pastel, e ignoramos la
densidad que ésta recubre y evidentemente, oscurece. Creo que hemos empezado a
hacer esto, particularmente a lo largo de los últimos siglos.
Volvamos al cuerpo en el que el espíritu, al menos de momento ha encarnado. Dejadme
que acabar con la definición de la terapia Craneosacral que me dio un hombre…: “La
Terapia Craneosacral, en su versión más tierna, es un viaje que dos o más personas
realizan en la quietud hacia un nivel de ser donde no hay patología.”
Lo que sigue es de Cristina Hurst-Prager, terapeuta craneosacral registrada, de
Küsnacht, Suiza y aborsa directamente el concepto de “experiencia de vida no
digerida” que hemos mencionado en la página siete.
Expone con claridad el hecho de que si ahondamos lo suficiente en la relación esencial
–lo que a veces llamo práctica compartida- la sinergia que surge de este campo
permitirá, sin ningún esfuerzo o intención, un “renacimiento”. Deja que el trabajo haga
el trabajo. Nosotros sólo necesitamos sentarnos a admirar la revelación.
Me siento muy agradecido por esta contribución.

Querido Mike: Has pedido que escribamos algo sobre el trabajo que hacemos en
Duncton MIll, al menos eso es lo que he entendido.
Después de los últimos dos cursos he vivido momentos difíciles conmigo mismo. Me ha
costado adaptarme a la “vida regular”, una vida en la que tengo que tomar decisiones
respecto a cuándo hacer qué, puesto que no tengo empleo y tengo una consulta que
funciona al cien por cien. He cuestionado muchas de las decisiones que he tomado
anteriormente, y me he preguntado si me ha despistado de mi tarea en la vida, si me he
desviado de ella….y todos esos pensamientos y preguntas desagradables. Me parecía
que tenía mucho que “digerir”, no sólo de viejas experiencias que se han ido
acumulando a lo largo de las décadas, y las creencias que surgen de ellas (o que yo
extraigo de ellas), sino también de las experiencias en tus cursos.
Únicamente en los últimos días he empezado a darme cuenta que las experiencias y las
creencias resultantes están empezando a cambiar; y en realidad lo hacen de manera muy
imperceptible.

Dejadme acabar con la definición que dio un hombre de la terapia craneosacral…


“La terapia creaneosacral, en su versión más tierna, es un viaje realizado en quietud por
dos o más personas hacia un nivel de ser en el que no hay patología”

Lo que sigue es de Christina Hurst-Prager, terapeuta craneosacral registrada, en


Küsnacht, Suiza, y toca muy directamente el concepto de “experiencia de vida no
digerida” que se menciona en la página 7. Aborda muy bien el hecho de que si vamos
suficientemente al núcleo de la relación-lo que a veces denomino la práctica
compartida-la sinergia surgida de ese campo permitirá, sin ningún esfuerzo o intención,
un “renacimiento”. Deja que el trabajo haga el trabajo. Basta con que nos sentemos a
admirar la revelación.
Me siento agradecido por esta contribución.

Durante las “reflexiones matinales” y el compartir de las experiencias de nuestro


trabajo conjunto, el concepto de “experiencia de vida no digerida” surge de vez en
cuando como la fuente de nuestra incomodidad y malestar físico, emocional, mental o
espiritual. Sin embargo, muy pocas veces uno de nosotros comparte o habla de una
experiencia muy específica que aún no hayamos digerido del modo en que uno parece
hablar de ellas en psicoterapia. Y, sin embargo, las experiencias de vida no digeridas
hasta ese momento parecen empezar a digerirse. Simplemente, si ésta no es una manera
demasiado modesta de expresarlo, conectando con otra persona desde un lugar
profundo, compasivo y libre de juicios.
Si puedo usar la analogía de la “digestión” de manera más física: cuando comemos algo
que es difícil de digerir, nuestro cuerpo o bien lo almacena en forma de grasa u otras
células poco saludables o el alimento que tenemos en el estómago avanza muy lenta y
dolorosamente. Si tomamos algún té de hierbas que nos ayude a digerir, o algún otro
remedio, el estómago y los intestinos empiezan a funcionar mucho mejor, y empiezan a
limpiar nuestro material insano. Y si añadimos algunos remedios que no recarguen el
cuerpo de otro modo, para fortalecer, por ejemplo, la función renal y hepática, el
cuerpo puede empezar a limpiar incluso “venenos” más antiguos y ponerse bien. Así es
como yo experimento el trabajo que hacemos contigo en Duncton Mill. La profunda
escucha en práctica compartida es como un té herbal benéfico o como los remedios
homeopáticos que capacitan y fortalecen el cuerpo, el alma y el espíritu para que se
sanen, o digieran, lo que tenga que ser sanado en primer lugar, y así se puede
profundizar más y más en el tejido celular.
Ésta última frase en realidad me llevaría a reflexionar sobre “sanar el espíritu”. Tal vez
debería escribir espíritu con “E” mayúscula cunado hablo del Espíritu Universal,
porque Él/Ella no necesita ninguna cura, para diferenciarlo del espíritu personal, que
muy posiblemente necesitará abundante cura.
Y ahora, por supuesto, a esto le deben seguir algunos pensamientos sobre la curación,
pues en realidad ésta no es una palabra que usáis, por lo que yo sé. Me parece que
habláis mucho más de “arrojar luz” sobre lo que es, aceptándolo más y más sin juicio,
con compasión, y esto aportará curación, tal vez no en el sentido convencional de
“curarse”, sino en el de aclararse con lo que es.
Este tipo de trabajo craneosacral biodinámica también me recuerda lo poco que
reaccionan los niños cuando se hacen daño y lloran. Si nosotros, los padres,
simplemente les hacen daño y lloran. Si nosotros, los padres, simplemente les
abrazamos y reconocemos: “Oh, si, veo que te has hecho mucho daño”, entonces lloran
todavía más, pero sólo durante un segundo o dos, y después generalmente se sienten
bien. (Cuando alguien le dice a un niño que se ha hecho daño “oh, no es para tanto, no
es nada”, el niño suele llorar durante mucho más tiempo). Como terapeuta craneosacral
biodinámica yo soy como la madre, que reconoce y valida lo que ocurrió, y cómo se
siente el niño, y entonces “ello” pude disolverse.
Como madre me hace sentirme bien por dentro, ser amorosa y aceptar al niño. Como
terapeuta, si conecto desde un lugar profundo con el cliente, por supuesto estoy
conectando conmigo mismo desde un lugar profundo, de aceptación, permitiendo que la
luz brille sobre lo que sea; no podría conectar desde ningún otro lugar. He
experimentado una y otra vez que dar un tratamiento es recibirlo.
Capítulo 5
Diciembre
La bendición de la inseguridad

Si, como dice Erich Fromm, el emerger del “hombre maduro” es el objetivo tanto del
zen oriental como del psicoanálisis occidental, y si el hombre a ese nivel se ha
deshecho de sus triviales miedos a la inseguridad, de la unilateralidad de su tendencia
razonadora, cabe la esperanza de que los seres humanos alcancen una mejor
comprensión del significado de la realidad. No e necesario añadir que esto implica
dejar atrás toda forma de avaricia y la superación de la adoración del ego. Así, el
satori, o lo que tratamos de definir como iluminación puede, en el análisis final, ser el
instrumento que permita a la persona emerger en la cima de su madurez, con la
connotación más amplia posible y dentro de un marco de referencia humanista.
Paul Neumarkt

Es importante indicar que Fromm dice: “deshecho de sus triviales miedos a la


inseguridad”. Él no dice que se deba abandonar la inseguridad. Siendo, supongo, una
persona muy insegura, esta declaración me reconforta enormemente.
Como profesor y como persona, o tal vez mejor, como persona que enseña,
distinguiendo así quién soy de lo que a veces hago, no se me pide ser perfecto. Sólo se
me pide trabar hacia ser cada vez más capaz de mostrarme compasivo con ellas. Yo
defino la compasión como ver lo que es, tan completamente como sea posible, sin
juicio. Lo difícil aquí es el “sin juicio”, siendo al mismo tiempo ésta la puerta a la
conciencia.
Casi no completo este capítulo, al menos no durante el mes correspondiente. Si Colin,
el sujeto que gestiona mi página, es bondadoso, el texto deberá estar publicado en las
últimas 48horas de 2006.
En torno a este periodo del año, al menos durante los últimos años, parece que entro en
un periodo de “crisis”.Este mes soy “la reina del drama”.
Este año, tras la insistencia muy sensata de Barbara, me vi siendo transportado en
ambulancia-¡incluso llevaban la sirena funcionando!- y con una máscara de oxígeno
puesta. Aparentemente estaba mostrando todos los signos evidentes de sufrir un ataque
al corazón. Y, probablemente, enfisema.
A los dos días volvieron a enviarme a casa, después de todas las pruebas, sin
reprenderme pero aconsejándome que bajar un poco el ritmo. Sí, ya sabía que me
estaba excediendo, pero eso es lo que suelo hacer. Aproximadamente una semana
después, ya estoy en orden y dispuesto a volver a empezar. Mi cumpleaños a principios
de enero parece anunciar un amanecer más luminoso.

“Eres viejo, padre William”, dijo el joven, “y tu pelo se ha vuelto muy blanco. Y sin
embargo te pones de cabeza continuamente. ¿Crees que está bien hacer eso a tu edad?”
Lewis Caroll

Es muy fácil pensar que lo que sentimos y pensamos en realidad contiene y agota
quienes somos. En mi cabeza, sé que no soy lo que siento y pienso, y que cualquier cosa
que surja no tiene una permanencia intrínseca. Sé eso, y eso es fundamental para ser
capaz de autoproclamarse budista, pero eso no es lo que uno siente cuando está en
medio de la experiencia.
En realidad, sólo hay cuatro fundamentos para ser budista, que son:

1. Todas las cosas son impermanentes, y no hay sustancia esencial o concepto que sea
permanente.
2. Todas las emociones traen dolor y sufrimiento, y no hay emoción que sea puramente
placentera.
3. Todo fenómeno es ilusorio y vacío.
4. La iluminación está mas allá de los conceptos; no se trata de un cielo dichoso y
perfecto sino, más bien, de una liberación de la ilusión

Esta lista debe ser más que suficiente para causar inseguridad, ¡aunque no estuviera
presente anteriormente!
Dzonngsar Jamyang Khyentse

Volveré a esta lista más adelante, pero, de momento, continuaré hablando de manera
más general sobre la inseguridad. He descrito la inseguridad como un síntoma de la
experiencia de vida sin digerir que ha cristalizado en una forma que asumimos que es
nuestra identidad. Es esa forma, esa identidad aparentemente sólida, la que dicta lo que
enseñamos, lo que aprendemos, y desde dónde venimos cuando hacemos cualquiera de
estas dos cosas. A fin de hacer el intento de animar el emerger del Espíritu, que
simplemente no es un objeto del intelecto personal, sino más bien su fundamento,
debemos rendir o renunciar a algo, al menos a eso que nos mantiene separados, que es
precisamente el yo individual.
Lo que sigue es una charla ligeramente corregida que di en 2004, y que parece relevante
para esta discusión.

El nivel del espíritu no es una simple herramienta de carpintero

Éste es un intento de abrir un debate sobre la terapia craneosacral, y los niveles de


conciencia desde los que nos aproximamos al trabajo.
Habitualmente solemos referirnos a los niveles de cuerpo, mente y espíritu. Supongo
que todos, como orgullosos o avergonzados propietarios, tenemos una idea bastante
precisa de a qué nos referimos con la palabra Cuerpo.
Todos también tenemos una interpretación de a qué nos referimos con la palabra mente,
aunque habrá menos consenso respecto a su significado y extensión. Sospecho, no
obstante, que pensar en qué es Espíritu será mucho más vago.
Lo mismo ocurre con la terapia craneosacral. Algunos la verán únicamente como un
trabajo corporal no-invasor.
Algunos se darán cuenta y experimentarán que el trabajo aborda problemas mentales y
emocionales; relaciones y estados de ánimo.
Y aún habrá otros que sentirán que hay magia en los resultados de la sesión craneal,
tanto para el cliente como para ellos mismos, y se preguntarán de dónde viene eso.
Quiero explorar hasta dónde puede conducirnos el modelo de la terapia craneosacral, y
no sólo en la curación de síntomas, sino a nivel mucho más profundos, hacia una
plenitud de vida que trasciende la medicina tal como entendemos habitualmente esa
palabra. Para el estado del ser humano común y ordinario, eso es quien realmente
somos, algo mucho más profundo que la condición patológica en la que vivimos y que
hemos aceptado como nuestra naturaleza. La condición patológica no es nuestra
naturaleza, sino que es, más bien, una acumulación de experiencias de vida sin digerir.
En primer lugar una palabra sobre los modelos: budismo, cristiandad, judaísmo,
filosofía, psicología, y ciertamente terapia craneosacral, todos ellos son modelos. No
son “ello”. Cualquiera de estos modelos sólo son “ello” cuando se convierten en una
experiencia a nivel profundo. Entre tanto, estamos hablando sobre teorías, modelos,
pensamientos, opiniones, sueños, esperanzas y oraciones sobre la experiencia. Ésta es
una afirmación muy dogmática y yo detesto el dogma, de modo que la modificaré
añadiendo: en la opinión de mucha gente cuyo juicio respeto.
La siguiente pieza de dogma, que detesto, de modo que ha sufrido la misma
modificación, es que los niveles más profundos (ampliaré esto más adelante) son
informes, y no están sometidos al intelecto, que como los pensamientos y emociones,
por no hablar del cuerpo mismo, ya son forma. Podemos llamar a estos niveles, al
Espíritu, lo universal que deviene en la infinita variedad de formas individuales. A
menudo me refiero a esto como inteligencia, la inteligencia diferenciada de uno de sus
productos, que es el intelecto personal.
No confundamos el Espíritu , que yo considero absoluto, sea expresado o inmanente,
con el Alma, que yo considero personal y otro producto del Espíritu infinito. Tocar,
convertirse en la Inteligencia misma, aunque sea por un momento, es tocar eso que
causa la formación y puede conducir al renacimiento, en el presente, ahora mismo, en
otra forma que puede no ser portadora de la acumulación de experiencia de vida
debilitante a la que me he referido antes.
Se puede decir, en general que la medicina es lineal y newtoniana: “Todo lo que ocurre
tiene una causa definida y da lugar a un efecto definido” (Capra). Es decir, el mundo es
mecánico, como un reloj, cada “tic” va seguido de un “toc”.
A lo largo de los últimos treinta años aproximadamente, el cambio decisivo ha
consistido en reconocer que la naturaleza “es invariablemente no-lineal” (Stewart).
¿Qué significa esto? Significa, según mi interpretación, que no podemos limitarnos a
usar nuestros intelectos para racionalizar secuencias de causas y efectos, según mi
interpretación, que no podemos limitarnos a usar nuestros intelectos para racionalizar
secuencias de causas y efectos, o diagnosticar y pronosticar y remediar; si queremos
alcanzar niveles de ser diferentes de esos que están sujetos a las leyes que gobiernan
nuestros pequeños cueros, nuestros cuerpos relativamente simples. Esto, a su vez,
significa que la estructura, la forma del ser humano, tal vez esté sometida a la
interpretación lineal, pero los aspectos infinitos no lo están.
Las hormigas y las abejas tienen inteligencia individual-no muy grande- y las mismas
criaturas tienen una gran inteligencia grupal que les permite hacer cosas
extraordinarias. Existen leyes que gobiernan las pequeñas cosas y existen leyes que
gobiernan las grandes cosas. Cuando terminamos de direccional las pequeñas cosas y
llegamos irreductiblemente a la nada o no-cosa, llegamos a la mayor cosa de todas, La
Inteligencia.
El Infinito. Cuando el intelecto humano, que es una pequeña cosa, se esfuerza por
comprender el significado de la Gran Cosa, llega a un punto en el que trata de estar
separado del Infinito. Esto es una tautología. El intelecto, mientras esté separado de la
Inteligencia misma, ha alcanzado su límite. Para ir más allá, debe renunciar a la
separación, soltar y convertirse en su propia causa. No hay extrapolación desde el
Infinito.
Yo soy la Marea.
La historia de Adán y Eva es la historia de alcanzar la Individualidad y perder la
unidad. La unidad con el Infinito.
Algunos de nosotros tenemos la experiencia de que, si estamos preparados para aceptar
la pérdida última y terrorífica de la conciencia individual, es posible convertirse en el
Espíritu, la Inteligencia, la Marea misma. Es terrorífico porque, una vez más, por
definición, no podemos conocer eso. Sólo está el vacío, que no es un objeto, sólo una
experiencia de una no-cosa, informe, hasta que regresamos a la conciencia relativa. No
hay por supuesto, terror en el vacío, sino en el soltar, en el caerse por el precipicio. No
hay dolor, ni placer, ni enfermedad tampoco; no hay experiencia de vida, que es la
causa de todos estos fenómenos.
No hay- shock/horror- límites. Los límites aún no han venido a la existencia. Sólo hay
vacío.
Si olvidamos que este viaje es lineal, y pensamos más bien que es un viaje a la esencia
de quienes somos, entonces podemos ver que la posibilidad de emerger a lo relativo
conlleva la posibilidad de no acarrear con nosotros la patología, que tiene su origen en
una proyección lineal, del pasado o del futuro.
Yo no creo en milagros. Creo que el trauma, cualquiera que sea su naturaleza, es una
acumulación de sucesos pasados o futuros. Debajo de cada patología, y de todos los
sucesos que conducen a ella, está presente la salud.
Trabajemos con esa salud, que es el núcleo, más que con la patología, que, en cierto
sentido, es efímera.
Comentaré más adelante cómo hacerlo.
Los seres humanos tienen inteligencia individual; tiende a ser denominada intelecto.
También tienen una inteligencia grupal (a veces de naturaleza desafortunada o
destructiva).
Lo que los seres humanos parecen tener, y es algo que les diferencia de las hormigas, es
la capacidad de ser conscientes de estos atributos, en lugar de sólo reaccionar a ellos.
Por lo demás, la diferencia a nivel genético con las hormigas es muy pequeña. Existen
jerarquías de inteligencia. Un ser humano tiene una idea precisa de cómo se reproduce
el conejo. Y no creo que los conejos sepan cómo nos reproducimos los seres humanos.
Ni siquiera creo que se planteen la pregunta, aunque los conejos son, evidentemente,
conscientes del ser humano y pueden mirarlo con hostilidad o amistosamente en función
de su experiencia lineal.
El Espíritu es informe para los sentidos, aunque en mi modelo, es el fundamento último
de los sentidos. Usa la palabra Inteligencia si lo prefieres. El Intelecto es consciente de
la palabra Espíritu, pero sólo puede tomar conciencia de él convirtiéndose producto de
la Inteligencia, de modo que cuando nos convertimos en Espíritu, es decir, cuando nos
convertimos en nuestra propia causa, en ese momento ya no somos nosotros. Estoy
intentando decir que los niveles más profundos, causales, del ser, no están en el ámbito
del ego ni de nada personal. Son una experiencia, no un concepto. ¿A dónde se va el
ego? A ninguna parte, está allí, pero la conciencia no está. Por extensión, al nivel de
esta Inteligencia o Espíritu, ¿dónde está la patología, dónde está la Terapia
Craneosacral, dónde la medicina, dónde estoy yo? Están allí, pero no están en la
conciencia.
En ese instante que es ahora, sin pasado o futuro lineal, aún no han venido a la forma.
Esto es a un nivel absoluto, tal vez. A nivel más relativo, el ordenador ha abierto una
nueva página sin cerrar la que estaba abierta debajo. Tal vez sepas que la otra página
está debajo, pero, hasta que no cierres la de arriba, no podrás probarlo. No hay
experiencia. Es teoría.
Me gustaría que los profesores, en general, pudieran ver que una diferencia de nivel no
implica diferencia de importancia. Ésta es la herejía fundamental del Intelecto. Es un
juicio que nos mantiene y mantiene al paciente/alumno firmemente arraigados en el
samsara.

Confía en la marea
La marea va más, y más profundo.
Sé testigo.
Yo no la agarro, se ha ido
Sé testigo.
Aquí el dolor. No tengo que remediarlo.
Sé testigo.
Siempre más profundo, ¿dónde queda ahora el dolor? Sé testigo.
Hecho todo lo que había que hacer, ¿quién toca y quién es tocado? Conciencia
El vacío
Inmóvil en el océano,
Lo informe se agita,
La oscuridad se encuentra con la luz y encarna.
Tú y yo somos nosotros. Siempre ha sido así.
¿Dónde queda ahora la pérdida?

Como la Terapia Craneosacral se asienta en el cuerpo, es un modelo ideal, un punto de


partida para conectar con la Mente y el Espíritu. Este último únicamente usando el
cuerpo como algo que se deja atrás. Como dijo Buda, la iluminación, está en el cuerpo.
El cuerpo es luz en último término. Es, en tiempo presente. “En” no significa en otra
parte (aquí, ahora) y el cuerpo está aquí ahora y presente, no es una teoría. Es una
experiencia.
La práctica compartida de todo tiempo y toda experiencia está aquí mismo ahora,
desplegándose desde el centro hasta los confines del universo y más allá. Lo implicado
y lo explicado en una danza interminable. La física podría buscar el principio del
tiempo tanto aquí como allí fuera. Tocar a alguien desde la Quietud es convertirse en un
fulcro para que esa Quietud sea tocada en el otro, tanto si eso se experimenta
conscientemente como si no. Hundirse seguidamente en el vacío es tocar el vacío, no
sólo de esa persona, sino el vacío. Es posible que la conciencia del cliente esté a un
nivel mucho más físico, pero la inteligencia es tocada a nivel profundo, y yo no diría
que se produce la curación, sino que se recuerda la salud esencial.
Mi experiencia es que la experiencia de vida relativa y superficial, basada en el ego,
puede parecer que continúa adelante, pero se ha abierto una puerta al cambio. Un
cambio no sólo en el cliente, sino en todo el campo experimental. Familia, amigos, etc.

Trabajar con un grupo de gente puede tener efectos aún más amplios, pues cada
organismo separado contacta con la misma fuente, y se incrementan las avenidas y las
referencias cruzadas para la práctica compartida.
En resumen, la Terapia Craneosacral puede ser un modelo para trabajar a todos los
niveles. Yo no puedo emitir un juicio respecto al nivel en el que la gente elija trabajar.
Eso sería tan ofensivo como preguntar cuál de los cuerpos de Buda prefiero: el
nirmanakaya, el sambhogakaya o el dharmakaya; eso para quienes estudian estas cosas.
Estos cuerpos coexisten, pero sólo puedes estudiar y hablar SOBRE el Dharmakaya. Y
eso no es “ello”. Tienes que convertirte en ELLO.
Entra en ello plenamente. Schauberger dijo “un curso de agua nunca debe ser regulado
desde sus orillas, sino desde dentro, desde el fluido mismo”
En resumen: para facilitar el cambio profundo, ese cambio que es radical y duradero,
más que una modificación limitada a la conciencia tanto del terapeuta como del cliente,
tenemos que soltar el conocimiento limitado del intelecto y caer en la inseguridad de lo
desconocido. No es posible “medio caerse” por el precipicio; la rendición tiene que
ser absoluta.
Pat Donohue, terapeuta craneosacral registrada de Raleigh hace la siguiente
contribución divertida:

“Me gustaría empezar con la palabra “biodinámica”.


Es la que emplea la asociación Craneosacral a la que pertenezco. Hasta ahora no había
mirado su definición. En un diccionario simple se define como: “Una rama de la
biología que lidia con la energía o actividad de los organismos vivos”. Ésta es una
definición “segura”, pero no da mucha información.
Mientras leía la revista Bon Apettit de este mes, me encontré con un artículo sobre
vinos biodinámicas, y su definición de biodinámica me gusta mucha más. Para los
fabricantes de este tipo de vino, biodinámica significa que el vino refleja la verdadera
naturaleza del país donde las uvas crecieron, fueron cultivadas y se convirtieron en
vino. Esto significa que el sabor del vino revela la constitución del suelo, del resto del
follaje, los insectos, los animales y el agua que cae y se recoge allí. También implica
que el vino refleja el temperamento y las intenciones de la gente que cuida de los vinos,
la uva y el proceso de fermentación.
En el sentido más puro, los vinos biodinámicas son lo que son como resultado de lo que
existe en la tierra de la que proceden. No pretenden ser nada más. Me sorprende que
esta descripción se parece mucho a lo que ocurre durante una “sesión” Craneosacral o
de otra modalidad. En la práctica compartida, retirar nada que juzgamos indeseable, ni
añadir algo que nos parece mejor. En este caso, el desafío, que difiere de lo que se
hacía en otras formaciones anteriores, es confiar en l oque es. En realidad, creo que eso
es lo único que podemos hacer. Es ilusorio que podamos alterar la “realidad” o “lo que
es” en un momento dado. Entonces, ¿por qué a veces es tan difícil estar con ello? ¿Y
por qué a veces requiere tan poco esfuerzo? Mi experiencia me ausencia de esfuerzo.
De algún modo, ahora me siento más cómoda con este hecho.
Alicia [en el País de las Maravillas] tenía algo que decir sobre el tema:

-¿Quién eres tu?- dijo la oruga.


Ésta no era la mejor manera de animar una conversación. Alicia replicó con timidez:
-Yo, yo apenas lo sé, señor, de momento, al menos sé quien era cuando me levanté esta
mañana, pero creo que he sido cambiada varias veces desde entonces.
-A qué te refieres con eso-dijo la oruga severamente-¡explícate!
-Temo, señor, que no puedo explicarme- dijo Alicia- porque no soy yo misma, ve.
-No veo- dijo la oruga.

Lewis Carroll

La Bendición de la Inseguridad
Capitulo 6
Enero
El espíritu encarnado

Ya ha pasado fin de año y ha sido mi cumpleaños. Ahora se ha pasado el susto y hemos


recuperado la normalidad.
Algunos miembros de mi familia han sido capaces de presentarse y participar en el
cumpleaños. Ésta es una fotografía de mis nietos hace un par de años, en mi 75
cumpleaños.

Los
nietos en mi 75 cumpleaños

No sé cuando nos volveremos a juntar todos. Ellos crecen, se mueven y dos han
emigrado recientemente a Australia.
En cualquier caso, ¡he dado la ORDEN para mi octogésimo cumpleaños! [80 años]
¡Nada de apegos por aquí! ¿Entendido?
A menudo se me anima a que haga mis escritos menos densos, a que lo aligere un poco.
Lo que quiero hacer este mes es tratar de ampliar la idea que surgió en el último
párrafo, de que no podemos trabajar con el Espíritu, como yo solía decir, (daba un
curso titulado “Trabajar con el Espíritu”), sino que tenemos que convertirnos en él. Ésta
es la razón por la que el curso que ahora ofrezco lleva por título “La encarnación del
Espíritu”. Encarnación es la palabra justa, pues el mecanismo sensorio de cualquier
experiencia está aquí mismo, no en el Cielo, ni en el infierno, ni en el bardo, ni en
ninguna otra parte. Esto es ello, y no hay ningún otro ello. Cómo conseguir tomar
conciencia de “ello” es otra historia muy, muy larga. O bien es una historia muy corta:
¡Estate presente!
Ahora viene otra hipótesis muy densa, me temo… ¡No ay karma en el verdadero
presente! Esto necesita un extenso comentario, que tal vez haga en otra parte, pero, entre
tanto, tal vez me parezca la pena considerarlo momentáneamente. No considero que el
Espíritu sea un objeto ahí fuera con el que podamos trabajar como podríamos hacerlo,
por ejemplo, con el miedo o la ira, o con la felicidad y la alegría. Más bien, veo el
Espíritu como la Fuente; lo que está ahí como fundamento, cuando soltamos todo apego
al yo ilusorio, al que nos aferramos con tanta desesperación. Volvemos a la rendición y
al “dejarnos caer por el precipicio” que ya hemos comentado Si el Espíritu no es una
forma, sino que más bien es análogo al fundamento, algo, un concepto si queréis, que
simplemente es, entonces se vuelve muy difícil enseñarlo como sujeto. De hecho, yo
llegaría a decir que no puede ser enseñado. Digo, no obstante, que puede ser
experimentado.

El Tao puede ser recibido pero no enseñado


Es muy extraño lo que experimento, en mi intento de enseñar lo in-enseñable. Lo que en
realidad ocurre es algo parecido a lo siguiente: Nosotros, el grupo, meditamos un rato-
unos 40 minutos-y después yo hablo durante otro rato sobre cualquier cosa que haya
surgido en la meditación, o sobre algo que haya traído conmigo. Alguien plantea una
pregunta y la comentamos, y entonces, en un momento dado, generalmente ocurre; me
doy cuenta que necesito escuchar lo que estoy diciendo, pues no sabía que sabía eso o
que pensaba así.
Ése es un momento mágico en el que ahora confío, y no puede ser buscado, simplemente
se presenta ahí en un momento dado. Lo mismo ocurre, a veces, cuando estoy
escribiendo y el trabajo hace el trabajo, y yo puedo quitarme de en medio. No viene de
otra parte; no es que venga de otra parte, este concepto me resulta muy difícil…sino que
más bien es un dar voz a la presencia, colectiva, de todo el grupo. Una auténtica
práctica compartida.
En el caso de la escritura, una vez más, es algo que está allí mismo, y se produce un
acceso a esa “comunalidad” de experiencia que todos llevamos con nosotros, y que se
pone a nuestra disposición cuando permitimos que se exprese la profundidad mental
adecuada, y el intelecto personal está aquietado.
Soy un poco fan de Rupert Sheldrake y su Campo Morfogenético. Ese campo, o
Espíritu, no está en alguna parte ahí fuera, ni es algo que yo haya adquirido y que ahora
esté en mi intelecto.
Más bien es la experiencia colectiva humana cuando dejamos de estar separados. Aquí
estamos hablando de la misma separación que está retratada de manera tan colorista en
la historia de Adán y Eva. Sugiero que un modo de entender esta historia es como el
emerger original del ego y del individuo, y la pérdida de conciencia de la comunalidad
con la Inteligencia misma. Tengo cuidado de decir pérdida de conciencia, pues el
Espíritu no puede perderse, sólo extraviarse.
Resulta más fácil acceder a este estado, o cualquier cosa que elijamos llamarlo, con la
práctica. Práctica es una palabra muy utilizada por los buscadores de diversos tipos, y
yo considero que significa estar en un camino. No creo que signifique alcanzar un
objetivo. Eso parece más bien Materialismo Espiritual, y presente dos problemas: el
primero es que nunca estamos presentes, siempre estamos intentando ser algo que no
somos o estar donde no estamos; y segundo, que presuponemos que sabemos cuál es el
objetivo. Esto, en sí mismo, es por fuerza una limitación.
Estar en un camino es paradójico: ciertamente, en la manera de hablar más habitual,
sugiere una progresión lineal; pero, en otro contexto, se pone el acento sobre la palabra
estar [sobre la palabra ser]. Según esta interpretación el ser también es el camino y, así,
presencia es todo lo que hay. No hay que ir a otra parte, simplemente se trata de
expandir la conciencia de dónde uno está. El camino, entonces, es expansión de, no de
progreso hacia. Me gusta este concepto, pues habla vigorosamente del Principio
Femenino de nutrición, contacto y acogida, más que de ir ahí fuera y descubrir lo nuevo
y lo heroico. Por supuesto, hay lugar para ambos: simplemente siento que hemos
perdido el equilibrio y, por lo tanto, tiendo a empujar el péndulo todo lo que puedo
hacia lo Femenino, que ha sufrido durante demasiado tiempo, (tanto en hombres como
en mujeres).
Así, en términos de práctica, de la modalidad que fuere, y tomando como vehículo los
diversos elementos que hemos tocado hasta ahora, como la práctica compartida, o
colectiva, y la presencia, precedida por la meditación, yo experimento, y el feedback lo
confirma, que ese estado profundo, o nivel de ser, es tocado en el cliente. No es
necesario que el cliente sea consciente, pues ha sido tocado en el nivel en el que no hay
un yo/ella, ni un suyo/mío. Sólo hay presencia, y partir de esa presencia, que es
Espíritu, puede ocurrir un nuevo nacimiento. Ese nuevo nacimiento no tiene por que
llevar toda la continuidad de material, las historias que llevamos con nosotros y con las
que nos hemos identificado. El renacimiento es posible aquí y ahora. De hecho, si
pensamos con claridad sobre esta declaración, el renacimiento sólo puede ocurrir aquí
y ahora. Esto es la verdad, y cualquier otra cosa es un concepto sobre otro tiempo o
lugar hipotético, no una verdad.
He dicho antes que no es necesario que el cliente sepa. Quiero ser más radical y decir
que ni el cliente ni el terapeuta son necesariamente conscientes de lo que está
ocurriendo. Cualquier cosa que ocurra simplemente ocurre, y si no nos apegamos a
nade de lo que aparece, es decir, si no nos apegamos a ningún objeto, y simplemente
nos mantenemos aquietados, es posible que no sepamos lo que está ocurriendo.
Simplemente ocurre. Cuando volvemos a un nivel de ser más cotidiano o mundano, lo
que quiera que haya ocurrido es ahora el lugar de dónde venimos, más que algo que
observamos. El observador se expande. Todo el universo formulado queda modificado.
“Yo (tú) soy (eres) la Marea y no hay separación”. Tat team asi. (tu eres eso), es otro
modo de decirlo.

Cuando uno alcanza la realización de sí, uno realiza la naturaleza esencial del universo.
La existencia de la dualidad sólo es una ilusión y cuando esa ilusión se deshace, la
unidad primordial de la propia naturaleza y la naturaleza del universo se realiza, se
hace real.
Namkhai Norbu

Aquí está el otro lado de la moneda, que es más común. ¡Resueno muy bien con esto!
Un día mullah Nasrudín oyó que había recibido un mensaje especial del Sheik de
Basora. Cuando fue a recogerlo, le dijeron que antes debía identificarse. Nasrudín
pescó en los bolsillos de sus pantalones y sacó un espejo de latón. Mirándolo, dijo:
“Sí, este soy yo”.
Soul Food, Stories to Nourish the Spirit and the Heart
Ed. Jack Kornfield and Christina Feldman

Me parece muy desafortunado que haya tanta distancia entre lo que se considera
sagrado y lo que se considera profane. Diciéndolo de otro modo, tenemos un concepto
erróneo, diría yo, por el que establecemos una diferencia cualitativa entre la práctica
espiritual y la medicina o la terapia. Los budistas tibetanos superan en cierta medida
esta brecha, pues muchos de sus médicos son reconocidos maestros espirituales. No
obstante la desventaja de esto es que muchas veces no hay un sentido de práctica
compartida, sino una jerarquía, un hacer y un recibir la acción.
Sin embargo, en nuestra cultura, hace ya tiempo que desapareció la idea de que la
medicina es una práctica espiritual. Hay medicina corporal y mental, que en gran
medida se mantienen separados y el espíritu preocupa poco.
Esto es extraño ya que, dejando de lado momentáneamente que (son) Lucas era médico,
la cristiandad es una religión encarnada. La Eucaristía habla de esto, y uno de los
pilares de la religión es que Jesús fue el hijo encarnado de Dios, y por tanto, y de
manera muy definitiva, el Espíritu.
El budismo es menos divisor en términos de la relación entre Espíritu, Mente y Cuerpo,
pero de algún modo, ha institucionalizado la relación entre profesor y alumno y entre
médico y paciente.
En ambos casos, la causa es social, diría yo. Las estructuras sociales parecen insistir en
que otra persona sabe más que nosotros sobre cómo deberíamos ser. Para poder
relacionarnos con otro ser humano de manera curativa, tenemos que ser expertos. No
expertos en ser un ser humano, sino expertos en enfermedades. Esto es triste, porque
creo que se podría hacer mucho y, de hecho, hay lugares en los que se hace mucho, para
aliviar la aflicción sin tener que abordarla directamente, sino dirigiéndose más bien a
la fluidez que sigue estando allí, por debajo de la enfermedad.
No me quejo tanto de las jerarquías que he mencionado, tal vez forme parte de la
naturaleza humana que algunos siempre sean más iguales que otros, sino más bien del
hecho de que los profesores, de cualquier escuela filosófica que procedan, que se
supone que son más conscientes de las dinámicas, colaboren con este estado de cosas.
Para mí no tiene sentido que se le permita creer a la gente que el progreso espiritual
consiste en la adopción generalizada de un trasfondo diferente, o, como yo le llamaría,
un compost diferente del que ya tenemos. Todos tenemos muchas cosas que trabajar, y
llevarlas a la conciencia, arrojar luz sobre ellas, y la subsiguiente retirada del juicio y
del apego a ellas, produce exactamente la misma iluminación que la plena asimilación,
y el desapego, de cualquier otro tipo de compost.
Tu ser es exactamente como debería ser. La tarea es tomar conciencia de ello. No
convertirse en alguien, o algo, mejor. ¿Quién está emitiendo el juicio? Si soy yo,
entonces, hablando personalmente, ¡yo no confiaría en ese juicio! Como el famoso
dicho de Groucho Marx: “Nunca entraría en un club que me aceptara como miembro.”.
La cristiandad, como lo músicos cristianos siempre han tenido que afrontar, impone una
mediación similar, la del sacerdote, entre La Inteligencia, Dios, y las formas que esa
Inteligencia adopta. Esto limita a Dios, lo que sin duda puede ser la herejía definitiva.
Define al Absoluto.
Nicolás de Cusa dijo, y esto es muy denso, lo siguiente:
El no-otro, es lo que yo estuve buscando durante muchos años mediante la coincidencia
de los opuestos; el no-otro tiene que ser visto antes de cualquier afirmación o negación;
viene antes de cualquier categoría positiva, sea la eternidad, la verdad, la existencia o
la unidad.
Al mismo tiempo, el no-otro existe antes de todo lo demás, de modo que tiene que estar
presente en todo lo que aparece después de él, aunque una parte sea opuesta a otra, y
este no-otro es el principio de la existencia y el conocimiento.

Ibn´Arabi, por el contrario, hizo que el concepto medieval de humanidad de convirtiera


en absoluto: en su filosofía, el ser humano se convierte en un sujeto universal que
abraza la totalidad del universo. Este sujeto universal es capaz de descubrir la verdad
última del mundo, pero esta verdad es muy distinta de la declarada por la filosofía
occidental reciente.
Lao Tsé dijo: El Tao que puede ser descrito, no es el verdadero Tao.
Me gusta mucho pensar que cualquier cosa que ocurre cuando practico mi modalidad
terapéutica es mi práctica espiritual, que comparto en comunión. Yo tengo una visión,
una intuición, de que lo que nos separa es minúsculo en comparación con lo que
tenemos en común (no puedo probarlo, pero la física lo hace) y que lo que tenemos en
común es, evidentemente, el Espíritu. Ésta, entonces, es la salud que deberíamos
buscar, en lugar de seguir fortaleciendo, con nuestra atención, las diferencias, que son
la patología.
Creo que podemos prestar un gran servicio facilitando, lo mejor que sepamos, la
realización, en los demás, de su verdadera identidad.
Hemos de hacer esto renunciando a ese espejismo que es nuestro yo personal. Eso sería
verdaderamente biodinámica.
Cuando estoy en contacto con los demás, particularmente a nivel profundo, estoy en
contacto con los demás, particularmente a nivel profundo, estoy en contacto con ese eso
que yo también soy – el Espíritu-, de ahí la fotografía de mis nietos en el
encabezamiento del capítulo.
También significan que este trabajo no es una función únicamente del intelecto. Gary
Rob ilustra esto en la contribución siguiente:

Me he sentido muy contento con una serie de sesiones que he dado a una muchacha de
11 años, que vino originalmente porque el tobillo le había estado doliendo durante
meses. El tobillo se limpió rápidamente, pero, durante el proceso, ella se interesó
mucho por este trabajo. Después de una sesión, debido a sus preguntas, le pedí que
pusiera sus manos brevemente sobre mí para poder experimentarlo, en lugar de
limitarme a responder a sus palabras. Ella era muy natural, y lo “pillo” enseguida.
Cuando vino a la sesión siguiente me dijo que a su madre le dolía mucho el cuello, de
modo que ella le puso las manos encima y se “sintonizó”, como yo le había enseñado a
hacer. A continuación explicó que pasaron una serie de cosas conectadas con la caja
torácica y las piernas: la energía se estaba moviendo. Finalmente describió que la
cabeza de su madre empezó a moverse un poco. Cuando su madre se puso de pie, el
dolor había desaparecido (y no volvió). Verdaderamente increíble para una niña de 11
años.

Lo que sigue es de un gran terapeuta llamado Albert Einstein:

El ser humano es parte de una totalidad que nosotros llamamos el universo…nosotros


nos experimentamos a nosotros mismos, nuestros pensamientos, y sentimientos, como
algo separado del resto. Es una especie de ilusión óptica de la conciencia. Esta ilusión
es una especie de prisión para nosotros que nos restringe a nuestros deseos personales
y al afecto de unas pocas personas cercanas. Nuestra tarea debe ser la de liberarnos de
esta prisión, ampliando nuestro círculo de compasión para abrazar a todas las criaturas
vivas, y a toda la naturaleza de su belleza. El verdadero valor de un ser humano viene
determinado por la medida en que ha obtenido la liberación del yo. Necesitaremos una
manera de pensar sustancialmente nueva para que la humanidad pueda sobrevivir.

¿Sabíais que Einstein era budista? Yo no creo que lo supiera, pero tampoco creo que se
sentiría insultado.
Esto, también, soy yo…

Otro
ser sensible....
Capítulo 7
Febrero
La dicha de ser ordinario

¡Ser ordinario es tan difícil! Lo que todos queremos es ser especiales, separados, mejor
que o, en algunos casos, peores que…si insistimos en tener un complejo de inferioridad
en lugar de un completo de superioridad. El problema de estar separado es que la
separación es muy pequeña. Finita. Una abstracción de lo que habría si pudiéramos
darnos cuenta de nuestra realidad infinita.
Hemos hablado mucho de la quietud. Y la mayor parte del tiempo que hablamos de la
quietud hablamos de ella como un objeto, una herramienta que empleamos en nuestro
trabajo. De hecho, la Quietud Dinámica es un estado de ser, no algo que hagamos; y
podríamos muy bien describirla como Dios mirando hacia fuera.
Ocasinalmente (Mathew Appleton en el número 40 de Fulcrum) la gente ha descrito mi
trabajo como enseñar a la gente a “relajarse y dejar que la marea haga el trabajo. Se
parece un poco a ver a alguien ahogarse y decir que tiene la capacidad inherente de
nadar, de modo que no le voy a lanzar un flotador. Sí, la inteligencia inherente del
sistema sabe cómo curarse, pero a veces el paciente necesita ayuda para acceder a esto,
y la quietud y la escucha no siempre son suficiente.” Esto, me temo, indica una
comprensión insuficiente de qué es la quietud. Mucha gente habla de la quietud y
muchos incluyen la palabra quietud en su enseñanza, pero muy pocos parecen entender
el estado de ser que es la quietud.
Si alguien se estuviera ahogando, yo ciertamente le lanzaría un flotador. De hecho, en el
pasado, en dos ocasiones me he metido en el agua y los he sacado. En ambos casos
apliqué una técnica que había estado bajo el agua 10 minutos cuando lo descubrí, y que
llegaron los médicos y se encargaron del caso.
Por otra parte, cuando la gente viene a mí voluntariamente y me dice: “No tengo ninguna
enfermedad concreta, ¡simplemente siento que hay algo más! O “Siento que he perdido
algo en algún momento de mi vida”, simplemente me siento en absoluta quietud mental y
escucho. ¡En el vacío se cuenta la historia! No hay consejo, no hay juicio, sólo vacío
refleja, muy a menudo, la profundidad de la sanación.
Tal vez os interese saber que el ideograma chino que significa “escuchar” contiene
cinco elementos: oreja, tú, ojos, atención no-dividida y corazón. Tal vez te gustaría
decir: “Sí, ¿pero qué tiene esto que ver con la Terapia Craneosacral?” La respuesta es:
nada si consideras la TCS como una modalidad puramente mecánica, pero tal vez todo
si dejas de limitar lo que es la TCS y te abres a la posibilidad de que, como dijo el
Buda, la iluminación está en el cuerpo. Si es ahí donde eliges trabajar, eso es lo que
hallarás. Muchos terapeutas, de muchos países, vienen a los cursos simplemente para
obtener validación de sus experiencias surgidas cuando trabajan con clientes a niveles
muy profundos. Estas experiencias a veces están en aparente contradicción con
experiencias que tal vez les han enseñado que deberían estar teniendo.
Como casi todo estado o condición, la quietud puede ser interpretada a muchos niveles,
y ya hemos examinado esto de algún modo en el Capitulo 1. Merece la pena repetir que
hay un nivel de quietud perfectamente válido que simplemente significa no moverse.
Hay otro nivel de quietud perfectamente válido que implica que hay movimiento, pero
el observador no está apegado al movimiento. Pero hay un nivel aún más profundo de
quietud que simplemente es la fuente de toda creación.
La dificultad siempre se produce cuando se confunde un nivel con otro. “Dad al César
lo que es del César y Dios lo que es de Dios.”
Al nivel más profundo no se puede trabajar con el Espíritu en una relación
sujeto/objeto, simplemente una expresión dinámica del Espíritu. Este nivel no es
alcanzable desde el ego o el intelecto. No me cabe duda de que la ruta hacia la práctica
a este nivel es la rendición. Una de las ventajas de la rendición es que, cuando es
verdadera, ya no es necesario afirmar que la experiencia de otra persona está
equivocada. ¡Es muy agradable percibir diferencias! Tal vez estoy hablando de la
ancianidad, ¡es tan cómoda! Ésta no es una propuesta para librarse del ego y/o del
intelecto, sino más bien para rendirlos de vez en cuando a Dios, el Tao, el Espíritu,
cualquiera que sea el nombre que elijas darle. La rendición, como concepto, no es
especialmente popular, tiene connotaciones desafortunadas y da mucho miedo. Pero
aquí hay una cita relevante:

El sabio nunca intenta almacenar cosas


Cuanto más hace por los demás, más tiene. Cuanto más da a los demás, mayor su
abundancia. El Tao del cielo es afilado pero no daña. El Tao del sabio es trabajo sin
esfuerzo.

Lo extraño del camino espiritual es que cuanto más profundiza uno en él, más ordinario
parece- es el ego quien quiere ser especial- y lo que había sido normal empieza a
resultar horriblemente patológico: lo que de hecho es, pues nunca ha sido nada más que
una acumulación crónica de experiencias de vida no digerida.
Como dijo Chogyam Trungpa: “Si consideramos que algo es valioso y extraordinario,
acaba separándose mucho de nosotros”.
Lo que sigue es una continuación encantadora y ligera este capítulo: dejadme explicar
que “La bendición de ser normal” es el título de un curso avanzado que ofrezco en
Duncton Mill. Sólo está abierto a las personas que han hecho un trabajo sustancial
conmigo, y se hace en grupo. La media es de unas 300 horas.
El curso consiste en tres módulos de seis días, y lo co-lidero junto con tres profesores
externos, cada uno de los cuales aporta su visión personal o su referencia de la
espiritualidad…
El objetivo de este curso es viajar hacia la rendición de aquello que nos mantiene
separados del espíritu, el infinito.

As an acronym, this course is affectionately known as BOBO. (Bliss of Being


Ordinary).

Permitidme que ahora Gary Roba, un antiguo alumno de Oregón, comparta con nosotros
su informe de una sesión de tratamiento reciente:
Se me pidió que diera una sesión al gatito de una amiga, que estaba muy tenso después
de haber sido castrado: habñia sufrido un completo cambio de personalidad.
Inicialmente el gato no se acercaba a mí ni a su dueña, de modo que le pregunté si podía
tomarme mi tiempo y ella dijo que sí. Me di cuenta de que había un radiador en la otra
habitación, de modo que fue allí y me tumbé en el suelo a su lado, disfrutando del calor.
Evidentemente, después de un rato el gatito se acercó a mi para investigarme. Yo lo
dejé. Cuando empecé a extender una mano, él se retiró, de modo que esperaré un poco
más.
Después se acercó su hermana y se tumbó entre el radiador y yo, y un minuto después él
se tumbó sobre su hermana, con su cabeza sobre la pelvis de ella. Esta vez, cuando
extendí la mano no se retiró, de modo que acabé con dos dedos en las patas de atrás de
la hermana y dos dedos en las patas delanteras del hermano, Todos estábamos cogidos
de la mano. El hermano estaba tan tenso por dentro como pueda estarlo un gato, y la
forma de esa energía estaba acumulada sobre su hermana. Estaban vinculados por ella.
En un momento dado ocurrió algo, sus energías se separaron y esa tensión como de
hierro que sufría el hermano y esa tensión como de hierro que sufría el hermano empezó
a fundirse. La hermana se puso de pie y se alejó, dejándome con su hermano, que
continuó abriéndose y ablandándose por dentro. Posteriormente, cuando su dueña lo
recogió del suelo, lo encontró totalmente pasivo, “pasó de estar extremadamente tenso a
estar completamente relajado en el espacio de una hora”. Entonces pregunté cuál era el
nombre del gatito, y ella dijo: “Le llamamos Bobo.” Entonces explicó que le habían
castrado porque trataba de emparejarse obsesivamente con su hermana. La sesión
pareció haber ayudado mucho a Bobo.

Esto es de Bob Doenges, un alumno, colega y consejero que me visita regularmente y


viene de Tulsa, Oklahoma. Habla de presencia, conciencia y rendición. Es una
declaración conmovedora que aborda, de manera muy directa, los dos pilares gemelos
de este trabajo, “no saber” y “rendirse”. Las diversas contribuciones a este libro,
incluyendo la mía propia, han tomado y sin duda seguirán tomando formas muy
diversas: algunas más intelectuales y teóricas, otras más experimentales y reveladas.
Tengo una fuerte sospecha de que la mayor sabiduría reside en éstas últimas.

De camino a Sutton

Aquí, en Oklahoma, a primeros de abril, los cerezos silvestres y los árboles del amor
están plenamente florecidos. Las azaleas no se quedan atrás, y en medio de este
despliegue primaveral mi mente ha vuelto a un momento anterior de este año que me ha
cambiado de manera inexpresada.
Al final de enero estaba en Duncton Mill para la segunda parte del curso La Bendición
de Ser Ordinario. A comienzos de la semana estábamos haciendo algunos cantos y
movimientos con una profesora visitante… Después de que se produjera una de las
experiencias, la profesora y Mike dieron la vuelta al círculo preguntándonos: “¿Dónde
estás?”. Cuando llegó a Andreas, éste simplemente replicó: “estoy esperando”. Ella se
detuvo y esperó que dijera algo más, y volvió a preguntarle: “¿Dónde estás, Andreas?”
y él respondió: “Estoy esperando”.
Hubo un largo silencio, y antes de que ella pudiera volver a preguntarle, Mike intervino
desde el fondo de la habitación y clarificó el asunto: “Andreas está esperando. Ël no
está esperando algo, simplemente está esperando.”
Pienso que en ese momento lo pillé. Hasta la mañana siguiente no me di cuenta que sólo
“lo había pillado” a nivel intelectual.
Me encanta levantarme pronto e ir a correr o a caminar para empezar el día. De modo
que, a la mañana siguiente, temprano, me dirigí a la colina y tomé la carretera al pueblo
de Sutton. Aún estaba oscuro, antes del amanecer, y podía distinguir el horizonte a
distancia. Estaba en una meditación en movimiento, y de repente un viejo árbol desnudo
dibujó su silueta delante de mí con el horizonte invernal de fondo. Y en ese momento
me habló claramente: “Estoy esperando”. Algo se movió profundamente en ese
momento en mi cuerpo y en mi ser. Yo había cambiado. Era diferente. Las palabras no
pueden expresar plenamente ese momento y experiencia. Me aventuré a decir
posteriormente a la clase que había sido una epifanía. Para mí, ahora, fue un momento
de realización de Dios, un momento que nunca se irá y que está vivo dentro de mí
mientras escribo esto.
Entonces supe, de manera más profunda y nueva, que
el árbol simplemente estaba diciendo: “Estoy esperando: el sol saldrá; el sol se pondrá;
la savia dentro de mí se agitará en lo profundo de mis raíces, y ramas a medida que se
acerque la primavera; mis hojas saldrán y experimentarán una primavera y un verano
gloriosos; mis hojas morirán y caerán; mis ramas volverán a estar desnudas”; y así
sucesivamente. El árbol está esperando.
Seguí corriendo mientras rumiaba estas ideas y esta nueva toma de conciencia. Y
entonces experimenté más plenamente: “Estoy corriendo” y todo lo que acompañaba a
eso; “Estoy escuchando” y todo lo que venía con eso. Ahora cada momento de mi vida
emerge desde un nuevo nivel que no había experimentado antes, gracias a Andreas (y la
interpretación de Mike) y al árbol de South Downs.
Capitulo 8
Marzo
Aún no me he decidido

El último mes ha sido muy difícil. Parece ahora, a mediados de marzo, como si hubiera
sido un punto de crisis dentro de un viaje crítico que se ha ido desarrollando
gradualmente desde el mes de noviembre del año pasado.
Creo que merece la MENA hablar al menos de algunos de los puntos destacados puesto
que, mientras hablamos mucho de los bebés y del nacimiento, apens hablamos de la
muerte, que también forma parte de la continuidad.
No hay necesidad de repasar cada centímetro del territorio entre entonces y ahora. Y
como esto inevitablemente sería imperfecto, me limitaré a concentrarme en los pocos
detalles que permanecen claros.
Cuando era muy evidente que me sentía enfermo, en enero sabía que estaba frágil y me
senté una mañana en la terraza de Duncton Mill, mirando el arroyo y contemplando mi
defunción: no por primera vez, ya me he encontrado con ella antes.
Aquí es donde me senté.
Justo en la parte superior de la foto está el manantial que alimenta este estanque, que se
alza desde antiguos estratos de pizarra. Este lugar es el hogar del original “hombre de
los campo de boj”, y Europa lo considera un enclave de especial interés científico.
Duncton Mill

Aún no me he decidido
La piedra, los árboles, las suaves colinas.
El agua, que se acumula en los pliegues, para servir al callado molino.
Un lugar para descansar, o para sentarse, cualquiera de las dos.
Contemplo la fuente, surgida de la blanca capa freática.
Desde la que el agua fluye
Fría por venir de la tierra, pero pronto se calentará; Vivificada por el poderoso sol,
que, como un corazón,
Acelera el ritmo de la respiración.
Fuego, tierra y agua danzan.
Y toman esta frágil forma mortal durante un rato;
Hasta que llegue la inspiración y, cansado de este antiguo lugar, De esta separación de
la fuente,
Las partes se desenreden y, elevadas por el sol, transportadas por el viento, Vuelvan de
nuevo a la infinitud de la Madre.
“¡Mira, hay un arcoiris!”

Hay una historia detrás de la imagen del arcoiris, y la historia es que durante mi
formación en Terapia Craneosacral en el Instituto Karuna, un día hicimos una
visualización guiada de la experiencia de nuestros primeros momentos, en este caso, de
la implantación en el útero.
Mi recuerdo, mi “experiencia” era la de ser una preciosa esfera azul contemplando en
un estado de gran felicidad tres arcoiris. Finalmente esto quedó borroso por la
necesidad de “seguir adelante en la vida”, pero la primera y muy intensa imagen sigue
siendo la de aquello tres arcoiris. Por tanto, éste es mi primer recuerdo.
Parecía muy apropiado que cuando tenga la sensación de morir, una de mis ultimas
impresiones sea un arcoiris.
El arcoiris es una imagen muy apropiada tanto de la vida como de la muerte. Está allí,
muy claramente, en el cielo, incluso puedes fotografiarlo, pero a otro nivel es una
completa ilusión. Simplemente allí no hay nada. Es como un pensamiento o sentimiento:
es real a un nivel, pero a otro nivel no es nada.
Lo mismo ocurre con nuestra existencia. Yo soy real y, sin embargo, ¿dónde estoy
ubicado? ¿En el yo que plantea la pregunta? ¿Dónde está este yo? Hay una gran
diferencia entre plantearse esta pregunta filosóficamente o intelectualmente y
planteársela desde la quietud.
Poco después de escribir este poema, volé a Florida y di un curso de cinco días en el
precioso Centro Atlántico de las Artes, en Smyrna Beach, Florida.
El curso fue bien y yo me vine abajo el último día, después de haber volado de Orlando
al aeropuerto internacional de Miami.
Lo extraordinario a lo largo de las semanas siguientes fue observar esta intangibilidad
como de arcoiris, especialmente en Florida, donde, de momento, renuncié a seguir
viajando. Justo en el mostrador donde tenía que registrarme para volar a las Islas
Galápagos, estuve allí, de pie, y me di cuenta de que no podía seguir adelante y esperar
llegar con la misma forma. Me quedé en Florida con dos amigos bondadosos, que por
suerte solo estaban a tres horas de viaje en autobús, y observé cómo todo mi ser y sus
partes de des-membraban por una semana. Fue una des-integración en el sentido literal
de la palabra. Fue como una desestructuración atómica. Mucho cansancio y ningún
miedo en particular.
Y entonces… una estructuración gradual. Cómo o por qué… no lo sé. Debe haber
llovido, y lo efímero se reformó.
Los colores son brillantes, pero en realidad allí no hay nada separado. He sabido esto
desde hace tiempo, pero ahora atesoro la experiencia.
Éste es un capítulo extraño, pero quería escribirlo y me ha resultado muy difícil. Ahora
mismo, mientras envío esto, han pasado unas pocas semanas, y me siento fuerte, y me
siento muy vulnerable. Y esto hace que me sienta bien.
Lo que sigue fue una rápida respuesta a lo anterior de Gary Roba:

Vida, muerte y lo intermedio


Oír a tu profesor hablar sobre su muerte tiene que hacer vibrar algo en lo profundo de
ti. El nacimiento y la vida nos informar de que “somos”, pero la muerte nos enseña
“qué” somos. Como señaló Mike, en este campo se habla mucho del nacimiento, pero
mi implicación personal con la terapia craneosacral surgió de la muerte. Hace diez
años iba caminando por un bosque cerca de la cabaña de mi abuelo en las montañas
Bocono, cuando llegué a un claro del bosque. Una pequeña ratoncita marrón estaba
descansando en un pedazo de tierra, en el medio, y algo me llevó hacia ella. Me
aproximé con el máximo sigilo que pude hasta estar sólo a la distancia de un brazo,
sintiéndome muy sorprendido de que no saliera corriendo. Sentí una conexión entre
nosotros, y cuando estiré la mano para acariciarle la frente, me lo permitió.
Después de algún tiempo la cogí y me la puse en la palma abierta. Aunque estaba un
poco excitada, daba vueltas en círculo y me olisqueaba los dedos, no parecía poner
ninguna objeción. Sus piececitos y su nariz me hicieron cosquillas en la piel cuando la
llevé conmigo a la cabaña. Me miró con curiosidad mientras ambos nos balanceábamos
en la mecedora del porche, y después pareció tranquilizarse y descansar calladamente.
Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba muriendo.
Simplemente me senté con ella en quietud, siendo testigo de su vida. A medida que
transcurría el tiempo, tomé conciencia de que podía sentir la energía dentro y alrededor
de su pequeño cuerpo. Era muy consciente del movimiento de su respiración,
particularmente a medida que se acercaba el final y se hacía mas laboriosa. Pero era
igualmente consciente de que su energía también estaba respirando- muy muy
lentamente- expandiéndose hacia fuera durante aproximadamente un minuto, y después
volviendo a receder hacia dentro durante otro minuto más o menos. AS través de la
sensación que me producía esa respiración energética pude sentir que ella apreciaba
que yo estuviera allí acompañándole. Y después de aproximadamente una hora, fue
cuando finalmente hizo un último gran gesto con su brazo y caja torácica, y tomó su
último aliento…
… Pero ella seguía allí. La lenta respiración de su campo energético continuó, sin
reducción, incluso cuando la respiración y el pulso habían cesado: lo que yo ahora
reconozco como “la marea larga”. Fiel a su nombre, esta marea larga continuó durante
mucho tiempo. Nos mantuvimos allí juntos, en profundo contacto y presencia, y quedó
muy claro que la ausencia de los procesos corporales era irrelevante para su Seidad.
Finalmente “algo ocurrió”; se produjo un cambio de algún tipo, su energía se separó de
su cuerpo y después flotó lentamente hacia arriba, hacia los árboles y el cielo. Aquella
fue mi primera sesión craneosacral, aunque nunca había recibido ninguna formación ni
había puesto mis manos anteriormente en nadie. La técnica que empleé para dar la
sesión fue idéntica a la que Mike enseña en todos sus cursos. Es tan simple que la
podría aprender un niño, tan pura que un animal salvaje confía en ella, y tan profunda
para tender un puente entre la vida y la muerte.
Hace unos años me trasladé de la ciudad de Londres a Bali, donde vuelvo a estar
rodeado de naturaleza. Desde entonces, de vez en cuando, algunos animales se
presentan cuando están preparados para morir. Ellos continúan inspirándome y
haciéndome sentir humilde por el modo en que se desprenden de su cuerpo. Uno de mis
favoritos fue un bebé gecko [lagartija balinesa], que estaba delante de mi puerta
mirándome mientras yo terminaba mi última lección del día (o al menos eso pensaba).
Para asegurarme, me senté en el suelo a poca distancia y le dije que si quería una sesión
tendría que caminar hasta mí y tener su intención clara. No es el comportamiento
característico de esas lagartijas balinesas, como podrás imaginar, pero él
inmediatamente caminó hasta mi y empieza a empujar mi pierna con su cabeza. De
modo que lo recogí: como aún era joven, la mayor parte de su cuerpo cabía en mi mano,
y podía poner la otra mano sobre él. Pude sentir en su interior que tenía los órganos
internos dañados, debía haberse peleado con otra lagartija: lentamente pareció
contarme la historia. Después me contó la historia de su nacimiento. Y finalmente se
asentó en la quietud. Sentí el momento de aceptación dentro de él. Después hubo paz.
Cuando los procesos corporales finalmente acabaron, la Marea permaneció, sin
alteración. Sentí como si únicamente la parte más pequeña de él se hubiera caído, como
si simplemente hubiera cortado la cuerda que le conectaba con el ancla en el fondo del
mar. Otro de mis momentos favoritos fue una ocasión en la que repentinamente sentí una
presencia junto a mí cuando estaba leyendo en mi habitación después de que el último
cliente se hubiera ido a casa. Había una periquita salvaje sobre el cable de la lámpara
de la mesa, a unos quince centímetros de mi brazo. Ella se sentía completamente
impasible, yo no le alteraba en absoluto. Pareció recobrar un poco de vida cuando la
cogí, y aunque pude sentir con claridad que se estaba muriendo, de algún modo aún
parecía sana y vibrante. Incluso dio algún saltito en mi mano, piando. Entonces, en un
momento dado, me miró directamente a los ojos y a continuación cayo “muerta”; la
respiración y el pulso se habían ido. Pera ella seguía allí, expandiéndose y recediendo
suavemente en mi palma, con musgo saludablemente brillante alrededor de la madera
muerta que era su cuerpo. Cuando conté a un amigo balinés algunas de estas historias, él
me dijo: “Nosotros creemos que los animales así son humanos que hicieron algo malo
en la vida anterior y han tenido que pasar una vida como animales. Por su pasado
humano pudieron reconocer que eras un sanador que podía ayudarles.”
Hace diez días murió en India alguien que para mí ha sido un importante profesor
espiritual. Tenía 89 años. Aunque sólo le conocía desde hace unos años, su manera de
Ser había dejado clara para mí la futilidad y la absurdidad del pensamiento conceptual.
Hace dos meses tuvo una caída, la segunda del año, y estaba postrado en cama. Llamó a
todos sus alumnos a su alrededor y anunció: “Bien, ha llegado la hora de irse. Adiós y
buena suerte, ahora todos podéis volver a casa.” Después gradualmente dejó de comer
y beber hasta que su cuerpo dejó de funcionar. Los que permanecieron a su lado al final
dijeron que en ningún momento mostró ni el menor rastro de miedo o preocupación
respecto a la proximidad de la muerte. Sus últimas palabras fueron: “No existe tal cosa
como iluminación o liberación (moksha). Lo creáis o no, no hay absolutamente ninguna
diferencia entre vosotros y yo, o esa vaca que está en la calle. Simplemente no hay nada
allí, y no hay ninguna diferencia en absoluto entre la vida y la muerte”.
3 de abril de 2007.

Intermedio 2. Patatas
Se acerca la primavera, y creedme que siempre lo hace, del modo que elija presentarse
y tengo ganas de que empiece un período de enorme actividad en mi huerta.
Tradicionalmente, las patatas tempranas se entierran el lunes de Semana Santa. Esto es
así siempre que no esté lloviendo o nevando, y siempre que el terreno no esté
demasiado duro o demasiado blando, y, evidentemente, que yo no esté en la cama con
gripe.
Parece un buen momento para pensar en los hábitos y considerar qué parte de nuestra
vida está impulsada por ellos. En general, las patatas saben cuándo y cómo crecer.
Tienen inteligencia de patatas. Lo único que tenemos que hacer es darles el espacio y
las condiciones en las que crecer. No sabemos cómo hacer que crezcan las patatas, lo
único que sabemos es facilitar su desarrollo como patatas. Me pregunto cuántas de
nuestras dificultades en el trabajo vienen de pensar que tenemos que saber. De algún
modo la cura, el estado de equilibrio, ¿sólo puede ocurrir si tengo suficiente
conocimiento? Esto sólo sería cierto y posible si yo tuviera todo el conocimiento. El
otro camino es, tal vez, confiar en la inteligencia de la patata. ¡Ella sabe!
Creo que a veces nos involucramos mucho en el método en lugar de mantener el
contacto con la esencia, que no es un método, ni siquiera una de las mareas, sino la
inteligencia que ellas transportan, tal como un templo contiene el espíritu. Las mareas
no son LA COSA EN SÍ, la esencia ES LA COSA EN SI.
Da miedo en renunciar a la seguridad de lo conocido, pero sólo renunciando a lo
personal, que es conocimiento, podemos llegar a lo transpersonal, que es la esencia.
Me siento feliz de trabajar con cualquiera que quiere esta inseguridad.
Tengo mucho que ofrecer al debate.
Entretanto, mis patatas están en la oscuridad, empezando a sacar sus primeros brotes,
ciegos pero inteligentes.

Esta pequeña pieza trata de los brotes, pero también de las raíces. Hace unos 20 años
sumé el número de lugares en los que había vivido, diferenciándolos de los lugares que
simplemente había visitado. Descubrí que sumaban 67, en gran medida en distintos
países, a lo largo de 65 años.
Diez años después observé que el hecho de no trasladarme estaba empezando a tener un
profundo efecto y que, sin ninguna planificación particular, estaba haciendo las cosas
que realmente quería hacer pero que antes no habían estado abiertas a mí. Y una de
estas cosas era cuidar una pequeña huerta (de la que puedo hablar a cualquiera que esté
dispuesto a escuchar). ¡Tal vez mis estudiantes no tienen mucha opción pero son muy
educados! También soy apicultor. Las “patatas” han sido un resultado de esto, y de la
experiencia de empezar a mantener una relación productiva con él “ahí fuera”, así como
de luchar con él “aquí dentro”. Podía empezar a ver que no son distinto uno de otro.
Ahora mismo no estoy cultivando verduras, pero estoy en una relación profunda e
íntima con la belleza de Duncton MIill, y con el mantenimiento y el compartir de su
belleza. (Duncton Mill es un centro de retiros del que Bárbara y somos custodios.
También es el lugar donde ofrezco buena parte de mi enseñanza en Inglaterra).
Capítulo 9
Abril

Esta no es una pieza de arte moderno, sino una fotografía del vacío viniendo a la forma
tal como se ve a través del telescopio Hubble. Tal vez sea también arte, después de
todo. Hay vacío, surge una singularidad y nace la relación entre sujeto y objeto. A partir
de aquí surgen las 10000 cosas.
En anteriores capítulos hemos comentado temas como “deja que el trabajo haga el
trabajo” y hemos sugerido que cuanto más podamos apartarnos del camino, cuanto más
vacío esté el cuenco, más profundo puede ser el renacimiento a una forma mejor
adaptada y menos inhibida.
La implicación de esto es que cuanto más pierde su agarre el ego personal y restringido,
más estamos en contacto con un yo más verdadero e ilimitado. El trabajo que surge
desde este lugar de comunalidad puede ser muy poderoso, incluso cambiar nuestra vida,
según informa mucha gente.
Es aquí donde empezamos a tener pequeños problemas. Tenemos que soltar nuestros
apegos suficientemente para que el trabajo haga el trabajo. Después volvemos a caer en
el apego y queremos analizar qué trabajo se ha realizado y cómo podríamos repetirlo.
La rendición y la confianza no son fáciles. Aceptar la singularidad de cada situación tal
como se revela es fácil teóricamente, pero ¿qué pasa con su práctica? La práctica tiene
que ser re-trabajada continuamente porque de otro modo volvemos rápidamente al
punto de partida en nuestro intelecto personal.
Sé muy bien lo rápidamente que queremos otorgarnos el mérito de cualquier cambio o
mejoría. La paradoja es que si yo fuera responsable, ¡no habría ocurrido! Quiero
resaltar claramente que cuanto más nos apartamos de en medio, tanto mayor puede ser
el resultado, pero eso es porque nos hemos apartado del camino y no hemos adquirido
algún o siddhi con el que curar a la humanidad.
Cualquier sanador moderadamente exitoso, de cualquiera rama, tendrá atributos y
poderes proyectados sobre él. Es importante darse cuenta que esa proyección parte de
la necesidad del paciente, y no es la afirmación de un hecho. Desde mi punto de vista,
tomar otro punto de vista conduce final e inevitablemente al engrandecimiento, y por
tanto al abuso.
No podemos curar a nadie. Sólo podemos ser testigos de la curación está teniendo
lugar; éste es un mantra que repetido muchas veces.
Me siento muy conmovido por esta declaración enviada con gran humildad por Karen
Lovejoy, una terapeuta con mucha experiencia:

Mientras estaba en el curso BOBO (la bendición de ser normal) de enero de 2007, me
di cuenta de lo que hacemos los sanadores. Durante 30 años de sanación con contacto
manual, he empatizado mucho con mis clientes y he entrado en su campo energético con
la intención de ayudarles. Pensé que había cambiado en los últimos años, pero fue
exactamente al pivotar hacia esa intención cuando se produjo un cambio a nivel
profundo. Fui testigo consciente del despliegue de cada momento, nada más. Eso
cambió mi vida.
He dicho antes que cualquiera puede hacer este trabajo, y espero que muchos se sientan
animados a hacerlo. La única limitación que todos tenemos es nuestra falta de habilidad
para rendir eso que nos mantiene separados de la fuente. Es decir, nuestra historia de
vida individual, con la que tanto nos identificamos.
La estatua de cobre, o piedra, o madera no es el Buda. La estatua no es el buda, del
mismo modo que la estatua de la libertad no es la libertad, sino un símbolo de la
libertad.
Tú eres el Buda. Tal vez la conciencia está un poco nublada, pero debajo de todas las
capas de ilusión, eso es quien realmente eres.

Hay una marea.


Yo estoy en la Marea. Yo soy la Marea.

Recientemente, en abril de 2007, en los medios ha vuelto a surgir la discusión en torno


a la existencia de Dios. Personas eminentes en sus campos particulares han hablado
desde un lugar y desde otro. La discusión ha sido intelectual, y mientras sea intelectual,
esas personas derivarán algún sentido de satisfacción, a ese nivel, de la fuerza de su
discusión.
Es posible que a algunos científicos no les encaje visualizar al absoluto como un
patriarca como los que dibujaba William Blake, con una barba larga y fluida y un
compás. No sé cuánta gente se aferra a esta imagen inocente.

No obstante, si como algunos mantienen, no hay misterio y el intelecto conseguirá


explicarlo todo al final, entonces han ocurrido dos cosas: el intelecto humano ha sido
declarado la culminación absoluta de la evolución, y Dios ha sido creado por los que lo
niegan.
El problema, según mi limitada y sesgada visión, es que ¡el Intelecto no siempre es
inteligente!
Yo prefiero unirme a Einstein, también un científico eminente (aunque, por supuesto, es
tarea de algunos intelectos posteriores disminuir sus logros para estar por encima en el
orden de importancia) cuando dice:

“El ser humano es parte de una totalidad llamada Universo… nosotros nos
experimentamos a nosotros mismos, nuestros pensamientos y sentimientos, como algo
separado de los demás. Es una especie de ilusión de la Conciencia. Esta ilusión es una
especie de prisión para nosotros que nos restringe a nuestros deseos personales y al
afecto de las pocas personas que están más cerca de nosotros. Nuestra tarea debe ser la
de liberarnos de la prisión ampliando el círculo de nuestra compasión, para abrazar a
todas las criaturas y la totalidad de la naturaleza en su belleza. El verdadero valor de
un ser humano viene determinado por la medida y el sentido en que se ha liberado del
yo. Necesitamos una manera sustancialmente diferente de pensar para que la humanidad
pueda sobrevivir.”

Sabes, será la inteligencia más que el intelecto la que nos ayudará a sobrevivir. La
gente cuya práctica no es diferente de su meditación o de su práctica espiritual a
menudo se preguntan por qué, si este tipo de trabajo produce resultados, no se enseña
en las escuelas.
La respuesta es muy simple; y no puede enseñarse en las escuelas. La espiritualidad no
es un objeto. A las escuelas a menudo se les pregunta qué temas enseñan.
Evidentemente enseñan cosas objetivas y eso es completamente adecuado. Vamos a la
escuela a adquirir información y estructura. La información y la estructura son los
ladrillos con los que podemos construir un edificio llamado educación. Este edificio es
esencial para nuestra continuidad y florecimiento como entidades separadas a las que
llamamos yo. Este yo es capaz de grandes trabajo cada vez más complejos en todo tipo
de campos, a medida que los datos y razones de una generación se acumular sobre los
de la siguiente.
Sigue habiendo y, según yo propongo, seguirá habiendo trabajos que se auto-crean fuera
de la supervisión de la razón. Trabajos que nos asombrar, y que son la obra de la
inteligencia misma, un potencial infinito del que el intelecto es una pequeña
manifestación discreta.
La suya es la visión del místico; muy diferente de la visión de Richard Dawkins y su
falta de necesidad de Dios o de una Inteligencia superior y creativa. Ninguno de
nosotros tiene que preocuparse puesto que el nivel del ser y el de la comprensión están
separados.

En el budismo, el conocimiento se considera un obstáculo para la comprensión, como


un bloque de hielo que impide que el agua fluya. Se dice que si tomamos una cosa como
verdad y nos apegamos a ella, aunque la verdad misma viniera a llamar a nuestra
puerta, no le abriríamos. Para que las cosas no se revelen, tenemos que estar dispuestos
a abandonar nuestra visión respecto a ellas.
Thich Nhar Hanh

Lo que sigue es un hermoso intercambio que he mantenido con un terapeuta muy


experimentado (psicoterapeuta) que tiene aproximadamente la misma edad que yo (en
realidad, es casi un año mayor). Parece relevante con respecto a lo anterior.

De Gil, Arizona: Aún no tengo distintos sentimientos corriendo por el cuerpo desde que
estuve en clase. El más dramático e importante es la intención de usar el término
“práctica compartida” cuando trabajo con la gente. Este término parece dar lugar al
vacío que experimenté trabajando con la gente del grupo y contigo. ¿Usas la respiración
en tus meditaciones? Parece que a mí me ayuda a centrarme, y también energetiza mi
cuerpo. A veces parece entrar en la estructura celular y vitalizar eléctricamente cada
célula. Sería interesante saber qué efectos tienen tus estados meditativos en tu
dimensión física.

Querido Gil:
Me gusta lo que dices sobre la intención de estar en práctica compartida cuando
trabajas con la gente. Mi opinión respecto a lo que ocurre es que este intención, tan
diferente al “¿Qué puedo hacer por ti?”, en sí misma nos lleva a la capa que está debajo
del trauma, que generalmente está atascado en el individuo, en el nivel personal, egóico
o intelectual, como quiera que desees llamarlo.¿ Tiene esto sentido para ti? Entonces, el
trabajo hace el trabajo, y la diferenciación sujeto/objeto no está presente. Si esto
conduce al vacío, y ésa también es mi experiencia, entonces ya no necesitamos la
meditación, puesto que el propósito de la meditación es recuperar (me gusta esta
palabra) el vacío del que surge toda forma.
Empleo la respiración en mis meditaciones cuando mis pensamientos deambulan, lo
cual ocurre a menudo, o cuando empiezo a perseguirlos en lugar de verlos ir y venir.
Entonces la observación de la respiración es como una ruta que me devuelve a la
concentración; a partir de ahí, me quieto lo suficiente como para que dejar de contar,
pero el estado de conciencia/presencia/atención permanece, aunque sin objeto, ni
siquiera la respiración.
No quiero que esto suene como si fuera fácil para mí. No lo es. En lo que sí que he
mejorado mucho es en que ya no me castigo cuando fracaso; simplemente me relajo,
honro lo que está ocurriendo y vuelvo a empezar; como si no hubiera pasado gran cosa,
puesto que en realidad es así.
Sí puedo hacer esto, incremento continuamente mi conciencia de lo que es ser un ser
humano; no me dedico a juzgar continuamente como si estuviera fuera del proceso. ¿Tal
vez esto sea una descripción de la presencia?
Resulta difícil para nuestra cultura, y particularmente para nuestra generación, soltar lo
que llamamos la ética del trabajo protestante, que es muy severa y castigadora. Me
encanta enseñar, porque entonces mi práctica es un poco más disciplinada.
Posiblemente en mi vida doméstica cotidiana no es todo lo disciplinada que podría ser.
A una parte de mí le encantaría ser monje, pero ése no es el camino que he elegido, y
quiero esforzarme al máximo por incorporar todos los aspectos de la vida. MI
autoconocimiento me indica que no soy muy disciplinado con respecto a mi práctica
solitaria. Yo sé, y la gente observa que mi práctica –y no sólo los estados meditativos,
ya que no los veo como algo separado- ha cambiado radicalmente mi visión sobre el
“crimen y castigo” de mí mismo.
Creo que la brecha cartesiana necesita sanarse urgentemente, pero tanto la ciencia como
la educación, y en gran medida la mayoría de los caminos espirituales, están estancados
en ella. Tengo que tener cuidado de no responder a los cínicos o las personas que
desprecian lo que dijo desde ese mismo lugar de atasco.

Querido Mike:
Estoy de acuerdo con lo que dices respecto a profundizar más allá del ego o la
personalidad cuando usamos la intencionalidad para entrar en la práctica compartida y
en el vacío. He descubierto que esto es cierto en la terapia hablada que hago con mis
clientes. A medida que el espacio se aquieta y la energía de la sala cambia, lo cual es
palpable, ambos entramos en un nivel más profundo. Una vez que entramos en ese
espacio, las palabras parecen brotar de su boca, aportando nuevas comprensiones
respecto a cómo lidiar con el problema que tienen entre manos. Esto está en oposición
directa con la invasión habitual de pensamientos y análisis por parte del terapeuta. Sólo
he sido capaz de llegar a esto a lo largo del último año. Y ha sido genial ver que
ocurría lo mismo en clase contigo y con los demás. Ese vacío puro es muy cálido para
el alma que se esfuerza y lucha contra el bombardeo de pensamientos y miedos. Sí, las
palabras “recuperar el vacío” describen exactamente la sensación sentida, y entonces
entro en ese espacio sagrado. Es como saborear un rayo de luz que descansaba debajo
de la estructura personalidad/ego. Y eso es lo que sentí contigo y con el amable grupo
de personas con las que estuvimos. Yo también sufro por las expectativas,
especialmente por los miedos de mi mente automática con respecto al dinero, y si le
gustaré a la gente. Hay un miedo esencial que las impulsa, y hasta la fecha no he tenido
una sensación clara de qué es. Hubo momentos en el grupo en los que ese peligro se
disipó, pero mi niño interno tuvo ganas de huir, y sentí que la gente no aprobaba lo que
yo decía. Como dijiste tan elocuentemente en tu carta, tenemos que ir más allá de lo que
los cínicos dicen sobre el trabajo. Me siento muy agradecido por tus palabras y
pensamientos. Reflejan los míos. Cuídate Mike. Tu presencia y tu falta de impulso
egóico son muy refrescantes para el alma y el espíritu.
Con amor,
Gil.

Querido Gil:
Tengo una reflexión más que compartir contigo en esta correspondencia concreta
surgida de tu email del día 24, y es la siguiente:
El ego está ahí y, en mi casa, a menudo que me produce dolor. Está siempre, EXCEPTO
cuando uno está trabajando en práctica compartida suficientemente profunda, aquella
que viene, de algún modo, desde un nivel donde todavía no ha surgido la forma. Esto es
verdadera presencia.
En el modelo que propongo, no estamos tratando de liberarnos del ego. Esto sólo sería
aferrarse más a la brecha cartesiana del intelecto personal como herramienta para hacer
el trabajo.
La revelación que puede emerger en estas condiciones surge del no saber. Mantener
esta posición es muy difícil para cualquier terapeuta o profesor. Sin embargo, como
dices, es una posición/lugar sagrado, puesto que viene desde el no principio ni fin, que
es lo sagrado.
Quiere intentar esto contigo:¿Podemos ir un paso más allá de “una vez que entramos en
ese espacio, las palabras parecen brotan de su boca, aportando nuevas comprensiones
respecto a cómo lidiar con el problema que tienen entre manos”.Creo que podemos, y
las comprensiones, tanto del terapeuta como del cliente son la cura. En sí mismas,
¡simplemente eso! Eso sería tan fortalecedor. Ninguna de las partes tiene que HACER
nada, simplemente ESTAR en esa revelación o en esa conciencia que ES el nuevo
estado. Entonces se puede ver que el problema no tiene sustancia inherente,
simplemente es algo, un sentimiento, pensamiento o emoción, con el que nos hemos
identificado temporalmente.
Esto no sería profundizar en el ego, sino, más bien, convertirse en el sujeto del ego el
lugar de su objeto. Adelantarse a su formación tal como está retratada en el mito de la
revelación de la separación, en el Jardín del Edén.
Esto es enorme, por supuesto, y cuestiona muchas enseñanzas, incluyendo la mayoría de
los modelos de psicología, y toda la religión dogmática, aunque no las tradiciones
místicas. La religión dogmática coquetea con los absolutos, pero después limita el
absoluto indicando que es algo que está esencialmente ahí fuera. Las tradiciones
místicas, la mayoría de ellas, no pueden ver diferencia entre el ahí fuera y el aquí
dentro.
Algunas tradiciones hacen que luchemos contra Maya, la ilusión, el ego y que tratemos
de destruirlo. Yo diría, siguiendo el modelo de Milarepa, que me encanta:
conozcámoslo mucho mejor, hagámonos amigos suyos, seamos más plenamente
conscientes de él como compost hasta que se convierte en un discípulo importante.
Podemos decir que se trata de expandirlo. Entonces nos expandimos hacia una
realización más completa de la totalidad de nuestra identidad. Ir a la guerra nos reduce.
Vamos a la guerra no sólo con lo diferente, sino que también vamos a la guerra con la
conciencia. ¡Qué pena! La causa es el juicio, más que la expansión de la conciencia.
Descubro que no puedo escribir grandes ensayos de una tirada, puesto que me distraigo
y pierde el hilo, de modo que me detendré aquí.
Con amor,
Mike

Querido Mike:
Estoy completamente de acuerdo contigo con relación al hecho de que no nos
confrontamos con el ego por la fuerza, sino que simplemente lo observamos con pura
conciencia. De este modo no le damos energía. Siento que ésta es la manera de lidiar
con el miedo. Si desviamos la energía para no fortalecer el pensamiento, el proceso
cerebral cambia, y la rutas neuronales se debilitan. Para mi, el ego es función de la
experiencia. Nos permite estar en el mundo material. Por tanto, nunca deberíamos
eliminarlo.
La experiencia conduce al pensamiento. El pensamiento sólo funcionan en el mundo
material. A medida que la energía aumenta, los traumas y miedos y dudas no digeridos
aumentan. Esto es lo que veo en mi práctica, en el sentido
de que personas a las que he visto durante bastante tiempo parecen descubrir nuevas
bolsas de experiencias traumáticas con las que antes no estaban en contacto. Por eso la
idea de una “práctica compartida” es tan importante. Estar en el espacio sagrado de
escucha sin intención permite que el ego quede a un lado en el momento presente.
¿Podrías clarificar el significado de la declaración: convertirse en el sujeto del ego en
lugar de ser su objeto? ¿Cómo se relaciona esto con el fortalecimiento o el
debilitamiento del ego? Otra pregunta es: ¿Ven los clientes con los que estás trabajando
imágenes o presencias durante las sesiones? Y si lo hacen, ¿cómo clarificas si son
proyecciones o si son fenómenos independientes que podrían ayudarte a ti y al cliente
en el trabajo?

Querido Gil:
Gracias por tu email del 26 de septiembre y esta correspondencia continuada. Hay
mucha gente ahí fuera que sabe más que yo, pero hay relativamente pocos, con los que
yo esté en contacto, que hayan hecho tanto compost como yo, y yo valoro esto. Déjame
que entre a responder tus preguntas concretas:
Clarificarías el significado de la declaración: convertirse en el sujeto del ego y no en
su objeto. Sí, esto no está expresado con mucha claridad. Me refiero a que el ego, que
es fundamentalmente una acumulación de experiencias de vida sin autoexistencia
inherente, tiende a dominar, y nosotros nos convertimos en su objeto; es decir, algo que
él controla en lugar de que el ego sea algo de lo que el ojo subyacente es consciente,
convirtiéndolo así en su objeto. Ojalá que no hubiera usado las palabras sujeto y
objeto, porque pueden ser usadas de maneras diferentes. Déjame que lo intente otra vez.
El ego, como el intelecto, como la información, debería ser una herramienta con la que
el ojo real o el sí mismo pudiera trabajar, en lugar de ser su esclavo. Esto es lo que
quiero decir.
Cuando el ojo real nota que lo que surge es sólo un juego del ego, y no se somete a ello,
o al menos tener la oportunidad de permitir su juego de no apegarse a ello y pasar otra
cosa, entonces no estamos atrapados. La palabra clave es conciencia. Si somos
conscientes, tenemos la elección de ser reactivos o preactivos. Si no somos
conscientes, sólo podemos ser reactivos. A medida que dejamos de estar tan apegados
o sometidos al ego, éste tenderá a atrofiarse por nuestra falta de atención reactiva. Creo
que esto aborda la segunda mitad de tu pregunta.
Esta cuestión de las imágenes surge a menudo. Un gran número de clientes parecen ver
imágenes. Otros terapeutas dicen que algunos de sus clientes las ven y otros no. Yo no
califico si son proyecciones o no, sino que como con los colores, los olores y otras
cosas surgidas de los sentidos, tiendo a decirme a mí mismo y también al cliente, deja
que el color haga el trabajo, cualquiera que sea el trabajo que hacen los colores. Lo
mismo ocurre con los sueños. Tomo nota cuidadosamente de los sueños y los respeto,
pero los considero formaciones vivas del espíritu que hacen su trabajo a su manera si
se les presta atención sin analizarlos. Cualquier interpretación que pueda hacer de un
sueño o de una imagen será necesariamente una interpretación salida de mi psique, que
puede ser o no ser válida para el cliente; y él tenderá a creer que porque yo la he
interpretado así, esa debe ser la interpretación correcta. Deja que el trabajo al trabajo.
Aprecio que otras personas vean estas cosas diferentemente, pero ésta es mi posición.
Con amor,
Mike

Querido Mike:
Gracias por el feedback continuo, que me hace revisar continuamente el trabajo que
hago con mis clientes, y específicamente mis propias compresiones. Sí, es cierto que el
hecho de que llevemos un tiempo parecido haciendo compost, hace que lo que
elaboramos resulte más relevante en el punto donde me encuentro. El trabajo de
CABEZA DE FAMILIA continúa, pero el elemento conciencia me permite saborear lo
que parece estar desplegándose por debajo de las experiencias cotidianas. Pregunta:
¿Cómo influyen los símbolos procedentes de los contenidos de sueños o que surgen
espontáneamente en la conciencia en tu trabajo sobre ti mismo y sobre tus clientes?
Estoy de acuerdo con tu premisa de que el análisis de los sueños sólo puede revelar
resultados realistas si el cliente, o uno mismo, afronta la tarea sin un programa previo.
¿Cómo interpretas los símbolos que entran en tu psique sin ser invitados? ¿O ignoras
completamente las representaciones simbólicas?
Es como lo que me ocurrió esta mañana durante la meditación. La energía llevó la
sensación hacia la columna, y después esta sensación se fortaleció conforme enfocaba
mi intención en esa parte del cuerpo. Dentro de esa sensación estaba contenido de
manera inmediata el término “sopa primordial”, y siento que se refiere al “orden
implicado” de David Bohm. No estoy seguro de cuál es la razón de esta asociación.
Pero, al reflexionar posteriormente, siento que tiene que ver con el despliegue de una
conciencia más profunda sin significado ni programa.
¿Cómo has llegado a usar los términos NO-DIGERIDO o COMPOST? ¿Han sido el
resultado de la conciencia espontánea?
Espero que estés bien. Gil

Querido Gil:
Siento haber tardado en responderte, pero he estado tratando de ponerme al día después
de haber tenido el ordenador estropeado varias semanas.
Se podría decir que he estado recuperándome de un desorden por tensión post
traumática en el ordenador. Ahora todo está bien.
Necesito abordar tu pregunta sobre la interpretación de los símbolos porque se
relaciona con algo que está presente en nuestra correspondencia reciente, y esa que
cuando trabajaba como psicoterapeuta, siguiendo el modelo jungiano, hacer unos 20
años, solía ofrecer una interpretación tentativa basada en la historia del cliente que se
había revelado hasta ese momento, y ahora tiendo a no ofrecer ninguna interpretación en
absoluto. Si bien estoy interesado en oír lo que cliente diga respecto al símbolo
revelado, y cuál es su propia interpretación de él, esto, en sí mismo, es limitante, puesto
que el símbolo está tratando de operar sobre el cliente a un nivel que la conciencia del
propio cliente aún no ha alcanzado; el nivel más profundo está expandiendo el nivel que
ya es consciente.
Por tanto digo: deja que el símbolo haga el trabajo sin mi limitación ni la limitación del
cliente. El símbolo puede producir un nivel de conciencia expandido en el cliente a
partir del cual, en el futuro, el cliente es posible que tome conciencia de qué se trataba,
aunque tal vez ni siquiera necesite tomar conciencia, puesto que eso lo limitaría; la
expansión simplemente está ahí.
De modo que no ignoro pero tampoco cuantifico, simplemente recibo. La expresión es
la expansión.
Creo que abordas esto en la segunda mitad de último párrafo más largo cuando dices:
“Siento que tiene que ver con el despliegue de una conciencia más profunda sin
significado ni programa”.
No-digerido y compost: la palabra compost salió de mi interés por la jardinería,
particularmente por cultivar verduras, y del intento de alejarme de alguno de los
términos rarificados que se usan en psicología-y con rarificados me refiero a
exclusivos o separadores- dirigiéndome más hacia expresiones cotidianas que tiene
sentido para la gente común. Es parecido con el término no-digerido. Trabajamos con y
a través del cuerpo. Todos estamos familiarizados con el operar y con el mal
funcionamiento de nuestro sistema digestivo. Por tanto parece apropiado usar términos
cotidianos. Podría decir que la racionalización actual que empleo en esta
correspondencia viene post hoc, y no es como las palabras surgieron originalmente:
simplemente estaban ahí y parecían apropiadas.
Podríamos decir que así es como se generó el concepto de “la dicha de ser normal”. En
el budismo y en la psicología hay muchas palabras y términos rarificados, de modo que
surgió en mi el intento de ser normal y de transmitir, intelectual o experimentalmente, la
experiencia.
Tengo la esperanza de que el libro, al que este dando un gran impulso en este momento,
conseguir algo de esto. El propósito de este libro no es “explicar” el budismo, sino
presentar, casi sin usar ningún concepto intelectual, la historia de una persona sobre
cómo trata de vivir su vida. Me encantaría que, en términos taoístas, animara a otras
personas a encontrar su camino, en lugar de ser una descripción de cómo deberían ser
las cosas.
Capítulo 10
Mayo
El apego
Quien se ata a la alegría
destruye la alada vida
pero quien la besa al vuelo
vive en el amanecer de la Eternidad
William Blake

El apego es una causa crítica y fundamental del sufrimiento, o de la insatisfacción, que


se menciona muchas veces en el budismo.
Asume muchas formas: estamos apegados a nuestra nación, a nuestro linaje, a nuestra
religión, a nuestra educación, a la dieta elegida y particularmente a nuestras
enfermedades.
Sobre todo, estamos apegados a la noción de ser una entidad separada, separada de
todas las demás entidades, que se llama yo.
Extrañamente, ninguna cantidad de investigación seria nos permite dar con ese yo.
Puedo encontrar mi pie y mi hígado, y mi pensamiento y mi emoción, pero el ser que es
dueño de estos atributos no puede ser hallado separadamente en ninguna parte. Sobre
este tema se podría escribir todo un libro, y de hecho, muchos se han escrito; pero el
resultado, si nos permitimos profundizar un poco más-¿tal vez preferiríamos no
hacerlo?- es que lo que pensábamos que estaba separado se convierte en una
interacción entre todas las formas que surgen del vacío, y ninguna de ellas está
intrínsecamente separada.
Sin embargo, permanecemos definitivamente apegados.
Mi propuesta respecto a este tema es la siguiente: estoy apegado a todo tipo de cosas,
no digo que sea de otra manera. Si trato de librarme de mis apegos, simplemente
alimento aquello de lo que me quiero librar con mi atención, lo que no hace sino
alimentar el problema percibido. El resultado es bastante evidente.
Sin embargo, si en lugar de ser violento conmigo mismo puedo traer compasivamente
este apego ante la conciencia desnuda y retirar los juicios que mantengo, entonces surge
el espacio en el que el apego puede florecer en otra cosa.
Para un terapeuta esto es particularmente aplicable al deseo de curar a alguien. Este es
un enganche enorme, y el efecto del enganche es asegurar que la relación energética
entre mí y el paciente sea de esfuerzo, no de escucha vacía y relajada. El tipo de
escucha que es terapéutica en sí misma. Este tipo de intervención surge de mi visión
limitada de cómo debería estar el paciente. Si puedo limitarme a presentar un gran
espacio en el que el paciente pueda expresarse plenamente, no necesariamente
verbalmente, todo sufrimiento, no sólo el síntoma presente, entonces entra en juego una
iluminación inherente y se revela la inteligencia. No sólo mi mejor intención mecánica.
Entonces es posible que el paciente oiga, tal vez por primera vez, una revelación de su
verdadero ser, que no es otra cosa que una expresión del vacío. La frase más grande de
Sutherland, en mi opinión, “puedes confiar en la marea”, resuena con esto.
Cuando los terapeutas se sienten atraídos hacia lo que podríamos denominar el trabajo
espiritual, a veces tienen la falsa noción que de algún modo no deberían cobrar por su
trabajo. Yo les ofrezco esto: elegimos nacer en la forma humana, en tiempo y espacio,
donde hay una definición perfectamente válida de lo que es la justa manera de ganarse
la vida. Esta definición ha incluido durante varios cientos de años la idea de que el
dinero es un medio de intercambio y no valorar en términos corrientes lo que ofrecemos
es devaluarlo. Éste es uno de los muchos ejemplos que podemos encontrar de la
“compasión idiota”. Robar a la gente es robar a la gente. Pedir un salario justo es justo.
Dar apoyo a los pobres y necesitados también es justo, cuando es apropiado. Si eres
guiado a vivir como un monje y a ponerte a la merced y generosidad de otros que te
sustenten y a cambio les das sabiduría/curación, ése es un intercambio justo. Lo mismo
ocurre si usas el dinero como medio. Por favor no hagas un juicio respecto a cuál es
mejor. Algo similar ocurre cuando la gente se siente llevada a enseñar. “¿Estoy
preparado, sé lo suficiente, me sentiré pìllado? Surgen todas estas dudas. Estas son
preguntas muy válidas si quieres enseñar aritmética o mecánica del motor. Pero si te
sientes llevado hacia algo muy diferente, la única pregunta es: “¿Estoy preparado para
soltar lo que me mantiene separado de los alumnos, estoy preparado a ser únicamente
lo que soy? ¿Puedo compartir eso tal como es, sin ningún juicio de ser suficientemente
bueno o no ser suficientemente bueno?. El apego a “no ser suficientemente bueno” es
enorme. No tiene sustancialidad, es un apego y la conciencia de eso abre la posibilidad
de cambiar. El cambio está en el núcleo de todo fenómeno. Si puedo compartir eso, esa
integridad permitirá al alumno realizar (realizar, hacer real o concreto; dar realidad o
sustancia a; “nuestras ideas deber ser sustanciadas en acciones”), en la práctica
compartida, su propia integridad. A todos los niveles, Espíritu, Mente y Cuerpo.
Hemos tocado aquí, muy brevemente, la noción de impermanencia o insustancialidad.
Es un tema muy extenso y hay muchas personas que consideran que la impermanencia es
negativa. Ésta es una visión muy limitada puesto que, como en todo lo demás, hay otro
lado. Si las cosas buenas son impermanentes, entonces, por la misma regla, también lo
son las cosas malas (nótese el juicio en estos adjetivos).
Éste es mi ejemplo, que puede ser familiar a quienes me conocen: no tengo un Aston
Martin DB7 (mi coche favorito y carísimo). Si hubieras permanencia, nunca tendría una
Aston Martin. Pero, como nada es permanente, un día podría tener un Aston Martin.
¿Qué quieres? ¿Zapatos Ferrogamo? ¿Muchas pacientes? ¿Curar a muchos pacientes?
¿Una vida mejor? ¿La santidad? Da gracias por la impermanencia.
Ésta es una pequeña historia de Carmen Renalias, de España, que ilustra perfectamente
el trabajo con el apego, sin intentar librarse de él:

En una de las prácticas que hicimos, sentí que iba a un nivel más y más profundo, podía
sentir que no estaba en mi cuerpo, que no estaba en mis sentimientos, que ni siquiera era
yo misma en este tiempo, que simplemente estaba por todas partes y el tiempo no
existía. Y entonces, no sé de dónde vino, surgió la imagen de mis hijos, y de repente
volví y noté que no podía despegarme de ellos, surgió el miedo de perderlos. De algún
modo he estado donde no sentía apego, ni placer, ni dolor, sólo ser, pero el miedo de
perder a mis hijos fue tan fuerte que me causó mucho sufrimiento, y tristeza al penar en
soltar mi apego a ellos. La tristeza simplemente era. Fue importante experimentarla,
porque aunque había sufrimiento, podía ver el camino por debajo del sufrimiento. Del
todo ser uno, surgió la diferenciación, mis hijos y yo, el amor se convirtió en miedo.
Aún me mueve ahora, cuando lo escribo y hace que me sienta muy humilde y muy
cuidadosa conmigo misma.
En esta vida nos apegamos a nuestra familia, a nuestras ideas, a nuestros profesores y,
como has dicho, a nuestra vida… y nos olvidamos de que todo es uno.
¡Por favor no os apeguéis a libraros del apego!

Asimismo sobre el mismo tema, esto viene de Imme Bruess, de Alemania.

Me gustaría compartir una de mis comprensiones ocurridas al final de la sesión que tú,
Mike, diste a una cliente mientras todos nosotros estábamos presentes en todos los
sentidos de la palabra. Cuando miraste a Rebeca, mientras ella aún seguía tumbada en
la camilla con los ojos cerrados, vi tu sonrisa, que expresaba tanto amor y atención
hacia ella. Me sentí muy conmovida y pensé que algún día ya no podré ver esa sonrisa
en tu cara, porque ya no estarás con nosotros. El hecho de que ya no eres muy joven,
junto con tu reciente enfermedad, hace que sea muy consciente de que tu/nuestro tiempo
es limitado en este planeta (en este cuerpo).
Cuando pensé que un día estarías muerto, casi inmediatamente tuve otro pensamiento
reconfortante: veré tu sonrisa en las caras de otras personas. Y no tengo que esperar
para ello. Puedo verla cuando alguien mira a otra persona con amor y aceptación total.
Y me alegra poder decir que cada vez la veo en más personas.
Y no sólo la vea en las caras de otras personas. Me permito mirar a “mis”
participantes/estudiantes con el amor y la atención que siento por ellos. Puedo sentir
“tú” sonrisa en mi cara cuando me acompaña la actitud de que todo el mundo merece
ser amado. Estaba sentada en mi asiento del avió, en el camino de vuelta a Hamburgo, y
mientras observaba a otros pasajeros buscar sus asientos, pensé: “Todos ellos son
maravillosos seres humanos, tanto si tienen un rostro ceñudo como si van vestidos con
un estilo que yo nunca elegiría o si son realmente guapos”. ¡Sentí que ya no les juzgaba
tanto y me sentí muy bien!
Me sentí conectada con ellos y conmigo misma, y supe que, si quería, podía llegar hasta
cada uno de ellos y simplemente estar con ellos, y eso nos enriquecería a ambos.
Capitulo 11
Junio
¡Cuando hay caos!

El Espíritu es como yo llamo a eso que subyace y es la causa última de toda vida. El
genoma no causa la vida, sino que dicta la forma que tomará. Espíritu es el nombre que
doy al impulso que causa el emerger de la forma a partir del vacío, en práctica
compartida con el vacío.

El dedo en movimiento escribe, y, habiendo escrito,


Sigue su camino: ni toda tu piedad ni todo tu ingenio.
Podrán hacerle volver y cancelar ni media línea,
Todas tus lágrimas no podrán lavar una sola palabra de lo escrito.
El Rubaiyat. Omar Kahyyam, siglo XI.

El problema de la mayoría de las terapias, alopáticas y complementarias, y de la


mayoría de las religiones, convencionales o marginales, es que no sólo se enfocan en
las formas, sino en formas que son producto de muchas vidas de formas y más formas
no digeridas. El paquete se ha superpuesto al contenido.
Hemos perdido la confianza en la impronta, en la intencionalidad original de ser. El
intelecto, que ya es una cristalización de la forma personal, se ha convertido en lo
preeminente, en lugar de ser una herramienta.
No es posible trabajar con el Espíritu desde la forma, sólo es posible convertirse en el
Espíritu. Esto requiere soltar la división, la separación, para convertirse en lo que es
común.
Harold D. Roth, en su preciosa traducción de un antiguo texto taoísta en Original Tao
(Columbia University Press-1999), lo describe así:

En cuanto al Camino:
Es aquello de lo que la boca no puede hablar, Los ojos no pueden ver,
Y los oídos no pueden oír.
Es eso con lo que cultivamos la mente y alineamos el cuerpo.
Cuando la gente lo pierde, muere;
Cuando la gente lo adquiere, florece; Cuando las empresas lo pierden, fracasan; Cuando
lo ganan, tienen éxito.
El camino nunca tiene raíz o tronco, Nunca tiene hojas ni flores.
La miríada de cosas son generadas por él; La miríada de cosas son completadas por él.
Lo llamamos “el Camino”.

Tratemos de trabajar desde el Espiritu y en la Quietud del potencial absoluto donde no


hay dolor. Esto no es fácil en absoluto, como muchos de nosotros hemos podido
descubrir. Queremos encontrar algo a lo que nos podamos aferrar. Algo que dé sentido
al desorden, la enfermedad (Aquí viene una cita de James Low, psicoterapeuta y
profesor budista):

“el punto clave de esto es que cualquier cosa que construyamos es impermanente, tiene
fallos y algún día se desmoronará y se hará polvo. Y esto es cierto de todas las escuelas
de psicoterapia y también de todas las escuelas de budismo. Son impermanentes…”

(Esto es muy duro, incluso los profesores y las enseñanzas son impermanentes)

“EL VERDADERO DHARMA NO ES EL DE DHARMA QUE PUEDE EXPRESARSE


EN PALABRAS”
(¡Y la verdadera curación no es algo que pueda hacerse!)

“En el mundo moderno, donde prevalece la confusión y la sensación de estar perdidos,


a menudo queremos encontrar un refugio seguro, y podemos acudir al Drama o a algún
sistema terapéutico, o a algún sistema de creencias para que nos ofrezca algún tipo de
refugio. Pero creo que tenemos que recordar que cualquier apoyo y sentido de dirección
que podamos desarrollar visitando centros del Drama, yendo de peregrinación,
haciendo ciertas prácticas… estas cosas en si mismas están construidas y existen en un
mundo de impermanencia. Y si confiamos demasiado en ellas, es muy fácil verse
llevado a posiciones dogmáticas; a pensar que tu visión está bien y la de los demás mal;
a establecer grupos de “iniciados” que excluyen a los foráneos y toda la perversidad
dualista que preside nuestra vida moderna.”

Los comentarios de James también son aplicables a nuestra práctica curativa. La


quietud es el útero de la creación. Reside en el espacio silente que existe entre cada
acción.
Quietud y caos son dos caras de la misma moneda. Coexisten en danza eterna. Ambos
surgen del vacío. El problema es el apego a una o al otro. ¿Tal vez el único problema?

Si te preguntan: “¿Cuál es el signo de tu Padre en ti?, diles “Es movimiento y reposo”.


El Evangelio de Tomás.
Jo Feat me envía la siguiente oferta que encaja bien aquí:

Abrazar el caos:
Muévete hacia lo que hace latir tu corazón tan salvajemente que tengas que pararte a
tomar una respiración,
Ofrece tu mente y observa cómo se revela un secreto.
Tócame tan sutilmente que me disuelva como la luz del sol
Rompiéndose en una miríada de sombras;
Déjame que te vea reír desde la planta de los pies hasta los confines más lejanos del
universo.
Y recuerda atesorar cuidadosamente tus lágrimas y embotellarlas con el dulce elixir del
amor.
No me cuentes con tono susurrante que estás trabajando en ti mismo.
Ábrete al dolor surgido de los huesos que se rompen en el
Centro de tu pecho
Hornea un pastel de corazón y cabeza, y déjame lamer el cuenco. Cánsate de la
imitación
Abalánzate y elévate a cámara lenta
Como un pájaro multicolor.
Cansado de imitaciones
Cae en picado y remonta en un lento movimiento
Como un pájaro multicolor
Abraza el caos- deléitate en lo
absurdo.
Beatrice Kleiner-Borel, de Suiza, tiene una observación relevante sobre este asunto:

Durante una sesión en la que estaba tumbada en la camilla tuve la sensación de una gran
energía que vino sobre mí, sin imágenes, sólo el sentimiento (la sensación?). Al rato, se
formó un pensamiento en mi mente: ¿Puedo gestionar (handle) esta poderosa energía?
Entonces caí en un profundo sueño y cuando me desperté supe que cuando viniera esa
energía ahora podría gestionarla.
Al día siguiente estábamos sentados alrededor de una camilla sobre la que había una
joven mujer tumbada y Mike era el terapeuta. Después de un cuarto de hora, durante el
cual fui muy consciente, tuve un largo momento de un gran poder, de una gran presencia.
Después tuve muchas dudas en mi mente: ¿Lo que quiero es demasiado? ¿Es esto
demasiado para los demás y para mi? ¿Me sentiré rechazada como en el pasado?
Después de la sesión necesité algún tiempo para pensar en todo lo que me había pasado
y después vi mi adaptador de corriente sobre mi mesilla y supe que tenía que adaptarme
a este “Poder”. Puede llamarle poder, poder de vida, poder de amor, Dios o como
quieras. Pero sé que este poder está en todo el mundo (todos), la mayor parte del
tiempo debajo de muchas capas.
Capítulo 12
Julio
Enseñanza

En sánscrito, Dharmachacra significa la “Rueda del Drama”. Esta mudra simboliza uno
de los momentos más importantes en la vida de Buda, la ocasión en que predicó a sus
compañeros el primer sermón después de su iluminación en el parque de los ciervos de
Sarnath. Así, denota la puesta en marcha de la Rueda de la enseñanza del Drama. En
este mudra el pulgar y el dedo índice de ambas manos se toman en las puntas formando
en un círculo. Este círculo representa la Rueda del Drama, o, en términos metafísicos,
la unión de método y sabiduría.

No hay final. No hay principio. Sólo hay pasión por la vida.


Federico Fellini

La práctica de la atención consciente en estos tiempos tan revueltos es más importante


que nunca. Si nosotros, individualmente, no nos tomamos el tiempo de practicar la
conciencia del momento, no sólo nos resultará difícil transformar el sufrimiento en
nuestras propias vidas, sino que nos resultará difícil transformar el sufrimiento del
mundo. Es vital para nosotros mismos, para nuestros hijos y para la Tierra que
tengamos una práctica que nos ayude a ser conscientes, que nos permita volver a
nosotros mismos y habitar el momento presente para transformar el sufrimiento en
nosotros mismos y en los que nos rodean.
Thich Nhat Hahn
Estamos en el último capítulo; hace un año nos propusimos hacer doce, y aquí estamos.
Hay un prefacio y puede haber un índice y una lista de bibliografía que añadir al final.
Sin embargo, éste no es el final de la historia; tal vez Fellini tenga razón; ni siquiera hay
principio, sólo el eterno ahora. ¡Pero hay pasión! Tenemos una estructura y mi trabajo
en los próximos meses consiste, con vuestra ayuda, en extender la estructura central
desde el centro hacia fuera. Prácticamente todas las entradas, al menos mi parte de
ellas, necesitan expandir las ideas contenidas en el capítulo. Necesitamos notas de
casos reales, y tal vez una elaboración general más completa. Algunas ideas son
demasiado densas y es necesario desplegarlas.
Por encima de todo, cuando tengamos el volumen requerido, tendremos que corregirlo
muy detenidamente. Hasta la fecha no me he molestado demasiado con este aspecto de
las cosas, y sé que hay muchas inadecuaciones.
Este mes quiero hablar de la idea general de que lo que cuenta es la enseñanza, no el
profesor. Éste es un tema que he promovido consistentemente a lo largo de mi
enseñanza, y creo que merece la pena repetirlo aquí:
Todo mi trabajo ha sido de “dirigir siguiendo”. Como Ray Grigg dice en The Tao of
Being, estrofa 30:

En el Reino del pensamiento, nada puede conseguirse por la fuerza. Si empujas, los
pensamientos se tropiezan consigo mismos. Si te esfuerzas, reina la confusión. Busca y
lucha, y todo lo que encontrarás será búsqueda y lucha. Como el moverse con el Dao, el
entendimiento viene por sí mismo.
La preparación para aquello viene por sí mismo se llama aprendizaje. Concéntrate en
aprender y tendrás éxito. Trabaja el entendimiento y fracasarás.
Todo aprendizaje es aprendizaje por seguimiento. Aprende delicadamente y con
cuidado de modo que el seguimiento no se vea alterado. Aprende con ira y el
seguimiento conduce al miedo; aprende con miedo y el seguimiento produce ira. Para
entender, aprende y después olvídate de lo aprendido. Suelta y confía. La comprensión
viene sin esfuerzo. No es algo adquirido, sino que ocurre. Maravíllate, suavízate y
ábrete. Deja que el entendimiento dirija. Confía en el soltar y sigue su guía. A esto se le
llama entender-por-seguimiento. Suelta delicada y cuidadosamente, para que el
seguimiento no se vea alterado. El entendimiento no puede ser controlado por el yo.
Aprende a entender aprendiendo a estar sin identidad. Entender es pensar libre del yo,
moverse sin obstáculos en la plenitud vacía del Dao.
Hemos intentado seguir estas reglas y la enseñanza ha sido la revelación de lo que
surge cuando un grupo de alumnos y un facilitador/profesor trabajan juntos en práctica
compartida. Esto es lo contrario de la forma de enseñanza más común, que es didáctica
y dogmática. Temo que ésta última tiende a debilitar al alumno. Y temo que esto es
bastante habitual.
Deberíamos ver lo que hay allí, más que lo que debería haber o lo que otro nos dice
que espera que haya. Es peligroso predecir la verdad. Puede ocurrir que por el hecho
de predecirla, la reduzcamos a nuestra expectativa.
El precursor de ser capaz de ver lo que realmente es, tanto en el cliente como en
cualquier otro tipo de relación del tipo que sea, es estar despierto. El Buda no dijo
únicamente que el plan para su vida era estar despierto; dijo: “Estoy despierto”. Hay un
enorme poder en esa afirmación.
Así, en la relación profesor/alumno, el trabajo del profesor es estar despierto al
presente. Si el trabajo no se basa en datos, y el nuestro no se basas en ellos, es posible
que eso sea todo lo que se necesita. El trabajo hará el trabajo. Nadie hace nada a otra
persona. Enseñar, en este modelo, tiene que ver con la relación y con lo que surge de
esa relación en la presencia al ahora. Esa revelación es necesaria y muy incómoda para
el intelecto, que cambia continuamente. En mi hay una constante batalla entre la
expresión y la experiencia de lo que surge y el dogma de lo que debería surgir, o d lo
que debería decirse o sentirse.
Estoy tratando de saltar/caerme del acantilado en el desconocimiento y confiar en lo
que venga cuando hay quietud. Esto será lo que yo llamo Inteligencia, y puede tener muy
poco que ver con el intelecto.
Si puedo confiar en eso, será verdad y funcionará. Ésta es mi experiencia. Si me
persuado de que confío, eso es algo diferente, y puede que no sea verdad y puede que
no funcione o, al menos, el trabajo será muy parcial y sintomático.
Esto me resulta muy difícil a veces, y sé a qué nivel de lo que llamo “yo” le resulta
difícil.
Practica, practica, practica. Eso es todo lo que hay.
Así, en la relación entre terapeuta y paciente, profesor y alumno, la conciencia cada vez
más amplia que se va desplegando no surge de analizar los hechos, sino, más bien, es
una encarnación de lo que está allí, profundizándose en pasos sucesivos, aunque no
necesariamente iguales, hasta un nivel de ser que no está traumatizado… Encuentro que
esto es experimentalmente verdad. Y soy completamente incapaz de clasificar o
explicar lo que ha ocurrido. Si pudiera, objetivizar quiere decir limitar. Pero el trabajo
no es un objeto, como tampoco lo es el alumno/cliente; sólo hay una ocurrencia, una
revolución, movimiento, cambio, la naturaleza de todas las cosas sin separación entre
la experiencia y el experimentador.
El principio y el final no están separados, ambos están aquí mismo. Eso es atención al
momento.
Éste es mi método; espero que contenga un poco de sabiduría. Es tuya.

Epílogo
He pensado que os podría gustar esta conversación en la quietud entre Carol Burbank y
yo:
De Carol
Puedo oírte.
Todo ello, dices, es mente. Nada de ello es real.

Ni la mano,
ni el toque de la mano.
Ni los dedos palmeados
ni las espirales en el corazón del toque.

Cualquiera que sea la medida,


Te fallará
Como falla el test de la máquina Del espacio pulsante que atravesamos.

No está en la mitocondria
No está en el esperma ni en el óvulo. No está en la envoltura de los libros. No está en
la sabrosa ráfaga de una canción. No está en el pecho de la madre.
No está en el dobladillo de tu abrigo. No está allí.
No puede ser contenido o conocido.
Sin embargo, la mitocondria marca su camino con un suspiro. Los cromosomas se ríen
de la muerte y de la vida.
El ratón de la biblioteca pone su esperanza en las curvas vocálicas. La canción marca
dónde estaba y lo que puede llegar a ser. La leche de la madre inunda desde sus blancas
montañas. El abrigo se arrastra en el barro al pasar por allá.
No está donde podemos mirar.
Nos contiene y nos conoce.

Esto no cambia el dolor de muñecas


Como si algo nos atase a esta vida
Con una cuerda empapada en sal, un contrato de fuego.

Esto no cambio el miedo en los dientes


Como si un animal acechara el mundo
Detrás de los ojos, atrapado en una mandíbula blanca.

Esto no cambia la ligereza del corazón Cuando las nubes se dispersan al viento Como
si fuera nuestro cumpleaños eternamente.

Esto no cambia la ola que se hunde


Recordando quiénes y cómo hemos sido Rindiéndose al terreno, mantillo de emoción.

Puedo oírte.
Así son las cosas.

Y no siento tu mano,
Ni el toque de tu mano,
Ni la antigua maraña
O el laberinto en el dedo que apunta.

La mano derecha de Buda apunta a la tierra, Como diciendo, “aquí”.


Pero no es aquí.
Y no hay lugar donde llegar,
O que fotografiar, que visitar, que comer, O al que remendarle un forro
O que defender de la policía
O que entregar al soldado
O que legar un testamento

¿Qué heredarás cuando me haya ido,


Hijo de mi memoria, padre de mis preguntas? Tal vez juguemos juntos, hermanos en la
quietud, Sonriendo ante la paradoja del amor.
De Mike
Vas demasiado rápido
No dije que nada fuera real.
¿Es posible que trajeras eso contigo? Todo es real.
La mente es real.
Este cuerpo que habito lo sabe. Todas esas cosas de tu lista son reales. He tenido
cuidado de decir eso. El yo que sabe eso es real.
La experiencia del viento es real. La experiencia de la montaña es real. Tu experiencia
es real.

Yo no tengo tu o su experiencia.
Si la tuviera, sólo habría una.
Si sólo hay una, ¿cómo podría ser una experiencia? Cuál es la verdadera realidad.
¿La experiencia?
¿La experiencia siempre cambiante?

Cuando me vaya, Habrá algo de dolor, Eso será real.

Yo re-habitaré el viento y la montaña y tú. Tu no sabrás eso.


La montaña no sabrá eso.
Yo me habré convertido en los conocedores, Entonces, ¿cómo sabrán?

Todos los conocedores que saben que no son eso, Son simplemente eso.
Estados de ser.
Yo no sabré eso.
Yo no me iré.
Simplemente es, real, para mí.
Pero maldito sea si puedo hallarlo.

He releído mi pieza.
En ninguna parte he podido hallar que digo que las cosas no son reales. Me encuentro
diciendo que,
La realidad de la mano puede no ser la realidad del pensamiento o del sentimiento. Me
pregunto si algunas veces no deberíamos honrar la realidad de la mano. ¿Podría saber
algo que yo no sé?

Confía en la marea, Es donde todo empezó.

Gracias por leer este libro Para algunos habrá sido un libro sobre Terapia
Craneosacral. Para otros, tal vez, una historia de vida.
Para otros un viaje.
Y, aún para otros, un dedo que apunta a la luna.
Por favor, vuelve y mira qué es para ti.
Para mi, es una presentación del budismo,
Tal como yo lo vivo.

Gracias, os quiero a todos.

Copyright Miñe Boxhall


Derechos cedidos para el Kindle a Editorial Alma Lepik, Copyrigt septiembre 2012
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