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Alianza (heb. berit, gr. diatheke, lat. testamentum) .

Contrato o acuerdo entre dos partes, cada una de las cuales se


compromete a cumplir ciertos requisitos con la otra. En la Biblia se usa en sentido analógico 40
Alianza

para describir la relación de Dios con el hombre. Pertenece a la experiencia social de los hombres y Dios la toma
para expresar su relación con su pueblo elegido. En el antiguo Oriente se practicaba corrientemente pactos o
alianzas de vasallaje, en los que un señor poderoso prometía proteger al débil a cambio de un compromiso de
servicio (Jos. 9:11-15; 1 Sam. 11:1; 2 Sam. 3, 12ss.). Las alianzas jamás se imponen, se limitan a consignar los deseos
de quienes las contraen. Los contratantes se obligan a una fidelidad mutua y a una relación de amistad. Las partes
se comprometían con juramento y se procedía a un rito, con maldiciones para los transgresores, p. ej., el paso de
los contrayentes entre las dos mitades de animales sacrificados al efecto invocaba de modo gráfico idéntica suerte
para quien fuese infiel al pacto. Las relaciones de los contratantes creadas por la alianza no son meramente jurídicas,
sino que exigen esencialmente una actitud general que responda a un estado de ánimo amistoso, una solidaridad y
lealtad, un favor y fidelidad. La infidelidad que viola la alianza es un crimen grave que exonera de sus obligaciones
a la otra parte contrayente.
En el AT el tema de la alianza es el punto de partida de todo el pensamiento religioso, social y moral del pueblo de
Israel. Esto es lo que distingue decisivamente la idea que tiene de su relación con Dios de todas las concepciones
naturalistas y míticas de los pueblos paganos circundantes aun cuando haya utilizado para designar su relación con
Dios algunas imágenes complementarias más cercanas a la naturaleza, tales como el matrimonio o las relaciones
entre padre e hijo. Los profetas predicen una «nueva alianza» con el resto de Israel (Jer. 31:31-34; 32:37-41 ; Ez.
16:60-63; 34:25-31; 37:15-28) que superará sustancialmente a la anterior. No será como la alianza en el Sinaí, escrita
en tablas de piedra, sino que Dios pondrá su ley y su espíritu en el corazón (Jer. 31:33; Ez. 36,26s.). Esta nueva alianza
es puramente por gracia de Dios, cuyo mediador es presentado como «Siervo sufriente» ( cf. Is. 42:6s.; 49:6; 53) y
abarcará a todos los hombres al acoger a los gentiles en esta alianza del «Siervo de Dios» (Is. 55:3-5; 49:6). En línea
con el mensaje profético, el NT muestra que esta nueva alianza con Dios, de carácter mesiánico, se cumple en Cristo,
que recapitula en sí todas las cosas desde los días de la creación y del llamamiento del patriarca Abraham (Gál. 3:16).
La institución de la Santa Cena poco antes de la muerte de Jesús se sitúa en relación con el AT. Es un dato
fundamental que figura en los cuatro relatos evangélicos (Mt. 26:28; Mc. 14:24; Lc. 26:28; Jn.). La «sangre de Cristo»
sella el nuevo pacto o alianza de manera semejante a como la alianza del Sinaí fue concluida con la sangre de los
animales sacrificados (cf. Éx. 24:8), substituidos ahora